El estado actual de los asuntos en Asia sugiere la pregunta: ¿cuál es el valor real de su dominio de la India para la nación y el pueblo británicos? Directamente, es decir, en forma de tributos, de superávit de los ingresos indios respecto de los egresos, nada llega al Tesoro británico. Por el contrario, los gastos anuales son muy grandes. Desde el momento en que la Compañía de la India oriental entró de lleno en la carrera de conquista -alrededor de un siglo atrás-, sus finanzas cayeron en una situación difícil, y repetidas veces se vio obligada a apelar al Parlamento, no sólo para solicitar ayuda militar a fin de conservar los territorios conquistados, sino también para pedir ayuda financiera que la salvase de la bancarrota. Y así han seguido las cosas hasta el presente, en que se ha hecho a Inglaterra un pedido tan grande de tropas, que, no cabe la menor duda, será seguido del correspondiente pedido de dinero. Hasta ahora, con la continuación de sus conquistas y la construcción de sus establecimientos, la Compañía de la India oriental ha contraído una deuda de más de 150 millones, mientras que el gobierno británico ha cargado durante años con el costo de trasportar y mantener en la India, además de las fuerzas nativas y europeas de la Compañía de la India oriental, un ejército permanente de treinta mil hombres. Siendo así las cosas, es evidente que las ventajas que obtiene Gran Bretaña de su Imperio indio se limitan a las ganancias y beneficios que logran determinados súbditos británicos. Estas ganancias y beneficios, hay que confesarlo, son considerables.

Tenemos primero a los accionistas de la Compañía de la India oriental, unas 3.000 personas, a quienes, según la reciente Carta, se les garantiza sobre un capital integrado de seis millones de libras esterlinas, dividendos anuales del diez y medio por ciento, que importan 630.000 libras anuales. Como las acciones de la compañía son transferibles, cualquiera que tenga suficiente dinero para comprar valores puede convertirse en accionista, y son valores que, de acuerdo con la carta existente, dan un interés del 125 al 150 por ciento. Valores de 500 libras que cuestan, digamos, U$S 6.000, autorizan al tenedor a hablar en las reuniones de propietarios, pero para tener derecho a voto debe poseer valores de £ 1.000. Los poseedores de £ 3.000 tienen dos votos, los de £ 6.000 tres, y los de £ 10.000 o más, cuatro votos. Sin embargo, los propietarios no tienen mucha intervención, a no ser para la elección de la Junta de Directores, de la cual eligen doce miembros, en tanto que la Corona designa seis; pero los nombrados por la Corona deben llenar el requisito de una residencia previa de diez o más años en la India. Todos los años un tercio de los directores cesan en sus funciones, pero pueden ser reelegidos o vueltos a designar. Para ser miembro del directorio es preciso poseer £ 2.000 en acciones. Los miembros del directorio perciben un sueldo de £ 500 cada uno, y el presidente y vicepresidente, el doble; pero el principal aliciente para aceptar el cargo es el derecho que éste implica, de designar a todos los funcionarios indios, civiles y militares -derecho, sin embargo, muy compartido-, y en lo referente a los cargos más importantes, sustancialmente monopolizado por la Junta de Control. Esta junta está constituida por seis miembros, todos consejeros privados, y por lo general dos o tres de ellos ministros del gabinete; el presidente de la junta lo es siempre; en realidad es un ministro de Estado para la India.

Vienen luego los beneficiarios de este derecho, que se dividen en cinco clases: civiles, empleados públicos, médicos, militares y marinos. Para prestar servicios en la India, por lo menos en la rama civil, es necesario tener algún conocimiento de los idiomas que allí se hablan, y para preparar a los jóvenes para su ingreso en el servicio civil, la Compañía de la India oriental tiene un colegio en Haileybury. En Addiscombe, cerca de Londres, se ha establecido un colegio correspondiente para los servicios militares, en el que las principales materias que se enseñan son los rudimentos de la ciencia militar. Antes, el ingreso a estos colegios dependía del favor de los directores de la compañía, pero con las últimas modificaciones a la Carta se abrieron concursos en forma de un examen público de candidatos.

Al llegar a la India, el civil recibe unos 150 dólares mensuales, hasta que, una vez aprobados los exámenes necesarios en una o más de las lenguas nativas (a los que debe presentarse en el término de los doce meses posteriores a su llegada), se lo incorpora al servicio con emolumentos que varían entre 2.500 y más o menos 50.000 dólares anuales. Esta última suma es la que reciben los miembros del Consejo de Bengala; los miembros de los consejos de Bombay y Madrás reciben alrededor de 30.000 dólares por año. Nadie, ni siquiera un miembro de consejo, puede recibir más de unos 25.000 dólares por año, y para obtener un nombramiento que signifique 20.000 ó más, debe tener una residencia de doce años en la India. Nueve años de residencia autorizan a recibir sueldos de 15.000 a 20.000 dólares, y tres años de residencia a salarios de 7.000 a 15.000. Para los nombramientos en el servicio civil nominalmente se tiene en cuenta la antigüedad y los méritos, pero en realidad, en gran medida, entra en juego el favoritismo. Como son los mejor pagos, hay gran competencia por conseguirlos, y con tal propósito los funcionarios militares abandonan sus regimientos en cuanto se les presenta una oportunidad. El sueldo medio en el servicio civil está fijado en unos 8.000 dólares, pero esta suma no incluye emolumentos y asignaciones extraordinarios, que a menudo son muy considerables. Estos servidores civiles son gobernadores, consejeros, jueces, embajadores, secretarios, recaudadores de impuestos, etc., y por lo general su número total es de unos 800. El sueldo del gobernador general de la India es de 125.000 dólares, pero las asignaciones extraordinarias importan a menudo una suma aun mayor.

Los servicios religiosos incluyen a tres obispos y unos ciento sesenta capellanes. El obispo de Calcuta recibe 25.000 dólares anuales; los de Madrás y Bombay, la mitad; los capellanes, entre 2.500 y 7.000, además de los emolumentos. El servicio médico abarca unos 800 médicos y cirujanos, con sueldos que van de 1.500 a 10.000 dólares. Los funcionarios militares europeos empleados en la India, incluyendo los de los contingentes que los príncipes dependientes están obligados a proporcionar, suman unos 8.000. En la infantería la paga fija es: subtenientes, 1.080 dólares; tenientes, 1.344; capitanes, 2.226; comandantes, 3.810; tenientes coroneles, 5.520; coroneles, 7.680. Esta es la paga en acuartelamiento. En servicio activo es mayor. La paga en caballería, artillería y cuerpo de ingenieros es algo superior. Con la obtención de cargos oficiales o empleos en el servicio civil, muchos oficiales doblan sus sueldos.

Tenemos aquí alrededor de diez mil súbditos británicos que ocupan cargos lucrativos en la India y cuyos sueldos provienen del servicio indio. A ellos debe agregarse el número considerable que vive en Inglaterra, retirados y gozando de las pensiones que corresponden a todos los servicios después de haber trabajado cierto número de años. Estas pensiones, con los dividendos y los intereses sobre las deudas pagaderos en Inglaterra, consumen de quince a veinte millones de dólares que anualmente se extraen de la India, y que en realidad pueden considerarse como otro tributo que recibe indirectamente el gobierno inglés a través de sus súbditos. Los que todos los años se retiran de los distintos servicios, se llevan consigo considerables sumas de sus ahorros, lo que significa un agregado más al drenaje anual practicado en la India.

Además de estos europeos empleados en el servicio del gobierno, hay otros, residentes en la India, que suman 6.000 personas, o más, ocupadas en el comercio o en especulaciones privadas. Salvo unos pocos cultivadores de índigo, azúcar y café en las regiones rurales, son fundamentalmente comerciantes, representantes y fabricantes que residen en las ciudades de Calcuta, Bombay y Madrás, o en sus alrededores. El comercio exterior de la India, incluyendo las importaciones y exportaciones, por un valor de unos cincuenta millones de dólares cada una, está casi íntegramente en sus manos, y sus ganancias son, sin duda, muy considerables.

Resulta así evidente que se obtienen grandes beneficios a través de la conexión de Inglaterra con la India, y por supuesto las ganancias de esas personas aumentan la riqueza nacional. Pero frente a todo esto hay un gran contrapeso. Los gastos militares y navales que paga el pueblo inglés de su bolsillo para la cuenta de la India, han aumentado constantemente con la ampliación del dominio de la India. A ello deben agregarse los gastos de las guerras de Birmania, afgana, china y persa. En realidad, puede cargarse a la India todo el costo de la última guerra rusa, puesto que el recelo y el miedo a Rusia, que llevaron a la guerra, nacieron por entero de las sospechas en cuanto a sus designios respecto de la India. Sumemos a esto la carrera de interminables conquistas y constantes agresiones en que están comprometidos los ingleses por la posesión de la India, y bien se podrá dudar si este dominio, en conjunto, no amenaza costar más de lo que jamás puede esperarse que llegue a rendir...