Las noticias de la India, que nos llegaron ayer, presentan un aspecto muy desastroso y amenazador para los ingleses, aunque, como puede verse en otra columna, nuestro inteligente corresponsal londinense las juzga de manera distinta. De Delhi tenemos informes hasta el 29 de julio, y un parte posterior según el cual, a consecuencia de los estragos del cólera, las fuerzas sitiadoras se vieron obligadas a retirarse de ante Delhi y establecer sus cuarteles en Agra. Es cierto que ninguno de los periódicos londinenses admite este parte, pero nosotros podemos, a lo sumo, considerarlo tan sólo como algo prematuro. Como sabemos por toda la correspondencia de la India, el ejército sitiador había sufrido graves pérdidas en las salidas efectuadas los días 14, 18 y 23 de julio. En aquellas ocasiones, los rebeldes combatieron con una vehemencia más temeraria que nunca y con gran ventaja debido a la superioridad de su artillería.

«Disparamos —escribe un oficial británico— cañones de 18 libras y obuses de 8 pulgadas, y los rebeldes responden con piezas de 24 y 32 libras». «En las dieciocho salidas —dice otra carta— que hemos tenido que soportar, hemos perdido un tercio de nuestros efectivos entre muertos y heridos».

En cuanto a refuerzos, todo lo que podía esperarse era un cuerpo de sijs al mando del general Van Cortlandt. El general Havelock, después de librar varias batallas victoriosas, se vio obligado a replegarse sobre Cawnpore, abandonando por el momento el socorro de Lucknow. Al mismo tiempo, las lluvias habían arreciado fuertemente ante Delhi, agravando forzosamente la virulencia del cólera. El despacho que anuncia la retirada a Agra y el abandono, al menos por ahora, de la tentativa de reducir la capital del Gran Mogol, habrá de confirmarse, pues, muy pronto, si no lo está ya.

En la línea del Ganges, el principal interés recae sobre las operaciones del general Havelock, cuyas hazañas en Futteypore, Cawnpore y Bithoor han sido, naturalmente, objeto de elogios bastante desmesurados por parte de nuestros colegas londinenses. Como ya hemos señalado, después de haber avanzado veinticinco millas desde Cawnpore, se vio obligado a replegarse a dicha plaza no solo para dejar a sus enfermos, sino también para esperar refuerzos. Este es un motivo de profundo pesar, pues indica que la tentativa de socorrer Lucknow ha fracasado. La única esperanza para la guarnición británica de la plaza reside ahora en la fuerza de 3.000 gurkas enviados desde Nepal en su auxilio por Jung Bahadoor. Si no lograsen levantar el sitio, la carnicería de Cawnpore se repetiría en Lucknow. Y esto no sería todo. La toma de la fortaleza de Lucknow por los rebeldes, y la consiguiente consolidación de su poder en Oude, amenazaría por el flanco todas las operaciones británicas contra Delhi y decidiría el equilibrio de las fuerzas contendientes en Benares y en todo el distrito de Bihar. Cawnpore perdería la mitad de su importancia y vería amenazadas sus comunicaciones con Delhi, por un lado, y con Benares, por el otro, al tener los rebeldes en su poder la fortaleza de Lucknow. Esta contingencia acrecienta el penoso interés con que deben esperarse las noticias de aquella localidad. El 16 de junio, la guarnición calculaba su capacidad de resistencia en seis semanas con raciones de hambre. Hasta la última fecha de los despachos, ya habían transcurrido cinco de esas semanas. Todo depende ahora allí de los refuerzos procedentes de Nepal, anunciados pero aún no confirmados.

Si descendemos por el Ganges, desde Cawnpore hacia Benares y el distrito de Bihar, las perspectivas británicas son aún más sombrías. Una carta en The Bengal Gazette, fechada en Benares el 3 de agosto, dice:

«que los amotinados de Dinapore, después de cruzar el Sone, marcharon sobre Arrah. Los habitantes europeos, justamente alarmados por su seguridad, escribieron a Dinapore pidiendo refuerzos. Se despacharon, en consecuencia, dos vapores con destacamentos de los regimientos 5.º, 10.º y 37.º de Su Majestad. En mitad de la noche, uno de los vapores encalló en el fango y quedó inmovilizado. Los hombres fueron desembarcados precipitadamente y avanzaron a pie, pero sin tomar las debidas precauciones. De repente, fueron atacados por ambos lados con un fuego nutrido y certero, y 150 de su pequeña fuerza, incluidos varios oficiales, quedaron fuera de combate. Se supone que todos los europeos de la estación, unos 47, han sido asesinados».

Arrah, en el distrito británico de Shahabad, Presidencia de Bengala, es una población situada en el camino de Dinapore a Ghazepore, a veinticinco millas al oeste de la primera y a setenta y cinco al este de la segunda. La propia Benares se veía amenazada. Este lugar posee un fuerte construido según los principios europeos, y se convertiría en otra Delhi si cayera en manos de los rebeldes. En Mirzapore, situada al sur de Benares y en la orilla opuesta del Ganges, se ha descubierto una conspiración musulmana; mientras que en Berhampore, sobre el Ganges, a unas dieciocho millas de Calcuta, el 63.º de infantería nativa había sido desarmado. En una palabra, la desafección, por un lado, y el pánico, por el otro, se extendían por toda la Presidencia de Bengala, hasta las puertas mismas de Calcuta, donde reinaban dolorosos temores de que el gran ayuno del Mohurran —cuando los seguidores del Islam, presa de un frenesí fanático, recorren las calles con las espadas desenvainadas, dispuestos a combatir a la menor provocación— pudiera desembocar en un ataque general contra los ingleses, y donde el gobernador general se ha visto obligado a desarmar a su propia guardia personal. El lector comprenderá, pues, de inmediato que la principal línea de comunicaciones británica, la línea del Ganges, corre peligro de ser interrumpida, cortada y seccionada. Esto afectaría la llegada de los refuerzos esperados para noviembre y aislaría la línea de operaciones británica sobre el Jumna.

En la Presidencia de Bombay, también los asuntos están cobrando un cariz muy grave. El motín del 27.º de infantería nativa de Bombay en Kolapore es un hecho, pero su derrota por las tropas británicas es solo un rumor. El ejército nativo de Bombay ha estallado en motines sucesivos en Nagpore, Aurungabad, Hyderabad y, finalmente, en Kolapore. La fuerza efectiva del ejército nativo de Bombay asciende a 43.048 hombres, mientras que, de hecho, solo hay dos regimientos europeos en aquella Presidencia. Se confiaba en el ejército nativo no solo para mantener el orden dentro de los límites de la Presidencia de Bombay, sino también para enviar refuerzos a Scinde, en el Punjaub, y para formar las columnas que se dirigieran hacia Mhow e Indore, a fin de recuperar y conservar aquellas plazas, establecer comunicaciones con Agra y socorrer a la guarnición de ese lugar. La columna del brigadier Stuart, encargada de esta operación, se componía de 300 hombres del 3.er regimiento europeo de Bombay, 250 del 5.º de infantería nativa de Bombay, 1.000 del 25.º de infantería nativa de Bombay, 200 del 19.º de infantería nativa de Bombay y 800 del 3.er regimiento de caballería del contingente de Hyderabad. Con esta fuerza, que suma 2.250 soldados nativos, hay alrededor de 700 europeos, integrados principalmente por el 86.º de infantería de la Reina y el 14.º de dragones ligeros de la Reina. Los ingleses habían reunido, además, una columna del ejército nativo en Aurungabad para intimidar los territorios desafectos de Khandeish y Nagpore, y al mismo tiempo servir de apoyo a las columnas volantes que operaban en la India central.

En esa parte de la India se nos dice que «la tranquilidad ha sido restablecida»; pero no podemos confiar plenamente en ese resultado. De hecho, no es la ocupación de Mhow lo que decide la cuestión, sino la línea de conducta seguida por los dos príncipes marathas, Holkar y Scindiah. El mismo despacho que nos informa de la llegada de Stuart a Mhow añade que, aunque el Holkar se mantenía firme, sus tropas se habían vuelto ingobernables. En cuanto a la política del Scindiah, no se dice una palabra. Es joven, popular, lleno de ardor, y sería considerado como el jefe natural y el punto de reunión de toda la nación maratha. Cuenta con 10.000 hombres bien disciplinados, propios. Su defección del bando británico no solo les costaría la India central, sino que daría una fuerza y una consistencia inmensas a la liga revolucionaria. La retirada de las fuerzas ante Delhi, las amenazas y las instigaciones de los descontentos pueden, al fin, inducirle a unirse a sus compatriotas. Sin embargo, la influencia principal, tanto sobre el Holkar como sobre el Scindiah, la ejercerán los marathas del Decán, donde, como ya hemos dicho, la rebelión ha levantado por fin decididamente la cabeza. También aquí es particularmente peligrosa la festividad del Mohurran. Hay, pues, algún motivo para prever una sublevación general del ejército de Bombay. El ejército de Madrás, asimismo, que asciende a 60.555 hombres de tropas nativas, reclutadas en Hyderabad, Nagpore, Malwa, los distritos mahometanos más fanáticos, no tardaría en seguir el ejemplo. Así, pues, si se considera que la estación de las lluvias durante agosto y septiembre paralizará los movimientos de las tropas británicas e interrumpirá sus comunicaciones, la suposición parece racional de que, a pesar de su fuerza aparente, los refuerzos enviados desde Europa, que llegarán demasiado tarde y solo en cuentagotas, resultarán inadecuados para la tarea que se les ha impuesto. Casi podemos esperar, en la próxima campaña, un ensayo de los desastres del Afganistán.