Karl Marx

El presupuesto inglés

[*New-York Daily Tribune*, núm. 5878, del 25 de febrero de 1860]

Londres, 11 de febrero de 1860

La noche de ayer fue significativa en el sentido parlamentario de la palabra. En un brillante discurso, el señor Gladstone reveló simultáneamente los secretos de su presupuesto y del tratado comercial, vinculando ambos con sumo cuidado y apuntalando la debilidad de uno con la audacia del otro. En lo que respecta al tratado, que ahora el mundo conoce en todos sus detalles, comprobarán ustedes que la breve caracterización que les hice hace algunas semanas era del todo exacta, y en realidad no tengo nada que añadir a la crítica general que entonces me permití formular. Por eso me propongo considerar el presupuesto del señor Gladstone como una simple operación financiera inglesa; este tratamiento de la cuestión es tanto más oportuno cuanto que los inminentes debates parlamentarios nos proporcionarán, sin duda, poco a poco, aclaraciones sobre los trasfondos diplomáticos de los hechos y las cifras del señor Gladstone.

Pueden encontrarse contradicciones en los detalles del presupuesto, también pueden oponerse objeciones políticas a la ingeniosa idea de responder a un déficit de más del 14 por ciento de los ingresos totales y a un gran aumento de los gastos con la total supresión de muchos aranceles existentes, de los cuales, por cierto, una parte apenas gravaba a la masa del pueblo. No obstante, el simple sentido de justicia obliga a decir que el presupuesto del señor Gladstone constituye una gran y audaz obra maestra financiera y que —una vez aceptadas las doctrinas del librecambio británico—, prescindiendo de algunas desproporciones evidentes, debidas al tratado con Francia y a la indulgencia que todo canciller del Exchequer británico siempre mostrará por las rentas de los 50.000 grandes terratenientes, es un presupuesto ordenado. La situación del señor Gladstone estaba llena de dificultades que él mismo se había creado. Era el hombre que en 1853, en su llamado presupuesto-tipo, que debía abarcar un período de siete años, se había comprometido solemnemente a suprimir definitivamente el impuesto sobre la renta en 1860/1861. Asimismo, en un presupuesto suplementario originado por la guerra rusa, había prometido abolir el impuesto de guerra sobre el té y el azúcar en un futuro no muy lejano. Ahora, cuando su propia letra ha vencido, el mismo hombre se presenta con un plan en el que se mantiene ese impuesto de guerra, mientras que el impuesto sobre la renta se eleva de 9 peniques a 10 peniques por libra, es decir, un 11 1/9 por ciento. Recordarán ustedes que en mis observaciones críticas a su presupuesto de 1853 traté de demostrar que —si la legislación financiera del librecambio significa algo— consiste en sustituir la imposición indirecta por la imposición directa. Ya entonces señalé que la promesa del señor Gladstone de seguir eliminando aranceles e impuestos de consumo era incompatible con la promesa simultánea de eliminar por completo el impuesto sobre la renta del registro del recaudador de impuestos. Ese impuesto sobre la renta, aunque se imponga de manera parcial, injusta y hasta absurda, es lo mejor de la legislación financiera inglesa. Que el señor Gladstone mantenga un impuesto de guerra sobre artículos de primera necesidad como el té y el azúcar, en lugar de gravar seriamente la propiedad territorial, es una cobardía que debe atribuirse mucho más a la composición aristocrática del Parlamento que a la estrechez de miras del señor Gladstone. Si hubiera osado poner la mano sobre las rentas territoriales, el gabinete, cuyas perspectivas de vida son bastante inciertas, habría tenido que caer de inmediato. Un viejo proverbio dice que el vientre no tiene oídos, pero no es menos cierto que las rentas territoriales no tienen conciencia.

Antes de ofrecer una breve exposición de los cambios proyectados por el señor Gladstone, quiero llamar primero la atención del lector sobre algunas observaciones ocasionales que dejó caer en el curso de su discurso. En primer lugar, el canciller del Exchequer admitió que la opinión general de que el librecambio está encarnado en el sistema financiero inglés no es más que una frase. En segundo lugar, admitió que Inglaterra no mantiene un comercio significativo con Francia, mientras que Francia sí sostiene un comercio muy extenso y creciente con Inglaterra. En tercer lugar, no pudo menos que reconocer que la política palmerstoniana, que a espaldas del Parlamento se embarcó en «expediciones amistosas», había sido decisiva y había reducido a cero la ganancia que afluía al erario público por la expansión del comercio y la industria británicos. Por último, aunque endulzó la píldora amarga y la presentó de forma tan agradable como los farmacéuticos franceses suelen ofrecer los preparados farmacéuticos más repugnantes, tuvo que admitir que el mismo costoso aliado al que Gran Bretaña está a punto de sacrificar casi dos millones de sus ingresos es la causa principal del crecimiento de los gastos británicos en ejército y marina para 1860/1861 hasta la enorme suma de 30 millones. No debe olvidarse que 18 millones era el máximo de gastos de guerra que el Duque de Hierro <Wellington> se atrevió a hacer tragar al sano entendimiento de los ingleses hace veinticuatro años.

Tras estas observaciones introductorias, paso a los cambios propuestos por el señor Gladstone. Comprenden dos categorías: una resulta del tratado con Francia, la otra abarca modificaciones adicionales que el señor Gladstone tuvo que introducir para librar a su presupuesto del reproche de ser una concesión arrancada por una potencia despótica extranjera, y para darle la apariencia más agradable de una reforma general del arancel aduanero vigente.

Las modificaciones introducidas como consecuencia del tratado comercial con Francia son las siguientes:

Los productos industriales serán eliminados inmediata, absoluta y completamente del arancel aduanero británico, con excepción de sólo tres artículos por un plazo limitado: corcho, guantes y otro artículo insignificante. El derecho sobre el aguardiente se reducirá de 15 chelines por galón al nivel del derecho sobre los productos coloniales, es decir, a 8 chelines. El derecho sobre todos los vinos extranjeros se reducirá inmediatamente de unos 5 chelines 10 peniques a 3 chelines por galón. Inglaterra se compromete además a reducir el derecho a partir del 1 de abril de 1861, proporcionalmente al contenido alcohólico del vino. Todos los derechos sobre artículos extranjeros que también se producen en Inglaterra y que aquí están sujetos a un impuesto de consumo, se reducirán al nivel del impuesto interior. Éste es el núcleo de la primera categoría de cambios que se introducirán. Las modificaciones que, independientemente del tratado comercial con Francia, deben dar al presente presupuesto el carácter de una reforma general de la legislación financiera británica, son las siguientes:

Los derechos sobre la mantequilla, el sebo, el queso, las naranjas y los limones, los huevos, la nuez moscada, la pimienta, el regaliz y otros varios artículos, cuyo producto total anual asciende aproximadamente a 382.000 libras esterlinas, serán abolidos inmediata y completamente. El actual derecho sobre la madera de construcción se reducirá de 7 chelines y 7 chelines 6 peniques al tipo colonial de 1 chelín y 1 chelín 6 peniques; en el caso de las pasas de Corinto, de 15 chelines 9 peniques a 7 chelines; en el de las pasas y los higos, de 10 chelines a 7 chelines; en el del lúpulo, de 45 chelines a 15 chelines. Por último, será abolido el impuesto de consumo sobre el papel.

El balance del año financiero 1860 se presenta como sigue:

Gastos

Libras esterlinas

Deuda consolidada y no consolidada

26.200.000

Cargas sobre el fondo consolidado

2.000.000

Ejército y milicia

15.800.000

Flota y servicio de paquebotes

13.900.000

Varios y servicio civil

7.500.000

Departamento de ingresos del Estado

4.700.000

Total

70.100.000

Ingresos

Libras esterlinas

Derechos de aduana

22.700.000

Impuestos de consumo

19.170.000

Impuesto de timbre

8.000.000

Impuestos directos

3.250.000

Impuesto sobre la renta

2.400.000

Impuesto postal

3.400.000

Tierras de la Corona

280.000

Ingresos varios

1.500.000

Total

60.700.000

Si se comparan ahora los gastos con los ingresos, se comprueba que se admite un déficit de casi 10.000.000 de libras esterlinas, que el señor Gladstone, como ya se ha mencionado, piensa compensar elevando el impuesto sobre la renta de 9 peniques a 10 peniques y manteniendo el impuesto de guerra sobre el té y el azúcar. No es necesario que tengamos en cuenta, en esta visión general del presupuesto británico de 1860/1861, los pequeños cambios con los que se propone obtener un penique aquí y allá.