Karl Marx/Friedrich Engels

Bennigsen

Escrito entre el 10 y el 22 de septiembre de 1857.

Del inglés.

["The New American Cyclopædia", tomo III]

Bennigsen, Levin August Theophil, conde de, general ruso, nacido el 10 de febrero de 1745 en Braunschweig, donde su padre servía como coronel en la guardia; fallecido el 3 de octubre de 1826. Pasó cinco años como paje en la corte hannoveriana de Jorge II, ingresó en el ejército de Hannover y, ascendido a capitán de la guardia de infantería, participó en la última campaña de la Guerra de los Siete Años. Su extraordinaria pasión por el bello sexo suscitó entonces más revuelo que sus hazañas bélicas. Para casarse con la hija del barón von Steinberg, enviado hannoveriano en la corte de Viena, pidió la baja, se retiró a su finca hannoveriana de Banteln, cayó irremediablemente en deudas a causa de su vida disipada y, tras la muerte de su esposa, decidió restaurar su fortuna ingresando en el servicio militar ruso. Nombrado teniente coronel por Catalina II, sirvió primero a las órdenes de Rumjanzew contra los turcos y luego a las de Suvorov contra el rebelde Pugachov. Durante una licencia que le fue concedida, viajó a Hannover para desposar a Mlle. von Schwiegelt, una dama célebre por su belleza. De regreso a Rusia, obtuvo, por protección de Rumjanzew y Potjomkin, el mando de un regimiento. Tras distinguirse en 1788 en el sitio de Otschakow, fue ascendido a general de brigada. En la campaña polaca de 1793/1794 mandó un cuerpo volante; después de los combates de Oschmjany y Solli fue nombrado general; decidió la victoria en Wilna al atravesar, a la cabeza de la caballería, el centro del ejército polaco, y por algunos golpes de mano audaces que llevó a cabo con éxito a orillas del bajo Njemen, Catalina II lo recompensó con la Orden de San Vladimiro, un sable de honor y doscientos siervos. Durante la campaña polaca mostró las cualidades de un buen oficial de caballería —fuego, audacia y rapidez—, pero no los conocimientos superiores indispensables para el comandante en jefe de un ejército. Después de la campaña polaca fue trasladado al ejército que operaba en Persia, donde obligó a Derbent, a orillas del mar Caspio, a capitular mediante un bombardeo de diez días. La Orden de San Jorge de tercera clase fue la última distinción que recibió de Catalina II; tras la muerte de ésta fue llamado de regreso y cayó en desgracia ante su sucesor.

El conde Pahlen, gobernador militar de San Petersburgo, organizaba por aquel entonces la conspiración que le costó la vida a Pablo. Pahlen, que conocía el carácter despiadado de Bennigsen, le hizo partícipe de la confianza y le encomendó el puesto de honor de conducir a los conspiradores al dormitorio del zar. Fue Bennigsen quien sacó a rastras a Pablo de la chimenea donde se había escondido; y cuando los otros conspiradores, ante la negativa de Pablo a abdicar, vacilaron, Bennigsen exclamó: «¡Basta de palabras!», se desató el fajín, se abalanzó sobre Pablo y, tras una breve lucha, lo estranguló con ayuda de los demás conspiradores. Para que fuera más rápido, Bennigsen le golpeó en la cabeza con una pesada caja de rapé de plata. Inmediatamente después del ascenso al trono de Alejandro I, Bennigsen recibió un mando militar en Lituania.

Al comienzo de la campaña de 1806/1807 mandaba un cuerpo en el primer ejército a las órdenes de Kamenski —el segundo cuerpo lo comandaba Buxhöwden—. Después de intentar en vano cubrir Varsovia frente a los franceses, tuvo que replegarse a Pultusk, sobre el Narew, y allí logró, el 26 de diciembre de 1806, rechazar un ataque de Lannes y Bernadotte, pues sus tropas eran muy superiores en número, debido a que Napoleón marchaba con el grueso de sus fuerzas contra el segundo ejército ruso. Bennigsen envió informes jactanciosos al zar Alejandro y pronto obtuvo, mediante intrigas contra Kamenski y Buxhöwden, el mando supremo del ejército destinado a las operaciones contra Napoleón. A fines de enero de 1807 emprendió un movimiento ofensivo contra las tropas de Napoleón acantonadas en cuarteles de invierno, escapó por pura casualidad de una trampa que Napoleón le había tendido y libró luego la batalla de Eylau. Eylau cayó el 7 de febrero, pero la batalla principal, que Bennigsen hubo de aceptar para detener la persecución fulminante de Napoleón, tuvo lugar el 8 de febrero. La tenacidad de las tropas rusas, la llegada de los prusianos al mando de l’Estocq y la lentitud con que algunos cuerpos franceses aparecieron en el campo de batalla hicieron dudosa la victoria. Ambas partes la reivindicaron para sí, pero una cosa es segura: que la batalla de Eylau —según la propia afirmación de Napoleón— fue la más sangrienta de todas sus batallas. A Bennigsen se le cantaron Tedéums, y recibió del zar una orden rusa, una pensión de 12.000 rublos y una carta de felicitación que lo ensalzaba como «el vencedor del caudillo nunca antes vencido».

En primavera se atrincheró en Heilsberg y dejó pasar la ocasión de atacar a Napoleón mientras una parte del ejército francés estaba ocupada en el sitio de Danzig; pero, tras la caída de Danzig y la reunión de todas las fuerzas del ejército francés, consideró llegado el momento del ataque. Después de ser detenido primero por la vanguardia de Napoleón, que numéricamente equivalía solo a un tercio de sus propias tropas, las maniobras de Napoleón lo obligaron pronto a replegarse a su campamento atrincherado. Allí lo atacó Napoleón en vano el 10 de junio con solo dos cuerpos y algunos batallones de la guardia, pero al día siguiente lo obligó a abandonar el campamento y emprender la retirada. Sin embargo, de repente, sin esperar un cuerpo de 28.000 hombres que ya había llegado a Tilsit, Bennigsen pasó de nuevo al ataque, ocupó Friedland y apostó allí a su ejército, teniendo el río Alle a sus espaldas y el puente de Friedland como única línea de retirada. Pero en vez de avanzar con rapidez antes de que Napoleón pudiera concentrar sus tropas, se dejó entretener durante cinco o seis horas por Lannes y Mortier, hasta que Napoleón, hacia las cinco, tuvo preparadas sus fuerzas y dio entonces la orden de ataque. Los rusos fueron rechazados hacia el río, Friedland fue tomada y el puente destruido por los propios rusos, aunque toda su ala derecha se encontraba aún en la orilla opuesta. Así se perdió, el 14 de junio, la batalla de Friedland, que le costó al ejército ruso más de 20.000 hombres. Se dijo que Bennigsen estaba entonces influido por su esposa, una polaca. Durante toda la campaña, Bennigsen cometió error tras error, pues su mando presentaba una extraña mezcla de temeraria imprudencia e impotente irresolución.

Durante la campaña de 1812, su principal actividad se desarrolló en el cuartel general del zar Alejandro, donde intrigó contra Barclay de Tolly con la intención de ocupar su puesto. Durante la campaña de 1813 mandó un ejército ruso de reserva y fue elevado por Alejandro en el campo de batalla de Leipzig al rango de conde. Cuando más tarde recibió el encargo de expulsar a Davout de Hamburgo, sitió la ciudad hasta que la abdicación de Napoleón en abril de 1814 puso fin a las hostilidades. Por la ocupación incruenta de Hamburgo, que llevó a cabo a continuación, reclamó y obtuvo nuevos honores y emolumentos. De 1814 a 1818 tuvo el mando supremo del ejército del Sur en Besarabia y luego se retiró definitivamente a su finca en la región de Hannover, donde murió, tras haber dilapidado la mayor parte de su fortuna y haber dejado a sus hijos, pobres, en el servicio ruso.