(francés, probablemente del alemán *bei* y *Wache*): el acampamiento de tropas durante la noche al aire libre, sin tiendas, en el que cada soldado duerme vestido, con sus armas al lado. En las guerras de la Antigüedad, las tropas se protegían con tiendas, como con ciudades transportables. En la Edad Media, las tropas de los señores feudales y de los reyes encontraban alojamiento en los castillos y monasterios situados junto al camino. Las masas populares que, impulsadas por el entusiasmo religioso, se lanzaron a las cruzadas hacia Asia, representaban más bien bandas bulliciosas que un ejército; y todas estas gentes, a excepción de los jefes –los caballeros y los príncipes– y de su séquito inmediato, vivaqueaban sobre el suelo como las salvajes tribus nómadas que deambulan por las llanuras de Asia. Con el retorno a la guerra regular, reaparecieron los campamentos de tiendas, que se generalizaron en Europa durante los dos últimos siglos. Pero en las gigantescas guerras de Napoleón se descubrió que los movimientos rápidos eran más importantes que la salud de los soldados, y el lujo de las tiendas desapareció de los campos de batalla de Europa, excepto en los ejércitos ingleses, donde todavía se utilizaban en ocasiones. Ejércitos enteros vivaqueaban en torno a fogatas o, cuando la proximidad del enemigo lo exigía, incluso sin fuego, y dormían sobre paja o tal vez sobre el suelo desnudo, mientras una parte de los soldados montaba guardia. De todos los vivaques que conoce la historia, ninguno ha alcanzado tanta fama por la poesía y la pintura como el de la víspera de la batalla de Austerlitz.