Friedrich Engels

Bomba

Escrito hacia el 5 de octubre de 1857.

Del inglés.

["The New American Cyclopædia", tomo III]

Bomba
o granada: proyectil hueco de hierro para cañones pesados y morteros, relleno de pólvora y disparado a gran altura con la intención de que actúe por la fuerza de su caída y su explosión. Son por lo general los mayores de todos los proyectiles, ya que un mortero, al ser más corto que cualquier otra clase de pieza, puede tener tanto mayor diámetro en boca. En la actualidad se emplean normalmente bombas de 10, 11 y 13 pulgadas; los franceses utilizaron en 1832, durante el sitio de Amberes, un mortero y granadas de un calibre de 24 pulgadas, fundidas en Bélgica. La pólvora contenida en una bomba se hace explosionar por medio de una espoleta —un tubo de cebo lleno de una mezcla de combustión lenta que se inflama al disparar el mortero—. Estas espoletas están dispuestas de tal modo que el proyectil estalle el menor tiempo posible después de alcanzar su blanco, a veces inmediatamente antes de tocar el suelo. Además de pólvora, la granada contiene en ocasiones algunas cargas incendiarias de una mezcla Valenciennes, para inflamar objetos combustibles; se afirma, sin embargo, que esas cargas incendiarias resultan inútiles, pues al estallar se desmenuzan en partículas diminutas, y el efecto incendiario de las granadas sin tal aditamento no es en nada menor. Las bombas se lanzan con ángulos de 15° a 45°, pero por lo general de 30° a 45°; los proyectiles más grandes, con cargas menores, alcanzan la mayor distancia de tiro proporcional hacia los 45°, mientras que los proyectiles menores, con cargas mayores, alcanzan su alcance máximo hacia los 30°. La carga es en todos los casos relativamente pequeña: una bomba de 13 pulgadas, que pesa 200 libras y se dispara desde un mortero con una elevación de 45°, alcanza con una carga de 3 1/2 libras de pólvora un alcance de 1.000 yardas; con una carga de 20 libras, es decir, 1/10 de su peso, 4.200 yardas. El efecto de semejante bomba, que desciende desde una altura enorme, es considerable cuando cae sobre objetos destruibles. Atraviesa todos los pisos de una casa y bóvedas de considerable espesor; aunque una granada de 13 pulgadas contiene solo unas 7 libras de pólvora, su efecto explosivo equivale al de una mina, y las esquirlas vuelan, si no tropiezan con obstáculos, a una distancia de 800 a 1.000 yardas. Pero si cae en terreno blando, se entierra a una profundidad de 8 a 12 pies y se ahoga o estalla sin causar daño. Por ello, las bombas se utilizan a menudo como pequeñas minas o fougasses, que se entierran a cosa de un pie de profundidad en aquellos lugares por donde ha de pasar el enemigo; para encenderlas se emplea una mecha lenta o una cuerda de cebo. Bajo esta forma aparecen por vez primera en la historia: según sus crónicas, los chinos empleaban varios siglos antes de nuestra era bolas de metal llenas de mezclas explosivas y pequeños trozos de metal, que se encendían con ayuda de una mecha lenta. Se utilizaban para la defensa de desfiladeros, colocándolas allí al aproximarse el enemigo. En 1232, durante el sitio de Kai-fang-fu, los chinos hicieron rodar desde las almenas bombas sobre los mongoles que asaltaban. Machmud-Shah de Gudscherat lanzó bombas sobre la ciudad en el sitio de Champaneer en 1484. En Europa, a comienzos del siglo XIV —sin mencionar casos anteriores de carácter más dudoso—, los árabes en España y, tras ellos, los españoles disparaban granadas y proyectiles incendiarios con sus piezas; pero el coste y la dificultad de fabricar proyectiles huecos impidieron por mucho tiempo su empleo general. Solo desde mediados del siglo XVII han llegado a ser un componente importante de la artillería de sitio.