Karl Marx en el New-York Tribune, 1857

La revuelta en la India

Ayer recibimos remesas de periódicos londinenses hasta el día 7 del corriente. Al tratar del estado de la revuelta india, rebosan del mismo optimismo que han cultivado desde el principio. No sólo se nos dice que estaba a punto de lanzarse un ataque victorioso contra Delhi, sino que dicho ataque tendría lugar el 20 de agosto. Lo primero que hay que averiguar es, naturalmente, la fuerza actual del cuerpo sitiador. Un oficial de artillería, que escribe desde el campamento ante Delhi el 13 de agosto, da el siguiente estado detallado de las fuerzas británicas efectivas el día 10 de ese mes:

Oficiales
británicos.
 | Tropas
británicas.
 | Oficiales
nativos.
 | Tropas
nativas.
 | Caballos.
---|---|---|---|---
Estado Mayor ... | ... | ... | ...
Artillería 598 | ... | ... | ...
Ingenieros 39 | ... | ... | ...
Caballería 570 | ... | ... | 520
1.ª BRIGADA.
Regimiento 75 de Su Majestad 502 | ... | ... | ...
1.º de Fusileros de la Hon. Compañía 487 | ... | ... | ...
Batallón de Kumaon ... 35 | ...
2.ª BRIGADA.
Fusileros 60 de Su Majestad 251 | ... | ... | ...
2.º de Fusileros de la Hon. Compañía 493 | ... | ... | ...
Batallón Sirmoor ... 19 | ...
3.ª BRIGADA.
Regimiento 8 de Su Majestad 153 | ... | ... | ...
Regimiento 61 de Su Majestad 249 | ... | ... | ...
4.º de Sijs ... 65 | ...
Cuerpo de Guías ... 96 | ...
Cuerpo de Coke ... 09 | ...
Total ... 3.342 2.024 | 520

La fuerza británica efectiva total en el campamento ante Delhi ascendía, pues, el 10 de agosto, a exactamente 5.641 hombres. De éstos hay que deducir 120 hombres (112 soldados y 8 oficiales) que, según los partes ingleses, cayeron el 12 de agosto durante el ataque a una nueva batería que los rebeldes habían abierto extramuros, frente a la izquierda inglesa. Quedaban, por tanto, 5.521 combatientes cuando el brigadier Nicholson se unió al ejército sitiador con las siguientes fuerzas procedentes de Ferozepore, escoltando un tren de sitio de segunda clase: el 52 de infantería ligera (unos 900 hombres), una sección del 61 (unas 4 compañías, 360 hombres), la batería de campaña de Bourchier, una sección del 6.º regimiento del Punjaub (unos 540 hombres) y algo de caballería e infantería de Moultan; en total, una fuerza de unos 2.000 hombres, de los cuales algo más de 1.200 eran europeos. Ahora bien, si sumamos esta fuerza a los 5.521 combatientes que había en el campamento en el momento de la unión con las fuerzas de Nicholson, obtenemos un total de 7.521 hombres. Se dice que Sir John Lawrence, gobernador del Punjaub, ha despachado nuevos refuerzos, consistentes en la sección restante del 8.º de infantería, tres compañías del 24.º, con tres piezas de artillería a caballo de la tropa del capitán Paton procedentes de Peshawur, el 2.º de infantería del Punjaub, el 4.º de infantería del Punjaub y la otra sección del 6.º del Punjaub. Estas fuerzas, que podemos calcular en 3.000 hombres como máximo, y cuyo grueso se compone enteramente de sijs, no habían llegado todavía. Si el lector recuerda la llegada de los refuerzos del Punjaub a las órdenes de Chamberlain cosa de un mes antes, comprenderá que, así como estos últimos apenas bastaron para elevar el ejército del general Reed hasta la cifra originaria de las fuerzas de Sir H. Barnard, del mismo modo los nuevos refuerzos apenas bastan para elevar el ejército del brigadier Wilson hasta la fuerza originaria del general Reed; el único hecho realmente favorable a los ingleses consiste en la llegada, al fin, de un tren de sitio. Pero aun suponiendo que los 3.000 hombres esperados se hayan unido al campamento y que la fuerza inglesa total haya alcanzado la cifra de 10.000, de los cuales la lealtad de un tercio es más que dudosa, ¿qué van a hacer? Sitiarán Delhi, se nos dice. Pero dejando a un lado la ridícula idea de sitiar con 10.000 hombres una ciudad sólidamente fortificada de más de siete millas de perímetro, los ingleses tendrían primero que desviar el Jumna de su curso regular antes de poder pensar en sitiar Delhi. Si los ingleses entraran en Delhi por la mañana, los rebeldes podrían abandonarla por la tarde, ya sea cruzando el Jumna y dirigiéndose a Rohilcund y Oude, ya marchando río abajo por el Jumna hacia Mattra y Agra. En cualquier caso, el sitio de una plaza cuyo uno de sus lados es inaccesible para las fuerzas sitiadoras, al mismo tiempo que proporciona una línea de comunicación y retirada a los sitiados, es un problema que no se ha resuelto aún.

«Todos coinciden —dice el oficial del que hemos tomado la tabla anterior— en que tomar Delhi por asalto es imposible.»

Al mismo tiempo nos informa de lo que realmente se espera en el campamento, a saber:

«bombardear la ciudad durante varios días y abrir una brecha decente.»

Ahora bien, este mismo oficial añade que

«según un cálculo moderado, el enemigo debe reunir ahora cerca de cuarenta mil hombres, además de un número ilimitado de cañones bien servidos; su infantería combate también con eficacia.»

Si se considera la obstinación desesperada con que los musulmanes acostumbran a combatir tras los muros, se convierte en una gran cuestión si realmente se permitiría al pequeño ejército británico, después de precipitarse al interior por «una brecha decente», volver a salir precipitadamente.

De hecho, sólo le queda una posibilidad al actual ejército inglés para lanzar un ataque victorioso contra Delhi: que estallen disensiones internas entre los rebeldes, que se les agoten las municiones, que sus fuerzas se desmoralicen y que su espíritu de confianza en sí mismos ceda. Pero hemos de confesar que la lucha ininterrumpida que han sostenido desde el 31 de julio hasta el 12 de agosto apenas parece justificar semejante suposición. Al mismo tiempo, una carta de Calcuta nos da una clara insinuación de por qué los generales ingleses habían resuelto, contra todas las reglas militares, mantener sus posiciones ante Delhi.

«Cuando —dice— hace unas semanas se planteó la cuestión de si nuestras fuerzas debían retirarse de ante Delhi, por estar demasiado hostigadas por los combates diarios para soportar fatigas abrumadoras durante mucho más tiempo, Sir John Lawrence se opuso enérgicamente a esa intención, informando llanamente a los generales de que su retirada sería la señal para el levantamiento de las poblaciones en torno a ellos, lo que los pondría en peligro inminente. Este consejo prevaleció, y Sir John Lawrence prometió enviarles todos los refuerzos que pudiera reunir.»

Despojado como ha quedado por Sir John Lawrence, el propio Punjaub puede ahora sublevarse, mientras que las tropas acantonadas ante Delhi corren el riesgo de caer postradas y ser diezmadas por los efluvios pestilentes que se elevan del suelo al final de la estación de las lluvias. De las fuerzas del general Van Cortlandt, que hace cuatro semanas se decía que habían llegado a Hissar y avanzaban hacia Delhi, no se oye nada más. Deben, pues, de haber tropezado con serios obstáculos o haberse dispersado en su ruta.

La posición de los ingleses en el Alto Ganges es, de hecho, desesperada. El general Havelock se ve amenazado por las operaciones de los rebeldes de Oude, que avanzan desde Lucknow vía Bithoor e intentan en Futteypore, al sur de Cawnpore, cortarle la retirada; al mismo tiempo, el contingente de Gwalior marcha sobre Cawnpore desde Calpee, ciudad situada en la orilla derecha del Jumna. Este movimiento concéntrico, dirigido tal vez por Nena Sahib, de quien se dice que ejerce el mando supremo en Lucknow, revela por vez primera cierta noción de estrategia por parte de los rebeldes, mientras que los ingleses parecen afanarse únicamente en exagerar su propio método insensato de guerra centrífuga. Así se nos dice que el 90.º de infantería y el 5.º de fusileros, enviados desde Calcuta para reforzar al general Havelock, han sido interceptados en Dinapore por Sir James Outram, a quien se le ha ocurrido conducirlos vía Fyrzabad hacia Lucknow. Este plan de operaciones es saludado por The Morning Advertiser de Londres como un golpe de genio, porque, dice, Lucknow quedará así colocada entre dos fuegos, amenazada por su derecha desde Cawnpore y por su izquierda desde Fyrzabad. Según las reglas ordinarias de la guerra, el ejército inmensamente más débil que, en lugar de intentar concentrar sus miembros dispersos, se divide en dos porciones separadas por toda la anchura del ejército hostil, le ha ahorrado al enemigo el trabajo de aniquilarlo. Para el general Havelock, la cuestión ya no es, de hecho, salvar Lucknow, sino salvar lo que queda de su propio pequeño cuerpo y del del general Neill. Muy probablemente se verá obligado a replegarse sobre Allahabad. Allahabad es, en efecto, una posición de importancia decisiva, ya que constituye el punto de unión entre el Ganges y el Jumna, y la llave del Doab, situado entre los dos ríos.

A primera vista del mapa se comprende que la línea principal de operaciones para un ejército inglés que intente la reconquista de las provincias noroccidentales discurre a lo largo del valle del bajo Ganges. Las posiciones de Dinapore, Benarés, Mirzapore y, sobre todo, de Allahabad, desde donde deben comenzar las verdaderas operaciones, tendrán que ser reforzadas mediante la retirada hacia ellas de las guarniciones de todas las estaciones menores y estratégicamente indiferentes de la provincia de Bengala propiamente dicha. Que esta línea principal de operaciones se halla seriamente amenazada en este momento puede verse por el siguiente extracto de una carta de Bombay dirigida a The London Daily News:

«El reciente motín de tres regimientos en Dinapore ha cortado las comunicaciones (salvo mediante vapores fluviales) entre Allahabad y Calcuta. El motín de Dinapore es el acontecimiento más grave que ha ocurrido últimamente, por cuanto todo el distrito de Bihar, a menos de 200 millas de Calcuta, está ardiendo. Hoy ha llegado la noticia de que los santals se han sublevado de nuevo, y la situación de Bengala, invadida por 150.000 salvajes que se deleitan con la sangre, el saqueo y la rapiña, sería verdaderamente terrible.»

Las líneas secundarias de operaciones, mientras Agra resista, son las del ejército de Bombay, vía Indore y Gwalior hacia Agra, y las del ejército de Madrás, vía Saugor y Gwalior hacia Agra, con cuyo último punto el ejército del Punjaub, así como el cuerpo que mantiene Allahabad, necesitan restablecer sus líneas de comunicación. Si, no obstante, los vacilantes príncipes de la India central se declararan abiertamente contra los ingleses y el motín dentro del ejército de Bombay cobrara un cariz grave, todo cálculo militar tocará a su fin por el momento, y nada quedará seguro salvo una inmensa carnicería desde Cachemira hasta el Cabo Comorín. En el mejor de los casos, lo único que puede hacerse es demorar los acontecimientos decisivos hasta la llegada, en noviembre, de las fuerzas europeas. Que incluso esto se logre dependerá del cerebro de Sir Colin Campbell, de quien, hasta ahora, nada se conoce salvo su valor personal. Si es el hombre adecuado para el puesto, a cualquier precio, caiga Delhi o no, creará una fuerza disponible, por pequeña que sea, con la que entrar en campaña. Sin embargo, la decisión última, debemos repetirlo, está en manos del ejército de Bombay.