Frederick Engels

Afganistán[40]

Afganistán, extenso país de Asia, al noroeste de la India. Se halla situado entre Persia y las Indias, y, en la otra dirección, entre el Hindu Kush y el océano Índico. Antiguamente comprendía las provincias persas de Khorassan y Kohistan, junto con Herat, Beluchistan, Cashmere y Sinde, y una parte considerable del Punjab. Dentro de sus límites actuales no cuenta probablemente con más de 4.000.000 de habitantes. La superficie de Afganistán es muy irregular: altas mesetas, vastas montañas, profundos valles y barrancos. Como todos los países montañosos tropicales, presenta toda variedad de climas. En el Hindu Kush, la nieve cubre todo el año las elevadas cumbres, mientras que en los valles el termómetro alcanza hasta 130° [Fahrenheit]. El calor es mayor en las partes orientales que en las occidentales, pero el clima es generalmente más fresco que el de la India; y aunque las alternancias de temperatura entre el verano y el invierno, o entre el día y la noche, son muy grandes, el país es por lo general saludable. Las principales enfermedades son fiebres, catarros y oftalmía. Ocasionalmente la viruela resulta destructiva. El suelo es de exuberante fertilidad. Las palmeras datileras florecen en los oasis de los desiertos arenosos; la caña de azúcar y el algodón, en los valles cálidos; y las frutas y hortalizas europeas crecen lozanamente en las terrazas de las laderas hasta un nivel de 6.000 o 7.000 pies. Las montañas se hallan revestidas de nobles bosques, frecuentados por osos, lobos y zorros, mientras que el león, el leopardo y el tigre se encuentran en los distritos propicios a sus hábitos. No faltan los animales útiles al hombre. Hay una hermosa variedad de ovejas de la raza persa o de cola gruesa. Los caballos son de buen tamaño y sangre. El camello y el asno se emplean como bestias de carga, y las cabras, los perros y los gatos se hallan en gran número. Además del Hindu Kush, que es una prolongación del Himalaya, existe una cadena montañosa llamada montaña de Solyman, al suroeste; y entre Afganistán y Balkh hay una cadena conocida como la cordillera del Paropamisan, sobre la cual, sin embargo, ha llegado muy poca información a Europa. Los ríos son poco numerosos; el Helmund y el Kabul son los más importantes. Nacen en el Hindu Kush: el Kabul fluye hacia el este y desemboca en el Indo cerca de Attock; el Helmund fluye hacia el oeste a través del distrito de Seiestan y desemboca en el lago de Zurrah. El Helmund tiene la peculiaridad de desbordar sus orillas anualmente como el Nilo, llevando fertilidad a un suelo que, más allá del límite de la inundación, es un desierto arenoso. Las principales ciudades de Afganistán son Kabul, la capital, Ghuznee, Peshawer y Kandahar. Kabul es una hermosa ciudad, a 34° 10' de latitud N. y 60° 43' de longitud E., sobre el río del mismo nombre. Los edificios son de madera, limpios y espaciosos, y como la ciudad está rodeada de hermosos jardines, presenta un aspecto muy agradable. Se halla circundada de aldeas y en medio de una gran llanura cercada por colinas bajas. La tumba del emperador Baber es su principal monumento. Peshawer es una gran ciudad, con una población estimada en 100.000 habitantes. Ghuznee, ciudad de antigua fama, otrora capital del gran sultán Mahmoud, ha decaído de su gran estado y es hoy un lugar pobre. Cerca de ella se halla la tumba de Mahmoud. Kandahar fue fundada tan recientemente como en 1754. Se alza sobre el emplazamiento de una antigua ciudad. Fue capital durante unos pocos años; pero en 1774 la sede del gobierno fue trasladada a Kabul. Se cree que contiene 100.000 habitantes. Cerca de la ciudad se encuentra la tumba de Shah Ahmed, el fundador de la ciudad, un asilo tan sagrado que ni siquiera el rey puede sacar de allí a un criminal que se haya refugiado entre sus muros.

La posición geográfica de Afganistán y el carácter peculiar de su pueblo invisten al país de una importancia política que difícilmente puede sobreestimarse en los asuntos de Asia Central. El gobierno es una monarquía, pero la autoridad del rey sobre sus súbditos, altivos y turbulentos, es personal y muy incierta. El reino se divide en provincias, cada una supervisada por un representante del soberano, quien recauda los ingresos y los remite a la capital.

Los afganos son una raza valiente, recia e independiente; se dedican únicamente a ocupaciones pastoriles o agrícolas, rehuyendo el comercio y el tráfico, que dejan con desprecio en manos de los hindúes y de otros habitantes de las ciudades. Para ellos, la guerra es un estímulo y un alivio frente a la monótona ocupación de las actividades industriales.

Los afganos se dividen en clanes[41], sobre los cuales los diversos jefes ejercen una especie de supremacía feudal. Su indomable odio a todo dominio y su amor por la independencia individual es lo único que les impide convertirse en una nación poderosa; pero esa misma irregularidad e incertidumbre de acción los convierte en vecinos peligrosos, capaces de ser arrastrados por el viento del capricho o de ser azuzados por intrigantes políticos que excitan arteramente sus pasiones. Las dos tribus principales son los Dooranees y los Ghilgies, siempre enemistados entre sí. Los Dooranees son los más poderosos, y en virtud de su supremacía, su emir o kan se hizo rey de Afganistán. Dispone de unas rentas de aproximadamente 10.000.000 de libras esterlinas. Su autoridad solo es suprema dentro de su tribu. Los contingentes militares son aportados principalmente por los Dooranees; el resto del ejército lo suministran los demás clanes o los aventureros militares que se alistan en el servicio con la esperanza de obtener paga o botín. En las ciudades, la justicia es administrada por cadíes, pero los afganos rara vez recurren a la ley. Sus kanes poseen el derecho de castigar, incluso hasta el extremo de la vida o la muerte. La venganza de sangre es un deber familiar; no obstante, se dice que son un pueblo liberal y generoso cuando no se les provoca, y los derechos de hospitalidad son tan sagrados que un enemigo mortal que come pan y sal, obtenidos incluso por estratagema, queda a salvo de la venganza e incluso puede reclamar la protección de su anfitrión frente a cualquier otro peligro. En religión, son mahometanos de la secta suní; pero no son intolerantes, y las alianzas entre chiíes y suníes[42] no son en modo alguno infrecuentes.

Afganistán ha estado sometido alternativamente al dominio mogol[43] y persa. Antes de la llegada de los británicos a las costas de la India, las invasiones extranjeras que barrieron las llanuras del Indostán procedían siempre de Afganistán. El sultán Mahmoud el Grande, Gengis Kan, Tamerlán y Nadir Shah tomaron todos este camino. En 1747, tras la muerte de Nadir, Shah Ahmed, que había aprendido el arte de la guerra bajo aquel aventurero militar, decidió sacudirse el yugo persa. Bajo su mando, Afganistán alcanzó su punto más alto de grandeza y prosperidad en los tiempos modernos. Pertenecía a la familia de los Suddosis, y su primer acto fue apoderarse del botín que su difunto jefe había acumulado en la India. En 1748 consiguió expulsar de Kabul y Peshawer al gobernador mogol y, cruzando el Indo, invadió rápidamente el Punjab. Su reino se extendía desde Khorassan hasta Delhi, e incluso midió sus espadas con los poderes maratas. [44] Estas grandes empresas no le impidieron, sin embargo, cultivar algunas de las artes de la paz, y fue favorablemente conocido como poeta e historiador. Murió en 1772 y dejó la corona a su hijo Timour, quien, no obstante, resultó desigual para tan pesada carga. Abandonó la ciudad de Kandahar, fundada por su padre y que en pocos años se había convertido en una urbe rica y populosa, y trasladó de nuevo la sede del gobierno a Kabul. Durante su reinado revivieron las disensiones internas de las tribus, que habían sido reprimidas por la mano firme de Shah Ahmed. En 1793 murió Timour, y Siman le sucedió. Este príncipe concibió la idea de consolidar el poder mahometano de la India, y este plan, que podía haber puesto en grave peligro las posesiones británicas, se consideró tan importante que Sir John Malcolm fue enviado a la frontera para mantener a raya a los afganos en caso de que hicieran algún movimiento, mientras que al mismo tiempo se abrían negociaciones con Persia, con cuya ayuda se podía colocar a los afganos entre dos fuegos. Estas precauciones resultaron, sin embargo, innecesarias; Siman Shah estaba más que suficientemente ocupado con conspiraciones y disturbios en el interior, y sus grandes planes fueron cortados de raíz. El hermano del rey, Mahmud, se arrojó sobre Herat con el propósito de erigir un principado independiente, pero, al fracasar en su intento, huyó a Persia. Siman Shah había sido ayudado a alcanzar el trono por la familia Bairukshee, a cuya cabeza se hallaba Sheir Afras Khan. El nombramiento por parte de Siman de un visir impopular despertó el odio de sus antiguos partidarios, quienes urdieron una conspiración que fue descubierta, y Sheir Afras fue ejecutado. Mahmud fue entonces llamado por los conspiradores; Siman fue hecho prisionero y le sacaron los ojos. En oposición a Mahmud, apoyado por los Dooranees, Shah Soojah fue presentado por los Ghilgies y ocupó el trono durante algún tiempo; pero al final fue derrotado, sobre todo por la traición de sus propios partidarios, y se vio forzado a refugiarse entre los sijs.[45]

En 1809, Napoleón había enviado al general Gardane a Persia con la esperanza de inducir al sha [Fath Ali] a invadir la India, y el gobierno indio envió un representante [Mountstuart Elphinstone] a la corte de Shah Soojah para crear una oposición a Persia. En esa época, Runjeet Singh se elevó al poder y la fama. Era un jefe sij y, con su genio, hizo a su país independiente de los afganos, erigiendo un reino en el Punjab, ganándose para sí el título de Maharajah (rajá principal) y el respeto del gobierno angloindio. El usurpador Mahmud, sin embargo, no estaba destinado a gozar largo tiempo de su triunfo. Futteh Khan, su visir, que había fluctuado alternativamente entre Mahmud y Shah Soojah según le impulsaban la ambición o el interés temporal, fue apresado por el hijo del rey, Kamran; le sacaron los ojos y más tarde le dieron cruel muerte. La poderosa familia del visir asesinado juró vengar su muerte. El pelele Shah Soojah fue de nuevo presentado y Mahmud expulsado. Mas, habiendo ofendido Shah Soojah, fue destituido al poco tiempo, y otro hermano fue coronado en su lugar. Mahmud huyó a Herat, de la cual continuó en posesión, y en 1829, a su muerte, su hijo Kamran le sucedió en el gobierno de aquel distrito. La familia Bairukshee, habiendo alcanzado ahora el poder supremo, se repartió el territorio entre sí, pero, siguiendo la costumbre nacional, riñeron y solo se unían ante un enemigo común. Uno de los hermanos, Mohammed Khan, ocupaba la ciudad de Peshawer, por la que pagaba tributo a Runjeet Singh; otro ocupaba Ghuznee; un tercero, Kandahar; mientras que en Kabul gobernaba Dost Mohammed, el más poderoso de la familia.

A este príncipe, el capitán Alexander Burnes fue enviado como embajador en 1835, cuando Rusia e Inglaterra intrigaban entre sí en Persia y Asia Central. Le ofreció una alianza que el Dost estaba más que ansioso por aceptar; pero el gobierno anglo-indio le exigió todo, sin ofrecer absolutamente nada a cambio. Entretanto, en 1838, los persas, con ayuda y consejo rusos, sitiaron Herat, la llave de Afganistán y de la India[46]; un agente persa y otro ruso llegaron a Kabul, y el Dost, ante la constante negativa de cualquier compromiso positivo por parte de los británicos, se vio por último realmente obligado a acoger las insinuaciones de las otras partes. Burnes se marchó, y Lord Auckland, a la sazón gobernador general de la India, influido por su secretario W. McNaghten, decidió castigar a Dost Mohammed por aquello a lo que él mismo le había obligado. Resolvió destronarlo y entronizar a Shah Soojah, ahora pensionista del gobierno indio. Se concluyó un tratado con Shah Soojah y con los sikhs; el shah empezó a reunir un ejército, pagado y mandado por oficiales británicos, y una fuerza anglo-india se concentró en el Sutlej. McNaghten, secundado por Burnes, debía acompañar la expedición en calidad de enviado en Afganistán. Entretanto, los persas habían levantado el sitio de Herat, eliminando así el único motivo válido para la injerencia en Afganistán; no obstante, en diciembre de 1838, el ejército marchó hacia el Sinde, país que fue forzado a someterse y al pago de una contribución en beneficio de los sikhs y de Shah Soojah.[47] El 20 de febrero de 1839, el ejército británico atravesó el Indo. Constaba de unos 12.000 hombres, con más de 40.000 servidores del campamento, además de las nuevas levas del shah. El paso de Bolan fue atravesado en marzo; comenzó a sentirse falta de víveres y forraje; los camellos caían a centenares y se perdió gran parte del bagaje. El 7 de abril, el ejército entró en el paso de Khojak, lo atravesó sin resistencia y el 25 de abril entró en Kandahar, que los príncipes afganos, hermanos de Dost Mohammed, habían abandonado. Tras un descanso de dos meses, Sir John Keane, el comandante, avanzó con el grueso del ejército hacia el norte, dejando una brigada al mando de Nott en Kandahar. Ghuznee, la fortaleza inexpugnable de Afganistán, fue tomada el 22 de julio, al haber traído un desertor la información de que la puerta de Kabul era la única que no había sido tapiada; fue volada en consecuencia y la plaza tomada por asalto. Tras este desastre, el ejército que Dost Mohammed había reunido se disolvió en el acto, y Kabul también abrió sus puertas el 6 de agosto. Shah Soojah fue instalado en la debida forma, pero la dirección real del gobierno quedó en manos de McNaghten, quien pagaba además todos los gastos de Shah Soojah con cargo al erario indio.

La conquista de Afganistán parecía consumada, y una parte considerable de las tropas fue enviada de regreso. Pero los afganos no estaban en modo alguno dispuestos a ser gobernados por los feringhee kaffirs (infieles europeos), y durante todo 1840 y 1841 se sucedieron las insurrecciones en todas las partes del país. Las tropas anglo-indias tenían que estar en constante movimiento. Sin embargo, McNaghten afirmaba que ése era el estado normal de la sociedad afgana y escribía a la metrópoli que todo marchaba bien y que el poder de Shah Soojah estaba echando raíces. En vano fueron las advertencias de los jefes militares y de los demás agentes políticos. Dost Mohammed se había rendido a los británicos en octubre de 1840 y fue enviado a la India; todas las insurrecciones del verano de 1841 fueron sofocadas con éxito, y hacia octubre, McNaghten, nombrado gobernador de Bombay, se proponía partir hacia la India con otro cuerpo de tropas. Pero entonces estalló la tormenta. La ocupación de Afganistán costaba al erario indio 1.250.000 libras esterlinas al año: 16.000 soldados, entre anglo-indios y tropas de Shah Soojah, tenían que ser pagados en Afganistán; otros 3.000 yacían en el Sinde y en el paso de Bolan; el esplendor regio de Shah Soojah, los salarios de sus funcionarios y todos los gastos de su corte y gobierno eran costeados por la tesorería india, y, por último, los jefes afganos estaban subsidiados, o más bien sobornados, de la misma fuente para mantenerlos apartados de las intrigas. A McNaghten se le informó de la imposibilidad de seguir con ese tren de gastos. Intentó reducirlos, pero el único medio posible de lograrlo era recortar las asignaciones de los jefes. El mismo día en que lo intentó, los jefes formaron una conspiración para el exterminio de los británicos, y de este modo fue el propio McNaghten el causante de la concentración de aquellas fuerzas insurreccionales que hasta entonces habían luchado aisladamente contra los invasores, sin unidad ni concierto; aunque también es cierto que para ese momento el odio a la dominación británica había llegado entre los afganos a su punto más alto.

Los ingleses en Kabul estaban al mando del general Elphinstone, un anciano gotoso, irresoluto y completamente incapaz, cuyas órdenes se contradecían sin cesar. Las tropas ocupaban una especie de campamento fortificado de tal extensión que la guarnición apenas bastaba para guarnecer los terraplenes, y mucho menos para destacar cuerpos de operaciones en campo abierto. Las obras eran tan imperfectas que el foso y el parapeto podían ser franqueados a caballo. Por si esto fuera poco, el campamento estaba dominado, casi a tiro de fusil, por las alturas vecinas, y para coronar el absurdo del dispositivo, todas las provisiones y los almacenes sanitarios se encontraban en dos fuertes aislados a cierta distancia, separados además del campamento por jardines amurallados y otro pequeño fuerte no ocupado por los ingleses. La ciudadela o Bala Hissar de Kabul habría ofrecido unos cuarteles de invierno sólidos y espléndidos para todo el ejército, pero, para complacer a Shah Soojah, no fue ocupada. El 2 de noviembre de 1841 estalló la insurrección. La casa de Alexander Burnes, en la ciudad, fue atacada y él mismo asesinado. El general británico no hizo nada, y la insurrección cobró fuerza por la impunidad. Elphinstone, completamente desamparado, a merced de toda suerte de consejos contradictorios, muy pronto sumió todo en aquella confusión que Napoleón [Bonaparte] describió con las tres palabras: ordre, contre-ordre, disordre. Aun entonces, el Bala Hissar no fue ocupado. Se enviaron unas cuantas compañías contra miles de insurrectos, y, como era de esperar, fueron batidas. Esto enardeció aún más a los afganos. El 3 de noviembre se ocuparon los fuertes contiguos al campamento. El día 9, el fuerte de la intendencia (guarnecido por sólo 80 hombres) fue tomado por los afganos, y los británicos quedaron así reducidos a la hambruna. Ya el día 5 Elphinstone había hablado de comprar un salvoconducto para salir del país. De hecho, hacia mediados de noviembre, su irresolución e incapacidad habían desmoralizado a las tropas de tal modo que ni europeos ni cipayos[48] estaban ya en condiciones de hacer frente a los afganos en campo abierto. Comenzaron entonces las negociaciones. En el curso de éstas, McNaghten fue asesinado en una conferencia con jefes afganos. La nieve empezaba a cubrir el suelo, las provisiones escaseaban. Al fin, el 1 de enero se concluyó una capitulación. Todo el dinero, 190.000 libras esterlinas, debía ser entregado a los afganos, y se firmaron letras por 140.000 más. Toda la artillería y las municiones, salvo 6 cañones de seis libras y 3 cañones de montaña, debían permanecer. Todo Afganistán debía ser evacuado. Los jefes, por su parte, prometían salvoconducto, víveres y bestias de carga.

El 5 de enero, los británicos se pusieron en marcha: 4.500 combatientes y 12.000 servidores del campamento. Una sola jornada de marcha bastó para disolver el último resto de orden y mezclar soldados y servidores en una confusión desesperada que hacía imposible toda resistencia. El frío, la nieve y la falta de víveres actuaron como en la retirada de Napoleón desde Moscú [en 1812]. Pero en lugar de cosacos manteniéndose a respetuosa distancia, los británicos fueron hostigados por enardecidos tiradores afganos, armados con arcabuces de mecha de largo alcance, que ocupaban todas las alturas. Los jefes que habían firmado la capitulación ni pudieron ni quisieron contener a las tribus de las montañas. El paso de Koord-Kabul se convirtió en la tumba de casi todo el ejército, y el pequeño resto, menos de 200 europeos, cayó a la entrada del paso de Jugduluk. Un solo hombre, el doctor Brydon, llegó a Jelalabad para contar la historia. Muchos oficiales, sin embargo, habían sido capturados por los afganos y mantenidos en cautiverio. Jelalabad estaba en manos de la brigada de Sale. Se le exigió la capitulación, pero se negó a evacuar la ciudad, al igual que Nott en Kandahar. Ghuznee había caído; no había en aquella plaza un solo hombre que entendiera algo de artillería, y los cipayos de la guarnición habían sucumbido al clima.

Entretanto, las autoridades británicas de la frontera, ante las primeras noticias del desastre de Kabul, habían concentrado en Peshawer las tropas destinadas al socorro de los regimientos en Afganistán. Pero faltaban los medios de transporte y los cipayos enfermaban en gran número. El general Pollock tomó el mando en febrero y hacia fines de marzo de 1842 recibió más refuerzos. Forzó a continuación el paso de Khyber y avanzó en socorro de Sale en Jelalabad; allí, Sale había derrotado completamente unos días antes al ejército afgano sitiador. Lord Ellenborough, ahora gobernador general de la India, ordenó a las tropas replegarse; pero tanto Nott como Pollock encontraron una excusa oportuna en la falta de transporte. Finalmente, hacia principios de julio, la opinión pública en la India obligó a Lord Ellenborough a hacer algo para restaurar el honor nacional y el prestigio del ejército británico; en consecuencia, autorizó un avance sobre Kabul, tanto desde Kandahar como desde Jelalabad. Hacia mediados de agosto, Pollock y Nott se habían puesto de acuerdo sobre sus movimientos, y el 20 de agosto Pollock avanzó hacia Kabul, alcanzó Gundamuck y batió a un cuerpo de afganos el 23, forzó el paso de Jugduluk el 8 de septiembre, derrotó a las fuerzas reunidas del enemigo el 13 en Tezeen y acampó el 15 bajo los muros de Kabul. Nott, por su parte, había evacuado Kandahar el 7 de agosto y marchaba con todas sus fuerzas hacia Ghuznee. Tras algunos combates menores, derrotó a un gran contingente de afganos el 30 de agosto, tomó posesión de Ghuznee, que había sido abandonada por el enemigo, el 6 de septiembre, destruyó las obras y la ciudad, derrotó de nuevo a los afganos en la fuerte posición de Alydan y llegó el 17 de septiembre a las cercanías de Kabul, donde Pollock restableció en seguida la comunicación con él. Shah Soojah había sido asesinado mucho antes por algunos jefes, y desde entonces no había existido gobierno regular en Afganistán; nominalmente, Futteh Jung, su hijo, era rey. Pollock destacó un cuerpo de caballería en busca de los prisioneros de Kabul, pero éstos habían logrado sobornar a sus guardianes y lo encontraron en el camino. Como señal de venganza, el bazar de Kabul fue destruido, ocasión en que los soldados saquearon parte de la ciudad y masacraron a muchos habitantes. El 12 de octubre, los británicos abandonaron Kabul y marcharon por Jelalabad y Peshawer hacia la India. Futteh Jung, desesperando de su situación, los siguió. Dost Mohammed fue entonces liberado del cautiverio y regresó a su reino. Así terminó la tentativa de los británicos de entronizar en Afganistán a un príncipe de su propia hechura.

Notas a pie de página

40. Que Engels quería escribir un artículo sobre Afganistán (con énfasis en la guerra anglo-afgana de 1838-42) resulta evidente del hecho de que incluyó este tema en la lista provisional de artículos para The New American Cyclopaedia en su carta a Marx del 28 de mayo de 1857. El 11 de julio de 1857, sin embargo, Engels informó a Marx de que el artículo no estaría listo para el 14 de julio, según lo acordado. El trabajo en él aparentemente llevó más tiempo del previsto. Marx lo había recibido hacia el 11 de agosto y, como se desprende de la anotación en su cuaderno de esa fecha, lo envió a Nueva York. En una carta a Marx del 2 de septiembre de 1857, Charles Dana acusó recibo de «Invasion of Afghanistan».

Al trabajar en este artículo, Engels utilizó J. W. Kaye, History of the War in Afghanistan, vols. I-II, Londres, 1851 (véase este volumen, pp. 379-90).

41. Engels emplea el término «clan», difundido en Europa occidental, para designar a los heli (grupos tribales) en que se dividían las tribus afganas.

42. Sunitas (sunitas) y chiitas (chiitas): miembros de las dos principales sectas mahometanas que surgieron en el siglo VII como resultado de los conflictos entre los sucesores de Mahoma, fundador del Islam.

43. Los mogoles: invasores de ascendencia turca que llegaron a la India desde el este de Asia Central a principios del siglo XVI y en 1526 fundaron en el norte de la India el Imperio del Gran Mogol (llamado así por la dinastía reinante del Imperio). Los contemporáneos los consideraban descendientes directos de los guerreros mongoles de Gengis Kan, de ahí el nombre de «mogoles». A mediados del siglo XVII, el Imperio mogol abarcaba la mayor parte de la India y parte de Afganistán. Sin embargo, más tarde el Imperio comenzó a declinar debido a las rebeliones campesinas, la creciente resistencia del pueblo indio a los conquistadores mahometanos y las tendencias separatistas cada vez mayores. A principios del siglo XVIII, el Imperio del Gran Mogol prácticamente había dejado de existir.

44. Los marathas (marathas): grupo étnico que habitaba en el noroeste del Decán. A mediados del siglo XVII iniciaron una lucha armada contra el Imperio del Gran Mogol, contribuyendo así a su decadencia. En el curso de la lucha, los marathas formaron un Estado independiente propio, cuyos gobernantes pronto se embarcaron en guerras de conquista. A finales del siglo XVII, su Estado quedó debilitado por las luchas feudales internas, pero a principios del XVIII se formó una poderosa confederación de principados marathas bajo un gobernador supremo, el peshwa. En 1761 sufrieron una aplastante derrota a manos de los afganos en la lucha por la supremacía en la India. Debilitados por esta lucha y por las disensiones feudales internas, los principados marathas cayeron presa de la Compañía de las Indias Orientales y fueron subyugados por esta como resultado de la guerra anglo-maratha de 1803-1805.

45. Los sijs: secta religiosa que apareció en el Punyab (noroeste de la India) en el siglo XVI. Su creencia en la igualdad se convirtió en la ideología de los campesinos y de los estratos urbanos inferiores en su lucha contra el Imperio del Gran Mogol y los invasores afganos a finales del siglo XVII. Posteriormente, surgió entre los sijs una aristocracia local, y sus representantes encabezaron los principados sijs. A principios del siglo XIX, estos principados se unieron bajo Ranjit Singh, cuyo Estado sij incluía el Punyab y algunas regiones vecinas. Las autoridades británicas en la India provocaron un conflicto armado con los sijs en 1845 y en 1846 lograron convertir al Estado sij en vasallo. Los sijs se sublevaron en 1848, pero fueron subyugados en 1849.

46. El asedio de Herat por los persas duró de noviembre de 1837 a agosto de 1838. Decidido a aumentar la influencia británica en Afganistán y a debilitar la de Rusia en Persia, el Gobierno británico declaró hostiles a Gran Bretaña las acciones del Sha y exigió que levantara el asedio. Amenazándolo con la guerra, envió una escuadra al golfo Pérsico en 1838. El Sha se vio obligado a someterse y a aceptar un tratado comercial unilateral con Gran Bretaña. Marx describió el asedio de Herat en su artículo «La guerra contra Persia».

47. Durante la guerra anglo-afgana, la Compañía de las Indias Orientales recurrió a amenazas y violencia para obtener el consentimiento de los gobernantes feudales del Sind, región en el noroeste de la India (hoy en Pakistán) fronteriza con Afganistán, para el paso de las tropas británicas por su territorio. Aprovechándose de ello, los británicos exigieron en 1843 que los príncipes feudales locales se declararan vasallos de la Compañía. Tras aplastar a las tribus rebeldes baluchis (nativos del Sind), declararon la anexión de toda la región a la India británica.

48. Cipayos: tropas mercenarias del ejército anglo-indio, reclutadas entre la población india y que servían bajo oficiales británicos. Los británicos los utilizaron para subyugar la India y para librar las guerras de conquista contra Afganistán, Birmania y otros estados vecinos. Sin embargo, los cipayos compartían el descontento general del pueblo indio contra el régimen colonial y participaron en la insurrección de liberación nacional en la India en 1857-1859.

Review of J W Kaye's History of the War In Afghanistan

Engels on War |