CARLOS MARX NOTAS FINANCIERAS Según los optimistas de la prensa de aquí, la crisis de los negocios, en Inglaterra, ha llegado a su punto final y el comercio y la industria vuelven a desarrollarse en línea ascendente. El hecho del que extraen esta confortadora conclusión es el alivio del mercado monetario. Én efecto, han aumentado las reservas oro atesoradas en el Banco de Inglaterra y éste ha reducido el tipo de interés. El 20 de enero de 1855 las reservas oro ascendían solamente a 12.162.000 libras esterlinas; el 12 de mayo de 1855 habían subido ya a 16.045.000 libras, lo que representa un aumento de 3.883.000 libras esterlinas. El tipo de interés, que el 20 de enero de 1855 estaba fijado en el 5 por ciento, fue rebajado por el Banco, el 31 de marzo, al 4>Y2 y el 28 de abril al 4 por ciento.

Pero estos señores pasan por alto una cosa, y es que la acumulación del oro en las bóvedas del Banco y el descenso del tipo de interés pueden responder a otra causa que no sea precisamente el florecimiento de los negocios, y cabalmente a la causa contraria: a la paralización de los negocios y, como consecuencia de ello, al descenso de la demanda de capital. Y que ésta es la causa real que ahora se da lo revelan los resúmenes que semanalmente publica el Banco de Inglaterra. Lo que ocurre es que no hay que fijarse exclusivamente, como hacen aquellos optimistas, en dos rúbricas de estos cuadros, las que indican las reservas oro y el tipo de interés. Hay que cotejar estos datos con otras rúbricas, que son las de los billetes de banco en reserva y las de las letras de cambio descontadas. Como es sabido, el Banco de Inglaterra se divide en dos departamentos distintos: el Issuing department (departamento de emisión) y el Banking department (departamento bancario). Podemos llamar al primero la Casa de la moneda del Banco de Inglaterra. Su función consiste en fabricar billetes de banco. Una ley de 1844, propuesta por Robert Peel, puso un límite legal a esta fabricación de billetes. En efecto, el Banco, si sobrepasa la suma de 14 millones de libras esterlinas, que representan el capital que el Estado le adeuda, no puede emitir billetes por más valor que el del oro acumulado en sus bodegas. Por ejemplo, si el Banco emite billetes por valor de 20 millones de libras esterlinas, necesita tener bajo sus bóvedas el oro suficiente para cubrir 6 millones. Pues bien, la-'incumbencia del Issuing department del Banco se limita a la impresión y emisión de billetes, con arreglo a esta regulación. Este departamento pasa el total de los billetes por él fabricados al Banking department, que es el verdadero banco, el cual hace sus operaciones con el público, como cualquier otro banco de depósito y de descuento, y que se encarga de poner en circulación los billetes emitidos, mediante el descuento de letras, el anticipo de sumas sobre títulos rentables, el pago de dividendos a los acreedores del Estado, reintegración de las cantidades depositadas en el banco, etc. Robert Peel implantó este bello invento de la separación del Banco de Inglaterra en dos departamentos independientes entre sí, juntamente con aquella reglamentación en cuanto al volumen de los billetes emitidos, porque creía que de este modo se salía al paso de todas las futuras crisis monetarias, ajustando la circulación de papel-moneda por medio de una ley mecánica automática. Pero el famoso y tan ensalzado estadista no echó de ver un hecho bastante importante, y es que su reglamentación sólo abarcaba la circulación entre el Issuing y el Banking department, entre dos oficinas del Banco de Inglaterra, pero no, ni mucho menos, la circulación entre el departamento bancario y el mundo exterior. El departamento de emisión del Banco ponía en manos del departamento bancario todos los billetes que legalmente podía fabricar, por ejemplo 20 millones, siempre y cuando que tuviese en sus arcas oro para cubrir 6 millones. Ahora bien, la parte de estos 20 millones que entra realmente en circulación depende del estado de los negocios, de las necesidades y de la demanda del mundo comercial. El resto, que el Banco no acierta a poner en circulación y que se queda, por tanto, ocioso en las arcas del Banking department, figura en los resúmenes contables del Banco bajo la rúbrica de Billetes de banco en reserva.

Pues bien, habiendo visto que las reservas oro del Banco, del 20 de enero de 1855 al 12 de mayo de 1855, aumentaron en 3.883.000 libras esterlinas, encontramos ahora que, durante el mismo período, el volumen de los billetes de banco en reserva aumentó de 5.463.000 a 9.417.050, es decir, en 3.954.000 libras esterlinas.

A medida que aumenta la cuantía de los billetes de banco en reserva, es decir, ociosos en las arcas del Banking department, disminuye la cantidad representada por los billetes que se hallan realmente en circulación. Ahora bien, de las cifras transcritas más arriba se deduce que, a la par con la acumulación del oro en las bóvedas del Banco, ha disminuido la masa de los billetes circulantes entre el público. ¿De dónde proviene esta retracción de la masa circulante? Sencillamente, de la baja de las transacciones, de la disminución de las operaciones comerciales. Y que esta apreciación que hacemos es certera se demuestra sin dejar lugar a dudas observando en el mismo resumen contable del Banco el hecho de que el valor de las letras de cambio descontadas por él alcanzaba, el 20 de enero de 1855, a la suma de 25.282.000 libras esterlinas y, en cambio, el 12 de mayo de 1855 a 23.007.000 solamente, lo que acusa un descenso de 2.275.000 libras esterlinas. Y el valor de las letras de cambio descontadas es el barómetro más seguro para medir la masa de negocios que el Banco realiza con el mundo comercial. Y el resultado es todavía más palmario si se tiene en cuenta que, el 28 de abril, el Banco rebajó su tipo de interés al 4 por ciento, lo que quiere decir que ofrecía su mercancía —el capital— un 20 por ciento más barato que en el mes de enero anterior. Y desde el 28 de abril, en que el Banco ha reducido el tipo de interés, hasta el 22 de mayo, la masa de billetes de banco emitidos para el descuento de letras ha disminuido en vez de aumentar, prueba de que, bajo la coyuntura actual, no ha encontrado salida el capital, ni siquiera el 4 por ciento; prueba, además, de que la baja del tipo de interés no puede atribuirse a la mayor afluencia de capitales, sino simplemente a la menor demanda de empresas comerciales e industriales; y prueba, por último, de que el incremento de la reserva metálica en los sótanos del Banco no es más que el incremento del capital ocioso y no valorizable en el momento actual.

Tomado de la Neue Oder-Zeitung de 22 mayo 1855.