Friedrich Engels EL EJERCITO BRITANICO EN LA INDIA Nuestro indiscreto amigo, Mr. William Russell, de The London Times, se ha sentido recientemente inducido, por su amor a lo pintoresco, a describir, por segunda vez, el saqueo de Lucknow, eil forma tal, que habrá quien piense que no resulta muy ·halagüeño para la reputación británica. Ahora parece que también Delhi fue "saqueada" en medida considerable, y que además de Kaisargarh, la ciudad de Lucknow contribuyó en general a compensar a los soldados británicos por sus privaciones anteriores y sus heroicos esfuerzos. Citamos de Mr. Russell: "Hay compañías que pueden jactarse de contar en sus filas a soldados rasos dueños de miles de libras. He oído hablar de un hombre que, complacientemente, se ofreció a prestar a un oficial "cualquier suma que necesitara si quería sobornar al capitán". Otros han enviado grandes sumas a sus amigos. Antes de que esta carta llegue a Inglaterra, muchos diamantes, esmeraldas y delicadas perlas habrán contado, en forma silenciosa y amena, su historia del asalto y pillaje de Kaisargarh. Es suerte que las bellas que con ellas se engalanan [ ... ] no hayan visto cómo fueron obtenidas las relucientes chucherías, o las escenas de apropiación del tesoro [ ... ]. Literalmente, algunos de. estos oficiales han hecho su fortuna. Hay ciertos cofrecitos guardados en maltrechas maletas de soldados, que contienen fincas en Escocia e Irlanda, y cómodos pabellones de caza y lugares de pesca en todos los rincones de la tierra donde haya animales de caza o salmones". Esto explica, pues, la inactividad del ejército británico luego de la conquista de Lucknow. La quincena dedicada al saqueo fue bien aprovechada. Los oficiales y soldados entraron en la ciudad pobres y cargados de deudas, y salieron repentinamente enriquecidos. Ya no eran los mismos hombres; y sin embargo se esperaba que volvieran a su antigua obligación militar, a la sumisión, a la callada obediencia, a la fatiga, las privaciones y la lucha. Pero no hay ni que pensar en ello. El ejército, una vtrL desbandado para el saqueo, ha cambiado para siempre; ninguna voz de mando, prestigio alguno del general puede lograr que vuelva a ser lo que era antes. Escuchemos nuevamente a Mr. Russell "Es curioso observar cómo las riquezas provocan enfermedades; cómo el hígado de uno queda afectado por el pillaje, y qué tremendos estragos pueden causar unos pocos cristales de carbón en la familia de uno, entre los seres más cercanos y más queridos [ ... J. El peso del cinturón que ciñe la cintura del soldado raso, repleto de rupias y de mohures de oro, le asegura que su sueño [de una cómoda independencia en su país) puede realizarse, y no es sorprendente que se sienta molesto por el "¡a formar, a formar! '' l •.. ). Dos batallas, dos repartijas de una presa, el saqueo de dos ciudades y muchas raterías de paso, han vuelto demasiado ricos a aiaunos de nuestros hombres para que sirvan dócilmente de soldados." En efecto, se sabe que más de 160 oficiales han presentado sus renuncias a sir Colin Campbell, procedimiento muy singular, por cierto, en un ejército frente a1 enemigo, y que en cualquier otro servicio ·sería seguido por la destitución en veinticuatro horas, o si no, por el más severo castigo, pero que, suponemos, en el ejército británico es considerado un acto muy correcto para "un oficial y un caballero" que ha hecho súbitamente su fortuna. En cuanto a los soldados rasos, el procedimiento con ellos es diferente. El pillaje engendra el deseo de más pillaje; y si para tal fin no hay a mano mis tesoros indios, ¿por qué no saquear los del gobierno británico'? Efectivamente, dice Mr. Russell: "Ha habido un sospechoso vuelco de dos carretas con caudales. al cuidado de un gdardia europeo, a consecuencia del cual faltaron algunas rupias, ¡y los pagadores demuestran preferencia por los nativos para el desempeño de la delicada tarea de escolta!." Muy bueno, en verdad. ¡El hindú o sikh es más disciplinado, menos ladrón, menos rapaz qut: t;~ incomparable modelo de guerre• ro, el soldado británico!· Pero hasta el momento sólo hemos visto en acción al inglés suelto. Echemos ahora una mirada al ejército británico "saqueando" como cuerpo colectivo: "Todos los días aumenta el botín y se calcula que las ventas produeirán i 6()0,000. Se dice que 14 ciudad de Cawnpore está repleta de lo saqueado en Lucknow; y si se pudiese calcular el . daño causado a los edificios públicos, la destrucción de la propie• dad privada, el valor de los perjuicios provocados en casas y tierras, y los resultados de la disminución de la población, se vería que la capital de Oudh ha sufrido pérdidas por valor de cinco o seis millo-. nes de esterlinas." Las hordas calmucas de Gengis Kan y Timur, al lanzarse sobre una ciudad como una manga de langostas y devorar todo lo que encontraban a su paso, deben de haber sido una bendición para un país, en comparación con la irrupción de estos soldados británicos, cristianos. civilizados, caballerescos y corteses. Por lo menos los pri• meros se iban muy pronto, en su carrera errante; pero estos metódicos ingleses llevan consigo a sus agentes de presa, que convierten el pillaje en un sistema, que anotan el saqueo, lo venden en subasta pública y tienen mucho cuidado de que el heroísmo británico no sea despojado de uno solo de sus derechos a la recompensa. Obser• varemos con curiosidad las aptitudes de este ejército, relajada como está su disciplina por efecto del saqueo al por mayor, en el momento en que la fajina de una campaña en clima tropical exige la más estricta disciplina [ . . . J Escrito alrededor del 4 de junio de 1858. Publicado en el New- York Daily Tribune, num. 5.361, del 25 de junio de 1858.