Bessières

Escrito hacia el 29 de septiembre de 1857.
Del inglés.

["The New American Cyclopædia", tomo III]

Bessières, Jean-Baptiste, Mariscal del Imperio francés, nacido en Praissac, departamento del Lot, el 6 de agosto de 1768, caído en Lützen el 1 de mayo de 1813. En 1791 ingresó en la «Guardia Constitucional» de Luis XVI, sirvió como suboficial en los cazadores montados de los Pirineos y poco después fue nombrado capitán de cazadores. Tras la victoria de Roveredo el 4 de septiembre de 1796, Napoleón lo ascendió a coronel en pleno campo de batalla. Durante la campaña italiana de 1796/1797 fue comandante de los guías del general en jefe; luego fue coronel de esa misma tropa en Egipto y permaneció vinculado a ella la mayor parte de su vida. En 1802 fue nombrado general de división y en 1804, mariscal del Imperio. Combatió en las batallas de Roveredo, Rivoli, San Juan de Acre, Abukir y Marengo (donde mandó el último y decisivo ataque de caballería), así como en Austerlitz, Jena, Eylau y Friedland. En 1808 recibió el mando de un ejército de 18 000 hombres, acantonado en la provincia española de Salamanca, y a su llegada hubo de constatar que el general Cuesta había ocupado una posición entre Valladolid y Burgos, con lo que amenazaba cortar la línea de comunicación entre Madrid y Francia. Bessières lo atacó y logró la victoria de Medina de Rioseco. Tras el fracaso de la expedición inglesa de Walcheren, Napoleón nombró a Bessières comandante del ejército de Bélgica en sustitución de Bernadotte. Ese mismo año (1809) fue hecho duque de Istria. Al frente de una división de caballería puso en fuga al general austríaco Hohenzollern en la batalla de Essling. Durante la campaña de Rusia fue comandante en jefe de la caballería de la Guardia y, al iniciarse la campaña alemana de 1813, jefe de toda la caballería francesa. Murió en el campo de batalla durante el ataque al desfiladero de Rippach, en Sajonia, la víspera de la batalla de Lützen. Su popularidad entre los soldados rasos puede apreciarse en el hecho de que se tuvo por prudente ocultar durante algún tiempo a la tropa la noticia de su muerte.