Londres, 15 de agosto. Bratiano dirigió recientemente una carta al "Daily News", en la que describe los padecimientos de los habitantes de los principados del Danubio bajo la presión del ejército de ocupación austriaco, alude a la actitud ambigua de los cónsules franceses e ingleses, y plantea luego la cuestión:

«¿Actúa Austria en el papel de un aliado o siquiera de un neutral, cuando mantiene un ejército de 80.000 hombres en los principados, mediante el cual, como está probado en despachos oficiales, impide la entrada de los turcos en Besarabia y la formación de un ejército rumano que habría tomado parte activa en la guerra, mientras que retira 200.000 hombres de Galitzia y capacita así a Rusia para enviar un número igual a Crimea?»

La posición ambigua de Austria comenzó desde el momento en que, sin ser neutral ni aliada, se erigió en mediadora. Que Inglaterra la empujó en parte a este papel, parece probarlo el siguiente extracto de un despacho dirigido al gabinete de Viena por Lord Clarendon, fechado el 14 de junio de 1853:

«Si el ejército ruso traspasara los principados y otras provincias de Turquía fueran invadidas, probablemente se produciría un levantamiento general de la población cristiana, no en favor de Rusia, ni en apoyo del sultán, sino por su propia independencia; es superfluo añadir que semejante revuelta se extendería pronto a las provincias austriacas del Danubio; pero corresponde al gobierno austriaco juzgar el efecto que tales acontecimientos podrían provocar en Hungría e Italia, y el estímulo así dado a los agitadores europeos, a los que Austria tiene motivos para temer, y que precisamente ahora parecen creer cercano el momento para la realización de sus planes. Son estas consideraciones las que hacen desear al gobierno de Su Majestad unirse con Austria para un fin tan esencial para los mejores intereses de la sociedad, y descubrir con ella algún método por el cual las justas reclamaciones de Rusia puedan conciliarse con los derechos soberanos del sultán.»

Otra cuestión relativa a la política austriaca queda al final de la sesión parlamentaria tan sin respuesta como al comienzo de la misma. ¿Qué posición adoptó Austria respecto a la expedición a Crimea? El 23 de julio de este año, Disraeli preguntó a Lord John Russell con qué autoridad había declarado que «una de las causas principales de la expedición a Crimea fue la negativa de Austria a cruzar el Pruth».

Lord John Russell no pudo recordar —es decir, dijo que «su autoridad era un recuerdo impreciso, un recuerdo en general». Disraeli dirigió entonces la misma pregunta a Palmerston, quien

«no quería responder a semejantes preguntas, arrancadas fragmentariamente de una larga serie de negociaciones entre el gobierno de Su Majestad y el gobierno de uno de los soberanos que es, hasta cierto grado, un aliado de Su Majestad».

Palmerston, con esta respuesta aparentemente evasiva, no hizo sino confirmar indirectamente la afirmación de Russell, pretextando delicadeza hacia el «aliado hasta cierto grado». Trasladémonos ahora de la Cámara de los Comunes a la Cámara de los Lores. El 26 de junio de este año, Lord Lyndhurst pronunció su filípica contra Austria:

«A comienzos de junio» (1854) «Austria se habría decidido a exigir a Rusia la evacuación de los principados. La exigencia se habría producido en términos muy enérgicos, que implicaban una especie de amenaza de recurrir a la fuerza armada si no se satisfacía la demanda.»

Tras algunas observaciones históricas, Lyndhurst prosigue:

«Ahora bien, ¿emprendió Austria inmediatamente algún ataque contra Rusia? ¿Intentó penetrar en los principados? Lejos de ello. Se abstuvo de toda acción durante varias semanas, y sólo después de que el sitio de Silistria fuera levantado y el ejército ruso estuviera en retirada, después de que la propia Rusia hubiera declarado que evacuaría los principados en un plazo determinado y se retiraría detrás del Pruth —sólo entonces volvió Austria a acordarse de su obligación.»

En respuesta a este discurso, Lord Clarendon declaró:

«Cuando Austria asumió sus obligaciones sucesivas frente a Inglaterra y Francia y emprendió sus extensos y costosos preparativos de guerra, cuando propuso además con urgencia que comisarios militares de Francia e Inglaterra fueran enviados al cuartel general del general Heß, sin duda tenía la intención y la expectativa de la guerra. Pero esperaba igualmente que, mucho antes de que llegara la estación para el comienzo de las operaciones bélicas, el ejército aliado habría obtenido victorias decisivas en Crimea, que estaría libre y capacitado para emprender otras operaciones en unión con sus propias fuerzas armadas. Desgraciadamente, ése no fue el caso, y si Austria, por invitación nuestra, hubiera declarado la guerra, con toda probabilidad habría tenido que llevarla sola.»

Aún más extraña es la posterior declaración de Ellenborough en la Cámara de los Lores, que hasta este momento no ha sido impugnada por ningún ministro.

«Antes de que zarpara la expedición de guerra, Austria propuso deliberar con las potencias aliadas sobre futuras operaciones bélicas. Los aliados, sin embargo, actuando según opiniones preconcebidas, despacharon la expedición, y entonces Austria declaró de inmediato que, aisladamente, no podía atacar a los rusos y que la expedición a Crimea la obligaba a adoptar otro modo de proceder. En un período posterior, justo al comienzo de la conferencia de Viena, cuando era de la mayor importancia que Austria actuara con nosotros —en ese momento, estando todavía ocupados exclusivamente con el éxito de nuevas operaciones en Crimea, retirasteis de la vecindad inmediata de Austria 50.000 buenas tropas turcas y la privasteis así del único auxilio con el que podía contar en caso de una expedición bélica contra Rusia. Es, pues, claro, mis lores, como se desprende también de las recientes declaraciones del conde Clarendon, que fue vuestra malaconsejada expedición a Crimea la que paralizó la política de Austria y la empujó a su actual y difícil posición. Antes de que la expedición zarpara hacia Crimea, yo advertí al gobierno. Le advertí por el efecto que esta expedición debía producir en la política de Austria.»

Henos aquí, pues, ante una contradicción directa entre la declaración de Clarendon, el ministro de Asuntos Exteriores, entre la declaración de Clarendon y la declaración de Lord John Russell y la declaración de Lord Ellenborough. Russell dice: La expedición a Crimea zarpó porque Austria se negó a cruzar el Pruth, es decir, a tomar partido contra Rusia con las armas en la mano. No, dice Clarendon. Austria no pudo tomar partido contra Rusia porque la expedición a Crimea no resultó según lo deseado. Finalmente, Lord Ellenborough: La expedición a Crimea se emprendió contra la voluntad de Austria y la obligó a desistir de la guerra con Rusia. Estas contradicciones —como quiera que se las interprete— prueban, en todo caso, que la ambigüedad no estaba sólo del lado austriaco.