Karl Marx

[La crisis en Europa]

Escrito el 18 de diciembre de 1857.
Del inglés.

["New-York Daily Tribune" núm. 5213 del 5 de enero de 1858, editorial]

El correo del «Niagara» nos llegó ayer, y un examen minucioso de nuestros montones de periódicos británicos no hace más que confirmar las opiniones que recientemente expresamos acerca del curso probable de la crisis en Inglaterra. El mercado monetario de Londres mejora decididamente; es decir, el oro se acumula en las bóvedas del Banco de Inglaterra, la demanda de descuento de letras de cambio en el banco disminuye, las letras de primera clase pueden descontarse en Lombard Street al 9 1/2 a 9 3/4 por ciento, los títulos del Estado permanecen estables y el mercado de acciones participa en cierta medida en este movimiento. Este agradable aspecto de las cosas se ve, sin embargo, muy empañado por las grandes quiebras que se producen en Londres cada dos o tres días, por los despachos diarios, mensajes calamitosos sobre catástrofes en las provincias y por el estruendo del «Times» de Londres, que truena más que nunca contra la corrupción general y desesperanzada de los círculos comerciales británicos. En realidad, la relativa facilidad con que se descuentan letras incuestionables parece más que compensada por la creciente dificultad de encontrar letras que puedan considerarse incuestionables. En consecuencia, nos enteramos por los últimos artículos financieros de Londres de que la actividad en Threadneedle Street es sumamente limitada y de que en Lombard Street se realizan muy pocas operaciones. Sin embargo, dado que la oferta por parte del Banco de Inglaterra y de las casas de descuento aumenta, mientras que la presión sobre ellos, la demanda por parte de sus clientes, disminuye, hay que decir que el mercado monetario está relativamente tranquilo. No obstante, los directores del Banco de Inglaterra no se han atrevido aún a reducir la tasa de descuento, convencidos al parecer de que el recrudecimiento de la crisis monetaria no es cuestión de tiempo, sino del porcentaje, y de que, por consiguiente, tan pronto como baje la tasa de descuento, la crisis monetaria se agudizará ciertamente de nuevo.

Mientras el mercado monetario de Londres, de un modo u otro, se ha ido calmando, la tensa situación en el mercado inglés de mercancías se agudiza sensiblemente, pues una caída constante de los precios no es capaz de vencer la creciente retracción de los compradores. Incluso artículos como el sebo, por ejemplo, que antes constituían una excepción a la regla general, han tenido que abaratarse ahora a consecuencia de las ventas forzosas. Si se compara la lista de precios de la semana que terminó el 18 de diciembre con las listas semanales de precios de noviembre, se ve que el punto más bajo de los precios, que había prevalecido en el mes citado, ha vuelto a alcanzarse, esta vez no en forma de pánico, sino en la forma metódica de una escala descendente gradual. Por lo que respecta a los mercados de productos manufacturados, se ha tenido un anticipo de la crisis industrial que habíamos pronosticado con las quiebras de media docena de hilanderías y tejedurías en Lancashire, tres importantes fábricas de la industria lanera en West Riding y una destacada firma del ramo de las alfombras de Worcester.

Puesto que los fenómenos de esta doble crisis en el mercado de mercancías y en los círculos fabriles se vuelven cada vez más perceptibles, nos limitamos por ahora a citar el siguiente extracto de una carta privada de Manchester remitida a nuestro periódico:

«Usted difícilmente puede hacerse una idea de la presión constante sobre el mercado y de sus terribles consecuencias. Nadie puede vender. Todos los días se oye hablar de cotizaciones más bajas. Se ha llegado al punto de que personas respetables prefieren ni siquiera ofrecer sus mercancías. Hilanderos y tejedores están aplastados por la más completa desesperación. Ningún comerciante de hilados vende hilo a los tejedores si no es al contado o con doble garantía. Este estado de cosas no puede durar sin terminar en un desastre espantoso.»

La crisis de Hamburgo apenas ha amainado. Ofrece el mejor y más clásico ejemplo de una crisis monetaria que jamás se haya dado. Todo, excepto la plata y el oro, ha perdido su valor. Antiguas firmas han quebrado por no haber podido pagar al contado una sola letra de cambio vencida, aun cuando en sus escritorios había letras por un valor cien veces superior, las cuales, sin embargo, eran momentáneamente inútiles, no porque no fueran honradas, sino porque no podían ser descontadas. Así nos enteramos de que, antes de la quiebra de la antigua y rica firma Ch. M. Schröder, el hermano en Londres, L. H. Schröder, le había ofrecido dos millones en plata, a lo que aquél respondió por telégrafo: «Tres millones o nada». Los tres millones no llegaron, y Ch. M. Schröder quebró. Otro ejemplo es el de Ulberg & Co., una firma de la que mucho se habla en la prensa europea; tenía pasivos por 12.000.000 de marcos banco, incluidas letras de cambio por 7.000.000 de marcos, y poseía, según resultó, un capital de solo 300.000 marcos banco como base de tan enormes transacciones.

En Suecia y, muy particularmente, en Dinamarca, la crisis ha aumentado considerablemente en violencia. El recrudecimiento del mal, después de haber parecido ya superado, se explica por los vencimientos en los que las grandes sumas adeudadas a Hamburgo, Estocolmo y Copenhague se hacen exigibles. En diciembre, por ejemplo, fueron protestadas letras vencidas por valor de nueve millones, giradas contra Hamburgo por firmas cafeteras de Río de Janeiro, y esta multitud de protestos creó un nuevo pánico. En enero, las letras correspondientes a los cargamentos de azúcar de Bahía y Pernambuco probablemente correrán una suerte similar y provocarán un recrudecimiento análogo de la crisis.