Karl Marx

[Crisis comerciales y circulación del dinero en Inglaterra]

Escrito el 10 de agosto de 1858.

[«New-York Daily Tribune», núm. 5414, del 28 de agosto de 1858, artículo de fondo]

No hay probablemente ningún punto en la economía política acerca del cual exista un malentendido tan extendido como el de que, mediante la expansión o la contracción de los medios de circulación, se influye sobre el nivel general de los precios, influencia que, según la opinión general, ejercen los bancos de emisión. La idea de que los bancos habrían ampliado en exceso la circulación del dinero y producido así un alza inflacionista de los precios, que finalmente se corrige por la fuerza mediante un crac, es un método demasiado barato para explicar cada crisis como para que no se recurriera a él con avidez. Nótese bien: la cuestión no es si los bancos pueden contribuir a desarrollar un sistema ficticio de crédito, sino si está en su poder determinar la cantidad de medios de circulación que se halla en manos de la población.

Lo que probablemente no se discuta es la tesis de que el interés de todo banco de emisión exige mantener en circulación la mayor cantidad posible de sus propios billetes. Si de algún banco puede suponerse que sea capaz de unir el poder con la voluntad, ése es, ciertamente, el Banco de Inglaterra. Ahora bien, si consideramos, por ejemplo, el período de 1844 a 1857, encontraremos que, salvo en tiempos de pánico, el Banco jamás ha estado en condiciones de ampliar la circulación de sus billetes hasta el límite legal, a pesar del privilegio de lanzar sus billetes al mercado mediante la compra de empréstitos públicos y a pesar de las reiteradas reducciones de la tasa de interés. Pero hay aquí otro fenómeno aún más llamativo. Durante el lapso de 1844 a 1857 el comercio general del Reino Unido se ha triplicado aproximadamente. La exportación británica, como sabemos, se ha du-

plicado en los últimos diez años. Pero, al mismo tiempo que este gigantesco aumento del comercio, la circulación de billetes del Banco de Inglaterra ha disminuido de hecho y sigue disminuyendo. Considérense las siguientes cifras:

Exportación

Circulación de billetes

1845

60.110.000 lib. est.

20.722.000 lib. est.

1854

97.184.000 lib. est.

20.709.000 lib. est.

1856

115.826.000 lib. est.

19.648.000 lib. est.

1857

122.155.000 lib. est.

19.467.000 lib. est.

Así, con un aumento de la exportación de 62.045.000 lib. est., la circulación de dinero ha caído en 1.255.000 lib. est., a pesar de que durante el mismo período, a consecuencia de la Ley Bancaria de 1844, ha aumentado el número de sucursales del Banco de Inglaterra y ha disminuido el de los bancos provinciales de emisión que competían con él, y sus propios billetes se han convertido en medios legales de pago para los bancos provinciales. Podría tal vez suponerse que las monedas de oro, afluidas de fuentes nuevas y ricas, han contribuido a desplazar una parte de los billetes del Banco de Inglaterra, llenando canales de la circulación en los que antes circulaban esos billetes. En efecto, el señor Weguelin, gobernador del Banco de Inglaterra en 1857, declaró ante la comisión de la Cámara de los Comunes que personas sumamente competentes habían estimado en un 30 por ciento el aumento de la circulación de oro durante los últimos seis años. La circulación total de oro ascendía ahora, según creía, a 50.000.000 de lib. est. Sin embargo, este incremento de monedas de oro guardaba tan poca relación con la disminución de la circulación de billetes, que, por el contrario, la cantidad de los billetes más pequeños, los de 5 y 10 lib. est. —los únicos que en el pequeño comercio y en la circulación de mercancías entre comerciantes y consumidores pueden ser sustituidos por monedas— aumentó de hecho al mismo tiempo que crecía la circulación metálica. Las proporciones de semejante aumento quedan reflejadas en el cuadro siguiente:

Billetes de 5 y 10 libras

Porcentaje de la circulación total de billetes

1845

9.698.000 lib. est.

46,9

1854

10.565.000 lib. est.

51,0

1855

10.628.000 lib. est.

53,6

1856

10.680.000 lib. est.

54,4

1857

10.659.000 lib. est.

54,7

La disminución se ha limitado, pues, a los billetes mayores, billetes de 200 a 1.000 lib. est., que desempeñan funciones de la circulación interna de las que el dinero en moneda propiamente dicho se halla casi excluido. El ahorro obtenido de estos billetes fue tan grande que, pese a la expansión del comercio, a la subida general de los precios y al aumento de la pequeña circulación de billetes, la circulación total de billetes siguió disminuyendo gradualmente. La masa de billetes de banco de 200 a 1.000 lib. est. descendió de 5.856.000 lib. est., a que ascendía en 1852, a 3.241.000 lib. est. en 1857. Mientras en 1844 representaban aún el 26 por ciento, en 1854 representaban sólo el 20,5, en 1855 sólo el 17,5, en 1856 sólo el 16,9 y en 1857 sólo el 16,7 por ciento de la circulación total.

Este nuevo fenómeno en la circulación de papel moneda de Gran Bretaña surgió de la creciente competencia de los bancos por acciones de Londres con los bancos privados y de la acumulación de ingentes sumas en sus manos como consecuencia de su práctica de conceder intereses sobre los depósitos. El 8 de junio de 1854, tras una larga pero vana resistencia, los banqueros privados de Londres se vieron obligados a admitir a los bancos por acciones en el sistema de compensación, y poco después se reguló la compensación final en la esfera del Banco de Inglaterra. Como las liquidaciones diarias se efectúan ahora mediante transferencias a las cuentas que los distintos bancos tienen en este instituto, los grandes billetes que antes utilizaban los banqueros para saldar sus cuentas recíprocas perdieron un amplio campo de aplicación y, en consecuencia, desaparecieron en gran parte de la circulación. Entretanto, los nueve bancos por acciones de Londres habían aumentado sus depósitos de 8.850.774 lib. est. en 1847 a 43.100.724 lib. est. en 1857, como se desprende de sus informes comerciales publicados. Por consiguiente, cualquiera que haya sido la influencia que los bancos hayan ejercido sobre la tendencia general del comercio y sobre los precios, ha tenido que producirse mediante el empleo de sus depósitos, es decir, mediante operaciones de crédito, y no mediante una emisión excedente de billetes, que ni siquiera pudieron mantener en circulación hasta el antiguo límite de la misma.

Cuán poco dinero efectivo, como billetes del Banco de Inglaterra y oro, interviene en las grandes transacciones del comercio británico puede deducirse de manera convincente del análisis de una serie conexa de operaciones comerciales por valor de varios millones de libras esterlinas anuales, que el señor Slater, socio de una de las mayores casas de Londres, presentó a la comisión de la Cámara de los Comunes. Las magnitudes de ingresos y pagos correspondientes al año 1856 se han reducido aquí a la escala de 1.000.000 de lib. est. y son las siguientes:

Ingresos

Lib. est.

Letras y pagarés de banqueros y comerciantes pagaderos a fecha

533.596

Cheques de banqueros, etc., pagaderos a la vista

357.715

Billetes de bancos provinciales

9.627

Suma

900.938

Billetes del Banco de Inglaterra

68.554

Oro

28.089

Plata y cobre

1.486

Giros postales

933

Suma

99.062

Suma total

1.000.000

Pagos

Lib. est.

Letras pagaderas a fecha

302.674

Cheques sobre banqueros de Londres

663.672

Suma

966.346

Billetes del Banco de Inglaterra

22.743

Oro

9.427

Plata y cobre

1.484

Suma

33.654

Suma total

1.000.000

Estas cifras pueden servir como ilustración del gran comercio británico, que tiene su centro en Londres. Se muestra aquí que, de los fondos ingresados, los billetes del Banco de Inglaterra representan menos del 10 por ciento y el oro y la plata sólo el 3 por ciento de los medios de circulación. De los pagos efectuados, sólo el 2 por ciento se realizó en billetes del Banco de Inglaterra y únicamente el 1 por ciento en oro y plata de los medios de circulación. En cambio, los ingresos se efectuaron en una proporción del 90 por ciento y los desembolsos en casi el 97 por ciento en aquella parte de los medios de circulación que está constituida por el crédito y el capital de los propios comerciantes.

Del análisis de las emisiones de los bancos de Nueva York —digamos, de los últimos seis años— hemos de llegar al mismo resultado, a saber, que el importe de los billetes en circulación está fuera del

control de los propios bancos y que ha disminuido de hecho precisamente en una época en que el comercio se expandía y los precios generales estaban sometidos a un proceso inflacionista que condujo al crac. La vulgar concepción que atribuye la última crisis, y las crisis en general, a una emisión excesiva de billetes de banco debe, por tanto, ser rechazada como completa y absolutamente errónea.