Friedrich Engels

[Perspectivas de la guerra anglo-persa]

Escrito a finales de enero/principios de febrero de 1857.

Del inglés.

["New-York Daily Tribune" nº 4941 del 19 de febrero de 1857, artículo de fondo]

La posesión de Herat, un principado afgano, pero recientemente ocupado por los persas, es la cuestión que ha movido a los ingleses, que actúan en nombre de la Compañía de las Indias Orientales, a ocupar el más importante puerto persa del Golfo Pérsico, Bushehr. La importancia política de Herat se desprende del hecho de que es el centro estratégico de toda la región situada entre el Golfo Pérsico, el Mar Caspio y el Jaxartes al oeste y al norte, y el Indo al este, de modo que, en el caso de una gran lucha entre Inglaterra y Rusia por la supremacía en Asia –lucha que la invasión inglesa en Persia puede hacer estallar súbitamente–, Herat será el objetivo principal de la contienda y probablemente el escenario de las primeras grandes operaciones militares.

Que la importancia atribuida a Herat no carece de fundamento debe resultar evidente a todo aquel que comprenda su situación geográfica. El interior de Persia está constituido por una meseta rodeada por todas partes de cadenas montañosas que no permiten desaguar las aguas que descienden a la llanura. Estas aguas no son lo bastante caudalosas para formar uno o varios lagos centrales; se pierden en extensas ciénagas o se filtran gradualmente en la arena seca del gran desierto que ocupa la mayor parte de la meseta persa y forma una barrera casi infranqueable entre la Persia occidental y la nororiental. El límite septentrional de este desierto está formado por las montañas de Khorassan, que se extienden casi exactamente en dirección este desde el extremo sudoriental del Mar Caspio y constituyen el eslabón de unión entre el Elburz y el Hindukusch; y justo allí donde estas montañas envían una estribación hacia el sur, que separa el desierto persa de las regiones mejor irrigadas de Afganistán, se encuentra Herat, rodeada y abastecida por un valle de considerable extensión y lozana fertilidad. Al norte de las montañas de Khorassan encontramos un desierto semejante al de su vertiente meridional. También aquí ríos caudalosos, como el Murgab, se pierden en la arena. Pero el Oxus y el Jaxartes son tan poderosos que lo atraviesan y forman en su curso inferior extensos valles susceptibles de cultivo. Más allá del Jaxartes, el desierto va adquiriendo gradualmente el carácter de las estepas del sur de Rusia, en las que acaba por perderse por completo. Tenemos así tres zonas bien diferenciadas de una civilización relativa que se extienden entre el Mar Caspio y la India Británica. Primero, las ciudades de la Persia occidental: Shiraz, Shushtar, Teherán e Isfahán; segundo, las ciudades afganas: Kabul, Ghazni y Kandahar; tercero, las ciudades de Turán: Jiva, Bukhara, Balkh y Samarcanda. Entre todas ellas existe un tráfico considerable, y el centro de todo este tráfico es necesariamente Herat. Los caminos que van del Mar Caspio al Indo y del Golfo Pérsico al Oxus confluyen todos en esta ciudad. Herat se encuentra a mitad de camino entre Kabul y Teherán, entre Shiraz y Balkh. La cadena de oasis que marca la gran ruta de caravanas a través del desierto persa vía Yezd y Kohistán, conduce en línea recta a Herat, y, por otra parte, el único camino que conduce de oeste a este a través del Asia Central bordeando el desierto es el que pasa por las montañas de Khorassan y por Herat.

Por consiguiente, Herat es un punto que, en manos de una potencia fuerte, puede ser utilizado para dominar tanto Irán como Turán, es decir, tanto Persia como Transoxiana. Proporciona a su poseedor, en el más alto grado, todas las ventajas de una posición central desde la cual pueden lanzarse ataques radiales en todas direcciones con mayor facilidad y mayor probabilidad de éxito que desde cualquier otra ciudad de Irán o de Turán. Al mismo tiempo, las dificultades de comunicación entre cualesquiera dos de las ciudades Astrabad, Jiva, Bukhara, Balkh, Kabul y Kandahar son tan grandes que un ataque combinado contra Herat, aun partiendo de todas ellas, tendría muy pocas probabilidades de éxito. Las distintas columnas, si marcharan sobre Herat, apenas tendrían posibilidad de comunicarse entre sí y podrían ser sorprendidas y batidas una tras otra por un general competente en Herat. Sin embargo, en tal caso, las columnas procedentes de Kandahar, Kabul y Balkh tendrían ciertamente más posibilidades que un ataque que se realizara concéntricamente desde los puntos de partida de Astrabad, Jiva y Bukhara, pues el ataque desde Afganistán se llevaría de las montañas a la llanura, bordeando por completo el desierto, mientras que en un ataque desde el Mar Caspio y el Araxes sólo una columna (la de Astrabad) bordearía el desierto, en tanto que todas las demás tendrían que atravesarlo, perdiendo con ello por completo sus comunicaciones entre sí.

Los tres centros de civilización que tienen su centro común en Herat constituyen tres grupos de Estados distintos. Al oeste está Persia, convertida en vasallo de Rusia por el Tratado de Turkmanschai. Al este se hallan los Estados de Afganistán y Beluchistán, cuyas entidades políticas más importantes, Kabul y Kandahar, pueden ser equiparadas por ahora a los Estados vasallos del imperio anglo-indio. Al norte están los kanatos de Turán, Jiva y Bukhara, Estados nominalmente neutrales, pero que en caso de conflicto se sumarán casi con certeza al bando vencedor. La dependencia actual de Persia respecto a Rusia y de Afganistán respecto a los ingleses queda demostrada por el hecho de que los rusos ya han enviado tropas a Persia y los ingleses tropas a Kabul.

Los rusos poseen todas las costas occidental y oriental del Mar Caspio. Bakú y Astracán, situadas a 350 y 750 millas respectivamente de Astrabad, ofrecen dos excelentes lugares para el establecimiento de almacenes y la concentración de reservas. Puesto que la flota rusa domina el Mar Caspio, los suministros y refuerzos necesarios pueden ser transportados con gran facilidad a Astrabad. Las localidades de la costa oriental del Mar Caspio, de donde parten los caminos hacia el mar de Aral, están dominadas por fuertes rusos. Más al norte y al este, la cadena de fuertes rusos que marcan la línea fronteriza de los cosacos del Ural ya había sido adelantada en 1847 desde el río Ural hasta los ríos Emba y Turgai, aproximadamente 150 a 200 millas dentro del territorio de las hordas kirguises tributarias, y en dirección al mar de Aral. Desde entonces se han erigido efectivamente fuertes en las orillas de este lago, el cual, al igual que el río Jaxartes, es surcado en este momento por buques de vapor rusos. Incluso ha habido rumores sobre una ocupación de Jiva por tropas rusas, pero tales rumores son, cuando menos, prematuros.

La línea de operaciones que los rusos han de seguir en cualquier ataque serio contra el Asia Central o Meridional está prescrita por la naturaleza. Una marcha por tierra desde el Cáucaso, bordeando el extremo sudoeste del Mar Caspio, tropezaría con grandes obstáculos en forma de las montañas del norte de Persia, y el ejército invasor tendría que recorrer más de 1.100 millas antes de alcanzar su objetivo principal, Herat. Una marcha terrestre desde Oremburgo en dirección a Herat tendría que atravesar no sólo el desierto en el que Perovski perdió a su ejército en su campaña contra Jiva, sino otros dos desiertos igualmente inhóspitos. La distancia de Oremburgo a Herat es de 1.500 millas en línea recta, y Oremburgo es el lugar más cercano que los rusos podrían tomar como base de operaciones si avanzaran desde esta dirección. Ahora bien, tanto la Armenia Rusa como Oremburgo son territorios que están casi completamente aislados del centro del poder ruso, el primero por el Cáucaso, el segundo por las estepas. Concentrar en uno de los dos el material y los hombres necesarios para la conquista del Asia Central está enteramente fuera de cuestión. Sólo queda una línea: la que cruza el Mar Caspio, con Astracán y Bakú como bases, con Astrabad en la costa sudeste del Mar Caspio como punto de observación y con una longitud de marcha de sólo 500 millas hasta Herat. Y esta línea reúne todas las ventajas que Rusia pueda desear. Astracán es para el Volga lo que Nueva Orleans para el Misisipi. Situada en la desembocadura del mayor río de Rusia, cuya cuenca superior forma de hecho la Gran Rusia, el centro del imperio, Astracán posee todas las facilidades para el envío de soldados y suministros con el fin de organizar una gran expedición. La costa opuesta del Mar Caspio, en Astrabad, puede ser alcanzada en cuatro días por buques de vapor y en ocho días por veleros. El Mar Caspio es indiscutiblemente aguas rusas, y Astrabad, que ahora ha sido puesto a disposición de Rusia por el sha de Persia, se encuentra en el punto de partida de aquel único camino de occidente a Herat que evita por completo el desierto, ya que discurre por las montañas de Khorassan.

En consecuencia, actúa el gobierno ruso. La columna principal, destinada a avanzar contra Herat en caso de ulteriores complicaciones, se concentra en Astrabad. Luego hay dos columnas de flanco, cuyo accionar conjunto con el grupo principal es en el fondo problemático y que, por tanto, tienen cada una un objetivo independiente. La columna ligera, que se concentra en Tabriz, debe proteger la frontera occidental de Persia contra movimientos hostiles de los turcos, y finalmente marchar sobre Hamadán y Shushtar, donde asegura la capital, Teherán, tanto contra Turquía como contra las tropas inglesas que desembarcan en el Golfo Pérsico, en Bushehr. La columna izquierda, que parte de Oremburgo y muy probablemente recibirá refuerzos enviados de Astracán a la costa occidental del Mar Caspio, tendrá la tarea de asegurar la región del Aral, marchar sobre Jiva, Bukhara y Samarcanda, para garantizarse ya sea la pasividad o el apoyo de estos Estados, y, si es posible, mediante una marcha remontando el Oxus hasta Balkh, amenazar el flanco y la retaguardia de los ingleses en Kabul o cerca de Herat. Sabemos que todas estas columnas están ya en marcha, y que la columna central y la derecha se encuentran ya en Astrabad y Tabriz. Probablemente no oiremos nada durante algún tiempo acerca del avance de la columna derecha.

La base de operaciones de los ingleses es la región del alto Indo, y sus almacenes deben ser establecidos en Peshawar. Desde aquí ya han puesto en marcha una columna en dirección a Kabul; esta ciudad dista cuatrocientas millas en línea recta de Herat. Pero en una guerra seria, tendrían que conquistar, además de Kabul, Ghazni y Kandahar, los fuertes de montaña que guardan los pasos afganos. En esto no encontrarán apenas más dificultades que los rusos en la toma de Astrabad, pues, según todas las apariencias, apoyaban a los afganos contra una incursión persa.

La marcha de Kabul a Herat no presentará dificultades insuperables. No serán necesarias columnas de flanco especiales, pues ninguna de las columnas de flanco rusas estará en condiciones de aproximarse, y en caso de que la columna de Orenburg, después de varias campañas, irrumpiera desde Bujará en dirección a Balj, una fuerte reserva en Kabul pronto daría buenos resultados. Los ingleses tienen la ventaja de que su línea de operaciones es relativamente corta, pues aunque Herat se halla exactamente a mitad de camino entre Calcuta y Moscú, la base inglesa en la confluencia del Kabul y el Indo dista solo 600 millas de Herat, mientras que la base rusa en Astracán está a 1.250 millas. Los ingleses en Kabul llevan, respecto a Herat, una ventaja de cien millas sobre los rusos en Astrabad, y, por lo que se conoce del terreno, marchan a través de un distrito mejor cultivado y más poblado, y por mejores caminos de los que los rusos pueden encontrar en Jorasán. Por lo que atañe a los dos ejércitos, el de los ingleses es sin duda el mejor en lo que se refiere a la tolerancia del clima. Sus regimientos europeos lucharían, sin ninguna duda, con la misma firmeza inquebrantable que sus camaradas de Inkerman, y de ninguna manera cabe menospreciar a la infantería de cipayos. Sir Charles Napier, que los vivió en muchas batallas, tenía la más alta opinión de ellos, y era, de pies a cabeza, soldado y general. La caballería regular india no vale gran cosa, pero las tropas irregulares son excelentes y, bajo sus oficiales europeos, decididamente preferibles a los cosacos.

Toda ulterior especulación sobre las perspectivas de una guerra semejante es, por supuesto, completamente inútil. No hay posibilidad de estimar las fuerzas que pueden ponerse en movimiento en uno u otro bando. No es posible prever todas las contingencias que pueden presentarse cuando se producen acontecimientos tan importantes como los que ahora parecen avecinarse. Una sola cosa es segura: que los ejércitos que decidan la lucha en Herat, el punto clave, serán relativamente pequeños debido a las enormes distancias que cada una de las partes ha de recorrer. Buena parte dependerá también de las intrigas diplomáticas y de los sobornos en las cortes de los distintos potentados que se agrupan en torno a Herat. Es casi seguro que los rusos serán los que mejor parados salgan en estos menesteres. Su diplomacia es mejor y más oriental; saben mostrarse generosos con el dinero cuando es menester, y, sobre todo, tienen un amigo en el campo del enemigo. La expedición británica al Golfo Pérsico no es más que una maniobra de diversión, capaz de atraer sobre sí a una parte importante del ejército persa, pero que en sus resultados directos poco puede lograr. Aun cuando los 5.000 hombres que ahora se hallan en Buschir se triplicaran, en el caso más extremo no podrían sino marchar hasta Schiras y detenerse allí. Pero esta expedición tampoco ha de hacer más. Si da al gobierno persa una idea de la vulnerabilidad del país por el lado del mar, habrá alcanzado su objetivo. Sería insensato esperar más. La línea en que ha de decidirse realmente el destino de todo Irán y Turán va de Astrabad a Peschawar, y el punto decisivo en esa línea es Herat.