ESCRITOS SOBRE ESPAÑA de trabajo. otras veces el campamento, pero siempre infructuosa· mente. "Kinguno de estos ataques sobrepasaba la dimensión de escaramU7..as de la avanzadilla. En la más seria, el 27 de diciembre, las pérdidas españolas no rebasaron los 6 muenos y 30 heridos. Antes de terminar el año, la carretera, que no mide más de dos millas, estaba acabada. Pero una nueva arremetida de tormentas y viento impidió que el ejército se moviera. Mientras tanto, como si se tratara de dar al campamento moro noticias de los inminentes movimientos del ejército, un escuadrón español, compuesto por un velero de línea, 3 fragatas de hélice y 3 vapores de rueda, con untotal de 246 cañones, se dirigió a la desembocadura del río Tetuán y bombardeó allí los fuertes el 29 de diciembre. En unas tres horas, los fuertes quedaron reducidos al silencio y las fortificaciones de tierra, destruidas; no hay que olvidar que se trataba de los mismos fuertes bombardeados por los franceses, un mes antes, con una fuer:r.a muy inferior.

Vuelto el buen tiempo el29 de diciembre, el ejército español comenzó, por fin, a moverse el primero de enero. El primer cuerpo, formado por dos divisiones al mando de Echagüe, el que primero había desembarcado en Africa, permaneció en las líneas frente a Ceuta. Aunque en las primeras semanas había sufrido mucho a causa de enfermedades, ese cuerpo se hallaba ahora bien aclimatado y, con los refuerzos recibidos después, contaba con 10.000 hombres, mucho más que el segundo o tercer cuerpo. Estos dos cuerpos, a las órdenes, respectivamente, de Zabala y Ros de Olano, junto con la división de reserva de Prim -de 21.000 a 22.000 hombres, en total- se pusieron en marcha el día 1 del nuevo año. Cada soldado llevaba raciones para seis días, a la vez que un millón de raciones, esto es, las provisiones de un mes para el ejército, eran transportadas por barcos que acompañaban a las tropas. Con Prim en vanguardia, apoyado por Zabala, y Ros de Olano cerrando la marcha, el ejército pasó !a región alta, situada al sur de Ceuta. La nueva carretera llevaba hacia el Mediterráneo en un recorrido de dos millas desde el campamento. Allí se extiende hasta cierta distancia una llanura semicircular cuya cuerda es el mar y cuya periferia la constituye el terreno accidentado que se eleva gradualmente hasta formar abruptas montañas. No bien hubo salido del campamento la división de Prim, empezaron las escaramuzas. La infantería ligera española hizo retroceder fácilmente a los moros hacia la llanura y de allí a las colinas y terrenos de maleza que flanqueaban su línea de marcha. Fue aquí que, por algún malentendido, dos débiles escuadrones de húsares de la Princesa salieron a la carga, y lo hicieron con tal ímpetu que atravesaron de lleno la línea mora, llegando hasta su campamento; pero entrando por doquier en terreno escabroso y no hallando ni infantería contra la que poder cargar en ARTICULOS DE MARX Y ENGELS terreno practicable, tuvieron que volver con pérdida de siete oficiales, esto es, casi todos los del grupo, además de soldados rasos. Hasta aquí, la lucha había sido llevada principalmente por la infantería en forma de escaramuzas, y una o dos baterías de montaña, apoyada de cuando en cuando -más moral que físicamente- por el fuego de cañón de algunas lanchas y vapores. Parece que O'Donnell pretendía pararse en la llanura, sin ocupar permanentemente, por ahora, las estribaciones que forman los límites de esta llanura por el sur. Sin embargo, con el fin de asegurar su posición durante la noche, ordenó a Prim que desalojara a los moros escaramuzadores de la falda norte de las estribaciones y regresara al anochecer. Pero Prim, que es el hombre más combativo del ejército español, entabló un serio combate, que terminó con la toma de toda la cima de las estribaciones, aunque no sin graves pérdidas. Su vanguardia acampó sobre la altura y levanté> defensas en su parte delantera. Las pérdidas españolas alcanzaron, en ese día, 73 muertos y 481 heridos.

La posición conquistada ese día era la conocida con el nombre de Castillejos, debido a dos edificios blancos, situado el uno en la falda interior, cercana a la llanura, y el otro, en la altura que había tomado Prim por la tarde. Sin embargo, parece que el nombre oficial de ese campamento es Campamento de la Condesa. El mismo día, los moros intentaron una ligera maniobra de diversión contra el campamento situado frente a Ceuta, atacando el último fortín del ala derecha y el intervalo situado entre los dos últimos fortines del ala izquierda. Pero fueron rechazados fácilmente por la infantería de Echagüe y el fuego de artillería.

El ejército activo permaneció tres días en el Campamento de la Condesa. La artillería de campaña y una batería de misiles, así como el resto de la caballería (la brigada de caballería en su conjunto está formada por ocho escuadrones de húsares, cuatro de coraceros sin coraza y cuatro de lanceros, en total 1.200 hombres), llegaron al campamento. Sólo el tren de asedio (en el que se hallaba una batería de cañón estriado de 12 libras) quedaba atrás todavía. El día 3, exploró O'Donnell en dirección a Monte Negro, la siguiente sierra hacia el sur. El tiempo continuó siendo bueno, caluroso al mediodía y mucho rocío por la noche. El cólera seguía extendido todavía en una o dos divisiones, y algunas unidades padecían mucho por enfermedad. Los dos batallones de ingenieros, por ejemplo, que habían trabajado intensamente, pasaron de 135 hombres por compañía a 90.

Hasta aquí hemos contado con informes; para lo que sigue nos hallamos limitados a telegramas insuficientes y poco fiables. El día S avanzó el ejército. El 6, se hallaba acampado «al norte del valle Negro, después de: atravesar los pasos sin oposición». No queda ESCRI-OS SOBRE ESPAÑA nada claro si esto significa que habían pasado la sierra del Monte Negro y el ejército acampaba en su falda norte. El 9, el ejército se hallaba, según se nos dice, a una legua de Tetuán y se había rechazado un ataque de los moros. El 13, todas de posiciones de Cabo Negro habían sido tomadas, se había logrado una victoria completa y el ejército se encontraba a las puertas de Tetuán; tan pronto como se hubiese podido emplazar la artillería, se atacaría la ciudad. El14, la división del general Ríos, con diez batallones, que se había concentrado en Málaga, desembarcó en la desembocadura del río Tetuán y ocupó los fuertes destruidos por la escuadra catorce días antes. El 16, el ejército estaba a punto, se nos dice, de atravesar el río y atacar Tetuán.

Para aclarar los hechos, debemos señalar que son cuatro las cadenas de colinas que hay que pasar entre Ceuta y Tetuán. La primera se halla inmediatamente al sur del campamento y conduce a la llanura de Castillejos; la segunda cierra esa llanura por el sur. Ambas fueron tomadas por los españoles ell de enero. Más al sur, perpendicularmente al ~editerráneo, se halla la Sierra de Monte Negro y, paralelamente a ella, pero más al sur, viene otra, más alta, que termina en la costa, en el llamado Cabo :'\egro, al sur del cual discurre el río Tetuán. Los moros, tras resistir en los flancos del ejército invasor durante el día 1, cambiaron de táctica, se retiraron más al sur e intentaron cortar frontalmente la carretera de Tetuán. Se esperaba que la lucha decisiva por la posesión de esa carretera tuviese lugar en los pasos de la última altura, la de Cabo Negro, y tal parece haber sido el caso el día 13.

Las medidas tácticas de esos combates no parecen ser muy loables por ninguna de las dos partes. De los moros no podemos esperar otra cosa que lucha irregular, practicada con la valentía y la astucia de semisalvajes. Pero incluso en este aspecto se mue·stran deficientes. Al parecer, no exhiben ese fanatismo que opusieron a los franceses las cábilas de los altos costeros argelinos e incluso las del Rif; las largas e infructuosas escaramuzas frente a los fuertes, cerca de Ceuta, parecen haber roto el primer ardor y energía de la mayoría de las tribus. Una vez más, no son comparables en su organización estratégica al ejemplo argelino. Pasado el primer día, abandonan su propio plan, que consistía en acosar el flanco y la retaguardia de la columna mientras avanzaba e interrumpir o amenazar su comunicación con Ceuta; en lugar de ello, se esfuerzan vigorosamente por ganar la marcha a los españoles y en cortar frontalmente la carretera de Tetuán, provocando así lo que tendrían que evitar, una batalla a campo abierto. Quizá aprendan ahora que la guerra menor es, con los hombres y el país que tienen, el modo apropiado para desgastar a un enemigo que, a pesar de su superioridad en disciplina y armamento, se halla estorbado en to ARTÍCULOS DE MARX Y Engels dos sus movimientos por su inmensa imtJedimenta, algo desconocido para ellos y que no es fácil mover en un país sin carreteras e inhóspito.

Los españoles han continuado como empezaron. Después de haber permanecido ociosos durante dos meses en Ceuta, han avanzado 21 millas en 16 días, progresando a razón de ¡5 millas cada 4 días! Con toda la consideración que merecen las dificultades de carreteras, éste es un grado de lentitud inaudito en el moderno arte de guerra. El hábito de manejar grandes cuerpos de tropa, de preparar operaciones extensas, de hacer avanzar un ejército que, al fin y al cabo, apenas alcanza, por su número, a uno de los cuerpos del ejército francés en la última campaña italiana, parece haberse perdido del todo entre los generales españoles. ¿De dónde puede provenir, si no, semejante retraso? El 2 de enero, O'Donnell tenía toda su artillería en Castillejos, con la excepción del tren de asedio, pero esperó dos días más, y no avanzó hasta el 5. La marcha de la columna sí parece haber sido bien organizada, pero difícilmente podía ser de otro modo con esos avances tan cortos. Cuando se hallan bajo el fuego, los españoles combaten, al parecer, con ese desprecio del enemigo que la disciplina superior y una serie de luchas ganadas no pueden menos de proporcionar. Pero habrá que ver si esa seguridad en la victoria continúa existiendo cuando el clima y las fatigas de campaña, que seguramente acabará en hostigamiento y guerra menor, hayan rebajado tanto la parte mora/e como la physique136 del ejército. Por lo que se refiere a la dirección, muy poco es lo que podemos decir hasta ahora, dado que todos los detalles, salvo los del primer ataque, son todavía insuficientes. Esa primera batalla pone de manifiesto, sin embargo, dos llamativas torpezas: la carga de la caballería y el avance del general Prim más allá de las órdenes recibidas. Y si esos fallos se fueran a convertir en rasgos habituales del ejército español, tanto peor para él.

La defensa de Tetuán será, muy probablemente, breve, pero tenaz. Las fortificaciones son sin duda malas, pero los moros son soldados magníficos detrás de las murallas, como ha quedado probado en Constantina y en tantas otras ciudades argelinas. El próximo correo puede traernos la noticia de que Tetuán ha sido tomada. Si es así, podemos esperar un respiro en la campaña, ya que los españoles necesitarán tiempo para mejorar la carretera que une Ceuta y Tetuán, para convertir esta última ciudad en una segunda base de operaciones y para esperar refuerzos. El siguiente paso será, pues, la marcha sobre Larache o Tánger.

136. Morall': moral; physiqut: ffskn.

ESC~ TOS SOBRE ES"AÑA LA GUERRA MORA Hll)

New York Daily Tribune Núm. 5.896, 17 de marzo de 1860 Una vez concluido el primer acto -que, posiblemente, sea a la vez el último- de la guerra española en Marruecos y llegados todos los informes oficiales detallados, podemos volver de nuevo sobre el asunto.

El 1 de enero. el ejército español salió de las líneas de Ceuta con el fin de avanzar hacia Tetuán, que dista sólo 21 millas. A pesar de no ser atacado seriamente o detenido por el enemigo, le costó al mariscal O'Donnell nada menos que un mes llevar las tropas ante esa ciudad. La ausencia de carreteras y la necesaria precaución no constituyen motivos suficientes para esa lentitud sin precedentes; y está claro que el dominio de los españoles por mar no fue utilizado en toda su amplitud. Como no es tampoco una excusa el que hubiese que construir una carretera para los cañones pesados y las provisiones. Ambas cosas deberían haber sido transportadas principalmente por los barcos, mientras el ejército, con provisiones para una semana y sin otros cañones que la artillería de montaña (a lomo de mulo), hubiese podido alcanzar las alturas en torno a Teruán en cinco días, como máximo, y esperar allí la división de Ríos, a la que entonces no se podía impedir, como no se le impidió tres semanas más tarde, el desembarco en la desembocadura de Wad el Chelú. La batalla del 4 de febrero hubiese podido ser, y probablemente bajo condiciones todavía más favorables a los españoles, el 6 o el 7 de enero; de esta manera, se hubiese podido evitar la pérdida por enfermedad de miles de hombres, y el 8 de enero se habría podido tomar Tetuán. Esto parece una afirmación atrevida. Seguro que O'Donnell estaba tan deseoso de llegar a Tetuán como cualquiera de sus soldados; el general ha mostrado valentía, circunspección, sangre fría y otras cualidades de soldado. Si le costó un mes llegar a esa ciudad ¿cómo podía lograr lo mismo en una semana? O'Donnell tenía ante sí dos caminos para llevar allí sus tropas. Primero, hubiese podido basarse principalmente en la comunicación por tierra y usar los barcos como meros auxiliares. Es lo que hizo. Organizó un transporte terrestre regular para provisiones y munición y llevó junto a su ejército abundante artillería de campaña con cañones de 12 libras. Su ejército tenía que ser enteramente independiente de los barcos, en caso de necesidad; éstos debían servir sólo como segunda línea de comunicación con Ceuta, útil, pero no indispensable. Naturalmente, este plan implicaba la organización de un inmenso