Marx pide a Freiligrath que atestigüe contra su calumniador Vogt ¡Querido Freiligrath!

Te escribo una vez más, y esta vez es la última, sobre el asunto Vogt. No has ni siquiera acusado recibo de mis dos primeras cartas, lo que hubieras hecho en atención a cualquier filisteo. No puedo comprender cómo has podido imaginar que yo quería de ti una carta para publicarla. Sabes que poseo al menos 200 cartas tuyas, y que es un material más que suficiente para atestiguar, si hiciera falta, de las relaciones que mantienes conmigo y con el partido.

Te escribo esta carta, porque como poeta y también como hombre muy ocupado que eres, parece que te equivocas sobre la significación de los procesos que he intentado en Berlín y en Londres. Tienen una importancia decisiva para la reivindicación histórica del partido y para su porvenir en Alemania … Te lo repito una vez más: esta carta no concierne a intereses privados. En el proceso de Londres puedo, sin tu autorización, obtener que se te obligue a declarar bajo pena de sanciones. Para el proceso de Berlín dispongo de tus cartas, que puedo, en caso de necesidad, unir al caso. En esta batalla no estoy solo. En todos lados —en Bélgica, en Suiza, en Francia e Inglaterra— la innoble agresión de Vogt me ha procurado aliados inesperados, personas muy alejadas de mí.

Mas en nuestro interés común y por el mismo asunto, más valdría actuar en pleno entendimiento.

Por otra parte, te confieso francamente que no puedo decidirme a perder, como consecuencia de malentendidos sin importancia, uno de los raros hombres a los que he querido como amigo, en el más elevado sentido de la palabra.

Si en algo me he hecho culpable ante ti, estoy dispuesto a reconocer, en todo momento, mis faltas. Nihil humani a me alienum puto.2 Comprendo muy bien que en tu situación actual un asunto como éste, sólo puede contrariarte. Mas, por tu parte, podrás comprender que es imposible dejarte completamente fuera del juego.

Primero porque Vogt se hace de un capital político con tu nombre, y aparenta lanzar, con tu asentimiento, fango contra todo el partido que se glorifica al contarte entre sus miembros. Además, sucede que tú eres el único miembro del antiguo Comité Central de Colonia que vivió en Colonia de finales de 1849 a la primavera de 1851, y desde esta fecha hasta ahora en Londres.

Si ambos estamos conscientes de haber, —cada uno a su manera, despreciando nuestros intereses personales y empujados por los móviles más puros—, enarbolado durante años el estandarte de la «clase más laboriosa y la más miserable», por encima de la cabeza de los filisteos, sería, según yo, un pecado indigno contra la historia, si nos enzarzamos por bagatelas que descansan en malentendidos.

2 Nada humano me es ajeno. (N. de la Redacción.)