Friedrich Engels

Las perspectivas de la guerra

Escrito el 28 de abril de 1859.
["New-York Daily Tribune", núm. 5634, del 12 de mayo de 1859, artículo de fondo]

No hemos considerado necesario responder a varias críticas superficiales que han aparecido en los últimos dos meses, cada vez que nos proponíamos examinar los recursos y las condiciones estratégicas para el estallido de la gran y sangrienta guerra en la que Europa se halla ahora envuelta. Sin embargo, en los numerosos detalles que llenan hoy las páginas de nuestro periódico y que ofrecen un cuadro impresionante de las primeras escenas de este drama terrible y conmovedor, encontramos una confirmación tan completa y tan pormenorizada de nuestras opiniones, que seguramente interesará al público, por lo que con razón podemos llamar la atención sobre ello.

Hace dos meses exactos, señalamos la ofensiva como el método correcto para que Austria se defendiera. Sosteníamos que los austriacos, que habían concentrado su ejército italiano completamente listo para la acción cerca de la posición defensiva de los piamonteses, cometerían un grave error si no aprovechaban esa superioridad momentánea sobre sus adversarios, todavía separados en el espacio, para invadir de inmediato territorio sardo, batir primero al ejército sardo y marchar luego contra los franceses, que tienen que cruzar los Alpes en varias columnas y corren así el peligro de ser derrotados por separado. Esta conclusión nuestra suscitó un buen número de opiniones contrarias por parte de algunos críticos más o menos importantes y más o menos versados en estrategia; por otra parte, vimos confirmada nuestra apreciación por todos los especialistas militares que han escrito sobre la cuestión; y, finalmente, se demuestra que los generales austriacos juzgan exactamente igual. Baste esto sobre el particular.

Ahora que la guerra ya ha comenzado, ¿cómo evaluar las fuerzas respectivas de las partes y sus perspectivas de éxito? Los austriacos tienen en Italia cinco cuerpos de ejército: el 2.º, 3.º, 5.º, 7.º y 8.º, compuestos por lo menos de 26 regimientos de infantería, cada uno con cinco batallones (de los cuales uno es un batallón de granaderos), y 26 batallones ligeros, lo que hace un total de 156 batallones o 192.000 hombres. Su fuerza, incluyendo caballería, artillería, tropas de ingenieros y de guarnición, asciende, en el cálculo más bajo, a 216.000 hombres. No sabemos en qué medida esta cifra ha sido superada por el envío a Italia de nuevos regimientos fronterizos y reservistas. Apenas cabe duda de que ha sido superada; sin embargo, tomaremos como base el cálculo más bajo de 216.000 hombres. De ellos, bastan 56.000 para guarnecer todas las fortalezas, fuertes y campamentos atrincherados que los austriacos deseen mantener en Lombardía, pero nosotros tomaremos la cantidad mayor posible y diremos 66.000 hombres. Quedan, pues, 150.000 hombres para la invasión del Piamonte. Los telegramas indican que la fuerza del ejército invasor austriaco es de 120.000, pero, naturalmente, no se puede uno fiar por completo de esas noticias. Para ir sobre seguro, supongamos que los austriacos no disponen más que de 120.000 hombres para el ejército de campaña. ¿Cómo se desplegarán las fuerzas francesas y piamontesas para hacer frente a este ejército compacto?

El ejército piamontés está concentrado entre Alessandria y Casale, en una posición que describimos hace algunas semanas. Se compone de cinco divisiones de infantería y una división de caballería, o sea, 45.000 hombres de infantería de línea, incluidas las reservas, 6.000 cazadores y unos 9.000 hombres de caballería y artillería: en total, 60.000 hombres, que es lo máximo que el Piamonte puede lanzar al campo de batalla. Los 15.000 restantes se necesitan para las guarniciones. Los voluntarios italianos aún no están en condiciones de hacer frente a un enemigo en campo abierto. Como ya señalamos, la posición de los piamonteses no puede ser fácilmente desbordada por el sur, por razones estratégicas, mientras que por el norte es posible una maniobra envolvente; allí, sin embargo, está cubierta por el Sesia, que desemboca en el Po a unas cuatro millas al este de Casale y que los sardos, si hemos de dar crédito a los despachos telegráficos, se proponen defender.

Sería completamente ridículo, en esa posición, aceptar una batalla decisiva con 60.000 hombres cuando el enemigo ataca con fuerzas dobles. Con toda probabilidad, no se opondrá en ese río más que una resistencia tal que obligue a los austriacos a mostrar todo su despliegue, y luego los sardos se retirarán detrás de Casale y del Po, dejando abierto el camino directo a Turín. Esto pudo haber ocurrido el 29 o el 30 de abril, a menos que la diplomacia inglesa haya provocado un nuevo retraso de las operaciones militares. Al día siguiente, los austriacos intentarían cruzar el Po y, si lo consiguieran, empujar a los sardos a través de la llanura hacia Alessandria. Allí podrían dejarlos por el momento; en caso necesario, la columna austriaca estaría en condiciones de desembocar al sur del Po desde Piacenza, destruir la línea ferroviaria entre Génova y Alessandria y atacar a cualquier cuerpo francés que marchara de la primera a la segunda plaza.

Pero, en nuestra opinión, ¿qué harán los franceses durante este tiempo? Pues bien, se desplazan a toda prisa hacia el futuro teatro de la guerra: el valle del alto Po. Cuando la noticia del ultimátum austriaco llegó a París, las fuerzas destinadas al Ejército de los Alpes apenas comprendían más de cuatro divisiones de infantería en Lyon y otras tres, que se hallaban ya sea en el sur de Francia y en Córcega, ya sea en fase de concentración. Otra división venía de camino desde África. Estas ocho divisiones debían formar cuatro cuerpos. Como primera reserva se disponía de la división de las tropas de línea de París, y como segunda reserva, de la Guardia. Esto haría en total doce divisiones de línea y dos de la Guardia, lo que equivale a siete cuerpos de ejército. Las doce divisiones de línea, antes de la incorporación de sus soldados de licencia, contarían cada una con unos 10.000 hombres, es decir, en conjunto 120.000, o con caballería y artillería 135.000, y la Guardia 30.000, lo que da un total de 165.000 hombres. Sumando los soldados de licencia reincorporados, este ejército ascendería a 200.000 hombres. Hasta aquí, todo bien. Es un ejército excelente, lo bastante fuerte para conquistar un país dos veces mayor que Italia. Pero ¿dónde podía encontrarse hacia el 1.º de mayo, en el momento en que se le necesitaba en las llanuras del Piamonte? Pues bien, el cuerpo de Mac-Mahon fue enviado a Génova hacia el 23 o el 24 de abril; como antes no había sido concentrado, no podrá salir de Génova antes del 30 de abril. El cuerpo de Baraguay d'Hilliers está en Provenza y, según unos informes, debía avanzar por Niza y el Col di Tenda; según otros, debía embarcarse y desembarcar en la costa mediterránea. El cuerpo de Canrobert debía dirigirse al Piamonte por el Mont Cenis y el Mont Genèvre, y todas las demás tropas seguirían por las mismas rutas a medida que fueran llegando.

Ahora bien, es seguro que ninguna tropa francesa pisó territorio sardo antes del 26 de abril, que tres divisiones del ejército de París se encontraban todavía en París el 24, de las cuales sólo una partió aquel día por ferrocarril hacia Lyon, y que la Guardia no estuvo lista para marchar hasta después del 27. Por consiguiente, suponiendo que todas las demás tropas enumeradas arriba estén concentradas en la frontera y listas para marchar, se dispone de ocho divisiones de infantería, es decir, 80.000 hombres. De ellas, 20.000 van a Génova; 20.000 a las órdenes de Baraguay, si es que van al Piamonte, irán por el Col di Tenda; y los 40.000 restantes bajo Canrobert y Niel irán por el Mont Cenis y el Mont Genèvre. Eso será todo lo que Louis-Napoleon podrá emplear hasta el momento en que su ayuda sea más necesaria, es decir, cuando los austriacos puedan estar ante Turín. Todo esto, dicho sea de paso, está en completa concordancia con las indicaciones que dimos hace semanas sobre esta cuestión. Ni siquiera con la ayuda de todos los ferrocarriles del mundo puede Louis-Napoleon hacer llegar a tiempo a sus cuatro divisiones restantes del ejército de París para que tomen parte en los primeros combates, a menos que permita a los austriacos disponer a su antojo de los piamonteses durante dos semanas enteras. Incluso si llevara ocho divisiones a través de los dos pasos de montaña, y el enemigo en su punto de reunión fuese sólo de fuerzas iguales, seguiría teniendo pocas perspectivas de éxito. Pero un hombre en su posición no puede permitir, por razones políticas, que el Piamonte sea arrollado por el enemigo durante catorce días, y por ello se verá obligado a aceptar batalla en cuanto los austriacos se la ofrezcan; y en esa batalla tendrá que combatir en circunstancias desfavorables. Cuanto más rápidamente lleguen los franceses a través de los Alpes, tanto mejor será para los austriacos.