Friedrich Engels

La campaña en Italia

[«Das Volk», núm. 4, del 28 de mayo de 1859]

La campaña en Italia, que dura ya cerca de un mes, ha tomado un rumbo singular e inesperado. Dos grandes ejércitos, cada uno con efectivos no muy inferiores a 200.000 hombres, se concentraron a la vista uno del otro en los primeros días de mayo. Mientras los puestos avanzados se han aproximado a tiro de cañón, ambas masas se observan, tienden de cuando en cuando sus antenas, aquí y allá, entran en ligeros conflictos en puntos aislados, realizan cambios de frente, prolongan uno u otro flanco, pero no llegan a chocar en masa. Esta manera de conducir la guerra parece inadecuada al moderno sistema de golpes decisivos rápidos; parece un retroceso frente a los movimientos fulminantes, las breves campañas de Napoleón.

Desde Napoleón, dos nuevos elementos han modificado sensiblemente la conducción de la guerra. El primero es la mejor cobertura de los Estados mediante campamentos atrincherados y grupos de fortalezas en puntos adecuados del terreno. Las fortalezas de la época napoleónica eran o demasiado insignificantes, o demasiado aisladas entre sí, o estaban en un terreno estratégicamente demasiado indiferente como para oponer grandes obstáculos a aquel modo de hacer la guerra. Una victoria en campo abierto o una marcha de flanqueo apartaba al ejército enemigo de sus fortalezas.

Lo que las fortificaciones son capaces de rendir lo demostraron Danzig en 1813, el cuadrilátero de fortalezas en Lombardía en 1848, Komorn en 1849 y Sebastopol en 1855. Ahora bien, la posición de los franco-piamonteses detrás del Po y del Tánaro, entre Casale, Alessandria y Valenza, forma un sistema de grupos de fortalezas que brinda protección a un ejército incluso contra una superioridad numérica considerable. A retaguardia de esta posición lograron los franceses, antes de la llegada de los austriacos, arrojar tantas tropas que un ataque perdió toda perspectiva de éxito decisivo, ganándose así tiempo para atraer al resto de las tropas francesas y para completar el material de equipo. La ofensiva austriaca quedó así detenida en Casale y Valenza, y como no era posible ni un ataque frontal ni un flanqueo serio de la posición, no le quedó otra cosa que realizar demostraciones sobre los flancos, al oeste del Sesia y al sur del Po, unidas a la requisa de los recursos aprovechables para el ejército en aquellos distritos.

El segundo elemento que ha modificado sensiblemente la conducción de la guerra desde Napoleón es el vapor. Sólo mediante ferrocarriles y barcos de vapor les fue posible a los franceses, durante los 5 días transcurridos entre la entrega del ultimátum austriaco y la entrada de los austriacos, arrojar al Piamonte tales masas de tropas que todo ataque austriaco contra la posición piamontesa hubo de carecer de resultado, y reforzar de tal modo esas masas durante la semana siguiente que el 20 de mayo, por lo menos, 130.000 franceses se hallaban en línea entre Asti y Novi.

Ahora bien, la corrupción y el desorden inevitables en la administración bajo la dominación caballeresco-industrial de un Luis Bonaparte hacen que los pertrechos de campaña franceses lleguen con lentitud y de manera deficiente. Un contraste ventajoso con ello lo constituye el orden y la rapidez con que los cuerpos de ejército austriacos fueron trasladados a Italia en plena capacidad de combate. De prolongarse la guerra, esto habrá de tener necesariamente influencia.

Los austriacos no pueden avanzar porque han chocado con la posición situada entre las fortalezas piamontesas; los franceses no pueden hacerlo porque su equipo de guerra no está aún completo. De ahí el estancamiento de los movimientos y de ahí el inmerecido interés que se concede al pequeño encuentro de Montebello. Todo el asunto se reduce a lo siguiente: Los austriacos recibieron la noticia de que los franceses desplazaban su ala derecha en dirección a Piacenza, movimiento que hacía suponer el propósito de atravesar el Po entre Pavía y Piacenza y flanquear así la posición austriaca en la Lomellina rumbo a Milán. El quinto cuerpo de ejército austriaco (Stadion) envió, pues, 3 brigadas a través de un puente tendido en Vaccarizza (río abajo de Pavía) sobre el Po, para ocupar la posición frente a la Stradella y efectuar un reconocimiento hacia Voghera. Estas 3 brigadas chocaron en Casteggio con los puestos avanzados de los aliados y en Montebello con la primera brigada de la división francesa Forey, a la que rechazaron desde Montebello. Llegó poco después la segunda brigada francesa y los austriacos fueron entonces, tras una lucha encarnizada, expulsados del pueblo; rechazaron un ataque a Casteggio y pusieron a los franceses en desordenada retirada hacia Montebello, que sin duda habrían tomado (la mayor parte de sus tropas no había entrado aún en combate) de no haber llegado entre tanto una brigada de la división francesa Vinoy. A la vista de estos refuerzos, los austriacos se detuvieron en su avance. Habían logrado su objetivo: sabían ahora dónde estaban las masas de tropas más próximas del ala derecha francesa y se retiraron sin ser hostilizados de Casteggio hacia el Po y luego, a través del mismo, de vuelta al grueso del ejército, con la certeza de que los franceses, hasta el momento, no habían emprendido ningún movimiento serio contra Piacenza. Los austriacos tienen toda la razón en mantenerse concentrados en la margen izquierda del Po mientras no tengan una razón de peso para lanzar todo su ejército a la margen derecha; toda división del ejército, a caballo <un despliegue a ambos lados> del río, sería un error, y el puente de Vaccarizza, con su cabeza de puente, basta para permitirles el paso en cualquier momento y tomar de flanco un avance francés hacia la Stradella.

Garibaldi, al frente de 5.000 voluntarios, ha flanqueado el ala derecha austriaca y se encuentra ya en suelo lombardo. Según las últimas noticias, los austriacos se hallan ya a su espalda, y corre gran peligro de ser aislado, lo que sin duda sería muy grato al libertador Bonaparte.

El príncipe Napoleón Plon-Plon ha recibido el encargo de organizar en Livorno (Toscana) un cuerpo de ejército que caiga sobre el flanco de los austriacos. Los soldados franceses se enfadan, y los austriacos se ríen.

El sábado y el domingo, los sardos intentaron establecerse en la margen izquierda del Sesia, pero fueron impedidos por los austriacos.