tren de carros y ese tren exigía la construcción de una carretera. Así se perdió una semana hasta que estuvo hecha la carretera desde las líneas hasta la playa, y casi a cada paso se paraba la columna entera, ejército, tren, todo, hasta que otro pedazo de carretera estaba preparado para el avance de los próximos días. Así la duración de la marcha se medía por las millas de carretera que los ingenieros españoles podían construir día a día; y parece que el ritmo fue de media milla por día, aproximadamente. Así, los mismos medios elegidos para transportar provisiones exigían un enorme aumento del tren, ya que cuanto más tiempo permaneciera la tropa sobre la carretera, más debía consumir, claro está. Más todavía, cuando, hacia el18 de enero, una tormenta hizo alejar a los vapores de la costa, el ejército estaba pasando hambre, y eso teniendo a la vista su almacén de Ceuta; otro día de tormenta y un tercio del ejército hubiese tenido que regresar para traer provisiones a los otros dos tercios. Así fue como el mariscal O'Donnell organizó el paseo de 18.000 españoles a lo largo de la costa de Africa durante todo un mes, a razón de dos tercios de milla por día. Una vez adoptado este sistema de aprovisionamiento del ejército, ningún poder en el mundo habría podido materialmente abreviar la duración de esa marcha sin igual. Pero ¿no fue un error adoptarlo?

Si Tetuán hubiese sido una'ciudad interior, situada a 21 millas de la costa, en lugar de 4, T)O cabe duda de que no hubiese quedado otra solución. En sus expediciones al 'interior de Argelia, los franceses encontraron las mismas dificultades y las superaron de la misma forma, aunque con mayor energía y rapidez. En la India y en Afganistán, los ingleses evitaron este problema gracias a su relativa facilidad para encontrar bestias de carga y alimento para ellas en ambos países; su artillería era ligera y no requería buenas carreteras, ya que las campañas se realizaban sólo en la estación seca, cuando los ejércitos pueden marchar a campo través. Pero se reservó a los españoles y al mariscal O'Donnell el llevar un ejército a lo largo de la costa durante todo un mes y el recorrer en ese tiempo la inmensa distancia de 21 millas.

De lo dicho se desprende claramente que tanto la organización como las ideas del ejército español son de carácter muy anticuado. Con una flota de vapores y veleros de transporte siempre a la vista, esa marcha es totalmente ridícula, y los hombres que en el trayecto cayeron víctimas del cólera y la disentería fueron sacrificados al prejuicio y a la incapacidad. La carretera construida por los ingenieros no era una comunicación real con Ceuta, pues no pertenecía a los españoles en ningún punto, salvo aquel en el que se encontraran para acampar. En la retaguardia, los moros podían dejarla impracticable en cualquier momento. Para llevar un mensaje o escoltar a un convoy de regreso a Ceuta, se requería, al menos, una ESCRITOS SOJI.ItE ESPAÑA división de 5.000 hombres. Durante toda la marcha, la comunicación con esa plaza se realizó sólo mediante los vapores. Y con todo ello, las provisiones que acompañaban al ejército fueron tan insuficientes, que antes de haber transcurrido 20 días, el ejército estuvo a punto de morir de hambre, y sólo se salvó con las reservas de la escuadra. ¿Para qué, entonces, construir la carretera? ¿Para la artillería? Los españoles tienen que haber sabido con seguridad que los moros no tenían artillería de campo, y sus propios cañones estriados de montaña eran superiores a cualquier cosa que el enemigo pudiera poner frente a ellos. ¿Por qué, entonces, arrastrar consigo toda esa artillería, si podía ser transportada entera por mar desde Ceuta a San Martín (en la desembocadura de Wad el Chelú, río Teruán) en unas pocas horas? Para casos extremos, una sola batería de campaña podría haber acompañado al ejército, y la artillería española tendría que ser muy torpe para no ser capaz de moverla, sobre cualquier terreno del mundo, a razón de cinco millas por día. Los españoles tenían buques para transportar de una vez al menos una división, como lo demostró el desembarco de la división de Ríos en San Martín. Si el ataque hubiese sido realizado por tropas inglesas o francesas, no cabe duda de que esa división hubiese desembarcado enseguida en San Martín, tras algunas demostraciones desde Ceuta, con el fin de atraer a los moros hacia esa plaza. La mencionada división de 5.000 hombres, atrincherada en pequeños terraplenes, que pueden ser construidos en una sola noche, habría podido esperar sin temor el ataque de cualquier número de moros. Pero hubiese podido desembarcar una división todos los días, si el tiempo era bueno, y así se habría podido concentrar el ejército delante de Tetuán en seis u ocho días. Sin embargo, podemos dudar de que O'Donnell quisiera exponer una de sus divisiones a un ataque aislado durante qui7.á tres o cuatro días: sus tropas eran jóvenes y no acostumbradas a la guerra. No se le puede reprochar que no haya seguido esta vía.

Pero sin duda hubiese podido hacer lo siguiente: salir de Ceuta llevando cada hombre provisiones para una semana, con todo su armamento de montaña -quizá una batería de campo, y tantas provisiones como pudiera transportar a lomo de sus mulos y caballos-, lo que le habría permitido acercarse a Tetuán lo antes posible. Tomando en consideración todas las dificultades, ocho millas al día es una cantidad aceptablemente pequeña, pero pongamos cinco. Esto nos daría cuatro días de marcha. Dejemos dos días para escaramuzas, aunque míseras tienen que ser las victorias que no comporten la conquista de cinco millas de terreno. Esto nos daría un total de seis días, e incluiría todos los retrasos causados por el tiempo, ya que un ejército sin tren puede avanzar, desde luego, cuatro o cinco millas al día, casi con independencia del tiempo que ARIÍCULOS DE MARX Y ENGELS haga. Así habría llegado el ejército a la llanura de Tetuán antes de que se acabaran las provisiones que llevaba; en caso de necesidad, los vapores estarían allí para desembarcar provisiones frescas durante la marcha, como efectivamente hicieron. Marruecos no es peor país que Argelia en cuanto a terreno o tiempo, y los franceses hicieron allí mucho más en pleno invierno, y también tierra adentro, en las montañas, sin vapores que apoyaran y llevaran suministros. Llegados a los altos de Montes Negros, y dueños del paso a Tetuán, se hallaría asegurada la comunicación con la flota en las carreteras de San Martín y el mar forma ,·ía la base de operaciones. Así que, con un poco de audacia, el perk•:io durante el cual el ejército no tendría otra base de operaciones que él mismo, se habría reducido de un mes a una semana, siendo, pues, el plan más audaz el más seguro de ambos, dado que cuanto más temibles se hacían los moros, tanto más peligrosa se volvía la lenta marcha de O'Donnell. Y de haber sido derrotado el ejército en la carretera de Tetuán, su retirada habría sido más fácil que si hubiese ido cargado de equipaje y artillería de campo. El avance de O'Donnell desde los Montes Negros, que él pasó casi sin oposición, seguía manteniendo enteramente su anterior lentitud. De nuevo hubo construcción y reforzamiento de fuertes, como si hubiera tenido enfrente al ejército mejor organizado. Se perdía así una semana, a pesar de que frente a tales enemigos hubiesen bastado simples terraplenes; no podía esperar ataques de ninguna artillería comparable a sus seis cañones de montaña, y para construir un campamento así, un día o dos hubiesen sido suficientes. Finalmente, el día cuatro atacó el campamento atrincherado de sus enemigos. Al parecer, los españoles se comportaron muy bien durante esa acción. Sobre los méritos de las medidas tácticas nada podemos afirmar, dado que todos los, por otro lado, escasos corresponsales del campamento español omiten los secos detalles militares para detenerse en los cuadros de color y el entusiasmo exagerado. Como dice el corresponsal del The I.ondon Times, qué utilidad tiene el que les descubra un terreno que ustedes tendrían que ver para decidir sobre su naturaleza. Los moros fueron totalmente derrotados y Tetuán se rindió al día siguiente. Con ello se cierra el primer acto de la campaña y, muy probablemente la guerra entera, si el emperador de Marruecos no es muy obstinado. Sin embargo, las dificultades encontradas hasta ahora por los españoles --dificultades aumentadas por su forma de conducir la guerra- muestran que, si Marruecos resiste, España tendrá ahí un duro trabajo. El problema no es la actual resistencia de los moros irregulares -que nunca derrotarán tropas disciplinadas, mientras éstas permanezcan unidas y reciban alimento-; es la inculta naturaleza del país, la imposibilidad de conquistar algo que :s::RITOS SOBH ESPAHA no sean ciudades e incluso de sacar de ellas provisiones; es la necesidad de dispersar el ejército en gran número de pequeños puestos que, después de todo, no bastan para mantener abierta una comunicación regular entre las ciudades conquistadas, las cuales no pueden ser avitualladas, salvo que se envíe la mayor parte de la tropa para escoltar los convoyes de víveres por un país carente de carreteras y atravesando nubes de moros que reaparecen constantemente con sus escaramuzas. Es bien conocido lo que fue para los franceses, durante sus cinco o seis años de conquistas africanas, reavituallar Blida y Medea, por no hablar de estaciones más lejanas de la costa. Con el rápido desgaste de los ejércitos europeos en ese clima, seis o doce meses de semejante guerra no van a ser una broma para un país como España.

El primer objetivo de ataque, si la guerra continúa será, claro está, Tánger. La carretera entre Tetuán y Tánger atraviesa un puerto de montaña y después baja por el valle de un río. Es totalmente interior, sin vapores cerca para suministrar víveres, sin carreteras. La distancia es de unas 2ñ millas. ¿Cuánto tiempo le costará al mariscal O'Donnell recorrer esa distancia y cuántos hombres tendrá que dejar en Tetuán? Al parecer, ha dicho que necesitará 20.000 hombres para defenderla, pero está daro que es una exageración. Con 10.000 hombres en la ciudad y una brigada local en un campamento atrincherado en San .Martín, la plaza estaría suficientemente segura; semejante fuerza podría siempre salir a campaña con la suficiente amplitud para dispersar cualquier ataque moro. Tánger podría ser tomado por mar mediante bombardeos, y la guarnición podría igualmente ser traída aquí en barco. Lo mismo ocurriría con Larache, Salé, Mogador. Pero si los españoles fueran a seguir este camino, ¿por qué la lenta marcha a Tetuán? Una cosa es cierta: los españoles tienen mucho que aprender todavía en el arte de la guerra antes de poder obligar a Marruecos a firmar la paz, en el caso de que ese país resista durante un año.

FRIEDRICH ENGELS {Traducido del inglés, según texto de .MEGA 1/18, pp. 25-28, 33-37 y 396-400, respectivamente. El título de la primera entrega no es «The Moorish War», sino «Progress of the Moorish War>>} ARTICULOS DE MARX Y ENGELS ZARAGOZA-PARÍS 137 The Pall Mal/ Gazette Núm. 1.776, 22 de octubre de 1870 Para obtener una idea adecuada de una operación tan colosal como es el sitio y la defensa de París,conviene buscar en la historia de la guerra un anterior sitio a gran escala, que nos sirva, al menos hasta cierto punto, de ejemplo de lo que podemos esperar ver. Sebastopol vendría al caso, si la defensa de París tuviese lugar en condiciones normales, esto es, si hubiese un ejército en el campo que viniera en socorro de París o que reforzara su guarnición, como ocurrió en Sebastopol. Pero París se defiende sola bajo condiciones nada corrientes: ni tiene una guarnición adecuada para la defensa activa, para luchar en campo abierto, ni puede esperar razonablemente un socorro de fuera. Así, el mayor asedio conocido, el de Sebastopol, sólo superado por el que estamos viendo inaugurarse ahora, no ofrece una correcta imagen de lo que está ocurriendo ante París. Hasta que lleguen las fases posteriores del asedio, y principalmente por contraste, no será posible compararlo con los acontecimientos de la guerra de Crimea.

Tampoco los asedios de la guerra americana ofrecen mejores ejemplos. Ocurrieron en un período de la lucha en el que no sólo el ejército del sur, sino también las tropas del norte, siguiendo el rastro de aquél, habían perdido el carácter de levas inexpertas y debían ser descritas como tropas regulares.En todos esos asedios la defensa fue extremadamente activa. Tanto en Vicksburg como en Richmond hubo prolongadas luchas preliminares por el dominio del único terreno sobre el que podían levantarse las baterías de asedio; y, exceptuando el último asedio de Richmond por Grant, siempre hubo intentos de socorro. Pero aquí, en París, tenemos una guarnición de soldados recién reclutados, débilmente apoyados por soldados de fuera de la ciudad, dispersos e igualmente recién reclutados, pero atacados por un ejército regular, dotado de todos los medios de la moderna técnica de guerra. Para encontrar un ejemplo, tenemos que retroceder a la última guerra en que un pueblo armado tuvo que luchar con un ejército regular, y luchó efectivamente a gran escala, la guerra peninsular. Ahí encontramos un ejemplo célebre que, como veremos, es adecuado en más de un aspecto: Zaragoza.