KARL MARX

LÍNEAS FUNDAMENTALES DE LA
CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA
(GRUNDRISSE)

1857-1858

INTRODUCCIÓN

A. Introducción

1) La producción en general.
2) Relación general entre producción, distribución, cambio y consumo.
3) El método de la economía política.

4) Medios de producción (fuerzas productivas) y relaciones de producción;
relaciones de producción y relaciones de tráfico, etc.

La Introducción se encuentra en el cuaderno marcado con la letra M. Fue iniciado
el 23 de agosto de 1857 y fue dejado de lado alrededor de la mitad de septiembre

## A. INTRODUCCIÓN

### I PRODUCCIÓN, CONSUMO, DISTRIBUCIÓN, CAMBIO (CIRCULACIÓN)

### 1) Producción

### Individuos independientes. Ideas del siglo XVIII

a) El objeto de nuestra investigación es ante todo la producción ma-
terial.

El punto de partida, naturalmente, está constituido por los indi-
viduos que producen en sociedad, es decir, por la producción de los
individuos socialmente determinada. El pescador y cazador individual
y aislado, con el que comienzan Smith* y Ricardo? pertenece a las
imaginaciones carentes de fantasía de las Robinsonadas del siglo XVIII,
que en modo alguno expresan, como se imaginan los historiadores de
la civilización, simplemente una reacción frente al superrefinamiento
y un retorno a una vida natural mal comprendida. De la misma forma
que tampoco descansa sobre tal naturalismo el contrato social de Rous-
seau* que pone en conexión y relación mediante el contrato a sujetos

1 Cfr. Apam SMITH, Án Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of
Natioms. With Notes from Ricardo, McCulloch, Chalmers, and Other Eminent
Political Economists, Edited by EbwaArb GIBBON WAKEFIELD, etc. Á new edition
in four volumes, London 1843, Vol. 1, pág. 2 <Investigación sobre la naturaleza
y las causas de la riqueza de las naciones, México 1958, pág. 4).

2 Cfr. Davip RicarDo, On the Principles of Political Economy and Taxation.
Third Edition, London 1821, pág. 3 <Principios de economía política y tribu-
tación, México 1959, pág. 10).

3 Cfr. Jean-Jacques Rousseau, Du Contrat Social, Livre 1, chapitre II.


independientes por naturaleza. Ésta es la apariencia, y la apariencia
exclusivamente estética, de las pequeñas y de las grandes Robinsona-
das. Se trata más bien de la anticipación de la «sociedad civil»; que
se preparaba desde el siglo xvI y que en el XVIII marchaba a pasos de gi-
gante hacia su madurez. En esta sociedad de la libre competencia el
individuo se presenta desprendido de los lazos naturales, etc., que lo
convertían en épocas históricas anteriores en un elemento accesorio de
un conglomerado humano limitado, determinado. A los profetas del
siglo XVIII, sobre cuyos hombros se apoyan todavía por completo Smith
y Ricardo, este individuo del siglo XVII —producto por una parte de
la disolución de las formas sociales feudales, y por otra de las nuevas
fuerzas productivas desarrolladas desde el siglo xvi— se les presen-
ta como un ideal cuya existencia pertenece al pasado. Se les presenta no
como un resultado histórico, sino como punto de partida de la historia.
Ya que, en cuanto individuo conforme a la naturaleza, o mejor dicho,
en cuanto individuo conforme a su representación de la naturaleza hi:
mana, dicho individuo no se les presentaba en cuanto individuo que
surge históricamente, sino en cuanto individuo puesto por la naturaleza.
Esta confusión ha sido hasta el momento propia de toda época históri-
ca. Steuart, que desde muchos puntos de vista está en oposición al si-
glo xvi y que en cuanto aristócrata descansa más sobre un terreno
histórico, ha evitado esta ingenuidad.

Cuanto más nos remontamos en la historia, tanto más se nos pre-
senta el individuo, y, por lo tanto, también el individuo productor,
como dependiente, como perteneciente a un todo mayor: primero de
forma todavía completamente natural en la familia y en la familia am-
pliada que se convierte en tribu; más tarde en la comunidad en sus
diferentes formas que procede de la contraposición y fusión de las tri-
bus.* Sólo en el siglo XVII, en la «sociedad civil», las diferentes formas
de la conexión social se le enfrentan al individuo como un simple me-
dio para sus fines privados, como una necesidad externa.* Pero la época
que engendra este punto de vista, el del individuo aislado, es precisa-
mente la época de las relaciones sociales más desarrolladas hasta el mo-

4 Cfr. Georg Wilhelm Friedrich HEGEL, Sámtliche Werke. Jubiláumsausgabe
in zwanzig Bánden, herausgegeben von Glockner, Stuttgart 1927-1929, Band VII,
págs. 261-262 y 262-270.

5 Cfr. B. G. NiemuHrR, Rómische Geschichte, Erster Theil. Zweyte, vóllig
umgearbeitete, Ausgabe, Berlin 1827, págs. 317-351.

6 Véase la referencia a Hegel en la nota 4.


mento (y desde este punto de vista, generales). El ser humano es, en el
sentido más literal del término, un Eówov roAitixóv,” animal político,
no sólo un animal social, sino además un animal que sólo se puede ais-
lar en sociedad. La producción del individuo aislado al margen de la
sociedad —una rareza que bien puede ocurrirle a un individuo civiliza-
do, que posee ya en sí dinámicamente las fuerzas de la sociedad, cuando
se extravía casualmente en una comarca salvaje— es algo tan absurdo
como el desarrollo del lenguaje sin individuos que vivan juntos y ha-
blen entre sí. No es necesario detenerse más tiempo en ello. El punto
no habría que tocarlo en absoluto, si esta estupidez, que tenía un sen-
tido y una razón entre los hombres del siglo XVIII, no hubiera sido
introducida de nuevo de forma seria en plena economía política por
Bastiat, Carey, Proudhon etc. Para Proudhon, entre otros, es natural-
mente agradable desarrollar histórico-filosóficamente el origen de una
relación económica, cuya génesis histórica él no conoce, mitologizando
que a Adán o a Prometeo se les ocurrió de pronto la idea, y que ésta
fue después introducida, etc. No hay nada más pesado y árido que fan-
tasear sobre un locus communis.

### Eternización de relaciones de producción históricas. — Producción y distribución en general. — Propiedad.

Cuando se habla, por lo tanto, de producción, se habla siempre de
la producción en un estadio determinado de desarrollo social —de la
producción de individuos en sociedad. Podría parecer, en consecuencia,
que, para hablar de la producción en general, tendríamos o bien que se-
guir el desarrollo histórico en sus diferentes fases, o bien declarar
desde un principio qué tenemos que ver con una época histórica deter-
minada, por ejemplo, con la moderna producción burguesa, que es en
realidad nuestro auténtico tema. Sólo que todas las épocas de la pro-
ducción tienen ciertas características en común, determinaciones comu-
nes. La producción en general es una abstracción, pero una abstracción
con sentido, en la medida en que subraya realmente lo común, lo fija

rol o este elemento común obtenido y y aislado mediante la compa-

7 Cfr. ARISTOTELIS de republica libri VIII et oeconomica ex recensione
Immanuelis Bekkeri, Oxonii MDCCCXXXVII, Tomus X, lib. I, cap. 2, 9-10.
8 Cfr. Fred. Bastiat, Harmonies Économiques, 2* édition, Paris 1851,
págs. 16-19. H. C. Carey, Principles of Political Economy. Part the first, of the
Laws of the Production and Distribution of Wealth, Philadelfia 1837, págs. 7-8.

ración, es a su vez algo múltiplemente articulado que se dispersa en di-
ferentes determinaciones. Algunas de ellas pertenecen a todas las épo-
cas, Otras son comunes sólo a algunas. Algunas determinaciones serán
comunes a la época más moderna con la más antigua. Ninguna produc-
ción es concebible sin ellas; solamente que así como los idiomas más
desarrollados tienen leyes y determinaciones comunes con los menos
desarrollados, siendo precisamente la diferencia respecto de estos ele-
mentos generales y comunes lo que constituye su desarrollo, así también
las determinaciones que tienen vigencia para la producción en general,
tienen que ser precisamente separadas, a fin de que no se olvide la di-
ferencia esencial por atender sólo a la unidad —<que procede ya del
hecho de que el sujeto, la humanidad, y el objeto, la naturaleza, son
siempre los mismos.>En este olvido reside, por ejemplo, toda la sabidu-
ría de los modernos economistas, que demuestran la eternidad y armo-
nía de las relaciones sociales existentes. Por ejemplo, ninguna produc-
ción es posible sin un instrumento de producción, aunque este instru-
mento sea exclusivamente la mano. Ninguna producción es posible sin
trabajo pasado, acumulado, aunque este trabajo sea exclusivamente la
destreza concentrada y reunida en la mano del salvaje mediante el ejer-
cicio repetido. El capital es, entre otras cosas, también instrumento de
producción, también trabajo pasado, objetivado, En consecuencia, el ca-
pital es una relación natural, general, eterna; pero lo es, si yo dejo de
lado precisamente lo específico, lo que únicamente convierte al «ins-
trumento de producción», al «trabajo acumulado» en capital. Toda la
historia de las relaciones de producción se presenta, en consecuencia,
por ejemplo en Carey, como una falsificación malintencionada organiza-
da por los gobiernos.

Si no existe ninguna producción en general, tampoco existe ninguna
producción general. La producción es siempre una rama particular de
la producción —por ejemplo, agricultura, cría de ganado, manufactu-
ra, etc.—, o es una totalidad. Sólo que la economía política no es tec-
nología. La relación de las determinaciones generales de la produc-
ción en un estadio social dado con las formas particulares de producción
tiene que ser desarrollado en otro lugar (más adelante). Finalmente
la producción tampoco es sólo particular. Sino que es siempre un cierto
cuerpo social, un sujeto social que actúa en una totalidad de ramas de
producción más o menos amplia. Igualmente tampoco es éste el lugar
para desarrollar la relación que la exposición científica tiene con el mo-
vimiento real. Producción en general. Ramas de la producción particu-
lares. Totalidad de la producción.


Está de moda anteponer al estudio de la Economía una parte gene-
ral —y es precisamente la que figura bajo el título de «Producción»
(ver, por ejemplo, J. St. Mill) *— en la que son tratadas las condiciones
generales de toda producción. Esta parte general consiste o debe su-
puestamente consistir: 1) en el análisis de las condiciones sin las cuales
no es posible la producción. Se limita, por lo tanto, a indicar en realidad
los momentos esenciales de toda producción. Pero esto, en realidad, se
reduce, como ya veremos, a algunas determinaciones muy simples, que
se disuelven en vulgares tautologías. 2) En el análisis de las condiciones
que favorecen en mayor o menor medida la producción, como, por
ejemplo, la situación social progresiva o de estancamiento de A. Smith."
Para elevar a significado científico esto, que en él tiene valor como
estimación aproximada (apercu), serían necesarias investigaciones sobre
los grados de productividad en diferentes períodos en el desarrollo de
determinados pueblos — investigaciones que van más allá de los autén-
ticos límites del tema, pero que en la medida en que entran dentro de
éste tendrán que ser afrontadas en el desarrollo de la competencia,
de la acumulación, etc. En la formulación general la respuesta se limita
a la consideración general de que un pueblo industrial alcanza el punto
culminante de su producción en el momento en el que alcanza en ge-
neral su apogeo histórico. En realidad, un pueblo industrial está en su
apogeo en tanto lo principal para él no es la ganancia, sino el ganar.
Desde este punto de vista los yankees están por encima de los ingleses.
O se limita a la consideración de que, por ejemplo, ciertas disposicio-
nes raciales,*! ciertos climas, ciertas condiciones naturales, como la
proximidad al mar, la fertilidad del suelo, etc., son más favorables para
la producción que otras. También esto se reduce de nuevo a la tautolo-
gía de que la riqueza es creada de forma tanto más fácil cuanto mayor
sea el grado en el que existen subjetiva y objetivamente sus elementos.

Pero esto, según los economistas, no es todo lo que debe ser tratado
en esta parte general. Se trata más bien de presentar la producción

> Cfr. J. Sr. MiLL, Principles of Political Economy with Some of their
Abplications to Social Philosophy, Book 1, chapter I EPREDIS de Economía
Política, México 1943, págs. 53-58».

10 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. II, págs. 19; id. Recherches, etc.,
traducido por GARNIER, Tome Second, Paris 1802, págs. 403-413 <Investigación...
págs. 250-258».

*l  «Racenanlagen»; ed. 1939 «Racen, Anlagen» <razas, disposiciones es-
pirituales>. Cfr. NMEGA, Il, 1.1, pág. 24.

—ver, por ejemplo, Mill —” a diferencia de la distribución, como en-

cuadrada en leyes naturales, eternas, independientes de la historia, con
ocasión de lo cual son introducidas subrepticiamente relaciones burgue-
sas como si se tratara de leyes naturales incontestables de la sociedad
in abstracto. Ésta es la finalidad más o menos consciente de todo el
procedimiento. En la distribución, por el contrario, los hombres se
habrían permitido en realidad toda clase de arbitrariedades. Prescin-
diendo por completo de la tosca disociación entre producción y distri-
bución y de su relación real, tiene que resultar evidente desde un prin-
cipio, que a pesar de lo diferente que puede ser la distribución en los
diferentes estadios sociales, tiene que ser tan perfectamente posible
como en la producción el resaltar determinaciones comunes, y tiene
igualmente que ser posible el cancelar o confundir todas las diferencias
históricas en leyes humanas generales. Por ejemplo, el esclavo, el sier-
vo de la gleba, el trabajador asalariado reciben cada uno una determi-
nada cantidad de alimentos, que les permite existir como esclavo, como
siervo de la gleba, como trabajador asalariado. El conquistador que vive
del tributo, o el funcionario que vive de los impuestos, o el propietario
de la tierra que vive de la renta, o el monje que vive de las limosnas,
o el levita que vive del diezmo, todos reciben una cuota de la produc-
ción social, que está determinada según otras leyes que las que deter-
minan la cuota que recibe el esclavo, etc. Los dos puntos principales
que todos los economistas colocan bajo esta rúbrica son: 1) Propiedad;
2) protección de la misma mediante la justicia, la policía, etc. A esto
hay que contestar muy brevemente:

ad 1. Toda producción es apropiación de la naturaleza por parte
del individuo dentro de y mediante una forma de sociedad determinada.
En este sentido es una tautología decir que la propiedad (la apropia-
ción) es una condición de la producción. Es, sin embargo, risible dar
un salto de esto a una forma determinada de la propiedad, como por
ejemplo, a la propiedad privada. (Lo cual supone además una forma
antitética, la no-propiedad como condición.) La historia muestra más
bien la propiedad común (por ejemplo, entre los indios, los eslavos,
los antiguos celtas, etc.), como la forma más originaria, como una for-
ma que bajo la configuración de la propiedad comunal desempeña toda-
vía durante mucho tiempo una función importante. Aquí no se trata
todavía para nada de la cuestión de si la riqueza se desarrolla mejor
bajo esta o aquella forma de propiedad. Pero que no se puede hablar

1 Cfr. J. Sr. Mu, Principles, etc. Vol. 1, págs. 25-26 <Principios...
págs. 51-52».


de ninguna producción, y, por tanto, tampoco de ninguna sociedad,
allí donde no exista ninguna forma de propiedad, es una tautología.
Una apropiación que no se apropia nada es una contradictio in subjecto.

ad 2. Protección de lo adquirido, etc. Cuando estas trivialidades
son reducidas a su contenido real, quieren decir más de lo que sa-
ben sus predicadores. A saber: que toda forma de la producción engendra
sus propias relaciones jurídicas, su propia forma de gobierno, etc. La
tosquedad y falta de comprensión radica precisamente en relacionar re-
cíprocamente de forma fortuita los elementos que forman un todo or-
gánico, en ponerlos en una mera conexión reflexiva. A los economistas
burgueses simplemente les parece que con la policía moderna se puede
producir mejor que, por ejemplo, con el derecho del más fuerte. Ellos
olvidan únicamente, que también el derecho del más fuerte es un de-
recho, y que el derecho del más fuerte subsiste bajo otra forma tam-
bién en su «Estado de Derecho».

Cuando las situaciones sociales correspondientes a un determinado
estadio de la producción están formándose, o cuando están a punto
de desaparecer, se producen naturalmente perturbaciones de la produc-
ción, si bien en diferente grado y con efectos diferentes.

Resumiendo: hay determinaciones comunes a todos los estadios de
la producción, que pueden ser fijadas como generales por el pensamien-
to; pero las llamadas condiciones generales de toda producción no son
más que esos momentos abstractos, con los que no es posible com-
prender ningún estadio histórico, real, de la producción.

### 2) La relación general de la producción con la distribución, el cambio, el consumo

Antes de entrar en un análisis más detenido de la producción, es ne-
cesario examinar las diferentes rúbricas que los economistas ponen al
lado de ella.

La primera idea que se presenta de forma inmediata es la siguien-
te: en la producción los miembros de la sociedad adaptan (producen,
conforman) los productos naturales a las necesidades humanas; la dis-
tribución determina la proporción en la que cada individuo participa
en estos productos; el cambio le proporciona los productos particula-
res en los que quiere convertir la cuota que le ha correspondido mediante
la distribución; finalmente en el consumo los productos *? se convierten
en objetos de disfrute, de la apropiación individual. La producción

*2 «Productos»; en ms. «Produktion» <producción>.


produce los objetos correspondientes a las necesidades; la distribución
los reparte según leyes sociales; el cambio distribuye a su vez lo ya
distribuido según la necesidad individual; finalmente, en el consumo,
el producto sale de este movimiento social, se convierte en objeto y
servidor directo de la necesidad individual y la satisface en el disfrute.
La producción se presenta, por lo tanto, como punto de partida, el
consumo como el punto final, la distribución y el cambio como el tér-
mino medio, que a su vez es doble, en cuanto que la distribución está
determinada como momento que parte de la sociedad, y el cambio como
momento que parte de los individuos. En la producción la persona se
objetiva; en el consumo ** la cosa se subjetiva; *? en la distribución la
sociedad asume, bajo la forma de determinaciones generales e impera-
tivas, la mediación * entre la producción y el consumo; en el cambio
son mediados por el carácter determinado casual del individuo.

La distribución determina la proporción (la cantidad) en la que los
productos corresponden a los individuos; el cambio determina los pro-
ductos en los que el individuo exige la parte que le ha sido asignada
por la distribución.

Producción, distribución, cambio, consumo constituyen, por lo tan-
to, una perfecta deducción; la producción es la generalidad, la distri-
bución y el cambio son la particularidad, y el consumo la singularidad
con la que el todo se completa.'* Ésta es ciertamente una conexión, pero
una conexión superficial. La producción está determinada por leyes
naturales generales; la distribución por la casualidad social, y puede
influir en consecuencia de forma más o menos estimulante sobre la
producción; el cambio yace entre ambas como un movimiento social
formal, y el acto final del consumo, que es concebido no sólo como
término último, sino además como finalidad última," está en realidad
fuera de la economía, excepto en la medida en que repercute a su vez
sobre el punto de partida, y da comienzo de nuevo a todo el proceso.'*

12 Cfr. HEGEL, Band Il, págs. 303-322.

13 Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 69-80.

M Cfr. HEGEL, Band V, págs. 121 y 160-171.

15 Cfr. HEGEL, Band V, págs. 217-218 y 224-234.

16 Cfr., por ejemplo, Henri Storch, Cours d'économie politique, ou exposi-
tion des principes qui déterminent la prosperité des nations. Avec des notes expli-
catives et critiques par J. B. Say. Paris 1823. 4 vols. Tome premier; James MILL,
Eléments d'économie politique, traduits de Vanglais par J. TY. Parisot. Paris 1823.

*3 «in der Konsumtion»; ed. 1939 «in der Person» <en la persona>. Lo
mismo NMEGA. ;


Los adversarios de los economistas —bien sean adversarios dentro
o fuera de su ámbito—, que les reprochan el que disocien de forma
bárbara elementos que están en conexión, están o bien juntamente con
ellos en el mismo terreno, o bien por debajo de ellos. No hay nada
más frecuente que el reproche de que los economistas conciben de for-
ma demasiado exclusiva la producción como un fin en sí mismo, sin
darse cuenta de que la distribución tiene una importancia similar. Este
reproche tiene precisamente como fundamento la concepción económi-
ca de que la distribución existe como una esfera autónoma, indepen-
diente, junto a la producción. O bien les reprocha a los economistas
el no concebir los momentos en su unidad. ¡Como si esta disociación
no hubiera pasado de la realidad a los libros de texto, sino a la inversa,
de los libros de texto a la realidad, y como si aquí se tratara de una
conciliación dialéctica de conceptos, y no de la comprensión de rela-
ciones reales!

[Consumo y producción]

a1) La producción también es de forma inmediata consumo. Consu-
mo doble, subjetivo y objetivo: el individuo que al producir desarrolla
sus capacidades, también las consume, las gasta en el acto de produc-
ción, de la misma forma que la procreación natural es un consumo de
energías vitales. En segundo lugar: consumo de medios de producción,
que son utilizados y gastados y que en parte (como, por ejemplo, en la
combustión) se disuelven en los elementos generales. Consumo asimismo
de materia prima que no se conserva en su forma y constitución natu-
ral, sino que más bien es consumida. El mismo acto de la producción
es, por lo tanto, en todos sus momentos también un acto de consumo.
Pero esto lo conceden los economistas. Ellos llaman consumo produc-
tivo a la producción en cuanto que se identifica inmediatamente con el
consumo, y al consumo en cuanto coincide de forma inmediata con la
producción. Esta identidad de la producción y el consumo remite a
la tesis de Spinoza: determinatio est negatio.”

Pero esta determinación del consumo productivo ha sido estable-
cida exclusivamente con la finalidad de separar el consumo que se iden-
tifica con la producción del consumo propiamente dicho, el cual es

17 Cfr. BENEDICTI DE SPINOZA Opera quae supersunt omnia. Ex editionibus
etc. Carolus Hermanus Bender. Vol II. Lipsiae 1844, pág. 299, Epistola Hagae
Comitis d. 2 Junii 1674.


concebido más bien como la antítesis aniquiladora de la producción.
Consideremos, por tanto, el consumo propiamente dicho.

El consumo es también producción de forma inmediata, de la mis-
ma manera que en la naturaleza el consumo de los elementos y de las
sustancias químicas es la producción de las plantas. Está claro que en
la alimentación, es decir, en una forma de consumo, el hombre produce
su propio cuerpo. Pero esto tiene también vigencia para cualquier otra
clase de consumo, que de una u otra manera produce al hombre. Pro-
ducción consumidora. Sólo que esta producción que se identifica con
el consumo, dice la economía, es una segunda producción que procede
de la aniquilación del primer producto. En la primera el productor
se objetivaba, en la segunda la cosa por él creada se personificaba. Esta
producción consumidora —a pesar de ser una unidad inmediata en-
tre producción y consumo— es, por lo tanto, esencialmente diferente de
la producción propiamente dicha. La unidad inmediata, en la que la
producción coincide con el consumo y el consumo coincide con la pro-
ducción, deja subsistir su dualidad inmediata.

La producción es, por lo tanto, inmediatamente consumo, el con-
sumo es inmediatamente producción. Cada uno es inmediatamente su
contrario. Simultáneamente, sin embargo, tiene lugar un movimiento
de mediación entre ambos. La producción media al consumo, cuyos
materiales ella crea, y al cual sin ellos le faltaría el objeto. Pero el con-
sumo media también a la producción, en cuanto que sólo él le procura
a los productos un sujeto, para el cual ellos son productos. Sólo en el
consumo recibe el producto su último finish. Una vía férrea por la
que no se circula, que no es, por lo tanto, utilizada, que no es consu-
mida, sólo es una vía férrea Suvápet <(en potencia», no en la reali-
dad. Sin producción no hay consumo; pero sin consumo tampoco hay
producción, ya que la producción no tendría ningún fin. El consumo
produce la producción de dos maneras: 1) en cuanto que sólo en el
consumo el producto se convierte en producto auténtico. Por ejemplo,
un traje sólo se convierte realmente en traje por el acto de llevarlo
puesto; una casa que no está habitada no es en realidad una verdadera
casa; el producto, a diferencia del simple objeto de la naturaleza, sólo
se confirma como producto, sólo se convierte en producto en el consu-
mo. Únicamente el consumo, en la medida en que disuelve el producto, le
da el finishing stroke <toque final»; pues el [resultado] de la pro-
ducción ** no es el producto en cuanto actividad objetivada, sino única-

*% «Das Ergebnis der Produktion»; ed. 1939 «die Produktion» Lo mismo
NMEGA.


mente en cuanto objeto para el sujeto activo; 2) en cuanto que el con-
sumo crea la necesidad de una nueva producción, y por lo tanto, el
motivo ideal de la producción, su impulso interno, que es su presupues-
to. El consumo crea el impulso de la producción; crea también el objeto
que actúa en la producción en cuanto que determina su finalidad. Si
está claro que la producción ofrece externamente el objeto al consumo,
también está igualmente claro que el consumo pone idealmente el ob-
jeto de la producción, en cuanto imagen interna, en cuanto necesidad,
como impulso y como finalidad. El consumo crea los objetos de la pro-
ducción en forma todavía subjetiva. Sin necesidad no hay produc-
ción. Pero el consumo reproduce la necesidad.

A esto corresponde desde el lado de la producción el que ella 1) su-
ministra al consumo *? el material, el objeto. Un consumo sin objeto
no es ningún consumo; en consecuencia, desde este lado la producción
crea, produce el consumo. 2) Pero no es sólo el objeto lo que la
producción crea para el consumo. La producción le da al consumo
su determinación, su carácter, su finish. De la misma forma que el
consumo le daba al producto su finish como producto, la producción
le da su finish al consumo. En suma: el objeto no es un objeto en
general, sino un objeto determinada, que tiene que ser consumido
de una forma determinada, que ha de ser a su vez mediada por la
producción misma. El hambre es hambre, pero el hambre que es
saciada con carne guisada comida con cuchillo y tenedor es un ham-
bre diferente de aquella que es saciada devorando carne cruda con
la ayuda de las manos, las uñas y los dientes. No sólo el objeto del
consumo, sino también la forma del consumo es producida, en conse-
cuencia, por la producción, no sólo objetiva sino también subjetiva-
mente. »La producción crea, por lo tanto, a los consumidores. 3) La
producción no sólo suministra un material a la necesidad, sino que su-
ministra también una necesidad al material. Cuando el consumo sale
de su primera inmediatez y tosquedad natural —y el permanecer en
ellas sería a su vez el resultado de una producción que está todavía
presa en la tosquedad natural — entonces él mismo como impulso está
mediado por el objeto. La necesidad que el consumo experimenta de
este objeto es producida por la percepción del mismo. El objeto de arte
—y lo mismo ocurre con cualquier otro producto— crea un público
sensible al arte y capaz de disfrutar de la belleza. La producción pro-
duce, por lo tanto, no sólo un objeto para el sujeto, sino también un

*5 «Konsumtion»; en ms. «Produktion».

sujeto para el objeto. La producción produce, por lo tanto, el consumo
1) en cuanto que crea el material para él; 2) en cuanto que determina
la forma de consumo; 3) en cuanto que engendra como necesidad en
los consumidores los productos creados por primera vez por ella como
objetos. La producción produce, por lo tanto, el objeto del consumo, la
forma del consumo, el impulso al consumo. Del mismo modo, el con-
sumo produce la disposición del productor, en cuanto que lo solicita
en forma de necesidad que da una finalidad a la producción.

La identidad entre consumo y producción se presenta, por lo tanto,
desde un triple punto de vista:

1) Identidad inmediata: la producción es consumo; el consumo
es producción. Producción consumidora. Consumo productivo. Los eco-
nomistas llaman a ambos consumo productivo. Pero introducen, sin
embargo, una diferencia. La primera figura como reproducción; la se-
gunda como consumo productivo. Todas las investigaciones sobre la
primera son investigaciones sobre el trabajo productivo o improducti-
vo; todas las investigaciones sobre la segunda, sobre el consumo pro-
ductivo o no productivo.

2) Cada uno de los momentos se presenta como medio del otro;
es mediado por el otro; lo que es expresado como su dependencia re-
cíproca; un movimiento a través del cual ellos están relacionados entre
sí y se presentan como recíprocamente indispensables, pero en el que
permanecen todavía externos el uno respecto del otro. La producción
crea el material en cuanto objeto externo para el consumo; el consu-
mo crea la necesidad en cuanto objeto interno, en cuanto finalidad para
la producción. Sin producción no hay consumo; sin consumo no hay
producción. Esto figura en la economía de múltiples formas.

3) La producción no es sólo inmediatamente consumo, ni el con-
sumo inmediatamente producción; ni la producción es exclusivamente
medio para el consumo, ni el consumo fin exclusivamente para la pro-
ducción; es decir, cada uno de ellos no se limita a suministrar al otro
su objeto: la producción, el objeto externo al consumo, y el consumo,
el objeto representado a la producción; ¡cada uno de ellos no es ni
exclusivamente el otro de forma inmediata, ni exclusivamente el me-
diador del otro, sino que cada uno de ellos, en la medida en que se
realiza, crea al otro, se crea a sí mismo en cuanto el otro. Únicamerite
el consumo realiza el acto de producción, en la medida en que le da
la perfección al producto en cuanto producto, en la medida en que lo
disuelve, en que consume su forma objetiva independiente que existe
en él; en la medida en que convierte en habilidad mediante la necesi-


dad de repetición la necesidad desarrollada en el primer acto de la
producción; el consumo no es, por lo tanto, exclusivamente el acto fi-
nal, mediante el cual el producto se convierte en producto, sino tam-
bién el acto mediante el cual el productor se convierte en productor.
Por otra parte, la producción produce el consumo en la medida en que
crea la forma determinada del consumo, y además, en la medida en
que crea el estímulo al consumo, la misma capacidad de consumo en la
forma de necesidad. Esta última identidad analizada en 3) ha sido inter-
pretada de muy diversas maneras en la economía a propósito de la
relación entre la demanda y la oferta, entre los objetos y las necesidades,
entre las necesidades creadas por la sociedad y las necesidades natu-
rales.

Nada más simple para un hegeliano, según esto, que identificar la
producción y el consumo. Y esto ha ocurrido no sólo por parte de li-
teratos socialistas, sino también por parte de economistas prosaicos,
como, por ejemplo, Say; en la forma siguiente: si se considera a un
pueblo, su producción coincide con su consumo. Lo mismo ocurriría
con la humanidad in abstracto. Storch * le ha demostrado a Say la fal-
sedad de su afirmación, observando que un pueblo no consume, por
ejemplo, simplemente su producto, sino que también crea medios de
producción, etc., capital fijo, etc. Considerar a la sociedad como un único
sujeto, es considerarla además de manera falsa, especulativa. En un su-
jeto la producción y el consumo se presentan como momentos de un
acto. Lo importante aquí es simplemente resaltar, que tanto si se con-
sidera la producción y el consumo como actividades de un sujeto o de
muchos individuos, en cualquier caso se presentan como momentos
de un proceso, en el que la producción es el auténtico punto de partida,
y, por lo tanto, el momento dominante. El consumo en cuanto necesi-
dad es un momento interno de la actividad productiva. Pero esta últi-
ma es el punto de partida de la realización y por lo tanto también su
momento dominante, el acto en el que todo el proceso se repite de
nuevo. El individuo produce un objeto, y mediante su consumo retorna
a sí mismo, pero en cuanto individuo productivo y que se reproduce a
sí mismo. El consumo se presenta de esta forma como momento de
la producción.

Sin embargo, en la sociedad la relación del productor con el pro-
ducto, tan pronto como éste está acabado, es una relación externa, y
el retorno del producto al sujeto depende de sus relaciones con los de-

1 Cfr. Srorcm, Considerations sur la nature du revenu national. Paris 1824,
págs. 144-149.


más individuos. El individuo no se apodera del producto de forma in-
mediata. Incluso la apropiación inmediata del mismo no es su finalidad,
cuando él produce en sociedad. Entre los productores y los productos
se interpone la distribución, que mediante leyes sociales determina la
parte del mundo de los productos que le corresponde a cada produc-
tor; se interpone, por lo tanto, entre la producción y el consumo.

¿Está ahora la distribución como esfera independiente junto a y
fuera de la producción?

### Distribución y producción

bi) Cuando se examinan los manuales de economía usuales, tiene
que llamar ante todo la atención el hecho de que todo está puesto en
ellos de forma doble. Por ejemplo, en la distribución figuran la renta
de la tierra, el salario, el interés, y el beneficio, mientras que en la
producción la tierra, el trabajo y el capital figuran como agentes de
la producción. Por lo que al capital se refiere resulta desde el principio
evidente que está puesto de forma doble, 1) como agente de la pro-
ducción; 2) como fuente de ingreso; como elemento que determina
determinadas formas de distribución. El interés y el beneficio figuran
también en cuanto tales en la producción, en la medida en que son for-
mas en las que el capital aumenta, crece; son, por lo tanto, momentos
de su misma producción. Interés y beneficio en cuanto formas de
distribución presuponen el capital como agente de la producción. Son
modos de distribución que tienen como presupuesto al capital en cuan-
to agente de la producción. Son, por lo tanto, modos de reproducción
del capital.

El salario es igualmente el trabajo asalariado considerado bajo otra
rúbrica: el carácter determinado que tiene aquí el trabajo en cuanto
agente de la producción, se presenta como determinación de la distri-
bución. Si el trabajo no estuviera determinado como trabajo asalariado,
la forma en que participa en los productos, no se presentaría como
salario, como, por ejemplo, ocurre en la esclavitud. Finalmente, la renta
de la tierra, para tomar precisamente la forma más desarrollada de dis-
tribución, en la que la propiedad de la tierra participa en los produc-
tos, presupone la gran propiedad de la tierra (en realidad, la agricultura
en gran escala) en cuanto agente de la producción, y no la tierra a se-
cas, así como tampoco el salario presupone el trabajo a secas. Las rela-
ciones y modos de distribución se presentan, por lo tanto, como el re-
verso de los agentes de producción. Un individuo que participa en la
producción en la forma de trabajo asalariado participa en los produc-


tos, en los resultados de la producción en la forma de salario. La orga-
nización de la distribución está totalmente determinada por la organi-
zación de la producción. La misma distribución es un producto de la
producción, no sólo por lo que se refiere al objeto, ya que sólo pueden
ser distribuidos los resultados de la producción, sino también por lo
que se refiere a la forma, ya que la forma determinada de la partici-
pación en la producción determina las formas particulares de la distribu-
ción, la forma en la que se participa en la distribución. Es absolutamen-
te ilusorio poner la tierra en la producción y la renta de la tierra en la
distribución, etc.

Economistas como Ricardo”? a los que se les reprocha con mucha
frecuencia que sólo toman en consideración la producción, ha carac-
terizado la distribución como objeto único de la economía, pre-
cisamente porque de forma instintiva concebían las formas de distri-
bución como la expresión más determinada en la que los agentes de
la producción se fijan en una sociedad dada.

Frente al individuo aislado la distribución se presenta naturalmen-
te como una ley social, que condiciona su posición dentro de la produc-
ción, en la cual él produce, y que, en consecuencia, precede a la pro-
ducción. Originariamente el individuo no tiene ningún capital, ninguna
propiedad de la tierra. Desde que nace está destinado al trabajo asala-
riado por la distribución social. Pero este mismo estar destinado es
el resultado de que existen el capital y la propiedad de la tierra como
agentes de la producción independientes.

Si se considera a sociedades globales, la distribución desde un pun-
to de vista parece preceder y determinar la producción; se presenta,
por así decirlo, como un hecho preeconómico. Un pueblo conquistador
distribuye la tierra entre los conquistadores e impone de esta manera
una determinada distribución y una determinada forma de la propiedad
de la tierra; determina, por lo tanto, la producción. O convierte a los
conquistados en esclavos y convierte de esta forma al trabajo esclavo
en fundamento de la producción. O bien un pueblo mediante una revo-
lución fracciona la gran propiedad de la tierra y la divide en parcelas;
le da, por lo tanto, mediante esta nueva distribución un nuevo carác-
ter a la producción. O bien la legislación perpetúa la propiedad de la
tierra en ciertas familias, o distribuye el trabajo como privilegio here-
ditario y lo fija así en forma de castas. En todos estos casos, y todos
son históricos, no es la distribución la que parece articulada y deter-

1 Cfr. Ricarno, On the Principles, etc., p. II <Principios..., pág. 51).


minada por la producción, sino a la inversa, la producción la que parece
articulada y determinada por la distribución.

La distribución, según la concepción más superficial, se presenta como
distribución de productos, y de esta forma se presenta como muy ale-
jada de y casi autónoma frente a la producción. Pero antes de que
la distribución sea distribución de los productos, la distribución es: 1)
distribución de los instrumentos de producción, y 2) lo que es una de-
terminación ulterior de la misma relación, distribución de los miembros
de la sociedad entre las distintas ramas de la producción. (Subsun-
ción de los individuos bajo determinadas relaciones de producción.) La
distribución de los productos sólo es evidentemente resultado de esta
distribución, que está incluida en el mismo proceso de producción y que
determina la articulación de la producción») Considerar la producción
prescindiendo de esta distribución que está incluida en ella es evidente-
mente una abstracción vacía, mientras que a la inversa, la distribución
de los productos está ya dada de por sí en esta distribución originaria
que constituye un momento de la producción. Ricardo,” para el que
se trataba de comprender la moderna producción en su articulación
social determinada, y es el economista de la producción par excellence,
considera precisamente por ello ro a la producción sino a la distribu-
ción como el auténtico tema de la economía moderna. De aquí resulta
a su vez el absurdo de los economistas, que desarrollan la producción
como verdad eterna, mientras que relegan la historia al terreno de la
distribución.

Qué relación guarda esta distribución que determina a la produc-
ción con la producción misma, es evidentemente una cuestión que cae
dentro de la producción misma. Si se dijera que, puesto que la produc-
ción tiene que tener como punto de partida una cierta distribución de
los instrumentos de producción, al menos en este sentido la distribución
precede a la producción y constituye su presupuesto, a esto habría que
contestar que la producción tiene en realidad sus condiciones y presu-
puestos, que constituyen momentos de la misma. Estos momentos pue-
den presentarse en el comienzo como elementos naturales. Mediante el
mismo proceso de producción son transformados de elementos natura-
les en elementos históricos, y si para un período se presentan como
presupuesto natural de la producción, para otro fueron su resultado his-
tórico. Dentro de la producción misma son constantemente modificados.
Por ejemplo, la utilización de la maquinaria modificó la distribución

2 Véase la referencia a la obra de Ricardo en la nota anterior.


tanto de los instrumentos de producción como de los productos. La
gran propiedad de la tierra moderna es el resultado tanto del comercio
moderno y de la industria moderna, como de la aplicación de esta úl-
tima a la agricultura.

Las cuestiones planteadas más arriba se disuelven todas, en última
instancia, en lo siguiente: ¿cómo inciden las relaciones históricas gene-
rales en la producción y qué relación guardan con el movimiento his-
tórico en general? La cuestión pertenece evidentemente a la discusión
y desarrollo de la producción misma.

Sin embargo, en la forma trivial en que han sido planteadas más
arriba, pueden ser liquidadas rápidamente. En todas las conquistas
sólo existen tres posibilidades. O el pueblo conquistador somete al pue-
blo conquistado a su propio modo de producción (por ejemplo, los in-
gleses en Irlanda en este siglo; y en parte también en India); o deja
subsistir el antiguo modo de producción y se contenta con un tributo
(por ejemplo, los turcos y romanos); o se produce una acción recíproca
a través de la cual surge un nuevo modo de producción, una síntesis
(en parte en las conquistas germánicas). En todos los casos es el modo
de producción —bien sea el del pueblo conquistador, o el del conquis-
tado, o bien sea el modo de producción que procede de la fusión de
ambos— el que determina la nueva distribución que se introduce. Aun-
que ésta se presenta como presupuesto para el nuevo período de pro-
ducción, ella misma es a su vez un producto de la producción, no sólo
de la producción histórica en general, sino de la producción histórica
determinada. **

Los mongoles, por ejemplo, con sus acciones devastadoras en Rusia,
actuaban de manera conforme a su producción, al pastoreo, para el
cual la condición esencial es la existencia de grandes extensiones no ha-
bitadas. Los bárbaros germanos, para los que la producción tradicional
era la agricultura con siervos y una vida aislada en el campo, pudieron
someter a las provincias romanas a estas condiciones de forma tanto
más fácil cuanto que la concentración de la propiedad de la tierra que
había tenido lugar en ellas había ya destruido por completo las anti-
guas relaciones en la agricultura.

Es una idea tradicional la de que en ciertos períodos se ha vivido
exclusivamente del pillaje. Sin embargo, para poder saquear, tiene que
haber algo que pueda ser saqueado, es decir, tiene que haber produc-

*6 - «der bestimmten geschichtlichen Produktion»; en ms. «bestimmt d. ge-
schichtlichen Prod.»


ción. Y la forma del pillaje está a su vez determinada por la forma de
la producción. Una nación stockjobbing <de especuladores en bolsa)»,
por ejemplo, no puede ser saqueada de la misma forma que una nación
de vaqueros.

Cuando se roba el esclavo, se roba directamente el instrumento de
producción. Pero entonces la producción del país para el cual se roba
tiene que estar articulada de forma tal que permita el trabajo de escla-
vos, o (como en América del Sur)” tiene que ser creado un modo de
producción correspondiente al esclavo.

Las leyes pueden perpetuar un instrumento de producción, por ejem-
plo, la tierra, en ciertas familias. Estas leyes sólo adquieren un signi-
ficado económico, cuando la gran propiedad de la tierra está en armonía
con la producción social, como, por ejemplo, en Inglaterra. En Francia
se practicaba la pequeña agricultura a pesar de la gran propiedad de
la tierra, y de ahí que esta última fuera destruida por la Revolución.
Pero, ¿y la perpetuación, por ejemplo, de la parcelación de tierras me-
diante leyes? A pesar de estas leyes la propiedad se concentra de
nuevo. La influencia de las leyes en la conservación de las relaciones
de distribución, y, en consecuencia, su influjo sobre la producción,
ha de ser precisada de forma particular.

### c1) Finalmente cambio y circulación

### Cambio y producción

La circulación misma sólo es un momento del cambio o también es
el cambio considerado en su totalidad.

En la medida en que el cambio sólo es un momento mediador entre
la producción y la distribución por ella determinada por un lado, y el
consumo por otro; y en la medida en que este último se presenta a
su vez como momento de la producción, resulta evidente que el cambio
está también incluido en la producción como uno de sus momentos.

En primer lugar está claro que el cambio de actividades y capa-
cidades que tiene lugar en la producción misma pertenece a ella di-
rectamente y la constituye esencialmente. Lo mismo tiene vigencia, en
segundo lugar, para el cambio de productos, en la medida en que es

21 Marx no se refiere con la expresión América del Sur solamente a América
del Sur, sino también a los Estados sureños de los Estados Unidos.


un instrumento para la producción del producto destinado al consumo
inmediato. En este sentido el cambio mismo es un acto incluido en la
producción. En tercer lugar, el llamado cambio entre dealers y dealers?
(comerciantes) está por su propia organización tan completamente de-
terminado por la producción como la propia actividad productora. El
cambio sólo se presenta de forma independiente junto a la producción
e indiferente respecto a ella en el último estadio, en el que el producto
es cambiado inmediatamente para el consumo. Pero 1) no hay ningún
cambio sin división del trabajo, bien sea esta natural o bien sea un re-
sultado histórico. 2) El cambio privado presupone producción privada;
3) la intensidad del cambio, así como su extensión y su naturaleza está
determinada por el desarrollo y articulación de la producción. Por ejem-
plo, el cambio entre la ciudad y el campo; cambio en el campo; cambio
en la ciudad, etc. El cambio se presenta, pues, en todos sus momentos,
o bien directamente incluido en la producción, o bien determinado por
ella.

El resultado al que llegamos no es el de que la producción, la dis-
tribución, el cambio y el consumo son idénticos, sino que todos son
miembros de una totalidad, diferencias dentro de la unidad. La produc-
ción domina, tanto sobre sí misma en la determinación antitética de la
producción, como sobre los demás momentos. A partir de ella comien-
za el proceso siempre de nuevo. Que el cambio y el consumo no pueden
ser los momentos dominantes, es algo que resulta evidente. Lo mismo
se puede decir de la distribución en cuanto distribución de productos.
En cuanto distribución de los agentes de la producción ella misma es
un momento de la producción. Una determinada producción determina,
por lo tanto, un determinado consumo, una determinada distribución,
un determinado cambio y determinadas relaciones de estos diferentes
momentos entre sí. Ciertamente, la producción, en su forma unilateral,
está también determinada a su vez por los demás momentos. Por ejem-
plo, si el mercado se expande, es decir, si se amplía la esfera del
cambio, la producción aumenta cuantitativamente y se divide más pro-
fundamente. Con una modificación de la distribución se modifica la
producción; por ejemplo, con la concentración del capital, con una dis-
tribución diferente de la población en la ciudad y el campo, etc. Por
último, las necesidades del consumo determinan la producción. Tiene
lugar una acción recíproca entre los diferentes momentos. Esto ocurre
en todos los conjuntos orgánicos.

2 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc., Vol. 11, págs. 327-330; id. Recherches,
págs. 292-298 <Investigación..., págs. 331-333).

### 3) El método de la economía política

Cuando consideramos un país dado desde el punto de vista económico-
político comenzamos con su población, con su distribución en clases,
la ciudad, el campo, el mar, las diferentes ramas de la producción, ex-
portación e importación, producción y consumo anual, precios de las
mercancías, etc.

Parece correcto empezar por lo real y concreto, con el presupuesto
efectivo; y en consecuencia, empezar, por ejemplo, en la economía
con la población, que es el fundamento y sujeto de todo acto de pro-
ducción social. Sin embargo, ante un examen más detenido, esto se ma-
nifiesta como falso. La población es una abstracción, si dejo, por ejem-
plo, de lado las clases de las que se compone. Estas clases son a su vez
una palabra vacía, si no conozco los elementos sobre las que descansan.
Por ejemplo, trabajo asalariado, capital, etc. Éstos presuponen cambio,
división del trabajo, precios, etc. El capital, por ejemplo, no es nada
sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precio, etc. Si comenzara, por
lo tanto, con la población, esto sería una representación caótica de la
totalidad y mediante una determinación más precisa llegaría analítica-
mente a conceptos cada vez más simples; de lo concreto representado
llegaría a abstracciones cada vez más sutiles, hasta alcanzar las deter-
minaciones más simples. A partir de aquí habría que emprender de
nuevo el viaje a la inversa, hasta llegar finalmente de nuevo a la po-
blación, pero esta vez no como una representación caótica de un todo,
sino como una totalidad rica de múltiples determinaciones y relacio-
nes. El primer camino es el que tomó históricamente la economía en
sus comienzos. Los economistas del siglo xvi, por ejemplo, comienzan
siempre con la totalidad viva, con la población, con la nación, con el
estado, con varios estados, etc.; pero siempre acaban descubriendo me-
diante el análisis algunas relaciones generales abstractas determinantes,
como división del trabajo, dinero, valor, etc. Tan pronto como estos
momentos aislados fueron más o menos fijados y abstraídos, comenzaron
los sistemas económicos, que se elevaban de lo simple, como el trabajo,
división del trabajo, necesidad, valor de cambio, hasta el Estado, cam-
bio entre las naciones y el mercado mundial. Este último es evidentemen-
te el método científicamente correcto. Lo concreto es concreto, porque es
la síntesis de muchas determinaciones, porque es, por lo tanto, unidad
de lo múltiple. En el pensamiento lo concreto aparece, consiguien-
temente, como proceso de síntesis, como resultado, y no como punto
de partida, a pesar de que es el punto de partida real y, en consecuencia,


también el punto de partida de la intuición y la representación. En
el primer camino la representación completa se volatiliza en una
determinación abstracta; en el segundo las determinaciones abstractas
conducen a la reproducción de lo concreto por el camino del pensa-
miento. De ahí que Hegel cayera en la ilusión de concebir lo real
como resultado del pensamiento que se concentra en sí mismo, pro-
fundiza en sí mismo y se mueve a partir de sí mismo, mientras que
el método de elevarse de lo abstracto a lo concreto sólo es la ma-
nera que tiene el pensamiento de apropiarse lo concreto, de repro-
ducirlo como un concreto espiritual. Pero en modo alguno se trata
del proceso de génesis de lo concreto mismo. Por ejemplo, la cate-
goría económica más simple, como, por ejemplo, el valor de cambio,
presupone la población, y la población que produce dentro de deter-
minadas relaciones; presupone también un cierto tipo de sistema
familiar, o comunitario o político, etc. El valor de cambio no puede
existir más que como relación abstracta y unilateral de un todo vivo,
concreto, ya dado. Por el contrario, en cuanto categoría el valor de cam-
bio tiene una existencia antediluviana. Para la conciencia, por lo tanto
—y la conciencia filosófica está determinada de esta forma—, para la
cual el pensamiento pensante es el hombre real y, en consecuencia, sólo
es real el mundo. pensado en cuanto tal —el movimiento de las cate-
gorías se presenta como el auténtico acto de producción—, el cual des-
graciadamente sólo recibe un impulso desde fuera cuyo resultado es el
mundo; y esto sólo es correcto —pero es a su vez una táutología— en
la medida en que la totalidad concreta, en cuanto totalidad de pen-
samiento, es en realidad un producto del pensamiento, de la concepción;

pero, en modo alguno, es el producto del concepto que se piensa y se
engendra a sí mismo al margen de y por encima de la intuición y de la
representación, sino el producto de la elaboración de la intuición y de
la representación en conceptos. La totalidad, tal como se presenta en la
mente como una totalidad de pensamiento, es un producto de la men-
te que piensa, que se apropia del mundo de la única forma que le es
posible, una forma que es diferente de la apropiación artística, religio-
sa, práctico-espiritual del mundo. El sujeto real continúa manteniendo
antes como después su autonomía fuera de la mente; al menos, en tanto
la mente se comporta exclusivamente de forma especulativa, teórica.
En consecuencia, también en el método teórico el sujeto, la sociedad,
tiene que estar siempre presente como presupuesto de la representa-
ción.

Pero estas categorías simples, ¿no tienen también una existencia his-

tórica o natural anterior a la de las categorías más concretas? Ca de-
pend. Por ejemplo, Hegel * comienza de forma correcta la Filosofía del
Derecho con la posesión, en cuanto la relación jurídica más simple del su-
jeto. Pero no existe ninguna posesión antes de la familia, o antes de
las relaciones de dominación y servidumbre, que son relaciones mucho
más concretas. Por el contrario, sería correcto decir que existen fami-
lias y tribus, que sólo poseen, pero que no tienen propiedad. La catego-
ría más simple se presenta, por lo tanto, como relación de simples
comunidades familiares o tribales respecto de la propiedad. En la so-
ciedad de un nivel superior se presenta como la relación más simple de
una organización desarrollada. Pero el sustrato más concreto, cuya
relación es la posesión, está siempre presupuesto. Uno puede represen-
tarse a un salvaje aislado que posee. Pero entonces la posesión no es
ninguna relación jurídica. Es incorrecto que la posesión se desarrolla
históricamente hasta la familia.” Ella presupone más bien y siempre esta
«categoría jurídica más concreta». Sin embargo, permanece siempre el
hecho de que las categorías simples son expresiones de relaciones, en
las cuales puede haberse realizado lo concreto menos desarrollado, sin
que haya sido producida todavía la relación o conexión multilateral que
está expresada espiritualmente en la categoría más concreta; mientras
que lo concreto más desarrollado conserva a estas mismas categorías en
cuanto relación subordinada. El dinero puede existir y ha existido his-
tóricamente, antes de que existiera el capital, antes de que existieran
los bancos, antes de que existiera el trabajo asalariado, etc. Desde este
punto de vista puede decirse, por lo tanto, que las categorías más sim-
ples pueden expresar relaciones dominantes de un todo menos desarro-
llado, o relaciones subordinadas de un todo más desarrollado, las cuales
ya tenían existencia histórica, antes de que el todo se desarrollara en el
sentido expresado en una categoría más concreta. En este sentido, el ca-
mino del pensamiento abstracto, que se eleva de lo más simple a lo com-
plejo, correspondería al proceso histórico real.

Por otra parte, se puede decir que existen formas de sociedad muy
desarrolladas y, sin embargo, históricamente inmaduras, en las cuales
tienen lugar las formas más elevadas de la economía, como por ejemplo,
la cooperación, una división del trabajo desarrollada, etc., sin que exista
dinero alguno, por ejemplo, Perú.* También entre las comunidades es-

23 Cfr. Hegel, Band VII, pág. 92.
24 Cfr. Hegel, Band VII, págs. 86-87 y 82-84.

2 Cfr. PrescorrT, History of the Conquest of Peru. London 1850. Vol. 1,
Book 1.


lavas el dinero y el cambio que lo condiciona no aparece en absoluto,
o sólo en escasa medida, dentro de cada comunidad, sino en sus fron-
teras, en el tráfico con otras comunidades; así pues, es en general falso
colocar el cambio en el centro de la comunidad, como si fuera el ele-
mento constitutivo originario. Al principio, aparece más bien antes en
la relación de las diferentes comunidades entre sí, que para los miem-
bros de una única y misma comunidad. Más aún: a pesar de que el
dinero desempeña un papel desde muy pronto y en todos los sentidos,
sin embargo, en la antigiiedad como elemento dominante pertenece ex-
clusivamente a naciones determinadas unilateralmente, a las naciones
comerciales. E incluso en la antigiiedad más desarrollada, entre los grie-
gos y los romanos, su pleno desarrollo, que está presupuesto en la mo-
derna sociedad burguesa, sólo aparece en el período de su disolución.
Por lo tanto, esta categoría completamente simple no se presenta his-
tóricamente en su intensidad más que en las condiciones más desarro-.
lladas de la sociedad. Pero sin permear, en modo alguno, todas las
relaciones económicas. Por ejemplo, en el Imperio Romano, en su máxi-
mo desarrollo, los impuestos en especie y las prestaciones en especie
continuaron siendo el fundamento del mismo. El sistema monetario
propiamente dicho sólo se desarrolla allí por completo en el ejército. No
llegó nunca a alcanzar a la totalidad del trabajo. Así, a pesar de que la
categoría más simple puede haber existido históricamente antes que la
más concreta, en su pleno desarrollo intensivo y extensivo, sin embargo
puede pertenecer precisamente a una forma de sociedad compleja,
mientras que la categoría más concreta estaba ya plenamente desarro-
llada en una forma de sociedad menos desarrollada.

El trabajo parece una categoría completamente simple. También la
representación del mismo en esta generalidad —<como trabajo en ge-
neral— es antiquísima. Sin embargo, considerado en esta simplicidad,
desde el punto de vista económico, el «trabajo» es una categoría tan
moderna como las relaciones que engendran esta abstracción simple.
El monetarismo, por ejemplo, pone la riqueza de forma totalmente ob”
jetivada, como cosa fuera de sí mismo, en el dinero. Frente a este punto
de vista fue un gran progreso, cuando el sistema manufacturero o co-
mercial trasladó la fuente de la riqueza del objeto a la actividad subje-
tiva —el trabajo comercial o manufacturero—, si bien concibió siempre
esta actividad en el aspecto limitado de creadora de dinero. Frente a
este sistema, también constituyó un gran progreso el sistema fisiocrá-
tico, que considera una forma determinada del trabajo —la agri-
cultura— como la creadora de riqueza, y no considera al objeto mismo


en el disfraz del dinero, sino al producto en general, como resultado
general del trabajo. Este producto, de acuerdo con el carácter limitado
de la actividad, es considerado todavía como un producto determinado
naturalmente —como producto de la agricultura, como producto de la
tierra par excellence.

Fue un inmenso progreso el de Adam Smith al rechazar todo carác-
ter determinado de la actividad creadora de riqueza, y considerarla
como trabajo a secas; ni como trabajo manufacturero, ni como trabajo
comercial, ni como trabajo agrícola, sino tanto el uno como el otro. Con
la generalidad abstracta de la actividad creadora de riqueza se pre-
senta ahora también la generalidad del objeto determinado como rique-
za, como producto en general o como trabajo en general, pero como
trabajo pasado, como trabajo objetivado. La dificultad y magnitud de
esta transición se pone de manifiesto en el hecho de cómo el mismo
Adam Smith recae a veces de nuevo en el sistema fisiocrático. Ahora
podría parecer que de esta forma se habría encontrado la expresión
más abstracta para la relación más antigua y más simple, en la que los
hombres aparecen como productores, cualquiera que sea la forma de
sociedad. Esto es correcto desde un punto de vista. Pero no lo es des-
de otro. La indiferencia frente a una determinada clase de trabajo pre-
supone una totalidad muy desarrollada de trabajos reales, ninguno de
los cuales domina a todos los demás. Así, las abstracciones más gene-
rales sólo surgen en general con el desarrollo concreto más rico, donde
un elemento se presenta como lo común a muchos, como lo común a
todos. Entonces deja de poder ser pensado exclusivamente en una forma
particular. Por otra parte, esta abstracción del trabajo en general no
es sólo el resultado ideal de una totalidad concreta de trabajos. La in-
diferencia frente al trabajo determinado corresponde a una forma de
sociedad, en la que los individuos pasan con facilidad de un trabajo a
otro y en la que el género determinado del trabajo es para ellos casual
y, por lo tanto, indiferente. El trabajo se ha convertido aquí no sólo
en cuanto categoría, sino en la realidad en el instrumento para la crea-
ción de la riqueza en general, y como determinación ha dejado de
formar una unidad con los individuos como una particularidad suya.
Una tal situación está más desarrollada que en ningún lado en la forma
de existencia más moderna de las sociedades burguesas, en los Estados
Unidos. Sólo aquí, por lo tanto, la abstracción de la categoría «trabajo»,
«trabajo en general», «trabajo sans phrase», que es el punto de par-
tida de la economía moderna, deviene verdadera en la práctica. Por lo
tanto, la abstracción más simple que la economía moderna coloca en la


cúspide, y que expresa una relación antiquísima y válida para todas
las formas de sociedad, se presenta, sin embargo, en esta abstracción,
como verdadera en la práctica sólo en cuanto categoría de la sociedad
más moderna. Se podría decir que lo que en los Estados Unidos se
presenta como un producto histórico —+esta indiferencia frente a un
trabajo determinado— se presenta entre los rusos, por ejemplo, como
una disposición natural. Sólo que en primer lugar existe una endiablada
diferencia entre bárbaros con disposición para ser utilizados para todo,
y civilizados que se dedican a todo. Y además entre los rusos a esta
indiferencia frente al carácter determinado del trabajo corresponde la
sujeción tradicional a un trabajo completamente determinado, del cual
sólo son expulsados mediante influencias externas.

Este ejemplo del trabajo muestra de manera evidente cómo las
mismas categorías más abstractas, a pesar de su validez —precisamente
a causa de su abstracción— para todas las épocas, sin embargo, en la
determinación de esta abstracción misma son producto de relaciones
históricas y sólo poseen plena validez para y dentro de estas relaciones.

La sociedad burguesa es la organización histórica de la producción
más desarrollada y compleja. Las categorías que expresan sus relaciones,
la comprensión de su organización, permiten comprender al mismo
tiempo la organización y las relaciones de producción de todas las for-
mas de sociedad pasadas, con cuyas ruinas y elementos ella ha sido edi-
ficada, de los cuales ella continúa arrastrando en parte consigo restos
todavía no superados, mientras que meros indicios han desarrollado en
ella todo su significado. En la anatomía del hombre está la clave para
la anatomía del mono. Los indicios de las formas superiores en las
especies animales inferiores sólo pueden ser comprendidos cuando la
forma superior misma ya es conocida. La economía burguesa suminis-
tra, por lo tanto, la clave de la economía antigua, etc. Pero, en modo
alguno, de la forma en que proceden los economistas, que cancelan todas
las diferencias históricas y ven en todas las formas de sociedad la
forma burguesa. Se puede comprender el tributo, el diezmo, etc., cuan-
do se conoce la renta de la tierra. Pero hay que no identificarlas. Puesto
que además la misma sociedad burguesa no es más que una forma anta-
gónica del desarrollo, determinadas circunstancias de formas anteriores se
presentan en ella con frecuencia sólo de manera totalmente atrofiada
o completamente caricaturizada. Por ejemplo, la propiedad comunal.
En consecuencia, si es verdad que las categorías de la economía bur-
guesa poseen una cierta validez para todas las demás formas de sociedad,
esto ha de ser aceptado cum grano salis. Ellas pueden contener dichas

formas de un modo desarrollado, atrofiado, caricaturizado, etc., pero
la diferencia será siempre esencial. El llamado desarrollo histórico des-
cansa en general en el hecho de que la última forma considera a las
formas pasadas como estadios que conducen a ella misma; y, puesto
que ella rara vez y sólo en condiciones completamente determinadas es
capaz de criticarse a sí misma —aquí no se habla en absoluto de aque-
llos períodos históricos que se presentan a sí mismos como la época
de decadencia—, las concibe siempre de forma unilateral. La religión
cristiana sólo fue capaz de contribuir a la comprensión objetiva de las
mitologías anteriores cuando estuvo dispuesta, 3uvápet, por así de-
cirlo, a realizar su autocrítica hasta un cierto punto. Así también, la
economía burguesa sólo llegó a la comprensión de la sociedad feudal,
antigua, oriental, cuando comenzó la autocrítica de la sociedad bur-
guesa. En la medida en que la economía burguesa no se identifica pura
y simplemente de forma mitológica con el pasado, su crítica de formas
de sociedad anteriores, por ejemplo, de la feudal, con la que todavía
tuvo que luchar directamente, se asemeja a la crítica que el cristianismo
realizó al paganismo, o también el protestantismo al catolicismo.
Como en general en toda ciencia histórica, social, en el desarrollo
de las categorías económicas hay que tener siempre presente que, como
en la realidad, así también en la mente, el sujeto —aquí la moderna
sociedad burguesa— está ya dado, y que las categorías sólo expre-
san, en consecuencia, formas de ser, determinaciones existenciales, a
menudo sólo aspectos particulares de esta sociedad determinada, de
este sujeto, y que, por lo tanto, incluso desde un punto de vista cien-
tífico ella no empieza en modo alguno en el momento en que se
empieza a hablar de ella en cuanto tal. Esto hay que tenerlo presente
porque ofrece elementos decisivos para la división de nuestro estudio.
Por ejemplo, nada parece más natural que empezar con la renta de la
tierra, con la propiedad de la tierra, ya que está ligada a la tierra, que
es la fuente de toda producción y de toda existencia, así como a la pri-
mera forma de producción de todas las sociedades consolidadas en cierta
medida, a la agricultura. Y sin embargo, nada sería más erróneo. En
todas las formas de sociedad hay una producción determinada que asigna
a todas las demás su rango e influencia, y cuyas circunstancias, por lo
tanto, asigna también a todas las demás circunstancias su rango e influen-
cia. Es una iluminación general en la que se sumergen todos los demás
colores y que los modifica en su particularidad. Es un éter particular que
determina el peso específico de todas las formas de existencia que des-
tacan en él. Por ejemplo, entre los pueblos pastores (los pueblos simple-


mente cazadores o pescadores están fuera del punto en el que empieza
el desarrollo real). Entre éstos aparece cierta forma de agricultura es-
porádica. La propiedad de la tierra está determinada por este hecho.
La propiedad es común y conserva esta forma más o menos, según que
estos pueblos se mantengan más o menos firmes en sus tradiciones, por
ejemplo, la propiedad común entre los eslavos. En los pueblos de agri-
cultura sedentaria —y esta sedentariedad es ya un gran nivel—, en los
que la agricultura domina, como entre los antiguos o en la sociedad
feudal, la industria misma y su organización y las formas de propiedad
que le corresponden tienen en mayor o menor medida el carácter de
propiedad de la tierra; o bien dependen por completo de la propiedad
de la tierra, como entre los antiguos romanos, o bien, como en la Edad
Media, reproducen en la ciudad la organización del campo y sus rela-
ciones. El capital mismo en la Edad Media —en la medida en que no
es un puro capital dinerario— como instrumento artesanal tradicio-
nal, etc., tiene este carácter de propiedad de la tierra. En la sociedad
burguesa es a la inversa. La agricultura deviene cada vez más una mera
rama de la industria, y está totalmente dominada por el capital. Lo
mismo la renta de la tierra. En todas las formas en las que la propiedad
de la tierra domina, la relación con la naturaleza es la dominante. En
aquellas en las que domina el capital, el elemento social, producido his-
tóricamente, es el dominante. La renta de la tierra no puede ser com-
prendida sin el capital. El capital, sin embargo, puede ser comprendido
sin la renta de la tierra. El capital es el poder económico de la sociedad
burguesa que lo domina todo. Tiene que constituir tanto el punto de
partida como el punto de llegada y tiene que ser desarrollado antes
que la propiedad de la tierra. Después de haber sido considerados ambos
en particular, habrá que considerar su relación recíproca.

Sería, por lo tanto, impracticable y erróneo presentar la sucesión de
las categorías económicas en el orden en que fueron históricamente
determinantes. Su orden de sucesión está más bien determinado por la
relación que tienen entre sí en la moderna sociedad burguesa, y que es
exactamente el inverso de aquel que se presenta como natural o que
corresponde al orden del desarrollo histórico. No se trata de la disposi-
ción que adoptan históricamente las relaciones económicas en la suce-
sión de las diferentes formas de sociedad. Aún menos de su sucesión
«en la idea» (Proudhon) (una representación nebulosa del movimien-
to histórico). Sino de su articulación dentro de la sociedad burguesa
moderna.

La pureza (la determinación abstracta) en la que se presentan los


pueblos comerciantes —fenicios, cartagineses— en el mundo antiguo,
está dada precisamente por el predominio de los pueblos agrícolas. El
capital comercial o el capital monetario se presenta, precisamente en
esta abstracción, allí donde el capital no es todavía el elemento domi-
nante de las sociedades. Los judíos, los lombardos, asumen esta posi-
ción frente a las sociedades medievales que practican la agricultura.

Como un ejemplo más de la posición diferente que asumen las
mismas categorías en los diferentes estadios de la sociedad, una de las úl-
timas formas de la sociedad burguesa: joint-stock-companies <socieda-
des por acciones). Sin embargo, aparecen también en sus comienzos en
las grandes compañías comerciales privilegiadas y gozando de una si-
tuación de monopolio.

El concepto mismo de riqueza nacional se insinúa entre los econo-
mistas del siglo xvi —una representación que en parte continúa entre
los del xvriii— de una forma tal que la riqueza parece creada exclu-
sivamente para el Estado, mientras que su poder parece ser proporcio-
nal a esta riqueza.? Ésta era una forma todavía inconscientemente hipó-
crita en la que la riqueza misma y la producción de la riqueza se
anunciaba como la finalidad de los estados modernos, los cuales eran
considerados exclusivamente en cuanto instrumento para la produc-
ción de la riqueza.

La división de la materia ha de ser efectuada evidentemente de
forma tal que se estudie: 1) las determinaciones abstractas generales
que corresponden, por lo tanto, en mayor o menor medida, a todas las
formas de sociedad, pero en el sentido antes indicado. 2) Las categorías
que constituyen la articulación interna de la sociedad burguesa y sobre
las que descansan las clases fundamentales. Capital, trabajo asalariado,
propiedad de la tierra. Su relación recíproca. Ciudad y campo. Las tres
grandes clases sociales. Cambio entre ellas. Circulación. Crédito (pri-
vado). 3) Resumen de la sociedad burguesa en la forma de Estado.
Considerado en relación consigo mismo. Las clases «no productivas».
Impuestos. Deuda pública. La población. Las colonias. Emigración.
4) Relaciones internacionales de la producción. División internacional
del trabajo. Cambio internacional. Exportación e importación. Cotiza-
ción en el cambio. 5) El mercado mundial y las crisis.”

1 Cfr. James STEUART, An Inquiry into the Principles of Political Economy,
etc. Vol. 1, pág. 327. Dublin 1770.

2 Véase Zur Kritik der politischen Okonomie <Contribución a la Crítica de la
Economía Política», el comienzo de cuyo prólogo fue escrito casi un año y medio
después que esta introducción. Véase también en esta misma obra la conclusión


### 4) Producción. Medios de producción y relaciones de producción. Relaciones de producción y relaciones de tráfico. Formas de estado y de consciencia en relación con las relaciones de producción y tráfico.

### Relaciones jurídicas. Relaciones familiares.

Notabene en relación con los puntos que han de ser mencionados aquí
y que no deben ser olvidados.

1) La guerra fue desarrollada antes que la paz; modo como me-
diante la guerra y en los ejércitos, etc., se desarrollan ciertas relaciones
económicas, como trabajo asalariado, maquinaria, etc., antes que en el
interior de la sociedad civil. También la relación entre la fuerza
productiva y las relaciones de tráfico se presenta de forma particular-
mente visible en el ejército.

2) Relación de la historiografía ideal existente hasta el momen-
to con la historiografía real. En particular, las llamadas historias de la
civilización, que son todas historias de la religión y de los estados.
(Con ocasión de esto se puede decir algo sobre las diferentes clases
de historiografía existente hasta el momento. La llamada historiogra-
fía objetiva, la subjetiva (moral, entre otras). La filosófica.)

3) Relaciones de producción secundarias y terciarias; en general
relaciones de producción derivadas, transmitidas, no originarias. Aquí
entran en juego las relaciones internacionales.

4) Objeciones sobre el materialismo de esta concepción. Rela-
ción con el materialismo naturalista.

5) Dialéctica de los conceptos fuerza productiva (medios de pro-
ducción) y relaciones de producción, una dialéctica cuyos límites han
de ser determinados y que no suprime la diferencia real.

6) La relación desigual entre el desarrollo de la producción ma-
terial y el desarrollo, por ejemplo, artístico. En general, el concepto
de progreso no debe ser aprehendido en la abstracción usual. Con
respecto al arte,*” etc., esta desproporción no es tan importante ni tan

del apéndice histórico al primer capítulo, que fue escrito casi un año justo des-
pués de esta introducción.
*7 «Mit der Kunst etc dieser Disproportion»; ed. 1939, «Moderne Kunst etc

Diese Disproportion» <Arte moderno, etc. Esta desproporción>. Seguimos la
lectura de NMEGA.


difícil de aprehender como dentro de las propias relaciones práctico-
sociales. Por ejemplo, de la educación. Relación de los Estados Unidos
con Europa. Pero el punto realmente difícil que ha de ser discutido
aquí es, sin embargo, el de cómo las relaciones de producción en
cuanto relaciones jurídicas tienen un desarrollo desigual. Por ejemplo,
la relación del derecho privado romano (en el derecho penal y público
esto ocurre en mucho menor medida) con la producción moderna.

7) Esta concepción se presenta como un desarrollo necesario.
Pero justificación del azar. Cómo. (Entre otras cosas, también de la
libertad.) (Influencia de los medios de comunicación. La historia mun-
dial no ha existido siempre; la historia como historia mundial es un
resultado.)

8) El punto de partida está naturalmente dado por las determina-
ciones naturales; subjetivas y objetivas. Tribus, razas, etc.

### El arte griego y la sociedad moderna

1) Es sabido, por lo que al arte se refiere, que determinadas
épocas de florecimiento del mismo no están en modo alguno en rela-
ción con el desarrollo general de la sociedad, y, por lo tanto, tampoco
con el fundamento material, con el esqueleto de su organización. Por
ejemplo, los griegos comparados con los modernos, o también
Shakespeare. Respecto de ciertas formas de arte, por ejemplo, de la
épica, se reconoce incluso que en su forma clásica, en la que hace
época a escala mundial, no pueden ser producidas, tan pronto como
aparece la producción artística en cuanto tal; y que, por lo tanto,
dentro de la propia esfera del arte ciertas formas significativas del
mismo sólo son posibles sobre la base de un estadio no desarrollado
del desarrollo artístico. Si esto ocurre en la relación entre los dife-
rentes géneros artísticos dentro de la esfera misma del arte, es menos
sorprendente que esto ocurra en la relación de la esfera artística en su
conjunto con el desarrollo general de la sociedad. La dificultad con-
siste exclusivamente en la formulación general de estas contradicciones.
Tan pronto como son especificadas, ya han sido aclaradas.

Tomemos, por ejemplo, la relación del arte griego y luego de Sha-
kespeare con la época actual. Es sabido que la mitología griega no sólo
era el arsenal del arte griego, sino además el terreno del que se alimen-
taba. ¿Es posible la intuición de la naturaleza y de las relaciones so-
ciales que sirve de base a la fantasía griega y, por lo tanto, a la mitología


griega, con las máquinas de hilar automáticas, con los ferrocarriles y
locomotoras y con los telégrafos eléctricos? ¿Qué quedaría de Vulca-
no frente a Roberts y Cía., de Júpiter frente al pararrayos, y de Hermes
frente al Crédit Mobilier? Toda mitología somete, domina y conforma
las fuerzas de la naturaleza en la imaginación y mediante la imagina-
ción; desaparece, por lo tanto, con el dominio real sobre ellas. ¿En
qué se convierte Fama frente a Printinghouse Square? El arte griego
presupone la mitología griega, es decir, presupone la naturaleza y las
mismas relaciones sociales ya elaboradas mediante la fantasía popular
en una forma inconscientemente artística. Éste es su material. No cual-
quier mitología, es decir, no cualquier elaboración artística inconsciente
de la naturaleza (aquí ya está incluido todo elemento objetivo, y, por
lo tanto, la sociedad). La mitología egipcia no podía ser el terreno o
el seno materno del arte griego. Pero, en cualquier caso, era necesaria
una mitología. Por lo tanto, en ningún caso, un desarrollo de la socie-
dad, que excluye toda relación mitológica con la naturaleza, toda rela-
ción mitologizadora con ella; y que exige, por lo tanto, del artista una
fantasía independiente de la mitología?

Por otra parte, ¿es posible Aquiles con la pólvora y con las ba-
las? ¿O, en general, la Ilíada con la prensa o con la máquina de im-
primir? El canto y las leyendas y las musas, ¿no desaparecen necesaria-
mente ante la palanca de la prensa del tipógrafo y no desaparecen, por
lo tanto, necesariamente las condiciones de la poesía épica?

Pero la dificultad no reside en comprender que el arte y la épica
griega están ligadas a ciertas formas de desarrollo social. La dificultad
consiste en que todavía nos proporcionan un goce artístico y en que,
en un cierto aspecto, tienen vigencia como norma y como modelo inal-
canzable.

Un hombre no puede convertirse de nuevo en niño, sin convertirse
en infantil. ¿Pero no disfruta con la ingenuidad del niño y no debe
aspirar a reproducir a un nivel más elevado su verdad? ¿No revive en
la naturaleza infantil el carácter propio de cada época en su verdad
natural? ¿Por qué la infancia histórica de la humanidad, allí donde se
ha desarrollado de la forma más bella, no debería ejercer un encanto
eterno, como un estadio que no ha de volver jamás? Hay niños mal
educados y niños precoces. Muchos de los pueblos antiguos pertenecen
a esta categoría. Los griegos fueron los niños normales. El encanto de
su arte no está en contradicción con el estadio de la sociedad no des-

2% Cfr. HecEL, Band XI, págs. 308-313.


arrollada sobre el que creció. Es más bien su resultado, y está más bien
ligado inseparablemente al hecho de que las condiciones sociales inma-
duras, bajo las cuales surgió y únicamente podía surgir, no pueden

volver jamás.

## II. EL CAPÍTULO DEL DINERO


«El capitulo del dinero» comprende el cuaderno 1 y las 7 pri-
meras páginas del cuaderno II. El cuaderno I fue escrito en octubre
de 1857, pero no fue fechado por Marx.

### Alfred Darimon: De la Réforme des Banques. 1.
París 1856?

«Todo el mal viene del papel predominante que se obstinan en conser-
var a los metales preciosos en la circulación y en los cambios» (págs. 1, 2).

Darimon comienza con las medidas que tomó el Banco de Francia
en octubre de 1855 para remediar la disminución progresiva de su re-
serva (pág. 2). Darimon quiere darnos un cuadro estadístico de la situa-
ción de esta banca durante los últimos seis meses que precedieron a sus
medidas de octubre. Con este fin compara él su reserva metálica du-
rante cada uno de estos seis meses con las «fluctuaciones de su porta-
folio», es decir, con la masa de los descuentos efectuados por ella (títulos
de comercio y letras de cambio que se encuentran en su cartera). El
número que expresa el valor de los títulos que se encuentran en poder
del banco representa, según Darimon, «la necesidad mayor o menor
que el público tiene de sus servicios, o, lo que viene a ser lo mismo, las
necesidades de la circulación» (pág. 2). ¿Lo que viene a ser lo mismo?
En modo alguno. Si la masa de títulos de comercio y letras de cambio
presentadas para el descuento coincidiera con las «necesidades de la
circulación», de la' circulación del dinero en sentido auténtico, la circu-
lación de los billetes de banco tendría que estar determinada por la
masa de las letras de cambio descontadas. Este movimiento no sólo no
es, por lo general, paralelo, sino que suele ser su contrario. La masa
de las letras de cambio descontadas y sus fluctuaciones expresan las
necesidades del crédito, mientras que la masa del dinero en circulación
está determinada por influencias completamente diferentes. Para obte-
ner, de alguna manera, una conclusión sobre la circulación, Darimon
hubiera tenido, ante todo, que colocar, junto a las rúbricas sobre la re-

2 Todas las indicaciones de páginas en las citas de este escrito se refieren a
la fuente misma y no a los cuadernos de extractos de Marx.


serva metálica y las letras de cambio descontadas, una rúbrica sobre el
importe de los billetes de banco en circulación. Para hablar de las ne-
cesidades de la circulación, era completamente lógico constatar, en pri-
mer lugar, las fluctuaciones en la circulación real. El dejar de lado este
miembro necesario de la comparación descubre en seguida la chapuce-
ría diletantesca y la deliberada confusión de las necesidades del crédito
con las de la circulación del dinero, una confusión sobre la que descan-
sa, en realidad, todo el secreto de la sabiduría proudhoniana (listas de
mortalidad, en las que figuraran por una parte las defunciones, pero en
las que no aparecieran por otra los nacimientos). Las dos rúbricas (ver
pág. 3), que Darimon presenta, la de la reserva metálica del banco de
abril a septiembre por una parte, y la del movimiento de su cartera
por otra, no expresan más que el tautológico hecho, para el que no es
necesario el gasto de ilustraciones estadísticas, de que en la misma me-
dida en que son llevadas letras de cambio al banco, para obtener metal
de él, su cartera se llena de letras de cambio y su sótano se vacía
de metal. E incluso esta tautología, que Darimon quiere demostrar con
sus estadísticas, no está expresada en ellas con exactitud. Dichas esta-
dísticas muestran más bien que desde el 12 de abril al 13 de septiem-
bre de 1855 la reserva metálica del banco descendió en 144 millones
aproximadamente, mientras que los títulos en cartera aumentaron
en 101 millones,**” aproximadamente. El descenso en su reserva metá-
lica superó por lo tanto en unos 43 millones el aumento de los títulos
descontados. La identidad de ambos movimientos se estrella contra este
resultado global del movimiento semestral. Una comparación más pre-
cisa de las cifras nos muestra otras incongruencias.

Reserva metálica en el Banco Títulos descontados por el Banco
12 abril —-432.614.799 frs. 12 abril —322.904.313
10 mayo —-420.914.028 10 mayo —310.744.925

En otras palabras: desde el 12 de abril al 10 de mayo la reserva
metálica descendió en 11.700.769, mientras que el número de títulos
aumentó*” en 12.159.388, es decir, el aumento*”” de los títulos de cam-

*8 Debería decir 108 millones. Marx tomó la cifra 101 de Darimon.

*% Aumentó; debería decir, descendió.

*10 Aumento; debería decir, descenso. La corrección de todos los errores
cometidos por Marx en la transcripción de las cifras no afecta en absoluto a la
esencia de las conclusiones extraídas por Marx en las págs. 41-43 (de este
volumen) a partir de los cuadros estadísticos de Darimon.


bio superó en medio millón aproximadamente (458.619 frs.) el descenso
de la reserva metálica. La realidad inversa pero en medida mucho más
sorprendente, aparece cuando comparamos los meses de mayo y junio.

Reserva metálica en el Banco Títulos descontados por el Banco
10 mayo —420.914.028 10 mayo —310.744.925
14 junio —407.769.813 14 junio —310.369.439

Desde el 10 de mayo al 14 de junio descendió por lo tanto la re-
serva metálica en 13.144.225 frs. ¿Aumentaron sus títulos en la misma
medida? Al contrario, ellos descendieron en el mismo período de tiem-
po en 375.486 frs. Aquí no estamos ya, por lo tanto, ante una mera
desproporción cuantitativa, entre el descenso por un lado y la subida
por el otro. Incluso la relación inversa de ambos movimientos ha desa-
parecido. Un enorme descenso por una parte, es acompañado por un
descenso relativamente débil por la otra.

Reserva metálica en el Banco Títulos descontados por el Banco
14 junio —407.769.813 14 junio —-310.369.439
12 julio —-314.629.614 12 julio —381.699.256

La comparación de los meses de junio y julio muestra el descenso
de la reserva metálica en 93.140.199 frs. y el aumento de los títulos
en 71.329.817 frs., es decir, el descenso de la reserva metálica es
21.810.382 frs. mayor que el aumento de la cartera.

Reserva metálica en el Banco Títulos descontados por el Banco
12 julio  —-314.629.614 12 julio —381.699.256
9 agosto —338.784.444 9 agosto —458.689.605

Vemos el aumento por ambas partes; el de la reserva metálica en
24.154.830 frs., el de la cartera el más significativo de 76.990.349 frs.

Reserva metálica en el Banco Títulos descontados por el Banco

9 agosto —338.784.444 9 agosto —458.689.605
13 septiembre —288.645.333 13 septiembre —431.390.562

El descenso de la reserva metálica en 50.139.111 frs., es acompa-
ñiado, en este caso, por un descenso de los títulos en 27.299.043 frs.
(En diciembre de 1855, a pesar de las medidas restrictivas del Banco
de Francia, su reserva había disminuido de nuevo en 24 millones.)


Lo que es salsa para el ganso es salsa para la gansa. Las verdades
que resultan de una comparación sucesiva de los seis meses poseen
la misma pretensión de seguridad que las verdades, que resultan de la
comparación de los dos puntos finales de la lista del señor Darimon.
¿Y qué es lo que muestra la comparación? Verdades que se excluyen
mutuamente. Dos veces aumenta la cartera y desciende la reserva
metálica, pero de forma tal que el descenso de ésta no equivale al
aumento de aquélla (meses de abril-mayo y junio-julio). Dos veces des-
ciende la reserva metálica acompañada por un descenso de la cartera,
pero sin que el descenso de este último cubra el descenso de la primera
(meses mayo-junio y agosto-septiembre). Finalmente, una vez aumen-
ta la reserva metálica y aumenta la cartera, pero sin que el aumento
de la primera cubra el de la segunda. Descenso por un lado, aumento por
el otro; descenso por ambos lados y aumento por ambos lados; todo,
por lo tanto, pero ninguna ley uniforme; y, sobre todo, ninguna rela-
ción inversa, ninguna acción recíproca, ya que el descenso en la cartera
no puede ser la causa del descenso de la reserva metálica, ni el
aumento de la cartera la del aumento de la reserva metálica. La rela-
ción inversa y la acción recíproca no es constatada ni siquiera por la
comparación aislada, que Darimon establece entre el primer y el último
mes. Si el aumento en la cartera de 101 millones no cubre el des-
censo en la reserva metálica de 144 millones, existe la posibilidad de
que entre el aumento por una parte y el descenso por otra no haya
ninguna relación causal. La ilustración estadística, en lugar de dar una
respuesta, ha planteado una masa de cuestiones que se entrecruzan, en
lugar de un problema ha creado sesenta. El problema desaparecería,
en realidad, en cuanto el señor Darimon colocara junto a las rúbricas
de la reserva metálica y de la cartera (títulos descontados), las rúbri-
cas de la circulación de los billetes y de los depósitos. Un descenso
menor por parte de la reserva metálica que el aumento de la cartera,
se explicaría, o bien porque el depósito del metal habría aumentado
al mismo tiempo, o bien porque una parte de los billetes desembolsados
en el acto del descuento no habrían sido cambiados por metal, sino
que habrían permanecido en la circulación, o finalmente porque sin
aumentar la circulación, los billetes desembolsados habrían vuelto a adop-
tar inmediatamente la forma o bien de depósitos, o bien habrían sido
utilizados en el pago de transacciones vencidas. Un descenso de la re-
serva metálica acompañado por un descenso menor de la cartera se
explicaría porque fueron retirados depósitos del banco, o porque fue-
ron cambiados billetes por metal, y porque su propio descuento fue
obstaculizado de esta forma por los poseedores de los depósitos retira-


dos o de los billetes convertidos en metal. Finalmente, un descenso
pequeño de la reserva metálica acompañado por un descenso pequeño
de la cartera se explicaría por las mismas razones (dejamos fuera de
toda consideración la salida —de metal— para la sustitución del dinero
en plata dentro del país, ya que Darimon no lo toma en consideración).
Pero las rúbricas que de esta forma se hubieran explicado mutuamente,
habrían también demostrado lo que no debía ser demostrado, que la
satisfacción de las crecientes necesidades del comercio no requiere nece-
sariamente por parte del banco la multiplicación de la circulación de sus
billetes, que la disminución o aumento de esta circulación no corresponde
a la disminución o al aumento de su reserva metálica, que el banco
no controla la masa de los medios de circulación, etc. —resultados
todos, que no le convenían al señor Darimon. En su prisa por gritar
a los cuatro vientos su preconcebida opinión acerca de la existencia de
una oposición entre la base en metal del banco, representada por la re-
serva metálica, y las necesidades de la circulación, representadas, en su
opinión, por la cartera, Darimon separa dos rúbricas de su necesario
complemento, rúbricas que aisladas de esta forma, pierden todo su sen-
tido, o, a lo sumo, testimonian contra él. Si nos hemos detenido en
este hecho, ha sido para poner en claro, sobre un ejemplo, todo el valor
de las ilustraciones estadísticas y positivas de los proudhonianos. En
lugar de ser los hechos los que suministran la prueba de sus teorías,
son ellos los que suministran la prueba de la falta del dominio de los
hechos, para poder jugar con ellos. La manera en que ellos juegan con
los hechos, muestra más bien la génesis de su abstracción teórica.

Sigamos a Darimon.

Cuando el Banco de Francia vio su reserva metálica disminuida en
144 millones y su cartera aumentada en 101 millones, adoptó el 4 y
el 18 de octubre de 1855 medidas para la defensa de sus arcas y contra
su cartera. El Banco elevó la tasa de descuento del 4 al 5 y del 5
al 6 %, y redujo el período de vencimiento de las letras presentadas
para el descuento de 90 a 75 días. En otras palabras: dificultó las con-
diciones bajo las cuales él ponía su metal a disposición del comercio.
¿Qué demuestra esto? Según Darimon, «que un banco, que está orga-
nizado de acuerdo con los principios actuales, es decir, que se basa
sobre la preeminencia del oro y de la plata, se sustrae al servicio del
público precisamente en el momento en que el público más necesita
sus servicios».” ¿Necesitaría el señor Darimon sus cifras para demostrar

30 Cfr. ALFRED DARIMON, De la Réforme des Banques, avec une introduction
par M. Émile de Girardin, Paris 1856, pág. 3.


que la oferta encarece sus servicios en la misma medida en que la de-
manda los solicita (y la supera)? ¿Y no siguen los señores que repre-
sentan al «público» frente al banco la misma «agradable costumbre de
existencia»?*” Los filantrópicos comerciantes de cereales, que presenta-
ban sus letras al banco, para obtener billetes, para cambiarlos por el
oro del banco, para cambiar este oro por los cereales extranjeros, para
cambiar estos cereales extranjeros por el dinero del público francés,
¿partían acaso de la idea de que, puesto que el público necesitaba ahora
más que nada cereales, era su obligación venderle los cereales lo más
barato posible, o se abalanzaron, por el contrario, sobre el banco para
explotar la subida de los cereales, la necesidad del público y la despro-
porción entre la oferta y la demanda? ¿Y el banco debe ser exceptuado
de estas leyes económicas generales? Quelle idée! Pero puede ocurrir
que la organización actual de los bancos lleve consigo el que el oro
tenga que ser amontonado en una cantidad tan grande como para con-
denar al medio de compra —que en el supuesto de una necesidad de
cereales podría ser utilizado de la forma más provechosa para la na-
ción— a permanecer improductivo, y como para convertir en general
al capital —<que debería recorrer las fértiles transformaciones de la
producción— en plataforma improductiva y ociosa de la circulación. En
este caso se trataría, por lo tanto, de que en la organización actual de
los bancos la reserva metálica improductiva estaría incluso por encima
del mínimo necesario, porque el ahorro de oro y plata en la esfera de
la circulación no habría sido contenido dentro de sus límites económicos.
Se trataría de un más o un menos, pero sobre la misma base. Pero de esta
forma la cuestión descendería de las alturas socialistas a la superficie
práctico-burguesa, en la que la vemos pasear entre la mayor parte de
los enemigos angloburgueses del Banco de Inglaterra. Quelle chute!
¿O no se trata acaso de un ahorro mayor o menor de metal mediante
billetes y otros mecanismos bancarios, sino de un abandono total de la
base metálica? Pero entonces vuelve a no servir para nada la fábula
estadística con su moraleja. Pues, si el banco, bajo las condiciones que
sea, debe siempre enviar metales nobles al extranjero en caso de nece-
sidad, tiene antes que haberlos acumulado, y si el extranjero debe
aceptarlos a cambio de sus mercancías, dichos metales tienen que haber
afirmado previamente su preeminencia.

Las causas de que al banco le fuera sustraído su metal noble fue-
ron, según Darimon, la mala cosecha de cereales y la consecuente ne-

81 Cfr. HEGEL, Band XX, pág. 452; GortTHE, Egmont. Finfter Aufzug.
Gefángnis. Gesprách mit Ferdinand.


cesidad de importarlos del extranjero.” Él olvida la deficiente cosecha
de seda y la necesidad de comprarla en grandes cantidades en China.
Más adelante habla Darimon además de los grandes y numerosos nego-
cios que coincidieron con los últimos meses de la exposición industrial
de París.* Él olvida de nuevo las grandes especulaciones y empresas
en el extranjero, que emprendieron el Crédit Mobilier y sus rivales,
para mostrar, como dice Isaac Péreire, que el capital francés se distin-
gue de los demás capitales, como la lengua francesa se distingue de las
demás lenguas: por su cosmopolitismo. Á esto hay que añadir los gas-
tos improductivos causados por la guerra en Oriente: préstamo de
750 millones. Tenemos, por lo tanto, por una parte un descenso grande
y repentino de dos de las ramas más significativas de la producción fran-
cesa, y por otra, una utilización desusada del capital francés en los
mercados extranjeros, en empresas, que en modo alguno crean un in-
mediato equivalente y que quizás nunca cubrirán, ni en parte, sus costes
de producción. Para cubrir, por una parte, el descenso de la producción
interna mediante importaciones, y por otra, el aumento en las empre-
sas industriales en el extranjero, para eso, fueron consumidos no signos
de circulación, que sirven para el cambio de equivalentes, sino los mis-
mos equivalentes; no dinero, sino capital. La disminución en la pro-
ducción francesa interna no fue, de ninguna manera, equivalente para
la ocupación del capital francés en el extranjero. Supongamos ahora
que el Banco de Francia no descansa sobre una base metálica, y que el
extranjero está dispuesto a aceptar el equivalente francés o capital en
cualquier otra forma, que no sea la específica de los metales nobles. ¿No
habría estado igualmente obligado el Banco a elevar las condiciones
del descuento precisamente en el momento, en el que el «público» más
exige sus servicios? Los billetes, que el banco da al descontar las letras
de dicho público, no son actualmente más que signos indicadores de
oro y plata. En nuestra suposición, no serían más que signos indicado-
res de la reserva en productos de la nación y de su fuerza de trabajo
inmediatamente utilizable: la primera limitada y la segunda, susceptible
de ser aumentada sólo dentro de límites muy exactos y en períodos
de tiempo determinados. Por su lado, la máquina de fabricar billetes
trabaja inagotablemente y como por arte de magia. Simultáneamente,
pues, mientras las malas cosechas de cereales y seda disminuían enor-
memente la riqueza inmediatamente intercambiable de la nación, las em-
presas extranjeras de ferrocarril y de minería absorbían la misma ri-

32 Cfr. DARIMON, pág. 3.
23 Cfr. DARIMON, págs. 34.


queza directamente intercambiable, fijándola en forma tal, que no crea-
ban un equivalente inmediato, y que la absorbían, por lo tanto, sin
producir ningún sustituto. Estamos, por lo tanto, ante una disminución
incondicionada de la riqueza de la nación directamente intercambiable,
con capacidad de circulación y de exportación al extranjero. Por el otro
lado, estamos ante un crecimiento ilimitado de las asignaciones banca-
rias. Consecuencia inmediata: subida del precio de los productos, de
las materias primas y del trabajo. Descenso, por el otro lado, de los
precios de las asignaciones del banco. El banco no habría aumentado
la riqueza nacional por arte de magia, sino que habría devaluado, me-
diante una operación muy simple, sus propios billetes, y con esta de-
valuación habría provocado la súbita paralización de la producción.
¡En modo alguno, grita el proudhoniano! Nuestra nueva organización
bancaria no se daría por satisfecha con el servicio negativo de abolir la
base metálica y de dejar todo lo demás tal como estaba antes. Dicha
organización crearía condiciones de producción y cambio completa-
mente nuevas e intervendría, por lo tanto, bajo presupuestos comple-
tamente nuevos. ¿No revolucionó en su tiempo la introducción de los
bancos actuales las condiciones de producción? Sin la concentración del
crédito que ellos produjeron, sin las rentas estatales que ellos crearon por
oposición a la renta agraria, sin la creación de esta forma de la finanza
por oposición a la propiedad territorial, del interés monetario por oposi-
ción al interés territorial, sin este nuevo instrumento de circulación,
¿habría sido posible la gran industria moderna, las sociedades por ac-
ciones, etc., las mil formas especializadas de títulos de circulación, que
son tanto productos como condiciones de producción del comercio y
de la industria moderna?

Henos aquí ante la cuestión fundamental, que no tiene nada que
ver con el punto de partida. La cuestión, en general, sería: ¿pueden
ser revolucionadas las relaciones de producción existentes y las rela-
ciones de distribución, que a ellas corresponden, mediante una transfor-
mación del instrumento de la circulación —de la organización de la
circulación —? Más aún: ¿puede ser emprendida una tal transformación
de la circulación, sin atentar contra las relaciones de producción exis-
tentes y contra las relaciones sociales que tienen su base en ellas? Si
cada transformación de la circulación de esta clase presupusiera modifi-
caciones de las demás condiciones de producción y revoluciones socia-
les, entonces perdería naturalmente todo valor la doctrina que propone
sus artificios de circulación, para, por una parte, evitar el carácter
violento de las transformaciones, y para convertir, por otra, a estas trans-


formaciones, no en el presupuesto, sino, al revés, en el resultado pro-
gresivo de la revolución de la circulación. La falsedad de este presu-
puesto de base bastaría para demostrar la misma falta de comprensión
de la conexión interna de las relaciones de producción, distribución y
circulación. El ejemplo histórico citado anteriormente, no puede ser
considerado como decisivo, pues las modernas instituciones de crédito
fueron al mismo tiempo efecto y causa de la concentración del capital,
y constituyen solamente un momento de la misma, y porque la concen-
tración de bienes puede ser acelerada tanto por las deficiencias de la
circulación (como en la antigua Roma), como por la circulación simpli-
ficada. Habría que investigar más adelante, o pertenece más bien a la
misma cuestión, si las distintas formas civilizadas del dinero —-dinero
en metal, dinero en papel, dinero de crédito, dinero trabajo (esta últi-
ma como forma socialista)— pueden alcanzar lo que se exige de ellas
sin superar la relación de producción expresada en la categoría dinero,
y si no es una exigencia, que se disuelva en sí misma, querer, mediante
la revolución formal de una relación, pasar por encima de las condi-
ciones esenciales de la misma. Las distintas formas del dinero pueden
corresponder mejor a la producción social en distintos niveles, pue-
den eliminar obstáculos para los cuales las otras no están maduras;
ninguna, sin embargo, mientras continúen siendo formas de dinero y
mientras el dinero continúe siendo una relación de producción esencial,
puede*' superar las contradicciones inmanentes del dinero, sino que
únicamente puede representarlas en una u otra forma. Ninguna*” for-
ma de trabajo asalariado, aunque una puede eliminar los abusos de la
otra, puede eliminar los abusos del trabajo asalariado en sí. Una palan-
ca puede mover mejor que otra la resistencia de la materia inmóvil,
pero toda palanca descansa sobre el hecho de que la resistencia perma-
nece. Esta cuestión general sobre la relación de la circulación con las
demás relaciones de producción sólo puede ser planteada, naturalmente,
al final. Es sospechoso, en principio, que Proudhon y consortes nunca
la plantean en su forma pura, sino que solo ocasionalmente declaman
sobre ella. Donde sólo se rozó levemente la cuestión, habrá que mirar
esta vez atentamente.

Todo esto resulta claro desde el comienzo, en el que Darimon iden-
tifica por completo circulación del dinero y crédito, lo cual, desde un
punto de vista económico, es falso. (El crédit gratuit, dicho sea de paso,

*Il «puede»; en el ms. «pueden».

*12 «ninguna»; en el ms. «toda».


es sólo la tímida e hipócrita forma pequeño burguesa para la: La pro-
prieté c'est le vol. * En lugar de ser los trabajadores, los que arrebatan
el capital a los capitalistas, los capitalistas deben ser obligados a dár-
selo.) También habrá que volver sobre esto.

En el mismo tema estudiado por él, Darimon llega solamente a la
conclusión de que los bancos que negocian con el crédito, como los
comerciantes con las mercancías y los trabajadores con el trabajo, ven-
den más caro cuando la demanda aumenta en relación con la oferta, es
decir, que hacen más difíciles sus servicios al público en el mismo mo-
mento en que éste más los necesita. Ya hemos visto que el banco tiene
que actuar de esta manera independientemente de que emita billetes
convertibles o no convertibles.

El proceder del Banco de Francia en octubre de 1855 fue la causa
de un «immense clameur» (págs. 4) y de un «grand débat» entre aquél
y los representantes del público. Darimon resume o pretende dar un
resumen de dicho debate. Nosotros lo seguimos aquí ocasionalmente,
porque su resumen muestra las debilidades de ambos enemigos a través
de su constante divagar y perderse en razones externas. Ambos luchado-
res abandonan a cada momento sus armas para buscar una nueva. Nin-
guno llega a golpear, no sólo porque ambos cambian constantemente
de armas, con las que deberían golpearse, sino también porque apenas
se enfrentan en un terreno, pasan en seguida a otro.

(Desde 1806 a 1855 no fue elevado el interés del descuento al 6 %;
desde hacía cincuenta años el período máximo de vencimiento de los
efectos de comercio de 90 días había permanecido inmutable. )*

Los débiles argumentos, con los cuales Darimon hace defenderse
al banco, y la falsedad misma de su presentación aparecen claramente,
por ejemplo, en el siguiente pasaje de su diálogo ficticio:

Dice el contrincante del banco: «vos sois gracias a vuestra posi-
ción de monopolio, el dispensador y regulador del crédito. Cuando
os mostráis riguroso, no solamente os imitan las agencias de descuento,
sino que incluso exageran vuestros rigores... Con vuestras medidas
habéis paralizado los negocios» (pág. 5).

Dice el banco y por cierto «humildemente»: «¿Qué queréis que
haga?, dice humildemente el banco... Para protegerme del extranjero,
es necesario que me proteja de los nacionales... Ánte todo, es nece-

M Cfr. Gratuité du Crédit. Discussion entre M. F. Bastiat et M. Proudhon,
Paris 1850, págs. 66-74 y 286-287.
35 Cfr. DARIMON, pág. 4.


sario para mí impedir la salida de numerario sin el cual yo no soy ni
puedo nada» (pág. 5).

Se atribuye al banco una estupidez. Se le hace eludir la cues-
tión, perdida en una frase general, para poderle contestar con otra
frase general. El banco comparte en este diálogo la ilusión de Darimon,
de que él mediante su monopolio regula realmente el crédito. En rea-
lidad, el poder del banco comienza solamente, cuando cesa el poder
de las agencias de descuentos privadas, en un momento, por lo tanto,
en que su mismo poder está extraordinariamente limitado. Si, por ejem-
plo, el banco en un momento en el que el dinero se obtiene fácilmente
en el mercado, y en el que todo el mundo descuenta al 2,5 %, mantie-
ne su tasa de descuento al 5 %, las agencias de descuento, en vez de
imitarlo, le descontarían todos los negocios bajo su nariz. En ninguna
parte se ha mostrado esto con más claridad que en la historia del Banco
de Inglaterra, desde la Ley de 1844, que lo convirtió, por lo que al
negocio del descuento, etc., se refiere, en un auténtico rival de los ban-
cos privados. El Banco de Inglaterra, para asegurarse una parte, y una
parte cada vez mayor del negocio de descuento en el período de facilidad
del mercado monetario, se vio obligado constantemente a bajar la tasa de
descuento, no sólo en la misma medida, sino a menudo por debajo de
la de los bancos privados. Su «regulación del crédito» tiene que ser
aceptada por lo tanto cum grano salis; Darimon por el contrario con-
vierte en punto de partida su fe supersticiosa en el control incondicio-
nado por el banco del mercado monetario y del crédito.

En lugar de investigar críticamente las condiciones de su poder real
sobre el mercado monetario, él se agarra inmediatamente a la frase de
que el cash <dinero» lo es todo para el banco, y que, por lo tanto, éste
tiene que impedir la huida** del mismo al extranjero. Un profesor del
Collége de France (Chevalier) responde: «oro y plata son mercancías
como cualquier otra...* Vuestra reserva en metal sirve solamente para
comprar en el extranjero en los momentos de necesidad».” El banco
responde: «el dinero en metal no es una mercancía como las demás;
es un instrumento de cambio y, precisamente por eso, disfruta del pri-
vilegio de dictar leyes a todas las demás mercancías».* Aquí entra en

% Cfr. DARIMON, pág. 5.
37 Cfr. DARIMON, pág. 5.
*W Cfr. DARIMON, pág. 6.

*1 «Efflux»; ed. 1939 «Afflurs. NMEGA: «Efflux».


liza Darimon entre los combatientes: «por lo tanto, se tiene que atri-
buir a este privilegio, del que disfrutan el oro y la plata, no sólo la
crisis actual, sino también las periódicas crisis de comercio».* Para
prevenir todos los inconvenientes de las crisis, «bastaría que las mer-
cancías oro y plata se convirtieran en mercancías iguales que las demás,
o, dicho con más precisión, que todas las mercancías se convirtieran en
instrumentos de cambio del mismo rango que el oro y la plata; es de-
cir, que se intercambiaran realmente productos por productos» (pági-
nas 5-7)" a

La cuestión en debate es presentada con total superficialidad. Si
el banco emite signos indicadores de dinero (billetes) y reconocimientos
de deudas sobre el capital, que han de ser pagados en oro (plata) (de-
pósitos), se comprende por sí mismo, que el banco no puede contemplar
y soportar la disminución de su reserva metálica, sin reaccionar contra
ella, más que hasta cierto punto. Esto no tiene nada que ver con la teo-
ría del dinero en metal. Sobre la teoría de las crisis de Darimon vol-
veremos más adelante.

### Exportación de oro y crisis

En el apartado «Petite Histoire des crises de circulation»" el señor
Darimon deja de lado la crisis inglesa de 1809 a 1811, y se limita a
apuntar que en el año 1810 fue nombrado el comité del bullion (comité
de metales preciosos), y en el año 1811 deja de nuevo de lado la crisis
real (que empezó en 1809) y se limita a citar la adopción por la Cá-
mara de los Comunes de la resolución según la cual «la depreciación
de los billetes por oposición a los metales preciosos no fue motivada
por una depreciación del dinero en papel, sino por un encarecimiento
de los metales preciosos»,? y el folleto de Ricardo, que sostiene la
tesis opuesta, y cuya conclusión debe ser la siguiente: «que el dinero
en su estado más perfecto es el dinero en papel» * (págs. 22-23). Las
crisis de 1809 y 1811 eran importantes en este contexto, porque el
banco en estos casos emitió billetes no convertibles, y las crisis, por lo

39 Cfr. DARIMON, pág. 6.

40 Cfr. DARIMON, págs. 6-7.

41 En la obra de Darimon (págs. 20-27) este capítulo 111 se titula Petite
Histoire des Banques de Circulation.

4% Cfr. DARIMON, pág. 22.

4 Cfr. DARIMON, pág. 23.


tanto, no pudieron ser ocasionadas por la convertibilidad de los billetes
en oro (metal), y, por lo tanto, tampoco podrían haber sido evitadas
mediante la eliminación de la convertibilidad. Darimon salta elegante-
mente por encima de estas realidades, que contradicen su teoría de las
crisis, y se agarra al aforismo de Ricardo, que no tenía nada que ver
con el auténtico objeto de la cuestión, ni con el tema tratado en el
folleto*** —la depreciación de los billetes del banco—. Él ignora que
la teoría del dinero de Ricardo es totalmente incompatible con sus fal-
sos presupuestos, según los cuales el banco controla el número de los
billetes en circulación, y el número de los medios de circulación deter-
mina los precios, mientras que, por el contrario, son los precios los que
determinan el número de los medios de circulación, etc. En tiempo de
Ricardo no existían todavía, dicho sea de paso, todas las investigaciones
detalladas sobre las manifestaciones de la circulación del dinero.

Oro y plata son mercancías como las demás. Oro y plata no son
mercancías como las demás; en la medida en que son instrumento ge-
neral de cambio, son mercancías privilegiadas y degradan a las demás
mercancías a causa de este mismo privilegio. Éste es el último análisis
al que Darimon reduce el antagonismo. Si es abolido el privilegio del
oro y la plata, y si se los degrada y sitúa al mismo nivel que las demás
mercancías, entonces, decide Darimon en último extremo, ya no poseen
los males específicos del dinero oro o dinero plata, o de los billetes
convertibles en oro y plata, y, en consecuencia, son eliminados todos
los males. O mejor aún, se eleva a todas las mercancías a la situación
de monopolio hasta ahora exclusiva del oro y la plata. Se mantiene
al Papa, pero se convierte a todo el mundo en Papa. Se elimina el di-
nero, convirtiendo a toda mercancía en dinero, y proveyéndola de todas
las cualidades del dinero. En este momento hay que preguntarse si el
problema no manifiesta su propia incoherencia interna y, por lo tanto,
si la imposibilidad de la solución no radica en las mismas condiciones
de planteamiento del problema. Quizás la respuesta sólo puede existir
en la crítica de la cuestión, y puede ser solucionada, exclusivamente, ne-
gando la pertinencia de la cuestión misma. La cuestión real es: ¿no
es necesario para la existencia de un sistema de intercambio burgués
la creación de un instrumento específico de cambio? ¿No crea dicho
sistema un equivalente especial para todos los valores? Una forma de
este instrumento de cambio o de este equivalente puede ser más ma-
nejable, más apropiada, acarrear menos inconvenientes que las demás,

*l «in Frage und des Pamphlets»; ed. 1939, «der Frage in den Pamphlets».
La primera es la lectura de NMEGA.


pero los inconvenientes, que proceden de la existencia de un instru-
mento de cambio especial, de un equivalente especial y al mismo tiempo
general, se reproducirían de nuevo con toda forma de instrumento de
cambio, aunque dichos inconvenientes fueran distintos. De esta cues-
tión, naturalmente, se aleja Darimon con entusiasmo. El problema es
abolir o no abolir el dinero. Darimon elimina el privilegio exclusivo,
que poseen el oro y la plata por su exclusividad como dinero, pero con-
vierte a todas las mercancías en dinero, es decir, da a todas las mercan-
cías comunitariamente una propiedad que separada de la exclusividad
no existe.

En el drain <drenaje» de metales preciosos, se pone, en realidad,
de manifiesto una contradicción, que Darimon aprehende y resuelve de
forma igualmente superficial. Dicha desaparición manifiesta que el oro y
la plata no son mercancías como las demás, y en este momento la econo-
mía moderna súbitamente y con terror se ve retornando temporalmente
a los prejuicios del mercantilismo. Los economistas ingleses intentan re-
solver esta dificultad con una distinción. La demanda en los momentos
de estas crisis monetarias no es de oro y plata como dinero, o de oro
y plata como moneda, sino de oro y plata como capital. Ellos olvidan
añadir que la demanda es de capital, pero de capital en la forma de-
terminada de oro y plata. ¿De dónde si no la evasión de estas mercan-
cías precisamente, mientras la mayor parte de las demás se deprecian
por la ausencia de esa evasión, si el capital fuera exportable en cual-
quier forma?

Tomemos determinados ejemplos: drain a causa de una mala co-
secha interna de un medio de alimentación fundamental (de cereales,
por ejemplo), o de una mala cosecha externa y del encarecimiento con-
secuente de un objeto de consumo fundamental que ha de ser impor-
tado (por ejemplo, de té); drain a causa de una mala cosecha en los
materiales decisivos para la industria (algodón, lana, seda, lino); drain
causado por la importación excesiva (por motivos de especulación
o de guerra). La compensación de un déficit ocasional o duradero de
cereales, té, algodón, lino, etc., roba a la nación, en el caso de mala co-
secha interna doblemente. Una parte del capital o del trabajo utilizado
no es reproducido en el caso de un descenso real en la producción. Una
parte del capital reproducido tiene que ser destinado a llenar este va-
cío, y una parte además, que no está en simple relación aritmética con
el déficit, ya que el precio del producto deficitario, a causa de la dis-
minución de la oferta y del aumento de la demanda, sube en el mercado
mundial y además tiene necesariamente que subir. Es necesario inves-
tigar con precisión cómo se manifestarían tales crisis independiente-


mente del dinero, y qué determinación introduce el dinero dentro de
unas relaciones ya dadas. (Mala cosecha de cereales o importación exce-
siva son los casos principales. El supuesto de guerra se comprende por
sí mismo, ya que económicamente es lo mismo que si una nación arro-
jara al agua una parte de su capital.)

Supuesto de una mala cosecha de cereales: si observamos a la na-
ción en la que se ha producido la mala cosecha en relación con otra
nación, está claro que su capital (no sólo su riqueza real) ha dismi-
nuido; tan claro como que un campesino que quema su pan y tiene
que comprárselo al panadero se ha empobrecido en lo que le cuesta el
pan. Dentro del país la subida del precio de los cereales, por lo que al
valor se refiere, parece haber dejado todo igual que antes. Prescindamos
de que la cantidad menor de cereales multiplicada por el mayor precio en
los casos de auténtica mala cosecha nunca puede ser igual a la cantidad
normal multiplicada por el precio menor. Supongamos que en Inglaterra
se produce solamente 1 quarter de trigo y que ese quarter alcanza el mis-
mo precio que antes tenían 30 millones de quarters de trigo. En este caso,
independientemente de que a la nación le faltarían los medios para la
reproducción tanto de la vida como de los cereales, y suponiendo, que
un día de trabajo, tiempo necesario para la reproducción de un quarter
de trigo, es = a, en este caso, la nación cambiaría 4X 30 millones de
días de trabajo (costes de producción), por 1Xa días de trabajo (pro-
ducto); la fuerza productiva de su capital habría disminuido millo-
nes de veces y la suma de los valores poseídos en el país habría dis-
minuido, pues cada día de trabajo se habría depreciado 30 millones
de veces. Cada fracción de capital representaría*** ahora 1/30.000.000 de
su valor anterior, de su equivalente en coste de producción, aunque
en el caso antes citado el valor nominal del capital nacional no habría
disminuido (prescindiendo de la depreciación del suelo, de la tierra),
pues el menor valor de los demás productos sería compensado exacta-
mente por el mayor valor del quarter de trigo. El aumento del precio
del trigo en 4X 30 millones de veces sería la expresión de una depre-
ciación igual de todos los demás productos. Por lo demás, esta distin-
ción de dentro y fuera del país es ilusoria. De la misma forma que se
comporta la nación —que sufre el déficit de cereales— en relación con
la nación extranjera, de la misma forma se comporta cada individuo de
dicha nación en relación con el cultivador o con el comerciante de ce-
reales. La mayor suma que él tiene que utilizar para la compra de

*55 NMEGA: «reprisentierte»; ed. 1939, «reprisentiert»,



cereales supone una disminución directa de su capital, de sus medios
de disposición.

Para no enturbiar la cuestión con la introducción de problemas no
esenciales, hemos de suponer que se trata de una nación en la que existe
un comercio libre de grano. Incluso en el supuesto de que los cereales
importados fueran tan baratos como los por ella producidos, la nación
sería más pobre, en la misma cantidad de capital no reproducido por
los cultivadores. Solamente que en este caso la nación importaría siem-
pre tanto cereal del extranjero como fuera importable a precios nor-
males. El aumento en la importación presupone, por lo tanto, el aumento
del precio.

El aumento de los precios de cereales es igual al descenso en los
precios de las demás mercancías. El aumento en el coste de producción
(representado en precios), necesario para la obtención del quarter de
trigo, es igual a la menor productividad del capital que existe en todas
las demás formas. A la mayor cantidad que es utilizada para la compra
de cereales tiene que corresponder una cantidad menor para la com-
pra de todos los demás productos, y, por Jo tanto, un descenso de sus
precios. Con o sin dinero en metal, o en cualquier otra forma, la nación
se encontraría en una crisis, que no sólo se extendería a los cereales,
sino a todas las demás ramas de la producción, pues no solamente dis-
minuiría positivamente su productividad y se depreciaría el precio de su
producción en relación con el valor determinado por los costes de pro-
ducción normales, sino también porque todos los contratos, obligacio-
nes, etc., descansan sobre el precio medio de los productos. X fanegas
de cereales tienen que ser utilizadas, por ejemplo, para el pago de la
deuda pública, pero los costes de producción de estas X fanegas han
aumentado en una proporción determinada. Independientemente del
dinero, la nación se encontraría en una crisis general. Independiente-
mente no sólo del dinero, sino también del valor de cambio de los
productos, éstos se habrían depreciado y la productividad de la nación
habría disminuido, desde el momento en que sus relaciones económicas
están basadas en una productividad media de su trabajo.

La crisis causada por el déficit de cereales no es, por lo tanto, un
producto del drain of bullion <drenaje de metales preciosos», aunque
dicha crisis pueda ser agravada por los obstáculos elevados contra dicho
drain.

En cualquier caso, no se puede decir con Proudhon, que las crisis
proceden de que sólo los metales nobles poseen un auténtico valor por
oposición a las demás mercancías; pues la subida en el precio de los
cereales quiere decir, en primer término, que tiene que ser intercam-


biado más oro y plata por una determinada cantidad de cereales; es
decir, que el precio del oro y de la plata ha descendido en relación con
el precio de los cereales. El oro y la plata comparten, por lo tanto,
con las demás mercancías la depreciación en relación con los cereales,
a los que no los protege ningún privilegio. La depreciación del oro y de
la plata es igual a la subida del precio de los cereales (esto no es com-
pletamente exacto. El quarter de cereales sube de 50 a 100 chelines,
es decir, en un 50 9%, pero las mercancías de algodón descienden un
100. La plata ha bajado en relación con los cereales sólo en 50,
las mercancías de algodón —como consecuencia de la paralización*”'*
en la demanda, etc.— han bajado en un 100 9%. Esto quiere decir que
los precios de las demás mercancías descienden más de lo que suben los
precios de los cereales. Pero ocurre también lo contrario. Por ejemplo,
en los últimos años, en que el precio de los cereales subió temporalmen-
te en un 100 por 100, sin embargo, los precios de los productos de
la industria no descendieron en la misma proporción en que descendió
el precio del oro en relación con el de los cereales. Esta circunstancia
no invalida, sin embargo, el principio general). No se puede decir tam-
poco que el oro posee un privilegio, porque, en cuanto moneda, su can-
tidad está determinada exacta y auténticamente. Un taler de plata con-
tinúa siendo en todas las circunstancias un taler, pero también una
fanega de trigo continúa siendo una fanega y una vara de lienzo conti-
núa siendo una vara.

La depreciación de la mayor parte de las mercancías (incluido el
trabajo) y la crisis de ella resultante, en el caso de una cosecha de ce-
reales significativamente mala, no puede ser imputada a la exportación
de oro, ya que la depreciación y la crisis tendrían lugar incluso aun-
que no se exportara ningún oro del país y no se importaran cereales. La
crisis se reduce simplemente a la ley de la oferta y la demanda, que,
como se sabe, en los casos en que afecta a las materias que cubren las
necesidades elementales —consideradas a escala nacional —, actúa de
forma más aguda y enérgica que en todos los demás sectores. La ex-
portación de oro no es la causa de la crisis de cereales, sino que la cri-
sis de cereales es la causa de la exportación de oro.

Sólo en dos sentidos se puede afirmar que el oro y la plata, con-

*65 NMEGA: «stockender»; ed. 1939, «sinkender» (disminución). Los por-
centajes erróneos que da Marx son quizá redacción descuidada de un ejemplo
concebido así: el quarter de trigo sube 50 chelines y las mercancías de algodón
bajan de 100 a 20; de modo que, comparadas con el trigo, la planta pierde el 50 %
y las mercancías de algodón pierden el 80 %.


siderados en sí mismos, intervienen en las crisis y agravan sus síntomas:
1) en la medida en que la exportación de oro es dificultada*” por las
condiciones que hacen referencia al metal y que tienen que ser respe-
tadas por los bancos; con el alcance, por lo tanto, en que las medidas
que el banco tiene que tomar contra la exportación de oro repercuten
desfavorablemente en la circulación interna; 2) en la medida en que la
exportación de oro es necesaria, porque las naciones extranjeras no
quieren aceptar capital más que en la forma de oro.

La dificultad n.? 2 puede subsistir incluso cuando la dificultad
n.” 1 haya sido eliminada. El Banco de Inglaterra la experimentó preci-
samente durante el período en el que tenía competencia legalmente para
emitir billetes inconvertibles. El precio de los billetes descendió en
relación con el oro en barras, pero también descendió el precio del oro
acuñado en relación con el del oro en barras. El oro se había convertido
en una clase particular de mercancía frente a los billetes. Se puede de-
cir que el billete continuaba dependiendo del oro, en tanto en cuanto
representaba nominalmente una determinada cantidad de oro, con la
que en realidad no era convertible. El oro continuaba siendo su deno-
minador, aunque legalmente el banco no pudiera cambiar el billete por
la cantidad de oro en él representada.

### Convertibilidad y circulación de los billetes de banco

No hay duda (?) (esto habrá que investigarlo más adelante y no per-
tenece directamente al objeto en cuestión), de que mientras el dinero
en papel reciba su denominación del oro (mientras, por ejemplo, un
billete de cinco libras sea el representante en papel de cinco soberanos),
la convertibilidad del billete en oro continúa siendo una ley económica
para el mismo, independientemente de que exista o no exista política-
mente dicha ley. Los billetes del Banco de Inglaterra, incluso en el
período de 1799 a 1819, decían oficialmente que ellos representaban
el valor de una determinada cantidad de oro. ¿De qué forma podía ser
puesta a prueba esta afirmación, que no fuera mediante la comprobación
en la práctica que el billete tiene a su disposición tal cantidad de me-
tales preciosos? En el momento en que un billete de cinco libras no
tuviera el valor en oro de cinco soberanos, el billete estaría depreciado,
independientemente de que fuera inconvertible. La igualdad del valor

*17 NMEGA: «erschwert wird»; ed. 1939, «erschwert wire» (fuera difi-
cultado).


del billete y de un determinado valor en oro, expresada nominalmente
por aquél, entra inmediatamente en contradicción con la desigualdad
fáctica entre el billete y el oro. La polémica entre los ingleses, que
mantienen el oro como denominador del billete, no se desarrolla en
torno a la convertibilidad del billete en oro —convertibilidad que no
es, en la práctica, más que lo que el billete nominalmente dice—, sino
a cómo ha de asegurarse esta convertibilidad, si mediante limitaciones
legislativamente impuestas al banco, o si debe ser abandonada a sí mis-
ma. Los sostenedores de esta última tesis afirman que la convertibili-
dad, en el caso de un banco de emisión, que anticipa dinero sobre tí-
tulos valores, y cuyos billetes por lo tanto tienen un retorno asegurado,
está garantizada por término medio, y que sus adversarios nunca supe-
rarán esa seguridad media. Esto último es una realidad. Esta seguridad
media no es de despreciar, dicho sea de paso, y los cálculos por término
medio tienen que constituir la base tanto de los bancos como de los
seguros, etc. Desde este punto de vista han de ser citados ante todo
los bancos escoceses, que con razón son presentados como modelo. Por
su parte, los defensores estrictos del patrón oro dicen que ellos se to-
man en serio la cuestión de la convertibilidad, que la necesidad de la
convertibilidad viene dada por la propia denominación del billete, que
la obligación del banco de convertir los billetes los mantiene converti-
“bles** y constituye un límite contra la emisión excesiva de billetes, y
que sus adversarios son seudopartidarios de la inconvertibilidad. Entre
estas dos posturas extremas existen distintas posturas matizadas y una
gran cantidad de pequeñas «espéces». Finalmente los defensores de la
no convertibilidad, los enemigos jurados del patrón oro, son, sin saber-
lo, igualmente seudopartidarios de la convertibilidad,*'* de la misma
forma que sus adversarios lo son de la inconvertibilidad,*? ya que dejan
subsistir la denominación de los billetes, es decir, dejan subsistir la
equivalencia práctica de los billetes de determinada denominación y
convierten, por lo tanto, a una determinada cantidad de oro en medida
de sus billetes. En Prusia, el papel moneda tiene un curso forzoso. (Su
retorno está asegurado en la medida en que una cantidad de impuestos
tiene que ser pagado en papel moneda.) Estos billetes de taler, por
ejemplo, no son signos indicadores de plata, y no son convertibles en
plata por ningún banco, etc. Dichos billetes no son prestados por nin-
gún banco comercial a cambio de títulos valores, sino que son pagados

*18 ed. 1939. El orden de estas frases está invertido.
*19 NMEGA lee como la ed. 1939.
*20 NMEGA lee como la ed. 1939.


por el gobierno, en caso de que su emisión sea puesta en duda. Pero su
denominación es la de la plata. Un billete de taler dice representar el
mismo valor que un taler de plata. Ahora bien, si la confianza en el go-
bierno fuera quebrantada profundamente, o si fuera emitido más papel
moneda del que absorben las necesidades de la circulación, el billete
de taler dejaría de equivaler en la práctica al taler de plata, y se de-
preciaría, porque su valor real habría descendido en relación con su
valor nominal. El billete de taler se despreciaría incluso aunque no in-
terviniera ninguna de las circunstancias antes mencionadas, si una ne-
cesidad especial de plata confiriera, por ejemplo, a la plata para la ex-
portación un privilegio contra el billete de taler. La convertibilidad en
oro y plata es, por lo tanto, en la práctica la medida del valor de todo
papel moneda que recibe su denominación del oro y de la plata, inde-
pendientemente de que sea convertible o no. Un valor nominal es sola-
mente una sombra pegada a un cuerpo. Si ambos se cubren o no, es
algo que tiene que demostrar la convertibilidad (intercambiabilidad) de
los mismos. Descenso del valor real bajo el valor nominal es deprecia-
ción. Si ambos andan parejamente y se intercambian, entonces hay con-
vertibilidad. En el caso de billetes no convertibles, la convertibilidad
se manifiesta no en la caja del banco, sino en el intercambio diario entre
el papel moneda y el dinero en metal, cuyo valor determina el de aquél.
En la práctica, la convertibilidad de los billetes convertibles está en pe-
ligro cuando no es confirmada por el tráfico diario en las distintas
partes del país, sino mediante experimentos especialmente grandes en
la caja del banco. En el campo escocés se prefiere el papel moneda al
dinero en metal. Escocia, antes de 1845, cuando le fue impuesta la ley
inglesa de 1844, padeció naturalmente todas las crisis sociales inglesas,
y muchas en mayor grado, pues aquí el clearing of the land “ se des-
arrolló más brutalmente. No por eso ha conocido Escocia una auténtica.
crisis monetaria (que algunos bancos excepcionalmente quebraran por-
que prestaron a la ligera, no hace al caso); ninguna depreciación de los
billetes, ninguna queja y ninguna investigación sobre si la cantidad de
moneda en circulación era suficiente o no, etc. Escocia es importante,
en este caso, porque, por una parte, muestra cómo el sistema moneta-
rio puede ser completamente regulado sobre la base actual —es decir,
pueden ser eliminados todos los males, sobre los que Darimon se la-
menta—, sin necesidad de abandonar los fundamentos actuales de la
sociedad; pero, por otra, muestra como al mismo tiempo sus contra»

4 Cfr. James STEUART, Án Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 45, 50, 153. Se retiere
a la expropiación de la pequeña propiedad agrícola.


dicciones, antagonismos, lucha de clases, etc., pueden alcanzar un grado
mayor que en cualquier otro país del mundo. Es significativo, que tan-
to Darimon como su protector, que prologa el libro —Émile Girardin,
quien complementa su charlatanería práctica con el utopismo teórico—
no encuentran en Escocia la oposición al monopolio bancario del Banco
de Inglaterra o del Banco de Francia, sino que la buscan en los Estados
Unidos, donde el sistema bancario por exigencias constitucionales es
nominalmente libre, pero donde no existe una libre concurrencia entre
los bancos, sino un sistema federativo de bancos monopolistas. Por lo
demás, era el sistema bancario y monetario escocés el escollo más pe-
ligroso para las ilusiones de los artistas de la circulación. Del dinero
en oro o en plata (donde legalmente no es aceptado el patrón doble)
no se dice que se deprecia, cuando su valor relativo cambia en relación
con el de las demás mercancías. ¿Por qué? Porque ellos constituyen
su propio denominador; porque su título no es el de un valor, es decir,
porque no son valorados en relación a una tercera mercancía, sino que
expresan solamente partes alícuotas de su propia materia; un sobera-
no = tanta cantidad de oro de tanto peso. El oro, por lo tanto, es no-
minalmente indepreciable, no solamente porque expresa un valor autén-
tico, sino porque en cuanto dinero no expresa ningún valor; al contrario,
el oro expresa, llevándolo escrito en la frente, una determinada cantidad
de su propia materia, expresa su propia determinación cuantitativa.
(Más adelante habrá que investigar más despacio si esta característica
distintiva del dinero oro y plata es una cualidad inmanente, en última
instancia, a todo dinero.) Confundidos por esta indepreciabilidad no-
minal del oro, Darimon y consortes ven solamente uno de los aspectos
que se manifiesta en las crisis: el aumento del valor del oro y de la
plata frente a casi todas las demás mercancías; ellos no ven el otro
aspecto, la depreciación del oro y de la plata, o del dinero, en relación
con todas las demás mercancías (excluidas quizás el trabajo, aunque no
siempre) en los períodos de la llamada prosperidad, en los períodos de
aumento temporalmente general de los precios.*? Puesto que la depre-
ciación del dinero en metal (y de todas las clases de dinero, que sobre
él descansan) siempre precede a su aumento de valor, Darimon y con-
sortes tendrían que haber planteado el problema a la inversa: cómo
evitar el periódico retorno de la depreciación del dinero (en su lengua-
je: cómo abolir los privilegios de las mercancías contra el dinero). En
esta última formulación la cuestión se habría resuelto a sí misma en se-

*21 «der Preise»; lectura NMEGA.


guida: se trataría de disolver*? la subida y descenso de los precios,
es decir, de eliminar-superar la existencia de los precios. Para ello
sería necesario eliminar-superar el valor de cambio y, por lo tanto,
el cambio tal como corresponde a la organización burguesa de la socie-
dad. Finalmente habría que revolucionar económicamente la sociedad
burguesa. Así habría quedado demostrado desde el principio que el
mal de la sociedad burguesa no puede ser eliminado mediante «trans-
formaciones» bancarias o mediante el establecimiento de un sistema
monetario racional.

La convertibilidad, legal o no, continúa siendo, por lo tanto, exi-
gencia de todo dinero, cuyo título lo convierte en una señal indicativa
de valor, es decir, lo equipara a una cantidad de una tercera mercancía.
La equiparación incluye ya 3uvápet (en potencia), como diría Aristó-
teles, la contraposición, la posible desigualdad; la convertibilidad in-
cluye su contrario, la no convertibilidad; la revaluación incluye la de-
valuación. Supongamos, por ejemplo, que el soberano no se llama so-
berano, que no es más que un nombre honorífico para una parte alí-
cuota x de una onza de oro (denominación de cuenta), como metro lo
es para una determinada longitud, sino que se llama, digamos x horas
de tiempo de trabajo. 1/x onza de oro no es en realidad más que 1/x
hora de tiempo de trabajo materializado, objetivado. Pero el oro es
tiempo de trabajo pasado, tiempo de trabajo determinado. Su título
convertiría a una determinada cantidad de trabajo en general en su me-
dida. Una libra de oro tendría que ser convertible en x horas de tiempo
de trabajo y tendría que poderlas comprar en cualquier momento: en
la medida en que pudiera comprar más o menos estaría revaluada o de-
preciada; en este último caso habría terminado su convertibilidad. El
tiempo de trabajo determinador del valor no es el tiempo de trabajo
incorporado en los productos, sino el tiempo de trabajo actualmente
necesario. Supongamos que la libra de oro es el producto de 20 horas
de trabajo. Supongamos que, por cualquier circunstancia, se necesitan
ahora diez horas solamente para producir una libra de oro. La libra
de oro, cuyo título dice=20 horas de trabajo, sería ahora=10 horas
de trabajo, porque 20 horas de trabajo es=dos libras de oro. Diez ho-
ras de trabajo son cambiadas realmente por una libra de oro; por lo
tanto una libra de oro no puede ser cambiada por 20 horas de trabajo.
El dinero oro con el plebeyo título: x horas de trabajo, estaría sometido
a mayores oscilaciones que cualquier otro dinero, incluido el actual

*2 Lectura NMEGA.


dinero en oro; pues el oro en relación con el oro no puede subir ni
bajar (es siempre igual a sí mismo), pero el tiempo de trabajo pasado
contenido en una determinada cantidad de oro, tiene constantemente
que subir o bajar en relación con el tiempo de trabajo vivo, actual.
Para mantenerlo convertible, tendría que permanecer estacionaria la pro-
ductividad del trabajo. Pero como según la ley económica general, los
costes de producción descienden constantemente, el trabajo vivo es cons-
tantemente más productivo, y, por lo tanto, el tiempo de trabajo obje-
tivado en los productos constantemente se deprecia, la constante depre-
ciación sería el inevitable destino de este dorado dinero en trabajo. Para
superar este inconveniente, se podría afirmar que no es el oro el que
debe conservar el título de tantas horas de trabajo, sino que —<omo
propuso Weitling y antes de él los ingleses y después de él los france-
ses, entre ellos Proudhon y compañía— es el dinero en papel, un mero
signo indicativo de valor, el que debería conservar este título. El tiem-
po de trabajo, que estaría encarnado en el papel, no sería tomado en
más consideración que el valor del papel de los billetes del banco. El
uno sería mero representante de horas de trabajo, como el otro de oro
y plata. Si la hora de trabajo devenía más productiva, aumentaría el
poder adquisitivo del billete que la representa,*? y a la inversa, exac-
tamente igual que ahora un billete de cinco libras tiene un poder ad-
quisitivo mayor o menor, según que el valor relativo del oro en compa-
ración con las demás mercancías suba o baje. Por la misma ley, según
la cual el dinero-trabajo en oro sufriría una constante depreciación, el
dinero-trabajo en papel experimentaría una constante revaluación. Esto
es exactamente lo que nosotros queremos; el trabajador disfrutaría de
la creciente productividad de su trabajo, en lugar de engendrar, como
hace ahora, su propia depreciación en relación con la riqueza que le es
ajena. Hasta aquí los socialistas. Pero desgraciadamente aparecen al-
gunas pequeñas dudas. En primer lugar: si damos por supuesto que el
dinero adopta la forma de billete que representa horas de trabajo, tene-
mos que dar también por supuesto la acumulatión de este dinero y de
los contratos, obligaciones, gravámenes fijos, etc., que se habrían pro-
ducido bajo la forma de este dinero. Los billetes acumulados se revalua-
rían constantemente, de la misma forma que los nuevamente emitidos
y, así, la creciente productividad del trabajo beneficiaría, por una parte,
a los no trabajadores, a la vez que los gravámenes anteriormente con-
traídos, por otra, se mantendrían en línea con la mayor productividad
del trabajo. El descenso y la subida del valor del oro y de la plata serían

*3 Lectura NMEGA.


completamente indiferentes, si el mundo pudiera ser comenzado de nue-
vo a cada momento, y si el tener que pagar las obligaciones contraídas
en una determinada cantidad de oro, no sobreviviera a las oscilaciones
del valor del oro. Exactamente igual ocurre aquí con el billete que re-
presenta horas de trabajo y con la productividad de la hora de trabajo.

El punto que hay que investigar aquí, es el de la convertibilidad del
billete que representa horas de trabajo. Llegamos al mismo fin si damos
un rodeo. Aunque todavía es demasiado pronto, podemos hacer algunas
observaciones sobre las ilusiones, que sirven de fundamento al billete
horas de trabajo, y observar el más profundo secreto, que une la teoría
de la circulación de Proudhon con su teoría general, con su teoría de
la determinación del valor. Encontramos, por ejemplo, esta misma co-
nexión en Bray y Gray. Lo que puedan tener de verdadero como fun-
damento, habrá que investigarlo más adelante. (Previamente y como
inciso, hay que decir lo siguiente: los billetes de banco, considerados
como simples signos indicadores de oro, no pueden, sin depreciarse, ser
puestos en circulación en mayor medida que la cantidad de dinero oro
que pretenden sustituir. Tres signos indicadores de quince libras, que
doy a tres acreedores distintos sobre la base de las mismas quince libras
de oro, son en realidad signos indicadores de 15/3 libras=5 libras.
Cada uno de estos billetes se habría convertido, en principio, en el
33,33 % de su valor).

### Valor y precio

El valor (el valor de cambio real) de todas las mercancías (incluido el
trabajo) está determinado por sus costes de producción o, en otras
palabras, por el tiempo de trabajo utilizado para su producción. El pre-
cio es este valor de cambio expresado en dinero. La sustitución del
dinero en metal (y del dinero de crédito o del papel moneda, que reci-
ben su denominación de él) por el dinero-trabajo, que recibiría su deno-
minación del mismo tiempo de trabajo, equipararía en consecuencia el
valor real (valor de cambio) de las mercancías con su valor nominal, con
su precio, con su valor en dinero. Equiparación del valor real y del va-
lor nominal, del valor y del precio. Pero esto sólo podría conseguirse
en el supuesto de que valor y precio sólo fueran diferentes nominal-
mente. Pero esto no es en modo alguno así. El valor de las mercancías
determinado por el tiempo de trabajo es sólo el valor medio. Un valor
medio que aparece como una abstracción extrínseca, en la medida en
que es obtenida como cifra media de un período; por ejemplo, una
libra de café es igual a un chelín, si éste, pongamos, es el valor medio


del café durante 25 años. Pero dicho valor medio es tanto más real
cuanto que es reconocido como el impulso y principio motor de las
oscilaciones que atraviesan los precios de las mercancías durante un de-
terminado período. Esta realidad es importante no sólo teóricamente:
ella constituye el fundamento de la especulación comercial, cuyo cálculo
de probabilidad toma como punto de partida tanto los precios medios,
que le sirven como centro mensurador de la oscilación, como la subida
y el descenso medio de la oscilación por encima o por debajo de este
centro. El valor en el mercado de una mercancía es siempre diferente
de este valor medio, y está siempre bien por encima, bien por debajo de
él. El valor de mercado se equipara con el valor real mediante sus cons-
tantes oscilaciones, nunca mediante su equiparación con su valor real
como con un tercero, sino mediante su constante no equiparación con-
sigo mismo (no, como diría Hegel, mediante la identidad abstracta, sino
mediante la constante negación de la negación,“ es decir, mediante la
negación de sí mismo, como negación del valor real). Que el mismo
valor real a su vez —independientemente de su control de las oscila-
ciones del precio del mercado (y prescindiendo de él como del elemento
que constituye la ley de dichas oscilaciones)— se niega a sí mismo, y
coloca al valor real de las mercancías en constante contradicción con
su propia determinación, es decir, deprecia o revalúa el valor real de
las mercancías existentes —<que esto es así, ya lo he demostrado en mi
panfleto contra Proudhon* y no hay por qué entrar más a fondo ahora
en la cuestión. El precio se diferencia, por lo tanto, del valor, no sólo
como el valor nominal del valor real, no sólo por la denominación en
oro y plata, sino porque este último se presenta como la ley de los mo-
vimientos, que el otro realiza. Ellos son constantemente diferentes y no
coinciden nunca, o sólo ocasionalmente y como excepción. El precio
de la mercancía está siempre por encima o por debajo del valor de la
mercancía, y el mismo valor de la mercancía sólo existe en el up and
down de los precios de las mercancías. La demanda y la oferta determi-
nan constantemente los precios de las mercancías; éstas no coinciden
nunca, o sólo ocasionalmente; pero los costes de producción determinan
por su parte las oscilaciones de la demanda y la oferta. El mismo oro y
plata, en el que es expresado el precio de una mercancía, su valor de

45 Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 508-517.

“ Posiblemente con la expresión «mi panfleto contra Proudhon» Marx se
refiere no sólo a la Misére de la Philosophie <Miseria de la Filosofía» de 1847,
sino a un escrito no publicado y extraviado de 1851: «Idée Générale de la Révolu-
tion au XIX siécle par P. J]. Proudhon» von Karl MARX <Idea General de la
Revolución en el siglo xIx por P. J. Proudhon por Karl Marx).


mercado, es una determinada cantidad de trabajo acumulado, una deter-
minada medida de tiempo de trabajo materializado. Suponiendo que los
costes de producción de la mercancía y los costes de producción del
oro y de la plata continuaran siendo los mismos, la subida o el des-
censo del precio de mercado de aquélla no querría decir sino que esa
mercancía, = x tiempo de trabajo, tendría constantemente a su dis-
posición en el mercado un tiempo de trabajo >x o <(x, es decir, que
su precio de mercado estaría por encima o por debajo de su valor
medio determinado por el tiempo de trabajo. La ilusión fundamental
de los defensores del billete-horas de trabajo consiste en que suprimen
la diferencia nominal entre valor real y valor de 'mercado, entre valor
de cambio y precio —y en que, por lo tanto, en lugar de expresar el
valor en una determinada objetivación del tiempo de trabajo, por ejem-
plo, en oro y plata, lo expresan en el mismo tiempo de trabajo—, pero
eliminan también la diferencia y contradicción real entre precio y valor.
Así se comprende por sí mismo cómo la mera introducción del billete-
horas de trabajo eliminaría*” todas las crisis y todos los inconvenientes
de la producción burguesa. El precio en dinero de las mercancías =su
valor real; la demanda=1la oferta; la producción=al consumo; el di-
nero abolido y conservado al mismo tiempo. Bastaría que el tiempo
de trabajo —cuyo producto es la mercancía y que está materializado en
la mercancía— fuera constatado, para que engendrara su copia corres-
pondiente en un signo de valor, en dinero, en billete-horas de trabajo.
Toda mercancía sería de esta forma transformable en dinero y el oro
y la plata serían degradados al rango de las demás mercancías.

No es necesario ningún análisis detallado para mostrar que la con-
tradicción entre el valor de cambio y el precio —entre el precio medio
y los precios cuyo precio medio aquél es—, que la diferencia entre la
magnitud y la magnitud media no puede ser superada eliminando
la simple diferencia de mombres entre ambos, y diciendo que una libra de
pan, en lugar de costar ocho peniques, cuesta 1/x horas de trabajo. Al
contrario, si ocho peniques =1/x horas de trabajo, y si el tiempo de tra-
bajo que está materializado en una libra de pan es mayor o menor que
1/x horas de trabajo,** sólo entonces la diferencia entre valor y precio
—por el hecho de que la medida del valor sería al mismo tiempo el
elemento en el que se expresa el precio— haría aparecer con claridad
la diferencia, que está oculta en el precio en oro o en plata. Resultaría

*% NMEGA: «beseigtigte»; ed. 1939, «beseitigt» (elimina).
*25 NMEGA: «nur»; ed. 1939, «nie» (nunca).


una ecuación infinita. 1/x horas de trabajo (contenidas en ocho peni-
ques o expresadas en un billete) = que 1/x horas de trabajo (conteni-

das en la libra de pan).

El billete-horas de trabajo, que representa el tiempo de trabajo me-
dio, no correspondería nunca al tiempo de trabajo real y no sería nun-
ca convertible en él; es decir, que el tiempo de trabajo objetivado en
una mercancía nunca tendría a su disposición una cantidad de dinero-
trabajo igual a sí mismo, y a la inversa, sino más o menos, de la misma
forma que ahora toda oscilación de los valores de mercado se expresa
en una subida o en un descenso de su precio en oro o en plata.

La constante depreciación de las mercancías —en grandes períodos
de tiempo— en relación con el billete-horas de trabajo, de la que hemos
hablado antes, procede de la ley de la creciente productividad del tiem-
po de trabajo, de las alteraciones en su mismo valor relativo, que son
creadas por un principio inmanente al mismo tiempo de trabajo. La in-
convertibilidad del billete-horas de trabajo, de la que estamos hablando,
no es más que otra forma de expresar la inconvertibilidad entre valor
real y valor de mercado, entre valor de cambio y precio. El billete-ho-
ras de trabajo representaría, por oposición a todas las demás mercan-
cías, un tiempo de trabajo ideal, que se intercambiaría bien por más,
bien por menos tiempo de trabajo real y que tendría en el billete una
existencia propia, independiente, que correspondería a esa desigualdad
real. El equivalente general, el medio de circulación, y la medida de
las mercancías, se les enfrentaría de nuevo individualizado, siguiendo
sus propias leyes, alienado, es decir, con todas las características del di-
nero actual sin prestar sus servicios. Pero la confusión alcanzaría un
nivel completamente diferente, porque el instrumento —la cantidad de
tiempo de trabajo objetivado en una mercancía— con el que se procede
a la comparación de las mercancías, no sería una tercera mercancía, sino
su propia medida de valor, el tiempo de trabajo. La mercancía a, ob-
jetivación de tres horas de trabajo es = un billete de dos horas de
trabajo; la mercancía b, objetivación de tres horas de trabajo es = un
billete de cuatro horas. Esta contradicción es expresada en realidad,
aunque de forma encubierta, por los precios en dinero. La diferencia
entre precio y valor, entre la mercancía —medida por el tiempo de
trabajo, cuyo producto ella es— y el producto del tiempo de trabajo,
por el que ella es cambiada, esta diferencia exige una tercera mercancía
como medida, en la que se exprese el valor de cambio real de la mer-
cancía. Porque el precio no es igual al valor, el elemento determinador
del valor —el tiempo de trabajo— no puede ser el elemento en el que


se expresan los precios, porque el tiempo de trabajo tendría que ex-
presarse al mismo tiempo como el elemento determinante y el no
determinante, como igual y desigual a sí mismo. Porque el tiempo de
trabajo como medida de valores existe sólo idealmente, él no puede
servir como materia en la que se lleva a cabo la comparación de los pre-
cios. (Ahora se ve claro cómo y porqué la relación de valor en dinero
mantiene una existencia material y particularizada. Desarrollar esto
más adelante.) La diferencia de precio y valor requiere que los valores,
en cuanto precios sean medidos por otro criterio mensurador que el
suyo propio. Precio a diferencia del valor es siempre precio en dinero.
Aquí se manifiesta con claridad que la diferencia nominal entre pre-
cio y valor está condicionada por su diferencia real.

Mercancía a=un chelín (es decir=1/x plata); mercancía b=dos
chelines (es decir=2/x plata). Por lo tanto, la mercancía b=doble
valor de la mercancía a. La relación de valor entre a y bes expresada
por la proporción en la que ambas se intercambian con una cantidad de
una tercera mercancía, por plata, y no con una relación de valor.

Toda mercancía (producto o instrumento de producción) es igual a
la objetivación de un determinado tiempo de trabajo. Su valor, es de-
cir, la relación en la que ella se intercambia con otras mercancías u
otras mercancías se intercambian con ella, es igual a la cantidad de tiem-
po de trabajo en ella realizado. Si la mercancía, por ejemplo, es igual
a una hora de trabajo, se intercambia con todas las demás mercancías,
que son producto de una hora de trabajo. (Todo .este razonamiento da
por supuesto que el valor de cambio =valor de mercado, que el valor
real =precio.) El valor de la mercancía es diferente de la mercancía
misma. Valor (valor de cambio) es la mercancía sólo en el cambio (real
o ideal); el valor no es sólo la intercambiabilidad de la mercancía en ge-
neral, sino su intercambiabilidad específica. El valor es al mismo tiem-
po el exponente de la relación, en la que la mercancía se cambia con
otras mercancías, y el exponente de la relación, en la que la mercancía
se ha cambiado ya en la producción con otras mercancías (tiempo de
trabajo materializado); el valor es su cambiabilidad cuantitativamente
determinada. Las mercancías, por ejemplo, una vara de algodón y una
medida de aceite, consideradas como algodón y aceite, son naturalmen-
te diferentes, poseen características distintas, son medidas por distintos
criterios, son inconmensurables; Como valores todas las mercancías son
cualitativamente iguales y sólo cuantitativamente diferentes; se miden
por lo tanto y se sustituyen recíprocamente (se intercambian y son con-
vertibles las unas en las otras) en proporciones cuantitativamente de-
terminadas. El valor es su relación social, su cualidad económica. Un

libro, que posee un determinado valor, y una libra de pan, que posee
el mismo valor, se intercambian entre sí, son el mismo valor sólo que
en distinto material. Como valor la mercancía es al mismo tiempo equi-
valente para todas las demás mercancías en una determinada proporción.
Como valor, la mercancía es un equivalente; como equivalente desapa-
recen en ella todas sus características naturales; ella no está en una re-
lación cualitativa especial con las demás mercancías, sino que es la me-
dida general, el representante general, el medio de cambio general de
todas las demás mercancías. Como valor ella es dinero. Pero, puesto
que la mercancía o, mejor dicho, el producto o instrumento de produc-
ción, es distinto de sí mismo en cuanto valor, en cuanto valor es dis-
tinto de sí mismo como producto. Su peculiaridad como valor no sólo
puede, sino que tiene que obtener una existencia distinta de su existen-
cia natural..¿Por qué? Porque siendo las mercancías en cuanto valores
sólo cuantitativamente diferentes, toda mercancía, cualitativamente con-
siderada, tiene que ser diferente de su valor. Su valor tiene que poseer,
por lo tanto, una existencia cualitativamente diferenciable de ella,:y en
el cambio real esta separabilidad tiene que convertirse en separación
real, porque la diferencia natural de las mercancías tiene que entrar en
contradicción con su equivalente económico, y ambos sólo pueden co-
existir si la mercancía obtiene una doble existencia, una natural y otra
económica, siendo esta última un mero signo, una mera letra indicadora
de una relación de producción, una mera señal indicativa de su valor.
Como valor toda mercancía es uniformemente divisible; en su existen-
cia natural no lo es. Como valor permanece igual a sí misma, a pesar de
las metamorfosis y formas de existencia por las que atraviesa; en rea-
lidad, las mercancías son intercambiables, porque son desiguales y res-
ponden a distintos sistemas de necesidades. Como valor la mercancía
es general; como mercancía real es una mercancía particular. Como va-
lor ella es siempre intercambiable; en el intercambio real sólo lo es si
cumple determinadas condiciones. Como valor la medida de su inter-
cambiabilidad está determinada por ella misma; el mismo valor de
cambio expresa la proporción en la que ella sustituye a otras mercan-
cías; en el cambio real ella es solamente intercambiable en cantidades
relacionadas con sus características naturales y que responden a las ne-
cesidades de los individuos que llevan a cabo el cambio. (En resumidas
cuentas, que todas las características enumeradas como características
particulares del dinero son características de la mercancía como valor
de cambio, características del producto como valor a diferencia del va-
lor como producto.) (El valor de cambio de la mercancía como existen-
cia particular junto a la mercancía misma, es el dinero; ésta es la forma


en la que todas las mercancías se igualan, se comparan y se miden; la
forma en la que todas las mercancías se disuelven; el elemento que se
disuelve en todas las mercancías; el equivalente general. NEn todo mo-
mento, en el cálculo, en operaciones de contabilidad, etc., transforma-
mos las mercancías en signos de valor, las fijamos como meros valores
de cambio, abstrayendo de su materia y de todas sus características na-
turales. En el papel, en la mente, se efectúa esta metamorfosis mediante
una mera abstracción; pero en el intercambio real es necesaria la exis-
tencia de una mediación real, de un medio que verifique dicha abstrac-
ción) La mercancía no es, en sus características naturales, ni constante-
mente intercambiable, ni intercambiable con cualquier otra mercancía; la
mercancía no está ni siquiera en igualdad consigo misma, sino que está
colocada como desigual a sí misma, como valor de cambio. Nosotros
tenemos que transformarla en valor de cambio, para comparar e inter-
cambiar después este valor de cambio con otros. En el trueque más
primitivo, cuando se intercambiaban dos mercancías entre sí, cada una
de estas mercancías es equiparada a un signo, que expresa su valor de
cambio, como, por ejemplo, entre ciertos negros en la Costa de África
occidental, que utilizan barras <bars». Una mercancía es igual a 1 bar,
otra a 2 bars. En esta proporción son intercambiadas. Las mercan-
cías son trasformadas en bars, primero mentalmente, y luego en el
habla antes de ser intercambiadas. Son valoradas antes de ser inter-
cambiadas; pero para ser valoradas, tienen que ser puestas en una de-
terminada relación numérica entre sí. Para ser puestas en una relación
numérica y para ser convertidas en conmensurables tienen que recibir
la misma denominación (ser medidas por la misma unidad). (La bar
posee una existencia puramente imaginaria, pues, en general, una rela-
ción puede recibir una encarnación especial y puede ser individualizada
sólo mediante la abstracción.” Para cubrir el excedente de un valor
sobre el otro en el cambio, para la liquidación del balance, es necesario,
en el cambio primitivo, como en el comercio internacional actual, el pago
en dinero.

Los productos (o actividades) se intercambian solamente como mer-
cancías; las mercancías en el cambio existen sólo como valores, y sola-

41 Cfr. por ejemplo, FERDINANDO GALIANI, Della Moneta en Scrittori Classici
Italiani di Economia Politica. Parte Moderna. Vol. III. Milano 1803, pág. 152;
JAMES STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 11, págs. 106-107; Henri SrorcH, Cours
d'Economie Politique. Tome premier, págs. 84, 88, Tome second, pág. 121; Davip
URQUHART, Familiar Words as Effecting England and the English, London 1856,
págs. 112; WiLLrIam Jacob, An Historical Inquiry into the Production and Con-
sumption of the Precious Metals, London 1831. Vol. II, pág. 326.

mente en cuanto tales se comparan entre sí. Para determinar la canti-
dad de pan que puedo cambiar por una vara de lienzo, llevo a cabo la
operación siguiente: una vara de lienzo=a su valor de cambio, es de-
cir, a 1/x tiempo de trabajo. Equiparo igualmente la libra de pan a
su valor de cambio=1/x o 2/x, etc., tiempo de trabajo. Equiparo des-
pués cada una de estas mercancías a una tercera, es decir, desigual a
ellas. Esta tercera mercancía, distinta de las otras dos, puesto que
expresa una relación, existe en principio en la mente, idealmente, ya
que las relaciones en cuanto tales —a diferencia de los sujetos, que se
relacionan entre sí— sólo pueden ser fijadas mentalmente. En la me-
dida en que un producto (o actividad) se convierte en valor de cambio,
se transforma no solamente en una relación cuantitativa determinada,
en una cifra proporcional —en un número que expresa la cantidad de
otras mercancías que son iguales a él, que son su equivalente, o en
qué proporción es él el equivalente de otras mercancias—, sino que
tiene que ser transformado cualitativamente al mismo tiempo, tiene
que ser transformado en otro elemento para que ambas mercancías pue-
dan convertirse en cantidades numeradas según la misma unidad, y
puedan, por lo tanto, convertirse en mercancías conmensurables. La
mercancía tiene que ser transformada en primer lugar en tiempo de
trabajo, es decir, en algo cualitativamente diferente (cualitativamente
diferente 1.”) porque ella no es tiempo de trabajo en cuanto tiempo
de trabajo, sino tiempo de trabajo materializado, no es tiempo de tra-
bajo en la forma del movimiento, sino de la tranquilidad, no en la for-
ma de proceso, sino en la de resultado; 2.”) porque ella no es la
objetivación de tiempo de trabajo en general, que sólo existe ideal-
mente —tiempo de trabajo en general es únicamente el trabajo separa-
do de su calidad, sólo cuantitativamente diferente—, sino el resultado
determinado de un trabajo naturalmente determinado, diferente cuali-
tativamente de todos los demás trabajos) para poder ser después com-
parada como tiempo de trabajo cuantitativamente determinado, para po-
der ser comparada como cantidad de trabajo con otros tiempos de
trabajo y con otras cantidades de trabajo. Para una mera comparación
—valoración de los productos— para una determinación ideal de su
valor, basta con realizar esta transformación en la mente (una transfor-
mación en la que el producto existe como mera expresión de relaciones
de producción cuantitativas). Para la comparación de las mercancías
basta esta abstracción; para el cambio real esta abstracción tiene que
ser objetivada, simbolizada, realizada mediante un signo. Esta necesidad
aparece porque: 1.” como ya hemos dicho, las mercancías, que han de
ser intercambiadas, son transformadas en la mente en relaciones cuan-



titativas comunes, en valores de cambio y, de esta forma, son valoradas
las unas en relación con las otras. Sin embargo, si las mercancías han
de ser intercambiadas realmente, sus características naturales entran en
contradicción con su determinación como valores de cambio y como
meras cifras enumerativas. Dichas mercancías no son divisibles discre-
cionalmente, etc. 2.” en el cambio real son cambiadas siempre mercan-
cías particulares por mercancías particulares, y la intercambiabilidad de
cada mercancía, así como la proporción en la que es intercambiable,
depende de condiciones locales, temporales, etc. La transformación de
la mercancía en valor de cambio no la equipara a otra mercancía deter-
minada, sino que la expresa como equivalente, como relación de inter-
cambiabilidad con todas las demás mercancías. Esta comparación rea-
lizada en la mente de una sola vez, es realizada en la realidad, en un
círculo determinado por la necesidad y sólo sucesivamente. (Por ejem-
plo, yo cambio sucesivamente un ingreso de 100 talers, según se presen-
tan mis necesidades, por un círculo completo de mercancías, cuya suma
es igual al valor de cambio de 100 talers.) Para realizar, por lo tanto,
la mercancía como valor de cambio de un solo golpe, y darle la eficacia
general del valor de cambio, no basta su intercambio con una mercancía
particular. Ella tiene que ser intercambiada con una tercera cosa, que
no es una mercancía particular, sino el símbolo de la mercancía en
cuanto mercancía, del mismo valor de cambio de la mercancía; una
cosa, por lo tanto, que, digamos, representa el mismo tiempo de tra-
bajo en cuanto tal, un pedazo de papel o de cuero, que representa
una parte alícuota de tiempo de trabajo. (Un tal símbolo presupone el
reconocimiento general del mismo; sólo puede ser un símbolo social;
expresa en realidad sólo una relación social.) Este símbolo representa
las partes alícuotas de tiempo de trabajo; representa el valor de cam-
bio en tales partes alícuotas, que son capaces de expresar mediante una
fácil combinación aritmética todas las relaciones de los valores de cam-
bio entre sí; este símbolo, este signo material del valor de cambio, es
un producto del cambio mismo y no la realización de una idea pre-
concebida.* (En realidad, la mercancía que es utilizada como medio
de cambio sólo se transforma en dinero, en un símbolo poco a poco;
pero apenas ha ocurrido esto, un símbolo suyo puede sustituirlo de
nuevo. Dicha mercancía se convierte ahora en un signo consciente del
valor de cambio.)

48 Cfr. Tuomas HonGskinN, Popular Political Economy. Four Lectures deli-
vered at the London Mechanics' Institution. London 1827, pág. 180; (GEMINIANO
MONTANARI, Della Moneta en Scrittori Classici Italiani di Economia Politica.
Parte Antica. Tomo III. Milano 1804, pág. 40.


El proceso es sencillamente el siguiente: el producto se convierte
en mercancía, es decir, en mero momento del cambio. La mercancía se
transforma en valor de cambio. Para equipararse a sí misma como valor
de cambio, se intercambia con un signo, que representa al valor de
cambio en cuanto a tal. Como tal valor de cambio simbolizado puede
ser intercambiado a continuación, en determinadas proporciones, con
cualquier otra mercancía. Precisamente porque el producto se convierte
en mercancía, y la mercancía en valor de cambio, lleva en la mente una
doble existencia. Este desdoblamiento ideal comporta (y tiene necesa-
riamente que comportar) que la mercancía aparezca en el cambio real
en un doble sentido: como objeto natural, por una parte, como valor
de cambio, por otra. Es decir, su valor de cambio obtiene una existen-
cia material independiente de la suya, de la de la mercancía.

La determinación del producto como valor de cambio lleva consigo
necesariamente el que el valor de cambio adquiera una existencia se-
parada del producto. El valor de cambio separado de las mercancías y
existiendo junto a ellas es el dinero. Todas las características de la
mercancía como valor de cambio aparecen en el dimero, como en un
objeto diferente de ella, en una forma de existencia social separada de
su forma de existencia natural. (Esto se demostrará más adelante, cuan-
do sean enumeradas las características usuales del dinero.) (El material,
en el que es expresado este símbolo, no es en modo alguno indiferente, a
pesar de las formas históricas tan diferentes en que se haya manifes-
tado.) El desarrollo de la sociedad realza junto con el símbolo el ma-
terial que mejor le corresponde, del cual, posteriormente, ella tiende a
desvincularse; un símbolo, si no es arbitrario, requiere ciertas condi-
ciones en el material en el que es representado. Así, por ejemplo, las
palabras tienen su historia, la escritura alfabética, etc. El valor de
cambio del producto engendra, por lo tanto, el dinero junto al produc-
to. De la misma manera que es imposible superar las complicaciones y
contradicciones que proceden de la existencia del dinero junto a las
mercancías particulares, transformando la forma del dinero (aunque
puedan ser evitadas dificultades, que pertenecen a una forma inferior
del dinero, mediante otra superior), igualmente imposible es superar
el dinero, mientras el valor de cambio continúe siendo la forma social
de los productos. Es necesario tener esto muy claro para no ponerse
tareas imposibles, y es necesario conocer los límites, dentro de los cua-
les las reformas monetarias y las transformaciones en la circulación pue-
den dar una nueva forma a las relaciones de producción y a las relaciones
sociales, que en ellas se basan.

Las características del dinero como 1.” medida del cambio de mer-


cancías; 2.” medio de cambio; 3.” representante de las mercancías (por
lo tanto objeto de los contratos); 4. mercancía general junto a las mer-
cancías particulares, proceden todas de su determinación de valor de
cambio objetivado y separado de las mercancías mismas. (La caracterís-
tica del dinero como mercancía general por oposición a todas las de-
más, como encarnación de su valor de cambio, lo convierte al mismo
tiempo en la forma realizada y siempre realizable del capital; en la for-
ma de aparición siempre válida del capital; una característica que se
destaca en el supuesto de drain de metales preciosos; esta caracterís-
tica es la que hace que, históricamente, el capital aparezca por pri-
mera vez en forma de dinero; esta característica, finalmente, explica la
conexión del dinero con el tipo de interés y su influencia sobre él.)
Cuanto más se configura la producción de forma tal que cada pro-
ductor es dependiente del valor de cambio de su mercancía, es decir,
cuanto mayor es la transformación del producto en valor de cambio real,
tanto más tienen que desarrollarse las relaciones monetarias y las con-
tradicciones que son inmanentes a la relación monetaria, a la relación
del producto consigo mismo como dinero. La necesidad del cambio y
la transformación del producto en mero valor de cambio avanza en la
misma medida en que lo hace la división del trabajo, es decir, avanza
con el carácter social de la producción. Pero en la misma medida en que
dicho carácter aumenta, aumenta el poder del dinero, es decir, se fija
la relación de cambio como un poder frente a los productores, extraño
e independiente de los mismos. Lo que originariamente apareció como
un medio para la promoción de la producción, se convierte en una rela-
ción extraña a los productores. En la misma medida en la que los
productores devienen dependientes del cambio, el cambio parece con-
vertirse en independiente de ellos mismos, y parece crecer el foso entre
el producto como producto y el producto como valor de cambio. El
dinero no produce estas antítesis y contradicciones, sino que el desarro-
llo de estas antítesis y contradicciones produce el poder aparentemente
transcendental del dinero. (Habría que desarrollar la influencia de la
transformación de todas las relaciones en relaciones en dinero: del im-
puesto natural en impuesto en dinero, la renta natural en renta en di-
nero, la prestación militar en tropa mercenaria y, en general, todas las
prestaciones personales en prestaciones en dinero; la conversión del
trabajo patriarcal, esclavista, servil, gremial, en puro trabajo asalariado.)
El producto se convierte en mercancía; la mercancía se convierte
en valor de cambio; el valor de cambio de la mercancía es su caracte-
rística inmanente de ser dinero; esta característica de ser dinero se se-
para de ella en cuanto dinero y adquiere una existencia social general,


separadas de todas las demás mercancías particulares y de sus formas de
existencias naturales; la relación de un producto consigo mismo como
valor de cambio se convierte en una relación con un dinero, existente
junto a él, o, mejor dicho, en la relación de todos los productos con
un dinero existente fuera de ellos. De la misma forma que el cambio
real de los productos engendra su valor de cambio, así también su valor
de cambio engendra el dinero.

La siguiente cuestión, que aparece ahora, se formula así: la exis-
tencia del dinero junto a las mercancías, ¿no engendra desde el princi-
pio contradicciones, que vienen dadas con esta misma relación?

### Cambiabilidad de la mercancía por dinero

En primer lugar: el simple hecho de que la mercancía tiene una doble
existencia: por una parte, como producto determinado, que contiene
idealmente (que contiene de forma latente) su valor de cambio en su
forma de existencia natural, y por otra, como valor de cambio mani-
fiesto (dinero), que ha abandonado toda conexión con la forma de exis-
tencia natural del producto, el simple hecho de esta existencia doble
y distinta tiene que progresar hasta convertirse en una diferencia real, y
la diferencia real en antítesis y contradicción." La misma contradic-
ción entre la naturaleza particular de la mercancía como producto y su
naturaleza general como valor de cambio, que engendró la necesidad de
ponerla por duplicado, una vez como mercancía determinada, la otra
como dinero, la misma contradicción entre sus características naturales
particulares y sus características sociales generales, contiene desde el
principio la posibilidad de que estas dos formas de existencia separadas
de la mercancía no sean convertibles la una en la otra. La intercambia-
bilidad de la mercancía existe como una cosa junto a ella en la forma
de dinero, como algo distinto de ella, como no inmediatamente idénti-
cos.- Apenas el dinero se ha convertido en una cosa extraña que existe
junto a la mercancía, la convertibilidad de ésta por dinero está vincu-
lada a condiciones exteriores, que pueden producirse o no, es decir, es
abandonada a condiciones exteriores. La mercancía es solicitada en el
cambio por sus características naturales y por las necesidades que ella
satisface. El dinero, por el contrario, es solicitado sólo por su valor de
cambio, como valor de cambio. En consecuencia, el hecho de que la
mercancía sea transformable en dinero, de que pueda ser intercambiada
por él, y de que su valor de cambio pueda ser puesto en conexión con

% Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 504-551.


ella, depende de circunstancias, que, en principio, no tienen nada que
ver con ella como valor de cambio y que son independientes de ella.
La convertibilidad de la mercancía depende de las propiedades naturales
del producto. La convertibilidad del dinero coincide con su existencia
como valor de cambio simbólico. Es posible, por lo tanto, que la mer-
cancía en su forma particular como producto no pueda ser intercambia-
da, no pueda ser equiparada en adelante con su forma general como
dinero.

En la medida en que la intercambiabilidad de la mercancía existe
como dinero al margen de ella, dicha intercambiabilidad se ha converti-
do en algo distinto de ella, en algo que le es extraño; algo con lo que
ella tiene que ser equiparada, pues en principio es desigual a ella mis-
ma. En este proceso la equiparación depende de circunstancias externas,
se convierte, por lo tanto, en accidental.

M-D D-M

Segundo: de la misma forma que el valor de cambio de la mercancía
lleva una doble existencia, como mercancía determinada y como dine-
ro, igualmente el acto de cambio se descompone en dos actos indepen-
dientes el uno del otro: cambio de mercancía** por dinero, cambio de
dinero por mercancía; compra y venta. Puesto que éstas han adquirido
una forma de existencia, separadas local y temporalmente la una de la
otra, independientes la una de la otra, deja de existir su identidad in-
mediata. Ellas pueden corresponderse o no corresponderse; pueden coin-
cidir o no; pueden incurrir en relaciones desproporcionadas. Ellas intenta-
rán equipararse constantemente. Pero en lugar de la igualdad inmediata
anterior, aparece ahora el constante movimiento de igualación, que
precisamente presupone una constante no equiparación. La consonancia,
muy posiblemente, puede ser alcanzada ahora solamente a través del
recorrido de extremas disonancias.

### Autonomización del cambio respecto de sus sujetos

Tercero: con la separación de la compra y la venta, con la descomposi-
ción del cambio en dos actos independientes local y temporalmente en-
tre sí, aparece además una nueva relación.

De la misma forma que el cambio se descompone en dos actos inde-

*% NMEGA: «Waare»; ed. 1939 «Waren» (mercancías).


pendientes entre sí, así también se separa el movimiento global del cam-
bio de las personas que lo llevan a cabo, de los productores de las mer-
cancías. El cambio por el cambio mismo se separa del cambio por la
obtención de mercancías. Entre los productores aparece una relación
mercantil, una relación de mera compra para vender y de mera venta
para:comprar de nuevo, y en esta operación no se persigue la posesión
de las mercancías como productos, sino la simple obtención*de valores de
cambio en cuanto tales, es decir, de dinero. (El mero cambio puede
dar lugar a un estamento de comerciantes. Pero, puesto que ambas partes
sólo tienen a su disposición el excedente de su producción, la influencia
del estamento en la producción continúa siendo completamente secunda-
ria, así como su importancia global.) A la independización del valor de
cambio en dinero, separado de los productos, corresponde la independiza-
ción del cambio (comercio) como una función separada de las personas
que lo realizan. El valor de cambio era la medida del cambio de mercan-
cías, pero su finalidad era la posesión directa de la mercancía y su consu-
mo (independientemente de que este consumo consista en la utilización
del producto directamente para la satisfacción de necesidades, o en su
utilización como instrumento de producción). La finalidad del comercio
no es directamente el consumo, sino la obtención de dinero, de valores
de cambio. Mediante este desdoblamiento del cambio —cambio para
consumir y cambio por el cambio mismo— aparece un nuevo desequili-
brio. El comerciante está determinado en su cambio simplemente por la
diferencia entre la compra y la venta de las mercancías; el consumidor,
sin embargo, tiene que reponer de forma definitiva el valor de cambio
de la mercancía que él compra. La circulación, el cambio dentro del esta-
mento comercial, y el acto final de la circulación, el cambio entre los
comerciantes y los consumidores, a pesar de que en último extremo se
condicionan mutuamente, están determinados por leyes y motivos com-
pletamente diferentes y pueden entrar en la mayor contradicción entre
sí. En esta separación aparece ya la posibilidad de una crisis comercial.
Y puesto que la producción trabaja inmediatamente para el cambio y
solo mediatamente para el consumo, ella tiene que verse dominada por
esta incongruencia entre comercio y cambio con la finalidad de consu-
mir, tanto más cuanto que es ella la que la engendra. (Las relaciones
entre la oferta y la demanda son completamente invertidas.) (Del co-
mercio en sentido estricto se separa a su vez el negocio del dinero.)
Aforismos. (Todas las mercancías son dinero efímero; el dinero
es la mercancía imperecedera. Cuanto más se desarrolla la división del
trabajo, más deja de ser el producto inmediato medio de cambio. Apa-
rece la necesidad de un medio general de cambio, es decir, de un medio


de cambio, que sea independiente de la producción específica de cada
uno. En el dinero el valor de las cosas está separado de su sustancia.
El dinero es originariamente el representante de todos los valores; en
la práctica la cosa se invierte y todos los productos y trabajos reales se
convierten en representantes del dinero. En el cambio inmediato un
artículo no puede ser cambiado por cualquier otro artículo, y una ac-
tividad determinada sólo puede ser cambiada por determinados produc-
tos. Las dificultades que aparecen en el cambio sólo pueden ser superadas
mediante el dinero, en la medida en que las generaliza y las con-
vierte en universales. Es absolutamente necesario que los elementos,
separados por la fuerza, que forman esencialmente una unidad, se
manifiesten a través de una violenta erupción, como la separación de
algo que forma esencialmente una unidad. La unidad se produce violen-
tamente. Tan pronto como la escisión antagónica conduce a erupciones,
los economistas llaman la atención sobre su unidad esencial y abstraen
de su separación. Su sabiduría apologética consiste en olvidar en todos
los momentos decisivos sus propias definiciones. El producto como me-
dio de cambio inmediato se caracteriza: 1) porque está inmediatamente
ligado con su calidad natural, es decir, porque está limitado en todo
sentido por ella; puede, por ejemplo, deteriorarse, etc.; 2) porque está
inmediatamente ligado con la necesidad inmediata, que otro individuo
tiene O no tiene —o incluso podría tener— de este producto. En la
medida en que el producto del trabajo y el trabajo mismo están someti-
dos al cambio, aparece un momento en el que están separados de su
propietario. El que, a partir de esta separación, ellos vuelven a él en otra
forma, es algo casual. En la medida en que el dinero entra en el cambio,
yo estoy obligado a cambiar mi producto por el valor de cambio gene-
ral, o por la capacidad de cambio general y, de esta forma, mi producto
deviene dependiente del comercio general, y es arrancado de sus lí-
mites locales, naturales e individuales. Precisamente por eso puede de-
iar de ser un producto.)

### Génesis del dinero

Cuarto: de la misma forma que el valor de cambio se presenta en el
dinero como mercancía general junto a las mercancías particulares, así
también el valor de cambio se presenta como una mercancía particular
en el dinero (puesto que posee una existencia particular) junto a las
demás mercancías particulares. Así no sólo aparece la incongruencia
de que el dinero —<que sólo existe en el cambio, en cuanto capacidad
general de cambio— se opone a la capacidad particular de cambio de


las mercancías y la anula, y, sin embargo, ambas tienen que continuar
siendo convertibles entre sí; sino que de esta forma el dinero entra en
contradicción consigo mismo y con su determinación por pasar a ser
una mercancía particular (aunque sólo sea un signo) y que, por lo tan-
to, está sometida en su cambio con otras mercancías a condiciones par-
ticulares de cambio, que contradicen su intercambiabilidad general e in-
condicional. (Aquí no se trata todavía del dinero en cuanto mercancía
fijada en la sustancia de un determinado producto, etc.) El valor de
cambio obtuvo junto a su existencia en la mercancía, una existencia en
dinero, fue separado de sus sustancias, precisamente porque la determi-
nabilidad natural de esta sustancia contradecía su determinación general
como valor de cambio. Cada mercancía es igual a otra (o comparable
con otra) en cuanto valor de cambio (cualitativamente cada una repre-
senta todavía una cantidad mayor o menor de valor de cambio). Preci-
samente por eso esta su igualdad, esta su unidad, es diferente de su
diferencia natural y aparece, por lo tanto, en el dinero tanto como en
su elemento común, cuanto como en un tercero frente a ella misma.
Pero, por una parte, el valor de cambio continúa siendo naturalmente
una cualidad inherente a las mercancías, mientras que al mismo tiem-
po existe fuera de ellas; por otra parte, el dinero, en la medida en que no
existe como cualidad de las mercancías, como algo general a las mismas,
sino que existe individualizado junto a ellas, se convierte en una mer-
cancía particular junto a las demás mercancías. (Determinable por la
oferta y la demanda; se descompone en clases de dinero particula-
res, etc.) Se convierte en una mercancía como las demás y no es al mis-
mo tiempo una mercancía como las demás. A pesar de su determinación
general, es algo intercambiable junto a otras cosas intercambiables. No
sólo es el valor de cambio general, sino también un valor de cambio
particular junto a otros valores de cambio particulares. Aquí aparecen
nuevas fuentes de contradicciones, que se manifiestan en la práctica.
(En la separación entre el negocio del dinero y el verdadero comercio
se pone de manifiesto de nuevo la naturaleza especial del dinero.)
Vemos, por lo tanto, cómo es inmanente al dinero realizar su fines
negándolos al mismo tiempo; independizarse frente a las mercancías;
convertirse de medio en fin; realizar el valor de cambio de las mercan-
cías, separándolo de ellas; facilitar el cambio, descomponiéndolo; supe-
rar las dificultades del cambio inmediato de mercancías, generalizándo-
las; en el mismo grado en que los productores devienen dependientes
del cambio, el dinero independiza el cambio contra los productores.
su (Más adelante será necesario, antes de que nos apartemos de esta
cuestión, corregir la forma idealista de la exposición, que, aparente-


mente, conduce a pensar que aquí se trata solamente de determinaciones
conceptuales y de la dialéctica de estos conceptos. Habrá, por lo tanto,
que aclarar la frase: el producto [o actividad] deviene mercancía, la
mercancía valor de cambio, el valor de cambio dinero.J2)

### El Economist a propósito del dinero

(Economist. 24 enero 1857. El siguiente parágrafo habrá que tenerlo
en cuenta, cuando estudiemos los bancos:

«En la medida en que las clases mercantiles participan, como lo
hacen generalmente ahora, en los beneficios de los bancos —y pueden
hacerlo aún más con la mayor difusión de los bancos con forma de so-
ciedades anónimas, con la abolición de los privilegios corporativos, y
con la extensión de una libertad completa al negocio de la banca—, di-
chas clases se han enriquecido con la subida del interés del dinero. En
realidad, las clases mercantiles, dada la extensión de sus depósitos, son
sus propios banqueros, y en la medida en que esto es así, la tasa de
descuento tiene que ser de poco interés para ellas. Todos los depósitos
bancarios y otros tipos de reservas tienen necesariamente que ser resul-
tado de la industria continua y de los ahorros extraídos de los benefi-
cios; y, consiguientemente, tomando a las clases mercantiles*” o indus-
triales como un todo, ellas tienen que ser sus propios banqueros, y es
solamente necesario que los principios del libre comercio sean extendi-
dos a todos los negocios para igualar y neutralizar*”? para ellas todas
las ventajas y desventajas de todas las fluctuaciones en el mercado mo-
netario».)*

50 Esta observación se refiere a la «forma de exposición» del propio Marx
y más concretamente a sus observaciones sintetizadoras en las páginas 70 y 72-73.
«Posteriormente», a partir de la página 93, esta «forma» es «corregida», cierta-
mente sólo en la cuestión fundamental, en la medida en que se trata de la
fórmula: «la mercancía se convierte .en valor de cambio», etc. La fórmula:
«el producto se convierte en mercancía» sólo es desarrollada en adelante en
observaciones marginales y en «digresiones» en una «forma de exposición co-
rregida». El desarrollo propiamente dicho y la exposición «corregida» de este
proceso estaba evidentemente incluido en el comienzo extraviado del manuscrito
siguiente (OME 22, pág. 389), después de que Marx hubiera efectuado un primer
intento de presentar sistemáticamente esta cuestión en las páginas 282-284 de
OME 22.

s1 Cfr. The Economist, Weekly Comercial Times, etc. Vol. XV, Saturday,
January 24, 1857, n. 700, pág. 86, col. 1-2, artículo: Trade of 1856. Decrease of
Consumption.

*2T NMEGA: «or»; ed. 1939, «and» (y).
*W8 NMEGA: «neutralize», ed. 1939, «naturalize» (convertir en naturales).


Todas las contradicciones del sistema monetario y del cambio de
productos bajo dicho sistema son el desarrollo de la relación de los
productos en cuanto valores de cambio, de su determinación como valor
de cambio, o como valor a secas.

(Morning Star. 12 febrero 1857. La presión monetaria durante el
último año y la alta tasa de descuento que fue consecuentemente adop-
tada, ha sido muy beneficiosa para la obtención de beneficios para el
Banco de Francia. Su dividendo ha ido aumentando: 118 frs. en 1852.
154 frs. en 1853. 194 frs. en 1854. 200 frs. en 1855. 272 frs. en 1856.)

Hay que tomar en consideración también el siguiente pasaje: «La
moneda de plata inglesa fue acuñada a un precio más elevado que el de
la plata que contenía. El valor intrínseco de una libra de plata era
entre 60-62 chelines (3 libras de oro por término medio); era acuñada
por valor de 66 chelines. La casa de la moneda paga el valor del mer-
cado del día, entre cinco chelines y cinco chelines y dos peniques por
onza y la acuña por valor de cinco chelines y seis peniques la onza. Hay
dos razones que evitan cualquier inconveniente práctico, que pueda
resultar de este arreglo: (por lo que al valor nominal de la moneda se
refiere, no por lo que respecta a su valor intrínseco) primero, la mo-
neda sólo puede ser obtenida en la casa de la moneda y a este precio;
como moneda de circulación interna, en consecuencia, no puede ser de-
preciada; y no puede ser enviada al extranjero porque aquí circula por
un valor mayor que el suyo intrínseco; y en segundo lugar, porque
siendo una moneda de curso legal sólo hasta cuarenta chelines, nunca
interfiere con las monedas de oro, ni afecta a su valor». Le da a Francia
el consejo de emitir igualmente monedas de plata de valor desigual al
suyo intrínseco, y de limitar la cantidad hasta la cual ellas podrían ser
monedas de curso legal. Pero al mismo tiempo le aconseja que al fijar
la calidad de la moneda, establezca un margen mayor entre los valores
intrínsecos y nominal que el que existe en Inglaterra, porque el valor de
la plata en relación con el del oro subirá probablemente, antes de que
pase mucho tiempo, hasta el actual precio al que es acuñado por la
casa de la moneda inglesa, y entonces ésta se verá obligada a alterar de
nuevo la relación entre los dos valores. Nuestra moneda de plata está
ahora un poco más del 5 % por debajo de su valor intrínseco: hace
poco estaba el 10 %. (Economist. 24 enero 1857.)*

$2 Cfr. Supplement to the Economist, etc. Vol. XV, Saturday, January 24,
1857, pág. 24, col. 1, artículo: The Double Standard in France.


### Emisión de billetes-horas de trabajo

Ahora bien, podría pensarse que la emisión de los billetes-horas de tra-
bajo superaría todas estas dificultades. (La existencia del billete-horas
de trabajo presupone naturalmente ciertas condiciones, que no están da-
das inmediatamente en el análisis de la relación entre valor de cambio
y dinero, y sin las cuales ambos pueden existir y de hecho existen:
crédito público, banco, etc.; todo esto, sin embargo, no es necesario
tratarlo más a fondo, porque naturalmente los teóricos del billete-horas
de trabajo lo consideran como el último producto de la «serie», que,
aunque responde mejor que ningún otro al concepto «puro» del dinero,
«aparece» en la realidad sólo al final.) Y Ante todo: si se dan como
realizados en la práctica los presupuestos, según los cuales el precio de
las mercancías =a su valor de cambio, la oferta=a la demanda, la pro-
ducción=al consumo, es decir, si, en último extremo, se da por su-
puesto una producción proporcionada” (las llamadas relaciones de dis-
tribución son ellas mismas relaciones de producción), entonces, la cuestión
del dinero deviene completamente secundaria, y especialmente la cues-
tión de si deben ser emitidos billetes azules o verdes, metálicos o de
papel, o la cuestión de en qué otra forma se llevará a cabo la contabili-
dad social. En consecuencia, es completamente absurdo continuar fin-
giendo que se investiga sobre problemas monetarios reales.

El banco (cualquier banco) emite el billete-hora de trabajo. La mer-
cancía a=al valor de cambio x, es decir, =x tiempo de trabajo, se
intercambia por dinero, que representa x tiempo de trabajo. El banco
tendría que comprar la mercancía, es decir, tendría que cambiarla por
sus representantes monetarios, de la misma forma que el Banco de In-
glaterra tiene que dar ahora oro a cambio de sus billetes. La mercancía,
la existencia sustancial y por eso mismo ocasional del valor de cambio,
es cambiada por la existencia simbólica del valor de cambio en cuanto
valor de cambio. No constituye, por lo tanto, ninguna dificultad, trans-
formarla de la forma de mercancía a la forma de dinero. El tiempo de
trabajo en ella contenido sólo necesita ser auténticamente verificado
(lo que, dicho sea de paso, no es tan fácil como comprobar la finura y
el peso del oro), para engendrar inmediatamente su contravalor, su exis-

5 Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 622-639.

54 Cfr. JoHn Gray, Lectures on the Nature and Use of Money, etc. Edin-
burgh 1848, especialmente la página 250; véase también WILLIAM ATKINSON,
Principles of Political Economy, etc. London 1840, págs. 171-196.


tencia monetaria. Por cualquier lado que se mire la cuestión, acaba, en
última instancia, en lo siguiente: el banco, que emite los billetes-horas
de trabajo, compra la mercancía a su coste de producción; compra to-
das las mercancías y ciertamente no le cuesta la compra más que la
producción de billetes de papel; el banco le da al vendedor, en lugar
del valor de cambio, que él posee en una determinada forma sustancial,
el valor de cambio simbólico de la mercancía, o, en otras palabras, le
da un signo indicativo de todas las demás mercancías hasta el importe
del mismo valor de cambio. El valor de cambio en cuanto tal sólo puede
existir simbólicamente, aunque este símbolo, para poder ser utilizado
como cosa —y no sólo como mera forma de representación—, posea
una existencia objetiva; es decir, no es solamente una representación
ideal, sino que está realmente representado de forma objetiva. (Una
medida puede ser conservada en la mano; el valor de cambio mide,
pero sólo cambia, haciendo pasar la medida de una mano a otra.) * El
banco da, por lo tanto, dinero por la mercancía; dinero, que es una in-
dicación exacta del valor de cambio de la mercancía, es decir, de todas
las mercancías del mismo valor; el banco compra. El banco es el com-
prador general, el comprador no sólo de esta o aquella mercancía, sino
de todas las mercancías. Pues él tiene que llevar a cabo la transforma-
ción de toda mercancía en su existencia simbólica como valor de cam-
bio. Pero si el banco es el comprador general, tiene que ser también
el vendedor general, tiene que ser el puerto en el que son depositadas
todas las mercancías; tiene que ser no sólo el almacén general, sino el
poseedor de las mercancías, en el mismo sentido en que lo es cualquier
otro comerciante. Yo he cambiado mi mercancía a por el billete-horas
de trabajo b, que representa su valor de cambio, pero sólo para poder
transformar a discreción posteriormente esta mercancía b en todas las
mercancías reales c, d, e, etc. ¿Puede entonces circular este dinero al
margen del banco? ¿Puede circular de otra forma que no sea entre el
tenedor de los billetes-horas de trabajo y el banco? ¿Cómo se asegura
la convertibilidad de este billete? Sólo son posibles dos supuestos. O
bien todos los tenedores de mercancías (productos o trabajo) quieren
vender su mercancía por su valor de cambio, o unos quieren y otros no.
Si todos quieren vender por su valor de cambio, entonces no esperarán
hasta encontrar un comprador o no, sino que van inmediatamente al
banco, entregan sus mercancías, y reciben a cambio de ellas el signo de
valor de cambio, dinero: son canjeadas por su propio dinero. En este

$5 Cfr. Jomn Locke, The Works of John Locke in Four Volumes. The seventh
edition. Volume the second. London 1768, pág. 92.


supuesto el banco es simultáneamente el comprador y el vendedor gene-
ral en la misma persona. O bien ocurre lo contrario. En este supuesto, el
billete de banco es un mero papel, que afirma ser el símbolo gene-
ralmente reconocido del valor de cambio, pero que no tiene ningún va-
lor. Pues lo característico de este símbolo es, que no sólo representa el
valor de cambio, sino que en el cambio real es este mismo valor de
cambio. En este último caso el billete de banco no sería dinero, sería
solamente dinero convencional entre el banco y sus clientes, no en
el mercado general. Sería lo mismo que una docena de tickets de comida
que yo tengo abonados en un bar, o una docena de entradas de teatro,
que ambos representan dinero, pero los unos sólo en este determinado
bar y las otras sólo en este determinado teatro. El billete de banco ha-
bría dejado de responder a las exigencias del dinero, ya que no circularía
entre el público en general, sino únicamente entre el banco y sus clien-
tes. Tenemos, por lo tanto, que dejar de lado este último supuesto.

El banco sería, por lo tanto, el comprador y vendedor general. En
lugar de billetes podría emitir cheques y en lugar de éstos podría Hevar
simples libros de contabilidad.*” Según la suma de valores de mercan-
cías que x le hubiera vendido, éste sería acreedor del banco por la misma
suma de valor en otras mercancías. Una segunda facultad del banco sería,
necesariamente, la de fijar auténticamente el valor de cambio de todas
las mercancías, es decir, la de fijar auténticamente el tiempo de trabajo
en ellas materializado. Pero sus funciones no podrían terminar aquí. El
banco tendría que determinar el tiempo de trabajo en el que las mer-
cancías pueden ser producidas, con los instrumentos medios de la in-
dustria, es decir, el tiempo en el que las mercancías tienen que ser produ-
cidas. Pero esto, incluso, no sería suficiente. Tendría que determinar
no sólo el tiempo en el que una determinada cantidad de productos
tienen que ser producidos, y tendría no sólo que colocar a los producto-
res en tales condiciones que su trabajo fuera igualmente productivo
(tendría, por lo tanto, que equilibrar y ordenar la distribución de los
instrumentos de trabajo), sino que tendría que determinar la canti-
dad de tiempo de trabajo que tiene que ser utilizada en las distintas ramas
de la producción. Esto último sería necesario, porque para realizar el
valor de cambio y hacer su dinero realmente convertible, la producción
general tendría que estar asegurada, y estar asegurada además en tales
proporciones que fueran satisfechas las necesidades de los individuos
que cambian. Esto no es todavía todo. El gran intercambio no es el

*% NMEGA: «book accounts»; ed. 1939, «Bankaccounts» (cuentas corrientes).


de mercancías entre sí, sino el de trabajo por mercancías (inmediata-
mente veremos esto más a fondo). Los trabajadores no venderían su
trabajo al Banco, sino que conservarían el valor de cambio del pro-
ducto completo de su trabajo. Precisamente entonces el Banco sería con-
siderado, no sólo como el comprador y el vendedor general, sino también
como el productor general. En realidad, sería, o bien el gobernador des-
pótico de la producción y el administrador de la distribución, o no
sería más que un comité (board) que llevaría la contabilidad de la so-
ciedad colectiva de trabajadores. Habría que dar por supuesta la comu-
nidad de los medios de producción, etc., etc. Los sansimonistas con-
vierten a su Banco en el Papado de la producción.*

### Valor de cambio y Producción privada

La disolución de todos los productos y actividades en valores de cam-
bio presupone tanto la disolución de todas las relaciones de dependen-
cia personales, rígidas (históricas) en la producción, como la depen-
dencia universal de los productores entre sí. La producción de cada
individuo es dependiente de la producción de todos los demás, de la mis-
ma forma que la transformación de su producto en medio de subsis-
tencia para sí mismo deviene dependiente del consumo de los demás.
Los precios son antiguos; el cambio también; pero tanto la determinación
de los unos cada vez más por los costes de producción, como la exten-
sión del otro sobre todas las relaciones de producción, sólo se desa-
rrollan por completo y de forma cada vez más completa en la sociedad
burguesa, en la sociedad de la libre competencia. Lo que Adam Smith,
en la forma propia al siglo xvr11, coloca en el período prehistórico, es
decir, lo hace preceder a la historia, es por el contrario su resultado.
Esta dependencia mutua es expresada en la constante necesidad del
cambio, y en el valor de cambio como mediador universal. Los econo-
mistas lo expresan así: cada individuo persigue su propio interés y
únicamente su propio interés; y de esta forma, sin quererlo ni saberlo,
sirve a los intereses privados de todos los demás, al interés general. La
clave de esta afirmación no consiste en que, en la medida en que cada
uno persigue sus intereses particulares, persigue también la totalidad
de los intereses privados, y, por lo tanto, de esta forma se realiza el
interés general. Más bien se podría deducir de esta frase abstracta, que

$ Cfr. Jomw GRAY, The Social System. A Treatise on the Principle of
Exchange. Edition 1831, págs. 62-86.


cada uno obstaculiza respectivamente la realización del interés de los
demás, y en lugar de resultar esta guerra de todos contra todos” en una
afirmación general, resultaría en una negación general. La clave reside
más bien en que el mismo interés privado es ya un interés socialmente
determinado, y sólo puede ser alcanzado dentro de las condiciones im-
puestas por la sociedad y con los medios por ella provistos, es decir,
que está vinculado a la reproducción de estas condiciones e instrumen-
tos. Es el interés de personas privadas, pero un interés cuyo contenido,
así como también su forma y medio de realización, vienen dados por las
condiciones sociales independientes de todos. -

### El dinero como relación social

La dependencia mutua universal de los individuos indiferentes los unos
para los otros constituye su conexión social. Esta conexión social es
expresada en el valor de cambio, en el que su propia actividad o su pro-
pio producto deviene por primera vez para cada individuo una actividad
o un producto per se; él tiene que producir un producto general —el
valor de cambio— o, lo que es lo mismo, dicho valor considerado ais-
ladamente, individualizado en sí mismo, dinero. Por otra parte, el poder
que cada individuo ejerce sobre la actividad de los demás o sobre las
riquezas sociales reside en él en cuanto propietario de valores de cam-
bio, de dinero. Él lleva tanto su poder social como su conexión con la
sociedad en su bolsillo. La actividad, cualquiera que sea su forma de
manifestación individual y el producto de esta actividad, cualquiera que
sea su índole, es valor de cambio, es decir, algo general, en el que es
negada y cancelada toda individualidad y toda particularidad. Ésta es,
en realidad, una situación completamente diferente de aquella en la que
el individuo, o el individuo que se amplía natural o históricamente en
la familia y en la tribu (más tarde en la comunidad), se reproduce di-
rectamente a partir de la naturaleza, o en la que su actividad productiva
y su participación en la producción está dirigida a una forma determi-
nada de trabajo o de producto, y en la que su relación con los demás
está igualmente determinada.

El carácter social de la actividad, así como la forma social del pro-

57 Cfr. Thomas Hoses, Elementa Philosophica, De Cive. Caput 1 en:
Opera pbilosophica. Amstelodami 1668, pág. 7 y Leviathan, sive De Materia,
Forma, et Potestate Civilis Civitatis Eclesiasticae et Civilis. Caput XVII (ibid.,

página 83).


ducto y la participación del individuo en la producción, aparece así
como algo extraño a los individuos, como algo objetivo; no como el
comportamiento de ellos entre sí, sino como subordinación a relaciones
que existen independientemente de ellos, y que proceden del encuentro
entre individuos indiferentes los unos para los otros. El cambio general
de actividades y productos se convierte en condición de vida para cada
individuo; su conexión mutua se les presenta como algo extraño, inde-
pendiente de ellos, como una cosa. En el valor de cambio la relación
social entre personas se transforma en una relación social entre cosas;
la capacidad personal se transforma en la capacidad de las cosas. Cuanto
menor sea la fuerza social del medio de cambio, cuanto más unido esté
dicho medio de cambio con la naturaleza del producto inmediato del
trabajo y con las necesidades inmediatas de los individuos que cambian,
tanto mayor tiene que ser la fuerza del ente comunitario que une a los
individuos: relación patriarcal, comunidad antigua, feudalismo, corpo-
ración gremial. (Ver mi cuaderno XII, 34, b.)* Cada individuo posee el
poder social en la forma de una cosa. Si se le roba a la cosa este poder
social hay que dárselo a las personas sobre las personas.? Relaciones de
dependencia personales (en un principio completamente espontáneas) son
las primeras formas de sociedad en las cuales la productividad humana
sólo se desarrolla en pequeña medida y en puntos aislados. La inde-
pendencia personal basada en la dependencia material es la segunda gran

58 Esta indicación se refiere a un manuscrito desconocido de Marx, que
tiene que ser anterior al trabajo de 1851 sobre Das vollendete Geldsystem <El
sistema monetario perfecto» (véase sobre este manuscrito la nota siguiente, n.? 59),
ya que en este último, en la página 41, se efectúa esta misma remisión a la pá-
gina 34. Posiblemente se trata de una de las partes que faltan del manuscrito
de 1845-1847, sobre Kritik der Politik und Nationalókonomie <Crítica de la
Política y de la Economía Política». Quizás la página 34b (es decir, la columna
derecha de la página 34) es una página perdida del cuaderno con extractos co-
mentados de Marx sobre la obra de Mill.

55 Estas frases fueron formuladas por primera vez en un manuscrito no
publicado de Marx sobre Das vollendete Geldsystem. Este manuscrito, escrito
en 1851, no ha sido conservado en su totalidad y contiene en la página 41 la
siguiente conclusión de un texto previo que falta en el original: «Lo que cada
individuo posee en el dinero es la capacidad de cambio general, mediante la
cual él determina discrecionalmente a su gusto su participación en los productos
sociales. Cada individuo posee el poder social en su bolsillo bajo la forma de
una cosa. Si se le roba este poder social a la cosa, dicho poder tiene que ser dado
de manera inmediata a la persona sobre la persona. Sin dinero no es posible,
por lo tanto, ningún desarrollo industrial». «Los vínculos tienen que estar orga-
nizados en la forma de vínculos políticos, religiosos, etc., en tanto el poder del
dinero no es el nexus rerum et hominum» (pág. 34.)



forma, en la que se constituye por primera vez un sistema de cambio
social general, de relaciones universales, de necesidades universales, y
de capacidad universal. La libre individualidad, basada en el desarrollo
universal de los individuos, y en la subordinación a los mismos de
su productividad comunitaria, social, de su patrimonio social, consti-
tuye el tercer estadio. El segundo crea las condiciones de realización
del tercero. Las relaciones tanto patriarcales como antiguas (así como
las feudales) desaparecen, por lo tanto, con el desarrollo del comercio,
del lujo, del dinero, del valor de cambio, en la misma medida que la
sociedad moderna crece con ellos.

Intercambio y división del trabajo se condicionan mutuamente. Pues-
to que cada uno trabaja para sí y su producto no es para él, él tiene na-
turalmente que cambiarlo, no sólo para participar en la capacidad
productiva general, sino para transformar su propio producto en medio
de vida para él. (Ver mis «Observaciones sobre Economía», p. V. —13,
14—.)" El cambio realizado por medio del valor de cambio y del di-
nero presupone la dependencia universal de los productores entre sí,
pero presupone al mismo tiempo el total aislamiento de sus intereses
privados y una división del trabajo social, cuya unidad y mutuo com-
plemento existe al mismo tiempo como una relación natural al margen
de los individuos e independiente de ellos. La presión de la oferta y de
la demanda general sirve de intermediaria a la conexión de los indivi-
duos indiferentes los unos para los otros.

La misma necesidad de transformar ante todo el producto o la ac-
tividad de los individuos en la forma de valor de cambio, en dinero,
y el hecho de que sólo** en esta forma material él adquiera y demues-
tre su poder social, pone de manifiesto dos cosas: 1) que los individuos
producen solamente para la sociedad y en sociedad; 2) que su produc-
ción no es inmediatamente social, no es el resultado de la sociedad que
divide el trabajo entre sí misma. Los individuos están subordinados a
la producciórt social, que existe como algo fatal fuera de ellos; pero la
producción social no está subordinada a individuos que la manejen
como si fuera su patrimonio comúniNada puede, por lo tanto, ser más
falso y absurdo que Jar por supuesto sobre la base del valor de cambio,
del dinero el control de los individuos asociados sobre su producción
global, como ocurría con el Banco de los billetes-horas de trabajo. El

60 Véase las notas 58 y 59.

*3 NMEGA: «dass sie erst»; ed. 1939, «dass sie».


cambio privado de todos los productos del trabajo, de todas las capaci-
dades y actividades, está en oposición tanto a la distribución basada en
la supra o subordinación (natural o política) de los individuos entre sí
(en cuyo caso el cambio auténtico sólo ocurre marginalmente e intervie-
ne, en: general, menos en la vida de la comunidad globalmente consi-
derada que entre comunidades distintas, y en modo alguno somete bajo
su dominio a todas las relaciones de producción y de cambio); (cual-
quiera que sea la forma de esta supra o subordinación: patriarcal, an-
tigua, feudal), como al intercambio libre entre individuos, que están
asociados sobre la base de la producción y control común de los medios
de producción. (Esta última asociación no es arbitraria: ella presupone
el desarrollo de condiciones materiales y espirituales, que en este mo-
mento no hay por qué desarrollarlas.) De la misma forma que la di-
visión del trabajo engendra aglomeración, combinación, cooperación,
aposición de intereses privados, intereses de clases, competencia, con-
centración de capital, monopolios, sociedad por acciones —claras for-
mas antitéticas de la unidad, que produce la oposición misma—, así
también el cambio privado engendra el comercio mundial, la indepen-
dencia privada engendra la dependencia total del llamado mercado mun-
dial, y los actos escindidos del cambio engendran un ente bancario y
crediticio cuya contabilidad, al menos, constata las compensaciones del
cambio privado. En el curso cambiario —de tal forma dividen los inte-
reses privados a cada nación en tantas naciones como individuos hay
en ellas, y se contraponen los intereses de los exportadores e importa-
dores de la misma nación— el comercio nacional conserva una aparien-
cia de existencia, etc. etc. Nadie creerá por ello poder eliminar mediante
una reforma de la bolsa los fundamentos del comercio privado interior
o exterior. Pero dentro de la sociedad burguesa, que descansa sobre el
valor de cambio, aparecen relaciones de producción y de tráfico que
son otras tantas minas para hacerla saltar en pedazos. (Una cantidad de
formas antitéticas de la unidad social; cuyo carácter antitético, sin em-
bargo, nunca podrá ser hecho saltar en pedazos mediante una meta-
morfosis pacífica. Por otra parte, si no encontramos de forma encu-
bierta en esta sociedad, tal como es, las condiciones de producción
materiales y las correspondientes relaciones de tráfico de una sociedad
sin clases, todos los intentos de hacerla saltar en pedazos serían don-
quijoterías.)

Hemos visto que, aunque el valor de cambio es igual al tiempo de
trabajo relativo que está materializado en los productos, el dinero por
su parte es igual al valor de cambio de las mercancías separado de su
sustancia; en este valor de cambio o relaciones dinerarias están conte-


nidas las contradicciones entre las mercancías y su valor de cambio, en-
tre las mercancías como valores de cambio y el dinero. Hemos visto que
un Banco que engendra inmediatamente la contrapartida de la mercancía
en dinero-trabajo es una utopía. Aunque el dinero sólo debe su origen
al valor de cambio separado de la sustancia de las mercancías, y a la
tendencia de este valor de cambio a afirmarse en forma pura, la mer-
cancía no puede ser transformada inmediatamente en dinero; es decir,
la prueba auténtica de la cantidad de tiempo de trabajo en ella reali-
zado no puede servir como su precio en el mundo de los valores de
cambio. ¿Cómo es esto?

(Sólo cuando el dinero aparece como medio de cambio —y no como
medida de valor—, o, lo que es igual, sólo cuando el dinero aparece
como una prenda que tiene que ser dejada en las manos de otro, para
obtener de él una mercancía, sólo entonces está claro para los econo-
mistas que la existencia del dinero presupone la objetivación de la
relación social. Aquí dicen los mismos economistas que los hombres
depositan en la cosa [en el dinero] la confianza que no depositan en
ellos mismos como personas. Pero ¿por qué depositan su confianza en la
cosa? Claramente la depositan sólo en cuanto relación objetivada de
las personas entre sí, en cuanto valor de cambio objetivado; y el valor
de cambio no es más que una relación de la actividad productiva de las
personas entre sí. Toda prenda ajena, en cuanto tal, puede ser directa-
mente útil al poseedor de la misma; el dinero sólo le es útil en cuanto
«garantía social»,* pero esta garantía lo es sólo por su calidad social
(simbólica); ahora bien, el dinero puede poseer una cualidad social so-
lamente porque los individuos han alienado su propia relación social
como si fuera un objeto.)

En las listas de precios corrientes, en las que todos los valores son
medidos en dinero, la independencia del carácter social de las cosas
respecto de las personas, así como también la actividad del comercio
sobre la base de esta ajenidad, en las que las relaciones de producción

sl Esta expresión se encuentra ciertamente en Join BELLERS, Essay about

tbe Poor, etc. London 1699, en cuya página 13 se dice: «el dinero tiene dos
cualidades: es una prenda por lo que es dado a cambio de él, y es la medida
y el patrón por el que medimos y valoramos todas las demás cosas», etc.; y
en alemán se encuentra en Schmalz, Encyklopádie der Cameralwissenschaften.
1797 (50 y ss.); pero como resulta claro del Index zu den 7 Heften <Índice
de los 7 cuadernos» Marx tenía presente al utilizar esta expresión a Aristóteles.
En consecuencia, en el Index en relación con el dinero como seguridad se hace
referencia al pasaje de la Ética de NicomAco, que se encuentra en el Libro V,
Capítulo 8, paso 14, en la edición de Bekker.


y tráfico globales se presentan enfrentadas al individuo, a todos los
individuos, en dichas listas parece*” que son sometidos de nuevo a
los individuos.** Puesto que la independización del mercado mundial,
if you please (en el que está incluida la actividad de cada individuo),
aumenta con el desarrollo de las relaciones dinerarias (valor de cambio)
y viceversa, la conexión general y la dependencia universal en la pro-
ducción y en el consumo aumenta al mismo tiempo con la independencia
y la indiferencia recíproca de los individuos que consumen y producen;
puesto que esta contradicción conduce a crisis, etc., se intenta al mismo
tiempo superarla desarrollando esta alienación sobre su misma base;
listas de precios corrientes, cursos cambiarios, conexiones epistolares
entre los comerciantes, telegramas, etc. (los medios de comunicación se
desarrollan al mismo tiempo), con los cuales cada individuo se procura
información sobre la actividad de todos los demás, y según esta infor-
mación intenta equilibrar la suya. (Esto quiere decir, que, aunque la
oferta y la demanda global proceden independientemente, cada uno in-
tenta informarse del estado de la oferta y de la demanda general; y
este conocimiento influye en la práctica sobre ellas. Aunque todo esto
en la situación que tenemos ante nosotros no supera la ajenidad, sí
produce las relaciones y conexiones que incluyen en sí la posibilidad de
superar la antigua situación.) (La posibilidad de estadística general, etc.)
(Esto tiene que ser desarrollado bajo las categorías de «precios, de-
manda y oferta». Por lo demás, aquí sólo hay que observar que una
ojeada sobre el comercio global y la producción global, tal como se
encuentran fácticamente en las listas de precios corrientes, provee en
realidad la mejor prueba de cómo su propio cambio y su propia produc-
ción se oponen a los individuos como una relación material indepen-
diente de ellos. En el mercado mundial se ha desarrollado la conexión
del individuo con todos los individuos, pero también y al mismo tiem-
po se ha desarrollado la independencia de esta conexión respecto de
los individuos, hasta tal punto que su constitución contiene al mismo
tiempo la condición de su propia superación.) La comparación ocupa el
lugar de la comunidad y generalidad real.

(Se ha dicho y se puede decir, que lo más hermoso de todo esto
descansa precisamente en este espontáneo intercambio material y espi-
ritual natural, independiente del saber y del querer de los individuos, y
en la conexión que presupone su mutua independencia y la indiferencia

*3l NMEGA: «scheint».
*32 NMEGA: «den»; ed. 1939, «dem» (al individuo).


de los unos para los otros. Y ciertamente es preferible esta conexión
material a la falta de conexión, o a una conexión exclusivamente local,
basada en lazos naturales de consanguinidad y en relaciones de señorío y
servidumbre. Es igualmente claro que los individuos no pueden someter
bajo su control sus propias conexiones sociales antes de haberlas creado.
Pero es absurdo concebir aquella conexión material como la conexión
natural, inseparable de la naturaleza de la individualidad —por oposición
al querer y al saber reflexivos— e inmanente a la misma. Dicha conexión
es un producto histórico. Pertenece a una determinada fase de su des-
arrollo. La ajenidad e independencia en la que existe dicha conexión
frente a la naturaleza de la individualidad, demuestra solamente que
ésta se encuentra todavía en la fase de creación de las condiciones de
su vida social, en lugar de haberla comenzado a partir de estas condi-
ciones. La conexión natural es la conexión entre individuos dentro de
relaciones de producción determinadas, limitadas. Los individuos uni-
versalmente desarrollados (cuyas relaciones sociales, en la medida en que
son relaciones propias, comunitarias, están también sometidas a su con-
trol común), no son un producto de la naturaleza, sino de la historia. El
grado y la universalidad del desarrollo de la capacidad con la que
esta individualidad deviene posible, presupone la producción sobre la
base de los valores de cambio, que por primera vez produce simultá-
neamente la generalidad de la alienación de los individuos de sí mis-
mos y de los demás, pero que produce también la generalidad y uni-
versalidad de sus relaciones y capacidades. En los estadios anteriores
del desarrollo el individuo aparece como un ser más completo, preci-
samente porque él no ha elaborado todavía la totalidad de sus relacio-
nes, y porque éstas no se le han opuesto todavía como poderes y rela-
ciones sociales independientes de él. Tan risible, por lo tanto, es sentir
el deseo vehemente de volver a aquella plenitud originaria? como lo
es la creencia en la necesidad de permanecer en este completo vacío.
El modo burgués de ver las cosas no ha llegado más allá de la oposición
contra este punto de vista romántico y por eso éste lo acompañará
como oposición justificada hasta su final feliz).

(Como ejemplo, puede ser citada aquí la relación del individuo con
la ciencia.)

(Comparar el dinero con la sangre —la palabra circulación da un
pretexto para ello—, es más o menos tan correcto como la compara-
ción de Menenio Agripa entre los patricios y el estómago.) (Compa-

682 Cfr. Abam MULLER, Die Elemente der Staatskunst, etc. Berlin 1809.
Zweiter Teil. págs. 72-207; Thomas CARLYLE, Chartism. London 1840, págs. 49-88.


rar el dinero con el lenguaje no es menos falso. Las ideas no son
transformadas en el lenguaje de forma tal que en él se disuelve su
peculiaridad; y el carácter social de las ideas no existe junto a ellas
en el lenguaje, como ocurre con los precios junto a las mercancías. Las
ideas no existen separadas del lenguaje. Ofrecen más analogías las ideas,
que tienen que ser traducidas de su lengua materna a otra extranjera
para poder circular y ser intercambiables; pero la analogía no descan-
sa en el lenguaje, sino en la ajenidad.)*

(La intercambiabilidad de todos los productos, actividades, fun-
ciones, con un tercero material, que a su vez puede ser intercambiado
por todos indistintamente, el desarrollo, por lo tanto, de los valores
de cambio [y de las relaciones dinerarias] se identifica con la venalidad
y corrupción general. La prostitución general aparece como una fase
necesaria del desarrollo del carácter social de las aptitudes, capacida-
des, habilidades y actividades personales. Expresado de forma más
cortés se diría: la relación general de utilidad. Shakespeare ya concibió
el dinero como el elemento que convierte en igual lo que no lo es.
El ansia de enriquecimiento no sería posible sin dinero. Todo otro
tipo de acumulación y el ansia de acumulación aparecen condicionados
naturalmente por las necesidades, por una parte, y por la naturaleza
limitada de los productos, por otra [sacra auri fames].)*

(El sistema monetario, en su desarrollo, presupone ya claramente
otros desarrollos generales.)

Si se observan las relaciones sociales, que engendra un sistema no
desarrollado del cambio, de los valores de cambio y del dinero, o que
corresponden a un grado de escaso desarrollo de los mismos, está claro
desde el comienzo, que los individuos, a pesar de que sus relaciones
parecen relaciones personales, se relacionan mutuamente como indi-
viduos en una determinación dada, como señor feudal y vasallo, como
propietario de la tierra y siervo, etc., o como miembro de una casta
o como miembro perteneciente a un oficio, etc. En las relaciones de
dinero, en un sistema de intercambio desarrollado (esta apariencia
engaña a la democracia), los lazos de dependencia personal, las diferen-
cias de sangre y de instrucción son, en realidad, hechas saltar en peda-
zos, son destrozadas (los lazos de unión personales se presentan al

se Cfr. J. F. Bray, Labour's Wrong and Labour's Remedy, etc. Leeds 1839,
pág. 141.

é4 Cfr. P. VirciLI Maronis ÁENEIS, liber tertius, v. 57, en: P. Virgili
Maronis Opera, etc. editit etc. Albertus Forbirger. Lipsiae 1836-1839, Pars II,
Lipsiae 1837, pág. 276.


menos como relaciones personales); y los individuos parecen indepen-
dientes (esta independencia es ante todo una mera ilusión, y quiere
expresar más exactamente indiferencia), libres para enfrentarse los unos
con los otros y para intercambiar.en esta libertad; pero ellos se presen-
tan así sólo para aquel que abstrae de las condiciones de existencia (y
éstas son a su vez independientes de los individuos y aunque creadas
por la sociedad, parecen condiciones naturales, es decir, incontrola-
bles por los individuos), bajo las cuales estos individuos entran en con-
tacto. La determinación, que en el primer caso aparece como una li-
mitación personal de un individuo por otro, aparece en este último
constituida como una limitación material del individuo, por una rela-
ción independiente de él y que descansa en sí misma. (Puesto que el
individuo no puede abandonar su propia personalidad, pero sí puede
dominar relaciones exteriores y someterlas a sí, su libertad en el segun-
do supuesto parece mayor. Una investigación más detenida de estas
relaciones exteriores, de estas condiciones, muestra, sin embargo, la im-
posibilidad para los individuos de una clase, etc., de dominar colectiva-
mente esas relaciones, sin superarlas. Un individuo aislado puede oca-
sionalmente acabar con ellas; las masas de los dominados por dichas
relaciones no pueden, pues su propia existencia expresa la sumisión y la
sumisión necesaria de los individuos a ella.) Estas relaciones exteriores
no constituyen una eliminación de las «relaciones de dependencia»,
pues ellas no son más que la disolución de las mismas en una forma
general; son más bien la elaboración del fundamento general de las
relaciones de dependencia personales.* También aquí entran los indi-
viduos en relación entre sí únicamente en cuanto individuos determi-
nados. Estas relaciones de dependencia materiales por oposición a las
relaciones de dependencia personales, se presentan de forma tal (la re-
lación de dependencia material no es más que las relaciones sociales, que
se oponen autónomamente a los individuos aparentemente indepen-
dientes, es decir, sus mutuas relaciones de producción se independi-
zan frente a ellos mismos) que los individuos aparecen ahora domi-
nados por abstracciones, mientras que antes dependían los unos de
los otros. La abstracción, o la idea, no es, sin embargo, más que la
expresión teórica de estas relaciones materiales que los dominan. Las
relaciones, naturalmente, sólo pueden ser expresadas en ideas, y de ahí
que los filósofos hayan concebido como lo característico del tiempo
nuevo el hecho de que éste esté dominado por las ideas, y hayan iden-
tificado con la liquidación de este imperio de las ideas la creación de

$ Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 74-77 y 550-596.


la individualidad libre. Era tanto más fácil cometer este error desde
un punto de vista ideológico, cuanto que el imperio de las relaciones
(esta dependencia material que, por lo demás, se transforma a su vez
en determinadas relaciones de dependencia personales, sólo que des-
pojadas de toda ilusión), en la consciencia de los individuos mismos se
presenta como un imperio de ideas, y porque además la creencia en la
eternidad de estas ideas, es decir, de estas relaciones de dependencia
materiales, es afirmada, alimentada e inculcada, of course, por las clases
dominantes.

(No hay, naturalmente, que olvidar ni un momento frente a la ilu-
sión de las «puras relaciones personales» de los tiempos feudales, etc.
1) que estas relaciones mismas dentro de su ámbito adoptaron un
carácter material en una determinada fase, como muestra, por ejemplo,
el desarrollo de las relaciones de propiedad territorial a partir de las
puras relaciones de subordinación militar; pero 2) la relación material,
en la que se pierden las relaciones personales, tiene un carácter limi-
tado, naturalmente determinado, y se presenta, por lo tanto, como
relación personal, mientras que en el mundo moderno las relaciones
personales se producen como resultado de las relaciones de producción
y de cambio. )*

### De nuevo sobre la génesis del dinero

El producto deviene mercancía. La mercancía deviene valor de cam-
bio. El valor de cambio obtiene una existencia particular junto a la mer-
cancía, es decir, obtiene la existencia de una mercancía en forma tal que
1.2) es intercambiable con todas las demás mercancías, 2.) es mercancía
general y por lo tanto hace desaparecer su particularidad natural, 3.”)
la medida de su intercambiabilidad está fijada, es decir, está fijada la
relación determinada en la que ella se equipara a todas las demás mer-
cancías; es la mercancía en cuanto dinero, y además no sólo en cuanto
dinero, sino en cuanto una determinada suma de dinero, pues para
representar el valor de cambio en todas sus diferencias, el dinero tiene
que ser numerable y divisible cuantitativamente.

El dinero, la forma común en la que se transforman todas las mer-
cancías en cuanto valores de cambio, la mercancía general, tiene ella
misma que existir en cuanto mercancía particular junto a las demás,
pues estas últimas tienen que ser medidas por relación a ella no sólo

$ Cfr. HEGEL, Band XII, págs. 205-212, 218-268.

9% II. El capítulo del dinero

idealmente, sino que tienen que ser intercambiadas realmente por ella.
La contradicción, que resulta de esto, habrá que desarrollarla en otro
lugar. El dinero, como el Estado, no nace de una convención. El dinero
nace naturalmente del cambio y en el cambio, es un producto del mis-
mo. Originariamente sirve como dinero la mercancía —es decir, es in-
tercambiada no como objeto para la satisfacción de una necesidad, sino
para ser intercambiada por otras mercancías— que tiene curso y es in-
tercambiada en mayor medida como objeto para la satisfacción de una
necesidad. La mercancía, por lo tanto, que es más seguro que puede ser
cambiada por cualquier otra mercancía; la mercancía que en una orga-
nización social dada representa la riqueza xat” ¿Eoy%y <por excelencia),
es el objeto de la demanda y oferta general y posee un valor de
uso especial. Ejemplos son la sal, pieles, vacas, esclavos,” etc. Una
tal mercancía representa fácticamente mejor, en su misma forma particu-
lar, el valor de cambio que las demás mercancías (es una lástima que
en alemán no pueda ser traducida adecuadamente la diferencia entre
denrée y marchandise). La utilidad especial de la mercancía, bien como
objeto de consumo especial (pieles), bien como instrumento inmediato
de producción (esclavos), la convierte en dinero. Con el desarrollo pos-
terior ocurrirá precisamente lo contrario, es decir, la mercancía que es
menos utilizada inmediatamente como objeto de consumo o instrumen-
to de producción representará mejor el aspecto que satisface la necesidad
del cambio en cuanto tal. En el primer caso, la mercancía se convierte
en dinero por su valor de uso particular; en el segundo caso recibe
su valor de uso particular, porque sirve como dinero. Durabilidad, inal-
terabilidad, divisibilidad, recomponibilidad, transportabilidad relativa-
mente fácil, porque un gran valor de cambio puede ser encerrado en
un pequeño espacio, todo esto convierte a los metales preciosos en una
materia especialmente apropiada en el último estadio. Al mismo tiempo
ellos constituyen una forma de transición natural a partir de la primera
forma del dinero. En un estadio desarrollado más avanzado de la pro-
ducción y del cambio, el instrumento de producción supera a los produc-
tos; ahora bien, los metales (la piedra antes que ninguno) son los
primeros e indispensables instrumentos de producción. En el cobre, que
juega un papel tan importante en el dinero en la antigiiedad, se en-
cuentran ambos aspectos juntos, el valor de uso especial como instru-
mento de producción, y las demás cualidades que no emanan del valor

8 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, Book 1, ch. IV, págs. 85-86 <In-
vestigación..., págs. 24-25); Jon WaDe, History of the Middle and Working
Classes, etc. London 1833, pág. 3.


de uso de la mercancía, sino que corresponden a su determinación como
valor de cambio (en la que está incluida la de ser instrumento de cam-
bio). Los metales nobles se distinguen de los demás, porque no se oxi-
dan, etc. Su calidad uniforme, etc., y porque responden mejor a un
estadio más avanzado de desarrollo, ya que si, por una parte, su utili-
dad inmediata para el consumo y para la producción retrocede, sin em-
bargo, por otra, a causa de su escasez representan mejor el valor puro
basado en el cambio. Ellos representan desde el principio el excedente,
la forma en que aparece originariamente la riqueza. Además, los me-
tales se intercambian con metales mejor que las demás mercancías.

### El dinero como medida y como equivalente general

La primera forma del dinero corresponde a un estadio de escaso desa-
rrollo del cambio y del comercio, en el que el dinero aparece todavía
en su determinación como medida más que como un instrumento de
cambio real. En este estadio la medida puede ser puramente imaginaria
(sin embargo, la barra de los negros incluye el hierro) € (las conchas, etc.,
corresponden más bien a la serie cuyo último eslabón es el oro y la
plata).

Del hecho de que una mercancía se convierta en valor de cambio
en general, procede el que el valor de cambio adopte la forma de una
mercancía particular: sólo puede conseguir esto otorgando a una mer-
cancía el privilegio frente a todas las demás de representar y simbolizar
el valor de cambio, es decir, de convertirse en dinero. De la esencia
misma del valor de cambio procede el que una mercancía aparezca como
sujeto-dinero, como la cualidad-dinero de todas las mercancías. En el
desarrollo posterior, el valor de cambio del dinero puede a su vez ad-
quirir una existencia separada de su materia, de su sustancia, como, por
ejemplo, en el papel moneda, sin por ello eliminar el privilegio de esta
mercancía particular, pues esta existencia particularizada tiene que
continuar percibiendo su denominación de la mercancía particular.

La mercancía es intercambiable por dinero, es equiparable al dinero,
porque es valor de cambio. La relación en que es equiparada al dine-
ro, es decir, la determinación de su valor de cambio, es condición previa
a su transformación en dinero. La proporción en que una mercancía
particular es intercambiada por dinero, es decir, la cantidad de dinero
en que es transformable una determinada cantidad de mercancía, está

$8 Cfr. David UrquHartT, Familiar Words, pág. 112.

9% II. El capítulo del dinero

determinada por el tiempo de trabajo objetivado en dicha mercancía. La
mercancía es valor de cambio en la medida en que es realización de un
determinado tiempo de trabajo; en el dinero es medida la cantidad de
tiempo de trabajo que ella representa; así como también está en él
contenido dicho tiempo de trabajo como en su forma general cambiable,
adecuada al concepto. El dinero es el medio material en el que se pre-
sentan los valores de cambio, y reciben una forma correspondiente a
su determinación general. Adam Smith dice que el trabajo (tiempo de
trabajo) es el dinero originario con el que son compradas todas las mer-
cancías.” Si se observa el acto de producción, esto es correcto siempre
(también lo es en relación con la determinación de los valores relati-
vos). Toda mercancía es cambiada continuamente en la producción por
tiempo de trabajo. La necesidad de un dinero distinto del tiempo de
trabajo procede de que la cuota** de tiempo de trabajo debe ser expre-
sada, no en su producto particular e inmediato, sino en un producto
general y mediato, en su producto particular, en cuanto que es igual
y convertible en todos los demás productos del mismo tiempo de tra-
bajo; en un producto que es expresión del tiempo de trabajo, tal como
se manifiesta. No en una mercancía, sino en todas las mercancías al
mismo tiempo, y por eso precisamente, en una mercancía particular que
representa a todas las demás. El tiempo de trabajo no puede ser inme-
diatamente dinero (una exigencia que equivaldría en otras palabras a
que cada mercancía fuera inmediatamente su propio dinero), precisa-
mente porque él fácticamente sólo existe en productos particulares (en
cuanto objeto): en cuanto objeto general, por el contrario, sólo puede
existir simbólicamente, sólo puede existir precisamente en una mercan-
cía particular, que es determinada como dinero. El tiempo de trabajo
no existe como un objeto de cambio general, independiente y separado
de las particularidades naturales de las mercancías. Y, sin embargo, él
tendría que existir como un objeto general de cambio para cumplir in-
mediatamente todas las condiciones del dinero. La objetivación del ca-
rácter general y social del trabajo (y del tiempo de trabajo contenido
en el valor de cambio) convierte precisamente a su producto en valor
de cambio, confiere a la mercancía la cualidad de dinero, pero esta cua-
lidad supone a su vez un sujeto-dinero independiente, que existe al lado

de ella.

6 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 100-101 <Investigación...,
pág. 47».

*3 NMEGA: «Quotum» (cuota), ed. 1939, «Quantum» (cantidad).


El tiempo de trabajo determinado es objetivado en una mercancía
determinada, particular, que posee características especiales, y se re-
laciona de forma especial con ciertas necesidades; como valor de cam-
bio, por el contrario, el tiempo de trabajo debe estar objetivado en una
mercancía que expresa solamente su cuota o cantidad, que es indife-
rente a sus cualidades naturales, y que, por lo tanto, puede ser meta-
morfoseada, es decir, cambiada por cualquier otra mercancía en la que
está objetivado el mismo tiempo de trabajo. El tiempo de trabajo, en
cuanto objeto, debe poseer el carácter general, que contradice a su
particularidad natural. Esta contradicción sólo puede ser solucionada
en la medida en que él mismo se objetiviza, es decir, en la medida en
que la mercancía es puesta en un doble sentido, por una parte, en su
forma inmediatamente natural, y por otra en su forma mediata, en cuan-
to dinero. Esto último sólo es posible si una mercancía particular se
convierte al mismo tiempo en la sustancia general de los valores de cam-
bio, o si el valor de cambio de las mercancías es identificado con una
sustancia particular, con una mercancía particular diferente a todas las
demás. Esto quiere decir, que la mercancía tiene que ser cambiada por
esta mercancía general, por este producto simbólico general, o por esta
objetivación del tiempo de trabajo, para ser luego, en cuanto valor de
cambio, susceptible de ser discrecionalmente metamorfoseada o inter-
cambiada por todas las demás mercancías. El dinero es el tiempo de tra-
bajo en cuanto objeto general, o la objetivación del tiempo de trabajo
general, del tiempo de trabajo como mercancía general. Si, por lo tanto,
parece muy simple que, puesto que el tiempo de trabajo regula los va-
lores de cambio y es, en realidad, no sólo su medida inherente, sino su
sustancia misma (pues en cuanto valores de cambio las mercancías no
poseen ninguna otra sustancia, ninguna otra propiedad natural), dicho
tiempo de trabajo podría servir también de forma inmediata como su
dinero, es decir, podría proveer el elemento en ei que se realizarían
los valores de cambio en cuanto tales, si todo esto parece muy fácil,
esta apariencia de facilidad, sin embargo, engaña. La relación de los va-
lores de cambio —de las mercancías en cuanto objetivaciones de tiempo
de trabajo iguales y equiparables— incluye más bien contradicciones,
que reciben su expresión material en un dinero distinto del tiempo de
trabajo.

En Adam Smith esta contradicción se manifiesta aún como una
yuxtaposición. Junto al producto del trabajo particular (del tiempo de
trabajo en cuanto objeto particular), el trabajador tiene que producir
además una cantidad de mercancía general (el tiempo de trabajo como
objeto general). Ambas determinaciones del valor de cambio se pre-


sentan para él como una yuxtaposición externa.”” Para él la estructura
interna de la mercancía no aparece todavía presa, dominada por la con-
tradicción. Esto responde al estadio de la producción que él tenía pre-
sente, en el que el trabajador todavía poseía directamente en su produc-
to una parte de los medios de subsistencia; ni toda su actividad, ni
todo su producto había devenido dependiente del cambio; es decir, la
agricultura de subsistencia (o algo parecido como Steuart la llama)”
era todavía dominante en gran medida e igualmente ocurría con la in-
dustria patriarcal (tejido a mano, hilado realizado en la casa y en cone-
xión con la agricultura). Solamente el excedente era cambiado en el
gran círculo de la nación. Valor de cambio y determinación del valor
por el tiempo de trabajo no se habían desarrollado todavía por completo
a nivel nacional.

(Inciso: del oro y de la plata se puede decir menos correctamente
que de cualquier otra mercancía que su consumo sólo puede aumentar
en proporción a sus menores costes de producción. Dicho consumo
aumenta más bien en proporción al crecimiento de la riqueza general,
pues su uso específico representa la riqueza, el excedente, el lujo, y por-
que ellos mismos representan la riqueza general. Independientemente
de su uso como dinero, el oro y la plata son consumidos en mayor me-
dida en proporción al aumento de la riqueza general. Si, por lo tanto,
su oferta aumentara repentinamente, incluso sin que sus costes de pro-
ducción o su valor disminuyeran proporcionalmente, ellos encontrarían
un mercado que se expande rápidamente y que detendría su deprecia-
ción. Mucho de lo que para los economistas —que hacen depender el
consumo general del oro y de la plata de un descenso en sus costes de
producción— es inexplicable en el caso australiano-californiano, y en el
cual ellos se mueven en un círculo, se explica de esta forma. Esto está
precisamente en conexión con el hecho de que el oro y la plata repre-
sentan la riqueza, es decir, está en conexión con su cualidad como
dinero.)

(La antítesis del oro y de la plata como mercancía eterna por oposi-
ción a las demás, que encontramos en Petty,” aparece ya en Jenofonte,”

10 Cfr. AbaM SMITH, Án Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 102-105 <Investigación...,
págs. 49-53).

21 Cfr. James STEUART, Án Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 88.

12 Cfr. William Perry, Political Arithmetick, or a Discouwrse concerning
the Extent and Value of Lands, etc. London 1699, en Several Essays in Political
Arithmetick: The Titles of which follow in the Ensuing Pages. By Williams
Petty, Late Fellow of the Royal Society. London 1699, págs. 178-179 y 195-196.

T Cfr. XENOPHONTIS opuscula politica equestria et vanatica cum Arriani


de Vectigalibus, c.1. en relación con el mármol y la plata. “Ob puóvoy
de xpatei toi Em” ¿mautóy dállouai te xai ynpácxovaw, did xai didra ayada
ye Y yopa. Tépuxe pev yap Mdos év avrr ápdovos, etc... (A saber el
mármol)... *"Eoti de xal y7, % orerpopévy pev 0d pépel xaprov, dpuaco Ev
de roMhaphacioua tpéper Y el ito Ewepe.'“).

<«La comarca posee no sólo bienes de los que florecen y se ajan en
tiempo determinado, sino también bienes perennes. Hay en ella piedra
[mármol] sin tasa... hay también tierra que, sembrada, no da fruto,
pero, excavada, alimenta a muchos más que si llevara trigo». T.» Vale
la pena observar que el intercambio entre distintas tribus y pueblos
—-y éste, y no el cambio privado, es su primera configuración— empieza
solamente cuando se le compra [mediante el engaño] a una tribu no
civilizada un excedente que no es producto de su trabajo sino produc-
to natural del suelo y de la naturaleza que ella ocupa.)

(Del hecho de que el dinero tiene que estar simbolizado en una de-
terminada mercancía, procede el que esta misma mercancía [oro, etc.]
tenga que desarrollar posteriormente las contradicciones económicas or-
dinarias, que de este hecho derivan. Por lo tanto N.* I1. Además, puesto
que todas las mercancías tienen que ser cambiadas por dinero, para
ser determinadas como precios, independientemente de que este cambio
tenga lugar realmente o sólo idealmente, hay que determinar la relación
de la cantidad de oro o plata con los precios de las mercancías. Por lo
tanto N.? III. Está claro que su cantidad, simplemente medida en oro
y plata, no ejerce ninguna influencia en el precio de las mercancías; la
dificultad proviene del cambio real, cuando el dinero sirve como ins-
trumento real de la circulación; la relación de la demanda y oferta, etc.
Pero lo que afecta a su valor como instrumento de circulación, le afecta
también como medida.)

### El tiempo de trabajo como equivalente general

El tiempo de trabajo existe en cuanto tal sólo de forma subjetiva, sólo
en la forma de actividad. En la medida en que el tiempo de trabajo es
intercambiable en cuanto tal (en la medida en que es mercancía), él
mismo está determinado no sólo cuantitativamente sino también cuali-
tativamente, y es tiempo de trabajo diferente y no tiempo de trabajo

libello de venatione. Ed. Jo. Gottlob Schneider. Lipsiae 1815. Tomus sextus,
caput I, IV et V, pág. 143.


general, igual a sí mismo; el tiempo de trabajo en cuanto sujeto no
responde al tiempo de trabajo general, que determina los valores de
cambio, de la misma forma que las mercancías y productos particulares
tampoco responden a él en cuanto objeto.

La tesis de Adam Smith,* según la cual el trabajador tiene que pro-
ducir junto a su mercancía particular una mercancía general, o, en otras
palabras, que tiene que darle a una parte de sus productos la forma de
dinero, es decir, tiene que darle en general la forma de mercancía, en
la medida en que debe servir no como valor de uso para él, sino como
valor de cambio, no quiere decir, subjetivamente expresado, sino que
su tiempo de trabajo particular no puede ser inmediatamente intercam-
biado con todo otro tiempo de trabajo particular, es decir, que su inter-
cambiabilidad general tiene que ser previamente mediada, tiene que
adoptar una forma objetiva, diferente de ella misfna, para obtener des-
pués esta intercambiabilidad general.

El trabajo de un individuo, considerado en el acto de producción,
es el dinero con el que él compra inmediatamente el producto, el objeto
de su actividad particular; pero es un dinero particular, que sólo com-
pra precisamente este producto determinado. Para ser inmediatamente
dinero general, tendría que ser desde el comienzo no trabajo particular,
sino general, es decir, tendría que ser puesto desde el principio como
miembro de la producción general. En este supuesto, sin embargo, el
cambio no le daría su carácter general, sino que su carácter comunitario
previo determinaría su participación en los productos. El carácter co-
munitario de la producción convertiría al producto desde el comienzo en
un producto comunitario, general. El cambio originario, que tiene lugar
en la producción —que no sería cambio de valores de cambio, sino de
actividades, que estarían determinadas por necesidades comunitarias y
por fines comunes— incluiría desde el principio la participación del
individuo en el mundo de los productos comunitarios. Sobre la base
de los valores de cambio, el trabajo sólo es puesto como general a tra-
vés del cambio. Sobre esta base el trabajo sería puesto en cuanto tal
antes del cambio; es decir, el cambio de productos no sería en absoluto
el instrumento que mediaría la participación de un individuo en la
producción general. La mediación naturalmente tiene que producirse. En
el primer supuesto, que parte de la producción independiente de los
individuos —aunque estas producciones independientes estén determi-
nadas y modificadas post festum por sus relaciones entre sí— la me-
diación tiene lugar mediante el cambio de mercancías, mediante el valor

“ Véase la nota 70.


de cambio y el dinero, que son todos expresión de la misma relación.
En el segundo caso, el mismo presupuesto es mediado; es decir, se
presupone una producción comunitaria, se presupone la sociabilidad de
la producción como fundamento de la producción. El trabajo del indi-
viduo és puesto desde el principio como trabajo social. Cualquiera que
sea, por lo tanto, la configuración material particular del producto
que él crea o ayuda a crear, lo que él ha comprado con su trabajo no
es un producto particular determinado, sino una parte de la producción
social. Por eso tampoco tiene ningún producto particular que cambiar.
Su producto no es valor de cambio. El producto no tiene que ser con-
vertido en una forma particular para obtener un carácter general para el
individuo. En lugar de una división del trabajo, que se produce necesa-
riamente en el cambio de valores de cambio, tendría lugar una organiza-
ción del trabajo que tendría como consecuencia la participación del indi-
viduo en el consumo general. En el primer caso el carácter social de la
producción está determinado mediante la elevación de los productos a
valores de cambio y post festum mediante el cambio de estos valores de
cambio. En el segundo caso se presupone el carácter social de la produc-
ción, y la participación en el mundo de los productos, en el consumo, no
es mediada por el cambio de trabajos o de productos de trabajos indepen-
dientes entre sí. Es mediada por las condiciones sociales de la produc-
ción, dentro de las cuales actúa el individuo. Querer convertir, por lo
tanto, el trabajo del individuo inmediatamente en dinero (es decir,
también su producto) en valor de cambio realizado, es lo mismo que
determinarlo inmediatamente como trabajo general, es decir, negar pre-
cisamente las condiciones bajo las cuales puede ser convertido en di-
nero y valor de cambio y de las cuales depende el cambio privado. La
exigencia puede ser satisfecha solamente bajo condiciones, en las cuales
no puede ser planteada. El trabajo sobre la base de los valores de cam-
bio presupone precisamente, que ni el trabajo del individuo, ni su pro-
ducto, es inmediatamente general; presupone que él obtiene esta forma
solamente a través de una mediación objetiva, a través de un dinero
diferente a él.

### Tiempo de trabajo y producción social

Presupuesta la producción comunitaria, la determinación del tiempo
continúa siendo, naturalmente, esencial. Cuanto menos tiempo necesita
la sociedad para producir trigo, vaca, etc., tanto más tiempo gana para
otro tipo de producción, material o espiritual, de la misma forma que en
el caso de un individuo aislado, la universalidad de su desarrollo, dis-



frute y actividad, depende de su ahorro de tiempo. En la economía de
tiempo se resuelve, en último término, toda economía. De la misma
manera que el individuo tiene que dividir correctamente su tiempo para
apropiarse los conocimientos en proporciones adecuadas o para respon-
der a las distintas exigencias que se hacen a su actividad, así también,
la sociedad tiene que dividir su tiempo adecuadamente para lograr una
producción adecuada a sus necesidades globales. Economía de tiempo,
así como distribución planificada del tiempo de trabajo entre las distin-
tas ramas de la producción, continúa siendo, por lo tanto, la primera
ley económica sobre la base de una producción comunitaria. Es una ley
que tiene vigencia en un grado mucho más alto. Sin embargo, esto es
esencialmente diferente de la mensuración de los valores de cambio (tra-
bajos o productos del trabajo) por el tiempo de trabajo. Los trabajos de
los individuos en la misma rama del trabajo y las distintas clases de tra-
bajo, son no sólo cuantitativa, sino cualitativamente distintos. ¿Qué
presupone la diferencia solamente cuantitativa de las cosas? La identidad
de su cualidad. Por lo tanto, la mensuración cuantitativa de los trabajos
presupone la igualdad, la identidad de su cualidad.

(Estrabon, liber XI. De los Albanos que viven en el Cáucaso: *

“Kai ot avdpuwro: xákde,, xai peyeder Drapépovtes: árdoi de, xai od
xarmkixoi. oude yap vopiguati ta rola ypúvta:, oude dprdpov toga:
peiów toy éxatóv. did poptiois tac duorBas rotodvtar“. Allí mismo se
añade: “árerpor Y” eloi xai pétpwv tv ém” dxpifes, xal otaduiv'")
<«Los hombres son hermosos y destacan por su estatura; pero son sim-
ples, y no comerciantes. Ni suelen servirse de moneda ni conocen nú-
mero mayor que el centenar, sino que hacen sus trueques en naturaleza».
«También son inexpertos en medidas según regla». T.»

El dinero aparece antes como medida (como los bueyes, por ejem-
plo, en Homero), que como medio de cambio, porque en el cambio
directo cada mercancía es su medio de cambio. Ella no puede ser, sin
embargo, su medida o su propio patrón de comparación.

### Los sujetos materiales de la relación de dinero

2) De lo expuesto hasta el momento resulta:” un producto par-

75 Cfr. STRABONIS Rerum Geographicarum libri XVII. Ad optimorum libro-
rum fidem accurate editi. Editio stereotypa. Tomus I. Lipsiae 1829. Liber XI,
caput IV, págs. 415416.

16 A qué se refiere este 2) no se puede determinar con precisión.


ticular (mercancía) (material) tiene que devenir sujeto del dinero, que
existe como una cualidad de todo valor de cambio. El sujeto en el que
este símbolo es representado no es indiferente, pues las exigencias re-
queridas para ser el representante están contenidas en las condiciones
del objeto que ha de ser representado —determinaciones conceptuales,
relaciones determinadas. La investigación sobre los metales nobles en
cuanto sujeto de las relaciones de dinero, en cuanto encarnaciones del
mismo, no cae por lo tanto en modo alguno, como Proudhon cree, fue-
ra del campo de la economía política, de la misma forma que la mo-
dalidad de los colores o del mármol no caen fuera del campo de la
pintura o de la escultura.” Las características que la mercancía tiene en
cuanto valor de cambio, en relación a las cuales sus cualidades natura-
les no son adecuadas, expresan las exigencias que han de hacerse a las
mercancías que han de servir xat' ¿Box de material del dinero. Es-
tas exigencias, en el nivel del cual hasta el momento nosotros única-
mente podemos hablar, son realizadas de la forma más completa en
los metales nobles. Los metales en sí mismos, como instrumentos de pro-
ducción, disfrutan de una ventaja sobre las demás mercancías, y entre
los metales existe también una ventaja a favor del que se encuentra en
mayor medida que los demás en su plenitud y pureza física —oro, luego
cobre, plata, hierro. Los metales nobles realizan más que los demás
el metal, como diría Hegel.”

Los metales nobles son uniformes en sus cualidades físicas, de tal
forma que iguales cantidades del mismo son tan idénticas que no dan
motivo para que se prefiera una a otra.** Esto no vale, por ejemplo,
para cantidades iguales de ganado o cantidades iguales de grano.

a) Oro y plata en relación con los demás metales

Los metales no nobles se oxidan con el aire; los metales nobles (mer-
curio, plata, oro, platino) son inalterables al contacto con el aire.
Aurum (Au). Peso específico=19,5; punto de fusión: 1.200” C.
«El oro brillante es el más espléndido de todos los metales y de ahí
que fuera llamado por los antiguos el sol o el rey de los metales. Con-

11 Cfr. Hegel, Band XI, pág. 314.
18 Cfr. Hegel, Band IX, págs. 413-424, 443, 444.

*4 NMEGA: «preferring the one for the other»; ed. 1939, «preferring those
one for the other».


siderablemente difundido, pero nunca en grandes cantidades, es tam-
bién, por eso, más caro que los demás metales. Por lo general, se lo
encuentra puro, en parte en grandes pedazos, en parte en pequeños
granos incrustados en otro mineral. De la descomposición de éste pro-
cede la arena aurífera, que muchos ríos llevan, y de la cual se puede
obtener el oro por un procedimiento de lavado a causa de su mayor
peso. El oro posee una maleabilidad extraordinaria; un grano de oro
se puede extender hasta formar un hilo de 500 pies de largo, y puede
ser batido en hojas cuyo grosor apenas es 1/200.000 de una pulgada.
El oro no es atacado por ningún ácido, sólo es soluble por el cloro libre
(agua regia, una mezcla de ácido nítrico y ácido clorhídrico). Doradura.»

Argentum (Ag). Peso específico=10. Punto de fusión: 1.000? C.
Presenta un aspecto claro; el más agradable de todos los metales,
muy blanco y maleable; puede ser trabajado muy bellamente y puede
ser estirado en hilos muy finos. La plata se encuentra en estado quími-
camente puro; muy a menudo se encuentra mezclada con plomo, en
lomos argentíferos.

Hasta ahora hemos visto las cualidades químicas del oro y de la
plata. (La divisibilidad, recomponibilidad y uniformidad del oro y de
la plata puros, son conocidos.) Veamos las cualidades mineralógicas.

Oro. Es ciertamente extraordinario que los metales, cuanto más
nobles son, más se presentan individualizados y separados de los cuerpos
que se encuentran normalmente, como si se tratara de naturalezas supe-
riores alejadas de las comunes. Así encontramos el oro, por lo general,
puro, cristalino, en diferentes formas cúbicas o en las formas más varia-
das: en pedazos y granos desiguales, en arena y polvo, incrustados en
muchas clases de piedras, como, por ejemplo, el granito y mediante
cuya erosión el oro es encontrado en la arena de los ríos y en terrenos
de aluvión. Puesto que en este estado el peso del oro es de hasta 19,4,
incluso las partículas minúsculas de oro pueden ser obtenidas removien-
do con agua la arena aurífera. De esta manera se posa primero el metal,
cuyo peso específico es mayor, y es lavado, como normalmente se dice.
La mayor parte de las veces, la plata está unida al oro y se encuentran
mezclas naturales de ambos metales que contienen de 0,16 a 38,7 %
de plata, lo que tiene naturalmente como consecuencia diferencias en
color y peso.

Plata. En una considerable variedad de sus minerales, la plata se
presenta como uno de los metales más corrientes, tanto en estado quí-
micamente puro, como mezclada con otros metales o unida con arsénico
y azufre (cloruro de plata, bromuro de plata, carbonato básico de plata,
mineral de bismuto y plata, sternbergita, polybasita, etc.).


Las cualidades químicas principales de todos los metales nobles son:
no ser oxidables con el aire; el oro (y el platino) no son solubles en
ácidos, salvo el oro en el cloro** libre. El no ser oxidables con el
aire los mantiene puros, libres de herrumbre; ellos se presentan como
lo que son. Resisten a la disolución mediante el oxígeno —son impere-
cederos. (De ahí que fueran tan ensalzados por los antiguos alquimistas.)

Cualidades físicas: Peso específico, es decir, más peso en menos es-
pacio, especialmente importante para el instrumento de circulación.
Oro, 19,5; plata 10. Brillo metálico. Brillo del oro, blancura de la pla-
ta, esplendor. Maleabilidad tan útil para los objetos de adorno y para
la ornamentación de todos los demás objetos. El color blanco de la
plata (que refleja todos los rayos luminosos en su composición origina-
ria); ” el amarillo rojo del oro (que anula todos los rayos de colores de
la luz compuesta que cae sobre él y sólo refleja el rojo). Fusibilidad di-
fícil.

Cualidades geognósticas: el presentarse (especialmente el oro) en es-
tado puro, separado de los demás cuerpos; aislado, individualizado. In-
dividual quiere decir que se presenta autónomamente frente a lo ele-
mental. j

De los otros dos metales nobles: 1) platino. No tiene color (inco-
loro): claroscuro (hollín de los metales); muy raro; desconocido por
los antiguos; solamente fue conocido tras el descubrimiento de Améri-
ca; fue también descubierto en el siglo x1x en los Urales; sólo es ata-
cado por el cloro; se presenta siempre en estado puro; peso específi-
co=21; no se funde con los más altos grados de calor; su valor es
fundamentalmente científico. 2) Mercurio: se presenta en estado líqui-
do; evaporable; sus vapores son venenosos; puede formar parte de
mezclas líquidas (amalgamas). (Peso específico=13,5. Punto de ebulli-
ción=360" C.) Por lo tanto, ni el platino, ni mucho menos el mercu-
rio, sirven como dinero.

Una de las cualidades geognósticas común a todos los metales no-
bles: escasez. Ahora bien, la escasez (independientemente de la demanda
y la oferta) es elemento de valor,” en la medida en que lo que no es en
sí propiamente escaso, en la medida en que la negación de la escasez, lo
elemental, no tiene valor; porque no se presenta como resultado de la

7 Cfr. Jaco Grimm, Geschichte der deutschen Sprache. Erster Band.
Leipzig 1848, pág. 13-14.
s Cfr. Ricarbo, On the Principles, etc., pág. 2 <Principios..., págs. 7-8).

*35 NMEGA: «Chlor»; en ms. «Chrom» (cromo).


producción. En la determinación primitiva del valor, lo más valioso,
presupuesta la demanda, era la mayor parte de las veces independiente
de la producción consciente y querida. Los cantos rodados no tienen
ningún valor, relativamente hablando, porque se encuentran sin produc-
ción (aunque ésta consistiera sólo en buscarlos). Para que algo consti-
tuya el objeto del cambio, tenga valor de cambio, nadie tiene que poder
tenerlo sin mediación del cambio; no tiene que presentarse en forma
tan elemental que sea un bien común. La escasez es en este sentido
elemento del valor de cambio, y de ahí la importancia de esta cualidad
de los metales preciosos, independientemente de la relación entre la
demanda y la oferta.

Si se considera, en general, el privilegio de los metales en cuanto
instrumentos de producción, favorece al oro el que él es au fond el
primer metal descubierto en cuanto metal. Y además por un doble mo-
tivo: primero, porque entre todos los metales es el oro el que tiene
el aspecto más metálico, y se presenta en la naturaleza como un metal
distinto y distinguible; segundo, porque en su preparación la naturaleza
ha realizado una obra de arte, y porque para su primer descubrimiento
sólo se requiere rough labour, y no ciencia o instrumentos de pro-
ducción desarrollados.

«Es cierto que el oro ha tenido que ser necesariamente el primer
metal conocido, y en el primer documento del progreso humano es con-
siderado como un criterio mensurador de la posición de un hombre»
(porque el oro constituye el excedente, forma en la cual aparece por
primera vez la riqueza. La primera forma del valor es el valor de uso,
las cosas de todos los días, que expresan la relación del individuo con
la naturaleza; la segunda, el valor de cambio junto al valor de uso, su
poder de disposición sobre los valores de uso de los demás, su relación
social: originariamente, se le llamaba incluso valor de los domingos, va-
lor que pasa por encima de la necesidad del uso inmediato).

Descubrimiento muy temprano del oro por el hombre: «el oro di-
fiere notablemente de los demás metales con muy pocas excepciones, por
el hecho de que es encontrado en la naturaleza en su estado metálico.
Hierro, cobre, cinc, plomo y plata son descubiertos normalmente en
combinaciones químicas con oxígeno, sulfuro, arsénico o carbón; y los
pocos casos de aparición de estos metales en forma no combinada,
o, como se decía en otra época, en estado virgen, deben ser citados más
como curiosidades mineralógicas que como producciones comunes. El
oro, sin embargo, se encuentra siempre en estado nativo o metálico...
Por lo tanto, en cuanto masa metálica, curiosa por su color amarillo,
atraería la vista del hombre menos culto, mientras que las otras sustan-


cias que se hallaran en su camino no atraerían especialmente sus pode-
res de observación apenas despiertos. Además el oro, por las circunstan-
cias de haber sido formado en aquellas rocas que están más expuestas
a la acción atmosférica, se encuentra en los detritos de las montañas.
Por las influencias desintegrantes de la atmósfera, de cambios de tem-
peratura, de la acción del agua y, particularmente por los efectos del
hielo, los fragmentos de rocas se desprenden continuamente. Éstos son
arrastrados por los torrentes a los valles y son convertidos en cantos
rodados por la constante acción del agua. Entre estos cantos han sido
descubiertas partículas de oro. Los calores del verano, al evaporar el
agua, convirtieron a estos lechos, que habían formado cauces de río,
y a los cursos de los torrentes de invierno, en camino para el viaje de
los emigrantes; y aquí podemos imaginar el primer descubrimiento del
oro».

«El oro se presenta frecuentemente en estado puro, o, en cualquier
caso, casi tan puro que su naturaleza metálica puede ser reconocida
inmediatamente, tanto en los ríos como en las vetas de cuarzo.»

«El peso específico del cuarzo y de la mayor parte de las demás
rocas pesadas compactas es alrededor de 2,5, mientras que el peso es-
pecífico del oro es 18 o 19. El oro, por lo tanto, es alrededor de siete
veces más pesado que cualquier roca o piedra con la cual es probable
que esté asociado. Una corriente de agua, consiguientemente, que tiene
fuerza bastante para arrastrar arena o piedras de cuarzo o cualquier otra
roca, puede no ser capaz de mover los fragmentos de oro asociados con
ellas. El agua en movimiento, por lo tanto, ha hecho con las rocas aurí-
feras anteriormente, exactamente lo mismo que el minero haría hoy, rom-
perlas en fragmentos, separar las partículas menos pesadas y dejar libre
el oro. Los ríos son realmente las grandes artesas naturales que separan
todas las partículas menos pesadas y más sutiles inmediatamente, mien-
tras que las más pesadas, o bien chocan contra obstáculos naturales, o
son dejadas cuando a la corriente le falta fuerza o velocidad.» (Ver oro
—conferencias sobre— Londres, 1852) (págs. 12 y 13).*

«Con toda probabilidad, tradicionalmente y en la historia primitiva,
el descubrimiento del oro en la arena y grava de las corrientes de aguas
parece haber sido el primer paso en el reconocimiento de los metales;
y en casi todos, quizás en todos, los países de Europa, África y Asia,

el Cfr. Government School of Mines and Science Applied to the Arts. Lec-
tures on Gold for the instruction of emigrants about to proceed to Australia.
Delivered at the Museum of Practical Geology, London 1852. Marx se equivocó
en la indicación de página.


han sido lavadas desde tiempos muy remotos cantidades mayores o
menores de oro mediante procedimientos simples. Ocasionalmente la
fama de la corriente aurífera ha sido lo suficientemente grande como
para producir una gran excitación que ha hecho vibrar un distrito
durante algún tiempo, pero que ha sido apaciguada de nuevo. En el 760
la gente pobre concurrió en grandes números a lavar oro de las arenas
del río al sur de Praga, y tres hombres fueron capaces de extraer en
un día un mark (media libra) de oro; y tan grande fue el consi-
guiente ímpetu por «cavar», que al año siguiente hubo hambre en el
país. Se encuentran repeticiones de acontecimientos similares en las
siguientes centurias, aunque aquí, como en todas las demás partes, la
general atracción por las riquezas extendidas en la superficie ha sido
sustituida por la actividad minera sistemática y regular.»

«Dos clases de depósitos en los que es encontrado oro, el filón
o la vena, que cortan las rocas sólidas en una dirección más o menos
perpendicular al horizonte; y el cauce o corriente de agua que acarrea
detritus, en los cuales el oro mezclado con grava, arena y arcilla ha sido
depositado por la acción mecánica del agua sobre la superficie de estas
rocas, que son penetradas hasta profundidades desconocidas por los
filones. A la primera clase pertenece más específicamente la técnica
minera; a las segundas, las simples operaciones de excavación. La téc-
nica de la minería del oro, propiamente llamada, es como cualquier
otra actividad minera, una actividad que requiere el uso de capital
y de una destreza que sólo se adquiere con la experiencia de años.
No hay actividad practicada por los hombres civilizados que requiera
para su completo desarrollo la aplicación de tantas ciencias y técnicas
colaterales. Pero si tan esenciales son éstas para el minero, apenas si
son necesarias para el lavador de oro, que tiene que confiar funda-
mentalmente en las fuerzas de sus brazos o en la resistencia de su salud.
El instrumento que él utiliza tiene necesariamente que ser simple para
que pueda ser transportado de un lugar a otro, para poder ser fácil-
mente reparado si se estropea, y para que no requiera ninguna de esas
sutilezas de manipulación, que le harían perder tiempo en la adquisi-
ción de pequeñas cantidades.»

Hay diferencia entre los depósitos de detritos auríferos, cuyos me-
jores ejemplos los tenemos hoy en Siberia, California y Australia, y
las arenas finas acarreadas anualmente por los ríos, algunas de las cuales
resulta que contienen oro en cantidades considerables. Las últimas,
por supuesto, son encontradas literalmente en la superficie; las primeras
pueden ser encontradas bajo una capa de entre 1 y 70 pies de grosor,
consistente en tierra, turba, arena, grava, etc. Las formas de trabajar


ambas tienen que ser idénticas. En beneficio del trabajo** de búsqueda
de oro en la corriente que acarrea detritos auríferos, la naturaleza ha
rebajado las partes más importantes, espléndidas y ricas de los filones,
y ha triturado y lavado de esta forma los materiales, de suerte tal que
el trabajador se encuentra con la parte más pesada del trabajo ya hecho;
mientras que el minero, que ataca los filones más pobres, pero más
duraderos y profundos, tiene que valerse de todos los recursos de la
técnica más refinada.”

El oro ha sido considerado con justicia el más noble de los metales
por sus varias cualidades físicas y químicas. (La inalterabilidad, la re-
sistencia a la acción del oxígeno de la atmósfera.) De un color ama-
rillo rojo brillante, cuando se encuentra en un estado de cohesión, y
muy pesado. Muy maleable. Requiere un alto grado de calor para ser
fundido. Peso específico.*

Tres formas, por lo tanto, de producción del oro: 1) en la arena
del río. Se trata simplemente de encontrarlo en la superficie. Lavarlo.
2) en los terrenos de aluvión. Hay que obtenerlo cavando. 3) Activi-
dad minera. Su producción no requiere, por lo tanto, ningún desarrollo
de las fuerzas productivas. La naturaleza realiza la mayor parte del
trabajo.

(Para las raíces de las palabras oro, plata, etc. (ver Grimm). Los
conceptos generales que guardan más relación con las palabras son los
de brillo y color. Plata, blanco. Oro, amarillo. El bronce y el oro, el
bronce y el hierro cambian sus nombres. Entre los alemanes, bronce
antiguamente era utilizado en el sentido de hierro. Afinidad inmediata
entre aes y aurum.)*

Cobre (bronce: estaño y cobre) y oro fueron utilizados antes que la
plata y el hierro.

«El oro fue utilizado bastante antes que la plata porque se encuentra
puro, y sólo se encuentra mezclado con la plata en pequeñas cantida-
des; se obtiene mediante simple lavado. La plata existe, por lo general,
en filones incrustados en las rocas más duras de los terrenos primiti-
vos: exige para su extracción máquinas y trabajos complicados. En la
América meridional no es explotado el oro en filones, sino el oro
diseminado en polvo o grano en los terrenos de aluvión. Igual que en

82 Cfr. Government School, etc., págs. 93-98.
8 Cfr. Government School, etc., págs. 72-73.
4 Véase la nota 79.

*3 NMEGA: «stream-works»; ed. 1939, «stream-worker».


la época de Herodoto. Los monumentos más antiguos de Grecia, Asia,
el norte de Europa y del Nuevo Mundo, demuestran que el uso del oro
en utensilios y adornos es posible en un estado semibarbárico; el em-
pleo de la plata con el mismo uso denota por sí mismo un estado
social bastante avanzado». Ver Dureau de la Malle. Cuaderno (2).

Cobre como principal instrumento de la guerra y la paz (ibid. 2)
(como dinero en Italia, ibid.).*

b) Oscilaciones de la relación de valor entre
los diferentes metales

Si, en general, se ha de tomar en consideración el uso de los metales
como material del dinero, su uso relativo entre ellos, su aparición más
temprana o más tardía, también se ha de tomar en consideración al
mismo tiempo las oscilaciones en su valor relativo. (Letronne, Bóckh,
Jacob.) ” (En qué medida esta cuestión está en conexión con la cantidad
de los metales en circulación y su relación con los precios, habrá que
considerarlo más adelante, como un apéndice histórico al capítulo sobre
la relación del dinero con los precios.)

El cambio sucesivo entre oro, plata, cobre, en distintas épocas tuvo
que depender ante todo de la naturaleza de los yacimientos de estos
tres metales, y del estado más o menos puro en el que ellos se en-
cuentran. También tuvo que depender de las mutaciones políticas,
tales como la invasión de Asia y de una porción de África por los
persas y los macedonios, y más tarde la conquista por los romanos de
parte de tres continentes (orbis romanus, etc.). Depende, también,
del estado relativo de pureza en que se encuentran y de su yacimiento.”

La relación de valor entre los distintos metales puede ser deter-
minada sin referencia a los precios, mediante la simple relación cuanti-

85 La indicación de la fuente de Marx se refiere a su propio cuaderno de
extractos, en el que se encuentra, en la página 2, el extracto citado de las pági-
nas 48-49 de Dureau DE LA MALLE, Économie Politique des Romains. Paris
1840. T.I.

e Se refiere, sobre la base del cuaderno de extractos, a DUREAU DE LA
Mate, T. 1. pág. 56.

87 Puesto que el texto de las páginas 96-100 (de la edición alemana) fue
formulado por Marx sobre la base de sus extractos de DUREAU DE LA MALLE,
la indicación entre paréntesis se refiere a las páginas 47-66, es decir, al capítu-
lo VIII del Libro primero de Dureau, en el que son citados estos autores,

8 Cfr. DureEaU DE LA MaLLE, T. l, págs. 63-64.


tativa, en la que se cambian entre sí. Nosotros podemos proceder, en
general, de esta forma si comparamos únicamente unas cuantas mer-
cancías entre sí, que tienen una medida homónima; por ejemplo, tantos
quarters de centeno, cebada o avena por tantos quarters de trigo. En
el cambio directo, en el que se cambia poco por lo general, y en el que
entran pocas mercancías en el tráfico, este método puede ser aplicado,
y, por lo tanto, no es necesario el dinero.

Según Estrabón, entre los árabes vecinos de los sabeos, el oro nativo
es tan abundante, que son cambiadas diez libras de oro por una de
hierro y dos libras de oro por una de plata.* La riqueza en oro de los
terrenos de Bactriana (Bujara, etc., del Turquestán en pocas palabras)
y de la parte de Asia situada entre el Paropamisus (Hindu-Kush) y el
Imaus (Mustag-Mountains), es decir, el Desertum arenosum auro
abundans (desierto de Gobi), convierte en probable la afirmación de
Dureau de la Malle de que en los siglos xv y xvI antes de Cristo la
relación del oro y la plata fue de 6 a 1 o de 8 a 1, relación que ha
existido en China y Japón hasta comienzo del siglo x1x; de 13 a 1 la
fija Herodoto entre los persas en la época de Darío Hystaspes.” Según
el Código de Manú, redactado entre 1300 y 600 antes de Cristo, la
relación del oro y la plata es de 2,5 a 1. Las minas de plata no se
encuentran, en efecto, más que en los terrenos primitivos, sobre todo
en los terrenos estratificados y en algunos filones de terrenos secunda-
rios. Las gangas de la plata, en lugar de ser arenas de aluvión, son or-
dinariamente las rocas más compactas y más duras, tales como el cuar-
zo, etc. Este metal, en las regiones frías, sea por su latitud, sea por
su elevación absoluta, es más común que el oro, que, en general, se
encuentra en los países cálidos. A diferencia del oro, la plata no se
encuentra más que en muy raras ocasiones en estado puro (la mayor
parte de las veces mezclada con arsénico y azufre) (ácido muriático,
ácido nítrico). Por lo que respecta a la difusión cuantitativa de ambos
metales (antes del descubrimiento de las minas en Australia y Califor-
nia), Humboldt en 1811 calcula la relación entre el oro y la plata en
América de 1 a 46 y en Europa (incluyendo la parte asiática de Rusia)
de 1 a 40. Los mineralogistas de la Académie des Sciences, calculan
actualmente (1842)*" de 1 a 52; sin embargo, la libra de oro vale

8% Cfr. Dureau DE LA MaLtE, T. l, pág. 61.
»% Cfr. Dureau DE LA MaLzLe, T. l, pág. 54.

+1 NMEGA: 1842.


solamente 15 libras de plata; la relación de valor, por lo tanto, es de
la 15”

Cobre. Peso específico = 8,9. Hermoso color cárdeno; bastante
duro; exige una temperatura muy alta para ser fundido. No es raro
que se encuentre en estado puro. Á menudo se encuentra mezclado con
oxígeno y azufre. Sus yacimientos se encuentran primordialmente en
terrenos antiguos. Pero se encuentra también a menudo, más que los
otros minerales, en la superficie de la tierra o a pequeñas profundida-
des, aglomerado en masas puras, a veces de peso considerable. Em-
pleado antes que el hierro en la guerra y en la paz. (En el desarrollo
histórico el oro se comporta como material de dinero en relación con
la plata, como el cobre en cuanto instrumento de trabajo en relación
con el hierro.) Se encuentra en gran medida en circulación en la Italia
sometida a los romanos entre el siglo 1 y v. Se puede determinar a
priori el grado de civilización de un pueblo a partir exclusivamente del
conocimiento de la clase de metal, oro, cobre, plata o hierro, que em-
plea para hacer sus armas, sus utensilios o su ornamento. Hesíodo dice
en un poema sobre la agricultura:

“Xalxú 0 ¿pyáfovto: pétac D' oux Laxe cidnpos“".

<«Trabajaban el cobre, negro hierro no había.» T.>

Lucrecio: «Et prior aeris erat quam ferri cognitus usus». <«Y
antes se conoció el uso del cobre que el del tierro.» T.> Jacob cita
en Siberia y Nubia minas de cobre muy antiguas (ver Dureau 1, 58);
Herodoto dice que los Masagetas sólo tenían bronce, pero no hierro. El
hierro, según las lápidas de Oxford, no era conocido antes de 1431 a. C.
En Homero se habla rara vez del hierro; por el contrario es muy co-
mún el uso del bronce, esta aleación de cobre, cinc y estaño, del cual
se sirvieron durante tanto tiempo las sociedades griegas y romanas, in-
cluso para la fabricación de hachas y cuchillos.? Italia era bastante rica
en cobre nativo; la moneda de cobre formó hasta el 247 a. d. C. si no
el numerario único, sí al menos la moneda normal, la unidad monetaria
en la Italia central. Las colonias griegas del sur de Italia recibieron
directamente de Grecia y Asia o a través de Tiro y Cartago, la plata con
la que hacían el dinero desde los siglos v y v1.* Los romanos parece que
poseían dinero en plata antes de la expulsión de los reyes, pero dice
Plinio: «Interdictum id vetere consulto patrum, Italiae parci» (es de-

N Cfr. DureEau DE LA MaLLE, T. l, págs. 55-56.
2 Cfr. DUREAU DE LA MAaLLE, T. l, págs. 56-58.
23 Cfr. DUuREAU DE LA MaLLE, T. I, pág. 64.


cir, de sus minas de plata) «jubentium».” Ellos temían las consecuencias
de un medio de circulación cómodo —lujo, aumento del número de
esclavos, acumulación, concentración de la propiedad agrícola.* También
entre los etruscos el cobre sirvió como dinero antes que el oro.

Es falso lo que dice Garnier: (ver cuaderno ITI, pág. 28) «en el rei-
no mineral se busca y elige la materia destinada a la acumulación».*
Al revés, solamente después de que fue descubierto el dinero en metal
(bien sea como dinero auténtico, bien como simple medio de cambio
privilegiado por el peso) empezó la acumulación. Hay que hablar par-
ticularmente sobre este punto en relación con el oro. Reitemeier dice
correctamente (ver cuaderno ITI, pág. 34) que: «oro, plata y cobre fueron
utilizados entre los pueblos primitivos, a pesar de su relativa fragilidad,
para hacer instrumentos para golpear y cortar, antes que el hierro y
antes de ser utilizados como dinero». (Perfeccionamiento de los instru-
mentos, cuando se aprendió a darle al cobre mediante el temple una
dureza tal, que hacía frente a la de la piedra firme. De un cobre muy
endurecido fue hecho el cincel y el martillo, de los cuales se hizo uso
para dominar la piedra. Finalmente fue descubierto el hierro).” Jacob
dice: «en los estados patriarcales» (ver cuaderno IV, pág. 3) «en los que
los metales con los que se hacen armas, como 1) latón y 2) hierro, son
raros y enormemente caros, comparados con la comida y el vestido
normal usado por ellos, a pesar de que no es conocido el dinero acuñado,
los metales preciosos, el oro y la plata han adquirido la facultad de ser
cambiados más fácil y convenientemente por los otros metales que el
ganado o el grano».*

«Por otra parte, para obtener el oro puro o casi puro de los inmen-
sos terrenos de aluvión, situados entre las cadenas del Hindu-Kush y

%» Cfr. Dureau DE LA MaLLE, T. l, págs. 65-66. En la obra de Dureau la
fuente no está indicada con precisión. La cita latina procede de PLINIUS, Historia
Naturalis, T. III, cap. XX, n.* 24. <Traducción: Eso fue prohibido por antigua
decisión de nuestros padres (o sea, de los senadores), que ordenaron cuidar de
Italia).

9 Cfr. Dureau DE LA MALLE, T. l, p. 65.

% Cfr. GERMAIN GARNIER, Histoire de la Monnaie depuis les temps de la
plus haute antiquité jusqu'au régne de Charlemagne. Paris 1819, T. 1, pág. 7.
La indicación (ver Cuaderno III, pág. 28) se refiere al propio cuaderno de extrac-
tos de Marx.

9 Cfr. JomANN FRIEDRICH REITEMEIER, Geschichte des Bergbaues und Hútten-
wesens bei den alten Vólkern. Góttingen 1785, págs. 14, 15-16, 32. La referencia
de Marx a la página 34 de su cuaderno de extractos es errónea. Los extractos
correspondientes se encuentran en la página 33.

*% Cfr. William Jacon, Án bistorical inquiry into the production and con-
sumption of the precious metals. London 1831, Vol. 1, pág. 142.


del Himalaya, no hacía falta más que un simple lavado. Entonces la
población de estas regiones de Asia era abundante y, consiguientemente,
la mano de obra era barata. La plata a causa de la dificultad técnica de
su explotación era relativamente cara. El efecto contrario se ha produ-
cido en Asia y Grecia a partir de la muerte de Alejandro. Las arenas
auríferas se agotaron; el precio de los esclavos y de la mano de obra
aumentó; la mecánica y la geometría, que habían hecho inmensos progre-
sos desde Euclides hasta Arquímedes, permitieron la explotación pro-
vechosa de los ricos filones de las minas de plata de Asia, Tracia y
España, y siendo la plata 52 veces más abundante que el oro, la relación
de valor entre los dos metales debió de cambiar, y la libra de oro, que
en tiempos de Jenofonte, 350 a. d. C., era cambiada por 10 libras de
plata, valía 18 libras de este último metal el año 422 d. d. C.»” Por lo
tanto, la relación oro-plata había subido de 1 a 10,a 1 a 18.

A finales del siglo v d. d. C., se asiste a una disminución desusada
de la cantidad de dinero de circulación; se para la explotación de las
minas. En la Edad Media, hasta el final del siglo xv, una parte relati-
vamente importante del dinero existe en monedas de oro. (La dismi-
nución se notó especialmente en la plata, que era la que circulaba an-
teriormente en mayor medida.) La relación en el siglo xv es de 10 a 1
(entre plata y oro), en el siglo xvrrr 14 a 1 en el continente; en Ingla-
terra, 15 a 1. En Asia moderna la plata aparece en el comercio más
como mercancía que como dinero, especialmente en China, donde el
dinero de cobre (el Tehen, composición de cobre, cinc y plomo) es la
moneda del país; en China, el oro (y la plata) de acuerdo con su peso
son utilizados como mercancías para el saldo del comercio exterior.'*

Grandes oscilaciones tuvieron lugar en Roma entre el valor del co-
bre y la plata (en las monedas). Hasta Servio, se utilizó para el cambio
el metal en lingotes: aes rude.” La unidad de dinero, el as de cobre,
es=una libra de cobre.” En la época de Servio, la relación entre plata
y cobre era 279 a 1;'” hasta el comienzo de las guerras púnicas 400 a 1;

2% Cfr. Dureau DE LA MaLLE, T. l, págs. 62-63.

100 La fuente de estos extractos es posiblemente GúLicH, Die gesammten
gewerblichen Zustánde in den bedeutendsten Lándern der Erde wáhrend der
letzten zwólf Jabre, etc. Dritter und letzter Band en: Geschichtliche Darstellung
des Handels, des Gewerbes und des Ackerbaus der bedeutendsten handeltreibenden
Staaten unserer Zeit. Fiinfter und letzter Band. Jena 1845; véase, por ejemplo,
en esta misma obra la página 131.

101 Cfr. DUREAU DE LA MALLE, T. l, págs. 66-67.

102 Cfr. Dureau DE LA MALLE, T. l, pág. 68.

103 Cfr. Dureau DE LA MALLE, T. 1, págs. 72-73.


en la época de la primera guerra púnica, 140 a 1;'* en la segunda
guerra púnica, 112 a 1.”

Al principio el oro en Roma era muy caro, mientras que la plata
era traída de Cartago (y España); el oro era usado en lingotes sólo hasta
el 547.'* La relación del oro a la plata en el comercio era 13,71 a 1;
en las monedas, 17,14 a 1;*'” bajo César, 12 a 1.* (Con el comienzo de
la guerra civil y tras el saqueo del erario por César, sólo 8,9 a 1);'” bajo
Honorio y Arcadio (397) fue fijada en 14,4 a 1; bajo Honorio y Teo-
dosio Junior (422), 18 a 1.” La relación de la plata con el cobre era
de 100 a 1; la del oro y la plata 18 a 1.” La primera moneda de pla-
ta fue acuñada en Roma el 485 a. d. C.;*” la primera moneda de oro lo
fue en el 547." Tan pronto como el as, tras la segunda guerra púnica,
fue reducido a una onza, se convirtió en simple moneda d'appoint; el
sextercio (plata), unidad monetaria, era utilizado para todos los pagos
importantes en dinero.** (En el tráfico diario, el cobre —más tarde el
hierro— continuó siendo el metal principal.) Bajo los emperadores de
Oriente y Occidente el solidus (aureus), es decir, el oro, era el dinero
regulador.

En el mundo antiguo, por lo tanto, si sacamos la media, nos en-
contramos con:

Primero: Valor relativo superior de la plata en relación con el oro:
Independientemente de fenómenos aislados (árabes), en los que el oro
es más barato que la plata y aún más barato que el hierro, en Asia
desde el siglo xv al vi a. d. C., la relación del oro y la plata es de 6 a
l ode 8 a1 (esta última duró en China y Japón hasta el comienzo del
siglo x1x). En el Código de Manú, 2,5 a 1. Esta baja relación procede
de las mismas causas que hacen aparecer primero al oro como metal.
El oro entonces procedía principalmente de Asia y Egipto. Á este pe-
ríodo corresponde, en el desarrollo itálico, el uso del cobre como dine-
ro. En general, el cobre como instrumento principal de la guerra y de

106 Cfr. DUREAU DE LA MaLLE, T. l, págs. 76-77.
1s Cfr. DUREAU DE LA MaLLe, T. l, págs. 81-82.
106 Cfr. DUREAU DE LA MALLE, T. l, págs. 85-86.
107 Cfr. DUREAU DE LA MaLtLe, T. l, págs. 86-87.
108 Cfr. DUREAU DE LA MaLtLe, T. l, págs. 88-89.
10 Cfr. DUREAU DE LA MALLE, T. l, págs. 90-91.
210 Cfr. DUREAU DE LA MALLE, T. l, pág. 95.

11 Cfr. DUREAU DE LA MaLLE, T. 1, pág. 96.

212 Cfr. DUuREAU DE LA MaLLE, T. l, págs. 65 y 69.
213 Cfr. DUREAU DE LA MaALtLE, T. l, pág. 86.
14 Cfr. Dureau DE LA Mate, T. l, pág. 84.


la paz corresponde al uso del oro como metal noble dominante. En la
época de Jenofonte la relación oro-plata es todavía 10 a 1.

Segundo: desde la muerte de Alejandro aumento relativo del valor
del oro en relación con la plata, con el agotamiento de las arenas aurí-
feras, el progreso de la técnica y de la circulación; con la apertura
consiguiente de minas de plata. Influencia de la existencia en mayor
cuantía de plata que de oro en la tierra. Pero fueron los cartagineses
los que, con la explotación de España, revolucionaron la relación del
oro con la plata, de forma parecida a como lo hizo el descubrimiento
de las minas de plata americanas a fines del siglo xv. Antes de la épo-
ca de César, la relación es de 17 a 1; más tarde de 14 a 1; finalmente,
desde el 422 d. d. C. de 18 a 1. (El descenso del oro en la época de
César se produjo por motivos accidentales.) Al descenso de la plata en
relación con el oro corresponde la utilización del hierro como instru-
mento fundamental de la guerra y la paz. Si en el primer período la
oferta de oro procede del Este, en el segundo la oferta de plata viene
del más frío Oeste.

Tercero: En la Edad Media: de nuevo la relación es como en la
época de Jenofonte, de 10 a 1. (En muchos lugares de 12 a 1.)”*

Cuarto: Tras el descubrimiento de América: de nuevo la relación
es, más o menos, como en el tiempo de Honorio y Arcadio (397) de
14 o 15 a 1. Aunque desde 1815 a 1844 aproximadamente la producción
de oro aumenta, el oro mantiene su primacía (por ejemplo, en Francia).
Es probable que el descubrimiento de California y Australia

Quinto: dé lugar de nuevo a la relación de la época imperial ro-
mana de 18 a 1, o a una mayor todavía. El proceso de relativa devalua-
ción de la plata con el progreso de los metales nobles, tanto en la época
antigua como en la nueva y en el Este como en el Oeste, dura hasta
que el descubrimiento de California y Australia invierte este proceso.
En un caso aislado se producen grandes oscilaciones; pero cuando se
consideran las diferencias fundamentales, se ve que éstas se repiten sor-
prendentemente.

Entre los antiguos el cobre era 3 o 4 veces más caro que hoy (Gar-
nier).”*

15 Cfr. J. A. LeTRONNE, Considerations générales sur levaluation des Mon-
naies grecques et romaines, et sur la valeur de lV'or et de lVargent avant de la
découverte de l'Amérique. Paris 1817, pág. 112; GARNIER, Histoire de la Mon-
naie, etc. T. l, págs. 65-66.

116 Cfr. GARNIER, Histoire de la Monnaie, etc. T. 1, pág. 253.


c) Hay que examinar ahora las fuentes proveedoras del oro y la
plata y la conexión de las mismas con el desarrollo histórico.

d) El dinero como moneda. Breve excurso histórico sobre las mo-
nedas. Devaluación y revaluación, etc.

### Circulación del dinero y circulación de las mercancías

La circulación del dinero corresponde a una circulación de mercancías
en sentido opuesto. La mercancía pasa de las manos de A a las de B,
mientras que el dinero pasa de las de B a las de A. La circulación del
dinero, como la de las mercancías, parte de puntos infinitamente dis-
tintos y vuelve a puntos infinitamente distintos. La salida desde un
centro hacia los distintos puntos de la periferia, y la vuelta desde todos
los puntos de la periferia al centro, no tiene lugar en la circulación
del dinero, en el estadio en que nosotros la hemos considerado hasta
ahora, es decir, en la circulación immediata, sino en la circulación »e-
diada por el Banco. Es verdad que esta primera circulación natural
consiste en una cantidad de actos de circulación. Pero la circulación
auténtica empieza cuando el oro y la plata dejan de ser mercancías;
entre los países que exportan metales nobles, y los países que los im-
portan, no tiene lugar circulación en este sentido, sino simple cambio,
pues el oro y la plata no figuran aquí como dinero, sino como simples
mercancías. En la medida en que el dinero media el cambio de mer-
cancías, es decir, media su circulación, es, por lo tanto, medio de cam-
bio, instrumento de la circulación, rueda de la circulación; pero en la
medida en que circula en este mismo proceso, el dinero sigue un movi-
miento propio, tiene una circulación propia, una circulación del dinero.
Hay que descubrir hasta qué punto esta circulación está determinada
por leyes especiales. Está claro desde el comienzo que si el dinero es
rueda de la circulación para la mercancía, la mercancía es igualmente rue-
da de la circulación para el dinero. Si el dinero hace circular las mer-
cancías, las mercancías hacen circular el dinero. La circulación de las
mercancías y la circulación del dinero se condicionan mutuamente. En
la circulación del dinero hay que considerar tres cosas: 1) la forma
misma del movimiento; la línea que él describe (su concepto); 2) la
cantidad de dinero en circulación; y 3) el grado de velocidad con que
realiza su movimiento, con que circula. Esto sólo puede ocurrir en re-
lación con la circulación de mercancías. Está claro desde el comienzo
que la circulación de las mercancías posee momentos que son completa-
mente independientes de la circulación del dinero, y que más bien, o



determinan directamente dicha circulación, o son las mismas circunstan-
cias que determinan la velocidad de circulación de las mercancías las
que determinan la velocidad de circulación del dinero. El carácter glo-
bal del modo de producción determina a ambas, y más directamente a
la circulación de mercancías. La cantidad de las personas que cambian
(la masa de la población): su distribución entre la ciudad y el campo;
la cantidad absoluta de mercancías, de los productos y de los agentes
de producción; el desarrollo de los medios de comunicación y transpor-
te, en el doble sentido de que determinan tanto el círculo de indivi-
duos que cambian entre sí, que entran en contacto, como la velocidad con
que la materia prima llega.a los productores y el producto a los consu-
midores; finalmente, el desarrollo de la industria que concentra las
distintas ramas de la producción, por ejemplo, el hilar, tejer, teñir, etc.,
y hace consiguientemente superfluos una serie de actos mediadores del
cambio. La circulación de las mercancías es el presupuesto originario
de la circulación del dinero. En qué medida ésta determina a su vez
la circulación de mercancías, es algo que habrá que ver luego.

Concepto general de circulación

Ante todo, hay que precisar el concepto general de circulación.

Hay que observar que lo que el dinero hace circular son valores
de cambio, es decir, precios. En la circulación de mercancías hay, por
lo tanto, que tomar en consideración no sólo su cantidad, sino también
sus precios. Una gran cantidad de mercancías de escaso valor de cam-
bio, de poco precio, requiere claramente para su circulación menos di-
nero que una cantidad más pequeña, pero cuyo precio es el doble. Hay
que desarrollar, por lo tanto, el concepto de precio antes que el con-
cepto de circulación. La circulación es la afirmación de los precios, el mo-
vimiento en el que las mercancías se convierten en precios, en el
que se realizan en cuanto precios. Las dos determinaciones del dinero
como 1) medida o elemento en el que la mercancía se realiza como
valor de cambio, y como 2) medio de cambio, instrumento de circula-
ción, trabajan en direcciones completamente diferentes. El dinero hace
circular solamente mercancías, que idealmente, no sólo en la cabeza del
individuo, sino en la representación de la sociedad (en la representación
inmediata de las partes en el proceso de compra y venta) han sido
transformadas ya en dinero. Esta transformación ideal en dinero y la
transformación real no están determinadas, en modo alguno, por las
mismas leyes. Hay que investigar su relación mutua.


### Circulación de los precios

a) Una determinación esencial de la circulación consiste en que ella
hace circular valores de cambio, y precisamente valores de cambio
determinados como precios. Cualquier clase de cambio de mercancías,
por ejemplo, el trueque de mercancías, las entregas in natura, las
prestaciones en servicios feudales, etc., no constituyen, por lo tanto,
todavía circulación. Para que exista circulación son necesarias dos
cosas: primero, el presupuesto de las mercancías como precio; segundo,
que no tengan lugar actos de cambio aislados, sino un círculo de
cambios, una totalidad de los mismos en flujo constante, y ocurrien-
do más o menos en toda la superficie de la sociedad, un sistema de
actos de cambio. La mercancía es determinada como valor de cambio.
Como valor de cambio, ella es en una determinada proporción (en pro-
porción al tiempo de trabajo en ella contenido) equivalente para todos
los demás valores (mercancías); pero ella no corresponde inmediata-
mente a ésta su determinación. En cuanto valor de cambio ella es dife-
rente de sí misma en su existencia natural. Es necesaria una mediación
para que ella se realice como valor de cambio. En el dinero, por lo
tanto, el valor de cambio se le enfrenta a ella como algo distinto. La
mercancía puesta como dinero es la mercancía como puro valor de
cambio, o la mercancía como puro valor de cambio es dinero. Pero ahora
existe al mismo tiempo el dinero fuera y junto a la mercancía; su valor
de cambio, el valor de cambio de todas las mercancías, ha obtenido una
existencia independiente de ella misma, independizada en un material
propio y en una mercancía específica. El valor de cambio de la mercan-
cía expresa la totalidad de las relaciones cuantitativas en las cuales to-
das las demás mercancías pueden ser cambiadas por ella, determinadas por
las desiguales cantidades de las mismas que pueden ser producidas en
el mismo tiempo de trabajo. El dinero existe ahora como valor de cam-
bio de todas las mercancías fuera y junto a ellas. Él es, ante todo, la
materia general en la que la mercancía tiene que ser bañada, dorada
y plateada, para obtener una existencia libre como valor de cambio.
Las mercancías tienen que ser traducidas y expresadas en dinero. El
dinero se convierte en denominador general de los valores de cambio
de las mercancías en cuanto valores de cambio. El valor de cambio ex-
presado en dinero, es decir, equiparado al dinero, es el precio. Después
de que el dinero ha sido puesto como algo independiente frente a
los valores de cambio, los valores de cambio son ahora puestos en la
determinación del dinero, que se les enfrenta como sujeto. Pero todo


valor de cambio es una determinada cantidad; es un determinado va-
lor de cambio cuantitativo. En cuanto tal, él es=a una determinada
cantidad de dinero. Esta determinación, según la ley general, viene dada
por el tiempo de trabajo realizado en el valor de cambio. Un valor de
cambio, por lo tanto, que es producto, pongamos, de un día de trabajo,
se expresa en una cantidad de oro o plata, que es=a un día de tiempo
de trabajo; es el producto de un día de trabajo. La medida general de
los valores de cambio se convierte ahora en la medida entre cada valor
de cambio y el dinero al que él es equiparado. (El oro y la plata son
determinados ante todo por los costes de producción en los países donde
son producidos. «En los países mineros todos los precios dependen, en
último extremo, de los costes de producción de los metales nobles; ...
la remuneración pagada al minero..., proporciona la escala con la que
es determinada la remuneración de todos los demás productores... El
valor en oro y plata de todas las mercancías no sometidas a ningún mo-
nopolio depende, en un país que no posee minas, del oro y la plata que
puede ser obtenido exportando el resultado de una determinada can-
tidad de trabajo, de la tasa normal de beneficio, y, en cada caso indivi-
dual, de la suma en salarios que ha sido pagada, y del tiempo por el
cual esta suma ha sido adelantada» (Senior)."” En otras palabras: de
la cantidad de oro y plata que se obtiene, directa o indirectamente,
de los países que poseen minas, por una cierta cantidad de trabajo (pro-
ductos exportables).) El dinero es, ante todo, el que expresa la relación
de igualdad de todos los valores de cambio: en él todos son homónimos.

El precio

El valor de cambio puesto en la determinación del dinero es el pre-
cio. El valor de cambio es expresado en el precio como una determinada
cantidad de dinero. El dinero aparece en el precio en primer lugar como
unidad de todos los valores de cambio; en segundo, como la unidad de
la cual ellos tienen una determinada cantidad, de forma tal que median-
te la comparación con él se expresa su mutua determinación cuantitativa,
su mutua relación cuantitativa. El dinero es colocado, por lo tanto, como
medida de los valores de cambio; y los precios como los valores de cam-
bio medidos en dinero. Que el dinero es la medida de los precios, y que,
por lo tanto, los valores de cambio se comparan en relación con él, es

17 Cfr. Nassau WILLIAM SENIOR, Three Lectures on the Cost of Obtaining
Money, etc. London 1830, págs. 15 y 13-14.


la determinación que resulta por sí misma. Pero lo que tiene más im-
portancia para el desarrollo de nuestro estudio es que, en el precio, el
valor de cambio es equiparado al dinero. Después de que el dinero, en
cuanto valor de cambio, ha sido separado, independizado de las mercan-
cías, la mercancía aislada, el valor de cambio particular, es eguiparado
a su vez al dinero, es decir, es expresado en dinero, es traducido en di-
nero. Por el hecho de que las mercancías son equiparadas al dinero, son
puestas de nuevo en relación entre sí, como lo fueron conceptualmente
en cuanto valores de cambio: las mercancías se comparan y se igua-
lan en determinadas proporciones. El valor de cambio particular, la mer-
cancía, es expresada, subsumida, colocada bajo la determinación del valor
de cambio independiente, del dinero. Ya se ha visto antes cómo tiene
lugar esto (es decir, cómo es descubierta la relación cuantitativa entre el
valor de cambio cuantitativamente determinado y una determinada can-
tidad de dinero). Pero en la medida en que el dinero tiene una existencia
independiente, al margen de las mercancías, el precio de las mercancías se
presenta como una relación externa de los valores de cambio o de las
mercancías con el dinero; la mercancía mo es precio, como era valor de
cambio según su sustancia social; esta determinación no coincide con
ella inmediatamente, sino que es mediada por su comparación con el
dinero; la mercancía es valor de cambio, pero tiene un precio. El primero
formaba inmediatamente una unidad con ella, constituía su determina-
ción inmediata, de la que ella se separaba a su vez inmediatamente, de
forma tal que, por una parte, se encontraba la mercancía, y por la otra
(en dinero), su valor de cambio; ahora, por el contrario, en el precio la
mercancía se relaciona, por un lado, con el dinero como con algo que
existe fuera de ella, y en segundo lugar, ella misma es puesta ¿deal-
mente como dinero, pues el dinero tiene una realidad diferente de ella.
El precio es una cualidad de la mercancía, una determinación, en la que
ella es representada como dinero. El precio no es ya una determinación
inmediata de la mercancía, sino una determinación refleja. Junto al di-
nero real existe ahora la mercancía en cuanto dinero puesto idealmente.

### Moneda de cuenta

Esta primera determinación, tanto del dinero como medida, cuanto de
la mercancía como precio, es ilustrada de la forma más simple median-
te la diferencia entre dinero real y dinero de cuenta. Como medida, el di-
nero sirve siempre como dinero de cuenta, y como precio la mercancía
sólo es transformada en dinero idealmente.


«La evaluación de la mercancía por el vendedor, la oferta hecha
por el comprador, las cuentas, obligaciones, rentas, inventarios, etc.,
en pocas palabras, lo que precede y da lugar al acto material del pago,
tiene que ser expresado en dinero de cuenta. El dinero real interviene
solamente para realizar los pagos, para saldar las cuentas. Si yo tengo
que pagar 24 libras y 12 sous, el dinero de cuenta presenta 24 unidades
de una clase y 12 de otra, mientras que yo pagaré realmente en dos
pedazos materiales: un pedazo de oro por valor de 24 libras y un peda-
zo de plata por valor de 12 sous. La masa total del dinero real encuen-
tra sus límites necesarios en las necesidades de la circulación. El dinero
de cuenta es una medida ideal, que no tiene más límites que los de la
imaginación. Esta moneda de cuenta es utilizada para expresar cualquier
clase de riqueza, cuando es considerada exclusivamente desde el punto
de vista de su valor de cambio; por ejemplo, la riqueza nacional, los
ingresos del estado y de los individuos; los valores de cuenta, cual-
quiera que sea la forma en que existan, son regulados de igual manera;
de forma tal que no hay ningún artículo entre las cosas consumibles que
no sea transformado varias veces por el pensamiento en dinero, mien-
tras que, comparada con esa masa, la suma total del dinero efectivo es
a lo sumo=1:10» Garnier."* (La última proporción no es correcta. 1:
muchos millones, sería más correcto. Pero esto es completamente in-
medible.)

Si originariamente, por lo tanto, el dinero expresaba un valor de
cambio, así ahora la mercancía, en cuanto precio, en cuanto valor de cam-
bio puesto idealmente, realizado en la mente, expresa una suma de
dinero: expresa dinero en una determinada proporción. En cuanto pre-
cios, todas las mercancías son, bajo formas diferentes, representantes
del dinero, mientras que anteriormente el dinero, como valor de cambio
independiente, era el representante de todas las mercancías. Después
de que el dinero ha sido puesto realmente como mercancía, la mer-
cancía es puesta idealmente como dinero.

Ante todo, está claro ahora que en esta transformación de las mer-
cancías en dinero, o de la realización de las mercancías como precio,
la cantidad del dinero realmente existente es completamente indiferen-
-te en un doble sentido: primero, la transformación ideal de las mer-
cancías en dinero es, prima facie, independiente de y no está limitada
por la cantidad de dinero real. Ni una sola porción de dinero es nece-
saria para esta operación, de la misma forma que tampoco es preciso
utilizar una medida de longitud real (digamos, la vara), para expresar

18 Cfr. GARNIER, Histoire de la Monnaie, etc. T. 1, págs. 72, 73, 77 y 78.


el Ecuador terrestre en varas.** Cuando, por ejemplo, es valorada en
dinero la riqueza nacional total de Inglaterra, es decir, cuando es ex-
presada como precio, todo el mundo sabe que no hay dinero bastante
en el mundo para realizar ese precio. El dinero es aquí necesario como
categoría, como una relación ideal. Segundo, en la medida en que el
dinero es utilizado como unidad, es decir, en la medida en que la mer-
cancía es expresada según la suma de partes alícuotas de dinero que
ella contiene, en la medida en que es mensurada por el dinero, la me-
dida entre ambos es la medida general de los valores de cambio: los
costes de producción o el tiempo de trabajo. Por lo tanto, si 1/3 onza
de oro es el producto de un día de trabajo, y si la mercancía x es el
producto de tres días de trabajo, la mercancía x es= una onza o tres li-
bras, 17 chelines y 4 peniques. En la mensuración del dinero y de la
mercancía aparece de nuevo la medida originaria de los valores de cam-
bio. En lugar de ser expresada en tres días de trabajo, la mercancía es
expresada en la cantidad de oro o plata que es producto de tres días de
trabajo. Claramente la cantidad de dinero realmente disponible no
tiene nada que ver con esta proporción.

(Error de James Mill: se le pasa por alto que son los costes de pro-
ducción, y no la cantidad de metales nobles, los que determinan su
valor y los precios de las mercancías medidos en valor metálico.)

(«Las mercancías en el cambio se miden recíprocamente... pero este
procedimiento daría lugar a tantos puntos de comparación como mer-
cancías hay en la circulación. Si una mercancía sólo fuera cambiada con
otra mercancía, y no con dos mercancías, no podría servir como término
de comparación... De ahí la necesidad de un término común de com-
paración... Este término puede ser puramente ideal... La determinación
de la medida es la determinación originaria, y es más importante que la
determinación de prenda. En el comercio entre Rusia y China, la plata
sirve para evaluar todas las mercancías; sin embargo, el comercio se
realiza mediante el trueque» (Storch).”* «La operación de mensurar
mediante el dinero es similar a la utilización de pesas para la compara-
ción de cantidades materiales. Las dos unidades, tanto la que determina
el peso, como la que determina el valor de toda cosa, tenían el mismo
nombre. Medida de peso y medida de valor tenían el mismo nombre.

19 Cfr. Srorcm, Cours d'Économie Politique, etc. Tome premier, págs. 81,
83-84, 87, 88.

*388 NMEGA: «den Erdaequator in Ellen»; ed. 1939, «das Idealquantum
Ellen» (la cantidad ideal de varas).


Un patrón que tuviera siempre el mismo peso fue fácil de encontrar.
Por lo que al dinero se refiere, se trataba del valor de la libra de pla-
ta=a sus costes de producción» (Sismondi).” No sólo tenía el mismo
nombre. El oro y la plata eran pesados originariamente. Así el as era=a
una libra de cobre entre los romanos.)

“Ovejas y bueyes y no oro y plata, eran dinero, como medida del
valor, en Homero y Hesíodo. En la guerra de Troya existía el trueque»
(Jacob). (Igualmente esclavos servían como medida en la Edad Me-
dia. ibid.)?

El dinero puede ser puesto en la determinación de medida y de
elemento general de los valores de cambio, sin ser realizado en sus ul-
teriores determinaciones; antes, por lo tanto, de que él haya adoptado
la forma de dinero en metal. Esto pasa, por ejemplo, en el cambio di-
recto. Sin embargo, esto presupone que, en general, sólo tiene lugar un
cambio reducido, y que las mercancías no están desarrolladas como

129 Cfr. J. C. L. SIMONDE DE Sismondi, Études sur l'Economie Politique.
Bruxelles 1838, Tome Il, págs. 264-265, 267, 268.

12 En el encabezamiento de la página 37 del manuscrito Marx efectuó la
observación: (WirTH). Marx efectuó la misma observación en la portada del cuader-
no I En uno de sus cuadernos de extractos se encuentra la siguiente cita de
Johann GeEorG AucusT WirTH, Die Geschichte der Deutschen. Stuttgart 1846.
Erster Band, páginas 97-99, que en el cuaderno de Marx dice de la siguiente
manera: «Entre los germanos, en la más oscura antigiiedad, el dinero no estaba
todavía en uso; cuando fue introducido entre ellos, el metal en circulación du-
rante muchos siglos, incluso hasta el siglo 1v y v al menos en muchas tribus, era
tan escaso, que a menudo era completamente imposible pagar con dinero por
completo o sólo en parte las indemnizaciones estipuladas. Por esta razón el
beneficiario de una indemnización tenía que aceptar a menudo como pago en
lugar de moneda, ganado, armas, trigo u otras cosas con valor de dinero. Ahora
bien, para que no surgiera ninguna disputa sobre el valor de tales objetos, fue
necesario que el precio de aquellos objetos, que eran dados más frecuentemente
en las indemnizaciones en lugar de dinero, fuera determinado por las propias
leyes. Esto ocurrió con frecuencia. Por ejemplo, en las leyes ripuarias se dice
que aquel que tuviera que saldar una deuda en dinero, diera un buey sano, de
buena presencia y con cuernos por 2 Gulden (solidi), una vaca sana, de buena
presencia y con cuernos por 1 solidus, un caballo sano y de buena presencia
por 7, una yegua de las mismas características por 3, una espada con la vaina por 7,
un yelmo con plumas por 6, unas rodilleras en buen estado por 6, un escudo
con lanza por 2, un halcón todavía no domesticado por 3, un halcón de calidad
media por 6, un halcón noble amaestrado por 12 (etc. entre los alemanes, burgun-
dios, anglosajones, etc., véase WirTH, Gesch. d. D. l, págs. 88, 89).

122 Cfr. Jaco, An Historical Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 109.

13 Cfr. Jacob, An Historical Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 351. La indicación
de lugar ibid. se refiere al cuaderno de extractos de Marx.


valores de cambio y, por lo tanto, como precios. (Una medida común,
en la forma de precio, de cualquier cosa presupone su venta frecuente y
normal. Éste no es el caso en los estados sociales simples. En los países
no industriales hay muchas cosas que no tienen un precio determina-
do... Sólo la venta puede determinar los precios, sólo la venta fre-
cuente puede fijar un patrón. La venta frecuente de artículos de primera
necesidad depende de la relación entre la ciudad y el campo, etc.)”

La determinación desarrollada de los precios** presupone que el
individuo no produce directamente sus medios de subsistencia, sino que
su producto inmediato es valor de cambio, y que, por lo tanto, tiene
que ser mediado por un proceso social para que se convierta en medios
de subsistencia para él. Entre el desarrollo total de esta base de la so-
ciedad industrial y el estado patriarcal existen muchos estadios inter-
medios, infinitos matices. Del examen hecho bajo el apartado a) resul-
ta: si los costes de producción de los metales nobles suben, bajan los
precios de todas las mercancías; si los costes de producción de los me-
tales nobles descienden, suben los precios de todas las mercancías. Esta
es la ley general, que, como veremos, es modificada en casos concretos.

### Medio de circulación

b) Si los valores de cambio son transformados en los precios ideal-
mente en dinero, ellos son transformados realmente en dinero en el
cambio, en la compra y en la venta, son cambiados por dinero, para ser
cambiados a su vez, en cuanto dinero, por mercancías. El valor de cam-
bio particular tiene que ser cambiado primero por el valor de cambio
general, para ser cambiado a su vez por otro valor de cambio particular.
La mercancía sólo se realiza como valor de cambio a través de este mo-
vimiento de mediación, en el que el dinero juega el papel de mediador.
El dinero circula en una dirección opuesta a la de las mercancías. El di-
nero se presenta como el mediador del cambio de mercancías, como el
medio de cambio. El dinero es rueda de la circulación, instrumento de
la circulación para la circulación de mercancías; pero en cuanto tal, él
tiene, al mismo tiempo, su propia circulación —circulación del dinero—.
El precio de las mercancías sólo es realizado en su cambio con el di-
nero real, es decir, en su cambio real por dinero.

14 Cfr. Steuart, An Inquiry, etc. Vol. L, págs. 395-396.

*3 NMEGA: «Preisbestimmung»; en ms. «Preisentwicklung» (desarrollo
de los precios).


### Cantidad de dinero en circulación

De lo que se ha dicho hasta ahora resulta: las mercancías son cambia-
das realmente por dinero, son transformadas en dinero real, solamente
después de haber sido previamente transformadas en dinero idealmente
—solamente después de haber recibido la determinación del precio, de
haber sido transformadas en precios—. Los precios son, por lo tanto, el
presupuesto de la circulación del dinero, a pesar de que su realización
se presente como resultado de la misma. Las circunstancias que hacen
subir o bajar los precios de las mercancías, porque hacen subir o bajar
su valor de cambio, han de ser desarrolladas en el apartado sobre valor
de cambio, y preceden al proceso de su realización real en dinero; se
presentan, por lo tanto, como completamente independientes de ella.
Las relaciones numéricas recíprocas no varían naturalmente por el hecho
de que yo las presente en fracciones decimales. Se trata simplemente de
darles un nombre distinto. Para que las mercancías circulen realmente,
son necesarios medios de transporte, y esto no puede ser realizado por el
dinero. Si yo he comprado mil libras de hierro por el importe de x li-
bras esterlinas, la propiedad del hierro ha pasado a mis manos. Mis
x libras esterlinas han prestado sus servicios como medio de cambio, y
han circulado, así como también lo ha hecho el título de propiedad. El
vendedor ha realizado a la inversa el precio del hierro, ha realizado
el hierro como valor de cambio. Pero, para transportar el hierro de él a
mí, para esto el dinero no hace nada; para esto es necesario un coche,
caballos, caminos, etc. La circulación real de las mercancías en el espa-
cio y en el tiempo no es realizada por el dinero. El dinero realiza sola-
mente su precio, y transmite de esta forma al comprador, al que ha ofre-
cido los medios de cambio, el título de propiedad de la mercancía. Lo
que el dinero hace circular no son las mercancías, sino el título de
propiedad de las mismas; y lo que es realizado en esta circulación, bien
en la compra, bien en la venta, no son las mercancías, sino sus precios.
La cantidad de dinero exigida, por lo tanto, para la circulación es de-
terminada, ante todo, por los precios altos o 'bajos de las mercancías
que son puestas en circulación. Pero la suma global de estos precios es
determinada primero: por los precios de las mercancías individuales;
segundo: por la masa de mercancías a precios determinados que entran
en la circulación. Por ejemplo, para hacer circular un quarter de trigo,
a un precio de 60 chelines, son necesarios el doble de chelines que para
hacerlo circular al precio de 30 chelines. Y si han de ser hechos circular
500 quarters a un precio de 60 chelines, son necesarios 30.000 chelines,


mientras que para la circulación de 200 de estos quarters solamente son
necesarios 12.000 chelines. La cantidad de dinero depende, por lo tanto,
de los precios altos o bajos de las mercancías, y de la cantidad de mer-
cancías, a precio ya fijado, que hay en circulación.

Segundo:**“ la cantidad de dinero exigido para la circulación, sin
embargo, depende no solamente de la suma global de los precios que
han de ser realizados, sino también de la velocidad con la que el dinero
circula, de la velocidad con la que se lleva a cabo la operación de rea-
lización. Si un taler es utilizado en una hora en diez compras de un
taler cada vez, si es cambiado 10 veces, realiza la misma operación que
realizarían diez talers que sólo fueran utilizados en una compra en una
hora. La velocidad de circulación es el momento negativo; ella susti-
tuye a la cantidad; mediante ella un pedazo de dinero se multiplica.

Las circunstancias que determinan la cantidad de los precios de
las mercancías que han de ser realizados por una parte, y la velocidad
de circulación del dinero por otra, habrá que investigarlas más adelan-
te. Hasta el momento está claro que los precios no son altos o bajos
porque circule mucho o poco dinero, sino que circula muchoo poco di-
nero porque los precios son altos o bajos; y además, que la velocidad
del dinero en circulación no depende de su cantidad, sino más bien, la
cantidad de dinero en circulación depende de su velocidad. (Los pagos
importantes no son pagados, sino compensados; de esta forma se acorta
el tiempo).

Sin embargo, como se dijo antes, la circulación del dinero no
parte de un centro, ni regresa al centro desde todos los puntos de la
periferia (como en los bancos de emisión y en parte en el dinero esta-
tal), sino que parte de infinitos puntos y regresa a infinitos puntos (este
mismo retorno y el tiempo en el que es efectuado es accidental). La
velocidad del medio de circulación sólo puede, por lo tanto, sustituir
hasta cierto punto la cantidad de los medios en circulación. (Fabricantes
y agricultores pagan, por ejemplo, al obrero; éste al tendero, etc., y de
éste vuelve el dinero a los fabricantes y agricultores.) La misma canti-
dad de dinero sólo puede efectuar una serie de pagos sucesivamente,
cualquiera que sea la velocidad de circulación. Sin embargo, hay que
hacer una serie de pagos simultáneamente. La circulación toma como
punto de partida una masa de muchos puntos al mismo tiempo.
Es necesario, por lo tanto, una determinada cantidad de dinero para
la circulación, que se tiene que encontrar siempre en circulación y que

+10 NMEGA: «Segundo»; ed. 1939-53, «Tercero».


es determinada por la suma global que procede de los puntos de partida
simultáneos de la circulación, y por la velocidad con que recorre su
ruta (por la velocidad con que regresa). Aunque esta cantidad de medios
de circulación está sometida a flujos y reflujos, existe un nivel medio;
las transformaciones permanentes tienen lugar muy poco a poco, se
producen sólo en largos períodos, y son siempre paralizadas, como ve-
remos más adelante, por una multitud de circunstancias accesorias.

(Aa.) («Medida, utilizada como atributo del dinero, quiere decir
indicador del valor)... Risible el que «los precios tienen que descender,
porque las mercancías son valoradas en tantas onzas de oro, y ha
disminuido la cantidad de oro en el país...» La eficiencia del oro
como indicador de valor no es aceptada porque su cantidad sea mayor
o menor en algún país concreto. Si se consiguiera, mediante la utili-
zación de instrumentos bancarios, reducir a la mitad la circulación
total del papel y del metal en este país, el valor relativo del dinero
y de las mercancías continuaría siendo el mismo. Ejemplo: Perú en el
siglo xvI y transmisión de Francia a Inglaterra.'* (Hubbard, VIII, 45)”
(«En la costa africana el oro y la plata no son medidas de valor;
en lugar de éstos, la medida ideal, la medida imaginaria, es la bar»,
Jacob. V, 15.)

En su determinación como medida, el dinero es indiferente a su
cantidad, o, lo que es igual, la cantidad de dinero existente es indife-
rente. En su determinación como medio de cambio, como instrumento
de circulación, es la cantidad de dinero la que es medida. Si estas dos
determinaciones del dinero pueden entrar en contradicción entre sí, es
algo que habrá que verlo más adelante.

(El concepto de circulación obligatoria, no voluntaria (ver Steuart)
no corresponde todavía a esta parte de nuestro estudio.)?

### Cambio y producción de valor de cambio

Es esencial para la circulación que el cambio se presente como un

15 Cfr. Join GELLIBRAND HUBBARD, The Currency and the Country. London
1843, págs. 4446.

125 Esta indicación se refiere al número y a la página del cuaderno de ex-
tractos de Marx, en el que encuentran las citas indicadas.

127 Cfr. Jaco, Án historical Inquiry, etc. Vol. 1I, pág. 326. La indica-
ción: (Jacobs V, 15) se refiere al número y página del cuaderno de extractos
de Marx.

18 Cfr. SteEUART, Án Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 389.


proceso, como una totalidad fluida de compras y ventas. Su primer
presupuesto es la circulación de las mercancías mismas, en cuanto circu-
lación natural de estas mercancías, que salen de múltiples puntos. Con-
dición de la circulación de mercancías es el que ellas sean producidas
como valores de cambio; no como valores de uso inmediato, sino como
mercancías mediadas por el valor de cambio. Su apropiación por y a
través de su enajenación y venta es su presupuesto fundamental. La
circulación como realización de los valores de cambio implica: 1) que
mi producto sólo es producto, en la medida en que lo es para otro; es,
por lo tanto, un individual superado, un universal; 2) que sólo es pro-
ducto para mí en la medida en que lo vendo, en la medida en que se
convierte en producto para otro; 3) que sólo es producto para el otro,
en la medida en que él también vende su producto; lo cual ya supone
4) que la producción no se presenta para mí como fin en sí misma, sino
como medio. La circulación es el movimiento en el que la venta gene-
ral se presenta como apropiación general, y la apropiación general como
venta general. A pesar de que ahora la totalidad de este movimiento se
presenta como un proceso social, y a pesar de que los momentos aisla-
dos de este movimiento parten de la voluntad consciente y de los fines
particulares de los individuos, a pesar de ello, la totalidad del proceso
se presenta como una conexión objetiva, que surge naturalmente; cier-
tamente procede de la acción recíproca de los individuos conscientes,
pero no descansa en su consciencia, ni, en cuanto totalidad, está some-
tido a ella. El mismo choque recíproco entre los individuos produce un
poder social extraño a ellos y que está por encima de ellos; su actua-
ción recíproca se presenta como un poder y un proceso independiente
de ellos. La circulación, puesto que constituye una totalidad del proceso
social, es también la primera forma en la que no sólo la relación so-
cial se presenta como algo independiente de los individuos —como
algo existente, por ejemplo, en un pedazo de dinero o en un valor de
cambio—, sino en la que la totalidad del movimiento social mismo se
presenta de tal forma. La relación social de los individuos entre sí,
en la medida en que constituye un poder independiente, que está por
encima de los individuos, es imaginada ahora como un poder natural,
como algo: casual, o de cualquier otra forma arbitraria, cuando, en rea-
lidad, es un resultado necesario del hecho de que el punto de partida
no es el individuo social libre. La circulación, en cuanto primera tota-
lidad entre las categorías económicas, sirve muy bien para poner en
claro este problema.


La circulación como falso proceso infinito

A primera vista, la circulación se presenta como un proceso malamente
infinito <de la mala infinitud).'* La mercancía es cambiada por dinero;
el dinero es cambiado por la mercancía y esto se repite hasta el infinito.
Esta constante renovación del mismo proceso constituye en realidad un
momento esencial de la circulación. Pero observada más de cerca, la
circulación presenta otros fenómenos; los fenómenos del concatenamien-
to o de la vuelta a sí mismo del punto de partida. La mercancía es cam-
biada por dinero; el dinero es cambiado por la mercancía. De esta forma,
la mercancía es cambiada por la mercancía, sólo que este cambio es un
cambio mediato. El comprador pasa a ser vendedor y el vendedor pasa a
ser comprador. Cada uno es, por lo tanto, colocado en una determinación
doble y opuesta, así como también lo está la unidad viva de ambas
determinaciones. En este sentido es completamente falso lo que hacen
los economistas apenas se presentan las contradicciones del dinero, que
súbitamente se aferran de forma exclusiva a los resultados finales, sin
tener en cuenta el proceso que los media, es decir, se aferran a la unidad
sin tener en cuenta la diferencia, a la afirmación sin tener en cuenta
la negación. La mercancía es cambiada en la circulación por mercan-
cía: pero ella no es cambiada por mercancía, en la medida en que es
cambiada por dinero. Los actos de venta y compra, en otras palabras,
se presentan como dos actos indiferentes entre sí, separados en tiempo
y lugar. Cuando se dice, que el que vende, también compra, en la me-
dida en que compra dinero, y que el que compra también vende, en la
medida en que vende dinero, se prescinde de la diferencia, de la dife-
rencia específica entre la mercancía y el dinero. Después de que los
economistas nos han mostrado perfectísimamente que el cambio direc-
to, en el que los dos actos coinciden, no es suficiente en un modo de
producción y en una formación social desarrollada, consideran súbita-
mente el comercio mediado por el dinero como un comercio inmediato,
y prescinden del carácter específico de esta transacción. Después de ha-
bernos demostrado que es necesaria la existencia del dinero diferente
de la mercancía, afirman inmediatamente que no existe ninguna dife-
rencia entre el dinero y la mercancía. Ellos se refugian en esta abstrac-
ción, porque en el desarrollo real del dinero se producen contradicciones,
que son desagradables a la apologética del sentido común burgués y, en
consecuencia, tienen que ser disimuladas. En la medida en que la com-

1» Cfr. HecEL, Band IV, págs. 165-183.


pra y la venta, los dos momentos esenciales de la circulación, son in-
dependientes entre sí, están separados en el tiempo y en el espacio, no
tienen necesariamente que coincidir. Su indiferencia puede contribuir
al afianzamiento y a la independencia aparente de un momento en re-
lación con el otro. Sin embargo, en la medida en que ambos constituyen
aspectos esenciales de un todo, tiene que llegar un momento en el
que la forma independiente sea rota violentamente, y en el que la unidad
interna sea restaurada externamente mediante una explosión violenta.
Así, en la determinación del dinero como mediador, en la separación
del cambio en dos actos, reside el germen de las crisis, al menos su po-
sibilidad, que no puede ser realizada más que cuando están presentes
las condiciones básicas de la circulación en su concepción clásica, es
decir, correspondiente a su concepto.

### Realización del precio y autonomización del equivalente general

Se ha visto, además, que, en la circulación, el dinero realiza solamente
los precios. El precio aparece ante todo como una determinación ideal
de la mercancía; pero el dinero cambiado por la mercancía es su precio
realizado, su precio real. El precio se presenta, por lo tanto, fuera de e
independiente junto a la mercancía, y también como algo que existe
idealmente en ella. Cuando no puede ser realizada en dinero, la mer-
cancía deja de ser capaz de circular, y su precio deviene simplemente
imaginario; de la misma forma que originariamente el producto, trans-
formado en valor de cambio, si no era cambiado realmente, dejaba de ser
producto. (Aquí no se trata para nada del aumento o descenso de los
precios.) Considerado bajo el apartado a) el precio se presenta como una
determinación presente en la mercancía; pero considerado bajo el apar-
tado b) el dinero se presenta como el precio fuera de la mercancía. No
es solamente la demanda de una mercancía lo que es necesario, sino una
demanda en monedas. La mercancía está, por lo tanto, devaluada, depre-
ciada, cuando su precio no puede ser realizado, cuando no puede ser
transformado en dinero. El valor de cambio, expresado en su precio,
tiene que ser sacrificado tan pronto como es necesaria esta transforma-
ción específica en dinero. De ahí las quejas de Boisguillebert, por ejemplo,
de que el dinero es el verdugo de todas las cosas, el Moloch al que tiene
que ser sacrificado todo, el déspota de las mercancías. En los tiempos
de la implantación de la monarquía absoluta, con la transformación de
todos los impuestos en impuestos en dinero, el dinero se presenta, en


realidad, como el Moloch, al que ha de ser sacrificada toda la riqueza
real. Así se presenta también el dinero en todo pánico monetario. De
un siervo del comercio, dice Boisguillebert, el dinero se ha convertido
en su déspota.” Pero, en realidad, en la determinación de los precios ya
está presente lo que se realiza después en el cambio por dinero, y esto
consiste en que no es ya el dinero el que representa a la mercancía,
sino la mercancía la que representa al dinero. Las quejas” sobre el co-
mercio mediante el dinero, como un comercio no legítimo, las encon-
tramos en muchos escritores del período de transición de la época
feudal a la época moderna; así como también las encontramos más tar-
de en muchos socialistas.

### El equivalente general. Separación entre compra y venta. Dinero y división del trabajo

a) Cuanto más se desarrolla la división del trabajo, tanto más deja
el producto de ser un medio de cambio. Aparece la necesidad de un
medio de cambio general, independiente de la producción específica de
cada uno. En la producción dirigida a la subsistencia inmediata, un
artículo no puede ser cambiado por cualquier otro artículo, y una de-
terminada actividad sólo puede ser cambiada por determinados produc-
tos. Cuanto más especializados, múltiples e independientes devienen los
productos, tanto más necesaria es la existencia de un medio general de
cambio. Al principio el medio general de cambio es el producto del tra-
bajo o el trabajo mismo. Pero éste deja de ser cada vez más un medio
de cambio, en la medida en que se va especializando. Una división del
trabajo algo desarrollada presupone que las necesidades de un indivi-
duo han devenido extremadamente multilaterales y que su producto
ha devenido extremadamente unilateral. La necesidad del cambio y el
medio de cambio inmediato se desarrollan en relación inversa. De ahí
la necesidad de un medio de cambio general, en el que son cambiados
el producto y la actividad determinada por la capacidad de cambio. El
valor de cambio de una cosa no es más que la expresión, cuantitativa-
mente especificada, de su capacidad de servir como medio de cambio.
En el dinero, el mismo medio de cambio se convierte en una cosa, o,
lo que es igual, el valor de cambio de una cosa obtiene una existencia

10 Cfr. BorIsGUILLEBERT, Dissertation sur la Nature des Richesses, de l' Argent
et des Tributs, etc. (en Économistes Financiers du XVIII siécle. Ed. E. Daire.
Paris 1843), págs. 395 y 417.


independiente fuera de la cosa. Siendo la mercancía frente al dinero
un medio de cambio de reducida efectividad, ella puede dejar de ser
medio de cambio frente al dinero.

f) La división del cambio en compra y venta hace posible que
yo simplemente compre sin vender (acaparación de mercancías), o que
simplemente venda sin comprar (acumulación de dinero). Dicha división
hace posible la especulación. Ella convierte al cambio en un negocio
especial, es decir, da un fundamento al estamento mercantil." Esta
división hha hecho posible una masa de transacciones entre el cambio
definitivo de las mercancías, y hace posible que una masa de personas
exploten dicha situación. Ella ha hecho posible una masa de tramsaccio-
nes aparentes. Pero en seguida se manifiesta que lo que se presentaba
como un acto esencialmente separado es esencialmente algo coherente;
y que lo que había sido pensado como un acto esencialmente coheren-
te está en realidad esencialmente separado. En los momentos en los
que la compra y la venta se afirman como actos esencialmente diferen.
tes, tiene lugar la depreciación general de todas las mercancías. En los
momentos en los que el dinero se presenta exclusivamente como medio
de cambio, tiene lugar la depreciación del dinero. Descenso o subida
general de los precios.

Con el dinero existe la posibilidad de una división absoluta del tra-
bajo por la independencia del trabajo de su producto específico, del
valor de uso inmediato de su producto para sí mismo. El aumento
general de los precios en los períodos de especulación no puede ser
atribuido a un aumento general de su valor de cambio o de sus costes
de producción; pues si el valor de cambio y los costes de producción del
oro subieran proporcionalmente con los de todas las demás mercancías,
sus valores de cambio expresados en dinero, es decir, sus precios, con-
tinuarían siendo los mismos. Tampoco puede ser atribuido a un descenso
en el precio de producción del oro. (Aquí no se trata todavía del cré-
dito.) Pero, puesto que el dinero no sólo es mercancía general, sino
también mercancía particular, y en cuanto mercancía particular está so-
metida a las leyes de la demanda y de la oferta, así también la demanda
general de mercancías particulares por oposición al dinero tiene que
hacerlo descender.

Vemos que descansa en la naturaleza del dinero el que solamente
resuelva las contradicciones, tanto del cambio inmediato como del va-
lor de cambio, en la medida en que las generaliza. Si antes era casual
el que el medio de cambio particular fuera cambiado o no por otro me-

131 Cfr. STEUART, Án Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 177-183.



dio de cambio particular, ahora, por el contrario, la mercancía tiene
que ser cambiada por un medio de cambio general, en relación con el
cual su particularidad está en una contradicción todavía mayor. Para
asegurar la capacidad de cambio de la mercancía se le opone a ella la
misma capacidad de cambio como una mercancía independiente. (De
medio, ella se convierte en fin.) La cuestión era la de si una mercancía
particular es cambiada por otra mercancía particular. El dinero, sin
embargo, supera el acto de cambio mismo, dividiéndolo en dos actos
indiferentes el uno para el otro.

(Antes de examinar las cuestiones sobre la circulación, fuerte, dé-
bil, etc., y antes de desarrollar el debatido punto sobre la cantidad
de dinero en circulación y sobre los precios, hay que examinar el dine-
ro en su tercera determinación.)

M-D-M y D-M-D

Un momento de la circulación es el del cambio de mercancía por mer-
cancía mediante el dinero. Pero también tiene lugar el otro momento:
no sólo se cambia mercancía por dinero y dinero por mercancía, sino
también dinero por mercancía y mercancía por dinero. El dinero, por
lo tanto, es mediado por la mercancía consigo mismo y se presenta
como una unidad homogénea consigo misma en su circulación. De esta
forma el dinero se presenta no como medio, sino como fin de la circu-
lación (como, por ejemplo, en el status de comerciante) (en el comercio
en general). Si la circulación no sólo es considerada como un cambio
constante, sino que es considerada también en los círculos que ella des-
cribe, entonces, este círculo se presenta como un círculo doble: mer-
cancía-dinero-dinero-mercancía, por una parte; dinero-mercancía-mercan-
cía-dinero, por otra; es decir, si yo vendo para comprar, puedo igual-
mente comprar para vender. En el primer caso el dinero es solamente
el medio para obtener la mercancía, y la mercancía es el fin; en el se-
gundo caso, la mercancía es solamente el medio para obtener el dinero,
y el dinero es el fin. Esto aparece claramente cuando se aprehenden
conjuntamente los momentos de la circulación. Considerada como mera
circulación, tiene que ser completamente indiferente en qué punto in-
tervengo, para fijarlo como punto de partida.

Ciertamente hay una diferencia específica entre la mercancía que
se encuentra en circulación y el dinero que se encuentra en circulación.
La mercancía es expulsada de la circulación en un punto determinado,
y cumple con su determinación definitiva en la medida en que es subs-

traída definitivamente a la circulación y es consumida, bien en el acto
de producción, bien en el consumo auténtico. La determinación del di-
nero, por el contrario, es la de permanecer en la circulación como rue-
da de la misma; para empezar como un perpetuum mobile su circula-
ción de nuevo.

Esta segunda determinación, no menos que la primera, se encuentra
también en la circulación. Ahora bien, se puede decir, que cambiar mer-
cancía por mercancía tiene un sentido, puesto que las mercancías, aun-
que equivalentes en cuanto precios, son diferentes cualitativamente, y
su cambio satisface, en último extremo, necesidades cualitativamente
diferentes. Por el contrario, cambiar dinero por dinero no tiene senti-
do, a menos que tenga lugar una diferencia cuantitativa, a menos que
sea cambiado menos dinero por más dinero, que se venda más caro de lo
que se compró (con la categoría de beneficio no tenemos todavía nada
que ver). El silogismo dinero-mercancía-mercancía-dinero, que hemos
extraído del análisis de la circulación, aparecería así como una abstrac-
ción arbitraria y sin sentido, como si, por ejemplo, se quisiera describir
el ciclo de la vida: muerte-vida-muerte, aunque en este último caso
no se podría negar que la constante disolución de lo individualizado
en lo elemental es un momento del proceso natural, de la misma forma
que lo es la constante individualización de lo elemental.*”? Igualmente,
en el acto de circulación tiene lugar la constante transformación en di-
nero de las mercancías, así como también la constante transformación
del dinero en mercancías.** En el proceso real de compra para vender
de nuevo, el motivo es el beneficio que se obtiene con ello y la finalidad
última es cambiar menos dinero mediante la mercancía por más dinero,
ya que no hay ninguna diferencia cualitativa entre dinero y dinero
(aquí no se habla para nada del dinero en cuanto metal particular, ni de

182 Cfr. HEGEL, Band IX, págs. 450-455.

*8l  Tachado en el ms.: Ahora bien, aquí hay que observar, en primer lugar,

que ambos momentos de la circulación son engendrados mediante el tercero, que
nosotros llamamos antes su proceso infinito; y que por medio de éste su punto
de llegada puede y tiene que conducir siempre más allá de su propio ciclo, inde-
pendientemente de que tomemos decididamente el dinero o la mercancía como
punto de partida. Por lo tanto, Mercancía-Dinero-Dinero-Mercancía-Dinero; pero
también, Dinero-Mercancía-Mercancía-Dinero-Mercancía; si, por lo tanto, ninguno
de los dos momentos concluye en sí mismo, no por eso debe de dejar ser consi-
derado en su determinación; en este contexto ya no resulta tan curioso que un
momento del movimiento consista en que el dinero se cambie consigo mismo por
mediación de la mercancía, y que se presente por lo tanto, como objeto final
momentáneo.


las clases particulares de monedas). No hay que negar, sin embargo, que
la operación puede fracasar, y así, en la realidad, sucede frecuentemente
que hay cambio de dinero por dinero sin diferencia cuantitativa. Pero
para que este proceso, en general, sobre el que descansa el comercio, y
que también por su extensión constituye un fenómeno fundamental de
la circulación, sea posible, tiene que ser reconocido el círculo dinero-
mercancía-mercancía-dinero, como una forma particular de la circula-
ción. Esta forma se diferencia específicamente de aquella en la que el
dinero se presenta como un mero medio de cambio de las mercancías,
como un término medio, como la premisa menor del silogismo.” Junto
a la determinación cuantitativa que tiene en el comercio, este proceso
tiene que ser distinguido en su forma puramente cualitativa, en su
movimiento específico. Segundo: esto implica que el dinero no vale
solamente ni como medida, ni como medio de cambio, ni como ambos,
sino que tiene además una tercera determinación. El dinero se presenta
aquí, primero como fin en sí mismo, para cuya mera realización sirven
el comercio de mercancías y el cambio; segundo, puesto que con él se
cierra el círculo, él mismo sale de este círculo, de la misma forma que
la mercancía cambiada mediante el dinero por su equivalente, es exclui-
da de la circulación. Es verdad que el dinero, en la medida en que es
determinado exclusivamente como agente de la circulación, permanece
constantemente incluido en su círculo. Pero aquí se manifiesta que el
dinero es algo más al margen de ser instrumento de la circulación;
que él posee una existencia independiente fuera de la circulación, y que
en esta nueva determinación, puede ser sustraído a la circulación, de la
misma forma que tiene que serlo definitivamente la mercancía. Tenemos,
por lo tanto, que considerar al dinero en su tercera determinación, en
la cual él incluye en sí mismo las dos primeras en cuanto determinacio-
nes, es decir, tanto la de servir como medida, como la de ser medio de
cambio general, y, por lo tanto, realización de los precios de las mer-
cancías.

c) El dinero como representante material de la riqueza
(acumulación del dinero; antes, sin embargo, el dinero como
materia general de los contratos, etc.)

Es propio de la naturaleza del círculo que cada punto se presente al
mismo tiempo como punto primero y punto final, y que, en consecuen-

133 Cfr. HEGEL, Band VI, pág. 142 y Band VIII, págs. 382-403 y concreta-
mente la 389.

cia, cada punto se presente en una dimensión en la medida en que se
presenta en la otra. La fórmula D-M-M-D se presenta, por lo tanto,
tan correcta como la otra, M-D-D-M, que es la que se presenta origina-
riamente. La dificultad reside en que en esta última la mercancía final
es una mercancía cualitativamente diferente de la primera, mientras
que el dinero primero y último de la otra fórmula no lo es. El dinero
sólo puede ser cuantitativamente diferente. Considerado como medida,
la sustancia material del dinero es esencial, aunque su presencia real, y
aun más su cantidad, es decir, el número de veces en que se presenta
la porción de oro o plata que sirve como unidad, es completamente in-
diferente para el dinero en esta determinación, y él es, en general, uti-
lizado como unidad ideal, no existente. En esta determinación, el dinero
tiene que estar presente como unidad y no como dinero. Si yo digo que
una libra de algodón vale 8 peniques, quiero decir que una libra de al-
godón = 1/116 onza de oro (la onza: 3 libras, 17 chelines y 7 peni-
ques) (931 peniques). Esto expresa al mismo tiempo su determinación
como valor de cambio frente a las demás mercancías, como equivalente
de todas las demás mercancías que contienen tantas veces una onza de
oro, ya que todas las mercancías son igualmente comparadas con la
onza de oro. Esta relación originaria de la libra de algodón con el oro,
mediante la cual es determinada la cantidad de oro que está contenida
en una libra** de algodón, es fijada por la cantidad de tiempo de tra-
bajo en ambos realizada, es decir, por la cantidad de la sustancia común
de los valores de cambio. (Esto presupone el conocimiento del capítulo
que trata sobre el valor de cambio en cuanto tal.) La dificultad de en-
contrar esta igualdad, no es tan grande como parece. Por ejemplo, en
el trabajo que produce oro directamente, una determinada cantidad de
oro se presenta directamente como producto de un día de trabajo. La
competencia equipara los otros días de trabajo a éste, modificandis mo-
dificatis. Esto ocurre directa o indirectamente. En una palabra, en la
producción inmediata de oro, una determinada cantidad de oro se pre-
senta inmediatamente como producto, y, por lo tanto, como el valor,
como el equivalente de un determinado tiempo de trabajo. Sólo hay,
por lo tanto, que determinar el tiempo de trabajo que está realizado
en las distintas mercancías y compararlo con el tiempo de trabajo que
produce directamente oro, para determinar qué cantidad de oro está
contenida en una determinada mercancía. La determinación de todas
las mercancías como precios —como valores de cambio medidos—, es

*i2 NMEGA: «Pfund»; ed. 1939, «Unze» (onza).


un proceso que se efectúa poco a poco, que presupone un cambio fre-
cuente, y, por lo tanto, que presupone la comparación frecuente de las
mercancías en cuanto valores de cambio; pero tan pronto como la
existencia de las mercancías en cuanto precios se ha convertido en un
presupuesto —un presupuesto, que es un producto del proceso social,
un resultado del proceso de producción social—, la determinación de
nuevos precios se presenta como una tarea fácil, ya que los mismos
elementos de los costes de producción están presentes en la forma de
precios, y, por lo tanto, se trata simplemente de sumarlos. (Alienación
frecuente, venta, venta frecuente. Steuart. Todo esto tiene que hacer-
se continuamente para que los precios obtengan una cierta regularidad.)
Pero el punto al que queríamos llegar era el siguiente: el oro en rela-
ción con las mercancías, en la medida en que debe ser fijado como unidad
de mensuración, es determinado por el trueque, por el cambio inme-
diato, de la misma forma que cualquier mercancía es determinada por la
relación de todas las mercancías entre sí. En el cambio inmediato, sin
embargo, el valor de cambio es el producto en sí; el producto es la pri-
mera manifestación del mismo, pero el producto no está puesto toda-
vía como valor de cambio.'* Al principio, esta determinación no llega
a afectar a toda la producción, sino que afecta solamente al excedente,
y es por lo tanto más o menos superflua (como el cambio mismo); se
trata de una ampliación casual de la esfera de las satisfacciones, de los
placeres (relación con nuevos objetos). Se produce, por lo tanto, sólo en
pocos puntos (originariamente allí donde las comunidades naturales
terminaban, al entrar en contacto con extranjeros), está limitado a
un círculo pequeño, y constituye algo pasajero, ocasional, adherido a la
producción; desaparece de forma igualmente casual a como apareció.
El cambio inmediato en el que el excedente de la producción propia
es casualmente cambiado por el excedente ajeno es solamente la prime-
ra manifestación del producto como valor de cambio, y está determinado
por necesidades, deseos, etc., casuales. Ahora bien, en el caso de que
el cambio fuera proseguido y se convirtiera en un acto continuo, que con-
tiene en sí mismo los medios de su constante renovación, entonces se
produciría, de forma igualmente externa y casual, poco a poco, la re-
gulación del cambio mutuo mediante la regulación de la producción
mutua, y los costes de producción, que en último extremo se disuelven
en tiempo de trabajo, se convertirían en la medida del cambio. Esto
nos muestra cómo aparecen el cambio y el valor de cambio de la mercan-

14 Cfr. STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 395-396.
135 Cfr. Hegel, Band IV, págs. 132-147.

cía. Las circunstancias bajo las cuales una relación se presenta por
primera vez nos muestran lo mismo, pero en modo alguno en su pureza
o en su totalidad. Un producto puesto como valor de cambio no
está determinado esencialmente como algo simple; él es puesto en
una forma distinta de su cualidad natural; es puesto como una rela-
ción y además como una relación general, no con una mercancía, sino
con toda mercancía, con todo posible producto. Expresa, por lo tanto,
una relación general; el producto que se relaciona consigo mismo como
con la realización de una determinada cantidad de tiempo de trabajo
general, de tiempo de trabajo social, y, en este sentido, es el equiva-
lente para cualquier otro producto en la relación expresada en su valor
de cambio. El valor de cambio presupone el trabajo social, en cuanto
sustancia de todos los productos, independientemente de su naturalidad.
Un producto no puede expresar una relación, sin referirse a algo, y no
puede expresar una relación general, sin referirse a algo general. Pues-
to que el trabajo es movimiento, el tiempo es su medida natural. El
cambio inmediato, en su forma más tosca, presupone el trabajo como
sustancia y el tiempo de trabajo como medida de las mercancías; esto
aparece también como resultado, apenas el cambio es regularizado y de-
viene continuo, apenas contiene en sí mismo las condiciones recíprocas
de su renovación. La mercancía solamente es valor de cambio en la me-
dida en que es expresada en otra, es decir, en la medida en que es ex-
presada como una relación. Una fanega de trigo vale tantas fanegas de
centeno; en este caso el trigo es valor de cambio en la medida en
que es expresado en centeno, y el centeno es valor de cambio en la me-
dida en que es expresado en trigo. En la medida en que cada uno de
ellos se relaciona consigo mismo no hay valor de cambio. Ahora bien,
en la relación 'en la que el dinero se presenta como medida, el dinero
no es expresado como relación, como valor de cambio, sino como una
cantidad matural de una materia determinada, como una determina-
da cantidad natural de oro y plata. En general, la mercancía en la que
se expresa el valor de cambio de otra mercancía no es expresada
nunca como valor de cambio, no es expresada nunca como una relación,
sino como una determinada cantidad de mercancía en su forma natu-
ral. Si una fanega de trigo vale tres fanegas de centeno, en esta relación
sólo es expresada como valor la fanega de trigo, pero no la fanega de
centeno. En sí esta última también está puesta como valor; una fane-
ga de centeno es igual a 1/3 fanega de trigo; pero esta relación no
está puesta, sino que se trata de una segunda relación que, por lo de-
más, está inmediatamente presente en la primera. Cuando una mercan-
cía es expresada en otra, ella es colocada como relación, mientras que


la otra es colocada como una simple cantidad de una determinada ma-
teria. Tres fanegas de centeno, en sí mismas, no son valor, sino centeno
que llena un determinado espacio, centeno medido por un criterio
espacial. Lo mismo ocurre con el dinero como medida, como la unidad
en la que son medidos los valores de cambio de las demás mercancías.
El dinero es un determinado peso de la sustancia en la que él es repre-
sentado, oro, plata, etc. Si una fanega de trigo tiene el precio de 77 che-
lines y 7 peniques, ella es expresada como otra cosa, que es igual a
ella, como una onza de oro, como relación, como valor de cambio. Pero
una onza de oro en sí no es valor; no está expresada como valor de
cambio, sino como determinada cantidad de sí misma, de su sustancia
natural, de oro. Si una fanega de trigo tiene el precio de 77 chelines y
7 peniques, o el de una onza de oro, su valor puede ser mayor o menor,
pues el valor de una onza de oro puede subir o bajar, según la cantidad
de trabajo necesitado para su producción. Pero esto es indiferente para
su determinación de precio en cuanto tal, pues su precio de 77 chelines
y 7 peniques expresa exactamente la proporción en la cual ella es equi-
valente para todas las demás mercancías, expresa la relación en la cual
ella puede comprarlas. La determinación particular del precio, si, por
ejemplo, el quarter vale 77 o 1.780 chelines, cae fuera de la determi-
nación del precio en general, es decir, de la fijación del trigo como
precio. Él tiene un precio, independientemente de que cueste 100 o 1.
El precio solamente expresa su valor de cambio en una unidad común
a todas las mercancías; esto presupone, por lo tanto, que este valor de
cambio es regulado mediante otras relaciones. Que un quarter de trigo
tiene el precio de una onza de oro —puesto que oro y trigo no tienen
entre sí ninguna relación en cuanto objetos naturales, no son en cuanto
tales medida el uno para el otro, son indiferentes entre sí—, se averi-
gua colocando a la misma onza de oro en relación con el tiempo de tra-
bajo necesario para su producción, y de esta forma, ambos, oro y
trigo, son colocados en relación con un tercero, con el trabajo, y son
equiparados en esta relación; ambos, por lo tanto, son comparados en-
tre sí en cuanto valores de cambio. Pero esto nos muestra solamente
cómo se halla el precio del trigo, cómo se halla el valor de la cantidad
de oro a la que el trigo se equipara. En esta misma relación en
la que el dinero se presenta como el precio del trigo, el dinero no apa-
rece como relación, como valor de cambio, sino como una determinada
cantidad de una materia natural. En el valor de cambio, las mercancías
son colocadas como relaciones con su sustancia social, con el trabajo;
pero en cuanto precios, ellas son expresadas en cantidades de otros pro-
ductos, según la forma natural de estos últimos. Igual se podría cierta-

mente decir que también el precio del dinero ha sido fijado en la forma
de un quarter de trigo, tres quarters de centeno, y de todas las demás
cantidades de mercancías cuyo precio es una onza de oro. Pero para
expresar el precio del dinero tendría que ser enumerado el círculo
completo de mercancías, cada una en la cantidad en que es igual a una
onza de oro. El dinero tendría tantos precios como mercancías hay,
cuyos precios él mismo expresaría. La determinación fundamental del
precio, la unidad, desaparecería. Ninguna mercancía expresaría** el
precio del dinero, porque ninguna expresaría su relación con todas las
demás mercancías, su valor de cambio general. Lo específico del precio,
sin embargo, es que el mismo valor de cambio debe ser expresado en
su generalidad, y, sin embargo, debe ser expresado en una mercancía
determinada. Pero hasta eso es indiferente. En la medida en que el di-
nero se presenta como materia, en la que es expresado y medido el
precio de todas las mercancías, el mismo dinero es puesto como una
determinada cantidad de oro, plata, etc.; en pocas palabras, es puesto
en su materia natural. El dinero es puesto como una simple cantidad
de una determinada materia, no como valor de cambio, como relación.
Esto ocurre con toda mercancía, en la cual es expresada otra como pre-
cio; que ella misma no es puesta como valor de cambio, sino como
una simple cantidad de ella misma. En la determinación del dinero
como unidad de los valores de cambio, como su medida, como su punto
de comparación natural, su materia natural, oro, plata, se presenta
como algo esencial, en la medida en que el dinero, en cuanto precio de
la mercancía, no es valor de cambio, no es relación, sino un peso deter-
minado de oro, plata; por ejemplo, una libra con sus subdivisiones; el
dinero se presenta originariamente como libra, aes grave.'* Esto dis-
tingue precisamente al precio del valor de cambio, y ya hemos visto que
el valor de cambio conduce necesariamente a la determinación del pre-
cio. De ahí el sin sentido de aquellos que quieren convertir al tiempo
de trabajo en cuanto tal en dinero, es decir, que quieren colocar y no
colocar la diferencia entre precio y valor de cambio. El dinero como
medida, como elemento de la determinación del precio, como unidad
de medida de los valores de cambio presenta, por lo tanto, el fenóme-
no de que 1) es necesario sólo como unidad ideal, una vez que ha sido
determinado el valor de cambio de una onza de oro frente a cualquier

135 Cfr. DUREAU DE LA MALLE, T. l, págs. 15 y 67.

*í% NMEGA: «ausdriickte»; ed. 1939, «ausdruckt» (expresa).


otra mercancía; su presencia real es, por lo tanto, superflua, y aún más
lo es la cantidad en la que esté presente; como signo indicativo (como
indicador del valor) es indiferente la cantidad en la que existe en un
país; sólo es necesario como mera unidad de cuenta; 2) mientras el
dinero sólo necesita ser puesto idealmente, y en realidad como precio
de la mercancía sólo es puesto idealmente en ella, al mismo tiempo,
en cuanto simple cantidad de la sustancia natural en la que se
presenta, en cuanto peso determinado de oro, plata, etc., aceptado
como unidad, el dinero actúa como punto de comparación, de unidad
y de medida. Los valores de cambio (mercancías) son transformados
idealmente en ciertas cantidades de oro o plata, y son equiparados ideal-
mente a esta cantidad de oro, etc., imaginada; como si expresaran esta
cantidad.

Pero si pasamos ahora a la segunda determinación del dinero, como
medio de cambio y realizador de los precios, nos encontramos, como ya
hemos visto antes, con que en esta determinación el dinero tiene que
estar presente en una determinada cantidad; el peso de oro o plata
considerado como unidad es necesario en un determinado número para
ser adecuado a esta determinación. Si, por una parte, está dada la suma
de los precios que han de ser realizados, que depende del precio de
una determinada mercancía multiplicado por su cantidad, y si, por otra,
está dada la velocidad de circulación del dinero, entonces es requerida
una cierta cantidad de medios de circulación. Pero si consideramos aho-
ra más de cerca la fórmula originaria, la forma inmediata, en la que
se presenta la circulación, M-D-D-M, vemos que el dinero se presenta
en ella como un puro medio de cambio. La mercancía es cambiada por
otra mercancía, y el dinero aparece simplemente como el medio de cam-
bio. El precio de la primera mercancía es realizado en dinero, para
realizar con el dinero el precio de la segunda mercancía, y obtener de
esta forma la segunda mercancía a cambio de la primera. Después de
haber realizado el precio de la primera mercancía, la finalidad del que
ha recibido su precio en dinero no es ahora la de obtener el precio de
la segunda mercancía, sino la de pagar su precio, para obtener la mer-
cancía. En el fondo, a él le ha servido el dinero para cambiar la primera
mercancía por la segunda. Como simple medio de circulación el dinero
no tiene otro fin. El hombre que ha vendido su mercancía por dinero
quiere comprar a su vez mercancía, y el que la compra de él necesita
a su vez dinero para comprar mercancías, etc. En esta determina-
ción como puro medio de circulación, la determinación del dinero
consiste exclusivamente en esta circulación, que él realiza por el hecho
de que su cantidad, su número, está previamente determinado. Cuántas

veces está presente el dinero como unidad en las mercancías está de-
terminado previamente en los precios; en cuanto instrumento de la
circulación el dinero se presenta como 'simple cantidad numérica de
esta unidad presupuesta. En la medida en que el dinero realiza el pre-
cio de las mercancías, la mercancía es cambiada por su equivalente
real en oro y plata; su valor de cambio es cambiado realmente en el
dinero como en otra mercancía; pero en la medida en que tiene lugar
este proceso solamente para transformar el dinero de nuevo en mercan-
cía, es decir, para cambiar la primera mercancía por la segunda, el di-
nero aparece sólo para desaparecer, o, dicho de otra forma, su sustancia
consiste en que él continuamente aparece como forma que desaparece,
como soporte de la mediación. El dinero como medio de circulación es
solamente medio de circulación. La única determinación esencial para
él, para poder servir como medio de circulación, es la de la cantidad,
la del número, en la que el dinero circula. (No hace falta mencionar
aquí que el número está también determinado por la velocidad de
circulación.) En la medida en que el dinero realiza el precio, su existen-
cia material como oro y plata es esencial; pero en la medida en que
esta realización es evanescente y debe negarse a sí misma, dicha exis-
tencia es indiferente. Es sólo una apariencia la que conduce a pensar
que se trata de cambiar la mercancía por oro o plata en cuanto mer-
cancías particulares; una apariencia que desaparece tan pronto como
el proceso es llevado hasta el fin, tan pronto como el oro y la plata
son cambiados a su vez por mercancías, y de esta forma, se cambia
mercancía por mercancía.)El oro y la plata como meros medios de
circulación, o el medio de circulación como oro y plata es, por lo tanto,
indiferente a su forma como mercancía natural, particular. Supongamos
que el precio total de las mercancías en circulación = 10.000 táleros.**
Su medida es, por lo tanto, un taler = x peso de plata. Supongamos que
son necesarios 100 táleros para hacer circular estas mercancías en seis
horas. Lo esencial ahora es que existen 100 táleros, ¡ina cantidad numéri-
ca 100 de la unidad metálica, que mide la suma total de los precios
de las mercancías; hay, por lo tanto, cien unidades de esta clase. Que
estas unidades sean de plata es indiferente para el proceso mismo. Esto
se manifiesta ya en el hecho de que un taler, en el ciclo de la circula-
ción, representa una masa de plata 100 veces mayor que la que está
contenida en él, aunque él en cada cambio determinado sólo representa
el peso de plata de un taler. Tomada la circulación en su totalidad, un

*4  ¿10.000»; en ms. «1.200».


tálero representa, por lo tanto, cien táleros, contiene un peso de plata
cien veces mayor que el que él realmente contiene. Él es en realidad un
signo indicativo del peso en plata contenido en cien táleros. Realiza
un precio cien veces mayor del que realiza realmente, considerado
como cantidad de plata. Supongamos que una libra esterlina = 1/3 de
onza de oro (no es tanto). En la medida en que es pagado el precio
de una mercancía de una libra esterlina, es decir, en la medida en que
es realizado su precio de una libra esterlina, en que es cambiada por
una libra esterlina, lo decisivo es que la libra esterlina contenga**
realmente 1/3 onza de oro. Si fuera una libra falsa compuesta de un
metal no noble, una libra esterlina sólo en apariencia, en realidad no
se habría realizado el precio de la mercancía; para realizar su precio,
la mercancía tendría que ser pagada en una cantidad tal de metales no
nobles que fuera igual 1/3 onza de oro. Desde el punto de vista de
este momento aislado de la circulación, es esencial que la unidad de di-
nero represente realmente una determinada cantidad de oro y plata.
Pero si tomamos la circulación en su totalidad, como un proceso cerra-
do en sí mismo, como M-D-D-M, el problema es diferente. En el pri-
mer caso la realización del precio sería sólo aparente: sólo una parte
de su precio sería realizada. El precio idealmente dado a la mercancía
no sería realizado realmente. La mercancía, que idealmente es equipa-
rada a tantas partes de peso en oro, no rescataría en el cambio real por
ella misma tantas partes de peso en oro. Pero si una libra esterlina falsa
circulara en lugar de una verdadera, prestaría a la circulación, consi-
derada en su totalidad, el mismo servicio que si fuera auténtica. Si
una mercancía a, cuyo precio es una libra esterlina, es cambiada por una
libra esterlina falsa, y esta libra esterlina falsa es a su vez cambiada
por la mercancía b, cuyo precio es una libra esterlina, la libra esterlina
falsa habría prestado absolutamente el mismo servicio que si fuera
verdadera.** La libra esterlina, por lo tanto, es en realidad en este
proceso solamente un signo indicativo, en la medida en que no es to-
mado en consideración el momento en el que ella realiza los precios,
sino la totalidad del proceso, en el que ella sólo sirve como instrumento
de circulación y en el que la realización de los precios es solamente una

*85 NMEGA: «enthilt»; ed. 1939, «erhált» (conserve, mantenga).

*6 El texto que sigue hasta la página 182 lo escribió Marx en las pági-
nas 1-4 de este cuaderno del manuscrito y cambió después la numeración de las
páginas en páginas 45-48. Y además anotó en el margen inferior de la pág. 44
(ver pág. 1 y ss. del mismo cuaderno) y en el margen superior de la página
siguiente, ahora, por lo tanto, 45: (Continuación del final del cuaderno).

apariencia, una mediación evanescente. Aquí la libra esterlina de oro
sirve solamente para que sean cambiadas la mercancía 4 por la mer-
cancía b del mismo precio. La realización auténtica del precio de la
mercancía a es aquí la mercancía b, y la realización del precio de b es
la mercancía a, o c, o d, lo que es igual para la forma de la relación,
para la cual el contenido particular de la mercancía es completamente
indiferente. Son cambiadas mercancías del mismo precio. En lugar de
cambiar directamente la mercancía a por la mercancía b, el precio de la
mercancía a es cambiado por la mercancía b, y el precio de la mercan-
cía bes cambiado por la mercancía a. El dinero, pues, representa sola-
mente su precio frente a la mercancía. Las mercancías son cambiadas
entre sí a sus precios. El precio de la mercancía unido a ella expresa
idealmente el hecho de que ella representa la cantidad numérica de una
cierta unidad natural (partes de peso) de oro y plata, es decir, de
la materia en que se encarna el dinero. En el dinero, o en su precio
realizado, se presenta frente a ella una cantidad numérica de esta uni-
dad. Pero en la medida en que la realización del precio no es el momen-
to último, y en la medida en que no se trata aquí de tener el precio
de la mercancía en cuanto precio, sino de tenerlo como precio de otra
mercancía, la materia del dinero, por ejemplo, oro o plata, es comple-
tamente indiferente. El dinero deviene sujeto en cuanto instrumento de
circulación, en cuanto medio de cambio, y la materia natural en la que
se presenta aparece como un accidente, cuya significación desaparece
en el mismo acto de cambio; porque no es en esta materia en la que
debe ser realizada en último extremo la mercancía cambiada por dinero,
sino en la materia de la otra mercancía. Ahora tenemos, por lo tanto,
en la circulación al margen de los momentos de que 1) el dinero realiza
los precios y 2) el título de propiedad circula, el momento 3), que
mediante los dos anteriores ocurre lo que no podría ocurrir directa-
mente: que el valor de cambio de la mercancía es expresado en cualquier
otra mercancía. Si una vara de lienzo cuesta 2 chelines y una libra de
azúcar cuesta 1 chelín, la vara de lienzo es realizada mediante los 2 che-
lines en 2 libras de azúcar,'y el azúcar, por lo tanto, se ha transformado
en la materia de su valor de cambio, en la materia en la que se realiza
su valor de cambio. Como simple medio de circulación, en su función
en el proceso de circulación como flujo constante, el dinero no es ni
medida de los precios, pues en cuanto tal ya está colocado en los pre-
cios mismos, ni medio de la realización de los precios, pues en cuanto
tal el dinero existe en un momento de la circulación, pero desaparece
en la totalidad de sus momentos; sino que el dinero es el mero repre-
sentante del precio frente a todas las mercancías, y sirve sólo como


instrumento para que las mercancías sean cambiadas a los mismos pre-
cios. El dinero es cambiado por una mercancía porque él es el represen-
tante general de su valor de cambio; y, en cuanto tal, es el representante
de cualquier otra mercancía del mismo valor de cambio; el dinero es
el representante general del valor de cambio y, en cuanto tal, existe
en la circulación misma. Él representa el precio de una mercancía frente
a todas las demás mercancías o el precio de todas las mercancías fren-
te a una mercancía. En esta relación el dinero no es solamente represen-
tante de los precios de las mercancías, sino signo indicativo de sí mis-
mo: es decir, en el acto de la circulación, su materia, oro y plata, es
indiferente. El dinero es el precio; el dinero es una determinada canti-
dad de oro o plata; pero en la medida en que esta realidad del precio
es aquí una realidad evanescente, una realidad que está destinada a
desaparecer constantemente, a ser superada, a no tener valor como rea-
lización definitiva, es decir, en la medida en que está destinado a ser
continuamente un intermediario, un mediador, en la medida en que
esto es así y en la medida en que no se trata en general de la realiza-
ción del precio, sino de la realización del valor de cambio de una mer-
cancía particular en la materia de otra mercancía, su propia materia (la
del dinero) es indiferente, es una materia evanescente en cuanto reali-
zación de los precios, pues esta misma realización desaparece; por lo
tanto, mientras se encuentra en este movimiento continuo es solamente
como representante del valor de cambio como el dinero deviene real,
en la medida en que el valor de cambio real entra constantemente en
el lugar de su representante, cambia constantemente su lugar con él, se
intercambia constantemente con él. En este proceso, su realidad no
es, por lo tanto, la de que él es el precio, sino la de que él representa
el precio, la de que él es su representante; representante objetivamente
existente del precio, y, por lo tanto, de sí mismo, y, en cuanto tal, del
valor de cambio de las mercancías. Como medio de cambio el dinero
realiza los precios de las mercancías solamente para poner el valor de
cambio de una mercancía en la otra como en su unidad, para realizar
su valor de cambio en la otra mercancía, es decir, para poner a la otra
mercancía como material de su valor de cambio.


### El dinero como medida, como medio de pago
y como medio de cambio.
Confusión de las determinaciones del dinero.
Suma de precios y cantidad de mercancías en relación con
la cantidad de medio de circulación. Medio de circulación

El dinero está, por lo tanto, en la circulación sólo en cuanto signo in-
dicativo objetivado; sacado de ella el dinero es de nuevo el precio
realizado; pero dentro del proceso, como ya hemos visto, la cantidad,
el número de estos signos objetivados de la unidad monetaria está deter-
minado. Mientras, por lo tanto, en la circulación en la que el dinero
tiene una existencia contrapuesta a la de las demás mercancías, su sus-
tancia material, su sustrato como cantidad determinada de oro y plata
es indiferente, estando, por el contrario, esencialmente determinada su
cantidad numérica, ya que el dinero es solamente un signo indicativo
de una determinada cantidad numérica de esta unidad, mientras esto
ocurre en la circulación, en su determinación como medida, en la que
el dinero era colocado sólo idealmente, su sustancia material era esen-
cial, mientras que su cantidad y su existencia eran indiferentes. De esto
se desprende, que el dinero, en cuanto oro y plata, en la medida en que
es solamente medio de circulación y de cambio, puede ser sustituido
por cualquier otro signo indicativo, que expresa una determinada canti-
dad de su unidad; y así el dinero simbólico puede sustituir al dinero
real, porque el dinero material, en cuanto simple medio de cambio, es
él mismo simbólico.

A partir de estas determinaciones contradictorias del dinero como
medida, como realización de los precios, y como mero medio de cambio,
se explica el fenómeno, de otra forma inexplicable, de que el dinero en
metal, oro, plata, es falsificado mediante la aleación con metales infe-
riores, el dinero se deprecia y los precios suben; porque en este caso
la medida de los precios no está determinada por los costes de produc-
ción de una onza de oro, por ejemplo, sino por los costes de producción
de una onza mezclada en sus 2/3 partes con el cobre, etc. (las falsi-
ficaciones de moneda, en la medida en que consisten simplemente
en la falsificación o alteración de los nombres de las partes alícuotas de
peso de los metales nobles, y así, por ejemplo, se llama un soberano
a la 1/8 parte de una onza, deja a la medida exactamente igual y sólo
cambia sus nombres. Si antes se llamaba un soberano a la 1/4 parte
de una onza y ahora se le llama a 1/8, el precio de un soberano expre-
sa 1/8 de una onza de oro; por lo tanto, son necesarios 2 soberanos


para expresar el mismo precio que antes expresaba un soberano); o en
el caso de la simple falsificación del nombre de las partes alícuotas del
metal noble, la medida continúa siendo la misma, pero la parte alícuota
es expresada en una cantidad doble de francos, etc., de como lo era
antes; por otra parte, cuando el sustrato del dinero, oro, plata, es com-
pletamente eliminado y es sustituido por papel con el signo indicativo
de determinadas cantidades de dinero real, en la cantidad exigida por
la circulación, el papel circula con el valor total del oro y plata. En el
primer caso, porque el medio de circulación es al mismo tiempo el ma-
terial del dinero como medida, y el material en el que se realiza el
precio definitivamente; en el segundo, porque el dinero sólo aparece
en su determinación como medio de circulación.

Ejemplo de la burda confusión entre las determinaciones contradic-
torias del dinero: «el precio está exactamente determinado por la can-
tidad de dinero que sirve para comprar el dinero mismo. Todas las mer-
cancías del mundo no pueden venderse por más dinero del que hay en
el mundo». En primer lugar, la determinación del precio no tiene nada
que ver con la venta real; en estas determinaciones el dinero aparece
solamente como medida. En segundo lugar, todas las mercancías (que
se encuentran en la circulación) pueden ser vendidas por mil veces más
dinero del que hay en el mundo, si cada pieza de dinero circula mil
veces. (La cita es del London Weekly Dispatch. Noviembre 8, 1857.)*

Puesto que la suma total de los precios que han de ser realizados
en la circulación varía con los precios de las mercancías y con la masa
de las mismas puesta en circulación; puesto que, por otra parte, la
velocidad del medio de circulación que se encuentra en la misma está
igualmente determinada por circunstancias que son independientes de
él, la cantidad de los medios de circulación tiene que poder cambiar,
tiene que poder expanderse y contraerse —contracción y expansión de
la circulación—.

Del dinero en cuanto simple** medio de circulación se puede decir
que deja de ser mercancía (mercancía particular) en la medida en que
su material es indiferente, y en la medida en que sólo satisface la ne-
cesidad del cambio mismo, pero ninguna otra necesidad inmediata: el

18 Cfr. Weekly Dispatch. Printed and Published at N.* 139 Fleet Street,
London. Sunday, November 8, 1857. N.* 2925, pág. 1, col. 2. Artículo: The panic
and the People.

* «Als von blossen», en ms. «Als blosses». La corrección sintáctica no

tiene consecuencias en la traducción castellana.


oro y la plata dejan de ser mercancías tan pronto como circulan como
dinero. Por otra parte, se puede decir de él, que el dinero no es más
que mercancía (mercancía general), la mercancía en su forma pura, in-
diferente a su particularidad natural y, por lo tanto, indiferente a todas
las necesidades inmediatas, sin relación natural con una determinada
necesidad en cuanto tal. Los partidarios del sistema monetario basado
en el patrón oro, también en parte del sistema proteccionista (ver, por
ejemplo, Ferrier, p. 2), se han atenido al primer** lado, los economis-
tas modernos, al segundo; ** por ejemplo, dice Say, que el dinero
como mercancía «particular» trata a una mercancía como a cualquier
otra." Como medio de cambio, el dinero se presenta como mediador
necesario entre la producción y el consumo. En el sistema del dinero
desarrollado, se produce solamente para cambiar, o, mejor dicho, se
produce solamente en la medida en que se cambia. Suprimir el dinero
equivaldría, o bien a regresar a un estadio inferior de la producción
(al cual corresponde el cambio inmediato de mercancías), o bien a avan-
zar a un estadio superior de la producción, en el que el valor de cambio
no es ya la primera determinación de la mercancía, porque el trabajo
general, cuyo representante es el dinero, no se presentaría ya como
trabajo exclusivamente privado mediado a comunidad.

La cuestión de si el dinero como medio de circulación es productivo
o improductivo se resuelve de forma igualmente fácil. Según Adam
Smith el dinero es improductivo.” Ahora bien, dice, por ejemplo, Ferrier
«El dinero crea los valores, porque éstos sin él no existirían». Se
tiene no sólo que «considerar su valor como metal, sino también su
cualidad de dinero».'* Adam Smith tiene razón, en la medida en que
el dinero no es instrumento de ninguna rama especial de la producción;
Ferrier tiene razón, porque un momento de la producción general que
descansa sobre el valor de cambio es el de colocar al producto y al
agente de la producción en la determinación del dinero, y esta determi-

138 La indicación de página se refiere al propio cuaderno de extractos de
Marx. Se refiere a F. L. A. Ferrier, Du Gouvernement consideré dans ses
rapports avec le Commerce. Paris 1805, pág. 35.

139 Cfr. Louis Sar, Principales Causes De la Richesse ou de la Misére des
Peuples et des Particuliers. Paris 1818, págs. 31-32.

140 Cfr. Apam SMITH, An Inquiry, etc. Vol. 11, Book II, ch. 11, págs. 270-
277 <Investigación... 264-268).

141 Cfr. FERRIER, Du Gouvernement, etc., pág. 52.

142 Cfr. FERRIER, Du Gouvernement, etc., pág. 18.

*18 «Primero»; en ms. «segundo».
*9 «Segundo»; en ms. «primero».



nación presupone la existencia de un dinero diferente del producto;
porque la relación de dinero es una relación de producción, si la pro-
ducción es considerada en su totalidad.

Si la fórmula M-D-D-M es descompuesta en sus dos momentos, a
pesar de que los precios de las mercancías están presupuestos (y esto
constituye la diferencia fundamental), la circulación se escinde en dos
actos de cambio inmediato. M-D: el valor de cambio de la mercancía
es expresado en otra mercancía particular, en el material del dinero,
de la misma forma que el valor de cambio del dinero es expresado en
la mercancía; lo mismo ocurre en D-M. En este sentido tiene razón
Adam Smith, cuando dice que el dinero como medio de cambio es so-
lamente una forma más complicada del cambio directo.* Pero en la
medida en que es considerada la totalidad del proceso, y no ambos
actos como indiferentes entre sí, en la medida en que la mercancía es
realizada en dinero y el dinero en mercancía, tienen razón los adver-
sarios de Adam Smith, que dicen que no ha comprendido la natura-
leza del dinero y que la circulación del dinero suprime el cambio
directo; ya que el dinero solamente sirve para saldar la «división arit-
mética», que procede de la división del trabajo.* Estas «cifras aritmé-
ticas» no tienen más necesidad de ser de oro y plata que las medidas
de longitud (ver Solly, pág. 20).

Las mercancías se convierten de marchandises en denrées, entran
en el consumo; el dinero como instrumento de la circulación, no; no
deja de ser mercancía en ningún momento mientras permanece en la
determinación de instrumento de la circulación.

Pasamos ahora a la tercera determinación del dinero, que resulta
por primera vez de la segunda forma de la circulación.

D-M-M-D; en esta fórmula el dinero no se presenta solamente como
medio, ni tampoco como medida, sino como fin en sí mismo, y, por lo
tanto, como mercancía que sale de la circulación, como mercancía deter-
minada, que completa su ciclo, y se convierte de marchandise en denrée.

Previamente, sin embargo, hay que hacer la observación de que,
presupuesta la determinación del dinero como una relación inmanente
de la producción general basada en el valor de cambio, puede demos-
trarse también en puntos concretos su servicio como instrumento de

143 Cfr. Apam SMITH, An Inquiry, etc. Vol. 1, Book 1, ch. IV <Investiga-
ción..., págs. 24-30).

14 Cfr. Edward SoLLY, The present distress in relation to the theory of
money. London 1830, pág. 5.

M5 La indicación de página se refiere al propio cuaderno de extractos de Marz.


producción. «La utilidad del oro y de la plata reside en que sustituyen
al trabajo» (Lauderdale, pág. 11). Sin dinero es necesaria una masa
de canjes, antes de que se obtenga en el cambio el objeto deseado.'”
Más aún, en cada cambio particular se tendría que llevar a cabo la in-
vestigación sobre el valor relativo de las mercancías.'* El dinero como
instrumento de cambio evita la multiplicación de los cambios (instru-
mento del comercio); como mensurador del valor y representante de
todas las mercancías, evita la investigación sobre el valor relativo de cada
una de ellas en el cambio (idem, loc. cit.).** La afirmación inversa, de
que el dinero ro es productivo, quiere decir solamente que al mar-
gen de la determinación, en la que es productivo, como medida, instru-
mento de circulación y representante de los valores, el dinero es impro-
ductivo, que su cantidad sólo es productiva en la medida en que es
requerida para cumplir con estas determinaciones. Que no sólo es ¿m-
productivo, sino que se convierte en faux frais de production,* tan pron-
to como es utilizada más cantidad del mismo de la que es necesaria
para su determinación productiva, es una verdad que vale para cual-
quier otro instrumento de producción o de cambio, tanto para una má-
quina, como para un medio de transporte. Pero si con esto se quiere
decir que el dinero sólo cambia la riqueza real existente, esto es falso,
porque el trabajo, la misma actividad productiva, la riqueza potencial
es cambiada por y comprada con dinero.

### Acumulación de dinero. Trabajo asalariado y capital

La tercera determinación del dinero en su completo desarrollo presu-
pone las dos primeras y constituye su unidad. El dinero tiene, por lo
tanto, existencia independiente al margen de la circulación; el dinero
ha salido de ella. Como mercancía particular el dinero puede ser trans-
formado de su forma de dinero en la de objeto de lujo, adornos de oro
y plata (mientras el trabajo artístico fue muy simple, como, por ejemplo,
en la época inglesa más antigua, la transformación de las monedas de

16 Cfr. LAUDERDALE, Recherches sur la nature et Vorigine de la richesse
publique, et sur les moyens et les causes qui concourent d son accroissement.
Traduit de Vanglais par E. LAGENTIE DE LavisseE. Paris 1808, pág. 140. La indi-
cación de página se refiere a los propios cuadernos de Marx.

147 Cfr. LAUDERDALE, Recherches, etc., pág. 142.

168 Cfr. LAUDERDALE, Recherches, etc., pág. 142.

149 Cfr. LAUDERDALE, Recherches, etc., págs. 140, 144.

180 Cfr, QUESNAY, artículo Fermiers en: Physiocrates, ed. Daire. Paris 1846,
Premiétre Partie, págs. 236-237.


plata en láminas de plata —vajilla de plata— y viceversa fue constante
[ver Taylor] );** o puede ser acumulado como dinero y constituir de esta
forma un tesoro. En la medida en que el dinero en su existencia inde-
pendiente procede de la circulación, se presenta en ella misma como
resultado de la circulación; el dinero se une consigo mismo mediante
la circulación. En esta determinación está ya contenida de forma latente
su determinación como capital. Él es negado en cuanto simple medio
de cambio. Efectivamente, puesto que el dinero históricamente puede ser
puesto como medida, antes de aparecer como medio de cambio, y
puede aparecer como medio de cambio, antes de ser puesto como
medida —en este último caso estaría presente sólo como mercancía
privilegiada—, así también puede aparecer históricamente en la ter-
cera determinación antes de ser puesto en las dos primeras. Pero
en cuanto dinero, el oro y la plata sólo pueden ser acumulados cuando
ya están presentes en una de ambas determinaciones, y en la tercera
determinación sólo puede presentarse a un nivel desarrollado, cuando
ha sido ya desarrollado en las dos determinaciones anteriores. Su acu-
mulación, de lo contrario, es solamente acumulación de oro y plata, pero
no de dinero.

(Como ejemplo especialmente interesante, habrá que entrar en deta-
lle en la acumulación de dinero de cobre en las épocas más antiguas de
la república romana.)

En la medida en que el dinero como representante material univer-
sal de la riqueza procede de la circulación, y, en cuanto tal, es él mismo
producto de la circulación, la cual es al mismo tiempo cambio a una
potencia más elevada y una forma particular del cambio, el dinero está
también en esta tercera determinación en relación con la circulación; el
dinero se enfrenta a la circulación autónomamente, pero esta su auto-
nomía no es más que el propio proceso de circulación. Él sale de ella,
de la misma forma que entra de nuevo en ella. Al margen de toda re-
lación con ella, no sería dinero, sino un simple objeto natural, oro
y plata. El dinero es en esta determinación tanto presupuesto como
resultado de la circulación. Su independencia misma no es interrupción
de la relación con la circulación, sino relación negativa con ella. Este
es el sentido de esta independencia en cuanto resultado de D-M-M-D.
En el dinero como capital está puesto, 1) que es tanto presupuesto
de la circulación como resultado de la misma; 2) que su independencia,

18. Cfr. JaMeES TayLor, Á View to the Money System of England, from the

Conquest; with proposals for establishing a secure and equable Credit Currency.
London 1828, págs. 18-19.


por lo tanto, es sólo una relación negativa, pero siempre relación con
la circulación; 3) que está colocado como instrumento de producción,
ya que la circulación no se presenta entonces en su simplicidad primitiva,
como cambio cuantitativo, sino como proceso de producción, como
transformación real de la materia. Y de esta forma el dinero es determi-
nado como momento especial de este proceso de producción. En la
producción no se trata simplemente de una mera determinación del
precio, es decir, de traducir los valores de cambio de las mercancías en
una unidad común, sino de crear los valores de cambio y, por lo tanto,
de crear la determinación de los precios. No se trata solamente de una
mera fijación de la forma, sino del contenido. Si, por lo tanto, en la
circulación simple el dinero sólo aparece en general como productivo
en la medida en que la circulación en general aparece como un momen-
to del sistema de producción, así esta determinación existe solamente
para nosotros, pero no está puesta todavía en el dinero. 4) Como capital
el dinero aparece, por lo tanto, como puesto en relación consigo mismo
a través de la circulación —en la relación de interés y capital—. Pero
todavía no tenemos nada que ver con estas determinaciones, sino que
tenemos que considerar simplemente al dinero en su tercera determi-
nación, tal como ha salido de la circulación en forma autónoma, tal
como ha salido realmente de sus dos determinaciones previas.

(«Aumento del dinero es solamente aumento de los medios de cuen-
ta». Sismondi.** Sólo es verdad, en la medida en que es determinado
como simple medio de cambio. En la otra característica, es también
aumento de los medios de pago.)

«El comercio ha separado la sombra del cuerpo, y ha introducido
la posibilidad de poseerlos por separado» (Sismondi)." El dinero es
ahora, por lo tanto, el valor de cambio independiente (en cuanto tal se
presenta como medio de cambio sólo de forma evanescente) en su forma
general. El dinero posee ciertamente una corporeidad o sustancia particu-
lar, oro y plata, y esto precisamente es lo que le da su independencia,
pues lo que existe solamente unido a otra cosa, como determinación o
relación de otra cosa, no es independiente. Por otra parte, en esta in-
dependencia corpórea, como oro y plata, el dinero representa no sólo
el valor de cambio de una mercancía frente a las demás, sino el valor
de cambio frente a todas las mercancías, y mientras él mismo posee
una sustancia, se presenta al mismo tiempo en su existencia particular
de oro y plata, como el valor de cambio general de todas las demás

182 Cfr. SismOoNDI, Études, etc. T. 11, pág. 278.
153 Cfr. SisMmONDI, Études, etc. T. II, pág. 300.


mercancías. Por una parte, es poseído como su valor de cambio; por
otra parte, las mercancías se presentan como otras tantas sustancias
particulares de este último, de forma tal que puede transformarse me-
diante el cambio en cualquiera de estas sustancias, en cuanto que él
es indiferente a y está por encima de su determinación y particularidad.
Las mercancías son, por lo tanto, existencias accidentales. El dinero es
el «précis de toutes les choses»* en el que se extingue su carácter
particular; él es la riqueza general como compendio frente a su exten-
sión y dispersión en el mundo de las mercancías. Mientras que en la
mercancía particular la riqueza se presenta o como un momento de esta
misma mercancía, o es la mercancía la que se presenta como un momen-
to particular de la riqueza, en el oro y la plata la misma riqueza general
aparece concentrada en una materia particular. Toda mercancía particu-
lar, en la medida en que es valor de cambio y tiene un precio, expresa
una determinada cantidad de dinero en una forma imperfecta, ya que
tiene que ser arrojada a la circulación para que su precio sea realizado
y, por causa de su particularidad, no pasa de ser azaroso el que se reali-
ce o no. Pero, en la medida en que no se presenta como precio, sino en
su determinación natural, la mercancía es un momento de la riqueza
a través de su relación con una necesidad particular, que ella satisface,
y expresa en esta relación 1) solamente la riqueza de uso, 2) sólo un
lado completamente particular de esta riqueza. El dinero, por el con-
trario, independientemente de su utilidad particular como mercancía
valiosa, es 1) el precio realizado; 2) satisface cualquier necesidad, en
la medida en que puede ser cambiado por el objeto de cualquier nece-
sidad, con entera indiferencia respecto de su particularidad. La mercan-
cía posee esta cualidad sólo mediante el dinero. El dinero posee esta
cualidad directamente frente a todas las mercancías, y, por lo tanto,
frente a todo el mundo de la riqueza, frente a la riqueza en cuanto tal.
En el dinero la riqueza en general no es sólo una forma, sino el conteni-
do mismo. El concepto de riqueza, por así decirlo, ha sido realizado,
individualizado en un objeto particular. En la mercancía particular, en
la medida** en que ella es precio, la riqueza está puesta sólo como
forma ideal, que todavía no ha sido realizada; en la medida en que
la mercancía tiene un determinado valor de uso, representa un lado
completamente aislado de la riqueza. En el dinero, por el contrario,

1% Cfr. Boisguillebert, Dissertation, etc., pág. 399.

*50 Aquí comienza la página 1 del Cuaderno II, titulado: El capítulo del

dinero (continuación). En la parte superior derecha está escrito además (Excedente,
Acumulación).


es realizado el precio, y la sustancia del mismo es la misma riqueza,
tanto en su abstracción de sus formas de existencias particulares,
como en su totalidad. El valor de cambio constituye la sustancia
del dinero, y el valor de cambio es la riqueza. El dinero es, por
lo tanto, la forma encarnada de la riqueza frente a todas las sus-
tancias particulares, de las que ella se compone. En consecuencia,
si, por una parte, en el dinero, en la medida en que es considerado
para sí mismo, se identifica la forma y el contenido de la riqueza,
por otra parte, el dinero es por oposición a todas las demás mer-
cancías la forma general de la riqueza, constituyendo su sustancia la
totalidad de estas particularidades. Si el dinero, de acuerdo con la pri-
mera determinación, es la riqueza misma, de acuerdo con la segunda es
el representante material general de la misma. En el mismo dinero
existe esta totalidad como síntesis ideal de las mercancías. La riqueza
(valor de cambio en cuanto totalidad y en cuanto abstracción) sólo
existe, por lo tanto, con exclusión de todas las demás mercancías, indi-
vidualizada en cuanto tal, en el oro y en la plata, en cuanto objeto in-
dividual tangible. El dinero es, por lo tanto, el dios entre las mer-
cancías.

En cuanto objeto aislado tangible, el dinero puede ser casualmente
buscado, encontrado, robado, descubierto, y la riqueza general puede
entrar tangiblemente en la posesión de un individuo. De su forma de
servidumbre, en la que se presenta como simple medio de circulación,
pasa a ser súbitamente dios y señor en el mundo de las mercancías. Él
representa la existencia celestial de la mercancía, mientras que ella re-
presenta la existencia terrenal del dinero. Cada forma de la riqueza
natural, antes de ser transformada mediante el valor de cambio, presu-
pone una relación esencial del individuo con su objeto, de forma tal que,
por una parte, él mismo se objetiva en la cosa, mientras que, por otra,
su posesión de la cosa se presenta simultáneamente como un determinado
desarrollo de su individualidad; la riqueza en la forma de ovejas presu-
pone el desarrollo del individuo como pastor; la riqueza en la forma
de grano, su desarrollo como agricultor, etc. El dinero, por el contrario,
en cuanto individuo de la riqueza general, que procede de la circula-
ción, y sólo representa lo general, en cuanto que es exclusivamente re-
sultado social, no presupone ninguna relación individual con su posee-
dor; su posesión no es el desarrollo de ninguna de las partes esenciales
de su individualidad, sino más bien la posesión de lo que está falto
de individualidad, ya que esta relación social existe al mismo tiempo
como objeto sensible y externo, que uno puede apropiarse mecánica-
mente, pero que igualmente puede perder.


Su relación con el individuo se presenta, por lo tanto, como una re-
lación puramente accidental; ahora bien, esta relación con una cosa
que no tiene nada que ver con su individualidad le da al mismo tiem-
po, por el carácter mismo de esta cosa, el dominio general sobre la so-
ciedad, sobre todo el mundo de los placeres, de los trabajos, etc. Sería
lo mismo que si, por ejemplo, el hallazgo de una piedra me procurara,
de forma completamente independiente de mi individualidad, la po-
sesión de todas las ciencias. La posesión del dinero me coloca en rela-
ción con la riqueza (la riqueza social) en la misma relación en la que
me colocaría la piedra de la sabiduría en relación con las ciencias.

El dinero no es, por lo tanto, un objeto del ansia de enriquecimien-
to, sino que es el objeto de la misma. Este ansia es esencialmente auri
sacra fames. El ansia de enriquecimiento, en cuanto tal, como una for-
ma especial del deseo, es decir, como forma diferente del ansia por la
riqueza particular, es decir, del ansia, por ejemplo, por trajes, armas,
joyas, mujeres, vinos, etc., sólo es posible en la medida en que la ri-
queza general, la riqueza en cuanto tal, está individualizada en una
cosa particular, es decir, en la medida en que el dinero ha sido puesto
en su tercera determinación. El dinero, por lo tanto, no es sólo el objeto,
sino la fuente al mismo tiempo del ansia de enriquecimiento. El ansia
de poseer es posible sin dinero; el ansia de enriquecimiento es el pro-
ducto de un desarrollo social, no es algo natural por oposición a lo
histórico. De ahí las lamentaciones de los antiguos sobre el dinero como
fuente de todo lo malo. La sensualidad en su forma general y la avaricia
son las dos formas particulares del ansia de dinero. La sensualidad abs-
tracta presupone un objeto que contenga la posibilidad de todos los
placeres. La sensualidad abstracta la realiza el dinero en la determina-
ción en la que él es el representante material de la riqueza; el dinero
realiza a la avaricia, en la medida en que él solamente es la forma gene-
ral de la riqueza frente a las mercancías como sus sustancias particula-
res. Para conservar el dinero en cuanto tal, para satisfacer la necesidad
de la codicia de dinero en cuanto tal, la avaricia tiene que sacrificar
y renunciar a toda relación con los objetos de las necesidades particula-
res. La codicia de dinero o el ansia de riqueza significa necesariamente
la destrucción de la comunidad antigua. De ahí la oposición contra ella.
El dinero mismo es la comunidad y no puede soportar ninguna otra por
encima de él. Esto, sin embargo, presupone el desarrollo completo de
los valores de cambio, es decir, de una organización de la sociedad co-
rrespondiente a este desarrollo. Entre los antiguos el valor de cambio no
era el nexus rerum; así aparece solamente en los pueblos comerciantes,
que sólo se dedicaban al comercio itinerante, pero que no producían


por sí mismos. Al menos esto era algo secundario entre los fenicios, car-
tagineses, etc. Ellos podían vivir en los intersticios del viejo mundo, tan
bien como los judíos en Polonia o en la Edad Media. Más aún, este
mundo mismo era el presupuesto de estos pueblos comerciantes. Ellos
perecen cada vez que entran en conflicto serio con las comunidades an-
tiguas. Entre los romanos, griegos, etc., el dinero aparece de forma
completamente natural en sus dos primeras determinaciones, como me-
dida y como medio de circulación, en ambas no muy desarrollado. Pero
apenas se desarrolla su comercio, etc., o apenas, como ocurrió entre
los romanos, la conquista les aporta grandes cantidades de dinero, el
dinero se presenta súbitamente en un cierto estadio de su desarrollo
económico en su tercera determinación, y cuanto más se desarrolla en
esta determinación, tanto más se acelera la destrucción de su comuni-
dad. Para actuar de forma productiva, el dinero, en su tercera determi-
nación, tiene que ser, como ya hemos visto, no sólo presupuesto, sino
también resultado de la circulación, y en cuanto presupuesto tiene que
ser un momento de la misma, una de sus leyes. Entre los romanos, por
ejemplo, entre los que el dinero fue robado de todas las partes del
mundo, éste no era el caso. En la determinación simple del dinero está
implícito que él, en cuanto momento desarrollado de la producción, sólo
puede existir donde existe el trabajo asalariado; que el dinero, por lo
tanto, lejos de disolver la forma social, es más bien una condición de
su desarrollo, y una rueda motriz para el desarrollo de las fuerzas produc-
tivas, materiales y espirituales. Un individuo puede llegar hoy casual-
mente a adquirir dinero, y su posesión puede actuar sobre él de forma
tan disolvente como actuó sobre la comunidad antigua. Pero la disolu-
ción de este último en la sociedad moderna es solamente el enriqueci-
miento de la parte productiva de esta última4El poseedor de dinero, en
el sentido antiguo, es disuelto en el proceso industrial, al cual, quiera o
no quiera, él sirve. La disolución afecta solamente a su persona. Como
representante material de la riqueza general, como valor de cambio in-
dividualizado, el dinero tiene que ser inmediatamente objeto, fin y pro-
ducto del trabajo general, del trabajo de todos los individuos. El trabajo
tiene que producir inmediatamente valor de cambio, es decir, dinero.
Tiene, por lo tanto, que ser trabajo asalariado. El ansia de riqueza, en
cuanto impulso de todos los individuos, en la medida en que cada uno
quiere producir dinero, solamente crea la riqueza general. El ansia ge-
neral de riqueza sólo puede convertirse de esta forma en la fuente de
la riqueza general, que se engendra a sí misma constantemente de nue-
vo. En la medida en que la finalidad del trabajo, del trabajo asalariado,
es inmediatamente el dinero, la riqueza general se pone como su


objeto y finalidad. (Habrá que hablar, en relación con esto, de la cobe-
sión del ejército antiguo apenas se convierte en ejército mercenario.) *
El dinero como fin se convierte en el instrumento de la laboriosidad ge-
neral. La riqueza general es producida para apoderarse de su represen-
tante. Así son abiertas las fuentes reales de riquezas. En la medida en
que la finalidad del trabajo no es un producto que esté en una relación
particular con necesidades particulares del individuo, sino el dinero, la
riqueza en su forma general, la laboriosidad del individuo no tiene
límites; ella es indiferente frente a su particularidad, y adopta cualquier
forma que sirva a su finalidad; es ingeniosa en la creación de nuevos
objetos para la satisfacción de una necesidad social, etc. Está claro, por
lo tanto, que con el trabajo asalariado como fundamento, el dinero no
está disolviendo, sino produciendo; ahora bien, la comunidad antigua
en sí misma está en contradicción con el trabajo asalariado como fun-
damento general. La industria general sólo es posible allí donde cada
trabajo produce la riqueza general y no una determinada forma de la
misma; allí donde el salario del individuo también es dinero. De lo con-
trario, sólo son posibles formas particulares de la industria. El valor
de cambio como producto inmediato del trabajo es dinero como su pro-
ducto inmediato. El trabajo inmediato que produce el valor de cambio
en cuanto tal, es, por lo tanto, trabajo asalariado. Donde el dinero mis-
mo no es la comunidad, tiene que disolver la comunidad. El hombre
antiguo podía comprar el trabajo inmediatamente, podía comprar un
esclavo; pero el esclavo no podía comprar con su trabajo dinero. El
aumento de dinero podía hacer aumentar el precio del esclavo, pero
no podía hacer su trabajo más productivo. La esclavitud de negros —una
esclavitud puramente industrial —, que es incompatible y desaparece
con el desarrollo de la sociedad burguesa, presupone a esta última, y si
no existieran otros estados libres con trabajo asalariado junto a ella,
sino que ella estuviera aislada, todas las condiciones sociales en los
estados con esclavos negros se transformarían inmediatamente en for-
mas de sociedad precivilizadas.

El dinero, en cuanto valor de cambio individualizado, y, en conse-
cuencia, en cuanto riqueza encarnada, ha sido el objeto de investiga-
ción de la alquimia; él figura en esta determinación en el monetarismo
(mercantilismo)*" El período previo al desarrollo de la moderna so-
ciedad industrial se abre con la codicia general del dinero tanto de los
individuos, como de los estados. El desarrollo real de las fuentes de

*5l  «Merkantil» está escrito sobre «Monetarsystem».


riqueza se produce al mismo tiempo a sus espaldas, como medio de apo-
derarse del representante de la riqueza. Cuando no procede de la circu-
lación —<como en España—, sino que es encontrada por las buenas,
empobrece a la nación, mientras que las naciones que tienen que tra-
bajar para obtener el dinero de los españoles desarrollan las fuentes
de riqueza y se enriquecen realmente. El hallazgo y descubrimiento de
oro en nuevas partes y países del mundo juega un papel muy importan-
te en la historia de la revolución,*** porque la colonización aquí es im-
provisada y crece como planta de invernadero. La caza de oro en to-
dos los países conduce a su descubrimiento; a la creación de nuevos
estados; y sobre todo a la ampliación de las mercancías, que al entrar
en la circulación, introducen nuevas necesidades y arrastran a partes
alejadas de la Tierra en el proceso de cambio y de intercambio de mate-
rias. Desde este punto de vista, por lo tanto, el dinero, como represen-
tante general de la riqueza, como valor de cambio individualizado, fue
un doble instrumento, tanto para ampliar la riqueza a su universalidad
y para extender las dimensiones del cambio sobre toda la Tierra, como
para crear la generalidad del valor de cambio tanto material como espa-
cialmente. Está implícito en el dinero, en la determinación en la que es
desarrollado aquí, el que la ilusión sobre su naturaleza, es decir, el
aferrarse a una de sus determinaciones en su abstracción, sin tomar
en consideración las contradicciones contenidas en ella, le da al dinero
ese significado realmente mágico, a espalda de los individuos. En rea-
lidad, mediante esta determinación contradictoria consigo mismo, y, por
lo tanto, ilusoria, es decir, mediante esta abstracción, el dinero se con-
vierte en un instrumento enorme** en el desarrollo real de las fuerzas
productivas sociales.

El presupuesto elemental de la sociedad burguesa es que el trabajo
produce inmediatamente el valor de cambio, es decir, el dinero; y que
el dinero compra asimismo el trabajo de forma inmediata, y, por lo
tanto, al trabajador, sólo en la medida en que éste vende su actividad
en el cambio. Trabajo asalariado por un lado, capital por otro, son,
por lo tanto, otras formas del valor de cambio desarrollado y del dine-
ro como su encarnación. El dinero es inmediatamente de esta forma la
comunidad real, ya que es al mismo tiempo la sustancia general de la
existencia de todos, y el producto común de todos. Pero en el dinero,

*sb Corrección importante de NMEGA. Anteriormente se leyó aquí “Revalua-

tion” en vez de 'Revolution'.
*52 En el margen superior de esta página está escrito: (trueque, venta, co-
mercio) tres estadios del cambio (Steuart).


como ya hemos visto, la comunidad es al mismo tiempo mera abstrac-
ción, cosa externa y casual para el individuo, y puro medio de su satis-
facción como individuo aislado. La comunidad antigua presupone una
relación completamente diferente del individuo consigo mismo. Por eso
el desarrollo del dinero en su tercera determinación rompe la comuni-
dad antigua. Cada producción es una objetivación del individuo. Pero
en el dinero (valor de cambio) la objetivación del individuo no es la
de su determinación natural, sino la objetivación del individuo colocado
en su determinación social (relación) que le es al mismo tiempo extraña.

### Moneda y moneda mundial. Articulación del sistema
de la economía burguesa. Representante material
y forma general de la riqueza. Acumulación del
dinero. (Atesoramiento)

El dinero puesto en la forma de medio de circulación es moneda. En
cuanto moneda ha perdido su valor de uso; su valor de uso coincide
con su determinación como medio de circulación. Tiene, por ejemplo,
que ser refundido, para poder servir como dinero en cuanto tal.
Tiene que ser desmonetizado. Como moneda es solamente un signo
indicativo, indiferente frente a su material. Pero como moneda pierde
su carácter universal, adopta un carácter nacional, local. Se escinde en
monedas de diversas clases, según el material de que se compone, oro,
cobre, plata, etc. Obtiene un título político, y habla, por así decirlo,
una lengua distinta en los distintos países. Finalmente, en el mismo
país, recibe diversas denominaciones, etc. El dinero, por lo tanto, en
la tercera determinación, en cuanto ente independiente que sale de la
circulación y se opone a la misma, niega, en consecuencia, su carácter
de moneda. Se presenta de nuevo como oro y plata, tanto si es refun-
dido en ellos, como si es valorado según su parte de peso en oro y
plata. Pierde de nuevo su carácter nacional y sirve como medio de cam-
bio entre las naciones, como medio de cambio universal, pero no como
signo indicativo, sino como determinada cantidad de oro y plata. En el
sistema de cambio internacional más desarrollado, el oro y la plata se
presentan, por lo tanto, en la misma forma en la que ya desempeñaban
un papel en el cambio primitivo. El oro y la plata, como el cambio mis-
mo, aparecen originariamente, como ya se ha observado, no dentro del
círculo de una comunidad, sino donde ella deja de existir, en sus fron-
teras; en los puntos poco numerosos de su contacto con comunidades
extranjeras. Ellos aparecen ahora como la mercancía en cuanto tal, como
la mercancía universal, que en todos los lugares conserva su carácter


como mercancía. Según esta determinación formal, ellos valen uniforme-
mente en todos los lugares. Sólo así son los representantes materiales
de la riqueza general. En el sistema mercantilista el oro y la plata va-
len, por lo tanto, como medida del poder de las distintas comunidades.
«Tan pronto como los metales preciosos se convierten en objeto del
comercio, en un equivalente universal de todas las cosas, ellos se con-
vierten también en medida del poder entre las naciones. De ahí el siste-
ma mercantilista» (Steuart). A pesar de que ahora los economistas mo-
dernos consideran al mercantilismo como algo completamente superado,
en los períodos de crisis general el oro y la plata aparecen en esta
determinación, en el año 1857 como en el año 1600. En este carácter el
oro y la plata juegan un papel importante en la creación del mercado mun-
dial. Así, por ejemplo, la circulación de la plata americana del Oeste
hacia el Este, o el vínculo metálico entre América y Europa por un lado,
y con Asia por el otro, desde el comienzo de la época moderna. En las
comunidades primitivas, este comercio con oro y plata tenía una impor-
tancia reducida, relacionada con el excedente de la comunidad, como
todo el cambio. Pero en el comercio desarrollado, el oro y la plata
están puestos como un momento que está esencialmente conectado con
la producción en su totalidad, etc. Ya no se presentan como medio para
el cambio del excedente, sino como medio de saldar el excedente en el
proceso global del cambio internacional de mercancías. Son monedas
sólo en cuanto moneda mundial. Pero en cuanto moneda mundial, el
oro y la plata son esencialmente indiferentes a su determinación formal
como medio de circulación, mientras que su material lo es todo. En
cuanto forma el oro y la plata continúan siendo en esta determinación
la mercancía presente en todos los lugares, la mercancía en cuanto tal.

(En este primer apartado, en el que han sido considerados valores
de cambio, dinero, precios, las mercancías aparecen siempre como
mercancías existentes. La determinación formal es simple. Nosotros sa-
bemos que ellas expresan las determinaciones de la producción social,
pero que esta misma es el presupuesto de ellas. Pero ellas no están
puestas en esta determinación. Y así, en realidad, el primer cambio
se presenta solamente como cambio del excedente, que no abarca y
determina la totalidad de la producción. Es el excedente existente de
la producción global, que está fuera del mundo de los valores de cam-
bio. Y así también en la sociedad desarrollada, ésta se presenta también
en la superficie como un mundo inmediatamente existente de mercan-
cías. Pero esta suma de mercancías, mediante sí misma, reenvía por en-
cima de sí misma a las relaciones económicas, que están puestas como
relaciones de producción. La articulación interna de la producción cons-


tituye, por lo tanto, el segundo apartado; su resumen en el estado, el
tercero; las relaciones internacionales, el cuarto; el mercado mundial,
el último, en el que la producción es colocada en su totalidad, así como
en cada uno de sus momentos; pero en el que al mismo tiempo todas
las contradicciones entran en el proceso. El mercado mundial constitu-
ye, pues, el presupuesto y el soporte de todo. Las crisis son entonces
la superación general del presupuesto y el impulso para la adopción de
una nueva forma histórica.) «La cantidad de bienes y la cantidad de
dinero puede continuar siendo la misma, y los precios pueden, sin em-
bargo, subir o bajar.» (Mediante un aumento de gastos, por ejemplo,
de los monied capitalists, de los receptores de renta agrícola, funciona-
rios, etc. Malthus, X, 43.)%

El dinero, como ya hemos visto, en cuanto ente independiente que
sale de la circulación y se enfrenta a ella, es la negación (unidad ne-
gativa) de su determinación como medio de circulación y como medi-
da.** Hasta el momento hemos desarrollado los siguientes puntos:

Primero. El dinero es la negación del medio de circulación, en
cuanto tal, de la moneda. Pero él la contiene al mismo tiempo como su
determinación, negativamente, en cuanto que puede ser transformado
constantemente en moneda; positivamente en cuanto moneda mundial;
pero en cuanto tal es indiferente a la determinación formal, y es esen-
cialmente mercancía en cuanto tal, mercancía omnipresente, no deter-
minada espacialmente. Esta indiferencia se expresa de doble manera: por
una parte, se expresa, en que ahora el dinero es dinero sólo en cuanto
oro y plata, es decir, no como signo indicativo, no con la forma de
moneda. Por lo tanto, la forma que el estado le da al dinero en la mo-

155 Cfr. Thomas RoBeERT MALTHUS, Principles of Political Economy, etc.
London 1836, pág. 391. Nota del editor Willian Otter, obispo de Chichester. La
indicación de la fuente se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

*53 En la medida en que el dinero es medio de circulación, «la cantidad del
mismo que circula no puede ser nunca utilizada individualmente; tiene que
circular siempre (Storch). El individuo sólo puede utilizar el dinero en la
medida en que lo enajena, en que lo coloca como ser para otro, en su determina-
ción social. Esto, como observa Storch de forma correcta, es un motivo por el
que la materia del dinero «no puede ser imprescindible para la existencia del
hombre»! como, por ejemplo, las pieles, la sal, etc., que sirven como dinero
en muchos pueblos. Pues la cantidad del mismo que se encuentra en circulación

155 Cfr. Srorcu, Cours d'Économie Politique, etc. Tome II, págs. 113-114.
17 Cfr. SrorcH, Cours d'Économie Politique, etc. Tome II, pág. 113.


neda no tiene ningún valor, sino que sólo tiene valor su contenido
metálico. Incluso en el comercio interno, sólo tienen valor temporal,
local, «porque el dinero no le es más útil a aquel que lo posee, que a
aquel que posee las mercancías que han de ser compradas». Cuanto
más condicionado está el comercio interno por el comercio exterior, tan-
to más desaparece el valor de esta fagon: no existe en el cambio privado,
sino que aparece sólo como impuesto. En segundo lugar: en cuanto
mercancía general, en cuanto moneda mundial, no es necesario, la vuelta
del oro y la plata al punto de partida, no es necesaria, en general, la
circulación en cuanto tal. Ejemplo: Asia y Europa. De ahí las lamenta-
ciones de los partidarios del sistema monetario, de que el dinero desa-
parece en las estepas y no regresa. (Ver Misselden, alrededor del 1600.)*
Cuanto más condicionada y aprehendida está la circulación externa por
la interna, tanto más entra la moneda mundial en circulación (rota-
ción). Este estadio superior no nos interesa todavía y no entra en la
relación simple, que aquí estamos considerando.

Segundo. El dinero es negación de sí en cuanto mera realización
de los precios de las mercancías, en la cual la mercancía particular
continúa siendo el elemento esencial. El dinero se convierte más bien
en el precio realizado en sí mismo, y, en cuanto tal, en el representante
material de la riqueza, o en la forma general de la riqueza frente a
todas las mercancías, que sólo son formas particulares de esta riqueza;
pero

Tercero. El dinero es también negado en la determinación en la
que sólo es medida de los valores de cambio. Como forma general de
la riqueza y como su representante material, el dinero no es ya la

se pierde para el consumo. De ahí, en primer lugar, que los metales en general
sean preferibles como dinero a las demás mercancías, y en segundo lugar, que sean
preferibles a su vez los metales nobles a aquellos que sirven como instrumentos
de la producción. Storch expresa esto de una forma que es característica de
los economistas: la materia del dinero tiene que «tener valor directamente, pero
basado sobre un besoin factie»'B (necesidad artificial). El economista llama ne-
cesidad artificial, en primer lugar, la que procede de la existencia social del
individuo; en segundo lugar, las que no emanan de su existencia desnuda como
objeto natural. Esto muestra la pobreza interna y desesperada que constituye el
fundamento de la riqueza burguesa y de su ciencia. <Puesto por Marx entre
corchetes.)

188. Cfr. Srorcu, Cours d'Économie Politique, etc. Tome II, pág. 114.

189 Cfr. SrorcH, Cours d'Économie Politique, etc. Tome II, pág. 175.

16 Cfr. Edward MISSELDEN, Free Trade, Or, The Meanes to Make Trade
Florish, etc. London 1622, págs. 19-24,


medida ideal de las mercancías, de los valores de cambio. Pues el
dinero mismo es la realidad adecuada del valor de cambio, y es esta
realidad en su existencia metálica. La determinación de la medida
tiene que estar colocada en él mismo. El dinero es su propia unidad
y la medida de su valor, la medida de sí mismo como riqueza, como
valor de cambio; es la cantidad, que él representa de sí mismo. Él es
la cantidad numérica de una cantidad de sí mismo, que sirve como uni-
dad. Como medida, su cantidad numérica era indiferente; como medio de
circulación, su materialidad, la materia de su unidad, era indiferente;
como dinero en esta tercera determinación, la cantidad numérica de sí
mismo como una determinada cantidad material es esencial. Presupuesta
su cualidad como riqueza general, no hay ninguna diferencia más en él
que la cuantitativa. El dinero representa un más o un menos de la ri-
queza general, según que sea poseído, en cuanto determinada cantidad
de ésta, en cantidad mayor o menor. Si el dinero es la riqueza general,
uno es tanto más rico cuanto más dinero posee, y el único proceso im-
portante es la acumulación del mismo, tanto para los individuos como
para las naciones. De acuerdo con su determinación, el dinero se pre-
senta aquí como dinero que sale de la circulación. Este sustraerse a la
circulación y esta acumulación del mismo se presenta ahora como el
objeto esencial del ansia de enriquecimiento y como el proceso esencial
de enriquecimiento. En el oro y la plata yo poseo la riqueza general en
su forma pura, y cuanto más oro y plata acumulo, tanto mayor es la
parte que me apropio de la riqueza general. Si el oro y la plata repre-
sentan la riqueza general, así, en cuanto cantidades determinadas, ellos
la representan en un grado determinado que es capaz de extensión
hasta el infinito. Esta acumulación de oro y plata, que se presenta como
una sustracción repetida de los mismos a la circulación, es al mismo
tiempo poner en seguridad la riqueza general frente a la circulación,”
en la cual la riqueza siempre se pierde en el cambio con una mercancía
particular, que finalmente desaparece en el consumo.

En todos los pueblos antiguos la acumulación de oro y plata se
presenta originariamente como un privilegio sacerdotal o real, ya que
el dios y rey de las mercancías sólo corresponde a los dioses o los reyes.
Solamente ellos merecen poseer la riqueza en cuanto tal. Esta acumu-
lación sirve, pues, como exposición del excedente, es decir, de la riqueza
como una cosa extraordinaria, festiva; como regalo para los templos
y sus dioses; como objetos de arte público; finalmente, como medio

161 Cfr. Francois BERNIER, Voyages contenant la description des états du
Grand Mogol, etc. Paris 1830, T. I, pág. 314.


seguro de compra en el caso de una necesidad extraordinaria, para
compra de armas, etc. Entre los antiguos la acumulación se convierte
más tarde en una política. El tesoro público como fondo de reserva
y el templo son los bancos primitivos, donde es conservado lo más
sagrado de todas las cosas. La acumulación y el almacenamiento alcan-
zan un último desarrollo en los bancos modernos; pero aquí con una
determinación más desarrollada; por otra parte, entre los individuos,
el almacenamiento de oro y plata, en cuanto que significa poner en
seguridad la riqueza en su forma pura frente a las vicisitudes del mundo
exterior, adopta la forma de enterramiento de estos metales; en pocas
palabras, el oro y la plata entran en una relación completamente secreta
con el individuo. Esto ocurre todavía en una escala histórica mayor
en Asia. Se repite en todos los pánicos, guerras, etc., en la sociedad
burguesa, que vuelve a caer en un estado bárbaro. Lo mismo se puede
decir de la acumulación de oro, etc., como objeto de adorno y osten-
tación entre los pueblos semibárbaros. Pero una parte mucho mayor
y siempre creciente del mismo es sustraída a la circulación como objeto
de lujo en la sociedad burguesa más desarrollada (ver Jacob,* etc.).
Como representante de la riqueza general es precisamente la conserva-
ción del mismo, sin darlo a la circulación, sin utilizarlo para la satis-
facción de necesidades particulares, la prueba de la riqueza de los
irrdividuos, y en la misma medida en que el dinero se desarrolla en
sus distintas determinaciones, es decir, en la medida en que la riqueza
en cuanto tal deviene la medida general del valor del individuo, se
desarrolla el impulso a la ostentación de la misma, es decir, se desa-
rrolla la exhibición de oro y plata como representantes de la riqueza, de
la misma forma que el señor de Rothschild, según creo, ha hecho en-
marcar y colgar como su escudo dos billetes de 100.000 libras cruzados.
La ostentación bárbara de oro, etc. sólo era una ostentación más in-
genua que la moderna, ya que estaba menos ligada al oro como dinero.
Aquí se trata todavía del simble brillo del mismo. Allí del efecto reflejo.
Lo principal, sin embargo, reside en que no es utilizado como dinero;
la forma opuesta a la circulación es aquí lo importante.

La acumulación de todas las demás mercancías no se produce tan
pronto como la de oro y plata: 1) a causa de su carácter efímero. Los
metales representan en sí mismos lo duradero frente a las demás
mercancías; también es acumulado preferentemente por su gran escasez
y su carácter excepcional como instrumento de producción par exce-

182 Cfr. Jaco, An Historical Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 271-323.



llence. Los metales nobles, en cuanto que no se oxidan al contacto con
el aire, son menos efímeros que los metales no nobles. Lo que en las
otras mercancías se pierde es precisamente su forma; pero esta forma
es la que les da el valor de cambio, mientras que su valor de uso
consiste en la negación de esa forma, en el consumo. El dinero, por
el contrario, es en su sustancia, en su materialidad, en la forma misma,
en la que representa la riqueza. Si el dinero se presenta como la mer-
cancía general en todos los lugares, es decir, según una determinación
espacial, así ocurre también según la determinación temporal. Él se
conserva como riqueza en todos los tiempos. Duración específica del
mismo. Él es el tesoro que no es devorado por la polilla ni por el
orín.'* Todas las mercancías son dinero efímero; el dinero es la mercan-
cía imperecedera. El dinero es la mercancía omnipresente; la mer-
cancía sólo es dinero local. Pero la acumulación es esencialmente un
proceso que se desarrolla en el tiempo. Desde este punto de vista,
dice Petty:

«El efecto mayor y último del comercio no es la riqueza en general,
sino preferentemente la abundancia de plata, oro y joyas, que no son
perecederas, ni cambian como las demás mercancías, sino que son
riqueza en todos los tiempos y en todos los lugares. La abundancia de
vino, grano, aves, carnes, etc., es riqueza, pero hic et nunc... Así la
producción de tales mercancías y las consecuencias de aquel comercio
que provee a un país de oro y plata son más ventajosos que las
demás» (pág. 3). «Si es tomado dinero mediante impuesto de alguien,
que lo gasta en comer o en beber, y es dado a alguien, que lo utili-
za en el mejoramiento del campo, en la pesca, en el trabajo en las minas,
en fábricas, o incluso en trajes, existe siempre un beneficio para la
comunidad; pues ni los trajes son tan perecederos como las comi-
das; cuando se utiliza para el arrendamiento de edificios, el bene-
ficio es un poco mayor; si se utiliza para la construcción de casas, el
beneficio es aún mayor; en la mejora del campo, trabajos de minas,
pesca, el beneficio es todavía mayor; el beneficio máximo se obtiene
cuando se utiliza para traer oro y plata al país, porque estas cosas son
las únicas que no son perecederas, sino que son valoradas como riqueza
en todos los tiempos y lugares» (pág. 5).'* Esto lo dice un escritor del
siglo XVII. Puede verse cómo la acumulación de oro y plata recibe el

1688 Cfr. Nuevo Testamento, Mat. 6, 19-20.

164 Cfr. Perry, Political Arithmetick, etc., págs. 195-196. La indicación de
página se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

165 Cfr. Perry, Political Arithmetick, etc., págs. 195-196.


estímulo auténtico de su concepción como representante material y for-
ma general de la riqueza. El culto del dinero tiene su ascetismo, su
abstinencia, su autosacrificio —la economía, la frugalidad, el desprecio
de los goces de este mundo, temporales y efímeros; la persecución del
tesoro eterno—. De ahí la conexión del puritanismo inglés, o incluso
del protestantismo holandés, con el hacer dinero. Un escritor del comien-
zo del siglo xvi (Misselden) expresa la cuestión en toda su pureza:

«La materia natural del comercio es la mercancía, la materia artifi-
cial es el dinero. Aunque el dinero en la naturaleza y en el tiempo viene
después de la mercancía, se ha convertido, en su uso actual, en la cosa
principal.»'* Él compara esto con los dos hijos de Jacob, que pone su
mano diestra sobre el más joven y la izquierda sobre el mayor (pág. 24).””
«Nosotros consumimos una cantidad demasiado grande de vino de Es-
paña, Francia, Rhin, Levante, de las islas; las pasas de España y de
Levante, las batistas de Henault y de los Países Bajos, los trajes de seda
de Italia, el azúcar y el tabaco de las Indias Occidentales, las espe-
cias de las Islas Orientales; todo esto no es necesario y, sin embargo,
es comprado con dinero duro... Si se vendieran menos productos ex-
tranjeros y más nacionales, el excedente en oro y plata vendría a noso-
tros como tesoro» (loc. cit.).'* Los economistas modernos se ríen natu-
ralmente de estos argumentos en la parte general de la economía. Pero
si se considera la ansiedad que se manifiesta en la doctrina del dinero
en particular, y el temor febril con que es observado en la práctica el
flujo y reflujo del oro y la plata en los momentos de crisis, se ve que
el dinero, en la determinación en la que lo aprehendieron con ingenua
unilateralidad los partidarios del sistema monetario y del mercantilismo,
conserva todavía su derecho, no sólo idealmente, sino como categoría
económica real.

La antítesis que representa las necesidades de la producción frente
a la supremacía del dinero se expone de la forma más convincente
por Boisguillebert (ver los pasajes más notables en mi cuaderno).

165 Cfr. Misselden, Free Trade, etc., pág. 7.

.167 Cfr. Misselden, Free Trade, etc., pág. 7. La indicación de página se refie-
re al propio cuaderno de extractos de Marx.

168 Cfr. MISSELDEN, Free Trade, etc., págs. 12-13. La indicación de página se
refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.


### Atesoramiento y acumulación de capital.
Articulación del capítulo sobre el dinero.
Transformación de la ley de la apropiación

2) La acumulación de otras mercancías, independientemente de su ca-
rácter perecedero, es esencialmente diferente en un doble sentido de
la acumulación de oro y plata. Por una parte, la acumulación de otras
mercancías no tiene el carácter de acumulación de riqueza en general,
sino de riqueza particular, y es, por lo tanto, ella misma un acto de
producción particular, que no tiene nada que ver con la simple acumu-
lación. Almacenar cereales requiere instalaciones especiales, etc.; la
acumulación de ovejas no significa convertirse en pastor; la acumula-
ción de esclavos o de tierras requiere las relaciones de señorío y servi-
dumbre, etc. Todo esto requiere, por lo tanto, relaciones determinadas
y actos diferentes de la simple acumulación, del simple aumento en
cuanto tal de la riqueza. Por otra parte, para realizar ahora la mer-
cancía acumulada como riqueza general, para apropiarme la riqueza en
todas sus formas particulares, tengo que comerciar con la mercancía
particular que he acumulado: comercio de grano, comercio de vacas,
etcétera. De todo esto me libera el dinero en cuanto representante ge-
neral de la riqueza.

La acumulación de oro y plata, de dinero, es la primera forma de
manifestación histórica de la acumulación de capital y el primer gran
instrumento del mismo. Pero en cuanto tal ella no es todavía acumula-
ción de capital. Para esto sería necesario la reincorporación del capi-
tal acumulado a la circulación, en cuanto momento e instrumento de la
acumulación.

El dinero en su determinación última y completa se presenta ahora
desde todos los puntos de vista como una contradicción, que se di-
suelve en sí misma, que empuja hacia su propia disolución. En cuanto
forma general de la riqueza tiene frente a sí al mundo completo de las
riquezas reales. Él es la abstracción pura de las mismas; de ahí que,
fijado en esta forma, sea una pura imaginación. Allí donde la riqueza
parece existir en su forma completamente material y aprehensible en
cuanto tal, su existencia tiene lugar solamente en mi cabeza, es una
pura fantasmagoría. Midas. Por otra parte, en cuanto representante ma-
terial de la riqueza general, el dinero sólo se realiza en la medida en
que es arrojado de nuevo a la circulación, y desaparece en las formas
particulares e individuales de la riqueza. En la circulación el dinero
permanece como instrumento de la circulación; pero para el individuo


que acumula, el dinero se pierde, y esta desaparición del dinero es la
única forma posible de asegurarlo como riqueza. La disolución de lo
acumulado en goces parciales es su realización. El dinero puede ser aho-
ra acumulado por otros individuos, pero entonces comienza el mismo
proceso de nuevo. Yo sólo puedo poner realmente su ser para mí en
la medida en que lo cedo a otro en cuanto mero ser. Si lo quiero conser-
var, se me evapora entre las manos en un mero fantasma de la riqueza
real. Más aún: el aumento del mismo mediante la acumulación, ya
que su propia cantidad es la medida de su valor, se manifiesta como
una falsedad. Si las otras riquezas no son acumuladas, el dinero mismo
pierde su valor en la medida en que es acumulado. Lo que se presenta
como su aumento es, en realidad, su disminución. Su autonomía es sólo
una apariencia; su independencia de la circulación consiste solamente
en su referencia a la misma, en su dependencia de la misma. El dinero
pretende ser una mercancía general, pero, a causa de su particularidad
natural, es una mercancía particular, cuyo valor depende de la oferta
y la demanda, y cambia con los cambios en sus costes de producción
específicos. Y puesto que él mismo se encarna en oro y plata, en toda
forma real deviene unilateral; así, si una de las partes se presenta como
dinero, la otra lo hace como mercancía particular, y viceversa, y así
también cada una de las partes se manifiesta en ambas determinaciones.
En cuanto lo seguro en absoluto, en cuanto riqueza completamente in-
dependiente de mi individualidad, el dinero es al mismo tiempo lo
inseguro en absoluto, algo completamente externo a mí, de lo que puedo
ser separado por cualquier accidente. Lo mismo se puede decir de las
determinaciones completamente contradictorias del dinero, en cuanto
medida, medio de circulación y dinero en cuanto tal. Finalmente, en la
última determinación se contradice consigo mismo, porque debe repre-
sentar el valor en cuanto tal, pero, en realidad, representa solamente
una cantidad idéntica de valor variable. El dinero, por lo tanto, se niega
a sí mismo en cuanto valor de cambio completo.

Como simple medida el dinero es negado en sí mismo en cuanto me-
dio de circulación; como medio de circulación y como medida es negado
en sí mismo en cuanto dinero. La negación de sí mismo en su tercera
determinación es, por lo tanto, la negación de sí mismo en sus dos de-
terminaciones previas. Negado en cuanto simple forma general de la
riqueza, el dinero tiene, por lo tanto, que realizarse en las sustancias
particulares de la riqueza real; pero en la medida en que él mismo se
confirma realmente como representante material de la totalidad de la
riqueza, tiene que mantenerse al mismo tiempo como la forma general.
Su entrada en la circulación tiene que ser un momento de su permanen-


cia en sí mismo, y su permanencia en sí mismo una entrada en la circu-
lación. Esto quiere decir que, en cuanto valor de cambio realizado, el
dinero tiene que ser colocado al mismo tiempo como proceso en el que
el valor de cambio se realiza. El dinero es al mismo tiempo negación de
sí mismo como forma puramente objetiva, como forma externa a los
individuos y como forma accidental de la riqueza. El dinero tiene más
bien que presentarse como producción de la riqueza, y ésta tiene que
aparecer como resultado de las relaciones de los individuos entre sí en
la producción. El valor de cambio es determinado ahora como proceso,
y no como una simple cosa, para la cual la circulación es solamente un
movimiento externo, o que tiene una existencia individual en una ma-
teria particular: como una relación consigo mismo mediante el proceso
de circulación. Por otra parte, la circulación misma no es más que el
simple proceso de cambio de mercancías por dinero y dinero por mer-
cancías, es decir, no es más que el movimiento de mediación para rea-
lizar los precios de las diferentes mercancías, para equipararlas entre
sí como valores de cambio; por lo cual figuran fuera de la circulación
dos cosas: el valor de cambio presupuesto, la sustracción final de la
mercancía en el consumo, es decir, la destrucción del valor de cambio
por un lado, y la sustracción del dinero, su independización frente a su
sustancia, que es a su vez una forma diferente de su destrucción. El va-
lor de cambio mismo —y no el valor de cambio general, sino el valor
de cambio medido— en cuanto presupuesto tiene que presentarse como
puesto por la circulación, y en cuanto puesto por la circulación tiene que
presentarse como su presupuesto. El proceso de circulación tiene que pre-
sentarse simultáneamente como proceso de producción de los valores
de cambio. Se trata, por lo tanto, por un lado, de la vuelta del valor de
cambio al trabajo, y de la vuelta, por otro, del dinero al valor de cam-
bio; pero éste es ahora puesto en una determinación más profundiza-
da. En la circulación el precio determinado está presupuesto, y ella lo
pone en cuanto dinero sólo formalmente. La determinación del valor
de cambio mismo, o la medida de los precios, tiene que presentarse aho-
ra como un acto de la circulación. El valor de cambio puesto de esta
forma es el capital, y la circulación es puesta simultáneamente como
acto de la producción.

Hay que completar: en la circulación, en cuanto circulación del dine-
ro, que es como se ha presentado, la simultaneidad de ambos polos del
cambio está siempre presupuesta. Pero puede producirse una diferencia
temporal entre la existencia de las mercancías que han de ser cambia-
das. En la naturaleza de las prestaciones recíprocas puede estar implícito
el que la prestación ocurra hoy, pero que la contraprestación ocurra un


año después. «En la mayor parte de los contratos —dice Senior— sólo
una de las partes contratantes tiene la mercancía disponible y la cede; y
si el cambio debe tener lugar, tiene que cederla con la condición de
recibir el equivalente sólo en una época posterior. Puesto que el valor
de todas las cosas cambia en un determinado período de tiempo, se
toma como medio de pago la cosa cuyo valor cambia menos, y que con-
serva durante más tiempo que ninguna la capacidad media dada de ad-
quirir las cosas. Así deviene el dinero expresión o representante del
valor.»'” Según esto, la última determinación del dinero no estaría en
conexión con su determinación previa. Pero esta tesis es falsa. Sólo
cuando el dinero es puesto como representante autónomo del valor,
dejan de ser evaluados los contratos, por ejemplo, en cantidades de ce-
reales o en servicios que han de ser prestados. (Esto último, por ejem-
plo, es general en el sistema feudal.) Que el dinero posee una «capacidad
media mayor» de mantener su valor, es una reflexión del señor Senior.
La realidad es que el dinero como materia general de los contratos
(mercancía general de los contratos, dice Bailey)"” es admitido como
mercancía general, como representante de la riqueza general (dice
Storch),” como valor de cambio independiente. El dinero tiene que es-
tar ya muy desarrollado en sus dos primeras determinaciones para poder
presentarse en la tercera, en esta función general. Ahora se ve en rea-
lidad que, aunque la cantidad de dinero continúe siendo la misma, su
valor cambia: que él, en general, como cantidad determinada está so-
metido a la mutabilidad de todos los valores. Aquí se hace valer su na-
turaleza de mercancía particular contra su determinación general. Al
dinero, en cuanto medida, le es indiferente el cambio, pues «en un me-
dio variable pueden ser siempre expresadas dos relaciones distintas,
exactamente igual que en uno constante».”* Como medio de circulación,
el dinero es también indiferente al cambio, ya que su cantidad en cuanto
tal está puesta mediante su medida. Pero en cuanto dinero, tal como
aparece en los contratos, el cambio le es esencial, ya que, en general, en
esta determinación es donde se manifiestan sus contradicciones.
Hay que completar en apartados especiales:

1) El dinero como moneda. Hablar muy sumariamente sobre la

16% Cfr. SENIOR, Principes fondamentaux de l'économie politique, tirés de
legons édites et imédites. Paris 1836, págs. 116-117.

110 Cfr. SAMUEL BAILEY, Money and its Vicissitudes in Value, etc. London
1837, pág. 3.

1 Cfr. Srorcm, Cours d'Économie Politique, etc. Tome II, pág. 135.

113 Cfr. Samuel BalLeEY, Money and its Vicissitudes in Value, etc., págs. 9-11.


naturaleza del numerario; 2) información histórica sobre la procedencia
del oro y de la plata. Su descubrimiento, etc. Historia de su producción.
3) Causas de las variaciones del valor de los metales nobles, y, por
lo tanto, del dinero en metal; influencia de este cambio en la industria
y en las diferentes clases; 4) ante todo: cantidad de dinero en circula-
ción en relación con la subida y descenso de los precios (siglo XVI, si-
glo xix). Dentro de este tema hay que ver cómo es afectado el dinero
como medida por un aumento de su cantidad, etc. 5) Sobre la
circulación: velocidad, cantidad necesaria, influencia de la circula-
ción, circulación más o menos desarrollada, etc. 6) Influencia disolvente
del dinero.

(Esto bay que completarlo.) (Aquí hay que realizar las investiga-
ciones económicas específicas.)

(El peso específico del oro y de la plata, que le hace contener mu-
cho peso en un volumen relativamente pequeño, comparado con otros
metales, se repite en el mundo de los valores, de forma tal que ellos
contienen un gran valor (tiempo de trabajo) en un volumen proporcio-
nalmente pequeño. El tiempo de trabajo en ellos realizado, el valor
de cambio, es el peso específico de la mercancía. Esto convierte a los
metales nobles en metales especialmente apropiados para servir en la
circulación (puesto que se puede llevar en el bolsillo una cantidad im-
portante de valor) y en la acumulación, puesto que se puede poner en
seguridad y se puede acumular un gran valor en un pequeño espacio. El
oro no se transforma mientras está acumulado, como el hierro, el plo-
mo, etc. Continúa siendo lo que es.)

«Si España no hubiera poseído las minas de México y Perú, no ha-
bría tenido necesidad del grano de Polonia»'” (Ravenstone).

«TIli unum consilium habent et virtutem et potestatem suam bestiae
tradunt...'* Et ne quis possit emere, vendere, nisi qui habent charac-
terem aut nomen bestiae, aut numerum nominis ejus»'* <«Éstos tienen
el solo pensamiento de prestar a la bestia su poder y autoridad... Y que
nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera la marca, el nom-
bre de la bestia o el número de su nombre». T.> (Apocalipsis. Vulgata).
«Las cantidades correlativas de mercancías que se dan la una a cambio

113 Cfr. PrercY RAVENSTONE, Thoughts on the Funding System, etc. London
1824, pág. 20.

11% Cfr. Novum Testamentum omne, ex versione utraque, hoc est, Des. Erasmi
Roterdami et vulgata. Lipsiae 1543, pág. 409.

15 Cfr. Vulgata, pág. 405.


de la otra constituyen el precio de la mercancía»'” (Storch). «El pre-
cio es el grado del valor cambiable»'” (loc. cit.).

Como hemos visto, en la circulación simple en cuanto tal (en el
valor de cambio en su movimiento) la acción de los individuos entre sí
es, según su contenido, una satisfacción mutua e interesada de sus ne-
cesidades, y según la forma, es el cambiar, el equiparar dichas acciones
(el ponerlas como equivalentes), de forma tal que hasta ahora la pro-
piedad es colocada todavía como apropiación del producto del trabajo
mediante el trabajo, y del producto del trabajo ajeno mediante el tra-
bajo propio, en la medida en que el trabajo propio es comprado por
el trabajo ajeno. La propiedad del trabajo ajeno es mediada a través
del equivalente del trabajo propio. Esta forma de la propiedad, exac-
tamente igual que la libertad y la igualdad, es colocada en esta simple
relación. En el desarrollo posterior del valor de cambio, esto se trans-
formará, y se mostrará finalmente que la propiedad privada del pro-
ducto del trabajo propio se identifica con la separación del trabajo y
de la propiedad; así como también que el trabajo equivaldrá a la crea-
ción de la propiedad ajena, y la propiedad a la capacidad de disposición
del trabajo ajeno.”

115 Cfr. SrorcH, Cours d'Economie Politique, etc. YT. 1, págs. 72-73.

17 Cfr. SrorcH, Cours d'Economie Politique, etc. T. 1, pág. 73.

118 Cfr. Abam SMITH, Án Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 101-102, 131-134 <In-
vestigación...».

## III. EL CAPÍTULO DEL CAPITAL

«El capítulo del capital» (inicialmente denominado El capítulo del dinero como
capital) comprende los cuadernos I1 (excepto las 7 primeras páginas), III, IV, V,
VI y VII

Los cuadernos fueron redactados:

Cuaderno Il: en noviembre de 1857 aproximadamente.

Cuaderno III: desde el 29 de noviembre hasta mediados de diciembre de 1857
aproximadamente.

Cuaderno IV: desde mediados de diciembre de 1857 aproximadamente hasta
el 22 de enero de 1858.

Cuaderno V: desde el 22 de enero de 1858 hasta comienzos de febrero de 1858
aproximadamente

Cuaderno VI: en febrero de 1858 aproximadamente.

Cuaderno VII: finales de febrero, marzo y finales de mayo/comienzos de ¡u-
nio 1858.

### EL DINERO COMO CAPITAL

«Desde los primeros pasos de la civilización
los hombres han fijado el valor de cambio de los
productos de su trabajo, comparándolos no con
los productos ofrecidos en el cambio, sino con un
producto preferido.» (Ganilh 13, 9.)

Cambio simple. Relaciones de los individuos que cambian.
Armonías de igualdad, libertad, etc. (Bastiat. Proudhon.)

Lo que hace especialmente difícil la comprensión del dinero en su com-
pleta determinación como dinero —dificultades de las que la economía
política intenta escapar, olvidando una de sus determinaciones al tratar
de la otra, y apelando, cuando se tiene que enfrentar con una de dichas
determinaciones, a otra determinación distinta— es que aquí una re-
lación social, una relación determinada de los individuos entre sí, se
presenta como un metal, como una piedra, como una cosa puramente
corporal, que está fuera de ellos, que en cuanto tal se encuentra en la
naturaleza, y en la que no queda por distinguir ninguna determinación
formal de su existencia natural. El oro y la plata no son de suyo dinero.
La naturaleza no produce ningún dinero, así como tampoco produce
un curso de cambio o un banquero. En Perú y México el oro y la plata
no servían como dinero, a pesar de que existían como objetos de adorno
y de que en ambos países se encuentra un sistema de producción desa-
rrollado. El ser dinero no es ninguna característica natural del oro y
de la plata y es, por lo tanto, completamente desconocida para el físico,
el químico, etc., en cuanto tales. Pero el dinero es inmediatamente oro

19 Cfr. CHARLES GANILH, Des Systemes d'Economie politique, etc. Paris
1809. Tome Il, págs. 64-65.


y plata. Considerado como medida, la determinación formal del dinero
es decisiva; aun más como moneda, en la que esta determinación apa-
rece externamente en su cuño; pero en su tercera determinación, es
decir, en su plenitud, cuando el ser medida y moneda aparecen sola-
mente como funciones del dinero, toda determinación formal o desapa-
rece, o coincide inmediatamente con su naturaleza de metal. En él no
se pone de manifiesto en absoluto que la determinación de ser dinero
sea un mero resultado del proceso social; él es dinero. Esto es tanto
más difícil de comprender cuanto que su valor de uso inmediato para
el individuo no está en ninguna relación con esta función, y en gene-
ral en él, en cuanto encarnación del valor de cambio puro, ha desapare-
cido por completo el recuerdo del valor de uso distinto del que acabamos
de mencionar. Aquí se presenta, por lo tanto, en toda su pureza la
contradicción fundamental que está contenida en el valor de cambio
y en el modo de producción de la sociedad que a él corresponde. Los in-
tentos de superar esta contradicción, sustrayendo al dinero su forma
de metal y colocándolo externamente como algo puesto por la sociedad,
como expresión de una relación social, cuya última forma sería el dinero
trabajo, han sido criticados anteriormente. Ya tiene que estar comple-
tamente claro que esto es una majadería, mientras sea conservada la
base del valor de cambio, y que la ilusión de que el dinero en metal
falsifica-el cambio procede de un desconocimiento completo de su na-
turaleza. Por otra parte, está igualmente claro que en la medida en
que la oposición contra las relaciones de producción dominantes aumen-
ta y en la medida en que estas mismas tienden hacia su destrucción vio-
lenta, la polémica se dirige contra el dinero en metal o contra el dinero
en general en cuanto manifestación más notable, más contradictoria y
más dura, en la que el sistema se manifiesta sensiblemente. Mediante
toda clase de operaciones artificiales realizadas sobre el dinero deben
entonces ser superadas todas las oposiciones, de las cuales el dinero no
es más que una manifestación sensible. Está también claro que con el
dinero se pueden hacer muchas operaciones revolucionarias, en la me-
dida en que un ataque contra él parece dejar todo lo demás tal como
estaba antes y se presenta como una simple rectificación. Se golpea
entonces en la alforja, pensando que se golpea al asno. Sin embargo,
mientras el asno no siente el golpe sobre la alforja, en realidad se ha
dado en la alforja, pero no en el asno. Apenas el asno lo siente es él el
golpeado y no la alforja. Mientras las operaciones son dirigidas contra
el dinero en cuanto tal, se trata de un simple ataque contra las conse-
cuencias, que deja subsistir las causas de las mismas; se trata, por lo
tanto, de una perturbación del proceso productivo; pero de una per-


turbación que la base sólida de este proceso posee fuerza suficiente para
colocarla y dominarla en cuanto perturbación pasajera mediante una
reacción más o menos violenta.

Por otra parte, en la determinación de la relación de dinero, en la
medida en que ha sido desarrollada hasta ahora en su forma pura y sin
conexión con relaciones de producción más desarrolladas, es decir, en
las relaciones de dinero simplemente concebidas, está ya implícito el
que aparezcan canceladas todas las contradicciones inmanentes de la so-
ciedad burguesa, y desde este punto de vista se busca refugio en él,
más por parte de la democracia burguesa que por los economistas
burgueses (éstos son al menos tan consecuentes, que retroceden a la de-
terminación más simple del valor de cambio y del cambio) con una
finalidad apologética de las relaciones económicas existentes. En reali-
dad, en la medida en que la mercancía o el trabajo están determinados
exclusivamente como valor de cambio y en la medida en que la relación
mediante la cual las distintas mercancías se relacionan entre sí se pre-
senta como cambio recíproco de estos valores de cambio, como equipa-
ración de los mismos, en la medida en que esto ocurre, los individuos, los
sujetos entre los que tiene lugar este proceso, son determinados sim-
plemente como individuos que cambian. No existe en absoluto ninguna
diferencia entre ellos, si se toma en consideración la determinación for-
mal, que es la determinación económica en la que los individuos están
recíprocamente ligados en la relación de tráfico; el índice de su fun-
ción social o de su relación social recíproca. Cada uno de los sujetos
es un individuo que cambia; es decir, cada individuo tiene la misma
relación social con el otro, que el otro tiene con él. En cuanto suje-
tos del cambio su relación es una relación de ¿gualdad. Es imposible
rastrear cualquier diferencia u oposición entre ellos; ni siquiera un
contraste. Más todavía, las mercancías que ellos cambian son en cuanto
valores de cambio equivalentes, o valen al menos en cuanto tales (sola-
mente pueden tener lugar un error subjetivo en la evaluación recíproca,
y en la medida en que un individuo timara a otro, esto no ocurriría me-
diante la naturaleza de la función social, en la que ellos se enfrentan
recíprocamente, pues ésta es la misma; en ella los individuos son igua-
les; el timo sólo se produciría mediante la astucia, la capacidad de
persuasión, etc., es decir, mediante la superioridad puramente individual
de un individuo sobre el otro. La diferencia sería una diferencia natu-
ral, que no tiene nada que ver con la naturaleza de la relación en cuan-
to tal; y una diferencia además, de la que se puede decir en relación
con el desarrollo posterior, que es amortiguada por la competencia, etc.,
y a la que es sustraída su fuerza original). En la medida en que se con-


sidera la forma pura, el lado económico de la relación —el contenido
al margen de esta forma cae fuera de la economía propiamente hablando,
o es puesto como contenido natural distinto del económico, del que se
puede decir que está completamente separado de la relación económica,
porque coincide inmediatamente con ella—, aparecen solamente tres mo-
mentos que son formalmente distintos: los sujetos de la relación, los
individuos que cambian, colocados en la misma determinación; los obje-
tos del cambio, los valores de cambio, los equivalentes, que no sólo
son iguales, sino que expresamente deben serlo, y que son puestos como
iguales; finalmente, el acto mismo del cambio, la mediación a través de
la cual los sujetos son precisamente puestos como individuos que cam-
bian y como individuos iguales, y sus objetos son puestos como equi-
valentes e iguales. Los equivalentes son la objetivación de un sujeto
para el otro; es decir, ellos valen lo mismo y se confirman en el acto
del cambio como individuos que tienen el mismo valor y como individuos
al mismo tiempo indiferentes entre sí. Los sujetos son sujetos los unos
para los otros en el cambio sólo mediante los equivalentes, como in-
dividuos que valen lo mismo, y se confirman en cuanto tales mediante
el cambio de la objetividad, en la cual los unos existen para los otros.
Puesto que ellos solamente existen los unos para los otros en el cam-
bio como individuos que valen lo mismo, como poseedores de equivalen-
tes, que además acreditan esta equivalencia, ellos al mismo tiempo en
cuanto individuos equivalentes son indiferentes los unos para los otros;
sus demás diferencias individuales no les interesan; ellos son comple-
tamente indiferentes a todas sus demás particularidades individuales.
Por lo que se refiere al contenido al margen del acto de cambio, que
es tanto establecimiento como confirmación de los valores de cambio y
de los sujetos como individuos que cambian, este contenido, que cae
fuera de la determinación económica formal, sólo puede ser 1) la particu-
laridad natural de la mercancía que es cambiada, 2) la necesidad na-
tural particular de los individuos que cambian, o ambas tomadas en su
conjunto, el valor de uso diferente de las mercancías que han de ser
cambiadas. Así este contenido del cambio, que yace completamente al
margen de su determinación económica, lejos de poner en peligro la
igualdad social de los individuos, convierte más bien su diferencia na-
tural en fundamento de su igualdad social. Si el individuo A tuviera
la misma necesidad que el individuo B y hubiera realizado su trabajo
en el mismo objeto, no existiría ninguna relación entre ellos; ellos
no serían individuos diferentes desde el punto de vista de su produc-
ción. Ambos tienen la necesidad de respirar; para ambos existe el aire
en la atmósfera; esto no los pone en ningún contacto social; en cuanto


individuos que respiran están en relación mutua como cuerpos naturales,
no como personas. La diferenciación de su necesidad y de su producción
es la causa del cambio y de su equiparación social en el mismo; esta
diferencia natural es, por lo tanto, el presupuesto de su igualdad so-
cial en el acto de cambio y de esta relación general, en la que los in-
dividuos aparecen recíprocamente como entes productivos. Considerados
desde esta diferencia natural, el individuo A es poseedor de un valo:
de uso para B, y B un poseedor de un valor de uso para A. Desde este
punto de vista, la diferencia natural coloca a los individuos recípro-
camente en una relación de igualdad. Como consecuencia de ello, los
individuos no son indiferentes entre sí, sino que se integran, se ne-
cesitan mutuamente, de forma tal que el individuo B en cuanto está ob-
jetivado en la mercancía es una necesidad para el individuo A y vice-
versa; es decir, que los individuos están no sólo en una relación de
igualdad, sino en una relación social. Esto no es todo. Que esta nece-
sidad-de un individuo puede ser satisfecha mediante el producto del
otro y viceversa, y que el uno es capaz de producir el objeto para sa-
tisfacer la necesidad del otro, así como el que cada uno se enfrente
al otro como propietario del objeto que satisface la necesidad del otro,
demuestra que cada uno en cuanto ser humano transciende su propia ne-
cesidad particular, etc., y que se relacionan entre sí en cuanto hombres;
que su esencia genérica común es conocida por todos. Por lo demás, no
ocurre que los elefantes produzcan para los tigres o los animales para
los otros animales. Ejemplo, un enjambre de abejas constituye au fond
sólo una abeja y todas producen lo mismo. Más aún, en la medida en que
la diferencia natural de los individuos y de las mercancías mismas
(productos, trabajos, etc., no son aquí completamente diferentes; sino
que existen solamente en la forma de mercancías, o, como quiere el se-
ñor Bastiat siguiendo a Say, en la forma de servicios;'" Bastiat se ima-
gina —puesto que reduce la determinación económica del valor de cam-
bio a su contenido natural, a mercancía o servicio, es decir, puesto
que es incapaz de fijar la relación económica del valor de cambio en
cuanto tal — que ha hecho un gran progreso sobre los economistas clá-
sicos de la escuela inglesa, que son capaces de fijar las relaciones de
producción en su determinación en cuanto tales, en su forma pura)
constituye el motivo para la integración de estos individuos, para su
relación social como individuos que cambian, en la que ellos son pre-
supuestos y confirmados como iguales, en la medida en que esto ocurre,

169 Cfr. J. B. Sar, Traité d'Economie politique, ou simple exposition, etc.
Paris 1817, Tome Second, págs. 480-482.



la determinación de libertad se añade a la determinación de igualdad.
Aunque el individuo A siente la necesidad de la mercancía del indivi-
duo B, él no se apodera de ella por la fuerza, ni a la inversa, sino
que ellos se reconocen mutuamente como propietarios, como personas,
cuya voluntad penetra sus mercancías. Aquí entra en juego ante todo el
momento jurídico de la persona y de la libertad, en la medida en que
está contenida en ella. Nadie se apodera de la propiedad del otro por
la fuerza. Cada individuo se desprende de ella voluntariamente. Pero
esto no es todo: el individuo A satisface la necesidad del individuo B
mediante la mercancía a, sólo porque y en la medida en que el indivi-
duo B satisface la necesidad del individuo A mediante la mercancía
b y viceversa. Cada uno sirve al otro para servirse a sí mismo; cada
uno se sirve del otro recíprocamente como si fuera su instrumento. En
la consciencia de ambos individuos está ahora presente: 1) que cada
uno solamente alcanza su finalidad, en la medida en que sirve a otro
como instrumento; 2) que cada uno se convierte en medio para el
otro (ser para otro)* sólo en cuanto fin para sí mismo (ser para sí); '% 3)
que la reciprocidad según la cual cada individuo se convierte al mismo
tiempo en medio y fin, y sólo alcanza su fin en la medida en que se
convierte en medio, y sólo se convierte en medio, en la medida en que
se coloca a sí mismo como fin, que cada individuo, por lo tanto, se co-
loca como ser para el otro, en la medida en que es ser para sí, y el
otro se coloca como ser para el primero, en la medida en que es ser
para sí mismo —esta reciprocidad es un hecho necesario, presupuesto
como condición natural del cambio, pero en cuanto tal es indiferente

181 Cfr. Hegel, Band IV, págs. 132-147.

182 Este concepto falta en Hegel o aparece a lo sumo como «ser existente
para sí» (IX, 93). En la Lógica (en la sección sobre el «ser para-uno» —Band IV,
páginas 186-192 en la edición de Glockner— y de forma similar en las secciones
de la «Fenomenología» sobre la «consciencia infeliz» y sobre la «certeza y verdad de
la razón» —Band II, páginas 167-190 en la edición de Glockner—) indica Hegel,
que el «ser-para-sí» y el «ser-para-uno» «no constituyen verdaderas determinacio-
nes contrapuestas» (IV, 186). Pero esto sólo es así, en la medida en que el «ser-
para-uno» es concebido como una «expresión idealista en su origen» (IV, 187),
como lo hace Hegel, es decir, en la medida en que el «ser-para-uno» sólo es
concebido como «ser-para-uno» en el sentido «de lo ideal» (IV, 187). Pero en
Marx no se trata ni del «ser-para-sí» ideal, ni del «ser-para-uno» ideal, sino del
«ser-para-sí» de «lo real» (IV, 187), tanto frente al «ser-para-otro» real (que
Hegel designa como «ser-para-uno» ideal), como frente al «ser» realmente «para-
otro», que no existe en absoluto para Hegel, ya que para él lo irreal ideal es lo
verdaderamente real, tanto en «uno», como en «otro», es decir, ambos son sola-
mente ideales (Comentario de los editores de 1939.)


para cada uno de los sujetos del cambio; esta reciprocidad sólo tiene
interés para él en la medida en que satisface su interés, excluyendo
el del otro, sin relación con él. Esto quiere decir, que el interés co-
mún que se presenta como motivo del acto en su conjunto es ciertamente
reconocido por ambas partes como un hecho, pero que en cuanto tal no es
motivo [del acto], sino que procede, por así decirlo, sólo a espaldas
de los intereses particulares que se reflejan en sí mismos, a espaldas del
interés de un individuo en oposición con el interés del otro. Desde
este último punto de vista, el individuo puede a lo sumo tener la cons-
ciencia consoladora de que la satisfacción de su interés individual opues-
to [al del otro] es precisamente la realización de la antítesis superada, del
interés general social. En el acto mismo de cambio el individuo, cada
uno de ellos, se refleja en sí mismo como el sujeto exclusivo y dominante
(determinante) de dicho acto. De esta forma, se establece la libertad
completa del individuo: transacción voluntaria; no hay violencia por
parte alguna; colocación de sí mismo como medio, o en posición de
servicio, solamente como medio para colocarse como fin en sí, como el
individuo dominante y hegemónico; finalmente, el interés egoísta, que
no realiza ninguno que esté por encima de él; el otro es igualmente
conocido y reconocido como individuo que realiza también su interés
egoísta, de forma tal que ambos saben que el interés común consiste
precisamente en la bilateralidad, multilateralidad e independización de
todas las partes, es decir, en el cambio de intereses egoístas. El interés
general es precisamente la generalidad de los intereses egoístas. Si, por
lo tanto, la forma económica, el cambio, desde todos los puntos de vista
establece la igualdad de los sujetos, así también es el contenido, la ma-
teria, tanto individual como objetiva, que impulsa al cambio, la que es-
tablece su libertad. Igualdad y libertad son por lo tanto, no solamente
respetados en el cambio que se basa sobre los valores de cambio, sino
que el cambio de valores de cambio es la base productiva, real, de toda
igualdad y libertad. Como ideas puras son meras expresiones idealizadas
del mismo; en cuanto desarrolladas en relaciones jurídicas, políticas y
sociales son solamente esta base en otra potencia. Esto se ha confirmado
históricamente incluso. La igualdad y la libertad en esta extensión son
exactamente lo contrario de la libertad y la igualdad antigua, que preci-
samente no tienen el valor de cambio desarrollado como su fundamento,
sino que más bien desaparecen con su desarrollo. Ellas (la libertad y la
igualdad) presuponen relaciones de producción, que todavía no habían
sido realizadas en el Mundo Antiguo; ni siquiera en la Edad Media. Tra-
bajo forzado directo es la base de las primeras; la comunidad descansa
sobre este tipo de trabajo como sobre su base de existencia; el trabajo


mismo como privilegio, como trabajo todavía en su particularidad, no
como productor de valores de cambio generales, constituye la base de
las segundas. El trabajo no es ni trabajo forzoso, ni, como en el segundo
caso, tiene lugar en relación con un ente comunitario considerado como
algo superior (Corporaciones).

Ahora bien, es ciertamente verdad que la [relación de] los indivi-
duos que intercambian desde el punto de vista de los motivos, es decir,
de los motivos naturales que caen fuera del proceso económico, descansa
también sobre una cierta constricción; pero ésta es, por una parte, sólo
la indiferencia del otro individuo ante mi necesidad en cuanto tal, la
indiferencia ante mi natural individualidad, es decir, su igualdad con-
migo y su libertad, que es al mismo tiempo el presupuesto de la mía;
por otra parte, en la medida en que yo estoy determinado, forzado por
mis necesidades, es solamente mi propia naturaleza, que es un todo de
necesidades e impulsos, la que ejerce violencia sobre mí, pero no algo
extraño a mí (o mi interés puesto en forma general, refleja). Pero es pre-
cisamente desde este último punto de vista desde el que yo ejerzo vio-
lencia sobre el otro, introduciéndolo en el sistema de cambio.

De ahí que en el Derecho Romano el siervo sea determinado correcta-
mente como alguien que no puede obtener nada para sí mediante el cam-
bio (ver Institutiones)." Está igualmente claro, por lo tanto, que este
derecho, aunque corresponde a una situación social en la cual el cambio
no estaba en absoluto desarrollado, sin embargo, en la medida en que
estaba desarrollado en una determinada esfera, pudo desarrollar las de-
terminaciones de la persona jurídica, es decir, del individuo del cambio,
y así (desde el punto de vista de las determinaciones esenciales), pudo
anticipar el derecho de la sociedad industrial, pero sobre todo tuvo que
hacerse valer frente a la Edad Media como el derecho de la sociedad bur-
guesa naciente. Sin embargo, su desarrollo mismo coincide completa-
mente con la disolución de la comunidad romana.

Puesto que el dinero es solamente la realización del valor de cambio
y puesto que el sistema de valores de cambio sólo se ha realizado en un
sistema monetario desarrollado, o a la inversa, así también el sistema
monetario no puede ser en realidad más que la realización de este sis-
tema de la libertad y la igualdad. Sólo el dinero en cuanto medida le
da al equivalente su expresión determinada y lo convierte en equivalen-
te también desde el punto de vista formal. Bien es verdad que en la

188 Cfr. D. JUSTINIANI, sacratissimi principis, Institutiones. Accesserunt ex
Digestis tituli de verborum significatione et regulis juris. Editio Stereotypa Herhan.
Parisiis, 1815, pág. 342.


circulación entra en juego todavía una diferencia formal: los dos indivi-
duos que cambian aparecen en las determinaciones distintas de comprador
y vendedor; el valor de cambio se presenta por un lado, como valor de
cambio general en la forma de dinero, y por otro, como valor de cambio
particular en la forma de mercancía natural, que ahora tiene un precio;
pero estas determinaciones cambian; la circulación misma no conduce a
una situación de desigualdad, sino de igualdad, a una superación de la
diferencia sencillamente pensada.** La desigualdad es puramente for-
mal. Finalmente, en el dinero como instrumento de circulación, que
aparece bien en manos de uno, bien en manos de otro, y que es indife-
rente a esta forma de aparición, la igualdad se pone a sí misma obje-
tivamente. Cada individuo aparece como poseedor de dinero frente al
otro; aparece incluso como dinero, en la medida en que se observa el
proceso de cambio. Por eso la indiferencia y la equivalencia están pre-
sentes de manera expresa en la forma de una cosa. La particular dife-
rencia natural que existe en la mercancía es cancelada y cancelada ade-
más constantemente a través de la circulación. Un trabajador que com-
pra mercancías por valor de tres chelines se presenta para el vendedor
en la misma función, en la misma igualdad —en la forma de tres
chelines— que el rey que hace lo mismo. Toda diferencia entre ellos
ha desaparecido. El vendedor en cuanto tal se presenta solamente como
poseedor de una mercancía cuyo precio es tres chelines, de forma tal
que ambos son completamente iguales; solamente que los tres chelines
existen por un lado en plata y por el otro en azúcar, etc. En la tercera
forma del dinero podría parecer que entra en juego una determinación
diferente entre los sujetos del proceso. Pero en la medida en que el
dinero se presenta aquí como el material, como la mercancía gene-
ral de los contratos, toda diferencia entre los individuos que contratan**
es más bien cancelada. En la medida en que el dinero se convierte en
objeto de la acumulación, el sujeto parece que sólo sustrae a la circula-
ción dinero, es decir, la forma general de la riqueza, ya que él no sus-
trae mercancías por el mismo precio. Si, por lo tanto, un individuo
acumula y el otro no, nadie lo hace a costa del otro. El uno disfruta
de la riqueza real, el otro se coloca en posesión de la forma general de
la riqueza. Cuando el uno se empobrece, el otro se enriquece; ésta
es su libre voluntad y no procede de la relación económica misma, en
la que ellos están puestos en conexión el uno con el otro. Ni siquiera la

*4 NMEGA: «vermeinten»; ed. 1939, «verneinten» (negada).
*s5 NMEGA: «Kontrahenten und Kontrahenten»; en el ms. «Kontrakten und
Kontrahenten» (contratos e individuos que' contratan).


herencia y las relaciones jurídicas por el estilo, que perpetúan las desi-
gualdades ya existentes perjudican a esta libertad e igualdad natu-
ral. Si la relación originaria del individuo A no está en contradicción con
este sistema, esta contradicción no puede ser ciertamente introducida
por el hecho de que el individuo B ocupe el lugar del individuo A, es
decir, por el hecho de que perpetúe esta relación. Se trata más bien de
mantener en vigor la determinación social por encima de los límites
naturales de la vida humana: es una consolidación de dicha determina-
ción contra la acción accidental de la naturaleza, cuya influencia en cuan-
to tal supondría más bien la negación de la libertad del individuo. Por
lo demás, puesto que el individuo en esta relación es solamente la indi-
viduación del dinero, él es en cuanto tal tan inmortal como el dinero,
y su representación a través de la herencia es ante todo la ejecución de
esta determinación.

Si no se subraya la significación histórica de esta manera de ver las
cosas, sino que es presentada como refutación de aquellas relaciones
económicas más desarrolladas, en las cuales los individuos no se pre-
sentan ya como puros sujetos que cambian, o como comprador o ven-
dedor, sino que se presentan en determinadas relaciones entre sí, es
decir, en aquellas relaciones en que los individuos no están colocados
en la misma determinación —si no se tiene en cuenta la significación
histórica de esta forma de ver las cosas—, ello sería lo mismo que afir-
mar que no existe ninguna diferencia, y aún menos antítesis y contra-
dicción entre los cuerpos naturales, porque ellos, por ejemplo, aprehen-
didos en la determinación de la gravedad, son todos pesados y por lo
tanto iguales; o son todos iguales porque todos son tridimensionales.
El mismo valor de cambio es fijado aquí en su determinación simple
frente a sus formas antagónicas más desarrolladas. Consideradas en el
desarrollo de la ciencia, estas determinaciones abstractas aparecen pre-
cisamente como las primeras y más pobres; como suele en parte ocurrir
históricamente, lo más desarrollado aparece más tardíamente. En la so-
ciedad burguesa ya existente tomada en su totalidad, esta fijación de
precios y su circulación, etc., aparece como el proceso superficial, bajo
el cual, sin embargo, se realizan otros procesos completamente distin-
tos, en los cuales desaparece esta aparente igualdad y libertad de los
individuos. Por una parte se olvida que desde el principio el pre-
supuesto del valor de cambio en cuanto fundamento objetivo de todo el
sistema de producción, incluye ya en sí mismo la coerción para el indi-
viduo, de que su producto inmediato no es ningún producto para él, sino
que sólo se convierte en producto en el proceso social, y tiene que adop-
tar esta forma general y, sin embargo, extrínseca; que el individuo sólo


tiene existencia en cuanto individuo productor de valor de cambio, y
por lo tanto, ya en ella está incluida la total negación de su existen-
cia natural; él está, por lo tanto, completamente determinado por la so-
ciedad; que esto además presupone división del trabajo, etc., en la cual
el individuo es colocado en otras relaciones distintas de aquellas de
mero individuo que cambia, etc. Que, por lo tanto, el presupuesto no
sólo no es en modo alguno un presupuesto que procede de la voluntad, o
de la naturaleza inmediata del individuo, sino que es un presupuesto
bistórico, que coloca al individuo como determinado por la sociedad.
Por otra parte, se olvida que las formas superiores, en las cuales [se
lleva a cabo] el cambio o las relaciones de producción que en él se
realizan, no permanecen en modo alguno inmóviles en esta simple
determinación, en la que la diferencia mayor a la que se llega es una
diferencia formal y, por lo tanto, indiferente. Finalmente, no se ve que
ya en la simple determinación del valor de cambio y del dinero está
contenida en potencia la oposición de trabajo asalariado y capital, etc.
Toda esta sabiduría, en consecuencia, consiste en quedarse por una par-
te en las relaciones económicas más simples, las cuales tomadas indepen-
dientemente son puras abstracciones, pero las cuales en realidad son
mediadas por las contradicciones más profundas; y en presentar por
otra sólo un lado de las mismas en el que se hace desaparecer su ex-
presión.

Por otra parte, aquí se manifiesta igualmente la necedad de los
socialistas (sobre todo de los franceses, que quieren demostrar que el
socialismo no es más que la realización de las ideas de la sociedad
burguesa expresadas por la Revolución Francesa) que demuestran que
el cambio, el valor de cambio, etc., era originariamente (en el tiempo), o
conceptualmente (en su forma adecuada), un sistema de libertad e igual-
dad de todos los individuos, pero que ha sido falseado por el dinero,
el capital, etc. O también, que la historia hasta el momento sólo ha
llevado a cabo intentos fallidos: para realizar [la libertad e igualdad]
en la forma correspondiente a su verdad, y que ellos los socialistas,
como Proudhon por ejemplo, han descubierto al verdadero Jacob, me-
diante lo cual proveerán la verdadera historia de estas relaciones en
lugar de la falsa. A ellos hay que responderles: que el valor de cambio,
o aun más, el sistema monetario es en realidad el sistema de la libertad
e igualdad, y que lo que se les enfrenta perturbadoramente en el desarro-
llo reciente del sistema son perturbaciones inmanentes al mismo, es
precisamente la realización de la igualdad y la libertad, que se acreditan
como la desigualdad y la ausencia de libertad. Es un deseo tan piado-
so como tonto que el valor de cambio no se desarrolle hasta conver-


tirse en capital, o que el trabajo productor de valor de cambio no se
desarrolle hasta convertirse en trabajo asalariado. Lo que distingue a
los señores socialistas de los apologistas burgueses es, por una parte,
la facultad de sentir las contradicciones que el sistema incluye; por la
otra, el utopismo de no comprender la diferencia necesaria entre la for-
ma real y la ideal de la sociedad burguesa, y de querer en consecuencia
acometer la empresa superflua de querer realizar la expresión ideal de
la misma, ya que esta expresión no es en la práctica más que el reflejo
de esa realidad. La insulsa demostración realizada contra estos socia-
listas por la decaída economía contemporánea (como cuyo representante
más clásico —por lo que [se refiere] a insipidez, afectación de dialéc-
tica, honrada soberbia, necia autosatisfacción en decir perogrulladas,
y completa incapacidad para comprender los procesos históricos— puede
valer Frederick Bastiat, pues el americano Carey hace valer por lo me-
nos las relaciones americanas determinadas por oposición a las euro-
peas), que demuestra que las relaciones económicas expresan en todas
partes las mismas simples determinaciones, y que, por lo tanto, en to-
das partes la igualdad y libertad del cambio de valores de cambio puro
y simple se reduce a una pura abstracción infantil. Por ejemplo, la re-
lación del capital y el interés es reducida al cambio de valores de cambio.
Después de haber llegado empíricamente a la idea de que el valor de
cambio existe no sólo en esta simple determinación, sino también en la
esencialmente diferente de capital, el capital es de nuevo reducido al sim-
ple concepto de valor de cambio, y el interés que expresa una relación
determinada del capital en cuanto tal, es separado igualmente de su de-
terminación y equiparado al valor de cambio; se abstrae de la relación
global en su determinación específica y se vuelve a la relación no desa-
rrollada del cambio de mercancía por mercancía. En la medida en que
prescindo de lo que distingue a un concreto de su abstracto, el resultado
es naturalmente el abstracto, y en modo alguno es diferente de aquél.
Según ello todas las categorías económicas son solamente nombres dis-
tintos de una relación siempre igual; y esta tosca incapacidad para com-
prender las diferencias reales termina por ser la representación del puro
common sense en cuanto tal. Las «armonías económicas» del señor Bas-
tiat se reducen en último extremo a la afirmación de que existe una
única relación económica, que adopta diferentes nombres, o, lo que es
igual, que sólo nominalmente se produce alguna diferencia. La reducción
no es tanto una reducción formalmente científica, que reduciría todo
a una relación económica real, dejando de lado con ello la diferencia
que constituye el desarrollo, sino que es una reducción que deja de
lado bien este aspecto, bien este otro, para obtener la identidad bien


desde este punto, bien desde este otro. Por ejemplo, el salario es re-
tribución por un servicio que un individuo le hace a otro. (La forma
económica en cuanto tal, como ya se ha observado antes, es dejada
de lado.) El beneficio es también retribución por un servicio que un
individuo hace a otro. Salario y beneficio son, por lo tanto, idénticos, y
es solamente un error del lenguaje llamar a una retribución salario y a
la otra beneficio. Pero veamos ahora beneficio e interés. En el benefi-
cio la retribución del servicio está expuesta al azar; en el interés la
retribución está fijada. Puesto que en el salario, relativamente hablan-
do, la retribución está fijada, mientras que en el beneficio, en oposición
al trabajo, está expuesta al azar,** la relación de beneficio e interés es
la misma que la de salario y beneficio, la cual, como ya hemos visto,*"
es el cambio de equivalentes entre sí.'* Los adversarios toman entonces
esta estupidez (que procede del hecho de que se retrocede de las rela-
ciones económicas, en las que está expresada la contraposición, a aque-
llas en que dicha contraposición está sólo latente y escondida), al pie
de la letra, y demuestran, que, por ejemplo, en el capital y el interés
no se trata de un simple cambio, ya que el capital no es substituido por
un equivalente, sino que después de que el poseedor ha consumido
veinte veces el equivalente en la forma de interés, él lo conserva en
la forma de capital y puede de nuevo cambiarlo por veinte nuevos
equivalentes. De ahí el fastidioso debate, en el que uno afirma que no
hay ninguna diferencia entre el valor de cambio desarrollado y el no de-
sarrollado, mientras que el otro sostiene que desgraciadamente la di-
ferencia existe, pero que en justicia no debería existir.'*

Capital. Suma de valores. — Propiedad territorial y capital. — El
capital procede de la circulación. Contenido: el valor de cambio. —
Capital comercial, capital monetario e interés monetario. — La circu-
lación presupone otro proceso. — Movimiento entre extremos presu-
puestos.

El dinero como capital es una determinación del dinero, que pasa por
encima de su simple determinación como dinero. Puede ser considera-

1% Cfr. Gratuité du Crédit, etc., págs. 285-286.
185 Cfr. Gratuité du: Crédit, etc., págs. 1-20, 32-47 y ss.

*3 En el ms. y en la edición de 1939 el salario es presentado como «ex-
puesto al azar» y el beneficio como «fijo».
*5 «ist»; en el ms. «sind» (son).


da como una realización superior, de la misma forma que puede decirse
que el mono se desarrolla en el hombre. La forma inferior es entonces
colocada como sujeto dominante sobre la forma superior. En cualquier
caso, el dinero como capital es diferente del dinero como dinero. La
nueva determinación tiene que ser desarrollada. Por otra parte, el capi-
tal en cuanto dinero parece ser el regreso del capital a una forma infe-
rior. Pero es solamente la colocación del mismo en una particularidad,
que como no-capital existía antes que él, y que constituye uno de sus
presupuestos. El dinero aparece de nuevo en todas las relaciones poste-
riores; pero entonces no hace las veces de simple dinero. Si, como en
este caso, se trata ante todo de seguirlo hasta que alcanza su totalidad
como mercado monetario, el desarrollo restante se da por supuesto, y
es introducido cuando se presenta la ocasión. Así, aquí tratamos de la
determinación general del capital, antes de proceder con su particulari-
dad como dinero.

Si yo digo, como, por ejemplo, dice Say,* que el capital es una
suma de valores, yo no digo sino que el capital es igual al valor de
cambio. Toda suma de valores es un valor de cambio, y todo valor
de cambio es una suma de valores." Mediante una simple suma yo no
puedo pasar del valor de cambio al capital. En la mera acumulación
de dinero, como ya hemos visto, no está todavía puesta la relación de
capitalizar.

En el llamado comercio al por menor, en el tráfico diario de la
vida burguesa, tal como tiene lugar directamente entre productores y
consumidores, en el comercio pequeño, en el que la finalidad por una
parte es el cambio de mercancía por dinero, y por la otra cambio de di-
nero por mercancía para la satisfacción de necesidades individuales, en
este movimiento, que tiene lugar en la superficie del mundo burgués,
es donde únicamente el movimiento de los valores de cambio, su circu-
lación, tiene lugar en toda su pureza. Un trabajador que compra un
pedazo de pan, y un millonario que compra otro, aparecen en este acto
como simples compradores, de la misma forma que el tendero se pre-
senta frente a ellos solamente como vendedor. Todas las demas deter-
minaciones están aquí canceladas. El contenido de sus compras, así
como el volumen de las mismas, se manifiestan como completamente
indiferentes respecto a esta determinación formal.

186 Cfr. J. B. Say, Traité d'économie politique, etc. Tome second, págs. 428-
430 y 478-480; véase además J. B. Say, Cours complet d'économie politique pra-
tique, etc. Paris 1840, Tome l, pág. 150.

187 Cfr. Hegel, Band IV, págs. 198-199.


Si en la teoría el concepto de valor precede al de capital, si' bien
por otra parte para su desarrollo puro presupone un modo de producción
basado sobre el capital, lo mismo ocurre en la práctica. De ahí que
los economistas consideren necesariamente al capital bien como creador
de los valores, como fuente de los mismos, o bien presupongan por
otra parte los valores para la constitución del capital, e incluso repre-
senten a éste solamente como una suma de valores en una determinada
función. La existencia del valor en su pureza y generalidad presupone
un modo de producción en el que el producto individual ha dejado de
ser en general un producto para su productor, y aún más para el traba-
jador individual y no es nada sin su realización a través de la circula-
ción. Para aquel que produce una parte infinitesimal de una vara de
algodón, no es ninguna determinación formal el que ella sea valor, va-
lor de cambio. Si él no hubiera producido valor de cambio, si no hubiera
producido dinero, no habría producido absolutamente nada. Esta misma
determinación del valor tiene como presupuesto un estadio histórico
dado del modo de producción social, y ella misma es algo que viene dado
con este modo de producción, es decir, es una relación histórica.

Por otra parte momentos singulares de la determinación del valor
se desarrollan en estadios anteriores del proceso de producción históri-
co de la sociedad y aparecen como su resultado.

Dentro del sistema de la sociedad burguesa, el capital sigue inme-
diatamente al valor. Históricamente se encuentran otros sistemas, que
constituyen la base material para el desarrollo incompleto de los valo-
res. De la misma forma que en estos sistemas el valor de cambio desem-
peña un papel secundario junto al valor de uso, así también no es el
capital, sino la relación de propiedad de la tierra la que se presenta
como su base real. La propiedad moderna de la tierra, por el contrario,
no puede ser ni siquiera pensada, ya que no puede existir sin la exis-
tencia previa del capital, y ya que en realidad ella se presenta histórica-
mente como una forma producida por el capital, puesta como forma
a él adecuada, de la configuración histórica precedente de la propiedad
territorial. Es precisamente por eso por lo que en el desarrollo de la
propiedad territorial es donde puede ser estudiado el triunfo progresi-
vo y la formación del capital, razón por la cual Ricardo, el economista
de la época moderna, ha considerado con gran sentido histórico las re-
laciones del capital, trabajo asalariado y renta de la tierra dentro de
los límites de la propiedad territorial, para fijarlas en su forma especí-
fica. La relación del capitalista industrial con el propietario territorial
se presenta como una relación que está fuera de la propiedad terri-
torial. Pero en cuanto relación del agricultor (farmer) moderno con


el receptor de rentas de la tierra, se presenta como una relación inma-
nente a la propiedad territorial misma, a diferencia del caso anterior,
en el que sólo existía en su relación con el capital. La historia de la
propiedad territorial, que mostraría la transformación progresiva del
propietario de la tierra feudal en receptor de rentas de la tierra, la
del arrendatario vitalicio ligado por derecho hereditario, semitributario
y a menudo no libre, en el agricultor (farmer) moderno, y la de los
siervos de la gleba y campesinos feudales en jornaleros, sería en reali-
dad la historia de la constitución del capital. Ella incluiría en sí la re-
lación con el capital, con el comercio de la ciudad, etc. Pero aquí se
trata ahora de la sociedad burguesa que ya ha llegado a ser tal y que
se mueve sobre su propia base.

El capital procede ante todo de la circulación, y tiene ciertamente
al dinero como punto de partida. Ya hemos visto que el dinero que en-
tra en la circulación y sale al mismo tiempo de ella para retornar a sí
mismo es la última forma** en la que el dinero se niega y se supera
a sí mismo. Es al mismo tiempo el primer concepto de capital y su pri-
mera forma de manifestación. El dinero se niega a sí mismo al disolverse
simplemente en la circulación; se niega igualmente al enfrentarse autó-
nomamente a ella. Esta negación, tomada en su conjunto, en sus deter-
minaciones positivas, contiene los primeros elementos del capital. El
dinero es la primera forma en la que apatece el capital en cuanto tal:
D-M-M-D. Se trata de que el dinero se cambia por mercancía y la mer-
cancía por dinero; este movimiento de comprar para vender, que coms-
tituye la determinación formal del comercio, y convierte al capital en
capital comercial, se encuentra en los primeros estadios del desarrollo
económico; es el primer movimiento, en el que el valor de cambio en
cuanto tal constituye el contenido, y no sólo la forma, sino su propio
contenido. El movimiento puede tener lugar dentro de los mismos pue-
blos, o entre pueblos cuya producción no tiene en modo alguno el valor
de cambio como presupuesto. El movimiento afecta solamente al exce-
dente de su producción destinada al uso inmediato y sólo tiene lugar
en sus fronteras. Como los judíos en la sociedad polaca antigua o en la
sociedad medieval en general, así también pueblos enteros comercian-
tes, como en la Antigijedad y más tarde los lombardos, pueden asumir
esta función entre los pueblos cuyo modo de producción no está toda-
vía condicionado por el valor de cambio como presupuesto fundamental.
El capital comercial es un mero capital circulante y el capital circulante

*s88 NMEGA: «Form»; en ms. y ed. 1939, «Forderung» (exigencia).

es su primera forma;'* en esta forma el capital no se ha convertido
todavía en el fundamento de la producción. Una forma más desarrollada
es el capital monetario y el interés del dinero, la usura, cuya aparición
independiente pertenece igualmente a un estadio previo. Finalmente, la
fórmula M-D-D-M, en la que el dinero y la circulación en general se
presentan como un mero instrumento para la mercancía circulante, que
a su vez sale de la circulación y satisface directamente la necesidad, es
ella misma el presupuesto de esta aparición originaria del capital co-
mercial. Los presupuestos aparecen repartidos en diferentes pueblos, o
dentro de la sociedad el capital comercial en cuanto tal aparece condicio-
nado solamente por la circulación destinada al puro consumo. Por otra
parte, la mercancía circulante, la mercancía que sólo se realiza en la
medida en que asume la forma de otra mercancía, en la medida en que
sale de la circulación y satisface inmediatamente una necesidad, aparece
igualmente como primera forma del capital, que es esencialmente un
capital de mercancías.

Por otra parte, está igualmente claro que el simple movimiento
de los valores de cambio, tal como se presenta en la pura circulación,
no puede realizar nunca un capital. Puede conducir a la sustracción y
a la acumulación de dinero, pero tan pronto como el dinero entra de
nuevo en la circulación, se disuelve en una serie de procesos de cambio
con mercancías que son consumidas y, por lo tanto, se pierde tan pronto
como se agota su capacidad de compra. Igualmente la mercancía que ha
sido cambiada mediante el dinero por otra mercancía sale de la circu-
lación para ser consumida, para ser aniquilada. Pero si la mercancía se
independiza en la forma de dinero frente a la circulación, entonces re-
presenta solamente la forma general e insustancial de la riqueza. Pues-
to que los equivalentes son cambiados entre sí, la forma de la riqueza
fijada en dinero desaparece tan pronto como dicho dinero es cambiado
por la mercancía, y el valor de uso presente en la mercancía desaparece,
tan pronto como ésta es cambiada por dinero. Mediante el simple acto
de cambio cada uno sólo puede perderse en su determinación frente al
otro, es decir, tan pronto como el uno se realiza en el otro. Ninguno
puede mantenerse en su determinación, en la medida en que pasa a la
otra. Contra los sofismas de los economistas burgueses, que enmascaran
el capital, en la medida en que quieren reducirlo al puro cambio, ha
sido avanzada la exigencia inversa e igualmente sofística,” aunque jus-

188 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 11, págs. 255 y 261 <Investigación...,
253, 255-256).
169 Se alude evidentemente a John Gray y Proudhon.


tificada contra ellos, de reducir el capital realmente a un simple cambio
para lograr la desaparición del capital como poder y su negociación
bien en la forma de mercancía, bien en la forma de dinero.**

La repetición del proceso desde los dos puntos, dinero o mercan-
cía, no está incluida en las. condiciones del cambio. El acto puede ser
solamente repetido hasta que ha sido consumado, es decir, hasta el
momento en que el importe del valor de cambio ha sido cambiado. Él no
puede renovarse a partir de sí mismo. La circulación no lleva, por lo
tanto, en sí misma el principio de su autorrenovación. Los momentos
de la misma están presupuestos a ella, y no son puestos por ella misma.
Las mercancías tienen que ser arrojadas a la circulación siempre de nue-
vo y siempre desde fuera, de la misma forma que hay que añadir leña
al fuego. De lo contrario, ella se extingue en la indiferencia. Se extin-
guiría en el dinero como en un resultado indiferente, que, en la medida
en que no estuviera en relación con mercancías, precios, circulación,
dejaría de ser dinero y de expresar una relación de producción; del
dinero quedaría solamente su existencia metálica, pero su existencia
económica habría sido aniquilada. La circulación que, por lo tanto, se
presenta como lo inmediatamente existente en la superficie de la socie-
dad burguesa, existe solamente en la medida en que es constantemente
mediada. Considerada en sí misma, ella es la mediación de extremos
presupuestos. Pero ella no pone estos extremos. Ella, por lo tanto, tiene
que ser mediada no sólo en cada uno de sus momentos, sino en cuanto
mediación global, en cuanto proceso total. Su ser inmediato es, por lo
tanto, pura apariencia. Ella es el fenómeno de un proceso que tiene
lugar tras ella. Ella es negada ahora en cada uno de sus momentos
——<omo mercancía o como dinero—, y como relación de ambos, como
simple cambio y circulación de ambos momentos. Si originariamente el
acto de la producción social se presenta como creación de valores de
cambio y ésta en su desarrollo posterior se presenta como circulación
—<omo un movimiento completamente desarrollado de los valores de
cambio entre sí—, así ahora la circulación misma regresa a la actividad
productora o creadora del valor de cambio. Ella regresa a dicha activi-
dad como a su fundamento. Lo que está presupuesto a ella son mer-
cancías (bien en la forma particular, bien en la forma general del
dinero) que representan la realización de un determinado tiempo de

*59 De la misma forma que en el dinero el valor de cambio, es decir, todas
las relaciones de las mercancías en cuanto valores de cambio, se presenta como
una cosa, así también se presentan en el capital todas las determinaciones de la
actividad creadora de los valores de cambio, del trabajo. (Puesto por Marx entre
corchetes.)


trabajo y en cuanto tal son valores; su presupuesto, en consecuencia,
es tanto la producción de mercancías mediante el trabajo, como su pro-
ducción en cuanto valores de cambio. Éste es su punto de partida, y
mediante su propio movimiento ella regresa a la producción creadora
de valores de cambio como su resultado. Por lo tanto, hemos llegado de
nuevo al punto de partida, a la producción creadora de valores de cam-
bio, pero esta vez de forma tal que ella presupone la circulación como
un momento desarrollado y se presenta como un proceso constante,
que pone la circulación, y vuelve constantemente de ella a sí misma
para volverla a poner de nuevo. El movimiento creador de valor de
cambio aparece ahora, por lo tanto, en una forma mucho más complicada,
en cuanto que ya no es el movimiento de los valores de cambio presu-
puestos, o el movimiento que los coloca formalmente como precios, sino
que al mismo tiempo es el movimiento que los engendra, que los crea
como presupuestos. La producción misma no existe aquí antes de sus
resultados, es decir, presupuesta a ellos, sino que se presenta al mismo
tiempo como la actividad que produce dichos resultados; pero ella no
los produce, como en el primer estadio, como una simple actividad que
conduce a la circulación, sino como una actividad que presupone en su
proceso la circulación y la circulación desarrollada. (La circulación au
fond consiste en el proceso formal de colocar el valor de cambio una
vez en la determinación de la mercancía y la otra en la determinación
del dinero.)

Transición de la circulación a la producción capitalista. — Capital
como trabajo objetivado, etc. — Suma de valores para la producción
de valores.

Este movimiento se presenta en formas distintas, tanto históricamente
en cuanto movimiento que conduce al trabajo productor de valor, como
también, por otra parte, dentro del mismo sistema de la producción
burguesa, es decir, dentro de la producción creadora de valores de
cambio. Ánte todo, entre los pueblos bárbaros o semibárbaros se inter-
ponen pueblos que practican el comercio, o bien las tribus, cuya pro-
ducción es naturalmente diferente, entran en contacto y cambian su
excedente. El primer caso es la forma más clásica. Permanezcamos, por
lo tanto, en él. El cambio del excedente es un tráfico creador del cam-
bio y del valor de cambio. Sin embargo, se extiende sólo al excedente*”

*60  Excedente (Uberfluss) en el ms. Austausch (cambio). NMEGA propone
la lectura: sólo al cambio [del excedente].

y se desarrolla al margen de la producción misma. Pero si la aparición
de los comerciantes que solicitan el cambio se repite (los lombardos,
normandos, etc., desempeñan esta función frente a casi todos los pue-
blos europeos) y se desarrolla un comercio continuo, en el que el pueblo
productor practica solamente el llamado comercio pasivo, en cuanto
que el impulso para la realización de la actividad creadora de valores
de cambio proviene de fuera, y no de la configuración interna de su
producción, entonces el excedente de la producción tiene que ser no
sólo un excedente casual, que aparece ocasionalmente, sino un excedente
constantemente renovado, y de esta forma la misma producción interna
adopta una tendencia dirigida a la circulación, a la creación de valores
de cambio. La influencia de este proceso es ante todo una influencia
desde el punto de vista material. El círculo de las necesidades se am-
plía; la finalidad es la satisfacción de nuevas necesidades, y de ahí la
mayor regularidad y aumento de la producción. La organización de la
producción interna es modificada por la circulación y el valor de cam-
bio; pero todavía no está dominada por ella ni en toda su superficie, ni
en toda su profundidad. Esto es lo que se llama la influencia civiliza-
dora del comercio exterior. La medida en que el movimiento creador
de valor de cambio abarca a la totalidad de la producción depende en
parte de la intensidad de esta influencia exterior, y en parte del grado
en que los elementos de la producción interna —división del traba-
jo, etc.— están desarrollados. En la Inglaterra, por ejemplo, del si-
glo xvi y comienzos del xvi es absolutamente decisiva la importación
de mercancías de los Países Bajos para la producción de un excedente de
lana que Inglaterra pudiera dar a cambio. Para producir ahora más
lana, se transformó tierra destinada a la agricultura en dehesas para
ganado, fue eliminado el sistema de arrendamiento pequeño, etc., tuvo
lugar el clearing of estates, etc. La agricultura perdió, en consecuencia,
el carácter de trabajo para la producción de valor de uso y el** cambio
del excedente perdió su carácter indiferente respecto de la agricultura
considerada en su estructura interna. La agricultura fue determinada
totalmente en ciertos puntos por la circulación, y fue transformada en
producción creadora de valores de cambio. De esta manera no sólo fue
transformado el modo de producción, sino que también fueron disueltas
todas las antiguas relaciones de población y producción, todas las rela-
ciones económicas que respondían al antiguo modo de producción. Así,
en este caso, como presupuesto de la circulación existía una producción

*8l NMEGA: «der» (nominativo); en la ed. de 1939, «den» (acusativo).


que sólo producía valores de cambio como excedente; pero ella se
transformó en una producción que no sólo tenía lugar en relación con
la circulación, sino además en una producción cuyo único contenido
era la producción de valores de cambio.

Por otra parte, en la producción moderna, cuyos presupuestos son
el valor de cambio y la circulación desarrollada, los precios determinan
por un lado la producción, pero por el otro la producción determina
los precios.

Cuando se dice que el capital es «trabajo acumulado (realizado) (en
realidad es trabajo objetivado), que sirve como medio para un nuevo
trabajo (producción)»'” se considera la simple materia del capital, in-
dependientemente de su determinación formal, sin la cual no es capital.
Esto no quiere decir sino que el capital es un instrumento de produc-
ción, ya que en el sentido más amplio todo objeto, incluso el que es
suministrado íntegramente por la naturaleza, como las piedras, tiene
que ser apropiado mediante cualquier actividad, antes de que pueda
servir como instrumento, como medio de producción. Según ello, el
capital habría existido en todas las formas de sociedad y sería algo
completamente ahistórico. Todo miembro del cuerpo sería entonces ca-
pital, ya que no sólo tiene que ser desarrollado mediante la actividad,
mediante el trabajo, sino que tiene además que ser alimentado y repro-
ducido para poder actuar como órgano. El brazo y especialmente la
mano son en este sentido capital. Capital no sería entonces más que un
nuevo nombre para una cosa tan antigua como el género humano, ya
que toda clase de trabajo, incluso el menos desarrollado, caza, pesca, etc.,
presupone la utilización del producto del trabajo previo como instru-
mento para el trabajo inmediato, para el trabajo vivo. Otra determina-
ción contenida en la definición precedente consiste en que se abstrae
completamente de la sustancia material de los productos y se considera
el trabajo pasado como su único contenido (materia), así como también
se abstrae de la finalidad determinada, particular, para cuya producción
debe servir de nuevo este producto en cuanto instrumento, y se coloca
más bien como finalidad una producción en general, todo esto parece
un puro trabajo de abstracción, que es igualmente verdadero en todos
los estadios sociales y que solamente prosigue y formula análisis más
abstractos (más generales) de los que suelen ser hechos en otras cir-
cunstancias. Si se abstrae de esta manera de la forma determinada del
capital, y sólo se acentúa el contenido, que en cuanto tal es un momento

19 Cfr. A. SMITH, Án Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 355-356 <Investigación...,
pág. 300).



necesario de todo trabajo, entonces no bay nada más fácil que demostrar
que el capital es una condición necesaria de toda producción humana.
La prueba de ello es precisamente suministrada mediante la abstracción
de las determinaciones específicas, que convierten al capital en un mo-
mento de un estadio histórico particularmente desarrollado de la pro-
ducción humana. El punto en que reside la dificultad está en que si
todo capital es trabajo objetivado que sirve como medio para la nueva
producción, no todo trabajo objetivado que sirve como medio para la
nueva producción es capital. El capital es concebido como cosa y mo
como relación.

Si, por otra parte, se dice que el capital es una suma de valores uti-
lizada para la producción de valores, esto quiere decir que el capital
es el valor de cambio que se reproduce a sí mismo. Pero formalmente
el valor de cambio se reproduce también en la circulación simple. En
esta declaración es mantenida la forma, mediante la cual el valor de
cambio se convierte en el punto de partida, pero es dejada de lado la
relación con el contenido (que en el capital no es indiferente como en
el simple valor de cambio). Si se dice que el capital es un valor de
cambio que produce un beneficio, o que es al menos utilizado con la fi-
nalidad de producir un beneficio, entonces el capital está ya presupuesto
a su propia definición, ya que el beneficio es una determinada relación
del capital consigo mismo.'” El capital no es una relación simple, sino
un proceso, en cuyos distintos momentos él es siempre capital. Es este
proceso, por lo tanto, el que hay que desarrollar. En el trabajo acumu-
lado hay algo de subrepticio, ya que según su determinación conceptual
el capital sólo debe ser trabajo objetivado, en el que ciertamente hay
acumulada una determinada cantidad de trabajo. Pero el trabajo acumu-
lado abarca una cantidad de objetos en los cuales hay trabajo realiza-
do.” 193

«Al principio cada individuo se bastaba a sí mismo, y el cambio
no tenía lugar más que sobre los objetos sin valor para cada individuo
que cambiaba: no se le daba importancia y todo el mundo se sentía
satisfecho al recibir una cosa útil a cambio de una cosa sin utilidad.
Pero cuando la división del trabajo convirtió a cada uno en comerciante

19 Cfr. MALTHUS, Principles, etc., pág. 264; Ricarbo, On the Principles, etc.,
pág. 327 <Principios..., págs. 216-224).

12 Cfr. Sismondi, De la richesse commerciale, ou Principes d'Économie
Politique, appliqués a la Législation du Commerce. Tome l, Genéve, pág. 19.

12 Cfr. J. F. Bray, Labour's Wrongs and Labour's Remedy, etc. Leeds 1839,
págs. 140-141.


y a la sociedad en una sociedad mercantil, cada individuo sólo quiso
entregar sus productos a cambio de su equivalente; fue necesario
entonces, para determinar este equivalente, conocer el valor de lo que
se daba** y de lo que se recibía» (Ganilh. 12 b). Esto quiere decir,
en otras palabras, que el cambio no quedó inmóvil en la creación
formal de los valores de cambio, sino que condujo necesariamente a la
subordinación de la producción al valor de cambio.

1) La circulación y el valor de cambio que procede
de la circulación som los presupuestos del capital

Para desarrollar el concepto de capital, es necesario partir no del tra-
bajo, sino del valor, y además del valor de cambio ya desarrollado
en el movimiento de la circulación. Es tan imposible, pasar directa-
mente del trabajo al capital como pasar directamente de las distintas
razas humanas a un banquero, o de la naturaleza a una máquina de vapor.
Hemos visto que en el dinero en cuanto tal el valor de cambio obtenía
una forma autónoma frente a la circulación, pero una forma que, cuando
es fijada, se convierte en una forma negativa, evanescente e ilusoria. El
dinero existe solamente en relación con la circulación y como posibili-
dad de entrar en ella; pero pierde esta determinación tan pronto como
se realiza, y recae en sus dos previas determinaciones como medida de
los valores de cambio y como medio de cambio. Tan pronto como el
dinero es colocado como valor de cambio, que no sólo se independiza
frente a la circulación, sino que se mantiene en ella, entonces ya no es
dinero, pues éste en cuanto tal no va más allá de la determinación
negativa, sino que es capital. El hecho de que el dinero sea la primera
forma en la que el valor de cambio llega a alcanzar la determinación de
capital, y el hecho de que, en consecuencia, la primera forma de mani-
festación del capital sea confundida con el capital mismo, o sea, consi-
derada como la única forma adecuada del mismo, es un hecho histórico,
que en cuanto tal, lejos de contradecir nuestro estudio, lo confirma. La
primera determinación del capital consiste, por lo tanto, en que el valor

1% Cfr. CHARLES GANILH, Des Systémes d'Économie Politique, etc. Tome
second, págs. 11-12. La indicación de página se refiere al propio cuaderno de
extractos de Marx.

*62 «de lo que se daba»; omitido en la ed. de 1939. También en NMEGA.


de cambio que procede de la circulación y, en consecuencia, la presupo-
ne, se conserva en ella y mediante ella; él no se pierde en la medida en
que entra en ella; su movimiento no es el movimiento de su desaparición,
sino el movimiento en el que el valor de cambio realmente se coloca a sí
mismo en cuanto tal, es la realización de sí mismo como valor de cambio.
No se puede decir que en la circulación simple el valor de cambio se
realice en cuanto tal. Él se realiza solamente en el momento de su des-
aparición. Si una mercancía es cambiada mediante el dinero por otra mer-
cancía, su determinación de valor desaparece en el momento en el que
ella se realiza, sale de la relación, deviene indiferente respecto a ésta
y se convierte exclusivamente en objeto que satisface directamente una
necesidad. Si el dinero es cambiado por mercancías, entonces desapa-
receincluso la forma del cambio como mera mediación formal, para obte-
ner la materia natural de la mercancía. Si es cambiada la mercancía por
dinero, la forma del valor de cambio, el valor de cambio puesto en cuan-
to valor de cambio, el dinero, persiste sólo mientras se mantiene fuera
del cambio, mientras se sustrae a él, es decir, mientras es una realización
puramente ilusoria, puramente ideal en esta forma, en la que la indepen-
dencia del valor de cambio existe sensiblemente. Finalmente, si se
cambia dinero por dinero —la cuarta forma, en la que la circulación
puede ser analizada, pero que au fond sólo es la tercera expresada en
la forma del cambio—, entonces no aparece ni siquiera una diferencia
formal entre los distintos momentos; distinción sin diferencia; no sólo
desaparece el valor de cambio, sino que desaparece también el movi-
miento formal de su proceso de desaparición.'* Au fond estas cuatro de-
terminaciones formales de la circulación simple son reducibles a dos, que,
por lo demás, coinciden entre sí; la diferencia reside en cuál de los dos
momentos es puesto el énfasis, cuál de ambos se acentúa; cuál de ambos
momentos —dinero o mercancia— constituye el punto de partida. A sa-
ber: dinero por mercancía, es decir, el valor de cambio de la mercancía
desaparece frente a su contenido material (sustancia); o mercancía por
dinero, es decir, su contenido (sustancia) desaparece frente a su forma
como valor de cambio. En el primer caso, es cancelada la forma del
valor de cambio; en el segundo, su sustancia; en ambos, su realización
es una realización evanescente; sólo en el capital el valor de cambio es
colocado en cuanto valor de cambio, por el hecho de que se mantiene en
la circulación, es decir, que no deviene insustancial —sino que se reali-
za continuamente en otras sustancias, en una totalidad de las mismas—,

195 Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 119-121, 148-150.


ni pierde su determinación formal —sino que conserva en cada una de
las sustancias diferentes su identidad consigo mismo—. Él continúa
siendo siempre dinero y siempre mercancía. Es en cada momento, ambos
de los momentos que en la circulación desaparecen el uno en el otro.
Pero lo es solamente en la medida en que él mismo es un círculo de
cambios que se autorrenueva constantemente. También en esta relación
es diferente su circulación de la de los simples valores de cambio en cuan-
to tales. La circulación simple es en realidad circulación solamente desde
el punto de vista del espectador, o en sí, pero no puesta en cuanto tal.
No es el mismo valor de cambio —precisamente porque su sustancia es
una determinada mercancía—, el que primero se convierte en dinero y
luego en mercancía, sino que son siempre otros valores de cambio, otras
mercancías, las que aparecen frente al dinero. La circulación, el ciclo,
consiste solamente en la simple repetición o en el cambio de la deter-
minación de mercancía y dinero, y no en que el punto de partida real sea
también el punto de retorno. Por ello, en la medida en que se considera
a la circulación simple en cuanto tal, y siendo únicamente el dinero el
momento persistente, ella es descrita como simple circulación moneta-
ria, como simple circulación de dinero.

«Los valores capitales se perpetúan» (Say, 21).*% «Capital es un
valor permanente» (que «se multiplica a sí mismo»; todavía no hay que
tratarlo aquí). «Valor que no perece; este valor se separa de la mercan-
cía, que lo había creado; continúa siendo igual a una cualidad me-
tafísica e insustancial, que siempre está en poder del mismo cultiva-
teur» (aquí es indiferente decir el poseedor), «para el que reviste diver-
sas formas» (Sismondi, VI).*

La perennidad a la que aspiraba el dinero, en la medida en que se
colocaba negativamente frente a la circulación, en que se sustraía a ella,
la alcanza el capital en la medida en que se conserva por el hecho de que
se abandona a la circulación. El capital, como valor de cambio presupuesto
a la circulación, o que presupone a la circulación y se conserva en ella,
no sólo es idealmente en todo momento cada uno de los momentos con-
tenidos en la circulación simple, sino que toma alternativamente la forma
de uno u otro, pero no de manera tal que, como en la circulación sim-

15 Cfr. J. B. Say, Traité d'économie politique, etc. Tome 1I, pág. 185. La
indicación de página que no debería decir 21, sino 14, se refiere al propio cua-
derno de extractos de Marx.

19 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes d'économie politique, etc. Paris 1827,
Tome Il, pág. 89. El número romano se refiere al número de la página de un
cuaderno de extractos perdido de Marx.


ple, sólo pasa de un momento al otro, sino que está simultáneamente
en cada una de las determinaciones en relación con la determinación
opuesta, es decir, que la incluye en sí** idealmente. El capital deviene
alternativamente mercancía y dinero; pero 1) él mismo es el cambio de
estas dos determinaciones; 2) él deviene mercancía; pero no ésta o
aquella mercancía, sino una totalidad de mercancías. Él no es indiferente
con respecto a la sustancia, sino con respecto a la forma determinada;
desde esta perspectiva aparece como una constante metamorfosis de esta
sustancia; en la medida en que él es colocado como contenido particu-
lar del valor de cambio, esta particularidad'* misma es una totalidad de
particularidad; de ahí que sea indiferente no a la particularidad en cuan-
to tal, sino a la particularidad individual o aislada. La identidad, la for-
ma de generalidad que él conserva, es la de ser valor de cambio y en
cuanto tal dinero. De ahí que sea puesto como dinero, y que se cambie
en realidad como mercancía por dinero. Pero puesto como dinero, es
decir, como esta forma antitética de la generalidad del valor de cambio,
está simultáneamente implícito en él, que debe perder no la generali-
dad, como en la circulación simple, sino su determinación antitética,
o que sólo debe adoptarla de forma evanescente; es decir, que es cam-
biado de nuevo por mercancía, pero en cuanto mercancía que expresa en
su particularidad la generalidad del valor de cambio, y que, por lo tanto,
cambia constantemente su forma determinada.

Cuando aquí hablamos de capital, hablamos sólo de un nombre. La
única determinación, en la que es colocado el capital a diferencia del
valor de cambio inmediato y del dinero es la de valor de cambio que
se conserva y perpetúa en la circulación y mediante la circulación. Noso-
tros hemos considerado hasta ahora solamente la perspectiva de la auto-
conservación en y mediante la circulación. La otra perspectiva igualmen-
te importante es la de que el valor de cambio es presupuesto, no como
simple valor de cambio tal como existe en cuanto mera determinación
ideal de la mercancía antes de que ésta entre en circulación, o más bien
como determinación -solamente presunta, ya que ella sólo deviene valor
de cambio en la medida en que desaparece en la circulación; tampoco
está presupuesto como valor de cambio que existe como un momento en
la circulación, en cuanto dinero; él existe aquí como dinero, como valor
de cambio objetivado, pero en forma tal que en él está colocada la rela-
ción ya descrita. Lo que distingue a la segunda determinación de la pri-

19%  Besonderheit.

* «in sich»; en el ms. «in ihr».


mera es que 1) él existe en la forma de la objetividad; '” 2) él procede
de la circulación, es decir, la presupone, pero al mismo tiempo emana de
sí mismo como presupuesto frente a ella.

Se trata de dos perspectivas desde las que puede ser expresado
el resultado de la circulación simple:

La perspectiva simplemente negativa: las mercancías arrojadas a la
circulación han alcanzado su finalidad; se han cambiado recíprocamente;
cada una deviene objeto que satisface una necesidad y es consumida. Con
ello acaba la circulación. Sólo queda el dinero como un simple residuo.
Pero en cuanto residuo ha dejado de ser dinero, ha perdido su determi-
nación formal. Él se desintegra en su materia, que queda como ceniza
inorgánica del proceso global.

La perspectiva negativa positiva: el dinero no es negado como valor
de cambio objetivado [existente] para sí mismo —que no desaparece
simplemente en la circulación—, sino que es negada la independencia
antitética, la generalidad puramente abstracta, en la que él se ha inmo-
vilizado; pero

Tercero: el valor de cambio como presupuesto y al mismo tiempo
resultado de la circulación —ya que se ha dado por supuesto que sale
de la circulación—, tiene que salir de nuevo de ella. Si esto ocurre sólo de
manera formal, entonces él devendría de nuevo simple dinero; si sale
como mercancía real, como en la circulación simple, entonces se conver-
tiría en un simple objeto que satisface una necesidad, sería consumido
en cuanto tal y perdería igualmente su determinación formal. Para que
la salida sea real, él tiene que convertirse en objeto que satisface una
necesidad, y tiene que ser consumido en cuanto tal, pero tiene que
ser consumido por el trabajo, y de esta forma se reproduce de nuevo.

Expresado de otra forma: el valor de cambio era originariamente,
según su contenido, una cantidad de trabajo o de tiempo de trabajo
objetivado; en cuanto tal, a través de la circulación, él prosiguió su obje-
tivación hasta alcanzar su existencia como dinero, como dinero tangible.
Ahora él tiene que poner de nuevo el punto de partida de la circulación,
que está fuera de ella, que es un presupuesto de ella, y para el cual la
circulación misma se presenta como un movimiento que lo aprehendía
desde fuera y lo hacía girar dentro de ella misma; este punto de partida
es el trabajo; pero ahora el valor de cambio ya no se presenta como sim-
ple equivalente o simple objetivación del trabajo, sino como el valor de

19 Cfr. Hegel, Band, Il, págs. 602-620.
mo Cfr. HEGEL, Band, V, págs. 336-352.


cambio objetivado e independizado, que sólo se entrega al trabajo, que
sólo deviene material del trabajo, para renovarse a sí mismo, y para co-
menzar de nuevo la circulación a partir de sí mismo. Con ello no se trata
de una simple equiparación, de una acreditación de su identidad, como en
la circulación, sino de una multiplicación de sí mismo. El valor de cambio
se pone como valor de cambio sólo en la medida en que se valoriza,
es decir, en la medida en que aumenta de valor. El dinero (en cuanto
que retorna de la circulación a sí mismo) ha perdido como capital su ri-
gidez, y se ba convertido de una cosa tangible en un proceso. Pero, por
otra parte, el trabajo ha cambiado su relación con su objetividad: él tam-
bién retorna a sí mismo. Pero este retorno es tal que el trabajo objetivado
en valor de cambio pone al trabajo vivo como instrumento de su re-
producción, mientras que originariamente el valor de cambio aparecía
solamente como producto del trabajo.

2) El valor de cambio que procede de la circulación
es un presupuesto de ella, y se conserva y se multiplica
en ella mediante el trabajo.

[[1.1) Concepto general de capital. — 2) Particularidad del capi-
tal: capital circulante, capital fijo. (Capital como medio de subsisten-
cia, como materia prima, como instrumento de trabajo.) 3) El capital
como dinero. 11.1) Cantidad del capital. Acumulación. — 2) El capital
medido en sí mismo. Beneficio. Interés. Valor del capital: es decir, el
capital como diferente de sí mismo en cuanto interés y beneficio. 3) La
circulación de los capitales. a) Cambio de capital por capital. Cambio
de capital por renta. Capital y precios. 8) Competencia de los capita-
les. 1) Concentración de los capitales. TIT. El capital como crédito. IV. El
capital como capital por acciones. V. El capital como mercado moneta-
rio. VI. El capital como fuente de la riqueza. El capitalista. Después
del capital habría que tratar de la propiedad territorial. Después de ésta
del trabajo asalariado. Una vez presupuestos estos tres, habría que tratar
del movimiento de los precios, tal como está determinado por la circu-
lación en su totalidad interna. Por otra parte, las tres clases consideradas
de la misma forma que la producción en sus tres premisas y formas fun-
damentales de la circulación. Después habría que tratar del Estado
(Estado y sociedad burguesa. — Los impuestos, o la existencia de clases
improductivas. — La deuda pública. — La población. — El Estado ha-
cia el exterior: colonias, comercio exterior, curso de cambio. Dinero
como moneda internacional. — Finalmente, el mercado mundial. Reba-


samiento del estado por la sociedad burguesa. Las crisis. Disolución
del modo de producción y de la forma de sociedad basada sobre el va-
lor de cambio. Posición real del trabajo individual como trabajo social
y viceversa).]]

Producto y capital. Valor y capital. Proudhon.

(No hay nada más falso que la forma en que es considerada la so-
ciedad en relación con las condiciones económicas, tanto por los eco-
nomistas como por los socialistas. Por ejemplo, Proudhon dice contra
Bastiat (XVI, 29): «Para la sociedad la diferencia entre capital y pro-
ducto no existe. Esta diferencia es totalmente subjetiva, respecto de los
individuos».”* Precisamente lo social es, en realidad, lo que él llama
subjetivo; y a la abstracción subjetiva la llama él sociedad. La di-
ferencia entre producto y capital consiste precisamente en que en
cuanto capital el producto expresa una relación determinada, correspon-
diente a una forma de sociedad histórica. La llamada observación desde
el punto de vista de la sociedad no quiere decir más que pasar por alto
las diferencias, que expresan precisamente la relación social (relación de
la sociedad burguesa). La sociedad no consiste en individuos, sino que
expresa la suma de relaciones en las que estos individuos están el uno
con respecto al otro. Es como si alguien quisiera decir: desde el punto
de vista de la sociedad no existen esclavos y ciudadanos: ambos son hom-
bres. Pero ellos son hombres fuera de la sociedad. Ser esclavo y ser
ciudadano son determinaciones sociales, relaciones de los hombres A
y B. El hombre A en cuanto tal no es esclavo. Él es esclavo en y me-
diante la sociedad. Lo que el señor Proudhon dice aquí del capital y
del producto quiere decir en él que, desde el punto de vista de la so-
ciedad, no existe ninguna diferencia entre capitalistas y trabajadores,
una diferencia que precisamente sólo existe desde el punto de vista de
la sociedad.)

(Toda la finalidad del escrito polémico de Proudhon contra Bastiat,
«Gratuité du Crédit», consiste en querer reducir el cambio entre capi-
tal y trabajo al cambio simple de mercancías como valores de cambio,
a los momentos de la circulación simple, es decir, en querer abstraer
precisamente de la diferencia específica de la que depende todo. Él dice:
«Todo producto en un momento dado se convierte en capital, porque

21 Cfr. Gratuité du crédit, etc., pág. 250. La indicación entre paréntesis se
refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.


todo lo que se consume, en un momento determinado se consume repro-
ductivamente».”” Esto es completamente falso, but never mind <pero
no importa». «¿Qué es lo que hace que la noción** de producto se trans-
forme de repente en capital? Es la ¿dea de valor. Esto quiere decir
que el producto, para convertirse en capital, debe haber pasado por una
evaluación auténtica, debe haber sido comprado o vendido, su precio
debe de haber sido discutido o fijado mediante una convención legal.
Por ejemplo, el cuero que sale del matadero es el producto del matari-
fe. ¿Este cuero es comprado por el curtidor? En seguida éste lo lleva
o lleva su valor a su fondo de explotación. Mediante el trabajo del
curtidor este capital se vuelve a convertir en producto, etc.» Cada ca-
pital es aquí «un valor hecho».* El dinero es «el valor más perfecto»,*
el valor hecho a la más elevada potencia. Esto quiere decir, por lo tan-
to, 1) que el producto se convierte en capital por el hecho de que se
convierte en valor. O que el capital no es más que el valor simple. No
existe ninguna diferencia entre ellos. De ahí que él alternativamente ha-
ble de mercancía (la parte natural de ella expresada como producto),
o de valor, o también, puesto que él presupone el acto de compra y ven-
ta, de precio. 2) Puesto que el dinero se presenta como la forma com-
pleta del valor, tal como existe en la circulación simple, de ahí que el
dinero sea también el verdadero valor hecho.)

Capital y trabajo. Valor de cambio y valor de uso para el valor de
cambio. — El dinero y su valor de uso (trabajo) en esta relación
como capital. Automultiplicación del valor como su único movi-
miento. — Acerca de la frase de que ningún capitalista invierte su
capital sin extraer de él ninguna ganancia. — El capital según su
materia es trabajo objetivado. Antítesis de éste es el trabajo vivo
productivo (es decir, trabajo conservador y multiplicador del valor).
Trabajo productivo y trabajo como prestación de servicios. — Trabajo
productivo e improductivo. A. Smith, etc. — El ladrón, en el sentido
de Lauderdale, y el trabajo productivo.

La transición del simple valor de cambio y de su circulación al capital
puede ser expresada también de la siguiente forma: en la circulación el

Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 177.
Cfr. Gratuité du Crédit, etc., págs. 178-180.
Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 183.
Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 249.

*6t en Proudhon «notion»; en el ms. «motion».


valor de cambio aparece por duplicado: por un lado como mercancía,
por el otro como dinero. Cuando está en una determinación no lo está
en la otra. Esto tiene vigencia para toda mercancía particular. Pero la
totalidad de la circulación considerada en sí misma consiste en que el
valor de cambio, el valor de cambio como sujeto, se coloca una vez
como mercancía y la otra como dinero, y precisamente la circulación
es el movimiento de colocarse en esta doble determinación y mantenerse
en cada una de ellas como su contrario, en la mercancía como dinero y en
el dinero como mercancía. Esta situación, que en sí está presente en
la circulación simple, no está, sin embargo, puesta en ella misma. El
valor de cambio colocado como unidad de mercancía y dinero es el ca-
pital y este colocarse a sí mismo se presenta como la circulación del
capital. (La cual, sin embargo, es una espiral, una curva que se expande
y no un simple círculo.)

Analicemos ante todo las determinaciones simples que están con-
tenidas en la relación del capital y trabajo, para encontrar la conexión
interna tanto de estas determinaciones como de sus**% desarrollos pos-
teriores respecto a aquellos precedentes.

El primer presupuesto es el que, por una parte, esté el capital, y
por la otra, el trabajo, ambos como formas autónomas, la una frente
a la otra, es decir, ambos como extraños que se enfrentan entre sí. El
trabajo que se enfrenta al capital es trabajo ajeno, y el capital que
se enfrenta al trabajo es capital ajeno. Los extremos que se oponen
son especificamente diferentes. En la primera creación del valor de cam-
bio simple el trabajo estaba determinado de forma tal que el producto
no era valor de uso inmediato para el trabajador, no era medio directo
de subsistencia. Ésta era la condición general de la creación de un va-
lor de cambio y del cambio en general. De lo contrario, el trabajador
habría producido solamente un producto —un valor de uso inmediato
para sí—, pero no un valor de cambio. Este valor de cambio, sin embar-
go, estaba materializado en un producto, que en cuanto tal tenía valor
de uso para otros y era el objeto que satisfacía eus necesidades. El va-
lor de uso que el trabajador tiene que ofrecer al capital, que él tiene
que ofrecer en general a los demás, no está materializado en un pro-
ducto, no existe en general fuera de él, es decir, no existe realmente,

28 Cfr. HEGEL, Band XVII, págs. 55-56; Sismondi, Nouveaux Principes
d'Economie Politique, etc. Paris 1819, Tome Premier, Livre Second, Chapitre VI,
concretamente pág. 119.

*65  «ihrer» (de sus); en la ed. de 1939, «ihre» (sus).


sino sólo en potencia, como su capacidad. Él deviene realidad solamente
tan pronto como es solicitado por el capital y es puesto en movimiento,
ya que la actividad sin objeto no es nada, o es a lo sumo actividad
mental, de la que no se trata aquí para nada. Tan pronto como él recibe
el movimiento del capital, este valor de uso se convierte en actividad
determinada y productiva del trabajador; es su misma vitalidad diri-
gida a un determinado fin y que se exterioriza, por lo tanto, en una
forma determinada.

En la relación de capital y trabajo el valor de cambio y el valor
de uso son puestos en relación entre sí; una parte (el capital) aparece
ante todo frente a la otra como valor de cambio,** y la otra (el trabajo)
aparece frente al capital como valor de uso. En la circulación simple
puede ser observada alternativamente cada mercancía en una u otra de-
terminación. En ambos casos, si ella vale como mercancía en cuanto tal,
sale de la circulación como objeto que satisface una necesidad y cae
completamente fuera de la relación económica. En la medida en que la
mercancía es fijada como valor de cambio —como dinero—, ella tiende
hacia su propia ausencia de forma, pero permanece dentro de la relación

*s8 ¿El valor no debe ser entendido como unidad de valor de uso y valor
de cambio? ¿No es en sí y para sí el valor en cuanto tal lo general frente al
valor de uso y al valor de cambio como formas particulares? ¿Tiene esto algún
significado en la economía? El valor de uso está presupuesto también en el cambio
simple o en el cambio puro. Pero aquí, donde el cambio tiene precisamente
lugar sólo por el uso recíproco de la mercancía, el valor de uso, es decir, su
contenido, la particularidad natural de la mercancía en cuanto tal, no tiene
ninguna existencia como determinación formal económica. Su determinación formal
es más bien el valor de cambio. El contenido fuera de esta forma es indife-
rente; no es contenido de la relación en cuanto relación social. ¿Pero no se
desarrolla este contenido en cuanto tal en un sistema de necesidades y en la
producción? ¿No entra el valor de uso en cuanto tal en la forma misma, como
elemento determinante de la forma misma, por ejemplo, en la relación entre
capital y trabajo?, ¿en las diferentes formas de trabajo —agricultura, industria,
etcétera—?, ¿en la renta de la tierra?, ¿en la influencia de las estaciones
del año en los precios de las materias primas? Si únicamente el valor de cambio
en cuanto tal desempeñara un papel en la economía, cómo podrían intervenir
después elementos, que sólo tienen relación con el valor de uso, como, por ejemplo,
ocurre con el capital como materia prima, etc. ¿Cómo entra de improviso la
constitución física de la tierra en la obra de Ricardo?,%” etc. La palabra mer-
cancía (¿no equivaldría quizás en alemán Giiter/bienes a denrée/género a dife-
rencia de marchandise/mercancía?) contiene esta relación. El precio se presenta
como una simple determinación formal unida a ella. El hecho de que el valor

21 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 55-75 <Principios..., págs. 51-53).


económica. En cualquier caso, las mercancías tienen solamente interés
en la relación de cambio**” (circulación simple), en la medida en que
tienen un valor de cambio; por otra parte su valor, tienen solamente
un interés pasajero, ya que él supera la unilateralidad del valor de uso
—<es decir, el estar solamente en relación** con un determinado indivi-
duo y el tener, en consecuencia, una utilidad inmediata para él, el ser
valor de uso—, pero no este valor de uso mismo; más bien él lo coloca
y lo media como valor de uso para otro, etc. Sin embargo, en la medida
en que el valor de cambio en cuanto tal es fijado en el dinero, el valor de
uso está frente a él sólo como un caso abstracto; y precisamente me-
diante la separación de su sustancia coincide él en sí mismo y tiende
a salir de la esfera del simple valor de cambio, cuyo supremo movimien-
to es la circulación simple, y cuya suprema realización es el dinero.
Dentro de esta esfera misma, sin embargo, existe en realidad la
diferencia sólo como una diferencia superficial, como una diferencia
puramente formal. El dinero mismo en su máxima fijeza es de nuevo
mercancía y se diferencia en cuanto tal de las demás sólo por el
hecho de que expresa de forma más completa el valor de cambio; de
ahí precisamente que como moneda él pierda su valor de cambio como

de cambio sea la determinación dominante no contradice esto que decimos. El
uso no cesa, naturalmente, por el hecho de que esté determinado exclusivamente
por el cambio, aunque recibe desde luego su dirección de este hecho. En cual-
quier caso, hay que estudiar esto detenidamente al realizar la investigación sobre
el valor, y no, como hace Ricardo, abstraer (prescindir) simplemente de ello, o
como hace el insípido Say,%8 darse importancia con la simple utilización de
la palabra «utilidad». Ante todo tiene que ser expuesto y se expondrá en el
desarrollo de los diferentes apartados, en qué medida el valor de uso queda como
materia presupuesta fuera de la economía y de sus determinaciones formales,
y en qué medida entra en ella. Sobre la ineptitud de Proudhon, ver la «Misére».
Hasta el momento sabemos como seguro: en el cambio (en la circulación) tene-
mos la mercancía —valor de uso— como precio; que ella, al margen de su precio,
es mercancía, objeto que satisface una necesidad, se comprende por sí mismo.
Ambas determinaciones no entran en absoluto en relación, excepto que el valor
de uso particular se presenta como límite natural de la mercancía; y de ahí que
el dinero, es decir, su valor de cambio, tenga simultáneamente una existencia en el
dinero fuera de ella, pero sólo formalmente. El dinero mismo es mercancía,
tiene un valor de uso como sustancia. <Inciso puesto por Marx entre corchetes.)

*67 NMEGA: «im Tauschverháltnisse»; ed. 1939, «im Tauschwertverhiltnisse»
(en la relación de valor de cambio).

*68 NMEGA: «bezogene»; en la ed. de 1939, «existierende» (existente).

28 Cfr. J. P. Say, Cours, etc. Tome I, págs. 80-83 y Traité, etc. Tome l,
págs. 2-6.


determinación inmanente y se convierta en simple valor de uso, aunque
sea valor de uso para la determinación del precio de las mercancías. Las
determinaciones coinciden inmediatamente, e igualmente se separan in-
mediatamente. Donde ellas se relacionan autónomamente entre sí de
forma positiva, como en el caso de la mercancía que deviene objeto del
consumo, ésta deja de ser un momento del proceso económico; donde
la relación es negativa, como en el dinero, ésta deviene irracionalidad;
pero irracionalidad como un momento de la economía y momento de-
terminante de la vida práctica de los pueblos.

Hemos visto previamente que no se puede decir que el valor de
cambio se realice en la circulación simple. Esto ocurre porque el valor
de uso no se le contrapone en cuanto tal, es decir, como un valor de
uso determinado por el valor de cambio; mientras que, a la inversa, el
valor de uso en cuanto tal no está en relación con el valor de cambio,
sino que sólo se convierte en valor de cambio determinado por el he-
cho de que la naturaleza común a los valores de uso —ser tiempo de
trabajo— es colocada en ellos como una medida externa. Su unidad se
escinde inmediatamente y su diferencia se convierte inmediatamente
en unidad. Que el valor de uso deviene valor de uso sólo mediante el
valor de cambio y que el valor de cambio se media a sí mismo mediante
el valor de uso, es algo que tiene que ser puesto ahora. En la circula-
ción monetaria teníamos solamente las formas diferentes del valor de
cambio (precio de la mercancía-dinero), o solamente valores de uso dife-
rentes (mercancía-M), para las cuales el dinero, el valor de cambio, es
una simple mediación evanescente. Una auténtica relación de valor de
cambio y de valor de uso no tenía lugar. La mercancía en cuanto tal
—su particularidad— es, por lo tanto, un contenido indiferente, casual
e imaginado en general, que cae fuera de la relación formal económica;
o la relación formal económica es sólo una forma superficial, una deter-
minación formal, al margen de cuyo ámbito está la sustancia real, con
la cual ella no se relaciona en absoluto; de ahí que si esta determinación
formal en cuanto tal es fijada en el dinero, entonces éste se transforma
bajo cuerda en un producto natural indiferente, en un metal, en el cual
es cancelada toda relación bien con un individuo, bien con el tráfico
entre individuos. El metal en cuanto tal no expresa naturalmente nin-
guna relación social; incluso la forma de moneda, el último signo de
vida de su significado social, es cancelada en él.

El valor de cambio que se enfrenta al valor de uso, colocado como
parte de la relación, se le enfrenta como dinero; pero el dinero que se
le enfrenta no es ya dinero en su determinación como tal, sino como
capital. El valor de uso o mercancía que se enfrenta al capital o al


valor de cambio puesto, no es ya la mercancía tal como se presentaba
frente al dinero, cuya determinación formal era tan indiferente como
su contenido, y que sólo se presentaba como cualquier sustancia en
general. En primer lugar, como valor de uso para el capital, es decir,
como un objeto por el cual el capital puede ser cambiado sin perder su
determinación de valor, como, por ejemplo, la perdía el dinero cuando
era cambiado por una determinada mercancía. La única utilidad que un
objeto puede tener en general para el capital, sólo puede ser la de con-
servarlo y aumentarlo. Ya hemos visto estudiando el dinero, cómo el
valor independiente en cuanto tal —o cómo la forma general de la ri-
queza— no es capaz de otro movimiento que no sea uno cuantitativo:
el de multiplicarse. Según su concepto el dinero es el resumen de todos
los valores de uso; pero en la medida en que es siempre sólo una
determinada cantidad de dinero (aquí capital) su límite cuantitativo está
en contradicción con su cualidad. En su naturaleza, por lo tanto, está
implícita la tendencia a sobrepasar constantemente sus propios límites.
(Como riqueza susceptible de ser gozada, aparece por ejemplo en la
época del Imperio Romano como una ilimitada dilapidación, que intenta
incluso elevar el gozo a la ilimitación fantástica, devorando ensaladas de
perlas, etc.) Para el valor que se mantiene en sí como valor, la multi-
plicación coincide con la autoconservación, y él se conserva solamente
por el hecho de que constantemente sobrepasa su límite cuantitativo,
que contradice su determinación formal, su generalidad intrínseca. El
enriquecerse se convierte en fin en sí mismo. La actividad teleológica
del capital puede ser solamente la del enriquecimiento, es decir, la del
aumento y multiplicación de sí mismo. Una determinada suma de di-
nero (y el dinero existe siempre para su propietario en una determinada
cantidad, está siempre presente como una determinada suma de dinero)
(esto fue desarrollado en el capítulo del dinero) puede ser suficieñte de
forma completa para un determinado consumo, en el cual él deja pre-
cisamente de ser dinero. Pero como representante general de la riqueza
no puede ser suficiente. Como suma cuantitativa determinada, como
suma limitada, él es también representante limitado de la riqueza gene-
ral, o representante de una riqueza limitada, que tiene precisamente el
mismo alcance que su valor de cambio y que es exactamente medido
por éste. Él no tiene, por lo tanto, la capacidad que debería tener, según
su concepto, de comprar todos los goces, mercancías, y la totalidad de
las sustancias materiales de las riquezas; él no es un précis de toutes
les choses, etc. Fijado como riqueza, como forma general de la riqueza,
como valor, que tiene vigencia como valor, él es, por lo tanto, un im-
pulso constante a pasar por encima de su límite cuantitativo: es un pro-


ceso sin fin. Su propia vitalidad consiste exclusivamente en esto; él
se conserva como valor de cambio válido para sí y diferente del valor
de uso, en la medida en que constantemente se multiplica. (A los seño-
res economistas les resulta condenadamente difícil avanzar teóricamente
de la autoconservación del valor en el capital a su multiplicación; es
decir, a la multiplicación en su determinación fundamental, no sólo
como accidente o como resultado. Ver por ejemplo cómo Storch intro-
duce esta determinación fundamental mediante el adverbio «en sentido
estricto».” Ciertamente, los economistas intentan introducir esto en la
relación de capital como algo esencial, pero cuando esto no ocurre en
la forma brutal de que el capital es determinado como aquello que pro-
duce beneficio, con lo cual la multiplicación del capital mismo es colo-
cada en el beneficio como una forma económica particular, cuando esto
no ocurre de esta forma, ocurre de forma secreta y con argumentos muy
débiles, como mostraremos más adelante, cuando revisemos brevemen-
te las contribuciones de los economistas sobre la determinación concep-
tual del capital. El parloteo de que nadie invierte su capital sin obtener
un beneficio por dicha inversión,” se reduce o bien a la tontería de
que los valientes capitalistas continúan siendo capitalistas incluso sin
invertir su capital, o bien, dicho en forma más ordinaria, a que en el
mismo concepto de capital está implícita su utilización para la obtención
de beneficio. Bien. Esto habría precisamente que demostrarlo.) El dine-
ro como suma de dinero es medido por su cantidad. Este hecho de
ser medido contradice su determinación, que tiene que estar dirigida a
lo inconmensurable. Todo lo que aquí se dice del dinero, tiene aún más
vigencia para el capital, en el que el dinero se desarrolla realmente por
primera vez en su completa determinación. Al capital en cuanto tal sólo
se le puede enfrentar como valor de uso, es decir, como algo útil, aque-
llo que lo aumenta, que lo multiplica y que, por lo tanto, lo conserva
como capital.

En segundo lugar. El capital según su concepto es dinero, pero di-

2m Cfr. SrorcH, Cours, etc. T. 1, pág. 154. Se alude al siguiente pasaje: «Si
se quisiera llevar más lejos la sutileza del razonamiento (a saber: «que la indus-
tria humana no es productiva más que cuando produce un valor suficiente para
reponer los gastos de producción») se podría sostener que el trabajo industrial
que se paga a sí mismo no es todavía un trabajo productivo. En efecto, para
merecer esta calificación, en el sentido más estricto, no basta que el trabajo in-
dustrial produzca lo que ha costado: es necesario que produzca un valor de más,
que pueda aumentar la riqueza nacional».

zo Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 131-132 <Investigación...,
pág. 64); Malthus, Principles, etc., pág. 302.


nero que no existe en la forma simple de oro y plata, ni tampoco en la
forma de dinero contrapuesto a la circulación, sino en la forma de to-
das las sustancias, en la forma de todas las mercancías. En este sentido
el capital en cuanto capital no está en contraposición con el valor de
uso, sino que existe precisamente al margen del dinero en valores de uso.
Estas sus sustancias mismas son ahora, por lo tanto, sustancias efímeras,
que no tendrían ningún valor de cambio, si no tuvieran ningún valor
de uso; pero como valores de uso pierden su valor y son disueltas por
el simple cambio material de la naturaleza, si no son realmente utili-
zadas; y cuando son realmente utilizadas, es cuando realmente desapa-
recen. Desde este punto de vista lo contrario al capital no puede ser
una mercancía particular; pues en cuanto tal ella no constituye nada
opuesto al capital, ya que la sustancia del capital es también valor de
uso; éste no essesta o aquella mercancía, sino toda mercancía. La sus-
tancia común a todas las mercancías, es decir, su sustancia no como
su contenido material, es decir, como su determinación física, sino su
sustancia común en cuanto mercancías, es decir, en cuanto valores de
cambio, es la de ser trabajo objetivado.** Lo único diferente del trabajo
objetivado es el trabajo no objetivado, pero que está en proceso de ob-
jetivación, el trabajo como subjetividad. O también el trabajo objetivado,
es decir, el trabajo espacialmente existente puede ser en cuanto trabajo
pasado contrapuesto al trabajo temporalmente existente. En la medida
en que el trabajo debe estar presente como trabajo temporal, como tra-
bajo vivo, sólo puede estar presente como sujeto vivo, en el cual el
trabajo existe como capacidad, como posibilidad; es decir, como traba-
jador. El único valor de uso, por lo tanto, que puede constituir una
oposición al capital es el trabajo (y el trabajo además creador de valor,
es decir, productivo). Esta observación incidental viene anticipada y tiene
primero que ser desarrollada; lo hacemos inmediatamente. El trabajo
como simple prestación de servicio para la satisfacción de necesidades
inmediatas no tiene nada que ver con el capital, porque éste no lo
busca. Si un capitalista se hace cortar leña para asar su cordero, la rela-
ción no sólo del leñador con él, sino la suya con el leñador es una

*69 Pero únicamente se puede hablar de esta sustancia económica (social)
de los valores de uso, es decir, de su determinación económica en cuanto con-
tenido a diferencia de su forma (pero esta forma es valor, porque es una deter-
minada cantidad de este trabajo), cuando se busca algo contrapuesto al capital.
Por lo qué a sus diferencias naturales se refiere, ninguna de ellas excluye el
que el capital ocupe su lugar o las convierta en su propio cuerpo, en la medida
en que ninguna de ellas excluye la determinación del valor de cambio y de la
mercancía. (Puesto por Marx entre corchetes.)



relación de cambio simple. El leñador le da su servicio, un valor de uso,
que no aumenta el capital, sino un valor de uso en el que éste se consu-
me, y el capitalista le da una mercancía a cambio de ello en la forma de
dinero. Esto sucede con todas las prestaciones de servicios que los tra-
bajadores cambian directamente por el dinero de otras personas y que
son consumidas por estas personas. Este [cambio] es un consumo de
renta y entra en cuanto tal siempre en la circulación simple y no en
la del capital. En la medida en que uno de los que contrata no se enfren-
ta al otro como capitalista, esta prestación del que realiza el servicio no
puede entrar en la categoría de trabajo productivo. Desde la puta hasta
el Papa hay una buena cantidad de esta canalla. Pero incluso el honrado
y «trabajador» subproletariado entra dentro de ella; por ejemplo,
grandes bandas de rufianes, etc., que ofrecen sus servicios en las ciu-
dades portuarias, etc. El que representa al dinero quiere el servicio sólo
por su valor de uso, que desaparece inmediatamente para él; pero el
rufián quiere el dinero, y puesto que al que ofrece el dinero le interesa
la mercancía, y al que ofrece la mercancía le interesa el dinero, repre-
sentan ellos solamente el uno frente al otro los dos lados de la circula-
ción simple; está claro que el rufián, al que le interesa el dinero, es
decir, inmediatamente la forma general de la riqueza, busca la forma de
enriquecerse a costa de su improvisado amigo, lo que a éste, un duro
calculador, tanto más le mortifica, cuanto que esta prestación de servi-
cio, que él ahora necesita, es imputable a su simple debilidad humana
general, pero en modo alguno es exigida de él qua capitalista. A. Smitb,
desde el punto de vista de la economía burguesa, tenía esencialmente
razón con su división de trabajo productivo e improductivo*" Lo que
los otros economistas, por el contrario, alegan es o bien un montón de
superficialidades (ver, por ejemplo, Storch*? y de modo aún más pio-
joso, Senior,** etc.), a saber: que toda acción produce algo, y es, por lo
tanto, transformación del producto en sentido natural y económico; en
este sentido, un ladrón es también un trabajador productivo, en cuanto
que mediatamente produce libros sobre derecho penal (este razonamien-
to es, por lo menos, tan correcto como el que se utiliza para llamar a
un juez trabajador productivo, porque protege contra el robo).** O bien

2 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 355-385 <Investigación...,
págs. 98-316).

12 Cfr. SrorcH, Considerations, etc., págs. 38-50.

28 Cfr. Senior, Principes fondamentaux, etc., págs 284-308.

zu Cfr. Lauderdale, Recherches, etc., págs. 109-111. Lauderdale no habla en
realidad de ladrones; a lo que Marx hacía referencia resulta claro de las Theorien
úiber den Mebrwert <Teorías sobre la Plusvalía>, MEW, T. 26, 1, págs. 236-237.


los economistas modernos se han convertido en tales sicofantes del
burgués que quieren hacerle creer a éste que es un trabajo productivo
el de aquel que le busca los piojos en la cabeza, o le frota la cola, porque
este último movimiento le tendrá su gorda cabeza (blockhead) más des-
pejada el próximo día en su oficina. Es, por lo tanto, completamente
justo —pero al mismo tiempo también característico— que para los
economistas consecuentes los trabajadores, por ejemplo, de las tiendas
de lujo sean trabajadores productivos, aunque aquellos que consumen
tales objetos sean castigados expresamente como dilapidadores impro-
ductivos. El hecho es que estos trabajadores son ciertamente producti-
vos en la medida en que aumentan el capital de su patrón; son
improductivos por lo que al resultado material de su trabajo se refiere.
En realidad este trabajador «productivo» está tan interesado en la mierda
que tiene que hacer como el capitalista mismo que lo hace trabajar y
al que también le importa muy poco la baratija. Pero entonces, para
hablar con precisión, se descubre que en realidad la definición verda-
dera de un trabajador productivo es la siguiente: un hombre que no
necesita ni exige nada más que lo estrictamente necesario para ser capaz
de producir el mayor beneficio posible para su capitalista. Todo es un
sinsentido. Divagación. Pero habrá que volver más detenidamente a esto
del trabajo productivo e improductivo.

Los dos procesos diferentes en el cambio del capital con el trabajo.
(Aquí lo que es cambiado con el capital entra a formar parte con su
valor de uso de la determinación económica formal, etc.)

El valor de uso que se enfrenta al capital en cuanto valor de cambio
realizado es el trabajo. El capital se cambia, o existe en esta determina-
ción, sólo en relación con el ro-capital, con la negación del capital, en
relación con la cual solamente él es capital; el no-capital real es el
trabajo.

Si observamos el cambio entre capital y trabajo, encontramos que
se escinde en dos procesos no sólo formal, sino cualitativamente dife-
rentes e incluso opuestos:

1) El trabajador cambia su mercancía, el trabajo, el valor de uso,
que como mercancía también tiene un precio, como todas las demás
mercancías, por una determinada suma de valores de cambio, por una
determinada suma de dinero, que el capital le da.

2) El capitalista recibe el trabajo mismo, el trabajo como activi-
dad creadora de valor, como trabajo productivo; es decir, recibe la fuer-

1d


za productiva, que conserva al capital y lo multiplica y que con ello
se convierte en fuerza productora y reproductora del capital, en una
fuerza que pertenece al capital mismo.

La separación de estos dos procesos es tan evidente, que pueden
presentarse cronológicamente separados y que en modo alguno tienen
que coincidir. El primer proceso puede haber sido terminado, y la mayor
parte de las veces lo ha sido en cierta medida, antes de que empiece
siquiera el segundo. La consumación del segundo acto presupone la
finalización del producto. El pago del salario no puede esperar a que
esto ocurra. Nosotros veremos incluso, como es una determinación esen-
cial de la relación, el que no lo espera.

En el cambio simple, en la circulación, no tiene lugar este doble
proceso. Si la mercancía a es cambiada por la mercancía b, y ésta es
cambiada por la mercancía c destinada al consumo —que es el objetivo
originario del cambio para a—, el uso de la mercancía c, su consumo,
cae fuera de la circulación; no afecta a la forma de la relación; está
más allá de la circulación misma, y es un puro interés material, que ex-
presa solamente una relación del individuo Á en su naturalidad con un
objeto que satisface su necesidad individual. Lo que comienza con la
mercancía c es una cuestión que está fuera de la relación económica.
Aquí, por el contrario, el valor de uso del objeto cambiado por el dinero
se presenta como una relación económica particular, y la utilización
determinada del objeto cambiado por el dinero constituye la finalidad
última de ambos procesos. Esto diferencia, por lo tanto, hasta formal-
mente, el cambio entre capital y trabajo del cambio simple —dos pro-
cesos diferentes.

Si pasamos ahora a ver cómo desde el punto de vista del contenido
el cambio entre capital y trabajo es diferente del cambio simple (circu-
lación), encontramos que esta diferencia no resulta de una relación o
comparación externa, sino que en la totalidad del último proceso la se-
gunda forma se diferencia de la primera, y que esta comparación misma
está allí incluida. La diferencia del segundo acto del primero —a saber,
el proceso particular de la apropiación del trabajo por parte del capi-
tal es el segundo acto— es exactamente la diferencia del cambio entre
capital y trabajo del cambio entre mercancías mediado por el dinero. En
el cambio entre capital y trabajo el primer acto es un cambio, cae por
completo dentro de la circulación ordinaria; el segundo es un proceso
cualitativamente diferente del cambio, y es solamente por un uso im-
propio por lo que puede ser llamado en general cambio de una cierta
clase. Se contrapone directamente al cambio; es esencialmente otra ca-
tegoría.


Capital y propiedad moderna de la tierra. — Wakefield

[[ Capital. 1. Generalidad: 1) a) Cómo el capital llega a serlo a partir
del dinero. b) Capital y trabajo (que se media a través del trabajo
ajeno). c) Los elementos del capital analizados según su relación con el
trabajo (producto, materia prima, instrumento de trabajo). 2) Partícula-
rización del capital: a) Capital circulante, capital fijo. Circulación del
capital. 3) La individualidad del capital: capital y beneficio. Capital
e interés. El capital en cuanto valor diferente de sí mismo en cuanto
interés y:*baineficio. 11. Particularidad: 1) Acumulación de capitales.
2) Competentia de capitales. 3) Concentración de capitales (diferencia
cuantitativa del capital como diferencia al mismo tiempo cualitativa,
como medida de su volumen y de su eficacia).*” III. Individualidad:
1) El capital como crédito. 2) El capital como capital por acciones. 3) El
capital como mercado monetario. En el mercado monetario el capital
es colocado en su totalidad; en él el capital es determinador del precio,
dador de trabajo, regulador de la producción; en una palabra, fuente de
la producción (que determina materialmente los precios mediante la in-
dustria, y desarrolla las fuerzas productivas), pero al mismo tiempo,
como creador de valores, tiene que producir una forma de la riqueza o
un valor específicamente diferente del capital. Este valor es la renta
de la tierra. Ésta es la única creación de valor del capital como valor
diferente de sí mismo y de su propia producción. Tanto según su natu-
raleza como históricamente, el capital es el creador de la propiedad
territorial moderna y de la renta de la tierra; de forma tal que su ac-
ción se presenta, en consecuencia, como la disolución de la forma anti-
gua de la propiedad territorial. La forma nueva nace de la acción del
capital sobre la forma antigua. El capital es tal —considerado desde
uno de sus lados— en cuanto creador de la agricultura moderna. En
las relaciones económicas de la propiedad territorial moderna, que se
presenta como un proceso: renta de la tierra-capital-trabajo asalariado
(la forma de la serie puede ser aprehendida de otra manera: como tra-
bajo asalariado-capital-renta de la tierra; pero el capital tiene que pre-
sentarse siempre como el medio activo) está, por lo tanto, puesta la
construcción interna de la sociedad moderna, o el capital en la totalidad
de sus relaciones. La cuestión ahora es la siguiente: ¿cómo se produce
la transición de la propiedad territorial al trabajo asalariado? (La tran-

*70 Tachado en el ms.: b) El capital como crédito. c) El capital por acciones.

d) El mercado monetario. e) El capital como determinador de los precios.


sición del trabajo asalariado al capital resulta evidente, ya que el capital
aquí sólo regresa a su fundamento activo.) Históricamente la transición
es indiscutible. Está ya implícita en el hecho de que la propiedad terri-
torial es un producto del capital. Encontramos, por lo tanto, en todas
partes que allí donde mediante la acción del capital sobre las formas
antiguas de la propiedad territorial esta última se transforma en renta
en dinero (lo mismo tiene lugar allí donde es creado el campesino mo-
derno), y donde simultáneamente la agricultura explotada por el capital
se transforma en agronomía industrial, los cottiers, siervos de la gleba,
campesinos feudales, enfiteutas, siervos domésticos, etc., se convierten
necesariamente en jornaleros, en trabajadores asalariados, es decir, que
el trabajo asalariado en su totalidad es creado por primera vez a través
de la acción del capital sobre la propiedad territorial, y después tan
pronto como esta forma está ya elaborada, a través del mismo propieta-
rio de la tierra. Este mismo, entonces, como dice Steuart, libera la tierra
de sus bocas inútiles, arranca a los hijos de la tierra del pecho en el
que han sido criados, y transforma de esta manera el trabajo en la tierra,
que según su naturaleza aparece como fuente de subsistencia inmediata,
en fuente de subsistencia mediata, dependiente simplemente de relacio-
nes sociales. (La dependencia recíproca tiene que ser elaborada primera-
mente de forma pura, antes de que se pueda pensar en una comunidad
social real. Todas las relaciones como relaciones puestas por la socie-
dad y no como relaciones determinadas por la naturaleza.) Solamente me-
diante ello es posible por primera vez la aplicación de la ciencia y el
desarrollo total de la fuerza productiva. No puede, por lo tanto, existir
ninguna duda de que el trabajo asalariado en su forma clásica, como
forma que invade la sociedad en toda su extensión y se convierte —en
lugar de la tierra— en el suelo firme sobre el que la sociedad se apoya,
es creado por primera vez por la propiedad territorial moderna, es decir,
por la propiedad territorial como valor creado por el capital mismo. De
ahí que la propiedad territorial nos lleve de nuevo al trabajo asalariado.
Considerado desde un punto de vista no es más que la transferencia del
trabajo asalariado de las ciudades al campo, es decir, el trabajo asalariado
extendido por toda la superficie de la sociedad. El viejo propietario
territorial, si es rico, no necesita de un capitalista para convertirse en
un propietario territorial moderno. Necesita solamente transformar a
sus trabajadores en trabajadores asalariados y producir para obtener be-
neficio en lugar de renta. Entonces, en su persona están presupuestos
el moderno agricultor y el moderno propietario territorial. Pero ésta no
es una diferencia puramente formal, en la que sólo cambia la forma
en que se obtiene la renta o la forma en que es pagado el trabajador, sino


que presupone una transformación total del mismo modo de producción
(de la agricultura); tiene, por lo tanto, presupuestos que descansan so-
bre un determinado desarrollo de la industria, del comercio y de la
ciencia o, en pocas palabras, en el desarrollo de las fuerzas productivas.
De la misma forma que, en general, la producción que descansa sobre
el capital y el trabajo asalariado no sólo es diferente formalmente de los
otros modos de producción, sino que presupone igualmente una revolu-
ción total y el desarrollo de la producción material. Aunque el capital
como capital comercial puede desarrollarse plenamente (pero limitado
cuantitativamente), el capital industrial no puede hacerlo sin esta trans-
formación de la propiedad territorial. El desarrollo mismo de la manu-
factura presupone una disolución inicial de las antiguas relaciones eco-
nómicas de la propiedad territorial. Por otra parte, de esta disolución
puntual** sólo nace la nueva forma en su totalidad y extensión cuando
la industria moderna ha alcanzado un alto grado de desarrollo, pero esta
misma avanza tanto más deprisa cuanto más se ha desarrollado la agri-
cultura moderna, la forma de propiedad y las relaciones económicas
correspondientes a ella. De ahí que Inglaterra sea el país modelo para
los demás países continentales. Asimismo, si la primera forma de indus-
tria, la gran manufactura, presupone ya la disolución de la propiedad
territorial, así también esta misma está condicionada a su vez por el
desarrollo subordinado del capital en las ciudades, en sus formas toda-
vía no desarrolladas (medievales) y al mismo tiempo por la influencia
de la manufactura floreciente en otros países junto con el comercio (así
la influencia de Holanda sobre Inglaterra en el siglo xvI y primera mi-
tad del siglo xvI1). En estos países el proceso ya ha sido realizado y la
agricultura ha sido sacrificada a la ganadería, y los cereales son impor-
tados de países que se han quedado atrasados, como Polonia. (Holanda
de nuevo.) Hay que considerar que las nuevas fuerzas productivas y las
nuevas relaciones de producción no se desarrollan a partir de la nada,
ni del aire, ni aun del seno de la idea que se pone a sí misma,** sino
dentro del ámbito y en contraposición con el desarrollo existente de la
producción y las relaciones de propiedad tradicionales. Si en el sistema
burgués acabado cada relación económica presupone la otra en la forma
económico-burguesa, siendo de esta manera cada elemento puesto al
mismo tiempo un presupuesto, esto ocurre también en todo sistema or-
gánico. Este sistema orgánico mismo como totalidad tiene sus presu-
puestos, y su desarrollo hacia la totalidad consiste precisamente en su:

aus Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 201, 214, 246, 618-621.
me Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 90-91.


bordinar a sí mismo todos los elementos de la sociedad, y en extraer de
ella los elementos que le faltan. Así se convierte históricamente en una
totalidad. El llegar a ser esta totalidad constituye un momento de su
proceso, de su desarrollo. Si por otra parte dentro de una sociedad
las relaciones de producción modernas, es decir, el capital se ha desarro-
llado hasta alcanzar su totalidad, y esta sociedad se apodera de un nue-
vo terreno, como ocurre, por ejemplo, en las colonias, entonces ella, o
mejor dicho, su representante, el capitalista, se encuentra con que su
capital deja de ser capital sin trabajo asalariado y con que uno de sus
presupuestos es no sólo la propiedad territorial en general, sino la pro-
piedad territorial moderna; propiedad territorial que como renta capita-
lizada es cara, y en cuanto tal, excluye la utilización inmediata de la
tierra por los individuos. De ahí que la teoría de las colonias de Wake-
field sea seguida en la práctica por el gobierno inglés en Australia. La
propiedad territorial es aquí encarecida artificialmente, para transformar
a los trabajadores en trabajadores asalariados, para hacer actuar al ca-
pital en cuanto capital y para hacer productiva a la nueva colonia; se
trata de desarrollar en ella la riqueza en lugar de gastarla, como ocurrió
en América, para su entrega momentánea a los trabajadores asalariados.
La teoría de Wakefield es infinitamente importante para una concep-
ción adecuada de la propiedad territorial moderna. El capital como crea-
dor de la renta de la tierra retorna, por lo tanto, a la producción del
trabajo asalariado como a su fundamento creador general. El capital
procede de la circulación v crea al trabajo como trabajo asalariado; de
esta forma se desarrolla, y cuando alcanza su totalidad, crea a la propie-
dad territorial como su condición y como su antítesis al mismo tiempo.
Pero de esta forma se muestra que él sólo ha creado al trabajo asalaria-
do como su presupuesto general. Este último, por lo tanto, hay que
considerarlo para sí mismo. Por otra parte, la propiedad territorial mo-
derna misma se presenta de la forma más potente en el proceso de
clearing of estates”” y en la transformación de los trabajadores del cam-
po en trabajadores asalariados. La transición al trabajo asalariado es pues
doble. Esto desde el punto de vista positivo. Negativamente, después
de que el capital ha creado la propiedad territorial y ha alcanzado con
ello su doble finalidad de: 1) agricultura industrial y mediante ello
desarrollo de la fuerza productiva de la tierra; 2) trabajo asalariado, es
decir, dominio general del capital en el campo, después de ello, el capi-
tal considera la existencia de la misma propiedad territorial como un

27 Cfr. Somers, Letters from the Highlands; or the Famine of 1847. London
1848.


mero desarrollo pasajero, que es necesario como acción del capital sobre
las antiguas relaciones de producción, y un producto de su disolución,
pero que en cuanto tal —una vez alcanzada esta finalidad— constituye
una simple limitación del beneficio, y no una necesidad para la produc-
ción. El capital intenta, por lo tanto, disolver la propiedad territorial
como propiedad privada y transferirla al Estado. Éste es el lado negati-
vo. De esta forma toda la sociedad es transformada en capitalistas y
trabajadores asalariados. Cuando el capital ha llegado a tal punto, el
trabajo asalariado ha llegado también tan lejos que, por su parte, intenta
eliminar al propietario territorial como excrecencia, para la simplifica-
ción de la relación, suavización de los impuestos, etc., actuando de la
misma forma que si fuera un burgués; por otra parte, para escapar del
trabajo asalariado y convertirse en productor independiente (para el uso
inmediato) requiere la parcelación de la gran propiedad territorial. La
propiedad territorial es negada así desde dos lados; la negación por par-
te del capital es sólo transformación formal, con la finalidad de alcanzar
un dominio único. (Renta de la tierra como renta general (impuesto)
del Estado, de forma tal que la sociedad burguesa reproduce en otra
forma el sistema medieval, pero como la completa negación del mismo.)
La negación por parte del trabajo asalariado es sólo la negación disimu-
lada del capital y, por lo tanto, también la negación de sí mismo. Hay
que considerar ahora, por lo tanto, al trabajo asalariado como indepen-
diente frente al capital. La transición es, pues, doble: 1) transición po-
sitiva a partir de la propiedad territorial moderna o del capital median-
te la propiedad territorial moderna al trabajo asalariado general; 2)
transición negativa: negación de la propiedad territorial por el capi-
tal, es decir, negación del valor independiente por el capital, es decir,
negación del capital por sí mismo. Pero su negación es el trabajo
asalariado. Entonces, negación de la propiedad territorial y mediante
ella del capital por parte del trabajo asalariado. Es decir, el trabajo
asalariado quiere ponerse como independiente.]]**

[[ El mercado, que al comienzo se presenta como determinación abs-
tracta en la economía, adquiere dimensiones globales. Por una parte, se
convierte en mercado de dinero. Éste incluye el mercado de cambios y,
en general, el mercado de préstamos; por lo tanto, comercio de dinero,
mercado de oro en lingotes. Como mercado de préstamos en dinero se

ue Véase en relación con todo este apartado el Briefwechsel zwischen Marx
und Lasalle, etc., editado por Gustav Mayer. Stuttgart. Berlín 1922 (en Ferdinand
Lasalles Nachgelassene Briefe und Schriften. Dritter Band), págs. 116-117 y 120,
así como Zur Kritik der politischen Okonomie, de Marx, en particular el prólogo.


presenta tanto en la forma de bancos como, por ejemplo, bancos de des-
cuentos: mercado de préstamos, agentes de cambio, etc.; así como tam-
bién en cuanto mercado de todos los titulos que devengan interés: títulos
estatales y acciones. Estas últimas se dividen en varios grupos impor-
tantes (primero, las acciones de las instituciones financieras; acciones
de bancos con capital por acciones; acciones de medios de comunicación
(las acciones de ferrocarriles son las más importantes; acciones de ca-
nales, acciones de medios de navegación; acciones de telégrafos, acciones
de ómnibus); acciones de empresas industriales generales (acciones de
minas son las principales). Acciones relativas al aprovisionamiento de ele-
mentos de utilidad general (acciones de gas, acciones de sistemas de
conducción de aguas). Acciones de múltiples clases que existen por mi-
llares. Por ejemplo, para la conservación de mercancías (acciones por-
tuarias, etc.). Infinitos tipos de acciones de otras clases como las de las
empresas o compañías comerciales o industriales por acciones. Finalmen-
te, como garantía de la totalidad, acciones de seguro de todas clases).
De la misma forma que el mercado en su totalidad se descompone en
mercado interno y mercado externo, así también el mercado interior
se descompone a su vez en mercado de acciones internas, de títulos
nacionales, etc., mercado de títulos extranjeros, acciones extranjeras, etc.
Pero este desarrollo pertenece realmente al mercado mundial, que no
sólo es el mercado interno en relación con todos los mercados extran-
jeros existentes fuera de él, sino que es al mismo tiempo el mercado
interno de todos los mercados extranjeros en cuanto partes constituti-
vas del mercado interno. La concentración del mercado del dinero en
una plaza principal de un país, mientras que los demás mercados se
dividen más según la división del trabajo; aunque también aquí hay
una concentración en la ciudad principal cuando ésta es al mismo tiem-
po puerto de exportación. Los mercados diferentes del mercado de di-
nero són ante todo tan diferentes como lo son los productos y las ramas
de la producción, y constituyen asimismo mercados diferentes. Los mer-
cados principales de estos diferentes productos se constituyen en cen-
tros, que lo son bien en relación con la importación o exportación, o
bien porque son centros de una determinada producción o lugares de
accesos inmediatos a tales centros. A partir de esta simple diferencia-
ción, estos mercados pasan a adquirir una especialización más o menos
orgánica en grandes grupos, que necesariamente, según los elementos
fundamentales del capital, se descomponen en: mercado de productos
y mercado de materias primas. El instrumeríto de producción en cuanto
tal no constituye ningún mercado particular; fundamentalmente está
presente en cuanto tal en la forma de materias primas, vendidas como


instrumentos de producción; pero en particular en la forma de metales,
ya que éstos excluyen toda idea de consumo inmediato, o en la forma
de productos como el carbón, petróleo, materias químicas, que están des-
tinadas a desaparecer como medios accesorios de la producción. Lo mismo
ocurre con los colores, madera, drogas <drugs», etc. Por lo tanto:

1. Productos. 1) Mercado de grano con sus diferentes subdivisio-
nes. Por ejemplo, mercado de semillas: arroz, tapioca, patatas, etc. Es
económicamente muy importante; al mismo tiempo mercado para la
producción y para el consumo inmediato. 2) Mercado de productos co-
loniales. Café, té, cacao, azúcar, especias (pimienta, tabaco, pimentón,
canela, canela de la China, clavos de olor, jenjibre, macis, nuez mos-
cada, etc.). 3) Frutas. Almendras, pasas, higos, ciruelas, uvas, naranjas,
limones, etc. Melaza (para la producción, etc.). 4) Materias alimenticias.
Mantequilla, queso, bacon, jamón, manteca de cerdo, cerdo, ternera
(ahumada), pescado, etc. 5) Alcoholes. Vino, ron, cerveza, etc. 11. Pro-
ductos sin elaborar. 1) Materias primas de la industria mecánica. Lino,
cáñamo, algodón, seda, lana, pieles, cuero, gutapercha, etc. 2) Materias
primas de la industria química. Potasio, salitre, trementina, nitrato de
sosa, etc. 111. Materias primas que al mismo tiempo son instrumentos
de producción. Metales (cobre, hierro, estaño, cinc, plomo, acero, etc.).
Madera. Madera en general, madera de construcción, madera de colo-
res, madera para la construcción de barcos, etc. Materias primas y medios
de producción accesorios. Drogas y materias colorantes. (Carmín, añil,
etcétera; alquitrán, sebo, petróleo, carbón, etc.). Cada producto tiene
naturalmente que entrar en el mercado; pero mercados realmente gran-
des, a diferencia del comercio al por menor, lo constituyen solamente
los grandes productos de consumo (económicamente importantes son
solamente el mercado de granos, de té, de azúcar, de cafe (el de vinos
en cierta medida y el de alcoholes en general), o los que son materias
primas para la industria (mercado de lana, de seda, de madera, de me-
tal, etc.). En qué lugar tiene que ser colocada la categoría abstracta de
mercado, se verá más adelante.


Cambio entre capital y trabajo. Salario por piezas. — Valor de la
capacidad de trabajo. — Participación del trabajador asalariado en la
riqueza general, determinada sólo cuantitativamente. — El dinero como
equivalente del trabajador. Enfrentado por lo tanto al capital como
su igual. — Pero la finalidad de su cambio es la satisfacción de su
necesidad. El dinero para él sólo es medio de circulación. El ahorro,
la abstinencia, como medios de enriquecimiento del trabajador. —
Ausencia de valor y devaluación del trabajador como condición del
capital.

El cambio del trabajador con el capitalista es un cambio simple; cada
uno obtiene un equivalente; uno dinero, el otro, una mercancía, cuyo
precio es exactamente igual al dinero pagado por ella; lo que el capita-
lista obtiene en este cambio simple es un valor de uso: disposición sobre
trabajo ajeno. Por parte del trabajador —y éste*” es el cambio en el que
él se presenta como vendedor— es evidente que el uso que el compra-
dor hace de la mercancía que le ha sido cedida, la determinación formal
de la relación, le importa tan poco como al vendedor de cualquier otra
mercancía o valor de uso. Lo que él vende es la disposición sobre su
trabajo, que es un trabajo determinado, una determinada destreza, etc.

Es completamente indiferente lo que el capitalista hace con su tra-
bajo, aunque naturalmente dicho capitalista sólo puede utilizarlo según
su determinación, y aunque su disposición misma se limita a un trabajo
determinado y a una disposición temporalmente determinada sobre el
mismo (tanto tiempo de trabajo). El sistema de pago del trabajo por pie-
zas engendra la ilusión de que el trabajador recibe una determinada
parte del producto. Pero ésta es solamente otra forma de medir el tiem-
po (en lugar de decir: tú trabajas durante doce horas, se dice, tú recibes
tanto por pieza; es decir, nosotros medimos el tiempo que tú has tra-
bajado por el número de los productos); de momento esto no nos in-
teresa en absoluto para la consideración de la relación general. Si el
capitalista se conformara con la simple capacidad de disposición, sin
hacer trabajar realmente al trabajador, para tener, por ejemplo, su tra-
bajo como reserva, etc., O para sustraer a sus competidores dicha
capacidad de disposición (como, por ejemplo, hacen los directores
de teatro, que compran una cantante para una temporada, no para
hacerla cantar, sino para que ella no cante en un teatro que le hace la
competencia) el cambio es también perfecto. El trabajador obtiene en el
dinero el valor de cambio, la forma general de la riqueza en una deter-

*11 NMEGA: «diefB»; en la ed. de 1939, «Dienst» (servicio).


minada cantidad, y la mayor o menor cantidad que él obtiene le procura
una mayor o menor participación en la riqueza general. La forma en que
es determinado este más o este menos, la forma en que es medida la can-
tidad de dinero que él recibe, interesa tan poco a la relación general,
que no puede ser desarrollada a partir de ésta en cuanto tal. Considerado
en general, el valor de cambio de su mercancía sólo puede ser deter-
minado, no mediante la forma en que el comprador hace uso de su
mercancía, sino solamente mediante la cantidad de trabajo objetivado
que está presente en la mercancía misma; es decir, en este caso me-
diante la cantidad de trabajo que cuesta producir al trabajador mismo.
Pues el valor de uso que él ofrece existe sólo como capacidad, como
facultad de su cuerpo; no existe fuera de éste. El trabajo.objetivado
que es necesario para conservar corporalmente tanto la sustancia gene-
ral, en la que existe su capacidad de trabajo, como a él mismo, así
como también para modificar esta sustancia general para el desarrollo
de una capacidad particular, es el trabajo objetivado ¿en la mercancía.
Este trabajo mide en general la cantidad de valor, la suma de dinero
que el trabajador obtiene en el cambio. El desarrollo posterior de cómo
se mide el salario, al igual que todas las demás mercancías, mediante
el tiempo de trabajo que es necesario para producir al trabajador en
cuanto tal, no entra todavía en este análisis. En la circulación, cuando
cambio una mercancía por dinero y con éste compro mercancías para
satisfacer mi necesidad, el acto concluye. Así ocurre también para el
trabajador. Pero él tiene la posibilidad de empezar el acto de nuevo,
porque su vitalidad es la fuente en la que su propio valor de uso, hasta
un cierto tiempo, hasta que ha sido gastada, se enciende continuamente
de nuevo y permanece constantemente opuesta al capital, para comen-
zar de nuevo el mismo cambio. Como todo individuo que está en la cir-
culación como sujeto, el trabajador es poseedor de un valor de uso; él lo
cambia por dinero, la forma general de la riqueza, pero sólo para cam-
biar éste a su vez por mercancías como objeto de su consumo inmediato
y medios para la satisfacción de sus necesidades. Puesto que cambia su
valor de uso por la forma general de la riqueza, el trabajador se convierte
en copartícipe en el goce de la riqueza general hasta el límite de su equi-
valente —un límite cuantitativo que se transforma en un límite cualitati-
vo, como ocurre en todo cambio. Pero él no está vinculado a objetos
particulares o a una forma particular de satisfacción. El círculo de sus
goces no está limitado cualitativamente, sino cuantitativamente. Esto es
lo que lo distingue de los esclavos, siervos de la gleba, etc. El consumo
repercute ciertamente sobre la producción misma; pero esta repercu-
sión le importa tan poco al trabajador en su cambio como a cualquier


otro vendedor de otra mercancía; desde el punto de vista de la circu-
lación —y no tenemos ninguna otra relación desarrollada ante noso-
tros— ella cae más bien fuera de la relación económica. Sin embargo,
ya puede ser observado de pasada, que la limitación relativa —limita-
ción sólo cuantitativa y no cualitativa, y cualitativa sólo en la medida
en que es puesta por la cantidad—, del círculo de los goces de los tra-
bajadores les otorga en cuanto consumidores (en el desarrollo posterior
del capital tiene que ser considerada más de cerca la relación del con-
sumo y de la producción en general) una importancia como agentes de
la producción completamente diferente de la que, por ejemplo, tenían
en la Edad Antigua o en la Edad Media, o de la que tienen hoy en
Asia. Pero esto, como ya hemos dicho, no entra aquí todavía. Igual-
mente, en la medida en que el trabajador obtiene el equivalente en la
forma de dinero, en la forma de la riqueza general, él se enfrenta en
este cambio al capitalista como un igual, como cualquier otro individuo
que cambia; al menos en apariencia. En realidad, esta igualdad está ya
alterada por el hecho de que su relación con el capitalista en cuanto
trabajador, es decir, en cuanto valor de uso en forma específicamente
diferente del valor de cambio, en oposición al valor puesto como va-
lor, es ya un presupuesto para este cambio aparentemente simple; él
está ya, por lo tanto, en una relación económica determinada de forma
diferente, es decir, fuera del cambio, en el cual la naturaleza del valor
de uso, el valor de uso particular de la mercancía en cuanto tal, es indi-
ferente. Esta apariencia existe, sin embargo, como ilusión por su parte,
y en cierta medida también por la otra parte, y modifica, por lo tanto,
esencialmente su relación, a diferencia de aquella en que el trabajador
se encuentra en otros modos de producción social. Pero lo que es esen-
cial es que la finalidad del cambio para él es la satisfacción de su ne-
cesidad. El objeto de su cambio es inmediatamente objeto de su necesi-
dad, y no valor de cambio en cuanto tal. Él obtiene dinero, pero sólo
en su determinación como moneda; es decir, sólo como mediación eva-
nescente y que se niega a sí misma. Lo que él cambia no es, por lo
tanto, valor de cambio, no es la riqueza, sino medios de subsistencia,
objetos para el mantenimiento de su vitalidad, para la satisfacción de
sus necesidades en general, físicas, sociales, etc. Es un determinado equi-
valente en medios de subsistencia, de trabajo objetivado, medido por
los costes de producción de su trabajo. Lo que él da es la disposición
sobre este trabajo. Por otra parte, es ahora verdad que incluso dentro
de la circulación simple la moneda pasa a ser dinero, y que, por lo tan-
to, en la media en que el trabajador obtiene monedas en el cambio,
puede transformarlas en dinero, en la medida.en que las acumula, etc.,


las sustrae a la circulación; son fijadas como forma general de la rique-
za, en lugar de como medio de cambio evanescente. Desde este punto
de vista podría decirse, en consecuencia, que, en el cambio del traba-
jador con el capital, su objeto —y consecuentemente también el pro-
ducto del cambio para él — no son los medios de subsistencia, sino la
riqueza, no un valor de uso particular, sino el valor de cambio en cuanto
tal. Según ello, el trabajador solamente podría convertir el valor de
cambio en su propio producto, de la misma forma en que únicamente
la riqueza en general puede aparecer como producto de la circulación
simple, en la que se cambian equivalentes, a saber: sacrificando la
satisfacción sustancial de sus necesidades a la forma de la riqueza; es
decir, sustrayendo a la circulación menos bienes de los que él le da,
mediante la abstinencia, el ahorro, y la restricción de su consumo. Ésta
es la única forma posible de enriquecerse, puesta por la circulación
misma. La abstinencia podría presentarse también*””? de forma más
activa de lo que está colocada en la circulación simple, y que consiste
en que el trabajador renuncia en mayor medida al descanso, y a su
existencia en general en cuanto separada de su existencia como traba-
jador y sólo existe dentro de lo posible en cuanto tal trabajador; es
decir, el trabajador renueva con su asiduidad el acto de cambio con
más frecuencia o lo prolonga cuantitativamente.”” De ahí que inclu-
so en la sociedad actual la exigencia de la asiduidad, del ahorro,
de la abstinencia, sea formulada no sólo a los capitalistas, sino a los
trabajadores, y precisamente por parte de los capitalistas. La sociedad
actual presenta la exigencia paradójica de que precisamente debe abs-
tenerse aquel para el que el objeto de cambio son los medios de
subsistencia, y no aquel para el cual el objeto de cambio es el enrique-
cimiento. La ilusión de que los capitalistas realmente practicaron la
abstinencia —y por ello se convirtieron en capitalistas—, un postulado
y una idea, que en general sólo tenía sentido en la época anterior, en
la que el capital se constituyó a partir de relaciones feudales, etc.—,
es abandonada por todos los economistas modernos serios.% El traba-
jador debe ahorrar, y mucho bombo se ha dado a las cajas de aho-
rro, etc. (A propósito de éstas, sin embargo, ha sido concedido incluso
por los economistas, que su finalidad real no es la riqueza, sino una

29 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 104-105 <Investigación...,
pág. 31). Í
m0 Cfr. SENIOR, Principes fondamentaux, etc., págs. 307-308.

*12 NMEGA: «auch»; en la ed. de 1939, «noch» (aún).


distribución más oportuna de los gastos, de forma tal que los trabaja-
dores en la vejez, o cuando están enfermos, o en épocas de crisis, etc.,
no recurran a las casas de pobres, al Estado o a mendigar (en una
palabra, que la clase obrera y no los capitalistas soporten la carga, y
que vegeten a costa de sus propios bolsillos), es decir, que los traba-
jadores ahorren para los capitalistas, para reducir sus costes de pro-
ducción para éstos.) Solamente que ningún economista negará que, si
los trabajadores en general, es decir, en cuanto trabajadores (lo que
haga o pueda hacer el trabajador aislado a diferencia de su género,
sólo puede existir precisamente como excepción y no como regla, por-
que no está incluido en la determinación de la relación misma) acce-
dieran por regla general a estas exigencias (independientemente de
los daños que ocasionarían al consumo —la pérdida sería enorme—, y
por lo tanto, a la producción, y consiguientemente al número y masa
de cambios que se podrían hacer con el capital, y por lo tanto, el daño
que se harían a sí mismos como trabajadores), entonces el trabajador
aplicaría medios que niegan de forma absoluta su propia finalidad, y
que lo degradarían necesariamente al nivel de los irlandeses, al nivel del
trabajador asalariado en el que el mínimo animal de necesidades, el
mínimo de medios de subsistencia se presenta para él como el único
objeto y finalidad de su cambio con el capital. Con la finalidad de ob-
tener riqueza en lugar de valor de uso, no sólo no obtendría ninguna
riqueza, sino que perdería además el valor de uso. Pues, por lo general,
el máximo de asiduidad, el máximo de trabajo y el mínimo de consumo
—y este último es el máximo de su abstinencia y de su obtención de
dinero— no conduciría más que a obtener por un máximo de trabajo
un mínimo de salario. Él sólo habría reducido mediante su esfuerzo el
nivel general de los costes de producción de su propio trabajo y, por
lo tanto, su precio general. Sólo como excepción puede el trabajador a
base de fuerza de voluntad, fuerza física, resistencia, avaricia, etc., trans-
formar sus monedas en dinero; sólo como excepción de su clase y de
las condiciones generales de su existencia. Si todos, o la mayor parte
de los trabajadores, fueran más diligentes de lo normal (en la medida
en que la diligencia en la industria moderna en general es dejada a su
arbitrio, lo cual no ocurre en las ramas de la producción más importan-
tes y más desarrolladas), ellos no aumentarían de esta forma el valor
de su mercancía, sino solamente su cantidad; aumentarían, por lo
tanto, las exigencias que se les hace en cuanto valores de uso. Si todos
ahorraran, una reducción general del salario los pondría de nuevo al ni-
vel correspondiente, ya que el ahorro en general mostraría a los capita-
listas que su salario en general es demasiado elevado, que ellos obtienen


más del equivalente por su mercancía, la capacidad de disposición sobre
su trabajo; ya que es precisamente la esencia del cambio simple —y
en esta relación están los obreros respecto del capital— el que nadie
introduzca más en la circulación de lo que sustrae a ella; pero a ella
sólo se le puede sustraer lo que se ha introducido. Un trabajador aislado
puede ser diligente por encima del nivel normal, más de lo que tiene
que serlo para vivir como trabajador, solamente porque otro trabajador
está bajo este nivel, es más vago; él puede ahorrar solamente porque
y si otro dilapida. Lo máximo a lo que él puede llegar por término me-
dio con su capacidad de ahorro es a poder soportar mejor las compen-
saciones de precios —precios más altos y más bajos y su ciclo—, es
decir, sólo puede llegar a distribuir de forma más adecuada sus goces,
pero no a adquirir riqueza. Y ésta es la verdadera exigencia de los capi-
talistas. Los trabajadores deben ahorrar, en el tiempo bueno de negocio,
lo suficiente para poder vivir mejor o peor en el tiempo malo, y so-
portar la reducción de horario, la disminución de salario, etc. (que
ahora descendería todavía más). La exigencia consiste, por lo tanto, en
que los trabajadores se deben mantener siempre a un nivel mínimo de
vida, y facilitarle así al capitalista las crisis, etc. Ellos deben compor-
tarse como simples máquinas de trabajo y deben incluso pagar, si es
posible, su tear and wear <uso y consumo).* Prescindiendo del puro
embrutecimiento a que esto conduciría —y tal embrutecimiento haría
imposible incluso el pretender alcanzar la riqueza en forma general, como
dinero, como dinero acumulado— (y prescindiendo de que la partici-
pación de los trabajadores en goces superiores, incluso goces espiritua-
les, como la agitación en favor de sus propios intereses, mantenimiento
de periódicos, oír conferencias, educar a los hijos, desarrollar el gusto,
etcétera, su única participación en la civilización que lo distingue de
un esclavo, sólo es posible económicamente por el hecho de que él am-
plía el círculo de sus goces en las épocas buenas, es decir, en las épocas
en que es posible ahorrar en cierta medida), prescindiendo de ello, el
trabajador que ahorrara en forma ascética y acumulara de esta manera
premios para el subproletariado y para los bribones, etc., los cuales
aumentarían en proporción a la demanda, podría conservar y hacer
fructíferos sus ahorros —cuando éstos pasaran por encima de las huchas
de las cajas de ahorro, que le pagan un mínimo de interés, para que los
capitalistas obtengan grandes intereses de sus ahorros o para que el Es-
tado los consuma, con lo cual él sólo aumenta el poder de su enemigo

21 Cfr. Jomn Wabe, History of the Middle and Working Classes, etc., pá-
ginas 294-297.



y su propia dependencia—, en la medida en que los depositara en
bancos, etc., de forma tal que en los tiempos de crisis perdería sus
depósitos, mientras que en los tiempos de prosperidad ha renunciado a
todo disfrute de la vida, para aumentar el poder del capital; en cual-
quier caso, ha ahorrado para el capital y no para sí mismo.

Por lo demás —en la medida en que todo esto no es mera fraseolo-
gía hipócrita de la «filantropía» burguesa, que en general consiste en
alimentar al trabajador con «honrados deseos»—, cada capitalista
exige que sus trabajadores ahorren, pero sólo sus trabajadores, porque
ellos están frente a él como trabajadores; pero no quiera Dios que aho-
rre también el restante mundo de los trabajadores, pues éstos están
frente a él como consumidores. Á pesar de toda la «honrada» fraseolo-
gía, él intenta por todos los medios estimular a los trabajadores para que
consuman, dándole nuevos atractivos a sus mercancías, creando nuevas
necesidades en los trabajadores, etc. Es precisamente este lado de la
relación entre capital y trabajo el que constituye un momento esencial
de la civilización, en el que descansa la justificación histórica, así como
también el poder actual del capital. (Esta relación entre producción y
consumo habrá que desarrollarla bajo la rúbrica capital y beneficio, etc.)
(o también en el apartado acumulación y competencia de los capitales).
Todo esto, sin embargo, no son más que consideraciones exotéricas, que
hacen al caso en la medida en que se demuestra que las exigencias de
la filantropía hipócrita burguesa se disuelven en sí mismas, y que pre-
cisamente confirman lo que deben refutar, a saber: que en el cambio
del trabajador con el capital el trabajador se encuentra en la relación
de circulación simple, y por lo tanto, no obtiene riqueza, sino solamente
medios de subsistencia, valores de uso para el consumo inmediato. Que
dicha exigencia contradice la relación misma, procede de la simple re-
flexión de que, si el ahorro del trabajador no debe continuar siendo
un mero producto de la circulación —Jinero ahorrado que sólo puede
ser realizado en la medida en que más pronto o más tarde es cambiado
por el contenido sustancial de la riqueza, es decir, por goces—, enton-
ces el dinero acumulado tiene que convertirse en capital, es decir, tiene
que comprar trabajo, tiene que relacionarse con el trabajo en cuanto
valor de uso. (En el apartado sobre el salario habrá que hablar de la
exigencia formulada recientemente con autosatisfacción de dar a los
trabajadores una cierta participación en los beneficios; aparte de tra-
tarse de un premio especial, que sólo puede alcanzar su finalidad como
excepción a la regla, y en realidad se limita en la práctica normal a la
compra de overlookers <capataces) aislados, etc., en interés del empre-
sario y contra los intereses de su clase; o se limita a los dependientes


de comercio, etc., es decir, no se aplica al trabajador simple, y por lo
tanto, no se aplica a la relación general; o es una forma particular de
estafar a los trabajadores y una forma de retenerles una parte de su sa-
lario bajo la precaria forma de un beneficio dependiente del estado del
negocio). El ahorro presupone, por lo tanto, trabajo, que no es capi-
tal, y presupone que el trabajo se ha convertido en su contrario —en
no-trabajo. Para convertirse en capital, el ahorro presupone la existencia
del trabajo como no-capital frente al capital; es decir, que la antítesis
que debe ser superada en un punto, es restaurada en otro. Si, por lo
tanto, en la misma relación originaria el objeto y el producto del cam-
bio del trabajador —como producto del simple cambio no puede ser
ningún otro producto— no fuera el valor de uso, medios de subsisten-
cia, satisfacción de necesidades inmediatas, sustracción a la circulación
del equivalente que ha sido introducido en ella para aniquilarlo me-
diante el consumo, si esto no fuera así, entonces el trabajo no estaría
frente al capital como trabajo, es decir, como no-capital, sino como ca-
pital. Pero incluso el capital no puede estar frente al capital, si el ca-
pital no tiene enfrente al trabajo, pues capital sólo es capital en cuanto
no-trabajo, es decir, en esta relación antitética. Por lo tanto, el con-
cepto y la relación misma del capital sería aniquilada. Que hay situa-
ciones en las que propietarios que trabajan personalmente cambian
entre sí, no puede ser ciertamente negado. Pero tales situaciones no
son las de la sociedad en la que el capital existe en cuanto tal de forma
desarrollada; dichas situaciones son, por lo tanto, aniquiladas en todos
los puntos mediante su desarrollo. En cuanto capital, sólo puede po-
nerse a sí mismo, en la medida en que pone al trabajo como no-capital,
como puro valor de uso. (Como esclavo el trabajador tiene valor de
cambio, tiene un valor; como trabajador libre él no tiene ningún valor;
sino que sólo tiene valor la disposición sobre el trabajo, obtenida por
el cambio con él. Él está frente al capitalista no como valor de cambio,
sino que el capitalista está como valor de cambio frente a él. Su ausen-
cia de valor y devaluación es el presupuesto del capital y la condición
del trabajo libre en general. Linguet lo considera como un paso hacia
atrás: él olvida, que con ello el trabajador es formalmente colocado
como persona, que es algo para sí mismo al margen de su trabajo, y

22 Cfr. CHARLES BABBAGE, Traité sur l'Economie des Machines et des Manufac-
tures. Traduit de Uanglais sur le troisiéme édition, par Eb. BiorT. Paris 1833, pá-
ginas 329-351.

23 Cfr. Simon NicoLas HENRI LINGUET, Theorie des Lois Civiles, ou Prin-
cipes fondamentaux de la société. Londres 1767. T. II, págs. 462-468.


que vende su energía vital sólo como medio para su propia vida. Mien-
tras el trabajador en cuanto tal tiene valor de cambio, el capital indus-
trial en cuanto tal no puede existir, y por lo tanto, tampoco el capital
desarrollado en general. Frente a éste, el trabajo tiene que estar como
puro valor de uso, que es ofrecido como mercancía por su propietario
a cambio de capital, a cambio de su valor de cambio [a cambio de
monedas], que naturalmente en las manos del trabajador devienen rea-
les sólo en la determinación de medio general de cambio; de lo contra-
rio, desaparece.) Bien. El trabajador se encuentra, por lo tanto, sola-
mente en la relación de la circulación simple, del cambio simple, y
obtiene a cambio de su valor de uso solamente monedas, medios de
subsistencia, si bien de forma mediata. Esta forma de la mediación es,
como ya hemos visto, esencial y característica para esta relación. Que el
trabajador pueda llegar a la transformación de las monedas en dinero
—<ue pueda ahorrar— demuestra solamente que su relación es la de
la circulación simple; él puede ahorrar más o menos; pero no llega
más allá de esto; él sólo puede realizar lo ahorrado en la medida en
que amplía momentáneamente el círculo de sus satisfacciones. Lo im-
portante —y que afecta a la determinación misma de la relación— es
que en la medida en que el dinero es el producto de su cambio, la ri-
queza general como ilusión le impulsa y le hace trabajar con más
intensidad. Al mismo tiempo con ello se deja espacio, no sólo formal-
mente a la arbitrariedad para la realiz(ación) ...*”

El capital frente al trabajador es sólo un poder objetivo. Sin valor
personal. — Diferencia respecto de la prestación de servicio. — Fina-
lidad del trabajador en el cambio con el capital, es el consumo. —
Tiene que empezar continuamente de nuevo: trabajo como capital
del trabajador. (¡Capacidad del trabajo como capital! ). — El salario
no es productivo.

*% .. procesos del mismo sujeto; así, por ejemplo, la sustancia del
ojo es el capital de la vista, etc. Tales frases literarias, que mezclan

*13 Falta la página siguiente.

* Lo que sigue es la continuación de la página que falta, ya mencionada,
del final del cuaderno anterior (II), cuyo contenido se indica en el epígrafe. El
manuscrito comienza de nuevo en la página 8 de este cuaderno (III) encabezada
de la siguiente forma: 29.30. Noviembre, Diciembre. El capítulo sobre el capital.
(Continuación) (del cuaderno 11). Las 7 primeras páginas contienen el ensayo
sobre Bastiat y Carey que se publican en la sección de apéndices a los Grundrisse.
Los editores de la NMEGA hacen notar que el final de la página perdida se
puede reconstruir por el manuscrito de 1861/1863, en el que Marx la copió, con


cosas diferentes según cualquier analogía, pueden incluso parecer in-
geniosas, cuando son formuladas por primera vez, y tanto más cuanto
más identifiquen las cosas más dispares. Pero repetidas, y además
con autosatisfacción, como afirmaciones de valor científico, son tout
bonnement insulsas, y están bien sólo para cándidos con aficiones
literarias y charlatanes, que embadurnan a todas las ciuncias con su
dulzona basura. Que el trabajo es continuamente la nueva fuente del
cambio para el trabajador, mientras él es capaz de trabajar —no del cam-
bio a secas, sino del cambio con el capital — está ya implícito en la
determinación conceptual de que el trabajador sólo vende la disposi-
ción temporal sobre su capacidad de trabajo, y que, por lo tanto, el
cambio tiene que empezar continuamente de nuevo, tan pronto como
el trabajador haya recibido la correspondiente cantidad de materias, para
poder reproducir de nuevo sus energías vitales. En lugar de centrar
su admiración en este proceso —y de cargar en la cuenta del trabajador
como un gran servicio del capital el que él viva y pueda repetir, en
consecuencia, determinados procesos vitales, tan pronto como ha comido
y dormido—, los ingenuos sicofantes de la economía burguesa habrían
debido dirigir su atención al hecho de que el trabajador tras un trabajo
continuamente repetido sólo tiene para cambiar su propio trabajo vivo,
inmediato. La misma repetición sólo es aparente. Lo que él cambia con
el capital es su total capacidad de trabajo, que él, supongamos, gasta
en veinte años. En lugar de pagarle dicha capacidad de una vez, el ca-
pital se la paga en dosis, a medida que el trabajador pone dicha capaci-
dad a su disposición, digamos que semanalmente. Esto, por lo tanto, no
cambia en absoluto la naturaleza de la cosa, y aún menos justifica la
conclusión de que —puesto que el trabajador tiene que dormir diez o
doce horas, para ser capaz de repetir su trabajo y su cambio con el ca-
pital— el trabajo constituye su capital. Lo que se entiende por capital,
según esta opinión, es en realidad el límite, la interrupción de su tra-

24 Cfr. Hegel, Band VII, págs. 123-124.
25 Cfr. P. GASKELL, Artisans and Machinery, etc. London 1836, págs. 261-262.

el tenor siguiente: «[En este intercambio el trabajador recibe efectivamente el
dinero sólo como moneda, esto es, como forma fugaz de los medios de vida por los
cuales la cambia. Medios de vida, no riqueza, para él finalidad del intercambio.

Se ha llamado a la capacidad de trabajar capital del trabajador porque es el
fonds <fondo» que no consume en ningún intercambio aislado, sino que siempre
puede repetirlo durante la duración de su vida de trabajador. Según eso, sería
capital cuanto constituye un fonds para los repetidos]. <Cfr. NMEGA, IT, 1. 1,
Apparat, Teil 1, s. 75.)


bajo, el que el trabajador no es un perpetuum mobile. La lucha por la
ley que establece la jornada de diez horas de trabajo demuestra que
el capitalista no desea sino que el trabajador gaste su dosis de energía
sin interrupción en la mayor medida posible. Ahora llegamos al segun-
do proceso que constituye la relación entre trabajo y capital después
de este cambio. Aquí sólo queremos añadir que los economistas mismos
expresan la frase precedente de la siguiente forma: el salario no es
productivo. Ser productivo para ellos significa, of course, ser producti-
vo de riqueza. Puesto que el salario es el producto del cambio entre
el trabajador y el capital —y éste es el único producto que es puesto
en este acto mismo—, ellos conceden que el trabajador en este cambio
no produce ringuna riqueza, ni para el capitalista, pues para éste el
pago de dinero a cambio de un valor de uso —y este pago constituye la
única función del capital en esta relación— es cesión de riqueza y no
creación de la misma, razón por la cual intenta pagar lo menos posible;
ni <produce riqueza» para el trabajador, ya que el salario sólo le pro-
cura más o menos medios de subsistencia, una satisfacción mejor o peor
de sus necesidades individuales —munca la forma general de la riqueza,
la riqueza. Tampoco puede hacerlo, porque el contenido de la mercan-
cía que el trabajador vende no le coloca en modo alguno por encima
de las leyes generales de la circulación: es decir, el trabajador mediante
el valor que pone en circulación, puede obtener, mediante las monedas
que ha obtenido en el cambio, un equivalente en otro valor de uso, que
él a su vez consume. Una tal operación, of course, no puede nunca enri-
quecer, sino que tiene que volver a poner, al final del proceso, a aquellos
que llevaron a cabo la operación, en la misma posición en que estaban
al principio. Esto no excluye, como ya hemos visto, sino que más bien
incluye, el que el círculo de sus satisfacciones inmediatas sea capaz de
una cierta contracción o expansión. Por otra parte, si el capitalista
—<que en este cambio no está colocado todavía como capitalista, sino
sólo como dinero— repitiera este acto continuamente de nuevo, su di-
nero sería en seguida devorado por el trabajador, y lo habría gastado en
una serie de goces, pantalones remendados, zapatos limpios, en una pa-
labra, en las prestaciones de servicio recibidas. En cualquier caso, la
repetición de esta operación sería medida exactamente por los límites
de su bolsa. No le enriquecerían más que los gastos de dinero a cam-
bio de valores de uso para su querida persona que, como es bien sabido,
no le producen nada, sino que le cuestan.


El cambio entre capital y trabajo pertenece a la circulación simple, y
no enriquece al trabajador. — La separación del trabajo y la propie-
dad es el presupuesto de este cambio. — Trabajo, pobreza absoluta
como objeto, posibilidad general de la riqueza como sujeto. — El

trabajo sin determinación especial es el trabajo que se contrapone al
capital.

Puede parecer extraño que, puesto que en la relación entre trabajo y
capital, y también en esta primera relación de cambio entre ambos,
el trabajador compra el valor de cambio y el capitalista el valor de uso
(en la medida en que el trabajo se enfrenta al capital no como un valor
de uso, sino como el valor de uso a secas), puede parecer extraño
que sea el capitalista el que deba obtener la riqueza, mientras que el
trabajador sólo debe recibir un valor de uso que se extingue en el con-
sumo. [[Por lo que al capitalista se refiere, esto hay que desarrollarlo
en el segundo proceso.]] Esto se manifiesta como una dialéctica, que
se transforma exactamente en lo contrario de lo que se debería esperar.
Solamente que observando el proceso con más exactitud se ve que el
trabajador que cambia su mercancía recorre en el proceso de cambio
la forma M-D-D-M. Si en la circulación se parte de la mercancía, del
valor de uso como del principio del cambio, nosotros arribamos de
nuevo necesariamente a la mercancía, en cuanto que el dinero sólo se
presenta como moneda, y en cuanto que como instrumento de cambio
es sólo una mediación evanescente; la mercancía en cuanto tal, des-
pués de haber descrito su círculo, es consumida como objeto directo que
satisface una necesidad. Por otra parte, el capital D-M-M-D representa
el momento opuesto.

La separación de la propiedad del trabajo se presenta como una ley
necesaria de este cambio entre capital y trabajo. El trabajo puesto
como el ro-capital en cuanto tal, es: 1) trabajo no objetivado, concebido
negativamente (y sin embargo objetivo; lo no-objetivo mismo en forma
objetiva). En cuanto tal, el trabajo es no-materia prima, no-instrumento
de trabajo, no-producto en bruto: es trabajo separado de todos los
instrumentos de trabajo y objetos de trabajo, separado de su total ob-
jetividad. Es el trabajo vivo que existe como abstracción de estos mo-
mentos de su existencia real (e igualmente como no-valor); esta com-
pleta desnudez, vacía de toda objetividad, pura existencia subjetiva del
trabajo. El trabajo como la pobreza absoluta. La pobreza no como pri-
vación, sino como exclusión total de la riqueza objetiva. O también, en
cuanto que es el »20-valor existente, y, por lo tanto, es un puro valor de
uso objetivo, que existe sin mediación, esta objetividad sólo puede ser


una objetividad no separada de la persona; sólo puede ser una objeti-
vidad que coincide con su inmediata corporeidad. En la medida en que
la objetividad es puramente inmediata, ella es de forma igualmente in-
mediata no-objetividad. En otras palabras: no es una objetividad que
cae fuera de la existencia inmediata del individuo. 2) Trabajo no-obje-
tivado, no-valor, concebido positivamente, o negatividad que se refiera
a sí misma; en tal sentido el trabajo es lo no-objetivado, y por lo tanto,
lo no-objetivo, es decir, la existencia subjetiva del trabajo mismo. El
trabajo no como objeto, sino como actividad; no como valor en sí
mismo, sino como la fuente viva del valor. La riqueza general existe
en el capital en forma objetiva, como realidad, y frente a él el trabajo
se manifiesta como la riqueza en cuanto posibilidad general, que se
acredita como tal en la acción. No es, por lo tanto, contradictorio en
modo alguno afirmar que el trabajo es, por una parte, la pobreza abso-
luta en cuanto objeto, y por otra, la posibilidad general de la riqueza
en cuanto sujeto y en cuanto actividad; más bien, las dos partes de
esta frase que se contradicen por todos lados, se condicionan recíproca-
mente, y proceden de la esencia del trabajo tal como es presupuesto en
cuanto antítesis, en cuanto existencia antitética del capital, y a su vez
presupone por su parte al capital.

El último punto sobre el que hay que llamar la atención en el tra-
bajo, tal como éste se enfrenta al capital, es el que el trabajo, en cuan-
to valor de uso que se enfrenta al dinero puesto como capital, no es
este ni aquel trabajo, sino trabajo a secas, trabajo abstracto; trabajo
absolutamente indiferente a su determinación particular, pero capaz de
toda determinación. A la sustancia particular en la que consiste un de-
terminado capital tiene que corresponder naturalmente el trabajo en
cuanto trabajo particular; pero, puesto que el capital en cuanto tal es
indiferente a toda particularidad de su sustancia, y se presenta tanto
como la totalidad de las mismas y como abstracción de todas sus par-
ticularidades, así también el trabajo que se le enfrenta tiene en sí sub-
jetivamente la misma totalidad y la misma abstracción. Esto quiere
decir que el trabajo es ciertamente un trabajo determinado en cada caso;
pero el capital puede contraponerse a todo trabajo determinado; la
totalidad de todos los trabajos está frente a él en potencia, y es casual
el tipo de trabajo concreto que se le enfrenta realmente. Por otra par-
te, el trabajador mismo es absolutamente indiferente a la determinación
de su trabajo; el trabajo en cuanto tal no tiene interés para él, más que
en la medida en que es trabajo en general, y en cuanto tal es valor de

2Ñ Cfr. HEGEL, Band VII, págs. 273-276.


uso para el capital. El ser soporte del trabajo en cuanto tal —es decir,
del trabajo como valor de uso para el capital — constituye su carácter
económico; él es trabajador por oposición al capitalista. Éste no es el
carácter del artesano, del trabajador gremial, etc., cuyo carácter econó-
mico reside precisamente en la determinación de su trabajo, y en la re-
lación con un determinado maestro, etc. Esta relación económica —el
carácter del que son soportes el capitalista y el obrero como los extremos
de una relación de producción— se desarrolla de forma tanto más pura
y adecuada cuanto más pierde el trabajo todo carácter artesanal; su
destreza particular se convierte cada vez más en algo abstracto, indife-
rente, y ella misma se convierte más y más en una actividad puramente
abstracta, puramente mecánica, por lo tanto, indiferente a su forma
particular; actividad puramente formal, o, lo que es lo mismo, pura-
mente material, actividad en general indiferente a su forma. Aquí se
muestra de nuevo cómo la determinación particular de la relación de
producción, de la categoría —capital y trabajo en este caso—, sólo devie-
ne verdadera con el desarrollo de un modo material de producción
particular y de un estadio particular del desarrollo de las fuerzas pro-
ductivas industriales. (Este punto tiene que ser desarrollado en general
de forma particular más adelante, dentro de esta relación; puesto que
él está colocado ya aquí en la relación misma, mientras que en las deter-
minaciones abstractas de valor de cambio, circulación, dinero, entra
más que nada en nuestra reflexión subjetiva.)

El proceso de trabajo incluido en el capital. (Capital y capitalista.)

2) Llegamos ahora al segundo lado del proceso. El cambio entre el
capital o el capitalista y el trabajador ha sido ya realizado, por lo que
se refiere al proceso de cambio en general. Ahora se pasa a la relación
del capital con el trabajo en cuanto valor de uso del primero. El trabajo
no es solamente el valor de uso que se enfrenta al capital, sino que es
el valor de uso del capital mismo. En cuanto no-ser de los valores como
valores objetivados, el trabajo es su ser como valores no-objetivados, su
ser ideal; el trabajo es la posibilidad de todos los valores, y como acti-
vidad es la creación del valor. Frente al capital, el trabajo es la mera
forma abstracta, la mera posibilidad de la actividad creadora de valor,
que existe sólo como capacidad, como facultad en la corporeidad del
trabajador. Pero mediante el contacto con el capital se convierte en ac-
tividad real —a partir de sí misma la actividad no puede conseguir nada,
porque no tiene objeto—, se convierte en una actividad creadora de
valor, en una actividad productiva. En relación con el capital, la acti-


vidad sólo puede consistir en general en la reproducción de sí misma
——n el mantenimiento y aumento de sí misma en cuanto mantenimiento
y aumento del valor real y efectivo, no del valor puramente ideal, como
en el dinero—. Mediante el cambio con el trabajador el capital se ha
apropiado el trabajo mismo; éste se ha convertido en uno de sus mo-
mentos, que ahora actúa como vitalidad fructificadora sobre su objeti-
vidad meramente existente y, por lo tanto, muerta. El capital es dinero
(es valor de cambio puesto para sí mismo), pero no es dinero que existe
en una sustancia particular, y, por lo tanto, está excluido de las demás
sustancias de los valores de cambio que existen junto a ella, sino que
es dinero que conserva su determinación ideal en todas las sustancias,
en los valores de cambio de cualquier forma y modo del trabajo objeti-
vado. En la medida en que el capital, como dinero que existe en todas
las formas particulares del trabajo objetivado, entra ahora en proceso
con el trabajo no objetivado, sino vivo, con el trabajo que existe como
proceso y como acto; en la medida en que esto ocurre, es ante todo
esta sustancia cualitativa diferente, en la que él consiste, lo que lo se-
para de la forma, en la que él consiste también como trabajo. Es en el
proceso de esta diferenciación y de su superación en el que el capital
mismo deviene proceso. El trabajo es el fermento que es arrojado al ca-
pital, que lo hace fermentar. Por una parte, la objetividad en que con-
siste el capital tiene que ser elaborada, es decir, consumida por el
trabajo, y por otra, la mera subjetividad del trabajo como pura forma
tiene que ser negada y objetivada en la materia del capital. La relación
del capital, según su contenido, con el trabajo, la relación del trabajo
objetivado con el trabajo vivo —en esta relación, en la que el capital
se presenta pasivamente frente al trabajo, es su existencia pasiva, en
cuanto existencia particular, la que entra en relación con el trabajo
en cuanto actividad conformadora— sólo puede ser en general la rela-
ción del trabajo con su objetividad, con su materia —(esto tiene que
ser discutido en el primer capítulo, que precede al del valor de cambio,
y trata de la producción en general)—, y en relación con el trabajo como
actividad, la materia, el trabajo objetivado, sólo tiene dos relaciones, la
de materia prima, es decir, la de materia informe, la de simple material
para la actividad conformadora del trabajo con una finalidad, y la de
instrumento de trabajo, la de instrumento objetivado, mediante el cual
la actividad subjetiva introduce entre ella y el objeto, otro objeto que
hace de conductor.*” La determinación como producto, que los econo-

21 Cfr. Hegel, Band XI, págs. 316; V, págs. 225-226, 229-231; VIII, pági-
nas 420-421.


mistas introducen ahora, no corresponde todavía a este punto, en cuanto
que es una determinación diferente de la de materia prima o de la de
instrumento de trabajo. El producto aparece como resultado, y no como
presupuesto del proceso entre el contenido pasivo del capital y el tra-
bajo como actividad. Como presupuesto el producto no es una relación
del objeto con el trabajo diferente de la materia prima o del instrumen-
to del trabajo, ya que materia prima e instrumento de trabajo, en la me-
dida en que son la sustancia de valores, en la medida en que son
trabajo objetivado, son también productos. La sustancia del valor no
es en general la sustancia natural particular, sino el trabajo objetivado.
Este mismo se presenta de nuevo en relación con el trabajo vivo como
materia prima e instrumento de trabajo. Considerado el mero acto de
producción en sí mismo, puede parecer que el instrumento de trabajo
y la materia prima se encuentran en la naturaleza, de forma tal que basta
con apropiárselos y convertirlos en objeto y medio de trabajo, lo que
en sí no es más que un proceso de trabajo. Frente a ellos el producto
se presenta, por lo tanto, como algo cualitativamente distinto, y es
producto no sólo en cuanto resultado del trabajo mediante el instru-
mento sobre la materia prima, sino como primera objetivación del trabajo
junto a ellos. Sin embargo, en cuanto partes constitutivas del capital, la
materia prima y el instrumento de trabajo son ya trabajo objetivado y,
por lo tanto, producto. Esto no agota todavía la relación. Pues, por
ejemplo, en la producción en la que no existe ningún valor de cambio,
ningún capital, el producto del trabajo puede convertirse en instrumento
y objeto de nuevo trabajo. Por ejemplo, en la agricultura que sólo pro-
duce para el valor de uso. El arco del cazador, la red del pescador, es
decir, las situaciones más simples presuponen la existencia del producto,
que deja de valer como producto y se convierte en materia prima O ins-
trumento de trabajo, pues ésta es realmente la primera forma específica
en la que el producto se presenta como instrumento de reproducción.
Esta relación tampoco agota en modo alguno la relación en la que la
materia prima y el instrumento de trabajo aparecen como momentos del
capital. Los economistas, por lo demás, introducen el producto como
tercer elemento de la sustancia del capital en una determinación com-
pletamente diferente. El producto lo es en cuanto tiene la determinación
de provenir tanto del proceso de producción como de la circulación, y de
ser objeto inmediato del consumo individual, o approvisionnement,
como lo llama Cherbuliez.P Se trata de los productos que tienen que

28 Cfr. A. CHERBULIEZ, Richesse ou Pauvreté. Exposition des causes, etc.
Paris 1841, pág. 16.


ser presupuestos para que el trabajador en cuanto trabajador viva y sea
capaz de vivir durante la producción, antes de que sea creado un nuevo
producto. Que el capitalista posee esta capacidad está ya incluido en
el hecho de que todo elemento del capital es dinero, y en cuanto tal,
puede ser transformado a partir de sí mismo en cuanto forma general
de la riqueza en la materia de dicha riqueza, en objeto de consumo. El
approvisionnement de los economistas hace referencia solamente a los
trabajadores; es decir, se trata del dinero expresado en la forma de ob-
jetos de consumo, de valores de uso, que los trabajadores reciben de los
capitalistas en el acto de cambio entre ambos. Pero esto pertenece al
primer acto. Pero en qué medida este primer acto está en relación con
el segundo, de eso no se trata aquí todavía. La única distinción pues-
ta por el mismo proceso de producción es la distinción originaria puesta
por la diferencia entre trabajo objetivado y trabajo vivo, es decir, la di-
ferencia entre materia prima e instrumento de trabajo. Que los econo-
mistas confundan estas dos determinaciones es completamente normal,
ya que ellos tienen que confundir los dos momentos de la relación entre
el capital y el trabajo y no pueden fijar su diferencia específica.

Por lo tanto, la materia prima es consumida en la medida en que
es transformada y conformada por el trabajo, y el instrumento de tra-
bajo es consumido en la medida en que es gastado, utilizado en este
proceso. Por otra parte, el trabajo es igualmente consumido, en la me-
dida en que es utilizado, puesto en movimiento, y en la medida en que
es gastada de esta forma una determinada cantidad de fuerza muscular,
etcétera, del trabajador, como consecuencia de lo cual éste se agota.
Pero el trabajo no sólo es consumido, sino que al mismo tiempo es fi-
jado, materializado, transformado de la forma de actividad en la de
objeto, en la de reposo; en cuanto transformación en objeto el trabajo
transforma su propia configuración y pasa de actividad a ser. El final
del proceso es el producto, en el que la materia prima aparece unida al
trabajo, y en el que el instrumento de trabajo ha sido traducido de sim-
ple posibilidad a realidad, en la medida en que se ha convertido en con-
ductor real del trabajo; pero con ello, mediante su relación mecánica o
química con el material de trabajo, el mismo instrumento ha sido con-
sumido en su forma de reposo. Los tres momentos del proceso, el ma-
terial, el instrumento y el trabajo coinciden en un resultado neutral: el
producto. En el producto son al mismo tiempo reproducidos los mo-
mentos del proceso de producción, que son consumidos en él. El proceso
global se presenta, por lo tanto, como un consumo productivo, es decir,
como un consumo, que ni acaba en nada, ni acaba en la mera subjeti-


vización de lo objetivo, sino que es puesto de nuevo como un objeto.”
El consumo no es simple consumo de la materia, sino consumo del con-
sumo mismo; en la abolición de la materia está la abolición de esta abo-
lición y, por lo tanto, la posición de la materia. La actividad conformado-
ra consume el objeto y se consume a sí misma, pero ella consume la
forma dada del objeto sólo para ponerlo en una nueva forma objetiva, y
se consume a sí misma sólo en su forma subjetiva como actividad. Ella
consume la objetividad del objeto —la indiferencia por la forma— y la
subjetividad de la actividad; le da forma a uno y materializa a la otra.
Pero como producto el resultado del proceso de producción es valor
de uso.

Si observamos ahora el resultado obtenido hasta el momento, en-
contramos que:

Primero: mediante la apropiación, la incorporación del trabajo al ca-
pital —el dinero, es decir, el acto de compra de la capacidad de dispo-
sición sobre el trabajador se presenta aquí solamente como un medio
para efectuar este proceso, no como un momento de sí mismo—, éste
entra en fermentación y se convierte en proceso, en proceso de produc-
ción, en el que el capital en cuanto totalidad, en cuanto trabajo vivo
se relaciona consigo mismo no sólo en cuanto trabajo objetivado, sino
que por ser trabajo objetivado, el trabajo vivo se relaciona con él como
con un objeto de trabajo.

Segundo: en la circulación simple la sustancia misma de la mercan-
cía y del dinero era indiferente para la determinación formal, es decir,
en la medida en que la mercancía y el dinero continuaban siendo mo-
mentos de la circulación. La mercancía, por lo que a su sustancia se
refiere, caía fuera de la relación económica en cuanto objeto de consumo
(en cuanto objeto que satisface una necesidad); el dinero, en la medi-
da en que su forma se independizaba, se relacionaba todavía con la
circulación, pero sólo negativamente, y consistía exclusivamente en esta
referencia negativa. Fijado para sí mismo, el dinero se extingue igual-
mente en materialidad muerta, deja de ser dinero. Mercancía y dinero
eran ambos expresiones del valor de cambio, y sólo eran diferentes
en cuanto valor de cambio general y particular. Esta misma diferencia-
ción era a su vez una mera diferenciación ideal, ya que en la circulación
real se permutaban tanto ambas determinaciones como cada una con-
siderada para sí misma, y el dinero mismo era una mercancía particular
y la mercancía como precio era dinero general. La diferencia era sólo
formal. Cada uno estaba selamente colocado en una determinación for-

29 Cfr. Hegel, Band V, págs. 231-235; Il, págs. 306-319.


mal, porque y en la medida en que no estaba colocado en la otra. Ahora,
sin embargo, en el proceso de producción, el capital como forma se
distingue del capital como sustancia. El capital es al mismo tiempo
ambas determinaciones, y es al mismo tiempo la relación de ambas entre
sí. Pero:

Tercero: en esta relación el capital se presentaba solamente como
capital en sí. La relación no está todavía puesta, o está puesta exclusi-
vamente bajo la determinación de uno de ambos momentos, del mo-
mento material, que en sí mismo es diferente en cuanto materia (materia
prima e instrumento de trabajo) y en cuanto forma (trabajo), y que
como relación de ambos, como proceso real, es de nuevo sólo una rela-
ción material —relación de ambos elementos materiales, que constituyen
el contenido del capital, que es diferente de su relación formal como
capital —. Si consideramos el capital desde el lado en el que se presenta
originariamente a diferencia del trabajo, el capital es en el proceso un
ente solamente pasivo, en el que la determinación formal según la cual
es capital —es decir, una relación social que existe para sí misma—, está
cancelada por completo. Él entra en el proceso exclusivamente des-
de el lado de su contenido —como trabajo objetivado en general—; pero
el hecho de que el capital sea trabajo objetivado, es para el trabajo
—<uya relatión con el capital constituye el proceso— completamente
indiferente; es más bien sólo en cuanto objeto y no en cuanto trabajo
objetivado, como él entra en el proceso y es elaborado. El algodón que
se convierte en hilo, o el hilo que se convierte en tejido, o el tejido
que se convierte en material de estampado o susceptible de coloración,
existen para el trabajo sólo como algodón, hilo o tejido que están ahí. En
la medida en que ellos mismos son productos del trabajo, en la medida
en que son trabajo objetivado, ellos no entran en ningún proceso, sino
que se presentan solamente como existencias materiales con determina-
das cualidades naturales. La forma en que son puestas estas característi-
cas en ellos no le interesa a la relación del trabajo vivo con ellas; para
el trabajo vivo ellas existen solamente en la medida en que existen
como existencias diferentes de él mismo, es decir, como materia del
trabajo. Todo esto, en la medida en que se parte del capital en su
forma objetiva, presupuesta al trabajo. Por otra parte, en la medida
en que el trabajo mismo se ha convertido en uno de sus elementos ob-
jetivos a través del cambio con el trabajador, su diferencia respecto de
los elementos objetivos del capital es sólo una diferencia objetiva; unos
elementos existen en la forma de reposo, el otro en la forma de activi-
dad. La relación es la relación material de uno de sus elementos con el
otro; pero no su propia relación con ambos. El capital se presenta, por


lo tanto, por una parte como un objeto pasivo, en el que se extingue
toda relación formal; él se presenta por otra como un simple proceso
de producción, en el que no entra el capital en cuanto tal, en cuanto
diferente de su sustancia. Ni una sola vez se presenta en la sustan-
cia que le es propia —como trabajo objetivado, pues ésta es la sustancia
del valor de cambio—, sino que sólo se presenta en la forma de existen-
cia natural de esta sustancia, en la que se extingue toda relación con
el valor de cambio, con el trabajo objetivado, con el trabajo mismo como
valor de uso del capital —y, por lo tanto, toda relación con el capital
mismo—. Considerado desde este punto de vista, el proceso del capi-
tal coincide con el simple proceso de producción en cuanto tal, en el que
su determinación como capital se extingue en la forma del proceso, de
la misma forma que el dinero como dinero se extinguía en la forma de va-
lor. En la medida en que hemos considerado hasta ahora el proceso, el
capital existente para sí mismo, es decir, el capitalista, no entra para
nada. No es el capitalista el que es consumido por el trabajo como
materia prima e instrumento de trabajo. No es tampoco el capitalista
el que consume, sino el trabajo. El proceso de producción del capital
no se presenta, por lo tanto, como proceso de producción del capi-
tal, sino como proceso de producción a secas, y el capital a diferencia del
trabajo se presenta solamente en la determinación material de materia
prima e instrumento de trabajo. Es este lado —que no es una abstrac-
ción arbitraria, sino una abstracción que se manifiesta en el proceso
mismo— el que los economistas fijan para presentar al capital como
un elemento necesario de todo proceso de producción. Ellos hacen esto
naturalmente, sólo porque olvidan prestar atención a su comporta-
miento como capital durante este proceso.

Es éste el lugar para llamar la atención sobre un momento que
aquí se manifiesta por primera vez no sólo desde el punto de vista de
la observación, sino que está puesto en la relación económica misma.
En el primer acto, en el cambio entre capital y trabajo, el trabajo en
cuanto tal, como trabajo que existe para sí, se presenta necesariamente
como trabajador. Lo mismo ocutre en el segundo proceso: el capital
en general es puesto como valor para sí mismo, como valor egoísta, por
así decirlo (mientras que en el dinero sólo era la tendencia a conver-
tirse en un valor de esta clase). Pero este capital que existe para sí
mismo es el capitalista. Los socialistas dicen que nosotros necesitamos
capital, pero no capitalistas.” Entonces el capital se presenta como una

230 Cfr. Jomn GRAY, The Social System, etc., pág. 36; J. F. Bray, Labour's
Wrongs, etc., págs. 157-176.


mera cosa, no como una relación de producción, que reflejada en sí mis-
ma es precisamente el capitalista. Yo-puedo perfectamente separar el
capital de este capitalista individual, y este capital puede pasar a las
manos de otro. Pero en la medida en que el capitalista pierde el capi-
tal, pierde la cualidad de ser capitalista. El capital es, por lo tanto, se-
parable del capitalista individual, pero no del capitalista, que en cuanto
tal se enfrenta al trabajador. También el trabajador puede dejar de
ser el ser-para-sí del trabajo; el trabajador puede heredar dinero, puede
robarlo, etc. Pero entonces deja de ser trabajador. En cuanto trabajador
él es el trabajo que existe para sí mismo. (Esto hay que desarrollarlo
más adelante.)

Proceso de producción como contenido del capital. — Trabajo pro-
ductivo e improductivo (trabajo productivo —el que produce capi-
tal). — El trabajador se relaciona con su trabajo como a valor de
cambio. El capitalista como a valor de uso, etc. — El trabajador
se priva del trabajo en cuanto fuerza productiva de la riqueza. (El
capital se la apropia en cuanto tal). — Transformación del trabajo
en capital, etc. Sismondi, Cherbuliez, Say, Ricardo, Proudhon, etc.

Al final del proceso no puede resultar nada que no estuviera al co-
mienzo del mismo como presupuesto y condición del mismo. Por otra
parte, sin embargo, tiene que aparecer como resultado todo lo que es-
taba presupuesto. Si, por lo tanto, al final del proceso de producción,
que fue comenzado bajo el presupuesto del capital, el capital resulta que
ha desaparecido como relación formal, eso sólo puede ser porque han
sido pasados por alto los*” hilos invisibles que el capital extiende a
través del proceso mismo. Consideremos, por lo tanto, este lado.

El primer resultado es, por lo tanto, éste:

a) Mediante la incorporación del trabajo al capital, el capital se
convierte en proceso de producción; pero ante todo es un proceso de
producción material; proceso de producción en general, de forma tal
que el proceso de producción del capital no es diferente del proceso de
producción material en general. Su determinación se extingue por com-
pleto. Por el hecho de que el capital ha cambiado una parte de su ser
objetivo por trabajo, su existencia objetiva misma se escinde interna-
mente en objeto y en trabajo; la relación de ambos constituye el pro-
ceso de producción, o dicho con más precisión, el proceso de trabajo. Con
esto el proceso de trabajo colocado como punto de partida previo al

*T5 en el ms.: pordue han sido pasado por alto de los ...


valor —y que por su abstracción, por su pura materialidad, es común
a todas las formas de producción— se presenta de nuevo dentro del
capital como un proceso, que tiene lugar dentro de su materia, que cons-
tituye su contenido.

(Ya se verá más adelante que también dentro del mismo proceso
de producción esta extinción de la determinación formal es pura apa-
riencia.)

En la medida en que el capital es valor, pero que en cuanto proceso
se presenta ante todo bajo la forma del simple proceso de producción,
del proceso de producción que no está puesto en ninguna determinación
económica particular, sino del proceso de producción en general, en la
medida en que esto es así, se puede decir —según que se considera un
lado particular del simple proceso de producción (que en cuanto tal,
como ya hemos visto, no presupone en modo alguno el capital, sino que
es común a todos los modos de producción)— que el capital se convierte
en producto, o que es instrumento de trabajo, o también materia prima
del trabajo. Si es concebido, por otra parte, como uno de los lados que
en cuanto materia o mero instrumento se enfrenta al trabajo, entonces
se dice con razón que el capital no es productivo porque el capital
es considerado entonces exclusivamente como el objeto que se enfrenta
al trabajo, como materia, como algo meramente pasivo. Pero la verdad
es que el capital no se presenta como uno de los lados, o como diferen-
cia de uno de los lados en sí mismo, ni como simple resultado (produc-
to), sino como el simple proceso de producción. Este proceso se pre-
senta ahora como el contenido del capital que se mueve autónomamente.

b) Ahora hay que considerar el lado de la determinación formal,
tal como ella se conserva y se modifica en el proceso de producción.*”

*16 Qué es trabajo productivo o qué no lo es, un punto sobre el que se ha

discutido mucho desde que A. Smith introdujo esta distinción, tiene que resultar
del análisis de los diferentes aspectos del capital. Trabajo productivo es simple-
mente aquel que produce capital. ¿No es absurdo, pregunta el señor Senior (al
menos en términos parecidos), que el productor de pianos sea un trabajador
productivo, mientras que el pianista no lo es, a pesar de que sin el pianista el
piano no tendría sentido? 9! Y sin embargo, así es exactamente. El productor
de pianos reproduce capital; el pianista cambia su trabajo por renta. Pero el
pianista, ¿no produce acaso música y satisface nuestro sentido musical y, en
cierta medida, lo produce? En realidad, sí: su trabajo produce algo; pero no
por esto es su trabajo productivo en sentido económico; como tampoco lo es el
trabajo del loco que produce quimeras. El trabajo sólo es productivo en la medida

231 Cfr. SENIOR, Principes fondamentaux, etc., págs. 197-206.



En cuanto valor de uso, el trabajo sólo existe para el capital, y es
el valor de uso del capital mismo, es decir, la actividad mediadora
a través de la cual el capital se valoriza. El capital en cuanto reproduce
y aumenta su valor es el valor de cambio independiente (el dinero)
como proceso, como proceso de valorización. El trabajo, por lo tanto,
en cuanto valor de uso no es nada para el trabajador; el trabajo en
cuanto fuerza productiva de la riqueza, en cuanto medio o actividad
de enriquecimiento, no es nada para él. El trabajador en el cambio con
el capital aporta el trabajo como valor de uso, y el capital no se le en-
frenta como capital, sino como dinero. El capital es capital en relación
con el trabajador únicamente mediante el consumo del trabajo, que cae
ante todo fuera de este cambio y que es independiente de él. El trabajo
es valor de uso para el capital, y simple valor de cambio para el traba-
jador; un valor de cambio tangible. En cuanto tal el trabajo está puesto
en el acto de cambio con el capital, mediante su venta por dinero. El va-
lor de uso de una cosa no le interesa para nada a su vendedor, sino a
su comprador. La cualidad del salitre de poder ser utilizado para hacer
pólvora no determina el precio del salitre, sino que este precio está de-
terminado por los costes de producción del salitre mismo, por la can-

en que produce su contrario. Otros economistas convierten, en consecuencia, al
llamado trabajador improductivo en trabajador indirectamente productivo. Por
ejemplo, el pianista estimula la producción; en parte, en la medida en que él
prepara nuestra individualidad para una mayor actividad y vitalidad, o también
en el sentido común, de que despierta una nueva necesidad para cuya satisfacción
es utilizada una mayor actividad en la producción material inmediata. Con esto
se admite ya que sólo es productivo el trabajo que produce capital; por lo
tanto, el trabajo que no hace esto, a pesar de todo lo útil que pueda ser
—puede ser igualmente nmocivo— no es productivo para la capitalización y,
por lo tanto, es improductivo. Otros economistas dicen que la diferencia entre
trabajo productivo e improductivo tiene que ser puesta en relación no con la
producción, sino con el consumo. Completamente lo contrario. El productor de
tabaco es productivo, aunque el consumo de tabaco es improductivo. La producción
para el consumo improductivo es tan productiva como la producción para el
consumo productivo; dando siempre por supuesto que produce o reproduce capital.
Malthus dice, por lo tanto, con mucha razón (X, 40) que es «trabajador pro-
ductivo aquel que aumenta directamente la riqueza de su patrono» 3? al menos
tiene razón desde un punto de vista. La expresión es demasiado abstracta, porque
en esta formulación vale igualmente para el trabajo del esclavo. La riqueza del
patrono, en relación con el trabajador, es la forma de la riqueza misma en su
relación con el trabajo, es el capital. Trabajador productivo es aquel que directa-
mente aumenta el capital. <Inciso puesto por Marx entre corchetes.)

222 Cfr. Malthus, Principles, etc., pág. 47. Nota: autor de la nota es el edi-
tor Otter.


tidad de trabajo en él objetivado. En la circulación en la que los valores
de uso entran como precios, su valor no resulta de la circulación, aun-
que sólo en ella se realiza; el valor está presupuesto a la circulación, y
mediante el cambio por dinero únicamente se realiza. Así, el trabajo
que es vendido por el trabajador al capital como valor de uso, es para
el trabajador su valor de cambio, que él quiere realizar, pero que ya
está determinado antes del acto de cambio y que le está presupuesto a
este último como condición; y está determinado como el valor de cual-
quier otra mercancía, o en general, que es con lo único con lo que
nosotros tenemos que ver aquí, por los costes de producción, por la can-
tidad de trabajo objetivado mediante la cual es producida la capacidad
de trabajo, y que es lo que el trabajador obtiene como equivalente. El
valor de cambio del trabajo, cuya realización tiene lugar en el proceso
de cambio con el capitalista, está, por lo tanto, presupuesto, predeter-
minado, y sufre sólo la modificación formal que todo precio puesto sólo
idealmente recibe mediante su realización. El valor de cambio del trabajo
no está determinado por el valor de uso del trabajo. Para el trabajador
mismo el trabajo sólo tiene valor de uso, en la medida en que es valor
de cambio, no en la medida en que produce valores de cambio. Para el
capital el trabajo tiene valor de cambio en la medida en que es valor
de uso. El trabajo es valor de uso en cuanto diferente de su valor de
cambio no para el trabajador mismo, sino sólo para el capital. El trabaja-
dor cambia, por lo tanto, el trabajo como simple valor de cambio prede-
terminado, determinado por un proceso pasado —el trabajador cambia el
trabajo mismo como trabajo objetivado, es decir, en la medida en que
el trabajo objetiva una determinada cantidad de trabajo y, por lo tanto,
su equivalente está ya medido, está ya dado—, el capital lo obtiene
en el cambio como trabajo vivo, como la fuerza productiva general de la
riqueza, como la actividad multiplicadora de la riqueza. Está claro,
por lo tanto, que el trabajador mediante este cambio no puede enri-
quecerse; de la misma forma que Esaú cedía su primogenitura por un
plato de lentejas, el trabajador cede su fuerza creadora por la capacidad
de trabajo fijada ya en una determinada cantidad. El trabajador tiene
más bien que empobrecerse, como ya veremos más adelante, en la
medida en que la fuerza creadora de su trabajo se establece frente a él
como la fuerza del capital, como un poder extraño. Él se priva del tra-
bajo como fuerza productiva de la riqueza; el capital se la apropia en
cuanto tal. La separación del trabajo y de la propiedad del producto del
trabajo, del trabajo y de la riqueza, está, por lo tanto, puesta en el
mismo acto de cambio. Lo que parece paradójico como resultado, está
ya implícito en el presupuesto mismo. Los economistas han expresado


esto de forma más o menos empírica. Frente al trabajador, por lo tanto,
la productividad de su trabajo se convierte en un poder extraño, y en
general su mismo trabajo se convierte también en un poder extraño,
en la medida en que es no capacidad, sino movimiento, trabajo real;
el capital, a la inversa, se valoriza mediante la apropiación de trabajo
ajeno. (Al menos la posibilidad de valorización está' puesta como resul-
tado del cambio entre trabajo y capital. La relación sólo es realizada en
el acto de producción mismo, en el que el capital consume realmente el
trabajo ajeno.) De la misma forma que para el trabajador el trabajo en
cuanto valor de cambio presupuesto es cambiado por un equivalente
en dinero, así también este dinero es a su vez cambiado por un equi-
valente en mercancías, equivalente que es consumido. En este proceso
de cambio el trabajo no es productivo; el trabajo sólo deviene produc-
tivo para el capital; de la circulación el trabajo sólo puede extraer lo
que él previamente ha introducido en ella: una cantidad predetermi-
nada de mercancías, que no es su propio producto, así como tampoco
es su propio valor. Los trabajadores, dice Sismondi, cambian su trabajo
por cereales, pero mientras ellos consumen los cereales, el trabajo «se
convierte el capital para su patrono» (Sismondi V1).% «Dando su tra-
bajo en el cambio, los trabajadores lo transforman en capital»*
(id. VIII). En la medida en que el trabajador vende su trabajo al capi-
talista, él sólo adquiere un derecho al precio del trabajo, no al producto
de este trabajo, ni al valor que él ha añadido a ese producto (Cherbu-
liez XXVII). «Venta del trabajo = renuncia a todos los frutos del
trabajo» (loc. cit).?* Todos los progresos de la civilización, por lo tanto,
o en otras palabras, todo aumento de las fuerzas productivas sociales, o
if you want, de las fuerzas productivas del trabajo mismo —tal como re-
sultan de la ciencia, de los inventos, de la división y combinación del tra-
bajo, de la mejora de los medios de comunicación, de la creación del mer-
cado mundial, del maquinismo, etc.—, no enriquecen al trabajador, sino
al capital; aumentan, por lo tanto, sólo el poder que domina al trabajo;
aumentan exclusivamente las fuerzas productivas del capital. Puesto que
el capital es la antítesis del trabajo, estas fuerzas aumentan solamente el
poder objetivo del capital sobre el trabajo. La transformación del tra-

223 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome I, pág. 90. La indicación
de la fuente se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

24 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome I, pág. 105.

25 Cfr. Cherbuliez, Richesse ou Pauvreté, etc., pág. 58. La indicación de la
fuente se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

236 Cfr. CHERBULIEZ, Richesse ou Pauvreté, etc., pág. 64. La indicación de la
fuente se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.


bajo (en cuanto actividad viva con una finalidad) en capital es en sí
el resultado del cambio entre el capital y el trabajo, en la medida en
que dicho cambio le da al capitalista el derecho de propiedad sobre el
producto del trabajo (y el poder de disposición sobre el trabajo mismo).
Esta transformación está puesta por primera vez en el mismo proceso
de producción. La cuestión de si el capital es o no productivo, es, por
lo tanto, absurda. El trabajo mismo sólo es productivo en cuanto está
integrado en el capital, es decir, allí donde el capital constituye la base
de la producción, y donde el capitalista es, por lo tanto, el organiza-
dor de la producción. La productividad del trabajo se convierte igual-
mente en fuerza productiva del capital, de la misma forma que el valor
de cambio general de la mercancía se fija en el dinero. El trabajo tal
como existe para sí mismo en el trabajador en oposición al capital, es
decir, el trabajo en su existencia inmediata, separada del capital, no
es productivo. Como actividad del trabajador tampoco deviene produc-
tivo, mientras el trabajo entra solamente en el proceso simple de la
circulación, en el que la transformación es exclusivamente formal.
Aquellos, por lo tanto, que demuestran que toda fuerza productiva
atribuida al capital es una dislocación, una tramsposición de la fuerza
productiva del trabajo, olvidan precisamente que el capital es esencial-
mente esta dislocación, esta transposición, y que el trabajo asalariado en
cuanto tal presupone el capital, y que, por lo tanto, también conside-
rado desde su punto de vista, es esta transustanciación el proceso ne-
cesario para convertir sus propias fuerzas en fuerzas extrañas frente
al trabajador. Dejar subsistir el trabajo asalariado y eliminar el capital al
mismo tiempo es, por lo tanto, una exigencia que se contradice y se
disuelve en sí misma. Otros economistas incluso, como por ejemplo
Ricardo,” Sismondi,” etc., dicen que sólo el trabajo y no el capital es
productivo. Pero entonces ellos no dejan el capital en su determinación
formal específica, como una relación de producción que se refleja en
sí misma, sino que piensan exclusivamente en su sustancia material,
materia prima, etc. Pero estos elementos materiales no convierten al
capital en capital. Por otra parte, a ellos se les ocurre que el capital
es por un lado valor, es decir, algo inmaterial,” indiferente frente a su
existencia material. Así 5ay: «El capital es siempre una esencia inma-
terial, porque no es la materia la que hace el capital, sino el valor de

231 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 320-327 <Principios..., pá-
ginas 205-216).

20 Cfr. SISMONDI, Études, etc. Tome l, pág. 22.

= Cfr. Sismondi, Études, etc. Tome II, pág. 309.


esta materia, valor que no tiene nada de corporal» (Say, 21)“ O Sis-
mondi: «El capital es una idea comercial» (Sismondi, LX).* Pero en-
tonces se les ocurre que el capital es también una determinación econó-
mica diferente del valor, porque de lo contrario no se podría hablar en
general del capital a diferencia del valor, y porque si todos los capitales
son valores, los valores en cuanto tales todavía no son capital. Entonces
se refugian de nuevo en su forma material dentro del proceso de pro-
ducción, como por ejemplo, cuando Ricardo explica el capital como
trabajo acumulado utilizado en la producción de nuevo trabajo,” es
decir, como simple instrumento de trabajo o material de trabajo. En
este sentido habla Say del servicio productivo del capital“ sobre el que
debe basarse su remuneración, como si el instrumento de trabajo en
cuanto tal tuviera derecho a que el trabajador le diera las gracias, y
como si no fuera precisamente a través del trabajador como el instru-
mento de trabajo es puesto como productivo. La independencia del ins-
trumento de trabajo, es decir, una determinación social del mismo, es
decir, su determinación como capital, es presupuesta de esta forma,
para deducir los derechos del capital. La frase de Proudhon: «El capital
vale, el trabajo produce»”* no quiere decir nada más sino que el capital
es valor; y puesto que no se dice nada más del capital, sino que el
capital es valor, no se dice nada más sino que el valor es valor (el su-
jeto del juicio es en este caso simplemente otro nombre para el predi-
cado); y que el trabajo produce, que es actividad, productividad,
quiere decir que el trabajo es trabajo, ya que éste no es nada fuera del
producir. Que estos juicios idénticos no contienen ningún fondo de
verdad salta a la vista, así como también salta a la vista que ellos no
pueden expresar una relación en la que el valor y el trabajo entran en
conexión, en la que ellos se ponen en contacto entre sí y se diferencian

20 Cfr. J. B. Say, Traité, etc. Tome 1I, pág. 429. Nota: La indicación de la
fuente se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

M1 Cfr. Sismondi, Études, etc. Tome II, pág. 273. La indicación de la
fuente se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

242 Evidentemente, Marx se ha equivocado, ya que las palabras inglesas
(accumulated labour employed in the production of new labour) por él emplea-
das son de AbaM SMITH, An Inquiry, etc. Vol. 11, págs. 355-356 <Investigación...,
pág. 309). RiIcArDO ofrece una formulación similar en On the Principles, etc.,
pág. 327 <Principios..., pág. 209)», que Marx anotó en su cuaderno de extractos
(véase la página 804 de la edición alemana de los Grundrisse).

28 Cfr. J. B. Say, Traité, etc. Tome Second, págs. 425, 429.

2M Cfr. PROUDHON, Systéme des contradictions économiques, etc. París 1846,
T. 1, pág. 61.

25 Cfr. HEGEL, Band IV, pág. 513: V, págs. 80-81.

el uno del otro, y no se yuxtaponen el uno al otro como elementos
indiferentes. Ya el hecho de que el trabajo se presente como sujeto
frente al capital, es decir, que el trabajador se presente solamente en
la determinación del trabajo, y el que este trabajo no sea el trabajador
mismo, tendría que haber abierto los ojos. En esto está ya implícito,
independientemente del capital, una conexión, una relación del traba-
jador con su propia actividad que en modo alguno es lo «natural»
sino que contiene ya una determinación económica específica.

El capital, en la medida en que nosotros lo consideramos aquí
como una relación que ha de ser distinguida del valor y del dinero,
es el capital en general, es decir, el conjunto de determinaciones que
distinguen al valor como capital del valor como valor, o del valor como
dinero. Valor, dinero, circulación, precios, etc., son presupuestos, así
como también el trabajo, etc. Pero aquí no tenemos que ver todavía
con una forma particular, ni con el capital individual en cuanto dife-
rente de otros capitales individuales, etc. Estamos todavía en su proceso
de formación. Este proceso de formación dialéctico es sólo la expresión
ideal del movimiento real, en el que el capital se convierte en capital.
Las relaciones posteriores han de ser consideradas como desarrollo a
partir de este germen. Pero es necesario fijar la forma determinada en
que el capital es puesto en un cierto punto. De lo contrario, nace la
confusión.

Proceso de valorización. — (Costes de producción.) — (La plusvalía
no puede ser explicada mediante el cambio. Ramsay. Ricardo.) El
capitalista no puede vivir de su salario, etc. (Falsos costes de produc-
ción.) — La mera conservación, la no multiplicación del valor, con-
tradice la esencia del capital.

El capital ha sido considerado hasta ahora desde su lado material como
un simple proceso de producción. Este proceso, sin embargo, es desde
el punto de vista de su determinación formal un proceso de autovalori-
zación. La autovalorización incluye tanto la conservación del valor pre-
supuesto, como la multiplicación del mismo.

El valor aparece como sujeto. El trabajo es una actividad orientada
a un fin, y de ahí que, desde el lado material, se presuponga que el
instrumento de trabajo ha sido realmente utilizado en el proceso de
producción como un medio para conseguir un fin, y que la materia prima
como producto haya obtenido un valor superior al que poseía antes, bien
mediante una transformación química, bien mediante una transforma-
ción mecánica. Sólo que este lado, en cuanto afecta simplemente al valor
de uso, pertenece todavía al proceso de producción simple. Aquí no se


trata, por lo tanto —esto está más bien implicado, presupuesto—, de
que se produzca un valor de uso superior (esto mismo es muy relativo;
por ejemplo, si el grano es transformado en aguardiente, entonces el
valor de uso superior está ya puesto en relación con la circulación); para
el individuo, para el productor, no se ha producido ningún valor de
uso superior —esto al menos es accidental y no le interesa a la relación
en cuanto tal—, sino que se ha producido un valor de uso superior
para los demás. De lo que aquí se trata es de que se produzca un valor
de cambio superior. En la circulación simple el proceso terminaba para
la mercancía particular cuando ella llegaba como valor de uso a su des-
tinatario y era consumida. Ella consiguientemente salía de la circula-
ción; perdía su valor de cambio y en general su determinación económica
formal. El capital ha consumido su material mediante el trabajo, y el
trabajo mediante su material; el capital se ha consumido como valor de
uso, pero sólo como valor de uso para sí mismo, como capital. Su consu-
mo como valor de uso entra, por lo tanto, en la circulación, o constituye
más bien, según se quiera, el comienzo de la circulación o su fin. El
consumo del valor de uso entra en el proceso económico, porque el va-
lor de uso mismo está aquí determinado por el valor de cambio. En
ningún momento del proceso de producción deja el capital de ser capital
o el valor de ser valor, y, en cuanto tal, valor de cambio. No hay nada
más insulso que decir, como hace el señor Proudhon, que mediante el
acto de cambio, es decir, por el hecho de que el capital entra de nuevo
en la circulación simple, el capital se convierte de producto en valor
de cambio." Con ello regresaríamos de nuevo al comienzo, al mismo
cambio inmediato, donde se contempla el nacimiento del valor de cam-
bio a partir del producto. Que el capital tras la finalización del proceso
de producción, tras su consumo como valor de uso, entra y puede en-
trar de nuevo en la circulación como mercancía, está ya implícito en el
hecho de que el capital estaba presupuesto como el valor de cambio
que se autoconserva. Pero en la medida en que como producto se con-
vierte de nuevo en mercancía, y en que como mercancía se convierte
en valor de cambio y recibe un precio, y en cuanto tal es realizado en
dinero, el capital es simple mercancía, valor de cambio en general, y
en cuanto tal está expuesto en la circulación tanto al destino de reali-
zarse en dinero, como al de no realizarse en él; es decir, está expuesto
a que su valor de cambio se convierta en dinero o no. Su valor de cam-
bio —que antes estaba puesto idealmente— ha devenido, por lo tanto,
mucho más problemático de lo que era en su origem. Y ahora el hecho

46 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 180.


de que sea puesto realmente como un valor de cambio superior en la
circulación, no puede proceder de la circulación misma, en la que según
su determinación simple, sólo pueden ser cambiados equivalentes. Si él
sale de la circulación como valor de cambio superior, tiene que haber
sido introducido en cuanto tal en ella.

El capital consiste desde el punto de vista formal no en objetos
de trabajo y trabajo, sino en valores, o más precisamente todavía, en
precios. El hecho de que sus elementos de valor asuman sustancias
diversas durante el proceso de producción no interesa a su determi-
nación como valores; por esto ellos no son transformados. Si ellos
a partir de la forma del movimiento —del proceso— se resumen al
final del mismo en el producto en una forma estática, objetiva, esto es,
una simple transformación material que está en relación con el valor,
pero que no altera a este último. Naturalmente las sustancias en cuanto
tales han sido destruidas, pero no en nada, sino en una sustancia con-
formada de manera diferente. Anteriormente las sustancias se presen-
taban como condiciones elementales e indiferentes del producto. Ahora
ellas son el producto. El valor del producto solamente puede ser, por
lo tanto, igual a la suma de los valores que estaban materializados en
los determinados elementos materiales del proceso como materia prima,
como instrumento de trabajo (y a esta categoría pertenecen también las
mercancías meramente instrumentales) y como trabajo mismo. La mate-
ria prima es consumida por completo, el trabajo es consumido por
completo, el instrumento de trabajo es consumido sólo en parte; con-
tinúa, por lo tanto, poseyendo una parte del valor del capital en la forma
de existencia determinada que le era propia antes del proceso. Esta
parte no es tomada en consideración aquí, puesto que no sufre ninguna
modificación. Los distintos modos de existencia de los valores eran pura
apariencia; mientras ellas desaparecían, el valor mismo constituía la
esencia permanente. El producto considerado como valor no es desde
este lado producto, sino que continúa siendo más bien valor inalterado,
idéntico, que sólo tiene una forma de existencia diferente; forma que
es indiferente para él, y que puede ser cambiada por dinero. El valor
del producto es = al valor de la materia prima + el valor de la parte
aniquilada, es decir, transmitida al producto del instrumento de trabajo
negado en su forma originaria + el valor del trabajo. O bien, el precio
del producto es igual a sus costes de producción, es decir, es = a la
suma de los precios de las mercancías que han sido consumidas en el
proceso de producción. Esto, en otras palabras, no quiere decir sino
que el proceso de producción, desde el punto de vista material, era indi-
ferente para el valor; que éste, por lo tanto, ha permanecido igual a sí


mismo, y sólo ha adoptado otro modo de existencia material, sólo se
ha materializado en otra sustancia y en otra forma. (La forma de la sus-
tancia no le interesa a la forma económica, al valor en cuanto tal.) Si
el capital era originariamente = 100 táleros, él continúa siendo ahora
como antes igual a 100 táleros, si bien los 100 táleros en el proceso de
producción existían como 50 táleros de algodón, 40 táleros de salario y
10 táleros de máquina de hilar, y ahora existen como hilo de algodón
con un precio de 100 táleros. Esta reproducción de los 100 táleros es un
simple continuar igual a sí mismo, sólo que está mediado por el proceso
de producción material. Éste tiene, por lo tanto, que continuar hasta la
obtención del producto, pues de lo contrario el algodón pierde su valor,
el instrumgnto de trabajo es gastado inútilmente, y el salario es pagado
para nadar La única condición para la autoconservación del valor es que
el proceso 2 producción sea un proceso real total, es decir, que continúe
hasta la obtención del producto. La totalidad del proceso de producción,
es decir, el que continúe hasta la obtención del producto, es en realidad
condición de la autoconservación, del continuar igual a sí mismo del
valor; pero esto está ya implícito en la primera condición, por la cual
el capital se convierte en un valor de uso real y en un proceso de pro-
ducción real; la totalidad del proceso está, pues, presupuesta en este
punto. Por otra parte, el proceso de producción sólo es proceso de
producción para el capital, en la medida en que éste se conserva como
valor en este proceso, es decir, se conserva en el producto. La frase se-
gún la cual el precio necesario = a la suma de los precios de los costes
de producción es, por lo tanto, puramente analítica.” Es el presupues-
to de la producción del capital mismo. El capital es puesto una vez como
100 táleros, como valor simple; después es puesto en este proceso
como suma de los precios de determinados —determinados mediante el
mismo precio de producción— elementos de valor, de los que él mismo
se compone. El precio del capital, su valor expresado en dinero = al
precio de su producto. Esto quiere decir, que el valor del capital como
resultado del proceso de producción es el mismo que el que tenía
como presupuesto de dicho proceso. Solamente que durante el proceso
él no existe, ni en la simplicidad que tenía'al principio, ni en la simpli-
cidad que tiene al final como resultado, sino que se descompone en
partes cuantitativas completamente indiferentes, en cuanto valor del tra-
bajo (salario), valor del instrumento de trabajo y valor de la materia
prima. No existe por lo demás ninguna otra relación excepto la de que

27 Cfr. HEGEL, Band V, págs. 278-285.


en el proceso de producción*” el valor simple se descompone numéri-
camente, como una suma de valores, que en el producto se recomponen
en su simplicidad, pero que ahora se presenta como suma. La suma, sin
embargo, es = a la unidad originaria.>Por lo demás, si se considera el
valor y se exceptúa la división cuantítativa, no hay ninguna diferencia
en la relación entre las distintas cantidades de valor. El capital origina-
rio eran 100 táleros; 100 táleros es el producto, pero los 100 táleros
como suma de 50+40+10 táleros. Yo hubiera podido considerar los
100 táleros como una suma de 50+40+ 10 táleros, pero también como
una suma de 60+30+10 táleros, etc. El hecho de que los táleros se
presentan ahora como suma de determinadas cantidades de unidad,
se debe a que los distintos elementos materiales en los que el capital se
descompone en el proceso de producción representan cada uno una
parte de su valor, pero una parte determinada.

Más adelante se mostrará que estas cantidades, en las que se des-
compone la unidad originaria, tienen determinadas relaciones entre sí,
pero esto no nos interesa todavía. En la medida en que durante el pro-
ceso de producción existe un movimiento en el valor mismo, este mo-
vimiento es puramente formal y consiste en el siguiente acto simple: en
que el valor existe en primer lugar como unidad, como un determinado
número de unidades, en que él mismo es considerado como unidad, como
un todo: capital de 100 táleros; en que, en segundo lugar, durante el
proceso de producción esta unidad se divide en 50 táleros, 40 táleros y
10 táleros, una división que es esencial en la medida en que el material
de trabajo, el instrumento y el trabajo son utilizados en una determinada
cantidad, pero que aquí, en relación con los 100 táleros, sólo representan
una descomposición indiferente en cantidades distintas de la misma uni-
dad; finalmente, en que en el producto los 100 táleros aparecen de nuevo
como suma. El único proceso en relación con el valor es el de que éste
se presenta primero como todo, como unidad, después como división de
esta unidad en determinadas cantidades y finalmente como suma. Los
100 táleros que aparecen al final como suma, son la misma suma precisa-
mente que aparecía al principio como unidad. La determinación de la
suma, de la adición, resulta solamente mediante la división que tiene
lugar en el acto de producción, pero no existe en el producto como tal.
La frase, por lo tanto, de que el precio del producto = al precio de los
costes de producción, o que el valor del capital = al valor del produc-
to, no dice nada más sino que el valor del capital se ha conservado en

*7 NMEGA: «Produktionsprozess»; en la ed. de 1939. «Produktionspreis»
(precio de producción).


el acto de producción y aparece ahora como suma. Con esta mera iden-
tidad del capital o con esta reproducción de su valor a través del pro-
ceso de producción no habríamos llegado más lejos de lo que estábamos
al principio. Lo que estaba al principio como presupuesto está ahora
como resultado, y además en forma inalterada. Que los economistas en
realidad, cuando hablan de la determinación del precio por los costes
de producción, no quieren decir esto, está claro. De lo contrario, no
se podría crear nunca un valor superior al que existía originariamente;
ningún valor de cambio superior, aunque sí un valor de uso superior,
del cual aquí no se trata para nada. Se trata del valor de uso del capital
en cuanto tal y no del valor de uso de una mercancía.

Cuando se dice que los costes de producción o el precio necesario
de una mercancía es = 110, se calcula de la forma siguiente: capital
originario = 100 (es decir, por ejemplo, materia prima = 50; trabajo
= 40; instrumento = 10) + 5 interés + 5 beneficio. Los costes de
producción, por lo tanto, igual a 110; no = 100; los costes de produc-
ción son, por lo tanto, mayores que los costes de la producción. No sirve
para nada refugiarse, como les gusta a ciertos economistas, del valor de
cambio en el valor de uso de la mercancía. Si éste en cuanto valor de uso
es mayor o menor, no determina en cuanto tal el valor de cambio. Las
mercancías caen a menudo por debajo de sus precios de producción,
aunque ellas indiscutiblemente han obtenido un valor de uso superior
al que tenían en la época anterior a la producción. Es igualmente inútil
refugiarse en la circulación. Yo produzco a 100, pero vendo a 110. «El
beneficio no es producido por el cambio. Si no hubiera existido antes,
no podría tampoco existir después de esta transacción» (Ramsay, IX,
88).* Esto equivale a querer explicar, a partir de la circulación simple,
el aumento del valor, mientras que ella pone expresamente al valor
como equivalente. También está claro empíricamente, que si todos ven-
den un 10 % más caro, esto es lo mismo que si todos vendieran a los
costes de producción. La plusvalía sería de esta forma puramente no-
minal, ficticia, convencional, una simple frase. Y puesto que el dinero
también es mercancía, también es producto, también sería vendido un
10 % más caro, es decir, el vendedor que recibiera 110 táleros recibiría
en realidad sólo 100. (Ver Ricardo sobre el comercio exterior, que él
lo concibe como circulación simple y dice, en consecuencia: «El comercio
exterior no puede aumentar nunca los valores de cambio de un país»,

28 Cfr. GEORGE RAMSAY, An Essay on the Distribution of Wealth. Edin-
burgh 1836, pág. 184. La indicación de la fuente se refiere al propio cuaderno de
extractos de Marx.


Ricardo, 39, 40.)"* (Las razones que él aduce para ello son absoluta-
mente las mismas que «demuestran» que el cambio en cuanto tal, la
circulación simple, es decir, el comercio en general, en la medida en que
es concebido como tal, no puede aumentar nunca los valores de cambio,
no puede crear nunca el valor de cambio.) La frase según la cual el pre-
cio = a los costes de producción, tendría que ser formulada así: el
precio de una mercancía es siempre superior a sus costes de producción.
Al margen de la simple división y adición numérica, en el proceso de
producción se añade al valor el elemento formal; de ahí que sus elemen-
tos se presenten ahora como costes de producción, es decir, que los ele-
mentos del proceso de producción mismo no son fijados en su determi-
nación material, sino como valores, que son consumidos en el modo de
existencia que tenían antes del proceso de producción.

Por otra parte, está claro que si el acto de producción es solamente
una reproducción del valor del capital, con él tendría lugar exclusiva-
mente una transformación material, pero no una transformación econó-
mica, y que esta simple conservación de su valor contradice su concepto.
Es cierto que el capital no permanecería” fuera de la circulación, como
lo hace el dinero autónomo, sino que adoptaría la forma de diferentes
mercancías; pero todo esto para nada; sería un proceso sin finalidad,
ya que al final sólo representaría la misma suma de dinero, y sólo habría
corrido el riesgo de salir perjudicado del acto de producción, ya que
éste puede salir mal y en él el dinero pierde su forma imperecedera. Bien.
El proceso de producción está ahora en el final. El producto es de nuevo
realizado en dinero y ha adoptado de nuevo la forma originaria de 100 tá-
leros. Pero el capitalista tiene también que comer y beber; él no puede
vivir de este cambio formal del dinero. Una parte de los 100 táleros ten-
dría que ser, por lo tanto, cambiada no como capital, sino como moneda,
por mercancías en cuanto valores de uso, para ser consumidas en esta
forma. Los 100 táleros se habrían convertido en 90, y puesto que él
reproduce el capital siempre en forma de dinero, y además en la forma
de la cantidad de dinero con la que empezó la producción, al final los
100 táleros habrían sido devorados y el capital habría desaparecido. Pero
el capitalista es pagado por el trabajo de introducir 100 táleros como capi-
tal en el proceso de producción en lugar de comérselos. ¿Pero, con qué
debe ser pagado? ¿Y no parece su trabajo completamente inútil, puesto
que el capital incluye el salario, y puesto que los trabajadores podrían vi-

29 La indicación de la fuente se refiere al propio cuaderno de extractos de
Marx (véase a este respecto las páginas 808-811 de la edición alemana de los
Grundrisse), en el que, sin embargo, el pasaje aquí transcrito no reproduce un
texto de Ricardo, signo que es un resumen del propio Marx.


vir mediante la simple reproducción de los costes de producción, cosa
que no puede hacer el capitalista? El capitalista figuraría, por lo tanto,
entre los gastos generales (faux frais de production). Cualquiera que
pueda ser su mérito, la reproducción sería posible sin él, ya que los
trabajadores en el proceso de producción sólo reclaman el valor que
aportan, y, por lo tanto, no necesitan la relación de capital para co-
menzar de nuevo el proceso. Pero si su trabajo fuera concebido como
un trabajo particular junto a y al margen del trabajo de los trabajadores,
como, por ejemplo, el trabajo de vigilancia,%” etc., entonces él recibi-
ría como los obreros un salario determinado, entraría, por lo tanto, en
su categoría y no se comportaría en modo alguno como capitalista en re-
lación con el trabajo; él no se enriquecería nunca, sino que únicamente
recibiría un valor de cambio que tendría que consumir mediante la circu-
lación. La existencia del capital frente al trabajo exige que el capital
que existe para sí mismo, es decir, el capitalista, pueda existir y vivir
como no-trabajador. Por otra parte, está igualmente claro que también
a partir de las determinaciones económicas comunes, el capital que sólo
pudiera conservar su valor, no lo conservaría. Los riesgos de la produc-
ción tienen que ser compensados. El capital tiene que conservarse en
medio de las oscilaciones de los precios. La devaluación del capital que
tiene lugar constantemente a través del aumento de la fuerza produc-
tiva, tiene que ser compensada, etc. De ahí que los economistas digan
lisa y llanamente que si no se obtuviera ningún beneficio, ninguna ga-
nancia, cada individuo se comería su dinero, en lugar de introducirlo
en la producción y de utilizarlo como capital. En pocas palabras, pre-
supuesta esta no-valorización, es decir, la no-multiplicación del valor
del capital, se presupone que el capital no es un miembro real de la pro-
ducción, no es una relación esencial de producción; se presupone, por
lo tanto, una situación en la que los costes de producción no tienen
la forma de capital y en la que el capital no es colocado como condición
de la producción.

Es fácil de comprender cómo el trabajo puede aumentar el valor de
uso; la dificultad reside en comprender cómo el trabajo puede crear
valores de cambio superiores a los que le están presupuestos.

Supongamos que el valor de cambio que el capital paga al trabaja-
dor es el equivalente exacto del valor que el trabajo crea en el proceso
de producción. En este caso sería imposible el aumento del valor de
cambio del producto. Lo que el trabajo en cuanto tal hubiera imtrodu-
cido en el proceso de producción por encima del valor presupuesto de

250 Cfr. H. C. Carey, Principles, etc. Part the First, pág. 338.


la materia prima y del instrumento de trabajo, le sería pagado al tra-
bajador. El valor del producto mismo, en la medida en que hubiera un
excedente sobre el valor de la materia prima y del instrumento de tra-
bajo, le correspondería al trabajador; sólo que el capitalista le paga este
valor en salario, y que él le devuelve al capitalista el valor en producto.

El capital entra en los costes de producción como capital. Capital
Productor de interés. Proudhon.

[[Que por costes de producción no se entiende la suma de valores que
entran en la producción —incluso por los economistas que afirman
esto—, resulta evidente, cuando se trata de la cuestión del interés de
un capital obtenido mediante el préstamo. Este interés para el capita-
lista industrial se incluye directamente en sus gastos, en sus costes
reales de producción. Pero el interés mismo presupone ya que el capital
sale de la producción como plusvalía, ya que el interés es sólo una forma
de esta plusvalía. Puesto que, en consecuencia, el interés desde el
punto de vista del prestatario entra en sus costes de producción inmedia-
tos, se ve que el capital en cuanto tal entra en los costes de producción;
pero el capital en cuanto tal no consiste en la mera adición de sus par-
tes constitutivas de valor. En el interés el capital se presenta de nuevo
en la determinación de mercancía, pero como una mercancía específica-
mente diferente de las demás mercancías; el capital en cuanto tal —no
como una mera suma de valores de cambio— entra en la circulación y
se convierte en mercancía. Aquí el carácter de la mercancía misma está
presente como determinación económica, específica, ni indiferente como
en la circulación simple, ni directamente relacionada con el trabajo
como con su contrario, como con su valor de uso, como en el capital
industrial; es decir, en el capital tal como existe en sus determinaciones
más próximas, procedentes de la producción y de la circulación. La
mercancía como capital o el capital como mercancía no se cambia, por
lo tanto, en la circulación por un equivalente; él conserva su ser-para-si,
entrando en la circulación; él conserva, por lo tanto, su relación origi-
naria con su propietario, incluso cuando pasa a las manos de un propie-
tario extraño. El capital es, por lo tanto, solamente prestado. Su valor
de uso en cuanto tal para su propietario es su valorización, el dinero
como dinero, no como medio de circulación; su valor de uso como ca-
pital. La exigencia formulada por el señor Proudhon de que el capital
no debe ser nunca prestado, ni debe producir interés, sino que debe ser
vendido como mercancía por su equivalente, como cualquier otra mer-
cancía, es en general la exigencia de que el valor de cambio no debe


convertirse nunca en capital, sino que debe permanecer como simple
valor de cambio; que el capital no debe existir como capital. Esta exi-
gencia, junto con la de que el trabajo asalariado debe continuar siendo
la base general de la producción, muestra una alegre confusión sobre
los conceptos económicos más simples.** De ahí el papel miserable que
él juega en la polémica contra Bastiat, sobre la que se hablará más ade-
lante. Todo el parloteo sobre el precio justo y sobre las consideraciones
jurídicas no conduce más que a querer aplicar la relación de propiedad
o relación jurídica que corresponde al cambio simple como medida a la
relación de propiedad o relación jurídica, que corresponde a un estadio
superior del valor de cambio. De ahí que Bastiat, inconscientemente,
resalte los momentos de la circulación simple que impulsan hacia el ca-
pital. El capital mismo como mercancía es el dinero como capital o el
capital como dinero. ]]

[[El tercer momento que hay que desarrollar en la formación del
concepto de capital es la acumulación originaria frente al trabajo, y por
lo tanto, también*” el trabajo sin objeto frente a la acumulación. El
primer momento partía del valor tal como procedía de la circulación y
la presuponía; era el concepto simple de capital; el dinero tal como es-
taba determinado inmediatamente a convertirse en capital. El segundo
momento partía del capital como presupuesto de la producción y resul-
tado de la misma. El tercer momento coloca al capital como una unidad
determinada de la circulación y la producción. (Relación del capital y
el trabajo, del capitalista y el trabajador como resultado del proceso de
producción.)*”? Hay que distinguir entre acumulación de capitales;
ésta presupone la existencia de capitales; presupone la relación de
capital como algo ya existente, y presupone, por lo tanto, sus rela-
ciones con el trabajo, precios (capital fijo y capital circulante), inte-
rés y beneficio. Pero el. capital, para convertirse en capital, presu-
pone una cierta acumulación, que está implícita en la contraposición
autónoma del trabajo objetivado frente al trabajo vivo, en la exis-
tencia autónoma de esta contraposición. Esta acumulación que es
necesaria para que el capital se convierta en capital, que, por lo tanto,
está incluida como presupuesto —como un momento— en su concepto,
tiene que ser distinguida esencialmente de la acumulación del capital
que ya se ha convertido en capital, en la cual ya tienen que estar pre-
sentes los capitales.]]

251 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., págs. 65-74.

*78 NMEGA: «auch»; en la ed. de 1939, «noch» (todavía).
*7% Las frases entre paréntesis figuran en el margen inferior sin paréntesis.


[ [Hemos visto hasta ahora que el capital presupone: 1) el proceso
de producción en general, propio de todas las situaciones sociales, es
decir, sin carácter histórico; humano, if you please; 2) la circulación
que ya en cada uno de sus momentos, y aún más en su totalidad, es
un producto histórico determinado; 3) el capital como unidad determi-
nada de ambos. En qué medida ahora el mismo proceso de producción
general es modificado históricamente, tan pronto como se presenta ex-
clusivamente como elemento del capital, tiene que resultar de su propio
desarrollo; de la misma forma que de la simple concepción de las di-
ferencias específicas del capital tienen que resultar, en general, sus pre-
supuestos históricos. ] ]

[[Todo lo demás es parloteo sin sentido. Qué determinaciones han
de ser admitidas en la primera sección, De la producción en general, y
en el primer apartado de la segunda sección, Del valor de cambio en
general, sólo puede saberse como conclusión y como resultado del de-
sarrollo completo. Por ejemplo, ya hemos visto que la diferenciación
entre valor de uso y valor de cambio pertenece a la economía misma, y
que el valor de uso no yace muerto como un simple presupuesto, como
ocurre en Ricardo. El capítulo de la producción acaba objetivamente
con el producto como resultado; el de la circulación comienza con la
mercancía, que es a su vez valor de uso y valor de cambio (que es,
por lo tanto, valor diferente de ambos); la circulación como unidad de
ambos; la circulación, sin embargo, sólo es formal y, por lo tanto, se
reduce a la mercancía como mero objeto de consumo, como objeto extra-
económico, y al valor de cambio como dinero que se ha independi-

zado.) ]

Plusvalía. Tiempo de trabajo excedente. — Bastiat sobre el sistema
salarial. — Valor del trabajo. ¿Cómo se determina? — Autovalora-
ción es autoconservación del capital. El capitalista no puede vivir
simplemente de su trabajo, etc. — Condiciones para la autovaloriza-
ción del capital. Tiempo de trabajo excedente, etc. — En qué medida
el capital es productivo (como creador del trabajo excedente, etc.) es
sólo un hecho histórico-transitorio. — Los negros libres en Jamaica. —
La riqueza como entidad autónoma requiere trabajo de esclavos o
trabajo asalariado (en ambos casos es trabajo forzado).

La plusvalía que tiene el capital al final del proceso de producción
—una plusvalía que como precio superior del producto tan sólo se
realiza en la circulación, pero que como todos los precios que se reali-
zan en ella, se realizan por el hecho de que están presupuestos ideal-
mente a la circulación, es decir, por el hecho de que están determinados
antes de entrar en ella— quiere decir, expresado de forma adecuada



al concepto general de valor de cambio, que el tiempo de trabajo obje-
tivado en el producto —o la cantidad de trabajo (expresada en forma
estática la magnitud del trabajo se presenta como una cantidad espa-
cial, pero expresado en forma dinámica el trabajo sólo es mensurable
por el tiempo)— es mayor que el tiempo de trabajo existente en los
componentes originarios del capital. Ahora bien, esto sólo es posible
si el trabajo objetivado en el precio del trabajo es menor que el tiempo
de trabajo vivo que es comprado con este precio. El tiempo de trabajo
objetivado en el capital se presenta, como ya hemos visto, como una
suma compuesta de tres partes: a) el tiempo de trabajo objetivado en
materia prima; b) el tiempo de trabajo objetivado en el instrumento;
c) el tiempo de trabajo objetivado en el precio del trabajo. Las partes
a) y b) continúan inalteradas como partes constitutivas del capital; si
en el proceso es alterada su forma, su modo de existencia material, sin
embargo, como valores continúan inalterables. Es solamente c) lo que el
capital cambia por algo cualitativamente diferente: una cantidad dada
de trabajo objetivado por una cantidad de trabajo vivo. En la medida en
que el tiempo de trabajo vivo sólo reprodujera el tiempo de trabajo
objetivado en el precio del trabajo, esto sería también un cambio exclu-
sivamente formal, y en general, por lo que al valor se refiere, habría
tenido lugar solamente un cambio por trabajo vivo, en cuanto otra forma
de existencia del mismo valor, de la misma forma que en relación con el
valor del material y del instrumento de trabajo sólo tiene lugar una
transformación de su modo de existencia. Si el capitalista le paga al
trabajador un precio = a un día de trabajo, y el día de trabajo del
trabajador añade a la materia prima y al instrumento sólo un día de
trabajo, entonces el capitalista habría simplemente cambiado el valor
de cambio en una forma por el valor de cambio en otra. No habría ac-
tuado como capital. Por otra parte, el trabajador no habría perma-
necido en el simple proceso de cambio, habría recibido en realidad
el producto de su trabajo en pago, sólo que el capitalista le habría
hecho el favor de pagarle el precio del producto antes de su realización.
El capitalista le habría dado crédito y además gratis, pour le roi de
Prusse. Voila tout. El cambio entre el capital y el trabajo, cuyo resul-
tado es el precio del trabajo, si por parte del trabajador es un cambio
simple, por parte del capitalista tiene que ser un no-cambio. El capita-
lista tiene que obtener más valor del que ha dado. El cambio considerado
desde el lado del capital tiene que ser un cambio solamente en aparien-
cia, es decir, tiene que pertenecer a otra determinación formal económi-
ca, distinta de la del cambio, o, de lo contrario, sería imposible el capital
como capital y el trabajo como trabajo en contraposición con aquél,


Ellos se cambian exclusivamente como valores de cambio iguales, que
existen materialmente en distintas formas. Para justificar al capital, para
hacer la apología del mismo, los economistas se refugian en este pro-
ceso simple, y lo explican precisamente mediante un proceso que hace
imposible su existencia. Para demostrar qué es el capital, lo demuestran
prescindiendo de su existencia. Tú me pagas mi trabajo, éste se cambia
por su propio producto, y tú me sustraes el valor de la materia prima
y de los materiales de que me has provisto. Esto quiere decir que noso-
tros somos socios que aportamos los distintos elementos al proceso de
producción y los cambiamos según el valor de los mismos. El producto,
por lo tanto, es transformado en dinero, y el dinero es dividido de for-
ma tal que tú, capitalista, obtienes el precio de tu materia prima y de
tu instrumento y yo, trabajador, el precio que el trabajo les ha añadi-
do. La utilidad es para ti, ya que ahora posees tu materia prima y tu
instrumento en forma consumible (capaz de circular),*% y para mí, ya
que mi trabajo se ha valorizado. Naturalmente a ti te ocurriría pronto
que te habrías comido tu capital en la forma de dinero, mientras que
yo como trabajador entraría en posesión de ambos.

Lo que el trabajador cambia con el capital es su mismo trabajo (en
el cambio, la capacidad de disposición sobre el mismo); el trabajador
lo enajena. Lo que él recibe como precio es el valor de esta enajenación.
Él cambia un valor predeterminado por la actividad creadora de valor,
independientemente del resultado de su actividad.*” ¿Pero cómo se

*80 (capaz de circular) está escrito en el ms. sobre «consumible».

*8l La prodigiosa sabiduría del señor Bastiat consiste en afirmar que el
sistema salarial es una forma no esencial, una forma puramente formal, una
forma de asociación, que en cuanto tal no tiene nada que ver con la relación
económica de capital y trabajo. Si los trabajadores, dice él, fueran tan ricos
como para poder esperar a que el producto estuviera acabado y vendido, el siste-
ma salarial, el trabajo asalariado, no les impediría firmar un contrato tan venta-
joso con el capitalista como el que un capitalista firma con otro. Por lo tanto,
el mal no está en la forma del sistema salarial, sino en condiciones independientes
de él. Naturalmente a Bastiat no se le ocurre que estas condiciones mismas son
las condiciones del sistema salarial. Si los trabajadores fueran al mismo tiempo
capitalistas, ellos en realidad se relacionarían no como trabajadores que trabajan,
sino como capitalistas que trabajan —es decir, no en la forma de trabajadores
asalariados— con los capitalistas que no trabajan. De ahí que para él salario
y beneficio sean esencialmente lo mismo que beneficio e interés. A esto lo llama
él armonías de las relaciones económicas, que consisten en que las relaciones
económicas existen sólo aparentemente, mientras que en realidad, esencialmente,
sólo existe una relación: la del cambio simple. Las formas esenciales se presentan,
por lo tanto, en sí mismas, para el señor Bastiat, como carentes de contenido,
es decir, como formas que no son reales. <Inciso entre corchetes.)


determina su valor? Mediante el trabajo objetivado, que está contenido
en su mercancía. Esta mercancía existe en su organismo. Para conservarla
de hoy para mañana —aquí no tenemos todavía nada que ver con la cla-
se obrera, es decir, con la compensación por el uso y consumo de la
misma para que pueda mantenerse como clase, ya que el trabajador está
aquí contrapuesto como trabajador al capital, es decir, como sujeto pe-
rennemente presupuesto a éste, y no como individuo perecedero de la
clase trabajadora— el trabajador tiene que consumir una determinada
cantidad de medios de subsistencia que repongan la sangre consumida,
etcétera. El trabajador obtiene exclusivamente un equivalente. Por lo
tanto, mañana una vez concluido el cambio —y sólo cuando él ha fi-
nalizado formalmente el cambio, lo realiza en el proceso de produc-
ción—, su capacidad de trabajo existe en la misma forma que antes: él
ha obtenido un equivalente exacto, porque el precio que ha recibido le
deja en posesión del mismo valor de cambio que él tenía previamente.
La cantidad de trabajo objetivado que está contenida en su organismo
le es pagada por el capital. Él** la consume, y puesto que no existía
como cosa, sino como capacidad en un ser vivo, él puede a causa de la
naturaleza específica de su mercancía —la naturaleza específica del pro-
ceso vital— entrar de nuevo en el cambio. Que al margen del tiempo
de trabajo objetivado en su organismo —es decir, al margen del tiem-
po de trabajo que es necesario para pagar los productos necesarios para
la conservación de su organismo— hay todavía más trabajo objetivado en
su existencia inmediata, a saber: los valores que él ha consumido para
engendrar una determinada capacidad de trabajo, una habilidad espe-
cial —y cuyo valor se muestra en los costes de producción necesarios
para obtener una habilidad de trabajo parecida— no nos interesa toda-
vía, porque aquí no se trata de un trabajo especialmente cualificado, sino
del trabajo a secas, del trabajo simple.

Si un día de trabajo fuera necesario para conservar con vida al tra-
bajador durante un día de trabajo, no existiría el capital, ya que el
día de trabajo se cambiaría por su propio producto, es decir, el capital
como capital no podría valorizarse y, por lo tanto, no podría conservar-
se. La autoconservación del capital es su autovalorización. Si el capital
tuviera que trabajar para vivir, entonces él se conservaría no como ca-
pital, sino como trabajo. La propiedad de materias primas e instrumentos
de trabajo sería sólo nominal; ellos pertenecerían económicamente al
trabajador en la misma medida en que pertenecerían al capitalista, ya

*82 NMEGA: «Er» (él); en la ed. de 1939 es pronombre neutro que con-
cordaba con capital y no con el trabajador.


que éstos sólo crearían valor para el capitalista, en la medida en que él
mismo fuera trabajador. El capitalista se relacionaría, por lo tanto, con
ellos no como con capital, sino como con la simple materia e instrumento
de trabajo, de la misma forma que lo hace el trabajador en el proceso de
producción. Si, por el contrario, sólo es necesario, por ejemplo, medio
día de trabajo para conservar con vida al trabajador durante todo un día
de trabajo, entonces la plusvalía del producto resulta evidente, puesto
que el capitalista ha pagado en el precio sólo medio día de trabajo y en
el producto recibe en forma objetivada un día completo; él, por lo tan-
to, no ha dado nada a cambio de la segunda mitad del día de trabajo.
No es, por lo tanto, el cambio, sino un proceso en el que él recibe
tiempo de trabajo objetivado, es decir, valor sin cambio, lo único que
puede convertirlo en capitalista. El medio día de trabajo no le cuesta
al capital rada; él obtiene por lo tanto, un valor por el que no ha dado
ningún equivalente. Y el aumento de los valores sólo puede tener lugar
por el hecho de que se ha obtenido un valor por encima del equivalente,
es decir, por el hecho de que se ha creado un valor.

La plusvalía es en general valor por encima del equivalente. Equi-
valente según su determinación es exclusivamente la identidad del valor
consigo mismo. Á partir del equivalente no puede nunca brotar la plus-
valía; por lo tanto, tampoco puede brotar originariamente de la circu-
lación; la plusvalía tiene que manar del proceso de producción del
capital mismo. La cosa puede ser expresada también de la siguiente
forma: si el trabajador necesita sólo medio día de trabajo para vivir
un día completo, entonces él necesita trabajar sólo medio día para pro-
longar su existencia como trabajador. La segunda mitad del día de tra-
bajo es trabajo coactivo; es trabajo excedente. Lo que desde el punto
de vista del capital se presenta como plusvalía, se presenta exactamente
desde el punto de vista del trabajador como trabajo excedente por en-
cima de su necesidad como trabajador, es decir, por encima de su ne-
cesidad inmediata para la conservación de su organismo. El gran papel
histórico del capital es crear este trabajo excedente, este trabajo super-
fluo desde el punto de vista del mero valor de uso, de la mera subsisten-
cia; y su misión histórica está acabada tan pronto como por una parte
las necesidades se han desarrollado hasta tal punto, que el trabajo ex-
cedente por encima de lo necesario es una necesidad general, que procede
de las mismas necesidades individuales —y tan pronto como por otra
parte la laboriosidad general obtenida a través de la fuerte disciplina
del capital, por la cual han pasado sucesivas generaciones, se ha desarro-
llado como posesión general de la nueva generación—; finalmente, su
misión está cumplida, cuando mediante el desarrollo de las fuerzas pro-

ductivas del trabajo, que el capital —en su ansia ilimitada de enrique-
cimiento y en las condiciones en las que únicamente este enriqueci-
miento se puede realizar— constantemente impulsa hacia adelante, dichas
fuerzas productivas adquieren un nivel tal, que la posesión y la con-
servación de la riqueza general sólo requieren por una parte un tiempo
de trabajo menor para la sociedad, y por otra la sociedad trabajadora
se enfrenta científicamente con el proceso de su reproducción progresi-
va, de su reproducción constantemente más rica; es decir, que deja de
existir el trabajo, en el que el hombre hace lo que las cosas pueden hacer
por él. El capital y el trabajo se relacionan aquí consiguientemente como
dinero y mercancía; el uno es la forma general de la riqueza, el otro
sólo la sustancia dirigida al consumo inmediato. Pero en cuanto aspi-
ración sin pausa por la forma general de la riqueza, el capital constriñe
al trabajo por encima de los límites de su necesidad natural, y de esta
forma crea los elementos materiales para el desarrollo de una individua-
lidad rica, que es igualmente universal tanto en sus aspiraciones de pro-
ducción como de consumo, y cuyo trabajo no se presenta consiguiente-
mente como trabajo, sino como desarrollo total de la actividad misma,
en la cual la necesidad natural ha desaparecido en su forma inmediata,
porque la necesidad natural ha sido sustituida por una necesidad pro-
ducida históricamente. El capital, por lo tanto, es productivo; es decir,
es una relación esencial para el desarrollo de las fuerzas productivas so-
ciales. Sólo deja de ser una tal relación esencial allí donde el desarrollo
de estas mismas fuerzas productivas encuentran un obstáculo en el ca-
pital mismo

En el Times de noviembre de 1857 se encuentra la deliciosa invec-
tiva de un plantador de la India Occidental. Con gran indignación moral,
este abogado —como alegato en pro de la reintroducción de la esclavi-
tud de negocios— explica cómo los Quashees (los negros libres de Jamai-
ca) se contentan con producir lo estrictamente necesario para el consu-
mo y cómo consideran como el auténtico artículo de lujo junto a este
«valor de uso» la holgazanería misma (indulgence and idleness); cómo
les importa un pito el azúcar y el capital fijo invertido en las plantacio-
nes; sino que más bien se sonríen con irónica alegría del mal ajeno del
plantador que va a quebrar; y cómo llegan incluso a utilizar el cristia-
nismo que les ha sido enseñado como justificación de esta cínica dispo-
sición a la indolencia. Ellos han dejado de ser esclavos, pero no para
convertirse en trabajadores asalariados, sino para convertirse en campe-
sinos autosuficientes, que trabajan lo estrictamente necesario para su
propio consumo. El capital como capital no existe para ellos, porque
la riqueza en forma independiente como tal sólo existe o bien me-

diante el trabajo coercitivo inmediato, mediante la esclavitud, o median-
te el trabajo coercitivo mediato, mediante el trabajo asalariado.% Frente
al trabajo coercitivo inmediato, la riqueza no está como capital, sino
como relación de dominación; de ahí que sobre esta base sea reprodu-
cida también la relación de dominación, para la cual la riqueza misma
sólo tiene valor como disfrute, no como riqueza en sí, y que, por lo
tanto, nunca puede crear la industria general. (Sobre esta relación de
esclavitud y trabajo asalariado volveremos más adelante.)

### Plusvalía. Ricardo. Los fisiócratas. A. Smith. Ricardo.

La dificultad de comprender la génesis del valor, se muestra 1) en los
economistas ingleses modernos que le reprochan a Ricardo el no haber
comprendido el excedente, la plusvalía (ver Malthus, sobre el valor, el
cual al menos intenta proceder científicamente), a pesar de que úni-
camente Ricardo entre todos los economistas lo ha comprendido, como
lo demuestra su polémica contra la confusión de A. Smith entre la de-
terminación del valor por el salario y la determinación del valor por el
tiempo de trabajo objetivado en la mercancía. Los nuevos economistas
no son más que simples memos. Ciertamente, el mismo Ricardo cae a
menudo en confusión, ya que si él comprende que la génesis de la plus-
valía es un presupuesto del capital, sin embargo, se equivoca a menudo
al concebir el aumento de los valores únicamente sobre la base de que
se invierta más tiempo de trabajo objetivado en el mismo producto, o
en otras palabras, en que la producción devenga más difícil. De ahí la
contraposición absoluta en Ricardo entre valor y riqueza; y de ahí
también la unilateralidad de su teoría de la renta de la tierra; *” su falsa
teoría del comercio internacional, que sólo debe producir valor de uso

22 Cfr. The Times. London. Saturday, November 21, 1857, n.” 22.844,
pág. 9, col. 5-6. Artículo: Negroes and the Slave Trade. To the Editor of the
Times. By EXPERTUS.

253 No se puede decidir con precisión si Marx se refería al capítulo On the
Nature, Causes, and Measure of Value en MALTHUS, Principles of Political Eco-
nmomy, etc. 1836 (págs. 50-135), o a su folleto The Measure of Value, etc. London
1823 (pág. 29 nota y págs. 33-34, 44-45), o al capítulo On the Definition and
Application of Terms by Mr. Ricardo en las Definitions in Political Economy, etc.
London 1827 (págs. 23-36).

2% Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 4-12 <Principios..., págs. 9-15).

225 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 60-61 <Principios..., pág. 29).

25 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 58-79, 320-337 <Principios...,
págs. 205-215).

27 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 53-79 <Principios..., págs. 51-63).

(lo que él llama riqueza) y no valor de cambio.* La única salida para
el aumento de los valores en cuanto tales al margen de la creciente difi-
cultad de la producción (teoría de la renta de la tierra) continúa siendo
el crecimiento de la población (el aumento natural de los trabajadores
mediante el aumento del capital), a pesar de que él nunca ha resumido
esta relación de forma simple. El error fundamental de Ricardo reside
en no haber investigado nunca de dónde procede realmente la dife-
rencia entre la determinación del valor mediante el salario y mediante
el trabajo objetivado. El dinero y el cambio mismo (la circulación) se
presentan, en consecuencia, como elementos puramente formales en su
economía, y a pesar de que, según él, en la economía sólo se trata del
valor de cambio, el beneficio, etc., es presentado exclusivamente como
cuota de participación en el producto, lo cual tiene igualmente lugar
sobre la base de la esclavitud. Él no ha investigado nunca la forma de
la mediación.

2) Los fisiócratas. Aquí aparece de forma tangible la dificultad
de comprender el capital, la autovalorización del valor, es decir, la plus-
valía que el capital crea en el acto de producción; y esta dificultad
no tenía más remedio que aparecer en los padres de la economía mo-
derna, de la misma forma que aparece en el último eslabón clásico de
esta economía, en Ricardo, el cual concibe la creación de la plusvalía en
la forma de renta. Au fond la cuestión que se plantea en el umbral del
sistema de la sociedad moderna es la cuestión fundamental del concep-
to de capital y de trabajo asalariado. El sistema monetarista había com-
prendido solamente la independencia del valor tal como resulta de la
circulación simple —como dinero—,; los monetaristas convirtieron por
lo tanto esta forma abstracta de la riqueza en el objeto exclusivo de las
naciones que entraban precisamente en el período en el que el enriqueci-
miento en cuanto tal se presentaba como la finalidad de la sociedad
misma. Después vino el Mercantilismo, que coincide con la época en que
aparece el capital industrial y, por lo tanto, el trabajo asalariado en la
manufactura, y en la que el capital industrial se desarrolla en contra-
posición con y a costa de la riqueza no industrial, de la propiedad territo-
rial feudal. Los mercantilistas tienen una vaga idea del dinero como
capital, pero realmente sólo en la forma del dinero, de la circulación
del capital mercantil, del capital que se transforma en dinero. El capi-
tal industrial tiene valor para ellos, y además el valor supremo —como
instrumento y no como la riqueza misma en su proceso productivo—,

28 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 131-161 <Principios..., pá-
ginas 98-113).

ya que crea el capital mercantil y éste en la circulación se convierte en
dinero. Para ellos el trabajo en la manufactura, es decir, el trabajo in-
dustrial, tenía gran importancia, mientras que, por el contrario, el trabajo
en la agricultura era y les parecía un trabajo productor primordialmente
de valores de uso; el producto en bruto una vez elaborado es más va-
lioso, porque crea más dinero, en una forma más clara, más apropiada
para la circulación y el comercio, es decir, en forma mercantil (de aquí
procede la concepción histórica de la riqueza de los pueblos no agríco-
las, como Holanda especialmente, en contraposición a los pueblos agrí-
colas, feudales; la agricultura se presentaba en general no en forma
industrial sino feudal, y por lo tanto, como fuente de la riqueza feudal,
y no como fuente de la riqueza burguesa). Una forma del trabajo asa-
lariado, el trabajo industrial, y una forma del capital, el capital indus-
trial, eran pues reconocidas como fuente de la riqueza, pero únicamente
en la medida en que creaban dinero. El valor de cambio mismo, por lo
tanto, no es comprendido en la forma de capital. Ahora pasamos a los
fisiócratas. Ellos distinguen el capital del dinero y lo aprehenden en
su forma general como valor de cambio independizado, que se conser-
va** en la producción y se multiplica mediante ella. Los fisiócratas con-
sideran, por lo tanto, también la relación para sí misma, en cuanto que
ésta no es un momento de la circulación simple, sino más bien su pre-
supuesto, que sale de la circulación misma y se vuelve a colocar constan-
temente como su presupuesto. Son, por lo tanto, los padres de la eco-
nomía moderna. Ellos comprenden también que la creación de la plus-
valía por el trabajo asalariado es la autovalorización, es decir, la
realización del capital. ¿Pero cómo es creada una plusvalía por el capi-
tal, es decir, por los valores ya existentes, mediante el trabajo? Aquí
ellos dejan de lado por completo la forma y toman en consideración ex-
clusivamente el proceso de producción simple. El único trabajo que pue-
de ser productivo es aquel que tiene lugar en un terreno en el que de
forma tangible la fuerza natural del instrumento de trabajo permite al
trabajador producir más valores de los que él consume. La plusvalía no
procede, por lo tanto, del trabajo en cuanto tal, sino de la fuerza de la
naturaleza, que es utilizada y dirigida por el trabajo —es decir, de la
agricultura—, Éste es, por lo tanto, el único trabajo productivo, pues
los fisiócratas llegan hasta a afirmar que únicamente el trabajo creador
de plusvalía es productivo (el hecho de que la plusvalía tenga que ex-
presarse en un producto material es una tosca concepción que aparece

*83 NMEGA: «erhált»; en la ed. de 1939, «vorhilt» (tiene delante).

todavía en A. Smith.” Los actores son trabajadores productivos, no en
la medida en que producen la obra de teatro, sino en la medida en que
incrementan la riqueza de su patrono. Sin embargo, para esta relación
es completamente indiferente la clase de trabajo que se realice, es decir,
la forma en que se materializa el trabajo, si bien no es indiferente desde
puntos de vista que desarrollaremos más adelante); pero esta plusvalía
se transforma imperceptiblemente en una cantidad mayor del valor de
uso que resulta de la producción, en comparación con el que se ha con-
sumido en ella. Sólo en la relación de la simiente natural con su producto
aparece tangiblemente esta multiplicación de los valores de uso, es de-
cir, el excedente del producto sobre la parte del mismo que tiene que
servir para la nueva producción —excedente del que se puede consumir,
por lo tanto, una parte de forma improductiva—. Sólo una parte de la
cosecha tiene que ser dada de nuevo a la tierra como simiente; en con-
tacto con los productos que ya existen de forma natural, con los elemen-
tos, como el aire, el agua, la tierra, la luz, y con las sustancias añadidas
en forma de estiércol o de cualquier otra manera, las simientes se re-
producen*" de nuevo en cantidad multiplicada, como grano, etc. En
resumidas cuentas, el trabajo humano tiene solamente que dirigir el
intercambio químico de sustancias (en la agricultura), o la reproducción
de la vida misma (en la cría de ganado), y en parte tiene que promover
mecánicamente este cambio para obtener el excedente, es decir, para
convertir las mismas sustancias naturales de una forma sin valor para el
uso en una forma valiosa. La forma verdadera de la riqueza general es,
por lo tanto, el excedente de los productos de la tierra (grano, animales,
materias primas). Considerada económicamente, la renta es, en conse-
cuencia, la única forma de la riqueza. Así ocurre que los primeros pro-
fetas del capital sólo conciben al no-capitalista, al propietario feudal de
la tierra, como representante de la riqueza burguesa. La consecuencia
consistente, sin embargo, en gravar todos los impuestos sobre la renta,
es completamente favorable al capital burgués. El feudalismo es enalte-
cido desde el punto de vista de los principios por la burguesía —lo que
ha engañado a muchos señores feudales, como a Mirabeau padre— para
arruinarlo desde el punto de vista práctico. Todos los demás valores

259 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 11, pág. 356 <Investigación..., pá-
gina 308).

*W NMEGA: «erzeugen ihn die Samen» (las semillas se reproducen de nuevo,
o también, reproducen esa parte de nuevo); en la ed. de 1939, «erzeugen der
Samen», con lo que no se sabía muy bien qué se quería decir.

representan solamente materia prima + trabajo; el trabajo mismo re-
presenta el grano u otros productos de la tierra que el trabajo consume;

el trabajador en la fábrica no añade, por lo tanto, a la materia prima
más de lo que él ha consumido en la forma de materias primas. Su tra-
bajo, exactamente igual que el de su patrono, no añaden, en consecuen-,
cia, nada a la riqueza —la riqueza es el excedente sobre las mercancías
consumidas en la producción—, sino que le dan solamente formas apro-
piadas y útiles para el consumo. Entonces todavía no se había desarro-
llado la aplicación de las fuerzas naturales a la industria, ni la división
del trabajo, etc., que multiplica la fuerza natural del trabajo mismo. Pero
en la época de A. Smith sí había ocurrido ya esto. Por eso en A. Smith
el trabajo en general es la fuente de los valores y también de la rique-
za; pero el trabajo crea realmente la plusvalía, sólo en la medida en que
en la división del trabajo el excedente se presenta como un don natu-
ral, como una fuerza natural de la sociedad, de la misma forma que en
los fisiócratas se presentaba como un don** de la tierra. De ahí la im-
portancia que A. Smith da a la división del trabajo. Por otra parte, en
A. Smith, el capital no se presenta —(porque A. Smith, si bien concibe
al trabajo como la fuente creadora del valor, sin embargo, concibe al
trabajo mismo como valor de uso, como productividad existente para sí
misma, como fuerza natural humana en general (esto es lo que lo dis-
tingue de los fisiócratas), pero no como trabajo asalariado, no en su
determinación formal específica en contraposición al capital)— origi-
nariamente como el capital que contiene en sí mismo al momento con-
trapuesto del trabajo asalariado, sino como el capital tal como procede
de la circulación, como dinero; en consecuencia, el capital deviene ca-
pital a partir de la circulación, mediante el ahorro. El capital, por lo
tanto, no se valoriza a sí mismo originariamente —porque la apropia-
ción de trabajo ajeno no está incluida en su concepto mismo—. El capital
sólo se presenta como poder de disposición sobre trabajo ajeno a pos-
teriori, después de estar presupuesto como capital —claro círculo vi-
cioso—. El trabajo, por lo tanto, según A. Smith debería recibir su
propio producto como salario, el salario debería ser = al producto, es
decir, el trabajo no debería ser trabajo asalariado, y el capital no debería
ser capital. Para introducir, en consecuencia, el beneficio y la renta
como elementos originarios de los costes de producción, es decir, para
hacer salir alguna plusvalía del proceso de producción del capital,
A. Smith presupone bien el beneficio, bien la renta, de la forma más

*s5 NMEGA: «als Gabe»; en la ed. de 1939, «der».

tosca. El capitalista no quiere dar su capital, ni el propietario territorial
su tierra a la producción, sin recibir nada a cambio. Ellos exigen algo a
cambio de esto. De esta forma ellos son introducidos como realidades
históricas con sus pretensiones, pero no son explicados. Realmente sólo
el salario está justificado económicamente, porque es un componente ne-
cesario de los costes de producción. Beneficio y renta son exclusiva-
mente sustracciones del salario, obtenidas arbitrariamente por la fuerza
por el capital y por la propiedad de la tierra en el proceso histórico,
y son justificadas legalmente, pero no económicamente. Pero puesto que
A. Smith enfrenta al trabajo, en la forma de propiedad de la tierra y
capital, los instrumentos y materiales de producción como formas autó-
nomas, él coloca al trabajo esencialmente como trabajo asalariado. Así
pues, contradicciones. De ahí su oscilación en la determinación del va-
lor; la colocación al mismo nivel del beneficio y .de la renta de la
tierra, sus opiniones erróneas sobre la influencia del salario en los pre-
cios, etc. Pasemos ahora a Ricardo (ver 1 [pág. 267]). En él el trabajo
asalariado y el capital son de nuevo concebidos no como formas sociales
históricamente determinadas, sino como formas naturales para la pro-
ducción de la riqueza en cuanto valor de uso; es decir, su forma en
cuanto tal, precisamente porque es natural, es indiferente, y no es apre-
hendida en su relación determinada con la forma de la riqueza, así como
también la riqueza misma, en su forma de valor de «cambio, se presenta
como simple mediación formal de su existencia material; de ahí que no
sea comprendido el carácter determinado de la riqueza burguesa, pre-
cisamente porque la riqueza se presenta como la forma adecuada de la
riqueza en general, y de ahí también el que económicamente, a pesar de
que se ha partido del valor de cambio, las formas del cambio económi-
camente determinadas no desempeñen** ningún papel en su economía,
sino que solamente se hable de la distribución del producto general del
trabajo y de la tierra entre las tres clases, como si en la riqueza basada
sobre el valor de cambio se tratara solamente de la riqueza basada sobre
el valor de uso, y como si el valor de cambio fuese sólo una forma ce-
remonial, que en Ricardo desaparece de forma tan completa, como lo
hace el dinero en cuanto medio de circulación en el cambio. Para hacer
valer las leyes de la economía, a él le gusta referirse a esta relación del
dinero como a una relación puramente formal. De ahí también sus
puntos débiles en la misma teoría del dinero.

El desarrollo exacto del concepto de capital es necesario, ya que él

* En el ms. en lugar de «spielen», figura «bilden» (constituyen).

es el concepto fundamental de la economía moderna, de la misma forma
que el capital mismo —cuyo reflejo abstracto es su concepto— es la
base de la sociedad burguesa. De la comprensión rigurosa del presu-
puesto fundamental de la relación tiene que resultar todas las con-
tradicciones de la sociedad burguesa, así como también el límite en el
cual la relación obliga a pasar por encima de sí misma.

[[Es importante observar que la riqueza en cuanto tal, es decir,
la riqueza burguesa, está siempre expresada en la máxima potencia en
el valor de cambio, en el que la riqueza es puesta como mediadora,
como la mediación de los extremos valor de cambio y valor de uso.
Este término medio se presenta siempre como la relación económica
completa, porque resume las contradicciones y se presenta finalmente
como una potencia unilateral superior frente a los extremos mismos;
porque el movimiento o la relación que se presenta originariamente
como mediadora entre los extremos conduce necesariamente de forma
dialéctica a lo siguiente: a que ella se presenta como la mediación con-
sigo misma, como sujeto del cual los extremos no son más que momen-
tos, cuya posición autónoma inicial ella niega, para ponerse mediante
esta negación misma como el único sujeto autónomo. Así, en la esfera
religiosa. Cristo, mediador entre Dios y el hombre —mero instrumento
de circulación entre ambos—, se convierte en su unidad, el hombre-
Dios, y deviene en cuanto tal más importante que Dios; los santos de-
vienen más importantes que Cristo; los curas más importantes que los
santos. La expresión económica total, a pesar de ser unilateral frente
a los extremos, es siempre el valor de cambio, en la cual él es puesto
como término medio; por ejemplo, el dinero en la circulación simple;
el capital mismo como mediador entre la producción y la circulación.
Dentro incluso del capital una forma del mismo adopta de nuevo la po-
sición del valor de uso frente a la otra como valor de cambio. Así, por
ejemplo, el capital industrial se presenta como productor, frente al ca-
pital comercial que se presenta como circulación. Así, el primero re-
presenta el lado material y el segundo el lado formal, es decir, la riqueza
en cuanto riqueza. Al mismo tiempo el capital mercantil es a su vez
mediador entre la producción (capital industrial) y la circulación (el pú-
blico que consume), o entre el valor de cambio y valor de uso, en
donde ambos lados alternativamente cambian sus papeles, la producción
es colocada como dinero, la circulación como valor de uso (el público
que consume), o la primera es colocada como valor de uso (producto)
y la segunda como valor de cambio (dinero). Lo mismo ocurre dentro del
comercio mismo: el comerciante al por mayor figura como intermedia-
rio entre el fabricante y el minorista, o entre el fabricante y el agri-

cultor, o entre diferentes fabricantes, y es él mismo el término medio
superior. Así también se presenta el corredor de comercio frente al
comerciante al por mayor; y el banquero frente a los industriales y
comerciantes; la sociedad anónima frente a la producción simple; y el
financiero como el mediador entre el Estado y la sociedad burguesa
al nivel máximo. La riqueza en cuanto tal reviste una forma tanto más
distinta y más amplia cuanto más está separada de la producción inme-
diata y cuanto más actúa a su vez como mediadora entre partes que,
consideradas cada una para sí mismas, están puestas ya como rela-
ciones económicas formales.**” El dinero se convierte de medio en
fin, y en todas partes la forma superior de la mediación se presenta
como capital, que pone a su vez a la forma inferior como trabajo, como
mera fuente de plusvalía. Por ejemplo, el agente de cambio (bill-broker),
el banquero, etc., frente a los fabricantes y agricultores, los cuales en
relación con él están colocados relativamente en la determinación del
trabajo (del valor de uso), mientras que él se coloca frente a ellos como
capital, como creación de plusvalía; finalmente, la forma más paradó-
jica de todas es la del financiero. ]]

El capital es unidad inmediata de producto y dinero, o mejor dicho,
de producción y circulación. De esta forma el capital es de nuevo algo
inmediato, y su desarrollo consiste en ponerse y negarse-superarse a
sí mismo como unidad —<que está puesta como relación determinada y,
por lo tanto, simple—. La unidad se presenta ante todo en el capital
como algo simple.

[[El razonamiento de Ricardo es sencillamente el siguiente: los
productos se cambian entre sí —es decir, capital por capital —según las
cantidades de trabajo objetivado contenidas en ellos. Un día de trabajo
se cambia siempre por un día de trabajo. Éste es el presupuesto. El
cambio mismo puede, en consecuencia, ser dejado completamente de
lado. El producto —el capital colocado como producto— es en sí mismo
valor de cambio, al que el cambio añade sólo una forma, que en Ricardo
es una forma exclusivamente formal. La cuestión ahora es sólo la si-
guiente: en qué cuotas se divide el producto. Da igual que estas cuotas
sean consideradas como cuotas determinadas del valor de cambio pre-
supuesto, o de su contenido, de la riqueza material. Incluso, puesto que
el cambio en cuanto tal es mera circulación — dinero como circula-
ción—, es mejor abstraer por completo de él, y considerar simplemente

*81 Es la lección de NMEGA (Formbeziehungen).

las cuotas de la riqueza material que son distribuidas** a los distintos
agentes dentro del proceso de producción o como resultado del mismo.
En la forma del cambio todo valor, etc., es sólo nominal; real solamente
lo es en la forma de cuota. El cambio en su totalidad, en la medida en
que no crea una variedad material superior, es nominal. Puesto que
siempre un día de trabajo completo se cambia por un día de trabajo
completo, la suma de los valores continúa siendo la misma —<el cre-
cimiento de las fuerzas productivas actúa solamente sobre el contenido
de la riqueza, no sobre su forma. El aumento de los valores sólo puede
tener lugar mediante la creciente dificultad de la producción en la agri-
cultura —y ésta sólo puede tener lugar allí donde la fuerza de la natura-
leza no presta ya el mismo servicio a la misma cantidad de trabajo
humano, es decir, allí donde disminuye la fertilidad de los elementos
naturales—. El descenso de los beneficios es, por lo tanto, causado por
la renta. En primer lugar, la falsa premisa de que en todos los estadios
de la sociedad se trabaja siempre un día de trabajo completo, etc., etc.
(ver más arriba pág. 268).]]

### Plusvalía y fuerza productiva. Relación entre el aumento de las mis-
mas. — Resultado. — La fuerza productiva del trabajo es fuerza
productiva del capital. — En la proporción en que ya ha disminuido el
trabajo necesario, se vuelve tanto más difícil la valorización del
capital.

Hemos visto: el trabajador sólo necesita trabajar medio día de trabajo,
por ejemplo, para vivir un día completo; y para poder, en consecuen-
cia, empezar de nuevo al día siguiente el mismo proceso. En su capacidad
de trabajo —en la medida en que ella existe en él en cuanto ser vivo,
o en él en cuanto instrumento de trabajo vivo— está objetivado sola-
mente medio día de trabajo. El día de vida completo del trabajador es
el resultado estático, la objetivación, de medio día de trabajo. El capi-
talista, en la medida en que mediante el cambio con el trabajo obje-
tivado en el trabajador —es decir, con el trabajo de medio día de tra-
bajo— se apropia el día de trabajo completo, y luego lo consume en
el proceso de producción, poniéndolo en contacto con la materia en la
que el capital consiste, en la medida en que hace esto, crea la plusvalía
de su capital —en este caso medio día de trabajo objetivado—. Suponga-

*88 NMEGA: «verteilt werden»; en la ed. de 1939, «verteilt worden» (fueron
distribuidas).

mos ahora, que las fuerzas productivas del trabajo se duplican, es de-
cir, que en el mismo tiempo el mismo trabajo produce el doble valor
de uso (de momento, desde nuestro presente punto de vista, solamente
está determinado como valor de uso lo que el trabajador consume para
conservarse con vida como trabajador; a saber: la cantidad de medios de
subsistencia, por la cual mediante el dinero el trabajador cambia el traba-
jo objetivado en su capacidad de trabajo viva). El trabajador tendría en-
tonces que trabajar solamente 1/4 de día, para vivir un día completo; el
capitalista sólo tiene, pues, que dar al trabajador en el cambio 1/4 de
día de trabajo objetivado, para aumentar su plusvalía mediante el proceso
de producción de 1/2 a 3/4; él ganaría 3/4 de día de trabajo objetivado
en lugar de 1/2. El valor del capital, tal como sale del proceso de pro-
ducción, habría aumentado en 3/4 en lugar de 2/4. El capitalista necesi-
taría, por lo tanto, hacer trabajar al trabajador solamente 3/4 de día,
para añadir al capital la misma plusvalía que antes —1/2 o 2/4 de
día de trabajo objetivado—. Pero el capital en cuanto representante
de la forma general de la riqueza —el dinero— es el impulso sin límites
y sin medida de pasar por encima de sus propios obstáculos. Todo lími-
te es y tiene que ser un obstáculo para él. De lo contrario, dejaría de
ser capital, dinero que se produce a sí mismo. Tan pronto como él no
sintiera un determinado límite como obstáculo, sino que se sintiera a
gusto dentro de él, él mismo habría descendido de valor de cambio
a valor de uso, de la forma general de la riqueza a una existencia sus-
tancial determinada de la misma. El capital en cuanto tal crea una plus-
valía determinada, porque no puede crear de golpe una plusvalía infi-
nita; pero el capital es el movimiento constante por crear más plusvalía.
El límite cuantitativo de la plusvalía se le presenta sólo como obstáculo
natural, como una necesidad, que él intenta constantemente dominar y
superar.**” El capitalista, por lo tanto (independientemente de las deter-
minaciones que se añadirán más adelante: competencia, precios, etc.),
no hará trabajar al trabajador solamente 3/4 de día, porque los 3/4 de
día le proporcionan la misma plusvalía que antes le proporcionaba el
día entero, sino que le hará trabajar el día completo; y el aumento de

*80 El obstáculo se presenta como algo accidental que tiene que ser superado.
Incluso en la concepción más superficial aparece esto. Si el capital aumenta de
100 a 1.000, entonces es 1.000 el punto de partida, a partir del cual tiene que
producirse el aumento del capital; la decuplicación de 1.000% no cuenta para
nada; beneficio e interés se convierten a su vez en capital. Lo que se presentaba
como plusvalía, se presenta ahora como simple presupuesto, etc., integrado en
la existencia simple del capital mismo. (Puesto por Marx entre corchetes.)

la fuerza productiva que hace posible que el trabajador viva con 1/4
de día de trabajo el día completo se expresa ahora simplemente en que
él tiene que trabajar 3/4 de día para el capital, mientras que antes sólo
trabajaba 2/4 de día. La mayor fuerza productiva de su trabajo, en la
medida en que constituye una disminución del tiempo necesario para
la reposición del trabajo objetivado en el trabajador (para el valor de
uso, para la subsistencia) se presenta como una prolongación de su tiem-
po de trabajo para la valorización del capital (para el valor de cambio).
Considerado desde el punto de vista del trabajador, éste tiene que rea-
lizar ahora un plustrabajo de 3/4 de día, para vivir uno, mientras que
antes sólo tenía que realizar un plustrabajo de 2/4 de día. Mediante
el aumento de la fuerza productiva, mediante la duplicación de la mis-
ma, su plustrabajo ha aumentado en 1/4 de día.*” Aquí hay que hacer
una observación: la fuerza productiva se ha duplicado; el plustrabajo
para el trabajador no se ha duplicado, sino que ha aumentado exclusi-
vamente en 1/4 de día, así como tampoco se ha duplicado la plusvalía
del capital, sino que ha aumentado* exclusivamente en 1/4 de día. Se
ve, por lo tanto, que el plustrabajo (desde el punto de vista del traba-
jador) y la plusvalía (desde el punto de vista del capital) no crecen en
la misma proporción numérica en que lo hace la fuerza productiva. ¿De
dónde procede esto? La duplicación de la fuerza productiva es la reduc-
ción del trabajo necesario (para el trabajador) en 1/4 de día, y por lo
tanto, también la producción de una plusvalía superior en 1/4 de día,
ya que la relación originaria se había considerado que era de 1/2. Si
el trabajador hubiera tenido que trabajar originariamente 2/3 de día,
para vivir uno, la plusvalía habría sido de 1/3, así como también el
plustrabajo. La duplicación de la fuerza productiva del trabajo habría
capacitado, por lo tanto, al trabajador, para limitar su trabajo necesario

a la mitad de 2/3, es decir, EEES = 2/6 o 1/3 de día, y el capi-
Xx

talista habría ganado 1/3 de día de valor. El plustrabajo global se habría
convertido en 2/3 de día. La duplicación de la fuerza productiva que
en el primer ejemplo resultaba en 1/4 de día de plusvalía y plustrabajo,
resulta ahora en 1/3 de día de plusvalía o plustrabajo. El multiplicador
de la fuerza productiva —el número por el que ella es multiplicado—
no es, por lo tanto, el multiplicador del plustrabajo o de la plusvalía;
por el contrario, si la proporción originaria del trabajo objetivado en el

*9 En el ms. «gefallen» (disminuido), en lugar de «gewachsen» (aumentado).

precio de trabajo era 1/2 del trabajo objetivado en un día completo
—<que siempre aparece como límite—,*” entonces la duplicación es igual
a la división de 1/2 (la proporción originaria) por 2,*” es decir, 1/4.
Si la proporción originaria era 2/3, la duplicación entonces es igual a
la división de 2/3 por 2 = 2/6 o 1/3. El multiplicador de la fuerza
productiva no es nunca, por lo tanto, el multiplicador, sino el divisor de
la proporción originaria, no es el multiplicador de su numerador, sino
de su denominador. Si él fuera lo primero,** entonces correspondería
a la multiplicación de la fuerza productiva la multiplicación de la plus-
valía. Sin embargo, la plusvalía*” es siempre igual a una división de la
proporción originaria por el multiplicador de la fuerza productiva. Si
la proporción originaria fuera 8/9, es decir, si el trabajador necesitara
8/9 de día de trabajo para vivir, el capital sólo ganaría en consecuen-
cia 1/9 en el cambio con el trabajo vivo, o el plustrabajo sería igual a
1/9; y si el trabajador pudiera vivir ahora con la mitad de 8/9 día de
trabajo, es decir, con 8/18 = 4/9 (es igual que dividamos el numerador
o multipliquemos el denominador), el capitalista que lo hace trabajar
un día completo tendría una plusvalía total de 4/9 <debería decir 5/9>
día de trabajo; si a esto se le resta la plusvalía originaria de 1/9, que-
da 3/9 <debería decir 4/9) o 1/3. La duplicación de la fuerza produc-
tiva es, por lo tanto, aquí = al aumento de la plusvalía o plustiempo
en 1/3 <debería decir 4/9). Esto procede simplemente del hecho de

*9 Los señores fabricantes han alargado ciertamente el día de trabajo

también a la noche. La ley de 10 horas de trabajo. Ver el informe de Leonhard
Horner. El mismo día de trabajo no tiene su límite en el día natural, sino que
puede ser prolongado hasta bien entrada la noche; esto pertenece al capítulo
sobre el salario.8% (Entre paréntesis en el manuscrito.»

26 No se puede determinar con precisión a cuál de los numerosos informes
de Leonard Horner, sobre la violación de la ley de la jornada de trabajo de
diez horas de 8-Junio-1847, se refería Marx. Posiblemente se trata del informe de
Horner en Reports of the Imspectors of Factories to the Her Majesty's Principal
Secretary of State for the Home Department, for the Half Year Ending 31 Octo-
ber 1856. Presented to both Houses of Parliament by Command of Her Majesty.
London 1857, concretamente a las páginas 34-36, en las que HORNER cita su
informe de 1851.

*92 NMEGA: «gleich der Division von 1/2 (das Urspringliche Verháltnis)
durch 2»; en la ed. de 1939, «gleich der Divisions von 1/2 durch 2» (durch das
Urspringliche Verháltnis), igual a la división de 1/2 por 2 (por la proporción
originaria).

*% «das erstere»; en el ms. «das letztere» (lo último).

*% Debería decir, el aumento de la plusvalía.

que la plusvalía es siempre igual a la relación del día del trabajo com-
pleto con la parte del día de trabajo necesaria para conservar con vida
al trabajador. La unidad según la cual se calcula la plusvalía es siempre
un quebrado, es decir, la parte determinada de un día que representa
exactamente el precio del trabajo. Si éste es igual a 1/2, entonces la
duplicación de la fuerza productiva = a la reducción del trabajo ne-
cesario a** 1/4; si el trabajo necesario es = 1/3, a la disminución del
trabajo necesario a 1/6; por lo tanto, en el primer caso la plusvalía
total sería = 3/4; en el segundo = 5/6; la plusvalía relativa, es decir,
la plusvalía en relación con la anteriormente existente, es en el primer
caso = 1/4, y en el segundo = 2/6 o 1/3 <Cerror por 1/6). El valor del
capital no aumenta, por lo tanto, en la misma proporción, en la que se
multiplica la fuerza productiva, sino en la proporción en la que el aumen-
to de la fuerza productiva, el multiplicador de la fuerza productiva, divi-
de la fracción del día de trabajo que expresa la parte que le corresponde
al trabajador. La proporción en que la fuerza productiva del trabajo
aumenta el valor del capital, depende, por lo tanto, de la relación origi-
naria en que está la parte del trabajo objetivada en el trabajador con el
trabajo vivo. Esta parte de trabajo objetivada se expresa siempre en una
fracción del día de trabajo completo 1/3, 2/3, etc. El aumento de la
fuerza productiva, es decir, su multiplicación por un determinado núme-
ro, es igual a una división del numerador o a una multiplicación del deno-
minador de este quebrado por el mismo número. La medida mayor o
menor del aumento del valor depende no sólo del número que expresa
la multiplicación de la fuerza productiva, sino también de la propor-
ción previamente dada que constituye la parte del día de trabajo que
corresponde al precio del trabajo. Si esta proporción es 1/3, la duplica-
ción de la fuerza productiva del día de trabajo es = a una reducción
de dicha proporción a 1/6. Si la proporción es 2/3, la reducción es
a 2/6. El trabajo objetivado que está contenido en el precio de trabajo,
es siempre igual a una fracción del día completo; está siempre expre-
sado aritméticamente en la forma de un quebrado, es siempre una pro-
porción numérica, nunca un número simple. Si la fuerza productiva se
duplica, si es multiplicada por 2, entonces el trabajador necesita traba-
jar sólo la 1/2 del tiempo que trabajaba antes para obtener el precio
del trabajo; pero la determinación del tiempo que él necesita ahora para
tal fin depende de la primera proporción, es decir, del tiempo que él
necesitaba antes del aumento de la fuerza productiva. El multiplicador

*95 En el ms. «=»; en lugar de «auf» (a).

de la fuerza productiva es el divisor de esta fracción originaria. El valor
<debería decir plusvalía> o el plustrabajo no aumenta, por lo tanto,
en la misma proporción numérica en que lo hace la fuerza productiva. Si
la proporción originaria era 1/2 y la fuerza productiva se duplica, el
tiempo de trabajo necesario (para el trabajador) se reduce a 1/4 y la
plusvalía sólo aumenta en 1/4. Si la fuerza productiva se cuadruplica,
la proporción originaria se convierte en 1/8 y el valor <debería decir
plusvalía> aumenta exclusivamente en 1/8 <debería decir 3/8). El valor
<debería decir plusvalía) no puede nunca ser igual al día de trabajo
completo; es decir, una parte determinada del día de trabajo tiene siem-
pre que ser cambiada por el trabajo objetivado en el trabajador. La
plusvalía sólo es en general la relación del trabajo vivo con el trabajo
objetivado en el trabajador; un miembro de la relación tiene que perma-
necer siempre. Ya por el hecho de que la relación es constante en
cuanto relación, a pesar de que sus factores cambien, está ya dada una
determinada relación entre el aumento de la fuerza productiva y el aumen-
to del valor <debería decir plusvalía». Por un lado vemos, pues, que la
plusvalía relativa es exactamente igual al plustrabajo relativo; si el día
de trabajo era 1/2 y la fuerza productiva se duplica, la parte correspon-
diente, el trabajo necesario, se reduce a 1/4, y la plusvalía nueva obte-
nida es también 1/4 exactamente; pero la plusvalía total es ahora 3/4.
Mientras la plusvalía ha aumentado en 1/4, es decir, en la proporción
de 1 a 4, la plusvalía total es de 3/4, es decir, de 3:4. Supongamos
ahora que 1/4 fuera el día de trabajo necesario originariamente, y que
tuviera lugar la duplicación de la fuerza productiva, entonces el trabajo
necesario se reduce a 1/8 y el plustrabajo o plusvalía es exacta-
mente = 1/8 = 1:8, La plusvalía total por el contrario es =7:8, En
el primer ejemplo la plusvalía total originaria era = 1:2 (1/2) y aumen-
taba a 3/4; en el segundo, la plusvalía total originaria era 3/4 y sube
a 7:8 (7/8). En el primer caso la plusvalía ha aumentado de 1/2 o 2/4
a 3/4; en el segundo de 3/4 o 6/8 a 7/8; en el primer caso ha au--
mentado en 1/4, en el segundo en 1/8; es decir, en el primer caso ha
aumentado el doble que en el segundo; pero en el primer caso la
plusvalía total era sólo 3/4 o 6/8, mientras que en el segundo es
7/8, es decir, 1/8 más.**

*% Tachado en el ms.: Supongamos que la fuerza productiva se multiplica
por mil y que el trabajo necesario era originariamente = 1/4; en consecuencia,
ahora sería 1/4.000 de un día de trabajo; y la plusvalía habría aumentado exac-
tamente en 1/4.000 <error por 999/4.000». La plusvalía total originaria era 3/4 o

Supongamos que el trabajo necesario es 1/16, es decir, que la plus-
valía total es=15/16; y supongamos que en la proporción anterior la
plusvalía era 5/8 o 10/16 <Cdebería decir 6/8 o 12/16); es decir, que
la plusvalía total que damos ahora por supuesta es superior en 5/16
<debería decir 3/16) a la del caso anterior. Supongamos ahora que la
fuerza de trabajo se duplica, y de esta forma el trabajo necesario es
=1/32; el anterior era=2/32 (1/16); el plustrabajo ha aumentado,
por lo tanto, en 1/32 y también la plusvalía. Si consideramos ahora la
plusvalía total que antes era 15/16 o 30/32, resulta que ahora es 31/32.
Comparada con la proporción anterior (en la que el trabajo necesario era
1/4 o 8/32) la plusvalía total es 31/32, mientras que en la anterior
era sólo 30/32, es decir, que ha aumentado en 1/32.**" Pero conside-
rada relativamente la plusvalía aumentó en el primer caso mediante
la duplicación de la producción en 1/8 o 4/32, mientras que ¡ahora sólo
ha aumentado en 1/32, es decir, en 3/32 menos.

Si el trabajo necesario fuera reducido ahora a 1/1.000, la plusva-
lía total sería 999/1.000. Si la fuerza productiva se multiplicara ahora
por 1.000, el trabajo necesario descendería a 1/1.000.000 de día de
trabajo; mientras la plusvalía antes del aumento de la fuerza produc-
tiva sólo consistía en 999/1.000 o 999.000/1.000.000, la plusvalía ha-

bría aumentado en 999/1.000.000=1/1.001 (más ol) es
1.001+1/999

decir, que la plusvalía total no habría aumentado con la multiplicación

por 1.000 de la fuerza productiva ni siquiera en 1/11 <debería decir

1/1.001) es decir, ni siquiera en 3/33 <debería decir, ni siquiera en tres

centésimas de 1/33), mientras que en el caso anterior con una simple

duplicación de la fuerza productiva aumentó en 1/32. Si el trabajo ne-

3.000/4.000. La plusvalía total, por lo tanto, es ahora 3.999/4.000, es decir, sólo
1/4.000 correspondería al trabajo necesario. Ahora bien, originariamente al trabajo
necesario correspondía 1/4, y a la plusvalía total 3/4.

*9 En el ms. 20/32... 11/32; en la ed. de 1939 corrección 30/32... 11/32.
Siglo xx1, 28/32... 3/32.

* En la edición de los Grundrisse estas cifras están transcritas errónea-

mente y corregidas a pie de página. 999/1.000.000 = 1/11 (más ———————
11 + 1/999
figura en el texto. Y en nota se dice que estas cifras deberían ser = 1/1.001

(más ——_——
1.001 + 1/999

cifras correctas en el texto y transcribir las erróneas en nota de pie de página (T.)

). Hemos preferido, para mayor comodidad del lector dar las

cesario se reduce de 1/1.000 a 1/1.000.000, se reduce exactamente en
999/1.000.000 (ya que 1/1.000=1.000/1.000.000), es decir, en una
cifra igual a la de la plusvalía.

Si resumimos todo esto, encontramos:

Primero: el aumento de la fuerza productiva del trabajo vivo au-
menta el valor del capital (o disminuye el valor del trabajador), no por-
que aumente la cantidad de productos o valores de uso creados con el
mismo trabajo —la fuerza productiva del trabajo es su fuerza natural—,
sino porque disminuye el trabajo necesario, y, en consecuencia, en la
misma proporción en que disminuye este trabajo necesario crea plus-
trabajo, o lo que es lo mismo, plusvalía; pues, en general, la plusvalía
del capital, que él obtiene mediante el proceso de producción, consiste
solamente en el excedente del plustrabajo sobre el trabajo necesario. El
aumento de la fuerza productiva sólo puede aumentar el plustrabajo
—<es decir, el excedente del trabajo objetivado como producto en el
capital sobre el trabajo objetivado en el valor de cambio del día de
trabajo— en la medida en que disminuye la proporción entre el tra-
bajo necesario y el plustrabajo, y sólo en la proporción exacta en que
disminuye esta proporción. La plusvalía es exactamente igual al plus-
trabajo; el aumento de la plusvalía es medida exactamente por la dis-
minución del trabajo necesario.

Segundo: la plusvalía del capital no aumenta de la misma forma que
lo hace el multiplicador de la fuerza productiva, es decir, no aumenta el
número de veces en que aumenta la fuerza productiva (puesta como uni-
dad, como multiplicando); sino que la plusvalía aumenta en función del
excedente de la fracción del día de trabajo vivo, fracción que repre-
senta el trabajo necesario originalmente, sobre esta misma fracción di-
vidida por el multiplicador de la fuerza productiva. Es decir, que si el
trabajo necesario=1/4 del día de trabajo vivo, y la fuerza productiva
se duplica, el valor del capital no se duplica, sino que aumenta en
1/8, que es igual a 1/4 o 2/8 (la fracción originaria del día de trabajo
que representa el trabajo necesario) menos 1/4 dividido por 2, o=2/8
menos 1/8=1/8. (La duplicación del valor se puede expresar también
diciendo que el valor se multiplica por 4/2 o 16/8. Por lo tanto, en el
ejemplo precedente, si la fuerza productiva hubiera aumentado en 16/8,
el beneficio sería de 1/8. Su aumento en relación con el de la fuerza
productiva sería=1:16. (That is it!) Si la fracción fuera 1/1.000 y la
fuerza productiva se multiplicara por 1.000, el valor del capital no se
multiplicaría por 1.000, sino que aumentaría sólo en 1/11 <debería decir
1/1.001>; la plusvalía aumentaría en 1/1.000 menos 1/1.000.000,
es decir, en 1.000/1.000.000 menos 1/1.000.000=999/1.000.000.)

La suma absoluta en la que el capital aumenta su valor mediante un
aumento determinado de la fuerza productiva depende, por lo tanto,
de la fracción dada del día de trabajo, de la parte alícuota del día de
trabajo, que representa el trabajo necesario, y que expresa, en consecuen-
cia, la relación originaria del trabajo necesario con el día de trabajo vivo.
El aumento de la fuerza productiva en una determinada proporción pue-
de aumentar, por lo tanto, la plusvalía del capital de forma diferente
en los diferentes países. Un aumento general de la fuerza productiva en
la misma proporción puede aumentar de forma diferente la plusvalía del
capital en las distintas ramas de la industria, y la aumentará de forma
diferente según la relación diferente en estas ramas del trabajo necesario
con el día de trabajo vivo. Esta relación sería naturalmente la misma
en todas las ramas de la industria en un sistema de libre competencia,
si el trabajo en todas partes fuera trabajo simple, es decir, si el trabajo
necesario fuera en todas partes el mismo. (Si representara la misma
cantidad de trabajo objetivado.)

Tercero: cuanto mayor sea la plusvalía del capital antes del aumento
de la fuerza productiva, cuanto mayor sea la cantidad presupuesta de
plustrabajo o plusvalía del capital, o cuanto menor sea la fracción del
día de trabajo que constituye el equivalente del trabajador, que ex-
presa el trabajo necesario, tanto menor es el aumento de la plusvalía
que el capital obtiene del aumento de la fuerza productiva. Su plusvalía
aumenta, pero en proporción siempre menor al desarrollo de la fuerza
productiva. Es decir, que cuanto más desarrollado está ya el capital, cuan-
to más plustrabajo ha creado ya, tanto más formidablemente tiene que
desarrollar la fuerza productiva, para autovalorizarse en una pequeña
proporción, es decir, para aumentar la plusvalía, ya que su límite con-
tinúa siendo siempre la relación entre la fracción del día de trabajo que
expresa el trabajo necesario y el día de trabajo completo. Únicamente
dentro de este límite puede moverse el capital. Cuanto menor sea ya
la fracción correspondiente al trabajo necesario, cuanto mayor sea el
plustrabajo, tanto menos puede reducir de forma sensible cualquier au-
mento de las fuerzas productivas el trabajo necesario, ya que el deno-
minador ha crecido enormemente. La autovalorización del capital se
hace más difícil en la medida en que ya está valorizado. El aumento
de las fuerzas productivas se convertiría en algo indiferente para el ca-
pital; la valorización misma sería indiferente, ya que sus proporciones
han devenido mínimas; de esta forma él habría dejado de ser capital.
Si el trabajo necesario fuera 1/1.000, y se multiplicara por tres la fuer-
za productiva, el trabajo necesario descendería a 1/3.000, y el plus-
trabajo aumentaría solamente en 2/3.000. Esto no ocurre porque haya

aumentado el salario o la participación del trabajo en el producto, sino
porque el salario ha disminuido ya enormemente, considerado en rela-
ción con el producto del trabajo o con el día de trabajo vivo.**”

(Todo lo que hemos dicho a este nivel de abstracción sólo tiene
valor por lo que se refiere a la relación desde el punto de vista en que la
estamos considerando ahora. Más adelante serán introducidas nuevas
relaciones, que la modificarán notablemente. La totalidad, en la me-
dida en que se mantiene a este nivel de generalidad, pertenece en prin-
cipio a la teoría del beneficio.)

Si resumimos lo que hemos dicho, resulta en general: el desarrollo
de las fuerzas productivas del trabajo —único creador del plustrabajo—
es condición necesaria para el aumento del valor o para la valoriza-
ción del capital. Éste, en cuanto impulso infinito de enriquecimiento,
tiende, por lo tanto, a un aumento infinito de las fuerzas productivas
del trabajo y las estimula constantemente. Pero, por otra parte, todo
aumento de las fuerzas productivas del trabajo —independientemente
de que aumenta los valores de uso para el capitalista— es aumento de
las fuerzas productivas del capital, y desde el punto de vista actual es
fuerza productiva del trabajo sólo en la medida en que es fuerza pro-
ductiva del capital.**”

### Sobre el aumento de valor del capital.

Esto está ya claro, o, por lo menos, se puede apuntar anticipada-
mente: el aumento de la fuerza productiva no aumenta por sí mismo

*9 El trabajo objetivado en el trabajador se muestra aquí como fracción
de su propio día de trabajo vivo; ya que la relación es la misma que aquella
en la que está el trabajo objetivado, que él recibe como salario del capital, con
el día de trabajo completo. <Entre corchetes en el ms.»

*100 Tachado en el ms.: Si el capital —tan pronto como se duplica la fuerza
productiva, y el trabajo necesario que era igual a 1/2, desciende a 1/4, es decir,
el plustrabajo disponible aumenta de 2/4 a 3/4— hiciera trabajar al trabajador
sólo 3/4 de día, entonces el aumento de la fuerza productiva no aumentaría, en
realidad, como dice Ricardo,%! los valores, el valor del capital. Continuaría
siendo el mismo; si antes el plustrabajo representaba un excedente de 2/4 de
día de trabajo objetivado en el capital sobre la parte del día de trabajo que
le corresponde al trabajador, ahora representaría lo mismo. Se habría producido

21 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 325-326 y 327 <Principios...,
págs. 208-209».

los precios.*'” Tomemos, por ejemplo, el bushel de trigo. Suponga-
mos que en un bushel de trigo hay objetivado medio día de trabajo,
y supongamos que éste era el precio del trabajador; en consecuencia,
el plustrabajo sólo puede producir 2 bushel de trigo <debería decir,
que la jornada de trabajo produce 2 bushel, de los cuales el plustrabajo
produce 1). 2 bushel de trigo es, por lo tanto, el valor de un día
de trabajo, y si aquéllos en dinero valen 26 chelines, el valor de la
jornada de trabajo es 26 chelines. El bushel= 13 chelines. Supongamos
que la fuerza productiva se duplica, y que el bushel de trigo sólo vale
1/4 día de trabajo=6 1/2 chelines. El precio de esta fracción de la
mercancía ha descendido como consecuencia del aumento de la fuerza
productiva. Pero el precio global sigue siendo el mismo; *'”* pero ahora
el excedente es de 3/4 día de trabajo. Cada cuarto es=1 bushel de tri-
go=6 1/2 chelines. El producto total, por lo tanto, es=26 chelines
=4 bushel. Igual que antes. El valor del capital ha aumentado de 13
a 18 3/2 chelines. El valor del trabajo ha disminuido de 13 a 61/2;
la producción material ha aumentado de 2 bushel a 4. Ahora es 18 3/2
chelines. Supongamos ahora que se duplica también la fuerza produc-
tiva en la producción de oro, de forma tal que si antes 13 chelines era
el producto de media jornada de trabajo y media jornada de trabajo
era el trabajo necesario, ahora 13 chelines es el producto de 1/4 de día
de trabajo; en consecuencia, en un día se producen 52 chelines, o
52 — 13, es decir, 39 chelines más.*!'* 1 bushel de trigo es ahora= 13
chelines; tenemos el mismo precio fraccional de antes; pero el producto
global =52 chelines; antes sólo=26 chelines. Por otra parte, sin em-
bargo, los 52 chelines comprarían ahora 4 bushel, mientras que los 26
sólo compraban 2 antes.

Bien. Está claro ante todo que, si el capital ha hecho aumentar el
plustrabajo hasta tal punto que el día de trabajo vivo completo es con-
sumido en el proceso de producción (y nosotros tomamos aquí el día
de trabajo como la cantidad natural de tiempo de trabajo que el tra-
bajador puede poner a disposición del capitalista; el trabajador pone

el mismo excedente de trabajo objetivado. Pero, como ya hemos visto, en la
naturaleza del capital está implícito consumir todo el plustrabajo disponible;
porque, precisamente, su concepto es la creación de plustrabajo.

+10 Tachado en el ms.: Porque nosotros tomamos siempre una fracción del
producto como unidad.

*12  «geblieben» (sigue siendo el mismo); en el ms. «gestiegen» (habría
subido).

*101 52— 13 6er 39 sh; en el ms. — 12 oder 40 sh.

a disposición su capacidad de trabajo sólo por tiempo determinado, es
decir, por un determinado tiempo de trabajo), entonces el aumento de
la fuerza productiva no puede hacer aumentar el tiempo de trabajo, y,
por lo tanto, tampoco el tiempo de trabajo objetivado. Un día de tra-
bajo está objetivado en el producto, tanto si el tiempo necesario de traba-
jo está representado por seis como por tres horas, por 1/2 como por
1/4 de día de trabajo. La plusvalía del capital ha aumentado; es decir,
su valor en relación con el del trabajador, ya que si antes era sólo 2/4,
ahora es 3/4 de tiempo de trabajo objetivado; pero su valor ha aumen-
tado, no porque haya aumentado la cantidad de trabajo absoluta, sino
porque ha aumentado la cantidad de trabajo relativa; es decir, la can-
tidad total de trabajo no ha aumentado; se trabaja un día lo mismo
que antes; por lo tanto, no hay un aumento absoluto del tiempo exce-
dente (tiempo de plustrabajo ); sino que la cantidad de trabajo necesario
ha disminuido, y mediante ello ha aumentado el plustrabajo relativo.
El trabajador trabajaba en realidad antes el día completo, pero sólo
la mitad era plustrabajo; el trabajador trabaja ahora el día completo,
como “antes, pero el plustrabajo es de 3/4 de día. En este sentido el
precio (si presuponemos que el valor del oro y de la plata continúa
siendo el mismo), o el valor de cambio, no ha aumentado mediante
la duplicación de la fuerza productiva. Esta duplicación afecta, por
lo tanto, a la tasa de beneficio, pero no al precio del producto o al
valor del capital, que se convierte en el producto de nuevo en mer-
cancía. Pero en realidad aumentan también los valores absolutos de esta
forma, porque aumenta la parte de riqueza puesta como capital, como
valor que se autovaloriza. (Acumulación de los capitales.) Tomemos
nuestro ejemplo anterior. El capital es = 100 táleros, y se descompone
en el proceso de producción en las siguientes partes: 50 táleros algo-
dón, 40 táleros salario, 10 táleros instrumento. Supongamos al mismo
tiempo, para facilitar la operación, que el instrumento de trabajo en su
totalidad es consumido en un acto de producción (y esto aquí es todavía
completamente indiferente), y que su valor aparece, por lo tanto, de
nuevo en la forma del producto. En este caso, supongamos que el tra-
bajo a cambio de 40 táleros (que expresan el tiempo de trabajo objetiva-
do en la capacidad de trabajo viva del trabajador; suponemos que este
tiempo de trabajo objetivado es 4 horas) daría al capital 8 horas. Pre-
supuesto el valor del instrumento y de la materia prima, el producto
global serían 100 táleros, si el trabajador trabajara sólo 4 horas, es decir,
si el instrumento y el material le pertenecieran y él trabajara sólo 4 ho-
ras. Él aumentaría los 60 táleros en 40 más, que él podría consumir, ya
que en primer lugar él repone los 60 táleros —necesarios para la pro-

ducción del instrumento y de la materia prima— y les añade además
una plusvalía de 40 táleros, como reproducción de su capacidad de traba-
jo viva o como tiempo de trabajo en él objetivado. Él podría empezar el
trabajo constantemente de nuevo, ya que él habría reproducido en el pro-
ceso de producción tanto el valor de la materia prima como el del
instrumento y el de la capacidad de trabajo; y además el valor de esta
última lo habría reproducido por el hecho de que él habría aumentado
constantemente el valor de los primeros en 4 horas de trabajo objeti-
vado. Sin embargo, él recibiría ahora los 40 táleros de salario sólo
cuando hubiera trabajado 8 horas, es decir, cuando le hubiera dado a la
materia prima y al instrumento que están frente a él como capital una
plusvalía de 80 táleros; mientras que la primera plusvalía de 40 táleros,
que él les dio, era solamente el valor exacto de su trabajo. Él añadiría,
por lo tanto, una plusvalía exactamente = al plustrabajo, o al tiempo
excedente.*'% El valor del capital habría aumentado, en consecuencia,
de 100 táleros a 140.*'

El capital, considerado ahora como valor de cambio simple, sería de
un volumen absoluto de 140 táleros en lugar de 100; pero en realidad
habría creado un nuevo valor de 40 táleros, es decir, un valor que no es

*1% No es necesario en modo alguno, al nivel al que estamos ahora, su-
poner que con el plustrabajo o con el tiempo suplementario también tiene que
aumentar la materia prima y el instrumento consumido. Ver Babbage “2 sobre
la forma en que el mero plustrabajo aumenta la materia prima; por ejemplo,
en la elaboración de hilos de oro, etc. <Entre corchetes en el ms.»

*105 Supongamos que la materia prima se duplica y que el instrumento de
trabajo aumenta (para mayor simplicidad de la operación) en la mitad. Entonces
los gastos del capital serían 100 táleros en algodón, 20 en instrumento, es decir
120 táleros y 40, como antes, para el trabajo; en total 160 táleros. Si un plus-
trabajo de 4 horas aumenta 100 táleros en un 40 %, entonces el mismo plustra-
bajo aumenta 160 táleros en 64. El producto global es, por lo tanto, = 224
táleros. Aquí se presupone todavía que la tasa de beneficio permanece igual,
independientemente del volumen del capital, y la materia prima y el instru-
mento de trabajo no son considerados como realizaciones del plustrabajo, como
capitalización del tiempo suplementario; como ya hemos visto, cuanto mayor .sea
ya el plustrabajo, es decir, cuanto mayor sea el volumen del capital en cuanto
tal, tanto más imposible es el aumento absoluto del tiempo de trabajo y el
aumento relativo decrece en proporción geométrica al aumento de la fuerza
productiva.

22 Se alude concretamente al capítulo XVIII: Des matiéres brutes en BABBA-
GE, Traité sur l'Économie, etc., y concretamente al cuadro de la página 218 con
las explicaciones de las páginas 218 y 219.

simplemente necesario para reponer los 60 táleros desembolsados en ma-
teria prima e instrumento y los 40 en trabajo. Los valores en circulación
habrían aumentado en 80 táleros, es decir, en 40 táleros de tiempo
de trabajo objetivado de más.

Tomemos ahora otra vez como presupuesto un capital de 100 táleros.
A saber: 50 en algodón, 40 en trabajo y 10 en instrumento de produc-
ción; el tiempo de plustrabajo continúa siendo el mismo que en el caso
anterior, es decir, 4 horas, y el tiempo de trabajo total es 8 horas. El
producto, por lo tanto, es en cualquier caso solamente = 8 horas de
tiempo de trabajo = 140 táleros. Supongamos ahora que la fuerza pro-
ductiva del trabajo se duplica; es decir, al trabajador le bastan dos horas
para valorizar la materia prima y el instrumento en la cantidad necesaria
para el mantenimiento de su capacidad de trabajo. Si 40 táleros eran
el tiempo de trabajo objetivado de 4 horas, 20 táleros serían el tiempo
de trabajo objetivado de 2 horas. Estos táleros expresan ahora el mismo
valor de uso que antes expresaban 40 táleros. El valor de cambio de
la capacidad de trabajo ha disminuido en la mitad, porque la mitad
del tiempo de trabajo originario produce ahora el mismo valor de uso;
pero el valor de cambio del valor de uso es medido exclusivamente por
el tiempo de trabajo en él objetivado. El capitalista hace trabajar al tra-
bajador 8 horas, igual que antes, y su producto representa, por lo tanto,
igual que antes, un tiempo de trabajo de 8 horas = 80 táleros de tiempo
de trabajo, mientras que el valor de la materia prima y el instrumento***
continúa siendo el mismo, es decir, 60 táleros; en conjunto 140 táleros
como antes. (Al trabajador le habría bastado para vivir añadirle un
valor de 20 táleros a los 60 táleros de materia prima e instrumento,
creando, por lo tanto, un valor de 80 táleros. El valor total de su pro-
ducto habría disminuido mediante la duplicación de la producción de
100 a 80, es decir, en 20 táleros, o en 1/5 de 100 = 20 9%.) Pero el
tiempo suplementario o plusvalía del capital es ahora 6 horas en lugar
de 4, o 60 táleros en lugar de 40. Su aumento es de 2 horas o 20 táleros.
La cuenta del capitalista sería la siguiente: materia prima 50, trabajo
20, instrumento 10; gastos = 80 táleros; ganancia = 60 táleros. Él
vendería el producto, exactamente igual que antes, a 140 táleros, pero
obtendría una ganancia de 60 en lugar de 40 táleros. Desde un punto
de vista él arroja a la circulación el mismo valor de cambio que antes,
140 táleros. Sin embargo, la plusvalía de su capital ha aumentado en 20
táleros. En consecuencia, sólo ha aumentado su participación en los

*16 NMEGA: «instrument»; en el ms. y ed. de 1939, «material».

140 táleros, es decir, la tasa de su beneficio. El trabajador, en realidad,
ha trabajado 2 horas más gratis para él; es decir, 6 horas en lugar de 4;
para el trabajador es exactamente igual que si en la relación anterior en
lugar de 8 horas hubiera trabajado 10, es decir, hubiera aumentado su
tiempo de trabajo absoluto. Pero en realidad ha aparecido un nuevo
valor; a saber: 20 táleros más son puestos como valor autónomo, como
trabajo objetivado que es liberado, que es desvinculado de la tarea de
servir solamente para el cambio con la fuerza de trabajo precedente.
Esto puede representarse de doble manera. O bien con estos 20 táleros
se pone en movimiento más trabajo, y estos 20 táleros se convierten
en capital y crean un valor de cambio mayor: una cantidad mayor de
trabajo objetivado se convierte en el punto de partida del nuevo pro-
ceso de producción; o bien el capitalista cambia los 20 táleros como
dinero por mercancías, al margen de aquellas que él necesita en su
producción como capital industrial; todas las mercancías, por lo tanto,
al margen del trabajo y del dinero se cambian por 20 táleros más,
es decir, por 2 horas más de trabajo objetivado. Su valor de cambio
ha aumentado en consecuencia exactamente en esta suma que ba sido
liberada. En realidad, 140 táleros son 140 táleros, como observa
contra Boisguillebert el muy «agudo» editor francés de los fisiócra-
tas. Pero es falso que estos 140 táleros representen solamente un
valor de uso mayor; ellos representan una parte mayor de valor de
cambio autónomo, de dinero, de capital en potencia; es decir, repre-
sentan la riqueza puesta como riqueza. Esto lo conceden los mismos
economistas cuando afirman que mediante la acumulación de capi-
tales se acumula no sólo la masa de valores de uso, sino también
la de valores de cambio. Según Ricardo, el elemento de la acumu-
lación de los capitales está constituido, por completo, tanto por el
plustrabajo relativo —no puede ser de otra forma— como por el plus-
trabajo absoluto. Por otra parte, en la posición perfectamente des-
arrollada por Ricardo” está ya implícito que estos 20 táleros exce-
dentes, que son producidos exclusivamente por el aumento de la fuerza
productiva, pueden convertirse de nuevo en capital. De los 140 táleros
sólo 40 (dejando de lado el consumo del capital) podían antes conver-
tirse en capital; ahora pueden convertirse en capital 60 táleros, es decir,

23 Cfr. Économistes Financiers du XVIII siécle, etc. Précédés de Notices
bistoriques sur chaque auteur, et Accompagnées de Commentaires et de Notes Ex-
Plicatives, par M. Eugene DarrE. Paris 1843, pág. 419, notas 1 y 2.

2% Cfr, Ricardo, On the Principles, etc., págs. 89-90 <Principios..., págs. 72-73).

25 Cfr, Ricardo, On the Principles, etc., págs. 107-130 <Principios..., pá-
ginas 84-97).

existe un capital superior en un valor de cambio de 20 táleros. Los valo-
res de cambio, la riqueza en cuanto tal ha aumentado, por lo tanto,
a pesar de que ahora como antes la suma total de la misma no haya
aumentado de forma inmediata. ¿Por qué ha aumentado la riqueza?
Porque ha aumentado la parte de la suma total que no es simple medio
de circulación, sino dinero, o que no es mero equivalente, sino valor de
cambio que existe para sí mismo. O bien fueron acumulados los 20 tá-
leros liberados como dinero, es decir, fueron añadidos en la forma gene-
ral (abstracta) del valor de cambio a los valores de cambio ya existen-
tes; O bien circularon y aumentaron, en consecuencia, los precios de
las mercancías compradas con ellos, las mercancías representan más
oro,*'" y puesto que el coste de producción del oro no ha descendido
(más bien ha subido en relación con la mercancía producida por el ca-
pital que ha devenido más productivo), representan más trabajo obje-
tivado (esto conduce a que el excedente, que al principio se presentaba
en la parte del único capital productivo, ahora se presenta en la parte
de los otros capitales, que producen las mercancías que se han encare-
cido); o los 20 táleros son utilizados directamente como capital: por el
mismo capital que originariamente los puso en circulación. Así es puesto
un nuevo capital de 20 táleros —una suma de riqueza que se autoconser-
va y se autovaloriza—. El capital ha aumentado en un valor de cambio
de 20 táleros. (La circulación realmente no nos interesa todavía, pues
aquí tenemos que ver con el capital en general, y la circulación sólo
puede hacer de mediadora entre la forma del capital como dinero y su
forma como capital; el primer capital puede realizar el dinero en cuanto
tal, es decir, puede cambiarlo para conseguir más mercancías y consumir
más mercancías que antes; pero en las manos del productor estas mer-
cancías se convierten de dinero en capital. El dinero se convierte, por
lo tanto, en capital en la mano bien directamente del primer capital, o
bien mediante un rodeo, en la mano de otro capital. Pero el otro capi-
tal es siempre un capital en cuanto tal; y nosotros tenemos que ver
aquí con el capital en cuanto tal, es decir, con el capital de toda la so-
ciedad. La diferenciación de los capitales, etc., no nos interesa.) Estos
20 táleros sólo pueden presentarse en general de dos maneras. Como
dinero, de forma tal que el capital mismo existe de nuevo en la deter-
minación del dinero que todavía no se ha convertido en capital —en la
determinación de su punto de partida—, es decir, en la forma abstracta,
autónoma, del valor de cambio o de la riqueza en general; o bien existe
de nuevo como capital, como un nuevo dominio del trabajo objetivado

*107 NMEGA: «Gold»; en la ed. de 1939, «Geld» (dinero).

sobre el trabajo vivo.**”* (Todo aumento de la masa del capital utilizado
puede aumentar la fuerza productiva no sólo en proporción aritmética,
sino geométrica; mientras que precisamente por eso —por ser mul-
tiplicador de la fuerza productiva— sólo puede aumentar el beneficio
en proporción muy inferior. La influencia del aumento del capital so-
bre el aumento de la fuerza productiva es, por lo tanto, infinitamente
superior a la influencia del aumento de la fuerza productiva sobre el
aumento del capital.) Los 20 táleros pueden presentarse bien como ri-
queza general materializada en la forma de dinero (en la forma de la
cosa en la que la riqueza es puramente abstracta),*"* o en la forma de
nuevo trabajo vivo. Supongamos que de los 140 táleros el capitalista con-
sume 20 como valores de uso para sí mismo mediante el dinero en
cuanto instrumento de circulación. Así, si el capitalista podía antes co-
menzar el proceso de autovalorización con un capital mayor o con un
valor de cambio mayor, pero sólo de 120 táleros (respecto a 100), ahora
tras la duplicación de las fuerzas productivas, puede empezarlo con un
capital de 140 táleros, sin limitar su consumo. Una parte mayor de los
valores de cambio se fija como valor de cambio, en lugar de desaparecer
como valor de uso (puede fijarse bien directamente, bien indirectamente
mediante la producción). Crear un capital mayor quiere decir crear
un mayor valor de cambio, aunque el valor de cambio en su forma
inmediata, como simple valor de cambio, no es aumentado por el
aumento de la productividad, sino que es aumentado en su forma po-
tenciada, como capital. Este capital superior, de 140 táleros, representa
absolutamente más trabajo objetivado que el capital anterior de 120 tá-
leros. Él pone en movimiento, por lo tanto, al menos relativamente, más
trabajo vivo y reproduce, por lo tanto, un mayor valor de cambio
simple. El capital de 120 táleros al 40 % produce un producto o un
valor de cambio simple de 60 táleros; el capital de 140 táleros produce
un valor de cambio simple de 64 táleros. Aquí está puesto todavía
de forma inmediata el aumento del valor de cambio en la forma de ca-
pital como aumento del valor de cambio en su forma simple. Es de la
mayor importancia establecer esto. No basta decir, como hace Ricar-
do,* que el valor de cambio no aumenta: es decir, que no aumenta la

26 Cfr, Ricardo, On the Principles, etc., págs. 29-35, 325-327 <Principios...,
págs. 207-209).

*108 En el ejemplo anterior, la fuerza productiva se ha duplicado, ha aumen-
tado en 100 9%, mientras que el valor del capital ha aumentado en un 50 %. (Entre
corchetes en el ms.)

*102 NMEGA: «wo er nur abstrakt ist»; en la ed. de 1939, «wie es nur
abstrakt ist».

forma abstracta de la riqueza, sino que aumenta sólo el valor de cambio
como capital. Él sólo tiene presente, al decir esto, el proceso de pro-
ducción originario. Pero cuando aumenta el plustrabajo relativo —y
en consecuencia, aumenta absolutamente el capital — entonces aumenta
necesariamente dentro de la circulación el valor de cambio relativo
que existe como valor de cambio, el dinero en cuanto tal, y por lo tanto,
a través de la mediación del proceso de producción aumenta también
el valor de cambio absoluto. En otras palabras, de la misma cantidad
de valor de cambio —de dinero—, y en esta forma simple se presenta
el producto del proceso de valorización —Ala plusvalía es el producto
solamente en relación con el capital, con el valor, tal como existía
antes del proceso de producción; considerada para sí misma, como exis-
tencia autónoma, es un mero valor de cambio determinado cuantitativa-
mente)— es liberada una parte, que no existe como equivalente de va-
lores de cambio existentes o de tiempo de trabajo existente. Si esta
parte es cambiada por el trabajo existente, entonces no le da un equi-
valente, sino más que un equivalente, y libera así por su lado una parte
del valor de cambio. En forma estática este valor de cambio, por cuyo
valor la sociedad se ha enriquecido, sólo puede ser dinero, y entonces
sólo ha aumentado la forma abstracta de la riqueza; de forma dinámi-
ca sólo se puede realizar en nuevo trabajo vivo (esto puede ocurrir bien
poniendo en movimiento trabajo que antes estaba sin utilizar, o crean-
do nuevos trabajadores (acelerando el ritmo de crecimiento de la po-
blación), o ampliando el círculo de los valores de cambio que se en-
cuentran en la circulación, lo cual puede ocurrir desde el punto de vista
de la producción, en la medida en que el valor de cambio liberado abre
una nueva rama de la producción, es decir, crea un nuevo objeto de
cambio y presenta al trabajo objetivado en la forma de un nuevo valor
de uso; o se puede lograr el mismo resultado, introduciendo el trabajo
objetivado en un nuevo país, mediante la ampliación del comercio en
la esfera de la circulación). En cualquier caso este trabajo vivo tiene
que ser creado.

La forma en que Ricardo intenta aclararse la cuestión (y él es muy
oscuro en esta relación), se limita au fond a introducir de golpe una
relación determinada, en lugar de decir simplemente que de la misma
suma de valores de cambio simples una parte menor es puesta en la
forma de valor de cambio simple (equivalente) y una parte mayor es
puesta en la forma de dinero (de dinero en cuanto forma originaria, an-
tediluviana, a partir de la cual el capital aparece constantemente de
nuevo; del dinero en su determinación como dinero y no como mone-
da, etc.); que, en consecuencia, es la parte puesta como valor de cambio

para sí, es decir, como valor, la que aumenta, o lo que es igual, que
aumenta la riqueza en su forma como riqueza. (Ricardo, por el contra-
rio, llega a la conclusión errónea de que la riqueza sólo aumenta en la
forma de riqueza material, como valor de uso.) La génesis de la rigueza
en cuanto tal (en la medida en que no procede de la renta, es decir, en
la medida en que según Ricardo no procede del aumento de la fuerza
productiva, sino a la inversa, de la disminución de la misma) es para él
completamente incomprensible, y él se enreda en las contradicciones más
absurdas. Tomemos por un momento el problema en la forma en que Ri-
cardo lo plantea.*” Un capital de 1.000 pone en movimiento a 50 tra-
bajadores, o representa 50 días de trabajo vivo; mediante la duplicación
de la fuerza productiva podría poner en movimiento 100 días de tra-
bajo. Pero éstos no existen en el presupuesto y son introducidos arbi-
trariamente, porque de lo contrario Ricardo —si no introduce más
días de trabajo reales— no comprende el aumento del valor de cambio
mediante la mayor productividad. Por otra parte, el aumento de la po-
blación en cuanto elemento del aumento de los valores de cambio, no
es desarrollado por Ricardo en parte alguna; ni siquiera es expresado
de una forma clara y precisa. Dada la premisa siguiente: capital 1.000 y
trabajadores 50, la conclusión correcta a la que él también llega (ver
mi cuaderno) es: 500 capital con 25 trabajadores pueden producir» el
mismo valor de uso que antes producían 1.000 con 50; los otros 500
con los otros 25 trabajadores fundan un nuevo negocio y producen tam-
bién un valor de cambio de 500. El beneficio continúa siendo el mis-
mo, ya que éste no procede del cambio de los 500 con los 500, sino de
las cuotas en las que el beneficio y el salario se dividen originariamente
los 500, y el cambio es ante todo un cambio de equivalentes, que no
puede aumentar el valor, así como tampoco puede hacerlo el comercio
exterior, aspecto desarrollado expresamente por Ricardo.* Puesto que
el cambio de equivalentes no quiere decir sino que el valor, que existía
en las manos de A antes del cambio con B, existe en sus manos tras
el cambio con B, esto quiere decir también que el valor total o la rique-
za continúa siendo la misma. Pero el valor de uso, o la materia de la
riqueza se ha duplicado. No existe absolutamente ninguna razón por
la que deba aumentar la riqueza en cuanto riqueza, el valor de cambio
en cuanto tal —en la medida en que se considera el aumento de las
fuerzas productivas. Si las fuerzas productivas se duplican de nuevo en

27 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 29-35 <Principios..., págs. 23-29).
28 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 131-149 <Principios..., pá-
ginas 98-113)

ambas ramas de la producción,*'” entonces los capitales a y b pueden
escindirse de nuevo en dos capitales de 250 con 12 1/2 días de traba-
jo. Existen ahora 4 capitales con el mismo valor de cambio de 1.000 li-
bras esterlinas, que consumen como antes 50 días de trabajo*”” y pro-
ducen un valor de uso 4 veces mayor que aquel que se producía antes
de la duplicación del consumo. Ricardo es demasiado clásico para co-
meter los errores de sus enmendadores, que hacen nacer el mayor valor
como consecuencia del aumento de las fuerzas productivas, del hecho
de que en la circulación una de las partes vende más caro. En lugar de
cambiar un capital de 500 —tan pronto como éste se ha convertido
en mercancía, en valor de cambio simple— por 500, una de las partes
lo cambia por 550 (10 % más); pero entonces la otra parte recibe
claramente un valor de cambio de 450 en lugar de 500, y la suma total
continúa siendo la misma de antes: 1.000. Esto ocurre bastante a me-
nudo en el comercio, pero sólo explica el beneficio de un capital
mediante la pérdida del otro capital, y, por lo tanto, no explica el be-
neficio del capital, y sin este presupuesto no existe beneficio ni en un
lado ni en el otro. El proceso, tal como lo entiende Ricardo, puede
proseguir, por lo tanto, sin que exista otro límite que el aumento de la
fuerza productiva (y éste es a su vez material y cae fuera de la relación
económica misma que puede tener lugar con un capital de 1.000 y
50 trabajadores. Ver, por ejemplo, el siguiente pasaje: «Capital es la
parte de la riqueza de un país, que es empleada con la vista puesta en
la producción futura, y que puede ser aumentado de la misma forma
que la riqueza». (Ricardo entiende por riqueza la abundancia de valores
de uso; considerado desde el punto de vista del cambio simple, el mis-
mo trabajo objetivado puede expresarse en valores de uso ilimitados, y
puede continuar siendo el mismo valor de cambio, en la medida en que
continúe siendo la misma cantidad de trabajo objetivado, pues su equi-
valente es medido no por la masa de valores de uso en la que consiste,
sino por su propia cantidad.) «Un capital adicional será igualmente
eficaz en la formación de la riqueza futura, tanto si es obtenido me-
diante mejoras en la técnica de trabajo o en la maquinaria, como si es
obtenido mediante el uso reproductivo*'"” de una parte mayor de renta;

*10 En el margen superior de esta hoja del manuscrito y sin llamada figura
la siguiente frase (el dinero para sí no debe ser definido ni como valor de uso, ni
como valor de cambio, sino como valor).

*11l Au fond, es falso decir que el trabajo vivo consume el capital; es el
capital (el trabajo objetivado) el que consume el trabajo vivo en el proceso de
producción. <Entre corchetes en el ms.»

*112  «reproductively»; ed. de 1939 y NMEGA: «productively» (productivo).

ya que la riqueza (valor de uso) siempre depende de la cantidad de mer-
cancías producidas (también depende algo de su variedad, según parece)
sin tomar en consideración la facilidad con que los instrumentos utilizados
en la producción pueden haber sido producidos» (es decir, independien-
temente del tiempo de trabajo en ellos objetivados). Una cierta can-
tidad de ropas y provisiones mantendrán y darán empleo al mismo
número de hombres; pero tendrán un valor dos veces superior (valor
de cambio) si han sido empleados 200 hombres en su producción.**
Si, mediante el aumento de la fuerza productiva, 100 hombres producen
tantos valores de uso como antes producían 200, entonces «la mitad
de los 200 serán despedidos y los 100 restantes producirán lo mis-
mo que los 200 anteriores. La mitad del capital puede, por lo tanto,
ser retirado de la rama de la producción; se ha liberado tanto capital
como trabajo. Y puesto que la mitad del capital presta ahora el mismo
servicio que prestaba antes el capital entero, se han formado ahora dos
capitales, etc.».?” (Cfr. 39, 40. Ibid. sobre el comercio nacional, sobré
el que tenemos que volver.) Ricardo no habla aquí de día de trabajo
(está claro que el capitalista, cuando cambiaba antes medio día de tra-
bajo objetivado por un día completo de trabajo vivo, ganaba au fond
sólo medio día de trabajo vivo, ya que la otra mitad se la daba al tra-
bajador en forma objetiva, y la obtenía de él en forma viva, es decir,
le pagaba al trabajador medio día de trabajo), sino que habla de días
de trabajo simultáneos, es decir, de diferentes trabajadores; esto no
cambia nada la cuestión, sino que la expresa solamente de forma dis-
tinta. Cada uno de estos días de trabajo suministra tanto más*** tiempo
suplementario. Si el capitalista tenía antes como límite el día de traba-
jo, ahora tiene como límite 50 días de trabajo, etc. Como ya se ha dicho
en esta forma no se crea con el aumento de los capitales mediante la
mayor productividad ningún aumento de los valores de cambio, y según
Ricardo, la población podría en consecuencia disminuir, por ejemplo
de 10.000.000 a 10.000, sin que disminuyera el valor de cambio o la

22 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 327-328 <Principios..., pá-
gina 209). Marx ha citado aparentemente de memoria; de ahí las diferencias
tanto respecto del texto de RICARDO, como respecto de su propio extracto (véase
la página 804 de la edición alemana de los Grundrisse).

zo Este pasaje tampoco es la traducción textual de una cita, sino un conciso
resumen del contenido de las páginas 81-82, 131-149 y 467-468 de On the Princi-
ples de Ricardo <Principios..., págs. 59-60, 98-113 y 285-287).

211 Esta indicación se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

*113 NMEGA: «soviel mehr»; en la ed. de 1939, «so vielmehr» (así más bien).

cantidad de valores de uso (ver la conclusión de su libro).*? Nosotros
somos los últimos en negar que hay contradicciones contenidas en el
capital. Nuestra finalidad es más bien desarrollarlas por completo. Pero
Ricardo no las desarrolla, sino que se libera de ellas considerando el
valor de cambio como indiferente para la formación de la riqueza. Es
decir, él sostiene que en una sociedad basada en el valor de cambio, y
en la que la riqueza resulta de esta clase de valor, las contradicciones
a las que es conducida esta forma de riqueza con el desarrollo de las
fuerzas productivas, etc., no existen, y que un aumento del valor no
es necesario en una sociedad de esta clase para asegurar el aumento
de la riqueza; y que, consiguientemente, el valor en cuanto forma de la
riqueza no afecta en absoluto a esta riqueza: misma y a su desarrollo;
es decir, él considera el valor de cambio de forma exclusivamente
formal. Pero entonces se le ocurre a Ricardo: 1) que el problema para
los capitalistas es el valor, y 2) que históricamente, con el progreso de
las fuerzas productivas (él hubiera debido pensar también en el pro-
greso del comercio internacional), aumenta la riqueza en cuanto tal, es
decir, la suma de valor. ¿Cómo se explica esto ahora? Los capitales
son acumulados más rápidamente que la población; con esto sube el
salario; con esto aumenta la población; con esto suben los precios del
grano; con esto aumenta la dificultad de la producción y con esto
aumentan los valores de cambio. A éstos se llega, por lo tanto, mediante
un rodeo. Dejamos de lado ahora el momento de la renta, porque aquí
se trata no de una mayor dificultad de la producción, sino a la inversa,
de un aumento de las fuerzas productivas. Con la acumulación de ca-
pitales sube el salario, si la población no aumenta al mismo tiempo; el
trabajador se casa, la producción es estimulada, sus hijos viven mejor,
no mueren precozmente, etc. En resumidas cuentas, la población aumen-
ta, Pero su crecimiento produce la competencia entre los trabajadores, y
los obliga a vender de nuevo su capacidad de trabajo al capitalista, a su
valor, o incluso momentáneamiente por debajo de él. Ahora el capital
acumulado, que entretanto ha aumentado más lentamente, dispone del
excedente —<que antes gastaba en la forma de salario, es decir, como
moneda para comprar el valor de uso del trabajo— como dinero, y lo
puede valorizar como capital en el trabajo vivo; y puesto que ahora
dispone*** de una mayor cantidad de días de trabajo, su valor de cam-

712 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 416-417 <Principios..., pá-
ginas 284-286).

*14  NMEGA: «verfiigt»; en el ms. «eintauscht» (cambia).

bio aumenta de nuevo. (Esto incluso no es desarrollado correctamente
por Ricardo, sino que es confundido con la teoría de la renta; pues el
crecimiento de la población le sustrae ahora al capital en la forma de
renta el excedente, que el capital perdía antes en la forma de salario.)
Pero el mismo crecimiento de la población no es comprensible de forma
adecuada a partir de su teoría. Él no desarrolla en parte alguna el que
exista una relación inmanente entre la totalidad del trabajo objetivado
en el capital y el día de trabajo vivo (para la relación es exactamente
igual que éste sea representado como un día de trabajo de 50X 12 horas
o como un trabajo de 12 horas de 50 trabajadores), ¡:i tampoco que
esta relación inmanente sea precisamente la relación de la fracción del
día de trabajo vivo, o del equivalente de trabajo objeti'ado con que es
pagado el trabajador, con el día de trabajo vivo; dond el día entero
mismo y la relación inmanente constituyen la relación variable (el
día mismo es una magnitud constante) entre la fracción de las horas de
trabajo necesarias y las horas de plustrabajo. Ricardo no ha compren-
dido tampoco, precisamente porque no ha desarrollado esta relación
(esto hasta ahora no nos interesaba, porque se trataba para nosotros del
capital en cuanto tal, y el desarrollo de las fuerzas productivas era
introducido como una relación exterior), que el desar: ollo de la fuera
productiva misma presupone tanto el aumento de capi: +! como los días
de trabajo simultáneos, y que, sin embargo, dentro de '.s límites dados
del capital que pone en movimiento un día de trabajo (aunque sea un
día de trabajo de 50 X 12 horas, es decir, de 600 horas) este desarro-
llo representa a su vez un límite para el desarrollo de su fuerza pro-
ductiva. El salario incluye no sólo al trabajador, sino también su repro-
ducción; de forma tal que cuando este ejemplar de la clase obrera
muere, otro ejemplar de la misma lo sustituye; si los 50 trabajadores
mueren, hay 50 nuevos para reemplazarlos. Los 50 trabajadores mis-
mos —en cuanto capacidad de trabajo viva— representan no sólo los
costes de su propia producción, sino también los costes que tuvieron que
ser pagados a sus padres por encima de su salario como individuos, para
que ellos mismos produjeran sus 50 sustitutos. La población, por lo
tanto, crece también sin aumento del salario. Pero ¿por qué no crece
lo suficientemente deprisa y necesita recibir estímulos especiales? Na-
turalmente sólo es así porque al capital no le basta con obtener más
«riqueza» en el sentido ricardiano, sino que quiere tener 1 su disposició:
más valor, más trabajo objetivado. Sin embargo, segúr Ricardo, el ca-
pital sólo puede en realidad disponer sobre más traba;», cuando des-
ciende el salario; es decir, cuando por el mismo capital son cambiados
más días de trabajo vivo por trabajo objetivado, y en consecuencia, se

crea un valor mayor. Para hacer bajar el salario, presupone él un aumen-
to de la población. Y para demostrar el aumento de la población, él
presupone el aumento de la demanda de días de trabajo, o en otras pa-
labras, que el capital puede comprar más trabajo objetivado (objetivado
en capacidad de trabajo), es decir, que su valor ha aumentádo. Pero él
partió precisamente de la premisa opuesta y dio este rodeo solamente
porque partió de ella. Si 1.000 libras esterlinas podían comprar 500 días
de trabajo y aumenta la fuerza productiva, entonces el capital puede
o continuar utilizando los 500 días en la misma rama de la industria, o
dividirlos y utilizar 250 en una rama y 250 en otra, así como también
el capital se divide en dos capitales de 500 libras. Pero el capital no
puede tener a su disposición nunca más de 500 días de trabajo, pues,
de lo contrario, se tendrían que haber multiplicado, según Ricardo, no
sólo los valores de uso producidos por el capital, sino también su valor
de cambio, el tiempo de trabajo objetivado sobre el que él dispone. No
puede tener lugar, por lo tanto, a partir de su premisa una demanda
mayor de trabajo. Si tiene lugar, el valor de cambio del capital ha
aumentado. Comparar Maltbus sobre el valor? que siente las contra-
dicciones, pero que cae de forma grosera allí donde quiere desarrollarlas.

El trabajo no reproduce el valor del material sobre el que trabaja
y el del instrumento con el que trabaja. El trabajo conserva simple-
mente el valor de los mismos por el hecho de que se relaciona con
ellos en el proceso de trabajo como con sus condiciones objetivas.
Esta fuerza vivificante y conservadora no le cuesta nada al capital;
se presenta más bien como su propia fuerza, etc.

Hasta el momento hemos hablado siempre de los dos elementos del capi-
tal, de las dos partes del día de trabajo vivo, de las cuales una repre-
senta el salario, la otra el beneficio, una el trabajo necesario, la otra
el plustrabajo. ¿Dónde figuran entonces las otras dos partes del capital,
realizadas en la materia prima y en el instrumento de trabajo? Por
lo que al proceso de producción simple se refiere, el trabajo presupone
la existencia del instrumento que facilita el trabajo y la del material
en la que el trabajo se representa, dándole una forma. Esta forma es la
que le da valor de uso. En el cambio este valor de uso se convierte en
valor de cambio, en la medida en que contiene trabajo objetivado.
Pero en cuanto partes constitutivas del capital, ¿son ellas valores que
el trabajo tiene que reproducir? En el ejemplo anterior (y tales obje-

213 Véase la nota 253.

ciones han sido lanzadas masivamente contra Ricardo; es decir, que
él considera simplemente el beneficio y el salario como partes constitu-
tivas de los costes de producción, y no considera como tales las má-
quinas, ni la materia prima) parece, por lo tanto, que si el capital es un
capital de 100, que se descompone en 50 en algodón, 40 en salario,
10 en instrumento, si el salario es de 40 táleros = 4 horas de trabajo
objetivado, y si el capital lo hace trabajar ocho horas, entonces el tra-
bajador que tiene que reproducir 40 táleros de salario, 40 táleros de plus-
trabajo (beneficio), 10 táleros de instrumento y 50 táleros de algodón
= 140 táleros, sólo reproduce 80 táleros. Pues 40 táleros es el producto
de medio día de trabajo y 40 la otra mitad de trabajo excedente. Pero el
valor de los otros dos componentes del capital*"* es 60. Puesto que
el producto real del trabajador son 80 táleros, él sólo puede reproducir
80 y no 140. Más bien habría disminuido el valor de los 60, ya que
de los 80, 40 es compensación por su salario, y los otros 40 de plus-
trabajo constituyen una cantidad inferior en 20 táleros a 60. En lugar
de un beneficio de 40 el capitalista tendría una pérdida de 20 en la
parte de su capital originario que consiste en instrumento y en mate-
ria prima. ¿Cómo puede el trabajador crear además de los 80 un valor
de 60, si la mitad de su día de trabajo, como demuestra su salario, sólo
crea con el instrumento y la materia prima 40 táleros, y si la otra
mitad crea lo mismo, y él sólo dispone de un día de trabajo, y en un
día de trabajo no puede trabajar dos? Supongamos que los 50 táleros
de materia prima = x libras de hilo de algodón y que los 10 táleros de
instrumento = un huso. Por lo que al valor de uso se refiere, está
claro que el trabajador, si el algodón no tuviera la forma de hilo y
si la madera y el hierro no tuvieran la forma de huso, no podría
producir ningún tejido, y no podría producir un mayor valor de uso.
Para el trabajador mismo en el proceso de producción los 50 táleros
y los 10 táleros no son más que hilo y huso, y no valores de cambio.
Su trabajo les ha dado a éstos un mayor valor de uso y les ha aña-
dido una cantidad de trabajo objetivado de 80 táleros, a saber: 40 que
reproducen su salario y 40 de plustrabajo. El valor de uso —:el
tejido— contiene un día de trabajo más, la mitad del cual, sin em-
bargo, sólo repone la parte de capital que ha sido cambiada por la
disposición sobre la capacidad de trabajo. El tiempo de trabajo obje-
tivado que está contenido en el hilo y en el huso y que constituye
una parte del valor del producto, no lo ha producido el trabajador;
para él eran y continúan siendo material, al que él dio otra forma e in-

*15 Lección de todas las ediciones alemanas.

corporó nuevo trabajo. La única condición consistía en que él no lo
desperdiciara, y esto lo ha conseguido, en la medida en que su producto
tiene valor de uso, y un valor de uso superior al que tenía antes. El
producto contiene ahora dos partes de trabajo objetivado —su día de
trabajo y el trabajo contenido en el material, en el hilo y en el huso,
independiente de él y existente antes de su trabajo—. El trabajo pre-
viamente objetivado era la condición de su trabajo; únicamente este
trabajo previamente objetivado lo ponía en condiciones de trabajar, sin
que le costara ningún trabajo. Supongamos que estos elementos no son
presupuestos como partes constitutivas del capital, como valores, y que
al trabajador no le hubieran costado nada. Entonces el valor del pro-
ducto sería 80, si hubiera trabajado un día completo, y 40 si hubiera
trabajado medio día. Sería exactamente igual a un día de trabajo obje-
tivado. En realidad estas partes constitutivas del capital no le cuestan
nada a él en la producción; pero esto no elimina el tiempo de trabajo
objetivado en ellas, sino que dicho tiempo de trabajo permanece sólo
que recibiendo otra forma. Si el trabajador al margen del tejido hubiera
tenido que producir el hilo y el huso en el mismo día, el proceso habría
sido imposible. Es decir, es el hecho de que el hilo y el huso no requie-
ren su trabajo ni como valores de uso en su forma originaria, ni como
valores de cambio, sino que existen ya, es este hecho lo que hace pre-
cisamente que el aumento de un día de trabajo por parte del trabajador
cree un producto de un valor superior al de un día de trabajo. Pero él
crea este valor superior en la medida en que no tiene que producir
este excedente sobre el día de trabajo, sino que lo encuentra como ma-
terial, como presupuesto. Sólo se puede decir, por lo tanto, que él
reproduce estos valores, porque sin el trabajo ellos se perderían, serían
inútiles; pero el trabajo sería igualmente inútil sin estos valores. En la
medida en que el trabajador reproduce estos valores, esto no ocurre,
porque él les dé un mayor valor de cambio, o porque entre en algún
proceso con su valor de cambio, sino porque los somete en general al
simple proceso de producción, porque trabaja sobre ellos. Pero al tra-
bajador no le cuesta ningún tiempo de trabajo superior al que él nece-
sita para su elaboración y mayor valorización. Es una condición en la
que el capital lo ha puesto a trabajar. Él los reproduce sólo por el hecho
de que les da un mayor valor, y este dar-mayor-valor es = a su día
de trabajo. Aparte de eso, el trabajador los deja tal como ellos son.
El hecho de que su valor anterior se conserve se debe a la adición al
mismo de un nuevo valor, y no a la reproducción del valor anterior, a
su creación. En la medida en que ellos son productos de trabajo ante-
rior, tal producto del trabajo anterior, es decir, la suma del trabajo

anteriormente objetivado, continúa siendo un elemento de su produc-
to; el producto contiene además de su nuevo valor, su valor antiguo. El
trabajador produce, en realidad, en este producto sólo el día de trabajo
que él le añade, y la conservación del valor antiguo no le cuesta abso-
lutamente nada más de lo que le ha costado añadirle el nuevo valor.
Para él es sólo material, y continúa siendo material, independientemente
del cambio de forma; es decir, algo que existe independiente de su
trabajo. Que este material que permanece, ya que sólo recibe otra for-
ma, contiene ya tiempo de trabajo, es asunto del capital y no suyo;
es igualmente independiente de su trabajo, y continúa existiendo tras
éste, de la misma manera que existía antes de él. Esta así llamada re-
producción no le cuesta ningún tiempo de trabajo, sino que es la con-
dición de su tiempo de trabajo, ya que el trabajador no hace más que
poner la materia existente como material de su trabajo, es decir, no
hace más que relacionarse con la materia como con su material. Él re-
pone, por lo tanto, el tiempo de trabajo anterior mediante el acto mismo
de trabajar, y no mediante la adición de tiempo de trabajo especial con
esta finalidad. El trabajador lo repone simplemente mediante la adición
de nuevo trabajo, mediante lo cual el trabajo anterior contenido en el
producto se mantiene y se convierte en elemento de un nuevo producto.
El trabajador no repone, por lo tanto, con su día de trabajo la materia
prima y el instrumento, en la medida en que éstos son valores. Esta
conservación del valor anterior la recibe el capitalista gratis igual que
el plustrabajo. Pero él no la obtiene gratis porque no le cuesta nada
al trabajador, sino que esto es el resultado de que por principio la ma-
teria prima y el instrumento de trabajo se encuentran ya en sus manos,
y el trabajador en consecuencia no puede trabajar sin convertir el trabajo
ya existente en forma objetivada en las manos del capitalista en ma-
terial de su trabajo, y por lo tanto, no puede trabajar sin conservar el
trabajo objetivado en este material. El capitalista no le paga nada al
trabajador por el hecho de que el hilo y el huso —mejor dicho, su va-
lor— se encuentre de nuevo y se conserve en el tejido, por lo que
respecta al valor. Esta conservación tiene lugar simplemente mediante la
adición de nuevo trabajo, que añade nuevo valor. De la relación origina-
ria entre capital y trabajo procede, por lo tanto, el que el mismo servi-
cio que el trabajo vivo presta mediante su relación como trabajo vivo
con el trabajo objetivado no le cueste nada al capital, de la misma forma
que tampoco le cuesta al trabajador; esto expresa solamente la rela-
ción, según la cual la materia prima y el instrumento de trabajo están
frente a él como capital, son presupuestos independientes de él. La con-
servación del valor anterior no es un acto separado de la adición de

302 (I111]' El capítulo del capital

nuevo valor, sino que tiene lugar automáticamente, se presenta como
un resultado natural. Pero el que esta conservación no le cueste nada
ni al capital ni al trabajador está ya implícito en la relación de capital
y trabajo, que en sí es ya una relación entre el beneficio del uno y el
salario*"* del otro.

El capitalista individual puede imaginarse (y para su cálculo es
igual), que si él posee un capital de 100 táleros, descompuesto en 50 tá-
leros de algodón, 40 táleros de medios de subsistencia para mantener al
trabajo y 10 táleros de instrumento, y si calcula entre los costes de pro-
ducción un beneficio del 10 %, entonces el trabajo tiene que reponerle
los 50 táleros de algodón, los 40 táleros de medios de subsistencia, los
10 táleros de instrumento y el 10 % sobre 50, 40 y 10; de esta forma,
en su imaginación el trabajo le crea 55 táleros de materia prima, 44 tále-
ros de medios de subsistencia y 11 táleros de instrumento; en total=110.
Pero para cualquier economista ésta es una idea*”” singular, a pesar de
que ha sido hecha valer con gran pretensión como una novedad contra
Ricardo. Si el día de trabajo del trabajador = 10 horas, y si.él en 8 ho-
ras puede producir 40 talers, es decir, puede producir su salario, o lo
que es lo mismo, puede conservar y reponer su capacidad de trabajo,
entonces él necesita 4/5 de día para reponerle al capital el salario, y
le da 1/5 de plustrabajo o 10 táleros. El capital recibe, por lo tanto, en
el cambio por los 40 táleros de salario —por 8 horas de trabajo objetiva-
do— 10 horas de trabajo vivo y este excedente constituye todo su
beneficio. Todo el trabajo objetivado que el trabajador ha creado son
50 táleros, y cualesquiera que puedan ser los costes del instrumento y de
la materia prima, el trabajador no puede añadirles más trabajo, pues su
día de trabajo no puede objetivarse en más trabajo; que ahora, por el
hecho de haberle añadido*”* a los 60 táleros de materia prima e instru-
mento 50 táleros —10 horas de trabajo (de las cuales 8 son sólo reposi-
ción de su salario)— el trabajador ha conservado simultáneamente
el material y el instrumento —éstos son conservados precisamente por el
hecho de que entran en contacto de nuevo con el trabajo vivo y de que
son utilizados como material y como instrumento—, esto a él no le
cuesta ningún trabajo (él no tendría tampoco tiempo suplementario para

*116  «Salár»; en el ms. «Profit» (beneficio).

*117 Tachado en el ms.: Si los 40 táleros, con los que el trabajador puede
vivir un día, y con los que por lo tanto puede cambiar su capacidad de trabajo,
son el producto de medio día de trabajo, el día de trabajo completo sólo le puede
producir al fabricante 40 + 40 = 80.

"118 NMEGA: «zugefúgt»: en la ed. de 1939, «zufiigt» (añade).

ello), ni le es pagado por el capitalista. Esta fuerza natural vivificadora
del trabajo —<que en la medida en que utiliza el material y el instru-
mento, los conserva en esta o aquella forma, y conserva, por lo tanto,
el trabajo en ellos objetivado, es decir, su valor de cambio— se con-
vierte, como toda fuerza natural o social del trabajo que no sea el
producto del trabajo anterior, o no sea el producto de trabajo anterior
que tiene que ser repetido (por ejemplo, el desarrollo histórico del tra-
bajador, etc.), en fuerza del capital y no del trabajo. Por lo tanto, tam-
poco es pagada por el capital. Así como tampoco le es pagado al traba-
jador el que él es capaz de pensar, etc.

Ya hemos visto cómo originariamente el valor que se autonomiza
contra la circulación —es decir, la mercancía para la cual la determina-
ción del valor de cambio no es meramente formal, no es determinación
evanescente que le sirve para intercambiarse con otro valor de uso y
para desaparecer finalmente como objeto de consumo— el dinero como
dinero, que se sustrae a la circulación y se afirma negativamente frente
a ella, es el presupuesto a partir del cual surge el capital. Por otra parte
el producto del capital, en la medida en que no es simplemente su pro-
pia reproducción (esta reproducción, sin embargo, es sólo formal, ya
que de las tres partes de sus valores sólo una es realmente consumida,
es decir, reproducida: la que repone el salario; el beneficio, por el
contrario, no es reproducción, sino adición de valor, plusvalía) tiene
como resultado de nuevo el valor, que no entra como equivalente en la
circulación y que, por otra parte, tampoco está potenciado a capital;
es, por lo tanto, un valor que se autonomiza negativamente contra la
circulación: es dinero (en su tercera forma, que es la adecuada). Si el
dinero se presentaba al principio como presupuesto del capital, como
causa del mismo, ahora se presenta como su resultado. En el primer
movimiento, el dinero procedía de la circulación simple; en el segun-
do, procede del proceso de producción del capital. En el primero, el
dinero pasa a convertirse en capital; en el segundo, se presenta como
un presupuesto del capital puesto por el capital mismo; y está, por lo
tanto, puesto como capital en sí; tiene ya en sí la relación ideal con el
capital. El dinero no pasa simplemente a convertirse en capital, sino

que en cuanto dinero está ya implícito en él el poder ser transformado
en capital.

### Tiempo de plustrabajo absoluto y relativo. — No es la cantidad de
trabajo vivo, sino su calidad de trabajo, la que al mismo tiempo
conserva el tiempo de trabajo ya existente en el material, etc. —
Alteración de la forma y de la materia en el proceso de producción
inmediato. — En el proceso de producción simple está ya implícito
el que los estadios anteriores de la producción sean conservados
mediante los posteriores, etc. — Conservación del valor de uso pre-
cedente mediante el nuevo trabajo. — Proceso de producción y
proceso de valorización. La cantidad de trabajo objetivado se
conserva en la medida en que se conserva su calidad como valores
de uso para el nuevo trabajo a través del contacto con el trabajo
vivo. — En el proceso de producción real es negada la separación
del trabajo de sus condiciones de existencia objetivas. Pero en este
proceso el trabajo está ya incorporado al capital, etc. El trabajo se
presenta como la fuerza autoconservadora del capital. Perpetuación
del valor.

El aumento de los valores es, por lo tanto, el resultado de la autova-
lorización del capital; es indiferente que esta autovalorización sea el
resultado del tiempo suplementario absoluto o del tiempo suplementario
relativo, es decir, de un aumento real del tiempo de trabajo absoluto, o
de un aumento del plustrabajo relativo, es decir, de la disminución de
la parte alícuota del día de trabajo que está determinada como trabajo
necesario para la conservación de la capacidad de trabajo, o como traba-
jo necesario en general.

El tiempo de trabajo vivo no reproduce más que la parte del tiempo
de trabajo objetivado (del capital) que se presenta como equivalente de
la disposición sobre la capacidad de trabajo viva y que, en consecuencia,
se presenta como equivalente que tiene que reponer el tiempo de tra-
bajo objetivado en esta capacidad de trabajo, es decir, que tiene que
reponer los costes de producción de la capacidad de trabajo viva, o en
otras palabras, que tiene que conservar con vida al*”* trabajador en cuan-
to trabajador. Lo que el tiempo de trabajo vivo produce de más no
es reproducción, sino nueva creación, y además, nueva creación de valor,
porque es objetivación de nuevo tiempo de trabajo en un valor de uso.
El hecho de que el tiempo de trabajo contenido en la materia prima y
en el instrumento sea conservado no es el resultado de la cantidad de
trabajo, sino de su calidad de trabajo en general; y ésta su calidad
general, que no es ninguna cualificación particular del mismo —no es
trabajo específicamente determinado— sino que significa que el trabajo

*11% NMEGA: «den» (al); en la ed. de 1939, «die» (a los).

como trabajo es trabajo, esta cualidad no es especialmente pagada por
el capital, ya que el capital ha comprado esta cualidad en su cambio
con el trabajador.

Pero el equivalente de esta cualidad (el valor de uso específico del
trabajo) es medido simplemente por la cantidad de tiempo de trabajo
que la ha producido. El trabajador ante todo —utilizando el instru-
mento como instrumento y dándole forma a la materia prima— le añade
al valor de la materia prima y del instrumento tanto de nueva forma
cuanto*!” = al tiempo de trabajo contenido en su propio salario; lo
que él añade de más es tiempo de plustrabajo, es plusvalía. Pero me-
diante la relación simple, según la cual el instrumento es utilizado como
instrumento y la materia prima es puesta como materia prima del tra-
bajo, es decir, mediante el simple proceso por el cual ellos entran en
contacto con el trabajo y son puestos como su instrumento y como su
objeto, sólo por esto, ellos son puestos como objetivación del trabajo
vivo, como momento del trabajo vivo y son conservados no según su
forma, pero sí según su sustancia; pues desde un punto de vista econó-
mico, el tiempo de trabajo objetivado es su sustancia. El tiempo de tra-
bajo objetivado deja de existir en una forma objetiva unilateral —y en
consecuencia, deja de estar expuesto a la disolución como una simple cosa
mediante un proceso químico, etc.—, por el hecho de que es puesto
como forma de existencia material —como instrumento y objeto— del
trabajo vivo. A partir del mero tiempo de trabajo objetivado, en cuya
existencia material el trabajo existe exclusivamente como forma pasajera
y externa”* de su sustancia natural, externa respecto de esta sustancia
misma (como, por ejemplo, le es a la madera la forma de la mesa, o al
hierro la forma del cilindro), en cuanto que sólo existe en la forma
externa del elemento material, a partir de aquí se desarrolla la indife-
rencia de la materia por la forma; si el trabajo la conserva, no es me-
diante una ley viva, inmanente de la reproducción, como, por ejemplo, el
árbol conserva su forma de árbol (la madera se conserva como árbol
en una forma determinada, porque esta forma es una forma de la ma-
dera; mientras que la forma de la mesa le es accidental a la madera,
no es la forma inmanente de su sustancia); el trabajo objetivado como
materia prima e instrumento existe sólo como la forma externa a la ma-
teria, o existe exclusivamente como elemento material. La disolución
a que, por lo tanto, está expuesta su materia disuelve igualmente su

mÓ Cfr. HeGeEL, Band IV, págs. 560-567.

*i22 Lección de NMEGA, que anota: «Quizá quiera decir “trabajo'».

forma. Pero puestos como condiciones del trabajo vivo, ellos son vivi-
ficados de nuevo. El tiempo de trabajo objetivado deja de existir en
la materia como algo muerto, como forma externa e indiferente, pues
es puesto a su vez como momento del trabajo vivo, es decir, como re-
lación del trabajo vivo consigo mismo en un material objetivado, como
objetividad del trabajo vivo (como instrumento y objeto) (como las
condiciones objetivas del trabajo vivo). Así, en la medida en que el tra-
bajo vivo mediante su realización en el material al mismo tiempo lo
transforma —transformación que está determinada por la finalidad del
trabajo y por la actividad teleológica*'” de éste (una transformación que
no consiste en poner, como se pone en un objeto muerto, la forma en
cuanto algo externo a la materia, en cuanto mera apariencia evanescente
de su existencia)— el material es conservado en una forma determi-
nada, y el cambio de forma de la materia es sometido a la finalidad del
trabajo. El trabajo es el fuego vivo, conformador; las cosas son pere-
cederas, temporales, están sometidas a la actividad conformadora del
tiempo vivo. En el proceso de producción simple —independientemente
del proceso de valorización— es utilizada la transitoriedad de la forma
de las cosas, para crear su utilidad. Puesto que en el proceso el algodón
se convierte en hilo, el hilo en tejido, el tejido en tejido estampado o
de color, y el tejido estampado o de color se convierte por ejemplo en
un traje, resulta: 1) que la sustancia del algodón se ha conservado en
todas estas formas (en el proceso químico ha tenido lugar un cambio de
equivalentes [naturales], dentro del cambio material regulado por el tra-
bajo); 2) en todos estos procesos subsiguientes la materia ha obtenido
una forma más útil, porque era una forma más apropiada para el con-
sumo; hasta que al final el objeto recibe la forma en la que puede
convertirse en objeto directo del consumo, es decir, en la que el consu-
mo de la materia y la negación de su forma devienen gozo humano, y en
la que su transformación es su uso mismo. La materia del algodón se
conserva en todos estos procesos; desaparece en una forma de valor
de uso, para hacerle sitio a otra superior, hasta que se tiene el objeto
como el objeto del consumo inmediato. Pero en la medida en que el
algodón se convierte en hilo, es puesto en una determinada relación con
una clase ulterior de trabajo. Si este trabajo no tuviera lugar, entonces
no sólo la forma habría sido puesta inútilmente —+es decir, el trabajo

*12I NMEGA: «die durch den Zweck der Arbeit bestimmt ist und durch die
zweckmássige Tátigkeit derselben»; en la ed. de 1939, «die durch den Zweck
die Arbeit bestimmt, und die zweckmássige Tátigkeit derselber» (que mediante
la finalidad determina el trabajo y la actividad teleológica de éste).

anterior no sería confirmado por el nuevo—, sino que también la mate-
ria se echaría a perder, pues en la forma de hilo sólo tiene valor de uso
en la medida en que es elaborada de nuevo: sólo es valor de uso en rela-
ción con el uso que el trabajo posterior hace de él; sólo es valor de uso,
en la medida en que su forma de hilo es negada en la de tejido; mien-
tras que el algodón en su existencia como algodón es susceptible de
infinitas aplicaciones útiles. Sin el trabajo posterior, el valor de uso del
algodón y del hilo se echaría a perder tanto material como formalmente;
sería aniquilado, en lugar de ser producido. Tanto la materia como la
forma es conservada mediante el trabajo posterior —es conservada como
valor de uso, hasta que ha recibido la forma de valor de uso en cuanto
tal, cuyo uso es el consumo. En el proceso de producción simple está
ya implícito, por lo tanto, que el estadio anterior de la producción es
conservado por el posterior, y que mediante la creación de un valor de
uso superior es conservado el valor de uso anterior, o bien, es transfor-
mado sólo en la medida en que es elevado como valor de uso. Es el
trabajo vivo el que conserva el valor de uso del producto de trabajo
no acabado, por el hecho de que lo convierte en materia de un traba-
jo posterior. Pero lo conserva, evitando que se convierta en inútil y
perezca, sólo en la medida en que lo elabora de acuerdo con su finali-
dad, es decir, en la medida en que lo convierte en general en objeto
de nuevo trabajo vivo. Esta conservación del valor de uso anterior no
es un proceso que tenga lugar junto al proceso de aumento o de per-
feccionamiento del valor de uso mediante el nuevo trabajo, sino que
ocurre mediante este nuevo trabajo de aumento del valor de uso mismo.
Por el hecho de que el trabajo textil transforma el hilo en tejido, es
decir, utiliza el hilo como materia prima de la actividad de tejer (una
clase particular de trabajo vivo) (y el hilo sólo tiene valor de uso, en la
medida en que es tejido), él conserva el valor de uso que el algodón
tenía en cuanto tal y el valor de uso específico que había recibido en
la forma de hilo. El trabajo conserva el producto del trabajo en la me-
dida en que lo convierte en materia prima de nuevo trabajo; pero el
trabajo 1) no añade nuevo trabajo y 2) no conserva el valor de uso de
la materia prima mediante otro trabajo colateral. El trabajo conserva
la utilidad del algodón en la forma de hilo, en la medida en que teje
dicho hilo. (Todo esto pertenece al capítulo 1. De la producción en ge-
neral.) El trabajo conserva el hilo mediante la actividad de tejer. Esta
conservación del trabajo como producto, o del valor de uso del pro-
ducto del trabajo, por el hecho de que se convierte en materia prima de
nuevo trabajo y es puesto de nuevo como objetividad material del tra-
bajo vivo con una finalidad determinada, está ya dada en el proceso

de producción simple. El trabajo en relación con el valor de uso posee
la cualidad de que conserva el valor de uso existente aumentándolo y
lo aumenta, convirtiéndolo en objeto de un nuevo trabajo determinado
por su finalidad última; es decir, convirtiéndolo de nuevo de la forma
de existencia indiferente en la de material objetivo, en la de cuerpo del
trabajo. (Lo mismo vale para el instrumento. Un huso se conserva como
valor de uso únicamente si es utilizado para hilar. De lo contrario, junto
con la forma determinada que se ha dado en este caso al hierro y a la
madera se habría echado a perder para el uso tanto el trabajo que le dio
esta forma como la materia utilizada. Sólo en la medida en que es co-
locado como instrumento del trabajo vivo, como un momento de exis-
tencia objetivo de su vitalidad, es conservado el valor de uso de la ma-
dera y del hierro, así como su forma. Su determinación como instrumento
de trabajo es la de ser utilizado, pero la de ser utilizado en el proce-
so de hilatura. La mayor productividad que el instrumento le da al
trabajo crea más valores de uso y sustituye así el valor de uso consumi-
do en el consumo del instrumento. Esto se presenta de la forma más
clara en la agricultura, pues aquí el producto*'? —por ser inmediata-
mente medio de subsistencia y valor de uso— manifiesta de la' forma
más fácil, por ser precisamente la más primitiva, su naturaleza de valor
de uso a diferencia de su naturaleza de valor de cambio. Si la azada le
procura al campesino dos veces más grano del que podía obtener antes,
entonces él necesita gastar menos tiempo para la producción de la azada
misma; él tiene víveres suficientes para hacer una nueva azada.) Ahora
bien, en el proceso de valorización las partes constitutivas del capital
—de las cuales*'”* una existe en la forma de material y la otra existe en
la forma de instrumento— se presentan frente al trabajador, es decir,
frente al trabajo vivo (pues sólo en cuanto tal existe el trabajador en
este proceso), no como valores, sino como simples momentos del pro-
ceso de producción; se presentan como valores de uso para el trabajo,
como las condiciones objetivas de su actividad, o como sus momentos
objetivos. Que el trabajador los conserva, en la medida en que utiliza
el instrumento como instrumento y le da a la materia prima una forma
superior de valor de uso, está ya implícito en la naturaleza del trabajo
mismo. Pero los valores de uso del trabajo conservados de esta forma
son en cuanto partes constitutivas del capital valores de cambio; deter-

*12 NMEGA: «suple: ihr Product»; en la ed. de 1939 «das Instrument» (el
instrumento).

*13 NMEGA: «von denen» (de las cuales); en la ed. de 1939, «von der»
(de la cual).

minados en cuanto tales por los costes de producción en ellos conteni-
dos, por la cantidad de trabajo en ellos objetivada. (Por lo que al valor
de uso se refiere, se trata únicamente de la calidad del trabajo ya obje-
tivado.) La cantidad de trabajo objetivado es conservada, en la medida
en que su cualidad como valores de uso para el trabajo posterior es
conservada a través del contacto con el trabajo vivo. El valor de uso
del algodón, así como su valor de uso en forma de hilo, es conservado,
por el hecho de que es tejido en la forma de hilo, es decir, por el hecho
de que existe como uno de los momentos objetivos (junto a la rueda
de hilar) de la actividad de tejer. De esta manera se conserva también
la cantidad de tiempo de trabajo que estaba contenida en el algodón y
en el hilo de algodón. Lo que en el proceso de producción simple se
presenta como conservación de la calidad del trabajo anterior —y me-
diante ello también como conservación del material en el cual esta cali-
dad se ha realizado—, se presenta en el proceso de valorización como
conservación de la cantidad de trabajo ya objetivado. Para el capital
esta conservación es la conservación de la cantidad de trabajo objeti-
vado mediante el proceso de producción; para el trabajo vivo es sólo
la conservación del valor de uso ya existente para el trabajo. El trabajo
vivo añade una nueva cantidad de trabajo; pero él no conserva mediante
esta adición cuantitativa la cantidad de trabajo ya objetivada, sino que
la conserva mediante su cualidad como trabajo vivo, es decir, la con-
serva por el hecho de que se relaciona como trabajo con los valores de
uso en los que existe el trabajo pasado. Pero el trabajo vivo no es paga-
do por esta cualidad que él posee en cuanto trabajo vivo —:el trabajo
no sería comprado si no fuera trabajo vivo— sino por la cantidad de
trabajo en él contenido. Sólo es pagado el precio de su valor de uso,
como el de todas las demás mercancías. La cualidad específica que el
trabajo posee, por el hecho de que al mismo tiempo añade una nueva
cantidad de trabajo a la cantidad de trabajo ya objetivada y conserva el
trabajo objetivado en su cualidad de trabajo objetivado, no le es paga-
da al trabajador y no le cuesta nada al trabajador, ya que dicha cualidad
es la característica natural de su capacidad de trabajo. En el proceso de
producción es negada la separación del trabajo de sus momentos de exis-
tencia objetivos —instrumento y material —. Sobre la separación se basa
la existencia del capital y del trabajo asalariado. La negación de la
separación, que tiene lugar realmente en el proceso de producción
—pues de lo contrario no se podría trabajar en absoluto— no la paga
el capital. (La negación no ocurre mediante el cambio con el trabajador,
sino mediante el trabajo mismo en el proceso de producción. Pero en
cuanto trabajo presente está ya incorporado al capital, es un momento

del mismo. Esta fuerza conservadora del trabajo se presenta, por lo
tanto, como fuerza autoconservadora del capital. El trabajador sólo ha
añadido nuevo trabajo; el trabajo pasado —en la medida en que existe
el capital — tiene una existencia eterna como valor, completamente in-
dependiente de su existencia material. Así se presenta la cosa para el
capital y el trabajador.) Si el capital tuviera que pagar también esto,
dejaría de ser capital. Esto cae dentro del papel material que el trabajo
desempeña en el proceso de producción según su naturaleza; cae dentro
de su valor de uso. Pero en cuanto valor de uso el trabajo pertenece al
capitalista; en cuanto mero valor de cambio, al trabajador. Su cualidad
viva en el proceso de producción de conservar el tiempo de trabajo
objetivado por el hecho de que lo convierte en el modo de existencia
del trabajo vivo, no le interesa al trabajador. Esta apropiación, mediante
la cual el trabajo vivo en el mismo proceso de producción convierte al
instrumento y al material en cuerpo de su alma y los resucita de los
muertos, está en realidad en oposición con el hecho de que el trabajo
está falto de objeto o sólo existe realmente en la vitalidad inmediata
del trabajador, mientras que el material y el instrumento existen para
sí mismos en el capital. (Sobre esto volveremos.) El proceso de va-
lorización del capital tiene lugar en y mediante el proceso de produc-
ción, por el hecho de que el trabajo vivo es colocado en su relación na-
tural con sus momentos de existencia materiales. Pero en la medida en
que el trabajo entra en esta relación, esta relación existe no para él,
sino para el capital; esta relación misma es momento del capital.

### El capitalista obtiene gratis el plustrabajo y la conservación del valor
del material y el instrumento. El trabajo, añadiendo nuevo valor al
antiguo, mantiene y eterniza al mismo tiempo a este último. — La
conservación de los valores en el producto no le cuesta nada al
capital. — Mediante la apropiación del trabajo presente, el capita-
lista posee ya una asignación sobre (y respecto a) la apropiación
del trabajo futuro.

Se ve, por lo tanto, que mediante el proceso de cambio con el trabaja-
dor, el capitalista —en la medida en que realmente le paga al traba-
jador un equivalente por los costes de producción contenidos en su
capacidad de trabajo, es decir, le da los medios para conservar su capa-
cidad de trabajo, pero se apropia el trabajo vivo— obtiene dos cosas
gratis: primero, el plustrabajo, que aumenta el valor de su capital, y
segundo, la cualidad del trabajo vivo que conserva el trabajo pasado
materializado en las partes constitutivas del capital, y que de esta forma
conserva el valor del capital. Esta conservación, sin embargo, no ocurre

porque el trabajo vivo aumente la cantidad del trabajo objetivado, por-
que cree valor, sino simplemente porque el trabajo al añadir nueva can-
tidad de trabajo existe como trabajo vivo, y está en una relación
inmanente con el material y el instrumento de trabajo puesta mediante
el proceso de producción; *'* es decir, que lo conserva por su cualidad
de trabajo vivo. Pero tal cualidad es un momento del proceso de pro-
ducción simple y no le cuesta nada al capital, exactamente como tam-
poco le cuesta el hilo y el huso además de su precio, por el hecho de
que son momentos del proceso de producción.

Si, por ejemplo, en épocas de estancamiento del comercio, etc., son
cerradas las fábricas, entonces se ve en la práctica que la máquina se
oxida y que el hilo es una carga inútil, que se echa a perder tan pronto
como cesa su relación con el trabajo vivo. Si el capitalista sólo hace
trabajar al trabajador para producir plusvalía —para producir un valor
que no existe todavía—, está claro que tan pronto como él deja de
hacer trabajar al trabajador, su capital ya existente se devalúa; que, por
lo tanto, el trabajo vivo no sólo añade nuevo valor, sino que, por el
mero acto de añadir un nuevo valor al valor anterior, lo mantiene y lo
eterniza. (La estupidez de la objeción hecha a Ricardo de que él sólo
considera al beneficio y al salario como las partes constitutivas necesa-
rias de los costes de producción y no considera la parte de capital con-
tenida en la materia prima y en el instrumento, resulta ahora evidente.
En la medida en que el valor existente en ellos es simplemente conser-
vado, esto no constituye nuevos costes de producción. Por lo que a
estos mismos valores ya existentes se refiere, también se resuelven a su
vez en trabajo objetivado —trabajo necesario y plustrabajo— salario y
beneficio. La simple materia natural, en la medida en que no hay nin-
gún trabajo humano objetivado en ella, es decir, en la medida en que
es simple materia, que existe independientemente del trabajo humano,
no tiene ningún valor, pues el valor es sólo trabajo objetivado; tiene
tan poco valor como los elementos naturales en general.) La conserva-
ción del capital existente mediante el trabajo que lo valoriza no le
cuesta, por lo tanto, nada al capital y no pertenece en consecuencia a
los costes de producción; a pesar de que los valores existentes en el
producto han sido conservados y tienen, por lo tanto, que ser dados
en el cambio por sus equivalentes. Pero la conservación de estos valo-
res en el producto no le cuesta nada al capital y, por lo tanto, no puede
ser colocada por él entre los costes de producción. Estos valores no

*14% NMEGA: «Produktionsprocess»; en el ms. «Produktionsgesetz» (ley de
la producción).

son tampoco repuestos por el trabajo, ya que no son consumidos, ex-
cepto en la medida en que son consumidos en su forma de existencia
indiferente para el trabajo y existente al margen de él; es decir, es pre-
cisamente su carácter efímero lo que es consumido (es negado) me-
diante el trabajo. Lo único que es realmente consumido es el salario.
Volvamos otra vez a nuestro ejemplo. 100 táleros de capital, a saber:
50 táleros de materia prima, 40 táleros de trabajo y 10 táleros de instru-
mento de producción. El trabajador necesita 4 horas para producir los
40 táleros, es decir, los medios necesarios para su vida, o la parte de la
producción necesaria para su conservación; su día de trabajo es de 8
horas. El capitalista obtiene, por lo tanto, gratis un excedente de 4 horas;
su plusvalía es igual a 4 horas de trabajo objetivado o 40 táleros; por lo
tanto, su producto es = 50 + 10 (valores conservados, no reproduci-
dos; en cuanto valores han permanecido constantes, inalterados) + 40
táleros (salario reproducido, porque ha sido consumido en la forma de
salario) +40 táleros de plusvalía. Suma=140 táleros. De estos 140 tále-
ros, 40 son ahora excedente. El capitalista tenía que vivir durante la pro-
ducción y antes de empezar a producir; pongamos que necesitó 20 tá-
leros. Éstos los tenía él que poseer además de los 100 táleros de capital;
en la circulación tenían, por lo tanto, que existir equivalentes para estos
20 táleros (de qué forma han aparecido éstos, no nos interesa en este
momento). El capital presupone la circulación como una cantidad cons-
tante. Estos equivalentes están presentes siempre de nuevo. El capita-
lista consume, por lo tanto, 20 táleros de su ganancia. Éstos entran en la
circulación simple. Los 100 táleros entran también en la circulación sim-
ple, pero para ser transformados de nuevo en condiciones de nueva
producción, 50 táleros de materia prima, 40 de medios de subsistencia
para el trabajador, 10 de instrumento. Queda una plusvalía añadida en
cuanto tal, creada de nuevo, de 20 táleros. Ésta es dinero, valor puesto
autónomamente de forma negativa contra la circulación. Este dinero no
puede entrar en la circulación como mero equivalente, para ser cam-
biado por objetos de simple consumo, pues se da por supuesto que la
circulación es constante. Pero la existencia independiente e ilusoria del
dinero es negada; el dinero existe sólo para valorizarse, es decir, para
convertirse en capital. Ahora bien, para convertirse en capital, él ten-
dría que ser cambiado de nuevo por los momentos del proceso de pro-
ducción: medios de subsistencia para el trabajador, materia prima e
instrumento; *'*% todos éstos se: resuelven en trabajo objetivado, y sólo

*13  NMEGA: «Instrument»; en el ms. «Instrumente und Rohmaterial» (y
material en bruto).

pueden ser creados por el trabajo vivo. El dinero, en la medida en que
existe ahora en sí como capital, es, por lo tanto, una simple asignación
sobre trabajo futuro (nuevo). Objetivamente existe sólo como dinero.
La plusvalía, el aumento de trabajo objetivado, en la medida en que
existe para sí mismo, es dinero; pero el dinero ahora es en sí capital;
en cuanto tal es asignación sobre nuevo trabajo. Aquí el capital no
entra ya en relación sólo con el trabajo ya existente, sino también con
el trabajo futuro. No se presenta, por lo tanto, disuelto en sus elemen-
tos simples en el proceso de producción, sino en el dinero; pero no en
el dinero como dinero, que no es más que la forma abstracta de la
riqueza general, sino como signo indicativo de la posibilidad real de
la riqueza general —de la capacidad de trabajo y además de la capacidad
de trabajo en su devenir—. Como signo indicativo, su existencia mate-
rial como dinero es indiferente y puede ser sustituida por cualquier tí-
tulo. El capitalista, así como el acreedor del Estado, posee en su valor
recién adquirido un signo indicativo del trabajo futuro, y mediante la
apropiación del trabajo presente se ha apropiado al mismo tiempo del
trabajo futuro. (Hay que desarrollar más adelante*'? este lado del ca-
pital. Aquí se ve ya su cualidad de existir como valor separado de su
sustancia. Aquí están ya sentadas las bases del crédito.) Sin embargo,
su acumulación en la forma de dinero no es en modo alguno acumula-
ción material de las condiciones materiales del trabajo; sino acumulación
de los títulos de propiedad sobre el trabajo; posición del trabajo
futuro como trabajo asalariado; como valor de uso del capital. Para el
valor creado de nuevo no existe ningún equivalente; su posibilidad está
sólo en el nuevo trabajo.

En este ejemplo, se ha creado mediante un tiempo de plustrabajo
absoluto —8 horas de trabajo en lugar de 4— un nuevo valor de 20 tá-
leros <debería decir 40); estos 40 táleros son dinero puesto ya en rela-
ción con su forma como capital (existen ya como posibilidad puesta del
capital, y no, como antes, que sólo tenían la posibilidad de convertirse
en capital, por el hecho de que dejaban de ser dinero en cuanto tal);
por lo tanto, se ha añadido un nuevo valor al valor antiguo, al mundo
de la riqueza ya existente.

Si la fuerza productiva se duplica, ahora de forma tal que el traba-
jador tiene que realizar dos horas de trabajo necesario en lugar de 4,
y siel capitalista lo hace trabajar 8 horas igual que antes, la cuenta
es la siguiente: 50 táleros de material, 20 de salario, 10 de instrumento

*15 NMEGA: «spáter» (después, más adelante); en la ed. de 1939 «soweit»
(hasta aquí).

de trabajo, 60 de plusvalía (6 horas en lugar de 4). Aumento de la plus-
valía absoluta: 2 horas o 20 táleros. Suma: 140 táleros (en producto).

La suma es 140 táleros; igual que antes; pero de éstos, 60 son plus-
valía; de los cuales, 40, como antes, proceden del aumento absoluto del
tiempo suplementario, y 20, del aumento relativo. Pero ahora, como
antes, son sólo 140 táleros los contenidos en el valor de cambio simple.
¿Han aumentado entonces los valores de uso o se ha creado un nuevo
valor? Anteriormente el capital tenía que empezar de nuevo con 100,
para aumentar de nuevo en un 40 %. ¿Qué es lo que resulta de los 20 de
plusvalía? Antes el capital se comía 20, y le quedaban 20 de valor.
Ahora se come 20 y le quedan 40. Por otra parte, el capital que per-
manecía en la producción era antes de 100, ahora es de 80. Lo que
por una parte ha ganado en valor en una determinación, lo ha perdido
como valor en la otra. El primer capital entra de nuevo en el proceso
de producción y produce de nuevo (detraído su consumo) 20 de plus-
valía. Al final de esta segunda operación existe un valor de nueva
creación sin equivalente. 20 táleros junto con los primeros 40. Tomemos
ahora el segundo capital.

50 de material, 20 de salario (= 2 horas), 10 de instrumento de
trabajo. Con 2 horas el trabajador produce, sin embargo, el valor de 8,
a saber: 80 táleros (de los cuales 20 para costes de producción). Quedan
60, ya que 20 reproducen el salario (es decir, desaparecen como sala-
rio). 60+60=120. Al final de esta segunda operación 20 táleros son
destinados al consumo y quedan 20 de plusvalía <debería de decir 40»;
juntamente con la primera operación, 60 <debería decir 80). En la ter-
cera operación, con el primer capital se tiene 60, con el segundo 80
<debería decir 120); en la cuarta operación con el primer capital se
tiene 80, con el segundo 100 <debería decir 160). En la misma medida
en que el valor de cambio del primer capital ha disminuido como capi-
tal productivo, ha aumentado como valor.*'”

*12  Tachado en el ms.: El valor de uso producido ha permanecido en ambos
casos igual. El segundo capital tiene a su disposición una cantidad de trabajo vivo
igual a la que tenía antes y utiliza la misma cantidad de material e instrumento.
En el primer caso existe un valor de 20 táleros para el que no existe ningún equi-
valente; en el segundo 40. Supongamos ahora que ambos capitales son capaces de
disponer de suficiente nuevo trabajo (es indiferente que sea trabajo que produce
material o materia prima, o que sólo la elabora) para entrar con su plusvalía en la
producción. Así, en el primer capital resulta: 100 (capital originario) + 20 plus-
valía (120): estos 120 producen primero 40 como antes + 20 = 60; en to-
tal: 160; el segundo 80 (capital originario) + 40 = 120, producen primero 40,
como antes, y segundo 40 = ...

Supongamos que ambos capitales estén en condiciones de poder ser
utilizados como capital con su excedente, es decir, de poder cambiar
el excedente por nuevo trabajo vivo. Tenemos entonces la siguiente
cuenta (dejando de lado el consumo): el primer capital produce 40 %;
el segundo 60 % <debería decir 75 %)>; 40% de 140 son 56; 60 %
(75 %) de 140 (a saber: 80 capital y 60 plusvalía) son 84 <debería
decir 105). El producto total en el primer caso es 140 + 56 = 196; en
el segundo, 140 + 84 = 224 <Cdebería decir 140 + 105 = 245). En el
segundo caso el valor de cambio absoluto es superior en 28 <debería
decir 49). El primer capital tiene 40 táleros para comprar nuevo tiempo
de trabajo; el valor de la hora de trabajo se supone que es 10 táleros;
por lo tanto, con 40 táleros compra 4 nuevas horas de trabajo, que le
producen 80 (de los cuales, 40 reponen el salario, igual a 8 horas de
trabajo). Al final son 140 + 80 (140 representan la reproducción de un
capital de 100 con una plusvalía de 40, o la reproducción de 140; los
primeros**? 100 táleros se reproducen como 140; los segundos 40, puesto
que han sido gastados exclusivamente para la compra de nuevo trabajo,
no reponen ningún valor de forma simple —premisa, por lo demás im-
posible—, producen 80). 140 + 80 = 220. El segundo capital de 140;
los 80 producen 40 <debería decir 60); o los 80 táleros se reproducen
como 120 <debería decir 140); pero los 60 táleros restantes se reprodu-
cen (puesto que han sido gastados exclusivamente en la compra de
trabajo y no reponen simplemente un valor, sino que se reproducen a
partir de sí mismo y crean un excedente) como 180 <debería decir
240»; por lo tanto, 1204+120=240. (Produce 40 táleros más que el
primer capital; exactamente el tiempo suplementario de 2 horas, ya
que el primero es el tiempo suplementario de 2 horas ya presupuesto*”
en el primer capital.) Hay por lo tanto un mayor valor de cambio como
resultado, porque hay más trabajo objetivado; 2 horas más de plus-
trabajo.

Aquí hay que observar todavía una cosa: 140 táleros al 40 % rinden
56; capital e interés juntos=140+56=196; pero hemos obtenido 220;
según lo cual el interés de 140 no sería 56, sino 84 <debería decir 80); lo

2900 60). Igual-
mente en el segundo caso; 140 al 60 % = 84; capital e interés = 140

que sería 60 % de 140 (140:84 = 100:x; x =

*1W3'— NMEGA: «die ersten»; en la ed. de 1939, «im ersten» (en el primero).
*12  NMEGA: «auch»; en la ed. de 1939, «nach».

+ 84 = 224; pero hemos obtenido 240; según lo cual el interés de
140 no es 84, sino 100; (140 + 100 = 240); es decir, calculado el %

Adv 100 O 071 71706 ¿De dónde pro:

cede esto? (En el primer caso 60 % en lugar de 40 %; en el segundo,
70 1/7 % en lugar de 60 %.) En el primer caso resulta 60 en lugar
de 40, es decir, 20 % más; en el segundo, 70 1/7 % en lugar de 60,
es decir, 10 1/7 más.*'"” ¿De dónde procede, pues, la diferencia en
ambos casos primero, y segundo, la diferencia en cada caso?

En el primer caso el capital originario era de 100 = 60 (material
e instrumento de trabajo) y 40 trabajo; 3/5 material y 2/5 trabajo.
Los primeros 3/5 no producen ningún interés; los últimos 2/5 produ-
cen el 100 %. Pero calculado sobre el capital total, éste sólo ha aumen-
tado en un 40 %; 2/5 de 100 = 40. El 100 % de 40 da sólo el
40 % de 100; es decir, un aumento del total en 2/5. Si ahora el nuevo
capital añadido de 40 aumentara sólo los 2/5 en un 100 %, daría como
resultado un aumento de la totalidad en 16. 40 + 16 = 56. Esto junto
con los 140 = 196; lo cual es entonces realmente el 40 % de 156
(debería decir 140), sumados capital e interés. 40 aumentados al 100 %,
es decir, duplicados, es igual a 80; 2/5 de 40 aumentados al 100 % es
igual a 16. De los 80, 40 reponen el capital y 40 constituyen la ga-
nancia.

La cuenta es, por lo tanto: 100c + 40 de interés + 40c +40 de
interés = 220; o el capital de 140 con un interés de 80; pero si hu-
biéramos contado 100c + 40 de interés + 40c + 16 de interés = 196;
o el capital de 140 con interés de 56.

El interés calculado es demasiado elevado; sobre un capital de 40,
24; pero 24=3/5 de 40 (3x8=24); es decir, junto al capital sólo

*13 Todos los cálculos efectuados por Marx en el párrafo lo han sido de
forma incorrecta. De forma correcta debería decir: «lo que sería el 57 1/7 de 140

8.000
(140: 80 = 100: X; o X = 130 = 57 1/7). Igualmente en el segundo

caso: 140 al 75% = 105; capital e interés = 140 + 105 = 245; obtenemos,
sin embargo, 380 con lo cual el interés de los 140 no es de 105, sino de 240:
(140 + 240 = 380); es decir, calculando el %: (140: 240 = 100: X;

24.000 ,
); X = 171 3/7 %. ¿De dónde procede esto? (En el primer caso,

57 1/7% en lugar de 40; en el segundo 171 3/7 % en lugar de 75%). En el
primer caso resulta 57 1/7 en lugar de 40, es decir, 17 1/7% de más; en
el segundo 171 3/7 % en lugar de 75, es decir, 96 3/7 % de más».

2/5 del capital ha aumentado al 100 %; el capital en su totalidad ha
aumentado, por lo tanto, sólo en 2/5, es decir, en 16 táleros.*'” El
cálculo del interés es demasiado elevado en un 24 % sobre 40 (el 100 %
sobre 3/5 del capital); 24 sobre 24 es 100 % sobre 3X8 (3/5 de 40).
Sin embargo, sobre la suma total de 140 tenemos 60 % en lugar
de 40 %,; es decir, sobre 40 se ha calculado 24 de más (3/5); 24 so-
bre 40 es 60 %. Por lo tanto, sobre un capital de 40 se ha calculado
el 60 % de más (60 = 3/5 de 100). Pero calcular 24 de más sobre 140
(y ésta es la diferencia entre 220 y 196) es sólo 1/5 de 100 y 1/12*”
de 100 de más; 1/5 de 100 = 20 %; 1/12*'* de 100 = 8 4/12 %
08 1/3 %; por lo tanto, en total 28 1/3 % de más. Por lo tanto, del
total no se ha calculado de más, como en el capital de 40, el 60 %,
sino sólo el 28 1/3 %,; lo que constituye una diferencia de 31 2/3 %,***
según que se calcule 24 de más sobre 40 del capital de 140. Igual en
el otro ejemplo.

En los primeros 80, que producían 120, 50 + 10 eran simple-
mente repuestos; pero 20 reproducían tres veces su valor; 60 (20 re-
producción, 40 excedente).

Horas de trabajo.***,

Si 20 producen 60, que constituyen el triple de su valor, 60 crean
180.

### Confusión entre beneficio y plusvalía. Cálculo erróneo de Carey. —
El capitalista que no le paga al trabajador la conservación del valor
antiguo, exige, sin embargo, una remuneración por el permiso que
le da de conservar el capital antiguo. — Plusvalía y beneficio, etc. —
Diferencia entre el consumo del instrumento y el del salario. El
primero es consumido en el proceso de producción, el segundo al
margen del mismo. — Aumento de la plusvalía y descenso de la
tasa de beneficio (Bastiat).

*"No hay que detenerse más tiempo con este cálculo altamente fasti-
dioso. Lo que interesa de él es lo siguiente: si en nuestro primer ejem-

*131 Lección de NMEGA.

x132 Lección de NMEGA.

*133 Lección de NMEGA.

*14 Lección de NMEGA.

*135 Lección de NMEGA.

*135 Aquí comienza el cuaderno IV del manuscrito. La primera página está
encabezada de la siguiente forma: Cuaderno 4. Diciembre 1857. El capítulo del
capital (continuación).

plo 3/5 (60 de 100) del capital lo componen la materia prima y el
instrumento, y 2/5 (40 %) el salario, y si el capital arroja una ganancia
de 40 %, entonces al final el capital es 140 (este 40 % de ganancia co-
rresponde al hecho de que el capitalista con 6 horas de trabajo necesario
hace trabajar al trabajador 12, y por lo tanto, gana 100 % sobre el
tiempo de trabajo necesario). Si los 40 táleros ganados trabajaran de
nuevo como capital bajo los mismos presupuestos —y en el punto en
el que estamos todavía no han cambiado los presupuestos— entonces
3/5 de los 40 táleros, es decir, 24 táleros tienen que ser utilizados en
material e instrumento, y 2/5 en trabajo; de forma tal que sólo el
salario de 16 se duplica y se convierte en 32, 16 para la reproducción
y 16 de plustrabajo; el total, por lo tanto, al final de la producción es
40 + 16=56 o el 40 % más. El capital global de 140 habría pro-
ducido, en las mismas circunstancias, 196. No es correcto suponer,
como hacen la mayor parte de los economistas, que los 40 táleros son
gastados exclusivamente en salario, en la compra de trabajo vivo y
que, por lo tanto, al final de la producción dan 80 táleros.

Cuando se dice que un capital de 100 produce 10% en una
época determinada, 5 % en otra, no hay nada más falso que deducir,
como hacen Carey y consortes, que en el primer caso la participación
del capital en la producción es del 1/10, y que, por lo tanto, la del
trabajo es solamente 9/10; que en el segundo caso, la participación
del capital es sólo de 1/20, y por lo tanto, la del trabajo de 19/20; es
decir, que la tasa de beneficio desciende mientras la del trabajo aumen-
ta. El beneficio de 10 % sobre un capital de 100 es considerado
naturalmente desde el punto de vista del capital —<que en modo alguno
es consciente de la naturaleza de su proceso de valorización y que sólo
en las crisis tiene interés en ser consciente sobre dicho proceso— de
la forma siguiente: las partes constitutivas de su capital —material,
instrumento y salario— han aumentado indiferenciadamente en un 10 %,
y por lo tanto, el capital como suma de valores de 100 táleros, como
cantidad de una cierta unidad de valores, ha aumentado en un 10 %.
Pero en realidad la cuestión es: 1) cómo se relacionan las partes cons-
titutivas del capital entre sí y 2) qué cantidad de plustrabajo ha com-
prado el capital con el salario —con las horas de trabajo objetivadas
en el salario—. Si yo conozco la suma global del capital, la relación de
sus partes constitutivas entre sí (en la práctica tendría también que
saber la parte del instrumento de producción que es gastada en el pro-

-15 Cfr. H. C. Carey, Principles, etc., págs. 15-16, 19, 27-48, 99, 129, 140-
142, 211-212, 339.

ceso, es decir, que entra realmente en él) y el beneficio, entonces yo
sé qué cantidad de plustrabajo ha sido producida. Si el capital consiste
en sus 3/5 en material (que damos por supuesto para la comodidad de
la operación, que se convierte completamente en material de produc-
ción, que es consumido productivamente en su totalidad) es decir,
60 táleros, y si el salario es 40 táleros, y si el beneficio de los 100 tále-
ros es 10, entonces el trabajo comprado con los 40 táleros de tiempo de
trabajo objetivado ha creado en el proceso de producción 50 táleros de
trabajo objetivado, y por lo tanto, ha trabajado un tiempo suplementa-
rio o ha producido una plusvalía de 25 % = 1/4 del tiempo del tra-
bajo necesario. Si el trabajador, por lo tanto, trabaja un día de 12 horas,
entonces él ha trabajado 3 horas <debería decir 2 2/5) de tiempo
suplementario, y su tiempo de trabajo necesario para mantenerlo a él
con vida un día es de 9 horas de trabajo <debería decir 9 3/5). El nuevo
valor creado en la producción es ciertamente 10 táleros, pero según la
tasa real estos 10 táleros tienen que ser calculados sobre 40 táleros y no
sobre 100. El valor de 60 táleros no ha creado ningún nuevo valor; *'*
sino que el valor lo ha creado el día de trabajo. El trabajador ha aumen-
tado, por lo tanto, el capital cambiado por la capacidad de trabajo en
un 25 %. El capital global ha obtenido un aumento de 10 %. 10 es
el 25 % de 40; sólo es 10 % sobre 100. La tasa de beneficio del capi-
tal no expresa, por lo tanto, en modo alguno la tasa en la que el trabajo
vivo aumenta el trabajo objetivado; pues este aumento es simple-
mente = al excedente con el que el trabajador reproduce su salario,
es decir = al tiempo que el trabajador trabaja además del tiempo que
tendría que trabajar para producir su salario. Si en el ejemplo anterior
el trabajador no fuera trabajador del capitalista, y se relacionara con
los valores de uso contenidos en los 100 táleros no como con capital, sino
simplemente como con las condiciones objetivas de su trabajo, entonces
él poseería antes de empezar el proceso de producción de nuevo 40 tále-
ros de medios de subsistencia que él consume durante el día de trabajo, y
60 táleros de instrumento y material. Él trabajaría entonces 3/4 <debería
decir 4/5) de día, 9 horas <debería decir 9 3/5), y su producto al final
del día no sería 110 táleros, sino 100, que él cambiaría de nuevo en las
proporciones anteriores, y así empezaría el proceso continuamente de
nuevo. Pero él trabajaría también 3 (2 2/5) horas menos, es decir,
ahorraría 25 % de plustrabajo = 25 % de plusvalía en el cambio, que
él habría realizado entre los 40 táleros de medios de subsistencia y su

*17 NMEGA: «keinen neuen» (ningún nuevo); en la ed. de 1939 «keinerlei»
(ningún).

tiempo de trabajo; y si trabajara 3 (2 2/5) horas más, porque él tu-
viera a su disposición más material e instrumento, no por eso se le
ocurriría decir que ha creado una ganancia de un 10 %, sino una
de un 25 %, porque podría comprar un 25 % más de medios de sub-
sistencia; en lugar de medios de subsistencia por valor de 40, medios
de subsistencia por valor de 50; y sólo los medios de subsistencia ten-
dría valor para él, pues lo que a él le interesa es el valor de uso. Sobre
la ilusión de que la nueva ganancia no es producida mediante el cambio
de las 9 <9 3/5) horas de trabajo objetivadas en los 40 táleros por 12
horas de trabajo vivo, es decir, que no se ha producido una plusvalía
del 25 % sobre esta parte de trabajo, sino que el capital en su totalidad
ha aumentado en un 10 % —-10 % sobre 60 es 6 y sobre 40, 4—, sobre
esta ilusión descansa el cálculo del interés compuesto del tristemente cé-
lebre Dr. Price,?* el cual indujo al seráfico Pitt a cometer la imbecilidad
de su sinking fund <fondo de amortización). La identidad del beneficio y
del tiempo de trabajo suplementario —absoluto y relativo— establece
un límite cualitativo para la acumulación de capital, a saber: el día de
trabajo, el tiempo durante el cual la capacidad de trabajo dentro de las
24 horas puede desarrollar una actividad —el grado de desarrollo de
la fuerza productiva— y la población que expresa el número de días
de trabajo simultáneos, etc. Si, por el contrario, la ganancia sólo es
aprehendida como interés, es decir, como la relación según la cual el
capital aumenta mediante cualquier juego de manos, entonces el límite
es sólo cuantitativo y no hay absolutamente ninguna razón por la que
el capital no añada todas las mañanas los intereses a sí mismo como ca-
pital, creando así intereses de los intereses en una progresión geométrica
infinita. La imposibilidad de la teoría del aumento de los intereses de
Price la han visto los economistas en la práctica; pero el desatino con-
tenido en dicha teoría no lo han descubierto nunca.

De los 110 táleros que resultan al final de la producción, 60 táleros
(material e instrumento) en cuanto valores, han permanecido absoluta-
mente inalterados. El trabajador ni les ha quitado ni les ha añadido
nada. El trabajador, por el mero hecho de que su trabajo es trabajo vivo,
conserva gratis para el capital el trabajo objetivado; pero desde el pun-
to de vista del capitalista la cosa se presenta de la forma siguiente:
que el trabajador le tiene que pagar a él por el permiso que le da de
entrar como trabajo en una relación adecuada con los momentos obje-

6 Cfr. Dr. Richard Price, An Appeal to the Public on the Subject of the
National Debt, etc. London 1772, pág. 19 y Observations on Reversionary
Payments, etc. The Second Edition, etc. London 1772, pág. XITI, nota.

tivados, con las condiciones objetivas. Por lo que a los 50 táleros restan-
tes se refiere, 40 representan no una mera conservación, sino una repro-
ducción real, ya que el capital se ha desprendido de ellos en la forma
de salario y el trabajador los ha consumido; 10 táleros representan la
producción por encima de la reproducción, a saber: 1/4 de plustrabajo
(3 horas <2 2/5>). Producto del proceso de producción son exclusiva-
mente estos 50 táleros. Si el trabajador, por lo tanto, como se. afirma
erróneamente, repartiera el producto con el capitalista, tendría que re-
cibir no 40 táleros (y él los ha obtenido y por ello los reproduce; en rea-
lidad, por lo tanto, él le ha pagado por completo al capital y le ha con-
servado gratis el valor ya existente) que sólo es 8/10, sino que tendría
que recibir 45, lo que dejaría sólo 5 para el capital. El capitalista, por
lo tanto, tendría al final sólo 60 táleros como producto del proceso de
producción que él empezó con 100 táleros. Pero de los 40 táleros repro-
ducidos, el obrero no recibe nada, así como tampoco de los 10 táleros de
plusvalía. Si los 40 táleros reproducidos deben ser concebidos como des-
tinados a servir de salario de nuevo, es decir, a servirle al capital de
nuevo para comprar trabajo vivo, entonces sólo se puede decir, cuando
se habla de la proporción, que el trabajo objetivado de 9 horas (9 3/5)
(40 táleros) compra un trabajo vivo de 12 horas (50 táleros), y crea así
una plusvalía del 25 % sobre el producto real en el proceso de valori-
zación (en parte reproducido como fondo de salario, y en parte produ-
cido de nuevo como plusvalía).

El capital originario era de 100:

Condiciones Instru- Trabajo
de trabajo*!*% mento asalariado

50 — 10 — 40, Ganancia producida de 10 táleros. (25 % de
tiempo suplementario.) En total 110 táleros.

Supongamos que hubiera sido:

60 — 20 — 20. El resultado es 110; entonces el economista vulgar
y el capitalista aún más vulgar dicen que el 10 % ha sido producido
uniformemente por todas las partes del capital. 80 táleros de capital ha-
brían sido de nuevo exclusivamente conservados; no habría tenido lugar
ninguna transformación en su valor. Únicamente los 20 táleros se habrían

*1% Lección de NMEGA.

cambiado por 30; el plustrabajo habría aumentado al 50 %, en lugar
del 25 % anterior.

Tenemos el tercer ejemplo:

[Condiciones [Instru- [Trabajo -
de trabajo] *!* mento] asalariado]
100: 710 — 20 — 10 —. Resultado: 110.

El valor inalterado es, pues, 90. El nuevo producto 20; la plus-
valía o el tiempo suplementario es por lo tanto 100 %. Aquí tenemos
tres casos en los cuales el beneficio del capital global es siempre 10,
pero en el primer caso el nuevo valor creado es el 25 % sobre el tra-
bajo objetivado pagado en la compra del trabajo vivo, en el segundo
caso es el 50 %, en el tercero el 100 %]]**"

Al diablo con estos malditos cálculos erróneos. Pero never mind.
Commengons de nouveau.

En el primer caso teníamos:

Valor inalterable Trabajo asalariado Plusvalía Suma

60 40 10 110

Seguimos dando por supuesto que el día de trabajo = 12 horas. (Po-
dríamos también dar por supuesto que el día de trabajo aumenta; por
ejemplo, que antes era sólo x horas, y ahora es x + b horas, y que la
fuerza productiva permanece igual; o podríamos dar por supuesto que
ambos factores cambian.)

Horas  Táleros
Si el trabajador produce en 12 50

producirá en . . . . . . 1 4 1/6
producirá en . . . . . . 93/5 40 en 12 horas
producirá en. . . . . . 22/5 10 50 táleros

El trabajo necesario del trabajador supone, por lo tanto, 9 3/5
horas (40 táleros); el plustrabajo 2 2/5 horas (valor de 10 táleros). 2 2/5

*139 Inserciones de NMEGA.

*M0 Tachado en el ms.: En el primer caso el trabajador cedía un día
completo de 12 horas por 3/4 de día de trabajo en la forma de trabajo
objetivado (9 horas) y trabajaba, por lo tanto, un tiempo suplementario de 3 horas.
En el segundo caso su tiempo de trabajo necesario es = 20 táleros; su plus-
trabajo = 10 táleros.

Pasemos ahora al segundo ejemplo:

Capital Valor Valor reproduci-| Plusvalía de la
originario inalterado do para el producción
salario
100 80 20 10

Suma
total

Si el trabajador produce en 12 horas 30 táleros, en 1 hora produce 2 2/4, en 8 horas 20 táleros;
en 4 horas 10 táleros. 10 táleros son 50 % de 20; 4 horas sobre 8; plusvalía = 4 horas, 1/3 de día o 10

táleros de plusvalía.

Por lo tanto:

N.* II Capital Valor Valor reprodu-| Plusvalía de la Suma
originario inalterado | cido para el | producción total

salario
100 80 20 10 táleros 110

8 horas

*lél debería decir 1/3 de día.

Tiempo suplementa-|% sobre el capital
rio y plusvalía

4 horas
10 táleros
2 días de*'"

trabajo

50 %

Tanto en el primer caso como en el segundo el beneficio sobre el
capital global de 100 es = 10 %, pero en el primer caso la plusvalía
real que el capital obtiene en el proceso de producción es el 25 %, y
en el segundo el 50 %.

Los presupuestos en el n.” II son en sí mismos tan posibles como
los del n.” 1. Pero puestos en relación ambos, los del n.” II resultan
absurdos. El material y el instrumento han aumentado de 60 a 80 táleros,
la productividad del trabajo ha descendido de 4 1/6 táleros por hora a
2 3/4 (debería decir 2 2/4) táleros y la plusvalía ha aumentado en un
100 %. (Pero si suponemos que el mayor gasto en salario en el primer
caso expresa más días de trabajo y en el segundo menos, entonces el
presupuesto es correcto.) El hecho de que el salario necesario, es decir,
el valor del trabajo expresado en táleros ha descendido, sería en sí mismo
indiferente. Es igual que el valor de una hora de trabajo sea expresado
en 2 0 en 4 táleros, pues tanto en el primer caso como en el segundo se
intercambia (en la circulación) el producto de 12 horas de trabajo por
12 horas de trabajo y en ambos casos el tiempo suplementario se pre-
senta como plusvalía. Lo absurdo del presupuesto procede de que no-
sotros 1) hemos puesto como máximo*'* de tiempo de trabajo 12 horas
y, por lo tanto, no podemos introducir un día de trabajo mayor o me-
nor; 2) cuanto más hagamos aumentar al capital por un lado, tanto
más tememos que hacer disminuir no sólo el trabajo necesario, sino
que también tenemos que hacer disminuir su valor; mientras que el
valor es el mismo. En el segundo caso, el precio tendría más bien que
subir. El hecho de que el trabajador puede vivir con menos trabajo, es
decir, que produce más en las mismas horas, tendría que verse no en
la disminución de los táleros por las horas de trabajo necesarias, sino
en el número de las horas de trabajo necesarias. Si el trabajador, por
ejemplo, como en el primer caso, obtiene 4 1/6X9 3/5 táleros,*** pero
el valor de uso de este valor que tiene que ser constante para expresar
valor (no precio), se hubiera multiplicado de tal forma que*'* el traba-
jador ya no [necesitara]*'% 9 3/5 horas como en el primer caso, sino
4 horas para la producción de su capacidad de trabajo viva, esto tendría
que expresarse en el excedente de valor. Pero aquí, tal como hemos
puesto las condiciones, tenemos que es variable el «valor inalterado» y
que lo que permanece inalterado es el 10 %, que aquí es constante como

*12 NMEGA: «Maximum»; ed. 1939. «Minimum» (Mínimo).
*14  NMEGA: «4 1/6 9 3/5 talers»; ed. 1939 «4 1/6».

*14  NMEGA: «dass»; ed. 1939 «so ist».

*M5 «necesita» falta en la ed. 1939.

adición al trabajo reproductivo, a pesar de que exprese distintos por-
centajes del mismo. Tenemos que, en el primer caso, el valor inalterado
es menor que en el segundo caso, pero el producto global del traba-
jo es mayor; pues si un componente de 100 es menor, el otro tiene que
ser necesariamente mayor; y al mismo tiempo la fijeza del tiempo de
trabajo absoluto es la misma; puesto que además el producto global
del trabajo disminuye, en la medida en que aumenta el «valor inaltera-
do», y aumenta, en la medida en que éste disminuye, entonces tene-
mos en el mismo tiempo de trabajo menos producto de trabajo (abso-
luto), en la misma proporción en que hemos utilizado más capital. Esto
sería completamente correcto, pues si de una suma dada, por ejemplo,
de 100 se gasta más en «valor inalterado», se puede gastar menos en
tiempo de trabajo y, por lo tanto, relativamente al capital gastado,
puede en general producirse un valor nuevo menor; pero entonces, para
que sea posible el beneficio para el capital, el tiempo de trabajo no
tiene que ser fijo como aquí; o si es fijo, el valor de la hora de trabajo
no tlene que ser inferior como aquí, lo que es por lo demás imposible,
si el «valor inalterado» aumenta y la plusvalía aumenta; el número de
horas de trabajo tendría que ser menor. Pero este número está presu-
puesto en nuestro ejemplo. Nosotros damos por supuesto, en el primer
caso, que en 12 horas de trabajo son producidos 50 táleros; en el segun-
do sólo 30 táleros. En el primero, hacemos trabajar al trabajador 9 3/5
horas; en el segundo sólo 6 <debería decir 8), a pesar de que él produce
menos en una hora. C'est absurde.*'* ¿Pero no hay, sin embargo, algo
correcto en estas cifras, consideradas desde otra perspectiva? ¿No dismi-
nuye el valor nuevo absoluto, a pesar de que aumenta el relativo, tan
pronto como en los componentes del capital entra relativamente más
material e instrumento de trabajo? En relación con un capital dado se
utiliza menos trabajo vivo; por lo tanto, si bien el excedente de este
trabajo vivo sobre sus costes es mayor, y, en consecuencia, aumenta el
porcentaje en relación con el salario, es decir, el porcentaje en relación
con el capital realmente consumido —¿el nuevo valor absoluto no es
de forma totalmente necesaria relativamente menor que el de un capital
que utiliza más trabajo vivo*'" y menos material de trabajo e instru-
mento (éste es precisamente el punto principal en la variación del valor
inalterado, es decir, del valor inalterado como valor mediante el proceso
de producción) precisamente porque se ha utilizado relativamente más

*16 Este paréntesis no se cierra nunca.
*117 Lección de NMEGA.

trabajo vivo? Al aumento del instrumento de trabajo corresponde en-
tonces el aumento de la fuerza productiva, pues su plusvalía no está,
como en los modos de producción anteriores, en ninguna relación con
su valor de uso, con su fuerza productiva, y el mero aumento de la
fuerza productiva crea plusvalía, aunque en modo alguno en la misma
proporción numérica. El aumento de la fuerza productiva, que tiene
que expresarse en el aumento de valor del instrumento —<de la dimen-
sión que ocupa en los gastos del capital —, lleva necesariamente consigo
aumento del material, ya que para que pueda ser producido más pro-
ducto tiene que ser elaborado más material. (El aumento de la fuerza
productiva se refiere también a la calidad; o mejor dicho, se refiere a
la cantidad de un determinado producto de una determinada calidad; o
se refiere a la calidad de una cantidad determinada; puede referirse
a ambas.) Si ahora en relación con el plustrabajo hay menos trabajo (ne-
cesario), menos trabajo de lo que es necesario en general, es decir, existe
menos trabajo vivo en relación con el capital, ¿no puede entonces
aumentar su plusvalía, a pesar de que en relación con el capital global
disminuya, es decir, a pesar de que disminuya la llamada tasa de be-
neficio? Tomemos, por ejemplo, un capital de 100. El material es ori-
ginariamente 30. Instrumento 30. (Valor invariable en total, 60.) Sala-
rio 40 (4 días de trabajo). Beneficio 10. El beneficio aquí es el 25 %
del nuevo valor sobre el trabajo objetivado en el salario y de 10 % sobre
el capital. Ahora el material pasa a ser 40 y el instrumento 40. La
productividad se duplica, de forma tal que sólo son necesarios 2 días
de trabajo = 20. Supongamos ahora que el beneficio absoluto sea me-
nos de 10; es decir, el beneficio sobre el capital global. ¿No puede
el beneficio sobre el trabajo ocupado aumentar a más del 25 %, es decir,
en el caso dado ser más de*** la cuarta parte de 20? En realidad, la
tercera parte de 20 es 6 2/3, es decir, menos de 10, pero sin embargo
33 1/3 % sobre el trabajo empleado, mientras que en el caso anterior
era 25 %. Aquí tendríamos al final sólo 106 2/3, mientras que antes
teníamos 110; y sin embargo, con la misma suma (100) el plustrabajo,
la plusvalía, sería mayor en relación con el trabajo utilizado que en el
primer caso; sin embargo, puesto que el trabajo utilizado en términos
absolutos fue menor en un 50 %, mientras que el beneficio mayor so-
bre el trabajo objetivado sólo supuso 8 1/3 más que en el primer caso,
el resultado absoluto tiene que ser menor, y por lo tanto, también el
beneficio sobre el capital total. Pues 20 X 33 1/3 es menor que 40 X 25.

+14  NMEGA: «mehr als»; ed. 1939 «mehr als nur» (más de solo).

Este caso es improbable y no puede valer como ejemplo general en la
economía; pues aquí se ha dado por supuesto un aumento del instru-
mento de trabajo, un aumento del material trabajado, a pesar de que
no sólo ha disminuido el número relativo de trabajadores, sino también
el absoluto. (Naturalmente si dos factores=a uno tercero, uno tiene
que disminuir en la medida en que el otro aumenta.) Pero el aumento
del instrumento de trabajo desde el punto de vista del valor que él
ocupa en el capital, y el aumento del material de trabajo desde el punto
de vista del valor, con trabajo relativamente reducido, presupone
en el conjunto*'* la división del trabajo, y, por lo tanto, aumento
de los trabajadores al menos absolutamente, aunque no en relación
a la magnitud del capital utilizado. Pero tomemos por ejemplo la
máquina litográfica, que todo el mundo puede utilizar para la obten-
ción de litografías; supongamos que el valor del instrumento recién
inventado haya sido mayor que el valor que utilizaban antes 4 trabaja-
dores, antes de que fuera descubierto este objeto de fácil manejo; su-
pongamos que la máquina necesita sólo dos trabajadores (aquí, como en
muchas máquinas —<que tienen carácter de instrumento—, no se puede
hablar de una ulterior división del trabajo, sino que la división cualita-
tiva más bien desaparece); y supongamos que los instrumentos origina-
riamente hayan sido de un valor de 30, pero el trabajo necesario (es
decir, necesario para el capitalista para obtener beneficio) de 4 días de
trabajo. (Hay máquinas, por ejemplo, la instalación de calefacción por
aire, en las que el trabajo en cuanto tal desaparece por completo, ex-
cepto en el punto en el que es abierto el tubo; para transmitir el aire
caliente a los demás tubos no es necesario ningún trabajador. Éste es el
caso en general (ver Babbage)” de los conductores de energía, mientras
que antes la energía tenía que ser transmitida de forma material me-
diante un número determinado de trabajadores (los llamados fogoneros)
de un lugar a otro —la conducción de energía de un lugar a otro que
ahora se ha convertido en un proceso físico, se presentaba como trabajo
de tantos y tantos trabajadores.) Supongamos que el litógrafo utiliza la
máquina como fuente para obtener una ganancia, como “capital, y no
como valor de uso; entonces aumenta necesariamente el material, pues
él puede obtener en el mismo tiempo más litografías, y precisamente de
ahí es de donde procede su beneficio. Este litógrafo utiliza, por lo tanto,
un instrumento de 40, material de 40 y dos días de trabajo (20), que

21 Cfr. BABBAGE, Traité sur lU'Économie, etc., pág. 21.

*19 Lección de NMEGA.

le produce 33 1/3 %, es decir, 6 2/3 sobre el tiempo de trabajo ob-
jetivado de 20; así pues, su capital consiste como el del otro en 100,
que le produce el 6 2/3 %; pero él gana sobre el trabajo utilizado
el 33 1/3; el otro gana sobre el capital el 10 %, pero sobre el trabajo
utilizado el 25 %. El valor obtenido sobre el trabajo utilizado puede
ser menor, pero el beneficio del capital total es mayor, si los restantes
componentes del capital son menores en proporción. Sin embargo, el
negocio con el 6 2/3 % sobre el capital total y el 33 1/3 % sobre
el trabajo utilizado podría convertirse en más provechoso que el negocio
originario basado sobre el 25 % de beneficio sobre el trabajo y el 10 %
sobre el capital. Supongamos, por ejemplo, que el grano, etc., sube de
forma tal que el mantenimiento del trabajador aumenta en un 25 %.,
Los 4 días de trabajo le costarían al primer litógrafo 50, en lugar de 40.
Su instrumento y material seguirían igual: 60 táleros. Por lo tanto, ten-
dría que desembolsar un capital de 110. Su beneficio con un capital
de 110 sería sobre los 50 táleros para los 4 días de trabajo 12 <debería
decir 12 1/2» (25 %). Es decir, 12 (12 1/2) sobre 110 (9 1/6 % C<de-
bería decir 11 4/11) sobre el capital total de 110). El otro litógrafo:
máquina 40, material 40, 2 días de trabajo en lugar de 20 le cuesta
el 25 % más, es decir, 25. Él tendría, por lo tanto, que gastar 105;
su plusvalía sobre el trabajo es 33 1/3 %, es decir, 1/3 o 8 1/3. Él
ganaría sobre 105 8 1/3, o 13 1/8 % Cdebería decir 7 59/63 %)». Su-
pongamos ahora, en un ciclo de 10 años, 5 temporadas buenas y 5 malas
en las proporciones medias precedentes; entonces, el primer litógrafo
ganaría frente al segundo en los primeros 5 años 50 táleros de interés, y
en los 5 segundos 45 5/6 <debería decir 62 1/2)»; en total, 95 5/6 tále-
ros <debería decir 112 1/2»; interés medio sobre los 10 años, 9 7/12
táleros (debería decir 11 1/4). El otro capitalista habría ganado en los
5 primeros años*'* 31 1/3 (debería decir 33 1/3); en los 5 segundos,
65 5/8 <debefía decir 41 2/3); en total 96 23/24 táleros <debería
decir 75»; la media de los 10 años 9 84/120 <Cdebería decir 7 1/2».
Puesto que el N.* II trabaja más material al mismo precio, lo vende más
barato. Podría decirse contra esto, que puesto que él gasta más instru-
mento, lo vende más caro; especialmente, porque la proporción en la
que él gasta más máquina es la misma proporción en la que él gasta más
material; sólo que es falso en la práctica, que las máquinas se gasten
más en la misma proporción en que trabajan más material, y que tienen
que ser sustituidas en un período de tiempo proporcional al material

*15 NMEGA: «in ersten 5 Jahren»; ed. 1939 «erste 5 Jahre».

elaborado. Pero todo esto no entra aquí todavía. Se ha dado por supues-
to que la relación entre el valor de la máquina y el del material es
constante.

El ejemplo sólo tiene importancia si suponemos un capital menor
que utiliza más trabajo y menos material y maquinaria, pero que obtie-
ne un mayor porcentaje de beneficio sobre el capital total, y un capital
mayor que utiliza más maquinaria y material y comparativamente me-
nos, pero absolutamente*?* los mismos días de trabajo, y que obtiene
un porcentaje menor sobre el capital global, porque gana menos sobre
el trabajo que es más productivo con la utilización de la división del
trabajo, etc. Hay además que dar por supuesto que el valor de uso de
la máquina (lo que no se daba por supuesto antes) es significativa-
mente mayor que su valor; es decir, que su devaluación en la produc-
ción no está en la misma proporción que su aumento de la producción.

Tomemos el ejemplo anterior de la máquina tipográfica: (en primer
lugar, máquina tipográfica que funciona a mano, en segundo, máquina
tipográfica automática).

El capital I de 100 utiliza 30 en material; 30 en la máquina tipo-
gráfica manual; 40 en 4 días de trabajo; ganancia: 10%, es decir,
25 % sobre el trabajo vivo (1/4 tiempo suplementario).

El capital II de 200 utiliza 100 de material, 60 de máquina tipo-
gráfica y 4 días de trabajo (40 táleros); ganancia sobre los 4 días de
trabajo 13 1/3 táleros=1 día de trabajo y 1/3, mientras que en el pri-
mer caso era sólo 1 día de trabajo; suma total: 413 1/3. Es decir,
3 1/3 %,*'" mientras que en el primer caso 10 %. Sin embargo, en
este caso la plusvalía sobre el trabajo utilizado es 13 1/3, y en el pri-
mer caso sólo 10; en el primer caso 4 días de trabajo producen, en 4
días, 1 día suplementario; en el segundo, 4 días producen 1 1/3 día
suplementario. La tasa de beneficio, sin embargo, sobre el capital glo-
bal es menor que en el primero en una tercera parte o en un 33 1/3 %;
la suma total de la ganancia es 1/3 mayor. Supongamos que los 30
y 100 de material son pliegos de papel y que el instrumento se consu-
me en el mismo tiempo, en 10 años, o 1/10 en un año. El N* 1 tiene
que reponer 1/10 de 30 en instrumento,*'* “es decir, 3; el N.” II
1/10 de 60, es decir, 6. Por ambos lados no entra más instrumento en

*I5l Lección de NMEGA.
*182 Lección de NMEGA.
+18 NMEGA: «Instrument»; ed. 1939 Material.

la producción anual (los 4 días de trabajo pueden valer como días de 3
meses), tal como ha sido considerada más arriba.*!*

El capital 1 vende 30 pliegos impresos a 30 de material + 3 de ins-
trumento +50 (tiempo de trabajo objetivado) (tiempo de producción)*”*
=83.

El capital II vende 100 pliegos impresos a 100 de material +6 de
instrumento + 53 1/3 (tiempo de trabajo objetivado) (tiempo de produc-
ción)=159 1/3.

El capital 1 vende 30 pliegos impresos a 83 talers; un pliego a
83/30 táleros = 2 táleros y 23 silbergroschen.

El capital II vende 100 pliegos impresos a 159 táleros y 10 silber-

159 tlr. y 10 SUBE RUroScnen dei

a 1 tálero, 9 silbergroschen y 10 pfennig <debería decir 17 silbergroschen
y 8 pfennig).

Está claro, por lo tanto, que el capital 1 va de culo, porque vende
infinitamente más caro. Á pesar de que en el primer caso el beneficio
sobre el capital global era el 10 % y en el segundo sólo el 6 2/3 %,*'*
sin embargo, el primer capital sólo ha tomado el 25 % sobre el tiempo
de trabajo, mientras que el segundo toma el 33 1/3 %. En el capital 1
la relación del trabajo necesario con el capital utilizado es mayor y,
por lo tanto, el plustrabajo, aunque absolutamente menor que el ca-
pital II, se presenta como una tasa mayor de beneficio sobre el capital
total menor. 4 días de trabajo sobre 60 es más que 4 sobre 160; en
el primero, tenemos un día de trabajo sobre 15; en el segundo, un día

groschen; un pliego impreso a

*1%  Tachado en el manuscrito:

Capital I vende, por lo tanto, 200 pliegos impresos a 30 de material 3 de
instrumento 50 de partes constitutivas de la producción (tiempo de trabajo obje-
tivado) (de los cuales, el beneficio es 3) = 83.

Capital II vende, por lo tanto 200 pliegos impresos a 100 material 6 ins-
trumento 53 1/3 tiempo de trabajo objetivado = 159 1/3.

Capital 1 vende, por lo tanto, un pliego a 83/100 táleros, es decir, a 2 silber-
groschen y 9 pfennig.

Capital II vende, por lo tanto, un pliego a 159/100 talers 10/100 silbergro-
schen = 39 silbersgroschen y 10 pfennig.

El ejemplo está, por lo tanto, mal elegido y los precios mo son exactos. Di-
gamos, por lo tanto, que el material es 90; la maquinaria 60; los días de trabajo
5 a 50. O tiene que haber relativamente más trabajadores o más material (es
decir, más productividad).

*155 (Tiempo de producción) está escrito sobre (tiempo de trabajo objetivado)
sin paréntesis.

*156 6 2/3%; en el ms. 3 1/3%.

de trabajo sobre 40. Pero en el segundo capital el trabajo es más pro-
ductivo (lo que se debe a la mayor consistencia de la maquinaria, y a
la mayor dimensión que, en consecuencia, ocupa entre los valores del
capital; así como también a que, a través del mayor material, en el
que se expresa el día de trabajo, se expresa más tiempo suplementario
y, en consecuencia, se trabaja más material en el mismo tiempo). El
capital II crea más tiempo suplementario (tiempo suplementario rela-
tivo, condicionado por el desarrollo de la fuerza productiva). En el pri-
mer caso, el tiempo suplementario es 1/4; en el segundo, 1/3. Él
crea, por lo tanto, en el mismo tiempo, más valores de uso, así como
también un valor de cambio mayor; pero este último no aumenta en
la misma proporción que el primero, pues, como ya hemos visto, el
valor de cambio no aumenta en la misma proporción numérica que la
productividad del trabajo. El precio fraccional es, por lo tanto, menor
que el precio total de la producción —es decir, el precio fraccional mul-
tiplicado por la cantidad de precios fraccionales producidos es mayor.
Si hubiéramos dado por supuesto que la suma total de los días de tra-
bajo, a pesar de ser relativamente menor que en el capital N.* l, es
absolutamente mayor, la cosa sería todavía más sorprendente. El bene-
ficio del capital mayor, que trabaja con más maquinaria, resulta menor
que el beneficio del capital menor que trabaja con más trabajo vivo
absoluto o relativo; y esto precisamente porque el beneficio mayor
sobre el trabajo vivo resulta más pequeño dividido por un capital global
en el que el trabajo vivo utilizado está en una relación inferior con el
capital global, que el beneficio menor sobre el trabajo vivo, que está en
una relación superior con el capital global menor. Pero el hecho de que
la relación en el N.* II sea tal que pueda ser elaborado más material
y que una mayor parte del valor sea invertida en instrumento de trabajo,
es sólo la expresión de la productividad del trabajo.

En esto consiste la famosa salida del infeliz Bastiat, que insiste
—sin que el señor Proudhon supiera responderle sobre ello— que,
puesto que la tasa de beneficio sobre el capital mayor y más productivo
resulta más pequeña, la participación del trabajo ha pasado a ser mayor
cuando es a la inversa: su plustrabajo ha pasado a ser mayor.”*

Ricardo parece que tampoco ha comprendido la cosa, pues, de lo
contrario, no habría tenido que explicar la periódica disminución del
beneficio a partir de la subida de los salarios causada por el aumento

mm Cfr. Gratuité du Crédit, etc., págs. 127-132, 135-157, 288.

de los precios del grano (y, por lo tanto, de la renta). Pero au fond la*'*
plusvalía —en la medida en que es la base del beneficio, pero también
diferente del comúnmente llamado beneficio— no ha sido nunca desarro-
llada. El infeliz Bastiat habría dicho, en el caso anterior, que, puesto
que en el primer ejemplo el beneficio es el 10 % (es decir, 1/10), y en
el segundo 3 1/3 %,*'* es decir, 1/33 (eliminando el porcentaje), el
trabajador en el primer caso recibe 9/10 y en el segundo 32/33.*'* La
relación no es correcta en ninguno de los dos casos, como tampoco lo es
la relación entre ambos. Por lo que hace referencia a la relación poste-
rior del nuevo valor del capital con el capital como valor global indi-
ferente (así se nos presentó el capital en general, antes de que lo siguié-
ramos hasta el proceso de producción, y así tiene que presentársenos de
nuevo al final del mismo) esto hay que desarrollarlo en parte bajo la
rúbrica beneficio, en la cual el nuevo valor recibe una nueva determi-
nación, y en parte bajo la rúbrica de la acumulación. Aquí nos inte-
resa ante todo desarrollar la naturaleza de la plusvalía como equivalente
del tiempo de trabajo, absoluto o relativo, puesto en acción por el
capital por encima del tiempo de trabajo necesario.

El hecho de que no se pueda distinguir en el acto de producción el
consumo de la parte de valor que consiste en instrumento del consumo
de material —al menos aquí donde se trata todavía de explicar simple-
mente la creación de plusvalía, la autovalorización— se debe sim-
plemente a que este consumo entra en el proceso de producción simple,
y a que, por lo tanto, ya en éste —para que el proceso pueda empe-
zar de nuevo— el valor del instrumento consumido (bien del simple
valor de uso mismo, o bien del valor de cambio, si la producción ha
progresado ya hasta la división del trabajo y el excedente al menos es
cambiado) tiene que aparecer de nuevo en el valor (valor de cambio
o en el valor de uso) del producto. El instrumento pierde su valor de uso
en la misma medida en que ayuda a elevar el valor de cambio de la ma-
teria prima y en la medida en que sirve como instrumento de trabajo.
Este punto tiene ciertamente que ser investigado, ya que la diferenciación
entre el valor invariable en cuanto parte del capital que es conservada,
el otro valor que es reproducido (reproducido para el capital; desde el
punto de vista de la producción real del trabajo es producido) y el va-
lor que es producido de nuevo es esencialmente importante.

*15 NMEGA: «auch»; ed. 1939 «noch» (todavía).
+8 Lección de NMEGA.
*I59 Lección de NMEGA.

### Aumento de los días de trabajo simultáneos. (Acumulación del ca-
pital.) Maquinaria. — Aumento de la parte constante del capital
en relación con la parte variable gastada en salario = aumento de
la productividad del trabajo. — Proporción en la que tiene que
aumentar el capital en el caso de un aumento de productividad,
para ocupar al mismo número de trabajadores.

Ya es hora de acabar con la cuestión que hace referencia al valor
resultante del aumento de las fuerzas productivas. Hemos visto, que con
un aumento de las fuerzas productivas se crea una plusvalía (no sólo
valor de uso mayor) exactamente igual que con un aumento absoluto
del plustrabajo. Si existe un determinado límite, digamos, por ejem-
plo, que el trabajador sólo necesita medio día para producir los me-
dios de subsistencia necesarios para el día entero, y se ha alcanzado el
límite natural dentro del cual*'" el trabajador suministra plustrabajo
con una cantidad de trabajo dada, entonces sólo es posible un aumento
del tiempo de trabajo absoluto si son utilizados simultáneamente más
trabajadores, es decir, si el día de trabajo real es multiplicado simul-
táneamente, en lugar de ser simplemente prolongado (el trabajador
individual en nuestro supuesto sólo puede trabajar 12 horas; si se debe
obtener el tiempo suplementario de 24 horas, tienen que ser emplea-
dos dos trabajadores). En este caso el capital antes de entrar en el pro-
ceso de autovalorización tiene que comprar, en el acto de cambio con el
trabajador, 6 horas de trabajo más, es decir, tiene que ceder una parte
mayor de sí mismo; por otra parte, tiene que gastar por término me-
dio más en material que ha de ser trabajado (prescindiendo del hecho de
que el trabajador excedente tiene que existir, es decir, que la pobla-
ción trabajadora tiene que haber aumentado). La posibilidad del pro-
ceso de valorización ulterior depende de una previa acumulación de
capital (desde el punto de vista de la consistencia material). Por el
contrario, si la fuerza productiva y, en consecuencia, el tiempo suple-
mentario relativo aumenta, entonces —desde la perspectiva actual el
capital puede ser considerado cómo productor directo de medios de
subsistencia, materia prima, etc.— es necesario una cantidad menor para
el pago de salario y el aumento de material es creado mediante el mismo
proceso de valorización. Esta cuestión, sin embargo, se refiere más bien
a la acumulación de los capitales.

Llegamos ahora al punto en el que hemos quedado interrumpido últi-

*160 «innerhalb deren»; ed, 1939 «die» (el cual). Misma lección NMEGA.

mamente. La productividad creciente aumenta la plusvalía, aunque no
aumenta la suma absoluta de los valores de cambio. Aumenta los valo-
res, porque crea un nuevo valor como valor, es decir, un valor que no
debe ser simplemente cambiado como equivalente, sino un valor que
debe conservarse; en una palabra, porque crea más dinero. La cues-
tión es: ¿Aumenta también la suma de los valores de cambio? Au
fond esto es admitido, ya que incluso Ricardo concede que con la acu-
mulación de los capitales aumentan los ahorros, es decir, los valores
de cambio que son producidos. El aumento de los ahorros no quiere
decir más que aumento de los valores autónomos, aumento de dinero.
Pero la demostración de Ricardo contradice esta afirmación suya.

Nuestro viejo ejemplo es: 100 táleros de capital; 60 táleros de valor
invariable; 40 de salario; produce 80; producto, por lo tanto=140.*'*
Estos 40 de plusvalía son tiempo de trabajo absoluto.

Supongamos ahora que la fuerza productiva se duplica: si 40 de
salario suministraban 8 horas de trabajo necesario, el trabajador puede,
por lo tanto, producir en 4 horas de salario un día completo de trabajo
vivo. Aumentaría entonces el tiempo suplementario (antes 2/3 de día
para producir un día completo, ahora 1/3 de día). Del producto del
día de trabajo 2/3**” sería plusvalía, y si la hora de trabajo necesario

*l6l Aquí se ve de nuevo que la plusvalía sobre el capital global es = a
la mitad del valor producido de nuevo, pues una mitad del mismo es = al
trabajo necesario. La proporción de esta plusvalía, que es siempre igual al tiempo
suplementario, es decir, = al producto global del trabajador menos la parte que
constituye su salario, depende 1) de la relación en que está la parte invariable
del capital con la parte productiva; 2) de la relación en que está el tiempo de
trabajo necesario con el tiempo de trabajo suplementario. En el caso anterior,
la relación del tiempo suplementario con el tiempo necesario era de 100 %;
constituía un, 40 % sobre el capital de 100; y, por lo tanto, 3) depende no sólo
de la relación indicada en el 2), sino también de la magnitud absoluta del tiempo de
trabajo necesario. Si la parte invariable del capital de 100 fuera 80, entonces la
parte cambiada por el trabajo necesario sería = 20, y si esta parte crea un
tiempo suplementario del 100 %, el beneficio del capital es el 20 %. Pero si
el capital fuera = 200 con la misma proporción de capital constante y variable
(a saber: 3/5 y 2/5), entonces la suma 'sería 280, lo que constituye 40 sobre 100.
En este caso, la cantidad absoluta de beneficio aumentaría de 40 a 80, pero la
relación continuaría siendo del 40 %. Si, por el contrario, en los 200, por ejem-
plo, el elemento constante fuera 120 y la cantidad de trabajo necesario 80, pero
ésta aumentara sólo en un 10 %, es decir, en 8, entonces la suma global sería
= 208, es decir, un beneficio de un 4 9%; si aumentara sólo en 5, entonces la
suma global sería 205; es decir 2 1/2 %. <Entre corchetes en el ms.»

+12 NMEGA: 2/3; en ms. 1/3.

es = 5 táleros (5x8 = 40), él necesitaría ahora sólo 5x4 = 20 tá-
leros. Al capital le correspondería una ganancia suplementaria de 20, a
saber: 60 en lugar de 40. Al final, 140, de los cuales 60 = al valor
constante, 20 = salario y 60 = plusvalía; en total 140. Con 80 táleros
de capital el capitalista puede empezar de nuevo la producción.
Supongamos que el capitalista*'" A permaneciendo al mismo nivel de
la producción antigua utiliza su capital de 140 para la nueva produc-
ción. Según la proporción originaria él necesita 3/5 de parte invariable

del capital, es decir, 3 X = 3 x 28 = 84, y quedan 56*'* para

el trabajo necesario. El capitalista utilizaba antes 40 en trabajo, aho-
ra 56; 2/5 de 40 más. Al final, por lo tanto, su capital es = 84 +56
+ 56 = 196.

Supongamos que el capitalista B utilizara igualmente los 140 tá-
leros para la nueva producción a un nivel de producción superior. Si él
necesita un capital de 80, 60 como valor invariable y sólo 20 para tra-
bajo, entonces de 60 necesita 45 para valor invariable y 15 para traba-
jo; la suma, por lo tanto sería = primero 60 + 20 + 20 =100 y
segundo 45 + 15 + 15 = 75. Su resultado global sería, por lo tanto,
175,*'% mientras que el del primero = 196. El aumento de la fuerza
productiva no quiere decir más, sino que el mismo capital crea el mismo
valor con menos trabajo, o que un trabajo menor crea el mismo pro-
ducto con un capital mayor. Menos tiempo de trabajo necesario produce
más trabajo suplementario. Decir que el trabajo necesario es menor en
relación con el capital es claramente, para su proceso de valorización,
lo mismo que decir que el capital es proporcionalmente mayor que el
trabajo necesario que pone en movimiento; pues el mismo capital pone
más plustrabajo en movimiento, y, por lo tanto, menos trabajo nece-
sario, *%

*x16  NMEGA: «Der Kapitalist»; en ms. «Das Kapital».

*16 NMEGA: 56; en ms. 16.

*165 Marx incurre en un error de cálculo, porque olvida el efecto de la du-
plicación de la fuerza productiva del trabajo. Tomando en consideración dicha
duplicación resulta primero 60 + 20 + 40 = 120 y segundo 45 + 15 + 30 = 90.
Su resultado global, por lo tanto, sería 210.

*166 Si se presupone, como en nuestro ejemplo, que el capital continúa
siendo el mismo, es decir, que ambos comienzan de nuevo con 140 táleros, en-
tonces, en el capital más productivo, la parte mayor tiene que corresponder
al capital (es decir, a su parte invariable), mientras que en el capital menos
productivo tiene que corresponder al trabajo. El primer capital de 140 pone,
por lo tanto, en movimiento un trabajo necesario de 56, y este trabajo necesario

Por este motivo se dice también de la maquinaria que ahorra traba-
jo; sin embargo, el mero ahorro de trabajo, como ha observado correc-
tamente Lauderdale” no es lo característico; ya que con la ayuda de
la maquinaria el trabajo humano hace y produce cosas, que sin ella no
podría producirlas en absoluto. Esto hace referencia al valor de uso de
la maquinaria. El ahorro de trabajo necesario y la producción de plus-
trabajo es lo característico. La mayor productividad del trabajo se ex-
presa en que el capital tiene que comprar menos trabajo necesario, para
producir el mismo valor y cantidades mayores de valores de uso, o en
que un trabajo necesario menor crea el mismo valor de cambio, valoriza
más material y produce una cantidad mayor de valores de uso. El aumen-
to de la fuerza productiva, si el valor global del capital continúa siendo
el mismo, presupone, por lo tanto, que la parte constante del mismo
(consistente en material y máquina) aumenta en relación con la parte
variable, es decir, con la parte del capital que se cambia con el trabajo
vivo y que constituye el fondo de salario. Esto se presenta al mismo
tiempo como si una cantidad de trabajo menor pusiera en movimiento
una cantidad mayor de capital. Si el valor global del capital que entra
en el proceso de producción aumenta, entonces el fondo de trabajo
(esta parte variable del capital) tiene que disminuir relativamente, com-
parado con la proporción en que estaría, si la productividad del trabajo,
es decir, la relación del trabajo necesario con el plustrabajo hubiera
permanecido igual. Supongamos, en el caso anterior, que el capital de 100

219 Cfr. LAUDERDALE, Recherches, etc., pág. 137.

presupone en su proceso una parte invariable de capital de 84. El segundo
pone en movimiento un trabajo de 20 + 15 = 35 y un capital invariable
de 60 + 45 = 105 (y de lo que ya hemos desarrollado previamente se deduce
que el aumento de la fuerza productiva no aumenta el valor en la misma medida
en que aumenta ella misma). En el primer caso, como se mostró antes, el
valor nuevo absoluto es menor que en el segundo, porque la masa de trabajo
utilizado es mayor en relación con el capital invariable; mientras que en el
segundo ésta es menor, precisamente porque el trabajo es más productivo. Sólo
que 1) la diferencia, de que el nuevo valor fuera en el primer caso 40 y en
el segundo 60, excluye, que el primero pueda empezar de nuevo la producción
con el mismo capital, como ocurre en el segundo; pues una parte del nuevo
valor tiene que entrar en la circulación como equivalente por ambas partes, para
que el capitalista viva y viva del capital. Si ambos consumen 20 táleros entonces
el primero comienza de nuevo el trabajo con 120 de capital, y el otro también
con 120, etc. Ver arriba. Sobre esto habrá que volver otra vez; pero la cuestión
de cómo se relaciona el nuevo valor, creado mediante la mayor fuerza produc-
tiva, con el nuevo valor, creado por el aumento absoluto del trabajo, entra en
los capítulos sobre la acumulación y el beneficio. <Entre corchetes en el ms.»

hubiera sido un capital agrícola. 40 táleros de semillas, abonos, etc., 20 tá-
leros de instrumento de trabajo, y 40 táleros de trabajo asalariado en el
antiguo nivel de producción. (Supongamos que estos 40 táleros = 4 días
de trabajo necesario.) Éstos producen una suma de 140 táleros en el nivel
antiguo de la producción. La fertilidad aumenta en el doble, bien me-
diante la mejora del instrumento, bien mediante mejores abonos, etc.
En este caso el producto tiene que ser = 140 táleros (supongamos que el
instrumento es consumido por completo). La fertilidad se duplica, de
forma tal que el precio del día de trabajo necesario disminuye en la mi-
tad; o que sólo son necesarios 4 medios días de trabajo necesario (es
decir, 2 días completos), para producir 8; 2 días de trabajo para pro-
ducir 8 es lo mismo, que si de un día de trabajo correspondiera 1/4
(3 horas) al trabajo necesario. En lugar de 40 táleros el arrendatario tiene
que gastar sólo 20 en salario. Al final del proceso los componentes del
capital han cambiado; los 40 originarios para simiente, etc., que ahora
tienen un doble valor de uso; 20 de instrumento de trabajo y 20 de
trabajo (2 días de trabajo completos). Anteriormente la relación de la
parte constante del capital con la variable era = 60:40 = 3:2; ahora
es 80:20 o = 4:1 <debería decir 60:20 o = 3:1 T.». Si consideramos
el capital global, vemos que el trabajo necesario = 2/5; ahora es de 1/5
<debería decir 1/4 T.>. Si el arrendatario quiere ahora continuar utili-
zando el trabajo en la proporción anterior, ¿en qué cantidad tendría
que aumentar su capital? O bien —para evitar el malintencionado presu-
puesto de que él continúa trabajando con 60 de capital constante y
40 de fondo de trabajo, después de haberse producido una duplicación
de la fuerza productiva, con lo que se introducen proporciones erró-
neas—*'” se presupone que a pesar de la duplicación de la fuerza pro-
ductiva, el capital continúa trabajando con los mismos componentes y
continúa utilizando la misma cantidad de trabajo necesario, sin pagar
más por materia prima e instrumento de trabajo; *'* la fuerza produc-

*167 Aunque esto, por ejemplo, sea completamente correcto en el caso del
arrendatario, cuando la fertilidad se duplica por motivos estacionales, o para
cualquier industrial, cuando la fuerza productiva se duplica no en su rama, sino
en las que él utiliza; por ejemplo, si la lana en bruto costara el 50% menos,
y los cereales (es decir, el salario) también éostaran el 50 % menos y también el
instrumento, entonces él continuaría, como antes, gastando 40 talers en lana en
bruto, 20 en maquinaria y 40 en trabajo, pero tendría una cantidad dos veces
mayor. <Entre corchetes en el ms.»

*1683 Supongamos que sólo en el algodón se duplica la fuerza productiva;
en la máquina continúa igual; esto tiene que ser investigado más detenidamente.
<Entre corchetes en el ms.)

tiva, por lo tanto, se ha duplicado de forma tal que si antes tenía que gas-
tar 40 táleros en trabajo, ahora necesita sólo 20. Se presupone que
4 días de trabajo completos eran necesarios —cada unos = 10 táleros—
para producirle al capital un excedente de 4 días de trabajo completos,
y este excedente le era procurado, en la medida en que los 40 táleros de
algodón eran transformados en hilo; ahora él necesita solamente 2 días
de trabajo completos para producir el mismo valor, a saber: 8 días de
trabajo; el valor del hilo expresaba previamente un tiempo suplemen-
tario de 4 días de trabajo; ahora de 6. O dicho de otra forma, cada
uno de los trabajadores necesitaba antes 6 horas de trabajo necesario
para producir 12; ahora 3. El tiempo de trabajo necesario consistía en
12 x 4 = 48 horas o 4 días. En cada uno de estos días el tiempo su-
plementario = 1/2 de día (6 horas). El tiempo de trabajo necesario
consiste ahora en 12 X24 horas o 2 días; 3 horas por día. Para
producir la plusvalía, cada uno de los 4 trabajadores tenía que traba-
jar 6 X 2 horas; es decir, un día; ahora necesita trabajar solamente
3 X 2, es decir, 1/2 día. (Lo mismo da que trabajen 4 trabajadores
medio día, que que trabajen 2 un día completo.) El capitalista podría
despedir a 2 trabajadores. Él tendría incluso que despedirlos, ya que
de una determinada cantidad de algodón sólo se puede obtener una de-
terminada cantidad de hilo; por lo tanto, no puede hacer trabajar 4 días
completos, sino sólo 4 medios días. Pero si el trabajador tiene que
trabajar 12 horas para recibir 3, es decir, para recibir su salario necesa-
rio, entonces, si sólo trabaja 6 horas, recibirá solamente 1 1/2 horas de
valor de cambio. Pero si él con 3 horas de trabajo necesario puede
vivir 12 horas, con 1 1/2 sólo puede vivir 6. Por lo tanto, si fueran
utilizados los 4 trabajadores, cada uno de ellos sólo podría vivir medio
día, es decir, los 4 no pueden ser mantenidos con vida en cuanto traba-
jadores por el mismo capital, sino únicamente 2. El capitalista podría
pagar a los 4 con los fondos antiguos por 4 medios días; entonces él
pagaría el doble y le haría un regalo a los trabajadores a costa de la
fuerza productiva, puesto que él sólo puede utilizar 4 medios días de
trabajo vivo; tal «posibilidad» ni se presenta en la práctica, ni aún me-
nos se puede hablar de ella aquí, donde se trata de la relación de capital
en cuanto tal. 20 táleros del capital de 100 no son utilizados ahora di-
rectamente en la producción. El capitalista utiliza como antes 40 táleros
en materia prima, 20 en instrumento, es decir, 60, y sólo 20 táleros en
trabajo (2 días de trabajo). Del capital global de 80 él utiliza 3/4 (60)
en capital constante, y sólo 1/4 en trabajo. Si él utilizara los 20 res-
tantes de la misma forma, entonces serían 3/4 en capital constante y
1/4 en variable, es decir, 15 en el primero y 5 en el segundo. Puesto

que un día de trabajo = 10 táleros en nuestro presupuesto, 5 táleros se-
rían = 6 horas = 1/2 día de trabajo. El capital con el nuevo valor de
20, ganado con la mayor productividad, podría comprar sólo 1/2 día
de trabajo más, para valorizarse en la misma proporción. Tendría que
triplicarse (a saber: 60) (junto con los 20 = 80), para poder utilizar a
los dos trabajadores despedidos o los dos días de trabajo completos
antes utilizados. Según la nueva proporción, el capital utiliza 3/4 en
capital constante, para utilizar 1/4 en fondo de trabajo.

Con un capital total de 20, él utilizará 3/4, es decir, 15 de capital
constante y 1/4 en trabajo (es decir, 5) = medio día de trabajo.

Con 4 X 20 de capital total, él utilizará 4 xX 15 = 60 en capital
constante y 4 X 5 = 20 en salario = 4/2 días de trabajo = 2 días de
trabajo.

Si, por lo tanto, la fuerza productiva del trabajo se duplica y enton-
ces un capital de 60 táleros de lana en bruto e instrumento sólo necesita
20 táleros de trabajo (2 días de trabajo) para su valorización, mientras
que antes necesitaba un capital global de 100, entonces el capital glo-
bal de 100 tendría que aumentar a 160, o el capital actual de 80 tendría
que duplicarse, para poder conservar todo el trabajo puesto fuera de
trabajo. Sin embargo, mediante la duplicación de la fuerza productiva,
sólo se ha constituido un capital de 20 táleros = 1/2 del tiempo de
trabajo antes utilizado; y éstos además alcanzan a utilizar sólo 1/2 día
de trabajo. El capital que antes de la duplicación de la fuerza produc-
tiva era de 100 y utilizaba 4 días de trabajo (bajo el presupuesto de
que el fondo de trabajo era 2/5 = 40), tendría ahora, puesto que los
fondos de trabajo han descendido a 1/5 de 100, es decir, a 20 = 2 días
de trabajo (pero a 1/4 de 80, del nuevo capital que entra en el proce-
so de valorización), que aumentar a 160, es decir, en un 60 %, para
poder utilizar los 4 días de trabajo anteriores. El capital con los 20 táleros
sustraídos al fondo de trabajo mediante el aumento de la fuerza pro-
ductiva sólo puede utilizar ahora de nuevo 1/2 día de trabajo, si debe
seguir trabajando con el capital global antiguo. Él utilizaba antes con
100 16/4 (4 días) días de trabajo; él podría utilizar ahora sólo 5/4
(debería decir 10/4). Si, por lo tanto, la fuerza productiva se duplica,
el capital no necesita duplicarse, para poner en movimiento el mismo
trabajo necesario, 4 días de trabajo, es decir, no necesita aumentar a
200, sino que necesita aumentar en la totalidad menos la parte sustraída
al fondo de trabajo. (100 — 20 = 80) x 2 = 160. (El primer capital,
por el contrario, antes del aumento de la fuerza productiva, que gasta-
ba 100:60 constante, 40 salario (4 días de trabajo), necesitaría aumen-
tar, para utilizar 2 días de trabajo más, sólo de 100 a 150; a saber:

3/5 de capital constante (30) y 2/5 de trabajo (20). Mientras que se
ha dado por supuesto que, en ambos casos, el día de trabajo se duplica
el segundo**” al final sería 160; el primero sólo 150.) De la parte de
capital sustraída al fondo de trabajo como consecuencia del aumento
de la fuerza productiva, una parte tiene que ser transformada en materia
prima e instrumento, y otra tiene que ser cambiada por trabajo vivo;
usto sólo puede suceder en las proporciones entre las distintas partes,
fijadas por la nueva productividad. No puede ocurrir en las antiguas
proporciones; pues la proporción del fondo de trabajo al fondo constan-
te ha descendido. Si el capital utilizaba 2/5 de 100 para fondo de tra-
bajo (40) y como consecuencia de la duplicación de la fuerza productiva
ahora sólo utiliza 1/5 (20), entonces 1/5 del capital ha sido liberado
(20 táleros); la parte ocupada de 80 utiliza sólo 1/4 como fondo de tra-
bajo. Por lo tanto, los 20 sólo utilizan 5 táleros en trabajo (1/2 día de
trabajo). El capital global de 100 utiliza ahora, por lo tanto, 2 1/2 días
de trabajo; o tendría que aumentar a 160, para utilizar de nuevo a 4.

Si el capital originario hubiese sido 1.000 y hubiera estado dividido
de la misma forma: 3/5 de capital constante y 2/5 de fondo de tra-
bajo, es decir, 600 + 400 (400 es igual a 40 días de trabajo; un día
de trabajo = 10 táleros). Duplicación de la fuerza productiva del traba-
jo, es decir, 20 días de trabajo son requeridos para obtener el mismo
producto (= 200 táleros); entonces, el capital requerido para empezar
la producción de nuevo, sería = 800; a saber: 600+200; 200 táleros
habrían sido liberados. Éstos, utilizados en la misma proporción, darían
3/4 de capital constante = 150 y 1/4 de fondo de trabajo = 50. Si, en
consecuencia, fueran utilizados por completo los 1.000 táleros, entonces
se utilizarían 750 en capital constante + 250 de fondo de trabajo =
1.000 táleros. Pero 250 de fondo de trabajo sería igual a 25 días de
trabajo (es decir, el nuevo fondo puede, en la nueva proporción, utilizar
sólo 1/4 de tiempo de trabajo; para utilizar el tiempo de trabajo total
antiguo, el fondo tendría que multiplicarse por cuatro). El capital li-
berado de 200 utilizaría como fondo de trabajo 50 = 5 días de tra-
bajo (1/4 del tiempo de trabajo liberado). (De la parte del fondo de
trabajo separada del capital sólo 1/4 es utilizada como capital para fondo
de trabajo; es decir, precisamente en la misma proporción en que está
la parte del nuevo capital que constituye fondo de trabajo con la suma
total del capital.) Para utilizar, por lo tanto, 20 días de trabajo (4 X 5
días de trabajo), este fondo tendría que aumentar de 50 a 4 X50 = 200;

*162 NMEGA: «zweit»; en ms. «erste».

por lo tanto, la parte liberada de capital tendría que aumentar de 200 a
600, es decir, multiplicarse por 3; de forma tal que el capital nuevo
consistiera en 800. El capital global sería 1.600; de éstos, 1.200 parte
constante y 400 fondo de trabajo. Si, por lo tanto, el capital de 1.000
contenía originariamente un fondo de trabajo de 400 (40 días de tra-
bajo), y mediante la duplicación de la fuerza productiva sólo necesita
utilizar un fondo de trabajo de 200 para comprar el trabajo necesario,
es decir, sólo necesita la 1/2 del trabajo anterior, entonces el capital ten-
dría que aumentar en 600, para utilizar la totalidad del trabajo anterior
(para obtener el mismo tiempo suplementario). Tendría que poder uti-
lizar un fondo de trabajo doble que el anterior, a saber: 2 X 200 = 400;
pero, puesto que la proporción del fondo de trabajo al capital total es
ahora 1/4, entonces esto requiere un capital total de 4 X 400 =
= 1.600.*""

O lo que es lo mismo, = 2 X el nuevo capital, que a causa de la
nueva fuerza productiva ocupa el puesto del antiguo en la producción
(800 X 2) (por lo tanto, si la fuerza productiva se hubiera multiplicado
por 4, por 5, etc. = 4X,5X el nuevo capital, etc. Si la fuerza produc-
tiva se ha duplicado, entonces el trabajo necesario se ha reducido a 1/2;
lo mismo ocurre con el fondo de trabajo. Si, por lo tanto, como en el
caso anterior, el fondo de trabajo de 1.000 era... 400, es decir, 2/5 del
capital total, ahora es 1/5 o 200. Esta proporción en la que ha sido
reducido es la parte del fondo de trabajo liberada = 1/5 del capital
anterior = 200. 1/5 del capital anterior = 1/4 del nuevo. El nue-
vo capital = al antiguo + 3/5 del mismo. Sobre estas delicadezas vol-
veremos más despacio más adelante, etc.).?"

Presupuestas las mismas relaciones entre las partes del capital y pre-
supuesto el mismo aumento de la fuerza productiva, es completamente
indiferente, para la tesis general, el que el capital sea grande o pequeño.
Una cuestión completamente distinta es la de si, en el caso de que el
capital aumente, las proporciones continúan siendo las mismas (pero

220 Evidentemente Marx no cumplió este propósito.

*110 El capital global que sería necesario para utilizar el tiempo de tra-

bajo anterior es, por lo tanto, = al fondo de trabajo anterior multiplicado por el
denominador de la fracción que expresa ahora la relación del fondo de trabajo
con el nuevo capital global. Si la duplicación de la fuerza productiva ha reducido
esta relación a 1/4, entonces hay que multiplicarlo por 4; si a 1/3 multiplicarlo
por 3. Si la fuerza productiva se duplica, el trabajo necesario y, por lo tanto,
el fondo de trabajo es reducido a 1/2 de su valor anterior, pero a 1/4 en rela-
ción con el capital global nuevo de 800 o a 1/5 en relación con el capital

esto pertenece al apartado sobre la acumulación). Pero una vez presu-
puesto esto, vemos cómo el aumento de la fuerza productiva modifica
las relaciones entre las partes constitutivas del capital. La duplicación
de la fuerza productiva actúa de la misma forma para 100 que para
1.000, si en ambos casos la proporción era: capital constante 3/5 y
fondo de trabajo 2/5. (La palabra fondo de trabajo es aquí utilizada
sólo por comodidad; todavía no hemos desarrollado el capital en esta
determinación. Hasta ahora el capital consta de dos partes; una cam-
biada por mercancías [material e instrumento]; la otra cambiada por
capacidad de trabajo.) (El nuevo capital, es decir, la parte del capital
anterior que representa su función, es = al capital anterior menos la
parte del fondo de trabajo liberada; esta parte liberada, sin embargo,
es = a la fracción que expresaba el trabajo necesario [o lo que es lo
mismo, el fondo de trabajo] dividido por el multiplicador de la fuerza
productiva. Por lo tanto, si el capital anterior es 1.000, y la fracción
que expresa el trabajo necesario o fondo de trabajo = 2/5, y si la
fuerza productiva se duplica, entonces el nuevo capital que representa
la función del anterior es = 800, a saber: 2/5 del capital anterior =
400 dividido por 2, que es el multiplicador de la fuerza productiva
= 2/10 = 1/5 = 200. Por lo tanto, el nuevo capital = 800, y la par-
te del fondo liberada = 200.)

Hemos visto que en estas proporciones un capital de 100 tiene
que aumentar a 160 y uno de 1.000 a 1.600, para conservar el mismo
tiempo de trabajo (de 4 o 40 días de trabajo), etc.; ambos tienen que
crecer en un 60 %, es decir, en 3/5 de sí mismo (del capital anterior),
para poder utilizar el fondo de trabajo liberado de 1/5 (en el primer
caso 20 talers, en el segundo 200) en cuanto tal.

y

anterior de 1.000. O el nuevo capital global es = 2 el capital anterior menos la
parte del fondo de trabajo liberada; —41.000 — 200) 2 = 800 2 = 1.600. El
nuevo capital global expresa precisamente la suma global del capital constante
y variable, necesaria para utilizar la mitad de la fuerza de trabajo anterior (1/3,
1/4, etc., 1/X, según que la fuerza productiva se haya multiplicado por 3, por 4,
por x); para utilizar todo el tiempo de trabajo anterior hay que multiplicar el
capital x 2,0 X 3, X 4, X X, etc., según la proporción en que haya aumentado la
fuerza productiva. Aquí siempre tiene que estar dada (tecnológicamente) la re-
lación en que están originariamente las partes constitutivas del capital entre sí;
de esto depende, por ejemplo, en qué fracciones se expresa la multiplicación de
la fuerza productiva como división del trabajo necesario. «Entre corchetes en el ms.»

### El porcentaje sobre el capital total puede expresar proporciones muy
diferentes. — El capital (como la propiedad) descansa sobre la
productividad del trabajo.

[[Notabene. Antes vimos cómo el mismo porcentaje sobre el capi-
tal total puede expresar proporciones muy diferentes, en las que el ca-
pital produce su plusvalía, es decir, en las que produce plustrabajo
absoluto o relativo. Si la relación entre la parte de valor invariable del
capital y la variable (cambiada por trabajo) fuera tal que la última
fuera = 1/2 del capital total (es decir, de un capital de 100 = 50
(constante) +50 (variable)), entonces la parte cambiada por trabajo
necesitaría aumentar sólo en un 50 %, para darle al capital un 25 %;
es decir, 50 + 50 (+ 25) = 125, mientras que en el ejemplo anterior
75 + 25 (+ 25) = 125; es decir, la parte cambiada por trabajo vivo
ha aumentado en un 100 %, para darle al capital el 25 %. Aqui vemos
cómo, si las proporciones permanecen iguales, el porcentaje sobre el
capital permanece igual, independientemente de que el capital sea
grande o pequeño; es decir, si la relación del fondo de trabajo con
el capital continúa siendo la misma; por ejemplo, 1/4 como en el
caso anterior. Á saber: 100 da 125, 80 da 100. 1.000 da 1.250, 800
da 1.000, 1.600 da 2.000,*'* etc., siempre = 25 %. Si los capitales,
en los que las partes constitutivas están en diferentes proporciones y
por lo tanto, también la fuerza productiva respectiva es diferente, dan
el mismo porcentaje sobre el capital global, entonces la plusvalía real
tiene que ser muy diferente en las distintas ramas. ]]

[[El ejemplo es, pues, correcto, si se compara la fuerza productiva,
dentro de las mismas relaciones, con el mismo capital antes del aumento
de la fuerza productiva. Un capital de 100 utiliza un valor constante de
50, y 50 = fondo de trabajo; el fondo aumenta en 50 %, es decir, en
1/2; el producto total es entonces = 125. El fondo de trabajo de 50
táleros emplea 10 días de trabajo y paga por un día 5 táleros. Puesto que
el nuevo valor es igual a 1/2 del fondo de trabajo, el tiempo suplemen-
tario tiene que ser = 5 días de trabajo (debería decir 3 1/2); es decir,
el trabajador que sólo necesitaba trabajar 10 días para vivir 15, tiene
que trabajar 15 para el capitalista para vivir 15; y su plustrabajo de
5 días constituye la plusvalía del capital. Expresado en horas, si el día
de trabajo = 12 horas, el plustrabajo = 6 horas del día (debería de-
cir, 4). En 10 días o 120 horas él trabaja 60 (debería decir 40) horas

*111 NMEGA: «2.000»; en ms. 200.

de más = 5 días (debería decir 3 1/3). Pero ahora, en el caso de du-
plicación de la productividad, la proporción de los 100 táleros sería 75
y 25, es decir, el mismo capital necesitaría utilizar solamente 5 traba-
jadores, para producir el mismo valor de 125; los 5 días de trabajo son,
por lo tanto, = 10; los 5 días se han duplicado, es decir, son paga-
dos 5 días de trabajo y se producen 10. El trabajador necesitaría ahora
trabajar solamente 5 días, para vivir 10 (antes del aumento de la fuerza
productiva tenía que trabajar 10 días, para vivir 15; por lo tanto, si
trabajaba 5 días, sólo podía vivir 7 1/2); pero él tiene que trabajar
10 días para el capitalista para vivir 10; éste se beneficia, por lo tanto,
en 5 días; un día sobre un día; o expresado sobre un día, antes tenía
que trabajar 1/2 (debería decir 2/3), para vivir uno (es decir, 6 horas
(debería decir 8) para vivir 12), mientras que ahora necesita trabajar
sólo 1/4 (debería decir 1/2) para vivir un día (es decir, 3 horas (debe-
ría decir 6)). Si él trabajara un día completo, podría vivir 2; si traba-
jara 12 horas, podría vivir 24; si trabajara 6 horas, podría vivir 12. Pero
ahora tiene que trabajar 12 horas para vivir 12 horas. Él, necesitaría
trabajar sólo 1/2 de día para vivir un día; pero ahora tiene que traba-
jar 2 x 1/2 = 1, para vivir un día. En la situación anterior de desarro-
llo de la fuerza productiva él tenía que trabajar 10 días para vivir 15,
o 12 horas para vivir 18, o 1 hora para vivir 1 1/2, o 8 horas para vivir
12, es decir, 2/3 de día para vivir 3/3. Ahora él tiene que trabajar
3/3 para vivir 2/3, es decir, 1/3*'” de más. La duplicación de la fuerza
productiva aumenta la proporción de tiempo suplementario de 1: 1 1/2
(es decir, de 50 %) a 1: 2 (es decir 100 %). En la proporción del
tiempo de trabajo anterior, él necesitaba 8 horas para vivir 12, es decir,
2/3 de tiempo necesario del día de trabajo; él ahora necesita sólo 1/2,
es decir, 6 para vivir 12. Por lo tanto, el capital utiliza 5 trabajadores
en lugar de 10. Si antes 10 (que costaban 50) producían 15, ahora los
5 (que cuestan 25) producen 50; es decir, los primeros producían sólo
50 % de plustrabajo, los segundos 100 %.**” Los trabajadores trabajan
12 horas igual que antes, pero en el caso anterior el capital compraba
10 días de trabajo, y ahora sólo 5; porque la productividad se ha dupli-
cado, los 5 trabajadores producen 5 días de plustrabajo, mientras que
en el caso anterior 10 días de trabajo producían solamente 5 días de
plustrabajo; ahora, por lo tanto, allí donde la fuerza productiva se ha
duplicado, es decir, ha aumentado del 50 % al 100 %, 5 días de tra-

*112 NMEGA: 1/3; en ms. 2/3.
+13 NMEGA: 100; en ms. 50.

bajo producen 5; en el primer caso 120 horas de trabajo (= 10 días
de trabajo) producen 180; el segundo, 60 horas de trabajo producen
60; es decir, en el primer caso el tiempo suplementario sobre el día
completo constituye 1/3 (sobre el tiempo de trabajo necesario, el 50 %);
(es decir, sobre 12 horas, 4; el tiempo necesario, 8); en el segundo
caso el tiempo suplementario sobre el día completo constituye 1/2
(sobre el tiempo de trabajo necesario, el 100 %) (es decir, 6 sobre 12
horas; el tiempo necesario, 6); por lo tanto, los 10 días en el primer
caso daban 5 días de tiempo suplementario (plustrabajo), y en el se-
gundo los 5 días dan 5. El tiempo suplementario relativo se ha dupli-
cado; en relación con la primera proporción ha aumentado sólo en 1/2
frente a 1/3, es decir, en 1/6 o 16 4/6 %).]]

Constante Variable
100 60 + 40 (proporción originaria)
100 75 + 25 (+ 25) = 125 (25 %)
160 120 + 40 (+ 40) = 200 (25 %)

Puesto que el plustrabajo o el tiempo suplementario es el presu-
puesto del capital, éste descansa, por lo tanto, sobre el presupuesto fun-
damental de que existe un excedente sobre el tiempo de trabajo necesario
para la conservación y reproducción del individuo; que, por ejemplo, el
individuo necesita trabajar sólo 6 horas para vivir 1 día, o 1 día para
vivir 2, etc. Con el desarrollo de las fuerzas productivas el tiempo de tra-
bajo necesario disminuye y el tiempo suplementario aumenta. O tam-
bién, un individuo puede trabajar para dos, etc. («La riqueza es tiempo
disponible y nada más [p. 6] ... Si el trabajo global de un país sólo fuera
suficiente para mantener a toda la población, no habría plustrabajo, y
consiguientemente no habría nada que pudiera ser acumulado como ca-
pital [p. 4]. Una nación es realmente rica, cuando no existe interés al-
guno, o cuando en lugar de 12 horas se trabajan 6 [p. 6] ... Cualquiera
que pueda ser la cantidad que pueda corresponderle al capitalista, él sólo
puede recibir el plustrabajo del trabajador, porque el trabajador tiene
que vivir»”*' (The Source and Remedy of the National Difficulties))
(p. 27, 28) 2

«Propiedad. Origen en la productividad del trabajo. Cuando uno

m1 Cfr. The Source and Remedy of the National Difficulties, deduced from
Principles of Political Economy, etc. London 1821, pág. 23.

m2 Esta indicación se refiere a las páginas del cuaderno de extractos de Marx,
en el que están incluidas las citas anteriores.

sólo puede trabajar para uno, todo el mundo es trabajador; no puede
existir la propiedad. Cuando el trabajo de un hombre puede mantener
a cinco,*'* habrá cuatro hombres ociosos por cada uno empleado en
la producción: la propiedad aumenta con el perfeccionamiento del modo
de producción” ... El aumento de la propiedad, esta mayor capaci-
dad de mantener hombres ociosos y trabajo improductivo = capital”* ..,
La maquinaria pueda rara vez ser aplicada con éxito para disminuir el
trabajo de un individuo: se perdería más tiempo en su construcción
que el que podría ser ahorrado con su utilización. Sólo es realmente
útil cuando actúa sobre grandes masas, es decir, cuando una sola má-
quina puede ayudar al trabajo de miles de obreros. Es, por lo tanto, en
los países más poblados, donde hay más hombres ociosos, donde las
máquinas son más abundantes. No son introducidas por la escasez de
hombres, sino por la facilidad con que dichos hombres son agrupa-
dos” ... Menos de 1/4 de la población inglesa suministra lo que es con-
sumido por todos. Bajo Guillermo el Conquistador, por ejemplo, el
número de los que participaban directamente en la producción era más
numeroso que el de los ociosos».”* (Ravenstone, IX, 32.)”

Si, por una parte, el capital crea el plustrabajo, por otra, el plustra-
bajo es el presupuesto para la existencia del capital. Sobre la creación
de tiempo disponible descansa el desarrollo global de la riqueza. La re-
lación del tiempo de trabajo necesario con el superfluo (y así se presenta
ante todo desde el punto de vista del trabajo necesario) es modificada
en los distintos estadios del desarrollo de las fuerzas productivas. En
los estadios más primitivos*'” del cambio, los hombres no cambian más
que su tiempo de trabajo superfluo; éste es la medida de su cam-
bio, que, en consecuencia, sólo se extiende a productos superfluos. En la
producción que descansa sobre el capital la existencia del tiempo de
trabajo necesario está condicionada por la producción de tiempo de tra-
bajo superfluo. En los estadios inferiores de la producción se producen
en primer lugar menos necesidades humanas y, por lo tanto, son menos
las necesidades que hay que satisfacer. El tiempo de trabajo necesario

Cfr. RAVENSTONE, Thougts, etc., pág. 11.
Cfr. RAVENSTONE, Thougts, etc., pág. 13.
Cfr. RAVENSTONE, Thougts, etc., pág. 45.
Cfr. RAVENSTONE, Thougts, etc., pág. 46.
Esta indicación se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.

REY

*I4  NMEGA: five; en ms. four.
*1735 NMEGA: «Más primitivos»; ed. 1939 «produktivern» (más productivos).

es, por lo tanto, limitado, no porque el trabajo sea productivo, sino por-
que es poco necesario. Y en segundo lugar, en todos los estadios de la
producción existe cierta comunidad de trabajo, un cierto carácter social
del mismo, etc. Más tarde se desarrolla la fuerza productiva social, etc.
(Sobre esto habrá que volver.)

### Aumento del tiempo de plustrabajo. Aumento de los días de trabajo
simultáneos (población). (La población puede ser aumentada en la
medida en que disminuye el tiempo de trabajo necesario, o disminuye
relativamente el tiempo requerido para la producción de la capacidad
de trabajo viva.) — Pluscapital y superpoblación .— Creación de
tiempo libre para la sociedad.

El tiempo suplementario existe*"* como excedente del día de trabajo
sobre la parte del mismo que nosotros llamamos tiempo de traba-
jo necesario; en segundo lugar existe como aumento de los días de trabajo
simultáneos, es decir, de la población que trabaja. (El tiempo suplemen-
tario puede también ser producido —aunque esto aquí lo mencionamos
sólo de forma indirecta, porque pertenece al capítulo sobre el trabajo
asalariado— mediante la prolongación forzosa del día de trabajo más
allá de sus límites naturales, o mediante la adición de mujeres y niños
a la población trabajadora.) La primera proporción entre el tiempo su-
plementario del día de trabajo con el tiempo necesario del mismo puede
ser y es modificada de hecho por el desarrollo de las fuerzas producti-
vas, de forma tal que el trabajo necesario es reducido a una parte alícuota
cada vez más pequeña. Lo mismo vale relativamente para la población.
Una población trabajadora de, digamos, 6 millones, puede ser conside-
rada como un día de trabajo de 6 X 12, es decir, de 72 millones de
horas: las mismas leyes son, pues, aplicables aquí.

Como hemos visto, es una ley del capital crear plustrabajo, tiempo
disponible; el capital sólo puede hacer esto en la medida en que pone
en movimiento trabajo necesario —es decir, en la medida en que rea-
liza un cambio con el trabajador—. Su tendencia, por lo tanto, es pro-
ducir la mayor cantidad de trabajo posible; así como también es su
tendencia reducir el trabajo necesario a un mínimum. En consecuencia,
es una tendencia del capital tanto aumentar la población trabajadora,
como colocar constantemente a una parte de la misma como población
excedente —población que es ante todo inútil, hasta que el capital pue-

*115 NMEGA: «Die Surpluszeit existiert»; en ms. «Die Existenz der Surpluszeit
existiert» (la existencia del tiempo suplementario existe...).

de valorizarla. (De ahí la exactitud de la teoría sobre la superpoblación
y el pluscapital.) Es una tendencia del capital, tanto el convertir en
superfluo (en términos relativos) el trabajo humano, como la de im-
pulsar el trabajo humano sin límites. Sólo el trabajo objetivado es valor,
y sólo es plusvalía (valorización del capital) el excedente sobre la parte
del trabajo objetivado que es necesario para la reproducción de la ca-
pacidad de trabajo. Pero el trabajo en general es y continúa siendo el
presupuesto, y el plustrabajo sólo existe en relación con el trabajo ne-
cesario, es decir, sólo existe en la medida en que éste existe. El capital
tiene, por lo tanto, que producir constantemente trabajo necesario, para
producir plustrabajo; el capital tiene que aumentar el trabajo (es decir,
los días de trabajo simultáneos), para poder aumentar el excedente;
pero tiene que negarlo como trabajo necesario, para ponerlo como plus-
trabajo. Considerado el día de trabajo aislado, el proceso es natural-
mente simple: 1) prolongarlo hasta el límite naturalmente posible; 2)
acortar constantemente la parte necesaria del mismo (es decir, aumentar
las fuerzas productivas inconmensurablemente). Pero el día de trabajo
considerado espacialmente —el tiempo mismo considerado espacial-
mente— es la yuxtaposición de muchos días de trabajo. Cuanto mayor
sea el número de días de trabajo con los que el capital realiza simultá-
neamente el cambio con los que el capital cambia trabajo objetivado
por trabajo vivo, tanto mayor es su valorización simultánea.*"” El capi-
tal sólo puede saltar por encima del límite natural que constituye el día
de trabajo de un individuo en un estadio dado del desarrollo de las
fuerzas productivas (y no cambia absolutamente nada el que este estadio
sea mutable), colocando simultáneamente un día de trabajo junto a otro
—<s decir, mediante la adición espacial de más días de trabajo simul-
táneos. Yo, por ejemplo, puedo impulsar el trabajo de A a tres horas;
pero si añado los días de B, C, D, etc., el plustrabajo se convierte en
12 horas. En lugar de crear un plustrabajo de 3 horas, he creado un
plustrabajo de 12. De ahí que el capital solicite el aumento de la po-
blación y de ahí que el very process <proceso mismo», mediante el cual
el trabajo necesario es reducido, haga posible el poner en acción nuevo
trabajo necesario (y, por lo tanto, plustrabajo). (Es decir, la producción
de los trabajadores deviene más barata; en el mismo tiempo pueden ser
producidos más trabajadores, en la misma medida en que el tiempo de
trabajo necesario disminuye y se hace relativamente menor el tiempo

*197 Tachado en el manuscrito: El capital tiende, pues, al aumento de la
población trabajadora.

requerido para la producción de la capacidad de trabajo viva. Éstas son
proposiciones idénticas.)”* (Esto sin tomar en consideración todavía, que
el aumento de la población aumenta la fuerza productiva del trabajo,
en la medida en que hace posible una mayor división y combinación del
trabajo, etc. El aumento de la población es una fuerza natural del tra-
bajo, que no es pagada. Fuerza natural desde este punto de vista llama-
mos nosotros a la fuerza social. Todas las fuerzas naturales del trabajo
social son productos históricos.) Por otra parte, la tendencia del capital
— igual que antes con el día de trabajo aislado— en relación con los
muchos días de trabajo necesario simultáneos (que, en la medida en
que se considera exclusivamente el valor, pueden ser considerados como
un único día de trabajo) es la de reducirlos al mínimo, es decir, colocar
los más posible de éstos como trabajo no necesario; y de la misma
forma que antes intentaba reducir las horas de trabajo necesarias en el
día de trabajo aislado, ahora intenta reducir los días de trabajo necesa-
rios en relación con el total del tiempo de trabajo objetivado. (Si 6 ho-
ras de trabajo son necesarias, para producir 12 horas de plustrabajo,
entonces el capital trabaja para conseguir que sean necesarias sola-
mente 4. O si 6 días de trabajo pueden ser considerados como un día
de trabajo de 72 horas, y si el capital consigue reducir el tiempo de tra-
bajo necesario en 24 horas, entonces 2 días de trabajo necesario son
eliminados, es decir, son eliminados 2 trabajadores.) Por otra parte, el
nuevo pluscapital que es producido, sólo puede ser valorizado en cuanto
tal mediante el cambio con trabajo vivo. De ahí la tendencia del capital
tanto a aumentar la población trabajadora como a reducir constante-
mente la parte necesaria de la misma (colocar constantemente a una
parte como reserva). Y el mismo aumento de la población es el princi-
pal instrumento para la disminución de la misma. Au fond esto no es
más. que una aplicación de la relación con el día de trabajo individual.
Aquí están ya implícitas todas las contradicciones, que son enunciadas
por la moderna teoría de la población, pero que no son comprendidas.
El capital como posición del plustrabajo es igualmente y en el mismo
momento posición y no posición del trabajo necesario; el capital sólo
es en la medida en que el trabajo necesario es y al mismo tiempo
no es.*”

28 Cfr. Hegel, Band IV, págs. 508-515.

+18 No pertenece todavía a este apartado, pero puede ser recordado, que
a la creación de plustrabajo por un lado, corresponde la creación de minustrabajo,
de ociosidad relativa (o de trabajo no productivo en el mejor de los casos) por
otro. Esto es evidente en relación con el capital, pero también lo es en relación

Si la proporción de los días de trabajo necesario con el total de los
días de trabajo objetivado era = 9:12 (es decir, un plustrabajo = 1/4),
el empeño del capital es reducir la proporción a 6:9 (es decir, 2/3, plus-
trabajo 1/3). (Esto habrá que desarrollarlo más adelante; sin embargo,
los rasgos fundamentales pertenecen a este apartado, en el que se trata
del concepto general de capital.)

### Transición del proceso de producción del capital al proceso de circu-
lación. — Devaluación del capital mismo mediante el aumento de
las fuerzas productivas (Competencia). (Capital como unidad y contra-
dicción del proceso de producción y del proceso de valorización.)
Capital como obstáculo para la producción. Superproducción.
(Demanda de los trabajadores mismos.) — Obstáculos para la pro-
ducción capitalista.

Hemos visto ya cómo a través del proceso de valorización el capital
1) ha conservado su valor mediante el cambio mismo (es decir, mediante
el cambio con el trabajo vivo); 2) ha aumentado, ha creado plusvalía.
Como resultado de esta unidad de los procesos de producción y valori-
zación se presenta ahora el producto del proceso, es decir, el capital

con las clases con las que el capital se asocia, es decir, con los pobres, lacayos,
parásitos, etc., que viven del producto excedente, y en resumidas cuentas, con
todo el conjunto de sirvientes; y con la parte de la clase servil, que no vive
del capital sino de la renta. Existe una diferencia esencial entre la clase servil
y la clase trabajadora. En relación con la sociedad en su totalidad la creación
de tiempo disponible es creación de tiempo para la producción de ciencia, arte, etc.
El mecanismo de desarrollo de la sociedad no es, en modo alguno, el de que,
puesto que un individuo ha satisfecho su necesidad, produce ahora lo que es
superfluo para él; sino el de que, puesto que un individuo o clase de individuos
es obligado a trabajar más de lo necesario para la satisfacción de su necesidad
—porque existe plustrabajo por un lado— se crea no-trabajo y riqueza exce-
dente por otro. El desarrollo de la riqueza sólo existe realmente en estas con-
tradicciones: como posibilidad su propio desarrollo es la posibilidad de la supe-
ración de estas contradicciones.*? O porque el mecanismo de desarrollo de la
sociedad requiera que un individuo sólo pueda satisfacer su propia necesidad,
en la medida en que satisface la necesidad de otro y produce además un excedente
para otro individuo. En la esclavitud esto es brutal. Sólo bajo la condición del
trabajo asalariado, conduce a la industria, al trabajo industrial. Malthus Y es,
por lo tanto, completamente consecuente, cuando exige junto al plustrabajo y
pluscapital, la existencia de plus-ociosos, que consumen sin producir; o la necesi-
dad de la dilapidación, del lujo, del gastar por gastar, etc. «Entre corchetes en el ms.>

22 Cfr. Hegel, Band IV, págs. 681-682 y 685-689.
20 Cfr. Malthus, Principles, etc., págs. 314-330.

mismo que procede, como producto, del proceso del cual él era el pre-
supuesto; y se presenta como producto, que es valor; o el mismo valor
se presenta como producto de este proceso, y además como un valor su-
perior, porque contiene más trabajo objetivado que aquel del que se
había partido originariamente. Este valor en cuanto tal es dinero. Sin
embargo, éste lo es sólo en sí; él no ha sido producido en cuanto tal;
lo que ha sido producido, lo que existe ante todo, es una mercancía de
un precio determinado (ideal), es decir, que sólo idealmente existe como
una determinada suma de dinero, y que debe primero realizarse en
cuanto tal en el cambio, es decir, que tiene que entrar primero en el
proceso de circulación simple, para ser puesta como dinero. Llegamos,
por lo tanto, a la tercera parte del proceso, en la cual el capital es puesto
en cuanto tal.

3) Considerado atentamente, el proceso de valorización del capital
—y el dinero se convierte en capital sólo mediante el proceso de valo-
rización— se presenta al mismo tiempo como su proceso de devalua-
ción, como su demonetisation. Y además desde un doble punto de vista.
Primero, en la medida en que el capital no aumenta el tiempo de tra-
bajo absoluto, sino que disminuye el tiempo de trabajo necesario rela-
tivo mediante el aumento de la fuerza productiva, reduce sus propios
costes de producción, su propio valor de cambio, ya que él estaba pre-
supuesto como una suma determinada de mercancías: una parte del ca-
pital existente es continuamente devaluada, mediante la disminución de
los costes de producción con los cuales puede ser reproducida; es decir,
no mediante la disminución del trabajo que está objetivado en el capi-
tal, sino mediante la disminución del trabajo vivo, que es necesario
ahora, para que el capital se objetive en este producto determinado.
Esta constante devaluación del capital existente no pertenece a este
apartado, porque ella presupone ya el capital como algo dado. Aquí sólo
se la menciona, para indicar que todos los elementos ulteriores están
ya contenidos en el concepto general de capital. Pertenece a la teoría
de la concentración y competencia de los capitales. La devaluación de
la que se trata aquí es la del capital que ha pasado de la forma de di-
nero a la de mercancía, a la de un producto que tiene un precio deter-
minado, que debe ser realizado. Como dinero el capital existía como
valor. Ahora existe como producto y sólo idealmente como precio;
pero no como valor en cuanto tal. Para valorizarse, es decir, para con-
servarse y multiplicarse como valor, él tenía que pasar de la forma de
dinero a la de valores de uso (materia prima-instrumento-salario); pero
mediante ello él pierde la forma de valor; y tiene ahora que entrar de
nuevo en la circulación, para poner de nuevo esta forma de riqueza

general. Ahora el capitalista ya no entra en el proceso de circulación
como un simple individuo que cambia, sino como productor frente a
los demás individuos que cambian, que entran como consumidores. Ellos
deben cambiar dinero para obtener la mercancía para su consumo,
mientras que el capitalista cambia su producto para obtener el dinero
de los consumidores. Supongamos que este proceso fracasa —y ya
por la simple separación existe la posibilidad de este fracaso en cada
caso individual —, entonces el dinero del capitalista se ha transformado
en un producto sin valor, y no sólo no ha ganado ningún nuevo valor,
sino que ha perdido su valor originario. Esto puede ocurrir o no, pero
en cualquier caso la devaluación constituye un momento del proceso de
valorización; lo que está ya implícito en esto es que el producto del
proceso no es valor en su forma inmediata, sino que tiene primero
que entrar de nuevo en la circulación, para ser realizado en cuanto tal.
Si, por lo tanto, mediante el proceso de producción el capital es repro-
ducido como valor y como nuevo valor, también al mismo tiempo es
puesto como no-valor, como algo que tiene que valorizarse primero
mediante el cambio. Los tres procesos, cuya unidad constituye el capi-
tal, son externos el uno al otro, y están separados temporal y espacial-
mente. En cuanto tal, la transición del uno al otro, es decir, su unidad,
considerada en relación con los capitalistas individuales, es casual. Es-
tos procesos existen independientemente el uno al lado del otro, a pesar
de su unidad interna, y de que cada uno existe como presupuesto del
otro. En conjunto esta unidad tiene que verificarse, en la medida en
que la producción en su totalidad descansa sobre el capital, y, por lo
tanto, éste tiene que realizar todos los momentos necesarios de su pro-
pia configuración y tiene que contener las condiciones para la realiza-
ción de la misma. En el punto al que hemos llegado hasta ahora, el
capital no se presenta todavía como condición de la circulación (del
cambio), sino como un simple momento de la misma, que deja precisa-
mente de ser capital en el momento en que entra en ella. En cuanto
mercancía el capital comparte ahora el destino de la mercancía; deviene
casual que sea cambiada o no por dinero, si su precio es realizado o no
es realizado.

En el proceso de producción mismo —<Jonde el capital permanecía
constantemente presupuesto como valor— su valorización se presen-
taba como completamente dependiente sólo de la relación que él como
trabajo objetivado tenía con el trabajo vivo, es decir, de la relación del
capital con el trabajo asalariado. Pero ahora, como producto, como mer-
cancía, se presenta como dependiente de la circulación, que yace fuera
de este proceso. (En realidad, como hemos visto, regresa a él como a

su fundamento, pero para salir al mismo tiempo de nuevo de él.) En
cuanto mercancía el capital tiene que 1) ser valor de uso y en cuanto
tal objeto de una necesidad, objeto de consumo; 2) ser cambiado por
su equivalente —+en dinero. Sólo en la venta puede realizarse el nuevo
valor.

Si el capital contenía previamente trabajo objetivado al precio de
100 táleros y ahora contiene trabajo al precio de 110 (el precio sólo ex-
presa en dinero la medida del trabajo objetivado), esto tiene que mos-
trarse en el hecho de que el trabajo [contenido] en la mercancía
producida es cambiado por 110 táleros. Ante todo el producto está deva-
luado, en la medida en que en general tiene que ser cambiado por di-
nero, para recobrar su forma como valor. Dentro del proceso de pro-
ducción la valorización se presentaba como completamente idéntica con
la producción de plustrabajo (la objetivación de tiempo suplementa-
rio), y en consecuencia sin más límites que aquellos en parte presu-
puestos dentro del mismo proceso y en parte puestos en él; pero obs-
táculos que son puestos en él como obstáculos para ser superados. Ahora
se presentan como obstáculos del mismo, que yacen fuera de él. Ante
todo, considerada de forma completamente superficial, la mercancía es
sólo valor de cambio en la medida en que es al mismo tiempo valor de
uso, es decir, en la medida en que es objeto de consumo (aquí es com-
pletamente indiferente la clase de consumo); la mercancía deja de ser
valor de cambio, cuando deja de ser valor de uso (ya que ella no existe
de nuevo como dinero, sino en una forma determinada que coincide
con su cualidad natural). Su primer límite es, por lo tanto, el consumo
mismo —la necesidad que existe de ella. (De una necesidad insolvente,
es decir, de una necesidad, que no puede dar una mercancía o dinero
en el cambio, no puede en modo alguno hablarse en base a los presu-
puestos desarrollados hasta el momento.) En segundo lugar, sin embar-
go, tiene que existir un equivalente para ella; y, puesto que la circula-
ción fue presupuesta originariamente como una magnitud fija —de un
volumen determinado—, y el capital, sin embargo, ha creado en el pro-
ceso de producción un nuevo valor, parece que en realidad no puede
existir para este nuevo valor ningún equivalente. Por lo tanto, en
la medida en que el capital sale del proceso de producción y entra
de nuevo en la circulación, parece a) que el capital, como produc-
ción, encuentra un límite en la magnitud del consumo existente —o de
la capacidad de consumo. Como un valor de uso determinado su can-
tidad es hasta un cierto punto indiferente; sólo en un grado determi-
nado —puesto que sólo satisface una necesidad— deja de ser requerida
para el consumo. Como valor de uso determinado, unilateral, cualita-

tivo, por ejemplo, cereales, su cantidad misma es indiferente sólo hasta
un cierto grado; es requerido sólo en una determinada cantidad, es de-
cir, en una cierta medida. Pero esta medida viene dada en parte por su
cualidad como valor de uso —por su utilidad y aplicabilidad específica—
y en parte por el número de los individuos que cambian, que tienen ne-
cesidad de este consumo determinado; es decir, viene dada por el nú-
mero de los consumidores multiplicados por la magnitud de su necesidad
de este producto específico. El valor de uso en sí no posee la incon-
mensurabilidad del valor en cuanto tal. Sólo hasta cierto punto pueden
ser consumidos ciertos objetos y sólo hasta cierto punto ellos son objeto
de una necesidad. Por ejemplo, sólo es consumida una determinada
cantidad de cereales, etc. En cuanto valor de uso el producto tiene, por
lo tanto, en sí mismo un límite —precisamente el límite de la necesi-
dad que existe de él —, pero un límite que no es medido por la necesidad
del productor, sino por la necesidad global de los individuos que cam-
bian.?" Cuando la necesidad de un determinado valor de uso deja de
existir, éste deja de ser valor de uso. Como valor de uso es medido por
la necesidad de él. Pero tan pronto como deja de ser valor de uso, deja
de ser objeto de la circulación (en la medida en que él no es dinero);
b) En cuanto valor nuevo y en cuanto valor en general el capital parece
tener un límite en la magnitud de los equivalentes existentes, y ante
todo del dinero, no como medio de circulación, sino como dinero. La
plusvalía (se comprende por sí mismo que es la relativa al valor origi-
nario) requiere un plus-equivalente. Esto se presenta ahora como un
segundo límite.

c) Originariamente parecía que el dinero —es decir, la riqueza en
cuanto tal, es decir, la riqueza existente en y mediante el cambio con el
trabajo ajeno objetivado— coincidía consigo mismo, en la medida en
que no pasaba al cambio con trabajo vivo ajeno, es decir, en la medida
en que no pasaba al proceso de producción. La circulación era incapaz
de renovarse a partir de sí misma. Por otra parte, ahora el proceso de
producción parece estar fijo en el punto a), en la medida en que no es
capaz de pasar al proceso de circulación. El capital como producción que
descansa sobre el trabajo asalariado presupone la circulación como con-
dición necesaria y momento del movimiento global. Esta forma deter-
minada de la producción presupone esta forma determinada del cambio,
que encuentra su expresión en la circulación del dinero. Para renovarse,
todo el producto tiene que ser transformado en dinero; ahora no
ocurre como en estadios anteriores de la producción, en los que el cam-

21 Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 412-421.

bio sólo abarcaba la producción superflua y los productos superfluos;
pero no la abarcaba en modo alguno en su totalidad.

Éstas son, pues, las contradicciones, tal como se presentan espon-
táneamente a una visión simple, objetiva, no partidista. De qué manera
son continuamente superadas en la producción basada sobre el capital,
pero también constantemente engendradas de nuevo —y sólo son su-
peradas violentamente (a pesar de que esta superación se presenta hasta
un cierto punto como una simple compensación pacífica)— es otra cues-
tión. Lo importante es constatar ante todo la existencia de estas con-
tradicciones. Todas las contradicciones de la circulación reviven en una
nueva forma. El producto como valor de uso está en contradicción con-
sigo mismo como valor; es decir, en la medida en que el producto
existe en una determinada cualidad, como una cosa específica, como
producto de determinadas características naturales, como substancia de
una necesidad, está en contradicción con su substancia como valor, que
consiste exclusivamente en trabajo objetivado. Pero esta vez esta con-
tradicción no es puesta como en la circulación, de forma tal que sólo es
una simple diferencia formal, sino que el ser medido por el valor de
uso está rigurosamente determinado como el ser medido por la necesidad
global que tienen los individuos que cambian de ese producto —es de-
cir, por la cantidad del consumo global. Este consumo se presenta ahora
como medida para el producto en cuanto valor de uso y, por lo tanto,
también en cuanto valor de cambio. En la circulación simple no había
más que traducir de la forma de valor de uso particular a la de valor
de cambio. Su límite consistía exclusivamente en que en cuanto valor de
uso existía en virtud de su constitución natural en una forma particular,
en lugar de existir en la forma de valor, en la que era intercambiable
directamente con todas las demás mercancías. Pero ahora resulta que
en su constitución natural misma está dada la medida de su disponibi-
lidad. Para ser traducido en la forma general de la riqueza, el valor
de uso debe estar presente en una determinada cantidad; una cantidad,
cuya medida no está en el trabajo en él objetivado, sino que procede
de su naturaleza como valor de uso y además como valor de uso para
otros. Por otra parte, la contradicción precedente, según la cual el di-
nero existente para sí mismo tenía que pasar a intercambiarse con el
trabajo vivo, aparece ahora todavía mayor, en la medida en que el plus-
dinero o plusvalía, para existir en cuanto tal, tiene que intercambiarse
con plusvalía. En cuanto valor tiene, por lo tanto, su límite en la pro-
ducción ajena, y como valor de uso en el consumo ajeno; aquí su me-
dida está en la cantidad de la necesidad de su producto específico, y
allí en la cantidad de trabajo objetivado, que existe en la circulación.

La indiferencia del valor en cuanto tal frente al valor de uso está en la
misma falsa posición en que está por otra parte la substancia y la me-
dida del valor como trabajo objetivado en general.*'

Lo importante aquí —en donde es examinado el concepto general
de capital — es lo siguiente: que el capital no es inmediatamente esta
unidad de producción y valorización, sino que es un proceso, ligado a
condiciones que, como se ha visto, son condiciones exteriores.**

La creación de plusvalía absoluta por el capital —más trabajo obje-
tivado— tiene como condición que se amplíe el ámbito de la circula-
ción y que se amplíe además constantemente. La plusvalía creada en
un punto requiere la creación de plusvalía en otro punto, por la cual
ella se pueda cambiar; aunque en un primer momento se trate sola-
mente de producción de más oro y plata, de más dinero, de forma tal
que, si la plusvalía no puede convertirse inmediatamente de nuevo en
capital, pueda existir en la forma del dinero como posibilidad de nue-
vo capital. Una condición de la producción basada sobre el capital es,
por lo tanto, la producción de un circulo de la circulación continuamente
ampliado, bien sea que el círculo es directamente ampliado, o que son
creados más puntos en el mismo como puntos de producción. Si la circu-
lación se presentaba al principio como una magnitud dada, aquí se pre-
senta como una magnitud variable, y como una magnitud que se ex-
pande mediante la producción misma. Consiguientemente la circulación
se presenta como un momento de la producción. De la misma forma
que el capital tiene por un lado la tendencia a crear continuamente más
plustrabajo, también tiene por otro la tendencia complementaria de
crear más puntos de cambio; es decir, aquí desde el punto de vista de la
plusvalía absoluta o del plustrabajo absoluto, el capital tiene la tenden-
cia a necesitar más plustrabajo como complemento de sí mismo; au fond

*1% No se puede pasar todavía a la relación entre demanda, oferta, precios,
que en su desarrollo auténtico presuponen la existencia del capital. En la me-
dida en que demanda y oferta son categorías abstractas, que no expresan
todavía ninguna relación económica determinada, ¿no han de ser acaso conside-
radas en la producción o la circulación simple? <Entre corchetes en el ms.>

*160 Hemos visto previamente, en el proceso de valorización del capital,
cómo éste presupone el proceso de producción simple, tal como fue desarrollado
antes. Así también ocurrirá con la demanda y la oferta, ya que en el cambio
simple está presupuesta la necesidad del producto. La necesidad propia del
productor (directo) es presupuesta como necesidad de la demanda ajena. En
este desarrollo mismo, aquello que tiene que serle presupuesto, ha de presentarse
como su resultado, y todo esto ha de ser incluido posteriormente en los primeros
capítulos. <Entre corchetes en el ms.)

el capital tiene la tendencia a propagar la producción basada sobre el
capital o el modo de producción a él correspondiente. La tendencia a
crear el mercado mundial viene dada inmediatamente en el concepto
de capital. Todo límite se presenta como un límite a superar. Ante todo
el capital tiene la tendencia a someter todo momento de la producción al
cambio y a negar la producción de valores de uso inmediatos, que
no entran en el cambio, es decir, tiene la tendencia a colocar precisa-
mente la producción basada sobre el capital en lugar de modos de pro-
ducción anteriores y, desde su punto de vista, primitivos. El comercio
ya no se presenta aquí como una función que tiene lugar entre produc-
ciones independientes para el cambio de su excedente, sino como un
presupuesto esencial omnicomprensivo y como un momento de la pro-
ducción misma.*'”

Por otra parte, la producción de plusvalía relativa, es decir, la pro-
ducción de plusvalía basada en el aumento y desarrollo de las fuerzas
productivas, requiere la producción de nuevo consumo; exige, por lo
tanto, que se amplíe el círculo de consumo dentro de la circulación, de
la misma forma que antes exigía la ampliación del círculo productivo.
Primero, la ampliación cuantitativa del consumo existente; segundo, la
creación de nuevas necesidades, mediante la propagación de las necesi-
dades ya existentes en un círculo más amplio; tercero: producción de
muevas necesidades y creación de nuevos valores de uso. O en otras
palabras, el plustrabajo ganado no continúa siendo un mero excedente
cuantitativo, sino que al mismo tiempo amplía continuamente el círculo
de las diferencias cualitativas del trabajo (y con ello del plustrabajo),
lo hace más variado y más diferenciado en sí mismo. Por ejemplo, si
mediante la duplicación de la fuerza productiva sólo es necesario utilizar
un capital de 50 donde antes era necesario uno de 100, entonces un
capital de 50 y el trabajo necesario a él correspondiente es liberado;
en consecuencia, tiene que ser creado para el capital y el trabajo libe-
rado una rama de la producción nueva, cualitativamente diferente, que
satisfaga y produzca una nueva necesidad. El valor de la industria ante-
rior es conservado, por el hecho de que se ha creado el fondo para una
nueva industria, en la que la relación del capital y el trabajo se pone

*18 Of course, toda producción dirigida al valor de uso inmediato dismi-
nuye tanto el número de individuos que cambian, como la suma de valores en
general, que son arrojados a la circulación, y disminuye ante todo la producción
de plusvalores. De ahí la tendencia del capital 1) a ampliar continuamente la
periferia de la circulación; 2) transformarla en todos los puntos en producción
dirigida por el capital. (Entre corchetes en el ms.»

en una forma nueva. De ahí la explotación de toda la naturaleza, para
descubrir nuevas cualidades útiles de las cosas, y el cambio universal
de los productos de todos los climas y países extranjeros, y la nueva
preparación (artificial) de los productos naturales, con lo cual se les
da un nuevo valor de uso.*'* La exploración de la tierra de forma total,
tanto para descubrir nuevos objetos útiles, como para descubrir nuevas
posibilidades de uso de los objetos antiguos, y nuevas cualidades de los
mismos como materias primas, etc.; el desarrollo de la ciencia natural
alcanza, por lo tanto, su punto más alto; igualmente el descubrimiento,
creación y satisfacción de nuevas necesidades que proceden de la so-
ciedad misma; el cultivo de todas las cualidades del hombre social y
la producción del mismo como individuo rico en necesidades en la mayor
medida posible, porque es rico en cualidades y relaciones, es decir, la
producción del hombre como un producto social total y universal en
la mayor medida posible —(pues para disfrutar de muchos placeres, tiene
que ser capaz de disfrutarlos, es decir, tiene que ser un hombre cultivado
en un grado elevado)—- es también una condición de la producción ba-
sada sobre el capital. Y no es sólo la división del trabajo, la creación
de nuevas ramas de la producción, es decir, de tiempo suplementario
cualitativamente nuevo, sino también la separación de sí misma de la
producción determinada, como forma de crear un trabajo que tiene un
nuevo valor de uso; desarrollo de un sistema de clases de trabajo y
clases de producción que se amplía y extiende constantemente, y al que
corresponde un sistema de necesidades continuamente ampliado y más
rico.

Por lo tanto, si la producción basada sobre el capital crea por una
parte la industria universal —+es decir, el plustrabajo, el trabajo crea-
dor de valor—, por otra, crea un sistema de la explotación general de
las cualidades naturales y humanas, un sistema de la utilidad general,
como cuyo soporte aparece tanto la ciencia, como todas las cualidades
físicas y espirituales, mientras que nada aparece como lo superior-en-sí,
lo justificado-por-sí-mismo, al margen del círculo de la producción y del
cambio social. Así crea el capital la sociedad burguesa y la apropiación
universal tanto de la naturaleza como de la conexión social misma de
los miembros de la sociedad. De ahí la gran influencia civilizadora del
capital; su producción de un estado social, frente al cual todos los an-
teriores se presentan sólo como desarrollos locales de la humanidad, y

*182 Más adelante se aludirá al papel que desempeña el lujo entre los
antiguos a diferencia del que desempeña entre los modernos. <Entre corchetes
en el ms.>

como idolatría de la naturaleza. La naturaleza se convierte en puro ob-
jeto para el hombre, en pura cosa de utilidad; deja de ser reconocida
como poder por sí misma; y el conocimiento teórico de sus leyes inde-
pendientes se presenta simplemente como astucia, para someterla a las
necesidades humanas, bien como medio de consumo, bien como medio
de producción. Por su propia tendencia el capital tiende a pasar por
encima tanto de los límites y prejuicios nacionales, como sobre la ado-
ración de la naturaleza y sobre la satisfacción tradicional, restringida or-
gullosamente dentro de determinados límites, de las necesidades exis-
tentes y sobre la reproducción del modo de vida anterior. Es destructivo
frente a todo esto y opera una revolución constante, destrozando todos
los obstáculos que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas, la
ampliación de las necesidades, la multiplicación de la producción y
la explotación y el cambio de las fuerzas naturales y espirituales.?

Pero de esto, es decir, del hecho de que el capital ponga cada uno
de estos límites como un obstáculo, y consiguientemente lo supere ¿deal-
mente, no se sigue en modo alguno, que él realmente los haya superado,
y puesto que todo límite contradice su determinación, su producción se
mueve entre contradicciones, que son superadas continuamente, pero
que son continuamente puestas. Aún más. La universalidad hacia la que
él tiende irresistiblemente, encuentra sus límites en su propia natura-
leza, que en un cierto nivel de su desarrollo harán reconocer al capital
mismo como el mayor obstáculo de esa tendencia y, en consecuencia,
tenderá a su propia superación a través de él mismo.

Los economistas que, como Ricardo, conciben la producción como
inmediatamente idéntica con la autovalorización del capital —y que, por
lo tanto, no se preocupan ni de los límites del consumo, ni de los lí-
mites existentes de la circulación misma, en la medida en que ésta tiene
que ofrecer en todos los puntos equivalentes, y sólo prestan atención
al desarrollo de las fuerzas productivas y al crecimiento de la población
industrial; es decir, a la oferta sin tomar en consideración la deman-
da— han aprehendido, por lo tanto, la esencia del capital más acertada
y profundamente, que aquellos que, como Sismondi, acentúan los lími-
tes del consumo y del círculo de equivalentes existentes, a pesar de que
este último ha comprendido más profundamente la limitación de la pro-
ducción basada sobre el capital, su unilateralidad negativa. El primero
ha comprendido mejor la tendencia universal del capital, el segundo su
limitación particular. Toda la polémica sobre si la superproducción es
posible o necesaria desde el punto de vista del capital, gira en torno a

m2 Cfr. Hegel, Band IV, pág. 417.

si el proceso de valorización del capital en la producción implica inme-
diatamente su valorización en la circulación; si su valorización produ-
cida en el proceso de producción es su valorización real. Ricardo tiene
naturalmente también la sospecha de que el valor de cambio no es va-
lor al margen del cambio y que sólo se confirma como valor a través
del cambio; pero él considera los obstáculos que encuentra la produc-
ción como accidentales, como obstáculos que son superados. Él con-
cibe, por lo tanto, la superación de tales límites como incluida en la
esencia misma del capital, a pesar de que a menudo el desarrollo de
esta idea le hace caer en el absurdo; mientras que Sismondi, por el con-
trario, no sólo acentúa la aparición de los límites, sino la creación de
los mismos por el capital, que de esta forma incurre en contradicciones,
de las cuales Sismondi intuye que tienen que conducirlo a su downbreak
<derrumbamiento». En consecuencia, a él le gustaría poner obstáculos ex-
ternos a la producción, obstáculos éticos, jurídicos, etc., que precisa-
mente porque sólo son obstáculos externos y artificiales son superados
necesariamente por el capital sin problemas. Por otra parte, Ricardo y
toda su escuela no ha comprendido nunca las crisis modernas autén-
ticas, en las cuales esta contradicción del capital descarga en grandes
huracanes, que amenazan cada vez más al capital como fundamento de
la sociedad y de la producción misma.

Los intentos, realizados desde el punto de vista económico ortodoxo,
para negar la superproducción general en un momento dado, son en
realidad infantiles. O bien, como, por ejemplo, Mac Culloch,*% para
salvar la producción basada sobre el capital, se abstrae de todas sus
características específicas, de todas sus determinaciones conceptuales y
se la concibe, por el contrario, como producción simple para el valor de
uso inmediato; es decir, se abstrae por completo de todas las relaciones
esenciales y, para purificarla de contradicciones, en realidad lo que se
hace es suprimirla y negarla. O bien, como por ejemplo, Mill (imitado
por el insulso Say), se afirma de forma más aguda, que oferta y de-
manda son idénticas y tienen, por lo tanto, que corresponderse. La
oferta es realmente una demanda medida por su propia cantidad.” Pero
aquí se comete una gran confusión: 1) esta identidad de oferta y de-
manda, según la cual la oferta es una demanda medida por su propia
cantidad, es sólo verdad en la medida en que ella es valor de cambio = a
una determinada cantidad de trabajo objetivado. En este sentido ella

233 Cfr. McCuLLocH, The Principles of Political Economy, etc. Edinburgh
1825, págs. 166-190.
M4 James MiLi, Elements d'Economie Politique, etc. Paris 1823, págs. 250-260.

es la medida de su propia demanda —por lo que al valor se refiere.
Pero en cuanto valor la oferta sólo es realizada mediante el cambio con
dinero y como objeto de cambio por dinero depende 2) de su valor de
uso; pero en cuanto valor de uso depende de la masa de necesidades
de ella existente, de la necesidad que existe de ella. Como valor de uso
la oferta no es medida absolutamente por el tiempo de trabajo en ella
objetivado, sino que se le aplica una medida, que cae fuera de su natu-
raleza como valor de cambio. O bien se dice todavía: la oferta misma
es demanda para un producto determinado de cierto valor (que se ex-
presa en la cantidad requerida del producto). Si, por lo tanto, el pro-
ducto ofrecido es invendible, esto es la prueba de que se ha producido
demasiado de la mercancía ofrecida y demasiado poco de la mercancía
que se demanda al oferente. Por lo tanto, no existe superproducción
general, sino superproducción en uno o varios artículos, pero subpro-
ducción en otros. Pero con esto se olvida de nuevo que lo que el capital
productivo exige no es un determinado valor de uso, sino el valor para
sí, es decir, dinero —dinero no en la determinación de medio de circu-
lación, sino como forma general de la riqueza o forma de realización
del capital por un lado y retorno a su estado estático originario por otro.
Sin embargo, la afirmación de que se ha producido demasiado poco di-
nero, equivale en realidad a afirmar que la producción no coincide con
la valorización, que, por lo tanto, hay superproducción, o, lo que es lo
mismo, que la producción no es transformable en dinero, no es pro-
ducción transformable en valor; no es producción que se confirma en
la circulación. De ahí la ilusión de los artistas del dinero (también
Proudhon, etc.), que cuando se encuentran con una falta de medios de
circulación —a causa del alto precio del dinero— afirman que hay que
crear más dinero artificialmente. (Ver también la escuela de Birmingham,
The Gemini,” por ejemplo.) O bien se dice que considerado desde el
punto de vista social producción y consumo son lo mismo, y que, por
lo tanto, no puede tener lugar nunca un exceso o una desproporción
entre ambos. Por punto de vista social se entiende en este caso la
abstracción que prescinde de las relaciones y de la articulación social
determinada y, en consecuencia, prescinde también de las contradiccio-
nes que proceden de ella. Muy correctamente, por ejemplo, ha obser-
vado Storch contra Say que una parte importante del consumo no es
consumo para el uso inmediato, sino consumo en el proceso de produc-
ción, por ejemplo, consumo en máquinas, carbón, aceite, edificios ne-

2 Cfr. The Currency Question. The Gemini Letters. London 1844. Auto-
res: Thomas BARBER WRIGHT y JoHn HARLOW.

cesarios, etc. Este consumo no es en modo alguno idéntico con el consumo
del que se trata aquí. Igualmente Malthus* y Sismondi” han observado
correctamente que, por ejemplo, el consumo de los trabajadores no es
en modo alguno un consumo satisfactorio para los capitalistas. Aquí
se prescinde por completo del momento de la valorización, y el consumo
y la producción son simplemente puestos en el mismo plano; es decir,
se presupone una producción basada no en el capital, sino directamente
sobre el valor de uso. O expresado de forma socialista: si el trabajo y
el cambio del trabajo, es decir, si la producción y el cambio de la misma
(circulación) es todo el proceso, ¿de dónde puede proceder una des-
proporción si no es de una equivocación o de un error de cálculo? El
trabajo no es considerado aquí como trabajo asalariado, ni el capital como
capital. Por una parte, son aceptados los resultados de la producción
basada sobre el capital, y por otra, son negados los presupuestos y con-
diciones de estos resultados —el trabajo necesario como trabajo puesto
por y para el plustrabajo. O bien —por ejemplo, Ricardo— se dice
que, puesto que la producción misma es regulada por los costes de
producción, ella se regula a sí misma, y que si una rama de la produc-
ción no se valoriza, le es sustraído el capital en un determinado mo-
mento y éste es utilizado en otro punto, donde es necesario. Pero in-
dependientemente de que esta necesidad de compensación presupone ya
la desigualdad, la falta de armonía y, por lo tanto, la contradicción, en
las crisis generales de superproducción la contradicción no se produce
entre las diferentes clases del capital productivo, sino entre el capital
industrial y el capital financiero —entre el capital implicado directa-
mente en el proceso de producción y el capital que se presenta como
dinero en forma autónoma (relativamente) al margen de este proceso.
Finalmente encontramos la tesis de la producción proporcionada (ésta
está ya implícita en Ricardo, etc.); ahora bien, si la tendencia del ca-
pital es la de repartirse en las proporciones adecuadas, también es su
tendencia necesaria —puesto que persigue sin medida alguna plustra-
bajo, superproductividad, superconsumo, etc.—, pasar por encima de
toda proporción. (En la competencia esta tendencia interna del capital
se presenta como coacción, que le es impuesta por el capital ajeno y
que lo impulsa más allá de la proporción adecuada con un constante
marche, marche!) La libre competencia, como ha husmeado correcta-

26 Cfr. MaLtTHUs, Principles, etc., pág. 405; Definitions, etc., págs. 258-259.
21 Cfr. Sismondi, Études, etc. Tome I, pág. 61 nota.

28 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 80-85 <Principios..., pági-
nas 58-63).

mente el señor Wakefield en su comentario de Smith no ha sido
desarrollada todavía por los economistas, a pesar de todo lo que se ha
parloteado sobre ella y a pesar de ser la base de toda la producción
burguesa, basada sobre el capital. Ella sólo ha sido comprendida nega-
tivamente; es decir, como negación de los monopolios, de las corpora-
ciones, de las regulaciones legales, etc., es decir, como negación de la
producción feudal. Pero ella tiene que ser también algo para sí, ya
que un simple 0 es una negación vacía, un abstraer de un límite, que
resucita inmediatamente de nuevo, por ejemplo, en la forma de mono-
polio, de monopolios naturales, etc. Conceptualmente la competencia
no es más que la naturaleza interna del capital, su determinación esen-
cial, que se presenta y realiza como influencia recíproca de los capitales
entre sí; es decir, la tendencia interna se presenta como necesidad
externa. (El capital existe y sólo puede existir con muchos capitales,
y su autodeterminación se presenta, por lo tanto, como una influencia
recíproca de los mismos.) El capital es tanto la constante creación como
la constante negación de la producción proporcionada. La proporción
existente tiene que ser constantemente negada mediante la creación de
plusvalores y el aumento de las fuerzas productivas. Pero esta exigen-
cia, de ampliar la producción simultáneamente y en la misma propor-
ción, pone sobre el capital exigencias externas, que no proceden en
modo alguno de sí mismo; al mismo tiempo el abandono de las pro-
porciones dadas en una rama de la producción, impulsa a todos a
abandonar las proporciones dadas y abandonarlas además en proporcio-
nes desiguales. Hasta el momento (pues no hemos llegado todavía a
la determinación del capital como capital circulante y tenemos todavía
por un lado la circulación, y, por el otro, el capital, la producción, como
presupuesto de la misma, o como fundamento, del cual ella procede) la
circulación, desde el punto de vista de la producción, tiene ya una rela-
ción con el consumo y con la producción; o en otras palabras, plus-
trabajo como equivalente y especificación del trabajo en forma siempre
más rica.

En el concepto simple de capital sus tendencias civilizadoras tienen
que estar contenidas en sí y no presentarse como meras consecuencias
externas, como ha ocurrido en los libros de economía hasta la fecha.
Igualmente las contradicciones, que más tarde se manifiestan, existen
ya en potencia en dicho concepto simple.

m9 Cfr. Note On Chapters VIII and IX, Book I en: An Inquiry into the
Nature and Causes of the Wealth of Nations by Anam SMITH, LLD. With Notes
from Ricardo, M'Culloch, Chalmers, and other eminent political economists. Edited
by Edward Gibbon Wakefield, Esq., etc. Vol. L London 1843, págs. 244-246.

Hasta ahora hemos visto en el proceso de valorización simplemente
la indiferencia de los momentos individuales entre sí; que internamen-
te se condicionan y externamente se buscan; pero que pueden encontrar-
se o no, corresponderse o no. La necesidad interna de lo que constituye
un todo y la existencia autónoma, indiferente, de las partes entre sí
constituye ya la base de contradicciones.

Sin embargo todavía no hemos acabado. La contradicción entre la
producción y la valorización —cuya unidad es el capital según su con-
cepto— tiene que ser aprehendida todavía de forma más inmanente,
como el fenómeno indiferente, aparentemente autónomo, de los mo-
mentos individuales del proceso, o más bien de la totalidad de procesos
opuestos los unos a los otros.

Precisemos: ante todo hay un límite, no inherente a la producción
en general, pero sí para la producción basada sobre el capital. Este límite
es doble, o más bien es el mismo, considerado desde dos perspectivas.
Aquí basta con demostrar que el capital implica una limitación particular
de la producción —<que contradice su tendencia general de pasar por
encima de todo límite puesto a la producción—, para descubrir el fun-
damento de la superproducción, es decir, la contradicción fundamental
del capital desarrollado; para descubrir en general, que el capital no
es, como opinan los economistas, la forma absoluta para el desarrollo
de las fuerzas productivas —forma absoluta que, como forma de la ri-
queza, coincidiría absolutamente con el desarrollo de las fuerzas pro-
ductivas. Los estadios de la producción que preceden al capital, se
presentan, considerados desde el punto de vista del capital, como otras
tantas trabas de las fuerzas productivas. Pero el capital, rectamente
entendido, se presenta como condición para el desarrollo de las fuerzas
productivas, en tanto que éstas tienen necesidad de un estímulo externo,
estímulo que al mismo tiempo se presenta como su freno; así como
también la disciplina de las fuerzas productivas se convierte en superflua
y gravosa en un cierto grado de su desarrollo, de la misma forma que
lo fueron las corporaciones, etc. Estos límites inmanentes tienen que coin-
cidir con la naturaleza del capital, con sus determinaciones conceptuales
esenciales. Estos límites necesarios son:

1) El trabajo necesario como límite del valor de cambio de la
capacidad de trabajo viva o como límite del salario de la población
industrial. -

2) La plusvalía como límite del tiempo de trabajo suplementario;
y, en relación con el tiempo de trabajo suplementario relativo, como
límite del desarrollo de las fuerzas productivas.

3) Lo que es lo mismo, la transformación en dinero, el valor de

cambio en general, como límite de la producción; o el cambio basado
sobre el valor, o el valor basado sobre el cambio como límite de la
producción. Lo que

4) equivale a su vez a una limitación de la producción de valores
de uso mediante el valor de cambio; o bien, que la riqueza real, para
convertirse en general en objeto de la producción, tiene que adoptar
una forma determinada, una forma diferente de ella misma, y, por lo
tanto, una forma que no es absolutamente idéntica consigo misma.

Por otra parte de la tendencia general del capital procede (análoga-
mente a lo que ocurría en la circulación simple, en la que el dinero
como medio de circulación se presentaba como meramente evanescente,
carente de necesidad autónoma, y, en consecuencia, no como límite y
obstáculo) el que él olvida y abstrae:

1) del trabajo necesario como límite del valor de cambio de la
capacidad de trabajo viva; 2) de la plusvalía como límite del plustra-
bajo y del desarrollo de las fuerzas productivas; 3) del dinero como lí-
mite de la producción; 4) de la limitación de la producción de los
valores de uso mediante el valor de cambio.

De ahí la superproducción: es decir, el recuerdo súbito de todos
estos momentos de la producción basada sobre el capital; de ahí la
devaluación general como consecuencia del olvido de todo esto. Pero, al
mismo tiempo, al capital le es impuesta la tarea de comenzar su intento
de nuevo a partir de un grado superior del desarrollo de las fuerzas
productivas y con la perspectiva de un colapso cada vez mayor en cuan-
to capital. Está claro, por lo tanto, que cuanto mayor sea el desarrollo
del capital, tanto más se presenta como límite de la producción —y, por
lo tanto, también del consumo—, independientemente de las otras con-
tradicciones, que lo hacen aparecer como un límite gravoso de la pro-
ducción y del tráfico.

(Todo el sistema de crédito, y el comercio especulativo, superespe-
culación, etc., que está unido a él, descansa sobre la necesidad de am-
pliar y superar el límite de la circulación y de la esfera de cambio. Esto
se manifiesta de la forma más colosal, más clásica, en la relación entre
pueblos, que en la relación entre individuos. Así, por ejemplo, los in-
gleses se ven obligados a prestar a las naciones extranjeras, para tenerlas
como clientes. Au fond el capitalista inglés cambia con el capital pro-
ductivo inglés dos veces 1) como inglés, 2) como yankee, etc., o bajo
cualquier otra forma en que él haya colocado su dinero.)

[[Sobre el capital como obstáculo para la producción se encuentran
algunas indicaciones, por ejemplo, en Hodgskim: «En la situación actual
toda acumulación de capital aumenta la cantidad de beneficio que se

exige del trabajador y elimina todo aquel trabajo que procuraría al tra-
bajador una existencia confortable..." El beneficio límite de la pro-
ducción.»*” (H[odgskin, cuaderno] pág. 46). Mediante el comercio exte-
rior se amplía el límite de la esfera de cambio y es posible para los
capitalistas, consumir más plustrabajo. «En una serie de años el mundo
no puede tomar de nosotros más de lo que nosotros tomamos del mun-
do.*” Incluso los beneficios obtenidos por nuestros mercaderes en su
comercio exterior, son pagados por el consumidor de los bienes impor-
tados. El comercio exterior no es más que un trueque, y en cuanto tal,
es sólo un cambio para la conveniencia y disfrute del capitalista. Pero
él puede consumir mercancías sólo hasta cierto punto. Él cambia te-
las, etc., por los vinos y sedas de países extranjeros. Pero estos vinos
y seda, como las telas y paños, no representan más que el plustrabajo
de nuestra propia población y de esta forma el poder destructor del
capitalista es aumentado por encima de todos los límites. Esto es, el
capitalista intenta ser más listo que la naturaleza.»*" (Source and Reme-
dy, etc., págs. 27, 28). La saturación, en consecuencia, está conectada
con el límite del trabajo necesario: «El sentido auténtico de una demanda
mayor por parte de los trabajadores es el de que ellos están dispuestos
a tomar menos para ellos mismos, y dejar una parte mayor para sus
empleadores; y si se dice que esto, al disminuir el consumo aumenta la
saturación, yo sólo puedo decir que saturación entonces es sinónimo de
altos beneficios.» ** (Enquiry [into those principles respecting the Natu-
re Of Demand, etc.] Londres 1821, pág. 12). He aquí expresado perfec-
tamente un lado de la contradicción. «La práctica de parar el traba-
jo, en el punto en el que puede producir, además de lo necesario para
la subsistencia del trabajador, un beneficio para el capitalista, se opone
a la ley natural que regula la producción.» (H[odgskin. Cuaderno],

30 Cfr. HopcskIiN, Popular Political Economy, etc., pág. 246.

30L Cfr. HopGskiN, Popular Political Economy, etc., págs. 245-246.

302 Cfr. The Source and Remedy, etc., pág. 17.

303 Cfr. The Source and Remedy, etc., pág. 18.

Esta indicación de páginas se refiere al propio cuaderno de extractos de
Marx.

305 Cfr. An Inquiry into those principles, respecting the Nature of Demand
and the Necessity of Consumation, lately advocated by Fr. Malthus, etc. London
1821, pág. 59.

3% La indicación de página se refiere al propio cuaderno de extractos de
Marx.

307 Cfr. HonGskIN, Popular Political Economy, etc., pág. 328.

41% IX). «La cantidad global de beneficio exigido aumenta en propor-
ción al aumento del capital acumulado; de esta manera aparece un
obstáculo artificial a la producción y a la población.» (H[odgskin.
Cuaderno], 46).*” Las contradicciones del capital como instrumento de
producción en general y como instrumento de producción de valor, son
desarrolladas de la siguiente forma por Malthus (X, 40 sq.):*" «Los be-
neficios son siempre medidos por el valor y no por la cantidad...** La
riqueza de un país depende en parte de la cantidad de productos obte-
nidos por su trabajo, y en parte de la medida en que esta cantidad es
adaptada a las necesidades y a la capacidad de la población existente,
de forma tal que le dé un valor. Nada puede ser más cierto, que la ri-
queza no está determinada por uno solo de estos factores. Pero donde
riqueza y valor están quizás más estrechamente ligados, es en la necesi-
dad del último para la producción de la primera** El valor dado a las
mercancías, es decir, el sacrificio de trabajo que la gente está dispuesta
a hacer para obtenerlas, en el estado actual de las cosas se puede decir
que-es casi la única causa de la existencia de la riqueza...** La demanda
y el consumo ocasionados exclusivamente por los trabajadores emplea-
dos en trabajo productivo, no puede nunca, por sí sola, proveer el mo-
tivo para la acumulación y utilización del capital..." las fuerzas de
producción por sí solas no aseguran la creación de un grado proporcio-
nado de riqueza, así como tampoco lo asegura el aumento de la po-
blación. Lo que es necesario para ello es una distribución del pro-
ducto, y una adaptación del producto a las necesidades de aquellos que
lo han de consumir, de tal forma que constantemente aumente el valor
de cambio de toda la masa, es decir, las fuerzas de producción son pues-
tas en acción de forma total sólo por la demanda ilimitada de todo lo
que ha sido producido... Esto se consigue, por una parte, mediante la
continua creación de nuevas ramas de la industria (y la recíproca am-
pliación de las antiguas), mediante lo cual las antiguas ramas de la in-

308 La indicación de la página es errónea. Debería decir: página 45. Se re-
fiere al cuaderno de extractos de Marx número IX.

309 Cfr. HoncskxiIN, Popular Political Economy, etc., pág. 246.

310 Esta indicación de página se refiere al propio cuaderno de extractos de
Marx.

311 Esta indicación se refiere al número y página del cuaderno de extractos
de Marx.

312 Cfr. Malthus, Principles, etc., pág. 266.

313 Cfr. MALTHUS, Principles, etc., pág. 301.

34 Cfr. MaLtTHUS, Principles, etc., pág. 302.

315 Cfr. MALTHUS, Principles, etc., pág. 315.

dustria obtienen nuevos mercados, etc. La producción misma crea en
realidad una demanda, ya que ella emplea a más trabajadores en la
misma rama de producción, y crea nuevas ramas de producción, en
las que nuevos capitalistas emplean a su vez a nuevos trabajadores y al
mismo tiempo se convierten en mercado para las viejas ramas de la pro-
ducción;** pero la demanda creada por el trabajador productivo no
puede ser nunca una demanda adecuada, porque no alcanza a la totali-
dad de lo que él produce. Si alcanzara, entonces no habría beneficio, y
consiguientemente, no habría ningún motivo para emplearlo. La exis-
tencia misma de un beneficio presupone una demanda exterior a la del
trabajador que lo ha producido.» «Ambos, trabajadores y capital, pue-
den estar de más comparados con la posibilidad de utilizarlos para ob-
tener un beneficio.»**] ]

[[Hay que observar a propósito del apartado 3), sobre el que tra-
taremos en seguida, que la acumulación primitiva, en la que el capital
aparece como contrapuesto al trabajo, y a través de la cual el capital tie-
ne un poder de disposición sobre el trabajo, no es por una parte más
que el plustrabajo mismo en la forma de plusproducto y por otra un
título sobre el trabajo coexistente ajeno.]]

Aquí, of course, no se trata todavía de desarrollar la superproduc-
ción en su carácter determinado, sino sólo de presentar la tendencia a
la superproducción, tal como está puesta primitivamente en la relación
misma del capital. Hemos dejado, por lo tanto, de lado toda consideración
sobre las demás clases poseedoras y consumidoras, etc., que no produ-
cen, sino que viven de sus rentas, y que, por lo tanto, cambian con el
capital, es decir, constituyen centros de cambio para el capital. Noso-
tros podemos tomarlas en consideración sólo parcialmente (aunque me-
jor en el apartado sobre Acumulación) en la medida en que su impor-
tancia es muy grande para la formación histórica del capital.

En la producción basada sobre la esclavitud, así como en la produc-
ción patriarcal agrícola-industrial, en las que la mayor parte de la po-
blación satisface inmediatamente mediante su trabajo la mayor parte de
sus necesidades, el ámbito de la circulación y del cambio es muy redu-
cido, y en el primer modo de producción el esclavo realmente no es
tomado en consideración como individuo que cambia. Pero en la pro-
ducción basada sobre el capital el consumo está mediado por el cambio

316 Cfr. Malthus, Principles, etc., págs. 361-413, concretamente las págs. 372-
382 y 398413.

37 Cfr. Malthus, Principles, etc., pág. 405. Nota del editor Otter.

18 Cfr. Malthus, Principles, etc., pág. 414. Nota del autor.

en todos los puntos y el trabajo no tiene nunca valor de uso inmediato
para el trabajador. Su base total es el trabajo como valor de cambio y
como creador de valor de cambio.

Well. D'abord, el trabajador asalariado a diferencia del esclavo es
un centro independiente de la circulación, un individuo que cambia,
creador y conservador del valor de cambio mediante el cambio. Primero:
mediante el cambio entre la parte del capital, determinada como salario,
y la capacidad de trabajo viva, es realizado inmediatamente el valor de
cambio de esta parte del capital, antes de que el capital salga del pro-
ceso de producción y entre en la circulación; o bien esto puede ser
comprendido como acto de la circulación. Segundo: con la excepción
de sus propios trabajadores, la masa global de todos los demás traba-
jadores se presenta frente a cada capitalista no como trabajadores sino
como consumidores; como poseedores de valores de cambio (salario),
dinero, que lo cambian por su mercancía. Ellos son otros tantos centros
de circulación, de los que parte el acto de cambio y por los que es con-
servado el valor de cambio del capital. Ellos constituyen una parte
proporcionalmente muy grande de los consumidores, aunque realmente
no tan grande, como generalmente se piensa, si se considera al trabaja-
dor industrial auténtico. Cuanto mayor sea su número —el número de
la población industrial — y cuanto mayor sea la masa de dinero de la
que ellos disponen, tanto mayor es la esfera de cambio del capital. Ya
hemos visto que es la tendencia del capital, el elevar lo más posible
la masa de la población industrial.***

Realmente aquí no nos interesa en absoluto la relación de un ca-
pitalista con los trabajadores de otros capitalistas. Esto revela solamente
la ilusión de cada capitalista, pero no cambia nada la relación general
del capital con el trabajo. Cada capitalista sabe de su trabajador, que
él no está frente a él como el productor frente al consumidor, y desea
limitar su consumo, es decir, su capacidad de cambio o su salario lo
más posible. Él desea naturalmente que los trabajadores de los demás
capitalistas sean consumidores de su mercancía en la mayor medida po-
sible. Pero la relación de cada capitalista con sus trabajadores es la re-
lación general de capital y trabajo, la relación esencial. Pero la ilusión
—verdadera para el capitalista individual diferente de todos los de-
más— de que al margen de sus trabajadores la clase obrera total restante
está frente a él como consumidor y como individuo que cambia, es
decir, como dador de dinero, y no como trabajador, nace precisamente

*13 Sigue en línea aparte: Enero (1858).

de ello. Se olvida, como dice Malthus, que «la existencia misma de un
beneficio sobre cualquier mercancía presupone una demanda exterior
a la del trabajador que la ha producido», y que, por lo tanto, la deman-
da del trabajador mismo no puede ser nunca una demanda adecuada.
Puesto que una producción pone en movimiento a otra y se procura de
esta forma sus consumidores en los trabajadores del capital ajeno, para
cada capital individual la demanda de la clase trabajadora, creada me-
diante la producción misma, se presenta como una «demanda adecua-
da». Esta demanda creada mediante la producción misma impulsa a ésta
por una parte a pasar por encima de la proporción, en la que tendría
que producir en relación con los trabajadores; por otra parte, si desapa-
rece o disminuye además la demanda exterior a la demanda del trabaja-
dor mismo, se produce el colapso. El capital mismo considera entonces la
demanda por los trabajadores —es decir, el pago del salario, sobre el que
descansa esta demanda— no como ganancia, sino como pérdida. Es decir,
que se impone la relación inmanente entre capital y trabajo. Aquí entra
de nuevo la competencia de los capitales, su indiferencia mutua, y la in-
dependencia del uno frente al otro, que conduce a que el capital indivi-
dual se relacione con los trabajadores del capital global restante 10 como
trabajadores: de ahí la tendencia a pasar por encima de las proporciones
correctas. Lo que distingue al capital de la relación de señorío es preci-
samente que el trabajador se le enfrenta como consumidor y creador de
valor de cambio, en la forma del poseedor de dinero, en la forma
de simple centro de la circulación —uno de los infinitos centros de la
misma—, en la que desaparece su determinación como trabajador.*!*

*16% Ocurre exactamente lo mismo con la demanda creada por la produc-
ción misma de materia prima, productos semifabricados, maquinaria, medios
de comunicación y de los materiales auxiliares utilizados en la producción como
instrumentos colorantes, carbón, talco, jabón, etc. Esta demanda en cuanto de-
manda solvente que crea valor de cambio es adecuada y suficiente, en tanto
los productores cambian entre sí. Su inadecuación se pone de manifiesto, tan
pronto como el producto final encuentra su límite en el consumo inmediato
y final. Esta apariencia incluso, que impulsa a superar la proporción correcta,
está basada en la esencia del capital, que, como habrá que examinar más de cerca
al tratar de la competencia, es la autorrepulsión y la pluralidad de capitales indife-
rentes que se enfrentan. En la medida en que un capitalista compra a otro, le
compre mercancías, o se las venda, ellos están en una relación de cambio simple.
Ellos no se relacionan entre sí en cuanto capital. La proporción correcta (imagi-
naria) en la que ellos tendrían que cambiar entre sí, para poder finalmente valo-
rizarse en cuanto capital, yace fuera de su relación recíproca. «Entre corchetes
en el ms.)

[Ante todo: el capital obliga al trabajador a pasar por encima del
límite del trabajo necesario y a crear plustrabajo. Sólo de esta forma
el capital se valoriza y produce plusvalía. Pero, por otra parte, el ca-
pital sólo emplea el trabajo necesario, en la medida en que es plustra-
bajo y en que éste es realizable como plusvalía. El capital pone, por lo
tanto, al plustrabajo como condición del trabajo necesario, y a la plus-
valía como límite para el trabajo objetivado, para el valor en general.
Tan pronto como el capital no puede poner el primero, tampoco pone
el trabajo necesario,*'*% y sólo sobre la base de aquél puede él emplear
a éste. El capital limita, por lo tanto —con un obstáculo artificial como
dicen los ingleses— el trabajo y la creación de valor y además, por la
misma razón, por la que y en la medida en la que él crea plustrabajo
y plusvalía. Él constituye, por lo tanto, según su propia naturaleza un
límite para el trabajo y para la creación de valor, en contradicción con
su tendencia a ampliarlos sin límite. Y en la medida en que él crea tanto
un límite específico para él mismo, como por otra parte tiende a pasar
por encima de todo límite, el capital es la contradicción viviente.*'*>

Si, por lo tanto, el capital por una parte convierte al plustrabajo y
al cambio de capital por plustrabajo en condición del trabajo necesario
y, en consecuencia, de la colocación de la capacidad de trabajo como
centro de cambio —desde este lado, por lo tanto, restringe y condiciona
la esfera del cambio— por otra, es igualmente esencial para él limitar
el consumo del trabajador a lo necesario para la reproducción de su ca-
pacidad de trabajo —es decir, transformar el valor que expresa el fra-
bajo necesario en límite para la valorización de la capacidad de trabajo
y, en consecuencia, de la capacidad de cambio del trabajador y en in-
tentar reducir al mínimo la relación del trabajo necesario con el plus-
trabajo. Así es puesto un nuevo límite a la esfera de cambio, pero un
límite que igual que el primero es idéntico con la tendencia del capital
a relacionarse con todo límite de su autovalorización como con un
obstáculo. El aumento ilimitado de su valor —la creación ilimitada de
valor— es aquí absolutamente idéntica con el establecimiento de límites

*185 En ed. 1939. «Sobald es den letztren nicht setzen kann, setzt es den

erstren nicht» (tan pronto como no puede poner al último, no pone al primero).

*186 Puesto que el valor constituye la base del capital, y sólo existe, por lo
tanto, necesariamente mediante el cambio con un equivalente, el capital tiene
necesariamente que proceder a un movimiento de autorrepulsión. Un capital
universal, sin capitales ajenos frente a él, con los cuales él cambia —y desde
el punto de vista actual no tiene frente a él más que el trabajo asalariado o
sí mismo— es, por lo tanto, un absurdo. La repulsión de los capitales entre sí
está implícita en él como valor de cambio realizado. <Entre corchetes en el ms.»

de la esfera de cambio, es decir, de la posibilidad de la valorización
—<e la realización del valor creado en el proceso de producción.

Lo mismo se puede decir de la fuerza productiva. Por una parte,
la tendencia del capital es la de aumentarla al máximo, para aumentar
el tiempo suplementario relativo. Por otra parte, con ello disminuye el
tiempo de trabajo necesario, es decir, la capacidad de cambio de los tra-
bajadores. Más aún, como hemos visto, la plusvalía relativa aumenta
en proporción mucho menor que la fuerza productiva, y además esta
proporción disminuye cada vez más, cuanto más haya aumentado ya la
fuerza productiva. Pero con ello aumenta en proporción análoga —Jde
lo contrario sería liberado nuevo capital o nuevo trabajo— la masa
de los productos que no entran en la circulación. Pero en la misma me-
dida en que aumenta la masa de los productos, aumenta la dificultad
de valorizar el tiempo de trabajo en ellos contenidos —porque aumenta
la exigencia que se requiere del consumo. (Aquí sólo tenemos que ver
con la cuestión de cómo el proceso de valorización del capital es al mis-
mo tiempo su proceso de devaluación. En qué medida también, el ca-
pital, mientras tiene la tendencia a aumentar las fuerzas productivas
ilimitadamente, limita y unilateraliza igualmente a la fuerza productiva
fundamental, al hombre mismo, etc., no pertenece a este apartado; en
general el capital tiene la tendencia a limitar las fuerzas productivas.)

El capital pone, por lo tanto, al tiempo de trabajo necesario como
límite para el valor de cambio de la capacidad de trabajo viva; el tiem-
po de trabajo suplementario como límite para el tiempo de trabajo ne-
cesario y a la plusvalía como límite para el tiempo de trabajo suplemen-
tario mientras al mismo tiempo el capital tiende a pasar por encima
de todos estos límites, en la medida en que contrapone la capacidad de
trabajo a sí mismo como simple individuo que cambia, como dinero
y como único límite real al tiempo de trabajo suplementario, porque
es el creador de plusvalía. (O bien, desde el primer punto de vista, el
capital pone el cambio de plusvalías como límite para el cambio de los
valores necesarios.)

El capital pone en el mismo momento a los valores existentes en
la circulación —o, lo que es lo mismo, a la proporción entre el valor
puesto por él y el valor presupuesto en él mismo y en la circulación—
como límite, como límite necesario de su creación de valor; por otra
parte, pone a su productividad como único límite y como única pro-
ductora de valor. Él tiende, por lo tanto, continuamente a su propia
devaluación por una parte, y a frenar por otra las fuerzas productivas
y el trabajo que se objetiviza en valores.

### Superproducción. — Proudhon (cómo es posible que el trabajador
en el precio de la mercancía, que él compra, pague el beneficio, y
sin embargo, reciba su salario necesario). — Precio de la mercancía
y tiempo de trabajo. Excedente, etc. (Precio y valor, etc.) El capi-
talista no vende demasiado caro; pero sí vende por encima de lo
que le cuesta la cosa. — Precio (fraccional). Bastiat. Disminución
del precio fraccional. — El precio puede descender por debajo del
valor sin perjuicio para el capital. Importancia del número y de la
unidad (medida) en la multiplicación del precio.

[[La tontería de la imposibilidad de la superproducción (o en otras pa-
labras, la afirmación de la identidad inmediata del proceso de produc-
ción y del proceso de valorización del capital) ha sido expresada al menos
sofísticamente, es decir, ingeniosamente, como ya hemos dicho antes,
por James Mill en los siguientes términos: la oferta = a su propia de-
manda, es decir, que demanda y oferta se cubren; lo que en otras pala-
bras no quiere decir, sino que el valor viene determinado por el tiempo
de trabajo, y que, por lo tanto, el cambio no le añade nada, con lo cual
se olvida solamente, que el cambio tiene que tener lugar y que esto
depende del valor de uso (en última instancia). De ahí que, como Mill
dice, si la demanda y la oferta no se cubren, esto obedece a que de un
determinado producto (el ofrecido) se ha producido demasiado, y del
otro (el demandado) se ha producido demasiado poco. Este demasiado
o demasiado poco no se refiere al valor de cambio, sino al valor de uso.
Hay más del producto ofrecido de lo que se «necesita» de él; aquí
sale a la luz todo el sofisma. Es decir, en el afirmar que la superproduc-
ción es motivada por el valor de uso y, por lo tanto, por el cambio.
En Say esto es reducido a la tontería de que puesto que los productos
se cambian sólo por productos, lo que puede a lo sumo ocurrir es que
se haya producido demasiado de uno y demasiado poco de otro.*”” Con
ello se olvida: 1) que los valores se cambian por valores y que un pro-
ducto sólo se cambia por otro, en la medida en que es valor, es decir,
en la medida en que es dinero o se convierte en dinero; 2) que se cam-
bia por trabajo. Este buen hombre se coloca en el punto de vista del
cambio simple, en el cual no es posible en realidad superproducción
alguna, porque se trata en realidad no del valor de cambio, sino del
valor de uso. La superproducción tiene lugar en relación con la valori-
zación exclusivamente.]]

319 Cfr. J. B. Say, Traité, etc., págs. 142-156.

Proudhon, que ha oído campanas y no sabe dónde, hace derivar la
superproducción «de que el trabajador no puede comprar su produc-
to». Él entiende por esto que al producto le son añadidos los inte-
reses y el beneficio, o lo que es igual, que el precio del producto es
encarecido por encima de su valor real. Esto demuestra ante todo, que
él no comprende nada de la determinación del valor, la cual, hablando
en general, no puede incluir en absoluto un sobreprecio (overcharge).
En la práctica, en el comercio, el capitalista A puede timar al capita-
lista B, pero entonces lo que uno se embolsa de más, el otro se embolsa
de menos. Si sumamos ambas partes, la suma del cambio = a la suma
del tiempo de trabajo objetivado, de la cual el capitalista A se embolsa
más de lo que le correspondería en relación con el capitalista B. De
todos los beneficios que el capital, es decir, la masa global de los capi-
talistas, obtiene, hay que deducir 1) la parte constante del capital; 2)
el salario, o tiempo de trabajo objetivado necesario para reproducir la
capacidad de trabajo viva. Los capitalistas no pueden repartirse entre
sí más que la plusvalía. Las proporciones —justas o injustas— en las
que se reparten esta plusvalía, no cambian absolutamente nada el cam-
bio y la relación de cambio entre capital y trabajo.

Se podría decir que el tiempo de trabajo necesario (es decir, el sa-
lario), que no incluye beneficio, sino que más bien hay que deducirlo
de él, es a su vez determinado por los precios de los productos, que ya
incluyen el beneficio. ¿De dónde si no podría provenir el beneficio,
que el capitalista obtiene en el cambio con el trabajador al que él no
emplea directamente? Por ejemplo, el tejedor cambia su salario por
tantos bushels de cereales. Pero en el precio de cada bushel está ya
incluido el beneficio del agricultor, es decir, del capital. Así, pues, el
precio de los medios de subsistencia, que el tiempo de trabajo necesa-
rio compra, incluye ya tiempo de trabajo suplementario. Ánte todo está
claro que el salario pagado por el hilandero a 'sus trabajadores, tiene
que ser lo suficientemente grande, como para comprar los bushels de
trigo necesarios, cualquiera que sea el beneficio para el agricultor que
entra en el precio del bushel de trigo; pero, por otra parte, está tam-
bién claro que el salario, que el agricultor paga a sus trabajadores tiene
que ser lo suficientemente grande, para que ellos se puedan procurar
la cantidad necesaria de piezas de vestir, cualquiera que sea el beneficio

32 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 207-208.

del hilandero o del tejedor que entra siempre en el precio de estas piezas
de vestido.***

El sofisma procede simplemente de que 1) son confundidos precio y
valor; 2) son introducidas relaciones, que no tienen nada que ver con
la determinación del valor en cuanto tal. Supongamos ante todo —desde

*187 Tachado en el manuscrito: Si la tasa general de beneficio es, por

ejemplo, el 10 %, entonces el hilandero le tiene que pagar a sus trabajadores
y el agricultor a los suyos el 10% sobre su salario necesario. Aquí sólo tene-
mos que ver todavía con relaciones generales y por término medio y, por lo
tanto, no nos interesa la venta al por menor. El hilandero gana el 10% no
sobre su capital, sino sobre la parte alícuota del mismo que está representada
por la fracción de su capital transformado en mercancías, que el trabajador
compra. Igualmente ocurre con el agricultor en sus relaciones con los trabaja-
dores del capitalista. Pero cada uno de ellos pierde el 10% que paga por
encima del salario necesario. (Pueden producirse diferencias, en la medida en
que los productos del uno, por ejemplo, del agricultor, entran en el consumo
necesario del trabajador, y los del otro no; pero esto no pertenece todavía a
este lugar.) Suponiendo que el agricultor y el hilandero utilicen un capital de
100 táleros y que las relaciones de capital constante y variable sean en ambos
casos las mismas, la plusvalía, consiguientemente, también será la misma.

Por ejemplo, 60 de materia prima, 20 de maquinaria, 20 de trabajo, 20 de
plustrabajo = 120 táleros. Si 60 varas o 60 bushels = 120, 1 vara o 1 bushel
= 120/60 = 2 táleros. La plusvalía supone el 100 % sobre el trabajo; pero sólo 20
o 1/5 de 100 sobre el capital anticipado, porque el salario sólo es 1/5 del
capital anticipado. Pero 100/5 = 20. El trabajador recibe en ambos casos como
salario necesario 10 varas o 10 bushels = 20 táleros. El precio de cada vara o
de cada bushel contiene 20 % de beneficio; el trabajador, por lo tanto, según
Proudhon, cuando compra una vara o un bushel, paga sobre sus 10 varas o
10 bushels 10 x 20% de más. 20 % sobre 2 táleros o 60 silbergroschen = 2
táleros. Pero él recibe exclusivamente el salario necesario de 10 varas o 10 bushels.
Naturalmente, si damos por supuesta la maquinaria como constante. El traba-
jador, si hubiera tenido un capital de 100 y se hubiera limitado a su trabajo
necesario, pero de forma tal que éste fuera colocado en posición de poder em-
pezar de nuevo desde el principio con el producto de su trabajo, habría necesitado
producir sólo 10 varas o 10 bushels; pero para esto la materia prima...

1 bushel o 1 vara 6 silbergroschen de más; sobre 10 = 60 o 2 táleros. 20 %
sobre 2 táleros o 60 silbergroschen es 60/5 = 12. El beneficio sobre una vara
o un bushel constituye 12 silbergroschen. Pero el trabajador recibe 20 táleros
= 10 bushels o 10 varas. Él paga, por una parte, 10 x 12 de más o 120 sil-
bergroschen = 4 táleros (4 x 30 = 120); él recibe por otra parte 4 táleros de
más (sobre una vara 12 silbergroschen, 10 X 12); es decir, 20 en lugar de 16;
es decir, la quinta parte o 20% de 20 de más. Por otra parte, sin embargo,
él recibe sólo el salario necesario de 10 varas o 10 bushels. Si el precio fuera
determinado por el trabajo necesario, él recibiría: por una vara 60 — 12 silber-
groschen = 48 silbergroschen = 1 tálero y 18 silbergroschen; o por 10 varas
48 x 10 = 480 silbergroschen = 16 táleros (480/30 = 16).

un punto de vista exclusivamente lógico—, que el capitalista A produce
todos los medios de subsistencia que el trabajador necesita, o que re-
presentan la suma de valores de uso, en los cuales se objetiviza su tra-
bajo necesario. El trabajador, por lo tanto, con el dinero que él recibe
del capitalista —el dinero en esta transacción aparece sólo como me-
dio de circulación— tendría que recomprar al capitalista una parte
alícuota del producto, que representa su trabajo necesario. El precio de
una parte alícuota del producto del capitalista A es, of course, el mismo
para el trabajador que para cualquier otro individuo que cambia. En
el momento, en el que él compra del capitalista, su cualidad específica
de trabajador es cancelada; en su dinero ha desaparecido todo rastro
de la relación y de la operación mediante la cual él lo ha recibido; el
trabajador está frente al capitalista en la circulación simplemente como di-
nero; el capitalista está frente a él como mercancía, es decir, como
realizador del precio de la mercancía, que está presupuesto para él, exac-
tamente igual que para cualquier otro representante de dinero, es decir,
para cualquier comprador. Well. En el precio de las partes alícuotas de
las mercancías, que él compra, está sin embargo incluido el beneficio en
el que se presenta la plusvalía que le corresponde al capital. Si su tiem-
po de trabajo necesario representa en consecuencia 20 táleros = a una
parte alícuota determinada del producto, entonces el capitalista, si el
beneficio es del 10 %, le vende la mercancía a 22 táleros.

Así piensa Proudhon; y de ahí obtiene la conclusión de que el tra-
bajador no puede recomprar su producto, es decir, la parte alícuota del
producto total que supone la objetivización de su trabajo necesario.”
(Sobre su otra conclusión, según la cual el capital no puede cambiar
adecuadamente y de abí la superproducción, volveremos enseguida.) Pon-
gamos, para hacer la cosa accesible, que los 20 táleros del trabajos =
4 fanegas de trigo. El trabajador —si 20 táleros es el valor expresado en
dinero de las 4 fanegas y si el capitalista los vende por 22 táleros— no
podría en consecuencia comprar las 4 fanegas; él podría comprar sola-
mente 3 7/11 fanegas. En otras palabras, se presume que la transacción
monetaria falsea la relación. 20 táleros es el precio del trabajo necesa-
rio = 4 fanegas; y el capitalista le da esto al trabajador; pero tan pronto
como éste quiere tener las 4 fanegas a cambio de sus 20 táleros, resulta
que recibe sólo 3 7/11. Puesto que el trabajador no recibiría con ello
el salario necesario, él no podría en general vivir y, en consecuencia, el

32m Cfr. Gratuité du Crédit, etc., págs. 191-208.

señor Proudhon demuestra demasiado.*'* Pero la premisa es falsa. Si
5 táleros expresan el valor de una fanega, es decir, el tiempo de trabajo
en ella objetivado, y si 4 fanegas es el salario necesario, entonces el
capitalista A no vende estas 4 fanegas a 22, como dice Proudhon, sino
a 20 táleros. Pero la cuestión es la siguiente: el producto global (incluido
el tiempo de trabajo necesario y el suplementario) es 110 táleros = 22 fa-
negas; de éstas 16 fanegas = 80 táleros representan el capital desembol-
sado en simiente, maquinaria, etc.; 4 fanegas = 20 táleros son el tiempo
de trabajo necesario; 2 fanegas = 10 táleros son el tiempo de trabaja su-
plementario. El capitalista vende cada fanega a 5 táleros, es decir, al valor
necesario de la fanega y con ella gana en cada fanega el 10 % o 5/10 tá-
leros, 1/2 tálero = 15 silbergroschen. ¿De dónde procede esto? De que
él vende 22 por cinco en lugar de 20 por cinco. Podemos considerar
que el capital que el capitalista tiene que desembolsar de más, para
producir dos fanegas de más, es = O, ya que éstas pueden disolverse
en puro plustrabajo, en arado más intensivo, en limpieza de las malas
yerbas, transporte de abonos animales, que a él no le cuestan nada, etc.
El valor contenido en las 2 fanegas de excedente no le han costado
nada, y constituye, por lo tanto, un excedente sobre sus gastos. Para
el capitalista es igual vender 20 de las 22 fanegas a lo que a él le han
costado, a 100 táleros, y vender 2 fanegas que a él no le han costado nada
—pero cuyo valor = al trabajo necesario en ellas contenido— a 10 tá-
leros, que vender cada una de las fanegas a 15 silbergroschen más de lo
que a él le han costado. A 1/2 tálero, o 10 % sobre 5 táleros = 5/10.)
A pesar de que el capitalista, por lo tanto, gana 2 táleros en las 4 fanegas
vendidas al trabajador, éste, sin embargo, obtiene las fanegas a su valor
necesario. Él gana 2 táleros en ellas sólo porque junto a estas 4 fanegas
vende 18 más al mismo precio. Si él vendiera sólo 16 no ganaría nada;
pues entonces él vendería en total: 5 por 20 = 100, su capital de-
sembolsado.

*188 Que en la práctica, bien como tendencia general, bien operando direc-
tamente sobre el precio, como, por ejemplo, en el Trucksystem, el capital intenta
estafar al trabajo necesario, y hacerlo descender por debajo de la medida
tanto natural, como por debajo de la medida dada en un determinado estadio
de la sociedad, no pertenece a este apartado. Nosotros tenemos que dar por
supuesto, que es pagado el salario económicamente justo, es decir, determinado
por las leyes generales de la economía. Las contradicciones tienen que proceder
de las relaciones generales; no de las estafas de los capitalistas individuales.
Como se configura todo esto en la realidad, es algo que pertenece a: la teoría
del salario. (Entre corchetes en el ms.>

En realidad, en la manufactura es también posible que los gastos
del capital no aumenten, para que éste de esa manera venda una plus-
valía; es decir, no es necesario que aumenten los gastos en materia
prima y maquinaria. Supongamos que el mismo producto mediante sim-
ple trabajo manual —puesta como constante la masa de materia prima
e instrumentos necesarios— recibe un acabado superior, es decir, un
valor de uso superior, y, por lo tanto; el valor de uso del producto
aumenta, no porque aumente su cantidad, sino porque aumenta su ca-
lidad mediante la mayor cantidad de trabajo manual utilizado. Su valor
de cambio —el trabajo en él objetivado— aumenta simplemente en re-
lación con este trabajo. Si el capitalista vende entonces al 10 % más
caro, la parte alícuota del producto, expresada en dinero, que representa
el trabajo necesario, le es pagada al trabajador y si el producto se deja
dividir, entonces el trabajador podría comprar esta parte alícuota. El
beneficio del capitalista no vendría de que él encareciera la parte alí-
cuota que vende al trabajador, sino de que en total él vende una parte
alícuota, que él no ha pagado, y que precisamente representa tiempo de
trabajo suplementario. El producto en cuanto valor es siempre divisi-
ble; en su forma natural no necesita serlo. El beneficio procede siempre
de que el valor total contiene una parte alícuota, que no es pagada,
y de ahí que en toda parte alícuota del total sea pagada una parte alí-
cuota de trabajo suplementario. Así, en el ejemplo anterior, para el ca-
pitalista vender 22 fanegas, es decir, 2 fanegas, que representan plus-
trabajo, es lo mismo que si cada fanega la vendiera a 1/10 de más, es
decir, 1/10 de plusvalía. Si, por ejemplo, sólo se ha producido 1 reloj,
en el que está representada la misma relación de trabajo, capital y plus-
valía, entonces la calidad del reloj ha sido elevada mediante 1/10 de
tiempo de trabajo en 1/10 de valor, que al capitalista no le cuesta nada.

Tercey caso: el capitalista, como ocurre a menudo en la manufac-
tura (no en la industria extractiva), necesita más materia prima (el ins-
trumento se supone que continúa siendo constante, aunque no cambia
nada el que se suponga que sea variable), en la que se objetivice el
tiempo de trabajo suplementario. (Este ejemplo no pertenece realmente
a este apartado, ya que aquí se puede o se tiene que presuponer que el
capital produce también la materia prima, por ejemplo, el algodón, y
que la producción suplementaria tiene que disolverse en cualquier punto
en mero plustrabajo, o, como ocurre más bien en la realidad, que el
plustrabajo simultáneo tiene que ser presupuesto en todos los puntos
de la circulación.) Supongamos que él transforma 25 libras de algodón,
que le cuestan 50 táleros y para lo cual él necesita maquinaria por valor
de 30 táleros (que suponemos que se consume por completo en el proceso

de producción) y salario de 20 táleros, en 25 libras de hilo, que él vende
a 110. Él vende la libra de hilo a 4 2/5 táleros, o 4 táleros y 12 silber-
groschen. El trabajador obtiene, por lo tanto, 4 6/11 libras de hilo,
si él quiere comprarlas. Si el trabajador trabajara para sí mismo,
vendería igualmente la libra a 4 táleros y 12 silbergroschen y no obten-
dría ningún beneficio —suponiendo que realizara simplemente el tra-
bajo necesario; pero hilaría menos algodón.***

Como ya sabemos, el valor de una libra de hilo consiste exclusiva-
mente en la cantidad de tiempo de trabajo en él objetivado. Supongamos
ahora que el valor de la libra de hilo = 5 táleros. Suponiendo que 4/5,
es decir, 4 táleros representan el algodón, instrumento, etc., entonces el
trabajo realizado en el hilo mediante el instrumento representa 1 tálero.
Si el trabajador necesita, para vivir de su oficio de hilador, pongamos
20 táleros al mes, entonces él tendría que hilar 20 libras, ya que él recibe
un tálero por hilar una libra de algodón y necesita 20 táleros. Si el tra-
bajador poseyera el algodón, el instrumento, etc., y trabajara para sí
mismo, es decir, si él fuera su propio amo, él tendría que vender 20 li-
bras de hilo; ya que él sólo ganaría 1/5 sobre cada libra, es decir,

*182 Tachado en el manuscrito. Si el capitalista tiene que hilar 25 libras
de algodón (que cuesta cada una 2 táleros) y venderlas a 4 táleros y 12 silbergroschen,
para obtener 110 táleros el trabajador tendría que hilar solamente 22 1/2 libras
(10% menos, 25/10, o 5/2 menos, es decir, 2 1/2 menos) y venderlas a
4 táleros y 12 silbergroschen, para obtener su producto necesario (valor de cambio)
de 20 táleros. La cuenta sería la siguiente:

45 táleros (para 22 1/2 libras de algodón) 30 táleros (instrumento) 20 táleros
(salario) = 45 táleros.

Calculando que la libra hilada se vende a 4 2/5 táleros, la ganancia del capita-
lista es 10 táleros = 2 3/11 libras de hilo sobre 25 libras de algodón, o 1/10
sobre 50 táleros que a él le cuesta el algodón. El trabajador sólo habría hilado
22 8/11 libras de algodón y las habría vendido a 4 2/5 táleros cada una. El capi-
talista ha hilado 2 3/11 libras más. El trabajador al precio de 4 2/5 táleros sólo
se habría pagado su trabajo necesario = 20 táleros; a saber:

22 8/11 algodón a 2 táleros la libra =

Táleros Instrumento de trabajo Trabajo
44 16/11 30 táleros 20 táleros

(el trabajador obtiene 4 6/11 libras de hilo = 20 táleros a 4 2/5 táleros la libra).
45 5/11 30 20 = 95 5/11; es decir, 22 8/11 libras de hilo a 94 6/11 táleros,
1 libra = 4 2/5 táleros (a saber: 22 8/11 a 94 6/11 son como 250/11 a 1040/11;
250 es a 1040 = 1/11 a 1040/250 x 11 = 250 libras a 1040 táleros; 1 libra
a 1040/250 = 4 40/250 = 4 4/25 = 4 1/5 táleros.

El capitalista tiene que pagar más por 2 3/11 libras de algodón = 4 6/11 táleros.

1 tálero y 1x20 = 20. Ahora bien, si el capitalista lo hace trabajar,
entonces el trabajo, que hila 20 libras de algodón, representa solamente
el trabajo necesario; pues, ciertamente, según nuestra premisa, de las
20 libras de hilo o de los 20xX5 = 100 táleros, 80 táleros representan
solamente el algodón y el instrumento ya comprados y el nuevo valor
producido no es más que el trabajo necesario. De las 20 libras de hilo,
4 libras = 20 táleros representarían solamente el trabajo necesario, y
16 libras la parte constante del capital, 16x5 = 80 táleros. En cada
libra posterior, que el capitalista hace hilar por encima de las 20, hay
1/5 de plustrabajo, es decir, de plusvalía, para el capitalista. (Trabajo
objetivado, que él vende, sin haber pagado nada por él.) Si él hace hilar
1 libra más, gana 1 tálero, si 10, 10. Sobre 10 libras o 50 táleros el capi-
talista tendría 40 táleros en sustitución de sus gastos y un plustrabajo
de 10 táleros; o, lo que es igual, 8 libras de hilo para comprar el material
para 10 (maquinaria y algodón) y dos libras de hilo o su valor, que no
le han costado nada. Si hacemos ahora el cálculo global del capitalista,
vemos que él ha gastado:

Táleros Táleros Táleros Táleros
salario plusvalía
80 + 40 = 120 (materia prima, instrumento, etc.) 20 10
120 20 10 = 150

Él ha producido en total 30 libras de hilo (30 x 5 = 150); la libra a
5 táleros, al valor exacto de la libra, es decir, al valor puramente determi-
nado por el tiempo de trabajo en ella objetivado y que ella deriva so-
lamente de éste. De estas 30 libras, 24 representan al capital constante,
4 el variable y 2 la plusvalía. Esta plusvalía calculada, como lo suelen
hacer los capitalistas, sobre el gasto global que supone 140 táleros (o 28
libras), constituye el 1/14 = 7 1/7 % (aunque en el ejemplo dado
la plusvalía constituye el 50 % en relación con el trabajo).

Supongamos que la productividad del trabajo aumenta de forma
tal, que el capitalista es capaz de hacer hilar 40 libras con el mismo gasto
en trabajo. Según nuestra premisa él vendería estas 40 libras a su valor
real, a saber, la libra a 5 táleros, de los cuales 4 táleros representan el
trabajo objetivado en algodón, etc., y 1 tálero el nuevo trabajo añadido.
Él vendería por lo tanto:

Táleros Táleros
40 libras — la libra a 5 Xx 40 Xx 5 = 200; de estas 40 libras habría
que deducir 20 libras para el trabajo
DOCOsariO —..cooccconcccncccncnnononono rs = 100

100 En las primeras 20 libras
él no habría ganado ab-
solutamente nada; de los
restantes 100 táleros.

4/5=4xXx20 = 80
tendrían que ser deducidos
80 para material, etc.

20 Quedarían.

Sobre un gasto de 200*'” táleros, el capitalista habría ganado 20, o
el 10 %.*'” 10 % sobre el gasto global; pero en realidad 20 sobre los
segundos 100 táleros, o sobre las segundas 20 libras, en las cuales él no
ha pagado el trabajo objetivado. Supongamos ahora que él sea capaz
de hacer el doble, es decir:

Libras Táleros

80 400. De éstas hay que deducir
20 libras para trabajo necesario = 100. Quedan

300. De éstas hay que deducir para
material, etc., 4/5.
240. Quedan

60; un beneficio de 60 sobre
400 = 6 sobre 40 = 15 %.*'”

En realidad, en el ejemplo anterior el gasto del capitalista es sólo
180, y sobre estos 180 él gana 20, o 11 1/9 %.

Cuanto menor sea la parte del gasto que representa el trabajo
necesario, tanto mayor es la ganancia, a pesar de que ésta no esté en
ninguna relación evidente con la plusvalía real, es decir, con el plustra-

*19 «200»; debería decir 180.

*19 «10%»; debería decir 11 1/9 %.

*12 Todo el cálculo de Marx está mal efectuado. Los gastos totales de
Marx son 340 (320 c 20 v). Deducimos 100 para trabajo necesario, quedan 240.
Deducimos 4/5 para material, etc. (192), quedan 48; un beneficio de 48 sobre
340 = al 14 1/9%.

bajo. Por ejemplo, para que el capitalista gane el 10 %*'*% tiene
que hacer hilar 40 libras de hilo; el trabajador necesita hilar sólo
20 = trabajo necesario. El plustrabajo = al trabajo necesario, 100 %
de plusvalía. Ésta es nuestra vieja ley. Pero ésta no es la cuestión de
la que aquí se trata.

En el ejemplo anterior, de las 40 libras, el valor real de la libra
es 5 táleros, y el trabajador, igual que el capitalista —si él dirigiera su
propio negocio en cuanto trabajador, y pudiera adelantar el dinero para
poder valorizar la materia prima, para poder vivir como trabajador—,
vendería la libra a 5 táleros. Pero él produciría sólo 20 libras, y de la
venta de las mismas utilizaría 4/5 para la obtención de nueva materia
prima y 1/5 para vivir. De los 100 táleros, él sólo ganaría su salario. La
ganancia del capitalista no procede de que él vende la libra demasiado
cara —la vende a su valor exacto—, sino de que vende por encima de los
costes de producción, por encima de lo que a él le ha costado (no de
lo que cuesta producirlo, pues el 1/5 le cuesta al trabajador su plus-
trabajo). Si vendiera a menos de 5 táleros, vendería por debajo del
valor y el comprador obtendría gratis el 1/5 del trabajo, que existe por
encima de los gastos en cada libra de hilo. El capitalista calcula, por lo
tanto, de la siguiente forma:

Valor de 1 libra = 5 táleros
Valor de 40 libras = 200 táleros; de éstos se deducen los

costes 180

20, quedan 20. Él no calcula que sobre
los segundos 100 táleros, gana 20, sino que sobre su gasto completo de
180... gana 20. Esto le da un beneficio de 11 1/9% en lugar
de 20. Él calcula además que, para obtener este beneficio, tiene que
vender 40 libras. 40 libras a 5 táleros no le da el 1/5, o 20 %, sino 20
táleros divididos sobre 40 libras o 1/2 tálero por libra. Sobre el precio,
al cual vende la libra, gana 1/2 tálero sobre 5 táleros; o 1 tálero sobre
cada 10; 10 % sobre el precio de venta. El precio es determinado por
el precio de la unidad alícuota (1 libra) multiplicado por el número de
unidades vendidas; en este caso 1 libra a 5 táleros X 40. A pesar de lo
correcta que es esta determinación del precio para el bolsillo del capi-
talista, es capaz de conducir a errores teóricos, pues da la impresión
de que tuviera lugar un encarecimiento sobre el valor real en cada li-
bra, y de esta forma el origen de la plusvalía de cada libra deviene

*193 10 %; debería decir 11 1/9 %.

invisible. Esta determinación del precio mediante la multiplicación del
valor de la unidad (medida) del valor de uso (libra, vara, quintal, etc.),
por el número de esa unidad, que es producida, es importante más ade-
lante en la teoría de los precios. De ella deriva, entre otras cosas, el
que el descenso del precio de la unidad y el aumento del número de las
mismas —<que tiene lugar con el aumento de las fuerzas productivas—
muestre cómo aumenta el beneficio en relación con el trabajo, o cómo
disminuye la relación del trabajo necesario con el plustrabajo —y no
lo contrario, como opina el señor Bastiat, etc. Si, por ejemplo, la pro-
ductividad del trabajo aumenta de forma tal, que el trabajador en el
mismo tiempo produce una cantidad doble de libras de la que produ-
cía antes —se presupone que 1 libra de hilo le presta el mismo servi-
cio, independientemente de lo que le cueste, y que él necesita simple-
mente hilo y trajes para vivir—, entonces en las 20 libras de hilo el va-
lor añadido por el trabajo no sería 1/5, sino sólo 1/10, porque el
trabajador en 1/2 de tiempo habría transformado las 20 libras de al-
godón en hilo. A los 80 táleros, que cuesta el material, se añadirían no
20 táleros, sino 10. Las 20 libras costarían 90 táleros y la libra 90/20 o
4 9/20*** táleros. Pero si el tiempo de trabajo total continuara siendo el
mismo, el trabajo transformaría 80 libras de algodón en hilo en lugar
de 40, 80 libras de hilo a 4 9/20 la libra = 356*'* táleros. La cuenta
para el capitalista sería:

Ingreso global: 356 táleros; de los que hay que deducir para trabajo:

266. De los que habría que deducir para gastos:
239 17/89

26 72/89. El beneficio del capitalista sería, por lo
tanto, 26 72/89, en lugar de 20. Diga-
mos 27 (lo qué es un poco de más, 17/89
de más). Su gasto global 330; su bene-
ficio sería más del 12 %, aunque hubiera
ganado menos en cada libra.*!*

*14 4 9/20; debería decir 4 10/20.
*195 356; debería decir 360.
Debería decir: la cuenta para el capitalista sería:

El beneficio del capitalista sobre el valor de la medida (unidad) del
valor de uso —libra, vara, quarter, etc.—, disminuye, en la proporción
en que disminuye la relación del trabajo vivo con la materia prima, etc.,
es decir, en la medida en que disminuye el nuevo trabajo añadido; es
decir, en la medida en que sea menor el tiempo de trabajo necesa-
rio para darle forma a la materia, que expresa la unidad; vara de paño,
etcétera. Pero por otra parte —ya que esto se identifica con la mayor
productividad del trabajo, o con el aumento del tiempo de trabajo su-
plementario— aumenta el número de estas unidades, en las cuales está
contenido el tiempo de trabajo suplementario, es decir, el tiempo de
trabajo que el capitalista no paga.

De lo que se ha dicho antes se deduce además que el precio puede
descender por debajo de su valor, y que, sin embargo, el capital pue-
de obtener un beneficio; solamente que el capitalista tiene que vender un
número de unidades que constituya un excedente, por encima del nú-
mero de unidades que constituye el precio necesario del trabajo. Si la
relación del trabajo con la materia prima, etc., es 1/5, entonces él pue-
de, por ejemplo, vender a 1/10 sobre su valor constante, porque el plus-
trabajo no le cuesta nada. Él entonces le regala al consumidor 1/10 del
plustrabajo y valoriza sólo el 1/10 para él. Esto es muy importante en
la competencia; a Ricardo se le pasa por alto. En la base de la deter-
minación del precio está la determinación del valor; pero hay que aña-
dir nuevos elementos. El precio, que originariamente se presenta como
el valor expresado en dinero, es determinado ulteriormente como una
magnitud específica, Si 5 táleros es el valor de una libra de hilo, es decir,
que en una libra de hilo está contenido el mismo tiempo de traba-
jo que en 5 táleros; no cambia absolutamente nada en esta determinación
de valor, la evaluación de 4 o de 4 millones de libras de hilo. El mo-
mento del número de libras, sin embargo — porque expresa en otra
forma la relación del plustrabajo con el trabajo necesario— es decisi-
vamente importante en la determinación del precio. En la cuestión de
la ley sobre la jornada de trabajo de 10 horas este problema se ha con-
vertido en un problema evidente para el público en general.

Ingleso global: 360 táleros; de los que habría que deducir para trabajo:

270. De los que habría que deducir para gastos:

30. El beneficio del capitalista es, por lo tanto 30 en lugar de 20.
Su gasto total 330; es decir, un beneficio de 9 1/11 %.

### Acumulación específica del capital (transformación del plustrabajo
[renta] en capital). — Proudhon. Determinación del valor y del
precio. En la antigüedad (esclavitud) no existía superproducción,
sino superconsumo.

De lo que se ha dicho antes resulta además:

El trabajador, limitándose al trabajo necesario, hilaría 20 libras
de hilo solamente, y valorizaría exclusivamente materia prima y maqui-
naria, etc., por valor de 80 táleros al mes. El capitalista además del gasto
en materia prima, maquinaria, etc., necesario para la reproducción, y
para la conservación del trabajador, tiene que gastar necesariamente
capital en materia prima (y maquinaria, aunque no en la misma pro-
porción) para la objetivación del plustrabajo. (En la agricultura, en
la pesca, es decir, en las industrias extractivas esto no es absolutamente
necesario; pero tán pronto como son explotadas industrialmente, el gas-
to suplementario se presenta no en la forma de materia prima, sino en
la de instrumento para obtenerla.) Estos gastos suplementarios —+es
decir, la provisión del material para el plustrabajo, de los elementos ob-
jetivos de su realización— son realmente los que constituyen la llamada
acumulación previa, específica del capital; la acumulación de una reserva
(llamémosla así de momento) es una característica específica del capital.
Es, pues, absurdo, como veremos más adelante, considerar como lo es-
pecífico del capital la existencia en general de las condiciones objetivas
del trabajo vivo, bien provistas por la naturaleza, o bien producidas
históricamente. Este anticipo específico que hace el capital, no quiere
decir sino que él valoriza el plustrabajo objetivado —el producto ex-
cedente— en nuevo plustrabajo vivo, en lugar de invertirlo (es decir,
malgastarlo) en pirámides, etc., como lo hacían los reyes egipcios, o los
sacerdotes etruscos.

En la determinación del precio (como ya veremos también a pro-
pósito del beneficio) hay que añadir además el engaño, la estafa recí-
proca. Uno puede ganar en el cambio lo que otro pierde; ellos —:es
decir, el capital en cuanto clase— sólo pueden dividirse entre sí la plus-
valía. Pero las proporciones del reparto abren un campo al engaño in-
dividual, etc. (independientemente de la demanda y la oferta), que no
tiene nada que ver con la determinación del valor en cuanto tal.

No sirve, por lo tanto, para nada el descubrimiento del señor Prou-
dhon, de que el trabajador no puede recomprar su producto. Esto des-
cansa sobre un desconocimiento por parte de Proudhon de la determi-
nación del valor y del precio. Pero independientemente de esto, su con-

clusión de que de este hecho procede la superproducción es falsa en
esta abstracción. En la relación de esclavitud no constituye ninguna in-
comodidad para los propietarios de esclavos el que los trabajadores no
compitan con ellos como consumidores. (La producción de lujo, tal como
aparece entre los antiguos, es, sin embargo, un resultado necesario de
la relación de esclavitud. No se trata de superproducción, sino de su-
perconsumo y consumo irracional, que cayendo en lo monstruoso y ex-
travagante caracteriza la destrucción de la comunidad política antigua.)

El capital, después de salir del proceso de producción como produc-
to, tiene que transformarse de nuevo en dinero. El dinero, que ante-
riormente sólo se presentaba como mercancía realizada, etc., se presenta
ahora como capital realizado, o el capital realizado se presenta como
dinero. Ésta es una nueva determinación del dinero (como también lo
es del capital). Que la masa del dinero como instrumento de circulación
no tiene nada que ver con la dificultad de realizar, es decir, de valorizar
el capital, resulta ya de lo que se ha expuesto anteriormente.

### La tasa general de beneficio. — Cuando el capitalista vende exclu-
sivamente a sus costes de producción, tiene lugar una transferen-
cia de plusvalía a los otros capitalistas. El trabajador no gana casi
nada con ello.

Tomemos el ejemplo anterior, en el que el capitalista vendiendo la li-
bra a 5 táleros, o, mejor, las 40 libras a 5 táleros cada una, es decir, ven-
diendo la libra de torcido a su valor real y ganando así 1/2 tálero de
cada 5 (al precio de venta), 10 % sobre el precio de venta, o 1/2 sobre
4 1/22, es decir, 11 1/9 % sobre sus gastos. Supongamos ahora que él
vende sólo al 10 % —es decir, sobre los 4 1/2 táleros sólo obtiene
9/20 de beneficio (ésta es la diferencia de 1/20 sobre 1/2 sabre 4 1/2
táleros; una diferencia exacta de 1 1/9 %). Él vende, por lo tanto,
la libra a 4 1/2 táleros 9/20 táleros, es decir, a 4 19/20 táleros, o
las 40 libras a 198 táleros. Ahora son posibles distintos casos. El
capitalista con el que él cambia —al que él vende sus 40 libras y
que suponemos que es un poseedor de minas de plata, es decir,
productor de plata— le paga sólo 198 táleros, es decir, le da 2 tá-
leros menos de trabajo objetivado en plata por el trabajo objetiva-
do en las 40 libras de hilo. Supongamos que para este capitalista B
las proporciones de gasto son las mismas, etc. Si el capitalista B ven-
diera también sólo al 10 % en lugar de al 11 1/2,*'” entonces él

*17 «11 1/2»; debería decir, 11 1/9.

podría exigir por los 200 táleros no 40 libras de hilo, sino solamente
39 3/5. Es, por lo tanto, imposible que ambos capitalistas al mismo
tiempo vendan al 1 1/9 % menos, o que el uno ofrezca 40 libras a 198
táleros y el otro 200 táleros por 39 3/5 libras; éste es un caso que no
puede presentarse. En el caso presupuesto el capitalista B había pagado
en la compra de las 40 libras de hilo el 1 1/9 % menos; es decir, que
al margen del beneficio del 11 1/9 %, que él no obtiene en el cambio,
sino que en el cambio sólo se confirma, él habría ganado mediante la
pérdida del otro capitalista el 1 1/9 % más, es decir, el 12 2/9 %. Sobre
sus propios trabajadores —sobre el trabajo puesto en movimiento por
su propio capital — él habría ganado el 11 1/9 %; el 1 1/9 % restan-
te es plustrabajo de los trabajadores del capitalista A, que él se apropia.
La tasa general de beneficio puede por lo tanto, descender en una u
otra rama de negocio, por el hecho de que la competencia obliga a los
capitalistas a vender por debajo del valor, es decir, a valorizar una parte
del plustrabajo no para sí, sino para el comprador. Pero la tasa general
no puede descender de esta manera; sólo puede descender por el hecho
de que descienda relativamente la relación del plustrabajo con el trabajo
necesario, y esto, como hemos visto previamente, se produce cuando
la relación ya es muy alta, o, dicho de otra forma, cuando la proporción
del trabajo vivo puesto en movimiento por el capital es muy pequeña
——<s decir, la parte del capital que se intercambia por trabajo vivo es
muy pequeña en comparación con la parte que se intercambia por ma-
teria prima y maquinaria. La tasa general de beneficio puede entonces
descender, aunque el plustrabajo absoluto aumente.

Con esto llegamos a otro punto. Una tasa general de beneficio sólo es
posible en general, por el hecho de que la tasa de beneficio en una rama
de negocio es demasiado grande y en la otra demasiado pequeña; es de-
cir, que una parte de la plusvalía —que corresponde al plustrabajo—
es transferida de un capitalista a otro. Si, por ejemplo, en 5 ramas de ne-
gocio la tasa de beneficio respectiva es: —, b é d E

15%,12%, 10%,8%, 5%,
la tasa media es el 10 %; pero para que ésta exista en realidad, los
capitalistas A y B tienen que ceder el 7 % a D y E, a saber, 20 % a D
y 5% a E, mientras que para C la cosa queda igual. La igualdad de la
tasa de beneficio sobre el mismo capital de 100 es imposible, ya que
las proporciones de plustrabajo son completamente diferentes, según la
productividad del trabajo y la relación entre materia prima, maquinaria
y salario, y según el volumen general de lo que se tiene que producir.
Pero supongamos que la rama de negocio e, la del panadero, por ejem-

plo, sea indispensable; entonces le tiene que ser pagado el 10 % de
beneficio medio. Pero esto sólo puede ocurrir en la medida en que
a y b le regalan una parte de su plustrabajo. La clase capitalista reparte
hasta un cierto grado la plusvalía global de forma tal, que hasta un cierto
punto ella participa de esta plusvalía uniformemente según el volumen
de su capital, en lugar de participar según los plusvalores realmente
producidos por los capitalistas en las distintas ramas de negocio. El be-
neficio superior —que procede del plustrabajo real dentro de una
rama de la producción, es decir, de la plusvalía realmente producida—
es rebajado al nivel medio mediante la competencia, y la plusvalía me-
nor en otra rama de la producción es elevada hasta el nivel medio a
través de la sustracción de capitales de la misma, es decir, mediante
una relación más favorable de la oferta y la demanda. La competencia
no puede hacer descender el nivel, sino que sólo tiene la tendencia de
crear este nivel. Este problema pertenece al apartado de la competencia
y se verá más adelante. Esto se realiza mediante la relación de los pre-
cios en las distintas ramas de negocio, que en una descienden por de-
bajo de su valor y en otra suben por encima. De esto procede la apa-
riencia de que la misma suma de capital en ramas de negocio desiguales
produce el mismo plustrabajo o la misma plusvalía.

Supongamos, en el ejemplo anterior, que el capitalista A es obliga-
do por la competencia a vender al 10 % en lugar de al 11 1/9 %, y que,
por lo tanto, la libra de hilo la vende a 1/20 táleros más barato; el tra-
bajador, conservando nuestro presupuesto, recibiría 20 táleros en dinero,
su salario necesario, igual que antes; pero en hilo él en lugar de 4 li-
bras, recibiría 4 4/90*'* libras. Él, comparado con el hilo, habría reci-
bido sobre su salario necesario 4/20 táleros = 1/5 tálero, o 6 silber-
groschen, es decir, el 1 % sobre su salario. Si el trabajador trabaja en
una rama de negocio cuyo producto cae por completo fuera de su con-
sumo, entonces él no gana absolutamente nada mediante esta opera-
ción, sino que la cuestión se reduce para él a haber realizado una parte
de su plustrabajo en vez de directamente para el capitalista A, indirec-
tamente para el capitalista B, es decir, a través del capitalista A. Él
sólo puede beneficiarse de que el capitalista A ceda gratuitamente
una parte del trabajo objetivado en su producto, por el hecho de que
él es consumidor de ese producto y sólo en la medida en que él es con-
sumidor. Es decir, que si el consumo de hilo es 1/10 de sus gastos, en-
tonces su ganancia mediante la operación es exactamente 1/50 tálero
(2/100 táleros sobre 2 táleros, 1/100 sobre 1; exactamente 1 % sobre

*198 4 4/90; en el ms. 4 4/99.

2 táleros), es decir, 1/10 % sobre su salario global de 20 táleros o 7 1/5
pfennige. Ésta sería la proporción —7 1/5 pfennige— en la que él
participaría en su propio plustrabajo de 20 táleros. Y tales proporcio-
nes se reduce el plus-salario, que el trabajador obtiene en el mejor de
los casos mediante el descenso del precio por debajo de su valor en la
rama de negocio en la que él está ocupado. En el mejor de los casos
——<ue es imposible— el límite es (en el caso dado) 6 silbergroschen o
1 %, es decir, si él pudiera vivir exclusivamente de hilo; en el mejor
de los casos su plus-salario está determinado por la relación del tiem-
po de trabajo necesario y el tiempo de trabajo suplementario. En las
auténticas industrias de lujo, de cuyo consumo él está excluido, su plus-
salario es siempre = 0.

Supongamos ahora que los capitalistas A, B, C, cambian entre sí;
en todos el producto total = 200 táleros. A produce hilo, B cereales,
y C plata; las relaciones de trabajo suplementario y trabajo necesario, y
de gastos y beneficios son exactamente iguales. A vende 40 libras de
hilo en lugar de a 200 táleros a 198, y pierde 1 1/9 % de ganancia;
B vende sus 40 fanegas de cereales a 198 táleros en lugar de a 200; C,
por el contrario, cambia por completo el tiempo de trabajo objetivado en
sus 200 táleros. Entre A y B la relación es tal que, si cada uno cambia
con el otro, ninguno pierde. A recibiría 40 fanegas de cereales y B 40 li-
bras de hilo; pero cada uno recibiría un valor sólo de 198. C recibe
por 198 táleros 40 libras de hilo o 40 bushel de cereales, y paga en
ambos casos 2 táleros menos, o recibe 2/3 libra de hilo o 2/5 bushel de
cereales de más. Pero supongamos que la relación adopta la forma si-
guiente: que Á vende a 200 táleros sus 40 libras al productor de plata C,
pero que éste tiene que pagar 202 al productor de»cereales B, o, lo que
es igual, B recibe 2 táleros sobre el valor de sus cereales. Entre el hilo
de A y la plata de C todo es all right; ambos cambian respectivamente
su valor; pero por el hecho de que para B el precio ha subido sobre su
valor, las 40 libras de hilo o los 200 táleros de plata expresados en ce-
reales han descendido en un 1 1/9 %, es decir, que ambos no podrían
comprar con los 200 táleros 40 bushel*'*” de cereales, sino sólo 39 2/5,*”
39 2/5 bushel de cereales costarían 200 táleros, o el bushel de
cereales 5 1/20 táleros en lugar de 5; 5 táleros y 1 1/4*” silbergros-

*1% bushel; en el ms. pfund (libra).

+20 39 2/5; debería decir 39 61/101.

*20l 5 táleros y 1 1/4 silbergroschen; debería decir 5 táleros y 1 1/2 silber-
groschen.

chen. Supongamos ahora, que en esta última relación el consumo del
trabajador consiste en 1/2 en cereales; si su consumo de hilo era 1/10
de sus ingresos, su consumo de cereales es 5/10. En el 1/10 él ganó
1/10 % sobre su salario global; en los cereales él pierde 5/10; él pier-
de, por lo tanto, en total 4/10, en lugar de ganar algo. Aunque el capita-
lista le hubiera pagado su trabajo necesario, su salario descendería por
debajo del salario necesario, a causa del encarecimiento del cereal de B.
Si esta situación se prolongara, tendría que aumentar su salario necesario.
Si, por lo tanto, la venta del hilo por el capitalista A depende de una su-
bida del precio de los cereales o de otros valores de uso —que constitu-
yen la parte esencial del consumo del trabajador— por encima de su va-
lor, entonces el trabajador del capitalista A pierde en la misma propor-
ción en que su consumo del producto que ha devenido más caro es ma-
yor que la del producto más barato por él producido. Si, por el contra-
rio, A hubiera vendido su hilo 1 1/9 % sobre su valor, y B hubiera ven-
dido'los cereales 1 1/9 % por debajo de su valor, entonces el traba-
jador en el mejor de los casos, si él sólo consumiera cereales, podría
ganar 6 silbergroschen; y puesto que hemos presupuesto que él consu-
me sólo la mitad en cereales, sólo podría ganar 3 silbergroschen o 1/2 %
sobre su salario de 20 táleros. Podrían, por lo tanto, producirse los tres
casos para el trabajador: su ganancia o pérdida en la operación = 0;
su salario necesario puede depreciarse de forma tal que no alcance el
salario necesario, es decir, que descienda por debajo del mínimo nece-
sario; la operación puede procurarle al trabajador en tercer lugar un
salario suplementario, que se disuelve en una participación extremada-
mente pequeña en su propio plustrabajo.

Ya hemos visto antes que, si la relación del trabajo necesario con
las otras condiciones de la producción = 2/5 <debería decir 1/5) (20 de
un gasto global de 100) o = 20 % del valor total (en 20 libras
de hilo = 4 libras) o de 100 táleros (80 de materia prima e instrumento
y 20 de trabajo) y si la relación del plustrabajo con el trabajo necesa-
rio es del 100 % (es decir, la misma cantidad), el capitalista obtiene
un 11 1/9 % sobre su inversión.

Si él sólo obtuviera el 10 % y le regalara al consumidor el 1 1/9 %
o 2 táleros restantes (transferencia de plusvalía), el trabajador, en la me-
dida en que es consumidor, ganaría también, y en el mejor (imposible)
de los casos, si él viviera exclusivamente de los productos de su patrón,
su ganancia, como hemos visto, sería:

Supongamos que el capitalista ven-
de la libra de hilo a 4 15/20 (4 3/4)
en lugar de a 5 táleros entonces el
trabajador ganaría en cada libra
5/20 y en las 4 libras 20/20 =
=1;*"” 1 sobre 20 = 1/20 =
= 50%, (1 tálero sobre 20); el ca-
pitalista vendería las 40 libras a
4 15/20 táleros = 95/20 táleros Xx
Xx 40 = 190 táleros; puesto que sus
gastos son 180, su ganancia es =
10=5 6/9%,*” y su ganancia
de menos = 5 6/9 %; si el capi-
talista vende a 4 12/20, el traba-
jador ganaría 8/20 táleros por libra,
32/20* en las cuatro libras, 1 tá-
lero 12/20, o 1 3/5 táleros en su
salario total, es decir, 8 48/119 %;
pero el capitalista perdería 16 táleros
en plusganancia, es decir, tendría en
total 184 táleros o 4 táleros de bene-
ficio sobre 180 = 1/45 de 180 =
= 2 2/9 %; perdería 8 8/9; fi-
nalmente supongamos que el capita-
lista vende la libra de hilo a 4 1/2
táleros; las 40 libras a 180 táleros;
su beneficio = 0; él le hace un rega-
lo al consumidor consistente en la
plusvalía o plustrabajo del trabaja-
dor; la ganancia del trabajador =
= 1/2 táleros por libra, = 4/2 tá-
leros*?* = 2 táleros o 2 táleros
sobre 20 = 10%.

1 1/9% (= 2

táleros). Pérdida

por parte del ca-
pitalista:

5 6/9;
(= 10 talers)

Ganancia = 0
(pérdida =
11 1/9%)

1% = 6 silber-
groschen sobre 20
táleros (= 1/5 tá-
lero sobre 20).
Ganancia sobre el
salario por parte
del obrero.

= 1 tálero

= 5% (1 tálero
sobre 20)

= 8 48/119 %
(1 tálero 18 sil-
bergroschen)

= 10% (2 tále-
ros) (Ni siquiera
media libra)

*22 Debería decir, «y en las 4 4/19 libras 20/19 = 1 1/19».

*23 Debería decir, «5 5/9 %».

*2 Debería decir, «40/23» en las 4 8/23 libras, 1 tálero 17/23 en su sala-

rio total.

*25 Debería decir, «= 20/9 táleros = 2 2/9 táleros, o 2 2/9 táleros sobre

20 = 11 1/9%».

Si, por el contrario, el capitalista hubiera aumentado el salario en
un 10 % de 20 a 22 táleros, porque, por ejemplo, en su rama de negocio
la demanda de trabajo hubiera subido por encima de la oferta —y si
hubiera vendido la libra de hilo como antes, a su valor, es decir, a 5 tále-
ros; entonces su beneficio habría descendido sólo en 2 táleros; de 200 a
198;*” es decir, en 1 1/9 % y continuaría siendo el 10 %.

De esto se sigue que si el capitalista, por consideración al señor
Proudhon, vendiera sus mercancías a los costes de producción, y si su
beneficio global fuera = 0, esto no sería más que una transferencia de
plusvalía o de plustrabajo del capital A a B, C, D, etc., y en relación
con su trabajador la ganancia en el mejor de los casos —es decir, su
participación en su propio plustrabajo— se limitaría a la parte del sala-
rio que él consume en la mercancía depreciada; y si él gastara todo su
salario en ella, su ganancia no podría ser mayor que la proporción en
la que está el trabajo necesario con el producto global (en el ejemplo
anterior 20: 200 = 1/10, 1/10 sobre 20 = 2 táleros). En relación con
los trabajadores ajenos el caso es exactamente igual; ellos ganan en la
mercancía depreciada sólo en la proporción, 1) en que ellos la consu-
men; 2) en proporción a la magnitud de su salario, que es determinado
por el tiempo necesario. Si la mercancía depreciada, por ejemplo, fue-
ran los cereales —uno de los bienes de consumo básico—, entonces los
productores de los mismos, los agricultores primero, y después todos
los demás capitalistas descubrirían que el salario necesario del trabaja-
dor no es el trabajo necesario, sino que está por encima de su nivel y,
por lo tanto, tiene que ser rebajado; en último extremo, por lo tanto,
sólo aumenta la plusvalía de los capitales a, b, c, etc., y el plustrabajo
de los que están ocupados en ellos.

Supongamos 5 capitalistas A, B, C, D y E. E produce una mercan-
cía que sólo es consumida por los trabajadores. E, por lo tanto, realizaría
su beneficio exclusivamente mediante el cambio de su mercancía con
salario; pero el beneficio no procedería, como en los demás casos, del
cambio de su mercancía con el dinero del trabajador, sino del cambio
de su capital con trabajo vivo. Supongamos que el trabajo necesario
en las 5 ramas de negocio es 1/5; y que 1/5 es en todas el plustraba-
jo; el capital constante es en todas = 3/5. El capitalista E cambia su
producto con 1/5 del capital a, 1/5 del capital b, 1/5 del capital c,
1/5 del capital d y 1/5 que constituye su propio salario. Sobre este
último 1/5, como ya hemos visto, él no obtendría ningún beneficio, o

*26 200 a 198; debería decir, de 20 a 18.

mejor dicho, su beneficio no procedería del hecho de que él da a los
trabajadores 1/5 de su capital en dinero, y ellos compran a su vez el
mismo 1/5 en producto de él —el beneficio no procedería del cambio
con los trabajadores como consumidores, como centros de la circula-
ción. Toda su transacción con los trabajadores, en cuanto consumidores
de su producto, descansa en que él les da su producto en forma de di-
nero, y ellos le devuelven el mismo dinero por la misma parte alícuota
exactamente del producto. Con los trabajadores de A, B, UC, D, él no
está en una relación de capitalista a trabajador, sino de Mercancía a
Dinero, de vendedor a comprador. Según nuestra premisa, los traba-
jadores de A, B, C, D no consumen nada de sus productos; E cierta-
mente cambia 1/5 del producto de A, B, C, D, es decir, 4/5 de su
producto; pero este cambio, sólo mediante un rodeo, es el salario
que A, B, C y D pagan a sus trabajadores. Ellos le dan a los trabajado-
res dinero por valor de 1/5 de su producto, o 1/5 de su producto como
pago por el trabajo necesario, y éstos compran con ello, es decir, con 4/5
del valor de su producto o capital, la mercancía de E. Este cambio
con E es, por lo tanto, sólo una forma indirecta, en la que ellos anticipan
la parte del capital que representa el trabajo necesario —por lo tanto,
deducción de su capital. Ellos no pueden, en consecuencia, ganar nada
con ello. El beneficio procede de la valorización de los restantes 4/5 del
capital de a, b, c, d, y esta valorización consiste precisamente en que
cada uno recibe mediante el cambio en otra forma el trabajo objetivado
en su producto. 3/5 sustituye para cada uno, ya que existe la división
de trabajo entre ellos, su capital constante, materia prima e instrumen-
to de trabajo.*”” En la valorización recíproca del último 1/5 consiste
su beneficio —la valorización del tiempo de trabajo suplementario, su
creación de plusvalía. No es necesario que los capitales a, b, c, d, cam-
bien recíprocamente los 4/5 por completo, ya que en cuanto capitalistas
ellos son al mismo tiempo grandes consumidores, y en modo alguno vi-
ven del aire, y, como en cuanto capitalistas tampoco viven de su tra-
bajo, no tienen nada que cambiar o consumir excepto el producto de
los demás. Esto quiere decir que para su consumo ellos cambian pre-
cisamente el 1/5, que representa el tiempo de trabajo suplementario,
el trabajo creado por el capital. Supongamos que cada uno consume
1/5 de ese 1/5, es decir, 1/25 en la forma de su propio producto. Que-
dan todavía 4/25 bien para valorizar, bien para transformar en valor

*27 Instrumento de trabajo; ed. 1939 Arbeitsmaterial (material de trabajo).

de uso para el propio consumo mediante el cambio. A cambia 2/25
con B, 1/25 con C, 1/25 con E, y lo mismo por parte de B, C, D.*”*

El caso, tal como nosotros lo hemos puesto, del capitalista E, que
realiza todo su beneficio en el cambio con el salario, es el más favorable
—o mejor dicho, expresa la única proporción adecuada, en la que es
posible que el capital realice en el cambio su plusvalía creada en la pro-
ducción mediante el consumo de los trabajadores. Pero en este caso los
capitales a, b, c, d, sólo pueden realizar su valor mediante el cambio
entre sí, es decir, mediante el intercambio de los capitalistas entre sí.
El capitalista E no consume nada de su propia mercancía, ya que él
ha pagado 1/5 de ella a sus propios trabajadores, y cambia 1/5 por 1/5
del capital a, 1/5 por 1/5 del capital b, 1/5 por 1/5 del capital c y
1/5 por 1/5 del capital d. Con este cambio los capitalistas A, B, C, D,
no obtienen ningún beneficio, porque es el 1/5 con el que ellos han
pagado respectivamente a sus trabajadores.

De acuerdo con la relación, que hemos presupuesto, de 2/5 materia
prima, 1/5 maquinaria, 1/5 salario, 1/5 plusproducto, del cual los
señores capitalistas al mismo tiempo viven y realizan su plusvalía, no-
sotros necesitamos, si el producto global de A, B, C, D, E = 100, un
productor E para lo necesario para los trabajadores, 2 capitalistas, A y B,
que producen materias primas para los demás, un capitalista, C, que
produce la maquinaria y un capitalista, D, que produce el plusproducto.
El cálculo sería el siguiente (el productor de maquinaria tiene que pro-
ducir la parte de su mercancía para sí mismo):

Para el Materia Maqui-  Plus-
A) Fabricante de trabajo prima naria producto

materias primas 20 — 40 — 20 — 20 = 100 2 1/2
B) Fabricante de

materias primas 20 — 40 — 20 — 20 = 100 2 1/2
C) Productor de

maquinaria 20 — 40 — 20 — 20 = 100 2 1/2
E) Productor de
medios de sub-
sistencia 20 — 40 — 20 — 20 = 100 2 1/2
D) Productor de
plusproducto 20 — 40 —2-—2= 100
10 — 20 — 10 — 10 = 50

*28 Tachado en el manuscrito: Á es tejedor e hilador de algodón; B, plan-
tador de algodón, C, constructor de maquinaria, y D, productor de hierro.
E, según nuestra premisa, produce exclusivamente mercancías para los tra-

E, por lo tanto, cambia todo su producto 100 por los 20 de salario
de sus propios trabajadores, 20 de los trabajadores del productor de
materia prima A, 20 de los trabajadores del productor de materia pri-
ma B, 20 de los trabajadores del productor de maquinaria C, y 20 de
los trabajadores del productor de plusproducto D; de éstos cambia
40 por materia prima, 20 por maquinaria, 20 los conserva para medios
de subsistencia para sus obreros y 20 le quedan para la compra de plus-
producto, del cual él vive. Lo mismo ocurre con los otros en la misma
proporción. Lo que constituye su plusvalía es 1/5 o 20, que todos pueden
cambiar por plusproducto. Si ellos consumieran*”” todo el excedente
al final estarían como al principiv y la plusvalía de su capital no aumen-
taría. Supongamos que ellos consumen solamente 10, o 1/10, es decir,
la mitad de la plusvalía; el productor de excedente D también consu-
miría menos, es decir, 10, como los demás: en total él vendería, por
lo tanto, sólo la mitad de su mercancía = 50, y no podría empezar
su negocio de nuevo. Supongamos, por lo tanto, que él produce en
bienes de consumo 50, y en dinero también 50; entonces cada capita-
lista A, B, C, D y E acumularía 10 táleros en dinero. Éstos representarían
la plusvalía no consumida. Pero estos 10 táleros, o, más bien, estos 50 tá-
leros sólo podrían ser valorizados en la medida en que fueran invertidos
en nuevo trabajo. A y B para producir más materia prima necesitan más
trabajo vivo por valor de 4 táleros y, puesto que no necesitan nueva ma-
quinaria, necesitan más trabajo manual por valor de 6 táleros. De los
400 táleros que existen en materias primas, máquinas, medios de subsis-
tencia para los trabajadores, sólo 50 son bienes de consumo para los
capitalistas. Pero cada uno de los capitalistas posee ahora un excedente
de 10, de los cuales 4 en materia prima, 2 en máquinas, 2 en medios de
subsistencia para los trabajadores, a los que él les debe ganar 2 (como
antes a 80, 100); D ha ganado 10 sobre sus 40 y puede, por lo tanto,
aumentar su producción en la misma proporción, a saber en 5. El año
siguiente él produce 7 1/2 más = 57 1/2.*”"

bajadores; D produce todo lo que puede ser objeto de consumo para los capita-
listas A, B, C, D, E; C produce toda la ropa necesaria para los capitalistas,
B todo, etc.

Si, según nuestra premisa, las relaciones dentro de cada capital son tales
que 1/5 es para el salario del trabajador, 2/5 para materia prima, 1/5 para
maquinaria y 1/5 para plustrabajo, la parte que está a disposición del capitalista...

*2%9 «consumieran»; en el ms. «produzierten» (produjeran).

*210 7 1/2 más = 57 1/2; debería decir 6 1/4 = 56 1/4.

Este ejemplo puede o puede no ser desarrollado más adelante. Real-
mente no pertenece a este apartado. Hasta el momento está claro que
la valorización tiene lugar aquí en el cambio de los capitalistas entre
sí, pues si bien E sólo produce para el consumo de los trabajadores,
sin embargo, él cambia en la forma de salario 1/5 de A, 1/5 de B,
1/5 de C y 1/5 de D, etc. Igualmente A, B, C, D, cambian con E: no
directamente, sino indirectamente, en la medida en que cada uno ne-
cesita 1/5 de medios de subsistencia para sus trabajadores. La valori-
zación consiste en que cada uno cambia su propio producto con partes
alícuotas de los productos de los otros cuatro, y además de forma tal
que del producto excedente una parte es destinada al consumo del
capitalista y una parte se transforma en capital excedente, con el que
poner en movimiento nuevo trabajo. La valorización consiste en la po-
sibilidad real de una mayor valorización —en la producción de nuevos
y mayores valores. Aquí está claro que en el caso de que D y E, de
los cuales E representa todo lo consumido por los trabajadores, y D lo
consumido por los capitalistas, hubieran producido demasiado —<es de-
cir, demasiado en relación con la proporción de la parte del capital
destinada para los trabajadores o demasiado en relación con la parte de
capital consumible por los capitalistas (demasiado en relación con la
proporción en que ellos tienen que aumentar el capital; y esta propor-
ción recibe más adelante un límite mínimo en la forma de interés),
tendría lugar superproducción general, no porque se hubiera producido
relativamente demasiado poco de las mercancías que han de ser consu-
midas por los trabajadores o los capitalistas, sino porque de ambas se
ha producido demasiado —demasiado no para el consumo, sino para
conservar la proporción adecuada entre el consumo y la valorización;
se ha producido demasiado para la valorización.

### Límites de la producción capitalista. — Relación del plustrabajo
con el trabajo necesario. Proporción del excedente consumido por
el capital respecto del excedente transformado en capital. — Deva-
luación en las crisis.

En otras palabras: a un nivel dado del desarrollo de las fuerzas produc-
tivas —Lpues éstas determinarán la relación del trabajo necesario con
el plustrabajo)— tiene lugar una relación fija, en la que el producto
se divide en materia prima, maquinaria, trabajo necesario y plustra-
bajo, y en la que el plustrabajo mismo se divide en una parte que re-
vierte al consumo y en una parte que se convierte de nuevo en capital.

Esta división interna conceptual del capital se presenta en el cambio
en la forma de proporciones determinadas y limitadas —si bien conti-
nuamente cambiantes en el curso de la producción— para el cambio
de los capitalistas entre sí. Si, por ejemplo, las proporciones son de
2/5 materia prima, 1/5 maquinaria, 1/5 trabajo necesario y 1/5 plus-
producto, del cual 1/10 es destinado de nuevo al consumo y 1/10 para
nueva producción —esta división interna del capital se presenta en el
cambio como un reparto, digamos, entre 5 capitales. En cualquier caso,
con ello ya está dado tanto la suma de cambio, que puede tener lugar,
como las proporciones, en las que cada uno de estos capitales tiene que
cambiar y producir. Si la relación del trabajo necesario con la parte cons-
tante del capital es, por ejemplo, como en el caso anterior = 1/5: 3/5,
entonces hemos visto que el capital, que trabaja para el consumo de los
capitalistas y trabajadores conjuntamente, no puede ser mayor de
1/5 + 1/10 de los 5 capitales —de éstos cada uno representa 1 = 1 1/2
capitales. Igualmente está dada la proporción en la que cada capital
tiene que cambiar con el otro, que representa un determinado momento
de sí mismo. Finalmente está también dada la proporción en la que
cada uno tiene que cambiar en general. Si la proporción, por ejemplo,
de materia prima es 2/5, entonces los capitales que producen materia
prima cambian en cualquier punto final sólo 3/5, mientras que 2/5 han
de ser considerados como fijos. (Por ejemplo, como simientes, etc., en
la agricultura.) El cambio en y para sí les da a estos momentos con-
ceptualmente determinados recíprocamente una existencia indiferente;
ellos existen independientemente el uno del otro; su necesidad interna
aparece en la crisis, que pone un fin violento a su apariencia de indi-
ferencia recíproca.

Una revolución en las fuerzas productivas además cambia estas re-
laciones, modifica estas relaciones mismas, cuyo fundamento —<desde
el punto de vista del capital y, por lo tanto, también desde el punto
de vista de la valorización mediante el cambio— es siempre la relación
del trabajo necesario con el plustrabajo o, if you please, la relación de
los distintos momentos del trabajo objetivado con el trabajo vivo. Es
posible, como ya indicamos antes, que tanto el capital liberado como
la capacidad de trabajo viva liberada mediante el aumento de las fuer-
zas productivas tengan que permanecer inactivas, porque no existen en
las proporciones en las cuales tiene que tener lugar la producción sobre
la base del nuevo desarrollo de las fuerzas productivas. Si, por el con-
trario, la producción sigue adelante indiferentemente, entonces tiene
que aparecer en el cambio en una parte o en otra un minus, una magni-
tud negativa.

El límite consiste siempre en que el cambio —y también la produc-
ción— tiene que tener lugar de forma tal que la relación del plustrabajo
con el trabajo necesario continúe siendo la misma, lo que es = a una
valorización constante del capital. La segunda relación —la proporción
entre la parte del plusproducto consumida por el capital con la parte
transformada en nuevo capital — está determinada por la primera re-
lación. Primero, la magnitud de la suma que ha de ser dividida entre
esas dos partes depende de esta relación originaria; segundo, si la crea-
ción de plusvalía del capital descansa en la creación de plustrabajo, en-
tonces el aumento del capital en cuanto capital (la acumulación, sin la
cual el capital no puede constituir la base de la producción, puesto que
permanecería estancado y no representaría ningún elemento de progreso,
necesario ya por el mero aumento de la población) depende de la trans-
formación de una parte de este producto excedente en nuevo capital. Si
la plusvalía fuera simplemente consumida, entonces el capital no se
habría valorizado y no habría producido en cuanto capital, es decir, en
cuanto valor que produce valor.

Hemos visto que, si 40 libras de hilo que valen 200 táleros —porque
contienen 200 táleros de tiempo de trabajo objetivado— son cambiadas
por 198 táleros, el fabricante de hilo no sólo pierde 1 1/2 %*** de ga-
nancia, sino que su producto se devalúa, es vendido por debajo de su
valor real, aunque es vendido a un precio que todavía le deja un bene-
ficio del 10 %. Por otra parte, el productor de plata gana 2 táleros, es
decir, conserva 2 táleros como capital liberado. En consecuencia, ha tenido
lugar una devaluación, si se considera la suma global. Pues la suma
es 398 en lugar de 400. Pues en las manos del productor de plata los
200 táleros en hilo sólo tienen un valor ahora de 198; para él es lo mismo
que en 200 táleros está contenido siempre el mismo trabajo objetivado,
pero que de éstos, 2 táleros son transferidos de la cuenta de gastos nece-
sarios a la plusvalía; es decir, él habría pagado 2 táleros menos por
el trabajo necesario. El resultado inverso sólo podría ocurrir si el pro-
ductor de plata fuera capaz de vender de nuevo a 200 táleros las 40 libras
de hilo, que ha comprado a 198. Entonces él tendría 202 táleros; su-
pongamos ahora que él se los ha vendido a un fabricante de seda, que
le ha dado en seda el valor de 200 táleros por las 40 libras de hilo. Las
40 libras de hilo habrían sido vendidas entonces a su verdadero valor,
si no de primera mano por su productor, sí de segunda por su compra-

*11 1 1/2%; debería decir 1 1/9 %.

dor, y la cuenta global se presentaría de la siguiente forma: Han sido
cambiados tres productos, cada uno de los cuales contiene trabajo ob-
jetivado por valor de 200; la suma de los valores de los capitales es,
por lo tanto, 600. A fabricante de hilo, B fabricante de plata, C fabri-
cante de seda. A, 198, B, 202 (es decir, 2 de excedente en el primer
cambio y 200 en seda), C, 200. Suma 600. En este caso el valor global
de los capitales continuaría siendo el mismo y sólo habría tenido lugar
una transferencia en la medida en que B se habría embolsado la parte
de valor de más que A se habría embolsado de menos.

Si A, el fabricante de hilo, sólo pudiera vender a 180 (lo que a él
le cuesta la cosa) y no pudiera dar salida en absoluto a 20 en hilo, en-
tonces un trabajo objetivado de 20 táleros habría perdido su valor. Sería
el mismo caso que si diera un valor de 200 por 180 táleros; por lo que
a B —el fabricante de plata— se refiere, resulta que, en la medida en
que la necesidad de A de vender a 180 deriva de la superproducción,
B tampoco puede desprenderse del valor contenido en las 40 libras de
hilo por más de 180; B habría liberado 20 táleros de su capital. Él ten-
dría una plusvalía relativa de 20 táleros en las manos, pero en suma de
valor absoluto global —en tiempo de trabajo objetivado, en la medida
en que es cambiable— tendría sólo 200, como antes; a saber: 40 libras
de hilo a 180 y 20 táleros de capital liberado: Para él sería lo mismo
que si hubieran disminuido los costes de producción del hilo, es decir,
que si mediante el aumento de la fuerza productiva del trabajo, hubiera
en 40 libras de hilo menos tiempo de trabajo por valor de 20 táleros; o
que si el día de trabajo = 4 táleros, fueran necesarios 5 días menos, para
transformar X libras de algodón en 40 libras de hilo; él, por lo tanto,
habría tenido que cambiar menos tiempo de trabajo objetivado en plata
que el tiempo de trabajo objetivado en hilo. Pero la suma global de
los valores existentes sería de 380 en lugar de 400. Habría tenido lugar,
en consecuencia, una devaluación general de 20 táleros, o una aniquilación
de capital por importe de 20 táleros. Tiene, por lo tanto, lugar una de-
valuación general, a pesar de que la depreciación, consistente en que el
fabricante de hilo vende 40 libras a 180 en lugar de a' 200, se presenta
necesariamente como una revaluación por parte de la plata; es decir,
tiene lugar una depreciación del hilo en relación con la plata; y una
depreciación general de los precios siempre supone en general una re-
valuación del dinero, es decir, de la mercancía en la que todas las demás
son valoradas. En una crisis —en una depreciación general de los pre-
cios— tiene, por lo tanto, lugar al mismo tiempo una devaluación ge-
neral o una aniquilación de capital. La devaluación puede ser general,

absoluta, no sólo relativa, como la depreciación, porque el valor no ex-
presa, como el precio, una mera relación de una mercancía con otra,
sino la relación del precio de la mercancía al trabajo en ella objetivado
O la relación de una cantidad de trabajo objetivado de la misma calidad
a otra cantidad. Si estas cantidades no son iguales, entonces tiene lugar
una devaluación, que no es equilibrada mediante el aumento de precio
por el otro lado, porque este otro lado expresa una cantidad de trabajo
objetivado fija, no modificable mediante el cambio. Esta devaluación
en las crisis generales se extiende hasta la misma capacidad de trabajo
viva. Según lo que se ha indicado antes, la aniquilación de valor y ca-
pital, que tiene lugar en una crisis, coincide —o quiere decir lo mis-
mo— con un crecimiento general de las fuerzas productivas, que, sin
embargo, tiene lugar no mediante el aumento real de la fuerza produc-
tiva del trabajo (en qué medida este aumento tiene lugar como conse-
cuencia de la crisis no pertenece a este apartado), sino mediante la dis-
minución del valor existente de la materia prima, de las máquinas, de
la capacidad de trabajo. Por ejemplo, el fabricante de algodón pierde
capital en sus productos (hilo), pero compra a precios más bajos el mismo
valor en algodón, trabajo, etc. Para él es lo mismo que si el valor real
del trabajo, del algodón, etc., hubiera disminuido, es decir, lo mismo
«ue si fueran producidos más baratos como consecuencia de una mayor
productividad del trabajo. Igualmente un súbito crecimiento general
de las fuerzas productivas conducirá a una devaluación relativa de todos
los valores existentes, del trabajo objetivado en un estadio inferior de
las fuerzas productivas, y, por lo tanto, conducirá a la aniquilación
del capital existente, así como también a la de la capacidad de trabajo
existente. El otro lado de la crisis se resuelve en disminución real de la
producción, del trabajo vivo, con la finalidad de restaurar la proporción
adecuada entre el trabajo necesario y el plustrabajo, en el que descansa
todo en última instancia. (Por lo tanto, las crisis no se resuelven en
modo alguno, como piensa Lord Overstone —como buen usurero—,
en beneficios enormes para los unos y pérdidas tremendas para los
otros.)

32 La fuente de la declaración de Overstone no es transmitida por Marx.
Probablemente se trata de una de sus declaraciones ante una comisión del Par-
lamento.

El capital que sale del proceso de producción se convierte de nuevo
en dinero.

El cambio no modifica las condiciones internas de la valorización; pero
las saca a la luz, les da una forma independiente a la una respecto a la
otra, y hace, en consecuencia, existir la unidad interna sólo como ne-
cesidad interna, que se manifiesta externamente en las crisis de forma
violenta. Ambos aspectos están, pues, colocados en la esencia del capi-
tal: tanto la devaluación del capital mediante el proceso de producción,
como la eliminación de ésta y el restablecimiento de las condiciones
para la valorización del capital. El movimiento, en el que esto tiene
realmente lugar, sólo puede ser observado, si se toma en consideración
el capital real, es decir, en la competencia, en las condiciones reales. No
pertenece todavía a este apartado. Por otra parte, sin el cambio, la pro-
ducción del capital en cuanto tal no existe, ya que la valorización en
cuanto tal no existe sin cambio. Sin cambio se trataría solamente de la
mensuración del valor de uso producido, es decir, se trataría en general
sólo de valor de uso.

Después de que el capital mediante el proceso de producción 1) se
ha valorizado, es decir, ha creado un nuevo valor; 2) se ha devaluado,
es decir, ha pasado de la forma de dinero a la de una determinada mer-
cancía; 3) se valoriza juntamente con su nuevo valor, en la medida en
que el producto es introducido de nuevo en la circulación y es cambiado
como M (mercancía) por D (dinero). Las dificultades reales de este
tercer proceso existen, en el punto en el que nosotros estamos, en el que
el capital sólo es considerado en general, sólo como posibilidades y, por
lo tanto, son superadas también como posibilidades. Suponemos, por lo
tanto, que el producto se transforma de nuevo en dinero.

El capital está puesto ahora, por lo tanto, de nuevo como dinero y
como dinero en la nueva determinación de capital realizado y no como el
simple precio realizado de la mercancía. O, lo que es igual, la mercancía
realizada en el precio es ahora capital realizado. Esta nueva determinación
del dinero o, más bien, del capital como dinero, la consideraremos más
adelante. Ante todo, de acuerdo con la naturaleza del dinero, el nuevo
valor que el capital ha creado, aparece medido por el capital mismo
(encuentra su criterio de mensuración en el capital mismo) —en la me-
dida en que éste es transformado en dinero; es decir, se repite la pri-
mera determinación del dinero como la medida general de las mercan-
cías; ahora como medida de la plusvalía, de la valorización del capital.
En la forma del dinero esta valorización se presenta como medida en

sí misma, como poseyendo en sí misma su criterio de mensuración. El
capital era originariamente 100 táleros en la medida en que ahora es 110,
la medida de su valorización está puesta en su propia forma —como
proporción entre capital que retorna del proceso de producción y de
cambio (que retorna a su forma en dinero) y el capital originario; no
como relación entre dos trabajos cualitativamente diferentes, trabajo
objetivado y trabajo vivo, o como relación entre el trabajo necesario
y el plustrabajo. En la medida en que el capital es puesto como dinero,
es puesto en la primera determinación del dinero, la de medida del va-
lor. Pero este valor es aquí su propio valor, o la medida de su propio
incremento.**? Volveremos sobre esto (al hablar del beneficio).

La segunda forma del dinero era la de medio de circulación, y desde
este lado la forma dinero del capital se presenta sólo como un momento
evanescente, con la finalidad de cambiar de nuevo, pero no, como en
el caso del dinero como medio de circulación en general, para cambiarlo
por mercancías —valores de uso— para el consumo, sino para cambiar-
lo por valores de uso particulares, por una parte, materia prima e ins-
trumento, y, por otra, capacidad de trabajo viva, en los cuales el capital
puede empezar de nuevo su circulación como capital. En esta determi-
nación él es capital circulante, sobre el que se hablará más adelante. La
determinación de medio de circulación que el capital como dinero ad-
quiere como resultado es, sin embargo, el comienzo del acto de produc-
ción a partir del capital ya realizado, y éste es el punto que consideramos
aquí ante todo, antes de pasar adelante. (En la primera determinación,
en la de medida, el nuevo valor se presenta medido; pero la diferencia
es sólo formal; en lugar de plustrabajo, de plustrabajo objetivado en
una determinada mercancía, es Mos. La naturaleza cualitativa de este
nuevo valor sufre, sin embargo, una modificación —es decir, una modi-
ficación de la magnitud misma de la medida, que ha de ser considerada
más adelante. En segundo lugar, en cuanto medio de circulación, la
desaparición de la forma dinero es también exclusivamente formal. Esta
forma sólo deviene esencial después de haber sido acabado no sólo el
primer ciclo, sino también el segundo. Resulta, por lo tanto, ante todo,
que estamos de nuevo en el comienzo del proceso de valorización. En
este punto por lo tanto, reanudamos la marcha.)

La tercera forma del dinero como valor independiente, que se rela-
ciona negativamente con la circulación, es el capital; pero no el capital,
que sale del proceso de producción como mercancía y entra en el cambio

*212 «la medida de su propio incremento»; ed. 1939 «das Mass seines Selbst,
Verneinung» (la medida de sí mismo, negación).

para convertirse en dinero, sino el capital, que en la forma de valor
que se relaciona consigo mismo, se convierte en mercancía y entra en la
circulación. (Capital e Interés). Esta tercera forma presupone la exis-
tencia del capital en las formas anteriores y constituye al mismo tiempo
el paso del capital a los capitales particulares, es decir, a los capitales
reales; puesto que ahora, en esta última forma, el capital según su
concepto se escinde en dos capitales de existencia autónoma. Con la
duplicidad está, pues, dada la multiplicidad en general. Tal es el curso
de este desarrollo.

[[Antes de seguir adelante hay que hacer esta observación. El ca-
pital en general, a diferencia de los capitales particulares, se presenta
1) sólo como una abstracción; no como una abstracción arbitraria, sino
como una abstracción que aprehende la diferencia específica del capital
respecto a todas las demás formas de la riqueza —o modos en los que
se desarrolla la producción social. Se trata de las determinaciones, que
son comunes a todo capital en cuanto tal, que convierten a toda suma
determinada de valores en capital. Y las diferencias dentro de esta abs-
tracción son igualmente particularidades abstractas, que caracterizan a
toda clase de capital, en la medida en que éste es su posición o nega-
ción (por ejemplo, capital fijo o capital circulante); 2) pero el capital
en general, a diferencia de los capitales particulares reales, es una exis-
tencia real. Esto es admitido por la economía vulgar, aunque no es
comprendido por ella; y constituye un momento-muy importante para
su teoría de las compensaciones, etc. Por ejemplo, el capital en esta forma
general, aunque pertenece a capitalistas particulares, constituye, en su
forma elemental como capital, el capital que se acumula en los bancos
o que es distribuido mediante ellos y, como dice Ricardo, es distribuido
de forma maravillosa en proporción a las necesidades de la produc-
ción. El capital constituye también mediante los préstamos, etc., un
equilibrio entre los distintos países. Es, por lo tanto, una ley del capital
en general, la de que para valorizarse se tiene que duplicar, y que en
esta forma doble se tiene que valorizar dos veces; así, por ejemplo, el ca-
pital de una nación particular, que representa por oposición a otra el
capital par excellence, tiene que prestarlo a una tercera nación para
poder valorizarse. La duplicación, el relacionarse consigo mismo como
con un extraño, se convierte en este caso en algo condenadamente real.
En consecuencia, mientras lo general sólo es, por una parte, diferencia
específica de naturaleza lógica, por otra es simultáneamente una forma

32 Cfr. RicarnO, On the Principles, etc., pág. 139 <Principios..., pág. 102)».

real particular junto a la forma de lo particular e individual. Volve-
remos más adelante sobre este punto que, aunque de carácter más ló-
gico que económico, se mostrará, sin embargo, de una gran importancia
en el progreso de nuestra investigación. También en el álgebra. Por
ejemplo, a, b, c, son cifras en general; pero son número enteros res-
pecto a a/b, b/c, c/b, cla, bla, etc., que los presuponen como ele-
mentos generales.]]

El plustrabajo o plusvalía se convierte en pluscapital. Todas las
condiciones de la producción capitalista se presentan ahora como
resultado del mismo trabajo asalariado. El proceso de realización
del trabajo es al mismo tiempo su proceso de desarrollo.

El nuevo valor es puesto, por lo tanto, a su vez como capital, como
trabajo objetivado que entra en el proceso de cambio con el trabajo
vivo, y que, en consecuencia, se divide en una parte constante —las
condiciones objetivas del trabajo, material e instrumento— y en las con-
diciones de la condición subjetiva del trabajo, de la existencia de la
capacidad de trabajo viva, de los medios de subsistencia para el traba-
jador. En esta segunda aparición del capital en esta forma resultan claros
determinados puntos, que en su primera aparición —+en la forma de
dinero, que pasa de su determinación como valor a la de capital— es-
taban completamente obscuros. Ahora ellos son puestos de manifiesto
mediante el mismo proceso de producción y valorización. En la primera
aparición los mismos presWpuestos se presentaban como algo externo
que procedía de la circulación; como presupuestos externos para el
nacimiento del capital; por lo tanto, no como procedentes de su propia
esencia y explicados a partir de ella. Estos presupuestos externos se
presentan ahora como momentos del movimiento del mismo capital, de
forma tal que el capital mismo tiene que presuponerlos —cualquiera
que sea su forma de aparición histórica— como sus propios momentos.

Dentro del mismo proceso de producción, la plusvalía, obtenida
mediante la acción coactiva del capital, se presentaba como plustra-
bajo; en la forma del trabajo vivo, el cual, puesto que no puede crear
de la nada, encuentra ya preparadas sus condiciones objetivas. Ahora
este plustrabajo objetivado se presenta como plusproducto, y este plus-
producto, para valorizarse como capital, se divide en una forma doble;
como condición de trabajo objetiva —material e instrumento—; como

3% Cfr. HEGEL, Band V, págs. 35-171.

condición de trabajo subjetiva —medios de subsistencia para el trabajo
vivo que es puesto a trabajar. Naturalmente el presupuesto general que
se comprende por sí mismo es la forma general como valor, como tra-
bajo objetivado —o, mejor todavía, como trabajo objetivado que pro-
cede de la circulación. Más aún: el plusproducto en su totalidad —como
objetivación del plustrabajo en su totalidad— se presenta ahora
como pluscapital (comparado con el capital originario, antes de que
hubiera tenido lugar esta circulación), es decir, como valor de cambio
independiente, que se enfrenta a la capacidad de trabajo viva como a
su valor de uso específico. Todos los momentos, que se enfrentaban
a la capacidad de trabajo viva como poderes extraños, extrínsecos, y que
bajo ciertas condiciones, independientes de ella misma, la consumían
y la utilizaban, son puestos ahora como su propio producto y su propio
resultado.

Primero: la plusvalía o el plusproducto no es más que una suma
determinada de trabajo vivo objetivado —la suma de plustrabajo—.
Este nuevo valor, que en cuanto capital se enfrenta al trabajo vivo como
valor independiente, que se cambia con él, es el producto del trabajo.
El nuevo valor no es más que el excedente del trabajo en general so-
bre el trabajo necesario; en forma objetiva y, por lo tanto, como valor.

Segundo: las formas particulares, que este valor tiene que adoptar,
para valorizarse de nuevo, es decir, para realizarse como capital —por
una parte, la forma de materia prima e instrumento—, y por otra, la
de medios de subsistencia para el trabajador durante el acto de pro-
ducción, son igualmente meras formas particulares del mismo plustra-
bajo. La materia prima y el instrumento son producidos por él mismo
en tales proporciones —o él mismo es puesto objetivamente como ma-
teria prima e instrumento en la proporción que permite—, que no sólo
una suma determinada de trabajo necesario —es decir, de medios de
subsistencia (su valor) que reproducen el trabajo vivo— pueda obje-
tivarse en él, y pueda objetivarse además continuadamente, de forma
tal que pueda empezar siempre de nuevo la división en las condiciones
objetivas y subjetivas de su autoconservación y autorreproducción, sino
también que, en la medida en que el trabajo vivo realiza este proceso
de reproducción de sus condiciones objetivas, produce al mismo tiempo
materia prima e instrumento en tales proporciones que él puede rea-
lizarse en ellos como plustrabajo, como trabajo por encima del trabajo
necesario y que por lo tanto, puede convertirlo en material de nueva
creación de valor. Las condiciones objetivas del plustrabajo —que se
limitan a la proporción de materia prima e instrumento por encima
de las exigencias del trabajo necesario, se escinden dentro de su misma

objetividad, en condiciones objetivas y subjetivas, en momentos obje-
tivos y subjetivos del trabajo (medios de subsistencia del trabajo vivo)—-
se presentan ahora puestas como producto, como resultado, como forma
objetiva, como existencia externa del plustrabajo mismo. Originaria-
mente, por el contrario, era algo extraño para el trabajo vivo —:era
una acción del capital — el que el instrumento y los medios de subsis-
tencia existieran en un volumen tal que hiciera posible que el trabajo
vivo no sólo se realizara como trabajo necesario, sino también como
plustrabajo.

Tercero: el ser-para-sí autónomo del valor frente a la capacidad de
trabajo viva —y de ahí su existencia como capital—, la indiferencia
objetiva, contenida en sí misma, la ajenidad de las condiciones objetivas
del trabajo frente a la capacidad de trabajo viva, que prosiguen hasta
el punto en el que estas condiciones del trabajo se enfrentan a la per-
sona del trabajador en la persona del capitalista —como personificación
con voluntad e intereses propios—, esta absoluta separación, disocia-
ción de la propiedad, es decir, de las condiciones objetivas del trabajo
de la capacidad de trabajo viva, que se enfrentan a ésta como propiedad
extraña, como la realidad de otra persona jurídica, como la esfera abso-
luta de su voluntad —y que, por lo tanto, hace aparecer al trabajo, en
cuanto trabajo extraño frente al valor personificado en el capitalista, o
frente a las condiciones de trabajo— esta separación absoluta entre
propiedad y trabajo, entre la capacidad de trabajo viva y las condiciones
de su realización, entre el trabajo objetivado y el trabajo vivo, entre
el valor y la actividad creadora de valor —de ahí también la ajenidad
del contenido del trabajo frente al trabajador mismo—-: esta separa-
ción, se presenta ahora igualmente como producto del trabajo mismo,
como objetivación de Pb momentos. Pues mediante el nuevo
acto de producción mismo —que sólo confirma el cambio que tiene
lugar precedentemente entre capital y trabajo vivo—, el plustrabajo
y, por lo tanto, la plusvalía, el plusproducto, y, en general, el resultado
global del trabajo (tanto del trabajo necesario como del plustrabajo) ha
sido puesto como capital, como valor de cambio que se enfrenta autó-
noma e indiferentemente a la capacidad de trabajo viva o a su, mero
valor de uso. La capacidad de trabajo sólo se ha apropiado las condicio-
nes subjetivas del trabajo necesario —los medios de subsistencia para
la capacidad de trabajo productora, es decir, para su reproducción como
mera capacidad de trabajo separada de las condiciones de su realiza-
ción— y ha colocado incluso a esas condiciones mismas como cosas,
como valores, que se le enfrentan en una personificación ajena domi-
nante. Ella no sólo no sale más rica del proceso, sino que sale más pobre

de lo que entró. Pues no sólo ha creado las condiciones del trabajo
necesario como pertenecientes al capital, sino que también la valoriza-
ción contenida potencialmente en ella, la posibilidad creadora de valor,
existe ahora como plusvalía, como plusproducto o, en una palabra,
como capital, como señorío sobre la capacidad de trabajo viva, como
valor dotado de fuerza y voluntad propias frente a ella como pobreza
abstracta, falta de objetividad, puramente subjetiva. No sólo ha pro-
ducido la riqueza ajena y la propia pobreza, sino también la relación
entre esta riqueza como riqueza que se relaciona consigo misma y con
la capacidad de trabajo como pobreza, mediante cuyo consumo el ca-
pital atrae hacia sí nuevas energías vitales y se valoriza de nuevo. Todo
esto procede del cambio, en el que ella cambió su capacidad de trabajo
viva por una cantidad de trabajo objetivado; sólo que ahora este tra-
bajo objetivado —estas condiciones de su existencia que existen fuera
de él, y este autónomo estar-fuera-de-él de estas condiciones objetivas—
se presenta como su propio producto, como algo creado por ella mis-
ma; por un lado como su propia objetivación, por otro como objeti-
vación de sí misma en la forma de poder independiente y que la domina
mediante su propia acción.

En el pluscapital todos los momentos son productos de trabajo
ajeno —de plustrabajo ajeno transformado en capital —; medios de
subsistencia para el trabajo necesario; las condiciones objetivas —ma-
terial e instrumento— para que el trabajo necesario pueda reproducir
el valor cambiado por ella en medios de subsistencia; finalmente la
cantidad necesaria de material e instrumento, a fin de que se puedan
realizar en ellos nuevo plustrabajo, o pueda ser producida nueva plus-
valía.

Aquí ha desaparecido ya la apariencia, que todavía existía en la
primera consideración del proceso de producción, de que el capital
aportase por su parte, a partir de la circulación, algún valor. Las con-
diciones objetivas del trabajo se presentan ahora más bien como produc-
to del trabajo —tanto en la medida en que son valores en general, como
en la medida en que son valores de uso para la producción. Pero si, por
lo tanto, el capital se presenta como producto del trabajo, el producto
del trabajo se presenta igualmente como capital —no como simple
producto, ni como mercancía intercambiable, sino como capital; trabajo
objetivado como dominio, como poder de disposición sobre el traba-
jo vivo. Igualmente se presenta como producto del trabajo el que su
producto aparezca como propiedad ajena, como modo de existencia
independiente contrapuesto al trabajo vivo, como valor existente para
sí mismo; y también el que el producto del trabajo, el trabajo objeti-

vado al que le ha sido dada un alma propia por el trabajo vivo, se afir-
me frente a éste como un poder ajeno. Considerado desde el punto
de vista del trabajo, su actividad se presenta en el proceso de produc-
ción de la siguiente forma: el trabajo rechaza de sí mismo su realización
en las condiciones objetivas como realidad ajena, y, en consecuencia,
se pone a sí mismo como capacidad de trabajo falta de toda sustancia,
cargada de necesidades, frente a la realidad ajena, que no le pertenece
a él, sino a otro; es decir, él no pone su propia realidad como ser para
sí, sino como mero ser para otro, y, por lo tanto, como mero ser-otro,
como ser-del-otro contra sí mismo. Este proceso de realización es igual-
mente el proceso de desarrollo del trabajo. El trabajo se realiza obje-
tivamente, pero realiza esta objetividad como su propio no-ser, o como
el ser de su-no-ser, como ser del capital. El trabajo retorna a sí mismo
como mera posibilidad de la creación de valor, de la valorización; por-
que la riqueza global real, el mundo del valor real, y también las con-
diciones reales de su propia realización son puestas frente a él como
existencias independientes. Como consecuencia del proceso de produc-
ción, son las posibilidades latentes en el seno mismo del trabajo vivo
las que existen como realidades al margen de él —pero como realidades
que le son ajenas y que constituyen la riqueza por oposición a él.

En la medida que el plusproducto es valorizado de nuevo como
pluscapital, y entra de nuevo en el proceso de producción y autovalo-
rización, se divide 1) en medios de subsistencia para los trabajadores
en el cambio con la capacidad de trabajo viva; esta parte del capital
es designada como fondo de trabajo; este fondo de trabajo, esta parte
destinada a la conservación de la capacidad de trabajo —y a la conser-
vación progresiva de la misma, ya que el pluscapital crece constante-
mente— se presenta ahora como producto del trabajo ajeno, trabajo
ajeno para el capital; así como también 2) las otras partes constituti-
vas del mismo —las condiciones objetivas para la reproducción de
un valor = a estos medios de subsistencia más una plusvalía.

Más aún, si se considera este pluscapital, la división del capital
en una parte constante —parte antediluviana, que existía antes que el
trabajo, materia prima e instrumento— y una parte variable —a saber,
los medios de subsistencia intercambiables con la capacidad de trabajo
viva— se presenta como una división puramente formal, en la medida
en que ambas son producidas uniformemente por el trabajo y son pues-
tas por él como sus propios presupuestos. Esta división del capital en
sí mismo se presenta ahora de forma tal que el propio producto del
trabajo —el plustrabajo objetivado— se divide en dos partes —las
condiciones objetivas para la nueva valorización del trabajo (1), y un

fondo de trabajo para la conservación de la posibilidad de este trabajo
vivo, es decir, de la capacidad de trabajo viva en cuanto fuerza viva (2);
pero se presenta de tal manera que la capacidad de trabajo sólo puede
apropiarse la parte de su propio resultado determinada como fondo de
trabajo, es decir, su propia existencia en forma objetiva, sólo puede re-
cuperar esta parte de la forma de la riqueza ajena que le está con-
trapuesta, en la medida en que no sólo reproduce su valor, sino que
valoriza además la parte del nuevo capital, que representa las condicio-
nos objetivas para la realización de nuevo plustrabajo, para la plus-
producción o producción de plusvalores. El trabajo mismo ha creado un
nuevo fondo para la utilización de nuevo trabajo necesario, o, lo que
es lo mismo, ha creado un fondo para la conservación de nueva capa-
cidad de trabajo viva, de trabajadores, pero al mismo tiempo ha creado
la condición, según la cual este fondo sólo puede ser apropiado, en la
medida en que es aplicado nuevo plustrabajo sobre la parte excedente
del pluscapital. Con el pluscapital producido por el trabajo —plusva-
lía— viene, por lo tanto, producida al mismo tiempo la necesidad de
nuevo plustrabajo, y de esta forma el pluscapital mismo es simultá-
neamente la posibilidad real de nuevo plustrabajo y nuevo pluscapi-
tal. Aquí se muestra cómo a través del trabajo mismo se amplía pro-
gresivamente el mundo objetivo de la riqueza como poder ajeno y
opuesto a él, y cómo este mundo obtiene una existencia más amplia
y más completa, de forma tal que, relativamente —es decir, en rela-
ción con los valores creados, o con las condiciones reales de la creación
del valor—, la subjetividad llena de necesidades de la capacidad de
trabajo viva constituye un contraste cada vez más fuerte. Cuanto más
se objetivice el trabajo, tanto mayor deviene el mundo objetivo de
los valores, que se le contrapone como propiedad ajena. Mediante la
creación de pluscapital el trabajo mismo se impone la obligación de
crear nuevo pluscapital, etc., etc.

Respecto a la situación originaria de no existencia del pluscapital,
la relación para la capacidad de trabajo se ha modificado en el sentido
de que 1) la parte del capital que es cambiada por trabajo necesario es
reproducida por este mismo trabajo y, por lo tanto, no viene a él de la
circulación, sino que es su propio producto; 2) la parte del valor, que
en materia prima e instrumento representan las condiciones reales para
la valorización del trabajo vivo, es conservada por él mismo en el pro-
ceso de producción; y, puesto que todo valor de uso consiste según
su naturaleza en material perecedero, y, puesto que el valor de cambio
sólo existe en el valor de uso, esta conservación es = protección de la
destrucción, o también = a la negación de la naturaleza perecedera de

los valores poseídos por los capitalistas; de ahí su posición como valor
existente para sí mismo, como riqueza imperecedera. Por lo tanto, como
capital, esta suma originaria de valores ha sido también creada en el
proceso de producción por el trabajo vivo.

### Constitución del pluscapital 1. — Pluscapital 11. — Transforma-
ción del derecho de apropiación. — Resultado principal del proceso
de producción y de valorización: la reproducción y la nueva produc-
ción de la relación misma de capital y trabajo, es decir, de capitalista
y trabajador.

Consideremos ahora la situación desde el punto de vista del capital:
en la medida en que se considera el pluscapital, el capitalista repre-
senta el valor existente para sí mismo, el dinero en su tercer momento,
la riqueza, [obtenida] mediante la simple apropiación del trabajo ajeno,
ya que todo momento del pluscapital —material, instrumento, medips
de subsistencia— se resuelve en trabajo ajeno, que el capitalista no se
apropia mediante el cambio con valores ya existentes, sino que él se lo
ha apropiado sin cambio. Ciertamente, condición originaria para la crea-
ción de este pluscapital es el cambio de una parte de los valores que
le pertenecen o del trabajo objetivado por él poseído por la capacidad
de trabajo viva ajena. Para la constitución del pluscapital I, si llamamos
así el pluscapital, tal como sale del proceso de producción originario
—es decir, para la apropiación del trabajo ajeno, del trabajo ajeno ob-
jetivado—, se presenta como condición la posesión de valores por parte
del capitalista, una parte de los cuales él puede cambiarla formalmente
por la capacidad de trabajo viva. Decimos formalmente porque el trabajo
vivo tiene que devolverle, tiene que reponerle estos valores cambiados.
Pero, de cualquier forma que sea, la condición para la formación del
pluscapital I, es decir, para la apropiación del trabajo ajeno o de los
valores, en los que este trabajo se ha objetivado, es el cambio de valores
pertenecientes al capitalista, puestos por él en la circulación y dados
por él a la capacidad de trabajo viva, se trate de valores, que no proce-
den de su cambio con el trabajo vivo, o de su relación como capital
con el trabajo.

Pero imaginémosnos ahora, que el pluscapital es puesto de nuevo
en el proceso de producción, que realiza de nuevo su plusvalía en el
cambio, y que reaparece como nuevo pluscapital al comienzo de un
tercer proceso de producción. Este pluscapital II tiene otros presupues-
tos que el pluscapital 1. El presupuesto del pluscapital 1 eran los valores
pertenecientes al capitalista, y por él puestos en circulación, o, más exac-

tamente, cambiados con la capacidad de trabajo viva. El presupuesto
del pluscapital 11 no es más que la existencia del pluscapital 1; es
decir, en otras palabras, el presupuesto de que el capitalista se ha
apropiado ya trabajo ajeno sin cambio. Esto lo pone en situación de
empezar el “proceso continuamente de nuevo. Ciertamente, para pro-
ducir el pluscapital II, él tendría que cambiar una parte del plusca-
pital I en la forma de medios de subsistencia con la capacidad de tra-
bajo viva; pero lo que él cambiaría de esta manera serían valores
originarios, que él no ha introducido en la circulación a partir de sus
propios fondos, sino trabajo ajeno objetivado, que él se ha apropiado
sin equivalente, y que él cambia ahora a su vez por trabajo vivo ajeno,
así como también por material, etc., en el que este nuevo trabajo se
realiza y crea plusvalía; este trabajo ajeno llega a sus manos sin cambio,
mediante la simple apropiación. La apropiación pasada del trabajo
ajeno se presenta ahora como la condición simple para la apropiación de
nuevo trabajo ajeno; o, lo que es igual, el trabajo ajeno en forma obje-
tiva (material), en la forma de valores ya existentes, que se encuentran
en su propiedad, se presenta ahora como condición para que él se pueda
apropiar nueva capacidad de trabajo viva y, en consecuencia, el plus-
trabajo, el trabajo sin equivalente. El hecho de que él ya se contraponía
como capital al trabajo vivo, se presenta como la única condición por
la que el capital no sólo se conserva como capital, sino como capital
creciente que se apropia trabajo ajeno sin equivalente en medida cada
vez mayor, o que amplía su poder, su existencia como capital, frente
a la capacidad de trabajo viva y que pone, por otra parte, continuamen-
te de nuevo a esta capacidad de trabajo viva en su indigencia subjetiva
y falta de sustancia como capacidad de trabajo viva. Propiedad —traba-
jo ajeno pasado u objetivado— se presenta como la única condición
para la apropiación posterior de trabajo ajeno actual o vivo. En la medida
en que fue creado un pluscapital I mediante el simple cambio entre el
trabajo objetivado y la capacidad de trabajo viva —un cambio basado por
completo sobre las leyes del cambio de equivalentes, valorados éstos
por el tiempo de trabajo o la cantidad de trabajo en ellos contenido—
y en la medida en que este cambio jurídicamente expresado no presu-
ponía más que el derecho de propiedad de cada uno a sus propios
productos y la libre disposición sobre ellos —pero en la medida en que
la relación del pluscapital II con el pluscapital 1 es consecuencia de
esta primera relación—, vemos que el derecho de propiedad se trans-
forma dialécticamente mediante una consecuencia particular en el de-
recho por parte del capital al producto ajeno o en el derecho de propiedad
del trabajo ajeno, en el derecho a apropiarse el trabajo ajeno sin equi-

valente; y por parte de la capacidad de trabajo en la obligación de re-
lacionarse con su propio producto o con su propio trabajo como con la
propiedad ajena. El derecho de propiedad se transforma, por una parte,
en el derecho a apropiarse el trabajo ajeno y, por otra, en la obligación
de respetar el producto del propio trabajo y el mismo trabajo como
valores pertenecientes a otro. Pero el cambio de equivalentes, que se
presentaba como la operación originaria, que era expresada jurídica-
mente por el derecho de propiedad, se ha invertido de forma tal que,
por una parte, sólo se cambia en apariencia, ya que la parte del capital
cambiada por la capacidad de trabajo viva es primero trabajo ajeno,
apropiado sin equivalente, y, por otra, tiene que ser repuesta con un
excedente por la capacidad de trabajo; por lo tanto, no es dada en
realidad, sino que es solamente transformada de una forma en otra. La
relación de cambio ha desaparecido, por lo tanto, de forma total, o es
una mera apariencia. Más aún, si originariamente el derecho de propie-
dad aparecía fundado sobre el trabajo propio, la propiedad aparece ahora
como derecho al trabajo ajeno y como imposibilidad del trabajo de apro-
piarse su propio producto. La separación completa entre propiedad, y
aún más, entre riqueza y trabajo, se presenta ahora como consecuencia
de la ley, que partía de su identidad.

Finalmente, como resultado del proceso de producción y de valori-
zación se presenta ante todo la reproducción y la nueva producción de
la misma relación entre capital y trabajo, entre capitalista y trabajador.
Esta relación social, esta relación de producción, se presenta en reali-
dad como un resultado del proceso todavía más importante que su re-
sultado material. Y ciertamente dentro de este proceso el trabajador se
produce a sí mismo como capacidad de trabajo y al capital que se le
opone, así como el capitalista se produce a sí mismo como capital y a
la capacidad de trabajo viva que a él se le contrapone. El capitalista
produce el trabajo como trabajo ajeno; el trabajo produce el producto
como producto ajeno. El capitalista produce al trabajador y el traba-
jador al capitalista.

### Acumulación originaria del capital (La acumulación real). — El capital
una vez desarrollado históricamente crea sus propias condiciones de
existencia (no como condiciones de su nacimiento, sino como resul-
tados de su existencia). — (Prestaciones de servicios personales (por
oposición al trabajo asalariado).) — Inversión de la ley de la apro-
piación. Ajenidad real del trabajador respecto de su producto.
División del trabajo. Maquinaria, etc.

El dinero se ha transformado realmente en capital sólo al final del
Primer proceso de producción, que en su reproducción y nueva produc-
ción dio como resultado el pluscapital 1; pero el pluscapital 1 es pues-
to como pluscapital, es realizado como pluscapital, sólo cuando ha
producido el pluscapital 11, es decir, sólo cuando han desaparecido los
presupuestos ajenos al movimiento del capital real, del dinero que pasa
a convertirse en capital; el capital, por lo tanto, ha producido en rea-
lidad de acuerdo con su propia esencia las condiciones mismas, de las
que él parte en la producción. Pues bien, una vez presupuesta la pro-
ducción basada sobre el capital, la condición de que el capitalista, me-
diante el trabajo propio o de cualquier otra manera —<con la única
excepción de trabajo asalariado pasado, ya existente—, tiene que intro-
ducir en la circulación los valores ya creados para ponerse como capi-
tal, pertenece a las condiciones antediluvianas del capital; pertenece
a sus presupuestos históricos, que precisamente en cuanto tales presu-
puestos históricos son pasados y pertenecen, por lo tanto, a la historia
de su constitución, pero en modo alguno a su historia contemporánea,
es decir, no pertenecen al sistema real del modo de producción dominado
por él. Si, por ejemplo, la huida de los siervos de la gleba a las ciuda-
des es una de las condiciones y presupuestos históricos de la comunidad
ciudadana, ella no es sin embargo condición o momento de la realidad
de la comunidad ciudadana desarrollada, sino que pertenece a sus pre-
supuestos ya pasados, a los presupuestos de su devenir, que son supe-
rados en su existencia. Las condiciones y presupuestos del devenir, del
nacimiento del capital, presuponen precisamente que éste todavía no
existe, sino que solamente se está convirtiendo en capital; ellos desa-
parecen, por lo tanto, con el capital real, con el capital que, partiendo
de su realidad, crea las condiciones de su realización. Así, por ejem-
plo, si en el proceso de conversión del dinero, o del valor existente para
sí mismo en capital es presupuesta por parte del capitalista una acumu-
lación —bien sea mediante el ahorro de los productos y valores produ-
cidos por el mismo trabajo, etc—, que él ha realizado como no-capita-
lista —es decir, si los presupuestos de la conversión del dinero en

capital se presentan como presupuestos exteriores y dados para el na-
cimiento del capital —, sin embargo, tan pronto como el capital se ha
convertido en capital en cuanto tal, crea sus propios presupuestos, a
saber, la posesión de las condiciones reales para la creación de nuevos
valores sin cambio, mediante su propio proceso de producción. Estos
presupuestos, que originariamente se presentaban como condiciones de
su devenir —y que, por lo tanto, no podían proceder todavía de su
acción como capital —, se presentan ahora como resultados de su propia
realización, como realidad puesta por él —no como condiciones de su
nacimiento, sino como resultados de su existencia. El capital no parte
ya de presupuestos para convertirse en capital, sino que es presupuesto
él mismo y, partiendo de sí mismo, crea los presupuestos de su conser-
vación y de su crecimiento. En consecuencia, las condiciones que pre-
cedieron a la creación del pluscapital 1, o que expresan el devenir del
capital, no caen dentro de la esfera del modo de producción que tiene
al capital como presupuesto; dichas condiciones yacen tras él como
estadios históricos precedentes a su conversión en capital, de la misma
forma que los procesos, a través de los cuales la Tierra pasó de ser un
mar de polvo y fuego fluido a su forma actual, están más allá de su vida
como Tierra ya acabada. Esto quiere decir que los capitales individuales

ss Cfr. Hegel, Band IV, págs. 88-124. En Hegel el devenir es elevado a la
categoría de algo autónomo, separado de la materia; sus momentos, elevados a
la categoría de momentos independientes, son la pura nada y el puro ser, que se
niegan en el devenir hasta alcanzar existencia autónoma, y que no descienden sim-
plemente de nuevo a la nada o al ser. Marx muestra que el devenir no consiste
simplemente en la nada y en el ser; en la medida en que se habla de un devenir
real, no se llega, por lo tanto, a la nada, y no porque «la nada sea la negación to-
mada como mera carencia» (pág. 125), sino porque esta negación es un algo, incluso
allí donde se presente como mera carencia. Así, por ejemplo, la simple carencia
de medios de producción en el trabajador no es la nada, sino la existencia de los
medios de producción en las manos del capitalista. Nada, ser, devenir, existencia
son desde el principio nada, ser, devenir, existencia de algo, y, por lo tanto, no
nada; no son categorías preexistentes de la idea, sino lados o niveles de un pro-
ceso material abstraídos en la forma de categorías lógicas. Fijadas posteriormente,
autonomizadas luego, y retenidas de esta manera, se solidifican en el pensamiento
idealista como sujetos, que en la realidad no lo son. El algo, que todavía no tiene
existencia, no es por ello nada; deviene antes de que adquiera existencia, es decir,
no es todavía este algo determinado, sino sólo su presupuesto o sus presupuestos
pero en modo alguno nada; en la medida en que el devenir no conduce a la exis-
tencia de algo, no es tampoco nada, sino la existencia del presupuesto, que no se
convierte en este algo ni tampoco en nada, sino que no sufre el proceso de tran-
sición en el devenir, no deviene, porque existe ya como algo diferente de aquel
algo determinado, porque tiene existencia, y, por lo tanto, no es nada. El devenir
sólo se convierte en nada en la imaginación.

pueden continuar naciendo, mediante acumulación, por ejemplo. Pero
esta acumulación sólo se transforma en capital mediante la explotación
del trabajo. Los economistas*”* burgueses, que consideran al capital
como una forma de producción eterna y natural (no como una forma
histórica), intentan justificarlo, exponiendo las condiciones de su deve-
nir como las condiciones de su realización actual, es decir, queriendo
hacer pasar los momentos en los que el capitalista se apropia como no-
capitalista —porque él sólo se está convirtiendo en tal — por las very
conditions <las condiciones mismas) en las que él se apropia como ca-
pitalista. Estos intentos de la apologética demuestran la mala consciencia
y la impotencia de armonizar el modo de apropiación del capital en
cuanto capital con las leyes generales de propiedad proclamadas por la
sociedad del capital mismo. Por otra parte, y esto es mucho más im-
portante para nosotros, nuestro método muestra los puntos en los que
tiene que entrar la consideración histórica, o también aquellos en los
que la economía burguesa, en cuanto mera configuración histórica del
proceso de producción, apunta por encima de sí misma a modos de pro-
ducción históricos anteriores. No es, por tanto, necesario, para desarro-
llar las leyes de la economía burguesa, escribir la historia real de las
relaciones de producción. Pero la concepción y deducción correcta de
las mismas, en cuanto relaciones desarrolladas históricamente, conduce
siempre a ecuaciones primeras —como las cifras empíricas, por ejemplo,
en la ciencia natural— que apuntan hacia un pasado, que yace tras
este sistema. Estas indicaciones, juntamente con la concepción correcta
del presente, ofrecen la clave para la comprensión del pasado —un tra-
bajo con entidad propia, que esperamos llegar a abordar. CÁsimismo
esta observación correcta conduce por otra parte a puntos en los que
aparecen indicados la superación de la configuración actual de las rela-
ciones de producción, y en los que prefigurando el futuro se apunta un
movimiento que deviene. Si las fases preburguesas se presentan por
una parte como fases meramente históricas, es decir, como presupues-
tos superados, también las condiciones actuales de la producción se
ponen como condiciones que se superan a sí mismas y que se presentan,
por lo tanto, como presupuestos históricos para una nueva forma de

El valor ya se ha convertido en capital y el trabajo vivo existe como
mero valor de uso que se le contrapone; en consecuencia, el trabajo
vivo se presenta como un simple instrumento para valorizar el traba-

+13 En el ms. «Die Ansicht...» (la tesis de los economistas...).

jo objetivado, muerto, para penetrarlo con alma vivificadora y perder
la propia alma en él; dicho trabajo ha producido como resultado la
riqueza creada como algo ajeno por un lado, y la indigencia de la ca-
pacidad de trabajo vivo por otro. Si consideramos ahora ante todo esta
relación ya formada, la cosa se presenta de la forma siguiente: las con-
diciones reales materiales del trabajo vivo —4(a saber: material, en el
que el trabajo se valoriza; instrumento, con el que se valoriza, y medios
de subsistencia, con los cuales se aviva y se protege de extinción la
llama de la capacidad de trabajo viva, proveyéndole los materiales nece-
sarios para su proceso vital)— son puestas en y mediante el proceso
mismo como existencias ajenas, independientes —o como modo de exis-
tencia de una persona ajena, como valores existentes en sí mismos frente
a la capacidad de trabajo viva, que está subjetivamente aislada de ellos,
es decir, como valores que existen para sí mismos y que constituyen,
por lo tanto, la riqueza ajena a la capacidad de trabajo, la riqueza del
capitalista. Las condiciones objetivas del trabajo vivo se presentan como
valores separados, independizados, frente a la capacidad de trabajo
viva en cuanto existencia subjetiva, que se presenta, por lo tanto, frente
a ellos sólo como valor de otra clase (no como valor, sino como valor
de uso diferente de ellos). Una vez presupuesta esta separación, el pro-
ceso de producción sólo puede producirla de nuevo, reproducirla y re-
producirla a un nivel superior. Ya hemos visto cómo hace esto. Las
condiciones objetivas de la capacidad de trabajo viva son presupuestas
como existencia independiente frente a ella, como la objetividad de un
sujeto independiente de la capacidad de trabajo viva y contrapuesta in-
dependientemente a ella; la reproducción y valorización, es decir, la
ampliación de estas condiciones objetivas es, por lo tanto, la reproduc-
ción y la nueva producción de ellas como riqueza de un sujeto extraño,
indiferente a la capacidad de trabajo y contrapuesto a ella como sujeto
independiente. Lo que es reproducido y producido de nuevo es no sólo
la existencia de estas condiciones objetivas del trabajo vivo, sino st
existencia como valores independientes, es decir, pertenecientes a un
sujeto extraño, frente a esta capacidad de trabajo viva. Las condiciones
objetivas del trabajo obtienen existencia subjetiva frente a la capacidad
de trabajo viva; del capital nace el capitalista; por otra parte, la mera
existencia subjetiva de la capacidad de trabajo frente a sus propias con-
diciones le da una forma simplemente objetiva, indiferente frente a
éstas: es sólo un valor de un valor de uso particular junto a las condi-
ciones mismas de su valorización en cuanto valores de otro valor de uso.
En lugar de ser realizadas como condiciones de su valorización en el pro-
ceso de producción, es, por el contrario, la fuerza de trabajo viva la que

sale del proceso como mera condición de valorización y conservación
de aquéllas como valores existentes para sí mismos frente a ella misma.
El material que el trabajo vivo trabaja es material ajeno; el instrumento
es asimismo instrumento ajemo; su trabajo se presenta sólo como acce-
sorio de ellos, que constituyen la substancia, y se objetiviza, por lo tanto,
en lo que no le pertenece. El trabajo vivo incluso se presenta como
ajeno frente a la capacidad de trabajo viva, cuyo trabajo él es, cuya
propia manifestación vital él es, pues ésta ha sido transferida al capi-
tal a cambio de trabajo objetivado, a cambio del producto del trabajo
mismo. La capacidad de trabajo se relaciona con el trabajo como con
algo extraño, y si el capital quisiera pagarle sin hacerle trabajar, ella
aceptaría el trato alegremente. Su propio trabajo le es, por lo tanto, tan
ajeno —también desde el punto de vista de la dirección del mismo,
etcétera—, como el material o el instrumento. De ahí que el producto
se le presente como una combinación de material ajeno, instrumento
ajeno y trabajo ajeno, como propiedad ajena, y que tras la producción
sólo haya devenido más pobre por el importe de la energía vital gas-
tada, y empiece de nuevo la esclavitud <drudgery> de sí mismo como
mera capacidad de trabajo subjetiva que existe separada de sus condi-
ciones de existencia. El reconocimiento de los productos como propios
y el enjuiciamiento de la separación de las condiciones de su realización
como algo indebido, conseguido por la fuerza —es una consciencia enar-
me. producto del modo de producción que se basa sobre el capital, y
representa el toque de muerte para este modo de producción, de la
misma forma que con la toma de consciencia del esclavo de que él no
puede ser la propiedad de un tercero, con su toma de conciencia en
cuanto persona, la esclavitud sólo continuó llevando una existencia ar-
tificial y dejó de poder continuar actuando como base de la producción.

Si, por el contrario, consideramos la relación originaria, antes de
que el dinero entre en el proceso de autovalorización, entonces se. pre-
sentan varias condiciones, que tienen que haber aparecido o que tienen
que ser dadas históricamente, para que el dinero se convierta en capital
y el trabajo en trabajo productor de capital, trabajo creador de. capi-
tal o trabajo. asalariado. (Trabajo asalariado, aquí en sentido económico
estricto, en el único en que nosotros lo utilizamos —y tendremos que
distinguirlo más adelante de otras formas de trabajo para obtener un
salario, etc.—, es trabajo creador, productor de capital, es decir, trabajo
vivo que produce como poderes ajenos frente a sí mismo, como valores
existentes para sí mismos, independientes de él, tanto las condiciones
objetivas de su realización en cuanto actividad, como los momentos ob-
jetivos de su existencia como capacidad de trabajo.) Las condiciones

esenciales están puestas en la relación misma, tal como se presenta ori-
ginariamente: 1) por un lado, la existencia de la capacidad de trabajo
viva como mera existencia subjetiva, separada de los momentos de su
realidad objetiva; separada, en consecuencia, tanto de las condiciones
del trabajo vivo como de los medios de existencia, de los medios de
subsistencia, de los medios de autoconservación de la capacidad de tra-
bajo viva; la posibilidad viva del trabajo existe por un lado en esta
completa abstracción; 2) el valor o trabajo objetivado que se encuentra
por otro lado, tiene que ser una acumulación de valores de uso lo su-
ficientemente grande como para proveer las condiciones objetivas no
sólo para la producción de los productos o valores necesarios para la
reproducción o conservación de la capacidad de trabajo viva, sino para
absorber también el plustrabajo —para proveer el material objetivo
para ella—, 3) relación de cambio libre —circulación de dinero— entre
ambos lados; relación basada en valores de cambio —no basada sobre
relación de señorío y servidumbre— entre ambos extremos; es decir,
una producción que no provee inmediatamente los medios de subsisten-
cia al productor, sino que dicha provisión es mediada por el cambio;
y que tampoco puede apoderarse inmediatamente del trabajo ajeno, sino
que lo tiene que comprar al trabajador mismo, que tiene que conse-
guirlo mediante el cambio; finalmente 4) un lado —el que representa
las condiciones objetivas del trabajo en forma de valores independientes,
existentes para sí mismos— tiene que presentarse como valor y tiene
que considerar como último fin la creación de valor, la autovaloriza-
ción, la producción de dinero.

Mientras ambas partes sólo cambien su trabajo recíprocamente en
la forma de trabajo objetivado, la relación es imposible; es asimismo
imposible, si la capacidad de trabajo viva se presenta como propiedad
de la otra parte, es decir, no como un individuo que cambia. (No con-
tradice a esto el que dentro del sistema de producción burgués, la es-
clavitud sea posible en algunos puntos. Pero ésta sólo es entonces po-
sible, porque no existe en los otros puntos, y se presenta como una
anomalía frente al mismo sistema burgués.)

Las condiciones, bajo las cuales la relación se presenta originaria-
mente, o que se presentan como presupuestos históricos de su devenir,
muestran a primera vista un carácter doble: disolución, por un lado,
de formas inferiores del trabajo vivo; disolución, por el otro, de rela-
ciones más dichosas del mismo.

La primera condición es, ante todo, la superación de la relación de
esclavitud o de servidumbre. La capacidad de trabajo viva se pertenece
a sí misma, y dispone sobre su exteriorización como energía a través

del cambio. Ambas partes se enfrentan como personas. Formalmente,
su relación es la relación, igual y libre, entre individuos que cambian en
general. Que esta forma es una apariencia y una apariencia engañosa
es un hecho que, en la medida en que se considera la relación jurídica,
se presenta como algo que cae fuera de la misma. Lo que el trabajador
libre vende es siempre una medida determinada y particular de exte-
riorización de su energía; por encima de toda exteriorización de su
energía está la capacidad de trabajo como totalidad. Él vende la exte-
riorización de su energía particular a un capitalista particular, que se
le enfrenta como individuo independiente. Que ésta no es su relación
con la existencia del capital como capital, es decir, con la clase capita-
lista, está claro. Solamente así le es dejada, por lo que se refiere a la
persona real individual, amplio campo de elección, de decisión volun-
taria y, en consecuencia, de libertad formal. En la relación de esclavitud
él pertenece al propietario individual, particular, cuya máquina de tra-
bajo él es. Como totalidad de exteriorización de energía, como capa-
cidad de trabajo, él es una cosa perteneciente a otro y, por lo tanto, no
se relaciona como sujeto con su exteriorización de fuerza particular o
con su actividad de trabajo viva. En la relación de servidumbre él se
presenta como momento de la misma propiedad territorial, es un acce-
sorio de la tierra, como la bestia de trabajo. En la relación de esclavi-
tud el trabajador no es más que una máquina de trabajo, que tiene, por
lo tanto, un valor para otro o, mejor dicho, que es un valor. La capaci-
dad de trabajo aparece frente al trabajador libre en su totalidad misma
como su propiedad, como uno de sus momentos, que él domina en
cuanto sujeto, y que él conserva, en la medida en que la enajena. Esto
habrá que desarrollarlo más adelante al tratar del trabajo asalariado.

El cambio de trabajo objetivado por trabajo vivo no es suficiente
para constituir por un lado el capital y por otro el trabajo asalariado.
Toda la clase de los llamados servicios, desde el limpiabotas al rey, cae
dentro de esta categoría. Lo mismo vale para el jornalero libre, que en-
contramos esporádicamente por todas partes, allí donde o bien la comuni-
dad oriental o bien la comunidad occidental consistentes en propietarios
libres de la tierra se disuelve en elementos individuales —a causa del
aumento de la población, de la liberación de los prisioneros de guerra,
por accidentes casuales, mediante los cuales el individuo se empobrece
y pierde las condiciones objetivas de su self-substaining labour <trabajo
que le procura la subsistencia); a causa de la división del trabajo, etc.
Si A cambia un valor o dinero, es decir, trabajo objetivado, para obtener
un servicio de B, es decir, trabajo vivo, esto puede pertenecer:

1) a la relación de circulación simple. Ambos cambian en realidad

sólo valores de uso; el uno medios de subsistencia, el otro un trabajo,
un servicio, que el primero quiere consumir, bien directamente —pres-
tación de servicio personal— o bien este último le entrega al otro el
material, etc., en el que él, mediante su trabajo, es decir, mediante
la objetivación de su trabajo, produce un valor de uso destinado al con-
sumo de aquél. Por ejemplo, si el campesino lleva a un sastre vagabundo,
como los que se veían antes, a su casa y le da la materia para que le haga
un traje. O cuando, por ejemplo, le doy dinero a un médico para que
me restablezca mi salud** Lo que es importante en estos casos es el
servicio, que ambos se prestan. Do ut facias aparece aquí en el mismo
plano que facio ut des, o do ut des. El hombre, que me hace un traje
del paño que yo le he dado como material, me da un valor de uso.
Pero en lugar de darlo en forma objetiva, lo da en la forma de actividad.
Yo le doy un valor de uso ya acabado; él me confecciona uno. La dife-
rencia del trabajo pasado, objetivado, y del trabajo vivo, presente, se
presenta aquí sólo como una diferencia formal de los diferentes tempora
del trabajo, que está una vez en perfecto y otra en presente. En reali-
dad es una diferencia exclusivamente formal, mediada por la división
del trabajo y el cambio, el que B mismo produzca los medios de sub-
sistencia, con los cuales él tiene que mantener su existencia, o el que
él los reciba de A,*”* en lugar de producirlos directamente, y a cambio
de ellos produzca un traje, a cambio del cual recibe aquellos de A en
el cambio. En ambos casos él sólo puede apropiarse del valor de uso
poseído por A, dándole un equivalente a cambio de él, equivalente que
en última instancia siempre se resuelve en su propio trabajo vivo, cual-
quiera que sea la forma objetiva que éste pueda adoptar; y tanto si
es prestado antes como después de que el cambio haya sido concluido.
Ahora bien, el traje contiene no sólo un trabajo determinado que le
da una forma —una forma determinada de utilidad comunicada al paño
mediante el movimiento de trabajo— sino que contiene una cierta can-
tidad de trabajo —es decir, que contiene no sólo valor de uso, sino
valor en general, valor en cuanto tal. Pero este valor no existe para A,
puesto que él consume el traje, y no es comerciante de trajes. Él, por
lo tanto, ha obtenido mediante el cambio trabajo, no como trabajo
creador de valor, sino como actividad creadora de algo útil, de un valor

3% Cfr. Ferdinand Lasalle Nachgelassene Briefe und Schriften. Herausgegeben
von Gustav MAYER. Dritter Band, págs. 111, 116, 119, 121-123.

21 En lo sucesivo, A es utilizado siempre para el consumidor.

de uso. En las prestaciones de servicios personales este valor de uso es
consumido, en cuanto tal, sin pasar de la forma de movimiento a la
de cosa.” Si, como es corriente en las relaciones simples, el prestador de
servicio no recibe dinero, sino valores de uso inmediatos, entonces
desaparece la apariencia de que se trata por uno o por otro lado de va-
lores a diferencia de valores de uso. Pero incluso si ponemos que A
paga dinero por el servicio, esto no es una transformación de su dinero
en capital, sino más bien la colocación del mismo como mero instru-
mento de circulación para obtener un objeto de consumo, un determi-
nado valor de uso. Este acto, por lo tanto, no es un acto productor de
riqueza, sino consumidor de riqueza.** Para A no se trata en absoluto
de que se haya objetivado trabajo en cuanto tal, un cierto tiempo de
trabajo, es decir, un valor, en el paño, sino de que ha sido satisfecha
una cierta necesidad. A no valoriza, sino que desvaloriza su dinero, en
la medida en que lo traduce de la forma de valor en la de valor de uso.
El trabajo no es cambiado aquí como valor de uso para el valor, sino
como valor de uso particular, como valor para el uso. Cuanto más a
menudo repita el cambio A, tanto más se empobrece. Este cambio no
es un acto de enriquecimiento para él, no es un acto de creación de
valor, sino de devaluación de valores ya existentes que estaban en su
poder. El dinero, que A cambia aquí por trabajo vivo —servicio natu-
ral o servicio que se objetiviza en una cosa—, no es capital, sino renta,
dinero como medio de circulación, para obtener valor de uso, en el cual
la forma de valor está puesta como mera forma evanescente, es decir,
no es dinero que quiere conservarse y valorizarse en cuanto tal me-
diante la compra de trabajo. El cambio de dinero como renta, como
simple medio de circulación por trabajo vivo, no puede nunca poner
al dinero como capital, ni, por lo tanto, al trabajo como trabajo asala-
riado en sentido económico. No es necesario detenerse más en explicar
que el consumir (gastar) dinero no es producir dinero. En situacio-
nes en las que la mayor parte del plustrabajo se presenta como trabajo
en el campo, y el propietario de la tierra es, en consecuencia, el propie-
tario tanto del plustrabajo como del producto-excedente, la renta del
propietario de la tierra es la que constituye el fondo de trabajo para el
trabajador libre, para el trabajador en la fábrica (en el taller en este
caso) en oposición al trabajador en la agricultura. El cambio con ellos

37 Cfr. Adam SMITH, An Inquiry, etc. Vol. II, pág. 356 <Investigación..., pá-
gina 305».

38 Cfr. Adam SMITH, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 355 <Investigación..., pá-
gina 305».

es una forma del consumo del propietario de la tierra, que distribuye
directamente otra parte de su renta a cambio de prestaciones de servi-
cios personales, que a menudo son sólo la apariencia de prestaciones
de servicios con un montón de parásitos. En las sociedades asiáticas, en
las que el monarca se presenta como el propietario exclusivo del pro-
ducto de la tierra, aparecen ciudades completas, que au fond no son
más que campamentos ambulantes, en los que el monarca cambia su
renta con los free hands, como los llama Steuart.% En esta relación no
se trata de trabajo asalariado, aunque puede —no tiene— estar en opo-
sición a la relación de esclavitud y de servidumbre, pues se repite siem-
pre bajo formas distintas de la organización global del trabajo. En la
medida en que el dinero media este cambio, la determinación del precio
se convertirá en importante para ambas partes, pero para A sólo en
la medida en que él no quiere pagar demasiado caro el valor de uso
del trabajo; no en la medida en que se trata de su valor. Que este pre-
cio, que originariamente es más convencional y tradicional, es determi-
nado poco a poco económicamente, primero a través de la relación de
la oferta y la demanda, y finalmente mediante los costes de producción,
a los que pueden ser producidos los individuos que venden tales servi-
cios, no modifica nada la esencia de la relación, ya que la determinación
del precio continúa siendo como antes sólo un momento formal para
el cambio de valores de uso. Pero esta misma determinación es produ-
cida por otras relaciones, por leyes generales que proceden a espaldas
de este acto particular de cambio, y por la autoafirmación del modo de
producción dominante. Una de las formas en las que primero aparece
en las comunidades antiguas esta clase de pago es en el ejército. El suel-
do del soldado común es rebajado también a un mínimo —es determi-
nado exclusivamente por los costes de producción, a los cuales puede
ser procurado. Pero por lo que él cambia su prestación de servicio, .es
por la renta del Estado y no por capital.

En la misma sociedad burguesa entra en esta rúbrica todo cambio de
prestaciones personales con una renta —también el trabajo para con-
sumo personal, como el cocinar, el coser, etc., el trabajo de jardine-
ría, etc., hasta todas las clases improductivas, funcionarios del Estado,
médicos, abogados, eruditos, etc. Todos estos trabajadores, desde el más
bajo hasta el más alto, se procuran mediante sus prestaciones de ser-
vicios —a menudo impuestas— una participación en el producto ex-
cedente, en la renta del capitalista. Pero a nadie se le ocurre pensar

39 Cfr. Steuart, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 40, por ejemplo.

que a través del cambio de su renta por tales prestaciones de servicio,
es decir, mediante su consumo privado, el capitalista se pone a sí mismo
como capital. Él gasta más bien mediante ellos los frutos de su capital.
El que las proporciones en las que la renta es cambiada con tal trabajo
vivo estén determinadas por las leyes generales de la producción, no
cambia nada la naturaleza de la relación.)

Es más bien, como ya indicamos en el apartado sobre el dinero, el
prestador del servicio, el que crea aquí realmente el valor; el que cam-
bia un valor de uso —una cierta clase de trabajo, de servicio, etc.—,
por valor, por dinero." De ahí que en la Edad Media procedan en
parte de este sector del trabajo vivo —en oposición a la nobleza terra-
teniente que sólo consume— aquellos que se dedican a la producción
y acumulación de dinero; ellos son los que acumulan y se convierten en
potencia en capitales de un período posterior. El capitalista nace en parte
del siervo de la gleba emancipado.

No depende, por lo tanto, de la relación en general, sino de la cua-
lidad natural, particular, de la prestación de servicio, si el receptor del
sueldo recibe un jornal, honorarios, o sueldo con cargo al presupuesto
del Estado —y si él se encuentra en una situación más elevada o me-
nos elevada que el que paga el servicio. Pero bajo el presupuesto del
capital como poder dominante todas estas relaciones son desacreditadas
en mayor o menor medida. Sin embargo, este descrédito de las
prestaciones personales, cualquiera que sea el carácter elevado que
les hubiera sido conferido por la tradición, etc., no pertenece todavía a
este apartado.

No es, por lo tanto, el simple cambio de trabajo objetivado por
trabajo vivo —que desde este punto de vista se presenta como dos de-
terminaciones diferentes, como dos valores de uso de forma diferente,
la una como determinación en forma objetiva, la otra como determina-
ción en forma subjetiva— el que constituye el capital y, por lo tanto,
el trabajo asalariado, sino el cambio de trabajo objetivado en cuanto
valor, en cuanto valor existente por sí mismo, por trabajo vivo como
sw valor de uso, como valor de uso no para un uso o consumo determi-
nado, particular, sino como valor de uso para el valor.

330 Evidentemente en esta remisión de Marx a la «sección sobre el dinero»

no se hace referencia al «capítulo sobre el dinero» (págs. 37-174) presente real-
mente en el manuscrito, o al «capítulo sobre el dinero como capital» (págs. 177-
189), sino a la «sección sobre el dinero», tal como había de ser desarrollada de
acuerdo con el plan de Marx (véase, por ejemplo, págs. 171-172). En cualquier caso
no se puede señalar en el «capítulo sobre el dinero» ningún lugar que corresponda
de manera más precisa a la indicación de Marx que la aquí especificada.

En el cambio de dinero por trabajo o servicio para el consumo in-
mediato tiene lugar siempre un cambio real; ambas partes que cambian
cantidades de trabajo, tienen sólo un interés formal en medir recípro-
camente las formas de utilidad particular del trabajo. Afecta sólo a la
forma del cambio; pero no constituye su contenido. En el cambio de
capital por trabajo el valor no es criterio de medida de los valores
de uso, sino el contenido mismo del cambio.

2) (En la época de la disolución de las relaciones preburguesas apa-
recen esporádicamente trabajadores libres, cuya prestación de servicio
es comprada, no con fines de consumo, sino de producción; pero pri-
mero se trata sólo de producción de valores de uso inmediatos a un ni-
vel superior, es decir, no de la producción de valores; y segundo, cuan-
do, por ejemplo, el noble hace llamar al trabajador libre para que trabaje
con sus siervos, y vende una parte de su producto, de forma tal que el
trabajador libre le ha producido un valor, sin embargo, este cambio
sólo tiene lugar por lo que se refiere a lo superfluo, y ocurre sólo en
interés de lo superfluo, del consumo de lujo; es, por lo tanto, au fond
una mera compra disimulada de trabajo ajeno para el consumo inme-
diato o como valor de uso. Por lo demás, allí donde estos trabajadores
libres se multiplican, y aumenta esta relación, el viejo modo de pro-
ducción —comunidad patriarcal, feudal, etc.—, está a punto de disol-
verse y se preparan ya los elementos para el trabajo asalariado real.
Estos siervos libres pueden también aparecer, como, por ejemplo, en
Polonia, etc., y desaparecer de nuevo, sin que se modifique el modo
de producción. )

[[Para expresar las relaciones, en las que entran capital y trabajo
asalariado, como relaciones de propiedad o como leyes, no tenemos más
que expresar la relación de ambas partes en el proceso de valorización
como proceso de apropiación.*' Por ejemplo, el que el plustrabajo sea

" puesto como plusvalía del capital quiere decir que el trabajador no se
: apropia el producto de su propio trabajo, que se le presenta como pro-

piedad ajena; y a la inversa, que el trabajo ajeno se presenta como
propiedad del capital. Esta segunda ley de la propiedad burguesa, en
la que se transforma la primera —y que obtiene a través del derecho
de sucesión, etc., una existencia independiente del azar de la caducidad
de los capitalistas individuales— es erigida como ley tanto como la
primera. La primera es la identidad del trabajo con la propiedad; la se-
gunda es el trabajo como propiedad negada, o la propiedad como nega-
ción de la ajenidad del trabajo ajeno. En realidad, en el proceso de

331 Cfr. Hegel, Band IV, págs. 631-639.

producción del capital, como se mostrará todavía más en el desarrollo
posterior del mismo, el trabajo es una totalidad —una combinación de
trabajos—, de los cuales los componentes individuales són ajenos los
urios a los otros, de forma tal que el trabajo global como totalidad no
es la obra del trabajador individual, e incluso es la obra de los distintos
trabajadores en su conjunto sólo en la medida en que están combina-
dos, no en la medida en que se relacionan el uno con el otro como indi-
viduos que operan la combinación. En su combinación este trabajo se
presenta al servicio de una voluntad y de una inteligencia ajena, y
se presenta dirigido por ella —como trabajo que tiene su unidad espi-
ritual fuera de sí, de la misma forma que en su unidad material está
subordinado a la unidad objetiva de la maquinaria, del capital fijo, que
como monstruo con alma objetiviza el pensamiento científico y consti-
tuye su síntesis fáctica, y en modo alguno se relaciona como instrumento
con el trabajador individual, sino que es más bien el trabajador como
puntualidad individual animada,** como accesorio aislado vivo el que
existe al servicio de la maquinaria. El trabajo combinado es, por lo
tanto, combinación en sí misma desde un doble punto de vista; no es
combinación como relación de los individuos que trabajan juntos entre
sí, ni como su dominio bien sobre su función particular o individual,
bien sobre el instrumento de trabajo. Si el trabajador se relaciona, por
lo tanto, con el producto de su trabajo como con algo ajeno, su relación
con el trabajo combinado también es una relación de ajenidad; el tra-
bajador se relaciona con su trabajo como con algo que ciertamente le
pertenece, pero que le es ajeno, como con una manifestación vital ex-
traída a la fuerza, y de ahí que haya sido concebido por A. Smith como
una carga, y como sacrificio, etc.* El trabajo mismo, como su producto,
es negado como trabajo del trabajador particular, individual. El trabajo
individual negado es en realidad el trabajo puesto como trabajo com-
binado o colectivo. Pero el trabajo colectivo o combinado puesto de
esta forma —tanto como actividad, como en la forma estática del ob-
jeto— es puesto al mismo tiempo inmediatamente como algo distinto
del trabajo individual realmente existente —tanto como objetividad aje-
na (propiedad ajena) como en cuanto subjetividad ajena (la del capital).
El capital representa, en consecuencia, tanto el trabajo como su producto
en cuanto trabajo individual negado y, por lo tanto, como propiedad
del trabajador aislado. El capital es, por lo tanto, la existencia del tra-

332 Cfr. Hegel, Band IV, págs. 196, 204-218.
33 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 104-105 <Investigación..., pá-
egina 31).

bajo social —su combinación como sujeto y como objeto—; pero esta
existencia, en cuanto que existe de forma independiente frente a sus
momentos reales, se presenta, en consecuencia, como existencia particu-
lar al lado de ellos. El capital se presenta por su lado como el sujeto
dominante y como propietario del trabajo ajeno y su relación misma
es la de una contradicción tan completa como la del trabajo asalariado. ]]

### Formas que preceden a la producción capitalista. (Sobre el proceso
que precede a la constitución de la relación de capital o a la acu-
mulación originaria.)

Si el trabajo libre y el cambio de este trabajo libre por dinero, para
reproducir y valorizar el dinero, para ser consumido por el dinero como
valor de uso no para la satisfacción de un placer, sino como valor de
uso para el dinero, es uno de los presupuestos del trabajo asalariado y
una de las condiciones históricas del capital, también es otro presu-
puesto la separación del trabajo libre de las condiciones objetivas de
su realización, de los instrumentos y del material de trabajo. Se trata,
por lo tanto, ante todo de la separación del trabajador de la tierra en
cuanto su laboratorio natural —de ahí la disolución tanto de la pequeña
propiedad territorial libre, como de la propiedad territorial comunitaria
basada sobre la comuna oriental. En ambas formas el trabajador se re-
laciona con las condiciones objetivas de su trabajo como con su pro-
piedad; estamos ante la unidad natural del trabajo con sus presupuestos
materiales. El trabajador tiene, por lo tanto, una existencia objetiva al
margen del trabajo. El individuo se relaciona consigo mismo como pro-
pietario, como señor de las condiciones de su realidad. Él se relaciona
igualmente con los demás —según que este presupuesto proceda de la
comunidad, o de las familias individuales que constituyen la comuni-
dad— como con individuos propietarios, como con otras tantas encar-
naciones de la propiedad comunitaria, o como con propietarios indepen-
dientes, que existen junto a él —propietarios privados independientes,
junto a los cuales la propiedad comunitaria que previamente absorbía
todo y dominaba sobre todo, es puesta como ager publicus junto a los
muchos propietarios privados.

En ambas formas los individuos se relacionan no como trabajadores,

4 Más de 50 libros resumidos por Marx en los años 40 y 50 dan una idea
del material fáctico que sirve de fundamento a estos análisis. No es posible en el
marco de esta edición detallar pormenorizadamente las fuentes.

sino como propietarios y miembros de una comunidad, que al mismo
tiempo trabajan. La finalidad de este trabajo no es la creación de valor
— aunque ellos pueden realizar plustrabajo para cambiarlo por productos
ajenos, es decir, productos excedentes—; sino que su finalidad es la
conservación tanto del propietario individual y su familia, como de
toda la comunidad. La colocación del individuo como trabajador, en
esta desnudez, es un producto histórico.

. En la primera forma de esta propiedad comunitaria, se presenta
como primer presupuesto una comunidad natural. La familia, y la fami-
lia ampliada a tribu, o la conseguida a través de matrimonios entre fa-
milias o mediante la combinación de tribus. Puesto que podemos suponer
que el pastoreo, y en general el nomadismo, es la primera forma de
modo de existencia, es decir, que la tribu no se asienta en un lugar de-
terminado, sino que va consumiendo el pasto a medida que lo encuentra
—pues los hombres no son por naturaleza sedentarios (a menos que
se encuentren en un entorno natural tan sumamente fértil, que se pue-
dan quedar como los monos sentados en un árbol; de lo contrario están
constantemente moviéndose <roaming» como los animales salvajes) — en-
tonces la comunidad tribal, la comunidad natural no se presenta como
resultado, sino como presupuesto de la apropiación (temporal) y de la
utilización comunitaria del suelo.* Cuando finalmente se establecen en
un sitio, la mayor o menor intensidad de la modificación de esta comu-
nidad originaria dependerá tanto de diferentes condiciones extrínsecas,
climatológicas, geográficas, físicas, etc., como de su particular disposición
natural, de su carácter tribal. La comunidad tribal natural, o si se quiere,
el gregarismo, es el primer presupuesto —la comunidad de sangre,
lengua, costumbres, etc.—, de la apropiación de las condiciones obje-
tivas de su vida, y de la reproducción y objetivación de la actividad de
la que viven (actividad como pastor, cazador, labrador, etc.). La Tierra
es el gran laboratorio, el arsenal, que provee tanto el instrumento de tra-
bajo, como el material del mismo, así como también provee el lugar que
constituye la base de la comunidad. Ellos se relacionan con la tierra in-
genuamente como con la propiedad de la comunidad, y de la comuni-
dad que se produce y reproduce mediante el trabajo vivo. Cada indivi-
duo se relaciona sólo como miembro de esta comunidad, como propieta-
rio o poseedor. La apropiación real a través del proceso de trabajo tiene
lugar bajo estos presupuestos, que no son producto del trabajo, sino que
se presentan como sus presupuestos naturales o divinos. Esta forma,
aun teniendo como base la misma relación fundamental, puede realizarse

335 Cfr. ARISTÓTELES, De Republica, ed. Bekkeri, L. 1, cap. VIII, 6.

de manera diferente. Por ejemplo, no contradice en absoluto a esta for-
ma el que, como ocurre en la mayor parte de las formas fundamentales
asiáticas, la unidad global, que está por encima de todas estas pequeñas
comunidades, se presente como el propietario supremo o como el pro-
pietario único, y que, por lo tanto, las comunidades reales sólo se
presenten como poseedores hereditarios. Puesto que la unidad es el
propietario auténtico y el auténtico presupuesto de la propiedad comu-
nitaria, entonces esta misma unidad puede presentarse como un ente
particular, que está por encima de las múltiples comunidades particu-
lares, en las que el individuo en realidad está privado de propiedad; o
la propiedad, es decir, la relación del individuo con las condiciones na-
turales del trabajo y de la reproducción, que se le presentan como cuerpo
objetivo de su subjetividad, y que él encuentra ya dado como naturaleza
inorgánica que le pertenece, aparece mediada para él a través de la con-
cesión de la unidad global —que es realizada en el déspota como en el
padre de muchas comunidades—, al individuo mediante la comunidad
particular. El producto excedente —<que viene determinado, por lo
demás, legalmente como resultado de la apropiación real mediante el
trabajo— pertenece por sí mismo a esta unidad suprema. Dentro del
mismo despotismo oriental y de la ausencia de propiedad, que parece
existir jurídicamente en él, existe en realidad como fundamento del
mismo la propiedad de la comunidad o tribu, engendrada en la mayor
parte de los casos por una combinación de manufactura y agricultura
dentro de las pequeñas comunidades, que de esta forma devienen autosu-
ficientes, y contienen en sí mismas todas las condiciones de la re-
producción y de la producción excedente. Una parte de su plustrabajo
pertenece a la comunidad suprema, que existe en último extremo como
persona, y este plustrabajo se manifiesta tanto en tributos, etc., como en
trabajos comunes para la glorificación de la unidad, en parte para la
glorificación del déspota real, en parte para la del sistema tribal
ideal, es decir, de dios. Esta clase de propiedad comunitaria, en la me-
dida en que se realiza realmente en el trabajo, puede presentarse de
diversas formas: o bien las pequeñas comunidades vegetan indepen-
dientemente la una al lado de la otra, y el individuo trabaja inde-
pendientemente con su familia en el lote que a él le ha sido asignado
(un trabajo determinado es prestado para la reserva comunitaria, para
seguro «insurance» por así decirlo, y para hacer frente a los costes de la
comunidad en cuanto tal, es decir, para la guerra, el culto religioso, etc.;
el dominio señorial en el sentido más originario se encuentra aquí por
primera vez, en las comunidades eslavas, rumanas, etc. Aquí está ya
incluida la transición al trabajo servil, etc.); o bien la unidad puede

extenderse a la comunidad en el trabajo mismo, que puede convertirse
en un sistema formalizado, como por ejemplo en México, en Perú en
especial, entre los antiguos celtas, en algunas tribus indias. La comuni-
dad puede además presentarse dentro de la comunidad tribal de forma
tal, que la unidad puede estar más bien representada por un jefe de la
familia tribal, o puede más bien estar representada como relación de
los padres de familia entre sí. Según ello, el sistema comunitario puede
adoptar una forma más despótica o más democrática. Las condiciones
comunes de la apropiación real mediante el trabajo, conducciones de
aguas —muy importante en los pueblos asiáticos—, medios de comu-
nicación, etc., se presentan entonces como la obra de la unidad ——<el
gobierno despótico que está por encima de las pequeñas comunidades.
Las ciudades en sentido estricto se constituyen junto aquellas aldeas,
que son puntos especialmente favorables para el comercio exterior; o
donde el jefe de estado y sus sátrapas cambian su renta (producto
excedente) por trabajo, gastándola como fondo de trabajo.

La segunda forma —que igual que la primera ha provocado modifi-
caciones esenciales, locales, históricas, etc.— y que es el producto de
una vida más dinámica, más histórica, de los avatares y de la modifi-
cación de las tribus originarias —presupone también a la comunidad
como primer presupuesto, pero no como en el primer caso como subs-
tancia, de la cual los individuos son meros accidentes, o de la que
constituyen puros componentes naturales— es decir, presupone como
base no el campo, sino la ciudad en cuanto sede ya creada (centro) de
la gente del campo (propietarios de la tierra); El campo se presenta
como territorio de la ciudad; al contrario que la aldea, mero acceso-
rio del campo> La tierra en sí —por muchas dificultades que pueda
presentar para ser trabajada y apropiada realmente— no ofrece ningún
obstáculo para relacionarse con ella como con la naturaleza inorgánica
del individuo vivo, como con el laboratorio, instrumento de trabajo,
objeto de trabajo y medio de subsistencia del sujeto. Las dificultades
que la comunidad encuentra, pueden proceder solamente de otras co-
munidades, que o bien han ocupado ya la tierra, o bien perturban a la
comunidad en su ocupación..La guerra es, por lo tanto, la gran empre-
sa general, el gran trabajo comunitario, que es requerido, bien para ocu-
par las condiciones objetivas de la existencia, bien para proteger o
perpetuar la ocupación de las mismas,-La comunidad compuesta de fa-
milias está organizada ante todo militarmente —como comunidad gue-
rrera o militar—, y ésta es una de las condiciones de su existencia como
propietaria. La concentración de las viviendas en la ciudad es el funda-
mento de esta organización militar. El sistema tribal en sí conduce a la

diferenciación de estirpes superiores e inferiores, diferencia que se des-
arrolla todavía más cuando se produce una mezcla con tribus some-
tidas, etc. La propiedad comunitaria —como propiedad del estado, como
ager publicus— está aquí separada de la propiedad privada. La propie-
dad del individuo no es aquí propiedad inmediata de la comunidad, como
ocurría en el primer caso, en el que, por lo tanto, no existía la propiedad
del individuo separada de la de la comunidad, sino que el individuo era
más bien sólo poseedor. Cuanto menos pueda ser valorizada la propie-
dad del individuo mediante el trabajo comunitario —es decir, por ejem-
plo, a través de las conducciones de agua, como en Oriente— tanto más
se rompe el puro carácter natural de la tribu a través del movimiento
histórico, de la migración; más aún, cuanto más se aleja la tribu de su
sede originaria y ocupa suelo ajeno, es decir, cuanto más entra en con-
diciones de trabajo esencialmente nuevas y más se desarrolla la energía
del individuo —su carácter común se presenta y tiene que presentarse
como unidad negativa hacia el exterior— tanto más están dadas las
condiciones para que el individuo se convierta en propietario privado
de la tierra —<de parcelas particulares—, cuyo laboreo particular le
corresponde a él y a su familia. La comunidad —en cuanto Estado—
es por una parte la relación recíproca de estos propietarios privados
libres e iguales, su unión frente al exterior y la garantía de esta unión.
El sistema comunal descansa tanto en que sus miembros se com-
ponen de propietarios de tierra privados, de campesinos parcelarios que
trabajan, como en que la independencia de estos últimos consiste en su
relación recíproca como miembros de la comunidad, en la seguridad
del ager publicus para las necesidades y para la gloria común, etc. Con-
tinúa siendo un presupuesto para la apropiación de la tierra, el ser
miembro de la comunidad; pero como miembro de la comunidad el
individuo es propietario privado. Él se relaciona con su propiedad
privada en tanto ésta es la tierra, pero al mismo tiempo se relaciona
con ella como con su existencia misma en cuanto miembro de la comu-
nidad, y su conservación en cuanto tal es también conservación de la
comunidad y viceversa, etc. Puesto que la comunidad —aunque sea ya
aquí un producto histórico, no sólo de hecho sino reconocido como
tal, y, por lo tanto, ha tenido un origen—, es el presupuesto de la pro-
piedad de la tierra —es decir, de la relación del sujeto que trabaja con
los presupuestos naturales del trabajo en cuanto pertenecientes a él—,
sin embargo, esta propiedad es mediada por su existencia como miembro
del Estado, por la existencia del Estado —+es decir, por un presupuesto,
que es considerado como divino, etc. Concentración en la ciudad con
el campo como territorio; pequeña economía agrícola que trabaja para el

consumo; manufactura como actividad casera accesoria de las mujeres
y las hijas (hilar y tejer), o sólo independizada en ramas particulares
(artesanos, etc.). El presupuesto de la continuidad de esta comunidad
es la conservación de la igualdad entre sus campesinos autosuficientes
y la conservación del trabajo propio como condición de la continuidad
de su propiedad. Ellos se relacionan como propietarios con las condi-
ciones objetivas de su trabajo; pero estas condiciones tienen, sin em-
bargo, que ser puestas continuamente a través del trabajo personal como
condiciones y elementos objetivos de la personalidad del individuo, de
su trabajo personal. Por otra parte, la tendencia de esta pequeña comu-
nidad guerrera le impulsa a pasar por encima de estos límites, etc.
(Roma, Grecia, los judíos, etc.) «Cuando los augures —dice Niebuhr—
le hubieron asegurado a Numa la aprobación divina de su elección, la
primera preocupación del honrado monarca no fue el servicio del tem-
plo, sino una preocupación humana. Él dividió las tierras que Rómulo
había ganado en la guerra y había dejado que fueran ocupadas: él ins-
tauró el culto de Terminus. Todos los antiguos legisladores, y Moisés
el primero de todos, basaron el éxito de sus prescripciones en favor de
la virtud, justicia y buenas costumbres, en la propiedad de la tierra, o
al menos en la segura posesión hereditaria de la tierra para el mavor
número posible de ciudadanos». (Tomo I, 245, 2.* edición. Historia
de Roma.) El individuo es obligado a ganarse la vida en tales condicio-
nes, que no convierte en su objetivo la adquisición de riqueza, sino el
automantenimiento, su propia reproducción como miembro de una co-
munidad; la reproducción de sí mismo como propietario de la parcela
de terreno, y en cuanto tal, como miembro de la comunidad. La conti-
nuidad de la comunidad es la reproducción de todos los miembros de la
misma como campesinos autosuficientes, cuyo tiempo suplementario
pertenece precisamente a la comunidad, al trabajo de la guerra, etc.
La propiedad del trabajo propio es mediada por la propiedad de la con-
dición del trabajo, de la porción de tierra, y está garantizada por la
existencia de la comunidad, y ésta a su vez está garantizada por el
plustrabajo de los miembros de la misma en la forma de servicio mili-
tar, etc. No es mediante la cooperación en el trabajo productor de rique-
za como se reproduce el miembro de la comunidad, sino mediante la
cooperación en el trabajo para los intereses comunitarios (imaginarios
y reales), para la conservación de la asociación hacia el exterior y hacia
el interior. La propiedad es quiritaria, romana; el propietario privado

3% Cfr. NiembuHr, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 245.

de la tierra lo es sólo en cuanto romano, pero en cuanto romano es pro-
pietario privado de la tierra.

Una tercera forma de propiedad de los individuos que trabajan, de
los miembros autosuficientes de la comunidad, de las condiciones natu-
rales de su trabajo es la germánica. Aquí el miembro de la comunidad
no es, como en la forma específicamente oriental, coposesor de la pro-
piedad comunitaria (donde la propiedad sólo existe como propiedad
comunitaria, el miembro aislado en cuanto tal sólo es poseedor de una
parte determinada, hereditaria o no, ya que cada fracción de propiedad
no pertenece a ningún miembro por sí mismo, sino que le pertenece en
cuanto miembro inmediato de la comunidad, es decir, en cuanto forma
directamente una unidad con ella y no se distingue de ella. Sólo este
individuo es, por lo tanto, poseedor. Sólo existe propiedad comunitaria
y posesión privada. La forma de esta posesión en relación con la pro-
piedad comunitaria puede ser modificada local, históricamente, etc., de
formas muy diferentes, según que el trabajo tenga lugar aisladamente
por parte de cada poseedor privado, o sea determinado por la comunidad
o por la unidad que está por encima de las comunidades particulares);
tampoco ocurre aquí, como en la forma romana, griega (en resumidas
cuentas, en la antigüedad clásica), en la que la tierra es ocupada por la
comunidad, es suelo romano; una parte continúa siendo de la comunidad
en cuanto tal, como diferente de los miembros de la misma, es el ager
publicus en sus diferentes formas; la otra parte es dividida y cada par-
cela de terreno es romana, por el hecho de que es la propiedad privada,
el dominio de un romano, es la parte del laboratorio que a él le per-
tenece; pero él sólo es romano, en la medida en que él posee este
derecho soberano sobre una parte de la tierra romana. [[En la anti-
gúedad la artesanía ciudadana y el comercio eran poco estimados, mien-
tras que la agricultura lo era mucho; en la Edad Media ocurre lo con-
trario.*”]] [[El derecho a la utilización del campo comunitario mediante
su posesión correspondía originariamente a los patricios; éstos después
lo daban como feudos a sus clientes; la transferencia de propiedad del
ager publicus correspondió exclusivamente a los plebeyos; todas las
asignaciones se hacían a favor de los plebeyos y había un consejo que
determinaba la participación en la tierra de la comunidad. La propiedad
real de la tierra, excluida la parte que rodea los muros de la ciudad,
estaba originariamente sólo en las manos de los plebeyos (más adelante
comunidades rurales absorbidas**]] [[El carácter esencial de la plebe

337 Cfr. NieHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 418.
388 Cfr. NieHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, págs. 435-438.

romana es el de ser una totalidad de campesinos, tal como está expre-
sado en su propiedad quiritaria. El trabajo en el campo era estimado
uniformemente por los antiguos como la ocupación adecuada para el
hombre libre, como la escuela del soldado. En ella se conserva la vieja
estirpe de la nación; dicha estirpe cambia en las ciudades, donde se
establecen comerciantes y artesanos extranjeros, así como también aque-
llos indígenas que van a donde la ganancia los atrae. En todas partes,
donde existe la esclavitud, el liberto intenta obtener su sustento me-
diante aquellos negocios en los que él a menudo acumula riquezas; así
estos negocios estaban a menudo en sus manos en la antigüedad, y por
ello no convenían al ciudadano: de ahí la opinión de que la admisión
de los artesanos al derecho de ciudadanía en su totalidad fuera algo peli-
groso (por lo general, fueron excluidos entre los antiguos griegos).
Oúdevi ¿Exp “Popaiov obte xdrmnkov odte yelpotéxvn» Biov éyetv.
<«A ningún romano le estaba permitido tener una vida de tendero o
de artesano.»T.> Los antiguos no tenían ni idea de un ordenamiento
corporativo digno de tal nombre, como se encuentra en la historia ciu-
dadana medieval; e incluso aquí el espíritu guerrero decae, a medida
que las corporaciones triunfaron frente a las estirpes gentilicias; y de-
saparece finalmente por completo; de esta forma desaparece también
la estima externa y la libertad de la ciudad.**]] [[Las tribus de los
antiguos estados tenían un fundamento doble: o bien tenían una base
gentilicia, o bien una base territorial. Las tribus gentilicias preceden
históricamente a las tribus con base territorial, y son suplantadas casi
en todas partes por estas últimas. Su forma más extrema y más rígida
es la formación de castas, separadas las unas de las otras, sin derecho de
matrimonio entre ellas, completamente diferentes desde el punto de vista
de la dignidad: cada casta desempeña una profesión exclusiva e inmodifi-
cable. Las tribus con base local correspondían originariamente a una divi-
sión del territorio en regiones y aldeas; de forma tal que aquel que, en la
época en que fue realizada la división en Ática bajo Clístenes, estaba
asentado en una aldea, como demótes <vecino» de ella, quedó empadro-
nado en la phyle <gente> a la que pertenecía aquella aldea. Ahora bien,
por lo común, sus descendientes, independientemente de su lugar de
domicilio, continuaban perteneciendo a la misma phyle y al mismo
demos; con lo cual esta división adoptó también una apariencia de
sistema genealógico.*” El linaje romano no era parentesco de sangre;

339 Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, págs. 614-615 y notas
1.224 y 1.225.

340 Cfr. NieEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, págs. 317-318.

Cicerón añade como característica, junto al nombre gentilicio, la des-
cendencia de hombres libres.** Los sacra, comunes a los romanos gen-
tiles de la misma tribu, desaparecen más adelante (ya en tiempo de
Cicerón). Lo que se conservó por más tiempo fue la sucesión here-
ditaria de los miembros del grupo gentilicio muertos sin descendientes
y sin testamento. En los tiempos más antiguos los miembros de la
gens tenían la obligación de ayudar a soportar al necesitado de entre
sus miembros los gastos extraordinarios.** (Entre los germanos esta
obligación se encuentra originariamente en todas partes; entre los
Dithmarsen fue donde duró más tiempo.)"* Las gentes son corpora-
ciones.** Una organización más general que la de las gentes no exis-
tió en el mundo antiguo.“ Así entre los galeses, los nobles Campbell y
sus vasallos constituían un clan*]] Puesto que el patricio representa en
grado supremo a la comunidad, él es el poseedor del ager publicus y lo
utiliza a través de sus clientes, etc. (también se lo apropia poco a poco).
La comunidad germana no se concentra en la ciudad; ahora bien, es
precisamente mediante esta simple concentración —en la ciudad como
centro de la vida del campo, como lugar de residencia del trabajador
del campo, como centro también para la conducción de la guerra— como
la comunidad en cuanto tal posee una existencia externa, diferente de la
del individuo. La historia clásica antigua es historia de la ciudad, pero
historia de las ciudades, basada sobre la propiedad de la tierra y sobre
la agricultura; la historia asiática es una especie de unidad indiferenciada
de ciudad y campo (las auténticas grandes ciudades tienen que ser consi-
deradas simplemente como campamentos del príncipe, como excrecencia
sobre la auténtica estructura económica); la edad media (época germá-
nica) toma al campo como punto de partida de la historia; su desarrollo
posterior tiene lugar en la oposición ciudad-campo; la historia moderna
es urbanización del campo; no como entre los antiguos ruralización de
la ciudad.

*ACon la unificación en la ciudad la comunidad en cuanto tal posee
una existencia económica; la mera existencia de la ciudad en cuanto tal

Cfr. NieHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 326.
Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, págs. 328-329.
Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 330.
Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 331.
Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 333.
Cfr. NIeEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 335.

ERLEEÉ£

*215 El cuaderno que empieza aquí, lleva el encabezamiento: Cuaderno V
(El capitulo del capital. Continuación). En la cubierta del cuaderno está escrito:
Cuaderno V. Enero 1858. Londres (comenzado el 22 de enero).

es diferente de la simple multiplicidad de casas independientes. El todo
no es aquí la suma de las partes. Es una especie de organismo indepen-
diente. Entre los germanos, donde los cabezas de familia individuales se
establecen en los bosques, separados por largas distancias,*” la comuni-
dad, considerada externamente, existe sólo mediante la reunión periódica
de los miembros de la comunidad, a pesar de que su unidad existente en
sí misma está puesta en la descendencia, lengua, en el pasado y en la
historia común, etc. La comunidad se presenta, por lo tanto, como reu-
nión, no como unión, como unificación de sujetos independientes que
son propietarios de la tierra, y no como unidad. La comunidad, por lo
tanto, no existe en realidad como Estado, como sistema estatal, como ocu-
rría entre los antiguos, porque la comunidad no existe como ciudad.
Para que la comunidad tuviera una existencia real, los propietarios de
tierra libres tenían que reunirse en asamblea, mientras que en Roma,
por ejemplo, la comunidad existe al margen de estas asambleas, en la
existencia de la ciudad misma y de los funcionarios que están al frente
de ella, etc. Ciertamente también entre los germanos aparece el ager
publicus, la tierra común o tierra del pueblo, diferente de la propiedad
del individuo. Es el terreno de caza, de pasto, para cortar leña, etc., es la
parte de tierra que no puede ser dividida, si debe servir como instru-
mento de producción en esta forma determinada. Sin embargo, este ager
publicus no se presenta, como entre los romanos, como existencia eco-
nómica particular del Estado junto a los propietarios privados, de forma
tal que éstos son realmente propietarios privados en cuanto tales, en la
medida en que eran excluidos, privados, como los plebeyos, de la utiliza-
ción del ager publicus. Entre los germanos el ager publicus se presenta
más bien como un simple complemento de la propiedad individual, y
figura como propiedad sólo en la medida en que es defendido como
propiedad de una tribu contra tribus enemigas. La propiedad del indi-
viduo no se presenta mediada por la comunidad, sino que la existencia
de la comunidad y de la propiedad de la comunidad se presenta como
existencia y propiedad mediadas, es decir, como relación de sujetos inde-
pendientes entre sí. La totalidad económica está contenida au fond en
cada casa, que constituye para sí misma un centro independiente de pro-
ducción (la manufactura se presenta puramente como trabajo doméstico
accesorio, de las mujeres, etc.). En el mundo antiguo la ciudad con sus
tierras colindantes era la totalidad económica; en el mundo germánico
la totalidad económica está constituida por la vivienda individual, que

341 Cfr. Tacitus, Germania, cap. XVI.
38 Cfr. TacitUuS, Germania, cap. XXVI.

se presenta solamente como un punto en la tierra que a ella le pertenece,
y que no es ninguna concentración de muchos propietarios, sino una
familia como unidad independiente. En la forma asiática (al menos en
la dominante) no existe ninguna propiedad, sino sólo posesión del indi-
viduo; la comunidad es el auténtico propietario real —es decir, la pro-
piedad sólo existe como propiedad comunitaria del suelo. Entre los anti-
guos (los romanos constituyen el ejemplo más clásico, donde la cosa se
presenta de forma más pura y más pronunciada) existe una forma antité-
tica de propiedad estatal y propiedad privada, de forma tal que esta últi-
ma es mediada por la primera o la primera existe en esta doble forma.
El propietario privado de la tierra es, por lo tanto, simultáneamente
ciudadano. Económicamente la ciudadanía se resuelve en la simple forma
de que el campesino es habitante de una ciudad. En la forma germánica
el campesino no es ciudadano del Estado, es decir, no es habitante de la
ciudad, sino que dicha forma tiene como fundamento la vivienda fami-
liar aislada, independiente, garantizada por la unión con otras viviendas
familiares de la misma tribu, y por su reunión ocasional para la guerra,
religión, administración de justicia, etc., con la finalidad de conservar
esta garantía recíproca. La propiedad individual de la tierra no se pre-
senta aquí, ni como forma antitética de la propiedad de la tierra de la
comunidad, ni como mediada por ella, sino a la inversa. La comunidad
sólo existe en la relación de estos propietarios de tierra individuales entre
sí. La propiedad de la comunidad en cuanto tal se presenta sólo como un
elemento accesorio, comunitario, de las viviendas individuales dentro
de la tribu, y de las apropiaciones de tierra. La comunidad no es ni la
sustancia, al lado de la cual el individuo se presenta como el accidente;
ni es tampoco el ente general que, en cuanto tal, es una unidad existente
por sí misma, tanto en su imagen ideal, como en la existencia de la ciu-
dad, y de sus necesidades ciudadanas diferentes de las del individuo, o
en su terreno ciudadano como en su existencia particular diferente de la
existencia económica particular del miembro de la comunidad; sin em-
bargo, la comunidad en sí, en cuanto comunidad de lengua, sangre, etc.,
está, por un lado, presupuesta al propietario individual; pero, por otro
lado, la comunidad sólo existe en la asamblea real de los propietarios
individuales para fines comunitarios; y en la medida en que la comunidad
tiene una existencia económica particular, en la utilización común del
terreno de caza, pastoreo, etc., sin embargo, la comunidad es en este
caso utilizada por cada propietario individual en cuanto tal y no como
representante (como en Roma) del Estado; es una auténtica propiedad
común de los propietarios individuales; no de la unión de estos propie-

tarios, que poseen en la ciudad una existencia separada de sí mismos
como propietarios individuales.

De lo que aquí realmente se trata es de lo siguiente: en todas estas
formas, en las que la propiedad de la tierra y la agricultura constituyen
* la base de la ordenación económica, y en las que, en consecuencia, la
finalidad económica es la producción de valores de uso, la reproducción
del individuo en determinadas relaciones con su comunidad, en las que
él constituye la base de la comunidad misma, en todas estas formas en-
contramos lo siguiente: 1) Apropiación de la condición natural del tra-
bajo, de la tierra, tanto en cuanto instrumento de trabajo originario, en
cuanto laboratorio, como en cuanto depósito de materias primas, no a
través del trabajo, sino presupuesta al trabajo. El individuo se relaciona
simplemente con las condiciones objetivas del trabajo como con condicio-
nes suyas; se relaciona con ellas como con la naturaleza inorgánica de
su subjetividad, en la que ésta se realiza a sí misma; la condición obje-
tiva fundamental de trabajo no se presenta como producto del trabajo,
sino que se encuentra ya dado como naturaleza; por un lado, está el indi-
viduo vivo, por el otro, la tierra, en cuanto condición objetiva de su
reproducción; 2) pero esta relación con la tierra, como con la propiedad
del individuo que trabaja —el cual, por lo tanto, no se presenta desde
el principio como un mero individuo que trabaja, en esta abstracción,
sino que tiene en la propiedad de la tierra un modo de existencia objeti-
vo, que está presupuesto a su actividad, que no aparece como mero re-
sultado de ésta y que es, por lo tanto, un presupuesto de su actividad
como su piel, sus sentidos, etc., que él ciertamente reproduce y desarrolla
en su proceso vital, pero que ya están presupuestos a este proceso de
reproducción— está mediada desde el principio por la existencia natu-
ral, más o menos desarrollada y modificada históricamente, del individuo
como miembro de una comunidad —su existencia natural como miembro
de una tribu, etc. Un individuo aislado no podría tener la propiedad de
la tierra, así como tampoco podría hablar. Él podría naturalmente vivir
de ella, como hacen los animales. La relación con la tierra como propie-
dad está siempre mediada por la ocupación, pacífica o violenta, de la
tierra por la tribu, por la comunidad en cualquier forma más o menos
natural, o históricamente más desarrollada. El individuo no puede apare-
cer en el aislamiento en que se presenta en cuanto simple trabajador
libre. Si las condiciones objetivas de su trabajo están presupuestas como
pertenecientes a él, entonces él mismo está presupuesto como miembro
de una comunidad, a través de la cual está mediada su relación con la
tierra. Su relación con las condiciones objetivas del trabajo está mediada
por su existencia como miembro de la comunidad; por otra parte, la

existencia real de la comunidad está determinada por la forma determi-
nada de su propiedad de las condiciones objetivas del trabajo. Si esta
propiedad mediada por la existencia en la comunidad se presenta como
propiedad comunitaria, en la que el individuo sólo es poseedor y no
existe ninguna propiedad de la tierra —o si la propiedad se presenta en
la doble forma de propiedad del Estado y propiedad privada la una al
lado de la otra, pero de forma tal que la última se presenta como puesta
por la primera, y, por lo tanto, sólo el ciudadano del Estado es y tiene
que ser propietario privado, pero su propiedad como ciudadano del Esta-
do posee simultáneamente una existencia particular; o si finalmente la
propiedad de la comunidad sólo se presenta como complemento de la pro-
piedad individual, pero ésta se presenta como la base, y la comunidad en
general no tiene existencia por sí misma al margen de la asamblea de los
miembros de la comunidad y de su reunión para fines comunes— estas
diferentes formas de relación del miembro de la comunidad o de la tribu
con la tierra —con la tierra en la que él se ha establecido— dependen
en parte del carácter natural de la tribu, en parte de las condiciones
económicas, bajo las cuales ella se relaciona realmente como propietaria
con la tierra, es decir, se apropia sus frutos mediante el trabajo, y esto, a
su vez, dependerá del clima, de la constitución del territorio, del modo,
físicamente condicionado, de su explotación, de la relación con tribus
enemigas o tribus vecinas y de las modificaciones introducidas por las
migraciones, por las experiencias históricas, etc. Para que la comunidad
continúe existiendo en su forma antigua, en cuanto tal, es necesario la
reproducción de sus miembros en las condiciones objetivas presupuestas.
La producción misma, el progreso de la población (también ésta pertenece
a la producción) suprimen necesariamente poco a poco estas condiciones;
las destruye en lugar de reproducirlas, etc., y con ello desaparece la
comunidad con las relaciones de propiedad, sobre las que aquélla se basa-
ba. La más tenaz y la que se conserva por más tiempo es necesariamente
la forma asiática. Esto está ya implícito en su presupuesto; es decir, en
que el individuo no se convierte en independiente frente la comunidad,
en que el círculo autosuficiente de la producción consiste en la unidad
de la agricultura y la artesanía, etc. Si el individuo modifica su relación
con la comunidad, entonces él modifica con ello la comunidad y actúa
destructivamente sobre ella, así como también sobre su presupuesto eco-
nómico; por otra parte, la modificación de este presupuesto económico,
ocasionada por su propia dialéctica, conduce a la pauperización, etc.
Particularmente la influencia del sistema de guerra y de conquista, que
en Roma, por ejemplo, pertenece esencialmente a las condiciones eco-
nómicas de la comunidad misma, destruye el vínculo real, sobre el que

ella descansa. En todas estas formas la reproducción de relaciones ya
Presupuestas —más o menos naturales, o incluso históricas, pero deveni-
das tradicionales— del individuo con su comunidad, y una existencia
objetiva, determinada, predeterminada para él, tanto en relación con las
condiciones del trabajo, como con los individuos que trabajan con él, con
sus compañeros de tribu, etc., es el fundamento del desarrollo, que es,
por lo tanto, desde el principio un desarrollo limitado; pero la elimina-
ción de este límite representa su ruina y destrucción.** El desarrollo
de la esclavitud, la concentración de la propiedad de la tierra, el cambio,
el sistema monetario, la conquista, etc., actuaron así entre los roma-
nos, a pesar de que todos estos elementos parecían hasta un cierto
punto compatibles con la base de la comunidad y parecían simplemente
ampliar en parte esta base de forma inofensiva, y en parte parecían cre-
cer a partir de ella como meros abusos. Aquí pueden tener lugar gran-
des desarrollos dentro de un círculo determinado. Pueden presentarse
individuos de gran categoría. Pero no se puede pensar en un desarrollo li-
bre y completo ni del individuo, ni de la sociedad, pues tal desarrollo
está en contradicción con la relación originaria.**

Z Nosotros no encontramos entre los antiguos jamás una investiga-
ción sobre qué forma de propiedad de la tierra, etc., es la más produc-
tiva, la que crea la mayor riqueza. La riqueza se presenta no como fin
de la producción, aunque Catón puede muy bien investigar qué cultivo
del campo es el más ventajoso,* y Bruto puede prestar su dinero al
interés más elevado.** La investigación es siempre sobre qué clase de
propiedad crea los mejores ciudadanos. La riqueza sólo se presenta como
fin en sí misma en los escasos pueblos comerciales —monopolistas del
carrying trade <comercio itinerante>—, que viven en los polos del mun-
do antiguo, como los judíos en la sociedad medieval. Ahora bien, la
riqueza es, por otra parte, una cosa, se realiza en cosas, en productos
materiales, a los que se enfrenta el hombre como sujeto; por otra
parte, la riqueza en cuanto valor es mero poder de disposición sobre
trabajo ajeno no con el fin de dominio, sino de satisfacción de goces
privados, etc. En todas las formas la riqueza se presenta de forma ma-
terial, bien sea una cosa, bien sea una relación mediada por una cosa,
que está fuera del individuo y accidentalmente al lado de él. En con-
secuencia, la concepción antigua, según la cual el hombre, a pesar de su

349 Cfr. HeaeL, Band IV, pág. 417.

35 Cfr. Hegel, Band XII, págs. 254-263, 320-329.

35 Cfr. M. Porcius Cato, De Re Rustica.

32 Cfr. M. TuLLu CICERONIS, Epistolarum ad Atticum V, 21, 10-13; VI,
1, 3-7; VI, 2, 7-10; VI, 3, 5-7.

limitada determinación política, nacional, religiosa, se presenta siempre
como fin de la producción, parece ser mucho más noble que la del mun-
do moderno, según la cual la producción se presenta como el fin del
hombre, y la riqueza como el fin de la producción. Pero, en realidad,
si se elimina la forma limitada burguesa, ¿qué otra cosa es la riqueza,
sino la universalidad de las necesidades, capacidades, goces, fuerzas pro-
ductivas, etc., de los individuos engendrada en el cambio universal?;
¿qué es sino la elaboración absoluta de sus características creadoras, sin
más presupuesto que el desarrollo histórico precedente, que convierte
en fin en sí mismo a esta totalidad del desarrollo, es decir, del des-
arrollo de todas las fuerzas humanas en cuanto tales, no medidas por
un criterio ya dado?; ¿qué es sino una elaboración en la que él no se
reproduce en una determinación concreta, sino que produce su totali-
dad, en la que no intenta permanecer como algo ya devenido, sino que
existe en el movimiento absoluto del devenir? En la economía burguesa
—y en la época de producción a la que ella corresponde— esta elabo-
ración total de la naturaleza interna del hombre se presenta como un
completo vaciamiento, esta objetivación universal como una enajena-
ción total, y la destrucción de todos los fines determinados y unilatera-
les como el sacrificio de la finalidad propia a un fin completamente
ajeno. De ahí que, por una parte, el viejo mundo pueril se presente como
superior ** Por otra parte, éste lo es en todo aquello en que se busca
una forma y configuración acabada, y una delimitación ya determinada.
Es la satisfacción de necesidades desde un punto de vista limitado;
mientras que el mundo moderno deja insatisfecho, o, allí donde se

Lo que el señor Proudhon llama el origen extraeconómico de la pro-
piedad, por lo cual él entiende precisamente la propiedad territorial,
es la relación preburguesa del individuo con las condiciones objetivas
del trabajo, y ante todo con las condiciones maturales objetivas del tra-
bajo, pues, de la misma forma que el sujeto trabajador se presenta como
individuo natural, como existencia natural, la primera condición obje-
tiva de su trabajo se presenta como naturaleza, como tierra, como su
cuerpo inorgánico; *”* él mismo no es sólo el cuerpo orgánico, sino la

3583 Cfr. F. Schiller, Die Gótter Griechenlands.

*216 pues... inorgánico. Esta frase originariamente decía así: pues, de la
misma forma que el individuo que trabaja era un individuo natural, una existencia
natural, así también la primera condición objetiva del trabajo se presenta como
perteneciente a la naturaleza, a la tierra, a su cuerpo inorgánico; Marx tachó
luego algunas palabras, sin corregir las restantes.

naturaleza inorgánica como sujeto. Esta condición no es su producto,
sino que le viene ya dada; como existencia natural que está fuera de
él y que le está presupuesta. Antes de pasar a analizar esto más dete-
nidamente, hay que decir: el temerario Proudhon no sólo podía, sino
que tenía que acusar tanto al capital, como al trabajo asalariado —en
cuanto formas de propiedad— de origen extraeconómico. Puesto que el
hecho de que el trabajador encuentre ya las condiciones objetivas del
trabajo separadas de él, como capital, y el que el capitalista se encuentre
ya al trabajador en cuanto individuo privado de propiedad, en cuanto
trabajador abstracto, es decir, el cambio, tal como tiene lugar entre
el valor y el trabajo vivo, presupone un proceso histórico —si bien el
capital y el trabajo asalariado reproducen esta relación y la elaboran
tanto en su extensión objetiva, como en profundidad— proceso histó-
rico, que, como hemos visto, constituye la historia de la formación del
capital y del trabajo asalariado. En otras palabras: el origen extraeco-
nómico no quiere decir más que la génesis histórica de la economía
burguesa, de las formas de producción, que son expresadas teórica o
idealmente por las categorías de la economía política. Que la historia
preburguesa, y cada fase de la misma, tiene también su economía y una
base económica de su movimiento, es au fond la mera tautología de
afirmar que la vida de los hombres ha descansado desde siempre, de una
manera o de otra, en la producción, en la producción social, cuyas rela-
ciones nosotros llamamos precisamente relaciones económicas.

£ Las condiciones originarias de la producción (o, lo que es lo mismo,
la reproducción de los individuos, cuyo número progresa mediante el
proceso natural de ambos sexos, pues esta reproducción, si se presenta
por una parte como apropiación de los objetos por los sujetos, se pre-
senta por otra como la conformación, la sumisión de los objetos a una
finalidad subjetiva; transformación de los mismos en resultados y de-
pósitos de la actividad subjetiva) no pueden haberse producido a sí
mismas originariamente, no pueden ser resultado de la producción. No
es la unidad de los hombres que viven y trabajan con las condiciones
naturales, inorgánicas, su metabolismo con la naturaleza y la consiguiente
apropiación de la naturaleza, no es esto lo que necesita una explica-
ción o lo que es resultado del proceso histórico, sino que lo que necesita
explicación y es resultado de un proceso histórico es la separación entre
estas condiciones inorgánicas de la existencia humana y esta existencia
activa, una separación que se presenta de forma total sólo en la relación
de trabajo asalariado y capital. En las relaciones de esclavitud y servi-
dumbre no tiene lugar esta separación; sino que una parte de la socie-
dad es tratada por la otra como mera condición inorgánica y natural de

su propia reproducción. El esclavo no está en ninguna relación con las
condiciones objetivas de su trabajo; sino que el trabajo mismo, tanto
en la forma de esclavos, como en la de siervos de la gleba, es colocada
como condición inorgánica de la producción, en el mismo plano que
los demás entes naturales, junto a los animales o como accesorio de la
tierra. En otras palabras: las condiciones originarias de la producción
se presentan como presupuestos naturales, como condiciones naturales
de existencia del productor, de forma exactamente igual a como su
cuerpo vivo, a pesar de que él lo reproduce y desarrolla, no ha sido,
sin embargo, puesto por él mismo originariamente, sino que se presenta
como un presupuesto de sí mismo; su propia existencia (corporal) es
un presupuesto natural, que él no ha producido. Estas condiciones na-
turales de existencia, con las cuales él se relaciona como con algo que
le pertenece, como con su cuerpo inorgánico, son a su vez de una doble
naturaleza: 1) de naturaleza subjetiva y 2) de naturaleza objetiva. Él
se encuentra a sí mismo como miembro de una familia, de una estirpe,
de una tribu, etc., las cuales pueden adoptar configuraciones históricas
diferentes mediante la mezcla y oposición con otras tribus, etc.; y en
cuanto miembro de la comunidad él se relaciona con una naturaleza de-
terminada (aquí se puede decir con la tigrra, con el territorio) como
con la existencia inorgánica de sí mismo, como con la condición de su
producción y reproducción. En cuanto miembro natural de la comunidad
“él participa en la propiedad comunitaria y recibe una parte especial de
la misma en posesión; de la misma forma que en cuanto ciudadano
romano él tiene un derecho ideal (at least) al ager publicus y un derecho
real a tantos juggera de tierra, etc. Su propiedad, es decir, la relación
con los presupuestos naturales de su producción en cuanto pertenecien-
tes a él, es decir, en cuanto sus presupuestos, está mediada por el hecho
de que él mismo es un miembro natural de la comunidad. (La abstrac-
ción de una comunidad, en la que los miembros no tienen nada en co-
mún, excepto quizás la lengua, etc., (y apenas ésta), es claramente el
producto de situaciones históricas muy posteriores.) Por. lo que se re-
fiere al individuo, está, por ejemplo, claro, que él mismo sólo se rela-
ciona con la lengua como con su lengua propia en cuanto miembro
natural de una comunidad humana. La lengua como producto de un
individuo es un absurdo. Pero también lo es la propiedad.

La misma lengua es también el producto de una comunidad, así
como también es desde otro punto de vista la existencia de la comuni-
dad, y la existencia parlante de la misma. [[La producción comunitaria
y la propiedad común, tal como, por ejemplo, se presenta en Perú, es
claramente una forma secundaria, introducida y transferida por tribus

conquistadoras, que conocían por sí mismas la propiedad común y la
producción comunitaria en la forma antigua más simple, tal como apa-
rece en la India y entre los eslavos. La forma, que encontramos entre
los celtas en Gales, por ejemplo, también parece una forma importada,
secundaria, introducida por conquistadores entre las tribus conquista-
das, que están a un nivel inferior. La perfección y la elaboración siste-
mática de estos sistemas por un centro supremo muestra su origen pos-
terior. De la misma forma que el feudalismo introducido en Inglaterra
era más perfecto en su forma que el surgido naturalmente en Francia.]]
[[En las tribus de pastores nómadas —y todos los pueblos de pastores
son originariamente nómadas— la tierra, igual que las demás condi-
ciones naturales, se presenta en forma ilimitada en sentido elemental,
por ejemplo, en las estepas asiáticas o en las sabanas asiáticas. La tierra
es pastada, etc., es consumida por los rebaños, de los cuales a su vez
viven los pueblos pastores. Ellos se relacionan con la tierra como con
su propiedad, aunque ellos no fijan nunca esta propiedad. Así también
se presenta el terreno de caza entre las tribus indias salvajes en Amé-
rica; la tribu considera una cierta región como su región de caza y
afirma violentamente esta propiedad contra otras tribus, o intenta ex-
pulsar a otras tribus de la región que ella afirma ser suya. En las tribus
pastoriles nómadas la comunidad está en realidad siempre reunida, es
una sociedad en marcha, caravana, horda, etc., y las formas de supra y
subordinación se desarrollan a partir de las condiciones de esta forma
de vida. En realidad sólo es apropiado y reproducido el rebaño y no la
tierra; pero ésta es utilizada siempre temporalmente de forma comuni-
taria en el lugar en el que se fija la residencia de vez en cuando.]] El
único obstáculo, que la comunidad puede encontrar en su relación con
sus condiciones naturales de producción —con la tierra— (si pasamos
inmediatamente a los pueblos sedentarios), es otra comunidad, que pre-
tende tener derecho a esa tierra como cuerpo inorgánico propio. La
guerra es, por lo tanto, uno de los trabajos originarios de cada una de
estas comunidades naturales, tanto para la afirmación de la propiedad,
como para la nueva adquisición de la misma. (Podemos limitarnos en
realidad a hablar de propiedad originaria de la tierra, pues en los pue-
blos pastoriles la propiedad es propiedad de productos de la tierra
encontrados naturalmente —ovejas, por ejemplo— y propiedad al mismo
tiempo de los pastos que atraviesan. En general en la propiedad de la
tierra está incluida la de sus productos orgánicos.) [[Si el hombre
mismo es conquistado juntamente con la tierra como accesorio de la mis-
ma, entonces él es conquistado como una de las condiciones de pro-
ducción, y de esta forma aparece la esclavitud y la servidumbre, que

pronto falsifican y modifican las formas originarias de todas las comu-
nidades y se convierten en la base de las mismas. La simple estructura
es determinada así negativamente.) ]

Originariamente, por lo tanto, propiedad no quiere decir más que
relación del hombre con sus condiciones naturales de producción como
con algo que le pertenece, que es suyo, como con algo presupuesto
juntamente con su propia existencia; relación con las mismas en cuanto
presupuestos naturales de sí mismo, que, por así decirlo, constituyen
solamente una prolongación de su cuerpo. El realmente no se relaciona
con sus condiciones de producción; sino que existe en una doble forma,
subjetivamente en cuanto hombre, y objetivamente en las condiciones
naturales inorgánicas de su existencia. Las formas de estas condiciones
naturales de producción son dobles: 1) su existencia en cuanto miem-
bro de una comunidad, es decir, la existencia de esta comunidad, que
en su forma originaria es una comunidad tribal, una comunidad tribal
más o menos modificada; 2) la relación con la tierra a través de la
comunidad como con algo propio, como con la propiedad comunitaria
de la tierra, que al mismo tiempo es posesión particular para el indi-
viduo, o de forma tal que sólo son divididos los frutos, mientras que
la tierra y el cultivo de la misma continúa siendo común. (Sin embar-
go, las viviendas, etc., aunque sólo sean los carros de los escitas, se
presentan siempre en posesión del individuo.) Una condición natural
de la producción para el individuo vivo es su pertenencia a una sociedad
natural, a una tribu, etc. Ésta es, por ejemplo, una condición para la
posesión de una lengua, etc. Su propia existencia productiva sólo existe
bajo esta condición. Su existencia subjetiva en cuanto tal está condi-
cionada por ello, tanto como está condicionada por la relación con la
tierra como con su laboratorio. (La propiedad es originariamente mue-
ble, pues el hombre se apodera ante todo de los frutos que la tierra le
da ya hechos, a los cuales pertenecen los animales y especialmente los
domesticables. Sin embargo, incluso esta situación —caza, pesca, pas-
toreo, sustento obtenido de la fruta de los árboles, etc.—, presupone
siempre la apropiación de la tierra, bien como lugar de residencia fijo,
bien como terreno para el nomadismo, bien como terreno para el pasto
de los animales, etc.)

La propiedad significa, por lo tanto, pertenencia a una tribu (comu-
nidad) (tener una existencia subjetiva-objetiva en ella) y mediante la
relación de esta comunidad con la tierra como con su cuerpo inorgánico,
relación del individuo con la tierra en cuanto condición originaria ex-
terna de la producción —ya que la tierra es a la vez materia prima,
instrumento y fruto— como con los presupuestos pertenecientes a su

individualidad, como con los modos de existencia de ésta. Nosotros
reducimos esta propiedad a la relación con las condiciones de produc-
ción. ¿Por qué no con las del consumo, puesto que originariamente la
actividad productiva del individuo se limita a la reproducción de su
propio cuerpo mediante la apropiación de objetos ya acabados, prepa-
rados por la naturaleza misma para el consumo? Incluso allí donde sólo
hay que encontrar, que descubrir estos objetos, esto requiere un es-
fuerzo, trabajo —como en la caza, la pesca, el pastoreo— y la produc-
ción (es decir, el desarrollo) de ciertas capacidades por parte del suje-
to. Sin embargo, las situaciones, en las que se puede tomar aquello que
existe, sin necesidad de instrumento (es decir, sin la necesidad de
productos del trabajo destinados a la producción) sin cambio de forma
(que ya tiene lugar en el sistema pastoril), etc., tienen que ser consi-
deradas como situaciones transitorias y en absoluto normales; ni si-
quiera como situación normal originaria. Por lo demás, las condiciones
originarias de la producción incluyen por sí mismas materias directa-
mente consumibles sin trabajo, como frutos, animales, etc.; el fondo
de consumo se presenta, por lo tanto, como un componente del fondo de
producción originario.

La condición fundamental de la propiedad que descansa sobre la
organización tribal (en la que se resuelve originariamente la comunidad),
de ser miembro de la tribu, convierte a la tribu extranjera conquistada
por otra tribu, a la tribu sometida, en una tribu sin propiedad y la re-
duce a la situación de condiciones inorgánicas de la reproducción de la
tribu conquistadora, que se relaciona con ella como con algo que le
pertenece. La esclavitud y la servidumbre son, por lo tanto, simples
desarrollos posteriores de la propiedad que descansa sobre la organiza-
ción tribal. Ellas modifican necesariamente todas las formas de dicha
organización. En la forma asiática es donde esto menos ocurre. En la
unidad autosuficiente de manufactura y agricultura, sobre la que esta
forma descansa, la conquista no es una condición tan necesaria, como
allí donde la propiedad de la tierra, la agricultura domina exclusiva-
mente. Por otra parte, puesto que el individuo no puede convertirse
nunca en esta forma de comunidad en propietario, sino sólo en posee-
dor, él mismo es au fond la propiedad, el esclavo de aquél, en quien
existe la unidad de la comunidad, y la esclavitud, por lo tanto, ni eli-
mina las condiciones del trabajo, ni modifica la relación esencial.

Ahora está ya claro además:

La propiedad, en la medida en que es la relación consciente —y, en
relación con el individuo, puesta por la comunidad y proclamada y ga-
rantizada como ley— con las condiciones de producción como con sus

Propias condiciones, y en la medida en que, por lo tanto, la existencia
del productor se presenta como una existencia en las condiciones obje-
tivas que le pertenecen, sólo se realiza mediante la producción misma.
La apropiación real ocurre por primera vez no en la relación ideal, sino
en la relación activa, en la relación real con estas condiciones —en la
colocación real de las mismas en cuanto condiciones de su actividad
subjetiva.

Pero con ello está claro, al mismo tiempo, que estas condiciones
cambian. Sólo porque determinadas tribus cazan en una región, ésta se
convierte en coto de caza; sólo porque se labra la tierra, ésta es puesta
como la prolongación del cuerpo del individuo. Después de que la cin-
dad de Roma fue construida y después de que la tierra que la rodeaba
fue labrada por sus ciudadanos, las condiciones de la comunidad se
convirtieron en algo distinto de lo que eran antes. La finalidad de todas
estas comunidades es la conservación; es decir, la reproducción de los
individuos que la constituyen en cuanto propietarios, es decir, en el
mismo modo de existencia, que constituye al mismo tiempo la relación
de los miembros entre sí y, por lo tanto, la comunidad misma. Pero esta
reproducción es al mismo tiempo necesariamente nueva producción y
destrucción de la forma antigua.Por ejemplo, allí donde cada individuo
debe poseer tantos acres de tierra, el mero aumento de la población
constituye un obstáculo. Si dicho obstáculo tiene que ser eliminado, es
necesaria la colonización de nuevas tierras y esto hace necesaria la guerra
de conquista. Con ello esclavos, etc., el aumento del ager publicus, por
ejemplo, y de los patricios, que representan la comunidad, etc. Así la
conservación de la antigua comunidad incluye la destrucción de las con-
diciones sobre los que ésta descansa, y se transforma más bien en lo
contrario. Si, por ejemplo, se pudiera pensar que en la misma extensión
de tierra la productividad podría ser aumentada a través del desarro-
llo de las fuerzas productivas, etc. (este desarrollo es sumamente lento en
la agricultura tradicional), esto, sin embargo, supondría nuevos méto-
dos, combinación del trabajo, dedicación de una gran parte del día a
la agricultura, etc., y con ello serían eliminadas las viejas condiciones
económicas de la comunidad. En el mismo acto de reproducción son
modificadas no sólo las condiciones objetivas, por ejemplo, la aldea se
convierte en ciudad, el bosque en campo arado, etc., sino que los pro-
ductores mismos cambian, en la medida en que exteriorizan a partir
de sí mismos nuevas cualidades, se desarrollan mediante la producción,
se transforman, en la medida en que producen nuevas fuerzas y nuevas
concepciones, nuevas formas de comercio, nuevas necesidades y nuevo
lenguaje. Cuanto más tradicional sea el modo de producción —y éste

dura mucho en la agricultura y aún más en la unidad oriental de agri-
cultura y manufactura—, es decir, cuanto más permanece igual a sí
mismo el proceso real de apropiación, tanto más constantes son las viejas
formas de propiedad y tanto más constante es la comunidad en general.
Allí donde se da la separación de los miembros de la comunidad como
propietarios privados de sí mismos como comunidad ciudadana y
como propietarios del territorio de la ciudad, allí aparecen las condicio-
nes, a través de las cuales el individuo puede perder su propiedad, es
decir, puede perder la doble relación que lo convierte en ciudadano de
igual condición, en miembro de la comunidad por un lado y en propie-
tario por otro. En la forma oriental esta pérdida no es apenas posible,
excepto por influencias completamente exteriores, ya que el miembro
de la comunidad no entra nunca en una relación libre con ella, me-
diante la cual podría perder su vínculo con ella (vínculo objetivo, eco-
nómico). Él está unido sólidamente con la comunidad. Esto descansa
también en la unión de manufactura y agricultura, de la ciudad (aldea)
y el campo. Entre los antiguos la manufactura se presenta como corrup-
ción (negocio de libertos, clientes, extranjeros), etc. Este desarrollo del
trabajo productivo —(separado de la pura subordinación a la agricultura,
en cuanto trabajo libre, doméstico, es la manufactura destinada a la
agricultura o a guerra o aplicada al servicio de Dios o de la comunidad,
como construcción de casas, de calles, de templos)—, que necesariamente
se produce mediante el tráfico con extranjeros, esclavos, por el placer
de cambiar el producto excedente, etc., disuelve el modo de produc-
ción, sobre el que descansa la comunidad, y, por lo tanto, también el
individuo objetivo, es decir, en cuanto romano, griego, etc., es decir, en
cuanto individuo determinado. El cambio actúa de la misma forma; en-
deudamiento, etc.

-La unidad originaria entre una forma particular de comunidad (la
organización tribal) y la propiedad conexa con ella de la naturaleza, o
la relación con las condiciones objetivas de la producción como exis-
tencia natural, como existencia objetiva del individuo mediada por la
comunidad —esta unidad, que por una parte se presenta como la forma
particular de propiedad— tiene su realidad viva en un modo de pro-
ducción determinado, un modo que se presenta tanto en cuanto relación
de los individuos entre sí como en cuanto relación activa determinada
del individuo con la naturaleza inorgánica, como modo de trabajo (que
siempre es trabajo familiar y a menudo trabajo colectivo). Como la
primera gran fuerza productiva aparece la comunidad misma; para cla-
ses particulares de condiciones de producción (por ejemplo, cría de ga-
nado, agricultura) se desarrollan métodos de producción y fuerzas pro-

ductivas particulares, tanto subjetivas, que se presentan como caracte-
rísticas de los individuos, como objetivas:,

Un grado determinado del desarrollo “de las fuerzas productivas de
los sujetos que trabajan —al que corresponden determinadas relaciones
de los sujetos entre sí y con la naturaleza—, a esto se reduce en última
instancia tanto su comunidad, como la propiedad basada sobre ella.
Hasta un cierto punto hay reproducción. A partir de aquí se transforma
en disolución.

Propiedad significa, por lo tanto, originariamente —tanto en la for-
ma asiática, como en la eslava, antigua y germana— relación del sujeto
que trabaja (que produce) (o que se reproduce) con las condiciones de
su producción o reproducción como con sus propias condiciones. Ten-
drá, por lo tanto, distintas formas según las condiciones de dicha pro-
ducción. La producción misma tiene por finalidad la reproducción del
productor en y con estas condiciones objetivas de su existencia. Esta
relación como propietario —no como resultado, sino como presupuesto
del trabajo, es decir, de la producción— presupone una existencia de-
terminada del individuo como miembro de una tribu o de una comunidad
(cuya propiedad él es hasta cierto punto). La esclavitud, la servidum-
bre, etc., que existe allí donde el trabajador mismo se presenta como
formando parte de las condiciones naturales de producción de un tercer
individuo o de una comunidad” (éste, por ejemplo, no es el caso de la
esclavitud general de Oriente, sino sólo desde el punto de vista euro-
peo) —es decir, la propiedad no como relación del individuo que trabaja
con las condiciones objetivas del trabajo— es siempre secundaria, y
nunca originaria, si bien es el resultado necesario y consecuente de la
propiedad basada sobre la comunidad y sobre el trabajo en comunidad.
Es ciertamente muy simple imaginarse que un hombre poderoso, física-
mente superior, después de haber cazado un animal, caza un hombre,
para hacerle cazar animales para él; en una palabra, servirse del hombre
como de una condición natural ya dada para su reproducción (con lo
cual su propio trabajo se resuelve en dominio, etc.), como de cualquier
otro ente natural. Pero tal idea es absurda —aunque pueda ser correcta
desde el punto de vista de ciertas tribus o comunidades—, ya que parte
del desarrollo de hombres aislados. El hombre se aísla sólo a través del
proceso histórico. Originariamente él se presenta como un ser que per-
tenece a la especie humana, a una tribu, como animal gregario —si
bien no como un Ewov rolitixdy <<animal político. T.> en sentido po-
lítico. El cambio mismo es un medio fundamental de este aislamiento.

354 Cfr. HEGEL, Band VII, págs. 111-112.

Él convierte en superfluo el sistema gregario, y lo disuelve. Pero tan
pronto como la situación se ha invertido, de forma tal que él como in-
dividuo aislado sólo se relaciona consigo mismo, los instrumentos para
ponerse como individuo aislado se han convertido en su proceso de
formación general y comunitaria. En esta comunidad la existencia ob-
jetiva del individuo como propietario, digamos, por ejemplo, como
propietario de la tierra, es presupuesta y presupuesta además bajo cier-
tas condiciones, que lo encadenan a la comunidad, o que más bien lo
convierten en un anillo de su cadena. En la sociedad burguesa el traba-
jador, por ejemplo, existe privado de toda objetividad, puramente subje-
tivo; pero lo que a él se le enfrenta se ha convertido ya en la comunidad
verdadera, de la que él intenta apoderarse y por la que él es devorado.
Todas las formas (todas más o menos naturales, pero todas al mismo
tiempo resultados de un proceso histórico), en las que la comunidad
presupone a los sujetos en una unidad determinada, objetiva, con sus
condiciones de producción, o en las que una determinada existencia
subjetiva presupone la comunidad misma como condiciones de produc-
ción, corresponden necesariamente a un desarrollo limitado, y limitado
por principio,. de las fuerzas productivas. El desarrollo de las fuerzas
productivas disuelve todas estas formas, y su disolución misma es un
desarrollo de las fuerzas productivas humanas. Al principio se trabaja
a partir de una cierta base —solamente natural — y después a partir de
un presupuesto histórico. Pero más adelante esta base o este presupues-
to mismo es eliminado o es puesto como un presupuesto que se ha
quedado estrecho para el desarrollo progresivo de la masa humana.
En la medida en que la antigua propiedad de la tierra se presenta
de nuevo en la propiedad parcelaria, entra en el estudio de la economía
política y volveremos sobre ella en el apartado de la propiedad de la
tierra.
(Sobre todo esto habrá que volver más a fondo y más extensamente.)
Lo que aquí nos interesa ante todo es lo siguiente: la relación del
trabajo con el capital, o con las condiciones objetivas del trabajo como
capital, presupone un proceso histórico, que disuelve las diferentes for-
mas en las que el trabajador es propietario, o en las que el propietario
trabaja. Ante todo, por lo tanto, presupone: 1) Disolución de la rela-
ción con la tierra, como con la condición natural de producción —<con
la cual él se relaciona como con su propia existencia inorgánica, como
con el laboratorio de sus fuerzas, y el dominio de su voluntad. Todas

355 Cfr. F. ScmiLLER, Maria Stuart: Ein Trauerspiel. 3 Aufzug, 4 Auftritt, las
penúltimas palabras de Elisabeth.

las formas, en las que esta propiedad aparece, presuponen una comu-
nidad, cuyos miembros, aunque pueden existir diferencias formales entre
ellos, en cuanto miembros de la comunidad son propietarios. La forma
originaria de esta propiedad es, por lo tanto, la propiedad inmediata-
mente colectiva (forma oriental, modificada en la forma eslava; esta
forma de propiedad se desarrolla hasta su antítesis, pero continúa toda-
vía como base encubierta, aunque auténtica, en la propiedad antigua
y germánica). 2) Disolución de las relaciones, en las que él se presenta
como propietario del instrumento. De la misma manera que la forma
anterior de propiedad de la tierra presupone una comunidad real, esta
propiedad del instrumento por el trabajador presupone una forma par-
ticular del desarrollo del trabajo de manufactura como trabajo artesa-
nal; con ello está ligado el sistema corporativo, etc. (El antiguo sistema
de manufactura oriental puede ser considerado como dentro del apar-
tado 1.) Aquí el trabajo mismo es todavía mitad artesanal, mitad fin
en sí mismo, etc. Maestros artesanos. El capitalista mismo como maestro
artesano. Con la habilidad particular en el trabajo está asegurada tam-
bién la posesión del instrumento, etc. Sucesión, en cierta medida, del
modo de trabajo juntamente con la organización del trabajo y con el
instrumento de trabajo. Organización ciudadana medieval. El trabajo
es todavía trabajo propio; determinado desarrollo autosuficiente de
capacidades unilaterales, etc. 3) En ambos casos se presupone que él
posee antes de la producción los medios de consumo necesarios para
vivir como productor —es decir, durante la producción, antes de finali-
zar la misma. En cuanto propietario de la tierra él se presenta directa-
mente provisto de los fondos necesarios para el consumo. En cuanto
maestro artesano él los ha heredado, ganado o ahorrado, y como oficial
artesano él es primero aprendiz, posición en la que él no se presenta
en modo alguno como trabajador auténtico, independiente, sino que
comparte patriarcalmente con el maestro los medios de subsistencia.
Como compañero de oficio (real) hay una cierta comunidad de los fon-
dos de consumo poseídos por el maestro. Éstos no son la propiedad del
compañero de oficio, sin embargo, por la ley de la corporación, por sus
tradiciones, etc.; él es coposesor al menos, etc. (Más adelante habrá
que tratar este punto.) 4) Disolución, por otra parte, tanto de las rela-
ciones, en las que el trabajador mismo, la capacidad de trabajo viva
pertenece inmediatamente a las condiciones objetivas de la producción
y es apropiada en cuanto tal —+£s decir, es esclavo o siervo. Para el
capital el trabajador no es una condición de producción, sino exclusi-
vamente trabajo. Si éste se puede hacer mediante máquinas, o mediante

agua, aire, etc., tanto mejor. El capital no se apropia el trabajador, sino
su trabajo; no inmediatamente sino a través del cambio.

Éstos son, pues, por un lado los presupuestos históricos necesarios,
para que el trabajador se encuentre en cuanto trabajador libre, falto
de toda objetividad, en cuanto capacidad de trabajo puramente subje-
tiva frente a las condiciones objetivas de la producción en cuanto su
no-propiedad, en cuanto propiedad ajena, en cuanto valor existente para
sí mismo, es decir, en cuanto capital. Por otro lado se plantea la cues-
tión siguiente: ¿qué condiciones son necesarias para que el trabajador
encuentre frente a él un capital?

[[En la fórmula del capital, en la que la relación del trabajo vivo
con la materia prima, el instrumento y los medios de subsistencia nece-
sarios durante el trabajo es una relación negativa, de no-propiedad, está
incluida ante todo la ro-propiedad-de-la-tierra, o, lo que es igual, es
negada la situación en la que el individuo que trabaja se relaciona con
la tierra como algo propio, es decir, trabaja y produce como propie-
tario de la tierra. En el mejor de los casos él se relaciona con la tierra
no sólo como trabajador, sino que como propietario de la tierra se rela-
ciona consigo mismo como sujeto que trabaja. La propiedad de la tierra
incluye en potencia tanto la propiedad de materia prima, como del ins-
trumento originario, la tierra misma, y de los frutos espontáneos de la
misma. En la forma más primitiva relacionarse con la tierra como pro-
pietario quiere decir encontrar en ella la materia prima, el instrumento
y los medios de subsistencia, no producidos mediante el trabajo, sino
creados por la tierra misma. Una vez reproducida esta relación aparecen
incluidos en la propiedad de la tierra en su forma primitiva instrumen-
tos secundarios y frutos de la tierra producidos por el trabajo mismo.
Esta situación histórica es, por lo tanto, negada en primer lugar como
relación de propiedad más completa en la relación del trabajador con
las condiciones de trabajo en la forma de capital. Ésta es la situación
histórica N.” l, que es negada en esta relación y que se presupone ya
disuelta históricamente. Pero en la segunda situación, en la que la pro-
piedad del instrumento, o la relación del trabajador con el instrumento
como con algo propio, en la que él trabaja como propietario del ins-
trumento (lo que presupone al mismo tiempo la subsunción del instru-
mento en su trabajo individual, es decir, presupone un estadio de
desarrollo particular, limitado de la fuerza productiva del trabajo), en
la que esta forma del trabajador como propietario o del propietario que
trabaja está puesta ya como forma independiente, junto a y al margen
de la propiedad de la tierra —el desarrollo artesanal y ciudadano del
trabajo—, no como en el primer caso como accidente de la propiedad

de la tierra y subsumida en la misma —y, por lo tanto, la materia prima
y los medios de subsistencia sólo son mediados en cuanto propiedad
del artesano, es decir, sólo están mediados por su oficio, por su propie-
dad del instrumento— está ya presupuesto un segundo estadio histórico
junto a y al margen del primero, que tiene que presentarse ya modificado
significativamente, por la independización de esta segunda clase de
propiedad o de propietarios que trabajan. Puesto que el instrumento
está puesto ya como producto del trabajo, es decir, el elemento que
constituye la propiedad es producido mediante el trabajo, la comunidad
no puede presentarse ya en forma natural, como en el primer caso —la
comunidad, sobre la que se basa esta clase de propiedad—, sino como
una comunidad ya producida, nacida, secundaria, producida por el tra-
bajador mismo. Está claro que, allí donde la propiedad del instrumento
es igual a la relación de propiedad con las condiciones objetivas del tra-
bajo, el instrumento en el trabajo real se presenta sólo como instrumen-
to del trabajo individual; el arte de apropiarse realmente el instru-
mento, de manejarlo como instrumento de trabajo, se presenta como
una habilidad particular del trabajador, que lo coloca como propietario
de dicho instrumento. En resumidas cuentas, el carácter esencial del
sistema corporativo, del trabajo artesanal como su sujeto, en cuanto
que constituye al propietario, tiene que ser reducido a la relación con
el instrumento de producción — instrumento de trabajo como propie-
dad— a diferencia de la relación con la tierra (con la materia prima
en cuanto tal) como con algo propio. Que la relación con este momento
de las condiciones de producción constituye al sujeto trabajador en
propietario, lo convierte en propietario trabajador, esta situación histó-
rica N.* II, que según su naturaleza sólo puede existir como antítesis, o
si se quiere, como complemento de la primera modificada, esta situación
es igualmente negada en la primera fórmula del capital. La tercera forma
posible, de relacionarse como propietario sólo con los medios de sub-
sistencia, de encontrar a éstos como condición natural del sujeto que
trabaja, sin relacionarse como con algo propio ni con el suelo, ni con el
instrumento, ni siquiera con el trabajo mismo, es au fond la forma de
esclavitud o servidumbre, que es igualmentte negada, que es puesta
como situación histórica -ya disuelta en la relación del trabajador con
las condiciones de producción en cuanto capital. Las formas originarias
de propiedad se resuelven necesariamente en la relación con los distin-
tos momentos objetivos, que condicionan la producción, como con algo
propio; ellos constituyen la base económica de las distintas formas de
comunidad, así como también tienen a su vez como presupuesto formas
determinadas de comunidad. Estas formas modificadas esencialmente

por la inclusión del trabajo mismo entre las condiciones objetivas de
producción (servidumbre y esclavitud), a través de lo cual es modificado
y se pierde el carácter afirmativo de todas las formas de propiedad com-
prendidas en el N.* I. Todas ellas contienen en sí la posibilidad de la
esclavitud y, por lo tanto, la posibilidad de su propia destrucción. Por
lo que a la situación N.” II se refiere, en la que la clase particular de
trabajo —la maestría en el mismo, y la propiedad del instrumento de tra-
bajo a ella correspondiente = a la propiedad de las condiciones de
producción— está claro que excluye la esclavitud y la servidumbre;
pero en la forma del sistema de castas puede tener un desarrollo nega-
tivo análogo.]] [[La tercera forma de propiedad de los medios de
subsistencia —si no se resuelve en esclavitud y servidumbre— no puede
contener la relación del individuo que trabaja con las condiciones de
producción y de existencia; ésta sólo puede ser la relación, característica
de la plebe romana en la época de panes et circenses, del miembro de
la comunidad originaria basada sobre la propiedad de la tierra, que ha
perdido la propiedad de ésta y no ha pasado todavía a adquirir la clase
de propiedad característica de la situación N.” 11.]] [[La relación del
servidor con su propietario de la tierra, o la relación de prestación perso-
nal de servicios es esencialmente diferente. Pues ésta constituye au fond
sólo el modo de existencia del mismo propietario de la tierra, que no
trabaja ya, sino cuya propiedad incluye, entre las condiciones de pro-
ducción, a los trabajadores mismos como siervos, etc. Aquí la relación
de señorío es una relación esencial de apropiación. Con el animal, con
la tierra, etc., no puede tener lugar au fond ninguna relación de señorío
a través de la apropiación, aunque el animal sirva. La apropiación de la
voluntad ajena es presupuesto de la relación de señorío. El ente que
no tiene voluntad, por lo tanto, como el animal, puede servir, pero no
convierte a su propietario en señor. Pero ya vemos aquí cómo la rela-
ción de señorío y de servidumbre entra en esta fórmula de apropiación
de los instrumentos de producción; y ella constituye un fermento
necesario del desarrollo y de la destrucción de todas las relaciones de
propiedad y de producción originarias, así como también expresan su
limitación. Ciertamente son reproducidas en el capital —en forma me-
diada— y constituyen igualmente fermento de su disolución y son sím-
bolos de su limitación.]]

[[«La facultad de venderse a sí y a los suyos en caso de necesidad,
era un doloroso derecho general; tenía vigencia tanto en el norte, como
entre los griegos y en Asia; la facultad del acreedor de convertir en su
siervo al deudor, que dejaba de pagar, hacerse pagar mediante su tra-
bajo o mediante la venta de su persona hasta donde alcanzara, estaba

casi tan difundida.» (Niebubr 1. pág. 600.)*]] [[Niebubr dice en un
pasaje que la dificultad y la falsa comprensión de la relación entre pa-
tricios y plebeyos y la confusión de esta relación con la de patronos y
clientes para los escritores griegos que escribían en la época de Augusto,
procedían de que” «ellos escribían en una época, en la que las únicas
clases verdaderas de ciudadanos eran las de ricos y pobres; en la que el
necesitado, por muy noble que fuera su origen, necesitaba un patrón, y
el millonario, aunque fuera un liberto, era buscado como patrón. Ellos
no tenían ni idea de relaciones de vinculación hereditarias» (1. 620).*]]
[[En ambas clases —metecos y libertos y sus descendientes— se en-
cuentran los artesanos, y el plebeyo, que abandonaba la agricultura pasa-
ba a obtener el derecho de ciudadanía, al que éstos estaban limitados. Ni
siquiera estaban privados del honor de ser miembros de corporaciones
legales; y sus corporaciones eran tan estimadas, que se dice que Numa
fue su fundador: eran 9 las corporaciones: tocadores de pífano, orfebres,
carpinteros, tintoreros, talabarteros, curtidores, caldereros, alfareros y
la novena corporación era la de los restantes oficios en conjunto... Al-
gunos de ellos eran burgueses independientes; isopolitas, que no de-
pendían de ningún patrón, si es que existía un tal derecho; y descen-
dientes de siervos, cuyo vínculo era disuelto por la desaparición de la
estirpe de su patrón; sin duda éstos han sido ajenos a la querella entre
los viejos ciudadanos y la ciudad, así como las corporaciones florenti-
nas lo fueron a la lucha de familias entre gijelfos y gibelinos: los siervos
estaban quizás de una manera global a la disposición de los patricios»
(1. 623)]]

Por una parte se presuponen procesos históricos, que han puesto
a la masa de individuos de una nación, etc., en la posición, si no de tra-
bajadores realmente libres, sí en la de trabajadores que lo son en poten-
cia, y cuya única propiedad es su capacidad de trabajo y la posibilidad
de cambiarla por valores ya existentes; individuos a los que todas las
condiciones objetivas de la producción se les enfrentan como propiedad
ajena, como mo-propiedad, pero al mismo tiempo se les enfrenta como
valores intercambiables, y, por lo tanto, susceptibles de ser apropiados
en un cierto grado mediante el trabajo vivo. Estos procesos históricos
de disolución implican simultáneamente la disolución de las relacio-
ncs de servidumbre, que vinculan al trabajador a la tierra y al señor
de la tierra, pero que presuponen fácticamente la propiedad de los me-

18 Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 600.
16 Cfr. NieHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, págs. 606-620.
1 Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 620.
30 Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 623.

dios de subsistencia por parte del siervo: éste es en realidad su proceso
de separación de la tierra; disolución de las relaciones de propiedad de
la tierra, que lo convierten en un yeoman, en un propietario de tierra
pequeño, libre y trabajador, o en arrendatario (colonus), en campesino
libre; **” la disolución de las relaciones corporativas, que presuponen
su propiedad del instrumento de trabajo y el trabajo mismo como habi-
lidad artesana determinada, como propiedad (no sólo como fuente de
la misma); también presupone la disolución de las relaciones de clien-
tela en sus diferentes formas, en las que el no-propietario se presenta
como consumidor del producto excedente en el séquito de su señor
y como equivalente porta la librea de su señor, participa en sus luchas,
realiza prestaciones de servicios personales, imaginarios o reales, etc.
En todos estos procesos de disolución un examen más preciso pone de
manifiesto que son disueltas relaciones de producción, en las que eran
dominantes el valor de uso y la producción para el uso*”* inmediato;
el valor de cambio y la producción del mismo tiene como presupuesto el
predominio de la otra forma; de ahí también que en todas estas rela-
ciones los pagos en especie y los servicios en especie predominaran
sobre los pagos en dinero y las prestaciones en dinero. Pero todo esto
es secundario. En una observación más detenida se ve que todas las
relaciones disueltas sólo eran posibles con un grado determinado del
desarrollo de las fuerzas productivas materiales (y, por lo tanto, tam-
bién de las espirituales).

Lo que nos interesa ante todo aquí es lo siguiente: el proceso de
disolución, que transforma a una masa de individuos de una nación, etc.,
en trabajadores asalariados libres en potencia —individuos obligados
sólo por su falta de propiedad a trabajar y a vender su trabajo— pre-
supone por el otro lado, 1o el que hayan desaparecido las fuentes de
ingreso tradicionales y en parte las condiciones de propiedad de estos
individuos sino solamente que su utilización ha pasado a ser diferente,
que su modo de existencia se ha transformado, que han pasado en
cuanto fondos libres a otras manos, o bien han permanecido en parte
en las mismas. Pero ya está claro lo siguiente: que el mismo proceso,
que ha separado a una multitud de individuos —de una manera o de
otra— de sus relaciones tradicionales, afirmativas, con las condiciones
objetivas del trabajo, que ha negado estas relaciones, y ha convertido

*27 La disolución de las formas de propiedad común aún más antiguas

y de la comunidad real es algo que se comprende por sí mismo. <Entre corchetes
en el ms.»
*28 «uso»; en el ms. Gebrauchswert (valor de uso).

con ello a estos individuos en trabajadores libres, el mismo proceso
ha liberado estas condiciones objetivas del trabajo —tierra, materia
prima, medios de subsistencia, instrumento de trabajo, dinero o todos
juntos—, potencialmente, de su vinculación tradicional a los individuos
de los que ahora están separados. Ellas existen, pero existen de otra
forma; existen como fondos libres, en los que han sido canceladas todas
las antiguas relaciones políticas, etc., y que sólo se enfrentan a aquellos
individuos separados de toda propiedad en la forma de valores, de
valores existentes por sí mismos. El mismo proceso, que enfrenta a
la masa en cuanto trabajador libre con las condiciones objetivas del
trabajo, enfrenta también a estas condiciones en cuanto capital con los
trabajadores libres. El proceso histórico consiste en la separación de
elementos que hasta el momento estaban unidos —su resultado, por
lo tanto, no es la desaparición de uno de los elementos, sino el que
cada uno de ellos aparece en relación negativa con el otro—, el trabaja-
dor libre (en potencia) por un lado, el capital (en potencia) por otro. La
separación de las condiciones objetivas por parte de las clases, que son
transformadas en trabajadores libres, tiene que presentarse también
como una independización de estas mismas condiciones en el polo
opuesto.

Si se considera*”” la relación de capital y trabajo asalariado no como
relación que ya de por sí determina y domina la producción en su to-
talidad, sino como una relación con un origen histórico —es decir, si
se considera la transformación originaria del dinero en capital, el proceso
de cambio entre el capital que sólo existe en potencia por un lado, y los
trabajadores libres, que sólo existen en potencia por otro—, entonces
sc impone naturalmente la simple observación, de la que los economistas
hacen mucho caso, según la cual el lado que aparece como capital tiene
que estar en posesión de las materias primas, de los instrumentos de
trabajo y medios de subsistencia, para que el trabajador pueda vivir
durante la producción, antes de que la producción esté acabada. Esto
supone, por lo tanto, que tiene que haber tenido lugar una acumulación
por parte del capitalista —una acumulación previa al trabajo y no una
ucumulación que procede de él—, que hace posible que el capitalista
pueda poner a trabajar al trabajador y lo mantenga activo, es decir, lo

*212 Pues en este caso el capital presupuesto como condición del trabajo
analariado es el producto del propio trabajo asalariado, y como condición de
éntc, se presupone a sí mismo, es creado por el trabajo como presupuesto del
trabajo mismo. <Entre corchetes en el ms.>

mantenga en cuanto capacidad de trabajo viva.*” Esta actividad del
capital, independiente del trabajo, no puesta por éste, es posteriormente
trasladada de esta historia de su génesis al presente, es transformada
en un momento de su realidad y de su eficiencia, de su autoformación.
De aquí finalmente es deducido el derecho eterno del capital a los fru-
tos del trabajo ajeno o es desarrollado su modo de conseguir ganancia
de las leyes simples y «justas» del cambio de equivalentes.

La riqueza existente en la forma de dinero sólo puede ser cambiada
por las condiciones objetivas del trabajo, porque y si éstas están sepa-
radas del trabajo mismo. Ya hemos visto que el dinero puede ser acu-
mulado en parte mediante el simple cambio de equivalentes; sin
embargo, ésta constituye una fuente tan poco importante que histórica-
mente no es digna de mención —si se presupone que el dinero es ganado
mediante el cambio del propio trabajo. Es más bien a través de la
usura —ejercitada especialmente contra la propiedad de la tierra— y
de las ganancias del comercio, como la riqueza móvil acumulada, la ri-
queza en dinero, se transforma en capital en sentido auténtico, en capi-
tal industrial. De ambas formas tendremos ocasión de hablar más ade-
lante, en la medida en que no se presentan como formas del capital, sino
como formas anteriores de riqueza, como presupuestos del capital.

Como ya hemos visto, está implícito en el concepto de capital, en
su origen, el tener su punto de partida en el dinero y, por lo tanto, en la
riqueza que existe en la forma de dinero. También está implícito en
él el proceder de la circulación y el presentarse como producto de la
circulación. La formación del capital no procede, por lo tanto, de la pro-
piedad de la tierra (a lo sumo del arrendatario, en la medida en que

*20 Tan pronto como el capital y el trabajo asalariado están puestos como
su propio presupuesto, como base presupuesta de la misma producción, la cuestión
se presenta ante todo así: el capitalista además de los fondos en materia prima
y de medios de trabajo, necesarios para que el trabajador se reproduzca a sí
mismo, para que reproduzca los medios de subsistencia necesarios, es decir, para
que realice el trabajo necesario, posee un fondo de materia prima y de instru-
mento de trabajo, en el que el trabajador realiza un plustrabajo, es decir, el bene-
ficio del capitalista. En un análisis posterior la cuestión adquiere la siguiente forma:
el trabajador produce constantemente un doble fondo para el capitalista, o lo
que es igual, el trabajador crea un doble fondo en la forma de capital, una parte
que corresponde a las condiciones de su propia existencia, y la otra que corres-
ponde a las condiciones de existencia del capital. Como ya hemos visto, en el
pluscapital —y pluscapital en relación con su relación antediluviana con el tra-
bajo— todo capital real, actual, todo elemento del mismo se presenta uniforme-
mente como trabajo ajeno objetivado y apropiado por el capital sin cambio, sin
dar a cambio de él ningún equivalente. <Entre corchetes en el ms.»

comercia con los productos de la agricultura); tampoco procede de la
corporación (aunque en este último caso existe una posibilidad); sino
que procede del patrimonio mercantil y usurario. Pero éste sólo encuen-
tra las condiciones necesarias para poder comprar trabajo libre cuando
éste ha sido separado mediante un proceso histórico de sus condiciones
objetivas de existencia. Sólo entonces existe también la posibilidad de
comprar estas condiciones mismas. En las condiciones de la corpora-
ción, por ejemplo, el dinero, que no es de la corporación, sino del
maestro artesano, no puede comprar los telares para hacer trabajar en
ellos a otra gente; está prescrito en cuántos telares puede trabajar una
persona, etc. En resumidas cuentas, el instrumento mismo está tan li-
gado al trabajo vivo, que se presenta como su dominio y no circula
realmente. Lo que hace posible que el patrimonio en dinero se convierta
en capital es el hecho de que encuentra primero al trabajador libre;
segundo, el hecho de que encuentra también libres y en venta los medios
de subsistencia y los materiales, etc., que eran de una manera o de otra
la propiedad de las masas que han pasado a estar separadas de las
condiciones objetivas de su trabajo. La otra condición del trabajo —cier-
ta habilidad en el oficio, el instrumento como medio de trabajo, etc.—,
en este período previo o en este primer período del capital es encon-
trada por él, en parte como resultado del sistema corporativo ciudadano
y en parte como resultado de la industria doméstica o de la industria
vinculada como accesorio a la agricultura. El proceso histórico no es el
resultado del capital, sino el presupuesto del mismo. A través de este
proceso el capitalista se introduce como persona interpuesta (histórica-
mente) entre la propiedad de la tierra, o entre la propiedad en general
y el trabajo. De las fantasías idílicas, según las cuales el capitalista y el
trabajador forman una asociación, etc., ni sabe nada la historia, ni se
encuentra ningún rastro de ellas en el desarrollo conceptual del capital.
Esporádicamente puede desarrollarse localmente la manufactura en un
marco que pertenece todavía a otro período completamente diferente,
como, por ejemplo, en las ciudades italianas junto a las corporaciones.
Pero como forma general dominante: de una época las condiciones para
el capital tienen que ser desarrolladas no sólo localmente, sino a un nivel
superior. (No se opone a esto, el que al producirse la disolución de
las corporaciones, algunos maestros se transformen en capitalistas in-
dustriales; sin embargo, es raro el caso y se trata más bien de la excep-
ción que confirma la regla. El sistema corporativo desaparece en su
totalidad —maestro y compañero de trabajo— allí donde aparece el
capitalista y el trabajador.)

Se comprende por sí mismo —y se ve cuando se examina más de

cerca la época histórica de la que aquí hablamos—, que ciertamente
la época de disolución de los modos de producción anteriores y de los
modos de relación del trabajador con las condiciones objetivas del tra-
bajo, es al mismo tiempo una época, en la que, por una parte, la riqueza
en dinero ya ha alcanzado una cierta amplitud, y en la que, por atra,
esta riqueza aumenta y se extiende rápidamente por las mismas circuns-
tancias que activan dicha disolución. El dinero mismo es uno de los
agentes de esta disolución, de la misma forma que esta disolución es
la condición de su transformación en capital. Pero la mera existencia del
patrimonio monetario y la obtención por éste de una clase de suprema-
cía no es suficiente en modo alguno para que esa disolución resulte en
capital. De lo contrario la vieja Roma, Bizancio, etc., habrían acabado
su historia con trabajo libre y capital o habrían más bien empezado
otra. También allí la disolución de las antiguas relaciones de propie-
dad estaba ligada al desarrollo del patrimonio monetario, del comer-
cio, etc. Pero esta disolución en lugar de conducir a la industria, condujo
en realidad al predominio del campo sobre la ciudad. La formación ori-
ginaria del capital no se produce, como se piensa, por el hecho de que
el capital acumule medios de subsistencia, instrumentos de trabajo y
materias primas, es decir, las condiciones objetivas del trabajo separa-
das de la tierra y ya mezcladas con el trabajo humano.*”? Ni tampoco,
por el hecho de que el capital cree las condiciones objetivas del trabajo.
Sino que su formación originaria tiene lugar simplemente por el hecho
de que el valor existente como patrimonio monetario es capaz, a tra-
vés del proceso histórico de disolución de los viejos modos de produc-
ción, de comprar por un lado las condiciones objetivas del trabajo y
de obtener mediante el cambio por dinero el trabajo vivo de los traba-
jadores devenidos libres. Todos estos momentos están presentes; su
separación misma es un proceso histórico, un proceso de disolución, y

*21 Está claro a primera vista, qué círculo vicioso existiría, si, por una
parte, los trabajadores que el capital tiene que poner a trabajar para ponerse a sí
mismo como capital, tuvieran primero que ser creados, es decir, tuvieran que ser
llamados a la vida mediante la acumulación de capital, y tuvieran que esperar
a que el capital se convirtiera en tal, mientras que, por otra parte, el mismo capital
sería incapaz de acumular sin trabajo ajeno; podría acumular a lo sumo su propio
trabajo, es decir, podría existir él mismo en la forma de no-capital y no-dinero,
ya que el trabajo, antes de la existencia del capital, sólo puede autovalorizarse en
formas, como la del trabajo artesano, de la pequeña agricultura, etc., es decir, formas
que no pueden acumular o pueden acumular en muy pequeña cantidad; en formas
que permiten sólo un pequeño producto excedente y que en la mayor parte lo
consumen. En general, tendremos que investigar más de cerca esta idea de la
acumulación. (Entre corchetes en el ms.>

es éste el que hace posible que el dinero se transforme en capital. El
dinero mismo, en la medida en que colabora activamente en esta histo-
ria, lo hace solamente en cuanto que incide en este proceso como un me-
dio de separación muy enérgico, y en cuanto que contribuye a la
producción del trabajador libre, expoliado, falto de toda objetividad;
pero, ciertamente, no porque él cree las condiciones objetivas de su
existencia; sino porque él ayuda a acelerar la separación del trabajador
de las condiciones de trabajo —porque ayuda a acelerar su falta de
propiedad. Cuando, por ejemplo, los grandes propietarios de tierra
ingleses despedían a sus servidores, que consumían con ellos el pro-
ducto excedente de la tierra; cuando sus arrendatarios además expulsa-
ban a los pequeños labradores, etc., de esta forma era arrojada al
mercado de trabajo una masa, que era libre en un doble sentido, libre
primero de las relaciones de clientela y servidumbre y de las relaciones
de servicios, y libre en segundo lugar de todo lo suyo, y de toda for-
ma de existencia objetiva, material, libre de toda propiedad; destinada
a vender su capacidad de trabajo o a pedir limosnas, vagabundear, robar
como únicas fuentes de ingresos. Que ellos intentaron primeramente
esta última vía pero que mediante la horca, la picota y el látigo fueron
impulsados por la vía estrecha que conduce al mercado de trabajo —de
ahí que los gobiernos de Enrique VII, VIII, etc., se presenten como
condiciones del proceso histórico de disolución y como productores
de las condiciones para la existencia del capital— está históricamente
constatado. Por otro lado, los medios de subsistencia, etc., que pre-
viamente eran consumidos por el propietario de la tierra con sus servi-
dores, están ahora a disposición del dinero, que quiere comprarlos, para
comprar con ellos trabajo. El dinero ni había producido estos medios
de subsistencia, ni los había acumulado, ellos estaban allí, y fueron con-
sumidos y reproducidos, antes de ser consumidos y reproducidos por
mediación suya (del dinero). Lo que había cambiado no era sino el que
estos medios de subsistencia eran arrojados ahora al mercado de cambio
—<ran separados de su conexión inmediata con las bocas de los servi-
dores, etc., y eran transformados de valores de uso en valores de cam-
bio, entrando de esta forma en el dominio y señorío del patrimonio
dinerario. Lo mismo ocurrió con los instrumentos de trabajo. El patrimo-
nio dinerario ni inventó, ni fabricó el torno de hilar, ni el telar. Pero
una vez separados de su tierra el hilandero y el tejedor cayeron junta-
mente con sus tornos y telares en el dominio del patrimonio dinera-

360 Cfr. F. M. Epen, The State of the Poor, etc. London 1797. Vol. 1, pá-
ginas 75-76, 79, 82-83, 87, 94-121; JoHn Wabe, History, etc., págs. 22-54.

rio, etc. Propio del capital no es más que la reunión de la masa de
manos e instrumentos, que él encuentra. Él los aglomera bajo su do-
minio. Ésta es su acumulación real; la acumulación de trabajadores en
determinados puntos junto a sus instrumentos. De esto habrá que tratar
más despacio en la llamada acumulación de capital. El patrimonio di-
nerario —en la forma de patrimonio mercantil — había ciertamente
acelerado y ayudado a disolver las viejas relaciones de producción y
había hecho posible para el propietario de la tierra, por ejemplo, como
desarrolla acertadamente A. Smith,*! cambiar su cereal, animales, etc.,
por valores de uso traídos del extranjero, en lugar de derrochar con sus
servidores lo producido por él mismo y de encontrar su riqueza en gran
parte en la masa de sus servidores que consumen con él. El patrimonio
dinerario le había dado un significado superior al valor de cambio de
su renta. Lo mismo ocurría en relación con sus arrendatarios, que ya
eran mitad capitalistas, si bien de forma poco clara. El desarrollo del
valor de cambio —+favorecido por el dinero existente en la forma
de clase mercantil — disuelve la producción dirigida al valor de uso
inmediato y las formas de propiedad a ella correspondientes —relacio-
nes del trabajo con sus condiciones objetivas— e impulsa de esta forma
hacia la producción del mercado de trabajo (que tiene que ser distingui-
do del mercado de esclavos). Sin embargo, esta influencia del dinero
sólo es posible bajo el presupuesto de la actividad industrial ciudadana,
que no descansa sobre el capital y el trabajo asalariado, sino en la orga-
nización del trabajo en las corporaciones, etc. El trabajo ciudadano
mismo había creado instrumentos de producción, para los que las cor-
poraciones habían devenido tan molestas, como lo habían devenido
también las antiguas relaciones de propiedad de la tierra para una agri-
cultura mejorada, que en parte era consecuencia de la mayor exportación
de los productos de la agricultura a las ciudades, etc. Las otras circuns-
tancias, que, por ejemplo, aumentaron en el siglo xvi la masa de las
mercancías en circulación, así como la del dinero, crearon nuevas nece-
sidades y, en consecuencia, aumentaron el valor de cambio de los pro-
ductos indígenas, etc., aumentaron los precios, etc.; todo esto promovió
por un lado la disolución de las antiguas relaciones de producción, ace-
leró la separación del trabajador, o del no-trabajador, pero capaz de
trabajar, de las condiciones objetivas de su reproducción, y promovió
de esta forma la transformación del dinero en capital. No puede haber,
por lo tanto, nada más absurdo, que concebir esta formación originaria
del capital, como si éste hubiera acumulado y creado las condiciones ob-

38 Cfr, A. Smith, An Inquiry, etc, Vol, TI, Book III, Ch. IV.

jetivas de la producción —medios de subsistencia, materias primas, ins-
trumentos— y las hubiese ofrecido al trabajador despojado de ellas. Más
bien el patrimonio dinerario ayudó a despojar a las fuerzas de trabajo
de los individuos capaces de trabajar de estas condiciones; en parte
este proceso se produjo sin él. Cuando la formación del capital había
alcanzado un cierto nivel, el patrimonio dinerario pudo colocarse como
intermediario entre las condiciones objetivas de la vida del trabajador
liberadas y las fuerzas de trabajo vivas liberadas, pero también absolu-
tamente libres (de toda propiedad), y pudo comprar las unas con las
otras. Pero por lo que a la formación del patrimonio dinerario mismo
se refiere, antes de su transformación en capital, esto pertenece a la
prehistoria de la economía burguesa. La usura, el comercio, la orga-
nización ciudadana, y el Fisco que aparece con ellas, juegan en ello el
papel principal. También el atesoramiento de los arrendatarios, campe-
sinos, etc.; aunque en menor grado. Aquí se muestra al mismo tiempo,
cómo el desarrollo del cambio y del valor de cambio, que en todas
partes es mediado por el comercio, o cuya mediación puede ser llamada
comercio —el dinero recibe una existencia independiente en la clase
mercantil, de la misma forma como la circulación la recibe en el co-
mercio— lleva consigo tanto la disolución de las relaciones de propie-
dad del trabajo respecto de sus condiciones de existencia por un
lado, como la disolución del trabajo mismo en cuanto una de las con-
diciones objetivas de la producción por otro; estas relaciones expresan
tanto un predominio del valor de uso y de la producción dirigida al
consumo inmediato, como la existencia de una comunidad real en cuanto
presupuesto de la producción. La producción basada sobre el valor de
cambio y la comunidad basada sobre el cambio de estos valores de cam-
bio —si bien éstos, como ya hemos visto en el capítulo anterior sobre
el dinero, pretenden poner la propiedad como mera emanación del tra-
bajo, poner como condición la propiedad privada del producto del pro-
pio trabajo— y el trabajo como condición general de la riqueza, todo
esto presupone y produce la separación del trabajo de sus condiciones
objetivas. Este cambio de equivalentes tiene lugar, pero sólo es la capa
superficial de una producción, que descansa sobre la apropiación del
trabajo ajeno sin cambio, pero bajo la apariencia del cambio. Este sis-
tema de cambio descansa sobre el capital como sobre su fundamento,
y, si es considerado separado de él, tal como se muestra en la superficie,
como sistema independiente, entonces esto es una mera apariencia, si
bien una apariencia necesaria. No hay, por lo tanto, que maravillarse
de que el sistema de valores de cambio —cambio de equivalentes medido
por el trabajo— cambie o muestre más bien como su fondo oculto la

apropiación del trabajo ajeno sin cambio, una total separación del tra-
bajo y la propiedad. El predominio del valor de cambio y de la produc-
ción productora de valores de cambio presupone la existencia de la
capacidad de trabajo ajena misma como valor de cambio, es decir, presu-
pone la separación de la capacidad de trabajo viva de sus condiciones
objetivas; presupone la relación con estas últimas —o con su pro-
pia objetividad — como con propiedad ajena, es decir, relación con las
mismas en cuanto capital. Sólo la época de ocaso del feudalismo, pero
cuando todavía hay luchas dentro del sistema —por ejemplo, en Ingla-
terra en el siglo x1v y en la primera mitad del xv— es una edad dorada
para el trabajo que se emancipa. Para que el trabajo se relacione de
nuevo con sus condiciones objetivas como con su propiedad, tiene que
ser puesto otro sistema en lugar del sistema de cambio privado, el cual,
como hemos visto, produce el cambio del trabajo objetivado por la
capacidad de trabajo y, en consecuencia, apropiación del trabajo vivo
sin cambio. La manera en que el dinero se transforma en capital se
muestra históricamente a menudo en la forma siguiente: el comerciante,
por ejemplo, hace trabajar para sí a varios tejedores e hilanderos, que
hasta el momento ejercían la actividad de tejer e hilar como oficio rural
secundario, y convierte para ellos este oficio secundario en el oficio
principal; pero después, cuando ya se los ha asegurado, él los ha puesto
bajo su dominio como trabajadores asalariados. El hacerlos emigrar
de sus lugares de nacimiento y reunirlos en una casa de trabajo, es un
paso posterior. En este proceso simple está claro que él no ha preparado
ni materia prima, ni instrumento, ni medios de subsistencia para el
tejedor y el hilandero. Todo lo que él ha hecho es limitarlos poco a poco
a una clase de trabajo, en la que ellos devienen dependientes de la
venta, del comprador, del comerciante, y finalmente sólo producen para
y mediante él. Él originariamente ha comprado su trabajo sólo mediante
la compra de su producto; pero tan pronto como ellos se tienen que
limitar a la producción del valor de cambio, y, por lo tanto, tienen
que producir inmediatamente valores de cambio, ellos tienen que cam-
biar su trabajo por dinero para poder subsistir, y caen bajo su dominio,
y finalmente desaparece incluso la apariencia de que ellos le venden
los productos. Él compra su trabajo, y les quita primero la propiedad
del producto; después también la del instrumento, o bien se la deja
como propiedad aparente, para disminuir sus propios costes de produc-
ción. Las formas históricas originarias, en las cuales el capital se presenta
primero esporádica o localmente, junto a los antiguos modos de produc-
ción, pero haciéndolos saltar poco a poco, es por una parte la manufac-
tura en sentido propio (todavía no la fábrica); ésta surge allí donde

se produce en masa para la exportación, para el mercado exterior, es
decir, sobre la base del gran comercio marítimo o terrestre, en sus em-
porios, como las ciudades italianas, Constantinopla, las ciudades de
Flandes y Holanda, algunas ciudades españolas, como Barcelona, etc. La
manufactura no alcanza en principio la llamada industria ciudadana,
sino la industria rural secundaria, la actividad de hilar y tejer, que es la
que menos requiere la habilidad que se adquiere en la corporación y
la formación artesanal. Al margen de aquellos grandes emporios, donde
ella encuentra la base de un mercado exterior, donde la producción,
por lo tanto, está dirigida al valor de cambio naturalmente, por decirlo
así —es decir, manufacturas, que están conectadas directamente con el
transporte marítimo, astilleros, etc.—, ella no pone sus primeros luga-
res de residencia en las ciudades, sino en el campo, en las aldeas, donde
no hay corporaciones, etc. La industria campesina secundaria contiene
la amplia base de la manufactura, mientras que la industria ciudadana
requiere un progreso considerable de la producción, para poder ser ex-
plotada en forma de fábrica. Lo mismo ocurre con aquellas ramas de
la producción —como fábricas de vidrios, fábricas de metal, serrerías,
etcétera—, que requieren desde un principio más concentración de fuer-
zas de trabajo; valorizan más fuerzas naturales, exigen una producción
en masa, concentración de medios de trabajo, etc. Lo mismo con las
fábricas de papel, etc. Por otra parte, la aparición del arrendatario de
la tierra y la transformación de la población agrícola en jornaleros li-
bres. Aunque esta transformación en sus últimas consecuencias y en su
forma más pura se impone en el campo sólo al final, sin embargo, co-
mienza muy pronto. Los antiguos, que no superaron nunca la industria
propiamente ciudadana, no pudieron, por lo tanto, llegar a la gran
industria. Su primer presupuesto es la inclusión del campo en toda
su extensión en la producción no de valores de uso, sino de valores de
cambio. Fábricas de vidrio, fábricas de papel, herrerías, etc., no podían
ser explotadas corporativamente. Ellas requerían la producción en masa;
la venta en un mercado general; patrimonio dinerario por parte del
empresario, no en el sentido de que él crea las condiciones ni subjetivas,
ni objetivas; pero estas condiciones no podían ser reunidas bajo las an-
tiguas relaciones de propiedad y producción. La disolución de las relacio-
nes de servidumbre, así como la aparición de la manufactura, transforman
poco a poco todas las ramas del trabajo en ramas explotadas por el ca-
pital. Las ciudades mismas contienen naturalmente en la forma de jor-
naleros, peones, etc., que no pertenecen a la corporación, un elemento
para la formación del auténtico trabajo asalariado.

Si, por una parte, ya hemos visto que la transformación del dinero

en capital presupone un proceso histórico, que ha separado las condi-
ciones objetivas del trabajo y las ha independizado frente al trabajador,
por otra, sin embargo, el efecto del capital y de su proceso una vez apa-
recido es el de subordinar a sí mismo toda producción y el de desarrollar
y realizar por completo la separación del trabajo y la propiedad, del
trabajo y de las condiciones objetivas del trabajo. Se verá en el desarrollo
posterior cómo el capital destruye el trabajo artesano, al pequeño pro-
pietario de la tierra que trabaja, etc.; y a sí mismo, en las formas en
las que no se presenta en oposición al trabajo —en la forma de pequeño
capital y formas intermedias, híbridas, entre los antiguos modos de
producción (o en las formas en que éstos se han renovado sobre la base
del capital) y el modo de producción del capital clásico, adecuado.**

La única acumulación, que está presupuesta en el origen del capital,
es la del patrimonio dinerario, que considerado en y para sí es completa-
mente improductivo, en la medida en que procede sólo de la circulación
y sólo pertenece a ella. Él se construye rápidamente un mercado inter-
no, por el hecho de que aniquila todas las industrias rurales accesorias,
e hila, teje, hace trajes para todos, es decir, pone a todas las mercancías,
que eran producidas como valores de uso inmediato, en la forma de
valores de cambio; éste es un proceso que resulta automáticamente a
través de la separación del trabajador de la tierra y de la propiedad
(aunque sea en la forma de servidumbre) de las condiciones de pro-
ducción.

En la artesanía ciudadana, aunque descansa esencialmente sobre el
cambio y sobre la creación de valores de cambio, el fin inmediato y prin-
cipal de esta producción es la subsistencia en cuanto artesano, en cuan-
to maestro artesano, es decir, el valor de uso; no es el enriquecimiento,
ni el valor de cambio en cuanto valor de cambio. La producción, por lo
tanto, está subordinada a un consumo presupuesto; la oferta está subor-
dinada a la demanda, y se expande sólo lentamente.

La producción de capitalistas y trabajadores asalariados es, por lo
tanto, un producto fundamental del proceso de valorización del capital.
La economía vulgar, que sólo ve las cosas producidas, olvida esto de
forma total. En la medida en que en este proceso el trabajo objetivado
es puesto al mismo tiempo como nro-objetividad del trabajador, como
objetividad de una subjetividad opuesta al trabajador, como propiedad
de una voluntad ajena, el capital es necesariamente al mismo tiempo

382 Evidentemente este proyecto debería de haber sido desarrollado en la
sección sobre la competencia y la concentración de los capitales (véase páginas 204
y 217). En el presente manuscrito no se encuentran tales exposiciones.

capitalista, y la idea de algunos socialistas, de que nosotros necesitamos
capital pero no capitalistas, es completamente falsa. En el concepto
de capital está puesto el que las condiciones objetivas del trabajo —y
éstas son su propio producto— tomen una personalidad frente a ellos,
o lo que es lo mismo, que éstas son puestas como propiedad de una per-
sonalidad ajena al trabajador. En el concepto de capital está contenido
el capitalista. Sin embargo, este error no es tan grande como el de, por
ejemplo, todos los filólogos, que hablan de capital en la antigüedad, de
capitalistas griegos, romanos. Esto no es más que otra expresión para
decir que el trabajo en Roma y Grecia era libre, lo cual estos señores
difícilmente podrán afirmarlo. El que nosotros ahora no sólo llamemos
capitalistas a los propietarios de plantaciones en América, sino que ade-
más éstos lo sean, descansa en que ellos existen como anomalías dentro
de un mercado mundial, que se basa sobre el trabajo libre. Si se tra-
ta de la palabra capital, que no aparece entre los antiguos,*” entonces
las hordas nómadas con sus rebaños en las estepas del norte de Asia
son los mayores capitalistas, ya que capital originariamente quería decir
animal, razón por la cual todavía el contrato de medianería firmado en
el sur de Francia por falta de capital, se llama excepcionalmente: Bail
des bestes á cheptel.% Si se acepta un mal latín, nuestros capitalistas o
Capitales Homines serían entonces aquellos «qui debent censum de
capite» *

En la determinación conceptual del capital se encuentran dificulta-
des que no aparecen en el dinero; el capital es esencialmente capita-
lista; pero al mismo tiempo en cuanto elemento de su existencia diferente
del capitalista, o, en cuanto producción, él es en general capital. Así
ya veremos más adelante que bajo el concepto capital se subsumen mu-
chas cosas, que según su concepto no parecen pertenecer a él. El capital
es prestado, por ejemplo. Es acumulado, etc. En todas estas caracte-
rizaciones el capital parece ser una mera cosa y coincidir por completo
con la materia en la que consiste. Sin embargo, esto y otras cosas más

368 Cfr. Glossarium Mediae et Infimae Latinitatis conditum a Carlo Du-
fresne Domino Du Cange cum supplementis integris Monarchorum  Ordinis.
S. Benedicti D. P. Carpenterii adelungii, aliorum, suisque digessit G. A. L.
Henschel. Parisiis, 1842, Tomus Secundus, pág. 130 vide supra: 2 Capitale,
Debitae pecuniae caput.

3 Cfr. Glossarium Mediae et Infimae Latinitatis, etc. Tomus Secundus,
págs. 141-142.

*22 Aunque a principalis summa rei creditae corresponde entre los griegos
dpysta. <Entre corchetes en el ms.)

se aclaran en el curso de nuestro estudio. (Observación marginal, como
pura broma: el osado Adam Miller, que interpreta muy místicamente
todas las expresiones figuradas, ha oído hablar también en la vida ordi-
naria de capital vivo por oposición a capital muerto y ordena esto teo-
sóficamente.** El rey Ethelstan podría enseñarle sobre ello: Reddam
de meo proprio decimas Deo tam in Vivente Capitale (animal vivo)
quam in mortis fructuis terrae (frutos muertos de la tierra).*") El dinero
conserva siempre la misma forma en el mismo sustrato; y puede ser
concebido tan simplemente como una cosa. Pero una misma cosa, mer-
cancía, dinero, etc., puede representar capital o renta, etc. Así está
claro para los economistas que el dinero no es algo tangible; sino que
las mismas cosas pueden ser subsumidas bien bajo la determinación de
capital, bien bajo otra determinación distinta y aún opuesta y según
ello es o no es capital. El capital es, pues, claramente una relación y
sólo puede ser una relación de producción.

Hemos visto cómo al final del segundo círculo aparece la verdadera
naturaleza del capital. Lo que tenemos que considerar ahora es el círcu-
lo mismo o la circulación del capital. Originariamente la producción
parecía que estaba más allá de la circulación y la circulación más allá
de la producción. El círculo del capital —la circulación puesta como
circulación del capital — abarca ambos momentos. En ella la produc-
ción se presenta como punto final y como punto de partida de la circu-
lación y viceversa. La independencia de la circulación es degradada
ahora a una mera apariencia, así como también la trascendencia de la
producción.

El cambio de trabajo por trabajo descansa sobre la falta de pro-
piedad del trabajador.

A lo que se ha dicho más arriba hay que añadir todavía una observa-
ción: el cambio de equivalentes, que parece presuponer la propiedad del
producto del propio trabajo —y parece, por lo tanto, identificar la

35 Cfr. Glossarium Mediae et Infimae Latinitatis, etc. Tomus Secundus,
pág. 139.

306 Cfr. Adam MULLER, Die Elemente der Staatskunst, etc. Erster Theil.
Berlin 1809, págs. 226-241.

38 Cfr. Glossarium Medide et Infimae Latinitatis, etc. Tomus Secundus,
pág. 140, en la que se dice: Capitele Vivens, in Legibus Aethelstani: Reddam
de meo proprio decimus Deo, tam in Vivente Capitali, quam in mortuis fructibus
terrae.

apropiación mediante el trabajo, el proceso económico real de apropia-
ción, y la propiedad del trabajo objetivado; lo que antes se presentaba
como un proceso real, aquí es reconocido como una relación jurídica,
es decir, como una condición general de la producción y, por lo tanto,
es reconocido legislativamente, es puesto como expresión de la voluntad
general —, se invierte, y se muestra, mediante una dialéctica necesaria,
como separación absoluta del trabajo y la propiedad y como apropiación
del trabajo ajeno sin cambio, sin equivalente. La producción basada
sobre el valor de cambio, en cuya superficie tiene lugar este cambio
libre e igual de equivalentes, es en su base cambio de trabajo objetivado
en cuanto valor de cambio por trabajo vivo en cuanto valor de uso, o
expresado de otra forma, relación del trabajo con sus condiciones obje-
tivas (y, por lo tanto, con la objetividad creada por él mismo) como con
propiedad ajena: enajenación del trabajo. Por otra parte, la condición
del valor de cambio es la de ser medido por el tiempo de trabajo, y, en
consecuencia, el trabajo vivo —no su valor— se presenta como medida
del valor. Es una ilusión pensar que en todos sus estadios la produc-
ción y, por lo tanto, la sociedad descansa sobre el cambio de mero tra-
bajo por trabajo. En las distintas formas, en las que el trabajo se
relaciona con sus condiciones de producción como con su propiedad,
la reproducción del trabajador no es producida en modo alguno por el
mero trabajo, pues su relación de propiedad no es el resultado, sino
el presupuesto de su trabajo. En la propiedad de la tierra esto es claro;
en el sistema corporativo tiene que estar claro también que la clase
particular de propiedad que constituye el trabajo no descansa sobre
el mero trabajo o el cambio de trabajo, sino sobre una conexión objetiva
del trabajador con una comunidad y con condiciones que él encuentra
ya dadas y de las cuales él parte como su propia base. Ellas son también
producto de un trabajo: del trabajo histórico-universal; del trabajo
de la comunidad, de su desarrollo histórico, que no parte del trabajo del
individuo ni del cambio de sus trabajos. Por lo tanto, el mero trabajo
no es presupuesto de la valorización. Una situación, en la cual el mero
trabajo es cambiado por trabajo —bien sea en la forma de inmediata
vitalidad, bien en la forma de producto— presupone la separación del
trabajo de su unión originaria con sus condiciones objetivas, razón por la
cual el trabajo se presenta, por un lado, como mero trabajo, y, por
otro, su producto en cuanto trabajo objetivado obtiene en cuanto valor
una existencia independiente frente a él. El cambio de trabajo por tra-
bajo —aparentemente la condición de la propiedad del trabajador—
descansa sobre la base de la falta de propiedad del trabajador.

(Más adelante se verá que la forma extrema de la enajenación, en la

que [en la relación del capital con el trabajo asalariado] el trabajo, la ac-
tividad productiva, se presenta en relación con sus propias condiciones
y con su propio producto, es un necesario punto de tránsito y que, por
lo tanto, contiene ya en sí, sólo que en forma invertida, puesta sobre
la cabeza, la disolución de todos los presupuestos limitados de la pro-
ducción, y crea y produce más bien los presupuestos incondicionados de
la producción, y, en consecuencia, crea y produce las condiciones ma-
teriales globales para el desarrollo total, universal, de las fuerzas pro-
ductivas del individuo.)

### Circulación del capital y circulación del dinero. Presuposición del
valor dentro de cada capital individual (instrumento, etc.). — El
proceso de producción y el proceso de circulación son momentos
de la circulación. — La productividad en los distintos capitales
(ramas de la industria) condiciona la de cada capital individual. —
Tiempo de circulación. La velocidad de circulación compensa la
masa del capital. Dependencia de los capitales entre sí en la velo-
cidad de su circulación, La circulación como momento de la
producción. El proceso de producción y su duración. Transforma-
ción del producto en dinero. Duración de esta operación. Recon-
versión del dinero en las condiciones de producción. Cambio de
parte del capital con trabajo vivo. — Costes de transporte.

La circulación del dinero partía de infinitos puntos y retornaba a infi-
nitos puntos. El punto de retorno no era puesto en modo alguno como
punto de partida. En la circulación del capital el punto de partida está
puesto como punto de retorno y el punto de retorno como punto de
partida. El capitalista mismo es el punto de partida y de retorno. Él
cambia dinero por las condiciones de producción, produce, valoriza
el producto, es decir, lo transforma en dinero y comienza de nuevo el
proceso. La circulación del dinero, considerada para sí misma, se extin-
gue necesariamente en dinero como en una cosa inmóvil. La circulación
del capital se enciende a sí misma continuamente de nuevo, se escinde
en sus diferentes momentos y es un perpetuum mobile. La determina-
ción del precio por parte de la circulación monetaria era puramente for-
mal, en la medida en que el valor es presupuesto independientemente
de la circulación del dinero. La circulación del capital es creadora del
precio, no sólo formalmente, sino de manera real, en la medida en que
crea el valor. Allí donde el valor mismo se presenta como presupuesto
dentro de la circulación, sólo puede tratarse de un valor creado por otro
capital. La circulación del dinero encuentra ya medida la extensión de
su órbita, y las circunstancias que la aceleran o la retrasan son impulsos

externos. El capital en su circulación se amplía a sí mismo y amplía su
órbita, y la velocidad o lentitud de la circulación constituye un momen-
to de la misma. Él se modifica cualitativamente en la circulación, y la
" totalidad de los momentos de su circulación son momentos de su pro-
ducción —tanto de su reproducción como de su nueva producción.

[ [Hemos visto cómo al final del segundo ciclo, es decir, de la plus-
valía que es valorizada como pluscapital, desaparece la ilusión de que
el capitalista cambia algo con el trabajador que no sea una parte del tra-
bajo objetivado de éste. Dentro del modo de producción basado sobre el
capital, la parte de capital que representa materia prima e instrumento,
se presenta para el capital individual como valor que le está presu-
puesto, así como también le está presupuesto el trabajo que él compra.
Estas dos partidas se resuelven en productos de capital ajeno, es decir,
otra vez de capital, sólo que de capital de otro. Lo que para un capi-
talista es materia prima, es producto de otro. Lo que para el uno es
producto, es para el otro materia prima. El ¿instrumento de uno es el
producto de otro, y puede servir incluso como materia prima para
la producción de otro instrumento. Lo que de esta forma se presenta
en un capital como presupuesto, lo que nosotros llamamos el valor
constante, no es más que el presupuesto del capital mediante el capital,
es decir, el que los capitales en las distintas ramas de la industria se
ponen recíprocamente como presupuesto y condición. Cada capital, con-
siderado para sí mismo, se resuelve en trabajo muerto,*” independizado
en cuanto valor frente al trabajo vivo. En última instancia ninguno con-
tiene nada al margen de trabajo, excepto la materia natural privada
de todo valor. La intervención de muchos capitales no debe turbar la
observación. La relación de estos muchos capitales se aclarará más bien,
una vez que se observe lo que ellos tienen en común: el ser capital.]]

La circulación del capital es al mismo tiempo su devenir, su creci-
miento, su proceso vital. Si hubiera que comparar algo a la circulación
de la sangre, no sería la circulación formal del dinero, sino la circula-
ción llena de contenido del capital.

Si la circulación presupone en todos los puntos la producción —y
si la circulación es circulación de productos, bien sea de dinero, o bien
de mercancía, y si éstos derivan siempre del proceso de producción, que
es el proceso mismo del capital —, entonces la circulación del dinero se
presenta como determinada por la circulación del capital, mientras que
antes parecía yacer junto al proceso de producción. Sobre este punto
volveremos.

*23 «muerto»; en el ms. lebendige (vivo).

Si consideramos ahora la circulación del capital como un todo, en-
tonces se presentan dos momentos como las dos grandes diferenciaciones
dentro de la misma, el proceso de producción y la misma circulación,
ambos como momentos de su circulación. El mayor o menor espacio de
tiempo en que el capital se mantiene dentro de la esfera del proceso
de producción depende de sus condiciones tecnológicas y la perma-
nencia dentro de esa fase coincide inmediatamente —aunque la duración
tiene que ser distinta según la clase de producción, su objeto, etc.—,
con el desarrollo de las fuerzas productivas. La duración no es aquí más
que el tiempo de trabajo necesario para la fabricación del producto
( ¡falso! ).* Cuanto más pequeño sea este tiempo de trabajo, tanto
mayor, como hemos visto, es la plusvalía relativa. Lo mismo da decir
que se requiere menos tiempo de trabajo para una cantidad dada de
productos, que decir que en un tiempo de trabajo dado puedan ser en-
tregados más productos ya acabados. Para una determinada cantidad de
capital, la reducción del tiempo, durante el que permanece en el pro-
ceso de producción, durante el que se sustrae a la circulación real, du-
rante el que está embarked, coincide con la reducción del tiempo de tra-
bajo necesario para la fabricación de un producto, con el desarrollo de
las fuerzas productivas, tanto con la aplicación de las fuerzas naturales,
maquinaria, como con la de las fuerzas naturales del trabajo social:
aglomeración de los trabajadores, combinación y división del trabajo.
Desde esta perspectiva parece que no se añade ningún momento nuevo.
Sin embargo, si se observa, que en la relación con el capital aislado, la
parte del mismo que constituye materia prima e instrumento (instru-
mento de trabajo) es el producto de un capital ajeno, entonces se ve
que la velocidad, con la que el proceso de producción puede renovarse
está determinada al mismo tiempo por el desarrollo de las fuerzas pro-
ductivas en todas las ramas de la industria. Esto deviene completa-
mente claro, si se piensa que el mismo capital produce su materia
prima, su instrumento y sus productos finales. Si se presupone la exis-
tencia de diferentes capitales, la permanencia mayor o menor en la fase
del proceso de producción deviene un momento de la circulación. Sin
embargo, nosotros no tenemos que ver todavía con los muchos capita-
les. Este momento, por lo tanto, no pertenece todavía aquí.

El segundo momento es el espacio de tiempo que transcurre desde
la transformación del capital en producto hasta su reconversión en di-
nero. De la velocidad a la que es recorrido este espacio de tiempo, o

*2% (¡falso! ); es una anotación posterior.

de su duración, depende, claramente, la frecuencia con la que el capital
en un período de tiempo dado puede empezar de nuevo el proceso de
producción, el proceso de autovalorización. Si el capital —pongamos
de 100 táleros originariamente— realiza cuatro rotaciones en un año; si
el beneficio es cada vez 5 % de sí mismo, y si el nuevo valor no es
capitalizado, el resultado es el mismo que si un capital da una magnitud
4 veces mayor —pongamos 400— con el mismo porcentaje, realizara
una rotación en un año; en ambos casos el beneficio sería 20 táleros.*
La velocidad de circulación —si las demás condiciones de producción
permanecen igual — compensa, por lo tanto, la masa del capital. O lo
que es igual, si un valor 4 veces más pequeño se realiza 4 veces como
capital en el mismo período en el que un valor 4 veces mayor se rea-
liza sólo una vez como capital, entonces el beneficio —la producción
de plusvalía— por parte del capital más pequeño es tan grande —al
menos tan grande— como por parte del capital mayor. Decimos por lo
menos. Puede ser mayor, porque la plusvalía misma puede ser utilizada
a su vez como pluscapital. Por ejemplo, supongamos que en un capital
de 100 el beneficio (aquí por razones de cálculo es anticipada esta
forma de plusvalía) es cada vez el 10 %, cualquiera que sea la fre-
cuencia con que circule. Por lo tanto, al final de los tres primeros meses
sería 110, al final de los segundos 121, de los terceros 135 1/10,*” y
al final de la última rotación 148 61/100,*% mientras que un capital
de 400 con una circulación al año sólo sería al final 440. En el primer
caso el beneficio sería = 48 61/100,*” en el segundo sólo = 40. (Que
la premisa sea falsa, en la medida en que el capital en cada aumento
no produce la misma tasa de beneficio, no afecta al ejemplo, pues no
se trata aquí de la cantidad de plusvalía de más, sino que basta en ge-
neral que en el primer caso sea —y de hecho lo es— más de 40.) Ya
nos hemos encontrado al tratar de la circulación del dinero, con la ley
de la compensación de la velocidad por la masa, y de la masa por la ve-
locidad. Tiene vigencia tanto en la producción como en la mecánica.
Es una circunstancia sobre la que volveremos al tratar de la nivelación
de la tasa de beneficio, de los precios, etc. La cuestión que aquí nos
interesa es la siguiente: ¿no hay un momento de la determinación del
valor que es independiente del trabajo, que no procede directamente
de él, sino de la circulación misma? [[Que el crédito nivela las dife-

*25 20 táleros; ed. 1939 20 %.

*25 135 /10; debería decir 133 1/10.

*217 148 61/100; debería decir 146 41/100.
*28 48 61/100; debería decir 46 41/100.

rencias en la circulación del capital, no entra todavía aquí. Pero la cues-
tión misma sí entra aquí, porque deriva del simple concepto de capital,
considerado en general.]] La circulación más frecuente del capital en
un período dado es igual a la repetición más frecuente de las cosechas
durante el año natural en los países del sur, si se los compara con los
del norte. Nosotros abstraemos aquí por completo, como hemos dicho
antes, del tiempo mayor o menor que el capital tiene que permanecer
en la fase de producción —en el mismo proceso productivo de valo-
rización. De la misma manera que el grano como simiente, plantado
en la tierra, pierde su valor de uso inmediato, es devaluado como valor
de uso inmediato, de igual manera el capital es devaluado desde el
momento en que acaba el proceso de producción hasta su reconversión
en dinero y a partir de éste en capital. [[La velocidad con la que el
capital de la forma de dinero puede transformarse en la de condiciones
de producción —entre estas condiciones de producción no aparece, como
en la esclavitud, el trabajador mismo, sino el cambio con él—, depen-
de de la velocidad de producción y de la continuidad de los demás
capitales, que le proveen de materia prima e instrumento, así como
también de la existencia de trabajadores, y desde este último punto de
vista una superpoblación relativa es la mejor condición para el capital.]]
[[Prescindiendo por completo del proceso de producción del capital
a), la velocidad y continuidad del proceso de producción de b) se pre-
senta como un momento, que condiciona la reconversión del capital a)
de la forma de dinero en la de capital industrial. La duración del pro-
ceso de producción del capital b) se presenta de esta forma como un
momento en la velocidad del proceso de circulación del capital a). La
duración de la fase de producción del uno, determina la velocidad de
circulación del otro. Su simultaneidad es condición para que la circu-
lación de a) no sea obstaculizada, es decir, la simultánea introducción
en la producción y en la circulación de sus propios elementos, por los
que ha de cambiarse. Por ejemplo, en el último tercio del siglo xvrI1
la hilatura a mano era incapaz de proveer la materia prima para tejidos
en la cantidad requerida; o lo que es lo mismo, la hilatura no podía
hacer recorrer al hilo o al algodón el proceso de producción, su trans-
formación en tejido, en la simultaneidad requerida, es decir, a una
velocidad simultánea. La consecuencia fue la invención de la máquina
de hilar, que en el mismo tiempo de trabajo proveía un producto mucho
mayor, O lo que es igual, para el mismo producto necesitaba un tiempo
de trabajo mucho menor, una permanencia mucho más pequeña en el
proceso de hilado. Todos los momentos del capital, que aparecen in-
cluidos en él, cuando se le considera en su concepto general, sólo reciben

una realidad autónoma y se revelan cuando el capital se presenta real-
mente, es decir, como muchos capitales. La organización viva interna,
que tiene lugar dentro de y mediante la competencia, se desarrolla
entonces de una manera más amplia.]] Si consideramos la circulación
completa del capital, aparecen cuatro momentos, o los dos grandes
momentos del proceso de producción y del proceso de circulación con-
siderados como dos momentos se presentan cada uno dividido en dos:
podemos, por lo tanto, partir de la circulación o de la producción. Hasta
ahora ya se ha dicho que la circulación misma es un momento de la
producción, puesto que sólo mediante ésta el capital deviene capital;
la producción sólo es momento de la circulación, en la medida en que
esta misma es considerada como totalidad del proceso de producción.
Los momentos son: I) el proceso de producción real y su duración.
II) Transformación del producto en dinero. Duración de esta opera-
ción. III) Transformación del dinero en las proporciones adecuadas en
materia prima, instrumento de trabajo y trabajo, es decir, en los ele-
mentos del capital en cuanto capital productivo. IV) El cambio de una
parte del capital por fuerza de trabajo viva puede ser considerado como
un momento especial, y tiene que ser considerado así, ya que el mer-
cado de trabajo es regido por otras leyes que las del mercado de pro-
ductos, etc. Aquí la población es lo más importante; no la absoluta,
sino la relativa. El momento 1) no es tomado en consideración aquí,
como ya hemos dicho, porque coincide con las condiciones de valoriza-
ción en general. El momento 111) sólo puede ser considerado cuando
se trata no del capital en general, sino de los muchos capitales. El mo-
mento IV) pertenece al apartado del salario, etc.

Aquí sólo tenemos que ocuparnos del momento II). En la circu-
lación del dinero tenía lugar solamente un cambio formal del valor de
cambio como dinero y como mercancía. Aquí tenemos el dinero, la mer-
cancía, como condición de la producción, y finalmente, el proceso de
producción. Los momentos aquí tienen un contenido distinto. La di-
ferencia en la circulación del capital, tal como está puesta en II), no
depende ni de una mayor dificultad en el cambio con el trabajo, ni de
una inmovilización por la no existencia simultánea en la circulación
de materia prima e instrumento, ni de la duración diferente del pro-
ceso de producción; por lo tanto, sólo podría proceder de dificultades
mayores en la valorización. Evidentemente éste no es un caso inmanente,
que deriva de la relación misma, sino que aquí, donde consideramos el
capital en general, coincide con lo que hemos dicho de la devaluación
que resulta ser al mismo tiempo una valorización. Ningún negocio será
montado sobre la base de que podrá comerciar sus productos más di-

fícilmente que otros. Si esto procediera de la existencia de un mercado
más pequeño, entonces sería invertido no un capital mayor —como
presupuesto— sino un capital menor, que el invertido en el negocio
con un mercado mayor. Pero podría referirse a la mayor distancia del
mercado, espacialmente hablando, y, por lo tanto, a un retorno más
lento. El mayor espacio de tiempo, que el capital a) necesitaría para
valorizarse procedería aquí de la mayor distancia espacial, que tendría
que recorrer tras el proceso de producción, para cambiarse en cuanto
mercancía por dinero. Pero, por ejemplo, en el caso de un producto,
que es producido para China, ¿no se debe considerar que el producto
está acabado, que su proceso de producción está acabado, tan sólo cuando
es puesto en el mercado chino? Sus costes de valorización aumentarían
mediante los costes de transporte de Inglaterra a China. (De la com-
pensación por el mayor tiempo de inmovilización del capital no puede
ni siquiera hablarse aquí, pues para ello tendrían que ser presupuestas
las formas secundarias y derivadas de la plusvalía —interés—.) Los
costes de producción se resolverían en el tiempo de trabajo objetivado
en el proceso de producción inmediato + el tiempo de trabajo que está
contenido en el transporte. La cuestión es ante todo la siguiente: en
base a los principios establecidos hasta el momento, ¿puede obtenerse
una plusvalía sobre los costes de transportes? Deduzcamos la parte
constante del capital que es consumida en el transporte, barcos, carros,
etcétera, y todo lo que pertenece a su utilización, puesto que este ele-
mento no contribuye en nada a la resolución de la cuestión, y es indi-
ferente si es puesto = 0 o = X, ¿Es ahora posible que exista un plus-
trabajo en los costes de producción y que, por lo tanto, el capital pueda
obtener una plusvalía de él? La cuestión es fácil de resolver, si se
plantea la pregunta: ¿qué es el trabajo necesario, o qué es el valor, en
el que el trabajo necesario se objetiviza? El producto tiene que pagar 1)
su propio valor de cambio, el trabajo objetivado en él mismo; 2) el
tiempo suplementario, que el marinero, o el carretero, etc., utiliza en
el transporte. El hecho de que pueda obtener o no este tiempo suple-
mentario depende de la riqueza del país al que él trae el producto y
de la necesidad, etc., del valor de uso del producto para este país. En
la producción inmediata está claro que todo plustrabajo que el fabri-
cante hace trabajar al trabajador es plusvalía para él, en la medida
en que es trabajo objetivado en nuevos valores de uso, que a él no le
cuestan nada. Pero el capitalista no puede claramente utilizar en el tiem-
po de transporte más tiempo-que el que el transporte requiere. Él des-
perdiciaría con ello tiempo de trabajo, en lugar de valorizarlo, es
decir, no lo objetivaría en un valor de uso. Si el marinero, el carretero,

etcétera, necesitan sólo medio año de tiempo de trabajo (si ésta es ge-
neralmente la relación del trabajo necesario para la subsistencia), para
vivir un año, entonces el capitalista lo utiliza un año y le paga medio.
En la medida en que sobre el valor de los productos transportados
obtiene un año completo de tiempo de trabajo, y sólo paga medio, ob-
tiene una plusvalía del 100 % sobre el trabajo necesario. El caso es
exactamente el mismo que en la producción inmediata, y la plusvalía
originaria del producto transportado sólo puede proceder del hecho de
que una parte del tiempo de transporte no es pagado al trabajador,
porque es tiempo suplementario sobre el trabajo necesario para vivir.
El que un producto particular sea encarecido de tal forma por los costes
de producción, que no puede ser cambiado —a causa de la despropor-
ción del valor del producto con su plusvalía como producto transpor-
tado, una cualidad, que desaparece en él, tan pronto como ha llegado
a su destino— no modifica nada la cuestión. Si un fabricante debiera
poner en marcha toda su maquinaria para hilar una libra de hilo, el
valor de esta libra aumentaría de tal forma, que sería muy difícil que
encontrase mercado. El encarecimiento de productos extranjeros, así
como su escaso consumo en la Edad Media, etc., deriva precisamente
de esta razón. Es un movimiento espacial tanto el sacar metales de una
mina, como el de llevar las mercancías al lugar de consumo. La mejora
de los instrumentos de transporte y comunicación entra igualmente en
la categoría del desarrollo de las fuerzas productivas en general. Que
puede depender del valor de la mercancía, en qué medida puede sopor-
tar los costes de transporte; que es necesario un tráfico masivo para
disminuir los costes de transporte —un barco de un tonelaje de 100
puede transportar 2 o 100 toneladas con los mismos costes de trans-
porte— y para hacer rentables los medios de comunicación, etc., todo
esto no pertenece todavía a este apartado. (Sin embargo, será necesario
consagrar una sección especial a los medios de comunicación, ya que
ellos constituyen una forma de capital fijo que tiene unas leyes propias
de valorización.) Si se considera que el mismo capital produce y trans-
porta, entonces ambos actos entran dentro de la producción inmediata,
y la circulación, tal como la hemos considerado hasta ahora, es decir,
la transformación en dinero, tan pronto como el producto ha recibido
su última forma para el uso, tan pronto como ha recibido una forma
que lo hace apto para la circulación, empezaría sólo, tan pronto como
el producto fuera traído a su lugar de destino. El retorno atrasado de
este capitalista a diferencia del otro, que comercia su producto en el
lugar de producción, se resolvería en otra forma de un uso superior del
capital fijo, del cual no hablamos todavía aquí. Lo mismo da que A ne-

cesite más instrumento que B por valor de 100 táleros, o que necesite
100 táleros más para traer su producto al lugar de destino, al mercado.
En ambos casos es utilizado un capital fijo mayor; se consume más
instrumento de producción en la producción inmediata. Desde este
punto de vista no tendríamos ningún caso inmanente; caería dentro de
la consideración de la diferencia entre capital fijo y capital circulante.

### Costes de circulación. — Medios de comunicación y de transporte.
(División de las ramas de trabajo.) (Concentración de muchos tra-
bajadores. Fuerza productiva de esta concentración.) (Cooperación
en masa.) — Condiciones generales de la producción a diferencia
de las particulares.

Aquí, sin embargo, hay que añadir un momento: los costes de circu-
lación, que no entran en el simple concepto de circulación y que aquí
no nos interesan todavía. De los costes de circulación que proceden de
la circulación como acto económico —como relación de producción, no
como momento inmediato de producción como en el caso de los medios
de transporte y de comunicación—, sólo se puede hablar cuando se trate
del interés y, sobre todo, del crédito. La circulación, tal como nosotros
la consideramos, es un proceso de transformación, un proceso cualita-
tivo del valor, el cual se presenta en la forma diferente de dinero, de
proceso de producción (valorización), producto, reconversión en dinero
y pluscapital. Esto en la medida en que dentro de este proceso de trans-
formación en cuanto tal —en esta transición de una determinación a
la otra— son engendradas nuevas determinaciones. Los costes de la
circulación no están necesariamente incluidos, por ejemplo, en la tran-
sición del producto a dinero. Pueden ser = 0.

Sin embargo, en la medida en que la circulación misma constituye
un coste, en la medida en que requiere plustrabajo, ella misma aparece
incluida en el proceso de producción. Desde este lado la circulación
se presenta como momento del proceso de producción inmediato. En
la producción dirigida inmediatamente al uso y en la que sólo se cambia
el excedente, los costes de circulación aparecen sólo para el excedente,
pero no para el producto principal. Cuanto más descanse la producción
en el valor de cambio, y, por lo tanto, en el cambio, tanto más impor-
tante devienen para ella las condiciones físicas del cambio — medios
de comunicación y de transporte. El capital tiende naturalmente a pasar
por encima de todo límite espacial. La creación de las condiciones físicas
del cambio —la creación de los medios de comunicación y transporte—
se convierte para él en una necesidad, en una necesidad completamente

diferente: se trata de la anulación del espacio a través del tiempo. Puesto
que el producto inmediato sólo puede ser valorizado en masa en mer-
cados lejanos en la medida en que disminuyen los costes de transporte,
y puesto que, por otra parte, los medios de comunicación y trans-
porte sólo pueden ser esferas de la valorización explotadas por el mismo
capital en la medida en que tiene lugar el tráfico en masa —mediante
el cual es repuesto más del trabajo necesario—, entonces la producción
de medios de transporte y comunicación más baratos es condición para
la producción basada sobre el capital y es, por lo tanto, producida por
éste. Todo el trabajo que es requerido para poner el producto ya aca-
bado en circulación —en circulación económica se encuentra el producto
sólo cuando es hallable en el mercado— es desde el punto de vista
del capital una barrera que ha de ser superada; así como también lo es
todo trabajo requerido como condición para el proceso de producción
(así, por ejemplo, los costes para la seguridad del cambio, etc.). Las
vías de agua se presentan como las vías naturales de comunicación de
los pueblos comerciantes xat” ¿Eoyrv.*” Por otra parte, las vías de co-
municación están originariamente a cargo de la comunidad, más tarde
durante mucho tiempo a cargo de los gobiernos, en cuanto deducciones
netas de la producción, que son obtenidas del producto excedente co-
lectivo del país, pero que no constituyen una fuente de su riqueza, es
decir, no cubren sus costes de producción. En las comunidades asiáticas
originarias, autosuficientes, no existe, por una parte, ninguna necesidad
de caminos; pero, por otra, la ausencia de los mismos reafirma su ais-
lamiento y constituye, por lo tanto, un momento esencial de su conti-
nuidad inalterada (como en la India). La construcción de caminos,
mediante el trabajo servil, o mediante impuestos —<que es una forma
diferente— constituye una transformación coactiva de una parte del
plustrabajo o del producto excedente del país en caminos. Para que el
capital privado tome a su cargo esta tarea, es decir, para que produzca
las condiciones del proceso de producción inmediato que están fuera
del mismo, el trabajo tiene que valorizarse.

Supongamos un camino determinado entre A-B (el terreno no cuesta
nada); este camino sólo contiene, por lo tanto, una determinada can-
tidad de trabajo, es decir, valor. Es lo mismo si es el Estado o el capi-
talista el que lo hace construir. ¿Gana entonces el capitalista algo en
este caso, en la medida en que él crea plustrabajo y, por lo tanto, plus-

*22 por excelencia.

valía?*”" Prescindamos ante todo en este camino, de todo aquello que
es puzzling, y que procede de su naturaleza de capital fijo. Pensemos
que el camino puede ser vendido de una vez, como un traje o una
tonelada de acero. Si la producción del camino cuesta, por ejemplo,
12 meses, entonces su valor = 12 meses. Si el nivel de vida general
del trabajo es tal, que el trabajador puede vivir con 6 meses de tra-
bajo objetivado, entonces, si él construye el camino completo, produciría
6 meses de trabajo de plusvalía para él; o, si la comunidad construye
el camino, y el trabajador sólo quisiera trabajar el trabajo necesario,
entonces tendría que ser añadido otro trabajador, que trabajara 6 meses.
El capitalista, por el contrario, obliga al trabajador a trabajar 12 meses
y le paga 6. La parte del valor del camino que contiene su plustrabajo,
constituye el beneficio del capitalista. La forma real, en la que el pro-
ducto se presenta, no tiene que perturbar en absoluto la fundamentación
de la teoría del valor mediante el tiempo de trabajo objetivado. Pero
la cuestión es precisamente la siguiente: ¿podría el capitalista valorizar
el camino, podría realizar su valor mediante el cambio? Esta pregunta
existe naturalmente en todo producto, pero adopta una forma especial
en las condiciones generales de producción. Supongamos que el valor del
camino no se valoriza. Pero es construido, porque es un valor de uso
necesario. ¿Cómo se presenta entonces la cuestión? El camino tiene que
ser producido y tiene que ser pagado; en este sentido sus costes de
producción tienen que ser cambiados por él. El camino existe realmente
sólo mediante un cierto consumo de trabajo, de medios de trabajo, ma-
teria prima, etc. Es lo mismo si la producción tiene lugar mediante
trabajo servil o mediante impuestos. Pero el camino sólo es producido
porque es un valor de uso necesario para la comunidad, porque ésta
lo necesita 4 tout prix. Esto es ciertamente un trabajo suplementario,
que el individuo tiene que prestar bien en la forma de trabajo servil,
bien en la forma indirecta de impuestos sobre el trabajo inmediato, ne-
cesario para su subsistencia. Pero en la medida en que el trabajo es
necesario para la comunidad, y para cada individuo en cuanto miembro
de la misma, no es trabajo suplementario lo que el individuo realiza,
sino que es una parte de su trabajo necesario, del trabajo que es necesa-
rio para reproducirse a sí mismo como miembro de la comunidad y para
reproducir a la comunidad, lo cual es una condición general de su acti-

*20 Tachado en el manuscrito: ¡Ciertamente no! ¿De dónde procede entonces
el beneficio? El público le paga interés y beneficio. En la medida en que el ca-
mino le facilita a la producción el cambio, es una fuerza productiva, no es valor,
es = valor de uso para el acto de producción.

vidad productiva. Si el tiempo de trabajo fuera consumido por completo
en la producción inmediata (o, expresado indirectamente, si fuera im-
posible imponer un impuesto suplementario para este fin determinado),
entonces el camino tendría que quedar sin construir. Si la sociedad en
su totalidad es considerada como un individuo, entonces el trabajo ne-
cesario consistiría en la suma de todas las funciones particulares del
trabajo, que se han autonomizado mediante la división del trabajo. Este
individuo tendría, por ejemplo, que gastar tanto tiempo en agricultura,
tanto en industria, tanto en comercio, tanto para la producción de ins-
trumentos, tanto para la construcción de caminos y medios de comuni-
cación. Todas estas necesidades se resuelven en tanto tiempo de trábajo,
que tiene que ser dirigido a diferentes fines, y que tiene que ser gastado
en actividades particulares. Qué cantidad de este tiempo de trabajo
puede ser utilizado dependerá de la cantidad de la capacidad de tra-
bajo ( = a la masa de los individuos capaces de trabajar, que constituyen
la sociedad) y del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo (de la
masa de productos [valores de uso], que el trabajo puede producir en
un tiempo dado). El valor de cambio que presupone la división del tra-
bajo más o menos desarrollado, según el grado de los cambios mismos,
presupone que, en lugar de que un individuo (la sociedad) realice
diferentes trabajos y utilice su tiempo de trabajo en formas diferentes,
el tiempo de trabajo de cada individuo sea dedicado exclusivamente a
las funciones particulares necesarias. Cuando hablamos de tiempo de
trabajo necesario, las ramas de trabajo particulares separadas aparecen
como trabajo necesario. Esta necesidad recíproca sobre la base del valor
de cambio es mediada por el cambio y se muestra precisamente en que
todo trabajo objetivado particular, todo tiempo de trabajo especificado
y materializado particularmente, se cambia por el producto y símbolo
del tiempo de trabajo general, del tiempo de trabajo objetivado a secas,
se cambia por dinero, y de esta forma puede ser cambiado a su vez por
todo trabajo particular. Esta necesidad es una necesidad variable, en
la medida en que las necesidades son también producidas, como los
productos y como las distintas habilidades de trabajo. Dentro de estas
necesidades y trabajos necesarios se producen variaciones cuantitativas.
Cuanto más están puestas las mismas necesidades históricas —necesi-
dades engendradas por la producción misma, necesidades sociales, que
son el producto de la producción y de relaciones sociales— como ne-
cesarias, tanto más está desarrollada la riqueza real. La riqueza, consi-
derada materialmente, consiste solamente en la multiplicidad de las
necesidades. La artesanía misma no se presenta necesariamente junto
a la agricultura autosuficiente, que hila, teje, etc., como actividad domés-

tica accesoria. Pero si, por ejemplo, la agricultura misma es explotada
científicamente, si necesita máquinas, abonos químicos introducidos por
el comercio, semillas de países lejanos, etc., y si —lo que ya está in-
cluido en la premisa— ha desaparecido la manufactura rural patriarcal,
entonces la fábrica de maquinaria, el comercio exterior, la artesanía, etc.,
se presentan como nxecesidad para la agricultura. La agricultura, por
ejemplo, sólo se puede procurar abonos exportando artículos de seda.
Entonces la manufactura de seda no se presenta como una industria de
lujo, sino como una industria necesaria para la agricultura. Es, por lo
tanto, principal y esencialmente por el hecho de que la agricultura no
encuentra naturalmente en sí misma las condiciones de su propia produc-
ción, sino que éstas existen al margen de ella como industria indepen-
diente —y con ésta su existencia al margen de ella, es también absorbido
en el círculo de las condiciones de producción de la agricultura todo el
complejo sistema en que existe esta industria ajena— por lo que, lo
que antes aparecía como lujo, ahora se presenta como necesario, y por
lo que las llamadas necesidades de lujo se presentan como necesidad
para la industria más elemental, surgida para satisfacer la necesidad na-
tural más elemental. Este abandono del fundamento natural de toda
producción, por el fundamento de la industria y la transferencia de
sus condiciones de producción fuera de ellas mismas a un contexto ge-
neral —y, en consecuencia, la transformación de aquello que se pre-
sentaba como superfluo, en necesario, en necesidad engendrada histó-
ricamente— es la tendencia del capital. El cambio general, el mercado
mundial y, por lo tanto, el conjunto de actividades, comercio, necesida-
des, etc., en los que éste consiste, se convierte en el fundamento general
de todas las industrias. El lujo es la antítesis de lo naturalmente nece-
sario. Las necesidades necesarias son las del individuo, que está reducido
a la condición de sujeto natural. El desarrollo de la industria elimina
esta necesidad natural, así como también este lujo —en la sociedad
burguesa, ciertamente, sólo de forma antitética, en la medida en que
ella misma establece una medida socialmente determinada como aquella
necesaria respecto al lujo. ¿En qué lugar hay que tratar de este sistema
de necesidades y de este sistema de trabajos? Se verá en el curso de
la exposición.

Volvamos ahora a nuestro camino. El hecho de que el camino pueda
ser construido, demuestra que la sociedad posee el tiempo de trabajo
(trabajo vivo y objetivado) necesario para su construcción.*”' ¿Por qué,

*2l Naturalmente aquí se da por supuesto que ella sigue un instinto

correcto. La sociedad podría consumir la simiente y dejar el campo baldío y

entonces, tan pronto como aparece la producción basada sobre el valor
de cambio y la división del trabajo, la construcción de caminos no de-
viene negocio privado de los particulares? Y allí donde es gestionada
por el Estado mediante impuestos, no lo es. D'abord: la sociedad, los
individuos reunidos pueden poseer el tiempo suplementario, para cons-
truir el camino, pero sólo reunidos. La reunión es siempre adición de
la parte de fuerza de trabajo, que cada individuo puede utilizar para la
construcción de camino junto a su trabajo particular; pero no es sólo
la adición. Si la reunión de sus fuerzas aumenta su fuerza productiva,
esto no quiere decir en modo alguno que todos ellos juntos poseerían
numéricamente la capacidad de trabajo, si no trabajaran conjuntamente,
es decir, si no se añadiera a la suma de sus capacidades de trabajo el
excedente que sólo existe en y mediante su trabajo reunido, combinado.
De ahí la concentración forzosa del pueblo en Egipto, Etruria, India, etc.,
para la realización de trabajos forzosos públicos y privados. El capital
lleva a cabo la misma reunión de otra forma, mediante su forma de
cambio con el trabajo libre.*?* Segundo: la población puede por una
parte estar bastante desarrollada, y puede encontrar, por otra, un apoyo
en la utilización de maquinaria, etc., hasta tal punto, que la mera fuerza
procedente de la reunión material, masiva —y en la antigúedad es siem-
pre esta acción en masa del trabajo colectivo forzoso— es superflua, y
es necesaria relativamente una masa de trabajo vivo menor.*” Puede

construir caminos. De esta forma ella no habría realizado el trabajo necesario,
porque no se reproduciría a sí misma, no se conservaría como capacidad de
trabajo viva mediante ese trabajo. O bien la capacidad de trabajo viva puede
ser directamente liquidada, como, por ejemplo, hizo Pedro 1 para construir
Petersburgo. Pero cosas de este estilo no pertenecen a nuestro análisis. <Entre
corchetes en el ms.>

*232 Que el capital tiene que vérselas no con el trabajo aislado, sino con
el trabajo combinado, ya que él es en sí y para sí una fuerza social, una fuerza
combinada, es un punto que quizás haya que tratar aquí en la historia general
de la génesis del capital. <Entre corchetes en el ms.>

*233 Cuanto más descansa la producción en el mero trabajo manual, en la
utilización de fuerza muscular, etc., es decir, en el esfuerzo físico y en el tra-
bajo de los individuos, tanto más consiste el aumento de la fuerza productiva
en su trabajo conjunto, en masa. En el trabajo manual semiartesanal destaca la
antítesis entre la especialización y el aislamiento; la habilidad del trabajo
individual, pero no combinado. El capital en su desarrollo verdadero combina el
trabajo en masa con la habilidad, pero de forma tal que el primero pierde su
fuerza física, y la habilidad no existe en el trabajador, sino en la máquina y en
la fábrica que actúa como un todo mediante la combinación científica con la
máquina. El espíritu social del trabajo obtiene una existencia objetiva al margen
de los trabajadores individuales. (Entre corchetes en el ms.)

constituirse una clase particular de constructores de caminos, que son
empleados por el Estado,*”* o bien es utilizada para este fin una parte
de la población ocasionalmente desempleada, con un número de arqui-
tectos, etc., que, sin embargo, no trabajan como capitalistas, sino como
menials <siervos» altamente especializados. (Sobre la relación de este
trabajo especializado, etc., hablaremos más adelante.) Los trabajadores
son entonces trabajadores asalariados, pero el Estado no los utiliza como
tales, sino como menial servants (siervos domésticos).

Para que el capitalista emprenda la construcción de caminos como
negocio, a su costa,*”* son necesarias diferentes condiciones, que todas
coinciden con un desarrollo muy grande del modo de producción basado
sobre el capital. Primero: se presupone una magnitud tal de capital; de ca-
pital concentrado en sus manos, que puede emprender trabajos de:
tal dimensión, y de circulación y valorización tan lenta. De ahí ante
todo el capital por acciones, que es la última forma a la que conduce
la propia elaboración del capital, en la cual éste no sólo existe en sí,
según su substancia, sino que es puesto en su propia forma como fuerza
y producto social. Segundo: se exige que el capital produzca intereses,
no que dé un beneficio (puede producir más que intereses, pero no es
necesario). Este punto no hay que investigarlo aquí más detenidamente.
Tercero: se presupone que hay un tráfico tal —sobre todo comercial—,
que el camino es rentable, es decir, que el precio, que es exigido para
la utilización del camino vale tanto valor de cambio para los produc-
tores O les provee de una fuerza productiva tal, que ellos pueden pagarla
tan caro. Cuarto: que una parte de la riqueza disfrutable invierta su
renta en estos artículos de locomoción. Pero los dos siguientes presu-
puestos continúan siendo la cuestión fundamental: 1) La existencia de

*24 Entre los romanos existía en el ejército una masa —ya separada del
conjunto del pueblo— disciplinada para el trabajo, cuyo tiempo suplementario
pertenecía al Estado; esta masa vendía todo su tiempo de trabajo al Estado por
un salario, es decir, cambiaba toda su capacidad de trabajo por un salario nece-
sario para el mantenimiento de su vida, igual que el trabajador hace con el capi-
talista. Esto tiene vigencia desde la época en que el ejército romano no es un
ejército de ciudadanos, sino un ejército asalariado. Aquí existe igualmente la
venta libre del trabajo por parte de los soldados. Pero el Estado no lo compra
con la finalidad de la creación de valores. Y así, aunque la forma del salario
puede parecer que se presenta originariamente en los ejércitos, sin embargo, este
sistema de pago es esencialmente diferente del trabajo asalariado. Existe una
cierta analogía por el hecho de que el Estado utiliza el ejército para obtener un
poder y una riqueza mayor. <Entre corchetes en el ms.>

+25 Cuando el Estado confía el desarrollo de estas actividades a conc-sio-
marios públicos, entonces esto tiene lugar siempre mediante trabajo servil o
mediante impuestos. <Entre corchetes en el ms.»

un capital, utilizable en este objeto en la cantidad requerida, que se
contenta con la obtención de intereses; 2) Para los capitales producti-
vos, para el capital industrial, tiene que suponer una valorización el
pagar el precio de un camino. Así, por ejemplo, el primer ferrocarril
entre Liverpool y Manchester se había convertido en una necesidad de
la producción para los cottonbrokers (agentes de algodón) de Liverpool,
y aún más para los fabricantes de Manchester.*” El capital en cuanto
tal —presupuesta su existencia en el volumen necesario— sólo produ-
cirá caminos cuando la producción de caminos se haya convertido en
una necesidad para los productores, especialmente para el capital pro-
ductivo; se haya convertido en una condición para la obtención de be-
neficios del capitalista. Entonces el camino es rentable. Pero en estos
casos ya está presupuesto un gran tráfico. Este presupuesto es doble:
por un lado, la riqueza del país está lo suficientemente concentrada y
transformada en la forma de capital para emprender tales trabajos como
proceso de valorización del capital; por otro lado, la masa de tráfico
tiene que ser lo suficientemente grande, y el obstáculo que constituye
la ausencia de medios de comunicación tiene que ser lo suficientemente
sentido en cuanto tal, para que el capitalista pueda realizar el valor del
camino (poco a poco en el tiempo) en cuanto camino (es decir, su uti-
lización). Todas las condiciones generales de la producción, como ca-
minos, canales, etc., que facilitan la circulación, la hacen posible o
aumentan la fuerza productiva (como las obras de irrigación en Asia y
también en Europa, que son construidas todavía por los gobiernos),
para que sean emprendidas por el capital, en lugar de por el gobierno
que representa a la comunidad en cuanto tal, presuponen el desarrollo
más alto de la producción basada sobre el capital. La separación de los
travaux publics del dominio del Estado, y su transición al dominio de
los trabajos emprendidos por el capital pone de manifiesto el grado
en el que se ha constituido la comunidad real en la forma del capital.
Un país, por ejemplo, como los Estados Unidos puede sentir incluso
en la relación productiva la necesidad de ferrocarriles; sin embargo, la
ventaja inmediata, que deriva de ellos para la producción puede ser
demasiado pequeña como para que la inversión se presente de otra
forma que no sea la de 4 fonds perdu. El capital entonces descarga la

*26 La competencia puede, por ejemplo, crear la necesidad del ferrocarril en
un país, donde el desarrollo de las fuerzas productivas hasta el momento no lo
exigía. La influencia de la competición entre las naciones pertenece al apartado
sobre el comercio internacional. Aquí se pone de manifiesto la influencia civi-
lizadora del capital. <Entre corchetes en el ms.>

486 [111] El cápítulo del capital

tarea sobre los hombros del Estado, o bien, allí donde el Estado ocupa
tradicionalmente una posición superior respecto al capital, aquél tiene
el privilegio y la voluntad para obligar a la colectividad a invertir una
parte de su renta, no de su capital, en tales trabajos de utilidad general,
que al mismo tiempo se presentan como condiciones generales de la
producción, y, por lo tanto, no aparecen como condición particular
para cualquier capitalista; y mientras el capital no toma la forma de
sociedad por acciones, él busca siempre de forma exclusiva las condi-
ciones particulares de su valorización, descargando las condiciones ge-
nerales como necesidades del país sobre el país entero. El capital em-
prende sólo empresas ventajosas, ventajosas desde su punto de vista.
Ciertamente él especula también en falso, y, como ya veremos, tiene que
especular de esta forma. El capital realiza inversiones que no son ren-
tables, y que sólo empiezan a serlo cuando son en cierta medida deva-
luadas. De ahí las múltiples empresas en las que la primera mise de
capital es á fonds perdu, en las que los primeros empresarios se arrui-
nan, y que sólo en la segunda o tercera mano, cuando el capital de in-
versión se ha reducido mediante la devaluación, se valorizan. Por lo
demás, el mismo Estado con todo lo que depende de él pertenece a
estas deducciones de la renta, a éstos, por así llamarlos, costes de con-
sumo para el individuo, a los costes de producción para la sociedad. Un
camino puede aumentar de tal forma las fuerzas productivas, que en-
gendra un tráfico, mediante el cual el camino se hace rentable. Puede
haber trabajos y gastos necesarios, que no sean productivos en el sen-
tido del capital, es decir, en los que el plustrabajo en ellos contenido
no es realizado mediante la circulación, no es realizado mediante el
cambio como plusvalía. Si un trabajador, por ejemplo, trabaja diaria-
mente 12 horas durante un año en un camino, y si el tiempo de trabajo
necesario es por término medio = 6 horas, entonces él ha trabajado
un tiempo suplementario de 6 horas. Pero si el camino no puede ser
vendido a 12 horas, sino sólo quizás a 6, entonces la construcción del
camino no es una empresa para el capital, y construir un camino no es
para él una actividad productiva. El capital tiene que poder vender el
camino (el cómo y cuándo de la venta no nos interesa aquí) de forma
tal que sea valorizado tanto el trabajo necesario, como el plustrabajo,
o de forma tal que del fondo general de beneficios —de plusvalías— le
corresponda una parte similar a la que le correspondería si hubiera
creado plusvalía. Esta relación hay que investigarla más adelante al tra-
tar del beneficio y del trabajo necesario. El máximo desarrollo del capital
existe cuando las condiciones generales del proceso de producción so-
cial no son producidas a partir de deducciones de la renta social, a

partir de impuestos —donde la renta, y no el capital, aparece como
fondo de trabajo y donde el trabajador, aunque es un trabajador asala-
riado libre como cualquier otro, sin embargo, está económicamente en
una relación diferente—, sino a partir del capital en cuanto capital.
Esto muestra, por un lado, el grado, en el que el capital ha subordinado
a sí mismo todas las condiciones de la producción social, y, por otro,
en qué medida la riqueza social reproductiva está capitalizada y todas
las necesidades son satisfechas en la forma del cambio; incluso las ne-
cesidades del individuo puestas como necesidades sociales, es decir,
aquellas necesidades que él no necesita y consume como individuo ais-
lado en la sociedad, sino comunitariamente con otros individuos —ne-
cesidades cuyo modo de consumo según su naturaleza es social—, incluso
éstas no sólo son consumidas, sino producidas también mediante el
cambio, mediante el cambio individual. Volviendo al ejemplo del ca-
mino, la construcción del mismo tiene que ser tan ventajosa, que un
determinado tiempo de trabajo transformado en camino tiene que re-
producirle al trabajador su fuerza de trabajo, como si él la transformara
en la agricultura. El valor es determinado por el tiempo de trabajo
objetivado, en cualquier forma que sea. Pero depende del valor de uso,
en el que está realizado, el que este valor sea realizable. Aquí se pre-
supone que el camino es una necesidad para la comunidad, y, por lo
tanto, se presupone el valor de uso. Por otra parte, para que el capital
emprenda la construcción del camino, hay que presuponer que es pagado
no sólo el trabajo necesario, sino el tiempo de plustrabajo, que el tra-
bajador trabaja —<de ahí su beneficio. (El capitalista fuerza a menudo
a este pago mediante aranceles protectores, monopolios o coerción es-
tatal, allí donde los individuos que cambian, en el supuesto de que el
cambio fuera libre, pagarían a lo sumo el trabajo necesario.) Es muy
posible que el tiempo de plustrabajo exista y no sea pagado (lo cual
le puede ocurrir también a cualquier capitalista). Allí donde el capital
domina (así como también donde existe la esclavitud y la servidumbre
de cualquier clase) el tiempo de trabajo absoluto del trabajador está
puesto como condición, para que éste pueda trabajar el tiempo nece-
sario, es decir, para que éste pueda realizar el trabajo necesario para el
mantenimiento de su fuerza de trabajo en valores de uso para sí mismo.
En toda clase de trabajo la competencia lleva consigo el que él tenga
que trabajar todo el tiempo, por lo tanto, tiempo de plustrabajo. Pero
puede ocurrir que este tiempo de plustrabajo, aunque contenido en
productos, no sea cambiable. Para el trabajador mismo —comparado
con los demás trabajadores asalariados— es plustrabajo. Para el em-
pleador es trabajo, que ciertamente tiene un valor de uso para él, como,

por ejemplo, el de su cocinero, pero que no tiene valor de cambio,
y, por lo tanto, toda la distinción de tiempo de trabajo necesario y tiempo
de trabajo suplementario no existe para él. El trabajo puede ser ne-
cesario, sin ser productivo. Todas las condiciones generales, comunita-
rias, de la producción —en tanto su producción no puede tener lugar
a través del capital, y bajo las condiciones del mismo— son, por lo
tanto, cubiertas con una parte de la renta del país, mediante el erario
público, y los trabajadores no se presentan como trabajadores produc-
tivos, aunque aumenten la fuerza productiva del capital.

El resultado de nuestro excurso es, por lo demás, que la producción
de. los medios de comunicación, de las condiciones físicas de la circu-
lación, caen dentro de la categoría de producción del capital fijo, y, por
lo tanto, no constituyen ningún caso especial. Sólo que, al mismo tiem-
po, se ha abierto la perspectiva, que en este punto no puede ser descrita
con rigor, de una relación específica del capital com las condiciones
comunitarias, generales, de la producción social, a diferencia de la rela-
ción con las del capital particular y con las de su proceso de producción
particular.

El transporte del producto al mercado (condición especial de la
circulación) pertenece al proceso de producción. El crédito como
momento temporal de la circulación. — El capital es capital circu-
lante. — La circulación del dinero es mera apariencia. — Sismondi,
Cherbuliez. (Capital. Diversas partes constitutivas del mismo.)

La circulación procede en el tiempo y en el espacio. La condición es-
pacial, el transporte del producto al mercado, pertenece, desde el punto
de vista económico, al mismo proceso de producción. El producto sólo
está realmente acabado cuando está en el mercado. El movimiento a
través del cual llega al mercado entra dentro de sus costes de produc-
ción. El transporte no constituye un momento necesario de la circu-
lación, considerada como proceso particular del valor, ya que un producto
puede ser comprado e incluso consumido en su lugar de producción.
Pero este momento espacial es importante, en la medida en que la am-
pliación del mercado, la posibilidad de cambio del producto está ligado
a él. La disminución de los costes de esta circulación real (en el espacio)
entra dentro del desarrollo de las fuerzas productivas por el capital, en
la disminución de los costes de su valorización. Desde un cierto punto
de vista, en cuanto condición de existencia externa para el proceso eco-
nómico de la circulación, este momento puede también ser contado entre
los costes de producción de la circulación, de forma tal que la circula-

ción, según este momento, se presenta como momento no sólo del
proceso de producción en general, sino del proceso de producción in-
mediato. En cualquier caso la determinación de este momento se pre-
senta aquí mediada por el grado general del desarrollo de las fuerzas
productivas, y de la producción basada sobre el capital en general. Este
momento espacial —el transporte del producto al mercado, que es una
condición necesaria para su circulación, excepto en el caso en el que
el mismo lugar de producción es el mercado— podría ser considerado
más exactamente como transformación del producto en mercancía. La
mercancía sólo es mercancía en el mercado. (Si esto constituye o no un
momento particular, es algo casual. Si el capital trabaja por encargo,
entonces no existe este momento para él, ni tampoco existe la trans-
formación en dinero como momento particular. El trabajar por encargo
(es decir, la oferta que responde a una demanda previa), en cuanto
situación general y dominante no corresponde a la gran industria y no
procede en modo alguno, como condición, de la naturaleza del capital.)

Segundo: el momento temporal.— Éste entra esencialmente en el
concepto de circulación. Supongamos que el acto de transición de la
mercancía en dinero sea fijado contractualmente; esto cuesta tiempo
—<ontar, pesar, medir. La reducción de este momento es también de-
sarrollo de la fuerza productiva. El tiempo es concebido exclusivamente
como condición externa para la transición del estado de la mercancía
al de dinero; la transición es presupuesta; se trata sólo del tiempo que
transcurre durante este acto ya presupuesto. Esto entra dentro de los
costes de circulación. Otro momento es el tiempo que transcurre en
general antes de que la mercancía se convierta en dinero; o el tiempo
durante el cual la mercancía permanece como mercancía, es decir, como
valor sólo en potencia, no como valor real. Este tiempo es pura pérdida.

De todo lo dicho se desprende que la circulación se presenta como
un proceso esencial del capital. El proceso de producción no puede ser
empezado de nuevo antes de la transformación de la mercancía en di-
nero. La continuidad ininterrumpida del proceso, la transición no obs-
taculizada y fluida del valor de una forma a la otra, o de una fase del
proceso a la otra, se presenta como condición fundamental para la pro-
ducción basada sobre el capital en un grado completamente diferente
a como se presenta en todas las formas de producción anteriores. Por
otro lado, mientras es puesta la necesidad de esta continuidad, las fases
se separan temporal y espacialmente en cuanto procesos particulares,
indiferentes entre sí. Así, el hecho de si es producida o no es produci-
da la condición esencial de la producción basada sobre el capital, a saber:
la continuidad de los distintos procesos, que constituyen su proceso

global, aparece como algo casual. La superación de esta casualidad me-
diante el capital mismo es el crédito. (El crédito tiene otros aspectos;
pero este aspecto procede de la naturaleza inmediata del proceso de
producción y es, por lo tanto, la base de la necesidad del crédito.) De
ahí que el crédito no aparezca en ninguna forma desarrollada de cual-
quiera de los modos de producción anteriores. Dar y tomar a crédito
también se encuentra en situaciones anteriores, y la usura es incluso
la forma más antigua y antediluviana del capital. Pero dar y tomar a
crédito no constituye el crédito, así como tampoco el trabajar consti-
tuye el trabajo industrial o el trabajo asalariado. En cuanto relación de
producción esencial, desarrollada, el crédito aparece históricamente sólo
en la circulación basada sobre el capital o el trabajo asalariado. (El di-
nero mismo es una forma para superar la desigualdad del tiempo reque-
rido en las distintas ramas de la producción, en la medida en que tal
desigualdad obstaculiza el cambio.) La usura, aunque en su forma abur-
guesada, adecuada al capital, es una forma de crédito, sin embargo, en
su forma preburguesa es más bien expresión de la falta de crédito.

(La reconversión del dinero en momentos o condiciones objetivas
de la producción presupone la existencia de éstas. Éstas constituyen los
diferentes mercados, en los que el productor las encuentra en cuanto
mercancías —en las manos del comerciante—; mercados (junto al mer-
cado de trabajo), que son esencialmente diferentes de los mercados para
el consumo individual inmediato, final.)

Ya sabemos que el dinero en su circulación se transformaba en mer-
cancía, y que con el cambio de D-M el consumo ponía fin al proceso; o
la mercancía se intercambiaba por dinero, y en el cambio M-D el dinero
aparecía bien como algo evanescente, que había de ser cambiado de
nuevo por mercancía, con lo que el proceso finalizaba otra vez en el con-
sumo, o bien el dinero se sustraía a la circulación y se transformaba
en tesoro muerto y en riqueza meramente ideal. En ningún momento
el proceso se encendía en sí mismo, sino que los presupuestos de la
circulación del dinero estaban siempre fuera de ella, y ella necesitaba
constantemente de un nuevo impulso exterior. En la medida en que
ambos momentos se intercambian, el cambio de forma, dentro de la
circulación, era puramente formal. Pero en la medida en que el cambio
recibía un contenido, caía fuera del proceso económico; el contenido
no le pertenecía. Ni la mercancía se conservaba como dinero, ni el di-
nero como mercancía, cada uno era lo uno o lo otro. El valor en cuanto
tal no se conservaba en y mediante la circulación en cuanto momento
dominante sobre su proceso de transformación, sobre su modificación
formal; ni el valor de uso mismo (que es lo que ocurre en el proceso

de producción del capital) era producido por el valor de cambio. En
el capital el consumo de la misma mercancía no es el acto final; entra
dentro del proceso de producción; se presenta incluso como momento
de la producción, es decir, de la creación de valor.

Pero el capital está ahora puesto como valor, que en cada uno de
sus momentos, en los que se presenta bien como dinero, bien como
mercancía, bien como valor de cambio, bien como valor de uso, está
puesto como valor que no sólo se conserva formalmente en esta mo-
dificación formal, sino como valor que se valoriza, como valor que se
relaciona consigo mismo en cuanto valor. La transición de un momento
al otro se presenta como un proceso particular, pero cada uno de estos
procesos constituye la transición al otro. El capital está puesto, por lo
tanto, como un valor itinerante, que en todo momento es capital. Está
puesto, pues, como capital circulante; en todo momento es capital y
en todo momento está circulando de una determinación a la otra. El
punto de retorno es al mismo tiempo el punto de partida y viceversa
—a saber: el capitalista. Todo capital es originariamente capital circu-
lante** producto de la circulación y productor de la circulación, en
cuanto que describe su propia trayectoria. La circulación del dinero
—<desde su punto de vista actual — se presenta ahora como un simple
momento de la circulación del capital y su independencia está puesta
como una mera apariencia. Ella aparece determinada desde todos los
puntos por la circulación del capital; sobre esto volveremos más ade-
lante. En la medida en que ella constituye un movimiento autónomo
junto al del capital, esta autonomía está puesta sólo mediante la
continuidad de la circulación del capital, de forma tal que este momento
puede ser fijado y considerado para sí mismo.

[[«El capital es un valor permanente, que se multiplica, que no
perece. Este valor se separa de la mercancía, que lo ha creado; equivale
a una cualidad metafísica insubstancial” siempre en posesión del mis-
mo cultivador» (f. i.),*% «para el cual reviste formas distintas» (Sis-
mondi V1)” «En el cambio del trabajo con el capital, el trabajador
exige la subsistencia pour vivre; el capitalista el trabajo pour gagner»
(Sismondi 1. c.)." «El jefe de la fábrica gana, se beneficia de todo aumento

38 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. II, pág. 261 <Investigación..., pág. 256».
369 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. T. 1, pág. 89.
310 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. T. 1, pág. 91.

*27 insubstancial; en ed. 1939 «und substantiellen» (y substancial).
*28 fi, (for instance, que significa por ejemplo).

de las fuerzas productivas resultante de la división del trabajo» (1. c.)”
«Venta del trabajo = renuncia a todos los frutos del trabajo» (Cherbu-
liez. cap. XXVIII).*? «Las tres partes constitutivas del capital no aumen-
tan proporcionalmente» (a saber: materia prima, instrumento, medios de
subsistencia) «ni están en la misma relación en diferentes estadios
de la sociedad. Los medios de subsistencia continúan siendo los mismos
en una época determinada, independientemente de la velocidad de la
producción y del aumento de la cantidad de los productos. El aumento,
por lo tanto, del capital productivo no lleva consigo necesariamente un
aumento de los medios de subsistencia destinados a constituir el precio
del trabajo; puede ser acompañado por una disminución del mismo»

### Influencia de la circulación en la determinación del valor. — Tiempo
de circulación = Tiempo de devaluación. — Diferencia del modo de
producción capitalista de todos los anteriores (Universalidad, etc.).

### La naturaleza del capital le lleva a propagarse. — Reducción de la
circulación (crédito). — Storch. — Lo que el capitalista anticipa
es trabajo (Malthus). — Límites de la producción capitalista (Thomp-
son).

Si la renovación de la producción depende de la venta de los. productos
acabados —transformación de la mercancía en dinero y reconversión del
dinero en las condiciones de producción, materia prima, instrumento,
salario—; si el camino, que el capitalista recorre, para pasar de una de
estas determinaciones a la otra, constituye determinadas secciones de la
circulación, y si estas secciones son recorridas en determinados períodos
de tiempo (la distancia espacial misma se resuelve en tiempo; no se
trata, por ejemplo, de la distancia espacial del mercado, sino de la ve-
locidad —la cantidad de tiempo— en la que es alcanzado); entonces
la cantidad de productos que pueden ser producidos en un espacio de
tiempo dado, las veces que un capital puede valorizarse en ese mismo
espacio de tiempo, las veces que puede reproducir y multiplicar su va-
lor, depende de la velocidad de la circulación, del tiempo en el que
ésta cubre su recorrido. Aquí entra, por lo tanto, en realidad un mo-
mento de la determinación del valor que no procede de la relación
directa del trabajo con el capital. La relación en la que el mismo capital

31 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. T. I, pág. 92.
372 Cfr. CHERBULIEZ, Richesse ou Pauvreté, etc. pág. 64.
373 Cfr. CHERBULIEZ, Richesse ou Pauvreté, etc. págs. 25-26.

en un determinado espacio de tiempo puede repetir el proceso de pro-
ducción (creación de nuevo valor) es claramente una condición, que no
está puesta directamente por el mismo proceso de producción. Si la
circulación, por lo tanto, no crea ningún momento de la determinación
del valor, puesto que todo momento consiste exclusivamente en traba-
jo, sin embargo, de su velocidad depende la velocidad a la que el pro-
ceso de producción se repite, la velocidad a la que son creados los
valores —por lo tanto, si ella no crea los valores, en cierta medida sí
crea la masa de los valores. Es decir, los valores y plusvalores creados
mediante el proceso de producción multiplicados por el número de veces
que el proceso de producción puede ser repetido en un espacio de tiempo
dado. Cuando hablamos de la velocidad de circulación del capital, pre-
suponemos que son sólo obstáculos externos, que no proceden del mismo
proceso de producción y circulación (como en las crisis, superproduc-
ción, etc.), los que interrumpen el paso de una fase a otra. Al margen
del tiempo de trabajo realizado en el producto, entra, por lo tanto,
como momento de la creación de valor —del mismo tiempo de trabajo
productivo— el tiempo de circulación del capital. Si el tiempo de tra-
bajo se presenta como actividad creadora de valor, entonces este tiempo
de circulación del capital se presenta como tiempo de devaluación. La
diferencia se ve simplemente «en esto: supongamos que la totalidad del
tiempo de trabajo a disposición del capital es el máximo, digamos in-
finito 00, de forma tal que el tiempo de trabajo necesario constituye
una parte infinitamente pequeña y el tiempo de plustrabajo una parte
infinitamente grande de este 00, entonces ésta sería la situación de má-
xima valorización del capital, y ésta es la tendencia que él persigue.
Por otra parte, si el tiempo de circulación del capital fuera puesto = 0,
si los diferentes estadios de su transformación procedieran en la reali-
dad de forma tan rápida como en el pensamiento, entonces éste sería el
coeficiente máximo por el que podría ser multiplicado el proceso de
producción, es decir, el número de procesos de valorización del capital
en un determinado espacio de tiempo. La reproducción del proceso de
producción sólo estaría limitada por el tiempo que transcurre, que él
tarda en transformar la materia prima en producto. El tiempo de circu-
lación no es, por lo tanto, ningún elemento positivo creador de valor;
si él fuera = 0, entonces la creación de valor alcanzaría el máximo.
Ahora bien, si el tiempo de plustrabajo o el trabajo necesario fue-
ra = 0, es decir, si el tiempo de trabajo necesario absorbiera todo el
tiempo, o si la producción pudiera proceder sin ningún trabajo, entonces
no existiría ni valor, ni capital, ni creación de valor. El tiempo de
circulación sólo determina, por lo tanto, el valor, en la medida en que

dicho tiempo se presenta como límite natural para la valorización del
tiempo de trabajo. El tiempo de circulación es en realidad una deducción
del tiempo de plustrabajo, es decir, un aumento del tiempo de trabajo
necesario. Está claro que el tiempo de trabajo necesario tiene que ser
pagado, independientemente de la velocidad o lentitud del proceso de
circulación. Por ejemplo, en una industria, en la que son exigidos traba-
jadores específicos, pero en la que éstos sólo pueden ser ocupados
durante una parte del año, porque los productos sólo son vendibles en
una estación, los trabajadores tendrían que ser pagados para todo el
año, es decir, el tiempo de plustrabajo disminuiría en la misma propor-
ción en la que disminuiría la posibilidad de darles ocupación en un
espacio de tiempo dado, ya que de una manera o de otra ellos tienen
que ser pagados. (Por ejemplo, en la forma de que su salario de 4 me-
ses sea suficiente para mantenerlos durante un año.) Si el capital los
pudiera utilizar durante 12 meses, entonces él no pagaría más salario,
y habría ganado tanto plustrabajo. El tiempo de circulación se presenta,
por lo tanto, como límite de la productividad del trabajo = aumento
del tiempo de trabajo necesario = disminución del tiempo de plustra-
bajo = disminución de la plusvalía = obstáculo, límite del proceso de
autovalorización del capital. Mientras el capital, por lo tanto, tiene que
tender, por un lado, a derribar todo obstáculo espacial del tráfico, es
decir, del cambio, y a conquistar la tierra como mercado propio; por
otro lado, el capital tiende a anular el espacio a través del tiempo, es
decir, a reducir a un mínimo el tiempo que cuesta el movimiento de un
lugar a otro. Cuanto más desarrollado está el capital, cuanto más amplio
es, por lo tanto, el mercado, en el que el capital circula y que constituye
la trayectoria espacial de su circulación, tanto más tiende él hacia una
mayor ampliación espacial y hacia una mayor anulación del espacio a
través del tiempo. (Si el tiempo de trabajo es considerado no como
día de trabajo del trabajador individual, sino como día de trabajo inde-
terminado de un número indeterminado de trabajadores, entonces en-
tran aquí todas las relaciones de población; los principios fundamentales
de la población están contenidos, por lo tanto, en este primer capítulo
del capital, así como también los del beneficio, precio, crédito, etc.)
La tendencia universal del capital, que lo distingue de los demás mo-
dos de producción anteriores, aparece aquí. Aunque por su propia
naturaleza es un modo de producción limitado, el capital tiende hacia
un desarrollo universal de las fuerzas productivas y se convierte así en
el presupuesto de un nuevo modo de producción, que está basado no
en el desarrollo de las fuerzas productivas para reproducir y ampliar al
máximo una determinada situación, sino en el cual el desarrollo libre,

sin trabas, progresivo, universal, de las mismas fuerzas productivas cons-
tituye el presupuesto de la sociedad y, por lo tanto, de su reproduc-
ción; es un modo de producción en el que el único presupuesto es el
superar el punto de partida. Esta tendencia —que tiene el capital, pero
que al mismo tiempo supone una contradicción con él en cuanto modo
de producción limitado y que, por lo tanto, impulsa hacia su disolu-
ción— distingue al capital de todos los modos de producción anterio-
res, e implica al mismo tiempo que el capital sea puesto como un mero
punto de transición. Todas las formas de sociedad existentes hasta la
fecha perecieron al contacto con el desarrollo de la riqueza —o, lo que
es lo mismo, de las fuerzas productivas sociales. Entre los antiguos,
que tenían consciencia de ello, la riqueza es denunciada directamente
como disolución de la comunidad. La constitución feudal por su parte
perece al contacto con la industria ciudadana, con el comercio y la
agricultura moderna (incluso con inventos aislados, como la pólvora y
la imprenta). Con el desarrollo de la riqueza —y, por lo tanto, también
de nuevas fuerzas productivas y del tráfico ampliado entre los indivi-
duos— se disuelven las condiciones económicas sobre las que descan-
saba la comunidad y las relaciones políticas de los diferentes compo-
nentes de la comunidad, que correspondían a ésta: la religión en la
que la comunidad era idealizada (tanto una como otra descansaban a su
vez sobre una relación determinada con la naturaleza, en la que se re-
suelve toda la fuerza productiva); el carácter, el modo de pensar de
los individuos. El desarrollo de la ciencia por sí solo —es decir, de la
forma más sólida de la riqueza, al mismo tiempo producto y productor
de la misma— era suficiente para disolver esta comunidad, pero el
desarrollo de la ciencia, de esta riqueza ideal y al mismo tiempo prác-
tica, es sólo un lado, una forma, en la que se manifiesta el desarrollo
de las fuerzas productivas humanas, es decir, de la riqueza. Considerada
idealmente, la disolución de una forma de consciencia determinada
bastaba para matar toda una época. Desde un punto de vista real este
límite de la consciencia respondía a un grado determinado del desarrollo
de las fuerzas productivas y, por lo tanto, de la riqueza. Ciertamente
tuvo lugar no sólo un desarrollo sobre la base antigua, sino desarrollo
de esta misma base. El desarrollo máximo de esta base (el florecimiento
de la misma; pero se trata de esta base, de esta planta que florece;
de ahí el marchitarse de la planta después del florecimiento y como
consecuencia del mismo) es el punto en el que ella misma se ha elabo-
rado hasta alcanzar la forma en la que es compatible con el máximo
desarrollo de las fuerzas productivas, y, por lo tanto, también con el
desarrollo más rico de los individuos. Tan pronto como se ha alcanzado

este punto, el desarrollo posterior se presenta como decadencia y el
nuevo desarrollo empieza desde una nueva base. Ya hemos visto antes
que la propiedad de las condiciones de producción era identificada con
una forma limitada, determinada de comunidad; y, por lo tanto, con una
forma de individuo de tales cualidades —de cualidades limitadas y de
desarrollo limitado de sus fuerzas productivas— que lo hicieran apto
para la constitución de una tal comunidad. Este mismo presupuesto era
a su vez el resultado de un estadio histórico limitado del desarrollo
de las fuerzas productivas; tanto de la riqueza, como del modo de
crearla. La finalidad de la comunidad, y del individuo —en cuanto con-
dición de producción— era la reproducción de estas determinadas con-
diciones de producción y de los individuos, tanto individualmente como
en sus conexiohes y relaciones sociales —en cuanto soportes vivos de
estas condiciones. El capital pone la producción de riqueza y, por lo
tanto, el desarrollo universal de las fuerzas productivas y la constante
revolución de sus presupuestos presentes, como presupuestos de su
reproducción. El valor no excluye ningún valor de uso; por lo tanto,
tampoco incluye ninguna clase particular de consumo, etc., comer-
cio, etc., como condición absoluta, y todo grado del desarrollo de las
fuerzas productivas sociales, del comercio, del saber, etc., se le presenta
sólo como un límite, que él tiende a superar. Su presupuesto mismo
—el valor— es puesto como producto, no como presupuesto superior
que flota por encima de la producción. El límite del capital consiste
en que todo este desarrollo procede antitéticamente y en que la elabo-
ración de las fuerzas productivas, de la riqueza general, etc., del saber,
etc., se presenta en la forma de alienación del individuo que trabaja; el
individuo se relaciona con las cosas por él elaboradas no como con
condiciones de sí mismo, sino como con la riqueza ajena y con su propia
pobreza. Pero esta misma forma antitética es evanescente y produce
las condiciones reales de su propia superación. El resultado es el si-
guiente: el desarrollo tendencial y, en potencia, general de las fuerzas
productivas —de la riqueza en general — aparece como base; es decir,
la universalidad del tráfico y el mercado mundial se presentan como
base. La base se presenta como posibilidad del desarrollo universal del
individuo, y el desarrollo real de los individuos a partir de esta base
aparece como superación constante de su límite, que es reconocido como
obstáculo, y no como límite sagrado. La universalidad de los individuos
no como universalidad ideal o imaginada, sino como universalidad de
sus relaciones reales e ideales. De ahí también la comprensión de su
historia como un proceso, y el conocimiento de la naturaleza (que se
traduce en el dominio práctico sobre ella) como su cuerpo real. El pro-

ceso de desarrollo es puesto y reconocido como presupuesto de sí mis-
mo. Para ello es necesario, ante todo, que el desarrollo completo de
las fuerzas productivas haya devenido condición de producción; y no
que determinadas condiciones de producción sean puestas como límite
para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Volvamos ahora al tiempo de circulación del capital. La disminu-
ción del mismo (en la medida que no supone un desarrollo de los me-
dios de comunicación y transporte que son necesarios para traer el
producto al mercado) es en parte creación de un mercado continuo y,
por lo tanto, de un mercado que se expande continuamente, y en parte
desarrollo de las relaciones económicas, desarrollo de las formas del
capital, a través de las cuales el capital acorta el tiempo de circulación
artificialmente. (Todas las formas del crédito.) [[Se puede observar en
este momento que, puesto que sólo el capital posee las condiciones de
producción del capital, y, por lo tanto, sólo él satisface y tiende a reali-
zar estas condiciones, es entonces una tendencia general del capital la
de constituir en todos los puntos los presupuestos de la circulación, sus
centros productivos, y asimilárselos, es decir, transformarlos en produc-
ción capitalizadora o producción de capital. Esta tendencia a propagarse
(civilizadora) es propia exclusivamente del capital —a diferencia de las
condiciones de producción anteriores.]] [[Los modos de producción en
los que la circulación no constituye una condición inmanente, dominante
de la producción, no satisfacen naturalmente las necesidades específi-
cas de la circulación del capital y, por lo tanto, tampoco realizan la ela-
boración de las formas económicas y de las fuerzas productivas reales
que corresponden a él. Ya vimos cómo originariamente la producción
basada sobre el capital partía de la circulación; ahora vemos, cómo este
modo de producción pone a la circulación como condición propia y
coloca al proceso de producción inmediatamente como momento del
proceso de circulación y al proceso de circulación como una fase del pro-
ceso de producción en su totalidad. En la medida en que distintos capi-
tales tienen distintos tiempos de circulación (por ejemplo, el uno tiene
un mercado más lejano, el otro más cerca; para el uno la transforma-
ción en dinero está asegurada, para el otro es aleatoria; el uno tiene
más capital fijo, el otro más capital circulante), esto constituye ciertas
diferencias en la valorización. Pero esto ocurre sólo en el proceso de va-
lorización secundario. El tiempo de circulación en sí es límite de la
valorización (el tiempo de trabajo necesario es también un límite; pero
es al mismo tiempo elemento de la valorización, ya que sin él no exis-
tirían ni valor ni capital); detracción del tiempo de plustrabajo o aumen-
to del tiempo de trabajo necesario en relación con el tiempo de plus-

trabajo. La circulación del capital es realizadora del valor, de la misma
forma que el trabajo vivo es creador de valor. El tiempo de circulación
es sólo un límite de esta realización del valor, y, por lo tanto, de la
creación de valor; es un límite que procede no de la producción en ge-
neral, sino que es un límite específico de la producción del capital, cuya
superación —o al menos la lucha con él— entra, por lo tanto, en el
desarrollo económico específico del capital e impulsa al desarrollo de
sus formas en el crédito, etc.]] [[.El capital mismo es la contradicción,
ya que él intenta negar constantemente el tiempo de trabajo necesario
(y esto significa al mismo tiempo la reducción del trabajador a un mí-
nimo, es decir, a su existencia como mera capacidad de trabajo viva),
mientras que el tiempo de plustrabajo sólo existe antitéticamente, es
decir, en oposición al tiempo de trabajo necesario y, por lo tanto, el
capital pone el tiempo de trabajo necesario como necesario para la con-
dición de su reproducción y valorización. Un desarrollo de las fuerzas
productivas materiales —<que es al mismo tiempo desarrollo de las fuer-
zas de la clase trabajadora— suprime en un cierto punto al capital
mismo.1]

[[El empresario sólo puede empezar de nuevo la producción, des-
pués de haber vendido el producto acabado y de haber utilizado el pre-
cio para la compra de nuevas materias y nuevos salarios: cuanto más
rápida es la circulación en operar estos dos efectos, tanto más pronto
está el productor en situación de empezar de nuevo su producción, y
tanto más productos provee el capital en un espacio de tiempo dado
(Storch 34)%*]] [[«Los adelantos específicos del capitalista no consis-
ten en ropa, etc., sino en trabajo» (Malthus IX, 26)]] [[«La acu-
mulación del capital general de la comunidad en otras manos, que no
sean las de los trabajadores, retrasa necesariamente el progreso de toda
industria, excepto el de la remuneración usual del capital que el tiempo
y las circunstancias permiten a los poseedores del mismo...*”* En los
sistemas existentes hasta la fecha la fuerza productiva es considerada en
relación a y subordinada a las acumulaciones actuales, y a la perpetua-

si Cfr. SrorcH, Cours d'Économie Politique, etc. Tome I, págs. 411-412.
La indicación de lugar se refiere al cuaderno de extractos de Marx, en el cual
la cita correspondiente no se encuentra en la página 34 sino en la página 35.

315 Cfr. MaALTHUS, The Measure of Value, etc. pág. 17. La indicación de
lugar se refiere al cuaderno de extractos de Marx, en el que la cita correspondiente
no se encuentra en la página 26 sino en la página 29.

36 Cfr. William Thompson, Ánm Inquiry into the Principles of the Dis-
tribution of Wealth, etc. London 1824, pág. 176. Esta cita se encuentra en la pági-
na 3 del cuaderno de extractos de Marx.

ción de los modos de distribución existentes. La acumulación y la dis-
tribución actual han de ser subordinadas a la fuerza productiva”
(Thompson, 3).]]

### Circulación y creación de valor. (Compensación entre los distintos
capitales en las condiciones de circulación.) El capital no es fuente

de creación de valor. — Costes de la circulación. — La continui-
dad de la producción presupone la negación del tiempo de circu-
lación. :

De la relación del tiempo de circulación con el proceso de producción
se sigue que la suma de valores que es producida, o la valorización
total del capital en una época dada, no está determinada simplemente
por el nuevo valor que él crea en el proceso de producción, o por el
tiempo suplementario que es realizado en el proceso de producción,
sino por el tiempo suplementario (plusvalía) multiplicado por el número
que expresa la frecuencia con que el proceso de producción del capital
puede ser repetido en un espacio de tiempo dado. El número que expre-
sa esta repetición puede ser considerado como el coeficiente del proceso
de producción o de la plusvalía producida por él. Este coeficiente, sin
embargo, no está determinado positiva sino negativamente por la ve-
locidad de la circulación. Es decir, si la velocidad de la circulación fuera
absoluta, es decir, si no tuviera lugar ninguna interrupción del proceso
de producción mediante la circulación, entonces este coeficiente sería
el máximo. Si, por ejemplo, las condiciones reales de la producción de
trigo en un país dado permiten sólo una cosecha, ninguna velocidad
de circulación puede sacar dos cosechas de ahí. Pero si tuviera lugar
una obstrucción en la circulación, el cultivador no podría vender su
trigo lo suficientemente pronto como para contratar, por ejemplo, nue-
vos trabajadores, y su producción, por lo tanto, sería parada. El máximo
del coeficiente del proceso de producción o de valorización en un espacio
de tiempo dado está determinado por el tiempo absoluto que dura
la misma fase de producción. Una vez acabada la circulación, el capital
puede empezar de nuevo su proceso de producción. Si la circulación,
por lo tanto, no ocasionara ninguna demora, si su velocidad fuera ab-
soluta y su duración = 0, es decir, si ella fuera cubierta in no time,
entonces sería lo mismo que si el capital pudiera empezar inmediatamen-
te de nuevo su proceso de producción, tan pronto como éste hubiera

37 Cfr. WiLLram THOMPSON, Án Inquiry, etc., pág. 589. Esta cita se encuentra
en la página 7 del cuaderno de extractos de Marx.

sido terminado; es decir, la circulación no habría existido como obstácu-
lo condicionante de la producción y la repetición del proceso de pro-
ducción sería absolutamente dependiente y coincidiría con la duración
del proceso de producción. Si el desarrollo de la industria permitiera,
por lo tanto, producir con un capital de 100 libras X libras de hilo en
4 meses, entonces el proceso de producción con el mismo capital sólo
podría ser repetido 3 veces en el año, es decir, sólo podrían ser produ-
cidos 3 X libras de hilo. Ninguna velocidad de circulación podría elevar
la reproducción del capital, o mejor dicho, la repetición de su proceso
de valorización por encima de ese punto. Esto sólo podría ocurrir como
consecuencia de un aumento de las fuerzas productivas. El tiempo de
circulación en sí no es ninguna fuerza productiva del capital, sino un
límite de su fuerza productiva, que procede de su naturaleza en cuanto
valor de cambio. El hecho de recorrer las distintas fases de la circulación
se presenta aquí como límite de la producción, como límite puesto por
la naturaleza específica del mismo capital. Todo lo más que puede ocu-
rrir mediante la aceleración y reducción del tiempo de circulación —del
proceso de circulación—, es reducir el límite puesto por la naturaleza
del capital. Los límites naturales para la repetición del proceso de pro-
ducción coinciden, por ejemplo, en la agricultura con la duración de un
ciclo de la fase de producción. El límite puesto por el capital es el tiem-
po que transcurre, no entre la siembra y la cosecha, sino entre la cosecha
y la transformación de la cosecha en dinero y la reconversión del dinero,
por ejemplo, en la compra de trabajo. Los teóricos de la circulación ar-
tificial, que se imaginan que mediante la velocidad de la circulación
ellos pueden hacer algo más que disminuir los obstáculos puestos por
el mismo capital para su reproducción, están en un callejón sin salida.
(Más absurdos aún son, naturalmente, aquellos teóricos de la circulación
artificial que se imaginan que, mediante mecanismos e inventos credi-
ticios que anulan la duración del tiempo de circulación, ellos no sólo
suprimen la demora, la interrupción en la producción, que requiere la
transformación del producto acabado en capital, sino que convierten
en superfluo al capital mismo con el que el capital productor se inter-
cambia; es decir, ellos quieren al mismo tiempo producir sobre la base
del valor de cambio y eliminar y exorcizar las condiciones necesarias de
la producción sobre esta base.) Lo máximo que el crédito puede hacer,
desde este punto de vista —<que se refiere a la circulación pura y sim-
ple— es mantener la continuidad del proceso de producción, sí existen
todas las demás condiciones para esta continuidad, es decir, si exis-
te realmente el capital con el que debe ser cambiado, etc.

En el proceso de circulación está implícito el que para la valoriza-

ción del capital mediante la producción, para la explotación del trabajo
por el capital, esté puesta como condición la transformación del capital
en dinero, o el cambio de capital con capital*”?” en cuanto límite para
el cambio de capital con trabajo y viceversa.

El capital existe como capital sólo en la medida en que recorre las
fases de la circulación, en que recorre los distintos momentos de su
transformación, para poder empezar de nuevo el proceso de producción;
estas fases son fases de su valorización —pero al mismo tiempo, como
ya hemos visto, son fases de su devaluación. En tanto el capital está
fijado en la forma de producto acabado no puede actuar como capital,
es un capital regado. Su proceso de valorización es demorado en el
mismo grado, y es negado su valor en proceso. Esto se presenta, por
lo tanto, como pérdida para el capital, como pérdida relativa de su valor,
pues su valor consiste precisamente en el proceso de valorización. Esta
pérdida del capital no quiere decir, con otras palabras, sino que transcurre
tiempo inutilizado para él, tiempo en el que a través del cambio con
el trabajo vivo podría haberse apropiado tiempo de plustrabajo, trabajo
ajeno, si no hubiera tenido lugar el dead lock. Supongamos ahora mu-
chos capitales en ramas de negocios particulares, y supongamos que
todos son necesarios (lo cual se mostraría en el hecho de que si el
capital emigrara en masa de una de las ramas de negocio, la oferta de
los productos de esta rama descendería por debajo de la demanda y,
por lo tanto, el precio de mercado subiría por encima del precio natural),
y que una rama de negocio requiera, por ejemplo, que el capital a)
permanezca más tiempo en la forma de devaluación, es decir, que
el tiempo, en el que este capital recorre las distintas fases de la circu-
lación sea mayor que en todas las demás ramas de negocios; en este
caso este capital a) consideraría la cantidad menor de nuevo valor que
él hubiera podido crear como una pérdida positiva, igual que si él tu-
viera tantos gastos de más para producir el mismo valor. Dicho capital,
en consecuencia, cargaría sus productos con un valor de cambio pro-
porcionalmente superior al de los demás capitales, para compartir la
misma tasa de ganancia. Pero en realidad esto sólo podría ocurrir en
la medida en que la pérdida fuera dividida entre los demás capitales.
Si a) exige más valor de cambio por el producto que el trabajo que está
objetivado en él, él sólo puede recibir este más en la medida en que
los demás reciban menos del valor real de sus productos. Esto quiere

*29% Pues desde el punto de vista actual tenemos en todos los puntos de
la circulación trabajo o capital exclusivamente. <Entre corchetes en el ms.)

decir que las condiciones más desfavorables bajo las cuales 4) produce,
serían soportadas en partes alícuotas por todos los demás capitales que
cambian con él, y de esta forma resultaría una ganancia media igual.
Pero considerada la suma de las plusvalías creadas por todos los capi-
tales, ésta sería menor, exactamente en la cantidad menor de valoriza-
ción del capital 4) en relación con los demás capitales; solamente que
esta disminución, en lugar de corresponderle exclusivamente al capi-
tal a) sería soportada como pérdida general, como pérdida a partes
alícuotas por todos los capitales¿Nada puede ser, por lo tanto, más risi-
ble, que la ilusión (ver, por ejemplo, Ramsay) de que el capital, al mar-
gen de la explotación del trabajo, constituye una fuente origimal, una
fuente de creación de valor separada del trabajo, ya que la distribución
del plustrabajo dentro de los capitales procede no en proporción al
tiempo de plustrabajo que el capital individual ha creado, sino en pro-
porción al plustrabajo global que han producido la totalidad de los
capitales, y, en consecuencia, al capital individual puede corresponderle
una creación de valor superior que la que sería directamente explicable
a partir de su explotación particular de la fuerza de trabajo. Pero este
más por un lado tiene que ser compensado con un menos por el otro.
Término medio no quiere decir más que esto.”* La cuestión de cómo la
relación de un capital con un capital ajeno, es decir, de cómo la com-
petencia de los capitales distribuye la plusvalía entre ellos, no tiene
claramente nada que ver con la cantidad absoluta de esta plusvalía.
Nada es más absurdo, por lo tanto, que concluir que, puesto que el
capital se hace compensar por su tiempo de circulación excepcional, es
decir, calcula su menor valorización relativa como mayor valorización
positiva, que entonces tomados todos los capitales en conjunto, cada
capital es capaz de sacar algo de la nada, de convertir un menos en un
más, un menos tiempo de plustrabajo en un más tiempo de plustrabajo
o un menos de plusvalía en un más de plusvalía y que, por lo tanto, el
capital posee una fuente de creación de valor mística, independiente
de la apropiación del trabajo ajeno.” La manera en que los capitalistas
calculan entre sí su participación alícuota en la plusvalía —no sólo por
el tiempo de plustrabajo puesto en movimiento, sino también según el
tiempo que su capital no ha trabajado en cuanto tal, es decir, ha estado
ocioso, se ha encontrado en la fase de devaluación— no modifica lo
más mínimo la suma de plusvalía que ellos tienen que repartirse entre
sí. Esta misma suma no puede aumentar por el hecho de que ella es

318 Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 55; MALTHUS, Principles, etc., pág. 268.
3 Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 88-131.

menor de lo que sería si el capital 4), en lugar de estar inactivo, hu-
biera creado plusvalía; es decir, por el hecho de que él ha creado en
el mismo tiempo menos plusvalía que los demás capitales. Este estar
inactivo le es compensado al capital a), en la medida en que procede
necesariamente de las condiciones de la rama de producción particular,
y en la medida, por lo tanto, en que en relación con el capital en ge-
neral se presenta como dificultad para la valorización, como obstáculo
necesario de su valorización. La división del trabajo hace aparecer estos
obstáculos como obstáculos exclusivamente «del proceso de produc-
ción de este capital particular. Pero considerado el proceso de producción
como proceso dirigido por el capital en general, este obstáculo es un
obstáculo general de su valorización. Si se piensa que sólo el trabajo
es el que produce, entonces todos los anticipos de más, que son nece-
sarios durante su valorización, se presentan como lo que son: detrac-
ciones de la plusvalía.

La circulación sólo puede crear valor en la medida en que requiere
la nueva utilización de trabajo ajeno, al margen del trabajo inmediata-
mente consumido en el proceso de producción. Esto es entonces igual
que si en el proceso de producción inmediato fuera utilizado más fra-
bajo necesario. Sólo los costes de circulación auténticos aumentan el
valor del producto, pero disminuyen la plusvalía.

En la medida en que la circulación del capital (el producto, etc.)
no expresa pura y simplemente las fases necesarias para empezar de
nuevo el proceso de producción, esta circulación (ver Storch, por ejem-
plo) no constituye un momento de la producción en su totalidad —no
es, por lo tanto, una circulación puesta por la producción, y en la me-
dida en que ocasiona ciertos costes, éstos son faux frais de production."
Los costes de circulación en general, es decir, los costes de producción
de la circulación, en la medida en que afecta simplemente a los momentos
económicos, a la circulación pura y simple (el transporte del producto
al mercado le da un nuevo valor de uso), tienen que ser considerados
como detracciones de la plusvalía, es decir, como aumento del trabajo
necesario en relación con el plustrabajo.

La continuidad de la producción presupone la negación del tiempo
de circulación. Si éste no es negado, entonces tiene que transcurrir algún
tiempo entre las distintas metamorfosis que el capital tiene que reco-
rrer; su tiempo de circulación tiene que presentarse como detracción
de su tiempo de producción. Por otra parte, la naturaleza del capital
presupone que recorre las distintas fases de la circulación, y que

280 Cfr. Storch, Cours, etc. Tome I, pág. 409-411.

además las recorre no idealmente, con la velocidad con que en el pen-
samiento un concepto se transforma en otro, in no time, sino como
situaciones separadas temporalmente. Antes de poder volar como ma-
riposa, ésta tiene que pasar un tiempo como crisálida. Las condiciones
de la producción del capital, que proceden de la propia naturaleza del
capital, se contradicen. La contradicción sólo*”” puede ser negada y
superada de una doble manera.

Primero, el crédito: Un comprador aparente B —es decir, que paga
realmente, pero no compra realmente— facilita al capitalista A la trans-
formación de su producto en dinero. Pero B mismo sólo es pagado
cuando el capitalista C ha comprado el producto del capitalista A. El
hecho de que este credit-man B le da el dinero a A, para que compre
trabajo, o materia prima e instrumento de trabajo, antes de que A
pueda reponer ambos con la venta de su producto, no modifica la cues-
tión. Au fond él tiene que darle ambas condiciones según nuestro
presupuesto, es decir, todas las condiciones de producción (pero éstas
representan un mayor valor que el originario, que aquél con el que A co-
menzó el proceso de producción). En este caso el capital hb sustituye al
capital 4; pero ambos no son valorizados simultáneamente. B entra
ahora en el lugar de A; es decir, su capital está inactivo, hasta que
cambia con el capital c. Su capital está fijado en el producto de A, que
ha hecho fluido su producto en el capital 6.

### Ramsay. Tiempo de circulación. Llega a la conclusión de que el
capital es la única fuente de beneficio. — Ramsay. Confusión sobre
plusvalía y beneficio y sobre la ley del valor. (Según la ley de
Ricardo no hay plusvalía.) — Ricardo. Competencia. — Quincey.
Teoría del valor de Ricardo. Salario y beneficio. Quincey. — Ricar-
do. — Wakefield. Condiciones de la producción capitalista en las
colonias.

La absoluta confusión de los economistas respecto a la determinación
ricardiana del valor po? el tiempo de trabajo —basada en una falta
esencial de su propio análisis— aparece de forma muy clara en el señor
Ramsay. Éste (después de haber llegado, a partir de la influencia que el
tiempo de circulación de los capitales tiene sobre su valorización rela-

*240 A menos que se suponga que todos los capitales trabajan por encargo
recíproco y que, por lo tanto, el producto es siempre dinero de forma inmediata;
ésta es una suposición que contradice la naturaleza del capital y, por lo tanto,
también la práctica de la gran industria. <Entre corchetes en el ms.»

tiva, es decir, sobre su participación relativa en la plusvalía general,
a la absurda conclusión: «Esto muestra cómo el capital puede regular
el valor independientemente del trabajo» (IX, 84. R. 43)" o también,
«el capital es una fuente de valor independiente del trabajo» (55. 1. c.))
dice textualmente: «Un capital circulante (approvisionnement)”” man-
tendrá siempre más trabajo que el que le fue conferido previamente,
porque, si no pudiera emplear más de lo que previamente le había sido
conferido, ¿qué ventaja podría derivar el propietario de su uso en cuanto
capital?» (loc. cit. 49). «Supongamos dos capitales del mismo valor,
cada uno de los cuales es producido por el trabajo de 100 hombres
trabajando durante un espacio de tiempo dado, y de los cuales el uno
es capital circulante en su totalidad, y el otro capital fijo en su totali-
dad, y puede consistir quizás en vino guardado para mejorarlo. Ahora
bien, este capital circulante, producido por el trabajo de 100 hombres,
pondrá en movimiento a 150. Por lo tanto, el producto al final del si-
guiente año será en este caso el resultado del trabajo de 150 hombres.
Sin embargo, no será de más valor que el vino al final del mismo pe-
ríodo, a pesar de que sólo fueron empleados 100 hombres en este últi-
mo». (50) «¿O es que se quiere asegurar que la cantidad de trabajo
que empleará todo capital circulante no es sino igual a la que le fue
conferida previamente? Esto querría decir que el valor del capital gas-
tado = al valor del producto» (52). Gran confusión entre el trabajo
conferido al capital y el trabajo que éste empleará. El capital, que es
cambiado por fuerza de trabajo, el approvisionnement —y a esto lo
llama él capital circulante— no puede emplear nunca más trabajo del
que le ha sido conferido.” (La repercusión del desarrollo de las fuerzas
productivas sobre el capital existente no nos interesa aquí.) Pero al
capital le ha sido conferido más trabajo del que él ha pagado, plustra-
bajo, que es convertido en plusvalía y producto excedente, y que permite
al capital renovar este provechoso negocio —donde la reciprocidad está
sólo en una parte—, a un nivel mayor. El capital puede emplear más
trabajo vivo porque en el proceso de producción le ha sido conferida
una porción de trabajo nuevo por encima del trabajo acumulado en el
que él consistía antes de entrar en el proceso.

El señor Ramsay parece imaginarse que si el capital es el producto

38 La indicación IX, 84 se refiere al número y a la página del cuaderno

de extractos de Marx; la siguiente indicación R, 43, al libro de RAMSAY, Án
Essay, etc., pág. 43.
s2 Paréntesis de Marx que se refiere a las páginas 23-32 del libro de RAMSAY.
sÉ Cfr. RaMsay, Án Essay, etc., págs. 52-63.

de 20 días de trabajo (trabajo necesario y plustrabajo conjuntamente),
este producto de 20 días de trabajo puede emplear a 30 días de trabajo.
Pero esto no es en modo alguno así.* Supongamos que en el producto
han sido utilizados 10 días de trabajo necesario y 10 días de plustra-
bajo. La plusvalía es, por lo tanto = 10 días de plustrabajo. En la
medida en que el capitalista cambia de nuevo estos 10 días por materia
prima, instrumento y trabajo, él puede con el producto excedente poner
en movimiento nuevo trabajo necesario. Lo que hay que destacar aquí
es, no que él haya empleado más tiempo de trabajo que el que está
contenido en el producto, sino que cambia de nuevo tiempo de plus-
trabajo, que no le cuesta nada, por trabajo necesario —«es decir, que
emplea todo el tiempo de trabajo conferido al producto, mientras que
sólo ha pagado parte de ese trabajo. La conclusión del señor Ramsay,
según la cual, si la cantidad de trabajo que cada capital circulante em-
plea no es sino igual a la cantidad que previamente le fue conferida,
entonces el valor del capital gastado sería igual al valor del producto,”
es decir, no quedaría nada como plusvalía, sólo sería correcta, si la
cantidad de trabajo conferida al capital fuera pagada por completo, es
decir, si el capital no se apropiara una parte de trabajo sin equivalente.
Estos errores de Ricardo proceden claramente de que él no tenía claro
el proceso, ni, en cuanto burgués, podía tenerlo. La inteligencia de
este proceso es = a afirmar que el capital no es, como dice A. Smith,”
disposición sobre trabajo ajeno, en el sentido en que lo es todo valor
de cambio, porque le da poder de compra a su propietario, sino que el
capital es el poder de apropiarse trabajo ajeno sin cambio, sin equiva-
lente, pero con la apariencia del cambio. Ricardo frente a A. Smith y
otros, que caen en el mismo error sobre el valor en cuanto determinado
por el trabajo, y sobre el valor en cuanto determinado por el precio del
trabajo (salarios), no sabe refutarlos más que diciendo que con el pro-
ducto de la misma cantidad de trabajo se puede poner en movimiento
unas veces más y otras menos trabajo vivo, es decir, él considera el
producto del trabajo en relación con el trabajador sólo como valor de
uso —sólo como la parte del producto que él necesita para poder vivir
como trabajador. Pero de donde procede el hecho de que el trabajador
sólo represente valor de uso en el cambio o sólo obtenga valor de uso

3% Cfr. Ramsay, An Essay, etc., págs. 51-52.

385 Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 52.

ss Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 22. Nota; Ricardo, On the Principles, etc.,
págs. 5, 7-8, 9. <Principios..., págs. 9-13».

3 Cfr. A. SmIiTHm, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 101-102, 131-134 <Inves-
tigación...).

en el cambio, no lo tiene él claro en modo alguno, como lo demuestra
su argumentación contra A. Smith que no es nunca general, sino que
se centra siempre en ejemplos particulares. ¿De dónde procede, enton-
ces, el que la participación del trabajador en el valor del producto no
sea determinada por el valor, sino por el valor de uso del producto, es
decir, no por el tiempo de trabajo gastado en éste, sino por la cualidad
de mantener a la fuerza de trabajo viva? Si él explica esto mediante la
competencia de los trabajadores entre sí, entonces habría que contes-
tarle lo mismo que él le contesta a A. Smith sobre la competencia de
los capitalistas: que esta competencia puede ciertamente equiparar el
nivel de los beneficios, pero que no puede en modo alguno crear la me-
dida de este nivel.** De la misma forma, la competencia entre los tra-
bajadores podría hacer bajar los salarios más altos, etc., pero el nivel
general del salario, o como Ricardo dice, el precio natural del salario,
no podría ser explicado a partir de la competencia entre trabajador y
trabajador, sino única y exclusivamente a partir de la relación origina-
ria entre capital y trabajo. La competencia en general, esa locomotora
esencial de la economía burguesa, no establece las leyes de la misma, sino
que es su ejecutora. La competencia ilimitada no es, por lo tanto, la
premisa para la verdad de las leyes económicas, sino la consecuencia
—la forma de manifestación, en la que se realiza su necesidad. Para
los economistas, como hace Ricardo, presuponer que existe una com-
petencia ilimitada, es presuponer la realidad y realización completa de
las relaciones de producción burguesas en su diferencia específica. La
competencia, por lo tanto, no explica estas leyes; las hace ver, pero
no las produce. Ricardo dice también que los costes de producción del
trabajo vivo dependerían de los costes de producción de los valores ne-
cesarios para su reproducción.” Si él consideraba antes el producto en
relación con el trabajador sólo como valor de uso, ahora considera al
trabajador en relación con el producto sólo como valor de cambio. El
proceso histórico a través del cual el producto y el trabajo vivo entran
en relación el uno con el otro no le interesa. Pero tampoco tiene él
claro totalmente la manera en que es perpetuada esta relación. Para
él el capital es el resultado del ahorro; esto muestra ya que no com-
prende su proceso de nacimiento y reproducción. Él se imagina, por lo
tanto, que la producción es imposible sin capital, mientras que se ima-

38e Cfr. Ricardo, On the, Principles, etc., págs. 7-88 <Principios..., págs. 69-
70»; Ramsay, An Essay, etc., pág. 88.

38 Cfr. RicarDOo, On the Principles, etc., págs. 338-339.

0 Cfr. RicAro, On the Principles, etc., pág. 86 <Principios..., pág. 67).

gina que el capital es perfectamente posible sin renta de la tierra. El
hecho de que no exista para él diferencia entre beneficio y plusvalía
demuestra que no tiene clara la naturaleza ni del uno ni de la otra.
Su mismo proceder desde el comienzo pone de manifiesto esto. Origi-
nariamente Ricardo hace cambiar al trabajador con el trabajador —y su
cambio es determinado por el equivalente, por el tiempo de trabajo gas-
tado en la producción de cada uno. Entonces aparece el auténtico proble-
ma de su economía, el demostrar que esta determinación del valor no es
modificada por la acumulación de capitales —+es decir, por la existencia
del capital * En primer lugar, no se le pasa por la imaginación que su
primera relación natural sólo es una relación abstraída de la produc-
ción basada en el capital. En segundo, él ve la existencia de una deter-
minada cantidad de tiempo de trabajo objetivado, que ciertamente pue-
de aumentar, y se pregunta, ¿cómo es dividido? Pero la cuestión es
más bien la de cómo es producido, y ésta es precisamente la naturaleza
específica de la relación de capital y trabajo, o la diferencia específica
del capital, que explica esto. En realidad, como lo expresa Quincey
(X, 5) en la economía moderna (Ricardo) se trata simplemente de los
dividendos, mientras que el producto global es considerado como fijo,
como determinado por la cantidad de trabajo utilizado en él —y según
ello es estimado su valor.** A Ricardo, por lo tanto, le es reprochado con
razón que no comprende la plusvalía, aunque sus adversarios la com-
prenden todavía menos. El capital es representado como el ente que
se apropia una parte determinada del valor existente del trabajo (del
producto); la creación de este valor, que él se apropia, por encima del ca-
pital reproducido, no es representada como la fuente de la plusvalía. Esta
creación coincide con la apropiación de trabajo ajeno sin cambio y no
puede, por lo tanto, ser comprendida claramente por la economía bur-
guesa. Ramsay le reprocha a Ricardo el olvidar que el capital fijo (en
el que consiste el capital al margen del approvisionnement, que para
Ramsay es al mismo tiempo la materia prima y el instrumento) deriva
de la suma, que el capitalista y el trabajador tienen que repartirse. «Ri-
cardo olvida que todo el producto no sólo se divide entre salarios y
beneficios, sino que también es necesaria una parte para reponer el
capital fijo» (IX, pág. 88. R. 174, nota).** En realidad, puesto que la re-

391 Cfr. Ricardo, On the Principles, etc., págs. 16-41 <Principios..., págs. 16-38).

32 Cfr. Thomas DE QUINCEY, The Logic of Political Economy. Edinburgh
and London 1844, pág. 204. La indicación (X, 5) en el texto se refiere a la pá-
gina 5 del cuaderno de extractos X, en el que Marx incluyó la cita correspondiente.

3% La indicación de lugar IX, pág. 88, se refiere al cuaderno de extractos
de Marx; la indicación R, 174, nota a RAMSAY, Essay, etc.

lación del trabajo objetivado con el trabajo vivo —que no puede ser
deducida de los dividendos de una cantidad de trabajo dada, sino de la
creación de plustrabajo— no es concebida en su movimiento dinámico
por Ricardo, y, por lo tanto, tampoco es concebida la relación de las
diferentes partes constitutivas del capital entre sí, se tiene la impresión
de que para Ricardo todo el producto se divide en salarios y benefi-
cios, de forma tal que la reproducción del capital es contada entre los
beneficios. Quincey (loc. cit. Cuaderno X, 5) discute la teoría de Ricardo
de la forma siguiente: «Si el precio es 10 chelines, entonces los salarios
y los beneficios como un todo, no pueden ser más de 10 chelines. ¿Pero
los salarios y beneficios como un todo no predeterminan el precio por
sí mismos? No, ésta es la vieja doctrina ya superada» (pág. 204). «La
nueva economía ha mostrado que todo precio es gobernado por la can-
tidad proporcional de trabajo productivo y sólo por ésta. Una vez fijado
el precio, ipso facto, fija el fondo del cual tienen que derivar los salarios
y los beneficios sus dividendos distintos» (loc. cit. 204)%* El capital se
presenta aquí no como creador de plusvalía, es decir, de plustrabajo,
sino como realizador de detracciones de una determinada cantidad de
trabajo. Que el instrumento y la materia prima se apropian esos divi-
dendos, tiene que ser explicado después a partir de su valor de uso en
la producción, con lo cual se presupone la idiotez de que la materia
prima y el instrumento, por su separación del trabajo, crean valor de
uso. Pues es la separación la que los convierte en capital. Considerados
para sí mismos son trabajo, trabajo pasado. Esto además choca con razón
con el sentido común antes que con la lógica, ya que el capitalista sabe
muy bien que él calcula el salario y el beneficio a los costes de produc-
ción y según ello regula el precio necesario. Esta contradicción entre
la determinación del producto por el tiempo de trabajo relativo y la de-
limitación de la suma de beneficios y salarios por la suma de este tiem-
po de trabajo, y la formación real del precio en la práctica, procede
simplemente de que el beneficio no es comprendido como forma deri-
vada y secundaria de la plusvalía; exactamente aquello que el capitalista
considera con razón como sus costes de producción. Su beneficio pro-
cede simplemente de que a él una parte de la producción no le cuesta
nada y, por lo tanto, no entra en sus gastos, en sus costes de producción.

** «Cualquier cambio que pueda perturbar las relaciones existentes

3% Cfr. Quincey, The Logic of Political Economy, etc., pág. 204; la indi-
cación Cuaderno X, 5, se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

*241 Aquí empieza el siguiente cuaderno, cuya primera página lleva el en-

cabezamiento: Cuaderno VI. El capítulo sobre el Capital. Londres. Febrero 1858.

entre salarios y beneficios tiene que tener su origen en los salarios»
(Quincey (X, 5) pág. 205). Esto sólo es verdad en la medida en que
cualquier variación en la masa de plustrabajo tiene que ser derivada
de una variación en la relación entre trabajo necesario y plustrabajo.
Pero esta variación puede producirse, bien si el trabajo necesario de-
viene menos productivo y, en consecuencia, una parte mayor del trabajo
global se reduce a ser trabajo necesario, o bien si el trabajo global
deviene más productivo y, por lo tanto, disminuye el tiempo de traba-
jo necesario. No tiene sentido decir que esta productividad del trabajo
procede de los salarios. Su resultado es más bien la disminución de los
salarios relativos. Ella procede por el contrario 1) de la apropiación por
el capital del aumento de las fuerzas productivas a consecuencia de la
división del trabajo, comercio, que produce materias primas más ba-
ratas, ciencia, etc.; 2) pero este aumento de las fuerzas productivas,
en la medida en que es realizado mediante la utilización de un mayor
capital, etc., tiene que ser considerado como algo que deriva del capital.
Más aún: beneficio y salario, a pesar de ser determinados por la re-
lación de trabajo necesario y plustrabajo, no coinciden con ellos, son
sólo formas secundarias de los mismos. Pero lo que hay que resaltar
es lo siguiente: los ricardianos presuponen la existencia de una deter-
minada cantidad de trabajo; dicha cantidad determina el precio del
producto, de donde extraen sus dividendos el trabajo en forma de sa-
lario y el capital en forma de beneficios; los dividendos del trabaja-
dor = al precio de los medios de subsistencia necesarios. Por lo tanto,
en las «relaciones existentes entre salarios y beneficios» la tasa de be-
neficios es la máxima y la de los salarios la mínima. La competencia
entre los capitalistas puede solamente modificar la proporción en la
que ellos participan en el beneficio total, pero no puede alterar la rela-
ción entre el beneficio total y los salarios totales. El nivel general de
beneficio consiste en esta relación entre beneficios totales y salarios
totales, y ésta no es alterada por la competencia. ¿De dónde procede,
pues, la alteración? Ciertamente no de que la tasa de beneficio dismi-
nuya voluntariamente, y tendría que hacerlo voluntariamente, ya que
la competencia no conduce a este resultado. Entonces procede de la
alteración de los salarios, cuyos costes pueden subir (teoría de la dete-
riorización progresiva del suelo, al que está subordinada la agricultura;
teoría de la renta de la tierra) como consecuencia de una disminución
de la productividad del trabajo procedente de causas naturales. Carey,
etcétera, opone a esto con razón (aunque, de la forma en que él lo
explica vuelve a no tenerla), que la tasa de beneficio no desciende
como consecuencia de la disminución, sino del aumento de la producti-

vidad." Todo esto se resuelve simplemente diciendo que la tasa de
beneficio no tiene en consideración la plusvalía absoluta, sino la plus-
valía en relación con el capital utilizado, y que el aumento de la produc-
tividad está acompañado por una disminución de la parte de capital
que represente el approvisionnement en relación con la parte que re-
presenta capital invariable; y de ahí que en la medida en que desciende
la proporción del trabajo global utilizado en relación con el capital
que lo pone en movimiento, también disminuya la parte del traba-
jo que se presenta como plustrabajo o plusvalía. De esta incapacidad de
explicar uno de los fenómenos más sobresalientes de la producción mo-
derna procede el que Ricardo no haya comprendido su propio principio.
En qué dificultades ha enredado a sus discípulos, resulta del siguiente
pasaje de Quincey, entre otros: «Es un paralogismo común afirmar
que si en la misma finca han sido utilizados siempre 5 hombres, y si
en 1800 ellos producían 25 quarters, y en 1840 producen 50 quarters,
el que se tienda a pensar que el producto es lo único variable y el tra-
bajo es constante, mientras que en realidad ambos han variado. En
1800 cada quarter tiene que haber costado 1/5 de un hombre, en 1840
cada quarter no ha costado más de 1/10 de hombres» (loc. cit. 214). En
ambos casos el tiempo de trabajo absoluto era el mismo, 2 días; pero
en 1840 la productividad del trabajo se había duplicado respecto a 1800
y, por lo tanto el coste de producir el trabajo necesario era menor. El
trabajo gastado en 1 quarter era menor, pero el trabajo global era
el mismo. Pero que la productividad del trabajo no determina el valor
del producto —aunque determina la plusvalía, si bien no en proporción
al aumento de la productividad— lo debería saber el señor Quincey
de Ricardo. Las contradicciones que se hacen valer contra Ricardo son
del estilo de los sofismas deseperados de sus discípulos (por ejemplo,
el señor Mac Culloch que explica mediante el plustrabajo la plusvalía
que el vino viejo tiene respecto al joven).* El valor no tiene que ser
tampoco determinado por el trabajo que ha costado la unidad, es decir,
por el precio de cada quarter. Sino que el valor es constituido por el
precio multiplicado por el número. Los 50 quarters en 1840 tenían el
mismo valor que los 25 en 1800, porque contenían la misma cantidad
de trabajo objetivado. El precio de cada quarter, de la unidad, tiene que
haber sido distinto y el precio global (expresado en dinero) puede haber
sido diferente por muy diferentes motivos. (Lo que Quincey dice de la
máquina, vale para el trabajador: «una máquina, tan pronto como es

(
3 Cfr. H. C. Carex, Principles, etc. Part the first, págs. 99, 129.
3% Cfr. McCuLLocH, The Principles, etc., págs. 313-318.

conocido su secreto, no será vendida por el trabajo producido, sino por
el trabajo que produce... no será considerada como una causa igual a
ciertos efectos, sino como un efecto reproducible con certeza por una
causa conocida y a un coste conocido» (84, 85). De Quincey dice de
Malthus: «Malthus en su economía política rehúsa ver, incluso niega
positivamente, que si dos hombres producen un resultado variable de
10 a 5, entonces en un caso cada unidad del resultado ha costado el
doble de lo que ha costado la unidad en el otro. Por el contrario, porque
hay siempre dos hombres, Mr. Malthus insiste obstinadamente en que
el coste del trabajo es constante» (loc. cit. 215 nota). En realidad, el
coste en trabajo es constante, porque, según la premisa, tanto trabajo
está contenido en 10 como en 5. Pero el coste de trabajo no es constante,
porque en el primer caso —puesto que la productividad del trabajo
es doble— el tiempo que entra dentro del trabajo necesario es menor
en una proporción determinada. Nosotros entraremos en seguida a exa-
minar la tesis de Malthus. Antes de proseguir el análisis del tiempo de
circulación del capital y su relación con el tiempo de trabajo, es éste el
momento de considerar la teoría completa de Ricardo sobre este tema,
para fijar más precisamente las diferencias de nuestra concepción de la
suya. (Las citas de Ricardo en el cuaderno VIII.)”

El primer presupuesto para Ricardo es «la competencia ilimitada»
y el aumento discrecional de los productos mediante la industria (19.
R. 3)% Esto, en otras palabras, no quiere decir sino que las leyes del
capital se realizan totalmente sólo dentro de la competencia ilimitada
y de la producción industrial. Sobre esta base productiva y aquella re-
lación de producción se desarrolla adecuadamente el capital; es decir,
sus leyes inmanentes se realizan por completo. Pero puesto que esto
es así para él, habría que mostrar cómo la competencia ilimitada y la
producción industrial son condiciones de realización del capital, que
éste mismo tiene que producirlas siempre en mayor medida. Aquí, por
el contrario, la hipótesis se presenta como la hipótesis del mero teórico,
quien, para presentarse como teórico puro, pone la relación del capital
consigo mismo en cuanto capital —la libre competencia y el modo de
existencia productivo del capital — como algo externo y arbitrario, no
como desarrollos del capital, sino como presupuestos ideales del capital.
Por lo demás, éste es el único pasaje de Ricardo donde tiene una cierta
intuición de la naturaleza histórica de las leyes de la economía burguesa.

39 Véase las páginas 787-839 de la edición alemana de los Grundrisse.
38 La indicación de lugar 19 se refiere a la página del cuaderno de extrac-
tos de Marx; la indicación R, 3, a la obra de Ricardo.

Bajo este presupuesto el valor relativo de las mercancías (esta palabra
no tiene sentido, ya que el valor absoluto es nomsense) es determinado
por la cantidad diferente que puede ser producida en el mismo tiempo
de trabajo, o por la cantidad de trabajo proporcionalmente realizada en
las mercancías (pág. 4) (cuaderno 19). (En adelante la primera cifra es
para la página en el cuaderno; la segunda para la página en Ricardo.)””
De qué manera se pasa ahora del valor en cuanto equivalente, deter-
minado por el tiempo de trabajo, al no-equivalente, o al valor, que
crea plusvalía en el cambio, es decir, cómo se pasa del valor al capital,
cómo se pasa de una determinación a la aparentemente opuesta, no le
interesa a Ricardo. La cuestión para él es sólo la siguiente: cómo la
relación de valor de las mercancías puede y tiene que continuar siendo
la misma, y cómo puede y tiene que ser determinada dicha relación por la
cantidad de trabajo relativo, a pesar de que los propietarios de traba-
jo acumulado y los de trabajo vivo no cambian equivalentes en tra-
bajo, es decir, a pesar de la relación de capital y trabajo. Es entonces
un ejemplo muy simple de cálculo el demostrar que la mercancía a) y
la mercancía b) pueden intercambiarse en proporción al trabajo en ellas
realizado, a pesar de que los productores de a) o de b) se repartan di-
ferentemente entre sí el producto a) o el producto b) cambiado por
aquél. Pero puesto que toda la división tiene lugar aquí sobre la base
del cambio, aparece en realidad totalmente inexplicable por qué un
valor de cambio —el trabajo vivo— es cambiado según el tiempo de
trabajo en él realizado, mientras que el otro valor de cambio —el tra-
bajo acumulado, el capital — no es cambiado según la medida del tiempo
de trabajo en él acumulado. En este caso el poseedor de trabajo acumu-
lado no podría cambiar como capitalista. Bray, por ejemplo, con su
cambio igual entre el trabajo vivo y el trabajo muerto cree extraer la
verdadera consecuencia de Ricardo.” Que desde el punto de vista del
cambio puro y simple, el salario del trabajador tendría que ser = al
valor del producto, es decir, la cantidad de trabajo en forma objetivada,
que el trabajador recibe como salario = a la cantidad de trabajo en
forma subjetiva, que él da en trabajo, es una consecuencia tan necesaria,
que A. Smith cae en ella.* Ricardo, por el contrario, se mantiene en
la posición adecuada, pero ¿cómo? «El valor del trabajo o la cantidad

3% Por cuaderno hay que entender cuaderno VIII de extractos, es decir, las
páginas 309-369 de OME 22.

sw Cfr. J. B. Bray, Labour's Wrongs, etc., págs. 38-52, concretamente pág. 48.

“ Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 100-102, 130-131 <Inves-
tigación..., 31-32, 63-64).

de mercancías que una determinada cantidad de trabajo puede com-
prar no son idénticas» ¿Por qué no? «porque el producto del trabajador
o un equivalente de este producto no es = al salario del trabajador». Es
decir, la identidad no existe, porque existe la diferencia. «Por lo tanto»
(puesto que el producto del trabajo no es igual al sueldo del trabaja-
dor) «el valor del trabajo no es la medida del valor, como lo es la can-
tidad de trabajo gastado en una cantidad de mercancías» (19, 5). Valor
del trabajo no es idéntico al salario del trabajo. Por lo tanto, ellos son
diferentes. Es decir, no son idénticos. Ésta es una curiosa conclusión.
Au fond no tiene más fundamento sino que ro es así en la práctica.
Pero según la teoría tendría que ser así. Pues el cambio de valores es
determinado por el tiempo de trabajo en ellos realizado. En consecuen-
cia, se cambian equivalentes entre sí. Por lo tanto, tendría que ser cam-
biada una determinada cantidad de tiempo de trabajo en forma viva
por la misma cantidad de trabajo en forma muerta. Lo que habría que
demostrar precisamente es el hecho de que la ley del cambio se trans-
forma en su contrario. Aquí no es manifestada ni siquiera una vez la
intuición de que esto ocurre. O bien esta intuición estaría implícita en
la reiterada resistencia a la confusión de que la demostración de la in-
versión de la ley del cambio no la puede dar la diferencia del trabajo
muerto y del trabajo vivo, cosa que es concebida inmediatamente: «La
cantidad comparativa de mercancías que puede procurar una deter-
minada cantidad de trabajo determina su valor pasado y presente»
(19, 9), con lo cual, por lo tanto, el trabajo vivo determina incluso re-
troactivamente el valor del trabajo pasado. ¿Por qué entonces el capital
no es también cambiado con el trabajo vivo en proporción al trabajo
realizado en el capital? ¿Por qué una cantidad de trabajo vivo no es = a
la cantidad de trabajo en la que él se ha objetivado? «El trabajo es
naturalmente de cualidad diferente y la comparación de diferentes horas
de trabajos en diferentes ramas de negocios es difícil. Sin embargo, esta
escala es fijada muy pronto en la práctica» (19, 13). «Durante cortos
períodos, al menos de año a año, la variación en esta desigualdad es
insignificante, y por lo tanto, no es tomada en consideración» (19, 15).
Esto no quiere decir nada. Si Ricardo hubiera aplicado su propio prin-
cipio, la cantidad de trabajo (simple) a la que son reducibles las dife-
rentes capacidades de trabajo, la cuestión habría sido fácil. En general
él tiene que hacer lo mismo con las horas de trabajo. Lo que el capita-
lista recibe en el cambio es la capacidad de trabajo: éste es el valor de
cambio que él paga. El trabajo vivo es el valor de uso que para él
tiene este valor de cambio, y de este valor de uso brota la plusvalía
y la negación del cambio en general. A pesar de que Ricardo hace cambiar

con trabajo vivo —es decir, entra inmediatamente dentro del proce-
so de producción— quedan antinomias irresueltas en su sistema, como la
de que una determinada cantidad de trabajo vivo no es igual a la mer-
cancía que él produce, en la que él se ha objetivado, a pesar de que
el valor de las mercancías es = a la cantidad de trabajo en ellas con-
tenido. En el valor de la mercancía está «incluido también el trabajo
de poner la mercancía en el mercado» (19, 18). Ya veremos que el
tiempo de circulación, en la medida en que se presenta en Ricardo como
determinador del valor, se trata sólo del trabajo necesario para poner
la mercancía en el mercado. «El principio de la determinación del valor
por las cantidades relativas de trabajo que contienen las mercancías es
significativamente modificado por la utilización de maquinaria y otro
tipo de capital fijo y duradero. La subida o el descenso del salario afecta
de forma diferente al capital, según que éste sea casi totalmente fijo o
casi totalmente circulante; igualmente actúa la desigual duración del
capital fijo utilizado. Es decir, se añade el beneficio sobre el capital fijo
(interés), así como también la compensación por el mayor espacio de
tiempo, que tiene que transcurrir, hasta que de ambas mercancías la
más valiosa puede ser traída al mercado» (19, 29, 30).*%? Éste último
momento se refiere simplemente a la duración del proceso de produc-
ción, es decir, al tiempo de trabajo inmediatamente utilizado, al menos
en el ejemplo de Ricardo del agricultor y del panadero. (Si el trigo de
uno será traído al mercado más tarde que el del otro, entonces esta
llamada compensación presupone ya, como en el capital fijo, el inte-
rés; por lo tanto, algo derivado, y no una determinación originaria.)

«Beneficio y salario son sólo porciones en las que ambas clases,
capitalistas y trabajadores, participan en la mercancía originaria, y, por
lo tanto, también en la mercancía cambiada por ella» (21, 22).*” El
hecho de que la producción de la mercancía originaria, es decir, su ori-
gen mismo, sea determinado por estas porciomes, y el que, en conse-
cuencia, ellas precedan en cuanto base determinante a la mercancía ori-
ginaria, demuestra que la mercancía originaria no habría sido producida
en absoluto si no contuviera plustrabajo para el capital. Las mercan-
cías en las que se ha invertido la misma cantidad de trabajo cambian
en valor relativo si no pueden ser traídas al mercado al mismo tiempo.
Incluso en el caso de un capital fijo mayor, el valor superior de la mer-
cancía es debido a la mayor cantidad de tiempo que tiene que trans-

/

*22 Debería decir, «19, 25, 27, 29, 30».
*22 Debería decir, «19-20, 31».

currir hasta que puede ser puesta en el mercado... La diferencia en
ambos casos procede de que los beneficios son acumulados como capital
y esto es sólo una compensación por el tiempo en el que los beneficios
han sido retenidos» (19, 35).*“ Esto no quiere decir más, sino que el
capital que está inactivo es calculado y contabilizado como si no estu-
viera inactivo, sino como si se intercambiara con tiempo de plustrabajo.
Esto no tiene nada que ver con la determinación del valor. Entra dentro
del problema del precio. (Y por lo que al capital fijo se refiere sólo
afecta a la determinación del valor en cuanto método distinto de pago
del trabajo objetivado, que abstrae del beneficio.)

«Hay otro principio del trabajo que no indica nada al investigador
económico de países antiguos, pero del que todo capitalista colonial ha
devenido consciente en su propia persona. De lejos, la mayor parte de
las operaciones de la industria, y especialmente aquellas de las cuales el
producto es grande en proporción al capital y al trabajo empleado, re-
quieren un tiempo considerable para ser acabadas. La mayor parte de
ellas no vale la pena comenzarlas sin estar seguro de que se va a ser
capaz de continuarlas durante varios años. Una gran porción del capital
empleado en ellas es fijo, no convertible, duradero. Si sucede algo que
detiene la operación, todo este capital está perdido. Si la cosecha no
puede ser recogida, todo el gasto utilizado para hacerla crecer ha sido
desperdiciado... Esto muestra que la constancia es un principio de no
menor importancia que la combinación del trabajo. La importancia del
principio de la constancia no se ve aquí, porque rara vez ocurre que
el trabajo que lleva adelante un negocio sea detenido contra la volun-
tad del capitalista...” Pero en las colonias la situación es exactamente
la contraria. Aquí los capitalistas tienen tanto miedo de ello, que evitan
el que esto suceda, lo más que pueden, evitando lo más posible aque-
llas operaciones que requieren mucho tiempo para ser acabadas» (Wa-
kefield 169, XIV, 71).** «Hay numerosas operaciones de un tipo tan
simple que no admiten la división en partes y que no pueden ser rea-
lizadas sin la cooperación de muchos pares de manos. Por ejemplo,
arrancar un árbol grande y ponerlo en un carro, arrancar la mala yerba
en un campo extenso en el que crece una cosecha, esquilar un gran rebaño
de ovejas al mismo tiempo, recoger una cosecha de grano en el mo-

42 Cfr. E. G. Wakefield, A View of the Art of Colonisation, etc. London
1849, pág. 169.

*24 Debería decir, «20, 34-35».
*%5 Debería decir, «169-170, XIV, 71».

mento en el que esté suficientemente madura pero no lo esté demasiado,
mover cualquier peso grande; en resumidas cuentas, todo aquello, que
no puede ser hecho a menos que una buena cantidad de pares de manos
cooperen en la misma operación indivisa y la realicen simultáneamente»
(168 loc. cit.). «La combinación y la constancia del trabajo son provistas
en los viejos países sin esfuerzo y sin preocupación por parte de los
capitalistas, simplemente por la abundancia de trabajadores para alquilar.
La escasez de trabajadores para alquilar es la queja universal de las co-
lonias» (170 loc. cit.). «Solamente la tierra más barata en una colonia
es aquella cuyo precio afecta al mercado de trabajo. El precio de esta
tierra, como el de toda tierra despoblada, y de todo aquello que no cuesta
nada producirlo, depende por supuesto de la relación entre la demanda
y la oferta» (pág. 332). «A fin de que el precio de la tierra improductiva
cumpla sus objetivos» (a saber, convertir al trabajador en no-propietario
de la tierra) «tiene que ser adecuado para este fin. Hasta la fecha el precio
no ha sido adecuado en ninguna parte» (338 loc. cit.). El precio «ade-
cuado» tiene que ser el siguiente: «al fundar una colonia el precio po-
dría ser tan bajo que convirtiera en prácticamente ilimitada la cantidad
de tierra apropiada por los colonos: podría ser lo suficientemente alto
como para dar lugar a una proporción entre tierra y población similar
a la de los viejos países, en cuyo caso, si este precio muy alto no
conseguía prevenir la emigración, la tierra más barata en la colonia
podría ser tan cara, y la superabundancia de trabajadores tan deplorable
como en Inglaterra; o bien podría ser un justo medio entre ambos, no
dando lugar ni a superabundancia de población, ni a superabundancia
de tierra, pero limitando la cantidad de tierra, dándole a la tierra más
barata un valor de mercado, de forma tal que esto tendría el efecto de
obligar a los trabajadores a trabajar un tiempo considerable por un sa-
lario, antes de que se pudieran convertir en propietarios de tierra»
(339 loc. cit.). (Cuaderno XIV, 71.) (Este pasaje citado aquí del libro
de Wakefield «Art of Colonisation» pertenece a lo que se ha dicho
antes sobre la separación necesaria del trabajador de las condiciones de
producción. )'”

4% No se puede indicar con precisión a qué pasaje se refiere Marx. Quizás
se trata de las páginas 456-457.

### Plusvalía y beneficio. Ejemplo (Malthus). — Beneficio y plusvalía.
Malthus. — Diferencia entre trabajo y capacidad de trabajo. — La
singular afirmación según la cual la intervención del capital no
modificaría en absoluto el pago del trabajo. — La teoría de Carey
del abaratamiento del capital para el trabajador. — (Disminución
de la tasa de beneficio.) — Wakefield sobre la contradicción entre
la teoría del trabajo asalariado y la teoría del valor de Ricardo.

(El cálculo del beneficio a diferencia del cálculo de la plusvalía real
que produce el capital en el cambio con el trabajo vivo, aparece de forma
clara en el siguiente ejemplo. Se trata de una declaración contenida en
el First Report of the Factory Commissioners. (Malthus* Princip. of
Polit. Economy, 1836. 2.* ed. (Cuaderno X, pág. 42).)

Capital invertido en edificios y maquinaria . . . . £ 10.000

Capital circulante . . . o... £ 7.000

500 interés sobre las 10. 000 libras de capital fijo

350 interés sobre las 7.000 libras de capital circulante

150 interés sobre las rentas, tasas, impuestos

650 interés sobre fondo de amortización al 6 1/2 %

por el uso y consumo de capital

fijo.

1.650

1.100 gastos imprevistos, transporte, carbón, combustible

2.150

2.600 salarios y sueldos

5.350
10.000 alrededor de 400.000 libras de algodón en rama a

6 peniques

15.350
16.000 363.000 libras de hilo. Valor. . . . . . . . £ 16.000

El capital invertido en trabajo es 2.600; la plusvalía es = 1.650.
(850 interés + 150 rentas, etc., hacen 1.000 + 650 de beneficio.)

Pero 2.600: 1.650 = 100: 63 6/13. La tasa de plusvalía es, por lo
tanto, 63 6/13 %. Según el cálculo del beneficio tendría que ser 850 de
interés, 150 renta, 650 beneficio o 1.650: 15.350; más del 107 %.**

*246 107%; debería decir 10'1 %.

En el ejemplo anterior el capital circulante circula 67/70 veces al
año; el capital fijo circula una vez en 15 5/13 años; una vez en 200/13
años.

Beneficio: 650 o alrededor del 4'2 %.*” El salario de los operarios
es 1/6. El beneficio declarado es 4”2; supongamos que sólo fue 4 %.
Este 4 % es calculado sobre un gasto de 15.350. Pero tenemos además
un 5 % de interés sobre 10.000 libras y otro 5 % sobre 7.000 libras;
850 libras = 5 % sobre 17.000. De los anticipos anuales realmente
efectuados tenemos que deducir 1) la parte del capital fijo, que no figu-
ra en el fondo de amortización; 2) lo que es calculado como interés.
(Es posible, que el capitalista A no sea el que se embolsa los intereses,
sino el capitalista B. En cualquier caso son renta y no capital; plus-
valía.) De las 15.350 libras hay que detraer, por lo tanto, 850; quedan
14.500. Entre los 2.600 para salarios y sueldos se encontraban 209 libras
bajo la forma de salario, ya que 1/6 de 15.350 no es 2.600 sino 2.391;
y 14.500 dividido por esta cifra da 6 154/2391 o 6 1/16; este 1/16 lo
podemos dejar de lado.

Los 14.500, por lo tanto, los vende él a 16.000, es decir, con un
beneficio de 1.500; 10 2/3 %; ** dejemos de lado los 2/3 y diga-
mos 10 %; 1/6 de 100 es 16 2/3. Sobre 100, por lo tanto, habría:
83 1/3 de anticipos, 16 2/3 de salario y 10 de beneficio. A saber:

Anticipos Salario Suma Reproducido Beneficio
83 1/3 16 2/3 100 110 10

10 sobre 162/3 o sobre 50/3 es exactamente 60 %. Es decir, para
obtener, según el cálculo del capitalista, un beneficio del 10 % (era algo
más) sobre un capital de 17.000 libras, en el cual el trabajo era sólo 1/6
del anticipo anual de 14.500, el trabajador tiene que producir una
plusvalía (o el capital, como se quiera) de 60 %. O lo que es lo mismo,
de todo el tiempo de trabajo 40 % es trabajo necesario y 60 % plus-
trabajo; su relación es = 4:60 2:3 o 1:3/2. Si, por el contrario, los
anticipos del capital hubieran sido sólo 50, y si los anticipos para salarios
hubieran sido también 50, habría bastado producir 20 % de plusvalía,
para que el capitalista hubiera obtenido un beneficio de 10 %; 50,
50 y 10 = 110. Pero 10 sobre 50 = 20:100 = 20 %. Si el trabajo

4% Cfr. Malthus, Principles, etc., págs. 269-270.

*27 4200; debería decir 4'7 %. El cálculo erróneo, sin embargo, es de
Malthus.
*2A8 10 2/3; debería decir, 10 10/29.

necesario en el segundo caso creara tanto plustrabajo como en el pri-
mero, entonces el beneficio del capitalista serían 30 libras; por otra
parte, si la tasa de creación de valor real, es decir, la creación de plus-
trabajo fuera en el primer caso igual que en el segundo, entonces el
beneficio del capitalista sería sólo de 3 1/3 libras, y si el capitalista tu-
viera que pagar 5 % de interés a otro capitalista, entonces tendría que
soportar una pérdida efectiva. De la fórmula resulta simplemente lo
siguiente: 1) que para determinar la cantidad de plusvalía real, hay que
calcular el beneficio sobre el anticipo en forma de salario; el porcen-
taje en el cual se expresa la relación del llamado beneficio con el sala-
rio; 2) el porcentaje relativamente menor, que supone el gasto sobre
el trabajo vivo en relación con el gasto global, presupone un gasto ma-
yor en capital fijo, maquinaria, etc.; una mayor división del trabajo.
Aunque, por lo tanto, el porcentaje de trabajo es menor que en el capital
que opera con más trabajo, la masa de trabajo realmente puesta en mo-
vimiento tiene que ser significativamente superior; es decir, se tiene
que haber trabajado en general con un capital mayor. La parte alícuota
de trabajo sobre el anticipo global es más pequeña, pero la suma abso-
luta de trabajo puesta en movimiento es mayor para este capital; es
decir, el mismo capital tiene que ser mayor. 3) Si no se trata de maqui-
naria mayor, etc., sino de un instrumento, que no pone en movimiento
más trabajo, y que no representa un gran capital fijo (por ejemplo, la
litografía a mano), sino que simplemente sustituye al trabajo, entonces el
beneficio del capital que trabaja con la máquina es absolutamente me-
nor, que el del capital que trabaja con trabajo vivo. (Pero el primero
puede obtener beneficio en un porcentaje, en el que el otro no puede
y, por lo tanto, lo expulsa del mercado, etc.) La consideración de en
qué medida la tasa de beneficio puede disminuir en el caso de aumento
de capital, pero de forma tal que el beneficio total aumenta, entra den-
tro de la teoría del beneficio (Competencia).

Malthus en sus «Principles of Political Economy», 2.* ed. 1836, tie-
ne una cierta intuición de que el beneficio, es decir, no el beneficio, sino
la plusvalía auténtica, tiene que ser calculada no en relación con el ca-
pital desembolsado, sino con el trabajo vivo anticipado, cuyo valor es
expresado objetivamente en el salario; pero él se pierde en un puro
divertimento, que deviene absurdo, si tuviera que ser tomado como
base de la determinación de valor o de la argumentación sobre la rela-
ción del trabajo con la determinación del valor.

Precisemos: si tomo el valor total del producto acabado, puedo
comparar cualquier parte del producto producido con la parte de gasto
correspondiente, y el porcentaje que el beneficio ocupa en relación con

el producto total, es naturalmente el mismo porcentaje para la parte
alícuota del producto. Supongamos, por ejemplo, que 100 táleros produ-
cen 110, es decir, el producto total es 10 % mayor; 75 táleros corres-
ponden a la parte invariable del capital, 25 al trabajo, es decir, 3/4 para
el primero y 1/4 para el trabajo vivo. Si tomo ahora 1/4 del producto
total, es decir, de 110, obtengo 27 2/4 o 27 1/2. Sobre un gasto de 25
en trabajo el capital tiene una ganancia de 2 1/2, es decir, del 10 %.
Malthus habría podido decir también: si tomo 3/4 del producto total,
es decir, 75, estos 3/4 están representados en el producto total por
82 1/2; es decir, 7 1/2 sobre 75 o el 10 % exactamente. Esto clara-
mente no quiere decir sino que, si sobre 100 gano el 10 %, la ganancia so-
bre cada parte de 100 supone en conjunto un montante igual al 10 %
sobre la suma global. Si he ganado 10 sobre 100, he ganado dos ve-
ces 5 sobre 2 X 50, etc. El hecho de que sobre 100 gano 10, quiere
decir que sobre 1/4 de 100 gano 2 1/2 y sobre 3/4 de 100 gano 7 1/2;
esto no nos hace avanzar ni un paso. Si sobre 100 he ganado 10, ¿cuánto
he ganado sobre 1/4 o 3/4 de 110? A estas puerilidades se reduce la
idea de Malthus. El anticipo sobre el trabajo supone 1/4 de 100;
la ganancia sobre él es el 10 %. 10 % sobre 25 es 2 1/2. O lo que es
igual, si el capitalista ha ganado 10 sobre 100, ha ganado 1/10 sobre
cada parte de su capital, es decir, el 10 %. Esto no le da ningún carácter
cualitativo a una parte del capital en relación con la otra y, en conse-
cuencia, vale lo mismo para el capital fijo, etc., que para el capital
anticipado en trabajo. Aquí lo que se hace más bien es expresar exclu-
sivamente la ilusión, de que cada parte del capital participa proporcio-
nalmente de forma igual en el nuevo valor creado. Es verdad que el
salario anticipado sobre el 1/4 de trabajo no ha creado la plusvalía, sino
que ésta la ha creado el trabajo vivo no pagado. Pero a partir de la
relación del valor total —aquí 10 táleros— con el salario, podemos ver
qué tanto por ciento de trabajo no ha sido pagado, o la cantidad de
plustrabajo existente. En la relación anterior el trabajo necesario está
objetivado en 25 táleros, y el plustrabajo en 10; por lo tanto, su rela-
ción es 25:10 = 100:40; 40 % del trabajo era plustrabajo, o lo que
es igual, 40 % del valor producido por él era plusvalía. Es muy justo
que el capitalista puede calcular: si sobre 100 gano 110, sobre el sala-
rio = 25 he ganado 2 1/2. No se comprende qué utilidad puede pro-
ducir este cálculo. Pero la que Malthus pretende con ello lo vamos a
ver en seguida, en cuanto pasemos al análisis de su determinación del
valor. Pero el que él crea que su simple ejemplo de cálculo contiene
una determinación real, resulta de lo siguiente:

«Supongamos que el capital es gastado exclusivamente en salario;

100 táleros gastados en trabajo inmediato. Al final del año se obtiene 110,
120 o 130; es evidente que en cada caso el beneficio será determinado
por la proporción del valor de todo el producto que es requerido para
pagar el trabajo empleado. Si el valor del producto en el merca-
do = 110, si la proporción requerida para pagar a los trabajadores
es = 10/11 del valor del producto, el beneficio es = 10 %». (Aquí
el señor Malthus no hace más que expresar el anticipo originario de
100 libras como proporción del producto global. 100 es 10/11 de 110.
Es lo mismo decir que yo gano 10 sobre 110, es decir, 1/10 sobre
100 o decir que de 110 el 1/11 es ganancia.) «Si el valor del producto
es 120, la proporción para el trabajo es 10/12 y la ganancia el 20 %;
si 130, la proporción para el trabajo es 10/13 y la ganancia = 30 %».
(En lugar de decir: yo gano 10 sobre 100, puedo también decir los
anticipos suponen el 10/11 de 110; o en lugar de decir, yo gano 20 so-
bre 100, puedo decir que los anticipos suponen 10/12 de 120, etc. El
carácter de estos anticipos, si son en forma de trabajo o de otra ma-
nera, no tiene absolutamente nada que ver con esta forma aritmética de
expresar la cuestión. Si un capital de 100 ha producido sólo 110, yo
puedo o bien partir del capital y decir que he ganado 10 sobre este
capital, o puedo partir del producto de 110 y decir que sólo he antici-
pado 10/11 del mismo. La relación naturalmente es la misma.) «Su-
pongamos ahora que los anticipos del capitalista no consisten sólo en
trabajo. El capitalista espera el mismo beneficio de todas las partes
del capital, que él anticipa» (es decir, él no hace más que repartir el
beneficio que ha obtenido —sobre cuyo origen no tiene ninguna idea
clara— proporcionalmente sobre todas las partes de sus gastos, abstra-
yendo por completo de su diferencia cualitativa). «Supongamos que 1/4
de los anticipos sea para trabajo» (inmediato) «y 3/4 consisten en tra-
bajo acumulado y beneficios, con cualquier adición, que puede derivar
de rentas, tasas y otros gastos. Entonces es estrictamente verdad que
los beneficios del capitalista variarán con la variación en el valor de
este 1/4 de producto, comparado con la cantidad de trabajo emplea-
do».** (No con la cantidad, como dice el señor Malthus, sino comparado
con el salario pagado.) (Por lo tanto, es estrictamente verdad que sus
beneficios variarán con la variación del valor de los 3/4 de su producto
comparado con los anticipos en trabajo acumulado; es decir, la ganancia
se relaciona con el capital global anticipado (10: 100) de la misma forma
que toda parte del producto total (110) a la parte de anticipo a ella

45 Cfr. Malthus, Principles, etc., págs. 267-268.

correspondiente.) «Por ejemplo —continúa Malthus—, un agricultor uti-
liza en el cultivo 2.000 libras, 1.500 de las cuales en simiente, manteni-
miento de animales, uso y consumo de capital fijo, etc., y 500 libras
en trabajo inmediato y el producto al final es 2.400. Su beneficio
es 400 sobre 2.000 = 20 %. Es igualmente obvio que si tomamos 1/4
del valor del producto, a saber 600 libras, y lo comparamos con la
cantidad pagada en salarios por el trabajo inmediato, el resultado mos-
traría la misma tasa de beneficio»** (loc. cit. 267, 268. Cuaderno X, 41,
42). (Es igualmente obvio que si tomamos 3/4 del valor del producto,
a saber 1.800, y lo comparamos con la cantidad pagada en anticipos
por el trabajo acumulado, a saber con 1.500 libras, el resultado mos-
traría exactamente la misma tasa de beneficio. 1.800:1.500 = 18:15 =
= 6:5. 6 sobre 5 es 1/5, es decir, 20 %.) (Malthus tiene aquí en la
cabeza dos formas aritméticas distintas, que él confunde: primero si
sobre 100 obtengo 10, no he ganado 10 sobre cada parte de 100, sino
el 10 %: es decir, 5 sobre 50, 2 1/2 sobre 25, etc.; ganar 10 sobre 100
no quiere decir más que ganar el 1/10 sobre cada parte de 100 y, por
lo tanto, el beneficio tiene que ser arrancado en cuanto 1/10 de bene-
ficio sobre el salario, y si el beneficio es dividido proporcionalmente
sobre todas las partes del capital, entonces puedo decir que la tasa de
beneficio sobre el capital global varía con la tasa de beneficio sobre
cada parte del mismo, es decir, también sobre la parte anticipada en
salarios. 2) Si he ganado 10 % sobre 100, entonces el producto total
es 110. Si el salario constituyera el 1/4 del capital anticipado = 25,
entonces constituiría solamente 4 2/5 partes sobre 110; es decir, cons-
tituiría una parte alícuota más pequeña en un 1/44, y tendría que
constituir una parte menor del producto total en la misma proporción
en que éste aumenta en relación con el producto originario. Esto no
es a su vez más que otro tipo de cálculo. 10 constituye 1/10 de 100,
pero sólo 1/11 de 110. Yo puedo, por lo tanto, decir, que en la misma
proporción, en la que el producto global deviene mayor, cada parte
alícuota del capital originario constituye una parte menor de él. Tau-
tología.)

En su escrito: «The Measure of Value stated and illustrated. Lon-
don 1823» (Cuaderno IX), Malthus afirma que el «valor del trabajo»
es «constante» y, por lo tanto, la medida verdadera del valor es gene-
ral.” «Cualquier cantidad de trabajo dada tiene que ser del mismo valor
que los salarios que disponen de él o con los cuales él realmente se

«ws Cfr. MaLtTHUS, Principles, etc., pág. 268 .
“1 Cfr. Malthus, The Measure of Value, etc., pág. 29, nota.

intercambia» (pág. 5 loc. cit.)'* (IX, 29). Aquí se habla naturalmente del
trabajo asalariado. La verdad es más bien la siguiente: cualquier can-
tidad de trabajo dada = a la misma cantidad de trabajo expresada en
un producto; o lo que es igual, todo producto es sólo una determinada
cantidad de trabajo, objetivado en el valor del producto, que es medido
en relación con otros productos por esta cantidad. El salario expresa
ciertamente el valor de la capacidad de trabajo viva, pero en modo
alguno el valor del trabajo vivo, que se expresa más bien en la fórmula
Salario + Beneficio. El salario es el precio del trabajo necesario. Si el
trabajador tuviera que trabajar 6 horas para vivir, y él produjera para
sí, en cuanto mero trabajador, él recibiría diariamente mercancías de
6 horas de trabajo, pongamos 6 peniques. Ahora bien, el capitalista le
hace trabajar 12 horas y le paga 6 peniques. El capitalista le paga 1/2 pe-
nique por hora; es decir, una cantidad dada de 12 horas de trabajo
tiene un valor de 12 peniques, y 12 peniques es ciertamente el valor
por el cual el producto es cambiado, cuando es vendido. Por otra parte,
el capitalista con este valor, si él lo puede reinvertir en mero trabajo,
dispone de 24 horas. El salario, por lo tanto, dispone de una cantidad
de trabajo mucho mayor que aquella en la que él consiste, y una can-
tidad dada de trabajo vivo es cambiada realmente por una cantidad
mucho menor de trabajo acumulado. Lo único que es seguro es que
el precio del trabajo, el salario, tiene que expresar siempre la cantidad
de trabajo que los trabajadores necesitan para conservarse con vida. El
salario de cualquier cantidad de trabajo tiene que ser igual a la canti-
dad de trabajo que el trabajador tiene que gastar en su propia repro-
ducción. En el ejemplo anterior un hombre pondría a trabajar a dos
hombres durante 12 horas —24 en total — con la cantidad de trabajo
efectuado por uno. En el caso anterior el producto se intercambiaría
con otro producto por valor de 12 peniques, o por 12 horas de trabajo,
y, en consecuencia, se produciría un beneficio de 6 peniques (plusvalía
para el capitalista). El valor del producto es determinado por el trabajo
en él contenido, y no por la parte del trabajo en él contenido, que es
pagada por el capitalista. El trabajo efectuado y no pagado constituye
el valor del producto; pero el salario expresa sólo el trabajo pagado,
nunca el trabajo efectuado. La medida de este pago depende de la pro-
ductividad del trabajo, pues ésta determina la cantidad de trabajo ne-
cesario. Y puesto que estos salarios constituyen el valor del trabajo (el
trabajo mismo puesto como mercancía), este valor es constantemente

“we Cfr. Malthus, The Measure of Value, etc., pág. 5.

variable, y en modo alguno constante. La cantidad de trabajo, que el
trabajador trabaja, es muy diferente de la cantidad de trabajo, que está
elaborada en su capacidad de trabajo, de la cantidad que es necesaria
para reproducir su capacidad de trabajo. Pero en cuanto mercancía el
trabajador no vende el uso, que se hace de él, él no se vende como causa,
sino como efecto. Oigamos ahora cómo el señor Malthus se esfuerza
por hacer que la cuestión resulte limpia (clean).

«Las condiciones de la oferta de mercancías no requieren que ellas
mantengan siempre los mismos valores relativos, sino que cada una man-
tenga su propio valor natural, es decir, los medios de obtener aquellos
objetos que le conservarán al productor el mismo poder de producción
y acumulación... los beneficios son calculados sobre los anticipos ne-
cesarios para la producción... los anticipos específicos del capitalista
no consisten en medios de subsistencia sino en trabajo; y como ningún
otro objeto puede representar una cantidad dada de trabajo, está claro
que es la cantidad de trabajo, del que una mercancía podrá disponer, y
no la cantidad de cualquier otra mercancía, la que puede representar
la condición de su oferta, es decir, su valor natural»*”* (17, 18) (IX, 29).
Ya a partir del hecho de que los anticipos del capitalista consisten en
trabajo, Malthus habría podido ver que la cuestión no es limpia. Supon-
gamos que 6 horas es el tiempo de trabajo necesario; A, B, dos in-
dividuos, que cada uno trabaja para sí, pero que intercambian sus
productos. A trabaja 6 horas, B trabaja 12 horas. Si A quiere obtener
las 6 horas, que B ha trabajado más que él, si quiere consumir el pro-
ducto de 6 horas suplementarias de B, entonces él no puede darle a B
más que 6 horas de trabajo vivo, pongamos al día siguiente. B posee
ahora sobre A un producto de 6 horas de trabajo. Supongamos ahora
que en estas circunstancias él se convierte en un capitalista y deja de
trabajar. El tercer día él sólo tendría que dar por las 6 horas de A su
producto acumulado de 6 horas, y tan pronto como A hubiera concluido
el cambio, tendría que empezar a trabajar de nuevo o se moriría de
hambre. Pero si él continúa trabajando 12 horas para A y A continúa
trabajando 6 horas para sí y 6 horas para B, entonces cada uno de ellos
cambia exactamente 12 horas. El valor natural de la mercancía, dice
Malthus, consiste en que ella mediante el cambio le devuelve a su pro-
pietario el mismo poder de producción y de acumulación. Su mercancía
consiste en 2 cantidades de trabajo, una cantidad de trabajo acumula-
do + una cantidad de trabajo inmediato. Si él, por lo tanto, cambia

4 Cfr. Malthus, The Measure of Value, etc., págs. 17-18,

su mercancía por otra, que contiene exactamente la misma cantidad total
de trabajo, entonces su poder de producción y acumulación es por lo
menos igual, continúa siendo el mismo. Éste, sin embargo, ha aumenta-
do, porque una parte del trabajo inmediato no le ha costado nada, y él,
sin embargo, lo ha vendido. Malthus, sin embargo, llega a la conclusión
de que la cantidad de trabajo en la que consiste la mercancía sólo es
trabajo pagado, es decir = a la suma de los salarios, o lo que es igual,
que los salarios proveen el criterio mensurador del valor de la mercan-
cía. Si fuera pagada toda cantidad de trabajo contenida en la mercancía,
entonces la doctrina del señor Malthus sería exacta, pero también sería
exacto que su capitalista no tendría que hacer ningún «anticipo de
trabajo» y que «sus poderes de acumulación se perderían por comple-
to». ¿De dónde, pues, tiene que proceder el beneficio, si no se realiza
ningún trabajo gratis? Bien, precisa el señor Malthus, de los salarios
por el trabajo acumulado. Pero puesto que el trabajo ya hecho ha de-
jado de trabajar, deja también de tener relación con los salarios. El pro-
ducto, en el que el trabajo acumulado existe, podría ciertamente ser
cambiado con trabajo vivo; pero supongamos que este producto es =
6 horas de trabajo; entonces el trabajador daría 6 horas de trabajo vivo
y recibiría a cambio los anticipos, las 6 horas de trabajo ya realizadas
del capitalista, el cual no se movería con ello ni un paso del sitio en
que está. El trabajo vivo estaría en seguida en posesión de su trabajo
muerto. Pero el motivo que Malthus da es el siguiente: que puesto
que «ningún otro objeto puede representar una cantidad dada de tra-
bajo», el valor natural de una mercancía consiste «en la cantidad de
trabajo del que una mercancía podrá disponer, y no de la cantidad
de cualquier otra mercancía».*” Esto quiere decir que una cantidad de
trabajo dada sólo puede ser representada por una cantidad de trabajo
vivo (inmediato). Por lo tanto, no sólo ningún objeto, sino todo objeto
puede representar una cantidad de trabajo dada, es decir, todo obje-
to, en el que está contenida la misma cantidad de trabajo. Pero Malthus
quiere que la cantidad de trabajo contenida en la mercancía sea medida
con exactitud; esta cantidad debe ser igual, no a la cantidad de traba-
jo vivo que puede poner en movimiento, sino a la cantidad de trabajo
pagado que pone en movimiento. Supongamos que la mercancía con-
tiene 24 horas de trabajo; en este caso precisa Malthus, el capitalista
puede comprar con ella dos días de trabajo; y si el capitalista pagase
el trabajo por completo, o si la cantidad de trabajo realizada fuera = a

“e Cfr. Malthus, The Measure of Value, etc., pág. 18.

la cantidad de trabajo vivo pagado, entonces el capitalista sólo podría
comprar 24 horas de trabajo vivo con 24 horas de trabajo ya realizado
y su «poder de acumulación» se reduciría a nada. Pero el capitalista
no le paga al trabajador el tiempo de trabajo, la cantidad de trabajo,
sino que le paga exclusivamente el trabajo necesario, mientras que le
obliga a trabajar gratis el resto del tiempo. En consecuencia, con las
24 horas de tiempo de trabajo ya realizado, él pondrá tal vez en movi-
miento 48 horas de trabajo vivo. Él paga, por lo tanto, con 1 hora de
trabajo efectuado 2 horas de trabajo vivo, y gana, por lo tanto, en el
cambio el 100 %. El valor de su mercancía es = 48 horas, pero en
modo alguno es igual a los salarios con los que ha sido cambiada, ni a
los salarios con los que es cambiada de nuevo. Si el proceso continúa
en la misma proporción, con 48 horas de trabajo ya efectuado comprará
96 horas de trabajo vivo.

Supongamos que no existe ningún capitalista, pero que los trabaja-
dores inmediatos y que cambian entre sí trabajan más de lo necesario
para vivir, porque ellos también quieren acumular, etc. Llamemos sala-
rio la parte del trabajo que realiza el trabajador para vivir, y beneficio
el tiempo suplementario, que él trabaja, para acumular. El valor de su
mercancía sería entonces = a la cantidad global del trabajo en ella
contenido = a la suma total del tiempo de trabajo vivo; pero en modo
alguno = a los salarios que se ha pagado a sí mismo, o igual a la
parte de mercancía que tendría que reproducir para vivir. Puesto
que el valor de una mercancía = a una determinada cantidad de trabajo,
dice Malthus, esta cantidad es = a la cantidad del trabajo necesario en
ella contenida (es decir, al salario) y no = a la suma total de trabajo
que está contenido en ella; su suma es = a una fracción de la misma.
Los «poderes de acumulación» por parte del trabajador procederían
claramente sólo de que él ha trabajado más de lo necesario para pagarse
su salario. Si una determinada cantidad de trabajo vivo fuera = al tiem-
po que es exigido por el trabajador para vivir, entonces una determi-
nada cantidad de trabajo vivo sería igual a los salarios que él produce,
o los salarios serían exactamente igual al trabajo vivo que él pone en
movimiento. Si tal fuera el caso, el capital naturalmente sería imposible.
Si un trabajador en todo su tiempo de trabajo no puede producir más
que su salario, él no puede ni con la mejor voluntad producir nada
para el capitalista. La propiedad es emanación de la productividad del
trabajo. «Si un individuo sólo puede producir para un individuo, todo
individuo es trabajador; no puede existir la propiedad. Si el trabajo
de un hombre puede mantener a 5, habrá 4 hombres ociosos para

cada 1 empleado en la producción» (Ravenstone)."* Ya hemos visto
antes cómo la sutil profundidad de Malthus se expresa en un tipo
de cálculo pueril. Detrás de todo ello en realidad está la doctrina de
que el valor del trabajo es constante y que los salarios constituyen el
precio. Puesto que la tasa de beneficio sobre un capital global puede
ser expresada como la misma tasa de beneficio sobre la parte alícuota
del capital que representa los salarios, entonces él afirma que esta
parte alícuota constituye y determina el precio. Aquí tenemos un tipo
de profundidad semejante. Malthus quiere decir que si la mercancía
a) = a una cantidad de mercancía X, esto no puede significar sino que
ésa es = a X trabajo vivo, pues sólo el trabajo puede representar tra-
bajo. De ahí concluye él, que la mercancía a) = a la cantidad de trabajo
asalariado, del que ella puede disponer, y que, por lo tanto, el valor
del trabajo es constante, porque siempre es = a la mercancía por la
cual es puesto en movimiento. Lo que hay que resaltar es simplemente,
que la cantidad de trabajo vivo y la cantidad de trabajo asalariado coin-
ciden en: Malthus, y que él cree que toda parte alícuota de trabajo asa-
lariado es realmente pagado. Pero X trabajo vivo puede ser (y en cuanto
trabajo asalariado sólo es) = aX—-y trabajo necesario (salarios) + y plus-
trabajo. X trabajo muerto puede, por lo tanto, poner en movi-
miento X — y trabajo necesario (salarios) + y tiempo de plustrabajo; es
decir, pone siempre en movimiento tanto trabajo vivo de más cuanto
son las horas de plustrabajo por encima del trabajo necesario conteni-
das en X horas de trabajo.

El trabajo asalariado consiste siempre en trabajo pagado y no pa-
gado.

Que el valor del trabajo es, por lo tanto, constante, no quiere decir
sino que todo tiempo de trabajo es trabajo necesario, es decir, tiempo
de trabajo que produce salarios. No hay ningún tiempo de plustrabajo
y, por lo tanto, ningún «poder de acumulación» y ningún capital. Puesto
que los salarios son siempre iguales a una cantidad dada de trabajo, a
saber: a-la cantidad de trabajo vivo que ellos ponen en movimiento, y
puesto que ésta es la misma cantidad de trabajo que está contenida en
los salarios, entonces el valor del trabajo es constante, pues es siem-
pre = a la cantidad de trabajo objetivado. El descenso y la subida de
los salarios procede, por lo tanto, del descenso o subida en el precio
de las mercancías, y no del valor del trabajo. Si un trabajador recibe
8 chelines o 16 para la semana, esto depende sólo de que el precio de
los chelines ha subido o ha bajado, pero el valor del trabajo continúa

«21 Cfr, RAVENSTONE, Thoughts, etc., pág. 11.

siendo el mismo. En ambos casos él obtiene una semana de trabajo
ya realizado por una semana de trabajo vivo. El señor Malthus demuestra
esto de la forma siguiente:

«Si sólo fuera empleado trabajo, sin capital, para obtener los fru-
tos de la tierra, la mayor facilidad para obtener una clase de ellos com-
parada con otra, no alteraría —según se admite— el valor del trabajo,
o el valor cambiable de todo el producto obtenido mediante una can-
tidad dada de esfuerzo».**

Esto no quiere decir sino que cada una de las mercancías, indepen-
dientemente de su cantidad, sería determinada por el trabajo en ella
contenido, aunque éste, según el grado de su productividad, se expre-
saría en un caso en más y en otro en menos valores de uso. «Nosotros
deberíamos admitir, sin vacilación, que la diferencia está en el precio
alto o bajo del producto, no del trabajo». Nosotros diríamos que el tra-
bajo es más productivo en una rama que en otra, o también, que el
producto cuesta más o menos trabajo. Del precio bajo o alto del tra-
bajo no podríamos hablar, en la medida en que no existiría ningún
trabajo asalariado y, por lo tanto, una hora de trabajo inmediato siem-
pre tendría a su disposición una hora de trabajo objetivado, lo que
naturalmente no impediría que una hora fuera más productiva que otra.
Sin embargo, en la medida en que distinguiéramos la parte de tra-
bajo, que es necesario para la subsistencia, del plustrabajo —y, si
en general se trabaja determinadas horas del día como tiempo suple-
mentario, es igual que si cada parte alícuota de tiempo de trabajo cons-
tara de una parte de trabajo necesario y una de plus-trabajo— de los
trabajadores inmediatos, no se podría decir que el valor del trabajo,
es decir, los salarios, la parte del producto, que se cambia por el traba-
jo necesario, o la parte del trabajo total, que es gastada en el producto
necesario, fuera constante. Con la productividad del trabajo cambiaría
la parte alícuota del tiempo de trabajo, que reproduce los salarios; el
valor del trabajo, es decir, los salarios, cambiarían, por lo tanto, con
la productividad del trabajo. Los salarios serían mensurados como antes
por un determinado valor de uso, y puesto que éste cambia constante-
mente en su valor de cambio con la diferente productividad del trabajo,
los salarios, es decir, el valor del trabajo cambiaría también. El valor
del trabajo presupone en general, que el trabajo vivo no es igual a su
producto, o lo que es igual, que el trabajo es vendido no como causa
eficiente, sino como efecto producido. Que el valor del trabajo es cons-
tante no quiere decir, sino que es constantemente medido por la can-

413 Cfr. Malthus, The Measure of Value, etc., pág. 33.

tidad de trabajo que hay en él.*”" En un producto puede haber más o
menos trabajo. Por lo tanto, puede ser cambiado bien una porción ma-
yor bien una porción menor del producto 4) por una porción del pro-
ducto 5). Pero la cantidad de trabajo vivo, que el producto compra,
no puede ser nunca mayor o menor que el trabajo efectuado, que él
representa, pues una determinada cantidad de trabajo es siempre una
determinada cantidad de trabajo, tanto si existe en la forma de trabajo
objetivado como en la de trabajo vivo. Cuando, por lo tanto, se da más
o menos producto por una determinada cantidad de trabajo vivo, es
decir, cuando los salarios suben o bajan, esto no procede, de que el valor
del trabajo haya subido o bajado, pues el valor de una determinada
cantidad de trabajo es siempre igual a la misma determinada cantidad
de trabajo, sino de que los productos han costado más o menos trabajo
y, por lo tanto, una cantidad mayor o menor de los mismos representa
la misma cantidad de trabajo. El valor del trabajo, por lo tanto, continúa
siendo constante. Sólo cambia el valor de los productos, es decir, la
productividad del trabajo cambia, pero no su valor. Este es el núcleo
de la teoría de Malthus, si a tal falacia superficial se le puede llamar
teoría. D'abord, un producto, que sólo cuesta medio día de tiempo de
trabajo, puede ser suficiente para que yo viva y trabaje un día completo.
Si el producto posee o no posee esta cualidad, no depende de su valor,
es decir, del tiempo de trabajo que se ha gastado en él, sino de su
valor de uso, y el cambio, que desde este punto de vista tiene lugar
entre el trabajo vivo y el producto del trabajo, no es un cambio entre
ambos en cuanto valores de cambio, sino que su relación descansa,
por una parte, en el valor de uso del producto, por otra parte, en las
condiciones de existencia de la capacidad de trabajo viva. Ahora bien, si
se intercambia trabajo objetivado por trabajo vivo, entonces, según las
leyes del valor de cambio, el producto, que es = a medio día de tra-
bajo sólo podría comprar medio día de trabajo vivo, a pesar de que el
trabajador pudiera vivir un día completo con ese producto; y si se
debiera comprar su día de trabajo completo, entonces él tendría que
recibir un día de trabajo completo en producto, con lo cual, según
nuestra premisa, él podría vivir dos días de trabajo. Pero sobre la base
del capital no se intercambian trabajo vivo y trabajo ya hecho en cuanto

*2%9 Tachado en el manuscrito: En la medida en que el valor de todo
producto es constante. Pero, dice Malthus: «aquello en que es medido el valor
del producto —a saber: el trabajo vivo gastado en él— es en todos los casos
diferente del producto mismo, ya que éste tiene además otras cualidades». El
producto es medido por algo, que él no es, por trabajo vivo.

valores de cambio, como si ambos fueran idénticos: por un lado, la
misma cantidad de trabajo en forma objetivada, es decir, el valor, por
otra el equivalente de esta cantidad de trabajo en forma viva. Sino que
lo que se cambia es producto y capacidad de trabajo, que es también
un producto. La capacidad de trabajo no es = al trabajo vivo, que ella
puede hacer, = a la cantidad de trabajo, que puede realizar; éste es
su valor de uso. La capacidad de trabajo es igual a la cantidad de tra-
bajo, mediante la cual ella tiene que reproducirse a sí misma y puede
ser reproducida. El producto, por lo tanto, no es cambiado en realidad
con trabajo vivo, sino con trabajo objetivado, objetivado en capacidad
de trabajo. El mismo trabajo vivo es un valor de uso, que es poseído
por el valor de cambio comprado por el propietario del producto, y la
cantidad mayor o menor que él ha comprado de este trabajo vivo sobre
lo que él ha pagado en forma de producto a la capacidad de trabajo,
depende de la cantidad de trabajo vivo pagada en producto al traba-
jador. Si fuera intercambiada una cantidad de trabajo por una cantidad
de trabajo, bien en la forma de trabajo objetivado o de trabajo vivo,
cada cantidad de trabajo sería naturalmente igual a sí misma y su valor
igual a su cantidad. Un producto de medio día de trabajo sólo podría,
por lo tanto, comprar medio día de trabajo. Pero entonces no existirían
en realidad salarios, ni valor del trabajo. El trabajo no tendría ningún
valor diferente de su producto o del equivalente de su producto, no
tendría ningún valor específico, y éste precisamente es el que constituye
el valor del trabajo, el salario.

Del hecho, pues, de que una determinada cantidad de trabajo sea = a
una determinada cantidad de trabajo, o también de que una determi-
nada cantidad sea = a sí misma, es decir, del gran descubrimiento, de
que una determinada cantidad es una determinada cantidad, Malthus
deduce que el salario es constante, que el valor del trabajo es cons-
tante, a saber = a la misma cantidad de trabajo objetivado. Esto sería
correcto, si el trabajo vivo y el trabajo acumulado se intercambiaran
como valores de cambio. Pero entonces no existiría ni valor del tra-
bajo, ni salarios, ni capital, ni trabajo asalariado, ni las investigaciones
de Malthus. Todos estos descansan en el hecho de que el trabajo vivo
se presenta como valor de uso, y la capacidad de trabajo viva como
valor de cambio frente al trabajo acumulado en el capital. Malthus pro-
sigue tranquilamente diciendo: «Lo mismo tiene vigencia cuando ca-
pital y beneficios entran en el cómputo del valor y varía la demanda de
trabajo»? Aquí se encuentra toda la profundidad de Malthus. Tan

413 Cfr. MaLtTHUS, The Measure of Value, etc., pág. 29.

pronto como entran en juego capital y beneficios, aparece también el
hecho de que la capacidad de trabajo viva es comprada y de que, por
lo tanto, es cambiada una porción menor de trabajo acumulado por una
porción mayor de trabajo vivo. Es característico en general de la pro-
fundidad [de Malthus] el afirmar que el capital, que crea al trabajo
asalariado, que transforma por primera vez al trabajo en trabajo asala-
riado y a la capacidad de trabajo en una mercancía, no produce en modo
alguno mediante su intervención ningún cambio en la valorización del
trabajo, así como tampoco en la valorización del trabajo acumulado.
El capital, que es una forma específica del trabajo de relacionarse con
su producto y con el valor del mismo, «interviene», según Malthus, sin
cambiar nada. Exactamente igual que cuando él considera que no ha
cambiado nada en la constitución de la república romana, con la «intro-
ducción de los emperadores». Malthus continúa: «Si tiene lugar un
aumento en la recompensa de los trabajadores sin un aumento en el
producto, esto sólo es posible con un descenso de los beneficios... Para
obtener cualquier porción dada del producto es necesaria la misma
cantidad de trabajo que antes, pero habiendo disminuido los beneficios,
el valor del producto ha descendido; mientras que esta disminución
de beneficios en relación con el valor de los salarios es exactamente
contrapesada por la cantidad mayor de trabajo, que es necesaria, para
obtener el mayor producto, que es dado al trabajador, si el valor del
trabajo continúa siendo el mismo que antes» (págs. 33, 34, loc. cit. Cua-
derno IX, 29). El producto contiene, según la premisa, la misma can-
tidad de trabajo. Pero su valor debe ser menor, porque los beneficios
han descendido. Pero si el tiempo de trabajo contenido en el producto
ha continuado siendo el mismo ¿cómo han podido disminuir los bene-
ficios? Si aumenta el salario, mientras que el tiempo de trabajo total
continúa siendo el mismo —no por causas temporales, como, por ejem-
plo, el que la competencia sea favorable a los trabajadores—,*% esto
no quiere decir, sino que la productividad del trabajo ha disminuido,
que es necesaria una mayor cantidad de trabajo, para reproducir la
capacidad de trabajo; que, por lo tanto, del trabajo vivo puesto en
movimiento por el capital una parte mayor corresponde al trabajo ne-
cesario y una parte menor al plustrabajo. Dejemos este razonamiento
sofístico para más adelante. Para completar la exposición citemos sola-
mente el siguiente pasaje-conclusión: «A la inversa en el caso inverso.

*250 Tachado en el manuscrito: No porque el valor total del producto
haya aumentado.

Si fuera dada al trabajador una menor cantidad del producto, los be-
neficios aumentarían. Una cantidad dada de producto, que ha sido
obtenida por la misma cantidad de trabajo que antes, aumentaría en
valor a causa del aumento en los beneficios; mientras que este aumento
en los beneficios en relación con los salarios del trabajador, estaría
compensado por la menor cantidad de trabajo necesario para obtener
el producto menor dado al trabajador» (Malthus, pág. 35) (loc. cit. IX,
29).** Lo que él dice en esta ocasión —como algo que resulta de su
propio principio— sobre los precios en dinero en los distintos países,
habrá que considerarlo más adelante. [[La mercancía a) puede, por
ejemplo, comprar un día de trabajo; dicha mercancía paga sólo medio
día (el necesario) pero cambia el día completo. La cantidad de todo el
trabajo comprado por la mercancía es, pues, igual al tiempo necesa-
rio + el tiempo suplementario. Si yo sé, por lo tanto, que el precio
del trabajo necesario es = X, entonces el precio de todo el trabajo
sería = 2X, y yo podría, en consecuencia, estimar las nuevas mercan-
cías producidas en términos de salarios y podría tasar los precios de
todas las mercancías en términos de salario. Pero esto no sería en modo
alguno un valor constante. Por haber confundido el que en realidad, en
los países civilizados, cualquiera que sea el salario, se tiene que trabajar
para obtenerlo un tiempo medio, pongamos 12 horas, cualquiera que
sea el trabajo necesario y el plustrabajo de esas 12 horas, el señor Carey,
que resuelve la cantidad de trabajo en días de trabajo (y ciertamente
se resuelven en días de trabajo vivo) llega a la conclusión, de que, puesto
que cuesta siempre menos tiempo de trabajo el reproducir el mismo
capital —por ejemplo: máquinas de 100 libras costarán como conse-
cuencia del progreso de las fuerzas productivas en un tiempo dado
sólo 50 libras— dicho capital es, por lo tanto, el resultado de la mitad
de tiempo de trabajo, días de trabajo u horas de trabajo, as you please,
de lo que era antes. De ahí concluye el señor Carey, que el trabajador
con la mitad de días de trabajo que antes puede comprar, puede apro-
piarse, estas máquinas*** Él incurre en la pequeña confusión de consi-
derar el aumento del tiempo de plustrabajo como si fuera ganancia para
el trabajador, mientras que la cuestión toma exactamente la dirección
inversa, es decir, que él trabaja para sí una parte menor del día de
trabajo y una mayor para el capital, y que, por lo tanto, el poder ob-
jetivo del capital frente a él crece rápidamente, en una relación determi-

414 La indicación se refiere al propio cuaderno de extractos de Marx.
415 Cfr. H. C. CAREY, Principles, etc. Part the first, págs. 73-80, concreta-
mente las 76-78.

nada con el aumento de las fuerzas productivas. El señor Carey hace
al trabajador comprar o tomar a préstamo la máquina; en suma, lo
transforma en capitalista. Y precisamente según Carey, el trabajador
llegaría a tener ese poder superior sobre el capital, ya que la reproduc-
ción de una determinada cantidad de capital requiere menos trabajo
necesario, es decir, menos trabajo pagado y, por lo tanto, el salario
disminuye en relación con el beneficio."* En América, en la medida
en que el trabajador se apropia una parte de su plustrabajo, puede
acumular lo suficiente como para convertirse en arrendatario, por
ejemplo (aunque esto está desapareciendo ahora). Si en América el tra-
bajo asalariado puede rendir algo rápidamente, esto ocurre mediante la
reproducción de modos de propiedad y de producción anteriores sobre
la base del capital (por ejemplo, de los cultivadores independientes). En
resumidas cuentas, Carey considera los días de trabajo como pertene-
cientes al trabajador y en lugar de concluir que tiene que producir
más capital, para estar ocupado el mismo tiempo de trabajo, concluye
que tiene que trabajar menos, para adquirir el capital (para apropiarse
las condiciones de producción).*” Si el trabajador producía 20 máquinas
y ahora como consecuencia de la creciente fuerza productiva puede
producir 40, entonces cada máquina deviene en realidad más barata;
pero del hecho de que sea necesaria una parte menor del día de trabajo
para producir una determinada cantidad de tal máquina, no se sigue
que el producto del día de trabajo haya subido para el trabajador, sino
a la inversa, que menos trabajo vivo es utilizado para la producción
de una determinada cantidad de máquina. Por lo demás, el señor Carey,
cuya preocupación fundamental es la armonía,** descubre que cuando
disminuye la tasa de beneficio, el beneficio total aumenta,”? porque es
necesario invertir un capital siempre mayor en relación con el trabajo
vivo empleado y, por lo tanto, deviene cada vez más imposible para
el trabajador apropiarse la suma de capital necesaria, apropiarse el mí-
nimo de capital que es exigido para la utilización productiva del trabajo
al nuevo nivel de producción. Una parte alícuota del capital necesita
menos tiempo de trabajo para su reproducción, pero una masa mayor
de capital es necesaria para valorizar el tiempo de trabajo menor. El
aumento de la fuerza productiva se expresa en que la parte consistente
en trabajo vivo desciende constantemente respecto de la parte gastada en

416 Cfr. H. C. Carey, Principles, etc., pág. 339.

417 Cfr. H. C. Carey, Principles, etc., pág. 99.

us Cfr. H. C. Carey, Principles, etc., págs. 337, 339, 339-340.
419 Cfr. H. C. Carey, Principles, etc., págs. 83-92.

anticipos, maquinaria, etc. Toda la majadería de Carey, que natural-
mente es agua para el molino de Bastiat, descansa en que transforma
el tiempo de trabajo o días de trabajo necesarios para la producción en
días de trabajo pertenecientes al trabajador,” mientras que este tiempo
pertenece más bien al capital, siendo además, en proporción al aumento
de la fuerza productiva del trabajo, una porción siempre menor de su
tiempo de trabajo la que le corresponde al trabajador. Cuanto menos
trabajo vivo tiene que comprar un capital determinado —o cuanto más
aumenta la suma total del capital y más disminuye el trabajo vivo por él
utilizado en proporción a la magnitud del mismo— tanto mayor, según
el señor Carey, es la oportunidad para el trabajador de convertirse en
propietario del capital, porque el capital es reproducido mediante menos
trabajo vivo. Cuanto mayor es el capital y cuanto menor es el número
de trabajadores que aquél proporcionalmente emplea, tanto mayores
son las oportunidades para estos trabajadores de convertirse en capi-
talistas, pues ¿no es acaso reproducido el capital con menos días de
trabajo? ¿No puede, por lo tanto, ser comprado o ganado con menos
días de trabajo? Supongamos un capital de 100 libras, que invierte
50 en anticipos, 50 en trabajo y obtiene 50 % de beneficio, ya que la
disminución de la tasa de beneficio es el caballo de batalla de Carey
y forma parte de su teoría. Supongamos que cada libra de salario es
igual a un día de trabajo = a un trabajador. Supongamos ahora otro
capital de 16.000 libras, que utiliza 14.500 en anticipos, y 1.500 en sa-
lario (igual a 1.500 trabajadores) y cuya tasa de beneficio es sólo 20 %.
En el primer caso el producto es = 150; en el segundo (el capital fijo
para mayor comodidad suponemos que circula en un año) = 19.200
(3.200 de beneficio). Aquí tenemos el caso más favorable para el señor
Carey. La tasa de beneficio ha disminuido del 50 % al 20 %, es decir,
en 3/5 o 60 %. Allí un producto*”' de 50 es el resultado de 50 días
de trabajo vivo. En el otro caso un producto*”* de 3.200 es el resul-
tado de 1.500 trabajadores. En el primer caso un producto de 1 libra
es el resultado de 1 día de trabajo; en el segundo un producto de
2 2/5 es el resultado de 1 día de trabajo. En el segundo caso, es nece-
sario menos de la mitad de tiempo de trabajo que en el primero, para
producir un valor de 1. ¿Quiere esto decir que en el segundo caso el

40 Cfr. H. C. Carey, Principles, etc., pág. 99.

+21 Debería decir producto excedente.
*252 Debería decir producto excedente.

trabajador con medio día de trabajo produce 1 1/5 para sí, mientras
que el otro en un tiempo de trabajo doble sólo produce 1, y que, por
lo tanto, está en el mejor camino para convertirse en capitalista? Para
que esta disminución del tiempo de trabajo necesario le sirviera de algo,
tendría que conseguir antes 16.000 libras de capital, y en lugar de
trabajar personalmente, comprar trabajo ajeno. Sólo se ha creado, pues,
un foso infinito entre su trabajo y las condiciones de su utilización, y
ha disminuido la tasa de trabajo necesario, es decir, en conexión con
la primera relación han sido despedidos un número de trabajadores 6 ve-
ces mayor. Ahora bien, estos trabajadores despedidos deberían tranqui-
lizarse, pensando que si ellos tuvieran las condiciones para trabajar
independientemente, o para trabajar como capitalistas, ellos mismos
necesitarían menos trabajadores. En el primer caso el capital necesario
total es 100 libras y hay más oportunidades para el trabajador indivi-
dual de ahorrar excepcionalmente esta suma y de conseguir a través de
una combinación afortunada convertirse en capitalista al modo del capi-
talista A. El tiempo de trabajo que el trabajador trabaja es el mismo
en A y B, aunque la suma total de los días de trabajo utilizados por el
capitalista son esencialmente diferentes. Por cada 6 trabajadores, que
necesita el primer capitalista, el segundo no necesita ni siquiera uno.
Los restantes, por lo tanto, tienen que trabajar la misma cantidad y
aún más tiempo suplementario. Según Carey, afirmar que el capital en
un estadio de la producción en el que él mismo ha crecido al mismo
tiempo que las fuerzas productivas, necesita menos días de trabajo,
equivale a afirmar que el trabajador necesita menos días de trabajo para
apropiarse el capital; probablemente con los días de trabajo de los tra-
bajadores no «ocupados».]] Porque el capitalista necesita menos traba-
jadores, para valorizar su inmenso capital, el trabajador por él utilizado
puede apropiarse con menos trabajo el capital mayor. Esta es la lógica
del señor Carey, el armonizador.

En relación a la teoría de Ricardo dice Wakefield (Cuaderno VII,
pág. 74) loc. cit., pág. 230-231. Nota:

«Si se considera al trabajo como una mercancía, y al capital, al pro-
ducto del trabajo, como otra mercancía, y si el valor de estas dos mer-
cancías es regulado por cantidades iguales de trabajo, entonces, una
cantidad dada de trabajo se intercambiaría, en cualquier circunstancia,
por la cantidad de capital, que ha sido producido por la misma cantidad
de trabajo; el trabajo antecedente se cambiaría siempre por la misma
cantidad de trabajo presente... Sin embargo el valor del trabajo, en
relación con otras mercancías, en la medida al menos en que el salario

representa una cuota aparte, no es determinado por cantidades iguales
de trabajo, sino por la proporción entre la oferta y la demanda».”

### Capital inactivo. Aumento de la producción sin aumento previo del
capital. Bailey.

[[ Bailey: «Money and its Vicissitudes in Value etc., London 1837»
(Cuaderno V. pág. 26 y sig.), hace una serie de observaciones sobre el
capital inactivo, que puede ser puesto en circulación a través de una
circulación acelerada (según él mediante una masa mayor de moneda
en circulación; habría debido decir de dinero) e intenta demostrar que
si, en general, en un país el capital estuviera plenamente ocupado, nin-
gún aumento de la demanda podría producir un aumento de la produc-
ción. El concepto de capital inactivo pertenece a la circulación, ya que
el capital que no se encuentra en la circulación permanece inactivo. Los
pasajes a los que nos referimos dicen: «Puede existir en un estado
inerte mucho capital y mucha capacidad productiva. Es falso lo que
creen los economistas, de que el número de trabajadores y la cantidad
de capital son fuerzas definitivas, que tendrían que producir inevita-
blemente un resultado determinado en cualquier país donde ellos exis-
tan» (pág. 54). «Lejos de estar fijada y determinada la cantidad de mer-
cancías que los productores y el capital existente traen al mercado, ésta
está sujeta a un amplio margen de variación» (pág. 55). Por lo tanto, «no
es esencial para un aumento de la producción que se provea nuevo ca-
pital o nuevos trabajadores» (por ejemplo, en un país donde hay nece-
sidad de metales preciosos)... «Supongamos que algunas mercancías, o
lo que es igual, el poder para producirlas, existe en exceso en un lugar,
y que a otras mercancías les ocurre lo mismo en otro lugar, y que los
poseedores de ambas desean cambiar sus artículos por aquellos en po-
sesión del otro, pero no se produce el intercambio por falta de un
medio común de cambio y, en consecuencia, ambos están en un estado
de inactividad, porque no hay ningún motivo para la producción» (55,
56). En la circulación del capital el dinero se presenta de una doble
manera, primero, en cuanto transformación del capital en dinero y en
cuanto realización del precio de las mercancías; pero aquí la realización
del precio no es formal. La transformación del producto 'en dinero es

41 Cfr. Nota del editor en: An Inquiry into the Nature and Causes of the
Wealth of Nations, By Anam SMITH, L. L. D. With Notes, etc. Edited by Edward
Gibbon Wakefield, Esq., etc. London 1843, Vol. I, págs. 230-231.

aquí la reconversión del capital en valor en cuanto tal, en valor autó-
nomamente existente; capital como dinero o dinero en cuanto capital
realizado. Segundo, en la determinación de mero instrumento de circu-
lación; en la que sólo sirve para reconvertir al capital en las condiciones
de producción. En este segundo momento, en la forma de salario tiene
que existir simultáneamente una masa determinada de dinero, en cuanto
medio de circulación, en cuanto medio de pago. El hecho de que e)
dinero en la circulación del capital juegue este doble papel produce en
todas las crisis la apariencia de que falta el dinero como medio de circu-
lación, mientras que se trata de un déficit de valor en el capital, y éste,
por lo tanto, no puede monetizarse. La masa de dinero en estas circuns-
tancias puede incluso aumentar. Habrá que dedicar un apartado especial
a las nuevas determinaciones del dinero, tal como está puesto en cuanto
momento de la circulación del capital, en parte como su medio de circu-
lación, en parte como valor realizado del capital, como capital mismo,
cuando hablemos del interés, etc.]] [[Bailey continúa: «No depende
en modo alguno del capital disponible en un país el trabajo puesto en
movimiento. Esto depende de si los alimentos, instrumentos, y materia
prima son distribuidos lenta o rápidamente a aquellas partes donde hacen
falta, de si circulan con dificultad o no, de si están durante largos in-
tervalos en cantidades inertes y, en consecuencia, no proveen el sufi-
ciente empleo para la población» (56, 57). (Ejemplo de Gallatin, Joc.
cit. 68 de los condados occidentales de Pensilvania. «Los economistas
son muy propensos a considerar una determinada cantidad de capital y
un determinado número de trabajadores como instrumentos de produc-
ción de poder uniforme y que operan con una cierta intensidad uniforme...
El productor que utiliza un determinado capital, puede tener en sus
manos su producto por un período largo o corto, y mientras espera la
ocasión de cambiar dicho producto, su poder de producción está pa-
rado o retardado, de forma tal que en un período dado, por ejemplo,
un año, él puede producir sólo la mitad, de lo que habría producido si
la demanda hubiera estado dispuesta. Esta observación es válida igual-
mente para el trabajador, que es su instrumento. La adaptación recí-

42 La indicación de la página 68 se refiere a: ALBERT GALLATIN, Conside-
rations on the Currency and Banking System of the United States. Philadelphia,
1831. Esta obra fue extractada por Marx en el cuaderno de extractos VII, pero
sin el pasaje sobre Pensilvania. Por el contrario este pasaje fue ya transcrito
en el cuaderno de extractos V, concretamente con ocasión de la obra de BAILEY,
Money and its Vicissitudes in Value, en el que se cita el ejemplo de Gallatin
sobre Pensilvania.

proca de las varias ocupaciones de los hombres en sociedad tiene que
ser efectuada, aunque sea imperfectamente. Pero teniendo en cuenta
la enorme distancia entre los niveles en los que se realiza, cualquier
recurso que facilita el tráfico es un paso hacia esta adaptación. Cuanto
menos ininterrumpido y cuanto más fácil sea el intercambio de mercan-
clas, tanto más corto serán estos intervalos improductivos, en los que
los hombres, ansiosos por trabajar, parecen separados del capital por una
barrera imposible de atravesar... que, aunque esté a mano, está retenido
en una inercia improductiva» (pág. 58-60). «Es un principio general que
a una nueva demanda se hará frente mediante nuevas energías; es decir,
mediante la utilización activa de capital y trabajo que antes estaba
improductivo, y no mediante la sustracción de capacidad productiva de
otros objetivos. Esto último sólo es posible si la ocupación de capital y
trabajo en un país no es capaz de ningún aumento. La exportación de
bienes no pone quizás directamente nuevo trabajo en movimiento, pero
acaba por absorberlo, cuando existen mercancías como stock muerto y
pone en libertad un capital bloqueado en una forma improductiva»
(pág. 65). «Aquellos que afirman que un flujo de dinero no puede pro-
mover la producción de otras mercancías, ya que estas mercancías son
los únicos agentes de la producción, demuestran que la producción en
general no puede ser aumentada, pues para un tal aumento exigen que
hayan sido aumentados previamente los medios de subsistencia, materias
primas, instrumentos, lo cual equivale a mantener que no puede tener
lugar ningún aumento de producción sin un previo aumento» (¿pero no
es ésta la teoría económica de la acumulación? ), «o en otras palabras,
que un aumento de la producción es imposible» (pág. 70). «Se dice,
pues, ahora: Si el comprador va al mercado con una cantidad mayor
de dinero, y no aumentan los precios de las mercancías que allí encuen-
tra, entonces él no estimula adicionalmente la producción; ahora bien, si
él aumenta los precios, y si los precios son elevados proporcionalmente,
los compradores no pueden generar una demanda mayor que la que
generaban antes» (73). «Hay que negar como principio general el
que un comprador no puede estimular adicionalmente la producción, a
menos que su demanda aumente los precios... Al margen de la circuns-
tancia de que la preparación de una mayor cantidad de mercancías per-
mite una división del trabajo más efectiva y la utilización de una maqui-
naria superior, hay en esta materia un tipo de expansión que procede
de la utilización de trabajo y capital que estaban inactivos, y que están
en condiciones de suministrar mercancías adicionales al mismo precio.
De ahí que ocurra a menudo, que tiene lugar un aumento considerable
de la demanda sin aumentar los precios» (73-74).]]

### La definición del capital de Wade. El trabajo simple obra del capital.
El capital fuerza colectiva. Civilización, junto con mis observaciones
sobre ello. (Todas las fuerzas sociales del trabajo como fuerzas
del capital. Manufactura, industria, división del trabajo. Unificación
formal de las distintas ramas de la industria, etc., a través del
capital. Acumulación del capital. Transformación del dinero en capi-
tal. Ciencia. Acumulación originaria y concentración es lo mismo.
Asociación libre y asociación forzada. Capital en su diferencia con
formas anteriores.)

[[John Wade: History of the Middle and Working Classes etc. 3.* ed.
London 1835 (Cuaderno, pág. 20) dice: el trabajo es el instrumento me-
diante el cual el capital se vuelve productivo de salarios, beneficio o
rentas» (pág. 161). «El capital es laboriosidad almacenada, que puede
desarrollarse a sí misma en formas nuevas y equivalentes; es una fuerza
colectiva» (pág. 162). «Capital es sólo un sinónimo de civilización»
(pág. 164). La asociación de trabajadores —cooperación y división del
trabajo como condiciones fundamentales de la productividad del tra-
bajo— se presenta como todas las fuerzas productivas del trabajo, es
decir, como todas aquellas que determinan el grado de su intensidad y,
por lo tanto, su realización extensiva, en cuanto fuerza productiva del
capital. La fuerza colectiva del trabajo, su carácter en cuanto trabajo
social, es, por lo tanto, la fuerza colectiva del capital. Lo mismo vale
para la ciencia. Lo mismo para la división del trabajo, tal como ella se
presenta en cuanto división de las ocupaciones e intercambio entre las
mismas. Todas las fuerzas sociales de producción son fuerzas produc-
tivas del capital y este mismo se presenta, por lo tanto, como sujeto de
las mismas. La asociación de los trabajadores, tal como se presenta en
la fábrica, no es puesta, por lo tanto, por ellos, sino por el capital. Su-
reunión no es su existencia, sino la existencia del capital. Frente al
trabajador individual ella se presenta como accidental. Él se relaciona
con su propia reunión con otros trabajadores y con la cooperación con
ellos como con algo ajeno, como con el modo de actuar del capital.
El capital, donde no aparece en forma inadecuada —<es decir, en la
forma de capital pequeño que trabaja personalmente— presupone ya
un cierto nivel mayor o menor, presupone la concentración en forma
objetiva, es decir, en cuanto concentración en una mano —lo cual aquí
coincide con la acumulación— de medios de subsistencia, materias pri-
mas e instrumentos, o en una palabra, de dinero en cuanto forma ge-
neral de la riqueza; y por el otro lado, presupone la concentración en
forma subjetiva, acumulación de fuerzas de trabajo y concentración de

las mismas en un punto, a las órdenes del capital. A cada capitalista
no puede corresponder un trabajador, sino que a cada capitalista tiene
que corresponder una cierta cantidad de trabajadores, y no en la forma
en que uno o dos aprendices correspondían a un maestro artesano. El
capital productivo, o el modo de producción correspondiente al capital,
sólo puede serlo de una doble forma: manufactura o gran industria.
En la primera domina la división del trabajo; en la segunda la com-
binación de las fuerzas de trabajo (con técnicas de trabajo uniforme) y
la utilización de la ciencia, donde la combinación y el espíritu colectivo
del trabajo, por así decirlo, son trasladados a la máquina, etc. En la
primera situación la masa de trabajadores (acumulada) tiene que ser
cuantitativamente proporcionada al montante del capital; en el segun-
do, el capital tiene que ser cuantitativamente proporcionado al número
de trabajadores que operan conjuntamente. La concentración de muchos
trabajadores y su distribución entre la maquinaria como otras tantas
ruedas (por qué en la agricultura es diferente, no entra aquí) está ya
presupuesto aquí. El caso II no necesita, por lo tanto, ser considerado
especialmente, pero sí el caso I. El desarrollo auténtico de la manufac-
tura es la división del trabajo. Pero ésta presupone la reunión (previa)
de muchos trabajadores bajo un poder de mando único, de la misma
forma que la conversión del dinero en capital presupone la liberación
de una cierta cantidad de medios de subsistencia, materias primas e ins-
trumentos de trabajo. Aquí, por lo tanto, se puede abstraer de la di-
visión del trabajo en cuanto momento posterior. Ciertas ramas de la
industria, por ejemplo, la minería, presuponen de antemano la coope-
ración. De ahí que mientras el capital no existe, la cooperación tenga
lugar como trabajo forzado (trabajo servil o de esclavos) bajo las órdenes
de un vigilante. Lo mismo vale para la construcción de carreteras, etc.
Para emprender estos trabajos, el capital no crea la acumulación y con-
centración de trabajadores, sino que los toma. Esto, por lo tanto, no
entra en la cuestión. La forma más simple y más independiente de la
división del trabajo es aquella en la que el capital ocupa a diferentes
tejedores e hilanderos manuales, etc., independientes y que viven dis-
persos. (Esta forma existe todavía al lado de la industria.) Aquí, por lo
tanto, el modo de producción no es determinado por el capital, sino en-
contrado ya constituido por el capital. El punto de unidad de estos tra-
bajadores dispersos está exclusivamente en su relación recíproca con el
capital, en el hecho de que el producto de su producción es acumulado
en sus manos, así como también las plusvalías que ellos han creado por
encima de sus rentas. En cuanto trabajo que actúa conjuntamente ellos
sólo existen en sí, en la medida en que cada uno de ellos trabaja para

el capital —por lo tanto, poseen un centro en él—, sin que ellos tra-
bajen juntos. Su reunión a través del capital es, pues, exclusivamente
formal, y afecta sólo al producto del trabajo y no al trabajo mismo. En
lugar de cambiar con muchos, ellos cambian con un capitalista. Se trata,
pues, de una concentración de los cambios a través del capital. El capital
no cambia en cuanto individuo, sino en cuanto representante del con-
sumo y de las necesidades de muchos. Él no cambia en cuanto individuo
que cambia, sino que representa a la sociedad en el acto de cambio.
Cambio colectivo y cambio concentrador por parte del capital con los
tejedores, etc., que trabajan dispersos, y cuyos productos de trabajo son
reunidos a través de este cambio, y así son reunidos sus mismos traba-
jos, aunque procedan independientemente el uno del otro. La reunión
de sus trabajos se presenta como un acto particular, junto al cual se
mantiene la disgregación independiente de sus trabajos. Esta es la primera condición para que el dinero se intercambie como capital con el
trabajo libre. La segunda es la superación de la disgregación autónoma
de estos múltiples trabajadores, en la cual el capital no se presenta
frente a ellos exclusivamente como la fuerza colectiva social en el acto
de cambio, de forma tal que en él son reunidos muchos cambios, sino
que reúne a los trabajadores en un lugar, a sus órdenes, en una manu-
factura, es decir, no los deja en el modo de producción que el capital
encuentra, y sobre esta base establece su poder, sino que, crea como
base para sí mismo un modo de producción que a él corresponde. Él
crea la asociación de los trabajadores en la producción, una asociación
que ante todo será reunión en un lugar común, bajo vigilantes, regla-
mentación, mayor disciplina, constancia y dependencia puesta en la
producción por el capital mismo. Ciertos faux frais de la producción
son ahorrados de antemano de esta forma. (Sobre todo este proceso
ver Gaskell, donde se encuentra una relación de este proceso con el
desarrollo de la gran industria en Inglaterra.)* Ahora el capital se pre-
senta tanto como la fuerza colectiva de los trabajadores, su fuerza social,
como en cuanto unidad que los liga, y que, por lo tanto, crea esa fuerza.
Todo esto, igual que antes, y en todo estadio de desarrollo del capital,
permanece mediado por el hecho de que los múltiples obreros cambian
sólo con el capital que es uno, de forma tal que el cambio está con-
centrado en él; el carácter social del cambio consiste en que el capita-
lista cambia socialmente con los trabajadores, pero éstos sólo cambian
con él. En la artesanía se trata de la calidad del producto, de la habilidad

43 Cfr. P. GASKELL, Artisans and Machinery, etc., págs. 11-114, 293-362.

especial del trabajador individual, y el maestro es maestro por haber
alcanzado la maestría en su oficio. Su posición como maestro descansa
no sólo en la posesión de las condiciones de producción, sino en su
propia habilidad en el trabajo particular. En la producción del capital
no se trata desde el principio de esta relación semiartesana, que en
general corresponde al desarrollo del valor de uso del trabajo, al des-
arrollo de la capacidad del trabajo manual inmediato, a la educación
de la mano humana, etc., para el trabajo. Se trata desde el principio de
masa, porque se trata de valor de cambio y plusvalía. El principio de-
sarrollado del capital es precisamente el de hacer superflua la habilidad
particular y el de hacer superfluo el trabajo manual, el trabajo corporal
inmediato tanto en cuanto trabajo de habilidad, como en cuanto esfuerzo
muscular; es decir, poner más bien la habilidad en la naturaleza muerta.
Ahora bien, en la premisa del origen de la manufactura en cuanto origen
del modo de producción del capital (los esclavos están combinados en
sí, porque están bajo las órdenes de su amo) está presupuesto que la
productividad del trabajo que el capital ha de engendrar no existe toda-
vía. Es, por lo tanto, un presupuesto que el trabajo necesario en la ma-
nufactura consume una gran porción de todo el tiempo de trabajo dis-
ponible, es decir, el plustrabajo es relativamente pequeño sobre cada
trabajador individual. Ahora bien, esto es compensado y el progreso
de la manufactura es acelerado, por el hecho de que la tasa de beneficio
es mayor, y, por lo tanto, el capital es acumulado más rápidamente en
relación con la cantidad del mismo ya existente, que en la gran indus-
tria. Si de 100 táleros, 50 corresponden al trabajo, y si el plustrabajo =
1/5, entonces el valor creado = 110 o 10 %. Si de 100 sólo correspon-
dieran al trabajo 20 y si el plustrabajo = 1/4, el valor creado sería
105 o 5 %. Por otra parte, esta tasa de beneficio superior sólo se obtie-
ne en la manufactura a través de la utilización de muchos trabajadores
al mismo tiempo. El tiempo suplementario mayor sólo puede ser ganado
reuniendo el tiempo suplementario de muchos trabajadores en relación
con el capital. El tiempo suplementario absoluto, no el relativo, predo-
mina en la manufactura. Aún más es éste el caso allí donde los traba-
jadores diseminados, independientes, valorizan para sí mismos una parte
de su tiempo suplementario. Para que el capital exista en cuanto capital
y pueda tanto vivir del beneficio como acumular su ganancia, tiene
que ser = a la suma del tiempo suplementario de muchos días de traba-
jo vivo simultáneos. En la agricultura la tierra misma es en su actividad
química, etc., una máquina, que convierte el trabajo inmediato en más
productivo y que, por lo tanto, da un excedente antes, porque aquí se
trabaja amtes con máquinas, a saber: con una máquina natural. Esta

es la única base correcta de la teoría de los Fisiócratas, que consideran
la agricultura frente a la manufactura todavía completamente falta de
desarrollo, sólo desde este punto de vista. Si el capitalista utilizara a un
trabajador para vivir de su tiempo suplementario, entonces ganaría
claramente el doble si trabajara él mismo, si trabajara con sus propios
fondos, pues ganaría aparte del tiempo suplementario el salario pagado
al trabajador. Perdería en el proceso. Es decir, no estaría todavía
en las condiciones para trabajar como capitalista, o lo que es igual, el
trabajador sería sólo su ayudante, y no estaría, por lo tanto, respecto a
él en una relación de capital.

Para que el dinero se transforme en capital es, por lo tanto, nece-
sario no sólo que pueda poner en movimiento plustrabajo, sino que
pueda poner en movimiento una cierta cantidad de plustrabajo, el plus-
trabajo de una cierta masa de trabajo necesario, es decir, de muchos
trabajadores al mismo tiempo, de forma tal que su suma reunida
sea suficiente, tanto para que él pueda vivir como capital, es decir, re-
presente a la riqueza frente a la vida de los trabajadores en el consumo,
como para poder reservar plustrabajo para la acumulación. El capital
produce desde el principio no para el valor de uso, para la subsistencia
inmediata. El plustrabajo tiene, por lo tanto, que ser desde el principio
lo suficientemente grande como para poder utilizar de nuevo una parte
del mismo como capital. La producción mediante el capital, por lo tanto,
empieza siempre a un nivel en el que una cierta masa de riqueza social
está ya concentrada en una mano, objetivamente, y en el que, por lo
tanto, esta masa de riqueza en cuanto capital —<que se presenta inme-
diatamente en cuanto intercambio con muchos trabajadores, y más ade-
lante en cuanto producción mediante muchos trabajadores, mediante
la combinación de trabajadores— es capaz de poner a trabajar simultá-
neamente una cierta cantidad de capacidad de trabajo viva. El capital,
por lo tanto, se presenta desde el principio como fuerza colectiva, como
fuerza social, y como superación del aislamiento, primero del cambio
con los trabajadores y después de los trabajadores mismos. El aisla-
miento de los trabajadores presupone todavía la independencia relativa
de los mismos. La completa dependencia del capital, la total separa-
ción de los trabajadores de las condiciones de producción presupone, por
lo tanto, su reunión en torno a un capital, en cuanto terreno exclusivo
de su subsistencia. El mismo será el resultado —o es lo mismo sólo
que en forma distinta— si se parte de la forma particular del cam-
bio que es presupuesta, para que el capital cambie como capital, en la
cual el dinero se presenta como representante de múltiples individuos
que cambian, o tiene que poseer un poder de cambio que trasciende

al individuo y a su excedente particular, un poder de cambio que no
es individual, sino que pertenece a un individuo, pero que le pertenece
en cuanto función social, en cuanto representante de la riqueza social;

es decir, el resultado será el mismo si se parte de las condiciones del
trabajo libre. La separación del individuo de las condiciones de produc-
ción del trabajo = reunión de muchos trabajadores en torno al ca-
pital.*5]]

«Este progreso continuo del saber y de la experiencia, dice Babbage,
es nuestra gran fuerza». Este progreso social pertenece a y es explo-
tado por el capital. Todas las formas anteriores de propiedad condenan
a la mayor parte de la humanidad, a los esclavos, a ser puros instrumen-
tos de trabajo. El desarrollo histórico, el desarrollo político, el arte, la
ciencia, etc., se mueven en las esferas superiores, por encima de ellos.
Sólo el capital ha capturado el progreso histórico y lo ha puesto al ser-
vicio de la riqueza.

[[ Antes de la acumulación mediante el capital, es presupuesta una
acumulación, que es la que constituye el capital, y que pertenece a su
determinación conceptual; concentración apenas si la podemos llamar,
porque ésta, a diferencia de la acumulación, tiene lugar en el enfrenta-
miento entre muchos capitales; cuando todavía se habla exclusivamente
de capital, entonces la concentración coincide con la acumulación o con
el concepto de capital. Es decir, ella no constituye todavía una determi-
nación particular. Pero es verdad que el capital se enfrenta desde el
principio como uno o como unidad a los trabajadores en cuanto muchos.
Y así se presenta como concentración de trabajadores frente al trabajo
en cuanto unidad externa a ellos. Desde este punto de vista la concen-
tración está contenida en el concepto de capital —la concentración de
múltiples capacidades de trabajo vivas para un fin—, una concentración,
que en modo alguno se verifica originariamente en el modo de produc-
ción mismo, que no necesita haberlo impregnado. Se trata de la acción
contralizadora del capital sobre las capacidades de trabajo o de la auto-
colocación del capital en cuanto unidad de las mismas, con existencia
independiente al margen de ellas.]]

Rossi en sus Lecons d'économie politique dice (Cuaderno, pág. 26):
«El progreso social no puede consistir en disolver toda asociación,

4% Cfr. BABBAGE, Traité sur l'Économie, etc. pág. 485.

*233 El capital comercial es también desde el principio concentración de
múltiples cambios en una mano. Él representa una masa de individuos que cambian
tanto en cuanto dinero como en cuanto mercancía. Entre corchetes en el ms.»

sino en sustituir las asociaciones forzosas, opresivas, de los tiempos
pasados, por asociaciones voluntarias y equitativas. El aislamiento en
su más alto grado es el estado salvaje; la asociación forzosa, opresiva,
en su más alto grado, es la barbarie. Entre estos dos extremos, la histo-
ria nos muestra variedades, nuances muy diversas. La perfección se en-
cuentra en las asociaciones voluntarias, que multiplican las fuerzas por
la unión, sin sustraer a la fuerza individual ni su energía, ni su morali-
dad y su responsabilidad» (pág. 353).% En el capital la asociación de los
obreros no es una asociación impuesta por la fuerza física directa, en
cuanto trabajo forzoso, servil, o en forma de esclavitud; es una asocia-
ción impuesta por el hecho de que las condiciones de la producción son
propiedad ajena y existen en cuanto asociación objetiva, que coincide
con la acumulación y concentración de las condiciones de producción.

Rossi. ¿Qué es el capital? ¿La materia prima, es capital? ¿El salario,
es necesariamente capital? (¿Los medios de subsistencia, son capital?)

El concebir al capital simplemente desde su lado material, en cuanto
instrumento de producción, prescindiendo por completo de la forma
económica que convierte al instrumento de producción en capital, en-
reda a los economistas en toda clase de dificultades. Así Rossi pregunta
loc. cit. (Cuaderno, 27): «¿Es la materia prima realmente un instrumen-
to de producción?; ¿no es más bien el objeto sobre el cual deben actuar
los instrumentos productores?» (pág. 367). Aquí, por lo tanto, coincide
para él por completo el capital con el instrumento de producción en
sentido tecnológico, según lo cual todo salvaje es un capitalista. (Esto
es en realidad lo que afirma el señor Torrens del salvaje que caza un
pájaro tirándole una piedra).* Por lo demás, incluso desde el punto
de vista de la pura abstracción material —es decir, de la abstracción de
la misma categoría económica— la observación de Rossi es superficial
y muestra simplemente que no ha comprendido a sus maestros ingle-
ses. El trabajo acumulado es utilizado como instrumento para una nueva
producción y el producto es simplemente usado en la producción; la
materia prima es usada en la producción, es decir, es sometida a un
cambio de forma, tanto como el instrumento, que también es un pro-

us Cfr. Cours d'Economie politique par M. P. Rossi en Cours d'économie
politique. Bruxelles, s. a. Edit. Ad. Wehlen, pág. 353.

46 Cfr. R. Torrens, An Essay on the Production of Wealth, etc. London
1821, págs. 70-71.

ducto. El resultado acabado de la producción se convierte a su vez en
un momento del proceso de producción. La frase no quiere decir más
que esto. Dentro del proceso de producción puede figurar como materia
prima o como instrumento. Pero él es instrumento de producción no
en la medida en que sirve como instrumento en el proceso inmediato de
producción, sino en la medida en que es un instrumento de renovación
del mismo proceso de producción —en la medida en que es uno de
sus presupuestos. Más importante y más pertinente es la duda sobre si
los medios de subsistencia constituyen una parte del capital, es decir,
si el salario constituye una parte del capital, y aquí se muestra la gran
confusión de los economistas. «Se dice que la retribución del trabajador
es capital, porque el capitalista la anticipa. Si hubiera exclusivamente
familias de trabajadores que tuvieran lo suficiente para vivir un año,
no habría salario. El trabajador le podría decir al capitalista: tú anti-
cipas el capital para el trabajo común y yo pongo el trabajo: el producto
nos lo repartiremos en tales y tales proporciones. Tan pronto como éste
haya sido realizado, cada uno tomará su parte» (págs. 369-370). «No
habría entonces ningún anticipo para los trabajadores. Ellos consumi-
rían entre tanto, incluso cuando el trabajo estuviera detenido. Lo que
ellos consumirían pertenece al fondo de consumo, y en modo alguno
al capital. En consecuencia: los anticipos para los trabajadores no son
necesarios. Es decir, el salario no es un elemento constitutivo de la
producción. Es un accidente, una forma de nuestra situación social.
Para producir, por el contrario, es necesario el capital, el trabajo, la
tierra. En segundo lugar: se utiliza el salario en un doble sentido: se
dice que el salario es una capital, pero ¿qué representa el salario? El
trabajo. El que dice salario dice trabajo y viceversa. Si, por lo tanto,
el salario anticipado forma parte del capital, entonces habría que hablar
simplemente de dos instrumentos de producción: el capital y la tierra»
(pág. 370). Y posteriormente dice: «En realidad el trabajador no con-
sume los bienes del capitalista, sino sus propios bienes; lo que a él se
le da como retribución del trabajo es su parte alícuota del producto»
(pág. 370). «El contrato del capitalista con el obrero no es un fenómeno
de la producción... El empresario se presta a este arreglo, que puede
facilitar la producción. Pero este arreglo no es sino una segunda ope-
ración, una operación de naturaleza completamente diferente, injertada
en una operación productiva. Puede desaparecer en otra organización
del trabajo. Incluso hay actualmente producciones en las que esto no

41 Cfr. Rossi, Cours, etc., págs. 369-370.

tiene lugar. El salario es, por lo tanto, una forma de distribución de la
riqueza, no un elemento de la producción. La parte de los fondos que
el empresario destina al pago de salarios no constituye una parte del
capital... Es una operación aparte, que sin duda puede promover el
proceso de la producción, pero del que no se puede decir que sea di-
rectamente un instrumento de producción» (370). «Concebir la fuerza
de trabajo, haciendo abstracción de los medios de subsistencia de los
trabajadores, durante la obra de la producción, es concebir una entele-
quia. Quien dice trabajo, quien dice fuerza de trabajo, dice a la vez
trabajador y medios de subsistencia, obrero y salario... el mismo ele-
mento reaparece bajo el nombre de capital; como si la misma cosa
pudiera ser a la vez parte de dos instrumentos diferentes de producción»
(370, 371). Aquí hay mucha confusión, justificada por el hecho de que
Rossi toma a los economistas al pie de la letra y equipara .instrumento
de producción en cuanto tal con capital. D'abord, él tiene completa-
mente razón, cuando afirma que el trabajo asalariado no es una forma
absoluta de trabajo, pero olvida que el capital tampoco es una for-
ma absoluta de materia e instrumento de trabajo y que estas dos formas
son la misma forma en momentos diferentes, que, por lo tanto, nacen
y mueren conjuntamente; es, por lo tanto, absurdo por su parte hablar
de capitalistas sin trabajo asalariado. Su ejemplo es el de familias de
trabajadores que pueden vivir un año sin el capitalista, es decir, que
son propietarios de sus condiciones de producción, que realizan su tra-
bajo necesario sin permiso del capitalista. El capitalista, que ellos hacen
venir con su propuesta, no es sino un productor de instrumentos de
producción —y el entrar en contacto a través de la propuesta no quiere
decir sino división del trabajo mediada a través del cambio con el ex-
terior. Sin arreglo de ninguna clase —mediante el cambio simple— am-
bos se dividen el producto común. El cambio es la división. El arreglo
no es necesario para ello. Lo que estas familias cambiarían sería plus-
trabajo, absoluto o relativo, para lo cual les habría capacitado el ins-
trumento —plustrabajo que procedería, o bien del nuevo trabajo acce-
sorio por encima del viejo trabajo del que podían vivir año a año antes
de la aparición del capitalista, o bien de la utilización del instrumento
en su vieja rama de producción. Aquí el señor Rossi convierte al tra-
bajador en propietario y comerciante de su plustrabajo y cancela fe-
lizmente la última huella que lo marcaría como trabajador asalariado,
pero con ello cancela al mismo tiempo la última huella que convertiría
al instrumento de producción en capital. Es verdad que el trabajador
«en realidad no consume los bienes del capitalista, sino los bienes pro-
pios», pero no ciertamente, como el señor Rossi dice, porque se trate

solamente de una parte alícuota del producto, sino porque se trata de
una parte alícuota de su producto, y porque el pago consiste —una
vez que ha sido abandonada la apariencia del cambio— en que él trabaja
una parte del día para él y otra para el capitalista, pero en general re-
cibe el permiso de trabajar sólo en tamto en cuanto su trabajo permite
esta división. El mismo acto de cambio no es, como ya hemos visto, un
momento del proceso inmediato de producción, sino que es una condi-
ción del mismo. Dentro del proceso total de producción del capital,
que incluye en sí los diferentes momentos de su cambio, de su circula-
ción, este cambio, sin embargo, es puesto como un momento del pro-
ceso total. Pero, dice Rossi, el salario aparece dos veces en la cuenta,
una vez como capital, la otra como trabajo; representa, por lo tanto,
dos instrumentos de producción diferentes. Si el salario representa el
instrumento de producción trabajo, no puede representar el instrumento
de producción capital*? Aquí hay una confusión, que procede tam-
bién, de que Rossi se toma en serio las distinciones económicas ortodo-
xas. En la producción el salario figura sólo una vez, en cuanto fondos
destinados a ser transformados en salario, en cuanto salario virtual. Tan
pronto como es salario real, está ya pagado y figura sólo en el consumo
como renta del trabajador. Pero lo que es obtenido en el cambio por
el salario es la capacidad de trabajo, y ésta no figura en absoluto en
la producción, sino exclusivamente el uso que se hace de ella, el fra-
bajo. El trabajo se presenta como instrumento de producción de valor,
porque no es pagado, es decir, porque no es representado por el sala-
rio. En cuanto actividad creadora de valores de uso el trabajo no tiene
nada que ver consigo mismo en cuanto trabajo asalariado. El salario en
las manos del trabajador no es ya salario, sino fondo de consumo. Sólo
en las manos del capitalista es salario, es decir, es la parte del. capital
destinada a ser cambiada por capacidad de trabajo. Para el capitalista el
salario ha reproducido una capacidad de trabajo vendible, de forma tal
que desde este punto de vista el consumo del trabajador está al servicio
del capitalista. Él no paga el trabajo, sino la capacidad de trabajo. Esto
ciertamente sólo puede hacerlo mediante la actividad de esta misma
capacidad de trabajo. Si el salario se presenta en un doble sentido, esto
no es así porque él represente dos instrumentos de producción diferen-
tes, sino porque una vez se presenta desde el punto de vista de la pro-
ducción, y la otra vez desde el punto de vista de la distribución. Esta
forma determinada de la distribución, sin embargo, no es ningún arreglo
discrecional, de forma tal que podría ser diferente, sino que es puesto

42 Cfr. Ross1, Cours, etc., pág. 370.

por la forma de la misma producción; es sólo uno de sus momentos
específicos, considerado en otra determinación. El valor de la máquina
constituye ciertamente una parte del capital que en ella está invertido,
pero en cuanto valor la máquina no produce nada, a pesar de que le
produzca algún beneficio al fabricante. El salario no representa al tra-
bajo como instrumento de producción, así como tampoco el valor re-
presenta a la máquina en cuanto instrumento de producción. El salario
representa la capacidad de trabajo, y puesto que su valor existe separado
de ella, en cuanto capital, es una parte del capital. En la medida en
que el capitalista se apropia trabajo ajeno y con este trabajo apropiado
lo compra de nuevo, el salario, es decir, el representante del trabajo,
si el señor Rossi quiere, se presenta en un doble sentido: 1) como pro-
piedad del capital; 2) como representante del trabajo. Lo que intran-
quiliza realmente a Rossi es que el salario se presenta como represen-
tante de dos instrumentos de producción, del capital y del trabajo;
olvida que el trabajo en cuanto fuerza productiva está incorporado en
el capital, y en cuanto trabajo in esse, no in posse, no es en modo alguno
un instrumento de producción diferente del capital, sino que sólo él
convierte al capital en instrumento de producción. Por lo que se refiere
a la diferencia entre el salario en cuanto parte constitutiva del capital
y al mismo tiempo renta del trabajador, sobre esto tratamos más ade-
lante en el apartado sobre el beneficio, el interés, con el que conclui-
mos este primer capítulo del capital. ]]

### Malthus. Teoría del valor y del salario. (Para el capital se trata de
proporción, para el trabajo sólo de porción. Ver mis observaciones
sobre plusvalía y beneficio). La teoría de Ricardo. (Carey contra
Ricardo). Malthus: el salario no tiene nada que ver con proporción.
La teoría del valor de Malthus.

[[Malthus, refiriéndose a su «The Measure of Value» antes citada,
vuelve sobre el tema en su «Definitions in Political Economy, etc. Lon-
don 1827», en las que él hace la siguiente observación: «Ningún escri-
tor, que yo sepa, antes de Ricardo, ha utilizado nunca el término
salarios, o salarios reales, como un término que implica proporciones.
Los beneficios, ciertamente, implican proporciones; y la tasa de beneficio
ha sido siempre correctamente estimada como un porcentaje sobre el
valor de los anticipos. Pero los salarios han sido considerados uniforme-
mente como magnitudes que suben o bajan, sin relación con proporción
alguna en la cual ellos puedan estar respecto a todo el producto obtenido
por una cierta cantidad de trabajo, sino que suben o bajan por la mayor

o menor cantidad de cualquier producto particular recibido por el tra-
bajador, o por el mayor poder que dicho producto tendrá para dispo-
ner de las necesidades y comodidades de la vida» (M. 29, 30) (Cua-
derno X, pág. 49). El único valor que es producido por el capital en una
producción dada es el valor añadido mediante la nueva cantidad de
trabajo. Pero este valor consiste en el trabajo necesario que reproduce
el salario —el anticipo del capital hecho en forma de salario—, y en
plustrabajo y, por lo tanto, plusvalía, por encima del trabajo necesario.
Los anticipos hechos en material y máquina son simplemente traducidos
de una forma a otra. El instrumento pasa al producto exactamente igual
que la materia prima y su desgaste es al mismo tiempo creación de la
forma del producto. Si la materia prima y el instrumento no cuestan
nada, como en muchas industrias extractivas en las que puede ser esti-
mado =0 (esto ocurre con la materia prima siempre en toda industria
extractiva, obtención de metal, de carbón, pesca, caza, cortar leña en
bosques primarios, etc.), ellos no añaden absolutamente nada al valor de
la producción. Su valor es el resultado de una producción anterior, no
de la producción inmediata, en la que sirven como instrumento y ma-
terial. La plusvalía, por lo tanto, sólo puede ser estimada en relación
con el trabajo necesario. El beneficio sólo es una forma secundaria, de-
rivada y transformada de la plusvalía, es la forma burguesa, en la que
están canceladas las huellas de su origen. El mismo Ricardo no ha com-
prendido nunca esto, porque él 1) sólo habla de la división de una
cantidad ya dada, y no de la formación originaria de esta diferencia;
2) porque la comprensión de esto le habría obligado a ver que entre ca-
pital y trabajo hay una relación completamente diferente de la del cam-
bio; y no podía ver que el sistema burgués de cambio de equivalentes
se transforma y se basa en la apropiación sin equivalente; 3) su
tesis de la proporción entre beneficios y salarios se refiere simplemente
a que si un determinado valor global es dividido en dos porciones, si
una cantidad en general es dividida en dos, la magnitud de ambas partes
está necesariamente en relación inversa. Á esta perogrullada ha reducido
correctamente su escuela toda la cuestión. Para Ricardo el interés que
le impulsaba a afirmar la proporción entre los salarios y el beneficio
no era el de llegar al fundamento de la creación de plusvalía —pues él
parte de la premisa de que un valor dado se divide entre salario y be-
neficio, entre trabajo y capital, y presupone, por lo tanto, esta división
como algo que se comprende por sí mismo—, sino primero, el de hacer
valer frente a la determinación usual del precio, la determinación co-
rrecta, que él construye sobre la base del valor, mostrando que el
límite del valor no es afectado por su distribución, por su distribución

diferente en salarios y beneficios; segundo: el de explicar la disminu-
ción no sólo transitoria sino permanente de la tasa de beneficio, que
era inexplicable para él en base al presupuesto de que al trabajo le
corresponde una porción fija del valor; tercero: el de explicar al mismo
tiempo la renta de la tierra como algo que no contradice su principio
del valor —algo que era necesario explicar, en la medida en que expli-
caba el descenso del beneficio mediante la subida del salario, y a su
vez explicaba esta subida mediante el aumento del valor de los pro-
ductos de la agricultura, es decir, mediante la dificultad creciente de
su producción. Esto al mismo tiempo daba una arma polémica al capi-
tal industrial contra la propiedad territorial que explotaba los progresos
de la industria. Pero al mismo tiempo, impulsado por la simple lógica,
Ricardo había proclamado la naturaleza contradictoria del beneficio, del
trabajo, del capital, a pesar de que se esfuerza después en demostrarle
al trabajador que este carácter contradictorio del beneficio y el salario
no interesa a su ingreso real, más aún, que un aumento proporcional
(no absoluto) del salario es perjudicial, porque obstaculiza la acumula-
ción, y sólo el perezoso propietario de la tierra se beneficiaría del des-
arrollo de la industria. La forma contradictoria había sido tácitamente
proclamada, y Carey,” que no comprende a Ricardo, podía llamarlo en
consecuencia el padre de los comunistas, etc., en lo cual de nuevo
tenía razón en un sentido, que tampoco comprende. Pero los demás
economistas que, como Malthus, no quieren tener absolutamente nada
que ver con la naturaleza proporcional (y, por lo tanto, contradictoria)
del salario, desearían por una parte encubrir la contradicción, y por otra
se aferran al principio de que el trabajador simplemente cambia un
determinado valor de uso, su capacidad de trabajo, con el capital, y que,
por lo tanto, su renuncia a la fuerza productiva, a la fuerza del trabajo
creador de nuevo valor, no tiene nada que ver con el producto, y que,
por lo tanto, el problema del cambio entre capitalistas y trabajadores,
el problema del salario, como en todo cambio simple, en el que son
presupuestos equivalentes económicos, es un simple problema de can-
tidad, de la cantidad de valor de uso. Tan exacto es esto por un lado,
que comporta la forma aparente del cambio inmediato, del trueque, en
el cual el trabajador, si la competencia se lo permite, comercia y discute
con el capitalista, mide sus pretensiones por el criterio del beneficio
del capitalista y exige una parte determinada de la plusvalía por él

48 Cfr. H. C. Carey, The Past, the Present, and the Future. Philadelphia 1848,
págs. 74-75.

creada; de forma tal que la proporción se convierte en un momento
real de la vida económica misma. Más aún, en la lucha entre ambas
clases —<que se produce necesariamente con el desarrollo de la clase
obrera— la mensuración de la distancia respectiva, que es expresada
por el salario mismo como proporción, se convierte en un momento de
importancia decisiva. La apariencia del cambio desaparece en el proceso
del modo de producción basado sobre el capital. Mediante el pro-
ceso mismo y su repetición aparece claro lo que no lo estaba: que el
trabajador recibe como salario del capitalista sólo una parte de su pro-
pio trabajo. Esto entra después en la consciencia tanto de los trabaja-
dores como de los capitalistas. Para Ricardo realmente la cuestión sólo
es la siguiente: ¿qué proporción representa, en el curso de su desa-
rrollo, el trabajo necesario respecto al valor total? Continúa siendo
siempre el salario necesario; su naturaleza proporcional no interesa, por
lo tanto, al trabajador, que recibe como antes el mismo mínimo, sino
exclusivamente al capitalista, cuya detracción de los ingresos netos cam-
bia, sin que los trabajadores reciban más, expresado en valor de uso.
Pero el hecho de que Ricardo, si bien en relación con problemas com-
pletamente diferentes, haya formulado la naturaleza contradictoria del
beneficio y el salario, muestra que en su época el modo de producción
basado sobre el capital había adoptado una forma cada vez más ade-
cuada a su naturaleza. Malthus observa en relación con la teoría del
valor de Ricardo, en las ya citadas «Definitions» (Cuaderno 1X, pági-
nas 49, 50): «La afirmación de Ricardo, de que a medida que aumenta
el valor de los salarios, disminuyen proporcionalmente los beneficios y
viceversa, sólo es verdad en el supuesto de que mercancías, en las que
se ha objetivado la misma cantidad de trabajo, tienen siempre el mismo
valor, y esto es verdad en 1 caso de 500, y además es necesariamente
así, porque con el progreso de la civilización la cantidad de capital fijo
utilizado aumenta y hace más variados y desiguales los tiempos de ro-
tación del capital circulante» (loc. cit., 31, 32). (Esto hace referencia
a los precios, no al valor.) Malthus observa en relación con su propio
descubrimiento del verdadero criterio del valor: «Primero: yo no he
visto en ninguna parte afirmado que la cantidad de trabajo que una
mercancía tiene normalmente a su disposición tiene que representar y
medir la cantidad de trabajo consumido en producirla más los benefi-
cios... Representando el trabajo consumido en una mercancía, más los
beneficios, el trabajo representa las condiciones naturales y necesarias
de su producción, o los costes elementales de su producción... Segundo:
yo no he visto afirmado en ninguna parte que, a pesar de que la ferti-
lidad del suelo pueda variar, los costes elementales de la producción

de los salarios de una cantidad dada de trabajo tengan que ser siempre
necesariamente los mismos» (196, 197). Esto sólo quiere decir que los
salarios son siempre iguales al tiempo de trabajo necesario para su pro-
ducción, que cambia con la productividad del trabajo. La cantidad de
mercancías continúa siendo la misma. «Si se considera el valor como
la capacidad general de compra de una mercancía, éste se refiere a la
compra de todas las mercancías, a la compra de la masa general de mer-
cancías. Pero ésta escapa a todo control... Ahora bien, no se puede
negar ni por un momento que el trabajo es el que mejor representa el
término medio de la masa general de mercancías» (205). «Un amplio
tipo de mercancías, como materias primas, aumentan con el progreso de
la sociedad, comparadas con el trabajo, mientras que los artículos ma-
nufacturados descienden. No hay nada, por lo tanto, más lejos de la
verdad que decir que la masa media de mercancías que una cantidad
dada de trabajo tendrá a su disposición en el mismo país puede no
variar esencialmente en el curso de un siglo» (206). «El valor tiene
siempre que ser valor cambiado con trabajo» (224, nota, loc. cit.). Con
otras palabras, la doctrina es ésta: el valor de una mercancía, el trabajo
en ella consumido, es representado por los días de trabajo vivo que ella
tiene a su disposición, por los cuales ella puede ser cambiada, es decir,
es representado por los salarios. Los días de trabajo vivo contienen
tanto tiempo necesario como tiempo suplementario. Hagámosle a Mal-
thus el favor mayor que podemos hacerle. Es decir, supongamos que
la relación de plustrabajo con el trabajo necesario, es decir, la relación
de salarios con beneficio permanezca siempre constante. Ánte todo, el
hecho de que el señor Malthus hable del trabajo consumido en la mer-
cancía más los beneficios demuestra ya su confusión, ya que los bene-
ficios sólo pueden precisamente constituir una parte del trabajo con-
sumido. Él tiene aquí en la cabeza los beneficios por encima del trabajo
consumido, que deben resultar del capital fijo, etc. Esto sólo puede
afectar a la distribución del beneficio total entre los diferentes partici-
pantes, y no a su cantidad global, pues si todos recibieran por su mer-
cancía el trabajo en ella consumido + beneficios, ¿de dónde provendrían
éstos, señor Malthus? Si el uno recibe en su mercancía trabajo consu-
mido + beneficio, el otro tiene que recibir trabajo consumido — bene-
ficio; aquí el beneficio es considerado como más de la plusvalía real.
Este más, por lo tanto, continúa disminuyendo. Si suponemos que el
trabajo consumido es = 3 días de trabajo, entonces, si la proporción
del tiempo de plustrabajo es de 1:2, estos tres días han sido recibidos
en pago de 11/2 día de trabajo. Los trabajadores trabajaron real-
mente 3 días, pero recibieron en pago cada uno sólo medio día de tra-

bajo. O lo que es igual, la mercancía que ellos reciben por sus 3 días
de trabajo tenía consumido en ella sólo 1 1/2 día de trabajo. Por los
3 días de trabajo consumidos en su mercancía, el capitalista, permane--
ciendo igual todas las relaciones, habría recibido 6 días de trabajo. (La
cuestión sólo es exacta porque el tiempo de plustrabajo es equiparado
al trabajo necesario; es decir, en el segundo caso no se hace más que
repetir el primero.) (La plusvalía relativa limitada claramente no sólo
por la proporción previamente dada, sino también por la proporción
en la que el producto entra en el consumo del trabajador. Si el capita-
lista pudiera mediante el aumento de las fuerzas productivas obtener
una cantidad doble de chales de cachemira, y si éstos fueran vendidos
a su valor, entonces él no habría creado ninguna plusvalía relativa,
porque los trabajadores no consumen tales chales, es decir, porque el
tiempo necesario para la reproducción de su capacidad de trabajo con-
tinuaría siendo el mismo. Esto no es así, en la práctica, porque el precio
en tales casos sube por encima del valor. Aquí en la teoría no nos inte-
resa, porque el capital es considerado en sí mismo, no en una rama
particular.) Esto quiere decir que el capitalista pagará un salario de
3 días y hará trabajar 6; él compra con cada 1/2 día un día; por lo
tanto, con 6/2 días = 3 días, compra 6 días. Afirmar, por lo tanto, que
los días de trabajo que una mercancía tiene a su disposición, o los sa-
larios, que ella paga, expresan su valor, es no comprender absolutamente
nada de la naturaleza del capital y del trabajo asalariado. El hecho de
que los días de trabajo objetivado tienen a su disposición más días
de trabajo vivo es el núcleo de toda creación de valor y de la crea-
ción de capital. Hubiera sido exacto, sin embargo, si el señor Malthus
hubiera dicho que el tiempo de trabajo vivo que una mercancía tiene
a su disposición expresa la medida de su valorización, la medida del
plustrabajo, que ella crea. Pero sería sólo una tautología decir que, en
la medida en que crea plustrabajo, crea algo de más; o sería expresión
de lo contrario de lo que Malthus quiere, a saber: que la plusvalía
procede del hecho de que el tiempo de trabajo vivo que una mercancía
tiene a su disposición no representa nunca el trabajo en ella consumido.
(Y con esto hemos acabado finalmente con Malthus.)

### La finalidad de la producción capitalista es el valor (dinero), no la
mercancía o valor de uso, etc.: Chalmers. — Ciclo económico. —
Proceso de circulación. Chalmers.

[['Ya hemos discutido antes al desarrollar el concepto de capital, cómo
éste es valor en cuanto tal, dinero, que se conserva en la circulación y
aumenta a través del cambio con el trabajo vivo. La finalidad del capital
productivo, en consecuencia, no es nunca el valor de uso, sino la forma
general de la riqueza en cuanto riqueza. El reverendo Th. Chalmers, en
su escrito tan insulso y repugnante desde otros muchos puntos de
vista, «On Political Economy in connection with the Moral State and
Moral Prospects of Society, 2.* ed. London 1832», ha interpretado co-
rrectamente este punto, sin caer por otra parte en las burradas de tipos
tales como Terrier, etc., que confunden el dinero en cuanto valor del
capital con el dinero metálico realmente existente. En las crisis el ca-
pital (en cuanto mercancía) no es cambiable, no porque no haya bas-
tantes medios de circulación, sino que no circula, porque no es cambia-
ble. La importancia que el dinero contante y sonante obtiene en las
crisis procede del hecho de que, mientras el capital no es cambiable
por su valor —y sólo a esto se debe que éste se le presente fijado en
la forma de dinero— las obligaciones contraídas han de ser pagadas;
al lado de la circulación interrumpida, tiene lugar una circulación forzosa.
Chalmers dice (cuaderno IX, pág. 57): «Cuando un consumidor rehúsa
comprar ciertas mercancías esto no ocurre siempre, como presumen los
nuevos economistas, porque prefiere comprar otras, sino porque quiere
reservar por completo el poder general de compra. Y cuando un
comerciante trae mercancías al mercado, no va a la busca de otras mer-
cancías a cambio de las suyas... él quiere extender su poder general
de compra de todas las mercancías. No sirve de nada decir que el
dinero también es una mercancía. El dinero metálico real, del cual se
sirve el comerciante, no es más que una pequeña fracción de su capital,
incluso de su capital en dinero; todas las partes del cual, aunque esti-
madas en dinero, pueden, sobre la base de contratos escritos, describir
su órbita, y ser efectivas para todas sus finalidades, con la ayuda de
dinero metálico que equivale a una proporción insignificante de la to-
talidad. La gran finalidad del capitalista monetario, es, en realidad,
aumentar el valor nominal de su fortuna. Es decir, que si su fortuna
expresada pecuniariamente es este año 20.000 libras, deberá ser expre-
sada pecuniariamente el año que viene por 24.000. Aumentar su capital
estimado en dinero es la única vía por la cual puede aumentar su

interés como comerciante. La importancia de estos objetivos no es afec-
tada por las fluctuaciones de la moneda en circulación o por un cambio
en el valor real del dinero. Por ejemplo, en un año él pasa a tener de
20.000 libras, 24.000; a causa de una disminución en el valor del di-
nero puede no haber aumentado su poder de disposición sobre los
bienes materiales, etc. Sin embargo, su interés ha aumentado en medida
igual a como si el dinero no hubiera disminuido, pues de lo contrario
su fortuna dineraria habría permanecido estacionaria y su riqueza real
habría descendido en la proporción de 24 a 20... Las mercancías» (es
decir, valor de uso, riqueza real) «no son, por lo tanto, la finalidad últi-
ma- del capitalista comerciante» (la ilusión de los defensores del bullio-
nismo se centraba exclusivamente en el hecho de ver en el dinero metá-
lico real (o también en el papel moneda, pues no cambiaría nada la
cuestión), es decir, en la forma de valor en cuanto dinero real, la forma
general de la riqueza y del enriquecimiento, mientras que precisamente
en la medida en que el dinero aumenta en cuanto acumulación del poder
general de compra, disminuye proporcionalmente en su forma determi-
nada como medio de circulación o también en su forma de tesoro reali-
zado. En cuanto signo indicativo de la riqueza real o del poder produc-
tivo el dinero adquiere miles de formas), «excepto en el gasto de su renta
en compras con la finalidad de consumir. En el desembolso de su capital
y cuando él compra con la finalidad de producir, el dinero es su fina-
lidad última» (no la moneda <coin», notabene). (164-166.)

«El beneficio —dice el mismo Chalmers— produce el efecto de
destinar los servicios de la población disponible a otros patronos
además de los propietarios de tierra... mientras que sus gastos exce-
den lo necesario para la vida» (77-78, cuaderno IX, pág. 53).]]

El proceso de circulación completo lo llama Chalmers en el libro
antes citado ciclo económico. «Se podría pensar que el mundo del co-
mercio gira en torno a lo que llamaremos un ciclo económico, que rea-
liza una revolución cuando los negocios vuelven al punto de partida, a
través de sus sucesivas transacciones. Su comienzo puede ser fechado
a partir del punto en el cual el capitalista ha obtenido aquellos ingresos
que le reponen el capital: a partir de este momento él procede de nuevo
a emplear a sus trabajadores, a distribuir entre ellos, en la forma de
salarios, su mantenimiento, o mejor dicho, el poder de satisfacerlo; a
obtener de ellos en trabajo acabado los artículos en los cuales espe-
cialmente trata; a traer estos artículos al mercado, y a terminar aquí
la órbita de una serie de movimientos, efectuando una venta, y reci-
biendo en sus ingresos una compensación por todos los desembolsos del

período. La intervención del dinero no modifica nada el carácter real
de la operación». (85, loc. cit.) (Cuaderno, págs. 54, 55.)

### Diferencia en la rotación. Interrupción del proceso de producción
(o más bien, no coincidencia del mismo con el proceso de trabajo).
Duración total del proceso de producción. (Agricultura. Hodgskin.)
Periodos desiguales de producción.

La diferencia en la rotación, en la medida en que depende de la fase
del proceso de circulación que coincide con el proceso de producción
inmediato, depende no sólo del tiempo de trabajo mayor o menor que
es necesario para acabar el objeto (por ejemplo, la construcción de un
canal), sino que en ciertas ramas de la industria —agricultura, por ejem-
plo— depende de las interrupciones del trabajo que vienen dadas por
la naturaleza del trabajo, ya que en la medida en que el capital está
inactivo, el trabajo se detiene. Así el ejemplo de A. Smith, de que
hacer crecer el trigo lleva un año, mientras que hacer crecer un buey
lleva 5. En consecuencia, en el uno habrá sido utilizado un año, en
el otro 5. El trabajo dedicado al ganado que crece pastando es mínimo.
Por otra parte, en la misma agricultura el trabajo, que es, por ejemplo,
utilizado en el invierno, es mínimo. En la agricultura (y en mayor o
menor grado en muchas otras ramas de la producción) tienen lugar
interrupciones, pausas en el tiempo de trabajo, que vienen dadas por
las condiciones del mismo proceso de producción, teniendo que ser em-
pezado el trabajo de nuevo en un punto dado, para continuar o fina-
lizar el proceso; la continuidad del proceso de producción no coincide
aquí con la continuidad del proceso de trabajo. Este es un momento
de la diferencia. Segundo: el producto necesita en general un mayor
espacio de tiempo para ser acabado, para ser puesto en el estado de pro-
ducto acabado; ésta es la duración total del proceso de producción,
independientemente de si tienen o no tienen lugar interrupciones en las
operaciones del trabajo; duración diferente de la fase de producción en
general. Tercero: una vez que el producto está acabado, puede ser
necesario que el producto tenga que permanecer inactivo un período de
tiempo mayor, en el que se necesita relativamente poco trabajo, para
ser abandonado a procesos naturales, como, por ejemplo, el vino (este
caso conceptualmente es más o menos igual que el caso 1). Cuarto: el

“0 Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 10 <Investigación..., pág. 145»,
MALTHUS, The Measure of Value, etc., pág. 10.

producto puede necesitar un espacio de tiempo mayor, para ser llevado
al mercado, porque está destinado a un mercado lejano (esto coincide
conceptualmente con el caso II). Quinto: el espacio de tiempo mayor
o menor en la rotación total del capital (su reproducción total), en la
medida en que está determinado por la relación de capital fijo y capital
circulante, se refiere claramente no al proceso de producción inmediato,
a su duración, sino que toma su determinación de la circulación. El
tiempo de reproducción del capital total es determinado por el proceso
total, incluida la circulación.

«Desigualdad en los períodos necesarios para la producción.»**

«La diferencia de tiempo requerida para terminar los productos de
la agricultura, y de otras clases de trabajo es la causa principal de la
gran dependencia de los agricultores. Ellos no pueden traer sus mercan-
cías al mercado en menos de un año. Durante todo este período se
ven obligados a tomar a préstamo del zapatero, del sastre, del herrero,
del carretero y de otros varios trabajadores, cuyos productos nece-
sitan y que están acabados en unos cuantos días o semanas. Á causa de
esta circunstancia natural, y a causa del aumento más rápido de la ri-
queza producida por otro trabajo que lo producido por la agricultura, los
individuos que tienen el monopolio del campo, a pesar de que han
monopolizado también la legislación, son incapaces de evitar el ser tanto
ellos como sus sirvientes, los agricultores, las clases más dependientes
de la sociedad» (Thomas Hodgskin, Popular Polit. Econ. Four lectures,
etcétera. London 1827, pág. 147 nota). (Cuaderno IX, pág. 44.) «La
circunstancia natural de que todas las mercancías son producidas en
períodos desiguales, mientras que las necesidades del trabajador han de
ser provistas diariamente... Esta desigualdad en el tiempo necesario
para acabar las diferentes mercancías, conduciría, en el estado salvaje,
a que el cazador, etc., tuviera un excedente de caza, antes de que el
constructor de arcos y flechas, etc., tuviera acabada cualquier mercancía
para dársela a cambio de esta caza excedente. Ningún cambio podría
ser efectuado; el constructor de arcos tendría que ser también cazador
y la división del trabajo sería imposible. Esta dificultad contribuye al
descubrimiento del dinero» (179, 180) (loc. cit.).

41 Cfr. Hopcsxin, Popular Political Economy, etc., págs. 140, 146-147.

### En el concepto de trabajador libre está implícito el de pobre.
Población y superpoblación, etc.

[[En el concepto de trabajador libre está ya implícito que él es pobre:
virtualmente pobre. Él es según sus condiciones económicas mera capa-
cidad de trabajo viva y, por lo tanto, tiene las necesidades vitales. Ne-
cesidad desde todos los puntos de vista, sin una existencia objetiva en
cuanto capacidad de trabajo para la realización de la misma. Si el ca-
pitalista no puede utilizar su plustrabajo, él no puede realizar su tra-
bajo necesario; no puede producir sus medios de subsistencia. No
puede recibir entonces estos medios de subsistencia mediante el cambio,
sino que, si los recibe, sólo puede ser por el hecho de que de la
renta del capitalista se desprenda alguna limosna para él. En cuanto
trabajador, sólo puede vivir, en la medida en que cambia su capa-
cidad de trabajo por la parte del capital, que constituye el fondo de tra-
bajo. Este cambio mismo está ligado a condiciones que son accidentales
para él, que son indiferentes a su existencia orgánica. Él es, por lo
tanto, virtualmente pobre. Puesto que además la condición de la pro-
ducción basada sobre el capital es la de que él produce siempre más
plustrabajo, así se libera más trabajo necesario. Las oportunidades de
su pauperismo aumenta, en consecuencia. Al desarrollo del plustra-
bajo corresponde el de la superpoblación. En modos de producción so-
cial diferentes existen leyes diferentes de aumento de la población y
de la superpoblación; esta última se identifica con el pauperismo. Es-
tas diferentes leyes han de ser reducidas simplemente a los diferentes
modos de relación con las condiciones de producción, o consideradas
en relación con el individuo vivo, con las condiciones de reproducción
de sí mismo en cuanto miembro de la sociedad, ya que él sólo trabaja
y se apropia algo en sociedad. La disolución de estas relaciones por lo
que se refiere a un individuo, o a una parte de la población, la pone al
margen de las condiciones reproductivas de esta base determinada y, por
lo tanto, la pone como superpoblación, que no sólo está privada de
medios, sino que además es incapaz de apropiarse los medios de subsis-
tencia a través del trabajo, es decir, como pobre. Sólo en el modo de
producción basado sobre el capital aparece el pauperismo como resul-
tado del mismo trabajo, del desarrollo de la fuerza productiva del
trabajo. En un estadio de la producción social puede existir una super-
población, que no existe en otro, y sus efectos pueden ser diferentes.
Las colonias que fundaban los antiguos, por ejemplo, no eran más que
superpoblación; es decir, no podían continuar viviendo en el mis-

mo espacio sobre la base material de la propiedad ya dada, es decir,
sobre la base de las condiciones de producción existentes. El número
puede ser muy pequeño comparado con las modernas condiciones de
producción. Sin embargo, estaban muy lejos de ser pobres. No obs-
tante, sí lo era la plebe romana con su paris et circenses. La super-
población que condujo a las grandes migraciones de pueblos presupone
a su vez otras condiciones. Puesto que en todas las formas de produc-
ción anteriores el desarrollo de las fuerzas productivas no constituye
la base de la apropiación, sino que una determinada relación con las
condiciones de producción (formas de propiedad) se presenta como
límite presupuesto de las fuerzas productivas, que debe ser exclusiva-
mente reproducido, así el desarrollo de la población, en el que se resu-
me el desarrollo de todas las fuerzas productivas, tiene que encontrar
cada vez más un límite externo, que tiene que presentarse además como
tal límite. Las condiciones de la comunidad sólo son compatibles con
una determinada cantidad de población. Por otra parte, si los límites
de la población, puestos por la posibilidad de extensión de la forma
determinada de las condiciones de producción, se modifican, se contraen
o se expanden —así, por ejemplo, la superpoblación en los pueblos
cazadores era diferente que entre los atenienses, y entre éstos distinta
que entre los germanos— se modifica también la tasa absoluta en
la que aumenta la población y, por lo tanto, la tasa de superpoblación
y población. La superpoblación que se produce sobre una base de pro-
ducción determinada está, por lo tanto, tan determinada como la po-
blación adecuada. Superpoblación y población tomadas en conjunto
es la población que una base determinada de producción puede engen-
drar. En qué medida puede pasar por encima de su límite, viene dado
por el mismo límite —o más bien por la misma razón, que pone el lí-
mite—. Exactamente igual a como el trabajo necesario y el plustrabajo
tomados en conjunto constituyen la totalidad del trabajo sobre una
base dada.

La teoría de Malthus, que, por lo demás, no es de su invención,
aunque él se haya apropiado la fama por el fervor clerical con que la
ha proclamado, sólo es realmente importante por el énfasis que él le ha
dado y desde dos puntos de vista: 1) porque ha dado una expre-
sión brutal al punto de vista brutal del capital; 2) porque ha afir-
mado el hecho de la superpoblación bajo todas las formas de sociedad.
No lo ha demostrado, pues no hay nada más acrítico que su amalgama
de compilaciones de escritos históricos y crónicas de viajes. Su concep-
ción es completamente falsa y pueril: 1) porque considera como algo
homogéneo la superpoblación en las distintas fases históricas del des-

arrollo económico; no comprende su diferencia específica y reduce
estúpidamente estas relaciones muy complicadas y mutables a una re-
lación, a dos ecuaciones, en la que se contraponen por una parte la
reproducción natural del hombre, y por otra la reproducción natural
de los vegetales (es decir, de los medios de subsistencia), como dos
series naturales, de las cuales la una crece geométricamente y la otra
aritméticamente. Así transforma Malthus las relaciones históricas dife-
rentes en una relación numérica abstracta, que es construida puramente
en el aire, y que no descansa ni en leyes naturales ni en leyes históricas.
Según Malthus debe de existir una diferencia natural entre la reproduc-
ción del hombre, por ejemplo, y la de los cereales. Este imbécil presu-
pone, por lo tanto, que el aumento del número de hombres es un puro
proceso natural, que necesita restricciones externas y controles, para
que no proceda en proporción geométrica. Esta reproducción geométrica
es el proceso natural de reproducción del hombre. Él encuentra en la
historia que la población procede en relaciones muy diferentes, y que
la superpoblación también es una relación históricamente determinada,
que no está en modo alguno determinada por cifras o por un límite ab-
soluto de la productividad de los medios de subsistencia, sino por límites
puestos por condiciones de producción determinadas. Ciertamente es
un límite numérico. ¡Qué pequeñas nos parecen las cifras que repre-
sentan superpoblación para los atenienses! Una segunda diferencia está
en el carácter de la superpoblación. Una superpoblación de atenienses
libres, que son transformados en colonos, es bastante diferente de una
superpoblación de trabajadores, que son transformados en individuos in-
ternados en casas de trabajo. También es diferente la superpoblación
pordiosera, que consume en un convento el producto excedente de éste,
de la que se constituye en una fábrica. Es él el que abstrae de estas
leyes históricas determinadas de los movimientos de población, ya que
para él éstas son la historia de la naturaleza del hombre, son leyes na-
turales, pero leyes naturales del hombre sobre la base de un desarrollo
histórico determinado, con un desarrollo determinado de las fuerzas
productivas condicionado por su propio proceso histórico. El hombre
malthusiano, abstraído del hombre histórico determinado, existe sólo
en su cerebro; de ahí también el que sólo en su cerebro exista el método
de reproducción geométrica correspondiente a este hombre malthusiano
natural. La historia real se presenta, por lo tanto, para Malthus de for-
ma tal que la reproducción de su hombre natural no es una abstracción
del proceso histórico, de la reproducción real, sino que la reproducción
real es una aplicación de la teoría de Malthus. Así lo que en la historia
son condiciones inmanentes, tanto de la población como de la superpo-

blación en cada estadio determinado, se presenta para Malthus como una
serie de controles externos que han obstaculizado el desarrollo de la
población en forma malthusiana. Las condiciones en las cuales los hom-
bres se producen y reproducen históricamente aparecen como límites
de la reproducción del hombre natural de Malthus, que es una crea-
ción de Malthus. Por otra parte, la producción de medios de subsistencia
—tal como es controlada y determinada por la acción humana— se
presenta como un control que ella se pone a sí misma. Los helechos
cubrirían toda la tierra. Su reproducción sólo cesó cuando no hubo es-
pacio; no se conformaría a ninguna proporción aritmética. De dónde
ha podido sacar Malthus, el que por un impulso interno, sin control
exterior, la reproducción de productos naturales se detiene, es difícil
de decir. Malthus transforma los límites inmanentes, históricamente
mutables, del proceso de reproducción humano en límites externos;
y los controles externos de la reproducción natural en límites inma-
nentes o leyes naturales de la reproducción.

2) Malthus relaciona absurdamente una determinada cantidad de
hombres con una determinada cantidad de medios de subsistencia.**
Ricardo ha sostenido correctamente frente a Malthus que la cantidad de
cereales existente es completamente indiferente para el trabajador, si
éste no tiene ninguna ocupación; que son, por lo tanto, los medios de
empleo y no los medios de subsistencia, los que lo colocan en la categoría
de superpoblación o no. Pero esto ha de ser entendido en general y
está en relación ante todo con la mediación social, a través de la cual el
individuo se relaciona y crea los medios de su reproducción; es decir,
está en conexión con las condiciones de producción y con su relación con
ellas. Para el esclavo de Atenas no existía ningún límite para su multi-
plicación excepto los medios de subsistencia susceptibles de ser produ-
cidos. Y nosotros no oímos nunca que en la antigiiedad haya existido
un excedente de esclavos. Más bien lo que aumenta es la necesidad de
esclavos. Sin embargo, sí había superpoblación de no trabajadores (en
sentido inmediato), que no eran demasiados en relación con los medios
de subsistencia existentes, sino que habían perdido las condiciones, bajo
las cuales podían apropiarse esos medios de subsistencia. La inven-
ción de trabajadores suplementarios, es decir, de hombres sin pro-
piedad que trabajan, pertenece a la época del capital. Los mendigos, que
se adherían a los conventos y les ayudaban a consumir el producto exce-

4 Cfr. Malthus, An Inquiry, etc., págs. 7, 15, 19.
43 Cfr. Ricaro, On the Principles, etc., págs. 493 y 495 <Principios...,
págs. 306-307).

dente, pertenecen a la misma clase que los servidores de los señores
feudales, y esto muestra que el producto excedente no podía ser consu-
mido por sus pocos propietarios. Se trata simplemente de una forma
distinta de los servidores de otra época, o de los criados de hoy. La
superpoblación, por ejemplo, entre los pueblos cazadores, que se mani-
fiesta en la lucha de las tribus particulares entre sí, demuestran no que la
la tierra no pudiera soportar el pequeño número de hombres, sino que
las condiciones de su reproducción exigían una cantidad mayor de terri-
torio para menos cabezas. No se trata de una relación con una masa
absoluta no existente de medios de subsistencia, sino de una relación
con las condiciones de reproducción, de la producción de los medios de
producción, relación en la cual están incluidas también las condiciones
de la reproducción del hombre, de la población global, de la superpo-
blación relativa. El excedente es puramente relativo: no está en ninguna
relación con los medios de subsistencia en general, sino con el modo de
producirlos. Y, por lo tanto, se trata sólo de un excedente en relación
con el estado de desarrollo de este modo de producción.

3) No corresponde tratar aquí la introducción de la teoría de la
renta, que no pertenece propiamente a Malthus; au fond es sólo una
fórmula para afirmar que en el nivel de la industria conocido por Ri-
cardo, etc., la agricultura se queda atrás respecto a la manufactura, lo
cual, por lo demás, aunque en proporciones variables, es inmanente a
la producción burguesa.

### Trabajo necesario. Plustrabajo. Superpoblación. Pluscapital.

[[Si consideramos la producción basada en el capital, vemos que como
condición de la misma se presenta la existencia de una cantidad máxima
absoluta de trabajo necesario con una cantidad máxima relativa de
plustrabajo. La condición básica es, por lo tanto, el mayor aumento
posible de la población, de la capacidad de trabajo viva. Si consideramos
además las condiciones del desarrollo tanto de la fuerza productiva
como del cambio, así como también la división del trabajo, la coope-
ración, la ciencia en cuanto investigación universal que procede de múl-
tiples cabezas, la mayor existencia posible de centros de cambio, todo
esto se identifica con el aumento de la población. Por otra parte, en la
condición de apropiación de plustrabajo ajeno está ya implícito que a
la población necesaria —es decir, la población que representa el trabajo
necesario, el trabajo necesario para la producción— se añade una pobla-
ción excedente, que no trabaja. El capital en su desarrollo posterior

muestra que junto a la parte industrial —los capitalistas industriales—
de esta población excedente aparece una parte puramente consumidora.
Individuos ociosos, cuyo negocio es consumir productos ajenos y que,
puesto que el consumo ordinario tiene sus límites, tienen que recibir
los productos en parte en forma refinada, como artículos de lujo. Cuando
los economistas hablan de superpoblación, no se trata de esta población
ociosa excedente. Al contrario, ella —su negocio consiste en con-
sumir— es considerada por los fanáticos de la producción como pobla-
ción necesaria, y con razón (consecuentemente). La expresión superpo-
blación se refiere exclusivamente a la capacidad de trabajo, es decir, a
la población necesaria; es excedente de capacidad de trabajo. Pero esto
procede simplemente de la naturaleza del capital. La capacidad de tra-
bajo sólo puede realizar su trabajo necesario si su plustrabajo tiene
valor para el capital, es valorizable para éste. Si, por lo tanto, esta po-
sibilidad de valorización es impedida por cualquier obstáculo, entonces
la capacidad de trabajo misma se presenta: 1) al margen de las condicio-
nes de reproducción de su existencia; existe sin sus condiciones de exis-
tencia y es, por lo tanto, un mero estorbo; necesidades sin medios para
satisfacerlas; 2) el trabajo necesario se presenta como un trabajo su-
perfluo, porque el trabajo superfluo no es necesario. Sólo es trabajo
necesario, en la medida en que es condición para la valorización del
capital. La relación de trabajo necesario y plustrabajo, tal como es pues-
ta por el capital, se transforma, por lo tanto, en que una parte del tra-
bajo necesario —es decir, del trabajo que reproduce la capacidad de
trabajo—, es superfluo y en que esta misma capacidad de trabajo es
utilizada, por lo tanto, como excedente de la población trabajadora ne-
cesaria, cuyo trabajo necesario 'no es superfluo, sino necesario para el
capital. Puesto que el desarrollo de la productividad necesariamente
producido por el capital consiste en aumentar la proporción de plustra-
bajo respecto al trabajo necesario, o, lo que es igual, en disminuir la
porción de trabajo necesario requerida para producir una cantidad de-
terminada de plustrabajo, entonces, dada una determinada cantidad de
capacidad de trabajo, tiene que disminuir necesaria y constantemente
la proporción de trabajo necesario utilizado por el capital, es decir, que
una parte de esta capacidad de trabajo deviene superflua, puesto
que una porción de la misma es suficiente para realizar la cantidad de
plustrabajo para el que antes era necesaria la cantidad entera. La pro-
ducción de una determinada porción de la capacidad de trabajo como
superflua, es decir, la producción como superfluo del trabajo requerido
para su reproducción, es, por lo tanto, una consecuencia necesaria del
aumento del plustrabajo en relación con el trabajo necesario. La dismi-

nución del trabajo necesario relativo se presenta como aumento de la
capacidad de trabajo superflua relativa —es decir, como creación de su-
perpoblación. Si ésta es mantenida, esto no ocurre a partir del fondo
de trabajo, sino de la renta de todas las demás clases. Esto no ocurre
mediante el trabajo de la capacidad de trabajo misma —es decir, no
mediante la reproducción normal en cuanto trabajador, sino que el in-
dividuo es conservado como ente vivo por la misericordia ajena;
se convierte, por lo tanto, en un pordiosero y en un pobre; por el hecho
de que no se mantiene mediante su trabajo necesario, es decir, no
se mantiene mediante el cambio con una parte del capital, cae fuera
de las condiciones de la relación aparente de cambio e independencia; en
segundo lugar: la sociedad asume a partes alícuotas para el señor capi-
talista la tarea de conservarle su instrumento virtual —su uso y con-
sumo— en reserva para un uso posterior. El capitalista aparta de sí
en parte los costes de reproducción de la clase trabajadora y pauperiza
así en su propio provecho a una parte de la población restante. Por
otra parte, el capital, puesto que se reproduce constantemente como
pluscapital, tiene la tendencia tanto a producir como a eliminar dicho
pauperismo. El capital actúa en dos direcciones opuestas, de las cuales
una tiene una vez la primacía y otra vez la tiene otra. Finalmente en
la producción del pluscapital está ya implícita la triple consecuencia
siguiente: 1) el capital necesita una población creciente para ser puesto
en movimiento; si la población relativa que necesita pasa a ser más
pequeña, ,entonces el mismo capital deviene tanto más grande; 2) el
capital necesita una parte de la población desocupada (al menos rela-
tivamente); es decir, necesita una población excedente relativa, para
encontrar la población inmediatamente disponible para el aumento del
pluscapital; 3) la plusvalía, a un nivel dado de las fuerzas productivas,
puede existir, pero no en la medida, en las proporciones, para ser uti-
lizada como capital. Es necesario no sólo un mínimo de nivel de pro-
ducción, sino de su ampliación, para que se produzca pluscapital y su-
perpoblación. Igualmente la superpoblación puede existir, pero no en
las proporciones requeridas para producir más. En todas estas observa-
ciones se ha abstraído a propósito de las vicisitudes de las ventas, de
la contracción del mercado, etc., en suma, de todo aquello que presupone
el proceso de muchos capitales.]]

### A. Smith. El trabajo como sacrificio. (La teoría de Senior del sa-
crificio del capitalista.) (El excedente en Proudhon.) — A. Smith.
Origen del beneficio. Acumulación originaria. — Wakefield. — Es-
clavitud y trabajo libre. — Atkinson. — Beneficio. — Origen del
beneficio. Mac Culloch.

[[Según la teoría de A. Smith, el trabajo no cambia nunca su valor,
en el sentido de que una determinada cantidad de trabajo para el traba-
jador es siempre una determinada cantidad de trabajo, es decir, según
A. Smith, es siempre un sacrificio cuantitativamente igual. Si yo recibo
mucho o poco por una hora de trabajo —lo cual depende de su produc-
tividad y de otras circunstancias— el hecho es que yo he trabajado una
hora. Lo que yo he tenido que pagar por el resultado de mi trabajo,
por mi salario, es siempre la misma hora de trabajo, de cualquier forma
que pueda cambiar el resultado. «Cantidades iguales de trabajo en todas
las épocas y en todos los lugares tienen que tener el mismo valor para
aquel que trabaja. En su estado normal de salud, fuerza y actividad, y
según el grado normal de habilidad y destreza que puede poseer, el
trabajador tiene siempre que sacrificar la misma porción de su descan-
so, de su libertad y de su felicidad. Cualquiera que sea la cantidad de
mercancías que recibe como pago de su trabajo, el precio que paga
es siempre el mismo. Este precio puede ciertamente comprar unas
veces una cantidad mayor de mercancías y otras una cantidad menor,
pero simplemente porque el precio de las mercancías cambia, no porque
cambie el valor del trabajo que las compra. Solamente el trabajo, por
lo tanto, no cambia nunca su propio valor. El trabajo, por lo tanto, es
el precio real de las mercancías; el dinero sólo es su precio nominal»
(Ed. de Garnier, t. I pág. 64-66). (Cuaderno, pág. 7.) ¡Ganarás el pan
con el sudor de tu frente!, fue la maldición que Jehová le lanzó a
Adam.** Y así considera A. Smith el trabajo, como maldición. El «des-
canso» se presenta como el estado adecuado, que se identifica con
«libertad» y «felicidad». El que el individuo «en su estado normal de
salud, fuerza, actividad, habilidad, destreza» también necesite una por-
ción normal de trabajo y de negación del reposo, parece estar muy lejos
del pensamiento de A. Smith. Ciertamente la medida del mismo trabajo
se presenta como algo externo, que viene dado por la finalidad que se
ha de alcanzar y por los obstáculos que han de ser superados mediante
el trabajo para alcanzar dicha finalidad. Pero A. Smith tampoco sospe-

44 Cfr. Biblia, 1, Mose, 3, 19.

cha que esta superación de obstáculos es en sí una manifestación de la
libertad —y que además los fines externos son despojados de la apa-
riencia de mera necesidad natural externa y son puestos como fines,
determinados por el propio individuo—, y que, por lo tanto, se presenta
como autorrealización, como objetivación del sujeto y, en consecuen-
cia, como libertad real, cuya acción precisamente es el trabajo. A. Smith
tiene ciertamente razón en afirmar que en las formas históricas del tra-
bajo, como esclavitud, trabajo servil o trabajo asalariado, el trabajo se
presenta siempre como algo repulsivo, como trabajo coactivo externo,
y que frente al trabajo el no-trabajo se presenta como «libertad y feli-
cidad». Se trata de dos cosas: de este trabajo contradictorio; y, en co-
nexión con éste, del trabajo, que no ha creado todavía las condiciones
subjetivas y objetivas (o que, en relación con el estado pastoril, etc., las
ha perdido), para que el trabajo sea atractivo, sea autorrealización del
individuo, lo cual en modo alguno quiere decir que el trabajo sea un
puro juego, un mero amusement, como lo ha concebido ingenua y muy
superficialmente Fourier.** Trabajos realmente libres, como, por ejem-
plo, componer música es al mismo tiempo un trabajo condenadamente
serio y un esfuerzo sumamente intenso. El trabajo de la producción
material sólo puede obtener este carácter: 1) si es puesto en su carácter
social; 2) si es de carácter científico y al mismo tiempo trabajo general,
es decir, si no es esfuerzo del hombre en cuanto fuerza natural adies-
trada de una forma determinada, sino si el individuo es puesto como
sujeto, que en el proceso de producción se presenta no en forma pura-
mente natural, sino como actividad que regula todas las fuerzas natu-
rales. Por lo demás, A. Smith piensa sólo en los esclavos del capital. Por
ejemplo, incluso el trabajador semiartesano de la Edad Media no puede
ser incluido en su definición. Pero lo que nosotros queremos aquí ante
todo, no es entrar en el análisis de su teoría filosófica del trabajo, sino
en el análisis del momento económico de dicha teoría. El trabajo con-
siderado simplemente como un sacrificio y, en consecuencia, como
creador de valor, es decir, considerado como precio, que es pagado por
las cosas, y que les da un precio a éstas, según que éstas cuesten más o
menos trabajo, es una determinación puramente negativa. De ahí que
el señor Senior, por ejemplo, pudiera convertir al capital en una fuente
de producción, en el mismo sentido que el trabajo, una fuente de pro-
ducción sui generis, en una fuente de producción de valor, ya que tam-

45 Cfr. CH. Fourier, Le Nouveau Monde industriel et sociétaire, etc., en

Ouvres Completes, etc. Paris 1848. Tome sixiéme, págs. 245-252.

bién el capitalista hace un sacrificio, el sacrificio de la abstinencia, en la
medida en que se enriquece, en lugar de consumir directamente su
producto. Algo puramente negativo no crea nada. Si al trabajador, por
ejemplo, le place el trabajo —como con toda seguridad le place al avaro
la abstinencia del señor Senior—, entonces el producto no pierde nada
de su valor. Solamente el trabajo produce; el trabajo es la única subs-
tancia de los productos en cuanto valores.** Su medida, el tiempo de
trabajo —presupuesta la misma intensidad— es, por lo tanto, la medida
de los valores. La diferencia cualitativa de los trabajadores, en la me-
dida en que no es natural, es decir, en la medida en que no es puesta
por el sexo, edad, fuerza corporal, etc., —y au fond no expresa el valor
cualitativo del trabajo, sino la división del trabajo, su diferenciación—,
es sólo un resultado histórico y es eliminada a su vez para la gran masa
de trabajo, en la medida en que ésta es trabajo simple; pero el trabajo
cualitativamente superior tiene su medida desde el punto de vista eco-
nómico en el trabajo simple. Que el tiempo de trabajo, o la cantidad
de trabajo es la medida de los valores, no quiere decir sino que la me-
dida del trabajo es la medida de los valores. Dos cosas son sólo con-
mensurables con la misma medida si son de la misma naturaleza. Los
productos sólo pueden ser medidos con la medida del trabajo —del
tiempo de trabajo—, porque, según su naturaleza, son trabajo. Son tra-
bajo objetivado. En cuanto objetos ellos asumen formas en las cuales
su existencia como trabajo puede ciertamente aparecer en la forma (en

“6 Cfr. SENIOR, Principes fondamentaux, etc., págs. 309-335.

*2% Lo poco que Proudhon ha comprendido esta cuestión procede de su
axioma de que todo trabajo deja un excedente. Lo que él le niega al capital
lo transforma en propiedad natural del trabajo.“ Lo que hay que destacar es
más bien que el tiempo de trabajo necesario para la satisfacción de necesidades
absolutas deja tiempo libre (diferente según los diferentes niveles de desarrollo
de las fuerzas productivas) y, por lo tanto, en el caso de que se realice plus-
trabajo, puede ser creado un producto excedente. La finalidad es superar la
relación misma, de forma tal que el producto excedente se presenta como nece-
sario. En conclusión, la producción material deja a cada hombre tiempo suple-
mentario para otra actividad. En esto ya no hay nada de místico. Originaria-
mente los dones espontáneos de la naturaleza son abundantes, o al menos sólo
hay que apropiárselos. Desde el principio hay una asociación natural (familia)
y la división del trabajo y cooperación a ella correspondiente. Puesto que ori-
ginariamente las necesidades también son escasas. Éstas se desarrollan sólo con
las fuerzas productivas. <Entre corchetes en el ms.)

47 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 200.

cuanto finalidad conferida externamente a ella; pero esto, por ejemplo,
no se ve en el buey, y en general, en los productos naturales reprodu-
cidos), pero que no tienen entre sí nada más de común. Ellos existen
como cosas iguales, en tanto que existen como actividad. Esta actividad
es medida por el tiempo, que se convierte, en consecuencia, en la me-
dida del trabajo objetivado. Ya investigaremos en otro lugar en qué
medida esta mensuración está en conexión con el cambio, con el trabajo
social no organizado, con un nivel determinado del proceso de produc-
ción social. El valor de uso no se refiere a la actividad humana en
cuanto fuente del producto, a su ser-producido por la actividad humana
—sino a su ser para el hombre. En la medida en que el producto tiene
una medida para sí, ésta es una medida natural del mismo en cuanto
objeto natural: su gravedad, peso, longitud, volumen, etc. Criterio de
utilidad, etc. Pero en cuanto efecto o existencia en reposo de la fuerza,
que lo ha creado, es medido exclusivamente por el criterio de esta mis-
ma fuerza. La medida del trabajo es el tiempo. Simplemente porque los
productos son trabajo, pueden ser medidos por la medida del trabajo,
por el tiempo de trabajo, o por la cantidad de trabajo en ellos consu-
mida. La negación del descanso, en cuanto pura negación, en cuanto
sacrificio ascético, no produce nada. Uno puede macerarse, martirizarse,
etcétera, todo el día como hacen los monjes, etc., y esta cantidad de
sacrificio no sirve para nada. El precio natural de las cosas no es
el sacrificio que se hace por ellas. Esto hace pensar más bien en la
concepción no industrial, del que quiere obtener riqueza haciendo sa-
crificios a los dioses. Al margen del sacrificio tiene que haber algo más.
Lo que es llamado sacrificio de reposo, puede ser llamado también
sacrificio de pereza, de falta de libertad, de desgracia, es decir, nega-
ción de una situación negativa. A. Smith considera el trabajo sicológica-
mente, en relación con la diversión o el fastidio que le produce al
individuo. Pero además de esta relación agradable con su actividad, es
algo más —y ante todo es algo para los demás, ya que el mero sacri-
ficio de A no le serviría para nada a B; en segundo lugar, es una relación
determinada de sí mismo con la cosa, que él trabaja, y con sus propias
aptitudes para el trabajo. Es una actividad positiva, creadora. La medida
del trabajo —el tiempo— no depende naturalmente de la productivi-
dad del mismo; su medida no es precisamente más que una unidad, cuyas
partes alícuotas expresan una determinada cantidad numérica. De esto
no se desprende, por supuesto, que el valor del trabajo sea constante;
o sólo se desprende, en la medida en que cantidades iguales de trabajo
son una misma unidad de medida. En una determinación posterior se

ve que los valores de los productos no son medidos por el trabajo que
ha sido empleado en ellos, sino por el trabajo necesario para su pro-
ducción. Por lo tanto, no es el sacrificio, sino el trabajo el que se pre-
senta como condición de producción. El equivalente expresa la condición
de su reproducción, que le es dada a partir del cambio, es decir, expresa
la posibilidad de renovación de la actividad productiva, en cuanto es
creada por su propio producto.]] [[Por lo demás, de la teoría del sa-
crificio de A. Smith, que expresa correctamente la relación subjetiva
del trabajador asalariado con su propia actividad, no resulta lo que él
quiere, a saber: la determinación del valor por el tiempo de trabajo.
Para el trabajador una hora de trabajo puede ser siempre un sacrificio
de la misma magnitud. Pero el valor de las mercancías no depende en
modo alguno de sus sentimientos; tampoco depende de ellos el valor
de su hora de trabajo. Puesto que A. Smith concede que este sacrificio
puede ser comprado unas veces más barato y otras más caro, entonces
resulta extraño que deba ser vendido siempre al mismo precio. Pero
él es también inconsecuente. Él convierte al salario, y no a la cantidad
de trabajo, en medida del valor. Para un buey, que es matado, el sacri-
ficio es siempre el mismo. Sin embargo, la carne de buey no tiene por
ello un valor constante.1] [[«Aunque cantidades iguales de trabajo
siempre tienen el mismo valor en relación con el trabajador, sin embargo,
para aquel que emplea al trabajador, dichas cantidades se presentan a
veces con un valor mayor y a veces con uno menor. El capitalista com-
pra dichas cantidades unas veces con una cantidad mayor y otras con
una cantidad menor de mercancías. Para él, por lo tanto, cambia el
precio del trabajo, como el de cualquier otra cosa, aunque en realidad
sólo las mercancías son unas veces más caras y otras más baratas»
(pág. 66. A. Smith, loc. cit., t. 1). (Cuaderno pág. 8).]]

La forma en que A. Smith hace aparecer el beneficio es muy inge-
nua. «En el estado primitivo el producto del trabajo pertenece por com-
pleto al trabajador. La cantidad (también la mayor dificultad, etc.),
de trabajo utilizado para conseguir o producir un objeto cambiable
es la única circunstancia que regula la cantidad de trabajo que este
objeto puede por término medio comprar, tener a su disposición, o re-
cibir en el cambio... Pero tan pronto como se acumula una reserva en
las manos de ciertos individuos, el valor que los trabajadores añaden
al objeto se disuelve en dos partes, de las cuales una paga sus salarios
y la otra el beneficio que el empresario obtiene sobre la suma de
stocks que le han servido para anticipar estos salarios y la materia
de trabajo. Él no tendría ningún interés en emplear a estos trabajadores,

si no esperara algo más de la venta de su trabajo de lo que es nece-
sario para reponer los fondos, y no tendría ningún interés en utilizar
una suma de fondos grande mejor que una pequeña, si sus beneficios
no estuvieran en alguna proporción con el volumen de los fondos uti-
lizados» (loc. cit., págs. 96-97). (Cuaderno pág. 9.) (Ver la curiosa teoría
de A. Smith, según la cual antes de la división del trabajo, «cuando cada
uno se procuraba simplemente todo lo necesario, no hacía falta ningún
fondo». Como si en esta situación, si el individuo no hubiera encon-
trado y dado ningún fondo en la naturaleza, no hubiera tenido que
encontrar condiciones objetivas de vida para trabajar. Incluso el sal-
vaje, y hasta las fieras, producen reservas. Smith puede a lo sumo hablar
de la situación en la que sólo el instinto inmediato y momentáneo im-
pulsa a un trabajo inmediato, y en esta situación la reserva tiene que
encontrarse de una manera o de otra sin trabajo en la naturaleza. (Cua-
derno pág. 19.) (Smith confunde. La concentración de reservas en una
mano no es necesaria en tal caso.)]]

[ [En el vol. III de su edición de A. Smith, Wakefield hace la si-
guiente observación: «El trabajo de los esclavos siendo un trabajo com-
binado es más productivo que el trabajo de los hombres libres que está
mucho más dividido. El trabajo de los hombres libres es más produc-
tivo que el de los esclavos, sólo cuando es combinado a causa del aumento
del precio de la tierra y del sistema salarial». (Nota en la pág. 18.) (Cua-
derno VIII, pág. 1.) «En los países donde la tierra es muy barata, o
bien todo el mundo está en un estado de barbarie, o bien algunos de
ellos son esclavos» (loc. cit.).]]*

[[«Beneficio es un término que quiere decir aumento del capital o
de riqueza; así pues, no encontrar las leyes que gobiernan la tasa de
beneficio es lo mismo que no encontrar las leyes de la formación del
capital» (pág. 55. Atkinson (W) Principles of Political Economy, Lon-
don 1840). (Cuaderno, pág. 2.)]]

«El hombre es producto del trabajo tanto como cualquiera de las
máquinas construidas por su actividad; y nos parece que en todas las in-
vestigaciones económicas debería ser considerado desde este punto
de vista. Cada individuo que llega a la madurez... puede ser conside-
rado, con toda razón, como una máquina, que ha costado 20 años de
asidua atención y el gasto de un capital considerable para ser construida.
Y si se ha gastado además una suma en su educación o cualificación

$8 Cfr. WAKEFIELD en An Inquiry, etc., by Abam SMITH, etc. Vol. III,
pág. 20, nota.

para el ejercicio de una actividad productiva, etc., su valor aumenta
proporcionalmente, de la misma forma que una máquina es más va-
liosa por el gasto de un capital o de un trabajo adicional en su cons-
trucción, que le dará nuevas fuerzas productivas» (McCulloch. The
Principles of Pol. Econ. London 1825, pág. 115). (Cuaderno, pág. 9.)]]
[[En realidad, una mercancía será siempre cambiada por más «trabajo»
(que aquel por el que ha sido producida) «y es este exceso precisamente
el que constituye el beneficio» (pág. 221. McCulloch, loc. cit.). (Cua-
derno, pág. 13.) El mismo McCulloch, del que Malthus dice con ra-
zón, que considera lo característico de la ciencia el equiparar todo con
todo,” dice: «los beneficios del capital son sólo otro nombre para los
salarios del trabajo acumulado» (pág. 291) (loc. cit., Cuaderno, 14) y,
en consecuencia, los salarios del trabajo son también exclusivamente
otro nombre para los beneficios del capital vivo. «Los salarios... con-
sisten realmente en una parte del producto de la actividad del trabaja-
dor; consecuentemente los salarios tienen un valor real alto, cuando
el trabajador recibe una parte comparativamente alta del producto de
su industria y viceversa» (295, loc. cit.). (Cuaderno, pág. 15.)]]

### Plustrabajo. Beneficio. Salarios. Economistas. Ramsay. Wade.

La creación de plustrabajo a través del capital es en general tan poco
entendida por los economistas que ellos citan los fenómenos singulares
más llamativos en los que dicha creación de plusvalía aparece como algo
especial, como una curiosidad. Así lo hace Ramsay con el trabajo noc-
turno. Así John Wade, por ejemplo, dice, History of the Middle and
Working Classes 3.2 ed. London 1835 (pág. 240). (Cuaderno pág. 21):
«La medida de los salarios está también en relación con las horas de
trabajo y los períodos de descanso. La política de los patronos en los
últimos años (antes de 1835) era la de robar a los trabajadores a tra-
vés de la supresión o disminución de fiestas y tiempos de comida y de
la gradual extensión de las horas de trabajo; ya que los patronos sabían
que un aumento de 1/4 en el tiempo de trabajo es el equivalente de
una reducción por el mismo importe de la cantidad de salarios».

49 Cfr. Malthus, Définitions, etc., págs. 69-70, 77-79.
+40 Cfr. John Wade, History, etc., pág. 241.

### Capital inmovilizado. Rotación del capital. Capital fijado. John
St. Mill.

John St. Mill: «Essays on some unsettled Questions of Political Eco-
nomy, London 1844». (Las pocas ideas originales de Mill junior están
contenidas en este pequeño libro, y no en su grueso y pedante magnum
opus.)

«Lo que está siempre destinado a ser utilizado de forma reproduc-
tiva, bien sea en su forma ya existente, o bien mediante un cambio
previo (o incluso posterior), es el capital. Supongamos que todo el di-
nero que poseo lo he gastado en salarios y máquinas y que el artículo
que produzco está recién acabado: en el intervalo, antes de que yo pueda
vender este artículo, pueda realizar su importe y pueda utilizarlo de
nuevo en salarios e instrumentos ¿se dirá que no tengo ningún capital?
Ciertamente que no: yo tengo el mismo capital que antes, quizás un
capital mayor, pero está inmovilizado y no está disponible» (pág. 55).
(Cuaderno, pág. 36.) «En todos los momentos una parte muy grande
del capital de un país está inactivo. El producto anual de un país no
alcanza nunca el volumen que podría alcanzar si todos los recursos
de reproducción del país estuvieran dedicados a producir, es decir, si
todo el capital del país estuviera utilizado al máximo. Si cada mercancía
permaneciese sin vender por término medio un período de tiempo igual
al que es necesario para su reproducción, está claro que en cualquier
momento mada más que la mitad del capital productivo del país reali-
zaría realmente la función del capital. La mitad ocupada es una porción
fluctuante, compuesta de elementos variables; pero el resultado sería
que cada productor sólo sería capaz de producir cada año la mitad de
mercancías que produciría si estuviera seguro de venderlas en el
momento de su terminación» (loc. cit., págs. 55 y 56). «Ésta, sin em-
bargo, es más o menos la situación general de una parte muy grande
de todos los capitalistas en el mundo» (pág. 56). «El número de produc-
tores o vendedores que hacen circular su capital en tiempo muy breve
es muy pequeño. Son pocos los que encuentran una venta tan rápida
para sus mercancías, que todos los bienes que su capital, propio o tomado
a préstamo, es capaz de ofrecer, pueden ser vendidos tan rápidamente
como son ofrecidos. La mayor parte de los capitalistas no tienen un
volumen de negocios adecuado a la cantidad de capital del que dispo-
nen. Es verdad que en las comunidades en las que la industria y el
comercio son practicados con más éxito, los mecanismos bancarios hacen
posible que el propietario de un capital mayor que el que puede uti-

lizar en su propio negocio pueda utilizarlo de forma productiva y ob-
tener una renta de ello. Sin embargo, incluso en estos casos, hay una
gran cantidad de capital que permanece fijado en la forma de instru-
mentos, maquinaria, edificios, etc., utilizados a medias o no utilizados
en absoluto: y todo comerciante mantiene un stock in trade, para estar
preparado para una demanda súbita, aunque puede no ser capaz de
disponer de él en un período indefinido» (pág. 56). «Esta constante no
utilización de una gran parte del capital es el precio que pagamos por
la división del trabajo. Lo que compramos vale lo que cuesta, pero el
precio es considerable» (56). «Si tengo 1.500 táleros en la tienda y ob-
tengo el 10 %, pero mientras tengo 500 táleros inactivos, para tener
adornado el negocio, etc., es lo mismo que si invirtiera 2.000 táleros
al 71/2 %...** En muchas ramas hay algunos comerciantes que venden
artículos de la misma calidad a un precio menor que otros comerciantes.
Esto no es un sacrificio voluntario de beneficios; ellos esperan una
circulación más rápida de su capital de la afluencia de clientes, y salir
ganando al mantener todo su capital en un uso más constante, aunque
sobre cada operación su beneficio sea menor» (págs. 56, 57). «Es du-
doso que exista algún comerciante para el cual un comprador adicional
no sea de ninguna utilidad; y para la gran mayoría esta hipótesis no
es aplicable en absoluto. Un cliente adicional equivale para la mayor
parte de los comerciantes a un aumento de su capital productivo. Dicho
cliente hace posible que una parte de su capital, que estaba inactiva
(y que quizás en sus manos nunca se habría convertido en capital pro-
ductivo, hasta que hubiera encontrado un cliente) puede ser transfor-
mado en salario e instrumentos de producción... El producto global
del país para el año siguiente ha aumentado en consecuencia; no me-
diante el simple cambio, sino porque ha puesto en movimiento una
porción del capital nacional, que, si no hubiera sido por el cambio,
habría permanecido sin empleo por algún tiempo más». (57, 58.) «Las
ventajas ganadas con la adquisición de muevos clientes son para el pro-
ductor o comerciante: 1) si una parte de su capital existe en la forma
de bienes no vendidos, que no producen (por un tiempo mayor o menor)
nada en absoluto entonces una parte de éstos será llamada a una mayor
actividad y devendrá más constantemente productiva; 2) Si la demanda
adicional supera lo que pueda ser ofrecido mediante la liberación del

41 La frase: «si... 7 1/2%...» parece haber sido anotada por Marx en el
cuaderno de extractos como observación a las citas procedentes de MiLL. Apa-
rentemente a Marx se le pasó por alto esta circunstancia al utilizar de nuevo los
extractos y citó su propia réplica como expresión de Jon STUART MILL.

capital que existe en situación de bienes no vendidos, y si el comerciante
tiene recursos adicionales que estaban invertidos productivamente (por
ejemplo, en títulos de la deuda pública), pero no en su propia rama de
negocio, entonces puede obtener, sobre una porción de éstos, no in-
terés sino beneficio y ganar de esta forma la diferencia entre la tasa
de interés y la tasa de beneficio; 3) si todo su capital está empleado
en su propio negocio y no tiene almacenada ninguna parte como bienes
no vendidos, entonces puede montar otro negocio con capital tomado
a préstamo, y ganar la diferencia entre interés y beneficio» (59).

ÍNDICE DE OME 21

Nota editorial a OME 21-22 ix

Nota del traductor sobre OME 21-22 xi

Prólogo a la primera edición en alemán xxxiii
Karl Marx

LÍNEAS FUNDAMENTALES DE LA
CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA
(GRUNDRISSE)

1857-1858

A. INTRODUCCIÓN

I. PRODUCCIÓN, CONSUMO, DISTRIBUCIÓN, CAM-
BIO (CIRCULACIÓN)

1) Producción 5
Individuos independientes. Ideas del siglo xvIH1 5
Eternización de relaciones de producción históricas. —
Producción y distribución en general. — Propiedad 7

2) La relación general de la producción con la distribución,
el cambio, el consumo 11
[Consumo y producción] 13

(*) El presente índice reproduce la articulación con que se presenta el texto
desde su primera edición en alemán. Y puesto que esa articulación no es pura-
mente una sinopsis sistemática, sino también resultado del análisis de sus cuader-
nos hecho a posteriori por el mismo Marx, este índice cumple en bastante medida
una función analítica. La naturaleza de borrador del texto y la insuficiencia de
su sistematización (insuficiencia desde el punto de vista editorial) aconsejan faci-
litar al lector este desmenuzamiento entre analítico y sistemático que el mismo
Marx necesitó componer para manejar sus propios cuadernos.

Distribución y producción

ci) Finalmente cambio y circulación
Cambio y producción

3) El método de la economía política

4) Producción. Medios de producción y relaciones de produc-
ción. Relaciones de producción y relaciones de tráfico.
Formas de estado y de consciencia en relación con las rela-
ciones de producción y tráfico. Relaciones jurídicas. Re-
laciones familiares
El arte griego y la sociedad moderna

II. EL CAPÍTULO DEL DINERO

Alfred Darimon: De la Réforme des Banques. 1. París 1856

Exportación de oro y crisis

Convertibilidad y circulación de los billetes de banco

Valor y precio

Cambiabilidad de la mercancía por dinero

M-D D-M

Autonomización del cambio respecto de sus sujetos

Génesis del dinero

El Economist a propósito del dinero

Emisión de billetes-horas de trabajo

Valor de cambio y Producción privada

El dinero como relación social

De nuevo sobre la génesis del dinero

El dinero como medida y como equivalente general

El tiempo de trabajo como equivalente general

Tiempo de trabajo y producción social

Los sujetos materiales de la relación de dinero

a) Oro y plata en relación con los demás metales

b) Oscilaciones de la relación de valor entre los diferentes
metales

Circulación del dinero y circulación de las mercancías

Concepto general de circulación

Circulación de precios

El precio

Moneda de cuenta

Medio de circulación

Cantidad de dinero en circulación

Cambio y producción de valor de cambio

La circulación como falso proceso infinito

Realización del precio y autonomización del equivalente ge-
neral

El equivalente general. Separación entre compra y venta. Di-
nero y división del trabajo

M-D-M y D-M-D

c) El dinero como representante material de la riqueza (acu-
mulación del dinero; antes, sin embargo, el dinero como
materia general de los contratos, etc.)

El dinero como medida, como medio de pago y como medio de
cambio. Confusión de las determinaciones del dinero. Suma
de precios y cantidad de mercancías en relación con la can-
tidad de medio de circulación. Medio de circulación

Acumulación de dinero. Trabajo asalariado y capital

Moneda y moneda mundial. Articulación del sistema de la
economía burguesa. Representante material y forma gene-
ral de la riqueza. Acumulación del dinero. (Atesoramiento)

Atesoramiento y acumulación de capital. Articulación del ca-
pítulo sobre el dinero. Transformación de la ley de la apro-
piación

[111] EL CAPÍTULO DEL CAPITAL

EL DINERO COMO CAPITAL

Cambio simple. Relaciones de los individuos que cambian. Ar-
monías de igualdad, libertad, etc. (Bastiat. Proudhon.)

Capital. Suma de valores. — Propiedad territorial y capital. —
El capital procede de la circulación. Contenido: el valor de
cambio. — Capital comercial, capital monetario e interés
monetario. — La circulación presupone otro proceso. —
Movimiento entre extremos presupuestos

Transición de la circulación a la producción capitalista. — Ca-
pital como trabajo objetivado, etc. — Suma de valores para
la producción de valores

1) La circulación y el valor de cambio que procede de la circu-
lación son los presupuestos del capital

2) El valor de cambio que procede de la circulación es un
presupuesto de ella, y se conserva y se multiplica en ella
mediante el trabajo

Producto y capital. Valor y capital. Proudhon

Capital y trabajo. Valor de cambio y valor de uso para el valor
de cambio. — El dinero y su valor de uso (trabajo) en esta
relación como capital. Automultiplicación del valor como su
único movimiento. — Acerca de la frase de que ningún ca-
pitalista invierte su capital sin extraer de él ninguna ga-
nancia. — El capital según su materia es trabajo obje-
tivado. Antítesis de éste es el trabajo vivo productivo (es
decir, trabajo conservador y multiplicador del valor). Tra-

bajo productivo y trabajo como prestación de servicios. —
Trabajo productivo e improductivo. A. Smith, etc. — El
ladrón, en el sentido de Lauderdale, el trabajo productivo

Los dos procesos diferentes en el cambio del capital con el tra-
bajo. (Aquí lo que es cambiado con el capital entra a formar
parte con su valor de uso de la determinación económica
formal, etc.)

Capital y propiedad moderna de la tierra. — Wakefield

Cambio entre capital y trabajo. Salario por piezas. — Valor
de la capacidad de trabajo. — Participación del trabajador
asalariado en la riqueza general, determinada sólo cuantita-
tivamente. — El dinero como equivalente del trabajador.
Enfrentado por lo tanto al capital como su igual. — Pero
la finalidad de su cambio es la satisfacción de su nece-
sidad. El dinero para él sólo es medio de circulación. El
ahorro, la abstinencia, como medios de enriquecimiento del
trabajador. — Ausencia de valor y devaluación del traba-
jador como condición del capital

El capital frente al trabajador es sólo un poder objetivo. Sin
valor personal. — Diferencia respecto de la prestación de
servicio. — Finalidad del trabajador en el cambio con el
capital, es el consumo. — Tiene que empezar continua-
mente de nuevo: trabajo como capital del trabajador. ( ¡Ca-
pacidad del trabajo como capital! ). — El salario no es
productivo

El cambio entre capital y trabajo pertenece a la circulación sim-
ple, y no enriquece al trabajador. — La separación del tra-
bajo y la propiedad es el presupuesto de este cambio. —
Trabajo, pobreza absoluta como objeto, posibilidad general
de la riqueza como sujeto. — El trabajo sin determinación
especial es el trabajo que se contrapone al capital

El proceso de trabajo incluido en el capital. (Capital y capi-
talista)

Proceso de producción. como contenido del capital. — Trabajo
productivo e improductivo (trabajo productivo —el que
produce capital). — El trabajador se relaciona con su tra-
bajo como a valor de cambio. El capitalista como con a va-
lor de uso, etc. — El trabajador se priva del trabajo en
cuanto fuerza productiva de la riqueza. (El capital se la
apropia en cuanto tal). — Transformación del trabajo en
capital, etc. Sismondi, Cherbuliez, Say, Ricardo, Proudhon,
etcétera.

Proceso de valorización. — (Costes de producción). — (La
plusvalía no puede ser explicada mediante el cambio.

23]

El

Ramsay. Ricardo.) El capitalista no puede vivir de su sala-
rio, etc. (Falsos costes de producción). — La mera con-
servación, la no multiplicación del valor, contradice la
esencia del capital

capital entra en los costes de producción como capital.
Capital productor de interés. Proudhon

Plusvalía. Tiempo de trabajo excedente. — Bastiat sobre el

sistema salarial. — Valor del trabajo. ¿Cómo se determina?
— Autovaloración es autoconservación del capital. El capi-
talista no puede vivir simplemente de su trabajo, etc. —
Condiciones para la autovaloración del capital. Tiempo de
trabajo excedente, etc. — En qué medida el capital
es productivo (como creador del trabajo excedente, etc.) es
sólo un hecho histórico-transitorio. — Los negros libres
en Jamaica. — La riqueza como entidad autónoma requiere
trabajo de esclavos o trabajo asalariado (en ambos casos
es trabajo forzado)

Plusvalía. Ricardo. Los fisiócratas. A. Smith. Ricardo
Plusvalía y fuerza productiva. Relación entre el aumento de

las mismas. — Resultado. — La fuerza productiva del tra-
bajo es fuerza productiva del capital. — En la proporción
en que ya ha disminuido el trabajo necesario, se vuelve
tanto más difícil la valorización del capital

Sobre el aumento de valor del capital
El trabajo no reproduce el valor del material sobre el que tra-

baja y el del instrumento con el que trabaja. El trabajo
conserva simplemente el valor de los mismos por el hecho
de que se relaciona con ellos en el proceso de trabajo como
con sus condiciones objetivas. Esta fuerza vivificante y con-
servadora no le cuesta nada al capital; se presenta más
bien como su propia fuerza, etc.

Tiempo de plustrabajo absoluto y relativo. — No es la cantidad

de trabajo vivo, sino su calidad de trabajo, la que al mismo
tiempo conserva el tiempo de trabajo ya existente en el
material, etc. — Alteración de la forma y de la materia
en el proceso de producción inmediato. — En el proceso
de producción simple está ya implícito el que los estadios
anteriores de la producción sean conservados mediante los
posteriores, etc. — Conservación del valor de uso precedente
mediante el nuevo trabajo. — Proceso de producción y pro-
ceso de valorización. La cantidad de trabajo objetivado se
conserva en la medida en que se conserva su calidad como
valores de uso para el nuevo trabajo a través del contacto
con el trabajo vivo. — En el proceso de producción real es

negada la separación del trabajo de sus condiciones de exis-
tencia objetivas. Pero en este proceso el trabajo está ya
incorporado al capital, etc. El trabajo se presenta como la
fuerza autoconservadora del capital. Perpetuación del valor

El capitalista obtiene gratis el plustrabajo y la conservación
del valor del material y el instrumento. El trabajo, aña-
diendo nuevo valor al antiguo, mantiene y eterniza al mis-
mo tiempo a este último. — La conservación de los valores
en el producto no le cuesta nada al capital. — Mediante
la apropiación del trabajo presente, el capitalista posee ya
una asignación sobre (y respecto a) la apropiación del tra-
bajo futuro

Confusión entre beneficio y plusvalía. Cálculo erróneo de
Carey. — El capitalista que no le paga al trabajador la
conservación del valor antiguo, exige, sin embargo, una
remuneración por el permiso que le da de conservar el
capital antiguo. — Plusvalía y beneficio, etc. — Diferencia
entre el consumo del instrumento y el del salario. El pri-
mero es consumido en el proceso de producción, el segundo
al margen del mismo. — Aumento de la plusvalía y des-
censo de la tasa de beneficio (Bastiat)

Aumento de los días de trabajo simultáneos. (Acumulación
del capital.) Maquinaria. Aumento de la parte cons-
tante del capital en relación con la parte variable gastada
en salario = aumento de la productividad del trabajo. —
Proporción en la que tiene que aumentar el capital en el
caso de un aumento de productividad, para ocupar al mismo
número de trabajadores

El porcentaje sobre el capital total puede expresar propor-
ciones muy diferentes. — El capital (como la propiedad)
descansa sobre la productividad del trabajo

Aumento del tiempo de plustrabajo. Aumento de los días de
trabajo simultáneos (población). (La población puede ser
aumentada en la medida en que disminuye el tiempo de
trabajo necesario, o disminuye relativamente el tiempo
requerido para la producción de la capacidad de trabajo
viva). — Pluscapital y superpoblación. — Creación de
tiempo libre para la sociedad

Transición del proceso de producción del capital al proceso de
circulación. — Devaluación del capital mismo mediante el
aumento de las fuerzas productivas (Competencia). (Ca-
pital como unidad y contradicción del proceso de produc-
ción y del proceso de valorización.) Capital como obstáculo
para la. producción. — Superproducción. (Demanda de

los trabajadores mismos). — Obstáculos para la produc-
ción capitalista
Superproducción. — Proudhon (cómo es posible que el tra-

bajador en el precio de la mercancía, que él compra, pague
el beneficio, y sin embargo, reciba su salario necesario). —
Precio de la mercancía y tiempo de trabajo. Excedente, etc.
(Precio y valor, etc.) El capitalista no vende demasiado
caro; pero sí vende por encima de lo que le cuesta la cosa.
— Precio (fraccional). Bastiat. Disminución del precio
fraccional. — El precio puede descender por debajo del
valor sin perjuicio para el capital. Importancia del número
y de la unidad (medida) en la multiplicación del precio

Acumulación específica del capital (transformación del plustra-
bajo [renta] en capital). — Proudhon. Determinación del
valor y del precio. En la antigijedad (esclavitud) no existía
superproducción, sino superconsumo

La tasa general de beneficio. — Cuando el capitalista vende
exclusivamente a sus costes de producción, tiene lugar
una transferencia de plusvalía a los otros capitalistas. El
trabajador no gana casi nada con ello

Límites de la producción capitalista. — Relación del plustra-
bajo con el trabajo necesario. Proporción del excedente
consumido por el capital respecto del excedente trans-
formado en capital. — Devaluación en las crisis

El capital que sale del proceso de producción se convierte de
nuevo en dinero

El plustrabajo o plusvalía se convierte en pluscapital. Todas
las condiciones de la producción capitalista se presentan
ahora como resultado del mismo trabajo asalariado. El pro-
ceso de realización del trabajo es al mismo tiempo su
proceso de desarrollo

Constitución del pluscapital 1. — Pluscapital II. — Trans-
formación del derecho de apropiación. — Resultado prin-
cipal del proceso de producción y de valorización: la
reproducción y la nueva producción de la relación misma
de capital y trabajo, es decir, de capitalista y trabajador

Acumulación originaria del capital (La acumulación real). — El
capital una vez desarrollado históricamente crea sus propias
condiciones de existencia (no como condiciones de su naci-

miento, sino como resultados de su existencia. — (Pres-
taciones de servicios personales (por oposición al trabajo
asalariado). — Inversión de la ley de la apropiación. Aje-

nidad real del trabajador respecto de su producto. División
del trabajo. Maquinaria, etc.

y 40

Formas que preceden a la producción capitalista. (Sobre el pro-
ceso que precede a la constitución de la relación de capital
o a la acumulación originaria)

El cambio de trabajo por trabajo descansa sobre la falta de
propiedad del trabajador

Circulación del capital y circulación del dinero. Presuposición
del valor dentro de cada capital individual (instrumento,
etc.). — El proceso de producción y el proceso de circula-
ción son momentos de la circulación. — La productividad
en los distintos capitales (ramas de la industria) condiciona
la de cada capital individual. — Tiempo de circulación. La
velocidad de circulación compensa la masa del capital. De-
pendencia de los capitales entre sí en la velocidad de su
circulación. La circulación como momento de la producción.
El proceso de producción y su duración. Transformación
del producto en dinero. Duración de esta operación. Re-
conversión del dinero en las condiciones de producción.

Cambio de parte del capital con trabajo vivo. — Costes de
transporte
Costes de circulación. — Medios de comunicación y de trans-

porte. (División de las ramas de trabajo.) (Concentración
de muchos trabajadores. Fuerza productiva de esta concen-
tración.) (Cooperación en masa). — Condiciones generales
de la producción a diferencia de las particulares

El transporte del producto al mercado (condición especial de la
circulación) pertenece al proceso de producción. El crédito
como momento temporal de la circulación. — El capital es
capital circulante. — La circulación del dinero es mera
apariencia. — Sismondi, Cherbuliez. (Capital. Diversas par-
tes constitutivas del mismo)

Influencia de la circulación en la determinación del valor. —
Tiempo de circulación = Tiempo de devaluación. — Di-
ferencia del modo de producción capitalista de todos los
anteriores (Universalidad, etc.). La naturaleza del capital
le lleva a propagarse. — Reducción de la circulación (cré-
dito). — Storch. — Lo que el capitalista anticipa es trabajo
(Malthus). — Límites de la producción capitalista (Thomp-
son)

Circulación y creación de valor. (Compensación entre los dis-
tintos capitales en las condiciones de circulación.) El capital
no es fuente de creación de valor. — Costes de la circula-
ción. — La continuidad de la producción presupone la ne-
gación del tiempo de circulación

Ramsay. Tiempo de circulación. Llega a la conclusión de que

el capital es la única fuente de beneficio. — Ramsay. Con-
fusión sobre plusvalía y beneficio y sobre la ley del valor.
(Según la ley de Ricardo no hay plusvalía). — Ricardo. Com-
petencia. — Quincey. Teoría del valor de Ricardo. Salario
y beneficio. Quincey. — Ricardo. — Wakefield. Condi-
ciones de la producción capitalista en las colonias 504
Plusvalía y beneficio. Ejemplo (Malthus). — Beneficio y plus-
valía. Malthus. — Diferencia entre trabajo y capacidad de
trabajo. — La singular afirmación según la cual la interven-
ción del capital no modificaría en absoluto el pago del tra-
bajo. — La teoría de Carey del abaratamiento del capital
para el trabajador. — (Disminución de la tasa de beneficio).
— Wakefield sobre la contradicción entre la teoría del

trabajo asalariado y la teoría del valor de Ricardo 518
Capital inactivo. Aumento de la producción sin aumento previo
del capital. Bailey 537

La definición del capital de Wade. El trabajo simple obra del

capital. El capital fuerza colectiva. Civilización, junto con

mis observaciones sobre ello. (Todas las fuerzas sociales

del trabajo como fuerzas del capital. Manufactura, industria,

división del trabajo. Unificación formal de las distintas ra-

mas de la industria, etc., a través del capital. Acumulación

del capital. Transformación del dinero en capital. Ciencia.

Acumulación originaria y concentración es lo mismo. Aso-

ciación libre y asociación forzada. Capital en su diferencia

con formas anteriores) 540
Rossi. ¿Qué es el capital? ¿La materia prima, es capital? ¿El

salario, es necesariamente capital? (¿Los medios de sub-

sistencia, son capital?) 546
Malthus. Teoría del valor y del salario. (Para el capital se trata

de proporción, para el trabajo sólo de porción. Ver mis

observaciones sobre plusvalía y beneficio). La teoría de

Ricardo. (Carey contra Ricardo). Malthus: el salario no

tiene nada que ver con proporción. La teoría del valor de

Malthus 550
La finalidad de la producción capitalista es el valor (dinero),

no la mercancía o valor de uso, etc. Chalmers. — Ciclo

económico. — Proceso de circulación. Chalmers 556

Diferencia en la rotación. Interrupción del proceso de produc-
ción (o, más bien, no coincidencia del mismo con el pro-
ceso de trabajo). Duración total del proceso de producción.
(Agricultura, Hodgskin.) Períodos desiguales de producción 558
En el concepto de trabajador libre está implícito el de pobre.
Población y superpoblación, etc. 560

Trabajo necesario. Plustrabajo. Superpoblación Pluscapital 564
A. Smith. El trabajo como sacrificio. (La teoría de Senior del
sacrificio del capitalista.) (El excedente en Proudhon). —

A. Smith. Origen del beneficio. Acumulación originaria.

— Wakefield. — Esclavitud y trabajo libre. — Atkinson.

— Beneficio. — Origen del beneficio. Mac Culloch 567
Plustrabajo. Beneficio. Salarios. Economistas. Ramsay. Wade 573
Capital inmovilizado. Rotación del capital. Capital fijado. John

St. Mill 574

### Circulación del capital. Proceso de circulación. Proceso de produc-
ción. Circulación. El capital es capital circulante. También el capital
fijado. Costes de la circulación. Tiempo de circulación y tiempo de
trabajo. (Tiempo libre del capitalista). (Costes de transporte).

Retournons maintenant á nos moutons. Volvamos a nuestro asunto.
Se refiere al problema de la circulación.>

Las fases que el capital recorre y que constituyen una circulación del
capital empiezan conceptualmente con la transformación del dinero en
condiciones de producción. Pero ahora, que no partimos del capital
en proceso de formación, sino del capital ya constituido, éste recorre
las siguientes fases: 1) Producción de plusvalía o proceso de producción
inmediato. Su resultado es el producto. 2) Transporte del producto
al mercado. Transformación del producto en mercancía. 3) a) Introduc-
ción de la mercancía en la circulación ordinaria. Circulación de la mer-
cancía. Su resultado: transformación en dinero. Este se presenta como
el primer momento de la circulación ordinaria. b) Reconversión del di-
nero en condiciones de producción; en la circulación ordinaria la circu-
lación de mercancía y la circulación de dinero se presentan siempre
divididas en dos sujetos diferentes. El capital circula primero como
mercancía, después como dinero y viceversa. 4) Renovación del proceso
de producción, que aquí se presenta como reproducción del capital ori-
ginario y como proceso de producción del pluscapital.

Los costes de circulación se resuelven en costes de transportes; cos-
tes de traer el producto al mercado; tiempo de trabajo requerido para
efectuar el cambio de una situación a otra; todos realmente se resuelven
en operaciones de cálculo y en el tiempo que cuestan (se constituye
así una actividad financiera particular, técnica). (Si estos últimos costes
han de ser considerados como detracciones de la plusvalía o no, se
verá más adelante.)

Si consideramos este movimiento, encontramos que la circulación
del capital, a través de la operación de los cambios, se interrumpe, para
dejar al producto en la circulación general y para constituirse a partir

de ésta como equivalente en dinero. Qué le ocurre a este producto, que
ha salido de la circulación del capital y ha entrado en la circulación
ordinaria, no nos interesa aquí. Por otra parte, el capital expulsa de
nuevo su forma como dinero (en parte, en la medida en que: no es sa-
lario) de su proceso de circulación, o bien se mueve en la forma de
dinero, después de haberse realizado en ella como valor, y de haber
puesto simultáneamente en sí mismo la medida de su valorización; se
mueve en la forma de dinero sólo como medio de circulación y de esta
forma absorbe en sí mismo a partir de la circulación general las mercan-
cías necesarias para la producción (las condiciones de producción). En
cuanto mercancía el capital se expulsa a sí mismo de su circulación a la
circulación general; en cuanto mercancía se sustrae también a la circu-
lación general y la incluye en sí mismo, en su curso, para desembocar
en el proceso de producción. La circulación del capital mantiene así
una relación con la circulación general, de la cual su propia circulación
constituye un momento, así como también ella misma es puesta por el
capital. Esto lo consideraremos más adelante. ¿

El proceso de producción global del capital incluye tanto el autén-
tico proceso de circulación como el auténtico proceso de producción.
Ellos constituyen los dos grandes apartados de su movimiento, que se
presenta como totalidad de estos dos procesos. Por un lado, es el tiempo
de trabajo, por el otro, el tiempo de circulación. Y la totalidad del
movimiento se presenta como unidad de tiempo de trabajo y tiempo de
circulación, como unidad de producción' y circulación. Esta unidad misma
es movimiento, proceso. El capital se presenta como esta unidad itine-
rante de producción y circulación, que puede ser considerada tanto en
cuanto totalidad de su proceso de producción, como en cuanto proceso
determinado de una rotación del capital, de un movimiento único, que
retorna a sí mismo.

La condición del tiempo de circulación —junto a la del tiempo de
trabajo— para el capital no es, sin embargo, sino la condición de la
producción (en su forma adecuada, última) basada sobre la división del
trabajo y el cambio. Los costes de la circulación son costes de la divi-
sión del trabajo y del cambio, con los que nos encontramos necesaria-
mente en toda forma de producción que precede al capital y menos
desarrollada sobre esta base.

En cuanto sujeto que domina sobre las distintas fases de este mo-
vimiento, en cuanto valor que se conserva y multiplica en él, en cuanto
sujeto de estas transformaciones, que proceden circularmente —<omo
espiral, como círculo que se amplía— el capital es capital circulante. Por

lo tanto, el capital circulante no es ante todo una forma particular del
capital, sino que es el capital en una determinación ulteriormente des-
arrollada, en cuanto sujeto del movimiento descrito, el cual coincide
con el capital mismo en cuanto su propio proceso de valorización. Desde
este punto de vista todo capital es capital circulante. En la circulación *
simple la misma circulación se presenta como sujeto. Una mercancía
es arrojada fuera de ella; otra entra. Pero la misma mercancía sólo está
en ella de forma evanescente. El mismo dinero, en la medida en que
deja de ser medio de circulación y se pone como valor independiente,
se sustrae a la circulación. Pero el capital se presenta como sujeto de
la circulación; la circulación es puesta como su propio ciclo vital. Pero
si el capital en cuanto totalidad de la circulación es capital circulante, es
transición de una fase a la otra, sin embargo, en cada fase está puesto
en una determinación, está como retenido en una forma particular, que
es la negación de sí mismo en cuanto sujeto de todo el movimiento. El
capital, por lo tanto, es en cada fase particular la negación de sí mismo
en cuanto sujeto de las diversas mutaciones. Es capital no-circulante.
Capital fijo, capital realmente fijado, fijado en una de las diferentes de-
terminaciones, fases, que tiene que recorrer. En tanto que el capital
se mantenga en una de estas fases —es decir, en tanto que la fase misma
no se presente como una transición fluida—, y cada fase tiene su dura-
ción, el capital no es capital circulante, está fijado. Mientras el capital
se mantiene en el proceso de producción, el capital no está en condicio-
nes de circular; virtualmente está sin valor. Mientras se mantiene en
la circulación, no está en condiciones de producir, de crear plusvalía,
y no describe un proceso en cuanto capital. En tanto el capital no
puede ser arrojado al mercado, está fijado como producto; en tanto tie-
ne que permanecer en el mercado, está fijado como mercancía. En tanto
no puede ser cambiado por condiciones de producción, está fijado como
dinero. Finalmente, si las condiciones de producción permanecen en su
forma de condiciones de producción y no entran en el proceso de pro-
ducción, el capital está de nuevo fijado y sin valor. El capital en cuan-
to sujeto que recorre todas las fases, en cuanto unidad en movimiento,
unidad itinerante de circulación y producción es capital circulante; el
capital retenido en cada una de estas fases, puesto en sus diferencias,
es capital fijado, capital comprometido. En cuanto capital circulante él
mismo se fija, y en cuanto capital fijo, circula. La distinción, por lo tan-
to, entre capital circulante y capital fijo se presenta ante todo como
determinación formal del capital, según que éste se presente como uni-
dad del proceso o como momento determinado del mismo. El concepto

de capital dormant, de capital inactivo, sólo puede referirse a su inac-
tividad en una de estas determinaciones y es una condición del capital
la de estar siempre parcialmente inactivo. Una parte del capital nacional
está siempre detenido en una de las fases que el capital tiene que re-
correr. El mismo dinero, en la medida en que constituye una parte par-
ticular del capital de la nación, pero permanece constantemente en la
forma de medio de circulación, es decir, que nunca recorre las otras
fases, es considerado por A. Smith como una segunda forma de capital
fijo. Así pues, el capital en la forma de dinero, de valor sustraído a la
circulación, puede estar fijado, estar inactivo. En las crisis —+tras el
momento del pánico—, en el período de paralización de la industria,
el dinero está fijado en las manos de los banqueros, bill-brokers, etc., y
de la misma forma que el ciervo suspira por agua fresca,“ el capital
suspira por terreno donde ser empleado,** para poder valorizarse como
capital.

El hecho de que la determinación de capital circulante y capital
fijo no sea ante todo más que el capital mismo puesto en ambas deter-
minaciones, primero como unidad del proceso y después como fase
particular del mismo, el capital mismo como diferencia respecto de sí
en cuanto unidad —es decir, no como dos clases particulares de capita-
les, no como capital de dos especies particulares, sino como diferentes
determinaciones formales del mismo capital — esto ha generado mucha
confusión en la economía política.** Si unos se aferraban a un lado
de un producto material, según el cual éste debía ser capital circulante,
era fácil indicar el lado opuesto y viceversa. El capital como unidad
de circulación y producción es también su diferencia y además una di-
ferencia divergente espacial y temporalmente. En todo momento el
capital tiene una forma indiferente respecto de la otra. Para el capital
particular la transición de un momento a otro se presenta como algo
casual, dependiente de situaciones externas e incontrolables. El mismo
capital se presenta siempre, por lo tanto, en ambas determinaciones,*'
lo cual quiere decir que una parte del mismo se presenta en una y otra
parte en otra, una parte como capital fijo, la otra como circulante;
circulante no en el sentido aquí utilizado, como si el capital se encontrara
en la auténtica fase de circulación a diferencia de la fase de producción,

42 Cfr. Salmo 42, 2.
43 Cfr. WaxertiELD, A View, etc., pág. 76.
Cfr. por ejemplo Carey, Principles, etc. Part the First, pág. 302-306.

*l1  «Determinaciones»; en la ed. 1939 «Bedingungen» (condiciones).

sino en el sentido de que en la fase, en la que el capital se encuentra,
se encuentra como en una fase fluida, en proceso que conduce a la otra
fase; en ninguna fase se detiene su ciclo y se para su proceso total. Por
ejemplo: el industrial utiliza solamente una parte del capital a su dis-
posición (que sea capital propio o tomado en préstamo no afecta para
nada al proceso económico) en la producción, porque otra parte necesita
un tiempo determinado, antes de retornar de la circulación. La parte
que está en el proceso de producción es el capital circulante en este
caso; la que se encuentra en la circulación es la fija. De esta manera,
pues, su productividad total está limitada; la parte reproducida está
limitada, y en consecuencia, también lo está la puesta en el mercado.
En el caso del comerciante la situación es la misma; una parte de su
capital está inactivo como stock im trade, la otra circula. Ciertamente
unas veces entra una parte y otras otra en esta determinación, como
en el capital industrial, pero su capital global está puesto constante-
mente en ambas determinaciones. Por otra parte, puesto que este límite
que procede de la naturaleza del mismo proceso de valorización no es
fijo, sino que cambia según las circunstancias, y puesto que el capital
puede aproximarse más o menos a su determinación adecuada como
capital circulante, y puesto que la descomposición en estas dos deter-
minaciones, según las “cuales el proceso de valorización se presenta al
mismo tiempo como proceso de devaluación, contradice la tendencia
del capital a obtener la máxima valorización posible, el capital inventa
artificios para acortar la fase en la que está fijo; por otra parte, en
lugar de estar simultáneamente la una al lado de la otra, ambas deter-
minaciones*? se alternan. En un período se presenta el proceso como
completamente fluido —período de máxima valorización del capital;
en el otro, como reacción del primero, el otro momento se vuelve a co-
locar en su lugar tanto más violentamente; es el período de la máxima
devaluación del capital y de interrupción del proceso de producción.
Los montentos en los que ambas determinaciones se presentan la una
al lado de la otra constituyen sólo los períodos intermedios entre estas
transiciones y transformaciones violentas. Es muy importante comprender
estas determinaciones de capital circulante y fijo como determinaciones
formales del capital en general, ya que una gran cantidad de fenómenos
de la economía burguesa no se pueden comprender sin ellas —así los
períodos del ciclo económico, que se distinguen esencialmente del tiem-

*2 «Determinaciones»; en la ed. 1939 «Bedingungen» (condiciones).

po de circulación de una rotación del capital; el efecto de nueva deman-
da; el efecto incluso de nuevos países productores de oro y plata sobre
la producción en general. No sirve de nada hablar del estímulo dado por
el oro australiano o por el descubrimiento de un nuevo mercado. Si
no estuviera en la propia naturaleza del capital el no estar nunca com-
pletamente ocupado, es decir, el estar siempre parcialmente fijado, de-
valuado, improductivo, sin esto ningún estímulo podría impulsarlo a
una mayor producción. Por otra parte, aquí se ve las contradicciones
absurdas, en las que los economistas se enredan —incluso Ricardo— al
presuponer que el capital está siempre utilizado al máximo, y al expli-
car el aumento de la producción exclusivamente a partir de la creación
de nuevo capital. Todo aumento presupondría entonces aumentos ante-
riores o aumento de las fuerzas productivas.

Estos límites de la producción basada sobre el capital son comunes
en medida mucho mayor a los modos de producción anteriores, en la
medida en que descansan en el cambio. Pero estos límites no consti-
tuyen una ley de producción a secas; tan pronto como el valor de cam-
bio no constituye un límite de la producción material, sino que el límite
de ésta es puesto a través de su relación con el desarrollo global del
individuo, toda esta historia desaparecerá con sus convulsiones y dolores.
Si ya vimos antes cómo el dinero sólo supera los límites del comercio
directo en la medida en que los generaliza —es decir, separa por com-
pleto la compra de la venta—, así veremos más adelante cómo el crédito
sólo supera estos límites de la valorización del capital en la medida en
que los eleva a su forma más general, en la medida en que pone los
períodos de superproducción y de subproducción como dos períodos di-
ferentes.

El valor que el capital produce en un único período de circulación,
en una única revolución, o en una única rotación, es = al valor crea-
do en el proceso de producción, es decir = al valor reproducido + el
nuevo valor. Si consideramos que la rotación ha acabado en el punto,
en el que la mercancía se ha transformado en dinero, o en el punto en
el que el dinero se ha vuelto a convertir en condiciones de produc-
ción, el resultado es siempre, expresado en dinero o en condiciones de
producción, absolutamente igual al valor creado en el proceso de pro-
ducción. Calculamos aquí que el transporte físico del producto al
mercado es = 0; o lo incluimos más bien en el proceso de produc-
ción inmediato. La circulación económica del producto sólo comienza
tan pronto como el producto en cuanto mercancía está en el mercado;
sólo entonces circula. Aquí se trata solamente de las diferencias, determi-
naciones, momentos económicos de la circulación; no de las condiciones

físicas para hacer pasar el producto acabado a la segunda fase, a su
circulación en cuanto mercancía, de la misma forma que tampoco nos
interesa el proceso tecnológico mediante el cual la materia prima es
transformada en producto. La distancia mayor o menor del mercado
del producto, etc., no nos interesa aquí. Lo que queremos cons-
tatar ante todo es que los costes que proceden del pasar por los
distintos momentos económicos en cuanto tales, los costes de la circu-
lación en cuanto tales, no añaden nada al valor del producto, no son
costes creadores de valor, cualquiera que sea el trabajo que pueda estar
ligado a ellos. Ellos son meras detracciones del valor ya creado. Si de
dos individuos cada uno fuera el productor de su producto, pero su
trabajo descansara sobre la división del trabajo, de forma tal que
cambiaran entre sí y que la valorización de su producto para la** satis-
facción de sus necesidades dependiera de este cambio, entonces clara-
mente el tiempo que les cuesta el cambio, por ejemplo, el comercializar
y calcular recíprocamente antes de ponerse de acuerdo en el trato, no
añadiría lo más mínimo ni a sus productos, ni al valor de cambio de
los mismos. Si A hiciera valer frente a B que el cambio a él le lleva
tanto tiempo, B haría valer lo mismo frente a A. Cada uno de ellos
pierde la misma cantidad de tiempo en el cambio que el otro. El tiempo
de cambio es un tiempo común para ellos. Si A exigiera 10 táleros por
su producto —su equivalente— y 10 táleros por el tiempo que le cuesta
obtener los 10 táleros de B, éste lo consideraría apto para ir al manico-
mio. Esta pérdida de tiempo procede de la división del trabajo y de la
necesidad del cambio. Si A produjera todo personalmente, no perdería
ninguna parte de su tiempo cambiando con B o transformando su pro-
ducto en dinero y el dinero otra vez en producto. Los auténticos costes
de circulación (y éstos obtienen en los negocios monetarios un desarrollo
autónomo importante) no pueden ser resueltos en tiempo de trabajo
productivo. Pero ellos se limitan también por su propia naturaleza al
tiempo que cuesta necesariamente transformar la mercancía en dinero
y el dinero de nuevo en mercancía, es decir, al tiempo que cuesta la
traducción del capital de una forma a otra. Ahora bien, supongamos
que B y A descubren que ahorran tiempo interponiendo una perso-
na C entre ellos como mediador, el cual consumirá su tiempo en este
proceso de circulación; esto podría suceder, por ejemplo, en circuns-
tancias tales que existieran suficientes individuos que cambian, sufi-
cientes sujetos del proceso de circulación, para que el tiempo gastado

*3 «fir die»; en la ed. 1939 «von der» (de la).

en un año en cambios recíprocos de dos en dos por todos ellos fue-
ra = a un año; cada individuo, supongamos, tendría que gastar respec-
tivamente 1/50 de un año en el acto de circulación, y si fueran 50,
entonces un individuo podría emplear todo su tiempo con esta ocupación.
Para este individuo, si sólo le fuera pagado su tiempo de trabajo
necesario, es decir, si tuviera que dar todo su tiempo de trabajo en el
cambio para obtener lo necesario para vivir, la remuneración que re-
cibe sería salario. Pero si se calculara todo su tiempo de trabajo, entonces
el salario que obtiene sería un equivalente, tiempo de trabajo obje-
tivado. Ahora bien, este individuo no habría añadido nada al valor, sino
que solamente habría participado con los capitalistas A, B, etc., en su
plusvalía. Ellos habrían ganado, ya que según nuestro presupuesto
tendría lugar una detracción menor de su plusvalía. (El capital no es
ni simple cantidad, ni simple operación; sino ambos al mismo tiempo.)
El mismo dinero, en la medida en que consiste en metales nobles, o su
producción en general —como, por ejemplo, en la circulación de papel
moneda— constituye un dispendio, en la medida en que cuesta tiempo
de trabajo, y no añade valor a los objetos cambiados —a los valores de
cambio—; estos gastos, que no son productivos, son detracciones
de estos valores, detracciones que tienen que ser soportadas en partes
alícuotas por los individuos que cambian. El coste del instrumento de
circulación, del instrumento de cambio, expresa solamente los costes del
cambio. En lugar de añadir, sustraen al valor. El dinero en oro y plata,
por ejemplo, son valores como los demás (no en el sentido de dinero),
en la medida en que hay trabajo objetivada en ellos. Pero el hecho de.
que estos valores sirvan como instrumento de circulación, supone una
detracción de la riqueza disponible. Lo mismo ocurre con los costes
de producción de la circulación del capital. Ellos no añaden nada a los
valores. Los costes de circulación en cuanto tales no son creadores de
valor, sino costes de la realización del valor, detracciones de éste. La
circulación es una serie de transformaciones en las que el capital se
realiza, pero considerado el valor, ella no le añade nada, sino que lo
pone en la forrma de valor. El valor potencial, que es transformado en
dinero mediante la circulación, es presupuesto como resultado del pro-
ceso de producción. En la medida en que esta serie de procesos tiene
lugar en el tiempo y constituye costes, en la medida en que cuesta
tiempo de trabajo o constituye trabajo objetivado, estos costes de circu-
lación son detracciones de la cantidad de valor. Si los costes de circula-
ción son puestos = O, el resultado de una rotación del capital, desde
el punto de vista del valor, es = al valor creado en el proceso de pro-

ducción. Esto quiere decir que el valor presupuesto a la circulación es
el que resulta de ella. A lo sumo —a través de los costes de circula-
ción— puede salir de ella un valor menor que el que entró en ella.
Considerado desde este lado el tiempo de circulación no añade nada al
valor; el tiempo de circulación no aparece como tiempo creador de va-
lor junto al tiempo de trabajo. Si la producción Ha creado una mercan-
cía = a un valor de 10 libras, entonces es necesaria la circulación
para equiparar esta mercancía a las 10 libras, a su valor, que existe como
dinero Los costes que origina este proceso, esta transformación, son
una detracción del valor de la mercancía. La circulación del capital es
la modificación que el valor recorre a través de las diferentes fases.
El tiempo que este proceso dura o cuesta, para ser realizado, pertenece
a los costes de producción de la circulación, de la división del trabajo,
de la producción basada en el cambio.

Esto vale para una única rotación del capital, es decir, para un solo
recorrido del capital por todos estos diferentes momentos. El proceso
del capital en cuanto valor tiene su punto de partida en el dinero y
acaba en el dinero, pero en una cantidad mayor de dinero. La diferencia
es sólo cuantitativa. D-M-M-D ha recibido así un contenido. Si consi-
deramos la circulación hasta este punto, estamos de nuevo en el punto
de partida. El capital se ha convertido de nuevo en dinero. Pero al
mismo tiempo se ha realizado; es decir, para este dinero se ha con-
vertido ahora en una condición el convertirse de nuevo en capital,
devenir dinero que se conserva y se multiplica mediante la compra de
trabajo, mediante su paso por el proceso de producción. Su forma como
dinero está puesta como mera forma; una de las muchas formas que re-
corre en su metamorfosis. Si consideramos ahora este punto no como
punto final, sino —tal como lo tenemos que considerar ahora—
como punto de paso, o como nuevo punto de partida, puesto él mismo
mediante el proceso de producción como punto final evanescente y como
punto de partida sólo en apariencia, entonces está claro que la recon-
versión del valor puesto como dinero en valor itinerante, que entra** en
el proceso de producción, es decir, la renovación del proceso de pro-
ducción sólo puede tener lugar tan pronto como la parte del proceso
de circulación diferente del proceso de producción esté acabada. La
segunda rotación del capital —la reconversión del dinero en capital en
cuanto tal, o la renovación del proceso de producción depende del tiempo
que el capital necesita para completar su circulación; es decir, depende
de su tiempo de circulación, tomado aquí a diferencia del tiempo de

*t «que entra»; en el manuscrito: «aufgehnden» (que se absorbe).

producción. Pero puesto que hemos visto que el valor global creado por
el capital (tanto el valor reproducido como el creado de nuevo), que
es realizado en la circulación en cuanto tal, es determinado exclusiva-
mente por el proceso de producción, entonces la suma de valores que
pueden ser creados en un tiempo determinado depende del número de
repeticiones del proceso de producción en este período de tiempo. Pero
la repetición del proceso de producción está determinada por el tiempo
de circulación, que es igual a la velocidad de circulación. Cuanto más rá-
pida sea la circulación, cuanto menor sea el tiempo de circulación, más
a menudo puede repetir el mismo capital el proceso de producción. En
“un ciclo determinado de rotaciones del capital la suma de los valores
por él creados (también, por lo tanto, la suma de plusvalores, ya que
el capital pone siempre al trabajo necesario sólo como trabajo necesario
para el trabajo excedente) está, por lo tanto, en relación directa con
el tiempo de trabajo y en relación inversa con el tiempo de circulación,
En un ciclo determinado el valor global (y consiguientemente también
la suma de los plusvalores*? creados) es = al tiempo de trabajo multi-
plicado por el número de rotaciones del capital. O la plusvalía creada
por el capital no aparece ahora determinada simplemente por el plus-
trabajo apropiado por el capital en el proceso de producción, sino por
el coeficiente del proceso de producción; es decir, por el número que
expresa la frecuencia con que es repetido en un período de tiempo dado.
Pero este coeficiente es determinado por el tiempo de circulación
que el capital necesita en una rotación. La suma de los valores (plusvalo-
res) es, por lo tanto, determinada por el valor creado en una rotación
multiplicado por el número de rotaciones en un espacio de tiempo de-
terminado. Una rotación del capital es = al tiempo de producción + el
tiempo de circulación. Presupuesto el tiempo de circulación como algo
dado, el tiempo global que necesita una rotación depende del tiempo
de producción. Presupuesto el tiempo de producción, la duración de la
rotación depende del tiempo de circulación. El tiempo de circulación,
en un espacio de tiempo dado, en la medida en que de él depende la
masa global del tiempo de producción y en la medida en que de él de-
pende la repetición del proceso de producción, su renovación en un pe-
ríodo dado, es, por lo tanto, momento de la producción, o se presenta
más bien como límite de la producción. En la naturaleza del capital
y de la producción basada sobre él reside el que el tiempo de circula-
ción sea un momento determinante para el tiempo de trabajo, para la
creación de valor. La autonomía del tiempo de trabajo es negada con

*5  «Plusvalores»; en la ed. 1939 «neuen Mehrwerte» (nuevos plusvalores).

ello y el mismo proceso de producción es puesto en cuanto determinado
por el cambio, de forma tal que la relación social y la dependencia de
esta relación en la producción inmediata es puesta no sólo como mo-
mento material, sino como momento económico, como determinación
formal. El máximo de la circulación —el límite de la renovación a tra-
vés de ella del proceso de producción— está claramente determinado
por la duración del tiempo de producción durante una rotación. Supon-
gamos que el proceso de producción de un determinado capital, es decir,
el tiempo que éste necesita para reproducir su valor y producir plusva-
lía, dura 3 meses. (O el tiempo necesario para acabar una cantidad de
producto es = al valor global del capital productor + la plusvalía.) En
este caso el capital no podría bajo ninguna circunstancia renovar más
de 4 veces al año el proceso de producción y valorización. El máximo de
rotación del capital sería 4 rotaciones al año; es decir, no tendría lugar
ninguna interrupción entre la finalización de una fase de producción
y su comienzo de nuevo. El máximo de rotación sería = a la conti-
nuidad del proceso de producción, de forma tal que, tan pronto como
el producto estuviera acabado, nueva materia prima sería elaborada en
producto. La continuidad no se extendería simplemente a la continuidad
dentro de una fase de producción, sino a la continuidad de estas fases
mismas. Pero supongamos ahora que el capital necesita al final de cada
fase un mes de tiempo de circulación —tiempo para volver a la forma
de condiciones de producción—; entonces el capital sólo podría efec-
tuar tres rotaciones, En el primer caso el número de rotaciones era = 1
fase X 4; o 12 meses divididos por tres. El máximo de creación de
valor del capital en un espacio de tiempo dado es este espacio de tiempo
dividido por la duración del proceso de producción (por el tiempo de
producción). En el segundo caso el capital sólo efectuaría 3 rotaciones
por año; el capital sólo repetiría 3 veces el proceso de valorización. La
suma de sus procesos de valorización sería, por lo tanto = 12/4 = 3.
El divisor es aquí el tiempo de circulación global que el capital nece-
Sita: 4 meses; o el tiempo de circulación que el capital necesita en
una fase de producción, multiplicado por el número de veces que este
tiempo de circulación está contenido en el año. En el primer caso el
número de rotaciones es = a 12 meses, un año, tiempo dado, dividido
por el tiempo de una fase de producción, o por la duración del tiempo
de producción mismo; en el segundo caso es igual al mismo tiempo di-
vidido por el tiempo de circulación. El máximo de la valorización del
capital, así como también de la continuidad del proceso de producción,
o el tiempo de circulación es puesto = 0; es decir, son eliminadas las
condiciones, bajo las cuales el capital produce, su limitación mediante

el tiempo de circulación, la necesidad de recorrer las distintas fases de
su metamorfosis. Es tendencia necesaria del capital la de poner el
tiempo de circulación = 0, es decir, la de negarse a sí mismo, ya que
sólo mediante el capital es puesto el tiempo de circulación como mo-
mento determinante del tiempo de producción. Es lo mismo que negar
la necesidad del cambio, del dinero, y de la división del trabajo que
descansa sobre ellos, es decir, es lo mismo que negar el capital mismo.
Si prescindimos provisionalmente de la transformación de la plusvalía
en pluscapital, entonces un capital de 100 táleros que produjera en el
proceso de producción una plusvalía del 4 % sobre el capital global, se
reproduciría en el primer caso 4 veces y al final del año habría creado
una plusvalía de 16. El capital al final del año sería = 116. Sería lo
mismo que si un capital de 400 hubiera circulado una vez al año, con
una plusvalía también del 4 %. En relación a la producción global de
mercancías y valores el capital estaría cuadruplicado. En el otro caso
un capital de 100 táleros sólo habría creado una plusvalía de 12; el capi-
tal global al final de año sería = 112. En relación con la producción
global —tanto en relación con los valores como con los valores de uso—
la diferencia es aún más significativa. En el primer caso, con un ca-
pital de 100 táleros se habría transformado cuero en zapatos por valor de
400 táleros, en el segundo sólo por valor de 300 táleros.

La valorización global del capital está determinada, por lo tanto,
por la duración de la fase de producción —que identificamos provisio-
nalmente con el tiempo de trabajo— multiplicado por el número de rota-
ciones, o por la renovación de estas fases de producción en un período
de tiempo dado. Si las rotaciones sólo estuvieran determinadas por la
duración de una única fase de la producción, entonces la valorización
global estaría determinada simplemente por el número de fases de pro-
ducción contenido en un período de tiempo dado; o las rotaciones es-
tarían absolutamente determinadas por el mismo tiempo de producción.
Éste sería el máximo de valorización. Está claro, por lo tanto, que el
tiempo de circulación considerado absolutamente constituye una de-
tracción del máximo de valorización, es <la valorización absoluta.
Es, por lo tanto, imposible, que cualquier clase de velocidad de
circulación o que cualquier reducción del tiempo de circulación pueda
engendrar una valorización > la valorización engendrada mediante la
fase de producción. Lo máximo que la velocidad de circulación, si
aumentara a 00, podría efectuar, sería poner el tiempo de circula-
ción = 0, es decir, negarse a sí misma. La circulación, por lo tanto, no
puede ser un momento positivo, creador de valor, ya que su supresión
—circulación sin tiempo de circulación— sería el máximo de la valori-

zación, es decir, su negación sería = a la posición máxima de produc-
tividad del capital.* La productividad global del capital es =a la
duración de una fase de producción multiplicada por el número de ve-
ces que la fase se repite en un cierto período de tiempo. Este número,
sin embargo, está determinado por el tiempo de circulación.

Supongamos que: un capital de 100 rota 4 veces al año; realiza,
por lo tanto, 4 veces el proceso de producción; en este caso, si la
plusvalía fuera en cada caso = 5 %, la plusvalía producida al final del
año sería = 20 para un capital de 100; por otra parte, para un capital
de 400 que rotara una vez al año con el mismo porcentaje de plusvalía
la plusvalía total sería también = 20. De forma tal que un capital de
100 con 4 circulaciones al año produciría un beneficio del 20 %, mien-
tras que un capital 4 veces mayor con una única rotación sólo produci-
ría un beneficio del 5 %. (Se verá enseguida con más detalle, que la
plusvalía es exactamente igual.) Parece, por lo tanto, que la magnitud
del capital puede ser compensada por la velocidad de circulación, y la ve-
locidad de circulación por la magnitud del capital. Así se produce la
apariencia de que el tiempo de circulación es productivo en sí mismo.
Es, por lo tanto, sobre este ejemplo sobre el que hay que aclarar la
cuestión.

Otra cuestión que se presenta es la siguiente: si la rotación de
100 táleros 4 veces al año, produjera cada vez el 5 %, entonces al co-
mienzo de la segunda rotación el proceso de producción podría ser empe-
zado con 105 táleros, y el producto sería 110 1/4; al comienzo de la
3.2 rotación: 110 1/4, y el producto sería 115 41/80; ** al comienzo de
la 4.* rotación 115 41/80 y al final sería 121 221/1600.*” La cifra misma
no afecta para nada a la cuestión. La cuestión es que en el caso de que
un capital de 400 circulara una vez al año con el 5 % de beneficio, dicho
beneficio no podría ser superior a 20; por el contrario, si un capital
4 veces más pequeño rotara 4 veces con el mismo porcentaje, el bene-
ficio sería 1+221/1600** superior. Así pues parece*” que mediante el
simple momento de la circulación —mediante la simple repetición—,
es decir, mediante un momento determinado por el tiempo de circu-
lación, o mejor dicho, mediante un momento determinado por la circula-

* La productividad del capital en cuanto capital no es la fuerza productiva

que aumenta los valores de uso; sino su capacidad para producir valores; el
grado en el que produce valor.

*6 115 41/80 debería decir 115 61/80.

*7 121 221/1600 debería decir 121 881/1600.

*8 1 + 221/1600 debería decir 1 881/1600.

*9 «parece»; en el manuscrito; «erscheint» (se pone de manifiesto).

ción, no sólo es realizado el valor, sino que aumenta absolutamente.
Esto también hay que investigarlo.

El tiempo de circulación expresa exclusivamente la velocidad de
circulación; la velocidad de circulación es sólo un límite para la misma.
Circulación sin tiempo de circulación —es decir, la transición del capi-
tal de una fase a otra con la misma velocidad con que circula el con-
cepto— sería el máximo, es decir, la coincidencia de la renovación del
proceso de producción con su finalización.

El acto de cambio —y las operaciones económicas a través de las
cuales la circulación procede se resuelven en una sucesión de cam-
bios— hasta el punto en el que el capital ya no se relaciona como
mercancía con el dinero o como dinero con la mercancía, sino como valor
con su específico valor de uso, con el trabajo; el acto de cambio de
valor en una forma por valor en otra forma, de dinero por mercancía, O
mercancía por dinero (y estos son los momentos de la circulación sim-
ple) pone el valor de una mercancía en la otra y la realiza así como valor
de cambio; o también pone a las mercancías como equivalentes. El
acto de cambio es, pues, creador de valor, en la medida en que son pre-
supuestos valores; él realiza la determinación de los sujetos que cam-
bian**” en cuanto valores. Pero un acto que pone a una mercancía como
valor, o lo que es lo mismo, que pone a una mercancía como su equiva-
lente, o lo que también es lo mismo, que pone el valor igual de dos
mercancías, no añade claramente nada al valor mismo, así como tampoco
los signos + aumentan o disminuyen la cifra que está detrás de ellos.
En la medida en que yo pongo 4 como más o menos, mediante esta
operación 4 continúa siendo, independientemente del signo, igual a sí
mismo, es decir 4, y no deviene 3 ni 5. Igualmente si cambio una libra de
algodón de un valor de cambio de 6 peniques por 6 peniques, la libra
está puesta como valor; e igualmente se puede decir, que los 6 penis
ques están puestos como valor en la libra de algodón; es decir, el tiempo
de trabajo contenido en los 6 peniques (aquí los 6 peniques están con-
siderados como valor) está expresado ahora en otra materialización del
mismo tiempo de trabajo. Pero puesto que mediante el acto de cambio
tanto la libra de algodón como los 6 peniques de cobre están equipa-
rados a su valor, entonces es imposible que mediante este cambio aumente
cuantitativamente ni el valor del algodón, ni el valor de los 6 peni-
ques, ni la suma de ambos. El cambio en cuanto realizador de equivalen-
tes cambia sólo la forma; realiza los valores existentes en potencia;

*10 Sujetos que cambian; debería decir claramente objetos de cambio,

realiza los precios, ¿if you like. Una realización de equivalentes, por
ejemplo, la realización de a y b como equivalentes, no puede aumentar el
valor de a, pues este es el acto mediante el cual a es equiparado a su va-
lor, y por lo tanto, no puede ser puesto como desigual con respecto
a él; es desigual sólo por lo que respecta a la forma, en la medida en
que antes no estaba puesto como valor; es al mismo tiempo el acto
mediante el cual el valor de a es equiparado al valor de b y el valor
de b equiparado al valor de a. La suma de los valores realizados en el
cambio es = al valor de a + el valor de b. Cada uno permanece igual a
su propio valor; su suma, por lo tanto, continúa siendo igual a la suma
de su valor. El cambio en cuanto realizador de equivalentes no puede,
por lo tanto, de acuerdo con su naturaleza, aumentar ni la suma de
los valores, ni el valor de las mercancías cambiadas. (El hecho de que
en el cambio con el trabajo la cuestión se plantee de forma diversa
procede de que el valor de uso del trabajo es creador de valor, pero
no está en conexión directa con su valor de cambio.) Ahora bien, de la
misma forma que una operación de cambio no puede aumentar el valor
de los objetos cambiados, tampoco lo puede aumentar una suma de cam-
bios.* Si yo repito un acto, que no produce valor, una vez o 00, me-
diante la repetición yo no puedo cambiar su naturaleza. La repetición
de un acto no creador de valor no puede devenir nunca un acto de crea-
ción de valor. 1/4, por ejemplo, expresa una determinada proporción.
Si yo transformo este 1/4 en una fracción decimal, es decir, lo pon-
go = 0,25, su forma ha cambiado. Esta modificación formal deja al
valor igual. Igualmente si yo transformo una mercancía en la forma de
dinero o el dinero en la forma de mercancía, el valor continúa siendo
el mismo; pero la forma ha cambiado. Está claro, por lo tanto, que
la circulación —puesto que ella se resuelve en una serie de operaciones
de cambio de equivalentes— no puede aumentar el valor de las mer-
cancías en circulación. Si, en consecuencia, es necesario tiempo de tra-
bajo para practicar esta operación, es decir, si tienen que ser consumidos
valores, pues todo consumo de valores se resuelve en consumo de tiempo
de trabajo o de tiempo de trabajo objetivado, de productos; si la circu-
lación ocasiona costes y si el tiempo de circulación cuesta tiempo de
trabajo, entonces esto supone una detracción, una eliminación relativa
de los valores en circulación; una devaluación de los mismos por el

* Es completamente necesario aclarar este punto; puesto que la distribu-

ción de la plusvalía entre los capitales, el cálculo de la distribución de la plus-
valía total entre los capitales individuales —esta operación económica secundaria—
suscita fenómenos que en las economías vulgares son confundidos con los primarios.

importe de los costes de circulación. Piénsese en dos trabajadores que
cambian; el uno es pescador, el otro cazador; en el tiempo que ambos
pierden en el cambio no producen ni pesca ni caza, sino que sería una
detracción del tiempo en el que ambos crean valores, en el que uno
puede pescar y el otro cazar, en el que pueden objetivar su tiempo de
trabajo en valores de uso. Si el pescador quisiera resarcirse por esta
pérdida en el cambio con el cazador y exigiera más caza o diera menos
peces, el otro tendría derecho a hacer lo mismo. La pérdida sería común
para ambos. Estos costes de circulación, estos costes de cambio, sólo
podrían aparecer como detracción de la producción global y de la crea-
ción de valor de ambos. Si ellos encargaran a un tercero, C, de estos
cambios, y de esta forma no perdieran ningún tiempo de trabajo di-
rectamente, cada uno de ellos tendría que dar en partes alícuotas una
porción de su producto a C. Lo que ellos podrían ganar de esta forma
sería exclusivamente un más o un menos de pérdida. Pero si ellos tra-
bajaran como copropietarios, entonces no tendría lugar ningún cambio,
sino consumo común. Los costes del cambio desaparecerían. No la di-
visión del trabajo; sino la división del trabajo en cuanto basada sobre
el cambio. Es, por lo tanto, falso, el que J. St. Mill considere los costes
de circulación como precio necesario de la división del trabajo. Estos
costes son exclusivamente costes de la división espontánea del trabajo
basada no sobre propiedad colectiva, sino sobre la propiedad privada.

Los costes de circulación en cuanto tales, es decir, el consumo de
tiempo de trabajo o de tiempo de trabajo objetivado, de valores, ocasio-
nado por la operación de cambio, y por una serie de operaciones de
cambio, son, por lo tanto, detracción o bien del tiempo utilizado en
la producción o bien de los valores creados mediante la producción. Ellos
no pueden aumentar el valor. Ellos pertenecen a los faúx frais de
production, y estos faux frais de production entran dentro de los costes
inmanentes de la producción basada sobre el capital. Las operaciones
comerciales, y aún más las auténticas operaciones financieras —en la
medida en que no realizan más que las operaciones de circulación en
cuanto tales, es decir, por ejemplo, la determinación de los precios
(la mensuración de los valores y su cómputo) y, en general, conducen
estas operaciones de cambio como una función que ha devenido inde-
pendiente a través de la división del trabajo, es decir, en la medida en
que representan esta función del proceso global del capital — repre-
sentan simplemente los faux frais de production del capital. En la me-
dida en que reducen estos faux frais, añaden a la producción, no por
el hecho de que creen valor, sino porque disminuyen la negación de los
valores producidos. Incluso si actuaran solamente en una tal fun-

ción, representarían siempre un mínimo de faux frais de production.
Si hicieran posible que los productores crearan más valores de los
que podrían crear sin esta división del trabajo, y además que pudieran
crear más en cantidad tal que quedara un excedente después de la
retribución de esta función, entonces habría aumentado de hecho
la producción. Los valores han aumentado, pues, no porque las opera-
ciones de circulación hayan creado valores, sino porque han absorbido
menos valor del que habrían absorbido en otro supuesto. Pero esas
operaciones son una condición necesaria para la producción del capital.

El tiempo que un capitalista pierde en el cambio no es en cuanto
tal detracción del tiempo de trabajo. Capitalista, es decir, representante
del capital, capital personificado, sólo lo es en la medida en que
se relaciona con el trabajo como trabajo ajeno y se apropia y crea tra-
bajo ajeno. Los costes de circulación no existen, por lo tanto, en la
medida en que suponen una sustracción del tiempo del capitalista. Su
tiempo está puesto como tiempo superfluo: como no-tiempo de trabajo,
como no-tiempo creador de valor, a pesar de que es el capital el que
realiza el valor creado. El hecho de que el trabajador tenga que trabajar
tiempo suplementario se identifica con que el capitalista no necesita
trabajar, y de esta forma su tiempo está puesto como no-tiempo de
trabajo; es decir, él no trabaja ni el tiempo necesario. El trabajador
tiene que trabajar tiempo suplementario, para poder valorizar, es decir,
objetivar el tiempo de trabajo necesario para su reproducción. Por otra
parte, también el tiempo de trabajo necesario del capitalista es tiempo
libre, tiempo no requerido para la subsistencia inmediata. Puesto que
todo tiempo libre es tiempo para el libre desarrollo, el capitalista usurpa
el tiempo libre creado por los trabajadores para la sociedad, es decir,
para la civilización, y Wade tiene en este sentido razón, cuando equi-
para capital con civilización.

El tiempo de circulación —en la medida en que absorbe tiempo
del capitalista en cuanto tal— desde el punto de vista económico nos
interesa tanto como el tiempo que él pasa con su querida. Si el tiempo
es dinero, desde el punto de vista del capital sólo lo es el tiempo de
trabajo ajeno, el cual ciertamente en el sentido auténtico del término
es el dinero del capital. En relación con el capital en cuanto tal, el tiempo
de circulación sólo puede coincidir con el tiempo de trabajo en la me-
dida en que interrumpe el tiempo durante el cual el capital puede apro-
piarse el trabajo ajeno, y está claro que esta devaluación relativa del
capital no puede añadir, sino sólo detraer de su valorización; o en la
medida en que la circulación le cuesta al capital tiempo de trabajo ajeno
objetivado, valores. (Por ejemplo, porque tiene que pagarle a otro in-

dividuo, que se ocupa de esta función). En ambos casos el tiempo de
circulación sólo es tomado en consideración en la medida que cons-
tituye una eliminación, una negación del tiempo de trabajo ajeno; bien
sea que el tiempo de circulación interrumpe al capital en el proceso de
su apropiación; bien sea que lo obliga a consumir una parte del valor
creado, para realizar las operaciones de circulación, es decir, para po-
nerse como capital. (Esto ha de ser claramente distinguido del consumo
privado del capitalista.) El tiempo de circulación sólo es tomado en
consideración en su relación —como límite, como negación— con el
tiempo de producción del capital; este tiempo de producción es, sin
embargo, el tiempo durante el cual el capital se apropia trabajo ajeno;
el tiempo de trabajo ajeno puesto por el mismo capital. Es la mayor
de las confusiones la de considerar el tiempo que el capitalista gasta
en la circulación como tiempo creador de valor o como tiempo creador
de plusvalía. El capital en cuanto tal no tiene ningún tiempo de trabajo
al margen de su tiempo de producción. El capitalista no nos interesa
aquí absolutamente para nada excepto en cuanto capital. En cuanto
tal su función está incluida en el proceso global que tenemos que con-
siderar. De lo contrario, se podría imaginar que el capitalista podría
hacerse compensar por el tiempo durante el cual no gana dinero
como trabajador asalariado de otro capitalista, o que pierde ese tiem-
po. Esto entra dentro de los costes de producción. El tiempo que él
pierde o utiliza en cuanto capitalista, es en general tiempo perdido,
placé a fonds perdu desde este punto de vista. El llamado tiempo de
trabajo del capitalista, a diferencia del tiempo de trabajo del trabajador,
que debería constituir la base de su beneficio, como forma de salario
sui generis, lo tendremos que considerar más adelante.

No hay nada más usual que incluir en los puros costes de circu-
lación el transporte, etc., en la medida en que está conectado con el
comercio. En la medida en que el comerciante trae un producto al mer-
cado, le da una nueva forma. Sólo transforma ciertamente su existencia
espacial. Pero el modo de la transformación no nos interesa. Él le da
al producto un nuevo valor de uso (y esto vale hasta para el detallista
más pequeño, que pesa, mide, empaqueta y le da así forma al producto
para el consumo) y este nuevo valor de uso cuesta tiempo de trabajo;
es, por lo tanto, al mismo tiempo valor de cambio. El traer el producto
al mercado pertenece al mismo proceso de producción. El producto
sólo es mercancía en la circulación, tan pronto como se encuentra en el
mercado.

### Circulación. Storch. — Metamorfosis del capital y metamorfosis de
la mercancía. — Cambio formal y material del capital. Diferentes
formas del capital — Rotaciones en un período dado. — Capital
circulante como carácter general del capital. — El año medida de
las rotaciones del capital circulante. El día medida del tiempo
de trabajo.

«En toda clase de industria los empresarios se convierten en vendedores
de productos, mientras que todo el resto de la nación, y a menudo in-
cluso naciones extranjeras, son compradoras de estos productos... El
movimiento constante y repetido, sin interrupción, que el capital circu-
lante realiza para partir del empresario y volver a él en la primera
forma es comparable a un círculo que este capital describe; de ahí el
nombre de circulante, que lleva el capital, y el de circulación para este
movimiento» (pág. [404], 405). (Storch, Cours d'économie politique,
Paris, 1823, t. l, pág. 405. Cuaderno, pág. 34.) «En un sentido amplio
la circulación comprende el movimiento de toda mercancía que se cam-
bia» (pág. 405, loc. cit.). «La circulación se realiza mediante los
cambios...; desde el momento en que aparece el dinero, las mercancías
no se cambian, se venden» (pág. [105], 406, loc. cit.). «Para que una
mercancía esté en circulación, es suficiente la oferta... Riqueza en circu-
lación: mercancía» (pág. 407, loc. cit.). «El comercio es sólo una parte
de la circulación; el primero comprende exclusivamente las compras
y ventas de mercancías; la segunda, las compras y ventas de todos los
empresarios e incluso la de todos... los habitantes» (pág. 408, loc. cit.).
«Sólo en la medida en que los costes de la circulación son indispensables
para hacer llegar las mercancías a los consumidores, es la circulación
real y su valor aumenta el producto anual. Desde el momento en que
ella sobrepasa esta medida, la circulación es ficticia y no contribuye en
nada al enriquecimiento de la nación» (pág. 409). «En los últimos
años** hemos visto en Rusia, en San Petersburgo, ejemplos de circu-
lación ficticia. La situación languideciente del comercio extranjero había
forzado a los negociantes a valorizar de otra manera sus capitales inac-
tivos; no pudiendo emplearlos para hacer llegar mercancías extranjeras y
exportar las mercancías del país, pensaron obtener alguna ventaja com-
prando y vendiendo mercancías que se encontraban en el lugar. Cantida-
des enormes de azúcar, café, cáñamo, hierro, etc., pasaron rápidamente

*ll «Años»; en el ms. Tagen (días).

de una mano a otra y a menudo una mercancía cambió 20 veces de pro-
pietario sin salir del almacén. Una circulación de este tipo ofrece a los
negociantes todas las oportunidades de un juego de azar; pero mientras
ella enriquece a unos, arruina a otros, y la riqueza nacional no gana
nada con ello. Lo mismo ocurre con la circulación del dinero... A una
circulación de este tipo, que sólo está basada en una simple variación de
precios, se le llama agiotage» (págs. 410, 411). «La circulación no bene-
ficia a la sociedad más que cuando es indispensable para hacer llegar
la mercancía al consumidor. Todo rodeo, retraso o cambio intermedio
que no es absolutamente necesario para esta finalidad, o que no con-
tribuye a disminuir los costes de circulación, es perjudicial para la ri-
queza nacional, aumentando inútilmente el precio de las mercancías»
(pág. 411). «La circulación es tanto más productiva, cuanto más rápida
es, es decir, cuanto menos tiempo requiere para que el empresario en-
tregue la obra hecha que él expone a la venta, y para atraer hacia él
el capital en su primera forma» (pág. 411). «El empresario sólo puede
empezar la producción de nuevo después de haber vendido el producto
acabado y de haber empleado el precio en la compra de nuevas materias
y nuevos salarios. Cuanta más rápidamente, por lo tanto, opera la circu-
lación estos dos efectos, tanto más rápidamente está el empresario en
disposición de empezar de nuevo su producción y tanto más beneficio
proporciona su capital en un espacio de tiempo dado» (pág. [411],
412). «La nación cuyo capital circula con la suficiente rapidez, para
retornar varias veces al año a aquel que lo puso en movimiento por
primera vez, está en la misma situación que el labrador en clima favo-
rable, que puede pedir a la misma tierra tres o cuatro cosechas en el
mismo año» (págs. 412, 413). «Una circulación lenta encarece los objetos
de consumo: 1) indirectamente, mediante la disminución de la masa de
mercancías que podría existir; 2) directamente, porque mientras un
producto está en circulación, su valor aumenta progresivamente por las
rentas del capital utilizado para su producción; cuanto más lenta sea
la circulación,*'? tanto más se acumulan estas rentas, que aumentan
inútilmente el precio de las mercancías». «Medios para abreviar y ace-
lerar la circulación: 1) separación de una clase de trabajadores, que se
ocupa exclusivamente del comercio; 2) facilidad de transportes; 3) el
dinero; 4) el crédito» (pág. 413).

La circulación simple consistía en una multitud de cambios simul-
táneos o sucesivos. La unidad de esos actos considerados en cuanto circu-

*2 «Circulación»; en la ed. 1939 «Produktion» (producción).

lación existía realmente sólo desde el punto de vista del observador. (El
cambio puede ser casual, y tiene más o menos este carácter allí donde
se limita al cambio del excedente y no abarca a la totalidad del proceso
de producción.) En la circulación del capital tenemos una serie de ope-
raciones, de actos de cambio, cada uno de los cuales representa un mo-
mento cualitativo en relación con el otro, un momento en la reproduc-
ción y crecimiento del capital. Un sistema de cambios, un cambio
material, en la medida en que es considerado el valor en cuanto tal.*”*
Cambio formal, en la medida en que es considerado el valor de uso.***
El producto se relaciona con la mercancía, como el valor de uso con el
valor de cambio; así también la mercancía con el dinero. Aquí una serie
alcanza*' su punto más alto. El dinero se relaciona con la mercancía,
en la que él es transformado de nuevo, como valor de cambio con valor
de uso; aún más el dinero con el trabajo.

En la medida en que el capital en todo momento del proceso es la
posibilidad de paso a su próxima fase, y es, por lo tanto, la posibilidad
del proceso total, que expresa el acto vital del capital, en la medida
en que esto es así, cada uno de los momentos se presenta como capi-
tal en potencia —de ahí el capital en mercancía, capital en dinero—
junto al valor que se pone a sí mismo en el proceso de producción como
capital. La mercancía puede representar capital, en tanto se transforma
en dinero y puede, por lo tanto, comprar trabajo asalariado (trabajo
suplementario); esto desde el punto de vista formal, cuya fuente es la
circulación del capital. Desde el punto de vista material, la mercancía
continúa siendo capital, en tanto que ella constituye materia prima
(propiamente dicha o materia semielaborada), instrumento, medio de
subsistencia para los trabajadores. Cada una de estas formas es capital
en potencia. El dinero es por una parte el capital realizado, el capital en
cuanto valor realizado. El dinero es desde este punto de vista (conside-
rado como punto final de la circulación, que tiene que ser considerado
a continuación como punto de partida) capital, xat” ¿Eoxmv. *'* Por
otra parte él es de nuevo capital en relación con el proceso de produc-
ción en un sentido especial, en la medida en que se cambia por trabajo
vivo. En su cambio por mercancías (nueva compra de materia pri-
ma, etc.) a través del capitalista, el dinero no se presenta, sin embargo,
como capital, sino como medio de circulación; se presenta sólo como

*13
*l4
*15

«valor en cuanto tal»; debería decir evidentemente «valor “de uso».
«valor de uso»; debería decir evidentemente «valor en cuanto tal».
«alcanza»; en el ms. «erhált» (obtiene).

*16 Por excelencia.

mediación evanescente, mediante la cual el capitalista cambia su pro-
ducto por los elementos originarios del capital.

La circulación no es una mera operación externa para el capital. De
la misma forma que el capital sólo deviene capital mediante el proceso
de producción, en la medida en que mediante él el valor se perpetúa
y se aumenta, así también el capital es reconvertido en la forma pura
de valor —en la que están canceladas tanto las huellas de su proceso de
formación, como su existencia específica en valor de uso— sólo mediante
el primer acto de la circulación; mientras que la repetición de este
acto, es decir, el proceso vital del capital sólo es posible mediante el
segundo acto de la circulación, que consiste en el cambio de dinero
por las condiciones de producción. La circulación, por lo tanto, entra
dentro del concepto de capital. De la misma forma que originariamente
el dinero o el trabajo acumulado se presentaba como un presupuesto
antes del cambio con el trabajo libre, siendo, sin embargo, negada la
aparente autonomía del momento objetivo del capital frente al trabajo
y presentándose el trabajo objetivado, que se independiza en el valor,
desde todos los puntos de vista como producto del trabajo ajeno, como
producto alienado del trabajo, así también el capital aparece ahora pre-
supuesto a la circulación (el capital en cuanto dinero estaba presupues-
to a su proceso de formación como capital; pero el capital como resul-
tado del valor, que ha absorbido y ha asimilado en sí el trabajo vivo, se
presenta como punto de partida no de la circulación en general, sino
de la circulación del capital), de forma tal que él existiría autónoma e
indiferentemente sin este proceso. Pero la serie de metamorfosis que
ba realizado se presenta ahora como condición del mismo proceso
de producción; y también como su resultado. El capital en su realidad
se presenta, por lo tanto, como serie de rotaciones en un período dado.
No es ya una rotación, una circulación; sino algo que produce rotacio-
nes, que produce un proceso total. Su misma creación de valor aparece
condicionada (y sólo como valor que se perpetúa y se multiplica es el
valor capital): 1)*cualitativamente, en la medida en que el capital, sin
recorrer las fases de la circulación, no puede renovar la fase de la pro-
ducción; 2) cuantitativamente, en la medida en que la masa de los
valores que crea depende del número de rotaciones en un período
dado; 3) en la medida en que el tiempo de circulación, desde ambos
puntos de vista, se presenta como un principio limitador, como un límite
del tiempo de producción y viceversa. El capital es, por lo tanto, esen-
cialmente capital circulante. Si en los talleres del proceso de producción
el capital se presenta como propietario y master, desde el punto de vista
de la circulación se presenta como dependiente y determinado por el

contexto social, que en el punto en el que estamos ahora lo hace
entrar en la circulación simple y lo hace figurar alternativamente como
M frente al D y como D frente a la M. Pero esta circulación es una
niebla bajo la cual se esconde todo un mundo, el mundo de las cone-
xiones del capital, las cuales destierran de ella la propiedad que procede
de la circulación —<que procede del tráfico social— y le roban la in-
dependencia de la propiedad autosuficiente, así como su carácter. Dos
perspectivas se han abierto ya en este mundo lejano, en los dos puntos
en los que la circulación del capital expulsa de su círculo el valor creado
y hecho circular por el capital en la forma de producto, y en el que el
capital atrae, a partir de la circulación, otro producto a su órbita, trans-
formando a este producto en uno de los momentos de su propia existen-
cia. En el segundo punto el capital presupone la producción; en el
primer punto el capital puede presuponer la producción, si su producto
es materia prima para otra producción; o consumo, si ha recibido la úl-
tima forma adecuada para el consumo. Hasta el momento está claro que
el consumo no necesita entrar directamente en su esfera. La circulación
auténtica del capital es, como veremos más adelante, circulación between
dealers and dealers.*" La circulación between dealers und consumers,**
que se identifica con el comercio al por menor, es un segundo círcu-
lo, que no cae dentro de la esfera inmediata de la circulación del capital.
Es una trayectoria que el capital describe después de haber sido descrita
la primera y simultáneamente junto a ella. La simultaneidad de las dis-
tintas trayectorias del capital, como la de sus diferentes determinacio-
nes, deviene clara sólo cuando son presupuestos muchos capitales. De
la misma forma que el proceso vital del hombre consiste en un recorri-
do de diferentes edades, pero todas las edades del hombre existen simul-
táneamente la una al lado de la otra, repartidas entre los diferentes in-
dividuos. Ñ

En la medida en que el proceso de producción del capital es al mis-
mo tiempo un proceso tecnológico —proceso de producción a secas—;
a saber: producción de determinados valores de uso, mediante un
trabajo determinado, es decir, en una manera determinada por esta
finalidad; en la medida en que de todos estos procesos de producción
aquel mediante el cual el cuerpo reproduce el proceso asimilatorio
necesario, es decir, crea los medios de subsistencia en sentido fisioló-
gico, aparece como el más fundamental; en la medida en que este proceso

*17 Entre comerciantes.
*16 Entre comerciantes y consumidores,

de producción coincide con la agricultura y que esta última provee al
mismo tiempo directamente (como en el caso del algodón, lino, etc.), o
indirectamente, a través de los animales, que ella alimenta (seda, la-
na, etc.) una gran parte de las materias primas para la industria (en
realidad todas las materias que no pertenecen a la industria extracti-
va); en la medida en que la reproducción en la agricultura, en las zonas
templadas (el lugar de nacimiento del capital), está ligada a la circula-
ción general de la tierra, es decir, al hecho de que las cosechas en la
mayor parte de los casos son anuales; en la medida en que todo esto
es así, el año (que es, sin embargo, calculado de forma diferente para las
diferentes producciones) es asumido como el espacio del tiempo gene-
ral, por el cual han de ser medidas y calculadas la suma de rotaciones
del capital; así como también el día de trabajo natural dio tal unidad
natural como medida del tiempo de trabajo. En el cálculo del beneficio,
y aún más, en el interés, vemos también la unidad del tiempo de circu-
lación y de producción —el capital — puesta en cuanto tal y midiéndose
por sí misma. El capital mismo en cuanto capital en proceso —es decir,
efectuando una rotación— es considerado como capital que trabaja, y los
frutos que se supone que da son calculados según su tiempo de trabajo
—Eel tiempo global de circulación de una rotación—. La mistificación
que procede de ello está en la naturaleza del capital.

### Capital fijado (inmovilizado) y capital circulante. — (Excedente.
Proudhon. Bastiat). — Mill. Anderson. Say. Quincey. Ramsay. —
Dificultad con el interés compuesto. — Creación del mercado a través
del comercio. — Capital fijado y capital circulante. Ricardo. —
Dinero y capital. — Eternidad del valor. — Necesidad de una re-
producción rápida o menos rápida. — Sismondi. Cherbuliez. Storch. —
Anticipo del capital al trabajo.

Antes de examinar más de cerca las cuestiones planteadas anteriormente,
queremos ver ante todo, qué diferencias establecen los economistas
entre capital fijo y capital circulante. Nosotros hemos encontrado ya un
nuevo momento, que aparece en el cálculo del beneficio diferente de
la plusvalía. Asimismo tiene que resultar ahora un nuevo momento
entre beneficio e interés. La plusvalía, en relación con el capital circu-
lante, se presenta claramente como beneficio a diferencia del interés, que
se presenta como la plusvalía en relación con el capital fijo. Beneficio e
interés son ambos formas de la plusvalía. El beneficio está contenido
en el precio. El beneficio, por lo tanto, finaliza y es realizado tan pronto
como el capital ha alcanzado el punto de su circulación, en el que él

se ha convertido de nuevo en dinero o en el que ha pasado de su forma
como mercancía a su forma de dinero. Sobre la notable ignorancia
sobre la que descansa la polémica proudhoniana contra el interés se
hablará más adelante. (Aquí una vez más, para no olvidarlo, ad vocem
Proudhon: la plusvalía, que tanto preocupa a los ricardianos y a los
antirricardianos, es resuelta sencillamente por este agudo pensador, mis-
tificándola, «todo trabajo deja un excedente», «yo lo considero como
un axioma»... Comprobar la fórmula exacta en el cuaderno.“ El hecho
de que se trabaja por encima del trabajo necesario lo transforma Prou-
dhon en una cualidad mística del trabajo. Esto no puede ser explicado
a partir del simple aumento de la productividad del trabajo; dicha pro-
ductividad puede aumentar los productos de un tiempo de trabajo de-
terminado; ella no puede darle ninguna plusvalía. Aquí la productividad
sólo entra en juego en la medida en que libera tiempo excedente, tiempo
de trabajo por encima del tiempo de trabajo necesario. El único hecho
extraeconómico en todo esto, consiste en que el hombre no necesita
todo su tiempo para la producción de los medios de subsistencia, que
tiene tiempo libre disponible por encima del tiempo de trabajo ne-
cesario para la subsistencia, y que, por lo tanto, puede utilizarlo en el
plustrabajo. Pero aquí no hay nada místico, ya que sus medios de sub-
sistencia son exiguos, en la misma medida en que su fuerza de trabajo
se encuentra en un estado bárbaro. El trabajo asalariado sólo aparece
en general allí donde el desarrollo de la fuerza productiva está ya tan
avanzado, que ha sido liberada una cantidad significativa de tiempo;
esta liberación es ya un producto histórico. La ignorancia de Proudhon
sólo es igualada por la tesis de Bastiat de la tasa decreciente de bene-
ficio, que se supone que es el equivalente de la tasa creciente de sala-
rio.“ Bastiat expresa este nonsense,*” tomado a préstamo de Carey, de
una doble forma: primero, la tasa de beneficio disminuye [es decir, la
"proporción de plusvalía en relación con el capital utilizado]; segundo:
los precios disminuyen; pero el valor, es decir, la suma total de los
precios deviene mayor, lo cual no quiere decir sino que el beneficio total
—no la tasa de beneficio— aumenta.)

El primero en hablar de capital fijado, en el sentido en que noso-

45 Esta indicación se refiere al cuaderno de extractos de Marx con los
extractos de Gratuité du Crédit. El pasaje al que Marx se refería no se encuentra,
sin embargo, en el cuaderno entre los extractos.

46 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 288.

*19 Disparate, sin sentido.

tros lo hemos utilizado, como capital inmovilizado, no disponible, no
utilizable, como capital detenido en una fase de su proceso de circulación
global, es John St. Mill (Essays on some unsettled Questions of Poli-
tical Econ., London, 1844, pág. 55). En este sentido él dice correcta-
mente —así como también Bailey en los pasajes citados anteriormente—
que una parte cada vez mayor del capital de un país permanece inac-
tivo.

«La diferencia entre capital fijo y capital circulante es más aparente
que real; por ejemplo, el oro es capital fijo; y es circulante sólo en la
medida en que es consumido en el trabajo de dorar, etc. Los barcos son
capital fijo, aunque literalmente circulan. Las acciones de un ferrocarril
extranjero son artículos de comercio en nuestros mercados; así también
pueden serlo las acciones de nuestros ferrocarriles en los mercados mun-
diales; y en este sentido son capital circulante, similar al oro» (Am-
derson, The recent commercial distress, etc., London, 1847, pág. 4).
(Cuaderno 1, 27).*”

Según Say el capital «está dedicado de tal forma a un género de
producción, que no puede ser desviado de él, para ser consagrado a otro
género de producción». Según Say hay una identificación de capital
con un determinado valor de uso, valor de uso para el proceso de pro-
ducción. Este estar ligado del capital en cuanto valor a un valor de uso
particular —valor de uso dentro de la producción— es en todo caso
un lado importante. Con esto se expresa más que lo que se expresa
con la incapacidad de circulación, con lo cual sólo se dice, en realidad,
que el capital fijo es lo contrario del capital circulante.

En su Logic of Political Economy (págs. 113-114)*" (Cuad. X, 4)
dice de Quincey: «Capital circulante, en su concepto normal, quiere
decir, cualquier agente» (hermoso tipo de lógica) «utilizado productiva-
mente, que perece en el mismo acto de ser utilizado» (Según ello el
carbón y el aceite serían capital circulante, pero no el algodón, etc. No
se puede decir que el algodón perezca al ser transformado en hilo o
cálico, y tal transformación significa ciertamente el utilizarlo de forma
productiva); «fijo es el capital cuando la cosa sirve repetidamente para
la misma operación, y cuanto más amplia haya sido la serie de repeti-

47 Cfr. Join St. MiLL, Essays on some unsettled questions, etc., pág. 55.

“48 Cfr. J. B. Say, Traité, etc. C. II, pág. 430.

*2 27; en el ms. 26.
*21 113-114; en la ed. 1939, 114.

ciones, tanto más derecho tiene el instrumento, la maquinaria o el motor
a la denominación de fijo» (pág. 114). (Cuaderno X, 4.) Según ello el
capital circulante perecería, sería consumido en el acto de producción;
el capital fijo —que para mayor claridad es determinado como instru-
mento, maquinaria o motor (siendo, por lo tanto, excluidas las mejoras
incorporadas a la tierra)]— serviría repetidamente para la misma opera-
ción. La distinción se refiere exclusivamente a una diferencia tecnológica
en el acto de producción; en modo alguno a una relación formal; capital
circulante y capital fijo, en las diferencias que aquí son indicadas acerca
de ellos, tienen ciertamente algunas características por las cuales uno
es cualquier agente fijo y el otro circulante, pero ninguno de los dos
tiene alguna calificación que le dé derecho.a la «denominación» de
capital.

Según Ramsay (IX, 83-84)*? «sólo los medios de subsistencia son
capital circulante, porque el capitalista tiene que separarse inmediata-
mente de ellos y éstos no entran en absoluto en el proceso de produc-
ción, sino que son cambiados inmediatamente por trabajo vivo para el
consumo. Cualquier otro capital (también la materia prima) permanece
en la posesión de su propietario o empleador hasta que el producto
está acabado» (loc. cit.) «Capital circulante consiste exclusivamente
en medios de subsistencia y otras cosas necesarias anticipadas al traba-
jador, antes de que éste acabe el producto de su trabajo» (loc. cit.).*
Por lo que se refiere a los medios de subsistencia, Ramsay tiene razón,
en la medida en que es la única parte del capital que circula durante la
fase de producción misma, y que desde este punto de vista es el capital
circulante par excellence. Por otra parte es falso que el capital fijo
no permanezca en la posesión de su propietario o empleador más tiempo
o sólo mientras «el producto es acabado». Ramsay, en consecuencia,
define más adelante el capital fijo como «cualquier porción del produc-
to** del trabajo (empleado en cualquier mercancía) en una forma, en la
cual, si bien ayuda a la producción de la mercancía futura, sin embargo,
no mantiene trabajo»* (¡Pero cuántas mercancías no mantienen tra-

49 Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 21.
40 Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 23.
451 Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 59.

*2 83-84; en la ed. 1939, 84.
*3 En la ed. 1939 faltan las palabras «del producto» que aparecen en
Ramsay.

bajo! Esto quiere decir que no pertenecen a los artículos de consumo
del trabajador. Según Ramsay estas mercancías son todas capital fijo.)

(Si el interés de 100 libras al final del primer año o de los primeros
tres meses es 5 libras, de forma tal que el capital final del primer año
es 105 o 100 (1 + 0,05); a final del 4.” año = 100 (1 + 0,05) =121
55/100 libras y 1/1600 libras = 121 libras, 11 chelines y 3/5*” farth.
o 121 libras, 11 chelines y 0,6** farthing. Es decir, 1 libra, 11 chelines
y 6/10** farthing más de 20.)

(Supongamos, en la cuestión previamente planteada, que por un lado,
un capital de 400 sólo circula una vez al año, y que por otro [un
capital de 100] circula 4 veces, ambos al 5 %. En el primer caso, el ca-
pital obtendría 5 % una vez al año = 20 sobre 400; en el segundo,
4 Xx 5%, también = 20 al año sobre 100. La velocidad de circulación
compensaría la magnitud del capital; de la misma forma que en la circu-
lación simple del dinero 100.000 táleros que circulan 3 veces al
año = 300.000, mientras que 3.000 táleros que circulan 100 veces son
también = 300.000. Pero el capital circula 4 veces al año y así es po-
sible que la ganancia se añada al capital en la segunda circulación y
circule con él, y de ahí provendría la diferencia de 1 libra, 11 chelines
y 0,6 farthing. Esta diferencia, sin embargo, no se sigue en modo al-
guno de la premisa. Sólo existe la posibilidad abstracta. De la premisa
se seguiría más bien lo siguiente: si son necesarios, por ejemplo, 3 me-
ses para una rotación de un capital de 100 libras, entonces, si consi-
deramos el mes = 30 días, para un capital de 105 libras —siendo la mis-
ma la relación de rotación, es decir, estando en la misma relación el
tiempo de rotación con la magnitud del capital — no son necesarios

3 meses,*” sino 105: x = 100: 90; x = 20710 oo 945/10
100 0

días = 3 meses y 4 1/2 días. Con ello la primera dificultad está comple-
tamente resuelta.)

(Del hecho de que un capital mayor con una circulación más lenta
no produce más plusvalía que un capital más pequeño con una circulación
proporcionalmente más rápida no se sigue inmediatamente el que un

*M 3/5, debería decir 3/20.

*25 (6, debería decir 0'15.

*2% 6/10, debería decir 3/20.

*2 De lo contrario podría darse por supuesto que en el caso de continuidad
del proceso de producción cada tres meses el excedente obtenido es transformado
en capital,

capital menor circule más rápidamente que uno mayor. En la medida
en que el capital mayor consiste en más capital fijo y tiene que buscar
mercados más lejanos, esto es ciertamente lo que ocurre. La magnitud
del mercado y la velocidad de la circulación no están necesariamente
en relación inversa. Esto sólo ocurre cuando el mercado físico presente
no coincide con el mercado económico, es decir, el mercado económico
se aleja más y más del lugar de producción. Por lo demás, en la me-
dida en que no proceden de la pura diferencia entre capital fijo y capital
circulante, los momentos que determinan la circulación de los diferentes
capitales no pueden ser desarrollados aquí. Dicho sea de paso: en la
medida en que el comercio crea nuevos puntos de circulación, es decir,
introduce en el tráfico a países distintos, descubre nuevos mercados, etc.,
esto es completamente diferente de los meros costes de circulación que
son utilizados para efectuar una determinada masa de operaciones
de cambio; se trata no de la creación de operaciones de cambio, sino
del cambio mismo. Creación de mercado. Este punto habrá que consi-
derarlo especialmente, antes de acabar con la circulación.)

Prosigamos ahora con la revisión de las teorías sobre «capital fijo»
y «capital circulante». «Según que el capital sea más o menos perece-
dero, es decir, tenga que ser reproducido más o menos a menudo en un
tiempo dado, quiere decir que es capital circulante o capital fijo. Ade-
más el capital circula o retorna al individuo que lo utiliza en tiempos
muy desiguales; por ejemplo, el trigo que compra un agricultor para
la siembra es relativamente capital fijo frente al trigo que compra el
panadero, para hacer pan» (Ricardo VIII, 19). Más adelante observa
Ricardo: «Existen diferentes proporciones de capital fijo y circulante
en las diferentes industrias; diferente durabilidad del mismo capital
fijo» (Ricardo, loc. cit.). «Dos clases de comercio pueden utilizar un
capital del mismo valor, pero cada uno puede estar dividido en forma
muy diferente en relación con la parte fija y la parte circulante. Pueden
utilizar incluso un valor igual de capital fijo y de capital circulante,
pero la duración del capital fijo puede ser muy desigual. Por ejemplo,
el uno puede utilizar una máquina de vapor de 10.000 libras, el otro
un barco.» (De la traducción de Ricardo por Say, t. I, págs. 29, 30.)
Lo incorrecto es ante todo que, según Ricardo, el capital debe ser «»más
o menos perecedero». El capital en cuanto capital —el valor— no es
perecedero. Pero el valor de uso, en el que el capital está fijado, en el
que el capital existe, es «más o menos perecedero» y tiene, por lo tanto,
«que ser reproducido más o menos a menudo en un tiempo dado». La
diferencia entre capital fijo y circulante es reducida aquí, pues, a la
mayor o menor necesidad de reproducción de un capital dado en un

tiempo dado. Ésta es la primera diferencia que Ricardo introduce. Los
grados diferentes de durabilidad o los grados diferentes de capital fijo,
es decir, los grados diferentes, la duración relativa del capital relativa-
mente fijo, es la segunda diferencia. De forma tal que el mismo capital
fijo es más o menos fijo. El mismo capital se presenta en el mismo ne-
gocio en dos formas diferentes, en las formas de existencia particulares
de fijo y circulante; existe, por lo tanto, doblemente. El ser fijo o circu-
lante se presenta como una determinación particular del capital al margen
de la de ser capital. Pero el capital tiene que proseguir hasta esta par-
ticularización. Por lo que a la tercera diferencia se refiere, la de que
«el capital circula a retorna en tiempos muy desiguales», por esto en-
tiende Ricardo, como muestra su ejemplo del panadero y del agricultor,
nada más que la diferencia de tiempo en la que el capital, en las
diferentes ramas de negocio, según su especialidad, está fijado, utilizado
en la fase de producción a diferencia de la fase de circulación. Aquí, por
lo tanto, el capital fijo aparece, tal como lo teníamos antes en cuanto
capital que está fijado en cada fase; solamente que la duración específica
mayor O menor de este estar fijado en la fase de producción, en esta
fase determinada, es considerado como una característica, como una
particularidad, del capital en cuanto creador del valor. El dinero in-
tentaba ponerse como valor imperecedero, como valor eterno, en la
medida en que se relacionaba negativamente frente a la circulación, es
decir, frente al cambio con la riqueza real, con las mercancías perece-
deras, que, como Petty describe muy bella y muy ingenuamente, se
resuelven en gozos perecederos. En el capital, el carácter imperecedero
del valor es puesto (hasta un cierto punto), en la medida en que éste se
encarna ciertamente en mercancías perecederas, y toma su forma, pero
al mismo tiempo cambia de forma constantemente; alterna entre su
forma eterna en dinero y su forma perecedera en mercancías; el carác-
ter no perecedero se realiza como lo único que puede ser, como tran-
sitoriedad que pasa y como proceso, como vida. Esta capacidad, sin em-
bargo, la obtiene el capital exclusivamente en la medida en que como
un vampiro chupa constantemente el alma del trabajo vivo. El carácter
no perecedero —duración del valor en su forma como capital— es
puesto exclusivamente a través de la reproducción, que es a su vez doble,
reproducción como mercancía, reproducción como dinero y unidad de
ambos procesos de reproducción. En la reproducción como mercancía
el capital está fijado en una forma determinada del valor de uso y, por
lo tanto, no es ni valor de cambio general, ni aún menos valor realizado,
como debería ser. Que el capital se ha puesto como tal en el acto de
reproducción, en la fase de producción, sólo se acredita a través de la

circulación. El carácter más o menos perecedero de la mercancía en
la que existe el valor requiere una reproducción más lenta o más rápida
del mismo; es decir, una repetición más rápida o más lenta del proceso
de trabajo. La naturaleza particular del valor de uso en el que existe
el valor, o que se presenta ahora como cuerpo del capital, aparece aquí
como elemento que determina la forma y la acción del capital; que le
da a un capital una característica particular con respecto a otro, que lo
particulariza. Como hemos visto en múltiples casos, no hay nada, por
lo tanto, más falso que considerar que la diferenciación entre valor de
uso y valor de cambio, que en la circulación simple, en la medida en
que ésta es realizada, cae fuera de la determinación económica formal,
cae fuera de la misma por principio. Nosotros hemos encontrado más
bien en los distintos estadios del desarrollo de las relaciones económicas,
que el valor de cambio y el valor de uso están determinados en relacio-
nes diversas y que esta misma determinación se presenta como una de-
terminación diferente del valor en cuanto tal. El valor de uso como
categoría económica desempeña un papel. Dónde juega este papel, es
algo que deriva del análisis mismo. Ricardo, por ejemplo, que cree, que
en la economía burguesa sólo se trata de valor de cambio, y que sólo
asume una relación exotérica con el valor de uso, toma precisamente
las más importantes determinaciones del valor de cambio del valor de
uso, de su relación con él: por ejemplo, renta de la tierra, mínimo del
salario, diferencia del capital fijo y circulante, al cual Ricardo le con-
cede una influencia notabilísima sobre la determinación de los precios
(a través de la diferente reacción producida sobre ellos por un aumento
o una disminución del nivel de los salarios); lo mismo vale para la
relación de demanda y ofertante. La misma determinación se presenta
una vez en la determinación del valor de uso, y otra en la de valor de
cambio, pero a niveles diversos y con un significado diferente. Usar es
consumir, bien sea para la producción, bien sea para el consumo. Cam-
biar es este acto mediante un proceso social. El uso mismo puede ser
puesto y ser una consecuencia del cambio; por otra parte el cambio
se presenta como un simple momento del uso, etc. Desde el punto de
vista del capital (en la circulación), el cambio se. presenta como realiza-
ción de su valor de uso, mientras que por otra parte su uso (en el acto
de producción) se presenta como creación para el cambio, como crea-
ción de su valor de cambio. Lo mismo ocurre con la producción y el
consumo. En la economía burguesa (como en toda economía) son pues-
tos en diferencias específicas y en unidades específicas. Se trata preci-
samente de comprender esta diferencia específica. Con la afirmación

del señor Proudhon, o de los sentimentalistas sociales, de que son
idénticos, no se adelanta nada.

Lo bueno de la explicación de Ricardo es que se resalta ante todo
la necesidad de la reproducción más rápida o más lenta; que, por lo
tanto, el carácter más o menos perecedero, el consumo (en el sentido
de autoconsumo) más lento o más rápido es considerado en relación con
el capital. Es decir, la relación del valor de uso con el capital mismo.
Sismondi, por el contrario, introduce ante todo una determinación exo-
térica al capital; el consumo directo o indirecto por el hombre: es de-
cir, el hecho de que el objeto sea medio de subsistencia directo o indi-
recto para él; con esto introduce el consumo más rápido o más lento
del objeto mismo. Los objetos que sirven directamente como medios de
subsistencia, son más perecederos, porque están destinados a ser con-
sumidos, que aquellos que ayudan a producir medios de subsistencia.
Para estos últimos la duración es su vocación; su carácter perecedero
es su destino. Sismondi dice: «El capital fijo, indirectamente, es consu-
mido despacio, para ayudar a reproducir*”? lo que el hombre destina
para su uso; el capital circulante no deja de ser utilizado directamen-
te para el uso del hombre... Cuantas veces una cosa es consumida, hay
alguien para el cual es consumida definitivamente; simultáneamente,
puede haber alguien para el cual sea consumida con reproducción»
(Sismondi VI).* Él expone también la relación de la forma siguiente:
«la primera transformación del consumo anual en bienes duraderos, aptos
para aumentar la capacidad productiva del trabajo futuro es capital fijo;
este primer trabajo es siempre realizado mediante un trabajo, repre-
sentado por un salario, cambiado por medios de subsistencia, que el
trabajador consume durante el trabajo. El capital fijo se consume poco
a poco»* (es decir, es gastado poco a poco). Segunda transformación:
«Capital circulante consiste en elementos de trabajo (materia prima) y
en el consumo del trabajador»** (loc. cit.). Esto se refiere más bien al
origen. En primer lugar, está la transformación, según la cual el capital
fijo no es más que la forma devenida estacionaria del capital circulante,
el capital circulante fijado; en segundo, la determinación según la cual el
uno es destinado a ser instrumento de producción, el otro a ser con-
sumido como producto; o bien la forma diferente de su consumo está

482 El número romano se refiere a un cuaderno de extractos de Marx ex-
traviado; véase Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome lI, pág. 95.

453 Cfr. Sismondi, Nouvegux Principes, etc. Tome 1, págs. 97-98.

454 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome l, pág. 94.

*282 «Reproducir»; en la ed. 1939 «Konsumieren» (consumir).

determinada por su papel en las condiciones de producción, en el pro-
ceso de producción. Cherbuliez simplifica la cuestión considerando que
el capital circulante es la parte consumible, y el capital fijo la parte no
consumible del capital. (La una es consumible, la otra no. Un método
realmente cómodo para abordar la cuestión). Storch en un pasaje
ya citado (34*” en el cuaderno)* reivindica para el capital circulante
en general la vocación del capital de circular. Se contradice a sí mismo,
diciendo: «todo capital fijo proviene originariamente de un capital
circulante y necesita ser continuamente mantenido a costa de este úl-
timo»*” (procede, por lo tanto, de la circulación, o es en su primer
momento capital circulante y se renueva constantemente a través de
la circulación; aunque él, por lo tanto, no entra en la circulación, la
circulación entra en él). Sobre lo que Storch añade: «Ningún capital
fijo puede dar una renta sino por medio de un capital circulante» (26, a.
Cuaderno), volveremos más adelante.

«Los consumos reproductivos no son propiamente gastos, sino ex-
clusivamente anticipos, puesto que son reembolsados a los que los ha-
cen», pág. 54 en el escrito de Storch contra Say*”* (pág. 5 b. Segundo
cuaderno sobre Storch). (El capitalista le da al trabajador una parte
de su propio plustrabajo en la forma de anticipo, como algo por cuyo
anticipo el trabajador tiene que reembolsar no sólo un equivalente,
sino un equivalente con plustrabajo.)

(La fórmula para el cálculo del interés compuesto es: S = c(1 + 1)”.
(S es el volumen total del capital c tras el decurso de n años a una
tasa de interés ¡.)

La fórmula del cálculo anual es:

X (la anualidad) E
1+014+D0+0+0+(4+10"

### Capital constante y variable.

Hemos dividido anteriormente el capital en valor constante y valor

Cfr. CHERBULIEZ, Richesse ou Pauvreté, etc., págs. 16-19.
La indicación se refiere al cuaderno V del manuscrito de los Grundrisse
(véase OME 21, págs. 497-500).

457 Ctr. SrorcH, Cours, etc. Tome l, pág. 246.
La indicación al cuaderno se refiere al propio cuaderno de extractos de
Marx. Véase StorchH, Cours, etc. Tome l, pág. 246.

452 Cfr. SrorcH, Considerations, etc., pág. 54.

*2 34; en la ed. 1939, 29.

variable; esta división es siempre correcta, cuando el capital es con-
siderado en la fase de producción, es decir, en su proceso inmediato
de valorización. De qué forma el capital mismo, en cuanto valor pre-
supuesto, puede modificar su valor, según que aumenten o disminuyan
sus costes de reproducción, o también como consecuencia de la dismi-
nución de la tasa de interés, etc., entra claramente en el apartado en
el que el capital es considerado como capital real, como acción recíproca
de múltiples capitales entre sí, y no aquí donde se trata de su concepto
general,

### Competencia.

[[La competencia se presenta dentro de un país como disolución de las
obligaciones corporativas, de las reglamentaciones gubernativas, de
las aduanas internas y cosas por el estilo, y en el mercado mundial como
supresión de barreras, prohibiciones o protecciones; en suma, se pre-
senta históricamente como negación de los límites y obstáculos propios
al estadio de producción que precede al capital; en la medida en que
ha sido históricamente descrita y apostillada muy correctamente por
los fisiócratas como laissez faire, laissez passer; como consecuencia de
esto, la competencia ha sido considerada desde esta perspectiva pura-
mente negativa, desde este su lado puramente histórico, y su estudio ha
conducido por otra parte a la estupidez todavía mayor de considerarla
como la colisión de los individuos liberados y determinados exclusiva-
mente por sus intereses, es decir, como atracción y repulsión de los in-
dividuos libres en relación mutua, y así ha sido considerada como la
forma de existencia absoluta de la individualidad libre en la esfera
de la producción y del cambio. Nada puede ser más falso. 1) Si la libre
competencia ha disuelto los obstáculos de relaciones y modos de pro-
ducción anteriores, también tiene que ser tomado en consideración que
lo que es un obstáculo para ella, era un límite inmanente para el modo
de producción anterior, en el que éste se movía y desarrollaba natural-
mente. Estos límites sólo se convierten en obstáculos cuando las fuerzas
productivas y las relaciones de tráfico se han desarrollado lo suficiente
para que el capital en cuanto tal pudiera empezar a presentarse como
el principio regulador de la producción. Los límites que el capital
destruye eran obstáculos para su movimiento, para su desarrollo, para
su realización. El capital con ello no suprimió en modo alguno todos
los límites y todos los obstáculos; sino únicamente los límites que no
le correspondían, los límites que eran obstáculos para él. Dentro de sus
propios límites —a pesar de que desde un punto de vista superior se
presenten como obstáculos de la producción y sean puestos en cuanto

tales mediante su propio desarrollo histórico— el capital se siente libre,
sin obstáculos, es decir, limitado sólo por sí mismo, por sus propias
condiciones vitales. Exactamente igual como la industria corporativa
en la época de su apogeo encontraba en la organización corporativa la
libertad total que ella necesitaba, es decir, que correspondía a sus re-
laciones de producción. Fue ella misma la que los sacó de sí y los desa-
rrolló como sus condiciones inmanentes, y en modo alguno, por lo
tanto, como obstáculos externos y restrictivos. El lado histórico de la
negación de la organización corporativa, etc., por parte del capital me-
diante la libre competencia no quiere decir sino que el capital suficien-
temente fuerte abate mediante las relaciones de tráfico que le son
adecuadas los obstáculos históricos, que frenaban y estorbaban el mo-
vimiento que le era adecuado. Pero la competencia está muy lejos de
tener exclusivamente este significado histórico o de ser meramente este
algo negativo.

La libre competencia es la relación del capital consigo mismo en
cuanto otro capital, es decir, es la relación real del capital en cuanto
capital. Las leyes internas del capital que sólo se presentan como ten-
dencias en los estadios históricos previos a su desarrollo, consiguen
ponerse como leyes; la producción basada sobre el capital se pone ex-
clusivamente en sus formas adecuadas en la medida en que se desarrolla
la libre competencia, pues éste es el libre desarrollo del modo de pro-
ducción basado sobre el capital; el libre desarrollo de sus condiciones
y de sí mismo como proceso que reproduce constantemente estas con-
diciones. No son los individuos los que son puestos como libres en la
libre competencia, sino el capital. En tanto la producción que se basa
sobre el capital se presenta como la forma necesaria y, en consecuencia,
la más adecuada para el desarrollo de la fuerza productiva social, el
movimiento de los individuos dentro de las condiciones puras del capi-
tal se presenta como su libertad; libertad que es, sin embargo, asegu-
rada posteriormente de forma dogmática, a través de la constante
reflexión sobre los obstáculos abatidos por la libre competencia. La
libre competencia es el desarrollo real del capital. Mediante ello es pues-
to como necesidad externa para el capital individual lo que corresponde
a la naturaleza del capital, al modo de producción basado sobre el ca-
pital, al concepto de capital. La coacción mutua que ejercen en ella
los capitales entre sí, sobre el trabajo, etc. (la competencia de los tra-
bajadores entre sí sólo es otra forma de la competencia entre capitales),
es el desarrollo libre y al mismo tiempo real de la riqueza en cuanto
capital. Tanto es así, que los pensadores económicos más profundos,
como Ricardo, por ejemplo, presuponen el imperio absoluto de la“libre

competencia, para poder estudiar y formular las leyes adecuadas del ca-
pital —que se presentan al mismo tiempo como las tendencias vitales
que lo dominan—. La libre competencia es, sin embargo, la forma ade-
cuada del proceso productivo del capital. Cuanto más desarrollada está
ella, tanto más puras aparecen las formas de su movimiento. Lo que
Ricardo, por ejemplo, mal gré lui, ha reconocido con esto es la naturaleza
bistórica del capital y el carácter limitado de la libre competencia, que
es exclusivamente el libre movimiento de los capitales, es decir, su mo-
vimiento dentro de condiciones que no pertenecen a ninguno de los
estadios previos disueltos, sino que son sus propias condiciones. El im-
perio del capital es el presupuesto de la libre competencia, exactamente
igual como el despotismo imperial romano era el presupuesto del libre
«derecho privado» romano. Mientras el capital es débil, intenta apoyarse
en las muletas de los modos de producción ya pasados o que perecen al
aparecer él. Tan pronto como se siente fuerte arroja las muletas y se
mueve de acuerdo con sus propias leyes. Tan pronto como empieza
a sentirse como obstáculo del desarrollo y empieza a ser consciente de
ello, recurre a formas que parecen completar el dominio del capital,
suprimiendo la libre competencia, y que al mismo tiempo son los anun-
ciadores de su disolución y de la disolución del modo de producción
que se basa sobre él. Lo que yace en la naturaleza del capital sólo es
sacado fuera realmente, como necesidad externa, a través de la libre
competencia, que no es sino el hecho de que múltiples capitales se im-
ponen recíprocamente las determinaciones inmanentes del capital. Nin-
guna categoría de la economía burguesa, ni siquiera la primera, por
ejemplo, la determinación del valor, llega a ser real mediante la libre
competencia; es decir, mediante el proceso real del capital, que se pre-
senta como acción recíproca y tráfico determinados por el capital. De
ahí, por otra parte, lo absurdo de considerar la libre competencia como
el desarrollo último de la libertad humana; y de equiparar la negación
de la libre competencia a la negación de la libertad individual y a la
producción social basada sobre la libertad individual. Se trata precisa-
mente del libre desarrollo sobre una base limitada —sobre la base del
dominio del capital —. Esta clase de libertad individual es, por tanto,
al mismo tiempo la supresión más completa de toda libertad individual
y la sumisión total de la individualidad a condiciones sociales, que adop-
tan la forma de poderes materiales, de cosas demasiado poderosas, de
cosas independientes de los mismos individuos que se relacionan entre
sí. El desarrollo de la libre competencia es, por lo tanto, la única res-
puesta racional al ensalzamiento de la misma por los Middle-class-
profetas, o a su maldición por los socialistas, Cuando se dice que, en el

ámbito de la libre competencia, los individuos al seguir puramente su
interés privado, realizan el interés común, o mejor dicho, general, no se
quiere decir, sino que ellos se oprimen recíprocamente bajo las condi-
ciones de la producción capitalista y que, por lo tanto, su choque recí-
proco no es sino la recreación de las condiciones, en las que tiene lugar
esta acción mutua. Por lo demás, tan pronto como la ilusión sobre la
libre individualidad desaparece, esto es una prueba de que las condicio-
nes de la competencia, es decir, de la producción basada sobre el capital,
son ya pensadas y sentidas como obstáculos, y que, por lo tanto, lo sor
ya y lo devienen cada vez más. La afirmación de que la libre competen-
cia = ala última forma de desarrollo de las fuerzas productivas y, por
lo tanto, de la libertad humana, no quiere decir sino que el Middle-class-
dominio es el fin de la historia mundial — un pensamiento ciertamente
agradable para los parvenus de anteayer. ]]

### Plusvalía. Tiempo de producción. Tiempo de circulación. — Tiempo
de rotación.

Antes de continuar la revisión de las teorías sobre el capital fijo y ca-
pital circulante, volvamos por un momento a lo que hemos desarrollado
antes.

Supongamos provisionalmente que el tiempo de producción y el
tiempo de trabajo coinciden. El supuesto de que dentro de la misma
fase de producción tienen lugar interrupciones condicionadas por el pro-
ceso tecnológico, lo consideramos más adelante.

Pongamos que la fase de producción de un capital sea igual a 60 días
de trabajo; de éstos, 40 son tiempo de trabajo necesario. Por lo tanto,
según la ley previamente desarrollada, la plusvalía, o el valor nuevo
creado por el capital, es decir, el tiempo de trabajo ajeno apropiado
es = 60 — 40 = 20. Llamemos a esta plusvalía (= 20) P; y a la fase
de producción —o al tiempo de trabajo utilizado durante la fase de pro-
ducción— p. En un período de tiempo que llamaremos T —<e
360 días, por ejemplo— el valor total no puede ser nunca mayor que
el número de fases de producción contenidas en 360 días. El coeficiente
máximo de P —<s decir, el máximo de plusvalía que el capital puede
producir bajo las premisas dadas— es igual al número de repeticiones
de la creación de P en 360 días. El límite externo de esta repetición
—de la reproducción del capital, o mejor dicho, de la reproducción de
su proceso de producción— está determinado por la relación del pe-

ríodo de producción con el período total en el que el primero debe ser
repetido. Si el tiempo dado = 360 días, y la duración de la produc-

ción = 60 días, entonces a O e, es decir, 6, el coeficiente que
0 p

indica la frecuencia con que p está contenido en T, o la frecuencia con
que, de acuerdo con sus propios límites inmanentes, el proceso de re-
producción del capital puede ser repetido en 360 días. Es evidente que
el máximo de creación de P, es decir, la producción de plusvalía, viene
dado por el número de procesos, en los cuales P puede ser producido

, : T a E
en un período de tiempo dado. — expresa esta relación. El cociente

de o q €s el coeficiente máxima de P en el tiempo de 360 días, es

decir, en T. o Pq es el máximo del valor. Si = = q, entonces

T = pg; es decir, la duración total de T sería tiempo de producción;
la fase de producción p es repetida con tantas frecuencias como está
contenida en T. La creación total del valor del capital en un tiempo
dado sería = al plustrabajo, que él se apropia en fase de producción
multiplicado por el número de veces que esta fase de producción está
contenida en el tiempo dado. En el ejemplo anterior, por lo tanto, se-
ría = 20 X Es = 20 X 6 = 120 días. q, es decir, En expresaría
60 p
el número de rotaciones del capital; pero puesto que T = pq, p se-
ría = de ; es decir, la duración de una fase de producción sería igual al

tiempo total dividido por el número de rotaciones. Una fase de produc-
ción del capital sería, por lo tanto, igual a una rotación del mismo. Tiem-
po de rotación y tiempo de producción serían completamente idén-
ticos; el número de rotaciones, por lo tanto, estaría determinado
exclusivamente por la relación de una fase de producción con el tiempo
global.

Solamente que en este presupuesto el tiempo de circulación es pues-
to = 0. Sin embargo, dicho tiempo tiene una magnitud determinada,
que no puede ser nunca = 0. Supongamos ahora que a 60 días de tiempo
de producción, o a 60 días de producción, corresponden 30 días de
circulación; llamemos c a este tiempo de circulación, que corresponde
a p. En este supuesto, una rotación del capital, es decir, el tiempo total
que el capital necesita antes de poder repetir el proceso de valoriza-
ción —la producción de plusvalía— sería = 30 + 60 = 90 días

(=p+0) (1 R (rotación) = p + c). Una rotación de 90 días sólo

puede ser repetida en 360 días 220

veces. Los 20 de plusvalía sólo po-

drían ser producidos, por lo tanto, 4 veces; 20 X 4 = 80. En 60 días
el capital produce 20 días de excedente; pero el capital tiene que circu-
lar 30 días; es decir, durante estos 30 días no puede producir ningún
plustrabajo, ninguna plusvalía. Para el capital es lo mismo (desde el
punto de vista del resultado) que si hubiera producido en 90 días una
plusvalía de 20 días. Si anteriormente el número de rotaciones estaba

T ; T

determinado por —, ahora está determinado por o —; el
á p dl p+c R

máximo del valor era E, la plusvalía real ahora es + o

(20 PO 0 zo
60 + 30

es, por lo tanto, = al tiempo total dividido por la suma del tiempo de

producción y del tiempo de circulación, y el valor total es = a P mul-

tiplicado por el número de rotaciones. Pero esta expresión no nos basta

todavía para expresar las relaciones de plusvalía, tiempo de producción

y tiempo de circulación.

= 20 x 4= 80). El número de rotaciones

ds E , : z PT
El máximo de creación de valor está contenido en la fórmula A ;

PT PT

lo

la fórmula ) contiene el máximo limitado por el tiempo

p+c
de circulación; si sustraemos la segunda cantidad de la primera, te-
nemos:

PT__ PT _ PT(p+c)—PTp
p p+e p(p++<)
PTp+PTc—PTp _ PTce
pp +) — p(p+c)
Obtenemos, por lo tanto, como diferencia:
eS O => Xx E i E o P”, como podemos llamar el
valor en la segunda determinación; P” = ARES es .
Pp Pp p+e

Antes de desarrollar esta fórmula hay que introducir otra.

Si llamamos q' al cociente de <> Ehtonces qí expresa el nú-

mero de veces que R = (p + c) está contenido en T, el número de

rotaciones = q; por lo tanto, T = pq + cq.. pq expresa en-

tonces el tiempo de producción total y cq' el tiempo de circulación total.

Llamemos ahora al tiempo de circulación total C (es decir, cq! = C).
(T (360) = 4 X 60 (240) + 4 X 30 (120).) q' = 4 en nuestra premi-
sa. C= cq! = 4c; siendo 4 = al número de rotaciones. Ya vimos antes

Le me PT
que el máximo de creación de valor = a pero en este caso T era

equiparado a tiempo de producción. Sin embargo, el tiempo de produc-
ción real es ahora T— q;**" como resulta también de la ecuación.
T = pq/ (tiempo de producción total) + cg” (tiempo de circulación to-

tal o C). Por lo tanto, T —C = cg. Por lo tanto, pl es el má-

ximo de creación de valor. Por lo tanto, el tiempo de producción no
es 360 días, sino 360 —cq', es decir —4 X 30— 120; es decir,

20 ( 360 — 120 Y 20 x 240 — 80.
60 60
Por lo que respecta finalmente a la fórmula:

PT PT c
==

P = ==
p p p+c
360X 20 _ 99,360,300
60 60 30 + 60

120 — (120 A PELA =6Xx20—(6 x 20 x 2,=
90 9
20 x6—(20 Xx 6 x= o

120 — (120 x > = 120 — 40 = 80.

dicha fórmula afirma que el valor es igual al valor máximo, es de-
cir, al valor determinado exclusivamente por la relación del tiempo de
producción al tiempo total menos el número que expresa la frecuencia
con el tiempo de circulación está contenido en este máximo más

c eS 6 Ed : ; De
= —; — expresa la relación del tiempo de circulación con
R

c+Pp R

*% «q»; en vez de «q» debería decir «cq».

una rotación del capital. Si multiplicamos el numerador y el denominador

A cal C c 30
por q”, entonces tenemos ———— = —;

leo+pad T'"c+p 30460
1 c

=—. A la relación del tiempo de circulación con
3 c+p 3

el tiempo total, pues E 120. La rotación (c + p) está contenida

c 1 0 , pe a
en €, ——— o — (o —>) de vez, y esta cifra es el máximo multiplica-
c+p 3 T

do por el número de veces que una rotación está contenida en c, en el
tiempo de circulación, que corresponde a una rotación, o dividido por
el número que expresa la frecuencia con que c está contenida en c + p

PT

o C está contenida en T. Si c fuera = 0, entonces P” sería = ——

y estaría al máximo. P” deviene menor en la misma medida en que aumen-
ta C; está en relación inversa con ella, ya que en la misma medida

aumenta el factor a z A y el factor Es E El número que ha de ser

sustraído del valor máximo es:

PES c y AT €
p c+p p R

Tenemos, por lo tanto, las tres fórmulas:

1) A
p+e R
2 P= pala
p
PT PT Cc
3) P= =— [| — =
) p ( p +3)
y T TÍ c
1 PEO (SS, |
le E +3)
Por lo tanto:
P: P'** = AA o Pi PT: (TO)

*31  «P:P'»; debería decir «Pq:P”».
*32 «P:P”»; debería decir «Pq:P”».

El máximo de valor es al valor real, como un espacio de tiempo dado
es a dicho espacio, menos el tiempo de circulación total. O también
P: P = pq: (pq — qc), es decir, = p : (p —c).

PT PT c
ad 3) P = ——— (——X
) a ( ms

p
Er 7 a
)

Cc
(el
Pp|-—( == x

y e c+p

, T
o bien, puesto que m3 = 9,

P=P(q—a. E =P (q—q 20 La plusvalía total es, por lo

tanto, = a la plusvalía producida en una fase de producción, cuyo coe-
ficiente es el número de veces que el tiempo de producción está conte-
nido en el tiempo total menos el número de veces que el tiempo de
circulación de una rotación está contenido en el último número.

c lc R—c Pap PT
P (q —q —) = Pg (1— —) = Pq (——) = == ——, que
ROTAR ni Ra
es la primera fórmula. La fórmula 3, por lo tanto, no quiere decir más
que ... la fórmula 1: la plusvalía total es igual a la plusvalía de una

fase de producción multiplicada por el tiempo total y dividida por el
tiempo de rotación, o multiplicada por el número de veces que está
contenida la suma del tiempo de producción y del tiempo de circula-
ción en el tiempo total.

La fórmula 2: el valor total es igual a la plusvalía multiplicada
por el tiempo total menos el tiempo de circulación total, dividido por
la duración de la fase de producción.

### Competencia.

(La ley fundamental de la libre competencia —que es desarrollada como
ley diferente de aquella establecida sobre el valor y la plusvalía— con-
siste en que el valor es determinado no por el trabajo en él contenido, o
por el tiempo de trabajo en el que el valor es producido, sino por el
tiempo de trabajo en el que puede ser producido, o en el tiempo de tra-
bajo necesario para la reproducción. Sólo mediante esto es puesto el ca-
pital individual realiter en las condiciones del capital en general, si bien
para el capital se presenta la cuestión como si hubiera quedado sin efecto
la ley ordinaria. Sin embargo, lo que es puesto de esta forma es el

tiempo de trabajo necesario en cuanto determinado por el tiempo del
mismo capital. Ésta es la ley fundamental de la competencia. Demanda,
oferta, precio (costes de producción) son determinaciones formales ul-
teriores; el precio en cuanto precio de mercado; o el precio general.
Después la realización de una tasa general de beneficio. Como conse-
cuencia del precio de mercado los capitales se distribuyen en diferentes
ramas. Disminución de los costes de producción, etc. En resumidas cuen-
tas, aquí se presentan todas las determinaciones a la imversa de como
se presentan en el capital en general. Allí (capital en general) el precio
es determinado por el trabajo, aquí (competencia) el trabajo es deter-
minado por el precio, etc. etc. La acción recíproca de los capitales entre
sí genera precisamente la necesidad de que los capitales se relacionen
entre sí en cuanto capital; la acción aparentemente independiente de
los individuos y su encuentro que no responde a ninguna regla, es pre-
cisamente la realización de su ley general. El mercado recibe aquí ade-
más otro significado. La acción recíproca de los capitales en cuanto
capital individual deviene precisamente su realización como capital ge-
neral y la negación de la aparente independencia y existencia autónoma
de los individuos. Esta negación tiene lugar todavía más en el crédito.
Y la forma más extrema a la que llega esta negación, pero que al mismo
tiempo es la posición última del capital en su forma más adecuada, es el
capital por acciones.) (Demanda, oferta, precio, costes de producción,
antítesis de beneficio e interés, relaciones diferentes entre valor de
cambio y valor de uso, entre consumo y producción.)

### Plusvalía. Tiempo de producción. Tiempo de circulación. Tiempo
de rotación. Parte del capital en el tiempo de producción, parte en

el tiempo de circulación. — Tiempo de circulación. — Plusvalía
y fase de producción. Número de las reproducciones del capital =
número de rotaciones. — Plusvalía total, etc.

Ya hemos visto que la plusvalía que el capital puede producir en un
período de tiempo dado está determinada por la frecuencia con que
puede ser repetido el proceso de valorización, o por la frecuencia con
que puede ser reproducido el capital en dicho espacio de tiempo dado;
también hemos visto, sin embargo, que el número de estas reproduccio-
nes está determinado por la relación de la duración de la fase de pro-
ducción, no con el espacio de tiempo global, sino con este tiempo global
menos el tiempo de circulación. El tiempo de circulación se presenta,
por lo tanto, como tiempo en el que es negada la capacidad del capital
para reproducirse y, por lo tanto, para crear plusvalía. Su productividad

—<s decir, su creación de plusvalía— está, pues, en relación inversa
al tiempo de circulación y alcanzaría el máximo si este último descen-
diera a O. La circulación, puesto que representa el recorrido del capital
a través de los diferentes momentos, de los movimientos conceptual-
mente determinados de sus necesarias metamorfosis, de su proceso vital,
es una condición inexcusable del capital, una condición puesta por su
propia naturaleza. En la medida en que este recorrido cuesta tiempo,
en este tiempo, en el que el capital no puede aumentar su valor, porque
no es tiempo de producción, el capital 1o se apropia trabajo vivo. Este
tiempo de circulación no puede, por tanto, aumentar nunca el valor crea-
do por el capital, sino que sólo puede ser puesto como tiempo que xo
crea valor, es decir, tiene que presentarse como límite del aumento del
valor, en la misma proporción en la que está con el tiempo de trabajo.
Este tiempo de circulación no puede ser computado como tiempo creador
de valor, pues éste es exclusivamente el tiempo que se objetiva en valor
Este tiempo no pertenece a los costes de producción del valor, y tampoco
a los costes de producción del capital; pero dicho tiempo es una con-
dición que dificulta su autorreproducción. Los obstáculos que el capital
encuentra para valorizarse —es decir, para apropiarse trabajo vivo— no
constituyen naturalmente ningún momento de su valorización, de su
creación de valor. De ahí que sea risible hablar aquí de costes de pro-
ducción en su sentido primitivo. O tenemos que separar los costes de
producción en cuanto forma particular del tiempo de trabajo que se
objetiva en el valor (como también tenemos que separar el beneficio
de la plusvalía). Pero incluso en este caso el tiempo de circulación no
pertenece a los costes de producción del capital, en el mismo sentido
que el salario, etc.; sino que este tiempo es un ¿tem que hay que tener
en consideración en el balance recíproco de los capitales individuales
porque éstos se distribuyen la plusvalía en ciertas proporciones gene-
rales. El tiempo de circulación no es tiempo en el que el capital crea
valor, sino tiempo en el que se realiza el valor creado en el proceso de
producción. El tiempo de circulación no aumenta su cantidad, sino que
pone al valor en otra determinación formal; de la determinación de
producto lo pone en la de mercancía, de la de mercancía en la de di-
nero, etc., mediante lo cual el precio, que antes existía sólo idealmente
en la mercancía, es puesto ahora realmente; por el hecho de que la
mercancía se intercambia realmente con su precio —dinero—, este pre-
cio naturalmente no deviene mayor. El tiempo de circulación, por lo
tanto, no se presenta como tiempo determinador del valor, y el número
de rotaciones, en la medida en que está determinado por el tiempo de

circulación, no se presenta como aportación por parte del capital de un
nuevo elemento, sui generis, determinador del valor, y perteneciente al
capital, a diferencia del trabajo, sino que se presenta como principio
limitador, negativo. La tendencia necesaria del capital es la de circular
sin tiempo de circulación, y esta tendencia es la determinación funda-
mental del crédito y de los mecanismos crediticios del capital. Por otra
parte, el crédito es también la forma en la que el capital intenta po-
nerse como diferente de los capitales individuales, o en la que el capital
individual en cuanto capital intenta diferenciarse de sus límites cuanti-
tativos. Los máximos resultados a lo que esto conduce en esta línea es
por una parte el capital ficticio; por otra, el crédito se presenta solamente
como un nuevo elemento de concentración, de la aniquilación de los
capitales en capitales singulares centralizadores. El tiempo de circulación
desde un punto de vista se objetiva en dinero. Intento del crédito de
poner el dinero simplemente como momento formal; de forma tal que
él media la mutación formal, sin ser capital, es decir, sin ser valor. Ésta
es una forma de la circulación sin tiempo de circulación. El dinero mis-
mo es un producto de la circulación. Se verá cómo el capital en el
crédito crea nuevos productos de la circulación. Pero si la tendencia
del capital es por una parte la de circular sin tiempo de circulación, por
otra parte es el intento de dar al tiempo de circulación, en cuanto tal, el
valor del tiempo de producción en los distintos órganos en los que se
media el proceso del tiempo de circulación y el proceso de circulación;
es el intento de darle un valor, de ponerlos a todos los momentos como
dinero, y en una ulterior determinación como capital. Éste es otro lado
del crédito. Todo esto procede de la misma fuente. Todas las exigencias
de la circulación, dinero, transformación de la mercancía en dinero,
transformación del dinero en mercancía, etc., a pesar de que aparente-
mente adoptan formas diferentes y heterogéneas, se dejan reducir todos
a tiempo de circulación. A esto se debe el mecanismo para reducirlo.
El tiempo de circulación es el tiempo del capital que puede ser consi-
derado como el tiempo de su movimiento específico en cuanto capital
a diferencia del tiempo de producción, en el que el capital se repro-
duce; el capital dura, pero no como capital acabado, que sólo tiene que
recorrer transformaciones formales, sino como capital en proceso, crea-
dor, que chupa del trabajo el alma que le da vida.

La antítesis entre tiempo de trabajo y tiempo de circulación contiene
toda la teoría del crédito, en la medida en que aquí entra particular-
mente la historia del dinero en circulación, etc. Naturalmente se pone
de manifiesto enseguida, que, allí donde no sólo el tiempo de circula-
ción se presenta como detracción del tiempo de producción posible, apa-

recen además costes auténticos de circulación, es decir, que tienen que
ser gastados realmente en la circulación valores ya creados. Pero estos
son en realidad costes —detracciones de la plusvalía ya creada— que
el capital se impone, para aumentar, por ejemplo, en un año la suma po-
sible de plusvalores, es decir, la parte alícuota del tiempo de producción
que corresponde a un tiempo dado, es decir, para acortar el tiempo de
circulación. Ciertamente además el tiempo de producción no aparece en
la práctica realmente interrumpido por el tiempo de circulación (al mar-
gen de los períodos de crisis y de depresión del comercio). Pero esto sólo
es así, porque cada capital se divide en porciones, una parte en la fase de
producción, otra en la fase de circulación. Así, por ejemplo (según la
relación entre tiempo de producción y tiempo de circulación), no todo

, ; a 1 1 ¿ ;
el capital está en activo, sino — ,— del mismo, mientras que el resto
Xx

está en la circulación. O la cuestión puede configurarse de forma tal,
que un determinado capital (a través del crédito, por' ejemplo) se du-
plica. Para este capital es entonces lo mismo —para el capital origina-
rio— que si no existiera el tiempo de circulación en absoluto. Pero
entonces es el capital tomado por él a préstamo el que se encuentra en
esta situación. Y si se abstrae de la propiedad, es de nuevo lo mismo
que si un capital estuviera dividido en dos. En lugar de dividirse 4 en
dos y b en dos, a atrae ba sí y se dividen en a y b. Ilusiones sobre
este proceso se encuentran a menudo entre los que creen en el crédito
(que rara vez son acreedores, sino más bien deudores).

Ya hemos aludido previamente el hecho de que la doble y contra-
dictoria condición del capital, la continuidad de la producción y la nece-
sidad del tiempo de circulación, o también, la continuidad de la circu-
lación (no del tiempo de circulación) y la necesidad del tiempo de
producción, sólo puede ser mediada por el hecho de que el capital se
divide en porciones, de las cuales una circula como producto acabado,
la otra se reproduce en el proceso de producción, y estas porciones se
alternan; cuando la una retorna a la fase P (proceso de producción) la
otra la abandona. Este proceso tiene lugar diariamente, o bien en gran-
des intervalos (en grandes dimensiones temporales). El capital total y
el valor global son reproducidos tan pronto como ambas porciones han
pasado por el proceso de producción -y por el proceso de circulación, o
tan pronto como la segunda porción entra de nuevo en la circulación.
El punto de partida es, por lo tanto, punto de llegada. La rotación de-
pende, en consecuencia, de la magnitud del capital, o más bien aquí
de la suma total de ambas porciones. Sólo cuando ésta ha sido reprodu-

cida, ha terminado la rotación total; de lo contrario sólo ha sido 1/2,
1/3, 1/x, según la proporción de la parte permanentemente circulante.

Se ha resaltado además, cómo cada parte del capital frente a la otra
puede ser considerada como fija o como circulante, y cómo ellas están
alternativamente en esta relación mutua. La simultaneidad del proceso
del capital en fases diferentes del proceso sólo es posible mediante la
división del mismo y su separación en porciones, cada una de las cuales
es capital, pero .capital en una determinación diferente. Este cambio
formal y material es similar al cambio orgánico del cuerpo. Si se dice,
por ejemplo, que el cuerpo se reproduce en 24 horas, esto no lo hace
de una vez, sino que el proceso de separación en una forma y de
renovación en otra procede simultáneamente. Por lo demás, en el cuer-
po, la estructura ósea es el capital fijo; no se renueva en el mismo
tiempo que la carne o la sangre. Tienen lugar diferentes grados en la
velocidad del consumo (del autoconsumo) y, por lo tanto, de la repro-
ducción. (Aquí aparece ya, por lo tanto, la transición a la multiplicidad
de capitales.) Lo importante aquí es tener presente ante todo exclusiva-
mente el capital en cuanto tal; ya que las determinaciones que son des-
arrolladas aquí son determinaciones que convierten el valor en general
en capital, que constituyen la diferencia específica del capital en cuan-
to tal.

Antes de proseguir, llamemos una vez más la atención sobre el punto
importante según el cual el tiempo de circulación —es decir, el tiempo
que el capital está separado del proceso, en el que absorbe en sí trabajo,
es decir, el tiempo de trabajo del capital como capital — sólo es traspo-
sición del valor presupuesto de una determinación formal en otra, pero
no es un elemento creador o multiplicador del valor. Mediante la trans-
formación de un valor de 4 días de trabajo, que existe en la forma de
hilo, en la forma de 4 días de trabajo, que existen como dinero, o en
la forma de un símbolo reconocido como representante de 4 días de tra-
bajo en general, de 4 días de trabajo generales, el valor presupuesto y
medido es traducido de una forma a otra, pero no es aumentado. El cam-
bio de equivalentes deja el valor, en cuanto cantidad de valor, después
del cambio, igual a como estaba antes del cambio. Si se piensa en un
único capital, o en los diferentes capitales de un país como en un único
capital (capital nacional) distinto del capital de otros países, entonces
está claro que el tiempo en el que el capital no actúa como capital pro-
ductivo, es decir, no crea plusvalía, se detrae del tiempo de valoriza-
ción que está a disposición del capital. Este tiempo de circulación se
presenta —en esta formulación abstracta, sin tomar en consideración.
en absoluto los costes de circulación— como negación no del tiempo

de valorización realmente producido, sino del tiempo de valorización
posible, es decir, posible si el tiempo de circulación fuera = 0. Ahora
está ya claro que el capital nacional no puede considerar el tiempo en
el que no se multiplica como tiempo en el que se multiplica, de la misma
forma que un campesino aislado, por ejemplo, no puede considerar el
tiempo, en el que no puede cosechar, no puede sembrar, es decir,
el tiempo en el que su trabajo está interrumpido en general, como
tiempo en el que se enriquece. El hecho de que el capital, después
de haberse considerado independiente del trabajo —y tiene que ser ne-
cesariamente así—, mediante cuya absorción él es capital productivo,
fructífero, considera también que él es fructífero en todos los momen-
tos y compute su tiempo de circulación como tiempo creador de va-
lor —como coste de producción— es quite another thing.** De ahí el
error de Ramsay cuando dice, por ejemplo: «que el uso de capital fijo
modifica en medida considerable el principio según el cual el valor de-
pende de la cantidad de trabajo. En realidad hay algunas mercancías,
en las cuales ha sido gastada la misma cantidad de trabajo que en otras,
que requieren períodos muy diferentes antes de ser aptas para el con-
sumo. Pero, como durante este tiempo el capital no produce ningún
beneficio, a fin de que la inversión en cuestión no sea menos lucrativa
que otras, en las que el producto está preparado más pronto para el
uso, es necesario que la mercancía, cuando es por fin llevada al mer-
cado, tenga un aumento de valor igual a la cantidad de beneficio rete-
nido». (Aquí se presupone ya que el capital en cuanto tal produce
siempre un beneficio uniforme, de la misma forma que un árbol sano
da frutos.) «Esto muestra... cómo el capital puede regular el valor in-
dependientemente del trabajo» *” Por ejemplo, el vino en la bodega.
(Ramsay, IX. 84). Aquí parece como si el tiempo de circulación produ-
jera valor paralelamente —o a un mismo nivel — al tiempo de produc-
ción. El capital contiene ciertamente ambos momentos en sí. 1) El
tiempo de trabajo como momento creador de valor. 2) El tiempo de
circulación como momento que limita el tiempo de trabajo, y limita, en
consecuencia, la creación total de valor por el capital; el tiempo de circu-
lación se presenta como momento necesario, porque el valor, o el ca-
pital tal como está puesto en cuanto resultado inmediato del proceso
de producción, es ciertamente valor, pero valor que no está puesto en
su forma adecuada. El tiempo que estas modificaciones formales requie-

“0 Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 43.

*38 Algo completamente diferente.

ren —*€s decir, el tiempo que transcurre entre producción y reproduc-
ción—, es el tiempo devaluador del capital. Si en la determinación del
capital como circulante, en proceso, ésta implica la continuidad, tam-
bién lo está la interrupción de la continuidad.

Los economistas, en la medida en que definen correctamente la circu-
lación, la revolución, que el capital tiene que recorrer para realizar
una nueva producción, como una serie de cambios, conceden espontá-
neamente que este tiempo de circulación no aumenta la cantidad de
los valores; por lo tanto, no puede ser tiempo creador de nuevo valor,
ya que una serie de cambios, cualquiera que sea la cantidad de cambios
que dicha serie pueda incluir, y cualquiera que sea el tiempo que puede
costar la realización de estas operaciones, es solamente un cambio de
equivalentes. La posición de los valores —de los extremos de la me-
diación— como iguales, no puede naturalmente ponerlos como desigua-
les. Considerados cuantitativamente, no pueden ni haber aumentado ni
haber disminuido mediante el cambio.

La plusvalía de una fase de producción es determinada por el
plustrabajo puesto en movimiento por el capital durante dicha fase (por
el plustrabajo apropiado); la suma de los plusvalores, que el capital
puede crear en un espacio de tiempo dado es determinada por la re-
petición de la fase de producción en dicho espacio de tiempo; o por la
rotación del capital. La rotación, sin embargo, es igual a la duración
de la fase de producción más la duración de la circulación, es decir, es
igual a la suma del tiempo de circulación y del tiempo de producción.
La rotación se aproxima tanto más al tiempo de producción cuanto
menor sea el tiempo de circulación, es decir, cuanto menor sea el tiempo
que transcurre entre el capital que sale de la producción y el que entra
en ella.

La plusvalía es en realidad determinada por el tiempo de trabajo
objetivado durante una fase de producción. Cuanto más frecuente sea
la reproducción del capital, con tanta más frecuencia tiene lugar la pro-
ducción de plusvalía. El número de reproducciones = número de ro-
taciones. La plusvalía global total es, por lo tanto = P X nR (siendo

¡A

. Si el
nR

tiempo de producción que un capital de 100 táleros necesita en una cierta

rama de la industria es igual a 3 meses, entonces podría rotar 4 veces

al año, y si la plusvalía creada cada vez = 5, entonces la plusvalía
y Y p

global sería = 5 (la plusvalía creada en una fase de la producción) X 4

(número de rotaciones, determinado por la relación del tiempo de pro-

n el número de rotaciones). P” = P X nR; es decir, P =

50 [111] ' El capítulo del capital

ducción con el año) = 20. Pero puesto que el tiempo de circulación
es, por ejemplo, = 1/4 del tiempo de producción, entonces 1 rotación
sería = 3 + 1 meses, es decir, 4 meses; el capital de 100, por lo tanto,
sólo podría rotar 3 veces al año y la P” sería = 15. Aunque el capital
crea, por lo tanto, en tres meses una plusvalía de 5, para él, sin em-
bargo, es lo mismo que si creara en 4 meses una plusvalía de 5, ya que
sólo puede crear 3 X 5 al año. Para el capital es lo mismo que si
cada 4 meses produjera una P de 5; en 3 meses, por lo tanto, produ-

ciría sólo 15/4 o - y en el mes de circulación 1 cl En la medida en

que la rotación es diferente de la duración puesta por las condiciones
de la producción, es igual al tiempo de circulación. Éste, sin embargo,
no está determinado por el tiempo de trabajo. Así, pues, la suma de
plusvalores que el capital crea en un espacio de tiempo dado no está
determinada simplemente por el tiempo de trabajo, sino por el tiempo
de trabajo y el tiempo de circulación en las proporciones antes indica-
das. Ahora bien, la determinación que el capi kl introduce aquí respecto
a la creación de valor es, como se ha mostrado anteriormente, una de-
terminación negativa, limitadora.

Si, por ejemplo, un capital de 100 libras necesita 3 meses para la
producción, es decir, 90 días, entonces, si el tiempo de circulación
fuera = 0, podría circular 4 veces al año; y el capital actuaría cons-
tantemente por completo como capital, es decir, como creador de plus-
trabajo, como valor que se multiplica. Supongamos que de los 90 días
80 representan el trabajo necesario y 10 el plustrabajo. Supongamos

ahora que el tiempo de circulación comporta el 33 e % del tiempo

de producción o 1/3 del mismo. Es decir 1 mes de cada 3. El tiempo de
circulación es entonces = 90/3; la tercera parte del tiempo de produc-
ción = 30 días, c = 1/3 p; (c = p/3). Well. La cuestión es la si-
guiente: ¿qué parte del capital puede estar ocupada continuamente en
la producción durante todo un año? Si un capital de 100 hubiera tra-
bajado 90 días, y como producto de 105 circulara ahora durante un
mes, entonces el capital no podría ocupar ningún trabajo durante este
mes. (Los 90 días de trabajo pueden naturalmente ser 3, 4, 5, x ve-
ces 90, según el número de trabajadores ocupados durante los 90 días.
Los días de trabajo serían = 90 días, si sólo estuviera ocupado un
trabajador. Esto de momento no nos interesa.) (En todos estos cálculos
se presupone, que la plusvalía no es capitalizada, sino que el capital
continúa trabajando con el mismo número de trabajadores; pero al

mismo tiempo que es realizada la plusvalía, es realizado también el
capital entero como dinero.) Esto quiere decir que durante un mes
el capital no podría ser ocupado en absoluto. (El capital de 100, por
ejemplo, ocupa permanentemente a 5 trabajadores; en él está contenido
el plustrabajo de estos 5 trabajadores, y el producto, que es hecho
circular, no es nunca el capital originario, sino el capital que ha absor-
bido el plustrabajo y contiene plusvalía. Por circulación de un capital
de 100 hay entonces que comprender realmente la circulación de un
capital de, por ejemplo, 105; es decir, del capital con el beneficio que
ha creado en el acto de producción. Este error, sin embargo, es aquí
indiferente, especialmente en la cuestión planteada previamente.)
(Supongamos que se han producido 100 libras de hilo al final de
los 3 meses.) Antes de recibir el dinero y de poder empezar de nuevo
la producción pasa 1 mes. Para poner en movimiento durante el mes
que circula el capital el mismo número de trabajadores, tendría que
tener un pluscapital de 33 1/3 libras; pues si 100 libras ponen en mo-
vimiento una determinada cantidad de trabajo durante 3 meses, 1/3 de
100 libras lo pondrán en movimiento durante un mes. Al final del cuarto
mes, el capital de 100 volvería a la fase de producción y el de 33 1/3 en-
traría en la fase de circulación. Esta última necesitaría para su circulación
—siempre en la misma proporción— 1/3 de mes; volvería, por lo
tanto, a la producción en 10 días. El primer capital sólo podría entrar
en la circulación al final del 7. mes. El segundo, que habría entrado en
la circulación al comienzo del 5.” mes, habría vuelto, digamos, al día 10
del 5.” mes, entraría de nuevo en circulación el día 10 del 6.” mes y
volvería el 20 del 6.” mes y entraría de nuevo en circulación el 20 del
7.” mes; al final del 7. mes volvería; es decir, el segundo capital vol-
vería en el mismo momento en el que el primer capital empezaría de
nuevo su recorrido. Comienzo del 8. mes y vuelta, etc. Comienzo del
9.”, etc. En resumidas cuentas: si el capital fuera de un volumen su-
perior en 1/3, entonces podría ocupar constantemente el mismo número
de trabajadores. Pero el capital puede también estar constantemente
en la fase de producción, si ocupa constantemente 1/3 menos de tra-
bajo. Si él empezara exclusivamente con un capital de 75, al final del
3." mes la producción estaría acabada; circularía durante un mes, pero
durante este mes él podría continuar la producción, ya que él conser-
varía un capital de 25, y si necesita 75 para poner en movimiento
durante tres meses una determinada masa de trabajo, sólo necesita 25
para poner en movimiento la misma masa durante un mes. Él pondría
en movimiento constantemente el mismo número dé trabajadores. Cada
una de sus mercancías necesita 1/12 del año, antes de ser vendida.

Si, para vender sus mercancías, necesita siempre 1/3 del tiempo
de producción de las mismas, entonces, etc. Esta cuestión tiene que
ser resuelta mediante una ecuación muy simple, sobre la que volveremos
más adelante. Realmente no corresponde a este momento. Pero la cues-
tión es importante, a causa de los posteriores problemas del crédito.
Hasta el momento, sin embargo, está claro esto: llamamos pt al tiempo
de producción y ct al tiempo de circulación. Al capital lo llamamos C.
C no puede estar el mismo tiempo en su fase de producción y en su
fase de circulación. Si debe continuar produciendo, mientras circula, el
capital tiene que dividirse en 2 partes, una de las cuales se encuentra
en la fase de producción, mientras que la otra se encuentra en la fase
de circulación, y la continuidad del proceso sólo es mantenida por el
hecho de que cuando la parte a se encuentra puesta en una determina-
ción, la parte b se encuentra puesta en la otra. Llamemos x la parte
que se encuentra siempre en la producción; entonces x = C— b (sien-
do b la parte del capital que se encuentra en circulación). C = b + x. Si
ct, el tiempo de circulación, fuera = 0, entonces b sería = 0 y x = C.
b (la parte del capital, que se encuentra en circulación): C (el capital
total) = ct (tiempo de circulación): pt (tiempo de producción);
b:C = ct:pt; es decir, la parte del capital que se encuentra en circula-
ción se relaciona con el capital total, en la misma proporción en que está
el tiempo de circulación con el tiempo de producción.

Si un capital de 100 rota cada 4 meses con una ganancia del 5 %, de
forma tal que a cada 3 meses de tiempo de producción se añade 1 mes
de tiempo de circulación, entonces la plusvalía global, como ya hemos

visto, será = == M (mes) = 5 Xx 3 = 15; en lugar de 20, que

; A 12
sería el resultado si c = 0; pues entonces P” = EIA

= 20. Aho-

ra bien, 15 es la ganancia de un capital de 75 al 5%, en el cual el
tiempo de circulación = 0; dicho capital rotaría 4 veces al año; estaría

á d A 3 á
ocupado constantemente. Al final del primer trimestre 3 —; al final

del año 15. (Pero sólo rotaría un capital de 300; mientras que sería
de 400 si en el caso anterior ct = 0.) Es decir, un capital de 100,
para el cual el tiempo de circulación es 1 mes por cada 3 meses
de tiempo de producción, puede emplear constantemente de forma
productiva un capital de 75; un capital de 25 está constantemente
en circulación y es improductivo, 75:25 = 3M:1M, o si llamamos

p la parte del capital ocupada en el proceso de producción, c, la
ocupada en la circulación y c” y p' los tiempos correspondiente, en-

tonces p:c=p':C(p:c=1: 7) La parte de C que se encuentra
en la producción se relaciona constantemente con la parte que se en-
cuentra en circulación = 1: 5 este 1/3 está representado constante-
mente por elementos variables. Pero p : C = 75: 100 = 3/4; c= 1/4;

yc: C=1: 4. La rotación total = 4 M, p:R = 3M:

Cambio formal y cambio material en la circulación del capital. —
M-D-M. D-M-D.

En la circulación del capital tiene lugar simultáneamente un cambio
formal y un cambio material.** Aquí hay que empezar no con el D,
sino con el proceso de producción como presupuesto. En la produc-
ción, considerada desde el punto de vista material, es utilizado el ins-
trumento y elaborada la materia prima. El resultado es el producto: un
valor de uso creado de nuevo, diferente de sus presupuestos elementa-
les. Sólo en el proceso de producción, considerado desde el punto de
vista material, es creado el producto. Ésta es la transformación material
primera y esencial. En el mercado, en el cambio por dinero, el producto
es expulsado del ámbito del capital y entra en el del consumo, es decir,
deviene objeto de consumo, bien para la satisfacción final de una ne-
cesidad individual, bien como materia prima de otro capital. En el
cambio de mercancía por dinero coinciden la modificación formal y la
material; ya que en el dinero el contenido pertenece a la determinación
económica formal. Pero la reconversión del dinero en mercancía está
presente aquí en la reconversión del capital en las condiciones materia-

*W4  Tachado en el ms.: «Primeramente existe el capital como D, que pode-
mos imaginarlo provisionalmente en la forma de dinero metálico. Aquí, desde un
punto de vista abstracto, la forma y el contenido son idénticos; la materia del
valor y su forma son las mismas; esto es así en abstracto, ya que el capital en
cuanto...»

les de producción. Tiene lugar la reproducción de un determinado valor
de uso, así como también la reproducción del valor en cuanto tal. Pero
de la misma forma que el elemento material desde el principio estaba
puesto como producto al entrar en la circulación, así al final de ésta la
mercancía es puesta de nuevo como condición de producción. En la me-
dida en que el dinero figura como instrumento de la circulación, éste
lo es en realidad sólo en cuanto mediación por un lado de la producción
con el consumo, en el cambio, en el que el capital expulsa de sí el valor
en la forma de producto, y mediación por otro entre producción y pro-
ducción, allí donde el capital se separa de sí mismo en la forma de di-
nero y atrae a su esfera a la mercancía en la forma de condición de
producción. Considerado desde el punto de vista material del capital, el
dinero se presenta simplemente como medio de circulación; desde
el punto de vista formal, se presenta como medida nominal de su valo-
rización y en una determinada fase como valor existente para sí mismo;
el capital es, en consecuencia, tanto M-D-D-M, como D-M-M-D, y ade-
más de forma tal, que ambas formas de la circulación simple son
determinadas aquí ulteriormente, en la medida en que D-D es dinero,
que crea dinero, y M-M es mercancía, cuyo valor de uso es reproducido
y aumentado. Respecto a la circulación del dinero, que entra aquí en la
circulación del capital y es determinado por ella, sólo queremos obser-
var en passant —pues la cuestión sólo puede ser tratada a fondo des-
pués de considerar los múltiples capitales en su acción y reacción mu-
tua— que evidentemente el dinero está puesto aquí en determinaciones
diferentes.

Diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo. —
Storch. Dinero. Clase mercantil. Crédito. Circulación

Hasta el momento se ha dado por supuesto que el tiempo de produc-
ción coincide con el tiempo de trabajo. Sin embargo, en la agricultura,
por ejemplo, tienen lugar interrupciones del trabajo dentro de la misma
producción, antes de que el producto esté acabado. El tiempo de trabajo
utilizado puede ser el mismo y la duración de la fase de producción
puede ser distinta, porque el trabajo es interrumpido. Si la diferencia
consiste exclusivamente en que en un Faso el producto, para ser acaba-
do, requiere un trabajo superior al que es requerido en otro caso, en-
tonces no hay problema, ya que según la ley general está claro que el
producto en el que está contenida una cantidad de trabajo superior
tiene un valor superior; y si la reproducción es menos frecuente en un

espacio de tiempo dado, entonces el valor reproducido es tanto mayor.
Y 2 Xx 100 es exactamente igual a 4 X 50. Lo mismo que ocurre con
el valor total, ocurre también con la plusvalía. El problema lo consti-
tuye la duración desigual que requieren los diferentes productos, a
pesar de que el tiempo de trabajo (conjuntamente en trabajo acumulado
y en trabajo vivo) utilizado en ellos es el mismo. Se da por supuesto
que. el capital fijo actúa aquí completamente solo, sin trabajo humano,
como lo hace, por ejemplo, la semilla confiada al seno de la tierra. En
la medida en que es requerido trabajo ulteriormente, éste hay que
detraerlo. La cuestión hay que plantearla en su forma pura. Si aquí
el tiempo de circulación es el mismo, la rotación es menos frecuente,
porque la fase de producción es superior. Por lo tanto, el tiempo de
producción + el tiempo de circulación = 1 R, es mayor que en el su-
puesto en el que el tiempo de producción coincide con el tiempo de
trabajo. El tiempo que es utilizado en este caso para que el producto
madure, es decir, las interrupciones del trabajo, constituyen condicio-
nes de producción. El no-tiempo de trabajo constituye una condición
para el tiempo de trabajo, para convertir a este último realmente en
tiempo de producción. Evidentemente la cuestión pertenece realmente
a la nivelación de la tasa de beneficio. Sin embargo, aquí tiene que ser
aclarado el fundamento de la misma. La vuelta más lenta —esto es lo
esencial — no procede en este caso del tiempo de circulación, sino de las
condiciones mismas en las que el trabajo es productivo; entra dentro
de las condiciones tecnológicas del proceso de producción. Tiene que
ser negado de forma absoluta, y es además absurdo afirmar, que una
circunstancia natural que impide que un capital en una determinada
rama de la producción pueda cambiarse en el mismo tiempo por la
misma cantidad de tiempo de trabajo con que se cambia otro capital
en otra rama de la producción, pueda contribuir de cualquier forma a
aumentar su valor. El valor, y por lo tanto, también la plusvalía, no
es = al tiempo que dura la fase de producción, sino al tiempo de tra-
bajo empleado durante la fase de producción, tanto al tiempo de trabajo
objetivado como al tiempo de trabajo vivo. Solamente este último —en
la proporción en que es utilizado en relación con el trabajo objetivado—
puede crear plusvalía, porque sólo él es tiempo de plustrabajo.** Se
ha afirmado, por lo tanto, con razón, que desde este punto de vista la'
agricultura, por ejemplo, es menos productiva (la productividad se refie-

*35 Que en la nivelación de la tasa de beneficio entran en juego otras de-

terminaciones, está claro. Pero aquí se trata no de la distribución de la plusvalía,
sino de su creación.

re aquí a la producción de valores) que otras industrias. Así como
también desde otro punto de vista —en la medida en que el aumento
de la productividad disminuye en ella directamente el tiempo de trabajo
necesario— es más productiva que todas las demás. Esta circunstancia,
sin embargo, sólo puede redundar en su beneficio allí donde ya domina
el capital y la forma general de producción que a él corresponde. En
esta interrupción dentro de la fase de producción está ya implícito
que la agricultura no pueda ser nunca la esfera con la que el capital
comienza; en la que él encuentra su primera sede. Esta interrupción
está en contradicción con las primeras condiciones de base del trabajo
industrial. Es, por lo tanto, sólo como reacción, como es reivindicada
la agricultura por el capital y como ésta deviene agricultura industrial.
Esto requiere por un lado un desarrollo considerable de la competencia
y por otra un gran desarrollo de la química, la mecánica, etc., es decir,
de la industria manufacturera. De ahí que históricamente se vea que
la agricultura no se presenta nunca en su forma pura en los modos de
producción que preceden al capital, o que corresponden a sus estadios
no desarrollados. Una industria rural accesofia como la hilatura, el te-
jido, etc., tiene que compensar el límite de utilización del tiempo de
trabajo, que está puesto en este caso y que está implícito en las interrup-
ciones ya mencionadas. La no coincidencia del tiempo de producción
y del tiempo de trabajo puede ser ocasionado exclusivamente por con-
diciones naturales, que obstaculizan en este caso directamente la valo-
rización del trabajo, es decir, la apropiación de plustrabajo por el ca-
pital. Estos obstáculos en su camino no constituyen naturalmente ven-
tajas, sino, desde su punto de vista, constituyen pérdidas. Toda esta
cuestión realmente sólo hay que mencionarla aquí, como ejemplo de
capital fijado, fijado en una fase. Lo que ha de ser retenido es que
el capital no produce ninguna plusvalía en tanto que no utiliza trabajo
vivo. La reproducción del capital fijo utilizado no es naturalmente crea-
ción de plusvalía.

(En el cuerpo humano, como en el capital, las diferentes partes no
se cambian en la reproducción en los mismos espacios de tiempo; la
sangre se renueva más rápidamente que los músculos, los músculos más
rápidamente que los huesos, que desde este punto de vista pueden ser
considerados como el capital fijo del cuerpo humano.)

Como medios para acelerar la circulación, Storch enumera: 1) la
constitución de una clase de trabajadores, que sólo se ocupe del comer-
cio; 2) facilidad de los medios de transporte; 3) dinero; 4) crédito
(ver pág. 20 de este volumen).

De este desordenado agrupamiento deriva toda la confusión de los
economistas. El dinero y la circulación del dinero —lo que nosotros
llamamos circulación simple— es un presupuesto, una condición, tanto
del mismo capital como de la circulación del capital. Del dinero, en la
medida en que existe como una relación de tráfico que pertenece a un
estadio de producción previo al capital, del dinero en cuanto dinero,
en su forma inmediata, no se puede decir que acelera la circulación del
capital, sino que es un presupuesto de la misma. Si hablamos de capital
y de su circulación, estamos ya a un nivel del desarrollo social en el
que la introducción del dinero no se presenta como un descubrimiento,
etcétera, sino que se presenta como un presupuesto. En la medida en
que el dinero, en su forma inmediata, tiene un valor, en que no es exclu-
sivamente el valor de otras mercancías, en que no es un símbolo de su
valor —pues si cualquier cosa que ya de por sí es algo inmediato debe
ser otro algo inmediato, entonces, sólo puede representarlo, sólo pue-
de ser, de una manera o de otra, un símbolo—, sino que él mismo tiene
valor, él mismo es trabajo objetivado en un determinado valor de uso,
en la medida en que esto es así, el dinero lejos de acelerar la circulación
del capital, lo que hace es más bien detenerla. El dinero considerado
desde los dos puntos de vista en los que aparece en la circulación del
capital, tanto en cuanto instrumento de circulación como en cuanto va-
lor realizado del capital, entra dentro de los costes de circulación, en
la medida en que es tiempo de trabajo, que es utilizado, para acortar por
un lado la circulación, y para representar por otro un momento cuali-
tativo de la circulación: el momento de la reconversión del capital en
sí mismo en cuanto valor existente para sí mismo. Desde ambos puntos
de vista el dinero no aumenta el valor. Desde un punto de vista es una
forma costosa de representar el valor, es decir, es una forma que cuesta
tiempo de trabajo y que, por lo tanto, ha de ser deducida de la plus-
valía. Desde el otro punto de vista, el dinero puede ser considerado
como una máquina que ahorra tiempo de circulación y libera, en con-
secuencia, tiempo para la producción. Pero en la medida en que el dinero
en cuanto máquina cuesta trabajo y es un producto del trabajo, repre-
senta frente al capital faux frais de la production. Figura entre los cos-
tes de circulación. El coste originario de la circulación es el tiempo de
circulación por oposición al tiempo de trabajo. Los costes de circulación
reales son tiempo de trabajo objetivado — maquinaria para acortar los
costes originarios del tiempo de circulación. El dinero en su forma in-
mediata, tal como pertenece a un estadio histórico de la producción
previo al capital, se presenta para éste como un coste de circulación, y
la tendencia del capital es, por lo tanto, la de transfigurarlo de forma

adecuada a sí mismo; convertirlo, por lo tanto, en un representante de
un momento de la circulación que no cueste tiempo de trabajo, que
no sea valioso por sí mismo. El capital, por lo tanto, tiende a suprimir
el dinero en su realidad tradicional, inmediata, y a transformarlo en
algo puesto y asimismo abolido por el capital, en algo puramente ¿deal.
No se puede, en consecuencia, decir, como lo hace Storch, que el dinero
en general es un medio de aceleración de la circulación del capital; sino
que se tiene que decir, a la inversa, que el capital intenta transformar
el dinero en un mero momento ¿deal de su circulación y que sólo lo hace
resaltar en la forma que le es adecuado. La supresión del dinero en su
forma inmediata se presenta como exigencia de la circulación del dinero
que se ha convertido en un momento de la circulación del capital;
ya que en su forma inmediatamente presupuesta el dinero es un obstácu-
lo para la circulación del capital. Circular sin tiempo de circulación es
la tendencia del capital; de ahí la posición de instrumentos que sólo
sirven para la reducción del tiempo de circulación, en meras determi-
naciones formales puestas por el capital, de la misma forma que los
momentos diferentes que el capital recorre en su circulación son de-
terminaciones cualitativas de su propia metamorfosis.

Por lo que se refiere a la constitución de una clase mercantil, par-
ticular —es decir, por lo que se refiere a la división del trabajo, que
ha transformado el negocio del cambio en un trabajo particular— para
lo cual naturalmente la suma de operaciones de cambio tiene que haber
alcanzado ya una cierta magnitud (si suponemos que el cambio le lleva
a 100 personas la centésima parte de su tiempo de trabajo, entonces
cada individuo es 1/100 individuo que cambia; 100/100 de individuos
que cambian representan un individuo. Por cada 100 individuos que
cambian podría haber un comerciante. La separación del comercio de
la producción, o el hecho de que el cambio mismo esté representado
frente a los individuos que cambian, requiere, en general, que el cambio
y el tráfico estén desarrollados hasta un cierto grado. El comerciante
representa frente al vendedor a todos los compradores y frente al com-
prador a todos los vendedores,** es decir, él no es un extremo, sino
el centro del cambio; él se presenta, por lo tanto, como mediador); la
constitución de la clase mercantil, que presupone la del dinero, si bien
no desarrollado en todos sus momentos, es también un presupuesto
para el capital, y no puede, por lo tanto, ser citada, como algo que me-
dia su circulación específica. Puesto que el comercio es un presupuesto

*36 En la ed. 1939 después de «vendedores» figuraban las palabras superfluas
«y viceversa».

tanto histórico como conceptual para el movimiento del capital, ten-
dremos que volver sobre él, antes de cerrar este capítulo, ya que su
estudio entra o bien antes o bien en la sección sobre la génesis del
capital.

El mejoramiento de los medios de transporte, en la medida en que
quiere decir mejora de la circulación física de las mercancías, no perte-
nece a este apartado, en el que son consideradas exclusivamente las de-
terminaciones formales de la circulación del capital. El producto sólo
deviene mercancía, sólo sale de la fase de producción, cuando está en
el mercado. Por otra parte los medios de transporte entran en este
apartado en la medida en que el retorno del capital —es decir, el tiem-
po de circulación— tiene que aumentar con la separación del mercado
del lugar de producción.*” La disminución de ésta mediante los medios
de transporte se presenta, por lo tanto, como directamente pertene-
ciente a la consideración de la circulación del capital. Sin embargo, esto
entra realmente en la teoría del mercado, que a su vez entra en el apar-
tado del capital.

Finalmente el crédito. Esta forma de la circulación puesta directa-
mente por el capital —que deriva, por lo tanto, específicamente de la
naturaleza del capital, es una diferencia específica del capital — la mez-
cla Storch aquí con el dinero, con la clase mercantil, etc., que perte-
necen en general al desarrollo del cambio y a la producción basada más
o menos sobre este desarrollo. Indicar la diferencia específica es tanto
un desarrollo lógico como una clave para la comprensión del desarrollo
histórico. Nosotros encontramos también históricamente en Inglaterra,
por ejemplo (y también en Francia), intentos de sustituir el dinero por
papel, y de darle al capital, en la medida en que existe en la forma del
valor, una forma pura, creada por él mismo, y finalmente encontramos
intentos de fundación del crédito en el mismo momento de la aparición
del capital (por ejemplo, Petty, Boisguillebert).

La pequeña circulación. El proceso de cambio entre capital y capa-
cidad de trabajo en general. El capital en la reproducción de la
capacidad de trabajo

Podemos distinguir dentro de la circulación, en cuanto proceso global,
entre la circulación grande y la pequeña. La primera comprende todo
el período desde el momento en el que el capital sale del proceso de

*32 «Producción»; en el ms. «Produktionszeit» (tiempo de producción).

producción, hasta que vuelve a él. La segunda es continua y procede
constantemente, simultáneamente con el proceso de producción. Es la
parte del capital que es pagada como salario, que es cambiada con la
capacidad de trabajo. Este proceso de circulación del capital, que for-
malmente es puesto como cambio de equivalentes, pero que en realidad
se niega a sí mismo y se pone como proceso exclusivamente formal (la
transición del valor al capital, en la que el cambio de equivalentes se
transforma en su contrario, y en la que sobre la base del cambio el cam-
bio deviene un proceso puramente formal, estando la relación mutua en
su totalidad en un lado exclusivamente), ha de ser desarrollado de la
siguiente forma: los valores, que son cambiados, son siempre tiempo
de trabajo objetivado, una cantidad en forma objetiva, recíprocamente
presupuesta, de trabajo existente (en un valor de uso). El valor en cuanto
tal es efecto, nunca causa. Expresa la cantidad de trabajo mediante la
cual un objeto es producido, y en consecuencia, —presupuesto el mismo
nivel de las fuerzas productivas—, también la cantidad mediante la
cual, puede ser reproducido. El capitalista no cambia directamente ca-
pital por trabajo o por tiempo de trabajo; sino que cambia tiempo
contenido en mercancías, tiempo ya consumido, por tiempo contenido
en la capacidad de trabajo viva, por tiempo elaborado. El tiempo de
trabajo vivo, que él obtiene en el cambio, no es el valor de cambio, sino
el valor de uso de la fuerza de trabajo. De la misma forma que una
máquina no es cambiada, no es pagada como causa de efectos, sino como
el efecto mismo; no por su valor de uso en el proceso de producción,
sino como producto, como cantidad determinada de trabajo objetivado.
El tiempo de trabajo que está contenido en la capacidad de trabajo, es
decir, el tiempo que es necesario para producir la capacidad de trabajo
viva, es el mismo que es necesario —en el presupuesto del mismo
nivel de desarrollo de las fuerzas productivas— para reproducirla, es
decir, para mantenerla. El cambio, por lo tanto, que tiene lugar entre
el capitalista y el trabajador, corresponde plenamente a las leyes del
cambio; pero no sólo corresponde, sino que es su último perfecciona-
miento. Pues en tanto no se cambia la misma capacidad de trabajo,
el fundamento de la producción no descansa todavía en el cambio, sino
que el cambio es una esfera reducida, que tiene el no-cambio como
fundamento, como ocurre en todos los estadios que preceden a la pro-
ducción burguesa. El valor de uso del valor, sin embargo, que el capita-
lista ha recibido en el cambio, es el elemento y medida de la valoriza-
ción, es decir, es trabajo vivo y tiempo de trabajo, y además es más
tiempo de trabajo del que está objetivado en la capacidad de trabajo, es
decir, más tiempo de trabajo del que cuesta la reproducción del traba-

jador. Precisamente por eso, porque el capital ha recibido en el cambio
la capacidad de trabajo como equivalente, es por lo que ha recibido
en el cambio tiempo de trabajo —en la medida en que este sobrepasa
el tiempo de trabajo contenido en la capacidad de trabajo— sin equiva-
lente; el capital se ha apropiado tiempo de trabajo ajeno sin cambio
mediante la forma del cambio. El cambio deviene, por lo tanto, exclu-
sivamente formal y, como ya hemos visto, en el desarrollo ulterior del
capital es suprimida incluso la apariencia de que el capital cambia con
la capacidad de trabajo algo que no sea el propio trabajo objetivado
de éste; es decir, que cambia en general algo con ella. La transforma-
ción procede, por lo tanto, del hecho de que el último estadio del
cambio libre es el cambio de la capacidad de trabajo viva como mer-
cancía, como valor, por una mercancía, por un valor; es decir, procede
del hecho de que es adquirida como trabajo objetivado, mientras que
su valor de uso consiste en trabajo vivo, es decir, en la creación de
valor de cambio. La transformación procede, por lo tanto de que
el valor de uso de la capacidad de trabajo en cuanto valor es elemento
creador de valor, es la substancia del valor y la substancia que aumenta
los valores. En este cambio, por lo tanto, el trabajador da por el equi-
valente del tiempo de trabajo en él objetivado su tiempo de trabajo
vivo que crea y aumenta el valor. Él se vende a sí mismo como efecto
y es absorbido por y encarnado en el capital como causa, como actividad.
Así el cambio se transforma en su contrario, y las leyes de la propiedad
privada —libertad, igualdad, propiedad— la propiedad del propio tra-
bajo y la libre disposición sobre el mismo, se transforman en la
ausencia de propiedad del trabajador y enajenación de su trabajo, en
su relación con él como propiedad ajena y viceversa.

La circulación de la parte del capital puesta como salario acompaña
al proceso de producción, se presenta como relación económica formal
junto a él, y es simultánea y está trenzada con él. Sólo esta circulación
pone al capital en cuanto tal; es una condición de su proceso de valo-
rización y pone no solamente una determinación formal del tiempo, sino
su substancia. Ésta es la parte constantemente circulante del capital,
que no entra en ningún momento en el proceso de producción y que
constantemente lo acompaña. Es la parte del capital que no entra en
ningún momento en su proceso de reproducción, lo que no ocurre en
el caso de la materia prima. Los medios de subsistencia del trabajador
proceden del proceso de producción como producto, como resultado;
pero en cuanto tal no entran nunca en el proceso de producción, porque
es un producto ya acabado para el consumo individual que entra inme-
diatamente en el consumo del trabajador y es cambiado inmediatamente

por él. Los medios de subsistencia son, por lo tanto, a diferencia de la
materia prima y del instrumento de trabajo, el capital circulante
xat” ¿Eoyív.** Éste es el único momento de la circulación del
capital en el que el consumo entra inmediatamente, ya que, allí donde
la mercancía es cambiada por dinero, ella puede ser recibida en el cam-
bio por otro capital como materia prima para una nueva producción.
Además, según las premisas del capital, no se le enfrenta el consumidor
individual, sino el comerciante, el cual compra la mercancía para ven-
derla por dinero. (Esta premisa tiene que ser desarrollada en general
al tratar de la clase mercantil. Con ello se distingue la circulación entre
dealers <comerciantes» de la circulación entre comerciantes y consumi-
dores.) El capital circulante se presenta, pues, directamente aquí como
el capital destinado al consumo individual de los trabajadores; desti-
nado en general para el consumo inmediato y existente, en consecuencia,
en la forma de producto acabado. Si el capital se presenta, pues, por
un lado como presupuesto del producto, el producto acabado se pre-
senta también por otro como presupuesto del capital; lo cual históri-
camente se resuelve en lo siguiente: en que el capital no ha empezado
el mundo desde los inicios, sino que ha encontrado ya producción y
productos, antes de someterlos a su proceso. Una vez en marcha, par-
tiendo de sí mismo, el capital se presupone a sí mismo constantemente
en sus formas diferentes como producto consumible, como materia
prima, como instrumento de trabajo, para reproducirse constantemente
en estas formas; estas formas se presentan primero como condiciones
que le son presupuestas y después como su resultado. El capital pro-
duce en su reproducción sus propias condiciones. Aquí encontramos,
por lo tanto, —mediante la relación del capital con la capacidad de
trabajo viva y con las condiciones naturales de conservación de esta
última— que el capital circulante está también determinado desde el
punto de vista del valor de uso, en cuanto capital que entra directa-
mente en el consumo individual, y es consumido como producto por
éste. De ahí que sea falso concluir que el capital circulante es consumible
en general, como si el carbón, petróleo, material colorante, etc., instru-
mentos, etc., mejoras de la tierra, etc., fábricas, etc., no fueran igualmente
consumidas, si por consumo se entiende la negación de su valor de uso y
de su forma; sin embargo, todos éstos no son consumidos, si por con-
sumo se entiende consumo individual y consumo en sentido auténtico.
En esta circulación, el capital se separa constantemente de sí mismo en

+38 Por excelencia.

cuanto trabajo objetivado, para asimilar la fuerza de trabajo viva, que
es el aire que le da vida. Ahora bien, por lo que al consumo del traba-
jador se refiere, éste sólo reproduce una cosa, a saber: al trabajador
mismo en cuanto capacidad de trabajo. Puesto que esta reproducción
de sí mismo es una condición para el capital, el consumo del trabajador
se presenta también como reproducción no directamente del capital,
sino de las relaciones, en las cuales exclusivamente el capital es capital.
La capacidad de trabajo viva pertenece, por lo tanto, a sus condiciones
de existencia, exactamente igual que la materia prima y el instrumento.
El capital, por lo tanto, tiene una doble reproducción, en su propia for-
ma y en la del consumo del trabajador, pero sólo en la medida en que
el consumo reproduce al trabajador en cuanto capacidad de trabajo
viva. De ahí que a este consumo el capital lo llame consumo produc-
tivo: productivo no en la medida en que reproduce al individuo sino
en la medida en que reproduce a los individuos en cuanto capacidad
de trabajo. Cuando Rossi se escandaliza por el hecho de que el salario
sea computado dos veces, una como renta del trabajador y otra como
consumo reproductivo del capital, su objeción en realidad tiene vigencia
sólo contra aquellos que hacen entrar directamente al salario en el
proceso de producción del capital en cuanto valor, ya que el pago del
salario es un acto de circulación, que procede simultánea y paralela-
mente al acto de producción. O como dice Sismondi desde este punto
de vista: el trabajador consume su salario no reproductivamente, pero el
capitalista lo consume productivamente, en la medida en que recibe tra-
bajo por él, trabajo que reproduce el salario y más que el salario. Esto
por lo que se refiere al capital, considerado exclusivamente como objeto.
Pero en la medida en que el capital es considerado como relación, y
además relación con la capacidad de trabajo viva, el consumo del tra-
bajador reproduce esta relación; o bien el capital se reproduce doble-
mente, primero, como valor mediante el cambio en el que se recibe
trabajo —reproducción como posibilidad de empezar de nuevo el pro-
ceso de valorización, de actuar de nuevo como capital — y en segundo
lugar, se reproduce como relación mediante el consumo del trabajador,
que reproduce a éste como capacidad de trabajo intercambiable con
el capital, con el salario como parte del capital.

Esta circulación entre capital y trabajo produce como resultado la
determinación de una parte del capital, los medios de subsistencia del
trabajador, como capital constantemente circulante, constantemente con-
sumido y que ha de ser constantemente reproducido. En esta circulación
se muestra de forma definitiva la diferencia entre capital y dinero, entre
la circulación del capital y la circulación del dinero. El capital, por

ejemplo, paga semanalmente el salario; el trabajador lleva este salario
al tendero, etc.; éste directa o indirectamente lo deposita en las manos
del banquero; y a la semana siguiente el fabricante toma de nuevo el
dinero de las manos del banquero, para repartirlo entre los mismos
trabajadores, etc., y así sucesivamente. La misma suma de dinero hace
circular constantemente nuevas porciones de capital. Pero la suma de
dinero no determina las porciones de capital que son hechas circular
de esta forma. Si el valor én dinero del salario aumenta, entonces el
medio de circulación aumentará, pero la masa de este medio no deter-
mina el aumento. Si los costes de producción del dinero no disminuye-
ran, entonces ningún aumento del mismo ejercería una influencia sobre
la porción de él que entra en esta circulación. Aquí el dinero se presenta
cómo mero instrumento de circulación. Puesto que hay que pagar si-
multáneamente a muchos trabajadores, es necesaria simultáneamente
una suma determinada de dinero, que crece con el número de trabaja-
dores. Por otra parte, gracias a la velocidad de circulación del dinero,
es necesaria una suma menor de la que sería necesaria en situaciones en
las que hay menos trabajadores, pero en las que el mecanismo de la
circulación del dinero no está tan regulado. Esta circulación es condi-
ción del proceso de producción y, por lo tanto, también del proceso
de circulación. Por otra parte, si el capital no volviera de la circulación,
entonces no podría empezar de nuevo esta circulación entre trabajador
y capital; ella está, por lo tanto, condicionada por el hecho de que el
capital recorre los diferentes momentos de su metamorfosis al margen
del proceso de producción. Si esto no tuviera lugar, no sería, porque
no existiera dinero suficiente en cuanto medio de circulación, sino por-
que o bien no existiría capital en la forma de productos, porque faltaría
esta parte del capital circulante, o porque el capital no se habría puesto
en la forma de dinero, es decir, no se habría realizado como capital, lo
cual a su vez no procedería de la cantidad de instrumento de circulación,
sino de que el capital no se habría puesto en la determinación cuali-
tativa en cuanto dinero, para lo cual no es en modo alguno necesario
que se ponga en la forma de dinero contante y sonante, en la forma
inmediata de dinero; y el hecho de que él se ponga o no se ponga en
tal determinación, tampoco depende de la cantidad de dinero en curso
en cuanto instrumento de circulación, sino del cambio del capital con
un valor en cuanto tal; de nuevo un momento cualitativo, y no cuan-
titativo, como ya discutiremos más adelante, cuando hablemos del ca-
pital como dinero (interés, etc.).

Triple determinación o modo de la circulación. — Capital fijo y
capital circulante. — Tiempo de rotación del capital total dividido
en capital fijo y capital circulante. — Rotación media de tal capital. —
Influencia del capital fijo en el tiempo de rotación total del capital. —
Capital fijo circulante. S5ay. Smith. Lauderdale. (Lauderdale sobre
el origen del beneficio)

Considerada en su totalidad la circulación se presenta, por lo tanto, de
forma triple:

1) El proceso global, en el que el capital pasa por sus diferentes
momentos; según dicho proceso el capital está puesto en estado fluido,
está puesto como capital circulante; ahora bien, en la medida en que en
cada uno de los momentos la continuidad es virtualmente interrumpida
y el capital puede resistirse a pasar a la siguiente fase, el capital se pre-
senta aquí también como capital fijado en relaciones diferentes; y las
maneras diferentes de este estar fijado constituyen capitales diferentes,
capital en mercancías, capital en dinero, capital como condiciones de
producción.

2) La pequeña circulación entre capital y fuerza de trabajo. Esta
acompaña al proceso de producción y se presenta como contrato, como
cambio, como forma de tráfico, bajo cuyo presupuesto se pone en mo-
vimiento el proceso de producción. La parte del capital que entra en
esta circulación —los medios de subsistencia— es el capital circulante
xat? eEoyív .** No sólo está determinado formalmente, sino que su
valor de uso, es decir, su determinación material en cuanto producto
consumible y que entra directamente en el consumo individual, consti-
tuye una parte de su determinación formal.

3) La gran circulación; el movimiento del capital al margen de la
fase de producción, en el cual su tiempo se presenta como tiempo de
circulación por oposición al tiempo de trabajo. De esta antítesis entre
el capital comprendido en la fase de producción y el capital que sale
de ella, resulta la diferencia entre capital fluido y capital fijo. Este
último es el capital que está fijado en el proceso de producción y que
es consumido en él; ciertamente procede de la gran circulación, pero
no vuelve a ella y, en la medida en que circula, solamente lo hace para
ser consumido, para ser retenido en el proceso de producción.

Las tres diferencias en la circulación del capital dan como resultado
las tres diferencias entre capital circulante y capital fijado; ellas ponen

*39 Por excelencia.

una parte del capital como el capital circulante xat? ¿Eoyx%v ,**" porque
dicha parte no entra nunca en el proceso de producción, pero constan-
temente lo acompaña; y en tercer lugar ponen la diferencia entre capital
fluido y capital fijo. El capital circulante en la forma n” 3 incluye
también la forma n.” 2, ya que ésta está también en oposición al capital
fijo; pero la n.” 2 no incluye la n.* 3. La parte del capital, que en
cuanto tal pertenece al proceso de producción es la parte del mismo
que sirve exclusivamente de forma material como medio de producción;
constituye el término medio entre el trabajo vivo y el material que ha
de ser trabajado. Una parte del capital fluido como carbón, petróleo, etc.,
sirve también exclusivamente como medio de producción, como todo
aquello que sirve exclusivamente como medio para mantener en fun-
cionamiento la máquina o la máquina que la mueve. Esta diferencia
habrá que investigarla más de cerca. D'abord, esto no contradice la de-
terminación 1, ya que el capital fijo en cuanto valor circula también
en la proporción en la que es gastado. Es precisamente en esta deter-
minación en cuanto capital fijo —es decir, en la determinación en la
que el capital ha perdido su fluidez y se ha identificado con su valor
de uso determinado, que le roba su capacidad de transformación— en
la que se presenta de forma más evidente el capital desarrollado, en la
medida en que lo conocemos hasta el presente en cuanto capital produc-
tivo; y es precisamente en esta forma aparentemente inadecuada y en
la creciente proporción de la misma respecto de la forma del capital
circulante en el n.* 2, en la que se mide el desarrollo del capital en
cuanto capital. Esta contradicción es bonita. Hay que desarrollarla.

Las diferentes especies de capital, que entran de improviso en la
economía como especies extrínsecas, se presentan aquí como otros tan-
tos sedimentos de los movimientos que proceden de la propia natura-
leza del capital o, mejor dicho, de este movimiento en sus diferentes
determinaciones.

El capital circulante «part»** constantemente del capitalista, para
volver a él en la primera forma. El capital fijo no lo hace (Storch).*
«El capital circulante es la parte del capital que no produce ningún be-
neficio hasta que el capitalista no se desprenda de él; el capital fijo
produce tal beneficio permaneciendo en la posesión de su propietario»

461 Cfr. SrorcH, Cours, etc. Tome 1, pág. 405.

*40 Por excelencia.
*41 Parte.

(Malthus)** «El capital circulante no le da a su propietario ninguna
renta o beneficio, en tanto permanece en su posesión; el capital fijo, sin
cambiar de propietario, y sin necesitar la circulación, le da un beneficio»
(A. Smith).8

Desde este punto de vista, puesto que el hecho de que el capital se
separa de su propietario (partir de son possesseur) no significa otra cosa
que la enajenación de la propiedad o de la posesión que tiene lugar en
el acto de cambio, y puesto que convertirse en valor para su propietario
mediante la enajenación es la naturaleza de todo valor de cambio y, en
consecuencia, de todo capital, la definición de la forma que se ha ex-
presado más arriba no puede ser correcta. Si el capital fijo existiera
para su propietario sin la mediación del cambio y del valor de cambio**
en él contenido, el capital fijo sería en realidad un mero valor de uso
y no capital. Pero el fundamento de la definición dada más arriba es
el siguiente: el capital fijo circula como valor (si bien sólo en porciones,
sucesivamente, como ya veremos). El capital fijo no circula como valor
de uso. El capital fijo, en la medida en que es considerado según su lado
material, en cuanto momento del proceso de producción, no abandona
nunca su terreno, no se desprende de su propietario; permanece siem-
pre en sus manos. Circula exclusivamente según su lado formal, en
cuanto capital, en cuanto valor perenne. En el capital circulante no tiene
lugar esta diferencia entre forma y contenido, entre valor de uso y valor
de cambio. Para circular como valor de cambio, para existir como valor
de cambio, tiene que entrar en la circulación, tiene que ser enajenado
como valor de uso. El valor de uso para el capital en cuanto tal es el
valor mismo.** El capital circulante sólo se realiza como valor para el
capital cuando es enajenado. En tanto que permanece en sus manos,
sólo tiene valor en sí; pero no es un valor realizado; es valor sólo
Suvápe: ** pero no valor actu.** El capital fijo, por el contrario, sólo
se realiza como valor en tanto que permanece como valor de uso en las
manos del capitalista o, expresado como relación material, en tanto que
permanece en el proceso de producción, el cual puede ser considerado

462 Cfr. Malthus, Définitions, etc., págs. 237-238.

463 Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome second, págs. 197-198 <Investiga-
ciór..., págs. 252-253)».

“e Cfr. MARX. Zur Kritik, etc., pág. 19, nota.

*42
*43
*

«valor de cambio»; ed. 1939 «Gebrauchswert» (valor de uso).
En potencia.
En acto.

como el movimiento orgánico interno del capital, como su relación
consigo mismo, frente a su movimiento animal, es decir, frente a su
existencia para otro. Puesto que el capital fijo, una vez dentro del pro-
ceso de producción, permanece en él, allí también perece y es consumido.
La duración de esta extinción no nos interesa aquí. Desde este punto
de vista, lo que Cherbuliez llama las materias instrumentales, como
carbón, madera, petróleo, grasas, etc., que son aniquilados por completo
en el proceso de producción, que sólo tienen valor de uso para el mismo
proceso de producción, pertenecen al capital fijo. Las mismas materias
tienen, sin embargo, un valor de uso al margen de la producción, y pue-
den ser también consumidas de otra forma, de igual manera que los
edificios, las casas, etc., no están destinados necesariamente a la pro-
ducción. Éstos son capital fijo no por su forma determinada de ser, sino
por su uso. Ellos sólo devienen capital fijo cuando entran en el proceso
de producción. Son capital fijo cuando son puestos como momentos del
proceso de producción del capital; porque entonces ellos pierden su cua-
lidad de ser potencialmente capital circulante.

De la misma forma que la parte del capital que entra en la circu-
lación pequeña del capital —o el capital, en la medida en que entra
en este movimiento—, la circulación entre capital y capacidad de tra-
bajo, la parte del capital que circula como salario, no sale nunca de
la circulación y no entra nunca en el proceso de producción del capital
desde su punto de vista material, en cuanto valor de uso, sino que es
expulsada siempre del proceso de producción como resultado de un pro-
ceso de producción previo, así también, sólo que a la inversa, la parte
del capital determinada como capital fijo no sale nunca del proceso de
producción y no entra de nuevo en la circulación en cuanto valor de
uso, es decir, según su existencia material. Mientras que esta parte
sólo entra en la circulación como valor (como parte del valor del pro-
ducto acabado), aquélla sólo entra como valor en el proceso de produc-
ción, en la medida en que el trabajo necesario es la reproducción del
salario, de la parte del valor del capital que circula como salario. Ésta,
por lo tanto, es la primera determinación del capital fijo y desde este
punto de vista comprende también las materias instrumentales.

Segundo: el capital fijo, sin embargo, sólo puede entrar como valor
en la circulación en la medida en que perece como valor de uso en el
proceso de producción. El capital fijo sólo entra como valor en el pro-
ducto —+es decir, como tiempo de trabajo en él elaborado o depositado—,

465 Cfr. CHERBULIEZ, Richesse, etc, págs. 14-15,

en la medida en que perece en su forma autónoma en cuanto valor
de uso. Mediante su uso el capital fijo es gastado, pero de forma tal
que su valor es transmitido de su forma a la del producto. Si el capital
fijo no es utilizado, no es consumido en el proceso de producción —si
la máquina está parada, el hierro se oxida, la madera se pudre— enton-
ces su valor naturalmente perece con su existencia perecedera en cuanto
valor de uso. Su valor total sólo es reproducido por completo, es decir,
sólo vuelve de la circulación, cuando ha sido consumido por completo
como valor de uso en el proceso de producción. Sólo cuando ha sido
absorbido por completo en el valor y ha entrado por completo en la
circulación desaparece el capital fijo por completo como valor de uso
y tiene que ser repuesto, es decir, reproducido en cuanto momento
necesario de la producción por un nuevo valor de la misma clase. La
necesidad de reproducirlo, es decir, la necesidad de su tiempo de re-
producción, está determinada por el tiempo en el que el capital fijo es
consumido dentro del proceso de producción. Para el capital circulante
la reproducción está determinada por el tiempo de circulación, para
el capital fijo la circulación está determinada por el tiempo en el que el
capital fijo, en cuanto valor de uso, es consumido en su existencia ma-
terial en el acto de producción; es decir, por el tiempo en el que tiene
que ser reproducido. Mil libras de hilo pueden ser reproducidas tan
pronto como son vendidas y tan pronto como el dinero obtenido con
su venta es cambiado de nuevo por algodón, etc., es decir, por los ele-
mentos de producción del hilo. Su reproducción está, por lo tanto, de-
terminada por su tiempo de circulación. Una máquina de un valor
de 1.000 libras, que dura 5 años, es decir, que se consume en 5 años
y se convierte después exclusivamente en hierro viejo, se consume
cada año 1/5, si consideramos el consumo medio en el proceso de
producción. Cada año, por lo tanto, sólo entra 1/5 de su valor en circu-
lación, y sólo después de que han transcurrido los 5 años ha entrado
la máquina por completo en la circulación y vuelve de ella. Su ingreso
en la circulación está, por lo tanto, puramente determinado por su
tiempo de desgaste y por el tiempo que necesita su valor para entrar
totalmente en la circulación y regresar de ella, es decir, por el tiempo
total de reproducción, por el tiempo en el que ella tiene que ser repro-
ducida. El capital fijo sólo entra en el producto como valor; mientras
que el valor de uso del capital circulante permanece en el producto como
su substancia y sólo recibe una forma diferente. Mediante esta diferen-
ciación el tiempo de rotación del capital total dividido en capital fijo y
capital circulante es modificado esencialmente. Supongamos que el ca-
pital total = S; que la parte circulante del mismo = c; que el capital

fijo = f; el capital fijo constituye a S; el circulante S El capital
circulante rota tres veces al año, el fijo sólo 2 veces cada 10 años. En

E S A ; : E
10 años f o q rotará dos veces; mientras que en los mismos 10 años

S

E = 3 X 10 = 30 rotaciones. Si S fuera = S es decir, sólo capital

circulante, entonces R, su rotación, sería = 30; y el capital total que
*k45

ha rotado sería = 30 X ; el capital total que ha rotado en 10 años.

El capital fijo, sin embargo, sólo rota 2 veces en 10 años. Su R' = 2;

y el capital fijo total que rota es E . Pero S es => + > y su

tiempo global de rotación es = al tiempo global de rotación de ambas
partes. Si el capital fijo rota 2 veces en 10 años, en un año rota 2/10
o 1/5 del mismo; mientras que en un año el capital circulante rota

3 veces. rota una vez al año.

5x

La cuestión es simplemente ésta: si un capital de 1.000 táleros = 600
capital circulante y 400 capital fijo, es decir, 3/5 circulante y 2/5 fijo;
si el capital fijo dura 5 años, es decir, rota una vez cada 5 años, y el
circulante 3 veces al año, ¿cuál es la cifra o el tiempo medio de rota-
ción del capital total? Si fuera simplemente capital circulante, rotaría
5 X 3 = 15 veces; el capital global que rota en 5 años sería 15.000.
Pero 2/5 del mismo sólo rotan una vez en 5 años. De estos 400 táleros,
por lo tanto, sólo rotan en un año 400/5 = 80 táleros. De los 1.000 tá-
leros, 600 rotan anualmente 3 veces y 80 una vez; o lo que es igual, en
todo el año sólo rotarán 1.880; en 5 años rotarán por lo tanto
1.880 X 5 = 9.400, es decir, 5.600** menos de los que rotarían si el
capital total se compusiera exclusivamente de capital circulante. Si
el capital total constara exclusivamente de capital circulante, entonces
rotaría una vez cada 1/3 de año.**

*s5 30 X s/y; en el ms. 20 X s/y.

*s6  ¿«S5600»; en el ms. «6600».

*7 Tachado en el ms.: 2/5 del capital, la parte fija del mismo, sólo rota,
sin embargo, una vez en un año; sólo rota, por lo tanto, 1/3 de 2/5.en la
tercera parte de un año. 3/5 del capital total rota, por lo tanto, una vez en 1/3
de año; y 2/15 rota también una vez; por lo tanto, en 1/3 de año rota 3/5
2/15, o 11/15. El capital total rota, por lo tanto, en un año como 33/15, o 21/5.

Supongamos que el capital = 1.000; c = 600, rota dos veces al
año; f = 400, rota una vez al año; el capital rota, por lo tanto, 600

400 2S
o (
2 5x2

medio año, por lo tanto, rota 600 + 200 = 800 (es decir, c +)

) también en medio año. En

(3/5 S) en medio año y

En un año entero rota, por lo tanto, 800 X 2 = 1.600 táleros en un año;

meses. El capital total de 1.000 rota, por lo tanto, en 71 meses, mien-

tras que rotaría en 6 meses si constara exclusivamente de capital circu-
lante. 15 :6=1 Ñ : 1,0 z : 1.* Supongamos que el capital
es = 100, circulante = 50, fijo = 50; el primero circula dos veces al
año, el segundo una vez; rota, por lo tanto, 1/2 de 100 cada 6 meses
y 1/4 de 100 también en 6 meses; en 6 meses, por lo tanto, rota 3/4 del
capital, 3/4 de 100 o 75 en 6 meses; y 100 en 8 meses. Si en 6 meses
rotan 2/4 de 100 y 1/4 de 100 (es decir 1/2 del capital fijo), rotan,
por lo tanto, 3/4 de 100 en 6 meses. Es decir, 1/4 en 6/3 =2 (me-
ses); es decir, 4/4 de 100 o 100 en 6 + 2 = 8 meses. El tiempo de
rotación total del capital = 6 (el tiempo de rotación de todo el capital
circulante y 1/2 del capital fijo o 1/4 del capital total) + 6/3, es de-
cir, + este tiempo de rotación dividido por el número, que expresa qué
parte alícuota constituye el restante capital fijo del capital que ha ro-
tado en el tiempo de rotación del capital circulante. Así en el ejemplo
anterior: 3/5 rota en 6 meses: ditto 1/5 de 100; es decir 4/5 de 100
en 6 meses; el restante 1/5 100 rota, por lo tanto, en 6/4 meses; el

capital total rota, por lo tanto, en 6 + 6/4 meses = 6 + 1 5 o7 5

meses. Expresado en términos generales.**%

Si fuera capital circulante en su totalidad, rotaría 3 veces o 2 5/5. La diferencia
entre el tiempo de rotación real del capital y el tiempo en que rotaría, si sólo
fuera capital circulante = 3 — 2 1/5 = 4/5; es decir, igual a la parte.

*8 «Meses»; en el ms. «Jahren» (años).

*49 «1 1/4: 1,0 5/4: 1»; en la ed. 1939 «1: 1 1/4, o 1: 5/4».

*50 Tachado en el ms.: Supongamos que R es el tiempo de rotación del capital
circulante C. Supongamos que este C es = C/a del capital total. C/a rota
en R. Pero al mismo tiempo en R rota una parte del capital fijo. Y si la

El tiempo de rotación medio = al tiempo de rotación del capital
circulante + este tiempo de rotación dividido por el número que ex-
presa la frecuencia con que la parte restante del capital fijo está conte-
nida en la suma total del capital que circuló en este tiempo de ro-
tación.**

Si de dos capitales de 100 el uno es capital circulante por completo,
y el otro, mitad capital fijo y mitad circulante; si cada uno da 5 % de
beneficio; y si el uno rota 2 veces al año en su totalidad, y en el otro
el capital circulante rota igualmente 2 veces al año, pero el capital
fijo sólo una vez; entonces el capital total que rota en el primer caso
sería = 200 y el beneficio = 10; en el segundo = 1 rotación en 8 me-

1 ; ; 7 :
ses, y 2 en 4; **% es decir, 150 sería la rotación en 12 meses; el benefi-

cio sería = 7 —. Esta forma de cálculo ha confirmado el prejuicio

común según el cual el capital circulante o el capital fijo a través de
algún poder innato misterioso produciría un beneficio, como se ve en
la misma frase utilizada por Malthus: «capital circulante produce un
beneficio, cuando se separa de su poseedor», etc.;% y como se ve en
el pasaje citado anteriormente de su «Measure of Value», etc., en la
forma en que él hace acumular los beneficios del capital fijo.* Del
hecho de que en la economía hasta la fecha la teoría de la plusganancia
no ha sido considerada en forma pura, sino que ha sido mezclada con
la teoría del beneficio real, que hace referencia a la proporción en la
que los diferentes capitales participan en la tasa general de beneficio,
procede la máxima confusión y mistificación. El beneficio de los capi-
talistas en cuanto clase o el beneficio del capital tiene que existir, antes
de que pueda ser distribuido, y es, por lo tanto, completamente absurdo

“5 Cfr. Malthus, Définitions, etc., págs. 237-238.
47 Cfr. MALTHUS, The Measure of Value, etc., págs. 33, 34, 35.

rotación del capital fijo, que suponemos que es = C/2a, rota en MR, entonces
durante R rota C/a = c; y C/2am = f/m rota también en R. En R rota,
por lo tanto:

C/a + C/2am, es decir, 2mC/2ma + C/2ma = C (2m + 1)/2ma. La parte
restante del capital = C/2a — C/2am, digamos = C/b; entonces R' = R + R.

*81  Tachado en el ms.: El tiempo de rotación del capital circulante sólo es
= aR del capital circulante + 1/x del capital fijo. Si el capital circulante + 1/x
del capital fijo fuera igual c — a = M — a/R.

*52 «1 rotación en 8 meses, y 1/2 en 4»; en la ed. 1939, 3 rotaciones en
8 meses y 1 1/2 en 4.

querer explicar su origen a partir de su distribución. Según lo que se
ha expuesto antes, el beneficio disminuye porque el tiempo de circu-
lación del capital aumenta** proporcionalmente al aumento de la parte
del mismo que es llamada capital fijo. Un capital de la misma magni-
tud, 100 en el caso anterior, rotaría dos veces por completo en 1 año,
si sólo constara de capital circulante. Pero sólo rotará dos veces en
16 meses o sólo 150 en un año, porque la mitad es capital fijo. Como
disminuye el número de su reproducción en un tiempo determinado, o
como disminuye la cantidad del mismo, que es reproducido en este
tiempo determinado, disminuye la producción de tiempo suplementario
o de plusvalía, ya que el capital en general sólo crea valor, en la me-
dida en que crea plusvalía. (Ésta, al menos, es su tendencia, su acción
adecuada.)

El capital fijo, como ya hemos visto, circula sólo como valor en la
medida en que es gastado y consumido como valor de uso en el proceso
de producción. Pero depende de su relativa capacidad de duración el
tiempo en el que es consumido y en el que tiene que ser reproducido
en su forma de valor de uso. La capacidad de duración del mismo, o
el carácter más o menos perecedero del mismo —+el tiempo mayor o me-
nor en el que el capital fijo puede continuar repitiendo, en los repetidos
procesos de producción del capital, su función dentro de estos pro-
cesos—, esta determinación de su valor de uso deviene, en conse-
cuencia, un momento de determinación formal, es decir, determinador
para el capital desde su punto de vista formal, no desde su punto de
vista material. El tiempo necesario de reproducción del capital fijo, así
como la proporción en la que está en relación con el capital total, mo-
difica aquí, por lo tanto, el tiempo de rotación del capital total y, en
consecuencia, el tiempo de su valorización. La mayor capacidad de du-
ración del capital (la disminución [duración]** de su tiempo necesario

*53 Puesta su magnitud como permanente; esto no nos interesa aquí, ya
que la tesis es válida para un capital de cualquier magnitud. Los capitales tienen
diferente magnitud. Pero la magnitud de cada capital individual es ¿gual a sí
misma, es decir, en la medida en que sólo es considerada su cualidad en cuanto
capital, independientemente de su magnitud. Pero si consideramos dos capitales
diferentes, entonces entra en juego una relación de determinaciones cualitativas
en base a la diferencia de su magnitud. Ésta deviene entonces una cualidad dife-
renciadora de los mismos. Éste es un punto de vista esencial, del cual la magni-
tud no es más que un caso, así como la consideración del capital en cuanto tal
se diferencia de la consideración del capital en relación con otro capital, o de
la consideración del capital en su realidad.

*5 La palabra “duración” aparece en el manuscrito escrita sobre “disminu-
ción” sin .signos de paréntesis.

de reproducción) y la proporción del capital fijo respecto al capital total,
actúan aquí, por lo tanto, sobre la valorización, de la misma forma que
lo hace la rotación más lenta, bien porque el mercado del cual el capital
vuelve como dinero está más alejado espacialmente, y se requiere, por
lo tanto, un tiempo mayor para la descripción del recorrido de la circu-
lación (así como, por ejemplo, los capitales ingleses, que trabajan para
las Indias orientales retornan más lentamente que aquellos que trabajan
para mercados exteriores más próximos o para el mercado interno), o
bien porque la fase de producción misma es interrumpida por condicio-
nes naturales, como en la agricultura. Ricardo, que ha sido el primero
en acentuar la influencia del capital fijo en el proceso de valorización,
confunde todas estas determinaciones, como puede verse por los pasa-
jes citados más arriba.

En el primer caso (el capital fijo) la rotación del capital es reducida
porque el capital fijo se consume lentamente en el proceso de produc-
ción; o bien la causa está en la duración del tiempo requerido para su
reproducción. En el segundo caso, la rotación reducida procede de la
prolongación del tiempo de circulación (en el primer caso, el capital
fijo circula siempre necesariamente con la misma velocidad que el pro-
ducto, en la medida en que circula en general, en que entra en la circu-
lación, ya que el capital fijo no circula en su existencia material, sino
que circula exclusivamente como valor, es decir, como componente ideal
del valor total del producto) y, además, procede de la prolongación del
tiempo de circulación de la segunda mitad del auténtico proceso de
circulación, de la reconversión del dinero; en el tercer caso de rotación
reducida procede del tiempo mayor, no que el capital necesita, como en
el primer caso, para ser consumido en el proceso de producción, sino
para salir de él como producto. El primer caso es peculiarmente espe-
cífico del capital fijo; el otro pertenece a la categoría del capital fijado,
no fluido, fijado en cualquier fase del proceso global de circulación
(capital fijo de un grado considerable de duración, o capital circulante
que retorna en períodos distantes. McCulloch. Principles of Political
Economy. Cuaderno, pág. 15).*

Tercero: hasta el momento hemos considerado al capital fijo exclu-
sivamente desde el lado, según el cual sus diferencias son puestas por
su relación especial, por su relación específica con el auténtico proceso
de circulación. De este lado resultarán todavía otras diferencias. Prime-
ro, diferencia del retorno de su valor como retorno sucesivo, mientras

68 Cfr. McCuLLocH, The Principles, etc., pág. 300. La indicación de página
en el texto se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

que cada porción de capital circulante es cambiada por completo, porque
en él la existencia del valor coincide con la del valor de uso. En segundo
lugar, diferencia debida no exclusivamente, como hemos visto hasta
ahora, a su influencia sobre el tiempo medio de rotación de un capital
dado, sino a la influencia sobre el tiempo de rotación que él tiene con-
siderado por sí mismo. Esta última circunstancia deviene importante
allí donde el capital fijo no se presenta como mero instrumento de
producción dentro del proceso de producción, sino como forma autó-
noma del capital, por ejemplo, en la forma de ferrocarriles, canales,
carreteras, acueductos, en cuanto capital incorporado a la tierra. Esta
última determinación deviene particularmente importante por lo que
se refiere a la proporción en la que el capital global del país se divide
en estas dos formas y, por lo tanto, por lo que se refiere a la forma
en que es conservado y renovado; lo cual para los economistas se pre-
senta en la forma de que este capital fijo sólo puede producir renta
mediante el capital circulante, etc. Esto 44 fond no es más que la con-
sideración del momento, en el que el capital fijo no se presenta como
existencia autónoma particular junto a y al margen del capital circu-
lante, sino como capital circulante transformado en capital fijo. Pero lo
que queremos considerar aquí ante todo es la relación del capital fijo
no hacia el exterior, sino en la medida en que viene dada por su per-
manencia dentro del proceso de producción. Mediante ello él es puesto
como un momento determinado del mismo proceso de producción.
[[No está dicho en absoluto que el capital fijo sea en toda deter-
minación capital que no sirve para el consumo individual, sino exclusi-
vamente para la producción. Una casa puede servir tanto para la
producción como para el consumo; igualmente un vehículo, un barco,
un coche, puede servir para un viaje de placer y como medio de trans-
porte; una calle puede servir como medio de comunicación para la pro-
ducción propiamente dicha y para pasear, etc. El capital fijo en esta
segunda relación no nos interesa para nada; ya que aquí sólo conside-
ramos el capital como proceso de valorización y como proceso de pro-
ducción. Cuando tratemos del interés entrará en juego la segunda
determinación. Ricardo sólo puede tener presente esta determinación,
cuando dice: «según que el capital sea más o menos perecedero, es de-
cir, según que tenga que ser reproducido con mayor o menor frecuencia,
el capital se llama fijo o circulante» (Ricardo VIII, 19). Según ello una
cafetera sería capital fijo, mientras que el café sería circulante. El ma-
terialismo vulgar de los economistas, que les lleva a considerar las rela-
ciones sociales de producción de los hombres y las determinaciones que
reciben las cosas, en cuanto subsumidas bajo estas relaciones, como

características naturales de las cosas, es un idealismo igualmente vulgar,
incluso un fetichismo, que confiere a las cosas relaciones sociales como
sus determinaciones inmanentes y que, en consecuencia, las mistifica.
(La dificultad de determinar cuando una cosa cualquiera es, según su
constitución natural, capital fijo o capital circulante, ha llevado excep-
cionalmente a los economistas a pensar que las cosas per se no son ni
capital fijo ni capital circulante, es decir, sencillamente, que no son
capital, así como tampoco es una calidad del oro la de ser dinero). ]]

(A los puntos arriba enumerados, para no olvidarlo, hay que añadir
la circulación del capital fijo en cuanto capital circulante, es decir, las
transacciones mediante las cuales cambia de propietario.)

«Capital fijo — engagé: capital invertido de tal forma en una clase
de producción, que no puede ser desviado de ella para dedicarse a otra
clase de producción» (Say, 24.% «El capital fijo se consume para
ayudar a reproducir** lo que el hombre destina a su uso... Consiste
en instalaciones duraderas aptas para aumentar la capacidad productiva
del trabajo futuro» (Sismondi, V1). «Capital fijo es el capital que es
necesario para mantener los instrumentos, máquinas, etc., del trabajo»
(Smith, t. IL, pág. 126).** * «El capital circulante es consumido, el
capital fijo simplemente es usado en la gran obra de la producción»
(Economist. Cuaderno VI, pág. 1)” «Se verá cómo el primer bastón
o la primera piedra que él toma en su mano para ayudarse en la perse-
cución de estos fines, realizando una parte de su trabajo, hace precisa-
mente el oficio de los capitales actualmente empleados por las naciones
comerciantes» (Lauderdale, pág. 87, cuaderno, 8 a). «Es uno de los ras-
gos que caracterizan y distinguen a la especie humana el de suplir el
trabajo mediante un capital transformado en máquinas» (pág. 120).** “12
(pág. 9. Cuaderno Lauderdale). «Se comprende ahora que el beneficio
de los capitales proviene siempre o de que suplen una porción de tra-

469 Cfr. J. B. Say, Traité, etc. Tome Il, pág. 430. Marx se equivocó en la
indicación 24. La página de su cuaderno de extractos de la que se trata es la
número 21.

“10 Cfr. A. SmrTH, Recherches, etc. Tome second, pág. 226 <Investigación...,
pág. 255».

«11 Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.* 219, November 6, 1847, pág. 1271.
La indicación de la fuente de Marx se refiere a su propio cuaderno de extractos.

472 Cfr. LAUDERDALE, Recherches, etc., pág. 120.

*55 «Reproducir»; ed. 1939 «Konsumieren» (consumir).
*5 «226»; ed. 1939 «126».
*5 «120»; ed. 1939 «20».

bajo que el hombre debería realizar con sus manos; o de que realizan
una porción de trabajo por encima del esfuerzo personal del hombre,
y que éste no sabría realizar por sí mismo» (pág. 119, loc. cit.). Lauder-
dale polemiza contra Smith y Locke, cuya tesis del trabajo como creador
del beneficio estribaría según él en lo siguiente: «si esta idea del be-
neficio del capital fuera rigurosamente cierta, se seguiría de ello que
el capital no sería una fuente originaria de riqueza, sino una fuente
derivada; y no se podría considerar a los capitales como uno de los
principios de la riqueza, no consistiendo su beneficio más que en una
transferencia del bolsillo del trabajador al del capitalista» (loc. cit., 116,
117). «El beneficio de los capitales proviene siempre o de que suplen
una porción de trabajo, que el hombre debería realizar con sus manos;
o de que realizan una porción de trabajo por encima del esfuerzo perso-
nal del hombre y que éste no sabría realizar por sí mismo» (pág. 119,
loc. cit., pág. 9 b). «Está bien señalar que, si el capitalista, por el uso
que hace de su dinero, ahorra un cierto trabajo a la clase de los consumi-
dores, no lo sustituye por una porción igual del suyo; lo que prueba
que es su capital el que lo ejecuta, y no él mismo» (10, cuaderno, loc. cit.,
pág. 132). «Si A Smith, en lugar de imaginar que el efecto de una má-
quina es facilitar el trabajo, o como él mismo se expresa, es aumentar la
fuerza productiva del trabajo (no es más que por una extraña confusión
de ideas, por lo que el señor Smith ha podido decir que el efecto de los
capitales es aumentar la fuerza productiva del trabajo. Con la misma
lógica se podría pretender que acortar en la mitad un camino circular
entre dos lugares dados equivale a doblar la velocidad del caminante), se
hubiera dado cuenta, de que es supliendo al trabajo como dan beneficio
los fondos con los que la máquina es pagada, habría atribuido a la misma
circunstancia el origen del beneficio» (pág. 11, pág. 137). «Los capitales,
tanto fijos como circulantes, en el comercio interno o en el comercio
exterior,** lejos de servir para poner en acción al trabajo, y para aumen-
tar la capacidad productiva del mismo, no son al contrario útiles y ren-
tables más que en dos circunstancias, o bien porque sustituyen la nece-
sidad de una porción de trabajo que el hombre debería hacer con sus
manos; o bien porque ejecutan un cierto trabajo, que el hombre no
puede hacer por sí mismo». Esto, dice Lauderdale, no es una diferencia
verbal. «La idea de que los capitales ponen en acción al trabajo, y aña-
den a su capacidad productiva, da lugar a la opinión de que el trabajo
está en todas partes proporcionado a la cantidad de capitales existen-

*58% «o en el comercio exterior»; estas palabras no aparecen en la ed. de

1939; figuran en el texto de Lauderdale, pero Marx las omitió sin darse cuenta.

tes; que la industria de un país está siempre en razón de los capitales
empleados; de donde se seguiría que el aumento de los capitales es
el medio soberano e ilimitado de aumentar la riqueza. Si en lugar de
esto, se admite que los capitales no pueden tener otra utilización útil
y rentable más que la de sustituir un cierto trabajo, o la de ejecutarlo,
entonces se sacará esta consecuencia natural: que el Estado no encon-
traría ninguna ventaja en la posesión de más capitales de los que podría
emplear para efectuar trabajo o para suplirlo en la producción y la fa-
bricación de cosas que el consumidor demanda» (págs. 151, 152,”
págs. 11, 12). Para demostrar su tesis, de que el capital, independiente-
mente del trabajo, es una fuente sui generis de beneficio y, por lo tanto,
de riqueza, apela al beneficio extra que obtiene el poseedor de una
máquina recién inventada, antes de que haya expirado su patente de
invención y la competencia haya bajado los precios, y concluye con
estas palabras: «este cambio en el modo de fijar el precio no impide
que el beneficio» (por el valor de uso) «de la máquina se obtenga de
un capital de la misma naturaleza que aquel del que se obtenía antes
de la expiración de la patente: este capital es siempre la parte de la
renta del país que antes estaba destinada a pagar el trabajo que ha sido
sustituido por el nuevo invento» (loc. cit., 125, pág. 10 b). Raven-
stone, por el contrario (IX, 32): «Rara vez puede ser utilizada con
éxito la maquinaria para acortar el trabajo de un individuo; se perdería
más tiempo en su construcción del que se ahorraría con su aplicación.
Sólo es realmente útil cuando actúa sobre grandes masas, cuando una
única máquina puede ayudar al trabajo de miles de individuos. Consi-
guientemente, es en los países más poblados, donde hay más hombres
ociosos, donde las máquinas son más abundantes. La máquina no es
introducida por la escasez de hombres, sino por la facilidad con que
éstos son reunidos» (loc. cit.).”*

«División de las máquinas en 1) máquinas utilizadas para producir
energía; 2) máquinas que tienen simplemente como finalidad transmitir
la energía y ejecutar el trabajo» (Babbage, cuaderno, pág. 10). «Fá-
brica significa la cooperación de varias clases de obreros, adultos y no
adultos, que cuidan con atención y asiduidad un sistema de mecanismos
productivos, puestos constantemente en movimiento por un poder cen-

473 Cfr. LAUDERDALE, Recherches, etc., págs. 150-152.

4% Cfr. RAVENSTONE, Thougts, etc., pág. 45. La indicación en el texto (IX,
32) se refiere claramente a una cita de la página 7 del escrito de RAVENSTONE,
que Marx ha extractado en la página 32 de su cuaderno.

415 Cfr. BABBAGE, Traité, etc., págs. 20-21.

tral... excluye toda fábrica cuyo mecanismo no forma un sistema con-
tinuo, o que no depende de un solo principio motor. Ejemplos de esta
última clase los tenemos en las fábricas de teinture, fonderies de cui-
vre,** etc... Este término, en su acepción más rigurosa, implica la idea
de un amplio autómata, compuesto de numerosos órganos mecánicos e
intelectuales, que operan conjuntamente y sin interrupción para produ-
cir un mismo objeto, estando todos subordinados a una fuerza motriz,
que se mueve por sí misma» (Ure, 13).

El proceso de trabajo. — Capital fijo. Medio de trabajo. Máquina. —
Capital fijo. Transposición de las fuerzas de trabajo en fuerzas del

capital circulante. — En qué medida el capital fijo (máquina) crea
valor. — Lauderdale. — La máquina presupone una masa de traba-
jadores

El capital que se consume en el proceso de producción, o capital fijo,
es, en un sentido enfático, medio de producción. En un sentido más
amplio todo el proceso de producción y cada momento del mismo, así
como también la circulación —en la medida en que es considerada desde
el punto de vista material — no es más que medio de producción para el
capital, para el cual exclusivamente existe el valor como fin en sí mismo.
Considerado desde el punto de vista material, la materia prima es medio
de producción para el producto, etc.

Pero la determinación del valor de uso del capital fijo como algo
que se consume en el proceso de producción se identifica con el hecho
de que el capital fijo sólo es utilizado como medio en este proceso
y de que sólo existe como agente para la transformación de la materia
prima en producto. En cuanto medio de producción su valor de uso
puede consistir, o bien en ser simple condición tecnológica para la rea-
lización del proceso (el lugar en el que se desarrolla el proceso de
producción), como en el caso de edificios, etc., o bien en ser condición
inmediata para la actividad del auténtico instrumento de producción,
como ocurre con todas las materias instrumentales. Ambos son exclusi-
vamente presupuestos materiales para la realización del proceso de
producción en general, o para la utilización y conservación del instru-
mento de trabajo. Éste, sin embargo, en sentido auténtico, sólo sirve

46 Cfr, UrE, Philosophie des manufactures, etc. Bruxelles 1836, Tome 1,
págs. 18-19. La indicación de página en el texto se refiere al cuaderno de extrac-
tos de Marx.

*59 Fábricas de barniz, fundiciones de cobre.

dentro de la producción y para la producción y no tiene ningún otro
valor de uso. ,

Originariamente, cuando considerábamos la transformación del valor
en capital, el proceso de trabajo fue simplemente incluido en el capital,
el cual, desde el punto de vista de sus condiciones materiales, desde el
punto de vista de su existencia material, se presentó en cuanto totalidad
de las condiciones de este proceso, separándose, de acuerdo con ello,
en ciertas porciones cualitativamente diferentes, es decir, en cuanto
material de trabajo (ésta, y no materia prima es la expresión concep-
tualmente correcta), medio de trabajo y trabajo vivo. Por una parte, el
capital se había dividido desde el punto de vista de su existencia ma-
terial en estos tres elementos; por otra, la unidad dinámica de los mismos
constituía el proceso de trabajo (o la interconexión de estos elementos
en un proceso), y la unidad estática el producto. En esta forma los ele-
mentos materiales —materiales de trabajo, medio de trabajo y trabajo
vivo— se presentan exclusivamente como momentos esenciales del pro-
ceso de trabajo, que el capital se apropia. Pero este lado material —o
su determinación en cuanto valor de uso y proceso real — se ha separado
por completo de su determinación formal. En esta última,

1) los tres elementos, en los cuales el capital se presenta antes del
cambio con la fuerza de trabajo, antes del proceso real, se presentaban
exclusivamente como sus porciones cuantitativamente diferentes, como
cantidades de valor, cuya unidad está constituida por el mismo capital
en cuanto suma. La forma material, el valor de uso, en el que estas
porciones diferentes existían, no alteraba en absoluto la homogeneidad
de esta determinación. Desde el punto de vista formal dichas partes se
presentaban como una simple separación cuantitativa del capital en por-
ciones;

2) dentro del proceso mismo, el elemento del trabajo y los otros
dos sólo se diferenciaban desde el punto de vista formal, porque los
unos eran determinados como valores constantes, y el otro como ele-
mento creador de valor. Pero en la medida en que entraba en juego la
diferenciación en cuanto valor de uso, el lado material en la relación,
ésta caía fuera por completo de la determinación formal del capital. Sin
embargo, ahora, en la diferencia de capital circulante (materia prima y
producto) y capital fijo (instrumento de trabajo) la diferencia de los
elementos en cuanto valores de uso está puesta al mismo tiempo como
diferencia del capital en cuanto capital, está puesta en su determinación
formal. La relación de los factores entre sí, que sólo era cuantitativa, se
presenta ahora como diferencia cualitativa del capital mismo y como
diferencia que determina su movimiento total (rotación). El material de

trabajo y el producto del trabajo, el resultado neutro del proceso de tra-
bajo, en cuanto materia prima y producto, no son ya determinados
materialmente como material y producto del trabajo, sino como el valor
de uso del capital en diferentes fases.

En tanto el instrumento de trabajo, en el sentido auténtico de la
palabra, continúa siendo instrumento de trabajo, tal como es englobado
inmediata e históricamente por el capital en su proceso de valorización,
experimenta exclusivamente una modificación formal por el hecho,
de que ahora se presenta no sólo desde su punto de vista material como
instrumento de trabajo, sino al mismo tiempo como un modo de exis-
tencia particular del capital determinado por el proceso total del mismo
—<s decir— se presenta como capital fijo. Una vez incluido en el pro-
ceso de producción del capital, el instrumento de trabajo recorre, sin
embargo, diferentes metamorfosis, la última de las cuales es la máquina,
o mejor dicho, un sistema automático de máquinas (sistema de máqui-
nas; el sistema automático sólo es la forma más acabada y más adecuada
del mismo, que es el único que transforma la máquina en un sistema)
puesto en movimiento por una fuerza motriz autómata, que se mueve
a sí misma; este autómata se compone de numerosos órganos mecánicos
e intelectuales, de forma tal que los trabajadores mismos son determi-
nados como miembros conscientes del mismo. En la máquina, y más
aún en la maquinaria como sistema automático, el instrumento de tra-
bajo es transformado desde el punto de vista de su valor de uso, es
decir, desde el punto de vista de su existencia material, en una existencia
adecuada al capital fijo y al capital en general; y la forma en la cual
el instrumento de trabajo es incluido en cuanto instrumento de trabajo
inmediato en el proceso de producción del capital, es superada en una
forma puesta por el mismo capital y a él correspondiente. La máquina
no aparece en ninguna relación como instrumento de trabajo del traba-
jador individual. Su diferencia específica no es en modo alguno, como
en el instrumento de trabajo, la de mediar la actividad del trabajador
sobre el objeto; sino que esta actividad está puesta más bien de forma
tal, que ella sólo medía el trabajo de la máquina, su acción sobre la ma-
teria prima —vigila esta acción y la preserva de perturbaciones. No
ocurre aquí como en el instrumento, que es animado por el trabajador,
en cuanto órgano, con su propia habilidad y actividad, y cuyo manejo
depende, por lo tanto, de su virtuosismo. La máquina, por el contrario,
que posee fuerza y habilidad en lugar del trabajador, es ella misma el
virtuoso, que posee un alma propia en las leyes mecánicas que actúan
en ella, y que, de la misma forma que el trabajador consume medios
de subsistencia, consume carbón, aceite, etc. (materias instrumentales)

para mantenerse constantemente en movimiento. La actividad del tra-
bajador, limitada a una mera abstracción de actividad, está determinada
y regulada desde todos los puntos de vista por el movimiento de la má-
quina, y no a la inversa. La ciencia que obliga a los miembros inanima-
dos de la máquina mediante su construcción a actuar como autómata
para la consecución de un fin, no existe en la consciencia del trabaja-
dor; *% sino que actúa sobre él como una fuerza extraña a través de la
máquina, como una fuerza de la misma máquina. La apropiación del
trabajo vivo mediante el trabajo objetivado —apropiación de la energía
o actividad valorizadora mediante el valor existente para sí mismo— que
está implícita en el concepto de capital es puesta en la producción que se
basa sobre la maquinaria, como carácter del proceso de producción
mismo, incluso desde el punto de vista de sus elementos materiales y
de su movimiento material. El proceso de producción ha dejado de ser
proceso de trabajo en el sentido de que el trabajo se extiende por encima
de él, como unidad que lo domina. El trabajo se presenta más bien
exclusivamente como órgano consciente, en la forma de trabajadores
vivos individuales en muchos puntos del sistema mecánico; disperso,
subsumido en el proceso global de la maquinaria misma, exclusivamente
como un miembro del sistema, cuya unidad no existe en los trabajadores
vivos, sino en la maquinaria viva (activa), que se presenta frente al tra-
bajador, frente a su actividad individual e insignificante, como un pode-
roso organismo. En la maquinaria, el trabajo objetivado se enfrenta al
trabajo vivo en el mismo proceso de trabajo como fuerza que lo domina,
como la fuerza en la que consiste el capital desde el punto de vista de
su forma en cuanto apropiación del trabajo vivo. La asunción del pro-
ceso de trabajo como simple momento del proceso de valorización del
capital está puesta también desde el punto de vista material mediante
la transformación del medio de trabajo en maquinaria y del trabajo vivo
en mero accesorio viviente de esta maquinaria, como medio de su ac-
ción. El aumento de la productividad del trabajo y la negación máxima
del trabajo necesario es, como hemos visto, la tendencia del capital. La
realización de esta tendencia es la transformación del instrumento de
trabajo en maquinaria. En la maquinaria el trabajo objetivado se contra-
pone materialmente al trabajo vivo como fuerza que lo domina y como
subsunción activa de éste bajo sí mismo, no sólo a través de la apropia-
ción del trabajo vivo, sino en el proceso de producción real mismo; la
relación de capital en cuanto relación de valor que se apropia la activi-

*60 «Trabajador»; en el ms. «Arbeit» (trabajo).

dad valorizadora, está puesta en el capital fijo que existe como maqui-
naria, como relación de valor de uso del capital con el valor de uso de
la capacidad de trabajo; el valor objetivado en la maquinaria se presenta
además como un presupuesto, frente al cual la fuerza valorizadora de
la capacidad de trabajo individual desaparece como algo infinitamente
pequeño; con la producción en masas enormes, que es puesta con la
maquinaria, desaparece también en el producto toda relación con la nece-
sidad inmediata del productor y, en consecuencia, con el valor de uso
inmediato; en la forma en que el producto es producido, y en las propor-
ciones en las que es producido, está ya puesto el que sea producido ex-
clusivamente como portador de valor y el que su valor de uso sea exclu-
sivamente una condición, que hace referencia a esto. El trabajo objetivado
se presenta en la máquina inmediatamente no sólo en la forma de pro-
ducto o de producto utilizado como instrumento de trabajo, sino en la
forma de la misma fuerza productiva. El desarrollo del instrumento de
trabajo hasta llegar a la máquina no es casual para el capital, sino que
es la transformación y conformación histórica del instrumento de trabajo
tradicional en una forma adecuada al capital. La acumulación del saber
y de la habilidad, de las fuerzas productivas generales del cerebro social,
es absorbida, pues, en el capital frente al trabajo, y se presenta, por
lo tanto, como cualidad del capital, y más exactamente del capital fijo,
en la medida en que éste entra como auténtico medio de producción en
el proceso de producción. La máquina se presenta, por lo tanto, como
la forma más adecuada del capital fijo, y el capital fijo, en la medida en
que es considerado en su relación consigo mismo, como la forma más
adecuada del capital en general. Por otra parte, en la medida en que
el capital fijo está firmemente confirmado en su existencia como valor
de uso determinado, no corresponde al concepto de capital, que, en
cuanto valor, es indiferente respecto a toda forma determinada de valor
de uso y puede asumir o abandonar cualquier forma en cuanto encar-
nación indiferente. Desde este punto de vista, desde el punto de vista
de la relación del capital hacia el exterior, el capital circulante se pre-
senta como la forma adecuada del capital frente al capital fijo.

En la medida en que además la maquinaria se desarrolla con la acu-
mulación de la ciencia social, de la fuerza productiva en general, no es
en el trabajador,** sino en el capital, donde se expresa el trabajo general
social. La fuerza productiva de la sociedad es medida por el capital fijo,
existe en él en forma objetiva, y viceversa, la fuerza productiva del

*6l «En el trabajador»; en ed. 1939 «in der Arbeit» (en el trabajo).

capital se desarrolla con este progreso general que el capital se apropia
gratis. No es necesario entrar aquí en détail en el desarrollo de la ma-
quinaria; sino que basta considerarla desde el punto de vista general; es
decir, en la medida en que en el capital fijo el instrumento de trabajo,
desde el punto de vista material, pierde su forma inmediata y se en-
frenta materialmente al trabajador como capital. La ciencia se presenta
en la máquina como algo ajeno, externo al trabajador; y el trabajo vivo
es subsumido bajo el trabajo objetivado, que actúa automáticamente. El
trabajador aparece como algo superfluo, en la medida en que su acción
no está condicionada por la necesidad del capital.

*%E] desarrollo total del capital sólo tiene lugar, por lo tanto —o
el capital sólo crea el modo de producción, que le corresponde—, cuan-
do el instrumento de trabajo es determinado no sólo formalmente como
capital fijo, sino que es superado en su forma inmediata, y cuando el ca-
pital fijo se presenta dentro del proceso de producción como máquina
frente al trabajo; es decir, cuando todo el proceso de producción no
se presenta como subsumido bajo la habilidad inmediata del trabajador,
sino como aplicación tecnológica de la ciencia. La tendencia del capi-
tal, por lo tanto, es la de darle un carácter científico a la producción
y la de reducir el trabajo inmediato a un mero momento de este proce-
so. Como en la transformación del valor en capital, así también en un
análisis más detallado del capital se ve que éste por una parte presu-
pone un determinado desarrollo histórico de las fuerzas productivas
—Entre estas fuerzas productivas también está la ciencia— y por otra
lo fuerza a avanzar.

El volumen cuantitativo y la eficacia (intensidad), con que es des-
arrollado el capital en cuanto capital fijo, indica en general el grado en
el que el capital está desarrollado en cuanto capital, es decir, en cuanto
fuerza sobre el trabajo vivo, y el grado en el que ha sometido a sí mis-
mo el proceso de producción en general. También en el sentido de que
el capital fijo expresa la acumulación de las fuerzas productivas objeti-
vadas y también del trabajo objetivado. Pero si el capital sólo se da en
la máquina y en otras formas materiales de existencia del capital fijo,
como ferrocarriles (sobre los que volveremos más adelante), una forma
adecuada como valor de uso dentro del proceso de producción, esto no
quiere decir, en modo alguno, que este valor de uso —la máquina en
sí— sea capital, o que su existencia como máquina sea idéntica con

*62 Aquí comienza el último cuaderno (Cuaderno VII) del manuscrito; en
la primera página está escrito: El capítulo del capital (continuación). (Este
cuaderno fue empezado a finales de Febrero de 1858),

su existencia como capital; de la misma manera que el oro tampoco
dejaría de tener su valor de uso en cuanto no fuera dinero. La máquina
no pierde su valor de uso cuando deja de ser capital. De hecho de que
la máquina sea la forma más adecuada del valor de uso del capital fijo
no se sigue, en modo alguno, que la subsunción bajo la relación social
del capital sea la relación social de producción más adecuada y mejor**
para la utilización de maquinaria.

En la misma medida en que el tiempo de trabajo —la mera canti-
dad de trabajo— es puesto por el capital como el único elemento deter-
minante, en la misma medida desaparece el trabajo inmediato y su can-
tidad como el principio determinante de la producción —<e la creación
de valores de uso—, y es reducido bien cuantitativamente a una propor-
ción más pequeña,*” o bien cualitativamente, en cuanto momento cier-
tamente indispensable, pero subalterno respecto al trabajo científico
general, respecto a la aplicación tecnológica de las ciencias de la natura-
leza por un lado, y respecto a la fuerza productiva general resultante
de la articulación social de la producción total por otro, la cual se pre-
senta como un don natural del trabajo social (aunque sea un producto
histórico). El capital trabaja, pues, en su propia disolución, en cuanto
forma dominante de la producción.

Si así, por un lado, la transformación del proceso de producción de
simple proceso de trabajo en proceso científico, que somete asimismo
las fuerzas de la naturaleza y las hace trabajar de esta manera al servicio
de las necesidades humanas, se presenta como una propiedad del capital
fijo frente al trabajo vivo; si el trabajo individual en general deja de
presentarse como productivo, o mejor dicho, sólo es productivo en los
trabajos colectivos que subordinan a sí mismos las fuerzas de la natu-
raleza; y si esta elevación del trabajo inmediato a trabajo social se pre-
senta como una reducción del trabajo individual a una situación de im-
potencia frente a la comunidad representada y concentrada en el capi-
tal; así también, por otro, el mantenimiento del trabajo en una rama
de la producción mediante el trabajo coexistente en otra rama se pre-
senta ahora como característica del capital circulante. En la circulación
pequeña el capital anticipa al trabajador el salario, que éste cambia por
los productos necesarios para el consumo. El dinero por él recibido sólo
tiene este poder porque se trabaja simultáneamente al lado de él; y
sólo porque el capital se apropia su trabajo, puede darle en dinero un

*88 «mejor»; ed. 1939 «letzte» (última).
*ó «más pequeña»; ed. 1939 «geringen» (pequeña).

título indicativo de trabajo ajeno. Este cambio del trabajo propio por
el trabajo ajeno no se presenta aquí mediado y condicionado por la
coexistencia simultánea del trabajo de otros, sino por el anticipo que
hace el capital. El hecho de que el trabajador durante el proceso de. pro-
ducción pueda realizar el proceso asimilatorio necesario para su consu-
mo se presenta como una propiedad de la parte del capital circulante
que es dada al trabajador, y del capital circulante en general. No se
presenta como un proceso asimilatorio de las fuerzas de trabajo simul-
táneas, sino como un proceso asimilatorio del capital; como la existen-
cia del capital circulante. Así todas las fuerzas del trabajo son traspuestas
en fuerzas del capital; en el capital fijo la fuerza productiva del trabajo
(que está puesta al margen de él y existe como algo independiente [ ma-
terialmente] de él); y en el capital circulante por una parte el hecho
de que el trabajador ha presupuesto a sí mismo las condiciones de la
repetición de su trabajo, y por otra el hecho de que el cambio de su tra-
bajo esté mediado por el trabajo coexistente de otros, adopta la forma
de que es el capital el que le anticipa el salario y el que crea la simul-
taneidad de las ramas de trabajo. (Estas dos últimas determinaciones
pertenecen realmente al apartado de la acumulación.) El capital se pone
a sí mismo como mediador entre los distintos trabajadores en la forma
de capital circulante.

El capital fijo, en su determinación como instrumento de produc-
ción, cuya forma más adecuada es la máquina, sólo produce valor, es
decir, sólo aumenta el valor del producto desde dos puntos de vista:
1) en la medida en que tiene valor; es decir, en la medida en que él
mismo es producto del trabajo, es una cierta cantidad de trabajo en
forma objetivada; 2) en la medida en que aumenta la proporción del
plustrabajo respecto al trabajo necesario, ya que capacita al trabajo,
mediante el aumento de la fuerza productiva, para producir una cantidad
mayor de los productos necesarios para el mantenimiento de la capa-
cidad de trabajo viva en un tiempo menor. Es, por lo tanto, una frase
burguesa completamente absurda el afirmar que el trabajador tiene
intereses comunes con el capitalista, porque éste mediante el capital
fijo (que, por lo demás, es producto del trabajo y del trabajo ajeno
apropiado por el capital) le facilita el trabajo (más bien le roba me-
diante la máquina toda autonomía y todo carácter atractivo) o lo acorta.
El capital utiliza más bien la máquina sólo en la medida en que hace
posible que el trabajador trabaje una parte mayor de su tiempo para el
capital, que se relacione con una parte mayor de su tiempo como con
algo que no le pertenece, que trabaje más tiempo para otro. Mediante
este proceso, la cantidad de trabajo necesario para la producción de un

cierto objeto es reducida en realidad a un mínimo, pero sólo para que
sca valorizado un máximo de trabajo en la cantidad máxima de tales
objetos. El primer lado es importante, porque el capital aquí —de forma
no intencionada— reduce a un mínimo el trabajo humano, el gasto de
energía. Esto redundará en beneficio del trabajo emancipado y es una
condición de su emancipación. De lo que se ha dicho, se desprende lo
absurdo de la afirmación de Lauderdale, que quiere convertir al capital
fijo en una fuente autónoma del valor, independiente del tiempo de
trabajo. El capital fijo sólo es fuente de valor en la medida en que él
mismo es tiempo de trabajo objetivado y en la medida en que crea tiem-
po de trabajo suplementario. La máquina misma para su aplicación pre-
supone —ver más arriba Ravenstone— históricamente una superabun-
dancia de brazos. Sólo donde existe una superabundancia de fuerzas de
trabajo interviene la máquina, para sustituir al trabajo. Sólo en la ima-
ginación de los economistas acude la máquina en ayuda del trabajador
individual. La máquina sólo puede actuar con masas de trabajadores,
cuya concentración frente al capital es uno de sus presupuestos histó-
ricos, como ya hemos visto. La máquina no aparece para sustituir a la
fuerza de trabajo que escasea, sino para reducir la fuerza de trabajo
existente en masa a la medida necesaria. Sólo donde la fuerza de tra-
bajo existe en masa aparece la máquina (sobre esto habrá que volver).*”

Lauderdale cree haber hecho el gran descubrimiento de que la má-
quina no aumenta la productividad del trabajo, porque más bien lo que
sucede es o que sustituye a éste último, o que hace lo que el trabajo no
puede hacer con su propia fuerza. Forma parte del concepto de capital
el que la creciente fuerza productiva del trabajo sea puesta más bien como
aumento de una fuerza al margen de él y como su propia debilitación.
El medio de trabajo convierte al trabajador en ente independiente, lo
pone como propietario. La maquinaria —como capital fijo— lo pone
como ente dependiente, como ente apropiado. Esta acción de la maqui-
naria sólo tiene valor en la medida en que ésta está determinada como
capital fijo, y sólo está determinada como capital fijo por el hecho de
que el trabajador se relaciona con ella como trabajador asalariado, y el
individuo activo en general se relaciona con ella como mero trabajador.

471 Cfr. HEGEL, Band VII, págs. 277-278.

Capital fijo y capital circulante como dos clases particulares de ca-
pital. — Capital fijo y continuidad del proceso de producción. —
Maquinaria y trabajo vivo. (La invención como actividad económica.)

Mientras que hasta el momento el capital fijo y el capital circulante se
han presentado simplemente como determinaciones diversas y transito-
rias del capital, ahora se han convertido en modos de existencia particu-
lares del capital, y junto al capital fijo aparece ahora el capital circulan-
te. Ahora son dos clases particulares de capital. En la medida en que
es considerado en una rama determinada de la producción, aparece divi-
dido en estas dos porciones, o se escinde en una determinada proporción
en estas dos clases de capital.

La diferencia, dentro del proceso de producción, originariamente
entre medio de trabajo y material de trabajo, y finalmente producto del
trabajo, se presenta ahora como capital circulante (los dos primeros) y
como capital fijo. La diferenciación del capital, desde su punto de vista
puramente material es asumida en su misma forma, y se presenta como
su elemento diferenciador.

Para la tesis de Lauderdale, etc., según la cual el capital en cuanto
tal, separado del trabajo, crearía valor, y en consecuencia, plusvalía (o
beneficio), el capital fijo —especialmente aquel cuya existencia o valor
de uso material es la máquina— es la forma que da una mayor aparien-
cia de verosimilitud a sus falacias superficiales. Contra ellos, por ejem-
plo, en «Labour defended», se dice, que el constructor del camino bien
puede tener intereses comunes con el individuo que utiliza el camino,
pero que ciertamente el «camino» mismo no los tiene.*”

Una vez presupuesto que el capital circulante recorre realmente sus
diferentes fases, el aumento o la disminución, la duración mayor o me-
nor del tiempo de circulación, el recorrido más fácil o más fatigoso de
los diferentes estadios de la circulación, ocasiona una disminución de la
plusvalía que podría ser producida en un espacio de tiempo dado sin
estas interrupciones, bien porque el número de reproducciones es más
pequeño, o bien porque la cantidad de capital constantemente compren-
dido en el proceso de producción se contrae. En ambos casos no se trata
de una disminución del valor presupuesto, sino de una disminución en
la velocidad de su crecimiento. Sin embargo, tan pronto como el capital
fijo se ha desarrollado hasta conseguir una cierta extensión —y esta

«18 Cfr. Honcsxin, Labour defended, etc. London 1825, pág. 16. .

extensión es, como se ha indicado, el criterio mensurador del desarrollo
de la gran industria en general, de las mismas fuerzas productivas (el
capital fijo es la objetivación de estas fuerzas productivas, estas fuerzas
mismas como producto presupuesto)—, a partir de este momento, cual-
quier interrupción del proceso de producción actúa como disminución del
capital mismo, de su valor presupuesto. El valor del capital fijo es sim-
plemente reproducido, en la medida en que es gastado en el proceso de
producción. Mediante su no utilización pierde su valor de uso, sin que
su valor pase al producto. Cuanto mayor sea, en consecuencia, el nivel
en el que el capital fijo se desarrolla, en el sentido en el que aquí lo
consideramos, tanto más deviene la continuidad del proceso de produc-
ción, o el flujo constante de la reproducción, una condición impuesta
externamente al modo de producción basado sobre el capital.

La apropiación de trabajo vivo por el capital adquiere en la máqui-
na, también desde este punto de vista, una realidad inmediata: son, por
una parte, el análisis y la aplicación de leyes mecánicas y químicas, que
proceden directamente de la ciencia, las que hacen posible que la má-
quina realice el mismo trabajo que antes realizaba el trabajador. El
desarrollo de la maquinaria por esta vía sólo entra en juego, sin embargo,
cuando la gran industria ha alcanzado un nivel muy elevado y todas las
ciencias han sido puestas al servicio del capital; por otra parte, las má-
quinas ya existentes procuran grandes recursos. La invención deviene,
en consecuencia, una actividad económica, y la aplicación de la ciencia
a la producción inmediata un criterio que determina e incita a esta últi-
ma. Pero ésta no es la forma en que ha aparecido la maquinaria en
grandes cantidades, y aún menos la forma en la que progresa en detalle.
Esta forma es el análisis, mediante la división del trabajo, que transforma
cada vez más las operaciones de los trabajadores en operaciones mecá-
nicas, de forma tal que en un cierto punto el mecanismo puede entrar
en su lugar. (Ad economy of power.) Aquí se presenta, por lo tanto, di-
rectamente la forma de trabajo determinada transferida del trabajador
al capital en la forma de la máquina, y mediante esta transposición su
propia fuerza de trabajo se devalúa. De ahí la lucha del trabajador con-
tra la máquina. Lo que era actividad del trabajador vivo, deviene acti-
vidad de la máquina. Así la apropiación del trabajo por el capital, el
capital que absorbe en sí el trabajo vivo —«como si tuviera el amor
en el cuerpo»—*” se contrapone tangiblemente al trabajador.

+1 Cfr. GOETHE, Faust, Der Tragódie Erster Teil. Dritter Akt. Auerbachs
Keller in Leipzig.

Contradicción entre el fundamento de la producción burguesa (me-
dida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas, etc.

El cambio de trabajo vivo por trabajo objetivado, es decir, la colocación
del trabajo social en la forma de la oposición entre capital y trabajo
asalariado, es el desarrollo último de la relación de valor y de la pro-
ducción que descansa sobre el valor. Su presupuesto es y continúa siendo
la masa del tiempo de trabajo inmediato, la cantidad de trabajo utili-
zado en cuanto factor decisivo de la producción de la riqueza. Sin em-
bargo, en la medida en que la industria se desarrolla, la creación de la
riqueza real deviene menos dependiente del tiempo de trabajo y de
la cantidad de trabajo utilizado que del poder de agentes que son
puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, y cuya poderosa
efectividad no está en relación alguna con el tiempo de trabajo inmedia-
to que cuesta su producción, sino que depende más bien del nivel ge-
neral del desarrollo de la ciencia y del progreso de la tecnología, o de la
aplicación de esta ciencia a la producción. (El desarrollo de esta ciencia,
especialmente de la ciencia de la naturaleza, y con ella de todas las
demás, está a su vez en relación con el desarrollo de la producción ma-
terial.) La agricultura, por ejemplo, deviene mera aplicación de la ciencia
del intercambio material de sustancias, que se regula de la forma más
ventajosa para todo el organismo social. La riqueza real se manifiesta
más bien —y esto lo hace patente la gran industria— en una enorme
desproporción entre el trabajo utilizado y su producto, así como también
en una desproporción cualitativa entre el trabajo reducido a una pura
abstracción y el poder del proceso de producción que dicho trabajo
vigila. No es tanto el trabajo el que se presenta incluido en el proceso
de producción, cuanto el hombre al que se relaciona más bien como
vigilante y regulador con el proceso de producción. (Lo que se ha dicho
de la maquinaria vale también para la combinación de las actividades
humanas y para el desarrollo de las relaciones humanas.) El trabajador
no es ya el individuo, que interpone el objeto natural modificado como
miembro intermedio entre el objeto y sí mismo; sino que interpone el
proceso natural, que él transforma en un proceso industrial, como
medio entre sí mismo y la naturaleza inorgánica, a la cual él domina. Él
se coloca junto al proceso de producción, en lugar de ser su agente prin-
cipal. En esta transformación, no es ni el trabajo inmediato realizado
por el hombre mismo, ni el tiempo que él trabaja, sino la apropiación
de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza

y su dominio de la misma a través de su existencia como cuerpo social;
en una palabra, el desarrollo del individuo social, el que se presenta
como la gran piedra angular de la producción y de la riqueza. El robo
de tiempo de trabajo ajeno, sobre el que descansa la riqueza actual, se
presenta como una base miserable frente a esta base recién desarrolla-
da, creada por la misma gran industria. Tan pronto como el trabajo en
forma inmediata ha dejado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo
de trabajo deja y tiene que dejar de ser su medida y, en consecuencia,
el valor de cambio tiene que dejar de ser la medida del valor de uso. El
plustrabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo
de la riqueza general, así como también el no-trabajo de los pocos ha
dejado de ser condición para el desarrollo de las fuerzas generales del
cerebro humano. Con ello se derrumba la producción basada sobre el
valor de cambio, y el proceso de producción material inmediato pierde
la forma de la miseria y del antagonismo. Aquí entra entonces el desa-
rrollo de los individuos, y por lo tanto, la reducción del tiempo de
trabajo necesario no para crear plustrabajo, sino la reducción en general
del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al que corresponde
entonces la formación artística, científica, etc., de los individuos gracias
al tiempo devenido libre y a los instrumentos creados para todos ellos.
El capital es la contradicción en movimiento, porque tiende a reducir el
tiempo de trabajo a un mínimo, mientras que por otra parte pone
al tiempo de trabajo como la única medida y fuente de la riqueza. El
capital reduce, en consecuencia, el tiempo de trabajo en la forma de
trabajo necesario, para aumentarlo en la forma de trabajo suplementa-
rio; pone, por lo tanto, el trabajo superfluo en medida creciente como
condición —question de vie et de mort— del trabajo necesario. Por un
lado, el capital organiza todas las fuerzas de la ciencia y de la naturaleza,
así como también las de la combinación social y de las relaciones socia-
les, para convertir la producción de la riqueza en algo independiente
(relativamente) del tiempo de trabajo en ella empleado. Por otro lado,
el capital quiere medir estas enormes fuerzas sociales así producidas
por el tiempo de trabajo, y mantenerlas dentro de los límites necesarios
para conservar como valor al valor ya creado. Las fuerzas productivas
y las relaciones sociales —ambos lados distintos del desarrollo del indi-
viduo social— son para el capital exclusivamente medios, medios para
producir sobre su base limitada. Pero en realidad ellas son las condicio-
nes materiales para hacer saltar por los aires esta base limitada. «Una
nación es realmente rica, cuando en lugar de trabajar 12 horas, traba-
ja 6. Riqueza no es poder de disposición sobre el tiempo de plustrabajo»

(riqueza real) «sino tiempo disponible al margen del necesitado para la
producción inmediata, para cada individuo y para toda la sociedad»
[«The Source and Remedy», etc., 1821, pág. 6.]

La naturaleza no construye ninguna máquina, ni ninguna locomo-
tora, ni ferrocarril, ni telégrafos eléctricos, ni hiladoras automáticas, etc.
Son productos de la industria humana; materia natural, transformada
en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza o de su acción
sobre la naturaleza. Son órganos del cerebro humano creados por la
mano humana; son fuerza científica objetivada.*” El desarrollo del ca-
pital fijo indica hasta qué grado el saber social general, el conocimien-
to, se ha convertido en fuerza productiva inmediata y, en consecuencia,
las condiciopes del proceso de vida social han pasado a estar bajo el
control del intelecto general, y son remodeladas de acuerdo con éste.
Hasta qué grado las fuerzas productivas sociales son producidas, no
sólo en la forma de ciencia, sino como órganos inmediatos de la praxis
social, del proceso de vida real.

Significado del desarrollo del capital fijo (para el desarrollo del capital
en general). Relación entre creación de capital fijo y capital circu-
lante. Tiempo disponible. Crearlo es la determinación principal del
capital. Forma antitética del mismo en el capital. — Productividad
del trabajo y producción del capital fijo. (The Source and Remedy). —
Uso y consumo: Economist. Durabilidad del capital fijo

Hay todavía otro punto de vista desde el cual el desarrollo del capital
fijo indica el grado de desarrollo de la riqueza en general o del desarro-
llo del capital. El objeto de la producción dirigida inmediatamente al
valor de uso, y también inmediatamente al valor de cambio, es el pro-
ducto, que está destinado al consumo. La parte de la producción desti-
nada a la producción de capital fijo no produce objetos que son disfruta-
dos inmediatamente, ni valores de cambio inmediatos; al menos no
produce valores de cambio inmediatamente realizables. Depende, por
lo tanto, del grado de productividad ya alcanzado el que una parte del
tiempo de producción sea suficiente para la producción inmediata, y
el que una parte cada vez mayor sea utilizada para la producción de me-
dios de producción. Esto supone que la sociedad puede esperar; que
una gran parte de la riqueza ya creada puede ser sustraída, tanto al
disfrute inmediato, como a la producción destinada a ser disfrutada in-

480 Cfr. Hegel, Band XI, pág. 316.

mediatamente, para ser utilizada en el trabajo no inmediatamente pro-
ductivo (dentro del mismo proceso de producción material). Esto requie-
re un nivel alto de la productividad ya alcanzada y un excedente re-
lativo, y ciertamente este nivel está en relación directa a la transfor-
mación del capital circulante en capital fijo. De la misma manera que
la magnitud del plustrabajo relativo depende de la productividad del
trabajo necesario, así también la magnitud del tiempo de trabajo tanto
vivo como objetivado utilizado para la producción del capital fijo de-
pende de la productividad del tiempo de trabajo destinado a la produc-
ción directa de productos. Una superpoblación (desde este punto de
vista), así como una superproducción es una condición para esto. Esto
quiere decir que el resultado del tiempo utilizado para la producción
inmediata tiene que ser relativamente demasiado grande para las ne-
cesidades inmediatas de la reproducción del capital utilizado en esta
rama de la industria. Cuanto menos inmediatamente fructífero sea el
capital fijo, cuanto menos intervenga en el proceso de producción in-
mediato, tanto mayor tiene que ser esta superpoblación y esta superpro-
ducción relativa; es decir, más para construir ferrocarriles, canales, acue-
ductos, telégrafos, etc., que para construir máquinas directamente activas
en el proceso de producción inmediato. De ahí —sobre esto volveremos
más adelante— los permanentes desequilibrios y convulsiones en la
permanente super y subproducción de la industria moderna, debida a
la desproporción, según la cual unas veces es transformado demasiado y
otras demasiado poco capital circulante en capital fijo.

[[ La creación de mucho tiempo disponible, al margen del tiempo
de trabajo necesario para la sociedad en general y para cada miembro de
la misma (es decir, espacio para el desarrollo pleno de las fuerzas pro-
ductivas del individuo** y, por tanto, también de la sociedad), esta
creación de tiempo de no-trabajo se presenta, desde el punto de vista
del capital, como en todos los estadios anteriores, como tiempo de no-
trabajo, como tiempo libre para algunos individuos. El capital añade el
hecho de que él aumenta el tiempo de plustrabajo de la masa mediante
todos los instrumentos de la técnica y de la ciencia, porque su riqueza
consiste directamente en la apropiación de tiempo de plustrabajo; ya
que su finalidad es directamente el valor, y no el valor de uso. De esta
forma el capital, malgré lui, es un instrumento que crea la posibilidad
de tiempo social disponible, de la reducción del tiempo de trabajo para

*85 «del individuo» (des Einzelnen); ed. 1939 «der Einzelnen» (de los in-
dividuos).

toda la sociedad a un mínimo que desciende cada vez más, y de la con-
versión del tiempo de todos en tiempo libre para su propio desarrollo.
Pero su tendencia es siempre la de crear, por una parte, tiempo dispo-
nible y la de convertirlo, por otra, en plustrabajo. Si consigue lo primero
demasiado bien, el capital sufre la superproducción, y entonces es in-
terrumpido el trabajo necesario, porque no puede ser valorizado ningún
plustrabajo por el capital. Cuando más se desarrolla esta contradicción,
tanto más evidente resulta que el crecimiento de las fuerzas productivas
no puede estar vinculado a la apropiación del plustrabajo ajeno, sino
que la masa de trabajadores tiene que apropiarse su plustrabajo. Una
vez que ella lo haya hecho —y con ello el tiempo disponible deja de te-
ner una existencia antitética— el tiempo de trabajo necesario será me-
dido, por un lado, por las necesidades del individuo social, y por otro,
el desarrollo de la. fuerza productiva social crecerá de fotina tan rápida,
que, a pesar de que ahora la producción es calculada sobre la base de
la riqueza de todos, aumenta el tiempo dispomible de todos. Pues la
riqueza auténtica es la fuerza productiva desarrollada de todos los indi-
viduos. Entonces ya no es en modo alguno el tiempo de trabajo, sino
el tiempo disponible la medida de la riqueza. El tiempo de trabajo como
medida de la riqueza fundamenta la riqueza sobre la pobreza, y pone
al tiempo disponible como tiempo que existe en y a través de la antíte-
sis con el tiempo de plustrabajo, o lo que es igual, supone la posición
de todo el tiempo de un individuo como tiempo de trabajo y como
degradación de este individuo a mero trabajador, subsumido bajo el
trabajo. La maquinaria más desarrollada obliga ahora, por lo tanto, al tra-
bajador a trabajar más tiempo de lo que hace el salvaje, o de lo que
trabajaba él mismo con los instrumentos más simples y toscos.1]

«Si todo el trabajo de un país solo fuera suficiente para producir lo
necesario para toda la población, no existiría el trabajo suplementario, y
consiguientemente, no existiría nada que pudiera ser acumulado como
capital. Si un pueblo en un año produce lo necesario para dos, o bien
el consumo de un año tendría que ser aniquilado, o los hombres tienen
que dejar de trabajar productivamente durante un año. Pero los posee-
dores del producto excedente o capital emplean a la gente en algo que
no es directa e inmediatamente productivo, por ejemplo, en la construc-
ción de máquinas. Y así se continúa» (The Source and Remedy of the
National Difficulties).

[[De la misma forma que con el desarrollo de la gran industria, la
base sobre la que ella descansa —apropiación de tiempo de trabajo
ajeno— deja de constituir o de crear la riqueza, así también, con dicho

desarrollo, el trabajo inmediato deja de ser en cuanto tal base de la pro-
ducción, ya que, por un lado, es transformado en una actividad reguladora
y de vigilancia, y por otro, además, porque el producto deja de ser pro-
ducto del trabajo inmediato individual y porque es la combinación de
la actividad social la que se presenta como productor. «Tan pronto como
se desarrolla la división del trabajo, casi cualquier trabajo de un individuo
aislado es una parte de un todo, que no tiene ningún valor o utilidad
por sí mismo. No hay nada que el trabajador puede tomar y decir: éste es
mi producto, esto lo conservaré para mí» (Labour defended, 1, 2, XI).*
En el cambio inmediato, el trabajo individual inmediato se presenta como
trabajo realizado en un producto particular o en parte de este pro-
ducto, y su carácter social, comunitario —su carácter en cuanto obje-
tivación del trabajo general y en cuanto satisfacción de la necesidad ge-
neral — sólo es puesto a través del cambio. En el proceso de producción
de la gran industria, por el contrario, así como la sumisión de las fuer-
zas de la naturaleza al intelecto social es, por una parte, el presupuesto
de la productividad del instrumento de trabajo desarrollado hasta con-
vertirse en un proceso automático, así también, por otra, el trabajo del
individuo en su existencia inmediata es puesto como trabajo individual
negado, es decir, como trabajo social. Así desaparece la otra base de
este modo de producción.]]

El tiempo de trabajo utilizado en la producción de capital fijo se
relaciona dentro del proceso de producción del capital con el tiempo
utilizado en la producción de capital circulante como el plustrabajo se
relaciona con el trabajo necesario. En la medida en que la producción
destinada a la satisfacción de las necesidades inmediatas deviene más
productiva, una parte mayor de la producción puede ser destinada a la
satisfacción de la necesidad de la producción misma, o lo que es igual,
a la producción de medios de producción. Puesto que la producción de
capital fijo está dirigida inmediatamente, incluso desde el punto de vista
material, no a la producción de valores de uso inmediatos, ni a la pro-
ducción de valores requeridos para la reproducción inmediata del ca-
pital —es decir, valores que en la misma creación de valor representan,
a su vez, relativamente, el valor de uso—, sino a la producción de ins-
trumentos para la creación de valor, es decir, no al valor en cuanto ob-
jeto inmediato, sino a la creación de valor, al instrumento para la
valorización en cuanto objeto inmediato de la producción —la producción

481 Cfr. Honcsxin, Labour defended, etc., pág. 25. La indicación de lugar
se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

de valor es puesta materialmente en el objeto de producción mismo como
fin de la producción, de la objetivación de la fuerza productiva, de la
fuerza del capital productora de valor— es en la producción del capital
fijo donde el capital se pone como fin para sí mismo, y donde su efec-
tividad como capital se presenta a una potencia más elevada que en la
producción de capital circulante. Desde este punto de vista, pues, es
también la dimensión que ya posee el capital fijo y la que asume su pro-
ducción en la producción total la medida del desarrollo de la riqueza
basada sobre el modo de producción del capital.

«El número de trabajadores depende tanto del capital circulante
como de la cantidad de productos del trabajo coexistente que los traba-
jadores pueden consumir» (Labour defended).**

Los pasajes de diferentes economistas citados antes se refieren todos
al capital fijo como a la parte del capital incluida en el proceso de
producción. «El capital circulante es consumido; el capital fijo es sim-
plemente usado en el gran proceso de producción» (Economist VI, 1).
Esto es falso y sólo tiene valor para la parte del capital circulante
que es consumido por el capital fijo, para las materias instrumentales.
Sólo el capital fijo es consumido «en el gran proceso de producción»,
considerado éste como proceso de producción inmediato. Pero consumir
en el proceso de producción quiere decir en realidad, usar, gastar. Más
aún la mayor capacidad de duración del capital fijo no debe ser enten-
dida de forma puramente material. El hierro y la madera con la que
está hecha la cama en la que duermo, o las piedras con las que está
hecha la casa en la que vivo, o la estatua de mármol con la que es ador-
nado un palacio, son tan duraderas como el hierro y la madera, etc.,
utilizados para la construcción de una máquina. Pero el carácter duradero
es en el instrumento, en el medio de producción, una condición que
procede, no de un motivo técnico, de que el material primordial de toda
máquina es un metal, etc., sino de que el instrumento está destinado a
jugar constantemente el mismo papel en los repetidos procesos de pro-
ducción. En cuanto instrumento de producción su carácter duradero es
exigido inmediatamente por su valor de uso. Cuanto más a menudo
tenga que ser renovado, tanto más costoso; tanto mayor es la parte del
capital que tiene que ser gastado en él inútilmente. Su duración es su
existencia como instrumento de producción. En el capital circulante,
por el contrario, en la medida en que no es transformado en capital
fijo, el carácter duradero del mismo no está en modo alguno en conexión

“2 Cfr. HopGsxiN, Labour defended, etc., pág. 20.

con el acto de producción, y no es, por lo tanto, un momento concep-
tualmente puesto. El hecho de que entre los objetos incluidos en el
fondo de consumo algunos sean definidos como capital fijo, porque son
consumidos lentamente y pueden ser consumidos por muchos individuos,
uno detrás del otro, está en conexión con ulteriores determinaciones
(alquiler en lugar de venta, interés, etc.), con las que no tenemos toda-
vía nada que ver.

*" «Desde la introducción general en las fábricas británicas de meca-
nismos inanimados, los hombres fueron tratados con pocas excepciones
como una máquina secundaria y subordinada, y se le concedió de lejos
mucha más atención al perfeccionamiento de la materia prima, de la
madera y de los metales, que al del cuerpo y el espíritu» (pág. 31. Ro-
bert Owen, Essays on the formation of the human character, 1840,

London).

Ahorro real — Economía = Ahorro de tiempo de trabajo = Desarro-
llo de la fuerza productiva. Superación de la antítesis entre trabajo
libre y tiempo de trabajo. — Comprensión auténtica del proceso
de producción social.

[[La auténtica economía —ahorro— consiste en ahorro de tiempo de
trabajo; (mínimo (y reducción a un mínimo) de los costes de produc-
ción); pero este ahorro se identifica con el desarrollo de la fuerza
productiva. No se trata, por lo tanto, de una renuncia a gozar de algo,
sino de un desarrollo de las fuerzas, de la capacidad de producción, y en
consecuencia, de un desarrollo tanto de la capacidad como de los me-
dios de disfrute. La capacidad de disfrutar es condición para disfrutar,
y es, por lo tanto, su primer instrumento; esta capacidad equivale al
desarrollo de un talento individual, de la fuerza productiva. El ahorro
de tiempo de trabajo equivale al aumento de tiempo libre, es decir, al
aumento de tiempo para el pleno desarrollo del individuo, que a su
vez repercute como la fuerza productiva máxima sobre la productividad
del trabajo. Desde el punto de vista del proceso de producción inme-
diato puede ser considerado como producción de capital fijo; siendo
este capital fijo el hombre mismo. El hecho de que además el tiempo
de trabajo inmediato no puede permanecer en abstracta antítesis al
tiempo libre —tal como se presenta desde el punto de vista de la eco-
nomía burguesa— se comprende por sí mismo. El trabajo no puede

*66 En el manuscrito, esta pégina lleva la fecha: Marzo, 1858.

convertirse en juego, como quiere Fourier, al cual pertenece el gran
mérito de haber expresado como finalidad última la supresión no de
la distribución, sino del modo de producción mismo en su forma supe-
rior. El tiempo libre —que es tanto tiempo de ocio como tiempo para
una actividad superior— ha transformado naturalmente a su poseedor
en otro sujeto y en cuanto este otro sujeto entra él entonces en el pro-
ceso de producción inmediato. Y este proceso es al mismo tiempo, dis-
ciplina, si se lo considera en relación al hombre que deviene, y ejercicio,
ciencia experimental, ciencia materialmente creadora que se objetiva en
relación con el hombre ya devenido, en cuya cabeza existe el saber
acumulado de la sociedad. Para ambos, el trabajo, en la medida en que
requiere una actividad manual práctica y movimiento libre, como en
la agricultura, es al mismo tiempo ejercicio.

A medida que se desarrolla el sistema de la economía burguesa, se
desarrolla también la negación de sí misma, que es su último resultado.
Todavía tenemos que seguir con el proceso de producción inmediato.
Si consideramos la sociedad burguesa en su totalidad, la sociedad mis-
ma, es decir, al hombre mismo en sus relaciones sociales, se presenta
siempre como último resultado del proceso de producción social. Todo
lo que tiene una forma definida, como producto, etc., se presenta sólo
como momento, como momento evanescente, en este movimiento.
El mismo proceso de producción inmediato se presenta aquí exclusiva-
mente como momento. Las condiciones y objetivaciones del proceso son
igualmente momentos del mismo, y solamente los individuos aparecen
como sujetos del mismo; pero los individuos en relaciones recíprocas,
que ellos reproducen y producen de nuevo. Su propio y constante pro-
ceso de movimiento, en el que ellos se renuevan tanto a sí mismo
como al mundo de la riqueza, que ellos crean.]]

La concepción histórica de Owen de la producción industrial (capi-
talista).

(En sus «Six lectures delivered at Manchester», 1837, habla Owen de
la diferencia que el capital por su propio crecimiento (en su forma
de manifestación más amplia, que sólo alcanza con la gran industria,
que a su vez está en conexión con el desarrollo del capital fijo) engendra
entre trabajadores y capitalistas; pero habla del desarrollo del capital
como condición necesaria para la renovación de la sociedad y cuenta
de sí mismo lo siguiente: «Fue a través de la gradual experiencia ad-
quirida en la creación y dirección de estos grandes establecimientos

(fábricas), como vuestro conferenciante (el mismo Owen) aprendió a
comprender los grandes errores y desventajas de los intentos pasados y
presentes para mejorar el carácter y la situación de sus prójimos»
(p. 58). Aquí traducimos el pasaje entero, del que hemos sacado lo
anterior, para utilizarlo en otra ocasión.

«Los productores de la riqueza desarrollada pueden ser divididos en
trabajadores en materiales blandos y trabajadores en materiales duros,
bajo la dirección inmediata, en general, de patronos, cuya finalidad es
la de hacer dinero mediante el trabajo de aquellos a quienes emplean.
Antes de la introducción del sistema manufacturero químico y mecánico,
las operaciones eran realizadas a un nivel limitado, había muchos
pequeños patronos, cada uno con unos cuantos jornaleros, que esperaban
a su vez convertirse, a su debido tiempo, en pequeños patronos. Nor-
malmente comían en la misma mesa y vivían juntos; entre ellos rei-
naba un espíritu y un sentimiento de igualdad. Desde el momento en
el que el poder de la ciencia comenzó a ser aplicado en gran medida
en el negocio de la manufactura, tiene lugar un cambio gradual en esta
situación. La mayor parte de las manufacturas, para tener éxito, tienen
que ser realizadas extensivamente y con un gran capital; los patronos
pequeños con capitales también pequeños tienen ahora pocas posibili-
dades de éxito, especialmente en las manufacturas de materiales blan-
dos, como algodón, lana, lino, etc.; ahora es en realidad evidente que
en tanto se mantenga la clasificación actual de la sociedad y la forma
actual de conducir la vida de los negocios, los pequeños patronos serán
desbancados cada vez más por aquellos que poseen grandes capitales, y
que la primitiva y relativamente más feliz situación de igualdad entre
los productores tiene que dejar paso a la máxima desigualdad entre pa-
tronos y obreros, una desigualdad como no se ha visto antes en la his-
toria de la humanidad. El gran capitalista se ha elevado ahora a la po-
sición de un señor despótico, que decide, indirectamente, sobre la salud,
la vida y la muerte, de sus esclavos, de la forma que quiere. Este poder
lo obtiene el capitalista mediante la asociación con otros grandes capi-
talistas, que tienen el mismo interés que él: el de subordinar coactiva
y eficazmente a sus propósitos a todos aquellos a quienes él emplea.
El gran capitalista nada en la riqueza, cuyo recto uso no ha apren-
dido y no conoce. Él ha adquirido el poder mediante su riqueza. Su
riqueza y su poder ciegan su mente; y cuando oprime atrozmente, cree
estar haciendo un favor... Sus sirvientes, como son llamados, en rea-

43 Cfr. Owen, Six Lectures, etc., págs. 57-58.

lidad sus esclavos, son reducidos a la degradación más desesperada; a
la mayoría de ellos le es robada la salud, el confort doméstico, el ocio
y los placeres sanos al aire libre de los tiempos pasados. Mediante el
agotamiento excesivo de sus fuerzas, producido por las ocupaciones mo-
nótonas, largamente prolongadas, ellos son inducidos a costumbres anor-
males y a la distorsión del pensamiento y la reflexión. No pueden
tener ninguna diversión física, intelectual o moral, excepto aquellas de
la peor especie; todos los placeres reales de la vida les son completa-
mente ajenos. La existencia que una gran parte de los trabajadores lleva
en el sistema actual, en resumidas cuentas, no vale la pena ser vivida.
Pero los individuos no pueden ser culpados por las alteraciones de las
cuales ellos son los resultados; éstas proceden conforme al orden regular
de la naturaleza y son estadios preparatorios y necesarios para la gran
e importante revolución social, que está en progreso. Sin grandes capi-
tales no podrían ser establecidas grandes fábricas; los hombres no
podrían llegar a comprender la posibilidad práctica de efectuar nuevas
combinaciones con la finalidad de asegurar a todos una condición supe-
rior y de conseguir la producción de una riqueza anual superior, que
todos podrían consumir, y no podrían llegar a comprender que la riqueza
debe ser de una calidad superior a la producida generalmente hasta el
presente» (loc. cit., 56, 57). «Es este nuevo sistema químico y mecánico
de la manufactura el que amplía las capacidades humanas y las prepara
para comprender otros principios y prácticas, para adoptarlos, y para
efectuar de esta forma el cambio más bienhechor en los negocios que el
mundo haya conocido. Y es este nuevo sistema de la manufactura el que
engendra ahora la necesidad de una diferente y superior clasificación
de la sociedad» (loc. cit., 58).

El capital y el valor de los agentes naturales. — El volumen del
capital fijo indica el nivel de la producción capitalista. — Deter-
minación de la materia prima, del producto, del instrumento de
producción, del consumo. — El dinero, ¿es capital fijo o capital
circulante?» — Capital fijo y capital circulante en relación con el
consumo individual.

Hemos observado previamente que la fuerza productiva (el capital fijo)
sólo confiere valor —porque sólo tiene valor— en la medida en que
ella misma es una cantidad determinada de tiempo de trabajo objetivo.
Pero ahora intervienen algunos agentes naturales, como el agua, la tierra
(ésta especialmente), minas, etc., que son apropiadas, es decir, que
poseen valor de cambio y que entran, por lo tanto, en cuanto valores,

en el cálculo de los costes de producción. Se trata, en una palabra, de la
intervención de la propiedad territorial (que comprende la tierra, las
minas, el agua). El valor de los instrumentos de producción que no son
productos del trabajo no pertenece todavía a este apartado, ya que no
se desprenden de la consideración del capital. Ellos se presentan para
el capital ante todo como presupuestos históricos, ya dados. Y como
tales nosotros los dejamos aquí de lado. Sólo la forma de la propiedad
territorial modificada de modo conforme al capital —o los agentes
naturales en cuanto magnitudes determinadoras del valor— entra den-
tro de la consideración del sistema de la economía burguesa. Para la
consideración del capital en el punto al que hemos llegado, considerar
la tierra, etc., como forma del capital fijo, no cambia nada.

Puesto que el capital fijo, en el sentido de fuerza productiva produ-
cida, en cuanto agente de la producción, aumenta la masa de los valores
de uso producidos en un tiempo determinado, él no puede aumentar
sin que aumente la materia prima que elabora (en la industria ma-
nufacturera. En la industria extractiva, como la pesca, la minería, el tra-
bajo consiste en la mera superación de los obstáculos que requiere la
obtención de materias primas o de los productos de base. En la agri-
cultura, por el contrario, la materia prima es la tierra misma; el capital
circulante las semillas, etc.). Su utilización en mayor medida presupo-
ne, por lo tanto, ampliación de la parte de capital circulante que con-
siste en materias primas, es decir, presupone también una disminución
(relativa) de la parte de capital cambiada por trabajo vivo.

En el capital fijo, el capital existe, incluso materialmente, no sólo
como trabajo objetivado, destinado a servir como instrumento de nuevo
trabajo, sino como valor, cuyo valor de uso es la creación de nuevos
valores. La existencia del capital fijo es, por lo tanto, su existencia
como capital productivo xat” ¿Eoy%v. De ahí que el nivel ya alcanzado
de desarrollo del modo de producción basado sobre el capital —o lo
que es igual, en qué medida el capital mismo es presupuesto como con-
dición de su propia producción, se ha presupuesto a sí mismo— se mida
por el volumen existente de capital fijo; no sólo por su cantidad, sino
también por su calidad.

Finalmente: en el capital fijo la productividad social del trabajo es
puesta como una cualidad inherente al capital; tanto las fuerzas de
la ciencia, como la combinación de las fuerzas sociales dentro del pro-
ceso de producción, e incluso la habilidad es transferida del trabajo
inmediato a la máquina, a la productividad muerta. En el capital circu-
lante, por el contrario, el cambio de trabajos, de las distintas ramas de

trabajo, su entrelazamiento y constitución en sistema, la coexistencia
del trabajo productivo, se presenta como cualidad del capital.*"

En cuarto lugar:

Tenemos que considerar ahora las demás relaciones del capital fijo
y del capital circulante.

Hemos dicho más arriba que en el capital circulante la relación
social de los diferentes trabajos entre sí es puesta como cualidad del
capital, así como en el capital fijo es puesta la fuerza productiva social
del trabajo.

«El capital circulante de una nación es: dinero, medios de subsisten-
cia, materias primas y l'ouvrage fait» (Adam Smith, tomo II, pág. 218).

*6 Las determinaciones de materia prima, producto, instrumento de pro-

ducción, cambian según la determinación que asumen los valores de uso en el
proceso de producción. También es producto del trabajo lo que puede ser con-
siderado como mera materia prima (ciertamente no los productos de la agricultura,
que son todos reproducidos y no sólo reproducidos en su forma original, sino
modificados también en su misma existencia natural de acuerdo con las nece-
sidades humanas. Citar a Hodges, .etc. Los productos de la industria puramente
extractiva como, por ejemplo, carbón, metales, son ellos mismos resultado del
trabajo necesario, no, sólo para sacarlos a la luz del día, sino para darles, como
ocurre con los metales, la forma en la que pueden servir como materias primas
de la industria. Pero ellos no son reproducidos, ya que todavía no sabemos cómo
hacer metales). El producto de una industria es la materia prima de otra y vice-
versa. El mismo instrumento de producción es producto de una industria y sólo
sirve como instrumento de producción en otra. Los residuos de una industria
pueden ser la materia prima de otra. En la agricultura una parte del producto
(semillas, ganado, etc.) se presenta como materia prima en la misma industria;
no sale, por lo tanto, igual que el capital fijo, nunca del proceso de producción;
la parte de los productos de la agricultura destinados al consumo de animales
puede ser considerada como materias instrumentales; pero la semilla es repro-
ducida en el proceso de producción, mientras que el instrumento en cuanto tal
es consumido en él. ¿Podría considerarse a la semilla igual que a las bestias
de labor como capital fijo, en el sentido de que permanecen en el proceso de
producción? No; de lo contrario, toda materia prima tendría que ser considerada
de esta forma. En cuanto materia prima está comprendida siempre en el proceso
de producción. Finalmente, los productos que entran en el consumo directo,
salen a su vez del consumo como materias primas para la producción, abonos
en el proceso natural, etc., papel de los desechos, etc.; pero, en segundo lugar,
su consumo reproduce al individuo en una forma de existencia determinada,
no sólo en su vitalidad inmediata, sino en determinadas relaciones sociales. De
forma tal que la apropiación final por los individuos, que tiene lugar en el
proceso de consumo, los reproduce en las relaciones origimarias, en las que
estaban recíprocamente en el proceso de producción; los reproduce en su exis-
tencia social, de forma tal que su existencia social —la sociedad— se presenta
tanto en la forma de sujeto como en la de resultado de este gran proceso global.

Con el dinero, Smith anda perplejo, y no sabe si debe llamarlo capital
circulante o capital fijo. En la medida en que el dinero sólo sirve como
instrumento de la circulación que es un momento del proceso de re-
producción total, es capital fijo; sin embargo, en cuanto instrumento
de la circulación su valor de uso es exclusivamente el de circular y
el de no entrar nunca ni en el proceso de producción auténtico, ni en el
consumo individual. Es la parte del capital constantemente fijada en la
fase de circulación; desde este punto de vista es la forma más acabada
de capital circulante; desde otro punto de vista, puesto que está fijado
como instrumento, es capital fijo.

En la medida en que se puede introducir como criterio de diferencia
entre capital fijo y capital circulante la relación con el consumo indivi-
dual, dicho criterio viene ya dado por el hecho de que el capital fijo
no entra como valor de uso en la circulación. (Una parte de las semi-
llas en la agricultura, puesto que éstas se multiplican, entra como valor
de uso en la circulación.) El no entrar como valor de uso en la circu-
lación presupone que no deviene objeto del consumo individual.

Tiempo de rotación del capital que se compone de capital fijo y
capital circulante. Tiempo de reproducción del capital fijo. Para
el capital circulante la interrupción no debe ser tan grande que
arruine su valor de uso. Para el capital fijo la continuidad de la
producción es absolutamente necesaria, etc. — Unidad de tiempo
para el trabajo es el día; para el capital circulante el año. Con
la introducción del capital fijo la unidad es constituida por un
período total más extenso. — Ciclo industrial. — Circulación del
capital fijo. — El llamado riesgo. — Todas las partes del capital
producen un beneficio uniforme — falso. — Ricardo, etc. — La
misma mercancía es unas veces capital fijo y otras circulante. — Venta
del capital en cuanto capital. — Capital fijo que entra como valor
de uso en la circulación. — Todo momento que se presenta como
presupuesto de la producción es al mismo tiempo su resultado.
Reproducción de sus propias condiciones. — Reproducción del capi-
tal como capital fijo y como capital circulante.

«El capital fijo» sirve de forma repetida a la misma operación «y cuanto
mayor sea la serie de estas repeticiones, tanto más derecho tiene el
instrumento, el motor o la máquina a la denominación de capital fijo»
(De Quincey, X, 4) Supongamos que un capital se compone de
10.000 libras, de las cuales 5.000 son capital fijo y 5.000 capital circu-

44 Cfr. QuinceEY, The Logic, etc., pág. 114. La indicación de lugar en el
texto se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

lante; este último rota 1 vez al año, el primero 1 vez en 5 años; así,
pues, 5.000, o 1/2 del capital total, rota 1 vez al año. Durante este mis-
mo año sólo rota 1/5 o 1.000 libras del capital fijo; en un año rotan,
por lo tanto, 6.000 libras o 3/5 del capital total. 1/5 del capital total

rota, por lo tanto, en 12/3 meses y el capital total en == meses,

en 60/3 = 20 meses = 1 año y 8 meses. En 20 meses ha rotado el
capital total de 10.000 libras, aunque el capital fijo sólo sea sustituido
en 5 años. Este tiempo de rotación, sin embargo, sólo tiene vigencia
para la repetición del proceso de producción y, en consecuencia, para
la creación de plusvalía; no para la reproducción del capital. Cuanto
menor sea la frecuencia con que el capital comienza de nuevo el pro-
ceso —es decir, regresa de la circulación en la forma de capital fijo—
tanto más a menudo retorna en la forma de capital circulante. Pero
con ello el capital mismo no es reemplazado. Esto vale también para el
capital circulante. Si un capital de 100 rota 4 veces al año y produce
un beneficio del 20 %, como si fuese un capital de 400 que sólo rotase
1 vez, el capital al final del año es 100 igual que antes (a pesar de que
en la producción de valores de uso y en la producción de plusvalía haya
actuado como un capital 4 veces mayor) y el otro es 400. En la medida
en que aquí la velocidad de circulación sustituye la magnitud del ca-
pital, esto muestra de manera evidente que es exclusivamente la can-
tidad de plustrabajo puesto en movimiento, y de trabajo en general la
que determina la creación de valor y la creación de plusvalía, y no
la magnitud per se del capital. El capital de 100 ha puesto sucesiva-
mente en movimiento durante el año tanto trabajo como un capital
de 400, por lo tanto, la misma plusvalía.

Pero de lo que se trata aquí es de lo siguiente: en el ejemplo ante-
rior el capital circulante de 5.000 regresa por primera vez en la mitad**
del primer año; después, una segunda vez al final de la segunda mi-
tad,*” después, al final de la primera mitad del segundo año; en la
segunda mitad del segundo año (en los primeros 4 meses)*” han re-

gresado 3.333 libras, y el resto será reembolsado al final de este

medio año.

*68 «En la mitad»; debería decir, «al final».

*6% «De la segunda mitad»; debería decir, «del segundo año».

*70 «En los primeros 4 meses»; debería decir, «en los primeros 8 meses
del segundo año».

Sin embargo, del capital fijo sólo ha regresado 1/5 en el primer año,
1/5 en el segundo. En las manos del propietario se encuentran al final
del primer año 6.000 libras, al final del segundo 7.000, del tercero 8.000,
del cuarto 9.000 y del quinto 10.000. Sólo al final del quinto año se
encuentra de nuevo en posesión de su capital total, del capital con el
que empezó el proceso de producción; a pesar de que su capital ha
acuado en la creación de plusvalía como si hubiera rotado por completo
en 20 meses, sin embargo, el capital global sólo es reproducido en
5 años. La primera determinación de la rotación es importante para la
proporción en la que el capital se valoriza; pero la segunda introduce
una nueva relación, que no tiene lugar en absoluto cuando se trata del
capital circulante. Puesto que el capital circulante entra por completo
en la circulación y retorna por completo de ella, es reproducido como
capital con la misma frecuencia con que es realizado como plusvalía o
como pluscapital. Pero puesto que el capital fijo no entra nunca en la
circulación como valor de uso, entonces no es en modo alguno repro-
ducido cuando es realizada la plusvalía determinada por el tiempo me-
dio de rotación del capital total. La rotación del capital circulante tiene
que tener lugar 10*” veces en 5 años, antes de que el capital fijo sea
reproducido; es decir, el período de rotación del capital circulante tiene
que repetirse 10*” veces, mientras el del capital fijo sólo se repite una
y la rotación total media del capital —20 meses— tiene que repetirse
3 veces, antes de' que el capital fijo sea reproducido. Cuanto mayor sea
la parte del capital que consiste en capital fijo —es decir, cuanto más
actúe el capital en el modo de producción que a él le corresponde, con
una mayor utilización de fuerza productiva producida y cuanto más
duradero sea el capital fijo, es decir, cuanto mayor sea el tiempo de
reproducción del mismo, y cuanto más corresponda su valor de uso a
su determinación—, con tanta más frecuencia tiene que repetir la parte
del capital que es determinada como circulante el período de su rota-
ción y tanto mayor es el tiempo global que el capital necesita para
recorrer por completo el recorrido total de la circulación. De ahí que
la continuidad de la producción se haya convertido en una necesidad
externa para el capital con el desarrollo de la parte del mismo deter-
minada como capital fijo. Para el capital circulante, la interrupción cuan-
do no dura tanto como para arruinar su valor de uso, sólo es una
interrupción en la creación de plusvalía. En el capital fijo, sin embargo,

«10 veces»; debería decir «5 veces».
«10 veces»; debería decir «5 veces».

8. — GRUNDRISSE, OMB 22

la interrupción, en la medida en que, en el ínterin, su valor de uso es
necesariamente anulado relativamente de forma improductiva, es decir,
sin reponerse como valor, representa una destrucción de su valor ori-
ginal. Por lo tanto, sólo con el desarrollo del capital fijo es puesta la
continuidad del proceso de producción, que responde al concepto de
capital, como una condición sine qua non para su conservación; de ahí
también la continuidad y el desarrollo constante del consumo.

Esto es el n.” 1. Pero el n.? II es todavía más importante desde el
punto de vista formal. El tiempo total según el cual nosotros hemos
medido el retorno del capital era el año, mientras que la unidad de
tiempo en la que hemos medido el trabajo era el día. Esto lo hicimos
así, en primer lugar, porque el año es más o menos el tiempo de repro-
ducción natural o la duración de la fase de producción para la repro-
duccián de la mayor parte de las materias primas vegetales utilizadas
en la industria. La rotación del capital circulante estaba, por lo tanto,
determinada por el número de rotaciones en el año, entendido como
tiempo total. En realidad, el capital circulante comienza su reproduc-
ción al final de cada rotación, y si el número de rotaciones durante el
año influye en el valor total, entonces los fata que padece durante
su rotación se presentan como algo ciertamente determinante por lo que
se refiere a las condiciones en las cuales comienza de nuevo la repro-
ducción, pero cada uno es por sí mismo un acto de vida completo. Tan
pronto como el capital se ha reconvertido en dinero, puede, por ejem-
plo, transformarse en otras condiciones de producción distintas de las
primeras, puede pasar de una rama de producción a otra, de forma tal
que la reproducción, considerada desde un punto de vista material, no
se repite en la misma forma.

Mediante la intervención del capital fijo se modifica esto, y ni el
tiempo de rotación del capital, ni la unidad, en la que es medido su
número (de rotaciones), es decir, el año, se presentan como medida
de tiempo para el movimiento del capital. Esta unidad está ahora deter-
minada más bien por el tiempo de reproducción requerido por el capital
fijo, y por lo tanto, por el tiempo de circulación total que el capital fijo
necesita para entrar como valor en la circulación y regresar de ella en
su totalidad de valor. La reproducción del capital fijo*”? durante todo
este tiempo tiene que proceder materialmente en la misma forma, y el
número de sus rotaciones necesarias, es decir, de las rotaciones necesa-
rias para la reproducción del capital originario, está repartido en una

*73 «fijo»; ed. 1939 «circulant» (circulante).

serie mayor o menor de años. En consecuencia, es un período total mayor
el que está puesto como unidad, con el que son medidas sus rotaciones,
y la repetición de las mismas no está ahora en una conexión externa,
sino necesaria con esta unidad. Según Babbage la reproducción media
de la maquinaria en Inglaterra es 5 años;** la reproducción real, por
lo tanto, es quizá 10 años. No puede existir la menor duda respecto
al hecho de que el ciclo que la industria recorre, desde el desarrollo del
capital fijo, en gran medida en un espacio de tiempo de más o menos
10 años, está en conexión con esta fase de reproducción global del ca-
pital determinada de esta manera. Nosotros encontraremos otras razones
de esta determinación. Pero ésta es una. Ántes también había épocas
buenas y malas para la industria, y también para las cosechas (agricul-
tura). Pero el ciclo industrial plurianual dividido en épocas y períodos
característicos es algo que pertenece a la gran industria.

Ahora llegamos a una nueva diferencia que entra en juego: la n.* III.

El capital circulante fue expulsado del proceso de producción en la
forma de producto, de valor de uso creado de nuevo, a la circulación, y
entró por completo en ella; el valor del producto fue reconvertido en
dinero (todo el tiempo de trabajo en él objetivado, tanto el trabajo ne-
cesario como el plustrabajo), fue realizado por completo, y con ello
fue realizada la plusvalía, y fueron cumplidas al mismo tiempo todas
las condiciones de la reproducción. Con la realización del precio de la
mercancía fueron cumplidas todas estas condiciones y el proceso pudo
empezar de nuevo. Esto, sin embargo, sólo tiene vigencia para la parte
del capital circulante que entra en la gran circulación. Por lo que a la
otra parte se refiere, a aquella que continuamente acompaña al mismo
proceso de producción, la circulación de esta parte que es transformada
en salarios depende naturalmente de si el trabajo es utilizado en la
producción de capital fijo o de capital circulante, de si estos salarios son
o no sustituidos por otro valor de uso que entra en la circulación.

El capital fijo, por el contrario, no circula él mismo como valor de
uso, sino que exclusivamente en la medida en que es consumido como
valor de uso en el proceso de producción entra como valor en la ma-
teria prima manufacturada (en la industria y en la agricultura) o en
la materia prima directamente extraída (en la minería). El capital fijo,
por lo tanto, en su forma desarrollada retorna exclusivamente en un
ciclo de años que comprende una serie de rotaciones del capital circu-
lante. No es cambiado de una vez en el producto por dinero, de forma
tal que su proceso de reproducción coincida con la rotación del capital

45 Cfr. BABBAGE, Traité, etc. págs. 375-376.

circulante. Sólo entra sucesivamente en el precio del producto, y por
lo tanto, sólo retorna sucesivamente como valor. El capital fijo retorna
en períodos más largos de forma fragmentaria, mientras que el capital
circulante circula en períodos más breves por completo. En la medida
en que el capital fijo existe en cuanto tal, no retorna, porque no entra en
la circulación; en la medida en que entra en la" circulación, no con-
siste en capital fijo, sino que constituye una parte constitutiva ideal
del valor del capital circulante. Él sólo retorna en general, en la medida
en que directa o indirectamente se transforma en producto, es decir,
en capital circulante. Puesto que el capital fijo no es ningún valor de
uso inmediato para el consumo, no entra como valor de uso en la circu-
lación.

Este modo diverso de rotación del capital fijo y del capital circu-
lante se presentará más adelante en todo su sentido como diferencia
entre venta y alquiler, annuity (renta anual), interés y beneficio, alquiler
en sus diferentes formas y beneficio; y la no comprensión de esta di-
ferencia exclusivamente formal ha conducido a Proudhon y a su banda
a las conclusiones más confusas, como ya veremos más adelante. El
«Economist» en sus consideraciones sobre la última crisis reduce toda
la diferencia entre capital fijo y capital circulante a la «reventa de los
artículos en un período breve y con un beneficio» (Economist n. 754,
6 de febrero de 1858) y «a la producción de una renta lo suficiente-
mente grande, como para proveer a los gastos, al riesgo, al uso y con-
sumo y a la tasa de interés en el mercado.* *"* El retorno más breve,

488 Cfr. The Economist, etc. Vol. XVI, n.* 754, February 6, 1858, pág. 137.
Artículo: Deposits and Discounts. Effects produced on the ordinary relations
of floating and fixed capital.

*74 El riesgo que juega un papel entre los economistas en la determinación
del beneficio —en la plusganancia no puede evidentemente jugar ninguno, ya
que la creación de plusvalía no deviene mayor, ni posible, por el hecho de que
el capital corre riesgos en la realización de esta plusvalía—, es el peligro de
que el capital no recorra las diferentes fases de la circulación, o de que perma-
nezca fijado en una de ellas. Hemos visto, que el beneficio entra en los costes
de producción, si no del capital, sí del producto. La necesidad para el capital de
realizar este beneficio, o parte del mismo, se presenta como una doble coacción
externa. Tan pronto como el interés y el beneficio se separan, el capitalista indus-
trial tiene que pagar interés, y, en consecuencia, una parte del beneficio constituye
costes de producción desde el punto de vista del capital, es decir, entra dentro
de sus gastos. Por otra parte, para cubrirse del peligro de la devaluación, que
corre en las metamorfosis del proceso total, el capital se procura un average
assecurance. Una parte del beneficio sólo es para él compensación por el riesgo
que corre para hacer más dinero; un riesgo en el que se puede perder el mismo

a causa de la venta de todo el artículo y el mero retorno anual de una
parte del capital fijo, ya lo hemos discutido más arriba. Por lo que al
beneficio se refiere —el beneficio del comerciante no nos interesa aquí—
cada parte del capital circulante, en cuanto que sale de y retorna al
proceso de producción, es decir, en la medida en que contiene trabajo
objetivado (el valor de los anticipos), trabajo necesario (el valor de
los salarios) y plustrabajo, produce beneficio tan pronto como recorre
la circulación, porque en el producto es realizado el plustrabajo que
está contenido en él. Pero no es ni el capital circulante ni el capital
fijo el que crea el beneficio, sino la apropiación de trabajo ajeno me-
diada por ambos, es decir, au fond sólo la parte del capital circulante
que entra en la circulación pequeña. Este beneficio, sin embargo, sólo
es realizado en realidad mediante el ingreso del capital en la circulación,
es decir, sólo en su forma de capital circulante, nunca en su forma de
capital fijo. Lo que el Economist, sin embargo, entiende aquí por capital
fijo —en la medida en que se habla de ingresos a través del mismo—
es la forma de capital fijo en la que éste no entra directamente en el
proceso de producción como maquinaria, sino en la forma de ferrocarril,
edificios, mejoras agrícolas, canales, etc.,*” en la que la realización del
valor y de la plusvalía en él contenidos se presenta en la forma de una
annuity (renta anual), de la cual el interés representa la plusvalía y la
renta anual el retorno sucesivo del valor anticipado. Aquí, por lo tanto,
no se trata en realidad (aunque esto ocurre en las mejoras agrícolas)
de un ingreso del capital fijo en la circulación por el hecho de que él
constituye una parte del producto, sino de la venta del capital fijo
en la forma de su valor de uso. Aquí el capital fijo no es vendido de
una vez, sino como renta anual. Ahora está claro, d'abord, que algunas
formas del capital fijo figuran primero como capital circulante y sólo

valor presupuesto. En esta forma el beneficio se presenta para el capital como algo
que ha de ser realizado necesariamente para la salvaguarda de su reproducción.
Ambas relaciones no determinan naturalmente la plusvalía, sino que hacen apare-
cer su creación como necesidad extrínseca para el capital, no sólo como satisfac-
ción de su tendencia al enriquecimiento.

*15 El que todas las partes del capital produzcan uniformemente un beneficio,
esta ilusión que procede de la división de la plusvalía en porciones medias, in-
dependientemente de las relaciones de las partes constitutivas del capital como
capital fijo y circulante, y de la parte del mismo transformada en trabajo vivo,
no nos interesa aquí. Ricardo, que comparte a medias esta ilusión, considera desde
el principio en la determinación del valor en cuanto tal la influencia de las
partes del capital fijo y del capital circulante, y el reverendo Malthus habla de
forma estúpidamente cándida de los beneficios que corresponden al capital fijo,
como si el capital creciera orgánicamente en virtud de una fuerza natural.

devienen capital fijo cuando son fijadas en el proceso de producción;
por ejemplo, los productos en circulación de un fabricante de máquinas
son máquinas, exactamente igual que la tela estampada es el producto
de un tejedor de algodón, y para aquél los productos entran en la circu-
lación de la misma manera que para éste. Para él las máquinas son
capital circulante; para el fabricante, que las necesita en el proceso
de producción, son capital fijo, porque para aquél la máquina es pro-
ducto y sólo para éste es instrumento de producción. Asimismo las
casas, a pesar de su inamovilidad, son capital circulante para el construc-
tor; para aquel que las compra, para alquilarlas o para utilizarlas como
edificios para la producción, son capital fijo. Sobre el capital fijo que
ahora circula como valor de uso, es decir, que es vendido y cambia de
manos, ya hablaremos más adelante.

Pero el punto de vista según el cual el capital es vendido en cuanto
capital —bien como dinero o en la forma de capital fijo—, no pertenece
claramente a este apartado, en el que consideramos la circulación como
movimiento del capital, en el que el capital se pone en sus diferentes
momentos conceptualmente determinados. El capital productivo deviene
producto, mercancía, dinero y se transforma de nuevo en condiciones
de producción. En cada una de estas formas continúa siendo capital y
deviene capital, sólo en la medida en que consigue realizarse como tal.
En tanto el capital permanece en una de las fases, está fijado como
capital en mercancías, capital en dinero, o capital industrial. Pero cada
una de estas fases constituye exclusivamente un momento de su movi-
miento, y en la forma en la que el capital se separa de sí mismo, para
pasar de una fase a la siguiente, deja de ser capital. Si el capital se se-
para de sí mismo como mercancía y se convierte en dinero o viceversa,
entonces él no existe como capital en la forma separada, sino en la
forma nuevamente asumida. Ciertamente la forma separada puede de-
venir a su vez forma de otro capital, o puede ser forma directa de pro-
ducto consumible. Pero-esto no nos interesa y tampoco le interesa al
capital, en la medida en que se trata de su ciclo que gira en torno a
sí mismo. El capital separa de sí mismo más bien cada una de las for-
mas como su-no-ser-capital, para asumirlas de nuevo posteriormente
Pero si el capital es prestado como dinero, tierra, casa, etc., entonces
el capital en cuanto capital deviene mercancía, o la mercancía, que es
puesta en circulación es el capital en cuanto capital. Esto lo tratamos
más detalladamente en la próxima sección.

Lo que es pagado en la transformación de la mercancía en dinero
—en la medida en que su precio hace referencia a la parte del capital
fijo que ha pasado al valor— es la parte requerida para su reproduc-

ción parcial, la parte usada y gastada en el proceso de producción. Lo
que el comprador paga, por lo tanto, es el uso o consumo del capital
fijo, en la medida en que éste es valor, es trabajo objetivado. Puesto
que este uso y consumo tiene lugar sucesivamente, el comprador lo
paga en las sucesivas porciones del producto, mientras que la parte
alícuota de materia prima que está contenida en el producto es pagada
por completo en el precio del producto. No sólo es pagada sucesiva-
mente, sino que una masa de compradores paga simultáneamente en
porciones la parte alícuota del capital fijo consumido y gastado, en pro-
porción a la cantidad de productos comprados. Puesto que en la primera
mitad de la circulación del capital éste aparece como M y el comprador
como D, puesto que su finalidad es el valor, mientras que la del com-
prador es el uso (que dicho uso sea a su vez productivo no nos interesa
aquí en absoluto, ya que aquí sólo tenemos que considerar el lado for-
mal, tal como se presenta para el capital en su circulación), la relación
del comprador con el producto es la de consumidor. Indirectamente, por
lo tanto, el comprador paga en todas las mercancías sucesivamente y
en porciones el uso y consumo del capital fijo, a pesar de que éste, en
cuanto valor de uso, no entra en la circulación. Hay, sin embargo, for-
mas de capital fijo en las que el comprador paga directamente por su
valor de uso, como en los medios de comunicación y transporte. En
todos estos casos, como en los ferrocarriles, en realidad el capital fijo
no sale nunca del proceso de producción. Pero, mientras para uno, dicho
capital sirve como medio de comunicación dentro del proceso de pro-
ducción, para traer el producto al mercado, y como medio de comuni-
cación para el productor mismo, para el otro puede servir como medio
de consumo, como valor de uso, como ocurre, por ejemplo, para aquel
que viaja por placer, etc. Considerado como instrumento de produc-
ción, este capital fijo se distingue de la máquina, etc., en que es utilizado
por diferentes capitales simultáneamente como condición común para
su producción y circulación. (Con el consumo en cuanto tal no tenemos
nada que ver aquí todavía.) Este capital fijo no se presenta como algo
incluido dentro del proceso de producción particular, sino como una
arteria que conecta una masa de tales procesos de producción de capi-
tales particulares, que sólo lo consumen en porciones sucesivas. Frente
a todos estos capitales particulares y frente a sus procesos de produc-
ción particulares el capital fijo está aquí, por lo tanto, determinado como
el producto de una rama de producción particular, separada de ellos,
pero en la cual no ocurre, como con la máquina, que el productor la
vende como capital circulante, y el otro la compra como capital fijo,
sino que en esta rama el capital fijo sólo puede ser vendido en la forma

de capital fijo. Y aquí aparece de forma clara lo que en la mercancía
está oculto, a saber: el retorno en fases sucesivas. Pero al mismo tiem-
po, en cuanto producto vendido (para el industrial la máquina que él
utiliza no es producto), éste incluye la plusvalía, es decir, el retorno
del interés y el beneficio, si los hay. Puesto que este capital fijo puede
ser consumido, puede ser valor de uso para el consumo inmediato en
la misma forma simultánea y sucesiva, su venta —no como instrumento
de producción, sino como mercancía en general— se presenta tam-
bién en la misma forma. Pero en la medida en que es vendido como
instrumento de producción —una máquina es vendida como simple
mercancía y sólo deviene instrumento de producción en el proceso in-
dustrial—, es decir, en la medida en que su venta coincide directamente
con su uso'en el proceso de producción social general, es ésta una de-
terminación 'que no pertenece a la consideración de la circulación sim-
ple del capital. En ésta el capital fijo, en la medida en que interviene
como agente de la producción, se presenta como presupuesto del proceso
de producción, y no como resultado del mismo. Se puede tratar, por lo
tanto, exclusivamente de la reposición de su valor, en el que no está
incluida ninguna plusvalía para aquel que lo utiliza. La plusvalía ha sido
pagada por él al fabricante de la máquina. Un ferrocarril o edificios al-
quilados para la producción son, sin embargo, al mismo tiempo instru-
mentos de producción y son realizados simultáneamente como producto,
como capital por su vendedor.

Puesto que todo momento que aparece como presupuesto de la
producción es al mismo tiempo su resultado —en la medida en que
la producción reproduce sus propias condiciones— la división originaria
del capital dentro del proceso de producción se presenta ahora de for-
ma tal, que el proceso de producción se escinde en tres procesos de
producción, en los que trabajan porciones diversas del capital, que apa-
recen ahora como capitales particulares. (Aquí podemos continuar dando
por supuesto que sólo trabaja un único capital, ya que consideramos
al capital en cuanto tal, y mediante esta forma de consideración deviene
más fácil lo que se ha de decir sobre la proporción de estas diferentes
especies.) El capital es reproducido anualmente en porciones diferen-
tes y mutables como materia prima, como producto, y como instru-
mento de producción; en una palabra, como capital fijo y como capital
circulante. En cada uno de estos procesos de producción aparece como
presupuesto al menos la parte del capital circulante que está destinada
al cambio con la fuerza de trabajo y para el mantenimiento y consumo
de la maquinaria o del instrumento, y el instrumento de producción.
En la industria puramente extractiva, por ejemplo, en la minería, la

mina existe como material de trabajo, pero no como materia prima que
pasa al producto, la cual, por el contrario, tiene que tener en la indus-
tria manufacturera en todas sus formas una existencia particular. En
la agricultura, las semillas, abonos, animales, etc., así como también la
materia prima, pueden ser considerados como materias instrumentales.
La agricultura constituye un modo de producción sui generis, porque
al proceso mecánico y químico se añade el proceso orgánico, y el proceso
de reproducción natural es simplemente controlado y dirigido; asi-
mismo la industria extractiva (la industria minera principalmente) es
también una industria sui generis, porque en ella no tiene lugar ningún
proceso de reproducción, al menos ninguno que se encuentre bajo nues-
tro control o que nos sea conocido. (La pesca, la caza, etc., pueden
estar ligados al proceso de reproducción; igualmente la utilización de
los bosques; éstas no son necesariamente industrias puramente extrac-
tivas.) Ahora bien, en la medida en que el instrumento de producción,
el capital fijo en cuanto producto del capital y que contiene, por lo
tanto, tiempo excedente objetivado, está constituido de forma tal, que
puede ser separado de su productor como capital circulante; por ejem-
plo, la máquina del constructor de máquinas, antes de que se convierta
en capital fijo, es decir, antes de que entre como valor de uso en la
circulación, en la medida en que esto es así, la circulación no contiene
ninguna determinación nueva. Sin embargo, en la medida en que, como
ocurre con los ferrocarriles, no puede ser enajenado, mientras sirve
como instrumento de producción, o en la medida en que es usado como
tal, entonces tiene en común con el capital fijo en general, que su valor
sólo retorna sucesivamente; pero a esto se añade entonces el hecho de
que en este retorno del valor está incluido el retorno de su plusvalía, del
plustrabajo en él objetivado. Tiene, pues, una forma particular de re-
torno.

Ahora bien, lo importante es lo siguiente: que la producción del
capital se presenta como producción de capital circulante y de capital
fijo en porciones determinadas, de forma tal que el capital produce su
doble especie de circulación como capital fijo y como capital circu-
lante.

Capital fijo y capital circulante. — Economist. Smith. El equivalente
del capital circulante tiene que ser producido en un año. No ocurre
así con el del capital fijo. Compromete la producción de años su-
cesivos

Antes de liquidar el último punto, hemos de tratar de algunas cuestio-
nes secundarias. «Capital circulante es consumido, capital fijo simple-
mente usado en la gran obra de la producción» (Economist VI, pág. 1).
La diferencia de consumo y uso se resuelve en la destrucción más lenta .
o más rápida. No necesitamos detenernos más tiempo en este punto.

«El capital circulante adopta una ¿infinita variedad de formas, el ca-
pital fijo sólo tiene una» (Economist VI, pág. 1). Esta «infinita varie-
dad de formas», en la medida en que es considerado el mismo proceso de
producción del capital, es reducida de forma mucho más correcta por
Adam Smith a un mero cambio de forma. El capital fijo es de utilidad
para su dueño «en tanto continúa existiendo en la misma forma».*
Esto quiere decir que permanece como valor de uso, en una existencia
material determinada, en el proceso de producción. El capital circulante,
por el contrario (A. Smith, t. 1L, págs. 197, 198) «parte constantemente
de su mano en una forma determinada (como producto), para regresar
en otra (como condición de producción), y sólo mediante esta circulación
y cambio sucesivos es como produce beneficio». Smith no habla aquí
de la «infinita variedad de formas», en las que se presenta el capital
circulante. Considerado desde el punto de vista material, el «capital fijo»
adopta también una «infinita variedad de formas»; sino que Smith
habla de metamorfosis que el capital circulante recorre como valor de
uso, y esta «infinita variedad de formas» se reduce, por lo tanto, a las
diferencias cualitativas de las diferentes fases de la circulación. El capital
circulante, considerado en un proceso de producción determinado, re-
torna siempre en la misma forma de materias primas y de dinero para
los salarios. La existencia material es al final del proceso la misma
que al comienzo. Por lo demás, el mismo Economist reduce en otro
pasaje la «infinita variedad de formas» al cambio de forma de la circu-
lación conceptualmente determinado. «La mercancía es consumida por

487 Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.” 219, November 6, 1847, pág. 1271.

ss Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 197 <Investigación...,
pág. 253».

48 Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 198 <Investigación...,
pág. 253)».

completo en la forma en que es producida» (es decir, entra como valor
de uso en la circulación y es expulsada de ella como tal) «y es sustituida
en sus manos en una mueva forma» (como materias primas y salarios),
«dispuesta a repetir una operación similar» (más bien la misma ope-
ración) (loc. cit., VI, pág. 1). Smith dice también expresamente, que
el capital fijo «no necesita ninguna circulación» (t. II, 197, 198).*
En el capital fijo, el valor está confinado en un valor de uso determi-
nado; en el capital circulante, el valor toma la forma de diferentes
valores de uso, y también la forma (de dinero) independiente de
todo valor de uso determinado, así como también la aparta de sí;
tiene lugar, por lo tanto, un constante cambio material y formal.

«El capital circulante le suministra (al empresario) las materias y
salarios de los trabajadores y pone la industria en movimiento» (4. Smith,
t. II, pág. 226).*""** «Todo capital fijo proviene originariamente de
un capital circulante y necesita ser constantemente mantenido por un
capital circulante» (loc. cit., pág. 207). «Puesto que se retira continua-
mente una parte tan grande para ser arrojada en las otras dos ramas
del fondo general de la sociedad, este capital necesita a su vez ser re-
novado por aprovisionamientos continuos, sin los cuales quedaría redu-
cido muy pronto a nada. Estos aprovisionamientos son extraídos de
tres fuentes principales: el producto de la tierra, el de las minas y el
de la pesca» (loc. cit., pág. 208).

[[Una distinción subrayada por el Economist ya la hemos desa-
rrollado: «Toda producción cuyo coste total retorna al productor a
partir de los ingresos corrientes del país es capital circulante; pero toda
producción por la cual sólo es pagada una suma anual por su uso es
capital fijo». (Cuaderno VI, pág. 1). «En el primer caso, el productor
depende por completo de los ingresos corrientes del país (loc. cit.). Ya
hemos visto que sólo una parte del capital fijo retorna en el tiempo
determinado por el capital circulante, en el tiempo que sirve como
unidad de sus rotaciones, porque es la unidad natural para la reproduc-
ción de la mayor parte de los medios de subsistencia y de las materias

0 Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.” 219, November 6, 1847, pág. 1271.

491 Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 198 <Investigación...,
pág. 253).

1% Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 226 <Investigación...,
pág. 256».

493 Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.* 219, November 6, 1847, pág. 1271.

*76 «226», ed. 1939 «126».

primas, así como también porque se presenta como el período natural
en el proceso vital (cósmico) de la Tierra. Esta unidad es el año, cuyo
cómputo civil se desvía más o menos, pero de forma insignificante
de su magnitud natural. Cuanto más corresponde la existencia material
del capital fijo a su concepto, cuanto más adecuado es su modo de
existencia material, tanto mayor es el ciclo de años que comprende su
tiempo de rotación. Puesto que el capital circulante es cambiado por
completo primero por dinero, y segundo por sus propios elementos,
esto presupone que es producido un equivalente igual a su valor total
(que incluye la plusvalía). No se puede decir que el capital circulante
entra o puede entrar por completo en el consumo; ya que él tiene que
servir también en parte como materia prima o como elemento para el
capital fijo, es decir, como elemento para la producción —para una
producción equivalente—. Una parte del valor de uso expulsado por
el capital como producto, como resultado del proceso de producción
deviene objeto del consumo y cae, por lo tanto, fuera de la circulación
del capital en general; otra parte entra en otro capital como condición
de producción. Esto está puesto en la misma circulación del capital, ya
que éste, en la primera mitad de la circulación, se separa de sí mismo
como mercancía, es decir, como valor de uso, y por lo tanto, aunque
tiene una relación consigo mismo en esta forma, el capital se desvincula
de su propia circulación como valor de uso, como artículo de consumo;
en la segunda mitad de su circulación, por el contrario, el capital se
cambia como dinero por mercancía o en cuanto condición de produc-
ción. En cuanto valor de uso circulante el capital pone su existencia
material tanto como artículo de consumo, cuanto como nuevo elemento
de producción, o mejor, como elemento de reproducción. Pero en am-
bos casos debe existir íntegramente su equivalente; es decir, tiene que
ser producido íntegramente durante el año. Por ejemplo, todos los pro-
ductos manufacturados, que pueden ser cambiados durante un año
por los productos de la agricultura están determinados por la masa de
los productos en bruto producidos en el año, calculada de una cosecha
a otra. Puesto que aquí hablamos del capital en su devenir, no tenemos
al margen del mismo —en la medida en que los múltiples capitales no
existen todavía para nosotros— más que al mismo capital y a la circu-
lación simple, a partir de la cual el capital absorbe en sí el valor en
la forma doble de dinero y mercancía, y a la que él arroja el valor en la
doble forma de dinero y mercancía. Si un pueblo industrial, que produce
sobre la base del capital, como, por ejemplo, Inglaterra cambia con los
chinos y absorbe el valor de su proceso de producción en la forma de
dinero y mercancía, o los atrae a la esfera de circulación de su capital,

se ve en seguida que no por ello los chinos necesitan producir como
capitalistas. Dentro de una misma sociedad, como la inglesa, el modo de
producción del capital se desarrolla en un rama de la industria, mien-
tras que en la otra, por ejemplo, en la agricultura, dominan más o
menos modos de producción que preceden al capital. Sin embargo, su
tendencia necesaria es 1) la de someter bajo su poder, en todos los pun-
tos, el modo de producción, es decir, ponerlo bajo el dominio del capi-
tal. Dentro de una determinada sociedad nacional esto resulta necesa-
riamente mediante la transformación, a través del mismo, de todo tra-
bajo en trabajo asalariado; 2) por lo que se refiere a los mercados ex-
teriores, el capital impone esta propagación de su modo de producción
a través de la competencia internacional. La competencia es, en general,
la forma en la que el capital impone su modo de producción. Una cosa
está clara hasta el momento: independientemente de que sea de nuevo
un capital, o de que sea el capital mismo en la forma de otro capital,
el que está en ambos lados de los cambios sucesivos y cada vez está en
una determinación opuesta, independientemente de esto, ambas deter-
minaciones están ya puestas, antes de que nosotros tomáramos en con-
sideración este doble movimiento, por la circulación del capital mis-
mo. En la primera fase, el capital se aparta como valor de uso, como
mercancía, del movimiento del capital y se cambia como dinero. La
mercancía expulsada de la circulación del capital es la mercancía no
como momento del valor que se perpetúa, como existencia del valor.
La mercancía es, por lo tanto, su existir como valor de uso, su ser para
el consumo. El capital sólo es transformado de la forma de mercancía
a la forma de dinero en la medida en que en la circulación ordinaria se
presenta frente a él un individuo que cambia en la forma de consumi-
dor y transforma D en M; este sujeto realiza la transformación según
su lado material, de forma tal que él se relaciona como consumidor
con el valor de uso en cuanto valor de uso, y sólo así es el valor de uso
reembolsado al capital como valor. El capital produce, por lo tanto,
artículos de consumo, pero los expulsa de sí en esta forma, los expulsa
de su circulación. Sobre la base de las determinaciones desarrolladas
hasta el momento no resulta ninguna otra relación. La mercancía, que
es expulsada en cuanto tal de la circulación del capital, pierde su de-
terminación como valor y cumple su determinación de valor de uso
para el consumo distinto de la producción. En la segunda fase de la
circulación, sin embargo, el capital cambia dinero por mercancía, y su
transformación en mercancía se presenta ahora como momento de la
creación de valor, porque la mercancía en cuanto tal es introducida en
el proceso de circulación del capital. Si en la primera fase el capital

presupone el consumo, en la segunda presupone la producción: la pro-
ducción para la producción; pues el valor en la forma de mercancía es
introducido desde fuera en la circulación del capital, o lo que es igual,
tiene lugar el proceso inverso al de la primera fase. La mercancía como
valor de uso para el capital sólo puede ser la mercancía como elemento,
como valor de uso para su proceso de producción. El proceso presenta
un doble aspecto: el capital a cambia su producto en la forma de M
por D del capital ¿ en la primera fase; en la segunda, el capital b se
cambia como M por D del capital a. O bien, en la primera fase el ca-
pital b se cambia como D por M del capital a, y en la segunda, el
capital a como D se cambia por M del capital b. Esto quiere decir,
que, en cada una de las dos fases de la circulación, el capital es puesto
como D y M; pero en dos diferentes capitales, que se encuentran siem-
pre en la fase opuesta de su proceso de circulación. En el proceso de
circulación simple los actos de cambio M-D o D-M se presentan como
actos que coinciden inmediatamente o inmediatamente divergen. La
circulación no es solamente la sucesión de ambas formas de cambio, sino
que es simultáneamente cada una de ellas distribuida en dos partes di-
ferentes. Sin embargo, aquí no tenemos todavía nada que ver con el
cambio entre muchos capitales. Esto entra dentro de la teoría de la
competencia o también de la circulación de los capitales (en el crédito).
Lo que nos interesa aquí es el presupuesto del consumo por un lado
—de la mercancía expulsada como valor de uso del movimiento del
valor— y el presupuesto de la producción para la producción —<el va-
lor puesto como valor de uso, como condición para su reproducción,
externa a la circulación del capital — del otro, ya que ambos lados de-
rivan de la consideración de la forma simple de la circulación del capi-
tal. Hasta el momento está claro lo siguiente: puesto que el capital
circulante es cambiado por completo como M por D en la primera fase,
y como D por M en la segunda, entonces, si consideramos el año como
unidad de tiempo de sus evoluciones, sus transformaciones están limita-
das por el hecho de que, tanto las materias primas, etc., son reprodu-
cidas anualmente (la mercancía con la que el capital se cambia como
dinero tiene que ser reproducida; al dinero tiene que corresponder una
producción simultánea) como por el hecho de que es creada constante-
mente una renta anual (la parte de D que es cambiada por la mercan-
cía como valor de uso) para consumir el producto del capital expulsado
como valor de uso. En cuanto tal renta —puesto que no están presentes
todavía relaciones ulteriormente desarrolladas— sólo existe la de los ca-
pitalistas y la de los trabajadores. Por lo demás, la consideración del
cambio entre capital y renta, otra forma de la relación entre produc-

ción y consumo, no pertenece todavía a este apartado. Por otra parte,
puesto que el capital fijo sólo es cambiado en la medida en que entra
como valor en el capital circulante, es decir, puesto que sólo es valori-
zado en parte en el año, él solo presupone un equivalente parcial, es
decir, una producción parcial de este equivalente a lo largo del año.
El capital fijo sólo es pagado en proporción a su desgaste. Hasta el mo-
mento está claro algo, que deriva de la diferencia en el ciclo industrial
que introduce el capital fijo, de lo que hablamos antes, y es lo siguien-
te: el capital fijo compromete la producción de años sucesivos; y así
como contribuye a la creación de una gran renta, también anticipa tra-
bajo futuro como equivalente. La anticipación de frutos futuros del
trabajo no es en modo alguno una consecuencia de la deuda pública, etc.,
no es, en resumidas cuentas, una invención del sistema de crédito. Tiene
su raíz en la forma específica de valorización, rotación y reproducción
del capital fijo.]]

Puesto que aquí se trata esencialmente para nosotros de fijar las
determinaciones formales puras, y de no mezclarlas con elementos in-
debidos, está, por lo tanto, claro de cuanto se ha dicho hasta el mo-
mento, que las diferentes formas en las que producen renta el capital
fijo y el capital circulante —así como también la consideración de la
renta en general — no entran dentro de este apartado; aquí sólo entran
las diferentes formas en que dichos capitales circulan y actúan sobre
la circulación global del capital, sobre su movimiento de reproducción
en general. Pero lo que se ha alegado ocasionalmente es importante
—<en la medida en que rechaza simultáneamente todos los elementos
heterogéneos mezclados por los economistas, que están fuera de lugar
en la consideración de la simple diferencia entre capital fijo y capital
circulante—, porque nos ha mostrado que la diferenciación en la ren-
ta, etc., tiene su base en la diferencia formal de la reproducción del
capital fijo y del capital circulante. Aquí se trata exclusivamente
del simple retorno del valor. De qué forma esto se convierte en
retorno de la renta y ésta se convierte en diversidad en la determina-
ción de la renta, se verá más adelante.

Frais d'entretien.*”

Todavía no hemos hablado de los costes de mantenimiento, frais d'entre-
tien, del capital fijo. Son, en parte, materias instrumentales que el ca-
pital consume para actuar. Entran dentro del capital fijo en el primer

*77 Costes de mantenimiento.

sentido en el que nosotros lo hemos considerado dentro del proceso
de producción. Éstas son capital circulante, que también pueden servir
para el consumo. Sólo se convierte en capital fijo en la medida en
que son consumidas en el proceso de producción, pero no tienen, como
el capital fijo propiamente dicho, un contenido material puramente de-
terminado por su existencia formal. La segunda parte de estos frais
d'entretien consiste en los trabajos necesarios para hacer las reparaciones.

Renta del capital fijo y del capital circulante.

La definición de A. Smith dice que todo capital fijo procede origina-
riamente de un capital circulante y tiene que ser mantenido constan-
temente a través de un capital circulante: «todo capital fijo proviene
originariamente de un capital circulante y necesita ser continuamente
mantenido a costa de este último. Ningún capital fijo puede dar renta
más que a expensas de un capital circulante» (Storch, 26 a). Por lo que
se refiere a la observación de Storch sobre la renta —una definición,
cuyo lugar no es éste— está claro lo siguiente: el capital fijo circula
exclusivamente como valor, a medida que perece progresivamente como
valor de uso, como capital fijo, y entra como valor en el capital circu-
lante. Sólo puede retornar, por lo tanto, en la forma de un capital
circulante, en la medida en que se considera su valor. Pero en cuanto
valor de uso no circula en absoluto. Puesto que además el capital mismo
sólo tiene valor de uso para la producción, únicamente en la forma de
capital circulante puede retornar en cuanto valor para el uso individual,
para el consumo. Las mejoras del terreno pueden químicamente entrar
directamente en el proceso de reproducción y pueden ser transforma-
das directamente en valores de uso. Pero entonces son consumidas en
la forma en la que existen como capital fijo. Un capital sólo puede
en general dar una renta en la forma en la que él entra en la circulación
y vuelve de ella, ya que la producción de renta en la forma de valores
de uso directos, de valores de uso que no son mediados por la circu-
lación, contradice la naturaleza del capital. Puesto que, por lo tanto,
el capital fijo sólo retorna como valor en la forma del capital circulante,
sólo en esta forma también puede dar una renta. La renta no es nada
más que la parte de la plusvalía destinada al consumo inmediato. Su
retorno depende, por lo tanto, de la forma de retorno del valor. De
ahí la forma diferente en que dan renta el capital fijo y el capital circu-
lante. Igualmente, puesto que el capital fijo en cuanto tal no entra
nunca como valor de uso en la circulación y tampoco es expulsado nunca

como valor de uso del proceso de valorización, no sirve nunca para el
consumo inmediato.

Por lo que se refiere a Smith, su tesis deviene ahora más clara para
nosotros por el hecho de que él dice que el capital circulante tiene que
ser repuesto anualmente y tiene que ser renovado constantemente, ex-
trayéndolo del mar, de la tierra, de las minas. Aquí, por lo tanto, el
capital circulante deviene para él algo puramente material; se pesca, se
extrae, se cosecha; son los productos primarios movibles, los que sepa-
rados y aislados de su conexión con la tierra, devienen movibles a través
de ello, o bien los productos primarios en su singularidad ya acabada,
como los peces, etc., son separados de su elemento. Además desde un
punto de vista puramente material, es igualmente seguro, con la condi-
ción de que Smith presuponga la producción del capital y no se tras-
lade al comienzo del mundo, que todo capital circulante proviene origi-
nariamente de un capital fijo. Sin redes no se puede pescar ningún
pez, sin arado no se puede labrar la tierra y sin martillo no se puede
abrir una mina. Si él utiliza exclusivamente una piedra como marti-
llo, etc., entonces esta piedra no es ciertamente capital circulante; en
general no es capital, sino medio de trabajo. El hombre posee, tan
pronto como tiene que producir, la resolución de servirse directamente
de una parte de los objetos naturales existentes como instrumentos de
trabajo, y los subsume, como ha dicho Hegel correctamente, bajo su
actividad sin un ulterior proceso de mediación.* Todo capital, tanto
circulante como fijo, procede no sólo originariamente, sino continua-
mente, de la apropiación de trabajo ajeno. Este proceso presupone,
sin embargo, como ya hemos visto, continuamente la pequeña circu-
lación, el cambio del salario por fuerza de trabajo, o la subsistencia. El
que todo capital circule exclusivamente en la forma de capital circu-
lante presupone el proceso de producción del capital; el capital fijo,
spor lo tanto, sólo puede ser renovado por el hecho de que una parte
del capital circulante se fija; es decir, una parte de las materias primas
creadas es utilizada y una parte del trabajo es consumido (también,
por lo tanto, una parte del aprovisionamiento es cambiado por trabajo
vivo), para producir el capital fijo. En la agricultura, por ejemplo, una
parte es consumida por el trabajo destinado a construir canalizaciones, o
una parte del grano es cambiado por estiércol, sustancias químicas, etc.,
que son incorporadas a la tierra, pero que en realidad no tienen ningún
valor de uso, sino el de ser abandonadas a su proceso químico. Una
parte del capital circulante sólo tiene valor de uso para la reproducción

“e Cfr. Hegel, Band Il, pág. 307, V, págs. 224-234.

del capital fijo y sólo es producido (aunque la producción consiste ex-
clusivamente en el tiempo de trabajo que cuesta el cambiarlo de lugar)
para el capital fijo. Pero el mismo capital fijo sólo puede ser renovado
como capital en la medida en que deviene parte constitutiva del valor
del capital circulante, y sus elementos son reproducidos de esta forma
mediante la transformación del capital circulante en fijo. El capital fijo
es presupuesto para la producción del capital circulante, como el capi-
tal circulante lo es para la del capital fijo. O lo que es igual, la reproduc-
ción del capital fijo requiere: 1) circulación de su valor en la forma
de capital circulante, pues sólo así puede ser cambiado de nuevo por sus
condiciones de producción; 2) una parte del trabajo vivo y de la materia
prima es utilizada para producir, directa o indirectamente, instrumentos
de producción, en lugar de productos cambiables. El capital circulante
entra según su valor de uso en el capital fijo; igual que el trabajo;
mientras que el capital fijo entra según su valor en el capital circulante
y como movimiento (allí donde es maquinaria directamente), como mo-
vimiento en reposo, como forma, entra en el valor de uso.

Trabajo libre = pauperismo latente. Eden.

[[En relación con nuestra tesis desarrollada más arriba del trabajo libre
y también con la del pauperismo en él latente, hay que citar la siguiente
tesis de Sir Fr. Morton Eden, Bt: «The State of the Poor, or an History
of the Labouring Classes in England from the Conquest, etc.». 3 Vols.,4.,
London, 1797. (Las citas del t. 1, b. 1.) En el libro I, cap. 1 del mismo
se dice: «Nuestra zona requiere trabajo para la satisfacción de las ne-
cesidades, y por lo tanto, una parte de la sociedad al menos tiene que
trabajar siempre infatigablemente; otros trabajan en las artes, etc., y
algunos, que no trabajan, tienen a su disposición los productos de los
que trabajan con asiduidad. Pero estos dichos propietarios lo deben
exclusivamente a la civilización y al ordem; son puras criaturas de las
instituciones civilizadas. Pues éstas han reconocido que uno puede pro-
curarse los frutos del trabajo de forma diferente que mediante el tra-
bajo; los hombres de fortuna independiente deben su patrimonio casi
exclusivamente al trabajo de otros, y no a su propia capacidad, que no
es en absoluto mejor que la de los demás. No es la posesión de tierra
o de dinero, sino el disponer del trabajo, lo que distingue a los ricos
de los pobres».'* Con la libertad de los campesinos comienza la pobreza

45 Cfr. EpenN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 1-2. Marx cita tex-
tualmente según un extracto de ENGELS.

en cuanto tal; la vinculación feudal a la tierra, o al menos la residencia,
había ahorrado hasta la fecha al legislador el tener que ocuparse de
los vagabundos, pobres, etc. Eden cree, que los diferentes gremios co-
merciales, etc., alimentaban a sus propios pobres.** Escribe: «Sin pensar
ni por un momento en menospreciar los innumerables beneficios deriva-
dos para el país de las manufacturas y el comercio, el resultado de esta
investigación parece conducir a la ¿nmevitable conclusión de que manu-
facturas y comercio (es decir, las esferas de producción que primero
fueron denominadas por el capital) son los verdaderos padres de los po-
bres de nuestra nación». Más adelante dice: desde Enrique VIT (cuan-
do comienza simultáneamente el clearing del campo de las bocas super-
fluas mediante la transformación del terreno dedicado a la agricultura
en pasto para animales, proceso que dura 150 años; al menos las que-
jas e interferencias legislativas; en consecuencia, aumenta el número
de manos a disposición de la industria) el salario en la industria no es
fijado, sino que es fijado simplemente el salario en la agricultura. 11,
Enrique VII.'** (Con el trabajo libre el trabajo asalariado no está puesto
por completo. Los trabajadores continúan todavía ligados a las rela-
ciones feudales; su oferta es todavía muy pequeña; el capital, por lo
tanto, no es todavía capaz, en cuanto capital, de reducirlos al salario
mínimo. De ahí las determinaciones del salario por disposiciones legales.
En tanto el salario es regulado todavía mediante una disposición legal,
no se puede decir ni que el capital en cuanto capital ha subordinado
a sí la producción, ni que el trabajo asalariado obtiene la forma de
existencia que le es adecuada.) En la disposición citada se habla de te-
jedores, albañiles, carpinteros de ribera. En la misma disposición se fija
también el tiempo de trabajo: «puesto que muchos jornaleros se aban-
donan la mitad del día a una vida licenciosa, llegan tarde al trabajo, se
marchan temprano, duermen mucho después del mediodía, tardan mu-
cho en desayunar, almorzar, cenar, etc.», el horario debe ser el siguien-
te: «desde el 15 de marzo al 15 de septiembre desde las 5 de la ma-
ñana, 1/2 hora de desayuno, 1 1/2 de almuerzo y siesta, 1/2 para la
segunda comida y trabajo hasta las 7 o las 8 de la tarde. En invierno
mientras haya luz; no se permite la siesta, que sólo está permitida
entre el 15 de mayo y el 15 de agosto».]]%

4% Cfr. EDEN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 57 y 60.
497 Cfr. EDEN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, pág. 61.

48 Cfr. EnenN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 73-75.

4w Cfr. EDEN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, pág. 75.

50 Cfr. EneN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 75-76.

[[1514, el salario es regulado de nuevo, de forma prácticamente
igual a de la vez anterior. De nuevo son fijadas las horas de trabajo. El
que no quisiera trabajar, una vez que fuera requerido para ello, era
detenido.” Trabajo forzoso, por lo tanto, junto a un salario determi-
nado para los trabajadores libres. Éstos tienen que ser forzados ante
todo a trabajar en las condiciones impuestas por el capital. El individuo
sin propiedad está más inclinado a convertirse en vagabundo o ladrón
y pordiosero que en trabajador. Esto sólo se comprende por sí mismo
cuando el modo de producción del capital ya se ha desarrollado. En los
estadios que preceden al capital, la coacción estatal es necesaria para
convertir a los individuos sin propiedad en trabajadores en las condicio-
nes favorables para el capital, las cuales no les son impuestas todavía
a los trabajadores por la competencia entre ellos mismos.]] (Fueron
aplicados medios muy sangrientos de coacción bajo Enrique VIII.)y”
(La supresión de los monasterios bajo Enrique VIII liberó igualmente
muchas manos." (Bajo Eduardo VI, fueron dictadas leyes todavía más
duras contra trabajadores aptos, que no quisieran trabajar. «Eduar-
do VI, 3: al que tenga aptitud para trabajar, rehúse hacerlo y esté
ocioso durante 3 días, le será marcada en el pecho con hierro al rojo
vivo la letra V, y será dado como esclavo por dos años a la persona
que informó contra él, etc.».* «Si huye de su dueño por espacio de
14 días, pasará a ser su esclavo por toda su vida y será marcado en la
frente o la mejilla con la letra S, y si huye por segunda vez y es decla-
rado culpable por dos testigos, será considerado delincuente y condenado
a muerte».* (En 1376 se habla por primera vez de vagabundos, de de-
lincuentes audaces; ** en 1388 de pobres).*” (Una ley igualmente terri-
ble es dictada por Isabel en 1572.)**

50 Cfr. EnenN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 81-82.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 83-87.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 90-98.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 100-103.

Cfr. Eben, The State of the Poor, etc. Vol. 1, pág. 101.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 42 y 61.
Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 43 y 61-62.
Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, pág. 127.

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Cuanto más pequeño es el valor del capital fijo en relación con su
producto, tanto más adecuado a su fin. — Movible, inamovible, fijo
y circulante. — Conexión de la circulación y la reproducción. Nece-
sidad de la reproducción del valor de uso en un tiempo determinado

El capital circulante y el capital fijo, que en la determinación prece-
dente se presentaban como formas cambiantes del mismo capital en las
diferentes fases de su circulación, son puestos ahora —allí donde el
capital fijo se ha desarrollado hasta alcanzar su forma máxima— como
dos formas de existencia diferentes del capital. Ellos se convierten en
formas diferentes por la diversidad de su modo de rotación. El capital
circulante que retorna lentamente tiene una determinación en común
con el capital fijo. Se diferencia, sin embargo, de éste, en que su valor
de uso mismo —su existencia material— entra en la circulación y al
mismo tiempo es arrojado de ella, es expulsado de las fronteras del pro-
ceso de rotación; mientras que el capital fijo —en base a su desarrollo
hasta el momento— sólo entra en cuanto valor en la circulación, y en
tanto está en la circulación como valor de uso, como, por ejemplo, la
máquina que está en circulación, sólo es capital fijo dvváp.e1.*” Esta
diferenciación entre capital fijo y capital circulante, que descansa ante
todo en la relación de la existencia material del capital, o de su exis-
tencia como valor de uso, con la circulación, tiene que ser puesta simul-
táneamente, sin embargo, en la reproducción como reproducción del
capital en la doble forma de capital fijo y capital circulante. En la me-
dida en que la reproducción del capital en cualquier forma consiste en
la realización no sólo del tiempo de trabajo objetivado, sino del tiempo
de plustrabajo también, es decir, no sólo de la reproducción del valor,
sino también de la plusvalía, la producción del capital fijo desde este
punto de vista no puede distinguirse de la producción del capital circu-
lante. Para un productor de máquinas o instrumentos —en todas las
formas, en las que el capital fijo sólo se presenta como capital circu-
lante desde el punto de vista de su existencia material, en su existencia
como valor de uso, antes de ser fijado como capital fijo, es decir, antes
de ser consumido, pues precisamente su consumo es lo que lo vincula
a la fase de producción y lo distingue como capital fijo— no existe la
más mínima diferencia en la valorización del capital, por el hecho de
que éste se reproduzca como capital fijo o circulante. Económicamente,

——

+18 En potencia.

[[1514, el salario es regulado de nuevo, de forma prácticamente
igual a de la vez anterior. De nuevo son fijadas las horas de trabajo. El
que no quisiera trabajar, una vez que fuera requerido para ello, era
detenido." Trabajo forzoso, por lo tanto, junto a un salario determi-
nado para los trabajadores libres. Éstos tienen que ser forzados ante
todo a trabajar en las condiciones impuestas por el capital. El individuo
sin propiedad está más inclinado a convertirse en vagabundo o ladrón
y pordiosero que en trabajador. Esto sólo se comprende por sí mismo
cuando el modo de producción del capital ya se ha desarrollado. En los
estadios que preceden al capital, la coacción estatal es necesaria para
convertir a los individuos sin propiedad en trabajadores en las condicio-
nes favorables para el capital, las cuales no les son impuestas todavía
a los trabajadores por la competencia entre ellos mismos.]] (Fueron
aplicados medios muy sangrientos de coacción bajo Enrique VIII.)**
(La supresión de los monasterios bajo Enrique VIII liberó igualmente
muchas manos." (Bajo Eduardo VI, fueron dictadas leyes todavía más
duras contra trabajadores aptos, que no quisieran trabajar. «Eduar-
do VI, 3: al que tenga aptitud para trabajar, rehúse hacerlo y esté
ocioso durante 3 días, le será marcada en el pecho con hierro al rojo
vivo la letra V, y será dado como esclavo por dos años a la persona
que informó contra él, etc.».* «Si huye de su dueño por espacio de
14 días, pasará a ser su esclavo por toda su vida y será marcado en la
frente o la mejilla con la letra S, y si huye por segunda vez y es decla-
rado culpable por dos testigos, será considerado delincuente y condenado
a muerte».* (En 1376 se habla por primera vez de vagabundos, de de-
lincuentes audaces; ** en 1388 de pobres). (Una ley igualmente terri-
ble es dictada por Isabel en 1572.)

Cfr. EDen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 81-82.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 83-87.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 90-98.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. I, págs. 100-103.

Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, pág. 101.

Cfr. EnenN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 42 y 61.
Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 43 y 61-62.
Cfr. Enen, The State of the Poor, etc. Vol. 1, pág. 127.

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Cuanto más pequeño es el valor del capital fijo en relación con su
producto, tanto más adecuado a su fin. — Movible, inamovible, fijo
y circulante. — Conexión de la circulación y la reproducción. Nece-
sidad de la reproducción del valor de uso en un tiempo determinado

El capital circulante y el capital fijo, que en la determinación prece-
dente se presentaban como formas cambiantes del mismo capital en las
diferentes fases de su circulación, son puestos ahora —allí donde el
capital fijo se ha desarrollado hasta alcanzar su forma máxima— como
dos formas de existencia diferentes del capital. Ellos se convierten en
formas diferentes por la diversidad de su modo de rotación. El capital
circulante que retorna lentamente tiene una determinación en común
con el capital fijo. Se diferencia, sin embargo, de éste, en que su valor
de uso mismo —su existencia material — entra en la circulación y al
mismo tiempo es arrojado de ella, es expulsado de las fronteras del pro-
ceso de rotación; mientras que el capital fijo —en base a su desarrollo
hasta el momento— sólo entra en cuanto valor en la circulación, y en
tanto está en la circulación como valor de uso, como, por ejemplo, la
máquina que está en circulación, sólo es capital fijo dvváp.e1.*”? Esta
diferenciación entre capital fijo y capital circulante, que descansa ante
todo en la relación de la existencia material del capital, o de su exis-
tencia como valor de uso, con la circulación, tiene que ser puesta simul-
táneamente, sin embargo, en la reproducción como reproducción del
capital en la doble forma de capital fijo y capital circulante. En la me-
dida en que la reproducción del capital en cualquier forma consiste en
la realización no sólo del tiempo de trabajo objetivado, sino del tiempo
de plustrabajo también, es decir, no sólo de la reproducción del valor,
sino también de la plusvalía, la producción del capital fijo desde este
punto de vista no puede distinguirse de la producción del capital circu-
lante. Para un productor de máquinas o instrumentos —en todas las
formas, en las que el capital fijo sólo se presenta como capital circu-
lante desde el punto de vista de su existencia material, en su existencia
como valor de uso, antes de ser fijado como capital fijo, es decir, antes
de ser consumido, pues precisamente su consumo es lo que lo vincula
a la fase de producción y lo distingue como capital fijo— no existe la
más mínima diferencia en la valorización del capital, por el hecho de
que éste se reproduzca como capital fijo o circulante. Económicamente,

*78 En potencia.

por lo tanto, no interviene ninguna nueva determinación. Pero allí don-
de el capital fijo en cuanto tal —y no sólo en la determinación de capital
circulante— es puesto en la circulación por su productor, es decir, es
vendido su uso en porciones sucesivas, bien para la producción, bien
para el consumo —pues en la transformación de M en D, que tiene lu-
gar en la primera fase de la circulación del capital, para este último es
indiferente si la mercancía entra de nuevo en la esfera de circulación
de otro capital productivo, o si sirve para el consumo directo; frente
a él la mercancía está siempre determinada como valor de uso, tantas
veces como él la aparta de sí y la cambia por D— el modo de rotación
para el productor del capital fijo tiene que ser diferente que para el
capital circulante. La plusvalía por él creada sólo puede retornar en
porciones y sucesivamente con el valor mismo. Esto ha de ser con-
siderado en la sección siguiente. Finalmente, aunque ahora el capital
circulante y el capital fijo se presentan como dos clases diferentes, sin
embargo, el capital circulante es creado mediante el consumo, mediante
el desgaste del capital fijo; el capital fijo por su parte no es más que el
capital circulante transformado en esta forma determinada. Todo capi-
tal transformado en fuerza productiva objetivada —todo capital fijo—
es fijado en esta forma y, por lo tanto, es un valor de uso sustraído a
la circulación y al consumo como valor de uso. El hecho de que para
construir una máquina o un ferrocarril, sean transformados madera,
hierro, carbón y trabajo vivo (indirectamente, por lo tanto, también los
productos consumidos por el trabajador) en este valor de uso determi-
nado, no los convertiría en capital fijo, si no se añadieran las determi-
naciones desarrolladas más arriba. Si el capital circulante es transformado
en capital fijo, una parte de los valores de uso, en cuya forma circula
el capital, así como también indirectamente la parte de capital que es
cambiada por trabajo vivo, es transformada en capital, cuyo equiva-
lente es engendrado exclusivamente en un ciclo más largo; en un capital
que sólo entra en la circulación como valor y en porciones sucesivas
y que sólo puede ser valorizado mediante su utilización en la producción.
La transformación del capital circulante en capital fijo presupone un
pluscapital relativo, ya que se trata de capital que no es utilizado en la
producción directa, sino en la producción de nuevos medios de produc-
ción. El capital fijo puede servir a su vez como instrumento de pro-
ducción directo, como instrumento del proceso de producción inme-
diato. En este caso su valor pasa al producto y es repuesto a través de
la rotación sucesiva del producto. O no entra en el proceso de produc-
ción inmediato, sino que se presenta como condición general para el
proceso de producción, como edificios, ferrocarriles, etc., y su valor

sólo puede ser repuesto mediante el capital circulante, a cuya creación
él colabora indirectamente. Consideración más detallada sobre la pro-
porción de la producción de capital fijo y capital circulante sólo tendrá
cabida en lo que sigue. Si fuera utilizada una maquinaria valiosa para
producir una masa de productos pequeña, dicha maquinaria no actuaría
como fuerza productiva, sino que encarecería el producto infinitamente
más que si se trabajara sin maquinaria. La maquinaria sólo crea plus-
valía, no en la medida en que ella tiene valor —pues éste es simple-
mente repuesto—, sino en la medida en que aumenta el tiempo suple-
mentario relativo, o disminuye el tiempo de trabajo necesario. En la
misma proporción, por lo tanto, en que crece su volumen, tiene que
aumentar la masa de productos y tiene que disminuir relativamente el
trabajo vivo utilizado. Cuanto menor sea el capital fijo en proporción
a su eficacia, tanto más responde a su finalidad. Todo capital fijo no
necesario se presenta como faux frais de production, como todos los
costes no necesarios de la circulación. Si el capital pudiera poseer má-
quinas, sin utilizar trabajo en ellas, entonces aumentaría la fuerza pro-
ductiva del trabajo y disminuiría el trabajo necesario, sin tener que
comprar trabajo. El valor del capital fijo no es, por lo tanto, nunca
un fin por sí mismo en la producción del capital.

El capital circulante se transforma, por lo tanto, en capital fijo, y
el capital fijo se reproduce en la forma de capital circulante; pero am-
bos sólo realizan este proceso en la medida en que el capital se apropia
trabajo vivo.

«Todo ahorro en capital fijo es un aumento en la renta neta de la
sociedad» (A. Smith).**

La última diferencia, mencionada por los economistas, es la de mo-
vible e inamovible; no en el sentido de que uno entra en el movimiento
de la circulación, y el otro no; sino en el sentido, de que el uno está
físicamente fijado, es inamovible, de la misma forma que se distingue
entre propiedad mueble e inmueble. Por ejemplo, las mejoras se hun-
den en la tierra, los acueductos, edificios; y la maquinaria en gran
medida, ya que ésta para actuar tiene que estar fijada físicamente; fe-
rrocarriles; en resumidas cuentas, toda forma en la que el producto
de la industria está fijado en la superficie de la tierra. Esto au fond
no añade nada a la determinación del capital fijo; pero es verdad que
está implícito en su definición, que cuanto más responda su valor de
uso, su existencia material, a su determinación formal, en un sentido

sw Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 226 <Investigación...,
pág. 264».

tanto más eminente*” es capital fijo. El valor de uso inamovible como
las casas, los ferrocarriles, etc., es, en consecuencia, la forma más pal-
pable de capital fijo. Este capital, sin embargo, puede circular en el
mismo sentido en que circula la propiedad inmobiliaria en general, como
título; pero no como valor de uso; no puede circular en sentido físico.
Originariamente el crecimiento de la propiedad mobiliaria, su aumento
frente a la propiedad inmobiliaria, muestra el movimiento ascendente
del capital frente a la propiedad territorial. Pero una vez presupuesto
el modo de producción del capital, el nivel al que ha conseguido some-
ter a sí mismo las condiciones de producción se ve en la transformación
del capital en propiedad inamovible. Con ello el capital establece su
sede en la tierra misma y hace saltar por los aires los presupuestos
aparentemente firmes, dados por la naturaleza, de la propiedad terri-
torial, que se convierte en una mera creación de la industria.

(Originariamente la existencia en la comunidad y la relación con la
tierra como propiedad a través de dicha comunidad son los presupuestos
fundamentales para la reproducción tanto del individuo como de la
comunidad misma. En los pueblos que se dedican al pastoreo, la tierra
se presenta como condición del nomadismo; de apropiación de la misma
no se puede ni hablar. Siguen viviendas fijas con la agricultura; y en-
tonces la propiedad de la tierra es común, e incluso allí donde esta
propiedad pasa a ser propiedad privada, la relación del individuo con
la misma viene mediada por su relación con la comunidad. La propiedad
se presenta como simple apoyo de la comunidad, etc., etc. La transfor-
mación de la misma en un valor meramente cambiable —la movilización
de la misma— es el producto del capital y de la completa subordina-
ción del organismo del Estado al mismo. La tierra, incluso allí donde
se ha convertido en propiedad privada, sólo es valor de cambio, en
consecuencia, en un sentido limitado. El valor de cambio comienza
con el producto natural aislado, separado de la tierra, e individualizado
mediante la industria (o la mera apropiación). Aquí aparece también
por primera vez el trabajo individual. El cambio comienza en general
no dentro de la comunidad originaria sino en sus fronteras; allí, donde
la comunidad acaba. Cambiar el suelo, la residencia, vendérselo a comu-
nidades extranjeras sería, of course, traición. El cambio sólo puede, poco
a poco, extenderse de su esfera originaria, la propiedad mueble, a la
inmueble. Sólo mediante la extensión de la primera, obtiene el capital
poco a poco la segunda. El dinero es el agente principal en este pro-
ceso.)

*7 «más eminente»; en el ms. «imminenter» (más inminente).

A. Smith distingue primero capital circulante y capital fijo desde el
punto de vista de su determinación en el proceso de producción. Sólo
más adelante cambia de dirección: «Un capital puede ser invertido para
obtener beneficio de formas diferentes, 1) como capital circulante;
2) como capital fijo». Esta segunda dirección no entra claramente en la
consideración de esta diferencia en cuanto tal, ya que el capital fijo y
el capital circulante tienen que estar presupuestos como dos especies
de capital, antes de que se pueda hablar de cómo se puede invertir un
capital para obtener beneficio en ambas formas.

«El capital global de todo empresario se divide necesariamente en-
tre un capital fijo y un capital circulante. En el supuesto de una suma
igual, una parte será tanto mayor, cuanto más pequeña sea la otra»
(A. Smith, t. IL, pág. 226).** *

Puesto que los capitales 1) se dividen en porciones desiguales en
capital fijo y capital circulante; 2) tienen fases de producción inte-
rrumpidas o no interrumpidas y regresan de mercados más lejanos o más
cercanos, es decir, tienen un tiempo de circulación desigual, la determi-
nación de la plusvalía, que es creada en un tiempo determinado, por
ejemplo, en un año, tiene que ser desigual, ya que el número de proce-
sos de reproducción en un período dado es desigual. Su creación de
valor aparece determinada no simplemente por el trabajo utilizado du-
rante el proceso de producción inmediato, sino también por el grado en
el que esta explotación del trabajo puede ser repetida en un período
de tiempo dado.

En conclusión: si en la consideración del proceso de producción
simple el capital se presenta como capital que se valoriza exclusivamente
en relación con el trabajo asalariado, y la circulación yace al lado, aho-
ra, sin embargo, en su proceso de reproducción, la circulación es incluida
en el capital y además los dos momentos de la circulación M-D-D-M
(incluida como un sistema de cambios que el capital tiene que reco-
rrer y a los que corresponden transformaciones cualitativas del mismo).
La circulación es incluida en el capital como D-M-M-D, en la medida
en que se parte de él en su forma de D y, en consecuencia, se vuelve
a esa forma. El capital contiene ambas circulaciones, y no como un
mero cambio formal o como mero cambio material que procede al mar-
gen de la forma, sino que ambas están incluidas en la misma determi-

no Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 226 <Investigación...,
pág. 253)».

*e «226»; ed. 1939 «218».

nación de valor. El proceso de producción, en cuanto que contiene en
sí mismo las condiciones de su renovación, es proceso de reproducción,
cuya velocidad está determinada por las diferentes relaciones más arriba
desarrolladas, que proceden todas de diferencias de la circulación mis-
ma. Dentro de la reproducción del capital se efectúa simultáneamente
la reproducción de los valores de uso, en los que el capital se realiza; o
se efectúa, a través del trabajo humano, la constante renovación y re-
producción de los valores de uso, que o son consumidos por los hom-
bres, o son perecederos por naturaleza; el cambio material y formal
subordinado a la necesidad humana mediante el trabajo humano se pre-
senta, desde el punto de visto del capital, como reproducción de sí mismo.
Se trata au fond de la constante reproducción del trabajo mismo. «Los
valores capitales se perpetúan mediante la reproducción; los produc-
tos que componen un capital se consumen como los demás; pero su valor,
al mismo tiempo que es destruido por el consumo, se reproduce
en otras materias o en la misma materia» (Say, 14).** El cambio y un
sistema de cambios y, lo que está incluido en ello, la transformación
en dinero en cuanto valor autónomo, aparece como condición y como
límite para la reproducción del capital. En él la producción misma está
sometida desde todos los puntos de vista al cambio. Estas operaciones
de cambio, la circulación en cuanto tal, no producen ninguna plusvalía,
pero son condiciones para su realización. Ellas son condiciones de la
producción del capital, en la medida en que su forma en cuanto capital
sólo se realiza recorriendo dichas operaciones de cambio. La reproduc-
ción del capital es al mismo tiempo producción de determinadas con-
diciones formales; de determinados modos de comportamiento, en los
que es puesto el trabajo objetivado personificado. La circulación, en
consecuencia, no es el mero cambio del producto por las condiciones
de producción, es decir, por ejemplo, del trigo producido por semillas,
nuevo trabajo, etc. En toda forma de producción el trabajador tiene que
cambiar su producto por condiciones de producción, para poder repetir
dicha producción. El campesino que produce para el consumo inmediato
transforma también una parte del producto en semillas, instrumento
de trabajo, animales de carga, abonos, etc., y comienza su trabajo de
nuevo. La transformación en dinero es necesaria para la reproducción
del capital en cuanto tal y su reproducción es necesariamente produc-

51 Cfr. J. P. Say, Traité, etc. Tome II, pág. 185. La indicación de página
en el texto se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

ción de plusvalía.**” Si bien el trabajo en un proceso de producción sólo
conserva el valor de lo que hemos llamado previamente la parte cons-
tante del capital, sin embargo tiene que reproducirla en otro, ya
que, lo que se presenta como presupuesto del material y del instru-
mento en un proceso de producción es producto en el otro, y esta
renovación, reproducción, tiene que proceder constantemente de forma
simultánea.

*8l En relación con la fase de reproducción (con el tiempo de circulación

en particular) hay que observar, que tiene límites, impuestos por el propio valor
de uso. El trigo tiene que ser reproducido en un año. Cosas perecederas, como
la leche, etc., tienen que ser reproducidas más a menudo. La carne, puesto que
el animal vive, es decir, resiste al tiempo, no necesita ser reproducida tan a
menudo; pero la carne muerta, que se encuentra en el mercado, tiene que ser
reproducida en espacios muy breves en la forma de dinero o se pudre. La repro-
ducción del valor y la del valor de uso a veces coincide y a veces no.

EL CAPITAL FRUCTÍFERO.
TRANSFORMACIÓN DE LA PLUSVALÍA
EN BENEFICIO

Llegamos ahora a la

TERCERA SECCIÓN

El capital fructífero. — Interés. Beneficio.
(Costes de producción, etc.)

Tasa de beneficio. — Descenso de la tasa de beneficio. — Tasa
de beneficio. — Suma de beneficio. — Atkinson. A. Smith. Ramsay.
Ricardo. — La plusvalía en cuanto beneficio expresa siempre una
proporción más pequeña. — Wakefield. Carey. Bastiat.

El capital está puesto ahora como unidad de producción y circulación, y
la plusvalía que crea en un período de tiempo determinado, por ejemplo,

A A O AN

p+c R p p c+p
El capital está realizado ahora no sólo como valor que se reproduce a
sí mismo y, en consecuencia, se perpetúa, sino también como valor crea-
dor de valor. Mediante la absorción en sí mismo del tiempo de trabajo
vivo por un lado y el movimiento de la circulación que le es propio
(en el cual el movimiento del cambio es puesto como su propio movi-
miento, como proceso inmanente del trabajo objetivado), el capital se
relaciona consigo mismo como creador de un nuevo valor, como produc-
tor de valor. Él se relaciona con la plusvalía como si fuera su funda-
mento, como con algo que ha sido creado por él. Su movimiento consiste
en que, mientras él se produce, se relaciona simultáneamente como fun-
damento de sí mismo como plusvalía o con la plusvalía en cuanto creada

en un año, es =

Transformación de la plusvalía en beneficio 133

por él. En un determinado espacio de tiempo, que es puesto como unidad
de medida de sus rotaciones, porque es la medida natural de su repro-
ducción en la agricultura, el capital produce una determinada plusvalía,
determinada no sólo por la plusvalía, que él crea en un proceso de pro-
ducción, sino también por el número de repeticiones del proceso de
producción, o de sus reproducciones en un espacio de tiempo dado. Me-
diante la inclusión en su proceso de reproducción de la circulación, es
decir, de su movimiento al margen del proceso de producción inmediato,
la plusvalía no aparece ya como algo puesto mediante su relación simple,
inmediata con el trabajo vivo; esta relación más bien se presenta exclu-
sivamente como un momento de su movimiento global. El capital que
parte de sí mismo en cuanto sujeto activo, en cuanto sujeto del proceso
—en la circulación el proceso de producción inmediato aparece, en rea-
lidad, determinado mediante su movimiento como capital, independiente
de su relación con el trabajo— se relaciona consigo mismo como con algo
por él creado y fundamentado; como fuente de producción se relaciona
consigo mismo en cuanto producto; en cuanto valor productor se rela-
ciona consigo mismo en cuanto valor producido. El capital, por lo tanto,
no mide el nuevo valor producido mediante su medida real, es decir, la
relación del plustrabajo con el trabajo necesario, sino que lo mide en re-
lación consigo mismo como su presupuesto.” Un capital de un determi-
nado valor produce, en un determinado espacio de tiempo, una plusvalía
determinada. La plusvalía medida de esta forma por el valor del capital
presupuesto, el capital puesto en cuanto valor que se valoriza, es el be-
neficio; considerado bajo esta especie, no aeterni** sino capitalis, la
plusvalía es beneficio; y el capital se diferencia en sí mismo, como capital
o valor que produce y reproduce, de sí mismo como beneficio, como el
nuevo valor producido. El producto del capital es el beneficio. La mag-
nitud de la plusvalía es, por lo tanto, mensurada en relación con la magni-
tud del valor del capital, y la tasa de beneficio está, en consecuencia, de-
terminada por la proporción de su valor con el valor del capital. Una
parte muy grande de los argumentos relevantes para esta cuestión han
sido desarrollados previamente. Pero lo anticipado tiene que ser incor-
porado aquí. En la medida en que el nuevo valor creado, cuya natura-
leza es la misma que la del capital, es incluido a su vez en el proceso de
producción, se conserva a sí mismo como capital, y el mismo capital
ha aumentado y opera como capital de un valor mayor. Después de haber

512 Cfr. HEGEL, Band IV, págs. 551-596.
sis Cfr. SPINOZA, Opera, etc., Ethices, Pars V, Propositio XX1I, XXIII, XXIX,
XXX, XXXI, XXXVI, etc.

distinguido el beneficio en cuanto valor producido de sí mismo en
cuanto valor presupuesto que se valoriza, y después de haber puesto el
beneficio como medida de su valorización, el capital niega de nuevo la
separación, y pone al beneficio en su identidad consigo mismo como capi-
tal, el cual, aumentado ahora por el valor del beneficio, comienza de
nuevo el mismo proceso en mayores dimensiones. Mediante la descrip-
ción de su círculo, el capital se ensancha como sujeto del círculo y des-
cribe de esta manera un círculo que se ensancha: una espiral.

Las leyes generales previamente desarrolladas pueden ser resumidas
brevemente de la siguiente forma: la plusvalía real es determinada por
la relación del plustrabajo con el trabajo necesario, o por la relación
entre la porción del capital, la porción del trabajo objetivado, que es
cambiada por el trabajo vivo, con la porción de trabajo objetivado, me-
diante la cual aquélla es sustituida. La plusvalía en la forma beneficio
es, sin embargo, medida según el valor total del capital presupuesto al
proceso de producción. La tasa de beneficio depende, por lo tanto,
—.presupuesta la misma plusvalía, el mismo plustrabajo en relación con
el trabajo necesario— de la relación de la parte del capital, que es cam-
biada por trabajo vivo, con la parte que existe en la forma de materia
prima e instrumento de producción. Consiguientemente, cuanto menor
sea la porción cambiada por trabajo vivo, tanto menor deviene la tasa
de beneficio. En la misma proporción, por lo tanto, en que el capital en
cuanto capital adquiere un espacio mayor en el proceso de producción
en proporción al trabajo inmediato, es decir, cuanto más aumenta la
plusvalía relativa —la fuerza creadora de valor del capital— tanto más
desciende la tasa de beneficio. Ya hemos visto que la magnitud del ca-
pital presupuesto, presupuesto a la reproducción, se expresa específica-
mente en el aumento del capital fijo, en cuanto fuerza productiva
producida, en cuanto trabajo objetivado dotado de una vida aparente.
El total del valor del capital dedicado a la producción se expresará en
cada porción del mismo como una proporción disminuida del capital
cambiado por trabajo vivo frente a la parte de capital que existe como
valor constante. Tomemos, por ejemplo, la industria de la manufactura.
En la misma proporción en que aumenta el capital fijo, la maquina-
ria, etc., tiene que aumentar la parte del capital que existe en materias
primas, mientras que disminuye la parte cambiada por trabajo vivo. En
relación con la magnitud del valor del capital presupuesto a la produc-
ción —y de la parte de capital que actúa como capital en la pro-
ducción— desciende, por lo tanto, la tasa de beneficio. Cuanto más
amplia sea la existencia ya adquirida por el capital, tanto más pequeña
es la proporción del valor creado de nuevo respecto al valor presupuesto

Transformación de la plusvalía en beneficio 135

(valor reproducido). Presupuesta una plusvalía igual, es decir, una pro-
porción igual entre plustrabajo y trabajo necesario, el beneficio puede
ser, en consecuencia, desigual, y tiene que ser desigual en relación con
la magnitud de los capitales. La tasa de beneficio puede descender, aun-
que la plusvalía aumente. Puede ocurrir en realidad que el capital
aumente y que en la misma proporción aumente el beneficio,*” si la
relación entre la parte del capital presupuesta como valor, existente en
la forma de materias primas y capital fijo, aumenta proporcionalmente
con la parte de capital cambiada por trabajo vivo. Esta proporcionali-
dad, sin embargo, presupone aumento del capital sin aumento y desa-
rrollo de la fuerza productiva del trabajo. Un presupuesto niega el otro.
Esto contradice la ley de desarrollo del capital y especialmente la del
desarrollo del capital fijo. Un progreso de esta índole sólo puede tener
lugar a niveles en los que el modo de producción del capital no le
es todavía adecuado, o en aquellas esferas de la producción en las que el
capital sólo ha obtenido un dominio formal, como, por ejemplo, en la
agricultura. Aquí la fertilidad natural del suelo puede actuar como
aumento del capital fijo —es decir, puede aumentar el tiempo de plus-
trabajo relativo— sin que disminuya la cantidad de trabajo necesario.
(Por ejemplo, en los Estados Unidos.) El beneficio bruto, es decir, la
plusvalía considerada al margen de su relación formal, no como propor-
ción, sino como una magnitud de valor simple sin relación con ninguna
otra, aumentará por término medio ro en función de la tasa de bene-
ficio, sino en función de la magnitud del capital. Si, por lo tanto, la
tasa de beneficio está en relación inversa al valor del capital, la suma
de beneficios está en relación directa con él. Ahora bien, esta proposi-
ción sólo es verdad para un estadio limitado del desarrollo de la fuerza
productiva del capital o del trabajo. Un capital de 100 con un beneficio
de 10 % da una suma de beneficios menor que un capital de 1.000 con
un beneficio del 2 %. En el primer caso, la suma es 10; en el segun-
do 20, es decir, el beneficio bruto del capital mayor es dos veces superior
al del capital 10 veces más pequeño, aunque la tasa de beneficio del
capital más pequeño sea 5 veces superior que la del capital mayor. Pero
si el beneficio del capital mayor fuera sólo el 1 %, entonces la suma
de beneficios sería 10,** igual que la del capital 10 veces menor, por-
que la tasa de beneficio ha disminuido en la misma proporción que su
volumen. Si la tasa de beneficio para el capital de 1.000 fuera sola-
mente 1/2 %, la suma de beneficios sería solamente la mitad de grande

*82 «el beneficio»; ed. 1939 «die Rate des Mehrwerts» (la tasa de beneficio).
*88 «10»; en el ms. 10%.

que la del capital más pequeño, es decir, sería solamente 5, porque la
tasa de beneficio es 20 veces menor. Expresado, por lo tanto, de forma
general: si la tasa de beneficio disminuye para el capital mayor, pero
no en proporción a su magnitud, entonces aumenta el beneficio bruto,
a pesar de que descienda la tasa de beneficio. Si la tasa de beneficio
disminuye en proporción a su magnitud, entonces el beneficio bruto
continúa siendo el mismo que el del capital más pequeño; permanece
estacionario. Si la tasa de beneficio disminuye en una proporción mayor
al aumento de su volumen, entonces disminuye el beneficio bruto del
capital mayor, comparado con el del más pequeño, tanto como dismi-
nuye la tasa de beneficio. Ésta es, desde todos los puntos de vista, la
ley más importante de la economía política moderna y la más esencial
para comprender las relaciones más difíciles. Desde el punto de vista
histórico es la ley más importante. Es una ley, que a pesar de su sim-
plicidad, no ha sido comprendida nunca hasta la fecha y aún menos
conscientemente expresada. Puesto que esta disminución de la tasa de
beneficio es sinónimo 1) de la productividad ya producida y de la base
material que ella constituye para una nueva producción; esto a su vez
presupone un enorme desarrollo del poder productor de la ciencia;
2) de la disminución de la parte de capital ya producido, que tiene que
ser cambiada por trabajo inumediato, es decir, de la disminución del tra-
bajo inmediato, que es requerido para la reproducción de un valor
enorme, que se expresa en una masa de productos superior; masa de
productos superior con precios menores, porque la suma global de pre-
cios = al capital reproducido + el beneficio; 3) de la dimensión del
capital en general; también de la porción del mismo, que no es capital
fijo, es decir, de un enorme desarrollo del tráfico, de una gran suma
de operaciones de cambio, de la magnitud del mercado y la universalidad
del trabajo simultáneo, de los medios de comunicación, etc., de la exis-
tencia de los fondos necesarios para el consumo, para emprender este
enorme proceso (los trabajadores comen, habitan en casas, etc.); puesto
que la disminución de la tasa de beneficio es sinónimo de todo esto, se
ve que la productividad material ya presente, ya elaborada, existente
en la forma de capital fijo, así como también el poder productor de la
ciencia, la población, etc., en resumidas cuentas, todas las condiciones
de la riqueza, es decir, las condiciones máximas para la reproducción de
la riqueza o para el desarrollo rico del individuo social, el desarrollo
de las fuerzas productivas introducido por el capital mismo en su de-
sarrollo histórico, llegado a un punto determinado, niega la autovaloriza-
ción del capital, en lugar de engendrarla. A partir de un cierto punto
el desarrollo de las fuerzas productivas se convierte en un obstáculo

Transformación de la plusvalía en beneficio 137

para el capital; en consecuencia, la relación de capital se convierte en
un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo. Lle-
gado a este punto, el capital, es decir, el trabajo asalariado entra en la
misma relación con el desarrollo de la riqueza social y delas fuerzas pro-
ductivas que el sistema corporativo, la servidumbre de la gleba, la escla-
vitud, y en la medida en que representaba una traba es necesariamente
eliminado. La última forma servil que adopta la actividad humana, la
del trabajo asalariado por un lado y la del capital por el otro, es trans-
formada con esto radicalmente, y esta misma transformación radical
es el resultado del modo de producción correspondiente al capital; las
condiciones materiales y espirituales de la negación del trabajo asala-
riado y del capital, que representa a su vez la negación de formas ante-
riores de la producción social no libres, son el resultado de su proceso
de producción. En las agudas contradicciones, crisis, convulsiones, se
expresa la creciente inadecuación del desarrollo productivo de la socie-
dad respecto a las relaciones de producción vigentes hasta ahora. La
violenta destrucción del capital, no por circunstancias que le sean ex-
ternas, sino como condición de su autoconservación, es la forma más
decisiva en que se le comunica al capital que su tiempo ha pasado y
que ha de dejar el campo a un estadio superior de la producción social.
No se trata solamente del aumento del poder productor de la ciencia,
sino de la medida en que ésta se ha puesto como capital fijo, del vo-
lumen, de la extensión, en la que se ha realizado y se ha enseñoreado
de la totalidad de la producción. Se trata igualmente del desarrollo de
la población, etc.; en resumidas cuentas, de todos los momentos de la
producción; ya que la productividad del trabajo, así como también la uti-
lización de maquinaria, está en relación con la población; cuyo creci-
miento en y para sí es tanto el presupuesto como el resultado del
aumento de los valores de uso que han de ser reproducidos, y por lo
tanto, también han de ser consumidos. Puesto que esta disminución del
beneficio es equivalente a la disminución proporcional del trabajo inme-
diato respecto a la magnitud del trabajo objetivado que aquél reproduce
y crea de nuevo, el capital lo intentará todo para contener la dismi-
nución de la relación del trabajo vivo respecto a la magnitud del capital
en general, y por lo tanto, también la disminución de la plusvalía, cuando
es expresada como beneficio, respecto al capital presupuesto, reduciendo
la parte destinada al trabajo necesario y expandiendo todavía más la
cantidad de plustrabajo en relación con todo el trabajo empleado. De
ahí que el máximo desarrollo de la fuerza productiva junto con la má-
xima expansión de la riqueza existente, coincidirá con la depreciación
del capital, la degradación del trabajador y el más explícito agotamiento

10. — GRUNDRISSE, OML 22

de sus fuerzas vitales. Estas contradicciones conducen a explosiones,
cataclismos, crisis, en las cuales mediante la suspensión momentánea del
trabajo y la aniquilación de una gran parte de capital, este último es
reducido violentamente hasta el punto en el que puede continuar em-
pleando completamente sus fuerzas productivas sin cometer suicidio.
Sin embargo, estas catástrofes que se repiten regularmente, conducen
a su repetición a un nivel superior, y finalmente a su destrucción vio-
lenta. En el movimiento desarrollado del capital hay momentos que
detienen dicho movimiento, de forma diferente a como lo hacen las
crisis; así, por ejemplo, la constante devaluación de una parte del ca-
pital existente; la transformación de una gran parte del capital en
capital fijo, que no sirve como agente de la producción directa; la di-
sipación improductiva de una gran porción del capital, etc. (El capital
utilizado productivamente es repuesto siempre de forma doble; ya
hemos visto que la valorización del capital productivo presupone un
equivalente. El consumo improductivo del capital lo repone por un lado
y lo destruye por otro.** El hecho de que además el descenso de la
tasa de beneficio puede ser detenido eliminando las detracciones exis-
tentes sobre el beneficio, por ejemplo, disminución de los impuestos,
disminución de la renta de la tierra, etc., no pertenece realmente a este
apartado, a pasar de tener una gran importancia práctica, ya que se
trata de porciones del beneficio con otro nombre y apropiadas por otras
personas diferentes del capitalista.** El descenso puede ser también
detenido mediante lá creación de nuevas ramas de la producción, en
las que es necesario más trabajo inmediato en proporción al capital, o
en las que la productividad del trabajo, es decir, la productividad del
capital, no ha sido desarrollada todavía.) (También mediante los mo-
nopolios). «El beneficio es un término que pone de manifiesto el in-
cremento del capital o de la riqueza; en consecuencia, la incapacidad

*84 La misma ley se expresa simplemente —aunque esta cuestión habrá que

examinarla posteriormente en la teoría de la población— como proporción entre
el crecimiento de la población —y particularmente de la parte trabajadora de
la misma— y el capital ya presupuesto.

*85 Igualmente pertenece a otro apartado la forma en que se manifiesta esta
misma ley en la relación mutua de los capitales, es decir, en la competencia. Puede
ser expresada también como ley de la acumulación de los capitales; así, por
ejemplo, por Fullarton. Sobre esto trataremos en el próximo apartado. Es im-
portante llamar la atención sobre el hecho de que en esta ley no se trata sim-
plemente del desarrollo de fuerza productiva en potencia, sino al mismo tiempo
del volumen en el que esta fuerza productiva actúa como capital, estando reali-
zado ante todo y por un lado como capital fijo, y como población por el otro.

Transformación de la plusvalía en beneficio 139

para encontrar las leyes que gobiernan la tasa de beneficio, es lo mismo
que la incapacidad para encontrar las leyes de la formación del capital»
(William Atkinson. Principles of Political Economy, etc. London 1840,
pág. 55). Él, sin embargo, ha sido incapaz de comprender incluso qué
es la tasa de beneficio. A. Smith explica el descenso de la tasa de bene-
ficio con el aumento del capital a partir de la competencia de los capi-
tales entre sí.** A esto le objetó Ricardo que la competencia puede
ciertamente reducir los beneficios en las diferentes ramas de la pro-
ducción a un nivel medio, puede equilibrar la tasa de beneficio, pero
no puede hacer descender esta misma tasa media. La tesis de A. Smith
es exacta en la medida en que es en la competencia —en la acción del
capital sobre el capital — donde se realizan las leyes inmanentes al ca-
pital, donde se realizan sus tendencias. Pero es falsa en el sentido, en
el que él la entiende, como si la competencia impusiera al capital leyes
externas, introducidas desde fuera, que no son sus propias leyes. La
competencia sólo puede hacer descender permanentemente la tasa de
beneficio en todas las ramas de la industria, es decir, la tasa media
de beneficio, si es posible pensar y únicamente en la medida en que es
posible pensar en un descenso general y permanente, en un descenso
de la tasa de beneficio que actúa como una ley antes incluso de la com-
petencia y sin relación con la competencia. La competencia ejecuta las
leyes internas del capital, las convierte en leyes obligatorias frente a
cada capital individual, pero no las inventa. La competencia las realiza.
En consecuencia, querer explicar estas leyes a partir de la competencia,
es lo mismo que conceder que no se las comprende. Ricardo por su
parte dice: «Ninguna acumulación de los capitales puede hacer descen-
der permanentemente los beneficios, si no hay una causa igualmente
permanente que aumente los salarios» (pág. 92, t. II, París, 1835, tra-
ducido por Constancio). Esta causa la encuentra él en la creciente, rela-
tivamente creciente, improductividad de la agricultura, «en la creciente
dificultad de aumentar los medios de subsistencia», es decir, en el
aumento proporcional del salario, de forma tal que el trabajo no obtiene
en realidad más, pero sí obtiene el producto de un trabajo mayor; en
una palabra, que se requiere una parte mayor de trabajo necesario para
la producción de los productos de la agricultura. La tasa decreciente
de beneficio corresponde, por lo tanto, en Ricardo, a un crecimiento
nominal del salario y a un crecimiento real de la renta de la tierra. Su
procedimiento lógico unilateral, que sólo abarca un caso —el de cómo

514 Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome premier, pág. 193 <Investigación...>.

la tasa de beneficio puede descender, porque el salario sube momentá-
neamente, etc.—, y que eleva a la categoría de ley general una relación
histórica de un espacio de tiempo de 50 años, que es invertida en los
siguientes 50 años, y que descansa en general en la desproporción histó-
rica entre el desarrollo de la industria y de la agricultura (es de suyo
cómico, que Ricardo, Malthus, etc., en una época, en que la química
fisiológica apenas si existía, construyeran leyes generales, eternas, sobre
la misma), este procedimiento lógico de Ricardo ha sido atacado desde
todos los puntos de vista más por instinto, que porque sea falso o in-
satisfactorio; pero la mayor parte de las veces más en su lado verdadero
que en su lado falso.

«A. Smith pensaba que la acumulación o el aumento del capital en
general disminuía la tasa de beneficio en general, en base al mismo
principio por el cual el aumento de capital en cualquier rama particular
de la industria hace disminuir los beneficios en esta rama. Pero tal
aumento de capital en una rama particular quiere decir que tiene lugar
un aumento en proporción mayor, que el que tiene lugar al mismo tiem-
po en otras ramas, es un aumento relativo.» (pág. 9. An Inquiry into
those Principles respecting the Nature of Demand and the Necessity of
Consumption, lately advocated by Mr. Malthus. London, 1821). «La
competencia entre los capitalistas industriales puede nivelar los benefi-
cios que se elevan especialmente por encima del nivel, pero no puede
hacer descender este nivel normal» (Ramsay IX, 88).** (Ramsay y otros
economistas distinguen con razón, si la productividad aumenta en las
ramas de la industria, que producen el capital fijo, y naturalmente
las que producen los salarios, o en las otras industrias, por ejemplo, las
industrias que producen bienes de lujo. Estas últimas no pueden dismi-
nuir el tiempo de trabajo necesario. Solamente pueden conseguir esto a
través del cambio con productos de la agricultura de pueblos extran-
jeros, lo cual es lo mismo que si la productividad hubiera aumentado
en la agricultura. De ahí la importancia del comercio libre de granos para
los capitalistas industriales.) Ricardo dice (edición inglesa «On the Prin-
ciples of Political Economy and Taxation. 3 edition, London, 1821»):
«El agricultor y el empresario industrial no pueden vivir sin beneficios,
igual que el trabajador no puede vivir sin salarios» (pág. 123, loc. cit.).
«Es una tendencia natural de los beneficios la de disminuir, ya que con
el progreso de la sociedad y la riqueza los medios de subsistencia adi-
cionales requieren cada vez más trabajo. Esta tendencia, esta gravitación

515 Cfr. Ramsay, An Essay, etc. págs. 179-180. La indicación de la página
en el texto se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

Transformación de la plusvalía en beneficio 141

de los beneficios es contrarrestada, en intervalos que se repiten, median--
te las mejoras en maquinaria, ligadas con la producción «de los me-
dios de subsistencia, así como también mediante los descubrimientos en
la ciencia de la agricultura, que disminuyen los costes de producción»
(loc. cit., págs. 120-121). Ricardo confunde en seguida, inmediatamente,
el beneficio con la plusvalía; él no 'ha establecido, en general, esta dife-
rencia. Sin embargo, mientras la tasa de la plusvalía es determinada por
la relación entre el plustrabajo utilizado por el capital y el trabajo ne-
cesario, la tasa de beneficio no es más que la relación de la plusvalía
con el valor total del capital presupuesto a la producción. Su proporción
baja y sube, por lo tanto, según la relación entre la parte de capital
cambiada por trabajo vivo y la parte existente como material y capital fijo.
En todas las circunstancias la plusvalía considerada como beneficio
tiene que expresar una proporción de la ganancia menor que la propor-
ción real de plusvalía. Pues en todas las circunstancias el beneficio es
medido según el capital total, que siempre es mayor que el capital in-
vertido en salario y cambiado por trabajo vivo. Puesto que Ricardo
confunde tan simplemente plusvalía y beneficio, y puesto que la plus-
valía sólo puede disminuir constantemente, es decir, tendencialmente,
si disminuye la proporción del plustrabajo respecto al trabajo necesario,
es decir, respecto al trabajo requerido para la reproducción de la
capacidad de trabajo, y puesto que esto sólo es posible con la disminu-
ción de la productividad del trabajo, Ricardo entonces supone, que la
productividad del trabajo, mientras aumenta en la industria con la acu-
mulación de capital, disminuye en la agricultura. Ricardo se refugia de
la economía en la química orgánica. Nosotros hemos demostrado esta
tendencia como algo necesario, sin tomar en consideración alguna a la
renta de la tierra, así como tampoco teníamos que tomar en considera-
ción, por ejemplo, la creciente demanda de trabajo, etc. En qué medida
están en conexión la renta de la tierra y el beneficio, ha de ser sola-
mente discutido cuando se considere la renta de la tierra, y no pertenece
a este apartado. Pero que el postulado fisiológico de Ricardo, expresado
como ley general, es falso, lo ha demostrado la química moderna.** De
ahí que los discípulos de Ricardo —así como también la economía mo-
derna en general—, en la medida en que no lo repiten maquinalmente,

516 Cfr. JusTus v. Liebig, Die organische Chemie in ibrer Anwendung auf

Agrikultur und Physiologie. 4. Auflage, 1842; J. F. W. Johnston, Lectures on
Agricultural Chemistry and Geology. 2 ed. London 1847; J. F. W. Johnston,
Catechism of Agricultural Chemistry and Geology. 23 ed. Edinburgh 1849. Marx
hizo extractos de las tres obras.

han dejado tranquilamente de lado lo que les parece inaceptable en los
principios del maestro. Dejar de lado el problema es su forma de resol-
verlo. Otros economistas, como, por ejemplo, Wakefield, se refugian
en la consideración del campo de utilización para el capital que aumenta.
Esto entra dentro de la consideración de la competencia y representa
más bien la dificultad del capital de realizar un beneficio creciente; de
abí la negación de la tendencia inmanente al descenso de la tasa de be-
neficio. Pero la necesidad para el capital de buscar continuamente un
campo de utilización más amplio es, a su vez, una consecuencia. No
se puede contar a Wakefield y otros por el estilo entre aquellos que
han planteado la cuestión (se trata hasta cierto punto de una reproduc-
ción del argumento de A. Smith). Finalmente entre los más modernos
economistas, los teóricos de la armonía, a la cabeza de los cuales está el
americano Carey, y cuyo más petulante seguidor ha sido el francés
Bastiat (es una de las más hermosas ironías de la historia, dicho sea de
paso, que los defensores continentales del libre comercio repitan mecá-
nicamente al señor Bastiat, quien a su vez toma su sabiduría del protec-
cionista Carey), admiten el hecho de la tendencia de la tasa de beneficio
a disminuir en la medida en que aumenta el capital productivo. Pero
ellos explican esto simplement y bonnement por el hecho de que el
valor de la cuota del trabajo aumenta; es decir, por el aumento de la
proporción que el trabajador obtiene del producto total, mientras que
el capital es compensado con el aumento del beneficio bruto. Las con-
tradicciones y antagonismos desagradables, en los que se mueve la eco-
nomía clásica, y que Ricardo acentúa con implacabilidad científica, son
diluidos de esta forma en cómodas armonías. El desarrollo de Carey
tiene algún valor, como él mismo en último extremo piensa. Tal desa-
rrollo se refiere a una ley, que hemos de considerar exclusivamente en
la teoría de la competencia, donde arreglaremos cuentas con ella. Por
el contrario, con la estupidez de Bastiat, que expresa los paradójicos y
vacíos lugares comunes y con su enorme pobreza mental oculta bajo una
lógica formal, podemos acabar aquí mismo.** En la «Gratuité du Crédit.
Discussion entre M. Fr. Bastiat et M. Proudhon, Paris, 1850» (Proud-
hon, dicho sea de paso, desempeña un papel altamente risible en esta
polémica, en la que oculta su impotencia dialéctica bajo la forma de
arrogancia retórica) se dice, en la carta VIII de Bastiat (en la cual,
dicho sea de paso, el ilustre economista tout bonnement et tout simple-
ment transforma con su dialéctica armonizadora el beneficio, que a par-

*e6 Se, puede insertar en este lugar acerca de la contraposición entre Carey
y Bastiat algo del cuaderno ITI.

Transformación de la plusvalía en beneficio 143

tir de la simple división del trabajo corresponde al constructor del ca-
mino, así como al individuo que lo utiliza, en beneficio que corresponde
al «camino» mismo (es decir, al capital):*” «A medida que aumentan
los capitales (y con ellos los productos), la parte absoluta, que corres-
ponde al capital, aumenta, y su parte proporcional disminuye. A medida
que los capitales aumentan (y con ellos los productos) aumentan la parte
proporcional y la parte absoluta del trabajo...** Puesto que el capital
ve aumentar su parte absoluta, aunque no represente sucesivamente
más que 1/2, 1/3, 1/4, 1/5, del producto total, el trabajo, al que suce-
sivamente corresponde 1/2, 2/3, 3/4, 4/5, entra evidentemente en el
reparto con una cuota progresiva, tanto en el sentido proporcional, como
en el sentido absoluto».*” Como ilustración ofrece Bastiat el siguiente
ejemplo:

Producto total Parte del capital Parte del trabajo
1. período 1.000 1/2 o 500 1/20 500
2.” período 1.800 1/3 o 600 2/3 o 1.200
3. período 2.800 1/4 o 700 3/4 o 2.100
4. período 4.000 1/5 o 800 4/5 o 3.200

(págs. 130 y 131)

Esta misma agudeza es repetida en la página 288 de la siguiente for-
ma: aumento del beneficio bruto y simultánea disminución de la tasa
de beneficio, pero aumento de la masa de productos vendidos a precios
más bajos; y en esta ocasión se habla de forma muy seria de la «ley de
un descenso indefinido, que no llega jamás a cero, ley bien conocida
por los matemáticos» (pág. 288). «Se ve aquí» (charlatán) «un multipli-
cador que decrece sin cesar, porque el multiplicando aumenta constan-
temente» (pág. 288, loc. cit.).

Ricardo había presentido su Bastiat. Resaltando el aumento de los
beneficios como suma con un capital creciente a pesar de la disminución
de la tasa de beneficio —+es decir, anticipando toda la sabiduría de
Bastiat— Ricardo no deja de observar, que este progreso sólo «es ver-
dad para una época determinada». Él dice textualmente: «Aunque la
tasa de beneficio del capital puede descender a causa de la acumulación
del capital en la tierra y de un aumento del salario» (por lo cual, nota-

517 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 122.
sl8 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 130.
519 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., págs. 130-131.
50 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 139.

144 (1117 El capítulo del capital

bene, Ricardo comprende el aumento de los costes de producción de los
productos de la tierra indispensables para el mantenimiento de la fuerza
de trabajo), «el importe total de los beneficios tiene, sin embargo, que
aumentar. Así, pues, supongamos que con las acumulaciones repetidas de
100.000 libras la tasa de beneficio desciende de 20 a 19, 18, 17 %;
en consecuencia, podemos esperar que el importe total de los beneficios
recibidos por los sucesivos propietarios del capital será siempre progresi-
vo; es decir, que será mayor, si el capital es 200.000 libras que 100.000;
aún mayor, si el capital es 300.000; y así seguirá aumentando, aunque
a una tasa decreciente, con cada aumento de capital. Este progreso, sin
embargo, sólo es verdad para una época determinada: así 19 % sobre
200.000 libras es más que 20 sobre 100.000; 18 % sobre 300.000 es
más que 19 % sobre 200.000; pero después de que el capital ha sido
acumulado en gran cantidad y han disminuido los beneficios, la acumu-
lación posterior disminuye la suma de beneficios. Supongamos, por
ejemplo, que la acumulación es de 1.000.000 y el beneficio del 7 %, el
importe total de beneficios es 70.000; ahora bien, si se lleva a cabo una
adición de 100.000 al millón y la tasa de beneficio desciende al 6 %,
entonces los propietarios del capital reciben 66.000 libras o una dismi-
nución de 4.000 libras, a pesar de que el montante del capital ha cre-
cido de 1.000.000 a 1.100.000» (loc. cit., págs. 124, 125). Esto natural-
mente no le impide, al señor Bastiat, emprender la operación escolar
de hacer aumentar un multiplicando de forma tal, que con un multipli-
cador decreciente, constituye un producto creciente, así como tampoco
las leyes de la producción le impidieron al Dr. Price la institución de
su Cálculo del interés compuesto. Puesto que la tasa de beneficio des-
ciende, desciende en relación con el salario, éste tiene consiguientemente
que aumentar proporcional y absolutamente. Ésta es la conclusión de
Bastiat. (Ricardo vio esta tendencia al descenso de la tasa de beneficio
con el aumento del capital; y puesto que él confunde el beneficio con
la plusvalía, tuvo que hacer aumentar el salario, para hacer descender
el beneficio. Pero puesto que al mismo tiempo él vio que el salario
real descendía más que aumentaba, él hizo aumentar su valor, es decir,
la cantidad de trabajo necesario, sin hacer aumentar su valor de uso. Él,
por lo tanto, sólo hizo aumentar la renta de la tierra. El teórico de la
armonía, Bastiat, por el contrario, descubre que, con la acumulación de
los capitales, aumenta el salario proporcional y absolutamente.) Él presu-
pone, lo que debe demostrar, que el descenso de la tasa de beneficio
se identifica con el aumento en la cuota del salario, e «ilustra» después
su presupuesto mediante un ejemplo de cálculo, que parece haberle di-

Transformación de la plusvalía en beneficio 145

vertido mucho.*” Si el descenso de la tasa de beneficio no expresa más
que el descenso de la relación en la que el capital global necesita del
trabajo vivo para su reproducción, esto es algo distinto. El señor Bas-
tiat pasa por alto la pequeña circunstancia de que en su presupuesto, a
pesar de que la tasa de beneficio del capital desciende, el capital mismo
aumenta, es decir, el capital presupuesto a la producción. Ahora bien,
el hecho de que el valor del capital no puede aumentar, sin que éste se
apropie plustrabajo, es algo que había podido sospecharlo el señor Bas-
tiat. Que el simple aumento de los productos no aumenta el valor, se
lo podría haber mostrado en la historia francesa el constante lamento
sobre las cosechas excedentes. La cuestión habría girado entonces sim-
plemente en torno a la investigación, de si el descenso en la tasa de be-
neficio es equivalente al aumento de la tasa del trabajo necesario en
relación con el plustrabajo, o si no es más bien equivalente al descenso
de la tasa global del trabajo vivo utilizado en relación con el capital
reproducido. El señor Bastiat divide el producto simplemente entre
capitalista y trabajador, en lugar de dividirlo en materia prima, instru-
mento de producción y trabajo, y de preguntarse, en qué partes alícuo-
tas es utilizado su valor en el cambio con estas diferentes porciones. La
parte del producto cambiada por materia prima e instrumento de tra-
bajo, no les interesa claramente a los trabajadores. Lo que ellos se re-
parten con el capital, como salario y beneficio, no es más que el trabajo
vivo añadido de nuevo. Pero el problema que le preocupa realmente a
Bastiat es el de quién debe comerse el producto aumentado. Puesto
que el capitalista se come una parte relativamente pequeña, ¿no ha de
ser el trabajador el que se coma una parte relativamente grande? En
Francia especialmente, cuya producción global da de comer mucho a lo
sumo en la fantasía de Bastiat, éste podía haberse convencido de que
en torno al capital crece una masa de cuerpos parasitarios, que bajo uno
u otro título atraen hacia sí una cantidad tal de la producción global,
como para no «dejarle crecer al trabajador los árboles por encima de la
cabeza». El hecho de que por lo demás con la producción a un nivel
superior pueda aumentar la masa total del trabajo utilizado, a pesar de
que disminuya la proporción del trabajo utilizado respecto al capital, es
algo que está claro, así como t4mbién está claro, el que esto no obstacu-
liza en absoluto, que con el aumento del capital una población trabaja-
dora creciente necesita una masa de productos mayor. Por lo demás,
Bastiat, en cuyo cerebro armónico todos los gatos son pardos, confunde

*81 Tachado en el manuscrito: Ciertamente, si la tasa de beneficio desciende,
tiene que descender en relación con algo, y este algo es el capital mismo.

(ver arriba el apartado sobre el salario) el descenso del interés con el
aumento del salario, mientras que en realidad se trata más bien de un
aumento del beneficio industrial, que no le interesa para nada a los
trabajadores, ya que afecta exclusivamente a la proporción en que las
distintas especies de capitalistas se reparten el beneficio global.

Capital y renta (beneficio). Producción y distribución. Sismondi. —
Los costes de producción desde el punto de vista del capital. Bene-

ficio, ídem [desde el punto de vista del capital]. — Desigualdad
de los beneficios. Nivelación y tasa de beneficio general. — Trans-
formación de la plusvalía en beneficio. — Leyes.

Volvamos a nuestro argumento. El producto del capital es, por lo tan-
to, el beneficio. En la medida en que el capital se relaciona consigo
mismo en cuanto beneficio, se relaciona consigo mismo como fuente
de producción de valor, y la tasa de beneficio expresa la proporción en
la que el capital ha aumentado su propio valor. Pero el capitalista no
es simplemente capital. Tiene que vivir, y puesto que no vive del
trabajo, tiene que vivir del beneficio, es decir, del trabajo ajeno que él
se apropia. El capital es puesto de esta forma como fuente de riqueza.
El capital se relaciona con el beneficio —ya que él se ha incorporado la
productividad como cualidad inmanente— como renta. Él puede con-
sumir una parte de ésta (aparentemente toda, pero esto se verá que es
falso) sin dejar de ser capital. Después de haber consumido estos frutos,
puede producir nuevos frutos. Él puede representar la riqueza, cosa
que era imposible para el dinero en la circulación simple. El dinero tenía
que abstenerse, para conservar la forma general de la riqueza; o bien,
si era consumido en riqueza real, en goces, dejaba de ser la forma gene-
ral de la riqueza. El beneficio se presenta, pues, como forma de distri-
bución, como el salario. Pero puesto que el capital sólo puede aumentar
mediante la reconversión del beneficio en capital —en pluscapital— el
beneficio es igualmente forma de producción para el capital; exacta-
mente igual que el salario, que desde el punto de vista del capital es
una mera relación de producción, y desde el punto de vista del trabaja-
dor es una relación de distribución. Aquí se ve cómo las relaciones de
distribución son a su vez producidas mediante las relaciones de pro-
ducción y cómo las representan desde otro punto de vista. Se ve además
cómo la relación entre la producción y el consumo es creada por la pro-
ducción misma. La estupidez de todos los economistas burgueses, por
ejemplo, también de J. St. Mill, que considera eternas las relaciones
burguesas de producción e históricas sus formas de distribución, de-

Transformación de la plusvalía en beneficio 147

muestra que no comprende ni las unas, ni las otras. Sismondi observa
correctamente refiriéndose al cambio simple: «un cambio presupone
siempre dos valores; cada uno puede tener un destino diferente; pero la
cualidad de capital y renta no deriva del objeto cambiado; ella se une
a la persona que es su propietario» (Sismondi, V1).* La renta no puede
ser, por lo tanto, explicada a partir de las relaciones de cambio simple.
La cualidad que un valor mantenido en el cambio tiene de representar
capital o renta está determinada por relaciones que yacen más allá del
simple cambio. Es absurdo, por lo tanto, querer reducir estas formas
complicadas a aquellas simples relaciones de cambio, como lo hacen los
defensores del armónico libre comercio. Desde el punto de vista del
cambio simple, y considerada la acumulación como mera acumulación
de dinero (valor de cambio), el beneficio y la renta del capital es impo-
sible. «Si los ricos gastaran la riqueza acumulada en productos de lujo
—y ellos sólo pueden obtener mercancías a través del cambio— sus
fondos se agotarían rápidamente... Pero en el orden social la riqueza
ha adquirido la cualidad de reproducirse mediante el trabajo ajeno. La
riqueza, como el trabajo, y mediante el trabajo, da un fruto anual, que
puede ser destruido cada año, sin que el rico devenga por ello más po-
bre. El fruto es la renta que procede del capital» (Sismondi, 1V).*? El
beneficio se presenta, pues, por un lado como resultado del capital, y
por otro como presupuesto de la formación del capital. Y así es. puesto
de nuevo el movimiento circular, en el que el resultado se presenta
como presupuesto. «De esta manera una parte de la renta es transfor-
mada en capital, en un valor permanente que se multiplica, que no pe-
rece; este valor se desprende de la mercancía que lo ha creado; conti-
núa siendo igual a una especie de cualidad metafísica, no sustancial,
siempre en posesión del mismo cultivador» (capitalista) «para el cual
reviste formas diferentes» (Sismondi, V1).

En la medida en que el capital es puesto como creador de beneficio,
como fuente de la riqueza independiente del trabajo, se supone que
cada parte del capital es igualmente productiva. De la misma manera
que la plusvalía, en cuanto beneficio, es medida por el valor global del
capital, así también dicho beneficio se presenta como algo uniforme-

$1 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome Premier, pág. 90. El nú-
mero romano se refiere a la página de un cuaderno de extractos de Marx extraviado.

52 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome Premier, pág. 81.

52 Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome Premier, pág. 82. La cifra
romana se refiere a la página del cuaderno de, extractos de Marx.

5% Cfr. Sismondi, Nouveaux Principes, etc. Tome Premier, pág. 89. La
cifra romana se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

mente producido por las diferentes partes constitutivas del capital. La
parte circulante del mismo (la parte que consiste en materias primas y
medios de subsistencia) no da, por lo tanto, más beneficio que la parte
que constituye el capital fijo; el beneficio se relaciona, pues, uniforme-
mente con todas estas partes constitutivas del capital según su magnitud.

Puesto que el beneficio del capital sólo se realiza en el precio que
es pagado por él, es decir, que es pagado por el valor de uso creado
por él, el beneficio está determinado, en consecuencia, por el excedente
del precio obtenido sobre el precio que cubre los gastos. Puesto que
además esta realización sólo tiene lugar en el cambio, para cada capital
individual el beneficio no está necesariamente limitado por su plusvalía,
por el plustrabajo en él contenido, sino que está en proporción al exce-
dente del precio que él obtiene en el cambio. Él puede recibir en el
cambio más de lo que representa su equivalente y el beneficio es enton-
ces mayor que su plusvalía. Esto sólo puede ocurrir, en la medida en
que los otros individuos que cambian no obtengan un equivalente. La
plusvalía total, igual que el beneficio total, que sólo es la plusvalía
misma calculada de forma diferente, no puede nunca ni aumentar, ni
disminuir mediante estas operaciones; no es la plusvalía misma, sino
exclusivamente su distribución entre los diferentes capitales la que es
modificada a través de ellas. Esta consideración, sin embargo, entra den-
tro de la consideración de los múltiples capitales, y no aquí. Por lo que
se refiere al beneficio, el valor del capital presupuesto en la producción se
presenta como anticipo —como costes de producción, que tienen que
ser repuestos en producto—. Después de detraer la parte del precio que
repone este anticipo, el excedente constituye el beneficio. Puesto que el
plustrabajo —el beneficio y el interés, ambos son sólo porciones del
mismo— no le cuesta nada al capital, es decir, no figura entre los va-
lores anticipados por él —no figura en el valor que poseía antes del
proceso de producción y de la valorización del producto—, en conse-
cuencia, este plustrabajo, que está incluido en los costes de producción
del producto y que es la fuente de la plusvalía y, por lo tanto, tam-
bién del beneficio, no figura entre los costes de producción del capital.
Éstos equivalen exclusivamente a los valores realmente anticipados por
él, y no a la plusvalía apropiada en la producción y realizada en la circu-
lación. Los costes de producción desde el punto de vista del capital no
son, por lo tanto, los costes de producción reales, precisamente porque
al capital el plustrabajo no le cuesta nada. El excedente del precio del
producto sobre el precio de los costes de producción es lo que le da el
beneficio al capital. Puede, por lo tanto, existir beneficio para el capital,
sin que sean realizados sus costes de producción reales —es decir, todo

Transformación de la plusvalía en beneficio 149

el plustrabajo puesto por él en movimiento. El beneficio —el excedente
sobre los anticipos hechos por el capital — puede ser menor que la
plusvalía, que el excedente de trabajo vivo obtenido en el cambio por
el capital sobre el trabajo objetivado que ha cambiado por la capacidad
de trabajo. Sin embargo, mediante la separación del interés del benefi-
cio —cuestión que consideramos en seguida— una parte de la plusvalía
es puesta como coste de producción para el capital productivo. La con-
fusión de los costes de producción, desde el punto de vista del capital,
con la cantidad de trabajo objetivado en el producto del capital, inclui-
do el plustrabajo, ha llevado a decir, que «el beneficio no está incluido
en el precio natural»,% y que es «absurdo llamar al excedente o bene-
ficio parte de los gastos» (Torrens, IX, 30).** Esto conduce a su vez a
una gran confusión; o bien a no hacer realizar el beneficio en el cam-
bio, sino a hacerlo proceder de él (caso que sólo puede tener lugar si
uno de los individuos que cambia no recibe el equivalente), o bien a
atribuirle al capital un poder mágico, que saca algo de la nada. En la
medida en que el valor creado en el proceso de producción realiza
su precio en el cambio, el precio del producto aparece en realidad deter-
minado por la suma de dinero que expresa un equivalente de la canti-
dad total de trabajo contenida en la materia prima, la maquinaria, el
salario y el plustrabajo no pagado. El precio, en consecuencia, se presenta
aquí todavía como una transformación formal del valor; el valor es ex-
presado en dinero; pero la magnitud de este precio está presupuesta
en el proceso de producción del capital. El capital se presenta, por lo
tanto, como determinador del precio, de forma tal que el precio es de-
terminado por los anticipos realizados por el capital + el plustrabajo
realizado por él en el producto. Ya veremos más adelante, cómo, a la
inversa, el precio se presenta como determinador del beneficio. Y si
aquí los costes totales de producción, auténticos, se presentan como de-
terminadores de los precios, el precio posteriormente se presenta como
determinador de los costes de producción. La competencia, para impo-
nerle al capital sus leyes inmanentes como una necesidad externa, las
vuelve del revés aparentemente a todas. Las invierte.

Repitamos una vez más: el beneficio del capital no depende de su
magnitud; sino que presupuesta una magnitud igual depende de la re-
lación de las partes constitutivas del mismo (de las partes constante y
variable); depende también de la productividad del trabajo (la cual, sin

ss Cfr. TORRENS, An Essay, etc., pág. 51.
ss Cfr. Torrens, Án Essay, etc., pág. 52. La indicación IX, 30 se refiere
al cuaderno de extractos de Marx.

embargo, se expresa en aquella primera proporción, ya que, a una pro-
ductividad menor, el mismo capital no podría elaborar el mismo mate-
rial, en el mismo tiempo y con la misma porción de trabajo vivo); de-
pende también del tiempo de rotación, que es determinado a su vez
por las diferentes proporciones entre capital fijo y circulante, por la
diferente durabilidad del capital fijo, etc., etc. (ver más arriba). La de-
sigualdad de los beneficios en las diferentes ramas de la industria para
capitales de la misma magnitud, es decir, la desigualdad de las tasas
de beneficio, es condición y presupuesto para las compensaciones efec-
tuadas a través de la competencia.

En la medida en que el capital obtiene mediante el cambio, es decir,
compra materia prima, instrumento y trabajo, sus elementos mismos
están presentes ya en la forma de precios, están puestos como precios,
le están presupuestos. La comparación del precio de mercado de su
producto con los precios de sus elementos deviene entonces una cues-
tión decisiva para él. Pero esto pertenece solamente al capítulo sobre
la competencia.

La plusvalía, por lo tanto, que el capital crea en un tiempo de ro-
tación dado, recibe la forma de beneficios, en la medida en que es
mensurada según el valor total del capital presupuesto a la producción.
La plusvalía, sin embargo, es directamente medida por el tiempo de
plustrabajo que el capital obtiene en el cambio con el trabajo vivo. El
beneficio no es más que una forma de plusvalía más desarrollada en
el sentido del capital. La plusvalía aquí es considerada exclusivamente
en cuanto es obtenida en el cambio con el capital mismo en el proceso
de producción, y no con el trabajo. El capital en cuanto capital se pre-
senta, por lo tanto, como valor presupuesto, el cual a través de la me-
diación de su propio proceso se relaciona consigo mismo como valor
creado, como valor producido, y el valor por él creado se llama bene-
ficio.

Las dos leyes inmediatas que resultan de esta transformación de
la plusvalía en beneficio son las siguientes: 1) la plusvalía, expresada
como beneficio, se presenta siempre como una proporción más pequeña,
que la que importa realmente la plusvalia en su realidad inmediata.
Pues en lugar de ser medida por una parte del capital, por la parte
cambiada por trabajo vivo (una relación que se manifiesta evidente-
mente como la relación entre plustrabajo y trabajo necesario), es medi-
da por todo el capital. Cualquiera que sea siempre la plusvalía, que
crea un capital a) y cualquiera que sea en a) la proporción entre c y v,
entre la parte constante y la parte variable del capital, la plusvalía p
tiene que ser menor si es medida por c + v, que si es mensurada por

Transformación de la plusvalía en beneficio 151

su medida real v. El beneficio o —si no se lo considera como una
suma absoluta, sino como se hace frecuentemente, como proporción
(la tasa de beneficio es el beneficio expresado como la proporción en
la que el capital ha creado plusvalía) — la tasa de beneficio no expresa
nunca la tasa real de explotación del trabajo por el capital, sino que
expresa siempre una proporción mucho más pequeña, y tanto más falsa
cuanto mayor es el capital. La tasa de beneficio sólo podría expresar,
pues, la tasa real de plusvalía si todo el capital real fuera simplemente
transformado en salario; todo el capital sería cambiado por trabajo vivo,
es decir, existiría exclusivamente como medios de subsistencia, y no
sólo no existiría en la forma de materia prima ya producida (lo cual
tiene lugar en la industria extractiva), es decir, no sólo la materia prima
sería = 0, sino que también el instrumento de producción —bien en
la forma de instrumentos o de capital fijo desarrollado— sería = 0.
Este último caso no puede tener lugar sobre la base del modo de pro-
ducción correspondiente al capital. Si a = Cc + v, cualquiera que sea

Pp . < Ps
c+ v v

2) La segunda gran ley es la de que, en la medida en que el capital
se ha apropiado ya el trabajo vivo en la forma de trabajo objetivado, es
decir, en la medida en que el trabajo ya ha sido capitalizado y actúa, por
lo tanto, de forma creciente como capital fijo en el proceso de produc-
ción, o en la medida en que aumenta la fuerza productiva del trabajo,
disminuye la tasa de beneficio. El aumento de la fuerza productiva del
trabajo es equivalente a) al aumento de la plusvalía relativa o del tiem-
po de plustrabajo relativo que el trabajador da al capital; b) a la
disminución del tiempo de trabajo necesario para la reproducción de
la fuerza de trabajo; c) a la disminución de la parte de capital que es
cambiada en general por trabajo vivo respecto a las partes del mismo
que participan en el proceso de producción como trabajo objetivado
y como valor presupuesto. La tasa de beneficio está, por lo tanto, en
relación inversa al aumento de la plusvalía o del plustrabajo relativo,
al desarrollo de las fuerzas productivas y a la magnitud del capital utili-
zado en la producción como capital constante. En otras palabras, la
segunda ley es la tendencia de la tasa de beneficio a descender con el
desarrollo del capital, tanto de su fuerza productiva como del volumen
en el que él se ha puesto como trabajo objetivado; del volumen en el
que tanto el trabajo como la fuerza productiva han sido capitalizados.

siempre la cifra p,

*88 En el manuscrito aparecía tachada la fórmula c + v/p v/p.

Otras causas, que pueden actuar, por lo demás, sobre la tasa de be-
neficio, que pueden hacerla descender durante períodos más o menos
largos, no entran dentro de este apartado. Es completamente exacto
afirmar que, considerado el proceso de producción en su totalidad, el ca-
pital que actúa como material y capital fijo no sólo es trabajo objeti-
vado, sino que tiene que ser reproducido de nuevo mediante el trabajo
y además tiene que ser reproducido constantemente. Su existencia —el
volumen que ha alcanzado su existencia— presupone, por lo tanto, un
cierto volumen de la población trabajadora, una gran población, la cual
es en sí y para sí condición de toda fuerza productiva; pero esta repro-
ducción procede en general bajo el presupuesto de la acción del capital
fijo y de la materia prima y de las fuerzas productivas de la ciencia,
tanto en cuanto tales, como en cuanto elementos apropiados a la pro-
ducción y ya realizados en ella. Este punto ha de ser desarrollado más
detenidamente en la consideración de la acumulación.

Está claro, por lo demás, que a pesar de que la parte de capital que
es cambiada por trabajo vivo, considerada en relación con el capital to-
tal, disminuya, la suma total del trabajo vivo utilizado puede aumentar
o continuar siendo la misma, si el capital aumenta en la misma o en
mayor proporción. La población puede, por lo tanto, aumentar cons-
tantemente en proporción a la disminución del trabajo necesario. Si
el capital a gasta 1/2 en c y 1/2 en v, mientras que el capital a” gas-
ta 3/4 enc y 1/4 en v, el capital a” podría aplicar a 6/4 de c 2/4 de v.
Pero si el capital era originariamente = 3/4c + 1/4 v, ahora es =
6/4 c + 2/4 y, o, lo que es igual, ha aumentado en 4/4; es decir, se ha
duplicado. Esta relación, sin embargo, ha de ser investigada más de
cerca al estudiar la teoría de la acumulación y de la población. La im-
portante es no dejarse confundir por las consecuencias que resultan
de las leyes y las continuas perplejidades que ellas suscitan.

La tasa de beneficio no está, por lo tanto, determinada exclusiva-
mente por la relación del plustrabajo con el trabajo necesario, o por la
proporción en la que el trabajo objetivado es cambiado por trabajo
vivo, sino por la relación en general del trabajo vivo empleado con el
trabajo objetivado; por la porción del capital que es cambiada en ge-
neral por trabajo vivo, frente a la parte que participa en el proceso de
producción como trabajo objetivado. Esta porción, sin embargo, dismi-
nuye, en la misma proporción en que aumenta el plustrabajo frente al
trabajo necesario.

Transformación de la plusvalía en beneficio 153

/

Plusvalia = proporción entre el plustrabajo y el trabajo necesario

(Puesto que el trabajador tiene que reproducir tanto la parte del capital
que es cambiada por su capacidad de trabajo, como las otras partes del
capital, en consecuencia, la proporción en la que el capitalista gana en
el cambio con la capacidad de trabajo aparece determinada por la pro-
porción del trabajo necesarió” con el plustrabajo.** Originariamente la
cosa se presenta de forma tal, como si el trabajo necesario sólo
repusiera los gastos. Pero puesto que no invierte más que el trabajo
mismo —como se ve en la reproducción— la proporción de plusvalía
puede ser expresada simplemente de la siguiente forma: como propor-
ción del trabajo necesario con el plustrabajo.)**

Valor del capital fijo y su fuerza productiva. Durabilidad del capital
fijo, ídem [su fuerza productiva]. — Las fuerzas sociales, la divi-
sión del trabajo, etc., no le cuestan nada al capital. — Diferen-
cia de la máquina a este respecto. (Economía del capitalista en la
utilización de la maquinaria.) — Beneficio y Plusvalía.

[[En relación con el capital fijo y con la durabilidad como condición
no extrínseca del mismo, hay que hacer todavía la siguiente observación:
en la medida en que el mismo instrumento de producción es valor, es
trabajo objetivado, éste no aporta nada en cuanto fuerza productiva. Si
una máquina cuya producción cuesta 100 días de trabajo sólo repu-
siera 100 días de trabajo, no aumentaría la productividad del trabajo en
modo alguno, y no disminuiría tampoco en modo alguno el coste del
producto. Cuanto mayor sea la duración de la máquina, con tanta más
frecuencia puede ser creada la misma cantidad de productos con ella, o
lo que es igual, con tanta más frecuencia puede ser renovado el capital
circulante, puede ser repetida su reproducción, y tanto menor es la
parte de valor (necesaria para compensar el uso y consumo de la má-
quina); es decir, tanto más disminuye el precio del producto y su coste
de producción. Sin embargo, no debemos introducir todavía en nuestro
análisis la relación de precio. La disminución del precio como condición
para la conquista del mercado sólo entra en el apartado de la compe-
tencia. Tiene que ser desarrollado, por lo tanto, de forma diferente. Si

*89 «proporción del trabajo necesario con el plustrabajo»; debería decir,

«proporción del plustrabajo con el trabajo necesario».

el capital pudiera tener el instrumento de producción sin costes, por 0,
¿cuál sería la consecuencia? La misma que si los costes de circulación
fueran = 0. Esto quiere decir, que el trabajo necesario para el mante-
nimiento de la capacidad de trabajo disminuiría y, en consecuencia,
aumentaría el plustrabajo, es decir, la plusvalía, sin que esto le costara
al capital lo más mínimo. Tal aumento de la productividad, equivalente
a una máquina que no le cuesta nada, es la división del trabajo y la
combinación del trabajo dentro del proceso de producción. Pero esta
presupone la realización de trabajos a un gran nivel, es decir, el des-
arrollo del capital y del trabajo asalariado. Otra fuerza productiva, que
no le cuesta nada es el poder productor de la ciencia. (El hecho de
que tenga que pagar siempre una cierta contribución para curas, maes-
tros, eruditos, independientemente de que sea mayor o menor su con-
tribución al desarrollo de la fuerza productiva de la ciencia, es algo que
cae por su peso.) Pero esta última sólo puede ser apropiada mediante
la utilización de máquinas (también en parte en el proceso químico).
El aumento de la población es una de tales fuerzas productivas que no
le cuesta nada. En resumidas cuentas, todas las fuerzas sociales que se
desarrollan con el aumento de la población y con el desarrollo histórico
de la sociedad no le cuestan nada. Pero en la medida en que éstas, para
ser utilizadas en el proceso de producción inmediato, tienen necesidad
de un substrato producido por el trabajo, es decir, existente en la for-
ma de trabajo objetivado, es decir, en la medida en que ellas mismas
son valores, el capital sólo puede apropiárselas mediante su equivalente.
Well. El capital fijo cuya utilización costara más que la del trabajo
vivo, es decir, que requiriera para su producción o conservación más
trabajo vivo del que él sustituye, sería un estorbo. Aquella máquina
que no costara nada, sino que simplemente necesitara ser apropiada por
el capitalista, poseería el máximo de valor para el capital. De la simple
proposición, según la cual, si el valor de la máquina = 0, dicha máqui-
na es la más valiosa para el capital, se desprende, que toda reducción
de su coste es ganancia para él. Mientras que por una parte es ten-
dencia del capital la de aumentar el valor total del capital fijo, así tam-
bién es simultáneamente su tendencia la de disminuir el valor de cada
parte alícuota del mismo. En la medida en que el capital fijo entra
como valor en la circulación, deja de actuar como valor de uso en el
proceso de producción. Su valor de uso es precisamente el aumento de
la productividad del trabajo, la disminución del trabajo necesario, el
aumento del plustrabajo relativo y, por lo tanto, de la plusvalía. En la
medida en que entra en la circulación, su valor es exclusivamente re-
puesto, pero no aumentado. El producto, por el contrario, el capital

Transformación de la plusvalía en beneficio 155

circulante, es el soporte de la plusvalía, que sólo es realizada tan pronto
como él sale del proceso de producción y entra en la circulación. Si la
máquina durara eternamente, si no estuviera hecha de material perece-
dero que tiene que ser reproducido (independientemente de la inven-
ción de máquinas más perfectas, que le arrebatan el carácter de ser má-
quina), si fuera un perpetuum mobile, entonces correspondería de la
forma más completa a su concepto. Su valor no necesitaría ser repuesto,
porque perduraría en una materialidad indestructible. Puesto que el
capital fijo sólo es utilizado en la medida en que como valor vale menos
que como creador de valor, la plusvalía realizada en el capital circu-
lante, a pesar de que el capital fijo no entrara nunca en la circulación
como valor, resarciría pronto los anticipos y, en consecuencia, el capital
fijo actuaría como creador de valor, una vez que sus costes para el capi-
talista fueran = 0, igual que ocurre con el plustrabajo que se apro-
pia. Dicho capital continuaría actuando como fuerza productiva del
trabajo y sería simultáneamente dinero en su tercer significado, en el
de valor constante existente por sí mismo. Tomemos un capital de
1.000 libras. Un quinto*” de él es maquinaria; la plusvalía total = 50.
El valor de la maquinaria es, por lo tanto, 200. Tras 4 rotaciones la
maquinaria estaría pagada. Y aparte de que el capital continuaría po-
seyendo en la maquinaria trabajo objetivado por valor de 200, para él
sería lo mismo en la quinta rotación que si con un capital que le cues-

ta 800 obtuviera 50 de plusvalía; es decir 6 ” %, en lugar de 5 %.

Tan pronto como el capital fijo entra como valor en la circulación, deja
de existir su valor de uso para el proceso de valorización del capital, o
lo que es igual, sólo entra en la circulación cuando cesa el proceso de
valorización. En consecuencia, cuanto más duradero sea el capital fijo,
cuanto menos necesite de reparaciones, de reproducción total o par-
cial, cuanto mayor sea su tiempo de circulación, tanto más actúa como
fuerza productiva del trabajo, como capital; es decir, como trabajo objeti-
vado que crea plustrabajo vivo. La duración del capital fijo, que se identi-
fica con la amplitud del tiempo de circulación de su valor, o del tiempo
requerido para su reproducción, resulta, en cuanto momento de valor,
de su concepto mismo. (Que tal duración, en sí y para sí, considerada
desde un punto de vista meramente material, reside en el concepto de
instrumento de producción, no necesita ninguna explicación.) La tasa
de plusvalía está simplemente determinada por la proporción del plus-

*9% «un quinto»; en ed. 1939 «ein Viertel» (un cuarto).

trabajo respecto al trabajo necesario; la tasa de beneficio está determi-
nada por la relación no sólo del plustrabajo con el trabajo necesario, sino
por la relación de la parte de capital cambiada por trabajo vivo con el
capital total que entra en la producción.

El beneficio, tal como lo consideramos todavía aquí, es decir, como
beneficio del capital, no como beneficio de un capital a costa de otro,
sino como beneficio de la clase capitalista, expresado en términos con-
cretos, no puede ser nunca superior a la suma de plusvalía. En cuanto
suma el beneficio es la suma de la plusvalía, pero en esta misma suma
de valor 'en proporción al valor total del capital, en lugar de en pro-
porción a la parte del mismo cuyo valor aumenta realmente; es decir, en
relación con la parte que es cambiada por trabajo vivo. En su forma
inmediata el beneficio no es más que la suma de plusvalía expresado
como proporción respecto al valor total del capital.

Maquinaria y plustrabajo. Recapitulación de la teoría de la plusvalía
en general

La transformación de la plusvalía en la forma de beneficio, esta clase
de cálculo de la plusvalía por el capital, en cuanto que descansa sobre
una ilusión sobre la naturaleza de la plusvalía, o mas bien cubre a esta
última con un velo, es necesaria desde el punto de vista del capital.*”

La disminución del trabajo necesario en proporción al plustrabajo
se expresa, si consideramos el día de un solo trabajador, en que una
parte mayor del día de trabajo es apropiada por el capital. El trabajo
vivo que es utilizado continúa siendo el mismo. Supongamos que, me-
diante un aumento de la fuerza productiva, por ejemplo, mediante la
utilización de maquinaria, 3 trabajadores de 6, cada uno de los cuales
trabaja 6 días a la semana, devienen superfluos. Si los 6 trabajadores
fueran los propietarios de la maquinaria, cada uno trabajaría sólo medio
día. Ahora continúan 3 trabajadores trabajando todo el día cada día

*ol Es fácil imaginarse, que la máquina en cuanto tal, puesto que actúa como
fuerza productiva del trabajo, crea valor. Pero si la máquina no necesitara
ningún trabajo, podría aumentar el valor de uso; pero el valor de cambio que
ella crearía nunca sería mayor que sus propios costes de producción, que su
propio valor, que el trabajo en ella objetivado. La máquina no crea valor porque
sustituye al trabajo; sino únicamente en la medida en que es un medio para
aumentar el plustrabajo; y éste es a su vez tanto la medida como la sustancia
de la plusvalía que es creada con ayuda de la máquina; por lo tanto, en general,
con ayuda del trabajo.

Transformación de la plusvalía en beneficio 157

de la semana. Si el capital continuara empleando a los 6, cada uno
trabajaría sólo medio día, pero no prestarían ningún plustrabajo. Su-
pongamos que el trabajo necesario era previamente 10 horas, el plus-
trabajo diario 2 horas; en consecuencia, todo el plustrabajo de los
6 trabajadores era diariamente 6 X 2, igual a un día de trabajo y en
la semana igual a 6 días = 72 horas. Cada trabajador trabajaba un día
a la semana gratis. O sería lo mismo que si el sexto trabajador hubiera
trabajado gratis toda la semana. Los 5 trabajadores representan trabajo
necesario, y si pudieran ser reducidos a 4 y el otro trabajador continuara
trabajando gratis como antes, entonces la plusvalía relativa habría aumen-
tado. La plusvalía se relacionaba previamente como 1:6, y ahora se rela-
cionaría como 1:5. La ley anterior: aumentar el número de las boras
de plustrabajo, recibe ahora la siguiente forma: disminuir el número de
los trabajadores necesarios. Si fuera posible para el mismo capital em-
plear los 6 trabajadores a esta nueva tasa, entonces la plusvalía no sólo
habría aumentado relativa, sino también absolutamente. El tiempo de

plustrabajo supondría 142 horas. 2 = de horas sobre 6 trabajadores

; 2
es naturalmente más que 2 — sobre 5.

Considerada la plusvalía absoluta, se ve que ésta aparece determi-
nada por la prolongación absoluta del día de trabajo más allá del tiempo
de trabajo necesario. El tiempo de trabajo necesario trabaja para el
mero valor de uso, para la subsistencia. El día de plustrabajo es trabajo
para el valor de cambio, para la riqueza. Es el primer momento del
trabajo industrial. El límite natural —suponiendo que existan las con-
diciones de trabajo, materia prima e instrumento de trabajo, o uno de
ambos, según que el trabajo sea meramente extractivo o conformador,
es decir, según que aísle simplemente el valor de uso del cuerpo terres-
tre, o le dé forma—, el límite natural viene dado por el número de
días de trabajo simultáneos o de capacidad de trabajo viva, es decir,
por la población trabajadora. A este nivel la diferencia entre la produc-
ción del capital y estadios de producción previos es puramente formal.
Caza de hombres, esclavitud, tráfico de esclavos y trabajos forzosos de
éstos, aumento de estas máquinas trabajadoras, producto excedente de las
máquinas productoras, son realizados en estos casos directamente a
través de la violencia, mientras que en el capital están mediados por
el cambio.

Los valores de uso aumentan aquí en la misma proporción simple
que los valores de cambio y de ahí que esta forma de plustrabajo apa-

rezca tanto en los modos de producción de la esclavitud, la servidum-
bre, etc., en los que se trata principal y fundamentalmente del valor de
uso, como en el modo de producción del capital dirigido directamente
al valor de cambio y sólo indirectamente al valor de uso. Este valor de
uso, como, por ejemplo, la construcción de las pirámides en Egipto, o
en resumidas cuentas, todos los trabajos de lujo religiosos a los que
fue forzada la masa de la nación en Egipto, India, etc., puede estar
dirigido a fines puramente fantásticos, o como entre los antiguos etrus-
cos, a fines inmediatamente útiles.

En la segunda forma de plusvalía, sin embargo, en cuanto plusvalía
relativa, la cual, en cuanto que presupone un desarrollo de la fuerza
productiva de los trabajadores, se presenta en relación con el día de
trabajo como disminución del tiempo de trabajo necesario, y en relación
con la población como disminución de la población trabajadora necesa-
ría (ésta es la forma antitética), en esta forma aparece inmediatamente
el carácter industrial e históricamente distintivo del modo de produc-
ción basado sobre el capital.

A la primera forma corresponde la transformación violenta de la
mayor parte de la población en trabajadores asalariados y la disciplina
que transforma su existencia en la de meros trabajadores. Durante
150 años, por ejemplo, a partir de Enrique VII, los anales de la legis-
lación inglesa contienen, en páginas sangrientas, medidas coercitivas, que
fueron aplicadas para transformar la masa de los que habían quedado
sin propiedad y de la población que había devenido libre en trabajadores
asalariados libres. La supresión del séquito, la confiscación de los bienes
de la iglesia, la eliminación de los gremios y la confiscación de su pro-
piedad, la expulsión violenta de la población del campo mediante la
transformación del terreno arable en terreno de pasto para ganado,
enclosures of common, etc., todo esto convirtió al trabajador en mera
capacidad de trabajo. Pero éstos prefirieron el vagabundeo, vivir de
limosnas, etc., al trabajo asalariado, y tuvieron que ser acostumbrados
a éste por la fuerza. Esto vuelve a repetirse de forma similar con la
introducción de la gran industria, de las fábricas con máquinas. Ver
Owen.

Sólo en un cierto estadio del desarrollo del capital el cambio entre
capital y trabajo deviene en realidad formalmente libre. Se puede decir,
que el trabajo asalariado sólo se realiza formalmente de forma completa
en Inglaterra al final del siglo xv111 con la supresión de la ley de apren-
dizaje <law of apprenticeship».

La tendencia del capital naturalmente es la de conectar la plusvalía
absoluta con la relativa; es decir, la máxima ampliación del día de tra-

Transformación de la plusvalía en beneficio 159

bajo con el máximo número de días de trabajo simultáneo, y al mismo
tiempo la reducción por un lado del tiempo de trabajo necesario al mí-
nimo, y por otro lado la reducción del número de trabajadores necesa-
rios también al mínimo. Esta exigencia contradictoria, cuyo desarrollo
se muestra en formas diferentes de superproducción, superpoblación,
etcétera, se hace valer en la forma de un proceso en el que las deter-
minaciones contradictorias se suceden en el tiempo. Una consecuencia
necesaria de las mismas es la multiplicación máxima posible del valor
de uso del trabajo —o de las ramas de la producción—, de forma tal
que la producción del capital, así como por una parte engendra el des-
arrollo de la intensidad de la fuerza productiva, así también por otra
engendra constante y necesariamente la multiplicidad ilimitada de las
ramas de trabajo, es decir, la riqueza universal, de contenido y de forma,
de la producción, sometiendo a ésta todos los aspectos de la naturaleza.

El aumento de la fuerza productiva, que procede espontáneamente
en la producción a un nivel superior de la división y combinación del
trabajo, de la economía en ciertos gastos —condiciones para el proceso
de trabajo—, que continúan siendo los mismos o disminuyen con el
trabajo común, como calefacción, etc., edificios donde se realiza el tra-
bajo, etc., no le cuesta nada al capital; él obtiene gratis esta mayor
fuerza productiva del trabajo. Si aumentara la productividad simultá-
neamente en la producción de las diferentes condiciones de producción,
materia prima, instrumentos de producción y medios de subsistencia,
y en las ramas de producción por éstas determinadas, entonces su aumen-
to no provocaría ninguna modificación en la proporción de las dife-
rentes partes constitutivas del capital entre sí. Si la productividad del
trabajo aumenta simultáneamente, por ejemplo, en la producción de
lino, de telas y en el tejer mismo (mediante la división del trabajo),
entonces a la masa superior que sería tejida en un día correspondería
una masa mayor de materia prima, etc. En los trabajos extractivos, por
ejemplo, en la minería, no se requiere, si el trabajo deviene más pro-
ductivo, que aumente la materia prima, ya que no es elaborada ninguna
materia prima. Para hacer más productiva la cosecha no se requiere
ni siquiera que aumente el número de instrumentos, sino únicamente
que se concentren y que el trabajo que antes era realizado fragmenta-
riamente por cientos de personas se realice ahora colectivamente. Pero
lo que es requerido para todas las formas de plustrabajo es aumento
de la población; de la población trabajadora para la primera; de la po-
blación en general para la segunda, ya que ésta exige un desarrollo de
la ciencia, etc. La población aparece aquí como la fuente fundamental
de la riqueza.

Proporción entre las condiciones objetivas de la producción. Cambio
en la proporción de las partes constitutivas del capital

Pero si consideramos el capital en su origen, vemos que la materia pri-
ma y el instrumento se presentan como procedentes de la circulación,
y no como producidos por el capital mismo; así también en la realidad
el capital individual recibe las condiciones de su producción de la
circulación, a pesar de que éstas a su vez son producidas por el capital,
pero por otro capital. De aquí deriva por una parte la tendencia necesa-
ria del capital a enseñorearse de la producción desde todos sus lados;
su tendencia a poner la producción de las materias de trabajo y de las
materias primas, así como también de los instrumentos en cuanto algo
producido por el capital, aunque se trate de otro capital; ésta es la
tendencia del capital a propagarse. Pero, en segundo lugar, está claro
que si las condiciones objetivas de la producción, que el capital obtiene
de la circulación, continúan siendo las mismas desde el punto de vista
del valor, es decir, si en la misma cantidad de valor de uso se objeti-
va la misma cantidad de trabajo, entonces sólo una parte menor del
capital puede ser invertida en capital vivo, o bien cambia la producción
de las partes constitutivas del capital. Si el montante del capital, por
ejemplo, es 100, la materia prima 2/5, el instrumento 1/5, el traba-
jo 2/5, y si el mismo trabajo pudiera mediante una duplicación de la
fuerza productiva (división del trabajo) elaborar con el mismo instru-
mento el doble de materia prima, entonces el capital tendría que aumen-
tar en 40; es decir, tendría que trabajar con un capital de 140; de los
cuales 80 materia prima, 20 instrumento, 40 trabajo. El trabajo se
encontraría ahora en la relación = 40:140 (previamente = 40:100);
el trabajo estaba antes en la relación de 4: 10; ahora sólo en la de 4:14.
O lo que es igual, en el mismo capital de 100 a la materia prima le co-
rrespondería 3/5, al instrumento 1/5 y al trabajo 1/5. La ganancia
sería igual que antes 20. Pero el plustrabajo sería el 60 9%, mientras
que antes era el 50. El capital sólo necesita ahora 20 de trabajo para
60 de materia prima y 20 de instrumento. 80/20/100. Un capital
de 80 le da un beneficio de 20. Si el capital debiera utilizar todo el
trabajo a este nivel de producción, entonces tendría que aumentar a 160;
a saber: 80 de materia prima, 40 instrumento y 40 trabajo. Esto le
daría una plusvalía de 40. Al nivel anterior, en el que un capital de 100
sólo daba una plusvalía de un capital de 160, sólo habría dado una
plusvalía de 32, es decir 8 menos, y el capital habría tenido que aumen-
tar a 200, para producir la misma plusvalía de 40.

Transformación de la plusvalía en beneficio 161

Hay que distinguir: 1) el aumento del trabajo (o intensidad, velo-
cidad del trabajo) que no requiere ningún anticipo mayor en material
o instrumento de trabajo. Por ejemplo, los mismos 100 trabajadores
con instrumentos del mismo valor pescan más peces, o cultivan mejor
el suelo, o extraen más minerales de las minas, o más carbón de las
cuencas carboníferas, u obtienen más hojas de la misma cantidad de
oro mediante una mayor destreza, mediante una mayor combinación y
división del trabajo, etc., o desperdician menos materia prima, es decir,
consiguen hacer más con la misma cantidad de valor en materia prima.
En este caso, por lo tanto, si suponemos que sus mismos productos
entran en su consumo, su tiempo de trabajo necesario disminuye; con
los mismos costes de mantenimiento realizan un trabajo superior. O,
lo que es igual, una parte menor de su trabajo es necesaria para la
reproducción de la capacidad de trabajo. La parte de tiempo de trabajo
necesario disminuye en la proporción en la que aumenta la de plus-
trabajo, y a pesar de que el valor del producto continúa siendo el mis-
mo = 100 días de trabajo, la parte que le corresponde al capital, la
plusvalía, aumenta. Si el trabajador colectivo suplementario era =1/10,
es decir = 10 días de trabajo, y si ahora es 1/5, el tiempo de plus-
trabajo ha aumentado en 10 días. Los trabajadores trabajan 80 días
para sí y 20 para el capitalista, mientras que en el primer caso trabaja-
ban 90 para sí y 10 para el capitalista. (Este cálculo en días de trabajo
y la consideración del tiempo de trabajo como la única substancia del
valor, se ve claramente donde existen relaciones de servidumbre. En el
capital están ocultas por el dinero.) Del valor creado de nuevo le co-
rresponde una parte mayor al capital. Las proporciones, sin embargo,
entre las diferentes partes constitutivas del capital invariable continúan,
según nuestro presupuesto, siendo las mismas. Esto quiere decir que,
aunque el capitalista utiliza una masa de plustrabajo superior, porque
paga menos salario, no utiliza más capital en materia prima e instru-
mento. Cambia una parte menor de trabajo objetivado por la misma
cantidad de trabajo vivo o la misma cantidad de trabajo objetivado por
una mayor cantidad de trabajo vivo. Esto sólo es posible en las indus-
trias extractivas; en las industrias de manufactura esto sólo es posible
en la medida en que se economiza más la materia prima; y además, allí
donde los procesos químicos aumentan la materia, en la agricultura; en
la industria de transporte.

2) La productividad aumenta simultáneamente no sólo en la rama
de la producción determinada, sino también en sus condiciones, espe-
cialmente en el supuesto de que con la intensidad del trabajo, con el
aumento simultáneo de los productos del trabajo, tiene que aumentar

la materia prima o el instrumento, o ambos. (La materia prima puede no
costar nada, como por ejemplo, juncos, madera que no cuesta nada, etc.)
En este caso la proporción del capital continuaría siendo la misma.
Esto quiere decir, que el capital, con la creciente productividad del tra-
bajo, no necesita gastar un valor mayor en materia prima e instrumento.

3) La mayor productividad del trabajo requiere que sea gastada una
parte mayor de capital en materia prima e instrumento. Si la misma
cantidad de trabajadores producen más ahora simplemente mediante la
división del trabajo, etc., entonces el instrumento continúa siendo el
mismo; solamente la materia prima tiene que aumentar; ya que el mis-
mo tiempo de trabajo elabora, en el mismo tiempo, una mayor cantidad
de materia prima; y según nuestro presupuesto la productividad pro-
cede exclusivamente de la mayor destreza de los trabajadores, de la
división y combinación del trabajo, etc. En este caso disminuye la parte
de capital cambiada por trabajo vivo (continúa siendo la misma, si
aumenta exclusivamente el tiempo de trabajo absoluto; disminuye,
si aumenta el tiempo de trabajo relativo) no solo relativamente respecto
a las otras partes constitutivas del capital que continúan igual, por su
propia disminución, sino que también disminuye por el aumento de
aquéllas.

Si teníamos

Materia prima|Instrumento| Trabajo P

Días de| 180 90 80 10 en el primer
trabajo caso: de forma

tal que de 90 días
de trabajo 10 eran
días de plustraba-
jo; el plustrabajo

era 12 Lo. En
3 2

411 — 90 70 20
7 el segundo caso,

la proporción de la materia prima ha aumentado en la misma proporción
en que ha aumentado la proporción de plustrabajo, comparado con el
primer caso.

Si en todos los casos el aumento de plusvalía presupone aumento
de la población, en este caso trae consigo también una acumulación o un
mayor capital, que entra en la producción. (Esto se resuelve finalmente
en una mayor población trabajadora, ocupada en la producción de ma-
teria prima.) En el primer caso, la parte total de capital que es invertida

Transformación de la plusvalía en beneficio 163

en trabajo constituye 1/4 del capital total; y su relación con la parte
constante de capital es de 1:3; en el segundo caso, la parte invertida en
trabajo vivo es menos de 1/6*” del capital total y su relación con el
capital constante es de 1:5.*% En consecuencia, a pesar de que el
aumento de la productividad debido a la división y combinación del tra-
bajo descansa sobre el aumento absoluto de la fuerza de trabajo utili-
zada, esto está necesariamente ligado con la disminución de esta misma
fuerza de trabajo en relación con el capital que la pone en movimiento.
Y si en la primera forma, en la del plustrabajo absoluto, la masa de
trabajo utilizada tiene que aumentar en la misma proporción en que
lo hace el capital utilizado, en el segundo caso, la masa de trabajo aumen-
ta en una proporción más pequeña y además en relación inversa al
aumento de la productividad.

Si mediante los últimos métodos de utilización del trabajo agrícola
la productividad del suelo se duplica, es decir, la misma cantidad de
trabajo produce 1 quarter de trigo en lugar de 1/2, entonces el trabajo
necesario se reduciría a 1/2, y el capital podría emplear con el mismo
salario a un número doble de trabajadores. (Esto expresado meramente
en grano.) Pero no necesitaría más trabajadores para labrar su campo.
En consecuencia, emplearía el mismo trabajo con la mitad del sa-
lario anterior; una parte de su capital, previamente invertido en di-
nero, se libera; el tiempo de trabajo empleado continúa siendo el mismo
en proporción al capital invertido, pero el plustrabajo del mismo ha
aumentado en relación con el trabajo necesario. Si previamente la re-
lación del trabajo necesario con el día de trabajo total era = 3/4 del

día de trabajo o 9 horas, ahora es igual a 3/8 o = 15 horas. La plus-

z ; . 1
valía en el primer caso era 3 horas; en el segundo = 7—.

El recorrido del proceso es el siguiente: con una población trabaja-
dora dada y con una magnitud también dada del día de trabajo, es de-
cir, con una magnitud del día de trabajo multiplicado por el número
de días de trabajo simultáneos, el plustrabajo sólo puede ser aumentado
relativamente mediante la mayor productividad del trabajo, cuya posi-
bilidad está ya puesta en el aumento presupuesto de la población y en
el adiestramiento del trabajo (con lo cual se crea también un determinado
tiempo libre para.la población no trabajadora, no directamente traba-

*92 «1/6»; debería decir «1/9».
*82 «1/5»; debería decir «1/7».

jadora, y en consecuencia, un desarrollo de las capacidades espiritua-
les, etc.; de la apropiación espiritual de la naturaleza). Dado un cierto
nivel del desarrollo de las fuerzas productivas, el plustrabajo sólo puede
ser aumentado absolutamente mediante la transformación de una parte
mayor de la población en trabajadores y mediante el aumento de los
días de trabajo simultáneos. El primer proceso representa una dismi-
nución de la población trabajadora relativa, a pesar de que absoluta-
mente continúe siendo la misma; el segundo representa un aumento
de la misma. Ambas tendencias son tendencias necesarias del capital.
La unidad de estas tendencias contradictorias, y en consecuencia, la
contradicción viva, sólo se presenta con la maquinaria, sobre la cual
hablaremos en seguida. La segunda*” forma sólo permite claramente
una proporción pequeña de la población no trabajadora respecto a la
trabajadora. La primera,** puesto que con ella la cuota requerida de
trabajo vivo aumenta más lentamente que la cuota del capital invertido,
permite una mayor proporción de la población no trabajadora respecto
a la trabajadora.

Ciertamente una vez que se considera atentamente la cuestión, de-
saparece la relación de las diferentes partes constitutivas del capital
entre sí, tal como se presentan en su devenir, en el cual el capital ob-
tiene la materia prima y el instrumento, es decir, las condiciones del
producto, de la circulación, en la medida en que todos los momentos
se presentan como uniformemente producidos por el capital, pues, de
lo contrario, éste no habría sometido a sí mismo las condiciones tota-
les de su producción; pero para este capital individual ellas continúan
siempre en la misma relación. Una parte del mismo puede, por lo tanto,
ser considerada siempre como valor constante, y es exclusivamente la
parte invertida en trabajo la que varía. Estas partes constitutivas no
se desarrollan uniformemente, pero la tendencia del capital, como se
verá en la competencia, es la de distribuir uniformemente la fuerza
productiva.

Puesto que con la creciente productividad del trabajo el capital en-
contraría un límite en la masa no creciente de materia prima y de ma-
quinaria, el proceso de desarrollo industrial consiste en que, «cuanto
más la producción es producción de materias primas para la industria,
tanto de materia prima para el material de trabajo, como para el ins-
trumento, es decir, cuanto más se aproxima el material de trabajo a la
mera materia prima, tanto más es precisamente en estas ramas donde

*9% «La segunda»; en ed. 1939 «erste» (la primera).
* «La primera»; en ed. 1939 «zweite» (la segunda).

Transformación de la plusvalía en beneficio 165

comienza la introducción del trabajo en gran escala y la utilización de
maquinaria. Así en la hilatura antes que en la tejeduría, y en la teje-
duría antes que en el estampado, etc., y antes que en ninguna, en la
producción de metales, que constituyen la principal materia prima para
los instrumentos de trabajo. Si el producto en bruto propiamente di-
cho, el que suministra la materia prima a la industria al nivel más bajo,
no puede ser aumentado rápidamente, entonces se recurre a un sustituto
fácilmente aumentable (algodón por lino, lana y seda). En la sustitución
del trigo por patatas ocurre lo mismo en términos de medio de sub-
sistencia. En este último caso, la mayor productividad se consigue me-
diante la producción de un artículo inferior, con menos substancias
hemopoyéticas y, en consecuencia, de condiciones orgánicas más baratas
para su reproducción. Esto entra dentro de la consideración del salario.
En la discusión sobre el salario mínimo no hay que olvidar a Rum-
ford.”

Llegamos ahora al tercer caso de plustrabajo relativo, tal como se
presenta en la utilización de la maquinaria.

[[En el curso de nuestra exposición se ha visto cómo el valor que
se presentaba como una abstracción sólo era posible en cuanto tal abs-
tracción cuando existe el dinero; esta circulación del dinero conduce
por su parte al capital, y por lo tanto, sólo puede ser desarrollada por
completo sobre la base del capital, de la misma forma que sólo sobre
esta base puede la circulación abrazar todos los momentos de la pro-
ducción. En el desarrollo se muestra, por lo tanto, no sólo el carácter
histórico de las formas, como, por ejemplo, el capital, que pertenecen
a una determinada época histórica, sino que también determinacio-
nes como el valor, que se presentan como puras abstracciones, muestran
el fundamento histórico del que son abstraídas, y sobre el cual sola-
mente pueden presentarse en tal abstracción; y determinaciones, que
pertenecen más o menos a todas las épocas, como, por ejemplo, el
dinero, muestran la modificación histórica que sufren. El concepto eco-
nómico de valor no aparece entre los antiguos. El valor sólo es diferente
del precio jurídicamente en el caso de fraude, etc. El concepto de valor
pertenece por completo a la economía más moderna, porque es la ex-
presión más abstracta del capital y de la producción basada sobre él.
En el concepto de valor traiciona su secreto.]]

Lo que distingue el plustrabajo basado sobre la máquina es la dis-
minución del tiempo de trabajo necesario que es empleado en la forma
de una menor utilización de días de trabajo simultáneos, de menos tra-

57 Cfr. Marx, El Capital, OME 41, pág. 244 (texto y nota 54).

bajadores. El segundo momento es el de que el aumento de la produc-
tividad tiene que ser pagado por el capital, no es gratis. El instrumento,
a través del cual es puesto en movimiento este aumento de la producti-
vidad es a su vez tiempo de trabajo inmediato objetivado, valor, y para
apropiárselo, el capital tiene que cambiar una parte de su valor por él.
Desarrollar la introducción de las máquinas a partir de la competencia
y de la ley por ella impuesta de la reducción de los costes de produc-
ción es fácil. Aquí se trata de desarrollarla a partir de la relación del
capital con el trabajo vivo, sin tomar en consideración otro capital.

Si un capitalista emplea 100 trabajadores en la hilatura de algodón,
que le cuestan anualmente 2.400 libras, y sustituye mediante una má-
quina de 1.200 libras a 50 trabajadores, pero de forma tal que la
máquina también habrá sido consumida en un año y tendrá que ser
repuesta al comienzo del segundo año, entonces claramente no ha-
brá ganado nada; no podrá vender sus productos más baratos. Los
restantes 50 trabajadores harían el mismo trabajo que hacían previa-
mente 100; el tiempo de plustrabajo de cada trabajador habría aumen-
tado en la misma proporción en que habría disminuido su número, es
decir, habría permanecido igual. Si antes era directamente = 200 horas
de trabajo, es decir, 2 horas por cada uno de los 100 días de trabajo,
ahora sería también = 200 horas de trabajo, es decir = 4 por cada
uno de los 50 días de trabajo. En relación al trabajador su plustrabajo
habría aumentado; para el capital la cosa sería igual, ya que ahora
tendría que cambiar 50 días de trabajo (tiempo de trabajo necesario y
de plustrabajo conjuntamente) por la máquina. Los 50 días de trabajo
objetivado que cambia por la máquina le darían simplemente el equi-
valente, es decir, no le da tiempo suplementario, igual que si hubiera
cambiado 50 días de trabajo objetivado por 50 días de trabajo vivo.
Pero esto sería resarcido por el tiempo de plustrabajo de los 50 res-
tantes trabajadores. La cuestión, eliminada la forma del cambio, sería
igual que si el capitalista hiciera trabajar a 50 trabajadores, cuyo día
de trabajo completo sólo fuera trabajo necesario, y para ello empleara
a otros 50, cuyo día de trabajo resarciera esta «pérdida». Pero supon-
gamos que la máquina sólo cuesta 960 libras, es decir, sólo cues-
ta 40 días de trabajo, y los restantes trabajadores producen, como
antes, cada uno 4 horas de plustrabajo, es decir 200 horas o 16 días y

8**% horas (16 cd días), entonces el capitalista habría ahorrado en

*% ¿8 horas»; en ed. 1939 «4 horas».
*9 «2/3»; en ed. 1939 «1/3».

Transformación de la plusvalía en beneficio 167

gastos 240 libras. Mientras que antes sobre un gasto de 2.400 sólo
ganaba 16 días y 8 horas, ahora ganaría sobre un gasto de 960 libras
también 200. 200 se relacionan con 2.400 como 1:12; por el contra-

rio, 200:2.160 = 20:216 = 1:10 5 Expresado en días de trabajo el

capitalista ganaría, en el primer caso, 16 días y 8 horas sobre 100 días de
trabajo; en el segundo, lo mismo sobre 90; en el primer caso sobre
1.200 horas de trabajo diarias ganaría 200; en el segundo, sobre 1.080

también 200; 200:1.200 = 1:6; 200:1.080 = 15 En el primer
caso, el tiempo excedente del trabajador individual = 1/6 del día de
trabajo = 2 horas. En el segundo caso 2 > horas sobre cada día de tra-

bajo.*” A esto hay que añadir, además, que con la utilización de maqui-
naria, la parte del capital, que era invertida previamente en instru-
mento, tiene que ser detraída del coste extra ocasionado por la máquina.

Dinero y capital fijo: presuponen una cierta cantidad de riqueza
(Economist). Relación entre el capital fijo y el capital circulante.
Hilanderos de algodón (Economist).

[[El dinero que circula en un país es una cierta porción del capital del
país retirada absolutamente de finalidades productivas, con la finalidad
de facilitar o aumentar la productividad del capital restante. Una cierta
cantidad de riqueza es, por lo tanto, necesaria tanto para adoptar el
oro como medio de circulación, como para construir una máquina para
facilitar cualquier otra producción» (Economist, vol. V, pág. 520).]]12
[[ ¿Qué ocurre en la práctica? Un fabricante obtiene de su banquero
500 libras en billetes de banco el sábado para pagar salarios; dis-
tribuye éstos entre sus trabajadores. En el mismo día la mayor parte
de aquellos son llevados al tendero y a través de éste son devueltos a sus
diferentes banqueros» (loc. cit., pág. 575).]]%

52 Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.* 193. May 8, 1847, pág. 520. Artículo:
Nature of capital and Functions of Money.

59 Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.* 195, May 22, 1847, pág. 575. Ar-
tículo: A Reply To Further Remarks on the Proposed Substitution of One Pound
Notes for Gold.

*%8 «día de trabajo»; en ms. «Stunde» (hora); en ed. 1939 «Arbeiter» (tra-
bajador).

[[Un hilandero que con un capital de 100.000 libras desembolsara
95.000 por su fábrica y maquinaria, descubriría en seguida que necesita
medios para comprar algodón y pagar los salarios. Su negocio estaría
obstaculizado y sus finanzas trastornadas. Y, sin embargo, los hombres
esperan que una nación que ha invertido imprudentemente el grueso de
sus medios disponibles en ferrocarriles debería, no obstante, ser capaz

de conducir las infinitas operaciones de la manufactura y el comercio»
(loc. cit., pág. 1.271).]]%'

Esclavitud y trabajo asalariado (Steuart). — Beneficio sobre la venta.
Steuart,

«Dinero... un equivalente adecuado para cualquier cosa vendible»
(J. Steuart) (pág. 13) (t. 1, pág. 32, ed. Dublin 1770).

[[«En la antigiedad hacer trabajar a los hombres por encima de sus
necesidades, hacer trabajar a una parte de un estado para mantener gra-
tuitamente a la otra, sólo era realizable mediante la esclavitud. Si los
hombres no fueran obligados a trabajar, trabajarían solamente para sí
mismos; y si tuvieran pocas necesidades realizarían poco trabajo. Pero
cuando se forman los estados y a las manos ociosas se les presenta la
oportunidad de defenderlos contra la violencia de los enemigos, enton-
ces es necesario obtener comida para aquellos que no trabajan; y como,
por hipótesis, las necesidades de los trabajadores son pequeñas, tiene
que ser encontrado un método con el cual aumentar su trabajo por en-
cima de sus necesidades. Con esta finalidad fue pensada la esclavitud...
He aquí un sistema violento de hacer trabajar a los hombres para
aumentar los medios de subsistencia...; los hombres se vieron obligados
a trabajar porque eran esclavos de los otros; los hombres se ven for-
zados a trabajar ahora porque son esclavos de sus propias necesidades.»
(Steuart, t. l, págs. 38-40). «Es la infinita variedad de necesidades, y
de las clases de mercancías necesarias para su satisfacción la que úni-
camente convierte en infinita e insaciable la pasión por la riqueza».
(Wakefield a propósito de A. Smith, pág. 64, nota).]]*%

«Yo considero a las máquinas como un medio de aumentar (virtual-
mente) el número de individuos trabajadores, sin el gasto de tener que
alimentar a un número adicional.» (Steuart, t. 1., pág. 123). («Cuando

s0 Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.* 219, November 6, 1847, pág. 1271.
Artículo: Fixed and floating capital.
881 Cfr. A. SmIiTH, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 64.

Transformación de la plusvalía en beneficio 169

los industriales manufactureros se asocian, no dependen directamente
de los consumidores, sino de los mercaderes.» (Steuart, t. 1, pág. 154.)
(«La agricultura abusiva no es comercio, porque no da lugar a ninguna
alienación, sino que es simplemente un medio de subsistencia») (loc.
cit., pág. 156). («El comercio es una operación por la cual la riqueza, o
el trabajo, bien de los individuos, o de las sociedades, puede ser inter-
cambiado por una categoría de hombres llamados comerciantes con un
equivalente, apto para satisfacer cualquier necesidad, sin ninguna inte-
rrupción en la industria, o ningún obstáculo en el consumo» (Stewart, t. L,
pág. 166). («Mientras que las necesidades continúan siendo pocas y
simples, un trabajador encuentra tiempo suficiente para distribuir todo
su trabajo; cuando las necesidades se multiplican, los hombres tienen
que trabajar con más intensidad: el tiempo se convierte en algo precio-
so; de ahí que se introduzca el comercio. El comerciante aparece como
mediador entre el trabajador y el consumidor») (loc. cit., pág. 171).
(«Dinero, el precio común de todas las cosas») (loc. cit., pág. 177). «El
dinero es representado por el comerciante. Para los consumidores el co-
mercio representa a la totalidad de los capitalistas industriales, para
éstos representa la totalidad de los consumidores, y para ambas clases
su crédito sustituye el uso del dinero. Él representa sucesivamente las
necesidades, los capitalistas industriales y el dinero» (loc. cit., pági-
nas 177, 178). (Steuart, ver t. 1, págs. 181-183, considera el beneficio
como algo diferente del valor real, que él lo define de forma muy con-
fusa [pensando en los costes de producción], como cantidad de trabajo
objetivado [lo que un trabajador puede realizar en un día, etc.], gasto
necesario del trabajador, precio de la materia prima, como beneficio
sobre la venta, que fluctúa según la demanda.) (En Steuart las categorías
cambian todavía mucho; no están aún fijadas como en A. Smith. Pre-
cisamente acabamos de ver, que el valor real se identifica con los costes
de producción, en la medida en que junto al trabajo de los trabajadores
y al valor del material figuran de forma muy confusa los salarios como
componente particular. En otro pasaje él entiende por valor intrínseco
de una mercancía el valor de su materia prima o la materia prima misma,
mientras que por valor útil entiende el tiempo de trabajo en ella gas-
tado. «El primero es algo real en sí mismo; por ejemplo, la plata en
un enrejado de plata. El valor intrínseco de una pieza de seda, lana o
lino, es menor que el valor primitivo empleado, ya que el material se
ha convertido en algo casi inservible para cualquier otro uso, que no
sea aquel para el que sirve dicha pieza; el valor útil, por el contrario,
tiene que ser estimado de acuerdo con el trabajo que ha costado produ-
cirlo. El trabajo empleado en la modificación representa una parte del

tiempo de un hombre, que habiendo sido empleado útilmente, le ha
dado forma a una substancia, convirtiéndola en algo útil, decorativo, o
en pocas palabras, apta para el hombre, mediata o inmediatamente»
(págs. 361, 362, t. 1., loc. cit.). (El valor de uso real es la forma que
le es dada a la substancia. Pero esta misma forma sólo es trabajo en
reposo.) «Cuando damos por supuesta una medida común para el precio
de cualquier cosa, tenemos que suponer que la venta de ésta es frecuente
y familiar. En los países donde reina la simplicidad..., no es apenas
posiblezdeterminar alguna medida para el precio de los artículos de pri-
mera necesidad... en tales estadios de la sociedad los artículos de co-
mida y necesarios para la subsistencia apenas si se encuentran en el
comercio: nadie los compra, porque la principal ocupación de todo
el mundo es producirlos para ellos mismos... Solamente la venta puede
determinar los precios, y sólo la venta frecuente puede fijar una medi-
da. Ahora bien, la venta frecuente de artículos de primera necesidad
denota la distribución de los habitantes en trabajadores y manos li-
bres», etc. (t. 1, págs. 395-396, loc. cit.). (La teoría de la determina-
ción de los precios por la cantidad de medios de circulación fue formulada
por primera vez por Locke, repetida en el Spectator 19, octubre 1711,
desarrollada y elegantemente formulada por Hume y Montesquieu, for-
malmente exagerada en su fundamento por Ricardo, y con todas sus
absurdidades en la aplicación práctica al sistema bancario, etc., por
Loyd, coronel Torrens, etc.). Steuart polemiza contra esto y ciertamente
su análisis anticipa materialmente casi todo lo que después ha sido
hecho valer por Bosanquet, Tooke, Wilson. (Cuaderno, pág. 26.) (Él
dice, entre otras cosas, como ilustración histórica: «Es un hecho, que
en la época en que Grecia y Roma abundaban en riqueza, cuando cual-
quier cosa poco común y el trabajo de los artistas más selectos eran
vendidos a un precio excesivo, un buey era comprado por una fruslería
y el grano era quizá más barato que ha sido nunca en Escocia... La
demanda está proporcionada no al número de aquellos que consumen,
sino al de aquellos que compran; ahora bien, aquellos que consumen, son
todos los habitantes, mientras que aquellos que compran, son sólo
aquellos trabajadores que son libres... En Grecia y Roma existía la es-
clavitud: aquellos que eran alimentados mediante el trabajo de sus
propios esclavos, los esclavos del Estado, o mediante el grano distribuido

3 La indicación de la fuente se refiere al propio cuaderno de extractos
de Marx, en el cual en la página 26 se encuentran los extractos del libro de
STEUART, Inquiry, etc., pág. 399.

Transformación de la plusvalía en beneficio 171

gratis entre el pueblo, no tenían oportunidad de ir al mercado: no en-
traban en competencia con los compradores... Las pocas industrias
entonces conocidas hacían que en general las necesidades fueran menos
amplias; consiguientemente, el número de los trabajadores libres era
pequeño, y ellos eran las únicas personas que podían tener la oportu-
nidad de comprar comida y cosas necesarias para la subsistencia; con-
siguientemente, la competencia entre los compradores tiene que haber
sido pequeña en proporción, y los precios bajos; además, los mercados
eran aprovisionados en parte por el excedente producido en los campos
de los grandes señores, trabajados por los esclavos, y siendo éstos ali-
mentados de la tierra, el excedente, en cierta medida, no le costaba
nada a los propietarios, y puesto que el número de aquellos, que tenían
oportunidad de comprar, era muy pequeño, el excedente era vendido
barato. Además el grano distribuido gratis al pueblo, tenía que mante-
ner necesariamente bajo el precio de mercado, etc. Sin embargo, por un
salmonete de calidad o por un artista, etc., existía una gran competencia
y, en consecuencia, los precios aumentaban extraordinariamente. El lujo
de estos tiempos, aunque excesivo, estaba confinado a unos cuantos, y
como el dinero, en general, sólo circulaba lentamente entre las manos
de la multitud, se inmovilizaba constantemente en las manos de los
ricos, que no encontraban otra medida, más que su propio capricho,
para regular los precios, de lo que ellos deseaban poseer») (26, 27, cua-
derno Steuart).* «El dinero de cuenta no es más que una escala arbi-
traria de partes iguales, inventada para medir el valor respectivo de las
cosas vendibles. El dinero de cuenta es completamente diferente del di-
nero-metálico, que es precio, y que podría existir, aunque no existiera
ninguna substancia en el mundo, que fuese un equivalente proporcional
para todas las mercancías» (t. II, pág. 102). El dinero de cuenta cum-
ple la misma función para el valor de las cosas, que cumplen los mi-
nutos, segundos, etc., para el ángulo, o las escalas para los mapas
geográficos, etc. En estas invenciones siempre es tomada alguna denomi-
nación para la unidad» (loc. cit.). «La utilidad de todas estas invencio-
nes está confinada únicamente a indicar una proporción. Precisamente
por esto la unidad en dinero no puede tener una proporción determinada
invariable respecto a cualquier parte de valor, es decir, no puede ser
fijada en ninguna cantidad particular de oro, plata o cualquier otra
mercancía. Una vez fijada la unidad, podemos, multiplicándola, elevarla
al valor máximo», etc. (pág. 103). «Así, pues, el dinero es una escala

sn Cfr. STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 403-405. La indicación de
página en el texto se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

para medir el valor» (pág. 102). «Puesto que el valor de las mercancías
depende, por lo tanto, de una combinación general de circunstancias re-
lacionadas con las mercancías mismas y con los caprichos de los hombres,
su valor debe ser considerado como variable sólo en la relación de una
respecto a otra; consiguientemente, cualquier cosa que perturbe o tras-
torne la fijación de aquellos cambios de proporción mediante una escala
general determinada e invariable tiene que ser nociva para el comer-
cio y un estorbo para la venta» (loc. cit.).** Hay que distinguir absolu-
tamente entre precio (es decir, moneda) considerado como una medida
y precio, considerado como equivalente del valor. Los metales no llevan
a cabo de forma igualmente eficaz cada una de ambas funciones... El
dinero es una escala ideal de partes iguales. Y si se me preguntara: ¿Cuál
debe ser la medida del valor de una parte?, yo respondería, haciendo
otra pregunta: ¿Cuál es la medida de longitud de un grado, un minuto
o un segundo? No tiene ninguna; pero tan pronto como una parte es
determinada, por la naturaleza de la escala, todo el resto tiene que se-
guir en proporción» (pág. 105). «Ejemplos de este dinero ideal son el
dinero del banco de Amsterdam y el dinero de Angola, en la costa afri-
cana. El dinero de banco se mantiene invariable como una roca en el
mar. De acuerdo con esta medida ideal son regulados los precios de to-
das las cosas» (págs. 106, 107).

En la colección de Economistas Italianos de Custodi, Parte Antica,
Tomo III: Montanari (Geminiano), Della moneta, escrito alrededor
del 1683, dice de la «invención del dinero»: «se ha difundido hasta tal
punto por todo el globo terrestre la comunicación entre los pueblos, que
puede casi decirse que todo el mundo se ha convertido en una sola
ciudad, en la que se celebra un feria permanente de toda mercancía, y
en la que todo hombre puede, mediante el dinero y estando en su casa,
proveerse y gozar de todo aquello que producen la tierra, los animales
y la industria humana. ¡Maravillosa invención! » (pág. 40). «Pero puesto
que es propio de las medidas tener relación con las cosas medidas, ocu-
rre que en cierta manera las cosas medidas se convierten en medida de
la que mide; de ahí que, así como el movimiento es medida del tiempo,
así también el tiempo sea medida del movimiento mismo; por esto
ocurre que no sólo las monedas son medidas de nuestros deseos, sino
que también, a la inversa, son los deseos medida de las monedas mis-
mas y del valor» (págs. 41, 42). «Es bien manifiesto que cuanto mayor
sea la cantidad de dinero que circule en el comercio en una provincia

54 Cfr. STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 104.

Transformación de la plusvalía en beneficio 173

en proporción a las cosas enajenables que se encuentran en ella, tanto
más caras serán dichas cosas, si puede decirse que una cosa es cara por-
que vale mucho oro en un país donde el oro abunda; ¿no debería más
bien llamarse vil en este caso al oro mismo, ya que se equipara una can-
tidad tan grande de él a otra cosa que en las demás partes es considerada
más vil?» (pág. 48).

«Hace 100 años era un principio dominante, en la política comercial
de las naciones, el de acumular oro y plata, como una clase de riqueza
par excellence» (pág. 67). (Gouge Wm. A. Short History of Paper
Money and Banking in the United States. Philadelphia, 1833) (Trueque
en los Estados Unidos) (ver Gouge. Cuaderno VIII, pág. 81 y sig.):
«En Pensilvania, como en las otras colonias, se desarrollaba un comer-
cio bastante importante mediante el trueque... todavía en Maryland,
en 1732, fue promulgada una ley haciendo del tabaco una moneda de
curso legal a 1 penny la libra, y del maíz a 20 pennies el bushel» (pá-
gina 5) (Parte 11). Pero pronto mediante «su comercio con las Indias
Occidentales y un comercio clandestino con España hubo tal abundancia
de plata, que en 1652 fue establecida una casa de la moneda en Nueva
Inglaterra para acuñar chelines, monedas de 6 y de 3 peniques» (pág. 5)
(loc. cit.). «Virginia en 1645 prohibió los tratos basados en el trueque,
y estableció la moneda española de 8 reales a 6 chelines como la medida
monetaria de la colonia (el dólar español)... Las otras colonias fijaron
denominaciones diferentes al dólar... El dinero de cuenta era nominal-
mente en todas partes el mismo que en Inglaterra. La moneda del país
era especialmente española y portuguesa», etc. (Cfr. pág. 81, cuader-
no VIII)" (pág. 6. Mediante una ley de la reina Ana se intentó poner
fin a esta confusión).**

La industria de la lana en Inglaterra desde Isabel (Tucket£). — La
industria de la seda (id). Id. Hierro, algodón

Tuckett: «A History of the Past and Present State of the Labouring
Population», etc., 2 vol. London 1846.*”

«Industria de la lana: en la época de Isabel el comerciante de telas
ocupaba el lugar del fabricante o industrial; él era el capitalista, que

55 Cfr. GoucE, A Short History, etc. Philadelphia 1833. Part Il, págs. 5-6.
5% Cfr. GouGE, A Short History, etc. Part 11, pág. 6.

*% 1846; en ms. 1836.

traía la lana y se la entregaba al tejedor en porciones de alrededor de
12 libras, para que las convirtiera en tejido. Al principio la industria
estaba limitada a las ciudades grandes o a las ciudades con carácter cor-
porativo o centros de mercado, ya que los habitantes de los pueblos ha-
cían poco más de lo que era suficiente para el uso de sus familias. Más
adelante la industria se desarrolló en ciudades no corporativas favore-
cida por ventajas locales y también en localidades campesinas merced
a la actividad de los granjeros, criadores de ganado y labradores, que
empezaron a fabricar paño tanto para la venta, como para uso domés-
tico» (las especies más toscas). «En 1551 fue promulgada una ley que
limitaba el número de telares y aprendices que podían ser mantenidos
por los mercaderes de tela y los tejedores fuera de las ciudades; y
que ningún tejedor del campo tuviera un batán y ningún batanero un
telar. Según una ley del mismo año todos los tejedores de paño tenían
que pasar por un período de aprendizaje de 7 años. A pesar de ello la
industria en el campo, como objeto de beneficio mercantil, echó firmes
raíces. 5 y 6 Eudardo VI, c. 22, una ley, que prohíbe el uso de máqui-
nas... De ahí la superioridad de flamencos y holandeses en esta indus-
tria hasta el final del siglo xv11...** En 1668 es importado de Holanda
el telar holandés».*” (págs. 138-141).*"" «Mediante la introducción de
máquinas, una persona podía, en el año 1800, hacer tanto trabajo como
46 en 1785. En el año 1800 el capital invertido en fábricas, máqui-
nas, etc., destinadas a la industria de la lana no fue inferior a 6 millones
de libras y el número global de personas de todas las edades ocupadas
en Inglaterra en esta rama era de 1.500.000» (págs. 142-143).*"" La
productividad del trabajo, por lo tanto, había aumentado en 4.600 %.**”
Pero, en primer lugar, en relación con el capital fijo esta cifra sólo era
aproximadamente 1/6; en relación con el capital total (materia pri-
ma, etc.), quizás era solamente de 1/20. «Pocas veces ha obtenido una
industria tanta ventaja de los progresos de la ciencia, como el arte de
teñir paño mediante la aplicación de las leyes de la química»*” (loc.
cit., págs. 143-144).

5 Cfr. J. D. paar A History, etc. Vol. 1, págs. 136-137.

58 Cfr. J. D. Tuckett, A History, etc. Vol. 1, pág. 138 y nota a pie de
página.

ss Cfr. J. D. Tuckett, A History, etc. Vol. 1, pág. 141.

50 Cfr. J. D. TucxerT, A History, etc. Vol. 1, págs. 143-144.

*100 138-141; en ms. p. 140, 1.
*10l 142-143; en ms. 1. c.
*102 4,600 %; en ms. 46.000 %.

Transformación de la plusvalía en beneficio 175

Industria de la seda. Hasta el comienzo del siglo xv «el arte de
torcer la seda había sido desarrollado con el mayor éxito en Italia, donde
se habían adoptado máquinas especialmente apropiadas para esta fina-
lidad. En 1715 viajó a Italia John Lombe, uno de los tres hermanos
que tenían un negocio como torcedores y mercaderes de seda, y supo
procurarse un modelo en una de las fábricas... Una fábrica de seda, con
la maquinaria más desarrollada, fue construida en Derby en 1719 por
Lombe y sus hermanos. Esta fábrica contenía 26.586 ruedas, todas mo-
vidas por una rueda impulsada mediante agua... El Parlamento le dio
14.000 libras para que descubriera el secreto a las personas interesadas
en esa rama de la industria. Esta fábrica se aproximaba más a la idea
de una fábrica moderna que todos los establecimientos previos de esta
clase. La máquina tenía 97.746 ruedas, partes móviles e individuales,
que trabajaban día y noche y que recibían todas su impulso motriz
de una gran rueda movida por agua y que eran controladas por un re-
gulador: y empleaba a 300 personas para hacerla funcionar» (133-134).
(El comercio de la seda inglés no mostró ningún espíritu inventivo; fue
introducido solamente por los tejedores de Amberes, que huyeron del
saqueo de la ciudad por el duque de Parma; después fueron estable-
cidas diferentes ramas por refugiados franceses 1685-1692.)*

En 1740 fueron producidas 1.700 toneladas de hierro por 59 altos
hornos; 1827: 690.000 por 284. Los altos hornos aumentaron por lo
tanto = 1:4 48/59; ni siquiera se multiplicaron por 5;*'" las tonela-
das =1: 405 ra (Ver sobre la relación en una serie de años, loc. cit.
Cuaderno, pág. 12.)*

En la industria del vidrio es donde se ve mejor cómo el progreso
de la ciencia depende de la industria. Por otra parte, por ejemplo, la
invención de los cuadrantes nació de las necesidades de la navegación;
el Parlamento estableció premios para los inventos.“

8 máquinas de hilar algodón, que en 1825 costaban 5.000 libras,
eran vendidas en 1.833 por 300 libras (ver sobre hilado de algodón,
loc. cit., pág. 13. Cuaderno).**

541 Cfr. J. D. TuckeTrT, A History, etc. Vol. 1, págs. 132, 135 y 136.
542 Cfr. J. D. TucxeTT, A History, etc. Vol. 1, pág. 157, nota.

53 Cfr. J. D. TuckerrT, A History, etc. Vol. 1, págs. 171-179.

54 Cfr. J. D. TuckxerT, A History, etc. Vol. 1, pág. 204.

*103  1:4 48/59; ni siquiera se multiplicaron por 5; en ms. 1:3 48/59 ni
siquiera se multiplicaron por 4.
*108  1:405 15/17; en ms. 1:435 5/17.

«Una fábrica para hilar algodón de primera categoría no puede ser
construida, equipada con maquinaria y acondicionada con gas y má-
quina de vapor, por menos de 100.000 libras. Una máquina de vapor
de 100 caballos pondrá en movimiento 50.000 husos, que producirán
62.500 millas de hilo de algodón fino por día. En una factoría de esta
clase, 1.000 personas hilarán tanto como podrían hacerlo 250.000 sin
máquinas. McCulloch estima el número en Inglaterra en 130.000» (pá-
gina 281, loc. cit.).

Origen del trabajo asalariado libre. Vagabundeo. Tuckett.

«Donde no hay caminos regulares, apenas si se puede decir que exista
una comunidad; el pueblo no podría tener nada en común» (pág. 270.
Tuckett, loc. cit.).

«Del producto de la tierra útil para los hombres, el 99 % es pro-
ducto de los hombres» (loc. cit., pág. 348).%

«Cuando lá esclavitud y el aprendizaje vitalicio fueron abolidos, el
trabajador se convirtió en su propio maestro y fue abandonado a sus
propios recursos. Pero incluso sin trabajo suficiente, los hombres no
se morirán de hambre si pueden mendigar o robar; consiguientemente,
el primer papel que asumieron los pobres fue el de ladrones y mendi-
gos» (pág. 637, nota t. II, loc. cit.). «Una característica notablemente
distintiva del estado presente de la sociedad, desde la época de Isabel,
es que su ley de pobres fue una ley especialmente destinada a la vigo-
rización de la laboriosidad, cuya finalidad era la de hacer frente a la
masa de vagabundos derivada de la supresión de monasterios y de la
transición del trabajo esclavo al trabajo libre. Un ejemplo de esto lo
tenemos en la ley N.? 5 de Isabel, que ordenaba a los cabezas de fami-
lia que cultivaban medio arado de tierra el exigir que cualquier perso-
na que ellos pudieran encontrar que estuviera desempleada deviniera su
aprendiz en la agricultura o en cualquier otro oficio o menester; y si
éste se oponía, la ley le ordenaba llevarlo ante un juez, quien estaba
casi obligado a ponerlo bajo custodia hasta que consentía en emplearse.
Bajo Isabel era necesario que, de 100, 85 se dedicaran a la producción
de comida. Actualmente no hay una falta de laboriosidad, sino de una
utilización ventajosa... La gran dificultad entonces era la de superar
la tendencia a la ociosidad y al vagabundeo, no la de procurarles una

55 La indicación de página se refiere al volumen 11 de la History de Tuckett.

Transformación de la plusvalía en beneficio 177

ocupación remuneradora. Durante este reinado hubo varias leyes desti-
nadas a obligar a trabajar a los ociosos» (págs. 643, 644, t. II, loc. cit.).

«El capital fijo, una vez formado, deja de afectar a la demanda de
trabajo, pero durante su formación da empleo a tantas manos como
daría una cantidad igual bien de capital circulante, bien de renta»
(pág. 56, John Barton, «Observations on the circumstances which influ-
ence the condition of the labouring classes of Society». London, 1817, pá-
gina 56).

Blake sobre acumulación y tasa de beneficio (muestra cómo los pre-
cios, etc., no son indiferentes, porque una clase de meros consumi-
dores no consume y reproduce al mismo tiempo). — Capital inactivo

«La comunidad se compone de dos clases de personas, la una que con-
sume y reproduce, la otra que consume sin reproducir. Si toda la socie-
dad se compusiera de productores, sería de poca importancia saber a
qué precios cambiarían las mercancías entre sí; pero aquellos que son
simplemente consumidores forman una clase demasiado numerosa para
ser pasada por alto. Su capacidad de demanda procede de bienes in-
muebles, hipotecas, rentas anuales, profesiones y servicios de varias
clases que prestan a la comunidad. Cuanto mayor sea el precio al cual
puede ser obligada a comprar la clase de los consumidores, tanto mayor
será el beneficio de los productores sobre la masa de mercancías, que
ellos les venden. Entre estas clases puramente consumidoras, el Estado
ocupa el lugar más eminente». (W. Blake. «Observations on the Effects
produced by the Expenditure of Government during the Restriction of
Cash Payments». London, 1823, págs. 42, 43). Blake, para mostrar que
el capital prestado al Estado no es necesariamente el que había sido
empleado previamente con fines productivos, dice —y aquí a nosotros
nos interesa exclusivamente la admisión de que una parte del capital
está siempre inactivo—: «El error está en presuponer, 1) que todo el
capital del país está completamente empleado, 2) que existe un empleo
inmediato para las acumulaciones sucesivas de capital, a medida que
éste aumenta a partir de los ahorros. Yo creo que hay siempre algunas
porciones de capital dedicadas a empresas que dan un rendimiento muy
lento y beneficios escasos, y que hay algunas porciones que están com-
pletamente inactivas en la forma de bienes, para las cuales no hay su-
ficiente demanda... Ahora bien, si estas porciones y ahorros inactivos
pudieran ser transferidos a las manos del gobierno a cambio de sus
rentas anuales, se convertirían en fuentes de nueva demanda, sin usur-

par los derechos del capital existente» (págs. 54, 55, loc. cit.). «Cual-
quiera que sea la cantidad de producto que es sustraida al mercado por
la demanda del capitalista que aborra, es restituida de nuevo, aumen-
tada, en la forma de bienes que él produce. El Estado, por el contrario,
sustrae para consumir sin reproducir... Cuando el ahorro procede de
la renta, está claro que la persona, con derecho a disfrutar de la por-
ción ahorrada, está satisfecha sin consumirla. Esto demuestra que la
industria del país es capaz de producir más de lo que requieren las ne-
cesidades de la comunidad. Si la cantidad ahorrada es empleada como
capital en la reproducción de un valor, equivalente al de ella, más un
beneficio, esta nueva creación, si es añadida al fondo general, puede
ser retirada exclusivamente por la persona que hizo el ahorro, es decir,
por la misma persona que ha mostrado ya su falta de inclinación al con-
sumo... Si cada uno consume lo que tiene el poder'% de consumir,
tiene que existir necesariamente un mercado. Quienquiera que ahorra de
su renta, renuncia a este poder,% y su cuota queda no vendida. Si este
espíritu de ahorro fuera general, el mercado estaría necesariamente su-
persaturado, y dependería del grado en el que se acumula este excedente,
el que pudiera encontrar nuevos terrenos de utilización como capital»
(56, 57). (Cf. Este escrito en general hay que tomarlo en consideración en
la sección sobre Acumulación.) (Cf. Cuaderno, págs. 68 y 70, donde se
muestra, que la tasa de beneficio y los salarios aumentaron como conse-
cuencia del aumento de los precios, mediante la demanda de guerra,
sin ninguna relación «con la cantidad de tierra puesta últimamente en
cultivo».)* «Durante las guerras de la revolución, el tipo de interés
subió a 7, 8, 9 e incluso 10 9, a pesar de que durante todo el tiempo
eran cultivados los campos de más baja calidad» (loc. cit., págs. 64-66).*
«La subida del interés a 6, 8, 10 e incluso 12 9% demuestra el aumento
de los beneficios. La depreciación del dinero, suponiendo que exista,
no podría modificar en absoluto la relación de capital e interés. Si
200 libras sólo valen 100, 10 libras de interés sólo valdrían 5; lo
que afecta al valor del capital, afectaría también al valor de los bene-
ficios. No podría alterar la relación entre los dos» (págs. 72-73). «El
razonamiento de Ricardo, de que el precio de los salarios no puede

5 Cfr. BLAKE, Observations, etc., págs. 50-57.
5 Cfr. BLAKE, Observations, etc., pág. 65.
58 Cfr. BLAKE, Observations, etc., págs. 64-65.

*105 en Blake «right» (derecho), en vez de «might» (poder).
*106 «este poder»; en Blake «este derecho».

Transformación de la plusvalía en beneficio 179

hacer subir el precio de las mercancías, no es adecuado para una socie-
dad en la que una clase bastante amplia no está constituida por pro-
ductores» (loc. cit.). «Una cuota más que legítima es obtenida por
los productores a expensas de la porción que, por derecho, pertenece
a la clase que está exclusivamente compuesta de consumidores»
(pág. 74). Esto naturalmente es importante, porque el capital no sólo
se intercambia con capital, sino también con renta, y todo capital puede
ser consumido como renta. Pero esto no afecta para nada a la deter-
minación del beneficio en general. Éste, en las diferentes formas de
beneficio, interés, renta, pensión, impuestos, etc., puede ser distribuido
(igual que una parte del salario) entre las diferentes categorías y clases
de la población. Ellos no pueden nunca repartir entre sí más que la
plusvalía global o el producto excedente global. La proporción, en
la que ellos se la reparten, es naturalmente importante desde el punto
de vista económico; no modifica nada la cuestión de que nos ocupamos.

«Si la circulación de mercancías por valor de 400 millones requiere
una cantidad de moneda de 40 millones, y si esta proporción de 1/10
fuera el nivel adecuado, entonces, si el valor de las mercancías en circu-
lación sube a 450 millones por causas naturales, la moneda, a fin de
continuar al mismo nivel, tendría que aumentar a 45 millones, o bien
los 40 millones tendrían que ser hechos circular con una velocidad tal,
mediante mecanismos bancarios u otras mejoras, que pudiesen realizar
las funciones de 45 millones... tal aumento, o tal velocidad, son la con-
secuencia y no la causa del aumento de precios» (W. Blake, loc. cit.,
págs. 80 ss., cf. Cuaderno, pág. 70).

«Las clases alta y media en Roma ganaron una gran riqueza con la
conquista de Asia, pero al no ser creada por el comercio o la industria,
se parecía a la obtenida por España de sus colonias americanas» (pá-
gina 66 t. 1. Mackinnon: History of Civilisation. London 1846, t. 1).*

Agricultura doméstica a comienzos del siglo xvi. Tuckett.

«En el siglo xv, Harrison afirma» (ver también Eden), «que los agri-
cultores apenas si son capaces de pagar sus rentas sin vender una vaca,
o un caballo, o una parte de su producto, a pesar de que pagaban a
lo sumo 4 libras por la finca... El agricultor en esta época consumía
la mayor parte de lo producido, ya que sus siervos se sentaban con él

ms Cfr. EDEN, The State of the Poor, etc. Vol. 1, págs. 119-120.

a la mesa. Los materiales más importantes para el vestuario no eran
comprados, sino que eran producidos por la industria doméstica. Los
aperos de labranza eran tan simples que muchos de ellos eran fabrica-
dos, o al menos conservados en buen uso, por el agricultor mismo. Cada
yeoman debía saber cómo hacer yugos o arcos, o los aparejos de arar;
tal tipo de trabajo ocupaba sus tardes de invierno» (págs. 324, 325, loc.
cit. Tuckett, t. 11).

Beneficio. Interés. Influencia de la maquinaria sobre el fondo de
trabajo. Westminster Review

Interés y beneficio: «Cuando un individuo emplea sus propios ahorros
de forma productiva, la remuneración de su tiempo y habilidad es tra-
bajo de dirección (el beneficio incluye además el riesgo al cual puede
estar expuesto su capital en su negocio particular); y la remuneración
por la utilización productiva de sus ahorros es interés. La totalidad de
esta remuneración es el beneficio bruto; cuando un individuo utiliza los
ahorros de otro, recibe sólo la remuneración por el trabajo de direc-
ción. Cuando un individuo presta sus ahorros a otro, sólo recibe el
interés o el beneficio neto» (Westminster Review, January 1826, pá-
ginas 107, 108). Aquí, por lo tanto, el interés = beneficio neto = re-
muneración por la utilización productiva de ahorros; el auténtico bene-
ficio es la remuneración por el trabajo de dirección durante la utilización
efectiva de dichos ahorros. El mismo filisteo dice: «toda mejora de
las técnicas de producción, que no perturba la proporción entre las par-
tes del capital destinado y no destinado al pago de salarios, va acompa-
ñada de un aumento de empleo para las clases trabajadoras; toda nueva
utilización de maquinaria y fuerza motriz va acompañada de un aumento
del producto y consiguientemente del capital; cualquiera que sea el vo-
lumen en el que puede disminuir la proporción entre la parte del capital
nacional que forma el fondo para el pago de salarios y la parte que
es empleada de otra forma, su tendencia es, no a disminuir, sino-a
aumentar el montante absoluto de este fondo y a aumentar, por lo
tanto, el volumen de empleo» (loc. cit., pág. 123).

Transformación de la plusvalía en beneficio 181

[Dinero como medida de los valores y criterio de los precios. Crítica
de las teorías de la unidad de medida del dinero]

De la determinación del dinero como medida, así como también, en se-
gundo lugar, de la ley fundamental, según la cual la masa de medio de
circulación, presupuesta una determinada velocidad de circulación, está
determinada por los precios de las mercancías y por las masas de mer-
cancías, que circulan a determinados precios, o por el precio global, por
la magnitud global de las mercancías, que a su vez está determinada
por dos circunstancias: 1) por el nivel del precio de la mercancía;
2) por la masa de las mercancías que se hallan en circulación a deter-
minados precios; además 3), de la ley, según la cual el dinero en cuanto
instrumento de circulación se convierte en moneda, en mero momento
evanescente, en mero signo indicativo de los valores que él cambia
—de todo esto derivan determinaciones más precisas, que sólo desarro-
llaremos cuando y en la medida en que coincidan con relaciones econó-
micas más complejas, como la circulación crediticia, curso cambiario, etc.
Es necesario evitar todo detalle, y allí donde tenga que ser introducido,
hacerlo sólo cuando pierda su carácter elemental.

Ante todo la circulación de dinero, en cuanto la forma más superficial
(en el sentido de expulsada hacia la superficie) y más abstracta de todo el
proceso de producción, está en sí misma falta de todo contenido, excepto
en la medida en que sus propias diferencias formales, precisamente aque-
llas determinaciones simples desarrolladas en el apartado IT, constituyen
su contenido. Está claro, que la simple circulación del dinero, consi-
derada en sí misma, no está replegada en sí misma, sino que con-
siste en un número infinito de movimientos indiferentes y casualmente
yuxtapuestos. Se puede considerar, por ejemplo, a la moneda como
punto de partida de la circulación del dinero, pero no se realiza ninguna
ley de reflujo hacia la moneda, con la excepción de la depreciación de
la misma por su desgaste, que hace necesaria su refundición y la emi-
sión de nuevas monedas. Esto se refiere exclusivamente al lado material
y no constituye en absoluto un momento de la circulación misma. Den-
tro de la misma circulación, el punto de retorno puede ser diferente

Es Sobre las diferentes teorías acerca del curso cambiario reunió Marx un
material extraordinariamente rico, examinado y juzgado críticamente por él en
un borrador que lleva por título: Geldwesen, Kreditwesen, Krisen, redactado
aproximadamente entre noviembre de 1854 y enero de 1855.

del punto de partida; en la medida en que tiene lugar un repliegue, la
circulación del dinero se presenta como pura manifestación de una circu-
lación que yace tras ella y la determina; por ejemplo, si consideramos
la circulación de dinero entre fabricante, trabajador, tendero y banque-
ro. Además, las causas que afectan a la masa de mercancías puestas en
circulación, el aumento y descenso de los precios, la velocidad de la circu-
lación, la cantidad de pagos simultáneos, etc., son todas circunstancias
que están fuera de la simple circulación del dinero. Son relaciones, que
se expresan en ella; ella les da, por así decirlo, el nombre; pero no son
explicables a partir de su propia diferenciación. Hay metales diferentes
que sirven como dinero, los cuales tienen entre sí relaciones de valor
diferentes y cambiantes. Así aparece la cuestión del doble patrón, que
asume formas histórico-mundiales. Pero sólo asume esta forma y el
mismo doble patrón sólo aparece por la existencia del comercio exte-
rior y, en consecuencia, presupone, para ser considerado con provecho,
el desarrollo de relaciones muy superiores a la de la relación monetaria
simple.

El dinero como medida del valor no es expresado en cuotas de me-
tales preciosos, sino en monedas de cuenta, denominaciones arbitrarias
de partes alícuotas de una determinada cantidad de sustancia del dinero.
Estas determinaciones pueden ser cambiadas, la relación de la moneda
con su sustancia metálica puede ser cambiada, mientras que la denomi-
nación continúa siendo la misma. De ahí las falsificaciones, que juegan
un papel tan importante en la historia de los Estados. Éste además es
el caso de las diferentes clases de dinero de los diferentes países. Esta
cuestión sólo tiene interés en relación con el curso cambiario.

El dinero sólo es medida porque materializa tiempo de trabajo en
una sustancia determinada, es decir, porque él mismo es valor y, ade-
más, porque esta determinada materialización tiene vigencia como su
materialización objetiva-general, como la materialización del tiempo de
trabajo en cuanto tal a diferencia de sus encarnaciones particulares; es
decir, porque es equivalente. Pero, puesto que en su función como
medida el dinero es solamente un punto de comparación ideal, sólo ne-
cesita existir idealmente —sólo tiene lugar la traducción ideal de las
mercancías en su existencia general de valor—; puesto que además en
esta cualidad de mensurador sólo figura como moneda de cuenta, y así
yo digo: una mercancía vale tantos chelines, francos, etc., cuando yo
lo traduzco en dinero; todo esto ha dado lugar a la confusa represen-
tación, desarrollada por Steuart, que reaparece periódicamente (reciente-
mente ha sido puesta de moda de nuevo en Inglaterra como un profundo
descubrimiento) de una medida ideal. Por lo cual se entiende, que

Transformación de la plusvalía en beneficio 183

las denominaciones libra, chelín, guinea, dólar, etc., que valen como
unidades de cuenta, no son denominaciones determinadas de una deter-
minada cantidad de oro, plata, etc., sino que son meros puntos de com-
paración arbitrarios, que no expresan por sí mismos ningún valor, nin-
guna cantidad determinada de tiempo de trabajo objetivado. De ahí
toda la charlatanería sobre la fijación del precio del oro y la plata —el
precio ha de ser comprendido aquí a partir del nombre, con el que
son designadas las partes alícuotas. Una onza de oro está dividida ahora
en 3 libras, 17 chelines y 10 peniques. Esto quiere decir fijación del
precio; se trata exclusivamente, como observó Locke correctamente,
de una fijación del nombre de partes alícuotas de oro y plata, etc. El
oro es expresado en sí mismo; la plata naturalmente es igual a sí mis-
ma. Una onza es una onza, independientemente de que la llame 3 o 20
libras. En resumidas cuentas, esta medida ideal, en el sentido de Steuart,
quiere decir lo siguiente: si yo digo: la mercancía a vale 12 libras, la
mercancía b 6, la mercancía c 3, entonces la relación entre ellas es
12:6:3. Los precios expresan exclusivamente las relaciones en las que

ellas se cambian entre sí. 2 b son cambiadas por 1 a y 1 Ñ b por 3 c.*”

Ahora bien, en lugar de expresar la relación de a, b, c, en dinero real,
que tiene valor, que es valor, yo podría sustituir de forma igualmente
válida la libra, que expresa una determinada cantidad de oro, por un
nombre cualquiera falto de contenido (esto quiere decir aquí ¿deal),
por ejemplo, rincha, y decir a = 12 rinchas; b= 6 r, c = 3 r. Esta
palabra r es aquí exclusivamente un nombre, sin ninguna relación con
un contenido que le pertenezca. El ejemplo de Steuart con el grado, el
minuto*'” y el segundo no demuestra absolutamente nada, ya que aun-
que el grado, el minuto, el segundo tengan magnitudes variables, ellos
no son meros nombres, sino que expresan siempre la parte alícuota de
una determinada magnitud de espacio o tiempo. Ellos tienen, por lo
tanto, en realidad una sustancia. El hecho de que el dinero, en la deter-
minación como medida, funcione simplemente como dinero ¿deal, es
transformado aquí en el hecho de que el dinero es una representación
arbitraria, es un simple nombre, a saber: nombre que indica una relación
numérica de valor. Un nombre para una simple relación numérica. Pero
entonces lo correcto sería no expresar con nombres, sino con meras
relaciones numéricas, ya que todo se reduce a lo siguiente: yo reci-

*107 1 1/2 b por 3c; en ms. 1 1/2 c por 3b.
*108 «minuto»; ed. 1939 «Linie» (línea).

bo 6 a por 12 b, 3 b por 6 c; esta relación puede ser expresada tam-
bién así: a= 12 x,b=6 x, c = 3 x, siendo x sólo un nombre para
la relación de a: b y b:c. La simple relación numérica, sin denomina-
ción, no serviría, Pues a:b = 12:6 = 2:1, y b:c =6:3 = 2:1. Por
lo tanto c = 1/2, b = 1/2, es decir, b = c. También 4a= 2 y b= 2;
por lo tanto 4 = b.

Tomemos cualquier lista de precios corrientes, por ejemplo, potasa
35 chelines el quintal; coco 60 chelines la libra; hierro (lingotes) 145
chelines por tonelada, etc. Para tener la relación recíproca de estas
mercancías, yo puedo olvidar la plata contenida en el chelín; las meras
cifras 35, 60, 145 son suficientes, para determinar las relaciones de va-
lor recíprocas de la potasa, cocoa, hierro, etc. Bastan ahora las cifras
sin denominación; y no se trata de que yo le pueda dar a su unidad, al 1,
cualquier nombre, sin relación con ningún valor, sino que no nece-
sito darle ningún nombre. Steuart insiste sobre el hecho de que yo
tengo que darle algún nombre, pero que este nombre, en cuanto mero
nombre arbitrario de la unidad, en cuanto mero índice de proporción,
no puede ser equiparado a una cantidad cualquiera de oro, plata o cual-
quier otra mercancía.

En toda medida, tan pronto como sirve como punto de comparación,
es decir, tan pronto como cosas diversas, que deben ser comparadas, son
puestas en la relación de número a medida como unidad y son, pues,
relacionadas la una con la otra, la naturaleza de la medida deviene in-
diferente y desaparece en el mismo acto de comparación; la unidad de
medida se ha convertido en una mera unidad numérica; la cualidad
de esta unidad ha desaparecido; por ejemplo, el hecho de que ella mis-
ma represente una determinada magnitud espacial o temporal o el grado
de un ángulo. Pero solamente cuando las cosas diferentes están ya pre-
supuestas en cuanto algo medido, es cuando la unidad de medida de-
signa exclusivamente una proporción entre ellas, es decir, por ejemplo,
en nuestro caso la proporción entre los valores. La unidad de cuenta
no sólo tiene nombres diferentes en países diferentes, sino que es, por
ejemplo, el nomen que indica las partes alícuotas de una onza de oro.
El curso cambiario, sin embargo, las reduce a todas a la misma unidad
de peso de oro y plata. Si yo, por lo tanto, presupongo las magnitudes
diferentes de las mercancías, por ejemplo, como hemos visto más arri-
ba = 35 chelines, 60 sh., 145 sh., entonces para su comparación —puesto

55 Marx utilizó para esta lista de precios uno de los números del Economist
entre el 6 de febrero y el 6 de marzo de 1858. Véase en la parte Commercial
Times la rúbrica WeEEkLY PRICE CURRENT.

Transformación de la plusvalía en beneficio 185

que el 1 está presupuesto a todas como magnitud igual y ellas han sido
convertidas en cosas conmensurables— es completamente superflua la
consideración de que el chelín representa una determinada cantidad de
plata, de que es el nombre de una determinada cantidad de plata. Pero
éstas devienen recíprocamente comparables sólo en cuanto meras mag-
nitudes numéricas, en cuanto cifras de una unidad cualquiera del mismo
nombre, y sólo expresan las proporciones recíprocas, cuando cada mer-
cancía es medida con aquella que hace las veces de unidad, de medi-
da. Pero yo sólo puedo medirlas la una por la otra, sólo puedo hacerlas
conmensurables, en la medida en que ellas tienen una unidad; ésta es
el tiempo de trabajo contenido en ambas. La unidad de medida tiene
que ser, por lo tanto, una cierta cantidad de una mercancía, en la que
está objetivada una cantidad de trabajo. Puesto que la misma cantidad
de trabajo no está expresada siempre, por ejemplo, en la misma can-
tidad de oro, el valor de esta misma unidad de medida es variable. Sin
embargo, si el dinero es considerado exclusivamente como medida, esta
mutabilidad no es un obstáculo. En el mismo trueque, tan pronto como
está algo desarrollado en cuanto tal, es decir, tan pronto como es una
operación normal, que se repite y no un acto de cambio aislado, aparece
cualquier mercancía como la unidad de medida; por ejemplo, en Ho-
mero el ganado. Entre los papúes salvajes de la costa, que, para «poseer
un artículo extranjero, permutan 1 o 2 de sus hijos, y si éstos no están
a mano, los piden prestados a su vecino, prometiendo darle los pro-
pios a cambio, cuando estén a mano, y siendo raramente rehusada esta
petición», no existe ninguna medida para el cambio. El único lado
del cambio, que existe para él, es el de que él sólo puede apropiarse las
cosas ajenas mediante la enajenación de las propias. Esta misma enaje-
nación no está regulada para él más que por su capricho por un lado, y
por el volumen de sus bienes muebles, por otro. En el Economist del
13 de marzo de 1858 leemos en una carta dirigida al director: «Puesto
que la sustitución en Francia del oro por la plata en la acuñación de
moneda (que ha sido el medio principal hasta la fecha de absorber los
nuevos descubrimientos de oro) tiene que estar aproximándose al final,
particularmente porque se necesitará menos moneda para un comercio
que se estanca y unos precios que disminuyen, podemos esperar que
en un tiempo breve nuestro precio fijo de 3 libras, 17 chelines y 10 pe-
niques la onza, atraerá el dinero a aquí». Ahora bien, ¿qué quiere

582 Marx no transmite la fuente de la que procede la cita.
553 Cfr. The Economist, etc. Vol. XVI. n 759, March 13, 1858, pág. 290.
Artículo: Will the low rate of interest last? To the Editor of the Economist.

13. — GRUNDRISSE, OMB 22

decir nuestro «precio fijo de la onza» de oro? Nada más, sino que una
cierta parte alícuota de la onza es llamada penique, un cierto múltiplo
de este peso de penique de oro es un chelín, y que un cierto múltiplo de
este peso de chelín en oro es una libra. ¿Cree este señor, que en
otros países, el florín de oro, el luis de oro no designa igualmente una
determinada cantidad de oro, es decir, que una determinada cantidad
de oro no tiene un nombre fijo?, y ¿que esto es el privilegio de Ingla-
terra?, o ¿una especialidad? ¿Que, en Inglaterra, una onza de oro ex-
presada en dinero es más que una onza de oro y en otros países menos?
Sería curioso saber qué cosa entiende este eminente señor por curso
cambiario.

Lo que induce a error a Steuart es lo siguiente: los precios de las
mercancías no expresan más que las proporciones, en las que ellas son
intercambiables, en las que se cambian entre sí. Dadas estas proporcio-
nes, yo puedo darle a la unidad cualquier nombre, porque la cifra
abstracta sin denominación bastaría, y en lugar de decir esta mercancía
es = 6 stiiber, ésta = 3, etc., yo podría decir ésta es = 6 unidades,
aquélla = 3; no necesitaría darle ningún nombre a la unidad. Puesto
que sólo se trata de la relación numérica, puedo darle cualquier nom-
bre. Pero aquí ya se ha presupuesto, que estas proporciones están dadas,
que las mercancías se han convertido previamente en magnitudes con-
mensurables. Tan pronto como las mercancías han sido puestas una vez
como magnitudes conmensurables, sus relaciones se convierten en meras
relaciones numéricas. El dinero aparece precisamente como medida, y
una determinada cantidad de mercancía, en la que él se expresa, apa-
rece como la unidad de medida, para hallar las proporciones, y para
expresar que las mercancías son conmensurables, y para intercambiar-
las. Esta unidad real es el tiempo de trabajo, que está en ellas relativa-
mente objetivado. Pero es el tiempo de trabajo puesto como general.
El proceso a través del cual los valores dentro del sistema monetario
son determinados por el tiempo de trabajo, no pertenece a la conside-
ración del dinero mismo y cae fuera de la circulación; está detrás de
ella como fundamento activo y como presupuesto. La cuestión sólo po-
dría ser la siguiente: en lugar de decir, que esta mercancía es = a una
onza de oro, ¿por qué no decir directamente que es = x tiempo de traba-
jo, objetivado en una onza de oro? ¿Por qué el tiempo de trabajo, la
substancia y la medida del valor, no es al mismo tiempo la medida de
los precios o, en otras palabras, por qué son precio y valor en general
diferentes? La escuela de Proudhon cree hacer una gran cosa, exigiendo
que se instituya dicha identidad y que el precio de la mercancía sea ex-
presado en tiempo de trabajo. La coincidencia de precio y valor presu-

Transformación de la plusvalía en beneficio 187

pone igualdad de demanda y oferta, mero cambio de equivalentes
(y, por lo tanto, no el de capital y trabajo), etc.; en resumidas cuentas,
formulado en términos económicos se ve en seguida, que esta exigencia
es la negación de todo el modo de producción constituido sobre la base
del valor de cambio. Supongamos, sin embargo, que esta base es supri-
mida; entonces desaparece a su vez el problema, que sólo existe sobre
y con esta base. El hecho de que una mercancía, en su existencia inme-
diata como valor de uso, no sea valor, no sea la forma adecuada de
valor, es = que decir que lo es en cuanto algo materialmente diferente,
o en cuanto que es equiparada a otra cosa; o lo que es igual, que el
valor posee su forma adecuada en una cosa específica a diferencia de
las demás. Las mercancías son trabajo objetivado en cuanto valores;
el valor adecuado tiene que presentarse, por lo tanto, en la forma de
una cosa determinada, como forma determinada de trabajo objetivado.

La tontería de la unidad de medida ideal es ilustrada en Steuart con
dos ejemplos, de los cuales el primero, el dinero del banco de Amster-
dam, muestra precisamente lo contrario, en cuanto que no es más que
la reducción de las monedas en circulación a su contenido en metales
preciosos (contenido metálico); el segundo ha sido repetido por todos
aquellos nuevos economistas, que siguen la misma orientación. Por
ejemplo, Urquhart hace mención del ejemplo de los bereberes, para los
cuales una barra ideal, una barra de hierro, una barra de hierro pura-
mente simbólica, tiene vigencia como medida, que ni sube ni baja. Si,
por ejemplo, la barra de hierro real desciende en un 50 %, entonces
la barra vale 2 barras de hierro; si aumenta de nuevo en un 100 %, vuel-
ve a valer sólo 1. El señor Urquhart ha observado, al mismo tiempo,
que entre los bereberes no hay ni crisis comerciales, ni industriales, y
aún menos crisis monetarias, y él atribuye todo esto a los efectos má-
gicos de esta medida ideal de valor.*** Esta medida «ideal» no es más
que un valor real simbólico, un símbolo, que, sin embargo, porque el
sistema monetario no ha desarrollado sus determinaciones ulteriores
—un desarrollo, que depende de relaciones completamente diferentes—
no ha llegado a alcanzar una realidad objetiva. Es lo mismo que si en
la mitología se quisiera considerar como formas más elevadas a las re-
ligiones, cuyas figuras divinas no han sido elaboradas intuitivamente,
sino que han permanecido encerradas en la representación, y que a lo
sumo han obtenido una existencia oral, pero no una existencia artís-

5% Cfr. URQUHART, Familiar Words, etc., pág. 112.

tica. La barra descansa sobre una barra de hierro real, que más ade-
lante fue transformada en un ente fantástico y fue fijado en cuanto tal.
Una onza de oro expresada en la moneda de cuenta inglesa es = 3 libras,
17 chelines y 10 1/2 peniques. Well. Supongamos que una libra de seda
haya tenido exactamente este precio, pero que después ha disminuido,
como le ha ocurrido a la seda en bruto de Milán que el 12 de marzo del 58
estaba en Londres a 1 libra, 8 chelines, la libra.** Se trata de la repre-
sentación de una cantidad de hierro, de una barra de hierro, que
conserva el mismo valor 1) en relación con todas las demás mercancías;
2) en relación con el tiempo de trabajo en ella contenido. Esta barra de
hierro naturalmente es puramente imaginaria, sólo que no es tan fija, ni
«firme como una roca en el mar», como pretende Steuart y casi
100 años después Urquhart. Todo lo que es fijo en la barra de hierro
es el nombre; en un caso, la barra de hierro real contiene dos barras
ideales; en otro, solamente una. La cosa es expresada de forma tal, que
la misma barra ideal, inmodificable, una vez es = 2 barras reales, y
otra = a 1 barra real. Puesto de esta forma, sólo ha cambiado la rela-
ción de las barras de hierro reales, no la de la barra ideal. Pero en rea-
lidad la barra de hierro ideal es en un caso el doble de larga que en el
otro y sólo su nombre no se ha modificado. Una vez 100 libras de
hierro, por ejemplo, son llamadas una barra, y otra, lo son 200 libras.
Supongamos que se emite dinero, que representa tiempo de trabajo,
por ejemplo, el billete-horas de trabajo; este billete-horas de tra-
bajo podría recibir a su vez cualquier nombre de pila, por ejemplo, una
libra, y una vigésima*'” parte de hora un chelín, 1/240*"” de hora un
penique. El oro y la plata, como todas las demás mercancías, según el
tiempo de producción que cuestan, expresarían múltiplos diferentes o
partes alícuotas de libras, chelines o peniques, y una onza de oro podría
ser igual tanto a 8 libras, 6 chelines y 3 peniques, como a 3 libras,
17 chelines y 10 1/2 peniques. En estas cifras estaría siempre expresada
la proporción, en la que una determinada cantidad de trabajo está con-
tenida en la suya. En lugar de decir que 3 libras, 17 chelines y 10 1/2 pe-
niques = a una onza de oro, cuestan ahora sólo 1/2 libra de seda, se

555 Cfr. HEGEL, Band XV, págs. 150-166. HEGEL opera aquí con los mismos
conceptos que Marx ha tomado prestados de él, pero expresa lo directamente
opuesto, colocando la representación por encima de la intuición en la mitología.

56 Cfr. The Economist, etc. Vol. XVI, March 13, 1858, n.” 759, pág. 300.

*10% «vigésima»; en ms. «zwólftel» (duodécima).
*I110  «1/240»; en ms. «1/144»,

podría imaginar que la onza = 7 libras, 15 chelines y 9 peniques, o que
3 libras, 17 chelines y 10 1/2 peniques sólo son la mitad de una onza,
porque sólo tienen la mitad de valor. Si comparamos, por ejemplo, los
precios del siglo xv en Inglaterra con los del siglo xv1I1, podemos en-
contrar que dos mercancías, por ejemplo, tenían el mismo valor nominal
en dinero, por ejemplo, 1 libra. En este caso la libra es la medida,
pero en el primer caso expresa un valor cuatro o cinco veces superior
al del segundo, y podríamos decir, que si el valor de esta mercancía en
el siglo xv = 1 onza, en el siglo xvi = 1/4 de onza de oro; porque
en el siglo xvI11 una onza de oro expresa el mismo tiempo de trabajo
que 1/4 de onza en el xv. Se podría decir, por lo tanto, que la medi-
da, la libra, ha continuado siendo la misma, pero en un caso = 4 veces
más oro que en el otro. Ésta es la medida ideal. Esta comparación que
hemos hecho aquí, la podrían haber hecho la gente del siglo xv, si hu-
bieran vivido hasta el siglo xv111, y habrían podido decir, que 1 onza de
oro, que ahora vale 1 libra, habría valido antes sólo 1/4. 4 libras de oro,
por ejemplo, no tienen ahora más valor que 1 en el siglo xv. Si esta
libra se hubiera llamado antes livre, yo habría podido imaginarme que
una livre había sido = 4 libras de oro y que ahora sólo es = 1 libra;
el valor del oro ha cambiado, pero la medida de valor, la livre, ha
permanecido invariable. En realidad, una livre significaba en Francia e

Inglaterra, originariamente, 1 libra de plata, y ahora sólo —. Se puede

decir, por lo tanto, que el nombre livre, la medida, ha continuado
siendo nominalmente la misma, pero que la plata, por el contrario, ha
cambiado de valor. Un francés, que hubiera vivido desde la época de
Carlomagno hasta hoy, podría decir que la livre de plata ha continuado
siendo la medida del valor, no ha cambiado, pero que su valor que una
vez fue igual a una libra de plata, a través de múltiples peripecias ha
llegado a ser exclusivamente 1/x de un lot. (media onza). La vara es
siempre la misma; sólo su longitud es diferente en los diferentes países.
En realidad es lo mismo que si, por ejemplo, el producto de un día de
trabajo, el oro que puede ser extraído en un día de trabajo, recibiera
el nombre de livre; esta livre continuaría siendo la misma, aunque ex-
presara muy diferentes cantidades de oro en períodos diferentes.*'”

*11l Tachado en el manuscrito: Una onza de oro tenía en el siglo xvIH1

exclusivamente 1/4 del valor que tenía en el siglo xv; es decir, 4 onzas de oro,
desde el punto de vista del valor, son = 1 onza tres siglos antes. Si sólo se con-
servara el nombre como unidad de cuenta, se podría decir que da onza en el
siglo xv valía 4 onzas reales, en el siglo xvii sólo una.

190 [111] El capítulo del capital

¿Cómo procedemos, en realidad, cuando comparamos 1 libra ester-
lina del siglo xv con una libra esterlina del siglo xvi? Ambas son la
misma masa de metal (cada una = 20 chelines), pero de valor diferente;
porque el metal entonces tenía 4 veces más valor que ahora. Nosotros
decimos, por lo tanto, que, comparado con hoy, la livre era = 4 veces
la masa de metal que contiene hoy. Y se podría pensar, que la livre ha
permanecido inmutable, pero que antes era = 4 lívres de oro efectivo,
mientras que ahora sólo es = 1. La argumentación sólo sería correcta
comparativamente, es decir, no en relación a la cantidad de metal con-
tenido en una livre, sino en relación a su valor; pero este valor a su
vez se expresa de forma cuantitativa, de modo tal que 1/4 de livre de
oro de entonces = 1 livre de oro de ahora. Well; la livre es idéntica, pero
entonces era = 4 livres de oro auténticas (según el valor actual) = 1 livre
solamente ahora. Si el valor del oro desciende, y este relativo descenso o
aumento se expresa en su precio en relación con otros artículos, en
lugar de decir, que un objeto, que antes costaba 1 libra de oro, cuesta
ahora 2, se podría decir, que continúa costando una libra, pero que una
libra tiene ahora el valor de 2 livres auténticas, etc.; es decir 1 livre de
2 livres de oro efectivo. En lugar de decir: yo vendí esta mercancía
ayer a 1 libra, y la vendo hoy a 4 libras, se dice, yo la vendo hoy a
1 libra, pero ayer la vendí a 1 libra de 1 libra efectiva y hoy a 1 libra
de 4 libras efectivas. Los restantes precios resultan automáticamente,
tan pronto como ha sido fijada la relación de la barra auténtica con la
barra imaginaria; pero ésta es simplemente la comparación entre el va-
lor pasado de la barra y su valor presente. Esto sería lo mismo, que si
calculáramos todo en libras esterlinas del siglo xv, por ejemplo. El be-
rébere o el negro hacen lo mismo, que tiene que hacer el historiador, que
sigue a través de siglos diferentes la misma clase de moneda, el título
permanente de una moneda del mismo contenido metálico, para calcu-
larla en dinero actual, a saber: equipararla a más o menos oro según
el valor variable en los diferentes siglos. El esfuerzo de los pueblos
semicivilizados es el de mantener como valor la unidad de dinero, la masa
de metal, que tiene vigencia como medida; mantener este valor tam-
bién como medida fija. Pero al mismo tiempo son lo suficientemente
astutos para saber que la barra ha cambiado su valor real. Dada la es-
casa cantidad de mercancías que estos bereberes tienen que medir, y la
vivacidad de la tradición entre los no civilizados, esta complicada ope-
ración de cálculo no es tan difícil como parece.

1 onza es = 3 libras, 17 chelines y 10 1/2 peniques, es decir, ni si-
quiera 4 libras. Supongamos, sin embargo, para mayor comodidad, que
es exactamente = 4 libras. Entonces 1/4 de una onza de oro recibe el

nombre de libra y sirve como moneda de cuenta bajo este nombre. Esta
libra, sin embargo, cambia su valor, bien relativamente, en relación con
el valor de otras mercancías, que cambian su valor, bien en la medida
en que ella misma es el producto de más o menos tiempo de trabajo.
Lo único fijo en ella es el nombre y la cantidad, la parte alícuota de
la onza, la parte de peso en oro de la cual ella es el nombre y que está
contenida en una pieza de dinero llamada libra.

Si el salvaje quiere fijarla como valor inmutable, entonces para él
se modifica la cantidad de metal que ella contiene. Si el valor del oro
desciende en un 50 %, la libra continúa siendo para él medida de valor;
pero una libra de 2/4 onzas de oro, etc. La libra para él es siempre
igual a una masa de oro (hierro), que tiene el mismo valor. Pero puesto
que este valor cambia, unas veces es igual a una cantidad mayor, y otras
a una menor de oro o hierro auténtico, según la cantidad mayor o menor
que se tenga que dar de éstos a cambio de otras mercancías. Él compara
el valor presente con el pasado, que para él tiene vigencia como medida
y que sólo sobrevive en su imaginación. En lugar de calcular, por lo
tanto, en base a 1/4 onza de oro, cuyo valor cambia, calcula en base al
valor ideal, inmutable, de 1/4 de onza, que, sin embargo, se expresa
en cantidades variables. Por una parte, el esfuerzo de conservar la me-
dida como valor fijo; por otro, la astucia para evitar los perjuicios. Pero
es completamente absurdo considerar como una forma histórico-orgánica
O proponer como una forma superior frente a las relaciones más desarro-
lladas, este desplazamiento casual, mediante el cual los semisalvajes se
han asimilado la mensuración de los valores con dinero impuesta desde
fuera; ya que ellos han verificado primero el desplazamiento y des-
pués se han orientado dentro de él. Incluso estos salvajes parten de
una cantidad como medida, la barra de hierro; pero fijan el valor, que
tenía esta medida tradicional, como unidad de cuenta.

En la economía moderna esta cuestión adquirió importancia merced
fundamentalmente a dos circunstancias: 1) se ha experimentado en épo-
cas diferentes, por ejemplo, en Inglaterra durante las guerras de la
Revolución, que el precio del oro en bruto subía por encima del oro
acuñado. Este fenómeno histórico parecía demostrar de forma incontes-
table que los nombres libra, chelín, penique, que reciben determinadas
partes alícuotas ponderables de oro (de metal noble), por un proceso
inexplicable se comportaban autónomamente frente a la substancia de
la cual ellos son el nombre. ¿Cómo es posible que una onza de oro
tuviera más valor que la misma onza acuñada en 3 libras, 17 chelines
y 10 1/2 peniques? ¿O cómo podía una onza de oro tener más valor
que 4 livres de oro, si livre es simplemente el nombre de 1/4 de onza?

192 [111] El capítulo del capital

Mediante una investigación más precisa se descubrió, sin embargo, que
las monedas que circulaban bajo el nombre de libra no contenían en
realidad el contenido metálico normal; que, por ejemplo, 5 libras en
circulación pesaban en realidad una onza de oro (de la misma finura).
Puesto que una moneda que, presuntamente, representaba 1/4 de onza
de oro (más o menos), sólo representaba en realidad 1/5, era muy
simple que la onza fuera = a 5 de tales libras en circulación; es decir,
el precio del lingote subió por encima del precio del oro acuñado,
porque la moneda llamada libra, que representaba oficialmente el di-
nero, no era en realidad 1/4, sino 1/5 de onza de oro; ahora sólo era
ya el nombre de 1/5 de onza de oro. El mismo fenómeno tenía lugar
cuando el contenido metálico de las monedas en circulación no des-
cendía por debajo de su medida normal pero circulaban simultánea-
mente con dinero en papel depreciado, y estaba prohibida la refundición
o la exportación de aquélla. En este caso, el 1/4 de una onza de oro
que circulaba en la forma de libra participaba en la depreciación de
los billetes; un destino del que estaba exento el oro en lingotes.*”” El
hecho era otra vez el mismo: el nombre de cuenta libra había dejado
de ser el nombre de 1/4 de onza, era el nombre de una cuota menor.
La onza era, por lo tanto, igual a 5 de tales libras, por ejemplo. Esto
quiere decir entonces, que el precio del lingote había subido sobre el
precio de la moneda acuñada. Éstos o análogos fenómenos históricos,
todos fácilmente solubles y pertenecientes a la misma serie, dieron. ori-
gen por primera vez a la tesis de la medida ideal, o a la de que el dinero
como medida sólo es un punto de comparación, y no una determinada
cantidad. Cientos de libros han sido escritos en Inglaterra sobre esto
desde hace 150 años.

El hecho de que el valor de un determinado tipo de moneda deba
superar el de su contenido metálico, no es en sí nada extraño, ya que a
la moneda le es añadido (en la forma) nuevo trabajo. Pero prescindiendo
de esto, se da el hecho de que el valor de un determinado tipo de mo-
neda sube por encima del de su contenido metálico. Esto no tiene
ningún interés económico y no ha dado lugar a ninguna investigación
económica. Esto no quiere decir, sino que para determinados fines el
oro y la plata eran requeridos precisamente en esta forma, por ejemplo,
en la de libras inglesas o en la de dólares hispánicos. Los directores de
banco tenían naturalmente un interés especial en demostrar que no

*112 Los derechos de acuñación pueden elevar dentro de un país el precio
de la moneda por encima del precio del metal noble en lingotes.

era el valor de los billetes el que había descendido, sino el del oro el
que había subido. Por lo que a esta última cuestión se refiere, sólo
puede ser tratada más adelante.

2) La teoría de la medida ideal del valor fue presentada por pri-
mera vez a comienzos del siglo xv111 y repetida en la segunda década
del xix, cuando se trataba de cuestiones en las que el dinero no figu-
raba como medida, ni como medio de cambio, sino como equivalente
invariable, como valor existente para sí mismo (en la tercera determina-
ción del dinero) y, por lo tanto, como la materia general de los contra-
tos. En ambos casos se trataba de la cuestión, de si las deudas públicas
o de otro tipo, contraídas en dinero depreciado, debían o no debían ser
reconocidas y pagadas en dinero con valor íntegro. Era simplemente una
cuestión de relaciones entre los acreedores del Estado y la masa de la
nación. Esta cuestión en sí misma no nos interesa aquí. Los que exigían
una revisión del crédito por un lado, y de las obligaciones por otro,
plantearon la cuestión a un falso nivel: el de si debía ser cambiado o
no el patrón monetario (Standard of money). Con ocasión de esto fue-
ron propuestas tales teorías groseras sobre el patrón monetario, la fija-
ción del precio del oro, etc. («Modificar el patrón es como modificar
las medidas o pesos de la nación» Stewart." A primera vista resulta
evidente que la masa de cereales, en una nación, no se modifica por el
hecho de que sea modificado el volumen de la fanega; por el hecho de
que aumente, por ejemplo, en el doble o disminuya a la mitad. Pero la
modificación sería muy importante para los arrendatarios, por ejemplo,
que tuvieran que pagar la renta de granos en una determinada cifra
de fanegas, si ahora, una vez que la medida ha sido duplicada, tuvieran
que entregar el mismo número de fanegas que antes.) En este caso fue-
ron los acreedores del Estado, los que se atuvieron firmemente al nom-
bre «libra», es decir, a la «medida ideal», independientemente de la
parte alícuota de peso de oro que esta expresara, ya que esta medida
ideal no es en realidad más que el nombre de cuenta de la parte de peso
de metal que sirve como unidad. Paradójicamente, sin embargo, fueron
precisamente sus adversarios, los que avanzaron esta teoría de la «me-
dida ideal», y ellos los que la combatieron. En lugar de exigir simple-
mente un reajuste, o que a los acreedores del Estado les fuera pagado
en oro solo la cantidad, que habían adelantado efectivamente, ellos exi-
gieron que el patrón fuera reducido a la medida correspondiente a la
depreciación; es decir, por ejemplo, si la libra esterlina había descen-

587 Cfr. STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 110.

194 [111] El capítulo del capital

dido a 1/5 onza de oro, este 1/5 debería portar en el futuro el nombre
de libra, o la libra debería ser acuñada en 21 chelines, en lugar de
en 20. Esta reducción del patrón equivalía a un aumento del valor del
oro, en cuanto que la onza ahora =5 libras, en lugar de = 4, como era
antes. Ellos no decían, por lo tanto, que aquellos que habían anticipado,
por ejemplo, una onza de oro en 5 libras depreciadas, debían ahora
recibir exclusivamente 4 libras con pleno valor, sino que decían, que
debían recibir 5 libras, pero que en el futuro la libra debía de expre-
sar 1/20 de onza menos que antes. Cuando ellos plantearon esta exi-
gencia en Inglaterra tras la reanudación del pago en metálico, la moneda
de cuenta había alcanzado de nuevo su viejo valor en metal. Con oca-
sión de esto fueron presentadas de nuevo las toscas teorías sobre el di-
nero como medida del valor, y bajo el pretexto de refutar estas teorías,
cuya falsedad era fácil de demostrar, fueron pasados de contrabando
los intereses de los acreedores del Estado. La primera batalla de este
género tuvo lugar entre Locke y Lowndes. Entre 1688 y 1695 todos
los préstamos del Estado fueron contraídos en dinero depreciado —de-
preciado a consecuencia de que todo el dinero de buena ley había sido
refundido y no circulaba más que dinero de baja ley. La guinea había
subido a 30 chelines. Lowndes (¿director de la moneda?) (secretary of
the treasury) quería que la libra fuera reducida en un 20 %; Locke
insistía en la conservación del viejo patrón de Isabel. En 1696**" tuvo
lugar una refundición y acuñamiento general. Locke salió vencedor de
él. Las deudas, contraídas a 10 y 14 chelines la guinea, fueron pagadas
a la tasa de 20 chelines. Para el Estado y los propietarios de tierras
esto fue igualmente ventajoso. «Lowndes planteó la cuestión a un
falso nivel. Primero afirmó, que su esquema no representaba ninguna
adulteración del patrón antiguo. Después atribuyó el aumento de precio
del lingote al valor intrínseco de la plata y no a la falta de ley de la
moneda, con que era comprada. Él presuponía siempre, que era el cuño
y no la sustancia la que constituía la moneda... Locke por su parte
sólo se planteaba la cuestión de si el esquema de Lowndes incluía una
adulteración del patrón o no, pero no investigó los intereses de aque-
llos que están comprometidos en contratos permanentes. El gran ar-
gumento de Mr. Lowndes, para reducir el patrón, consistía en que el
lingote de plata había subido a 6 chelines, 5 peniques la onza (es decir,

58 Cfr. Steuart, An Inquiry, etc. Vol. 11, págs. 155-156.

*113 «1696»; en ed. 1939 «1965».

que podría haber sido comprado con 77 peniques de chelines, que re-
presentan 1/77 de una libra de doce onzas) y que, por lo tanto, él
opinaba que la libra de doce debía ser acuñada en 77 chelines, lo que
suponía una disminución del valor de la libra en un 20 %, o 1/5. Locke
le respondió que los 77 peniques eran pagados en moneda adulterada
y que en peso no estarían por encima de 62 peniques de moneda nor-
mal... Pero un hombre, que hubiese tomado a préstamo 1.000 libras
en dicha moneda adulterada, ¿debía estar obligado a pagar 1.000 li-
bras en el peso normal? Lowndes y Locke, ambos, desarrollaron sola-
mente de forma muy superficial la influencia de la modificación del pa-
trón sobre la relación entre deudores y acreedores... entonces el sistema
de crédito estaba todavía poco desarrollado en Inglaterra... sólo los
intereses agrarios y los de la corona eran tomados en consideración. En
esta época el comercio estaba casi paralizado, y había sido arruinado*”*
por una guerra pirata... Restaurar el patrón era lo más favorable, tanto
para los intereses agrarios, como para las finanzas públicas, y esto fue
lo que se hizo» (Stewart, loc. cit., t. II, págs. 178, 179). Steuart observa
irónicamente sobre toda la transacción: «Con la elevación del patrón
ganó notablemente el gobierno en relación con los impuestos, y los
acreedores sobre su capital e intereses; y la nación, que fue el principal
perdedor, se quedó completamente satisfecha, porque su patrón (es
decir, la medida de su propio valor) no había sido rebajado; así pues
las tres partes fueron satisfechas» (loc. cit., t. II, pág. 156).*"% Compa-
rar Jobn Locke. Works. 4 vol., 7 ed., London, 1768: tanto el artículo
«Some Considerations on the Lowering of Interest and Raising the Value
of Money» (1691), como también «Further Considerations concerning
raising the value of Money, wherein Mr. Lownde's argument for it, in
his late Report concerning “An Essay for the amendment of the silver
coins” are particularly examined», ambos en el vol. 11. En el primer
artículo se dice entre otras cosas:

«El aumento del dinero (raising of money), del que tantas tonterías
se dicen ahora, es o bien aumento del valor del dinero, y esto no podéis
hacerlo, o bien aumento nominal de nuestra moneda» (pág. 53). «Lla-
mamos, por ejemplo, 1 corona, a lo que antes se llamaba 1/2 corona.
El valor continúa siendo determinado por el contenido metálico. Si la
reducción de 1/20 de la cantidad de plata de cualquier moneda no
disminuye su valor, la reducción de 19/20 de la cantidad de plata de

*Ié «arruinado por»; en ed. 1939 «raised at» (elevado a).
*U5 «pág. 156»; en ms. «pág. 154 y ss.».

196 [111] El capítulo del capital

cualquier moneda tampoco disminuirá su valor. Según esta teoría, por
lo tanto, una moneda de tres peniques o un farthing, si fuese llamado
corona, compraría tanta cantidad de especias o de seda, o de cualquier
otra mercancía, como una corona, que contiene 20 o 60 veces más pla-
ta» (pág. 54). «El aumento del dinero no es, por lo tanto, más que el
darle una menor cantidad de plata el cuño y la denominación de una
mayor cantidad» (loc. cit.). «El cuño de la moneda es garantía para el
público, y debe contener tanta plata como dice su denominación» (57).
«Es la plata, y no los hombres, la que paga las deudas y compra las mer-
cancías» (58). «El cuño de la moneda es suficiente como garantía del
peso y de la ley de la pieza de dinero, pero deja al oro acuñado de esta
forma en dinero que encuentre en precio, como cualquier otra mercan-
cía» (66). En general, mediante el aumento del dinero, no se puede
hacer más que «aumentar la moneda de cuenta», pero no «la moneda
en peso y valor» (73). «La plata es una medida completamente dife-
rente de las demás. La vara o el cuarto, con el que miden los hombres,
puede permanecer en las manos del comprador, del vendedor, o de una
tercera persona: no importa de quién es. Pero la plata no es exclusi-
vamente la medida de la transacción, sino que es el objeto de la tran-
sacción también, y pasa del comprador al vendedor, en cuanto que es
en una determinada cantidad el equivalente de la cosa vendida: y así
no sólo mide el valor de la mercancía a la que se refiere, sino que es
dada a cambio de ella, como algo de igual valor. Pero esto la plata
lo debe a su cantidad y a nada más» (92). «Pero puesto que aumentar no
significa más que dar nombres a placer a partes alícuotas de una pieza
(de dinero), es lo mismo, que si ahora la sexagésima parte de una onza
continúa siendo llamada un penique, independientemente de que se
proceda al aumento que se quiera» (118). «El privilegio que tiene el
lingote, de poder ser exportado libremente, le daría una pequeña ven-
taja en precio sobre nuestro moneda, independientemente de que la
denominación de ésta suba o baje; y ello mientras exista la necesidad
de su exportación y esté prohibida por ley la exportación de nuestra
moneda» (119, 120).

La misma posición, que tomó Lowndes frente a Locke, explicando
el aumento del precio del lingote por el hecho de que el valor del lin-
gote había subido y, por lo tanto, el valor de la moneda había bajado
(es decir, porque el valor del lingote ha subido, el valor de una parte
alícuota del mismo llamado libra ha bajado), la misma posición toma-
ron los little-shilling-men, Attwood, y los demás de la escuela de Bir-
mingham en los años 1819 y siguientes. (Cobbett había planteado la
cuestión al nivel correcto: ninguna revaluación de la deuda pública, de

las rentas, etc., pero echó todo a perder con su falsa teoría, que recha-
zaba por principio el dinero en billetes [él llegó paradójicamente a esta
consecuencia, partiendo como lo hizo Ricardo —que llegó a la conse-
cuencia opuesta— de la misma falsa premisa; a saber: de la determi-
nación del precio por la cantidad de medios de circulación].)% Toda su
sabiduría está contenida en las siguientes frases: «Sir R. Peel en su dispu-
ta con la Cámara de Comercio de Birmingham pregunta: “¿qué representa
vuestro billete de libra?” (pág. 226. “The Currency Question”, The
Gemini Letters. London 1844) (a saber, el billete de libra, si no es pa-
gado en oro). “¿Qué es lo que se debe entender por medida actual del
valor?... ¿3 libras, 17 chelines y 10 1/2 peniques significan una onza de
oro o su valor? Si la onza misma, ¿por qué entonces no llamamos las
cosas por su nombre, y decimos en lugar de libra, chelín y penique,
onzas, pennyweights y grains? Entonces volvemos a un sistema directo
de permuta”» (pág. 269. No completamente. Pero, ¿qué hubiera ganado
el señor Attwood, si en lugar de 3 libras, 17 chelines y 10 1/2 peniques
hubiera dicho onza, y en lugar de chelín pennyweight? El que para ma-
yor comodidad en el cálculo las partes alícuotas reciban nombres —-lo
que por lo demás indica, que al metal aquí se le confiere una determi-
nación social que le es ajena— ¿qué indica a favor o en contra de la
teoría de Attwood? Y" «¿O significan su valor? Si una onza es = 3 li-
bras, 17 chelines y 10 1/2 peniques, ¿por qué en diferentes períodos el
dinero vale 5 libras, 4 chelines y después otra vez 3, 17, 9?... la ex-
presión libra hace referencia al valor, pero no a una medida de valor
fija... El trabajo es el padre del coste, y le da tanto al oro como al
hierro su valor relativo». (Y de ahí, en realidad, que cambie el valor
de una onza y de 3 libras, 17 chelines y 10 1/2 peniques). «Cualesquiera
que sean las palabras utilizadas para expresar el trabajo diario o sema-
nal de un bombre, tales palabras expresan el coste de la mercancía pro-
ducida» (270). La frase «una libra es la unidad ideal» es importante,
porque muestra cómo esta teoría de la «unidad ideal» se resuelve en
la exigencia de un dinero, que debe representar directamente al trabajo.
La libra entonces sería, por ejemplo, el resultado de 12 días de tra-
bajo. Lo que se exige es que la determinación del valor no conduzca a
la del dinero como una determinación diferente, o que el trabajo como
medida de los valores no impulse a convertir el trabajo objetivado en

559 Cfr. CoBETT, Paper against Gold, etc. London 1828, pág. 2.
560 A partir del cuaderno de extractos de Marx resulta evidente, que Marx
partía de la suposición de que ATTWOOD era uno de los «Gemini».

198 [111] El capítulo del capital

una mercancía determinada, en medida de los restantes valores. Lo
importante es que esta exigencia sea avanzada desde el punto de vista
de la economía burguesa (éste es el caso de Gray, que elabora realmente
esta cuestión hasta el límite, y del cual hablaremos inmediatamente), no
desde el punto de vista de la negación de la economía burguesa, como
en Bray. Los proudhonianos (ver, por ejemplo, al señor Darimon) han
conseguido, en realidad, plantear esta exigencia, tanto en cuanto exi-
gencia correspondiente a las relaciones actuales de producción, como en
cuanto exigencia revolucionaria y novedad total, ya que ellos como ga-
bachos, no necesitan naturalmente saber nada de lo que se ha escrito o
pensado más allá del canal. En todo caso, el simple hecho de que dicha
exigencia ha sido planteada desde hace más de 50 años en Inglaterra
por una fracción de la economía burguesa, muestra hasta qué punto los
socialistas, que pretenden haber producido algo nuevo y antiburgués,
están en un callejón sin salida. Sobre esta exigencia, ver lo que se dijo
más arriba. (Aquí sólo se pueden aducir algunas cosas de Gray. Por lo
demás, en esta cuestión sólo se puede entrar en detalle, cuando se es-
tudie el sistema bancario.)

Para la crítica de las teorías sobre los medios de circulación y el dinero.

### Transformación del medio de circulación en dinero. — Atesoramiento. — Medio de pago. — Precios de las mercancías y cantidad del dinero en circulación. — Valor del dinero.

Por lo que se refiere al dinero como equivalente estable, es decir, como
valor en cuanto tal, y en consecuencia, como materia de todos los con-
tratos, está claro, que las transformaciones del valor del material, en
el que el dinero se expresa (bien directamente, como en el oro, la pla-
ta, etc., o bien indirectamente como certificado indicador de una deter-
minada cantidad de oro, plata, etc., en billetes) tienen que provocar
grandes revoluciones entre las diferentes clases de un Estado. Esto no
lo vamos a estudiar aquí, ya que estas mismas relaciones presuponen
el conocimiento de las diferentes relaciones económicas. Solamente como
ilustración diremos algo. Es bien sabido que en los siglos xvI y xvI1 la
depreciación del oro y la plata, a consecuencia del descubrimiento de
América, provocó una depreciación de la clase trabajadora y de la de
los propietarios de la tierra; y una elevación de la de los capitalistas (es-
pecialmente de los capitalistas industriales). En Roma, durante la época
de la República, el aumento del precio del cobre convirtió a los ple-
beyos en esclavos de los patricios. «Puesto que se estaba obligado a
pagar incluso las mayores sumas en cobre, este metal tenía que ser

guardado en masas o fragmentos informes, que se daban y recibían se-
gún el peso. El cobre en esta situación era aes grave. La moneda metá-
lica era pesada.* [[El cobre entre los romanos no recibió primeramente
ningún acuñamiento; más adelante recibió el acuñamiento de las mo-
nedas extranjeras. Servius rex ovium boumque effigie primus aes si-
gnavit*"* (Plin. Historia Naturalis l. 18, c. 3).]]% Después de que los
patricios hubieron acumulado una gran masa de “este metal obscuro y
basto...** intentaron librarse de él, bien comprándoles a los plebeyos
todas las tierras, que éstos consintieron en venderles, bien haciendo
préstamos a largo plazo. Ellos debieron hacer un buen negocio con un
valor que les estorbaba, y que no les había costado nada adquirir. La
competencia entre todos aquellos que tenían el mismo deseo de des-
hacerse del cobre, debió de conducir, en un tiempo breve, a un descenso
considerable del precio del cobre en Roma. A comienzos del siglo xv
post u. c.,*" como se desprende de la Lex Menenia (302. a. u. c.)*'*
la relación del cobre con la plata = 1:960... Este metal, que tan de-
preciado estaba en Roma, era simultáneamente uno de los artículos de
comercio más buscados (ya que los griegos hacían con bronce sus obras
de arte, etc.)...** Los metales nobles llegaron a ser cambiados en Roma
por el cobre con beneficios enormes, y un comercio tan lucrativo promo-
vió día a día nuevas importaciones... Poco a poco los patricios susti-
tuyeron con lingotes de oro y plata, aurum infectum, argentum infectum,
estos pedazos de cobre antiguo tan incómodos de colocar y tan poco
agradables de ver. Tras la derrota de Pirro y especialmente tras las con-
quistas en Asia... el aes grave había ya desaparecido por completo, y
las necesidades de la circulación habían hecho necesaria la importación
de la victoria griega, y del nombre victoriatus... del peso de 1 scrupu-
lum y 1/2 de plata, así como la lex Clodia, en el siglo vir a. u. c., con-
virtió a la dracma ática numeraria en una moneda romana. Normalmente
era cambiada por la libra de cobre o el as de 12 onzas. Así, pues, la

56l Cfr. GARNIER, Histoire de la Monnaie, etc. Tome Second, pág. 11.

562 Cfr. GARNIER, Histoire, etc. Tome Second, pág. 7; DUREAU DE LA MALLE,
Économie Politique, etc. Tome Premier, pág. 67, nota.

53 Cfr. GARNIER, Histoire, etc. Tome Second, pág. 14.

5 Cfr. GARNIER, Histoire, etc. Tome Second, págs. 15-17.

*116 Servio el rey fue el primero en acuñar monedas con la efigie de ovejas
y bueyes.

*17% «post u. c.»; post urbem conditam, significa después de la fundación
de la ciudad (de Roma).

*i6 «a, u. c.»; ab urbe condita, significa desde la fundación de la ciudad.

200 [111] El capítulo del capital

relación entre la plata y el cobre era de 192: 1, es decir, 5 veces menor
que en la época de depreciación máxima del cobre, debido a la expor-
tación; sin embargo, el cobre en Roma era más barato que en Grecia
y Asia. Esta gran revolución en el valor de cambio de la materia mo-
netaria, a medida que se realizó, empeoró de forma horrenda la suerte
de los infelices plebeyos, quienes, a título de préstamo, habían recibido
el cobre depreciado, y habiéndolo gastado o empleado, según el curso
que tenía entonces, se encontraban con que eran deudores, de acuerdo
con el texto de su contrato, de una suma 5 veces mayor que la que
habían tomado a préstamo... Ellos no tenían ningún medio de resca-
tarse de la esclavitud... El que había tomado a préstamo 3.000 ases
en un momento en el que la suma equivalía a 300 bueyes o a 900 scru-
pula de plata, sólo podía procurarse los 3.000 ases con 4.500 scrupu-
la de plata, una vez que el as era representado por 1 1/2 scrupula
de este metal... Cuando el plebeyo devolvía 1/5 del cobre, que él había
recibido, él había en realidad saldado su deuda, pues 1/5 tenía ahora
el mismo valor que 1 en la época en la que él firmó el contrato. El
cobre había aumentado 5 veces de valor respecto a la plata... Los ple-
beyos exigieron una revisión de las deudas, una nueva evaluación de las
sumas debidas y una mutación en el título de sus obligaciones primiti-
vas... Los acreedores no exigían ciertamente la restitución del capital,
pero el mismo pago de intereses era insoportable, ya que el interés
del 12 % estipulado originariamente, había devenido, a causa del en-
carecimiento excesivo de la moneda, tan oneroso, que equivalía al 60 %
del capital. A través de un acuerdo, los deudores obtuvieron una ley
que restaba los intereses acumulados del capital... A los senadores no
les interesaba dejar escapar el instrumento mediante el cual tenían al
pueblo en la dependencia más abyecta. Señores de casi toda la propiedad
territorial, armados con títulos jurídicos que los autorizaban a mandar
a prisión a sus deudores, y a infligirles penas corporales, ellos repri-
mieron las sediciones y descargaron su ira contra los más rebeldes. La
vivienda de cada patricio era una cárcel. Finalmente se provocaban gue-
rras, que le procuraban un sueldo al deudor, con una suspensión de
las detenciones, y que abrían para el acreedor nuevas fuentes de riqueza
y de poder. Ésta era la situación interna en Roma, cuando se produjo
la derrota de Pirro, la conquista de Tarento y la importante victoria
sobre los samnitas, lucanos y otros pueblos del sur de Italia, etc...;
en el 483 o 485 aparece la primera moneda de plata romana, la libe-

565 Cfr, GARNIER, Histoire, etc. Tome Second, págs. 18-20.
56 Cfr, GARNIER, Histoire, etc. Tome Second, págs. 21-23.

lla; ... se llamaba libella, porque era de poco peso = libra de 12 onzas
de cobre».* (Garnier, Germain. «Histoire de la Monnaie», etc., 2 vols.,
Paris, 1819, t. II, págs. 7-24).*"”

[[Asignados. «Propiedad nacional. Asignado de 100 francos», curso
legal ... Éstos se distinguían de todos los demás billetes de banco, en
que no pretendían siquiera representar nada específico. Las palabras
«propiedad nacional» querían decir que su valor podía ser mantenido
mediante la compra con ellos de la propiedad confiscada en las cons-
tantes subastas de esta última. Pero no había ningún motivo para que
este valor fuera llamado 100 francos. Esto dependía de la cantidad re-
lativa de la propiedad comprable de esta forma y del número de asig-
nados emitidos» (78, 79,*'” Nassau W. Senior: «Three Lectures on
the cost of obtaining money», etc. London, 1830).

«La livre de compte, introducida por Carlomagno, no ha estado
casi nunca representada por una pieza real equivalente, pero ha con-
servado su nombre, así como sus divisiones en sous y deniers, hasta el
final del siglo xvii1, mientras que monedas reales han variado hasta
el infinito de nombres, de forma, de cuño, de valor, no sólo en cada
cambio de gobierno, sino incluso durante un mismo reinado. El valor
de la livre de compte ha estado ciertamente sometido a enormes dismi-
nuciones... pero siempre mediante actos de violencia» (págs. 76-77,"
t. 1. Garnier, loc. cit.). Todas las monedas antiguas originariamente eran
pesos (loc. cit.).%

«El dinero es en primer lugar la mercancía universalmente negocia-
ble, o aquella con la que todo el mundo comercia con la finalidad de
procurarse otras mercancías». (Bailey, «Money and its Vicissitudes», etc.
London, 1837, pág. 1.) «Es la gran mercancía mediadora» (pág. 2,
loc. cit.). Es la mercancía general de los contratos, o aquella en la que
se realizan la mayor parte de los contratos sobre la propiedad, que han
de ser perfeccionados en el futuro» (pág. 3). Finalmente es la «medida
del valor... Ahora bien, en la medida en que todos los artículos son
cambiados por dinero, los valores recíprocos de A y B son necesaria-
mente puestos de manifiesto por sus valores en dinero o, lo que es

567 Cfr. GARNIER, Histoire, etc. Tome Second, pág. 24.
58 Cfr. GARNIER, Histoire, etc. Tome Premier, págs. 76-77.
59 Cfr. GARNIER, Histoire, etc. Tome Premier, pág. 125.

*19 «7-24»; en ed. 1939 «15 y ss.».
*120 «78-79»; en ms. «83-84».
*12 «76-77»; en ed. 1939 «76».

202 [111] El capítulo del capital

igual, por sus precios..., de la misma forma que el peso comparativo
de cualquier objeto es medido por su peso en relación con el agua, o
por su peso específico» (pág. 4). «El primer requisito esencial es que
el dinero sea uniforme en sus cualidades físicas, de forma tal que canti-
dades iguales del mismo sean tan idénticas, que no haya motivo para
preferir una a otra... Por ejemplo, grano y ganado no son utilizables
para este fin, porque la misma cantidad de grano y un número igual
de cabezas de ganado, no poseen siempre las mismas cualidades por
las que son preferidos» (págs. 5, 6). «La estabilidad del valor es muy
deseable en el dinero, como mercancía mediadora y como mercancía
de los contratos; pero no es esencial en absoluto para el dinero, en
cuanto medida del valor» (pág. 9). «El dinero puede cambiar continua-
mente de valor y, sin embargo, ser tan buena medida del valor, como
si permaneciera completamente estacionario. Supongamos, por ejemplo,
que ha disminuido el valor del dinero y que la reducción en valor im-
plica una reducción en valor respecto a una o más mercancías; supon-
gamos que la reducción tiene lugar respecto al grano y al trabajo. Antes
de la reducción, una guinea compraría 3 bushels de trigo, o 6 días de
trabajo; después de la reducción, compraría solamente dos bushels de
trigo o 4 días de trabajo. En ambos casos, al estar dadas las relaciones
de trigo y trabajo respecto al dinero, sus relaciones mutuas pueden ser
deducidas de aquéllas; en otras palabras, nosotros podemos averiguar
que un bushel de trigo vale 2 días de trabajo. Esto, que es todo lo que
implica el valor como medida, se lleva a cabo igual antes como des-
pués de la reducción. La excelencia de cualquier cosa como medida del
valor es completamente independiente de su propia variación de valor...
Se confunde la invariabilidad del valor con la invariabilidad en ley y
peso... Siendo el poder de disposición sobre cantidad lo que constituye
el valor, como unidad para medir el valor tiene que ser utilizada una
cantidad definida de una substancia de alguna mercancía uniforme; y
es esta cantidad definida de una substancia de alguna mercancía unifor-
me la que tiene que ser invariable»*” (págs. 9-11). En todos los con-
tratos en dinero se trata de la cantidad de oro o plata que se presta, no
de su valor (pág. 103)." «Si alguien insistiera, en que se trata de un
contrato de un valor determinado, estaría obligado a mostrar en relación
a qué mercancía: es decir, estaría manteniendo que un contrato pecu-
niario no se refiere a la cantidad de dinero expresada en el texto del

51 Cfr. Bare, Money, etc., págs. 9-11.
51 Cfr. Barley, Money, etc., págs. 102-103.

mismo, sino a una cantidad de una mercancía que no se menciona»
(pág. 104). «No es necesario limitar esto a contratos, en los que se
presta dinero efectivo. Vale para todas las estipulaciones sobre pago
futuro en dinero, bien sea por artículos de cualquier clase vendidos a
crédito, o por servicios, o alquiler de fincas rústicas o urbanas; éstos
se encuentran en la misma condición, que si se tratara de puros présta-
mos de la mercancía mediadora. Si A le vende a B una tonelada de
hierro por 10 libras, con 12 meses de crédito, es exactamente igual que
si A le hubiese prestado a B 10 libras durante 1 año; los intereses de
ambas partes contratantes serán afectados de la misma forma por cam-
bios en la moneda» (págs. 110, 111).

La confusión que procede de confundir el hecho de dar nombre a
partes alícuotas determinadas e invariables de la substancia del dinero,
es decir, su denominación, con el de la fijación del precio se pone de
manifiesto, entre otros, en el más eminente romántico de la economía
política, el señor Adam Miiller. Él dice entre otras cosas: «Todo el
mundo comprende la importancia de la determinación fija del precio de
la moneda, especialmente en un país cómo Inglaterra, en donde el go-
bierno, con una generosa liberalidad,» (es decir, a costa del país y a
beneficio de los negociantes de metales preciosos del Banco de Ingla-
terra) «acuña gratuitamente, no deduce derechos de acuñación, etc.,
por lo tanto, si él elevara considerablemente el precio de la moneda
sobre el precio de mercado, si en vez de pagar una onza de oro, como
hace ahora, con 3 libras, 17 chelines y 10 1/2 peniques, fijara el precio
de acuñación de una onza de oro en 3 libras y 19 chelines, entonces todo
el oro afluiría a la Casa de la Moneda, la plata conservada allí sería con-
vertida en el mercado en oro más barato, y así sería llevado de nuevo
a la Casa de la Moneda, y el sistema monetario caería en completo
desorden» (280, 281, t. II. «Die Elemente der Staatskunst». Berlin,
1809). Herr Miller no sabe, por lo tanto, que penique y chelín son
aquí simplemente nombres de partes alícuotas de una onza de oro. Pues-
to que las monedas de plata y cobre —las cuales nota bene no son acu-
ñadas según la relación de plata y cobre con el oro, sino que son
emitidas como meros signos indicativos de parte de oro del mismo nom-
bre, y que, por lo tanto, sólo deben ser aceptadas en pago en cantidad
muy pequeña— circulan bajo los nombres de chelín y penique, él se
imagina, que una onza de oro está dividida en monedas de oro, plata y
cobre (es decir, que hay un triple patrón de valor). Un par de páginas
después, se le viene a la memoria que en Inglaterra no existe un patrón
doble, y que, por lo tanto, aún menos uno triple. La falta de claridad

204 [111] El capítulo del capital

del señor Miller sobre las relaciones económicas «comunes» es la base
real de su concepción «superior».*”

De la ley general, según la cual, presupuesto un nivel determinado
de velocidad de circulación, el precio global de las mercancías en circu-
lación determina la masa del medio de circulación, se sigue, que a un
nivel determinado del crecimiento de los valores arrojados a la circu-
lación, el metal más noble —el metal de valor específico superior, es
decir, el que contiene en una menor cantidad más tiempo de trabajo—
sustituye como instrumento de circulación dominante al menos noble;
es decir, el cobre, la plata, el oro, van desbancando el uno al otro como
instrumento de circulación dominante. La misma suma global de precios,
por ejemplo, puede ser hecha circular con 14.veces menos monedas de
oro que con monedas de plata. La existencia de monedas de cobre, e
incluso de hierro, como instrumento de circulación dominante presu-
pone una circulación débil. Exactamente igual como el medio de trans-
porte y comunicación*'*”? más potente y más valioso sustituye al menos
valioso, a medida que aumenta la masa de las mercancías en circulación
y la circulación en general.

Por otra parte está claro que el pequeño comercio al por menor de
la vida diaria requiere cambios en muy pequeña medida; cuanto menor
sea ésta, tanto más pobre es el país y tanto más débil es la circulación
en general. En este comercio al por menor, en el que circulan por un
lado cantidades muy pequeñas de mercancías, y por lo tanto, también
valores muy pequeños, ocurre, en el auténtico sentido de la palabra, el
que el dinero aparezca exclusivamente como medio de circulación eva-
nescente y no se afirme como precio realizado. Para este comercio apa-
rece en consecuencia un medio de circulación subsidiario, que es exclusi-
vamente signo indicativo de partes alícuotas de los medios de circulación
dominantes. Se trata de signos de plata y cobre, que no son acuñados,
en consecuencia, en relación al valor de su substancia con el valor del
oro, por ejemplo. Aquí el dinero se presenta exclusivamente como signo
indicativo, aunque todavía en una substancia relativamente valiosa. El
oro, por ejemplo, tendría que ser dividido en fracciones demasiado pe-
queñas, para corresponder como equivalente a la división de mercancía,
requerida por este comercio al por menor.

De ahí también el que estos medios de circulación subsidiarios sólo

512 Cfr. Apam MULLER, Die Elemente, etc. Berlin 1909, Zweiter Teil, pág. 190.

*12 «comunicación»; en ed, 1939 «zirkulation» (circulación).

necesitan ser tomados como medios de pago de curso legal en una
pequeña cantidad, razón por la cual no pueden afirmarse nunca como
realización del precio. Por ejemplo, el cobre en Inglaterra por valor de
6 peniques, la plata por valor de 20 chelines. Cuanto más desarrollada
está la circulación en general, cuanto mayor sea la masa de precios de
las mercancías que entran en la circulación, tanto más se separa su
intercambio al por mayor de su intercambio al por menor, y tanto más
se necesitan diferentes clases de moneda para la circulación. La veloci-
dad de circulación de las monedas está en relación inversa a la magnitud
de su valor.

«En el estadio primitivo de la sociedad, cuando las naciones son po-
bres, y sus pagos insignificantes, el cobre ha sido conocido frecuente-
mente como respuesta a todas las finalidades del dinero y es acuñado en
piezas de valor muy bajo, a fin de facilitar los cambios de poca cuantía,
que tienen lugar en estos casos. Así en la época primitiva de la Repú-
blica romana y en Escocia» (pág. 3). (David Buchnan, «Observations
on the subjects, treated of in Dr. Smitb's Inquiry», etc. Edinburgh, 1814).
«La riqueza general de un país es medida con mucha precisión por la
naturaleza de sus pagos y por el estado de su moneda; y el predominio
indudable de un metal tosco en su dinero, junto con el uso de monedas
de valor muy bajo, caracteriza un estado primitivo de la sociedad»
(pág. 4). Más adelante dice: «el negocio del dinero se divide en dos
departamentos distintos; la obligación de efectuar los pagos más impor-
tantes... recae en los metales más preciosos; los metales inferiores, por
el contrario, son conservados para cambios menos importantes y están,
en consecuencia, subordinados al dinero principal. Entre la primera
introducción de un metal noble en el dinero de un país y su uso exclu-
sivo en los pagos importantes existe un amplio intervalo; y los pagos
del comercio al por menor tienen que haber devenido tan considerables
en el ínterin —a causa del aumento de la riqueza—, que al menos en
parte podrían ser convenientemente efectuados con la moneda nueva
y más valiosa; desde este momento ninguna moneda puede ser usada
para los pagos más importantes (esto es falso, como se pone de mani-
fiesto en los billetes), que no es apropiada, al mismo tiempo, para las
transacciones del comercio al por menor, ya que todo comercio obtiene
en último extremo del consumidor... la renta de su capital...'” La
plata se ha mantenido en todas partes en el continente en los pagos
importantes...”* En Inglaterra la cantidad de plata en circulación no ex-

si3 Cfr. BucHANaAN, Observations on the subject, etc., págs. 4-5.
si Cfr. BucHANaANn, Observations, etc., pág. 6.

cede lo necesario para los pagos pequeños... en la práctica son reali-
zados pocos pagos por el importe de 20 chelines en plata...** Antes del
reinado de Guillermo III la plata fue traída en grandes sacos al tesoro
en pago de la renta nacional. En este período tiene lugar el gran cam-
bio...** La introducción exclusiva del oro, en los pagos importantes de
Inglaterra, era una clara prueba de que los cobros del comercio al por
menor en esta época eran efectuados primordialmente en oro; esto era
posible, sin que un solo pago excediera o incluso igualara nunca cual-
quiera de las monedas de oro; ya que, en el caso de una abundancia
general de oro, y escasez de plata, monedas de oro eran ofrecidas na-
turalmente por sumas pequeñas y el saldo en plata era exigido como
vuelta; mediante lo cual el oro, aún tomando parte en el comercio al
por menor y economizando el uso de la plata, incluso para pagos peque-
ños, evitaba su acumulación por el comerciante al por menor...” Al
mismo tiempo que el oro sustituye en Inglaterra a la plata (1695) para
los pagos importantes, la plata sustituye al cobre en Suecia..."* Está
claro, que la moneda usada para los pagos importantes sólo puede tener
curso por su valor intrínseco... Pero el valor intrínseco no es necesario
para una moneda subsidiaria...” En Roma, mientras el cobre fue la
moneda dominante, tenía curso sólo por su valor intrínseco... 5 años
antes del comienzo de la primera guerra púnica fue introducida la plata,
y expulsó poco a poco al cobre de los pagos importantes... 62 años
después de la introducción de la plata fue introducido el oro, pero pa-
rece que nunca excluyó a la plata de los pagos importantes...* En
India el cobre no fue moneda subsidiaria; tenía curso, por lo tanto, por
su valor intrínseco. La rupia, una moneda de plata de 2 chelines y
3 peniques, es el dinero de cuenta; en relación con ésta al mohour,
una moneda de oro, y a la píce, una moneda de cobre, se les permitía
encontrar su valor en el mercado; el número de pices cambiados co-
rrientemente por una rupia varía constantemente con el peso y el valor
de la moneda, mientras que aquí (Inglaterra) 24 medios peniques son
siempre = 1 chelín, independientemente de su peso. En India, el co-
merciante al por menor tiene que aceptar siempre cantidades conside-
rables de cobre por sus mercancías y no se puede permitir el lujo de
tomarlas sino por su valor intrínseco... En las manedas de Europa, el

515 Cfr. Buchanan, Observations, etc., pág. 7.
5 Cfr. BucHANaANn, Observations, etc., pág. 7.
51 Cfr. Buchanan, Observations, etc., págs. 8-9.
sm Cfr. Buchanan, Observations, etc., pág. 12.
519 Cfr. Buchanan, Observations, etc., pág. 14.
580 Cfr. BucHANaAN, Observations, etc., pág. 16.

cobre circula por cualquier valor, que le es fijado, sin examen de su
peso y finura»* (págs. 4-18). En Inglaterra «fue puesta en circulación
una cantidad excesiva de cobre en 1798 por comerciantes privados; y
a pesar de que el cobre sólo tiene curso legal para el pago de 6 peni-
ques (el excedente) alcanzó a los comerciantes al por menor; los cuales
a su vez intentaron ponerlo en circulación; pero retornó en último
extremo a ellos. Cuando este dinero fue detenido, el cobre había sido
acumulado por los comerciantes al por menor en sumas de 20, 30 e
incluso 50 libras, las cuales, en último extremo, ellos tuvieron que ven-
derlas por su valor intrínseco» (pág. 31).

En el dinero subsidiario, el instrumento de circulación en cuanto tal,
en cuanto mero instrumento evanescente adopta una existencia particular
junto al instrumento de circulación, que es al mismo tiempo equiva-
lente, precio realizado y que es acumulado como valor autónomo. Aquí,
por lo tanto, es un puro signo indicativo. Sólo puede, por lo tanto, ser
puesto en circulación en la cantidad, que es absolutamente requerida
para el pequeño comercio al por menor, mediante el cual no puede ser
acumulado nunca. La cantidad tiene que estar determinada por la masa
de los precios, que él hace circular, dividida por su velocidad. Puesto
que la masa del medio en circulación de un cierto valor está determinada
por los precios, cae por su peso, que si es introducida artificialmente en
la circulación una cantidad mayor que la que es requerida por la circu-
lación misma, y si ésta (cantidad en exceso) no pudiera escapar de la
circulación (éste no es el caso aquí, ya que como instrumento de circu-
lación está por encima de su valor intrínseco), estaría despreciado; no
porque la cantidad determine los precios, sino porque los precios de-
terminan la cantidad, es decir, porque en la circulación sólo puede per-
manecer una determinada cantidad con un valor determinado. Si, por lo
tanto, no existe ninguna salida, a través de la cual la circulación puede
expulsar la cantidad superflua, entonces el medio en circulación no
puede convertir su forma como medio en circulación en la forma de
valor por sí mismo; en consecuencia, el valor del medio en circulación
tiene que descender. Pero esto sólo puede tener lugar, al margen de
obstáculos artificiales, prohibición de refundir, de exportación, etc.,
cuando el medio de circulación sólo es un signo indicativo, no posee
siquiera un valor real correspondiente a su valor nominal y, por lo
tanto, no puede pasar de la forma de medio de circulación a la de mer-
cancía en general y no puede suprimir su cuño; cuando está prisionero
en su existencia como moneda. Por otra parte, de esto se sigue, el que

sel Cfr. BucHANaAN, Observations, etc., pág. 18.

208 [111] El capítulo del capital

el signo indicativo, el distintivo monetario, pueda circular al valor no-
minal del oro, que él representa —sin poseer ningún otro valor pro-
pio—, en la medida en que él representa al medio de circulación sólo
en la cantidad, en la que este mismo circularía. Pero entonces es con-
dición de todo esto, el que o bien la moneda exista en una cantidad
tan pequeña, que sólo circule en forma subsidiaria, es decir, que no
deje de ser en ningún momento instrumento de circulación (con lo cual
sirve constantemente en parte para el cambio de pequeñas cantidades
de mercancías y, en parte, para el cambio del medio de circulación autén-
tico) y que, por lo tanto, no puede nunca ser acumulada; o bien no
tiene que poseer ningún valor en absoluto, de forma tal que su valor
nominal no puede ser nunca comparado con su valor intrínseco. En este
último caso el dinero es puesto como mero signo indicativo, que señala
mediante sí mismo al valor como algo que existe fuera de él. En el otro
caso no ocurre nunca que su valor intrínseco sea comparado con su va-
lor nominal.

De ahí que las falsificaciones del dinero se pongan de manifiesto
en seguida; mientras que la aniquilación total de su valor no le perju-
dica. Por lo demás, podría parecer paradójico que el dinero pueda ser
sustituido por papel sin valor; mientras que la mas mínima debilidad de
su contenido metálico lo deprecia.

En general la doble determinación del dinero se contradice en la
circulación; el dinero sirve como mero medio de circulación, forma en
la cual es una simple mediación evanescente; y al mismo tiempo sirve
como realización de los precios, forma en la cual el dinero es acumulado
y se convierte en su tercera determinación como dinero. En cuanto
medio de circulación se desgasta; no contiene, por lo tanto, el conte-
nido metálico, que lo convierte en trabajo objetivado en una cantidad
fija. El hecho de que corresponda a su valor es, por lo tanto, en mayor
o menor medida siempre ilusorio. Aducir un ejemplo.

Es ya importante en este punto introducir en el capítulo del dinero
la determinación de la cantidad, si bien deducida precisamente de forma
inversa a como ocurre con la doctrina usual. El dinero puede ser susti-
tuido, porque su cantidad está determinada por los precios, que él hace
circular. En la medida en que él mismo tiene valor —como en el me-
dio de circulación subsidiario—, su cantidad tiene que estar determinada
de forma tal, que nunca pueda ser acumulado como equivalente y que,
en realidad, figure siempre únicamente como rueda auxiliar del autén-
tico medio de circulación. Pero en la medida en que debe sustituir a
este último, no debe tener ningún valor, es decir, su valor tiene que
existir fuera de él. Las variaciones en la circulación están determinadas

por el monto y el número de las transacciones (Economist).** La circu-
lación puede aumentar con precios estables mediante el aumento de la
cantidad de mercancías; y con cantidad estable de mercancías mediante
el aumento de los precios de las mismas; mediante ambos juntamente.

En la tesis según la cual son los precios los que regulan la cantidad
de dinero en circulación y no la cantidad de dinero en circulación la
que regula los precios, o en otras palabras, que es el comercio el que
regula el dinero en circulación (la cantidad del medio de circulación) y
no el dinero en circulación el que regula el comercio, se da por supuesto
naturalmente, como ha mostrado nuestra deducción, que el precio sólo
es el valor traducido a otro lenguaje. El valor y el valor determinado
por el tiempo de trabajo es el presupuesto. Está claro, por lo tanto, que
esta ley no es uniformemente aplicable a las fluctuaciones de los precios
en todas las épocas; por ejemplo, en el mundo antiguo, Roma, por
ejemplo, donde el medio de circulación mismo no procede de la circu-
lación, del cambio, sino de la rapiña, del saqueo, etc.

«Ningún país puede consiguientemente tener más de un patrón, más
de un patrón para medir el valor; pues dicho patrón tiene que ser uni-
forme e invariable. Ningún artículo tiene un valor uniforme e invariable
frente a otro: sólo lo tiene respecto a sí mismo. Un pedazo de oro es
siempre del mismo valor que otro de la misma finura, del mismo peso
y en el mismo lugar; pero esto no se puede decir del oro y de cualquier
otro artículo, por ejemplo, la plata». (Econ., vol. 1, pág. 771).% «Libra
no es más que una denominación de cuenta, que hace referencia a una
cantidad de oro de calidad standard dada y fijada». (loc. cit.). «Hablar
de hacer que una onza de oro valga 5 libras, en lugar de 3 libras, 17sh.
y 10 1/2 d., sólo quiere decir que en el futuro debe ser acuñada

en 5 soberanos en lugar de en 3 il soberanos. De esta forma no

modificaríamos el valor del oro, sino únicamente el peso, y consiguien-
temente el valor de la libra o del soberano. Una onza de oro tendría igual
que antes el mismo valor en relación con el trigo y con todas las demás
mercancías, pero puesto que una libra, a pesar de que lleva el mismo

$8 No se puede decir con precisión qué quería decir Marx aquí en relación
con el Economist: si la frase precedente se encuentra en el Economist, o si el
Economist usualmente afirma lo contrario.

583 Cfr. The Economist, etc. Vol. 1, n.* 37, May 11, 1844, pág. 771. Artículo:
Tbe first step in the currency question. SIR ROBERT PEEL.

*13 «3 429/480»; en ed. 1939 «3 420/480».

210 [111] El capítulo del capital

nombre que antes, representaría una parte menor de una onza de oro,
representaría también una cantidad correspondientemente menor de trigo
y de las demás mercancías. Exactamente igual que si dijéramos que un
quarter de trigo no debe ser dividido de ahora en adelante en 8, sino en
12 bushels; de esta forma no podríamos modificar el valor del trigo, sino
únicamente disminuir la cantidad contenida en un bushel y consiguiente-
mente su valor (pág. 772, loc. cit.). «Cualquiera que sea siempre el
cambio temporal o permanente que tenga lugar, en el valor de oro su
precio será siempre expresado en la misma cantidad de dinero; una
onza de oro será siempre 3 libras, 17 sh. 10 1/2 d. de nuestro dinero.
El cambio en su valor vendrá indicado por la mayor o menor cantidad
de mercancías que pueda comprar» (loc. cit., pág. 890).

Comparar la barra ideal, por ejemplo, con la milrea ideal en Buenos
Aires. (También con la libra en Inglaterra durante la depreciación de los
billetes, etc.) Lo que es aquí fijo, es el nombre milrea; lo que fluctúa,
es la cantidad de oro o plata que expresa. En Buenos Aires el dinero
en circulación es dinero en papel inconvertible (dólares en papel); estos
dólares eran originariamente = 4 sh., 6 d. cada uno; ahora son aproxi-
madamente 3 1/4 d. y han llegado a ser tan bajos como 1 1/2 d. Una
vara de tela valía antes 2 dólares, ahora vale nominalmente 28 dólares
como consecuencia de la depreciación del papel.*

«En Escocia, el medio de cambio —que no ha de ser confundido con
el patrón del valor— de 1 £ y aun de más valor se puede decir que con-
siste exclusivamente en papel, y el oro no circula en absoluto; sin em-
bargo, el oro es el patrón del valor como si sólo él circulara, porque el
papel es convertible en la misma cantidad fija de este metal; y circula
sólo porque se tiene fe en su convertibilidad» (pág. 1275).*

«Las guineas son atesoradas en épocas de desconfianza» (Thornton,
pág. 48).% El principio de atesoramiento, en el que el dinero funciona
como valor autónomo, es necesario como un momento —prescindiendo
de las formas sorprendentes en que se presenta— en el cambio que
descansa sobre la circulación del dinero; puesto que cada uno, como
dice A. Smith, necesita, junto a su propia mercancía, la cantidad me-

$4 Cfr. The Economist, etc. Vol. 1, n. 42, May 11, 1844, pág. 890. Artículo:
The action of Money on Prices.

ss Cfr. The Economist, etc. Vol. 1, n.* 57, September 28, 1844, págs. 1251-
1253. Artículo: Effect of an inconvertible currency on our foreing trade.

se Cfr. The Economist, etc. Vol. IL, n.* 58, October 5, 1844.

s Cfr. H. Thornton, An Enquiry into the Nature and Effects of the Paper
Credit of Great Britain. London 1802, pág. 48.

diadora, determinada proporción de la «mercancía general». «El hom-
bre que está en el comercio tiene una propiedad en dicho comercio»
(loc. cit., pág. 21).%

El capital, no el trabajo, determina el valor de la mercancía. Torrens

«Capitales iguales, o en otras palabras, cantidades iguales de trabajo
acumulado pondrán a menudo en movimiento cantidades diferentes de
trabajo inmediato; esto, sin embargo, no modifica en nada la cuestión»
(págs. 29-30. Torrens. «An Essay on the Production of Wealth», Lon-
don, 1821). «En el período temprano de la sociedad... es la cantidad
total de trabajo, acumulado e inmediato, consumido en la producción...
la que determina el valor relativo de las mercancías. Sin embargo, tan
pronto como se ha acumulado capital y una clase de capitalistas se di-
ferencia de otra de trabajadores, tan pronto como la persona que em-
prende una actividad en cualquier rama de la industria no realiza su
propio trabajo, sino que anticipa los medios de subsistencia y los mate-
riales a otros, entonces es la cantidad de capital, o la cantidad de tra-
bajo acumulado consumido en la producción, la que determina la ca-
pacidad de cambio de las mercancías» (págs. 33, 34). «En tanto dos
capitales sean iguales... sus productos serán de igual valor, a pesar de
que pueda ser diferente la cantidad de trabajo inmediato que ponen en
movimiento, o que pueden requerir sus productos. Si los capitales son
desiguales,... sus productos son de un valor desigual, a pesar de que
la cantidad total del trabajo gastado en cada uno fuera precisamente la
misma» (pág. 39). Por lo tanto, «tras la separación entre capitalistas y
trabajadores, es la cantidad de capital, la cantidad de trabajo acumulado,
y no, como antes de esta separación, la suma de trabajo acumulado e
inmediato consumido en la producción, la que determina el valor de
cambio» (loc. cit.).* La confusión del señor Torrens es correcta frente
a la manera abstracta de los ricardianos. Pero en sí es totalmente falsa.
En primer lugar, la determinación del valor por el puro tiempo de tra-
bajo sólo tiene lugar sobre la base de la producción del capital, por
lo tanto, de la separación entre las dos clases. La equiparación de los
precios, como consecuencia de la misma tasa media de beneficio —1y
esto incluso cum grano salis)—, no tiene nada que ver con la determi-
nación del valor, sino que más bien la presupone. Este pasaje es im-
portante para mostrar la confusión de los ricardianos.

ses Cfr. THORNTON, An Enquiry, etc., pág. 21.
589 Cfr. THORNTON, An Enquiry, etc., págs. 39-40.

212 [111] El capítulo del capital

### Mínimo de salario

La tasa de plusvalía como beneficio está determinada 1) por la magni-
tud de la plusvalía misma; 2) por la relación del trabajo vivo con el
trabajo acumulado (entre la proporción del capital gastado en salario y
la de capital empleado en cuanto tal). Hay que investigar por separado
las causas que determinan 1) y 2). La ley de la renta, por ejemplo, per-
tenece al 1). Supongamos mientras tanto al trabajo necesario en cuanto
tal; es decir, que el trabajador sólo recibe siempre el mínimo necesario
del salario. Esta suposición es naturalmente necesaria para fijar las le-
yes del beneficio, en la medida en que no son determinadas por el
aumento o descenso del salario o por la influencia de la propiedad de
la tierra. Todas las suposiciones fijas se volverán fluidas en el desarrollo
del análisis. Pero únicamente por el hecho de que son fijadas en el co-
mienzo, es posible el desarrollo, sin confundirlo todo. Además, es prac-
ticamente seguro que, por ejemplo, a pesar de lo diferente que pueda
ser en varias épocas y en varios países el nivel del trabajo necesario, a
pesar de lo diferente que pueda ser su proporción, como consecuencia
de los precios cambiantes de la materia prima o como consecuencia de
la oferta y demanda de trabajo, su proporción o su cantidad, en toda
época dada, el capital ha de considerar y actuar frente a dicho nivel
como si fuese fijo. Considerar estos cambios mismos corresponde por
completo al capítulo que trata del trabajo asalariado.

«El valor cambiable está determinado no por el coste de produc-
ción absoluto, sino por el coste de producción relativo. Si el coste de
producción de oro permaneciera igual, mientras que el coste de produc-
ción de todas las demás cosas pasara a ser el doble, entonces el oro
tendría menos poder de compra que todas las demás cosas que antes; y
su valor cambiable descendería en la mitad; y esta disminución en su
valor de cambio sería precisamente la misma, en efecto, que si el coste
de producción de todas las demás cosas hubiera permanecido invaria-
ble, mientras que el coste de producción de oro hubiera sido reducido
a la mitad» (págs. 56, 57. Torrens, loc. cit.).*% Esto es importante para
los precios. Para la determinación del valor no lo es en absoluto; mera
tautología. Que el valor de una mercancía está determinado por la can-
tidad de trabajo que ella contiene, quiere decir, que dicha mercancía
se cambia por la misma cantidad de trabajo en cualquier otra forma

5% Cfr. THORNTON, An Enquiry, etc., págs. 56-57.

de valor de uso. Está claro, por lo tanto, que si se duplica el tiempo de
trabajo necesario para la producción del objeto a, 1/2 de él es = a su
equivalente anterior b. Puesto que*'” la equivalencia está determinada
por la igualdad del tiempo de trabajo o de la cantidad de trabajo, la
diferencia del valor está naturalmente determinada por la desigualdad
de los mismos; es decir, que el tiempo de trabajo es la medida del
valor.

### 1826. Maquinaria algodonera y trabajadores. Hodgskin

«En 1826 la diversa maquinaria utilizada en la manufactura del algo-
dón ocupaba a 1 hombre para realizar el trabajo de 150. Supongamos
ahora, que sólo están ocupados en ella 280.000 hombres; medio siglo
antes habrían tenido que estar ocupados en ella 42.000.000» (pág. 72)
(Hodgskin).* «El valor relativo de los metales preciosos respecto de
las demás mercancías determina la cantidad de ellos que ha de ser dada
a cambio de otras cosas; y el número de ventas que han de ser efec-
tuadas en un período dado determina, en la medida en que el dinero
es el instrumento para efectuar las ventas, la cantidad de dinero re-
querida» (loc. cit., pág. 188).

«Hay motivo suficiente para creer que la práctica de acuñar mo-
neda tuvo su origen y fue practicada por particulares, antes de que los
gobiernos se hicieran cargo de ella y la monopolizaran. Hasta el mo-
mento, tal es el caso en Rusia». (Véase Storch.)* (Loc. cit., pág. 195.
Nota.)

Hodgskin es de opinión diferente a la del romántico Miiller: «la
Casa de la Moneda sólo acuña lo que le traen los individuos, sin cobrar-
les nada de la forma más absurda por el trabajo de acuñamiento; y
gravando a la nación en beneficio de aquellos que comercian en dinero»
(pág. 194, «Popular Polit. Econ.», etc., London, 1827).

»m1 Cfr. HopcsxiN, Popular Political Economy, etc.
m2 Cfr. SrorcH, Cours, etc. Tome Second, pág. 128 y nota (b).
sm Cfr. HopcsxiN, Popular Political Economy, etc.

*iM «Puesto que»; en ms. «dass» (que).

214 [111] El capítulo del capital

Como la maquinaria crea material en bruto. Industria del lino. Estopa
hilada. Economist

Tras todas estas disgresiones sobre el dinero —y tendremos ocasional-
mente que tomarlas de nuevo antes de acabar este capítulo— volvamos
al punto de partida (véase pág. 25 [supra, pág. 167]). A título de ejem-
plo de cómo también en la industria manufacturera la mejora de la ma-
quinaria y el aumento de la fuerza productiva efectuada por ella crea ma-
terial en bruto (relativamente), en lugar de exigir un aumento absoluto
del mismo: «el sistema fabril en la industria del lino es muy nuevo.
Antes de 1828 la mayor parte de hilo de lino en Irlanda e Inglaterra
era hilado a mano. En esta fecha aproximadamente fue mejorada de
tal forma la maquinaria para hilar lino, especialmente gracias a la per-
severancia del señor Peter Fairbairn, en Leeds, que su uso se volvió
muy general. A partir de esta fecha fueron construidas de forma muy
intensiva hilanderías de lino en Belfast, y otras partes del norte de
Irlanda, así como en diferentes partes, en Yorkshire, Lancashire y Es-
cocia, para hilar lino fino, y en pocos años se abandonó el hilado a
mano... Ahora se fabrica buena estopa hilada con aquello que hace
20 años era arrojado como desecho» (Economist, 31 Aug. 1850).

Maquinaria y plustrabajo.

En toda aplicación de maquinaria —consideremos ante todo el caso tal
como se presenta de forma inmediata cuando un capitalista en lugar
de invertir una parte de su capital en trabajo inmediato, lo invierte en
maquinaria— es sustraída una parte del capital a la parte variable, a
la parte del mismo que se multiplica, es decir, a la parte que se cambia
por trabajo vivo, para añadírsela a la parte constante, cuyo valor sólo
es reproducido o conservado en el producto. Esto ocurre, sin embargo,
para hacer más productiva la parte restante. Primer caso: el valor de
la maquinaria es igual al valor de la capacidad de trabajo que ella sus-
tituye. En este caso, el valor producido de nuevo disminuiría, en lugar

$M Cfr. The Economist, etc. Vol. VIII, n.* 366, August 31, 1850, pág. 954.
Artículo: Can Flax Be Made A Substitute For Cotton? New facilities for flax-
growing.

de aumentar, si el tiempo de plustrabajo de la parte restante de la ca-
pacidad de trabajo no aumentara en la misma medida en que ha dismi-
nuido su número. Si de 100 trabajadores 50 son despedidos y sustitui-
dos por maquinaria, estos 50 restantes tienen que producir tanto tiempo
de plustrabajo como antes 100. Si éstos sobre 1.200 horas de trabajo
trabajaban diariamente 200 horas de trabajo de tiempo de plustra-
bajo, los 50 tienen que crear ahora un tiempo de plustrabajo igual; por
lo tanto, 4 horas diarias, mientras que aquéllos sólo 2. En este caso, el
tiempo de plustrabajo, 50 X 4 = 200, continúa siendo el mismo que
antes, 100 Xx 2 = 200, a pesar de que el tiempo de trabajo absoluto
ha disminuido. En este caso, la situación para el capital, para el que se
trata exclusivamente de la producción de plustrabajo, es la misma. En
este caso, el material en bruto elaborado continuaría siendo el mismo;
por lo tanto, el desembolso respectivo, el desembolso en instrumento
de trabajo habría aumentado; el desembolso en trabajo habría dismi-
nuido. El valor del producto total sería el mismo, porque sería = a la
misma suma de tiempo de trabajo objetivado y de tiempo de plustrabajo.
Un caso de este género no representaría en absoluto ningún incentivo
para el capital. Lo que él hubiera ganado por una parte en tiempo
de plustrabajo, lo perdería en la parte de capital, que entraría en la
producción como trabajo objetivado, es decir, como valor invariable.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la maquinaria entra en el
lugar de instrumentos de producción menos perfectos, los cuales po-
seían algún valor; es decir, que fueron obtenidos en el cambio por una
determinada suma de dinero. Si no para el capitalista que ya está en
el negocio, para el que comienza el negocio de nuevo, hay que deducir
de los costes de la maquinaria la parte del capital, que era utilizada
en el nivel menos desarrollado de la fuerza productiva.

Si, por ejemplo, tan pronto como se introduce la máquina por
1.200 libras (50 capacidades de trabajo), se suprime un gasto anterior de,
digamos, 240 libras en instrumentos de producción, entonces el gasto
de más del capital consiste exclusivamente en 960 libras; el precio de
40 trabajadores al año. En este caso, por lo tanto, si los restantes 50 tra-
bajadores producen exactamente el mismo plustrabajo, que antes 100,
se producirían ahora 200 horas de plustrabajo con un capital de 2.160;
antes con un capital de 2.400. El número de trabajadores ha disminuido
en la mitad; el tiempo de plustrabajo absoluto ha permanecido igual:
200 horas de trabajo igual que antes; el capital invertido en material
de trabajo también ha permanecido igual; pero la relación del plustra-

216 [111] El capítulo del capital

bajo con la parte invariable del capital ha aumentado de forma abso-
luta.+P
Puesto que el capital invertido en material en bruto ha permanecido
igual, el invertido en maquinaria ha aumentado, pero no en la misma
proporción en que ha disminuido el invertido en trabajo, resulta que la
inversión total del capital ha disminuido; el plustrabajo ha permanecido
igual, y por lo tanto, ha aumentado en relación con el capital, no sólo
en la proporción en la que el tiempo de plustrabajo tiene que aumentar,
para continuar siendo el mismo con la mitad de trabajadores, sino en
más; a saber: en la proporción en la que el desembolso por los viejos
instrumentos de producción se descuenta de los costes del nuevo.
Introducción de maquinaria o aumento general de la fuerza produc-
tiva, de forma tal que esta misma fuerza productiva tiene como su
sustrato trabajo objetivado, y por lo tanto, cuesta; si, por lo tanto,
una parte de capital invertida anteriormente en trabajo es invertida como
parte constitutiva de la parte de capital que entra en el proceso de pro-
ducción como valor constante, la introducción de maquinaria sólo puede
tener lugar si la proporción de tiempo de plustrabajo no sólo perma-
nece igual, es decir, aumenta en relación al trabajo vivo utilizado, sino
que aumenta en mayor proporción, que la proporción del valor de la
maquinaria respecto del valor de los trabajadores despedidos. Esto pue-
de ocurrir, bien porque tiene que ser deducido el gasto total, que se
había efectuado en el instrumento de producción anterior. En este caso,
disminuye la suma total del capital invertido, y a pesar de que la pro-
porción de la suma total del trabajo utilizado en relación con la parte
constante del capital ha disminuido, el tiempo de plustrabajo ha per-
manecido igual y, por lo tanto, ha aumentado no sólo en relación con
el capital invertido en trabajo, en relación con el tiempo de trabajo ne-
cesario, sino también en relación con el capital total; en relación con
el valor total del capital (anticipado), porque éste ha disminuido. O
bien el valor de la maquinaria puede ser tan grande como el invertido
antes en trabajo vivo, que ahora se ha convertido en superfluo; pero la

«135 Tachado en el manuscrito: en total 9240 1. La cuestión es la siguiente:

Parte invariable Parte variable. Plustrabajo expresado en días.
del capital.
7.200 240 2.400
300 10 100 16 2/3 días (2 horas por día).
300 40 50 16 2/3 días (4 horas por día).

O expresado en dinero.
7.200 240 2.400

proporción de plustrabajo de la parte restante del capital ha aumentado
de forma tal, que 50 trabajadores no sólo suministran tanto plustra-
bajo, como antes 100, sino más. Digamos, por ejemplo, que cada uno
en lugar de 4 horas, 4 1/2 horas. En este caso es necesario, sin embargo,
una parte mayor de capital para material en bruto, etc.; en resumidas
cuentas, un capital total mayor. Si un capitalista que antes ocupaba
anualmente a 100 trabajadores por 2.400 libras, despide a 50, y coloca
en su lugar a una máquina que vale 1.200 libras, entonces esta máquina
—a pesar de que a él le cuesta tanto como antes los 50 trabajadores—
es el producto de menos trabajadores, porque él le paga al capitalista,
del que compra la máquina, no sólo el trabajo necesario, sino también
el plustrabajo. O bien él habría tenido que ocupar una parte de los
trabajadores para realizar exclusivamente trabajo necesario, si él se hi-
ciera construir la máquina. En el caso de la maquinaria se tiene, por
lo tanto, aumento de plustrabajo con disminución absoluta del tiempo
de trabajo necesario. Puede estar acompañada tanto de una disminu-
ción absoluta del capital utilizado, como de un aumento del mismo.

Capital y beneficio. El valor constituye el producto. — Relación del
trabajador con las condiciones de trabajo en la producción capita-
lista. — Todas las partes del capital producen beneficio. — Relación
entre capital fijo y capital circulante en las fábricas de algodón.
Plustrabajo y beneficio según Senior. Tendencia de la maquinaria
a prolongar el trabajo. — Influencia del transporte en la circula-
ción, etc. — El transporte suprime cada vez más la acumulación. —
Plustrabajo absoluto y maquinaria. Senior

La plusvalía en cuanto creada por el propio capital y medida por su re-
lación numérica con el valor total del capital es el beneficio. El trabajo
vivo en cuanto apropiado por el capital se presenta como su propia
fuerza vital; su fuerza autorreproductora, modificada además por su pro-
pio movimiento, la circulación, y por el tiempo que pertenece a su
propio movimiento, el tiempo de circulación. Únicamente de esta forma
es puesto el capital como valor que se perpetúa y se multiplica, en la
medida en que se diferencia como valor presupuesto de sí mismo en
cuanto valor puesto. Puesto que el capital entra por completo en la
producción, y en cuanto capital sus diferentes partes constitutivas sólo
se diferencian formalmente las unas de las otras, son de forma uniforme
sumas de valor, la creación de valor se presenta como inmanente a ellas
en igual medida. Además, puesto que la parte de capital, que se cam-
bia por trabajo, sólo actúa de forma productiva, en la medida en que

218 [111] El capítulo del capital

las demás partes de capital están unidas a ella —y la proporción de
esta productividad está condicionada por la magnitud de valor, etc., por
la diferente determinación recíproca de estas partes (como capital fijo,
etcétera)—, de esta forma la creación de plusvalía, de beneficio, se
presenta como determinada uniformemente por todas las partes del
capital. Puesto que por una parte las condiciones de trabajo están
puestas como partes constitutivas objetivas del capital, y por otra, el
trabajo mismo está puesto como actividad incorporada a ellas, de esta
forma el proceso de trabajo total se presenta como su <del capital) pro-
pio proceso, y la creación de plusvalía como su producto, cuya magnitud
no es, por lo tanto, medida por el plustrabajo, que él le obliga a realizar
al trabajador, sino como productividad acrecentada que él confiere al
trabajo. El producto auténtico del capital es el beneficio. En este sen-
tido el capital es puesto ahora como fuente de la riqueza. Pero en la
medida en que produce valores de uso, produce valores de uso, pero
valores de uso determinados por el valor: «el valor constituye el pro-
ducto» (Say).* Produce, por lo tanto, para el consumo. En la medida
en que se perpetúa a través de la constante renovación del trabajo, se
presenta como valor permanente, presupuesto para la producción, que
depende de su conservación. En la medida en que se cambia constan-
temente de nuevo por trabajo, se presenta como fondo de trabajo. El
trabajador no puede naturalmente producir sin las condiciones objetivas
del trabajo. Ahora bien, éstas existen en el capital, separadas de él, le
están contrapuestas de forma autónoma. El trabajador sólo se puede
relacionar con ellas como condiciones del trabajo, en la medida en que
su propio trabajo ha sido apropiado previamente por el capital. Desde
el punto de vista del capital las condiciones objetivas del trabajo no se
presentan como algo necesario para el trabajador, sino que lo que se pre-
senta como necesario es que dichas condiciones existan de forma autó-
noma frente a él, la separación del trabajador de ellas, la propiedad de
ellas por parte del capitalista, y el hecho de que la supresión de esa se-
paración sólo se produzca, en la medida en que el trabajador cede su
fuerza productora al capital, a cambio de lo cual ésto lo conserva como
capacidad de trabajo abstracta, es decir, precisamente como mera ca-
pacidad de reproducir la riqueza en cuanto poder*'”? que lo domina y
que se le enfrenta en la forma de capital.

ss Cfr. B. Say, Cours Complet, etc. Tome l, pág. 510.

*15 «poder»; en ed. 1939 «Kraft» (fuerza).

Todas las partes de capital producen, por lo tanto, beneficio simul-
táneamente, tanto la parte circulante (invertida en salario y materia
prima, etc.), como la parte invertida en capital fijo. El capital sólo puede
reproducirse bien en la forma de capital circulante, bien en la forma
de capital fijo. Puesto que, como ya vimos antes al analizar la circu-
lación, su valor retorna de forma diferente, según que esté presupuesto
en una de estas dos formas, y puesto que desde el punto de vista del
capital que produce beneficio el valor no retorna simplemente, sino
que retorna el valor del capital y el beneficio, el valor en cuanto tal y
el valor que se valoriza, de esta manera el capital es puesto en estas dos
formas como capital que produce beneficio de forma diferente. El capi-
tal circulante entra por completo en la circulación, con su valor de uso
como soporte de su valor de cambio; y se intercambia de esta forma
por dinero. Es decir, es vendido por completo, a pesar de cada vez
sólo entra en la circulación una parte del mismo. Sin embargo, en una
rotación ha entrado como producto por completo en el consumo (bien
sea este individual, bien sea de nuevo consumo productivo), y se ha
reproducido por completo como valor. Este valor incluye la plusvalía,
que se presenta ahora como beneficio. Es enajenado como valor de uso,
para ser realizado como valor de cambio. Es, por lo tanto, venta con
beneficio. Por el contrario, hemos visto, que el capital fijo sólo retorna
fraccionadamente a lo largo de varios años, de varios ciclos del capital
circulante, y por cierto sólo en la medida en que es consumido (en el
acto de producción inmediato), en la medida en que entra como valor
de cambio en la circulación y en cuanto tal retorna. Tanto el ingreso
como el retorno del valor de cambio están puestos ahora, sin embargo,
como ingreso y retorno no sólo del valor del capital, sino al mismo
tiempo del beneficio, de forma tal que a cada parte alícuota del capital
corresponde una parte alícuota de beneficio.

«El capitalista espera un beneficio igual de todas las partes del ca-
pital, que él anticipa» (Maltbus, «Principles of Political Economy»,
2 ed., London, 1836, pág. 268).*

«El punto en el que la riqueza y el valor están más estrechamente
conectados es en la necesidad del último para la producción de la pri-
mera» (loc. cit., pág. 301).

[[«El capital fijo» (en las fábricas de algodón) «está normalmente
en una relación de 4: 1 respecto del capital circulante, de forma tal que
cuando un fabricante tiene 50.000 libras, consume 40.000 en la cons-
trucción de su fábrica y en la dotación de maquinaria y sólo 10.000 li-

5% Cfr. Malthus, Principles, etc., pág. 268.

220 [111] El capítulo del capital

bras en la compra de materias primas (algodón, carbón, etc.), y en el
pago de salarios» (Nassau W. Senior, «Letters on the Factory Act», etcé-
tera, 1837, 11, 12). «El capital fijo está sujeto a un deterioro constante,
no sólo por su uso y consumo, sino también por los constantes progresos
técnicos...» (loc. cit.) «Bajo las leyes actuales, en ninguna fábrica
en la que sean empleadas personas de menos de 18 años, se puede tra-
bajar más de 11 1/2 horas al día, es decir, 12 horas durante 5 días y
9 horas el sábado. Ahora bien, el análisis que sigue muestra que, en
una fábrica en la que se trabaja de esta manera, el beneficio neto en su
totalidad procede de la última hora. Un fabricante invierte 100.000 li-
bras —80.000 en su fábrica y maquinaria y 20.000 en materia prima y
salarios—. Rendimiento anual de la fábrica: suponiendo que el capital
rota una vez al año y que el beneficio bruto es el 15 %, sus bienes
tendrán que valer 115.000 libras, producidas por la constante conver-
sión y reconversión de las 20.000 libras de capital circulante de dinero
en bienes y de bienes en dinero» (en realidad, la conversión y reconver-
sión de plustrabajo primero en mercancía y después a su vez en trabajo
necesario, etc.) «en períodos de algo más de dos meses. De estas
115.000 libras cada una de las 23 medias horas de trabajo produce
5/115 o 1/23. De las 23/23 que constituyen las 115.000, 20/23, es
decir, 100.000 libras de las 115.000 sólo reponen el capital; 1/23 (o
5.000 de las 115.000) equivale al deterioro de la fábrica y la maquinaria.
Los restantes 2/23, es decir, las 2 últimas de las 23 medias horas de cada
día, produce el beneficio neto del 10 %. Si, en consecuencia (permane-
ciendo los precios igual), la fábrica pudiera ser mantenida en actividad
durante 13 horas en lugar de 11 1/2, con una adición de 2.600 libras
al capital circulante, el beneficio neto sería más del doble». (Es decir,
2.600 serían trabajados, sin que fuera utilizado proporcionalmente más
capital fijo, y sin pagar el trabajo en absoluto. El beneficio bruto y
neto es = al material, que es elaborado gratis para el capitalista, y na-
turalmente una hora más es = 100 %, si el plustrabajo, como presupone
erróneamente el señor Mierda, sólo es = 1/12 de día o, como dice
Senior, sólo el 2/23.) «Por otra parte, si las horas de trabajo son redu-
cidas diariamente en 1 hora (permaneciendo los precios igual), el be-
neficio neto sería destruido, si se reduce en 1 1/2 horas también el bene-
ficio bruto. El capital circulante sería repuesto, pero no se repondría
el fondo para compensar el deterioro progresivo del capital fijo» (12,
13). (Los datos del señor Senior son tan falsos, como importante es su

e Cfr. SenJoR, Letters on the Factory Act, etc., pág. 12.

ilustración para nuestra teoría.) «La relación del capital fijo con el ca-
pital circulante aumenta constantemente por dos razones: 1) por la
tendencia del progreso técnico a transferir cada vez más a la máquina
el trabajo de la producción...; 2) como consecuencia de las mejoras en
los medios de transporte y de la consiguiente disminución del stock de
materias primas en las manos del fabricante esperando ser utilizadas.
Anteriormente, cuando el carbón y el algodón eran transportados en
barco, la incertidumbre y la irregularidad del suministro obligaba al fa-
bricante a tener disponible el consumo de 2 o 3 meses. Ahora, el ferro-
carril se lo trae semana por semana, o mejor día por día, del puerto o
de la mina. En estas circunstancias, puedo prever con exactitud, que
en muy pocos años, el capital fijo en lugar de su proporción actual, es-
tará en una relación de 6 o 7, o incluso 10 a 1 respecto del capital
circulante; y consiguientemente, que las razones para prolongar las ho-
ras de trabajo serán mayores, como único medio gracias al cual pueda
convertirse en lucrativa una proporción mayor de capital fijo. «Cuando
un trabajador», me dice Mr. Ashworth, «deja a un lado su pala, hace
inútil durante este período un capital de 18 d. Cuando uno de nuestros
trabajadores deja la fábrica, hace inútil un capital que ha costado 100 li-
bras» (13, 14).]] [[Ésta es una hermosa demostración, de como, bajo
el imperio del capital, la utilización de maquinaria no acorta el trabajo,
sino que lo prolonga. Lo que acorta es el tiempo de trabajo necesario,
no el tiempo de trabajo necesario para el capitalista. Puesto que el ca-
pital fijo se devalúa, en la medida en que no es utilizado en la produc-
ción, el crecimiento del mismo está unido a la tendencia a convertir en
perpetuo. Por lo que se refiere al otro punto resaltado por Senior, la dis-
minución del capital circulante en relación con el capital fijo sería tan
grande como él supone, si los precios permanecieran constantes. Sin
embargo, si, por ejemplo, el algodón, según el cálculo medio, cae por
debajo de su precio medio, entonces el fabricante comprará reservas
tan grandes como se lo permita su capital flotante y viceversa. En el
caso del carbón, en el que se puede prever que la producción procederá
de forma uniforme y que no habrá circunstancias especiales que ocasio-
nen un aumento extraordinario de la demanda, la observación de Senior
es correcta. Hemos visto, que el transporte (y los medios de circulación,
por lo tanto) no determinan la circulación, en la medida en que ellos
afectan al transporte del producto al mercado o a su transformación en
mercancía. Pues desde este punto de vista están incluidos en la fase
de producción. Pero si determinan la circulación, en la medida en que
1) determinan el retorno; 2) determinan la reconversión del capital de
la forma dinero en la de condiciones de producción. El capitalista ne-

222 [111] El capítulo del capital

cesita comprar una reserva tanto menor de material y materias ins-
trumentales, cuanto más rápida e ininterrumpida es su oferta. Él pue-
de, por lo tanto, hacer rotar o reproducir tanto más a menudo el mismo
capital circulante en esta forma, en lugar de tenerlo como capital inac-
tivo. Por otra parte, como ya ha observado Sismondi, esto repercutirá,
a su vez, en que el comerciante al por menor, el tendero, podrá renovar
de forma tanto más rápida sus existencias y, por lo tanto, le será me-
nos necesario tener mercancías en reservas, porque en cualquier mo-
mento puede renovar el suministro. Todo esto muestra como, con el
desarrollo de la producción, disminuye la acumulación en el sentido de
almacenamiento; sólo aumenta en la forma de capital fijo, mientras
que, sin embargo, el trabajo simultáneo continuo (la producción) aumen-
ta tanto en su regularidad como en su intensidad y en su volumen. La
velocidad de los medios de transporte, juntamente con su universalidad,
hace que la necesidad de trabajo antecedente, por lo que al capital circu-
lante se refiere, se transforme cada vez más (con excepción de la agri-
cultura) en la necesidad de una producción diferenciada, interdependiente
y simultánea. Esta observación es importante para la sección sobre la
acumulación.]] «Nuestras fábricas de algodón, en sus comienzos, eran
mantenidas en actividad las 24 horas. La dificultad de limpiar y reparar
la maquinaria, y la responsabilidad dividida, que procede de la nece-
sidad de emplear un cuerpo doble de capataces, contables, etc., casi
ha puesto fin a esta práctica, pero hasta que la Hobhouse's Act las re-
dujera a 69 horas, nuestras fábricas trabajaban generalmente de 70 a
80 horas por semana» (pág. 15, loc. cit.).*

Fábricas de algodón en Inglaterra. Trabajadores. Ejemplo relativo
a la maquinaria y el plustrabajo. — Ejemplo de Symons. Glasgow.
Fábrica con telares mecánicos, etc. (Estos ejemplos sirven para el
problema de la tasa de beneficios.) — Maneras diversas a través de
las cuales la maquinaria reduce el trabajo necesario. Gaskell. —
Trabajo como mercado inmediato para el capital.

«Según Baines una fábrica para hilar algodón de primera categoría no
puede ser construida, dotada de maquinaria y equipada con máquinas
de vapor e instalaciones de gas, por menos de 100.000 libras. Una má-
quina de vapor de 100 caballos de fuerza puede poner en movimiento
50.000 husos, que pueden producir 62.500 millas de hilo de algodón

se Cfr. SENIOR, Letters, etc., pág. 15.

fino al día. En una fábrica de este tipo, 1.000 personas podrán hilar
tanto hilo como podrían hacerlo 250.000 sin maquinaria» (pág. 75,
S. Laing, «National Distress», etc., London, 1844).

«Si los beneficios disminuyen, el capital circulante tiene la tenden-
cia a convertirse hasta cierto punto en capital fijo. Si el interés es el 5 %,
el capital no es utilizado para construir carreteras, canales o ferrocarri-
les, hasta que dichas actividades no rinden un porcentaje similar; pero
si el interés es sólo el 4 %, o el 3 %, el capital se invertirá en tales
mejoras, incluso si se obtiene un porcentaje proporcionalmente menor.
Sociedades por acciones, para realizar grandes mejoras, son el resultado
natural de una tasa de beneficio decreciente. Esto induce, por lo tanto,
a los individuos a fijar sus capitales en la forma de edificios y maqui-
naria» (pág. 232, Hopkims Th.), «Great Britain for tbe last 40 years»,
etcétera, London, 1834) «McCulloch estima de la siguiente manera el
número y los ingresos de los individuos ocupados en la industria algo-
donera:

833.000 tejedores, hilanderos, OA etc., a

24 libras cada uno al año. . . . . £ 20.000.000
111.000 carpinteros, mecánicos, constructores s de

máquinas, etc., a 30 libras cada uno. . . . £ 3.330.000
Beneficio, supervisión, carbón y mateciales de

las máquinas. . . . . . . . . . . . . £ 6.667.000*'”
994.000... . . . . . . . . . . . £ 30.000.000

De los 6 2/3 millones, se supone que 2 millones son gastados en car-
bón, acero, y otros materiales, maquinaria y otros gastos, los cuales darán
empleo a 30 libras al año a 66.666, lo que hace una población total
empleada de 1.010.666; a éstos hay que añadir la 1/2 del número entre
niños, ancianos, etc., dependientes de aquellos que trabajan, es decir,
una cantidad adicional de 505.330; tenemos, pues, un total de
1.515.996 personas que son mantenidas con los salarios. A éstos hay
que añadir aquellos que son mantenidos, directa o indirectamente por
los 4 2/3 millones de beneficio, etc.» (Hopkins, loc. cit., 336, 337). Se-
gún este cómputo, por lo tanto, hay 833.000 personas directamente
ocupadas en la producción; 177.666**” en la producción de maquinaria
y de las materias instrumentales, que son seguidas simplemente como

*12 «6.667.000»; debería decir «6.670.000».
*1B «177.666»; en ed. 1939 «176.666».

224 [111] El capítulo del capital

consecuencia de la utilización de maquinaria. Estos últimos son com-
putados, sin embargo, a 30 libras por cabeza; para resolver, por lo tanto,
su número en trabajo de la misma calidad que el de los 833.000, ha-
bría que computarlo a 24 libras por cabeza; según esto, 5.333.000 li-
bras*'”* darían alrededor de 222.208 trabajadores; esto daría aproxi-
madamente la proporción de 1 trabajador ocupado en la producción de
maquinaria y materias instrumentales por 3 3/4 trabajadores ocupados
en la producción de productos de algodón. Menos de 1 a 4; pero supon-
gamos por comodidad que es de Ja 4. Si ahora los 4 trabajadores res-
"tantes sólo trabajaran lo mismo que antes 5, si, por lo tanto, cada uno
sólo produjera 1/4 de tiempo de plustrabajo más, entonces no habría
ningún beneficio para el capital. Los 4 restantes tienen que suministrar
más plustrabajo que los 5 antes; o bien el número de trabajadores em-
pleado en la maquinaria tiene que ser menor que el número de trabaja-
dores desplazados por la máquina. La maquinaria sólo es rentable para
el capital en la proporción en la que aumenta el tiempo de plustrabajo
de los trabajadores ocupados en la maquinaria (no en la medida en que
lo reduce; sino únicamente en la medida en que aumenta**” la relación
del tiempo de plustrabajo con el trabajo necesario, de forma tal que
este último no sólo disminuye relativamente, si bien permaneciendo
invariable el número de días de trabajo simultáneos, sino que dismi-
nuye absolutamente).

El aumento del tiempo absoluto de plustrabajo*'” presupone el
mismo número o un número creciente de días de trabajo simultáneo;
es decir, el aumento de la fuerza productiva mediante la división del
trabajo, etc. En ambos casos, el tiempo de trabajo total continúa siendo
el mismo o aumenta. Con la utilización de maquinaria aumenta el tiem-
po de plustrabajo relativo no sólo en relación con el tiempo de trabajo
necesario y, por lo tanto, relativamente al tiempo de trabajo total, sino
que aumenta en relación con el tiempo de trabajo necesario, mientras
que el trabajo total disminuye, es decir, disminuye el número de días
de trabajo simultáneos (en relación con el tiempo de plustrabajo).

Un fabricante de Glasgow le dio a 5Symons (J. C.), «Arts and Artisans
at Home and Abroad. Edimb. 1829» los siguientes datos: (damos aquí
algunos, para tener ejemplos de la relación entre capital fijo, circu-
lante, la parte de capital invertida en salarios, etc.):

*12  «5,333.000»; en ms. «5.333.000» millones.

*I80 «aumenta»; en ed. 1939 «vermindert» (disminuye).

*131 «tiempo absoluto de plustrabajo»; en ed. 1939 «der absoluten Ar-
beitszeit» (tiempo de trabajo absoluto).

Glasgow: «Los gastos de construcción de una fábrica de telares
mecánicos de 500 telares, calculada para tejer un cálico de buena calidad,
o tela de camisa, tal como se fabrica generalmente en Glasgow serían

aproximadamente. . . . . E 18.000
Producto anual; digamos 150 000 piezas de 24 yar-
das a6sh . ..... . £ 45.000

Cuyos costes se stibayia así:
Interés del capital invertido y por depreciación del

valor de la maquinaria. . . Ad £ 1.800
Fuerza motriz, aceite, grasa, etc., mantenimiento de

la maquinaria, herramientas, etc. . . . . . . . £ 2.000

Hilado y lino. . . . o... . £ 32.000

Salarios de los trabajadores. a o io Y 900

Beneficio previsto. . . . . . . . . +. . . £ 1.700

45.000»

(pág. 233)

Si damos por supuesto un interés del 5 % sobre la maquinaria, en-
tonces el beneficio bruto es 1.700 + 900 = 2.600. Sin embargo, el capi-
tal invertido en salario es de 7.500. La relación del beneficio con el
salario es, por lo tanto = 5 1/5: 15, es decir = 34 2/3 %.

«Gastos probables de la construcción de una fábrica para bilar al-
godón con hiladoras manuales, calculada para producir un Nr. 40 de
una calidad media buena. . . . . . . . . . +. £ 23.000

Si son automáticas, 2.000 libras más.
Producto anual a los precios actuales de los artículos
de algodón y a las tasas a las que pueden ser vendidos
A A

Cuyos costes se distribuyen de la siguiente forma:
Interés del capital invertido, descuento por la depre-

ciación del valor de la maquinaria 10 %.. + . . . £ 2.300
Algodón. . . . , £ 14.000
Fuerza motriz, de ersa, dá E gastos generales

para mantener y reparar herramientas y la maquinaria. £ 1.800

Salarios de los trabajadores. . . . . . . . . £ 5.400
Beneficio. . . . . . . .. . .. . .. . . . £ 1.500
25.000»

(pág. 234)

226 [111] El capítulo del capital

(Se supone, por lo tanto, un capital flotante de 7.000 libras, puesto
que 1.500 es el 5 % de 30.000.)

«Se supone que el producto de la fábrica son 10.000 libras semana-
les» (234, loc. cit.). Aquí, por lo tanto, el beneficio = 1.150 + 1.500 =

= 2.650; 2.650:5.400 (salario) = 1:2 E = 49 Ss %.

53 108

«Coste de una fábrica para hilar algodón de 10.000
busos, calculada para producir-un No. 24 de buena

calidad . . . . £ 20.000
Considerando el valor actual del producto, el Dl:

ducto anual costaría. . . . £ 23.000
Interés del capital invertido, depreciación “del valor

de la maquinaria al 10%. . . . . . . . . . £ 2.000

Algodón. . . . ; . £ 13.300
Fuerza motriz, grasa, aceite, das. mantenimiento y re-

paración de la maquinaria, etc. . . . . . . . . £ 2.500

Salarios de los trabajadores. . . . . . . . . £ 3.800

Beneficio. . . . . . . . . . ... . . . £ 1.400

23.000»

(pág. 235)

El beneficio bruto es, por lo tanto = 2.400; salarios 3.800;

2.400: 3.800 = 24: 38 = 12:19 = 63 = %.

En el primer caso 34 = %; en el segundo, 49 =. % y en el últi-

mo 63 20, En el primer caso, el salario es 1/6 del precio total del

producto; en el segundo, más de 1/5; *'” en el último, menos de 1/6.*'*
Pero en el primer caso la relación del salario con el valor del capi-

tal = 1:4—; en el segundo caso = 152. en el tercero = 1:72 00
15 27 19
Para que el porcentaje de beneficio continúe siendo el mismo, tiene

naturalmente que aumentar el beneficio sobre la parte invertida en sa-

*132 «1/5»; en ed. 1939 «1/4».
*I33 «menos de»; en ed. 1939 «úber» (más de).
*14  «1:7 2/19»; en ms. «1:7 7/19».

lario en la misma proporción en que disminuye la proporción total de
la parte invertida en salario respecto de la parte de capital invertida
en maquinaria y capital circulante (que es, en conjunto, en el primer
caso 34.000; en el segundo, 30.000; en el tercero, 28.000).

La disminución absoluta del trabajo total, es decir, del día de tra-
bajo multiplicado por el número de días de trabajo simultáneos, en
relación con el plustrabajo, puede presentarse de doble manera. En la
forma previamente indicada, consistente en que una parte de los traba-
jadores ocupados hasta el momento son despedidos como consecuencia
de la utilización de capital fijo (maquinaria). O bien en la forma de que
la introducción de la maquinaria reduce el aumento de los días de tra-
bajo utilizados, a pesar de que la productividad aumenta y aumenta
además en mayor proporción (of course) de lo que disminuye como
consecuencia del «valor» de la maquinaria recién introducida. En la
medida en que el capital fijo tiene valor, no aumenta sino que dismi-
nuye la productividad del trabajo. «El excedente de mano de obra per-
mitiría a los fabricantes reducir el precio del salario; pero la certidumbre
de que cualquier reducción considerable sería seguida por pérdidas in-
mediatas e inmensas, como consecuencia de abandonos del trabajo, paros
prolongados y otros obstáculos que se presentarían en su camino, les
hace preferir un proceso más lento de mejoras técnicas, con el cual, aun-
que se podría triplicar la producción, no se requirirían nuevos hom-
bres» (Gaskell, «Artisans and Machinery», London, 1836) (pág. 314).
«Cuando las mejoras no desplazan por completo al trabajador, capacitan
a un hombre para producir, o mejor dicho, para supervisar la produc-
ción de una cantidad que ahora requiere diez o veinte trabajadores»
(315, loc. cit.). «Se han inventado máquinas que permiten a un hombre
producir tanto hilo como el que podrían haber producido 250, o in-
cluso 300 hombres hace 70 años, y a 1 hombre y 1 niño estampar tanto
tejido como el que podrían haber estampado antes 100 hombres y
100 niños. Los 150.000 trabajadores en las fábricas de hilar producen
tanto hilo como el que habrían podido producir 40 millones con el
huso de un solo hilo» (316, loc. cit.).

«Se puede decir, que el mercado inmediato para el capital, o el
terreno de acción del capital, es el trabajo. La cantidad de capital que
puede ser invertida en un momento dado, en un país dado, o en el
mundo, de forma tal que no rinda menos de una tasa dada de beneficio,
parece depender principalmente de la cantidad de trabajo, que es posi-
ble inducir a realizar al número existente de seres humanos, al invertir
dicho capital» (pág. 20, «An Inquiry into those Principles respecting

228 [111] El capítulo del capital

tbe Nature of Demand», etc., London, 1821). (De un ricardiano contra
los «Principles» de Malthus, etc.)

Enajenación de las condiciones de trabajo del trabajo con el desa-
rrollo del capital. (Inversión.) La inversión es el fundamento del
modo de producción capitalista, no sólo de su distribución

El hecho de que con el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo
tienen que aumentar las condiciones objetivas del trabajo, el trabajo ob-
jetivado, en relación con el trabajo vivo —realmente ésta es una tesis
tautológica, pues qué quiere decir fuerza productiva creciente del tra-
bajo, sino que se requiere menos trabajo inmediato para crear un pro-
ducto mayor y que, por lo tanto, la riqueza social se expresa cada vez
más en las condiciones de trabajo creadas por el trabajo mismo—, se
presenta desde el punto de vista del capital de forma tal, que no es
el momento de la actividad social —el trabajo objetivado— el que se
convierte en cuerpo siempre más poderoso del otro momento, del sub-
jetivo, del trabajo vivo, sino que se presenta en la forma de que —y
esto es importante para el trabajo asalariado— las condiciones objetivas
del trabajo asumen una autonomía cada vez más colosal frente al trabajo
vivo, que se manifiesta a través de su propia extensión, y en que la
riqueza social se contrapone al trabajo en porciones cada vez más po-
derosas como poder ajeno y dominante. El acento no es puesto sobre
el estar-objetivado, sino sobre el estar-enajenado, el estar-alienado, el
estar-extrañado, sobre el no-pertenecer-al-trabajador, sino a las condicio-
nes de producción personificadas, es decir, sobre el pertenecer-al-capital
este inmenso poder objetivo, que el trabajo social se ha contrapuesto a sí
mismo como uno de sus momentos. En la medida en que, desde el punto
de vista del capital y del trabajo asalariado, tiene lugar la creación de
este cuerpo objetivado de la actividad, en contraposición a la capacidad
de trabajo inmediata —este proceso de la objetivación desde el pun-
to de vista del trabajo, o como apropiación de trabajo ajeno desde el
punto de vista del capital —, esta distorsión e inversión es una distorsión
e inversión real, no meramente ideal, es decir, no una distorsión e in-
versión que sólo existe en la representación de los trabajadores y los
capitalistas. Evidentemente, este proceso de inversión es, sin embargo,
pura necesidad histórica, pura necesidad para el desarrollo de las fuerzas
productivas desde un punto de partida histórico determinado, o desde
una base históricamente determinada, pero en modo alguno una necesi-
dad absoluta de la producción; más bien es una necesidad evanescente,

y el resultado y la finalidad (inmanente) de este proceso es suprimir la
base misma, así como la forma del proceso. Los economistas burgueses
están hasta tal punto presos en las representaciones de un estadio his-
tórico determinado de la sociedad, que la necesidad de la objetivación
de las fuerzas sociales del trabajo se les presenta como inseparablemente
unida a la necesidad de la enajenación de las mismas frente al trabajo
vivo. Sin embargo, con la supresión del carácter inmediato del traba-
jo vivo, en cuanto mero trabajo individual, o en cuanto mero trabajo
interno, o mero trabajo externamente general, con la colocación de la
actividad de los individuos como actividad inmediatamente general o
social, se elimina esta forma de enajenación en los momentos objetivos
de la producción; de esta forma son puestos como propiedad, como el
cuerpo social orgánico, en el que los individuos se reproducen en cuanto
individuos, pero en cuanto individuos sociales. Las condiciones que po-
sibilitan el existir en cuanto individuos sociales en la reproducción de
su vida, en su proceso vital productivo, son puestas por primera vez
mediante el propio proceso económico histórico; tanto las condiciones
objetivas como las subjetivas, que no son más que las dos formas dife-
rentes de las mismas condiciones.

La falta de propiedad del trabajador y la propiedad del trabajo ob-
jetivado sobre el trabajo vivo, o la apropiación de trabajo ajeno por el
capital —ambos sólo expresan la misma relación desde dos polos opues-
tos— son condiciones básicas del modo de producción burgués, y en
modo alguno contingencias que le son indiferentes. Estas relaciones de
distribución son las propias relaciones de producción, sólo que sub
specie distributionis. Es, por lo tanto, completamente absurdo, lo que
dice, por ejemplo, J. St. Mill («Principles of Political Economy», Lon-
don, 1848, t. I, pág. 240): «las leyes y condiciones de la producción
de la riqueza participan del carácter de las verdades físicas... No ocurre
lo mismo con la distribución de la riqueza. Ésta es exclusivamente una
cuestión de instituciones humanas» (págs. 239, 240). Las «leyes y con-
diciones» de la producción de la riqueza y las leyes de la «distribución
de la riqueza» son las mismas leyes bajo forma diferente, y ambas cam-
bian, experimentan el mismo proceso histórico; en general, son sólo
momentos de un proceso histórico.

No es necesaria una agudeza especial, para comprender que, partien-
do, por ejemplo, del trabajo libre que procede de la disolución de la
servidumbre de la gleba, o del trabajo asalariado, las máquinas en con-
traposición al trabajo vivo sólo podían surgir en cuanto propiedad ajena
y en cuanto poder hostil frente a dicho trabajo; es decir, que las má-
quinas tenían que enfrentársele como capital. Pero es igualmente fácil

230 [111] El capítulo del capital

darse cuenta que las máquinas no dejan de ser agentes de la producción
social, tan pronto como, por ejemplo, pasan a ser propiedad de los tra-
bajadores asociados. En el primer caso, sin embargo, su distribución,
es decir, el hecho de que no pertenecen al trabajador, es asimismo con-
dición del modo de producción que se basa sobre el trabajo asalariado.
En el segundo caso, la distribución modificada tendría como punto de
partida una nueva base de la producción, una base modificada, que
sólo ha surgido a través de un proceso histórico.

Merivale. Sustituir la dependencia natural del trabajador en las
colonias por restricciones artificiales

El oro, en el lenguaje figurado de los peruanos, es designado como
«las lágrimas derramadas por el Sol» (Prescott).* «Sin utilización de
las herramientas o de la maquinaria familiar a los europeos, cada indi-
viduo» (en Perú) «no habría podido producir apenas nada; pero ac-
tuando en grandes masas y bajo una dirección común, fueron capaces,
con una perseverancia infatigable, de alcanzar resultados, etc.» (loc.
cit.).*

[[El dinero que aparece entre los mexicanos (aunque domina el
trueque y la propiedad de la tierra oriental) es «un medio de circulación
regulado de diferentes valores. Consiste en canutos transparentes de
polvo de oro; en pedazos de estaño cortados en forma de T y en bolsas
de cacao, que contienen un número determinado de granos. “O felicem
monetam”, dice Pedro Mártir (de Orbe novo), “quae suavem utilemque
praebet humano generi potum, et a tartarea peste avaritiae suos inmu-
nes servat possessores, quod suffodi aut diu servari nequeat”»*'* (Pres-
cott)." «Eschwege (1823) estima el valor total de los diamantes tra-
bajados en 80 años en una suma que apenas si excede el valor del
producto de 18 meses de azúcar o de café en Brasil» (Merivale).* «Los

5 Cfr. Prescott, History of the Conquest of Peru. 4'. ed. 3 vols. London
1850. Vol. 1, pág. 92.

sw Cfr. Prescott, History, etc., Vol. 1, pág. 127.
$01 Cfr. Prescott, History, etc., Vol. 1, pág. 123.

62 Cfr. H. A. M. MERIVALE, Lectures on Colonization, etc. London 1841,
Volume the First, pág. 52 nota.

*135  «¡Oh, dichosa moneda, que procura al género humano una bebida suave

y nutritiva, y hace a sus poseedores inmunes a la peste infernal de la avaricia,
ya que no se la puede enterrar ni conservar largo tiempo! »

primeros colonos británicos (en Norteamérica) cultivaban en común el
terreno libre alrededor de sus aldeas... esta costumbre estuvo en vigor
en Virginia hasta 1619», etc. (Merivale, t. 1, págs. 91-92) (Cuaderno
pág. 52). («Las Cortes de Valladolid le hicieron a Felipe II la siguiente
petición: “Las Cortes de Valladolid del año 48 suplicaron a V. M. que
no permitiera la entrada en el reino de velas, vasos, quincallería, cu-
chillos y otras cosas parecidas que son traídas de fuera, para cambiar
estos artículos tan inútiles para la vida humana por oro, como si los
españoles fueran indios”» (Sempere).

«En las colonias densamente pobladas, el trabajador, aunque libre,
depende naturalmente del capitalista; en las colonias escasamente po-
bladas, la ausencia de esta dependencia natural tiene que ser suplida
por restricciones artificiales» (Merivale, 314, v. II, «Lectures on Colo-
nisation», etc., London, 1841, 1842).

Cómo la máquina ahorra material, etc. Pan. Dureau de la Malle
Dinero romano: aes grave, libra de cobre (emere per aes et libram).** “
Éste es el as.” En el 485 a. u. c.* los denarios de plata = 10 ases
(40 de estos denarii eran igual a una libra; en el año 510 [a. u. c.]
75 denarios eran igual a una libra; cada denario es todavía = 10 ases,
pero 10 ases de 4 onzas). En el año 513 el as se reduce a 2 onzas; el
denario continúa siendo = 10 ases, pero ahora sólo es igual a 1/84 de
una libra de plata. Esta última cifra -1/84, se mantuvo hasta el final
de la República, pero en el 537 el denario valía 16 ases de una onza
y en el 665 también 16 ases, pero de media onza...** En el año 485 de
la República, el denario de plata era = 1,63 francos; en el 510 = 87 cén-
timos; entre el 513 y el 507 = 78 céntimos.* Desde Galba hasta

$0 Cfr. MERIVALE, Lectures, etc., Volume the First, págs. 91-92. La indica-
ción pág. 52 se refiere al cuaderno de extractos de Marx.

60% Cfr. SEMPERE Y GUARINOS, Considerations sur les Causes de la Grandeur
et de la Décadence de la Monarchie Espagnole. Paris 1826. Tome Premier, pá-
ginas 275-276.

ss Cfr. DureEAU DE LA MALLE, Économie, etc. T. 1, pág. 15.

ss Cfr. DUREAU DE LA MALLE, Économie, etc. T. 1, págs. 15-16.

e Cfr. Dureau DE LA MALLE, Économie, etc. T. l, pág. 46.

es Cfr. DurEau DE LA MALLE, Économie, etc. T. I, pág. 448.

*136 Comprar mediante el as y la libra.

*137 ¿5 0 libra=12 onzas; 1 onza=24 scrupula; 288 scrupula constituyen una
libra.

*1% a. u. c. significa ab urbe condita=de la fundación de la ciudad.

232 [111] El capítulo del capital

Antonio 1 franco”” (Dureau de la Malle, t. 1.). En la época del primer
denario de plata, la relación entre la libra de plata y la libra de cobre
era = 400:1.%” Al comienzo de la segunda guerra púnica = 112:1
(loc. cit., t. 1, págs. 76, 81-82). * «Las colonias griegas en el sur de
Italia obtenían la plata de Grecia y Asia, directamente o a través de Tiro
y Cartago, de la cual fabricaban las monedas desde el siglo vi y v a. C.
A pesar de esta vecindad, los romanos proscribieron por motivos políti-
cos el uso del oro y la plata. El pueblo y el senado tenían la impresión de
que un medio de circulación tan fácil llevaría consigo la concentración,
el aumento de los esclavos, la destrucción de las antiguas costumbres y
de la agricultura» (loc. cit., págs. 64, 65). «Según Varrón, el esclavo es
un instrumento que habla; el animal, un instrumento semimudo; el
arado un instrumento mudo» (loc. cit., págs. 253, 254). (El consumo
diario de un ciudadano de Roma consistía en algo más de 2 libras fran-
cesas; el de un campesino consiste en 3 libras.*"* Un parisino consu-
me 0,93 en pan; un campesino en los 20 departamentos, en los que el
trigo es el alimento principal, 1,70 (loc. cit.).** En Italia (en la actuali-
dad) 1 libra y 8 onzas, allí donde el trigo es el alimento principal. ¿Por
qué comían los romanos proporcionalmente más? Originariamente co-
mían el trigo crudo o simplemente ablandado en agua; después se les
ocurrió cocerlo... Más tarde se llegó al arte de molerlo, y al comienzo
se comía cruda la pasta hecha con esta harina. Se utilizaba para moler
el grano bien un pisón o dos piedras limadas y hechas girar la una so-
bre la otra... Esta pasta cruda, estas gachas, se las preparaba el soldado
romano para varios días... Después se inventó el harnero, que limpia
el grano, y se encontró el medio de separar la harina del afrecho; fi-
nalmente se añadió la levadura, y primeramente se comió el pan crudo,
hasta que el azar enseñó que, cociéndolo, se impedía que se agriara y
se conservaba mucho más tiempo. Sólo tras la guerra contra Perseo,
en el 580, tenía Roma panaderos» (pág. 279, loc. cit.).** «Antes de la
era cristiana los romanos no conocían los molinos de viento» (280, loc.
cit.). «Parmentier ha demostrado que, en Francia, desde Luis XIV, el
arte de la molienda ha hecho grandes progresos y que la diferencia

sw Cfr. Dureau DE LA MALLE, Économie, etc. T. l,
$10 Cfr. Dureau DE LA MALLE, Économie, etc. T. I, .
611 Cfr. DUREAU DE LA MALLE, Économie, etc. T. l, págs. 81-82.
612 Cfr. DureaUu DE LA MALLE, Économie, etc. T. l,

TL,

618 Cfr. Dureau DE LA MALLE, Économie, etc. DÁEE: 277- 279.

*132 «3 libras»; en ed. 1939 «mehr als 3 livres» (más de tres libras).

entre la vieja y la nueva molienda alcanza hasta 1/2 del pan obtenido
con el mismo trigo. En un comienzo se destinaba 4, después 3, des-
pués 2, después finalmente 1 1/3 setiers de trigo para el consumo anual
de un habitante de París...** Así se explica fácilmente la enorme des-
proporción entre el consumo diario de trigo entre los romanos y entre
nosotros; a partir de la imperfección de los procedimientos de mo-
lienda y panificación» (pág. 281, loc. cit.). «La ley agraria consistía en
una limitación de la propiedad de la tierra entre los ciudadanos activos.
La limitación de la propiedad era el fundamento de la existencia y
prosperidad de las antiguas repúblicas» (loc. cit., pág. 256). «Las
rentas del estado consistían en dominios, contribuciones en especie,
corvées, y algunos impuestos en dinero pagados a la entrada y a la sa-
lida de las mercancías, o percibidos sobre la renta de ciertos géneros.
Esta costumbre... existía casi sin modificación en el imperio otomano...
En la época de la dictadura de Sila, o incluso al final del siglo vir, la
República romana sólo tuvo unos ingresos de 40 millones de francos
anuales, año 697... En 1780, la renta del sultán turco, en piastras en
metálico, sólo suponía 35.000.000 de piastras o 70 millones de fran-
cos... Los romanos y los turcos percibían en especie la mayor parte de
su renta. Entre los romanos... 1/10 de los granos, 1/5 de los frutos;
entre los turcos entre un 1/2 y 1/10, según los productos... Puesto
que el Imperio romano sólo era una inmensa aglomeración de muni-
cipios independientes, la mayor parte de las cargas y los gastos con-
tinuaron siendo comunales» (págs. 402-405). (La Roma de Augusto y
Nerón, sin los suburbios, sólo tenía 266.684 habitantes.”* Si suponemos
que en el siglo 1v de la era cristiana los suburbios tenían 120.000 habi-
tantes, el recinto de Aureliano 382.695, en total tenemos 502.695;
30.000 soldados y 30.000 extranjeros; en total, redondeando la suma,
562.000 cabezas.*” Madrid, capital de una parte de Europa y de la mitad
del nuevo mundo durante siglo y medio desde Carlos V, tenía muchas
similitudes con Roma. Tampoco su población aumentó en proporción
a su significación política (405, 406, loc. cit.).*%* «El estado social de
los romanos se parecía entonces mucho más al de Rusia o al del Imperio
otomano que al de Francia o al de Inglaterra: poco comercio o in-
dustria; fortunas inmensas al lado de una miseria extrema» (pág. 214,

6% Cfr. Dureau DE LA MALLE, Économie, etc. T. I, pág. 280.

es Cfr. DureEau DE LA MALLE, Économie, etc. T. Il, pág. 256. El texto
inglés es traducción de Marx del francés.

816 Cfr. Dureau DE LA MALLE, Économie, etc. T. l, pág. 370.

617 Cfr. Dureau DE LA MaLLE, Économie, etc. T. 1, pág. 403.

68 Cfr. Dureau DE LA MALLE, Économie, etc. T. 1, págs. 405-406.

loc. cit.).* (El lujo sólo existía en la capital y en los lugares de resi-
dencia de los sátrapas romanos.) «La Italia romana, desde la destruc-
ción de Cartago hasta la fundación de Constantinopla, había existido,
frente a Grecia y a Oriente, en el mismo estado en el que se ha encon-
trado España durante el siglo xvii frente a Europa. Alberoni decía:
«España es a Europa lo que la boca al cuerpo; todo pasa, nada queda»
(loc. cit., págs. 399-400).

Originariamente la usura era libre en Roma. La ley de las 12 ta-
blas (303 a. u. c.) había fijado el interés del dinero en el 1 % anual.
(Niebuhr dice el 10).% Estas leyes fueron prontamente violadas. Duilio
(398 a. u. c.) redujo de nuevo el interés del dinero al 1 %, uniciario
faenore. En el 408 se redujo a 1/2 %; en el 413, el préstamo con
interés fue totalmente prohibido por un plebiscito provocado por el
tribuno Genucio. No es de extrañar, que en una república en la que
la industria y el comercio al por mayor y al por menor estaban prohibi-
dos a los ciudadanos, que se prohibiera también el comercio del dinero
(págs. 260, 261, t. II, loc. cit.). Esta situación duró 3 años, hasta la
toma de Cartago. 12 % ahora: 6 % la tasa normal del interés anual
(261, loc. cit.). Justiniano fija el interés en el 4% ... usura quincunx
en la época de Trajano es el interés legal del 5 %. 12 % era el interés
comercial en Egipto 146 años antes J. C. (loc. cit., pág. 263).

La enajenación involuntaria de la propiedad de la tierra feudal se
desarrolla con la usura y el dinero. «La introducción del dinero que
compra todas las cosas y que, en consecuencia, favorece al acreedor
que presta dinero al propietario de la tierra, introduce la necesidad de
una enajenación legal para reembolsar el dinero» (124. John Dalrymple,
«An Essay towards a general history of Feudal Property in Great Bri-
tain», 4 ed., London, 1759).

En la Europa medieval: los pagos en oro sólo eran usuales para al-
gunos objetos de comercio, sobre todo para objetos de gran valor. Te-
nían lugar sobre todo al margen del círculo comercial, con ocasión de
regalos de altas personalidades, ciertos tributos elevados, importantes
penas pecuniarias, compras de tierra. No era infrecuente que se pesara
oro no acuñado en libras o marcos (media libra)... 8 onzas = 1 marco;
una onza, por lo tanto = 2 medias onzas o 3 quilates. Oro acuñado
hasta la época de las Cruzadas sólo son conocidos los solidi bizantinos,

619 Cfr. Dureau DE LA MaLLE, Économie, etc. T. Il, pág. 214.
sm Cfr. DUREAU DE LA MALLE, Économie, etc. T. Il, págs. 212-214.
62 Cfr. DureAu DE LA MaLLE, Économie, etc. T. II, págs. 399-400.
62 Cfr. NIEHBUHR, Rómische Geschichte, Erster Theil, pág. 608.
5% Cfr. DUREAU DE LA MALLE, Économie, etc. T. II, págs. 259-260.

los tari italianos y los maurabotini árabes» (después maravedíes). (Hiill-
mann, «Stádtewesen des Mittelalters», I Parte, Bonn, 1826) (págs. 402-
404). «En las leyes francas los solidi aparecen como meras monedas de
cuenta, en las que es expresado el valor de los productos agrícolas, que
deben ser pagados como sanciones pecuniarias. Por ejemplo, entre los
sajones un solidus equivale a un buey de un año en el estado que suele
alcanzar en los meses de otoño... Según el derecho ripuario una vaca
sana equivalía a un solidus... 12 denarios = 1 solidus de oro» (405,
406). 4 tari = 1 solidus bizantino... Desde el siglo x111 son acuñadas
en Europa diferentes monedas de oro. Augustales (del emperador Fe-
derico II de Sicilia: Brindisi y Mesina); florentini o floreni (de Flo-
rencia, 1252)...;% ducados o cequines (Venecia desde 1285)% (409-
411, loc. cit.). «En Hungría, Alemania y los Países Bajos son acuñadas
también monedas de oro mayores desde el siglo x1v; en Alemania se
las llamó gulden a secas» (loc. cit. 413). «En los pagos en plata el uso
dominante en los pagos importantes era pesarla, la mayor parte de las
veces en marcos... También la plata acuñada era pesada en tales pagos,
ya que las monedas eran casi de pura plata y, en consecuencia, lo único
que importaba era el peso. De ahí el nombre libra (livre, lire)*"" y
marco, en parte denominación de monedas imaginarias o de cuenta, y que
en parte han pasado a monedas de plata reales." Monedas de plata:
denarios o cruzados...** En Alemania estos denarios se llamaban pfennige
(penig, penning, phennig)... ya desde el siglo 1x. Originariamente pen-
ding, penthing, pfentini... de pfiindig, en la forma antigua pfiinding...,
que significa de buena ley: por lo tanto, denarios de buena ley
(pfiindige Denare), que en forma abreviada pfiúndimge... Otro nombre
de los denarios, desde el comienzo del siglo xi en Francia, Alemania,
Países Bajos, Inglaterra, procede de que en lugar de una cruz tenían
impresa una estrella (Stern): sternlinge, sterlinge, starlinge...** denarios
sterlinge = pfennige sterlinge...* En el siglo xtv, 320 sterlingen de

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen des Mittelalters, etc. Teil 1, págs. 408-409.
Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, pág. 410.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, pág. 411.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, págs. 415-416.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, pág. 417.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, págs. 418-419.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, pág. 420.

28858882

*140  Notabene: en México encontramos dinero, pero ningún peso; en Perú
pesos, pero no dinero.

236 [111] El capítulo del capital

los Países Bajos equivalían a una libra, 20 piezas a una onza...“ Los
sólidos de plata en alemán schildlinge, schillinge... Sólidos de plata en
la alta Edad Media no es una moneda real, sino una representación
de 12 denarios... 1 sólido de oro = 12 denarios sterlinge, pues ésta
era la relación media entre el oro y la plata...** Como moneda frac-
cionaria tenían curso los óbolos, medios pfennige, hálblinge...* Con la
progresiva expansión del pequeño artesanado cada vez más ciudades
comerciales y pequeños príncipes se arrogaron el derecho de acuñar sus
monedas locales, que, por lo tanto, eran en su mayor medida moneda
fraccionaria. Añadían cobre, práctica cada vez más frecuente...*
Dickpfennige, gros deniers, grossi, groschen, groten, fueron acuñados
por primera vez en Tours antes de la mitad del siglo x111.% Estos
groschen equivalían originariamente a dos pfennige»*” (415-433).

«El hecho de que los papas impusieran contribuciones eclesiásticas
a casi todos los países cristianos católicos no ha contribuido poco, en
primer lugar, al desarrollo del sistema monetario global en la Europa
económicamente activa, y después, como consecuencia, a la génesis de
múltiples intentos para eludir el mandamiento eclesiástico (contra los
intereses).” El papa se sirvió de los lombardos para la percepción de
las anatas de los arzobispos y de las demás contribuciones. Los princi-
pales usureros y prestamistas se encontraban, por lo tanto, bajo pro-
tección papal. Esto era ya sabido desde la mitad del siglo xt. Son
especialmente de Siena. «Usureros públicos».* «Banqueros romano-
episcopales», se les llamaba en Inglaterra. Algunos obispos de Basi-
lea, entre otros, empeñaban a los judíos por sumas muy pequeñas el
anillo episcopal, sus ropas de sedas y todos los vasos sagrados y uten-
silios de la iglesia y pagaban intereses.“ Pero los obispos, abades, pá-
rrocos practicaban también a su vez la usura con los utensilios de la
iglesia, en la medida en que los empeñazan a cambio de una participación

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil I, pág. 422.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, págs. 424-425.
Cfr. HULLMANN, Sádtewesen, etc. Teil 1, pág. 422.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil l, pág. 429.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil 1, pág. 432.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Teil I, pág. 433.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Zweiter Teil, pág. 39.
Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Zweiter Teil, págs. 42-43,
Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Zweiter Teil, pág. 45.

Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Zweiter Teil, págs. 38-39.

28223222822

en la ganancia de los banqueros toscanos de Florencia, Siena y otras
ciudades», etc. (véase loc. cit. Cuaderno, pág. 39).

En la medida en que el dinero es el equivalente general, el poder
de adquisición general, todo es comparable, todo es transformable en
dinero. Pero sólo puede ser transformado en dinero, en la medida en que
algo es enajenado, en la medida en que el poseedor lo enajena de sí
mismo. Todo es, por lo tanto, enajenable, o indiferente para el indivi-
duo, algo que le es externo. Las llamadas posesiones inalienables, eter-
nas, y las relaciones de propiedad fijas, inmóviles, que a ellas corres-
ponden, se desploman ante el dinero. Además, en la medida en que el
dinero mismo sólo está en la circulación, y se cambia a su vez por dis-
frutes, etc., por valores, que pueden resolverse finalmente todos en
puros disfrutes individuales, solo es valiosa cualquier cosa, en la medida
en que es para el individuo. El valor autónomo de las cosas —excep-
to en la medida en que consiste en su mera existencia para otro, en su
relatividad, en su cambiabilidad—, el valor absoluto de todas las cosas
y relaciones es disuelto de esta forma. Todo es sacrificado al disfrute
egoísta. Pues, de la misma forma que todo es enajenable por dinero,
también todo es a su vez adquirible mediante el dinero. Todo se puede
tener con «dinero contante», el cual a su vez existe como algo externo
al individuo, y ha de ser tomado mediante el fraude, la violencia, etc.
Todo puede ser, por lo tanto, apropiado por todos, y depende del azar,
el que el individuo se puede apropiar o no algo, ya que depende del
dinero que posea. De esta forma el individuo es puesto en sí como
señor de todo. No existen valores absolutos, ya que frente al dinero
el valor en cuanto tal es relativo. No existe nada inalienable, ya que
todo es enajenable por dinero. No existe nada superior, sagrado, etc.,
ya que todo es apropiable mediante el dinero. Las «res sacrae» o «re-
ligiosae», que pueden ser «in nullius bonis»,% «nec aestimationem reci-
pere, nec obligari alienarique posse», que están exentas del «commercio
hominum», * no existen delante del dinero; así como ante Dios todos
son iguales. Es hermoso ver cómo la iglesia romana en la Edad Media
es la principal propagandista del dinero.

«Puesto que la ley eclesiástica contra la usura había perdido desde
hacía tiempo su significado, Martín la abolió en 1425 también desde un
punto de vista formal» (Hillmann, II Parte., loc. cit., Bonn, 1827,

él Cfr. HULLMANN, Stádtewesen, etc. Zweiter Teil, págs. 36-37.
“2 Esta indicación se refiere al cuaderno de extractos de Marx.
2 Cfr. D. JUSTINIANI, Institutiones, etc., pág. 46.

$ Se desconoce la fuente.

238 [111] El capítulo del capital

pág. 55). «En la Edad Media no existía en ningún país un tipo de inte-
rés general. En un principio los curas eran severos. Inseguridad de las
instituciones judiciales para asegurar el préstamo. Tanto mayor la tasa
de interés en casos individuales. La escasa circulación del dinero, la
necesidad de efectuar la mayor parte de los pagos en dinero, ya que el
negocio cambiario estaba todavía poco desarrollado. Gran diferencia,
por lo tanto, con respecto a los intereses y al concepto de usura. En
la época de Carlomagno sólo era usurario, si el interés del préstamo
era el 100 9%. En Lindau, a orillas del Bodensee, en 1344, los ciuda-
danos locales prestaban al 216 2/6 %. En Zurich, el Consejo determinó
como interés legal el 43 1/3 %... En Italia tenía que ser pagado a veces
un interés del 40 %, a pesar de que entre los siglos x11 y xIv el tipo
usual no pasó del 20 %... Verona ordenó como interés local el
12 1/2 %... Federico II, en su ordenanza,... el 10 %, pero sólo para
los judíos. Para los cristianos prefirió no pronunciarse... 10 % en la
Alemania renana era el interés usual en el siglo era el interés usual en
el siglo xn (55-57, loc. cit.).

Consumo productivo. Newman. Transformaciones del capital. Ciclo
económico (Newman)

«El consumo productivo existe allí donde el consumo de una mercancía
es parte del proceso de producción» (Newman, etc. Cuad. XVII,*** 10).
«Se observará, que en estos casos no hay consumo de valor, exis-
tiendo el mismo valor bajo una nueva forma» (loc. cit.). «Además, el
consumo es... apropiación de renta individual para sus diferentes usos»
(pág. 297) (loc. cit.).

«Vender por dinero debería convertirse en cualquier momento en
algo tan fácil como lo es ahora comprar con dinero, y la producción se
convertiría en la causa uniforme y nunca ausente de la demanda» (John
Gray, «The Social System», etc., Edinburgh, 1831) (pág. 16). «Después
de la tierra, el capital y el trabajo, la cuarta condición necesaria de la
producción es: poder inmediato de cambio» (loc. cit., 18). «Ser capaz
de cambiar es» para el hombre en sociedad «tan importante como era
para Robinson Crusoe ser capaz de producir» (loc. cit., 21).

«Según Say el crédito simplemente desplaza al capital, pero no crea

45 Cfr. S. P. NewMaAnN, Elements of Political Economy. Andover, New York
1835, pág. 296.

*14 XVII; en ms. XVI.

ninguno. Esto sólo es verdad en el caso único de un préstamo hecho a
un industrial por un capitalista... pero no del crédito entre productores
en sus anticipos mutuos. Lo que un productor anticipa a otro no son
capitales; son, productos, mercancías. Estos productos, estas mercan-
cías, podrán convertirse y se convertirían sin duda, en las manos del
prestatario, en capitales activos, es decir, en instrumentos de trabajo,
pero actualmente, en las manos de su poseedor, no son más que pro-
ductos para ser vendidos y completamente inactivos... Hay que... dis-
tinguir... entre producto y mercancía... y agente de trabajo o capital
productivo... En tanto un producto permanece en las manos de su pro-
ductor, sólo es mercancía, o si se quiere, capital inactivo, inerte. Lejos
de proporcionarle alguna ventaja al industrial que lo posee, es para él
una carga, una causa incesante de estorbo, de gastos falsos y de pérdi-
das: gastos de almacenaje, de mantenimiento y vigilancia, intereses del
capital, etc., sin contar el desgaste o deterioro que sufren casi todas
las mercancías cuando están inactivas durante mucho tiempo... En con-
secuencia, si vende éstas sus mercancías a crédito y pasan a manos de
otro industrial, que podrá aplicarlas al género de trabajo que les es
propio, entonces de mercancías inertes que eran, pasan a ser para este
último un capital activo. Habrá, pues, aquí un aumento del capital pro-
ductivo de un lado sin ninguna disminución del otro. Aún más: si se
admite que el vendedor, aun vendiendo sus mercancías a crédito, ha
recibido, sin embargo, en el cambio billetes que puede negociar inme-
diatamente, ¿no está claro que él se procura por este medio la capaci-
dad de renovar a su vez sus materias primas y sus instrumentos de
trabajo para volver a poner manos a la obra? Hay, pues, aquí un doble
aumento del capital productivo, o en otros términos, un poder adquiri-
dor por ambas partes» (Charles Coquelin, «Du Crédit et des Banques
dans VIndustrie». Revue des deux mondes, t. 31, 1842, pág. 776 ss.).*
«Si toda la masa de mercancías para ser vendida pasara rápidamente, sin
demora ni obstáculos, del estado de producto inerte al de capital activo:
¡qué actividad nueva se desarrollaría en el país!... esta transforma-
ción rápida es precisamente el beneficio realizado por el crédito... Ésta
es la actividad de la circulación... De esta forma el crédito puede mul-
tiplicar por diez los negocios de los industriales..." En un intervalo
de tiempo dado, el negociante o productor ha renovado diez veces, en
lugar de una, sus materias y sus productos... El crédito efectúa esto,
en la medida en que aumenta en todo el mundo el poder de compra. En

e Cfr. Revue des Deux Mondes, Tome 31, Paris 1842, págs. 799-800.
e Cfr. Revue des Deux Mondes, etc., pág. 801.

240 [111] El capítulo del capital

lugar de reservar este poder a aquellos que tienen actualmente la fa-
cultad de pagar, se lo da a todos aquellos... que ofrecen mediante su
posición y su moralidad la garantía de un pago futuro; se lo da a cual-
quiera que es capaz de utilizar los productos mediante el trabajo...“
Por lo tanto, el primer beneficio del crédito es aumentar, si no la suma
de los valores que un país posee, sí al menos la de sus valores activos.
He aquí el efecto inmediato. De esto... deriva el aumento de las fuerzas
productivas y, por lo tanto, también el aumento de la suma de los va-
lores, etc.» (loc. cit.).%

El arrendamiento es una venta condicional, o la venta del uso de
una cosa por tiempo limitado (Corbet, Th., «An Inquiry into the Causes
and Modes of the Wealth of Individuals», etc., London 1841, pág. 81).

«Transformaciones a las que el capital está sometido en el trabajo
de la producción. El capital, para devenir productivo, tiene que ser
consumido» (pág. 80, S. P. Newman, «Elements of Political Economy»,
Andover y New York, 1835). «Ciclo económico... es el curso completo
de la producción, desde el momento en el que se hace el desembolso
hasta que se obtienen los beneficios. En la agricultura comienza con la
época de la siembra y acaba con la cosecha» (81). La diferencia entre
capital fijo y circulante reside en que, durante cada ciclo económico,
una parte es consumida parcialmente y la otra totalmente (loc. cit.). El
capital en cuanto elemento que puede ser destinado a diferentes utili-
zaciones,“ pertenece a la teoría de la competencia (loc. cit.). «Un medio
de cambio: entre las naciones no desarrolladas cualquier mercancía que
constituye la parte más importante de la riqueza de la comunidad, o
que por cualquier otra causa deviene un objeto de cambio más frecuen-
te que otras, acaba siendo utilizada como medio de circulación. Así el
ganado es medio de cambio, entre las tribus pastoriles, pescado seco en
Terranova, azúcar en las Indias Occidentales, tabaco en Virginia. Los
metales preciosos... tienen la ventaja...: a) de la misma calidad en todas
las partes del mundo... b) de poder ser divididos en partes pequeñas
y exactamente iguales; c) escasez y dificultad de obtención; d) pueden
ser acuñados (99-101, loc. cit.).*

ss Cfr. Revue des Deux Mondes, etc., pág. 802.
“us Cfr. Revue des Deux Mondes, etc., pág. 805.
$50 Cfr. Newman, Elements, etc., pág. 99.

$51 Cfr. NewMan, Elements, etc., págs. 99-101.

Dr. Price. Poder innato del capital.

La representación del capital como un ente que se reproduce a sí mismo
——<omo un valor perenne y que aumenta por virtud de una cualidad
innata— ha conducido a las fabulosas elucubraciones del Dr. Price, que
ha dejado tras de sí de lejos a las fantasías de los alquimistas, y en las
que creyó Pitt en serio, convirtiéndolas en columnas de su sabiduría
financiera en sus leyes sobre el fondo de amortización (véase Lauder-
dale). A continuación ofrecemos unos pasajes significativos de nues-
tro personaje:

«El dinero colocado al interés compuesto aumenta al principio len-
tamente. Pero la tasa de aumento, al ser continuamente acelerada, llega
a ser en algún tiempo tan rápida, como para burlarse de todas las fa-
cultades de la imaginación. Un penique, colocado al interés compuesto
del 5 % en la fecha de nacimiento de nuestro Redentor, antes de nues-
tros días habría aumentado hasta alcanzar una suma superior a la que
se obtendría con 150 millones de Tierras, todas de oro macizo. Mien-
tras que si hubiera sido colocado exclusivamente al interés simple, ha-
bría aumentado en el mismo tiempo a no más de 7 chelines y 4 1/2 d.
Nuestro gobierno ha elegido hasta el momento este ú4ltimo camino para
incrementar el dinero, en lugar del primero» (19, Price, Richard: «An
Appeal to the Public on the Subject of the National Debt», London,
1772, 2 ed.). (Su truco: el gobierno debería tomar dinero a préstamo al
interés simple y prestar el dinero así obtenido al interés compuesto.) En
sus «Observations on Reversionary Payments», etc., London, 1772, 2 nd.
edition, vuela todavía más alto: «Un chelín colocado al interés compuesto
en la fecha de nacimiento de nuestro Redentor habría... aumentado hasta
alcanzar una suma superior a la que podría contener nuestro sistema solar
completo, suponiendo que éste es una esfera con un diámetro igual al
diámetro de la órbita de Saturno» (loc. cit., XIII, nota). «Un Estado
no necesita, por lo tanto, encontrarse nunca bajo ninguna dificultad;
ya que, con los ahorros más pequeños, puede, en tiempo tan corto como
el que pueda requerir su interés, pagar las mayores deudas» (XIV).
El inocente Price estaba simplemente perplejo ante las enormes canti-
dades resultantes de la progresión geométrica de los números. Puesto
que él consideraba al capital, sin tomar en consideración alguna las
condiciones de la reproducción del trabajo, como una cosa que actúa por

652 Cfr. LAUDERDALE, Recherches, etc., págs. 173-182.

242 [111] El capítulo del capital

sí misma, como un simple número que se multiplica, podía creer que
había encontrado en aquella fórmula (ver más arriba) las leyes de su
crecimiento. Pitt, en 1792, en un discurso, en el que propuso aumentar
la suma dedicada al fondo de amortización, tomó muy seriamente la
mistificación del Dr. Price. (S = C (1 + 1)”).

McCulloch presenta como propiedades del dinero metálico en su
Dictionary of Commerce, 1847, las siguientes: «el material tiene que
ser: 1) divisible en las porciones más pequeñas; 2) conservable durante
un período indefinido sin deterioro; 3) fácilmente transportable de
lugar a lugar en un pequeño volumen por su gran valor; 4) una pieza
de dinero de una cierta denominación tiene que ser siempre igual, en
magnitud y calidad, a cualquier otra pieza de la misma denominación;
5) su valor es comparativamente estable» (836).*"*

Proudhon. Capital y cambio simple. — Necesidad de la falta de
propiedad de los trabajadores. Townsend. Galiani. — El infinito en
proceso. — Galiani.

En toda la polémica del señor Proudhon con Bastiat en: «Gratuité du
crédit. Discussion entre Mr. Fr. Bastiat et M. Proudhon», Paris, 1850,
el truco del buen Proudhon gira en torno al hecho de que a él el prés-
tamo se le presenta como algo completamente diferente de la venta. El
prestar a interés «es la facultad de vender siempre de nuevo el mismo
objeto y de recibir siempre de nuevo su precio, sin ceder nunca la pro-
piedad de lo que se vende» (9, en la primera carta a Chevé, uno de
los redactores de «La Voix du Peuple»). La forma diferente en que se
presenta aquí la reproducción del capital, le engaña sobre el hecho de
que esta constante reproducción del capital —Jdel cual siempre se con-
serva el precio y es cambiado siempre de nuevo por trabajo con un be-
neficio, un beneficio que es siempre realizado de nuevo mediante la
compra y la venta— constituye su concepto. Lo que le hace equivocarse,
es que el «objeto» no cambia de propietarios, como en la compra y la
venta; es decir, au fond, sólo la forma propia de reproducción del ca-
pital prestado con interés, que se confunde con el capital fijo. En el
arrendamiento de una casa, del que habla Chevé, es directamente la

653 Cfr. A Dictionary, Practical, Theoretical, and Historical, of Commerce
and Commercial Navigation. Illustrated with maps and plans. By J. R. McCuLLocn,
Esq., etc. A new Edition, etc. London 1857, pág. 836.

*1M2 «836»; en ed. 1939 «58l».

forma del capital fijo. Si se considera al capital circulante en su pro-
ceso total, se ve que, a pesar de que el mismo objeto (esta determi-
nada libra de azúcar, por ejemplo) no es vendido siempre de nuevo,
el mismo valor sí se reproduce siempre de nuevo y la enajenación
sólo afecta a la forma, pero no a la sustancia. Gente que es capaz
de formular tales objeciones, está evidentemente falta de toda clari-
dad sobre los primeros conceptos elementales de la economía polí-
tica. Proudhon no comprende cómo a partir de la ley del cambio de
valores procede el beneficio y, por lo tanto, tampoco el interés. «Una
casa», el dinero, etc., no deben, por lo tanto, ser cambiados como «ca-
pital», sino como «mercancía... a precio de coste»"* (44). El buen mu-
chacho no comprende, que todo consiste en que se cambia valor por
trabajo según la ley de los valores; que, por lo tanto, para suprimir el
interés, tiene que suprimir al capital mismo, y al modo de producción
basado sobre el valor de cambio y, por lo tanto, el trabajo asalariado.
Incapacidad del señor Proudhon de encontrar incluso una diferencia
entre prestar y vender: «En efecto, el sombrerero que vende los som-
breros... recibe por ellos el valor, ni más ni menos. Pero el capitalista
que presta... no sólo recibe íntegramente su capital; recibe más que el
capital, más de lo que él aporta al cambio; recibe además del capital
un interés» (69). Los sombrereros del señor Proudhon no computan,
por lo tanto, en su precio de costo ni beneficio ni interés. Él no com-
prende que, precisamente en la medida en que ellos obtienen el valor de
sus sombreros, obtienen más de lo que a ellos les ha costado, porque
una parte de este valor es apropiado sin equivalente en el cambio con
el trabajo. He aquí de nuevo su gran tesis discutida más arriba: «Pues-
to que en el comercio el interés del capital se añade al salario del tra-
bajador para componer el precio de la mercancía, es imposible que el
trabajador pueda comprar a su vez lo que él ha producido. Vivir traba-
jando es un principio que, bajo el régimen del interés, implica contradic-
ción» (105). En la carta IX (págs. 144-152) confunde el buen Proudhon
el dinero en cuanto medio de circulación con el capital, y concluye de
ello, que el «capital» existente en Francia rinde el 160 % (a saber:
1.600 millones de interés anual en deuda pública, hipoteca, etc., para
un capital de mil millones... la suma de numerario... que circula en
Francia). Hasta qué punto él no comprende en general el capital y su
constante reproducción, se pone de manifiesto en el siguiente pasaje,
en el que él indica como característica específica del capital-dinero, es
decir, del dinero prestado como capital: «Como, mediante la circulación

4 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., págs. 43-44.

244 [111] El capítulo del capital

de intereses, el capital-dinero, de cambio en cambio, vuelve siempre
a su fuente, se sigue de ello que la nueva colocación, siempre efectuada
por la misma mano, beneficia siempre a la misma persona» (154). «Todo
trabajo debe dejar un excedente» (todo debe ser vendido, nada debe
ser prestado. Éste es el simple truco. Incapacidad para ver como el
cambio de mercancías descansa sobre el cambio entre capital y trabajo,
y como sobre este último descansa el beneficio y el interés. Proudhon
quiere aferrarse a la forma más simple, más abstracta del cambio).

Hermosa, la siguiente demostración del señor Proudhon: «Puesto
que el valor no es otra cosa que una proporción, y puesto que todos
los productos son necesariamente proporcionales entre ellos, se sigue
de ello que desde el punto de vista social los productos son siempre
valores y valores realizados: la diferencia entre capital y producto
no existe para la sociedad. Esta diferencia es totalmente subjetiva, sólo
existe para los individuos». (250).

La naturaleza contradictoria del capital y la necesidad para el mismo
del trabajador carente de propiedad es expresada de forma ingenua en
los antiguos economistas ingleses, por ejemplo, en el reverendo Mr. J.
Townsend, el padre de la teoría de la población, mediante cuya frau-
dulenta apropiación Malthus (en general un plagista sin vergijenza;
así, por ejemplo, su teoría de la renta la ha tomado prestada del arren-
datario Anderson) se ha convertido en un gran hombre. Townsend dice:
«Parece ser una ley de la naturaleza, que los pobres deban ser hasta un
cierto punto imprevisores, que siempre tenga que haber gente en la
comunidad para realizar los trabajos más serviles, más sórdidos y más
innobles. La suma de la felicidad humana aumenta mucho de esta ma-
nera. Gracias a ello los más delicados son liberados de los trabajos pe-
nosos, y pueden seguir con toda tranquilidad vocaciones superiores, etc.»
(«A Dissertation on the Poorlaws», Edition of 1817, pág. 39). «La
coerción legal al trabajo va acompañada de demasiados disturbios, vio-
lencia y alboroto, engendra mala voluntad, etc., mientras que el hambre
es no sólo una pasión pacífica, silenciosa, incesante, sino que, además,
como el estímulo más natural para la industria y el trabajo, provoca
los esfuerzos más poderosos» (15). (En realidad ésta es la respuesta
a la cuestión de qué trabajo es más productivo, si el del esclavo o el del
trabajador libre. A. Smith no podía plantear la cuestión, ya que el modo
de producción del capital presupone el trabajo libre. Por otra parte,
A. Smith está asimismo justificado en su división de los trabajos en
productivos e improductivos, gracias a la relación desarrollada entre ca-

65 Cfr. Gratuité du Crédit, etc., pág. 215.

pital y trabajo. Las insulsas bromas de lord Broughan contra ella y las
objeciones que se pretenden serias de Say, Storch, McCullochs y tutti
quanti rebotan en su argumentación. A. Smith sólo yerra, en la medida
en que concibe la objetivación del trabajo de forma demasiado grosera
como trabajo que se fija en un objeto tangible. Pero esto es secundario
en él; simple descuido de expresión.)

También en Galiani existen los trabajadores por leyes de la natu-
raleza. En 1750 Galiani publicó su libro. «Dios hizo que los hombres
que ejercen oficios de primera utilidad nacieran abundantemente».
(78, «Della Moneta», vol. III, Scrittori Clasici Italiani di Economia
Politica. Parte Moderna, Milano, 1803). Pero él tiene ya el concepto
correcto de valor: «La fatiga... es la única que da valor a la cosa»
(74).*"“ El trabajo es distinguido también cualitativamente, no sólo en
la medida en que se efectúa en diferentes ramas de la producción, sino
en la medida en que es más o menos intensivo, etc. La manera en que
tiene lugar la compensación de estas diferencias y en que es reducido
todo trabajo a trabajo simple no cualificado no puede ser naturalmente
investigada todavía aquí. Basta decir, que esta reducción está realizada
en la práctica con la colocación del producto de todas las clases de tra-
bajo como valores. En cuanto valores son equivalentes en ciertas pro-
porciones; incluso las clases de trabajo superiores son valoradas en
trabajo simple. Esto deviene claro en seguida, si se piensa, que, por
ejemplo, el oro californiano es producto de trabajo. La diferencia cua-
litativa es, por lo tanto, suprimida, y el producto de una clase de trabajo
superior es reducido en la práctica a una cantidad de trabajo simple.
Estos cálculos de las diferentes calidades de trabajo son aquí, por lo
tanto, completamente indiferentes, y no afectan en absoluto al princi-
pio. «Los metales... son utilizados como moneda porque valen,... no
valen porque son utilizados como moneda» (loc. cit., 95). «Es la velo-
cidad de circulación del dinero, no la cantidad de los metales, la que
hace que el dinero escasee o abunde» (99). «La moneda es de dos cla-
ses, ideal y real; y es utilizada para dos fines diversos, para valorar las
cosas y para comprarlas. Para valorar las cosas, la moneda ideal es tan
buena como la real e incluso mejor...;% el otro uso de la moneda es
el de comprar aquellas cosas que ella evalúa...*” los precios y los con-

$58 Cfr. GALIANI, Della Moneta, etc., ed. Custodi. Parte Moderna, Vol. III,
pág. 112.
$57 Cfr. GALIANI, Della Moneta, etc., pág. 113.

+13 «74»; en ms. «75».

246 [111] El capítulo del capital

tratos se valoran en moneda ideal y se ejecutan en moneda real»**
(págs. 112 ss.) «Los metales tienen esto de propio y singular; que en
ellos exclusivamente todas las cualidades se reducen a una, que es su
cantidad; no habiendo recibido de la naturaleza ninguna cualidad diver-
sa, ni en su constitución interna, ni en la forma y hechura externas»
(126, 127).*'* Ésta es una observación muy importante. El valor pre-
supone una sustancia común y que reduce todas las diferencias y pro-
porciones a algo meramente cuantitativo. Éste es el caso de los metales
nobles, que por eso se presentan como sustancia natural del valor. «La
moneda... como una regla de las proporciones que tienen todas las cosas
conforme a las necesidades de la vida; es, lo que se dice en una sola
palabra, el precio de las cosas» (153). «La misma moneda ideal suele
ser de cuenta, es decir, con ella se estipula, se contrata y se valora
toda cosa; lo que obedece a una misma razón: que las monedas que
hoy son ideales son las más antiguas de toda nación, y todas fueron
algún tiempo reales; y porque eran reales se las utilizaba para contar»
(153). (Ésta es también la explicación formal sobre el dinero ideal
de Urquhart, etc. Para los negros, etc., la barra de hierro era origi-
nariamente dinero real; se transformó en ideal; pero ellos intentaron
mantener simultáneamente su valor anterior. Ahora bien, puesto que el
valor del hierro, tal como se les presenta en el comercio, cambia res-
pecto al del oro, etc., la barra ideal, para conservar su valor, expresa
proporciones variables de cantidades reales de hierro, operación de cálcu-
lo fatigosa, que honra la capacidad de abstracción de estos señores.)
(Castlereagh, en los debates ocasionados por el Bullioncommittee en
1810, presentó nociones confusas similares). Hermosa frase de Galiani:
«Aquella infinitud que» (las cosas) «no tienen en la progresión, la tienen
en la circulación» (156).

Sobre el valor de uso dice muy bien Galiani: «El precio es una
proporción... el precio de las cosas es la proporción que tienen respecto
de nuestra necesidad; no tiene todavía una medida fija. Acaso se la
encuentre. Por mi parte, creo que la medida es el hombre mismo»
([159], 162). «España en la época misma en que era la potencia mayor
y más rica contaba con reales y con maravedís pequeñísimos». (172,
173). «Así que él» (el hombre) «es la única y verdadera riqueza» (188).
«La riqueza es una relación entre dos personas» (221). «Cuando el

68 Cfr. GALIANI, Della Moneta, etc., pág. 114.
6% Cfr. GALIANI, Della Moneta, etc., pág. 113.

*144 «126, 127»; en ms. «130».

Transforrhación de la plusvalía en beneficio 247

precio de una cosa, es decir, su proporción con todas las demás cambia,
es señal evidente de que ha cambiado el valor de esta cosa solamente
y no el valor de todas las demás» (154). (Los costes de mantener, re-
parar, el capital tienen que ser tenidos en cuenta.)

«La limitación positiva de la cantidad de papel moneda sólo reali-
zaría la función útil que el coste de producción realiza en la otra.» (300)
(Opdyke).*" La mera diferencia cuantitativa en el material del dinero:
«El dinero sólo es devuelto en especie» (en los préstamos); «este hecho
distingue a este agente de todas las demás maquinarias...; indica la
naturaleza de su servicio... demuestra claramente la singularidad de
su función» (267). «Teniendo dinero, no tenemos que hacer más que
un cambio para obtener el objeto que deseamos, mientras que con otros
productos excedentes necesitamos dos, el primero de los cuales (obten-
ción de dinero) es infinitamente más difícil que el segundo» (287,
288).

«El banquero... se diferencia del antiguo usurero... en que presta
al rico y rara vez o nunca al pobre. De ahí que él preste con menos
riesgo, y se pueda permitir el lujo de hacerlo con intereses menos ele-
vados; y por ambos motivos, evita el odio popular que acompaña al
usurero» (44) (Newman, F. W. «Lectures on Political Economy», Lon-
don, 1851).

Anticipos. Storch. — Teoría del ahorro. Storch. — MacCulloch.
Excedente. — Beneficio. — Destrucción periódica de capital. Fullar-
ton. — Arnd. Interés natural.

Todos ocultan y entierran su dinero muy secretamente y muy profun-
damente, pero en particular los gentiles, que son casi los únicos dueños
del negocio y del dinero, ya que están envanecidos por la creencia de
que el oro y la plata que ocultan durante su vida, les servirá después
de la muerte (314) (Francois Bernier, t. 1, «Voyages contenant la des-
cription des états du Grand Mogol., etc., Paris, 1830).

En su estado natural la materia... está siempre desprovista de va-
lor... Únicamente mediante el trabajo obtiene valor de cambio, se con-
vierte en elemento de riqueza. (McCulloch. «Discours sur l'origine de
Peconomie politique», etc., trad. por Prévost. Genéve et Paris, 1825,
pág. 57).

Las mercancías son en el cambio medida la una de la otra. (Storch.

$0 Cfr. G. OpPpyKE, A Treatise on Political Economy. New York 1851, pág. 300.

248 [111] El capítulo del capital

«Cours d'Economie Politique avec des notes, etc., por J. B. Say». Pa-
ris, 1823, t. L, pág. 81). «En el comercio entre Rusia y China la plata
sirve para valorar todas las mercancías; sin embargo, este comercio se
realiza mediante trueques» (pág. 88). «De la misma forma que el tra-
bajo no es la fuente... de las riquezas, tampoco es su medida» (pág. 123,
loc. cit.). «Smith... se dejó llevar a la persuasión, de que la misma causa
que hace existir las cosas materiales era también la fuente y la medida
del valor» (pág. 124). «El interés es el precio que se paga por el uso de
un capital» (pág. 336). El numerario tiene que tener un valor directo...
pero fundado sobre una necesidad ficticia. Su materia no debe ser in-
dispensable para la existencia del hombre; pues toda la cantidad que
es utilizada como numerario no puede ser utilizada individualmente;
debe circular siempre (t. II, págs. 113, 114). «El dinero sustituye a
todo» (pág. 133). T. V. «Considérations sur la nature du revenu natio-
mal», Paris, 1824: «Los consumos reproductivos no son propiamente
gastos, sino únicamente anticipos, ya que son reembolsados a los que
los hacen» (pág. 54). «¿No existe una contradicción manifiesta en la
proposición de que los pueblos se enriquecen mediante el ahorro o me-
diante sus privaciones, es decir, condenándose voluntariamente a la po-
breza?» (pág. 176. «En la época en que los cueros y pieles servían
en Rusia como dinero, la incomodidad ligada a la circulación de un nu-
merario tan voluminoso y tan perecedero, dio origen a la idea de susti-
tuirlos por pequeños pedazos de cuero sellados, que de esta forma
devinieron signos pagaderos en cueros y pieles... Conservaron esta utili-
zación hasta 1700» (es decir, la de representar más adelante las frac-
ciones de copeks de plata) «al menos en la ciudad de Kaluga y sus
alrededores, hasta que Pedro l» (1700) «ordenó cambiarlas por las mo-
nedas de cobre de pequeña denominación» (t. IV, pág. 79).

Una alusión a los milagros del interés compuesto se encuentra ya
en el gran adversario de la usura en el siglo xv11: Jos. Child. («Traités
sur le commerce», etc., trad. del inglés [publicado en inglés en 1669],
Amsterdam y Berlín, 1754). (págs. 115-117).

«En realidad una mercancía siempre se cambiará por más trabajo
que el que la ha producido; y es este excedente el que constituye los
beneficios» (pág. 221. McCulloch, «The Principles of Political Econo-
my», London, 1825). Muestra de qué forma tan hermosa ha comprendido
el señor McCulloch el principio de Ricardo. Él distingue entre valor
real y valor de cambio; el primero 1) consiste en la cantidad de trabajo
gastado en su apropiación o en su producción; 2) el segundo en el

el Cfr. Srorc, Cours, etc. T. IV, pág. 79.

poder de compra de ciertas cantidades de trabajo o de otras mercancías
(pág. 211). El hombre es tan producto del trabajo como cualquiera de
las máquinas construidas mediante su actividad; y nos parece que en
todas las investigaciones económicas deberían ser considerados desde
este mismo punto de vista precisamente (115, loc. cit.). Los salarios...
consisten realmente en una parte del producto del trabajo del trabaja-
dor (pág. 295). Los beneficios del capital no son sino otro nombre para
los salarios del trabajo acumulado (pág. 291).

«Una destrucción periódica de capital se ha convertido en una con-
dición necesaria de la existencia de cualquier tipo de interés corriente,
y, considerada desde este punto de vista, estas terribles calamidades,
que estamos acostumbrados a esperarlas con tanta inquietud y apren-
sión, y que estamos tan ansiosos de evitar, pueden no ser más que los
correctivos naturales y necesarios de una opulencia excesiva y abotar-
gada, la vis medicatrix mediante la cual nuestro sistema social, tal como
está constituido en la actualidad, es capacitado para liberarse periódi-
camente de una plétora que siempre se repite y que amenaza su exis-
tencia, y para recuperar una condición sana y sólida» (pág. 165 Fu-
llarton (John): «On the regulation of currency», etc., London, 1844).

Dinero. — Poder general de compra. (Chalmers).

Capital... servicios y mercancías utilizados en la producción. Di-
nero: la medida del valor, el medio de cambio y el equivalente univer-
sal; más prácticamente: los medios para obtener capital; el único medio
para pagar el capital previamente obtenido mediante el crédito; virtual-
mente, la seguridad de obtener su valor equivalente en capital. Co-
mercio es el cambio de capital por capital con el dinero como interme-
diario; y refiriéndose el contrato al intermediario, únicamente el dinero
puede satisfacerlo y saldar la deuda. En la venta, una clase de capital
está dispuesto a obtener por dinero su valor equivalente especificado
en cualquier otra clase de capital. Interés es la compensación dada por
el préstamo de dinero. Si el dinero es tomado a préstamo con la fina-
lidad de obtener capital, entonces la compensación dada es una remu-
neración por la utilización del capital (materias primas, trabajo, mer-
cancía, etc.), que se obtiene. Si es tomado a préstamo con la finalidad
de saldar una deuda, para pagar un capital previamente obtenido y uti-
lizado (habiéndose establecido en el contrato que se ha de pagar en
dinero), entonces la compensación dada es por la utilización del dinero
mismo, y desde este punto de vista interés y descuento son similares.
El descuento es exclusivamente la remuneración por el dinero mismo,
por convertir dinero de crédito en dinero real. Un buen pagaré da el
mismo poder de disposición sobre capital que los billetes de banco,

250 [111] El capítulo del capital

menos los gastos de descuento; y los pagarés son descontados con la
finalidad de obtener dinero de una denominación más adecuada para el
pago de salarios y de pequeños pagos en efectivo, o para hacer frente
a compromisos mayores vencidos; y también por la ventaja que se pue-
de conseguir, cuando se puede obtener dinero efectivo mediante el des-
cuento a una tasa inferior al 5 %, que es el descuento habitual aplicado
al dinero contante. Sin embargo, la finalidad principal del descuento
depende fundamentalmente de la oferta y la demanda de dinero de curso
legal... La tasa de interés depende principalmente de la demanda y la
oferta de capital, y la tasa de descuento depende por completo de
la oferta y la demanda de dinero (marzo 13, 58, Economist, Carta al
editor).*

El señor K. Arnd, que se encuentra como en su casa cuando razona
sobre «los impuestos sobre los perros», ha hecho el siguiente e inte-
resante descubrimiento:

«En el proceso natural de la creación de bienes existe un único
fenómeno —en países completamente cultivados—, que parece estar
destinado a regular en cierta manera el tipo de interés; se trata de la
proporción en la que aumenta el volumen de madera de los bosques
europeos mediante su crecimiento anual; este crecimiento tiene lugar,
completamente independiente de su valor de cambio, en las proporcio-
nes de 3 a 4 por ciento» (págs. 124, 125, «Die naturgemásse Volks-
wirtschaft», etc., Hanau, 1845). Merece ser llamado el tipo de interés
de origen forestal.

Interés y beneficio. — Carey. — Préstamo pignoraticio en Inglaterra

«El valor remanente o excedente será proporcional en cada rama al
valor del capital utilizado» (Ricardo).

En relación con el interés hay que considerar dos cosas: primera,
la división del beneficio en interés y beneficio. (En cuanto unidad de
ambos los ingleses lo llaman beneficio bruto.) La diferencia deviene
sensible, tangible, tan pronto como una clase de capitalistas financieros
se contrapone a una clase de capitalistas industriales. Segunda: el capital
mismo se convierte en mercancía, o la mercancía (dinero) es vendida
como capital. Esto quiere decir, por ejemplo, que el capital, como cual-
quier otra mercancía, regula su precio según la demanda y la oferta.

62 Cfr. The Economist, etc. Vol. XVI, n.* 759, March 13, 1858, pág. 290.
Artículo: Will the low rate of interest last? To the Editor of the Economist.

Éstas determinan, por lo tanto, el tipo de interés. El capital en cuanto
tal entra aquí, por lo tanto, en circulación.

Los capitalistas financieros y los capitalistas industriales sólo pue-
den constituir dos clases particulares, porque el beneficio es capaz de
dividirse en dos tipos diferentes de renta. Las dos clases de capitalistas
no expresan más que este hecho; pero la división tiene que existir, es
decir, tiene que darse la división del beneficio en dos clases particulares
de renta, para que dos clases particulares de capitalistas puedan crecer
sobre ella.

La forma del interés es más antigua que la del beneficio. El nivel
del interés en India para los campesinos no muestra en modo alguno el
nivel del beneficio. Sino que tanto el beneficio como una parte del sa-
lario mismo es apropiado por el usurero en la forma de interés. Es una
operación completamente digna del sentido histórico del señor Carey,
la de comparar este interés con el que tiene vigencia en el mercado
monetario inglés, con el que paga al capitalista inglés, y deducir de
ello, en qué medida la «tasa de trabajo» (la participación del trabajo
en el producto) es superior en Inglaterra que en la India.* Él habría
tenido que comparar el interés, que pagan en Inglaterra los tejedores
en telares manuales en Derbyshire, por ejemplo, a los que es anticipado
(prestado) por el capitalista el material y el instrumento. Él habría en-
contrado, que el interés es aquí tan alto, que después de haber pagado
todos los ¿tems, el trabajador al final es todavía deudor, es decir, des-
pués de haberle devuelto al capitalista no sólo los anticipos, sino también
de haberle añadido gratis su propio trabajo. Históricamente, habría des-
cubierto que la forma del beneficio industrial sólo aparece cuando el
capital ya no se presenta junto al trabajador independiente. El beneficio
se presenta, por lo tanto, originariamente determinado por el interés.
Mientras que en la economía burguesa el interés se presenta determi-
nado por el beneficio y sólo como una parte de éste. El beneficio tiene
que ser, por lo tanto, lo suficientemente grande, como para que una
parte pueda separarse de él como interés. Históricamente, ocurre a la
inversa. El interés tiene que haber sido rebajado hasta tal punto que
una parte de la plusganancia pueda autonomizarse como beneficio. Hay
una relación natural entre salarios y beneficio, entre trabajo necesario
y plustrabajo; ¿pero hay alguna entre beneficio e interés, excepto la
que está determinada por la competencia entre estas dos clases, orde-
nadas según estas formas diferentes de renta? Pero para que exista

ss A juzgar por los extractos de Marx, él se refería a CAREY, Essay on the
Rate of Wages, etc. Philadelphia 1835, el comienzo del capítulo VII.

252 [111] El capítulo del capital

esta competencia, y para que existan las dos clases, tiene que estar pre-
supuesta ya la división de la plusvalía en beneficio e interés. Conside-
rado en general, el capital no es una mera abstracción. Si considero, por
ejemplo, el capital total de una nación, a diferencia del trabajo total
(o de la propiedad de la tierra total), o si considero al capital como la
base económica general de una clase a diferencia de otra clase, consi-
dero al capital en general. De la misma forma que si considero, por
ejemplo, al hombre fisiológicamente a diferencia del animal. La dife-
rencia real de beneficio e interés existe como diferencia entre una clase
de capitalistas financieros frente a una clase de capitalistas industriales.
Pero para que estas dos clases puedan enfrentarse, su existencia doble
presupone la división de la plusvalía creada por el capital.

(La economía política tiene que ver con las formas sociales espe-
cíficas de la riqueza, o más bien de la producción de la riqueza. La
materia de la misma, bien sea subjetiva, como el trabajo, o bien ob-
jetiva, como objetos para la satisfacción de necesidades naturales o
históricas, se presenta ante todo como algo común a todas las épocas
de la producción. Esta materia se presenta, por lo tanto, ante todo
como mero presupuesto, que yace por completo al margen de la consi-
deración de la economía política, y que sólo entra posteriormente en
la esfera de su consideración, cuando es modificado por las relaciones
formales o cuando se presenta como modificadora de éstas. Lo que se
suele decir en términos generales sobre esto, se limita a abstracciones
que tenían un valor histórico en los primeros ensayos de la economía
política, en los que las formas eran separadas todavía trabajosamente
de la materia y eran fijadas con gran esfuerzo como objeto propio de la
consideración. Más adelante se convierten en insípidos lugares comunes,
tanto más repugnantes, cuanto más se presentan con pretensiones cien-
tíficas. Esto vale, para todo lo que los economistas alemanes suelen
incluir de forma charlatana bajo la categoría de «bienes».)

Lo importante es que interés y beneficio expresan ambos relaciones
del capital. En cuanto forma particular, el capital portador de interés
no se contrapone al trabajo, sin) al capital portador de beneficio. La
relación en la cual, por un lado, el trabajador se presenta todavía como
independiente, por lo tanto, no como trabajador asalariado, mientras
que por otro, las condiciones objetivas del mismo poseen ya una exis-
tencia autónoma junto a él, constituyen la propiedad de una clase par-
ticular de usureros, esta relación se desarrolla necesariamente en todos
los modos de producción que descansan en mayor o menor medida sobre
el cambio, con el desarrallo lel patrimonio mercantil o el patrimonio
monetario en contraposición a formas particulares y limitadas del patri-

monio agrícola o artesano. El desarrollo del patrimonio mercantil puede
ser considerado como desarrollo del valor de cambio y, por lo tanto,
de la circulación y de las relaciones monetarias en estas esferas. Esta
relación ciertamente nos muestra, por una parte, la independización,
separación de las condiciones de trabajo —<que proceden cada vez más
de la circulación y dependen de ella— de la existencia económica del
trabajador. Por otra parte, esta última no está todavía subsumida en el
proceso del capital. El modo de producción no ha sido modificado, por
lo tanto, todavía esencialmente. Donde esta relación se repite dentro de
la economía burguesa, es o bien en las ramas de la industria atrasadas,
o en aquellas que resisten contra su desaparición en el moderno modo
de producción. En ellas tiene lugar todavía la más odiosa explotación
del trabajo, sin que la relación de capital y trabajo suponga en sí, de
alguna manera, la base del desarrollo de nuevas fuerzas productivas o el
germen de nuevas formas históricas. En el mismo modo de producción,
el capital se presenta aquí todavía subsumido materialmente en los tra-
bajadores individuales o en las familias trabajadoras, bien sea en el ta-
ller artesano o en la agricultura a pequeña escala. Tiene lugar explota-
ción mediante el capital, sin el modo de producción del capital. El tipo
de interés es muy alto, porque incluye el beneficio e incluso una parte
del salario. Esta forma de la usura, en la que el capital no se adueña
de la producción, en la que, por lo tanto, el capital sólo lo' es formal-
mente, presupone formas de produción preburguesas como dominantes;
sin embargo, se reproduce en esferas subordinadas dentro de la misma
economía burguesa.

Segunda forma histórica del interés: préstamo de capital a la riqueza
consumidora. Aquí se presenta como un momento históricamente im-
portante de la génesis del capital, en la medida en que los ingresos (y
a menudo también la tierra) de los propietarios de la tierra se acumula
y se capitaliza en los bolsillos del usurero. Éste es uno de los procesos
a través de los cuales el capital circulante o también el capital en la
forma de dinero se concentra en una clase independiente de los pro-
pietarios de la tierra.

La forma del capital realizado, así como la de su plusvalía realizada,
es el dinero. El beneficio (no sólo el interés) se expresa, por lo tanto,
en dinero; porque en él el valor es realizado y medido.

La necesidad de pagos en dinero —no sólo del dinero para la com-
pra de mercancías, etc.—, se desarrolla en todas partes donde tienen
lugar relaciones de cambio y circulación de dinero. No es necesario en
absoluto que el intercambio sea simultáneo. Con el dinero existe la po-
sibilidad de que una parte ceda su mercancía, y la otra sólo realice su

254 [111] El capítulo del capital

pago posteriormente. La necesidad de dinero con esta finalidad (des-
arrollada posteriormente en préstamos y descuentos) es históricamente
una fuente principal del interés. Ésta no nos interesa aquí en absoluto;
sólo ha de ser considerada en las relaciones de crédito.

Diferencia entre comprar (D-M) y vender (M-D): «si yo vendo,
1) he añadido y obtenido el beneficio sobre la mercancía; 2) he obtenido
un artículo universalmente representativo o convertible, dinero, con el
cual, al ser el dinero siempre enajenable, puedo tener siempre a mi
disposición cualquier otra mercancía; la superior enajenabilidad de las
mercancías... En el caso de compra a la inversa. Si él compra para
vender de nuevo o para abastecer a clientes, cualquiera que pueda ser
la posibilidad, no hay certeza absoluta de su venta a un precio remune-
rador... Pero no toda compra es para vender de nuevo, sino para su
propio uso y consumo», etc. (pág. 117 s., Corbet, Th., «An Inquiry
into the Causes and Modes of the Wealth of Individuals». London,
1841).

Economist, April 10, 1858: «Un informe parlamentario presentado
por Mr. James Wilson muestra que la Casa de la Moneda acuñó en 1857
oro por valor de 4.859.000 libras, de las cuales 364.000 libras lo fueron
en medios soberanos. La acuñación de plata del año se elevó a 373.000 li-
bras, siendo el coste del metal utilizado 363.000 libras... La cantidad
total acuñada en los diez años finalizados el 31 de diciembre de 1857
fue 55.239.000 libras en oro y 2.434.000 en plata... La acuñación de
cobre el último año se elevó a un valor de 6.270 libras, siendo el valor
de cobre 3.492 libras; de éstos 3.163 fueron en peniques, 2.464 en me-
dios peniques y 1.120 en farthings... El valor total de la acuñación de
cobre en los últimos diez años fue 141.477 libras, siendo comprado el
cobre de que se componía por 73.503 libras».**

«Según Thomas Culpeper (1641), Josias Child (1670), Paterson
(1694) y Locke (1700), la riqueza depende de una reducción forzosa de
la tasa de interés del oro y de la plata. Esta práctica fue seguida en In-
glaterra durante casi dos siglos» (Ganilh).% Cuando Hume, en contra-
posición a Locke, desarrolló la determinación del tipo de interés a partir
de la tasa de beneficio, tenía ya ante sus ojos un desarrollo mucho mayor
del capital; aún más Bentham, cuando a finales del siglo xvi escribió
su defensa de la usura. (Desde Enrique VIII hasta Ana reducción legal
del interés.)

564 Cfr. The Economist, etc., Vol. XVI, n.* 763, April 10, 1858, pág. 401.
Commercial, and Miscellaneous News.
65 Cfr. Ganilh, Des Systemes, etc. Tome 1, págs. 76-77.

«En todo país existe 1) una clase productora y 2) una clase posee-
dora de dinero, que vive de los intereses de su capital» (pág. 110).
(J. St. Mill, «Some unsettled questions of political economy», Lon-
don, 1844).

«Es la frecuente fluctuación durante un mes y el empeñar un artículo
para rescatar otro, con lo que se obtiene una suma muy pequeña, lo que
conduce a que la prima del dinero sea tan excesiva. Existen 240 montes
de piedad con licencia en Londres y aproximadamente 1.450 en el país...
El capital utilizado es estimado alrededor de 1 millón. Rota al menos
tres veces al año... Cada vez con un beneficio medio de 33 4 %; de
esta manera, las capas inferiores de Inglaterra pagan anualmente 1 mi-
llón por el préstamo temporal de un millón, prescindiendo de lo que
pierden por los bienes que no pueden rescatar» (pág. 114). (Vol. I, J. D.
Tuckett: «A History of the Past and Present State of the Labouring
Population», etc., London, 1846).

Cómo el comerciante ocupa el lugar del maestro

«Algunos trabajos no pueden ser realizados más que en gran escala;
por ejemplo, la fabricación de porcelana, de vidrio, etc. De ahí que
nunca hayan sido trabajos artesanales. Ya en los siglos XIII y XIV se
han realizado algunos trabajos, como el tejer, en gran escala» (Poppe).*

«En los tiempos más antiguos todas las fábricas pertenecían a los
artesanos y el comerciante continuó siendo un mero distribuidor y pro-
motor del artesanado. En las manufacturas de paños y tejidos se man-
tuvo esta relación de forma muy rigurosa. Pero poco a poco los comer-
ciantes comenzaron en muchos lugares a convertirse en maestros»
(naturalmente sin los prejuicios corporativos, tradiciones, relación con
los oficiales de los viejos maestros) «y a tomar oficiales por un jornal»
(Poppe, págs. 70-72, vol. 1, «Geschichte der Technologie». Góttin-
gen, 1807-1881). Ésta fue una razón importante de por qué en Ingla-
terra la industria propiamente dicha surgió y se fijó en las ciudades
sin corporaciones.

es Cfr. J. H. M. PorpeE, Geschichte der Technologie. Góttingen 1807.
Band l, pág. 32.

256 [111] El capítulo del capital

Patrimonio mercantil.

El capital comercial, o el dinero tal como aparece en cuanto patrimonio
mercantil, es la primera forma del capital, es decir, del valor que pro-
cede exclusivamente de la circulación (del cambio), se mantiene en
ella, se reproduce y aumenta, siendo de esta forma el valor de cambio
la finalidad exclusiva de este movimiento y actividad. Tienen lugar am-
bos movimientos, comprar para vender, y vender para comprar, pero la
forma D-M-M-D es la dominante. El dinero y el aumento del mismo
se presenta como la finalidad exclusiva de la operación. El comerciante
no compra la mercancía para satisfacer su propia necesidad, por su valor
de uso, ni la vende, para pagar, por ejemplo, en dinero los contratos
firmados, o para obtener otra mercancía para satisfacer su necesidad.
Su finalidad directa es el aumento del valor y además en su forma in-
mediata en cuanto dinero. El patrimonio comercial es en primer lugar
el dinero como medio de cambio; el dinero en cuanto movimiento me-
diador de la circulación; intercambia mercancía por dinero, dinero por
mercancía y viceversa. Además el dinero se presenta aquí como fin en
sí mismo, pero sin existir por ello en su existencia metálica. Aquí es la
transformación viva del valor en las dos formas de mercancía y dinero:
la indiferencia del valor frente a la forma determinada del valor de
uso que él adopta, y al mismo tiempo su metamorfosis en todas estas
formas, que sólo se presentan, sin embargo, como disfraces. Si bien es
verdad, que de esta forma la acción del comercio unifica los movimien-
tos de la circulación, y que, en consecuencia, el dinero en cuanto pa-
trimonio mercantil es desde un punto de vista la primera forma de
existencia del capital —también históricamente se presenta de esta
forma—, también lo es desde otro punto de vista que esta forma se pre-
senta en contradicción directa con el concepto de valor. Comprar ba-
rato para vender caro es la ley del comercio. No se da, por lo tanto, el
cambio de equivalentes, con el cual el cambio en cuanto rama de acti-
vidad particular sería más bien imposible.

El dinero en cuanto patrimonio comercial —tal como se presenta
en las diferentes formas de sociedad y en los diferentes estadios de des-
arrollo de las fuerzas productivas sociales— es, sin embargo, el mero
movimiento mediador entre extremos que él no domina, y entre presu-
puestos que él no crea.

A. Smith, t. 1, 1, II (ed. Garnier): «El gran comercio de toda so-
ciedad civilizada es el que se establece entre los habitantes de la ciudad

y los del campo... consiste en el cambio del producto en bruto por el
producto manufacturado..., bien de forma inmediata, bien mediante la
intervención del dinero» (pág. 403). El comercio siempre unifica; la pro-
ducción originariamente sólo se practica en pequeña escala. «La ciudad
es una feria o un mercado al que van los habitantes del campo para
cambiar su producto bruto por el producto manufacturado. Es este co-
mercio el que suministra a los habitantes de la ciudad la materia de
su trabajo y los medios de su subsistencia. La cantidad de trabajo rea-
lizado que ellos venden a los habitantes del campo determina necesa-
riamente la cantidad de materias y de víveres que ellos compran» (pá-
ginas 408, [409]).

En tanto «los medios de subsistencia y de disfrute» es el fin prin-
cipal, predomina el valor de uso.*”

En el concepto de valor está implícito, el que él sólo se conserva
y aumenta a través del cambio. Pero el valor existente es ante todo el
dinero.

«Esta actividad que se propone la obtención de algo más allá de lo
absolutamente necesario, se fijó en las ciudades mucho antes de que pu-
diera ser puesta en práctica de forma regular por los cultivadores del
campo» (pág. 452).

«Aunque los habitantes de una ciudad, en último término, obtienen
del campo su subsistencia y todos los medios y materiales de su indus-
tria, sin embargo, los habitantes de una ciudad, que yace a orillas del
mar o de un río navegable, pueden obtenerlos también de los rincones
más apartados del mundo, bien mediante el cambio por el producto
manufacturado de su propia industria, o bien prestando el servicio de
transporte entre países lejanos e intercambiando los productos de estos
países entre sí. De esta forma una ciudad puede llegar a ser muy rica,
mientras que no sólo el campo de sus alrededores más inmediatos, sino
todos los países con los que ella comercia, son pobres. Cada uno de
estos países, tomado por separado, sólo puede ofrecerle una parte muy
pequeña de su subsistencia o de sus negocios; pero todos estos países,
tomados en su conjunto, pueden suministrarle una gran cantidad de me-
dios de subsistencia y una gran variedad de ocupaciones» (págs. [452],
453). (Las ciudades italianas fueron las primeras en Europa que se des-
tacaron mediante el comercio; durante las Cruzadas —Venecia, Géno-
va, Pisa—, en parte mediante el transporte de hombres y siempre me-
diante el de medios de subsistencia, que tenían que serle suministrados

es Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 415 <Investigación...,
pág. 344».

258 [111] El capítulo del capital

a aquéllos. Estas repúblicas eran, por así decirlo, intendentes de estos
ejércitos) (loc. cit.).**

El patrimonio mercantil en cuanto que está implicado constante-
mente en el cambio y se cambia por el valor de cambio, es en realidad
el dinero viviente.

«Los habitantes de las ciudades comerciales importaban objetos re-
finados y artículos de lujo de gran precio de países ricos, y ofrecían de
esta forma nuevo alimento a la vanidad de los grandes propietarios
de la tierra, que los compraban con avidez, pagando por ellos grandes
cantidades de producto en bruto de sus tierras. De esta forma el co-
mercio de una gran parte de Europa en esta época consistía en cambio
de productos en bruto de un país por productos manufacturados de
un país más avanzado en la industria» (págs. [454], 455). «Cuando este
gusto llegó a ser lo suficientemente general, como para dar origen a
una demanda considerable, los comerciantes, para ahorrarse los costes
de transporte, intentaron establecer en su país manufacturas similares.
Éste es el origen de las primeras manufacturas para la venta au loin»
(loc. cit.).%* Las manufacturas de lujo procedían del comercio exterior,
establecidas por comerciantes (págs. [456 -] 458). (Elaborando mate-
rias extranjeras.)”” A. Smith habla de una segunda clase, que «surgieron
natural y autónomamente mediante el sucesivo refinamiento de las ma-
nufacturas domésticas y toscas». Elaboraban materiales locales (pági-
na 459)"

Los pueblos comerciantes de la Antigiiedad vivían, como los dioses
de Epicuro, en los intermundos del universo, o más bien como los ju-
díos en los poros de la sociedad polaca. La mayor parte de los pueblos
o ciudades comerciales autónoma y fuertemente desarrollados practica-
ban el comercio itinerante, que descansaba sobre la barbarie de los pue-
blos productores, entre los cuales ellos desempeñaban la función del
dinero (la de mediador).

En los estadios iniciales de la sociedad burguesa el comercio domina
la industria; en la sociedad moderna a la inversa.

El comercio naturalmente influirá a su vez en mayor o menor me-

$8 Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 454 <Investigación...,
pág. 361».

6 Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 455 <Investigación...,
pág. 362)

670 Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, págs. 456-458 <Investi-
gación..., pág. 362).

en Cfr. A. Smith, Recherches, etc. Tome Second, pág. 459 <Investigación...,
pág. 363».

dida sobre las comunidades entre las que se practica. Someterá a la
producción cada vez más al valor de cambio; relegará cada vez más el
valor de uso a un segundo plano; en la medida en que hace depender
la subsistencia más de la venta que de la utilización inmediata del pro-
ducto. Disuelve las viejas relaciones. Aumenta con ello la circulación
del dinero. En un principio sólo abarca el excedente de la producción;
poco a poco se apodera de esta misma. Sin embargo, la acción disolvente
depende mucho de la naturaleza de las comunidades productoras entre
las que opera. Por ejemplo, el comercio apenas si ha afectado a las co-
munidades antiguas de la India y en general a las relaciones asiáticas.
El engaño en el cambio es la base del comercio tal como se presenta
de forma autónoma.

Pero el capital sólo surge allí donde el comercio se ha apoderado
de la producción misma y el comerciante se ha convertido en productor
o el productor en mero comerciante. Frente a ello, la constitución cor-
porativa medieval, el sistema de castas, etc. La génesis del capital en su
forma adecuada presupone, sin embargo, el capital en cuanto capital co-
mercial, de forma tal que ya no se produce para el uso —en mayor o
menor medida mediado por el dinero—, sino para el comercio en gran
escala.

El patrimonio comercial en cuanto forma económica autónoma y en
cuanto fundamento de ciudades y pueblos comerciantes existe y ha exis-
tido entre pueblos, que se encuentran en los estadios más diferentes
del desarrollo económico, y en la misma ciudad comerciante (por ejem-
plo, en las antiguas de Asia, en las griegas y en las italianas de la Edad
Media, etc.), puede continuar existiendo la producción en la forma de
corporación gremial, etc.

Stewart: «Comercio es una operación por la cual la riqueza bien de
los individuos, bien de las sociedades, puede ser cambiada, por una ca-
tegoría de hombres llamados comerciantes, por un equivalente, apto
para satisfacer toda necesidad, sin interrupción alguna para la industria,
y sin obstáculo alguno para el consumo. Industria es la aplicación del
trabajo habilidoso de un hombre libre, con la finalidad de obtener, a
través del comercio, un equivalente apto para satisfacer todas las nece-
sidades» (t. I, pág. 166).

«Mientras las necesidades son simples y escasas, el trabajador en-
cuentra tiempo suficiente para distribuir todo su trabajo; cuando las
necesidades se multiplican, los hombres tienen que trabajar con más
intensidad; el tiempo se convierte en algo precioso; de ahí que se in-
troduzca el comercio... El comerciante en cuanto mediador entre traba-
jadores y consumidores» (pág. 171).

260 [111] El capítulo del capital

La concentración (de los productos) en pocas manos supone la in-
troducción del comercio (loc. cit.)."? El consumidor no compra para
vender de nuevo. El comerciante compra y vende simplemente con la
finalidad de ganar (pág. 174) (es decir, por el valor). «El más simple
de todos los comercios es el que es practicado mediante el trueque de
los medios de subsistencia más necesarios» (entre los alimentos exce-
dentes de los arrendatarios agrícolas y los trabajadores libres). «El pro-
greso ha de ser atribuido fundamentalmente a la introducción del dine-
ro» (pág. 176)."* En tanto las necesidades recíprocas son satisfechas
mediante el trueque, no existe la menor oportunidad para el dinero.
Ésta es la combinación más simple. Cuando las necesidades se multipli-
can, el trueque deviene más difícil; entonces se introduce el dinero.
Éste es el precio general de todas las cosas. Un equivalente adecuado
en las manos de aquellos que tienen necesidades. Esta operación de com-
prar y vender es algo más compleja que la primera. Por lo tanto,
1) trueque; 2) venta; 3) comercio. El comerciante tiene que estar en-
medio. Lo que antes se llamaba necesidad, está representado ahora por
el consumidor; la industria por el fabricante; el dinero por el comer-
ciante. El comerciante representa el dinero poniendo el crédito en su
lugar; y de la misma forma que el dinero fue inventado para la simpli-
ficación del trueque, así también el comerciante con el crédito inventa
un nuevo perfeccionamiento para el uso del dinero. Esta operación de
compra y venta es ahora comercio; libera a ambas partes de la inco-
modidad del transporte y de acomodar las necesidades a las necesida-
des, o las necesidades al dinero; el comerciante representa sucesiva-
mente al consumidor, al fabricante y al dinero. Frente al consumidor
representa a la totalidad de los fabricantes, frente a éstos a la totalidad
de los consumidores y para ambas clases su crédito sustituye el uso del
dinero (págs. 177, 178). Se da por supuesto que los comerciantes com-
pran y venden no por necesidad, sino con la finalidad de obtener un
beneficio (pág. 203).*

«Únicamente el industrial produce para el uso de los demás, no
para el propio; estos bienes sólo empiezan a ser útiles para él en el
momento en el que los cambia. Hacen necesario, por lo tanto, el co-
mercio y el arte de los cambios. Sólo son apreciados por su valor de
cambio» (pág. 161). (Sismondi «Études sur V'économie politique, t. 1,

12 Cfr. STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 171.
673 Cfr. STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 174-175.
6% Cfr. STEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 175-176.
615 Cfr. STeEUART, An Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 201.

Bruxelles, 1838). El comercio le ha robado a las cosas, a las riquezas, su
carácter primitivo de ser cosas útiles: el comercio lo ha reducido todo a
la oposición entre el valor de uso y el valor de cambio (pág. 162). Al
comienzo la utilidad es la verdadera medida de los valores; ... poste-
riormente existe el comercio en el estado patriarcal de la sociedad; pero
él no lo ha absorbido por completo; sólo es practicado sobre el exce-
dente de las producciones de cada uno, y no sobre lo que constituye lo
necesario para la subsistencia (págs. 162, 163). Por el contrario, el
carácter de nuestro progreso económico consiste en que el comercio
se ha encargado de la distribución de la totalidad de la riqueza produ-
cida anualmente y, en consecuencia, ha reprimido de forma absoluta
su carácter de valor útil, para no dejar subsistir más que su carácter
de valor de cambio (pág. 163). Antes de la introducción del comer-
cio..., el aumento de la cantidad de las cosas producidas suponía un
aumento directo de las riquezas. Menos importante era entonces la can-
tidad de trabajo mediante el cual eran adquiridas estas cosas útiles...
Y en realidad la cosa que se necesita no pierde absolutamente nada
de su utilidad, incluso cuando para su obtención no ha sido necesario
ningún trabajo; el trigo y el lino no serían menos necesarios a sus po-
seedores..., aunque les lloviera del cielo. Ésta es sin duda la verdadera
evaluación de la riqueza, del disfrute y de la utilidad. Pero desde el
momento en el que los hombres... hicieron depender su subsistencia
de los cambios que podían realizar, o del comercio, se vieron obligados
a ajustarse a otra evaluación, al valor de cambio, al valor, que no resulta
de la utilidad, sino de la relación entre la necesidad de toda la sociedad
y la cantidad de trabajo suficiente para satisfacer esta necesidad, o tam-
bién de la cantidad de trabajo que podría satisfacerla en el futuro.
(pág. 256, loc. cit.). En la evaluación de los valores, que se ha intentado
mensurar mediante la institución del numerario, el concepto de utilidad
ha sido dejado completamente de lado. Es el trabajo, el esfuerzo ne-
cesario para procurarse las dos cosas cambiadas recíprocamente, lo único
que es tomado en consideración (pág. 267).

Sobre el interés dice Gilbart (]. W.): «The History and Principles
of Banking», London, 1834:

«El hecho de que un hombre que toma prestado con la finalidad de
obtener un beneficio de él, debe dar una parte del beneficio al presta-
mista, es un principio evidente de justicia natural. Un hombre obtiene
usualmente un beneficio mediante el comercio. Pero en la Edad Media
la población era exclusivamente agrícola. Y allí, así como bajo el go-
bierno feudal, sólo podía existir un comercio reducido y, por lo tanto,
el beneficio sólo podía ser pequeño... De ahí que las leyes sobre la

262 [111] El capítulo del capital

usura estuvieran justificadas en la Edad Media... Además: en un país
agrícola una persona rara vez necesita tomar prestado dinero excepto
si se ve reducido a la pobreza o a la miseria» (pág. 163). Enrique VIII
limitó el interés al 10 %, Jacobo 1 al 8, Carlos II al 6, Ana al 5
(164, 165). En aquellos tiempos los prestamistas, eran si no legalmente,
sí de hecho, monopolistas, y por lo tanto, era necesario ponerles res-
tricciones como a los demás monopolistas (pág. 165). En nuestra época
la tasa de beneficio regula la tasa de interés; en aquellos tiempos la
tasa de interés regulaba la tasa de beneficio. Si el prestamista de dinero
cargaba al comerciante con una tasa de interés alta, el comerciante tenía
que añadirle a sus mercancías una tasa de beneficio superior, y de esta
forma una suma mayor de dinero era tomada de los bolsillos de los
compradores, para ser transferida a los bolsillos de los prestamistas
de dinero. Este precio adicional añadido a las mercancías, hacía que el
público fuera menos capaz y estuviera menos inclinado a comprarlas»
(pág. 165) (loc. cit.).

El comercio con equivalentes es imposible. Opdyke.

«Bajo la regla de los equivalentes invariables el comercio, etc., sería
imposible» (G. Opdyke: «A Treatise in Political Economy», New
York, 1851, pág. 67).

«La limitación positiva de la cantidad de este instrumento» (es de-
cir, del papel moneda) «realizaría la única finalidad útil que realiza el
coste de producción en el otro» (dinero metálico) (loc. cit. 300).

Capital e Interés.

Interés: «Si una suma dada de metal precioso desciende en su valor,
éste no es ningún motivo, por el que se debería tomar una cantidad
menor de dinero por su uso, ya que si el capital tiene menos valor para
el prestatario, también el interés es menos difícil de pagar en la misma
medida... En California es el 3 % mensual, 36 % anual, como: conse-
cuencia de la situación inestable. En el Indostán, donde los préstamos
a los príncipes indios para gastos improductivos, para compensar las
pérdidas de capital de los prestamistas por término medio, se realizan
con un interés muy alto, 30 %, no tienen ninguna relación con el bene-
ficio que puede ser obtenido en operaciones industriales» (Economist, 22,
enero 1856). (El prestamista «carga aquí un interés lo suficientemente

alto como para compensar, como término medio de todas sus transac-
ciones de préstamo, sus pérdidas en casos particulares con las ganancias
aparentemente exhorbitantes obtenidas en otros» [loc. cit.].)

La tasa de interés depende: 1) de la tasa de beneficio; 2) de la
proporción en la que el beneficio total se divide entre el prestamista y
el prestatario (loc. cit.).

La abundancia o la escasez de metales preciosos, el nivel vigente
alto o bajo de los precios generales, determina únicamente si se reque-
rirá una cantidad mayor o menor de dinero para efectuar los cambios
entre los prestatarios y los prestamistas, así como cualquier otra clase
de cambios...” La diferencia consiste exclusivamente en que se necesi-
tará una suma mayor de dinero para representar y transferir el capital
prestado... la relación entre la suma pagada por el uso del capital y
el capital expresa la tasa de interés medida en dinero (loc. cit.).”

Double Standard (patrón doble). Antes, en los países en los que el
oro y la plata eran patrón legal, circulaba casi exclusivamente la plata,
porque desde 1800 a 1850 la tendencia fue que el oro deviniera más
caro que la plata... El oro que había aumentado algo en su valor res-
pecto a la plata, estaba en Francia por encima de su relación respecto
a la plata fijada en 1802... También en los Estados Unidos; en la In-
dia. (En esta última, ahora patrón de plata como en Holanda, etc.)... La
circulación en los Estados Unidos fue la primera afectada. Gran im-
portación de oro de California provocó la subida de la plata en Euro-
pa..., envío masivo de monedas de plata y su sustitución por oro. El
gobierno de los Estados Unidos acuñó monedas de oro de hasta 1 dó-
lar... Sustitución de plata por oro en Francia. (Economist, 15 noviem-
bre 1851)."* Sea cual sea el «patrón de valor», y «sea cual sea la porción
fijada de este patrón que representa el dinero en circulación —por-
ción que puede ser determinada—, ambos sólo pueden tener un valor
fijo y permanente, si son convertibles a voluntad del tenedor» (Eco-
nomist)

La única forma en que cualquier clase de moneda puede estar por
encima de su valor es que nadie esté obligado a pagar con ellas, mien-

es Cfr. The Economist, etc. Vol. XI, n.* 491, January 22, 1853, pág. 89.
Artículo: Connection between the rate of interest and the abundance or scarcity
of the precious metals.

snm Cfr. The Economist, etc. Vol. XI, n.* 491, January 22, 1853, págs. 89-90.

sr Cfr. The Economist, etc. Vol. IX, n.* 429, November 15, 1851, pági-
na 1257. Artículo: The Effect of California on fixed incomes.

sm Cfr. The Economist, etc. Vol. V, n.* 215, October 9, 1847, pág. 1158.

264 [111] El capítulo del capital

tras que todo el mundo está obligado a aceptarlas como moneda de
curso legal (Economist).%

Ningún país puede, en consecuencia, tener más de un patrón (más
de un patrón de medida del valor); pues este patrón tiene que ser uni-
forme e invariable. Ningún artículo tiene valor uniforme, invariable
respecto a otro; sólo lo tiene respecto a sí mismo. Un pedazo de oro
es siempre del mismo valor que otro de exactamente la misma finura,
del mismo peso, y del mismo valor en el mismo lugar; pero esto no
se puede decir del oro y de cualquier otro artículo, por ejemplo, de la
plata (Economist, 1844).%

La £ St. inglesa representa algo menos de 1/3 de su valor origina-
rio; el florín alemán = 1/6; Escocia antes de la unión redujo su libra
a 1/36; la livre francesa = 1/74; el maravedí español = menos de
1/1.000, el rei portugués todavía más bajo (pág. 13 Morrison).*”

Antes de la ley de 1819 las causas que determinaban el precio de
los metales preciosos en lingote, además de la circulación de los billetes
de banco, eran: 1) la condición más o menos perfecta de la moneda. Si
la moneda metálica en circulación desciende por debajo de su peso
normal, la más mínima variación del cambio que da origen a una de-
manda para la exportación tiene que elevar el precio de los metales
nobles, en lingotes no acuñados, por lo menos en el montante de la de-
gradación de la moneda. 2) Leyes penales que prohíben la fundición y
exportación de monedas y que permitían el tráfico de metales preciosos
en lingotes. Ésta daba, en el caso de una demanda intensa para la ex-
portación, un margen para la variación del precio de los metales pre-
ciosos en lingotes respecto a las monedas, incluso en épocas en las que
el papel era completamente convertible. En 1783, 1792, 1795, 1796...
1816 el precio de los metales preciosos en lingotes subió por encima del
precio acuñado, porque los directores del Banco de Inglaterra*'* en su
afán de prepararse para la reasunción de los pagos en dinero contante,
aceptaban el oro a un precio considerablemente superior al precio de
la Casa de la Moneda (Fullarton).*%

eo Cfr. The Economist, etc. Vol. 1, n.* 386, January 18, 1851, pág. 59.

sel Cfr. The Economist, etc. Vol. 1, n* 37, May 11, 1844, pág. 771.

682 Cfr. W. HamPsoN Morrison, Observations on the System of Metallic
Currency adopted in this country. London 1837, pág. 13.

683 Cfr. Join Fullarton, On the Regulation of Currencies, etc. Second
Edition. London 1845, págs. 7-10 nota.

*M5 «directores del Banco de Inglaterra»; en ed. 1939 «bank-creditors»
(acreedores del banco).

Puede existir como patrón el oro, sin que circule una onza de oro
(Economist).*

Bajo Jorge 111 (1774), la plata era de curso legal sólo hasta 25 li-
bras. El banco por ley sólo pagaba en oro (Morrison). Lord Liverpool
(comienzos del siglo x1x) convirtió la plata y el cobre en monedas pu-
ramente representativas (loc. cit.).

Efecto disolvente del dinero. El dinero instrumento para dividir la
propiedad.

La estupidez de Urquhart sobre el patrón monetario: «El valor del
oro tiene que ser medido por sí mismo; ¿cómo puede ser una sustan-
cia la medida de su propio valor en otras cosas? El valor del oro tiene
que ser fijado por su propio peso, bajo una denominación falsa de este
peso, y una onza tiene que valer tantas libras y fracciones de libras.
¡Esto equivale a falsificar una medida, no a establecer un patrón! » (Fa-
miliar Words).

A. Smith llama al trabajo la medida real y al dinero la medida no-
minal del valor; presenta a la primera como la originaria.*

Valor del dinero. J. St. Mill, «Dada una cantidad de bienes vendidos
y el número de ventas y reventas de estos bienes, el valor del dinero
depende de su cantidad, y del número de veces que cada pieza de di-
nero cambia de manos en este proceso». «La cantidad de dinero en
circulación = al valor en dinero de todas las mercancías vendidas, divi-
dido por el número que expresa la velocidad de la circulación». «Si el
importe de mercancías y transacciones está dado, el valor del dinero
estará en proporción inversa a su cantidad multiplicada por la velocidad
de su circulación».* Pero todas estas frases han de ser comprendidas
exclusivamente en el sentido «de que sólo se habla de la cantidad de
dinero que circula realmente y es cambiado en la práctica por mercan-
cías». «La cantidad de dinero necesaria está determinada en parte por
sus costes de producción y en parte por la velocidad de circulación. Si
la velocidad de la circulación está dada, entonces los costes de produc-
ción son los determinantes; si los costes de producción están dados,

s% A juzgar por los extractos de Marx se trata de uno de los números del
Economist de 16 o 23 de octubre de 1847.

$85 Cfr. Morrison, Observations, etc., pág. 21.

$ Cfr. Morrison, Observations, etc., págs. 24-25.

687 Cfr. UrquuartT, Familiar Words, etc., págs. 104-105.

ss Cfr. A. Smith, An Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 100-101 <Investigación...,
pág. 31).

es Cfr. J. ST. MiLL, Principles, etc. Vol. 11, págs. 17-18.

sw Cfr. J. ST. MiLL, Principles, etc. Vol. 1, págs. 29-30.

266 [111] El capítulo del capital

entonces la cantidad de dinero depende de la velocidad de la circu-
lación».*

El dinero no tiene otro equivalente que sí mismo o que aquello que
sea mercancía. Degrada, por lo tanto, todo. Á comienzos del siglo xv
en Francia incluso los vasos consagrados (cálices), etc., fueron empe-
ñados a los judíos (Augier).*”

El dinero no es objeto de consumo directo: el numerario no se con-
vierte nunca en objeto de consumo; continúa siendo siempre mercan-
cía; nunca se convierte en artículo para cada individuo. Su materia tiene,
por lo tanto, que tener valor, pero un valor basado en una necesidad
ficticia; dicha materia no debe ser imprescindible para la existencia del
hombre; pues toda la cantidad que es utilizada como numerario no
puede ser utilizada individualmente; tiene que circular constantemente
(Storch).*%

Jobn Gray: «The Social System. A treatise om the principle of
Exchange», Edinburgh, 1831.

«Vender por dinero debe convertirse en todo momento en algo tan
fácil, como comprar con dinero; la producción se convertiría entonces
en la causa uniforme y siempre presente de la demanda» (16). Es la
cantidad que puede ser vendida con un beneficio, y no la cantidad que
puede ser producida, el límite actual de la producción (59).

El dinero debería ser simplemente un recibo, un certificado de que
su tenedor, o bien ha contribuido con un cierto valor al stock de la
riqueza nacional, o bien ha adquirido el derecho a dicho valor de alguien
que ha contribuido a él... El dinero no debería ser ni más ni menos
que certificados transportables, transferibles, divisibles e inimitables de
la existencia de riqueza almacenada (63, 64). Una vez dado a un pro-
ducto un valor estimado, se lo deposita en un banco, y es retirado
cuando es necesario; bastaría estipular, mediante un acuerdo general,
que aquel que deposita cualquier clase de propiedad en el Banco Nacio-
nal propuesto, puede retirar de él un valor igual de cualquier otro artículo
que el banco pueda contener, en lugar de verse obligado a retirar la
misma cosa que hubiera depositado... El banquero nacional propuesto
recibiría y se haría cargo de toda clase de valores, y devolvería a su vez
cualquier clase de valores (loc. cit.).*

«Si el dinero», dice Gray, «es del mismo valor que lo que repre-

e Cfr. J. Sr. MiLL, Principles, etc. Vol. 1, pág. 30.

62 Cfr. M. AuciEr, Du Crédit Public, etc. Paris 1842, págs. 95 y 101.
6 C£z. SrorcH, Cours, etc. Tome II, págs. 109, 113-114.

em Cfr. Jon Gray, The Social System, etc., págs. 67-68.

senta, deja de ser representativo en absoluto. Uno de los principales
desiderátums del dinero consiste en que el tenedor del mismo se vea
obligado, en un momento o en otro, a presentarlo al pago en el lugar
del que lo ha recibido. Pero si el dinero es del mismo valor intrínseco
que lo que es dado por él, no existe tal necesidad» (74).

«La depreciación del capital... debería constituir un ítem a cargo
de la nación» (págs. 115, 116). «Los negocios de cada país deberían
ser dirigidos... sobre la base de un capital nacional» (171). «Toda la
tierra debería ser transformada en propiedad nacional» (298).

Gray (John): «Lectures on the nature and use of Money» (Edin-
burgb, 1848): «El hombre, colectivamente, no debería conocer ningún
límite para sus medios físicos de disfrute, excepto aquellos que proceden
del agotamiento de su laboriosidad o de sus fuerzas productivas: mien-
tras que nosotros, como consecuencia de la adopción de un sistema
monetario erróneo en principio y destructivo en la práctica, hemos con-
sentido en restringir la cantidad de nuestros medios físicos de disfrute
a la cantidad precisa que puede ser cambiada, obteniendo un beneficio,
por otra mercancía, que es una de las menos susceptibles de ser mul-
tiplicadas por el ejercicio de la laboriosidad humana, de todas las que
existen en la faz de la Tierra» (29). Lo que se requiere para un buen
sistema, es 1) un sistema bancario mediante cuyas operaciones sea res-
taurada la relación natural de la oferta y la demanda; 2) una medida
de valor verdadera, en lugar de la ficción existente (108). (En este libro
es desarrollada aún más la idea del banco de cambio hasta en los deta-
lles y conservando el actual modo de producción.) «Tiene que existir un
precio mínimo de trabajo pagable en dinero corriente» (pág..160). Di-
gamos, por ejemplo, que la tasa más baja de salarios por una semana
de 60-72 horas, tasa fijada por ley, es 20 sh. o 1 libra de curso legal
(161). «¿Deberíamos conservar nuestro patrón ficticio de valor, el oro,
y de esta forma limitar los recursos productivos del país, o deberíamos
recurrir al patrón natural del valor, al trabajo, y de esta forma liberar
nuestros recursos productivos?» (pág. 169). Una vez fijado el montante
de este salario mínimo..., debería continuar siendo el mismo siempre
(174). «Dejemos que el oro y la plata ocupen el lugar que les es ade-
cuado en el mercado junto al de la mantequilla, los huevos, las telas y
el cálico, y entonces el valor de los metales noble no nos interesará más
que el de los diamantes», etc. (182, [183]). No hay ninguna objeción
que formular contra la utilización del oro y la plata como instrumentos
de cambio... sino únicamente como medidas del valor... En poco tiem-
po se vería qué cantidad de onzas de oro o plata sería posible obtener

268 [111] El capítulo del capital

en Londres, Edimburgo o Dublín a cambio de un billete de cien libras
de curso legal (pág. 188).

Interés. HA medida que aumenta la clase de los rentistas, aumenta
también la de los prestamistas de capital, pues son los mismos. Única-
mente por este motivo el interés, en los viejos países, tendría que tener
una tendencia a descender (202,*'* Ramsay). «Es probable que en
todas las épocas los metales preciosos hayan costado más en su pro-
ducción que lo que haya recompensado nunca su valor» (101, II, Ja-
cob, W.: «An Historical Enquiry into the Production and Consumption
of Precious Metals», London, 1831).

Valor del dinero. El valor de todas las cosas dividido por el nú-
mero de transacciones del que fueron objeto desde el productor hasta
el consumidor = al valor de los escudos, utilizados para comprarlas,
dividido por el número de veces que estos talers han sido transmitidos
en el mismo espacio de tiempo. (Sismondi, «Nouveaux Principes d'Éco-
nomie Politique», etc.).

El desarrollo más formal de la falsa teoría del precio se encuentra
en James Mill (citado según la traducción de S. T. Parisot,.Paris. 1823.
«Eléments d'Économie Politique»).

Los pasajes más importantes de Mill son:

«Valor del dinero = a la proporción en la que es cambiado por
otros artículos, o a la cantidad de dinero que se da en el cambio por
una determinada cantidad de otras cosas» (pág. 128). Esta proporción
está determinada por la cantidad total de dinero existente en un país.
Si damos por supuesto que de una parte están todas las mercancías del
país y de la otra todo el dinero, es evidente, que en el cambio de ambas
partes, el valor del dinero, es decir, la cantidad de mercancías que es
cambiada por él, depende por completo de su propia cantidad (loc. cit.).*
El caso es exactamente el mismo en la realidad. La masa total de mer-
cancías de un país no se cambia de una vez por la masa total del dinero,
sino que las mercancías se cambian en porciones, y a menudo en por-
ciones muy pequeñas, en diferentes épocas a lo largo del año. La misma
pieza de dinero que hoy ha servido para este cambio, puede servir ma-
ñana para otro. Una parte del dinero es utilizada para un gran número
de cambios, otra parte para un número muy pequeño, y una tercera

65 Cfr. Ramsay, An Essay, etc., pág. 202.
es Cfr. James MiLL, Elements, etc., págs. 128-129.

*146 «202»; en ed. 1939 «201-202».

es acumulada y no sirve para ningún cambio. Entre todas estas varia-
ciones existirá una tasa media, obtenida mediante el número de cambios
para el que sería utilizada cada pieza de dinero, si todas hubieran ope-
rado el mismo número de cambios. Esta tasa se fijaría en una cifra
cualquiera, por ejemplo, 10. Si cada pieza de dinero que se encuentra
en el país ha servido para 10 compras, esto es lo mismo que si el nú-
mero total de piezas de dinero se hubiera multiplicado por diez y que
si cada una sólo hubiera servido para una única compra. En este caso
el valor de todas las mercancías es igual a 10 veces el valor del dine-
ro, etc. (págs. 129, 130). Si, en lugar de que cada pieza de dinero hu-
biera servido para 10 compras en el año, la masa total del dinero se
hubiera multiplicado por diez, y cada pieza de dinero sólo hubiera ser-
vido para un cambio, entonces es evidente que todo aumento de esta
masa ocasionaría la disminución correspondiente en el valor de cada
una de estas piezas tomadas por separado. Puesto que se da por su-
puesto que la masa de todas las mercancías, por la que puede ser cam-
biado el dinero, continúa siendo la misma, el valor de la masa total de
dinero no puede devenir mayor que el anterior tras el aumento de su
cantidad. Si se da por supuesto el aumento del dinero en una décima
parte, el valor de cada una de sus partes, de una onza, por ejemplo, tiene
que haber disminuido en una décima parte (págs. 130, 131). «Por lo
tanto, cualquiera que sea el grado del aumento o de la disminución de
la masa total del dinero, si la cantidad de las demás cosas continúa sien-
do la misma, esta masa total y cada una de sus partes experimenta re-
cíprocamente un aumento o una disminución proporcional. Está claro
que esta frase es una verdad absoluta. Cada vez que el valor del dinero
experimenta una subida o un descenso, mientras que la cantidad de
mercancías por la que puede ser cambiado, y el movimiento de la circu-
lación continúan siendo los mismos, este cambio tiene que haber tenido
su causa en una disminución o en un aumento***” del dinero, y no puede
ser atribuido a ninguna otra causa. Si disminuye la masa de mercan-
cías, mientras que la cantidad de dinero continúa siendo la misma, esto
es lo mismo que si hubiera aumentado la cantidad total de dinero y a
la inversa. Cambios similares son el resultado de toda alteración en el
movimiento de la circulación. Todo aumento del número de compras
produce el mismo efecto que un aumento total del dinero; una dismi-
nución de este número produce directamente el efecto opuesto» (pági-

sé «en una disminución o en un aumento»; ed. 1939 «Vermehrung oder
Verminderung» (aumento o disminución).

nas 131, 132).” Si una porción del producto anual no es cambiada en
absoluto, como la que consumen los productores, o no es cambiada
por dinero, esta porción no debe ser tomada en consideración, ya que
lo que no se cambia con la moneda, está en la misma relación con la
moneda que si no existiera» (págs. 131, 132). Cada vez que el aumento
o la disminución del dinero puede tener lugar libremente, esta canti-
dad está regulada por el valor del metal... Pero el oro y la plata son
mercancías, productos... Los costes de producción regulan el valor del
oro y de la plata, como el de los demás productos (págs. 136, 137).”

La estupidez de este razonamiento es palpable.

1) Se da por supuesto, que la masa de mercancías continúa siendo
la misma, así como la velocidad de circulación, pero que una masa mayor
de oro y de plata se cambia por la misma masa de mercancías (sin que
el valor, es decir, la cantidad de trabajo contenida en el oro y la plata
se haya modificado); es decir, se da por supuesto exactamente lo que se
quería demostrar, a saber: que los precios de las mercancías están deter-
minados por la cantidad del medio de circulación y no a la inversa.

2) Mill concede que las mercancías no arrojadas a la circulación
no existen para el dinero. Está igualmente claro, que el dinero no arro-
jado a la circulación no existe para las mercancías. De esta forma no
existe ninguna relación fija entre el valor del dinero en general y la masa
del misnio que se encuentra en circulación. El hecho de que la masa que
se encuentra realmente en circulación dividida por el número de
sus rotaciones es igual al valor del dinero, es una mera perífrasis tauto-
lógica para afirmar que el valor de la mercancía expresado en dinero
es su precio; puesto que el dinero que se encuentra en circulación
expresa el valor de las mercancías que hace circular, de ahí que el valos
de estas mercancías esté determinado por la masa del dinero en circu-
lación.

3) La confusión, en la tesis de Mill, se pone de manifiesto con cla-
ridad, en que según él el valor del dinero disminuye o aumenta con
«toda alteración en el movimiento de la circulación». Si una libra es-
terlina circula una o diez veces al día, en cada cambio expresa el equi-
valente de una mercancía, se intercambia por el mismo valor en la forma
de una mercancía. Su propio valor continúa siendo el mismo en cada
cambio, y no es alterado por la circulación rápida o lenta. La masa del
dinero en circulación es alterada; pero no el valor de las mercancías,

e Cfr. James MiLL, Elements, etc., págs. 132-133.
ee Cfr. James MiLL, Elements, etc., pág. 137.

ni el valor del dinero. «Cuando se dice: una pieza de tela de 5 libras,
esto quiere decir: posee el valor de 616.370 granos de oro corriente. El
argumento expuesto más arriba puede ser parafraseado de la forma
siguiente: “los precios tienen que descender, porque las mercancías son
valoradas en tantas onzas de oro, y la cantidad de oro en este país
ha disminuido”» (Hubbard, J. G., «The Currency and the Country»,
London, 1843, págs. 44, 45).

4) Mill da por supuesto, en primer lugar, en la teoría, que la
masa total del dinero que se encuentra en un país se cambia de una vez
por la masa total de las mercancías que se encuentran en un país. Más
adelante dice que, en la realidad, ocurre esto, y además por la razón
fundamental de que en la práctica ocurre precisamente lo contrario y
sólo se cambian porciones de mercancías, siendo los menos los pagos
efectuados de forma inmediata. De esto se sigue, que la suma total de
transacciones o compras efectuadas en un día es completamente inde-
pendiente del dinero en circulación en ese día y que la masa de dinero
que circula en un día, no es la causa sino el efecto de una masa de tran-
sacciones previas y completamente independientes de la reserva de di-
nero disponible cada vez.

5) Finalmente, el mismo Mill concede que, en el caso de circu-
lación libre de dinero, y únicamente con ésta tenemos que vérnosla, el
valor del dinero está determinado por los costes de producción, es de-
cir, según el mismo Mill, por el tiempo de trabajo en él contenido.

Historias del dinero. En el panfleto de Ricardo: «Proposals for an
Economical and Secure Currency with Observations on the profits of
the Bank of England, London, 1816», se encuentra un pasaje, en el
que tira por la borda toda su teoría. Dice: «El importe de los billetes
en circulación depende... del importe, necesario para la circulación del
país, y éste está regulado por el valor del patrón, el montante de los
pagos y por la economía aplicada para realizarlos» (pág. 8, loc. cit.).

Bajo Luis XIV, XV, XVI había en Francia todavía impuestos en
especie entre la población campesina para el pago de impuestos del
gobierno (Augier).*”

Precios y masa del medio de circulación. El mero aumento del
precio no es suficiente para crear una demanda de dinero en circulación
adicional. Esto sólo ocurre, si aumenta simultáneamente la producción y
el consumo. Por ejemplo, el precio del trigo sube, pero disminuye su
oferta. De esta forma con la misma cantidad de dinero en circulación

69 Cfr. Aucier, Du Crédit, etc., pág. 128.

272 [111] El capítulo del capital

puede ser regulado... Pero si tiene lugar un aumento de los precios
como consecuencia de una demanda creciente, de nuevos mercados, de
un nivel mayor de la producción, en una palabra, si tiene lugar un
aumento de los precios y de la suma general de transacciones, entonces
se requiere que la intervención del dinero sea multiplicada en el número
y aumentada en magnitud (Fullarton)."" '

El comercio gobierna el dinero, no el dinero el comercio. El sir-
viente del comercio tiene que seguir las variaciones (en los precios) de
las demás mercancías (D'Avenant).””

(Bajo los reyes feudales los pocos artículos comprados en masa por
el pueblo habían descendido tanto, que no había pieza de oro o plata
lo suficientemente pequeña para corresponder a los pagos para cubrir
las necesidades diarias del trabajador...; de ahí que el dinero en circu-
lación, como en la Roma antigua, estuviera constituido exclusivamente
por metales inferiores, cobre, estaño, hierro.) (Jacob.) *”

Jacob calcula que, en este siglo, 2/3 del oro y de la plata en Europa
se encuentran en la forma de objetos, utensilios y ornamentos, y no en
la de moneda.'* (En otro lugar, que el metal noble utilizado de esta
forma en Europa y América equivale a 400 millones de £. St.)”

Precios y masa del medio de circulación. Locke, Spectator (19 de
octubre de 1711), Hume, Montesquieu; su teoría descansa sobre tres
tesis:

1) Los precios de las mercancías son proporcionales a la cantidad
de dinero existente en el país; 2) la moneda y el dinero en circulación de
un país es el representante de todo el trabajo y de todas las mercan-
cías del mismo, de suerte que cuanto mayor o menor sea la represen-
tación, tanto mayor o menor será la cantidad de la cosa representada
que corresponde a la misma cantidad de aquélla; 3) si aumentan las
mercancías, devienen más baratas; si aumenta el dinero, aumenta el
valor de las mercancías (Steuart).

Tarjas (pequeña moneda de cobre o plata, counters), por oposición
al dinero con valor intrínseco (loc. cit.).?%

Efecto disolvente del dinero. El dinero es un instrumento para

710 Cfr. Fullarton, On the Regulation, etc. 1845, págs. 102-104.

710 Cfr. D'AvenaNtT, Discourses on the Public Revenues, and on the Trade
of England, etc. Part 11, London 1698, pág. 16.

102 Cfr. Jacob, An Historical Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 302.

1 Cfr. Jaco, An Historical Inquiry, etc. Vol. 1, págs. 212-213.

1% Cfr. Jaco, An Historical Inquiry, etc. Vol. II, págs. 214-215.

705 La fuente no ha sido transmitida por Marx.

dividir la propiedad (casas y otro capital) en innumerables fragmentos
y para consumirla, pieza a pieza, mediante el cambio (Bray).”* (Sin dinero
habría una masa de objetos no intercambiables, no enajenables.) «Cuan-
do cosas inmuebles o inmuebles entraron en el comercio de los hombres
igual que cosas muebles y hechas para el cambio, se hizo general el
uso del dinero como regla y medida (square), mediante el cual estas
cosas obtenían una valoración y un valor» (Free trade, London, 1622).'"

Monedas. Las tarjas de plata y cobre son representativas de partes
fraccionales de la libra. (De una reciente respuesta del Lord of tbe
Treasury).

Valor de cambio. F. Vidal dice (también Lauderdale) (y en cierto
sentido Ricardo): «El verdadero valor social es el valor de utilidad
o de consumo; el valor de cambio no hace más que caracterizar la ri-
queza relativa de cada uno de los miembros de la sociedad en relación
con los demás» (70. «De la Répartition des Richesses», etc., Paris, 1846).
Por otra parte, el valor de uso no expresa ninguna forma económica del
mismo, sino únicamente la existencia del producto, etc., para el hombre
en general.

Dos naciones pueden cambiar según la ley del beneficio, de forma
tal que ambas ganen, pero una de ellas resulta siempre beneficiada

[[ Del hecho de que el beneficio puede estar por debajo de la plusvalía,
es decir, de que el capital puede intercambiarse con un beneficio sin
valorizarse en sentido estricto, se sigue que no sólo capitalistas indi-
viduales, sino naciones, pueden intercambiar continuamente entre sí,
pueden incluso repetir continuamente el cambio a un nivel creciente, sin
necesidad de que ellas ganen por ello uniformemente. Una puede apro-
piarse continuamente una parte del plustrabajo de la otra, por la que
no da nada en el cambio; sólo que en este caso no ocurre en la misma
medida que en el cambio entre el capitalista y el trabajador.]]

El dinero en la tercera determinación como dinero. (Valor exis-
tente para sí mismo, equivalente, etc.) El papel tan importante que
desempeña el dinero en esta determinación —incluso en su forma in-
mediata—, se muestra en las épocas de crisis, de cosechas insuficien-
tes, etc.; en resumidas cuentas, cada vez que una nación tiene que liquidar
súbitamente su cuenta con otra. El dinero en su forma metálica, inme-

7108 J. F. Bray, Labour's Wrongs and Labour's Remedy, etc., págs. 140-141.
107 Cfr. Misselden, Free Trade, etc., pág. 21.

274 [111] El capítulo del capital

diata, se presenta entonces como el único medio de pago absoluto, es
decir, como el único contravalor, como el único equivalente aceptable.
De esto se sigue, pues, un movimiento que contradice directamente el
de todas las demás mercancías. Las mercancías son transportadas del
país en el que son más baratas, como medios de pago, al país en el que
son más caras. El dinero, a la inversa, en todos los períodos en los
que se pone de manifiesto su naturaleza específica, en los que, por lo
tanto, el dinero por oposición a todas las demás mercancías es exigido
como valor existente para sí mismo, como equivalente absoluto, como
forma general de la riqueza, en la forma determinada de oro y plata
—-y tales momentos son siempre más o menos momentos de crisis, bien
de crisis general, bien de crisis de cereales—, el oro y la plata son en-
tonces transportados siempre del país en el que son más caros —es
decir, donde todos los precios de las mercancías han disminuido más
relativamente— al país donde son más baratos —es decir, al país donde
los precios de las mercancías son relativamente altos—. «Es una ano-
malía singular en la economía de los cambios y una que merece que
se llame particularmente la atención sobre ella, que... la corriente del
tráfico (del oro entre dos países que utilizan igualmente el oro como
medio de circulación) es siempre del país, donde por el momento el
metal es más caro, al país, donde es más barato; un aumento del precio
de mercado del metal a su nivel máximo en el mercado interno, y un
descenso de su precio en el mercado exterior, son los resultados segu-
ros de la tendencia a la evasión de oro que sigue a una depresión de
los cambios» (J. Fullarton: «On the Regulation of Currencies», etc.,
2 ed., London, 1845).**

Como en general el cambio comienza allí donde acaban las comu-
nidades y como el dinero en cuanto medida, medio de cambio y equi-
valente general creado por el cambio mismo, no obtiene su importancia
específica en el tráfico interno, sino en el tráfico entre diferentes co-
munidades, pueblos, etc., así también fue en cuanto medio de pago
internacional xat*¿Eoy mv ** —para la liquidación de las deudas
internacionales— como el dinero en el siglo xvi, en el período infantil
de la sociedad burguesa, atrajo el interés exclusivo de los estados y de
la economía política naciente. El papel importante que juega todavía el
dinero (oro y plata) en esta tercera forma, en el comercio internacional,

7108 Cfr. Fullarton, On the Regulation, etc., págs. 119-120.

*i48_ por excelencia.

sólo ha llegado a estar completamente claro y ha sido reconocido de
nuevo por los economistas tras la sucesión regular de crisis monetarias
en 1825, 1839, 1847 y 1857. Los economistas pretenden salir del paso
diciendo que el dinero es exigido aquí no como medio de circulación, sino
como capital. Esto es verdad. Sólo que no debería olvidarse que se
exige capital en la forma determinada de oro y plata y no en la de cual-
quier otra mercancía. El oro y la plata se presentan en el papel de
medio de pago internacional absoluto, porque ellos son el dinero en
cuanto valor existente para sí mismo, en cuanto equivalente autónomo.
«Ésta, en realidad, no es una cuestión de medio de circulación, sino de
capital». (Ésta es más bien una cuestión de dinero, y no de medio
de circulación o de capital, porque no es capital, el cual es indiferente
frente a la forma especial en la que exista, sino valor, el que es exigido
en la forma específica de dinero.) «...Todas las variadas causas que, en
la situación actual de los asuntos monetarios, son capaces... de dirigir la
corriente de los metales nobles de un país a otro» (es decir, de dar
origen a una evasión de metales nobles) «se reducen a una sola, a sa-
ber: la situación de la balanza de pagos internacional, y la necesidad que
continuamente reaparece de transferir capital» ( ¡pero nota bene! capi-
tal en la forma de dinero) «de un país a otro para saldarla. Por ejemplo,
cosechas malogradas... Si el capital es transferido en mercancías o en
metálico, es un punto que no afecta en absoluto a la naturaléza de la
transacción» (¡la afecta y muy sustancialmente!) Además gastos de gue-
rra. (El supuesto de transmisión de capital a fin de colocarlo con un
beneficio e interés mayor, no nos interesa aquí; tampoco nos interesa
el supuesto citado por el señor Fullarton, de importación excesiva de
una cantidad de bienes extranjeros, aunque este caso sí pertenece a
esta cuestión, si esta importación excesiva coincide con crisis). (Fullar-
ton, loc. cit., 130, 131.) «El oro es preferido para esta transmisión de
capital» (pero en los casos de evasiones masivas de metales preciosos
se trata de exigencia absoluta y no de preferencia), «únicamente en los
casos en los que es probable que efectúe el pago de forma más cómoda,
más rápida y más provechosa, que cualquier otra clase de capital». (El
señor Fullarton trata erróneamente la transmisión de oro o de otra
forma de capital como si fuera una cuestión de libre elección, mientras
que se trata precisamente de casos en los que tiene que ser transferido
oro en el comercio internacional, de la misma forma que las cuentas
internas tienen que ser pagadas en dinero de curso legal y no en cual-
quier otro sustituto.) «El oro y la plata... pueden ser siempre trans-
feridos al lugar donde son necesitados con precisión y celeridad, y se
puede contar con que realizarán a su llegada casi la suma exacta que es

necesario pagar, en vez de correr el riesgo enviando dicha suma en té,
café, azúcar o índigo. El oro y la plata poseen la infinita ventaja sobre
todas las demás mercancías en tales ocasiones, que procede de la circuns-
tancia de que son utilizadas universalmente como dinero. No es en té,
café, azúcar o índigo, como se estipula habitualmente el pago de las
deudas, extranjeras o domésticas, sino en moneda; y, por lo tanto, un
envío bien de la moneda designada, o bien de metales preciosos en lin-
gotes que pueden ser rápidamente convertidos en esta moneda a través
de la Casa de la Moneda o del mercado del país al que es enviado, tiene
siempre que procurarle al remitente el medio más seguro, inmediato y
preciso de alcanzar esta finalidad, sin riesgo de contratiempos por la
ausencia de demanda o por la fluctuación del precio» (132, 133). Por
lo tanto, Fullarton insiste precisamente en la cualidad de ser dinero, de
ser mercancía general de los contratos, criterio mensurador de los va-
lores y en la posibilidad de ser transformado simultáneamente y.a vo-
luntad en medio de circulación. Los ingleses tienen la expresión ade-
cuada currency para el dinero como medio de circulación (monedas, coin,
no corresponden a currency, porque éste es a su vez el medio de
circulación en una particularidad) y money para el dinero en su tercera
cualidad. Pero puesto que este último no lo han analizado especialmente,
interpretan este money como capital, a pesar de que luego se ven obli-
gados en la práctica a diferenciar esta forma determinada del capital
del capital en general.

«Ricardo parece haber mantenido opiniones muy peculiares y extre-
mas acerca del alcance limitado de las funciones realizadas por el oro y
la plata en la nivelación de la balanza exterior. Mr. Ricardo pasó toda
su vida entre las controversias suscitadas por la Restriction Act (ley de
restricción), y se acostumbró, durante tanto tiempo, a considerar todas
las grandes fluctuaciones del cambio y del precio del oro como el resul-
tado de las emisiones excesivas del Banco de Inglaterra, que en un
momento parecía muy poco dispuesto a admitir que pudiera existir algo
así como una balanza de pagos comercial negativa... Y era tan escasa
la importancia que él le concedió a las funciones realizadas por el oro
en tales nivelaciones, que incluso predijo que las evasiones de oro para
la exportación cesarían por completo, tan pronto como se restablecieran
los pagos en dinero contante y el dinero en circulación volviera alcanzar
el nivel metálico... (ver Ricardo's Evidence before the Lords' Committee
of 1819 on the Bank of England, pág. 186)... Pero desde 1800, en el
que el papel moneda desplazó por completo al oro en Inglaterra, nues-
tros comerciantes realmente no lo querían; porque, debido a la ines-
table situación de la Europa continental, y al mayor consumo de ésta

de mercancías importadas, como consecuencia de la interrupción de la
industria y de todos los adelantos domésticos por el movimiento ince-
sante de los ejércitos invasores, junto con el monopolio total del co-
mercio colonial que Inglaterra ha obtenido mediante su superioridad
naval, la exportación de mercancías de Gran Bretaña al continente con-
tinuó siendo muy superior a sus importaciones del continente, mientras
el tráfico permaneció abierto; y después de que el tráfico fuera inte-
rrumpido por los decretos de Berlín y Milán, las transacciones comercia-
les devinieron demasiado insignificantes para afectar a los cambios de
una manera o de otra. Fueron los gastos militares en el exterior y los
subsidios, y no las necesidades del comercio, los que contribuyeron de
una manera tan extraordinaria a dislocar los cambios y a aumentar el
precio de los metales preciosos en los últimos años de la guerra. Los
distinguidos economistas de este período tenían, por lo tanto, o muy
pocas o ninguna oportunidad real de estimar prácticamente el alcance
de las variaciones de las que son susceptibles las balanzas comerciales
exteriores.» (Creían que con la guerra y la emisión excesiva cesaría la
transferencia internacional de metales preciosos.) «Si el señor Ricardo
hubiera vivido para contemplar las evasiones de 1825 y 1839, habría
tenido motivos, sin lugar a dudas, para modificar sus puntos de vista»
(loc. cit., 133-136). .

El precio es el valor en dinero de las mercancías (Hubbard)." El
dinero posee la cualidad de ser siempre intercambiable con aquello que
mide, y la cantidad requerida para la finalidad del cambio tiene que va-
riar, por supuesto, según la cantidad de propiedad que ha de ser cambia-
da. (100. J. W., Bosanquet. «Metallic, Paper and Credit Currency», etc.,
London, 1842). «Estoy dispuesto a admitir que el oro es una mercancía
con una demanda tan general que puede tener siempre a su disposición
un mercado, que puede comprar siempre todas las demás mercancías;
mientras que las demás mercancías no pueden comprar siempre oro. Los
mercados del mundo están abiertos al oro en cuanto mercancía menos
expuesta a pérdidas en el caso de una emergencia, que las que espera-
rían a la exportación de cualquier otro artículo, cuya cantidad o género
excediera la demanda usual en el país al que es enviado» (Th. Tooke,
«An Enquiry into the Currency Principle», etc., 2 ed., London, 1844,
pág. 10). «Tiene que existir una cantidad muy considerable de metales
preciosos utilizable y utilizada como la forma más adecuada de nive-
lación de las balanzas internacionales, ya que se trata de una mercan-

19 Cfr. Hubbard, The Currency and the Country. London 1843, pág. 33.

278 [111] El capítulo del capital

cía cuya demanda es más general y menos sujeta a fluctuaciones en el
valor de mercado que cualquier otra» (pág. 12).*'%

Causas según Fullarton del aumento del precio de los metales pre-
ciosos en lingotes por encima del precio de los metales preciosos acu-
ñados: «La moneda envilecida por el desgaste hasta un 3 o 4 % por
debajo de su peso normal; ...las leyes penales que prohíben la fundi-
ción y exportación de la moneda, mientras que el tráfico en el metal
del que se compone la moneda continúa siendo perfectamente libre.
Estas causas mismas sólo actúan, sin embargo, en el caso de un curso
de cambio desfavorable... Sin embargo, entre 1816 y 1821, el precio de
mercado del oro en lingotes**” estuvo siempre por encima del precio
bancario del oro en lingotes, cuando el cambio era favorable a Ingla-
terra; cuando el cambio era desfavorable, nunca subió más que la tasa
necesaria para indemnizar a los fundidores de moneda por su degradación
por el uso y por las consecuencias penales de la fundición, pero nunca
subió más de esto.» (Fullarton, ver su libro, págs. 8, 9.)"” «Desde 1819
a la actualidad, en medio de todas las vicisitudes que ha experimentado
el dinero en este período rico en acontecimientos, el precio de mercado
del oro no ha subido nunca por encima de los 78 sh. por onza, ni ha
descendido por debajo de los 77 sh., 6 d., una variación máxima de
sólo 6 peniques la onza. Esta fluctuación no sería ni siquiera posible
en la actualidad; porque es únicamente como consecuencia de la deterio-
ración renovada de la moneda, por lo que ha tenido lugar un aumento
trivial de 1 1/2 d., por onza, o de alrededor de 1/6 % por encima del
precio del metal acuñado; y el descenso a 77 sh., 6 d., se debió por
completo a la circunstancia de que el Banco consideró apropiado en un
momento el establecer esta tasa como límite para sus compras. Aque-
llas circunstancias, sin embargo, no existen ya. Durante muchos años
el Banco ha actuado en la práctica pagando 77 sh., 9 d., por todo el
oro que le era traído para ser acuñado» (es decir, el Banco se embolsa
1 1/2d. por derecho de acuñación, que la Casa de la Moneda lo hace
gratis para él); «y tan pronto como haya concluido la recuñación de
soberanos actualmente en curso, habrá en nuestro mercado una barrera
efectiva, hasta que la moneda vuelva a deteriorarse, contra toda fluctua-

TO Cfr. Fullarton, On the Regulation, etc., págs. 7-9.

*19 «12»; en ed. 1939 «201-202».
*150 «el precio de mercado del oro en lingotes»; en ed. 1939 «der Marktpreis
das Geldes» (el precio de mercado del dinero).

ción futura del precio del oro en lingotes por encima de la pequeña
fraccional entre 77 sh., 9 d., pagado por el Banco, y el precio de acu-
ñación de 77 sh. 10 1/2 d. (loc. cit., págs. 9, 10).

Contradicción entre el dinero como medida y equivalente por una
parte, y como medio de circulación por otra. En el dinero como me-
dio de circulación se produce una pérdida de peso metálico ocasionada
por el uso. Ya Garnier observa, que «si un escudo algo desgastado tu-
viera un valor algo menor que un escudo completamente nuevo, la
circulación estaría constantemente paralizada y cada pago daría lugar a
disputas».

(En el reino mineral se busca y se elige naturalmente la materia
destinada a la acumulación. Garnier.)

«Siendo obvio que la moneda acuñada, por la propia naturaleza de
las cosas, tiene que depreciarse siempre, unidad por unidad, por la
mera acción del uso ordinario e inevitable (por no decir nada del incen-
tivo que toda restauración de la moneda acuñada supone para toda la
pléyade de “manipuladores” y “limadores” de oro a las monedas), es
imposible físicamente eliminar por completo de la circulación en cual-
quier momento, ni siquiera en un solo día, las monedas desgastadas.»””
(«The Currency Theory reviewed», ed. By a Banker in England, Edin-
burgh, 1845). Esto fue escrito en diciembre de 1844 comentando las
consecuencias de las denuncias, entonces recientes, acerca del oro en
circulación de peso menor al que debía serlo, en una carta al Times. (La
dificultad es la siguiente: si se rehúsa el dinero desgastado, entonces
todo patrón es inseguro. Si se acepta, entonces se abren las puertas de
par en par al engaño y el resultado es el mismo.) Por lo que a las denun-
cias más arriba mencionadas se refiere, el escrito dice: «su efecto...
ha sido virtualmente el de denunciar que toda la moneda de oro en
circulación es un medio inseguro e ilegal para realizar las transacciones
monetarias» (págs. 68, 69, loc. cit.). «Según la ley inglesa si un soberano
de oro pesa menos de 0,774 gramos, no debe continuar en circulación.
No existe ninguna ley de esta clase para el dinero de plata» (54. Wm. H.
Morrison, «Observations on the System of Metallic Currency adopted
in tbis country», London, 1837).

Los defensores del Currency Principle afirman, que el valor del di-
nero en circulación depende de su cantidad (Fullarton, pág. 13). Si, por
un lado, está dado el valor del dinero en circulación, y por otro, los

Ti Cfr. GARNIER, Histoire, etc., pág. 7.
112 Cfr. The Currency Theory, etc., págs. 69-70.

280 [11] El capítulo del capital

precios y la masa de las transacciones (también la velocidad de la circu-
lación), sólo puede circular por supuesto una cantidad determinada. Una
vez dados los precios y la masa de las transacciones y la velocidad de
circulación, esta cantidad depende exclusivamente del valor del dinero
en circulación. Una vez dado este valor y la velocidad de la circulación,
depende exclusivamente de los precios y de la masa de las transacciones.
De esta manera se encuentra determinada la cantidad. En consecuencia,
si circula dinero representativo —meros signos indicadores de valor—,
depende del patrón que dicho dinero represente, la cantidad del mismo
que puede circular. De esto se deduce, erróneamente, que la mera can-
tidad determina su valor. Por ejemplo, no puede circular la misma
cantidad de billetes que representan libras esterlinas, que de billetes
que representan chelines.

El capital productor de beneficio es el capital real, el valor en cuanto
valor que al mismo tiempo se reproduce y se multiplica, en cuanto pre-
supuesto que permanece igual a sí mismo, distinto de sí mismo en
cuanto plusvalía puesta por él. El capital productor de interés es la pura
forma abstracta del capital productor de beneficio.

En la medida en que el capital es puesto como productor de bene-
ficio, la mercancía, o la mercancía puesta en su forma como dinero (en
la forma que a ella corresponde en cuanto valor autónomo o, como
podemos decir, en cuanto capital realizado), puede entrar en circula-
ción, según su valor (presupuesto un nivel determinado de la fuerza pro-
ductiva), como capital; en cuanto capital puede convertirse en mercan-
cía. En este caso es capital prestado a interés. La forma de su circulación
—o del cambio que experimenta— se presenta entonces como especí-
ficamente diferente de la que hemos considerado hasta ahora. Hemos visto
cómo se pone el capital tanto en la determinación de mercancía como
en la determinación del dinero; pero esto sólo ocurre en la medida en
que ambos se presentan como momentos del ciclo del capital, en el que
éste se realiza alternativamente. Son sólo modos de existencia evanes-
centes y constantemente recreados del capital, momentos de su proceso
vital. Pero el capital en cuanto capital no se ha convertido en un mo-
mento de la circulación; el capital mismo en cuanto mercancía. La
mercancía no es vendida como capital; tampoco el dinero es vendido
como capital. En una palabra, ni mercancía ni dinero —y tenemos
realmente que considerar a este último como la forma adecuada— han
entrado en la circulación como valores que producen beneficio.

Maclaren dice:

«Mr. Tooke, Mr. Fullarton y Mr. Wilson consideran que el dinero

posee un valor intrínseco en cuanto mercancía, y que se intercambia
con los demás bienes según este valor, y no simplemente según la exis-
tencia de moneda en un momento dado; ellos dan por supuesto, junta-
mente con el Dr. Smith, que las exportaciones de metales preciosos son
realizadas sin relación alguna con la situación del dinero en circulación,
para saldar las balanzas internacionales, y para pagar mercancías como
el trigo, de la que hay una súbita demanda, y que dichos metales son
tomados de un fondo que no forma parte de la circulación interna, que
no afecta los precios, sino que es puesto aparte con esta finalidad... La
dificultad reside en explicar de qué manera el metal precioso, como
ellos dicen, es puesto aparte con esta finalidad, y no afecta a los pre-
cios, puede escapar a las leyes de la oferta y la demanda, y aunque existe
en la forma de dinero que yace inactivo y que se sabe que es capaz de
efectuar compras, no es, sin embargo, utilizado con este fin, ni afecta
a los precios por la posibilidad de ser utilizado con este fin.» Su res-
puesta a esto es la de que el stock de metal precioso en cuestión repre-
senta capital excedente y no ingreso excedente, y que no está disponible,
por lo tanto, para aumentar simplemente la demanda de mercancías,
excepto bajo la condición de que aumente también la oferta. El capital
en busca de empleo no es una mera adición a la capacidad de demanda
de la comunidad. No puede perderse en medio de circulación. Si tiende
a aumentar los precios a través de la demanda, también tiende a hacerlos
descender a través de la oferta correspondiente. El dinero en cuanto
título acreditativo de capital no es una mera capacidad de compra;
compra sólo para vender, y finalmente va al extranjero a cambio de
mercancías extranjeras, antes que ser desembolsado en una mera adi-
ción al dinero en circulación en el país. El dinero, en cuanto título acre-
ditativo de capital, nunca viene al mercado para ser cambiado por mer-
cancías; porque su finalidad es reproducir las mercancías; es únicamente
el dinero que representa el consumo el que puede, en último término,
afectar los precios» (Economist, mayo 15, 58).

«Mr. Ricardo mantenía que los precios dependen de la cantidad re-
lativa de medio de circulación y de mercancías, respectivamente, y que
los precios sólo suben mediante una depreciación del medio de circu-
lación, es decir, como consecuencia de una abundancia excesiva de dinero
en proporción a las mercancías, y que sólo bajan bien como conse-

na Cfr. The Economist, etc. Vol. XVI, n. 768, May 15, 1858, pág. 537. Ar-
tículo: Literature. A Sketch of the History of the Currency, comprising A Brief
Review of the Opinions of the Most Eminent Writers on the Subject. By JAMES
MacLaren. London: Groom bridge 1858.

282 [111] El capítulo del capital

cuencia de una reducción en la cantidad de dinero en circulación, o bien
como consecuencia de un aumento relativo en el stock general de mer-
cancías que él hace circular. Todo el metal precioso en lingotes y el
oro acuñado que existe en el país tiene que ser computado, según Ri-
cardo, como dinero en circulación, y si éste aumenta sin aumento co-
rrespondiente de las mercancías, el dinero está depreciado, y deviene
provechoso exportar metales preciosos mejor que mercancías. Por otra
parte, si una mala cosecha o cualquier otra calamidad ocasiona una
gran destrucción de mercancías, sin un cambio correspondiente en la
cantidad de dinero en circulación, dicho dinero, cuya cantidad estaba
proporcionada al mercado estimado de mercancías y no al mercado sú-
bitamente reducido, deviene de nuevo excesivo o “depreciado”, y tiene
que ser disminuido mediante la exportación, antes de que su valor
pueda ser restaurado. Según esta teoría de la circulación, que está en
la base de la teoría de lord Overstone, la oferta de medio de circulación
o de dinero en circulación es siempre susceptible de ser aumentada en
cantidad de forma indefinida, y disminuye en su valor de acuerdo con
este aumento; su valor adecuado sólo puede ser restaurado mediante
la exportación de la parte sobrante. Cualquier emisión, por lo tanto, de
papel moneda que pueda colmar el vacío ocasionado por la exportación
de metales preciosos, y prevenir de esta forma el descenso “natural” de
los precios que seguiría de lo contrario con toda seguridad, es conside-
rada por la escuela de Ricardo como una interferencia en las leyes eco-
nómicas del precio y como una desviación de los principios que regularían
necesariamente un dinero de circulación puramente metálico» (loc. cit.).”*

1) Valor

Volver a tomar este apartado.

La primera categoría en la que se presenta la riqueza burguesa es
la de mercancía. La mercancía misma se presenta como unidad de dos
determinaciones. El valor de uso, es decir, objeto de satisfacción de
algún sistema de necesidades humanas. Éste es su lado material, que
puede ser común a las épocas de producción más dispares y cuyo aná-
lisis cae, por lo tanto, fuera de la economía política. El valor de uso
entra dentro de su ámbito, tan pronto como es modificado por las mo-
dernas relaciones de producción o actúa por su parte sobre ellas modi-

Tú Cfr. The Economist, etc. Vol. XVI, n.* 768, May 15, 1858, pág. 536. El
mismo artículo.

ficándolas. Lo que se suele decir sobre esto, en términos generales y
para cubrir el expediente, se reduce a lugares comunes, que tenían un
valor histórico en los comienzos de la ciencia, en cuanto que las formas
sociales de la producción burguesa eran todavía extraídas trabajosa-
mente a partir de la materia y eran fijadas con gran esfuerzo como
objetos autónomos de análisis. En realidad, el valor de uso de la mer-
cancía es un presupuesto dado; es la base material en la que se pre-
senta una determinada relación económica. Es únicamente esta relación
determinada la que convierte al valor de uso en mercancía. El trigo,
por ejemplo, posee el mismo valor de uso tanto si es producido por
esclavos, como por siervos de la gleba o trabajadores libres. No perdería
su valor de uso, si lloviera del cielo. Ahora bien, ¿cómo se transforma
el valor de uso en mercancía? Portador de valor de cambio. Á pesar
de que en la mercancía están unidos de forma inmediata, el valor de
uso y el valor de cambio se escinden de forma asimismo inmediata. El
valor de cambio no sólo no se presenta como no determinado por el va-
lor de uso, sino que además la mercancía sólo se convierte en mercancía,
sólo se realiza como valor de cambio, en la medida en que su poseedor
no se relaciona con ella como con un valor de uso. Él solo se apropia
su valor de uso mediante su enajenación, mediante su intercambio con
otras mercancías. Apropiación mediante la enajenación es la forma bá-
sica del sistema social de producción, cuya expresión más simple y más
abstracta es el valor de cambio. Se da por supuesto el valor de uso de
la mercancía, pero no para su propietario, sino para la sociedad en ge-
neral. (De la misma forma que una familia de trabajadores en fábricas
de Manchester, en la que los niños en una relación de cambio le pagan
a sus padres la alimentación y el alojamiento, no representa la organi-
zación económica tradicional de la familia, así tampoco el sistema de
cambio privado moderno es en general la forma económica natural de las
sociedades. El cambio no comienza entre individuos dentro de una co-
munidad, sino allí donde las comunidades dejan de existir, en sus fron-
teras, en el punto de contacto entre diferentes comunidades. La propiedad
común ha sido recientemente descubierta de nuevo como una curio-
sidad particular eslava. Sin embargo, India nos ofrece en realidad un
muestrario de las formas más variadas de tales comunidades económi-
cas, más o menos disueltas, pero todavía perfectamente reconocibles;
y una investigación histórica más detallada la encuentra de nuevo como
punto de partida en todos los pueblos civilizados. El sistema de pro-
ducción basado sobre el cambio privado es, en primer lugar, resultado
de la disolución de este comunismo natural. Sin embargo, entre el

284 [111] El capítulo del capital

mundo moderno, en el que el valor de cambio domina la producción
en toda su extensión y profundidad, y las formas de sociedad, cuya base
está constituida ciertamente por la propiedad común disuelta, existe
toda una serie de sistemas económicos, sin que [...])**

—

*151 Aquí se interrumpe el manuscrito de los Grundrisse.

## EXTRACTOS DE LA TEORÍA DEL DINERO DE RICARDO

DICIEMBRE 1850

Ricardo (D.) On the Principles of Political Economy
and Taxation. 3 ed. London 1821. (Teoría del di-
A O E págs. 289-301

Los extractos de la teoría del dinero de Ricardo se encuentran en
las últimas páginas de un cuaderno de extractos, en cuya portada
Marx puso la siguiente indicación:

Cuaderno IV. London. Noviembre 1850. Diciembre 1850

Este cuaderno es el cuarto de una serie de 24 cuadernos en total
numerados correlativamente con números romanos. Estos cuadernos
contienen extractos sobre los temas: mercancía, dinero, capital, trabajo
asalariado, propiedad de la tierra, comercio internacional, historia de
la tecnología y de las invenciones, crédito, problemas de la pobla-
ción, historia económica de los estados, historia de las costumbres,
literatura, mercado mundial, sistema colonial, entre otros. Esta serie
de extractos los realizó Marx entre septiembre de 1850 y agosto de
1853, es decir, en el espacio de tiempo entre la desaparición de la
«Politisch-Ökonomischen Revue» de la «Neuen Rheinischen Zeitung»
y la iniciación de la guerra de Crimea, a cuyos antecedentes están dedi-
cados un grupo de extractos en otros cuatro cuadernos (desde sep-
tiembre de 1853 hasta comienzos de mayo de 1854).

## DE LOS CUADERNOS DE 1850/1851 SOBRE RICARDO

[Del cuaderno de extractos 1V]
Ricardo (D.)

On the Principles of Political Economy and Taxation.
3 ed. London 1821

(Teoría del dinero)

1) Variaciones en el valor de la plata y el oro

«El valor del oro y de la plata está sometido a fluctuaciones que pro-
ceden del descubrimiento de minas nuevas y más productivas...; de las
mejoras en el trabajo y en la maquinaria, con que son trabajadas las mi-
nas» (el mineral mismo); «...de la productividad decreciente de las
minas» (pág. 6). La facilidad para traerlo al mercado puede ser aumen-
tada (pág. 77). Su valor depende, finalmente, como el de todas las de-
más mercancías, de la cantidad total de trabajo necesario para obtener
el metal y traerlo al mercado (pág. 77). «Estas fluctuaciones a las que
está sometido el valor del oro y de la plata, no son accidentales y tem-
porales, sino permanentes y naturales» (pág. 78). Sin embargo, están
menos sometidos a las variaciones que todas las demás mercancías
(pág. 79). «Como medio varía ciertamente... el oro y la plata como
medio en el que los demás valores son expresados y evaluados» (pág. 79).
Desde este punto de vista el oro y la plata son mensuradores del valor,
numeradores, unidades numéricas, puntos de comparación.

2) Efectos diferentes de la alteración en el valortiB2 del dinero

Si el salario aumenta, porque el valor del dinero desciende, aumenta
también simultáneamente el valor de todas las demás mercancías; de
esta forma no se produce ninguna modificación en la relación entre el
trabajo y las mercancías, sino únicamente en su común relación con
el dinero (pág. 47).

*12 En el valor, en el manuscrito: en el precio.

Además de por los motivos permanentes ya indicados, el valor del
dinero cambia constantemente como consecuencia de la diferente dis-
tribución del dinero en los distintos países en proporciones que cons-
tantemente varían con cada mejora en la maquinaria y en el comercio
y con toda mayor dificultad en la producción de alimentos y de los me-
dios de subsistencia necesarios (pág. [47], 48).

La variación en el valor del dinero, por muy grande que sea, no
afecta en absoluto a la tasa de beneficios; si las mercancías del fabri-
cante suben de 1.000 a 2.000 libras, o en un 100 %, su capital aumenta
también en la misma medida, es decir, también en un 100 %, si las va-
riaciones del dinero han producido tal efecto sobre su producto. La
tasa de beneficio continúa siendo la misma y él no tiene a su disposi-
ción más producto de trabajo que antes (pág. 51).

3) Dinero de oro y plata y comercio exterior

a) Cada país se apropia oro y plata en proporción a su comercio;
b) Diferentes causas que modifican el valor del oro
y de la plata en los diferentes países;
c) El curso cambiario

«El oro y la plata, puesto que han sido elegidos como medio de circu-
lación general, son distribuidos mediante la competencia comercial en-
tre los diferentes países del mundo en tales proporciones, como si ellos
mismos se adaptaran al comercio natural, que habría tenido lugar, si
tales metales no existieran y el comercio entre los países fuera un puro
trueque. Por ejemplo, el paño de Inglaterra sólo es exportado a Portu-
gal, si allí se vende por más oro que aquí; lo mismo ocurre a la inversa
con el vino exportado a Inglaterra desde Portugal. Si tuviera lugar un
puro trueque, sólo podría durar, en tanto Inglaterra pudiera fabricar
el paño tan barato como para obtener una mayor cantidad de vino con
un trabajo dado mediante la manufactura de paño que mediante la
producción de vino, y a la inversa. Si Inglaterra hiciera ahora un des-
cubrimiento, por el cual le interesara más producir ella misma el vino
que importarlo, una parte de su capital sería desplazado del comercio
exterior al interno; dejaría de fabricar paño para la exportación y pro-
duciría su propio vino. El precio en dinero se regularía de acuerdo
con ello; el precio del vino en Inglaterra descendería; el precio del
paño continuaría siendo el mismo. En Portugal no se produciría ninguna
modificación en el precio de ambas mercancías. El paño sería, sin em-
bargo, exportado todavía durante algún tiempo de Inglaterra a Portu-
gal, porque el precio continuaría siendo superior en Portugal que aquí;
pero se daría dinero en lugar de vino en el cambio por paño, hasta que
la acumulación de dinero en Inglaterra y su disminución en Portugal

actuara de tal forma sobre el valor relativo del paño en ambos países,
que dejara de ser provechoso exportarlo. El precio relativo del vino
descendería en Inglaterra como consecuencia de la mejora en su pro-
ducción; el precio relativo del paño aumentaría como consecuencia de
la acumulación de dinero; antes de la mejora en la producción el vino
cuesta 50 libras en Inglaterra y el paño 45 libras; en Portugal el
vino 45 y el paño 50 libras. De Inglaterra se exportó paño y de Por-
tugal vino con 5 libras de beneficio. El comerciante que puede comprar
el paño por 45 libras en Inglaterra y puede venderlo por 50 libras en
Portugal, paga el paño con una letra de cambio, que compra con dinero
portugués. En tanto Portugal exporta vino, el exportador de vino en
Portugal es vendedor de una letra de cambio, que es comprada bien
por el mismo importador del paño, o por la persona a la que éste venda
su letra de cambio. De esta forma, sin necesidad de que el dinero pase
de un país a otro, son pagados los exportadores por sus mercancías
en cada uno de ambos países.» (El importador inglés paga al exportador
inglés y el importador portugués al exportador portugués.) «Para esto
no es necesaria ninguna transacción directa entre el exportador y el
importador en cada uno de ambos países. Si ahora el precio del vino
en Portugal llega a alcanzar un nivel tal, que no puede ser exportado
ningún vino a Inglaterra, entonces el importador de paño compra una
letra de cambio» (¿de quién? ) «igual que antes, pero el precio de la letra
de cambio sería mayor; pues el vendedor de la letra sabe que no hay
ninguna letra como contrapartida en el mercado, con la cual él podría
finalmente concluir la transacción entre los dos países; él sabe quizás,
que el oro y la plata que él obtiene en el cambio por su letra de cam-
bio, ha sido exportado realmente a su corresponsal en Inglaterra, para
capacitarlo para pagar el crédito, que él ha autorizado que se afectúe
a favor del mismo, y carga, en consecuencia, en el precio de su letra
de cambio todos los gastos, que han de originarse, juntamente con su
beneficio normal. Ahora bien, si esta prima a favor de una letra de cam-
bio fuera igual en Inglaterra al beneficio de la importación de paño, la
importación de éste cesaría naturalmente; pero si la prima a favor de
la letra de cambio sólo fuera el 2 %, es decir, si tuvieran que ser pa-
gadas 102 libras en Portugal, para cancelar en Inglaterra una deuda de
100 libras, mientras que el paño que cuesta 45 libras, puede ser ven-
dido a 50 libras, entonces la letra de cambio sería comprada y el dinero
exportado, hasta que la disminución de dinero en Portugal y su acumu-
lación en Inglaterra hubiera producido un nivel de precios tal, que no
convirtiera en ventajoso de ahora en adelante continuar estas transac-
ciones. Pero la disminución del dinero en uno y su aumento en el otro
país no sólo afectan al precio de una mercancía, sino al de todas; por
lo tanto, el vino y el paño subirán en Inglaterra y bajarán ambos en
Portugal. Por ejemplo, el paño descendería de 50 libras a 49 o 48 libras
y subiría a 46 o 47 libras en Inglaterra y de esta forma no produciría

ningún beneficio suficiente para mover a cualquier comerciante tras
el pago de la prima por una letra de cambio a la importación de esta
mercancía. Así, pues, el dinero adecuado en cada país sólo es el que
existe en las cantidades necesarias para regular un comercio*!* prove-
choso de trueque. Por lo tanto, llegados al punto en el que el trueque
no es ya provechoso, el dinero no fluiría de un país a otro, su comercio
se interrumpiría. Ambos países producirían su propio paño y su propio
vino, pero al mismo tiempo tendría lugar una nueva distribución de
los metales nobles. En Inglaterra, a pesar de que el vino es más barato,
el paño habría subido de precio y el consumidor tendría que pagar más
por él; mientras que en Portugal los consumidores, ambos de paño y
de vino, serían capaces de comprar las mercancías más baratas. En el
país en el que se ha producido la mejora, subirían los precios; en el país
donde no se ha producido ningún cambio, pero ha sido suprimida una
rama de comercio exterior provechosa, los precios descenderían. La
ventaja para Portugal sólo sería aparente, ya que la cantidad de paño y
vino en conjunto, producido en este país, habría disminuido, mientras
que la cantidad en Inglaterra habría aumentado. El dinero habría des-
cendido de valor en Inglaterra y aumentado en Portugal. Valorada en
dinero, la renta total de Portugal habría disminuido, la de Inglaterra
habría aumentado. De esta forma, por lo tanto, la mejora de una ma-
nufactura en un país modifica la distribución de los metales nobles
entre las naciones del mundo; tiende a aumentar la cantidad de mer-
cancías y simultáneamente a hacer subir los precios generales en el país
en el que tiene lugar la mejora. Pero puesto que el cambio entre dos
países no se limita a dos mercancías como paño y vino, sino que entran
muchos artículos en las importaciones y en las exportaciones; puesto
que mediante la disminución del dinero en un país y su acumulación
en el otro, todas las mercancías son afectadas en el precio y se da con-
siguientemente un incentivo a la exportación de muchas otras mercan-
cías además del dinero, se evita así que tenga lugar un cambio tan
grande en el valor del dinero en los dos países, como podría, por lo
demás, esperarse» (págs. 143-150). Además de las mejoras en la indus-
tria y en la maquinaria actúan constantemente otras causas sobre el curso
natural del comercio e interfieren en el equilibrio y el valor relativo del
dinero. Derechos de aduana sobre las exportaciones y las importaciones,
impuestos sobre las mercancías, bien mediante su acción directa, bien
mediante su acción indirecta, perturban el curso natural del comercio
y producen consiguientemente la necesidad de exportar o de importar
dinero; este efecto no sólo se produce en el país en el que tienen lugar
las causas perturbadoras, sino más o menos en el mercado mundial. De
esta forma se explica el diferente valor del dinero en diferentes países,

*158 Comercio de (trade of), en el manuscrito: rate of (tasa de).

el que los productos de la agricultura tengan un precio superior en los
países en los que florecen las manufacturas, ya que su destreza y su
maquinaria hacen que se importe un exceso de dinero por sus mercan-
cías (págs. [150], 151).

«Por lo tanto, además de las variaciones usuales en el valor del di-
nero y de aquellas que son comunes a todo el mundo comercial, hay
también variaciones parciales, a las cuales está sometido el dinero en
diferentes países. Nunca es el valor del dinero el mismo en dos países,
ya que depende de la imposición relativa, o de la destreza manufactu-
rera, de las ventajas del clima, de las producciones naturales y de mu-
chas otras causas... Sin embargo, ningún efecto se produce sobre la
tasa de beneficios, bien sea de la entrada como de la salida del dinero.
El capital no aumenta, porque aumente el medio de circulación.» (Pues
beneficios, rentas, salarios, aumentan en la misma proporción que el
medio de circulación. El beneficio es, por lo tanto, el mismo, si la renta
y el salario aumentan en un 20 %; pero simultáneamente el valor no-
minal del capital del arrendatario es un 20 % mayor.) (págs. [151], 152.)

«En estadios anteriores de la sociedad, cuando las manufacturas han
realizado menos progresos y cuando el producto de todos los países es
más o menos el mismo, consistente en las mercancías más abundantes y
de uso más general, el valor del dinero en los diferentes países es regu-
lado fundamentalmente por la distancia de las minas que suministran
los metales nobles; pero a medida que aumentan las técnicas y ade-
lantos tecnológicos de la sociedad y diferentes naciones destacan en di-
ferentes manufacturas, el valor de los metales nobles, a pesar de que
la distancia todavía entra en el cómputo, será regulado por la superio-
ridad de estas manufacturas» (153). Estas dos causas, la distancia de
las minas productoras de oro y la diferencia en las ventajas de destreza
y maquinaria, regulan exclusivamente el valor comparativo del dinero
en los diferentes países del mundo, pues a pesar de que los impuestos
ocasionan una perturbación del equilibrio del dinero, sólo lo ocasionan,
sin embargo, en la medida en que el país, en el que son establecidos los
impuestos, se priva de algunas de sus ventajas correspondientes a su
destreza, industria o clima (págs. 154, 155). (Se resalta la diferencia
de si la mercancía abundante, difícil de conseguir o en un volumen pe-
queño contiene gran valor, es decir, la diferencia entre producto de la
agricultura y producto de la manufactura.)

«Por lo tanto, en los países de una destreza particular en la manu-
factura el valor del dinero es inferior y los precios del trigo y del tra-
bajo son superiores que en los demás países. Este valor superior del
dinero, ocasionado de esta manera en los países menos aventajados, no
será indicado por el curso cambiario. Las letras de cambio pueden con-
tinuar siendo negociadas. a la par, a pesar de que los precios de trigo y
trabajo sean 10, 20 o 30 % superiores en un país que en otro. Entre las
circunstancias presupuestas, una tal diferencia de los precios pertenece

al orden natural de las cosas, y el curso de cambio sólo puede ser a la
par, si una cantidad suficiente de dinero es introducida en el país que
destaca en las manufacturas, elevando de esta forma el precio de su
trigo y de su trabajo. Si los países extranjeros pusieran obstáculos a la
exportación de dinero e impusieran coactivamente la aplicación de tal
ley, podrían en realidad evitar el aumento de los precios de trigo y traba-
jo en el país industrializado; pues tal aumento sólo puede tener lugar
tras la introducción de metales nobles, siempre que demos por supuesto
que no existe ningún papel moneda; pero ellos no podrían evitar que
el curso de cambio fuera muy desfavorable para ellos. Si Inglaterra fuera
el país industrializado y resultara posible impedir la importación de dine-
ro, el curso de cambio con Francia, Holanda y España podría ser un 5,
un 10 o un 20 % desfavorable para estos países. Tan pronto como el
curso del dinero es detenido violentamente, y se impide que el dinero
alcance su nivel justo, no existe ninguna barrera para las posibles va-
riaciones del curso de cambio. Efectos similares se producen cuando es
impuesto coactivamente un papel moneda no convertible en la circu-
lación. El uso de tal dinero en circulación está limitado necesariamente
al país que lo emite; cuando existe en demasía no puede distribuirse de
forma general entre las demás naciones. El nivel de la circulación es
destruido y el curso de cambio es desfavorable al país, en el que existe
en cantidad excesiva; estos mismos efectos produciría una circulación
metálica, cuando a través de medidas impuestas coactivamente, es de-
cir, cuando a través de leyes que no pueden ser burladas, se mantuviera
dinero en el país, una vez que la corriente del comercio le hubiera dado
un impulso hacia otros países. Si cada país tiene exactamente la canti-
dad de dinero que debe tener, el dinero no tendrá en realidad el mismo
valor en un país que en otro, ya que en relación con muchas mercancías
puede diferir en un 5, un 10, o incluso un 20 %, pero el curso de cam-
bio será a la par. 100 libras en Inglaterra, o la plata contenida en 100 li-
bras, comprará una letra de 100 libras, o una cantidad igual de plata en
Francia, España u Holanda. Cuando se habla de curso cambiario y del
valor diferente del dinero en los diferentes países, no se trata del valor
del dinero, estimado en mercancías, en cada uno de ambos países. El
curso cambiario no es nunca confirmado por la estimación del valor
diferente del dinero en trigo, paño o cualquier otra mercancía, sino por
la estimación del valor del dinero en circulación de un país en el di-
nero en circulación de otro país. Puede ser confirmado también mediante
la comparación con un patrón común a ambos países. Si una letra de
cambio de 100 libras de Inglaterra comprara la misma cantidad de mer-
cancías en Francia o España, que la que comprara una letra de cambio
de Hamburgo por la misma suma, el curso de cambio entre Hamburgo
e Inglaterra estaría a la par; pero si una letra de cambio de Inglaterra
por valor de 130 libras no compra más que una letra de cambio de Ham.
burgo por valor de 100 libras, entonces el «curso de cambio es desfa-

vorable a Inglaterra en un 30 %. En Inglaterra 100 libras pueden com-
prar una letra con los derechos de aceptación de 101 libras en Ho-
landa, 102 libras en Francia y 105 libras en España. Entonces el curso
de cambio es desfavorable en 1% respecto a Holanda, 2 % respecto
a Francia y 5 % respecto a España. Esto indica que el nivel del dinero
en circulación es superior en estos países al que debería de ser, y el
valor comparativo de sus monedas y de la moneda inglesa sería inme-
diatamente restaurado a la par si estos países se desprendieran de su
dinero en circulación o adquirieran dinero inglés. El dinero en Inglaterra
ha estado depreciado durante los últimos diez años, cuando el curso
de cambio varió entre un 20 y un 30 % en contra de este país, no
porque el dinero no pueda tener más valor en un país que en otro, com-
parado con mercancías diferentes, sino porque las 130 libras no podían
ser mantenidas en Inglaterra sin depreciarse, cuando estimadas en di-
nero de Hamburgo o en dinero holandés no tenían más valor que 100 li-
bras de metal noble. Si yo enviaba a Hamburgo 130 libras, 130 autén-
ticas libras esterlinas, incluso con 5 libras de gastos, habría poseído allí
125 libras; ¿qué me podía decidir, en consecuencia, a dar 130 libras
para pagar una cuenta por la que sólo recibiría 100 libras de Hambur-
go, si no era el hecho de que mis libras no eran auténticas libras ester-
linas? Estaban deterioradas, estaban degradadas en su valor intrínseco
por debajo de la libra esterlina de Hamburgo, y si eran realmente en-
viadas allí, con unos gastos de 5 libras, sólo comprarían por valor de
100 libras. No se niega que con una libra esterlina metálica, mis 130 li-
bras podrían procurarse en Hamburgo 125 libras, pero con libras de
papel moneda yo sólo podría obtener 100*'* y, sin embargo, se afir-
maba que 130 libras de papel es = 130 libras en oro o plata» (pági-
nas 156-160).

Ricardo afirma, por lo tanto, en relación con el curso de cambio:
puesto que el dinero se distribuye de forma natural entre los diferentes
países en proporción a su industria y especialmente en proporción a su
exportación, que resulta como consecuencia de aquélla, el curso de cam-
bio desfavorable sólo indica que en el país, para el que el curso del
cambio es desfavorable, no se ha exportado la correspondiente cantidad
de metal al otro, para el que el curso del cambio es favorable. En el
país para el que es favorable, aumenta el dinero total en circulación,
porque no obtiene una masa de metal correspondiente a su comercio. En
el país en el que es desfavorable, se deprecia el dinero en circulación,
porque retiene una masa de metal superior a su comercio. Si no se
produce entretanto ninguna causa perturbadora que actúe de forma vio-
lenta, el curso de cambio sólo puede aumentar de forma desfavorable
contra un país hasta el límite en el que la exportación de oro y plata se

*14 100, en el manuscrito: 125 libras.

convierte en más barata que la prima de la letra de cambio, o bien dicho
aumento desfavorable no puede nunca subir por encima de la transfe-
rencia directa de oro y plata, sin atraer hacia sí realmente esta exporta-
ción y restaurar de esta forma mediante esta operación el equilibrio
del curso cambiario. Si esto no ocurre, se debe o bien a que se ha pro-
bibido por la fuerza la exportación de oro y plata y se ha aumentado
de esta forma también por la fuerza la masa del medio metálico en circu-
lación, o bien es que como consecuencia de una emisión excesiva de pa-
pel moneda se ha depreciado el medio de circulación del país, de forma
tal que la prima de la letra de cambio aumentará no en el montante
en que lo hacen los costes de exportación de metales, sino cuando pasa
por encima de éstos, en el montante en que el papel se ha depreciado
juntamente con los costes de transferencia del metal. El curso de cam-
bio expresa el valor del dinero en circulación de un país en el dinero
en circulación de otro. Cuando no está a la par, esto no procede de que
el valor del dinero en un país esté más alto o más bajo en relación con
las demás mercancias, sino más bien de que se obstaculiza, que el dinero
en circulación en cada uno de ambos países esté en su relación recíproca,
en el nivel alto o bajo, condicionado por las transacciones comerciales.

Pero, cuando Ricardo deduce el curso de cambio desfavorable siem-
pre del exceso de dinero en circulación en el país para el que el curso
del cambio es desfavorable, entonces él identifica 1) el curso de cambio
real y el curso de cambio nominal; 2) para un país, que sólo tiene di-
nero en circulación metálico, y en el que no existe ninguna medida
coercitiva contra la exportación de metales nobles, el curso de cambio
no podría ser nunca desfavorable; 3) con esto realmente no se dice otra
cosa sino que el curso de cambio indica que tiene que ser enviado di-
nero de un país a otro, no porque su dinero en circulación esté por
encima del nivel, sino porque es deudor del otro país. Lo único impor-
tante es que el diferente valor del dinero en diferentes países no dete-
riora el curso de cambio.

4) El dinero es únicamente el medio, en el que se expresa el valor
relativo, la cantidad en que una mercancía es dada a cambio de otra

5) Impuesto sobre el oro. (O acerca de la cuestión: ¿cómo actúa el
aumento en la dificultad de la producción sobre el valor del oro?)

«Los impuestos sobre el oro recaerían sobre aquel cuya propiedad con-
siste en dinero y continuarían actuando de tal forma, hasta que su can-
tidad fuera reducida en proporción al coste de producción aumentado
por los impuestos.» «La demanda de dinero.no es demanda de una
cantidad determinada, como la demanda de vestidos y comida. La de-
manda de dinero está completamente regulada por su valor y su valor
por su cantidad.» (Más adelante dice: su cantidad por su valor.) «Si

el oro tuviera un valor doble al que tiene en la actualidad, la mitad
de la cantidad realizaría las mismas funciones en la circulación, y si
tuviera la mitad de valor, se requeriría una cantidad doble. Si el precio
de mercado del trigo fuera aumentado en 1/10 mediante impuestos o
mediante una mayor dificultad en la producción, es dudoso que esto
tuviera algún efecto sobre la cantidad consumida, ya que existe una
necesidad determinada de este producto; pero para el dinero la de-
manda es exactamente proporcionada a su valor. Nadie consumiría dos
veces la cantidad de trigo requerida usualmente para satisfacer su ne-
cesidad, pero todo hombre, que compra y vende exclusivamente la misma
cantidad de mercancías, puede verse obligado a utilizar 2, 3 o varias
veces más la misma cantidad de dinero. Aquí se habla de un país en el
que son utilizados como dinero metales nobles y en el que no existe
ningún papel moneda... Puesto que el papel moneda es fácil de reducir
en cantidad, su valor, a pesar de que su patrón fuera el oro, aumentaría
tan rápidamente como el del metal mismo... No hay ningún límite
para la cantidad de dinero que un pueblo pueda verse obligado a tomar
mediante el comercio exterior, cuando desciende en valor; y ninguna
reducción, a la que no tenga que someterse, si su valor aumenta... Si
sólo se obtuviera el 1/10 de la cantidad actual de oro de las minas,
este 1/10 tendría el mismo valor que el 10/10 producido ahora... La
coincidencia del valor de mercado y del valor natural de todas las mer-
cancías depende en todos los tiempos de la facilidad con que la oferta
(es decir, la producción) puede ser aumentada o disminuida. En el caso
del oro, casas y trabajo, como en muchas otras cosas, este efecto no
puede ser producido súbitamente» (págs. 215-225).

Capítulo muy confuso. Según Ricardo los costes de producción del
oro sólo pueden actuar cuando su cantidad ha aumentado o disminuido
mediante dichos costes, y este efecto sólo aparece muy tardíamente. Por
otra parte, la masa de medio en circulación es completamente indife-
rente según esta explicación, pues es indiferente que circule mucho me-
tal con un valor bajo o poco metal con un valor alto. Pero ¿no requieren
el número mayor de compras y ventas, que tienen lugar simultánea-
mente, más medios de circulación? Y si sólo circula dinero de alto
valor, entonces falta el dinero para el comercio entre los consumidores
y la venta al por menor, así como para la producción. Es lo mismo, por
ejemplo, que si sólo circularan billetes de 500 libras.

6) Interés del dinero

El tipo de interés es regido en última instancia y de forma permanente
por la tasa de beneficio. Está sometido, sin embargo, a diferentes va-
riaciones temporales. Con toda fluctuación en la cantidad y el valor del
dinero se modifican los precios de las mercancías. Si el precio de mer-

cado de las mercancías desciende, por ejemplo, como consecuencia de
un aumento en el valor del dinero, entonces tiene lugar una gran acumu-
lación de mercancías en las manos de los fabricantes y comerciantes,
que no están dispuestos a vender a precios tan reducidos. Para hacer
frente a sus pagos usuales, se esfuerza ahora por obtener un crédito y
se ve a menudo obligado a pagar un interés superior (págs. 349, 350).
Es decir: la masa menor de dinero aumenta de valor, los precios de las
mercancías descienden proporcionalmente en relación con él; de esta
forma aumentan las peticiones de crédito y también el tipo de interés.
Aquí, como siempre, Ricardo hace actuar directamente y de forma ex-
clusiva la masa de dinero sobre las mercancías, para llegar al tipo de
interés, mientras que el mercado de préstamos está determinado por
circunstancias completamente diversas.

7) Dinero, exportación e importación

«Cualquier cosa que facilite la importación tiende a acumular dinero
en un país; y cualquier cosa que dificulte la exportación tiende a ha-
cerlo disminuir» (pág. 373).

8) Sobre el dinero en circulación y los bancos. Papel moneda. Páni-
cos. Emisiones del Estado en papel. ¿Emisión de dinero por el Estado
o por una Compañía de comercio? ¿Es esto último necesario para el
comercio? Oro

El oro es 15 veces más caro que la plata, porque se requiere 15 veces
más trabajo para producir*'* una cantidad dada del mismo (pág. 421).

La cantidad de dinero que puede ser utilizada en un país depende
de su valor. Si circulara oro exclusivamente, se necesitaría una cantidad
15 veces menor que si se utilizara exclusivamente plata (loc. cit.). «Una
circulación no es nunca tan abundante como para desbordarse; pues
mediante la disminución de su valor aumenta su cantidad en la misma
medida y mediante el aumento de su valor disminuye su cantidad en
la misma medida» (pág. 422).

«Si únicamente el Estado acuña, no puede haber ningún límite para
el gravamen que fije por esta operación; pues mediante la disminución
de la cantidad de la moneda acuñada puede ser elevada al valor que
se quiera. De acuerdo con este principio circula el papel moneda. Todo
el gravamen que se cobre por el papel moneda puede ser considerado
como derecho soberano de acuñación. Aunque no tiene valor intrínseco,
su valor de cambio es tan grande como la denominación igual de la

*155 producir, en el manuscrito: circular.

moneda o del metal precioso contenido en la moneda. En consecuencia,
mediante la limitación de su cantidad una moneda adulterada puede
circular como si fuera moneda de buena ley» (pág. 422).

«No es necesario que el papel moneda deba ser pagado ¿im specie,
para asegurar su valor; sólo es necesario que su cantidad deba ser
regulada según el valor del metal, que se afirma que es su patrón. Si
su patrón fuera el oro de una determinada finura y peso, el papel po-
dría ser aumentado con todo descenso en el precio del oro, o lo que
viene a ser lo mismo, con todo aumento en los precios de las mercan-
cías» (pág. 424). Ricardo piensa que para evitar las emisiones excesivas
de papel moneda no hay medio más apropiado que la obligación de
pagar los billetes en monedas de oro o metal precioso (pág. 426). Para
asegurar al público contra cualquier otra variación en el valor del di-
nero en circulación, al margen de las variaciones a las que está sometido
el patrón mismo, y para efectuar simultáneamente la circulación en el
medio más barato, es decir, para alcanzar en consecuencia el estado más
perfecto del dinero en circulación, basta con someter al banco a la en-
trega de oro o plata no acuñado al precio del metal acuñado, en lugar
de guineas. De esta forma el papel no descendería nunca por debajo
del valor del metal precioso, sin que se produjera una reducción de su
cantidad. Para impedir el aumento del papel por encima del valor
del metal precioso, el banco debería ser asimismo obligado a dar oro
al precio del metal acuñado a cambio de su papel (pág. 427). Simultá-
neamente tendría que existir una libertad total para la exportación e
importación de metal precioso (pág. 428).

«Frente a los pánicos generales de un país, en los que cada uno
quiere poseer metales nobles, como la mejor manera de realizar o de
conservar su propiedad, los bancos no tienen ninguna seguridad en nin-
gún sistema; por su propia naturaleza están sometidos a ellos, ya que
nunca puede haber en un banco o en un país tanta moneda o tanto me-
tal precioso como el que tienen derecho a exigir los individuos posee-
dores de dinero de tal país. Si todos los individuos retiraran sus saldos
en el mismo día, sería a menudo insuficiente la masa de billetes de
banco que se encuentran ahora en circulación, para hacer frente a una
tal demanda» (págs. 429, 430). La mayor ventaja en este sistema con-
sistiría en que mediante la sustitución de un medio muy valioso por
otro muy barato, se capacitaría al país para utilizar de forma productiva
un capital por este importe (pág. 432). «El dinero en circulación se en-
cuentra en el estado más perfecto, cuando consiste exclusivamente en
papel moneda, que tiene el mismo valor que el oro que representa. El
uso del papel en lugar del oro supone la utilización del medio más barato
por el más caro, y capacita al país, sin pérdida para ningún individuo,
para intercambiar todo el oro utilizado anteriormente con esta finalidad
por materias primas, utensilios y alimentos» (págs. 432, 433). Pero
únicamente en la cantidad en que el banco no lo acumula en sus bodegas.

«Supongamos que para una expedición se necesitara un millón de
libras. El Estado emite un millón de papel moneda y desplaza un millón
en moneda; entonces la expedición es realizada sin carga alguna para
el pueblo; pero si un banco emitiera este millón y se lo prestara al Es-
tado al 7 %, el país tendría que soportar una carga permanente de
70.000 libras anuales; el pueblo pagaría los impuestos, el banco los
recibiría... El interés directo del público consiste en que el emisor sea
el Estado y no una compañía de comerciantes. Sin embargo, el gobierno
está más expuesto al peligro de no respetar los límites de la circulación
(convertibilidad, etc.)...» Propone comisiones dependientes del Parla-
mento (págs. 433-435).

Ricardo combate la tesis de que el Banco de Inglaterra que emite
papel moneda es necesario para la realización de las operaciones de co-
mercio mediante el descuento de facturas y el préstamo de dinero. Su
razonamiento es como sigue:

«El dinero es tomado a préstamo; el banco puede hacer esto o
puede no hacerlo. Pues la tasa de beneficio y el tipo de interés en el
mercado no dependen del importe de las emisiones de dinero, sino de
la riqueza real, etc. El tipo de interés del mercado no es regulado por
el banco. El banco puede prestar al 5, 4 o 3 %; el tipo de interés es
regulado por la utilización del capital, completamente independiente
de la masa del valor del dinero. El banco puede prestar 1,10, 100 mi-
llones; no modificaría de forma permanente el tipo de interés; sólo
alteraría el valor del dinero emitido de esta manera. Si el banco carga
un tipo de interés inferior al vigente en el mercado, no hay suma de
dinero que no pueda prestar; si carga más del tipo, sólo encontrará
dilapidadores que tomen dinero a préstamo de él. Cuando se dice, por
lo tanto, que el banco ha fomentado tanto el comercio en los últimos
20 años, en la medida en que ha suministrado dinero a los comercian-
tes, esto fue así, porque durante todo este período prestó dinero por
debajo del tipo de interés vigente en el mercado; por debajo del tipo
al que los comerciantes habían podido tomar dinero a préstamo en
otro lugar... ¿Qué diríamos de un establecimiento que suministrara
constantemente a la mitad de los fabricantes de paño lana por debajo
del precio de mercado?... El precio del paño no disminuiría por ello
para el consumidor, pues sería regulado por el coste de producción del
mismo para la parte de los productores menos favorecidos. El único
efecto, por lo tanto, consistiría en aumentar los beneficios de una parte
de los fabricantes de paño por encima de la tasa normal... De la misma
manera, mediante nuestro banco una parte de los comerciantes se habría
beneficiado injustamente y de forma no provechosa para el país, en la
medida en que están capacitados para disponer de un instrumento de
comercio más barato que aquel que depende por completo del precio
de mercado... Todos los negocios que puede efectuar un país entero
dependen de la cantidad de su capital, es decir, de su materia prima,

maquinaria, alimentos, barcos, etc., que son utilizados en la produc-
ción. Si se tiene establecido un papel moneda bien regulado, éste no
puede ser ni aumentado ni disminuido por las operaciones bancarias.
Si emite, por lo tanto, el Estado papel moneda, incluso sin descontar
facturas o sin prestar un solo chelín al público, no se produciría nin-
guna alteración en el importe del comercio... La misma cantidad de
dinero habría de ser prestada a diferentes tipos de mercado, a 6, 7,
8 %, según la competencia entre prestamistas y prestatarios» (págs. 435
a 439).

«El oro es siempre preferido en los países ricos para el pago de
deudas, porque en esto reside el interés del deudor» (pág. 442) (porque
es relativamente más barato). «Si ambos metales (oro y plata) son uni-
formemente un medio de pago legal para deudas de cualquier volumen,
entonces estamos sometidos a un cambio constante en la medida prin-
cipal de valor. Unas veces sería el oro, otras la plata, dependiendo de
las variaciones en el valor relativo de los dos metales; y en el momento
en el que el metal no fuera utilizado como patrón, sería fundido y re-
tirado de la circulación, ya que su valor sería mayor en lingotes que acu-
ñado» (pág. 443).

9) Acerca del valor comparativo del oro, el trigo y el trabajo en
países ricos y pobres

«Cuando hablamos del valor alto o bajo del oro o de la plata en rela-
ción con los diferentes países, se tiene siempre que citar un término
medio, en el que los estamos evaluando, o no podemos vincular ninguna
idea con ello. Por ejemplo, evaluado en aceite el oro es más caro en
España que en Inglaterra; evaluado en paño más caro en Inglaterra»
(pág. 453).

## APUNTES Y EXTRACTOS SOBRE EL SISTEMA DE RICARDO

MARZO - ABRIL 1851

Impuestos conexos con la posición. . . . . . . pág. 305

Índice de materias de Marx de la obra de Ricardo: On
the Principles of Political Economy and Taxation. Third
Edition. London 1821. . . . . . . . +. . +. pág. 307

Estos dos apuntes se encuentran en un pequeño cuaderno fechado
por Engels con el año 1851, en el que están contenidos el final de
un manuscrito económico de Marx sobre El sistema monetario per-
fecto y extractos. Ambos apuntes los realizó Marx entre finales de
marzo y comienzos de abril de 1851, aproximadamente.

Ricardo (David). On the Principles of Political Econo-
my and Taxation. 3 ed. London 1821. . . . . . págs. 309-369

Estos detallados extractos comentados fueron escritos en abril de 1851.
Se encuentran en el cuaderno VIII de la misma serie de cuadernos
a la que pertenece también el cuaderno IV con extractos sobre la
teoría del dinero de Ricardo. Además de los extractos de la obra
principal de Ricardo aquí impresos, el cuaderno de abril y mayo
de 1851 utilizado contiene extractos de diez escritos de otros autores
o de diferentes años del Economist.

Observaciones sobre la obra de Ricardo: On the Principles of Political
Economy and Taxation. Third Edition. London 1821. — Sobre la
teoría de Ricardo de la imposición a la propiedad de la tierra.

Impuestos conexos con la posición.

Impuestos sobre la renta. Los impuestos sobre la renta propia-
mente dicha recaen sobre el propietario de la tierra. Los impuestos
sobre la renta en apariencia recaen sobre los consumidores.

Diezmos. Tienen que aumentar el precio del producto en bruto.
(No recae, por lo tanto, ni sobre el propietario de la tierra, ni sobre el
arrendatario).

Impuestos sobre la tierra. Si son fijados sobre la renta = a los
impuestos sobre la renta. Si son proporcionales a la fertilidad = a
los diezmos. Si representa una suma fija por acre, independientemente
de la fertilidad, es impuesto original. Este impuesto sólo hace tributar
a la tierra de mejor calidad en proporción a lo que tributa la tierra de
peor calidad, y en la medida en que eleva el precio del producto tanto
de la tierra de mejor calidad como de la de peor calidad, hace recaer
sobre el público un impuesto adicional del que se beneficia en primer
lugar el arrendatario de la tierra de mejor calidad (en tanto dura su
arrendamiento) y después el propietario de la tierra.

Impuestos sobre el producto en bruto. Aumenta los costes de pro-
ducción y recae, en consecuencia, sobre el precio del producto, es decir,
sobre los consumidores.

Índice de materias de Marx de la obra de Ricardo: On the principles
of political economy and taxation. Third edition. London 1821.

Influencia del precio de los medios de subsistencia sobre el salario.

Relación inversa de salario y beneficio.

Acumulación de capital.

Población y salario.

Sobre el salario.

Sobre el beneficio y el salario.

Influencia del comercio exterior sobre la tasa de beneficio. Del
comercio interno.

Impuestos. Influencia.

Cómo tiene lugar en la realidad la extensión del cultivo de la tierra.

El precio del trigo no regula el precio de las demás mercancías (aña-
dir a la sección del precio natural y precio de mercado).

Precio de mercado.

Precio real.

Ingreso bruto e ingreso neto.

Efecto depreciador de las mejoras en la agricultura y en la manu-
factura sobre una parte del capital existente.

La parte segunda de la renta.

Capital.

Comercio exterior.

[Del cuaderno de extractos VIII]

Ricardo (David). On the Principles of Political Economy
and Taxation. 3 ed. London 1821.

## I) Sobre el valor

Utilidad de un objeto y el poder de comprar otras mercancías: valor de
uso y valor de cambio (pág. 1). La utilidad no es la medida del valor
de cambio, aunque es necesaria para éste (pág. 2). Las mercancías ob-
tienen su valor de cambio de dos fuentes: 1) de la escasez y 2) de la
cantidad de trabajo necesario para producirlas. Algunas mercancías que
no pueden ser multiplicadas por el trabajo, cuyo valor por lo tanto no
puede ser reducido por una oferta mayor, derivan por completo su valor
de su escasez. Cambia con los cambios en la riqueza y con las inclina-
ciones de aquellos que desean poseerlas (loc. cit.). Algo diferente ocurre
con las mercancías cambiadas diariamente en el mercado. De ellas ha-
blamos nosotros cuando tratamos de las leyes del valor. Pueden ser
aumentadas mediante la industria y su producción está determinada
por la competencia sin límites (pág. 3). Éste es el presupuesto de la
determinación del valor en Ricardo. El valor relativo de las mercancías
está determinado, por lo tanto, por la diferente cantidad de las mismas
que pueden ser producidas en el mismo tiempo de trabajo, o por la
cantidad de trabajo realizado proporcionalmente en las mercancías. Todo
aumento de la cantidad de trabajo aumenta, por lo tanto, el valor de
la mercancía, toda disminución lo disminuye (pág. 4). El valor del tra-
bajo y la cantidad de mercancías que una determinada cantidad de traba-
jo puede comprar no son idénticos. Pues el producto del trabajador o
un equivalente de este producto no es = al salario del trabajador. El
valor del trabajo no es, por lo tanto, la medida de los valores, sino el
trabajo gastado en la cantidad de mercancías (pág. 5). La cantidad com-
parativa de mercancías que una cantidad dada de trabajo puede procurar
determina, por lo tanto, su valor relativo pasado y presente.

El trabajo, naturalmente, es de diferente calidad y es difícil la com-
paración de horas de trabajo diferentes en diferentes ramas de negocio.
Pero este nivel es fijado pronto en la práctica (pág. 13). (Ricardo no
desarrolla más este punto.) Para períodos cortos, por lo menos de un
año para otro, la variación en esta desigualdad es insignificante, y no
entra, por lo tanto, en el cálculo (pág. 15).

En el trabajo que determina el valor de las mercancías hay que com-
putar el tiempo de trabajo necesario para obtener el capital que es
utilizado en la producción (pág. 16). Hay que computar también el
trabajo necesario para transportar las mercancías al mercado (pág. 18).

Con el progreso de la sociedad varía considerablemente el valor de las
mercancías con este trabajo realizado en el capital (loc. cit.). Economía
en el uso de trabajo no deja nunca de reducir el valor relativo de una
mercancía, bien sea mediante el ahorro en el trabajo necesario para la
producción de la mercancía misma, o bien en el capital con cuya ayuda
es producida (págs. 19, 20). La introducción de un patrón, como el oro,
no modifica en nada este principio (pág. 23).

El principio de que la cantidad de trabajo utilizado en la produc-
ción de mercancías regula su valor relativo es modificado considerable-
mente por la utilización de maquinaria y otro capital fijo y duradero
(pág. 25). En primer lugar, la diferente durabilidad del capital fijo; en
segundo lugar, la diferente proporción en que es utilizado el capital:
para el mantenimiento del trabajo y en maquinaria, herramientas, edifi-
cios. Estas dos circunstancias hacen que, además del tiempo de trabajo
necesario para la producción de una mercancía, tenga también influencia
en el valor de la mercancía el aumento o el descenso en el valor del
trabajo (págs. 25, 26). Según que el capital sea más o menos perece-
dero, es decir, según que tenga que ser reproducido con más o menos
frecuencia en un período dado, se llama capital circulante o capital fijo
(pág. 26). Además, el capital circula o retorna al individuo que lo uti-
liza en períodos muy desiguales. Por ejemplo, el trigo que un arrenda-
tario agrícola compra para la siembra es relativamente capital fijo frente
al trigo que compra un panadero para hacer pan (págs. 26, 27). Dos
industrias pueden emplear, por lo tanto, el mismo capital, pero éste
puede estar dividido de forma muy diferente en relación con la porción
que es fijo y la que es circulante (pág. 27). Un aumento del salario
afecta naturalmente de forma desigual a dos capitales, de los cuales el
uno es invertido casi por completo en salario, y el otro casi por com-
pleto en maquinaria (loc. cit.). Dos fabricantes utilizan quizá la misma
porción de capital fijo, pero es de duración desigual (loc. cit.). Aquí
entra en juego el beneficio sobre el capital fijo en aquella mercancía
que ha sido producida con maquinaria, un beneficio que con la utili-
zación casi exclusiva de capital circulante fue obtenido con la venta de
la mercancía misma y fue consumido... O también la compensación por
el espacio superior de tiempo que tiene que transcurrir hasta que la más
valiosa de ambas mercancías puede ser traída al mercado (págs. 29, 30).
(Es decir, el fabricante que, por ejemplo, utiliza 5.000 libras en trabajo
y 5.000 libras en maquinaria tiene 5.500 libras en valor de sus mer-
cancías y, por lo tanto, en el segundo año 550 más por el beneficio de
las 5.500 invertidas en maquinaria. El beneficio sobre el capital fijo
es añadido de nuevo.) Si el valor de las mercancías está determinado por
la cantidad comparativa del trabajo gastado en ellas, se cambian entre
sí las mercancías en las que reside el mismo tiempo de trabajo. Bene-
ficio y salario sólo son las porciones en las que las dos clases de capi-
talistas y trabajadores participan en la mercancía originaria, y por lo

tanto también en la mercancía cambiada por ella. El valor relativo de
la mercancía no es afectado, en consecuencia, por la proporción entre
beneficio y salario (pág. 31).*'* Ninguna alteración en el salario puede
producir una alteración en el valor relativo de la mercancía. Si el sa-
lario sube, no por ello se requiere más tiempo para la producción de
una mercancía; únicamente el mismo tiempo de trabajo es pagado más
caro. Si uno de los capitalistas quisiera por ello aumentar el precio de
su mercancía, el otro tendría las mismas pretensiones; la situación
relativa de los que tienen intereses en diferentes ramas de negocio con-
tinúa siendo la misma antes como después del aumento del salario. El
salario puede subir el 20 % y los beneficios descender otro tanto, sin
que se produzca la más mínima alteración en el valor relativo de las
mercancías (pág. 23). Si aumenta, por lo tanto, el salario, desciende el
beneficio. Pero después, igual que antes, las mercancías producidas
por capital fundamentalmente circulante se venderán al mismo precio.
Únicamente el beneficio del arrendatario agrícola, que ha invertido, por
ejemplo, 5.000 libras, desciende. El fabricante de mercancías, para cuya
producción se requiere maquinaria o edificios valiosos o un largo pe-
ríodo de tiempo, antes de que puedan ser llevadas al mercado, cobra
por lo tanto un beneficio menor por su capital fijo, de ahí que también
descienda la tasa de su beneficio en general; de esta forma descienden
sus mercancías en valor relativo frente a las producidas fundamental-
mente mediante el trabajo. Aquí se da por supuesta la misma tasa de
beneficio en las diferentes ramas de negocio... Estas causas, por lo de-
más, actúan sólo de forma débil, a lo sumo del 6 al 7 %, pues los be-
neficios no admitirán probablemente ninguna depresión general y per-
manente (págs. 32, 33). (Hay que observar que Ricardo podría haber des-
arrollado esto de forma diferente: supongamos que una mercancía sólo
ba sido producida mediante capital circulante y otra sólo mediante capi-
tal fijo. Ambas utilizan un capital de 5.000 libras. Si aumenta el salario
ahora en un 10% y si suponemos que el primer capitalista gasta
3.000 libras en materias primas, etc., y 2.000 en salario, su cuota de
salario aumenta por lo tanto a 2.200. Si antes vendía su mercancía
con 10 % de beneficio a 5.500, ahora la venderá a 5.700. Su beneficio
continúa siendo igual que antes el 10 %. El segundo fabricante la puede
vender después (de la subida de salario) a 5.500. Su beneficio continúa
siendo igualmente el 10 %. Pero el valor de su mercancia ha descen-
dido en relación con la del primero. A pesar de que el tiempo de tra-
bajo gastado en ambas mercancías continúa siendo el mismo. O si el
primero continúa manteniendo el mismo precio, el otro tiene que bajar
el suyo. Esto como término medio es correcto. Pero puesto que la equi-

*158 (pág. 31), en el manuscrito (pág. 21).

paración no ocurre en seguida, de abí el impulso por parte de los capi-
talistas por obtener maquinaria.)

Una alteración en la tasa de beneficios permanente, por un gran
importe, es el efecto de causas que sólo actúan a lo largo de años; mien-
tras que alteraciones en la cantidad de trabajo necesario para la pro-
ducción de mercancías ocurren diariamente... todas las grandes alteracio-
nes en el valor relativo son producidas, por lo tanto, por alteraciones en
el tiempo de trabajo requerido para su producción (págs. 33, 34).

Mercancías en las que se ha gastado la misma cantidad de trabajo,
cambian en su valor relativo, si no pueden ser traídas al mismo tiempo
al mercado... También en el supuesto de utilización de un gran capital
fijo el valor superior de una mercancía se debe al espacio de tiempo
superior que tiene que transcurrir hasta que puede ser traída al merca-
do... La diferencia en ambos casos procede del hecho de que los bene-
ficios son acumulados como capital y se trata solamente de una justa
compensación por el tiempo en el que los beneficios fueron retenidos
(págs. [34], 35).

El aumento del salario produce, por lo tanto, un descenso en el pre-
cio de las mercancías que son producidas fundamentalmente mediante
capital fijo, y tanto más cuanto mayor es el capital fijo (pág. 35).

(Hay que observar que esto es puramente nominal. En primer lugar,
en la medida en que un capital del cual una gran parte es capital fijo
o duradero o cuyas mercancías necesitan un tiempo superior para ser
traídas al mercado vende sus mercancias más caras, esto ocurre, como
el mismo Ricardo dice, única y exclusivamente porque los beneficios
son acumulados como capital. Es lo mismo que si se hubiera utilizado
un capital mayor. En segundo lugar, el aumento de salario*'" actúa
(hacia atrás) a su vez sobre el capital fijo devaluándolo. El trabajo muer-
to ya realizado es determinado por el trabajo vivo, y por lo tanto, tam-
bién el beneficio sobre el mismo. Se presenta aquí, por lo tanto, en el
precio, lo que no se ve en el primer caso. El agricultor vende al mis-
mo precio, pero la tasa de su beneficio ha disminuido. El fabricante
vende a un precio menor. Por ejemplo, su capital fijo es de 1.000 li-
bras. Dicho capital junto con el trabajo producen mercancías por valor
de 2.000 libras. Si el salario subiera ahora en un 10 % o si el beneficio
descendiera en el mismo porcentaje, él tendría que vender sus mercan-
cías a 1.500 libras igual que antes, de las cuales computamos 500 li-
bras para salario. Es decir, 33 1/3 %. Si ahora el salario aumenta en
un 10%, es decir, aumenta en 50, tenemos 550 libras.*"* Para el
capitalista sólo queda, por lo tanto, una ganancia de 450; a pesar de
que él continúa vendiendo a 2.000, a él sólo le corresponderían 1.450 li-

*157 el aumento de salario, en el manuscrito: el efecto del aumento de salario.
*158 Aumenta... 550 libras, en el manuscrito: cuesta... 550 %.

bras y al trabajo 550 libras. La ganancia sería aproximadamente algo
más del 30 %. Sus 1.000 libras no valen, por lo tanto, 1.333 [*/v0],
sino únicamente 1.300 [*/.0].** Si él no hubiera empleado ningún ca-
pital circulante en trabajo inmediato, esto se habría puesto de mani-
fiesto. Pero ahora una vez que los 1.000 han sido empleados en un
trabajo determinado, esta detracción de su beneficio no se presenta como
una detracción en el precio de las mercancías, ya que en relación con el
capital ya producido, en relación con el trabajo ya realizado, no puede
presentarse —sin alterar el valor de la mercancía— como aumento de
salario y descenso del beneficio. Así pues, este fenómeno no es más
que la reacción de la determinación de valor sobre el trabajo ya reali-
zado; esto se presenta de forma diferente.)

Precisamente se dio por supuesto que en dos industrias las relacio-
nes de capital fijo y circulante son desiguales. Ahora se da por supuesto
que la' relación es igual en ambas, pero que el capital fijo es de desi-
gual durabilidad. Cuanto menos duradero es el capital fijo tanto más
participa de la naturaleza del capital circulante. Es consumido y su va-
lor reproducido en un corto espacio de tiempo, con la finalidad de con-
servar el capital del fabricante... Si el capital fijo no es de naturaleza
duradera, requiere una gran cantidad de trabajo anualmente para man-
tenerlo en un estado original de eficacia; pero el trabajo efectuado de
esta manera puede ser considerado como trabajo realmente gastado en
la mercancía producida, que tiene que tener un valor en proporción a
tal trabajo. Si necesito anualmente 50 hombres para el mantenimiento
de mi máquina, necesito un precio adicional para mis mercancías = al
precio de la de cualquier otro fabricante, que hubiera utilizado 50 hom-
bres en la producción de otras mercancías y no hubiera utilizado nin-
guna maquinaria. Un aumento en el salario no afectaría por igual a
mercancías producidas con maquinaria que se consume rápidamente y
a mercancías producidas con maquinaria que se consume de forma
lenta. En la producción de unas, una gran parte del trabajo sería trans-
ferido constantemente a la mercancía producida, en la producción de las
otras, sería transferido muy poco. En consecuencia, todo aumento del
salario, o lo que es lo mismo, todo descenso de los beneficios, dismi-
nuiría el valor relativo de las mercancías, que son producidas con un
capital de naturaleza duradera, y elevarían proporcionalmente las pro-
ducidas con un capital más perecedero. Un descenso del salario tendría
exactamente el efecto contrario (págs. 36-38). En consecuencia, los
países viejos recurren constantemente a la maquinaria, y los nuevos
utilizan trabajo. Con toda dificultad en obtener lo necesario para el
mantenimiento de los hombres, aumenta necesariamente el trabajo, y
con todo aumento en el precio del trabajo existe una nueva tentación

*15  1333%... 1300 %, en el manuscrito: 1033... 1030.

para recurrir a la maquinaria. Esta dificultad para el mantenimiento
de los hombres es constante en los países viejos; en los nuevos puede
tener lugar un gran aumento de la población sin aumento del salario.
Aquí puede ser tan fácil mantener al séptimo, al octavo, al noveno mi-
llón, como mantener al segundo, al tercero o al cuarto (pág. 39, nota).
Estos agentes mudos, las máquinas, son siempre el producto de mucho
menos trabajo del que sustituyen, incluso cuando tienen el mismo valor
en dinero. Mediante su influjo, un aumento en el precio de los medios
de subsistencia afecta a menos personas; este ahorro se muestra en el
precio reducido de las máquinas (pág. 40). Por lo tanto, en los estadios
tempranos de la sociedad en los que se utiliza poca maquinaria o capital
duradero, las mercancías que son producidas por capitales iguales, tie-
nen casi el mismo valor y suben o bajan relativamente entre sí, según
que se utilice más o menos trabajo en su producción. Pero tras la in-
troducción de estos costosos instrumentos, el valor de las mercancias
producidas mediante la utilización de capitales iguales puede ser muy
diferente; y a pesar de que descenderán relativamente la una respecto
de la otra, según que sea necesario más o menos trabajo para su pro-
ducción, ellas están sometidas también a una variación más pequeña,
que depende del aumento o descenso de los beneficios y los salarios
(págs. 40, 41). Un aumento en el precio del trabajo hace descender, por
lo tanto, el precio de las mercancías que son producidas fundamental-
mente mediante maquinaria y un descenso en el precio del trabajo las
hace subir; pero hace descender a aquellas que son producidas funda-
mentalmente mediante el trabajo (pág. 45).

Dos mercancías, de las cuales se ha gastado en una 1.000 libras de
trabajo y en la otra 2.000 libras, se relacionan en sus precios en la
proporción 1:2. Ello no quiere decir que se vendan a 1.000 y 2.000.
La proporción continuaría siendo la misma, si se vendieran a 1.100 y
2.200 o a 1.500 y 3.000 (pág. 46).

El aumento o descenso de la renta, el beneficio y el salario ha de
ser determinado según la distribución de todo el producto de una explo-
tación agrícola entre las tres clases de propietarios de la tierra, capita-
listas y trabajadores asalariados, y no según el valor al que este producto
puede ser estimado en un término medio (dinero), que es variable. La
tasa de beneficio, renta, salario, no es determinada por la cantidad
absoluta de producto que recibe cualquiera de estas clases, sino por la
cantidad de trabajo necesario para obtener este producto. El producto
total puede ser duplicado mediante mejoras en la agricultura y en la
industria. Si se duplican uniformemente, la renta, el beneficio y el sala-
rio no han sufrido proporcionalmente ninguna modificación. Pero si
alguno de los tres ro participa uniformemente en el aumento, entonces
desciende, a pesar del aumento absoluto en la cantidad de su parte
(pág. 49). Renta, beneficio, salario —considerados según su tasa— sólo
cambian según las variaciones en su parte del producto total (pág. 52).

## II) Sobre la renta

Ricardo investiga la renta para comprobar si es correcta la tesis de
A. Smith, según la cual la «apropiación de la tierra y la consiguiente
creación de una renta tiene que originar una variación en el valor rela-
tivo de las mercancias, independientemente del trabajo necesario para
su producción» (pág. 53).

Renta es la parte del producto de la tierra que es pagado al pro-
pietario de la misma por el uso original e indestructible de los poderes
productivos del suelo. Ha de ser diferenciada del interés y el beneficio
del capital, que es pagado al propietario de la tierra por el capital in-
corporado a la tierra (págs. 53, 54). Cuando tiene lugar el primer asen-
tamiento en un país, en el que existe un excedente de tierra rica y fruc-
tífera, no se paga ninguna renta... Ásí como tampoco se paga por el
aire o por el agua... Si toda la tierra tuviera las mismas características,
si fuera ilimitada en cantidad y uniforme en calidad, no se pagaría nada
por su uso, excepto por ciertas ventajas peculiares de su situación. Sólo
se paga renta por su uso, porque con el progreso de la población es
cultivada tierra de calidad inferior o desfavorablemente situada... Cada
paso en el progreso de la población que obliga a un país a recurrir a un
suelo de peor calidad, aumenta la renta para la tierra más fértil... Origi-
nariamente todo el producto neto pertenece al cultivador y éste obtiene
el beneficio de su stock... El caso es el mismo cuando es utilizada una
porción adicional de capital sobre la misma tierra con menos produc-
to... La renta es siempre la diferencia entre el producto obtenido con
la utilización de dos cantidades iguales de capital y trabajo... La razón:
no puede haber dos tasas de beneficio diferentes. Si la primera porción
de capital de 1.000 libras le produce al arrendatario agrícola 1.000 qrs.
de trigo, la segunda también de 1.000 libras sólo 85, el propietario
de la tierra exige tras el transcurso del arrendamiento 15 qrs. de renta.
El arrendatario no utilizaría 1.000 libras para obtener 85 qrs., si pudiera
encontrar una utilización más provechosa. La tasa normal de beneficio
consistiría en esta proporción, y si el primer arrendatario rehúsa, se
encontraría otra persona dispuesta a dar al propietario de la tierra
todo lo que exceda de esta tasa de beneficio... En ambos casos (utili-
zación de capitales iguales sobre terrenos de desigual fertilidad o ut1-
lización de desigual rentabilidad de dos capitales iguales sobre la misma
tierra) el último capital invertido no paga ninguna renta... La renta
procede siempre de la utilización de una cantidad adicional de trabajo
con un resultado proporcionalmente menor... Si se cultiva tierra de in-
ferior calidad, aumenta el valor de cambio [Precio] de su produc-
to, porque se requiere más trabajo para su producción. El valor de cam-
bio de todas las mercancías, manufacturadas o producto de las minas
o de la tierra, es siempre regulado, no por la cantidad inferior de tra-

bajo suficiente para su producción er. cizuunstancias altamente favorables
y disfrutadas exclusivamente por aquellos que tienen facilidades pecu-
liares para su producción, sino por la cantidad de trabajo superior NE-
CESARIAMENTE gastada en su producción por aquellos que no tienen
tales facilidades; por aquellos que continúan produciéndolas bajo las
circunstancias más desfavorables; por las circunstancias más desfavora-
bles se entiende las circunstancias más desfavorables bajo las cuales la
cantidad de producto requerido hace necesario efectuar la producción...
Sobre el terreno de mejor calidad es obtenido el mismo producto con
el mismo trabajo que antes, pero el valor aumenta como consecuencia
de los resultados inferiores obtenidos por aquellos que utilizan trabajo
y capital nuevo en tierra*'” menos fértil... Las ventajas de la tierra más
fértil sobre la menos fértil**" no se pierden, sino que son transferidas
del cultivador o del consumidor al propietario de la tierra... Pero puesto
que se requiere más trabajo en la tierra menos fértil y puesto que úni-
camente mediante esta tierra somos capaces de proveernos del sumi-
nistro adicional de producto en bruto, el valor comparativo del producto
se mantiene constantemente por encima de su nivel anterior... Las
causas, por lo tanto, por las que el producto sube no es la renta pagada
al propietario de la tierra sino la cantidad mayor de trabajo que es
utilizado en la producción de la última porción obtenida. El precio del
trigo es regulado mediante la cantidad de trabajo gastado en su pro-
ducción en la tierra que mo paga ninguna renta. El trigo es caro no
porque se pague renta, sino que se paga renta porque el trigo es caro...
El excedente que arroja la tierra en forma de renta no es resultado
de una ventaja de está última, sino de una desventaja, de la decreciente
productividad de la misma... La tierra sólo es preeminente debido a sus
poderes productivos limitados... La maquinaria recién fabricada no es
menos productiva que la vieja. De lo contrario ésta arrojaría una ren-

. El trabajo de la naturaleza es pagado en la renta, no porque hace
mucho, sino porque hace poco... El hombre tiene que realizar más
con el sudor de su frente, y la naturaleza realiza menos... En la pro-
porción en que la naturaleza deviene más tacaña en sus regalos, obtiene
un precio mayor por su trabajo. Donde es beneficiosa de forma munfífi-
ca, trabaja gratis... La naturaleza hace mucho para el hombre —en
contraposición a A. Smith— en las manufacturas. Las fuerzas del viento
y del agua mueven nuestra maquinaria y ayudan la navegación; la pre-
sión de la atmósfera y la elasticidad del vapor, que nos permiten im-
pulsar los más maravillosos motores, son dones de la naturaleza; por
no hablar de los efectos del calor para reblandecer y fundir los metales,
de la descomposición de la atmófera en el proceso de tinte y de fer-

*I60 tierra, en el manuscrito: capital.
*16l menos fértil, en el manuscrito: más fértil.

mentación. En toda manufactura la naturaleza presta su ayuda al hom-
bre y además gratis... El aumento de la renta es el efecto de la cre-
ciente riqueza del país y de la dificultad de procurarse alimentos para
su población. Es un síntoma, pero no una causa de la riqueza. La ri-
queza puede aumentar rápidamente y la renta puede permanecer esta-
cionaria o descender. La renta aumenta de la forma más rápida en los
países en los que la tierra disponible desciende en sus fuerzas produc-
tivas; la riqueza aumenta de la forma más rápida donde la tierra dis-
ponible es lo más fructífera posible, donde la importación está lo menos
restringida y donde mediante mejoras en la agricultura la producción
puede ser aumentada sin aumento en la cantidad proporcional de tra-
bajo y donde, en consecuencia, el crecimiento de la renta es lento...
La renta no es, por lo tanto, una parte constitutiva del precio... Todo
aquello que hace más productiva la última porción empleada de capital
y trabajo disminuye la renta... De esta forma actuaría la reducción de
capital en un país, ya que con su población descendería también la
demanda de trigo, cuya consecuencia sería un precio menor y un cultivo
inferior... De esta forma actúa también el crecimiento de capital y
población, si va acompañado de mejoras en la agricultura, que dismi-
nuyen la necesidad de cultivar tierra menos fértil, o que no requieren
la utilización de la misma cantidad de capital en una tierra más fértil...
Tras un período, ciertamente, el descenso en el precio de los productos
en bruto tendría como consecuencia mayores beneficios y acumulación
y, por lo tanto, mayor utilización de trabajadores, crecimiento de la
población, demanda creciente de trigo, y finalmente aumento de nuevo
de la renta al mismo nivel antiguo o a un nivel superior... Las mejo-
ras de la agricultura son de dos clases, aquellas que aumentan la fuerza
productiva de la tierra, y aquellas que capacitan mediante las mejoras
en la maquinaria para obtener el mismo producto con menos trabajo...
A la primera clase pertenecen, por ejemplo, una más adecuada rotación
de cosechas o la mejor selección de abonos. Ellas nos capacitan para
obtener el mismo producto de una tierra menor... Pero no es necesario
que se deje de cultivar tierra para reducir la renta. Basta que sean uti-
lizadas porciones sucesivas de capital en la misma tierra con diferentes
resultados y que se elimine la porción que produce el menor resulta-
do... Las mejoras en la agricultura hacen posible cultivar tierra más
pobre con un coste menor... La otra clase de mejora está más dirigida
a la formación de capital aplicado al campo que al cultivo del campo
mismo... Menos capital, es decir, menos trabajo será empleado en la
tierra; pero para obtener el mismo producto tiene que ser cultivada la
misma extensión de tierra... Estas mejoras pueden disminuir el valor
de cambio del producto sin disminuir la renta de trigo, a pesar de que
disminuyen la renta en dinero. El hecho de que disminuyan la renta de
trigo depende de si el producto obtenido por diferentes porciones de ca-
pital es aumentado, permanece estacionario o disminuye... Si las mejoras

hacen posible efectuar todo el ahorro en aquella porción de capital, que
es la última empleada, la renta de trigo descendería de forma inmediata,
porque la diferencia entre el capital más productivo y el menos produc-
tivo descendería y esta diferencia constituye la renta... Por lo tanto,
aquello que disminuye la desigualdad del producto obtenido con suce-
sivas porciones de capital utilizadas en la misma tierra o en una nueva,
tiende a disminuir la renta, y lo que aumente esta desigualdad produce
necesariamente el efecto opuesto y tiende a aumentarla... El propie-
tario de la tierra se beneficia doblemente con la dificultad en la pro-
ducción. En primer lugar, obtiene una parte superior y, en segundo
lugar, la mercancía en que es pagado tiene un valor mayor (págs. 55-
75). Lo mismo que tiene vigencia para la renta de la tierra, lo tiene
para la renta de minas (págs. 76-79). La renta recae siempre sobre los
consumidores y nunca sobre el arrendatario agrícola (pág. 113). Un
impuesto sobre la renta recae por completo sobre la renta, sobre el pro-
pietario de lz tierra, y no puede recaer sobre ninguna clase de consumi-
dores... Un impuesto sobre la renta no desalentaría el cultivo de tierra
nueva, ya que tal tierra no paga ninguna renta y, por lo tanto, los im-
puestos no recaerían sobre ella... Desalentaría el cultivo, porque sería
simultáneamente un impuesto sobre los beneficios del propietario de la
tierra... Los impuestos, en la medida en que recayeran sobre la remu-
neración que recibe el propietario de la tierra por el uso de su capital
invertido en la explotación agrícola recaería en un país progresivo so-
bre el consumidor del producto en bruto... El capital gastado en edifi-
cios y otros bienes de equipo fijos, etc., tiene que arrojar el beneficio
normal del capital; pero no es necesariamente así, si estos impuestos
no recaen sobre el arrendatario; éste a su vez no obtendría el beneficio
normal de su capital, si no pudiera cargárselos al consumidor (págs. 191
a 194). Los diezmos son un impuesto sobre el producto bruto de la tierra.
Afectan a la tierra que no sería alcanzada por un impuesto sobre la
renta, y aumentan el precio del producto en bruto, cosa que el impuesto
sobre la renta no puede hacer. Los diezmos inciden sobre toda tierra en
proporción al producto que produce. Son, por lo tanto, un ¿impuesto
igual... En un estado estacionario de la sociedad en el que el precio del
trigo no cambia, tampoco lo hace este impuesto. En este caso es lo
mismo que si se tratara de un ¿impuesto sobre el producto bruto. En
un estado retrógrado de la sociedad o en un estado progresivo, en el
que tienen lugar mejoras en la agricultura, disminuye el valor en dinero
de los diezmos. En un estado progresivo sin grandes mejoras, en el que
aumenta el precio del trigo, los diezmos se convierten en una pesada
carga en dinero... Un impuesto que aumente con los ingresos brutos
y que haga disminuir el ingreso neto es insoportable. Los diezmos son
el 1/10 del producto bruto y no del producto neto de la tierra y, en
consecuencia, a medida que la sociedad progresa en riqueza, los diez-
mos, a pesar de que constituyen la misma proporción del producto

bruto, tienen que constituir una proporción cada vez mayor del producto
neto (págs. 195-198). Impuestos sobre la tierra. Cuando es establecido
en proporción a la renta de la tierra y cambia con toda variación de
la renta, no es más que un impuesto sobre la renta de la tierra... No
afecta entonces al precio del producto en bruto; recae por completo
sobre el propietario de la tierra... Pero cuando se establece sobre toda
la tierra cultivada, es un impuesto sobre el producto y aumenta, por lo
tanto, el precio del trigo... La tierra cultivada en último lugar no le pro-
duciría al arrendatario el beneficio normal sin un aumento del precio
del producto (que cubriera el importe del impuesto)... El impuesto no
podría ser transferido al propietario de la tierra, porque en el caso
que damos por supuesto no recibe ninguna renta. Tal impuesto puede
ser proporcional a la calidad del terreno y a la abundancia de su pro-
ducto y entonces no se diferencia en nada de los diezmos; o puede ser
una cantidad fija por acre de tierra para toda tierra cultivada, indepen-
dientemente de su calidad... Entonces hace aumentar el precio del
trigo en proporción al impuesto pagado por el cultivador de la tierra de

or calidad... El consumidor de trigo no sólo se verá obligado a pagar
o que le exige el Estado, sino que tendrá que dar también al culti-
vador de la tierra mejor 100 libras al año, por ejemplo (si el acre de
tierra de peor calidad produce 1.000 qrs., un impuesto de 100 libras
aumentaría el trigo en 2 chelines por qr. El mismo capital sobre tierra
mejor produce 2.000 qrs., aumenta, por lo tanto, su producto en 200 che-
lines, pero paga 100 chelines como el primero) durante el tiempo que
dura su arrendamiento y después tendrá que aumentar la renta del
propietario de la tierra por ese importe. Saldría más del bolsillo de los
contribuyentes de lo que llegaría al Tesoro público. La taille en Francia
antes de la Revolución era un impuesto de esta naturaleza... Este im-
puesto no incide sobre cada acre en proporción a su producto real,
sino en proporción al producto de aquel que es el menos productivo
(págs. 200-209).

Impuestos sobre el producto en bruto

Si aumentan los costes de producción de la tierra que no paga ninguna
renta, aumenta, por lo tanto, el precio del producto... [cualquier im-
puesto sobre el cultivador] recae sobre el consumidor en todo su
importe... En la proporción en que el producto en bruto entra en la
composición de otras mercancías su valor sería elevado igualmente...
Haría subir los salarios, y en la proporción en que éstos suben, descen-
derían los beneficios... Los beneficios serían afectados de esta manera,
pero no la renta ni los dividendos de acciones (stocks)... Aquellos ar-
tículos en cuya composición no entrara el producto en bruto, descen-
derían en precio, así como los artículos hechos de metal o de barro...

Puesto que el producto en bruto entra por lo general de forma muy
diferente en la constitución de las diferentes mercancías, un impuesto
sobre el producto en bruto producirá la mayor variedad de efectos en
el valor de las mercancías. En la medida en que se produjera este efecto,
estimularía o retrasaría la exportación de mercancías particulares y como
todo impuesto sobre mercancías tendría el inconveniente de destruir
la relación natural entre el valor de cada una. Esto impide la mejor
distribución del capital en todo el mundo (págs. 169-190).

Las subvenciones a la exportación de trigo hacen bajar el precio
para el consumidor extranjero, pero no tienen un efecto permanente
sobre el precio en el mercado interno... Capacitan al arrendatario para
vender el trigo en el extranjero por debajo de los costes de producción.
La demanda de trigo británico aumenta en consecuencia; la demanda
del trigo propio desciende en el extranjero. Esta demanda superior de
trigo británico aumenta su precio durante un período en el mercado
interno e impide simultáneamente que durante este tiempo sufra un
descenso tan acentuado en el mercado exterior como la subvención
tiende a producir... De esta forma el beneficio del arrendatario se ele-
vará por encima de la tasa media de beneficio... La subvención actúa
en consecuencia como un incentivo para la agricultura, y el capital es
sustraído a la manufactura, para ser invertido en el campo, hasta que
esté cubierta la demanda superior del mercado exterior y descienda de
nuevo el precio y el beneficio en el mercado interno. La oferta superior
de trigo que actúa en el mercado exterior, hará descender también su
precio en el país al que es exportado, y de esta forma reducirá los be-
neficios del exportador a la tasa más baja a la que puede continuar
desarrollando el negocio... Finalmente para el extranjero el trigo es
abaratado por el importe total de la subvención, si el precio del trigo
no era antes inferior en el mercado extranjero que en el mercado na-
cional, y en un grado menor, si el precio en el mercado interno estaba
por encima del precio en el mercado extranjero (págs. 354-356). Una
subvención continua a la exportación de trigo produciría una tenden-
cia a un aumento permanente en el precio del trigo, por lo tanto, a un
aumento de la renta, en la medida en que se pondría en cultivo tierra
de peor calidad (págs. 368, 369). Ni el arrendatario agrícola, ni el fa-
bricante, a pesar de que tienen interés en que el precio de mercado
de sus productos exceda al precio natural, tienen interés en aumentar
el precio natural de sus mercancías. El propietario de la tierra sí tiene
este interés, porque de esta forma se crea renta... Subvenciones a la
exportación y prohibiciones a la importación de trigo aumentan la de-
manda, nos conduce al cultivo de tierras de peor calidad y originan
necesariamente una mayor dificultad a la producción (pág. 370).

Renta (contra la teoría de A. Smith referente a la renta de la tierra)

A. Smith concede para las minas el que produzcan renta, renta que
depende de su rentabilidad relativa y de su situación (págs. 391 y ss.).
Asimismo él piensa que es la mina más fructífera y no la menos fruc-
tifera, por ejemplo, la mina de carbón, la que regula el precio del pro-
ducto de todas las minas. Ricardo observa a propósito de esto: «Si las
minas antiguas son insuficientes para suministrar la cantidad de carbón
requerida, el precio del carbón subirá, y continuará subiendo basta que
el propietario de una mina nueva e inferior en rentabilidad descubra
que puede obtener el beneficio normal del capital trabajando su mina.
Si su mina es aceptablemente rica, el aumento no será grande antes de
que su interés resida en emplear su capital; pero si no es aceptablemente
rica, es evidente que el precio tiene que continuar subiendo hasta que
le permita obtener los medios para pagar sus gastos» (pág. 393).

Aquí, por lo tanto, Ricardo concede que primero sube el precio y
después se cultiva la tierra menos fértil, y que depende de su subida el
que se cultive o no. No es, por lo tanto, el mayor coste de producción
el que hace subir el precio de la tierra más fértil, sino que es el aumento
de precio de la tierra más fértil, el que hace posible cultivar con un
coste de producción mayor. El aumento del precio de mercado sobre
el precio real es, por lo tanto, previo, y cuando esta diferencia es lo
suficientemente grande y es la acción de una demanda constante, se con-
solida mediante el cultivo de la tierra menos fértil. Ricardo -concede
igualmente, que ahora sólo se trata de la cuestión de si realmente se
tiene que recurrir a la tierra menos fértil y de si el precio del trigo
no volverá a descender a su nivel anterior: «ésta es en realidad la ma-
nera en que es extendido siempre el cultivo de trigo, y son satisfechas
las mayores necesidades del mercado. Aumentan los fondos para el
mantenimiento del trabajo y son aumentados los salarios. La situación
confortable del trabajador le induce a contraer matrimonio, la pobla-
ción aumenta, y la demanda de trigo hace aumentar su precio en rela-
ción con el de otras cosas, más capital es invertido provechosamente en
la agricultura, y continúa fluyendo hacia ella, hasta que la oferta es
igual a la demanda; entonces el precio baja de nuevo, y el beneficio
agrícola e industrial son conducidos de nuevo al mismo nivel» (pág. 361).
Ricardo presupone, por lo tanto, que todo excedente del precio de mer-
cado de los productos de la agricultura sobre el precio real le corres-
ponde al arrendatario como beneficio, en tanto procede exclusivamente
de una demanda superior y no de una mayor dificultad en el cultivo.
Pero todo esto es muy discutible.

Si las patatas se convirtieran en la comida usual y general del pue-
blo como lo es el arroz en algunos países, y puesto que un acre de
patatas proporciona tres veces más material alimenticio que un acre

de trigo, 1/4 o 1/2 de la tierra cultivada sería inmediatamente abando-
nada; pues no podría haber durante un tiempo considerable un tal
aumento de población para consumir la cantidad que se podría obtener
de la tierra sembrada anteriormente con trigo. La renta descendería, en
consecuencia, y únicamente cuando la población se hubiera duplicado o
triplicado, se cultivaría de nuevo la misma cantidad de tierra y se pa-
garía una magnitud de renta igual a la anterior (pág. 395). Todas las
ventajas de tal aumento de la producción serían disfrutadas ante todo
por los trabajadores, capitalistas y consumidores; pero con el progreso
de la población serían transferidas gradualmente a los propietarios de
la tierra. Independientemente de estas mejoras, en las que la comunidad
tiene un interés inmediato y el propietario de la tierra un interés lejano,
el interés del propietario de la tierra está siempre opuesto al del consu-
midor y al del fabricante (pág. 399). Los tratos entre el propietario de
la tierra y el público no son como los tratos en el comercio, en los que
se puede decir que ganan ambos, el vendedor y el comprador, sino
que la pérdida reside por completo en un lado y la ganancia por com-
pleto en el otro (pág. 400).

Renta (contra la opinión de Malthus sobre la renta)

Renta es creación de valor pero no creación de riqueza... Este valor es
puramente nominal, ya que no añade nada a los medios de subsistencia,
comodidades y disfrutes de la sociedad... Un millón de qrs. de trigo,
que valían 4 millones de libras, valen ahora 5, porque el qr. se valora
a 5 libras en lugar de a 4 libras. El efecto de esto es transferir una
parte del valor del trigo y de las mercancías de sus poseedores anterio-
res a los propietarios de la tierra... la renta no añade nada a los re-
cursos de un país... es una pura transferencia de valor, útil exclusiva-
mente para el propietario de la tierra y perjudicial comparativamente
para el consumidor (págs. 485, 486).

Por mayor precio del trigo hay que entender no el precio por quar-
ter o bushel, sino el exceso de precio al cual se venderá todo el producto
por encima de su coste de producción... 150 qrs. a 3 libras 10 che-
lines por qr. dan una renta superior que 100 qrs. a 4 libras, supo-
niendo que el coste de producción continúa siendo el mismo (pág. 487).
La renta no está en proporción a la fertilidad absoluta de la tierra
cultivada, sino en proporción a su fertilidad relativa (pág. 490). La
mayor fertilidad de una tierra sólo la capacita para pagar en el futuro
una renta mayor... La renta efectiva puede ser inferior en una tierra
excepcionalmente fértil que en una que sólo rinde un producto nor-
mal... La renta está en relación con el valor y no con la abundancia de
un producto (pág. 491). Cualquiera que sea la naturaleza de la tierra,
una renta alta tiene que depender del alto precio del producto; pero

dado el alto precio, la renta tiene que ser alta en proporción a la abun-
dancia y no a la escasez (pág. 492). Malthus opina «que son los ali:
mentos los que crean su propia demanda», que el suministro de alimentos
incita al matrimonio, en lugar de considerar que el progreso general
de la población es afectado por el aumento de capital, por la consi-
guiente demanda de trabajo y el aumento de salarios; y que la produc-
ción de alimentos no es sino el efecto de esta demanda (pág. 493). Mal-
thus opina: «Si los medios de subsistencia, los productos más importantes
de la tierra, no tuvieran la facultad de crear un aumento de la demanda
proporcionado a su mayor cantidad, esta mayor cantidad tendría como
consecuencia un descenso en su valor de cambio». Ricardo observa
correctamente a propósito de esto: ¿De qué aumento en la cantidad
habla Mr. Malthus? ¿Quién la produce? ¿Quién puede tener ningún
motivo para producirla, antes de que exista una demanda de una can-
tidad adicional? (pág. 495). Las mejoras en la agricultura y en la divi-
sión del trabajo son comunes para toda la tierra; aumentan la cantidad
absoluta de producto bruto obtenido de cada una, pero probablemente
no perturba mucho las proporciones relativas que existían anterior-
mente entre ellas (págs. 501, 502). No es el precio al que puede ser
producido el trigo, el que tiene alguna influencia en la cantidad pro-
ducida, sino el precio al que puede ser vendido. En relación con el grado
de diferencia de su precio por debajo o por encima del coste de pro-
ducción, es atraído el capital al campo o repelido de él. Si este exceso
es lo suficientemente grande como para que el capital invertido en la
tierra obtenga un beneficio superior al normal, el capital es invertido;
y a la inversa (pág. 505). No se puede dudar que el capitalista se bene-
ficia con un gran descenso en el valor del trigo (pág. 516).

Efecto de la importación de trigo sobre la renta de la tierra y el
beneficio del arrendatario

«Como la renta es el efecto del alto precio del trigo, la pérdida de la
renta es el efecto de un precio bajo. El trigo extranjero no compite
nunca con el trigo nacional que es capaz de pagar una renta; el des-
censo del precio afecta invariablemente al propietario de la tierra hasta
que es absorbida toda su renta; si desciende todavía más, el precio no
dará siquiera los beneficios normales del capital; el capital abandonará
entonces la tierra para buscar otro empleo, y el trigo, que era cultivado
antes en ella, será entonces, pero no hasta entonces, importado» (pá-
gina 519).

Efecto de la importación libre de trigo sobre los beneficios y sobre
el capital del arrendatario

Con todo aumento en la oferta de trigo y el consiguiente descenso de
su precio, es sustraído capital a la tierra menos fértil; y una tierra
de mejor calidad, que ahora no paga ninguna renta, se convertiría en el
nuevo patrón que regularía el precio natural del trigo... Pero se dice
que no puede ser sustraído capital al campo; que el capital adopta la
forma de gastos que no pueden ser retirados, como abonos, drenaje,
cercado, etc. Esto es en parte verdad. Pero el capital que consiste en
vacas, ovejas, heno, trigo, carros, etc., puede ser retirado, vendido y
transferido a otro negocio... Pero si no puede ser retirada ninguna parte
de capital, entonces el arrendatario continúa produciendo y tanto como
pueda, independientemente del precio al que pueda venderlo... De lo
contrario no obtiene ningún resultado de su capital. El trigo no sería
importado (?)... Este precio inferior del trigo sólo afectaría al beneficio
normal del capital que no produce ninguna renta y la renta de la tierra
más fértil descendería; asimismo subirían los salarios y los beneficios...
En cualquier caso es una ventaja del precio relativamente menor del
trigo la de que bajo la forma de beneficios le corresponde más a la
clase productiva y bajo la forma de renta le corresponde menos a la clase
improductiva... Pero si puede ser retirada una gran parte de capital,
entonces sólo es retirada si produce más en otra rama de la industria...
Él abandona la parte de capital hundida en la tierra, porque con la
parte restante de capital puede obtener un beneficio mayor, que si no
la dejara. Ocurre lo mismo que con una maquinaria costosa, que es eli-
minada posteriormente mediante la invención de una maquinaria mejor,
que hace bajar mucho el precio de las mercancías fabricadas por ella.
El capitalista tiene que calcular ahora si debe abandonar la vieja má-
quina e instalar la máquina mejor, perdiendo todo el valor de la vieja,
o si continúa trabajando con ella. ¿Quién, en tales circunstancias, le
aconsejaría que renunciara al uso de la maquinaria mejor, porque dete-
rioraría o aniquilaría el valor de la vieja? Éste es el argumento de
aquellos que quieren hacer prohibir la importación de grano, porque
deteriora o aniquila la parte de capital del arrendatario agrícola que
está hundida para siempre en la tierra (págs. 314-318).

La segunda parte de la renta, que no procede de la fertilidad relativa
de la tierra

Hemos distinguido entre la renta propiamente dicha y la remuneración
que es pagada al propietario de la tierra bajo este nombre por las ven-
tajas que el gasto de su capital ha procurado a su arrendatario. Esta

diferenciación no es, sin embargo, fija. Puesto que una parte de este
capital, una vez que ha sido gastado en la mejora de una finca, está
indisolublemente amalgamado con el suelo y tiende a aumentar sus fuer-
zas productivas, la remuneración pagada al propietario de la tierra está
sometida por completo a la naturaleza de la renta y a todas las leyes
de la renta. Tanto si estas mejoras son efectuadas por cuenta del pro-
pietario de la tierra o por cuenta del arrendatario, sólo son efectuadas
ante todo, si existe una gran probabilidad de que el producto arrojará
la tasa media de beneficio del capital; pero una vez efectuada, el pro-
ducto formará parte de la naturaleza de la renta, y estará sometido a
todas las variaciones de la renta. Algunos de estos gastos sólo le pro-
curan a la tierra ventajas durante un período limitado y no aumentan
de forma permanente sus fuerzas productivas; si es efectuada en edi-
ficios y otras mejoras perecederas, exigen ser constantemente renovadas
y, en consecuencia, no representan para el propietario de la tierra nin-
guna adición permanente a su renta real (pág. 306, nota).

Ricardo se da aquí cuenta de que la fertilidad natural sólo puede
ser separada de la artificial de forma temporal. Pero hay que observar,
que una parte de la mejora de la tierra es una conquista de toda una
época y que no es pagada a nadie. Por ejemplo, a nadie se le paga la
diferencia entre un campo moderno cultivado y uno del siglo VIII. In-
cluso la tierra no cultivada participa de esta ventaja, ya que participa
de los medios modernos, que decuplican la facilidad de su cultivo, de
su roturación. Esta conquista científica se ha convertido en el patrón
general.

Cualquier parte de capital que esté fijada para siempre en la tierra,
tiene que pertenecer al propietario de la tierra y no al arrendatario,
cuando finaliza el arrendamiento. Cualquiera que sea la compensación
que el propietario de la tierra pueda recibir por este capital al realqui-
lar la tierra, se presenta en la forma de renta; pero no se paga ninguna
renta, si con un capital dado se puede obtener más trigo del extran-
jero, que el que puede ser cosechado en el país en esa tierra... Esto no
es ninguna desventaja, independientemente de la magnitud del capital
invertido en la tierra. Este capital sólo ha sido gastado para aumentar
el producto; ésta es la finalidad; ¿qué importancia puede tener para la
sociedad el hecho de que la mitad de su capital haya descendido en va-
lor, o haya sido incluso aniquilado, si puede obtener una cantidad anual
de producción mayor? Los que lamentan la pérdida de capital en este
caso, quieren sacrificar el fin a los medios (pág. 315, nota).

## III) Sobre el precio natural y el precio de mercado

La cantidad respectiva de mercancías, determinada por el tiempo de
trabajo requerido para su producción, que es dada en el cambio por

otra mercancía, es su precio natural. Junto a éste existe el precio de
mercado. Desviaciones accidentales y temporales de uno a otro. La
oferta no corresponde exactamente a las necesidades y deseos de la
humanidad... Precisamente mediante estas variaciones es el capital des-
tinado con exactitud a la producción de las diferentes mercancías. Con
el aumento y el descenso de los precios aumentan los beneficios por
encima o descienden por debajo de su nivel general, y el capital es ani-
mado a invertirse en una rama de la industria o a ser retirado de ella...
Este impulso incesante de todos los capitalistas a abandonar una in-
versión menos provechosa por una más provechosa, produce una fuerte
tendencia a igualar las tasas de beneficio de todos o de fijarlas en tales
proporciones, que en la estimación de las partes compense por cual-
quier ventaja que uno pueda tener, o que pueda parecer tener, sobre
otro. Este cambio no es efectuado de forma tal, que un fabricante
cambia por completo de ocupación, sino que únicamente disminuye la
cantidad de capital que tiene en su negocio. En todos los países ricos
la clase de poseedores de dinero no se dedica a ninguna industria, sino
que vive del interés de su capital, utilizado en el descuento de facturas
o en préstamos a la parte industrial de la comunidad. Los banqueros
también utilizan un gran capital con el mismo objeto. El capital em-
pleado de esta forma constituye un capital circulante de gran magnitud
y es empleado, en porciones mayores o menores, en todas las indus-
trias diferentes del país. No existe quizá ningún fabricante, por muy
rico que sea, que limite el negocio hasta el nivel que sus propios fondos
le permiten: él recurre siempre a alguna porción de este capital flo-
tante, porción que aumenta o disminuye según la actividad de la demanda
de sus mercancías. Si aumenta la demanda de seda y disminuye la de
paño, el fabricante de paño no se pasa con su capital a la industria de la
seda, sino que despide a alguno de sus trabajadores y suspende la de-
manda de préstamos a los banqueros y a los poseedores de dinero: el
fabricante de seda, por el contrario, toma más dinero prestado y de esta
forma se transfiere capital de una rama a otra, sin que el fabricante
abandone su ocupación normal... De ahí el abastecimiento proporcio-
nado de las grandes ciudades... Diferencias que se fijan en la tasa de
beneficio para compensar ventajas reales o imaginarias, por ejemplo,
seguridad, sencillez, facilidad, etc... Ahora tras el final de la gran guerra,
que ha trastornado tanto la división que existía antes en los empleos
en Europa, cada capitalista no ha encontrado todavía su lugar en la
nueva división que actualmente se ha revelado como necesaria... Es
esta competencia (entre capitalistas) la que ajusta el valor de cambio
de las mercancías, de forma tal que éstas, tras pagar los salarios del
trabajo necesario para su producción, y todos los demás gastos reque-
ridos para poner al capital empleado en su estado primitivo de eficien-
cia, harán que el valor restante o excedente sea, en cada industria, propor-
cional al valor del capital empleado (págs. 80-84).

Si un cambio en la moda (etc., etc.), aumenta la demanda de una
mercancía y disminuye la de otra, sin que se modifique el tiempo de
trabajo comparativo requerido para la producción de las mismas, aumenta
el precio de mercado de una mercancía y disminuye el de la otra; los
beneficios aumentan en una rama por encima del nivel general, y des-
cienden en la otra por debajo de dicho nivel. Asimismo los salarios en
los dos negocios diferentes... Después tiene lugar a su vez la equipara-
ción (págs. 83, 84).

«Después de hacer reconocido, dice Ricardo, los efectos temporales
que, en diferentes ocupaciones del capital, pueden ser producidos sobre
los precios de las mercancías, así como sobre el salario y el beneficio
del capital, por causas accidentales sin influir en el precio general de las
mercancías, salario o beneficios, ya que estos efectos operan por igual
en todos los estadios de la sociedad, queremos dejarlos ahora totalmente
de lado, mientras tratamos de las leyes que regulan el precio natural, el
salario natural y el beneficio natural, efectos totalmente independientes
de estas causas accidentales» (pág. 85). Ricardo prescinde de lo que él
considera accidental. Algo completamente diferente es exponer el pro-
ceso real, en el que ambos —lo que él llama movimiento accidental,
pero que es el movimiento constante y real y su ley, la proporción
media— se presentan como igualmente esenciales.

Diferencia entre valor (precio natural y riqueza)

Valor y riqueza son esencialmente diferentes. La riqueza depende de la
abundancia, el valor de la facilidad o dificultad de la producción. El
trabajo de un millón de hombres en fábricas producirá siempre el mis-
mo valor, pero no siempre la misma riqueza. (Pero, ¿cómo aumenta
entonces el valor? Prescindiendo de la renta. Evidentemente si traba-
jan dos millones de hombres en lugar de uno. Por lo tanto, con el
aumento de la población. Con la multiplicación de la misma actividad
productiva. No es necesario para ello que un producto cueste más tra-
bajo que antes. Sólo se requiere: crecimiento de la población. Creci-
miento del capital que le da ocupación. Multiplicación de las ramas de
trabajo)... Un hombre es rico o pobre según la abundancia de cosas
necesarias y de lujo que tiene a su disposición; y tanto si el valor de
cambio de éstas en dinero, en trigo o en trabajo es alto como si es bajo,
ellas contribuyen uniformemente al disfrute de su poseedor. Con la con-
fusión de las ideas de valor y riqueza se ha llegado a afirmar que me-
diante la disminución de la cantidad de mercancías puede ser aumentada
la riqueza... El individuo que posee una mercancía rara puede tener a
su disposición más medios de subsistencia, etc., es más rico, pero úni-
camente mediante la disminución de las cuotas de los demás individuos
en la misma proporción... Si todas las mercancías de un país, incluido

el oro, pueden ser duplicadas mediante un invento con el mismo ca-
pital y trabajo, la riqueza se ha duplicado, pero el valor continúa siendo
el mismo... La riqueza de un país puede ser aumentada, por lo tanto,
de dos maneras: mediante la utilización de una mayor parte de la renta
en el mantenimiento del trabajo productivo —y esto no sólo aumentará
la cantidad, sino también el valor de la masa de mercancías; o sin la
utilización de una cantidad adicional de trabajo, haciéndolo más produc-
tivo —y esto aumenta la abundancia de mercancías, pero no el valor
de éstas... Si diez hombres hacen girar un molino de trigo, y ahora se
descubre que mediante la utilización del viento o del agua se puede
ahorrar el trabajo de estos diez hombres, la harina que es el producto
del trabajo realizado en parte por el molino descendería inmediata-
mente en su valor, en proporción a la cantidad de trabajo ahorrada; y
la sociedad sería más rica en el volumen de mercancías que podrían pro-
ducir el trabajo de estos diez hombres, ya que los fondos destinados a
su mantenimiento no habrían sufrido merma alguna... Say le reprocha
sin razón a A. Smith que ha pasado por alto el valor que le es dado
a las mercancías por los agentes naturales y por la maquinaria, ya que
él deriva el valor de todas las cosas del trabajo humano... A. Smith no
infravalora estos servicios, pero diferencia con razón, que ciertamente
aumentan el valor de uso en la medida en que aumentan la abundancia
de productos y hacen a los hombres más ricos, pero no aumentan el
valor de cambio, porque no se paga nada por el uso del aire, del calor
y del agua, porque hacen su trabajo gratis (págs. 320-327).

(Con la mera distinción conceptual entre valor y riqueza Ricardo no
suprime la dificultad. La riqueza burguesa y la finalidad de toda pro-
ducción burguesa es el valor de cambio, no el disfrute. Para aumentar
este valor de cambio, no hay —prescindiendo de las estafas recípro-
cas— otro medio que el de multiplicar los productos, el de producir
más. Para conseguir esta mayor producción tienen que ser aumentadas
las fuerzas productivas. Pero en la misma proporción en que es aumen-
tada la fuerza productiva de una cantidad de trabajo dada —de una
suma dada de «capital y trabajo—, desciende el valor de cambio de los
productos y la producción duplicada tiene el mismo valor que antes
la mitad. No se habla para nada de la depreciación, de la que tratare-
mos después. Si esto ocurriera de forma uniforme el valor no cambiaría
nunca y, por lo tanto, desaparecería todo estímulo para la producción
burguesa. En la medida en que ocurre de forma desigual, aparecen to-
das las colisiones, pero simultáneamente el progreso burgués. La pro-
ducción mayor de mercancias no es nunca la finalidad de la producción
burguesa, sino la producción mayor de valores. El aumento real de la
fuerza productiva y de las mercancías ocurre malgré elle, y en la contra-
dicción entre este aumento de los valores, que se niega a sí mismo en
su propio movimiento en un aumento de los productos, tienen su fun-

damento todas las crisis, etc. Una contradicción en la que la industria
burguesa se mueve constantemente.)

Ricardo dice a propósito del capital:

«Capital es la parte de la riqueza de un país que es utilizada en
vistas a una producción futura, y puede ser incrementado en la misma
forma que la riqueza. Un capital adicional será tan eficaz en la produc-
ción de riqueza futura, tanto si es obtenido a partir de mejoras en la
destreza del trabajo o en la maquinaria, o del uso de más renta de forma
productiva; porque la riqueza siempre depende de la cantidad de mer-
cancías producidas, sin tomar en consideración la facilidad con que los
instrumentos utilizados en la producción pueden haber sido obtenidos.
Una cierta cantidad de telas y provisiones mantendrán y emplearán al
mismo número de hombres, y procurarán, por lo tanto, la misma canti-
dad de trabajo que ha de ser realizado, tanto si son producidas por 100
como por 200 hombres en su producción» (págs. 327, 328).

En primer lugar, supongamos que 100 hombres ahora producen
tantas mercancías como antes 200. Por lo tanto, la obra de estos 100 hom-
bres podría poner a trabajar 200. El producto de los 200 que son em-
pleados ahora, ¿no tendrá el doble valor que el de los 100 primeros, ya
que es el producto de 200, mientras que el otro sólo era el producto
de 100?

En segundo lugar, Ricardo confunde aquí el capital con el material
del capital. La riqueza sólo es la materia del capital. El capital es siem-
pre una suma de valores, que está destinada a su vez, no sólo a la
producción de una suma de productos o a la producción de productos,
sino a la producción de valores. Si son suministradas mercancías adi-
cionales mediante maquinaria, etc., con lo cual pueden ser puestos en
movimiento trabajadores adicionales, entonces no se ha creado ningún
capital adicional, sino que se ha aumentado la fuerza productiva del
antiguo. Ningún capitalista dirá que él posee un capital adicional, cuan-
do él con los mismos 100 talers puede poner en movimiento más traba-
jadores. Su capital aumenta en este caso, porque la cuota que le corres-
ponde al beneficio aumenta respecto de la cuota que le corresponde al
salario, y de esta forma una parte mayor del antiguo capital es repro-
ducido en la forma de capital en lugar de serlo en la forma de gastos
de los trabajadores. Esta ventaja sólo dura hasta que la competencia ha
equiparado su beneficio extra al de capitales igualmente productivos.
De lo contrario, sería ciertamente comprensible el aumento de la rique-
za, pero no el de capital. Tras esta equiparación continúa existiendo el
valor de uso superior, pero el valor*'* no continúa aumentando en la
misma medida. Si el capital deviene más productivo, no aumentaría,
si todos los capitales en la misma y en todas las demás ramas de la in-
dustria devinieran igualmente productivos. El capital del país continua-

*162 valor, en el manuscrito: capital.

ría siendo el mismo, pero produciría más medios de subsistencia, más
riqueza, etc., en el sentido ricardiano del término. En la medida en
que el aumento de la fuerza productiva del capital es siempre unila-
teral, tiene lugar, por lo tanto, ante todo un aumento de los valores
(la máquina mejor participa aquí en el precio de la máquina de rendi-
miento medio, exactamente igual que el suelo de peor calidad participa
en el precio del de mejor calidad, y tiene lugar igual que en el caso de
la renta una creación de valor); en la medida en que además el capi-
talista con el mismo capital pone en movimiento más trabajadores, y
aumenta, por lo tanto, la cantidad de trabajo, hace trabajar, por ejem-
plo, a 2 millones en lugar de a 1 millón, aumenta también de esta forma
los valores.

En Ricardo nunca aparece claro de una manera general como pue-
den ser aumentados los valores y, por lo tanto, también el capital, sin
que, como en el caso de la renta, se le sustraiga a uno lo que el otro
recibe. Además del aumento de la población, del aumento de la fuerza
productiva del capital, es decir, de la disminución del salario relativo
del trabajador, del ahorro de trabajo ya realizado, pertenece a esta
cuestión también y sobre todo la multiplicación proporcional de los
modos de ocupación. Son producidos más valores 1) en la medida en
que son puestas a trabajar más manos: puestas a trabajar en una rama
y 2) da origen a un trabajo correspondiente en otras ramas, con el cual
es cambiado. Las fábricas de algodón inglesas no habrían producido
más valor, si no hubieran dado origen a 1.000 mercados de consumo
dentro y fuera del país, con cuyo trabajo podian cambiar. Esta inter-
cambiabilidad y la producción del equivalente lo pasa completamente
por alto Ricardo. En otro lugar dice Ricardo:

«Puede ser establecido como principio general uniformemente ver-
dadero, que el único impulso para una mayor producción de una mer-
cancía es el excedente de su precio de mercado sobre su valor natural
o necesario» (pág. 504).

Aquí concede, por lo tanto, que no se trata de la producción de
«riqueza» en su sentido del término, sino de la producción de «valo-
res». El «precio natural» se impone frente al precio del mercado, pero
en una lucha que no tiene nada que ver con la simple equiparación de
Ricardo. En los comienzos de la industria, cuando la mayor parte de las
veces la demanda corresponde a la oferta, cuando la competencia era
limitada y, por lo tanto, existian precios de monopolios en todas las in-
dustrias, la sustracción de riqueza a la propiedad de la tierra por parte
del capital industrial es constante (también en naciones divididas) y,
por lo tanto, al enriquecimiento por un lado corresponde el empobre-
cimiento por el otro y, en consecuencia, la lucha entre el precio de mer-
cado y el precio real no conduce a los mismos fenómenos y no tiene
lugar en la misma medida que en la sociedad moderna. El excedente
del precio de mercado sobre el precio real era aquí constante.

De la influencia de la demanda y la oferta sobre los precios

Tras lo que hemos oído, resulta que la competencia entre los capita-
listas en busca de la utilización más provechosa de los capitales, es de-
cir, la utilización proporcional de los capitales en las diferentes ramas
de negocios, hace descender constantemente el precio de mercado al
precio real. Pero esta competencia entre los capitalistas es determinada
a su vez por el cambio en la demanda. Es, por lo tanto, la demanda y
la oferta, dentro de la cual se realiza la determinación del precio me-
diante el tiempo de trabajo, la que determina las relaciones en las que
los diferentes capitales son distribuidos en las diferentes ramas de ne-
gocio. Por otra parte, la oferta como la demanda es determinada por
la producción misma.

La relación de la demanda y la oferta sólo afecta de manera tempo-
ral al precio de mercado de una mercancía, hasta que ésta, en propor-
ción a la demanda aumentada o disminuida, es producida con mayor o
menor abundancia. Si disminuye el coste de producción de los sombre-
ros, su precio desciende finalmente a su nuevo precio natural, a pesar
de que la demanda se duplique, triplique o multiplique... Si descen-
dieran los costes de producción del oro en la mitad, el precio de las
mercancías, expresado en oro aumentaría en un 100 %, a pesar de que
la demanda de ellas no hubiera aumentado, simplemente porque su va-
lor determinado por el tiempo de trabajo habría aumentado en relación
con el oro, o su valor relativo habría descendido en 1/2... Las 8 cir-
cunstancias de Lauderdale, mediante las cuales el valor de cambio de
las mercancías pueden subir o bajar, por ejemplo, A frente a B y frente
a C (Dinero). A disminuye en cantidad y aumenta frente a B; A aumen-
ta en cantidad y desciende frente a B; A continúa igual, B disminuye,
desciende A; A continúa igual, B aumenta, A aumenta y exactamente
igual los cuatro supuestos de A frente a C... Esto, dice Ricardo, es
verdad para las mercancías monopolizadas y para todas las demás mer-
cancías durante un período limitado. (Naturalmente se da siempre por
supuesto, que la cantidad sube o baja, cuando la demanda permanece
igual, o que la cantidad continúa siendo la misma, pero la demanda
aumenta o disminuye)... Si los costes de producción de una mercancía
disminuyen, no por ello es producida en mayor cantidad, si la demanda
no aumenta; pues una mercancía no es producida simplemente porque
puede ser producida, sino porque existe una demanda para ella... Los
precios de las mercancías sometidos a la competencia, y cuya cantidad
puede ser aumentada en grado moderado, dependen, en última instancia,
no del estado de la demanda y la oferta, sino de su coste de producción
mayor o menor (págs. 460-465).

Los costes de producción, es decir, el valor real no determina la pro-
ducción, sino el precio de mercado.
(El precio real es el precio al que una mercancía puede ser producida;
el precio de mercado es el precio al que puede ser vendida)

«No es el precio al que puede ser producido el trigo el que influye
sobre la cantidad producida, sino el precio al que puede ser vendido.
Es en relación al grado de diferencia de su precio por encima o por
debajo de los costes de producción como el capital es atraído a o repe-
lido de la tierra. Si la diferencia es de tal magnitud que le da al capital
utilizado de esta manera un beneficio superior al beneficio normal del
capital, el capital irá a la tierra; si da menos, será retirado de ella»
(pág. 505).

Efecto depreciador de las mejoras en la agricultura y en la maquinaria

Todas las mejoras en la agricultura y en la manufactura, y todos los in-
ventos de maquinaria... no dejan nunca de aniquilar o deteriorar, en
el momento mismo de su introducción, el valor de una parte del capital
existente del arrendatario agrícola o del fabricante (pág. 318).

Supongamos que el trabajo de un determinado número de hombres
produce con un capital dado 1.000 pares de medias y que mediante
inventos en la maquinaria el mismo número de hombres puede produ-
cir 2.000 pares de medias o 1.000 pares de medias y 500 sombreros; el
valor de los 2.000 pares de medias o de los 1.000 pares de medias y
500 sombreros no es mayor que el de los 1.000 pares de medias antes
de la introducción de la maquinaria nueva; pues serán el producto de
la misma cantidad de trabajo. Pero el valor de la masa general de mer-
cancías habrá, sin embargo, disminuido; pues se ha producido un
efecto sobre la parte de mercancías todavía no consumidas, que fueron
fabricadas antes de la mejora; el valor de estas mercancías será redu-
cido, ya que tienen que descender al nivel (la misma cantidad por la
misma cantidad) de los bienes producidos bajo todas las ventajas de
las mejoras técnicas; y la sociedad, a pesar de la cantidad mayor de
mercancías..., tendrá un importe menor de valores. En la medida en
que aumentamos constantemente la facilidad de la producción, dismi-
nuimos constantemente el valor de algunas mercancías producidas an-
teriormente, a pesar de que con ello no sólo aumentamos la riqueza
nacional, sino que aumentamos también la capacidad de producción fu-
tura (págs. 321, [322]).

El precio del trigo no regula el precio de las demás mercancias.

Se prescinde del dinero. «En tales circunstancias, ¿podría aumentar el
trigo*!'* en valor de cambio en relación con las demás cosas? Si es así,
entonces no es verdad que el valor del trigo regule el valor de todas las
demás mercancías. Pues, de lo contrario, no debería cambiar en su valor
relativo en relación con ellas. Si no es así, entonces tiene que ser de-
mostrado, que el trigo, independientemente de que se obtenga en tierras
mejores o peores, con mucho o poco trabajo, con o sin ayuda de ma-
quinaria, siempre se cambiaría por la misma cantidad de otras mercan-
cías» (págs. 364, 365).

(Lo importante de Ricardo consiste en que, mientras A. Smith y
Say convierten a un determinado producto del trabajo en regulador, él
toma siempre (como elemento regulador) el trabajo, la actividad, la in-
dustria; no el producto, sino la producción, el acto de producir. Con
esto estamos en plena época de la industria burguesa. En A. Smith la
actividad no se ha liberado todavía, no es libre, no se ha separado de
las leyes naturales, del objeto.) (En Ricardo el hombre tiene siempre
que vérselas con su propia productividad; en A. Smith se arrodilla to-
davía ante su propia criatura, se trata todavía de un objeto determinado
fuera de su actividad.) (De ahí su polémica contra el trigo y el precio
del trabajo, el salario, que naturalmente no es el trabajo mismo.) (Asi-
mismo contra el dinero.)

«El precio real no depende, como han afirmado algunos, del valor
del dinero; tampoco del valor en relación con el trigo, con el trabajo
o con cualquier otra mercancía tomada individualmente, o en relación
con todas las mercancías tomadas colectivamente» (pág. 499). (En gene-
ral no de una mercancía; sino de la actividad que produce la mercancia,
Por lo tanto, no del trabajo en la medida en que es pagado, sino del
trabajo en la medida en que es productivo; no en la medida en que es
mercancía, sino en la medida en que produce mercancias.)

El comercio exterior y el valor de cambio

Puesto que el valor de todas las mercancias extranjeras es medido por
la cantidad de nuestro trabajo y de los productos de nuestra tierra que
son dados en el cambio por ellas, no tendríamos ningún valor mayor,
si obtuviéramos, mediante el descubrimiento de nuevos mercados, una
cantidad doble de mercancías extranjeras por una cantidad dada de las
nuestras. Si mediante la venta de mercancías inglesas por importe de

*16% trigo, en el manuscrito: dinero.

1.000 libras, un comerciante puede obtener una cantidad de mercan-
cías extranjeras, que puede venderlas en el mercado inglés a 1.200 li-
bras, entonces, él obtiene un 20 % de beneficio mediante tal utilización
de su capital; pero ni su ganancia ni el valor de sus mercancías impor-
tadas sería aumentado o disminuido por la obtención de una cantidad
mayor o menor de mercancías extranjeras. Si importa 25 o 50 barriles
de vino, su interés no puede verse afectado, si vende una vez los 25 ba-
rriles a 1.200 libras y la otra vez los 50 barriles también a 1.200 libras.
En cualquier caso su beneficio se limita a 200 libras, o al 20 % de
su capital; y en ambos casos se ha importado el mismo valor a Ingla-
terra. Si él vende los 50 barriles por más de 1.200 libras, entonces los
beneficios de este comerciante individual sobrepasan la tasa media
de beneficio, y los capitales afluirán a este negocio rentable, hasta que
el descenso del vino haya vuelto a poner cada cosa a su nivel anterior
(págs. [131], 132).

Para demostrar que el valor de las mercancías extranjeras es me-
dido por la cantidad de trabajo y productos de la tierra interno, Ricardo
dice:

«En la compra de mercancías extranjeras se utilizará la misma parte
o una parte mayor o menor del trabajo y de los productos de la tierra,
por ejemplo, de Inglaterra. La misma parte, y entonces continúa exis-
tiendo la misma demanda de los productos internos y continúa siendo
utilizada la misma parte de capital para su producción. Una parte
menor, si el precio del producto extranjero es más barato, y entonces
una parte mayor queda disponible para la demanda interna. Una parte
mayor, y entonces se utiliza menos capital para la producción interna
y existe una demanda menor para la producción interna. De esta forma
se libera capital con el que son compradas mercancías extranjeras; y
consiguientemente, en todos los casos, la demanda de productos extran-
jeros e internos*'* en conjunto, por lo que al valor se refiere, está li-
mitada por la renta y el capital del país. Cuando la una aumenta, la
otra tiene que descender» (págs. 133, 134).

(Esto es seguro: supongamos que el valor de los productos de la
tierra y del trabajo es, por ejemplo, de 1.000 libras. Si son utilizadas,
por lo tanto, 800 libras en la compra de mercancías extranjeras, sólo
pueden ser utilizadas 200 en la compra de mercancías internas; si uti-
lizamos 800 en la compra de mercancías internas, sólo podemos utili-
zar 200 en la compra de mercancías extranjeras, etc. Esto no quiere
decir más que lo siguiente: sólo podemos cambiar nuestro trabajo, los
productos de nuestro trabajo. Puesto que esto es una suma dada, si
utilizamos tal cantidad de esta suma en una de ambas ramas del comercio,
sólo podemos utilizar el resto de la suma en la otra. Pero esto no de-

*I6 internos, en el manuscrito: extranjeros.

muestra que en el cambio no podemos obtener más valores. Ricardo
da por supuesto aquí que el valor que obtenemos tiene que ser gastado
inmediatamente en el país, tiene que ser cambiado, y está limitado, por
lo tanto, por los valores que el país tiene. Pero nosotros acumulamos,
como lo han hecho todas las naciones comerciales; por ejemplo, acu-
mulamos oro y lo atesoramos, si no encontramos ningún equivalente
inmediato para los valores superiores que hemos obtenido. De lo con-
trario, sería también correcta la frase general: no podemos crear ningún
nuevo valor, sino únicamente valeur utile, pues el nuevo valor está de-
terminado por los productos del trabajo ya existentes y el trabajo es
medido por el valor ya existente por el que tiene que ser cambiado. El
valor existente no puede, por lo tanto, ser nunca aumentado. Pero ¿no
podemos poner en movimiento nuevo trabajo? Y el dinero, ¿sólo está
en relación con los valores ya creados o con aquellos que pueden ser
creados? ¿Y no puede una nación robarle a la otra exactamente igual
que un individuo le roba a otro?

Pero Ricardo dirá: sólo son posibles tres supuestos:

O bien importo desde el exterior mercancías.

o dinero,

o renta, de forma tal que en este último caso recibo en el cambio
una renta anual.

Todos ellos tengo que cambiarlos en el país. ¿Con qué? Con el tra-
bajo y la tierra existentes. Su valor es, por lo tanto, medido por el valor
de éstos. Mediante el comercio exterior no pueden ser nunca aumen-
tados, en consecuencia, los valores.

Una nación pobre originariamente, como los holandeses, no podría,
por lo tanto, ganar nunca, por lo que a valores de cambio se refiere, con
el comercio exterior y convertirse en una nación burguesa rica. Esta
paradoja la establece Ricardo.

Ciertamente esto sería correcto si cambiara el nuevo valor que ha
obtenido del país por el viejo. Pero yo puedo

poner en movimiento nuevo trabajo con el nuevo valor y, por lo
tanto, crear nuevos valores, por los que poco a poco cambio nuevos
valores que se reproducen;

puedo valorizar lo que antes no tenía ningún valor, en la medida en
que lo convierto en objeto de cambio;

puedo enviar de nuevo una parte al extranjero y cambiar una parte
con el mismo valor que he exportado con un beneficio. De esta forma
una nación comercial puede enriquecerse.

Y yo importo, calculado en tiempo de trabajo, más quizás, de lo que
he exportado.

Si Ricardo dice, con razón, que una mercancía no es producida a
ciertos costes, porque puede ser producida a ellos, sino porque puede
ser vendida a dichos costes, es asimismo seguro que la mercancía tiene

un valor no por sus costes de producción, sino porque puede ser cam-
biada por determinados costes de producción.

Si el tiempo de trabajo es la medida del valor, es decir, de la can-
tidad de mercancías que son dadas en el cambio por una tercera, es
asimismo seguro que la medida del valor no es el valor, no es la cosa
que es medida, y que, para que la cantidad. en las que las mercancías
se cambian entre sí pueda ser medida, tienen sobre todo que cambiarse.
Con el cambio comienza, por lo tanto, la adquisición por parte de la
mercancía de la cualidad de ser valor. Cada nuevo objeto que es cam-
biable, es por ello eo ipso un nuevo valor y aumenta el número de los
valores. En consecuencia, en la medida en que se abren las fuentes del
cambio, se multiplican los valores tanto en el comercio interior como en
el exterior. Y la capacidad de cambio crea, en consecuencia, nuevo tra-
bajo y hace cultivar nueva tierra, y no está medida, por lo tanto, por
el trabajo ya existente. De lo contrario, sería lo mismo que afirmar
que el valor de una mercancía viene dado por el tiempo de trabajo
fijado en ella, y que ella es valor, sin ser cambiable. Mercancías que no
tienen ningún valor, obtienen un valor ante todo mediante su cambia-
bilidad. Únicamente mediante la mera cambiabilidad. Puesto que ellas
son después consumidas rápidamente, el trabajo tiene que reproducir-
las, y si su valor era determinado al principio de manera casual, se de-
termina ahora mediante los costes de producción. Si son obstruidas las
fuentes del cambio, cesa la producción y, por lo tanto, la medida con
la que hay que medir, según Ricardo, el cambio: «el producto anual
de la tierra y el trabajo anual».)

Determinación del valor de cambio en diferentes países

La misma regla que regula el valor relativo de las mercancías en un
país no regula el valor relativo de las mercancías que son cambiadas
entre diferentes países. Bajo el sistema de libertad absoluta de comer-
cio, cada país dedica su capital y su trabajo a aquellas ocupaciones que
son las más provechosas... De esta forma el trabajo es distribuido de
la forma más eficaz y más económica: es decir, al aumentar la masa
general de las producciones, difunde el beneficio general y une con un
lazo común de interés e intercambio a la sociedad universal de las na-
ciones en todo el mundo civilizado (págs. 138, 139).

En un mismo país los beneficios están siempre en general al mismo
nivel; o su diferencia descansa exclusivamente en la mayor o menor
seguridad y ventaja de la utilización del capital. De forma diferente
ocurren las cosas entre países diferentes... El capital, con cualquier di-
ferencia en los beneficios, es transferido rápidamente de Londres a
Yorkshire; pero si como consecuencia del crecimiento del capital y de
la población aumentan los salarios y disminuyen los beneficios, no por

ello se mueven necesariamente el capital y la población de Inglaterra
a Holanda, España o Rusia, donde los beneficios pueden ser mayores...
Si Portugal necesita 90 hombres para producir una cantidad dada de
paño, y 80 para producir una cantidad dada de vino, mientras que Ingla-
terra necesita 100 para producir paño y 120 para producir vino, Por-
tugal exportará vino e Inglaterra paño... La cantidad de vino que
Portugal da a cambio de paño inglés, no está determinada por las can-
tidades de trabajo respectivas dedicadas a la producción de cada una,
como ocurriría si ambas mercancías fueran producidas en Inglaterra o
Escocia... Este cambio podría tener lugar, a pesar de que las mercan-
cías importadas por Portugal pudieran ser producidas en ella con menos
trabajo que en Inglaterra.*'* A pesar de que el paño podría ser fabri-
cado con el trabajo de 90 hombres, lo importaría de un país que exige
la producción de 100 hombres, porque le sería más provechoso utilizar
su capital en la producción de vino, por el que obtiene más paño en
Inglaterra, que el que podría procurarse, si dedicara una parte de su
capital de la producción de vino a la producción de paño. De esta ma-
nera Inglaterra daría el producto del trabajo de 100 hombres por el
producto del trabajo de 80... Un cambio de este tipo no podría tener
lugar entre individuos del mismo país... La diferencia a este respecto
entre el mismo país y muchos países se explica fácilmente considerando
la dificultad con que el capital se mueve de un país a otro para buscar
en él una ocupación más provechosa, y considerando por otra parte la
actividad con la que invariablemente pasa de una provincia a otra en
el mismo país. De este hecho procede el que un país con grandes ven-
tajas en maquinaria y destreza técnica y que está, por lo tanto, en si-
tuación de producir productos manufacturados con mucho menos tra-
bajo que los países vecinos, puede importar a cambio de tales mercan-
cías una parte del trigo requerido para su consumo, incluso cuando
sus tierras fueran más fértiles y el trigo pudiera ser producido en ellas
más barato que en el país exportador.*'* Dos hombres pueden hacer
ambos zapatos y sombreros, y uno es superior al otro en ambas ra-
mas; pero en la fabricación de sombreros puede superar a su competidor
en el 20 %; en la fabricación de zapatos en el 33 %; ¿no será de in-
terés para ambos que el mejor de los dos se dedique a la producción
de zapatos y el peor a la de sombreros?... La emigración de capital
(de un país a otro) es contenida por la inseguridad real o imaginaria
del capital, cuando no se encuentra bajo el control directo de su pro-
pietario, juntamente con la ausencia de inclinación natural que tiene
todo el mundo a abandonar su país de nacimiento y donde tiene sus
relaciones, confiándose con todas sus costumbres ya fijadas a un go-

*l65 Inglaterra, en el manuscrito: Portugal.

*168 Exportador, en el manuscrito: importador.

bierno extraño y a nuevas leyes. El oro y la plata están distribuidos
entre las diferentes naciones del mundo en las proporciones necesarias
para acomodarse al tráfico natural que tendría lugar si no existieran
ninguno de estos metales y si el comercio entre diferentes países fuera
un puro trueque... La mejora de una manufactura en un país tiende
a modificar la distribución de los metales nobles entre las naciones del
mundo: tiende a aumentar la cantidad de mercancías, al mismo tiempo
que provoca un alza general de precios en el país donde ha tenido
lugar la mejora (págs. 139-149). El dinero de cualquier país sólo está
distribuido en las cantidades necesarias para regular un trueque pro-
vechoso (págs. 147, 148). (Según esta exposición el comercio aumenta,
en consecuencia, también los precios y no sólo los productos.)

### Influencia del comercio colonial sobre los precios

Las restricciones a las que está sometida una colonia pueden dar al-
guna ventaja particular a la metrópoli (pág. 404). Adam Smith conce-
de que la pérdida soportada por una distribución desventajosa del
trabajo en dos países, puede ser favorable para uno, mientras que el otro
soporta toda la pérdida. Pero esto demuestra que una medida que
puede ser muy perjudicial para una colonia, puede ser parcialmente be-
neficiosa para la metrópoli (pág. 405). El mismo A. Smith dice a pro-
pósito de los tratados de comercio que obligan a una nación, o bien a
permitir la entrada de ciertas mercancías de un país mientras que pro-
híbe la entrada de estas mercancías de todas las demás naciones, o bien
a exceptuar a las mercancías de un país de los impuestos a los que
están sometidas las de los demás países: «Los fabricantes y comercian-
tes de la nación favorecida de esta manera obtienen una ganancia...
Disfrutan de una clase de monopolio en el país obligado por el con-
trato. Este país se convierte en un mercado para sus mercancías más
amplio y más provechoso al mismo tiempo; más amplio, porque las
mercancías de otras naciones están excluidas o sometidas a impuestos
más fuertes y, en consecuencia, las recibe en cantidades mayores; más
provechoso, porque disfrutan de una especie de monopolio y pueden
vender a menudo sus mercancías más caro de lo que podrían si estu-
vieran sometidos a la libre competencia de las demás naciones.» Si, por
lo tanto, uno de los países es una colonia y el otro la metrópoli, esta
última puede beneficiarse mediante la opresión de la primera (pági-
nas 405, 406). Ciertamente este efecto es paralizado por una parte por
la competencia entre los propios comerciantes de la metrópoli (cuando
el comercio no está monopolizado en las manos de una compañía)...*'"

*167 Compañía, en el manuscrito: colonia.

Pero incluso en este caso la colonia puede a lo sumo comprar la mer-
cancía al precio natural de la metrópoli, mientras que, en un comercio
libre, podría comprarla quizás al precio natural mucho más bajo de
otros países (págs. 406, 407).

De esta forma se organiza una distribución desfavorable del capital
general, que recae fundamentalmente sobre el país obligado por su
contrato a comprar en el país menos productivo (pág. 407).

La ventaja para la metrópoli consiste en lo siguiente: estas mer-
cancías determinadas no habrían podido ser fabricadas en Inglaterra
para la exportación, si no hubiera tenido el privilegio de servir a este
mercado particular; pues la competencia del país en el que el precio
natural es menor le habría quitado la oportunidad de vender estas mer-
cancías. Esto no sería importante si Inglaterra tuviera la seguridad de
vender por el mismo importe cualquier otra mercancía (que pudiera
fabricar), bien en el mercado francés, o bien con la misma ventaja en
cualquier otro mercado. Inglaterra, por ejemplo, comprará vino francés
por valor de 5.000 libras, y le venderá a cambio mercancías por valor
también de 5.000 libras. Si Francia le concede un monopolio para el
mercado de paño, exportará en seguida paño; pero si el comercio es li-
bre, la competencia de otras naciones puede impedir que el precio na-
tural del paño inglés sea lo suficientemente bajo como para recibir
5.000 libras por dicho paño. La industria inglesa tiene, por lo tanto,
que ser utilizada en la fabricación de otras mercancías; pero quizá nin-
guna de las mercancías por ella producida puede ser vendida al valor
existente del dinero al precio natural de otros países. 5.000 libras de
dinero son, en consecuencia, exportadas a Francia por el vino. De esta
manera aumenta el valor del dinero en Inglaterra y desciende en otros
países; y de esta manera se reduce el precio natural de todas las mer-
cancías producidas por la industria británica. Para obtener las 5.000 li-
bras pueden ser ahora exportadas mercancías; pues a su precio natural
menor pueden entrar en competencia con las mercancías de otros países.
Sin embargo, son vendidas más mercancías a los precios menores para
obtener las 5.000 libras requeridas, las cuales no procurarán la misma
cantidad de vino; porque el aumento del dinero en Francia ha elevado
el precio natural de las mercancías y del vino en este país. Se importa,
por lo tanto, menos vino en Inglaterra a cambio de sus mercancías, si
el comercio es completamente libre, que si el comercio está vinculado
por un contrato comercial. La ventaja y desventaja recíproca para Fran-
cia e Inglaterra consiste en lo siguiente: la primera recibe una cantidad
mayor de mercancías de la otra nación, mientras que la segunda recibe
una cantidad menor de mercancías (págs. 407-409).

El comercio exterior es regulado, por lo tanto —independientemente
de cuál sea la dificultad comparativa de la producción en los diferentes
países—, mediante la alteración del precio natural, y no del valor natu-
ral al que las mercancías pueden ser producidas en estos países... Esto

se efectúa mediante la alteración en la distribución de los metales pre-
ciosos (pág. 409).

(Aquí distingue, por lo tanto, Ricardo entre precio natural y valor
natural. El uno puede cambiar sin que el otro cambie. El precio natural
es el valor natural expresado en dinero, y según el valor del dinero pue-
de variar su expresión.)

El comercio colonial, si es forzoso, puede ser más beneficioso para
la metrópoli que un comercio completamente libre. De la misma forma
que para un consumidor individual es desventajoso verse limitado en
sus tratos a una tienda particular, así también para una nación de con-
sumidores es desventajoso tener que comprar en un país particular
(pág. 410).

Influencia de la demanda y la oferta sobre el valor de cambio

Un aumento en el coste de producción de una mercancía, si es un ar-
tículo de primera necesidad, no disminuye necesariamente su consumo;
pues a pesar de que la capacidad de consumo general de los consumi-
dores ha disminuido con el aumento en el coste de una mercancía, sin
embargo dichos consumidores pueden abandonar el consumo de cual-
quier otra mercancía, cuyo coste de producción no ha aumentado. En
este caso la cantidad suministrada y la cantidad demandada continúa
siendo la misma de antes; únicamente ha aumentado el coste de pro-
ducción y, en consecuencia, aumenta el precio y tiene necesariamente
que aumentar, para colocar al nivel general los beneficios del productor
de la mercancía de coste mayor (págs. [410], 411).

Puesto que los costes de producción determinan los precios de las
mercancías, la utilización de mejores máquinas reduce los precios y
hace posible vender las mercancías más baratas en los mercados exte-
riores. Si un país rechaza la utilización de maquinaria, mientras que
todos los demás países la utilizan, entonces en lugar de mercancías tiene
que exportar dinero, hasta que los precios naturales de sus mercancías
han descendido hasta el nivel de los precios de los demás países. Pero
entonces tiene que dar quizás 2 días de trabajo por 1 día de trabajo
en el extranjero (pág. 481). Esto procede, en consecuencia, dice Ricardo,
de que esta nación no fue tan inteligente como sus vecinas, que intro-
dujeron el uso de maquinaria (pág. 482). ¿No se sigue de esto, que una
nación hace bien al introducir en primer lugar el uso de maquinaria,
protegiéndolo mediante controles aduaneros, para no tener que vender
constantemente 2 días de trabajo a cambio de 1 día de trabajo de
otra nación?

Observación general. En la regulación del precio Ricardo apenas si
tiene en cuenta la cantidad, de la misma forma que en la regulación de
la renta sólo toma en consideración el precio de un quarter. A qué

precio puede ser vendida [una mercancía], depende de cuánto puede
ser vendido de una cantidad dada. Pues X, el precio total de los pro-
ductos de una manufactura, es el mismo, si pueden ser vendidas 1.000 va-
ras a 4 chelines o 2.000 con el mismo trabajo a 2 chelines. Pero en
ambos casos es necesario que sean vendidas en el primero las 1.000 y
en el segundo las 2.000 varas. El precio total está determinado por el
precio de la unidad (medida, vara, quarter, etc.), multiplicado por la
cantidad que es vendida.

## IV) Sobre el salario

El trabajo, como todas las demás cosas que son compradas y vendidas,
cuya cantidad puede ser aumentada o disminuida, tiene un precio na-
tural y un precio de mercado (pág. 86).

El precio natural del trabajo es el precio necesario para hacer posi-
ble que los trabajadores en conjunto puedan subsistir y perpetuar su
raza, sin crecimiento y sin disminución. La: capacidad del trabajador
para mantenerse a sí mismo y a su familia, no depende de la cantidad de
dinero que recibe como salario, sino de la cantidad de alimentos, pro-
ductos necesarios y de las comodidades que este dinero puede comprar.
El precio natural del trabajo depende por lo tanto del precio de los
alimentos, de los productos necesarios y de las comodidades... Con un
aumento en el precio de los alimentos y productos necesarios aumenta,
en consecuencia, el precio natural del trabajo y desciende con un des-
censo de los mismos. Con el progreso de la sociedad el precio natural
del trabajo tiene la tendencia a subir, porque una de las mercancías
principales, mediante la cual es regulado este precio natural, tiene la
tendencia a ser cada vez más cara, por la mayor dificultad para produ-
cirla. Las mejoras en la agricultura, la importación desde el exterior
pueden, sin embargo, hacer descender el precio de los alimentos o de-
tenerlo. Tienen el mismo efecto sobre el precio natural del trabajo. Con
la excepción de las materias primas y del trabajo, el precio natural de
todas las mercancías tiene la tendencia a descender. La materia prima
que entra en ellas eleva ciertamente su precio. Pero esto es más que
contrapesado por las mejoras en la maquinaria, por la mejor división y
distribución del trabajo, por la creciente destreza del productor, tanto
científica como industrial (págs. 86, 87).

El precio de mercado del trabajo es el precio que es pagado real-
mente por él, como consecuencia de la acción natural del comportamiento
de la proporción entre la demanda y la oferta. El trabajo es caro cuando
es escaso, y barato cuando existe en abundancia. Si el precio de mercado
del trabajo supera al precio natural, la situación del trabajador es di-
chosa... Pero si mediante el estímulo que da un salario mayor al creci-
miento de la población, el número de trabajadores aumenta, desciende

el salario a su nivel natural y a menudo, como consecuencia de una
reacción, cae por debajo. En este último caso su condición es de lo más
mísera... El precio de mercado sólo sube de nuevo a su nivel natural,
cuando la miseria haya reducido su número o la demanda de trabajo
haya aumentado... En un país que progresa, el precio de mercado puede
estar durante un período indeterminado por encima de su precio na-
tural: al impulso que un aumento de capital ha dado a la demanda de
trabajo puede seguir con el mismo impulso un nuevo aumento de capi-
tal; y de esta forma, si el aumento de capital es gradual y constante, la
demanda de trabajo puede dar un impulso continuado al crecimiento de
la población (págs. 87, 88).

Diferencia entre el salario y el trabajo gastado en la producción de
una mercancía

Si la recompensa del trabajador siempre estuviera en proporción a su
producto, la cantidad de trabajo realizado en una mercancía y la canti-
dad de trabajo que esa mercancía podría comprar sería la misma..., pero
esta última está sometida a tantas fluctuaciones, como la mercancía
misma con la que es comprada (pág. 5). En el mismo país puede re-
querirse una cantidad doble de trabajo, para producir una cantidad dada
de alimentos y productos necesarios, que el que se requería en una
época pasada; sin embargo, la recompensa del trabajador puede haber
disminuido poco..., porque probablemente la porción de alimentos y
artículos necesarios que él recibe, indispensables para su existencia, tie-
nen que serle dados, aunque su valor haya aumentado... Exactamente
igual ocurre en dos o más países. En América o Polonia, en la tierra
puesta últimamente en cultivo, el trabajo de un año de un número
dado de hombres producirá mucho más trigo que en una tierra de las
mismas características en Inglaterra. Ahora bien, si damos por supuesto
que todos los demás productos necesarios son igualmente baratos en
los tres países, sería un gran error creer que la porción de trigo dada
a los trabajadores estará en cada país en proporción a la facilidad de
la producción. Si los zapatos y los trajes del trabajador, mediante una
maquinaria mejor, pudieran ser producidos con 1/4 del trabajo actual-
mente necesario, descenderían en su valor en un 75 %; pero el tra-
bajador no obtendría 4 zapatos o 4 trajes en lugar de uno, sino que
su salario como consecuencia de la competencia y del estímulo dado
a la población sería ajustado rápidamente al nuevo valor de los produc-
tos necesarios en los que es gastado. Si estas mejoras se extendieran a
todos los objetos que entran en el consumo del trabajador, lo veríamos
probablemente tras muy pocos años en posesión de un goce adicional
pequeño, o quizás nulo (págs. 7, 8). Si disminuye el coste de subsistencia
de los hombres mediante la disminución del precio natural de alimentos

y vestidos, con los cuales es mantenida la vida, los salarios descenderán,
en última instancia, independientemente de que la demanda de tra-
bajadores pueda aumentar considerablemente (pág. 460).

Influencia del aumento de capital en el precio de mercado del salario
y en el precio natural

Capital es la parte de la riqueza de un país que es utilizada en la pro-
ducción, y consiste en alimentos, vestidos, herramientas, materias primas,
maquinaria, etc., necesarias para poner en movimiento al trabajo. El
capital puede aumentar al mismo tiempo en cantidad y en valor. Pero
el capital puede aumentar, sin que aumente su valor, e incluso a pesar
de que disminuya constantemente. Lo primero tiene lugar cuando el
aumento de alimentos y vestidos requiere más trabajo para su produc-
ción; lo segundo cuando requiere el mismo o, con ayuda de maqui-
naria, cuando requiere menos trabajo. En el primer caso sube el precio
natural del trabajo; en el segundo permanece estacionario o desciende;
en ambos sube el precio de mercado de los salarios, pues en proporción
al aumento de capital aumenta la demanda de trabajo; en proporción al
trabajo que ha de ser realizado estará la demanda de los que han de
realizarlo. En ambos casos el precio de mercado tiene la tendencia a
conformarse según el. precio natural, pero esto se efectúa más rápida-
mente en el primer caso. Pues el precio mayor de los alimentos y pro-
ductos necesarios consumirá una porción mayor sus salarios más altos;
consiguientemente, una pequeña oferta de trabajo o un pequeño aumento
de la población reducirá el precio de mercado al precio natural del trabajo
aumentado para entonces. En el segundo caso, su situación es mucho
mejor... y es necesario un gran aumento de la población, hasta que el
precio de mercado del trabajo desciende de nuevo a su precio natural...
pero la permanencia del aumento del precio de mercado del trabajo
depende del aumento en el precio natural de los productos necesarios,
en los que el salario es gastado (págs. 89-91).

Variaciones en el precio natural del trabajo

El precio natural del trabajo, estimado incluso en alimentos y productos
necesarios, no está fijado de forma absoluta ni es constante. Cambia en
las diferentes épocas en el mismo país y es esencialmente diferente en di-
ferentes países. Depende esencialmente de los hábitos y costumbres de
un pueblo... Muchas de las comodidades que son disfrutadas en la ac-
tualidad en una casa inglesa, serían consideradas como artículos de lujo
en un período anterior de nuestra historia (pág. 91). En la medida en
que las mercancías manufacturadas descienden constantemente y las ma-

terias primas aumentan constantemente, se produce, con el progreso de
la sociedad, una tal desproporción en su valor relativo, que un trabajador,
en los países ricos, mediante el sacrificio exclusivamente de una cantidad
muy pequeña de alimentos, es capaz de cubrir holgadamente todas sus
demás necesidades (pág. 92).

(Por lo tanto, en la medida en que, por ejemplo, el libre comercio
suprime esta desproporción, suprime la fuente a partir de la cual el tra-
bajador puede cubrir «holgadamente todas sus demás necesidades». An-
teriormente (págs. 89-91), Ricardo presentó el aumento del precio natural
del trabajo como poco favorable para el trabajador, y aquí como la
fuente principal de la extensión de sus goces.) En los países en los que
las clases trabajadoras tienen las necesidades mínimas y se contentan
con los alimentos más baratos, el pueblo está sometido a las mayores
miserias y vicisitudes. No tienen ningún lugar de refugio ante la cala-
midad; no pueden buscar la salvación a un nivel inferior; su nivel es
ya tan bajo, que no pueden descender más. Ante cualquier deficiencia
en el abastecimiento del artículo principal para su subsistencia no pueden
servirse sino de muy pocos sustitutos, y la escasez es esperada por ellos
con casi todos los males del hambre (pág. 95).

Salario y renta

Hemos visto cómo con el aumento de la población el precio del trigo,
de los alimentos, aumenta. Aumenta también, por lo tanto, el salario
en dinero del trabajador; pero no proporcionalmente, de forma tal que
tras el aumento de estas mercancías no puede comprar tantas como-
didades como antes. Si su salario anual es 24 libras o 6 quarter, si el
quarter de trigo cuesta 4 libras.*'* sólo recibirá probablemente 5 quar-
ter, si el quarter sube a 5 libras.*'"* Pero estos 5 quarter costarán 25 li-
bras. De esta forma tiene lugar un aumento de su salario en dinero, pero
una disminución de su salario en trigo y en su capacidad de compra
de las demás mercancías, que él consumía anteriormente con su familia.
Sin embargo, a pesar de que él está en realidad peor pagado, los benefi-
cios del fabricante disminuyen. La misma causa hace, pues, aumentar
el salario y la renta. Pero para el propietario de la tierra, la renta de trigo
aumenta simultáneamente con la renta en dinero, y cada medida de este
trigo se cambia por una cantidad mayor de todas las demás: mercancías
que no han aumentado en precio. Pero para el trabajador, a pesar del
aumento de su salario en dinero, su salario en trigo ha disminuido y
encuentra cada vez más difícil mantener su precio de mercado por en-
cima de su precio natural... Con el salario en trigo menor el trabajador

*168 4 libras, en el manuscrito: 4- chelines.
*162 5 libras, en el manuscrito: 8 chelines,

no puede, a pesar del mayor valor de cambio del trigo, comprar tantas
mercancías como antes, porque las demás mercancías, en cuya compo-
sición entran materias primas han subido; en consecuencia, tendría que
pagar más por ellas y su situación habría empeorado (págs. 96-99).

Aumento del precio natural del trabajo y del precio en dinero de las
mercancias

Es indiferente que sea el oro o el metal del que se hace el dinero el
producto del país, en el que aumentan los salarios como consecuencia
del encarecimiento de los alimentos, es decir, en el que aumentan si-
multáneamente el precio en dinero de los salarios y de los alimentos...
Si aumenta el precio de los salarios, esto ocurre en general, porque el
crecimiento de riqueza y capital ha engendrado una nueva demanda
de trabajo, que será acompañada por una mayor producción de mercan-
cías. Para que esta cantidad mayor de mercancías pueda circular, incluso
a sus precios antiguos, se requiere más dinero; para hacerlas circular,
se requiere más mercancías extranjeras de las que se hace el dinero, que
sólo pueden ser obtenidas mediante la importación. Si una mercancía
es requerida en mayor cantidad que antes, aumenta su valor relativo
comparado con las mercancías utilizadas para su adquisición. Por lo
tanto, si se requiere más oro, aumenta el oro proporcionalmente res-
pecto de las mercancías, con las que el oro es comprado. (Lo que no
encaja con esto es el hecho de que la demanda puede aumentar, sin
que aumente el precio.) Pero en el caso que hemos dado por supuesto
equivale a formular una contradicción positiva el decir que las mer-
cancías suben porque el salario sube; pues, por un lado, decimos que
el oro aumentará en su valor relativo como consecuencia de la demanda
y, por el otro, que descenderá en su valor relativo, porque los precios
suben, dos efectos que son totalmente incompatibles. Decir que las
mercancías aumentan de precio quiere decir que el valor relativo del
oro ha disminuido; pues el valor relativo del oro es estimado en las
mercancías. Si, por lo tanto, aumentan en precios todas las mercancías,
el dinero no podría venir de fuera a comprar estas mercancías caras,
sino que sería más bien enviado al extranjero para comprar las mer-
cancías extranjeras comparativamente más baratas. El aumento del
salario no puede, en consecuencia, aumentar los precios de las mercan-
cías, independientemente de que el metal pueda ser producido en nuestro
país o en países extranjeros. Todas las mercancías no pueden subir si-
multáneamente sin un aumento en la cantidad de dinero. Pero esta adi-
ción no podría ser obtenida... La importación de oro y el aumento del
precio de todas las mercancías fabricadas en el país, con las que es
comprado y pagado el oro, son efectos absolutamente incompatibles. El
uso extensivo de papel moneda no modifica la cuestión, pues el papel

moneda tiene que conformarse al valor del oro, y su valor aumenta,
por lo tanto, con las circunstancias que hacen aumentar el valor del
oro (págs. 99-101).

Independientemente del aumento o el descenso de los salarios en
dinero como consecuencia de las variaciones en el valor del dinero,
los salarios suben o bajan, por lo tanto, como consecuencia de dos
causas 1) Oferta y demanda de trabajadores. 2) Precio de las mer-

cancías en las que es gastado el salario (pág. 92).

Población y salario

En diferentes estadios de la sociedad la acumulación de capital o de
medios para emplear trabajo es más o menos rápida y tiene que depen-
der, en todos los casos, de las fuerzas productivas del trabajo. Éstas son
las máximas, cuando existe la mayor abundancia de tierra fértil, y en
tales períodos la acumulación es a menudo tan grande, que los traba-
jadores no pueden ser suministrados con la misma velocidad que el ca-
pital. En circunstancias favorables la. población puede ser duplicada en
25 años, pero en las mismas circunstancias el capital de un país aumen-
taría más del doble. En este caso aumenta el salario, porque la demanda
de trabajadores*”” aumentaría más deprisa que la oferta de los mismos.
En el curso del desarrollo esto naturalmente no dura mucho. La tasa
de la producción disminuye con la sucesiva aplicación menos produc-
tiva de capital en la tierra, mientras el aumento de la población continúa
siendo el mismo. Por lo tanto, en los países en los que existe abun-
dancia de tierra fértil, pero existe miseria como consecuencia de la ig-
norancia, indolencia y barbarismo de los habitantes —y en los que
según Malthus la población ejerce una presión excesiva sobre los medios
de subsistencia— menos progresos en la cultura, en la forma de go-
bierno, etc., contribuyen a hacer crecer el capital más rápidamente que
la población, y ésta no puede, en tales casos, aumentar nunca lo sufi-
cientemente rápido. En los viejos países, por el contrario, la población
aumenta más rápidamente que los fondos necesarios para su manteni-
miento. Todo aumento de la industria, si no va acompañado de una
tasa menor de crecimiento de la población, es perjudicial, ya que la
producción no puede marchar al mismo ritmo. No queda otra alterna-
tiva que la reducción de la población (págs. 92-94).

Con el progreso natural de la sociedad, el salario tiene la tendencia
a descender, en la medida en que es regulado por la demanda y la ofer-
ta; pues la oferta de trabajadores continuará aumentando a la misma

*112 Demanda de trabajadores, en el manuscrito: la demanda por parte de

los trabajadores.

tasa, mientras que la demanda de los mismos crece más lentamente. Si
los salarios, por ejemplo, fueran regulados por un aumento anual del
capital a la tasa del 2 %, descenderían, si sólo se acumulara ahora a
la tasa del 1 1/2 %. Y así con todo descenso en la tasa de acumulación
hasta que el capital deviniera estacionario, por lo tanto también los sa-
larios, y sólo fuera suficiente para mantener al número de la población
actual (págs. 95, 96).

Igual que todos los demás contratos, los salarios deberían ser de-
jados a la competencia libre y honesta del mercado y no deberían ser
controlados mediante la intervención de la legislación. La tendencia
clara y directa de las leyes cerealistas está en oposición directa a estos
principios obvios: no están destinadas, como la legislatura pretendía
con buena voluntad, a mejorar la situación de los pobres, sino a em-
peorar la situación de los pobres y los ricos; en lugar de hacer ricos a
los pobres, están calculadas para hacer pobres a los ricos; y en tanto
las leyes actuales estén vigentes, pertenece al orden natural de las co-
sas, que el fondo para el mantenimiento de los pobres aumente progre-
sivamente, hasta que consuma todo el ingreso neto del país (pág. 102).

Influencia del precio de las materias primas sobre el salario

En circunstancias diferentes, el aumento del precio de las materias
primas actúa sobre los salarios de forma diferente. En algunos casos el
aumento del precio del trigo no ocasiona ningún aumento del salario; en
otros, el aumento del salario precede al aumento del precio del trigo;
en otros, el efecto sobre los salarios es lento; en otro, rápido. Un precio
mayor de los medios de subsistencia puede proceder de 4 causas: 1)
Oferta escasa; 2) Demanda que aumenta progresivamente, que puede
ser acompañada finalmente por un coste de producción mayor; 3) Des-
censo en el valor del dinero; 4) Impuestos sobre los artículos necesa-
rios. Una mala cosecha produce un alto precio de los medios de subsis-
tencia, y este precio alto es el único medio a través del cual el consumo
es obligado a conformarse al estado de la oferta. Si todos los consumi-
dores fueran ricos, el precio subiría tanto, hasta que el menos rico
tuviera que reducir la parte que está acostumbrado a consumir, ya
que únicamente mediante un consumo menor podría ser reducida la de-
manda a los límites de la oferta. En tales casos no hay nada más ab-
surdo que regular de manera forzosa los salarios en dinero por el precio
de los alimentos... Tales medidas no le dan al trabajador un alivio
real, porque su efecto es el de aumentar todavía más el precio del trigo
.y finalmente él tiene que limitar su consumo en proporción a la oferta
menor. El aumento de los salarios sólo es nominal para aquellos que
lo obtienen; aumenta la competencia en el mercado de trigo y su efecto
último es aumentar los beneficios del cultivador y del traficante de

trigo... En este caso, por lo tanto, siguiendo el curso natural, no tiene
lugar ningún aumento del salario... la miseria de los trabajadores es
inevitable. La legislación sólo puede ayudar mediante la importación
de alimentos adicionales o adoptando los sustitutos más útiles. Si el
precio alto del trigo es el efecto de una mayor demanda, entonces
el aumento de los salarios precede al del trigo, pues la demanda no
puede aumentar sin un aumento de los medios de pago del pueblo de
aquello que demanda... Los mayores salarios no son siempre gastados
inmediatamente en alimentos, sino ante todo en otras comodidades.
Pero su mejor situación le lleva al matrimonio, éste a la familia, y ésta
a más demanda de alimentos... Los beneficios del agricultor aumentan
por encima del nivel general, hasta que es utilizada la cantidad reque-
rida de capital en la producción de trigo. Si la tierra recién puesta en
cultivo es de la misma fertilidad, entonces el precio del trigo desciende
a su nivel anterior; si es tierra menos fértil, continúa permanente-
mente a un nivel superior. El hecho de que los salarios, una vez que
se ha obtenido la oferta adecuada de trabajadores, desciendan a su nivel
anterior o permanezcan por encima de éste, depende de esta circuns-
tancia de la agricultura... Si se da un estímulo a la población, se pro-
duce un efecto que va más allá de lo que el caso requiere: la población
aumenta entonces en general de forma tal que, a pesar de la demanda
mayor de trabajo, ésta está en una proporción mayor respecto a los
fondos para el mantenimiento del trabajador que antes del aumento
de capital. En este caso tiene lugar una reacción; los salarios estarán
por debajo de su nivel natural, hasta que es restaurada la proporción
adecuada entre oferta y demanda. Si, finalmente, el precio del trigo
aumenta como consecuencia de un descenso en el valor del dinero o de
impuesto sobre la materia prima, puesto que ambos no modifican la
cantidad producida y el número de trabajadores, el trabajo aumentará
en la forma de salario expresado en dinero; sobre el valor real esto no
tiene ninguna influencia... En el caso del impuesto el trabajador sólo
arriesga, lo que arriesga con cualquier otro impuesto, a saber: el que
pueda afectar a los fondos destinados al mantenimiento del trabajo, y
pueda en consecuencia frenar o disminuir la demanda del mismo (pá-
ginas 176-181. El último pasaje sobre la influencia de los impuestos
en la pág. 183).

Es muy fácil de comprender, por qué, si el capital de un país crece
de forma irregular, los salarios deben aumentar, mientras que el precio
del trigo permanece estacionario, o sube en una proporción menor; y
por qué, si el capital de un país disminuye, el salario desciende, mien-
tras que el trigo permanece estacionario o desciende en una proporción
mucho menos importante, y esto además durante un tiempo conside-
rable. La razón es: porque el trabajo es una mercancía que no puede
ser aumentada o disminuida según se desea. Los sombreros aumentan
de precio, si la demanda aumenta, pero no por mucho tiempo, porque

rápidamente se suministra la oferta correspondiente; no ocurre lo mis-
mo con los hombres; no se puede, con el aumento o la disminución de
capital, aumentar o disminuir su número rápidamente...; de ahí que,
mientras los fondos para el mantenimiento del trabajo crecen rápida-
mente, sea necesario un intervalo considerable antes de que el precio
del trabajo sea regulado por el precio del trigo y otros medios de sub-
sistencia (págs. 181, 182). (El aumento puede ocurrir de «forma muy
rápida» mediante la utilización de maquinaria, que los aumenta rela-
tivamente.)

Si los trabajadores no consumieran más que trigo, y si la porción
que el trabajador recibe fuera la mínima, podría existir algún motivo
para la suposición de que la cantidad pagada al trabajador no puede
ser reducida bajo circunstancia alguna; pero los salarios en dinero del
trabajo no aumentan a menudo en absoluto, y no aumentan nunca en
proporción al precio en dinero del trigo, porque el trigo, aunque es una
parte importante, sólo es sin embargo una parte del consumo del tra-
bajador. Si el trabajador gastara la mitad de su salario en trigo y la otra
mitad en jabón, velas, aceite, azúcar, vestidos, etc., mercancías en las
que no se ha producido ningún aumento, entonces se le habría pagado
exactamente igual con 1 1/2 bushel de trigo, si el precio de éste es
16 chelines, que con 2 bushel, si el precio es de 8 chelines; o con 24 che-
lines en dinero igual que antes con 16 chelines. Su salario aumentaría
en un 50 %, mientras que el precio del trigo aumentaría en un 100 %
(págs. 360, 361). (Poner ad notam, espectalmente en relación con los
impuestos, que el mismo Ricardo concede que el salario puede ser cons-
tantemente reducido. E incluso la parte que consiste en trigo; a pesar
de que alcance el mínimo, puede ser reducida ulteriormente, en la me-
dida en que en lugar del trigo se utilicen patatas o, como en Escocia, en
lugar de trigo, centeno.)

Influencia de la maquinaria sobre el salario

Ricardo dice que primeramente su punto de vista antiguo había sido
el siguiente:

Mediante la introducción de maquinaria las mercancías devienen
más baratas. La clase de los trabajadores obtiene, por lo tanto, con
ello los instrumentos para comprar más mercancías con los mismos sa-
larios en dinero. Los salarios en dinero no descenderían, porque el ca-
pitalista tiene el poder de demandar y utilizar la misma cantidad de
trabajo que antes, aunque él puede verse obligado a utilizarla en la pro-
ducción de una nueva o al menos en la producción de una mercancía
diferente. Si mediante la utilización de maquinaria la misma cantidad
de trabajo pudiera producir 4 veces más medias que antes y si la de-
manda de medias simplemente se duplicara, algunos trabajadores serían

despedidos necesariamente de esta rama de la industria; pero puesto
que el capital que les daba ocupación existe todavía y puesto que es el
interés de aquellos que lo poseen, el utilizarlo de manera productiva, me
parecía que sería utilizado en la producción de otra mercancía útil, para
la que se encontraría evidentemente una demanda. Por lo tanto, exis-
tiría la misma demanda de trabajo, el mismo salario, y un precio menor
de las mercancías mediante la utilización de la máquina inventada
(págs. 467, 468). «Pero ahora estoy convencido de que la sustitución
de trabajo humano por maquinaria es a menudo muy perjudicial para
el interés de la clase trabajadora» (pág. 468). Mi error procedía de la
suposición de que con el aumento del ingreso neto de la sociedad tam-
bién tiene que aumentar su ingreso en bruto; pero el fondo del que
los propietarios de la tierra y los capitalistas extraen su renta puede
aumentar, a pesar de que disminuya aquel del que depende la clase tra-
bajadora, y de esto se sigue que la misma causa, que hace aumentar la
renta neta de un país, puede hacer simultáneamente innecesaria (parte
de la) población y puede empeorar la situación de los trabajadores
(pág. 469). Discute ahora la cuestión de que con la maquinaria ante
todo puede ser producido un producto bruto menor, del que depende el
mantenimiento de los trabajadores, y que el mismo número de trabaj-
dores sólo pueden ser ocupados de nuevo cuando la mayor producción
suministra en la forma de producto neto una cantidad de alimentos y
productos necesarios tan grande como la que existía antes en la forma
de producto en bruto (págs. 469, 474). El fabricante, tras la introduc-
ción de maquinaria, necesita entregar menos producto que antes; pues
una parte de la cantidad de la que se disponía con la finalidad de pagar
un gran número de trabajadores, no será requerida por su empleador
(págs. 472, 473).'La opinión, mantenida por la clase trabajadora, de
que la utilización de maquinaria es a menudo perjudicial para sus in-
tereses, no descansa en prejuicio o error, sino que se adecua a los prin-
cipios correctos de la economía política... Si los medios de producción
mejorados, como consecuencia del uso de maquinaria, aumentaran el
producto neto de un país en tal medida que no disminuyera el producto
bruto, se mejoraría la situación de todas las clases...; la de la clase
trabajadora considerablemente 1) por la demanda mayor de servidores
domésticos; 2) por el estímulo de los ahorros a partir de la renta, que
un producto neto tan abundante permitiría; 3) por el bajo precio de
todos los artículos de consumo, en los que es gastado su salario (pá-
ginas 474, 475). Una guerra que es costeada con la renta y no con el
capital de una nación, es favorable para el crecimiento de la población,
en la medida en que aumenta la demanda de hombres (pág. 477). Tras
la finalización de la guerra entran en competencia con los otros traba-
jadores. En consecuencia, bajan los salarios y se deteriora mucho la
situación de la clase trabajadora (loc. cit.).

Si utilizara 100 hombres en mi finca y descubriera que los alimentos

utilizados para el mantenimiento de 100 hombres puestos a la disposi-
ción de caballos me procuraría una cantidad mayor de producto en
bruto, tras la detracción de los intereses del capital que absorbería la
compra de los caballos, entonces sería provechoso sustituir los hom-
bres por los caballos y, consiguientemente, yo haría esto; pero esto no
redundaría en el interés de los hombres; y si el ingreso obtenido por
mí fuera lo suficientemente grande como para mantener tanto a los ca-
ballos como a los hombres, es evidente que la población estaría de
más, y la condición de los trabajadores descendería en la escala general
(pág. 478). Sin embargo, «las invenciones» de maquinaria mejor «son
graduales y actúan antes en el sentido de determinar el capital que es
ahorrado y acumulado, que en el sentido de retirar capital de su utili-
zación actual» (loc. cit.). Con todo aumento de capital y población, los
alimentos subirán de forma general, a causa de la mayor dificultad de
su producción; la consecuencia de un aumento de precio de los ali-
mentos será la subida de los salarios, y toda subida de los salarios tendrá
la tendencia a invertir el capital ahorrado en una proporción mayor en
maquinaria. Maquinaria y trabajo están en constante competencia y
la primera no puede ser empleada frecuentemente hasta que el trabajo
aumenta de precio. En América y en muchos otros países, en los que
los alimentos del hombre son obtenidos con facilidad, no existe una
tentación tan grande de utilizar maquinaria, como en Inglaterra, donde
el precio de los alimentos es alto y cuesta mucho trabajo su produc-
ción. La misma causa que hace aumentar el precio del trabajo, no hace
aumentar el valor de las máquinas y, por lo tanto, con todo aumento de
capital, una mayor proporción del mismo es empleada en maquinaria.
La demanda de trabajo continuará con un aumento de capital, pero no
en proporción a dicho aumento; la proporción será necesariamente una
proporción menor (págs. 478, 479). El incremento de ingreso neto, es-
timado en mercancías, que es siempre el resultado de una maquinaria
mejor, conduce a nuevos ahorros y acumulaciones. Estos ahorros son
anuales y tienen que constituir rápidamente un fondo mucho mayor
que el ingreso bruto, perdido originariamente con el descubrimiento
de la maquinaria, cuando la demanda de trabajo sea tan grande como
antes (pág. 480).

Impuestos sobre el salario

Los impuestos sobre el salario elevan el salario y disminuyen, en con-
secuencia, los beneficios del capital. Un impuesto sobre los productos
necesarios eleva de forma necesaria el precio de los últimos, uno sobre
los salarios no. Al pago de los impuestos no contribuye, por lo tanto,
ni el propietario de la tierra, ni el propietario de capital, ni clase algu-
na, excepto quienes emplean a los trabajadores asalariados. Un impuesto
sobre los salarios es por completo un impuesto sobre los beneficios; un

impuesto sobre productos necesarios es en parte un impuesto sobre los
beneficios y en parte un impuesto sobre los consumidores ricos. El
efecto último del impuesto sobre los salarios es, por lo tanto, exacta-
mente el mismo que el de un impuesto directo sobre los beneficios
(pág. 245). El precio natural de las mercancías, que domina siempre
en última instancia el precio de mercado, depende de la facilidad de la
producción; pero la cantidad producida no está en proporción a esta
facilidad (pág. 248). «El precio del trabajo expresará claramente las ne-
cesidades de la sociedad respecto de la población» (dice Malthus)...
pero si el salario del trabajador era antes exclusivamente el adecuado
para suministrar la población requerida, tras el impuesto, este fondo
será inadecuado... Únicamente mediante el aumento del salario no es
detenida en consecuencia la oferta (págs. 250, 251). Es verdad que una
determinada mercancía no aumenta en proporción al impuesto, si la
demanda de ella disminuye y la cantidad no puede ser reducida... La
misma causa influye a menudo en el salario; el número de trabajadores
no puede ser aumentado o disminuido de forma rápida en proporción
al aumento o descenso de los fondos que le dan ocupación, pero en el
caso presupuesto no tiene lugar una disminución necesaria de la deman-
da de trabajo, y si tiene lugar la disminución, la demanda no disminuye
en proporción al impuesto. Los fondos obtenidos mediante el impuesto
por el gobierno son utilizados también para el mantenimiento de los
trabajadores (pág. 252).

Una parte pequeña de los impuestos es pagada por los mismos tra-
bajadores como consecuencia de la demanda menor de trabajo, que toda
imposición de cualquier tipo tiene la tendencia a producir (pág. 269).

(Ricardo aquí, como en todas partes, habla siempre de un capital
constante que, si es sustraído a este negocio, se invierte en este otro.
Así, por ejemplo, si el impuesto sobre la sal disminuye la producción
de la misma a la mitad en Francia, sólo tiene que ser utilizado en con-
secuencia la mitad de capital que antes en esta producción y la otra mi-
tad se utilizaría en la producción de otras mercancías. Pero, precisa-
mente, en un país como Francia el capital consiste en gran parte en el
patrimonio muy poco fijo del agricultor junto con su trabajo. Si, por lo
tanto, un impuesto, como el de la sal, disminuye su producción, es ani-

quilado parte del capital, y en modo alguno se queda libre para otra
utilización.)

Una observación más sobre la relación entre beneficio y salario

Se dice quizás que los salarios en dinero no subirán con un aumento
en el precio de los productos en bruto, ya que el trabajador puede con-
tentarse con menos goces. Es verdad. Los salarios estaban quizás antes
a un nivel alto y podían soportar alguna reducción. En este caso, es

detenido el descenso de los beneficios; pero es imposible concebir que
el precio en dinero de los salarios descienda o permanezca estacionario
con un precio de los productos necesarios que aumenta gradualmente
(págs. 117, 118).

## V) Sobre el beneficio

Variaciones permanentes en la tasa de beneficio. División del precio
del producto entre los capitalistas y los trabajadores

Todo el valor de las mercancías del arrendatario agrícola, que cultiva
la tierra reguladora del precio, y todo el valor de las mercancías del
fabricante, se divide en dos porciones: una constituye el beneficio del ca-
pital; la otra, los salarios del trabajo (pág. 107). Si el trigo y las mer-
cancías manufacturadas fueran vendidas siempre al mismo precio, los
beneficios serían altos o bajos, en la medida en que los salarios fueran
bajos o altos. Si ahora el precio del trigo sube, porque se requiere una
cantidad mayor de trabajo para su producción, entonces suben los sa-
larios y desciende el beneficio. Si un fabricante vende sus mercancías a
1.000 libras, su beneficio depende de si los salarios cuestan 800 libras
o sólo 600 libras. La subida del producto en bruto afecta asimismo al
arrendatario agrícola... Pues él paga o bien renta por dicha subida, o
bien tiene que utilizar un número adicional de trabajadores para obtener
el mismo producto; y el precio adicional que corresponde a uno de
estos dos gastos de más, no le compensa, sin embargo, por la subida
del salario*"” (pág. 108). El producto que le corresponde al agricultor
puede ser 180, 170, 160 o 150 quarter; él recibe siempre, igual que
al principio, 720 libras por los 180, y posteriormente por los 170, etc.,
quarter; el precio aumenta en una proporción inversa a la cantidad
(págs. 112, 113). Los beneficios no pueden nunca llegar a ser tan altos,
que de las 720 libras no quede lo suficiente para suministrarle a los
trabajadores los productos absolutamente necesarios; los salarios tam-
poco pueden llegar nunca a ser tan altos como para no dejar ninguna
parte de esta suma para los beneficios (pág. 113). Dejamos de lado
las variaciones accidentales debidas a las estaciones buenas o malas, o la
demanda que aumenta o disminuye debido a un efecto súbito en el
estado de la población. Hablamos del precio natural y constante del
trigo (pág. 114, nota). El agricultor tiene, por lo tanto, un gran interés
en mantener bajos los precios naturales de los productos en bruto. Pri-
mero como consumidor, después como utilizador de trabajo (pág. 114).

Únicamente algunas mercancías no serán afectadas en su precio por

o.

*171 Salario, en el manuscrito: producto en bruto.

la subida del producto en bruto, ya que una parte del producto en bruto
entra siempre en su composición. Suben, porque se ha utilizado más
trabajo en el producto en bruto, a partir del cual ellas son fabricadas,
y no porque los fabricantes le paguen más a los trabajadores que las
utilizan. En todos los casos suben las mercancías porque se ha gastado
más trabajo en ellas, y no porque el trabajo que es gastado en ellas
es de un valor superior. Artículos de joyería, de hierro, de latón, de
cobre, no subirán porque ningún producto en bruto de la superficie
de la tierra entra en su composición (pág. 117). Los efectos producidos
en los beneficios serían los mismos o casi los mismos, si hubiera tenido
lugar un aumento de precio de los demás productos necesarios, excepto
los alimentos, en los que son gastados los salarios de los trabajadores
(pág. 118). Con el aumento del precio de mercado de una mercancía
por encima de su precio natural, el beneficio, en esta rama particular,
sube por encima del nivel general del beneficio. Pero esto es solamente
un efecto temporal (págs. 118, 119). Los beneficios dependen de los
salarios altos o bajos, los salarios del precio de los productos necesarios
y el precio de los productos necesarios depende fundamentalmente del
precio de los alimentos (pág. 119).

Tendencia natural del beneficio, por lo tanto, a descender, ya que
con el progreso de la sociedad y de la riqueza, los alimentos adicionales
requieren una cantidad de trabajo cada vez mayor. Esta tendencia, esta
gravitación del beneficio, es detenida en intervalos que se repiten me-
diante las mejoras en la maquinaria conexas con la producción de pro-
ductos necesarios, así como mediante descubrimientos en la ciencia de
la agricultura, que hacen disminuir los costes de producción (págs. [120],
121). Con el aumento del precio natural de los alimentos aumenta
también el precio de los demás productos necesarios, mediante el valor
superior de la materia prima de la que están hechos, lo que a su vez
elevaría los salarios y disminuiría los beneficios (págs. 122, 123). El
agricultor y el fabricante no pueden vivir sin beneficios, de la misma
manera que el trabajador no puede vivir sin salario. Su motivo para
la acumulación disminuirá con toda disminución del beneficio y desapa-
recerá por completo cuando sus beneficios no le proporcionen la com-
pensación correspondiente por la molestia y por el riesgo de utilizar el
capital de forma productiva (pág. 123). La tasa de beneficio descen-
dería, por lo demás, de forma todavía más rápida de lo que antes se
ha indicado, ya que, si el producto sube mucho, el valor del capital del
agricultor se vería considerablemente aumentado, porque se compone
necesariamente de muchas mercancías, que han aumentado de precio.
Si su beneficio sobre su capital originario era del 6 %, ahora sólo es
del 3 %. Por ejemplo, 3.000 libras al 6 % dan 180 libras. Igualmente
6.000 libras al 3 % dan también 180 libras. Y en estas circunstancias,
en estos términos, un agricultor sólo podría entrar en el negocio de la
agricultura con 6.000 libras en su bolsillo (págs. 123, 124).

Para una parte de los fabricantes tiene lugar también una compen-
sación parcial. El cervecero, el fabricante de bebidas, el fabricante de
paño, el fabricante de hilo son compensados en parte por la disminu-
ción de sus beneficios mediante el aumento en el valor de su stock de
materias primas y acabadas; pero no ocurre lo mismo con el fabricante
de quincallería, de joyas, etc., así como con aquellos cuyo capital con-
siste exclusivamente en dinero (pág. 124).

Por otra parte, a pesar de que la tasa de beneficio del capital puede
descender como consecuencia de la acumulación de capital en la tierra
y del aumento de los salarios, el importe total de los beneficios tiene,
sin embargo, que aumentar. Si damos por supuesto que con acumula-
ciones repetidas de 100.000 libras la tasa de beneficio desciende del
20 al 19, 18, 17 %, podemos esperar que el importe total del beneficio
recibido por los sucesivos propietarios de capital será siempre progre-
sivo; que será mayor, si el capital es de 200.000 libras que si es de
100.000 libras; aún mayor si es de 300.000 libras; y así continuará
aumentando, aunque a una tasa inferior, con todo aumento de capital.
Este progreso, sin embargo, sólo es verdad durante un tiempo determi-
nado: así 19 % sobre 200.000 libras es más que 20 % sobre 100.000;
18 % sobre 300.000 es más que 19 % sobre 200.000; pero una vez
que el capital ha sido acumulado hasta una gran cantidad y los bene-
ficios han descendido, la acumulación ulterior disminuye la “suma de
los beneficios. Si damos por supuesto que la acumulación ha llegado a
ser de 1.000.000 y que el beneficio es del 7 %, el importe total de los
beneficios será 70.000 libras; si se efectúa ahora una adición de
100.000 libras de capital al millón y si el beneficio desciende al 6 %,
los propietarios de capital recibirán 66.000 libras o 4.000 libras me-
nos, a pesar de que el importe del capital ha aumentado de 1.000.000
a 1.100.000 libras (págs. 124, 125). No puede tener lugar, sin embargo,
ninguna acumulación de capital, en tanto el capital arroje beneficio, sin
que se produzca no sólo un aumento del producto, sino también un
aumento de valor. Mediante la utilización de 100.000 libras de capital
adicional ninguna parte del capital anterior deviene menos produc-
tiva. El producto de la tierra y del trabajo tiene que aumentar y su
valor tiene que ser superior, no sólo por el valor de las adiciones efec-
tuadas a la cantidad anterior de la producción, sino por el nuevo valor
que es dado al producto total de la tierra por la mayor dificultad en
la producción de la última porción de ésta. Si la acumulación de capi-
tal es, sin embargo, muy grande, la distribución de este valor se efectúa
de forma tal, que un valor más pequeño que antes es apropiado por
los beneficios, mientras que el valor devorado por la renta y los sala-
rios aumenta... Los propietarios de la tierra y los trabajadores reci-
birán, a un cierto nivel, más que el producto adicional y estarán capa-
citados por su situación a invadir incluso los límites de las ganancias
anteriores del capitalista... Los únicos que ganarían en realidad serían

los propietarios de la tierra, pues ellos obtendrían más producto y más
valor por éste... El salario mayor sería para el trabajador puramente
nominal y descendería incluso... A pesar de que se ha producido un
valor mayor, una proporción mayor de lo que queda de este valor tras
el pago de la renta, es consumida por los productores, y es esto, y esto
únicamente, lo que regula los beneficios... Una proporción mayor de la
parte del producto, que queda tras el pago de la renta, para ser repar-
tida entre los capitalistas y los trabajadores asalariados, es destinada
a estos últimos. Cada trabajador puede recibir menos, pero puesto que
son empleados más trabajadores en proporción a todo el producto
obtenido por el arrendatario agrícola, el valor de una proporción ma-
yor de todo el producto será absorbido por los salarios y consiguiente-
mente quedará el valor de una proporción menor para los beneficios
(págs. 125-128).

La tasa de beneficio depende, pues, de la cantidad de trabajo reque-
rida para producir los artículos necesarios en la tierra que no produce
ninguna renta. Los efectos de la acumulación son, por lo tanto, dife-
rentes en diferentes países y dependen muy particularmente de la ferti-
lidad de la tierra (pág. 128).

Hemos visto que el precio en dinero de las mercancías —el oro
puede ser o no ser producto del país— no aumenta con un aumento
de los salarios. Pero supongamos que lo contrario sea verdad. Si los
precios de las mercancías subieran con salarios altos, el aumento del
salario disminuiría, sin embargo, el beneficio. Supongamos que el fa-
bricante de sombreros, el de pantalones y el de zapatos paguen cada
uno 10 libras más en salarios y que sus productos aumenten también
en 10 libras; de esta forma su situación no habría mejorado. Si el fa-
bricante de pantalones vendiera sus productos a 110 libras en lugar
de a 100 libras, sus beneficios serían del mismo importe en dinero q
antes; pero por estas 110 libras recibiría el 1/10 menos de sombreros,
zapatos y de cualquier otra mercancía, y puesto que con este importe
anterior de ahorros podría mantener menos trabajadores con los salarios
más altos y podría comprar menos materias primas a los precios más
altos, no se encontraría en un situación mejor que si sus beneficios en
dinero hubieran disminuido realmente y todas las cosas se mantuvieran
en su precio anterior... Únicamente que el valor del medio en el que son
estimados los precios y los beneficios habría descendido realmente.

Relación entre el beneficio y el salario

El salario podría subir en un 20 % y el beneficio descender consiguien-
temente en una proporción mayor o menor, sin ocasionar la más mínima
alteración en el valor relativo de las diferentes mercancías (pág. 23).

Los beneficios dependen de los salarios, no de los salarios nomina-

les, sino de los salarios reales; no del número de libras esterlinas, que
pueden ser pagadas anualmente al trabajador, sino del número de días
de trabajo necesarios para obtener estas libras esterlinas. Los salarios
pueden ser, en consecuencia, exactamente los mismos en dos países;
pueden estar también en la misma proporción respecto de la renta y
de todo el producto obtenido de la tierra, a pesar de que en un país
el trabajador puede recibir 10 chelines por semana, y en el otro 12
(págs. 152, 153).

Cuanto menos se apropian los salarios, más se apropian los bene-
ficios y viceversa (pág. 500).

La mayor parte de los adversarios de Ricardo, como, por ejemplo,
Wakefield, afirman que él no puede explicar el excedente. Por ejem-
plo: un fabricante invierte 30 libras en materia prima, 20 en maquina-
ria y 50 en salario. Summa summarum 100 libras. El vende sus mercancías
a 110 libras. ¿De dónde proceden estas 10 libras? Supongamos que él
invierte 50 en maquinaria, 30 en materia prima, 20 en trabajo, es decir,
100, y que vende igual que antes a 110. ¿Qué conexión existe entre
los 10 y el salario? Su beneficio depende ciertamente de por cuánto
vende él las 100 libras, y no de cuánto le cuesta el trabajo. ¿Del comer-
cio por lo tanto? ¿Pero quién le paga las 10 libras? El comerciante. ¿Pero
de quién recibe el comerciante las 10 libras? De otro comerciante. ¿Y
éste? Finalmente del consumidor. ¿Pero quién es este consumidor?
Necesariamente o un propietario de tierra o un fabricante o un trabaja-
dor. Si es un propietario de tierra ¿con qué paga? Con su renta. ¿Si
es un fabricante? Con su beneficio ¿Si es un trabajador? Con su sala-
rio. Pero la renta y el salario son a su vez partes del valor del producto
del fabricante. Por lo tanto, las 10 libras por encima de las 100 sólo
le son pagadas en el comercio, porque él u otro fabricante ya las ba pro-
ducido originariamente en la fabricación. Esto está claro. Los comer-
ciantes y finalmente los consumidores pueden cagarse los unos en los
otros. Si el excedente total es 100, el uno puede obtener en el cambio
el 20, el otro el 40, el otro el 10, el tercero el 8, el cuarto el 6, el quinto
el 4, el sexto el 2 % de este excedente total, etc. Pero para que a cual-
quiera de ellos, tras la reposición del capital total de todos, le quede
algún excedente, tiene que existir un excedente en sí y para sí. Los
beneficios relativos, que se hacen mediante engaño, sólo constituyen una
desigual distribución del excedente total. Pero para que se efectúe la
distribución tiene que haber algo que distribuir: el beneficio, aunque
sea desigual, tiene que estar presupuesto. El excedente no se explica,
por lo tanto, a partir del comercio, aunque se puede explicar a partir
de éste el beneficio extra de algunos particulares. La cuestión desapa-
rece desde un principio, cuando se pregunta por el excedente de toda la
clase de los capitalistas industriales. Éste no puede ser explicado por
el hecho de que ella se roba a sí misma como clase.

Asimismo el beneficio puede aumentar constantemente en un país

por el hecho de que una clase, la capitalista, estafa a la clase de los pro-
pietarios de la tierra. Pero el ingreso presupuesto de cada una de las
clases poseedoras tiene que proceder de la producción, y tiene que ser,
por lo tanto, una detracción de los beneficios o de los salarios.

O quizá se dice que el producto total aumenta. El capitalista in-
vierte 100 y obtiene un producto en cantidad de 110. En consecuencia,
después de haber repuesto todo, le quedan 10. Sólo que aquí se trata
del valor y el valor es relativo: no es la cantidad, sino su relación con
un tercero. Este tercero sólo puede ser la clase trabajadora. Para que
aumente el valor de los beneficios, tiene que haber un tercero cuyo
valor descienda. Cuando se dice que el capitalista invierte de 100,
30 en materia prima, 20 en maquinaria y 50 en salario y que vende
estos 100 posteriormente a 110, se olvida, que si él hubiera tenido que
pagar 60 de salario, él no hubiera obtenido ningún beneficio, ni 8 ni 2 %,
etcétera, de los 110. Él cambia su producto por otro, cuyo valor está
determinado por el tiempo de trabajo gastado en él. Supongamos que
él ha vendido un producto de 20 días de trabajo, y obtiene otro mediante
el cambio. El excedente no consiste en este cambio, aunque sólo se
realiza en él. Consiste en que, de este producto que cuesta 20 días de
trabajo, el trabajador sólo recibe el producto de 10, etc., días de traba-
jo. En la misma medida en que aumenta la fuerza productiva del tra-
bajo, desciende el valor del salario.

Acumulación de capital

Con una población que ejerce una presión sobre los medios de subsis-
tencia, los únicos remedios son o bien la reducción de la población, o
una acumulación más rápida de capital. En países ricos, donde E
tierra fértil ya es cultivada, éste último remedio no es ni muy prácti
ni muy deseable, ya que su efecto, si es llevado demasiado lejos, sería
el de empobrecer por igual a todas las clases. Pero en los países pobres
es el único remedio para eliminar el mal (págs. 94, 95).

Influencia del comercio en los beneficios

Influencia del comercio exterior. El capital puede ser acumulado de
dos maneras. Puede ser ahorrado como consecuencia de un ingreso su-
perior o de un consumo inferior. Si mis beneficios aumentan de 1.000 a
1.200 libras y mis gastos continúan siendo los mismos, acumulo anual-
mente 200 libras más que antes. Si ahorro 200 libras de mis gastos,
mientras que mis beneficios continúan siendo los mismos, el efecto
es el mismo; añado también 200 libras anuales a mi capital... Si como
consecuencia de la maquinaria descendiera la totalidad de las mercan-

cías en las que era gastada mi renta en un 20 9%, puedo ahorrar tan
efectivamente como si mi renta hubiera aumentado en un 20 %; pero
en un caso la tasa de beneficio es estacionaria, y en el otro ha aumentado
en un 20 %. Si mediante la importación de trigo extranjero puedo
ahorrar el 20 % de mis gastos, el efecto sería exactamente el mismo
que si la maquinaria hubiera disminuido el costo de su producción, pero
los beneficios no aumentarían. No es, por lo tanto, como consecuencia
de la ampliación del mercado, como aumenta la tasa de beneficio, a
pesar de que tal ampliación puede ser efectiva en el aumento de la
masa de mercancías y puede capacitarnos con ello a aumentar los fon-
dos destinados al mantenimiento del trabajo y del material, en el que
el trabajo es empleado... Si mediante la ampliación del comercio ex-
terior —igual que con la mejora de la maquinaria— los alimentos y
los productos necesarios para el trabajador pueden ser puestos en el
mercado a precios reducidos, los beneficios aumentan. Si no, no... La
tasa de salarios no sería afectada, si descendieran en un 50 % el vino,
el terciopelo, la seda y otras mercancías costosas y los beneficios per-
manecerían consiguientemente inalterados. En consecuencia, el comer-
cio exterior, a pesar de que es muy útil a un país, en la medida en que
aumenta la masa y la variedad de los objetos, en los que puede ser
gastada la renta, y en la medida en que mediante la abundancia y lo
barato de las mercancías da un incentivo al ahorro y a la acumulación
de capital, no tiene la tendencia a aumentar, a elevar los beneficios (es
decir, la renta) del capital, si las mercancías importadas no son de
aquella clase, en la que es gastado el salario (págs. 135-138).*'”

Say dice: «El comercio nos capacita para obtener una mercancía en
su lugar de origen y traerla a otro lugar en el que es consumida. Nos
da, por lo tanto, el poder de aumentar el valor de la mercancía por
toda la diferencia entre su precio en el primer lugar y su precio en el
segundo». Verdad. Pero, ¿cómo obtiene este valor adicional? Mediante
la adición, en primer lugar, a los costes de producción de los gasips
de transporte; en segundo lugar, mediante la adición del beneficio so-
bre el anticipo de capital efectuado por el comerciante. La mercancía
es más valiosa, por la misma razón por la que toda mercancía es más
valiosa, porque se ha gastado más trabajo en su producción y transpor-
te, antes de ser comprada por el consumidor. Ésta no puede ser citada
como una de las ventajas del comercio. Si el objeto es considerado más
de cerca, se encontrará que todos los beneficios del comercio se di-
suelven en los medios que nos da no para obtener objetos más valiosos,
sino objetos más útiles (págs. 309, 310, nota).

Influencia del comercio interno. Lo que tiene vigencia para el co-
mercio exterior, la tiene para el comercio interno. La tasa de beneficio

*12 (135-138), en el manuscrito: (pág. 137-138).

no aumenta nunca mediante una mejor divisiórr del trabajo, invención
de maquinaria, mejores comunicaciones, o mediante cualquier otro me-
dio de acortar el trabajo en la manufactura o en el transporte de bienes.
Estas causas actúan sobre el precio y son muy útiles para el consumi-
dor; él recibe más mercancías con el mismo trabajo o con el valor del
mismo trabajo; pero no tiene ningún efecto sobre el beneficio. Por
otra parte, la disminución del salario aumenta el beneficio (y, por lo
tanto, también si procede de otras causas que no sean el descenso de
los alimentos) pero no afecta al precio de las mercancías. El uno es
ventajoso para todas las clases, puesto que todas las clases son consu-
midoras; el otro sólo a los capitalistas; éstos ganan más, pero cada
cosa continúa a su precio anterior (pág. 138).

Cambio repentino en el comercio

Los países ricos y poderosos, en los que son gastados grandes capitales
en maquinaria, están más expuestos a daños como consecuencia de un
cambio súbito en el comercio, que los países pobres, en los que compa-
rativamente existe una cantidad pequeña de capital fijo y un capital
circulante mucho mayor, y en el que predomina consiguientemente el
trabajo manual. Es más fácil transferir capital circulante de un empleo
a otro, que capital fijo. A menudo es imposible utilizar la maquinaria
construida con una finalidad para los fines de otra manufactura; pero
sí es posible utilizar los vestidos, alimentos y viviendas de los traba-
jadores ocupados en una rama para su ocupación en otra rama de la
industria; o el mismo trabajador puede obtener la misma comida, ves-
tido y alojamiento, mientras que su empleo cambia. Éste es, sin em-
bargo, un mal al que una nación rica tiene que someterse; y no gría
más racional lamentarse de ello, que para un rico comerciante lo sería
lamentarse de que su barco está expuesto a los peligros del mar, mien-
tras que sus pobres vecinos de las chabolas están seguros frente a tal
contingencia (pág. 311).

Efectos de la acumulación sobre los beneficios y el interés

Ninguna acumulación de capital disminuirá los beneficios de forma
permanente, si no existe alguna causa que haga aumentar los salarios...
A. Smith atribuye a la acumulación de capital y a la competencia que
resulta de ella el descenso de los salarios... Pero si el capital ha aumen-
tado, ha aumentado en la misma proporción el trabajo que ha de ser
efectuado por el capital... No hay ninguna cantidad de capital que no
pueda ser utilizada en un país, porque la demanda sólo está limitada
por la producción... Mediante el acto de la producción el productor se

convierte en consumidor de sus propias mercancías, o comprador y
consumidor de las mercancías de otras personas... En Holanda descen-
dieron los beneficios, porque casi todo el trigo que necesitaba tuvo que
ser importado, y porque además el salario subió con los fuertes impues-
tos sobre los productos necesarios de consumo del trabajador (págs. 338 a
340, nota). [[ Ricardo pasa por alto aquí lo que ya hemos observado an-
tes a propósito de su determinación del valor, a saber: que el cambio
es una condición esencial de la misma. Ciertamente el capitalista puede
cambiar siempre con el trabajador. Pero él sólo cambia con el traba-
jador en la medida en que puede cambiar el producto de su trabajo con
beneficio. Este cambio tiene sus límites en los medios y necesidades
de los demás de una mercancía determinada, que puede ser producida
en un país e incluso en un mercado dado en el mercado mundial. La
desproporción entre el mercado —los individuos que cambian— y el
capital, la desproporción de la producción en un país determinado tiende
precisamente a imponerla en el mercado mundial y tiende a pasar de un
mercado a los demás. La producción proporcionada —naturalmente
dentro de los límites burgueses— con la moderna industria necesita
extenderse a todo el orbe, para engendrar mediante la producción una
producción equivalente y comsiguientemente una demanda activa. Ri-
cardo se las urregla frente a A. Smith para explicar el hecho de que
parte del capital, el excedente, «tenga que ser enviado al extranjero y
cambiado por algo para lo que existe una demanda en el país», diciendo
que quién nos obliga a producir un excedente de trigo, de objetos de
madera, o de quincallería; si no fuera provechosa la utilización de una
parte del capital en su producción, «el capital sería retirado a algún»
(en el algún está precisamente el problema) «empleo más provechoso»...
Sólo puede existir un exceso en el mercado de una mercancía particular,
pero no en relación con todas las mercancías... La acumulación de ca-
pital sólo puede ser acompañada por un descenso de los beneficios, a
pesar de que los alimentos sean baratos, en un caso, a saber: cuando
los fondos para el mantenimiento del trabajo crecen más rápidamente
que la población; los salarios entonces serán altos y los beneficios ba-
jos... Si los comerciantes invierten sus capitales en el comercio exte-
rior o en el comercio de transporte, esto ocurre siempre por propia
elección y nunca por necesidad; únicamente porque en el comercio
exterior sus beneficios son algo mayores que en el comercio interno...
(Réplica sumamente pauvre de Ricardo con su «producción de alguna
otra clase de bienes»). «Si necesitáramos terciopelo», dice él (y no lo
pudiéramos obtener mediante el comercio exterior) «¿no podríamos
intentar producir terciopelo? Y si no lo consiguiéramos, ¿no podríamos
producir más paño o cualquier otro objeto deseable para nosotros?
(págs. [341], 346)]]... El tipo de interés, aunque regulado finalmente
y de manera permanente por la tasa de beneficio, está sometido a va-
riaciones temporales que proceden de otras causas... Si desciende el

precio de mercado de las mercancías como consecuencia de una abun-
dante oferta o de una demanda reducida o del aumento en el valor del
dinero, un fabricante acumula una cantidad desacostumbrada de mer-
cancías acabadas, que él no quiere vender a los precios muy reducidos.
Para efectuar sus pagos usuales, para los que él estaba acostumbrado
a depender de la venta de sus mercancías, él intenta tomar dinero a
crédito y tiene que pagar a menudo un interés creciente. Este fenóme-
no es de duración temporal exclusivamente... También el aumento de
dinero, abuso de prácticas bancarias, a pesar de que finalmente hacen
subir los precios de las mercancías, actúan en un intervalo determinado
sobre el interés. El precio de los títulos estatales no es ningún criterio
seguro para el tipo de interés. En tiempo de guerra se produce una
tal sucesión de préstamos y un tal efecto mediante la anticipación de
los acontecimientos políticos, que el precio del capital no puede fijarse
en ningún momento a un precio justo. En tiempo de paz ocurre a la
inversa; el precio del capital sube y su interés desciende consiguiente-
mente bajo el precio de mercado como consecuencia del fondo de amor-
tización, de la falta de inclinación de diferentes personas a sustraer sus
fondos a esta utilización usual, que ellos consideran segura y en el que
son pagados dividendos regularmente. El gobierno paga entonces dife-
rente interés por fondos diferentes. A menudo se vende 100 de capital
a 5 % por 95 libras, mientras que bonos del tesoro de 100 libras,
que sólo producen un interés de 4 libras, 11 chelines y 3 peniques se
venden a 100 libras y 5 chelines, porque una parte de estos bonos del
tesoro son exigidos por los banqueros como inversión más segura y ne-
gociable (págs. 349-352).*"”

Acerca del ingreso bruto y neto

A. Smith enaltece constantemente las ventajas que un país deriva de
un gran ingreso bruto más que de un gran ingreso neto (y de abí la
utilización de la mayor parte del capital o del capital en general en
la agricultura). (Al contrario Ricardo.) (Y de ahí también la jerarquía
que A. Smith establece entre las industrias útiles: agricultura, manu-
factura, finalmente el capital invertido en el comercio de exportación...)
Todo el producto de un país se divide en tres porciones: una parte
destinada a los salarios, la otra a los beneficios y la tercera a la renta
de la tierra. Únicamente de estas dos últimas porciones pueden ser
hechas deducciones para impuestos o ahorros. Para un poseedor de
20.000 libras de capital es indiferente, si sus beneficios anuales son
2.000 libras, el utilizar 100 o 1.000 hombres, o el vender las mercan-

*173 (349-352), en el manuscrito: (págs. 338-352).

cías producidas a 10.000 o 20.000 libras. ¿No es similar el interés real
de una nación? Si su ingreso neto real, rentas y beneficios son los mis-
mos, es indiferente si la nación se compone de 10 o 12 millones de
habitantes. Su capacidad de mantener flotas y armadas y toda clase de tra-
bajo productivo, tiene que estar en proporción a su ingreso neto y no
a su ingreso bruto. Si 5 millones de hombres pudieran producir los
alimentos y vestidos necesarios para 10 millones, los vestidos y ali-
mentos para 5 millones sería el ingreso neto. Qué ventaja existiría en-
tonces, si fueran necesarios 7 millones para producir el mismo ingreso
neto, es decir, si 7 millones de hombres produjeran alimentos y vestidos
para 12 millones... La utilización de un número mayor de hombres no
nos capacitaría ni para añadir un solo hombre a nuestro ejército o
nuestra armada, ni para contribuir una guinea más a nuestros impuestos
(págs. 415-417). En la distribución de las ocupaciones entre todos los
países, el capital de las naciones más pobres es utilizado naturalmente
en aquellas operaciones, en las que es mantenido en el país una gran
cantidad de trabajo, ya que en tales países los alimentos y productos
necesarios para una población creciente pueden ser fácilmente obteni-
dos. En los países ricos ocurre a la inversa; siendo los alimentos caros,
el capital, si el comercio es libre, tenderá naturalmente a invertirse en
las operaciones en las que se requiere mantener en el país la cantidad
más pequeña de trabajo: tales como el comercio de transporte, comer-
cio con los países extranjeros más alejados, en industrias en las que se
requiere maquinaria costosa: negocios en los que los beneficios están
en proporción al capital utilizado y no al trabajo manual empleado
(pág. 418).

Es importante distinguir entre la renta bruta y la renta neta, pues
todos los impuestos tienen que ser pagados a partir de la renta neta
de la sociedad. Supongamos que todas las mercancías en el país, todo
el trigo, materia prima, mercancías fabricadas, etc., que son traídas
al mercado a lo largo del año, valen 20 millones, y que, para obtener
este valor, es necesario el trabajo de un número determinado de hom-
bres y que las necesidades absolutas de estos trabajadores requieren
unos gastos de 10 millones. De esto no se sigue, que los trabajadores
sólo deban recibir 10 millones de su trabajo; podrían recibir 12, 14 o
15 millones del ingreso bruto.*”* El resto sería distribuido entre los
propietarios de la tierra y los capitalistas; pero el ingreso neto total
no excedería los 10 millones. Si una tal sociedad paga 2 millones en
impuestos, su ingreso neto quedaría reducido a 8 millones (págs. 512,
513).

e.

*114 ingreso bruto, en el manuscrito: ingreso neto.

Impuestos sobre los beneficios

Los impuestos sobre los objetos de lujo sólo recaen sobre aquellos que
los utilizan, sobre los consumidores. Los impuestos sobre los productos
necesarios, en la medida en que hacen subir los salarios, no sólo recaen
sobre el dador de trabajo como consumidor, sino que alteran también
la tasa de beneficio (pág. 231). Un impuesto parcial sobre los beneficios
eleva el precio de la mercancía sobre la que recae... Si se estableciera
un impuesto en proporción a los beneficios en todas las ramas de la
producción, todas las mercancías subirían de precio. Si la mina, que
suministra el patrón de nuestro dinero, estuviera también en el país,
y si los beneficios del propietario de la mina también fueran gravados
por el impuesto, entonces no subiría el precio de ninguna mercancía...
Si no se establece ningún impuesto sobre el oro, y éste conserva, por
lo tanto, su valor, el impuesto recae por igual sobre beneficios iguales
de capitales iguales. Si el impuesto es de 100 libras, los sombreros, el
paño y el trigo aumentarían de valor en 100 libras. Si el fabricante
de sombreros gana 1.100 libras con sus sombreros en lugar de 1.000 li-
bras, y si paga al gobierno 100 libras de impuesto, entonces tiene
1.000 libras para gastarlas en su propio consumo. Pero puesto que el
paño, el trigo y todas las demás mercancías han subido de precio por
el mismo motivo, él no recibe ahora, por sus 1.000 libras, más que lo
que antes recibía por 910, y de esta forma contribuye mediante sus
menores gastos a las exigencias del Estado; mediante el pago de los
impuestos, habrá puesto a disposición del gobierno una parte del pro-
ducto de la tierra y del trabajo del país, en lugar de consumir esta
porción. Si él, en lugar de gastar estas 1.000 libras, las añade a su ca-
pital, descubrirá con la subida del salario y el coste mayor de la materia
prima y de la maquinaria, que este ahorro de 1.000 libras sólo equivale
a un importe anterior de 910 libras (págs. 231-233). Pero a pesar de
que si el oro no es gravado, suben de precio todas las mercancías, no
suben todas en la misma proporción; tras el impuesto no estarán en
la misma relación en que estaban antes del impuesto... Hemos visto
que dos fabricantes pueden utilizar exactamente el mismo capital y
pueden obtener de él exactamente la misma suma de beneficios, pero
sus mercancías son vendidas a sumas muy diferentes de dinero, según
que los capitales que utilicen sean consumidos o reproducidos de una
manera rápida o lenta. La adición de los impuestos modifica aquí la
relación anterior, bien si se efectúa directamente sobre el ingreso, o
sobre la mercancía misma en proporción al capital utilizado en su pro-
ducción (págs. 234, 235). De esto se sigue, que en un país en el que
existen impuestos, la alteración en el valor del dinero, procedente de
la escasez o la abundancia, no actuará uniformemente sobre los precios
de todas las mercancías... Si, en este caso, todas suben en proporción

al descenso en el valor del dinero, se realizarían beneficios desiguales
(págs. 236, 237).

Maquinaria e impuestos. Influencia sobre los beneficios

El descubrimiento de maquinaria que mejora las manufacturas del país
tiende siempre a aumentar el valor relativo del dinero y, en conse-
cuencia, a favorecer su importación. Por el contrario, todos los impues-
tos, todas las mayores dificultades, bien para el fabricante o el productor
de mercancías, tienden a disminuir el valor relativo del dinero y, en
consecuencia, promueven su exportación (págs. 243, 244).

Impuestos sobre otras mercancías en cuanto materias primas

Toda mercancía particular sobre la que se fija un impuesto aumenta en
precio por el importe del impuesto (pág. 281). Para gastos de guerra, por
ejemplo, son tomados a préstamo 20 millones. Éstos son gastados. Son
sustraídos al capital productivo del país. Los impuestos anuales de
1 millón para pagar los intereses de esta deuda, constituyen exclusiva-
mente un desplazamiento, una transmisión de aquellos que lo pagan a
aquellos que los reciben, de los obligados al pago del impuesto a los
receptores del mismo. El gasto real son los 20 millones y no el interés
que hay que pagar por ellos. El interés puede ser pagado o no; el país
no es ni más rico ni más pobre. El gobierno habría podido también
exigir los 20 millones en la forma de impuestos de una vez, para pagar
la deuda. Esto no modifica en nada la naturaleza de la transacción
(págs. 282, 283). (Pero de esta forma se llega al resultado de que aque-
llos que le prestan dinero al gobierno, no prestan su dinero sino el de
los obligados al pago del impuesto, y de que están más o menos exento
del impuesto, siendo toda la transacción, por lo tanto, pura apariencia.
Pero, se dirá, que los impuestos que recargan el precio de las mer-
cancías afectan a todo el mundo, en la medida en que es consumidor o
dador de trabajo. Y todo poseedor es con seguridad uno de ambos. Pero,
en primer lugar, podemos suponer, que el dador de trabajo no presta
nunca, sino que toma siempre dinero a préstamo. Ésta es la regla ge-
neral. ¿Cómo se podría de lo contrario reproducir el capital de un país?
¿Si la masa de dadores de trabajo que constituye quizá proporcional-
mente 1/3 utilizara su propio capital de forma improductiva, en lugar
de utilizar de manera productiva el capital de los no industriales? Por
lo tanto, desaparece el casus 1: El dador de trabajo. Sólo queda el con-
sumidor. En segundo lugar, si el prestamista es avaricioso o consume
sus dividendos en el extranjero, entonces soporta una parte pequeña, o
ninguna en absoluto, del aumento de precios en cuanto consumidor. Él

simplemente ha obligado a los demás ciudadanos que han de pagar los
impuestos a prestar 1.000, 2.000, etc., libras al gobierno, para una
guerra, por ejemplo, contra la revolución, a pesar de que ellos pueden
ser contrarios a esta guerra. El prestamista no está, por lo tanto, obli-
gado a pagar ni un céntimo del dinero que él le presta al gobierno. El
sólo le presta al gobierno el dinero del profanum vulgus. Pues el con-
sumo de este sujeto no está en ninguna relación con la suma del pro-
ducto anual de la nación, que él discrecionalmente ha puesto a dispo-
sición del gobierno. De qué manera se distribuye esta suma, cómo
incide el impuesto y eleva de forma desigual los precios, es puramente
casual y, tan pronto como la cosa ocurre en masa, tiene que recaer sobre
las mercancías consumidas por la masa de la población, es decir, pre-
cisamente sobre aquellas mercancias que el prestamista consume menos
ex profeso. La gente para la que el préstamo no es ningún negocio,
sino medio de subsistencia, no es tomada en consideración aquí. Por
último, tras una guerra, etc., desciende el precio de todo, tanto el trigo
como las mercancías manufacturadas, por causas que no han de ser des-
arrolladas aquí. Por lo tanto, el recargo del impuesto sobre la mercancía
—el cual es puramente nominal para una carga tributaria que confisca
todo— se transforma en lo contrario. Todas las mercancías descienden
en su precio en dinero. De esta forma el prestamista sólo recibe anual-
mente el capital prestado (la deuda pública perpetua le devuelve una
cantidad superior a la del capital con los intereses y beneficios usua-
les), sino que aumenta su capital tanto desde un punto de vista cuali-
tativo como cuantitativo. El acreedor del Estado no sólo presta el di-
nero de los demás, sino que lo presta además en las condiciones más
ventajosas para él, en condiciones en las que aquéllos no lo habrían
prestado nunca. Éstos pagan y a él le es reembolsado. El prestamista
ba establecido un impuesto sobre la nación, impuesto del que él se ha
eximido por completo o en gran parte, y que lo utiliza como fuente
de ingreso. Desde el punto de vista del radicalismo burgués una nación
no está, por lo tanto, obligada desde un punto de vista económico a
pagar la deuda pública. Desde un punto de vista revolucionario «il n'en
faut pas parler».)

Ricardo opina: si el gobierno no exigiera inmediatamente y de una
vez pagar las 2.000 libras, y en su lugar exigiera pagar 100 libras anual-
mente, quizá me vea obligado, en lugar de echar mano a mi propio
capital productivo, a tomar prestadas las 2.000 libras (págs. 283, 284)
y a pagar al prestamista privado las 100 libras de interés anual. El que
se lo pague a él o al gobierno ¿quelle difference? Ricardo responde:
«Es mediante los gastos excesivos del gobierno, y de los individuos, y
mediante los préstamos, como se empobrece a un país» (págs. 285,
286). Mais, mon cher, qu'est-ce qui vous donne la garantie, que le
gouvernement, levant en une seule fois, mille fcs. pour cent sur chaque
individu, aurait réussi? ¿Quién le da los medios para «gastos exce-

sivos» sino los financieros, que saben por anticipado que no sólo no
pierden sino que ganan prestando el dinero del resto de la nación que
no les pertenece?

Las deudas públicas han de ser consideradas naturalmente desde
otro punto de vista.

Ningún fondo de amortización puede disminuir la deuda si no es
extraído del exceso de los ingresos públicos sobre la renta pública (pá-
gina 288). El capital del propietario de acciones (stockholder) no puede
ser hecho productivo nunca; en realidad no es capital. (Por lo tanto,
pura ficción.) Si él vende sus acciones, para utilizar el capital obtenido
a cambio de ellas de forma productiva, sólo puede hacer esto separando

el capital del comprador de sus acciones de una utilización productiva
(pág. 289).

Impuesto pagado por el productor (págs. 456-459)

No contiene más que algunas observaciones contra Say y Sismondi
sans conséquence.

Impuesto sobre las casas

Además del oro hay otras mercancías cuya cantidad no puede ser re-
ducida de forma rápida; todo impuesto sobre ellas recaerá, por lo tanto,
sobre los propietarios, si el aumento del precio debiera disminuir la
demanda. Los impuestos sobre las casas son de este tipo. Á pesar de
que son cargados al arrendatario recaen a menudo sobre el propietario
mediante la disminución de la renta. El producto de la tierra, como
el de las fábricas, es consumido y reproducido anualmente y lo mismo
ocurre con otras muchas mercancías; puesto que ellas pueden ser pues-
tas rápidamente al nivel de la demanda, no pueden estar durante mucho
tiempo por encima de su precio natural. Pero un impuesto sobre las
casas puede ser considerado como una renta adicional pagada por el
arrendatario; de ahí su tendencia a disminuir la demanda de casas de
la misma renta anual, sin disminuir su oferta. La renta descenderá, en
consecuencia, y una parte del impuesto será pagado por el propietario

(pág. 226).
## VI) Sobre los impuestos
Los impuestos recaen sobre el capital o sobre la renta
Los impuestos son pagados en última instancia por el capital o por

la renta de un país... Si la producción anual de un país sobrepasa su
consumo anual, aumenta su capital; si no equivale por lo menos al con-

sumo, disminuye su capital. El capital puede ser, en consecuencia,
aumentado mediante una mayor producción o mediante un consumo
no productivo menor. Depende, por lo tanto, de si la mayor producción
corresponde al consumo del gobierno, o de si es correspondida por un
consumo menor por parte del pueblo, el que los impuestos recaigan
sobre la renta y no afecten al capital nacional o, en el caso inverso,
recaigan sobre el capital y disminuyan de esta manera el fondo destinado
al consumo productivo. Toda la producción de un país es consumida;
pero existe la máxima diferencia, si es consumida por aquellos que la
reproducen, o por aquellos que reproducen otro valor. Cuando decimos
que se ahorra renta y que es añadida al capital, queremos decir que es
consumida por trabajadores productivos en lugar de por trabajadores
improductivos... En la proporción en que disminuya el capital de un
país disminuirá su producción y, por lo tanto, si el gobierno y el pueblo
consumen de manera improductiva, juntamente con una producción anual
constantemente menor se pierden los recursos, etc. Al inmenso gasto
del gobierno inglés en la guerra continental correspondió una produc-
ción más que creciente por parte del pueblo... Todos los impuestos tienen
la tendencia de. detener la capacidad de acumulación... Si afectan al
capital, frenan de forma directa la industria productiva. Si afectan
a la renta, o bien disminuyen la acumulación, o bien obligan a los con-
tribuyentes a ahorrar el importe de los impuestos, efectuando la co-
rrespondiente disminución de su consumo improductivo anterior de los
artículos necesarios o de lujo... Los impuestos sobre el capital pueden
recaer también sobre la renta, si hago disminuir proporcionalmente mis
gastos (págs. 162-168). Los impuestos bajo cualquier forma nos ofrecen
una elección entre males; si no actúan sobre el beneficio y otras fuentes
de ingreso, tienen que actuar sobre el gasto; y si suponemos que la
carga es soportada uniformemente y no impide la reproducción, entonces
es indiferente sobre quién recae... El avaro puede sustraerse a los im-
puestos sobre el gasto, pero no a los impuestos sobre el beneficio, sean
directos o indirectos... Si tengo una renta anual de 1.000 libras y si
tengo que pagar 100 libras de impuestos, es indiferente si pago directa-
mente de mi renta, con lo que me quedan solamente 900 libras, o si
pago 100 libras más por las mercancías agrícolas o por los bienes ma-
nufacturados (págs. 184, 185). Todo aquello que aumenta el valor de
cambio de las mercancías demandadas de manera muy general, desanima
el cultivo y la producción, pero éste es un mal inseparable de toda im-
posición... Todo impuesto nuevo supone una nueva carga sobre la pro-
ducción y aumenta el precio natural. Una parte del trabajo del país que
antes estaba a disposición del contribuyente es puesta ahora a disposi-
ción del Estado, y no puede ser utilizada, en consecuencia, de manera
productiva (pág. 206). Un impuesto parcial sobre los beneficios no recae
nunca sobre la rama de la industria sobre la que es fijado, pues el fa-
bricante o abandonará dicha rama, o se resarcirá del impuesto (pág. 210).

La imposición no puede ser aplicada nunca de manera tan uniforme,
como para actuar en la misma proporción sobre el valor de todas las mer-
cancías y mantenerlas al mismo valor relativo (pág. 276). Los impuestos
sobre los productos necesarios no tienen ninguna desventaja particu-
lar. Los beneficios son ciertamente disminuidos, pero únicamente por
el importe de la parte del impuesto del trabajador, que tiene que ser
pagada en cualquier caso o por su empleador o por el consumidor del
producto del trabajo del trabajador (pág. 384)).

Precio mayor de las mercancias por los impuestos y dinero

No es necesario más dinero para hacer circular la misma cantidad de
mercancías, cuyo precio ha aumentado por los impuestos y no por la
dificultad de su producción. Si sube el precio de las mercancías, entonces
consumo una cantidad menor por el mismo precio. El resto es consumido
por el gobierno. Éste recibe el dinero, requerido para ello, mediante
los impuestos sobre la mercancía particular. El fabricante o el arren-
datario agrícola recibe estos impuestos del público. Impuesto oculto
en especie (nota págs. 242, 243).

## VII) Del Prólogo (Comienzo del Libro)

El producto de la tierra —todo lo que se extrae de su superficie me-
diante la aplicación aunada del trabajo, maquinaria y capital — es dis-
tribuido entre las tres clases de la comunidad, a saber: el propietario
de la tierra, el propietario del capital necesario para su cultivo y el tra-
bajador mediante cuyo trabajo aquélla es cultivada. Pero en diferentes
estadios de la sociedad las proporciones de todo el producto de la tierra,
que serán atribuidas a cada una de estas tres clases, bajo los nombres
de renta de la tierra, beneficio y salario, son esencialmente diferen-
tes; dependen fundamentalmente de la fertilidad real del suelo, de la
acumulación de capital y de la población, y de la destreza, ingeniosidad
e instrumentos empleados en la agricultura. Determinar las leyes que
regulan esta distribución es el problema principal de la Economía Po-
lítica (Prefacio. Comienzo).

## DE LOS MANUSCRITOS DE 1857/1858

[Bastiat y Carey] . . . . . . .. . +... +. . págs. 373-383

Estos apuntes, que constituyen el fragmento más temprano del
manuscrito de 1857/1858, fueron escritos en julio de 1857. El texto
se extiende sobre' las siete primeras páginas de aquel cuaderno, que,
como parte constitutiva del manuscrito de las «Lineas Fundamenta-
les», recibió a finales de noviembre de 1857 la denominación Cua-
derno III.

Índice de los 7 cuadernos (de la primera parte) . . págs. 385-395

Este indice lo escribió Marx en la primera mitad de julio de 1858
(véase MEGA III/2, pág. 321u.wm), después de haber detenido
el trabajo en el último de los siete cuadernos de las «Líneas
Fundamentales». El «Índice» se encuentra al final del Cuaderno con
la Introducción.

[Del cuaderno III del Manuscrito]

(Bastiat y Carey)
Bastiat. Harmonies Économiques. 2 édition. París 1851.

Avantpropos

La historia de la economía política moderna acaba con Ricardo y Sis-
mondi: contradicciones de las que habla el uno en inglés y el otro en
francés —exactamente igual que a finales del siglo xvii comienza con
Petty y Boisguillebert. La literatura de economía política: posterior se
pierde o bien en compendios eclécticos, sincréticos, como, por ejemplo,
la obra de J. St. Mill; o en la elaboración más profunda de algunas
ramas, como, por ejemplo, la «History of Prices» de Tooke y, en gene-
ral, los escritos ingleses recientes sobre la circulación —la única rama
en la que se han hecho descubrimientos realmente nuevos, ya que los
escritos sobre colonización, propiedad de la tierra (en sus diferentes
formas), población, etc., sólo se diferencian realmente de los antiguos
por la mayor abundancia de material, o en la reproducción de antiguas
cuestiones económicas discutidas para un público más extenso y en la
solución práctica de cuestiones actuales, como los escritos sobre el libre
comercio y proteccionismo, o finalmente, en elucubraciones tendencio-
sas sobre las directrices clásicas, uma relación en la que están, por
ejemplo, Chalmers respecto de Malthus y Giilich*"* respecto de Sis-
mondi, y hasta cierto punto MacCulloch y Senior en sus primitivos
escritos respecto de Ricardo. Es por completo una literatura de epí-
gonos, de reproducción, de un superior perfeccionamiento en la forma,
de una más amplia apropiación de la materia, de poner el acento en
determinados puntos, de popularización, de síntesis, de elaboración
de detalles; ausencia de fases de desarrollo esenciales y decisivas; re-

1 Cfr. J. Sr. MiLL, Principles of Political Economy, etc. In two volumes.
London 1848.

*195  Giilich, en el manuscrito: Júlich.

gistro del inventario por una parte, aumento de las cuestiones particula-
res por otra. Únicamente los escritos de Carey, el yanquee, y de Bas-
tiat, el francés, el último de los cuales concede que se basa en el prime-
ro, constituyen aparentemente una excepción.? Ambos comprenden que
la contraposición frente a la economía política —el socialismo y el
comunismo— encuentra su presupuesto teórico en las obras de la propia
economía clásica, y especialmente en Ricardo, que tiene que ser consi-
derado como su expresión última y más acabada. Ambos consideran,
por lo tanto, necesario atacar como un error la expresión teórica que
la sociedad burguesa ha alcanzado históricamente en la economía mo-
derna, y demostrar la armonía de las relaciones de producción allí donde
los economistas clásicos mostraban de forma ingenua su antagonismo.
El entorno nacional completamente diferente, e incluso contradictorio,
a partir del cual ambos escriben, no deja por ello de impulsarles hacia
los mismos esfuerzos. Carey es el único economista norteamericano ori-
ginal. Pertenece a un país en el que la sociedad burguesa no se ha des-
arrollado sobre la base del sistema feudal, sino que ha comenzado a
partir de sí misma; en el que la sociedad burguesa no se presenta como
el resultado superviviente de un movimiento de siglos, sino como el
punto de partida de un nuevo movimiento; en el que el Estado, a di-
ferencia de todas las formaciones nacionales anteriores, estaba subordi-
nado desde el principio a la sociedad burguesa y a su producción y
nunca pudo tener la pretensión de constituirse en un fin en sí mismo;
en el que, finalmente, la misma sociedad burguesa, al combinar las
fuerzas productivas de un mundo viejo con el inmenso terreno natural
de un mundo nuevo, se ha desarrollado en dimensiones desconocidas
hasta la fecha y en una libertad de movimiento asimismo desconoci-
da, y ha superado de lejos todo el trabajo anterior en el dominio
de las fuerzas de la naturaleza; y en el que, finalmente, las contra-
dicciones de la propia sociedad burguesa se presentan exclusivamen-
te como momentos evanescentes. ¿Qué puede ser más natural, que el
hecho de que las relaciones de producción bajo las cuales se ha des-
arrollado este inmenso nuevo mundo de forma tan rápida, tan sor-
prendente y tan feliz, sean consideradas por Carey como las relaciones
normales y eternas, las cuales en Europa, especialmente en Inglaterra,
que para él es en realidad Europa, están únicamente frenadas y obstacu-
lizadas por las poderosas barreras del período feudal?, ¿qué puede ser
más natural, que el hecho de que para Carey estas relaciones se pre-
senten como relaciones analizadas, reproducidas y generalizadas por
los escritores ingleses sólo de forma desfigurada y falsificada, en la
medida en que confunden las perversiones ocasionales de las mismas
con su carácter inmanente? Relaciones americanas frente a relaciones

2 Cfr. F. Bastiat, Harmonies Économiques, etc. Paris 1851, pág. 364 nota.

inglesas: a esto se reduce su crítica de la teoría inglesa de la propiedad
de la tierra, del salario, de la población, de las contraposiciones de cla-
ses, etc. La sociedad burguesa no existe en Inglaterra de forma pura, de
forma correspondiente a su concepto, de forma adecuada a sí misma.
¿Cómo podían ser los conceptos de los economistas ingleses de la so-
ciedad burguesa la expresión verdadera y límpida de una realidad, que
no conocían? La acción perturbadora de influencias tradicionales, que no
proceden del seno de la propia sociedad burguesa, se reduce en última
instancia para Carey a la influencia del Estado sobre la sociedad bur-
guesa, a sus abusos e intromisiones. El salario, por ejemplo, crece de
forma natural con la productividad del trabajo. Si observamos que la
realidad no se corresponde con esta ley, basta con prescindir, bien sea
en el Indostán bien en Inglaterra, de la influencia del gobierno, de los
impuestos, monopolios, etc. Las relaciones burguesas consideradas en
sí mismas, es decir, prescindiendo de las influencias del Estado, con-
firmarán siempre en realidad las leyes armónicas de la economía bur-
guesa. En qué medida estas influencias del Estado, deuda pública, im-
puestos, etc., proceden de las mismas relaciones burguesas —y, por lo
tanto, en Inglaterra, por ejemplo, no se presentan en modo alguno
como resultados del feudalismo, sino más bien como resultados de
su disolución y superación, y en Norteamérica mismo el poder del go-
bierno central crece con la centralización del capital — no lo investiga
naturalmente Carey. Así pues, mientras Carey hace valer frente a los
economistas ingleses la potencia superior de la sociedad burguesa en
Norteamérica, Bastiat hace valer frente a los socialistas franceses la po-
tencia inferior de la sociedad burguesa en Francia. ¡Los socialistas pien-
san que se rebelan contra las leyes de la sociedad burguesa en un país en
el que no se ha permitido nunca que estas leyes se realicen! Los socia-
listas sólo las conocen en la forma francesa atrofiada, y consideran como
forma inmanente de las mismas lo que sólo es su caricatura nacional-
francesa. Mirad a Inglaterra. En Francia hay todavía que liberar a la
sociedad burguesa de las cadenas que le ha puesto el Estado. Vosotros
sólo queréis aumentarlas. Producid primero las relaciones burguesas de
forma pura y después hablamos de nuevo. (Bastiat tiene razón en la
medida en que en Francia, como consecuencia de su peculiar configura-
ción social, pasan por socialismo algunas cosas que en Inglaterra son
economía política.)

Carey, sin embargo, cuyo punto de partida es la emancipación ame-
ricana de la sociedad burguesa del Estado, acaba afirmando el postulado
de la intervención del Estado, a fin de que el desarrollo puro de las
relaciones burguesas, como han tenido lugar en América, no sea pertur-
bado por influencias desde el exterior. Carey es proteccionista, mien-
tras que Bastiat es librecambista. La armonía de las leyes económicas
se presenta en todo el mundo como ausencia de armonía, y los comien-
zos de esta ausencia de armonía sorprenden a Carey incluso en los

Estados Unidos. ¿De dónde procede este fenómeno singular? Carey
lo explica a partir de la intervención destructora de Inglaterra en el
mercado mundial con su tendencia a obtener el monopolio industrial.
Originariamente las relaciones inglesas han sido trastornadas en el in-
terior por las erróneas teorías de sus economistas. En la actualidad, en
cuanto poder dominante en el mercado mundial, Inglaterra disloca la
armonía de las relaciones económicas en todos los países del mundo.
Esta ausencia de armonía es una ausencia de armonía real, y no una
ausencia de armonía basada exclusivamente en la concepción subjetiva
de los economistas. Lo que representa Rusia desde el punto de vista -
político para Urquhart, lo representa Inglaterra desde el punto de vis-
ta económico para Carey. La armonía de las relaciones económicas se
basa, según Carey, en la cooperación armónica de la ciudad y el campo,
de la industria y la agricultura. Esta armonía fundamental que Ingla-
terra ha disuelto en su interior, la destruye mediante su competencia
en todas partes en el mercado mundial y se convierte de esta manera
en el elemento destructor de la armonía general. Únicamente los im-
puestos de aduana pueden constituir una protección contra este elemento
destructor —es decir, la obstrucción nacional forzosa de esta fuerza
destructora de la gran industria inglesa. El último recurso de las «Har-
monies économiques» es, por lo tanto, el Estado, que originariamente
había sido tildado de único perturbador de dichas armonías. Por una
parte Carey expresa aquí de nuevo el desarrollo nacional determinado
de los Estados Unidos, su contraposición a y su competencia con In-
glaterra. Esto ocurre en la forma ingenua en que él propone a los Es-
tados Unidos destruir la industrialización propagada por Inglaterra me-
diante el desarrollo más rápido de dicha industrialización en los Estados
Unidos a través de protecciones aduaneras. Prescindiendo de esta in-
genuidad, la armonía de las relaciones de producción burguesas acaba
en Carey en la ausencia más completa de armonías de dichas relacio-
nes, allí donde ellas se presentan en el terreno más grandioso, en el
mercado mundial, y en el desarrollo más grandioso, en cuanto relaciones
entre naciones productoras. Todas las relaciones que le parecen armó-
nicas dentro de determinadas fronteras estatales o en la forma abstracta
de relaciones generales de la sociedad burguesa —concentración de
capital, división del trabajo, trabajo asalariado, etc.—, le parecen rela-
ciones no armónicas cuando se presentan en su forma más desarrollada
——<n su forma en el mercado mundial —, como relaciones internas pro-
ducidas por el dominio inglés sobre el mercado mundial y que, en
cuanto influencias destructoras, son la consecuencia de este dominio.
Es armónico, por ejemplo, el hecho de que dentro de un país la pro-
ducción patriarcal le deje el lugar a la producción industrial, y el pro-
ceso de disolución que acompaña a este desarrollo sólo es aprehendido
desde este lado positivo. Pero se convierte en no armónico, si la gran
industria inglesa disuelve la producción nacional extranjera patriarcal,

pequeñoburguesa o que se encuentra en cualquier otro estadio inferior.
La concentración del capital dentro de un país y el efecto disolvente
de esta concentración sólo presenta para él aspectos positivos. Pero el
monopolio del capital inglés ya concentrado y sus efectos disolventes
sobre los capitales nacionales más pequeños de otros pueblos es algo
no armónico. Lo que Carey no ha comprendido es que estas ausencias
de armonía en el mercado mundial sólo son las expresiones adecuadas
en última instancia de las ausencias de armonía que se han fijado en las
categorías económicas como relaciones abstractas, o que poseen una
existencia local en su volumen más pequeño. No es de extrañar que
Carey olvide, por otra parte, el contenido positivo —único aspecto
que él examina en las categorías económicas en su forma abstracta, o
en las relaciones reales dentro de determinados países a partir de las
cuales son abstraídas— de estos procesos de disolución en su forma de
manifestación plena, en su forma de manifestación en el mercado mun-
dial. Allí donde las relaciones económicas se le enfrentanven su verdad,
es decir, en su realidad universal, Carey pasa de su optimismo por prin-
cipio a un pesimismo denunciador e irritado. Esta contradicción cons-
tituye la originalidad de sus escritos y le da su significado. Él es ame-
ricano tanto en su afirmación de la armonía dentro de la sociedad
burguesa, como en su afirmación de la ausencia de armonía de las mis-
mas relaciones en su configuración en el mercado mundial. En Bastiat
no hay nada de todo esto. La armonía de estas relaciones es un más
allá, que comienza precisamente allí donde acaban las fronteras francesas
y que existe en Inglaterra y América. Se trata simplemente de la forma
ideal, imaginada, de las relaciones no francesas inglesas y americanas, y
no de las relaciones reales tal como se le enfrentan en su propia tierra.
En consecuencia, mientras para él la armonía no procede en modo alguno
de la abundancia de intuiciones vivas, sino que es más bien el producto
superficial y afectado de una reflexión poco consistente, impaciente y
contradictoria, el único momento de la realidad consiste en él en la
exigencia al Estado francés de abandonar sus barreras económicas. Carey
ve las contradicciones de las relaciones económicas tan pronto como se
presentan en cuanto relaciones imglesas en el mercado mundial. Bastiat
que simplemente se imagina la armonía, sólo comienza a ver su realiza-
ción allí donde se acaba Francia, y en donde entran en competencia
recíproca, liberadas de la vigilancia del Estado, todas las partes consti-
tutivas de la sociedad burguesa nacionalmente separadas. Esta última
armonía —<ue es el presupuesto de todas sus armonías anteriores, ima-
ginadas— es, sin embargo, a su vez un mero postulado, que debe ser
realizado por la legislación sobre libre comercio. En consecuencia, si
Carey, prescindiendo por completo del valor científico de sus investi-
gaciones, posee al menos el mérito de expresar en forma abstracta las
grandes relaciones americanas, y además en contraposición al viejo
mundo, en Bastiat el único trasfondo real es la pequeñez de las rela-

ciones francesas, que asoman por todas partes sus largas orejas en sus
armonías. Este servicio de Bastiat es, sin embargo, superfluo, ya que
las relaciones de un país tan viejo son ya lo suficientemente conocidas,
y lo que menos necesitan es que sean conocidas a través de un tal
rodeo negativo. Carey es, en consecuencia, rico en investigaciones de
buena fe —por llamarlas de esta manera— en la ciencia económica,
como, por ejemplo, sobre el crédito, la renta de la tierra, etc. Bastiat
sólo se ocupa de paráfrasis satisfechas en contraposición a investigaciones
concluyentes; hipocresía du contentement. La generalidad de Carey
es la universalidad yanquee. Francia y China están para él igual de
próximas. En ambos casos, el hombre vive uno en las orillas del Océano
Pacífico y otro en las orillas del Océano Atlántico. La generalidad de
Bastiat consiste en prescindir de todos los países. En cuanto yanquee
auténtico Carey toma una inmensa materia desde todos los lados que
le ofrece el viejo mundo, no para conocer el alma inmanente de esta
tierra, y concederle, en consecuencia, su derecho de vida propiamente
dicha, sino para elaborarla para sus propios fines, para sus tesis abs-
traídas a partir de su punto de vista yanquee, como material indife-
rente, como ejemplos muertos. De ahí su mariposeo por todos los países,
su estadística inmensa y acrítica, su erudición de catálogo. Bastiat, por
el contrario, ofrece una historia fantástica, en la cual su abstracción se
presenta, por una parte, en la forma de razonamiento y, por otra, en
la forma de acontecimientos supuestos, que, sin embargo, no han ocu-
rrido nunca y en ningún lugar, exactamente igual a como el teólogo
trata, por una parte, al pecado como ley del género humano y, por
otra, como la historia del pecado original. Ambos son, por lo tanto,
igualmente ahistóricos y antihistóricos. Pero el momento ahistórico en
Carey es el principio histórico actual en Norteamérica, mientras que
el elemento ahistórico en Bastiat es pura reminiscencia de la manera
francesa de generalización del siglo xvIn1. Carey es, por lo tanto, informe
y difuso; Bastiat afectado y lógico desde un punto de vista formal. Lo
más que produce son lugares comunes, expresados de forma paradójica,
precisados en ciertas facetas. En Carey se trata de un par de tesis ge-
nerales avanzadas en forma de hipótesis. A ellas le sigue un material
desproporcionado, una obra de recopilación como justificante, que en
modo alguno elabora el material de sus tesis. En Bastiat, el único ma-
terial —prescindiendo de algunos ejemplos locales o de algunos fenó-
menos normales ingleses adaptados de forma fantástica— consiste en
las tesis generales de los economistas. La contraposición principal de
Carey es Ricardo, es decir, los modernos economistas ingleses;? la con-
traposición principal de Bastiat son los socialistas franceses.*

Cfr. H. C. Carey, Principles, etc. Part the First, págs. 158-291.
% Cfr. F. Bastiat, Harmonies, etc., págs. 7-11, por ejemplo.

## XIV) Sobre los salarios

Las siguientes son las principales tesis de Bastiat: los hombres tienden
todos hacia la fijeza de sus ingresos, renta fija. [[ Ejemplo auténtica-
mente francés: 1) Todo hombre quiere ser funcionario o hacer que su
hijo sea funcionario (pág. 371).]] El salario es una forma fija de remu-
neración (pág. 376) y, por lo tanto, una forma muy perfecta de asocia-
ción, en cuya forma originaria predomina lo «aleatorio», en la medida
en que «todos los asociados» están sometidos «a todos los riesgos de
la empresa». [[Si el capital asume el riesgo, la remuneración del tra-
bájo se fija bajo el nombre de salario. Si el trabajo quiere asumir per-
sonalmente las consecuencias buenas y malas, la remuneración del ca-
pital se independiza y se fija bajo el nombre de interés (382).]] (Véase
además sobre esta clasificación las págs. 382, 383). Sin embargo, si
originariamente en la condición del obrero predomina el elemento alea-
torio, la estabilidad en el asalariado no está todavía lo suficientemente
asegurada. Es «un grado intermedio el que separa el estado aleatorio
de la estabilidad». Este último estadio es alcanzado mediante «el ahorro
en los días de trabajo de aquello con lo que se han de satisfacer las ne-
cesidades de los días de vejez y enfermedad» (pág. 388). El último es-
tadio se desarrolla a través de las «sociedades de socorros mutuos»
(loc. cit.) y, en última instancia, mediante «la caja de jubilación de los
trabajadores» (pág. 393). (De la misma forma que el hombre partió
de la necesidad de convertirse en funcionario, así también acaba con la
satisfacción de recibir una pensión.)
ad 1. Supongamos que todo lo que dice Bastiat sobre el carácter
fijo del salario es correcto. El hecho de que el salario sea incluido entre
las rentas fijas no nos permite conocer todavía el carácter auténtico
del salario, su determinación característica. Se habría acentuado una
relación del mismo, que le es común junto a otras fuentes de ingreso.
Nada más. Esto ya sería ciertamente algo para el abogado, que pre-
tende defender las ventajas del trabajo asalariado. No sería todavía nada
para el economista, que pretende comprender la peculiaridad de esta
relación en todo su alcance. Fijar una determinación unilateral de
una relación, de una forma económica, construir su panegírico frente
a la determinación opuesta: esta práctica de abogado y apologeta es lo
ue distingue al razonador Bastiat. Pongamos, por lo tanto, en lugar
de salario: carácter fijo de los ingresos. ¿No está s Pie en el carácter fijo de
los ingresos? ¿No le gusta a todo el mundo poder contar con algo se-
guro? ¿Especialmente a todo francés pequeñoburgués y pusilánime?
¿No tiene el hombre siempre necesidad de algo? La servidumbre de la

6 Cfr. F. Bastiat, Harmonies, etc., págs. 370416.

gleba ha sido defendida de la misma forma y quizá con más razón. Po-
dría afirmarse y se ha afirmado lo contrario. Supongamos que se equi-
para el salario a la no fijeza, es decir, a pasar más allá de un punto
determinado. ¿Quién no desea progresar en lugar de permanecer parado?
¿Es malo, por lo tanto, una relación que hace posible las posibilidades
de un progressus burgués in infinitum? El mismo Bastiat hace valer
naturalmente en otro lugar el trabajo asalariado como la no-fijeza. ¿De
qué manera sino a través de la no-fijeza, de las oscilaciones, podría ser
posible para el trabajador dejar de trabajar y convertirse en capitalista,
como quiere Bastiat? El trabajo asalariado es, por lo tanto, bueno, por-
que supone fijeza; es bueno, porque supone la no-fijeza; es bueno,
porque no es ni lo uno ni lo otro, siendo, sin embargo, tanto lo uno
como lo otro. ¿Qué relación no es buena, si es reducida a una determi-
nación unilateral y si ésta es considerada como afirmación y no como
negación? Todo el parloteo interesado, toda la apologética, toda la so-
fística de buen estilo burgués descansa sobre una tal abstracción.

Tras esta observación previa general pasemos a la auténtica cons-
trucción de Bastiat. Observemos de paso simplemente que su aparcero
del país,* el tipo que aúna en su persona la desgracia del trabajador asa-
lariado con la mala suerte del pequeño capitalista, podría sentirse en
realidad feliz, si fuera puesto a salario fijo. La historia descriptiva y
filosófica de Proudhon apenas si alcanza el nivel de la de su contrin-
cante Bastiat. A la forma originaria de la asociación, en la que todos los
asociados comparten los riesgos del azar, sigue, como estadio de la
asociación superior y en el que entran ambas partes de forma volun-
taria, aquella en la que la remuneración del trabajador está fijada. No
queremos llamar aquí la atención sobre la genialidad que presupone
primero por una parte a un capitalista y por otra a un trabajador, para
hacer surgir después mediante un acuerdo entre ambos la relación entre
capital y trabajo asalariado.

La forma de asociación en la que el trabajador está sometido a
todos los riesgos fortuitos de la producción —+en la que todos los pro-
ductores están sometidos de manera uniforme a estos riesgos— y que
precede de forma inmediata, como la tesis a la antítesis, al salario en el
que la remuneración del trabajo obtiene carácter fijo y deviene estable
—<s, como oímos de parte de Bastiat, el estadio en el que la pesca, la
caza y el pastoreo constituyen las formas de producción y de sociedad
dominantes. En primer lugar, el pescador, cazador y pastor vagabundo,
y después el trabajador asalariado. ¿Dónde y cuándo se ha producido
esta transición histórica del estadio semisalvaje al estadio moderno? A
lo sumo en Charivari. En la historia auténtica, el trabajo asalariado pro-
cede de la disolución de la esclavitud y de la servidumbre de la gleba

vv

6 Cfr. F. BastriaT, Harmonies, etc., pág. 388.

—o de la destrucción de la propiedad común como entre los pueblos
orientales o eslavos—, y en su forma adecuada que hace época y que
comprende toda la existencia social del trabajo procede de la destruc-
ción de la economía gremial, del sistema corporativo, del trabajo natu-
ral, y del ingreso natural, de la industria desarrollada como rama cam-
pesina secundaria, de la pequeña economía campesina feudal, etc. En
todas estas transiciones históricas auténticas el trabajo asalariado se pre-
senta como disolución, como aniquilación de relaciones en las que el
trabajo estaba fijado desde todos los puntos de vista, en su ingreso, en
su contenido, en su localización, en su volumen, etc. Por lo tanto,
como negación de la fijeza del trabajo y de su remuneración. La tran-
sición directa del fetiche del africano al étre supréme de Voltaire o
del instrumento de caza de un salvaje norteamericano al capital del
Banco de Inglaterra, no es tan absurdamente antihistórica como la tran-
sición del pescador al trabajador asalariado en Bastiat. (En todos estos
desarrollos no aparece además absolutamente nada de modificaciones
voluntarias, que proceden de una coincidencia mutua.) Digna por com-
pleto de esta construcción histórica —en la que Bastiat hace pasar su
abstracción superficial en la forma de un acontecimiento importante—
es la síntesis en la que las sociedades inglesas de socorros mutuos
(friendly societies) y las cajas de ahorro se presentan como la última
palabra del trabajo asalariado y como la supresión de todas las anti-
nomias sociales.

Históricamente, por lo tanto, es la no-fijeza el carácter del trabajo
asalariado: lo contrario a, la construcción de Bastiat. ¿Pero cómo llegó
él en general a la construcción de la fijeza en cuanto determinación del
trabajo asalariado que todo lo compensa? ¿Y cómo llegó él a querer
presentar históricamente el trabajo asalariado en esta determinación como
la forma superior de remuneración del trabajo en otras formas de so-
ciedad y de asociación?

Todos los economistas, tan pronto como quieren expresar la rela-
ción dada de capital y trabajo asalariado, de beneficio y salario y quie-
ren demostrarle al trabajador que él no tiene derecho a participar en
las oportunidades de la ganancia, es decir, quieren en general tranquili-
zarlo sobre su papel subordinado respecto al del capitalista, resaltan que
el trabajador, por contraposición al capitalista, posee un ingreso fijo
más o menos independiente de los grandes riesgos del capital. Exacta-
mente igual a la forma en que Don Quijote consuela a Sancho Panza,
diciéndole que él ciertamente recibe todos los palos, pero no tiene ne-
cesidad de ser valiente. En consecuencia, una determinación que los
economistas le atribuyen al trabajo asalariado en contraposición al be-
neficio, la transforma Bastiat en una determinación del trabajo asa-
lariado en contraposición a formas anteriores del trabajo y en un pro-
greso respecto de la remuneración del trabajo en estas relaciones ante-
riores. Un lugar común que se presenta en la relación dada, y que

sirve para que una parte entretenga con vanas esperanzas a la otra, es
separado por el señor Bastiat de esta relación y convertido en el funda-
mento histórico de su génesis. Los economistas dicen que en la rela-
ción entre salario y beneficio, entre trabajo asalariado y capital, al sala-
rio le corresponde la ventaja de su carácter fijo. El carácter fijo, dice
el señor Bastiat, es decir, uno de los lados en la relación entre el salario
y el beneficio, es la causa histórica de la génesis del trabajo asalariado
(o bien es una determinación que le corresponde al salario no en contra-
posición al beneficio, sino en contraposición a formas anteriores de
remuneración del trabajo), y, por lo tanto, también del beneficio y, por
lo tanto, de toda la relación. De esta forma un lugar común sobre un
aspecto de la relación entre salario y beneficio se transforma para Bas-
tiat bajo cuerda en la causa histórica de toda la relación. Esto ocurre,
porque él está constantemente expuesto al error en su reflexión sobre
el socialismo, que es soñado en todo momento como la primera forma
de asociación. Éste es un ejemplo de la forma tan importante que asu-
men los lugares comunes apologéticos que se desarrollan paralelamente
a los análisis económicos en las manos de Bastiat.

Pero volvamos a los economistas. ¿En qué consiste este carácter fijo
del salario? ¿El salario es fijo de manera inmodificable? Esto contra-
deciría por completo la ley de la demanda y la oferta, el fundamento
de la determinación del salario. Las oscilaciones, el aumento y la dis-
minución del salario no la niega ningún economista. ¿O es que el sala-
rio es independiente de las crisis? ¿O de las máquinas que hacen
superfluo el trabajo asalariado? ¿O de las divisiones del trabajo que lo
desplazan? Afirmar todo esto sería heterodoxo y no es afirmado. Lo
que se quiere decir es que en una cierta medida el salario supone una
magnitud media aproximada, es decir, el mínimo del salario para toda
la clase tan odiado por Bastiat; y que tiene lugar una cierta continuidad
media del trabajo; por ejemplo, puede mantenerse incluso en supuestos
en los que el beneficio desciende o desaparece momentáneamente por
completo. Ahora bien, ¿qué quiere decir esto sino que, una vez presu-
puesto el trabajo asalariado como la forma dominante del trabajo, como
el fundamento de la producción, la clase trabajadora vive del salario, y
el trabajo individual posee por término medio el carácter fijo, de tra-
bajar por un salario? En otras palabras: tautología. Allí donde el ca-
pital y el trabajo asalariado es la relación de producción dominante la
continuidad media del trabajo asalariado existe, en la medida en que
existe el carácter fijo del salario para el trabajador. Allí donde existe
el trabajo asalariado, existe su carácter fijo. Y esto es considerado por
Bastiat como su característica que todo lo compensa. Puesto que además
el estado social en el que el capital se desarrolla supone en conjunto
una producción social más regular, más continuada, más multilateral
—y, por lo tanto, unos ingresos más «fijos» para los elementos ocupa-
dos en ella— que en el estado social en el que el capital, es decir, la

producción todavía no se ha desarrollado hasta este nivel, es otra tau-
tología ya dada con el concepto de capital y con la producción que
sobre él se basa. En otras palabras: ¿quién niega que la existencia
general del trabajo asalariado presupone un desarrollo superior de las
fuerzas productivas que la existente en los estadios anteriores al trabajo
asalariado? ¿Y cómo se les ocurriría a los socialistas formular exigen-
cias superiores, si no presupusieran este desarrollo superior de las
fuerzas productivas originado por el trabajo asalariado? Esto último es
más bien el presupuesto de sus exigencias.

Nota. La primera forma en la que aparece el salario de manera
general es el sueldo militar, que se presenta con la desaparición de los
ejércitos nacionales y las milicias de ciudadanos. Primero se les da un
sueldo a los propios ciudadanos. En seguida entran en su lugar asalaria-
dos que han dejado de ser ciudadanos.

2) (Es imposible continuar con todos estos sinsentidos. Abando-
mamos, por lo tanto, al señor Bastiat).

[Del cuaderno M]

ÍNDICE DE LOS 7 CUADERNOS (DE LA PRIMERA PARTE)

[Primera redacción]

1) Valor

I, 12, 13, 20, 21, Ricardo VI, 1, Malthus VI, 13. (A: Smith VI,
17, 18. Valor de uso y valor de cambio (Cuaderno VI, 28 final y 29.
Steuart (VII, 26) (ib.). (1.c.). (VII, 39 Torrens) (VII, 49). Trabajo

simple y trabajo cualificado).

II) Dinero

En general. Transición del valor al dinero (1, 13) (14). Producto
del cambio mismo (I, 14). (I, 14). L 15, 17.

Las tres determinaciones del dinero. VII, 35, 36 (Bailey).

1) El dinero como medida

Mediante la denominación del papel moneda en oro y plata, tanto
si es legalmente convertible como si no lo es, se afirma que tiene que
ser intercambiable por la cantidad de oro o plata que representa. Tan
pronto como no es intercambiable, está depreciado tanto con conver-
tibilidad legal como sin ella. (Cuaderno 1, págs. 8, 9). El oro y la
plata como dinero de cuenta no expresan ningún valor, sino únicamente
partes alícuotas de su propia materia. Su título no es el de un valor:

ellos mismos constituyen su propio denominar. (l. c. pág. 9). (De
ahí que nominalmente sean indepreciables.) Aumento y descenso en
el valor del oro y de la plata. (Cuaderno 1, 10) (VII, 29). A propósito
de la denominación de los valores de forma inmediata en tiempo de
trabajo. (1, 11, 12; 18, 19).

Traducción de la mercancía mentalmente en dinero. Dinero como
dinero de cuenta, como medio de cambio (1, 13). Dinero de cuenta
(Steuart. VII, 26, 27) (Gouge VII, 27) (VII, 30, 31) (32, 33, 34).
Bailey. (VII, 36). Miiller (1. c.). Econ[omist.] (VII, 38).

Asignados. (VII, 35). Los libros de cuenta en Francia. (Garnier.
l c.). El dinero como medida no necesita un valor constante, sino
únicamente la cantidad. (Bailey, VII, 36). Urquhart. VII, 55. Gray
(VII, 57). Fullarton. VII, 61.

2) El dinero como medio de cambio o la circulación simple.
(1, 14, 15, 16) (17). Steuart. (VII, 26).

Moneda (monedas de plata inglesas. 1, 18). (Montanari. VII, 27).
Circulación y patrón monetario. (VII, 29). Moneda subsidiaria. (VII,
36, 37). (ib.). (ib. 38). (Hodgskin. VII, 39).

Privilegio del dinero en la circulación. (VII, 49).

Circulación replegada sobre sí misma a diferencia de la simple
circulación del dinero. Ejemplo. (Econ[omist]. VII, 25). Considera-
ciones generales sobre el tema. (VII, 29).

Valor del dinero. J. St. Mill. VII, 56.

La teoría de J. Mill. VII, 57, 58. Ricardo. VII, 59.

El simple aumento del precio no es suficiente para una demanda
de dinero adicional. (VI, 59. Fullarton).

Contradicción entre el dinero como medio de circulación y como
equivalente. (VII, 61). Determinación inglesa cuando el dinero no
tiene ya plena vigencia. (1. c.). Cantidad de dinero circulante. (VII, 61).

Proporción en la que sirven los diferentes metales en Inglaterra
como dinero. (VII, 32) (Econ[omist]).

D-M más fácil que M-D. (52, VII, Corbet).

3) El dinero como dinero (Cf. 1, 17) (21). (23). (VI, 28). Equi-
valente. (Steuart., VII, 25). Bailey. VII, 35, 36. Atesoramiento (VII,
38). Petición de las Cortes. (VII, 44). (VII, 46).

(El oro y la plata como utensilios. Jacob VII, 59. ib. Fullarton
(VII, 59, 60).

Dinero para los pagos y (Corbet. VII, 52).

Efecto disolvente del dinero (libre comercio. VII, 59).

4) Los metales nobles como soporte del dinero. Montanari. En-
tusiasmo por la «invención» del dinero. (VII, 27).

Bailey. (VII, 36). Cobre, plata, oro. (Buchanan, VII, 37). Newman.
(VII, 47). Galiani (VII, 49). Depreciación del cobre en Roma. (VII,

35).
Depreciación de las diferentes clases de dinero. Morrison VII, 55.

5) La ley de la apropiación tal como se presenta
en la circulación simple

6) Transición del dinero al capital

111) EL CAPITAL EN GENERAL
Transición del dinero al capital
1) El proceso de producción del capital
a) Cambio del capital por la capacidad de trabajo

b) La plusvalía absoluta
(Ricardo. VI, 12). (Trabajo excedente. Steuart. VII, 25 y 26).

c) La plusvalía relativa
d) La acumulación originaria

(Presupuestos de la relación entre el capital
y el trabajo asalariado)

e) Inversión de la ley de la apropiación
(Ricardo VI, 1, 2) (VI, 37, 38).

2) El proceso de circulación del capital

[Segunda redacción]

1) El dinero como medida

Con la denominación del papel moneda en un patrón metálico
(en general en un patrón) su convertibilidad es una ley económica,
tanto si es establecida legalmente como si no lo es. Las cuestiones a
debatir sobre la convertibilidad se convierten, en consecuencia, en
cuestiones exclusivamente teóricas: cómo asegurar esta convertibilidad,
si imponiéndola legalmente o no, etc. (Cuaderno I, pág. 8). De ahí
la teoría del patrón ideal, es decir, de la ausencia de todo patrón en los
partidarios consecuentes de la convertibilidad (pág. 9 ib.) (pág. 10).

Indepreciabilidad nominal del dinero, no por el hecho de que
únicamente exprese un valor auténtico, sino porque no expresa ningún
valor, sino su precio, el llamado precio de la moneda que no es más
que la asignación de un nombre a ciertas cantidades de su propia
materia. (1, 9).

Dinero-trabajo. (1, 11) (12). (VII, 57).

El dinero como valor de cambio de las mercancías que existe
autónomamente junto a ellas, y en el que ellas tienen que ser trans-
formadas. (1, 13). En un elemento cualitativamente diferente. De
esta forma devienen conmensurables. (1, 14). (I, 35).

El valor de cambio de la mercancía en dinero está determinado
por el tiempo de trabajo en ella contenido. (1, 25). 1, 35. (Cómo
ocurre en la práctica. ibid.).

Precio. (1, 35) (36). El dinero como medida sirve siempre como
dinero de cuenta y la mercancía en cuanto precio es transformada
siempre en dinero sólo de manera ideal. (1, 36). (Garnier 1. c.). Esta
transformación ideal no tiene nada que ver con la cantidad de dinero.
(1. c.). (38, 1 Hubbard). Relación de los precios con el valor del
dinero. (I, 37).

El dinero como medida es diferente del dinero como medio de
circulación. (Garnier, Storch 1, 36) (1, 37). (Gouge. Medida en las
colonias americanas. VII, 27). Escocia (VII, 38). (VII, 55. Wilson**").
(Dinero entre los antiguos germanos. Wirth.)

Para el dinero como medida su existencia material es indiferente,
pero en la representación sirve como materia (esencialmente en la re-
presentación, no como determinación al margen de la mercancía). (I,
41, 42) (43). (VII, 29 final) (30, 31 ibid.) (32, 33) (34) (35). Asigna-
dos (35). (Medida ideal).

Patrón ideal del dinero. (Steuart. VII, 26, 27). (VII, 38). Urquhart.
(VII, 55).

Patrón doble. (VII, 29). (VII, 38). (VII, 55).

En cuanto medida el valor del dinero no necesita ser invariable.

(Bailey. VII, 35, 36).
Fijación del dinero de cuenta (Miller, VII, 36) (VII, 38).
Depreciación del patrón. (VII, 55. Morrison).

Causas del aumento del precio de los metales nobles en lingotes
sobre el precio de los metales nobles acuñados. (Fullarton. 1, 55). (VII,
61). (Macleod. 1965 etc., Cuaderno, 2 ss.).'

7 Marx tenía en mente el siguiente pasaje que se encuentra en uno de sus
cuadernos de extractos (de Abril-Julio de 1857 aproximadamente), que se refiere
a MacLeon, The theory and Practice of Banking, etc. London 1855, Volume l,
y que se titula: Sir Josiah Child's: Discourse upon Trade (1698), un plan para
hacer descender el interés por ley.

*15 Probable error por Morrison.

1) Transformación ideal de las mercancías en dinero. De esta for-
ma el dinero se convierte en medida. El valor de cambio de las mer-
cancías se expresa como precio. El dinero se convierte de esta forma en
dinero de cuenta. El tiempo de trabajo es la medida entre el dinero
y la mercancía. Cómo se efectúa esto en la realidad.

2) Cantidad determinada de esta materia; que en cuanto tal es,
por lo tanto, decisiva, pero sólo en cuanto cantidad representada. Su
existencia real en este proceso es indiferente; asimismo lo es la masa
del dinero acumulado. El dinero como medida puede existir indepen-
dientemente del dinero como medio de 'cambio efectivo.

3) En cuanto dinero de cuenta el dinero obtiene una existencia
social general en el precio de la moneda; en lugar de calcular en su
peso real se calcula con su nombre. Este es el precio de la moneda.
Indepreciabilidad aparente del dinero. Depreciación. Revaluación.

4) Las leyes son muy simples.

a) Siel valor del dinero aumenta o disminuye, tiene lugar la dis-
minución o el aumento inverso del precio en dinero de las mercancías.

b) La división tiene que ser fijada, es decir, determinadas cantida-
des tienen que ser siempre portadoras del mismo nombre. Pero en
cuanto medida la modificación del valor del dinero es indiferente. Su
precio en moneda no expresa ningún valor, sino únicamente cantidad.
Este es el patrón fijo.

c) Un metal tiene que ser la medida. No puede existir un patrón
doble.

5) Consideración histórica sobre el patrón ideal. Dinero-trabajo
etcétera.

2) El dinero como medio de cambio
Cuaderno 1, 14, 15, 16 (Primero transformación ideal de la mer-
cancía en dinero; después transformación real). (Transición del dinero
como medida al dinero como medio de cambio).

Poder transcendental del dinero. 1, 15. Carácter accidental de la
intercambiabilidad de las mercancías por dinero (I, 15 final y 16). (Se-
paración de la compra y la venta. (1, 16) (16, 17). El valor de cambio de
las mercancías es una cualidad completamente inherente a las mismas
y al mismo tiempo existe fuera de ellas.

Separación de la compra y la venta. (1, 39). (Posibilidad de una
masa de transacciones aparentes. I, 40). (Status de comerciante, l. c.)
(Germen de las crisis. 1, 39. I, 40). Posibilidad de la división absoluta
del trabajo. (l. c.) (Véase 17, 18.) (I, 40). El dinero sólo tiene que
efectuar 1 cambio, la mercancía 2. (VII, 49). Corbet (VII, 52).

La circulación del dinero y la circulación de las mercancias efectúan
el movimiento inverso. (1, 34) (1, 37). Diferencia entre ambas. El dinero
permanece en la circulación (1, 40) (41). (1, 47). (marchandise se con-
vierte en denrée, el dinero no como medio de circulación).

Naturaleza dispersa de la circulación del dinero. (1, 34). (Diferencia
respecto a la circulación del banco ib.) (VII, 25). Masa de las rotaciones.
En la circulación propiamente dicha el dinero deja de ser mercancía.
(ib.). Circulación del dinero. En la medida en que el dinero es medio
de circulación, él mismo tiene una circulación. (ib.). La mercancía y
el dinero se hacen circular el uno al otro. Momentos que yacen fuera
de la circulación del dinero que la determinan. (l. c.).

Circulación como movimiento total. (1, 38). (Aquí en primer lugar
un proceso social se presenta como una estructura social frente a los
individuos.) Carácter formal de la circulación simple. (II, 16, 17). (VII,
29).

Masa de mercancías y precios. Las mercancías como precios están
presupuestas a la circulación. Como precios no sólo en la mente del
individuo representadas como dinero, sino entre los individuos que
cambian. Partimos de que sólo se cambian equivalentes. Pero la deter-
minación del precio precede siempre al proceso de circulación real.

(I, 34). (Masa del medio de circulación).

Presupuesto de la circulación: en primer lugar, la fijación de los pre-
cios. Presupuesto de las mercancías como determinado precio. En se-
gundo lugar, una totalidad de cambios. (I, 34 final). En cuanto precio la
mercancía se presenta como la existencia particular del valor de cambio
junto al dinero en cuanto la existencia general adecuada del mismo. (I,
37). En realidad el dinero sólo hace circular los medios de propiedad
(títulos de propiedad). (1, 37).

Valor del dinero. El dinero sólo continúa siendo mercancia en
cuanto medio de la circulación. VII, 56 (J. St. Mill). 57. 1. c. Sismondi.

Masa del medio de circulación. (1, 37 final). Depende de la magni-
tud de los precios y de la masa de las transacciones. De la velocidad
(Galiani, VII, 49). (38, 1). Una determinada cantidad es necesaria
para pagos simultáneos, para actos de cambio simultáneos (I, 38).
Contracción y expansión de la circulación. (I, 46). Steuart etc. Locke
etc. (VII, 26). (W. Blake. VII, 29). La teoría de James Mill. (VII,
57,58). Un pasaje sobre la velocidad (Galiani. VII, 49). (VI, 61.
Fullarton). Ricardo. VII, 59.

El dinero como instrumento para hacer circular bienes inmuebles.
(Bray. Libre comercio etc. VII, 59).

La circulación como proceso infinito mal conseguido. (Determina-
ción formal de la misma.) (I, 39). (Germen de la crisis.) (1. c.).

Forma de la circulación. M-D-M

D-M-D (1, 40).

M-DM aquí el dinero es simple medio de cambio de la mercan-
cía. (I, 44). En cuanto tal es indiferente a su materia. (44, 1). El di-
nero deviene representante de sí mismo. (1. c.). (Representa en el total
de la circulación una masa de oro y plata superior a la que realmente
contiene). Diferencia entre el dinero como realizador de los precios
y como medio de circulación. (1. c.). (Representa los precios de unas
mercancías frente a otras). De esta contradicción: efectos de la falsi-
ficación del dinero, del dinero exclusivamente simbólico. (I, 45, 46).
El dinero ¿es o no mercancía? (l. c.) ¿es productivo o improductivo?
(1. c.). (Ferrier, A. Smith) (47). (Solly, 1, 45 ¿Trueque o no? (Medios
de producción. I, 47).

El dinero como realizador del precio o el precio existe fuera de
la mercancía; la mercancía no es puesta quizá como precio etc. (I, 39)
(44) (45). El dinero como medio de circulación sólo existe en cuanto
objeto que ha de ser enajenado. No en cuanto objeto para el consumo.
(II, 4).

Desgaste de las monedas en la circulación. VII, 64, VII, 61.

*% En la página 64 del Cuaderno VII de las Líneas Fundamentales se encuen-
tra el siguiente extracto:

Máquinas para pesar oro

La máquina del señor Cotton... es la más precisa que ha sido construida hasta
el momento para pesar monedas de oro. Ha sido adoptada por el Banco de In-
glaterra. Separa las ovejas de los carneros... En las transacciones entre el Banco
de Inglaterra y el público, la operación de pesar las monedas de oro ha sido

Moneda. (II, 3) (El dinero puesto en la forma de medio de circu-
lación es moneda). (El valor de uso coincide ahora con su determinación
formal). (Storch. VII, 50).

Cambio en el medio de circulación. (Oro, plata, cobre. Monedas
subsidiarias). (VII, 36, 37). (Buchanan, 37). Cantidad excesiva de
cobre. (ib.). (Econ[omist]. VII, 52).

Determinación del valor del medio de circulación mediante la sim-

ple cantidad. (VII, 37) (38). (Opdyke. VII, 49) VII, 61.

un proceso enormemente pesado y fastidioso. Por lo que se refiere a las transac-
ciones entre el Banco y la Casa de la Moneda, la operación no es tan precisa;
pues una vez que han sido pesados con precisión 200 soberanos, el resto es pe-
sado en grupos de 200. A los funcionarios de la Casa de la Moneda les está
permitido desviarse 12 gramos en un volumen de 50 soberanos; pero por lo
general trabajan dentro de los límites de la mitad de este volumen de error; y
si los grupos de soberanos son correctos dentro de los límites prescritos no se
adopta ninguna operación de peso más precisa. Sin embargo, en las transacciones
entre el Banco y el público los asuntos tienen que ser tratados con más detalles.
No satisface en absoluto a Smith saber que si su soberano es de un peso inferior
al normal, el de Brown tiene el peso correcto y el de Jones un peso superior al
normal, de forma tal que en total la estimación del banco es correcta, sino
que cada uno exige que su soberano tenga el peso adecuado... Se dice que
esta máquina detectaría incluso una diferencia de 1/100 de un gramo entre dos
soberanos. Por término medio pasan por el Banco 30.000 soberanos diariamente;
cada máquina puede pesar 10.000 soberanos en 6 horas; y hay 6 máquinas; de
forma tal que el Banco puede pesar todas sus entregas de oro con estos medios,
y tiene capacidad en reserva (...) Entre 1844 y 1846 fueron pesadas 48 millones
de monedas de oro con estas máquinas en el Banco... Estas máquinas le ahorran
al Banco 1.000 libras esterlinas al año en salarios (págs. 19-21) (un niño puede
accionar la máquina, pero ésta juzga por sí misma (pág. 19), y arroja los sobe-
ranos auténticos a un lado y los no auténticos a otro). (El riesgo anterior de
error por parte del individuo encargado de pesar [la «ecuación personal» como
la llamarían los astrónomos] no es igual.) «Un individuo experto en el arte de
pesar podría pesar alrededor de 700 soberanos en una hora con el peso antiguo;
pero el movimiento del aire como consecuencia de la apertura súbita de una
puerta, la respiración de personas cerca del aparato, el cansancio de la mano y
el ojo de la persona encargada de pesar, todo esto conduciría a pequeños erro-
res» (pág. 20). Donp's Curiosities of Industry. London 1854 (Máquinas de calcu-
lar y facturar).

Aspectos curiosos del dinero: «Cuando la sociedad se eleva por encima del
nivel del simple trueque, cualquier objeto evaluado por igual por el comprador
y el vendedor puede convertirse en dinero; ... Uno de los primeros (...) fue el
ganado, ... pero éste es obviamente una moneda (...) no utilizable por pequeños
compradores, ya que desconcertaría al vendedor dar el equivalente de un buey.
Las conchas fueron utilizadas en gran medida como dinero, en India, en las

El dinero como dinero

El dinero como mercancía general. (1, 17).

El dinero como vínculo cosificado de la sociedad. (1, 21). Prenda
social. (Seguridad en Aristóteles). (1, 22).

El dinero como medio general de prostitución. Disolución de las
relaciones. Relación general de utilidad. (I, 23) (24).

Uso del oro como artículo de lujo. (1, 26, véase Jacob, Cuaderno
V, pág. 17. Durante la Edad Media transformación de la plata en
dinero y a la inversa.)

Jacob. Cuaderno IV (pág. 12, t. II) (II, 5).

El dinero como valor imperecedero mediante su relación negativa
frente a la circulación. (VI, 28).

«Dinero: un... equivalente adecuado para cualquier cosa alienable».
Steuart l. c. t. 1, 32.

Mercancía general. Bailey. VII, 35.

Material de la mercancía general en los contratos. (Bailey. VII, 35.
En cuanto tal el cambio de su valor es importante. VII, 36).

Atesoramiento. VII, 38. Atesoramiento. 1, 49 (II, 4) (5) (6).

Petición de las Cortes VII, 44.

islas indias y África; las conchas de cowry tienen el valor de 32 farthing' ingleses.
Nueces, almendras (...), maíz han tenido todos que cumplir funciones de dinero (...)
En los países cazadores, las pieles... la sal... el pescado seco es a menudo el
dinero en Islandia y Terranova; el azúcar ha sido en ocasiones el dinero
en las Indias occidentales» (Doo: The Curiosities of Industry and the Aplied
Sciences. London 1854. Sección: Gold: In the Mine, the Mint, and the Work shop,
pág. 14).

«El oro (...) muy sólido ya pesado; (...) divisible o separable en grado
extraordinario; (...) muy poco afectado por el aire o la humedad, o por el uso
ordinario etc.» (su oferta es muy (...) limitada) (pág. 14).

Desgaste de la moneda de oro por la constante fricción a la que está ex-
puesto (...) Nadie puede decir a dónde van las partículas gastadas... Si se
pierden alguien tiene que soportar la pérdida (...) Un panadero que obtiene
un día un soberano, y se lo da al molinero al día siguiente, no le da el soberano
auténtico; es un soberano de menor peso que el que él recibió (pág. 16)... Según
Jacob (...) cada moneda en Inglaterra soporta anualmente una pérdida por fric-
ción de alrededor de 1/900 (un poco más de un farthing en la libra). En las
monedas de plata se supone que la pérdida es 5 o 6 veces mayor, debido a la
circulación más incesante de la plata que del oro y a la menor capacidad del
metal para soportar la fricción (pág. 17).

Efecto disolvente del dinero. VII, 46. VII, 59.

El dinero como medio de pago internacional. (Fullarton etc. VII,
59, 60, 61).

El dinero como medio de pago, VII, 52. VII, 50. (II, 7).

D-M-D. (1, 40) (41). (1, 47).

El dinero como unidad de medida y medio de circulación sale de
la circulación. Representante material de la riqueza. (1, 41) (42).

Como producto de la circulación. (I, 48).

El dinero como valor de cambio general autonomizado. 1, 48, II, 1.

El dinero como objeto del ansia de enriquecimiento. (II, 1, 2).

Valor de cambio individualizado. 1, 2-3.

Dinero y comunidad. (1, 3).

El dinero en contraposición a la moneda suprime el carácter local.
(II, 3), Moneda mundial (1. c.) (II, 4).

Negación de la determinación del dinero como medida y como
medio de circulación. (II, 4 y unidad del mismo 1. c.).

Apocalipsis. (II, 7).

Dificultad de la comprensión del dinero en su tercera determinación.
(II, 8).

«Con la excepción de los dólares mejicanos en los que se distribuye
el producto de las minas de plata sudamericanas, de los imperiales
rusos en los que el producto de las provincias asiáticas aumenta el
suministro de los metales nobles, y de los soberanos ingleses que no
pagan derecho de acuñación alguno, casos extraños, es por el hecho
de que las monedas son depreciadas por el papel moneda por lo que
son enviadas al extranjero para los pagos internacionales». (Tooke.)”

* Cfr. Th. TooxE, A History of Prices, etc. London 1848, pág. 226 nota.

## FRAGMENTO DEL TEXTO PRIMITIVO DE LA "CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMIA POLÍTICA"

(1858)

[Fragmento del texto primitivo de la Contribución a
la Crítica de la Economía Political . . . . . págs.

El manuscrito al que pertenece este fragmento fue redactado .entre
comienzos de agosto y mediados de noviembre de 1858. El fragmento
comprende dos cuadernos sin fecha, de los cuales uno es designado
con la letra B', mientras que el otro —de acuerdo con las indica-
ciones de Marx en sus «Reseñas de mis propios cuadermos»— se
compone de dos partes, a saber, de las páginas 1-14, que constituyen
el cuaderno B” y de las páginas 16-19, que constituyen el cuaderno B”y1

399-481

*"Valor invariable del dinero

«Como medio de pago —dinero para sí— el dinero debe representar el
valor en cuanto tal; pero en realidad el dinero sólo es una cantidad
idéntica de valor variable.»

### Dinero como dinero (moneda mundial, etc.)

El dinero es la negación del medio de circulación en cuanto tal, de la
moneda. Pero la contiene simultáneamente como su determinación de
forma negativa, en la medida en que puede ser constantemente recon-
vertido en moneda; y de forma positiva la contiene como moneda mun-
dial; si bien en cuanto tal es indiferente a su determinación formal y
es esencialmente mercancía en cuanto tal, mercancía omnipresente, no
determinada localmente. Esta indiferencia se expresa ahora en el hecho
de que sólo es dinero como oro y plata, no como signo indicativo con

*I77 Aquí comienza el cuaderno B'. Sobre la cubierta lleva la inscripción B'
y debajo la siguiente observación:

Cualidad estética del oro

... 0 dé aurum vero
fulgans (ardens) ut ignis
quia ardet in nocte,
eximie inter magnificas
xti peyavopos Efoya Thoótos. divitias.

Xpusos aidóyevoy TOP

“Ate Brampérci vu- -

(Píndaro) *

El oro brilla como el fuego resplandeciente en la noche, sobresaliente entre
la riqueza enaltecedora.

10 Cfr. PInDARI, Carmina. Ad optimorum librorum fidem accurate edita. Editio
Stereotypa, Lipsiae ex officina Car. Tauchnitii, 1819.

la forma de moneda. De ahí que el cuño (fagon) que el Estado le da al
dinero en la moneda, no tenga ningún valor, sino que únicamente tiene
valor su contenido metálico. En cuanto tal mercancía general, en cuan-
to moneda mundial, no es necesario el retorno del oro y de la plata
al punto de partida, ni en general el movimiento de la circulación en
cuanto tal. Ejemplo: Asia y Europa. De ahí el lamento de los partida-
rios del mercantilismo, de que el oro desaparece en las estepas y no
retorna. (El hecho de que la misma moneda mundial entre en circula-
ción y rotación de forma gradual con el desarrollo del mercado mun-
dial, no nos interesa aquí todavía.)

El dinero es la negación de sí mismo en cuanto realización de los
precios de las mercancías, movimiento en el cual la mercancía particular
continúa siendo lo esencial. Él se convierte más bien en el precio reali-
zado en sí mismo y, en cuanto tal, en el representante material de la
riqueza general.

El dinero es también negado en la determinación según la cual sólo
es medida de los valores de cambio. Pues el dinero mismo es la realidad
adecuada del valor de cambio y es esta realidad en su existencia metáli-
ca. La determinación de medida tiene que serle añadida en este caso.
La cantidad que representa de sí mismo es su propia unidad y la
medida de su valor, la medida de sí mismo en cuanto riqueza, en cuan-
to valor de cambio. La cantidad numérica de su propia unidad de me-
dida. En cuanto medida su cantidad numérica era indiferente; en cuanto
medio de circulación su materialidad, la materia de su unidad, era in-

diferente; en cuanto dinero, en esta tercera determinación, la cantidad
numérica de sí mismo en cuanto una determinada cantidad material
(por ejemplo, número de libras) es esencial. Presupuesta su cualidad
como riqueza general, no hay ninguna diferencia más en él excepto la
cuantitativa. Representa un más o un menos de la riqueza general, se-
gún que se posea una determinada magnitud de medida de sí mismo en
mayor o menor cantidad numérica. Si el dinero es la riqueza general,
entonces uno es tanto más rico, cuanto más dinero posea, y el único
proceso adecuado es la acumulación del mismo. Según su concepto el
dinero abandonaba la circulación. Ahora este abandono de la circula-
ción, la acumulación del mismo, se presenta como el objeto esencial del
ansia de enriquecimiento y como el proceso esencial de enriquecerse.
En el oro y la plata poseo la riqueza general en su forma pura; cuanto
más oro y plata acumulo, tanto más me apropio la riqueza general. Si
el oro y la plata representan la riqueza general de esta forma, es decir,
en cuanto cantidades determinadas, sólo la representan en un grado
determinado y, por lo tanto, de forma inadecuada. El todo tiene que

tender siempre a pasar por encima de sí mismo. Esta acumulación de
oro y plata, que se presenta como una sustracción repetida del mismo
a la circulación, es simultáneamente el poner en seguridad a la riqueza
general frente a la circulación, en la que dicha riqueza se pierde constan-
temente en el cambio con la riqueza particular, con la riqueza que se
pierde en última instancia en el consumo.

Apud Tragicos contraria sunt 3ixn y xépdog " *”

### Forma de propiedad

La propiedad del trabajo ajeno mediada mediante la propiedad del tra-
bajo propio.

[Continuación de lo que falta]

.../ recibe. Toda particularidad de la relación entre ambos es cancelada
(en la relación se trata exclusivamente: del valor de cambio en cuanto
tal, del producto general de la circulación social), y asimismo lo son
todas las relaciones políticas, patriarcales o de cualquier otro tipo, que
proceden de la particularidad de la relación. Ambos se relacionan entre
sí como personas sociales abstractas, que sólo representan el uno frente
al otro el valor de cambio en cuanto tal. El dinero se ha convertido
en el único nexus rerum entre ellos, el dinero sans phrase. El campe-
sino no se enfrenta ya más al propietario de la tierra como campesino
con su producto agrícola y con su trabajo agrícola sino como poseedor
de dinero; puesto que a través de la venta, a través de la mediación del
proceso social, es enajenado el valor de uso inmediato, ha asumido
una forma indiferente (la relación entre el campesino y el propietario de
la tierra). Por otra parte, el propietario de la tierra no está ya respecto
de él en una relación similar a la que se tendría con un individuo falto
de destreza que produce en condiciones de existencia particulares, sino
en una relación, cuyo producto, el valor de cambio independizado, el
equivalente general, el dinero, no se diferencia del producto de cualquier

11 La fuente no ha sido transmitida por Marx. Véase Zur Kritik. MEW 13,
pág. 115 nota.

*118 Según los trágicos son contrarios la justicia y la ganancia.

otra relación. De esta forma desaparece la apariencia agradable, que
encubría en la forma anterior la transacción.

La monarquía absoluta, producto ella misma del desarrollo de la
riqueza burguesa hasta un nivel incompatible con las viejas relaciones
feudales, puesto que tiene que ser capaz de ejercer en todos los puntos
de la periferia un poder general uniforme, necesita como palanca ma-
terial de este poder el equivalente general, la riqueza en la forma siem-
pre adecuada, en la cual es completamente independiente de relaciones
particulares, locales, naturales o individuales. Necesita la riqueza en
forma de dinero. Un sistema de prestaciones haturales y de entregas
en especie, dado el carácter particular de las mismas, le da también a
su utilización el carácter de la particularidad. Únicamente el dinero es
transformable de forma inmediata en todo valor de uso particular. La

monarquía absoluta colabora, por lo tanto, de manera activa en la con-
versión del dinero en el medio de pago general. Esto sólo puede ser

conseguido mediante la circulación obligatoria, que hace circular los
productos por debajo de su valor. Para ello la transformación de todos
los impuestos en impuestos en dinero es una cuestión vital. De ahí que
mientras en un estadio anterior la transformación de las prestaciones
en prestaciones dinerarias se presentaba como otras tantas supresiones
de las relaciones de dependencia personal, como triunfo de la sociedad
burguesa, que con dinero contante y sonante se libera de trabas que la
obstaculizan —un proceso que, por otra parte, desde un punto de vista
romántico se presenta como la sustitución de los lazos de unión de la
humanidad dibujados en tonos rosados por relaciones dinerarias más du-

ras e insensibles—, en la época de ascensión de la monarquía absoluta,
por el contrario, cuya técnica financiera consiste en la transformación

violenta de las mercancías en dinero, se produce el hecho de que el
dinero es atacado por los mismos economistas burgueses, en cuanto ri-
queza imaginaria a la que es sacrificada de forma violenta la riqueza
real. De ahí que mientras Petty, por ejemplo, sólo festeja en realidad
en el dinero en cuanto materia del atesoramiento el impulso general y
enérgico de enriquecimiento de la joven sociedad burguesa en Ingla-
terra, Boisguillebert denuncia bajo Luis XIV al dinero como el mal
general, que impide el desarrollo de las fuentes reales de producción
de la riqueza, y con cuyo destronamiento únicamente puede serle de-
vuelta al mundo de las mercancías, a la riqueza real y al goce general
de la misma su antigua y justa posición. Él no podía comprender toda-
vía que esta misma negra técnica financiera, que arrojaba a hombres
y mercancías en la retorta alquimística para producir oro, hacía que se
evaporaran simultáneamente todas las relaciones e ilusiones que obs-

taculizaban al modo de producción burgués, para obtener como preci-
pitado simples relaciones dinerarias, relaciones de cambio comunes.

«En la época feudal el simple pago no era el único... nexo entre los
hombres. Los hombres de inferior y superior condición social no se
relacionaban entre sí como compradores y vendedores exclusivamente...,
sino de múltiples formas, como soldado y capitán..., como vasallo leal
y como señor, etc. Con el triunfo final del dinero comenzó una época
diferente» (Th. Carlyle. «On Chartism».” London 1840, pág. 58).

El dinero es propiedad «impersonal». En él puedo llevar conmigo
en el bolsillo el poder social general y la relación social general, la sus-
tancia social. El dinero pone el poder social como cosa en las manos de
la persona privada, que en cuanto tal ejercita este poder. La relación
social, el mismo intercambio material se presenta en él como algo com-
pletamente externo, que no está en ninguna relación individual con su
poseedor y, en consecuencia, hace aparecer el poder que él ejercita,
como algo completamente casual, como algo que le es externo.

Sin seguir adelante está ya claro lo siguiente: las compras a plazo
adquieren una extensión extraordinaria con el sistema de crédito. En
la proporción en que el sistema de crédito se desarrolla, en que se
desarrolla, por lo tanto, la producción basada sobre el valor de cam-
bio, el papel que desempeña el dinero en cuanto medio de pago ganará
en volumen frente al papel que desempeña en cuanto medio de circu-
lación, en cuanto agente de compra y venta. En los países en los que
existe un modo de producción moderno desarrollado y, por lo tanto, un
sistema de crédito desarrollado, el dinero como moneda figura en rea-
lidad casi exclusivamente en el comercio detallista y en el comercio al
por menor entre productores y consumidores, mientras que en la esfera
de las grandes transacciones comerciales se presenta casi exclusivamente
en la forma de medio de pago general. En la medida en que los pagos
son compensados, el dinero se presenta como forma evanescente, como
medida simplemente ideal, representada, de las magnitudes de valor
cambiadas. Su intervención corporal se limita a la liquidación del saldo
de balances relativamente insignificantes.* El desarrollo del dinero

12 En realidad el título correcto es Chartism.

* «Para demostrar la poca cantidad de dinero real... que entra en las opera-
ciones de comercio», Mr. Slater (de la firma Morrison, Dillon y Cia., ... cuyas
transacciones figuran entre las mayores de la metrópoli) ofrece «un análisis
del curso continuo de las transacciones comerciales, que alcanzan varios millones

como medio de pago general va de la mano con el desarrollo de una
circulación superior, mediada, cerrada en sí misma, puesta ya bajo
control social, en la que es negada la importancia exclusiva que posee
el dinero sobre la base de la circulación simple metálica, por ejemplo,
en el atesoramiento propiamente dicho. Ahora bien, si como conse-
cuencia de súbitas conmociones crediticias es interrumpido el flujo de

al año, y que puede ser considerado como un buen ejemplo del comercio general
del país. Las proporciones de ingresos y pagos han sido reducidas a la escala
de 1.000.000 de libras, durante el año 1856, y son como sigue:

Ingresos

En órdenes de pago banca-
rias y letras de cambio
mercantiles pagaderas a
fecha fija . . . . .

En cheques bancarios, etc.,
pagaderos al ser presen-
tados al cobro . . . .

En billetes de bancos del
DAS ta

Billetes del Banco de In-
glaterra .

Oro . Fis

Plata y cobre .

Giros postales .

533.596

357.715
9.627

68.554
28.089
1.486

1.000.000

Pagos

Letras de cambio paga-
deras a fecha fija .
Cheques de bancos de

Londres . . . . .
Billetes del Banco de
Inglaterra. .
Oro... .
Plata y cobre .

302.674
663.672
22.743+109

9.427
1.484

1.000.000

p. LXXI (Report from the Select Committee on the Bank acts, etc. 1 July 1858).

*179 22.743. En el manuscrito como en la fuente original: 22.7343. Para
obtener la cifra correcta, Marx hizo la siguiente operación:

302.674
663.672

966.346
22.743

989.080

9.427

998.507

1.484

999.991

1.000.000
999.991

las compensaciones de pagos, el mecanismo de los pagos, entonces el
dinero es exigido súbitamente en cuanto medio de pago general autén-
tico, y se plantea la cuestión de que la riqueza, en toda su extensión,
existe de forma doble, por una parte como mercancía, por otra como
dinero, de forma tal que estos dos modos de existencia antes coinci-
dían. En tales momentos de crisis el dinero se presenta como la riqueza
exclusiva, que en cuanto tal se manifiesta, no como en el sistema mo-
netario en la depreciación meramente representada, sino en la depre-
ciación activa de toda la riqueza material real. Frente al mundo de las
mercancías el valor sólo existe en su forma exclusivamente adecuada
como dinero. El desarrollo ulterior de este momento no entra en este
apartado. Pero lo que sí entra en este apartado es el hecho de que en
los momentos de auténticas crisis monetarias aparece una contradicción
inmanente al desarrollo del dinero en cuanto medio de pago general.
No es en cuanto medida como es exigido el dinero en tales crisis, pues
en cuanto tal su existencia corporal es indiferente; tampoco lo es en
cuanto moneda, pues no figura como moneda en los pagos; sino que
es exigido como valor de cambio independizado, como equivalente ge-
neral existente en la forma de cosa, como material de la riqueza abs-
tracta; en pocas palabras, exactamente en la forma en la que es objeto
del atesoramiento propiamente dicho, en cuanto dinero. Su desarrollo
como medio de pago general oculta la contradicción de que el valor
de cambio ha asumido, por una parte, formas independientes de su
modo de existencia como dinero, mientras que, por otra, su modo de exis-
tencia como dinero es puesta precisamente como la forma definitiva
y como la única adecuada. i

En el dinero como medio de pago, como consecuencia de la compen-
sación de los pagos, en su autonegación en cuanto magnitudes positivas
y negativas, el dinero puede presentarse como la forma exclusivamente
ideal de las mercancías, como ocurre con él en cuanto medida y como
funciona en la entrega. La colisión procede, en consecuencia, del hecho
de que frente al acuerdo de voluntades, frente al presupuesto general
del comercio moderno, súbitamente y tantas veces como es perturbado
el mecanismo de estas compensaciones «y el sistema de crédito, sobre el
que en parte descansa, el dinero debe estar presente y debe ser pre-
sentado en su forma real.

La ley de que la tasa del dinero en circulación está determinada
por el precio total de las mercancías en circulación, ha de ser comple-
tada ahora de la forma siguiente: mediante el precio total de los pagos
vencidos en una época dada y la economía de los mismos.

Hemos visto que la alteración en el valor del oro y de la plata no

afecta a su función como medida de los valores, como dinero de cuenta.
Este cambio de valor es, por el contrario, de una importancia decisiva
para el dinero en su función como medio de pago. Lo que se ha de
pagar es una cantidad determinada de oro y plata, en la que en la época
de la celebración del contrato estaba objetivado un determinado valor,
es decir, determinado tiempo de trabajo. El oro y la plata, sin embargo,
como todas las demás mercancías, cambian la magnitud de su valor
con el tiempo de trabajo requerido para su producción, aumentan o
disminuyen según que dicho tiempo de trabajo aumente o disminuya.
Es, por lo tanto, posible, puesto que la realización de la venta por
parte del comprador sólo se produce en un tiempo posterior al de la
enajenación de la mercancía vendida, que las mismas cantidades de
oro o plata contengan un valor diferente, mayor o menor, que en el
momento de la celebración del contrato. Su cualidad específica en cuanto
dinero de ser el equivalente general siempre realizado y realizable, de
ser siempre intercambiable por todas las demás mercancías en proporción
a su valor, la obtienen el oro y la plata independientemente de la altera-
ción de su magnitud de valor. Pero esta magnitud de valor está sometida
en potencia a las mismas fluctuaciones que cualquier otra mercancía.
El hecho de que el pago sea realizado en un equivalente auténtico, es
decir, en la magnitud de valor originariamente considerada, depende,
por lo tanto, de que la cantidad de tiempo de trabajo requerida para
la producción de una cantidad dada de oro o plata continúe siendo la
misma. La naturaleza del dinero, en cuanto encarnado en una mercan-
cía particular, entra aquí en colisión con su función como valor de
cambio independizado. Son conocidas las grandes revoluciones que fue-
ron producidas, por ejemplo, en los siglos xvI y xvii por el descenso
en el valor de los metales nobles en todas las relaciones económicas, o
de forma similar, sólo que en menor medida, en la antigua República
romana, por el aumento del valor del cobre, en el que fueron contraídas
las deudas de los plebeyos, entre la época [del primer denario de pla-
ta, 485 a. u. c.]*'” y el comienzo de la segunda guerra púnica. La ex-
posición de la influencia del aumento o descenso del valor de los metales
nobles, de la materia del dinero, sobre las relaciones económicas, pre-
supone el desarrollo de estas relaciones, y no puede, por lo tanto, efec-
tuarse en este lugar.

Hasta el momento resulta claro lo siguiente: que el descenso en el
valor de los metales nobles, es decir, del dinero, favorece siempre al

*180 En lugar de la indicación entre corchetes existe en el manuscrito un
espacio vacío.

que ha de pagar a costa del que ha de recibir el pago; un aumento en
su valor actúa a la inversa.

La cosificación total, la exteriorización del cambio material sobre
la base de los valores de cambio se presenta de forma llamativa en la
dependencia de todas las relaciones sociales de los costes de produc-
ción de cuerpos naturales, que en cuanto instrumentos de producción,
en cuanto agentes de la producción de la riqueza, no tienen importan-
cia alguna.

3) El dinero como medio de pago y compra
internacional, como moneda mundial

El dinero es la mercancía general, en la medida en que es la forma
general, que asume ideal o realmente toda mercancía particular.

En cuanto tesoro y medio de pago general el dinero se convierte
en el medio de cambio general del mercado mundial; en la mercancía
general no sólo según su concepto, sino también según su forma de
existencia. La forma nacional particular, que recibe en su función como
moneda, es suprimida en su existencia como dinero. En cuanto tal es
cosmopolita.* En la medida en que mediante la intervención del oro
y de la plata, en cuanto el valor de uso de la necesidad de enriqueci-
miento, de la riqueza abstracta, independiente de necesidades particu-
lares, puede tener lugar un cambio material social, incluso en el supuesto
de que una nación tenga simplemente una necesidad inmediata de los
valores de uso de las demás, el oro y la plata se convierten en agentes
extraordinariamente activos en la creación del mercado mundial, en la
extensión del cambio material social por encima de todas las diferencias
locales, religiosas, políticas, raciales. Ya entre los antiguos la constitu-
ción de un tesoro se efectuaba por parte del Estado como fondo de
reserva, fundamentalmente como medio de pago internacional, como
equivalente adecuado en casos de malas cosechas y como fuente de
dinero para los gastos de guerra (Jenofonte).” El gran papel que de-

* Este carácter cosmopolita del dinero llamó la atención a los antiguos
«¿Cuál es su país?, ¿cuál es su origen? Él es rico».!*

13 Cfr. XENOPHON, De Reditibus, sive Vectigalibus Civitatis Athbeniensis
Augendis, Caput IV, in: XENOPHONTIS, Opuscla Equestria et Venatica, etc. Ex
librorum scriptorum fide et virorum doctorum coniecturis recensuit et interpretatus
est. Jo. Gottlob: Schneider Saxo, Lipsiae 1815, Tomus Sextus.

M La fuente no ha sido transmitida por Marx.

sempeña la plata americana como medio de unión entre América de la
que emigra como mercancía hacia Europa, para ser exportada como
medio de pago a Asia, especialmente a la India, para permanecer allí
en su mayor parte en la forma de tesoro, fue el hecho con cuya obser-
vación comenzó la lucha científica sobre el sistema monetario, en la
medida en que condujo a la lucha entre la Compañía de las Indias
Orientales y la prohibición existente en Inglaterra de la exportación
de dinero (véase Misselden)." En la medida en que el oro y la plata
sirven en este tráfico internacional como mero medio de cambio, rea-
lizan en realidad la función de moneda, pero de moneda a la que se le
ha suprimido su cuño y que, independientemente de que existe en la
forma de moneda o de lingote, sólo es valorada según su peso en metal,
como moneda que no sólo representa valor, sino que al mismo tiempo

lo es. El hecho de que el oro y la plata, en esta determinación como
moneda mundial, no describan en modo alguno de forma necesaria el
movimiento circular, como ocurre con la moneda propiamente dicha,
sino que de una manera unilateral puedan seguir relacionándose entre
sí una parte como comprador y la otra como vendedor, es asimismo una
de las observaciones que llama en seguida la atención en la infancia de
la sociedad burguesa. Extraordinariamente importante es, por lo tanto,
el papel que desempeña el descubrimiento de nuevos países productores
de oro y plata en la historia del desarrollo del mercado mundial, tanto
en su extensión como en profundidad; en la medida en que el valor de
uso que ellos producen, al ser de forma inmediata la mercancía general,
les impone junto a la posibilidad, a causa de su naturaleza abstracta,
también la necesidad del tráfico basado sobre el valor de cambio.

De la misma manera que dentro de un círculo nacional dado de la
sociedad burguesa el desarrollo del dinero como medio de pago crece
con el desarrollo de las relaciones de producción en general, así también
lo hace el dinero en su determinación como medio de pago internacio-
nal. De la misma manera que en aquel círculo más reducido, así tam-
bién en este círculo más general, su significado sólo resalta de manera
llamativa en las épocas de perturbación del mecanismo de las compen-
saciones de pagos. El desfavorable desarrollo del dinero en esta deter-
minación ha aumentado de tal forma desde 1825 —el aumento marcha
naturalmente a la par con la extensión e intensidad del comercio inter-
nacional — que los economistas más importantes de la época anterior,
por ejemplo, Ricardo, no tenían todavía ni idea del volumen en .el que
podría ser exigido dinero contante y sonante como medio de pago in-

15 Cfr. Free Trade. Or, The Meanes To Make Trade Florish, etc. London 1622.

ternacional para una nación como Inglaterra. Mientras que para el valor
de cambio, en la forma de cualquier otra mercancía, la necesidad particu-
lar del valor de uso particular, en el que se encarna, continúa siendo un
presupuesto, para el oro y la plata, en cuanto riqueza abstracta, no existe
ningún límite de este tipo. Igual que los hombres nobles con los que

sueña el poeta, paga con lo que es y no con lo que hace. La posibilidad
de la función como medio de compra y medio de pago está natural-
mente contenida en él siempre de manera latente. En cuanto existencia
en reposo, asegurada, del equivalente general, forma en la cual figura
como tesoro, no está limitado en ningún país por la necesidad del mismo
en cuanto medio de circulación, por el volumen en el que es exigido
como medio de circulación, ni en general tampoco por cualquier nece-
sidad, del tipo que sea para su uso inmediato. Su misma valor de uso
abstracto y puramente social, que procede de su función como medio
de circulación, se presenta a su vez como un lado particular de su uso
en cuanto equivalente general, como un lado de la materia de la riqueza
abstracta en general. Frente a su valor de uso particular como metal
y, por lo tanto, como materia prima de las manufacturas, la totalidad
de las diferentes funciones que puede cumplir alternativamente dentro
del cambio material social, o en la ejecución de las cuales él asume for-
mas diferentes como moneda, lingote, etc., se presenta como otros
tantos valores de uso del mismo, que todos se disuelven en formas di-
ferentes, en las que él en cuanto existencia abstracta y, por tanto, ade-
cuada del valor de cambio en cuanto tal se contrapone a su existencia
en la forma de mercancía particular.

Aquí tenemos que aprehender el dinero exclusivamente en sus de-
terminaciones formales abstractas. Las leyes que regulan la distribución
de los metales nobles en el mercado mundial presuponen las relacio-
nes económicas en su forma más concreta, que aquí está todavía pre-
sente ante nosotros. Asimismo presupone toda la circulación del dinero
que éste efectúa en cuanto capital y no en cuanto mercancía general
o equivalente general.

En el mercado mundial el dinero es siempre valor realizado. Es en
su materialidad inmediata, como peso de metal noble, como él es mag-
nitud de valor. Como moneda su valor de uso coincide con su uso como
mero medio de circulación y puede ser sustituido, en consecuencia, por
un mero símbolo. En cuanto moneda mundial está en realidad desmo-
netarizado. La exteriorización y autonomización de la relación social
frente a los individuos en sus relaciones individuales resalta en el oro
y la plata en cuanto moneda mundial (en cuanto moneda [el dinero
tiene] todavía carácter nacional). Y lo que los primeros anunciadores de

la economía política en Italia festejan, es precisamente este bello in-
vento, que hace posible un cambio material general de la sociedad, sin
ellos sentirse individualmente afectados.*** Como moneda el dinero tiene
un carácter nacional, local. Para servir como oro y plata, como medio
de cambio internacional, tiene que ser fundido, o si existe en forma de
moneda, dicha forma es indiferente y la moneda es simplemente redu-
cida a su peso. En el sistema de cambio más desarrollado, el oro y la
plata aparecen de nuevo de forma exactamente igual a aquella en la
que jugó ya un papel en el trueque originario. El oro y la plata como
medios de cambio, así como el cambio mismo, aparecen originariamente
no dentro del círculo estrecho de una comunidad social, sino allí donde
la comunidad deja de existir, en sus fronteras, en los puntos poco
numerosos de su contacto con comunidades extranjeras. Se presenta,
pues, colocado como la mercancía en cuanto tal, como la mercancía uni-
versal, que mantiene en todos los lugares su carácter como riqueza. En
esta determinación formal vale uniformemente en todos los lugares.
De esta forma es el representante material de la riqueza general. En el
sistema mercantilista, en consecuencia, el oro y la plata valen como la
medida del poder de las diferentes comunidades. «Tan pronto como los
metales preciosos se convirtieron en objeto del comercio, se convirtie-
ron en un equivalente general universal de todo, y se convirtieron tam-
bién en la medida del poder entre las naciones. De ahí el sistema mer-
cantilista» (Steuart).

La determinación del dinero de servir como medio de cambio y
medio de pago internacional, no es en realidad una determinación nue-
va, que se añade a la de ser dinero en general, equivalente general —y,
en consecuencia, tanto tesoro como medio de pago. En la determinación
de equivalente general está contenida la determinación conceptual como
mercancía general, como aquella determinación en la cual el dinero es
realizado por primera vez en cuanto moneda mundial. Es por primera
vez como medio de cambio y medio de pago internacional como el oro
y la plata (como ya se ha dicho) aparecen en general como dinero, y es
a partir de esta forma de manifestación suya, como es abstraído su
concepto como mercancía general. La limitación nacional, política, que

*18l Originariamente Marx escribió: sin que sus miembros. Evidentemente a
este pasaje corresponde una nota que se encuentra en el encabezamiento de esta
página, que está entre paréntesis y marcada con una cruz, pero para la cual no
existe ninguna señal de inclusión en el texto, y que dice: (El dinero se presenta
aquí en realidad como su ser comunitario que existe en forma de cosa y al
margen de ellos).

el dinero recibe formalmente en general como medida (mediante la fi-
jación de la unidad de medida y la división de dicha unidad) y que en
la moneda puede extenderse también a su contenido, en cuanto los
signos indicativos de valor emitidos por el Estado sustituyen al metal
auténtico, es históricamente posterior a la forma en la que el dinero
aparece como mercancía general, como moneda mundial. Pero ¿por
qué? Porque aquí se presenta en general como en su forma concreta
como dinero. El ser medida y el ser medio de circulación son funciones
del dinero, en cuya realización exclusivamente él asume formas particu-
lares de existencia mediante la ulterior autonomización de las mismas.
Tenemos: 1) Moneda: originariamente no es más que una parte deter-
minada de peso en oro; que el timbre se añada como garantía, como
denominador del peso, no modifica nada; el timbre, que consiste en el
cuño, es decir, en el indicador del valor —signo indicativo independi-
zado, símbolo del mismo— se convierte mediante el mismo mecanismo
de la circulación en la sustancia en lugar de la forma; aquí entra en
juego la intervención del Estado, ya que tal signo indicativo del poder
independizado de la sociedad tiene que ser garantizado por el Estado.
Pero es en realidad como dinero, como oro y plata, como actúa el di-
nero en la circulación; el ser moneda es una mera función del mismo.
En esta función se particulariza y puede sublimarse hasta convertirse
en puro signo indicativo de valor, que en cuanto tal necesita un reco-
nocimiento legal y legislativamente impuesto de manera coactiva. 2)
Medida. Las unidades de medida del dinero y sus subdivisiones son en
realidad originariamente meras partes de peso del mismo en cuanto
metal; en cuanto dinero posee la misma unidad de medida que como
peso. Únicamente, en la medida en que en los pedazos de metal acuñados
que corresponden a esta división de peso, el valor nominal se separa del
valor real, la división de medida del oro y la plata en cuanto oro y
plata se separa de su división de medida como dinero; y de esta ma-
nera determinadas partes de peso de metal reciben nombres propios,
en la medida en que valen como mensuradores del valor para esta fun-
ción. Ahora bien, en el comercio mundial, el oro y la plata son simple-
mente valorados por su peso, sin tomar en consideración su cuño; es
decir, se prescinde de él como moneda. En el comercio internacional
se presenta exclusivamente en la misma forma o ausencia de forma en
la que se presenta originariamente y, allí donde sirve de medio de cam-
bio, sirve, como originariamente también en la circulación interna,
siempre al mismo tiempo como contravalor, como precio realizado, como
equivalente auténtico. Allí donde sirve como moneda, como mero me-
dio de cambio, sirve al mismo tiempo como representante valioso del

valor. Sus otras funciones son las mismas en las que sirve en general
como dinero, en la forma de tesoro (bien sea que éste sea concebido por
su materia como la reserva segura de medios de subsistencia para el fu-
turo, o como riqueza en general) o como medio de pago general indepen-
diente de las necesidades inmediatas de los individuos que cambian y que
sólo satisface su necesidad general o, si se quiere, su ausencia de necesi-
dad. Como equivalente adecuado en reposo, que puede ser sustraído a la
circulación, porque no es el objeto de una determinada necesidad, el
dinero es reserva, instrumento para asegurarse medios de subsistencia
para el futuro en general; es la forma en la que el individuo que no
siente necesidad posee la riqueza, es decir, la forma en la que es poseído
el excedente, la parte de la riqueza que no es requerida de forma in-
mediata como valor de uso, etc. Es asimismo un instrumento muy
seguro para la satisfacción de necesidades futuras, en cuanto forma de
la riqueza que pasa por encima de la necesidad.

La forma del dinero en cuanto medio de cambio y de pago no es,
por lo tanto, en realidad una forma particular del mismo, sino única-
mente una aplicación del mismo como dinero; una de las funciones
del mismo en la que actúa de la forma más llamativa en su forma simple
y al mismo tiempo concreta como dinero, como unidad de medida y
medio de circulación, y no como la una o como el otro. Es la forma más
primitiva del mismo. Sólo se presenta como forma particular junto a la
particularización que puede asumir en la llamada circulación interna,
como medida y como moneda.

En este carácter, el oro y la plata juegan un papel importante en la
creación del mercado mundial. De esta forma actúa la circulación de
la plata americana del Oeste al Este, el vínculo metálico entre América
y Europa por una parte, y entre América y Asia y Europa y Asia por
otra, desde el comienzo de la época moderna... Como moneda mun-
dial el dinero es esencialmente indiferente frente a su forma como
medio de circulación, mientras que su material lo es todo. No se pre-
senta para el cambio del excedente, sino para liquidar el saldo del ex-
cedente en el proceso total del cambio internacional. La forma coincide
aquí de manera inmediata con su función de ser mercancía, mercancía
universal, mercancía aceptable en todos los lugares.

El hecho de que el dinero circule acuñado o sin acuñar es indife-
rente. Los dólares mexicanos, los imperiales rusos, son mera forma del
producto de las minas sudamericanas o rusas. De la misma forma sirve
el soberano inglés, ya que no paga ningún derecho de acuñación (Tooke).

¿Cómo se relacionan el oro y la plata con los productores inme-
diatos de los mismos, en los países en los que es producto inmediato,
objetivación de una forma particular de trabajo? En sus manos es pro-

ducido de forma inmediata como mercancía, es decir, como un valor de
uso, que no tiene ningún valor de uso para sus productores, sino que
únicamente se convierte en tal para su productor mediante su enaje-
nación, es decir, por el hecho de ser arrojado a la circulación. Sólo puede
existir en sus manos como tesoro, ya que no es el producto de la circu-
lación, no ha sido sustraído a ella, sino que ni siquiera ha entrado en
ella. Ha de ser cambiado, en primer lugar, de forma inmediata en pro-
porción al tiempo de trabajo en él contenido por las demás mercan-
cías, junto a las cuales él sólo existe como mercancía particular. Por
otra parte, sin embargo, puesto que simultáneamente en cuanto pro-
ducto del trabajo general, vale como personificación del mismo —lo
cual no ocurre en cuanto producto inmediato—, coloca a su productor
en una posición privilegiada, por el hecho de que figura en seguida como
comprador y no como vendedor. Para conseguir la forma de dinero,
tiene que ser vendido como producto inmediato, pero al mismo tiempo
no necesita la mediación que necesita el productor de cualquier otra
mercancía. Él es vendedor en la forma de comprador. La ilusión de
poder extraerlo de la tierra o de los cauces de los ríos como riqueza
general y que en cuanto tal satisface todas las necesidades, se muestra,
por ejemplo, de forma ingenua en la siguiente anécdota: «En el año
760 la gente pobre acudió en gran cantidad a lavar oro de las arenas
del río al sur de Praga, y 3 hombres fueron capaces de extraer en un
día un marco (media libra) de oro; y tan grande fue el consiguiente
flujo para “lavar”, que al año siguiente el país fue visitado por el ham-
bre» (Abbandlung von dem Alterthume des bóbmischen Bergwerks,
von M. G. Króner, Schneeberg, 1758).

El dinero como oro puede ser transferido; en la forma de plata
puede ser reacuñado en todas partes en medio de circulación.

«El dinero tiene la cualidad de ser siempre intercambiable por
aquello que mide» (Bosanquet). «El dinero puede comprar siempre
otras mercancías, mientras que otras mercancías no pueden comprar
siempre oro». «Tiene que existir una cantidad considerable de metales
preciosos utilizables y utilizados como el modo más conveniente para
el ajuste de las balanzas internacionales» (Tooke).' Fue esencialmente,
en la forma de dinero internacional, en la que el oro y la plata del si-
gla xv1, en el período de infancia de la sociedad burguesa, atrajo el
interés exclusivo de los Estados y de la economía política inicial. El pa-
pel específico que juegan el oro y la plata en el comercio internacional,
está completamente claro y ha sido nuevamente reconocido por los

16 Cfr. Tu. Tooxe, A History, etc. London 1848, págs. 224-225.

economistas, tras las grandes fugas de oro y las crisis de 1825, 1839,
1847, 1857. Aquí el dinero aparece como medio de pago absoluto, ex-
clusivamente internacional, como valor existente para sí mismo, como
equivalente general. El valor tiene que ser transferido en especie, no
puede ser transferido en ninguna otra forma de mercancía. «Se puede
confiar en que el oro y la plata equivaldrán a su llegada casi la suma
exacta que ha de ser suministrada»... «El oro y la plata poseen una
ventaja infinita sobre todas las demás clases de mercancías en tales oca-
siones, por el hecho de que son universalmente utilizados como dinero».
(Fullarton se da cuenta aquí, por lo tanto, que el valor es transferido
como dinero en oro y plata y no en mercancías; que ésta es una fun-
ción específica de los mismos como dinero y no tiene razón, por lo
tanto, al decir, que son transferidos como capital e introducir de esta
forma relaciones que no pertenecen a esta cuestión. El capital puede
ser también transferido en la forma de arroz, hilo, etc.). «No es en té,
café, azúcar, o índigo como usualmente se estipula que han de ser
pagadas las deudas, extranjeras o domésticas, sino en moneda; y la trans-
ferencia, por lo tanto, bien de la moneda idéntica designada, o de metal
precioso que puede ser rápidamente convertido en esta moneda me-
diante la Casa de la Moneda o el Mercado del país al que es transferido,
tiene que procurarle siempre al remitente el medio más seguro, inme-
diato y preciso de conseguir sus objetivos, sin riesgo de verse defrau-
dado por ausencia de demanda o fluctuación en el precio» (125, 126.*'*
Fullarton, loc. cit.)." «Cualquier otro artículo» (en el que se trate del
valor de uso, que no es dinero) «puede exceder la demanda del país
al que es enviado en cantidad o en calidad» (Tooke Th. An Enquiry
into the Currency Principle, etc., ed. London 1844 [pág. 10]).

La resistencia de los economistas a reconocer el dinero en esta de-
terminación, es un resto de la vieja polémica contra el sistema mo-
netario.

El dinero, como medio de compra y pago general internacional, no
es ninguna nueva determinación del mismo. Sólo se trata más bien del
dinero mismo en la universalidad de su forma de manifestación, que
corresponde a la generalidad de su concepto; la forma de existencia

más adecuada del mismo, en la que él se afirma en la realidad como la
mercancía universal.

17 Cfr. Fullarton, On the Regulation, etc. London 1844, págs. 125-126.
Marx utilizó la edición de 1845 en la que el pasaje correspondiente se encuentra
en las páginas 132-133.

*82 125, 126, en el manuscrito: 132, 133,

De acuerdo con las diferentes funciones que el dinero cumple, la
misma pieza de dinero puede cambiar su lugar. Puede ser hoy moneda,
y mañana, sin cambiar su forma de existencia externa, puede ser di-
nero, es decir, equivalente en reposo. El oro y la plata como existencia
concreta del dinero se diferencian esencialmente de los signos indica-
tivos de valor por los que pueden ser representados en la circulación
interna por lo siguiente: las monedas de oro y plata pueden ser fundi-
das en lingotes y pueden obtener de esta manera su forma indiferente
frente a su carácter local como moneda, o en el caso de que sean trans-
formadas como moneda en dinero, entonces sólo sirven como peso de
metal. Pueden convertirse en materia prima de artículos de lujo, o
pueden ser acumulados como tesoro, o pueden emigrar al extranjero
como medio de pago internacional, en donde pueden ser transformadas
a su vez en la forma de moneda nacional, de cualquier moneda nacio-
nal. Conservan su valor en cualquiera de estas formas. En los signos
indicativos de valor esto no ocurre. Sólo es signo indicativo allí donde
tiene vigencia como tal, y sólo tiene vigencia como tal allí donde el
poder del Estado está detrás de él. Está, por lo tanto, obligado a per-
manecer en la circulación y no puede retornar a la forma indiferente
enla que es siempre valor y en la que puede asumir en potencia cual.
quier cuño nacional, o en la que puede servir como medio de cambio
o material de atesoramiento independientemente de su forma de exis-
tencia inmediata, o en la que puede ser también transformado en mer-
cancía. El dinero no está obligado a permanecer en ninguna de estas
formas, sino que asume cada una de ellas, según lo requiere la necesidad
o la tendencia del proceso de circulación. Está ante todo —+en la medida
en que no es elaborado como mercancía particular en la forma de ob-
jetos de lujo— en relación con la circulación, pero no sólo con la circu-
lación interna, sino también con la circulación mundial, pero existe al
mismo tiempo siempre en una forma autónoma frente a la absorción
de la circulación. La moneda aislada en cuanto tal, es decir, como mero
signo indicativo de valor, sólo existe por y en la circulación. Incluso
cuando es acumulada, sólo puede ser acumulada como moneda, ya que
su poder deja de existir en las fronteras del país. Aparte de las formas
de atesoramiento que proceden del mismo proceso de circulación y
que sólo son realmente puntos de reposo de la misma, por ejemplo,
como reserva determinada de monedas para la circulación, o como re-
serva para pagos que han de ser efectuados en la moneda del país,
aparte de estas formas, no se puede hablar aquí de atesoramiento en
general, es decir, de atesoramiento propiamente dicho, ya que, en cuan-
to signo indicativo de valor, a la moneda le falta el elemento esencial

del atesoramiento, el ser riqueza independiente de la relación social
determinada, porque es la misma existencia inmediata del valor al mar-
gen de su función social y no un mero valor simbólico. Las leyes, por
lo tanto, que condicionan la existencia del signo indicativo de valor
para que sea tal, no condicionan la existencia del dinero metálico, ya
que éste no está confinado a la función de moneda.

Está además claro que el atesoramiento, es decir, la sustracción de
dinero a la circulación y la acumulación del mismo en ciertos puntos,
es muy variado: acumulación temporal que procede del simple hecho
de la separación de la compra y la venta, es decir, del mecanismo in-
mediato de la misma circulación simple; acumulación del mismo que
procede de la función del dinero como medio de pago; finalmente,
atesoramiento propiamente dicho, que pretende fijarlo y conservarlo
como riqueza abstracta, o simplemente como el excedente de la riqueza
existente por encima de la necesidad inmediata y como garantía del
futuro o que procede de las dificultades de una paralización involun-
taria de la circulación. Las últimas formas, en las que es observable la
autonomización, la existencia adecuada del valor de cambio en su forma
inmediata de cosa como oro, desaparecen cada vez más en la sociedad
burguesa. Las formas modernas de atesoramiento, que proceden del
mecanismo mismo de la circulación y que son condiciones de la realiza-
ción de sus funciones, obtienen, por el contrario, un gran desarrollo;
aunque asumen una forma diferente, que habrá de ser examinada cuan-
do estudiemos el sistema bancario. Sobre la base de la circulación me-
tálica simple se comprueba, sin embargo, que a pesar del hecho de que
las diferentes determinaciones en las que funciona el dinero, o a pesar
de que el proceso de circulación, de cambio material social, produce
como resultado que oro y plata contante y sonante se acumule como
tesoro en reposo en formas tan diferentes, sin embargo, y a pesar de
que la parte del dinero, que existe como tesoro, cambia constante-
mente sus elementos, a pesar de que en toda la superficie de la socie-
dad tiene lugar un cambio constante entre las porciones de dinero que
realizan esta o aquella función, porciones que pasan de los tesoros a
la circulación, nacional o internacional, o que son absorbidas a partir
de la circulación por el tesoro, o son transformadas en artículos de lujo,
a pesar de todo ello la función del dinero como medio de circulación
no es nunca limitada por estos acontecimientos. La exportación o im-
portación de dinero vacía o llena: alternativamente estos diferentes de-
pósitos, como lo hace el aumento o descenso de los precios totales en
la circulación interna, sin que la tasa requerida para la circulación sea

impulsada por encima de su medida por un excedente de oro y plata,
o desciende por debajo de ella. Lo que no es exigido como medio de
circulación es acumulado como tesoro; así como también el tesoro, tan
pronto como es exigido, es absorbido por la circulación. Entre los pue-
blos, en los que existe circulación puramente metálica, el atesoramiento
se presenta, por lo tanto, en formas diferentes, desde el tesoro indivi-
dual al del Estado, que custodia el tesoro estatal. En la sociedad bur-
guesa este proceso es reducido a las exigencias del proceso de produc-
ción total y asume otras formas. Se presenta como un negocio particu-
lar, exigido por la división del trabajo en el proceso total de producción,
negocio que en circunstancias más primitivas era en parte negocio de
todas las personas privadas o negocio del Estado. El fundamento con-
tinúa siendo el mismo; el dinero funciona continuamente en las dife-
rentes funciones desarrolladas e incluso en la puramente ilusoria. Esta
consideración de la circulación puramente metálica es tanto más impor-
tante, cuanto que todas las especulaciones de los economistas sobre
formas superiores mediatas de la circulación dependen de la intuición
de la circulación metálica simple. Es evidente, 1) que cuando habla-
mos de aumento o disminución del oro y de la plata, siempre se da
por supuesto que el valor continúa siendo el mismo, es decir, que no
ha cambiado el tiempo de trabajo necesario exigido para su producción.
El descenso o aumento de su magnitud de valor como consecuencia
del descenso o aumento del tiempo de trabajo exigido para su produc-
ción no ofrece ninguna peculiaridad que lo distingue de las demás
mercancías, hasta el punto de que puede obstaculizar su función como
medio de pago. 2) Los motivos que, al margen de descenso o aumento
de los precios, y de la necesidad de comprar mercancías de esas que
no necesitan una mercancía equivalente (como en tiempos de hambre,
o de gastos de guerra) vacían los tesoros o vuelven a llenarlos, es decir,
la operación del tipo de interés no puede ser considerada aquí, en
donde el dinero sólo es considerado como dinero y no como forma del
capital. Sobre la base de la circulación metálica simple y del comercio
general que descansa sobre el dinero contante y sonante, la masa de oro
y plata que se encuentra en el país es y tiene que ser siempre mayor
que la masa de oro y plata que circula como moneda, a pesar de que
la proporción entre la porción de dinero que funciona como dinero y la
que funciona como moneda, variará en cantidad y se sustituirá en ca-
lidad, y a pesar de que la misma pieza de dinero puede realizar alterna-
tivamente una u otra función, así como también puede variar en cantidad
las porciones que sirven para la circulación nacional o internacional.
Pero la masa de oro y plata es un depósito constante, en el que se en-

trecruzan dos corrientes de circulación, un canal de salida y otro de
entrada, condicionado cada uno por la existencia del otro.

En cuanto valor de cambio toda mercancía, independientemente de
que su valor de uso sea indivisible, como, por ejemplo, el de una casa,
es discrecionalmente divisible. En su precio, la mercancía existe en
cuanto tal valor de cambio divisible; es decir, como valor de cambio
estimado en dinero. Puede ser, pues, vendida por dinero de la forma
que se quiera, pedazo a pedazo. Aunque sea inmueble e indivisible la
mercancía puede ser arrojada a la circulación de forma fraccionada,
mediante títulos de propiedad sobre porciones de la misma. El dinero
actúa de esta forma disolviendo la propiedad inmueble, indivisible. «El
dinero es el instrumento para dividir la propiedad en fragmentos in-
numerables y para consumirla pedazo a pedazo mediante el cambio»
(Pray). Sin el dinero hay una masa de objetos no cambiables, no ena-
jenables, porque éstos únicamente a través del dinero obtienen una
existencia independientemente de la naturaleza de su valor de uso y
de las relaciones del mismo. «Para convertir las cosas inmuebles e in-
cambiables en cosas muebles y hechas para el cambio se utilizó el di-
nero como regla y medida, mediante el cual estas cosas obtuvieron
una estimación y un valor» (Freetrade, London 1622). «La introducción
del dinero que compra todas las cosas... provoca la necesidad de la
venta legal» (de los señoríos feudales) (124, John Dalrymple. An
Essay towards a general history of feudal Property in Great Britain.
4 ed. London 1759).

En realidad todas las determinaciones en las que el dinero se pre-
senta como mensurador del valor, medio de circulación y dinero en
cuanto tal, sólo expresan las diferentes relaciones, en las que los indi-
viduos participan en la producción total o en las que se enfrentan con
su propia producción en cuanto producción social. Estas relaciones de
los individuos entre sí se presentan, sin embargo, como relaciones so-
ciales de las cosas.

«Las Cortes de 1593 le hicieron a Felipe II la siguiente petición:
“Las Cortes de Valladolid del año 48 suplicaron a V. M. que no per-
mitiera la entrada en el reino de velas, vasos, joyas, cuchillos y otras
cosas similares que venían de fuera, para cambiar estos artículos tan
inútiles para la vida humana por oro, como si los españoles fueran in-

dios”» (Sempere). «Todos ocultan y entierran su dinero muy secreta y
muy profundamente, en particular los gentiles» (los no mahometanos)
«que son casi los únicos dueños de los negocios y del dinero, ya que
están convencidos de que el oro y la plata que ocultan durante su vida
les servirá después de su muerte» (págs. 312-314 Francois Bernier.
Tomo I. Voyages contenant la description des états du Grand Mogol,
etcétera, París 1830). (En la Corte de Aureng-Zebe.)

«Tlli unum consilium habent et virtutem et potestatem suam bes-
tiae tradunt... Et ne quis possit emere aut vendere, nisi qui habet
characterem aut nomen bestiae, aut numerum nominis ejus» (Apo-
calipsis. Vulgata).

«El efecto grande y último del comercio no es la riqueza en gene-
ral, sino preferentemente el excedente de oro y plata..., que no es pe-
recedero, ni tan mutable como las demás mercancías, sino riqueza en
todos los tiempos y en todos los lugares.» (Su carácter no perecedero
no consiste, pues, exclusivamente en el carácter no perecedero de su
material, sino en el hecho de que continúa siendo siempre riqueza, es
decir, en que permanecen siempre en la determinación formal del valor
de cambio.) «Abundancia de vino, grano, aves, carne, etc., son riquezas,
pero bic et nunc» (dependientes de su valor de uso particular). «Así
pues, la producción de aquellas mercancías o el ejercicio del comercio
que suministra a un país oro y plata es el más ventajoso de todos»
(Petty. Political Arithmetick. London 1699, págs. [+78], 179). «Única-
mente el oro y la plata no son perecederos» (no dejan nunca de ser
valor de cambio), «sino que son estimados como riqueza en todos los
tiempos y lugares»; [[La utilidad de valores de uso particulares está
determinada espacial y temporalmente, como las mismas necesidades
que ellos satisfacen]]; «todas las demás cosas sólo son riqueza bic et
nunc» (loc. cit., pág. 196). «La riqueza de toda nación consiste funda-
mentalmente en su participación en el comercio exterior con el mer-
cado mundial (con el mundo comercial en su totalidad), más que en el
comercio doméstico, es decir, más que en el comercio interno con co-
mestibles, bebidas y trajes, que proporcionan poco oro y plata, la ri-
queza universal (pág. 242).*” Así como el oro y la plata se presentan
como la riqueza general en sí, así también su posesión se presenta como
el producto de la circulación mundial, anteriormente limitada por re-
laciones éticas naturalmente.

Podría sorprender el hecho de que Petty, que llama a la tierra la

1 Cfr. PerrY, Political Arithmetick, etc., pág. 242.

madre y al trabajo el padre de la riqueza? que enseña la división del
trabajo y que en general tiene siempre presente de forma audazmente
genial el proceso de producción en lugar del producto individual, pa-
rezca aquí totalmente preso en el lenguaje y en la manera de represen-
tación del sistema monetario. Pero no debe olvidarse que, de acuerdo
con su propio presupuesto, como de acuerdo con el presupuesto burgués
en general, el oro y la plata es la única forma adecuada del equivalente,
que hay que apropiárselo siempre mediante la enajenación de mercan-
cías, es decir, mediante trabajo. Impulsar la producción por la produc-
ción misma, es decir, desarrollar las fuerzas productivas de la riqueza
sin tomar en consideración los límites de la necesidad o del goce inme-
diato, se expresa en Petty de la siguiente forma: producir y cambiar
no para la obtención de goces perecederos, en los que todas las mer-
cancías se disuelven, sino para la obtención de oro y plata. Es el im-
pulso del enriquecimiento activo, desconsiderado, universal, de la nación
inglesa en el siglo xvIr, el que Petty expresa y estimula aquí al mismo
tiempo.

Primera inversión del dinero: se convierte de medio en fin y de-
grada a las demás mercancías:

«La materia natural del comercio es la mercancía... la materia ar-
tificial del comercio es el dinero... A pesar de que en la naturaleza y
en el tiempo es posterior a la mercancía, sin embargo, tal como es
utilizado en la actualidad (en su utilización actual) se ha convertido en
el jefe (chef). De esta forma se expresa Misselden, un comerciante de
Londres, en su escrito: «Free Trade or the Meanes to make Trade

florish». London 1622 (pág. 7). Él compara la permuta de rango entre
el dinero y la mercancía al destino de los dos hijos del viejo Jacob,
que puso su mano derecha sobre el menor y su mano izquierda sobre el
mayor (loc. cit.).

La contraposición entre el dinero como tesoro y las mercancías,
cuyo valor perece en la realización de su finalidad como valor de uso,*!*
aparece en el siguiente pasaje: «La causa remota general de nuestra
falta de dinero es el gran exceso de este reino en el consumo de mer-
cancías de países extranjeros, que sólo nos proporcionan mercancías
privándonos de otras mercancías, en la medida en que nos quitan un

19 Cfr. Perry, A Treatise on Taxes and Contributions, etc. London 1667,
pág. 47.

*183 Encima de «realización de su finalidad como valor de uso» y sin signos
de paréntesis está escrito: «y teoría de la abstinencia».

tesoro (treasure), que de lo contrario sería importado en lugar de estos
juguetes (toys)... Nosotros consumimos una cantidad demasiado grande
de vinos de España, Francia, el Rin, Oriente; las uvas de España, las
pasas de Oriente, lino (una clase de fino paño) y batista (otra clase de
lo mismo) de Heinault y de los Países Bajos, los artículos de seda
de Italia, el azúcar y el tabaco de las Indias Occidentales, las especias de
las Indias Orientales, todo esto no es en modo alguno una necesidad
absoluta para nosotros y, sin embargo, es comprado con dinero duro...
Ya el viejo Cato decía: Patrem familias vendacem, non emacem esse
[oportet]»*'* (loc. cit. págs. 11-13).? «Cuanto más aumenta la re-
serva de mercancías tanto más disminuye la que existe como tesoro»
(pág. 23).

A propósito de la circulación en el mercado mundial que no retor-
na, especialmente en el comercio con Asia:

«El dinero disminuye con el comercio más allá de la Cristiandad,
con Turquía, Persia y las Indias Orientales. Estas ramas del comercio
son desarrolladas en gran medida con dinero contante y sonante, pero
de una manera diferente a como lo son las ramas de comercio en la
Cristiandad misma. Pues aunque el comercio dentro de la Cristiandad
es efectuado con dinero contante y sonante, permanece constantemente
dentro de las fronteras de la Cristiandad. Hay en realidad corriente y
contracorriente, flujo y reflujo del dinero en el comercio desarrollado
dentro de la Cristiandad: pues a veces es más abundante en un país
y más escaso en otro, según que en un país haya penuria y en otro
abundancia: viene y va y gira en el círculo de la Cristiandad, pero per-
manece siempre encerrado en sus límites. Pero el dinero con el que
se comercia fuera de la Cristiandad, en los países antes indicados, es
constantemente enviado y no retorna nunca» (loc. cit. 19, 20). De forma
similar como lo hace Misselden, se queja el economista alemán más
antiguo, Dr. Martín Lutero: «No se puede negar que comprar y ven-
der son cosas necesarias, de las que no se puede prescindir y que pueden
ser utilizadas de manera cristiana, particularmente aquellas cosas que
sirven para satisfacer la necesidad o el honor. Pues también los Pa-
triarcas han comprado y vendido: vacas, lana, trigo, mantequilla, leche
y otros bienes. Son dones de Dios, que él da a partir de la tierra y
que distribuye entre los hombres. Pero el comercio de compra exterior,
que trae calicó y productos de las Indias y mercancías de este estilo,

»M Cfr. MisseELDEN, Free Trade, etc., págs. 11-13.

*1 «El padre de familia debe ser comprador y no vendedor.»

tales como sedas costosas y obras de oro y especias, que sólo sirven para
la ostentación y no son de utilidad alguna, y que absorben el dinero
del país, no debería ser permitido, si tuviéramos un gobierno y un prín-
cipe. Pero de esto no quiero, sin embargo, escribir ahora; pues me
doy cuenta de que, cuando no tengamos más dinero, tendremos que
prescindir de él, así como también del ahorro y de la comida; no nos
servirá de ayuda ningún escrito ni ninguna enseñanza hasta que no
nos obligue la necesidad y la pobreza. Dios nos ha condenado a los ale-
manes, a enviar nuestro oro y plata a países extranjeros, a hacer rico
a todo el mundo, y a permanecer siendo unos mendigos. Inglaterra de-
bería tener menos dinero, si Alemania le suministrara el paño que
necesita; y el rey de Portugal debería tener también menos, si nosotros
le suministráramos las especias. Calcula cuánto dinero es sacado del
país sin motivo y sin necesidad en una Feria de Frankfurt y te mara-
villarás de cómo es posible que todavía quede un cuarto en Alemania.
Frankfurt es el agujero por el que se escapa la plata y el oro de Ale-
mania; únicamente lo que rebosa y crece es acuñado entre nosotros; si
el agujero fuera taponado, no se debería oír más la queja, de cómo en
todas partes sólo existen puras deudas y ningún dinero, y cómo todas
las tierras y ciudades están cargadas de intereses y explotadas por la
usura. Pero si dejamos que las cosas procedan de esta manera, proce-
derán, pues, de esta manera; nosotros los alemanes tenemos que con-
tinuar siendo alemanes; si no lo hacemos voluntariamente, tendremos
que hacerlo por la fuerza» (Biúcher vom Kaufhandel und Wucber,
1524).*

Boisguillebert, que ocupa la misma posición destacada en la eco-
nomía francesa que Betty en la inglesa, y que es uno de los más apa-
sionados enemigos del mercantilismo, ataca al dinero en las diferentes
formas en las que se presenta como valor exclusivo frente a las demás
mercancías, como medio de pago (en Boisguillebert especialmente en
los impuestos) y como tesoro. (La existencia específica del valor en el
dinero se presenta como ausencia de valor relativo, como degradación,
de las demás mercancías.)

Los escritos citados de Boisguillebert proceden todos de la edición
de sus libros completos en la edición de Eugéne Daire: «Economistes
financiers du 18iéme siécle. 1 vol. París 1843).

«Como el oro y la plata no son ni han sido jamás riqueza por sí
mismos, ni valen sino en relación con otras cosas y en tanto pueden

21 Cfr. Aucust LubwIG ScHLOzEN's, etc. Briefwechsel meist historischen
Inhalts. Siebender Theil, Góttingen 1780, XLI Heft, págs. 265-266.

procurar las cosas necesarias para la vida, a las cuales sirven solamente
de prenda y de valoración, es indiferente tener más o menos cantidad
de ellos con tal de que pueda producir los mismos efectos» (Ch. VII.
Premiére partie. «Le Détail de la France», 1697).% La cantidad de di-
nero afecta a la riqueza nacional «siempre que haya la cantidad suficiente
para sostener los precios contratados por los artículos necesarios para
la vida» (loc. cit. partie 11, ch. XVITI, pág. 209). (Boisguillebert for-
mula aquí, por lo tanto, la ley de que es la masa del medio de circula-
ción la que está determinada por los precios y no a la inversa.) Que
el dinero es una mera forma de la mercancía, se comprueba en el co-
mercio al por mayor, en el que el cambio procede sin intervención del
dinero, una vez que las «mercancías son valoradas»;* «el dinero no
es más que el instrumento y el camino, en tanto que los artículos útiles
son el fin» (loc. cit. pág. 210). El dinero sólo debe ser medio de circu-
lación, debe estar siempre en movimiento; no debe convertirse nunca
en tesoro, en un bien inmóvil; debe estar «en un movimiento continuo,
lo cual no puede ocurrir sino en tanto es un bien movible...; pero tan
pronto como se convierte en un bien inmóvil... todo está perdido»
(loc. cit. partie II, ch. XIX, pág. 213). En contraposición con la cien-
cia financiera, para la que el dinero se presenta como el único objeto:
«la ciencia financiera no es más que el conocimiento profundo de los
intereses de la agricultura y el comercio» (pág. 241, loc. cit partie III,
ch. VIIT).. Boisguillebert en realidad sólo ve el contenido material de
la riqueza, el goce, el valor de uso: «la riqueza verdadera... el disfrute
entero, no sólo de las necesidades de la vida, sino incluso de todo lo
superfluo y de todo lo que puede hacer el placer de la sensualidad»
(pág. 403. Dissertation sur la nature des richesses, de Vargent et des
tributs).

«Se ha fabricado... un ídolo de estos metales (oro y plata) y se ha
abandonado la intención y el objeto por los cuales habían sido llamados
al comercio, a saber: para servir de prenda en el cambio y en la en-
trega recíproca...; casi se les ha retirado de este servicio para hacer
de ellos divinidades, a las cuales se ha sacrificado y se sacrifica todos
los días más bienes y necesidades preciosas, e incluso hombres, que los
que inmoló nunca la ciega antigijedad a las divinidades falsas que han
constituido durante tanto tiempo todo el culto y toda la religión de
la mayor parte de los pueblos» (loc. cit. pág. 395). «La miseria de los
pueblos proviene de que se ha hecho un dueño, o mejor dicho, un ti-
rano, de lo que era un esclavo» (loc. cit.). Se tiene que destrozar esta

2 Cfr. Economistes Financiers, etc. Vol. 1, pág. 178.
mm Cfr. Économistes, etc., pág. 210.

«usurpación» y «restablecer las cosas en su estado natural» (loc. cit.).
Con el ansia de enriquecimiento abstracto, «la equivalencia en la que
el dinero debe estar con todos los demás artículos, para estar prepa-
rado en todo momento para ser cambiado por ellos, ha recibido un
gran golpe» (pág. 399). «He aquí, pues, que el esclavo del comercio
se ha convertido en su amo... Esta facilidad que ofrece el dinero para
servir a todos los crímenes le hace redoblar sus honorarios en la pro-
porción en que la corrupción se apodera de los corazones; y es seguro
que todas las fechorías serían expulsadas de un Estado, si se pudiera
hacer lo mismo con este metal fatal» (pág. 399). La depreciación de
las mercancías para convertirlas en dinero (venderlas por debajo de su
valor) es la causa de todas las miserias (véase ch. V, loc. cit.). Y en
este sentido dice él: «El dinero... se ha convertido en el verdugo de
todas las cosas» (pág. 413, loc. cit.). Él-compara la técnica financiera,
para hacer dinero, con «el alambique que ha hecho evaporar una can-
tidad espantosa de bienes y artículos para producir este fatal précis au
maítre» (pág. 419). Mediante la depreciación de los metales nobles «los
artículos serán restablecidos en su valor justo» (pág. 422, loc. cit.).
(También Plinius. Historia Naturalis, 1. XXXIII caput II, sectio 14).
Por el contrario:

Dinero como moneda mundial: «Y de tal forma se difundió por
todo el globo terrestre la comunicación entre los pueblos, que casi se
puede decir, que todo el mundo se ha convertido en una única ciudad
en la que se hace una feria perpetua de toda mercancía, y en la que
todo hombre estando en su casa puede proveerse y gozar mediante el
dinero de todo lo que producen la tierra, los animales y la industria
humana. ¡Maravilloso invento! (pág. 40. Montanari [Geminiano]. Della
Moneta; escrito alrededor de 1683. En la colección Custodis. Parte
Antica. Tomo III).

“Eotiv de rodaros to yévos odtoc; Ilhovatoc'“.*"% (Athenaei Deip-
nosophistae, liber IV, sectio 49, pág. 159).

Dice Demetrius Phalereus sobre la extracción de oro de las minas:

“¿hmiodons the Thcoveñiac dvárer ¿x Ttóv poybv The y%s abtov
1óv Ilhoótwva“_* (Loc. cit., liber VI, sectio 23, pág. 233.)

A Cfr. Histoire Naturelle de PLINE. Traduite en Francais, avec le Texte
Latin, etc. Paris 1771-1782, 12 volumes. Tome X (1778), págs. 572-573.

*185 «¿De qué linaje es éste? Rico.»
*186 «Esperando la avaricia sacar a la luz de las entrañas de la tierra al
propio Plutón».

«Sed a nummo prima origo avaritiae... Haec paulatim exarsit rabie
quadam, non jam avaritia, sed fames auri.»*"” (Plinius. Historia Na-
turalis liber XXXIII, caput III, sectio XIV.)

“Oudev yadp avdporoio, olov Apyupos,

Kaxov vóptop EBlacte. todto xai TókeEte

Mopdet, 163” ávBpas tEavioryoi dópwv,

Tod” éxdidaoxer xai rapallácoe: ppévas
Xpuciás Tpoc aioypá [rpáyuad” iotacdar Ppotóv.
Mavovpyias Y Edeev] avdporos Eyewv,

Kai xavtos ¿pyov duacéferay eidévar “+10

(Sophocles. Antígona 295-301).

El dinero en cuanto la riqueza puramente abstracta —en la que es
cancelado todo valor de uso particular, y en la que, por lo tanto, es
cancelada también toda relación individual entre el poseedor y la mer-
cancía— pasa a constituir el poder del individuo como persona abs-
tracta, relacionándose con su individualidad de manera completamente
ajena y externa. Pero al mismo tiempo le da el poder general como su
poder privado. Esta contradicción es resaltada, por ejemplo, por
Shakespeare:

«Gold? yellow; glittering, precious gold? ...

Thus much of this, will make black, white; foul, Aquello que se da a
fair; cambio de todo y a cam-
Wrong, right; base, noble; old, young; coward, bio de lo cual todo se
valiant. da, se convierte en el ra-
Ha, you gods! Why this? What this, you gods? dio de corrupción y pros-
Why this titución general.
Will lug your priests and servants from your
sides; *

Pluck stout men's pillows from below their heads:
This yellow slave

* Cosa parecida en el Pluto de Aristófanes.

*187 «De la moneda trae su origen la avaricia... no ya la avaricia, sino el

hambre de oro ha estallado con cierta locura.»

*188 «Pues nada de cuanto impera en el mundo
Es tan funesto como el oro, que derriba
Y arruina a las ciudades y a los hombres,
Y envilece los corazones virtuosos,
Lanzándolos a los caminos del mal y del vicio;
El oro enseña al hombre la astucia y la perfidia.
Y le hace volver, insolente, la espalda a los dioses.»

(Sófocles, Antígona).

Will knit ant break religions; bless th'accurs'd; «11li unum consilium ha-
Make the hoar leprosy ador'd; place thieves, bent et virtutem et po-
And give them title, knee, and approbation, testatem suam  bestiae
With senators on the bench: this is it tradunt. Et ne quis pos-
That makes the wappen'd widow wed again; sit emere aut vendere,
She, whom the spital-house and ulcerous sores nisi qui habet characte-
Would cast the gorge at, this embalms and spices rem aut nomen bestiae,
To th'April day again. Come, damned earth, aut numerum  nominis
Thou common whore of mankind».*!2 ejus.»*1%
(Apocalipsis,
(Shakespeare, Timon of Athens. cap. XIII,
Act. V, scene III.) v. 17.)

4) Los metales nobles como soporte de la
relación de dinero

El proceso de producción burgués se apodera ante todo de la circula-
ción metálica como de un órgano que le ha sido legado ya puesto, que
debe ser ciertamente modificado poco a poco, pero que conserva siem-
pre su construcción básica. En consecuencia, la cuestión de por qué
sirven el oro y la plata en lugar de otras mercancías como material
del dinero, cae más allá de los límites del sistema burgués y, en
consecuencia, sólo resaltamos de manera muy sumaria los puntos de
vista esenciales. La respuesta es simple: el hecho de que las caracte-

*189 «¿Oro? ¿Oro precioso, rojo, fascinante?
Con él, se torna blanco el negro y el feo hermoso,
Virtuoso el malo, joven el viejo, valeroso el cobarde, noble el ruin.
...Oh, dioses! ¿Por qué es esto? ¿Por qué es esto, oh dioses?
Y retira la almohada a quien yace enfermo;
Y aparta del altar al sacerdote;
Sí, este esclavo rojo ata y desata
Vínculos consagrados; bendice al maldito;
Hace amable la lepra; honra al ladrón
Y le da rango, pleitesía e influencia
En el consejo de los senadores; conquista pretendientes
a la viuda anciana y encorvada:
...Oh maldito metal,
Vil ramera de los hombres!
(Shakespeare, Timón de Atenas).

*190 «Aquéllos tienen una única deliberación y transmiten a la bestia su
virtud y su poder. Y hace que nadie pueda comprar ni vender, excepto quien
tenga la señal o el nombre de la bestia, o el número de su nombre».

rísticas naturales específicas de los metales nobles, es decir, sus carac-
terísticas como valores de uso, correspondan a sus funciones econó-
micas, es lo que hace posible que ellos, con preferencia a todas las
demás mercancías, sean soporte de la función del dinero.
Exactamente igual que el tiempo de trabajo mismo, el objeto que
debe valer como su encarnación específica, tiene que ser capaz de re-
presentar diferencias puramente cuantitativas, de forma tal que la iden-
tidad y uniformidad de la calidad se dé por supuesta. Ésta es la primera
condición para la función de una mercancía como mensuradora de va-
lor. Si valoro, por ejemplo, todas las mercancías en bueyes, pieles, tri-
go, etc., tengo en realidad que mensurarlas en bueyes de calidad media,
en pieles de calidad media o en trigo de calidad media, ya que siendo
cualitativamente diferente un buey de otro buey, un trigo de otro
trigo, una piel de otra piel, tiene lugar una diferencia en el valor de
uso de ejemplares de la misma clase. Esta exigencia de la ausencia
de diferencia cualitativa, independiente de tiempo y lugar y, por lo
tanto, de igualdad en el supuesto de una cantidad igual, es la primera

exigencia desde esta perspectiva. La segunda, que procede asimismo
de la necesidad de representar una mera diferencia cuantitativa, es la

gran divisibilidad y recomponibilidad de las partes, de forma tal que
según la magnitud de valor de la mercancía el equivalente general pue-
de ser dividido, sin que por ello se vea afectado su valor de uso. El
oro y la plata en cuanto cuerpos simples, en los cuales tiene lugar una
división meramente cuantitativa, son susceptibles de ser expresados y
reducidos a la misma finura. Identidad de la calidad. Divisibilidad y

recomponibilidad a la vez. Del oro se puede decir incluso que es el
metal más antiguo de los conocidos, el metal que fue primeramente

descubierto. La naturaleza misma, en los grandes lavaderos de los ríos,
realiza la obra de la técnica, y de esta forma para su descubrimiento
sólo se requiere por parte del hombre un trabajo muy tosco, que no
exige ni utilización de la ciencia ni tampoco instrumentos de producción
desarrollados. «Los metales preciosos son uniformes en sus cualidades
físicas, de forma tal que cantidades iguales de los mismos son tan
idénticas, que no hay base alguna para preferir una cantidad a otra.
Esto no ocurre con cantidades iguales de ganado y con cantidades igua-
les de grano.» El oro es también encontrado más puro que todos los
demás metales; en forma más pura, más cristalina, individualizado:
«separado de los cuerpos que se encuentran usualmente», rara vez
mezclado con otros como la plata. El oro «aislado, individualizado»:
«El oro difiere notablemente de los demás metales, con muy pocas
excepciones, por el hecho de que es encontrado en la naturaleza en

su estado metálico» (los otros metales se encuentran en minerales de
dichos metales [en su ser químico]). «El hierro y el cobre, el estaño,
el plomo y la plata son descubiertos generalmente en combinaciones
químicas con oxígeno, sulfuro, arsénico o carbón; y los pocos casos
excepcionales en que estos metales son encontradós de forma no com-
binada o, como se dijo anteriormente, en estado virgen, han de ser
citados más como curiosidades mineralógicas que como producciones
normales. El oro, sin embargo, se encuentra siempre virgen o metáli-
co... Además el oro, por el hecho de haber sido formado en aquellas
rocas más expuestas a la acción atmosférica, es encontrado en los de-
tritos de las montañas...; los fragmentos de estas rocas despedazados,
transportados por los torrentes a los valles, y convertidos en granos
por la constante acción del agua que fluye... El oro se asienta por su
peso específico. Y de esta forma se encuentra en los lechos de los ríos
y en los terrenos de aluvión. El oro del río es el primer oro que fue
descubierto.-(La técnica de lavar el oro en el río se aprendió antes que
la minería del oro.) El oro se presenta con la máxima frecuencia de
forma pura o, en cualquier caso, de forma casi tan pura que su natura-
leza metálica puede ser reconocida inmediatamente, tanto en los ríos
como en las venas de cuarzo... Los ríos son, ciertamente, grandes
cunas naturales, que arrastran inmediatamente todas las partículas me-
nos pesadas y más ligeras, mientras que las más pesadas o bien se ad-
hieren a obstáculos naturales o son dejadas allí donde a la corriente
le falta fuerza o velocidad... En casi todos, quizás en todos los países
de Europa, África y Asia cantidades mayores o menores de oro han sido
lavadas desde tiempos muy primitivos con instrumentos muy simples
de los depósitos auríferos, etc.» El lavado y cavado de oro son trabajos
muy simples, mientras que la minería (por lo tanto, también minería
del oro) es una técnica que requiere la utilización de capital y de más
ciencias y técnicas colaterales que cualquier otra industria. Del lavado
de la tierra se ocupa la naturaleza.

El valor de cambio en cuanto tal presupone una sustancia comuni-
taria y reduce todas las diferencias a las meramente cuantitativas. En la
función del dinero como medida todos los valores son reducidos princi-
palmente a meras cantidades diferentes de la mercancía mensuradora.
Esto es lo que ocure con los metales nobles, que de esta forma se pre-
sentan como la sustancia natural del valor de cambio en cuanto tal. «Los
metales tienen esto de propio y singular, que en ellos únicamente todas
las razones se reducen a una que es su cantidad, no habiendo recibido
de la naturaleza una cualidad diferente, ni en su constitución interna,
ni en la forma y configuración exterior» (Galiani, loc. cit., pág. 130).
(Identidad de la calidad en todas las partes del mundo; admite una

división en partes muy pequeñas y un prorrateo muy exacto.) Esta mera
diferencia cuantitativa es también importante para el dinero como me-
dio de circulación (moneda) y como medio de pago, ya que al no poseer
ninguna individualidad, lo importante no es devolver una pieza de di-
nero individual, la misma pieza, sino el devolver una cantidad igual de
la misma materia. «El dinero sólo es devuelto en especie; este hecho...
distingue a éste... agente de toda otra maquinaria... indica la natu-
raleza de su servicio —y claramente demuestra la singularidad de su
oficio» (267, Opdyke).

La diferenciación de las funciones para las que sirve el dinero per-
mite representar de forma tangible el cambio de las determinaciones
formales del dinero. A la diferenciación de funciones para las que sirve
el dinero, bien sea como mercancía general, como moneda, como ma-
teria prima de artículos de lujo, como materia de acumulación, etc.,
corresponde el hecho de que el oro y la plata, mediante su fundición
son siempre susceptibles de ser reducidos de nuevo a su estado pura-
mente metálico, y también "pueden ser reducidos de este estado a cual-
quier otro y, por lo tanto, el oro y la plata no están confinados, como
las demás mercancías, a una forma determinada de uso que le es dada.
Pueden pasar de la forma de lingotes a la forma de moneda, etc., y
a la inversa, sin perder su valor como materia prima, sin poner en
peligro los procesos de producción y consumo. Como medio de circu-
lación el oro y la plata tienen la ventaja sobre las demás mercancías,
de que a su gran peso específico natural —representar un peso rela-
tivamente grande en un espacio pequeño— corresponde un peso es-
pecífico económico, mucho tiempo de trabajo relativamente, es decir,
el contener (el objetivar) en un pequeño espacio un gran valor de cam-
bio. Esto último está naturalmente en conexión con el hecho de su
escasez relativa en cuanto objeto natural. De esta forma se consigue
gran facilidad para su transporte, transferencia, etc. En una palabra,
facilidad para su circulación real, lo cual es naturalmente la primera
condición para su función económica como medio de circulación.

Finalmente, como existencia en reposo del valor, como materia de
atesoramiento, su relativa indestructibilidad; su duración eterna, el he-
cho de no oxidarse al contacto con el aire («el tesoro que no es devo-
rado por la polilla y el hollín»), difícil fusibilidad; en el oro especial-
mente su no disolubilidad en ácidos excepto en el cloro libre (agua
fuerte, una mezcla de ácido nítrico y ácido clorhídrico). Como un mo-
mento importante se ha de resaltar finalmente las cualidades estéticas
del oro y de la plata, que los convierten en representaciones inmedia-
tas de la abundancia, del adorno, del lujo, de las necesidades pomposas

por naturaleza, de la riqueza en cuanto tal. Color brillante, maleabili-
dad, capacidad para ser trabajado para convertirlo en instrumento tanto
para ensalzamiento como para ser puesto al servicio de los demás ob-
jetos. El oro y la plata se presentan en cierta medida como una luz
pura, que es extraída de las entrañas de la tierra. Independientemente
de su escasez la gran blandura del oro y de la plata los hace poco apro-
piados para ser instrumentos de producción en comparación con el
hierro e incluso con el cobre (en la forma endurecida en que ya lo uti-
lizaron los antiguos). Pero el valor de uso de los metales en gran vo-
lumen está en conexión con su papel en el proceso de producción in-
mediato. El oro y la plata están excluidos de este papel, ya que no son
en general objetos de uso indispensables. «El dinero tiene que tener
un valor (de uso) directo..., pero basado en una necesidad ficticia. Su
materia no debe ser indispensable para la existencia del hombre, por-
que la cantidad que es acumulada como moneda» [[en general como
dinero, y también en la forma de tesoro]] «no puede ser utilizada in-
dividualmente, tiene que circular siempre» (Storch, t. 1, págs. 113,
114, loc. cit.). (También la parte que es acumulada como tesoro no
puede ser utilizada «individualmente», ya que la acumulación consiste
en mantenerla intacta.) En consecuencia es este aspecto de la natura-
leza del valor de uso del oro y de la plata de ser algo superfluo, el que
hace que no entre ni en la satisfacción de la necesidad inmediata como
objeto de consumo, ni como agente en el proceso de producción inme-
diato. Es éste el aspecto según el cual el valor de uso del dinero no
puede entrar en colisión con su función como tesoro (dinero) o como
medio de circulación; es decir, la necesidad del dinero como valor de
uso individualizado con la necesidad, que procede de la circulación,
de la sociedad misma, de dinero como dinero en cualquiera de sus de-
terminaciones. Éste es sólo el lado negativo.

En polémica contra el dinero, dice Pedro Mártir, que parece haber
sido un gran amigo del chocolate, de las bolsas de cacao, que entre
otras cosas también sirvieron como dinero entre los mexicanos (De Orbe
novo): «O felicem monetam, quae suavem utilemque praebet humano
generi potum, et a tartarea peste avaritiae suos immunes servat posses-
sores, quod suffodi aut diu servari nequeat».

Por otra parte, el oro y la plata no sólo son objetos superfluos, es
decir, objetos de los que se puede prescindir desde un punto de vista
negativo: sino que además de sus cualidades estéticas, que los convierten
en material de lujo, de adorno, de brillo, los convierten en formas po-
sitivas de la abundancia, o en medios de satisfacción de las necesidades
que se salen de lo diario y de la desnuda necesidad natural. Tienen,
por lo tanto, un valor de uso en sí independientemente de su función

como dinero. Pero como son representantes naturales de meras rela-
ciones cuantitativas —a causa de la identidad de su calidad— tam-
bién son en su uso individual representantes naturales inmediatos de
la abundancia y, por lo tanto, de la riqueza en cuanto tal, tanto por
sus cualidades estéticas naturales, como por su elevado precio.

La maleabilidad es una de las características que hacen posible que
el oro y la plata sean material de adorno. Deslumbrante a la vista. El
valor de cambio es ante todo el excedente de valores de uso necesarios
destinado para el cambio. Este excedente es cambiado por el excedente
en cuanto tal, es decir, por aquello que va más allá del círculo de la
necesidad inmediata; por las cosas de los domingos en contraposición
a las cosas de todos los días. El valor de uso en cuanto tal expresa ante
todo una relación del individuo con la naturaleza; el valor de cambio
junto al valor de uso expresa su dominio sobre los valores de uso de
los demás, expresa su relación social; originariamente se trataba de va-
lores de uso de los domingos, de un uso que va más allá de la necesidad
inmediata.

El color blanco de la plata, que refleja todos los rayos de luz en
su mezcla original; el color rojo amarillo del oro que absorbe todos
los rayos de luz de color de la luz compuesta que cae sobre él y sólo
refleja el rojo.

Añadir aquí todo lo que se dijo antes sobre los países productores
de minas. [[Grimm en su historia de la lengua alemana muestra la
conexión de los nombres oro y plata con los colores.]]

Hemos visto que el oro y la plata no cumplen la exigencia, que le
es formulada en cuanto valor de cambio independiente, en cuanto di-
nero que existe de manera inmediata, de ser una magnitud de valor
permanente. Su naturaleza como mercancía particular entra aquí en
conflicto con su función como dinero. Sin embargo, poseen, como ya
observó Aristóteles,* una magnitud de valor permanente en cuanto
término medio de las demás mercancías. Para la circulación metálica
en cuanto tal, prescindiendo de la acción general de un aumento de
valor o de la depreciación de los metales nobles todas las relaciones
económicas, son de especial importancia las oscilaciones de la relación
de valor entre el oro y la plata, ya que éstos sirven simultáneamente
como materia del dinero bien en el mismo país, bien en diferentes paí-
ses. Las causas puramente económicas de estas oscilaciones sucesivas
—las conquistas y otras mutaciones políticas que tuvieron una gran in-

25 Cfr. ARrIsTOTELIS, Ethica Nicomachea, ed. Bekkeri, Tomus IX, L. V,
caps. VITI, XIV.

fluencia en el valor relativo de los metales nobles en el mundo antiguo,
están al margen de la pura consideración económica— tienen que ser
reducidas al cambio en el tiempo de trabajo exigido para la producción
de cantidades iguales de estos metales. Dicho tiempo de trabajo depen-
derá, por una parte, de las cantidades relativas en las que el metal se
encuentra en la naturaleza y, por otra parte, de la mayor o menor di-
ficultad que presente su apropiación en estado metálico puro. De lo
dicho anteriormente resulta ya claro lo siguiente: que el oro, cuyo
descubrimiento en las arenas de los ríos o depositado en los terrenos
de aluvión no requiere ni trabajo de minería, ni combinación química
o mecánica alguna, a pesar de su superior escasez absoluta, fue descu-
bierto antes que la plata, y durante mucho tiempo, a pesar de su supe-
rior escasez absoluta, permanece depreciado relativamente frente a la
plata. La afirmación de Estrabón de que en una tribu de los árabes
10 libras de oro son dadas a cambio de 1 libra de hierro y 2 libras de
oro a cambio de 1 de plata, no parece, por lo tanto, increíble en abso-
luto. Está claro, por otra parte, que a medida que se desarrolla la fuerza
productiva del trabajo social, la tecnología, y que el trabajo simple pasa
a ser más caro, mientras que al mismo tiempo se agotan los suministros
de oro originarios, superficiales, y a medida en que es hecha saltar en
pedazos en general la corteza de la tierra, la existencia relativamente
más escasa o más frecuente de ambos metales influye esencialmente
en la productividad del trabajo, y el oro aumenta en valor frente a la
plata. (Pero no es nunca la proporción cuantitativa absoluta, en la que
ambos existen en la naturaleza, aunque la mayor parte de las veces es
un momento esencial en el tiempo de trabajo necesario para su pro-
ducción, la que determina su valor relativo, sino que es este tiempo de
trabajo el que determina su valor relativo. De ahí que, a pesar de que
según la Académie des Sciences de Paris (1842) la relación de la plata
con el oro era = 52: 1, su relación real sólo era = 15:1.)

Dado un desarrollo determinado de la fuerza productiva del trabajo
social, el descubrimiento respectivo de nuevos yacimientos de oro o de
plata tiene que incidir de forma totalmente decisiva en la balanza, y el
oro tiene frente a la plata la oportunidad de ser descubierto no sólo
en minas, sino también en terrenos de aluvión. Se da, por lo tanto, de
nuevo con toda probabilidad un movimiento inverso en la relación
de valor, es decir, un descenso en el valor del oro frente al de la plata.
La apertura de minas de plata depende del progreso de la técnica y
de la civilización en general. Una vez dadas éstas, son decisivos todos los
cambios en el descubrimiento de yacimientos ricos de oro o plata. En
conjunto encontramos la repetición del mismo movimiento en el cam-

bio de las relaciones de valor entre el oro y la plata. Los dos primeros
movimientos comienzan con la depreciación relativa del oro y acaban
con el aumento de su valor. El último comienza con su aumento de va-
lor y parece conducir a su relación de valor con la plata originariamente
pequeña. En la Antigiiedad, en Asia, la relación del oro con la plata =
6:10 8:1 (en Menu todavía más baja; esta última era todavía la pro-
porción en China y Japón a comienzos del siglo x1x); 10: 1, la relación
en tiempos de Jenofonte, puede ser considerada como la relación media
de la Antigiiedad clásica. En la época romana tardía —las minas de plata
españolas abiertas por Cartago desempeñaron en la Antigiiedad más o
menos el mismo papel que el descubrimiento de América en la época
moderna— la relación es aproximadamente la misma que tras el des-

cubrimiento de América, 14 o 15:1, aunque encontramos a menudo
una depreciación mayor de la plata en Roma.

En la Edad Media puede ser fijada de nuevo la relación media
en 10:1, como en los tiempos de Jenofonte, aunque las desviaciones
locales son ahora extraordinariamente grandes. La relación media en
los siglos que siguen al descubrimiento de América = 15:10 18:1. Los
nuevos descubrimientos de oro hacen probable que la relación sea re-
ducida de nuevo a 10:1 o 8:1; en cualquier caso, un movimiento in-
verso en la relación de valor al que ha tenido lugar desde el siglo xvr.
Todo intento de profundizar en esta cuestión especial está fuera de
lugar aquí.

5) Forma de manifestación de la ley de la
apropiación en la circulación simple

Las relaciones económicas entre los individuos que son los sujetos del
cambio han de ser concebidas aquí de manera simple, tal como se ma-
nifiestan en el proceso de cambio presentado hasta el momento, sin
conexión con relaciones de producción más desarrolladas. Las determi-
naciones formales económicas constituyen precisamente el carácter de-
terminado en el que entran en contacto entre sí (en el que se relacio-
nan).

«El trabajador tiene un derecho exclusivo sobre el valor resultante
de su trabajo» (Cherbuliez, pág. 48. «Riche ou pauvre» París 1841).

22 Marx se ha equivocado en la indicación de la página y de la fuente. El
pasaje citado se encuentra en Richesse ou Pauvreté. Exposition des causes et
des effects de la distribution actuelle des richesses sociales. Precedée d'un Résumé
de la Doctrine des Solidairunis, par P. G.-B. Paris 1841, pág. 80 y en Riche ou
Pauvre. Exposition succinte des causes et des effects de la distribution actuelle
des richesses sociales. Paris-Geneve 1840, pág. 105.

Ante todo los sujetos del proceso de cambio se presentan como
propietarios de mercancías. Puesto que sobre la base de la circulación
simple sólo existe un método mediante el cual todo individuo se con-
vierte en propietario de una mercancía, a saber: mediante un nuevo
equivalente, de esta forma la propiedad de la mercancía que precede
al cambio, es decir, la propiedad de la mercancía apropiada no a través
de la circulación, es decir, la propiedad de la mercancía que debe más
bien entrar primero en la circulación, se presenta como resultado que
procede de manera inmediata del trabajo de su propietario y el trabajo
como la forma originaria de la apropiación. La mercancía en cuanto va-
lor de cambio sólo es producto, trabajo objetivado. Es ante todo ob-
jetividad de aquel cuyo trabajo se presenta en ella; su propia existen-
cia objetiva para los demás creada por él mismo. En el proceso de
cambio simple, tal como se descompone en los diferentes momentos
de la circulación, no entra ciertamente la producción de mercancías.
Ellas están más bien presupuestas como valores de uso ya preparados.
Tienen que estar presentes simultáneamente antes de que empiece el
cambio, como en la compra y venta, o al menos tan pronto como la
transacción es consumada, como en la forma de la circulación en la que
el dinero actúa como medio de pago. Tanto si entran simultáneamente
como si no, en la circulación entran siempre como mercancías ya exis-
tentes. El proceso de génesis de las mercancías y, por lo tanto, también
su proceso de apropiación originario, yace más allá de la circulación.
Pero puesto que sólo a través de la circulación, es decir, a través de la
enajenación del propio equivalente, puede ser apropiado un equivalente
ajeno, se presupone necesariamente el propio trabajo como proceso
de apropiación originario, y la circulación en realidad sólo como el cam-
bio recíproco de trabajo, que se ha encarnado en múltiples productos.

El trabajo y la propiedad del resultado del propio trabajo se pre-
senta, por lo tanto, como el presupuesto básico, sin el cual no tendría
lugar la apropiación secundaria a través de la circulación. La propiedad
basada en el propio trabajo constituye, dentro de la circulación, la base
de la apropiación de trabajo ajeno. En realidad, si observamos con aten-
ción el proceso de circulación, es un presupuesto del mismo, el que los
individuos que cambian aparezcan como propietarios de valores de
cambio, es decir, de cantidades de tiempo de trabajo materializadas en
valores de uso. Cómo se han convertido ellos en propietarios de estas
mercancias es un proceso que procede a espaldas de la circulación sim-
ple y que es cancelado antes que ella comience. La propiedad privada
es el presupuesto de la circulación, pero el proceso de apropiación no
se muestra, no aparece dentro de la circulación, sino que está más bien

presupuesto a ella. En la circulación misma, en el proceso de cambio,
tal como aparece en la superficie de la sociedad burguesa, cada uno sólo
da en la medida en que toma, y sólo toma en la medida en que da.
Para hacer lo uno o lo otro, tiene que ser propietario. El procedimiento
mediante el cual él se ha colocado en la situación de propietario, no
constituye uno de los momentos de la circulación de la misma. Única-
mente como propietarios privados de valor de cambio, bien en la forma
de mercancía, bien en la forma de dinero, son los sujetos sujetos de la
circulación. Cómo se han convertido en propietarios privados, es decir,
cómo se han apropiado trabajo objetivado, es una circunstancia que no
parece caer en general dentro de la consideración de la circulación sim-
ple. Sin embargo, la mercancía es por otra parte el presupuesto de la
circulación. Y puesto que desde su punto de vista las mercancías aje-
nas, es decir, el trabajo ajeno sólo puede ser apropiado mediante la ena-
jenación del trabajo propio, así también, desde su punto de vista, el
proceso de apropiación de la mercancía que precede a la circulación se
presenta necesariamente como apropiación mediante el trabajo. En la
medida en que la mercancía en cuanto valor de cambio sólo es trabajo
objetivado, y en la medida en que desde el punto de vista de la circu-
lación, que sólo es el movimiento del valor de cambio, el trabajo ob-
jetivado ajeno no puede ser apropiado más que mediante el cambio de
un equivalente, la mercancía no puede ser en realidad más que objeti-
vación del trabajo propio, y como este último es en realidad el proceso
de apropiación fáctico de los productos de la naturaleza, el trabajo se
presenta también como el título de propiedad jurídico. La circulación
sólo muestra cómo esta apropiación inmediata a través de la mediación
de una operación social transforma la propiedad del propio trabajo en
propiedad del trabajo social.

De ahí que el propio trabajo sea presentado por todos los econo-
mistas modernos como el título de propiedad originario, bien sea de
una manera más económica o más jurídica, y de ahí también que la
propiedad del resultado del propio trabajo sea presentada como el pre-
supuesto básico de la sociedad burguesa. (Cherbuliez: véase más arriba.
Véase también A. Smith). El presupuesto mismo descansa sobre el pre-
supuesto del valor de cambio como relación económica que domina la
totalidad de las relaciones de producción y cambio, y que es, por lo
tanto, él mismo un producto histórico de la sociedad burguesa, de la
sociedad del valor de cambio desarrollado. Por otra parte, puesto que
en el análisis de relaciones económicas más concretas que las que pre-
senta la circulación simple, parece que se ponen de manifiesto leyes
contradictorias, a todos los economistas clásicos, desde el primero hasta

Ricardo, les gusta hacer valer como ley general aquella intuición que
precede de la propia sociedad burguesa, confinando, sin embargo, su
realidad propiamente dicha a los tiempos dorados en los que no existía
ninguna propiedad; por así decirlo, a la época anterior al pecado ori-
ginal económico, como hace, por ejemplo, Boisguillebert. De forma tal,
que se produce el singular resultado de que la verdad de la ley de la
producción de la sociedad burguesa tiene que ser desplazada a una épo-
ca, en la que esta sociedad todavía no existía, y la ley básica de la pro-
piedad a la época de la ausencia de propiedad. Esta ilusión es transpa-
parente. La producción originaria se basa en comunidades naturales,
dentro de las cuales el cambio privado sólo se presenta como una
excepción completamente secundaria y superficial. Sin embargo, con la
disolución histórica de estas comunidades, aparecen en seguida relacio-
nes de señorío y servidumbre, relaciones de violencia, que están en
flagrante contradicción con la suave circulación de mercancías y con
las relaciones que a ella corresponden. Sea como sea, el proceso de circu-
lación, tal como se presenta en la superficie de la sociedad, no conoce
ninguna otra forma de apropiación, y en el caso de que en el curso de
la investigación se presenten contradicciones, tienen que ser deducidas,
igual que esta ley de la apropiación originaria mediante el trabajo, a par-
tir del desarrollo del valor de cambio mismo.

Una vez presupuesta la ley de la apropiación mediante el propio
trabajo, y éste es un presupuesto que procede del análisis de la circu-
lación misma, es decir, no es un presupuesto arbitrario, se impone por
sí mismo, en la circulación, el imperio de la libertad e igualdad burgue-
sas basado sobre esta ley.

Si la apropiación de mercancías mediante el propio trabajo se pre-
senta como la primera necesidad, el proceso social, a través del cual el
producto tiene que ser puesto primero como valor de cambio y tiene
que ser transformado después en cuanto tal en valor de uso para los
individuos, se presenta como la segunda. Tras la apropiación mediante
el trabajo o la objetivación del trabajo aparece su venta o la transfor-
mación del mismo en forma social como la segunda ley. La circulación
es el movimiento en el que el propio producto es puesto como valor
de cambio (dinero), es decir, como producto social, y el producto so-
cial es puesto como propio (como valor de uso individual, como objeto
de consumo individual).

Ahora está a su vez claro lo siguiente:

Otro presupuesto del cambio que afecta a la totalidad del movi-
miento es el que los sujetos del mismo produzcan subsumidos bajo la
división del trabajo social. Las mercancías que se han de cambiar entre

sí no son en realidad más que trabajo objetivado en valores de uso
diferentes, es decir, objetivado de manera diferente; sólo son en rea-
lidad la existencia objetiva de la división del trabajo, la objetivación de
trabajos cualitativamente diferentes, que corresponden a diferentes sis-
temas de necesidades. En la medida en que produzco mercancía, es un
presupuesto de dicha producción, el que ciertamente mi producto tenga
valor de uso, pero que no lo tenga para mí, que no sea para mí medio
de subsistencia inmediato (en el más amplio sentido), sino que para
mí sea valor de cambio inmediato; sólo se convierte en medio de sub-
sistencia tras haber asumido en el dinero la forma de producto social
general, y sólo entonces puede ser realizado, en cualquier forma de tra-
bajo ajeno, cualitativamente diferente. Yo sólo produzco, por lo tanto,
para mí, en la medida en que produzco para la sociedad, cada miembro
de la cual trabaja a su vez para mí en otro círculo.

Está además claro que el presupuesto de que los individuos que
cambian producen valores de cambio, no sólo presupone división del
trabajo en general, sino una forma desarrollada de manera específica
de dicha división. Por ejemplo, en Perú también estaba dividido el tra-
bajo; y también en las pequeñas comunidades indias autosuficientes.
Ésta es, sin embargo, una división del trabajo que no sólo no está ba-
sada en el valor de cambio, sino que presupone, por el contrario, una
producción comunitaria más o menos directa. El presupuesto básico de
que los sujetos de la circulación hayan producido valores de cambio,
es decir, productos que son puestos de manera inmediata bajo el ca-
rácter determinado social del valor de cambio, y que, por lo tanto, hayan
producido subsumidos bajo una división del trabajo de configuración
histórica determinada, incluye una masa de presupuestos, que no pro-
ceden ni de la voluntad del individuo, ni de su naturalidad inmediata,
sino de las condiciones y relaciones históricas a través de las cuales
el individuo se encuentra ya determinado socialmente, determinado por
la sociedad; asimismo este presupuesto incluye relaciones, que se ma-
nifiestan en relaciones de producción entre los individuos diferentes
de aquellas simples en las que se enfrentan en la circulación. El indi-
viduo que cambia ha producido mercancías y además para otro produc-
tor de mercancías. Esto supone: por una parte, él ha producido como
individuo privado independiente, por propia iniciativa, meramente de-
terminado por su propia necesidad y por sus propias capacidades, a
partir de sí mismo y para sí mismo, no como miembro de una comu-
nidad natural, ni tampoco como individuo que participa de manera
inmediata como individuo social en la producción y, por lo tanto, no
se relaciona con su producto como con la fuente de su existencia in-

mediata. Por otra parte, sin embargo, él ha producido un valor de cam-
bio, un producto que únicamente a través de un proceso social deter-
minado, de una determinada metamorfosis se convierte en producto
para él. Él ha producido, por lo tanto, en un sistema, bajo condiciones
de producción y relaciones de cambio, que han surgido a través de un
proceso histórico, pero que para él se presentan como una necesidad
natural. La independencia de la producción individual es completada,
pues, por una dependencia social, que encuentra en la división del tra-
bajo su expresión correspondiente.

El carácter privado de la producción del individuo productor de
valores de cambio se presenta como un producto histórico; su aisla-
miento, su puntual autonomización dentro de la producción, está con-
dicionada por la división del trabajo, a través de las cuales el individuo
está condicionado en su relación con los demás y en su propio modo
de existencia desde todos los puntos de vista.

Un arrendatario agrícola inglés y un campesino francés, en la me-
dida en que son productos de la tierra las mercancías que ellos venden,
están en la misma relación económica. Sólo que el campesino única-
mente vende el pequeño excedente de la producción de su familia. La
parte principal la consume él mismo; en consecuencia, se relaciona
con la mayor parte de su producto no como valor de cambio, sino como
valor de uso, como medio de subsistencia inmediato. El arrendatario
agrícola inglés, por el contrario, depende por completo de la venta de
su producto, es decir, depende de su producto como mercancía y, por
lo tanto, del valor de uso social de su producto. Su producción está,
por lo tanto, abarcada y determinada en todo su volumen por el valor
de cambio. Ahora está ya claro, qué desarrollo tan sumamente diferente,
qué fuerzas productivas del trabajo, qué división del mismo, qué rela-
ciones tan diferentes de los individuos en la producción se requieren
para que el trigo, por ejemplo, sea producido como valor de cambio y
entre, por lo tanto, por completo en la circulación; qué procesos eco-
nómicos se requieren para convertir a un campesino francés en un
arrendatario agrícola inglés. A Smith, en su análisis del valor de cam-
bio, comete el error de fijar la forma no desarrollada del valor de
cambio, en la que se presenta todavía como excedente del valor de
uso creado por el productor para su subsistencia inmediata, como la
forma adecuada del mismo, mientras que sólo es una forma de su apari-
ción histórica dentro de un sistema de producción no abarcado todavía
por él en cuanto forma general. En la sociedad burguesa, por el con-
trario, tiene que ser concebido como la forma dominante, de forma
tal que desaparezca toda relación inmediata de los productores con sus

productos como valores de uso; todos los productos han de ser pro-
ductos para el comercio. Tomemos un trabajador en una fábrica mo-

derna; por ejemplo, en una fábrica de telas estampadas. Si él no hubiera
producido un valor de cambio, no habría producido nada en general,

ya que no podría poner sus manos sobre ningún valor de uso indivi-
dualmente aprehensible y decir: éste es mi producto. Cuanto más
multilateral sea el sistema de las necesidades sociales y cuanto más uni-
lateral sea la producción del individuo, es decir, con el desarrollo de
la división social del trabajo, la producción del producto como valor de
cambio o el carácter del producto como valor de cambio pasa a ser
decisivo.

Un análisis de la forma específica de la división del trabajo, de las
condiciones de producción sobre las que ésta descansa y de las relacio-
nes económicas entre los miembros de la sociedad, en las que dichas
condiciones se disuelven, mostraría el hecho de que tiene que estar pre-
supuesto todo el sistema de la producción burguesa para que el valor
de cambio se presente como simple punto de partida en la superficie,
y para que el proceso de cambio, tal como se descompone en la circu-
lación simple, se presente como el cambio material social simple, pero
que comprende toda la producción y el consumo. Se obtendría, por lo
tanto, como resultado, el hecho de que tienen que estar presupuestas
otras relaciones económicas, otras relaciones de producción, que entran
en colisión con la libertad e independencia de los individuos, para que
éstos se enfrenten en el proceso de circulación en cuanto productores
privados en las relaciones simples de compradores y vendedores, para
que figuren como sus sujetos independientes. Desde el punto de vista
de la circulación simple, sin embargo, estas relaciones están canceladas.
Considerada ella misma, la división del trabajo sólo aparece en reali-
dad en ella en el resultado; es decir, en su presupuesto, según el cual
los sujetos del cambio producen mercancías diferentes, que correspon-
den a necesidades diferentes y en que si cada uno depende de la pro-
ducción de todos, todos dependen de su producción, en la medida en
que se complementan recíprocamente, y en que de esta forma el pro-
ducto de cada uno, a través del proceso de circulación, es el instrumento
para la participación en la producción social en general por el importe
del valor por él poseído.

El producto es valor de cambio, trabajo general objetivado, a pesar
de que de manera inmediata sólo es la objetivación del trabajo privado
independiente del individuo.

El hecho de que la mercancía tenga que ser vendida primero, la

obligación para el individuo de que su producto inmediato no sea pro-
ducto para él, sino que sólo se convierte en tal en el proceso de produc-
ción social y tenga que asumir esta forma general y, sin embargo, ex-
terna; el hecho de que el producto del trabajo particular tenga que
confirmarse como objetivación del trabajo general social, en la medida
en que asume la forma de la cosa —de dinero—, que está presupuesta
exclusivamente como la objetividad inmediata del trabajo general —tan
es así, que mediante este mismo proceso es puesto este trabajo social
general como cosa externa, como dinero—, todas estas determinaciones
constituyen el impulso y el ritmo de la circulación misma. Las relaciones
sociales que proceden de todo esto resultan de manera inmediata de
la consideración de la circulación simple y no yacen a sus espaldas, como
las relaciones económicas incluidas en la división del trabajo.

¿Cómo confirma el individuo su trabajo privado como trabajo ge-
neral y su producto como producto social general? A través del conte-
nido particular de su trabajo, de su valor de uso particular, que es el
objeto que satisface la necesidad de otro individuo, el cual entrega su
propio producto como equivalente. [[El hecho de que todo este pro-
ceso tenga que asumir la forma del dinero, es un punto que investiga-
remos más adelante, ya que esta transformación de la mercancía en
dinero constituye un momento esencial de la circulación simple.]]
A través, por lo tanto, del hecho de que su trabajo representa un tra-
bajo particular en la totalidad del trabajo social, una rama particular
que la complementa. Tan pronto como el trabajo posee un contenido
determinado por la relación social —éste es el carácter determinado y
el presupuesto material — vale como trabajo general. La forma de la
generalidad del trabajo se confirma mediante su realidad como miem-
bro de una totalidad de trabajos, como forma de existencia particular
del trabajo social.

Los individuos sólo se relacionan como propietarios de valores de
cambio; en cuanto tales, ellos se han dado una existencia objetiva el
uno respecto del otro mediante su producto, la mercancía. Sin esta
mediación objetiva no tienen ninguna relación entre sí, considerados
desde el punto de vista del cambio material social que tiene lugar en
la circulación. Sólo existen el uno para el otro en forma de cosa, lo cual
en la relación de dinero, en la que su propia comunidad se presenta
como una cosa externa y, por lo tanto, casual frente a todos, sólo está
más desarrollada. El hecho de que la relación social que surge** me-

*19 surge, en el manuscrito: aparece, se presenta.

diante el choque de los individuos independientes se presente al mismo
tiempo como necesidad objetiva y como un vínculo externo frente a
ellos, expresa precisamente su independencia, para la cual la existencia
social es ciertamente una necesidad, pero al mismo tiempo sólo es un
medio, y, por lo tanto, se presenta para los mismos individuos como algo
externo, y en el dinero como una cosa tangible incluso. Ellos producen
en y para la sociedad, como individuos sociales, pero al mismo tiempo
esto se presenta como un mero instrumento para objetivar su indivi-
dualidad. Puesto que ellos no están subsumidos en comunidades natu-
rales, ni tampoco subordinan conscientemente en cuanto individuos
sociales la comunidad a ellos mismos, la comunidad tiene que existir
frente a ellos en cuanto sujetos independientes como una cosa indepen-
diente, externa, fortuita. Ésta es precisamente la condición para que
ellos estén al mismo tiempo en una relación social en cuanto personas
privadas independientes.

Puesto que la división del trabajo [[en la que pueden ser resumidas
las condiciones sociales de producción bajo las cuales los individuos
producen valores de cambio]], en el proceso de cambio simple, en la
circulación, sólo se presenta 1) como no producción de medios de sub-
sistencia inmediatos por el individuo mismo, mediante su trabajo di-
recto; 2) en segundo lugar como existencia del trabajo social general
en cuanto totalidad natural, que se descompone en un círculo de par-
ticularidades, puesto que esto es así, resulta que los sujetos de la circu-
lación poseen mercancías que se complementan, que cada una satisface
un lado de la necesidad total social del individuo, mientras que las re-
laciones económicas, que resultan de esta determinada división del tra-
bajo, son canceladas; en el análisis del valor de cambio no hemos
desarrollado detenidamente la división del trabajo, sino que la hemos
tomado como un hecho que se identifica con el valor de cambio,
hecho que en realidad sólo expresa de forma activa, como particulariza-
ción del trabajo, lo que en forma objetiva expresa el valor de uso dife-
rente de las mercancías —y sin este último no tendría lugar ningún
cambio y ningún valor de cambio. En realidad, A. Smith, como antes
de él otros economistas, Petty, Boisguillebert, italianos ([...? ...]),
allí donde expresa la división del trabajo como relacionada con el valor
de cambio, no ha hecho otra cosa. Pero Steuart, antes que ninguno, ha
concebido como algo idéntico la división del trabajo y la producción
de valores de cambio, y a diferencia, loable diferencia, de los demás
economistas, ha concebido esto como una forma de la producción social
y del cambio material social mediada por un proceso histórico particu-
lar. Lo que dice A. Smith sobre la fuerza productiva de la división del

trabajo es un punto de vista completamente ajeno, que no pertenece
a este lugar ni al lugar en que él lo ha colocado, y que además no
encaja en relación con un estadio de desarrollo determinado de la ma-
nufactura, con el sistema fabril moderno en general. La división del
trabajo, con la que tenemos que vérnosla aquí, es la división natural y
libre dentro del conjunto de la sociedad, que se muestra como produc-
ción de valores de cambio, y no la división del trabajo dentro de una
fábrica (su análisis y combinación en una rama de la producción indi-
vidual, o más bien la división social, la división de las ramas de la pro-
ducción que surge sin la intervención de los individuos por así decirlo).
La división del trabajo dentro de la sociedad responderá más al princi-
pio de la división del trabajo dentro de una fábrica en el sistema
egipcio, que en el sistema moderno. La descomposición del trabajo so-
cial en trabajo libre, independiente el uno del otro y convertido en
totalidad y unidad sólo mediante necesidad interna (no como en aque-
lla división a través del análisis consciente y de la combinación cons-
ciente de los elementos ya analizados), es algo completamente diferente
y determinado por leyes de desarrollo completamente diferentes, a pe-
sar de que una cierta forma de la una corresponde a una cierta forma
de la otra. Aún menos ha comprendido A. Smith la división del tra-
bajo, o bien en la forma simple en la que sólo es la forma activa del
valor de cambio, o en aquella otra forma en la que es una fuerza pro-
ductiva determinada del trabajo, sino que la ha concebido en aque-
lla forma en la que aparecen las contraposiciones económicas de la
producción, las determinaciones sociales cualitativas, bajo las cuales
los individuos se enfrentan como capitalista y trabajador asalariado,
capitalista industrial y rentista, arrendatario agrícola y propietario de
la tierra, es decir, las formas económicas de una determinada división
del trabajo.

Si el individuo produce sus medios de subsistencia inmediatos, como

ocurre, por ejemplo, en gran medida en los países en los que perduran
relaciones naturales en la agricultura, su producción no tiene un carác-
ter social y su trabajo no es un trabajo social. Si el individuo produce
como individuo privado —esta posición suya no es en modo alguno
un producto natural, sino un resultado refinado de un proceso social—,
el carácter social se muestra en que está determinado en el contenido
de su trabajo por la relación social, y en que sólo trabaja como miem-
bro de la sociedad, es decir, para las necesidades de todos los demás
—existe, por lo tanto, para él una dependencia social—, pero elige

discrecionalmente este o aquel trabajo; su relación particular con el
trabajo particular no está determinada socialmente; su voluntad discre-
cional está naturalmente determinada por su disposición natural, por

sus inclinaciones, por las condiciones naturales de la producción en la
que él se encuentra situado, etc.; de forma tal que, en realidad, la par-
ticularización del trabajo, la descomposición social del mismo en una
totalidad de ramas particulares, se presenta por parte del individuo en
la forma de que su propia particularidad espiritual y natural se da al
mismo tiempo la forma de una particularidad social. De su propia natu-
raleza y de sus presupuestos particulares procede para él la particularidad
de su trabajo —sólo la objetivación del mismo—, pero de una particu-
laridad que se muestra como imposición de un sistema particular de
necesidades y como realización de una rama particular de la actividad
social. La división del trabajo es concebida de esta manera como repro-
ducción social de la individualidad particular, que de esta forma re-
presenta un miembro en el desarrollo total de la humanidad y que
capacita al individuo a través de su actividad particular para el goce
de la producción general, para el goce social universal; esta concepción
tal como resulta de la circulación simple, que supone, por lo tanto,
confirmación de la libertad de los individuos, en lugar de la negación
de la misma, es de uso corriente todavía en la economía burguesa.

Esta diferenciación natural de los individuos y de sus necesidades
constituye el motivo de su integración social como individuos que cam-
bian. En primer lugar, los individuos se enfrentan en el acto de cambio
como personas, que se reconocen mutuamente como propietarios, como
personas cuyas voluntades penetran sus mercancías y en el que la apro-
piación recíproca, mediante la enajenación mutua, sólo tiene lugar a
través de un acuerdo de voluntad, es decir, esencialmente a través de
un contrato. Aquí entra en juego el momento jurídico de la persona
y de la libertad, que en ella está contenida. De ahí que en el derecho
romano el servus sea correctamente determinado como aquel que no
puede adquirir mediante el cambio. Además, está presente en la cons-
ciencia de los sujetos que cambian, que cada uno sólo es fin para sí
mismo en la transacción; que cada uno sólo es medio para el otro; fi-
nalmente, que la reciprocidad de acuerdo con la cual cada uno es al
mismo tiempo medio y fin, y sólo alcanza el propio fin, en la medida
en que se convierte en medio para el otro, y sólo se convierte en me-
dio, en la medida en que alcanza su propio fin —<que dicha reciprocidad
es un hecho necesario, presupuesto como condición natural del cambio,
pero que en cuanto tal es indiferente para los dos sujetos del cambio, y
sólo tiene interés en la medida en que ella es su interés. Es decir, el
interés común, que se presenta como el contenido del acto de cambio
total, existe ciertamente como realidad en la consciencia de ambas
partes, pero en cuanto tal no es el motivo del acto, sino que existe, por

así decirlo, a espaldas de los intereses individuales que se reflejan en
sí mismos. El sujeto puede, si quiere, tener también la consciencia
solemne, de que la satisfacción de su interés individual desconsiderado
es precisamente la realización del interés individual negado, es decir,
del interés general. Del acto de cambio cada uno de los sujetos retorna
a sí mismo como fin último de todo el proceso, como sujeto dominante.
Con ello se realiza, por lo tanto, la total libertad del sujeto. Transac-
ción voluntaria; ausencia de violencia por cualquier parte; conversión
en medio para otro sólo como medio para sí mismo o como autofín;
finalmente la consciencia de que el interés general o común sólo es
precisamente la universalidad del interés egoísta.

Si de esta manera la circulación es desde todos los lados una reali-
zación de la libertad individual, así también su proceso considerado en
cuanto tal, es decir, considerado en sus determinaciones formales eco-
nómicas —pues las relaciones de libertad no afectan directamente a
las determinaciones formales económicas del cambio, sino que se re-
fieren bien a su forma jurídica o al contenido, a los valores de uso o
necesidades en cuanto tales— constituye la realización completa de la
igualdad social. En cuanto sujetos de la circulación son ante todo in-
dividuos que cambian, y el hecho de que cada uno esté puesto en esta
determinación, es decir, en la misma determinación, constituye preci-
samente su determinación social. Ellos se enfrentan en realidad exclusi-
vamente como valores de cambio subjetivados, es decir, como equiva-
lentes vivos, que valen lo mismo. En cuanto tales no sólo son iguales,
sino que no tiene lugar ni una sola vez**” una diferencia entre ellos. Ellos
sólo se enfrentan como propietarios de valores de cambio y que necesi-
tan el cambio, como agentes del mismo trabajo social general indife-
rente. Y ciertamente ellos cambian valores de cambio de igual magni-
tud, pues se ha dado por supuesto que se cambian equivalentes. La
igualdad de lo que cada uno da y toma es aquí un momento expreso
del proceso mismo. De la misma forma que ellos se enfrentan en cuanto
sujetos del cambio, ellos se confirman en cuanto tales en el acto de
cambio. El acto en cuanto tal sólo consiste en esta confirmación. Ellos
son puestos como individuos que cambian, y, por lo tanto, como igua-
les, y sus mercancías (objetos) son puestos como equivalentes. Sólo cam-
bian su existencia objetiva como algo igualmente valioso. Ellos tienen

*192% Con esta página comienza un nuevo cuaderno. Marx diferencia en él dos
partes. La primera, que está constituida por las páginas 1-14, la designa en las
«Reseñas de mis propios cuadernos» como Cuaderno B”, la segunda, de la página
16 a la 19 del mismo cuaderno, como Cuaderno B”;y¡. Entre ambas partes se en-
cuentra vacía la página 15.

el mismo valor y se confirman en el acto de cambio como individuos
que valen igual e indiferentes el uno para el otro. Los equivalentes son
la objetivación de un sujeto para el otro; es decir, ellos valen lo mismo
y se confirman en el acto de cambio como individuos que valen lo mis-
mo e indiferentes el uno para el otro. Los sujetos sólo valen igual en
el cambio mediante los equivalentes y se confirman en cuanto tales
mediante el cambio de la objetividad, en la que cada uno existe para
el otro. Puesto que ellos sólo existen el uno para el otro en cuanto
sujetos de la equivalencia, ellos son al mismo tiempo, en cuanto indi-
viduos que valen igual, individuos indiferentes el uno para el otro. Sus
otras diferencias no interesan en absoluto. Su particularidad individual
no entra en el proceso. La diferenciación material en el valor de uso
de sus mercancías es cancelada en la existencia ideal de la mercancía
como precio; y en la medida en que esta diferenciación material es el
motivo del cambio, ellos son necesidad recíproca (representa cada uno
la necesidad del otro) y una necesidad que es satisfecha mediante la
misma cantidad de tiempo de trabajo. Esta diferenciación natural es el
fundamento de su igualdad social y los pone como sujetos del cambio.
Si la necesidad de A fuera la misma que la necesidad de B, no existiría
ninguna relación entre ellos, en la medida en que hablamos de relacio-
nes económicas (desde el punto de vista de su producción). La satisfac-
ción recíproca de sus necesidades a través de la diferenciación material
de su trabajo y de sus mercancías, convierte su igualdad en una relación
social consumada y su trabajo particular en un modo de existencia
particular del trabajo social en general.

En la medida en que interviene el dinero, éste está muy lejos de
suprimir la relación de igualdad, ya que en realidad es su expresión
real. Ante todo, en la medida en que funciona como elemento deter-
minador del precio, como medida, la función del dinero, incluso desde
un punto de vista formal, es precisamente la de poner a las mercancías
como cualitativamente idénticas, la de expresar su sustancia social idén-
tica, ya que sólo tiene lugar una diferenciación cuantitativa. En la
circulación también se presenta la mercancía de cada uno como idén-
tica; obtiene la misma forma social de medio de circulación; en el
que es cancelada toda particularidad del producto y en el que el propie-
tario de toda mercancía se convierte en propietario de la mercancía con
vigencia general, tangiblemente subjetivada. Aquí tiene vigencia en
sentido estricto lo de que el dinero non olef. Si el tálero que tengo
en la mano ha realizado el precio de estiércol o de seda, no se nota en
absoluto en él, y toda diferencia individual, en la medida en que el tálero
funciona como tálero, es cancelada en la mano de su poseedor. Este

hecho de cancelar todas las diferencias es, sin embargo, un hecho uni-
versal, ya que todas las mercancías se transforman en moneda. La circu-
lación no sólo equipara a cada uno en un momento determinado, sino
que los identifica, y su movimiento consiste en que cada uno alterna-
tivamente, considerada la función social, entre en el lugar del otro. En
la circulación los individuos que cambian se enfrentan cualitativamente
como comprador y vendedor, como mercancía y dinero, pero ellos
cambian de posición, y el proceso consiste tanto en la no equiparación
como en la negación de la equiparación, de manera tal que esta última
se presenta como exclusivamente formal. El comprador deviene vende-
dor, el vendedor deviene comprador y cada uno sólo puede devenir
comprador como vendedor. La diferencia formal para todos los sujetos
de la circulación existe simultáneamente como metamorfosis sociales
por las que han de pasar. Por lo demás, la mercancía idealmente como
precio vale tanto como el dinero que se le contrapone. En el dinero en
cuanto dinero en circulación que tan pronto aparece en una mano como
en otra, y que es indiferente a esta aparición, la igualdad está puesta
de manera objetiva y la diferencia como puramente formal. Cada uno
se enfrenta al otro como poseedor de medio de circulación, como dinero
incluso, en la medida en que se considera el proceso de cambio. La di-
ferenciación natural particular que existe en la mercancía es cancelada
y es constantemente cancelada a través de la circulación.

Cuando analizamos en general la relación social de los individuos
dentro de su proceso económico, tenemos que atenernos simplemente
a las determinaciones formales de este proceso mismo. Pero en la
circulación no existe otra diferencia que la de mercancía y dinero, y
la circulación es precisamente la desaparición constante de dicha dife-
rencia. La igualdad se presenta aquí como producto social, así como
en general el valor de cambio es un ente social.

Puesto que el dinero sólo es realización del valor de cambio y un
sistema desarrollado de cambio es sistema dinerario, el sistema dinerario
sólo puede ser en realidad la realización de este sistema de la igualdad
y la libertad.

En el valor de uso de la mercancía está contenido el lado individual
particular de la producción (del trabajo) para el individuo que cambia;
pero en su mercancía como valor de cambio todas las mercancías valen
uniformemente como objetivación de trabajo social, indiferenciado, de
trabajo a secas; sus propietarios valen como individuos de la misma
dignidad, como funcionarios iguales del proceso social.

Ya se ha mostrado antes que el dinero, en la medida en que se
presenta en su tercera función, como materia general de los contratos,

como medio de pago general, suprime toda diferencia específica en las
prestaciones,*!* las equipara. Equipara a todos ante el dinero; pero el
dinero es exclusivamente su propia relación social objetivada. En cuanto
materia de la acumulación y del atesoramiento, podría parecer que se
ha suprimido la igualdad, en la medida en que aparece la posibilidad
de que un individuo se enriquezca más que otro, obtenga más títulos
para la apropiación de la producción general que otro. Sólo que nadie
puede sustraer dinero a costa de otro. Sólo puede tomar en la forma de
dinero lo que da en la forma de mercancía. El uno goza el contenido
de la riqueza, el otro se pone en posesión de su forma general. Si uno
se empobrece y el otro se enriquece, esto es asunto de su libre volun-
tad, de su capacidad de ahorro, de trabajo, de su moral, etc., y no
procede en absoluto de las relaciones económicas, de las relaciones de
tráfico, en las que los individuos se enfrentan en la circulación. Incluso
la herencia y relaciones jurídicas de este tipo, que pueden prolongar las
desigualdades surgidas de esta manera, no suponen ningún ataque a
la igualdad social. Si la relación originaria del individuo A no está en
contradicción con ella, dicha contradicción no puede ser ciertamente
introducida por el hecho de que el individuo B ocupe el lugar del indi-
viduo A, es decir, perpetúe la relación originaria. Esto supone más
bien la imposición de la ley social por encima de los límites vitales na-
turales; una afirmación de la misma frente a la acción fortuita de la
naturaleza, cuya influencia en cuanto tal sería más bien la supresión
de la libertad del individuo. Por lo demás, puesto que el individuo en
esta relación sólo es la individuación del dinero, es en cuanto tal tan
inmortal como el dinero mismo. Finalmente, la actividad de atesora-
miento es una idiosincracia heroica, un fanatismo de la ascesis, que no
se hereda naturalmente como la sangre. Puesto que sólo son cambia-
dos equivalentes, la herencia tiene que arrojar de nuevo el dinero a
la circulación, para realizarlo como goce. Si no hace esto, continúa sien-
do simplemente un miembro útil para la sociedad y no toma de ella
más que lo que a ella le da. Pero la naturaleza de las cosas trae consigo
que la dilapidación, en cuanto «niveladora agradable»,? como dice
Steuart, equipara de nuevo la desigualdad, de forma tal que ésta sólo
se presenta de manera evanescente.

El proceso de cambio desarrollado en la circulación no sólo respeta,
por lo tanto, la libertad y la igualdad, sino que éstas son su producto;
dicho proceso de cambio es su base real. En cuanto puras ideas son la

22 Cfr. STEUART, Án Inquiry, etc. Vol. 1, pág. 367.

*1%3 prestaciones: también legible como determinaciones.

expresión idealizada de sus diferentes momentos; en cuanto desarro-
lladas en relaciones jurídicas, políticas o sociales, sólo son reproducidas
a otra potencia. Esto se ha confirmado incluso desde un punto de vista
histórico. No sólo fue formulada teóricamente la tríada propiedad, li-
bertad e igualdad por primera vez sobre esta base por los economistas
italianos, ingleses y franceses de los siglos xvI1 y XVIII. Sino que ade-
más se realizan por primera vez en la moderna sociedad burguesa. El
mundo antiguo, al que el valor de cambio no servía como base de la
producción, sino que sucumbía más bien con su desarrollo, produjo
una libertad y una igualdad de configuración completamente opuesta y
esencialmente local exclusivamente. Por otra parte, puesto que en el
mundo antiguo, al menos en el círculo de los libres, se desarrollaron los
momentos de la circulación simple, es explicable que en Roma y espe-
cialmente en la Roma imperial, cuya historia es precisamente la historia
de la disolución de la comunidad antigua, fueran desarrolladas las de-
terminaciones de la persona jurídica, del sujeto del proceso de cambio,
el derecho de la sociedad burguesa en sus determinaciones esenciales,
pero es sobre todo explicable que frente a la Edad Media tuviera que
ser hecho valer como el derecho de la naciente sociedad industrial.

De ahí el error de aquellos socialistas, a saber: los franceses, que
quieren demostrar que el socialismo es la realización de las ideas bur-
guesas, no descubiertas por la Revolución Francesa, sino puestas en
circulación históricamente por ella, y que se esfuerzan en la demostra-
ción de que el valor de cambio era originariamente (en el tiempo) o
conceptualmente (en su forma adecuada) un sistema de la libertad e
igualdad de todos, pero un sistema que ha sido falseado por el dinero, el
capital, etc. O también, que la historia sólo ha realizado hasta la fecha
intentos fallidos de imponerlo en la forma correspondiente a su verdad,
y que ahora, como pretende Proudhon, por ejemplo, él ha descubierto
una panacea mediante la cual ha de ser suministrada la historia auténtica
de estas relaciones en lugar de su historia falsificada. El sistema del
valor de cambio y aún más el sistema dinerario son en realidad el sis-
tema de la libertad y la igualdad. Pero las contradicciones que se pre-
sentan en un desarrollo más profundo, son contradicciones inmanentes,
complicaciones de esta propiedad, libertad e igualdad; que ocasional-
mente se transforman en su contrario. Es un deseo tan pío como
estúpido el de que, por ejemplo, el valor de cambio no se desarrolle a
partir de la forma mercancía y dinero hasta llegar a la forma de capital,
o que el trabajo productor de valor de cambio no se desarrolle hasta
llegar al trabajo asalariado. Lo que diferencia a estos socialistas de los
apologetas burgueses, es, por una parte, el hecho de sentir las contra-
dicciones del sistema y, por otra parte, el utopismo de no comprender

la diferencia necesaria entre la forma real y la ideal de la sociedad bur-
guesa, y de aceptar, en consecuencia, la tarea superflua de querer rea-
lizar de nuevo la expresión ideal, la fotografía aureolada y reflejada de
la realidad, sacada precisamente de ella.

A esta concepción se enfrenta desde otro lado la demostración in-
sulsa de que las contradicciones, frente a esta intuición que descansa
en la observación de la circulación simple, tan pronto como conseguimos
hasta estadios más concretos del proceso de producción, tan pronto
como descendemos de la superficie más en profundidad, son en rea-
lidad pura apariencia. Se afirma en realidad y se demuestra mediante
la abstracción de la forma específica de las esferas más desarrolladas
del proceso de producción social, de las relaciones económicas más ade-
lantadas, que todas las relaciones económicas no son más que nombres
diferentes para las mismas relaciones del cambio simple, del cambio de
mercancías y de las determinaciones de propiedad, libertad e igualdad
a ellas correspondientes. Se acepta, por lo tanto, a partir de la realidad
empírica, que junto al dinero y la mercancía se encuentran relaciones
de cambio en la forma de capital, interés, renta de la tierra, salario, etc.
Mediante el proceso de una abstracción muy burda, que discrecional-
mente deja de lado bien este aspecto bien este otro de la relación es-
pecífica, es reducida a las determinaciones abstractas de la circulación
simple y es demostrado de esta manera que las relaciones económicas,
en las que se encuentran los individuos en estas esferas más desarrolla-
das del proceso de producción, son exclusivamente las relaciones de
la circulación simple, etc. Es de esta manera como el señor Bastiat ha
compuesto su Teoría económica, las «Harmonies économiques». En
contraposición a la economía clásica de los Steuart, Smith, Ricardo,
que poseen la fuerza de presentar las relaciones de producción en su
forma pura, desconsideradamente, se afirma como un progreso este
dibujo coloreado, impotente y presuntuoso. Bastiat no es, sin embargo,
el inventor de esta concepción armónica, sino que la ha tomado pres-
tada más bien del americano Carey. Carey en cuya concepción actuaba
como trasfondo histórico el nuevo mundo del que es miembro, ha
demostrado en las obras muy numerosas de su primera época la «ar-
monía» económica, que no es más que la reducción a las determinacio-
nes abstractas del proceso de cambio simple, afirmando que dichas
relaciones han sido falsificadas en todas partes por el Estado por un
lado y por la intervención de Inglaterra en el mercado mundial por
otro. En sí mismas estas armonías existen. Dentro de los países no
americanos son falsificados, sin embargo, por el Estado y en América
misma por la forma más desarrollada en que estas relaciones aparecen,

por su realidad a nivel de mercado mundial en la forma de Inglaterra.*
Carey, para fabricar dichas armonías, no encuentra otro medio que
pedir finalmente ayuda al diablo por él denunciado, al Estado, como
ángel guardián, y ponerlo en la puerta del paraíso armónico —a saber:
los aranceles proteccionistas. Pero puesto que él es un investigador y
no un charlatán, como Bastiat, tenía que seguir más adelante con el
tema en su última obra («Slavery at home and abroad [?]»).*'* El des-
arrollo de América en los últimos 18 años ha dado a su concepción
armónica tal sacudida, que ahora ve la falsificación de las «armonías»
«naturales» que se mantienen todavía firmes en sí mismas no sólo en la
intervención externa del Estado, sino en el comercio! Maravilloso re-
sultado éste de celebrar el valor de cambio como fundamento de la
producción armónica, y negarlo después en sus leyes inmanentes me-
diante la forma desarrollada del cambio a través del comercio.** Es en
esta forma desesperada en la que expresa su juicio dilatorio,*** de que
el desarrollo del valor de cambio armónico es no armónico.

* Por ejemplo, es armónico el que dentro de un país la producción patriarcal

deje el campo libre a la producción industrial, y el proceso de disolución, que
acompaña a este desarrollo, sólo es aprehendido desde este su lado positivo. Pero
no es armónico, el hecho de que la gran industria inglesa ponga fin con terror a
las formas patriarcales y pequeñoburguesas de la producción nacional extranjera.
La concentración del capital dentro de un país y la acción disolvente de esta
concentración sólo presentan para él lados positivos. Pero los efectos del capital
inglés ya concentrado, lo que él denuncia como el monopolio de Inglaterra, sobre
otros capitales nacionales, es la no-armonía en persona.

** Carey es en realidad el único economista original de América, y a sus obras
le confiere una gran importancia, el hecho de que tienen como fundamento desde
un punto de vista material la sociedad burguesa en su realidad más libre y más
amplia. Él expresa en forma abstracta las grandes relaciones americanas y además
en contraposición al viejo mundo. El único trasfondo real de Bastiat es la pe-
queñez de las relaciones económicas francesas, que sacan por todas partes sus
largas orejas de sus Armonías, y en contraposición a las cuales las relaciones de
producción inglesas o americanas idealizadas son formuladas como «exigencias de
la razón práctica». Carey es, por lo tanto, rico en investigaciones autónomas,
de buena fe, por así decirlo, sobre cuestiones económicas específicas. Allí donde
Bastiat excepcionalmente desciende de sus lugares comunes coquetos y delicados a
la consideración de categorías reales, como, por ejemplo, la renta de la tierra,
simplemente copia a Carey. Mientras este último lucha fundamentalmente con

*1% En el manuscrito se han hecho comillas iniciales y de cierre, entre las
cuales se ha dejado espacio libre para una inclusión posterior.

*195  Dilatorio, también legible como dialéctico o delektorische (que satisface,
que gusta).

### 6) Transición al capital

Tomemos ahora el proceso de circulación en su totalidad:

Consideremos ante todo el carácter formal de la circulación simple.

En realidad, la circulación sólo representa el proceso formal en el
que son mediados los dos momentos que coinciden de manera inme-
diata y se separan de manera inmediata en la mercancía, cuya unidad
inmediata ella es —valor de uso y valor de cambio. La mercancía pasa
alternativamente por cada una de ambas determinaciones. En la medi-
da en que la mercancía es puesta como precio, es ciertamente valor de
cambio, pero su existencia como valor de uso se presenta como su rea-
lidad; su existencia como valor de cambio sólo es relación de la misma,
su existencia ideal. En el dinero la mercancía es ciertamente valor de
uso, pero su existencia como valor de cambio se presenta como su
realidad, ya que el valor de uso en cuanto valor de uso general sólo
existe idealmente.

En la mercancía, el material tiene un precio; en el dinero, el valor
de cambio posee un material,

Hay que considerar las dos formas de la circulación: M-D-M y
D-M-D.

La mercancía que ha sido cambiada mediante el dinero por otra
mercancía, sale de la circulación para ser consumida como valor de
uso. Su determinación como valor de cambio y, por lo tanto, como mer-
cancía es cancelada. Sólo es valor de uso en cuanto tal. Pero si se in-
dependiza frente a la circulación como dinero, sólo representa la forma
general de la riqueza carente de substancia y se convierte en un valor
de uso inútil, oro, plata, en la medida en que no entra de nuevo en la
circulación como medio de compra o medio de pago. Es en realidad
una contradicción el hecho de que el valor de cambio autónomo, la
existencia absoluta del valor de cambio, deba existir en una forma en
la que es sustraído el cambio. La única realidad económica, que posee
el atesoramiento en la circulación, es la de constituir una reserva subsi-
diaria para la función del dinero como medio de circulación (en las
dos formas de medio de compra y medio de pago), que permite la po-

las contradicciones contra su concepción armónica, en la forma en que son des-
arrolladas por los economistas ingleses clásicos, Bastiat se defiende frente a los
socialistas. La concepción más profunda de Carey encuentra en la economía
misma la contradicción con la que él ha de luchar como armónico, mientras que
el fatuo y respondón razonador la ve simplemente fuera.

sibilidad de la expansión y la contradicción del dinero en circulación
(por lo tanto, la función del dinero como mercancía general).

En la circulación tienen lugar dos cosas. Son cambiados equivalen-
tes, es decir, magnitudes de valores iguales; pero al mismo tiempo se
cambian respectivamente las determinaciones de ambos lados. El valor
de cambio fijado en dinero desaparece (para el propietario del dinero),
tan pronto como se realiza en la mercancía como valor de uso; y el
valor de uso existente en la mercancía desaparece (para su propietario),
tan pronto como su precio es realizado en dinero. En el acto simple
de cambio cada uno sólo puede perderse en su determinación frente
al otro, tan pronto como él se realiza en la del otro. Nadie puede man-
tenerse en una determinación, pasando a la otra.

La circulación considerada en sí misma es la mediación de extremos
presupuestos. Pero ella no pone estos extremos. Como conjunto de la
mediación, como proceso total, ella misma tiene que ser, por lo tanto,
mediada. Su ser inmediato es, por lo tanto, pura apariencia. Es la
forma de manifestación de un proceso que tiene lugar a sus espaldas.
Ahora es negada en cada uno de sus momentos, como mercancía, como
dinero y como relación de ambos, como cambio simple de ambos,
como circulación.

La repetición del proceso por ambos puntos, dinero y mercancía, no
procede de las condiciones de la circulación misma. El acto no puede
renovarse a partir de sí mismo. La circulación no lleva, por lo tanto, en
sí el principio de su autorrenovación. Parte de momentos presupuestos,
no puestos por ella misma. Las mercancías tienen que ser arrojadas a
ella constantemente de nuevo y además desde fuera, como el material
combustible en el fuego. De lo contrario, se acaba en la indiferencia.
Se acaba en el dinero como resultado indiferente, ya que el dinero, en
la medida en que no estuviera en relación con mercancías, precios,
circulación, habría dejado de ser dinero, de expresar una relación de
producción; del dinero sólo quedaría su existencia metálica, pero ha-
bría sido aniquilada su existencia económica.

Al dinero como «forma general de la riqueza», al valor de cambio
autonomizado se le enfrenta todo el mundo de la riqueza real. Es la
pura abstracción del mismo y es, por lo tanto, fijado como magnitud
imaginaria. Allí donde la riqueza general parece existir de forma com-
pletamente material, tangible en cuanto tal, tiene su existencia simple-
mente en mi cabeza, es pura quimera. Como representante material de
la riqueza general el dinero sólo es realizado, en la medida en que es
arrojado de nuevo a la circulación, en que desaparece frente a las for-
mas particulares de la riqueza. En la circulación sólo es real, en la me-

dida en que es dado. Si quiero conservarlo, se evapora en la mano como
un mero fantasma de la riqueza. El hecho de su desaparición es' la única
manera posible de asegurarlo como riqueza. La disolución de lo acu-
mulado en goces pasajeros es su realización. Ahora puede ser a su vez
acumulado por otros individuos, pero entonces empieza el proceso de
nuevo. La independencia del dinero frente a la circulación es pura
apariencia. El dinero se niega, por lo tanto, a sí mismo en su deter-
minación como valor de cambio perfecto.

En la circulación simple el valor de cambio en su forma como di-
nero se presenta como una cosa simple, para la cual la circulación sólo
es un movimiento externo, o para la cual en cuanto sujeto está indivi-
dualizado en una materia particular. Además, la circulación misma se
presenta como un movimiento exclusivamente formal: realización de
los precios de las mercancías, cambio (en última instancia) de diferentes
valores de uso entre sí. Ambas cosas están presupuestas como punto de
partida a la circulación: el valor de cambio de las mercancías, las mer-
cancías de diferentes valores de uso. Asimismo cae fuera de la circu-
lación la sustracción de mercancías a la circulación mediante el consumo
y, por lo tanto, su aniquilación como valor de cambio, y la sustracción
de dinero a la circulación, su independización, que es a su vez otra
forma de su aniquilación. El precio determinado (el valor de cambio
medido en dinero, por lo tanto, este último, la magnitud de valor) está
presupuesto a la circulación; la circulación sólo le da en el dinero una
existencia formal. Pero no se convierte en tal en ella.

La circulación simple, que es meramente el cambio de mercancía y
dinero, así como el cambio de mercancía en forma mediata, llegando
incluso hasta el atesoramiento, puede existir históricamente, precisa-
mente porque sólo es el movimiento mediador entre puntos de par-
tida presupuestos, sin que el valor de cambio haya abarcado la producción
de todo un pueblo en toda su superficie y en toda su profundidad.
Pero al mismo tiempo se muestra históricamente cómo la circulación
misma conduce a la producción burguesa, es decir, a la producción
creadora de valores de cambio y crea una base diferente de aquella de
la que partió de manera inmediata. El cambio del excedente es cambio
y tráfico creador de valor de cambio. Pero sólo se extiende al acto de
cambio mismo y juega un papel junto a la producción. Pero si se repite
la aparición del mediador que solicita el cambio (lombardos, norman-
dos, etc.) y se desarrolla un comercio continuado, en el que los pueblos
productores practican, por así decirlo, un comercio pasivo, en la medida
en que el impulso para la actividad creadora del cambio viene de fuera,
y no de la configuración interna de la producción, entonces el excedente

de la producción tiene que ser no un excedente fortuito, ocasional-
mente existente, sino un excedente constantemente repetido, y de esta
forma el producto mismo recibe una tendencia dirigida a la circulación,
a la creación de valores de cambio. Primero el efecto es más material,
El círculo de las necesidades se amplía; la finalidad es la satisfacción
de nuevas necesidades y, por lo tanto, mayor regularidad y aumento de
la producción. La organización de la producción interna está ya mo-
dificada por la circulación y el valor de cambio, pero no ha sido abarcada
todavía ni en toda su superficie ni en toda su profundidad. Éste es el
llamado efecto civilizador del comercio exterior. Ahora depende en
parte de la intensidad de esta acción desde el exterior, y en parte del
grado de desarrollo interno, en qué medida el movimiento creador de
valor de cambio abarcará toda la producción. En Inglaterra, por ejem-
plo, en el siglo xv1 el desarrollo de la industria de los Países Bajos dio
una gran importancia comercial a la producción inglesa de lana, a me-
dida que aumentó por otra parte la necesidad especialmente de mercan-
cías italianas y de los Países Bajos. Para tener ahora más lana como
medio de cambio para la exportación, fue transformada tierra de labor
en terreno de pasto para ovejas, fue hecho saltar en pedazos el sistema
de arrendamientos pequeños y tuvo lugar aquella transformación eco-
nómica violenta, que lamenta (denuncia) Tomás Moro. La agricultura
perdió, por lo tanto, el carácter de trabajo para el valor de uso —como
fuente de subsistencia inmediata— y el cambio del excedente perdió
el carácter externo, indiferente hasta el momento para la construcción
interna de las relaciones agrícolas. La misma agricultura comenzó a
estar determinada en ciertos puntos por la circulación exclusivamente,
y a ser transformada en producción creadora de puro valor de cambio.
De esta forma no sólo fue modificado el modo de producción, sino que
fueron además disueltas todas las relaciones de producción y población
viejas, tradicionales, todas las relaciones económicas que a él corres-
pondían. Así pues, a la circulación aquí le estaba presupuesta una pro-
ducción que sólo conocía el valor de cambio en la forma del excedente
sobre el valor de uso; pero se convirtió en una producción que sólo
tenía lugar en relación con la circulación, en una producción creadora
del valor de cambio como su objeto inmediato. Éste es un ejemplo de
la transición histórica de la circulación simple al capital, al valor de cam-
bio en cuanto forma dominante de la producción. ]

El movimiento afecta, pues, exclusivamente al excedente de la pro-
ducción pensada para el valor de uso inmediato, y sólo procede dentro
de estos límites. Cuanto menos esté abarcada toda la estructura eco-
nómica interna de la sociedad por el valor de cambio, tanto más se

presentan como extremos externos a la circulación, dados de forma fija
y relacionándose con ella de manera pasiva. Todo el movimiento en
cuanto tal se presenta autonomizado frente a ella como comercio inter-
medio, cuyos soportes, como los semitas en los intermundos del mundo
antiguo, los judíos, lombardos y normandos, en los de la sociedad me-
dieval, representan alternativamente frente a ellos los diferentes mo-
mentos de la circulación, mercancía y dinero. Éstos son los mediadores
del cambio material social.

Pero aquí no tenemos que vérnosla con la transición histórica de
la circulación en el capital. La circulación simple es más bien una es-
fera abstracta del proceso de producción total burgués, que se acredita
mediante sus propias determinaciones como momento, como mera for-
ma de manifestación de un proceso más profundo —el del capital in-
dustrial— que yace tras ella, que es el resultado de ella y que al mismo
tiempo la produce.

La circulación simple es, por una parte, el cambio de mercancías
ya existentes y la simple mediación de estos extremos, que yacen fuera
de ella, que le están presupuestos. Toda la actividad se reduce a la ac-
tividad del cambio y a la posición de las determinaciones formales que
recorre la mercancía como unidad de valor de uso y valor de cambio.
La mercancía estaba presupuesta en cuanto tal unidad, o lo que viene
a ser lo mismo, cualquier producto sólo era mercancía como unidad
inmediata de estas dos determinaciones. Realmente en cuanto tal uni-
dad, en cuanto mercancía, no lo es como ente en reposo (fijo), sino
únicamente en el movimiento social de'la circulación, en el que 1) las
dos determinaciones de la mercancía de ser valor de cambio y valor
de uso se reparten en diferentes lados. Para el vendedor es valor de
cambio, para el comprador valor de uso. Para el vendedor es medio
de cambio, es decir, lo contrario del valor de uso inmediato, por el
hecho de que es valor de uso para otro, y por lo tanto, negado como
valor de uso inmediato, individual: pero, por otra parte, en cuanto
precio es medido su volumen como medio de cambio, su poder de com-
pra. Para el comprador es valor de uso, por el hecho de que su precio
es realizado, por el hecho de que es realizada su existencia ideal como
dinero. Únicamente por el hecho de que la realiza para el otro en la
determinación del de cambio puro, existe para él mismo en la deter-
minación del valor de uso. El valor de uso mismo se presenta de for-
ma doble; en las manos del vendedor como simple materia particu-
lar del valor de cambio, como forma de existencia del valor de cambio;
pero para el comprador se presenta como valor de uso en cuanto tal,
es decir, como objeto de satisfacción de necesidades particulares; para

ambos como precio. Pero el uno quiere realizarlo como precio, como
dinero; el otro realiza el dinero en ella. Lo específico de la existencia
de la mercancía como medio de cambio es el hecho de que el valor de
uso se presenta 1) como valor de uso negado como valor de uso inme-
diato (individual), es decir, como valor de uso para los demás, para
la sociedad; 2) como materia del valor de cambio para su poseedor. La
duplicación y ocupación alternativa por parte de la mercancía de ambas
determinaciones, mercancía y dinero, es el contenido principal de la
circulación. Pero la mercancía no está simplemente contrapuesta al di-
nero; sino que su valor de cambio se presenta en ella idealmente como
dinero; en cuanto precio ella es dinero ideal, y el dinero frente a ella
sólo la realidad de su propio precio. En la mercancía existe también
el valor de cambio como determinación ideal, como equiparación ideal
con el dinero; posteriormente ella obtiene en el dinero como moneda
una forma de existencia abstracta, unilateral pero evanescente, en cuanto
mero valor; y después el valor se extingue en el valor de uso de la
mercancía comprada. Á partir del momento en el que la mercancía
existe como valor de uso simple, deja de ser mercancía. Su existencia
como valor de cambio se extingue. En tanto se encuentra en la circu-
lación, sin embargo, está siempre puesta de manera doble; no se trata
sólo de que existe como mercancía frente al dinero, sino de que existe
como mercancía con un precio, con un valor de cambio mensurado en
la unidad de medida de los valores de cambio.

El movimiento de la mercancía a través de los diferentes momen-
tos, en los que es primero precio, se convierte después en moneda y se
transforma finalmente en valor de uso. La mercancía está presupuesta
como valor de uso y valor de cambio, pues sólo de esta manera ella
es mercancía. Pero ella realiza formalmente estas determinaciones en
la circulación y las realiza en primer lugar, en la medida en que, como
se ha dicho, recorre las diferentes determinaciones; pero las realiza, en
segundo lugar, en la medida en que en el proceso de cambio su exis-
tencia como valor de uso y valor de cambio está repartida en dos la-
dos, en los dos extremos del cambio. Su naturaleza doble se separa en
la circulación y sólo se convierte en cada una de estas condiciones
en ella presupuestas mediante este proceso formal. La unidad de ambas
determinaciones se presenta como un movimiento sin reposo, que re-
corre ciertos momentos y que siempre es un movimiento en doble di-
rección. Sólo existe en esta relación social, de forma tal que las diferentes
determinaciones de la mercancía sólo son en realidad relaciones alter-
nativas, en las que se relacionan los sujetos del cambio durante el pro-
ceso de cambio. Esta relación se presenta, sin embargo, como una relación

objetiva, en la que es puesto mediante el contenido del cambio su ca-
rácter determinado social independiente de su voluntad. En el precio,
en la moneda, en el dinero, estas relaciones sociales se presentan como
relaciones externas a ellos, que los subsumen en ellas. La negación en
una determinación de la mercancía es siempre su realización en la otra.
Como precio ella está ya negada idealmente como valor de uso y puesta
como valor de cambio; como precio realizado, es decir, como dinero
es valor de uso negado; como dinero realizado, es decir, como medio
de compra negado es valor de cambio negado, es decir, valor de uso
realizado. En un primer momento sólo es valor de uso y valor de cam-
bio en potencia; sólo en la circulación es puesta como ambos, siendo
la circulación el cambio de estas determinaciones. Mientras de esta
manera la circulación es, por un lado, este carácter alternativo y esta
contraposición de las determinaciones de la mercancía, por el otro, la
circulación es también y siempre su equiparación.

En la medida en que consideramos la forma M-D-M, el valor de
cambio, bien en su forma de precio, bien en su forma de moneda, bien
en la forma del movimiento de equiparación, del movimiento de cam-
bio mismo, sólo se presenta como mediación evanescente. En última
instancia se cambia mercancía por mercancía, o mejor dicho, puesto que
la determinación de mercancía es cancelada, se cambian valores de uso
de diferente calidad entre sí, y la circulación misma sólo sirve para
hacer pasar, por una parte, los valores de uso a las manos de aquel que
tiene necesidad de ellos, y para hacerlos pasar, por otra, en la medida
en que está contenido en ellos tiempo de trabajo; es decir, para que se
sustituyan recíprocamente en la medida en que son momentos de igual
peso del tiempo de trabajo general social. Entonces las mercancías arro-
jadas a la circulación han alcanzado su finalidad. Cada una en las manos
de su nuevo propietario deja de ser mercancía; cada una deviene objeto
que satisface una necesidad y es consumida en cuanto tal según su na-
turaleza. De esta forma se pone, por lo tanto, fin a la circulación. No
queda más que el medio de circulación como residuo simple. Pero en
cuanto tal residuo pierde su determinación formal. Se hunde en su pro-
pia materia, que queda como ceniza inorgánica de todo el proceso. Tan
pronto como la mercancía se ha convertido en valor de uso en cuanto
tal, es arrojada fuera de la circulación, ha dejado de ser mercancía. No
es, por lo tanto, de acuerdo con este lado del contenido (de la mate-
ria), con el que tenemos que investigar las determinaciones formales
ulteriores. El valor de uso sólo se convierte en la circulación en aquello
que estaba presupuesto de manera independiente a la circulación, en
objeto que satisface una determinada necesidad. En cuanto tal era y

continúa siendo causa material de la circulación; pero no es afectado
por ella en absoluto en cuanto forma social. En el movimiento M-D-M
el lado material se presenta como el contenido auténtico del movi-
miento; el movimiento social sólo es mediación evanescente, para sa-
tisfacer las necesidades individuales. El cambio material del trabajo
social. En este movimiento la negación de la determinación formal, es
decir, de las determinaciones que proceden del proceso social, se pre-
senta no sólo como resultado, sino como finalidad; exactamente igual
que el entablar un proceso judicial para el campesino, si bien no para
el abogado. En consecuencia, para seguir la pista a la determinación
formal ulterior que resulta del movimiento de la circulación, tenemos
que aferrarnos al lado, en el que el lado formal, el valor de cambio en
cuanto tal continúa su desarrollo; en el que obtiene determinaciones
más profundas mediante el mismo proceso de la circulación. Al lado,
por lo tanto, del desarrollo del dinero, de la forma D-M-D.

El valor de cambio en cuanto cantidad objetivada del tiempo de
trabajo social progresa en la objetivación, que recibe en la circulación,
hasta llegar a su existencia como dinero, como tesoro y como medio de
pago general. Si el dinero es fijado ahora en esta forma, es cancelada
también su determinación formal; deja de ser dinero; se convierte en
puro metal, en puro valor de uso, que, puesto que no debe servir como
tal, en su calidad metálica, es inútil, y que, por lo tanto, no se realiza
como la mercancía como valor de uso en el consumo.

Hemos visto cómo la mercancía realiza los momentos en ella con-
tenidos, en la medida en que constantemente niega uno de ellos. Consi-
derado el movimiento de la mercancía en cuanto tal, el valor de cambio
existe idealmente en ella como precio; se convierte en medio de cambio
abstracto en la moneda; pero en su realización final en la otra mercan-
cía es cancelado su valor de cambio y cae fuera del proceso como valor
de uso simple, como objeto inmediato de consumo (M-D-M). Éste es
el movimiento de la mercancía, en el que su existencia como valor de
uso es el momento dominante y en el que el movimiento sólo es en
realidad aquel en el que ella asume precisamente la forma de valor
de uso correspondiente a la necesidad, en lugar de aquella en que se
encuentra como mercancía.

Si consideramos, por el contrario, el desarrollo ulterior del valor
de cambio en el dinero, vemos que sólo alcanza, en el primer movimien-
to, su existencia como dinero, o como moneda, como unidad y cantidad
numérica. Pero si tomamos conjuntamente ambos movimientos, en-
tonces se comprueba que el dinero que sólo existe en el precio como
medida ideal, como material representado del trabajo social, y que sólo

existe en la moneda como signo indicativo de valor, como existencia
abstracta y evanescente del valor, como representación materializada,
es decir, como símbolo, niega finalmente en su forma como dinero
ambas determinaciones, pero también las contiene a ambas como mo-
mentos, y se fija al mismo tiempo en una materia independiente frente
a la circulación y en constante relación con ella, si bien como relación
negativa.

Lo que deviene, surge y es producido en la circulación, considerada
su forma misma, es el dinero y nada más. Las mercancías son cambiadas
en la circulación, pero no tienen su génesis en ella. El dinero como
precio y moneda es ya ciertamente producto de la circulación, pero sólo
formalmente. El valor de cambio de la mercancía está presupuesto al
precio, así como también la moneda misma no es más que la forma
independiente de la mercancía como medio de cambio, que está asimis-
mo presupuesta. La circulación no crea el valor de cambio, ni tampoco
su magnitud. Para que una mercancía sea medida en dinero, la mer-
cancía y el dinero tienen que relacionarse como valores de cambio, es
decir, como objetivación de tiempo de trabajo. El valor de cambio de
la mercancía sólo obtiene en el precio una expresión separada de su
valor de uso; asimismo el signo indicativo de valor sólo nace del equiva-
lente, de la mercancía como medio de cambio. Como medio de cambio
la mercancía debe ser valor de uso, pero sólo debe convertirse en tal
mediante su venta, ya que ella es valor de uso no para aquel en cuyas
manos es mercancía, sino para aquel que la obtiene a través del cambio
como valor de uso. Su valor de uso para el propietario consiste sim-
plemente en su cambiabilidad, en su capacidad para ser vendida por
el volumen del valor de cambio en ella representado. Como medio de
cambio general su valor de uso en la circulación es, por lo tanto, el
de ser forma de existencia del valor de cambio, y su valor de uso
es cancelado en cuanto tal. Esto se presenta como un cambio formal
simple, por el que el valor de cambio es puesto como precio o el
medio de cambio como dinero. Cada mercancía en cuanto valor de cam-
bio realizado es el dinero de cuenta de las demás mercancías, el ele-
smento que le da precio, así como,también cada mercancía como medio
de cambio, como medio de circulación es moneda (pero aquí ella es
insuficiente por la extensión en la que es medio de cambio, ya que ella
sería simplemente medio de cambio frente a aquel que posee la mer-
cancía, que necesita el individuo que cambia, pero tendría que conver-
tirse en medio de cambio final en una serie de cambios; prescindiendo
de lo tosco de este proceso, la mercancía entraría en conflicto con su
naturaleza como valor de uso, ya que tendría que ser divisible en por-

ciones, para efectuar sucesivamente los diferentes cambios en las dife-
rentes proporciones). En el precio y en la moneda las dos determina-
ciones son transferidas a una mercancía. Esto se presenta como una
mera simplificación. En las proporciones en las que una mercancía es
el mensurador de valor de todas las demás mercancías, es medio de
cambio, equivalente, cambiable por ellas, puede servir realmente como
equivalente, como medio de cambio. El proceso de circulación sólo le
da a estas determinaciones una forma más abstracta en el dinero como
moneda y medio de cambio. La forma M-D-M, esta corriente de la circu-
lación, en la que el dinero sólo figura como medida y como moneda,
se presenta, por lo tanto, exclusivamente como una forma mediata del
trueque, en cuyo fundamento y contenido no ha cambiado nada. La
consciencia refleja de los pueblos concibe, en consecuencia, al dinero
en su determinación como medida y moneda como un invento arbitra-
rio, convencionalmente introducido por razones de comodidad; ya que
las transformaciones que experimentan las determinaciones contenidas
en la mercancía como valor de uso y valor de cambio sólo son formales.
El precio sólo es la expresión determinada del valor de cambio, la ex-
presión generalmente comprensible, que él tiene en el lenguaje de la
circulación, de la misma manera que la moneda, que también puede
existir en su forma de existencia como puro símbolo, es una expresión
meramente simbólica del valor de cambio; como medio de cambio, sin
embargo, continúa siendo exclusivamente medio para el cambio de mer-
cancías, y no se le añade, por lo tanto, ningún nuevo contenido. Precio
y moneda proceden ciertamente del tráfico; son en realidad expresiones
creadas por el tráfico, las expresiones de tráfico de las mercancías como
valor de cambio y medio de cambio.

Pero de forma diferente se relaciona con el dinero. El dinero es el
producto de la circulación que se sale fuera de ella en contra de lo con-
venido, por así decirlo.

El dinero no es una mera forma mediadora del cambio de mercan-
cías. Es una forma del valor de cambio que procede del proceso de
circulación; un producto social, que se engendra a sí mismo a través
de las relaciones en las que los individuos entran en la circulación. Tan
pronto como el oro y la plata (o cualquier otra mercancía) se han des-
arrollado como medida del valor y como medio de circulación (bien
sea en este último caso en su forma corporal o sustituida por un sím-
bolo), se convierten en dinero sin intervención de la sociedad. Su poder
se presenta como un sino, y la consciencia de los hombres, especial-
mente en los estadios sociales que perecen con el desarrollo profundo
de las relaciones de valor de cambio, se resiste contra el poder que

obtiene contra ellos una materia, una cosa, contra el imperio del mal-
dito metal, poder que se presenta como pura locura. Es en el dinero, y
además en el dinero en la forma más abstracta, más sin sentido y más
incomprensible —una forma en la que es negada toda mediación—, en
el que se presenta la transformación de las relaciones sociales mutuas
en una relación social fija, dominante, que subordina a los individuos
a ella. Y ciertamente la forma de manifestación es tanto más dura
cuanto que parte del presupuesto de personas privadas atomísticas, li-
bres, que actúan según su propia voluntad y que sólo se relacionan en
la producción a través de sus necesidades recíprocas. El dinero mismo
contiene en sí la negación de sus determinaciones, de medida y moneda.
[[En realidad, la mercancía, considerada en sí misma, debe ser para
su propietario simplemente la existencia del valor de cambio; para él
su materia sólo tiene el sentido de ser la objetividad del tiempo de tra-
bajo general, que es cambiable con cualquier otra objetividad del mis-
mo; y, por lo tanto, equivalente general, dinero, de forma inmediata.
Pero este lado está oculto, sólo se presenta como un lado.]] Los filó-
sofos antiguos, también Boisguillebert, consideran esto como una in-
versión, como un uso incorrecto del dinero, que se ha convertido de
siervo en señor, que desprecia la riqueza natural, que suprime la justa
proporción entre los equivalentes. Platón, en su República, quiere fijar
por la fuerza al dinero como simple medio de circulación y como me-
dida, pero no quiere dejarlo que se convierta en dinero en cuanto tal.
Aristóteles considera, en consecuencia, la forma de la circulación M-D-M,
en la que el dinero sólo funciona como medida y moneda, como un
movimiento, que él llama económico, natural y racional, mientras que
tacha a la forma D-M-D, a la crematística, de antinatural y contrapro-
ducente.? Contra lo que aquí se lucha es exclusivamente contra el hecho
de que el valor de cambio se convierta en el contenido y en la propia
finalidad de la circulación, es decir, contra la independización del valor
de cambio en cuanto tal; contra el hecho de que el valor en cuanto
tal se convierta en la finalidad del cambio y obtenga forma indepen-
diente, ante todo en la forma todavía simple y tangible del dinero. En
el hecho de vender para comprar, la finalidad es el valor de uso; en el
hecho de comprar para vender, la finalidad es el valor mismo.

Ya hemos visto que el dinero en realidad sólo existe en su función
de medio de circulación en suspenso, por el hecho de que debe entrar
posteriormente en la circulación como medio de compra o medio de

2 Cfr. ARISTOTELIS, Opera ex recensione Immanuelis Bekkeri. Tomus X,
De Republica, etc., L. 1, caps. IX-X (págs. 13-17).

pago. Por el contrario, su comportamiento autónomo frente a la circu-
lación, su sustracción a la circulación le priva de los dos valores: de
su valor de uso, pues no sirve como metal; de su valor de cambio, pues
él posee precisamente este valor de cambio sólo como momento de la
circulación, como el símbolo abstracto de su propio valor contrapuesto
alternativamente a las mercancías; como un momento del movimiento
formal de la mercancía misma. En tanto permanece sustraído a la circu-
lación, tiene tan poco valor como si estuviera enterrado en la mina
más profunda. Pero si entra de nuevo en circulación, pone fin a su
carácter no perecedero, perece el valor en él contenido en los valores
de uso de las mercancías por las que es cambiado, se convierte de nuevo
en puro medio de circulación. Éste es un momento. El dinero procede
de la circulación como su resultado, es decir, como la existencia ade-
cuada del valor de cambio, como el equivalente general existente para
sí mismo y persistente en sí mismo.

Por otra parte: en cuanto finalidad del cambio, es decir, como
movimiento que tiene como contenido el valor de cambio, el dinero, el
único contenido es el aumento de valor de cambio, la acumulación de
dinero. Pero en realidad este aumento es puramente formal. El valor
no procede del valor, sino que el valor es arrojado en la forma de mer-
cancía en la circulación, para ser sustraído a ella en la forma de valor
no utilizable como tesoro.

Maovtetv «adi os rávtes, ¿yo de pnui réveoda:
ypñors yáp Thodtov páptes +2

El enriquecimiento se presenta, pues, desde el punto de vista del
contenido como un empobrecimiento voluntario. Es exclusivamente la
ausencia de necesidad, la renuncia a la satisfacción de las necesidades,
la renuncia al valor de uso del valor, tal como existe en la forma de
mercancía, lo que hace posible acumularlo en la forma de dinero. El
movimiento real de la forma D-M-D no existe en la circulación sim-
ple, en la que solamente son traducidos los equivalentes de la forma
mercancía a la de dinero y a la inversa. Si cambio un tálero por una mer-
cancía de un tálero y vuelvo a cambiar la mercancía por otro tálero, el
proceso es un proceso carente de contenido. En la circulación simple
es esto lo único que se puede observar —el contenido de esta forma

2 La fuente no ha sido transmitida por Marx.

*19% «Todos dicen que eres rico, yo digo que eres pobre

pues el disfrute (de dinero) es testigo de riqueza.»

misma—, es decir, el dinero como fin en sí mismo. El hecho de que
la circulación se presenta en cuanto tal está claro; prescindiendo de la
cantidad, la forma dominante del comercio consiste en cambiar dinero
por mercancía y mercancía por dinero. Puede ocurrir, y ocurre, que en
este proceso el resultado no sea la misma cantidad de dinero que la
que figuraba como presupuesto. En un mal negocio puede salir menos
de lo que entró. Aquí hay que observar exclusivamente el significado;
la determinación ulterior no entra dentro de la circulación simple. En la
circulación simple el aumento de las magnitudes de valor, el movi-
miento en el que el aumento de valor es la finalidad, sólo se presenta
en la forma de acumulación, mediada por M-D, por la venta constante-
mente renovada de la mercancía, en la medida en que no le es permitido
al dinero efectuar su recorrido completo y en la medida en que una
vez que la mercancía se ha transformado en él, no se le deja a su vez
transformarse en mercancía. El dinero no se presenta, por lo tanto,
como lo exige la forma D-M-D, como punto de partida, sino única-
mente como resultado del cambio. Punto de partida sólo lo es, en la
medida en que la mercancía para el vendedor sólo vale como precio,
sólo debe existir como dinero y en la medida en que la arroja en esta
forma perecedera a la circulación, para obtenerlo en su forma eterna.
El valor de cambio era en realidad el presupuesto de la circulación, y
por lo tanto, el dinero; y asimismo su existencia adecuada y el aumento
del mismo se presenta como el resultado de la circulación; en la me-
dida en que ésta acaba en la acumulación de dinero.

El dinero, por lo tanto, en su concreta determinación como dinero,
en la que es ya la negación de sus dos determinaciones como simple
medida y simple moneda, es negado en el movimiento de la circula-
ción, en el que estaba puesto como dinero. Pero lo que es negado con
ello, es simplemente la forma abstracta, en la que se presenta la auto-
nomización del valor de cambio en el dinero —y la forma abstracta
del proceso de esta autonomización. Toda la circulación, desde el punto
de vista del valor de cambio, es negada, en la medida en que no con-
tiene en ella misma el principio de su autorrenovación.

La circulación parte de las dos determinaciones de la mercancía,
como valor de uso y como valor de cambio. En la medida en que la pri-
mera determinación es la dominante, acaba en la autonomización del
valor de uso; la mercancía se convierte en objeto del consumo. En la
medida en que la segunda determinación es la dominante, acaba en la se-
gunda determinación, en la autonomización del valor de cambio. La
mercancía se convierte en dinero. Pero ella sólo se convierte en esta
última determinación a través del proceso de la circulación y continúa

relacionándose con la circulación. En la última determinación conti-
núa desarrollándose como tiempo de trabajo general objetivado, en su
forma social. Desde este último lado tiene que tener lugar, por lo tanto,
la ulterior determinación del trabajo social, que originariamente se pre-
senta como valor de cambio de la mercancía y después como dinero.
El valor de cambio es la forma social en cuanto tal; la continuación de
su desarrollo es, por lo tanto, la continuación del desarrollo o la pro-
fundización del proceso social, que arroja la mercancía a su superficie.

Si partimos ahora, como hicimos antes con la mercancía, del valor
de cambio en cuanto tal —su autonomización es el resultado del pro-
ceso de circulación— encontramos lo siguiente:

1) El valor de cambio existe de manera doble, como mercancía y
como dinero; este último se presenta como su forma adecuada; pero
en la mercancía, en tanto existe como mercancía, el dinero no se pierde,
sino que existe en ella como su precio. La existencia del valor de cam-
bio se duplica, por lo tanto, una vez en valores de uso, y la otra en
dinero. Pero ambas formas se cambian entre sí y mediante el simple
cambio en cuanto tal el valor no perece.

2) Puesto que el dinero se presenta como precipitado y resultado
del proceso de circulación, para conservarse como dinero tiene que ser
capaz de entrar de nuevo en dicho proceso, es decir, tiene que ser capaz
de no convertirse en la circulación en mero instrumento de la circula-
ción, que desaparece en la forma de mercancía frente al simple valor
de uso. El dinero, en la medida en que entra en una determinación,
tiene que no perderse en la otra, es decir, tiene que continuar siendo
dinero en su existencia como mercancía, y en su forma de existencia
como dinero tiene que existir como forma pasajera de la mercancía; en
su existencia como mercancía no debe perder la relación con el valor
de cambio, y en su existencia como dinero no debe perder la relación
con el valor de uso. Su ingreso en la circulación tiene que ser un mo-
mento de su permanencia en sí mismo, y su permanencia en sí mismo
un momento de su ingreso en la circulación. El valor de cambio está,
por lo tanto, ahora determinado como un proceso, no ya como una for-
ma puramente evanescente del valor de uso, que es indiferente frente
a éste en cuanto contenido material, ni tampoco como simple cosa en
la forma de dinero; está determinado como relación consigo mismo a
través del proceso de la circulación. Por otra parte, la circulación misma
no se presenta como un simple proceso formal, en el que la mercancía
recorre sus diferentes determinaciones, sino que el valor de cambio
mismo, y además el valor de cambio medido en dinero, tiene que pre-
sentarse como el presupuesto mismo puesto por la circulación y presu-

puesto a ella en cuanto puesto por ella. La circulación misma tiene que
presentarse como un momento de la producción de valores de cambio
(como proceso de la producción de valores de cambio). En la autono-
mización del valor de cambio, en el dinero sólo está puesto en realidad
su indiferencia frente al valor de uso particular, en el que él se incor-
pora. El equivalente general autonomizado es dinero, tanto si existe
en la forma de mercancía como si existe en la forma de dinero. La auto-
nomización en el dinero tiene que presentarse exclusivamente como un
momento del movimiento, como resultado de la circulación, pero tiene
que estar destinado a comenzar de nuevo la circulación, a no petrifi-
carse en esta forma.

El dinero, es decir, el valor de cambio autonomizado, que ha sur-
gido del proceso de circulación como resultado y al mismo tiempo como
impulso vivo a la circulación (si bien esto último sólo en la forma li-
mitada de atesoramiento), se ha negado a sí mismo como simple mo-
neda, es decir, como simple forma evanescente del valor de cambio,*”
como simple forma que se deshace en la circulación; se ha negado
también a sí mismo en cuanto forma autónoma que se enfrenta a la
circulación. Para no petrificarse como tesoro, tiene que entrar de nuevo
en la circulación, como ha salido de ella, pero no como simple medio
de circulación, sino que su existencia como medio de circulación y, por
lo tanto, su transformación en mercancía tiene que ser mera modifica-
ción formal, para presentarse de nuevo en su forma adecuada, como
valor de cambio adecuado, pero al mismo tiempo como valor de cambio
multiplicado, aumentado, como valor de cambio valorizado. El valor que
se valoriza, es decir, se multiplica en la circulación, es en general el
valor de cambio existente para sí mismo, que recorre como fin en sí
mismo la circulación. Esta valorización, este aumento cuantitativo del
valor —el único proceso que el valor puede recorrer en cuanto tal—
se presenta en la acumulación de dinero sólo de forma contrapuesta
a la circulación, es decir, mediante su propia negación. La circulación
misma tiene que ser más bien puesta como el proceso, en el que el va-
lor de cambio se conserva y se valoriza. Pero en la circulación el dinero
se convierte en moneda y en cuanto tal se cambia por mercancías. Ahora
bien, si este cambio no debe ser exclusivamente formal, o si el valor
de cambio no debe perderse en el consumo de una mercancía —Je
forma tal que sea cambiada simplemente la forma del valor de cambio,
que una vez se presenta como su existencia abstracta general en di-

*19 Valor de cambio, en el manuscrito: valor de uso.

nero, y la otra como su existencia en el valor de uso particular de la
mercancía— si esto no debe ser así, el valor de cambio tiene que ser
cambiado en realidad por el valor de uso, y la mercancía tiene que
ser consumida como valor de uso, pero tiene que conservarse como
valor de cambio en este consumo. O dicho de otra manera, su destruc-
ción tiene que producirse, pero únicamente como medio para la génesis
de un valor de cambio mayor, como medio para la reproducción y pro-
ducción de valor de cambio; tiene que ser, pues, un consumo produc-
tivo, es decir, consumo mediante el trabajo, para objetivar trabajo, para
producir valor de cambio. La producción de valor de cambio es en
general producción de un valor de cambio mayor exclusivamente, mul-
tiplicación del mismo. Su reproducción simple modifica el valor de uso
en el que existe, como lo hace la circulación simple, pero no lo produce,
no lo crea. A

El valor de cambio autonomizado presupone la circulación como
momento desarrollado y se presenta como un proceso constante, que
pone la circulación, retorna a sí mismo constantemente a partir de ella
y la vuelve a poner de nuevo. El valor de cambio como movimiento
creador de sí mismo no se presenta ya como el movimiento exclusiva-
mente formal de valores de cambio presupuestos, sino que se presenta
al mismo tiempo como movimiento que se produce y reproduce a sí
mismo. La producción misma no está aquí presente antes que sus re-
sultados, es decir, no está presupuesta; sino que se presenta al mismo
tiempo como productora de estos resultados; pero ella ya no pone al
valor de cambio como mero conductor de la circulación, sino que pre-
supone al mismo tiempo la circulación desarrollada en su proceso.

Para autonomizarse, el valor de cambio tiene no sólo que proceder
como resultado de la circulación, sino que tiene que ser capaz de entrar
de nuevo en ella, de conservarse en ella, que es como él se convierte
en mercancía. En el dinero el valor de cambio ha recibido una forma
autónoma frente a la circulación M-D-M, es decir, frente a su diso-
lución final en mero valor de uso. Pero es una autonomía exclusiva-
mente negativa, evanescente o ilusoria, si es fijada. Sólo existe en re-
lación con la circulación y como posibilidad de entrar en ella. Pero
pierde esta determinación tan pronto como se realiza. Recae en sus
dos funciones como medida y como medio de circulación. En cuanto
simple dinero no pasa por encima de esta determinación. Pero al mismo
tiempo está implícito en la circulación el que el dinero continúe siendo
dinero, el que existe en cuanto tal o como precio de la mercancía. El
movimiento de la circulación tiene que presentarse no como el movi-
miento de su desaparición, sino más bien como el movimiento de su

autocolocación real como valor de cambio, como la realización de su de-
terminación como valor de cambio. Si se cambia mercancía por dinero,
la forma del valor de cambio, el valor de cambio puesto como valor de
cambio, el dinero, sólo se petrifica en tanto se mantiene fuera del cam-
bio, en el que funciona como valor, en tanto se sustrae al cambio, y
es, por lo tanto, pura realización ilusoria del valor de cambio, valor de
cambio puramente ideal en esta forma en la que la autonomía del valor
de cambio existe de manera tangible.

El mismo valor de cambio tiene que convertirse en dinero, mercan-
cía, mercancía, dinero, la exigencia puesta por la forma D-M-D. En la
circulación simple la mercancía se convierte en dinero y después en
mercancía; es otra mercancía diferente la que se pone a su vez como
dinero. El valor de cambio no conserva en este cambio su forma. Pero
en la circulación está ya implícito que el dinero sea ambas cosas, dinero
y mercancía, y que se conserve en el cambio de ambas determinaciones.

En la circulación el valor de cambio se presenta de forma doble,
una vez como mercancía y la otra como dinero. Cuando está en una
determinación no lo está en la otra. Esto vale para cada mercancía
particular; también para el dinero como medio de circulación. Pero
considerada la circulación en su totalidad, está implícito en ella, el que
el mismo valor de cambio, el valor de cambio como sujeto, se ponga
una vez como mercancía y la otra como dinero, y el movimiento con-
siste precisamente en ponerse en esta doble determinación y en conser-
varse en cada una de ellas como su contrario, en la mercancía como
dinero, y en el dinero como mercancía. Esto que ya está presente en
la circulación simple, no está, sin embargo, puesto en ella.

Cuando en la circulación simple las determinaciones se relacionan
recíprocamente de forma autónoma, de manera positiva, como en la
mercancía, que se convierte en objeto del consumo, entonces dejan de
ser un momento del proceso económico; cuando lo hacen de manera
negativa, como en el dinero, entonces se convierten en locura, una
locura que procede del propio proceso económico.

No se puede decir que el valor de cambio se realiza en la circula-
ción simple, porque el valor de uso no se le enfrenta en cuanto tal,
porque es un valor de uso determinado por él mismo. Por el contrario,
el valor de uso en cuanto tal no se convierte en valor de cambio, o
sólo se convierte en valor de cambio en la medida en que la deter-
minación de ser tiempo de trabajo general objetivado es añadida al
valor de uso como criterio mensurador externo. Su unidad se descom-
pone de manera inmediata y su diferencia se unifica también de manera
inmediata. El hecho de que el valor de uso en cuanto tal sea mediado

por el valor de cambio, y el hecho de que el valor de cambio se medie
a sí mismo a través del valor de uso, tiene que ser puesto ahora. En la
circulación simple teníamos exclusivamente dos determinaciones for-
males diferentes del valor de cambio —dinero y precio de la mercan-
cía; y únicamente dos valores de uso materialmente diferentes— M-M,
para los cuales el dinero en cuanto valor de cambio sólo era una me-
diación evanescente, una forma que las mercancías tenían que asumir
pasajeramente. No tenía lugar una relación real de valor de cambio y
valor de uso. Junto al valor de uso existe también el valor de cambio
como precio (como determinación ideal); en el dinero existe también
el valor de uso, como su realidad, como su material. En un caso el va-
lor de cambio era exclusivamente ideal, en el otro lo era el valor de
uso. La mercancía en cuanto tal —su valor de uso particular— sólo
es, por lo tanto, la causa material del cambio, pero cae en cuanto tal
fuera de la determinación formal económica; o la determinación for-
mal económica sólo es forma superficial, determinación formal, que no
profundiza en el ámbito de la sustancia real de la riqueza y que no se
relaciona con ésta en cuanto tal en absoluto; de ahí que, en el caso de
que esta determinación formal deba ser conservada en el tesoro, se
transforma bajo cuerda en un producto natural indiferente, en un me-
tal, en el que es cancelada su relación en última instancia con la circu-
lación. El metal en cuanto tal no expresa naturalmente ninguna rela-
ción social; incluso la forma de moneda está cancelada en él, el último
signo indicativo de vida de su significado social.

El valor de cambio, en cuanto presupuesto y resultado de la circu-
lación, tal como ha salido de ella, tiene que entrar también de nuevo
en ella.

Ya hemos visto cómo en el dinero y en el atesoramiento se pre-
senta el hecho de que el aumento de dinero, la multiplicación del mis-
mo, es el único proceso de la forma de la circulación, el cual existe
como fin en sí mismo para el valor; es decir, que el valor que se auto-
nomiza y se conserva en la forma de valor de cambio (ante todo como
dinero) es al mismo tiempo el proceso de su aumento; que su auto-
conservación como valor es al mismo tiempo la superación de sus barre-
ras cuantitativas, su aumento en cuanto magnitud de valor, y que la
autonomización del valor de cambio no tiene ningún otro contenido. La
conservación del valor de cambio en cuanto tal a través de la circulación
se presenta al mismo tiempo como el hecho de aumentarse a sí mismo,
y este hecho se presenta como su autovalorización, como su autocoloca-
ción activa en cuanto valor creador de valor, en cuanto valor que se
reproduce y se conserva, pero al mismo tiempo como valor que se pone
como valor, es decir, como plusvalía. Este proceso es todavía exclusiva-

mente formal en el atesoramiento. En la medida en que se considera al
individuo se presenta como un movimiento sin contenido, que transfor-
ma la riqueza de una forma útil a una inútil, estéril según su propia
determinación. En la medida en que se considera el proceso económico
en su totalidad, el atesoramiento sólo sirve como una de las condiciones
de la propia circulación metálica. En tanto el dinero continúa siendo te-
soro, no funciona como valor de cambio, o es dinero imaginario. Por
otra parte, el aumento, el ponerse-a-sí-mismo-como-valor, el valor que
no sólo se conserva a través de la circulación, sino que produce a par-
tir de ella, que se pone, por lo tanto, como plusvalía, es también exclu-
sivamente imaginario. La misma magnitud de valor, que existía antes
en la forma de mercancía, existe ahora en la forma de dinero; es
acumulada en esta última forma, porque se renuncia a él en la otra. En
el caso de que sea realizado, desaparece en el consumo. La conserva-
ción y aumento del valor sólo es, por lo tanto, abstracta, formal. Úni-
camente la forma de dicha conservación y aumento es puesta en la cir-
culación simple.

En cuanto forma de la riqueza general, en cuanto valor de cambio
autónomo, el dinero no es capaz de otro movimiento que el cuantita-
tivo de aumentarse. De acuerdo con su concepto es el resumen de todos
los valores de uso; pero en cuanto magnitud de valor determinada ex-
clusivamente, en cuanto suma determinada de oro y plata, que es como
existe siempre, su límite cuantitativo está en contradicción con su ca-
lidad. Está implícito, por lo tanto, en su naturaleza el impulso a pasar
por encima de sus propios límites. (En cuanto riqueza que se disfruta,
por ejemplo, en la época imperial romana, se presenta, en consecuencia,
como una dilapidación sin límites, loca, que intenta elevar el goce a su
ideal ausencia de límites, es decir, que en cuanto forma de la riqueza
lo trata al mismo tiempo como valor de uso. Ensalada de perlas, etc.)
Para el valor que se fija en sí mismo como valor, el aumento coincide,
en consecuencia, con la autoconservación y sólo se conserva por el hecho
de que constantemente expulsa sus límites cuantitativos que contradi-
cen su generalidad intrínseca. El enriquecerse es, pues, la finalidad
propia. La actividad teleológica: del valor de cambio autónomo sólo
puede ser el enriquecimiento, es decir, el aumento de sí mismo; la re-
producción, pero no sólo formal, sino aquella en la que él se aumenta
a sí mismo en la reproducción. Pero en cuanto magnitud de valor
cuantitativamente determinada, el dinero sólo es el representante limi-
tado de la riqueza general o el representante de una riqueza limitada,
que llega tan lejos como la magnitud de su valor de cambio, y que está
exactamente medido por ella. En consecuencia, no tiene la capacidad,

que debería tener según su concepto general, de comprar todos los
goces, todas las mercancías, la totalidad de la riqueza material; no es
un «précis de toutes les choses». Fijado como riqueza, como forma ge-
neral de la riqueza, como valor que vale como valor, es, por lo tanto, el
impulso constante a pasar por encima de sus límites cuantitativos; un
proceso sin fin. Su propia vitalidad consiste exclusivamente en esto;
sólo se conserva como valor que vale para sí mismo diferente del valor
de uso, en la medida en que ciertamente se multiplica mediante el pro-
ceso de cambio. El valor activo sólo es el valor creador de plusvalía.
La única función como valor de cambio es el cambio mismo. Es en
esta función en la que tiene que aumentarse y no mediante su sustrac-
ción, como en el atesoramiento. En éste el dinero no funciona como
dinero. Sustraído a la circulación como tesoro no funciona ni como va-
lor, de cambio ni como valor de uso; es tesoro muerto, improductivo.
De él no parte ninguna acción. Su aumento es un añadido externo, en
la medida en que son arrojadas de nuevo mercancías a la circulación
y es traducido el valor de la forma mercancía a la forma dinero y es
luego puesto en seguridad en esta última forma, es decir, deja de ser
dinero en general. Pero si entra de nuevo en la circulación, desaparece
como valor de cambio.

El dinero que resulta de la circulación y se autonomiza como valor
de cambio adecuado, pero que entra de nuevo en la circulación, se eter-
niza y se valoriza (multiplica) en ella y mediante ella: es el capital. En
el capital el dinero ha perdido su carácter pétreo y se ha convertido de
una cosa tangible en un proceso. El dinero y la mercancía en cuanto
tales, así como la propia circulación simple, sólo existen para el capital
como momentos abstractos particulares de su existencia, en los cuales
el capital constantemente se presenta, constantemente pasa de uno a
otro y constantemente desaparece. La autonomización no se presenta
en la forma en la que el dinero en cuanto valor de cambio abstracto
autonomizado —dinero— se contraponía a la circulación, sino en la
forma de que la propia circulación es al mismo tiempo el proceso de
su autonomización; el capital en cuanto ente autónomo sale de ella.

En la forma D-M-D está incluido de manera expresa el hecho de
que la autonomización del dinero como proceso debe presentarse tanto
en cuanto presupuesto como en cuanto resultado de la circulación. Pero
esta forma en cuanto tal no obtiene en la circulación simple ningún con-
tenido, no se presenta como un movimiento con contenido. Un movi-
miento de la circulación para el cual el valor de cambio no sólo es
forma, sino el contenido y la finalidad misma y que, por lo tanto, existe
en cuanto la forma del valor de cambio itinerante.

En la circulación simple el valor de cambio autónomo, el dinero en
cuanto tal, sólo se presenta como resultado, caput mortuum del mo-
vimiento. Tiene que presentarse asimismo como su presupuesto; su
resultado como su presupuesto y su presupuesto como su resultado.

El dinero tiene que conservarse como dinero, tanto en su forma
como dinero como en su forma como mercancía; y el intercambio de
estas determinaciones, el proceso en el que el dinero recorre estas
metamorfosis, tiene que presentarse al mismo tiempo como su proceso
de producción, como el creador de sí mismo, es decir, como el aumen-
to de su magnitud de valor. En la medida en que el dinero se convierte
en mercancía, y la mercancía en cuanto tal es consumida necesaria-
mente como valor de uso, tiene que perecer, tiene que producirse este
aniquilamiento, tiene que efectuarse este consumo, de forma tal que
el consumo de la mercancía como valor de uso se presente como un
momento del proceso del valor que se reproduce a sí mismo.

El dinero y la mercancía, así como la relación de ambos en la circu-
lación, se presentan ahora tanto en cuanto presupuestos simples del
capital, como, por otra parte, en cuanto formas de existencia del mismo;
tanto en cuanto presupuestos elementales y simples existentes para el
capital, como por otra parte, en cuanto formas de existencia y resultados
del mismo.

El carácter no perecedero al que aspira el dinero, en la medida en
que se relaciona de manera negativa con la circulación (se sustrae a
ella), lo alcanza el capital, precisamente en la medida en que se aban-
dona a la circulación. El capital en cuanto valor de cambio que pre-
supone la circulación, está presupuesto a ella y se conserva en ella,
asume alternativamente los dos momentos contenidos en la circulación
simple, pero no como en la circulación simple, en la que sólo pasa
de una forma a la otra, sino de manera tal que en cada una de las de-
terminaciones existe al mismo tiempo la relación con la opuesta. Cuando
se presenta como dinero, es ahora exclusivamente la expresión abstrac-
ta unilateral de sí mismo como generalidad; en la medida en que su-
prime esta forma, suprime exclusivamente su determinación antagónica
(la forma antagónica de la generalidad). Puesto como dinero, es decir,
como esta forma antagónica de la generalidad del valor de cambio, está
puesto al mismo tiempo en él, el que no debe perder, como en la circu-
lación simple, la generalidad, sino únicamente su determinación anta-
gónica, o que sólo la asuma de manera evanescente, es decir, que se
cambie de nuevo por mercancía, pero en cuanto mercancía que expresa
en su particularidad la generalidad del valor de cambio, y que, por lo
tanto, cambia constantemente su forma determinada.

La mercancía no sólo es valor de cambio, sino también valor de
uso, y en cuanto esto último tiene que ser consumida de acuerdo con
su finalidad. En la medida en que la mercancía sirve como valor de
uso, es decir, en su consumo, tiene que conservarse al mismo tiempo
como valor de cambio y tiene que presentarse como el alma que deter-
mina la finalidad del consumo. En consecuencia, el proceso de su ani-
quilación tiene que presentarse al mismo tiempo como el proceso de
la aniquilación de su aniquilación, es decir, como el proceso repro-
ductor. El consumo de la mercancía no está dirigido, por lo tanto, al
goce inmediato, sino que se presenta como un momento de la repro-
ducción de su valor de cambio. El valor de cambio no sólo arroja como
resultado la forma de la mercancía, sino que se presenta como el fuego
en el que se deshace su substancia. Esta determinación procede del
propio concepto de valor de uso. Pero en la forma de dinero el capital
sólo se presentará por una parte de forma evanescente como medio
de circulación, y por otra en la forma de estar puesto sólo en-cuanto-
momento, transitoriamente, en la determinación de valor de cambio
adecuado.

La circulación simple es, por una parte, el presupuesto ya existente
de la mercancía, y sus extremos, el dinero y la mercancía, se presentan
como presupuestos elementales, como formas que pueden convertirse
en potencia en capital, o que son meras esferas abstractas del proceso
de producción del capital presupuesto. Por otra parte, retornan al ca-
pital como a su abismo o que conducen a él (introducir aquí el ejemplo
histórico citado más arriba).

En el capital, el dinero, el valor de cambio autónomo presupuesto,
se presenta no sólo como valor de cambio, sino como valor de cambio
autónomo en cuanto resultado de la circulación. Y en realidad no tiene
lugar ninguna constitución de capital, hasta que no se ha desarrollado
hasta un cierto nivel la esfera de la circulación simple, si bien esta
parte de condiciones de producción completamente diferentes que las
del capital. Por otra parte, el dinero está puesto como creador de la
circulación, del movimiento de su propio proceso, como movimiento
de su propia realización del valor que se perpetúa y se valoriza. En
cuanto presupuesto es aquí al mismo tiempo resultado del proceso de
circulación, y en cuanto resultado es al mismo tiempo presupuesto
de la forma determinada del mismo, que estaba determinada como
D-M-D (ante todo, únicamente de esta corriente de la circulación). El
capital es unidad de mercancía y dinero, pero la unidad itinerante de
ambas, y no la una ni el otro, si bien sí la una en cuanto al otro.

El capital se conserva y valoriza en y a través de la circulación. Por

otra parte, el valor de cambio no está ya presupuesto en cuanto valor
de cambio simple, tal como existe en cuanto determinación simple junto
a la mercancía, antes de que ésta entre en la circulación, o en cuanto
determinación exclusivamente ideal, ya que ella sólo se convierte en
la circulación en valor de cambio de manera evanescente. El valor de
cambio existe en la forma de la objetividad, pero es indiferente al hecho
de que esta objetividad sea la del dinero o la de la mercancía. Él pro-
cede de la circulación; la presupone, por lo tanto; pero parte al mismo
tiempo de sí mismo como presupuesto frente a ella.

Puesto que la existencia real de la mercancía es su valor de uso,
puesto que la existencia del valor de uso es su consumo, y puesto que
a partir del valor de uso de la mercancía que se realiza tiene que pro-
ceder a su vez el valor de cambio, en el cambio real de dinero por
mercancía, tal como es expresado por la forma D-M-D, el dinero y el
consumo de la mercancía tiene que presentarse tanto como una forma
de su conservación, como de su autovalorización. La circulación se
presenta frente al valor de cambio como momento del proceso de su
propia realización.

La existencia real de la mercancía, su existencia como valor de uso,
cae fuera de la circulación simple. Pero tiene que ser un momento en
el proceso del capital, en el que el consumo de la mercancía se pre-
senta como un momento de su autovalorización.

En tanto el dinero, es decir, el valor de cambio autónomo sólo se
fija frente a su contrario, frente al valor de uso en cuanto tal, sólo es
capaz en realidad de una existencia abstracta. Tiene que conservarse
en su contrario, en su transformación en valor de uso y en el proceso
del valor de uso, en el consumo y tiene que crecer en cuanto valor de
cambio, es decir, el consumo del valor de uso mismo —la negación
activa así como la posición del mismo— tiene que transformarse en
la reproducción y producción del mismo valor de cambio.

En la circulación simple cada mercancía aparece alternativamente
como valor de cambio o valor de uso. Tan pronto como es realizada en
cuanto esto último, cae fuera de la circulación. En la medida en que la
mercancía es fijada en el valor de cambio, en el dinero, tiende hacia
la misma ausencia de forma, pero cayendo dentro de la relación eco-
nómica. En cualquier caso, las mercancías sólo tienen interés en la re-
lación de cambio (circulación simple), en la medida en que tienen valor
de cambio.

Por otra parte, el valor de cambio sólo tiene un interés pasajero,
en la medida en que niega la unilateralidad del valor de uso, de ser
exclusivamente y de manera inmediata valor de uso existente para los

individuos; el valor de cambio acerca el valor de uso al hombre; no
cambia en nada el valor de uso al ponerlo como valor de uso para los
demás (los compradores). Sin embargo, en la medida en que el valor
de cambio en cuanto tal es fijado en el dinero, el valor de uso se le
enfrenta exclusivamente como un caos abstracto; y precisamente a
través de la separación de su sustancia coincide él en sí mismo y se aleja
de la esfera del valor de cambio simple, cuyo movimiento supremo es
la circulación simple, y cuya perfección suma es el dinero. Dentro de la
esfera existe, sin embargo, la diferencia como una diferencia exclusi-
vamente formal, como una diferenciación superficial. El dinero en su
máxima fijeza es de nuevo mercancía.

## TERCER CAPÍTULO. EL CAPITAL

### A. Proceso de producción del capital
### 1) Transformación del dinero en capital

En cuanto resultado de la circulación simple el capital existe ante todo
en la forma simple de dinero. Pero la autonomía objetiva, que obtie-
ne en cuanto tesoro en esta forma frente a la circulación, ha desapare-
cido. En su existencia como dinero, como expresión adecuada del
equivalente general, sólo se dice más bien que el dinero es indiferente
frente a la particularidad de cualquier mercancía, y que puede asumir
la forma de cualquier mercancía. No es esta o aquella mercancía, sino
que puede ser metamorfoseado en cualquier mercancía y continúa
siendo en cada una de ellas la misma magnitud de valor y un valor que
se relaciona consigo mismo como fin en sí mismo. El capital que existe
ante todo en la forma de dinero no permanece, por lo tanto, contra-
puesto a la circulación; tiene más bien que entrar en ella. Tampoco se
pierde en la circulación al convertirse de la forma dinero en la forma
mercancía. Su existencia como dinero sólo es más bien su existencia
como valor de cambio adecuado, que puede transformarse indiferente-
mente en cualquier clase de mercancía. En toda clase de mercancía con-
tinúa como valor de cambio que se conserva en sí mismo. Pero el
capital sólo puede ser valor de cambio independiente, en la medida en
que se independiza frente a un tercero, en una relación con un tercero.
[[Su existencia como dinero es doble: puede ser cambiado discrecio-
nalmente por cualquier mercancía, y no está vinculado como valor de
cambio general a la sustancia particular de ninguna mercancía; en se-
gundo lugar: continúa siendo dinero incluso cuando es mercancía; es
decir, el material en el que existe no se presenta como objeto para la

*188 Aquí comienza el cuaderno B”;,.

satisfacción de una necesidad individual, sino como materia del valor
de cambio, que sólo adopta esta forma para mantenerse y aumentarse. ]]
Este tercero no son las mercancías. Pues el capital es el dinero, que a
partir de su forma como dinero se convierte indiferentemente en cual-
quier otra mercancía, sin perderse en ella como objeto de consumo in-
dividual. En lugar de excluirlo, el círculo total de las mercancías, todas
las mercancías, se presentan como otras tantas encarnaciones del mismo
dinero. Por lo que a la diferenciación material natural de las mercan-
cías se refiere, ninguna excluye que el dinero ocupe su lugar, la con-
vierta en su propio cuerpo, ya que ninguna excluye la determinación
del dinero en la mercancía. Todo el mundo objetivo de la riqueza se
presenta ahora como cuerpo del dinero, exactamente igual que el oro y
la plata, y es precisamente la diferencia exclusivamente formal entre el
dinero en la forma de dinero y su diferencia en la forma de mercancía,
la que lo capacita para asumir de manera uniforme una forma o la otra,
para pasar de la forma dinero a la forma de mercancía. (La independi-
zación sólo consiste en el hecho de que el valor de cambio se afirma
como valor de cambio, independientemente de que exista en la forma
de dinero o en la forma de mercancía, y sólo pasa a adoptar la forma de
mercancía para valorizarse.)

El dinero es ahora trabajo objetivado, tanto si posee la forma de
dinero como la de mercancía particular. Ningún modo de existencia
objetivo del trabajo se contrapone al capital, sino que cada uno de ellos
se presenta como modo de existencia posible del mismo, que él puede
asumir mediante un simple cambio de forma, mediante el cambio de
la forma dinero a la forma mercancía. La única contraposición frente
al trabajo objetivado es el trabajo no objetivado; en contraposición al
trabajo objetivado el trabajo subjetivo. O en contraposición al trabajo
temporalmente pasado pero que existe espacialmente, el trabajo vivo
temporalmente presente. En cuanto trabajo no objetivado temporal-
mente presente (y, por lo tanto, en cuanto trabajo todavía no objeti-
vado) éste sólo puede existir como capacidad, posibilidad, facultad, como
capacidad de trabajo del sujeto vivo. Al capital en cuanto trabajo ob-
jetivado que se conserva en sí mismo sólo puede contraponérsele la
propia capacidad de trabajo viva y, por lo tanto, el único cambio a tra-
vés del cual el dinero puede convertirse en capital es aquel en el que
participan el propietario del capital y el propietario de la capacidad
de trabajo viva, es decir, el trabajador.

El valor de cambio en cuanto valor de cambio sólo puede indepen-
dizarse en general frente al valor de uso, que se le enfrenta en cuanto
tal. Sólo en esta relación puede independizarse el valor de cambio en
cuanto tal; ser puesto y funcionar en cuanto tal. En el dinero, el valor

de cambio sólo podía obtener esta independencia, por el hecho de que
se abstraía del valor de uso, y la abstracción activa, el permanecer en
contraposición al valor de uso, aparecía aquí en realidad como el único
método de conservar y aumentar el valor de cambio en cuanto tal. El
valor de cambio debe ahora, por el contrario, conservarse en su exis-
tencia como valor de uso, en su existencia real y no sólo formal como
valor de uso, en cuanto valor de cambio, es decir, debe conservarse
como valor de cambio en el valor de uso en cuanto valor de uso y
realizarse a partir de él. La existencia auténtica de los valores de uso
consiste en su negación real, en su consumo, en su aniquilamiento en
el consumo. Es, por lo tanto, en esta su negación real como valores de
uso, en esta negación inmanente a ellos mismos, en la que el valor
de cambio tiene que confirmarse, en la que tiene que mantenerse frente
al valor de uso, o mejor dicho, en la que tiene que convertir la exis-
tencia activa del valor de uso en confirmación del valor de cambio. No
se trata de la negación, en la medida en que el valor de cambio en
cuanto precio es la mera determinación formal del valor de uso, en la
cual este último es negado de manera ideal, pero en la que, en realidad,
el valor de cambio sólo se presenta como una determinación formal
evanescente que le está yuxtapuesta. Tampoco se trata de su fijación
en el oro y la plata, en la cual una sustancia fija e inmóvil se presenta
como la existencia petrificada del valor de cambio. En realidad, en el
dinero está ya implícito el que el valor de uso sea simple materia, sim-
ple realidad del valor de cambio. Pero se trata solamente de la exis-
tencia tangiblemente pensada de su abstracción. Sin embargo, en la
medida en que el valor de uso en cuanto valor de uso, es decir, el con-
sumo de la mercancía misma es determinado como creador del valor de
cambio, y como simple instrumento para crearlo, el valor de uso de la
mercancía sólo es en realidad afirmación del valor de cambio itine-
rante. La negación auténtica del valor de uso que no existe en la abs-
tracción del mismo sino en su consumo (no en el hecho de permanecer-
en-tensión frente a él), esta su negación real, que es al mismo tiempo
su realización como valor de uso, tiene que ser convertido, en conse-
cuencia, en un acto de autoafirmación y autoconfirmación del valor de
cambio. Pero esto sólo es posible en la medida en que la mercancía es
consumida por el trabajo, en que su consumo mismo se presenta como
objetivación del trabajo y, por lo tanto, como creación de valor. Para
conservarse y confirmarse, no sólo de manera ideal como en el dinero,
sino en su existencia real como mercancía, el valor de cambio objetivado
en el dinero tiene que apropiarse el trabajo, tiene que cambiarse con él.

El valor de uso no es para el dinero un artículo de consumo en el

que él se pierde, sino el valor de uso a través del cual se conserva y
aumenta. Para el dinero en cuanto capital no existe ningún otro valor
de uso. Es éste precisamente su comportamiento como valor de cambio
respecto del valor de uso. El único valor de uso, que puede constituir
una contraposición y un complemento para el dinero como capital, es
el trabajo, y éste existe en la capacidad de trabajo, que existe como
sujeto. En cuanto capital el dinero sólo existe en relación con el no-
capital, con la negación del capital, únicamente en relación con la cual
es capital. El no-capital auténtico es el trabajo mismo. El primer paso
que convierte al dinero en capital es su cambio con la capacidad de
trabajo, para transformar simultáneamente mediante esta última el
consumo de las mercancías, es decir, su posición y negación real como
valores de uso, en su confirmación como valor de cambio.

El cambio. mediante el cual el dinero se convierte en capital no pue-
de ser el cambio con mercancías, sino el cambio con su contraposición
conceptualmente determinada, con la mercancía que se encuentra en
una contraposición conceptualmente determinada con él mismo, con el
trabajo.

Al valor de cambio en la forma del dinero se le contrapone el va-
lor de cambio en la forma de valor de uso particular. Pero todas las
mercancías particulares, en cuanto modos de existencia particulares del
trabajo objetivado, son ahora expresión indiferente del valor de cam-
bio, en el que el dinero puede transformarse sin perderse. No es, por
lo tanto, a través del cambio con estas mercancías, ya que ahora puede
darse por supuesto de manera indiferente el hecho de que exista en
una u otra forma, como el dinero puede perder su carácter simple. Sino
a través del cambio con la única forma del valor de uso, que él no es
de manera inmediata —a saber: con el trabajo objetivado— y al mismo
tiempo con el valor de uso inmediato para el dinero en cuanto valor de
cambio en proceso —de nuevo con el trabajo. Únicamente a través
del cambio del dinero con el trabajo puede proceder, en consecuencia,
su transformación en capital. El valor de uso por el que puede ser cam-
biado el dinero en cuanto capital en potencia, sólo puede ser el valor
de uso a partir del cual el valor de cambio mismo es producido y
aumentado. Pero dicho valor de uso sólo lo es el trabajo. El valor de
cambio sólo se puede realizar en cuanto tal, en la medida en que se
contrapone al valor de uso —no a éste o a aquél — sino al valor de
uso en relación consigo mismo. Éste es el trabajo. La propia capacidad
de trabajo es el valor de uso cuyo consumo coincide de manera inme-
diata con la objetivación del trabajo y, por lo tanto, con la creación del
valor de cambio. Para el dinero en cuanto capital la capacidad de tra-

bajo es el valor de uso inmediato, por el que ha de ser cambiado. En
la circulación simple el contenido del valor de uso era indiferente,
yacía fuera de la relación económica formal. Aquí es un momento eco-
nómico esencial de la misma. En la medida en que el valor de cambio
es determinado exclusivamente por el hecho de conservarse en el cam-
bio, esto ocurre, porque él se cambia con el valor de uso que le está
contrapuesto de acuerdo con su propia determinación formal.

La condición de la transformación del dinero en capital consiste en
que el propietario de dinero puede cambiar dinero por la capacidad de
trabajo ajena en cuanto mercancía. Es decir, en que la capacidad de tra-
bajo sea vendida dentro de la circulación como mercancía, pues dentro
de la circulación simple los individuos que cambian sólo se contraponen
como compradores y vendedores. La condición consiste, por lo tanto,
en que el trabajador venda su capacidad de trabajo como mercancía
que puede ser utilizada: es decir, en que el trabajador es libre. La con-
dición consiste, por lo tanto, en que el trabajador dispone, en primer
lugar, como propietario libre sobre su capacidad de trabajo, y se relacio-
na con ella como con una mercancía; para ello tiene que ser propie-
tario libre de la misma. Pero, en segundo lugar, la condición consiste
en que él tiene que cambiar su trabajo no en la forma de otra mercan-
cía, de trabajo objetivado, sino que la única mercancía que puede ofre-
cer, que puede vender, es precisamente su capacidad de trabajo viva, su
capacidad de trabajo presente en su corporeidad viva; en consecuen-
cia, las condiciones de la objetivación de su trabajo, las condiciones
objetivas de su trabajo, existen como propiedad ajena, en el. otro lado
en la circulación, fuera de las mercancías que le son propias. El hecho
de que el propietario del dinero —o el dinero, pues para nosotros el
primero sólo es en el proceso económico la personificación del segun-
do— encuentre la capacidad de trabajo en el mercado, en los confines
de la circulación, como mercancía, este presupuesto, del que partimos
aquí, y del que parte la sociedad burguesa en su proceso de producción,
es evidentemente el resultado de un largo desarrollo histórico, el resul-
tado de muchas transformaciones económicas, y presupone la destruc-
ción de otros modos de producción (relaciones sociales de producción) y
un determinado desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social.
El proceso histórico determinado ya pasado que está incluido en este
presupuesto, será formulado de forma más precisa en un análisis ulte-
rior de la relación. Pero este nivel de desarrollo histórico de la produc-
ción económica —cuyo producto es ya el trabajador libre— es un pre-
supuesto para el devenir y aún más para la existencia del capital en
cuanto tal. Su existencia es el resultado de un lento proceso histórico

en la configuración económica de la sociedad. En este punto se muestra
de manera precisa, cómo la forma dialéctica de la exposición sólo es
correcta cuando conoce sus límites. A partir del análisis de la circula-
ción simple obteníamos el concepto general de capital, porque dentro
del modo de producción burgués la propia circulación simple sólo existe
como presupuesto del capital y que presupone la existencia de este
último. El resultado de la misma no convierte al capital en la encarna-
ción de una idea eterna; sino que muestra cómo únicamente en la
realidad, sólo como forma necesaria, la producción que descansa sobre
el valor de cambio tiene que desembocar en el trabajo creador de va-
lor de cambio.

Es de una importancia esencial fijar este punto, de que la relación,
tal como se presenta aquí en cuanto simple relación de circulación
—ante todo como perteneciente a ella por completo y como una rela-
ción que sólo va más allá de los límites de la circulación simple a través
del valor de uso específico de las mercancías que han de ser cambia-
das—, sólo es una relación de dinero y mercancía, de los equivalentes
en la forma de polos contrapuestos, tal como se presentan en la circu-
lación simple. Dentro de la circulación el cambio entre capital y tra-
bajo, tal como se presente en cuanto simple relación de circulación, no
es el cambio entre dinero y trabajo, sino el cambio entre dinero y la
capacidad de trabajo viva. En cuanto valor de uso, la capacidad de tra
bajo sólo es realizada en la actividad del trabajo mismo, pero de la
misma manera en que una botella de vino que es comprada sólo
realiza su valor de uso en el acto de beber vino. El trabajo no cae
dentro del proceso de la circulación simple, así como tampoco lo
hace el beber. El vino como capacidad, en potencia, es algo sus-
ceptible de ser bebido, y la compra de vino es apropiación de algo
que puede ser bebido. Así también la compra de la capacidad de tra-
bajo es capacidad de disposición sobre el trabajo. Puesto que la capaci-
dad de trabajo existe en la vitalidad del sujeto y sólo se manifiesta
como la propia exteriorización vital del mismo, la compra de la capa-
cidad de trabajo representa de manera natural la apropiación del título
que da derecho a su utilización, mientras que en el acto de la utilización
el comprador y el vendedor están en una relación diferente de aquella
que tiene lugar entre individuos que cambian trabajo objetivado, tra-
bajo que existe como objeto fuera de los productores. Esto no obstacu-
liza la relación de cambio simple. Es exclusivamente la naturaleza es-
pecífica del valor de uso que es comprado con el dinero —a saber: que
su consumo, el consumo de la capacidad de trabajo, es producción,
tiempo de trabajo que se objetiva, consumo creador de valor de cam-
bio— la que convierte el cambio entre dinero y trabajo en el cambio

específico D-M-D, en el que es puesto como finalidad del cambio el
propio valor de cambio y en el que el valor de uso comprado es de
manera inmediata valor de uso para el valor de cambio, es decir, valor
de uso creador de valor.

Es indiferente el hecho de que el dinero sea considerado aquí como
simple medio de circulación (medio de compra)**” o como medio de
pago. En la medida en que alguien, que me ha vendido, por ejemplo,
el valor de uso de 12 horas de su capacidad de trabajo, que me ha ven-
dido su capacidad de trabajo por doce horas, sólo me la ha vendido en
realidad cuando ha trabajado las 12 horas, es decir, sólo cuando al fi-
nal de las 12 horas me ha suministrado su capacidad de trabajo durante
12 horas, está implícito en la naturaleza de la relación el hecho de que
el dinero se presenta aquí como medio de pago; la compra y la venta
no son realizadas de manera inmediata y de forma simultánea por am-
bas partes. Lo importante es aquí exclusivamente lo siguiente: que el
medio de pago, el medio de pago general, es el dinero y que el traba-
jador no entra, por lo tanto, como comprador mediante una forma
natural particular de pago, sino mediante las relaciones de circulación.
Él transforma su capacidad de trabajo de manera inmediata en el equi-
valente general, y en cuanto propietario de éste él mantiene la misma
relación —de acuerdo con el volumen de su magnitud de valor—, una
relación idéntica en la circulación general que cualquier otro; y asimis-
mo la riqueza general, la riqueza en su forma social general y como, la
posibilidad de todos los goces es la finalidad de su venta.*

*19 Medio de compra aparece en el manuscrito sin signos de inclusión sobre
«medio de circulación».

*20 Aquí se interrumpe el manuscrito. En la página siguiente sólo se encuentra
el encabezamiento:
Trabajo productivo e improductivo

En las últimas páginas de este cuaderno están las «Reseñas de mis propios cus-
dernos».

## ÍNDICES COMPUESTOS POR MARX DE SUS CUADERNOS DE 1857-1858 (1859)

Reseñas de mis propios cuadernos . . . . . . . págs. 485-499

Esta visión de conjunto del material no utilizado en el texto impreso
de Zur Kritik der Politischen Okonomie, que está contenido en los
cuadernos M, 1-VII, B' y B”, la escribió Marx en Febrero de 1859
aproximadamente cuando se preparaba para escribir el capítulo ter-
cero de Zur Kritik, es decir, las entregas tercera y siguientes de su
obra. Las reseñas se encuentran en las últimas páginas del mismo
cuaderno, una de cuyas partes constitutivas (las páginas 1-14) fue
denominada B”, la otra (las páginas 16-19) B”y1.

[Proyecto de 1859) . . . . . . . +. . +. . págs. 501-509

Este proyecto probablemente lo redactó Marx inmediatamente des-
pués de la redacción de las reseñas, es decir, alrededor de Febrero-
Marzo de 1859. El proyecto se encuentra en un cuaderno particular.

[Visión de conjunto de Marx del material de sus cuadernos de manuscritos
de 1857-1858 susceptible de ser utilizado para el tercer capítulo de
Zur Kritik.]

## RESEÑAS DE MIS PROPIOS CUADERNOS*””

Cuaderno C.*” (págs. 37-39). Arist[óteles].” M-D-M; D-M-D.
Cuaderno A.*” (págs. 22, 23, 24) (Mercado mundial etc.). Relaciones
sociales. Relaciones personales. (ib.) (23, 24). (Véase lo que se dice allí
mismo sobre la independencia burguesa etc.). (Ideas).

Cuaderno B'*”*. Forma de manifestación de la ley de la apropia-
ción en la circulación simple. ¿Por qué la propiedad del trabajo propio
y la enajenación del trabajo propio, es decir, el trabajo propio se pre-
senta como el fundamento de la propiedad? (pág. 17) (18). Contradic-

sw Cfr. ArISTOTELIS, Opera ex recensione Immanuelis Bekkeri, etc. Tomus IX,
Oxonii 1837, Ethica Nicomachea, L. V, cap. VIII.

*2l Esta visión de conjunto del contenido se encuentra al final del Cua-

derno B”, que contiene el final del texto original de los dos primeros capítulos
de «Zur kritik» y el comienzo del «Tercer Capítulo. El Capital». La parte del
cuaderno correspondiente a este «Tercer Capítulo», es decir, las páginas 16-19,
las designa Marx como Cuaderno B”;y.

*22 El cuaderno C no existe. Este cuaderno contenía evidentemente el texto
original del primer capítulo y el comienzo del segundo de «Zur Kritik».

*23 Cuaderno A. Esta denominación se encuentra como denominación se-
cundaria en la cubierta del Cuaderno 1, OME 21, págs. 39-154. Como parte
constitutiva del manuscrito de los «Grundrisse» este cuaderno figura como
Cuaderno I; como parte constitutiva del texto original de los dos capítulos de
«Zur Kritik» como Cuaderno A.

*2% Este cuaderno es la parte intermedia del texto original de los dos capí-
tulos de «Zur Kritik» que han sido conservados. El comienzo lo constituye el
Cuaderno C extraviado.

ciones en esto. (18). Imperio de la libertad e igualdad burguesas. (18
ss.) Primera ley: Apropiación mediante el trabajo propio. Segunda
ley: Enajenación o transformación del producto en forma social. (1. c.)
División del trabajo. (1. c.) (19). Arrendatario agrícola inglés y cam-
pesino francés. (l. c.) (División del trabajo. Los trabajos particulares
útiles etc.) (20, 21). (División del trabajo como realización de la liber-
tad y de la individualidad natural. ib.) Libertad de la persona. (21).
(Igualdad) ib. (21 final.) Continuación:

Cuaderno B”** (este cuaderno) (Véase el dinero allí mismo.*”*
1.*) (la igualdad conexa con ello). Igualdad. (1. 2.) (Propiedad. Liber-
tad. Igualdad). Los armónicos (3). La circulación simple como fenó-
meno de un proceso que procede tras ella. (4). Transición histórica de
la circulación al capital. (5). (Circulación.) (6, 7). El dinero es el pro-
ducto propiamente dicho de la circulación. (7) (8) (9). (Resultado, el
dinero, la circulación). Valor de cambio como proceso. (10) (11). Di-
nero-Capital. (12) (13).

Cuaderno M. Individuos independientes. Ideas del siglo xvrr. (1).
Eternización de las relaciones de producción históricas (2, 3). Produc-
ción y distribución en general. (3, 4). Propiedad (4). Producción. Dis-
tribución. Consumo. Cambio. (5, 6, 7, 8, 9). Distribución y Produc-
ción. (9, 10, 11, 12). Cambio y Producción. (13).

Cuaderno B”u. Transformación del dinero en capital (16-19.) (De-
sarrollada a partir de la relación del valor de cambio autonomizado
respecto al valor de uso.) pág. 19. (El dinero como medio de pago con-
trapuesto al trabajador.)

Cuaderno 11. Cambio simple. Relaciones de los individuos que
cambian. Armonías de igualdad, libertad etc. (7-9, 10). (Bastiat. Prou-
dhon.) (11-12).

Capital. Suma de valores. (12). Propiedad de la tierra y capital.
(13). El capital procede de la circulación. El valor de cambio es su
contenido. Capital comercial. Capital monetario e interés del dinero.

*25 De acuerdo con la indicación de Marx el Cuaderno B” es la continuación
del Cuaderno B' y contiene las «Reseñas»; la indicación de contenido de Marx
en las «Reseñas» coincide con el contenido de las páginas 1-13 de este Cuaderno.

*206 Se refiere al cuaderno B'.

(13). La circulación presupone otro proceso. Movimiento entre extre-
mos presupuestos. (14). Transición de la circulación a la producción
capitalista. (14, 15). Capital es trabajo objetivado etc. (15). Suma de
valores para la producción de valores. (15, 16). Circulación etc. Pre-
supuesto del capital. (16). Say. Sismondi. (17). Producto y capital. Va-
lor y capital. Proudhon. (18). Capital y trabajo. Valor de cambio y
valor de uso para el valor de cambio. (19). El dinero y su valor de uso
(el trabajo) en esta relación es el capital. La automultiplicación del
valor es su propio movimiento. (20). La frase de que ningún capita-
lista invertirá su capital sin extraer ninguna ganancia de ello. (21). El
capital según su materia es trabajo objetivado. Su contraposición es el
trabajo vivo productivo (es decir, el trabajo que conserva y aumenta
el valor). (21). Trabajo productivo y trabajo como prestación de ser-
vicio. Trabajo productivo e improductivo. A. Smith etc. (21). Robo en
el sentido de Lauderdale y trabajo productivo. (21, 22). Los dos
procesos diferentes en el cambio del capital con el trabajo. (21). (Aquí
lo que es cambiado con el propio capital justamente con su valor de
uso pertenece a la determinación económica formal etc. 1. c.). Capital
y moderna propiedad de la tierra. (23). Wakefield. (24). Cambio
entre capital y trabajo. Salario por piezas. (25). Valor de la capacidad
de trabajo. (25, 26). La participación del trabajador asalariado en la
riqueza general sólo está determinada cuantitativamente. (26). El dinero
es el equivalente del trabajador. Es puesto, por lo tanto, como igual
frente al capitalista. (26). Pero la finalidad de su cambio es la satis-
facción de su necesidad. El dinero para él sólo es medio de circulación.
(26). Ahorro, abstinencia como medio de enriquecimiento para el
trabajador. (26, 27) (28). Ausencia de valor y devaluación del trabaja-
dor como condición del capital. (28). El capital frente al trabajador
sólo es un poder objetivo. Sin valor personal. (29 [falta]). Diferencia
respecto de la prestación de servicio. (29 [falta]). La finalidad del
trabajador en el cambio con el capital es el consumo. Tiene que
empezar siempre de nuevo. El trabajo como capital del trabajador.
(29) y

Cuaderno III (continuatio)

(pág. 8) (¡La capacidad de trabajo como capital! ). El salario no es
productivo. (1. c.). El cambio entre el capital y el trabajo pertenece a
la circulación simple; no enriquece al trabajador. (9). La separación
del trabajo y la propiedad es el presupuesto de este cambio. (l. c.).
Trabajo: pobreza absoluta como objeto; posibilidad general de la

riqueza como sujeto. (9). El trabajo sin un carácter determinado par-
ticular se contrapone al capital. (9, 10). El proceso de trabajo incluido
en el capital. (10) (11) (12, 13). (Capital y capitalista. 13).

Proceso de producción como contenido del capital. (13 final).

Trabajo productivo y no productivo. (14). (Trabajo productivo es
el que produce capital.)

El trabajador se relaciona con su trabajo en cuanto valor de cambio,
el capitalista en cuanto valor de uso etc. (14, 15). El trabajador se
desprende del trabajo en cuanto fuerza productiva de la riqueza (15)
(Él se lo apropia en cuanto tal. 1. c.). Transformación del trabajo en
capital etc. Sism[ondi]. Cherbul[iez]. Say. Ric[ardo]. Proudhon etc.
(15, 16).

Proceso de valorización. (17) (18). (Costes de producción). 19. (La
plusvalía no puede ser explicada a partir del cambio. Ramsay. Ricardo).
El capitalista no puede vivir de su salario etc. (19: Faux frais de pro-
duction). La simple conservación, la no multiplicación del valor con-
tradice la esencia del capital (19, 20). El capital entra en los costes de
producción como capital. Capital productor de interés. Proudhon. (20).
Plusvalía. Tiempo de plustrabajo. (21) (22). Bastiat sobre el trabajo
asalariado. (22). Valor del trabajo. Cómo se determina. (22). La auto-
valorización del capital es su autoconservación. El capitalista no debe
vivir de su trabajo etc. Condiciones para autovalorización del capital.
Tiempo de plustrabajo etc. (22, 23). En qué medida el capital es
productivo. (Como creador de plustrabajo etc.) (pág. 23). Esto sólo es
así de forma histórico-transitoria. (1. c.). Los negros libres de Jamaica.
La riqueza autónoma requiere o trabajo de esclavos o trabajo asala-
riado (en ambos casos trabajo forzoso). (23).

Plusvalía. Ricardo. (24). Fisiócratas. (24). A. Smith. (24, 25). Ri-
cardo. (25) (26).

Plusvalía y fuerza productiva. Relación entre el aumento de las
mismas. (26-28) (29-30). Resultados. (30, 31). La fuerza productiva
del trabajo es fuerza productiva del capital. (31). En la proporción
en la que disminuya el trabajo necesario tanto más difícil se convierte
la valorización del capital. (30, 31). Sobre el aumento de valor del
capital. (32-38).

El trabajo no reproduce el valor del material en el que se realiza
su trabajo, ni el del instrumento con el que trabaja. Conserva simple-
mente el valor de los mismos por el hecho de que en el proceso de
trabajo se relaciona con ellos como con sus condiciones objetivas. Esta

fuerza vivificadora y conservadora del capital no le cuesta al capital
nada; se presenta más bien como su propia fuerza etc. (págs. 38-40).

Tiempo de plustrabajo absoluto. Relativo. (40). No es la cantidad
del trabajo sino su cualidad como trabajo la que conserva al mismo
tiempo el tiempo de trabajo ya existente en el material etc. (40). Cam-
bio de forma y de materia en el proceso de producción inmediato. 40,
41. Está implícito en el proceso de producción simple el hecho de que
el nivel anterior de la producción es conservado por el posterior etc.
(41). Conservación del valor de uso antiguo mediante el nuevo trabajo
etc. (41).

El proceso de producción y el proceso de valorización. La cantidad
de trabajo objetivado es conservada en la medida en que su cualidad
como valores de uso para el trabajo ulterior es conservada mediante
el contacto con el trabajo vivo. (41, 42). En el proceso de producción
real es suprimida la separación del trabajo de sus momentos de exis-
tencia objetivos. Pero en este proceso el trabajo está ya incorporado
al capital etc. Se presenta como fuerza autoconservadora del capital.
Perpetuación del valor (42). El capitalista obtiene el plustrabajo gra-
tis, así como la conservación del material y el instrumento. (42) (43).
El trabajo añadiéndole nuevo valor al antiguo lo conserva y lo eter-
niza al mismo tiempo. (43). La conservación de los valores en el pro-
ducto no le cuesta nada al capital. (43).

Bastiat y Carey. (1-4). Bastiat sobre el salario. (5-7).

Cuaderno IV. Confusión de la plusvalía y el beneficio. Cálculo
erróneo de Carey. (1).

El capitalista no le paga al trabajador por la conservación del valor
antiguo, exige además una remuneración por el permiso que le da por
conservarle el capital antiguo. (2). Plusvalía y beneficio etc. (2, 3).

Diferencia entre el consumo del instrumento y el consumo del sa-
lario. El primero es consumido en el proceso de producción, el segundo
fuera del mismo. (3).

Aumento de la plusvalía y disminución de la tasa de beneficio.
(4-7. Véase concretamente 7 + Bastiat ib.).

Aumento de la jornada de trabajo, etc. (7, 8). (Acumulación del
capital). Maquinaria. (9).

Aumento de la parte constante del capital en relación a la parte
variable gastada en salario = aumento de la fuerza productiva del
trabajo. (9). Proporción en la que el capital tiene que aumentar con
una productividad mayor para ocupar el mismo número de trabaja-

dores. (9-12). El porcentaje sobre el capital total puede expresar pro-
porciones muy diferentes. (12, 13).

El capital (como la propiedad en general) descansa sobre la pro-
ductividad del trabajo. (13, 14).

Aumento del tiempo de plustrabajo. Aumento de los días de tra-
bajo simultáneos. (Población.) (14). La población puede ser aumentada
en la medida en que el tiempo de trabajo necesario deviene menor o
en la medida en que el tiempo exigido para la producción de la capa-
cidad de trabajo vivo deviene relativamente menor. (14). Pluscapital
y población excedente. (14, 15). Creación de tiempo libre para la
sociedad. (15).

Transición del proceso de producción del capital al proceso de
circulación. (15 ss.). Devaluación del propio capital mediante el au-
mento de las fuerzas productivas. (1517)*”” idem. 15-21. (Competen-
cia pág. 21). (Capital como unidad y contradicción de proceso de
producción y proceso de valorización) (22 ss.). Capital como obstáculo
para la producción. Superproducción. (22, 23). (Demanda de los pro-
pios trabajadores). 24. Barreras de la producción capitalista. 24, 25.
Superproducción. 25-28. Proudhon. 26, 27, 28. (Cómo es posible que
el trabajador pague en el precio de la mercancía que compra el bene-
ficio etc. y recibe, sin embargo, su salario necesario.) 29. Precio de la
mercancía y tiempo de trabajo. Excedente etc. 28-31. (Precio y valor
etc.). El capitalista no vende demasiado caro; pero sí por encima de
lo que a él le cuesta la cosa. (30, 31).

Precio (fraccional). (31). Bastiat. Descenso del precio fraccional
(31). El precio puede descender por debajo de su valor, sin pérdida
para el capital. (31, 32). La cantidad numérica y la unidad (medida) es
importante en la multiplicación del precio. (32).

Acumulación específica del capital. (Transformación del plustrabajo
(renta) en capital) (32). Proudhon. Determinación del valor y del
precio. Entre los antiguos (esclavos) no existía superproducción, sino
superconsumo. (32).

La tasa general de beneficio. (33).

Si el capitalista sólo vende a sus costes de producción, se produce
una transferencia a favor de los otros capitalistas. El trabajador no
gana casi nada con ello. (34-36, concretamente 36.).

*27 Evidentemente la señal se refiere al texto de las páginas 15 y 16 del
Cuaderno IV, que corresponden a OME 21, págs. 352-353. Aparentemente Marx
olvidó repetir la señal en el margen de las páginas 15 y 16.

La relación del plustrabajo con el trabajo necesario es una barrera
de la producción capitalista. Proporción del excedente consumido por
el capital respecto del excedente convertido en capital. (38, 39).

Devaluación en las crisis. (39, 40). El capital que sale del proceso
de producción se convierte de nuevo en dinero. (40, 41).

El plustrabajo o la plusvalía se convierte en pluscapital. Todas las
condiciones de la producción capitalista se presentan como resultado
del trabajo (asalariado) mismo. (42, 43). El proceso de realización del
trabajo es al mismo tiempo su proceso de desrealización. (43) (44) (V).

Constitución del pluscapital 1. (44, 45). Pluscapital II. (45). Inver-
sión del derecho de apropiación. (45).

Resultado principal del proceso de producción y valorización: la
reproducción y nueva producción de la relación entre capital y trabajo,
entre el capitalista y el trabajador. (45, 46).

Acumulación originaria del capital. 45, 46. (La acumulación real ib.).

El capital una vez desarrollado históricamente crea sus propias
condiciones de existencia. (46) (No como condiciones de su génesis,
sino como resultados de su existencia) (47).

Acumulación originaria (47, 48). Prestaciones de servicio persona-
les. (48, 49) (En contraposición al trabajo asalariado) (Ditto 50).

[ [Inversión de la ley de la propiedad. 50. Ajenidad real del tra-
bajador respecto de su producto. División del trabajo. Maquinaria etc.
50.]]

Formas que preceden a la producción capitalista. (50, 51) (52) (53)
Continuación.

Cuaderno V. Continuatio sobre el proceso que precede a la cons-
titución de la relación de capital o a la acumulación originaria. (págs.
1-15). El cambio de trabajo por trabajo descansa en la ausencia de
propiedad del trabajador. (16).

Circulación del capital y circulación del dinero. (16) (17).

El valor presupuesto dentro de cada capital individual. (instru-
mento etc.) (pág. 17).

El proceso de producción y el proceso de circulación momentos
de la circulación. (17). La productividad en los diferentes capitales
(ramas de la industria) condiciona la del capital individual. (17).

Tiempo de circulación. La velocidad de la circulación suple la masa
del capital. (17, 18). Dependencia recíproca de los capitalistas en la
velocidad de su rotación. (18). La circulación momento de la produc-
ción. El proceso de producción y su duración. Transformación del

producto en dinero. Duración de esta operación. Reconversión del
dinero en las condiciones de producción. Cambio de la parte del capi-
tal con el trabajo vivo. (18, 19). Costes de transporte (19) (20).

Costes de circulación. (20). Medios de comunicación y de transpor-
te. (20) (21). [[(División de las ramas del trabajo. 21. 22). De qué
manera la industria de la seda se convierte en necesaria para la agri-
cultura. (22).]] 22 [[ Reunión de muchos trabajadores. Fuerza pro-
ductiva de esta reunión. (23). Trabajos colectivos inmensos l. c. 23.]]
23, 24. (Todo el ejemplo de los caminos, canales, obras de regadía etc.
puede ser utilizado de nuevo como ejemplo, cuando se convierte en
objeto de la producción capitalista, en lugar de ser travaux publics
como eran antes. Solamente cambio de la forma. Condiciones generales
de la producción a diferencia de las particulares.) (24) (25).

El transporte del producto al mercado (condición espacial de la
circulación) entra dentro del proceso de producción. (25). Momento
temporal de la circulación: el crédito (25, 26). El capital es capital
circulante. (26). La circulación del dinero es mera apariencia. (l. c.).

Sismondi. Cherbuliez. (Capital. Diferentes partes constitutivas del
mismo) (26).

Influencia de la circulación en la determinación del valor. (26, 27).
Tiempo de circulación = tiempo de devaluación. (27).

Diferencia del modo de producción capitalista de todos los ante-
riores (Universalidad etc.) (27, 28). Naturaleza propagandística del
capital. (27).

Reducción del tiempo de circulación (26, 27). (Crédito). Storch.
(29).

Lo que el capitalista anticipa es trabajo. (Malthus). (29). Obstácu-
los de la producción capitalista. Thompson. (29).

Circulación y creación de valor. (29) (30). (Equiparación de los
diferentes capitales en las condiciones de circulación.) 31. La circula-
ción no es ninguna fuente de creación de valor. (31). Costes de circu-
lación. (31).

La continuidad de la producción presupone la negación del tiempo
de circulación. (31) (32).

Ramsay. Tiempo de circulación. Saca de ello la conclusión de que
el capital es la propia fuente del beneficio. (32). (Según la ley de Ri-
cardo no hay plusvalía ib.). Ricardo. (32, 33). Competencia. (33). Quin-
cey. (l. c.).

Cuaderno VI. La teoría del valor de Ricardo. Salario y beneficio.
Quincey. (1). Ricardo. (1-2). Wakefield. Condiciones de la producción
capitalista en las colonias. (2). (La constancia en el trabajo por él men-
cionada tiene que ser citada en el proceso de producción como mo-
mento).

Plusvalía y beneficio. Ejemplo (Malthus). (3). Beneficio y plusva-
lía. Malthus. (3, 4).

Maltbus. (4, 5). (Véase esto al comienzo sobre la venta de la
capacidad de trabajo o cambio entre el trabajo y el capital). (5) (6).
Diferencia entre el trabajo y la capacidad de trabajo. (7). La singular
afirmación de que la intervención del capital no modifica nada el pago
del trabajo. (7).

La teoría de Carey sobre el abaratamiento del capital para el tra-
bajador. (7, 8). (Carey. Descenso de la tasa de beneficio. 8).

Wakefield sobre la contradicción entre la teoría del valor y la
teoría del trabajo asalariado de Ricardo. (8).

Capital inactivo. Aumento de la producción sin previo aumento
del capital. Bailey. (8, 9).

La explicación del capital por Wade. El trabajo como simple
agente del capital. Capital fuerza colectiva. Civilización junto con mis
observaciones sobre ello. (9). Todas las fuerzas sociales del trabajo
como fuerzas del capital. Manufactura. Industria. División del trabajo.
(9). Reunión formal de diferentes ramas de la industria por el capital.
(9, 10). Acumulación de capital. (10).

Transformación del dinero en capital. (9, 10). Ciencia. (11). Acu-
mulación originaria y concentración es lo mismo. (11). Asociación vo-
luntaria y forzosa. Capital a diferencia de formas anteriores. Rossi. (11).

Rossi. ¿Qué es el capital? ¿La materia prima es capital? (11). ¿Es
necesario el salario para que exista el capital? (11, 12). (¿Approvision-
nement es capital? 1. c.).

Malthus. Teoría del valor y del salario. (12, 13). El capital tiene
que ver con la proporción, el salario sólo con la porción. lc. 12.
Véase en este lugar mis observaciones sobre plusvalía y beneficio. La
teoría de Ricardo. 1. c. (12, 13. Carey contra Ricardo). Malthus: el
trabajo no tiene nada que ver con proporción. (13). La teoría del valor
de Malthus. (13).

El valor (dinero) y no la mercancía, el valor de uso es la finalidad
de la producción capitalista etc. Chalmers. (14).

Ciclo económico. Proceso de circulación. Chalmers. (14).

Diferencia en la rotación. Interrupción del proceso de producción

(o más bien, no coincidencia del mismo con el proceso de trabajo).
(14). Duración total del proceso de producción. (14). (Agricultura.
Hodgskin. 15). Períodos desiguales de producción. (14, 15).

En el concepto de trabajador libre está implícito el de pobre. (15).
Población y sobrepoblación etc. (15) (16).

Trabajo necesario. Plustrabajo. Superpoblación. Pluscapital. (16)
(17).

A. Smith. El trabajo como sacrificio. (La teoría de Senior del sa-
crificio del capitalista). (17) (18). (El excedente de Proudhon. 17).

A. Smith. Génesis del beneficio. Acumulación originaria. (18).

Wakefield. Trabajo esclavo y libre. (18).

Atkinson. Beneficio. (18).

Génesis del beneficio. McCulloch. (18, 19).

Plustrabajo. Beneficio. Salarios. Economistas. Ramsay. Wade. (19).

Capital inmovilizado. Rotación del capital. Capital fijado. John
St. Mill. (19).

Circulación del capital. (20). Proceso de circulación. Proceso de
producción. Rotación. El capital es capital circulante. También el ca-
pital fijado. (20, 21). Costes de la circulación. (21) (22). Tiempo de
circulación. (22). Tiempo de circulación y tiempo de trabajo. (22, 23)
[[(Tiempo libre del capitalista. 23)]]. 24. [[Costes de transporte etc.
25.]] Circulación. Storch. (25). Metamorfosis del capital y metamor-
fosis de la mercancía. (25). Cambio formal y material del capital.
Formas diferentes del capital. (26). Rotaciones en el período dado.
(26). Capital circulant como carácter general del capital. (26). El año
es la medida de las rotaciones del capital circulante. El día es la me-
dida del tiempo de trabajo. (26, 27). [[Excedente. Proudhon. Bastiat.
(27)]]. Capital fijado (que está fijo) y capital circulante. Mill. Ander-
son. Say. Quincey. Ramsay. (27).

Véase la dificultad con el interés sobre el interés etc. (28). Crea-
ción de mercado mediante el comercio. (28). Capital fijo y circulante.
Ricardo. (28). Necesidad de una reproducción más rápida o menos
rápida. (28, 29). Sismondi. (29). Cherbuliez. Storch (29).

Dinero y capital. Perennidad del valor. (28).

Anticipo del capitalista al trabajador. (29).

Capital constante y variable. (29). Competencia. (29, 30). (32 final).

Plusvalía. Tiempo de producción. Tiempo de circulación. Tiempo
de rotación. (31, 32) (33). Parte del capital en el tiempo de produc-
ción, parte en el tiempo de circulación alternativamente. (33).

Tiempo de circulación. (34). Plusvalía y fase de producción. Nú-

mero de reproducciones del capital = número de las rotaciones. Plus-
valía total etc. (34) (35).

En la circulación del capital tiene lugar un cambio formal y un
cambio material. (36). M-D-M. D-M-D. (ib.).

Diferencia entre el tiempo de producción y el tiempo de trabajo.
(36). Storch. Dinero. Clase mercantil. Crédito. Circulación. (37).

La circulación pequeña. El proceso de cambio entre el capital y la
capacidad de trabajo en general. (37) (38). El capital y la reproducción
de la capacidad de trabajo. (38).

Triple determinación o modo de la circulación. (39). Capital fijo
y capital circulante. (39, 40). Tiempo de rotación del capital total di-
vidido en capital fijo y capital circulante (40). Rotación media de este
capital. (40) (41). Influencia del capital fijo en el tiempo de rotación
total del capital. (l. c.).

Capital fijo circulante. $ay. Smith. Lauderdale. (42. Lauderdale
sobre el origen del beneficio. 43).

Capital fijo. Instrumento de trabajo. Máquina. (43).

Cuaderno VII

Capital fijo. Conversión de las fuerzas de trabajo en fuerzas de
capital, tanto en el capital fijo como en el circulante. (1). En qué me-
dida crea valor el capital fijo (la máquina) (1). Lauderdale. (ib. 1, 2).
La máquina presupone una masa de trabajadores. (1, 2).

Capital fijo y capital circulante como dos clases diferentes de ca-
pital. (2). Capital fijo y continuidad del proceso de producción. (2).
Maquinaria y trabajo vivo. (2). El asunto de los inventos. Contradic-
ción entre el fundamento de la producción burguesa (medida del va-
lor) y su propio desarrollo. Máquinas etc. (3).

Significado del desarrollo del capital fijo. (3) (para el desarrollo del
capital en general). Relación entre la creación de capital fijo y capital
circulante. (3).

Tiempo disponible. El producirlo es la determinación fundamental
del capital. Forma antitética del mismo en el capital. (3, 4).

Productividad del trabajo y producción de capital fijo. (The Sour-
ce and Remedy). (4).

Uso y consumo. Econ[omist]. Durabilidad del capital fijo. (4).

Ahorro real —economía— = ahorro de tiempo de trabajo =
desarrollo de la fuerza productiva. Supresión de la contraposición entre
tiempo libre y tiempo de trabajo. (5).

Concepción verdadera del proceso de producción social. (5).

Concepción histórica de Owen de la producción industrial (capr-
talista). (5) (6).

El capital y el valor de los agentes naturales. (6).

El volumen del capital fijo muestra el grado de desarrollo de la
producción capitalista. (6).

Determinación de materia prima, producto, instrumento de pro-
ducción, consumo. (6).

El dinero ¿es capital fijo o circulante? (6).

Capital fijo y capital circulante en relación al consumo individual.
(6, 7).

Tiempo de rotación del capital que consiste en capital fijo y ca-
pital circulante. Tiempo de reproducción del capital fijo. Continuidad
de la producción absolutamente necesaria etc. (7).

La unidad de tiempo para el trabajo es el día; para el capital cir-
culante el año. Unidad de un período total superior con la introduc-
ción del capital fijo. (7). Ciclo industrial. (7).

Circulación del capital fijo. (8).

El llamado riesgo. (8). Todas las partes del capital producen be-
neficio por igual: falso. Ricardo etc. (8).

La misma mercancía es unas veces capital fijo y otras capital cir-
culante. (8, 9).

Venta del capital como capital. (9).

Capital fijo que entra como valor de uso en la circulación. (9).

Todo momento que se presenta como presupuesto de la circulación
es al mismo tiempo su resultado. Reproducción de sus propias condi-
ciones. Reproducción del capital como capital fijo y capital circulante.
(9, 10).

Capital fijo y capital circulante. Economist. Smith. El equivalente
del capital circulante tiene que ser producido'en el año. No ocurre así
con el del capital fijo. Compromete la producción de años sucesivos.
(10, 11).

Gastos de mantenimiento. (11).

Renta del capital fijo y del capital circulante. (12).

Trabajo libre = pauperismo latente. Eden. (12, 13).

Cuanto menor sea el valor del capital fijo en relación a su producto,
tanto más adecuado a su finalidad. (13).

Mueble, inmueble, fijo y circulante. (14).

Conexión de la circulación y de la reproducción. (14, 15). Necesi-

dad de la reproducción del valor de uso en un tiempo determinado.
(15).

El capital fructífero. Transformación de la plusvalía en beneficio.
(15). Tasa de beneficio. (15). Descenso de la tasa de beneficio. (15) (16).
Tasa de beneficio. Suma del beneficio. (16) (17). Atkinson. A. Smith.
Ramsay. Ricardo. (17). La plusvalía como beneficio expresa siempre
una proporción menor. (17, 18). Wakefield. (18). Carey. Bastiat. (18)
(19). Capital y renta (Beneficio). Producción y distribución. Sismondi.
(19). Costes de producción desde el punto de vista del capital. Bene-
ficio ditto. (20). Desigualdad del beneficio. Equiparación y tasa de
beneficio común. (20). Transformación de la plusvalía en beneficio.
(20). Leyes. (20, 21).

Plusvalía = relación del plustrabajo con el trabajo necesario. (21).

Valor del capital fijo y su fuerza productiva. Durabilidad del capital
fijo ditto (21, 22). Las fuerzas sociales, división del trabajo etc., no le
cuestan nada al capital. (21). Diferencia de la máquina a este respecto.
(21, 22. Véase la página 22 también sobre la economía en la utiliza-
ción de maquinaria).

Beneficio y plusvalía. (22).

Maquinaria y plustrabajo. Recapitulación de la teoría de la plus-
valía en general. (22, 23).

Relación entre las condiciones de producción objetivas. Cambio en
la proporción de las partes constitutivas del capital. (23) (24) (25).

Dinero y capital fijo: presupone una cierta cantidad de riqueza.
(Economist.) (25). Relación entre capital fijo y capital circulante. Hilan-
deros de algodón. (Economist.) (25).

Esclavitud y trabajo asalariado. Steuart. (25, 26). Beneficio sobre
la venta. Steuart. (26).

Industria de la lana en Inglaterra desde Isabel. (Tucket£). Manu-
factura de la seda. (Tuckett.) (27, 28). Ditto acero. Algodón. (28).

Génesis del trabajo asalariado libre. Vagabundeo. Tuckett. (28).

Blake sobre acumulación y tasa de beneficio. (28, 29). (Muestra
que los precios etc. no son indiferentes, porque hay una clase de sim-
ples consumidores que no consumen y reproducen al mismo tiempo.
Capital inactivo. ib. (28).

Agricultura doméstica a comienzos del siglo xvi. (Tuckett.) (29).

Beneficio. Interés. Influencia de la maquinaria sobre el fondo de
trabajo. Westminster Review. (29).

El capital y no el trabajo determina el valor de las mercancías.
Torrens. (38, 39).

Mínimo del salario. (39).

1826 maquinaria algodonera y trabajadores. Hodgskin. (39).

Cómo la maquinaria crea material en bruto. Industria del lino.
Estopa hilada. Economist. (39).

Maquinaria y plustrabajo. (39, 40).

Capital y beneficio. El valor constituye el producto. (40) (41). Re-
lación del trabajador con las condiciones de trabajo en la producción
capitalista. (41).

Todas las partes de capital producen beneficio. (41).

Relación entre capital fijo y circulante en las fábricas de algodón.
El plustrabajo y el beneficio según Senior. Tendencia de la maquina-
ria a prolongar el trabajo. (41, 42).

Influencia del transporte en la circulación etc. (42). El transporte
suprime cada vez más el almacenamiento. (42).

Plustrabajo absoluto y maquinaria. Senior. (42).

Fábrica de algodón en Inglaterra. Trabajador. Ejemplo de la ma-
quinaria y del plustrabajo. (42).

Ejemplo de Symons. Glasgow. Fábrica con telares mecánicos etc.
(43). (Estos ejemplos para la tasa de beneficio).

Forma diferente en que la maquinaria disminuye el trabajo nece-
sario. Gaskell. (43).

El trabajo mercado inmediato para el capital. (44).

Enajenación de las condiciones de trabajo del trabajo con el des-
arrollo del capital. (44). (Inversión). La inversión de la ley de la
apropiación constituye el fundamento del modo de producción capi-
talista, no sólo de su distribución. (44).

Merivale. La dependencia natural del trabajador en las colonias ha
de ser sustituida por restricciones artificiales. (44).

Como la máquina etc. ahorra material. Pan. Dureau de la Malle.
(45).

Consumo productivo. Newman. (47). Transformaciones del capi-
tal. Ciclo económico. (Newman). (47).

Dr. Price. Poder innato del capital. (47) (48).

Proudhon. Capital y cambio simple. Excedente. (48).

El infinito en proceso. Galiani. (49).

Anticipos. Storch. (50). Teoría del ahorro. Storch. (50).

MacCulloch. Excedente. (50). Beneficio. (ib.). Destrucción periódi-
ca de capital. Fullarton. (50).

Arnd. Interés natural. (51).

Interés y beneficio. (51). [[Carey]] (52). Préstamo pignoraticio
en Inglaterra. (52).

Cómo el comerciante ocupa el lugar del maestro. (52).

Patrimonio mercantil. (52) (53) (54).

El comercio con equivalentes es imposible. Opdyke. (55).

Capital e interés. (55).

Dos naciones pueden cambiar según la ley del beneficio, de forma
tal que ambas ganan, pero una es siempre explotada. (59).

[Proyecto de 1859 para la redacción de la primera sección del capítulo

sobre el «Capital», «Tercer Capítulo» de la Contribución a la Crítica

de la economía política sobre la base de los siete cuadernos manuscritos
de 1857/1858]

## EL PROCESO DE PRODUCCIÓN DEL CAPITAL
### 1) Transformación del dinero en capital
### a) Transición

No se expresa nada cuando el capital es definido como simple suma
de valores. (II, 12). La acumulación de dinero no es capitalizar (ib.).
II (13, 14, 15). VI, 23, 24. VII, 28 (final. Capital y dinero).

La circulación y el valor de cambio que procede de la circulación
es el presupuesto del capital. (II, 16), (17), (II, 18), <(II, 20)>.

II, 19, 20 (El capital como valor de cambio frente al trabajo como
valor de uso).

11 (21) (II, 22).

Sismondi. VII, 19 (final).

Capital comercial y capital en general. Comerciante y artesano.
(VII, 52 final, 53, 54, 551] (Opdyke). <El signo cuadrado es de
Marx.>

### β) Cambio entre el capital y la capacidad de trabajo

(II, 22). (II, 23). (II, 25, 26, 27, 28). VI, 13. II, 29. III, 8. III, 14.
VI, 37, 38.

La repetición de la venta por parte del trabajador. (III, 8).
El salario no es productivo. (III, 8).
La circulación del trabajador M-D-M. (III, 9).
Condiciones de este cambio: la no-propiedad del trabajador. (III,
V, 3, 4, 5, 6 final.
El trabajo abstracto está contrapuesto al capital. (III, 9) (10, 26).
Valor de cambio del trabajo (II, 14, 15). (III, 22, 27).
El consumo del valor de uso cae aquí dentro del proceso económico.
(III, 17). IV, 23, 24 (el capital crea el trabajo asalariado). IV, 48,
49, 50.

Condición histórica de la relación trabajo asalariado y capital. V,
8, VII, 12, 13.

Capacidad de trabajo. (VI, 7).

Salario medio (VII, 39. Hay que dar por supuesto en nuestro
análisis el salario mínimo necesario.).

La teoría del beneficio de Carey. VI, 7, 8.

Rossi. (VI, 11, 12 Componentes materiales del capital. ¿Pertenece
el trabajo asalariado a la esencia del capital? VI, 38).

Condiciones del cambio. El trabajador es virtualmente pobre. (VI,
15) (16).

Torrens. El capital, no el trabajo, determina el valor de la mer-
cancía. (VII, 38, 39) (Confusión de los ricardianos. Reparto de la
plusvalía entre los capitalistas).

9).

>

### y) El proceso de trabajo
(III, 10, 11, 12, 13,

Consumo productivo (VII, 47, comienzo. Newman.).

### δ) El proceso de valorización

III, 17, 18, 19, 20, 38, 39, 40, 41, 42, 43.
IV, 2. (IV, 7(0)).

Concepto general de plusvalía. (II, 21) (22) (23) (24) (25) (26)
(27) (28, 29) (30). (IV, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7). IV, 13. VI, 10.

Aumento de la fuerza productiva, cantidad y calidad. (IV, 4). VII,
20.

Dados la fuerza productiva y el tiempo de trabajo absoluto, tiene
que ser aumentado el número de días de trabajo simultáneos. (IV,
7, 8). (IV, 14).

Dias de trabajo simultáneos ib. Población 1V, 14, 15.

El aumento de la fuerza productiva se identifica con el aumento
de la parte constante del capital frente a su parte variable. (IV, 9).

En qué medida tiene que aumentar el capital, para utilizar el mis-
mo número de trabajadores con la fuerza productiva mayor. (IV,
9-12).

Tiempo disponible. (IV, 14).

Combinación del trabajo. IV, 50.

McCulloch. (VII, 50).

### 2) La plusvalía absoluta
(III, 23, 32, 33).
Tiempo de trabajo absoluto y tiempo de trabajo necesario. V, 24.
VI, 16, 17. (VI, 15, 16, 17. Trabajo excedente. Población excedente).

Tiempo de plustrabajo. (VI, 19 Ramsay, Wade).
Trabajo necesario y plustrabajo. (VII, 21). (VII, 44 comienzo).

Senior. (VII, 41, 42).

### 3) La plusvalía relativa
III, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38.
IV, 12, 13.

### a) Cooperación de masas
V, 23, 24.
### β) División del trabajo

El trabajo de esclavos es más productivo que el trabajo de hombres
libres, si este último no está combinado. Wakefield. VII, 18.

### γ) Maquinaria

IV, 13, 14, VI, 43. VII, 1, 2, 13 (final). VII, 22, 39, 40, 42, 43
final.

Ganancia (ahorro) de materia prima mediante la maquinaria. VII,
39 (Economist).

Precio de las mercancias. Proudhon. (IV, 26-32).

### 4) La acumulación originaria

(III, 20, 21, IV, 44, 45, 46, 47, 50, 51, 52, 53).

Plusproducto. Pluscapital. (IV, 42, 43, 45).

El capital produce el trabajo asalariado. (IV, 43, 44). (45). (47),
v. 15.

La acumulación originaria. V, 1, 2, 3, 4, 8-15, 16.

Concentración de la capacidad de trabajo (VI, 10, 11). (VI, 11.
Rossi. Asociación).

Plusvalia en las diferentes formas y por medios diferentes. VII,
22, 23, 24.

Combinación de plusvalía abs[oluta] y rel[ativa]. VII, 23, 24.

Multiplicación de las ramas de producción. VII, 23.

Población (VII, 23).

### 5) Trabajo asalariado y capital

II, 14(0). (II, 28, 29). (MI, 13), (II, 14) (15, 16), (VII, 40 final
y 41 comienzo. III, 23.

Capital fuerza colectiva, civilización (VI, 9, 10 (Wade)) (VI, 11.
Babbage).

Capital = anticipos. VII, 29 final.

Reproducción del trabajador mediante el salario. VI, 38.

Obstáculos de la producción capitalista que se niegan a sí mismos.

VII, 2, 3. Tiempo disponible VII, 3, 4. VII, 4. El trabajo mismo
transformado en trabajo social (1. c. 4). Owen (VII, 5 final).

Economía propiamente dicha. Ahorro de tiempo de trabajo. Pero
no de forma auténtica. (VII, 5).

Forma de manifestación de la ley de la apropiación
en la circulación simple de mercancias.
Inversión de esta ley.

(II, 8, 9, 10, 11, 12)

(IV, 45) (50).
VII, 44.

## EL PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL

El proceso de valorización del capital es al mismo tiempo su pro-
ceso de devaluación. (IV, 16).

Contradicciones. (IV, 16, 17) (18). [[Esto pertenece a la sec-
ción II, competencia de los capitales.]]

El capital es unidad de producción y valorización en cuanto pro-
ceso. (IV, 18) (19, 20).

Tendencia propagandística del capital. (IV, 18).
Tendencia civilizadora del capital. (IV, 18, 19).

Contradicción entre producción y valorización. (IV, 22). IV, 24,
25).

Transformación de la mercancía en dinero. (IV, 40, 41) (VI, 8).

Circulación del capital. (V, 16, 17). (VI, 14. Chalmers). (VI, 36).
VII, 9. En relación con Chalmers: Blake. VII, 29, VII, 47.

Proceso de producción, proceso de circulación. (V, 17, 18, 19, 20,
21, 22).

Capital inactivo. (VI, 8, 9).

Tiempo de producción diferente. VI, 14, 15. VI, 36.

J. St. Mill: tiempo de circulación. (VI, 19) (Capital inactivo.)

Circulación del capital. VI, 19, 20. VII, 47 final.

Costes de circulación. (VI, 20) (21) (22) (VI, 23, 24, 25). VI, 37.

Capital circulante. VI, 20, 21. Capital fijado. ib. VI, 26. Transi-
ción a partir de aquí en capital fijo y circulante en cuanto dos clases
particulares de capital. VII, 2.

Rotación. (VI, 21, 22). Número de rotaciones VI, 31-35. VII, 7.

Tiempo de circulación. VI, 22, 23, 25.

Capital en mercancías, capital en dinero, capital industrial. (VI,
26).

El año como medida de las rotaciones del capital. (VI, 26, 27).

Capital fijo. Capital circulante. (VI, 27, 28, 29. VI, 39, 40, 41,
42-44. VII, 8 (final, 10, 11, 13, 14, 15).

Circulación grande y pequeña. VI, 37, 38, 39.

La circulación en su totalidad está determinada de triple manera.
VI, 39.

Capital fijo. Capital circulante. En ambos la determinación social
del trabajo es transferida al capital. (VII, 1). (VII, 6).

Tiempo de circulación prolongado = número de reproducciones, o
de la cantidad de capital comprendido en el proceso de producción.
La continuidad se convierte en algo necesario con el capital fijo. La
interrupción se convierte en pérdida del valor presupuesto (VII, 2).

Capital fijado y demanda de trabajo. (VII, 28. Barton).

Capital fijo. VII, 2, 3. Relación de capital fijo y circulante en la
sociedad. VII, 3. VII, 4. El capital fijo en cuanto potencia superior
que el capital circulante. 1. c. 4.

Durabilidad del capital fijo. VII, 4. VII, 21, 22.

El dinero capital fijo y circulante. VII, 6.

Capital fijo y capital circulante en relación con el consumo indi-
vidual. (VII, 6 final y 7).

Rotación media del capital total (en relación con su valorización).
Relación entre la rotación del capital fijo y del capital circulante. Con-
tinuidad. Diferencia en la interrupción de la producción para el capital
circulante y para el capital fijo. Tiempo de reproducción del capital
fijo se convierte en la unidad de medida del ciclo económico. Fase
de reproducción total. (VII, 7).

Rotación diferente del capital circulante y del capital fijo. (VII, 8).

Capital fijo, cuyo valor de uso entra en la circulación. (VII, 9).

Producción de capital fijo y capital circulante. (VII, 9, 10).

Gastos de mantenimiento del capital fijo. (VII, 11).

Renta del capital fijo y del capital circulante. (VII, 12). (Retorno
del capital fijo y del capital circulante. 1. c.).

Determinación del tiempo de reproducción mediante el valor de
uso de la mercancía (VII, 15).

## III CAPITAL Y BENEFICIO

Tasa de beneficio y plusvalía. (IV, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, (8)), 9, VI
(10). (VI, 12, 13) (17, 18) (39) (43).

Capital y beneficio. (VI, 15) (16) (17) (20, 21) (22) (40) (41).

Aumento del capital con mayor fuerza productiva para utilizar la
misma masa de trabajo. (IV, 9-13).

Riesgo. Interés. Costes de producción. VII, 8.

Beneficio uniforme sobre todas las partes del capital. VII, 8.

Salario y beneficio son formas de producción y, en consecuencia,
formas de distribución etc. (VII, 19).

Interés y beneficio. VII, 51, 52.

## MISCELÁNEA

Explicaciones del capital:

Capital «simple instrumento de producción». (II, 15). (El capital
concebido como cosa. ib.). (El capital no es una relación simple, sino
un proceso. ib.) II (16). Capital y producto. (II, 18).

Trabajo productivo e improductivo. (II, 21, 22). (III, 14).

Agricultura, propiedad de la tierra y capital. (II, 23).

Mercado. (II, 24, 25).

Argumentos explicativos del beneficio. (MI, 19, 20). III, 22, 23.

Costes de producción. (III, 20).

No gastos, sino anticipos de los capitalistas. (Storch. VII, 50.
Contra la teoría del ahorro. ib.).

Proudhon y el interés. (II, 20). El origen extraeconómico de la
propiedad de la tierra según Proudhon. (V, 3). Plusvalía (VI, 27).
(Price (Ric[hard]) y Proudhon VII, 47, 48).

Bastiat sobre el trabajo asalariado (III, 22). Sobre el beneficio etc.
(VII, 18, 19).

Agricultura (que es ella misma industrial. Siglo XV. VII, 29.
Harrison).

Capital dinerario (III, 44).

Ricardo. Génesis de la plusvalía. Salario y beneficio son meros
dividendos. (VI, 1, 2). (Wakefield contra R[icardo]. VII, 8). (Malthus
contra el salario como proporción. VI, 12) (13). VII, 8.

Maltbus. Teoría del valor. (VI, 3 ss.). (VI, 12, 13).

El sacrificio de trabajo de Smith. El sacrificio de abstinencia de
Senior. (VI, 17) (18).

La génesis del beneficio según Smith. (VI, 18). En contra: Lau-
derdale. VI, 43.

La génesis de la plusvalía según McCulloch. VI, 18. Salarios parte
del propio producto del trabajador. id. VI, 19.

Trabajo asalariado y esclavitud. Stewart. VII, 25, 26. Steuart:
Máquinas 1. c. 26.

## ÍNDICE DE NOMBRES

### A. Personajes históricos

Aetbelstan (859-940), rey anglosajón
(925-940), nieto de Alfredo el Gran-
de: OME 21, 468.

Agripa, v.: Menenio Agripa.

Alberoni, Giulio (1664-1752), ministro
de estado español (1714-1719) y car-
denal (1721-1752: OME 22, 234,

Alejandro Magno (356-323 a. n. e.):
OME 21, 114.

Anderson, A. (?-?), industrial químico
en Glasgow y Manchester, autor del
escrito The Recent Commercial Dis-
tress, etc.: OME 22, 24, 25, 494,

Anderson, James (1739-1808), rentero
eseocés, padre de la teoría capitalista
de la renta de la tierra: OME 22,
244.

d'Anghiera, Pietro Martire (1457-1526),
historiador y geógrafo italiano: OME
22, 230, 418.

Anglería, Pedro Mártir de, v.: d'Anghiera.

Anna (1665-1714), reina de Gran Bre-
taña e Irlanda (1702-1714): OME
22, 173, 254, 262.

Anónimo autor de una carta abierta
al redactor del Economist (13 de
marzo de 1858: OME 22, 185.

Anónimo autor de Inquiry into those
Principles..., v.: Bibliografía.

Anónimo autor de The Source and Re-
medy..., v.: Bibliografía.

Antoninos, v.: Antonino Pío.

Antonino Pío, Tito Aurelio (86-161),
emperador romano (138-161): OME
22, 232.

Arcadio (377-408), emperador romano
de oriente (395-408): OME 21, 115-
116.

Aristófanes (444/450-380/385 a. n. e.):
OME 22, 425 nota.

Aristóteles (384-322 a. n. e.): OME
21, 60; OME 22, 431, 461, 462,
485.

Arnd, Karl (1788-1877), «economista
naturalista», autor de unas veinte
obras, entre ellas: Die Volkswirths-
chaft begrindet auf unwandelbare
Naturgesetze. Ein Handbuch fúr die
Mitglieder der volkswirthschftlichen
Vereine und der Fortschrittsparteien.
1863: OME 22, 247, 250, 498.

Arquímedes (287-212 a. n. e.): OME
21, 114.

Ashworth, Henry (1794-1880) y Ed-
mund (1801-1881), fabricantes de
Turton, miembros activos de la Liga
Anti-Corn-Law, enemigos acérrimos
de las asociaciones de trabajadores:
OME 22, 221.

Ateneo (2.* mitad siglo 11 — 1* mi-
tad s. 111), escritor griego, autor del
Dipnosofistas.

Atkinson, William (?-?), miembro de
la Statistical Society of London re-
presentante, al parecer, del socialis-
mo reaccionario, autor de escritos
económicos como The State of the
Science of Political Economy inves-
tigated: OME 21, 567, 572; OME
22, 132, 139, 494, 497.

Attwood, Thomas (1783-1856), banque-
ro inglés, diputado y partidario del
movimiento cartista OME 22, 196.

Augier, Marie (?-?), autora del escrito
Du crédit public, citado y comenta-
do por Marx: OME 22, 266, 271.

Augusto Cayo Octavio (63 a. n. e. —
14 n. e.), primer emperador roma-
no: OME 21, 455; OME 22, 233.

Aureliano, v.: Marco Aurelio.

Aureng-Zebe (1618-1707), gran mogol
de la India (1658-1707).

Babbage, Charles (1792-1871), matemá-
tico inglés, fundador de la Statistical
Society of London: OME 21, 287
nota, 328, 545; OME 22, 78, 107,
504.

Bailey, Samuel (1791-1870), gran capi-
talista inglés, director desde 1831 de
la Sheffield Banking Company, autor
de escritos político.económicos con-
tra la teoría del valor de Ricardo:
OME 21, 171, 537, 538; OME 22,
26, 201-203, 385, 386, 387, 389, 394,
493.

Baines, Sir Edward (1800-1890), liberal
inglés, autor de History of the Cot-
ton Manufacture in Great Britain,
London, 1835: OME 22, 222.

Banquero de Inglaterra, v.: The Cu-
rrency Theory reviewed en Biblio-
grafía.

Barton, John (?-?), autor, entre otras
obras, de Observations on the Cir-
cumstances which influence the Con-
dition of the Working Classes of So-
ciety, London, 1817: OME 22, 177,
507.

Bastiat, Frédéric (1801-1850), propug-
nador de la armonía entre las clases
sociales, enemigo de los socialistas:
OME 21, 7, 177, 181, 188, 205, 260,
261, 263 nota, 317, 318, 333, 374,
384, 535; OME 22, 24, 25, 132,
142-145, 242, 373-375, 378-383, 449,
450, 486, 488, 489, 490, 494, 497.

Bentham, Jeremy (1748-1832), filósofo

inglés, creador del utilitarismo, au-
tor de escritos políticos: OME 22,
254.

Bernier, Frangois (1620?-1688), célebre
viajero francés por tierras de Orien-
te, epicúreo, amigo de Boileau, La
Fontaine, etc.: OME 22, 247, 419.

Blake, William (?-?), autor de obras
de economía política, miembro de la
Royal Society: OME 22, 177-179,
392, 497, 506.

Bóckh, August (1785-1867), primer se-
cretario de la Academia de las Cien-
cias de Prusia, apoyó en 1848 las
medidas del ministerio Brandenburg:
OME 21, 110.

Boisguillebert, Pierre Le Pesant (1646-
1714), precursor de los fisiócratas:
OME 21, 131, 167, 289; OME 22,
59, 373, 402, 422-424, 441, 461.

Bosanquet, Charles (1769-1850), gran
comerciante londinense, crítico de
Ricardo: OME 22, 170, 277, 413.

Bray, John Francis (1809-1895), socia-
lista utópico angloamericano, escritor
y periodista: OME 21, 62, 513;
OME 22, 198, 273, 392, 418.

Brougham, Henry Peter (1778-1868),
jurista y publicista inglés, crítico
del tráfico de esclavos y de la Santa
Alianza: OME 22, 245.

Bruto, Marco Junio (85-42 a. n. e.),
patricio romano, asesino de Julio
César: OME 21, 440. a

Buchanan, David (1779-1848), editor
de A. Smith, crítico de los fisiócra-
tas: OME 22, 205-207, 387, 393.

Campbell, gentilicio de la familia esco-
cesa Argyle: OME 21, 435.

Carey, Henry Charles (1793-1879), au-
tor de escritos sobre economía polí-
tica, inspirador de Frédéric Bastiat
y Eugen Dihring: OME 21, 7, 8,
188, 317, 318, 510, 518, 533-537,
550, 552; OME 22, 24, 25, 132,
142 nota, 250, 251, 373-378, 449,
450, 489, 493, 497, 499, 502.

Carlomagno (742-814), rey de los fran-

cos (768-814), emperador romano
(800-814): OME 22, 189, 201, 238.

Carlos II (Estuardo) (1630-1685), rey
de Escocia (1651-1685), Inglaterra e
Irlanda (1660-1685): OME 22, 262.

Carlos V (1500-1558), emperador roma-
no-germánico (1519-1555), rey de Es-
paña como Carlos 1 (1516-1555):
OME 22, 233.

Carlyle, Thomas (1795-1881), publicis-
ta e historiador: OME 22, 403.

Castlereagh, v.: Stewart, Robert.

Catón, Marco Porcio (el Viejo) (234-
149 a. n. e.), estadista y escritor ro-
mano, autor de De re rustica: OME
21, 440; OME 22, 421.

César, Cayo Julio (10044 a. n. e.):
OME 21, 115.

Cicerón, Marco Tulio (10043 a. n. e.):
OME 21, 434-435.

Clístenes (2.2 mitad del s. vi — 1.3 mi-
tad del v a. n. e.): OME 21, 434-
435.

Clodio, Marco Marcelo (finales del
s. 11 a. n. e.), plebeyo, legado de Ma-
rio, artífice de la Ley Clodia: OME
22, 199.

Cobbett, William (1762-1835), célebre
panfletista y periodista inglés, refor-
mista radical: OME 22, 197.

Constancio, Francisco Solano (1772-
1846), médico portugués, afrancesa-
do, diputado en las constituyentes
de 1820, traductor al francés de las
obras de Godwin, Ricardo, Malthus,
etc.: OME 22, 139.

Coquelin, Charles (1803-1853), abogado
y economista, editor con Guillaumin
del Dictionnaire d'économie  politi-
que: OME 22, 240.

Corbet, Thomas, Esq. (?-?), ricardiano
inglés: OME 22, 240, 254, 386, 391.

Culpeper, Sir Thomas (1578-1662), te-
rrateniente inglés, parlamentario re-
presentante de los intereses de la
burguesía ascendente: OME 22, 254.

Custodi, Pietro (1771-1842), estadista
e historiador italiano, editor de Scrit-
tori_classici italiani di economia po-

litica: OME 22, 172, 412.

Chalmers, Thomas (1780-1847), profe-
sor escocés, fanático malthusiano:
OME 21, 556-557; OME 22, 249,
373, 493, 506.

Cherbuliez, Antoine-Elisé (1797-1869),
abogado y economista de orientación
sismondista: OME 21, 239, 244, 248,
488, 492; OME 22, 24, 33, 68, 433,
435, 488, 492, 494.

Chevalier, Michel (1806-1879), saint-
simonista hasta 1833, sirvió poste-
riormente al gobierno francés; uno
de los representantes del movimien-
to bonapartista de libre mercado:
OME 21, 49.

Chevé, Charles-Frangois (1813-1875),
socialista católico, proudhonista has-
ta 1850, editor de la revista de dicha
tendencia Voix du peuple: OME 22,
242.

Child, Sir Josiah (1630-1699), director
de la Compañía de las Indias Orien-
tales, escritor sobre temas económi-
cos, combatió a los defensores de la
usura: OME 22, 248, 254.

Daire, Louis-Francois-Eugéne  (1798-
1847), editor de Économiates finan-
ciers du XVIII" siécle: OME 21,
289; OME 22, 422.

Dalrymple, Sir John (1726-1810), his-
toriador y economista político: OME
22, 234, 418.

Darimon, Alfred (1819-1902), periodis-
ta y político francés, íntimo amigo
y discípulo de Proudhon, pasado
luego a las filas del bonapartismo:
OME 21, 39-45, 47-50, 58-59, OME
22, 198.

Darío I (550-485 a. n. e.), rey persa
adversario de Grecia: OME 21, 111.

Davenant, Charles (1656-1714), parla-
mentario conservador inglés, mercan-
tilista: OME 22, 272.

Demetrio de Falero (hacia 350-283 a.
n. €e.), estadista ateniense y escritor
peripatético: OME 22, 424.

Dodd, George (1808-1881), publicista
inglés.

Duilio, M. (siglo IV a. n. e.), tribuno
de la plebe impulsor de reformas
económicas: OME 22, 234.

Dureau de la Malle, Adolph-Jules-Cé-
sar-Auguste (1777-1857), historiador
francés de la antigiiedad clásica:
OME 21, 110-115; OME 22, 231-
234, 498.

Eden, Sir Frederick Morton (1766-
1809), economista, autor de State
of the Poor: OME 22, 122-124, 179,
496. s

Eduardo VI (1537-1553), rey de Ingla-
terra (1547-1553): OME 22, 124,
174.

Enrique VII (1457-1509), rey de Ingla-
terra (1485-1509), padre del sig.:
OME 21, 461; OME 22, 123, 158.

Enrique VIII (1491-1547), rey de In-
glaterra (1509-1547): OME 21, 461;
OME 22, 124, 254, 262.

Epicuro (341-270 a. n. e.): OME 22,
258.

Eschwege, Wilhelm Ludwig v. (1777-
1855), ingeniero de minas, autor de
escritos de geología y mineralogía:
OME 22, 230.

Euclides (en torno al 300 a. n. e.), ma-
temático griego: OME 21, 114.

Fabricante de Glasgow: OME 22, 224-
226, 498.

Fairbairn, Sir Peter (1799-1861), inge-
niero inglés, inventor y constructor
de máquinas: OME 22, 214.

Farnesio,
que de Parma, nieto de Carlos V,
gobernador de los Países Bajos:
OME 22, 175.

Federico 11  (Hohenstaufer) (1194-
1250), rey de Sicilia (1198-1250),
rey de Alemania (1212-1250), empe-
rador romano (1215-1250), rey de
Jerusalén (1229-1250): OME 22,
235, 238.

Felipe II (1527-1598), rey de España

Alejandro (1545-1592), du-

(1555-1598), hijo de Carlos V: OME
22, 231, 418.

Ferrier, Frangois-Lowuis-Auguste (1777-
1861), par de Francia, Director ge-
neral de aduanas, economista bona-
partista: OME 21, 149, 556; OME
22, 392. .

Fisiócratas: OME 21, 27, 268-271, 289,
543; OME 22, 33, 488.

Fourier, Frangois-Marie-Charles (1772-
1837): OME 21, 568; OME 22, 98.

Fullarton, John (1780?-1849), conser-
vador inglés, autor de On the Regu-
lation of Currencies: OME 22, 138
nota, 247, 249, 264, 272-280, 386,
387, 389, 392, 395, 414.

Galba, Servio Sulpicio (3 a. n. e. —
69 n. e.), pretor bajo Tiberio, cónsul
y procónsul en diversas provincias,
entre ellas la Hispania Tarraconen-
sis, bajo Nerón; la época de su man-
dato concluye con la depresión eco-
nómica más profunda del imperio ro-
mano: OME 22, 231.

Galiani, Ferdinando (1728-1787), cléri-
go italiano, escritor y diplomático,
mercantilista adversario de los fisió-
cratas, autor de Dialogues sur le com-
merce des blés: OME 22, 242, 245,
246, 387, 392, 428, 498.

Gallatin, Albert - Abraham - Alphonse
(1761-1849), estadista americano de
origen suizo, senador de la Unión
y ministro de finanzas, presidente
en 1831-1839 del Banco Nacional de
New York, historiador y etnógrafo,
autor de escritos económicos: OME
21, 538.

Ganilb, Charles (1758-1836), economis-
ta vulgar francés de base mercanti-
lista diputado de la Coalición Nacio-
nal en la Comuna de París (desde
1789), posteriormente, miembro de la
cámara de diputados por el grupo
liberal: OME 21, 177, 199; OME
22, 254.

Garnier, Germain (1754-1821), econo-
mista vulgar francés de base fisiocrá

tica, jurista y poeta, marqués bajo
Luis XVIII, tradujo Wealth of Na-
tions de A. Smith y escribió una
Geschichte des Geldes: OME 21,
113, 116, 122, 568; OME 22, 199-
201, 256, 279, 280, 386, 389.

Gaskell, Peter (?-?), cirujano inglés,
autor, entre otros escritos, de The
Manufacturing Population of Englan,
citado por Engels en Lage der arbei-
tenden Klasse: OME 21, 542; OME
22, 222, 227, 498.

Genucio, Lucio (?-?), tribuno de la
plebe, autor de una ley en 342 a. n.
e. que prohibía todo cobro de inte-
reses y que nunca entró en vigor:
OME 22, 234.

Gilbart, James William (1794-1863),
hombre de finanzas, publicista y
autor de una serie de escritos sobre
la cuestión bancaria que expone sin
rebozos el mecanismo de la banca
burguesa: OME 22, 261.

Girardin, Émile de (1806-1881), perio-
dista francés y político sin principios,
fundador del periodismo moderno en
Francia, autor del prólogo al libro
de Darimon: OME 21, 58.

Glasgow, v.: Fabricantes de Glasgow
y Symons.

Goethe, Johann Wolfgang (1749-1832):
OME 21, 44; OME 22, 89.

Gouge, William M. (1796-1863), publi-
cista americano sobre la cuestión fi-
nanciera: OME 22, 173, 386, 389.

Gray, John (1799-1850?), socialista utó-
pico inglés: OME 21, 62; OME 22,
198, 266-267, 386.

Grimm, Jakob Ludwig Karl (1785-
1863): OME 21, 109; OME 22,
431.

Guillermo 1 el Conquistador (hacia
1027-1087), duque de Normandía
(1035-1087), rey de -Inglaterra (1066-
1087): OME 21, 347.

Guillermo 111 de Orange (1650-1702),
virrey de los Países Bajos (1674-1702),
rey de Gran Bretaña e Irlanda (1699-
1702): OME 22, 206.

Gúilich, Gustav von (1791-1847), co-
merciante alemán, inventor, filántro-
po y destacado historiador de la eco-
nomía en Alemania: OME 22, 373.

Harlow, John (?-?), autor, junto con
Thomas Barber Wright, y bajo el
seudónimo de «Gemini», de The
Currency Question. The Gemini Let-
ters (1844): OME 21, 362; OME
22, 197-198.

Harrison, William (1534-1593), topó-
grafo, cronista y escritor inglés, autor
con Holinshed de Description of En-
gland: OME 22, 179, 509.

Hegel, Georg Wilhelm Friedrich (1770-
1831): OME 21, 17. (Hegelianos):
OME 21, 26, 63, 77, 103; OME
22, 121.

Heródoto de Halicarnaso (hacia 480-
hacia 429 a. n. e.), padre de la his-
toriografía: OME 21, 110, 111.

Hesíodo de Acra (siglo vII1 a. n. e.):
OME 21, 112, 124. *

Hobhouse, John Cam (1786-1869), es-
tadista inglés, amigo de juventud de
Byron, radical en su época de dipu-
tado de la cámara baja, evolucionó
hacia posiciones conservadoras al en-
trar en la cámara baja y en el go-
bierno: OME 22, 223.

Hodges, John Frederick, autor de Les-
sons on Agricultural Chemistry
(1849): OME 22, 102 nota.

Hodgskin, Thomas (1787-1869), perio-
dista y socialista proletario inglés,
autor, entre otros escritos, de Popu-
lar Political Economy y Labour de-
fended against the Claims of Capital:
OME 21, 366-367, 558, 559; OME
22, 213, 386, 494, 498.

Homero (hacia el siglo 1x a. n. e.): OME
21, 102, 112, 124; OME 22, 185.
Honorio, Flavio (384-423), hijo de Teo-
dosio 1, emperador romano de Occi-
dente (395-423): OME 21, 115-116.

Hopkins, Thomas (?-?), autor, entre
otras obras, de On Rent of Land and
its influence on Subsistence and Po-

pulation, London, 1828: OME 22,
223.

Horner, Leonard (1785-1864), geólogo
y filántropo inglés, como inspector
general de fábricas en el distrito de
Lancashire (1833-1860), se hizo acree-
dor de «méritos imperecederos ante
la clase obrera inglesa» (Marx en
El Capital): OME 21, 278 nota.

Hubbard, John  Gellibrand  (1805-
1889), financiero inglés, director en
1838 del Banco de Inglaterra, dipu-
tado conservador en ambas cámaras:
OME 21, 128; OME 22, 271, 277,
389.

Húllmann, Karl Dietrich (1765-1846),
historiador inglés, profesor en la
universidad de Bonn en los tiempos
de Marx estudiante: OME 22, 235-
236.

Humboldt, Alexander von (1769-1859),
investigador de la naturaleza, viajero
y diplomático alemán: OME 21, 111.

Hume, David (1711-1776): OME 22,
170, 254, 272.

Isabel I (1533-1603), reina de Ingla-
terra e Irlanda (1558-1603): OME 22,
124, 173, 176, 194, 497.

Jacob, William (1762?-1851), comer-
ciante londinense, viajero y escritor,
autor de una serie de escritos eco-
nómicos sobre la agricultura y la na-
turaleza del dinero, así como de una
gran historia de la obtención de me-
tales nobles: OME 21, 110, 113, 124,
165; OME 22, 268, 272, 387, 394.

Jacobo 1 (1566-1625), rey de Inglate-
rra (1603-1625), rey de Escocia co-
mo Jacobo VI (1567-1625): OME
22, 262.

Jenkinson, Robert Banks (1770-1828),
estadista conservador inglés, partida-
rio de Pitt, primer ministro de 1812
a 1827: OME 22, 265.

Jenofonte (hacia 445-hacia 355 a. n.
e.): OME 21, 98, 114, 116; OME
22, 407, 433.

Jorge III (1738-1820), Príncipe Elec-

tor (desde 1814 rey) de Hannover,
rey de Gran Bretaña e Irlanda (1760-
1820): OME 22, 265.

Justiniano I (482-565), emperador de
Bizancio (527-565): OME 22, 234.

Kórner, M. George (?-1772), teólogo,
historiador y filólogo alemán: OME
22, 413.

Laing, Samuel (1810-1897), el joven;
jurista escocés, ocupó diversos car-
gos en la administración de los fe-
rrocarriles, autor del escrito citado
por Marx The National Distress:
OME 22, 223.

Lauderdale, Earl of, v.: Maitland, Ja-
mes.

Letronne, Antoine - Jean (1787-1848),
arqueólogo francés: OME 21, 110.

Linguet, Simon-Nicolas-Henri  (1736-
1794), jurista y orador francés, crí-
tico reaccionario de los ilustrados y
los fisiócratas, decapitado en junio
de 1794 por su oposición al Terror:
OME 21, 231.

Liverpool, Earl, v.: Jenkinson, Robert
Banks.

Locke, John (1632-1704): OME 22,
77, 170, 183, 194-196, 254, 272, 392.

Lombe, Sir John (1693?-1722), her-
manastro de Sir Thomas, por quien
fue enviado a Italia para hacerse
con el secreto de la maquinaria ita-
liana para hilaturas de seda; el éxi-
to en su empeño le acarreó ser en-
venenado por sederos piamonteses:
OME 22, 175.

Lord of the Treasury, v.: Stanley.

Lowndes, William (1652-1724), fun-
cionario inglés del tesoro, propició
la fusión de las dos Compañías de
las Indias Orientales; adversario de
Locke: OME 22, 194-195.

Loyd, Samuel Jones (1796-1883), cabe-
za de la corriente del «currency-prin-
ciple», llegó a ser uno de los hom-
bres más ricos de Inglaterra, actuan-

do en más de una ocasión como pe-
rito de la comisión de banca del
Parlamento, labor en la que mereció
la admiración de Marx en El Capi-
tal: OME 21, 401; OME 22, 170,
282.

Lucrecio (Tito Lucrecio Caro) (97-55
a. n. e): OME 21, 112.

Luis XIV (1638-1715), rey de Francia
(1643-1715): OME 22, 232, 271,
402.

Luis XV (1710-1774), rey de Francia
(1715-1774): OME 22, 271.

Luis XVI (1754-1793), rey de Francia
(1774-1792): OME 22, 271.

Lutero, Martín (1483-1546): OME 22,
421.

MacCulloch, John Ramsay (1789-1864),
estadístico inglés, ricardiano vulgar,
editor de Smith y Ricardo: OME
21, 361, 511, 567, 573; OME 22,
74, 176, 223, 242, 244, 246-248, 373,
498, 503, 509.

Mackinnon, William Alexander (1789-
1870), rico escocés, dedicado al es-
tudio del derecho y de la historia de
la cultura, evolucionó desde postu-
ras conservadoras a las liberales:
OME 22, 179.

Maclaren, James (?-?), abogado autor
de A Sketch of the History of Cu-
rrency... (1858): OME 22, 280-281.

Macleod, Henry Dunnimg (1821-1902),
jurista, compilador de leyes sobre
derecho mercantil, contrario, en eco-
nomía política, a los clásicos y par-
tidario de Whately, enseñó en Cam-
bridge, Edinburgh y Oxford; editor
de un volumen del Dictionary of Po-
litical Economy (1858): OME 22,
389.

Maitland, James (1759-1839), miembro
de la cámara baja como partidario
de Fox, pasó luego a la cámara alta;
trabajó por la paz con Francia; lle-
gó a encabezar en la cámara alta el
movimiento de oposición Whig, pa-
sando luego al partido conservador;
criticó a Smith desde puntos de vis-

ta de los economistas vulgares: OME
21, 151, 207, 337; OME 22, 65,
76-78, 87, 88, 273, 331, 487, 495,
509.

Maltbus, Thomas Robert (1766-1834),
clérigo, publicó en 1798 su Essay
on the Principle of Population, obra
que rehizo en ediciones posteriores,
profesor en 1805 de Historia y Eco-
nomía Política en el College de Hai-
leybury, miembro de la Royal So-
ciety y de la Statistical Society of
London: OME 21, 162, 246 nota,
267, 298, 351 nota, 363, 368, 369,
371, 492, 512, 518, 520-533, 550-
555, 561-564, 573; OME 22, 67, 72,
109 nota, 140, 219, 228, 244, 322,

323, 346, 352, 373, 385, 492, 493,
509.
Marco Aurelio (121-180), emperador

romano (161-180), filósofo estoico,
adversario del cristianismo; su prin-
cipado coincidió con una fuerte de-
presión económica debido a la gue-
rra con los bárbaros de Oriente:
OME 22, 234.

Martín V (Odón Colonna) (1368?-1431),
papa (1417-1431) elegido en el Con-
cilio de Constanza, rescindió los con-
cordatos con Alemania y Francia,
restaurando el estado eclesiástico:
OME 22, 237.

Menenio Agripa, patricio romano, cón-
sul en 503 a. n. e., que logró en
494 a. n. e. el regreso de los ple-
beyos amotinados: OME 21, 90.

Menenio, Tito, cónsul en 452 a. n. e.,
amplió la legislación romana sobre
multas.

Mercantilistas (y partidarios del sis-
tema monetario): OME 21, 28, 51,
149, 158, 160, 162, 164-167, 268,
269, 557; OME 22, 400, 406, 408,
411, 416, 421, 423.

Mill, James (1773-1836), seguidor del
utilitarismo de Bentham y de la teo-
ría ricardiana del valor y el dinero,
que él desarrolló consecuentemente;
publicó, entre otras obras, Elements

of Political Economy: OME 21, 123,
361, 375; OME 22, 268-271, 392.

Mill, Jobn Stuart (1806-1873), hijo
mayor del anterior, aplicó el siste-
ma educativo de su padre a los her-
manos más pequeños; estudió a los
ilustrados ingleses y franceses y el
positivismo, escribiendo gran núme-
ro de obras políticas, históricas, fi-
losóficas y económicas, adoptando
en filosofía una postura radical, y
en economía un ricardianismo críti-
co: OME 21, 9, 574-576; OME 22,
16, 25, 26, 146, 229, 255, 266, 373,
386, 391, 494, 506.

Mirabeau, Victor de Riqueti, marques
de (1715-1789), fisiócrata, discípulo
de Quesnay, ilustrado, padre del cé-
lebre orador: OME 21, 270.

Misselden, Edward (?-1654), comer-
ciante y escritor sobre economía de
tendencia monetarista, autor de Free
Trade...: OME 21, 163, 167; OME
22, 408, 418, 420.

Montanari, Geminiano (1633-1687),
astrónomo italiano, sabio polifacéti-
co, autor de dos escritos económicos
de tendencia mercantilista: OME 22,
172, 386, 387.

Montesquieu, Charles de Secondat, ba-
ron de la Bréde et de (1689-1755):
OME 22, 170, 272.

Moro (Sir Thomas More) (1478-1535),
primer Lord Canciller de Inglaterra,
célebre orador, autor de la obra so-
cialista Utopía (1516), decapitado por
su oposición a la política religiosa
de Enrique VIII: OME 22, 454.

Múller, Adam Heinrich, Ritter von
Nitterdorf (1779-1829), funcionario
austríaco bajo Metternich, publicis-
ta romántico-reaccionario: OME 21,
468; OME 22, 203-204, 213, 386,
389.

Nerón, Lucio Dominicio (37-69), em-
perador romano: OME 22, 234.
Newman, Francis William (1805-1897),
filólogo antiguo inglés, escriturista,

reformista social, vegetariano y ad-
versario del socialismo, radical; her-
mano del cardenal John Henry:
OME 22, 247.

Newman, Samuel Phillips (1796-1842),
filólogo antiguo americano, autor de
Elements of Political Economy, ci-
tado por Marx: OME 22, 238, 239,
387, 498, 502.

Niebubr, Barthold Georg (1711-1831),
clásico alemán de la historiografía
crítica de la Antigiiedad, reconocido
como tal por Marx: OME 21, 432-
434, 455; OME 22, 234.

Opdyke, George (1805-1880), empre-
sario americano, miembro del parti-
do republicano, de fulgurante carre-
ra; autor de escritos económicos di-
rigidos contra las teorías de John
Stuart Mill: OME 22, 247, 262, 393,
429, 499, 501.

Otter, William (1768-1840), obispo de
Chichester, amigo de Malthus.

Overstone, Lord, v.: Loyd, Samuel Jo-
nes.

Owen, Robert (1771-1858): OME 22,
97-100, 158, 496, 505.

Parisot, Jacques-Théodore (1783-?), ofi-
cial de marina francés y publicista;
escribió sobre la marina y sobre
cuestiones militares, conocido sobre
todo por sus traducciones de inglés
(de James Mill, por ejemplo): OME
22, 268.

Parma, Duque de, v.: Alejandro Far-
nesio.

Parmentier,  Antoine-Augustin  (1737-
1813), célebre agrónomo francés, far-
macéutico y filántropo: OME 22,
232. ;

Paterson, William (1658-1719), comer-
ciante escocés, fundador del Banco
de Inglaterra y del Banco de Esco-
cia: OME 22, 254.

Pedro 1 (1672-1725),
(1682-1725):

Rusia
483 nota;

zar de
OME 21,

OME 22, 248.

Peel, Sir Robert (1788-1850), dirigen-
te de los «peelistas» (tories modera-
dos), primer ministro (1841-1846):
OME 22, 197.

Pereire, Isaac (1806-1880), banquero
francés, saint-simonista en su juven-
tud, partidario luego de Enfantin;
redactor, con su hermano Émile, del
Globe, y colaborador en la sección
financiera de otros periódicos; dipu-
tado bajo Napoleón III: OME 21,
45.

Perseo (212-160? a. n. e.), último rey
de Macedonia (179-168 a. n. e.), hijo
de Filipo III: OME 22, 233.

Petty, Sir William (1623-1687): OME
21, 98, 166; OME 22, 30, 59, 373,
402, 419, 420, 441.

Pindaro de Tebas, el Lírico (521-441
a. n. e.): OME 22, 387 nota.

Pirro II (319-272 a. n. e.), rey de Epi-
ro (307-302 y 296-272 a. n. e.), alia-
do de los tarentinos en la guerra
contra Roma (280-274 a. n. e.): OME
22, 199, 200.

Pitt, William (el Joven) (1759-1806),
jefe del ministerio tory durante la
guerra anti-jacobina, introdujo la ley
sobre el «sinking-fund» (fondo de
amortización): OME 21, 320; OME
22, 241, 242.

Plantador de las Indias Occidentales,
autor de la carta al Times bajo el

pseudónimo de «Expertus»: OME
21, 266-267.
Platón (hacia el 429-348 a. n. e.):

OME 22, 461.

Plinio, Cayo Segundo Mayor (23-79),
estadista romano, autor de la Histo-
ria Naturalis: OMEÉ 21, 112; OME
22, 199, 425.

Poppe, Johann Heinrich Moritz von
(1776-1854), matemático y tecnólogo
alemán, discípulo de  Beckmann:
OME 22, 255.

Prescott, William Hickling (1796-1859),
historiador americano; autor de una

serie de obras sobre la historia de
España y de las colonias españolas
en América: OME 22, 230.

Prevost, Guillaume (1799-1883), conse-
jero de estado suizo, hijo del jurista
y naturalista Pierre Prevost; traduc-
tor de MacCulloch: OME 22, 247.

Price, Richard (1723-1791), clérigo in-
conformista y escritor sobre temas
económicos; contrario a la guerra
con los independentistas americanos,
partidario de la Revolución France-
sa: OME 21, 320; OME 22, 144,
241-242, 498, 509.

Proudhon, Pierre Joseph (1809-1865):
OME 21, 7, 31, 39, 43, 47, 54, 61-
63, 103, 177, 187, 205-207, 209 nota,
244, 250, 251, 259, 260, 332, 362,
375, 377, 386, 441, 569 nota; OME
22, 25, 26, 32, 108, 142, 186, 196,
242-244, 380, 448, 486, 487, 488,
490, 494, 498, 504, 509. v.: Biblio-
grafía y notas.

de Quincey, Thomas (1785-1859), filó-
sofo y literato inglés, contribuyó al
estudio de la economía política con
Dialogues of Three Templars y Logic
of Political Economy, de orientación
ricardiana: OME 21, 504, 508-512;
OME 22, 25-27, 103, 493, 494.

Ramsay, Sir George (1800-1871), filó-
sofo y economista inglés, a quien se
debe el primer esbozo de distinción
entre capital constante y capital va-
riable: OME 21, 251, 256, 502, 504-
506, 508, 573; OME 22, 25, 27, 48,
133, 140, 268, 488, 492, 494, 497,
503.

Ravenstone, Piercy (?-1830?), autor de
escritos sobre economía política, co-
mentados por Marx en las Teorías
sobre la plusvalía: OME 21, 172,
347, 528; OME 22, 78, 87.

Reitemeier, Johann Friedrich (1755-
1839), jurista, historiador y politicó-
logo alemán, víctima de constante

persecución por la reacción alemana
y danesa: OME 21, 113.

Ricardo, David (1772-1823): OME 21,
5, 19, 20, 50, 51, 191, 208 nota,
209 nota, 244, 249-251, 256, 261,
267, 268, 272, 274, 284 nota, 289,
291-297, 302, 311, 332, 335, 360,
363, 385, 404, 504, 506-515, 536,
550-551, 553, 563; OME 22, 6, 25,
29-32, 35, 36, 74, 75, 103, 109 nota,
132, 139-144, 178, 197, 209 (ricar-
dianos), 248, 250, 271, 273, 276,
277, 281, 295-299, 304, 305,
308, 321, 323, 327-330, 333,
336, 340, 344, 349, 352, 357,
362, 366, 373, 374, 378, 385,
387, 388, 392, 408, 436, 449, 488,
492, 493, 494, 496, 502, 509.

Roberts et Co., v.: Roberts, Richard.

Roberts, Richard (1787/1789-?), inge-
niero, inventor del «selfactor» y otras
máquinas, director de la firma Ro-
berts et Co. desde 1843: OME 21,
35.

Rossi, Pellegrino Luigi Edoardo (1787-
1848), profesor universitario y conse-
jero de estado italiano, partidario de
Napoleón, pasó a Francia donde lle-
gó a ser Par y ministro plenipotencia-
rio de Francia en Roma, habiendo
impartido también en Francia clases
de economía política: OME 21, 546-
550; OME 22, 63, 493, 502, 504.

Rothschild, Lionel Nathan, Baron de
(1806-1879), cabeza de la rama in-
glesa de la familia de banqueros:
OME 21, 165.

Rousseau, Jean-Jacques
OME 21, 5. :

Rumford, v.: Thompson, Benjamin.

(1712-1778):

Saint-Simon, Claude-Henri de Rouvroy,
comte de (1760-1825): OME 21, 83
(saint-simonistas).

Say, Jean-Baptiste (1767-1832), padre
de la economía vulgar de orientación
smithiana: OME 21, 17, 181, 190,
201, 209 nota, 244, 249, 361, 362,
374; OME 22, 25, 26, 29, 33, 65,

76, 130, 218, 238, 248, 328, 333,
359, 367, 487, 488, 494, 495.

Say, Louis-Auguste (1774-1840), her-
mano del anterior, industrial azuca-
rero, autor de escritos sobre econo-
mía política en los que criticó a su
hermano: OME 21, 149.

Sempere y Guarinos, Juan (1754-1830),
jurista e historiador español: OME
22, 231, 419.

Senior, Nassau William (1790-1764),
jurista y profesor de economía polí-
tica en Oxford (1847-1852), participó
en la redacción de diversas leyes so-
bre la pobreza: OME 21, 120, 171,
214, 245 nota, 569; OME 22, 201-
203, 218, 220-222, 373, 494, 498,
503, 509.

Shakespeare, William (1564-1616):
OME 21, 34, 91; OME 22, 426.
Sila, Lucio Cornelio Félix (138-78 a.
n. e.), cónsul y dictador romano,
autor de una ley sobre el tipo de

interés: OME 22, 233,

Sismondi, Jean-Charles-Léonard Sismon-
de de (1773-1842), economista e his-
toriador franco-suizo, primer crítico
de las contradicciones internas del
modo de producción capitalista, para
las que propuso soluciones utópicas
pequeño-burguesas, en una línea de
socialismo ruralista-romántico: OME
21, 124, 153, 201, 244, 248-250,
361, 363, 488, 491, 492; OME 22,
24, 32, 63, 76, 147, 222, 260-261,
268, 367, 373, 391, 487, 488, 494,
497, 501.

Slater (?-?), partícipe de la firma Mo-

rrison, Dillon et Co., de London:
OME 22, 403 nota.

Smith, Adam (1723-1790): OME 21,

5, 9, 28, 83, 94, 96, 97, 149, 206,
214, 245 nota, 267, 270-272, 364,
426, 462, 506, 507, 513, 558, 567-
572; OME 22, 4, 66, 67, 79, 80,
102-103, 114-115, 117, 120-121, 127,
129, 132, 139, 140, 142, 168, 169,
205, 210, 244, 245, 248, 257, 258,
265, 281, 315, 316, 321, 328, 333,

Índice de

338, 360, 361, 385, 392, 435, 438,
441, 442, 449, 487, 488, 494, 495,
496, 509.

Sófocles (hacia 497/496-406/405 a. n.
e.): OME 22, 425.

Solly, Edward (?-?), autor, entre otros
escritos, de Letters om the new po-
litical economy (London, 1822) y
The present distress in relation to
the theory of Money (London, 1830):
OME 21, 150; OME 22, 392.

Spinoza, Baruch (Benedictus de) (1632-
1677): OME 21, 13.

Stanley, Edward George Geoffrey
Smith (1799-1869), primer ministro
del gabinete conservador de 1852,
1858-1859 y 1866-1868: OME 22,
273.

Steuart, Sir James (1712-1780), autor
de la primera exposición clásica glo-
bal del sistema económico burgués,
desde un enfoque mercantilista, con-
siderándolo como un modo de pro-
ducción histórico-transitorio; en 1773
tomó el nombre de Denham: OME
21, 6, 98, 125, 138, 159 nota, 161,
218, 423; OME 22, 168-172, 182,
183, 185-187, 193-194, 260, 272, 385,
386, 387, 389, 392, 394, 410, 441,
447, 497, 509.

Stewart, Robert (1769-1822), segundo
marqués de Londonderry, estadista
inglés: OME 22, 246-247.

Storch, Heinrich Freidrich (1766-1835),
ruso alemán, jurista, filósofo y pro-
fesor de literatura en el cuerpo de
cadetes de San Petersburgo, educa-
dor de los príncipes, ordinario (des-
de 1803) de economía política y es-
tadística de la Academia de Cien-
cias de San Petersburgo; epígono de
Smith: OME 21, 17, 123, 162 nota,
171, 212, 214, 362, 492, 498, 503;
OME 22, 19, 20, 24, 32-33, 54, 58,
59, 66, 120, 213, 244-245, 247, 248,
266, 389, 393, 430, 492, 494, 495,
498, 509.

Symons, Jelinger Cookson (1809-1860),
abogado por Cambridge, redactó, por

encargo del ministerio del interior,
informes sobre la situación de diver-
sas categorías de trabajadores ma-
nuales de Inglaterra, escribiendo so-
bre temas económicos, pedagógicos y
jurídicos: OME 22, 222-226.

Taylor, James (1788-1863), banquero
inglés, autor de diversos escritos so-
bre la naturaleza del dinero; herma-
no del editor y publicista John Tay-
lor: OME 21, 152.

Teodosio II (401-450), segundo empe-
rador romano de oriente: OME 21,
115.

Thompson, Benjamin (1753-1814) (con-
de de Rumford), de origen america-
no, se trasladó luego a Inglaterra,
donde desarrolló sus investigaciones
en el campo de la termodinámica y
la pirotecnia, haciendo carrera mili-
tar, llegando a ministro de la guerra
y de policía, viajando por Alemania
y Francia, de cuyo Institut llegó a
ser miembro: OME 22, 165.

Thompson, William (1783-1833), irlan-
dés, partidario primeramente de
Bentham y Godwin, se pasó a las
filas del owenismo; criticó la econo-
mía política desde un punto de vis-
ta socialista-utópico, basado en ele-
mentos ricardianos: OME 21, 492,
499; OME 22, 492.

Thornton, Henry (1762-1815), banque-
ro inglés, filántropo y escritor sobre
temas económicos, parlamentario,
miembro del primer comité de fi-
nanzas, amigo de Wilberforce: OME
22, 210.

Tooke, Thomas (1774-1858), nacido en
Kronstadt, de padre clérigo inglés,
comerciante en San Petersburgo y
London, miembro de la Royal So-
ciety, contrario a la corriente del
«Currency-principle», escribió, entre
otras obras, History of Prices: OME
22, 170, 280, 282, 373, 395, 412,
413.

Torrens, Robert (1780-1864), militar

inglés, escritor sobre economía de
la tendencia del «Currency-principle»,
parlamentario liberal: (OME 21,
546; OME 22, 149, 150, 170, 211,
212, 385, 497, 502.

Townsend, Joseph (1739-1816), clérigo
metodista creador de una teoría de
la población inspirada en Malthus:
OME 22, 242, 244.

Trajano, Marco Ulpio Crinito (53-117),
emperador romano (98-117), hijo
adoptivo de Nerva: OME 22, 234.

Tuckett, John Debell (?-?), cuáquero
inglés, autor de A History of the
Past and Present State of the La-
bouring Population (London, 1846):
OME 22, 173-176, 180, 255, 497.

Ure, Andrew (1778-1857), químico y
escritor científico inglés, apologista
del sistema fabril capitalista: OME
22, 79.

Urquhart, David (1805-1877), viajero
inglés, helenófilo y turcófobo, secre-
tario de la embajada en Constantino-
pla; conoció a Marx en 1853: OME
22, 187, 188, 246, 265, 376, 386,
389.

Varrón, Marco Terencio Reatino (116-
27 a. n. e.), sabio enciclopédico, par-
tidario de Pompeyo: OME 22, 233.

Vidal, Francois (1814-1872), economis-
ta político saint-simonista y fourie-
rista, redactor de Démocratie paci-
fique: OME 22, 273.

Voltaire (Frangois Marie Arouet) (1694-
1778): OME 22, 381.

Wade, John (1788-1875), publicista e
historiador inglés, colaborador del
Spectator; pensionado por Palmers-
ton en 1862: OME 21, 540, 573;
OME 22, 17-18, 493, 494, 503, 504.

Wakefield, Edward Gibbon  (1796-
1862), diplomático inglés, político
colonial y economista; editó el
Wealth of Nations de Smith; estu-
dió las relaciones del capital y la

tierra en los países coloniales: OME
21, 217, 220, 364, 504, 516, 517,
536, 567, 572; OME 22, 132, 142,
168, 357, 487, 493, 494, 497, 503,
509.

Wakeley, v.: Wakefield.

Weitling, Wilhelm (1808-1871), obrero
comunista alemán: OME 21, 61.
Wilson, James (1805-1860), estadista y
economista inglés, fundador y primer
editor del Economist: OME 22, 170,

254, 280, 389.

Wirth, Johann Georg August (1798-
1848), jurista e historiador alemán,
publicista demócrata pequeño-bur-
gués, redactor de diversas revistas;
inició la edición de una Geschichte
der deutschen Staaten von der Auflo-
sung des Reichs bis auf unsere Tage
(continuada, tras su muerte, por Wil-
helm Zimmermann): OME 22, 389.

Wright, Thomas Barber, v.: Gemini.

### B. Figuras literarias y mitológicas

Adán: OME 21, 7, 567.
Antígona: OME 22, 425.
Aquiles: OME 21, 35.

Cristo: OME 21, 273.

Don Quijote de la Mancha: OME 21,
87; OME 22, 381.

Esaú: OME 21, 247.
Fama: OME 21, 35.
Hermes: OME 21, 35.

Jacob el Patriarca: OME 21, 167;
OME 22, 420.

Jacob, el verdadero, v.: Santiago el
Mayor.

Jehová: OME 21, 567.
Júpiter: OME 21, 35.

Menu: OME 21, 111, 115; OME 22,
433.

Midas: OME 21, 168.

Moisés: OME 21, 444.

Moloc: OME 21, 132. Sancho Panza: OME 22, 381.

di Santiago el Mayor: OME 21, 187.
Numa Pompilio: OME 21, 432,455. o Tulio: OME 21, 114; OME 22,
Plutón: OME 22, 440.

199.
Prometeo: OME 21, 7.

. Término: OME 21, 432.
ea OME 21, 5, 6; OME Timón de Atenas: OME 22, 426.

Rómulo: OME 21, 444. Vulcano: OME 21, 35.

## BIBLIOGRAFÍA

### A. Obras de autores no anónimos (mencionadas o no)

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lysed: showing the Cause and Cure, London, 1847: OME 22, 26.

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1846: OME 22, 425 nota.

ARISTÓTELES, Ethica Nicomachea. En: Aristotelis Opera ex recen-
sione Immanuelis Bekkeri, Oxford, 1837, tomo IX (extractos en
un cuaderno sin fecha ni número compuesto en Londres hacia
febrero/marzo de 1858).

— Metapbysica. Ibid., tomo VIII.

— De Republcia libri VIII et oeconomica. Ibid., tomo X: OME 21,
7, 30.

ARND, KARL, Die naturgemásse Volkswirthschaft, gegenúber dem
Monopoliengeiste und dem Communismus, mit einem Riúckblick
auf die einschlagende Literatur, Hanau, 1845: OME 22, 250.

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ATKINSON, WILLIAM, Principles of Political Economy; or, the Laws of
tbe Formation of National Wealth: developed by means of the
Christian Law of Government; being the substance of a case deli-
vered to the Hand-Loom Weavers Commission, London, 1840:
OME 21, 572; OME 22, 139.

Aucier, Mar1E, Du Crédit Public et de son histoire depuis les temps
anciens jusqu'd nos jours, Paris, 1842: OME 22, 266, 271.

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pagnés de commentaires et de notes explicatives, par M. Eugéne
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men, of Militia's, Harbours, Situation, Shipping, Power at Sea,
etc. As tbe same relates to every Countrey in general, but more
particularly to the Territories of His Majesty of Great Britain, and
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Measures of Crown-Lands, Assesments, Customs, Poll-Moneys, Lot-
teries, Benevolence, Penalties, Monopolies, Offices, Tythes, Rai-
sing of Coins, Harth-Money, Excize etc. With several intersperst
Discourses and Digressions concerning Warrs, The Church, Uni-
versities, Rents and Purchases, Usury and Exchange, Banks and
Lombards, Registries for Conveyances, Beggars, Ensurance, Expor-
tation of Money, Wool, Free-Ports, Coins, Housing, Liberty of
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153, 249-250; OME 22, 260-261.

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ses rapports avec la population (2.* ed.), Paris, 1827. Tomo 1: OME
21, 201, 248, 491-492; OME 22, 32, 76, 147. Tomo 11: OME
22, 268.

— De la Richesse Commerciale, ou Principes d'Économie Politique
appliqués d la Legislation du Commerce. Genéve, 1803, Tomo 1:
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22, 265. Vol. II: OME 21, 149, 197, 214, 558. Vol. III: OME 21,
572.

— Recherches sur la Nature et les Causes de la Richesse des Nations
(Trad., notas y observ. por G. Garnier), Paris, 1802. Tomo 1:
OME 21, 197, 567, 571. Tomo II: OME 21, 571-572; OME 22,
67,76, 102, 103, 114, 115, 127, 129, 257, 258.

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STEUART, Sir JAMES, Bart., An Inquiry into the Principles of Political
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Exchange, Public credit, and Taxes (3 vols.), Dublin, 1770. Vol. 1:
OME 21, 98, 131, 138, 159; OME 22, 168, 170-172, 260, 410.
Vol. 11: OME 21, 128; OME 22, 172, 193, 194.

SrorcH, HENRI, Considérations sur la Nature du Revenu National,
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— Cours d'Économie Politique, ou Exposition des Principes qui dé-
terminent la prospérité des nations. Avec des notes explicatives et
critiques par J].-B. Say, Paris, 1823 (4 vols.); tomo 1: OME 21,

123, 173, 498; OME 22, 19, 20, 33, 66, 120, 247, 248. Tomo II:
OME 21, 162-163, 171; OME 22, 248, 266, 430. Tomo IV:
OME 22, 2348.

SYMONS, JELINGER C., Arts and Artisans at Home and Abroad: with
Sketches of the Progress of Foreign Manufactures, Edinburgh,
1839: OME 22, 224, 225.

TÁcirO, Germania.

TayLor, James, A View of the Money System of England, from the
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THOMPSON, WILLIAM, An Inquiry into the Principles of the Distri-
bution of Wealth most conducive to Human Happiness; applied
to the newly proposed System of Voluntary Equality of Wealth,
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THORNTON, HENRY, An Inquiry into the Nature and Effects of the
Paper Credit of Great Britain, London, 1802.

TookE, ThoMaAs, EsQ., A History of Prices and of the State of the
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— Act 7 and 8 Vict. c. 32, London, 1848: OME 22, 373, 395, 412,
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— An Inquiry into the Currency Principle; the Connection of the
Currency with Prices, and the Expediency of a Separation of Issue
from Banking (2.* ed.), London, 1844: OME 22, 280, 413.

TorreENS, Robert, An Essay on the Production of Wealth; with an
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to the Actual Circumstances of this country, London, 1821: OME
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TOWNSEND, JOSEPH, v.: Anónimos.

Tuckerr, J. D., A History of the Past and Present State of the Labou-
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res, and Commerce, shewing the Extremes of Opulence and Destitu-
tion among the operative classes. With practical Meams for their
Employment and Future Prosperity (2 vols.), London, 1846. Vol.
I: OME 22, 173-175, 255. Vol. 11: OME 22, 176, 180.

UrE, ANDREW, Philosophie des manufactures, ou Economie industrielle
de la fabrication du coton, de la laine, du lin et de la soie, avec
la description des diverses machines employées dans les ateliers
anglais. Traduit sous les yeux de lV'auteur et augmenté d'un cha-
pitre inédit sur Vindustrie cotonniére frangaise, Bruxelles, 1836:
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UrquuarT, Davip, Familiar Words as affecting England and the En-
glisb, London, 1856: OME 22, 265.

VipaL, F., De la répartition des richesses ou de la justice distributive
en économie sociale; ouvrage contenant: l'examen critique des
théories exposées soit par les économistes, soit par les socialistes,
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Virgilio MARÓN, PubBLI0, Eneida, libro 111, en P. Virgilii Maronis
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WaDe, Jon, History of the Middle and Working Classes; with a
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which have influenced the Past and Present Condition of the
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WAKEFIELD, EDWARD GIBBON, An Inquiry into the Nature and Cau-
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— A View of the Art of Colonization, with present reference to the
British empire; in letters between a statesman and a colonist,
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WirTH, JOHANN GEORG August, Die Geschichte der Deutschen (2.*
ed. mejor.) Stuttgart, 1846, tomo 1.

### B. Anónimos y pseudónimos

The Currency Theory reviewed in a Letter to the Scottish People on
the menaced Interference by Government with the Existing Sys-
tem of Banking in Scotland. By a Banker in England, Edinburgh,
1845: OME 22, 279.

The Currency Question. The Gemini Letters, London, 1844 (Autor:
Thomas BARBER WRIGHT y John HARLOW): OME 22, 197.

A Dissertation on the Poor Laws. By a Well-Wisher to Mankind, 1786,
reed. London, 1817 (Autor: Joseph Townsend): OME 22, 244.

Free Trade, or the Meanes to make Trade florish, con The Causes of
the Decay of Trade in this Kingdome, are discouered: And the
Remedies also to remoque the same are represented, London,
John Legatt-Simon Waterson, 1622. (Autor: EDWARD MISSELDEN):
OME 21, 167; OME 22, 273, 418, 420.

An Inquiry into those Principles respecting the Nature of Demand and

the Necessity of Consumption, lately advocated by Mr. Maltbus,
London, 1821: OME 21, 367; OME 22, 140, 227, 228.

Labour defended against the Claims of Capital; or, the Unproductive-
ness of Capital proved with Reference to the Present Combinations
amongst Journeymen. By a Labourer, London, 1825 (Autor: ThHo-
MAS HopGskIN): OME 22, 95, 96.

Money and its Vicissitudes in Value; as they Affect National Industry
and Pecuniary Contracts; with a Postscript on Joint-Stock Banks,
London, 1837 (Autor: SAMUEL BAILEY): OME 21, 171, 537-539,

The Source and Remedy af the National Difficulties, deduced from
Principles of Political Economy in a Letter to Lord John Russel,
London, 1821: OME 21, 346, 367; OME 22, 92, 94.

Théorie des Loix Civiles, ou Principes fondamentaux de la Société,
London, 1767, tomo II (Autor: Simon-NICOLAS-HENRI LINGUET).

### C. Publicaciones colectivas y de corporaciones

Biblia (según la traducción y con los comentarios y glosas del Dr.
MARTÍN LUTERO).

Biblia. Novum Testamentum omne, hoc est. Des. Erasmi, Roterdami
et vulgata, Leipzig, 1543: OME 21, 172; OME 22, 419, 426.

Gold Fields of Australia, v.: Government School.

Government School of Mines and Science Applied to the Arts, Lon-
don, 1852: OME 21, 107, 109; OME 22, 428, 429.

Institutiones D. Justiniani, sacratissimi principes (ed. repr.), Paris,
1815: OME 21, 184. z

Reports from the select Committee on the Bank Acts, ordered by the
House of commons, 1858: OME 22, 404 nota.

Reports of the Inspectors of Factories to Her Majesty's Principal Se-
cretary of State for the Home Department, for the Half Year En-
ding 31" October 1856. Presented to both Houses of Parliament
by Command of Her Majesty, London, 1857 (Autor: LEONARD
HORNER).

### D. Periódicos y revistas citados

Le Charivari, Journal fondé par Ch. Philipon, Publicant chaque jour
un Nouveau Dessin (n.” 1.?: diciembre 1832): OME 22, 380.

The Economist

— del 11 de mayo de 1844: OME 22, 209, 210, 264.
— del 15 de junio de 1844: OME 22, 210.

— del 28 de septiembre de 1844: OME 22, 210.

540 Bibliografía

— del 5 de octubre de 1844: OME 22, 210.

— del 8 de mayo de 1847: OME 22, 167.

— del 22 de mayo de 1847: OME 22, 167.

— del 9 de octubre de 1847: OME 22, 263.

— del 16 de octubre de 1847: OME 22, 265.

— del 23 de octubre de 1847: OME 22, 265.

— del 6 de noviembre de 1847: OME 22, 76, 96, 114, 115, 168.
— del 31 de agosto de 1850: OME 22, 214.

— del 14 de diciembre de 1850: OME 22, 340.

— del 18 de enero de 1851: OME 22, 264.

— del 15 de noviembre de 1851: OME 22, 263.

— del 22 de enero de 1853: OME 22, 263.

— del 24 de enero de 1857: OME 21, 78.

— del 6 de febrero de 1858: OME 22, 108, 184.

— del 13 de marzo de 1858: OME 22, 185, 188, 250.
— del 10 de abril de 1858: OME 22, 254.

— del 15 de mayo de 1858: OME 22, 281, 282.

The Morning Star

— del 12 de febrero de 1857: OME 21, 79.

Revue des Deux Mondes, tomo 31, 4.* serie, Paris, 1842, v.: Coque-
lin, Charles.

The Spectator

— del 19 de octubre de 1711: OME 22, 170, 272.

The Times, London, viernes 21 de noviembre de 1857.

Weekly Dispatch, London.

— del 8 de noviembre de 1857: OME 21, 148.

The Westminster Review, vol. V, enero-abril 1826, Londres: OME
22, 180.

### E. Escritos de Marx y Engels

ENGELS y Marx, Die deutsche Ideologie.

— Die heilige Familie, oder Kritik der kritischen Kritik, Frankfurt
am Main, 1845.

Engels, Cartas desde Londres, en Schweizerischer Republikaner,
n. 39, 16 mayo 1843.

— Die Lage der arbeitenden Klasse in England, Leipzig, 1845.

— «Umrisse zu einer Kritik der Nationalókonomie», en Deutsch-Fran-
zosische Jahrbúcher (1. y 2.* entrega), Paris, 1844.

Marx, Bemerkungen iiber Okonomie: OME 21, 86.

— Discours sur la question du libre échange. Prononcé d l' Association
Démocratique de Bruxelles, dans la séance publique du 9 janvier
1848.

— Geldwesen, Kreditwesen, Krisen (manuscrito inédito de finales
de 1854).

— Herr Vogt, London, 1860.

— «Kritische Randglossen zu dem Artikel “Der Kónig von Preussen
und die Sozialreform. Von einem Preussen”», en Vorwáts!, Paris,
1844.

— «Lohnarbeit und Kapital», en Neue Rheinische Zeitung. Organ
der Demokratie, Kóln, 1848-1849.

— Mein Heft XII: OME 21, 85.

— Misére de la Pbhilosophie. Répomse á la philosophie de la misére
de M. Proudhon, Paris-Bruxelles, 1847: OME 21, 63, 209.

— «Die moralisierende Kritik und die kritisierende Moral. Beitrag zur
deutschen Kulturgeschichte», en Deutsche-Briússeler-Zeitung, Bru-
xelles, 1847-1848.

— «Die Schutzzúllner, die Freihandelsmánner und die arbeitende Klas-
se», en Zwei Reden úber die Freihandels- und Schutzzollfrage,
Hamm, 1848.

— Das vollendete Geldsystem (manuscrito inédito de marzo-abril de
1851, aproximadamente).

— «Zur Judenfrage», en Deutsch-Franzósische Jabrbicher.

— Zur Kritik der Politischen Okonomie. Erstes Heft, Berlin, 1859.

### F. Cartas de Marx y Engels

Marx a Engels en 7 de enero de 1851.

Engels a Marx en 29 de enero de 1851.

Marx a Engels en 3 de febrero de 1851.
Engels a Marx en 19 de mayo de 1851.

Marx a Engels en 8 de agosto de 1851.
Engels a Marx hacia el 10 de agosto de 1851.
Engels a Marx hacia el 11 de agosto de 1851.
Marx a Engels en 14 de agosto de 1851.
Engels a Marx en 21 de agosto de 1851.
Engels a- Marx hacia el 27 de agosto de 1851.
Marx a Engels en 13 de octubre de 1851.
Engels a Marx hacia el 27 de octubre de 1851.
Marx a Engels en 24 de noviembre de 1851.
Engels a Marx en 27 de noviembre de 1851.
Engels a Marx hacia el 18 o el 24 de mayo de 1853.
Marx a Engels en 2 de junio de 1853.

Engels a Marx en 6 de junio de 1853.

Marx a Engels en 14 de junio de 1853.
Marx a Engels en 9 de febrero de 1854.

542 Bibliografía

Marx a Engels en 10 de enero de 1857.
Marx a Engels en 22 de mayo de 1857.
Marx a Engels en 25 de septiembre de 1857.
Marx a Engels en 8 de diciembre de 1857.
Marx a Lasalle en 21 de diciembre de 1857.
Marx a Engels en 11 de enero de 1858.
Marx a Engels en 14 de enero de 1858.
Marx a Engels en 28 de enero de 1858.
Marx a Engels en 29 de enero de 1858.
Marx a Lasalle en 22 de febrero de 1858.
Marx a Engels en 2 de marzo de 1858.

Marx a Lasalle en 3 de marzo de 1858.
Engels a Marx en 4 de marzo de 1858.

Marx a Engels en 5 de marzo de 1858.

Marx a Lasalle en 11 de marzo de 1858.
Marx a Engels en 29 de marzo de 1858.
Marx a Engels en 2 de abril de 1858.

Jenny Marx a Engels en 9 de abril de 1858.
Jenny Marx a Lasalle en 9 de abril de 1858.
Marx a Engels en 29 de abril de 1858.

Marx a Engels en 31 de mayo de 1858.

Marx a Lasalle en 31 de mayo de 1858.
Marx a Engels en 2 de julio de 1858.

Marx a Engels en 15 de julio de 1858.
Marx a Engels en 29 de noviembre de 1858.
Marx a Weydemeyer en 1 de febrero de 1859.
Marx a Engels en 18 de junio de 1862.

Marx a Engels en 2 de agosto de 1862.
Marx a Engels en 9 de agosto de 1862.
Engels a Marx en 9 de septiembre de 1862.
Marx a Kugelmann en 28 de diciembre de 1862.
Marx a Engels en 26 de noviembre de 1869.

## ÍNDICE DE OME 22 (*)

[111] EL CAPÍTULO DEL CAPITAL (continuación)

Circulación del capital. Proceso de circulación. Proceso de
producción. Circulación. El capital es capital circulante.
También el capital fijado. Costes de la circulación. Tiempo
de circulación y tiempo de trabajo. (Tiempo libre del capi-
talista). (Costes de transporte)

Circulación. Storch. — Metamorfosis del capital y metamor-
fosis de la mercancía. — Cambio formal y material del
capital. Diferentes formas del capital. — Rotaciones en un
período dado. — Capital circulante como carácter general
del capital. — El año medida de las rotaciones del capital
circulante. El día medida del tiempo de trabajo

Capital fijado (inmovilizado) y capital circulante. — (Excedente.
Proudhon. Bastiat.) — Mill. Anderson. Say. Quincey.
Ramsay. — Dificultad con el interés compuesto. — Crea-
ción del mercado a través del comercio. — Capital fijado
y capital circulante. Ricardo. — Dinero y capital. —
Eternidad del valor. — Necesidad de una reproducción
rápida o menos rápida. — Sismondi. Cherbuliez. Storch. —
Anticipo del capital al trabajo

Competencia

Plusvalía. Tiempo de producción. Tiempo de circulación. —
Tiempo de rotación

Competencia

(*) El presente índice reproduce la articulación con que se presenta el texto
desde su primera edición en alemán. Y puesto que esa articulación no es pura-
mente una sinopsis sistemática, sirio también resultado del análisis de sus cuader-
nos hecho a posteriori por el mismo Marx, este índice cumple en bastante medida
una función analítica. La naturaleza de borrador del texto y la insuficiencia de
su sistematización (insuficiencia desde el punto de vista editorial) aconsejan faci-
litar al lector este desmenuzamiento entre analítico y sistemático que el mismo

Marx necesitó componer para manejar sus propios cuadernos.

544 Índice de OME 22

Plusvalía. Tiempo de producción. Tiempo de circulación.
Tiempo de rotación. Parte del capital en el tiempo de
producción, parte en el tiempo de circulación. — Tiempo
de circulación. — Plusvalía y fase de producción. Número
de las reproducciones del capital = número de rotacio-
nes. — Plusvalía total, etc.

Cambio formal y cambio material en la circulación del capi-
tal. — M-D-M. D-M-D

Diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo. —
Storch. Dinero. Clase mercantil. Crédito. Circulación

La pequeña circulación. El proceso de cambio entre capital y
capacidad de trabajo en general. El capital en la reproduc-
ción de la capacidad de trabajo

Triple determinación o modo de la circulación. — Capital fijo
y capital circulante. — Tiempo de rotación del capital total
dividido en capital fijo y capital circulante. — Rotación
media de tal capital. — Influencia del capital fijo en el
tiempo de rotación total del capital. — Capital fijo circu-
lante. Say. Smith. Lauderdale. (Lauderdale sobre el origen
del beneficio)

El proceso de trabajo. — Capital fijo. Medio de trabajo.
Máquina. — Capital fijo. Transposición de las fuerzas de
trabajo en fuerzas del capital circulante. — En qué medida
el capital fijo (máquina) crea valor. — Lauderdale. —
La máquina presupone una masa de trabajadores

Capital fijo y capital circulante como dos clases particulares
de capital. — Capital fijo y continuidad del proceso de
producción. — Maquinaria y trabajo vivo. (La invención
como actividad económica)

Contradicción entre el fundamento de la producción burguesa
(medida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas, etc.

Significado del desarrollo del capital fijo (para el desarrollo del
capital en general). Relación entre creación de capital fijo
y capital circulante. Tiempo disponible. Crearlo es la deter-
minación principal del capital Forma antitética del mismo
en el capital. — Productividad del trabajo y producción del
capital fijo. (The Source and Remedy) — Uso y consumo:
Economist. Durabilidad del capital fijo

Ahorro real — Economía = Ahorro de tiempo de trabajo
= Desarrollo de la fuerza productiva. Superación de la
antítesis entre trabajo libre y tiempo de trabajo. — Com-

prensión auténtica del proceso de producción social
La concepción histórica de Owen de la producción industrial
(capitalista)

El capital y el valor de los agentes naturales. — El volumen
del capital fijo indica el nivel de la producción capita-
lista. — Determinación de la materia prima, del producto,
del instrumento de producción, del consumo. — El dinero,
¿es capital fijo o capital circulante? — Capital fijo y ca-
pital circulante en relación con el consumo individual

Tiempo de rotación del capital que se compone de capital
fijo y capital circulante. Tiempo de reproducción del ca-
pital fijo. Para el capital circulante la interrupción no debe
ser tan grande que arruine su valor de uso. Para el capital
fijo la continuidad de la producción es absolutamente ne-
cesaria, etc. — Unidad de tiempo para el trabajo es el
día; para el capital circulante el año. Con la introducción
del capital fijo la unidad es constituida por un período total
más extenso. — Ciclo industrial. — Circulación del capital
fijo. — El llamado riesgo. — Todas las partes del capi-
tal producen un beneficio uniforme — falso. — Ricardo,
etcétera. — La misma mercancía es unas veces capital fijo
y otras circulante. — Venta del capital en cuanto capital. —
Capital fijo que entra como valor de uso en la circula-
ción. — Todo momento que se presenta como presupuesto
de la producción es al mismo tiempo su resultado. Repro-
ducción de sus propias condiciones. — Reproducción del
capital como capital fijo y como capital circulante

Capital fijo y capital circulante. — Economist. Smith. El equi-
valente del capital circulante tiene que ser producido en
un año. No ocurre así con el del capital fijo. Compromete
la producción de años sucesivos

Frais d'entretien

Renta del capital fijo y del capital circulante

Trabajo libre = pauperismo latente. Eden

Cuanto más pequeño es el valor del capital fijo en relación
con su producto, tanto más adecuado a su fin. — Movible,
inamovible, fijo y circulante. — Conexión de la circulación
y la reproducción. Necesidad de la reproducción del valor
de uso en un tiempo determinado

EL CAPITAL FRUCTÍFERO. TRANSFORMACIÓN DE LA PLUSVALÍA

" EN BENEFICIO

Tercera Sección: El capital fructífero. — Interés. Beneficio.
(Costes de producción, etc.)

Capital y renta (beneficio). Producción y distribución. Sismon-
di. — Los costes de producción desde el punto de vista
del capital. Beneficio, ídem [desde el punto de vista del

546 Índice de OME 22

capital]. — Desigualdad de los beneficios. Nivelación
y tasa de beneficio general. — Transformación de la plus-
valía en beneficio. — Leyes

Plusvalía = proporción entre el plustrabajo y el trabajo ne-
cesario

Valor del capital fijo y su fuerza productiva. Durabilidad del
capital fijo, ídem [su fuerza productiva]. — Las fuerzas
sociales, la división del trabajo, etc., no le cuestan nada al
capital. — Diferencia de la máquina a este respecto.

(Economía del capitalista en la utilización de la maqui-
naria.) — Beneficio y Plusvalía

Maquinaria y plustrabajo. Recapitulación de la teoría de la
plusvalía en general

Proporción entre las condiciones objetivas de la producción.
Cambio en la proporción de las partes constitutivas del
capital

Dinero y capital fijo: presuponen una cierta cantidad de riqueza
(Economist). Relación entre el capital fijo y el capital
circulante. Hilanderos de algodón (Economist)

Esclavitud y trabajo asalariado (Steuart). — Beneficio sobre la
venta. Steuart

La industria de la lana en Inglaterra desde Isabel (Tuckett).
— La industria de la seda (id.). Id. Hierro, algodón

Origen del trabajo asalariado libre. Vagabundeo. Tuckett

Blake sobre acumulación y tasa de beneficio (muestra cómo los
precios, etc., no son indiferentes, porque una clase de meros
consumidores no consume y reproduce al mismo tiempo).
— Capital inactivo

Agricultura doméstica a comienzos del siglo xv1. Tucket£

Beneficio. Interés. Influencia de la maquinaria sobre el fondo
de trabajo. Westminster Review

[Dinero como medida de los valores y criterio de los precios.
Crítica de las teorías de la unidad de medida del dinero]

Para la crítica de las teorías sobre los medios de circulación y
el dinero. Transformación del medio de circulación en dine-
ro. — Atesoramiento. — Medio de pago. — Precios de las
mercancías y cantidad del dinero en circulación. — Valor
del dinero

El capital, no el trabajo, determina el valor de la mercancía.
Torrens

Mínimo de salario

1826. Maquinaria algodonera y trabajadores. Hodgskin

Como la maquinaria crea material en bruto. Industria del lino.
Estopa hilada. Economist

:167

Maquinaria y plustrabajo

Capital y beneficio. El valor constituye el producto. — Rela-
ción del trabajador con las condiciones: de trabajo en la
producción capitalista. — Todas las partes del capital pro-
ducen beneficio. — Relación entre capital fijo y capital
circulante en las fábricas de algodón. Plustrabajo y benefi-
cio según Senior. Tendencia de la maquinaria a prolongar el
trabajo. — Influencia del transporte en la circulación, etc. —
El transporte suprime cada vez más la acumulación. —
Plustrabajo absoluto y maquinaria. Senior

Fábricas de algodón en Inglaterra. Trabajadores. Ejemplo re-
lativo a la maquinaria y el plustrabajo. — Ejemplo de
Symons. Glasgow. Fábrica con telares mecánicos, etc.
(Estos ejemplos sirven para el problema de la tasa de be-
neficios.) — Maneras diversas a través de las cuales la
maquinaria reduce el trabajo necesario. Gaskell. — Trabajo
como mercado inmediato para el capital

Enajenación de las condiciones de trabajo del trabajo con el
desarrollo del capital. (Inversión.) La inversión es el fun-
damento del modo de producción capitalista, no sólo de su
distribución

Merivale. Sustituir la dependencia natural del trabajador en las
colonias por restricciones artificiales

Cómo la máquina ahorra material, etc. Pan. Dureau de la
Malle

Consumo productivo. Newman. Transformaciones del capital.
Ciclo económico (Newman)

Dr. Price. Poder innato del capital

Proudhon. Capital y cambio simple. — Necesidad de la falta de

propiedad de los trabajadores. Townsend. Galiani. — El
infinito en proceso. — Galiani

Anticipos. Storch. — Teoría del ahorro. Storch. — MacCulloch.
Excedente. — Beneficio. — Destrucción periódica de ca-
pital. Fullarton. — Arnd. Interés natural

Interés y beneficio. — Carey. — Préstamo pignoraticio en
Inglaterra

Cómo el comerciante ocupa el lugar del maestro

Patrimonio mercantil

El comercio con equivalentes es imposible. Opdyke

Capital e Interés

Dos naciones pueden cambiar según la ley del beneficio, de
forma tal que ambas ganen, pero una de ellas resulta
siempre beneficiada

1) Valor

548 Índice de OME 22

APÉNDICES
Extractos de la teoría del dinero de Ricardo. Diciembre 1850 285
De los cuadernos de 1850/1851 sobre Ricardo 287

[Del cuaderno de extractos IV] Ricardo (D.): On the Prin-
ciples of Political Economy and Taxation. 3 ed. London

1821. (Teoría del dinero) 289
1) Variaciones en el valor de la plata y el oro 289
2) Efectos diferentes de la alteración en el valor del dinero 289
3) Dinero de oro y plata y comercio exterior 290
4) El dinero es únicamente el medio en el que se expresa

el valor relativo 296
5) Impuesto sobre el oro 296
6) Interés del dinero 297
7) Dinero, exportación e importación 298
8) Sobre el dinero en circulación y los bancos 298
9) Acerca del valor comparativo del oro, el trigo y el

trabajo en países ricos y pobres 301

Apuntes y extractos sobre el sistema de Ricardo. Marzo-abril
1851 303

Impuestos conexos con la posición 305
Índice de materias de Marx de la obra de Ricardo: On the
Principles of Political Economy and Taxatiom. Third

edition. London 1821 307

[Del cuaderno de extractos VIII] Ricardo (David). On the
Principles of Political Economy and Taxatiom. 3 ed.

London 1821 309
I) Sobre el valor 309
II) Sobre la renta 315

Impuestos sobre el producto en bruto 319
Renta (contra la teoría de A. Smith referente

a la renta de la tierra) 321
Renta (contra la opinión de Malthus sobre la

renta) 322

Efecto de la importación de trigo sobre la renta
de la tierra y el beneficio del arrendatario 323

111)

IV)

v)

Efecto de la importación libre de trigo sobre
los beneficios y sobre el capital del arrenda-
tario

La segunda parte de la renta, que no procede de
la fertilidad relativa de la tierra

Sobre el precio natural y el precio de mercado

Diferencia entre valor (precio natural y riqueza)

De la influencia de la demanda y la oferta sobre
los precios

Los costes de producción, es decir, el valor real
no determina la producción, sino el precio
de mercado

Efecto depreciador de las mejoras en la agricul-
tura y en la maquinaria

El precio del trigo no regula el precio de las
demás mercancías

El comercio exterior y el valor de cambio

Determinación del valor de cambio en diferentes
países

Influencia del comercio colonial sobre los precios

Influencia de la demanda y la oferta sobre el
valor de cambio

Sobre el salario

Diferencia entre el salario y el trabajo gastado
en la producción de una mercancía

Influencia del aumento de capital en el precio
de mercado del salario y en el precio natural

Variaciones en el precio natural del trabajo

Salario y renta

Aumento del precio natural del trabajo y del pre-
cio en dinero de las mercancías

Población y salario

Influencia del precio de las materias primas sobre
el salario

Influencia de la maquinaria sobre el salario

Impuestos sobre el salario

Una observación más sobre la relación entre be-
neficio y salario

Sobre el beneficio

Variaciones permanentes en la tasa de beneficio.
División del precio del producto entre los ca-
pitalistas y los trabajadores

Relación entre el beneficio y el salario

Acumulación de capital

vi)

VII)

Influencia del comercio en los beneficios

Cambio repentino en el comercio

Efectos de la acumulación sobre los beneficios
y el interés

Acerca del ingreso bruto y neto

Impuestos sobre los beneficios

Maquinaria e impuestos. Influencia sobre los be-
neficios

Impuestos sobre otras mercancías en cuanto ma-
terias primas

Impuesto pagado por el productor

Impuesto sobre las casas

Sobre los impuestos

Los impuestos recaen sobre el capital o sobre la
renta

Precio mayor de las mercancías por los impuestos
y dinero

Del Prólogo (Comienzo del Libro)

De los manuscritos de 1857/1858

[Del cuaderno 111 del Manuscrito] (Bastiat y Carey)
Bastiat. Harmonies Économiques. 2 édition. París 1851.
Avantpropos
XIV) Sobre los salarios

[Del cuaderno M] Índice de los 7 manuscritos (de la
Primera parte)
[Primera redacción]
[Segunda redacción]

Fragmento del texto primitivo de la «Contribución a la Cri-
tica de la Economía Política» (1858)

Valor invariable del dinero

Dinero como dinero (moneda mundial, etc.)

Forma de propiedad

[Continuación de lo que falta]

3) El dinero como medio de pago y compra interna-
cional, como moneda mundial

4) Los metales nobles como soporte de la relación
de dinero

5)

Forma de manifestación de la ley de la apropia-

ción en la circulación simple

6)

Transición al capital

"365

Tercer capítulo. El capital
A. Proceso de producción del capital
1) Transformación del dinero en capital

Índices compuestos por Marx de sus cuadernos de 1857-1858
(1859)

Reseñas de mis propios cuadernos
Cuaderno C
Cuaderno A
Cuaderno B'
Cuaderno B”
Cuaderno M
Cuaderno B”:u
Cuaderno II
Cuaderno III
Cuaderno IV
Cuaderno V
Cuaderno VI
Cuaderno VII

[Proyecto de 1859]
I. El proceso de producción del capital
1) Transformación del dinero en capital
a) Transición
fB) Cambio entre el capital y la capacidad
de trabajo
y) El proceso de trabajo
8) El proceso de valorización
2) La plusvalía absoluta
3) La plusvalía relativa
a) Cooperación de masas
8) División del trabajo
y) Maquinaria
4) La acumulación originaria
5) Trabajo asalariado y capital
II. El proceso de circulación del capital
TI. Capital y beneficio
Miscelánea

## RECTIFICACIÓN SOBRE LA ANOTACIÓN

Por error de la edición, las notas de los dos volúmenes de las
Lineas fundamentales (OME 21 y 22) que debían tener como llamada
uno o varios asteriscos sin número han sido incorporadas a la serie de
notas cuya llamada es un número con asterisco. Las únicas que han
escapado al error son las que figuran, con un simple asterisco o dos,
en las páginas 13, 15, 403, 407, 425 y 450 de OME 22.

Estas notas erróneamente numeradas —<que contienen textos de Marx
que, por tachados o por constituir excursos, etc., la edición de Moscú
prefirió dar a pie de página (cfr. Nota editorial, OME 21, pág. ix) —
son las siguientes:

En OME 21: *53, *59, *66, *69, *76, *81, *89, *91, *96, *99, *100,
*101, *104, *105, *108, *111, *117, *127, *140, *154, *161,
*166, *167, *168, *170, *177, *178, *179, *180, *181, *182,
*184, *186, *187, *188, *189, *208, *217, *219, *220, *221,
*222, *230, *231, *232, *233, *234, *235, *236, *239, *240,
*249, *250, *253, *254.

En OME 22: *27, *35, *53, *67, *74, *75, *81, *84, *85, *86,
*91, *112, *137, *140.