Friedrich Engels

El curso de la guerra

Escrito el 2 de junio de 1859.

["New-York Daily Tribune", núm. 5665, del 17 de junio de 1859, editorial]

Hasta ahora ha sido Garibaldi quien se ha llevado la gloria guerrera; y, ciertamente, no parece retroceder ante aquella osada temeridad contra la que Napoleón III previene a sus soldados. De repente, este caudillo de voluntarios se convirtió en el héroe de Italia, aunque la prensa bonapartista de este lado del Atlántico intente apropiarse de la gloria de sus hazañas para su propio gran héroe. Los laureles del general de cuerpos francos han despertado, al parecer, en el pecho de Viktor Emanuel el afán de emularle; y así se llegó al combate de Palestro, del que, desgraciadamente, hasta ahora sólo hemos recibido despachos telegráficos, y éstos únicamente desde el cuartel general sardo.

Según estos informes, la 4.ª división piamontesa, al mando de Cialdini, que unos días antes había cruzado el Sesia a la altura de Vercelli y pasado el tiempo siguiente escaramuzando contra los puestos avanzados austriacos, atacó el 30 de mayo la posición fortificada del enemigo en Palestro, Vinzaglio y Confienza. Los piamonteses batieron a la brigada que ocupaba dicha posición (muy probablemente la brigada del general Gablenz), pero, según se informó, a la mañana siguiente (31 de mayo) una fuerza de 25.000 austriacos intentó reconquistarla. Pretendían desbordar el flanco derecho de los piamonteses, con lo cual dejaban su propio flanco expuesto al cuerpo del general Canrobert (división Trochu), que había tendido un puente sobre el Sesia y se aproximaba. El Emperador ordenó de inmediato al 3.er regimiento de zuavos que apoyara a los piamonteses. «Aunque carecían de refuerzo», atacaron una batería austriaca, tomaron los seis cañones y empujaron a la tropa de cobertura a un canal, donde se dice que murieron ahogados 400 de ellos. El rey de Cerdeña se encontraba en lo más recio de la lucha y tan empeñado en aniquilar al enemigo que «los zuavos intentaron en vano refrenarle». Según el parte, los zuavos fueron conducidos personalmente por el general Cialdini. Finalmente, los austriacos tuvieron que replegarse, dejando en manos de los aliados 1.000 prisioneros y ocho cañones. «Las pérdidas de los austriacos —dicen los piamonteses— fueron muy cuantiosas; las de nuestras propias tropas se ignoran todavía». Al mismo tiempo se libró otro combate en Confienza, en el que el enemigo fue batido por la división del general Fanti. Hacia las 6 de la tarde, los austriacos intentaron un nuevo asalto contra Palestro, pero con igual falta de éxito. El 1 de junio, el general Niel entró en Novara con el cuarto cuerpo francés, sin encontrar resistencia, al parecer.

Desde que la paz de 1849 volvió a envainar la spada d'Italia, no habíamos tenido que leer un relato de batalla tan confuso y contradictorio. Y en nuestro resumen hemos omitido incluso algunos de los pasajes más enigmáticos. Los austriacos atacan con 25.000 hombres; ¿son enviados todos contra Palestro o incluyen las tropas batidas por Fanti en Confienza? Como no se precisa la fuerza de estas últimas, es seguramente acertado, teniendo en cuenta la extraordinaria veracidad de los comunicados piamonteses, concluir que el número total de austriacos empeñados en combate el 31 de mayo ascendía a unos 25.000. Ya veremos cuál era la fuerza que los batió. Cuando los piamonteses se ven en peligro, el Emperador ordena al 3.er regimiento de zuavos atacar. Cialdini los conduce, y el rey se precipita con ellos hacia donde el combate arreciaba más, mientras los zuavos intentan en vano contenerle.

¡Qué hermoso cuadro! ¡Qué magníficamente repartidos están los papeles! Luis Napoleón, «el Emperador», ordena atacar a los zuavos. Cialdini, el general, y además piamontés, los conduce: ¡un piamontés al frente de los zuavos franceses! «El Rey» se arroja entre ellos y combate bajo el mando de su propio general allí donde la lucha es más encarnizada. Pero se dice también que el rey había tomado el mando directo de la 4.ª división piamontesa, precisamente la de Cialdini. Lo que realmente pudo haber sido de la 4.ª división mientras Cialdini acaudillaba a los zuavos y el rey se lanzaba a lo más crudo del combate, quizás no lo sepamos nunca. Pero esto no nos sorprende en Viktor Emanuel. Durante la funesta batalla de Novara tuvo ocurrencias infantiles semejantes, descuidó su división y contribuyó así no poco a su propia derrota y al triunfo de Radetzky.

Sin embargo, de estos confusos informes sobre un combate cuyo verdadero carácter solo se revelará cuando recibamos los partes oficiales franceses y austriacos, podemos extraer algunos datos útiles. Hasta ahora, el extremo flanco izquierdo de los aliados lo había constituido el cuerpo francés del general Niel; se hallaba a orillas del Dora Baltea, al oeste de Vercelli. Inmediatamente después, en Casale, estaban las dos divisiones piamontesas (la 4.ª y la 3.ª), al mando de Cialdini y Durando. En Alessandria y Valenza se encontraban las divisiones piamontesas de Castelborgo (la 1.ª) y de Fanti (la 2.ª), los cuerpos franceses de Mac-Mahon y Canrobert y la Guardia, que constituían el centro. Al este de Alessandria, en Tortona, Novi y Voghera, estaban la 5.ª división piamontesa de Cucchiari y el cuerpo francés de Baraguay d'Hilliers.

Sin embargo, en Palestro y Confienza (localidades separadas apenas por tres millas) hallamos combatiendo no solo a Cialdini, sino también a Fanti, y aunque nada se dice de Niel, sí encontramos allí a Canrobert. Además, entró en acción el 3.er regimiento de zuavos, que no pertenece al cuerpo de Canrobert ni a ninguno de los otros tres cuerpos franceses. Por último, nos enteramos de que Luis Napoleón ha trasladado su cuartel general a Vercelli y de que el general Niel ocupó Novara un día después de la batalla. Esto demuestra un cambio decidido en el dispositivo del ejército aliado. El flanco izquierdo se componía antes del cuerpo de Niel, 26 batallones, y de la división de Cialdini, 14 batallones, en total 40 batallones; ahora ha sido reforzado con el cuerpo de Canrobert, de 39 batallones, y la división de Fanti, de 14 batallones, lo que suma 53 batallones; con ello, el total de este sector del ejército aliado asciende a 93 batallones. De estos, estaban confesadamente empeñados en mayor o menor medida en el combate de Palestro las dos divisiones piamontesas, 28 batallones, la división Trochu del cuerpo de Canrobert, 13 batallones, en total 25.000 piamonteses y al menos 11.000 franceses. Esto explica por qué fueron rechazados los 25.000 austriacos.

Pero este refuerzo del ala izquierda se llevó a cabo, evidentemente, con otro propósito; lo prueban el avance de Niel sobre Novara y el traslado del cuartel general de Luis Napoleón a Vercelli. Además, la probabilidad de que la Guardia le haya seguido hasta allí deja pocas dudas sobre las intenciones de los aliados. La Guardia refuerza las fuerzas acantonadas en el Sesia hasta un total de 127 batallones, y, como en Montebello, tropas del extremo flanco derecho pueden ser llevadas rápidamente por ferrocarril para participar a tiempo en una acción de envergadura. Así pues, quedan dos posibilidades. O bien Luis Napoleón prosigue el movimiento iniciado, desbordando por completo el ala derecha austriaca y desplegando el grueso de su ejército en la carretera que conduce de Vercelli directamente a Milán, entre Vercelli y Novara, a la vez que distrae a los austriacos con demostraciones en la línea del Po. O bien, mientras efectúa enérgicas demostraciones contra la derecha austriaca, concentra sus fuerzas principales en Valenza, donde se hallan Baraguay, Mac-Mahon y la Guardia con 99 batallones, y Cucchiari, Durando y Castelborgo con 42 batallones, que pueden ser reforzados mediante el rápido traslado del cuerpo de Canrobert y de algunos piamonteses a esta posición, con lo cual quedarían reunidos 170 batallones en un solo punto y podrían caer por sorpresa sobre el centro austriaco para desbaratarlo.

La franqueza con que el cuerpo de Canrobert (del que, a fin de cuentas, solo podía encontrarse allí la división Trochu) y los piamonteses de Fanti se desplegaron en el Sesia, mientras Luis Napoleón trasladaba su cuartel general a Vercelli con parecida ostentación, parece abogar por la segunda posibilidad. Pero no podemos sino formular conjeturas.

Mientras tanto, los austriacos se hallan, al parecer, aún en el Agogna, a pesar de que el Daily News de Londres informara de su retirada más allá del Ticino. Sus tropas se concentran cada vez más en un reducido espacio en torno a Garlasco. De tanto en tanto tienden sus tentáculos, como en Montebello o en Palestro, pero cuidan de no fragmentarse. Su fuerza es, como mínimo, de seis cuerpos de ejército, con 160 a 200 batallones (según cuántos hayan sido destacados para guarniciones). Las fuerzas parecen, pues, bastante igualadas. Unos días más, y los rayos ocultos entre las nubes tendrán que descargar.