ras que 3.000 se encerraban en Badajoz, que contaba así con 9.000 hombres y 170 cañones dentro de sus murallas. Pero, desgraciadamente, Menacho cayó muerto en una salida efectuada la tarde del 2 de marzo; en las murallas se abrieron algunas brechas, y aunque éstas eran impracticables, debido a que los franceses no tenían más que 6 cañones en batería (uno de los cuales estaba desmontado) y a que se sabía que Beresford marchaba al frente de 12.000 hombres para liberar la guarnición, Imaz, que había accedido al mando de la plaza, se rindió vergonzosamente. Este desastre, que el duque de Wellington describió como la mayor desgracia, con gran diferencia, que, en su opinión, habían sufrido los aliados desde el comienzo de la guerra peninsular, ocurría el 10 de marzo de 1811. Inmediatamente, así que quedó completa la retirada de Massena, decidió Wellington reconquistar la fortaleza de Badajoz. Conforme a esta decisión, la atacó el S de mayo de 1811, y aunque el ejército inglés no contaba con un solo cuerpo de zapadores y minadores ni con ningún soldado raso capaz de dirigir acercamientos bajo la acción del fuego, se comenzó el asedio con gran presteza. Pero antes de haberse hecho gran cosa, apareció Soult, procedente de Sevilla, y tuvo lugar la batalla de Albuera. Tras esta batalla, Wellington, que se había presentado en persona, rcemprendió el asedio con el mayor vigor. El 6 de junio, se declaró practicable la brecha, pero ese día, y también el 9, las tropas británicas fueron rechazadas en dos duros ataques, con enormes pérdidas. Como se acercaban Marmont y Soult con fuerzas ampliamente superiores, Wellington, a regañadientes, se vio forzado a levantar el cerco y retirarse a Portugal.- La mañana del 8 de enero Wellington cruzó el Agueda y reanudó la ofensiva, mientras el enemigo se mantenía lejos. Tras la captura de Ciudad Rodrigo, por asalto, el 18 de enero de 1812, Wellington fijó su atcnd<>n en Badajoz, que decidió tomar con un coup de main131 similar. Con gran habilidad y astucia logró engañar al mismo Napoleón -al que se informaba por telégrafo de todos los detalles de la guerra- de forma tan completa, que no se tomó ninguna medida para liberar la ciudad hasta que la artillería inglesa de asedio estuvo ya ante las murallas. El 15 de marzo secolocaron los pontones a través del Guadiana y el 17 se completó el cerco de la fortaleza. Era una plaza muy fuerte, defendida con gran habilidad por Philippon. quien, gracias a su anterior defensa victoriosa, conocía perfectamente tanto los puntos fuertes como los débiles, y estaba admirablemente respaldado en su defensa por una guarnición de 5.000 hombres, la flor de los ejércitos franceses, cuya resistencia, aunque resultó estéril, le coronó de gloria inmortal. El día 24, al saberse que Soult hacía enérgicos esfuerzos para reunir medios con los que defender la plaza, fue asaltado y tomado el puesto avanzado, llamado Pic11rina, pese a no tener brechas; las pérdidas fueron de 350 hombres en el asalto, que no duró más que una hora, cuando Philippon confiaba en hacerse fuerte durante 4 ó S días y en retrasar por ese tiempo la caída de la plaza. El 6 de abril por la mañana, se abrieron brechas en la muralla de la ciudad por tres sitios, brechas que fueron declaradas practicables, a pesar de que la contraescarpa había quedado entera y de que se habían hecho enormes esfuerzos por atrincherar los boquetes y por fortificar las crestas de las ruinas, hechas inexpugnables mediante inmensas vigas erizadas de hojas de espada; a la vez la rampa estaba llena de cargas explosivas y sembrada de minas listas para hacer explosión al paso de los asaltantes.- A las 1O de la noche comenzó el asalto a las tres brechas, realizado por la mayor parte de las dos divisiones, 10.000 hombres en total, precedido por destacamentos de asalto de 500 hombres cada uno, con escaleras y hachas, llevados por su respectiva desesperación; mientras tanto, Picton, con una tercera división, tenía el encargo de asaltar el castillo situado en la retaguardia durante el avance de los asaltos principales. La historia de la guerra no ha registrado nada que se parezca a las pérdidas y carnicería de ese horrible ataque de medianoche. Se tomaron las brechas entre las explosiones de minas, el reventar de granadas, el rugido de la artillería y el tableteo de los fusiles; pero, una vez alcanzada la cresta, no pudieron franquear las trincheras, a pesar de que los hombres se enfrentaban a la muerte por todos los lados y luchaban cuerpo a cuerpo con los granaderos franceses a través de la barrera. Tras dos horas de lucha desesperada, en la que habían caído 2.000 hombres en unos pocos cientos de pies cuadrados, las tropas recibieron de Wellington la orden de retirarse y organizarse para un segundo ata13 t. Golpe de mano. ARTÍCULOS DE MARX Y ENGELS que. Pero entretanto, Picton, aun habiendo sido rechazado una vez, escaló el castillo sin haber abierto una sola brecha; Philippon no podía creer, incluso cuando el castillo estaba ya en manos del enemigo, que la fortaleza hubiese sido tomada. A la vez, Walker, con una brigada de portugueses, hizo un movimiento de diversión simulando un ataque, escaló el bastión de San Vicente y, justo cuando en las brechas era todo confusión, desastre y retirada, las cornetas inglesas, contestándose unas a otras desde el castillo y la plaza mayor de la ciudad, anunciaron que ésta estaba perdida y conquistada.- Se abandonaron las brechas; la guarnición se retiró , atravesando el Guadiana, a la vecina fortaleza de San Cristóbal, donde se rindió a discreción la mañana siguiente. Los asaltantes, no encontrando ahora resistencia, entraron en tromba por las brechas, los puentes, los terraplenes y, enloquecidos por sus pérdidas y borrachos de sangre y de la furiosa hora de batalla, realizaron actos aquella noche que bien pudieron hacer llorar a los ángeles y que oscurecieron -ya que no pudieron borrar- la gloria de su admirable proeza. Así, en 11 días de trincheras abiertas y 19 de asedio, se tomó -en contra de todas las probabilidades y posibilidades de las vicisitudes guerreras- la más fuerte plaza de España, con 120 cañones pesados y toda su guarnición de 3.800 hombres, con su gobernador, después de haber caído 1.500 hombres durante el asedio.- Los conquistadores perdieron 5.000 hombres y oficiales, incluyendo 700 portugueses, durante el asedio, no menos de 3.500 de los cuales (800 de ellos, muertos) fueron víctimas del último asalto. Pero, aun siendo terrible el precio, como lo fue, no resultó excesivamente elevado. En efecto, la toma de Badajoz abría el camino al corazón mismo de España, y comenzaba la carrera victoriosa que no terminó hasta que los ejércitos aliados desfilaron por las calles de la metrópoli francesa. friedrich ENGELS {Traducido del inglés, según texto de NAC} BID ASO A The New American Cyclopaedia, vol. 2, 185