Karl Marx/Friedrich Engels

Ayacucho

Escrito entre el 21 de septiembre y el 23 de octubre de 1857.

Del inglés.

["The New American Cyclopædia", tomo II]

Ayacucho –
Departamento de la República del Perú; población: 131.921 habitantes. En las cercanías de su principal ciudad, que también se llama Ayacucho, se libró la batalla que aseguró definitivamente la independencia de la América del Sur española.

Después de la batalla de Junín (6 de agosto de 1824), el virrey español, el general La Serna, intentó mediante diversas maniobras cortar las comunicaciones del ejército insurgente al mando del general Sucre. Al no tener éxito con ello, condujo finalmente a su adversario a la llanura de Ayacucho, donde los españoles habían ocupado una posición defensiva en una altura. Contaban con 13 batallones de infantería, además de artillería y caballería, en total 9.310 hombres. El 8 de diciembre de 1824 las vanguardias de ambos ejércitos entraron en combate, y al día siguiente Sucre avanzó al ataque con 5.780 hombres. La segunda división colombiana al mando del general Córdoba atacó el ala izquierda de los españoles y la sumió inmediatamente en la confusión. La división peruana al mando del general La Mar encontró en el ala izquierda una resistencia más tenaz y no pudo avanzar hasta que llegaron las reservas al mando del general Lara. Como el enemigo retrocedía ya por todas partes, se empleó la caballería en su persecución, la cual dispersó a la caballería española y completó la derrota de la infantería. Los españoles tuvieron seis generales entre los caídos y perdieron en total 2.600 hombres entre muertos, heridos y prisioneros; entre estos últimos se encontraba el virrey. Las pérdidas de los sudamericanos ascendieron a un general y 308 oficiales y soldados muertos y 520 heridos, entre ellos seis generales. Al día siguiente, el general Canterac, a quien había pasado el mando del ejército español, firmó la capitulación, en virtud de la cual no solo él y todas sus tropas eran declarados prisioneros de guerra, sino que también todas las tropas españolas en el Perú, todas las instalaciones militares, la artillería y los almacenes, así como todo el Perú en la medida en que aún se hallaba en manos de los españoles (Cuzco, Arequipa, Puno, Quilca, etc.), debían ser entregados a los insurgentes. Las tropas así entregadas como prisioneros de guerra ascendían en total a casi 12.000 hombres. Con ello, la dominación española quedó definitivamente quebrada, y el 25 de agosto de 1825 el Congreso de Chuquisaca proclamó la independencia de la República de Bolivia.

En España se designaba con el nombre de “ayacuchos” a Espartero y a sus compañeros de armas. Una parte de la camarilla militar agrupada en torno a él había participado junto con él en la guerra contra la insurrección sudamericana, donde no solo los unía la hermandad de armas, sino también la común afición a la aventura, y donde se habían comprometido, aún durante la guerra, a apoyarse mutuamente también en los asuntos políticos tras su regreso a España. Este compromiso lo cumplieron escrupulosamente, con gran provecho recíproco. El apodo de “ayacuchos” aludía a que Espartero y sus partidarios habrían contribuido sustancialmente al desdichado desenlace de aquella batalla. Esto, sin embargo, es falso, aunque dicha versión se ha difundido con tanto empeño que aún hoy se le da crédito general en España. Espartero no solo no estuvo presente en la batalla de Ayacucho, sino que ni siquiera se hallaba en América cuando aquella se libró, pues se encontraba en la travesía hacia España, adonde lo había enviado el virrey La Serna con despachos para Fernando VII. Se había embarcado el 5 de junio de 1824 en Quilca a bordo del bergantín británico “Tiber”, llegó a Cádiz el 28 de septiembre y a Madrid el 12 de octubre, y luego zarpó de Burdeos de regreso a América el mismo 9 de diciembre de 1824 en que se libró la batalla de Ayacucho. (Véase don José Segundo Florez, *Espartero*, Madrid, 1844, 4 vols., y Principe, *Espartero*, Madrid, 1848).