En la mañana del 4 de junio, los austríacos habían efectuado su retirada cruzando el Tesino y marchaban hacia Magenta y Abbiategrasso, para caer sobre el flanco del ejército francés, que avanzaba sobre Milán. El general Clam-Gallas, recién llegado de Milán con una división de su cuerpo (el primero), debía atacar al enemigo de frente, al mismo tiempo, con su división y el segundo cuerpo (Liechtenstein), que se le unió en Magenta. Como reserva, tenía la división Reischach del séptimo cuerpo (Zobel) en Corbetta, a unas millas detrás de Magenta. Una vez abandonada la línea del Tesino por insostenible, estas siete u ocho brigadas austríacas debían mantener la línea del Naviglio Grande, un ancho canal que corre casi paralelo al Tesino y sólo es franqueable por puentes. Había que defender los dos puentes de Boffalora y Magenta, en dos carreteras que conducen ambas desde Magenta al puente de San Martino sobre el Tesino. La división del primer cuerpo (comandada por el general Cordon) avanzaba por la carretera de Turbigo; dos brigadas del segundo cuerpo se encontraban en los puentes, una división delante de Magenta, y la división Reischach (séptimo cuerpo), como se ha dicho, en Corbetta.

Los franceses avanzaron en dos columnas. La primera, bajo el mando nominal del héroe de Satory, estaba compuesta por la división de granaderos de la Guardia y los cuerpos de Canrobert, Niel y Baraguay d'Hilliers, en total 9 divisiones o 18 brigadas (117 batallones). Avanzó por la carretera directa de Novara a Milán, cruzando el puente de San Martino, con el objetivo de tomar los puentes de Boffalora y Magenta. La segunda columna, al mando de Mac-Mahon, se componía de la división de voltigeurs de la Guardia, del cuerpo de Mac-Mahon y de todo el ejército piamontés, en total 8 divisiones o 16 brigadas (109 batallones, pues las divisiones piamontesas cuentan un batallón más que las francesas). Su vanguardia había cruzado el Tesino y el Naviglio sin resistencia seria por Turbigo y debía apoyar el ataque frontal de la primera columna mediante un movimiento sobre el flanco austríaco, es decir, una marcha directa hacia Magenta desde el norte.

Al mediodía, Mac-Mahon abrió el ataque. Con fuerzas superiores empujó hacia Magenta a la división Cordon, que se batía en retirada delante de él, y hacia las dos de la tarde los granaderos de la Guardia, que habían acosado a los puestos avanzados austríacos hasta el canal, atacaron los puentes de Boffalora y Magenta. En ese momento se hallaban en el campo de batalla 8 brigadas francesas frente a 5 brigadas austríacas (2 del primer cuerpo y 3 del segundo), o sea menos de 30.000 hombres, pues incluso las dos brigadas de Reischach permanecían todavía en Corbetta. El «general secreto» francés, siguiendo las enseñanzas de Falstaff, convierte menos de 30.000 austríacos en más de 125.000. Los franceses consiguieron asaltar los puentes sobre el canal. Gyulay, que se encontraba en Magenta, ordenó a Reischach avanzar y recuperar el puente de Magenta. Así se hizo. Pero Boffalora parece haber quedado en poder de los franceses. La batalla se estancó. Tanto el cuerpo de Mac-Mahon como los granaderos de la Guardia habían sido rechazados con éxito, pero los austríacos habían empeñado también a todos los hombres disponibles. ¿Dónde se habían metido los demás cuerpos?

Estaban por todas partes, menos donde debían estar. La segunda división del primer cuerpo se hallaba todavía en marcha desde Alemania, por lo que no era de extrañar que no se esperase su llegada. Sobre otra brigada del segundo cuerpo faltaba toda noticia. Sin embargo, los propios despachos de Gyulay demuestran que sólo 3 brigadas del segundo cuerpo estaban empeñadas. La segunda división del séptimo cuerpo, comandada por el general Lilia, se encontraba en Castelletto, a 6 o 7 millas de Magenta. El tercer cuerpo se hallaba en Abbiategrasso, a 5 millas de Magenta. El quinto cuerpo marchaba hacia Abbiategrasso, probablemente desde Bereguardo. Al comienzo de la batalla se encontraba por lo menos a 9 millas de Magenta; el octavo cuerpo se hallaba en marcha de Binasco a Bestazzo, a 10 o 12 millas de distancia, y el noveno cuerpo, incredibile dictu (increíble de decir), andaba merodeando por el Po, detrás de Pavía, a 20 o 25 millas del escenario de la guerra. Con esta fabulosa diseminación de sus tropas, Gyulay se colocó en la desagradable situación de tener que resistir, desde el mediodía hasta las cinco de la tarde aproximadamente, el embate de las dos columnas francesas con sólo siete brigadas. Esto último sólo fue posible porque las enormes masas francesas marchaban por solo dos carreteras y, por ello, avanzaban con lentitud.

Mientras Reischach mantenía el puente de Magenta y capturaba uno de los nuevos cañones rayados franceses, el señor Gyulay cabalgó hasta Robecco, una aldea junto al canal, unas 3 millas más abajo de Boffalora, para acelerar la marcha de los cuerpos tercero y quinto y asignarles la dirección de ataque. Cuatro brigadas del tercer cuerpo fueron lanzadas entonces hacia adelante: Hartung y Ramming en primera línea, Dürfeld como reserva, las tres a lo largo del canal, y Wetzlar, en cambio, a lo largo del Tesino. Debían caer sobre el flanco derecho francés. Pero entretanto, estos últimos habían recibido también refuerzos. La brigada Picard (división Renault, cuerpo de Canrobert) llegó en apoyo de los granaderos e hizo retroceder a Reischach al otro lado del puente. Le siguió la división Vinoy (cuerpo de Niel), la brigada Jannin (división Renault) y la división Trochu (cuerpo de Canrobert). Así concentraron los franceses en este punto seis brigadas, más dos de sus brigadas de granaderos. Del otro lado, de las cuatro brigadas del tercer cuerpo austríaco, solo dos o tres estaban realmente empeñadas. A pesar de esta desproporción, los austríacos se apoderaron una y otra vez del puente de Magenta, que sólo quedó en poder de la superioridad enemiga tras los más desesperados esfuerzos.

Mientras así se luchaba por los puentes, Mac-Mahon había preparado un segundo ataque contra las fuerzas austríacas que tenía al frente, aproximadamente 4 o 5 brigadas del primer y segundo cuerpos. Sus 2 divisiones avanzaron de nuevo en dos columnas hacia Magenta, detrás de ellas, en segunda línea, la división de voltigeurs de la Guardia de Camou. Como las divisiones Espinasse y La Motterouge (cuerpo de Mac-Mahon) habían sido rechazadas con éxito por los austríacos, los voltigeurs avanzaron en su apoyo. La lucha entró entonces en el punto crítico. La primera columna francesa había pasado el puente de Magenta y se volcaba sobre la localidad, ya duramente hostigada por la columna de Mac-Mahon. Por fin, a la puesta del sol, apareció en el campo de batalla el quinto cuerpo austríaco, la brigada del príncipe de Hesse (en esa época la brigada estaba comandada por el general Dormus). Hizo un nuevo intento de hacer retroceder a los franceses al otro lado del puente. Pero en vano. Era realmente una esperanza exagerada que una débil brigada, ya diezmada en la batalla de Montebello, pudiera contener y rechazar el torrente de lava de tropas francesas que inundaba el puente de Magenta. Atacados de frente, de flanco y por la retaguardia, y sin un respiro desde el comienzo de la acción bajo el fuego, los austríacos acabaron por ceder, y tras repetidos y violentos combates, Magenta fue ocupada por los franceses al caer la tarde.

Gyulay retiró sus tropas por Corbetta, ocupada entretanto por la división Lilia, y por Robecco, mantenida por el tercer cuerpo, mientras el quinto cuerpo vivaqueaba entre ambas posiciones. Tenía la intención de reanudar el combate el 5 de junio, pero una confusión verdaderamente extraña en las órdenes distribuidas frustró el plan; pues en plena noche supo de repente que el primer y segundo cuerpos, a consecuencia de órdenes mal entendidas, se habían retirado a varias millas del campo de batalla y continuaban su retirada a las 3 de la madrugada. Esta noticia decidió a Gyulay a renunciar a la batalla proyectada para el día siguiente. Una brigada del tercer cuerpo asaltó de nuevo Magenta para cubrir la retirada de los austríacos, que se efectuó en el mayor orden.

Según el parte austríaco, estuvieron empeñadas por su lado:

Brigadas

del 1[er] cuerpo, división Gordon     2

del 2° cuerpo                       3

del 7° cuerpo, división Reischach   2

del 3[er] cuerpo                      3

del 5° cuerpo, tarde al anochecer   1

Total                              11

Según el parte francés, estuvieron empeñadas por los aliados:

Brigadas

del cuerpo de la Guardia, 2 divisiones   4

del cuerpo de Mac-Mahon                  4

del cuerpo de Canrobert, 2 divisiones (Renault y Trochu)   4

del cuerpo de Niel, 1 división (Vinoy)                      2

Total                                    14

Las 14 brigadas francesas —91 batallones— sumaban por lo menos 80.000 hombres. Pero el parte de batalla francés dice, refiriéndose al avance de la división Vinoy:

«El 85.° regimiento de línea fue el que más sufrió... El general Martimprey recibió una herida al frente de su brigada.»

Ahora bien, ni el 85.° regimiento ni la brigada de Martimprey pertenecen a la división Vinoy del cuerpo de Niel. El 85.° regimiento pertenece a la segunda brigada, bajo el mando del general Ladreitt de la Charrière, división Ladmirault, y el general Martimprey manda la primera brigada de esa misma división, perteneciente al cuerpo del mariscal Baraguay d'Hilliers. Así encontramos una prueba irrefutable de que estuvieron empeñadas más tropas francesas que las enumeradas en el parte oficial. Si se escamotea de tal manera la división Ladmirault, que eleva el número de brigadas a 16, el de batallones a 104 y el de combatientes a 90.000, se impone la sospecha de que los franceses que actuaron en el campo de batalla eran, en general, mucho más numerosos que los que figuran en el boletín de batalla. Además, se desprende del parte de los austríacos que sus prisioneros pertenecían a casi todos los regimientos de que se compone el ejército aliado de operaciones en Italia. Los franceses se encontraban, pues, en una superioridad numérica que constituye el mayor honor para las tropas austríacas. Sólo se les arrebató el terreno del campo de batalla; capturaron un cañón y perdieron cuatro; abandonaron el lugar del combate con la certeza de que, con fuerzas iguales, la victoria habría sido suya con seguridad. Pero ¿qué decir de su general, el Feldzeugmeister imperial y real? El 4 de junio esperaba el ataque. Tiene 13 brigadas (las 7 empeñadas primero, 2 de Lilia, 4 del tercer cuerpo) a 8 millas del campo de batalla; otras 4 brigadas del quinto cuerpo a 9 millas; por último, 4 brigadas del octavo cuerpo a una distancia de 10 o 12 millas. Así se hallaban sus tropas a las 8:30 de la mañana. ¿Es pedir demasiado que, en un día de batalla, todos estos cuerpos se hubieran acercado lo suficiente a Magenta hacia las 4 o, a más tardar, las 5 de la tarde como para tomar parte en la lucha? ¿No debían estar empeñadas, a las 2 de la tarde cuando la batalla empezó en serio, por lo menos 13 brigadas en lugar de 7? En ese caso se habrían evitado las grandes pérdidas de la división Cordon y del segundo cuerpo. Con la llegada del quinto cuerpo, los austríacos habrían podido pasar a la ofensiva y rechazar a los franceses al otro lado del Tesino. Pero la vieja y notoria incapacidad de movimiento parece imponerse de nuevo entre los austríacos. Pierden los momentos más preciosos en inútiles pompas y vanas formalidades, decía el verdadero Napoleón. Gyulay ha reavivado la tradición, y de ese modo, malogrando su propia victoria, ha proporcionado al «general secreto» una victoria que habría sido fácil y decisiva de no haberse estrellado contra la tenaz bravura de los soldados austríacos y la nulidad sin talento del jefe de la Sociedad del 10 de Diciembre.

En la mañana del 5 de junio, Gyulay tenía a sus órdenes tropas que aún no habían entrado en combate en Magenta:

Brigadas

Una división del 3.[er] Cuerpo | 2  
del 5.º Cuerpo | 3  
Una división (Lilia) del 7.º Cuerpo | 2  
del 8.º Cuerpo | 4  
Total | 11

Era esta una fuerza igual a la que había tenido a su disposición el día anterior. De las tropas empeñadas la víspera, solo 3 divisiones (1.[er] y 2.º cuerpos) estaban de momento incapacitadas para el combate. Quedaban, pues, 8 brigadas disponibles, en total 19 brigadas, más de 100.000 hombres. Frente a él se hallaban las 16 brigadas ya empeñadas el día 4; 4 nuevas divisiones francesas, que debían estar listas para el combate el día 5, y una o dos divisiones de los piamonteses, las cuales se encontraban aún muy a retaguardia. Así que Gyulay podía disponer el día 5 de 19 brigadas, las cuales, apoyadas además por el 9.º cuerpo, que él mantenía de manera incomprensible muy alejado, tendrían que haber invertido la suerte del día anterior. Los errores de Gyulay pueden resumirse brevemente así:

Primero: Cuando Luis Napoleón ejecutó la marcha de flanco en el círculo de operaciones de los austríacos, de Vercelli a Turbigo, Gyulay no aprovechó la posición desfavorable de sus enemigos y no cayó con todas sus fuerzas sobre su línea de marcha expuesta, que habría podido cortar en dos y, en parte, arrojar hacia los Alpes —repitiendo la maniobra de Radetzky de 1849—.

Segundo: En lugar de ello, se retiró detrás del Tesino, moviéndose así por un rodeo para cubrir Milán, mientras que el camino directo quedaba abandonado al enemigo.

Tercero: Dispersó sus tropas durante la retirada y efectuó esta con una cómoda indolencia que apenas sería excusable en una plaza de ejercicios.

Cuarto: Dejó su 9.º cuerpo completamente fuera del ámbito de la concentración.

Quinto: Durante la batalla misma, la concentración se ejecutó con tal dejadez, que las tropas sufrieron inútilmente y se regaló la victoria al enemigo.

Si Gyulay, a pesar de estos errores acumulados y groseros, no sufrió no obstante una derrota completa, aunque tenía enfrente a la élite del ejército francés, ello se debió exclusivamente al valor de sus tropas y a la astucia de su adversario, el “general secreto”. Las tropas de Gyulay representaban la invencible fuerza vital de los pueblos; él mismo, el idiotismo senil de la monarquía. El general secreto, por su parte, nota que con la retirada de los austríacos al Mincio termina la parte melodramática de la lucha y comienza la guerra verdadera. Se ha convencido de cuán acertada es la máxima que el verdadero Napoleón inculcó a su hermano José, a saber: que en la guerra no se evita el peligro personal con ningún juego de escondite. Finalmente, Canrobert, ofendido por la preferencia dada a Mac-Mahon, ha amenazado con ciertas revelaciones sobre las hazañas del héroe de Satory en esta campaña. El héroe, por tanto, añora volver con su querida esposa en el Faubourg Poissonnière y anhela *peace at any price* <paz a cualquier precio>. Si esto es inalcanzable, al menos negociaciones de paz, para disimular “su retirada corporal a París”.