Karl Marx

Importantes noticias de Viena

Del inglés.

["New-York Daily Tribune" Nº 5655 del 6 de junio de 1859]

Viena, 14 de mayo de 1859

El general prusiano Willisen (hermano del otro general prusiano del mismo nombre, que se granjeó cierta fama por sus obras sobre ciencia militar y la perdió de nuevo por su dirección de la guerra de Schleswig-Holstein) ha llegado aquí, enviado, según se dice, de Berlín para recibir al imbécil rey de Prusia y a su reina <Federico Guillermo IV e Isabel> a su regreso de Italia. Se dice que su misión real se limita a dos puntos: primero, advertir a Austria que cese en sus intrigas en la Dieta Federal de Francfort, ya que Prusia no está dispuesta a dejarse dictar por el gabinete de Viena bajo el manto de la Confederación Germánica que existe sobre el papel; segundo, endulzar la píldora así administrada con la firme seguridad de que Prusia está ahora decididamente resuelta a la «mediación armada». Esta expresión ambigua se interpreta del siguiente modo: Prusia, una vez haya puesto en orden su casa y se haya armado hasta los dientes, dirigirá a Bonaparte algunas nuevas proposiciones de paz y, tras su rechazo, arrojará su espada a la balanza. Simultáneamente con esta importante comunicación, el gobierno austríaco ha recibido por vía de Berna la noticia de que el tratado ruso-francés, prescindiendo de sus cláusulas secretas aún desconocidas, obliga a Francia a limitar la guerra a las fronteras correspondientes a su pretendido objetivo, la liberación de Italia, mientras que Rusia se compromete, en el momento de la primera intervención efectiva de la Confederación Germánica en la lucha, a enviar un ejército de por lo menos 300.000 hombres a través de sus fronteras.

Reina aquí gran descontento por la anticuada estrategia del general Gyulay y circulan rumores sobre su destitución. Se menciona al general
Heß como su sucesor. Pero hasta ahora no parece haberse proyectado semejante paso, ya que el coronel Kuhn, el más destacado oficial del estado mayor austríaco, ha sido enviado para apuntalar las vacilantes resoluciones del general Gyulay. El propio Gyulay es magiar. Nació en Pest el 1 de septiembre de 1798. A los 16 años ingresó como subteniente en un regimiento de infantería comandado por su padre; luego fue destinado a los húsares, en septiembre de 1827 fue nombrado mayor de los Ulanos del Emperador, poco después coronel del 19.° regimiento de infantería y ascendió en 1837 a la dignidad de general de brigada y jefe de brigada en St. Pölten. En 1845 comandó el 33.° regimiento de infantería en Viena; en 1846, tras alcanzar la dignidad de teniente mariscal de campo, fue enviado a Trieste en calidad de comandante de división y jefe militar superior. En 1848 encontró ocasión de prestar buenos servicios en este puesto. Tras asumir él mismo, bajo su propia responsabilidad, el mando de la marina, despidió a los sospechosos oficiales y marineros italianos, puso a salvo los buques de guerra en los diversos apostaderos de la costa dálmata y rescató algunos navíos de guerra que ya se encontraban en camino hacia Venecia. Ordenó las necesarias medidas de defensa en Trieste, Pola, Pirano y otros puntos importantes de la costa, aseguró las fronteras amenazadas por la insurrección y preparó la ofensiva que comenzó el general de artillería conde Nugent el 17 de abril de 1848 tras la llegada de los refuerzos de las provincias interiores. Una flotilla de remos organizada por Gyulay apoyó las operaciones costeras del ejército. El 23 de mayo apareció la flota piamontesa ante Trieste, pero fue mantenida en jaque por los preparativos por él realizados; su intento de tomar por sorpresa la batería más alejada de St. Barcola fue igualmente frustrado. La flota piamontesa alarmó a Trieste por última vez el 8 de junio, pero al encontrar a Gyulay preparado para toda eventualidad, se retiró el 4 de julio fuera del alcance visual de la ciudad y, tras la batalla de Custozza, del mar Adriático. Como recompensa por estos servicios, Gyulay recibió del emperador diversas condecoraciones y del magistrado de Trieste la ciudadanía honoraria. Tras serle confiada a principios de junio de 1849 la dirección del ministerio de la Guerra austríaco, se dice que desplegó gran energía y actividad. En la toma de Raab se hallaba en el séquito del emperador. De Viena, adonde había regresado a su cargo, se apresuró a acudir a Komorn en cuanto recibió noticias de la derrota de Acs, para adoptar allí las medidas necesarias. Más tarde fue enviado en un viaje de inspección por todo el Imperio y presentó su informe a Francisco
José. Tras dejar el ministerio de la Guerra en julio de 1850 y asumir el mando del quinto cuerpo en Milán, fue nombrado general de artillería y recibió la Orden del Toisón de Oro. Después del retiro de Radetzky recibió el mando del segundo ejército, que acaba de conducir contra el Piamonte. Es uno de esos generales austríacos, en su mayoría eslavones o magiares de nacimiento, que se han cubierto de infamia azotando mujeres y con otras repugnantes brutalidades.

Dos batallones de voluntarios vieneses han partido ya hacia el teatro de guerra y un tercer batallón los sigue hoy. Estos voluntarios, pertenecientes a la autóctona nobleza suburbial, fueron revestidos con los uniformes de los legionarios de 1848 y en un principio fueron los héroes del día. Se prodigaron para ellos bailes, conciertos y funciones de teatro, e incluso el Orfeo austríaco del vals, el señor Strauß, compuso en su honor una nueva marcha antes de su harto poco patriótica partida hacia Petersburgo. No puede negarse, sin embargo, que últimamente la popularidad de estos guerreros recién forjados ha descendido de manera alarmante. Estos primitivos patanes de los suburbios se excedieron un tanto con la cerveza y los cigarros, y para con el bello sexo, y sobrepasaron con mucho a veces los límites del propio «humor» vienés. Lo que son, lo dicen ellos mismos en su canción favorita:

«Soy un auténtico vienés,
llevo una vida alegre,
y por eso mi padre
me ha entregado a los Deutschmeister;
Deutschmeister es un
regimiento muy alegre,
tiene en una mano el sable,
en la otra el Ziment.»

(Ziment, debo añadir, es un recipiente para beber cerveza que contiene una cantidad completamente enorme de líquido.)
<los versos en la "N.-Y. D. T." en alemán e inglés>

Una de las hazañas de estos «libres y alegres» hombres tomó un giro bastante serio y fue justamente censurada por la prensa. Los cuarteles de nuestros amigos están situados en el Salzgries, un lugar que, al igual que las calles que a él conducen, está habitado principalmente por israelitas. Los judíos de Galitzia, que tienen que despachar negocios en Viena, suelen trasladarse también a estas regiones bastante sucias. Pues bien, cuando nuestros
heroicos muchachos regresaban una noche a sus cuarteles desde el «Sperl», donde se les había festejado públicamente y se les había felicitado por su eventual heroísmo, dieron, en su estado de ánimo bastante excitado, un anticipo de sus futuras hazañas, arrojándose de improviso sobre los desdichados israelitas. A unos les rompieron las ventanas, a otros los pisotearon, a muchos les cortaron las barbas e incluso arrojaron a una desafortunada víctima a un barril de alquitrán. A las personas que pasaban tranquilamente se las interpelaba con la pregunta «¿Eres judío?», y si la respuesta era afirmativa, se las golpeaba sin piedad entre fuertes gritos como «¡No importa, el judío será apaleado!» <esta exclamación en la "N.-Y. D. T." en alemán e inglés>. Sobre la extrema sensiblería de estos mozos vieneses se puede deducir a partir del siguiente hecho: Un aprendiz de zapatero de quince años, a quien el reclutador le negó el ingreso en el cuerpo de voluntarios, se ahorcó de desesperación.

Las dificultades monetarias y financieras se hacen visibles en todas las esferas, desde las más altas hasta las más bajas. En primer lugar, como ya habrán visto por la prensa europea, el propio emperador ha empeñado las joyas de la corona. En segundo lugar, sea cual sea el órgano de la prensa vienesa que uno tome en la mano, aparece siempre en un lugar llamativo una columna con el título de «Donativos patrióticos». Estos óbolos patrióticos, ofrecidos ya sea para fines bélicos en general o para la formación de cuerpos de voluntarios en particular, varían considerablemente en su cuantía; algunos apenas alcanzan 2 florines y 2 kreuzer, otros llegan a la respetable suma de 10.000 a 12.000 florines. Junto a los donativos en dinero, se inscriben aquí y allá obsequios de índole más medieval, como un par de revólveres de un comerciante de armas, papel para cartuchos de un fabricante de papel, tela para uniformes de un vendedor de ropa, etc. Entre los obsequios de particulares figuran colectas más o menos sospechosas de comunidades provinciales, efectuadas bajo la presión oficial de sus pequeños funcionarios y burgomaestres <Bürgermeister: en la "N.-Y. D. T." en alemán e inglés>. Un rasgo común distingue, sin embargo, a todas las contribuciones mayores: el hecho de que no se pagan en dinero contante y sonante, sino en forma de obligaciones del Estado y cupones de fondos públicos, de tal modo que al Estado se le paga literalmente con «su propia moneda». El signo más infalible de las dificultades monetarias, que le sale a uno al paso a cada momento, es la completa desaparición de la moneda menuda para las transacciones al contado de la vida cotidiana. En el momento
en que se anunció la suspensión de los pagos en metálico por parte del Banco junto con las medidas financieras que la acompañaban, la moneda metálica menuda, tanto de cobre como de plata, desapareció como tocada por una varita mágica. Se recurrió al mismo método primitivo de fraccionar en partes alícuotas los grandes billetes de banco, método que tanto había desconcertado al visitante extranjero en Viena en 1848: todo poseedor de un billete de un florín lo recorta en tantas partes cuantas necesita para poder hacer sus pequeñas compras. El gobierno ha tratado de detener este proceso de despedazamiento en Viena y en las provincias mediante una proclama en la que anunciaba al público que el recaudador de contribuciones y el Banco no aceptarían ya más fragmentos de billetes de banco. Con respecto al Banco, este anuncio parece ilegal, pues aún subsiste una ley de 1848 que obliga al Banco a aceptar dichas fracciones de billetes, e incluso existe todo un sistema en el Banco para calcularlas. Se ha declarado oficialmente que estaban en circulación 28.000.000 de florines en moneda menuda, suma que, se añade, superaba en el doble las necesidades reales. Por eso las autoridades están «resueltas a hacer frente a la necia especulación que actualmente escasea la moneda menuda». Con la constatación de que la moneda menuda existe en abundancia, no se ha remediado, sin embargo, la evidente carencia de este artículo necesario.

Las autoridades habrían debido saber que el agio sobre la plata ha subido poderosamente, que incluso el cobre soporta un agio del 10 por ciento y que en todas partes el campesinado atesora cuanto suena a metal. Los gobernadores de Bohemia y de la Baja Austria han recordado a la opinión pública una ley que castiga todo agiotaje con monedas de plata y cobre con una multa de cincuenta florines y más —pero todo en vano. Tales medidas defensivas yerran su efecto con mayor seguridad aun cuando van unidas a anuncios oficiales como el del Boletín Oficial de la “Wiener Zeitung”, según el cual las piezas de plata de seis kreuzer serán retiradas de la circulación legal en el Reino Lombardo-Véneto a partir del 1 de junio. El gobierno se verá finalmente obligado a acceder a la petición de la Cámara de Comercio de la Baja Austria y, por vergonzoso que pueda ser, a emitir billetes de banco del considerable valor de 5, 10 y 25 kreuzer para transacciones al por menor.

Elevémonos desde las bajas regiones de las transacciones al por menor a las del mercado de dinero y del comercio en el sentido más estricto de la palabra: entonces tendremos que anotar, en primer lugar, la bancarrota, ya por ustedes conocida, de la importante firma Arnstein & Eskeles, declarada el 5 de mayo. Eran los principales corredores de letras de cambio de la capital, a quienes incumbían sobre todo el descuento de las letras que no se negociaban de inmediato en el banco y el redescuento de las letras de cambio de fabricantes y comerciantes de las provincias. Aparte de las transacciones dinerarias de la capital, en sus manos se hallaban concentradas también las de los fabricantes de Hungría, Bohemia y Silesia. La firma se enorgullecía de una existencia de ochenta años, y su jefe, el barón von Eskeles, reunía en sus manos los cargos de director del Banco Nacional, cónsul general de Dinamarca, presidente de la Sociedad de Descuento de la Baja Austria, presidente de la Sociedad de Ferrocarriles Estatales, administrador del Südbahn, etc. Era, en una palabra, junto a Rothschild, la máxima autoridad financiera del reino. Arnstein & Eskeles habían desempeñado un papel significativo en la época del Congreso de Viena, cuando el salón de la señora von Arnstein constituía un centro para las reuniones sociales de las celebridades políticas y literarias de la época. Una de las causas inmediatas que llevaron a esta bancarrota, en la que se trata de una suma de alrededor de 30.000.000 de dólares, fue la negativa del Crédit mobilier parisino a honrar las letras de cambio de la firma vienesa. Después de su colapso, no pasó día sin que en la Bolsa de Viena se registrara toda una lista de bancarrotas; las firmas más importantes entre ellas son: Solomon Cammando, Eidam & Co., G. Blanc, Plecher & Co., Diem & English, I. F. Gaartner, F. C. Schmidt, M. Greger & Co., los hermanos Pokaray, Moritz Kollinsky, Karl Zohler, A. Kirschmann y otros. A esta catástrofe siguieron inmediatamente bancarrotas relacionadas con ella en las provincias austriacas, como en Brünn, Praga, Reichenberg, Lemberg, etc.; la más significativa de ellas fue el colapso de la firma Lutteroth & Co. en Trieste, cuyo jefe es cónsul prusiano y director del Lloyd austríaco. Más allá de las fronteras del Estado austríaco han quebrado algunas casas de primera clase en Breslau, Magdeburgo, Múnich, Fráncfort, así como el Banco de Préstamos y Comercio de Kassel. De manera muy general, el pánico actual recuerda al pánico comercial de Hamburgo en el otoño de 1857, y las medidas hamburguesas para calmar el pánico son igualmente imitadas por el gobierno. La legislación sobre letras de cambio sufrirá una suavización; el Banco Nacional formará una comisión de apoyo a las firmas forzadas a la suspensión de pagos únicamente por el momentáneo descrédito general, y se concederán dos millones en papel moneda a los bancos de Praga y Brünn.