Friedrich Engels LOS EXITOS DE RUSIA EN EL LEJANO ORIENTE La partida de revancha que Rusia debía a Francia e Inglaterra por su derrota en Sebastopol, ha tenido ahora lugar. Las encarnizadas y prolongadas batallas por la península de Heraclea40 han humillado el orgullo nacional de Rusia y le han arrebatado una pequeña franja de su territorio, pero al terminar la guerra le han dejado un provecho inequívoco. El estado del, "Hombre Enfermo"41 ha empeorado considerablemente, la población cristiana de la Turquía europea, tanto griegos como eslavos, arden ahora más que antes en deseos de sacudir el yugo turco y consideran a Rusia más que nunca como su única defensora No cabe duda alguna de que en todas las insurrecciones y conjuraciones que actualmente están en curso en Bosnia, Serbia, Monten~o y Candia, tienen metidas sus manos los agentes rusos, pero solo la extrema debilidad e impotencia de Turquía, que por primera vez se hicieron patentes en la guerra y que los compromisos que la paz han impuesto a ese país no harán sino agravar, es la que puede explicar satisfactoriamente esta efervescencia generalizada entre los súbditos cristianos del Sultán. De esta manera, Rusia, a pesar de la renuncia transitoria a una pequeña franja de territorio -pues es perfectamente claro que en la primera ocasión favorable volverá a recuperarla-, se ha acercado un buen trecho a la realización de sus planes respecto de Turquía. Acelerar el derrumbe de Turquía y obtener el protectorado sobre sus súbditos cristianos, tales fueron los fines a los que aspiraba Rusia al iniciar la guerra: ¿puede alguien cuestionar que Rusia ejerza ahora ese protectorado más que nunca? Por consiguiente, Rusia ha sido el único ganador en esta guerra infortunada. Sin embargo, tenía pendiente aún una partida de revancha, y ha elegido para este juego un terreno en el que ,w tiene rival: la diplomacia Cuando Inglaterra y Francia em:.1renr.ieron la costosa lucha contra China, Rusia se mantuvo neutral. para intervenir solamente al final. El resultado ha sido que Inglaterra y Francia hicieron la guerra en exclusivo provecho de Rusia. En este caso, la posición de Rusia era todo lo favorable que puede desearse. China, uno de esos vacilantes imperios asiáticos que uno tras otro se han converti<"o en botin del espíritu emprendedor de la raza europea, era tan débil y estaba tan quebrantada, que ni siquiera tenía fuerzas para pasar por la crisis de una revolución popular, debido a lo cual aún la sublevación aguda se ha convertido en un mal crónico y aparentemente incurable; un imperio tan corrompido que casi en ninguna parte ha estado en condiciones ni de dominar a su propio pueblo ni de resistir a la agresión extranjera Mientras los británicos reñían en Cantón con funcionarios chinos de segundo orden y discutían unos con otros el important:.e problema de si el comisario Yeh había actuado realment:.e por indicación del Kaiser o no, los rusos se apoderaban del territorio al norte del Amur y, al sur de ést:.e, de la mayor parte de las costas de Manchuria; se afianzaron allí, comenzaron las mediciones pata construir una línea férrea y trazaron los planes para levantar ciudades y hacer puertos. Cuando Inglaterra:.erra se hubo finalment:.e decidido a llevar la guerra a Pekín, y ·Francia se le sumó, con la esperanza de sacar algún provecho, Rusia logró preSt-ntarse como el desint:.eresado protector de la débil China y participar en las tratativas de paz en papel de mediador, a pesar de que precisamente en ese momento estaba despojando a China de un t:.erritorio tan grande como Francia y Alemania juntas y de un río de la longitud del Danubio; cuando comparamos los distintos tratados que se firmaron entonces, no podemos menos que comprobar lo que para cualquiera resulta evidente: que la .guerra no ha beneficiado a Francia ·o a Inglaterra sino a Rusia Las ventajas concedidas a los contendient:.es en la guerra, de .las cuales participan tanto Rusia como Estados Unidos, tienen carácter puramente comercial y son, como lo hemos demostrado en ocasiones anteriores, en gran medida ilusorias. En las actuales circunstancias, el comercio con China, con excepción del opio y de cierta cantidad de algodón de las Indias orientales, seguirá consistiendo principalment:.e en la exportación de textiles chinos, J:,é y seda; este comercio de exportación depende más de la demanda extranjera que de las mayores o menores facilidades que el gobierno ch.ino conceda Todo el mundo podía, ant:.es del tratado en Nankin, obtener té y seda, pero después de este tratado la apertura de los cinco puertos ha tenido el efecto de que una parte del comercio pasara de Cantón a Shangai. Los otros puertos no tienen casi ningún comercio, y Swatow, el único que por lo menos tiene alguna importancia,' no está incluido entre esos cinco puertos. En cuanto a la apertura del comercio por el Yan tse-kiang, ha sido prudentemente diferida hasta el momento en que Su Majestad el Kaiser haya recuperado su dominio sobre el revuelto territorio a ambos lados de ese río, momento que coincidirá con el de las calendas griegas. Pero han surgido otras dudas acerca del valor de este nuevo tratado. Hay personas que sostienen que los derechos de tránsito, de los cuales se habla en el artículo 28 del tratado angl~chino, eran pura fantaSÍL La existencia de estos derechos· había sido conjeturada sólo por el hecho de que los chinos recibían muy pocos tejidos ingleses, y consiguientemente los productos ingleses no podían penetrar en el interior del país; pero al mismo tiempo se abría camino cierta clase de paño ruso, que se ajustaba a las necesidades de los chinos y que era importado a través de Kiachta o del Tibet, y desde allí aun hasta la costa. Se había olvidado que tales derechos, en el caso de existir, habrían tenido que pagarlos tanto los tejidos rusos como los ingleses. Lo cierto es que el señor Wingrove Cooke, que había sido enviado con este fin al interior del país, no pudo encontrar la pista de esos presuntos "derechos de tránsito", y tuvo que reconocer, cuando se le preguntó públicamente sobre este tema, que había llegado "a la humillante convicción de que nuestro desconocimiento de China es una ignorancia que tiene sensibles repercusiones" (George Wingrove Cooke, China; being The Times Special Correspondence from China in the Years 1857-58, London, 1858). Por otra parte, el señor J. W. Henley, presidente del Board of Tradeª, británico contesta con toda franqueza, en una carta dada a publicidad, a la pregunta de si "hay pruebas de que existan tales impuestos internos": "No estoy en condiciones de dar a ustedes la información que solicitan acerca de la existencia de derechos aduaneros internos en China". Por consiguiente, además del bastante ingrato convencimiento de que Lord Elgin estipuló una indemnización sin establecer un plazo para su pago, y de que trasladó la guerra desde Cantón a la capital con el único fin de concertar un tratado que habrá de llevar otra vez a las fuerzas británicas desde la capital a combatir en Cantón, se ha apoderado de John Bull la vaga sospecha de que tendrá que· pagar de su bolsillo la indemnización estipulada, porque el artículo 28 resultará un fuerte incentivo a las autoridades chinas para imponer a los productos industriales británicos derechos de tránsito del 7 1/2 por ciento, que a pedido podrían transformarse en un derecho de importación del 2 1/2. Y para distraer a John Bull de la tarea de examinar más a fondo su propio tratado, el Times de Londres ha juzgado conveniente simular una vehemente ª Ministerio de Comercio indignación contra el embajador norteamericano y atacarlo con violencia, porque parece haber sido el que lo echó a perder todo, aun cuando aquél tiene tan poco que ver con el fiasco de la segunda ¡uena anglo-china como el Hombre de la Luna. Así pues, én lo que concierne al comercio inglés, el tratado de paz ha dado como resultado un nuevo impuesto a la importación y una serie de estipulaciones que, o carecen de todo valor práctico o no serán cumplidas por los chinos, y que en cualquier momento pueden servir de pretexto para una nueva guena. Inglatena no ha logrado ninguna expansión territorial; no podía pretenderla sin permitirle a Francia hacer lo mismo, y una guerra llevada a cabo por Inglaterra, que tuviera como resultado el surgimiento de posesiones francesas en la costa de China sería, en definitiva, totalmente desventajosa para Inglaterra. En lo que a Rusia se refiere, el caso es completamente distinto. Aún prescindiendo de que participa de todas las ventajas notorias, cualesquiera· sean ellas, concedidas a Francia e Inglaterra, Rusia se ha. asegurado todo el territorio adyacente al Amur, del cual se había apoderado con el mayor sigilo. No cont.enta con ello, ha conseguido que se constituyera una comisión ruso-china para la demarcación de los límites. Ahora bien, todos sabemos qué significa semejante comisión en manos de Rusia. Hemos visto trabajar esas comisiones en los límites asiáticos de Tur• quía, donde, durante más de veint.e años, habían recortado constantemente trozo tras trozo de este país, hasta que fueron interrumpidas por la última guerra, y el trabajo tendrá que hacerse otra vez. Está además el artículo que regula el servicio de correos entre Kiachta y Pekín. Lo que había sido antes una línea de comunica• ción irregular y sólo tolerada se está ahora organizando regular• ment.e y ha quedado establecida jurídicamente. Entre ambos puntos se establecerá un servicio postal mensual, y el recorrido de 1000 millas aproximadamente durará 15 días; además de ello, cada tres meses una caravana recorrerá el mismo camino. Pero como es notorio que los chinos descuidarán este servicio o no estarán en condi• ciones de atenderlo, y como el servicio ha quedado ahora jurídicamente asegurado para Ruisa, la consecu·encia será que irá quedan• do paulatinamente en sus manos. Hemos visto cómo los rusos han tendido sus líneas de puestos militares a través de las estepas kir• guisesª; no podemos dudar de que una línea semejante se tenderá cruzando el desierto de Gobi. Entonces habrá que despedirse de todos los sueños sobre el predominio inglés en China, porque en ese momento un ejército ruso podrá marchar sobre Pekín en cualquier momento. Es fácil imaginar las consecuencias que t.endrá la obtención de embajadas permanent.es en Pekín. Basta mirar hacia Constantinopla y Teherán. Cada vez que la diplomacia rusa se ha encontrado con la inglesa o la francesa, resultó vencedora ¿Quién puede dudar dque un embajador ruso, que tiene la perspectiva _de contar en el transcurso de poco años con un ejército apto para cualquier cometido en Kiachta -a un mes de marcha de Pekín- y con los caminos preparados a todo lo largo de su recorrido, en Pekín será todopoderoso? Es un hecho que Rusia será pronto la primera potencia asiática y que ha de eclipsar a Inglaterra en ese continent.e. La conquista del Asia central y la conquista de Manchuria aumenta sus posesiones con un territorio que tiene la magnitud de toda Europa, excluido el Imperio Ruso, y que se extiende desde la nevada Siberia hasta la zona t.emplada. En poco tiempo, los valles de los ríos de Asia central y del Amur estarán poblados de colonos rusos. Las posiciones estratégicas ganadas de est.e modo son tan important.es en Asia como las de Polonia en Europa La posesión de Turán amenaza a la India; la de Manchuria, amenaza a China Y China y la India, con sus 450 000 000 de habitantes, son actualmente los países decisivos de Asia escrito alrededor del 25 de octubre de 1858. Publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 5484, del 18 de noviembre de 1858