Karl Marx EL PROYECTO DE LEY DE LA INDIA Ya se ha hecho la tercera lectura del proyecto de ley de la India en la Cámara de los Comunes, y como no es probable que los lores, influidos por llerby, ofrezcan resistencia, parece estar sellada la sentencia de muerte de la Compañía ·de la India oriental. No es una muerte heroica, hay que confesarlo; han ido entregando su poder, de la misma manera en que fueron conquistandolo, poco a poco y con criterio práctico. En realidad toda su historia se resume en comprar y vender. Comenzaron por comprar soberanía, y terminaron vendiéndola. Cayeron, no en una batalla campal, sino bajo el martillo del rematador, en manos del mejor postor. En 1693 obtuvieron de la Corona una Carta para veintiún años, mediante el pago de grandes sumas al duque de Leeds y a otros funcionarios públicos. En 1767 prolongaron su ocupación del poder por dos años, con la promesa de pagar anualmente 400.000 libras al Tesoro imperial En 1769 hicieron un trato similar por cinco años; pero poco después, a cambio de la renuncia, por parte del Tesoro, al cobro anual estipulado y a cambio del préstamo que éste le hizo, de 1.400.000 libras al 4 por ciento, enajenaron parte de su soberanía, permitiendo que el parlamento designase en primera instancia al gobernador general y a cuatro consejeros, entregando para siempre a la Corona el nombramiento del presidente del tribunal supremo y de sus tres jueces adjuntos, y aceptando la conversión de la Corte de Propietarios, de cuerpo democrático que era, en uno oligárquico, En 1858, después de comprometerse solemnemente ante la Corte de Propietarios a resistir por todos los "medios" constitucionales el traspaso a la Corona de sus poderes de gobierno, la Compañía de la India Oriental aceptó ese principio y dio su conformidad a un proyecto de ley penal que afectaba a la compañía, pero asegurando cargos y emolumentos a sus principales directores. Si, como dice Schiller, la muerte de" un héroe Sll asemeja a la puesta del solª, la ª Schiller, Los ladrones, acto 3·, escena 2.

muerte de la Compañía de la India oriental tiene más parecido al compromiso de un insolvente con sus acreedores. Dicho proyecto de tey confía al secretario para la India y a su Consejo las principales funciones de la administración, lo mismo que el gobernador general y su Consejo administran los asuntos en Calculta. Pero estos dos funcionarios -el secretario de estado en Inglaterra y el gobernador general ·en la India- están igualmente autorizados a hacer caso omiso del consejo de sus asesores y a actuar de acuerdo con su propio criterio. El nuevo proyecto confiere también al secretario de estado todos los poderes hasta ahora ejercidos por el presidente de la Junta de Control, por mediación del Comité Secreto; o sea, en casos urgentes, el poder de despachar órdenes a la India sin detenerse it pedir el asesoramiento de su Consejo. Al constituir ese Consejo se vio que después de todo era necesario recurrir· a la Compañía de la India oriental como única fuente real que podía proporcionar candidatos para los nombra• mientas al mismo, además de las designaciones hechas por la Corona. Los miembros electivos del Consejo deben ser elegidos por los directores de la Compañía de la India oriental entre ellos mismos. De esta manera, en definitiva, el nombre de la compañía sobrevivirá a su esencia. A último momento el gabinete de Derby confesó que su proyecto de ley no contenía cláusulas que abolieran la compañía, tal como estaba representada por una Corte de Directores; sino que quedaba reducida a su antiguo carácter de compañía de accionisqas que distribuye los dividendos respaldados por diferentes disposiciones legislativas. La ley de Pitt, de 1784, sometió virtualmente su gobierno al dominio del gabinete, con el nombre de Junta de Control. La ley de 1813 la privó de su monopolio comercial, con excepción del comercio con China. La de 1834 destruyó t.otalmente su carácter comercial, y la de 1854 terminó con sus · últimos restos de poder, pero dejándola todavía a cargo de la administración de la India. Por las alternativas de la historia, la Compaa ñía de la India Qrieo~, convertida en 1612 en una compañía por acciones, vuelve tener la misma apariencia exterior, sólo que ahora representa una sociedad comercial sin comercio y una compañía por acciones que no .tiene fondos que administrar, sino sólo dividendos fijos que cobrar. La historia del proyecto de ley de la India está marcada por cambios dramáticos, mayores que los habidos en ninguna otra ley de la legislación parlamentaria moderna. Cuando estalló la insurrección de los cipayos, el clamor de reform115 en la India resonó en todas las clases de la sociedad británica Los informes sobre torturas excitaron la imaginación popular; jefes militares y civiles indios de elevada jerarquía denunciaron de viva voz la intromisión gubernamental en la religión de los nativos; la rapaz política anexionista de lord Dalhousie, simple instrumento de Downing Strett; la agitación torpemente provocada en la mentalidad asiática por las guerras piratescas en Persia y China -guerras comenzadas y proseguidas por dictados privados de Palmerston-; las débiles medidas con que combatió el estallido, prefiriendo para el trasporte buques de vela antes que barcos de vapor, y la navegación tortuosa alrededor del cabo de Buena Esperanza en lugar de hacerlo a través del istmo de Suez: todas estas quejas acumuladas estallaron en la exigencia de reformas en la India, de refonnas en la administración india de la compañía, de reformas en la política india del gobierno. Palmerston captó el reclamo popular, pero decidió utilizarlo en beneficio de sus intereses exclusivos. Puesto que tanto el gobierno como la compañía se habían desmoronado en fonna lastimosa, era preciso sacrificar a ésta y hacer omnipotente a aquél. El poder de la compañía debía ser trasladado sencillamente al dictador de turno que simulara representar a la Corona en oposicion al parlamento, y al parlamento en oposición a la Corona, con lo que reunirían en una sola persona los privilegios de la una y el otro. Con el respaldo del ejército indio, el Tesoro de la India a su disposición y el patronato en el bolsillo, la posición de Palmerston se haría inexpugnable. Su ley fue triunfalmente aprobada en primera lectura, pero su carrera quedó interrumpida por el famoso proyecto de ley de conspiración, que fue seguido por el advenimiento de los tories al poder.ª El mismo día de su reaparición oficial en el Ministerio de Hacienda, declararon que, por deferencia a la voluntad tenninante de los Comunes, renunciarían a oponerse a que el gobierno de la India fuera trasferido de la compañia a la Corona. El fracaso legislativo ª Proyecto de ley para extranjeros (o proyecto de ley contra las conspiraciones): fue presentado por Palmerston a la Cámara de los Comunes el 8 de febrero de 1858, presionado por el gobierno francés. Según el proyecto, todo el que, viviendo en territorio del Reino Uni· do -fuese inglés o extranj~ro-, organizara o participase en alguna conspiración cuya finalidad fuese el asesinato de alguna persona en Inglaterra o en cualquier otro país, debía ser juzgado por tribunales ingleses y condenado a severos castigos. Bajo la presión de un movimiento de protesta de las masas, el proyecto de ley fue rechazado por la Cámara de los Comunes, y Palmerston tuvo que renunci:lr. de lord Ellenboroughª pareció apresurar la restauración de Palmerston, cuando, con el propósito de imponer al dictador una transac• ción, entró en escena lord Russell y salvó al gobierno proponiendo continuar con el proyecto de ley de .la India por vía de resolución parlamentaria, en lugar de hacerlo por declaración gubernamental. El parte de Oudh de lord Ellenborough, su súbita renuncia y la consiguiente desorganización del ministerio fueron ansiosamente aprovechados por Palmerston. Los tories habrían debido pasar una vez más a la fría sombra de la oposición, después de haber utilizado su breve acceso al poder para quebrar la oposición a la confiscación de la Compañía de la India oriental dentro de su propio partido. Con todo, es bastante bien sabido cómo fueron desbaratados esos hermosos cálculos. En lugar de renacer de entre las ruinas de la Compañía de la India oriental, Palmerston quedó enterrado por ellas. Durante todos los debates sobre la India, la Cámara pareció dar rienda suelta a la particular satisfacción de humillar al Civis Romanus. Todas sus reformas, grandes y pequeñas, fueron ignomi• niosamente malogradas, continuamente se le arrojaron al rostro alusiones del tipo más desagradable, referentes a la guerra afgana, a la persa, a la china; y la cláusula de Mr. Gladstone por la cual se priva al ministerio indio de la facultad de declarar guerras más allá de los límites de la India, que estaba destinada a ser un voto general de censura contra la antigua política exterior de Palmerston, fue aprobada por una aplastante mayoría, a pe~r de su desesperada resistencia. Pero aunque el hombre ha sido arrojado por la borda, se aceptaron sus principios en general. Si bien un tanto contenido por los atributos obstructivos de la Junta de Consejeros, que en realidad no es más que un espectro bien pagado de la antigua Corte de Directores, el poder del ejecutivo, gracias a la anexión formal de ª Después de asumir el poder el ministerio de Derby, se le encomendó a lord Ellenborough, presidente del Consejo de Control para los Asuntos de la India, elaborar un proyecto de ley de re• forma de la administración en ese país. Pero el proyecto que propuso no satisfizo al gobierno, porque establecía un sistema excesivamente complejo de elección del Consejo de la India, por lo cual provocó una seria oposición y fue rechazado. la. India, se ha elevado en grado tal, que para equilibrarlo es preciso lanzar el peso democrático en la balanza parlamentaria. Escrito el 9 de julio de 185 8. Publicado en New-York Daily Tribune, núm. 5.384, del 24 de julio de 1858.