Friedrich Engels

Los acontecimientos bélicos

[«Da Volk» n.º 6, del 11 de junio de 1859]

El carácter fragmentario y contradictorio de los telegramas recibidos del teatro de guerra solo permite algunas apostillas sobre la retirada de los austríacos allende el Tesino y su derrota en Magenta. Amilanados, según parece, por la ocupación de Novara por el general Niel, los austríacos se replegaron allende el Tesino durante los días 3 y 4 de junio. El 4 de junio, a las 4 de la madrugada, franceses y piamonteses, que habían cruzado el Tesino por Turbigo y Boffalora sobre el ala derecha de los austríacos, cayeron con masas superiores sobre el enemigo que tenían inmediatamente al frente y, tras una resistencia extraordinariamente sangrienta y tenaz, lo arrojaron de su posición. Los detalles que el telegrafista del ejército aliado, Luis Bonaparte, ha publicado sobre la acción atestiguan la fuerza imaginativa de ese «general secreto», que aún no logra superar su aversión a las «armes de precision» <«armas de precisión» (fusiles rayados)> y que, por consiguiente, viaja con tren y bagajes a temerosa distancia del campo de batalla, a la zaga del ejército, pero en «plena salud corporal».

La impertinencia con que se arroja al mundo este parte de salud tiene sus buenas razones. En tiempos de las deliberaciones de la Cámara de Pares francesa sobre la expedición de Luis Bonaparte a Boulogne, se demostró, en efecto, mediante testimonio jurado, que el héroe, en el momento del peligro, había desahogado su corazón oprimido de una manera que era todo, menos síntoma de «plena salud corporal».

Los austríacos se habían concentrado en el Agogna en la postura de un tigre a punto de saltar. De su derrota es culpable Gyulay, por haber abandonado esa posición. Después de haber ocupado la Lomellina y de haber tomado posición a unas 30 millas frente a Milán, era natural que no se pudieran cubrir todos los accesos posibles a esta capital. A los aliados se les abrían tres caminos: uno a través del centro austríaco, por Valenza, Garlasco y Bereguardo; otro sobre el flanco izquierdo austríaco, por Voghera, Stradella y el Po entre Pavía y Piacenza; y, por último, el camino hacia el flanco derecho austríaco, por Vercelli, Novara y Boffalora. Si los austríacos querían defender directamente Milán, solo podían bloquear con su ejército uno de estos caminos. Apostar un cuerpo en cada uno de ellos habría dispersado sus fuerzas y asegurado su derrota. Pero es regla de la guerra moderna que un camino se defiende con una posición de flanco igual de bien, si no mejor, que con una posición frontal. Un ejército de 130.000 a 200.000 hombres, concentrado en un pequeño sector del terreno y dispuesto a actuar en cualquier dirección, solo será desatendido impunemente por el enemigo si este dispone de una fuerza numéricamente muy superior. Cuando Napoleón marchó hacia el Elba en 1813, los aliados, aunque numéricamente mucho más débiles, tenían razones para provocarle una batalla. Por ello, tomaron posición en Lützen, unas millas al sur del camino que va de Erfurt a Leipzig. El ejército de Napoleón ya había desfilado en parte cuando los aliados anunciaron su proximidad a los franceses. A consecuencia de ello, todo el ejército francés se detuvo en seco, sus columnas avanzadas fueron llamadas de vuelta y se libró una batalla que a los franceses, pese a una superioridad numérica de unos 60.000 hombres, apenas les dejó la posesión del campo de batalla. Al día siguiente, ambos ejércitos marcharon hacia el Elba en líneas paralelas, sin que la retirada de los aliados fuese hostigada. Con fuerzas menos desproporcionadas, la posición de flanco de los aliados habría detenido la marcha de Napoleón con al menos el mismo éxito que una posición frontal situada directamente sobre el camino de Leipzig.

Análoga era la posición de Gyulay. Con una fuerza de unos 150.000 hombres, se hallaba entre Mortara y Pavía, bloqueando así el camino directo de Valenza a Milán. Podía ser envuelto por ambas alas, pero su posición le ofrecía los contramedios contra semejante envolvimiento. La masa del ejército aliado fue concentrada los días 30 y 31 de mayo y 1 de junio en las cercanías de Vercelli. Constaba de 4 divisiones piamontesas (36 batallones), el cuerpo de Niel (26 batallones), el cuerpo de Canrobert (39 batallones), la Guardia (26 batallones) y el cuerpo de Mac-Mahon (26 batallones); en total, 173 batallones de infantería, sin contar caballería y artillería. Por su parte, Gyulay tenía 6 cuerpos de ejército, debilitados por los destacamentos contra Garibaldi, hacia Voghera, para la ocupación de diversas plazas, etc., pero que aún sumaban 150 batallones. Su ejército estaba apostado de tal modo que, por la derecha, solo podía ser envuelto mediante una marcha de flanco dentro de su radio de operaciones. Ahora bien, es sabido que un ejército siempre necesita tiempo para pasar del orden de marcha al orden de batalla, incluso ante un ataque frontal, aunque en este caso el orden de marcha esté dispuesto todo lo posible para el combate. Mucho más peligrosa se vuelve la perturbación cuando se ataca de flanco a columnas en orden de marcha. Por tanto, es regla fija evitar una marcha de flanco dentro del radio de acción del enemigo. El ejército aliado violó la regla. Marchó sobre Novara y el Tesino, aparentemente sin consideración de los austríacos en su flanco. Este era el momento de actuar para Gyulay. Debía concentrar sus tropas en la noche del 3 de junio sobre Vigevano y Mortara —dejando un cuerpo en el bajo Agogna para observar Valenza—, y el 4 de junio caer con todo hombre disponible sobre el flanco de los aliados que avanzaban. El resultado de semejante ataque, emprendido con unos 120 batallones sobre la larga y a menudo interrumpida columna de marcha de los aliados, difícilmente sería dudoso. Si una parte de los aliados ya había cruzado el Tesino, tanto mejor para Gyulay; su ataque los habría hecho volver, pero apenas les habría dejado tiempo para intervenir de manera decisiva. Aun en el peor de los casos, un ataque sin éxito, la retirada de los austríacos sobre Pavía y Piacenza seguía siendo tan segura como, por ejemplo, después de la batalla de Magenta. Todo el despliegue de Gyulay muestra que este era, en efecto, el plan original de los austríacos. Su consejo de guerra, tras madura deliberación, había decidido que a los franceses se les dejara abierto el camino directo a Milán y que Milán solo se cubriera mediante una marcha sobre el flanco enemigo. Pero cuando llegó el momento decisivo y Gyulay vio que las masas francesas se volcaban sobre su derecha hacia Milán, el verdadero magiar perdió la cabeza, vaciló y, finalmente, se retiró allende el Tesino. Y con ello se preparó la derrota. Mientras los franceses marchaban en línea recta hacia Magenta (entre Novara y Milán), él dio un gran rodeo, marchando primero río abajo a lo largo del Tesino, cruzándolo por Bereguardo y Pavía, y luego remontando de nuevo el río hacia Boffalora y Magenta, para cerrar el camino directo a Milán. La consecuencia fue que sus tropas llegaron en débiles destacamentos y no pudieron ser concentradas en masas tales que quebrantasen el núcleo del ejército aliado.

Partiendo del supuesto de que el ejército aliado siguió en posesión del campo de batalla, es decir, del camino directo a Milán, los austríacos tienen que retirarse allende el Po, allende el Adda o a sus grandes fortalezas para reorganizarse. Aunque con ello la batalla de Magenta haya decidido la suerte de Milán, de ningún modo decidiría la campaña. Los austríacos tienen tres cuerpos enteros de ejército que en estos momentos están siendo concentrados en el Adigio y que, a la postre, deberían asegurarles el equilibrio de fuerzas, si las groseras pifias del «general secreto», como esta vez de nuevo, no son corregidas por la indecisión de Gyulay.