- un pequeño río en Crimea, que fluye desde las alturas cercanas a Bajchisarái en dirección oeste y desemboca en la bahía de Kalamita, entre Eupatoria y Sebastopol. La orilla meridional de este río, que en la zona de la desembocadura se eleva de forma muy escarpada y domina toda la orilla opuesta, fue escogida durante la pasada guerra ruso-turca por el príncipe Ménshikov como posición defensiva, en la que pretendía contener el ataque de los ejércitos aliados que acababan de desembarcar en Crimea.

Las fuerzas bajo su mando comprendían 42 batallones, 16 escuadrones, 1.100 cosacos y 96 cañones, en total 35.000 hombres. Los aliados desembarcaron el 14 de septiembre de 1854 algo al norte del Alma: 28.000 franceses (4 divisiones), 28.000 ingleses (5 divisiones de infantería y 1 división de caballería) y 6.000 turcos. Su artillería era exactamente tan numerosa como la de los rusos, a saber, 72 cañones franceses y 24 ingleses. La posición rusa parecía bastante fuerte, pero en realidad presentaba muchos puntos débiles. Su frente se extendía a lo largo de casi 5 millas, demasiado para el escaso número de tropas de que disponía Ménshikov. El ala derecha estaba completamente desguarnecida, mientras que la izquierda (puesto que el fuego de las flotas aliadas dominaba la costa) no podía extender la posición hasta el mar y sufría, por tanto, la misma carencia. El plan de los aliados se basaba en estos hechos. Se pretendía entretener el frente ruso con ataques fingidos, mientras los franceses, al amparo de las 5 unidades de la flota, desbordaban el ala izquierda de los rusos y los ingleses, bajo la protección de su caballería, envolvían el ala derecha.

El 20 tuvo lugar el ataque. Debía llevarse a cabo al amanecer, pero a causa de los lentos movimientos de los ingleses, los franceses no pudieron arriesgarse a cruzar el río antes de esa hora.

En el ala extrema derecha de los franceses, la división de Bosquet atravesó el río, que era vadeable en casi todas partes, y escaló las escarpadas alturas de la orilla sur sin encontrar la menor resistencia. Con grandes esfuerzos se logró subir también 12 cañones a la meseta. A la izquierda de Bosquet, Canrobert hizo cruzar el río a su división, y ésta comenzó a desplegarse en la meseta, mientras la división del príncipe Napoleón limpiaba de tiradores rusos los jardines, viñedos y casas de la aldea de Almá-Tamak. A todos estos ataques, emprendidos con 29 batallones, Ménshikov opuso en su primera y segunda línea sólo 9 batallones, a cuyo apoyo llegaron pronto otros 7. Estos 16 batallones, apoyados por 40 cañones y 4 escuadrones de húsares, tuvieron que sostener el choque principal del ataque de los franceses, conducido con fuerzas muy superiores, que pronto fueron reforzadas por los 9 batallones restantes de la división de Forey. Así entraron en acción todas las tropas de Saint-Arnaud, con excepción de los turcos, que permanecieron en reserva. El resultado no podía ser dudoso por mucho tiempo. Los rusos cedieron lentamente y se retiraron, tan ordenadamente como les fue posible.

Entretanto, los ingleses habían iniciado su ataque. Alrededor de las 4, el fuego de los cañones de Bosquet desde lo alto de la meseta sobre el ala izquierda de la posición rusa había mostrado que la batalla estaba en pleno curso; aproximadamente una hora más tarde, la línea de tiradores inglesa atacó a la de los rusos. Los ingleses habían abandonado el plan de envolver el ala derecha de los rusos, ya que la caballería rusa, que sin los cosacos era el doble de fuerte que la británica, cubría esta ala tan bien que incluso amenazaba el ala izquierda inglesa. Por ello Lord Raglan decidió atacar frontalmente a los rusos que tenía delante. Se lanzó sobre su centro con la división ligera de Brown y la división de Evans en primera línea; las dos divisiones del duque de Cambridge y del general England formaban la segunda línea, mientras que la reserva (la división de Cathcart), apoyada por la caballería, seguía detrás del ala izquierda. La primera línea se desplegó, atacó dos aldeas frente a su frente y cruzó el Alma, tras haber expulsado a los rusos. Aquí divergen los informes. Los ingleses afirman decididamente que su división ligera alcanzó el parapeto detrás del cual los rusos habían emplazado su artillería pesada, pero que luego fue rechazada. Los rusos declaran que la división ligera nunca llegó siquiera a cruzar propiamente el río, y mucho menos a subir la escarpada pendiente sobre la que se había erigido dicho parapeto. En cualquier caso, la segunda línea siguió de cerca a la primera, se desplegó, tuvo que

formar de nuevo en columnas para cruzar el Alma y escalar las alturas; se desplegó luego de nuevo y atacó tras unas cuantas salvas. Fue especialmente la división del duque de Cambridge (Guardia y highlanders) la que acudió en ayuda de la división ligera. Aunque Evans avanzó lentamente, no fue rechazado, de modo que la división de England, que operaba a su espalda, difícilmente pudo prestarle apoyo. El parapeto fue tomado por la Guardia y los highlanders, y los rusos abandonaron la posición tras una lucha breve pero encarnizada. Dieciocho batallones rusos se enfrentaban aquí a un número igual de batallones ingleses, y si cada batallón inglés era 50 hombres más fuerte que uno ruso, los rusos compensaban esto con creces por su artillería superior y la solidez de su posición. Pero el fuego de la infantería inglesa, generalmente conocido como muy mortífero, lo fue en esta ocasión de modo muy particular. La mayoría de las tropas empeñadas estaban armadas con el fusil Minié, y sus balas, cuyo poder de penetración mataba filas enteras de una sola vez, causaron efectos sumamente aniquiladores en las profundas columnas rusas. Los rusos, que habían empeñado toda su infantería, salvo 6 batallones, y no tenían esperanza de contener la marea que avanzaba, rompieron la batalla, cubriendo la caballería y la artillería ligera, junto con la escasa reserva de infantería, la retirada sin obstáculos. Los ingleses lucharon en esta batalla decididamente mejor que todas las demás tropas, pero lo hicieron con su acostumbrada y torpe manera de maniobrar, desplegar, formar columnas y volver a desplegar bajo el fuego enemigo, lo cual era completamente innecesario y les hizo perder tanto tiempo como vidas humanas. El éxito de esta batalla para los aliados fue la posesión indiscutible del territorio abierto de Crimea y, mientras los rusos permanecieron sin refuerzos, también del acceso al camino a Sebastopol. La primera ventaja no reportó nada a los aliados, pero la segunda la aprovecharon sin dilación.