Karl Marx en el New-York Tribune 1857

Noticias de la India

Londres, 31 de julio de 1857

El último correo de la India, que trae noticias de Delhi hasta el 17 de junio y de Bombay hasta el 1 de julio, confirma las expectativas más sombrías. Cuando el señor Vernon Smith, presidente del Consejo de Control, informó por primera vez a la Cámara de los Comunes sobre la insurrección india, declaró confiadamente que el siguiente correo traería la noticia de que Delhi había sido arrasada. El correo llegó, pero Delhi no había sido aún «borrada de las páginas de la historia». Se dijo entonces que el tren de artillería de sitio no podría ser traído antes del 9 de junio, y que, por consiguiente, el ataque a la ciudad condenada debía posponerse hasta esa fecha. El 9 de junio transcurrió sin que lo distinguiera ningún incidente notable. Los días 12 y 15 de junio ocurrieron algunos acontecimientos, pero más bien en la dirección contraria: Delhi no fue asaltada por los ingleses, sino que los ingleses fueron atacados por los insurgentes, cuyas repetidas salidas fueron, sin embargo, rechazadas. La caída de Delhi queda, pues, aplazada de nuevo; la causa alegada ya no es solo la carencia absoluta de artillería de sitio, sino la decisión del general Barnard de esperar refuerzos, ya que sus fuerzas —unos 3.000 hombres— eran del todo insuficientes para tomar la antigua capital, defendida por 30.000 cipayos y provista de todos los pertrechos militares. Los rebeldes habían incluso establecido un campamento fuera de la puerta de Ajmer. Hasta ahora, todos los escritores militares estaban unánimes en considerar que una fuerza inglesa de 3.000 hombres era más que suficiente para aplastar a un ejército de cipayos de 30.000 o 40.000; y si no fuera ese el caso, ¿cómo podría Inglaterra —para usar una expresión del London Times— ser capaz jamás de «reconquistar» la India?

El ejército británico en la India asciende actualmente a 30.000 hombres. El número máximo que pueden despachar desde Inglaterra en el próximo semestre no puede exceder de 20.000 o 25.000 hombres, de los cuales 6.000 han de cubrir vacantes en las filas europeas de la India, y de los cuales la fuerza adicional de 18.000 o 19.000 hombres quedará reducida, por las pérdidas del viaje, por las del clima y por otras eventualidades, a unos 14.000 soldados capaces de aparecer en el teatro de la guerra. El ejército británico tiene que decidirse a enfrentarse a los amotinados en proporciones muy desfavorables, o renunciar del todo a enfrentarlos. Aun así, no alcanzamos a comprender la lentitud en la concentración de sus fuerzas en torno a Delhi. Si en esta época del año el calor constituye un obstáculo invencible —y no lo fue en los días de sir Charles Napier—, algunos meses más tarde, a la llegada de las tropas europeas, las lluvias proporcionarán un pretexto todavía más concluyente para la inacción. No debería olvidarse nunca que el presente motín había comenzado ya, de hecho, en el mes de enero, y que el Gobierno británico había recibido, por tanto, amplias advertencias para mantener seca su pólvora y listas sus fuerzas.

El prolongado dominio de Delhi por los cipayos, frente a un ejército sitiador inglés, ha producido, como era natural, su resultado lógico. El motín se extendía hasta las mismas puertas de Calcuta; cincuenta regimientos de Bengala habían dejado de existir; el ejército de Bengala mismo se había convertido en un mito del pasado, y los europeos, dispersos sobre una inmensa extensión de tierra y bloqueados en puntos aislados, eran o bien pasados a cuchillo por los rebeldes, o bien ocupaban posiciones de defensa desesperada. En la propia Calcuta, los habitantes cristianos formaron una guardia de voluntarios, después de que se descubriera un complot —según se dice, muy completo en todos sus detalles— para asaltar por sorpresa la sede del Gobierno, y de que se licenciara a las tropas nativas allí estacionadas. En Benarés, un intento de desarmar a un regimiento nativo encontró resistencia por parte de un cuerpo de sikhs y de la 13.ª caballería irregular. Este hecho es muy importante, pues muestra que los sikhs, al igual que los mahometanos, estaban haciendo causa común con los brahmanes, y que así avanzaba rápidamente una unión general contra la dominación británica por parte de todas las tribus diferentes. Había sido artículo de fe para el pueblo inglés que el ejército de cipayos constituía toda su fuerza en la India. Ahora, de pronto, se sienten muy satisfechos considerando que ese mismo ejército constituye su único peligro. Durante los últimos debates sobre la India, el señor Vernon Smith, presidente del Consejo de Control, seguía declarando que

«no se insistirá nunca bastante en el hecho de que no existe conexión alguna entre los príncipes nativos y la sublevación».

Dos días después, el mismo Vernon Smith tenía que publicar un despacho que contenía este párrafo ominoso:

«El 14 de junio, el ex rey de Oudh, implicado en la conspiración por documentos interceptados, fue recluido en Fort William, y sus seguidores fueron desarmados».

Poco a poco irán rezumando otros hechos capaces de convencer incluso al mismísimo John Bull de que lo que él considera un motín militar es, en verdad, una sublevación nacional.

La prensa inglesa finge extraer gran consuelo del convencimiento de que la sublevación no se ha extendido aún más allá de los límites de la Presidencia de Bengala, y de que no se alberga la menor duda de la lealtad de los ejércitos de Bombay y Madrás. Sin embargo, esta plácida visión de la situación parece chocar singularmente con el hecho comunicado por el último correo, a saber, que en Aurungabad ha estallado un motín de la caballería del Nizam. Siendo Aurungabad la capital del distrito del mismo nombre, perteneciente a la Presidencia de Bombay, la verdad es que el último correo anuncia un comienzo de insurrección del ejército de Bombay. Se dice, ciertamente, que el motín de Aurungabad fue sofocado de inmediato por el general Woodburn. Pero ¿acaso no se dijo que el motín de Meerut había sido sofocado de inmediato? ¿Acaso el motín de Lucknow, después de haber sido reprimido por sir H. Lawrence, no hizo una reaparición más formidable quince días después? ¿No se recordará que el primerísimo anuncio de motín en el ejército indio vino acompañado del anuncio de la restauración del orden? Aunque el grueso de los ejércitos de Bombay y Madrás se compone de hombres de castas bajas, en cada regimiento hay mezclados algunos centenares de rajpoots, número más que suficiente para formar los eslabones de enlace con los rebeldes de casta alta del ejército de Bengala. El Punjaub es declarado tranquilo, pero al mismo tiempo se nos informa de que «en Ferozepore, el 13 de junio, tuvieron lugar ejecuciones militares», mientras que el cuerpo de Vaughan —5.ª Infantería del Punjaub— es elogiado por «haberse comportado admirablemente en la persecución de la 55.ª Infantería Nativa». Esto, hay que confesarlo, es un género de «tranquilidad» muy extraño.