Friedrich Engels

Escrito hacia el 24 de mayo de 1859.

Del inglés.

[*New-York Daily Tribune* núm. 5659 del 16 de junio de 1859, artículo de fondo]

El correo llegado con el *Africa* apenas amplía nuestros conocimientos anteriores sobre esta célebre batalla, de la que la prensa bonapartista a ambos lados del Atlántico ha hecho tanto alarde. Del informe de Gyulay hasta ahora solo tenemos un breve extracto telegráfico, y la mayoría de los relatos franceses y sardos no son más que habladurías turinesas y parisienses, que apenas pueden aspirar a la exactitud, pues ni siquiera indican correctamente las unidades de los regimientos participantes. Esta carencia se compensa en cierta medida con el parte del general Forey, que recibimos el lunes por la noche vía el *City of Washington*; pero Forey evita dar la fuerza o las pérdidas de los austriacos. De Baraguay d'Hilliers, por desgracia, no supimos absolutamente nada; su parte arrojaría sin duda luz sobre algunas cuestiones oscuras, ya que junto a la división de Forey también se emplearon tropas de su cuerpo. Mientras aguardamos, pues, noticias más detalladas y auténticas, podemos hacer algunas reflexiones que, basadas en un estudio cuidadoso de todo el material de que disponemos, quizá no carezcan de valor.

Cuando los austriacos recibieron la noticia de que los franceses habían considerado un movimiento hacia la línea del Po, entre Pavía y Piacenza, tendieron un puente sobre el Po en Vaccarizza, cerca de Pavía. El cuerpo del general Stadion fue enviado al otro lado para reconocer la situación y las intenciones del enemigo. Stadion ocupó la posición de Stradella, un desfiladero próximo al río donde una estribación de los Apeninos, sin caminos afirmados, se acerca al Po, y envió tres brigadas (15 batallones con unas 18 piezas y tal vez algo de caballería)

contra Voghera. Los austriacos, que sin duda dejaron fuertes destacamentos a lo largo de su ruta de marcha para asegurarse la retirada, toparon ante Casteggio con los puestos avanzados del enemigo, a los que rechazaron a través de esa ciudad y de la aldea de Montebello. Avanzaron hasta la aldea siguiente, Genestrello, pero allí chocaron con una brigada de la división del general Forey (brigada Beuret, 17.º batallón de cazadores, 74.º y 84.º regimientos de línea) y el combate se estabilizó. En ese momento, evidentemente, solo había empeñadas unas pocas tropas austriacas, aproximadamente una brigada. Los franceses fueron reforzados de inmediato por cuatro batallones de la otra brigada de Forey (98.º regimiento al mando de Blanchard y un batallón del 91.º de línea). Esto les dio la superioridad numérica. La brigada de Beuret se formó para el ataque, tomó Genestrello y, acto seguido, tras un encarnizado combate, Montebello; pero en Casteggio, al otro lado del pequeño río junto al cual se encuentra, los austriacos reforzaron su resistencia. Aquí recibieron muy probablemente refuerzos frescos, pues rechazaron a los franceses, que caían en desorden, de vuelta a Montebello, y estaban a punto de penetrar de nuevo en la aldea cuando toparon con una parte de la división del general Vinoy, compuesta por el 6.º batallón de cazadores y el 52.º regimiento de línea. Esto volvió a inclinar la balanza a favor de los franceses, y los austriacos se retiraron en buen orden a Casteggio, donde dejaron una retaguardia hasta haber reorganizado la marcha. Habiendo cumplido así su misión y cerciorado dónde se hallaba el cuerpo de Baraguay d'Hilliers (que formaba el ala extrema derecha de los franceses), se replegaron sin ser molestados al otro lado del Po, con la certeza de que hasta ese momento los aliados no tenían intención de marchar sobre Piacenza.

Los austriacos no pueden haber tenido en el campo de batalla mucho más de dos brigadas, pues al menos tres batallones tuvieron que quedar atrás en el camino, y otros dos fueron necesarios para rechazar a dos batallones del 91.º regimiento francés cerca de Oriolo, de suerte que solo un batallón de este combatió en Montebello. De estas dos brigadas o diez batallones, únicamente una parte pudo estar empeñada, pues el general austriaco que hubiese empleado sus últimas reservas en un reconocimiento habría recibido sin duda una severísima reprimenda.

Del lado francés había tres regimientos (el 74.º, 84.º y 98.º) y un batallón de línea (del 91.º), además de un batallón de cazadores: en total once batallones, que hacia el final de la batalla fueron reforzados por dos batallones del 52.º y uno del 6.º de cazadores. Así tenemos, en conjunto, quince batallones franceses contra alrededor de diez batallones

austriacos, y aunque estos últimos eran ciertamente más fuertes, la superioridad numérica estaba, no obstante, del lado francés cuando el combate tomó otro giro. Además, hay que tener en cuenta que los austriacos no luchaban tanto por una victoria, sino más bien para obligar a sus adversarios a revelar qué fuerzas tenían disponibles en un punto determinado. Este objetivo lo habían alcanzado por completo. Resulta, pues, absurdo considerar este insignificante encuentro como una victoria importante. Con ejércitos tan inmensos como los que ahora se enfrentan en las llanuras italianas, una acción como la de Montebello no tiene mayor importancia que un mero choque de puestos avanzados en guerras de poca envergadura. Y si esto ha de ser una victoria, ¿dónde están entonces sus frutos? Los franceses informan de que tomaron prisioneros a 40 heridos y a 60 ilesos; no es más de lo que razonablemente cabía esperar tras varias horas de lucha en torno a una aldea. Capturaron también un carro de municiones y perdieron otro. Pero ninguna persecución, ningún intento de cosechar los frutos de la victoria, a pesar de que los franceses disponían de suficiente caballería piamontesa. Evidentemente, los austriacos asestaron el último golpe y luego emprendieron la retirada en orden impecable y sin ser molestados.