Karl Marx / Friedrich Engels

Bem

Escrito en la segunda quincena de septiembre de 1857.

Del inglés.

["The New American Cyclopædia", tomo III]

Bem, Joseph, general polaco, nacido en 1795 en Tarnow, Galitzia; fallecido el 10 de diciembre de 1850. El odio a Rusia fue la pasión de su vida. En la época en que Napoleón, mediante victorias y proclamas, había encendido la fe en el resurgimiento de Polonia, Bem ingresó en el cuerpo de cadetes de Varsovia y recibió su formación militar en la escuela de artillería dirigida por el general Pelletier. Al dejar esta escuela fue nombrado teniente de la artillería montada y sirvió como tal a las órdenes de Davout y Macdonald en la campaña de 1812. Por su participación en la defensa de Danzig recibió la cruz de la Legión de Honor y, tras la capitulación de esta fortaleza, regresó a Polonia. Dado que el zar Alejandro sentía una gran predilección por la nación polaca, reorganizó el ejército polaco, en el que Bem ingresó en 1815 como oficial de artillería, pero del cual fue pronto despedido a causa de un duelo con su superior. Sin embargo, más tarde fue llamado como instructor técnico-militar a la escuela de artillería de Varsovia y ascendido a capitán. Introdujo entonces el cohete Congreve en el ejército polaco y consignó las experiencias realizadas al respecto en una obra publicada originalmente en francés y traducida luego al alemán. Bem era pendenciero e insubordinado, y entre 1820 y 1825 fue llevado repetidas veces ante un consejo de guerra, castigado con prisión, puesto en libertad, nuevamente encarcelado y, por último, enviado a Kock, una remota aldea polaca, donde vivió sumido en el embrutecimiento bajo estricta vigilancia policial. Del ejército polaco Bem no fue despedido hasta la muerte de Alejandro, y Constantino le perdió la pista a raíz del levantamiento de Petersburgo. Tras abandonar la Polonia rusa, Bem se retiró a Lemberg, donde se convirtió en capataz de una gran destilería y redactó un libro sobre el empleo del vapor en la destilación de alcohol.

Cuando en 1830 estalló el levantamiento de Varsovia, se sumó al mismo; a los pocos meses era mayor de artillería y en mayo de 1831 combatió en la batalla de Ostrolenka, donde destacó por la habilidad y la tenacidad con que luchó contra las superiores baterías rusas. Cuando los ataques del ejército polaco contra los rusos, que habían cruzado el Narew, fueron rechazados definitivamente, cubrió la retirada con un audaz avance de toda su artillería. Fue nombrado entonces coronel, poco después general y comandante en jefe de la artillería polaca. Durante el asalto ruso a Varsovia luchó valerosamente, pero como comandante cometió el error de no emplear sus 40 cañones y permitir que los rusos conquistaran Wola, el punto más importante de la defensa. Tras la caída de Varsovia, Bem marchó con el resto del ejército a Prusia, instó a los hombres a no deponer las armas ante los prusianos y provocó así un combate sangriento e innecesario, que entonces se llamó la batalla de Fischau. Bem abandonó luego el ejército, organizó en Alemania comités de apoyo a los emigrados polacos y se dirigió a continuación a París.

Su carácter insólito, en el que se fundían una ferviente inclinación por las ciencias exactas y un infatigable afán de acción, tuvo como consecuencia que se embarcara de muy buen grado en empresas aventureras cuyo fracaso aprovechaban sus enemigos. Así, tras haber intentado en vano en 1833, bajo su propia responsabilidad, organizar una legión polaca para Dom Pedro, fue denunciado como traidor, y uno de sus compatriotas desilusionados le disparó en Bourges, donde Bem pretendía reclutar polacos para su legión. Los años de 1834 a 1848 transcurrieron viajando por Portugal, España, Holanda, Bélgica y Francia.

Cuando en 1848 se hicieron visibles en la parte austríaca de Polonia los primeros indicios revolucionarios, se apresuró a acudir a Lemberg y de allí, el 14 de octubre, a Viena; todo cuanto aquí se hizo para reforzar las obras de defensa y organizar las fuerzas revolucionarias fue fruto de sus esfuerzos personales. Tras la desordenada huida en que terminó, el 25 de octubre, una salida de la guardia móvil vienesa puesta bajo su mando, brotaron de sus labios amargos reproches, que fueron respondidos con sonoras acusaciones de traición. Pese a su absurdidad, estas acusaciones surtieron tal efecto que Bem habría sido sometido a un consejo de guerra si no se hubiera temido un levantamiento de la legión polaca. Tras su notable defensa de la

gran barricada de la Jägerzeile el 28 de octubre y tras la apertura de negociaciones entre el consejo municipal de Viena y el príncipe Windischgrätz, desapareció. La desconfianza, acrecentada por su misteriosa huida, le persiguió de Viena a Pest, y cuando dio al gobierno húngaro el prudente consejo de no permitir la formación de una legión polaca especial, un polaco llamado Kolodjecki disparó un pistoletazo contra el presunto traidor que hirió gravemente a Bem.

La guerra de Transilvania, cuya dirección el gobierno húngaro confió a Bem dejando además a su propia sagacidad el encontrar los ejércitos para ella, constituye el tramo más importante de su carrera militar e ilumina con claridad los rasgos característicos de su arte como general. Inició la primera campaña a finales de diciembre de 1848 con una tropa de aproximadamente 8.000 hombres, mal armada y reunida a toda prisa, compuesta por los más diversos elementos: reclutas húngaros sin instrucción, honveds, prófugos vieneses y un pequeño grupo de polacos, una hueste abigarrada que, a su avance por Transilvania, se vio reforzada por sículos, sajones, eslavos y rumanos que afluían continuamente. Al cabo de unos dos meses, Bem había concluido su campaña y derrotado a Puchner con un ejército austríaco de 20.000 hombres, a Engelhardt con las tropas auxiliares de 6.000 rusos y a Urban con sus bandas de saqueo. Tras haber obligado a este último a buscar refugio en la Bucovina, y a los otros dos a retirarse a Valaquia, dominaba toda Transilvania, a excepción de la pequeña fortaleza de Karlsburg. Mediante audaces sorpresas, arriesgadas maniobras, marchas forzadas y la gran confianza que supo despertar en sus tropas con su propio ejemplo, mediante la hábil elección de posiciones seguras y el hecho de que en el momento decisivo siempre proporcionaba apoyo artillero, demostró en esta primera campaña ser un general de primera clase para la guerra de partisanos y el combate de guerrillas en la montaña. Se mostró también como un maestro en el arte de organizar y disciplinar rápidamente un ejército; pero como se contentaba con los primeros esbozos toscos de una organización y descuidaba crear un núcleo de tropas selectas, lo cual era sobre todo necesario, su improvisado ejército había de desvanecerse como un sueño ante los primeros reveses serios.

Mientras ejerció el poder en Transilvania, se granjeó gran prestigio por haber impedido las insensatas e imprudentes crueldades proyectadas por los comisarios magiares. La política de reconciliación entre las nacionalidades en lucha le ayudó a elevar sus

fuerzas armadas en algunos meses a 40.000 ó 50.000 hombres, bien provistos de caballería y artillería. Si, a pesar de ello, algunas maniobras admirables —la campaña del Banato, que emprendió con este ejército cuantitativamente fuerte— no produjeron resultados duraderos, hay que tener en cuenta que le ataron las manos la colaboración con el incapaz general húngaro.

La invasión de fuertes contingentes rusos en Transilvania y las consiguientes derrotas de los magiares volvieron a llamar a Bem al escenario de su primera campaña. Tras intentar en vano, mediante su penetración en el territorio de Moldavia, realizar una maniobra de distracción a espaldas del enemigo, regresó a Transilvania y allí fue completamente batido en desbandada el 31 de julio cerca de Schäßburg por las tropas rusas de Lüders, tres veces superiores en número. Él mismo escapó a la captura sólo porque saltó a un lodazal, del que casualmente pudieron liberarle algunos húsares húngaros dispersos. Tras reunir los restos de su ejército, tomó por asalto Hermannstadt por segunda vez el 5 de agosto, pero pronto hubo de abandonar la plaza por falta de refuerzos. El 7 de agosto, tras un infortunado combate, se volvió de nuevo hacia Hungría, a donde llegó justo a tiempo para presenciar la derrota en la batalla decisiva junto a Temesvár. Después de una tentativa vana de oponer resistencia por última vez en Lugos con las tropas magiares restantes, regresó a Transilvania, se sostuvo allí contra una fuerza abrumadoramente superior hasta el 19 de agosto y se vio entonces forzado a buscar refugio en territorio turco.

Para procurarse un nuevo campo de acción contra Rusia, Bem adoptó la fe mahometana y recibió del sultán la dignidad de pachá bajo el nombre de Amurat, así como un mando en el ejército turco; mas, ante las representaciones de las potencias europeas, Bem fue relegado a Alepo. Allí logró reprimir algunos excesos sangrientos perpetrados en noviembre de 1850 por la población mahometana contra los habitantes cristianos; alrededor de un mes más tarde murió de una fiebre intensa, rechazando durante ella toda ayuda médica.