Fn·edrich Engels LA EXPANSION DE RUSIA EN EL ASIA CENTRAL Hace algunas semanas informábamos sobre el impetuoso avance que durant.e fos últimos años ha llevado a cabo Rusia en el Asia oriental, sobre la costa oeste del océano Pacífico. Señalábamos entonces a la atención de nuestros lectorés un avance semejante de la misma potencia en otra región, el Asia central. La posibilidad de un choque de las dos grandes potencias asiáticas, Rusia e lnglat.erra, en algún punto a mitad de camino entre Siberia y la India, de un conflicto entre los cosacos y los cipayos a orillas del Oxus ha sido discutida muchas veces, desde que en 1839 Inglat.erra y Rusia enviaron ejércitos al mismo tiempo al Asia central37. La derrota paralela de estos ejércitos -una derrota que en ambos casos se debió a la aspereza del t.erritorio y de su clima-restó int.erés durante un tiempo a esas ,especulaciones. Inglaterra se vengó de su derrota mediante una marcha, infructuosa pero rica en consecuencias, sobre Kabul; Rusia pareció tragarse la afrenta, pero enseguitla veremos hasta qué punto no renunció a su plan y con qué éxito logró su objetivo. Cuando estalló la última guerra, se planteó nuevamente la pregunta de si es viable un ataque de Rusia contra la India; pero la opinión pública no sabía bien dónde estaban situados los puestos adelantados rusos y a dónde llegaban en sus reconocimientos las patrullas avanzadas. Los diarios de la India publicaban ocasionalment.e noticias acerca de denuncias sobre conquistas rusas en el Asia central, pero no se las tomó en cuenta. Finalmente, durante la guerra anglo-persa de 1856, volvió a discutirse desde el comienzo todo el problema Entre tanto, las cosas han cambiado rápidamente en los últimos tiempos en Asia central, y siguen cambiando38. Cuando Napoleón, en 1812, marcó en su mapa a Moscú como base de operaciones para una expedición contra la India, no hacía sino seguir a Pedro el Grande. Ya en 1717, este príncipe previsor. que dejó trazadas a sus sucesores todas las direcciones posibles para llevar a cabo sus conquistas envió una expedición contra Jiva, la cual, como es lógico, resultó infructuosa Durant.e largo tiempo permanecieron las estepas turanias sin ser tocadas por Rusia, pero en el ínterin fue poblado con cosacos el territorio que se extiende entre el Volga y el Ural, y la línea de cosacos se estableció a lo largo de este río. Pero allende el río, la soberanía de Rusia sobre las tres hordas o pueblos de los Kirguises era puramente nominal, y las caravanas rusas eran saqueadas por éstos y por los jivanos, hasta que Rusia envió en 1833 al general Basilio Perowski como general en jefe a Orenburg. Encontró las relaciones comerciales de Rusia con el interior y el sur de Asia completamente interrumpidas por los saqueos de los nómades, hasta el punto que- resultaban insuficientes las escoltas militares que en años anteriores se sumaban a las caravanas para protegerlas. .Para poner fin a esto, organizó como primera medida columnas móviles contra los kirguises, y muy poco después comenzó a establecer en el territorio de éstos, bases militares de cosacos. En pocos años redujo a los kirguises al control y dominio efec- · tivos de Rusia, y entonces se dedicó al antiguo plan de Pedro el Grande contra Jiva. Una vez obtenida la autorización del Zar, organizó una fuerza equivalente a una división de infantería (8.000 hombres), con muchas unidades de cosacos semirregulares, de irregulares bashkires y de caballería kirguiz. Se reunieron 15.000 camellos para el transporte de los víveres a través de las estepas desérticas. Emprender la expedición durante el verano era imposible por la falta de agua. Perowski se decidió, pues, por una expedición durante el invierno, y se puso en marcha desde Orenburg en noviembre de 1839. El resultado es conocido. Las tormentas de nieve y los fríos desusados causaron estragos en su ejército, mataron a los camellos y los caba-• llos, y lo obligaron a retirarse con grandes pérdidas. Pero no obstante ello, la empresa logró su objetivo externo, pues en tanto que Inglaterra no había podido hasta entonces vengar la muerte de sus embajadores Soddart y Conolly en Bujara, el kan de Jiva dejó en libertad a todos los prisioneros rusos y envió a San Petersburgo una embajada para solicitar la paz. Perowski se dedicó entonces a hacer los preparativos para una línea de operaciones a través de las estepas kirguises. Antes de transcurridos dieciocho meses, expediciones de científicos e ingenieros estaban trabajando, bajo protección militar, en relevar todo el territorio al norte del Iaxartes (Sir-Daria) y del mar de Aral. Se reconocieron la topografía, los mejores trazados para los caminos y los emplazamientos para los grandes pozos. Los pozos fueron perforados o excavados a corta distancia unos de otros, y rodeados de fortificaciones de suficiente solidez para resistir cualquier ataque de las hordas nómades y de suficiente amplitud para almacenar cuan• tiosas provisiones. Karabutak e lrguis, junto al río del mismo nombre, sirvieron como centro de la defensa al norte de las estepas kirguises; entre esta!¡ ciudades y las que se encuentran junto al río Ural, las rutas están marcadas cada diez o doce millas por fuertes y pozos más pequeños. El paso siguiente se dio en 1847 al levantarse un fuerte a orillas del Sir-Daría, a 45 millas de su desembocadura. El fuerte recibió el nombre de Aralsk. Estaba en condiciones de albergar una guarnición de un batallón o más. Muy pronto se convirtió en el centro de una extensa colonización de agricultores rusos en la parte inferior del ·río y en la costa limítrofe del Mar de Aral; entonces Rusia tomó posesión formal de todo el territorio al norte de .dicho mar y del delta del Sir-Daría. En los años 1848 y 1849, el Mar de Aral fue explorado cuidadosamente por primera vez, y se descubrió un nuevo grupo de islas, que fue inmediatamente destinado para base principal de la flotilla a vapor del Aral, cuya construcción se inició sin demora. En una isla que domina la desembocadura del Sir-Daría se levantó otro fuerte. Al mismo tiempo se fortalecía y perfeccionaba la línea de enlace entre Orenburg y el Mar de Aral. Perowski, que en 1842 se había retirado de su cargo como comandante de Orenburg, lo asumió nuevamente, y en la primavera de 1853 se puso en marcha con considerables efectivos hacia Aralsk. Los desiertos fueron atravesados sin mayor dificultad, y el ejército avanzó luego aguas arriba del Sir-Daria, mientras un buque de vapor de poco calado acompañaba a las tropas por el río. Cuando llegaron ' a Akmetchet, una fortaleza situada a 450 millas río arriba, perteneciente al kan de Kokand, los rusos la tomaron por asalto y la convirtieron inmediatamente en un baluarte propio, con tan buen resultado, que un ejército de Kokand, que ia atacó el siguiente mes de diciembre, sufrió una derrota total. En 1854, mientras la atención de Europa estaba concentrada en las batallas que se libraban en el Don y en Crimea, avanzaba Perowski desde su recién establecida base de operaciones en Sir-Daria, con 17 000 soldados, sobre Jiva. Pero el kan no esperó que llegara al Oxus. Envió al campamento ruso emisarios que concertaron un tratado por el cual el kan de Jiva reconocía la soberanía de Rusia. Le otorgaba el derecho de decidir sobre la paz y la guerra, y además el derecho supremo de vida y muerte, como también el de establecer las rutas de las caravanas, los impuestos y derechos de portazgo, y de tomar disposiciones de duración ilimitada para el comercio de cualquier clase en toda Jiva. Un cónsul ruso estableció su sede en Jiva y asumió consiguientemente la función de árbitro supremo en todos los 1lSUntos poli ticos de Jiva, árbitro detrás del cual estaba el gobierno de Rusia. Con la sumisión de Jiva, quedaba decidida en lo esencial la con• quista de Turán, y quizás se la decidió efectivamente en el ínterin. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que los kanes de Kokand y Bujara enviaron emisarios a San Petersburgo. Los tratados firmados con ellos no han sido dados a publicidad, pero su contenido se puede imaginar con relativa facilidad. Cualquiera sea el grado de independencia que Rusia esté dispuesta a reconocer a estos minúsculos estados, cuya única fuerza residía en su inaccesibilidad, la cual, empero, ha dejado de existir ahora, al menos para Rusia, esa independencia tiene sólo un caráct.er nominal, porque una fuerza de aproximadamente 20 000 hombres, enviada desde Jiva o Akmetchet contra los fértiles valles del Turán superior, sería enteramente suficiente para reprimir cualquier intento de oposición y para desplazarse desde un extremo a otro del país. Que Rusia no ha estado inactiva desde 1854 en estas regiones, es algo que debemos dar por supuesto, por más que mantenga en absoluto secreto sus actividades e intrigas, y a juzgar por su callada y pertinaz expansión en Turán durante los últimos veinticinco años, se puede esperar con .certeza que su bandera pronto ondeará sobre los desfiladeros de HinduKuch y de Bolor Tagh. El gran valor de estas conquistas, consideradas desde el punto de vista militar, consiste en su importancia como núcleo de una base de operaciones ofensivas contra la India. Y en efecto, en vista de semejante expansión de Rusia en el centro de Asia, el plan de atacar a la India desde el norte sale del reino de las especulaciones vagas y adquiere casi una forma concreta. Las regiones tropicales de Asia están separadas de las que pertenecen a la zona templada por una ancha franja desértica, que se extiende a través de ese continente desde el Golfo Pérsico hasta las fuentes del Amur. Si prescindimos del territorio del Amur, vemos que esta franja era .hasta hace poco tiempo imposible de atravesar para cualquier ejército; la única ruta imaginable a través de ella es la que va de Astrabad, junto al Mar Caspio, pasando por Herat y Kabul, hasta el Indo. Pero como los rusos se encuentran ya en el Iaxartes inferior (SirDaria) y en el Oxus (Amu-Daria), y los caminos militares y los fuertes aseguran a un ejército en marcha agua y provisiones, el desierto del Asia central no représenta ya ningún obstáculo militar. En lugar de una ruta rudimentaria desde Astrabad, pasando por Herat hasta el Indo, dispone ahora Rusia de tres rutas distintas, que en algún momento no lejano pueden ser preparadas completamente para el paso de un ejército. En primer. ténnino está la antigua ruta por Herat, . que en el actual estado de cosas no puede ya seguir estando cerrada para Rusia¡_está en segundo lugar el valle del Oxus desde Jiva hasta Balk; el tercer lugar, el valle de Iaxartes desde Akmetchet hasta Kokand, desde donde el ejército puede llegar a Samarcanda y Balk a través de un territorio .poblado y abundante en agua. Herat, Samarcanda y Balk podrían constituir una base principal de operaciones contra la India. Balk dista sólo 500 millas de Peschawar, el puesto avanzado noroeste del Imperio Angloindio. Samarcanda y Balk pertenecen al kan de Bujara, que se encuentra ya en poder de Rusia, y con Astrabad (de. la que los rusos se han apoderado ya o se apoderarán cualquier día) y Balk en manos de Rusia, Herat no podrá escapar de sus garras cuando desee apoderarse de ella. No bien esta base de operaciones se encuentre efectivamente en manos de Rusia, Inglaterra tendrá que afrontar la lucha por su Imperio en la India. Desde Balk a Kabul hay apenas más distancia que de Kabul a Peschawar, y este solo hecho demuestra cuán estrecho se ha vuelto actualmente el espacio neutral entre Siberia y la India. Es un hecho que si el avance ruso prosigue al mismo ritmo y con la misma energía que durante los últimos veinticinco años, dentro de diez o quince años oiremos a los moscovitas golpear a la puerta de la India. Una vez que éstos hayan atravesado las estepas kirguises, llegarán a la región relativamente bien cultivada y fértil del Turán sudoriental, cuya conquista no puede causarles dificultad, y que sin esfuerzo puede abastecer durante muchos años un ejército de cincuenta o sesenta mil hombres, ejército suficientemente poderoso para, dado el caso, llegar hasta el Indo. En diez años este ejército puede dominar completamente el país, y proteger la construcción de caminos y la colonización de un enorme territorio con campesinos rusos (como ya ha sucedido en el Mar de Aral), mantener amedrentadas a todas las ciudades circundantes y preparar la base y la línea de operaciones para una expedición contra la India. Que tal expedición se emprenda algún día, depende de eventualidades políticas, que por el momento sólo pueden ser objeto de especulaciones remotasJ9. Escrito alrededor del 8 de octubre de 1858 Publicado en el New York Daily Tribune, núm. S471, del 3 de noviembre de 18S8.