Karl Marx

El nuevo ministerio

*New-York Daily Tribune*, n.º 5492, del 27 de noviembre de 1858

Berlín, 9 de noviembre de 1858

“Y así el torneado del tiempo trae su justo desquite.” El señor von Auerswald, vicepresidente del nuevo gabinete, fue, como ya he dicho en un artículo anterior, el jefe nominal del primer ministerio regular de la época revolucionaria. En su momento, su nombramiento se consideró síntoma de la reacción, del mismo modo que ahora, transcurridos diez años, se ve en él un síntoma de progreso. Fue el sucesor del comerciante de cereales Camphausen, a quien la tormenta revolucionaria había arrojado desde su despacho de Colonia a las gradas del trono prusiano, en Berlín. El ministerio Auerswald duró desde finales de junio hasta el 7 de septiembre de 1848. Con independencia de lo que pudiera o no hacer, en junio de 1848 el solo hecho de figurar su nombre a la cabeza de la lista del gabinete tenía ya un significado especial. Su predecesor Camphausen es oriundo de la Prusia renana, Auerswald de la Prusia oriental; aquél es comerciante particular, éste funcionario público; aquél es burgués, éste noble; aquél es rico, éste pobre. Así pues, estaba claro que ya a finales de junio de 1848, apenas tres meses después de las jornadas de marzo, el péndulo de la revolución prusiana se había desplazado del oeste al este: de la vecindad con Francia a la vecindad con Rusia; de los vulgares mortales a los mandarines; de la burguesía a la nobleza; del bolsillo a la categoría y los honores. Fuera de esta significación que tuvo el nombre de Auerswald, no puede decirse que durante los tres meses que duró su gabinete hiciera nada digno de mención. Si se pregunta a un prusiano por el carácter del entonces gabinete Auerswald, sin duda se llevará el índice a la frente, se la frotará con gesto grave, a la manera de Hudibras, y finalmente, como despertando de un sopor, exclamará: “¡Ah, se refiere usted al gabinete Hansemann!” En efecto, el alma del gabinete Auerswald era el ministro de Hacienda Hansemann, a quien había tomado del gabinete Camphausen. Así pues, para caracterizar a Auerswald como primer ministro, hemos de hablar de Hansemann. Éste, comerciante de Aquisgrán, resumió su profesión de fe política en 1847, en la Dieta Unida, en la réplica dirigida a la monarquía prusiana que luego se haría famosa: “En asuntos de dinero se acaba la cordialidad.” <Esta frase apareció en la «N.-Y. D. T.» en inglés y en alemán.> Esta frase era, si se permite *parva componere magnis* <comparar lo pequeño con lo grande>, bajo las circunstancias de entonces, la contrapartida de las célebres palabras de Sieyès: “Le tiers état est tout.” <“El tercer estado es todo.”> Bajo Federico Guillermo III, cuando nadie, salvo los servidores autorizados de las universidades prusianas, osaba escribir sobre política, Hansemann publicó un libro que comparaba Prusia con Francia y se inclinaba marcadamente del lado de esta última, pero con tal habilidad y en un tono tan moderado que incluso la censura prusiana se vio imposibilitada de suprimir su ofensiva comparación. En aquellos tiempos en que en Alemania una sociedad por acciones era aún una *rara avis* <una rareza>, tenía la ambición de convertirse en un Hudson alemán y se mostraba como un perfecto experto en ese agiotaje bursátil que hoy florece en todos los países civilizados y que el Crédit mobilier ha elevado incluso a sistema. En aquellos tiempos en que la anticuada Alemania opinaba aún que una bancarrota manchaba el buen nombre de un hombre, Hansemann intentaba demostrar que la sucesión de bancarrotas en el comercio es casi tan productiva como la rotación de cultivos en la agricultura. La gestión ministerial de este hombre, que prestó su nombre a Auerswald, partía de la falsa idea de que las pocas semanas de revolución habían sacudido suficientemente los pilares del viejo Estado, humillado bastante a la dinastía, la aristocracia y la burocracia, y asegurado para siempre la preponderancia política de la burguesía, y que ya solo quedaba por hacer el romper las olas incesantemente encrespadas de la revolución. El ministerio resultó ser un rompeolas tan eficaz que, tres meses después de su nombramiento, fue él mismo roto; que estos liberales aduladores fueron a su vez arrojados de manera totalmente desconsiderada por los cortesanos que estaban detrás de ellos, para quienes no habían hecho más que sacar las castañas del fuego. Auerswald y Hansemann quedaron en el triste papel de estafadores estafados. Además, Auerswald se hallaba en la nada envidiable situación de un hombre que era responsable de la política exterior prusiana, pues reunía en su persona los cargos de primer ministro y de ministro de Asuntos Exteriores. Si al menos la política interior del ministerio estaba dictada por los intereses manifiestos de la burguesía, aterrorizada ante el avance de la revolución, la política exterior era dirigida exclusivamente por la camarilla, en cuyas manos Auerswald no era más que un mero instrumento. En junio de 1850 fue nombrado presidente superior de la provincia renana, pero muy pronto fue destituido de este cargo por el señor von Westphalen, el cual limpió la burocracia prusiana de liberales con la misma sangre fría con que un noble escocés limpia sus tierras de seres humanos. Como miembro de la Cámara de Diputados <“Abgeordnetenhaus”: en la “N.-Y. D. T.” en inglés y en alemán>, Auerswald se contentó con una oposición tan diluida que solo podía ser percibida por el ojo de un homeópata político. Auerswald es uno de los representantes aristocráticos del liberalismo prusiano oriental. Los elementos de este liberalismo son: los recuerdos de las guerras contra Napoleón y las esperanzas que entonces albergaban los patriotas más cultos; unas cuantas ideas generales que Königsberg, como centro de la filosofía kantiana, considera casi como propiedad local; la comunidad de intereses entre los productores nobles de cereales y los habitantes de las ciudades costeras que exportan el grano; doctrinas librecambistas de diversa índole, pues la provincia de Prusia no es una región industrial, sino que vive principalmente de la venta de sus productos agrícolas a Inglaterra. El señor von Schleinitz, ministro de Asuntos Exteriores, ya había desempeñado el mismo cargo una vez, en 1849, y durante su breve gestión se había unido estrechamente al partido de Gotha, el cual, de tener éxito, dividiría Alemania en dos partes: una septentrional, que se uniría a Prusia, y otra meridional, que se uniría a Austria. De hecho, la absorción de Alemania por estas dos grandes monarquías antagónicas es el objetivo declarado de los gothanos. Si consiguieran crear dos Alemanias, surgiría un conflicto mortal, se avecinaría una nueva Guerra de los Treinta Años y el duelo entre las dos Alemanias enemistadas terminaría finalmente con Rusia embolsándose una y Francia embolsándose la otra.

Al señor von Bonin, ministro de la Guerra, ya lo he mencionado en mi artículo anterior. Aquí solo añado que, durante su mando en la guerra de Schleswig-Holstein, no se distinguió tanto por la persecución de los daneses como por la de los voluntarios democráticos que luchaban bajo la bandera alemana. Esta guerra fue, como todo el mundo sabe, una de las sangrientas farsas de la diplomacia moderna. El señor von Patow, ministro de Hacienda, fue miembro del gabinete Camphausen. En la Cámara de Diputados, hace algunos años, los *Krautjunker* <“Krautjunker”: en la “N.-Y. D. T.” en alemán> lo estigmatizaron como revolucionario. A ello se sumó algún insulto personal, y sobrevino un duelo con el conde Pfeil que lo convirtió por algún tiempo en el favorito del público berlinés. Patow podría ser miembro de la Asociación de Liverpool para la Reforma Financiera. Del conde Pückler, ministro de Agricultura, solo cabe decir que es sobrino del hastiado autor de las *Cartas de un difunto*. Bethmann-Hollweg fue anteriormente curador de la Universidad de Bonn; estos curadores son en realidad los grandes inquisidores con que el gobierno prusiano plaga los centros oficiales de la ciencia. Bajo Federico Guillermo III se dedicaban a olfatear demagogos; bajo Federico Guillermo IV, a perseguir herejes. Bethmann se consagró a esta última tarea. Antes de la revolución pertenecía de hecho a la camarilla del rey, y solo se apartó de ella cuando ésta fue “demasiado lejos”. Simons, el ministro de Justicia, y von der Heydt, el ministro de Comercio, son los únicos miembros del gabinete Manteuffel que han sobrevivido a la caída de su jefe. Ambos son oriundos de la Prusia renana, pero de la parte protestante situada en la orilla derecha del Rin. Como, según el plan, debían pertenecer al gabinete algunos nativos de la Prusia renana, pero excluyendo a los liberales renanos, se tomó a estos dos hombres. Simons puede jactarse de haber rebajado los tribunales a un nivel más bajo del que jamás se había alcanzado en los peores tiempos de la monarquía prusiana. Von der Heydt, un rico comerciante de Elberfeld, había dicho del rey en 1847: “Ese hombre nos ha engañado tantas veces que ya no podemos confiar en él.” <Esta frase apareció en la “N.-Y. D. T.” en inglés y en alemán.> En diciembre de 1848 entró en el ministerio del golpe de Estado. Actualmente es el único ministro prusiano del que se sospecha que aprovecha su posición oficial en beneficio privado. Está muy extendido el rumor de que gusta de poner los secretos de Estado al servicio de los negocios comerciales de la firma Heydt & Co., de Elberfeld.