los impuestos en la India son más onerosos y opresivos que los de cualquier otro país del mundo; que por regla general, en la mayoría de las presidencias, y más aún en aquellas que durante más tiempo estuvieron bajo el dominio británico, los cultivadores, o sea, la gran masa del pueblo de la India, se encuentran en un estado de depauperación y desaliento absolutos; que, por lo tanto, las rentas de la India han sido estiradas hasta el límite, y en consecuencia las finanzas indias no tienen remedio. Es ésta una opinión bastante molesta en una época en que, según Mr. Gladstone, en los próximos años sólo los gastos extraordinarios de la India serán de unos 20.000.000 de libras esterlinas anuales. Por otra parte, se asegura -y la afirmación ha sido garantizada por un despliegue de ejemplos estadísticos- que la India es el país con menos impuestos del mundo; que si sus gastos aumentan, las rentas también deben aumentar; y que es una falacia absoluta pensar que el pueblo indio no podrá soportar nuevos impuestos. Mr. Bright, que puede ser considerado como el representante más importante e influyente de la doctrina "incómoda", hizo la siguiente declaración con motivo de la segunda lectura del nuevo proyecto de ley sobre el gobierno de la Indiaª : ª Se refiere al proyecto de ley presentado al parlamento por el ministerio de Derby en marzo y aprobado por aquél en julio de 1858. Este proyecto se convirti6 en la ley Sobre la mejor admini&• tración de la Indio, de acuerdo con la cual ese país pasaba a depen· der de la Corona, y la Compañía de la India oriental debía ser liqui• dada, pagándoles a los accionistas una compensación de 3 millones "Al gobienio de la India le ha costado gobernar a su país más de lo que era posible arrancar de su población, aun cuando en ninguna fonna ha sido escrupuloso, ni en cuanto a los impuestos, ni en cuanto a la fonna de recaudarlos. Gobernar a la India costó más de 30.000.000 de libras, pues ésa era la renta bnita y había siempre un déficit, que debía ser cubierto con préstamos obtenidos a un interés muy elevado. La deuda india era entonces de 60.000.000 de libras, e Iba en aumento; mientras que el crédito del gobierno disminuía, en parte porque en una o dos oportunidades no trató a sus acreedores en fonna muy honorable, y ahora a causa de las calamidades que últimamente ha soportado la India. Se refirió a las rentas bnitas; pero como ello incluía los ingresos provenientes del opio, que apenas constituían un impuesto al pueblo de la India, consideraba que los impuestos que en realidad lo oprimían eran de 25.000.000 de libras. Ahora bien, no comparemos estos 25.000.000 con los 60.000.000 que se recaudaron en ese país. Recuerde la Cámara que en la India era posible pagar doce jornales con la misma cantidad de oro o plata con que en Inglaterra se pagaría uno. Estos 25.000.000 de libras invertidos en la compra de mano de obra en la India equivaldrían a un desembolso de 300.000.000 para procurarla en Inglaterra. Quizá se le pueda preguntar cuánto recibía un indio por su trabajo. Bien, si un indio recibía por su trabajo una paga de 2 peniques diarios, quedaba claro que no podíamos pretender que pagase impuestos correspondientes a un salarlo de 2 chelines. En Gran Bretafia e Irlanda teníamos una población de 30.000.000 de habitantes; en la India, de 150.000.000. Aquí recaudamos 60.000.000 de libras esterlinas de impuestos; en la India, calculando las jornadas de trabajo del pueblo, recaudamos 300.000.000, o sea, una renta pública cinco veces superior a la obtenida en Inglaterra. Si se considera que la pobla• ción de la India es cinco veces mayor que la del Imperio británico, se puede decir que los impuestos por cabeza en la India e Inglaterra eran poco más o menos iguales y que, por lo tanto, no se imponía una carga superior. Pero en Inglaterra había una potencia incalculable de maquinaria y vapor, de medios de trasporte y de de libras esterlinas. El ministro para los Asuntos de la India asumía las funciones de presidente del Consejo de Control, que quedaba anu• lado, y el Consejo de la India, creado como organismo consultivo, quedaba bajo sus 6rdenes. En el artículo El proyecto de ley de la India, Marx hace un análi· sis crítico de dicho proyecto. todo lo que el capital y el ingenio humanos pueden aportar en ayuda de la laboriosidad de un pueblo. En la India no existía nada parecido. Apenas si tenían un camino decente en todo el país". Ahora bien, es preciso admitir que en este método de comparar los impuestos indios y británicos hay algo erróneo. Por una parte está la población india, cinco veces mayor qu~ la británica, y por la otra los impuestos indios, que son la mitad de los británicos. Pero, dice entonces Mr. Bright, el trabajo indio sólo equivale a una duodécima parte del trabajo británico. En consecuencia, 30.000.000 de libras de impuesto en la India representarían 300.000.000 en Gran Bretaña, en lugar de los 60.000.000 que en realidad se recaudan. ¿Cuál es, entonces, la conclusión a que habría debido llegar? Que el pueblo de la India, con respecto a su fuerza numérica, paga los mismos impuestos que el de Gran Bretaña, si se tiene en cuenta la relativa pobreza del pueblo de la India y se supone que 30.000.000 de libras pesan a los 150.000.000 de indios como 60.000.000 de libras a los 30.000.000 de ingleses. Con esta suposición, resulta ciertamente falaz cambiar de opinión y decir que un pueblo pobre no puede pagar tanto como uno rico, porque la pobreza relativa del pueblo de la India ya ha sido tenida en cuenta para hacer la afirniación' de que el indio paga tanto como el inglés. En realidad se podría hacer otra pregunta. Se podría preguntar si honradamente es posible esperar que un hombre que gana 12 céntimos diarios pague 1 céntimo con la misma facilidad con que otro que gana 12 dólares paga l. Ambos contribuirían relativamente con la misma parte alícuota de sus ingresos, pero el impuesto incidirá en proporción muy diferente en sus respectivas necesidades. Sin embargo, Mr. Bright no ha formulado la pregunta en estos términos, y si lo hubiera hecho, la comparación entre la carga impositiva que soportan el asalariado británico por una parte y el capitalista británico por la otra habría dado quizá más cerca del blanco que la comparación entre los impuestos indios y británicos. El mismo admite, además, que de los 30.000.000 de libras de los impuestos de la India deben restarse los 5.000.000 correspondientes a la renta del opio, puesto que, hablando en términos adecuados no es un impuesto que pague el pueblo indio, sino más bien un derecho de exportación que se cobra sobre el consumo chino. Después los apologistas de la administración anglo-india nos recuerdan que 16.000.000 de libras de ingresos provienen de la renta territorial, o arrendamientos, que desde tiempos inmemoriales beneficiaron al estado en su carácter de terrateniente supremo, que nunca pertenecieron a la fortuna privada de los agricultores y que en realidad no forman parte de los impuestos propiamente dichos, así como no puede decirse que los arrendamientos que los agricultores británicos pagan a la aristocracia británica for• men parte de los impuestos británicos. Los impuestos indios, según este punto de vista, quedarían así: Total de la cantidad recaudada ...........i 30.000.000 Descontado por los ingresos del opio i 5.000.000 Descontado por el arrendamiento de • la tierra ............................ i 16,.000.000 Impuestos propiamente dichos ....... t 9.000.000 Asimismo debe admitirse que de estos 9.000.000 de libras muchos renglones importantes, como correos, impuestos sobre timbres fiscales y derechos de aduana, atañen en una proporción muy pequeña a la JDBSa del pueblo. Por consiguiente, Mr. Hendrick.c;, en un documento presentado recientemente a la Sociedad Británica de Estadísticas, sobre Finanzas de la India, procura probar, apoyándose en documentos parlamentarios y otros, que del total de rentas que paga el pueb10 de la India, no más de un quinto se recauda actual• mente a través de impuestos, es decir, de los verdaderos ingresos del pueblo; que en Bengala sólo el 27 por ciento, en el Penjab sólo el 23 por ciento, en Madrás sólo el 21 por ciento, en las provincias del noroeste sólo el 17 por ciento, y en Bombay, sólo el 16 por ciento del total de las rentas proviene de impuestos propiamente dichos. El siguiente cuadro comparativo del promedio de impuestos que pagó cada habitante de la India y del Reino Unido durante los años 1855-56, ha sido extractado del informe de Mr. Hendricks: Bengala, ingresos p/cabeza i 0-5-0 Provincias del nor~este ... i 3.5 Madrás ................ i 4.7 Bombay ............... i 8-3 .Penjab ................. i 3-3 Reino Unido ............ t Impu,,estos .f. i 0-1-4 0-7 "

i 1-0 "

i 1-4 "

.t: 0-9 "

i 1-10-0 El general Briggs hace la siguiente estimación, para un año diferente, del promedio que aporta cada individuo a la renta nacional: En Iriglaterta, '1852 ...................... í 1 19 4 En Francia .............................. í 112 O En Prusia ................................ í 19 3 En la India, 1854 ........................ í 3 8 l /2 Los apologistas de la administración británica infieren de estos infonnes que no hay un sólo país de Europa en el cual, aun teniendo en cuenta la pobreza relativa de la India, los impuestos sean tan livianos. Parece, así, que no sólo son contradictorias las opiniones respecto de los impuestos en la India, sino que también lo son los hechos de los cuales se afirma que fueron deducidas. Por una parte hay que admitir que el monto nominal de los impuestos indios es relativamente pequeño; pero por la otra podríamos acumular pruebas sobre pruebas de los documentos parlamentarios, así como d_e los escritos de las autoridades más importantes en asuntos indios, que demuestran, fuera de toda duda, que estos impuestos aparentemente ligeros aplastan a las masas populares indias, y que su recaudación obliga a recurrir a infamias tales como ras torturas, por ejemplo. ¿Pero se necesitan más pruebas que el incremento rápido y constante de la deuda de la India y la acumulación de sus déficits? No se pretenderá, ciertamente, que el gobierno de la India prefiere alimentar deudas y déficits porque no desea apoderarse con demasiada brusquedad de los recursos del pueblo. Incurre en deudas porque no encuentra otra fonna de arreglárselas. En 1805 la deuda india fue de i 25.626.631; en 1829 alcanzó a unas 34.000.000 de libras; en 1850, a i 47.151.018, y actualmente es de unos 60.000.000. Por el momento excluimos del cálculo la deuda que la Compañía de la India oriental ha contraído con Inglaterra, también imputable a las rentas de la compañía.

· · 'El déficit anual, que en 1805 fue de unos dos millones y medio, bajo la administración de lord Dalhousie llegó a un promedio de cinco millones, Mr. George Campbell, del Servicio Civil de Bengala y con fuertes inclinaciones en favor de la Administración anglo. india, se vio obligado a confesar en 1852 que: "Aunque ningún conquistador oriental logró jamás un ascendiente tan completo, una posesión tan tranquila, universal e indisputable como· nosotros, todos se enriquecieron con las rentas del país, y muchos destinaron considerables sumas extraídas de sus caudales a obras públicas de fomento [ ... ]. Nosotros estamos excluidos de hacer tal cosa [ ... ]. En ninguna forma se reduce el monto de la carga total [bajo la dominación inglesa], y, a pesar de ello, no tenemos superávit". Al calcular la carga de los impuestos, su valor nominal no debe pesar más en la balanza que el método de recaudarlos y la manera de emplearlos. Lo primero es detestable en la India, y en la rama de la contribución territorial, por ejemplo, derrocha quizá más producto de lo que obtiene. En cuanto a la aplicación de los impuestos, será suficiente decir que parte alguna de ellos vuelve al pueblo en forma de obras de utilidad pública, más indispensables en los países asiáticos que en ningún otro lugar, y que, como lo señaló con precisión Mr. Bright, en ninguna parte se toman medidas tan extravagantes en beneficio de la propia clase gobernante. Escrito el 29 de junio de 1858. Publicado en el Ne...,, York Doilv Tribune, núm. 5.383, del 23 de j~lio de 1858.