Friedrich Engels

Las perspectivas de éxito de la guerra inminente

Escrito a fines de febrero de 1859.

Del inglés.

["New-York Daily Tribune" num. 5586, 17 de marzo de 1859, articulo de fondo]

Los más fervientes amigos de la paz en Europa empiezan a abandonar la última y débil esperanza en el mantenimiento de la paz, y en lugar de discutir la posibilidad de un arreglo pacífico, discuten ahora sobre las perspectivas de éxito que tienen los futuros beligerantes. Séanos, pues, permitido proseguir nuestras consideraciones sobre la importancia militar del valle del Po y sobre las oportunidades que ofrece para las maniobras de los ejércitos francés-sardo y austríaco, que se hallan frente a frente.

Ya hemos descrito la fuerte posición de los austríacos en el Mincio y el Adigio.
Volvámonos ahora hacia el otro lado. El Po, que corre principalmente de oeste a este, describe un considerable recodo y fluye a lo largo de unas dieciséis millas del noroeste al sudeste, tras lo cual recobra su dirección oriental. Este recodo se halla en territorio de Cerdeña, aproximadamente a 25 millas de la frontera austríaca. En el arco septentrional del río desemboca el Sesia, que baja de los Alpes hacia el sur, y en el meridional el Tanaro, que desciende de los Apeninos hacia el norte. En estos dos ríos, poco antes de su confluencia con la corriente principal, desembocan a su vez numerosos ríos menores, de modo que el terreno situado al oeste de ellos ofrece en el mapa el espectáculo de un dilatado sistema de líneas fluviales que, desde el anfiteatro de montañas que rodean el Piamonte por tres lados, convergen todas hacia un centro común, semejando los radios trazados desde la periferia de un círculo hacia su centro. Ésta es la fuerte posición defensiva del Piamonte, que como tal fue exactamente reconocida por Napoleón, pero descuidada tanto por él como por el gobierno sardo que sucedió a la dominación francesa; sólo

después de las derrotas de 1849 se organizó para la defensa. Pero aun entonces las obras defensivas se levantaron tan lenta y escasamente que en la actualidad se hallan incompletas, y fortificaciones que deberían tener escarpa y contraescarpa de mampostería se erigen ahora como simples atrincheramientos de campaña, a fin de estar listas para la defensa en primavera.

A orillas del Po, unas cuatro millas aguas arriba de la desembocadura del Sesia, se encuentra la ciudad de Casale, que fue y es fortificada para que sirva de apoyo al ala septentrional o izquierda de la posición. En la confluencia del Tanaro y el Bormida, ocho millas aguas arriba de la desembocadura de aquél en el Po, se halla Alessandria, la plaza más fuerte del Piamonte, actualmente convertida en centro de un gran campamento atrincherado que asegura el ala meridional o derecha de la posición. La distancia entre ambas ciudades es de dieciséis millas, y el Po corre por delante del camino que las une a una distancia de unas cinco a seis millas. El ala izquierda de un ejército que ocupara esta posición estaría cubierta, en primer lugar, por el Sesia y, en segundo, por Casale y el Po. El ala derecha queda cubierta por Alessandria y los ríos Orba, Bormida, Belbo y Tanaro, que confluyen muy cerca de Alessandria. El frente queda cubierto por el recodo del Po.

Si Cerdeña concentra en esta posición un ejército de 80.000 a 90.000 hombres, dispondrá de unos 50.000 para operaciones activas, dispuestos también a caer sobre los flancos de cualquier ejército que intentase flanquear la posición por Novi y Acqui, al sur, o por Vercelli, al norte. Turín puede, pues, considerarse bien cubierto por esta posición, tanto más cuanto esa capital posee una ciudadela que requiere un sitio regular antes de poder ser tomada, y ningún ejército que flanqueara semejante posición podría llevar a cabo un sitio sin haber expulsado antes al ejército piamontés de su campamento atrincherado. La posición de Casale y Alessandria tiene, sin embargo, un punto débil: carece de profundidad y su espalda está completamente desguarnecida. Los austríacos poseen entre el Mincio y el Adigio un cuadrilátero cubierto por cuatro fortalezas, una en cada ángulo. Los piamonteses tienen sobre el Po y el Bormida una línea con dos fortalezas, una en cada flanco, y un frente fácil de defender, pero su espalda está por completo al descubierto. Es cierto que flanquear Alessandria por el sur sería audaz y relativamente inútil, pero Casale puede ser flanqueada por el norte, si no por Vercelli, al menos por Sesto Calende, Novara, Biella, Santhià y Crescentino; y si un ejército superior cruza el Po aguas arriba de Casale y ataca a los piamonteses por la retaguardia,

éstos se verán obligados de inmediato a abandonar las ventajas de una posición fuertemente atrincherada y a combatir en campo abierto. Sería la contrapartida de Marengo, sólo que al otro lado del Bormida.

Después de haber descrito las dos bases de operaciones en la cuenca del Po —la base de los austríacos en un artículo anterior, la de los franceses y piamonteses en las observaciones precedentes—, vamos a examinar ahora qué uso puede hacerse de ellas. Una ojeada al mapa muestra que toda la parte nordeste de la cadena alpina perteneciente a Suiza, desde Ginebra hasta aproximadamente una milla antes del paso del Stelvio, es por ahora territorio neutral, hasta que uno u otro de los beligerantes juzgue oportuno violar esa neutralidad. Dado que los suizos poseen hoy en día una fuerza militar bastante considerable para fines defensivos, no es probable que tal cosa ocurra al comienzo mismo de la guerra. Por tanto, consideraremos por el momento a Suiza como realmente neutral e inaccesible para ambas partes. En este caso, los franceses tienen cuatro vías para entrar en el Piamonte. El ejército de Lyon tendrá que cruzar Saboya y pasar por el Mont Cenis. Un cuerpo más pequeño puede avanzar por Briançon y el Mont Genèvre. Ambos, procedentes de los montes, se reunirán junto a Turín. El ejército concentrado en la Provenza puede, en parte, marchar de Tolón a Alessandria por Niza y el Col di Tenda; la otra parte puede embarcarse en Tolón y ser transportada en vapores a Génova en mucho menos tiempo. Ambas partes tienen su punto de concentración en Alessandria. Hay aún algunos otros caminos hacia esos mismos puntos de concentración, pero o son inadecuados para el paso de grandes masas de tropas o no son tan ventajosos como los mencionados.

El dispositivo del ejército francés de Italia —podemos atrevernos a llamarlo así— se ha trazado ya de acuerdo con este estado de cosas. Los dos puntos principales de concentración son Lyon y Tolón; entre ambos, un cuerpo más pequeño en el valle del Ródano, listo para avanzar por Briançon. Para concentrar rápidamente un fuerte ejército francés en el valle del Po, detrás de Alessandria y Casale, es en efecto necesario utilizar todas las rutas arriba indicadas: el cuerpo más fuerte por Lyon y el Mont Cenis, el más débil por Briançon y el Mont Genèvre, y la mayor parte posible del ejército de la Provenza por la vía marítima a Génova; pues mientras un cuerpo que marche desde el Var por el Col di Tenda necesita más de diez días para llegar a Alessandria, por mar puede ir de Tolón a Génova en 24 horas y de allí a Alessandria en tres marchas forzadas o cuatro normales.

Pero supongamos, como es lo más probable, que Austria declara la guerra en cuanto un batallón francés entre en el Piamonte: ¿qué camino puede tomar su ejército de Italia? Puede permanecer en Lombardía y, con el arma al brazo, esperar la concentración de 200.000 franceses y 50.000 piamonteses, para luego retirarse a su base de operaciones del Mincio, abandonando toda Lombardía. Semejante proceder desalentaría a las tropas austríacas y animaría a sus adversarios con un éxito inesperadamente fácil de alcanzar. Puede también aguardar el ataque de franceses y piamonteses en la llanura abierta de Lombardía. En este caso sería batida por la superioridad numérica, ya que apenas puede oponer 120.000 hombres al doble de adversarios, y además se vería entorpecida por la insurrección italiana que estallaría en todo el país. Ciertamente podría alcanzar sus fortalezas, pero esa brillante base de operaciones quedaría reducida a una defensiva estéril, una vez perdida la capacidad ofensiva del ejército de campaña. El gran designio para el cual se creó ese sistema de fortalezas —servir a un ejército más débil como base para un ataque afortunado y protegido contra otro más fuerte— quedaría completamente aniquilado si no llega ayuda del interior de Austria. Mientras tanto, Peschiera y Legnago podrían caer, y las comunicaciones a través del territorio veneciano se perderían con toda seguridad. Cualquiera de estos modos de proceder sería desventajoso y, en verdad, inadmisible, a menos que lo dictara una necesidad imperiosa. Pero todavía queda otra posibilidad.

Los austríacos pueden poner en campaña al menos 120.000 hombres. Si eligen el momento oportuno, no tienen enfrente más que 90.000 piamonteses, de los cuales sólo 50.000 pueden tomar parte en la lucha. Los franceses llegan por cuatro rutas que conducen todas a Alessandria. Los ángulos entre esas cuatro rutas, es decir, entre las líneas Mont Cenis-Alessandria y Génova-Alessandria, suman en conjunto unos 140°; así pues, una acción conjunta de los diversos cuerpos franceses antes de su concentración queda completamente descartada. Ahora bien, si los austríacos eligen un momento favorable —hemos visto en 1848 y 1849 que pueden hacerlo— y marchan contra la base de operaciones piamontesa, ya sea atacándola de frente o flanqueándola por el norte, nos atrevemos a afirmar, con todo respeto a la bravura del ejército piamontés, que los sardos tendrían pocas probabilidades frente a la superioridad numérica de los austríacos. Tan pronto como los piamonteses fueran batidos en el campo y reducidos a una defensa pasiva de sus fortalezas, los austríacos podrían atacar por separado cada

cuerpo francés a medida que saliera de los Alpes o de los Apeninos, con fuerzas superiores. Incluso si se vieran obligados a retroceder, la retirada estaría asegurada mientras la neutralidad de Suiza cubriese su flanco norte, y el ejército, a su llegada a Mantua, estaría aún en condiciones de emprender una defensa activa y ofensiva de su base de operaciones.

Otra oportunidad para los austríacos sería tomar posición en Tortona y esperar a la columna francesa que, en su marcha de Génova a Alessandria, tendría que ofrecer allí el flanco a los austríacos. No obstante, esto sólo sería una ofensiva coja, pues los franceses podrían permanecer tranquilamente en Génova hasta que las otras columnas estuvieran concentradas en Alessandria; en ese caso, los austríacos no sólo se verían completamente burlados, sino que correrían incluso el peligro de ser aislados del Mincio y del Adigio.

Supongamos que los austríacos fuesen derrotados y tuvieran que retirarse a su base de operaciones; entonces los franceses, tan pronto como avanzaran más allá de Milán, correrían peligro de ser envueltos. La carretera del Stelvio conduce desde el Tirol, a través del valle del Adda, directamente a Milán. La carretera del Tonale por el valle del Oglio y la carretera de los Judikarien por el valle del Chiese llevan ambas al corazón de Lombardía y a la retaguardia de todo ejército que ataque el Mincio desde el oeste. Por el Tirol, Austria envuelve toda Lombardía-Venecia, y si se toman las disposiciones necesarias, puede en cualquier momento deparar a su enemigo, en la llanura de Lombardía, un Marengo. Mientras Suiza permanezca neutral, por otra parte, no puede aplicarse semejante ardid de guerra contra Austria en tanto ésta ataca el Piamonte.

En el estado actual de las cosas en Italia, la ofensiva sería, pues, lo más conveniente para Austria. Marchar directamente sobre un ejército mientras éste se halla aún concentrándose es una de las más grandiosas de aquellas grandes maniobras del arte moderno de la guerra que Napoleón supo ejecutar de manera tan excelente. Nadie ha experimentado esto mejor que justamente los austríacos; de ello dan testimonio Montenotte, Millesimo, Mondovi y Dego, Abensberg y Eggmühl. Que los austríacos han aprendido de Napoleón lo demostraron grandiosamente en Sommacampagna y Custozza, y sobre todo en Novara. La misma maniobra parece, por tanto, ser también actualmente la más ventajosa para la conducción de la guerra por Austria. Aunque exige gran vigilancia y aguardar el momento oportuno, los austríacos se dejarían escapar inmensas perspectivas de éxito si se limitaran a una mera defensa de sus territorios.