["Neue Oder-Zeitung" Nr. 67 vom 9. Februar 1855]

Londres, 6 de febrero. Dos crisis absorben en estos momentos la opinión pública: la crisis del ejército de Crimea y la crisis ministerial. La primera ocupa al pueblo; la segunda, a los clubs y a los salones. Las últimas cartas de Crimea, pintadas en gris sobre gris, reducen la fuerza de combate inglesa de 14.000 a 12.000 hombres y ponen en perspectiva el pronto levantamiento del asedio de Sebastopol. Entretanto, la intriga de salón se ventila en la Cámara de los Comunes. Lord [John] Russell y el señor Gladstone llenan una sesión entera, una vez más, con amplias disquisiciones sobre, a favor y en contra de la salida del gran Russell de un gabinete que ya no existe. Ninguna de las partes aduce hechos nuevos, pero los viejos son objeto de alegatos. Lord John es su propio abogado; Gladstone, el abogado del duque de Newcastle. Las profundas investigaciones sobre la aptitud de este último para el cargo de ministro de la Guerra reciben un nuevo lustre del hecho de que ya no existe ejército alguno que necesite ser administrado. Sin embargo, incluso esta Cámara de los Comunes dio rienda suelta a su indignación con los conocidos gruñidos tradicionales cuando Gladstone, al final de su bien hilvanado discurso, dejó caer las palabras: «Deseo que todo el malentendido» (entre Russell y Newcastle) «pueda ser deshecho».

Así pues, no el voto de censura de la Cámara, ni mucho menos la destrucción de un ejército inglés, sino nada más que un «malentendido» entre un viejo lord y un joven duque: a eso se reduce la crisis ministerial. Crimea no es más que un pretexto para la intriga de salón. El malentendido entre el ministerio y los Comunes ni siquiera merece el honor de ser mencionado. Esto fue demasiado incluso para esos Comunes. Russell fracasó, Gladstone fracasó, la sesión entera fracasó.

A ambas Cámaras se les anunció que se había encargado a Lord Palmerston la formación de un ministerio. Sin embargo, ha tropezado con obstáculos inesperados. Lord Grey se negó a asumir la dirección de una guerra que desaprobó desde el principio y que sigue desaprobando. Una suerte para el ejército, cuya disciplina habría quebrantado con la misma seguridad con que en su día quebrantó la disciplina de las colonias. Pero también Gladstone, Sidney Herbert y Graham se mostraron renuentes. Exigían la restauración íntegra de los peelitas. Estos estadistas son conscientes de formar una camarilla muy pequeña que controla alrededor de 32 votos en la Cámara de los Comunes. Sólo manteniendo unidos sus «grandes» talentos puede esperar la pequeña camarilla conservar su independencia. Una parte de los peelitas dirigentes dentro y otra fuera del gabinete equivaldría a la desaparición de este sólido club de estadistas. Palmerston, entre tanto, hace lo indecible por imponerse al Parlamento, donde no tiene partido alguno, del mismo modo que se ha impuesto a la reina. Aún no ha formado su gabinete, y ya amenaza en el «Morning Post» con apelar de la legislatura al pueblo. Amenaza con disolver la Cámara si ésta se atreviese a «no tributarle la estima de que goza fuera del Palacio de Westminster, en el pueblo». Este «pueblo» se limita a los periódicos que le pertenecen en parte o por entero. Allí donde el pueblo se ha dejado oír últimamente, por ejemplo en el mitin de Newcastle-upon-Tyne – de donde se han dirigido peticiones al Parlamento para poner al ministerio en estado de acusación –, Palmerston fue denunciado con la mayor vehemencia como el director secreto de la difunta coalición.

Algunos detalles más, para completar la necrología del «gabinete de todos los talentos». El 30 de noviembre de 1853 tuvo lugar el suceso de Sinope; el 3 de diciembre se supo en Constantinopla; el 12 de diciembre los representantes de la Puerta presentaron una nota que exigía a Rusia mayores concesiones que la famosa nota de Viena. El 14 de diciembre el ministerio inglés telegrafía a Viena que Sinope no debía interrumpir las conferencias de paz de Viena. Lord Palmerston asistió al consejo de gabinete en el que se adoptó esta resolución. La aprobó, pero al día siguiente salió del gabinete con el pretexto de que el proyecto de reforma que Russell se proponía presentar contradecía su opinión conservadora. El verdadero propósito era lavarse las manos ante el público respecto al suceso de Sinope. En cuanto este propósito se cumplió, volvió a entrar sin más en el gabinete.

A principios de febrero de 1854 se vuelve a abrir el Parlamento. Supuestamente se le presentan los documentos diplomáticos sobre las complicaciones orientales. Faltan los papeles más importantes. El Parlamento los recibe del emperador Nicolás, en lugar de sus propios ministros, vía San Petersburgo. La «Correspondencia secreta y confidencial» allí publicada demuestra al asombrado Parlamento, de manera clara como el sol, que durante toda su sesión anterior, tanto en 1853 como en 1854, fue engañado intencionadamente por sus ministros acerca de la política exterior. Esto obliga a los ministros, el 27 de marzo, a la declaración de guerra. El 6 de febrero Palmerston había anunciado que presentaría un proyecto de ley para convocar a las milicias en Escocia e Irlanda. Pero tan pronto como se declara la guerra, aplaza su proyecto y no lo presenta hasta finales de junio. El 13 de febrero Russell presenta su proyecto de reforma, aplaza la segunda lectura hasta finales de abril, lo retira en marzo con patético sollozo y es recompensado por sus colegas por este sacrificio, recibiendo – hasta entonces sin cartera y sin sueldo – una sinecura ministerial con sueldo, la presidencia del Consejo Privado, como ministro extraordinario, por así decirlo. El 6 de marzo el gran financiero Gladstone presenta su presupuesto. Se limita a duplicar el impuesto sobre la renta por seis meses. Pide «sólo la suma suficiente para traer de vuelta a los 25.000 hombres que están a punto de abandonar Inglaterra».

De esta preocupación le ha aliviado ahora su colega Newcastle. Ya el 8 de mayo se ve obligado a presentar un segundo presupuesto. El 12 de abril se declara contra todo empréstito estatal; el 21 de abril solicita a la Cámara que sancione un préstamo de 6 millones para cubrir los costes de su desdichado experimento de conversión de la deuda pública. El 7 de abril Lord Grey pronuncia su discurso sobre las deficiencias de la administración de guerra inglesa. El 2 de junio el ministerio utiliza su caso de reforma – como utilizó la reforma de la India, como utilizó la reforma [en relación con] el cólera – para crear un nuevo puesto. El ministerio de la Guerra es separado del ministerio de Colonias. Todo lo demás sigue igual. Las realizaciones legislativas del ministerio en esta sesión se resumen así: Presenta 7 importantes proyectos de ley. Fracasa con 3 de ellos: los proyectos de ley sobre el derecho de establecimiento, sobre educación para Escocia y sobre la modificación de las fórmulas del juramento parlamentario. Retira 3: los proyectos de ley para la prevención del soborno electoral, para la completa reorganización del servicio civil y la reforma parlamentaria. Un proyecto de ley es aprobado, el de la reforma de la Universidad de Oxford, pero tan empedrado de enmiendas que su forma original resulta irreconocible. Las grandes hazañas diplomáticas y militares están en la memoria fresca. Ese fue el «gabinete de todos los talentos».