["Neue Oder-Zeitung" Nr. 265 del 11 de junio de 1855]

Londres, 8 de junio. La llegada de tres divisiones francesas de reserva a las dos divisiones sardas hizo imposible a los aliados encastillarse por más tiempo en los estrechos límites del Quersoneso Heracleótico. El 25 de mayo, poco después de asumir el mando el general Pélissier, enviaron, por tanto, de 20.000 a 25.000 hombres hacia el Chórnaya, ocuparon la línea de este río y expulsaron a los puestos avanzados rusos de sus posiciones en las alturas que dominan la orilla derecha del río. Se recordará que hace más de un mes señalamos <Véase el presente tomo, pág. 215/216> que esta línea de defensa más avanzada de los rusos no era su verdadero campo de batalla y que, por tanto, en lugar de mantener este terreno y aceptar batalla en esa línea, probablemente la abandonarían al primer ataque serio, para concentrar todas sus fuerzas en la fuerte línea entre Inkerman y la cadena de colinas al este de dicha plaza. Esto es lo que ha sucedido ahora. Con este avance, los aliados han casi duplicado la extensión del área ocupada por ellos y se han abierto una puerta hacia el rico valle de Baidar, lo que puede resultar muy útil en el futuro. Sin embargo, hasta ahora la ventaja obtenida no ha sido perseguida con rapidez y energía. Tras el primer movimiento, sobrevino inmediatamente un nuevo estancamiento. La falta de medios de transporte puede haber obligado a ello. La desunión entre los jefes militares aliados se aduce como una causa. El bombardeo de Sebastopol reanudado el 6 de junio, el bombardeo núm. 3, suscita la sospecha de que se pretende, después de un episodio, volver a la vieja rutina. Sin embargo, es posible que el bombardeo se combine con operaciones de campaña. En todo caso, se ha tomado por fin una medida necesaria (cfr. núm. 241 de la N. O.-Z. <Véase el presente tomo, pág. 242>): el transporte de unos 20.000 turcos bajo el mando personal de Omer Pasha desde Eupatoria al Quersoneso. El ejército aliado se ha engrosado así hasta alcanzar los 200.000 hombres completos. Con tal fuerza de combate pueden emprenderse con seguridad las operaciones activas, en cuanto la organización de los suministros y los medios de transporte permita entrar en campaña. Pero aquí parece haber grandes dificultades que superar.

La segunda cuestión que hay que mencionar en la historia del ejército principal es el combate entre la bahía de la Cuarentena y el bastión Central (núm. 5 de los rusos). Fue encarnizado y sangriento. Los rusos, como vemos ahora por el informe del general Pélissier, retenían todo el terreno desde la punta de la bahía de la Cuarentena hasta el cementerio, y desde allí hasta el bastión Central, mediante obras destacadas y trincheras de fusilería, a pesar de que el propio plano oficial del Almirantazgo británico de las obras de asedio fantasea con que hay obras de fortificación francesas sobre todo este importante espacio. Tan pronto como los bastiones de Flagstaff y Central estuvieron seriamente amenazados y las obras exteriores que los protegían fueron tomadas por los franceses, los rusos convirtieron esta extensa franja en una sola gran obra. En unas pocas noches, se unieron largas líneas entre sí, se levantaron parapetos que encerraban todo el terreno, formando así una espaciosa *place d'armes*, es decir, una plaza protegida donde las tropas podían concentrarse con seguridad para actuar sobre los flancos de cualquier ataque francés, o bien para realizar fuertes salidas por los flancos de las obras francesas avanzadas. Pélissier, para no dar tiempo a los rusos a ejecutar su plan, decidió caer sobre ellos de inmediato, mientras sus trabajos de atrincheramiento no estuviesen aún terminados. En la tarde del 22 de mayo se realizó un ataque en dos columnas. La columna izquierda se estableció en las trincheras rusas en la punta de la bahía de la Cuarentena y consolidó allí una posición, mientras que la columna derecha se apoderó también de las trincheras avanzadas, pero tuvo que retirarse de nuevo al amanecer ante el violento fuego enemigo. A la tarde siguiente se repitió el intento con columnas más fuertes y éxito completo. Toda la obra fue tomada y vuelta contra los rusos, desplazando los cestones de los atrincheramientos de un lado de la trinchera al lado opuesto. En esta acción, parece que los franceses volvieron a combatir con la conocida *furia francese* <ímpetu guerrero de los franceses>, aunque hay que reconocer que el modo en que Pélissier describe las dificultades que había que superar no está exento de cierto matiz de charlatanería.

La expedición al mar de Azov ha sido coronada, como se sabe, por el éxito más completo. Una flotilla, compuesta en su mayor parte por los buques ligeros de guerra a vapor de ambas flotas, tripulada por 15.000 soldados británicos, franceses y turcos, tomó posesión, sin hallar resistencia, de Kerch, Yenikale y del estrecho que conduce al mar de Azov. Penetrando en ese mar interior, los buques de vapor aparecieron ante Berdiansk, Genichesk y Arabat, y destruyeron u obligaron a los rusos a destruir grandes depósitos de cereales y municiones, un cierto número de buques de vapor y cerca de 200 barcos de transporte. Consiguieron interceptar cerca de Kerch las cartas de Gortschakof al comandante de esa plaza. El comandante en jefe ruso se queja de la falta de provisiones en Sebastopol y urge el envío rápido de nuevos suministros. Ahora se evidencia que el mar de Azov fue, durante toda esta campaña, el canal principal por el que los rusos en Crimea recibían sus provisiones, y que 500 barcos de vela se empleaban en su transporte. Puesto que los aliados solo han encontrado y destruido hasta ahora 200 barcos de vela, los 300 restantes deben encontrarse más arriba, cerca de Taganrog o de Azov. En consecuencia, se ha enviado tras ellos una escuadra de vapores. El éxito de los aliados es tanto más importante cuanto que obliga a los rusos a enviar todas las provisiones por tierra, con lentitud e inseguridad, a través de Perekop o por el interior del Mar Podrido, y a establecer sus depósitos principales cerca de Cherson o de Berislav, sobre el Dniéper, en posiciones mucho más expuestas que las de la punta del mar de Azov. El éxito casi sin resistencia de esta expedición constituye el mayor reproche a la conducción de la guerra por los aliados. Si semejantes resultados se pueden alcanzar ahora en 4 días, ¿por qué no se envió la expedición en septiembre u octubre del año pasado, en un momento en que semejantes interrupciones de la línea de comunicaciones rusa podían haber provocado la retirada de su ejército de Crimea y la rendición de Sebastopol?

Las tropas de tierra que acompañan a esta expedición están destinadas a proteger a los vapores en caso de necesidad, a guarnecer las posiciones tomadas y a actuar contra las comunicaciones rusas. Su grueso parece destinado a operar en campaña como un simple cuerpo volante, realizando salidas siempre que haya ocasión de asestar un golpe rápido, retirándose a sus atrincheramientos, bajo la protección de los cañones de los buques, e incluso reembarcándose en el peor de los casos, si se vieran amenazadas por una fuerza enemiga muy superior. Si éste es su objetivo, pueden prestar importantes servicios, y 15.000 hombres no son demasiados para tal cometido. Si, por el contrario, están destinadas a actuar como cuerpo independiente con base de operaciones propia, a emprender un movimiento serio de flanco contra los rusos y a tratar de amenazar seriamente el interior de Crimea, entonces 15.000 hombres, debilitados por los destacamentos, son demasiado pocos para una operación semejante y corren gran peligro de ser aislados, rodeados por fuerzas superiores y aniquilados. Por el momento, solo sabemos que han desembarcado cerca de Kerch y están ocupados en ponerla en estado de defensa por el lado de tierra. Después de que los rusos han evacuado voluntariamente Sudzhuk Kale, Anapa sigue siendo la única fortaleza en sus manos en la costa circasiana. Es por naturaleza una posición muy fuerte y ahora, además, está bien fortificada. Dudamos que los aliados emprendan en este momento un ataque contra ella. Si lo hicieran, cometerían un gran error, a menos que estuvieran seguros de un éxito rápido. Dispersarían tropas que necesitan de la máxima concentración, y malgastarían fuerzas en nuevos objetos de ataque antes de tener asegurados los antiguos.