Friedrich Engels

Borodino

Escrito hacia el 28 de enero de 1858.

Del inglés.

["The New American Cyclopædia", tomo III]

Borodino — una aldea de Rusia, en la orilla izquierda del Kolotscha, a unas 2 millas antes de su desembocadura en el Moscova. Los rusos llaman con este nombre la gran batalla de 1812 que decidió la posesión de Moscú; los franceses la denominan batalla del Moscova o de Moshaisk. El campo de batalla se halla en la orilla derecha del Kolotscha. El ala derecha rusa quedaba cubierta por este río desde su desembocadura en el Moscova hasta Borodino; el ala izquierda estaba replegada en potence (en forma de gancho) detrás de un arroyo y un barranco que se extiende desde el extremo izquierdo, en Utiza, hasta Borodino. Detrás de este barranco hay dos alturas coronadas con reductos o lunetas incompletos; de ellos, el más próximo al centro se llamaba reducto de Rajewski, y las tres situadas en la altura más a la izquierda recibían el nombre de lunetas de Bagratión. Entre ambas alturas se abre otro barranco, llamado de Semenóvskoie por la aldea situada detrás, que corre desde el ala izquierda rusa hacia el primer barranco y se une con él a unas 1.000 yardas antes del Kolotscha. La carretera principal a Moscú pasa por delante de Borodino; la antigua carretera de Utiza a Moshaisk discurre a retaguardia de la posición rusa. Esta línea, que se extendía a lo largo de unas 9.000 yardas, fue ocupada por unos 130.000 rusos, con Borodino guarnecido delante del centro. El comandante supremo ruso era el general Kutúzov. Sus tropas estaban divididas en dos ejércitos; el más numeroso, al mando de Barclay de Tolly, ocupaba el ala derecha y el centro; el más reducido, bajo el mando de Bagratión, se hallaba en el ala izquierda. La posición estaba muy mal escogida; pues un ataque afortunado al ala izquierda habría desbordado completamente el ala derecha y el centro, y si los franceses hubieran alcanzado Moshaisk antes de que el ala derecha rusa

se hubiera replegado — cosa perfectamente posible—, los rusos se habrían perdido sin remedio. Pero Kutúzov no tuvo otra opción, una vez rechazada la magnífica posición de Zarevo-Saimistsche, elegida por Barclay.

Los franceses, mandados personalmente por Napoleón, tenían unos 125.000 hombres; después de expulsar a los rusos el 5 de septiembre de 1812 según el nuevo estilo (26 de agosto según el antiguo) de algunos atrincheramientos ligeros en su ala izquierda, el día 7 formaron para la batalla. El plan de Napoleón se basaba en los errores de Kutúzov; se limitó a observar el centro ruso y concentró sus fuerzas contra el ala izquierda, con la intención de vencerla para abrirse luego camino hacia Moshaisk. En consecuencia, el virrey Eugène recibió la orden de realizar un ataque simulado sobre Borodino; Ney y Davout debían atacar a continuación a Bagratión y las lunetas que llevaban su nombre, mientras Poniatowski debía envolver el extremo del ala izquierda rusa cerca de Utiza. Tan pronto como la batalla estuviese en pleno desarrollo, el virrey Eugène debía cruzar el Kolotscha y atacar el reducto de Rajewski. De este modo, el frente realmente atacado no superaba una extensión de 5.000 yardas y permitía disponer 26 hombres por cada yarda de frente, una profundidad del orden de batalla sin precedentes a la que también hay que atribuir las terribles pérdidas rusas por el fuego de artillería. Al amanecer, Poniatowski avanzó contra Utiza y la tomó, pero su adversario Tuchkov lo rechazó. Como más tarde Tuchkov tuvo que enviar una división en auxilio de Bagratión, los polacos reconquistaron la aldea. A las 6, Davout atacó el extremo izquierdo de los atrincheramientos de Bagratión. Avanzó bajo el violento fuego de las piezas de a doce, al que sólo podía oponer piezas de a tres y a cuatro. Media hora después, Ney atacó el extremo derecho de esas lunetas. Fueron tomadas y reconquistadas, y siguió una lucha enconada e indecisa.

Bagratión, sin embargo, percibió muy bien la gran fuerza con la poderosa reserva y la guardia francesa que se desplegaba en el fondo contra él. No cabía duda sobre el verdadero punto de ataque. Por eso reunió todas las tropas disponibles, pidió una división del cuerpo de Rajewski, otra del de Tuchkov, así como guardias y granaderos del ejército de reserva, y rogó a Barclay que enviara el cuerpo entero de Baggowut. Estos refuerzos,

que sumaban más de 30.000 hombres, se pusieron inmediatamente en marcha; sólo del ejército de reserva recibió Bagratión 17 batallones de guardias y granaderos y 2 baterías de piezas de a doce. Sin embargo, no pudieron estar disponibles en el lugar hasta las 10, y ya antes de esa hora Davout y Ney emprendieron su segundo ataque contra los atrincheramientos, los tomaron y empujaron a los rusos al otro lado del barranco de Semenóvskoie. Bagratión envió adelante sus coraceros; siguió una lucha desordenada y muy violenta, en la que los rusos recuperaron terreno cuando llegaron sus refuerzos, pero fueron rechazados de nuevo más allá del barranco cuando Davout empleó su división de reserva. Ambos bandos sufrieron pérdidas enormes; casi todos los oficiales superiores resultaron muertos o heridos, y Bagratión mismo fue alcanzado mortalmente. Ahora, por fin, Kutúzov tomó cierta parte en la batalla e hizo que Dochtúrov asumiera el mando del ala izquierda y que su propio jefe de Estado Mayor, Toll, supervisara las medidas defensivas sobre el terreno. Poco después de las 10 llegaron a Semenóvskoie los 17 batallones de guardias y granaderos y la división de Vassilchikov. El cuerpo de Baggowut fue dividido: una división fue enviada a Rajewski, otra a Tuchkov, y la caballería al flanco derecho. Entre tanto, los franceses continuaron sus ataques. La división westfaliana avanzó por el bosque contra la parte alta del barranco, mientras el general Friant cruzaba el barranco, aunque sin lograr afianzarse allí. Los rusos fueron reforzados entonces (a las diez y media) por los coraceros de Borosdin, procedentes del ejército de reserva, y por una parte de la caballería de Korff, pero ya estaban demasiado desgastados para pasar al ataque. Más o menos al mismo tiempo, los franceses preparaban una gran carga de caballería. En el centro ruso, Eugène Beauharnais había tomado Borodino a las 6 de la mañana, cruzado el Kolotscha y rechazado al enemigo. Sin embargo, se replegó rápidamente y, más arriba, volvió a cruzar el río para —con los guardias italianos, la división de Broussier (italianos), las divisiones de Gérard y Morand y la caballería de Grouchy— atacar a Rajewski y el reducto que llevaba su nombre. Borodino quedó guarnecido. El paso de las tropas de Beauharnais originó una demora; su ataque apenas pudo empezar antes de las 10. El reducto de Rajewski estaba ocupado por la división de Paskevich, apoyada a su izquierda por Vassilchikov y que tenía como reserva el cuerpo de Dochtúrov. Hacia las 11, el reducto fue tomado por los franceses, la división de Paskevich fue completamente aniquilada y barrida del campo de batalla. Pero Vassilchikov y Dochtúrov

reconquistaron el reducto; la división del duque Eugenio de Württemberg llegó a tiempo, y entonces Barclay ordenó al cuerpo de Ostermann que se situara a retaguardia como nueva reserva. Con este cuerpo se puso al alcance del tiro a la última unidad de infantería rusa en condiciones de combatir; ahora sólo quedaban 6 batallones de guardias como reserva. Eugène Beauharnais se disponía a atacar por segunda vez el reducto de Rajewski hacia las 12, cuando apareció caballería rusa en la orilla izquierda del Kolotscha. El ataque fue detenido y se enviaron tropas contra la caballería. Pero los rusos no pudieron tomar Borodino ni cruzar el terreno pantanoso del barranco de Woina, y tuvieron que retirarse cerca de Zodock; no habían conseguido otra cosa que desbaratar, hasta cierto punto, los propósitos de Napoleón.

Entre tanto, Ney y Davout, que se hallaban en la altura de Bagratión, batían con intenso fuego a las masas rusas a través del barranco de Semenóvskoie. De repente, la caballería francesa se puso en movimiento. A la derecha de Semenóvskoie, Nansouty atacó a la infantería rusa con pleno éxito, hasta que la caballería de Sievers le tomó el flanco y lo rechazó. A la izquierda, los 3.000 jinetes de Latour-Maubourg avanzaron en dos columnas; la primera, encabezada por dos regimientos de coraceros sajones, arrolló dos veces a tres batallones de granaderos rusos que precisamente estaban formando un cuadro; pero esta fracción de la caballería francesa también fue tomada de flanco por la caballería rusa. Un regimiento polaco de coraceros completó la destrucción de los granaderos rusos, pero éstos fueron rechazados nuevamente hacia el barranco, donde la segunda columna —dos regimientos westfalianos de coraceros y un regimiento polaco de lanceros— batió a los rusos. Una vez asegurado el terreno de esta forma, la infantería de Ney y Davout cruzó el barranco. Friant ocupó Semenóvskoie; los demás rusos que habían combatido aquí, granaderos, guardias e infantería de línea, fueron definitivamente rechazados, y la caballería francesa completó su derrota. Huyeron en grupos pequeños y desordenados hacia Moshaisk y no pudieron ser reunidos hasta avanzada la noche; sólo los tres regimientos de guardias conservaron cierto orden. De este modo, el ala derecha francesa, tras derrotar al ala izquierda rusa, se asentó ya a las 12 en una posición directamente a retaguardia del centro ruso; entonces Davout y Ney instaron a Napoleón, conforme a su propia táctica, a completar la victoria y emplear a los guardias en Semenóvskoie, a espaldas de los rusos. Napoleón, sin embargo, se negó, y Ney y Davout, cuyas

tropas estaban muy castigadas, no se atrevieron a avanzar sin refuerzos.

Por el lado ruso, después de que Eugène Beauharnais hubiera desistido del ataque al reducto Rajewski, se envió a Eugen von Württemberg a Semenowskoje, y también Ostermann tuvo que cambiar su frente en esa dirección para cubrir la retaguardia de la colina Rajewski frente a Semenowskoje. Cuando Sorbier, el jefe de la artillería francesa, vio a estas tropas frescas, hizo traer 36 piezas de a doce de la artillería de la Guardia y formó frente a Semenowskoje una batería de 85 cañones. Mientras esos cañones batían con violencia las masas rusas, Murat llevó al frente la caballería de Montbrun, que hasta entonces había permanecido intacta, y los lanceros polacos. Sorprendieron a las tropas de Ostermann en pleno despliegue y las pusieron en gran peligro, hasta que la caballería de Kreutz rechazó a los jinetes franceses. La infantería rusa siguió sufriendo el fuego de artillería, pero ninguna de las partes se atrevía a avanzar. Entretanto, eran alrededor de las dos cuando Eugène Beauharnais, que se sentía seguro en cuanto a la caballería enemiga a su izquierda, atacó de nuevo el reducto Rajewski. Mientras la infantería lo atacaba de frente, se envió caballería desde Semenowskoje a su retaguardia. Tras un duro combate, el reducto quedó en manos de los franceses, y poco antes de las tres se retiraron los rusos. Aunque de ambas partes se produjo un cañoneo general, el combate activo había cesado. Napoleón se negaba aún a emplear su Guardia, y los rusos pudieron retirarse como quisieron. Los rusos habían empleado todas sus tropas, con excepción de los dos primeros regimientos de la Guardia, e incluso estos perdieron 17 oficiales y 600 hombres por el fuego de artillería. La pérdida total de los rusos ascendió a 52.000 hombres, sin contar los heridos leves y los dispersos, que pronto se reintegraron; no obstante, al día siguiente de la batalla su ejército solo contaba con 52.000 hombres. También los franceses habían empeñado en la lucha todas las tropas, a excepción de las Guardias (14.000 hombres de infantería, 5.000 de caballería y artillería); batieron, pues, a fuerzas decididamente superiores. Además, su artillería era peor, ya que consistía en su mayor parte en piezas de a tres y de a cuatro, mientras que un cuarto de los cañones rusos eran de a doce y los restantes de a seis. Los franceses perdieron 30.000 hombres; conquistaron 40 cañones y solo hicieron unos 1.000 prisioneros. De haber empleado Napoleón su Guardia, la destrucción del ejército ruso habría sido segura, según el general Toll. Pero no arriesgó esta última reserva, el núcleo y sostén principal de su ejército, y con ello tal vez perdió la oportunidad de poder concertar la paz en Moscú.

La anterior exposición se basa, en los detalles que difieren de los informes generales, principalmente en las «Memorias del general Toll», a quien hemos mencionado como jefe del Estado Mayor de Kutusow. Este libro contiene el mejor relato ruso de la batalla y es indispensable para su correcta valoración.