ARTÍCULOS DE MARX Y ENGELS de un reducto español y todos los ataques han resultado completamente infructuosos. En el primer ataque los anyeritas no contaban con más de 1.600 hombres. Al día siguiente recibieron un refuerzo de 4.000 y volvieron enseguida al ataque. Los días 22 y 23 estuvieron ocupados con escaramuzas, pero el 25 los moros avanzaron con todas sus fuerzas, y tuvo lugar un duro combate, en el que resultó herido en la mano el general Echagüe. Este ataque de los moros fue tan serio, que espoleó un tanto la somnolencia con la que el Cid Campeador O'Donnell había conducido la guerra hasta ahora. Este ordenó enseguida que la segunda división, a las órdenes del general Zabala, y la división de reserva, a las órdenes del general Prim, embarcaran, mientras que él mismo salió hacia Ceuta. En la noche del 27, todo el ejército activo español estaba concentrado ante esa ciudad. El 29 hubo otro ataque de los moros, que se repitió el 30. Tras esto, Jos españoles empezaron a considerar su estrecha posición; el objetivo de su primer avance tenía que ser Tetuán, unas 20 millas al sur de Ceuta y a 4 millas del mar. Comenzaron construyendo una carretera en dirección a esa ciudad; los moros no ofrecieron resistencia hasta el 9 de diciembre. En la mañana de ese día sorprendieron las guarniciones de los dos reductos principales, pero los abandonaron más tarde, el mismo día, como siempre. El día 12 tuvo lugar otro choque frente al campamento español, a unas 4 millas de Ceuta; y el 20, O'Donnell telegrafió diciendo que los moros habían atacado de nuevo los dos reductos, pero que, como siempre, habían sido gloriosamente derrotados. Así, el 20 de diciembre la situación no había avanzado ni una pizca respecto del 20 de noviembre. Los españoles seguían aún a la defensiva y, a pesar de los anuncios hechos dos semanas o tres antes, no había indicios de avance. Los españoles, con todos los refuerzos recibidos hasta el 8 de diciembre, tenían entre 35.000 y 40.000 hombres, y 30.000 podían estar disponibles para operaciones ofensivas. Con tal fuerza, la conquista de Tetuán tenía que resultar fácil. Es cierro que no hay buenas carreteras, y que hay que traer de Ceuta todas las provisiones del ejército. Pero ¿cómo se arreglaron los franceses en Argelia o los ingleses en la India? Además los mulos y caballos de tiro españoles no están tan mimados por buenas carreteras en su propio país como para negarse a caminar sobre suelo moro. Por mucho que hable O'Donnell para disculparse, no hay excusa para esa permanente inactividad. Los españoles son ahora tan fuertes como pueden esperar razonablemente serlo en cualquier momento de la campaña, salvo que reveses inesperados les acarreen esfuerzos extraordinarios. Los moros, por el contrario, poseen cada vez más fuerza. El campamento de Tetuán, a las órdenes de Hadji Abd Salem, que proporcionó las tropas que atacaron la línea española el 3 de diciembre, había ESCRI-OS SOBQE ESPA.t:.A aumentado hasta Llegar a 10.000 hombres, aparte de la guarnición de la ciudad. Otro campamento, a las órdenes de :\1ulay Abbas, se hallaba en Tánger, y continuamente llegaban refuerzos del interior. Esta simple consideración tenía que haber inducido a O'Donnell a avanzar tan pronto como el tiempo lo permitiera. Resulta que ha tenido buen tiempo, pero no ha avanzado. No hay duda de que esto es señal de falta absoluta de decisión y de que ha visto que los moros no son enemigos tan despreciables como él esperaba. Sin duda los moros han luchado extraordinariamente bien, y prueba de ello son las múltiples quejas que salen del campamento español acerca de las ventajas que el terreno frente a Ceuta otorga a los moros. Los españoles dicen que en male7.a y barrancos los moros son muy temibles y que, además, conocen cada palmo de terreno, pero que, tan pronto como salgan a la llanura, la sólida infantería española obligará a los irregulares moros a dar media vuelta y huir. Esta forma de argumentar es más bien dudosa cuando tres cuartas partes del tiempo dedicado a cada batalla se consume en escaramuzas en terreno accidentado. Si los españoles, después de seis semanas de parada ante Ceuta, no conocen el terreno tan bien como los moros, peor para ellos. Que el terreno accidentado es más favorable a los irregulares que el llano uniforme está bastante claro. Pero incluso en terreno accidentado debería la infantería regular ser muy superior a los irregulares. El moderno sistema de escaramuzas, con apoyos y reservas tras la extensa cadena, la regularidad de movimientos, la posibilidad de tener bien a mano las tropas y de hacer que se apoyen unas a otras y de que actúen persiguiendo un fin común, todo esto da a las tropas regulares una superioridad tal sobre las bandas irregulares, que hasta en el más apropiado terreno para las escaramuzas ninguna fuerza irregular debería ser capaz de resistir frente a los regulares, incluso si la relación es de dos por uno. Pero aquí, en Ceuta, la proporción es inversa. Los españoles tienen superioridad numérica y, sin embargo, no se atreven a avanzar. La única conclusión es que el ejército español no domina en absoluto la táctica de las escaramuzas y que, de este modo, su inferioridad individual en esta forma de lucha equilibra las ventajas que su disciplina y entrenamiento regular deberían darles. De hecho, parece que hay gran cantidad de combates cuerpo a cuerpo con yatagán y bayoneta. Una vez que los españoles se hallan lo bastante cerca, los moros dejan de hacer fuego y se lanzan sobre ellos espada en mano, tal como hacían los turcos, y esto, ciertamente, no es muy agradable para tropas jóvenes como son las españolas. Pero los numerosos choques producidos deberían haberles familiarizado con las peculiaridades de la lucha mora y con la manera apropiada de afrontarla. Y cuando vemos que el jefe aún vacila y sigue en su posición defensiva, no podemos formarnos un juicio muy elevado de su ejército. ARTÍCULOS DE MARX Y ENGELS El plan español de campaña, tal como viene indicado por los hechos, parece partir de Ceuta como base de operaciones y Tetuán como primer objetivo de ataque. Esa parte de Marruecos, situada inmediatamente enfrente de la costa española, forma una especie de península, con una anchura de 30 a 40 millas y una longitud de 30. Tánger, Ceuta, Tetuán y Larache (EI-Araish) son las cuatro ciudades principales de esa península. Ocupando esas cuatro ciudades, de las que Ceuta se halla ya en manos de los españoles, podría resultar fácil someter toda la península y convertirla en base de ulteriores operaciones contra fez y Mequinez. La conquista de esa península parece ser, pues, el objetivo de los españoles, y la conquista de Tetuán, el primer paso en tal dirección. Este plan parece bastante sensato; reduce las operaciones a una región limitada, cerrada por el mar en tres lados y por dos ríos (Tetuán y Lucus) en el cuarto; es, pues, mucho más fácil de tomar que la tierra más al sur. Evita también la necesidad de ir al desierto, lo que habría sido insoslayable si se hubiese tomado Mogador o Rabat como base de operaciones, y sitúa el campo de acción cerca de la frontera de España, quedando sólo el estrecho de Gibraltar entre ambos. Pero, sean cuales sean las ventajas de este plan, carecen de cualquier utilidad mientras no sea puesto en práctica, y si O'Donnell continúa como hasta ahora, cargará de ignominia su propia persona y la fama del ejército español, por más altisonante que sea el lenguaje de sus partes de guerra.