Karl Marx

La caída de Kars

Escrito a fines de marzo y en abril de 1856.

I

["The People's Paper" núm. 205 del 5 de abril de 1856]

La caída de Kars es el punto de inflexión en la historia de la guerra fingida contra Rusia. Sin la caída de Kars no hay cinco puntos, no hay conferencias, no hay tratado de París, en una palabra, no hay paz fingida. Pues, si podemos demostrar a partir de los libros azules del propio gobierno —por muy cuidadosamente que los hayan amañado, mutilado mediante extractos, desfigurado mediante omisiones y coloreado y remendado con falsificaciones— que el gabinete de lord Palmerston planeó la caída de Kars desde el principio y la llevó a cabo sistemáticamente hasta el fin, entonces se descorre el velo y el drama de la guerra de Oriente con todos sus asombrosos episodios se desprende de las brumas en las que hasta ahora estaba envuelto diplomáticamente.

A fines de mayo de 1855, el general Williams informa a lord Redcliffe, quien a su vez informa a lord Clarendon, que

«en Gumry se ha concentrado una fuerte fuerza militar, compuesta por 28.000 hombres de infantería, 7.500 de caballería y 64 piezas de artillería, y que el muschir ha recibido noticia de la intención del enemigo de atacar Kars. En este campamento fortificado tenemos 13.900 hombres de infantería, 1.500 de caballería y 42 piezas de campaña.»

Siete días más tarde, el 3 de junio, Williams informa a Clarendon:

«Ahora tengo víveres para cuatro meses más en la guarnición de Kars, y espero confiadamente que el gobierno central y los aliados demuestren pronto a este resto de un ejército que no ha sido del todo olvidado por ellos.»

Este despacho (véanse las actas de Kars, núm. 231) fue recibido en Downing Street el 25 de junio. El gobierno británico supo, pues, ese día que Kars debía caer el 3 de octubre si no recibía ayuda, y sobre ese dato edificó sus siguientes operaciones.

El 11 de julio, lord Clarendon recibe tres despachos del general Williams, fechados el 15, 17 y 19 de junio, en los que comunica sucesivamente que ha tenido lugar una escaramuza de avanzadas, que el 16 de junio un ataque regular de los rusos contra el campamento fortificado fue rechazado valerosamente por los turcos y, por último, que el enemigo ha realizado una marcha de flanco contra el campamento fortificado y se ha establecido con fuerzas considerables (30.000 hombres) a una hora de marcha del punto más débil de la posición de los turcos. Williams concluye el último de estos despachos con las siguientes palabras:

«Desgraciadamente, no tenemos caballería irregular. ... El enemigo ya ha interrumpido en parte nuestra comunicación con Erzerum.»

Cuando la misma noticia llegó a Constantinopla, lord Redcliffe fue invitado a una conferencia en la casa del gran visir a orillas del Bósforo. Los ministros turcos propusieron enviar ayuda a Kars mediante una expedición desde Redut Kale, pasando por Kutais, hacia Georgia, que debía componerse de las siguientes fuerzas:

Contingente de Vivian

20.000

Contingente de Beatson

3.000

de la guarnición de Batum

12.000

albaneses

2.000

de Bulgaria

5.000

caballería regular egipcia

800

caballería tunecina

600

Total

43.400

La Puerta manifestó su disposición a confiar el mando de esta expedición a un comandante británico y a aceptar como tal al general Vivian. Esta propuesta estaba en manos de lord Clarendon el 11 de julio. El 2 de julio, lord Redcliffe le había comunicado telegráficamente:

«Los preparativos para una posible expedición están en marcha. Se ahorraría mucho tiempo precioso si recibiera inmediatamente noticia telegráfica de si el gobierno está dispuesto a sancionar una diversión a gran escala por Redut Kale y Kutais hacia Georgia.»

Del 25 de junio al 12 de julio, el gobierno británico, perfectamente informado del peligro que corría Kars, no movió un dedo para salvarlo; ni una sola vez se puso en marcha el telégrafo. Sin embargo, el mismo día en que se trataba de frustrar cualquier plan de los turcos para socorrer a Kars, el gobierno entra en febril actividad. El 13 de julio (véanse las actas de Kars, núm. 248), Clarendon dirige a Redcliffe un despacho del siguiente tenor:

«El gobierno de Su Majestad opina que sería más prudente enviar refuerzos a la retaguardia del ejército turco en lugar de una expedición a la retaguardia del ejército ruso. Los refuerzos podrían ir a Trebisonda y de allí ser dirigidos a Erzerum. La distancia de Trebisonda a Erzerum es menor que la de Redut Kale a Tiflis, y el camino pasa por territorio amigo y no por territorio enemigo. En Erzerum, el ejército se encontraría con amigos útiles y no con enemigos hostiles, y hallaría víveres en lugar de hambre. Si el ejército de Kars no puede mantener esta posición contra los rusos, debería retirarse a Erzerum, y toda la fuerza turca debería concentrarse allí. Si se ha de derrotar a los rusos, esto se logrará más fácilmente con toda la fuerza unida que con partes aisladas de ella; y una derrota sería tanto más decisiva cuanto más lejos tuviera lugar dentro de las fronteras turcas.»

Al día siguiente de llegar el mensaje telegráfico de lord Redcliffe, Clarendon se vuelve aún más generoso y añade también Erzerum a la lista de plazas que deben evacuarse.

(Telegráfico.)

«El conde de Clarendon a lord Stratford de Redcliffe.

Ministerio de Asuntos Exteriores, 14 de julio de 1855.

El plan de reforzar el ejército de Kars que se contiene en sus despachos del 30 de junio y del 1 de julio» (debe decir 12 de julio) «es desaprobado. Las razones en contra del empleo del contingente turco mientras no esté apto para el servicio de guerra serán transmitidas por el correo de hoy. Trebisonda debe constituir la base de operaciones, y si el ejército turco de Kars y Erzerum no puede mantener esta última plaza contra los rusos, puede retirarse a Trebisonda, donde podría ser fácilmente reforzado.»

Si Kars es la llave de Erzerum, Erzerum es la llave de Constantinopla y el punto central donde confluyen los caminos estratégicos y comerciales de Anatolia. Una vez Kars y Erzerum estén en manos de los rusos, el comercio británico por tierra hacia Persia, a través de Trebisonda, queda cortado. El gobierno británico, que conoce bien todas estas circunstancias, da a sangre fría a la Puerta el consejo de entregar las llaves de su casa en Asia, donde apenas uno de los dos puntos estaba en peligro, e invita al ejército sitiado de Kars a acudir a los refuerzos, a los que se había prohibido acudir al ejército sitiado. «Si se ha de derrotar a los rusos» —dice Su Señoría (¿para qué es eso necesario en realidad?, parece preguntar)—, piensa que una derrota sería tanto más decisiva y fácil cuanto más adentro de las fronteras turcas tuviera lugar, es decir, cuantas más plazas fortificadas y territorios se entreguen a los rusos y cuanto más cerca estén éstos de Constantinopla.

Estos despachos de lord Clarendon encuentran su digna contrapartida en el siguiente despacho de milord “Take care of Dowb” Panmure, el Carnot inglés, al teniente general Vivian:

«Lord Panmure al teniente general Vivian.

Ministerio de la Guerra, 14 de julio de 1855.

¡Señor!

Por la presente le transmito, para su información, una copia del despacho que el conde de Clarendon acaba de enviar a la legación de Su Majestad en Constantinopla, relativo al plan propuesto por la Puerta para prestar ayuda al ejército turco en Kars. Debo poner en su conocimiento que estoy completamente de acuerdo con todo lo que en dicho despacho se dice contra el carácter no irreprochable del plan propuesto por la Puerta. Tengo demasiada confianza en sus conocimientos profesionales para preocuparme de que usted pudiera embarcarse en una expedición de índole tan aventurera y confusa como la que propone la Puerta. Ciertamente es su deber, no solo como comandante del contingente, sino también como oficial británico que goza de la confianza del gobierno de Su Majestad, prestar a nuestros aliados, los turcos, toda la ayuda posible; pero, al mismo tiempo, es necesario que usted sea tan prudente como para no poner en juego el honor del nombre británico y su propia reputación, emprendiendo operaciones militares para las cuales no se ha creado todavía una base adecuada, ni se han abierto comunicaciones, ni se han procurado víveres, ni se han preparado medios de transporte. Un coup de main <golpe de mano>, con el que se arroja de repente un ejército sobre la costa para amenazar o incluso atacar una fortaleza enemiga, es algo completamente distinto de una expedición bien meditada con el objetivo de invadir un país enemigo y batir al enemigo en su propio territorio. En el primer caso, se puede arriesgar algo; en el segundo, sin embargo, la acción debe ir precedida de una preparación minuciosa. Por lo demás, creo poder deducir con certeza de todas las informaciones que me han llegado que el ejército de Batum se encuentra en un estado lamentable. Sé que el contingente apenas está organizado; sobre las tropas búlgaras no saben nada, y en cuanto a la caballería de Beatson, supongo que carece de disciplina y orden tanto como sus propias tropas. En resumen, estoy convencido de que sería una locura querer acudir en ayuda del general de brigada Williams por ese camino. Ahora es demasiado tarde para lamentar la política que ha puesto a este valiente oficial y a su ejército en situación tan apurada; pero no haría sino abrir de par en par la puerta a nuevos desaciertos si se ejecutasen los planes propuestos con el objetivo de prestarle ayuda. Usted no debe, como sin duda le resultará claro, perder tiempo en mantener sus tropas dispuestas para el servicio de guerra, que seguramente le esperará en alguna parte, tan pronto como esté preparado para ello. La organización es para un ejército tan importante como la perseverancia y la valentía, y donde falta la primera, las segundas son completamente inútiles.»

El ministro de la Guerra de lord Palmerston aparece en este despacho como el puro bufón, que no sirve para nada más que para la diversión de su señor. Amenazar la fortaleza de Sebastopol «o incluso» atacarla, una fortaleza en la que Rusia ha concentrado los trabajos defensivos de veinte años, le parece algo completamente razonable, pues sería un coup de main irreflexivo por parte de los aliados; pero una «irrupción bien meditada» por parte de la Puerta en un país enemigo, con la intención de derrotar al enemigo... ¡no, de algo así jamás ha oído hablar “Dowb”! Comparte plenamente la opinión de Clarendon de que la verdadera esencia de la estrategia consiste en fortalecer la retaguardia del propio ejército, en lugar de operar en la retaguardia del enemigo —que se las arregle con Napoleón I, Jomini y todos los demás grandes estrategas—. También coincide con su amigo en que un ejército, en tiempos de guerra, no debe marchar nunca por países enemigos, sino siempre por países amigos —«donde hallen víveres en lugar de hambre»—, la genuina filosofía de los parásitos. Pero tras la estúpida autocomplacencia del bufón vislumbramos un destello del espíritu que lo impulsa. Pues, ¿se le podría atribuir al pobre Dowb que descubriese que Georgia es un país enemigo y no amigo —Georgia, la Polonia de Rusia en el Cáucaso—?

La propuesta turca, que Drouyn de Lhuys califica de aventurera y confusa, era, en su concepción general, audaz, correcta y, podemos decirlo, la única idea estratégica que ha surgido en toda esta guerra. La propuesta equivalía a tomar una posición excéntrica frente al ejército sitiador, amenazar Tiflis, el centro del poder ruso en Asia, y obligar a Muraviov a retirarse de Kars exponiéndolo al peligro de verse cortado de su base de operaciones y de su línea de comunicación. Una expedición mingrelia de este tipo no solo prometía socorrer a Kars, sino también abrir la posibilidad de pasar a la ofensiva en todas direcciones, obteniendo así la mayor ventaja que puede conseguirse en la guerra: a saber, poner al enemigo a la defensiva. Pero, dado que el peligro era acuciante, semejante plan solo podía triunfar si se ejecutaba con la máxima energía, con fuerzas suficientes y con abundantes vituallas y medios de transporte. Teniendo a Gumrí como primera base de operaciones inmediatamente a la espalda —fortaleza directamente destinada a la defensa contra el territorio turco—, Muraviov estaba en condiciones de mantener su posición hasta que se convenciese de que un avance enemigo contra Tiflis podía realmente volverse peligroso para él. Para lograrlo, habría sido necesario desembarcar al menos 55.000 hombres en la costa circasiana, tomar Kutaisi y forzar el paso de Gumrí. Omer Pachá, que emprendió esta expedición en una fase posterior al frente de 36.000 hombres, apenas logró reunir de 18.000 a 20.000 a orillas del Rion.

No cabe duda de que 20.000 hombres en Erzerum habrían sido más útiles que 40.000 en Mingrelia. Por otra parte, no hay que olvidar que cuando la Puerta hizo su propuesta, el número de rusos en Tiflis no pasaba, según el propio Libro Azul, de 15.000 hombres, y Bebutov aún no había llegado con sus refuerzos. Además, según declaración del propio Omer Pachá, trasladar un ejército suficiente para ese objetivo desde Trebisonda, vía Erzerum, hasta Kars, con vituallas, municiones y cañones, habría requerido exactamente cuatro meses. Y, por último, si la Puerta proponía un plan acertado con medios insuficientes, lo que correspondía a sus aliados era proporcionar los medios adecuados, no proponer un plan equivocado. En ese momento, 60.000 turcos se hallaban encerrados en Crimea sin hacer nada, y eran las únicas tropas de Turquía aptas para el servicio.

«En Batum, Sujum-Kale y otros puntos cercanos de la costa —escribe lord Redcliffe con fecha del 28 de junio—, sería extraordinariamente difícil reunir más de 1.000 hombres... Las demás partes del Imperio» (exceptuada Bulgaria) «no ofrecen reservas suplementarias, a excepción de Bosnia, donde aún sería posible liberar algunos miles de hombres; hablo de tropas regulares; se podrían conseguir bashi-bazuks, pero bien sabe Vuestra Señoría cuán poco puede confiarse en semejantes hordas indisciplinadas... Si en Bulgaria, contando todas las guarniciones, hay más de 50.000 hombres, me parece dudoso. Ciertamente, Austria ha declarado su intención de considerar el paso de los rusos por el Danubio como un *casus belli* <motivo de guerra>, y también se ha comprometido a excluir a esa potencia de los Principados Danubianos. Pero la resolución que, en tal caso, permitiría a la Puerta tomar medidas sobre la base de esas garantías y prescindir de lo desventajoso que sería dejar una posición importante sin defensa suficiente, es más digna de admiración que probable de ser llevada a cabo.»

¿Qué tropas le quedaban, pues, a la Puerta, aparte del contingente anglo-turco? Y éste solo servía, como se desprende de los despachos de Clarendon y Panmure, como ardid para escamotear a la Puerta sus últimas fuerzas disponibles.

¿Tenía, entonces, el gobierno británico algún plan propio que oponer al turco? ¿Se preocupó, de alguna manera, de enviar el contingente anglo-turco a Trebisonda y de allí a Erzerum o Kars? En su despacho del 14 de julio, Clarendon se pronuncia en contra de «emplear el contingente turco mientras no esté apto para el servicio de guerra». Pero si no estaba apto para el servicio de guerra, igualmente inepto era para la expedición a Erzerum que para la de Mingrelia. El bufón de Panmure escribe, en su despacho de la misma fecha, a Vivian, comandante del contingente:

«No debéis perder un instante en tener listas vuestras tropas para el servicio de guerra, que seguramente os espera en *algún sitio* tan pronto estéis preparados.»

Le exhorta, pues, a tenerse listo, no para una acción inmediata, no para Erzerum, sino para *algún sitio*, es decir, para *ninguno*. A pesar de ello, Clarendon, todavía el 7 de septiembre (véase el documento núm. 302), considera al contingente anglo-turco demasiado poco organizado para poder ocupar el campamento en las líneas fortificadas frente a Sebastopol. Resulta, pues, claro que el gobierno británico no propone el proyecto de Erzerum para que se ejecute, sino para frustrar la expedición mingrelia de la Puerta. No se opuso únicamente a un determinado plan de auxilio a Kars, sino a cualquier plan en absoluto.

«Sería una locura querer acudir en ayuda de las tropas del general de brigada Williams... Ya es tarde para lamentar la política» (la política de Palmerston) «que puso a ese valiente oficial y a su ejército en tan apurada situación»,

dijo Panmure a Vivian.

Es demasiado tarde para hacer otra cosa que entregar Kars a Rusia y añadir todavía Erzerum, dice Clarendon a Redcliffe. Este plan no solo había sido fijado ya por el gobierno de Palmerston desde el 13 de julio; no, se hace constar incluso en el Libro Azul, y no vemos que se aparten de él ni un solo instante.

Todos los despachos de Redcliffe del mes de julio, que se citan en los números 254 a 277 de los documentos sobre Kars, nos muestran a Turquía atareada con los preparativos de la expedición mingrelia de Vivian. ¿Cómo se llegó a esto?

El 12 de julio de 1855, lord Redcliffe, como se recordará, telegrafió a lord Clarendon comunicándole que los preparativos de la expedición a Mingrelia al mando del general Vivian progresaban y que, «para ahorrar un tiempo precioso», solicitaba del gobierno instrucciones telegráficas. En consecuencia, Clarendon envía su protesta contra el plan turco por telégrafo; pero, aunque este mensaje lleva la fecha del 14 de julio, no llega a Constantinopla hasta el 30 de julio, cuando, como vemos, lord Redcliffe vuelve a escribir a Clarendon:

«El juicio desfavorable que el gobierno de Su Majestad ha emitido sobre los planes, recientemente discutidos, de socorro al ejército turco en Kars ha aumentado, naturalmente, la confusión de la Puerta. Fue mi deber comunicar este juicio a los ministros turcos, no solo como expresión de una opinión, sino, en lo concerniente al contingente del general Vivian, como un veto. El resultado inmediato es un dilema sumamente grave. El gobierno de Su Majestad no solo retiene el contingente, sino que favorece de manera muy decidida la alternativa de enviar refuerzos a Erzerum por la vía de Trebisonda. Esta opinión no es compartida aquí ni por la Puerta ni por ninguna autoridad oficial o personal. El seraskier <Mehmed Rushdi Pachá>, Omer Pachá, el general Guyon y nuestros propios oficiales coinciden con la Puerta y la embajada francesa en que una diversión contra Redut-Kale ofrecería muchas más probabilidades de éxito, naturalmente bajo el supuesto de que puedan suministrarse en cantidad suficiente los medios de transporte, vituallas y demás necesidades... Entretanto, las noticias de Kars no son nada alentadoras, y un tiempo de precioso valor se despilfarra irremediablemente en dudas e incertidumbre.»

Siendo el camino de Constantinopla a Londres ni un ápice más largo que el de Londres a Constantinopla, resulta en verdad muy curioso que el telegrama de Redcliffe, que salió de Constantinopla el 12 de julio, llegase a Londres ya el 14 de julio, mientras que el despacho de Clarendon, expedido en Londres el 14 de julio, no debía llegar a Constantinopla hasta el 30 de julio o hacia esa fecha. En su despacho del 19 de julio, Redcliffe se queja del silencio del gobierno, al que, sin embargo, había pedido que «manifestase su opinión sin demora». Por un despacho posterior, del 23 de julio, vemos que todavía entonces no había recibido respuesta. Y, en efecto, no confirma la recepción de una respuesta hasta el 30 de julio, como ya dijimos. Está, pues, fuera de toda duda que la fecha londinense del despacho de Clarendon está *falsificada* y que no se despachó hasta algunas semanas después de la fecha que se indica en el Libro Azul. Esta falsificación delata la finalidad de la demora. Había que dejar transcurrir un tiempo de precioso valor, generar dudas e incertidumbre y, sobre todo, hacer que la Puerta desperdiciase todo el mes de julio en los preparativos de la expedición de Vivian, la cual, por firme decisión del gobierno británico, no debía celebrarse jamás.

II

[«The People's Paper», núm. 206, 12 de abril de 1856]

Puesto que los escrúpulos estratégicos del gobierno inglés no le permitieron, a lo largo de tres meses, fijar su posición respecto a las grandes operaciones que la Puerta se proponía emprender, nada habría sido mejor ni más urgente que, en el ínterin, hubiese enviado, bajo su propia responsabilidad, un pequeño destacamento vía Erzerum para restablecer la comunicación entre esta ciudad y Kars. Los aliados eran dueños del mar Negro, y el gobierno británico disponía, sin restricción alguna, de los 4.000 bashi-bazuks del general Beatson, el único cuerpo combativo de la caballería irregular turca. Una vez desembarcados en Trebisonda, habrían podido alcanzar Erzerum en diez días, conducir vituallas a Kars y poner a esta fortaleza en condiciones de prolongar su resistencia por cuatro o seis semanas, es decir, hasta que la llegada del riguroso invierno armenio pusiera fin a todo movimiento ofensivo de los sitiadores. El 7 de julio, el general Beatson escribió a Redcliffe solicitando ser destinado al servicio activo de guerra.

Su petición quedó desatendida. El 14 de agosto, las propias tropas presentaron peticiones en las que rogaban que no se las tuviera por más tiempo ociosas, sino que se las enviara a Asia. No recibieron respuesta alguna. Entonces Beatson se atrevió a presentar una tercera instancia el 12 de septiembre. Y como la paciencia del gobierno británico se había agotado con las eternas molestias del inmodesto solicitante, se pusieron en escena algunas intrigas diplomático-militares que acabaron con la destitución de Beatson del servicio. Y del mismo modo que a Beatson se le apartó del servicio, toda su correspondencia con el gobierno ha sido eliminada del Libro Azul.

Ya vimos con cuánta terquedad se empeñaba el gobierno británico en una expedición a Erzerum vía Trebisonda. Cuando llegó la noticia de que los rusos se habían apostado en la ruta militar entre Erzerum y Kars y habían cortado una parte de los víveres reunidos para el ejército de Kars, se aventuró desde Trebisonda, a espaldas de la legación británica, un intento espontáneo de auxilio inmediato. En un despacho de Redcliffe del 16 de julio de 1855 se incluye un informe del vicecónsul Stevens sobre esta empresa:

«Trebisonda, 9 de julio de 1855.

Milord:...»

Tengo el honor de comunicarle que Hafis Pachá partió ayer hacia Erzerum con 300 artilleros y 20 cañones de campaña. En este momento se está reuniendo un gran número de tropas irregulares, que probablemente ascenderán a 10.000 hombres, y que hoy mismo marcharán a la misma localidad.

(firmado) Stevens.

Redcliffe exige, con la mayor sumisión protocolaria, explicaciones inmediatas sobre por qué el seraskier ha guardado silencio acerca de la concentración de 10.000 irregulares en Trapezunt y de la marcha de Hafis Pachá hacia Erzerum.

«Todo lo que he sabido de Su Excelencia sobre el particular —se queja— es que Tussum Pachá había recibido la orden de ir a Trapezunt y de allí, tal vez, a Siwas, donde debía reunir a 4.000 irregulares, para dirigirse con ellos al teatro de la guerra.»

Si se trazan líneas entre Trapezunt, Siwas y Erzerum, se observa que forman aproximadamente un triángulo isósceles, cuya base, la línea entre Erzerum y Trapezunt, es en cerca de un tercio más corta que la de los otros dos lados. Enviar los refuerzos directamente desde Trapezunt a Erzerum, en lugar de mandar a Tussum Pachá de Constantinopla a Trapezunt, de Trapezunt «tal vez» a Siwas, para malgastar allí tiempo reuniendo una fuerza irregular y luego marchar, quizás, con ella a Erzerum, era, por consiguiente, un proceder tan precipitado que el enviado británico no podía menos de censurarlo. Puesto que no se atrevía a decir al seraskier que la ayuda a una ciudad sitiada depende de una vacilación bien ponderada, le plantea la siguiente pregunta:

«¿No sería dudoso que una masa tan grande de bashi-bazouks, reunida tan repentina y tan negligentemente, pudiera resultar de utilidad a nadie más que al enemigo?»

Y como el seraskier respondió con razón que

«había solicitado con urgencia los fondos para pagarles, por ser el principal medio para mantener el orden, y que había amenazado con dimitir si no se atendía su demanda»,

lord Redcliffe se vuelve inmediatamente sordo.

Al examinar el segundo plan de operaciones que propuso la Puerta y que sus aliados frustraron, penetramos en un laberinto lleno de sendas tortuosas y sin un solo camino recto.

De un despacho del 15 de julio que el plenipotenciario británico en el campamento de Omer Pachá, el teniente coronel Simmons, dirigió a lord Clarendon, y de un memorándum adjunto de Omer, se desprenden los hechos siguientes: El 23 de junio, Omer Pachá recibió una carta del general Williams, en la que le comunicaba que las comunicaciones con Erzerum estaban interrumpidas y pedía en los términos más apremiantes que se enviaran inmediatamente refuerzos a Kars o se emprendiera una eficaz diversión contra Redut Kale. El 7 de julio, Omer Pachá dirigió un memorándum a los comandantes aliados, Simpson y Pélissier, instándoles a convocar un consejo de los generales y almirantes aliados en jefe para tomar inmediatamente una decisión.

En su memorándum propone «que él mismo se lanzaría con la parte de su ejército que se halla aquí (en Balaklava) y en Kerch —25.000 hombres de infantería y 3.000 de caballería procedentes de Eupatoria, más la artillería correspondiente— sobre algún punto de la costa circasiana, para amenazar desde allí las comunicaciones de los rusos y obligarlos a levantar el sitio de Kars».

Para apoyar esta propuesta, Omer señala que el ejército otomano en Asia, que contaba con 10.000 hombres, estaba bloqueado en el campo atrincherado de Kars por una fuerza rusa aún más numerosa y se hallaba en una situación en la que probablemente se vería forzado a capitular por falta de víveres; que la guarnición de Kars era en realidad el ejército otomano en Asia; que si la guarnición de Kars se rendía, Erzerum, ciudad muy difícil de fortificar a causa de su emplazamiento, caería en manos del enemigo, el cual se convertiría así en dueño de las comunicaciones con Persia y de una gran parte del Asia Menor; que los aliados, si aceptaban su propuesta, aprovecharían las principales ventajas que poseían, a saber, la favorable oportunidad del transporte marítimo y el único ejército turco realmente apto para el combate y dispuesto para la marcha, el suyo propio. A este

memorándum respondieron el mariscal Pélissier y el general Simpson «que, a falta de informaciones más detalladas, eran de la opinión de que una conferencia era prematura». No obstante, el 12 de julio Omer Pachá volvió a dirigirles un escrito en el que les comunica

«que, entretanto, ha recibido de su gobierno un despacho según el cual toda la Turquía asiática permanece indefensa hasta las mismas puertas de Constantinopla; y puesto que cada hora es sumamente preciosa, el gobierno le conjura a encontrar y emplear todos los medios y recursos necesarios para conjurar este peligro en que se halla el gobierno turco y, por tanto, la causa de los aliados». «En estas circunstancias —añade—, en las que tengo en Crimea 60.000 turcos, en su mayoría asiáticos cuyas familias y propiedades están expuestas a las devastaciones del enemigo, y constatando que este ejército permanece inactivo en Crimea y, por lo que alcanzo a ver, sin perspectivas de un empleo inmediato, considero un deber para con mi soberano y en interés de la causa común repetir mi anterior propuesta.»

Les invita, por tanto, nuevamente a una conferencia en el cuartel general inglés. Simultáneamente con esta nota a los generales aliados, hace llegar, por medio del teniente coronel Simmons, una carta confidencial al general Simpson y al almirante Lyons, de la que damos el siguiente extracto:

«La Puerta ha propuesto al general Vivian llevar el contingente turco a Redut Kale... Sin embargo, Omer Pachá considera un gran riesgo enviar a esa gente allí, pues aún no están familiarizados con sus oficiales, los oficiales todavía no hablan su idioma y, por tanto, no pueden mandarlos en campaña; y el contingente, aunque sería capaz de formar una guarnición, aún no está en condiciones de marchar al interior del país. Además, el contingente es demasiado débil en número para llevar a cabo la operación prevista. Asimismo, Omer Pachá opina que, gozando de la confianza de los turcos y siendo bien conocido en Asia, donde ya ha participado en varias campañas, le sería más fácil obtener la simpatía y la ayuda de los habitantes en el aprovisionamiento de víveres y en la obtención de informaciones que a unos extranjeros que no conocen la lengua ni el país.»

El 14 de julio tuvo lugar la conferencia, en la que participaron Omer Pachá, el teniente coronel Simmons, el general Simpson, Pélissier, Martimprey y los almirantes Lyons, Bruat y Stewart. Omer Pachá hizo una descripción detallada de las fuerzas rusas en Asia y de sus operaciones en los alrededores de Kars. Desarrolló minuciosamente los argumentos antes citados y subrayó con el mayor énfasis que, en su opinión,

«no había tiempo que perder, sino que debían adoptarse medidas inmediatas contra el avance ulterior de los rusos en Asia».

No obstante, según informa el teniente coronel Simmons a Clarendon, decidieron

«los generales y almirantes, que no habían recibido de sus respectivos embajadores en Constantinopla informaciones que les indujeran a creer que los asuntos en Asia estuvieran tan mal como Omer Pachá se creía obligado a presentarlos según las informaciones de su gobierno, no emitir opinión alguna sobre el particular —precisamente por carecer de tales informaciones—».

Así pues, los generales aliados se negaron a expresar su opinión sobre esta cuestión, alegando que no habían recibido informaciones de sus respectivos gobiernos. Más tarde, los gobiernos aliados declararon que no podían dar órdenes porque los generales no habían emitido su opinión. Un tanto consternado por la fría actitud de los jefes aliados, por su singular táctica de pretextar su incredulidad en los hechos como razón para no emitir una opinión sobre ellos, y por la descortesía de tachar de mentiroso a su gobierno, el único directamente interesado en el asunto, Omer Pachá, se levantó en el acto y declaró categóricamente

«que, en tales circunstancias, consideraba su deber trasladarse por unos días a Constantinopla para deliberar con su gobierno».

En efecto, dos días después, el 16 de julio, partió hacia Constantinopla llevando consigo al teniente coronel Simmons, pero también le acompañó un teniente coronel Suleau, «que viajaba con el pretexto de restablecer su salud» (véase anexo I al n.º 270 de las actas sobre Kars), aunque en realidad había sido encargado por Pélissier y Simpson de la misión de frustrar los planes de Omer Pachá. Este Suleau, perteneciente al estado mayor de Simpson, entregó a Redcliffe una carta del pobre general Simpson —el guerrero más desdichado del que jamás se haya oído hablar, según expresión del general Evans—, en la que dicho general no comunicaba al enviado que él y sus colegas no dieran crédito a las afirmaciones de Omer Pachá, «sino que abrigaban los más serios reparos contra la retirada de tropas de Crimea en aquel momento»; no que hubieran considerado oportuno ocultar su opinión a Omer Pachá, sino

«que rogaba encarecidamente a Su Excelencia que empleara su poderosa influencia cerca de la Puerta para que su punto de vista prevaleciera sobre el de Su Alteza», pues «estaban en juego grandes intereses de Estado» y «un éxito de Omer Pachá podría acarrear graves consecuencias».

¡El éxito, pues! El éxito de Omer Pachá era lo que quitaba el sueño a Pélissier, quien hasta entonces no podía vanagloriarse de otra hazaña que la vergonzosa batalla del 18 de junio. El pobre Simpson, el desdichado guerrero a quien el general Evans describe como naturalmente limitado, fue sin embargo lo bastante astuto para percibir el malestar de su colega de mando y urdir una intriga a espaldas de Omer Pachá —puede decirse que la única maniobra que ejecutó en toda la guerra de Crimea—.

En un despacho del 19 de julio, Redcliffe escribe a Clarendon:

«La noche de anteayer» (el 17 de julio) «se había enterado con sorpresa de que Omer Pachá había llegado repentinamente de Crimea y se había dirigido directamente al seraskier.»

Se ríe para sus adentros cuando el fanariota Pisani le trae el rumor de que

«la llegada del generalísimo sin autorización de su gobierno ha causado cierto descontento», y «tiene la firme impresión de que Omer serviría mejor los intereses de la alianza regresando sin demora al mando de sus tropas en Crimea».

A pesar de esta firme impresión de Redcliffe, la estancia de Omer Pachá en Constantinopla se prolongó desde el 17 de julio hasta principios de septiembre. Más adelante veremos qué causó esta pérdida de tiempo.

El 23 de julio, Redcliffe informa a Clarendon de que

«Omer Pachá ha propuesto a la Puerta que él mismo, partiendo de Redut Kale, invada Georgia y envuelva Kutais».

Esta propuesta, se decía, había sido debatida en una conferencia celebrada en casa del gran visir la noche anterior (22 de julio), y el resultado de dichas deliberaciones habría sido el siguiente:

Las tropas que, bajo el mando de Omer, fueron empleadas en la manera antedicha, debían tomarse de Eupatoria hasta 20.000 hombres y de Bulgaria hasta 5.000, y la brecha en Eupatoria debía ser cubierta por el contingente nuevamente completado. En caso de que el plan antedicho suscite reparos, modificarlo en el sentido de tomar sólo 10.000 hombres de Crimea y 15.000 de Bulgaria, incluidos aquellos que debían formar parte del contingente.

Ahora bien, este despacho, que, según se dice, Clarendon recibió el 1 de agosto y cuya llegada tomó inmediatamente como motivo para despachar al embajador británico en París, Lord Cowley, está falsificado de modo manifiesto y a sabiendas en el pasaje decisivo; esto es, en aquel pasaje donde se dice que la Puerta ha propuesto la retirada de 20.000 hombres de Eupatoria, que serían puestos bajo el mando de Omer Pachá y reemplazados en Eupatoria por el contingente turco. Es justamente este pasaje al que Clarendon se refiere en su despacho a Lord Cowley, manifestando que «el Gobierno de Su Majestad se muestra favorablemente inclinado a ello» y «espera que también el Gobierno Imperial se declare de acuerdo».

En este pasaje se introduce Eupatoria en lugar de Balaklava. Del despacho del teniente coronel Simmons del 15 de julio, que Clarendon recibió el 30 de julio, se ha visto que Omer Pachá, en su memorándum a los generales aliados y en el consejo de guerra, insistió en llevarse aquella parte de su ejército que se hallaba aquí (en Balaklava), la que había traído de Eupatoria y que declaró ser la única idónea para la campaña asiática. ¿Cambió Omer Pachá de opinión tras su llegada a Constantinopla? Todo lo contrario se desprende de un despacho del 2 de agosto, en el que Simmons comunica:

«Su Alteza Omer Pachá me comunica que, con el fin de completar el contingente, cedería gustoso toda tropa turca bajo su mando, excepto la división que se halla actualmente en el campamento delante de Sebastopol; ésta se compone de sus mejores tropas, y desea naturalmente tenerlas consigo cuando realice el movimiento proyectado hacia Asia.»

¿Se pretenderá afirmar que la Puerta, en la conferencia de la noche del 22 de julio, llegó a una resolución que contradecía la propuesta de Omer? En el mismo despacho del 23 de julio en que Redcliffe informa sobre esta resolución de la Puerta, dice a Clarendon que

«Omer Pachá ha sido recibido muy graciosamente por el Sultán y muy ricamente obsequiado», y añade: «No necesito mencionar que está en los mejores términos con los ministros de Su Majestad y especialmente con el Seraskier Pachá.»

Por tanto, no puede hablarse de divergencia alguna entre la Puerta y su general en jefe. Ambos quedan, pues, igualmente consternados cuando reciben desde Londres la exigencia de poner las tropas de Eupatoria bajo el mando de Omer y de retirarle las tropas de Sebastopol y de Kerch. ¿Qué propósito perseguía, por consiguiente, el Gobierno británico al falsificar el pasaje antes mencionado? Ocultar al público que, mientras se hacía pasar ante el Gobierno francés como protector del plan de Omer, había transformado la propia propuesta de Turquía, mediante una mera tergiversación de palabras, en una directamente hostil a ésta. Con ello se daba un nuevo objeto de disputa. Las cosas se enredaban cada vez más y se ofrecía la ocasión de perder el tiempo durante agosto y septiembre con órdenes y contraórdenes. Este doble juego del Gobierno británico se manifiesta incluso en la confección del Libro Azul. Para confundir al lector, la nota de Clarendon a Cowley figura en la página 248, y a continuación, de las páginas 248 a 252, extractos del despacho de Redcliffe del 19 de julio, la carta de Simpson a Redcliffe del 16 de julio, las cartas y memorandos de Omer Pachá, y sólo en último lugar aparece el despacho de Redcliffe del 23 de julio, del que se pretende que la instrucción de Clarendon a Cowley es su secuela.

Ahora debemos detenernos un momento en el Ministerio de Asuntos Exteriores en Downing Street y observar al conde de Clarendon, cómo allí se afana solícito en hacer de primer dependiente del gran Palmerston. Dos días después del envío de su despacho a Redcliffe del 16 de julio, envía a Redcliffe otro despacho que concluye con las siguientes palabras:

«El Gobierno de Su Majestad sigue recomendando que todas las fuerzas que se envíen en auxilio del ejército de Kars marchen hacia Trebisonda. Si Omer Pachá, quien, según tenemos entendido, está a punto de dirigirse a Constantinopla, decidiera llevarse consigo a Redut Kale alguna parte de su propio ejército con tunecinos y albaneses, el Gobierno de Su Majestad nada tendría que objetar a este proceder.»

Mientras el despacho de Redcliffe, fechado en Constantinopla el 23 de julio, llegó a Londres el 1 de agosto en exactamente nueve días, el despacho de Clarendon, fechado el 16 de julio, tarda más de medio mes en llegar a Constantinopla. El 30 de julio todavía no había llegado; ese día Redcliffe escribe:

«Si el Gobierno de Su Majestad insiste en que los refuerzos se envíen vía Trebisonda, se pondrá a la Puerta en el dilema más difícil.»

Por tanto, Redcliffe no estaba aún en posesión del despacho de Clarendon en el que éste declaraba que el Gobierno de Su Majestad no tenía nada que objetar a la expedición a Redut Kale, si Omer Pachá la emprendía él mismo. Es un rasgo característico de la cronología de este extraño drama diplomático-militar que todos los despachos que provocan una demora lleguen con la mayor celeridad, mientras que todos los que aconsejan celeridad se retrasan de modo inexplicable. Pero hay todavía otro punto en el último despacho citado de Clarendon que nos hace cavilar igualmente. Mientras Lord Redcliffe escribe desde Constantinopla el 19 de julio que está sumamente asombrado por la noticia de la repentina llegada de Omer Pachá a Constantinopla, Clarendon informa desde Londres a Lord Redcliffe el 16 de julio, es decir, el mismo día en que Omer Pachá abandona Crimea, que «tiene noticia de que Omer está a punto de dirigirse a Constantinopla». Omer Pachá mismo, como sabemos, tomó esta decisión sólo el 14 de julio, después de que se suspendiera el consejo de guerra. Sin embargo, en el período del 14 al 16 de julio no partió ningún buque de Sebastopol a Constantinopla, de modo que Omer se vio obligado a pedir al almirante Lyons que pusiera a su disposición el buque de Su Majestad «Valorous». ¿Debemos acaso creer que, mientras los despachos del Ministerio de Asuntos Exteriores tardan diecisiete días en llegar a Constantinopla, los despachos que recibe de Crimea informan ya sobre acontecimientos antes de que hayan ocurrido? No es así. Había un cable submarino de Sebastopol a Varna y el telégrafo de Varna a Londres, de manera que Clarendon pudo tener noticia directa el mismo día en que el consejo de guerra celebró su sesión. Pero, ¿dónde está ese despacho fechado en Sebastopol? Ciertamente no está en el Libro Azul. Ha sido sencillamente suprimido. ¿Y por qué? La misma línea telegráfica por la que Clarendon recibió noticia de la proyectada partida de Omer Pachá debió informarle también de la resistencia que Omer Pachá encontró en Pélissier, es decir, en el Gobierno francés. De ahí surgiría naturalmente la pregunta de por qué Clarendon esperó tranquilamente del 16 de julio al 1 de agosto para comunicar el asunto al Gobierno francés y entablar negociaciones con él sobre el punto del que dependía toda la campaña. Para prevenir esta pregunta, se hizo desaparecer la noticia telegráfica. Pero si Clarendon suprimió el despacho procedente de Crimea, ¿por qué publicó entonces el suyo propio desde Londres, fechado el 16 de julio? Como no se ha podido descubrir ningún rastro de que llegara jamás a Constantinopla, su omisión en el Libro Azul no habría dejado una laguna sensible. Con ello se perseguía un doble propósito. Por una parte, se trataba de poner bajo la luz más viva la disposición del Gobierno inglés para acudir en ayuda de Kars, frente a las dificultades que creaba Bonaparte, y de echar todo el odio de la dilación sobre sus hombros. Por otra parte, la fe de Clarendon en el despacho falso del 23 de julio debía probarse mediante su disposición a ceder a Omer Pachá cualquier parte de su ejército, antes de conocer la resolución de la Puerta de cargarle con el ejército de Eupatoria. Una vez que Clarendon conoció esta resolución, se obstinó en ella, a pesar de todas las protestas de Omer Pachá y de la Puerta. Todo el proceder de Clarendon, su aliento a la Puerta para que se ocupara durante todo julio de la expedición de Vivian, su retraso de las negociaciones con Bonaparte hasta agosto, su introducción subrepticia de una propuesta falsificada de la Puerta en el despacho a París, precisamente esa propuesta que, si Bonaparte la hubiera aceptado, habría sido ciertamente una fuente de nuevas complicaciones en esta comedia de errores; todos estos pasos servían al mismo fin: matar el tiempo.

III

[«The People’s Paper» Núm. 207, 19 de abril de 1856]

El 2 de agosto de 1855, Lord Cowley telegrafió desde París que «el conde Walewski prevé objeciones contra la propuesta» que Clarendon había hecho en nombre de la Puerta. Con ello se le ofrece al astuto conde la oportunidad de desarrollar su celo patriótico en un despacho fechado el 3 de agosto, llamando enérgicamente la atención del Gobierno francés sobre las monstruosas consecuencias que probablemente se producirían si Kars y Erzerum cayeran en manos de Rusia. Al día siguiente, 4 de agosto, recibe de París el siguiente despacho:

«Lord Cowley al conde de Clarendon.

París, 4 de agosto de 1855.

El Gobierno francés no se opondrá a la proyectada expedición de Omer Pachá al Asia Menor, siempre que no se reduzca el número del contingente turco ante Sebastopol.»

A pesar de esta forma condicional, esto significa la aceptación incondicional de la propuesta hecha por Clarendon el 1 de agosto en nombre de la Puerta, según la cual las tropas estacionadas en Eupatoria debían ser entregadas a Omer Pachá y reemplazadas allí por el contingente del general Vivian. Ese mismo día, Clarendon despachó a Redcliffe:

«4 de agosto. Omer Pachá puede acudir en ayuda de Kars, a condición de que no reduzca sus tropas turcas ante Sebastopol y deje intacta la guarnición de Yenikale.»

El Gobierno francés sólo había protestado contra la reducción de las tropas turcas ante Sebastopol. El Gobierno inglés añade un nuevo obstáculo al confiscar las tropas turcas de Yenikale. El 8 de agosto, Clarendon recibió una carta del general Williams, fechada en Kars el 14 de julio, en la que informa que el general

Muraviov había llevado a cabo reconocimientos cerca de la fortaleza los días 11 y 12 de julio y

«apareció el 13 de julio con todo su ejército en las alturas meridionales que dominan Kars, que constituyen la clave de nuestra defensa y desde cuya cima fue tomada Kars en 1828».

La carta concluye con estas palabras:

«Acabo de oír que el general ruso espera refuerzos de Bayazid vía Gumry, y que aquellas tropas que hace poco fueron expulsadas de las guarniciones de la costa circasiana se hallan también en marcha hacia el interior de Georgia y pueden tomar parte en las futuras operaciones en el Asia Menor.» (Núm. 276).

El afán de Clarendon por reducir las fuerzas turcas recibe un nuevo impulso cuando oye hablar de los refuerzos rusos. Se sienta acto seguido para completar su *Index militum prohibitorum* <Lista de las tropas que han de ser embargadas>:

«Telegrama de Lord Clarendon a Lord Redcliffe.

Ministerio de Asuntos Exteriores, 9 de agosto de 1855.

El contingente del general Vivian marcha sin demora a Eupatoria. Las tropas turcas allí acantonadas, de 10.000 a 12.000 hombres, marchan con Omer Pachá a Redut Kale. Las tropas turcas en Balaklava y Kerch no han de reducirse en número. La fuerza turca que ha de dirigirse con Omer Pachá a Redut Kale será puesta en su número completo a partir de tropas de Bulgaria y de otras partes, pero no de Crimea.»

Vemos aquí cómo Clarendon amplía últimamente el ámbito de sus prohibiciones. Como recuerda que el teniente coronel Simmons informó el 15 de julio que Omer Pachá se proponía llevarse «aquella parte de su ejército que se encuentra aquí» (en Balaklava) «y en Kerch —25.000 hombres de infantería, 3.000 de caballería de Eupatoria y artillería—», prohíbe ahora a la Puerta tocar la guarnición de Kerch y extiende la objeción de Bonaparte contra la retirada de tropas turcas de Sebastopol a toda Crimea, con excepción de Eupatoria; y aun en este punto la cifra de tropas se encoge a 10.000 o 12.000 hombres en lugar de los 20.000 que mencionó en su despacho del 1 de agosto al Gobierno francés. Con un humor payasesco deja a la Puerta que busque tropas «en otras partes». Tras haber cargado la bomba, puede ahora esperar tranquilamente a que estalle en Constantinopla.

En el despacho de Clarendon a Redcliffe del 16 de julio nos chocó el siguiente pasaje:

«Si Omer Pachá, quien según nuestras noticias está a punto de trasladarse a Constantinopla, se decidiera a llevarse consigo alguna parte de su propio ejército a Redut Kale, el Gobierno inglés no tendría nada que observar a este proceder.»

De una carta de Fuad Efendi a Redcliffe del 31 de julio, de la respuesta de Redcliffe del 4 de agosto y de la carta de Redcliffe del 8 de agosto (véase núm. 282 y anexo) se desprende ahora que el despacho de Clarendon, fechado el 16 de julio, aún no había llegado a Constantinopla el 8 de agosto. Fuad Pachá constata en su carta que las medidas ya adoptadas (en relación con la expedición mingrelia) han sido suspendidas, «porque aún no ha llegado la respuesta oficial y categórica esperada» (de Londres), y defiende el plan turco de una expedición mingrelia frente al «contenido esencial de los despachos ingleses», según el cual «los refuerzos deben ser enviados a Erzurum por la vía de Trebisonda». En su respuesta del 4 de agosto, dice Redcliffe que

«cuando recientemente se le pidió que expresara las opiniones de su Gobierno, cumplió con ese deber solo con la penosa conciencia de las dificultades en que se encuentra la Puerta», dificultades que, según él, no harían sino aumentar con las opiniones «que está llamado a expresar», y añade:

«Aunque el Gobierno de Su Majestad ha declarado que prefiere decididamente una operación más directa por Trebisonda y Erzurum, con toda probabilidad limitaría sus objeciones a una diversión hacia el lado circasiano si las fuerzas empleadas estuvieran sólidamente unidas y fueran de fiar.»

En su despacho del 8 de agosto a Clarendon, se queja de que el Gobierno

«sigue poniendo el acento principal en Trebisonda, como el único punto real al que se puede prestar ayuda … Las autoridades militares se deciden resueltamente por ella» (por la expedición mingrelia) … «A pesar de los muchos argumentos que se me opusieron, vigorosamente apoyados, en favor del único camino viable para prestar auxilio, comuniqué a la Puerta sin reserva alguna las opiniones contrarias de mi Gobierno.»

La respuesta de Clarendon a este último despacho de Redcliffe (20 de agosto) ha de considerarse bajo un doble punto de vista: en relación con la afirmación de Redcliffe de que, en su opinión, el Gobierno inglés se opuso a la expedición mingrelia hasta el 8 de agosto, y en relación con el plan que Clarendon, el 1 de agosto, envió a París como plan propio de la Puerta. En cuanto al primer punto, Clarendon declara (véase núm. 283):

«Mis diversos mensajes telegráficos y mi despacho del 4 del corriente, que usted habrá recibido desde el envío de su despacho, le habrán mostrado que el Gobierno de Su Majestad, de común acuerdo con el Gobierno Imperial de Francia, consintió en que Omer Pachá fuera a Asia para efectuar una diversión en auxilio de Kars; en este caso, el Gobierno de Su Majestad no insiste por más tiempo en el punto de vista inicial, según el cual el auxilio debe efectuarse por Trebisonda.»

Con excepción del despacho del 14 de julio, en el que Clarendon protestó contra la expedición mingrelia y exhortó a los turcos a replegarse de Erzurum y Kars, y del despacho del 9 de agosto, que Redcliffe, por razones naturales, no podía haber recibido aún el día 8, Clarendon, según el informe del *Libro Azul*, no había enviado despacho alguno. Es, por tanto, una falsificación palpable cuando habla de sus «diversos mensajes telegráficos», en los que habría retirado la objeción del Gobierno británico contra la expedición mingrelia. ¿Por qué no se remite a su despacho del 16 de julio? Porque este solo figura en el *Libro Azul*, fue escrito únicamente para el *Libro Azul* y jamás salió del Ministerio de Asuntos Exteriores en Downing Street. Redcliffe, como si presintiera la trampa que se le tendía, escribió el 13 de agosto a Clarendon (núm. 286):

«Acabo de enterarme del contenido del despacho de Vuestra Señoría del 9 del corriente. Causará la mayor satisfacción al Ministerio turco, así como a Omer Pachá, el que el Gobierno inglés sancione el experimento de una diversión hacia Redut Kale. La redacción del mensaje anterior, que parecía favorecer exclusivamente un avance hacia Kars desde Trebisonda, había provocado una decepción inequívoca.»

Redcliffe nada sabe de los «diversos mensajes telegráficos» de Clarendon. Sabe únicamente que el anterior mensaje se manifestaba «exclusivamente» en favor de una expedición por Trebisonda. Con ello se refiere al mensaje del 13 de julio, apoyado aún por el telegrama del 14 de julio. De la existencia del mensaje del 16 de julio no sabe nada en absoluto. Insistimos en este punto por una razón muy sencilla. Una ojeada a las actas sobre Kars mostrará sobradamente a cualquiera cómo el Gobierno británico se esforzó constantemente por frustrar los planes de la Puerta. Y las falsificaciones, invenciones y mentiras que hemos puesto al descubierto prueban que el Gobierno británico era muy consciente de estar jugando un doble juego y revelan que existía un plan previamente acordado que no se atreve a confesar abiertamente.

Examinemos ahora el despacho de Clarendon del 20 de agosto desde otro punto de vista.

«Omer Pachá», dice, «tendrá, como comandante de las tropas del Sultán, las manos libres para disponer sus movimientos del modo que resulte más ventajoso para la causa común, y la única restricción que los dos Gobiernos imponen a su proceder es la condición de que el movimiento en Asia no conduzca a disminución alguna de las fuerzas turcas empleadas en Sebastopol y Yeni-Kale, en tanto que el contingente turco bajo el mando del general Vivian pueda ser habilitado para ocupar el lugar de aquellas tropas turcas que Omer Pachá se lleve consigo de Eupatoria.»

Según el despacho de Clarendon a París del 1 de agosto, la Puerta había propuesto poner las tropas de Eupatoria bajo el mando de Omer Pachá, pero sin tocar al ejército turco ante Sebastopol. ¿Cómo puede presentar la simple aceptación de la propia propuesta de la Puerta como si se impusiera a Omer Pachá «una restricción en su proceder»? Pero, por otra parte, ¿qué otra cosa podía hacer si el propio despacho de Redcliffe al que contesta le recuerda que el Pachá cuenta con «17.000 hombres de Balaklava», 3.000 de Kerch, etc.? Así, lo que en su despacho a París figura como propuesta propia de la Puerta se prescribe ahora a la Puerta como consejo de sus aliados occidentales.

Hasta el 13 de agosto —justo un mes después de que Omer Pachá hubiera propuesto a los generales aliados su expedición mingrelia—, la Puerta estuvo bajo la penosa impresión de que el Gobierno británico se oponía a ella, y todos sus preparativos para auxiliar a Kars quedaron, en consecuencia, formalmente paralizados. El 13 de agosto se ve por fin liberada de esta pesadilla y tiene la satisfacción de enterarse de que sus aliados occidentales han dado su asentimiento a la resolución que ella adoptó el 22 de julio. Por fin iba a tener la libertad de emplear sus fuerzas contra Muraviov en vez de contra Clarendon. El 15 de agosto se convoca el Consejo del Imperio Otomano para deliberar sobre los medios más eficaces de acudir en ayuda de Kars. El resultado de esas deliberaciones es tan asombroso como inesperado.

«Omer Pachá», dice Redcliffe en su despacho del 16 de agosto (núm. 294) a Clarendon, «se opone de la manera más resuelta al proyecto, transmitido telegráficamente desde Londres, de estacionar el contingente en Eupatoria y no se siente capaz de asumir la responsabilidad como comandante de la expedición si no se permite a las tropas turcas ante Sebastopol formar parte de ella.»

Vemos, pues, cómo el plan de Eupatoria, que supuestamente fue comunicado a Londres el 23 de julio, resulta ser ahora transmitido desde Londres a Constantinopla el 9 de agosto.

El 16 de agosto, el teniente coronel Simmons envió igualmente un mensaje a Clarendon (núm. 297):

«Debo informar a Vuestra Señoría que el *seraskier*, tras haber sido notificado por Lord Stratford de Redcliffe de que el Gobierno de Su Majestad había ordenado el envío del contingente turco a Eupatoria, comunicó esta noticia a Su Alteza Omer Pachá; este, convencido de que esta acción no pondrá a la Puerta en condiciones de reunir las fuerzas necesarias para emprender una operación en Asia destinada a salvar al ejército de Kars, ha redactado un informe para el *seraskier* … Omer Pachá, aunque insiste en llevarse consigo sus tropas de Sebastopol, cederá una parte de ellas, así como las tropas turcas de Kerch, al contingente anglo‑turco, en la medida necesaria para ponerlo en su fuerza completa … La propuesta del Pachá me parece la única que ofrece esperanzas de salvar al ejército de Kars, suponiendo la condición que, según sabe Su Alteza, ha sido impuesta por los Gobiernos inglés y francés, a saber, que no debe producirse ninguna reducción efectiva de las fuerzas en Crimea, condición por la cual la primera propuesta de Omer Pachá a los generales, sobre la que informé el 15 de julio, no puede ejecutarse. El Pachá duda de que la expedición llegue todavía a tiempo para salvar a la guarnición de Kars; pero, en caso contrario, al menos impedirá en todo caso que el enemigo se afiance en la gobernación de Erzurum y disponga allí medidas para un nuevo avance hacia el interior en la campaña futura.»

El memorando de Omer Pachá al Seraskier, al que se alude en este despacho del teniente coronel Simmons, acompaña a la carta de Redcliffe a Clarendon del 16 de agosto. De él extractamos las siguientes consideraciones formuladas por Omer Pachá:

«Las tropas que se encuentran ahora en Eupatoria están compuestas de material humano diverso, de tunecinos y egipcios, y carecen de medios de transporte terrestre… No son capaces de salir a campaña ni de maniobrar… Si los egipcios tuvieran que marchar a Asia —pues resultará necesario permanecer en campaña durante el invierno—, al estar acostumbrados a un clima cálido no podrían ejecutar las maniobras necesarias, y al estar el ejército compuesto de material humano diverso, habría pocas perspectivas de éxito. Si este proyecto se lleva a cabo, se destruirá la unidad tanto del ejército otomano como del inglés, y no debe olvidarse que una gran parte de la capacidad combativa, si no la existencia entera de un ejército, depende de su homogeneidad… El Pachá observa que todo comandante debería, al dirigir la guerra, considerar de antemano las circunstancias más difíciles en las que pudiera verse envuelto por los acontecimientos bélicos y, en la medida de lo posible, precaver el infortunio. Plantea el caso de que el ejército de Kars fuera aniquilado ya antes de su llegada a Asia y los rusos hubieran avanzado más allá de esa plaza, y declara que en tal caso, con un ejército amalgamado con material humano diverso, en el que no podría depositar la más plena confianza, se hallaría en dificultades semejantes a aquellas en las que hoy se encuentra el ejército asiático.

Todo general al que se confía una operación debe estar de acuerdo con esa operación y con el modo de ejecutarla, de manera que se le pueda hacer responsable de su desarrollo. El contingente anglo‑turco, una vez completado hasta su plena fuerza con los destacamentos que se incorporarían desde Bulgaria y Kerch, igualaría aproximadamente en número a las divisiones que se hallan bajo su mando. En cuanto a las cifras de los ejércitos aliados, no sería necesario reducirlas si solo se quisiera acoger su opinión. Si, por el contrario, se ejecutase el plan de Londres, se quebrantarían con ello las disposiciones permanentes que el Seraskier ha adoptado para el abastecimiento de la guarnición de Eupatoria, surgirían inevitables demoras y habría que organizar instituciones completamente nuevas.»

Según la opinión de Omer Pachá, las consecuencias naturales del plan remitido desde Londres, si se realizara, serían la aniquilación del último ejército turco operativo, la pérdida de la unidad tanto en el ejército inglés como en el otomano, el sacrificio inútil de egipcios y tunecinos, el quebrantamiento de las disposiciones permanentes para el abastecimiento de las tropas turcas en Eupatoria, la creación de una demora inevitable, la ruina de su propia reputación militar y el peligro de que el ejército mingreliano sufriera la misma suerte que la guarnición de Kars. Al comunicar esta enérgica protesta a Clarendon, Redcliffe no deja traslucir en lo más mínimo que él mismo fue el conducto por el que se indujo a la Puerta a transmitir a Clarendon ese mismo proyecto.

Así pues, tenemos la nueva e irrefutable prueba de que la propuesta de la Puerta, tal como se presenta en el despacho del 23 de julio, es una falsificación londinense, y de que Clarendon, al presentarla a la aceptación del gobierno francés en su despacho del 1 de agosto, era plenamente consciente de estar cometiendo un fraude abominable.

El plan de Clarendon se cumplió enteramente a su gusto. La Puerta, informada por fin de que el gobierno inglés aprueba en general la expedición turca, se entera al mismo tiempo de que se opone a todos los detalles de su ejecución. Después de haber tenido que luchar durante un mes contra el proyecto de Erzerum de Clarendon, tiene ahora que malgastar el mes de agosto, aún mucho más valioso, defendiéndose contra su proyecto de Eupatoria.

A un despacho de Redcliffe a Clarendon del 20 de agosto se adjunta un segundo memorando de Omer Pachá, similar en contenido al primero, pero que contiene la siguiente adición (véase núm. 296):

«Todo general que intentara ejecutar una operación semejante contra todas las reglas militares sacrificaría su reputación militar y pondría además en peligro la alianza común. No tengo la intención de hacer ninguna de las dos cosas.

Aun cuando aceptara el mando, ello no reportaría beneficio alguno a la causa perseguida.»

Describe a las tropas de Eupatoria «como soldados indisciplinados, heterogéneos e inexpertos».

El 20 de agosto (véase núm. 298, Simmons a Clarendon) Omer Pachá informa a Simmons sobre el estado de las cosas en Kars según la descripción de un ayudante del Seraskier que abandonó Kars el 5 de agosto y llegó a Constantinopla el 9 de agosto.

«En el momento de su partida, los depósitos dentro de la ciudad de Kars solo contenían provisiones para cuatro, a lo sumo cinco semanas, y la guarnición también estaba insuficientemente provista de municiones. Ello no era, sin embargo, de gran importancia, pues el general Muraviov ha anunciado a su ejército, que con los refuerzos recibidos cuenta con unos 50.000 hombres, que quiere sitiar por hambre a Kars y tomar la ciudad sin disparar un solo tiro… Los rusos han obligado a los habitantes a retirar todo lo que parecía víveres en un radio de ocho horas (28 millas) alrededor de Kars… La guarnición de Erzerum consta de 6.000 hombres de tropas regulares y 12.000 de irregulares; pero de estos últimos muchos desertan o se dispersan.» Simmons dice: «De las declaraciones de Omer Pachá se desprende que la Puerta está profundamente afectada por la triste situación de las cosas en Asia y que la perspectiva casi segura de tener que perder, a finales de este mes o a principios de septiembre, la guarnición de Kars —16.000 hombres y cerca de 200 cañones, entre ellos 70 cañones de campaña—, la empuja directamente a la desesperación… Está muy afligida y decepcionada de que se haya perdido tanto tiempo y de que los gabinetes en París y Londres, así como las autoridades militares en Crimea, no hayan atribuido al asunto la grave importancia que a la Puerta le parece tener, sino que se hayan opuesto a las propuestas que hasta ahora se han formulado con la intención de mejorar su situación y prevenir la desgracia.»

El 21 de agosto, en una sesión del Consejo de la Puerta (núm. 299, Simmons a Clarendon el 23 de agosto),

«se llega a la resolución de proceder con la mayor energía y con todos los medios de que dispone la Puerta para ejecutar el plan propuesto por Omer Pachá… Se acordó una nota que se dirigiría a los enviados de Francia e Inglaterra para ponerlos en conocimiento de la decisión de la Puerta e instarles a obtener el auxilio de las flotas de sus gobiernos

para transportar las tropas otomanas con su artillería, su bagaje y sus medios de transporte terrestre a la costa asiática… Habiendo hecho todo lo que estaba en su poder para llevar a cabo una campaña que llevase socorro al ejército de Kars y recuperase su posición en Asia, se siente» (la Puerta) «libre de la responsabilidad por toda desgracia que pudiera derivarse de la no ejecución de los planes propuestos a tal fin. El gobierno turco envía ahora, para poner la operación en movimiento, sus barcos a Sozópolis, a fin de iniciar el embarque de las tropas, etc. No obstante, al parecer había abrigado algunas dudas sobre si debía emprender este paso decisivo, ya que el contingente anglo‑turco había recibido orden de Londres de marchar a Eupatoria.»

Así, ya casi está a punto de acabar agosto, y la Puerta se ve todavía trabada en sus movimientos por el plan de Eupatoria de Clarendon. Su inquietud crece cuanto más desesperadas suenan las noticias de Kars; finalmente arranca de Redcliffe —que entretanto había hecho una escapada a Sebastopol— el siguiente despacho telegráfico (núm. 290):

«Lord Redcliffe a Earl Clarendon.

Frente a Sebastopol, 26 de agosto.

Ruego se me informe de inmediato y de manera definitiva si Omer Pachá puede retirar tropas turcas, total o parcialmente, de Balaklava, en el supuesto de que sean reemplazadas por otras en igual número, y si, en ese caso, el contingente del general Vivian tiene las manos libres para ocupar su posición frente a Sebastopol, en lugar de ir a Eupatoria. Se espera a Omer Pachá de un día para otro. Subordina su expedición a que se le otorgue la facultad de actuar tal como arriba se ha expuesto. Ha presentado razones aceptables para ello. Si podemos proporcionar transportes, las tropas, según parece, podrían desembarcar en Redut Kale aproximadamente en un mes. Los rusos que amenazaban Erzerum se han replegado hacia la carretera de Kars; del ejército turco apostado allí se informa que a principios de agosto todavía poseía provisiones para casi dos meses.»

IV

[“The People’s Paper”, núm. 208, 26 de abril de 1856]

Clarendon ha conseguido ahora, mediante su proyecto de Eupatoria, entorpecer toda acción de la Puerta durante todo el mes de agosto. El despacho de Redcliffe confirmaba la afirmación del general Williams de que «las provisiones en Kars apenas alcanzarán hasta principios de septiembre». Con qué extraordinaria abnegación la guarnición turca en Kars logró

prolongar su existencia más allá de ese plazo señalado por Williams, lo muestra el memorando que a continuación transcribimos (anexo al núm. 315):

«Kars, 1 de septiembre de 1855.

Estiramos nuestras provisiones todo lo posible; los soldados están a media ración de pan y carne o de arroz con mantequilla. A veces, 100 dracmas de bizcocho en lugar de pan, nada más. Sin dinero. La población musulmana, 3.000 tiradores, morirá pronto de hambre. Los armenios tienen orden de abandonar la ciudad mañana. No hay cebada, apenas forraje. La caballería no es más que esqueletos ambulantes; serán retirados de la guarnición, y los caballos de artillería pronto también. ¿Cómo se moverán entonces los cañones de su sitio? … ¿Qué se hace para salvar a este ejército? Firmado, Williams.»

Después de que Clarendon se hubo asegurado de que las provisiones en Kars no podían durar más allá de principios de octubre, y después de que Redcliffe, por otra parte, le había asegurado que, incluso con la ayuda de los medios de transporte de los aliados, las tropas de Omer Pachá no llegarían a Redut Kale antes de los primeros días de octubre, ya no considera peligroso por más tiempo presionar al gobierno francés para que aceptara el proyecto turco. Además, estaba informado de que, exactamente en el momento en que se dirigía a ese gobierno, el asalto a Sebastopol era inminente, y que, por lo tanto, Pélissier tenía buenas razones para no permitir cambio alguno en la composición de las tropas frente a Sebastopol. Para ocultar ese conocimiento, el despacho de Redcliffe se reproduce en la forma mutilada de un extracto. El despacho de Clarendon a Lord Cowley reza así:

«Ministerio de Asuntos Exteriores, 28 de agosto de 1855.

El gobierno de Su Majestad confía en que el gobierno imperial prestará su asentimiento a la respuesta que aquí sigue al despacho del vizconde Stratford de Redcliffe, fechado en Balaklava el 26 de agosto. En ese caso, Vuestra Excelencia deberá transmitirla de inmediato a través de lord Panmure al general Simpson, quien, si se encuentra aún en Balaklava, dará instrucciones al vizconde de Redcliffe: «Omer Pachá tendrá manos libres para llevar de Balaklava a Asia los efectivos de sus tropas que le parezcan convenientes. Serán reemplazadas por fuerzas iguales del contingente del general Vivian o por tropas de Eupatoria, según decidan los generales aliados, y se darán las instrucciones correspondientes para su transporte, de acuerdo con los almirantes.»

(Firmado) Clarendon.

Aun en este despacho, Clarendon no puede abstenerse de jugar una mala pasada a la Puerta. Aunque le consta, por los diversos memorandos de Omer Pachá, que la sustitución de sus tropas ante Sebastopol por tropas de Eupatoria perjudicaría en alto grado todo su proyecto, propone al gobierno francés, con toda naturalidad, reemplazar las tropas que están ante Sebastopol por el contingente de Vivian o por tropas de Eupatoria. La respuesta de París fue la siguiente:

«Por telégrafo. De lord Cowley al conde de Clarendon.

París, 29 de agosto de 1855.

El Emperador no tiene nada que objetar a la retirada de las tropas turcas de Balaklava ni a su sustitución por otras, siempre y cuando los comandantes en jefe aliados no pongan objeciones; pero no quiere asumir la responsabilidad de decir nada más en las presentes circunstancias. Envío el despacho telegráfico al general Simpson y, tras la palabra “Asia”, añado: “siempre que usted y el general Pélissier no pongan objeciones”.»

La sincera preocupación de lord Clarendon por acelerar, en este último momento, la expedición a Mingrelia resplandece con irresistible claridad en su despacho del 7 de septiembre, que envió al teniente coronel Simmons por el correo ordinario, de modo que no le llegó hasta el 23 de septiembre. El 5 de septiembre había recibido el siguiente despacho del teniente coronel Simmons (núm. 301):

«Debo comunicar a Vuestra Señoría que Omer Pachá me ha declarado que no puede abandonar Constantinopla antes de cinco o seis días, por estar ocupado en los preparativos necesarios para la expedición a Asia y ser su presencia aquí indispensable para concluirlos.» A raíz de las disposiciones aceptadas por la Puerta, «Omer Pachá confiaba en embarcar hacia Asia 50.000 hombres y 3.400 caballos, con ayuda exclusiva de la flota turca, en dos viajes, de suerte que la operación llevaría de tres a cuatro semanas, o de diez a catorce días cada travesía… Omer Pachá desea vivamente que los aliados le ayuden a transportar las tropas y el material que están ante Sebastopol y los caballos de tiro de Sazopolis, y cree que podrían hacerlo de la manera más adecuada concediendo a la flota inglesa permiso para llevar a Asia las tropas que están ante Sebastopol, después de haber llevado previamente a Balaklava el contingente que ha de reemplazarlas.»

A este despacho responde Clarendon en los siguientes términos:

«Del conde de Clarendon al teniente coronel Simmons.

Ministerio de Relaciones Exteriores, 7 de septiembre de 1855.

El informe sobre las disposiciones propuestas por Omer Pachá a la Puerta para socorrer al ejército de Asia, que contiene el despacho de usted del 26 del mes pasado, es incompatible con declaraciones posteriores que ha recibido el gobierno de Su Majestad. En dicho despacho comunica usted que Omer Pachá cuenta con llevar consigo una parte de las tropas turcas que se encuentran ante Sebastopol y reemplazarlas por el contingente del general Vivian. De un despacho del general Simpson, de fecha posterior, se desprende, sin embargo, que Omer Pachá habría manifestado que el contingente del general Vivian no estaría en condiciones de ocupar una posición ante Sebastopol antes de la primavera próxima. A raíz de esta manifestación, y en virtud de la protesta del general Simpson contra el envío del contingente a sus órdenes —protesta basada en dicha manifestación—, el gobierno de Su Majestad ha decidido que el contingente no salga para unirse al ejército que está ante Sebastopol.

Clarendon.»

Hacemos notar que el despacho de Simpson, ese guerrero miserable, ha sido omitido en el Libro Azul; que la “manifestación” de Omer Pachá es una falsificación, y que la “fecha posterior” en la que Omer Pachá habría emitido su nueva opinión, que contradecía la del 26 de agosto, resulta ser, casualmente, de principios de julio, como se desprenderá del siguiente extracto de un despacho del teniente coronel Simmons, fechado en el campamento de Kamara el 23 de septiembre de 1855:

«Me permito informar a Vuestra Señoría sobre este punto, en el sentido de que Omer Pachá expresó esa opinión a principios de julio en una carta al general Simpson…, y lo hizo antes de haber comprendido la crítica situación del ejército en Asia. Manifestó entonces que, en su opinión, el general Simpson no podía pensar en emplear el contingente en campo abierto (en rase campagne) frente al enemigo… En diversas ocasiones, lord Raglan había preguntado si yo consideraba posible mantener la línea de Balaklava con el contingente, y cuando consulté a Omer Pachá su opinión al respecto, me dijo que no veía objeción alguna si Su Señoría lo creía absolutamente necesario.»

Al desenterrar una manifestación de Omer Pachá hecha antes de que la expedición mingrelia estuviera siquiera en discusión, al falsificar esa manifestación y fundar luego sobre esa falsificación una protesta, Simpson —en su “estupidez” congénita— no hacía más que obedecer las secretas instrucciones que recibía de Londres. El pobre Simpson es una invención de Palmerston, uno de sus golems. Los golems son, como nos enseña el poeta alemán Arnim, terrones de barro con forma humana a los que caprichosos hechiceros insuflan vida artificial. Aun suponiendo que Simpson hubiera escrito exactamente lo que el despacho de Clarendon representa —la supresión de su despacho en el Libro Azul convierte este punto en dudoso—, Clarendon no pudo abrigar ni por un momento duda sobre el momento ni el contenido de la manifestación de Omer Pachá. Ya el 15 de julio, Simmons le había hecho saber que, en opinión de Omer Pachá, “el contingente, aunque podría formar una guarnición, no se halla todavía en condiciones de marchar hacia el interior del país”; y en un despacho posterior había dicho que “en Balaklava y Kerch las tropas del contingente estarían dentro de líneas fortificadas”, y por tanto “no en campo abierto”.

La historia de la expedición mingrelia de Omer Pachá no se recoge en el Libro Azul, pero se filtra lo suficiente para dar una idea de los obstáculos que le opusieron los gobiernos aliados, incluso en el momento, ya excesivamente tardío, en que de mala gana otorgaron su consentimiento y ya había caído la parte sur de Sebastopol.

Simmons escribe a Clarendon desde el campamento de Kamara el 21 de septiembre de 1855.

«El 18 de este mes, el general Pélissier consintió la partida de tres batallones de cazadores turcos de aquí a Asia. Serán embarcados en uno o dos días hacia Batum. Hasta este momento, el general Pélissier no ha dado aún su consentimiento para la marcha de nuevas tropas otomanas acantonadas aquí hacia Asia.»

«A mis averiguaciones ante la Puerta —dice Redcliffe el 26 de septiembre—, se me asegura que el traslado de las tropas y el transporte de los suministros avanzan, aunque con lentitud, porque sólo se han ordenado medios de transporte en escala limitada para ese fin. Es imposible sustraerse al convencimiento de que los múltiples cambios del plan de guerra, las exigencias de nuestras operaciones en Sebastopol y la enorme presión sobre el servicio de transportes concurren a disminuir la esperanza de salvar Kars.»

Ahora bien, los múltiples cambios del plan de guerra eran obra del ministerio británico; las exigencias derivadas de las operaciones en Sebastopol eran un mero pretexto, pues, tras la toma de la ciudad, los aliados se limitaron a custodiar sus ruinas; y la falta de medios de transporte suficientes se debía, en última instancia, a las órdenes impartidas desde Downing Street, que dispusieron los absurdos traslados del contingente de Varna a Yenikale, Kerch, Eupatoria y de vuelta al Bósforo.

La negrura de estos presagios se vio iluminada por un instante con el fulgor meteórico de la victoria que los turcos alcanzaron el 29 de septiembre ante Kars sobre las filas enemigas, que atacaban en oleadas. En su despacho de esa misma fecha, el general Williams califica ese día de «glorioso para las armas turcas». En su despacho del 3 de octubre (núm. 342) dice a Clarendon:

«Tanto la infantería como la artillería turcas combatieron con extremada osadía durante el combate, que duró casi siete horas, y si se recuerda que hubieron de trabajar en sus atrincheramientos durante un período de casi cuatro meses y montar guardia por la noche; si se considera que estaban mal vestidas, sometidas a media ración y que no habían recibido paga alguna durante veintinueve meses, creo que Vuestra Señoría admitirá que se han mostrado dignas de la admiración de Europa y que, sin duda, han ganado el derecho a ser contadas entre sus tropas más distinguidas.»

Al recibir esta fausta noticia, la Puerta dirigió una alocución a los defensores de Kars (núm. 345), en la que se dice:

«Estábamos convencidos de la intrepidez y del celo que animaban a Vuestra Excelencia, así como de la infinita misericordia de Dios, y encontrábamos consuelo en ese pensamiento. Por otra parte, trabajábamos día y noche para imaginar medios que obligasen al enemigo a levantar el sitio. La gozosa nueva de esta victoria nos ha llenado de nueva vida.»

¡Y qué plenitud de nueva vida no habrá de despertar en el pecho de Clarendon! Él, que trabajaba día y noche imaginando medios para frustrar los que la Puerta concebía, ¿no esparcirá, al menos en apariencia, las flores baratas de su retórica solidaridad? De ningún modo. Antes bien, defraudado en sus cálculos, desahoga su irritación contra la Puerta en un despacho breve e insolentemente irónico (núm. 346):

«… La desatendida guarnición de Kars tendrá al menos la satisfacción de saber que sus padecimientos… perturbaron la quietud de los ministros turcos, los cuales, faltos de todos los medios ordinarios para prestar auxilio, no cesaron nunca de rogar por su bienestar y por su éxito.»

Clarendon, antaño el taciturno amigo de Aberdeen, aparece aquí como el estridente portavoz de Palmerston.

Desde el rechazo de los rusos ante Kars el 29 de septiembre hasta el día de su capitulación, el 24 de noviembre, transcurrieron, por tanto, casi dos meses más. ¿Cómo aprovechó el gobierno británico ese tiempo? En primer lugar, escatimando a Omer Pachá los medios de transporte necesarios. El 2 de octubre, el señor Oliphant, corresponsal del *Times*, escribe desde el campamento de Omer Pachá:

«El aspecto del ejército turco se vuelve cada vez más imponente. Una vez que lleguen los 10.000 soldados turcos de Balaklava que al fin, y de mala gana, los generales aliados consintieron en enviar, ascenderá a 50.000 hombres. La principal causa del retraso es la morosidad…»

«causado por nuestra autoridad en Crimea, que ni proporciona medios de transporte para el traslado de las tropas hasta aquí, ni parece preocuparse en lo más mínimo de si llegan o no. Es ciertamente una situación harto desgraciada que la única preocupación seria que Omer Pachá ha experimentado en esta expedición deba atribuirse a la misma fuente de la que ya han brotado tantas desgracias.»

Pero no basta con esto. Ya en julio, Lord Palmerston había declarado en los debates parlamentarios sobre el empréstito turco que la Puerta se hallaba en un lastimoso aprieto monetario y que todas sus operaciones ulteriores dependían de que recibiese dinero de inmediato. El Parlamento aprobó el empréstito, y el gobierno británico lo emitió en agosto de 1855; pero de un documento presentado al Parlamento se desprende que la Puerta, de los cinco millones de libras esterlinas que se le habían concedido, apenas había recibido dos el 29 de enero de 1856, y que incluso esa suma le había sido remitida en pequeñas partidas de 100.000 libras esterlinas.

Todavía el 24 de noviembre de 1855 declaraba la Puerta (n.º 353, anexo 4):

«Por último, Su Excelencia (el Seraskier) se volvió hacia mí y dijo que yo sabía tan bien como él los constantes esfuerzos que se hacían por su parte para socorrer a la guarnición de Kars. Omer Pachá había sido detenido por razones sobre las que, desgraciadamente, no tenía poder alguno. El asunto estaba en manos de los aliados. Siempre se había tenido claro que ninguna medida que estuviera a su alcance tomar podría alcanzar el fin perseguido si había de llevarse a cabo sin el ejército retenido en Crimea… Con gran énfasis, prosiguió Su Excelencia explicándome que, debido a la demora del empréstito, los turcos se veían absolutamente impedidos de hacer lo necesario para la continuación de la campaña. Un millón de kilogramos de trigo que habían comprado para el consumo del ejército no les era entregado, por no poder pagarlo… Había escrito al Gran Visir que, si el dinero procedente de aquella fuente (el empréstito) no aparecía en el plazo de una semana, a contar a partir de hoy, dimitiría de su cargo.» (Carta del general Mansfield a Lord de Redcliffe.)

Es una coincidencia bastante curiosa que precisamente el día en que Kars capituló, el Seraskier expusiera con insistencia al comisionado del ejército británico las verdaderas causas de esta desgracia: la demora de la expedición de Omer Pachá, porque los aliados retenían a la Puerta sus propias tropas, y luego la paralización de todas las operaciones en octubre y noviembre, porque el gobierno británico retenía a la Puerta su propio dinero.

Cuando en Kars, el 24 de noviembre, se decidió la capitulación,

«diariamente morían de hambre cientos de soldados. No eran más que esqueletos, incapaces de luchar o huir. Las mujeres llevaban a sus hijos a la casa del general para que recibieran alimento y los dejaban allí, y las calles de la ciudad estaban cubiertas de muertos y moribundos.» (N.º 366)

Durante todo el tiempo en que Clarendon cruza sistemáticamente los planes de la Puerta, paraliza sus fuerzas y le retiene su propio dinero, lo vemos importunar a la Puerta, atada de pies y manos, con sus consejos para que actúe con energía, e insultarla por su indolencia. La historia universal no ofrece acaso paralelo de una ridiculez más cruel que la que se da entre el gobierno británico, que convierte a Inglaterra en el hazmerreír de Europa con sus aventuras en Crimea, en el Báltico, en el océano Pacífico, y con las recompensas dilapidadas en los instrumentos de esos desaciertos —y ese mismo gobierno, que amonesta a la Puerta en los tonos más severos de un catonismo antiguo por los graves errores de sus funcionarios militares y administrativos. El gobierno del sadleirismo, que se indigna moralmente por la corrupción de los pachás; los protectores de un Codrington y de un Elliot, que insisten en el castigo de un Selim Pachá y de un Tahir Pachá; los improvisatori <urdidores, agentes ocultos> de un Simpson, que fruncen el ceño amenazadoramente ante los promotores de un Omer Pachá; «Take Care of Dowb» Panmure, que alecciona al Seraskier; Downing Street con sus doctores Smith, sus Filders, sus Aireys y sus Gordons, que, incluso durante las sesiones del comité de Sebastopol, censuran a un pachá de Trebisonda porque una partida de estopas incendiarias y baquetas no fue empaquetada en fardos y cubierta con esteras — ¡tal es el fiel retrato de la guerra de Oriente! Y a la cabeza de todos, el valiente Clarendon con sus conmovedoras quejas sobre la apatía de la Puerta. — Uno piensa en un Tersites oficial, que amonesta a las danaides porque no llenan su tonel agujereado.