1. Corrección


Karl Marx

[La crisis comercial en Inglaterra]

Escrito el 27 de noviembre de 1857.

Del inglés.

[“New-York Daily Tribune” N.º 5196 del 15 de diciembre de 1857, artículo de fondo]

Mientras nosotros, a este lado del océano <en los Estados Unidos>, nos deleitábamos con nuestro pequeño preludio al gran estruendo sinfónico de las quiebras que entretanto se ha desatado sobre el mundo, nuestro excéntrico contemporáneo, el “Times” de Londres, ejecutaba triunfales variaciones retóricas sobre el tema de la “salud” del comercio británico. Ahora, sin embargo, entona tonos distintos y más tristes. En uno de sus últimos números, el del 26 de noviembre, que ayer trajo el “Europe” a estas felices costas, dicho periódico declara que “los círculos comerciales de Inglaterra están enfermos hasta la médula”. Y, continuando, desbordándose de indignación moral, exclama:

“Lo que provoca la mayor ruina es la carrera desmoralizadora que se ha perseguido durante ocho o diez años de prosperidad, antes de que llegue el fin. El veneno se inocula al criar bandas de especuladores desenfrenados y falsificadores de letras y elevarlos a modelos ejemplares del exitoso espíritu empresarial británico, de modo que se socava la confianza en el enriquecimiento lento por medio del trabajo honrado. Cada foco de corrupción así creado forma un círculo que engendra círculos cada vez más amplios.”

No vamos a preguntar ahora si los periodistas ingleses, que durante un decenio difundieron la doctrina de que la era de las convulsiones comerciales habría terminado definitivamente con la introducción del librecambio, tienen ahora el derecho de transformarse de repente de panegiristas serviles en censores romanos de la moderna adquisición de dinero. Sin embargo, las siguientes relaciones, presentadas recientemente en las juntas de acreedores de Escocia, pueden servir de comentario sobrio a la “salud” del comercio británico.

John Monteith & Co., pasivo que excede al activo

430.000 libras esterlinas

D. & T. Macdonald

334.000 libras esterlinas

Godfrey, Pattison & Co

240.000 libras esterlinas

William Smith & Co

104.000 libras esterlinas

T. Trehes, Robinson & Co

75.000 libras esterlinas

Total

1.183.000 libras esterlinas

«De esta relación se desprende —escribe el “North British Mail”— que, según la propia declaración de los quebrados, los acreedores de cinco firmas han perdido 1.183.000 libras esterlinas.»

Precisamente la repetición de las crisis a intervalos regulares, a pesar de todas las advertencias del pasado, excluye la idea de buscar sus causas últimas en la falta de escrúpulos de los individuos. Si la especulación aparece hacia el final de un determinado período comercial como precursora inmediata del desplome, no debe olvidarse que la especulación misma ha sido engendrada en las fases anteriores del período y que, por tanto, es ella misma un resultado y una manifestación, y no la causa última ni la esencia. Los economistas políticos que pretenden explicar las convulsiones periódicas de la industria y el comercio por la especulación se asemejan a la ya extinguida escuela de filósofos de la naturaleza que consideraban la fiebre como la verdadera causa de todas las enfermedades.

Hasta ahora el centro de la crisis europea ha permanecido en Inglaterra y, como preveíamos, en la propia Inglaterra ha cambiado su fisonomía. Si el primer efecto de nuestra sacudida americana en Gran Bretaña se manifestó en un pánico monetario, acompañado de una depresión general en el mercado de mercancías, al que poco después siguieron la miseria y la penuria en la industria, ahora la crisis industrial ocupa el primer lugar y las dificultades monetarias el último. Si por un instante Londres fue el hogar de la conflagración, ahora lo es Manchester. La sacudida más grave que jamás ha sufrido la industria inglesa, y la única que produjo grandes cambios sociales, a saber, la crisis industrial de 1838 a 1843, fue acompañada durante un breve tiempo, en 1839, por una contracción del mercado monetario, mientras que durante el período más largo de aquella crisis el tipo de interés fue bajo, e incluso descendió al 2 1/2 por ciento y al 2 por ciento. No hacemos esta observación porque consideremos la mejoría relativa del mercado monetario londinense como un síntoma de su restablecimiento definitivo, sino únicamente para consignar el hecho de que en un país industrial como Inglaterra las fluctuaciones del mercado monetario están lejos de indicar la intensidad ni la magnitud de una crisis comercial. Compárense, por ejemplo, los periódicos de la misma fecha de Londres y de Manchester. Los que sólo observan la salida y entrada de metales preciosos están llenos de alegría cuando el Banco de Inglaterra ha fortalecido su posición mediante una nueva compra de oro. Los periódicos de Manchester están llenos de pesadumbre, al sentir que esa fortaleza se ha comprado a costa de ellos con un aumento del tipo de interés y una baja de los precios de sus mercancías. Por eso, incluso el señor Tooke, autor de la “History of Prices”, por bien que haya tratado los fenómenos del mercado monetario londinense y de los mercados coloniales, no sólo se ha mostrado incapaz de describir las contracciones en el corazón de la producción inglesa, sino también de comprenderlas.

En lo que respecta al mercado monetario inglés, su historia durante la semana que terminó el 27 de noviembre muestra, por una parte, una alternancia constante de días con quiebras y de días sin quiebras y, por otra, la mejora de la situación del Banco de Inglaterra y el derrumbe del Northumberland and Durham District Bank. Este banco, fundado hace 21 años, que cuenta con 408 accionistas y dispone de un capital desembolsado de 562.891 libras esterlinas, tenía su oficina principal en Newcastle y sucursales en Alnwick, Berwick, Hexham, Morpeth, North y South Shields, Sunderland y Durham. Su pasivo se cifra en tres millones de libras esterlinas y sólo los salarios semanales que se pagaban por su mediación ascendían a 35.000 libras esterlinas. La primera consecuencia de su derrumbe será, naturalmente, la paralización de las grandes minas de carbón y de las fundiciones de hierro que se explotaban con los préstamos de este banco. A muchos miles de obreros se les dejará, pues, sin trabajo.

Se dice que el Banco de Inglaterra ha aumentado su reserva de metales preciosos en unas 700.000 libras esterlinas, afluencia de metal precioso que se debe en parte a la cesación de la salida hacia Escocia, en parte a los envíos procedentes de este país <los Estados Unidos> y de Rusia, y, por último, a la llegada de oro de Australia. No hay nada de notable en este desarrollo, pues es completamente claro que el Banco de Inglaterra, al elevar el tipo de interés, reducirá la importación, forzará la exportación, retirará una parte del capital británico invertido en el extranjero y, por consiguiente, invertirá la balanza comercial y provocará una afluencia de cierta cantidad de metal precioso. No es menos cierto que, a la menor relajación de las condiciones de descuento, el oro comenzará de nuevo a fluir al extranjero. La única cuestión es cuánto tiempo estará el Banco en condiciones de mantener esas condiciones.

El informe oficial del Ministerio de Comercio correspondiente al mes de octubre, mes en que el tipo mínimo de descuento fue elevado sucesivamente al 6, al 7 y al 8 por ciento, prueba de manera patente que el primer efecto de esta operación no consistió en detener la producción, sino en abarrotar de sus mercancías los mercados extranjeros y en reducir la importación de mercancías extranjeras.

A pesar de la crisis americana, la exportación de octubre de 1857 presenta, en comparación con octubre de 1856, un excedente de 318.838 libras esterlinas; pero la considerable disminución del consumo de todos los artículos alimenticios y de lujo que refleja el mismo informe demuestra que este excedente no ha sido en modo alguno rentable ni la consecuencia natural de una industria floreciente.

El contragolpe de la crisis sobre la industria inglesa se hará visible en los próximos informes del Ministerio de Comercio. Una comparación de los informes correspondientes a los distintos meses desde enero hasta octubre de 1857 muestra que la producción inglesa alcanzó su punto máximo en mayo, cuando la exportación superó en 2.648.904 libras esterlinas a la de mayo de 1856. A raíz de las primeras noticias de la insurrección india, la producción total en junio cayó por debajo del nivel del mes correspondiente de 1856 y mostró una disminución relativa de la exportación por valor de 30.247 libras esterlinas. A pesar de la contracción del mercado indio, en julio la producción no sólo había vuelto a alcanzar el nivel del mes correspondiente de 1856, sino que incluso lo superó en una suma no inferior a 2.233.306 libras esterlinas. Por tanto, es claro que en ese mes los demás mercados, por encima de su consumo normal de mercancías, tuvieron que absorber no sólo la cuota de exportación que habitualmente se dirigía a la India, sino también un gran excedente de lo que Inglaterra producía ordinariamente. En ese mes, pues, los mercados extranjeros parecen haberse saturado hasta tal punto que el aumento de la exportación hubo de reducirse paulatinamente de unos dos millones y un tercio a 885.513 libras esterlinas en agosto, a 852.203 libras esterlinas en septiembre y a 318.838 libras esterlinas en octubre. El estudio de los informes comerciales ingleses ofrece la única clave fidedigna del secreto de la actual sacudida en este país.