Karl Marx

Panorama político

Londres. La huelga de los obreros de la construcción o, dicho con mayor exactitud, el lock-out de los maestros de obra continúa sin que la respectiva posición de ambas partes se haya modificado sustancialmente. El martes celebraron los delegados de los obreros un mitin al que asistieron también representantes de otros oficios, y en el que se acordó por unanimidad no trabajar para ningún maestro que exigiese la promesa de no participar en la "Sociedad". Al mismo tiempo tuvo lugar en la Freemasons Tavern una reunión de los maestros "asociados", a la que no se permitió la entrada a ningún periodista. Según se supo más tarde, los señores que rehúyen la luz acordaron, tras una borrascosa deliberación, que ningún miembro de la Asociación abriera su taller en tanto los obreros de la construcción no hubiesen renegado formalmente de la "Sociedad" y en tanto "los brazos del señor Trollope no hubiesen dado por terminada su huelga". Este último punto probablemente quedará pronto resuelto, pues el señor Trollope ha entablado últimamente negociaciones con los obreros y ha asegurado del modo más terminante que las acusaciones formuladas contra él (despido de un obrero que entregó la petición de las nueve horas, etc.) se basaban en un malentendido. En lo que respecta a la otra condición, los "excluidos por el lock-out" no la aceptarán en modo alguno a menos que se vean forzados a ello por la más extrema necesidad; renunciar a la "Sociedad", renunciar a toda organización, significaría, sienten ellos, convertirse en siervos formales de los capitalistas y arrojar por la borda el poco de independencia que le ha quedado al proletario moderno. La brutal obstinación de los maestros, que se arrogan frente a sus "brazos" la misma autoridad que el plantador americano frente a su esclavo, ha suscitado la desaprobación hasta de una parte de los periodistas burgueses. Nosotros, por supuesto, no tenemos motivo alguno para estar descontentos con los maestros; pues hacen cuanto está a su alcance

para ensanchar aún más la sima, ya de por sí ancha, entre el trabajo y el capital, y para engendrar ese odio de clase concentrado y consciente que es la garantía más segura de una revolución social.

En Londres hay en total más de mil talleres de construcción. De ellos solo 88, pero los más grandes, están cerrados. El número de lock-outs (de obreros excluidos del trabajo) asciende a entre 19 000 y 20 000, y no a 40 000 como se afirmó al principio. De todas partes del país afluyen a la "Sociedad" abundantes donativos en dinero, pero hasta ahora los obreros sin pan se han negado a recibir socorro. ¡Honor a los valientes! ¿Serían acaso los burgueses, en aras de su interés de clase, capaces de un sacrificio semejante?

En los últimos días de la sesión, que terminó el sábado, la Cámara de los Comunes no se ocupó apenas de otra cosa que de escándalos electorales, los cuales brotaron como hongos del suelo y cubrieron todas las paredes del palacio del Parlamento. Era una hediondez de corrupción que armonizaba perfectamente con los olores del Támesis y que habría hecho vomitar a los honorables miembros si no estuvieran acostumbrados a tales cosas. Tan pronto se trataba de individuos que habían comprado o vendido abiertamente (y en ello residía el delito) rebaños de electores británicos como si fuesen otros tantos rebaños de ovejas; tan pronto de un pobre infeliz que renunciaba voluntariamente a su escaño tan caramente pagado, porque no podía defenderlo frente a una petición electoral, lo cual le habría costado por lo menos 3 000 libras esterlinas. Pero apartemos la vista. ¿Para qué hurgar en el fango? Solo queremos mencionar todavía que casi todos los miembros convictos de soborno pertenecen al partido "liberal".

Sobre el discurso de la Corona apenas hay nada que observar. Es un documento perfectamente huero. En lo que se refiere al proyectado congreso europeo, dice en él que Su Majestad no ha llegado aún a ninguna decisión determinada. Esto es una mentira. Inmediatamente después de la conclusión de la paz de Villafranca, Lord Palmerston se declaró dispuesto, frente al gobierno ruso, a hacerse representar en el congreso propuesto por Rusia. Así pues, hacía ya 4 semanas que había "llegado a una decisión determinada".

París. Ahorramos a nuestros lectores la descripción de la fiesta de la victoria de París. A pesar de la complicada maquinaria que se había puesto en movimiento para hacer olvidar la derrota de Villafranca, dispersar la atención de la población parisina y hacer gritar las gargantas de los interesados, se dice que el emperador en persona quedó tan poco satisfecho de su recibimiento que dio el paso desesperado de la amnistía, aunque sus consejeros decembristas le disuadieron seriamente. También la prensa parisina ha recibido amnistía; todas las "advertencias" han sido retiradas.

De Berlín, nada más que las viejas y áridas frases y la continuación de la desoladora agitación por la reforma federal bajo la hegemonía prusiana. La fusión de los gothaístas con la democracia es ya un hecho consumado, como se verá por las siguientes notas. – El estado del rey no ha mejorado.

En Eisenach se celebró, el 14 de agosto, una nueva asamblea de "patriotas alemanes" para proclamar, con alto permiso gubernativo, el gothaísmo como único medio de salvación. Entre las celebridades reunidas hallamos mencionados: señor von Bennigsen de Hannover; Zabel de Berlín (¡ves cómo eres!); Siegel, redactor del "Sächsische Konstitutionelle Zeitung"; Titus de Bamberg; Schulze de Delitzsch, etc. El programa establecido para el partido alemán de nuevo cuño contiene, como es natural: reforma federal, hegemonía prusiana, anulación de los acuerdos de la Dieta federal contra la prensa y el derecho de asociación, etc. Finalmente se eligió a Francfort como sede de la próxima reunión, probablemente para estar más cerca de la Paulskirche.

De Hannover, por el contrario, se informa que el gobierno de allí, para hacer la competencia a sus patriotas simpatizantes de Prusia, contra los cuales comienza a intervenir policialmente, ha retomado la cuestión de Schleswig-Holstein.