Karl Marx en el New-York Tribune, 1857

La revuelta en el ejército indio

El *Divide et impera* romano era la gran máxima mediante la cual Gran Bretaña, durante unos ciento cincuenta años, consiguió conservar la posesión de su imperio indio. El antagonismo de las diversas razas, tribus, castas, credos y soberanías, cuyo conjunto forma la unidad geográfica de lo que se llama India, siguió siendo el principio vital de la supremacía británica. Sin embargo, en tiempos posteriores las condiciones de esa supremacía han experimentado un cambio. Con la conquista de Scinde y del Punjaub, el imperio anglo-indio no sólo había alcanzado sus límites naturales, sino que había pisoteado los últimos vestigios de los Estados indios independientes. Todas las tribus belicosas nativas estaban sometidas, todos los conflictos internos serios habían llegado a su fin, y la reciente incorporación de Oude demostró satisfactoriamente que los restos de los llamados principados indios independientes existen sólo por tolerancia. De ahí un gran cambio en la posición de la Compañía de las Indias Orientales. Ya no atacaba una parte de la India con la ayuda de otra parte, sino que se encontró colocada a la cabeza de toda la India y teniéndola a sus pies. Ya no conquistaba, se había convertido en la conquistadora. Los ejércitos de que disponía ya no tenían que extender su dominio, sino sólo mantenerlo. De soldados se convirtieron en policías: 200.000.000 de nativos se hallaban refrenados por un ejército nativo de 200.000 hombres, con oficiales ingleses, y ese ejército nativo, a su vez, se mantenía a raya con un ejército inglés que sólo contaba 40.000 hombres. A primera vista, es evidente que la fidelidad del pueblo indio descansa en la lealtad del ejército nativo, al crear el cual el dominio británico organizó simultáneamente el primer centro general de resistencia que el pueblo indio jamás haya poseído. Hasta qué punto se puede confiar en ese ejército nativo lo muestran claramente sus recientes motines, que estallaron tan pronto como la guerra con Persia despojó casi por completo de soldados europeos a la Presidencia de Bengala. Antes de esto ya se habían producido motines en el ejército indio, pero el actual se distingue por rasgos característicos y fatales. Es la primera vez que regimientos de cipayos han asesinado a sus oficiales europeos; que musulmanes e hindúes, renunciando a sus antipatías mutuas, se han unido contra sus amos comunes; que

«los disturbios, que comenzaron con los hindúes, han terminado realmente por colocar en el trono de Delhi a un emperador mahometano»;

que el motín no se ha limitado a unas pocas localidades, y, finalmente, que la revuelta en el ejército anglo-indio ha coincidido con un descontento general manifestado contra la supremacía inglesa por parte de las grandes naciones asiáticas, sin que quepa duda de que la revuelta del ejército de Bengala está íntimamente ligada a las guerras de Persia y China.

La causa alegada del descontento que empezó a extenderse hace cuatro meses en el ejército de Bengala fue el temor, por parte de los nativos, de que el Gobierno pudiera interferir en su religión. La distribución de cartuchos cuyo papel, según se decía, había sido engrasado con grasa de buey y cerdo, y el acto obligado de morderlos era considerado, por tanto, por los nativos como una violación de sus prescripciones religiosas, dio la señal de las alteraciones locales. El 22 de enero se declaró un incendio provocado en unos acantonamientos a poca distancia de Calcuta. El 25 de febrero el 19.º regimiento nativo se amotinó en Berhampore, negándose los hombres a aceptar los cartuchos que les fueron distribuidos. El 31 de marzo ese regimiento fue disuelto; a fines de marzo el 34.º regimiento de cipayos, acantonado en Barrackpore, permitió que uno de sus hombres avanzara con el fusil cargado en la plaza de armas delante de la línea y, después de haber arengado a sus camaradas para que se amotinaran, se le dejó atacar y herir al ayudante y al sargento mayor del regimiento. Durante la lucha cuerpo a cuerpo que se entabló, cientos de cipayos miraban pasivamente, mientras otros participaban en la pelea y atacaban a los oficiales con las culatas de sus fusiles.

Posteriormente, también ese regimiento fue disuelto. El mes de abril se distinguió por incendios provocados en varios acantonamientos del ejército de Bengala en Allahabad, Agra, Umballah, por un motín del 3.er regimiento de caballería ligera en Meerut y por manifestaciones similares de descontento en los ejércitos de Madrás y Bombay. A comienzos de mayo se estaba preparando un motín en Lucknow, capital de Oude, que fue impedido, sin embargo, por la celeridad de Sir H. Lawrence. El 9 de mayo los amotinados de la 3.ª de caballería ligera de Meerut fueron conducidos a la cárcel para cumplir las diversas penas de prisión a que habían sido condenados. En la tarde del día siguiente los jinetes de la 3.ª de caballería, junto con los dos regimientos nativos, el 11.º y el 20.º, se congregaron en la plaza de armas, mataron a los oficiales que intentaban apaciguarlos, incendiaron los acantonamientos y dieron muerte a todos los ingleses a quienes pudieron echar mano. Aunque la parte británica de la brigada contaba con un regimiento de infantería, otro de caballería y una fuerza abrumadora de artillería montada y a pie, no pudieron moverse hasta el anochecer. Habiendo causado poco daño a los amotinados, les permitieron dirigirse a campo abierto y lanzarse a Delhi, a unas cuarenta millas de Meerut. Allí se les unió la guarnición nativa, compuesta por los regimientos de infantería 38.º, 54.º y 74.º, y una compañía de artillería nativa. Los oficiales británicos fueron atacados, todos los ingleses al alcance de los rebeldes fueron asesinados, y se proclamó rey de la India al heredero del difunto mogol de Delhi. De las tropas enviadas en socorro de Meerut, donde se había restablecido el orden, seis compañías de zapadores y minadores nativos, que llegaron el 15 de mayo, asesinaron a su comandante, el mayor Frazer, y se dirigieron de inmediato a campo abierto, perseguidas por tropas de artillería montada y varios del 6.º de guardias dragones. Cincuenta o sesenta de los amotinados fueron abatidos, pero el resto logró escapar a Delhi. En Ferozepore, en el Punjaub, los regimientos de infantería nativa 57.º y 45.º se amotinaron, pero fueron sofocados por la fuerza. Cartas particulares procedentes de Lahore aseguran que todas las tropas nativas se encuentran en un estado indisimulado de motín. El 19 de mayo los cipayos acantonados en Calcuta hicieron infructuosos intentos de apoderarse del fuerte de San Guillermo. Tres regimientos que llegaron de Bushire a Bombay fueron inmediatamente despachados a Calcuta.

Al repasar estos acontecimientos, lo que más sorprende es la conducta del comandante británico en Meerut: su tardía aparición en el campo de batalla resulta aún menos incomprensible que la débil manera en que persiguió a los amotinados. Como Delhi está situada en la orilla derecha y Meerut en la izquierda del Jumna —uniéndose ambas orillas en Delhi por un solo puente—, nada habría sido más fácil que cortar la retirada de los fugitivos.

Entretanto, se ha proclamado la ley marcial en todos los distritos desafectos; fuerzas compuestas principalmente de nativos se están concentrando contra Delhi desde el norte, el este y el sur; se dice que los príncipes vecinos se han pronunciado a favor de los ingleses; se han enviado cartas a Ceilán para detener a las fuerzas de Lord Elgin y del general Ashburnham que estaban en camino a China; y, por último, se iba a despachar de Inglaterra a la India unos 14.000 soldados británicos en el plazo de unas dos semanas. Cualesquiera que sean los obstáculos que el clima de la India en esta estación y la total falta de medios de transporte puedan oponer a los movimientos de las fuerzas británicas, es muy probable que los rebeldes de Delhi sucumban sin presentar una resistencia prolongada. Sin embargo, aun en ese caso, ello no será sino el prólogo de una terrible tragedia que habrá de representarse.