Karl Marx/Friedrich Engels

Blücher

Escrito del 22 de septiembre al 30 de octubre de 1857.
Del inglés.
[“The New American Cyclopædia”, Vol. III]

Blücher, Gebhard Leberecht von, príncipe de Wahlstatt, mariscal de campo prusiano, nació el 16 de diciembre de 1742 en Rostock, Mecklemburgo-Schwerin, y murió en Krieblowitz, en Silesia, el 12 de septiembre de 1819. En 1754, siendo muchacho, fue enviado a la isla de Rügen y allí se alistó secretamente como alférez en un regimiento de húsares sueco, para servir contra Federico II de Prusia. Hecho prisionero en la campaña de 1758, tras un año de cautiverio y después de ser licenciado del servicio sueco, se le persuadió para que ingresara en el ejército prusiano. El 3 de marzo de 1771 fue nombrado capitán de caballería de estado mayor. Cuando en 1778 el capitán de caballería von Jägerfeld, hijo ilegítimo del margrave de Schwedt, fue llamado en su lugar para ocupar el puesto vacante de mayor, escribió a Federico II:

«Sire, el señor von Jägerfeld, que no tiene otro mérito que ser hijo del margrave de Schwedt, ha sido preferido a mí. Ruego a Vuestra Majestad me conceda la licencia.»

Como respuesta, Federico II ordenó que se le encarcelara; pero como Blücher, a pesar de que el castigo se demoró por alguna razón, se negó a retirar su carta, el rey accedió a su petición mediante una nota del siguiente tenor: «El capitán von Blücher puede irse al diablo.» Se retiró entonces a la Silesia polaca, se casó poco después, se hizo agricultor, adquirió una pequeña finca en Pomerania y, tras la muerte de Federico II, volvió a ingresar en su antiguo regimiento con el grado de mayor, bajo la condición expresa de que su nombramiento se retrotrajera al año 1779. Pocos meses después murió su esposa. Tras haber participado en la incruenta invasión de Holanda, el 3 de junio de 1788 fue ascendido a teniente coronel. El 20 de agosto de 1790 fue nombrado coronel y comandante del primer batallón de aquel regimiento de húsares en el que había ingresado en 1760.

Durante la campaña del Palatinado contra la Francia republicana en 1794, se distinguió como jefe de la caballería ligera. Tras el victorioso combate de Kirrweiler, el 28 de mayo de 1794, fue ascendido a general mayor, y los combates de Luxemburgo, Kaiserslautern, Morschheim, Weidenthal, Edesheim y Edenkoben le granjearon un prestigio creciente. Mientras mantenía a los franceses en constante alarma mediante audaces golpes de mano y afortunadas empresas, jamás dejó de proporcionar al cuartel general las mejores noticias sobre los movimientos del enemigo. El diario que escribió durante la campaña, publicado en 1796 por su ayudante el conde Goltz, es considerado, pese a su estilo tosco, como una obra clásica sobre el servicio de avanzadas y patrullas. Tras la paz de Basilea, Blücher volvió a casarse. Cuando Federico Guillermo III subió al trono, nombró a Blücher teniente general; en tal calidad ocupó Erfurt, Mühlhausen y Münster, donde quedó como gobernador. En 1805 se formó, bajo su mando, un pequeño cuerpo en Bayreuth para observar las consecuencias inmediatas de la batalla de Austerlitz para Prusia, a saber, la ocupación del principado de Ansbach por el cuerpo de Bernadotte.

En 1806 mandó la vanguardia prusiana en la batalla de Auerstedt.

Su ataque, sin embargo, fue quebrantado por el terrible fuego de la artillería de Davout, y su consejo de repetir el ataque con nuevas fuerzas y toda la caballería fue rechazado por el rey de Prusia. Tras la doble derrota de Auerstedt y Jena, se retiró aguas abajo del Elba, mientras Napoleón empujaba al grueso del ejército prusiano en una sola y salvaje cacería desde Jena hasta Stettin. En su movimiento de retirada, Blücher recogió los restos de diversos cuerpos, con lo que su ejército aumentó hasta unos 25.000 hombres. Su retirada hacia Lübeck ante las fuerzas combinadas de Soult, Bernadotte y Murat constituye uno de los pocos episodios honrosos en aquella época de humillación alemana. Puesto que Lübeck era territorio neutral, el hecho de convertir las calles de aquella ciudad abierta en escenario de una lucha encarnizada y exponerla a tres días de saqueo por la soldadesca francesa le atrajo la más severa condena de su conducta; sin embargo, en las circunstancias existentes, lo más importante era dar al pueblo alemán al menos un ejemplo de resistencia decidida. Arrojado de Lübeck, se vio finalmente obligado a capitular el 7 de noviembre de 1806 en la llanura de Ratekau, pero puso la condición expresa de que se hiciera constar por escrito que la rendición se debía a «falta de armas y víveres». Puesto en libertad bajo palabra, se trasladó a Hamburgo, donde mataba el tiempo en compañía de sus hijos jugando a las cartas, fumando y bebiendo. Después de ser canjeado por el general Victor, fue nombrado gobernador general de Pomerania; pero uno de los artículos secretos del tratado de alianza que Prusia concertó con Napoleón el 24 de febrero de 1812 estipulaba el licenciamiento de Blücher, así como el de Scharnhorst y otros destacados patriotas prusianos. Para mitigar esta desgracia oficial, el rey le cedió secretamente la hermosa finca de Kunzendorf, en Silesia.

En los años que caracterizaron el período de transición de la paz de Tilsit a las guerras alemanas de liberación, Scharnhorst y Gneisenau, los directores de la Liga de la Virtud, que deseaban tener un héroe popular, eligieron a Blücher para ese papel. En la difusión de su fama entre las masas tuvieron tanto éxito que, cuando Federico Guillermo III llamó a los prusianos a las armas en la proclama del 17 de marzo de 1813, fueron suficientemente fuertes para imponerlo al rey como comandante en jefe del ejército prusiano. En las valientemente disputadas, aunque desfavorables para los aliados, batallas de Lützen y Bautzen, Blücher luchó bajo el mando de Wittgenstein. Durante la retirada de los ejércitos aliados de Bautzen a Schweidnitz, preparó una emboscada en Haynau, desde la cual cayó con su caballería sobre los destacamentos avanzados de la guardia francesa al mando de Maison, que perdió 1.500 hombres y 11 cañones. Con este golpe de mano, Blücher elevó la moral de combate del ejército prusiano e indujo a Napoleón a la mayor prudencia en la persecución.

El mando de Blücher sobre un ejército independiente comienza al expirar el armisticio de Trachenberg, el 10 de agosto de 1813. Los monarcas aliados habían dividido entonces sus fuerzas en tres ejércitos: el ejército del Norte, al mando de Bernadotte, desplegado a lo largo del bajo Elba; el ejército principal, que avanzaba a través de Bohemia; y el ejército de Silesia, con Blücher como comandante en jefe, secundado por Gneisenau como jefe de Estado Mayor y por Müffling como cuartelmaestre general. Estos dos hombres, que le fueron adjuntos en el mismo rango hasta la paz de 1815, proporcionaron todos sus planes estratégicos. Müffling declara

«que el viejo príncipe Blücher no entendía absolutamente nada del arte de la guerra, hasta tal punto que, cuando se le presentaba un plan para su aprobación, aunque solo se tratara de una operación insignificante, no podía formarse una idea clara del mismo ni emitir un juicio sobre si era bueno o malo».

Como muchos de los mariscales de Napoleón, era incapaz de leer un mapa. El ejército de Silesia se componía de tres cuerpos de ejército: 40.000 rusos al mando del conde Langeron, 16.000 hombres al mando del barón von Sacken y un cuerpo prusiano de 40.000 hombres al mando del general York. La posición de Blücher al frente de este heterogéneo ejército era sumamente difícil. Langeron, que ya había ejercido un mando independiente y al que le repugnaba servir a las órdenes de un general extranjero, sabía además que Blücher había recibido órdenes secretas de limitarse a la defensiva; pero no tenía la menor idea de que este último, en una entrevista con Barclay de Tolly cerca de Reichenbach el 1 de agosto, había obtenido permiso para obrar según las circunstancias. Así, Langeron se consideraba autorizado a desobedecer las órdenes siempre que el comandante en jefe parecía apartarse del plan acordado, y en esta actitud rebelde fue enérgicamente apoyado por el general York.

El peligro que se cernía sobre esta situación se hizo cada vez más amenazador, hasta que la batalla del Katzbach otorgó a Blücher aquella autoridad sobre su ejército que lo condujo hasta las puertas de París. El mariscal Macdonald, encargado por Napoleón de hacer retroceder al ejército de Silesia hacia el interior de Silesia, inició la batalla el 26 de agosto con un ataque a los puestos avanzados de Blücher, que se extendían desde Prausnitz hasta Kroitsch, donde el Neisse desemboca en el Katzbach. La llamada batalla del Katzbach consistió, en realidad, en cuatro encuentros distintos. El primero fue el desalojo de unos ocho batallones franceses, que apenas constituían una décima parte de las fuerzas enemigas, de una meseta situada detrás de una altura en la orilla derecha del Neisse, mediante un ataque a la bayoneta; y este hecho produjo resultados que no guardaban proporción alguna con su verdadera importancia, por las siguientes razones:

Las tropas que huían de la meseta no fueron reunidas en Niedercrayn y mantenidas detrás del Katzbach, cerca de Kroitsch –en tal caso su fuga no habría ejercido influencia alguna sobre el resto del ejército francés–;

los cuerpos situados en la orilla izquierda del Neisse, a las órdenes de Sacken y Langeron, infligieron al enemigo diversas derrotas hasta el anochecer;

el mariscal Macdonald, que mandaba en persona en la orilla izquierda del Neisse, no se había defendido sino débilmente hasta las siete de la tarde contra los ataques de Langeron, y ordenó a sus tropas que marcharan inmediatamente después de la puesta del sol hacia Goldberg en tal estado de agotamiento

que ya no podían combatir y estaban condenadas a caer en manos del enemigo;

y, por último, debido a las condiciones meteorológicas propias de aquella estación, intensas lluvias hicieron crecer los ríos, normalmente insignificantes, que los franceses en fuga tenían que atravesar –el Neisse, el Katzbach, el Deichsel y el Bober–, convirtiéndolos en torrentes impetuosos y haciendo los caminos casi intransitables. Así ocurrió que la batalla del Katzbach, de por sí insignificante, librada en las montañas del flanco izquierdo del ejército de Silesia con el apoyo de la Landwehr, condujo a la captura de 18.000 a 20.000 hombres, así como a la toma de más de 200 cañones y más de 300 carros de municiones, ambulancias y bagajes con sus bagajes, etc.

Después de la batalla, Blücher puso todo su empeño en espolear a sus fuerzas, en hacer que desplegaran su máximo esfuerzo en la persecución del enemigo, recordándoles con razón que, si “arremetían con denuedo, se ahorrarían una nueva batalla”. El 3 de septiembre cruzó con su ejército el Neiße, y el 4 marchó por Bischofswerda para reunirse en Bautzen. Con este movimiento salvó al ejército principal, el cual, derrotado en Dresde el 27 de agosto y obligado a retirarse a través de los Montes Metálicos, se veía ahora liberado de una situación peligrosa; Napoleón se vio en consecuencia forzado a avanzar con refuerzos hacia Bautzen para recoger allí al ejército batido en el Katzbach y presentar batalla al ejército de Silesia. Mientras Blücher permanecía en el sudeste de Sajonia, en la orilla derecha del Elba, rehuía siempre toda batalla que Napoleón le ofrecía mediante una serie de retiradas y avances, pero combatía cuando se hallaba frente a destacamentos aislados del ejército francés. Los días 22, 23 y 24 de septiembre ejecutó una marcha de flanco por la derecha del enemigo, avanzando a marchas forzadas hacia el bajo Elba, en las inmediaciones del ejército del Norte. El 2 de octubre tendió un puente de pontones sobre el Elba cerca de Elster y en la mañana del 3 hizo pasar a su ejército. Este movimiento, no sólo audaz sino incluso temerario, ya que abandonaba por completo sus líneas de comunicación, venía dictado por razones políticas superiores y condujo finalmente a la batalla de Leipzig, la cual el lento y excesivamente prudente ejército principal jamás se habría atrevido a librar de no haber sido por Blücher.

El ejército del Norte, bajo el mando supremo de Bernadotte, contaba con unos 90.000 hombres, y era de la mayor importancia que marchara hacia Sajonia. Gracias a los estrechos contactos de Blücher con Bülow y

Wintzingerode, comandantes de los cuerpos prusiano y ruso que formaban parte del ejército del Norte, Blücher obtuvo las pruebas más convincentes de que Bernadotte coqueteaba con los franceses y de que era imposible moverlo a actividad alguna mientras permaneciera solo en un teatro de guerra separado. Bülow y Wintzingerode se declararon dispuestos a actuar incluso en contra de Bernadotte, pero para ello exigían el apoyo de 100.000 hombres. De ahí que Blücher se decidiera por aquella marcha de flanco, en la que insistió a pesar de tener órdenes de los monarcas de mantenerse cerca de su ala izquierda, hacia Bohemia. Tampoco se dejó disuadir de este propósito por los obstáculos que Bernadotte le iba poniendo sistemáticamente en el camino, incluso después de que el ejército de Silesia hubiera cruzado el Elba. Antes de abandonar Bautzen, Blücher envió confidencialmente a un oficial ante Bernadotte para hacerle saber que, dado que el ejército del Norte era demasiado débil por sí solo para operar en la margen izquierda del Elba, él acudiría con el ejército de Silesia y cruzaría en Elster el 3 de octubre; en consecuencia, instaba a Bernadotte a cruzar el Elba al mismo tiempo y avanzar junto con él hacia Leipzig. Como Bernadotte no hizo caso de este mensaje y el enemigo ocupó Wartenburg frente a Elster, Blücher lo expulsó primero de la ciudad y después, para protegerse contra una eventual irrupción de todas las fuerzas de Napoleón, comenzó a levantar un campamento fortificado desde Wartenburg hasta Bleddin. Luego avanzó hacia el Mulde.

El 7 de octubre se acordó en una entrevista con Bernadotte que ambos ejércitos marcharían hacia Leipzig. El 9 de octubre, mientras el ejército de Silesia se preparaba para la marcha, Bernadotte, al tener noticia del avance de Napoleón por la carretera de Meißen, insistió en retirarse detrás del Elba y solo consintió en permanecer en su margen izquierda si Blücher se decidía a cruzar con él el Saale para tomar posiciones detrás de ese río. Aunque el ejército de Silesia abandonaba de nuevo con este movimiento su línea de comunicación, Blücher accedió, pues de lo contrario el ejército del Norte habría estado efectivamente perdido para los aliados. El 10 de octubre, todo el ejército de Silesia, unido al del Norte, se hallaba en la margen izquierda del Mulde, cuyos puentes habían sido destruidos. Entonces Bernadotte declaró que se había hecho necesaria una retirada hacia Bernburg, y Blücher, cuyo único objetivo era impedirle volver a la margen derecha del Elba, cedió otra vez, a condición de que Bernadotte cruzara el Saale por Wettin y tomara posiciones allí. El 11 de octubre, cuando sus columnas acababan de pasar la

carretera de Magdeburgo a Halle, Blücher recibió la noticia de que Bernadotte, a pesar de su promesa explícita, no había construido ningún puente en Wettin, sino que estaba decidido a seguir a marchas forzadas por dicha carretera.

Napoleón veía que el ejército del Norte y el de Silesia rehuían la batalla que él les había ofrecido mediante una concentración en Düben, y sabía que eso no podía evitarse sin una retirada detrás del Elba; pero al mismo tiempo sabía también que hasta el encuentro con el ejército principal sólo disponía de 4 días y que luego quedaría entre dos fuegos; por ello emprendió una marcha hacia la margen derecha del Elba, en dirección a Wittenberg, para, con esta maniobra de engaño, atraer al ejército del Norte y al de Silesia al otro lado del Elba y asestar luego un golpe rápido contra el ejército principal. Bernadotte, preocupado por sus líneas de comunicación con Suecia, dio efectivamente a su ejército la orden de pasar sin demora a la margen derecha del Elba por un puente construido en Aken, y ese mismo día, el 13 de octubre, comunicó a Blücher que el zar Alejandro, por ciertas razones importantes, lo había puesto (a Blücher) bajo su mando. En consecuencia, le instó a seguir sus movimientos hacia la margen derecha del Elba. Si Blücher en aquella ocasión hubiera mostrado menos fuerza de decisión y hubiera seguido al ejército del Norte, la campaña habría estado perdida, pues entonces el ejército de Silesia y el del Norte, juntos unos 200.000 hombres, no habrían estado presentes en la batalla de Leipzig. Contestó a Bernadotte que, según todas sus informaciones, Napoleón no pensaba en absoluto en trasladar el teatro de la guerra a la margen derecha del Elba, sino que quería inducirlos a error. Al mismo tiempo, conjuró a Bernadotte a renunciar a su proyectado movimiento a través del Elba. Después de que Blücher hubiera instado una y otra vez al ejército principal a avanzar hacia Leipzig y hubiera propuesto encontrarse allí con él, recibió por fin el 15 de octubre la ansiada aprobación. Avanzó inmediatamente hacia Leipzig, mientras Bernadotte se retiraba hacia Petersberg. En su marcha de Halle a Leipzig el 16 de octubre, Blücher batió en Möckern al 6.º cuerpo de ejército francés, al mando de Marmont, en una encarnizada batalla en la que capturó 54 cañones. Envió a Bernadotte, que no estuvo presente el primer día de la batalla de Leipzig, un parte inmediato sobre el resultado del combate. El segundo día de lucha, el 17 de octubre, Blücher arrojó al enemigo de la orilla derecha del Parthe, a excepción de algunas casas y atrincheramientos próximos a la Puerta de Halle. El 18, al alba, celebró

una conferencia con Bernadotte en Breitenfeld, y éste declaró que no podía atacar en la margen izquierda del Parthe si Blücher no le entregaba para aquella jornada 30.000 hombres del ejército de Silesia. Blücher, que sólo tenía presente el interés general, accedió sin vacilar, pero a condición de permanecer él mismo con esos 30.000 hombres y poder asegurar así su enérgica cooperación en el ataque.

Tras la victoria definitiva del 19 de octubre y durante toda la retirada de Napoleón desde Leipzig al Rin, ésta sólo fue seriamente hostigada por Blücher. Mientras los generales en jefe se reunían el 19 de octubre con los monarcas en la plaza del mercado de Leipzig y malgastaban un tiempo precioso en mutuos cumplidos, su ejército de Silesia estaba ya en marcha hacia Lützen para perseguir al enemigo. En el camino de Lützen a Weißenfels le alcanzó el príncipe Guillermo de Prusia para entregarle el nombramiento de mariscal de campo prusiano. Los monarcas aliados habían permitido que Napoleón obtuviera una ventaja que nunca más pudo ser recuperada, pues a partir de Eisenach Blücher se encontraba cada tarde en el lugar que Napoleón había abandonado por la mañana. Cuando se disponía a marchar hacia Colonia para cruzar allí el Rin, fue llamado de vuelta para cercar Maguncia en la margen izquierda; su rápida persecución hasta el Rin había desgarrado la Confederación del Rin y desprendido sus tropas de las divisiones francesas, en cuyas filas aún se encontraban. Mientras el cuartel general del ejército de Silesia se establecía en Höchst, el ejército principal marchaba a lo largo del Alto Rin. Así terminó la campaña de 1813, cuyo éxito ha de atribuirse únicamente al audaz espíritu emprendedor de Blücher y a su férrea energía.

Los aliados discrepaban sobre el plan de operaciones que debía seguirse; unos proponían permanecer en el Rin y adoptar allí una posición defensiva; los otros querían cruzar el Rin y marchar sobre París. Tras muchos titubeos por parte de los monarcas, se impusieron Blücher y sus amigos, y se decidió marchar en un movimiento concéntrico sobre París; el ejército principal debía avanzar desde Suiza, Bülow desde Holanda y Blücher con el ejército de Silesia desde el Rin medio. Para la nueva campaña, Blücher recibió 3 cuerpos adicionales, a saber, el de Kleist, el del elector de Hesse y el del duque de Sajonia-Coburgo. Después de dejar atrás una parte del cuerpo de Langeron para el cerco de

Maguncia y de disponer que los nuevos refuerzos siguieran como segunda división, Blücher cruzó el Rin el 1 de enero de 1814 por tres puntos: Mannheim, Caub y Coblenza, empujó a Marmont detrás de los Vosgos y del Sarre hacia el valle del Mosela, situó el cuerpo de Yorck entre las fortalezas del Mosela y avanzó con una fuerza de 28.000 hombres, compuesta por el cuerpo de Sacken y una división del cuerpo de Langeron, pasando por Vaucouleurs y Joinville hacia Brienne, para unirse con el ejército principal a su izquierda. El 29 de enero fue atacado en Brienne por Napoleón, cuyas fuerzas sumaban 40.000 hombres; el cuerpo de Yorck se hallaba aún destacado del ejército de Silesia, y el ejército principal, de 110.000 hombres, sólo había llegado a Chaumont. En consecuencia, Blücher se vio frente a las fuerzas muy superiores de Napoleón, pero éste no le atacó ni con el vigor acostumbrado ni impidió su retirada hacia Trannes, salvo algunas escaramuzas de caballería. Después de que Napoleón hubiera conquistado Brienne, dejado una parte de sus tropas en los alrededores y tomado Dienville, La Rothière y Chaumênil con 3 cuerpos distintos, el 30 de enero habría estado en condiciones de caer sobre Blücher con superioridad numérica, pues éste seguía esperando sus refuerzos. Sin embargo, Napoleón permaneció pasivo mientras el ejército principal se concentraba en Bar-sur-Aube y algunos destacamentos reforzaban el flanco derecho de Blücher. La inactividad del emperador se explica por sus esperanzas en las negociaciones del congreso de paz de Châtillon, que él había promovido y mediante el cual confiaba ganar tiempo. Después de que el ejército de Silesia se hubiera unido al ejército principal, los partidarios de las negociaciones diplomáticas insistieron efectivamente en que, durante las conversaciones de la conferencia de paz, la guerra debía hacerse sólo de manera fingida. El príncipe Schwarzenberg envió un oficial a Blücher para obtener su consentimiento; pero Blücher lo despidió con la respuesta:

«Debemos ir a París. Napoleón ha hecho su visita a todas las capitales de Europa; ¿vamos a ser nosotros menos corteses? En resumen, tiene que abdicar del trono, y hasta que no sea derribado no tendremos sosiego.»

Señaló con insistencia las grandes ventajas que tendría un ataque de los aliados contra Napoleón en Brienne, antes de que éste pudiera hacer llegar el resto de sus tropas, y se ofreció él mismo para dirigir ese ataque si durante la ausencia de York podía recibir refuerzos. La consideración de que el ejército no podía subsistir en el desolado valle del Aube y que, si no atacaba, debía retroceder, hizo que su consejo se impusiera. Se decidió librar batalla, pero el príncipe Schwarzenberg puso a disposición de Blücher únicamente el cuerpo del príncipe heredero de Württemberg (40.000 hombres), el de Gyulay (12.000) y el de Wrede (12.000), en lugar de lanzar sobre el enemigo las fuerzas reunidas disponibles. Napoleón, por su parte, nada sabía de la llegada del ejército principal ni la sospechaba. Cuando el 1 de febrero, hacia la 1 del mediodía, se le comunicó que Blücher avanzaba, no quiso creerlo. Una vez cerciorado, montó a caballo con la idea de evitar la batalla y dio a Berthier las órdenes correspondientes. Sin embargo, cuando entre el antiguo Brienne y La Rothière se acercó a la joven guardia, que al aproximarse el estruendo del combate había empuñado las armas, fue recibido con tal entusiasmo que creyó llegado el momento de aprovechar la ocasión y exclamó: «¡L’artillerie en avant!» Así, hacia las 4 empezó a desarrollarse seriamente el combate de La Rothière. Tras el primer revés, Napoleón dejó de tomar parte personalmente en la batalla. Como su infantería se había hecho fuerte en el pueblo de La Rothière, el combate fue largo y tenaz, y Blücher se vio obligado incluso a hacer intervenir sus reservas. Los franceses no fueron expulsados del pueblo hasta pasadas las 11 de la noche, cuando Napoleón ordenó la retirada de su ejército, que había sufrido una pérdida de 4.000 a 5.000 muertos y heridos, 2.500 prisioneros y 53 cañones. Si los aliados, que se encontraban entonces a solo seis jornadas de marcha de París, hubieran avanzado con contundencia, Napoleón habría tenido que sucumbir a su inmensa superioridad numérica; pero los monarcas, siempre temerosos de hacer cualquier cosa que pudiera disuadir a Napoleón de concertar una paz en el Congreso de Châtillon, permitieron que el príncipe Schwarzenberg, comandante en jefe del ejército principal, utilizara cualquier pretexto para rehuir un combate decisivo.

Mientras Napoleón ordenaba a Marmont que retrocediese por la orilla derecha del Aube hacia Ramerupt y él mismo se retiraba mediante una marcha de flanco hacia Troyes, el ejército de los aliados se dividió en dos. El ejército principal avanzó lentamente hacia Troyes, y el ejército de Silesia marchó hacia el Marne, donde Blücher contaba con encontrarse con York y con una parte de los cuerpos bajo el mando de Langeron y Kleist, de modo que sus fuerzas totales ascenderían a 50.000 hombres. Su plan consistía en perseguir hasta París al mariscal Macdonald, que entretanto había aparecido en el bajo Marne, mientras Schwarzenberg mantenía a raya en el Sena al grueso del ejército francés. Pero Napoleón, viendo que los aliados no sabían aprovechar su victoria y seguro de llegar al Sena antes de que el ejército principal pudiese haber avanzado gran cosa en dirección a París, decidió lanzarse sobre el más débil ejército de Silesia. En consecuencia, dejó 20.000 hombres al mando de Victor y Oudinot frente a los 100.000 del ejército principal, avanzó con 40.000 hombres —los cuerpos de Mortier y Ney— en dirección al Marne, recogió al cuerpo de Marmont en Nogent y llegó con estas fuerzas reunidas a Sézanne el 9 de febrero. Entretanto, Blücher había avanzado por St. Ouen y Sommepuis por el pequeño camino que conduce a París y el 9 de febrero estableció su cuartel general junto al pequeño pueblo de Vertus. La distribución de sus fuerzas era la siguiente: unos 10.000 hombres en su cuartel general; 18.000 al mando de York, desplegados entre Dormans y Château-Thierry para perseguir a Macdonald, que ya se encontraba en la gran carretera de correos de Épernay a París; 30.000 hombres al mando de Sacken entre Montmirail y La Ferté-sous-Jouarre, que debían impedir la proyectada unión de la caballería de Sébastiani con Macdonald y cortar a este último el camino en La Ferté-sous-Jouarre; el general ruso Olssufjew con 5.000 hombres fue acantonado en Champaubert. Esta distribución errónea, por la que el ejército de Silesia quedaba muy extendido en escalón, resultó de los motivos contrapuestos que influían en Blücher. Por un lado, quería cerrar el paso a Macdonald e impedir su unión con la caballería de Sébastiani; por otro, quería recoger los cuerpos de Kleist y Kapzewitsch, que avanzaban desde Châlons y eran esperados el 9 o el 10 para unirse con él. Un motivo lo retenía, el otro lo impulsaba hacia adelante. El 9 de febrero, Napoleón cayó sobre Olssufjew en Champaubert y lo derrotó. Blücher avanzó con Kleist y Kapzewitsch, que habían llegado entretanto, aunque sin la mayor parte de su caballería, contra Marmont, que había sido destacado por Napoleón, y lo siguió en su retirada hacia La Fère-Champenoise; pero al enterarse de la derrota de Olssufjew, regresó esa misma noche con 2 cuerpos a Bergères para cubrir el camino de Châlons. Sacken, tras un combate afortunado, había empujado a Macdonald al otro lado del Marne en Trilport el día 10; pero al oír en la tarde de ese mismo día la marcha de Napoleón hacia Champaubert, se apresuró a volver a Montmirail el día 11. Antes de alcanzarlo, tuvo que hacer frente en Vieux Maisons al emperador Napoleón, que avanzaba contra él desde Montmirail. Sacken fue batido con grandes pérdidas antes de que York pudiera unirse con él; solo después efectuaron ambos generales su concentración en Viffort y se retiraron el 12 de febrero hacia Château-Thierry. Allí York hubo de sostener un combate de retaguardia muy costoso y luego retrocedió hacia Oulchy-la-Ville.

Napoleón había ordenado a Mortier que persiguiera a York y a Sacken por el camino de Fismes, y permaneció el día 13 en Château-Thierry. Incierto sobre dónde se encontraban York y Sacken y cuáles eran los resultados de sus combates, Blücher observó tranquilamente desde Bergères los días 11 y 12 cómo Marmont tomaba posición frente a él en Etoges. El día 13, informado de la derrota de sus generales y suponiendo que Napoleón hubiera partido en busca del ejército principal, cedió a la tentación de asestar un golpe mortal contra Marmont, a quien tomaba por la retaguardia de Napoleón. Avanzando hacia Champaubert, empujó a Marmont hasta Montmirail, donde éste se reunió el día 14 con Napoleón, quien a su vez se volvió entonces contra Blücher. Napoleón avanzó con 20.000 hombres, pero casi sin caballería, y a mediodía chocó con Blücher en Vauchamps; lo atacó, envolvió sus columnas con la caballería y lo rechazó hasta Champaubert causándole grandes pérdidas. En su retirada desde ese punto, el ejército de Silesia habría podido alcanzar Etoges antes de que oscureciera, sin pérdidas considerables, si Blücher no se hubiera complacido en la morosa lentitud del movimiento de retirada. Por ello fue atacado constantemente durante su marcha, y un destacamento de sus tropas, la división del príncipe Augusto de Prusia, fue nuevamente hostigado en su marcha por Etoges desde las calles laterales de dicha ciudad. Blücher llegó a su campamento de Bergères hacia medianoche, tras algunas horas de descanso partió hacia Châlons, llegó allí el 15 de febrero a mediodía y se reunió los días 16 y 17 con las tropas de York y Sacken. Los diversos combates de Champaubert, Montmirail, Château-Thierry, Vauchamps y Etoges costaron a Blücher 15.000 hombres y 27 cañones, siendo Gneisenau y Müffling los únicos responsables de los errores estratégicos que condujeron a estas derrotas.

Napoleón y Ney dejaron a Marmont y a Mortier la tarea de hacer frente a Blücher y regresaron a marchas forzadas hacia el Sena, donde Schwarzenberg había hecho retroceder a Victor y a Oudinot, quienes se habían replegado a través del Yères y habían recogido allí a 12.000 hombres de Macdonald, así como algunos refuerzos procedentes de España. El día 16 fueron sorprendidos por la repentina llegada de Napoleón, a quien siguieron sus tropas el día 17. Tras reunirse con los mariscales, Napoleón se apresuró al encuentro de Schwarzenberg, al que encontró desplegado en un amplio triángulo entre Nogent, Montereau y Sens. Después de que los generales que estaban bajo el mando de Schwarzenberg —Wittgenstein, Wrede y el príncipe heredero de Württemberg— fueran atacados y batidos uno tras otro por Napoleón, el príncipe Schwarzenberg emprendió la fuga, se retiró a Troyes y comunicó a Blücher que se le uniese para librar juntos una batalla en el Sena. Blücher, que entretanto había recibido nuevos refuerzos, siguió de inmediato esta llamada, llegó a Méry el 21 de febrero y aguardó allí el día 22 durante toda la jornada las disposiciones para la batalla prometida. Por la noche supo que a Napoleón se le había ofrecido un armisticio por medio del príncipe de Liechtenstein y que Napoleón había respondido con una negativa rotunda. Blücher envió en el acto a un oficial de confianza a Troyes y conjuró al príncipe Schwarzenberg a que librara batalla, ofreciéndose incluso a hacerlo él solo, mientras el ejército principal se limitara a formar la reserva. Pero Schwarzenberg, aún más aterrorizado por la noticia de que Augereau había hecho retroceder al general Bubna hasta Suiza, ya había ordenado la retirada hacia Langres.

Blücher comprendió de inmediato que una retirada hacia Langres conduciría a una retirada tras el Rin, y para apartar a Napoleón de la persecución del desmoralizado ejército principal, decidió marchar de nuevo en dirección directa hacia París, hacia el Marne. Podía contar ahora con reunir allí un ejército de 100.000 hombres, pues Wintzingerode había alcanzado con unos 25.000 hombres la comarca de Reims y Bülow con 16.000 había llegado a Laon; aún se esperaba al resto del cuerpo de Kleist procedente de Erfurt y al resto del cuerpo de Langeron al mando de Saint-Priest procedente de Maguncia.

Esta segunda separación de Blücher respecto al ejército principal fue la que cambió las tornas contra Napoleón. Si éste hubiera seguido al ejército principal, que se retiraba, en lugar de al ejército silesio, que avanzaba, la campaña habría estado perdida para los aliados. El único paso difícil en el avance de Blücher, cruzar el Aube antes de que Napoleón lo hubiera seguido, lo superó mediante un puente de pontones en Anglure el 24 de febrero. Napoleón ordenó a Oudinot y a Macdonald que siguieran al ejército principal con unos 25.000 hombres, y partió de Herbisse con Ney y Victor el día 26 para perseguir al ejército de Silesia. Ante la comunicación de Blücher de que el ejército principal solo tenía ante sí a 2 mariscales,

Schwarzenberg concluyó su retirada, cobró ánimo, se volvió contra Oudinot y Macdonald y los derrotó el 27 y 28 de febrero. Blücher se proponía concentrar su ejército en un punto lo más cerca posible de París. Marmont se hallaba aún con sus tropas en Sézanne, Mortier en Château-Thierry. Durante el avance de Blücher, Marmont se replegó y se unió el 26 con Mortier en La-Ferté-sous-Jouarre, para retroceder desde allí con Mortier hacia Meaux. Habiendo fracasado el intento de Blücher de cruzar el Ourcq en dos días y obligar a los dos mariscales a librar batalla con un frente fuertemente adelantado, se vio ahora obligado a marchar por la orilla derecha del Ourcq. Alcanzó Oulchy-le-Château el 2 de marzo, tuvo noticia en la mañana del 3 de la capitulación de Soissons, que Bülow y Wintzingerode habían logrado, cruzó el Aisne en el transcurso del mismo día y concentró la totalidad de su ejército en Soissons. Napoleón, que había cruzado el Marne en La-Ferté-sous-Jouarre dos marchas forzadas detrás de Blücher, avanzó en dirección a Château-Thierry y Fismes, tras haber pasado el Vesle, y cruzó el Aisne por Berry-au-Bac el 6 de marzo, después de la reconquista de Reims por un destacamento de su ejército. Blücher se había propuesto originalmente atacar a Napoleón durante su paso del Aisne, detrás del río, y había concentrado sus tropas con este fin. Al darse cuenta de que Napoleón tomaba la dirección de Fismes y Berry-au-Bac para flanquear por la izquierda al Ejército de Silesia, decidió atacar a Napoleón por el flanco desde Craonne, tan pronto como éste saliera de Berry-au-Bac, de modo que Napoleón se habría visto obligado a combatir con un desfiladero a la espalda. Después de haber desplegado ya sus fuerzas, el ala derecha sobre el Aisne, la izquierda sobre el Lette, a medio camino entre Soissons y Craonne, abandonó de nuevo este excelente plan, pues había tenido noticia de que Wintzingerode había permitido que Napoleón pasara el 6 por Berry-au-Bac sin ser molestado e incluso que pudiera adelantar un destacamento por el camino de Laon. Blücher consideró entonces necesario no aceptar una batalla decisiva en otro lugar que no fuera Laon.

Para detener a Napoleón, que por Corbeny, sobre la calzada de Reims, podía alcanzar Laon con la misma rapidez que el Ejército de Silesia desde Craonne, Blücher apostó el cuerpo de Woronzow entre el Aisne y el Lette, sobre la fuerte meseta de Craonne, al tiempo que enviaba 10.000 jinetes al mando de Wintzingerode con la orden de avanzar por Festieux hacia Corbeny y caer sobre el flanco y la retaguardia de Napoleón tan pronto como éste atacara a Woronzow. Como Wintzingerode no ejecutó la

maniobra que se le había ordenado, Napoleón expulsó a Woronzow de la meseta el día 7, pero perdió él mismo 8.000 hombres, mientras que Woronzow pudo escapar con una pérdida de 4.700 hombres y estuvo en condiciones de retirarse en orden.

El día 8, Blücher había concentrado sus tropas en Laon, donde la batalla debía decidir la suerte de ambos ejércitos. Aparte de la superioridad numérica de Blücher, los 20.000 jinetes del Ejército de Silesia podían desplegarse particularmente bien en la vasta llanura de Laon. Laon misma se asienta sobre la meseta de una única montaña, que presenta en cada lado una pendiente de 12, 16, 20 hasta 30 grados y a cuyo pie se encuentran 4 aldeas, y ofrecía grandes ventajas tanto para la defensa como para el ataque. En este día, el ala izquierda francesa, conducida por Napoleón, fue rechazada, mientras que el ala derecha, al mando de Marmont, fue sorprendida en los vivacs al caer la noche y batida de manera tan fulminante, que el mariscal sólo pudo hacer alto con sus tropas en Fismes. Napoleón, que con su ala, que sólo contaba con 35.000 hombres, quedó completamente aislado y acorralado en una mala posición, habría tenido que retroceder ante las tropas, mucho más numerosas y henchidas de confianza en la victoria. Pero a la mañana siguiente Blücher enfermó de un acceso de fiebre y una inflamación ocular, y Napoleón permaneció en actitud provocadora en la misma posición. Con ello, los hombres que dirigían ahora las operaciones se amedrentaron de tal modo, que no sólo detuvieron el avance ya iniciado de sus propias tropas, sino que permitieron a Napoleón retirarse tranquilamente hacia Soissons al caer la noche.

La batalla de Laon había quebrantado, sin embargo, sus fuerzas física y moralmente. Intentó en vano restaurar su prestigio mediante la repentina conquista, el 13 de marzo, de Reims, que había caído en manos de Saint-Priest. Su situación era ahora tan clara que incluso Schwarzenberg se atrevió a hacerle frente cuando Napoleón avanzó contra el ejército principal el 17 y 18 hacia Arcis-sur-Aube, aunque sólo podía oponer 80.000 hombres

a los 25.000 de Napoleón, y aceptó la batalla que duró del 20 al 21. Cuando Napoleón la interrumpió, el ejército principal le siguió hasta Vitry y se unió a su espalda con el Ejército de Silesia. En su desesperación, Napoleón buscó su último refugio en una retirada hacia St. Dizier; creía poder poner en peligro con su puñado de hombres al formidable ejército de los aliados, cortando su principal línea de comunicaciones y cerrándoles la retirada entre Langres y Chaumont. Los aliados respondieron a este movimiento

con su avance hacia París. El 30 de marzo tuvo lugar la batalla ante París, en la que el Ejército de Silesia tomó por asalto Montmartre.

Aunque Blücher no se había restablecido aún desde la batalla de Laon, apareció a caballo, con una pantalla sobre los ojos, por breve tiempo en el campo de batalla. Pero tras la capitulación de París, depuso su mando bajo el pretexto de su enfermedad; la razón real fue, sin embargo, su odio manifiesto y declarado contra los franceses, que se hallaba en contradicción con la actitud diplomática que los soberanos aliados creían necesario adoptar. Así entró en París el 31 de marzo como persona privada. Durante toda la campaña de 1814 representó él solo, en el ejército de los aliados, el principio de la ofensiva. Con la batalla de La Rothière puso en vergüenza a los pacificadores de Châtillon; con su resolución en Méry salvó a los aliados de una retirada funesta, y con la batalla de Laon decidió la primera capitulación de París.

Tras la primera paz de París acompañó al zar Alejandro y al rey Federico Guillermo de Prusia en su visita a Inglaterra, donde fue festejado como el héroe del día. Se vio colmado de todas las condecoraciones militares de Europa; el rey de Prusia instituyó para él la Orden de la Cruz de Hierro, el príncipe regente de Inglaterra <Jorge> le obsequió su retrato y la Universidad de Oxford le confirió el grado académico de doctor en Derecho.

En 1815 decidió nuevamente la última campaña contra Napoleón. Aunque contaba ya con 73 años, después de la infortunada batalla de Ligny, el 16 de junio, insistió en reorganizar su ejército puesto en fuga y en pisar los talones al vencedor; gracias a ello, Blücher estuvo en condiciones de aparecer en la tarde del 18 de junio en el campo de batalla de Waterloo, una hazaña heroica como no se había visto aún en la historia de la guerra. Su persecución de los franceses en fuga tras esta batalla de Waterloo hacia París sólo tiene paralelo en la extraordinaria persecución que Napoleón hizo de los prusianos desde Jena hasta Stettin. Blücher entró ahora en París al frente de su ejército y no dejó de nombrar a Müffling, su intendente general, como gobernador general militar de París. Insistió en que Napoleón fuese fusilado, en que se volara el puente de Jena y en que los tesoros que los franceses habían robado

en las distintas capitales fuesen devueltos a sus propietarios originarios. Su primera exigencia fue frustrada por Wellington, la segunda por los monarcas aliados, y sólo la última fue realizada. Tres meses permaneció Blücher en París, donde frecuentó muy asiduamente las mesas de rouge-et-noir. En el aniversario de la batalla del Katzbach hizo una visita a su ciudad natal, Rostock, donde los habitantes se congregaron para erigirle un monumento en su honor. A su muerte, la totalidad del ejército prusiano guardó 8 días de luto.

"Le vieux diable" ["El viejo diablo"], como lo llamaba Napoleón, "Mariscal Vorwärts", como se le llamaba entre los rusos en el Ejército de Silesia, fue ante todo un general de caballería. En este terreno se distinguía, ya que sólo planteaba exigencias tácticas, pero no requería conocimientos estratégicos. Compartía en grado sumo el odio general contra Napoleón y contra los franceses, y era popular entre el pueblo a causa de sus pasiones plebeyas, por su sano sentido común natural y primigenio, por sus modales toscos y su manera ruda de hablar, que, sin embargo, en la ocasión propicia adquiría un destello de encendida elocuencia. Era el modelo de un soldado. Dado que era un ejemplo de valentía en la batalla y de infatigabilidad en las fatigas; dado que ejercía una influencia fascinante sobre el soldado raso; dado que a su temeraria bravura se unían su aguda mirada para el terreno, su rapidez de resolución en situaciones difíciles, su tenacidad en la defensa, que igualaba a su energía en el ataque, y dado que era lo bastante inteligente para encontrar por sí mismo el camino correcto en las combinaciones más sencillas y para confiar en Gneisenau en las más difíciles, era el general adecuado para las operaciones militares de 1813 a 1815, que en parte llevaban el carácter de una guerra regular y en parte el de una guerra de insurrección.