Karl Marx EL TRATADO ANGLO-CHINO El infructuoso resultado, desde el punto de vista comercial, del tratado chino de sir Henry Pottinger, finnado el 29 de agosto de 1842 y, como todos los tratados con China, impuesto a fuerza de cañones, es una realidad que ahora recuerda inclusive ese eminente órgano del libre cambio británico, The London Economist. Este periódico, que se destacó como uno de los más finnes apologistas de la última invasión a China, se siente ahora obligado a "moderar" las confiadas esperanzas que se han alentado en otroi; sectores. The Economist considera que los efectos del tratado de 1842 sobre el comercio de exportación británico son "un precedente que debe prevenirnos contra los resultados de operaciones erróneas". Un sano consejo, por cierto. Pero las razones que alega Mr. Wilson par~ explicar el fracaso del primer intento de ampliar por la fuerza el mercado chino para la producción occidental, están muy lejos de ser concluyentes. La primera gran causa del notable fracaso es el abarrotamiento especulativo del mercado chino durante los tres años que siguieron a la finna del tratado Pottinger, y la negligencia de los comerciantes ingleses respecto de la naturaleza de la demanda china. Las exportaciones inglesas a China, que en 1836 fueron de !. 1.326,388, disminuyeron en 1842 a i 960.000. Por las siguientes cifras puede apreciarse su aumento rápido y continuado durante los seis años posteriores: 1842 ............f. 969.000 1844 ...........!. 2.305.000 1843 ............!. 1.456.000 . 1845 ...........!. 2.396.000 Sin embargo, en 1846 las exportaciones no sólo descendieron por debajo del nivel de 1836, sino que los desastres que cayeron sobre las finnas comerciales chinas en Londres durante la crisis de 1847 demostraron que el valor calculado de las exportaciones desde 1843 a 1846, tal como aparece en las tablas oficiales, de ninguna manera correspondió al valor verdaderamente realizado. Los exportadores ingleses que de esa manera erraron en la cantidad, no erraron menos en el tipo de artículos ofrecidos al consumo chino. Como prueba de esta última afirmación, The Economist cita a Mr. W. Cooke, ex corresponsal de The London Times en Shanghai y Cantón, y trascribe el siguiente pasaje: "En 1843, 1844 y 1845, cuando acababan de abrirse los puertos del norte, los ingleses enloquecieron de alegría. Una importante firma de Sheffield envió una gran partida de cuchillos y tenedores, y manifestó estar dispuesta a proveer de cuchillería a toda China. Se vendieron a precios que apenas pagaban el flete. Una famosa casa londinense envió una enorme partida de pianos, que .tuvieron la misma suerte. Lo que sucedió en el caso de la cuchillería y los pianos ocurrió también, en forma menos notable, en el caso de las manufacturas de estambre y algodón. Manchester realizó un esfuerzo enorme e insensato cuando se abrieron los puertos, y el esfuerzo resultó un fracaso. Desde entonces ha caído en la apatía y confía en el rubro casualidades". Por último, para demostrar en qué forma la reducción, conservación o mejoramiento del comercio dependen de las necesidades del consumidor, The Economist trascribe, citando a la misma autoridad, el siguiente informe para 1856: Telas de estambre (piezas) Barragán Longellª Prendas de lana Algodones estampados Algodones lisos Hilados de algodón, lbs. 13 569 13 374 91 S30 62 731 100 61 S 2 998 126 2 640 098 8 415 8 034 75 784 56 996 81 ISO 1 8S4 740 S 324 oso 7 428 4 470 36 642 88 S83 281 784 2 817 624 5 579 600 Ahora bien, todos estos argumentos y ejemplos no explican nada, fuera de la reacción que siguió al abarrotamiento del mercadb de 1843-45. Es un fenómeno en modo alguno peculiar del comercio chino que una repentina expansión comercial sea seguida por sus violentas contracciones, o que un nuevo mercado, al abrirse, sea ahogado por un exceso de mercancías británicas: los artículos que ª Longell: Tosca tela de algodón.

se lanzan a él no son muy bien estudiados con respecto a las necesidades reales o al poder adquisitivo de los consumidores. En realidad, es ésta una característica permanente en la historia de los mercados del mundo. Cuando se abrió el continente europeo al caer Napoleón, las exportaciones británicas fueron tan desproporcionadas en relación con las posibilidades de absorción continentales, que "la transición de la guerra a la paz" demostró ser más desastrosa que el propio sistema continental. El reconocimiento por Canning de la independencia de las colonias españolas en América contribuyó también a la crisis comercial de 1825.15. Mercaderías destinadas al meridiano de Moscú fueron enviadas entonces a México y Colombia Y en nuestros días, a pesar de su elasticidad, ni siquiera Australia ha escapado al destino común a todos los nuevos mercados, de ver saturados, tanto su capacidad de consumo como sus medios de pago. El fenómeno peculiar del mercado chino es el de que, desde su apertura por el tratado de 1842, las exportaciones a Gran Bretaña de té y seda originarios de China han aumentado continuament.e, mientras la importación a China de manufacturas británicas se ha mantenido en general estacionaria. Puede decirse que la continua y creciente balanza comercial a favor de China tiene analogía con la balanza comercial entre Rusia y Gran Bretaña; pero entonces, en son este último caso, todo se explica por la política proteccionista de Rusia, en tanto que los derechos de importación chinos más bajos que los de cualquier otro país con los cuales comercia Inglaterra. El valor total de las exportaciones chinas a ésta, que antes de 1842 podía calcularse en unos 7.000.000 de libras, fue en 1856 de 9.500.000. Mientras que la cantidad de té importado a Gran Bretaña antes de 1842 nunca llegó a mM de 50.000.000 de libras, aumentó en 1856 a alrededor de 90.000.000. Por otra parte, la importancia de las importaciones británicas ·de sedas chinas sólo· data de 1852. Su progreso puede deducirse de las siguientes cifras: Seda importada Valor Seda importada Valor 1852 ,._, 2 418 343 lbs. 4 576 706 " 3318112 4 436 862 3013 396 2 838 047 3 723 693 3 676 116 Por otra parte, tomemos ahora el movimiento de las exportaciones británicas a China evaluadas en libras esterlinas: 1834 1835 t 842 825 t 1074 708 1836 1838 t 1326 388 t 1204 356 En el período que siguió a la apertura de los mercados en 1842, y a la adquisición de Hongkong por los ingleses, hallamos los si• gtiientes datos: 1845 1846 1848 1852 t 2 359 000 .f. 1200 000 t 1445 950 t 2 508 599 t 1 749 597 t 1 000 716 t 1122 241 1856 más de t 2 000 000 The Economist trata de explicar el estancamiento y la disminución relativa de la exportación de manufacturas británicas a China, por la competencia extranjera, y otra vez cita a Mr. Cooke para que lo atestigüe. Según esta autoridad, los ingleses son derrotados por una franca competencia en el mercado chino, en muchas ramas del comercio. Los norteamericanos, dice, superan a los ingleses en dril y tela para sábanas. En 1856 .entraron a Shanghai 221. 716 . piezas de dril norteamericano contra 8. 745 de Inglaterra, y 14.420 piezas de tela para sábanas, contra 1.240. En géneros de lana, por otra parte, se dice que Alemania y Rusia presionan con energía a sus rivales ingleses. No necesitamos más pruebas que este ejemplo para convencemos de que Mr. Cooke y The Economist se equivocan en la apreciación que hacen del mercado chino. Consideran exclusivas del comercio anglo-chino características que se reproducen exactamente en el comercio entre Estados Unidos y el Celeste Imperio. En 1837 el excedente de las exportaciones chinas a Estados Unidos sobre las importaciones a China era de unas 860.000 libras. Durante el período inmediatamente posterior al tratado de 1842, Estados Unidos recibió un promedio anual de 2.000.000 de libras en productos chinos, por lo que nosostros pagamos 900.000 libras en mercancías norteamericanas. De 1.602.849 libras a que ascendió en 1855 el total de las importaciones de Shanghai, excluyendo el metálico y el opio, Inglaterra proporcionó 1.122.'241 H· bras, Norte'América 272. 708 y otros países 207.900, mientras que las exportaciones chinas alcanzaron un total de 12.603.540 libras, de las cuales 6.405.040 correspondieron a Inglaterra, 5.396.406 a Norteamerica y 102.088 a otros países. Compárese solamente las exportaciones norteamericanas, por un valor de 272. 708 libras, y sus importaciones de Shangai, que exceden los 5 millones de libras. Si a pesar de todo la competencia norteamericana ha abierto una brecha de cierta magnitud en el comercio británico, cuán limitado debe de ser el campo que el mercado chino ofrece para el conjunto del comercio de las naciones extranjeras. La última causa adjudicada a la escasa importancia del mercado importador chino desde su apertura en 1842, es la revolución china, pero a pesar de esa revolución, las exportaciones a China participa• ron relativamente, en 1851-52, del incremento general del comercio, y durante toda la época revolucionaria, el comercio del opio, en lugar de decaer, alcanzó rápidamente dimensiones colosales. Sea como fuere, es preciso admitir que todos los obstáculos a las importaciones que tienen por origen el estado perturbado del imperio han de aumentar, y ·no disminuir, con la última guerra piratesca y con las recientes humillaciones de que ha sido objeto la dinastía reinante. Después de un examen cuidadoso de la historia del comercio chino, parece que, hablando en términos generales, se ha sobrestimado en gran medida la capacidad de consumo y de pago de los chinos. Con la actual estructura económica de la sociedad china, que tiene como eje central la pequeña agricultura y la manufactura doméstica, no hay ni que pensar en una gran importación de productos extranjeros. A pesar de ello, hasta la cantidad de 8.000.000 de libras, suma que aproximadamente puede calcularse como total de la diferencia comercial a favor de China, y contra Inglaterra y Estados Unidos, la primera podría absorber un excedente de mercancías inglesas y norteamericanas, siempre que se eliminara el comercio del opio. Se llega necesariamente a esta conclusión con el análisis del simple hecho de que -las finanzas y la circulación monetaria chinas, a pesar de la balanza comercial favorable, se hallan seriamente deterioradas por una importación de opio que alcanza a los 7.000.000 de libras. Sin embargo, John Bull, acostumbrado a jactarse de sus elevadas normas morales, prefiere hacer subir su balanza comercial adversa con periódicos tributos de guerra, arrancados a China con pretextos de piratas.. Pero olvida que si los métodos cartagineses y romanos de hacer pagar a los pueblos extranjeros se combinan en una ~ola mano, chocarán sin duda alguna entre sí y se destruirán mutuamente.ª Escrito el 10 de setiembre de 1858. Publicado en New-York Daily 'Tribune núm. 5.446, del 5 de octubre de 1858. a Por supuesto, cuando Marx habla de arrancar dineto .con el método cartaginés, 1e refiere a que los cartagineses saqueaban a otros pueblos, por lo general, con incursiones de piratería, a diferencia del método de Roma, según el cual la población local avasallada por los romanos les pagaba sistemáticamente un tributo.