Karl Marx

Brune

Escrito entre el 23 y el 29 de septiembre de 1857.

Del inglés.

[“The New American Cyclopædia”, tomo IV]

Brune, Guillaume-Marie-Anne, mariscal del Imperio francés, nacido el 13 de marzo de 1763 en Brives-la-Gaillarde, muerto el 2 de agosto de 1815 en Aviñón. Su padre lo envió a París para estudiar derecho, pero al abandonar la universidad, las dificultades financieras lo obligaron a hacerse tipógrafo. Al estallar la Revolución, publicó, junto con Gautier y Jourgniac de Saint-Méard, el “Journal général de la Cour et de la Ville”. Pronto se adhirió al partido de la Revolución, ingresó en la Guardia Nacional y se convirtió en miembro apasionado del club de los Cordeliers. Su elevada estatura, su aspecto marcial y su tormentoso patriotismo lo convirtieron en uno de los jefes militares del pueblo en la manifestación de 1791 en el Campo de Marte, que fue disuelta por la Guardia Nacional de Lafayette. Cuando fue encarcelado y se difundió el rumor de que los partidarios de la corte intentaban deshacerse de él por medios abominables, fue Danton quien consiguió su liberación. A la protección de éste, de quien se convirtió en prominente secuaz, debió su ascenso militar durante los famosos días de septiembre de 1792, así como su repentina elevación al rango de coronel y ayudante general el 12 de octubre de 1792. Sirvió a las órdenes de Dumouriez en Bélgica, fue enviado contra los federados de Calvados que, al mando del general Puisaye, marchaban sobre París, y los derrotó sin gran dificultad. Después fue nombrado general de brigada y participó en la batalla de Hondschoote. El Comité de Salvación Pública le encargó la misión de sofocar los movimientos insurreccionales en la Gironda, cosa que hizo con extrema dureza.

Tras la detención de Danton, se esperaba que acudiera en auxilio de su amigo y protector para liberarlo, pero en los primeros momentos del peligro se mantuvo prudentemente al margen y logró salir indemne del período del Terror.

Después del 9 de Thermidor, se unió de nuevo a los dantonistas, entonces vencedores, y siguió a Fréron a Marsella y Aviñón. El 13 de vendimiario (5 de octubre de 1795), luchó, como uno de los generales subordinados a Bonaparte, contra las secciones sublevadas de París. Tras apoyar al Directorio en la represión de la conspiración del campamento de Grenelle (9 de septiembre de 1796), se incorporó al ejército de Italia, en la división de Masséna, y se distinguió durante toda la campaña por su gran intrepidez. Bonaparte, deseoso de congraciarse con los jefes de los Cordeliers, atribuyó parte de su éxito en Rivoli a los esfuerzos de Brune, lo nombró general de división en el mismo campo de batalla e hizo que el Directorio lo destinara como comandante de la segunda división del ejército de Italia, puesto que había quedado vacante por la partida de Augereau a París.

Tras la paz de Campoformio, el Directorio le encomendó la misión de, primero, adormecer a los suizos, luego dividir a sus consejos y, por último, una vez concentrado un ejército a tal efecto, caer sobre el cantón de Berna y apoderarse del tesoro público, olvidando Brune levantar un inventario del botín. De nuevo mediante maniobras de carácter más diplomático que militar, obligó a Carlos Manuel, rey de Cerdeña y abierto aliado de Francia, a entregarle la ciudadela de Turín (3 de julio de 1798). La campaña bátava, que duró unos dos meses, constituye el gran acontecimiento en la carrera militar de Brune. En esta campaña derrotó a las fuerzas aliadas inglesas y rusas bajo el mando del duque de York, quien hubo de capitular ante él y comprometerse a entregar todos los prisioneros franceses que los ingleses habían hecho desde el comienzo de la guerra antijacobina.

Tras el golpe de Estado del 18 de Brumario, Bonaparte nombró a Brune miembro del recién creado Consejo de Estado y luego lo envió contra los realistas de Bretaña.

Enviado en 1800 al ejército de Italia, Brune ocupó tres campamentos enemigos erigidos a orillas del Volta, rechazó al enemigo más allá de dicho río y adoptó medidas para cruzarlo de inmediato. Según sus órdenes, el ejército debía efectuar el paso por dos puntos: el ala derecha, al mando del general Dupont, entre un molino en la orilla del Volta y la aldea de Pozzolo; el ala izquierda, bajo el propio Brune, en Monbazon. Al tropezar con dificultades la segunda parte de las operaciones, Brune ordenó retrasar su ejecución 24 horas, aunque el ala derecha, que había comenzado el paso en otro lugar, ya combatía con fuerzas austríacas muy superiores. Sólo a los esfuerzos del general Dupont se debió que el ala derecha no fuera aniquilada o hecha prisionera, lo cual habría puesto en peligro el éxito de toda la campaña. Este error provocó la destitución de Brune y su llamada a París.

De 1802 a 1804 hizo un triste papel como embajador en Constantinopla, donde sus talentos diplomáticos no estaban apoyados, como en Suiza y en Piamonte, por las bayonetas. A su regreso a París en diciembre de 1804, Napoleón lo elevó al rango de mariscal, prefiriéndolo a generales como Lecourbe. Tras haber comandado durante algún tiempo el campamento de Boulogne, en 1807 fue enviado a Hamburgo como gobernador de las ciudades hanseáticas y comandante de la reserva del Gran Ejército. En esa calidad secundó activamente a Bourrienne en sus malversaciones. Para resolver algunos puntos controvertidos de un acuerdo de armisticio concertado con Suecia en Schlatkow, tuvo una larga conversación personal con el rey Gustavo, quien prácticamente le propuso traicionar a su protector. La forma en que rechazó esta proposición despertó la desconfianza de Napoleón, el cual montó en cólera cuando Brune, al redactar una convención relativa a la entrega de la isla de Rügen a los franceses, solo mencionó como partes contratantes a los ejércitos francés y sueco, sin referencia alguna a su “majestad imperial y real”. Brune fue destituido de inmediato mediante una carta de Berthier, en la que éste, por orden expresa de Napoleón, hacía constar “que no se había visto semejante escándalo desde los tiempos de Pharamond”.

De regreso a Francia, se retiró a la vida privada. En 1814 se mostró conforme con el decreto del Senado y recibió de Luis XVIII la cruz de San Luis. Durante los Cien Días volvió a ser bonapartista y recibió el mando de un cuerpo de observación en el Var, donde procedió contra los realistas con la misma energía brutal que en sus tiempos de jacobino. Después de la batalla de Waterloo, se declaró por el rey. En su viaje de Tolón a París, llegó a Aviñón el 2 de agosto en un momento en que aquella ciudad había estado durante catorce días a merced de las matanzas y saqueos de la chusma realista. Fue reconocido y muerto a tiros. La chusma se apoderó de su cadáver, lo arrastró por las calles y lo arrojó al Ródano. “Brune, Masséna, Augereau y muchos otros —dijo Napoleón en Santa Elena— eran unos salteadores intrépidos”. Con respecto a sus capacidades militares, observa: “Brune no carecía de ciertos méritos, pero, en conjunto, era más bien un général de tribune <general de tribuna> que un guerrero temible.” En 1841 se le erigió un monumento en su ciudad natal.