Carlos Marx (Londres, 17 de noviembre de 1860)

P R Ó L O G O
Con fecha Londres, 6 de febrero de 1860” publiqué en
el Volkszeitung de Berlín, en el Reform de Hamburgo, y otros
diarios de Alemania, una aclaración que comenzaba con las
siguientes palabras:
Con esto denuncio haber dado los pasos preliminares para llevar ante los tribunales una acusación de calumnia contra el National Zeitung de Berlín, con motivo de la aparición
de los artículos de fondo N° 37 y 41, referentes al panfleto de
Vogt intitulado: Mi proceso contra el Allgemeine Zeitung.
Reservo para más adelante mi respuesta literaria a Vogt”.
La razón por la cual resolví responder literariamente a
Carlos Vogt y judicialmente al National Zeitung, quedará
demostrado en las páginas siguientes.
En el mes de febrero de 1860 llevé a los Tribunales mi
acusación por calumnia contra el National-Zeitung. Después
que el proceso pasó por cuatro instancias provisorias, se me
comunicó el 23 de octubre la resolución tomada por el Real
Tribunal Superior Prusiano, según la cual se me negaba el
derecho de recurrir a la última instancia, quedando por lo
tanto anulado el proceso aún antes de iniciarse el debate público. Si, según me era dado esperar, hubiera llegado a esta última instancia, yo me habría podido ahorrar el primer tercio de la presente obra. Hubiera bastado una simple
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copia del informe estenográfico referente a las vistas de las
causas, para librarme con ello del desagradabilísimo trabajo
que supone el contestar a acusaciones hechas a mi persona, o
sea, hablar de mí mismo. Siempre he puesto tanto cuidado en
eludir esto, que en efecto, Vogt podría tener motivos para
abrigar la esperanza de lograr algún éxito con sus mentiras.
Sin embargo sunt cetti denique fines. La chapucería de Vogt,
resumida a su manera por el National Zeitung, me acusaba
de haber cometido una serie de acciones infamantes, las que
ahora, después de haberme sido interdicta definitivamente la
refutación pública y judicial, exigen una refutación literaria.
Pero, aparte de este motivo que no me deja elección posible,
yo tenía también otros, ya que era preciso darme por aludido,
para tratar más detalladamente las historias cinegéticas de Vogt,
referentes a mí y a mis correligionarios. Por un lado el casi
unánime griterío triunfal con que la llamada “prensa liberal”
alemana recibió sus supuestas revelaciones, por el otro, la oportunidad ofrecida por el análisis de aquella chapucería, para establecer las características de aquel individuo que representaba
toda una tendencia.
Mi respuesta a Vogt me obligó a revelar de cuando en
cuando alguna “partie honteuse” de la historia de la emigración. Con ello tan sólo hago uso del derecho de defensa propia.
Por lo demás, a excepción de algunas pocas personas, únicamente puede reprochársele ilusiones a la emigración, ilusiones
éstas que, teniendo en cuenta las condiciones de la época, resultaban más o menos justificadas y tonterías que necesariamente tenían que surgir, debido a la situación a que la emigración se veía abocada en forma inesperada. Al decir esto,
lógicamente me refiero solamente a los primeros años de la emigración. De la comparación de la historia de los gobiernos y de
la sociedad burguesa que regía aproximadamente entre los
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años de 1849 y 1859, con la historia contemporánea de la
emigración, resultaría la apología más brillante que podría
escribirse con respecto a esta última.
Sé de antemano que aquellos mismos sabihondos caballeros que habían meneado gravemente sus cabezas ante la importancia de las “revelaciones” aparecidas en el "bodrio” de
Vogt, no podrán comprender ahora cómo es posible que yo
malgaste mi tiempo en la refutación de semejantes niñerías,
mientras aquellos chupatintas “liberales”, que con maliciosa
alegría se apresuraron a transmitir las torpes infamias y absurdas mentiras de Vogt a toda la prensa alemana, suiza,
francesa y americana, encontrarán sin duda reprochable y chocante mi manera de pedirles cuentas a ellos y a su héroe.
¡But never mincl!
Ni la parte política, como tampoco la parte jurídica de esta
obra, requieren un prólogo especial. Para evitar posibles malentendidos, quiero anotar tan sólo esto: por parte de hombres
que ya antes del año 1848 estaban de acuerdo en reconocer én
la independencia de Polonia, Hungría e Italia, no sólo un derecho de estos países, sino también una ventaja para Alemania y Europa, fueron expuestas opiniones muy dispares con
respecto a la táctica que Alemania habría de emplear en ocasión de producirse la guerra que Luis Bonaparte llevó a cabo
contra Italia en el año 1859. Este contraste de opiniones nacía
de juicios encontrados sobre las verdaderas suposiciones, a las
que recién habrían de juzgar los tiempos venideros. Yo, por
mi parte, me ocupo en esta obra únicamente de las opiniones de
Vogt y de su círculo. Hasta la opinión que pretendía defender
y a la que representaba en la imaginación de un grupo de
faltos de criterio, excede en efecto los límites de mí crítica.
Yo me ocupo de las opiniones que realmente representaba.
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C A R L O S M A R X
Por último quiero expresar mi sincero agradecimiento por
la desinteresada ayuda que me fue brindada durante la redacción de este escrito, no sólo por parte de todos los amigos y
correligionarios, sino por muchas personas anteriormente ajenas a mí y en parte también, por miembros de la emigración
residente en Suiza, Ffancia e Inglaterra, a los que hasta la
fecha no he tenido oportunidad de conocer.
Londres, 17 de noviembre de 1860.