Friedrich Engels

Birmania

Escrito entre principios de febrero y el 8 de marzo de 1858.
Del inglés.

["The New American Cyclopædia", Volumen IV]

Birmania
o el Reino de Ava — un extenso Estado en el sudeste de Asia, más allá del Ganges, antes mucho mayor que en la actualidad. Sus fronteras anteriores se hallaban entre los 9° y 27° de latitud norte; se extendía a lo largo de 1.000 millas y más de 600 de anchura. En la actualidad, el territorio de Birmania abarca desde los 19° 25' hasta los 28° 15' de latitud norte y desde los 93° 2' hasta los 100° 40' de longitud este, un espacio de 540 millas de largo de norte a sur y 420 millas de ancho, con una superficie de unas 200.000 millas cuadradas. Limita al oeste con la provincia de Aracan, cedida a los británicos por el tratado birmano de 1826, y con los pequeños estados de Tiperah, Munnipoor y Assam, de los que la separan altas cadenas montañosas; al sur se halla la provincia británica de Pegu, recientemente adquirida por los británicos; al norte, el Alto Assam y el Tíbet, y al este, China. La población no pasa de 5.000.000, según el capitán Henry Yule.

Desde la cesión de Pegu a los británicos, Birmania no posee ni llanuras aluviales ni costa marítima; su frontera meridional se halla al menos a 200 millas de las desembocaduras del Irawadi, y el país asciende gradualmente desde esa frontera hacia el norte. Unas 300 millas son tierras altas, y más allá es quebrado y montañoso. Este territorio está regado por tres grandes ríos: el Irawadi, su afluente el Khyen‑Dwen y el Salwin. Estos ríos nacen en la cadena montañosa del norte y fluyen hacia el sur, al océano Índico.

Aunque Birmania ha sido despojada de su territorio más fértil, el que le queda no puede considerarse en modo alguno estéril. En los bosques abunda la madera valiosa, entre la que ocupa un puesto destacado la madera de teca, empleada en la construcción naval. Casi todas las especies de madera conocidas en la India se hallan también en Birmania. Se produce laca en rama de excelente calidad, así como barniz para la fabricación de lacados. Ava, la capital, se abastece de una excelente madera de teca procedente de un bosque situado a 15 jornadas de distancia. La agricultura y la horticultura se hallan en todas partes en un estado llamativamente rezagado, y si el país no poseyese tan ricos recursos minerales y un clima tan uniforme, el Estado sería muy pobre. No se cultiva fruta en absoluto, y los cultivos se atienden insuficientemente. En cuanto a hortalizas, se plantan sobre todo cebollas y pimienta de Cayena. También se hallan ñames y batatas, así como escasas cantidades de melones, pepinos y berenjenas. Los brotes tiernos de bambú, los espárragos silvestres y las jugosas raíces de diversas plantas acuáticas sustituyen para los habitantes los frutos cultivados del huerto. Los frutos del mango, la piña, la naranja, la anona, la yaca (una especie de fruto del árbol del pan), la papaya, el higo y el plátano (ese gran enemigo de la civilización) son los principales frutos; todos crecen con poco o ningún cuidado. Los cultivos principales son: arroz (que en algunas regiones se usa como medio de circulación), maíz, mijo, trigo, diversas legumbres, palmeras, caña de azúcar, tabaco, algodón de fibra corta y añil. La caña de azúcar no se cultiva en todas partes, y el arte de extraer de ella azúcar apenas se conoce, aunque la planta ha sido familiar al pueblo desde hace mucho tiempo. Un azúcar bruto barato se obtiene de la savia de la palmera palmira, de la que hay numerosos palmares especialmente al sur de la capital. El añil se elabora tan mal que resulta completamente inadecuado para la exportación. El arroz en el sur y el maíz y el mijo en el norte son los cultivos tipo. Se siembra sésamo generalmente para el ganado. En las colinas septentrionales se cultiva en considerable extensión la verdadera planta del té de China, pero, en lugar de infundirla, como hacen con el té chino, los indígenas comen, de manera singular, la hoja con aceite y ajo. El algodón se planta principalmente en las zonas secas de las provincias altas.

Los densos bosques de Birmania son ricos en animales salvajes; los más frecuentes son el elefante, el rinoceronte unicorne, el tigre y el leopardo, así como el jabalí; además hay varias especies de cérvidos. De aves, el gallo silvestre es común; existen también variedades de faisanes, perdices y codornices. Los animales domésticos son el buey, el caballo y el búfalo. El elefante se utiliza también como animal de tiro. El camello no es conocido. Hay algunas cabras y ovejas, pero la cría se cuida poco. Los asnos apenas encuentran empleo. No se tienen perros en la casa birmana; en cambio, abundan los gatos. Los caballos se usan exclusivamente para montar y rara vez superan las trece manos <aproximadamente 1,32 m> de alzada. El buey es el animal de tiro y carga en el norte, y el búfalo, en el sur.

En cuanto a minerales, se encuentra oro en los lechos de varios ríos, arrastrado en la arena desde las montañas. En la frontera china, en Bor‑twang, se explotan minas de plata. La producción anual de oro y plata extraídos se ha estimado en aproximadamente 1.000.000 de dólares. En la parte oriental de Laos abunda el hierro, pero se trabaja de manera tan primitiva que en el proceso de forja se pierde del 30 al 40% del metal. Las perforaciones petrolíferas en las orillas del Irawadi rinden 8.000.000 de libras anuales. Cobre, estaño, plomo y antimonio existen, como es sabido, en Laos, pero es dudoso que alguno de estos metales se obtenga en cantidades considerables, ya que la población desconoce los métodos de extracción. Las montañas cercanas a la ciudad de Ava proporcionan caliza de excelente calidad; a 40 millas de la capital, en las orillas del Irawadi, se encuentra mármol estatuario puro; de ámbar hay tal abundancia que en Ava se vende al bajo precio de 1 dólar la libra; y salitre, natrón, sal y carbón se hallan extendidos por todo el país, aunque este último se emplea poco. El petróleo, que se obtiene en abundancia, lo utilizan todas las capas de Birmania como combustible para lámparas y como protección contra los insectos. Se extrae en cubos de estrechos pozos entubados a una profundidad de 210 a 300 pies; brota del suelo como una fuente natural. La trementina se encuentra en diversas partes del país y se exporta en gran cantidad a China. El zafiro oriental, el rubí, el topacio y la amatista, así como varias especies de berilio verde amarillento y espinelas rojas, se hallan en los lechos de los arroyos de dos distritos. Todas las piedras preciosas cuyo valor supera los 50 dólares son reclamadas por la corona y enviadas al tesoro; además, a los extranjeros no se les permite buscar las piedras.

De todo lo dicho se desprende que los birmanos han hecho pocos progresos en el ejercicio de las artes artesanales. Todo el proceso de fabricación del algodón lo realizan las mujeres; utilizan un simple telar y muestran relativamente poco sentido artístico y destreza. La porcelana se importa de China; los tejidos británicos de algodón se introducen y se venden incluso en el interior a precios más bajos que los productos autóctonos; aunque los birmanos funden hierro, el acero se importa de Bengala; la seda se produce en diversos lugares, pero a partir de seda cruda china; y mientras se importa una variedad muy grande de mercancías, las exportaciones son relativamente insignificantes; las que van a China, con quien los birmanos mantienen su comercio más extenso, consisten en algodón en rama, plumas de adorno, principalmente del arrendajo azul, nidos comestibles de golondrina, marfil, cuernos de rinoceronte y astas de ciervo, así como algunas especies menores de piedras preciosas. A cambio, los birmanos importan cobre trabajado, sulfuro de arsénico, mercurio, bermellón, sartenes de hierro, alambre de latón, estaño, plomo, alumbre, plata, oro y pan de oro, loza, colores, alfombras, ruibarbo, té, miel, seda cruda, terciopelos, aguardientes chinos, almizcle, cardenillo, frutos secos, papel, abanicos, paraguas, zapatos y vestimenta. Joyas de oro y plata de ejecución muy tosca se fabrican en diversas partes del país; armas, tijeras y herramientas de carpintero se producen en Ava; ídolos se tallan en considerable número a unas 40 millas de Ava, donde se ha hallado una montaña de mármol blanco puro. La moneda se halla en un estado lamentable. Plomo, plata y oro, todo sin acuñar, constituyen el medio de circulación. Una gran parte del comercio se realiza por trueque, a causa de las dificultades que plantea la realización de pequeños pagos. Los metales nobles deben pesarse y comprobarse cada vez que cambian de manos, por lo que los banqueros exigen alrededor del 3
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%. Los intereses ascienden al 25‑60% anual. El petróleo es el artículo de consumo más usual. A cambio de petróleo se intercambian salitre, cal, papel, lacados, productos de algodón y seda, trabajos en hierro y latón, azúcar, tamarindo, etc. El yonnet‑ni (la plata estándar del país) está generalmente aleada con un 10‑15% de cobre. Por debajo de
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, la liga no se reconoce como medio de pago; este grado de fineza se exige en el dinero pagado por impuestos.

Los ingresos del reino proceden de un impuesto por casa, que se impone a la aldea; las autoridades aldeanas evalúan a los cabezas de familia según su capacidad de pago. Este impuesto es muy variable, desde 6 ticales por cabeza de familia en Prome hasta 27 ticales en Tongho. Los obligados al servicio militar, los campesinos de los dominios reales y los artesanos encargados de los trabajos públicos están exentos de este impuesto. La cuantía del impuesto territorial se rige por el rendimiento de la cosecha. El impuesto sobre el tabaco se paga en dinero; por los demás cultivos se paga un 5% en especie. Los campesinos de las tierras reales pagan más de la mitad.

de sus rendimientos. Los puertos de pesca en el mar y en los ríos se arriendan bien por una tasa fija, bien a cambio de una parte de la pesca en pescado seco. Estos diversos ingresos son recaudados por los funcionarios de la corona y para su uso; cada uno de ellos recibe, según su importancia, un distrito más grande o más pequeño, de cuyos rendimientos vive. El ingreso real se obtiene de la venta de los monopolios de la corona, entre los cuales el principal es el del algodón. Este monopolio se administra de tal modo que los habitantes son obligados a entregar determinados artículos a precios fijos y bajos a los funcionarios de la corona, quienes los venden con un enorme recargo. Así, el plomo es entregado por los productores a razón de 5 tikales por bis o 3,6 libras, y Su Majestad lo vende a razón de 20 tikales. Los ingresos reales ascienden, según se afirma, a alrededor de 1.820.000 tikales o 227.500 libras esterlinas al año, a lo cual hay que añadir otra suma de 44.250 libras esterlinas, que proviene de ciertos derechos de aduana recaudados en distritos especiales. Estos fondos sostienen la casa real. Este sistema tributario, aunque despótico, es en sus pormenores inusitadamente simple; y otro ejemplo de la simplicidad de la forma de gobierno es el modo en que el ejército es puesto en condiciones de sostenerse a sí mismo, o, mejor dicho, cómo, en última instancia, tiene que ser sostenido por el pueblo. Hay diversos modos de reclutamiento; en algunos distritos se emplea el sistema de voluntarios, mientras que en otros cada 16 familias se ven obligadas a proporcionar 2 hombres armados y equipados. Están además obligadas a suministrar a estos reclutas mensualmente 56 libras de arroz y 5 rupias. En la provincia de Padoung, cada soldado es acuartelado en 2 familias, las cuales reciben 5 acres de tierra exentos de impuestos y han de entregar al guerrero la mitad del producto de la cosecha y 25 rupias al año, además de leña y otras cosas de menor importancia de necesidad cotidiana. El capitán de 50 hombres recibe 10 tikales (el tikal vale 1 1/4 de dólar o 212 rupias) de cada 6 familias, y la mitad del rendimiento de la cosecha de una séptima. El bo, o jefe de centuria, es mantenido por el trabajo de 52 familias, y el bogyi, o coronel, percibe su soldada de sus propios oficiales y soldados. El soldado birmano combate bien en circunstancias favorables, pero la ventaja esencial de un cuerpo de ejército birmano reside en la ausencia de impedimenta; el soldado lleva su cama (una hamaca) en un extremo de su mosquete, su caldero en el otro y sus provisiones de víveres (arroz) en un paño a la cintura.

Por su complexión corporal, los birmanos parecen ser de la misma raza que los habitantes de los países entre el Indostán y China, teniendo más del tipo mongol que del hindú. Son pequeños, robustos, bien proporcionados, carnosos, pero ágiles, con grandes pómulos, ojos oblicuos, tez morena, aunque nunca muy oscura, cabello negro, áspero y lacio, y barba más poblada que sus vecinos los siameses. El comandante Allen, en un memorándum sobre el gobierno de la India Oriental, les atribuye franqueza, un fuerte sentido de lo cómico, considerable espíritu de ayuda mutua, escaso patriotismo, pero mucho amor a la patria chica y a la familia, además de relativamente pocos prejuicios contra los extranjeros y una disposición a adquirir el conocimiento de nuevas artes, si no van unidas a demasiado esfuerzo intelectual. Son astutos comerciantes y poseen una buena dosis de cierto espíritu de empresa; son moderados, pero tienen poca perseverancia; disponen de más astucia que valor; aunque no sanguinarios por naturaleza, han soportado con flema las crueldades de sus distintos reyes; y sin ser por naturaleza mentirosos ni embaucadores, son, no obstante, grandes fanfarrones y poco fiables.

Los birmanos son budistas en cuanto a la fe, y han mantenido las ceremonias de su religión más libres de la mezcla con otras religiones que en cualquier otro lugar de la India y China. Los budistas birmanos evitan en cierto sentido el culto de las imágenes que se practica en China, y sus monjes son más fieles de lo ordinario a sus votos de pobreza y celibato. Hacia fines del siglo pasado, se habían separado de la religión estatal birmana dos sectas o variedades de la antigua fe. La primera de ellas profesaba una fe en cierto sentido similar al panteísmo, según la cual la divinidad está difundida por encima y a través de todo el mundo y sus criaturas, pero en sus estadios más elevados de desarrollo aparece en los propios budistas. La otra rechaza por completo la doctrina de la transmigración de las almas, el culto de las imágenes y el sistema monástico de los budistas; considera la muerte como la puerta hacia una felicidad o miseria eternas, según la conducta del difunto, y venera a un espíritu supremo y creador de todo (Nat). El actual rey Mehendun-Men, que es un celoso partidario de su fe, ya ha hecho quemar públicamente a 14 de estos herejes, cuyos dos grupos son igualmente ilícitos. No obstante, según el capitán Yule, son muy numerosos, aunque rinden culto a su fe en secreto.

La historia temprana de Birmania es poco conocida. El imperio alcanzó el punto culminante de su poder en el siglo XI, cuando Pegu era la capital. Hacia comienzos del siglo XVI el Estado se escindió en varios gobiernos más pequeños e independientes que guerreaban entre sí; y en 1554, cuando el rey Tschen-bayu-Majyajen tomó la ciudad de Ava, había sometido todo el valle del Irawadi e incluso había sojuzgado a Siam. Tras diversas vicisitudes, Alompra, el fundador de la dinastía actual (murió en 1760), elevó una vez más el imperio a un poder y una extensión aproximadamente iguales a los de antaño. Desde entonces, los británicos le han arrebatado las provincias más fértiles y valiosas.

La forma de gobierno de Birmania es el despotismo puro; el rey, uno de cuyos títulos es «Señor de la vida y de la muerte», impone penas de prisión y multas, tortura o muerte según su excelsa voluntad. El gobierno es ejercido en detalle por el hlwot-dau o Consejo de Estado, presidido por el heredero legítimo del trono previamente designado o, si no se ha designado a ningún sucesor, por un príncipe de sangre real. En tiempos normales, el consejo se compone de cuatro ministros, que, sin embargo, no tienen departamentos determinados, sino que actúan según lo depara la casualidad. Constituyen asimismo un alto tribunal de justicia, ante el que se llevan los procesos para sentencia definitiva; y en su calidad personal tienen poder para fallar en asuntos que no se presentan ante el consejo colectivo. Como retienen el 10% de la propiedad en litigio en concepto de costas de la sentencia, obtienen por esta fuente ingresos bastante sustanciosos. De esto y de otras peculiaridades del gobierno birmano se desprende fácilmente que rara vez se imparte justicia al pueblo. Todo funcionario es al mismo tiempo un saqueador; los jueces son venales, la policía es impotente, los salteadores y ladrones son numerosos, la vida y la propiedad son inseguras, y falta todo estímulo para el progreso. Cerca de la capital el poder del rey es terrible y tiránico. Disminuye con la distancia, de modo que en las provincias más apartadas el pueblo tiene muy poco en cuenta las exigencias del señor del elefante blanco, elige a sus propios gobernadores, que son confirmados por el rey, y paga solamente un pequeño tributo al gobierno. En realidad, las provincias que limitan con China ofrecen el curioso espectáculo de un pueblo que vive contento bajo dos gobiernos, el chino y el birmano, los cuales participan por igual en la confirmación de los gobernadores de esos territorios, pero que, con prudencia, designan por lo general a los mismos hombres. No obstante, diversas misiones británicas han visitado Birmania, y aunque la actividad misional se ha llevado a cabo allí con más éxito que en parte alguna de Asia, el interior de Birmania es todavía una completa terra incognita, sobre la cual los geógrafos y cartógrafos modernos han aventurado algunas conjeturas descabelladas, pero saben muy poco en detalle. (Véase «Informe de la misión enviada en 1855 por el gobernador general de la India a la corte de Ava», por el capitán Henry Yule, Londres, 1858).